Lunes, 11 Septiembre 2017 07:20

Como nació El Capital de Marx

Como nació El Capital de Marx

 

La obra que, quizás más que ninguna otra, ha contribuido a cambiar el mundo en los últimos ciento cincuenta años, tuvo una gestación larga y muy difícil. Marx comenzó a escribir El Capital sólo muchos años después de comenzar sus estudios de economía política. Si ya desde 1844 había criticado la propiedad privada y el trabajo alienado de la sociedad capitalista, fue sólo después del pánico financiero de 1857 -que comenzó en Estados Unidos y luego se extendió a Europa-, cuando se sintió obligado a dejar a un lado su incesante investigación y comenzar a redactar lo que llamaba su "Economía".

 

La crisis, los Grundrisse y la pobreza

 

Con el inicio de la crisis, Marx anticipó el nacimiento de una nueva fase de convulsiones sociales y consideró que lo más urgente era proporcionar al proletariado la crítica del modo de producción capitalista, un requisito previo para superarlo. Así nacieron los Grundrisse, ocho gruesos cuadernos en los que, entre otras cosas, examinó las formaciones económicas precapitalistas y describió algunas características de la sociedad comunista, subrayando la importancia de la libertad y el desarrollo de los individuos. El movimiento revolucionario que creía que surgiría a causa de la crisis se quedó en una ilusión, y Marx no publicó sus manuscritos, consciente de hasta qué punto estaba todavía lejos del dominio total de los temas a los que se enfrentaba. La única parte publicada, después de una profunda reelaboración del "Capítulo sobre el dinero", fue la Contribución a la crítica de la economía política, un texto distribuido en 1859 y que fue revisado por una sola persona: Engels.

El proyecto de Marx era dividir su obra en seis libros. Deberían haberse dedicado a: el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariada, el estado, el comercio exterior y el mercado mundial. Sin embargo, cuando en 1862, como resultado de la guerra de secesión estadounidense, el New York Tribune despidió a sus colaboradores europeos, Marx -que había trabajado para el periódico estadounidense durante más de una década- y su familia volvieron a vivir en condiciones de terrible pobreza, las mismas que habían padecido durante los primeros años de su exilio en Londres. Sólo tenía la ayuda de Engels, a quien escribía: "Todos los días mi esposa me dice que preferiría yacer en la tumba con las chicas y, en verdad, no puedo culparla dadas las humillaciones y sufrimientos que estamos padeciendo, realmente indescriptibles". Su condición era tan desesperada que, en las semanas más negras, faltaba comida para las hijas y papel para escribir. También buscó empleo en una oficina de los ferrocarriles inglesa. El puesto, sin embargo, le fue negado debido a su mala letra. Por lo tanto, para hacer frente a la indigencia, la obra de Marx estuvo sujeta a grandes retrasos.

 

La explicación de la plusvalía y el carbunco

 

Sin embargo, en este periodo, en un largo manuscrito titulado Teorías sobre la plusvalía, llevó a cabo una profunda crítica de la manera en que todos los grandes economistas habían tratado erróneamente la plusvalía como ganancia o renta. Para Marx, sin embargo, era la forma específica por la cual se manifiesta la explotación en el capitalismo. Los trabajadores pasan parte de su jornada trabajando para el capitalista de forma gratuita. Este último busca de todas las formas posibles generar plusvalía por medio del trabajo excedente: "No basta que el trabajador produzca en general, debe producir plusvalía", es decir, servir a la autovaloración del capital. El robo de incluso unos pocos minutos de la comida o del descanso de cada trabajador significa transferir una enorme cantidad de riqueza a los bolsillos de los patrones. El desarrollo intelectual, el cumplimiento de las funciones sociales, y los días festivos son para el capital "puras y simples fruslerías". "Après moi le déluge!" era también para Marx -aunque al tratar la cuestión ecológica (que abordó como pocos autores de su época)- el lema de los capitalistas, aunque pudieran, hipócritamente, oponerse a la legislación sobre las fábricas en nombre de la “libertad plena del trabajo”. La reducción de la jornada de trabajo, junto con el aumento del valor de la fuerza de trabajo, fue, por tanto, el primer terreno en el que tenía lugar la lucha de clases.

