Miércoles, 26 Septiembre 2018 09:48

Prehistoria del grafiti bogotano

Prehistoria del grafiti bogotano

La relación con el espacio, las fronteras territoriales y la huella personal, han acompañado a la especie humana desde que descubrió la pintura. Estas mismas huellas persisten en el muralismo urbano de nuestros días, en el grafiti político, en las barras del fútbol y en las firmas o Tags.

 

La prehistoria del grafiti bogotano puede ser mucho más antigua de lo que creemos o nos han contado. Comúnmente se ubica al grafiti en comunidades urbanas industrializadas, siendo New York y Paris ciudades pioneras de un fenómeno global estético y filosófico que llegó a todas las ciudades latinoamericanas desde la década de 1970. Sin embargo, existen antecedentes de las comunidades prehispánicas que pintaron en abrigos rocosos innumerables pictogramas, cientos de años antes de la conquista española del siglo XV, y a su vez existe un extenso repertorio de rocas con arte rupestre en antiguos territorios Muiscas cercanos a Bogotá.

En aquellas épocas los pueblos pintaban su cosmovisión. Los pigmentos nos hablan a través del tiempo de un nivel técnico elevado que lograba mezclar plantas y minerales, para plasmar obras que han durado milenios.
Los más antiguos registros para comprender la evolución intelectual de nuestra especie han sido las huellas de arte rupestre en diferentes lugares del planeta, como las cuevas de Altamira en España y Lascaux en Francia. El arte rupestre no tiene el mismo tiempo de elaboración según los lugares de origen, sin embargo, podríamos estimar que tiene una antigüedad superior aproximada a los 10.000 años antes de nuesstra era. En las cavernas pintadas sucedieron dos cosas: La primera, se creó la abstracción del lenguaje escrito y figurativo al pintar una representación animal y humana, algo que cambió la prehistoria de la humanidad; la segunda, se crearon bases de una incial grafía que tardó varios milenios en evolucionar a sistemas de escritura alfabéticos y numéricos como los que empleamos hoy.

 

Antecedentes

 

La invasión española a lo hoy conocido como América, iniciada en 1492, ejerce una irrupción drástica en el curso que debía tener la herencia cultural de los pueblos originarios americanos y de sus descendientes, limitando a sus mínimas proporciones el legado técnico y estético de comunidades negras, indígenas y mestizas durante cerca de quinientos años. La prehistoria del grafiti bogotano hace referencia a los habitantes precolombinos Muiscas, pobladores unos miles de años antes de la actual era de los actuales territorios de Bogotá y Cundinamarca, hasta la colonización española. La tesis de esta prehistoria puede variar con los recientes hallazgos en el Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete en el sur de Colombia, donde fueron descubiertas huellas de arte rupestre elaborado por comunidades amazónicas aisladas del mundo occidental, con una antigüedad aproximada a los 20.000 años antes de la actual era. La importancia del Chiribiquete como hallazgo arqueológico y ambiental para la humanidad ha obligado al Estado colombiano a proteger como patrimonio este entorno natural y cultural con una declaración apoyada por la Unesco. Es incalculable la magnitud de información que tienen estos murales para la humanidad, incluso podría reformular las tesis sobre la migración al continente americano.

 

Milenios después de las comunidades amazónicas de Chiribiquete, los Muiscas pintaron también las rocas. Según algunos relatos Bochica les brindó las artes y otras enseñanzas fundacionales que transmitieron generación tras generación hasta la irrupción la invasión. Pintaron un innumerable repertorio de piezas gráficas que aun pueden verse, y desarrollaron el conocimiento del tejido, teñido y estampado. Pintaban en las vasijas de barro decoraciones geométricas y figurativas, usaban herramientas para tallados en piedra, metales, madera y el mismo el barro durante su moldeado. Pero los Muiscas no eran los únicos exponentes de un amplio saber artístico, otras regiones de Colombia también dan cuenta de un patrimonio estético impresionante antes de la llegada de los españoles, algunos ejemplos son las culturas Quimbaya y Calima que desarrollaron técnicas de creación con metales, celebres por sus piezas de oro, y los Tumaco que habitaron el actual departamento de Nariño, destacados por el uso del barro para alfarería, creando piezas expresivas antropomorfas y zoomorfas.

 

Los Muiscas desarrollaron diversas técnicas de expresión plástica, empleaban utensilios como sellos y rodillos de impresión sobre tejidos elaborados en telar. El tejido era relevante por las condiciones climáticas agresivas en las alturas de los Andes, con temperaturas hostiles. Los tejidos eran parte de la indumentaria cotidiana. Sin embargo, en la actualidad no sabemos mucho de los artistas de estas épocas, porque durante siglos estos saberes fueron considerados como irrelevantes por las clases dominantes y la academia tradicional marginó el saber local privilegiando la estética europea y norteamericana. Existen cientos de murales en municipios como Soacha, Bojacá, Sibaté, Facatativá entre otros, que no fueron representados estéticamente ni estudiados por los artistas colombianos de casi cinco siglos. En cambio, vemos como la estética indígena influencia notoriamente el Street art Bogotano del siglo XXI, que se caracteriza por tener elementos gráficos de la estética precolombina.

 

La huella, ¿es la mano pintada del arte rupestre semejante a la firma (tag)?

 

La idea de registrar en un muro o roca el paso de un hombre por el planeta empleando la pintura es antigua, se remonta a miles de años atrás, a los primeros pintores que representaron su cosmovisión. Tenemos innumerables registros de patrimonio nacional en abrigos rocosos del altiplano entre Cundinamarca y Boyacá de arte rupestre elaborado por culturas Muiscas e incluso anteriores. Existen semejanzas entre la huella de la mano pintada por un Chaman hace 2000 años y las firmas Tags de nuestros días, ya que ambas se tratan de gestos gráficos de alguien dejando conscientemente su huella irrepetible en un lugar.

 

El pintor del espacio público del siglo XXI, a diferencia del Chaman, adoptó un sistema de escritura alfabético y desarrolló un gesto caligráfico propio. El pintor urbano contemporáneo y el Chaman son nómadas, usan las rocas de distintos lugares lejanos entre sí, viajan para crear, tienen una intensión de hallar una superficie donde escribir y una vez encuentra el lugar, llevan los utensilios necesarios para crear la obra.

 

Durante la colonización, el patrimonio cultural Muisca fue silenciado en los reducidos entornos académicos exclusivos para las elites, y por años el sometimiento cultural a los pueblos negros e indígenas condujo al olvido incalculables saberes técnicos y el legado cultural en su conjunto. La cultura indígena en Colombia no para de menguar desde 1492 hasta finales del siglo XX, momento en que las conquistas sociales posibilitan el acceso a las clases populares a una educación superior, así como a algunos medios de producción y algún grado de representatividad política.

 

El analfabetismo fue común para la población prehispánica, republicana y contemporánea, durante siglos no saber leer significó no saber pensar y no tener derecho al voto, una poderosa herramienta de sometimiento político. Se mantuvo en la oscuridad de la ignorancia la herencia cultural para los americanos, mientras en el antiguo continente se exponían en museos piezas americanas de cerámica, orfebrería y utensilios de las tierras invadidas y sometidas.

 

La estética popular fue minimizada a lo artesanal. Los pictogramas indígenas y sus símbolos, en algunos casos fueron mimetizados con elementos litúrgicos para adoctrinar, y en otros se decía a la feligresía que eran signos de energías o entidades malignas. Estimulando así el temor ante lo propio. También fue duramente castigada la tradición Chamanica que en muchos casos dio origen al arte rupestre prehispánico, la tradición fue perseguida y prohibida, desligando a una población de su herencia cultural y sembrando el miedo frente a ese patrimonio. Mientras así sucedía, por debajo de la mesa se traficaban objetos del patrimonio nacional por su extraordinario valor histórico o económico, objetos precolombinos que por siglos fueron vendidos en mercados del mundo.

 

Los pocos relatos de los primeros años de la conquista española, y de lo que fueron las diferentes sociedades prehispánicas que habitaban el continente, son las Crónicas de Indias, manuscritos elaborados por navegantes o clérigos sobre los hallazgos del nuevo mundo y que nutrieron la literatura europea maravillada con historias extraordinarias del nuevo mundo. En estos textos, naturalmente la visión del conquistador se impone, pero le permite destacar la belleza de los objetos elaborados por los indios. Mientras los cronistas relataban tangencialmente las culturas descubiertas a su paso, los ejércitos conquistadores exterminaron y sometieron comunidades de miles de habitantes. Con el establecimiento de la soberanía conquistadora, los pueblos locales que sobreviven quedaron sometidos a la esclavitud y servidumbre.

 

Pero si leer era difícil para la mayoría de la población en tiempos coloniales, donde reinaba el analfabetismo, más lo sería tener una formación artística y llevar una vida de pintor o creador visual. En tiempos del régimen colonial la creación visual era producida por una pequeña elite que dominaba la técnica y podía acceder a los materiales y los circuitos comerciales para vender una obra y vivir del oficio. La educación en artes plásticas y visuales en Colombia tenía un ojo en Europa, por siglos se impuso una condición de clase desde lo estético que marginó la tradición prehispánica y negra africana, dando relevancia a los estilos foráneos que les brindaban un aparente estatus a las clases privilegiadas. Luego de muchas luchas sociales en el siglo XX, la educación pública se fortalece dando acceso al mundo académico a las poblaciones marginadas desde 1492, llegando a las aulas estudiantes indígenas, así como negros y mestizos.

 

Cuando la igualdad de derechos permite el acceso de las clases populares a los centros de educación, estas encuentran un nuevo universo ajeno a su herencia cultural extraviada (indígena, mestiza o negra). No se habla del mundo indígena, negro y mestizo en el arte pictórico colonial y republicano, estas comunidades no tienen posibilidad de pintarse a sí mismos o sus pares, por el contrario, en el mejor de los casos son pintados en algunas obras por el hombre blanco, perpetuando un legado de exclusión social.

 

Las luchas políticas a nivel global del siglo XX, y la alfabetización de gran parte de la población, desencadenaron nuevos paradigmas para la humanidad, centrando la atención en asuntos como la libertad de expresión y el libre desarrollo. Por ello, firmar en los muros tiene un sentido en nuestros días, es decir, es el resultado histórico de diversas luchas populares. El amplio repertorio de murales en las calles de la ciudad de Bogotá, proviene de un entorno popular, es decir, que por primera vez desde la Colonia española, las comunidades negras, indígenas y mestizas excluidas tienen la libertad para representar su realidad, pintarse a sí mismos y retratar su propia cultura milenaria o lo poco que conoce de ella.

Publicado enEdición Nº250
Miércoles, 22 Agosto 2018 10:00

¿Se echó colonia o perfume de París?

¿Se echó colonia o perfume de París?

La innegable realidad de una presencia hispánica en nuestra cotidianidad, sigue siendo un hecho que llena de cuestionamientos, reflexiones y elucubraciones a la mente. Traspasa con variopintos sentimientos encontrados el corazón, ya que, tal vez bajo el filo damoclesiano de la tragedia, dicha realidad insoslayable da una certeza al alma. Sea ésta una tragedia con estilo de resignación. O con atisbos de certeza afirmativos, alimento de la dualidad identitaria, al mejor estilo del monólogo más famoso y más trillado de Hamlet: “Ser o no ser”.

 

Sin embargo, al utilizar el término resignación en el anterior párrafo, y haciendo uso de los retruécanos de esta lengua que tanto desconozco, propongo al lector concederle otro valor a esa raíz etimológica que de un sabor meramente indicativo, y su pretexto dé señal al signo, concediéndole más poderes simbólicos y hasta filosóficos, para tratar de llenarle de significado.

 

Entonces, nuestra tragedia hispano-descendiente no sería una tragedia resignada, sino resignificable, desde la capacidad de no negar la historia, pero sí de entrar en diálogo con sus consecuencias en el presente. De no temerle a la historia oficial triunfalista, pues, desde el grito de Triana, no sólo se han encontrado sangres derramadas en el campo de batalla, y sangres fusionadas en el lecho, sino también sendas virtualidades de mundos pluridiversos y confusos: se encontraron muchas maneras de ensoñarse al mundo, y los sueños no son del mundo de la razón. Es más, si bien la patrimonialización de la razón llegó en barco allende del estrecho de Gibraltar, tendría que esperar casi trescientos años para escuchar su propio eco y soliloquio en suelo americano. Y mientras tanto, el delirio católico ad portas de pintas de Yagé.

 

Lágrimas de cocodrilo, diría mi abuelita

 

Es imposible tratar de razonar con el lúgubre campo de lo patético. Por ello, desde el campo de la filosofía, probablemente se prefiera pensar antes que emocionarse, en un “tomar distancia” metodológico, y no político. Me atrevo, entonces, a decir que la relación más inmediata con el mundo hispánico, que nos habita por dentro y por fuera, está constituida por una serie de relaciones emotivas tan a flor de piel como a cavernas del subconsciente. Una serie de relaciones que van desde el tedio del sueño colonial tan vigente, a la rabiosa indignación por los “indios” de hace quinientos años. Manifestación irónicamente dramatizada cual monólogo de Antígona, en la frívola corte de Felipe IV.

