Jueves, 11 Enero 2018 06:13

Klimt y Schiele, 100 años de ausencia

Muerte y vida, 1910-1911, óleo sobre lienzo, cuadro acerca de un tema que obsesionó a Klimt durante sus últimos añosFoto tomada del libro Gustav Klimt, obras completas, editorial Taschen

 

La mayor pandemia mundial segó a dos grandes pintores austriacos

Sus obras, objetos de culto que disparan las subastas internacionales

 

Hace cien años, la pandemia más devastadora de la historia humana, arrebató al mundo del arte a dos de sus grandes pinceles: Gustav Klimt y Egon Schiele. Con apenas ocho meses de diferencia, ambos fallecieron en 1918, en Viena, Austria, víctimas de la llamada gripe española.

A partir de ese momento sus obras pasaron a formar parte de un culto que hoy día ha convertido a los artistas, quienes además fueron buenos amigos, en dos de los autores austriacos más cotizados en las subastas internacionales.

El museo Leopold de la capital austriaca, fundado en 2001 con las obras de la antigua colección privada de arte de Rudolf y Elisabeth Leopold y que alberga el mayor conjunto en el mundo de Egon Schiele, recordará durante 2018 la efeméride con magnas exposiciones dedicadas a los principales exponentes del movimiento modernista de la Secesión de Viena.

El 18 de enero se inaugura la muestra Vienna 1900. Klimt-Moser-Gerstl-Kokoschka, conformada por obras de Klimt (1862-1918) y Koloman Moser (1868-1918), así como de los expresionistas pioneros Richard Gerstl (1883-1908) y Oskar Kokoschka (1868-1980), en una lectura completamente nueva, promete el recinto.

Ahí se podrá apreciar la joya del Museo Leopold: el cuadro Muerte y vida de Klimt, uno de los últimos que realizó antes de morir, acerca de un tema que lo obsesionó sus últimos años. En 1911, con esa obra el artista recibió el primer premio de la Exposición Universal de Roma.

En 1918, a los 56 años, luego de haber sobrevivido a un infarto y una neumonía, el pintor no pudo con la gripe española. Se sabe que, en su lecho de muerte, mandó llamar a su musa y eterna compañera, Emilie Flöge, con quien lo unió una intensa historia de amor. Fueron sus últimas palabras.

Un número considerable de sus obras, varias de ellas inconclusas, fueron confiscadas de su taller por los nazis y después destruidas en el incendio del castillo de Immendorf en 1945, para evitar que se convirtieran en botín de guerra.

También las pinturas del techo del aula magna de la Universidad de Viena hechas por Klimt, conocidas como las Pinturas de la Facultad, fueron destruidas durante los últimos días de la guerra en 1945, tachadas de pornográficas.

En la actualidad, explica el Museo Leopold, esos murales representan “un cambio de paradigma y un credo de una nueva noción temática y formal del fin de siglo: espíritu y materia, naturaleza y el arte, así como Eros y Thanatos, partes esenciales de la obra artística de Klimt.

“Las obras pictóricas del vanguardista Gustav expresan además un anhelo de belleza y sensualidad. Junto con obras de las colecciones del Museo Leopold y la colección privada de la familia Leopold, las muestras dedicadas al artista en el centenario de su muerte contarán con obras de la Fundación Klimt, otorgadas al museo como un préstamo permanente de un descendiente del pintor, así como préstamos internacionales seleccionados de colecciones privadas e institucionales.

“Por tanto, la exposición retratará la evolución artística de Klimt como un exponente del historicismo tardío hacia uno de los representantes más prominentes del Jugendstil (estilo joven) vienés.”

En febrero abrirá en ese recinto la exposición dedicada a conmemorar el centenario luctuoso de Egon Schiele, única en su combinación de pinturas, obras en papel y material de archivo, la muestra tocará los más importantes temas en la obra del artista. En primer lugar, su confianza en sí mismo, rompiendo con las tradiciones, y su evolución como artista expresivo, seguido de la figura ambivalente de la madre y las representaciones tabú de niñas y niños, temas como la espiritualidad y la metamorfosis, casas y paisajes enigmáticos, así como sus análisis complejos y llenos de tensión en sus autorretratos.

En 1918 el artista tenía 28 años. Participó con éxito en la 49 exposición de la Secesión de Viena, para la que diseñó el cartel y donde vendió la mayoría de los 50 cuadros que presentó.

En otoño de 1917 la pandemia de la gripe española (que causó más de 20 millones de muertos en Europa) llegó a Viena. En febrero había muerto Gustav Klimt atacado por esa enfermedad y el 28 de octubre la esposa de Schiele, Edith, quien estaba embarazada de seis meses. Tres días después falleció Egon.

En su caballete quedó su última pintura importante: La familia, de un realismo inusual, dicen los expertos, en la que retrata, desnudos, a un hombre sentado en un sofá, y una mujer con un niño pequeño entre sus piernas, envuelto en una cobija, siempre con un halo de melancolía.

 

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La familia (1918), una de las últimas pinturas realizadas por Egon Schiele. Foto tomada de Internet

 

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Retrato de Chaim Soutine, obra incluida en la exhibición dedicada a Amedeo Modigliani, abierta en marzo de 2017, en el Palazzo Ducale de Génova. Defensores del consumidor en Italia exigen rembolsos a los visitantes de la muestra, tras darse a conocer que al menos 20 pinturas son falsas. Foto Ap

 

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Viernes, 05 Enero 2018 07:18

La Primavera de Praga cumple medio siglo

Alexander Dubcek.

 

El sueño de un “socialismo con rostro humano” fue aplastado por los tanques soviéticos

 

Hace 50 años, el 5 de enero de 1968, Alexander Dubcek, un sui generis dirigente del Partido Comunista de Checoslovaquia, impulsó en su país el sueño de un socialismo más abierto conocido como la Primavera de Praga, una efímera etapa aplastada sin piedad por los tanques soviéticos apenas ocho meses después.

Desde finalizada la Segunda Guerra Mundial (1945), Checoslovaquia (hoy República Checa y Eslovaquia) se había consolidado como uno de los países más avanzados de la Europa de postguerra, donde el intento de construcción del socialismo se fundamentaba en un fuerte consenso y apoyo popular. Ese apoyo, aparte de la contención social que implicaba el sistema, tenía su origen más inmediato en el decisivo papel desempeñado por los luchadores comunistas en la activa resistencia de checos y eslovacos contra el nazismo.

La muerte de Stalin (1953) y la llegada al poder en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) de Nikita Kruschev –con ideas reformistas– facilitaron que en Checoslovaquia se diera un periodo de “desestalinización” que empujó la presión pública por reformas más sustanciales. En 1968, Dubcek, tras ser nombrado nuevo líder del PC checoslovaco, inició una serie de reformas radicales y declaró que el partido seguiría una política de “socialismo con rostro humano”, que entre otros elementos incluía una reducción del control burocrático y mayor tolerancia hacia los deseos libertarios de los ciudadanos. El breve período reformista tuvo tres momentos clave: el congreso de los escritores checoslovacos, que exigieron la puesta en práctica de las libertades ciudadanas reconocidas en la Constitución socialista; las manifestaciones estudiantiles; y el enfrentamiento de los comunistas reformadores con los sectores más inmovilistas del partido.

En la medida en que fue quedando claro, el intento de Dubcek –no meramente nominal, sino concreto– de construcción de una sociedad socialista por fuera de los lineamientos de la URSS, se desató el enfado del Kremlin.

En plena Guerra Fría, este incipiente proceso de reformas constituía un desafío para la hegemonía de la URSS en Europa Oriental, donde se habían implantado gobiernos comunistas después de la Segunda Guerra Mundial. El temor soviético por los cambios introducidos en Checoslovaquia fue que estos podían llevar a ese país a abandonar el bloque de sus aliados y así sentar un peligroso precedente.

En agosto de ese año, Dubcek y sus compañeros renovadores dieron otro paso adelante publicando en la prensa los nuevos estatutos del partido. Incluían conceptos nuevos, como socialismo humanitario y democrático. Para los sectores más tradicionalistas del comunismo checoslovaco, estas nuevas categorías así como su nuevo lenguaje representaban una claudicación y eran indicio de traición, de abandono, de inadmisible restauración de la cultura burguesa.