En 1862, Marx eligió el título de su libro: "El Capital". Creía que podía comenzar inmediatamente a redactarlo de una forma definitiva, pero a las ya graves vicisitudes financieras se sumaron muy graves problemas de salud. De hecho, lo que su esposa Jenny describió como "la terrible enfermedad”, contra la cual Marx tendría que luchar muchos años de su vida. Sufría de carbunco, una horrible infección que se manifiesta al inicio en varias partes del cuerpo con una serie de abscesos cutáneos y una extensa y debilitante forunculosis. Debido a una pápula profunda, seguida por la aparición de una red de vesículas ulcerantes, Marx fue operado y “su vida permaneció durante mucho tiempo en peligro". Su familia estaba más que nunca al borde del abismo.

El Moro (éste era su apodo), sin embargo, se recuperó y, hasta diciembre de 1865, se dedicó a escribir lo que se convertiría en su auténtica obra magna. Además, desde el otoño de 1864, asistió asiduamente a las reuniones de la Asociación Internacional de Trabajadores, para la que había escrito durante ocho años los principales documentos políticos. Estudiar durante el día en la biblioteca, para ponerse al corriente de los nuevos descubrimientos, y seguir trabajando en su manuscrito de la noche a la mañana: esta fue la agotadora rutina a la que se sometió Marx hasta el agotamiento de todas sus energía y el agotamiento de su cuerpo.

 

Un todo artístico

 

Aunque había reducido su proyecto inicial de seis libros a tres volúmenes sobre El Capital, Marx no quiso abandonar su propósito de publicarlos todos juntos. De hecho, le escribió a Engels: "No puedo decidir de que prescindir antes de que todo esté frente a mí, sean cuales sean los defectos que puedan tener, este es el valor de mis libros: todos forman un todo artístico, alcanzable sólo gracias a mi sistema de no entregarlo al impresor antes de tenerlo toda delante de mí”. El dilema de Marx - "corregir una parte del manuscrito y entregarlo al editor o terminar de escribir todo primero" - fue resuelto por los acontecimientos. Marx sufrió otro ataque bestial de carbunclo, el más virulento de todos, y su vida estuvo en peligro. A Engels le contó que había “perdido la piel"; los médicos le dijeron que las causas de su recaída eran el exceso de trabajo y las continuas vigilias nocturnas: "la enfermedad viene de la cabeza". Como resultado de estos acontecimientos, Marx decidió concentrarse únicamente en el único Libro Uno, el relacionado con el "Proceso de Producción del Capital”.

Sin embargo, los forúnculos siguieron atormentándolo, y durante semanas. Marx ni siquiera podía sentarse. Incluso intentó operarse solo. Se procuró una navaja muy afilada y le dijo a Engels que había intentado extirparse aquella maldita cosa. Esta vez, la culminación de su obra no se vio postergada debido a la "teoría" sino por "razones físicas y burguesas".

Cuando, en abril de 1867, el manuscrito fue finalmente terminado, Marx le pidió a su amigo de Manchester, que le había estado ayudando durante veinte años, que le enviara dinero para poder recuperar "la ropa y el reloj que se encuentran en la casa de empeño”. Marx había sobrevivido con el mínimo indispensable y sin esos objetos no podía viajar a Alemania, donde le esperaban para entregar el manuscrito a la imprenta.

La corrección del borrador duró todo el verano y Engels le señaló que la exposición de la forma del valor era demasiado abstracta y “se resentía de la persecución de los forúnculos", Marx respondió, "espero que la burguesía se acuerde de mis forúnculos hasta el día de su muerte”.

El Capital fue puesto a la venta el 11 de septiembre de 1867. Un siglo y medio después de su publicación, figura entre los libros más traducidos, vendidos y discutidos en la historia de la humanidad. Para aquellos que quieren entender lo que realmente es el capitalismo, y porque los trabajadores deben luchar por una "forma superior de sociedad cuyo principio fundamental sea el desarrollo pleno y libre de cada individuo", El Capital es hoy más que nunca una lectura simplemente imprescindible.

 

Marcello Musto Es profesor de teoría sociológica en la Universidad de York, Toronto, Canada.

 

 

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Viernes, 08 Septiembre 2017 12:58

Una montaña de aserrín

Una montaña de aserrín

 

Las dos primas hermanas que han logrado huir ocultas en una carreta del gueto de Varsovia, donde han quedado sus padres, corren a esconderse en el entrepiso del desván de la casa del poblado de Milanowek apenas les dan aviso de que la Gestapo está a las puertas, tras la denuncia de una vecina de que allí viven clandestinas unas niñas judías.