 

Sin embargo, ese lúgubre campo de lo patético, sí que resulta estratégico para quienes, con poder en mano, utilizan el dolor y el éxtasis de otros para su propio beneficio. La razón ha sido secuestrada por el raciocinio instrumentado, para hacer de las emociones el vehículo que obnubile. Por ello, es posible avizorar cómo la propaganda política ha sido la mayor secuestradora de las manifestaciones artísticas, estéticas y estésicas en todas las culturas. Por otra parte, la ensoñación y la creatividad contemplativa, permanecen ignoradas en este campo de la inmediatez y del azuce campal identitario. Aquellos que ensueñan, ¿a qué irían a un campo de batalla? El ensueño de Don Quijote de la Mancha, quien a su vez era el ensueño del manco de Lepanto, atacó molinos de viento para desdicha de Rocinante y solaz de los leyentes.

 

Visiones lejanas de gigantes que son molinos

 

El caso de los molinos es muy similar al de nuestra realidad novelada. El espejismo al que se ataca, es también, causal de la desgracia. Y aunque resulte divertido en el caso del ingenioso hidalgo, la pesadillezca virtualidad de nuestra embriaguez mestiza, cual confluencia revuelta de chichas fuertes, nos impide ver que el verdadero enemigo es el actual, y siempre vigente, odio fratricida. Odio que se disputa la mismísima abundancia pretérita de estos territorios. Odio cotidianizado por más de doscientos años y después de:


Proclamados los actos políticos emancipatorios, por parte de los criollos reconocidos con nombre propio.

 

Ejecutados los actos militares por parte de los zambos, los mulatos, los mestizos, las ñapangas y las guaneñas desconocidos y nombrados en genérico.

 

Actos de ambas naturalezas que resultan siendo complementarios. Actos que, fundamentalmente notifican al mundo del comercio ultramarino de una estratégica independentista de este endeudado ente territorial, respecto a una España empobrecida por su autófaga corrupción inveterada. A la merced estuvo el mundo hispanoparlante de la codicia imperialista comandada por el mismo Napoleón Bonaparte, tan consecuente a la Revolución francesa. Es, en ese escenario, en donde estos territorios equinocciales serían comercial y políticamente disputados entre Inglaterra, Francia y Holanda desde otras estrategias de dominación.

 

Menos de medio siglo después, aparecen en el escenario los Estados Unidos de Norteamérica y su neocolonialismo de tan bananera recordación. Un poco más acá en lo temporal pero más allá en lo geográfico, se dejó entrever el proyecto expansivo de una aparatosa Unión Soviética que, al tratar de enraizarse en el trópico neogranadino, se fue vaporizando o evaporando entre los sahumerios sacrílegos de la teoría de la liberación, tan doctrinaria también.

 

Pergaminos y microscópicos marcadores filogenéticos

 

Surge, entonces, la tentación decimonónica de patrimonializar a nuestro odio fratricida y nacional como herencia española. Lo cual, además de ser una irresponsable delegación de cargas éticas, es una concesión política a la vetusta corona española, al brindarle aún más publicidad a la nefasta maquinaria de guerra colonial de su antiguo imperialismo y a sus muertos en tanto víctimas, dando al traste con un agente distractor, frente al auténtico e inmanente enemigo neocolonial.

 

El sistema colonial del imperio español consumió carnes mediterráneas, amerindias y africanas; pergaminos y microscópicos marcadores filogenéticos. La única diferencia con la guerra neocolonial es que los pergaminos no circulaban en aquel entonces. Y en la actualidad bélica transnacional, para más ironías, los viejos pergaminos coloniales son la única herramienta de algunos pueblos indígenas para reclamar al gobierno nacional, terrenos ancestrales, bajo la figura del resguardo.

 

Si tuviéramos el respeto individual y colectivo para rememorar a los indígenas asesinados por la campaña bélica del imperio español, no usaríamos sus nombres como propaganda para nuevos intereses políticos igualmente mezquinos. Si de verdad nos interesara colectivamente la memoria de los pueblos indígenas, más que darnos golpes de pecho por un descuartizado, Túpac Amaru II; interlocutaríamos con la situación de los Misak y los Nasa en el Cauca, de los Wayuú en la Guajira, de los Huitoto y los Embera en Bogotá. Pero talvez un pueblo indígena del Chocó es menos mediático que el rimbombante nombre croniticio, puesto al antiguo Tawantinsuyo.

 

Si de verdad nos asqueáramos con la esclavitud de los africanos de la colonia, reconoceríamos más al sinsentido ruidosamente taciturno de los afrodescendientes de las ciudades y campos, en vez de encarcelar estatuas de Cristóbal Colón, pues ese tipo de actos ni siquiera son simbólicos. Podría decirse que son un “lavarse las manos” socialmente aceptable, tan complaciente con el viejo e histórico libreto de víctimas resentidas y victimarios indiferentes.

 

La retórica, sí que ha sido una herencia colonial vigente, pero sólo perpetuada bajo el cálido clima de una minoría de edad auto-imputada. Como ambiguas herramientas de construcción de imagen nacional, hemos sido, frente a la necesidad de representación identitaria, indios para unas cosas, –sean mexicanos, peruanos o bolivianos– negros para otras, –negra afrodisíaca, exótica y teñida de visceralidad y sabor– y españoles medievales para otras –ni siquiera renacentistas o ¿en dónde empacamos al neo-feudalismo actual?–.

 

Sin embargo, mestizos confundidos, sí que es impopular aceptarlo. ¿Resulta más seductor un fundamentalismo racial o ideológico? La retórica de esgrimir argumentos bizantinos para ser una buena salvaje, un señor barroco o un caudillo romántico, son ditirambos a la razón y burlas que cotidianamente le hacemos a las condiciones precarias de los indígenas, campesinos (mestizos) y afrodescendientes, siendo estos colectivos de por sí heterogéneos y disímiles dentro de estas categorías nuevamente impuestas desde un lenguaje externo a sus cosmovisiones, y sin necesidad de la sociedad de castas.

 

Asumir un mestizaje confuso no ha de ser motivo para enarbolar banderas tal como lo pretendieron los nacionalismos criollos latinoamericanos del siglo XIX. Puede ser una incómoda posibilidad pero, toda vez, una oportunidad para ver a los ojos a las múltiples realidades crudas, pero potencialmente transformables. Desde el arte, la cultura, la lúdica y otras instrupupencias.

Publicado enEdición Nº249
Miércoles, 15 Agosto 2018 07:13

Por qué el dólar preocupa tanto

Por qué el dólar preocupa tanto

Los investigadores del Conicet analizan la historia social y cultural de la moneda del Norte. Papeles verdes que condensan sentidos políticos y económicos y, en la actualidad, funcionan como termómetro de la dinámica cotidiana del país.

 

El dólar “trepa por las nubes”, “se estaciona” y “se mantiene estable”; “vuelve a escalar” y “explota”. Ninguna estrategia logra atenazarlo, está “indomable”, “escurridizo”, “caprichoso”. Esta batería de adjetivos y verbos es empleada en el discurso mediático toda vez que intentan describirse las características y las acciones que definen el comportamiento de los papeles verdes. El consenso legitima el valor y las representaciones sociales de una moneda que –no conforme con medir los intercambios en Estados Unidos– también funciona como referencia de la economía y la política en países semiperiféricos. En Argentina, los billetes del Norte se constituyeron en un auténtico termómetro social y permiten calcular la eficacia de las decisiones del gobierno de turno.


Los argentinos ahorran, hacen sus cuentas e invierten pensando en el dólar. Pero, ¿desde hace cuánto? ¿Por qué es tan popular? ¿Solo constituye un medio de intercambio, o bien su popularidad emerge gracias a la cantidad de significados y sentidos que condensa en el marco de la relación entre ciudadanos y Estado? A estos interrogantes responden Ariel Wilkis y Mariana Luzzi. Wilkis es decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes), doctor en Sociología e investigador del Conicet. Es autor de los libros The Moral Power Of Money (Standford University Press) y El laberinto de las finanzas. Nuevos estudios sociales de la economía (Editorial Biblos). Luzzi, por su parte, es doctora en Sociología, investigadora del Conicet y profesora en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Publicó –junto a Carla Del Cueto– Transformaciones en la estructura social de la Argentina, 1983-2008.


Ambos son especialistas en sociología del dinero y las finanzas y, en la actualidad, concentran sus esfuerzos en la publicación de un libro que versará sobre la historia cultural y social de los usos del dólar en Argentina. El material pretende arrojar nuevas pistas para comprender cómo los retratos de Benjamin Franklin, Abraham Lincoln y George Washington se volvieron tan famosos en el país. Aquí, un adelanto al respecto.


–¿Qué abordaje propone la sociología del dinero?


Mariana Luzzi: –En las últimas décadas, la sociología volvió a interesarse en fenómenos y prácticas económicas que habían pertenecido a los intereses de la disciplina en sus inicios. De hecho, aunque se trata de un área a priori novedosa, a fines del siglo XIX ya había sido abordada por los padres fundadores del campo. Una de las obras más importantes de Georg Simmel fue Filosofía del dinero, de la misma manera que Max Weber se interesó por los orígenes del capitalismo y Émile Durkheim por la división del trabajo. El objetivo, desde aquí, es preguntarse qué es eso que llamamos dinero, cómo circula, cuáles son sus usos legítimos e ilegítimos y cuáles sus representaciones sociales.


Ariel Wilkis: –Los problemas clásicos de la sociología –el poder, la jerarquía, el estatus– pueden ser explorados a partir del dinero. Si la ciencia económica lo define a partir de su transparencia y neutralidad, la ciencia social produce un movimiento inverso, al analizar cómo las prácticas monetarias contribuyen y producen esas diferencias morales y jerárquicas. Esto es: puede funcionar como un punto de entrada para comprender las dinámicas sociales.


–En este sentido, ¿por qué a los argentinos les interesa tanto lo que ocurre con los dólares? ¿En toda Latinoamérica sucede lo mismo?


M. L.: –Si bien Argentina no constituye ninguna excepción, es cierto que nos preocupa mucho lo que sucede con el dólar. En el país, por ejemplo, hace cuarenta años que el mercado inmobiliario está dolarizado y eso no ocurre necesariamente en otras latitudes con historias y trayectorias económicas parecidas. Además, funciona como reserva de valor primordial y como medida de referencia respecto a las monedas nacionales. Pienso que el dólar interesa tanto porque conjuga prácticas económicas, significados y relaciones políticas. Más allá del poder de compra real que cada ciudadano tenga, también opera como un termómetro tanto del estado de la economía así como de las políticas económicas que implementan los gobernantes de turno. Y todo eso hace que su cotización se comunique con la misma asiduidad con que se transmiten los datos del tiempo y el estado del tránsito.


A. W.: –El dólar es una institución política. Cuando los ciudadanos piensan su relación con la moneda también reflexionan acerca de su vínculo con el Estado. Y coincido con Mariana, es un termómetro de la vida social y política: no solo porque los actores financieros tienen capacidad para presionar a los gobiernos a través de mercados cambiarios sino porque también los habitantes, en sus prácticas cotidianas, leen el escenario de poder a partir de lo que acontece con el dólar.


–No obstante, aunque “la fiebre del dólar” parece estallar este año, la ciudadanía se preocupa por la salud de la moneda del Norte desde hace bastante.


M. L.: –Tal cual, en el pasado también formaba de las agendas mediáticas; el asunto es que no aparecía de manera continua. Entre fines de 1950 y principios de 1960, o bien, entre 1975 y 1980, constituyeron dos períodos en que la temática tuvo una cobertura considerable por parte de la prensa. Su emergencia depende de los contextos y el presente (con corridas cambiarias, disminución de reservas y devaluaciones constantes) es muy favorable para que nos preocupemos.


A. W.: –Con la popularización del dólar en Argentina, a principios de los sesenta, no solo la prensa sino también la publicidad comienza a referirse a la moneda y se instala su presencia en los medios de comunicación masiva. Desde aquí, la temática interpela no solo a los “hombres de negocios” sino también a todos aquellos lectores que empiezan a observar cómo funciona el mercado y reciben un discurso pedagógico. Así, los periodistas especializados y los economistas explican al público en qué consiste cada concepto.


–De modo que el asunto del dólar ya constituye un problema desde 1960.

 

A. W.: -Sí, claro, en aquella época los diferentes actores económicos ya habían instalado la necesidad del ahorro y el juego de la especulación vinculada a la moneda extranjera. El dólar constituye un problema crónico a los ojos de nuestro país desde hace más de 50 años. Aunque se trata de un mercado pequeño –ya que no posee el volumen suficiente como para despertar tanta importancia– nadie podría negar que es muy relevante.


–¿Es posible dejar de pensar en los dólares? ¿Cómo quebrar el consenso y la legitimidad de estos papeles extranjeros que valen y significan tanto?


M. L.: –La pregunta, tal vez, no sea tanto si es posible desprendernos de la moneda de Estados Unidos, sino más bien comprender cómo devino en un objeto tan fundamental para pensar las prácticas sociales, económicas y políticas. Nuestra investigación sobre el dólar en Argentina implica un análisis extendido, pues si bien su presencia no tuvo siempre la misma magnitud, su cronicidad es un elemento a destacar. De este modo, si la temática del dólar no es nueva, quizás, los problemas económicos de nuestro país no se vinculen de modo directo con los dólares sino con una redistribución más equitativa de los ingresos.


A. W.: –Se tiende a pensar que cuando los individuos consigan crear un instrumento financiero que les brinde mejores rendimientos que la moneda de Estados Unidos se logrará “desdolarizar” las mentes de los argentinos. No obstante, desde mi perspectiva, esta hipótesis es errónea en la medida en que los sujetos no son seres racionales ni maximizadores de ganancias sino que establecen una relación política con el dólar. De hecho, si los ciudadanos no abandonan el dólar es porque les permitió un aprendizaje de autonomía y escape respecto a sus relaciones con el Estado. Por este motivo, nuestro país conforma una cultura dolarizada.