“Danubio” fue el nombre en clave del plan de ataque militar, que se inició el 20 de agosto a las 11 de la noche. Con el beneplácito de los gobiernos de la Unión Soviética, la República Democrática Alemana, Polonia, Bulgaria y Hungría, 200 mil soldados y unos 5.000 tanques del Pacto de Varsovia atravezaron la frontera checoslovaca. Precedidos por las tropas aerotransportadas, los tanques invasores entraron en Praga seis horas más tarde, a las 5 de la mañana del 21 de agosto. La ocupación de Checoslovaquia causó un centenar de muertos y fue seguida por una ola de emigración nunca vista antes, que se detuvo poco tiempo después. Se estima que 70 mil personas huyeron de inmediato, y en total se llegó a 300 mil emigrantes.

“Me hicieron esto a mí, a mí que he dedicado toda mi vida a la cooperación con la Unión Soviética. Es la mayor tragedia de mi vida”, lamentó Dubcek antes de ser arrestado, deportado a Moscú y obligado a firmar un protocolo humillante sobre “la normalización de la situación”.

 

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Viernes, 05 Enero 2018 07:06

Octavio Paz contra el neoliberalismo

Octavio Paz contra el neoliberalismo

 

“El mundo que viene es más de dueños que de trabajadores”, confesó a PáginaI12 el Ceo de Los Grobo en el aquelarre de la OMC. ¡Chocolate por la noticia!, me animaría a decirle. Pero él intentaba escamotear la actual hecatombe concreta sobre derechos seculares de la clase obrera, con el espejismo de un futuro paraíso virtual, y universal, de “emprendedores”. Por suerte, el lenguaje sigue siendo fecundamente ambiguo. Y de sus palabras podemos extraer el contenido literal, bien patente –por desdicha– para los argentinos en la actualidad: todo para los dueños, nada para los que crean su riqueza.

Casi de inmediato, como un reflejo antípoda, recordé otro concepto también significativo. En uno de sus diálogos reunidos en libro (El poeta en su tierra) por Braulio Peralta, confiesa Octavio Paz: “Siempre creí –y creo– que mi interlocutor natural era el intelectual llamado de izquierda. Vengo del pensamiento llamado de izquierda. Fue algo muy importante en mi formación. No sé ahora (...) lo único que sé es que mi diálogo –a veces mi discusión– es con ellos. No tengo mucho que hablar con los otros.” Pero el gran dinero corporativo y los no menos desmedidos medios hegemónicos, intentaron apoderarse de todo Octavio Paz, el célebre escritor mexicano, distorsionando sus tempranas críticas al terror stalinista y su redescubrimiento del auténtico liberalismo para adjudicárselo, domesticado como a tantos otros conversos hacia la derecha.

Porque Paz, nacido en plena Revolución Mexicana (1914), era hijo de Octavio Paz Solórzano, fundador del Partido Nacional Agrarista, asesor legal de Emiliano Zapata y su representante en EEUU, involucrado en la reforma agraria y en las transformaciones educativas de José Vasconcelos. Apenas recibido, en 1937 parte a Yucatán con las misiones pedagógicas del legendario Presidente Lázaro Cárdenas. Y también ese año integra la delegación mexicana al célebre Congreso de Escritores Antifascistas convocado en Valencia por los republicanos españoles, mientras arreciaba la guerra civil desatada por el franquismo.

Comenzaba su tarea de escritor, cuyos primeros títulos lo vuelven hombre público. Polemista agudo, convencido humanista, su figura crece como su influjo, entre admiraciones y rechazos. Pero algo hay que reconocerle: en 1968, tras 24 años de diplomacia renuncia como rechazo a la feroz represión oficial que dejó muchos muertos y heridos, durante la masacre de Tlatelolco, entre los estudiantes mexicanos.

Medio siglo después de aquel legendario Congreso de Valencia, se invitó a los sobrevivientes. A Octavio Paz eso le provocó un gran texto: “El lugar de la prueba”. Lo reprodujo el diario La Nación, el 8 de noviembre de 1987. Y en él comencé a descubrir una vertiente bien oculta. Dice: “porque la libertad de expresión está en peligro siempre. La amenazan no sólo los gobiernos totalitarios y las dictaduras militares, sino también, en las democracias capitalistas, las fuerzas impersonales de la publicidad y el mercado. Someter las artes y la literatura a las leyes que rigen la circulación de mercancías es una forma de censura no menos nociva y bárbara que la censura ideológica.”

En su libro La otra voz / Poesía y fin de siglo, de 1990, el año de su Premio Nobel, Octavio Paz reitera claramente: “hoy las artes y la literatura se exponen a un peligro distinto: no las amenaza una doctrina o un partido político omnisciente sino un proceso económico sin rostro, sin alma y sin dirección. El mercado es circular, impersonal, imparcial e inflexible”.

Y en otro libro: Al paso, insiste: “Pienso en la solapada dominación del dinero y el comercio en el mundo del arte y la literatura. Las leyes del mercado no son estrictamente aplicables a la literatura, al pensamiento y al arte. Las potencias meramente comerciales, regidas por el criterio del éxito y la venta, tienden a la uniformidad –máscara de la muerte.”

No era algo casual. El 25 de agosto de 1992 leo en La Nación: “Es muy grave que el relativismo social actual se convierta en un nuevo absolutismo basado en esta idea: las cosas no tienen valor, tienen precio. Este es el camino por el cual una sociedad se destruye.” Y añade: “Cuando yo era joven el gran enemigo del arte eran los Estados autoritarios. Esta amenaza ha sido sustituida por otra mucho más sutil: la amenaza del mercado, que lo relativiza todo. Estas son las grandes amenazas modernas. El mecanismo del mercado no tiene ideología, acepta todas, las usa todas, no respeta ninguna y se sirve de todas ellas.”

Si fuera poco, en Le Nouvel Observateur poco antes de morir, en 1998 afirma Paz: “Se habló del desastre del autoritarismo, sería preciso hablar del desastre del capitalismo liberal y democrático, en el dominio del pensamiento como en el de la vida cotidiana; la idolatría del dinero, el mercado transformado en valor único que expulsa a todos los otros.”

Podría citar más, pero ya basta. Llegó la hora de pensar a Octavio Paz en su complejidad, sin anteojeras. No quiero decir que tal reiteración sea única (no pocas veces me tocó disentir con él en otras lecturas). Pero siento que le debemos considerarlo íntegramente, desde nuestra propia perspectiva sí, pero en toda su múltiple riqueza. Así empezó a ocurrir donde algunos no hubieran esperado: intelectuales cubanos impulsaron un seminario de análisis a fondo para la entera obra de Paz.

Y hay más. En “El lugar de la prueba”, 50 años después de aquel congreso antifascista, Octavio Paz sólo recuerda esto: “en fin, y ante todo, el trato con los soldados, los campesinos, los obreros, los maestros de escuela, los periodistas, los muchachos y las muchachas, los viejos y las viejas. Con ellos y por ellos aprendí que la palabra fraternidad no es menos preciosa que la palabra libertad: es el pan de los hombres, el pan compartido. Esto que digo no es una figura literaria. Una noche tuve que refugiarme con algunos amigos en una aldea vecina a Valencia mientras la aviación enemiga, detenida por las baterías antiaéreas, descargaba sus bombas en la carretera. El campesino que nos dio albergue, al enterarse de que yo venía de México, un país que ayudaba a los republicanos, salió a su huerta a pesar del bombardeo, cortó un melón y, con un pedazo de pan y un jarro de vino, lo compartió con nosotros.”

¿Alguien capaz de expresar eso no merece que volvamos a pensarlo más a fondo? (Sí, ya sé que no era fácil. Que era incómodo, intelectual, disidente, complicado. ¿Pero es que no se trata justamente de eso? ¿No se trata de seguir soñando un mundo con más libertad y más justicia, con más justicia y libertad?)

* Poeta, traductor, ensayista.

 

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Colombia. Se repite la historia de traición y muerte

“El problema en América Latina es que la historia tiende a repetirse como tragedia”. Eduardo Galeano

 

Es famosa esta afirmación de Carlos Marx: “Hegel dice en alguna parte que la historia se repite dos veces. Le faltó agregar: primero como tragedia y después como farsa”. Este principio debería modificarse en América Latina en general, y en Colombia en particular, diciendo que acá la historia se puede repetir muchas veces, pero siempre como tragedia.