La dueña de la casa, tal como ha sido planeado, las hace entrar en el entrepiso del desván que queda encima de la sala, coloca de nuevo las tablas del entarimado, y luego hace uso de una pala para echar encima una pila de aserrín.

Desde su estrecho refugio, acostadas boca abajo en la más absoluta oscuridad, con los brazos estirados encima de la cabeza, el aire escaso, pueden escuchar las voces violentas y amenazantes de los hombres que las buscan, sus pasos, los ruidos que provocan al revolverlo todo. La más pequeña termina por dormirse, y luego se orina, con lo que la mancha de humedad se comienza a extender por el cielo raso. Si uno de ellos miraba hacia arriba, todo habría terminado.

El registro de la casa duró horas, y los nazis insistían en interrogar una y otra vez a la dueña de casa y a su hijo, que había llegado ya de la escuela. Ambos seguían negando con vehemencia. Nadie más que ellos, y el padre, un arquitecto que se hallaba en el trabajo, vivían allí. En un momento los policías encontraron la escalerilla que llevaba al desván, subieron, revisaron, voltearon los trastos viejos que había allí acumulados, pero se desatendieron de aquella pequeña montaña de aserrín. La mayor de las niñas escuchaba ahora los pasos muy cerca de ella, mientras la primita seguía durmiendo.

Tardaron en irse, y al final anunciaron que volverían al día siguiente, ahora con perros. La señora temía sacarlas del encierro, no fueran a regresar de improviso. Hasta que el arquitecto retornó, horas después, la pareja subió a ver si no es que habían muerto asfixiadas. Estaban vivas, y al día siguiente tendrían que ser llevadas a otra casa, otro refugio más en aquel angustioso periplo que duraría hasta el final de la guerra.

No se trata de la escena de una película sobre la persecución de los judíos por la Gestapo, de las que se han filmado tantas. Lo que he relatado antes es parte de las memorias de Sarita Giberstein, contadas a su hija Yanina, y que se han publicado recientemente en un libro que se llama precisamente Una montaña de aserrín. La mayor de las dos niñas encerradas en el entrepiso es ella. La otra es su prima Shifra.

Sarita nació en San José en 1934, hija de un matrimonio de judíos polacos formado por León Giberstein y Dora Kukielka, quienes emigraron a Costa Rica en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se establecieron luego en Puerto Limón en la costa del Caribe, a cargo de administrar una tienda, pero el negocio no iba bien, y Dora, que venía de una familia rica, atraída por las cartas de sus hermanas donde le contaban de sus paseos a esquiar a la montaña de Zakopane y de sus veranos en Otwock, convenció al marido de regresar. Estaba embarazada y la segunda hija, Rosita, nació en el barco de bandera francesa antes de que atracara en el Havre.

En 1937 estaban ya instalados en Varsovia, llenos de ilusiones y grandes esperanzas. Se respiraba un perturbador aire antisemita, más denso ahora, aunque siempre había estado presente en sus vidas. Y en septiembre de 1939 comenzó el infierno. Sarita, que tenía entonces cinco años, recuerda los bombardeos de la aviación nazi. Un mes después, vencida la resistencia, las tropas de Hitler entraron marchando triunfalmente. Luego vendría el gueto, adonde ella y todos sus familiares fueron reconcentrados. Era la estación intermedia hacia los campos de concentración y las cámaras de gas.

Conocí a Sarita, casada con el escritor Samuel Rovinski, ambos amigos entrañables, durante los largos años que vivimos en Costa Rica, y al principio de nuestra amistad nunca imaginé que detrás de aquella mujer bella, alegre, talentosa y segura de sí misma, de cordialidad imperturbable, hubiera una historia como esta. Cuando lo supe, y quise indagar, respondía a mis preguntas a retazos, con reticencia, como si careciera de importancia, o, a lo mejor, porque esos recuerdos le dolían demasiado. Era nada menos que una sobreviviente del horror.

Y ahora, por fin, en Una montaña de aserrín nos cuenta su historia de reclusa y de fugitiva en cada momento al borde de la muerte, con humildad y sin ninguna clase de alardes de heroísmo, con esa virtud de narrar lo extraordinario como ordinario, que es lo que hace la verdadera literatura. Y el diálogo entre madre e hija es lo que deja correr el relato por su cauce, un río de aguas estremecidas, y estremecedoras, que pasa frente a nuestros ojos.