–En definitiva, su importancia radica en que no solo permite invertir.


M. L.: –Por supuesto, justamente esa es nuestra hipótesis. Si solo sirviera a tales efectos sería fácilmente reemplazable por el primer bono que funcione y brinde confianza en la gente. El asunto es que el dólar cumple un montón de funciones, más allá de la tradicional y transparente de operar como medio de intercambio.


A. W.: –En esta línea, la presencia del dólar no puede ser –solo– leída a partir de variables macroeconómicas, sino que existe un proceso específico de aprendizajes sedimentados que, en definitiva, termina por explicar cómo una moneda externa a un país se expande de la manera en que lo hizo.


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Publicado enSociedad
“EE.UU. no tiene un movimiento obrero, algo sin precedentes en la historia del capitalismo”

"El imperio estadounidense tiene que ver ante todo con el consenso del capitalismo global... Ese ha sido el papel que viene jugando EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, de modo que los dos partidos, nuestras clases dominantes, están completamente imbricadas en ello. Trump fue de hecho el único que parecía como mínimo poner en duda ese consenso, diciendo que quería desmantelar la OTAN, la arquitectura del libre comercio…"

 

"Apuntar alto. Trascender la crítica para proponer en positivo. No caer en atajos. Conseguir victorias. Ensanchar las bases. Apuntar más alto." Es la receta de Bhaskar Sunkara, el joven editor de la revista Jacobin y miembro del floreciente partido Democratic Socialist of America. Sunkara apuesta por el socialismo democrático, que busca construir sobre las bases de la socialdemocracia, a la vez que trascenderla, por motivos prácticos y éticos: aquel sistema era frágil, por somerterse a los dictados del capital; pero era también injusto, por no eliminar la explotación del motor económico de la sociedad. El editor concluye que “la política de izquierdas es, en su esencia, muy sencilla. Y es tan sencilla ahora que está Trump como antes de Trump, y lo seguirá siendo después de Trump. Se basa en unir a toda esa gente, en unir a los muchos contra los pocos. La diferencia entre nosotros y nuestro tipo de política y la política de derechas es que nuestros ‘muchos’ son en realidad una amplia mayoría trabajadora del mundo, y nuestros ‘pocos’ son solo un pequeño grupo de gente que se beneficia de su explotación”.

 

Reflexionando sobre cómo llegamos hasta aquí, ¿de dónde diría que surgió Trump?

Trump es en gran medida el resultado de un golpe de suerte. Si repitiésemos las elecciones cien veces, noventa y seis, noventa y siete de esas cien veces las hubiera ganado Hillary Clinton. Se ha abierto un espacio, no solo en los EEUU, sino por todo el mundo capitalista avanzado, para la derecha populista, que responde a una crisis real del centro neoliberal. Así que había una marejada minoritaria para Trump, pero se le abrió la puerta por las peculiaridades de nuestras leyes electorales, y por la manera inepta que tuvo Hillary Clinton de llevar su campaña. Creo que Trump fue, al menos en parte, un desafortunado accidente.

 

Ha sido muy crítico con la reacción de la izquierda liberal a la elección de Trump, y las líneas maestras de la llamada ‘resistance’. ¿Cuáles son esas líneas maestras y en qué fallan, o se quedan cortas?

La gente de la resistencia liberal a Trump dice: “Esto no es normal, es algo muy inusual”. Su énfasis en la legalidad y en tratar de derrocarlo mediante un juicio político en el Congreso, o en los tribunales de justicia, y todo el énfasis que ponen en Rusia y el papel que pudiera haber tenido en las elecciones han despolitizado por completo el movimiento contra Trump. Se trataba de algo muy sencillo: Trump está causando daño, Trump tiene una agenda que genera gran rechazo, pretende ser el gran defensor de la gente pero sus políticas en realidad sirven a los intereses de un pequeño segmento de la población. Estas son las cosas con las que podríamos fustigarle.

En sanidad, por ejemplo. En un tiempo en el que más estadounidenses que nunca, más de un 60%, quiere un sistema sanitario verdaderamente universal, Trump quiere recortar el exiguo papel que tiene el Estado en la sanidad en este país. Hay un sinfín de contextos en los que se ve que los que nos oponemos al presidente tenemos una clara ventaja política, pero esa ventaja se despilfarra. En lugar de eso, hablamos sobre Rusia y todas esas otras cosas.

 

Hay también una crítica que pasa por la condescendencia de una élite liberal que proyecta en la población su pretendida superioridad moral.

Lo viejo muere, pero lo nuevo no nacerá de los discursos de los Globos de Oro. Con eso quiero decir que este tipo de resistencia liderada por los famosos, en vez de decir: “Estos son tus intereses, esta es tu pelea, participa y lidérala”, ha sido, en el mejor de los casos, una especie de caridad desde arriba. Y en el peor de los casos, la peor condescendencia para con la gente corriente.

 

Y, sin embargo, hay algo en lo que parece reinar un implacable consenso en la política estadounidense, entre liberales y conservadores: la necesidad de preservar el Imperio, y fortificar la presencia de tropas estadounidenses en el exterior.

El Imperio estadounidense tiene que ver ante todo con el consenso del capitalismo global. Se empeña en mantener la estabilidad del capitalismo global, incluso cuando eso no vaya en los intereses inmediatos a corto plazo de la sección concreta del capital global en Estados Unidos. Ese ha sido el papel que viene jugando EEUU desde la Segunda Guerra Mundial, de modo que los dos partidos, nuestras clases dominantes, están completamente imbricadas en ello. Trump fue de hecho el único que parecía como mínimo poner en duda ese consenso, diciendo que quería desmantelar la OTAN, la arquitectura del libre comercio… Pero, en la práctica, no ha hecho nada de eso. La clase trabajadora estadounidense ha estado sorprendentemente en contra, de una manera sostenida, de las guerras recientes de las últimas décadas, empezando por Vietnam. No creo que el Imperio estadounidense sea un obstáculo dentro de los EEUU para que surjan movimientos de clase obrera. Sí creo que es un obstáculo para el desarrollo de movimientos de izquierda y progresistas en otras partes del mundo.

 

Hay un discurso, bastante implantado, que achaca el ascenso político de Trump a una reacción de la “clase trabajadora blanca”, que se sentía olvidada por las élites políticas.

Debemos formar organizaciones políticas de mayorías amplias. Y eso pasa por tejer una envoltura que recoja todas estas luchas basadas en la identidad, que es una identidad común de gente trabajadora en EEUU, que lo pasa mal para salir adelante, y que tiene un interés común en trabajar conjuntamente para lograr ciertas demandas sociales universales. Me niego a creer que la llamada ‘clase trabajadora blanca’ o los trabajadores blancos sean tan privilegiados que no se beneficiarían de todas estas reformas. Sean los que sean, sus privilegios son relativos en comparación con los beneficios que tendrían si compartieran un Estados Unidos siquiera socialdemócrata y pudieran tener acceso a cuestiones como la sanidad básica, la nutrición, y demás. En un momento en que la izquierda está obsesionada en poner unas formas de explotación por delante de otras, creo firmemente que tenemos que desarrollar un proyecto universal de base amplia.

 

¿En qué medida proporciona la socialdemocracia las herramientas adecuadas para encarar las grandes crisis de nuestra época, desde el cambio climático a la desigualdad?

Lo mejor que hemos logrado realmente como sociedad fue algo parecido a la socialdemocracia escandinava. Fueron sociedades ampliamente igualitarias, justas, que al menos proporcionaron lo básico a sus ciudadanos sin asfixiar a la sociedad civil y demás. Estas mejoras, estas reformas, eran muy frágiles, porque seguían produciéndose en el contexto de una sociedad que dependía del control privado de la inversión y requería condiciones de explotación capitalista para florecer. Todo lo que esto significa es que las empresas tenían que prosperar para que los trabajadores recibieran una porción de su éxito. Y entonces, claro está, llegó la crisis de la tasa de beneficio. ¿Y qué iba a hacer el capital? Había dos opciones: o se apretaba el acelerador y se avanzaba hacia algo más radical, o había que volver marcha atrás y hacer una reestructuración. El neoliberalismo no es solo una cuestión ideológica, sino que tenía su raíz en algo real. Esa es una de las razones principales por las que debemos avanzar más allá de la socialdemocracia, hacia el socialismo democrático. La socialdemocracia no fue suficiente para alcanzar el objetivo de una sociedad democrática. El capitalismo se basa en obligar a las personas en virtud de su pobreza, en virtud de la falta de recursos propios para vivir como productores libres, a tener que ser explotados y dominados para poder sobrevivir. Esa es la esencia del capitalismo. No pasa por la compra y la venta de cosas, porque los mercados existieron antes del capitalismo. Tenemos que pensar más seriamente en una sociedad en la que los trabajadores puedan controlar y coordinar la producción, a un nivel más profundo del que lo hicieron en las sociedades socialdemócratas.

 

En los últimos años han surgido en Europa y EEUU una serie de movimientos progresistas que han logrado importantes avances en lo electoral, tanto a nivel municipal como nacional, con figuras como Jeremy Corbyn o Bernie Sanders. ¿Qué futuro augura a dichos movimientos?

Digamos que, en lo que respecta a la nueva oleada de municipalismo, estos son lugares que pueden ser oportunidades políticas. Pero, ¿qué hacemos con esas oportunidades? ¿Nos dedicamos solo a gobernar a nivel local? En un tiempo en el que la izquierda no tiene base social, debemos trabajar con eso, pero el objetivo final debe ser formar sindicatos y partidos que pelen a nivel estatal. El Estado-Nación sigue siendo el único lugar en el que podemos ejercer la soberanía democrática. Creo que la clave de esta nueva oleada de líderes populistas como Jeremy Corbin, como Bernie Sanders, es el hecho de que son capaces de articular de manera sencilla esperanzas y sueños a la gente, y no solo pesadillas defensivas. Es un mensaje muy sencillo: “Trabajas duro, haces todo lo que tienes que hacer, intentas abrirte camino, y sigues quedándote atrás. No es culpa tuya”. El capitalismo sigue siendo un sistema que crea una gran clase trabajadora que tiene intereses abstractos diferenciados. El objetivo de los partidos políticos de izquierda es agregar esos intereses en algún tipo de programa para el cambio real. La izquierda socialista de EEUU debe relacionarse con movimientos como Black Lives Matter, con movimientos que tienen que ver con la justicia climática, etcétera. No tiene alternativa. Los movimientos contra el racismo podrían, por ejemplo, oscilar en una dirección que sea puramente simbólica, que no se combine con algo que amenace al capital, o se pueden polarizar de manera que resulten muy amenazadores para las estructuras de poder existentes si se enfrentan de manera real a cuestiones de redistribución, de clase y otras cuestiones más amplias.

 

Ha escrito bastante sobre la importancia para un movimiento incipiente de lograr victorias y elegir batallas que pueda ganar. ¿Dónde sitúa esas importantes pugnas estratégicas en el EEUU de 2018?

Teniendo en cuenta que somos la economía más potente del mundo, con la clase capitalista más poderosa, y que también tenemos cientos de millones de trabajadores en este país, no tenemos un movimiento obrero. En la historia del capitalismo, es algo sin precedentes. Se empieza a ver el surgimiento de la izquierda. No será posible que sigamos construyendo una oposición sin lograr victorias reales. Y en las condiciones actuales del capitalismo, la clase dominante no está demasiado dispuesta a hacer concesiones. Así que creo que la expansión de la sanidad universal es un posible baluarte. Estamos hablando de una sexta parte de la economía. Si pudiéramos desmercantilizar un sexto de la economía y sentar un precedente para la participación amplia del Estado en la sanidad, y de la sanidad como derecho social, creo que estaríamos en una gran disposición para ejecutar demandas más profundas. Nuestro problema con el liberalismo no son los valores liberales, ni que genere sociedades débiles, ni decadentes, ni ninguna de las otras críticas que le hace la derecha al liberalismo. Nuestra objeción con el liberalismo es que no cumple las promesas de igualdad, de tolerancia...

 

Hay quienes ven artefactos ideológicos como el ‘sueño americano’ o la fijación con el concepto de libertad barreras para el crecimiento de la izquierda. Usted, en cambio, hace la lectura opuesta…

La clase obrera estadounidense ha sido derrotada de manera histórica en la batalla política y la económica. No es que esté desorientada, es que ha sido derrotada, y en el contexto de la derrota se buscan otras vías para salir adelante. A la gente se le ha enseñado a esperar ciertas cosas de la vida, del progreso, de la movilidad social. Ahora que esas expectativas entran en conflicto con la realidad, empiezan a abrirse ciertas oportunidades políticas. En ese caso, el sueño americano puede ser una bendición para nosotros, por sus promesas rotas. La pregunta es: ¿Qué significa la libertad en este contexto? Creo que es una espada de doble filo en lo relativo a la libertad en el contexto estadounidense. Por un lado, es la libertad de estar libre de explotación y poder labrarse su propio camino, alcanzar su potencial. Todo eso es muy positivo. Y luego está la libertad de explotar a otra gente y de ganar a expensa de los demás. Creo que debemos encontrar la manera de articular una forma de aspiración, una forma de esperanza, a la hora de generar acceso a servicios para que la gente pueda alcanzar su verdadero potencial y hacer lo que quiera, siendo libre del trabajo, de la burocracia y de todas las cosas de las que tiene motivo de ser escéptica.