 

Y este presupuesto resulta de una importancia crucial a la hora de analizar lo que viene sucediendo con los acuerdos de La Habana entre el Estado colombiano y la insurgencia de las FARC, puesto que nuevamente, por enésima vez, se incumple en forma descarada lo que ha pactado el primero. Esa historia de incumplimientos y traiciones no es nueva, es más que bicentenaria, puesto que se hizo realidad por primera vez en 1781, cuando el régimen colonial español traicionó las capitulaciones que había firmado con el movimiento de los Comuneros y persiguió y asesinó públicamente y con saña a José Antonio Galán, el principal líder popular de ese levantamiento. En ese momento se originó lo que puede denominarse el síndrome del incumplimiento y de la traición por parte del Estado colombiano y las clases dominantes de lo que pactan y acuerdan con sectores de las clases subalternas. Ese síndrome viene acompañado de la persecución y muerte de los opositores políticos, como lo rubrica lo sucedido en los últimos 60 años de la historia colombiana.

 

En esta perspectiva lo que acontece hoy en día no es inédito, es simplemente la repetición, aparentemente mecánica de algo ya conocido, en cuanto a su resultado. Lo que aparece como diferente estriba en la suposición de una de las partes, las FARC, que esta vez el Estado si iba a cumplir, por las implicaciones que supone poner fin a una contienda armada de más de medio siglo. Los hechos han demostrado que al bloque contrainsurgente existente en nuestro país lo único que le interesaba era desarmar a la insurgencia de las FARC, como lo ha dicho sin disimulo Juan Manuel Santos. Esto quiere decir, sin necesidad de leer entre líneas, simplemente que no se va a cumplir nada de lo pactado y que los acuerdos no pasan de ser letra muerta, papel higiénico. Y a ese orden contrainsurgente le tiene sin cuidado que hasta la Organización de Naciones Unidas (ONU), garante de los acuerdos, critique ese incumplimiento.

 

Este es un incumplimiento en el que han participado los diversos componentes del bloque contrainsurgente: el ejecutivo, el parlamento, el sistema judicial, las fuerzas armadas, los medios de desinformación, los partidos políticos ligados al establecimiento, e incluso sectores políticos que se supondrían son de izquierda o alternativos (como el Polo Democrático-MOIR y los verdes, con Claudia López a la cabeza)...Todas a una, como en fuente ovejuna, han actuado al unísono, para torpedear lo pactado, que fue solemnemente firmado no en una sino en dos ocasiones, primero en Cartagena, antes del plebiscidio (suicidio plebiscitario) de octubre de 2016, y luego en el teatro Colon de Bogotá, tras introducir un sinnúmero de modificaciones, aceptadas por las FARC, que ya de por sí desnaturalizaban gran parte de lo acordado en cinco años de negociaciones en La Habana.

 

No se trata en esta reflexión de entrar a discutir –no porque no sea importante, sino porque ese no es el objetivo de este breve escrito– el alcance limitado de los acuerdos firmados en Bogotá en noviembre de 2016, alcance que ha sido presentado en forma exagerada por los voceros de la extrema derecha, desde el uribismo hasta el vargasllerismo, y sus voceros de prensa, encabezados por RCN, quienes sostienen con un cinismo extremo que esos acuerdos representan una entrega del país a lo que ellos denominan el castro-chavismo.

 

El trasfondo de este enunciado mentiroso, al estilo de Josep Goebbels, no es otro que ambientar el incumplimiento, como lo han logrado con éxito, y sobre lo que no debería haber duda, como lo demuestran algunos de los balances efectuados con motivo de cumplirse el primer año del acuerdo del Teatro Colón. Uno de esos balances sostiene que, en términos cuantitativos, el Estado ha cumplido solamente con un 18 por ciento de lo acordado, mientras que el cumplimiento de la contraparte, de las FARC, ha sido prácticamente del ciento por ciento. En efecto, mientras esta insurgencia ha entregado las armas, concentró sus frentes en zonas fijas, entregó un listado sistemático de sus haberes, los puntos básicos del acuerdo han sido irrespetados por el Estado.

 

Así, en cuanto al tema agrario –eje central del conflicto social y armado– no hay nada que permita vislumbrar que se va a efectuar alguna “reforma rural integral” que favorezca a los campesinos y pequeños productores. En cuanto al anuncio de entregar tres millones de hectáreas de tierras y de legalizar los títulos de otros siete millones, hasta ahora lo hecho es, por decir lo menos, absolutamente ridículo: se han entregado unas 69 mil hectáreas, sin saber cuántas corresponden a entrega y cuántas a restitución y “la Dirección de Acceso a Tierras reportó que durante 2016 compró 1.381 hectáreas, correspondientes a 33 predios, para entregarlas a organizaciones campesinas” ( http://www.verdadabierta.com/procesos-de-paz/farc/6821-la-reforma-rural-integral-a-fuego-lento ).

 

Respecto a la política antidrogas, donde se planteaba una solución integral a ese espinoso asunto, que no se concentrara en atacar al productor de hoja de coca y se tocaran los diversos eslabones de ese negocio multinacional, eso no ha pasado del papel. En la práctica se ha reafirmado el viejo criterio de la política anti-drogas hecha en Estados Unidos, y reafirmada ahora por el gobierno de Donald Trump, de golpear a los campesinos, como lo evidencia lo sucedido en Tumaco, con la masacre de pequeños cocaleros, llevada a cabo por miembros de los cuerpos represivos del Estado colombiano. Incluso, como van las cosas, no es de extrañar que en el corto plazo se vuelva a poner en práctica la criminal política de fumigación aérea con glifosato, como lo viene planteando el Fiscal General de la Nación, una ficha del orden contrainsurgente, quien es uno de los principales opositores al cumplimiento de lo pactado con las FARC.

 

En cuanto a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que fue presentada desde un principio como la “novedad” del acuerdo, y donde se planteaba abordar las responsabilidades de los financiadores de la guerra (los llamados “terceros”, como los empresarios, multinacionales, funcionarios públicos, gobernadores y alcaldes...), ha quedado hecha trizas, y ha terminado siendo un tribunal en donde se va a juzgar de manera exclusiva a las FARC.

 

Y con relación a la participación política lo hecho es vergonzoso, puesto que no ha habido ninguna reforma política ni tampoco se ha propiciado ni creado el ambiente para la participación no solo de las FARC, sino de otros sectores políticos de las regiones, como lo demuestra la decisión del Paramento (perdón, Parlamento) de negar la aprobación de las 16 Circunscripciones Especiales para la Paz, que debían facilitar la participación de las víctimas.

 

No se ha cumplido nada en lo esencial. Y no solo eso, lo peor de todo, es que avanza un nuevo genocidio: el de los excombatientes de las FARC. O cómo puede calificarse lo que está en marcha en Colombia, ante la mirada cómplice en algunos casos y complaciente en muchos otros de gran parte de la mal llamada “opinión pública” de este país, del asesinato a mansalva, desarmados y en estado de indefensión, hasta el momento en que se redactan estas líneas, de un poco más de 30 miembros de las FARC, a lo que se suma el asesinato de una decena de sus familiares.

 

El asesinato del primer miembro desarmado de las FARC, luego de la pretendida puesta en marcha de los acuerdos de La Habana no supuso ningún rechazo, como era apenas obvio, de los voceros del orden contrainsurgente, cuando ese hecho debió concitar la movilización masiva de la sociedad colombiana, para que ese no fuera el comienzo de un nuevo genocidio. Qué diferencia a lo sucedido en Argentina donde la movilización de importantes sectores de la sociedad ha impedido que se vuelva a legitimar la desaparición forzada, que se ha intentado imponer nuevamente como práctica de terrorismo de Estado con el caso de Santiago Maldonado. Es esa acción activa lo que obligó a que en forma relativamente rápida apareciera el cadáver de este dirigente popular, lo que desde luego es una noticia trágica, pero ese mismo hecho no hubiera sido posible sin una movilización que clama en contra de la impunidad de los crímenes de Estado.

 

El primer insurgente asesinado fue Luis Alberto Ortiz Cabezas, en Tumaco, el día donde fue vilmente ultimado en abril de 2017, solo quince días después de haber salido de la cárcel.