Es una historia antigua, de hace 80 años, pero por desgracia no enterrada. Los neonazis, o simplemente nazis de nuestros tiempos, a quienes tendemos a ver como esperpentos de carnaval, disfrazados con sus botas altas, uniformes grises y cruces gamadas, o los encapuchados del Ku Klux Klan, que forman otra comparsa del mismo carnaval, andan hoy por el mundo proclamando la supremacía blanca y pregonando su cruzada purificadora no sólo contra los judíos, sino también contra los negros, los latinos, los emigrantes del cercano oriente. Contra todos los que son diferentes. Los otros.

El fanático supremacista blanco que se lanzó con su auto contra la multitud en Charlottesville no se diferencia en nada del otro fanático yihadista que arrolló a otra multitud en la Rambla de Barcelona. Es el mismo odio transformado en arma letal. El mismo odio que llevó a Sarita y a Shifra, aquellas dos niñas perseguidas por el espanto de la muerte, a esconderse debajo de una montaña de aserrín.


Masatepe, septiembre de 2017


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Martes, 05 Septiembre 2017 18:16

Fernand Braudel y la ciencias humanas

Fernand Braudel y la ciencias humanas

“¿Existe acaso una concepción global de la historia, específicamente braudeliana? Respondiendo afirmativamente a esta pregunta, este libro quiere ser a un mismo tiempo una suerte de ‘Introducción general’ al pensamiento y a los trabajos de Fernand Braudel, y una clara invitación a la lectura directa de sus obras, a través de la reconstrucción de las líneas centrales de su proyecto intelectual. Reconstrucción que evidencia, entonces, las articulaciones mayores de esa compleja cosmovisión histórica construida por Braudel, al tiempo que intenta mostrar las contribuciones fundamentales que, en los planos teórico, metodológico, problemático e historiográfico, fueron desarrolladas por quien se constituyó, sin duda alguna, en el más importante historiador de todo el Siglo XX a nivel mundial, Fernand Braudel”.

 

Edición 2017. Formato: 17 x 24 cm, 248 páginas

P.V.P.: $ 35.000, USD $ 12, ISBN: 978-958-8926-49-0

John Reed. Diez días que estremecieron al mundo

La mirada delicada y profunda de John Reed y su capacidad de estampar sentimientos y afectos en negro sobre blanco, lo convirtieron en uno de los más finos cronistas de los grandes hechos que sacudieron a la humanidad, como las revoluciones rusa y mexicana, a las que dedicó sus mejores párrafos. Su relato tiene el magnetismo del embrujo con el que atrapa al lector y la rigurosidad del analista comprometido con los seres humanos que se rebelan, la gente sencilla de abajo y a la izquierda, a la que amaba y por la que entregó su vida.

Por las páginas de este maravilloso libro desfilan los pobres de la ciudad y del campo. Los obreros que tomaron las fábricas y se alistaron, armas en mano, en la “guardia roja” devenida en fuerza de choque contra la reacción. Los soldados y los campesinos –indistinguibles en la Rusia zarista– que se organizaron en los frentes de combate desafiando a los generales, formaron los Sóviets de soldados que en los momentos decisivos de la revolución, torcieron el rumbo de la historia a favor de las tesis de Lenin, que llamaba a la toma del poder para entregarlo inmediatamente a los Sóviets de obreros, soldados y campesinos.

 

Raúl Zibechi

 

Edición 2017. Formato: 17 x 24 cm, 

P.V.P.: $ 40.000, USD $ 14 ISBN: 978-958-8926-42-1

 

Jueves, 24 Agosto 2017 09:10

En memoria de Anita “la vietnamita”

En memoria de Anita “la vietnamita”

Fue durante el velorio del Comandante Raulito, cuando decidí grabarla. Era una historia que me contaba y me contaba y que repetía con el mismo entusiasmo de la primera vez. Eso tal vez fue lo que motivó la grabación. De seguro que aprovechaba los momentos de poca ocupación para devolver el cassette.

Todo empezó cuando recordaba a una niña que se sentía orgullosa de desfilar con su traje y boina rojos, acompañando a su hermano en las marchas y en las luchas sociales en la primera mitad del Siglo XX.
Esas tempranas experiencias habrían de marcar su carácter; tal como habría de expresarse cuando acompañaba las invasiones en el barrio Siloé, efectuadas por personas desplazadas por la violencia desde la zona cafetera. Su familia también había tenido que salir huyendo del norte del Valle; el recuerdo de tantos momentos difíciles, encendía la solidaridad en su pecho juvenil.