 

¿Qué tipo de discurso y política será necesario articular para derrotar, no ya a Trump, sino al ‘trumpismo’?

La estabilidad es la regla en el capitalismo; no la excepción. Creo que los marxistas han pasado demasiado tiempo centrándose e insistiendo demasiado en las contradicciones del capitalismo y no han querido ver un sistema que en realidad ha sido capaz de amortiguar todos los desafíos que se le planteaban. Tenemos que avanzar cuanto antes, de lo contrario no seremos nosotros sino la extrema derecha la que aprovechará este período de inestabilidad. La mayoría de la gente mira a su alrededor y, aunque se encuentre en una situación difícil, sabe que este no es el peor de los mundos posibles. Vivimos en un Estado semi-autoritario, pero también en una democracia capitalista, con un alto grado de riqueza y prosperidad. Nuestro objetivo debe ser decir que lo que tenemos no es suficiente, que es producto de un proceso social de creación de riqueza y que todo el mundo debe recoger sus beneficios. Tiene que estar basado en un mensaje positivo, no el habitual de la izquierda, excesivamente negativo y centrando en las pesadillas de las que quiere proteger a la gente.

 

Fuente: http://ctxt.es/es/20180801/Politica/20327/Bhashkar-Sunkara-Jacobin-entrevista-EEUU-Que-hacer-Trump.htm 

 

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Lunes, 09 Julio 2018 07:45

4 de julio

4 de julio

Fue semana patriotera, la celebración oficial del 4 de julio, Día de la Independencia, el cual se festejó en un país gobernado por un régimen que enjaula a niños, persigue a los más vulnerables, encarcela a más de su población que cualquier otro, y alimenta la división racial y económica nacional y mundial; o sea, casi todo lo opuesto a lo proclamado en la Declaración de Independencia con sus valores de libertad e igualdad para todos, incluyendo los refugiados e inmigrantes.

Ante hipocresías y delitos oficiales, la disidencia es un acto democrático vital.


“La herencia rica de justicia, libertad, prosperidad e independencia, legada por sus padres, es compartida por ustedes, no por mí... Este 4 de julio es de ustedes, no mío. Ustedes podrán regocijarse, yo tengo que estar de luto...”


“Conciudadanos, arriba de su tumultuosa alegría nacional, escucho el triste lamento de millones cuyas cadenas pesadas y graves de ayer son hoy hechas aún más intolerables por los gritos de júbilo que las alcanzan. Si me olvido, si no recuerdo fielmente a aquellos niños sangrando de tristeza este día… olvidarme de ellos, pasar sobre ellos ligeramente los males y sumarme al tema popular sería traición escandalosa e impactante…


“No titubeo en declarar, con toda mi alma, que el carácter y la conducta de esta nación nunca se han visto más negros para mí que en este 4 de julio. Si volteamos a las declaraciones del pasado, o las afirmaciones del presente, la conducta de esta nación se ve igualmente espantosa y repugnante. America ha sido falsa con el pasado, falsa con el presente, y se vincula solemnemente a ser falsa en el futuro…”


“No es luz lo que se necesita, sino fuego; no es una llovizna, sino trueno. Necesitamos la tormenta, el torbellino, y el terremoto. El sentir de la nación se tiene que apresurar; la conciencia de la nación tiene que ser provocada, el decoro de la nación tiene que ser sorprendido; la hipocresía de la nación tiene que ser expuesta, y sus crímenes contra Dios y los hombres tienen que ser proclamados y denunciados…


“No hay nación sobre la tierra culpable de prácticas más espeluznantes y sangrientas que el pueblo de Estados Unidos en esta misma hora. Vayan donde quieran, busquen donde deseen, anden por todas las monarquías y el despotismo del Viejo Mundo, viajen a través de Sudamérica, busquen cada abuso, y cuando encuentren el último, pongan los hechos lado a lado con las prácticas cotidianas de esta nación, y digan conmigo, que, en barbarismo repugnante e hipocresía sin vergüenza, America reina sin rival.”


Estas palabras fueron pronunciadas en 1852, en un discurso sobre el tema del significado del 4 de julio, por Frederick Douglass, ex esclavo, líder abolicionista y editor del periódico North Star, el cual fue uno de los únicos en oponerse a la guerra contra México. Su enfoque era ver el día nacional desde la perspectiva de un esclavo (vale recordar que la práctica oficial actual de arrebatar niños de los brazos de sus madres tiene antecedentes en esta historia, entre otras).


Howard Zinn incluyó esta presentación del discurso de Douglass por el actor Danny Glover en su extraordinario proyecto de Voces de una Historia del Pueblo de Estados Unidos.


Cada 4 de julio se disputa la historia real de este país y su lucha por su democratización. Mark Twain –acusado de traidor por su oposición a la intervención estadunidense en Filipinas– afirmaba que el patriotismo es “apoyar a tu país siempre y a tu gobierno cuando lo amerita”. Tal vez una versión aún más esencialmente democrática es la que repite Noam Chomsky: “el poder siempre es ilegítimo, a menos que compruebe lo opuesto”.


Detrás de los fuegos artificiales, los hot dogs, las banderas y los himnos, es necesario recordar que la historia no oficial de este país está repleta de rebeldes, muchos de los cuales, como Douglass, son aliados naturales de otros pueblos que hoy día buscan un cambio democrático a fondo.

 

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Domingo, 03 Junio 2018 06:07

Mahates y el son de negros

Mahates y el son de negros

El sentimiento y la solidaridad en una comunidad caribeña colombiana

La vida nos enseña que quienes menos tienen son quienes más dan. En Mahates, Bolívar (Colombia), los cimarrones del son de negros nos dieron todo lo que tenían, que es mucho. Sobre todo nos entregaron su sonrisa, su arte y su pasión: el baile del son de negros.


Las historias casi nunca acaban como uno piensa. Son tantas las circunstancias que nos median que no podemos tener el control de las múltiples situaciones que nos podemos encontrar. Por suerte, todavía tenemos capacidad de sorprendernos y comprobar cómo en nuestro recorrido siempre es más lo que recibimos que lo que damos.


Por eso escribo esto, para intentar devolver a esa comunidad caribeña algo de lo que me llevé, nos llevamos, cuando nos invitaron a compartir. Mahates es un municipio del departamento de Bolívar perdido en un mapa donde se pierden territorios e identidades y que solamente salen a la luz cuando sucede algo extraordinario. Pero lo realmente extraordinario son sus gentes, encontradas en una tierra a la que están unidas por las raíces de la historia, de la tradición y de la lucha.


Llegamos allá invitados por Wilfran Barrios, líder del grupo Atabaques. Quería que pusiéramos en práctica alguno de los talleres que componen nuestro proyecto de investigación interinstitucional, UTadeo – Uniminuto, “Pedagogía, arte y ciudadanía”. Mis compañeras, Beatriz Múnera y María Fernanda Peña, y compañero, Carlos E. Sanabria, ya habían estado allá en otras ocasiones cooperando con diversas actividades. Para mí, era la primera vez. Todo un reto.


La madrugada había estado lluviosa y la mañana nos recibía con las huellas del agua sobre la tierra en forma de charcos. Agua para la existencia y la resistencia. Una casa al borde de la carretera nos abrió sus puertas para entrar en sus vidas. La casa se agrandaba en su interior con un patio que hacía las veces de comedor comunitario y de escenario vital. Sus vidas agrandaban las nuestras según les íbamos conociendo.


Con toda amabilidad y sin dobleces nos invitaron a desayunar para ir abriendo boca a lo que vendría después. Fueron habilitando el porche de la entrada para convertirlo en un espacio de reunión. Colgaron una tela en forma de toldo para cubrir el lugar, aparecieron varias decenas de sillas, colocaron una pantalla blanca, una mesa con un computador y un proyector.


En pocos minutos aquello se llenó, unas sesenta personas esperaban pacientemente con una sonrisa en los labios. Ya no tenía excusa, estaba el espacio, el material y lo más importante: la gente. Prestaban toda la atención aguardando a ver qué les iba a enseñar. No tenía claro que pudiera siquiera ilustrarles en algo. Tamaña responsabilidad me situaba como el actor ante el público del teatro el día del estreno o como el portero de fútbol ante el penalti en una final de copa con el estadio a rebosar.


Grandes y pequeños, ellas y ellos habían llegado hasta allí convocados por el gestor cultural del municipio y anfitrión en este evento. Todo el mundo había colaborado para preparar el escenario, y niñas, niños y personas adultas eran los verdaderos protagonistas de la historia.


Mientras le iba dando vueltas a cómo abordar mi charla elegí un partenaire de entre ese grupo de seres expectantes. JF, siete años, tímido, quiere ser futbolista, tiene unos ojos grandes negros y almendrados y una sonrisa de piñón que le cubre media cara. Él sería mi cómplice en este encuentro de comunidad para compartir y conversar sobre ciudadanías. Esas identidades otras eran una parte del proyecto utópico que nos inventamos hace año y medio para construir tejido social desde las pedagogías, distintas, que rompieran, como hoy, el salón de clases; las ciudadanías, diversas, incluyentes y universales, y el arte, los artes propios de las culturas populares.


Por suerte contaba con la caja mágica, herramienta que era sostenida por mi joven ayudante como si fuera el tesoro más preciado. Esa urna nos sirvió para romper un hielo que la temperatura del día y el calor de todas y cada una de las personas allí reunidas hubieran derretido de haber existido. El interés y la curiosidad por saber su contenido nos juntaron e hicieron que siguieran mi conversación con atención.


La pequeña caja de madera era el primer paso para conocernos y reconocerNOS. Para hablar de quiénes somos, de cómo estar en comunidad nos permite ser y porqué es necesario saberse importante a pesar de lo pequeños que somos en un universo casi infinito. Todo ello para tomar conciencia y no ser considerados “los nadies” de la historia, porque SOMOS alguien, mucho más que las balas que nos matan. Las palabras se van juntando con las canciones para respaldar las propuestas.


Luis Pastor nos coreaba “En las fronteras del mundo”:


“Soy tú, soy él… y muchos que no conozco / en las fronteras del mundo / (…) Nosotros y todos ellos / esclavos del nuevo siglo / obligados al destierro / (…) Acuarela de colores / humano de muchas razas / olor de muchos sabores / (…) Soy tú, soy él…” Y ellas.


Para seguir luchando para transformar realidades y cambiar los imaginarios, por dignidad, por el buen vivir con nosotras y nosotros mismos, con los demás y con la madre Tierra. Para continuar soñando la utopía y buscando el cambio social que haga que otro mundo sea posible y mejor para las mayorías que ahora están en minoría.


Para soñar y compartir los sueños, las ilusiones y las esperanzas, nos cantaba Sam Cooke de ese cambio por venir:


“Vivir es muy duro, pero tengo miedo de morir / Porque yo no sé qué hay más allá del cielo / Ha sido mucho el tiempo en llegar, un largo tiempo en llegar, / Pero yo sé que un cambio va a venir”.


Reconociendo que estamos, que tenemos nuestro lugar en el mundo y que en este planeta el Sur también existe, como escribiera Benedetti y recitara Serrat. Existimos y resistimos, con sueños eternos de deseos incumplidos pero con las esperanzas siempre vivas:


“pero aquí abajo, abajo / cerca de las raíces / es donde la memoria / ningún recuerdo omite / y hay quienes se desmueren / y hay quienes se desviven / y así entre todos logran / lo que era un imposible / que todo el mundo sepa / que el Sur también existe.”


Buscando la pregunta para encontrarnos, porque respuestas hay muchas pero lo que nos hacen falta son preguntas, preguntas que sirvan a muchas respuestas. Y que éstas no sean las que nos venden sino las que queramos comprar, para creer en lo que queramos creer: “Mi reino por una pregunta”


Para terminar, José Saramago nos cuenta esa bella y mínima historia de la flor más grande del mundo:


“¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo venimos enseñando?”
Hasta ahí lo poco que les tenía para mostrar. Mantuvieron la atención con juicio hasta que el proyector se apagó, a pesar del olor a comida que había invadido el aire. Se fundió a negro la luz del proyector y se encendió la de las ganas de almorzar. A partir de ese momento, la desbandada. Volvimos al patio a degustar lo que nos alimentaría el estómago: un sancocho comunitario cocinado a fuego lento por Ana Beltrán y agua panela para beber. El alimento para el espíritu vendría después.


En Mahates, Bolívar, el son de negros es la vida. Este municipio, fundado en abril de 1533 por el mismo que fundara Cartagena de Indias, es conocido hoy, más que por su historia pasada, por su historia de futuro. En ella se radica “Cimarrones de Mahates”, una agrupación de son de negros en la que se juntan la tradición de pescadores del atlántico con la música, el canto y el baile que recogen su coraje y dignidad.


Mahates es un palenque, un refugio de y para cimarrones, aquellas personas que huían de la esclavitud. Es una comunidad que conserva las memorias de las luchas negras, de las resistencias y de la búsqueda de la libertad. Una emancipación expresada con rebeldía en el son de negros “una declaración de orgullo, de gozo, una celebración de la vida, la música y el movimiento”.


Los músicos y bailarines del son de negros “SON”, de ser, de sonido y de ritmo. Lo llevan en la sangre y lo expresan con una corporalidad y una estética que asombra a quienes los ven y escuchan.