 

Y como fue una noticia más de la crónica criminal de este país, y una noticia muy secundaria, el asesinato de Luis Alberto Ortiz Cabezas, primer asesinado de las FARC, menos importante que los chismes y trivialidades de los famosos de origen colombiano (futbolistas que se divorcian o que estafan al fisco de diversos estados europeos, cantantes y actrices que exhiben como gran cosa sus asuntos personales en las mal llamadas redes sociales...), eso dio pie a que siguiera existiendo la impunidad plena de esos crímenes y de esos criminales, que directa o indirectamente están ligados al Estado y forman parte del orden contrainsurgente. Y que, además, se suponía que iba a dejar de existir luego de la desmovilización de las FARC. Pero qué va, los hechos han ido mostrando dolorosamente que en este país se sigue aplicando la lógica de la Guerra Fría, que nunca ha terminado en Colombia, de eliminar al que es declarado como enemigo, y no importa que para ello haya que esgrimir los argumentos más rebuscados y traídos de los cabellos, como los presentados recientemente por el Ministro de Defensa (sic) (mejor sería llamar Ministro de Ofensas), Luis Carlos Villegas.

 

Al respecto este personaje sostuvo que los asesinatos que se vienen dando en Colombia con una terrible asiduidad no son resultado de una persecución sistemática y planificada, sino que en su “Inmensa mayoría” "son frutos de un tema de linderos, de un tema de faltas, de peleas por rentas ilícitas". Dicho de otra forma, el Estado deja de cuidar la vida de los colombianos –que, según los cultores del supuesto “Estado de Derecho” que existiría en Colombia, sería una de sus responsabilidades principales- y expresa con cinismo algo así como que esos asesinados están bien muertos porque se lo merecen, al fin y al cabo, en algo debían andar, como siempre han dicho los asesinos, y sus cómplices mediáticos, cuando se asesina a un estudiantes, un campesino, un sindicalista o cualquiera que esté al margen de los verdaderos dueños de este país. No sorprende que los opinologos de la prensa, como Semana, ese órgano por excelencia del orden contrainsurgente, legitimen los crímenes diciéndoles a las FARC, por ejemplo, como lo hace un tal Mauricio Carradini, que “no abusen de la victoria (sic) y no se vayan a ahogar en la sangre de sus propias batallas”. ( http://www.semana.com/opinion/articulo/mauricio-carradini-opinion-la-arrogancia-de-las-farc/547813 )

 

Frente a lo que está aconteciendo con el asesinato de ex combatientes de las FARC, que repite además la trágica historia de Guadalupe Salcedo, Dumar Aljure, Toledo Plata y miles de ex guerrilleros asesinados luego de que distintos movimientos insurgentes firmaron acuerdos con el Estado (algo que modernamente comenzó en 1953), sí que resultan aplicables las palabras de Eduardo Galeano, cuando manifestó con claridad meridiana: “La amnesia implica impunidad, y la impunidad estimula el delito, tanto en términos personales como colectivos. No se necesita ser un gran jurista para saber que si yo mato a mi vecino, y todo sigue igual, termino matando al vecindario entero, porque la impunidad tiene un efecto estimulante sobre el delito”.

 

Lo acontecido en este 2017 con el acuerdo, el haberlo hecho trizas, no es algo de poca monta, porque tiene una trascendencia que va más allá de lo meramente coyuntural. Muestra, de un lado, que está en marcha un genocidio similar, y de pronto peor, que el de la Unión Patriota y A Luchar. Indica, de otra parte, que en este país se repite la historia de incumplimiento y muerte por parte del bloque de poder contrainsurgente, que supone sembrar las semillas de nuevos-viejos conflictos nunca resueltos, es decir, se están incubando nuevas guerras. De eso deben estar tomando nota el ELN, las mal llamadas disidencias de las FARC, y nuevos movimientos insurgentes que puedan formarse en el futuro próximo, para los que queda claro que en este país de cultura traqueta no se respeta la palabra empeñada.

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Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:29

El insustituible

El insustituible

 

El universo estrafalario y cruel de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera se refleja con maestría en "El señor presidente" de Miguel Ángel Asturias, ganador del premio Nobel hace 50 años. Es una novela construida de manera cinética, cuadro tras cuadro, que retrata el miedo y la degradación, la represión y el servilismo, el sometimiento y la adulación.

El dictador mismo nunca aparece en la novela, o lo hace apenas. El enfoque, más que en su figura, sus manías y excentricidades, se centra en el peso de su presencia siniestra sobre la sociedad guatemalteca y sus individuos, que viven bajo el peso del terror y la abyección. Está en todas partes, y no está en ninguna, pero nada se mueve sin que él lo mande o lo sepa.

No era un prócer ilustrado como el doctor Gaspar Rodríguez de Francia, recreado por Augusto Roa Bastos en "Yo el Supremo". Ni siquiera fue militar, requisito esencial de los caudillos que reinaron en Guatemala en la segunda mitad del siglo XIX, el más conspicuo de ellos el general Justo Rufino Barrios, cabeza de la revolución liberal de 1871.

Estrada Cabrera era un abogado de segunda, del Partido Liberal también, quien se coló en el poder al producirse el asesinato del general Reina Barrios en 1898, crimen del que a lo mejor fue cómplice; y entre mañas, fraudes, y sobre todo terror, logró mantenerse en el mando por 12 años.

Si en la novela de Asturias está casi ausente, Rafael Arévalo Martínez, el más joven de los poetas modernistas centroamericanos, lo retrata de cuerpo entero en "¡Ecce Pericles!", una exhaustiva crónica de su satrapía publicada en 1945, apenas dos años antes que El señor presidente.

Su espíritu vengativo era insaciable. En 1908, un cadete de la Escuela Politécnica, donde estudiaban los futuros oficiales del Ejército, al presentarle armas como miembro de la guardia de honor, sorpresivamente enderezó su fusil contra él, disparándole. Salió apenas chamuscado, porque el tiro no fue certero, pero mandó a fusilar a todos los cadetes, presumiéndolos de cómplices. Y no sólo eso. Ordenó demoler el edificio que albergaba la escuela, y una vez aplanado el terreno, hizo que encima regaran sal.

En la otra cara del terror, está siempre la adulación, que es una de las formas de la cobardía. Al día siguiente, en el periódico La Mañana, el periodista Fernando Somoza Vivas escribió: después de enjugarse la preciosa sangre, comenzó allí mismo a disponer lo conveniente para la Nación, que felizmente permanece inalterable.

Preciosa sangre es una frase religiosa, que se refiere siempre a la sangre de Cristo. Pero Estrada Cabrera tenía también la manía de apropiarse de la religión: había dispuesto que el santo entierro de los viernes santos no siguiera su recorrido habitual, sino que pasara frente a su casa. Un arma de doble filo, porque quienes cargan el sepulcro llevan cucuruchos de penitentes que los ocultan, y así otros cadetes complotados planearon disfrazarse de esa manera, entrar a la casa, y capturar al dictador. Fueron denunciados por uno de los mismos conspiradores, y el miércoles santo estaban ya todos presos y sometidos a torturas.

Terror, adulación, secuestro de los símbolos religiosos. Y extravagancias de su megalomanía, como hacer que lo llamaran, entre otros tantos títulos, el Insustituible; u obligar a rendir culto a su madre, doña Joaquina Cabrera de Estrada. En este sentido se mostraba generoso, porque era un culto compartido.

Había un Club de Amigos del Señor Presidente, para los varones, en tanto sus esposas pertenecían al Club Joaquina; los niños formaban el Club de Amiguitos del Señor Presidente, y las mujercitas la Asociación del Veintiuno de Agosto, fecha del nacimiento de la augusta matrona. Nadie se libraba de aquella librea.

Pero la celebración de las Fiestas de Minerva, o Minervalias, el último domingo del mes de octubre de cada año, fue la cumbre de sus extravagancias. Como protector de las Artes, las Ciencias y la Educación, otros de sus muchos títulos oficiales, no podía sino rendir culto a la diosa de la Sabiduría.

Las primeras se celebraron en 1899, con la mala fortuna de que la ligera estructura del templo griego construido para la ocasión en los terrenos del hipódromo se desplomó sobre la cabeza de la joven a quien tocó ese año representar a la diosa y sobre la cabeza de sus vestales, huyendo todas despavoridas. Pero al año siguiente el templo había sido ya construido en toda regla, un verdadero Partenón de columnas dóricas, y también se erigieron réplicas en los departamentos, aún los más remotos, y sus capiteles sobresalían entre la verdura de la selva.