Fue así como ante la negativa de las autoridades y de los dueños de los terrenos a ceder uno para la escuela, que decidieron construirla por sus propios medios y enfrentar, con sus dieciséis años, a los escuadrones policiales cada que subían a tumbarla. Allí empezó a operarla como su directora. Hecho que le valió el reconocimiento, el respeto y el aprecio de la población, que desde entonces empezaron a identificarla como “la señorita”, por sus labores educativas. A tal punto que así la llamaban hasta los últimos días y era la única que se daba el lujo de regañar a los integrantes de las bandas de lado y lado por los continuos enfrentamientos. “Sí Señorita” le contestaban, a pesar de que ya estaba por encima de los setenta años.


Recordaba sus años en el PC y la situación generada con la detención de tres de sus compañeros. Hicieron todo lo posible para conseguir los servicios del mejor abogado de Cali; recogieron la plata y contaron con la ayuda de Álvaro Pío Valencia. El jurista viajó, a los dos días, a hacerse cargo de la defensa de los muchachos. Todos estaban pendientes de los resultados del trámite judicial, pero el defensor los llamó -de larga distancia en ese entonces- descorazonado. Ya era demasiado tarde: sobre el piso de la inspección de Buga, yacían los cuerpos de Francisco Garnica, Carlos Alberto Morales y Ricardo Torres, “muertos en combate”. (Como siempre, las fuerzas estatales colombianas haciendo gala de su compromiso con el Derecho Internacional Humanitario).


Relataba con igual entusiasmo su paso por el M19 y cómo había conocido a Raulito y a otros muchachos y muchachas en la zona, cuando construyeron el alcantarillado por sus propios medios.


Eran numerosos sus relatos. Cierta vez, cuando la acompañé a una zona de invasión a dar sus clases de alta costura -–abor en la que llevaba nueve meses– se enteró, llegadas las elecciones, de que las alumnas habían votado por el uribismo y así se lo confirmaron. ¡Qué mujer tan brava!:


-Así no es señoras. ¿qué es lo que estamos haciendo entonces? –dio un golpe en la mesa y se fue para no volver más a ese sitio, sino a saludar. Me tocó mamarme su putería, durante las dos horas y media del viaje de regreso.


Semanas después, cuando me la volví a encontrar y como reflexión ante tanto fracaso, le dije:


-Anita: yo ya estoy cansado, aburrido de tanta lucha infructuosa.


A lo que ella contestó con tono enérgico y categórico:


-Nooo compañero, uno no se puede cansar de luchar por la revolución.


El que una mujer ya setentona te diga eso, remueve lo más hondo de la conciencia y da ímpetus para seguir.


Las reuniones con ella eran desayunos, almuerzos, algos, comidas de trabajo. A sabiendas que era una mujer que había tenido que criar sola a sus cuatro hijos, que era sacar de donde no había, le dije:


-Anita, no es necesario que nos tenga tanta comida para las reuniones.


A lo que contestó duro:


-Nooo compañero, aquí hay que tener aunque sea una taza de aguapanela para brindarle a los compañeros. Los compañeros se lo merecen todo.


Otra lección más de la “Señorita”. Luego, todos llegaban con algún aporte en especie para las comidas y algos. El café con leche que preparaba, tenía un punto especial, un sabor único. En diciembre salía con comidas especiales, además de natilla, buñuelos, manjar blanco, hechos de su propia mano.


Lo de “vietnamita” nunca lo pregunté; pues asumía que era por sus ojos achinados y por sus rasgos orientales.


Hace apenas un mes me llamó para programar cuando podíamos reunirnos para hablar de las elecciones, de la paz, de Venezuela y de la situación política para ver qué íbamos a hacer. Nos despedimos con el compromiso de encontrarnos a más tardar en diciembre.


El domingo 13 llamó un compañero:


-Hola ¿cómo estás?


-Bien, bien ¿y ustedes?


-Muy tristes


-¿Qué pasó?


-Se nos fue Anita


-¿Cuál Anita?


-Anita, hombre, Anita.