En la danza del son de negros solamente hay hombres, género mayoritario entre los esclavos. Pero uno de ellos se disfraza para representar a una mujer, la “Guillermina”. En el son de negros se conjugan las artes y la vida, una cultura popular de resistencia y para la existencia. Como dicen en el grupo Atabaques: “La danza es para nosotros la mejor manera de reivindicar nuestro ser individual y colectivo, es nuestra manera particular de resistir, de crear y recrear nuestras realidades, en este espacio; como legan los indígenas koguis en su saber popular; bailamos para no morir.”


Los tambores, las guacharacas y las tablas, una especie de clave, ponen los sonidos que acompañan a las voces que narran sus historias. En el son de negros se juntan el baile, la danza, la música, la literatura, el teatro y las artes plásticas. Baile como movimiento libre de los bailarines y danza como coreografía dirigida por el cacique del grupo. Los ritmos de la rama de tamarindo, del bullerengue o de los versos componen unas interpretaciones nacidas en las almas y los corazones de estos herederos del África: el maestro Eugenio Ospino es la voz y la memoria, Álvaro Beltrán, nuestro anfitrión, es la dirección artística y la gestión cultural, Pacho Sarabia es la historia y el mencionado Wilfran y sus atabaques le ponen la vida a difundir todo esto. Sin olvidar, por supuesto, a ese maravilloso grupo de bailarines, los mayores y los más pequeños.


Una comunidad que se caracteriza, como muchas otras a lo largo y ancho de este país, por las ganas y el sentimiento con que le apuestan a lo que hacen. Y sobre todo, la alegría, una felicidad representada en una sonrisa de dientes blancos que resaltan más bajo esa mano de polvo negro con el que se pintan. Resistir frente a la esclavitud de la modernidad, contra la exclusión, haciendo de su color bandera y de su identidad fortaleza. Cultura como expresión de su condición, sin aceptarla ni someterse, sino para reivindicarla y expresar su independencia y libertad.


Esto es un pequeño y subjetivo resumen de lo que nos dieron en esta visita. Hago aquí un reconocimiento muy especial a todas las personas que nos acompañaron, las aquí mencionadas y las que no aparecen pero que, igualmente, nos dieron lo que tenían.


Para quienes esto lean, espero que hayan podido viajar con la imaginación hasta aquel lugar, que se les haya dibujado una sonrisa en el rostro o que una lágrima haya mojado sus mejillas. Y si no, pónganle música a su vida, bailen al ritmo del son de negros.


La rama del tamarindo

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En torno a la película “El joven Karl Marx”**

La película “El joven Karl Marx”, dirigida por Roaul Peck, del año 2017, y exhibida en salas de cine en el 2018, narra la vida del filósofo alemán entre los años 1843 y 1848, es decir, la época en que su pensamiento va tomando un camino propio, en que las ideas se van destilando y van alumbrando la ruta que él recorrerá en los años venideros, hasta desembocar en su obra magna El capital –1867. Es también el periodo entre el tránsito de su democratismo político, como jacobino y filósofo idealista, hasta la publicación del Manifiesto del partido comunista en febrero de 1848.


En las líneas que siguen, más que poner de presente las inconsistencias de la película, especialmente, en torno al escenario en que aparecen algunos de los personajes, voy a referirme a 5 aspectos directamente relacionados con el filme.


La superación de Hegel


En primer lugar, hay que resaltar que la película inicie con la escena del bosque, donde los campesinos son reprimidos por la recolección de leña. Como es bien sabido, este episodio dio origen a un texto titulado “Los debates en torno a la ley sobre el robo de leña”, de 1842, publicados en la Gaceta Renana, y que puso a Marx en la mira de las autoridades prusianas, lo que terminaría provocando, un tiempo después, el cierre de la Gaceta. Lo interesante de este texto es que por primera vez Marx, como lo escribe en 1859 en el Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, se vio en el “trance difícil de tener que opinar acerca de los llamados intereses materiales” (1).


En el escrito, Marx discute el problema del derecho positivo y el consuetudinario (basado en la costumbre) que tiene la población sobre la “segunda recogida” después de la cosecha, de coleccionar las sobras, pues con ellas, sólo buscan sobrevivir. Marx denunciará aquí que: “la sola subsistencia de la clase indigente misma, hasta ahora es sólo una costumbre de la sociedad burguesa, que no ha encontrado aún un sitio adecuado en el círculo de la estructura estatal consciente” (2). Aquí hay dos aspectos a resaltar. El primero, efectivamente, Marx presta atención a la vida material real, concreta, sufriente, de las personas; el segundo, nótese el uso de la expresión “estructura estatal consciente”, que remite al Estado ético, encarnado en el mundo de Hegel. Aquí Marx no ha dado aún el paso al comunismo, y tampoco ha descubierto, según Lukács, que el capitalismo es posible por la desposesión de lo común, como diría en la actualidad David Harvey, proceso vivido en la transición del feudalismo al capitalismo (3).


Esta es la época en que Marx lee a Feuerbach, el cual le permitirá la crítica a Hegel, y al que Marx considerará, en los Manuscritos de 1844, el verdadero “vencedor de la vieja filosofía” y “fundador del verdadero materialismo […] al hacer de la relación social del hombre con el hombre el principio básico de su teoría” (4), si bien, como diría en las Tesis sobre Feuerbach, su materialismo era contemplativo.


Es en esta época cuando Marx inicia el tránsito hacia el comunismo, alrededor de 1843. Su descubrimiento apuntará a que el Estado no es la realización de la universalidad, sino que encarna los intereses de la clase burguesa. Esto ya es claro en La contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, publicado en 1844 en los Anales Franco-Alemanes, donde, como dice Rubén Jaramillo, Marx descubre “la misión histórico-universal del proletariado”, clase llamada a realizar una revolución que suprima “la propiedad privada” (5). Marx descubre que el proletariado patentiza, precisamente, que el Estado no es universal y que la verdad y la libertad no se han realizado en la historia, como pensaba Hegel. Herbert Marcuse lo ha mostrado claramente: “La existencia del proletariado contradice la supuesta realidad de la razón […] el proletariado no es libre y tampoco es una persona, ya que no posee propiedad alguna […] la existencia del proletariado vicia no sólo la sociedad racional de la Filosofía del derecho de Hegel, vicia también toda la sociedad burguesa” (6). De ahí deduce Marx que “La crítica de la sociedad no puede ser llevada a cabo por la doctrina filosófica, sino que se convierte en la tarea de la práctica socio-histórica” (7). Marx, pues, ha dado el paso fundamental y empieza una nueva etapa de su filosofía, la cual se corresponde con su traslado a París, aspecto que muestra claramente el filme.


La relación con Proudhon


En segundo lugar, resalto que la película mencione a los miembros de la izquierda hegeliana con quienes Marx tuvo relación y con quienes cortará después (8), pero me quiero referir a su relación con Proudhon. En realidad, antes de que Marx llegara a Paris, él había tenido noticias de Proudhon, incluso, en el mencionado artículo sobre el robo de leña aludió a la propiedad como robo, tesis que hizo famoso el libro del pensador francés ¿Qué es la propiedad?, publicado en 1840. Marx llega a decir: “¿no sería robo toda propiedad?”, “¿No excluyo, por medio de mi propiedad privada, a un tercero de esta propiedad?”. Es la época en que Marx se está acercando al socialismo, sin embargo, aún no contaba, como lo reconoce en 1859, con un conocimiento suficiente de esta doctrina. Esto explica que Marx se haya referido a él como “el más penetrante” y el más “consecuente de los escritores socialistas”, tal como documenta Michael Lowy (9). Pero, esa relación estaba destinada a sufrir una ruptura, especialmente, por la negativa de Proudhon de unirse a los Comités de Correspondencia con los cuales Engels y Marx tenían comunicación desde Bruselas. Por lo demás, Proudhon sentía simpatía por Karl Grün, a quien Marx detestaba profundamente. La relación llega a su fin con la publicación en 1846, por parte de Proudhon, del libro Filosofía de la miseria, al cual respondió Marx con el provocativo Miseria de la filosofía en 1847. En el preámbulo su autor dice, de manera ingeniosa y mordaz: “El señor Proudhon tiene la desgracia de ser absolutamente desconocido en Europa. En Francia tiene derecho a ser mal economista porque pasa por ser buen filósofo alemán. En Alemania tiene derecho a ser mal filósofo porque pasa por ser economista francés de los más importantes” (10).

A decir verdad, la amistad, en unos comienzos, fue mucho más fuerte que lo que muestra el filme, sin embargo, es una amistad llamada a romperse no sólo por desacuerdos teóricos, sino por roces personales. En efecto, ellos no sólo tenían diferencias profundas sobre las categorías económicas, sino sobre su lectura en torno a la revolución obrera, por eso en el Manifiesto del partido comunista Marx y Engels se refieren a él como parte del “socialismo conservador o burgués”. Este socialismo quiere “mejorar la vida de las clases trabajadoras”, pero sin hacer la revolución, y sin tocar la sociedad burguesa, perpetuando la sociedad actual, lo cual no es más que una actitud consoladora que termina en el conservadurismo, pues no transforma las condiciones materiales de vida. Ese socialismo, no entiende la necesidad de abolir las relaciones de producción existentes, por lo cual se convierte en “simple figura retórica”. En pocas palabras, el mutualismo de Proudhon, no es más que la conservación del mundo tal y como está, y se resume en la ingenuidad según la cual “los burgueses son burgueses en interés de la clase obrera” (11).

 

Relectura de la tesis 11 sobre Feuerbach


En tercer lugar, quiero referirme a la famosa tesis 11 sobre Feuerbach que es mencionada en la película, especialmente porque presenta una traducción que no es correcta, pero que se deriva de un problema filológico, por así decirlo, pocas veces tenido en cuenta, a saber, que sobre las tesis mismas existen dos versiones: las que efectivamente escribió Marx en 1845, y las que publicó Engels en 1888 como apéndice de su libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. La publicada por Engels, vertida al español por la Editorial Progreso de Moscú, dice: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”; la que escribió Marx, no lleva el “pero” de la segunda parte de la oración, tal como ha traducido Wescenlao Roces. Así las cosas, la traducción correcta sería: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”. En la versión de Engels, se agregó el “pero” la cual es una conjunción adversativa que genera una oposición o una corrección a la primera parte de la oración. Al incluir el “pero” se alteró “ligeramente” el sentido de la primera oración, dando origen a una interpretación equivocada, que voy a llamar la interpretación vulgar-unilateral.


Ésta interpretación opone dos cosas: 1) lo que han hecho los filósofos habitualmente, es decir, interpretar; y 2) el llamado urgente a transformar el mundo. Desde este punto de vista, se opone teoría, especulación y discursos, por un lado, a práctica, actividad y revolución, por el otro. Es como si dijéramos: ¡basta ya de abstracciones, de castillos teóricos en el aire, pues es hora de lanzarnos a la acción para cambiar, por fin, el mundo que tenemos! Esta lectura es anti-intelectualista, desprecia la teoría, y es producto del voluntarismo político que considera inútil el discernimiento antes de actuar. En el contexto de Marx, era la postura de muchos obreros que no querían saber nada de teorías y abstracciones, y que deseaban afanosamente lanzarse al frenesí práctico. Esta interpretación es incorrecta porque separa teoría y práctica, lo cual es impensable para Marx.


La interpretación correcta, es la que voy a llamar holístico-sistemática. Aquí se interpreta la tesis 11 teniendo en cuenta el corpus teórico de Marx y no sólo el clima de agitación revolucionaria de la época en que fue escrita. De esta manera, se evita apelar al voluntarismo político. Veamos.
En Marx existe una unidad dialéctica entre teoría y práctica: toda práctica es un saber, una manera de hacer que, como bien lo entendió Antonio Gramsci, comporta, implica y requiere un cierto conocimiento. En este sentido, la teoría alumbra, guía y dirige la práctica y, a la vez, la práctica no sólo mide la verdad de la teoría, la “terrenalidad” y el poder del pensamiento, sino que aporta nuevo conocimiento, ofrece nuevo material, nuevos datos, para así poder reformular la teoría. De tal manera que, si como investigador social o como revolucionario llevo a la práctica una teoría, y si las cosas no salen de acuerdo con ella, esa intervención fallida realizada sobre la realidad, debe dar pie para volver a la teoría y corregirla. Por eso, de esta manera se produce un conocimiento que crece en espiral y que es acumulativo. Este principio básico está en la teoría del conocimiento, y también forma parte de la praxis revolucionaria.


Hay que entender, como dice Theodor Adorno, que la unidad entre teoría y praxis no es inmediata (12), sino que está mediada por muchos elementos, entre ellos, diría Georg Lukács, la “organización”. Por eso, la praxis sin teoría, bajo la condición más progresiva del conocimiento, debe fracasar, y la teoría que no bebe de la praxis, en el caso de Marx, nos deja tal y como estábamos, en las bellas construcciones conceptuales, en el castillo de certezas del idealismo. Así que ni teoría pura, ni activismo ciego, pues como recuerda Adorno: “Marx no se abandonó nunca a merced de la praxis” (13), pero tampoco se refugió en el mero pensamiento.


En esta segunda interpretación se entiende, también, que las filosofías y las teorías, por ejemplo, forman parte del mundo que se quiere transformar, pues lo justifican y lo legitiman, son realidades intelectuales. De tal manera que, si queremos transfigurar el mundo, subvertirlo, etcétera, debemos considerar las teorías (filosofías) como componentes materiales de la realidad, tal como pensaba Karl Korsch en Marxismo y filosofía. Al respecto decía Korsch sobre Engels y Marx: “Jamás dejaron de tratar todas las ideologías, y también por tanto toda filosofía, como realidades efectivas”, pues “incluso la filosofía anterior pertenece a este mundo, y es su complemento, aunque ideal” (14), y, por lo mismo, diríamos, conservador y con efectos prácticos reales, verificables. Las teorías tienen su propio efecto práctico, no son meras fantasmagorías, lo sabía Marx. Por eso era necesario construir una ciencia revolucionaria, comprometida, si se quería derrocar el orden burgués.