Desde el templo mayor, la diosa Minerva desfilaba cada año con su cortejo de vestales, escoltadas por jovencitos disfrazados a la usanza de la Grecia clásica. A lo largo del recorrido de la augusta procesión se alzaban majestuosos arcos triunfales, e, igual que la del santo entierro, pasaba obligadamente frente a la casa del dictador, quien presenciaba el espectáculo desde su balcón, momento en que las niñas vestales le ofrendaban canastas y ramilletes de flores, y quemaban incienso en su honor en los pebeteros.

El poder del Insustituible acabó, sin embargo, y acaba mal. El pueblo se rebeló en las calles, y el Ejército se le volteó. El Protector de Minerva, y Padre de la Juventud, fue derrocado en 1910, y una vez preso lo sometieron a juicio. Sus fieles partidarios, aduladores y serviles, se escurrieron por los albañales.

Miguel Ángel Asturias era entonces estudiante de derecho, y como practicante actuaba de secretario del juzgado a cargo de la causa criminal en su contra. Ya para entonces le habían dado la casa por cárcel, y allí lo visitaba para cumplir los trámites judiciales.

“Usted hizo muy pocos a≠migos en el gobierno”, le comentó una vez, viendo que nadie lo visitaba. Y él le respondió: usted no entiende lo que es el poder. Yo en el gobierno no hice amigos. Lo que tuve fueron cómplices.

Masatepe, diciembre 2017

 

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Un manifestante anónimo se enfrenta a una columna de tanques chinos en la plaza de Tiananmen en junio de 1989.

 

Los telegramas del embajador británico en China en 1989, Alan Donald, revelan la cifra de asesinados en las protestas prodemocráticas

 

Un alto responsable del Gobierno chino reconoció en 1989 que al menos 10.000 personas murieron el 4 de junio de ese año en la matanza de la plaza de Tiananmen, la sangrienta represión de las autoridades contra el movimiento estudiantil prodemocrático, según una serie de cartas del entonces embajador británico, Alan Donald, recientemente desclasificadas y analizadas por el portal de noticias de Hong Kong HK01. Donald envió un día después de la masacre, el 5 de junio, varios telegramas al Ministerio de Exteriores británico. En una de estas misivas, indicó que una persona —cuyo nombre fue eliminado del texto por motivos de seguridad— le trasladó la cifra de estudiantes asesinados, una información que procedía de un miembro anónimo del Consejo de Estado del Gobierno chino.

Estas estimaciones superan en mucho a las cifras más catastróficas de la masacre, como las de la Sociedad de la Cruz Roja de China, que indicó en su día que 2.700 personas habían perdido la vida en la ola de represión, pero se ajustan a las proporcionadas en 2014 por el magacín Next, que citando documentos de la Casa Blanca cifró el número exacto de muertos en 10.454 y los heridos en más de 40.000.

Según la fuente del embajador, los responsables directos de la masacre fueron los integrantes de la división 27 de Sanxhi —"iletrados en un 60% y tachados de primitivos"—. "No se les informó de nada durante 10 días y simplemente se les comunicó que iban a participar en un ejercicio televisado", describió el embajador. El Ejército recibió luz verde para ejecutar la operación la noche del 3 de junio y esta se desarrolló en cuatro fases, con la participación adicional del Ejército de la región de Shenyang.

En total, fueron "27 vehículos acorazados" los que abrieron fuego contra la multitud "antes de arrollarla", escribe Donald. El ataque, además, fue efectuado sin previo aviso. "Los estudiantes habían recibido la información de que tenían orden de abandonar la plaza, pero los acorazados atacaron solo cinco minutos después de que tuvieran conocimiento de ella", según las fuentes del embajador, que describen escenas dantescas. "Los arrollaron una y otra vez hasta que hicieron un 'pastel de carne' con ellos. Los restos fueron recogidos por una excavadora, incinerados y tirados por el desagüe. Cuatro chicas, estudiantes, suplicaron por sus vidas antes de que las cosieran a puñaladas. A 1.000 supervivientes les dijeron que podían escapar antes de acribillarlos con ametralladoras desde posiciones fijas", según la información.

"Los responsables de la masacre acribillaron incluso a una ambulancia del Ejército que iba a evacuar a los heridos, y un oficial del Ejército fue ejecutado por sus propios hombres cuando comenzó a expresar las dudas sobre la operación. Sus subordinados explicaron después que tenían orden de hacerlo o de lo contrario serían ellos mismos los ejecutados", según los informes diplomáticos. En la masacre participaron casi una treintena de francotiradores y todos los militares disparaban con balas explosivas, prohibidas por el derecho internacional.

La explicación de las autoridades chinas fue completamente insuficiente, según las mismas cartas. En un encuentro al que solo acudieron agregados diplomáticos de Canadá y Reino Unido, el jefe político de la 38ª división del Ejército, Li Zhiyun, aseguró que no habían disparado a nadie y que fueron "balas perdidas" las que acabaron con la vida de 200 personas, las muertes recogidas en la estimación oficial.

Además de la masacre, China castigó a miles de personas tras la dura represión de las manifestaciones. Además del millar que envió a la cárcel, muchas más fueron destinadas a campos de trabajos forzados para que fueran reeducados al ser tachados de "contrarrevolucionarios". Actualmente, las familias de las víctimas siguen pidiendo justicia y compensaciones por lo que pasó, pero Pekín continúa silenciando los hechos y sometiendo a vigilancia a activistas y familiares cada vez que se acerca el 4 de junio, día en que los tanques del Ejército chino entraron en las calles de Pekín y acabaron de un plumazo con los sueños de democracia del movimiento estudiantil.

 

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Sábado, 02 Diciembre 2017 07:41

El gran árbol de la vida

“La selección natural”, de Charles Darwin.

 

Una flamante edición ilustrada es la excusa para volver a Charles Darwin, ante cuyas ideas no sólo la ciencia, sino el avance de la humanidad toda –en sus millones de contingencias– no son ajenos en el inefable discurrir de los años. Más de un siglo y medio después de haber sido expuestas, argumentadas y fijadas en papel, las bases de la selección natural de las especies tienen mucho para seguir aportando.

La clave está en entender el secreto orden que aletea a través del caos del mundo. Pero para comprender ese orden preciso, casi divino, hay que tener en cuenta los millones de mecanismos de destrucción, lucha y supervivencia que ocurren segundo tras segundo, a nuestro alrededor. La clave la fijó Darwin en el primer párrafo de su tratado: “Contemplamos la imagen radiante de la Naturaleza y, a menudo, vemos abundancia de alimento. No vemos, u olvidamos, que los pájaros que cantan ociosos a nuestro alrededor se alimentan en su mayoría de insectos y semillas, y que de esta forma destruyen vida continuamente. Olvidamos que buena parte de estos cantores, o sus huevos y nidos, son destruidos por aves de presa y otros depredadores. No siempre consideramos que, aunque en un momento dado haya abundancia de alimento, no ocurre así en todas las épocas del año que pasa”.

El naturalista. Sabemos que nada en el mundo le era ajeno. Y aunque hemos fijado en nuestra percepción la imagen de ese hombre viejo, calvo y de copiosa barba blanca, que con gravedad nos devuelve la mirada desde daguerrotipos reproducidos en enciclopedias y solapas, Charles Robert Darwin también fue un joven inquieto alguna vez. Nacido en la ciudad inglesa de Shrewsbury, en el condado de Shropshire, ubicado en las Midlands del Oeste, en el año 1809, rápidamente dejó atrás sus estudios de Medicina para dedicarse a analizar, con enfermiza precisión para algunos de sus condiscípulos, la composición, estructura y ciclo vital de los invertebrados marinos.

Geología, botánica, zoología. Todo se potencia y se redimensiona ante la mirada de Darwin, ante la visión analítica de un mundo complejo, en permanente cambio, y ante la postura crítica de los férreos postulados heredados. Podemos verlo, así, a bordo del imponente buque HMS Beagle, en una travesía de cinco años (1831-1836): joven, temerario e inquieto, con la potestad de moverse en tierra firme mientras espera el regreso de la nave al puerto. De aquel largo periplo, Darwin sólo estuvo en alta mar dieciocho meses, mientras que durante tres años y tres meses metió talón por sitios tan diversos como las costas chilenas y la profunda Patagonia, viajando desde el puerto de Valparaíso hasta Mendoza a través de la cordillera de los Andes, entre otros maratónicos recorridos.