No quería entender. Se hizo el silencio. Gloria eterna a la compañera Ana Franco


Anita


Por, Alexander Salas

ANA ROSA REANCO fue una compañera líder comunitaria vinculada a las luchas populares desde los años 50, nacida en el norte del valle, desde muy niña le tocó huir de las matanzas a los liberales; desplazada en Cali sufrió persecución a sus padres por sus ideas, presenció el estallido de las bombas contra la sede del partido liberal, su casa de habitación fue agredida con violencia. Siendo militante de la Juventud Comunista, recorría la ciudad organizando a los jóvenes y a la comunidad, en compañía de Arturo Alape. Viviendo en el barrio Siloé a sus 16 años, inicia con los propios medios de la comunidad la construcción de una escuela que la llamarían Antonia Santos, donde la policía impedía su construcción, pero ella con su comunidad se enfrentaba a las autoridades exigiendo el derecho a la educación, de igual manera iniciaron la construcción de calles y la adecuación de servicios públicos.


Fue militante del PCML acompañando a líderes como Pedro León Arboleda, Francisco Garnica Alberto Morales y Ricardo Torres, a los tres últimos, detenidos, no los pudo salvar con trámites jurídicos, porque cuando fue el defensor a verlos, los encontró asesinados. De igual manera como buena tejedora unió lasos políticos con casi todas las organizaciones políticas y sociales populares, incluyendo al M19, desmovilizados de todos los grupos, viviendistas, sindicatos y barriales


Su participación en el movimiento obrero se sintetiza en la creación de la escuela para los obreros de Anchicayá, que en su mayoría eran mineros del carbón y vivían en Siloé; a Sintraanchicayá llegaba ella con sus tres niños a enseñar (uno de ellos aún de brazos); tuvo una relación de solidaridad muy estrecha con los campesinos del norte y centro del Valle, pero especialmente con la recuperación de tierras en lo que se llamó La Colonia de Bitáco en los setenta, llevando solidaridad en alimentos y en apoyo político.


Una feminista que rescataba y defendía los valores y la dignidad de las mujeres, entregada a su organización y capacitación en diseño y modistería (siempre vestía elegante de su propia confección) en Siloé y el Belisario Caicedo, donde con su esposo también fundó un colegio, realmente siempre fue una maestra, pues hasta al Cauca iba a enseñar. Gran defensora de derechos humanos, saliendo de una reunión, con su voz fuerte impidió que organismos secretos del Estado secuestraran y desaparecieran a un compañero dirigente de Sintraemcali. Dialogaba con jóvenes pandilleros de Siloé, hijos y nietos de sus antiguos estudiantes, quienes la escuchaban y respetaban. Se le vio muy activa en las marchas indígenas, las estudiantiles, las de la salud, las de los profesores, apoyando a los trabajadores en sus conflictos. Últimamente trabajaba por la organización de las comunidades negras y con las mujeres de Cali y el Valle.


Murió el 15 de agosto de 2017 a sus 78 años


Anita, mujer revolucionaria


Por, Gonzalo Salazar

Las mariposas no saben que en su extensa lengua
llevan la simiente de una a otra flor
Las mariposas no saben que alimentándose, fecundan
Aunque vuelven en cada floración.
Es el movimiento de las olas del tiempo
que nos lleva al encuentro con mágicos seres
sedientos de libertad
Que no descansan en su tarea de fecundar y cuidar
cultivando en las mentes de los que necesitan
de los que construyen, de los que sienten y sueñan.
Nos encontramos nadando contra la corriente
tras la utopía
En la solidaridad, con tu ternura que también es sonrisa
En tu feminidad que todos llevamos dentro
pero que tú defiendes con altivez
En la dignidad que caminas y que quieres ser
En tu enseña de la letra y la palabra
entre mina y escuela
En la costura y el tejido que pasas de unas a otras manos
En la conspiración que caminas la noche
subiendo la loma
En el silencio de la espera y la atención de tus hijos
En tu rebeldía que nos haces vivir y mirar
Gracias Anita por tu sonrisa, por tu voz, por tu ejemplo por tu presencia.

Agosto 17 de 2017

Publicado enColombia
Martes, 04 Julio 2017 06:19

Las paredes pintadas de Gabo

Las paredes pintadas de Gabo

En el cincuenta aniversario de cien años de soledad, un tríptico mural engalana las paredes del vestíbulo de la Biblioteca Nacional de Colombia en Bogotá.


Se ha cumplido, el pasado 30 de mayo, el primer medio siglo de una de las obras cumbre de la literatura universal. Para mí, junto con “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, las dos más cercanas, por su narrativa y trascendencia, al “Quijote” de Cervantes.