La tesis 11 sobre Feuerbach debe entenderse, entonces, desde el punto de vista epistémico de Marx, como la superación efectiva de la dicotomía sujeto/objeto, del papel político que le dio al conocimiento, del papel revolucionario que le dio a la ciencia, y del grado de “cientificidad” que le quiso dar a la revolución. Quien no entiende esto, no ha entendido absolutamente nada. Pensar lo contrario, y acoger la simplificada interpretación vulgar, es no percatarse siquiera que la vida misma de Marx oscila entre el activismo y la filosofía; entre la militancia, los planes programáticos, y el estudio de la economía política. Por eso tardó tantos años para redactar El capital, pues con esta obra le daba fundamento teórico a gran parte de sus primeras intuiciones filosóficas, a la vez que ponía la ciencia al servicio de la revolución.


La ausencia de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844


En cuarto lugar, quiero referirme a una omisión evidente en la película. Desde luego, el Director no tiene que aludir a todas las cosas, entre otras razones, porque tratándose de una biografía y de una obra tan extensa como la de Marx, la película se tornaría interminable. Sin embargo, quiero resaltar la ausencia de una referencia explícita a los Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Como se sabe, este texto es importante porque en él, por primera vez, como dice Lukács, Marx entró a la economía política. Antes se había preocupado por las condiciones materiales, pero ahora son las categorías no explicitadas del capitalismo las que le interesan. Aquí Marx empieza, a mi juicio, a desnaturalizarlas. Los Manuscritos fueron escritos en París, pero sólo fueron publicados hasta 1932, junto con la Ideología alemana. Es decir, 88 años después. La no publicación de estas obras, tuvo consecuencias negativas para la comprensión del pensamiento de Marx, entre otras cosas, porque en ese lapso, los revolucionarios hicieron y deshicieron con ella, generando una incomprensión del marxismo en términos filosóficos. Ya Karl Korsch mostró, con mucho detalle, como desde la segunda mitad del siglo XIX, se des-filosofó a Marx, lo que produjo una simplificación de su pensamiento (15).


Los Manuscritos del 44, como se los conoce, son importantes por varias razones, entre ellas: a) Marx inicia el desmonte de las categorías de la economía política, como ya se anotó (16), b) contiene una antropología, donde las relaciones entre el hombre y la naturaleza y su “intercambio orgánico” empiezan a ser esclarecidas, c) contiene la teoría de la alienación, que será importante para el tratamiento posterior del fetichismo de la mercancía, d) permite entender mejor las relaciones de Marx con Feuerbach y con Hegel, especialmente, en el cuarto manuscrito donde Marx se enfrenta a la Fenomenología del espíritu, e) en el caso de Hegel, permite ver que Marx valora altamente su concepción del trabajo. Al respecto dice Marx: “Hegel concibe el trabajo como el acto en el que el hombre se crea así mismo” (17). Es decir, Hegel reconoce que el trabajo es la esencia de los humanos. Es lo que Marcuse llamará el trabajo como categoría ontológica, pues, en sentido estricto, sólo gracias al trabajo hay hombre (18). Ahora bien, como dice Marx, Hegel no ve el lado negativo del trabajo, esto es, el trabajo enajenado, el cual sólo es confirmado en el pensamiento y Hegel no ha tratado de superarlo por medio de la revolución, de la destrucción de la clase burguesa, la supresión de las clases, la autoemancipación del proletariado, en fin, por medio de la praxis revolucionaria. Finalmente, e) yo agregaría que la no publicación de los Manuscritos permite comprender por qué en América Latina y en Colombia, particularmente, no hubo una buena recepción de Marx, razón por la cual, la generación que normalizó nuestra filosofía a partir de los años 40 del siglo pasado (Cayetano Betancur, Danilo Cruz Vélez, Rafael Carrillo, entre otros) nos “vendieron” un Marx simplificado, sin su dimensión filosófica. Esto llevó a clichés sobre un Marx meramente revolucionario, o de un Marx economicista, o materialista vulgar, en últimas, de un Marx incompleto. El hecho de que el materialismo no se comprendiera bien, y se pensara que Marx se refería con él a la materia, entendida como el componente de los objetos, se debe al no cocimiento de La ideología alemana, obra que no se conoció, como los Manuscritos, sino hasta 1932. Por eso, tenía razón Marcuse cuando, en 1932, sostuvo: “La publicación de los Manuscritos económico-filosóficos […] debe convertirse en un acontecimiento determinante en la historia de la investigación marxista” (19). En efecto, así fue. Después de su publicación, por ejemplo, y tras el fin de la guerra en 1945, el marxismo empieza a ser revisado académicamente en Alemania. En Francia, su versión de humanismo existencialista –también con Fromm después– empieza a tener gran influencia (20).


El Manifiesto del partido comunista y la maduración de Marx


En quinto lugar, para finalizar, me gustaría anotar que la película culmina con la constitución de la clase obrera en un partido político. La liga comunista –que provenía de la Liga de los justos (que a su vez provenía de la liga de los Proscritos, fundada en 1834) y cuyo lema “Todos los hombres son hermanos” fue sustituido por el de “Proletarios de todos los países, uníos”–, le encarga la redacción a Marx y a Engels de un panfleto que tuviera de forma clara y sencilla el ideario obrero, era plenamente consciente de que el proletariado no era sólo una “clase en sí”, sino que, para decirlo con Lukács, era también una clase “para sí”, autoconsciente, llamada a realizar, en el plano universal, su auto-emancipación, y con ella, la abolición de todas las clases. Esto es lo que aparece claramente en el Manifiesto del partido comunista, publicado en febrero de 1848, justo antes del levantamiento contra Felipe de Orléans. El libro es un pequeño tratado de “sociología política”, como dice Rubén Jaramillo, y lo es precisamente porque en él hay una “anatomía de la sociedad burguesa”, es decir, se muestra la formación del mundo actual, el papel del antagonismo de las clases, la sucesión de modos de producción, las relaciones de producción, a la vez que se esboza el proyecto para trasformar ese mundo. Aquí aparece la relación entre teoría y práctica, pues la primera debe mostrar escenarios reales para cambiar la realidad imperante; y la segunda debe medir la fuerza de ese diagnóstico, es, pues, la unidad del devenir filosófico del mundo y el devenir mundo de la filosofía. Es un libro que expresa la claridad mental que tienen Marx y Engels sobre su época y la revolución, sobre qué es lo que hay que cambiar y cómo hay que cambiarlo. Es lo que lo diferenciará del socialismo humanitarista de Weitling y su romanticismo expresado en su libro La humanidad tal como es y como debe ser, según el cual “La comunidad de los bienes es el medio de salvar a la humanidad, ella transforma por así decirlo, la tierra en un paraíso”; y también del socialismo burgués y otros movimientos de la época, que no han entendido dos cosas, fundamentalmente: 1) que la proletarización general de la sociedad es la tendencia y es el producto del sistema capitalista y 2) que la liberación de la sociedad sólo es posible con la supresión de esa clase en el plano universal, lo cual implica superar el modo de vida existente, es decir, abolir la propiedad privada, el Estado y tomar el poder por la violencia. Aquí el proletariado aparece como el sujeto de la historia, y como el sepulturero de la sociedad burguesa que lo hizo posible.


El libro es, recalco, un pequeño tratado de sociología política, y lo es, además de lo dicho, porque muestra los aportes del descubrimiento de América al desarrollo de la sociedad industrial y comercial europea, y porque pone de presente el papel revolucionario de la clase burguesa la cual ha transformado los instrumentos de producción, las formas de intercambio; ha universalizado la historia. Igualmente, esta clase posibilitó un mayor dominio de la naturaleza con su progreso técnico y universalizó, también, la clase obrera que le dará sepultura al sistema capitalista. Este tipo de análisis no se encuentra en el “cielo brumoso de la fantasía filosófica” de otros socialismos, entre ellos, el de Weitling o el de los utópico-críticos de Saint-Simon, Owen o Fourier (21).


 Por último, rescato de la película la imagen que proyecta de Jenny Marx, su apoyo y amor por el autor de El capital, así como esa bella amistad entre Marx y Engels, su compromiso político y revolucionario, su solidaridad, sus puntos de confluencia, la humildad y el reconocimiento que Engels siempre tuvo frente a Marx. Recordemos que los griegos decían que la vida sin amistad no merecía ser vivida, y estos dos hombres materializan esa bella visión, pues la amistad, desde mi punto de vista, no es más que la confluencia de dos o más singularidades afectivas, y ellos dos, como Sartre y Simone de Beauvoir, son encarnaciones históricas de estas singularidades en relación.

 

** Charla dictada en la Facultad de Ciencias humanas, Universidad Industrial de Santander, el día 20 de abril de 2018.
1. Marx, K. Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza Editorial, 2012, p. 174.
2. Citado en Lukács, Georg, “En torno al desarrollo filosófico del joven Marx”, en: Ideas y valores, Nº 38-39, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1979, pp. 42-43.
3. Ibíd., p. 43.
4. Marx, K., “Manuscritos económico-filosóficos”, incluido en: Erich Fromm, Marx y su concepto del hombre, México: Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 178.
5. Jaramillo, Rubén., La primacía de la praxis. Ensayos críticos en torno a Marx y el marxismo, Bogotá, Ediciones Veramar, 2017, p. 25.
6. Marcuse, Herbert., Razón y revolución, Madrid: Alianza Editorial, 2017, pp. 319-320.
7. Ibíd.
8. Entre ellos, Stirner, Bauer, Ruge, Feuerbach, y también el alemán Karl Grün, que es mostrado en el filme como lamebotas de Proudhon. De hecho, a Grün Marx dedicó más de 40 páginas en La ideología alemana, donde lo desmonta página por página. Allí lo acusa de pretensioso, plagiador, y de desconocer y tergiversar las obras elementales del socialismo a las que se refiere en su libro El movimiento social en Francia y Bélgica de 1845. Aquí el nivel polémico de Marx es notorio. Véase, Marx y Engels, La ideología alemana, Madrid, Akal, 2014, pp. 437-480.
9. Löwy, Michael., La teoría de la revolución en el joven Marx, Buenos Aires: Herramienta y El Colectivo, 2010, p. 59
10. Marx., K. Miseria de la filosofía, Madrid: Sarpe, 1984, p. 45.
11. K. Marx y Engels, F. Manifiesto del partido comunista, Pekín, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1968, pp. 69-71.
12. Adorno, Theodor. “Notas marginales sobre teoría y praxis”, en: Consignas, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 165.
13. Ibíd., p. 180.
14. Korsch, Karl., Marxismo y filosofía, op. cit., p. 107; igualmente, pp. 110 y 112.
15. Ibíd., p. 49
16. De hecho, fue Engels quien introdujo a Marx en los estudios económicos, pues ya en enero de 1844, en el único número de los Anales Franco-Alemanes de Ruge, aparece un Esbozo de crítica la economía política. Véase Jaramillo, R. La primacía de la praxis, op. cit., p. 59.
17. Marx., K., Manuscritos, op. cit., p. 195.
18. Marcuse, Herbet. “Nuevas fuentes para fundamentar el materialismo histórico”, en. Para una teoría crítica de la sociedad, Caracas, Editorial Tiempo Nuevo, 1969.
19. Ibíd., p. 9.
20. Habermas, Jürgen, Teorías y praxis. Ensayos de filosofía social, Madrid, Tecnos, 2012, p. 362
21. Marx., K. Manifiesto de partido comunista, op. cit., p. 67.

* Doctor en Filosofía, Profesor Escuela de Trabajo Social, UIS, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Jean-Luc Godard en el Festival de Cannes. Contra la sociedad del espectáculo

A los 87 años, el gran cineasta de la modernidad presentó en competencia oficial su nueva película, un objeto poético que se permite reflexionar, con una libertad formal absoluta, sobre el tren de la Historia del siglo XX y la relación de Europa con el mundo árabe.



Hace exactamente cincuenta años, Jean-Luc Godard fue –junto a François Truffaut, Louis Malle y Roman Polanski, entre otros directores famosos– uno de los primeros en subirse al escenario del viejo Palais de la Croisette e interrumpir las proyecciones del Festival de Cannes, en adhesión a la revuelta estudiantil que por esos mismos días sacudía a París y al país todo. El Mayo francés estaba en su apogeo y el festival no podía ser la excepción. “Nosotros hablamos de solidaridad con estudiantes y trabajadores y ustedes de primeros planos o ángulos de cámara. Son unos imbéciles”, les respondía iracundo a quienes pretendían que el festival continuara como si nada. Medio siglo después, todo Cannes está decorado hoy con una foto icónica de una de sus películas mayores –el beso de auto a auto de Jean-Paul Belmondo y Anna Karina en Pierrot le fou (1965)– que el festival eligió este año como su imagen insignia. Y no sólo eso, Godard envió a la competición oficial su película más reciente, Le livre d’image (El libro de imagen), un film como vienen siendo todos los suyos de los últimos años, un objeto poético de una libertad formal absoluta, como si el director (que en diciembre pasado cumplió 87 años) hubiera dejado atrás hace milenios las nociones de ficción y documental para adentrarse en otra dimensión, en la cual el cine es capaz de convertirse en una incesante máquina de pensar.