El 24 de setiembre de 1832, en las cercanías de Bahía Blanca, por los barrancos costeros de Monte Hermoso, Charles Darwin localizó una colina de fósiles de mamíferos gigantescos esparcidos junto a los restos modernos de bivalvos (que se habían extinguido en épocas más recientes y de forma natural). Un diente encontrado en las excavaciones le permitió identificar al megaterio, constituyéndose en la primera muestra fósil que le permitiría cavilar sobre la mutabilidad de las especies, piedra angular de su archiconocida teoría.

Es curioso ver cómo este joven investigador –entonces tenía 23 años– no obnubiló su visión ante el mero hallazgo científico en sí, ya que sus diversas recorridas no son ajenas a la observación de diversos problemas políticos y sociales. En ese sentido, la lectura de su famoso diario El viaje del Beagle (1839), originalmente llamado Diario y observaciones, constituye un muestrario de intereses diversos, articulados por la visión privilegiada de una mente única, que no deja pasar nada: desde Rio de Janeiro a Bahía Blanca, desde Maldonado a la isla de Chiloé, desde Cabo Verde a Tahití, todo en Darwin se vuelve materia de estudio y de reflexión, infatigable magma de conocimiento discurriendo en el tamiz de una mente ávida por saber.

La guerra del mundo. La editorial madrileña Nórdica Libros ha publicado una versión bastante tijereteada de El origen de las especies bajo el título La selección natural, con impecable traducción de Íñigo Jáuregui e ilustraciones de Ester García. El libro, un cuidado objeto que engalana por su porte cualquier biblioteca, impreso con una letra grande y con profusión de dibujos, constituye una versión reducida del clásico texto de Charles Darwin. Los mencionados dibujos, de impecable factura en blanco y negro, humanizan a algunos de los animales mencionados en el texto (un gato y un ratón jugando en subibaja, unos ciervos practicando esgrima, etcétera), sin mayores aportes en cuanto al conjunto que conforma con el texto en sí, donde se encuentra, imperturbable, el auténtico valor de esta edición.

En una prosa precisa, exenta de galimatías científicos y sin notas al pie, en La selección natural Charles Darwin le da vueltas a una teoría que se conforma en convencimiento, partiendo del análisis de una gran cantidad de ejemplos, contraponiéndolos y enumerando, sobre el final del texto, los eventuales problemas que acarrea el planteo realizado. Para abordar la noción de selección natural, dice, “es bueno tratar de plantearnos cómo podríamos dar alguna ventaja a una especie sobre otra. Probablemente en ningún caso sabríamos qué hacer para conseguirlo. Eso nos convencerá de nuestra ignorancia sobre las relaciones entre los seres vivos, una convicción tan necesaria como aparentemente difícil de adquirir. Todo lo que podemos hacer es tener bien presente que todos los seres vivos luchan por aumentar su número en proporción geométrica; que todos, en algún período de su vida, en alguna época del año, en cada generación o a intervalos, deben luchar por su vida y sufrir una gran destrucción. Cuando reflexionamos sobre esa lucha, podemos consolarnos con la convicción de que la guerra en la Naturaleza no es incesante, que no se siente ningún miedo, que la muerte suele ser rápida y que los fuertes, sanos y felices sobreviven y se multiplican”.

Desterrada, pues, la idea de una guerra violenta entre especies, en el interior de cada una y entre ellas con el entorno en que se mueven, es posible comenzar la comprensión de la gran variedad de mecanismos (término tan poco natural pero preciso aquí) con que la Naturaleza, en su magnífica sabiduría pragmática, contribuye a la vida y no a la extinción. Los ejemplos analizados por Darwin, en ese sentido, son notables, y de todos ellos quiero detenerme unas líneas en los que tienen que ver con el color de ciertos animales: “Cuando vemos que los insectos que comen hojas son verdes y los que se alimentan de corteza tienen motas grises, que la perdiz alpina es blanca en invierno, el lagópodo escocés tiene el color del brezo y el gallo lira es pardo como la tierra pantanosa, podemos pensar que esos tonos sirven a estas aves e insectos para escapar del peligro. Los lagópodos, de no ser destruidos en algún periodo de su vida, aumentarían hasta resultar incontables. (...) Así pues, no veo ninguna razón para dudar que la selección natural pudo ser muy eficaz dando el color adecuado a cada tipo de lagópodo y manteniendo ese color neto y constante una vez adquirido”.

Dentro del ámbito abierto por el análisis de la selección natural, Darwin introduce el estudio de la selección sexual, para comprender cómo los machos de determinadas especies fueron dotados para perpetuar la descendencia y contribuir, así, a la continuidad de la especie. Y si bien es cierto que la selección natural dotó de medios especiales de defensa a ciertos animales, como la melena del león, la paletilla almohadillada del jabalí y la mandíbula ganchuda del salmón macho, en muchos casos el mecanismo defensivo es la conclusión de un largo proceso ocurrido durante la evolución. Un ejemplo claro de este punto es la cola de la jirafa, que semeja un funcional espantamoscas de fabricación artificial anexado a las extremidades del animal, pero que es, en realidad, fruto de un larguísimo devenir que se pierde en la noche de los tiempos: “Viendo la importancia de la cola como órgano locomotor en la mayoría de los animales acuáticos, su presencia general y su utilidad para muchos fines en tantos animales terrestres, cuyos pulmones y vejigas natatorias revelan su origen acuático, quizás puedan explicarse de este modo. Una cola bien desarrollada que se hubiera formado en un animal acuático, podría moldearse posteriormente para todo tipo de fines, como espantamoscas, órgano prensil, o para ayudar a darse la vuelta, como ocurre con el perro, aunque esta ayuda debe ser pequeña, porque la liebre, que apenas tiene cola, puede girarse muy rápidamente”.

Es interesante observar, como refleja el fragmento anteriormente citado, la forma en que Darwin avanza en la exposición de su teoría, evadiendo a la generalidad sin desatender la anomalía o aquello que escapa de lo común, sabedor de que la Naturaleza en sí y que cada especie animal, cada tipo de planta, cada roca incrustada en las capas geológicas proceden de un misterio superior, un misterio que es posible cercar para proyectar sobre él un rayo de luz, pero que nunca puede ser revelado en su totalidad. Y saltando del reino animal al vegetal podemos tomar, por ejemplo, el caso de un bambú rastrero que el naturalista encontró en el archipiélago malayo. Dicho bambú trepa por los troncos de los árboles más altos auxiliado por una serie de ganchos delicadamente construidos y agrupados alrededor de los extremos de las ramas, convirtiéndose en un mecanismo de suma utilidad para la planta. Pero como los mismos tipos de ganchos, apunta Darwin, se encuentran en otras plantas que no son trepadoras, los ganchos del bambú pudieron haber surgido por leyes de crecimiento desconocidas y después haber sido aprovechadas por la planta que experimentó una nueva transformación, convirtiéndose en trepadora.

De la observación de cientos de ejemplos que Darwin encontró a lo largo de sus viajes e investigaciones, arribó a la conclusión de que la selección natural nunca produce en un ser nada que le sea perjudicial, porque actúa únicamente por y para el bien de todos ellos. De lo anterior se establece que si se alcanza un equilibrio entre el bien y el mal causado por cada parte, se ve que en conjunto todas son ventajosas y que, pasado el tiempo, en condiciones de vida diferentes, si una parte se vuelve perjudicial será modificada, y si no, el ser se extinguirá como se han extinguido miles de criaturas. Tan increíble y sencillo como eso.

Libro abierto. Una de las imágenes más poderosas para comprender el verdadero alcance de la selección natural es aportada por Charles Darwin sobre el final de su tratado, y consiste en ver las afinidades entre los seres vivos de la misma clase mediante la imagen de un gran árbol. El gran árbol de la vida. Escribe Darwin: “Las ramitas verdes e incipientes pueden representar las especies existentes, y las engendradas durante cada año anterior representarán la larga sucesión de especies extinguidas. En cada etapa del crecimiento, los vástagos intentan ramificarse por doquier, y dominar y matar a los vástagos y ramas circundantes, igual que las especies y grupos de especies tratan de doblegar a otras especies en la gran batalla por la vida. Las ramas principales, que se dividen en ramas grandes, las cuales se dividen en otras cada vez menores, fueron anteriormente, cuando el árbol era pequeño, vástagos incipientes, y esta conexión entre los brotes anteriores y los actuales por la ramificación puede representar bien la clasificación de todas las especies extintas y vivas en grupos subordinados a otros grupos. De los muchos vástagos que florecieron cuando el árbol era un simple arbusto, sólo dos o tres, convertidos ahora en grandes ramas, sobreviven todavía y soportan a todos los demás. Del mismo modo, muy pocas de las especies que vivían en periodos geológicos remotos tienen actualmente descendientes vivos y modificados. Desde el primer crecimiento del árbol, muchas ramas se han podrido y caído, y esas ramas desaparecidas de diferente tamaño representan todos esos órdenes, familias y géneros que actualmente no tienen descendientes vivos y que sólo conocemos por haberlos encontrado en estado fósil”.