Evidentemente, se ha escrito y se ha dicho mucho sobre este aniversario. Tanto que es difícil añadir algo nuevo u original. Medio siglo no es nada y puede serlo todo, para el realismo mágico colombiano es su vida entera. La imaginación de García Márquez creó un universo literario imaginario tan vívido y tan cercano que se ha convertido en realidad.


“Cien años de soledad”, publicada en 1967 por la editorial Sudamericana de Buenos Aires, es uno de los referentes de la producción del autor colombiano que fue reconocido con el premio Nobel de Literatura en 1982.


En 2007, en su cuarenta aniversario, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (AALE) le rindieron un homenaje al autor, que cumplía ochenta años, y a su obra con una edición especial de la misma.


En este cincuenta aniversario, la editorial Penguin Random House lanza una nueva edición con ilustraciones de la artista chilena Luisa Rivera y con una fuente de letra, llamada Enrico, creada para la ocasión por Gonzalo García Barcha, hijo del nobel colombiano.


Y también se suma a celebrar esos cinco decenios de existencia la Biblioteca Nacional de Colombia con un homenaje particular encargado a dos artistas: el grafitero colombiano Guache y el estadounidense Gaia. Ambos han recreado a cuatro manos, sobre las paredes del hall de la primera biblioteca pública fundada en América, su personal mirada al universo quimérico de la obra.


Un mural en tres partes y sin palabras que nos narra mucho de lo que el mago de Aracataca escribió en su novela. Una intervención artística que han bautizado con el nombre de “espejismos de modernidad” y que fue inaugurada el pasado 29 de junio con la presencia en la sala de los dos artistas y de representantes de la propia institución pública, de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, del Centro Colombo americano, del Ministerio de Educación de Colombia y del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá.
La pintura es tal vez un espejismo, pero también es la plasmación de la realidad nacida de la imaginación de los muralistas a partir de lo simbólico creado por el literato. Constituye, tal como declararon los autores, una muestra de la conjunción del arte con la construcción de tejido social.


En palabras de Guache, alias de Óscar González, uno de los grafiteros más reconocidos de Colombia, el mural conmemorativo es “una propuesta dinámica y no literal”, con el que han querido hace una aproximación alegórica a la obra “liberando la palabra viva que está en la calle”. Un trabajo que recoge las mujeres, la guerra y el amor y la muerte, con alguno de esos espejismos de la modernidad representados en un militar de la época manejando un celular o en una de las mujeres sosteniendo un avión.


Para Gaia, el mural es una idea abstracta en la que han querido poner a hablar dos tesoros: la obra de García Márquez y la Biblioteca Nacional, interrogándose por la esperanza y la liberación con un interés en dialogar y cruzar fronteras como lo es el juntar a dos artistas tan disímiles. El artista norteamericano afirmó “Guache me ha devuelto la fe en el diálogo”.


Un vídeo del proceso de creación de tan magnífica obra, para quienes no puedan visitarla en vivo y en directo, lo encuentran en la web de la Biblioteca Nacional. Solamente dos peros; uno, no me gusta la licencia que se ha tomado el mismo artista para incluir en una de las paredes una imagen del antropólogo australiano Taussig, por mucho que este científico escribiera un diario de campo sobre la violencia paramilitar en Colombia. Creo que es un atrevimiento que no tiene mucho que ver con la imaginación de ese realismo mágico de la obra de Gabo.


El otro, cierta pedantería del grafitero yanqui al comentar, convencido, que el grafiti es una exportación de EE.UU. Que allá surgieran Taki 183 y otros precursores de estampar la firma no significa, en mi opinión, que el país norteamericano sea el inventor de este arte. Ya en el siglo XIX, en Centroeuropa, un austrohúngaro inició la labor de plasmar su firma (Kyselak) en cada sitio por el que pasaba en un recorrido que dicen fue resultado de una apuesta. También en el mayo francés de 1968, unos años antes que en Nueva York, se dieron numerosas pintadas que pasarán a la historia como precursoras de esta comunicación ciudadana. Y apurando, el gran fotógrafo Cartier Bresson tiene una imagen datada en Canadá a mediados de la década de los 50 del siglo pasado, presente en la muestra que por estos días se expone en Bogotá, en la sección “posguerra”, en la que en una pared tras unos niños se pueden apreciar pintadas de la época. Esas similares a las declaraciones de amor en las cortezas de los árboles, a los corazones y los logos de la paz en paredes de cualquier lugar o a las diatribas contra el profesorado en los baños de los colegios.