Para ello, Godard ya ni siquiera necesita filmar. Como ya lo había hecho en sus Histoire(s) du cinéma (1989-1999) le basta con recluirse en su refugio legendario, del que no sale ni siquiera para recibir a su vieja amiga Agnès Varda (como ella comprueba tristemente en la reciente Visages villages), y desde allí, en su casa-estudio en Rolle, Suiza, parece conjurar al mundo, como si fuera Próspero, el anciano hechicero imaginado por Shakespeare para La tempestad. Como Próspero, él también está recluido en una isla: su isla de edición, donde como un alquimista mezcla imágenes y sonidos –de films clásicos e ignotos, de noticieros y de capturas de internet– y eventualmente las solariza o las vuelve ominosos negativos monocromáticos. Y les quita el sonido o les pone otros y encuentra en ese collage sorprendente y muchas veces violento –como si abriera cisuras en la tela de un cuadro, o arrancara páginas de un libro– un sentido nuevo. “Sólo en los fragmentos encontramos autenticidad”, dice Godard citando a Brecht.


Y si el cine es para Godard una máquina de pensar, ¿en qué piensa El libro de imagen? En principio, en todo aquello en que Godard ha venido reflexionando desde Film socialismo, presentada aquí mismo en Cannes hace ocho años: en las guerras, en la identidad de Europa, en su pasado, en su incierto futuro. Y luego en la relación de Occidente con el mundo árabe, una cuestión que siempre lo preocupó, desde que con el Grupo Dziga Vertov hizo el clásico Ici et ailleurs (1976), donde contrastaba las vidas de dos familias, una francesa y otra palestina.


¿Y cómo lo hace? En sus propias palabras, con “una historia en cinco capítulos, como los cinco dedos de una mano”. Las manos son el leitmotiv de Le livre d’image desde las primeras imágenes, cuando se ven las de un montajista manipular en la moviola un rollo de 35mm. “Es una condición del hombre, pensar con las manos”, dice Godard, claramente asumiendo su condición de cineasta. Y de montajista, porque la idea de montaje es esencial, constitutiva de su film. Esos capítulos como dedos de una misma mano irán dando paso a distintas asociaciones, que pueden parecer libres –y sin duda lo son, en más de un sentido– pero que también van tejiendo un discurso.


La sucesión inextinguible de imágenes de trenes, por ejemplo: desde los expresos de Shanghái y de Berlín –con Marlene Dietrich y Robert Ryan, como sus respectivos pasajeros– hasta aquellos que transportaban al pueblo judío a los campos de exterminio, otra de las eternas obsesiones de Godard, como corresponde a todo aquel que fue contemporáneo de ese genocidio. Allí, en esas vías infinitas, en esas estaciones brumosas por el humo de las locomotoras, en esas despedidas románticas que se pierden en una línea de fuga, se intuye que Godard invita a subirnos al infatigable tren de la Historia del siglo XX, a ser todavía sus últimos pasajeros.

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Director de “El joven Karl Marx”: Hago cine político inspirado por una lucha actual

Karl Marx siempre ha sido “una clase de pilar científico y político para mí”, declaró Raoul Peck, director de la película “El joven Karl Marx”, durante una reciente entrevista exclusiva con Xinhua.


El director haitiano ha realizado una serie de películas políticas, entre las que destaca “No soy tu negro”, que cuenta la historia de las luchas sociales y políticas de los estadounidenses negros con base en textos inéditos del escritor James Baldwin. También realizó “Lumumba”, basada en el primer primer ministro de la República Democrática del Congo.


Con “El joven Karl Marx”, basada en el autor de “El Capital”, Peck no oculta su compromiso político. “No soy un director que hace películas sólo para divertirse o simplemente para contar historias. Hago cine político inspirado por una lucha actual”, señaló el director.


Peck pasó su juventud en la República Democrática del Congo y después fue a Alemania para estudiar la universidad, donde comenzó a estudiar a Marx. En la década de los 80 se volvió periodista y fotógrafo, y más tarde director. Fue ministro de Cultura en Haití de 1996 a 1997.


Para el director, “el cine siempre tiene el objetivo de la lucha”. La inspiración para “El joven Karl Marx” y “No soy tu negro” surgió en un momento en que se percató de que “el mundo, en particular el mundo occidental, se hallaba en un momento de decadencia. La política es decretada, y el crecimiento de los populistas, una señal de que la gente tiene problemas con los líderes”.


Como artista y cineasta “era necesario que hallara mi propia respuesta; se trató de un retorno a los fundamentos. Tuve dos fundamentos principales en mi vida: James Baldwin y Karl Marx”, explicó Peck.


“Con estas dos películas, espero mostrar sus ideas y conocimiento a las nuevas generaciones, para que puedan almacenar estas ideas para ellos mismos y luchen, se trata de acción política contemporánea comprometida”.


Peck tuvo la oportunidad de estudiar a Marx desde los 20 años y completó cuatro años de seminarios sobre “El Capital” en un sistema universitario “no dogmático”. “Estudiar a Marx en ese momento, consistía en recurrir a los trabajos del filósofo, del economista, del político y del historiador para mi propia reflexión, una reflexión que pudo modernizarme a mí mismo. Es por esta razón que hasta hoy, puedo utilizar esos instrumentos para analizar lo que está ocurriendo en el mundo”, comentó el cineasta.


“Marx me ha acompañado toda mi vida. Siempre ha sido una especie de pilar científico y político para mí”, dijo Peck.


La película biográfica franco-alemán-belga sobre Karl Marx, un proyecto de 10 años, se concentra en el período de 1843 a 1848, durante el cual Marx se exilió en París. Ahí fue donde conoció a Engels, y ambos crearon la Liga Comunista y escribieron la “biblia” de las revoluciones de los trabajadores en Europa, “El Manifiesto Comunista”, publicado en 1848.


El filme relata los momentos más importantes en la vida de Marx y muestra la evolución de su pensamiento y el inicio de la lucha entre el socialismo utópico, el socialismo anarquista y el socialismo científico presentado por Marx, y que culmina en el manifiesto, explicó el director.


Peck dijo que el guión de la película fue escrito con base en la correspondencia entre Marx y Engels. “Hay escenas que son exactamente como lo señala la correspondencia; incluso los diálogos son auténticos”.


Es importante presentar la historia auténticamente cuando la gente en Occidente tiene tantos prejuicios respecto al marxismo, subrayó.


Para Peck, el pensamiento marxista sigue siendo el instrumento perfecto para entender el mundo actual. “El primer capítulo del manifiesto es una descripción de lo que está ocurriendo en el mundo actual, muchas de las frases del manifiesto son duras frases de hoy”.


A pesar del descenso general de la influencia marxista en Occidente, Marx ha estado en la portada de revistas económicas occidentales, en especial desde la crisis financiera de 2008, mencionó Peck.


“Cada día hay artículos sobre Marx. Entonces, ¿Marx es obsoleto o no?. Nos damos cuenta de que Marx es relevante mientras haya una sociedad capitalista”, observó.
En el París de 1844, tras exiliarse, Karl Marx conoce a Friedrich Engels, quien investigaba el nacimiento de la clase obrera británica. Engels proporcionó la última pieza del puzle a la visión del mundo del joven Marx. Juntos, entre censuras, represión policial, revueltas y conflictos políticos, lideraron el movimiento obrero durante su desarrollo hacia la era moderna.


(Con información de Xinhua)

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Jueves, 26 Abril 2018 09:07

¡Cuidado con Gaitán!

¡Cuidado con Gaitán!

En la sociedad donde la justicia reina,
hay paz y alegría.
Donde ella pierde su vigencia,
hay oscuridad y dolor.
J.E.G.

 

Setenta años han trascurrido desde el día en el que, en el marco de la recién inaugurada Guerra Fría, asesinaron a Jorge Eliecer Gaitán. Fue la primera operación encubierta de gran envergadura realizada en América Latina por parte del gobierno de los Estados Unidos. En ese momento nadie dudaba que Gaitán asumiría la presidencia de Colombia el 7 de agosto de 1950. La imbricación absoluta del líder y su pueblo condujo a que el asesinato provocara un estallido de dolor e ira popular que fue contenido a balazos. La guerra que se desató aún no se apaga. Y la pretensión de borrar la memoria de Gaitán y ocultar el entramado del crimen también se ha extendido hasta la hora presente.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la dirigencia militar de los Estados Unidos manifestó al presidente Truman la necesidad de organizar un sistema de inteligencia de alcance mundial, capaz de proveer información con valor político y militar sobre lo que sucedía en cada país de la tierra, y capaz también de realizar acciones encubiertas dirigidas a cambiar determinadas realidades no convenientes a la proyección del poder global sin que apareciera nunca la participación del gobierno estadounidense. En esta inquietante acepción de “la inteligencia” se entendía por ella no sólo el espionaje, el conocimiento de lo que sucedía o se fraguaba en otros lugares del mundo, sino el conjunto de acciones clandestinas –sobornos, sabotajes, asesinatos selectivos, propaganda camuflada de información, organización y apoyo subrepticio de movimientos políticos– dirigidas a producir situaciones favorables a los intereses y el control geopolítico de quien lo patrocinaba.

El general Magruder, alto oficial del Ejército norteamericano en esos años, lo sintetizó así: “Las operaciones de inteligencia clandestinas implican romper constantemente todas las reglas. Dicho lisa y llanamente, tales operaciones son necesariamente extralegales, y a veces ilegales”. Entonces ni el Departamento de Estado, ni el Pentágono debían dirigirlas. Se trataba de un paso decisivo en una pendiente de consecuencias imprevisibles: la creación de un organismo ilegal con accionar criminal en el corazón del poder estatal1.

En marzo de 1944, Gaitán renunció al Ministerio del Trabajo y se lanzó a la lucha por la Presidencia con el apoyo de una multitud nacional que veía en él un intérprete de sus angustias, sufrimientos y anhelos, liderando una campaña por la “restauración moral y democrática” del país. Gaitán había reflexionado sobre la cultura política imperante en Colombia y comprendió que un sistema como el existente conducía a la degradación de su pueblo.
En 1945, el Departamento de Estado rendía informes mensuales muy detallados sobre la situación de la economía colombiana, colocando especial atención al petróleo, del cual ya habían comprendido que quien dominase sus fuentes mundiales dominaría la posguerra. El 30 de agosto de ese año, el Agregado Militar de la Embajada estadounidense en Colombia, el coronel John H. Weeks, redactó un informe secreto sobre “la penetración del comunismo soviético en Colombia”. Nuestro país era estratégico también por su vecindad y laso histórico con Panamá, y por ser puerta de ingreso a Latinoamérica.

 

La maniobra para impedir el ascenso de Gaitán

 

En 1945, López Pumarejo renunció a la Presidencia, justo el día que le permitía no convocar a elecciones anticipadas sino colocar en su reemplazo a su discípulo dilecto: Alberto Lleras Camargo, quien gobernó desde el 7 de agosto de 1945 al 7 de agosto de 1946. Antes de finalizar su tarea, Lleras Camargo le aseguró el poder al partido conservador gracias a un pacto secretó entre él, López y Laureano Gómez. Con ese acuerdo secreto acordaron dividir el partido liberal para permitir que el conservatismo, que era minoría, llegase de nuevo al poder después de 16 años fuera de la presidencia.

Por el lado de su contraparte, en septiembre de 1945 las fuerzas populares organizaron la convención nacional gaitanista en la Plaza de Toros, para presentar al país la candidatura de Gaitán como resultado de la expresión del pueblo y no como la determinación de una camarilla. El editorialista Calibán –Enrique Santos– desde el diario El Tiempo señalo que “Gaitán era más peligroso que Laureano Gómez”. La elite política liberal y conservadora temía a sus seguidores: “negros, indios, mulatos y mestizos, rencorosos, vengativos, hombres de palos y cuchillos, defraudados, frustrados y ambiciosos”.

Tanto López Pumarejo como Lleras Camargo, personajes experimentados y bien informados, no ignoraban que la entrega del poder al Partido Conservador dirigido en la tras escena por el franquista Laureano Gómez, en una nación de mayoría liberal, podría significar ríos de sangre en el país, pero así contenían a Gaitán, a quien consideraban más peligroso. El 5 de mayo de 1946 fue elegido como Presidente Mariano Ospina Pérez, nieto y sobrino de presidentes.

El 7 de agosto de 1946 Gaitán regresó a la tribuna pública para anunciar que ya estaba en la batalla por la reconquista del poder para el partido del pueblo; llamaba a la mejora en las condiciones de vida con base en el estudio, la labor, la restauración moral y la conquista del poder del Estado con base en la movilización consciente de los humildes. Gaitán decía que en Colombia no había dos partidos sino un pueblo partido en dos. Su voz se ocupó de revelar la forma como se engañaba al pueblo liberal y al pueblo conservador por parte de élites políticas, que en realidad representaban los intereses de los poderes económicos nacionales y foráneos. El país nacional y el país político, los llamó Gaitán.

 

La Guerra Fría convierte a Gaitán en objetivo militar

 

El 12 de marzo de 1947, el presidente de los Estados Unidos Harry Truman pronunció un discurso en una sesión plenaria del Congreso bicameral republicano advirtiendo que el mundo se enfrentaba al desastre a menos de que Estados Unidos combatiera el comunismo en el extranjero. Era la Doctrina Truman: “La doctrina construía “el marco de una política universal” a partir de un problema único. “Todo lo que tenían que hacer los demás países para poder optar a la ayuda estadounidense era demostrar la existencia de una amenaza comunista. Dado que no había casi ningún país que careciera de una minoría comunista, éste presupuesto llevaba muy lejos”2.