La lectura de La selección natural nunca pierde vigencia. El libro parece estar llamado a reconvertir el alcance de sus postulados con cada generación de lectores, picaneando a la comunidad científica –la misma que demoró casi cien años en considerar a la selección natural como sustento inicial de la evolución de las especies– a no desatender cada uno de los fenómenos apuntados y expuestos en el tratado. Finalmente, la lectura de este libro para cualquier lector de a pie aporta novedosos elementos para comprender mejor el mundo en el que vivimos, especialmente en una época en la que la industrialización exacerbada, al servicio de los grandes capitales y con el hiperconsumismo como máxima guía, se encarga de fagocitar y destruir los recursos naturales del planeta con una impunidad pasmosa. Desde la cubierta del HMS Beagle, imperturbable ante las mareas del tiempo y de los hombres, el joven naturalista británico, con los cabellos revueltos bajo los aires del Atlántico, otea la costa cercana, ávido de poner pie en tierra firme y avanzar hacia lo desconocido, donde lo espera el rastro de una ignota especie, una huella reciente sobre el limo de un río, un árbol repleto de frutos creciendo entre las espinas, un mundo misterioso para ser explorado.

 

 

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"Honorables jueces, Slobodan Praljak no es un criminal de guerra y acepto su veredicto con absoluta repulsión, sostuvo ayer el ex general bosnio-croata, tras lo cual ingirió una sustancia venenosa en plena sesión del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia.

 

La Haya.

Honorables jueces, Slobodan Praljak no es un criminal de guerra y acepto su veredicto con absoluta repulsión, afirmó este miércoles el ex general bosnio-croata, de 72 años, para de inmediato ingerir veneno, luego de escuchar su sentencia a 20 años de prisión por crímenes de guerra perpetrados durante el conflicto que llevó a la desintegración de Yugoslavia (1992-1995).

El Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY), instalado en La Haya, suspendió en ese momento la sesión. Los magistrados daban lectura a las condenas en contra de seis ex dirigentes y jefes militares bosnio-croatas, entre ellos Praljak.

Uno de los seis acusados (Praljak), murió en el hospital HMC. Bebió un líquido y enfermó rápidamente, confirmó Nenad Golcevski, vocero del TPIY, que no mencionó el nombre del suicida.

Praljak era custodiado por guardias del tribunal, por lo que no queda claro qué tipo de sustancia ingirió, cómo la adquirió e introdujo a la sala fuertemente vigilada. Su abogada, Natasa Favo Ivanovic, aseguró que ingirió veneno, pero no dio más detalles.

Carmel Agius, presidente de esta corte, corroboró que la policía holandesa abrió una investigación por este hecho y parte de las instalaciones del tribunal quedarán resguardadas. La audiencia se reanudó más tarde y los cinco croatas restantes escucharon la ratificación de sus sentencias de entre 10 a 25 años de cárcel.

Uno de los principales condenados es el ex dirigente de los croatas de Bosnia, Jadranko Prlic, quien recibió 25 años de prisión por el traslado de poblaciones musulmanas y por haber perpetrado asesinatos, violaciones y destrucción de propiedades para crear la gran Croacia.

Los veredictos de este miércoles eran los últimos del TPIY tras 24 años de trabajo en los que sentenció a los principales responsables por los crímenes perpetrados durante la guerra de Bosnia-Herzegovina, que causó más de 100 mil muertos y dejó 2.2 millones de desplazados. Una semana antes se había dictado cadena perpetua al ex militar serbio-bosnio Ratko Mladic por crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio.

 

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Alegría afuera del tribunal en Buenos Aires donde concluyó el juicio por crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura (1976-1983) en el centro clandestino de detención de la ESMA

 

La megacausa aglutinó 789 casos; en el centro de exterminio desaparecieron 5 mil personas

 

Buenos Aires.

 

En un día histórico para los derechos humanos, fueron condenados a prisión perpetua los principales responsables de crímenes de lesa humanidad perpetrados en el centro clandestino de detención y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la pasada dictadura militar en Argentina. Jorge El Tigre Acosta y Alfredo Astiz, el Ángel de la Muerte, están entre los 54 militares sentenciados, lo que hizo estallar de alegría a familiares y representantes de organismos humanitarios; hubo abrazos, llanto y un reconocimiento a los sobrevivientes que, a pesar de lo que significaba recordar una y otra vez el horror vivido, rindieron testimonio cada vez que se les citó.

Los genocidas fueron juzgados por 789 casos investigados en una megacausa, ya que la ESMA fue uno de los lugares donde desaparecieron unas 5 mil personas y ahí nacieron hijos de detenidos-desaparecidos que fueron robados por los militares en un plan sistemático, varios de los cuales han sido recuperados gracias al trabajo inclaudicable de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Durante casi cuatro horas, el Tribunal Federal cinco leyó por orden alfabético las condenas. Acosta, quien fue jefe del grupo de tarea y uno de los más temibles represores, Alfredo Astiz, Ricardo Cavallo y Juan Antonio Azic, son algunos de los 29 condenados a prisión perpetua.

También impactó la condena del médico militar Jorge Luis Magnasco, conocido como El partero de la maternidad clandestina de la ESMA, sentenciado a 24 años. Dos de los pilotos de los vuelos de la muerte cumplirán también la pena máxima.

Uno de ellos, Julio Poch, fue absuelto. Otro de los que se beneficiaron fue Juan Alemann, ex secretario de Hacienda de José Alfredo Martínez de Hoz, además de Ricardo Jorge Lynch Jones, Roque Ángel Martello, Ernesto Alemann y Rubén Ricardo Ormello, lo que desató fuertes polémicas.

Además de Acosta y Astiz fueron condenados a cadena perpetua: Randolfo Agusti Scacchi, Mario Daniel Arru, Juan Antonio Azic, Ricardo Miguel Cavallo, Rodolfo Cionchi, Daniel Néstor Cuomo, Alejandro Domingo D’Agostino, Hugo Enrique Damario, Francisco Di Paola, Adolfo Miguel Donda, Miguel Ángel García Velasco, Pablo Eduardo García Velasco, Alberto E. González, Orlando González y Rogelio José Martínez Pizarro. Otros 19 recibieron condenas de ocho a 25 años.

Este juicio de la ESMA III ha sido el proceso más prolongado en la historia del sistema penal argentino, el debate oral y público duró cinco años con 410 audiencias, tiempo en que fallecieron 11 de los 65 imputados originalmente y tres fueron apartados por razones de salud.

El primer juicio no llegó a su fin debido a que el único imputado, Héctor Febres, murió antes de conocerse la sentencia, en 2007, y el segundo finalizó el 26 de octubre de 2011 con 16 condenas a prisión perpetua, penas entre 18 y 25 años y dos absoluciones.

Hubo dolor entre los sobrevivientes por aquellos compañeros que vieron el comienzo del juicio, pero murieron por distintas causas. Aún así la decisión del tribunal superó las expectativas de buena parte de los familiares y los sobrevivientes. También han muerto Madres y Abuelas de Plaza de Mayo sin ver este momento histórico y hoy se les recordaba en medio de la alegría en tiempos en que se vive un retroceso en la justicia y los derechos humanos. Había temor de que declaraciones del gobierno de Mauricio Macri y de varios funcionarios influenciaran a los jueces.

El juicio de ESMA III comenzó en 2012 y se analizaron 789 delitos de lesa humanidad, entre ellos varios casos referidos a los denominados vuelos de la muerte.

Es la primera vez que la justicia de un Estado procesa una causa por crímenes de lesa humanidad de tal magnitud y duración, ya que para analizar casos como los genocidios de Ruanda y la ex Yugoslavia se constituyeron tribunales internacionales, señaló Alejandra Dandán, la periodista de Página 12 que ha seguido prácticamente todos los juicios.

En un fallo reciente, la Sala I de la Cámara de Casación liberó a ocho ex policías federales por crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1977, con el argumento de que pudieron no saber que integraban una estructura abocada a la represión ilegal.