El 22 de abril de 1947, John Wiley, embajador de los Estados Unidos en Colombia redactó un informe secreto dirigido al Departamento de Estado que tituló con una expresión latina: Cave Gaitanum, “Cuidado con Gaitán”.

El Informe señalaba que Gaitán era “un demagogo que incitará las emociones de estas clases populares no iluminadas […] Mi percepción del doctor Gaitán y de sus éxitos políticos es en extremo temerosa. Lamento también el hecho de que los lideres liberales ortodoxos se encuentren casi todos fuera del país o estén saliendo con mucha prisa. En la lista se incluyen López, Santos, Lleras, Arango Vélez”.

En otra de sus comunicaciones oficiales reservadas, Wiley había afirmado: “Gaitán representa un peligroso fenómeno político. Los nativos de pigmentación oscura, que comienzan a surgir con lentitud, ven en Gaitán a su prototipo y protector”.

Varios colombianos notables también tenían la confianza o el apoyo de la Embajada para fungir como fuentes de información sobre la situación del país. En mayo de 1947 el presidente Ospina se reunió con Thomas Lockett, encargado de asuntos ad interim de la Embajada, para poner en conocimiento de ésta su convicción de que la “Legación Soviética era en gran parte responsable de las cada vez más insatisfactorias condiciones sociales en Colombia, así como del paro nacional organizado por la Confederación de Trabajadores de Colombia”.

El 15 de enero de 1947, Gaitán convocó una convención popular de más de mil delegados provenientes de casi todos los municipios del país, que se reunieron en el Teatro Colón de Bogotá, la que aprobó una Plataforma Ideológica que hoy amerita ser estudiada por su valoración de la dimensión ética, el privilegio de la profundización de la democracia económica y social, y su comprensión del contexto internacional: “El liberalismo proclama su solidaridad con todas las fuerzas políticas de izquierda que en el continente americano luchan para hacer efectiva la democracia, librándola del dominio de grupos plutocráticos que en lo externo actúan como fuerzas imperialistas y en lo interno como oligarquías que concentran en su excluyente interés los poderes económicos como medio de influencia política, y la influencia política como medio de ventajas económicas”.

El 26 de julio de 1947, Truman firmó la Ley de Seguridad Nacional y el 18 de septiembre se formalizaba la creación de la Agencia Central de Inteligencia con funciones y deberes relacionados con la inteligencia que afecten a la seguridad nacional. El Secretario de Defensa era James Forrestal. El 27 de septiembre George Kennan, un sobresaliente analista de asuntos internacionales y defensor del uso de todos los medios en la confrontación con la URSS, le escribió a James Forrestal pidiéndole crear un cuerpo guerrillero que: “podría resultar esencial para nuestra seguridad: combatir el fuego con el fuego”. En septiembre de 1947 el general George Marshall viajó a Brasil con su asistente Vernon Walters a la reunión constitutiva del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca: un mecanismo dirigido a coordinar la guerra política contra el comunismo en el hemisferio. En el Hotel Quintandinha Marshall y Walters se reunieron con el enviado de Laureano Gómez: Juan Uribe Cualla.

En el mes de julio de 1947 Gaitán es nombrado, gracias al triunfo del gaitanismo en las elecciones parlamentarias sobre el santismo, como jefe único del partido liberal, nombramiento que lleva a Gaitán a elaborar un plan de acción legislativa que le permita encontrar terreno avanzado en 1950, cuando debería haber vencido en las elecciones presidenciales.

El 14 de noviembre de 1947, la Andi ordena combatir a Gaitán. El 7 de diciembre de ese año se produce en Cali un acercamiento de Gaitán con la Confederación de Trabajadores Colombianos y también un acercamiento con los trabajadores petroleros, un asunto que no pasa desapercibido por el Departamento de Estado norteamericano3.

El 14 de diciembre de 1947 el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos dio la siguiente orden a la CIA: La agencia ha de ejecutar operaciones psicológicas encubiertas destinadas a contrarrestar las acciones de los soviéticos o inspiradas por ellos. La inteligencia norteamericana ya controlaba en varios países de Europa y de América Latina los organismos nacionales de inteligencia.
Desplazados

En 1947 el régimen conservador, con Laureano Gómez moviendo los hilos en la tras escena, ha inundado el país en sangre. Es necesario reducir la diferencia entre la mayoría liberal y los votantes conservadores para que Mariano entregue el poder a Laureano en 1950. No basta con matar, hay que espantar con métodos de una crueldad inconcebible, lo que sucede a pesar del país estar desde 1947 bajo estado de sitio. Las multitudes campesinas huyen espantadas.

 

La riqueza detrás del poder

 

El septiembre de 1947 Gilberto Álzate Avendaño, líder conservador, le obsequió a Jorge Eliécer Gaitán la obra La riqueza detrás del poder, del investigador estadounidense Robert Brady, quien había realizado una minuciosa investigación para mostrar en la obra, publicada en 1943, la forma como los monopolios económicos de finales del siglo XIX se habían coaligado en redes de monopolios, y habían desembocado en la economía y la política fascista. Brady anunciaba que seguramente los Estados Unidos vencerían en la Segunda Guerra, pero sólo para instaurar un fascismo más temible que el que derrotaría: un fascismo con disfraz democrático. El advenimiento del fascismo norteamericano, el triunfo del poder intermonopolista organizado, unía a la fuerza militar devastadora, una potencia de control tecnológico que se extendía hasta la educación, la comunicación y la cultura. “Derrotaremos a Hitler únicamente para caer en manos del mismo tipo de hombres para los cuales un Hitler es un instrumento necesario”, sentenciaba Brady.

 

La sindicación de comunista para justificar el crimen y la marcha del silencio

 

Desde las páginas de El Siglo se inició una campaña de sindicación de Gaitán como líder comunista, vinculado a la Unión Soviética (URSS), y como agente promotor de las huelgas. Gaitán había realizado un llamado para que ningún jurista colombiano aceptara poderes de empresas extranjeras que atentaran contra los derechos de los trabajadores.

En el despacho 2358, de mayo 16 de 1947, el embajador Wiley señaló: “Gaitán parece estar a punto de secuestrar al partido liberal y es posible que logre hacer lo mismo con la CTC (Confederación de Trabajadores de Colombia). El periódico de Gaitán, Jornada, vende 15.000 ejemplares pero sostiene que podría vender 100.000 si pudiera conseguir el papel. La Embajada no cree que Gaitán apele a la violencia para lograr sus metas, pero no puede ocultar su temor ante los éxitos políticos que pueda tener, pues quienes lo conocen señalan que no admira a Estados Unidos. Se ha declarado partidario de nacionalizar la banca, las cervecerías y las empresas de servicios públicos, y ha propuesto otras formas de socialismo de Estado que, con el tiempo, podrían abarcar la industria petrolera”.

Una vez creada la CIA, la Agencia expidió un documento informativo interno titulado: “Objetivos soviéticos en América Latina”. Pese a la debilidad de los partidos comunistas en la región, el Informe insistía en que la amenaza comunista debía ser tomada con toda la seriedad. El informe también predecía una guerra con la URSS en la cual América Latina jugaría un papel decisivo por el suministro de materiales estratégicos –petróleo– hacia los Estados Unidos.

El 7 de febrero, ante el genocidio del movimiento gaitanista Jorge Eliecer convoca una movilización sin precedentes, y afirma: “Cuando vamos a rendirle un homenaje a nuestros muertos, no podemos lanzar gritos de entusiasmo. El silencio es el único homenaje que les podemos rendir dignamente”.

La marcha se convierte en el más impresionante acontecimiento de las multitudes reunidas con un silencio que conmueve las fibras íntimas de la nación y llena de miedo a las elites que en ese momento dirigen el genocidio. Más de cien mil personas aprietan su dolor y su ira en el pecho y en los labios mudos. Sólo se escucha en la Plaza de Bolívar el sonido de las banderas de luto azotadas por el viento frio de los Andes. Un pueblo que es capaz de esa contención es capaz de derribar un régimen genocida.

 

La IX Conferencia Panamericana: el escenario escogido para la operación encubierta

 

La Novena Conferencia Panamericana, de abril de 1948, fue promovida por el gobierno estadounidense para organizar un frente anticomunista en el hemisferio: se trataba de ampliar y profundizar los alcances del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), firmado en Rio de Janeiro en septiembre de 1947.

Debido a la presencia de gobiernos nacionalistas en la Novena Conferencia, Estados Unidos no tenía asegurada la aprobación de la declaratoria anticomunista. Los gobiernos de Argentina, Venezuela y Brasil promovían la idea de que la Conferencia debía ocuparse, en primer lugar, de la cooperación económica de Estados Unidos con la región, de manera similar al Plan Marshall alentado en Europa. Laureano Gómez fue nombrado por el gobierno de Ospina Pérez para presidir la Conferencia en calidad de Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia. George Marshall era el representante de los Estados Unidos a tal cita.

El General George Marshall y su ayudante Vernon Walters llegaron a Bogotá el 30 de marzo. Muchos años después Walters publicó una obra titulada: Misiones peligrosas, uno de cuyos capítulos está dedicado al Bogotazo.

El 9 de abril del año bisiesto de 1948, hacia la 1 y 10 de la tarde, tres disparos cortaron la vida de Jorge Eliécer Gaitán, y un pueblo enceguecido por el dolor estalló en ira y se lanzó a las calles intentado, en medio de su desesperación, aplicar la justicia que una vez más se le negaba con la traición y el crimen.

En el testimonio de María Jesús Forero concubina de Roa Sierra, ella aseveró que Juan Roa la había dicho: “Me voy para la selva con dos extranjeros. Voy en busca de oro y me puedo hacer muy rico pero hay muchos peligros y muchas fieras. No sé cuándo volveremos a vernos porque el viaje es mañana o pasado mañana viernes. Si las fieras de la selva no me comen, dentro de un mes, quizá volveremos a encontrarnos”.

A las pocas horas del magnicidio, la Cancillería colombiana expidió un comunicado, curiosamente redactado en inglés, rompiendo relaciones con la Unión Soviética. Y más adelante el diario El Siglo, de propiedad de Laureano Gómez, acusó a Fidel Castro Ruz de ser parte, junto al comunismo internacional, del complot que fraguó el crimen para desestabilizar el país.

Las agencias de prensa internacionales replicaron la información dada por los altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, en el sentido de responsabilizar al comunismo internacional de los sucesos en Bogotá. La visión mundial de los acontecimientos fue la promulgada por Estados Unidos logrando una legitimación de la causa anticomunista. Esta versión le permitió al general Marshall aislar a los opositores de la declaración anticomunista, en especial la Argentina, que también pedía una condena de las dictaduras apoyadas por Washington como forma de contención del comunismo. El general Marshall declaró: “Los rojos perdieron la primera partida en el hemisferio occidental. El comunismo internacional hizo su primer gran esfuerzo después de la guerra en el hemisferio occidental y lo malogró”.

Laureano Gómez había sido proclamado candidato presidencial en Cali el 9 de febrero de 1948.

El 23 de abril de 1948 se expidió un mensaje cifrado de la Cancillería española al Ministro de España en Bogotá, en el que invitaban a Laureano a radicarse en España con abono de 25.000 pesetas para todos sus gastos. El 26 de mayo de aquel año Laureano Gómez viajó a España, donde permaneció cerca de un año En agosto de 1948, afirmó: “Yo comparo este momento de Colombia con el de España luego de la revolución de 1934. Creo que, como aquí, la guerra civil será inevitable. Quiera Dios que la ganemos nosotros”. El conservatismo junto a la iglesia católica se presentó como víctima e inició una campaña contra la conspiración liberal-comunista.

Por otra parte, el gobierno de Estados Unidos, luego del magnicidio y el Bogotazo, autorizó un crédito de 50 millones al gobierno de Ospina. A su par le insistía a la dirigencia tradicional en la necesidad de cesar la confrontación de las cúpulas y unirse ante un levantamiento social que amenazaba con desbordarse.

El 14 de agosto, Gómez señaló en El Siglo a Gaitán como conspirador “pago y arrepentido de la URSS para sabotear la Conferencia Panamericana. Por eso –dijo– fue asesinado por los propios comunistas”.


70 años de impunidad

 

Laureano Gómez se impuso en las elecciones de 1949, en las que se presentó solo. El partido liberal no lo hizo por falta de garantías. Ya los campos de Colombia estaban anegados en sangre de humildes labriegos que sufrían la persecución de todos los aparatos militares del establecimiento. Laureano, instalado en el poder, realizó todas las concesiones que le exigieron desde la embajada gringa para su industria petrolera y otros intereses económicos y políticos.

Luego de 70 años del crimen de Gaitán, el plazo oficial que la ley estadounidense contempla para desclasificar información reservada está más vencido, y pese a las reiteradas solicitudes por parte de sus descendientes, de abogados y de organizaciones sociales para que la CIA permita el acceso a los archivos que guardan información relacionada con la forma como se produjo el magnicidio, no ha sido posible que revelen la información porque “afectaría a personas que aún están vivas en Colombia”.

 

1 Weiner, Tim, Legacy of Ashes, Doubleday, 2007, p. 37
2 Moniz, Bandeira, Luiz, La formación del imperio americano. Capítulo VIII, Norma, 2010.
3 Saenz Rovner, Eduardo, Colombia años 50. Industriales, políticos y diplomacia, Universidad Nacional de Colombia, 2002, p. 155.

Publicado enEdición Nº245