En este juicio se probó el uso de aviones Skywan en los vuelos de la muerte, y que el 14 de diciembre de 1977 se realizó el vuelo desde el que arrojaron al mar, estando vivas y drogadas, a las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, y a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Bianco.

Durante el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007) la ESMA fue recuperada para los organismos de derechos humanos y se transformó en un sitio de Memoria, además de preservar sus lugares, especialmente el que fue el Casino de Oficiales, donde funcionó la estructura más terrible de ese centro y decenas de detenidos murieron torturados. También el caso de Dajmar Hagelin, una joven sueca que iba a visitar una amiga que pertenecía a una organización política revolucionaria y fue asesinada por Astiz y desaparecida. Nadie olvida que Astiz fue quien se infiltró entre las Madres cuando daban sus primeros pasos de lucha por sus hijos en 1977 y las entregó besándolas una a una en la iglesia de Santa Cruz, de donde las llevaron para desaparecerlas.

Fue este un día muy complicado, ya que además el gobierno aumentó presiones sobre el juez que investiga el asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel, en Río Negro, y criticó su forma de dialogar con la comunidad indígena.

Lo que trascendió de Macri es muy grave, porque además dijo que los prefectos no deberían haber intentado llamar para pedir permiso antes de abrir fuego con balas de plomo: deberían haberlo hecho sin consultar. Hasta ahora las fuerzas de seguridad eran tan sospechadas como los delincuentes. Necesitamos correr esa raya cultural, aseguró el presidente.

Reclamó: hay que volver a la época en la que dar la voz de alto significaba que había que entregarse. Más grave aún fue conocer que el Ministerio de Seguridad emitió una resolución que permite a las fuerzas federales ignorar las órdenes de los jueces cuando consideren que no son legales. Esto constituye para los organismos de derechos humanos una forma de retorno al terrorismo de Estado.

Con una multitudinaria marcha que congregó a unas 300 mil personas frente al Congreso Nacional, las principales centrales sindicales rechazaron la reforma laboral, previsional y tributaria que impulsa el gobierno de Macri y propusieron ampliar la unidad para luchar contra el fuerte ajuste que intenta el gobierno y la nueva ola de despidos que anuncia.

La mañana de este miércoles juró como senadora, con otros 23, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al tiempo que continúa la búsqueda desesperada del submarino ARA San Juan, y el vocero de la Armada, Enrique Balbi, negó que haya sido localizado este miércoles, como aseguraron algunos medios.

 

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Sábado, 25 Noviembre 2017 08:31

Elegir sin sorpresas

La Habana. Foto: Alejandro Arigón.

 

Comicios municipales en Cuba.

 

El tablero de cartón con las autobiografías de los tres candidatos cuelga en medio de la pared despintada. Un par de metros más allá hay otro cartel con los listados del padrón electoral de la circunscripción. Cualquiera puede enterarse allí de los méritos de los nominados para delegados de la asamblea municipal del Poder Popular, cargo equivalente al de los concejales en otros países latinoamericanos.

Sus candidaturas partieron de asambleas barriales en las que los presentes hacían propuestas que luego debían ratificar los propios vecinos. De entre los seleccionados, este domingo 26 de noviembre saldrán los futuros concejales del país.

Aunque estamos en el centro comercial de un populoso barrio de la ciudad de Camagüey y en la hora pico, nadie se acerca a las pancartas. Imbuidos en sus propias urgencias, los transeúntes no se preocupan por saber que uno de los nominados es el delegado actual de la zona, quien ya lleva cinco mandatos en el cargo.

Por casi 20 años la dirigencia revolucionaria de Cuba se mantuvo reacia a celebrar elecciones. Un sentimiento compartido por la mayoría de la población, que durante la primera mitad del siglo XX había visto cómo la política se convertía en medio de lucro para una clase corrupta y proestadounidense, que no dudaba en apelar a la violencia del Estado para mantenerse en el poder. Recién en 1976, y con la aprobación de la actual Constitución, volvieron a convocarse comicios para elegir a las autoridades municipales. Dieciséis años más tarde –y a raíz del derrumbe del campo soviético–, por primera vez comenzaron a ser incluidas en las papeletas las candidaturas a delegados de las asambleas provinciales y diputados de la Asamblea Nacional.

Pero incluso en esas circunstancias es posible cuestionar que se trate de elecciones en el estricto sentido del término.

Durante los comicios locales los habitantes de cada circunscripción pueden seleccionar a un concejal para que los represente ante el gobierno de la demarcación, pero dichos funcionarios poseen facultades poco menos que simbólicas. “Los delegados no tenemos ni siquiera la posibilidad de nominar a alguno de nosotros para presidente del municipio (alcalde). En teoría la opción existe, pero sumar un nombre a la boleta implica que antes debemos ‘borrar’ a otro de esa lista presentada por la Comisión de Candidaturas. Pues para cada cargo se acepta una sola propuesta. Como la modificación la debe aprobar la asamblea (del municipio) por mayoría de votos, es muy difícil que salga adelante”, explicó a Brecha Eduardo, delegado en el municipio de Chambas, en la central provincia de Ciego de Ávila. Nunca quiso ser delegado, pero su militancia en el partido lo ató al compromiso. Los cinco últimos años han sido para él una sucesión interminable de gestiones para solucionar problemas planteados por sus electores. “Eliminar un salidero (una pérdida) del acueducto o conseguir algunas tejas para la casa de un discapacitado implicaba tocar mil puertas. Lo peor es que otros asuntos tan urgentes como el precio de la comida o de los materiales de construcción escapan a nuestras competencias.”

Para Yanelys, una joven licenciada en comunicación social, los principales problemas por resolver están en manos de otros: “¿Quién de Cimex (la principal cadena comercial del país) ha explicado alguna vez por qué los productos que venden tienen un impuesto del 240 por ciento?”. El domingo, Yanelys, que desde hace años no asiste a los encuentros barriales de “rendición de cuentas a los electores” ni a las asambleas de nominación, irá a votar. En parte por no “marcarse” como disidente, y en parte por tradición e inercia.

Cincuenta y una palabras de la ley electoral cubana resumen las responsabilidades del ente más importante del sistema electoral de la isla: “Para elaborar y presentar los proyectos de candidaturas de delegados a las asambleas provinciales del Poder Popular y de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Para cubrir los cargos que eligen estas y las asambleas municipales del Poder Popular, se crean las comisiones de candidaturas nacional, provinciales y municipales”.

Las comisiones de candidaturas son presididas por dirigentes de la Central de Trabajadores (subordinada al Partido Comunista) e integradas por representantes de las “organizaciones de masas”, también orientadas por el partido. Y es de dichas comisiones que dependen, en última instancia, los nombres de las personas que ocuparán los puestos de decisión en el Estado. Si bien deben ser ratificados en las elecciones correspondientes, tienen a su favor el principio del “voto unido”, fórmula que convoca al elector a respaldar a todos los candidatos, a uno, ninguno o a varios de ellos, pero quedando excluida la posibilidad de hacer nuevas propuestas.
Así el día de los comicios los votantes se enfrentan a listas “intocables”, que dan por resultado situaciones tan singulares como las de diputados electos en municipios que hasta entonces ni siquiera podían ubicar en el mapa.

El “voto unido” surgió en 1992, con la actual ley de elecciones. Por entonces el líder de la revolución, Fidel Castro, defendió la posibilidad de que la población seleccionara de forma directa a los miembros de las asambleas provinciales y nacional, a partir de las listas conformadas por las comisiones de candidatura municipales.
La primera experiencia del modelo, en enero de 1993, resultó un éxito: 99,57 por ciento del padrón acudió a votar y el 88,48 por ciento lo hizo por el conjunto de los nominados. “Sin el pueblo no se habría podido obtener este resultado”, resaltaba Fidel Castro durante la inauguración de la legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular surgida de aquellos comicios.

Con el paso de los años las elecciones han ganado notoriedad más como un referendo que como una cita para la renovación de las autoridades. En el discurso oficial el llamado a votar ha pasado a ser el de “votar con responsabilidad” o “votar por la revolución”.

Para el común de los cubanos en estas elecciones ya está prácticamente todo definido; incluso el sustituto de Raúl Castro. Con tan pocas opciones no hay por qué preocuparse por saber quiénes estarán en la boleta. Basta con saber dónde depositarla.

 

 

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