Volviendo a la obra, “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía...” son doce palabras tan memorizadas y repetidas como ese mismo número de otro hito de la literatura universal, “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...” La Mancha y Macondo, son lugares locales de fama global gracias a los autores que las pusieron en el mapa.


Colombia es Macondo, para lo bueno y para lo malo, para lo real y para lo imaginario, para lo deseado y lo aborrecido. Lo mítico y fantástico, lo trágico y lo favorable que están en el escenario soñado por García Márquez y en todo el país andino, como pueden estarlo en cualquier otro lugar del mundo.


Todos los territorios tienen su Macondo. La ficción más impensada se convierte en hechos que forman parte de la historia de Colombia. Un país de narraciones y cuenteros, una tierra de verdes de mil colores, un paraíso con más de una serpiente que sigue construyéndose a golpes mientras lo sobrevuelan mariposas amarillas.


Este medio siglo de cien años de soledad nos abre un panorama de sueños y esperanzas. Esperemos que ya no haya más pelotones de fusilamiento y que los fusiles, no sólo los de la guerrilla más antigua del continente, dejen paso a las palabras, palabras como las del nobel de Aracataca, como esas que dice Rodrigo Londoño que guiarán el futuro de otra apuesta política para construir un país más justo socialmente, un país soñado por tanta gente que le quiere apostar a que los cien años de soledad del Macondo garciamarquiano sean muchos siglos de paz.


“Cien años de soledad” es una obra viajera, ideada en Colombia, escrita en México, enviada a España para intentar ser publicada y finalmente editada en Argentina, como viajeras son las rutas de esas otras narraciones que Gabo “funda” en y con su realismo mágico colombiano. De la ciénaga a la sierra nevada, del caribe al pacífico, de sur a norte, todo el territorio está lleno de macondos y de historias mágicas, inventadas y reales.


En la edición especial del cuarenta aniversario publicada por la RAE y la AALE, Álvaro Mutis decía de la obra, “no puedo leerla sin cierto sordo pánico. Toca vetas muy profundas de nuestro inconsciente colectivo americano. Hay en ella una sustancia mítica, una carga adivinatoria tan honda, que pierdo siempre la necesaria serenidad para juzgarla. Sigo creyendo que es un libro sobre el cual no se ha dicho aún toda la deslumbrada materia que esconde. Cada generación lo recibirá como una llamada del destino y del tiempo y sus mudanzas poco podrán contra él.”


La obra nació de un llanto sin palabras que marcó al autor cuando, en su pueblo natal, su madre y la boticaria se abrazaban, de ahí surgió una novela llena a rebosar de palabras mágicas y reales. Esas que García Márquez no sólo nos dejó en esos cien años de soledad, más de tres ya sin su presencia, sino también en otro montón de maravillosas narraciones de las imposibles historias que se pueden vivir a diario en cualquiera de los coloridos rincones de Colombia.

03 Jul 2017
Por Ignacio *"Iñaki" *Chaves G.

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Foto: combatientes de la Haganah expulsan a los palestinos de Haifa, el  12 de mayo de 1948.

 

El sabor amargo a hiel de la Nakba (Catástrofe), caló las fibras palestinas en un año muy especial que potencia la memoria cargada de escenas de dolor y sufrimiento en la larga y milenaria historia de mi pueblo cananeo-semita-palestino. Nunca se recordó en el concierto de las invasiones y ocupaciones de Palestina durante miles de años tanta humillación y degradación del pueblo palestino como la de la actual y transitoria ocupación sionista-israelí.

Como jerosolimitano palestino, exilado a consecuencia del laudo de la comunidad internacional, me resulta punzante recordar los 120 años de la declaración sionista de Herzl; los 100 años de la Carta de Balfour; los 70 años de la ‘Partición’ de mi país y su consecuencia en la Nakba con el robo de nuestro territorio; los 50 años de la ocupación del resto de mi patria y los 40 años de la estrategia de la ONU de borrar el doloroso día de la ‘Partición’ por un día de solidaridad internacional. Asimismo, recordar con esperanza los 30 años de la Intifada por la dignidad y la libertad.

Para mi conciencia nacional y la de nuestro pueblo, el año 2017 recuerda las principales fechas de la telaraña que fue tejiendo el designio sionista para la caída de Palestina. Se cumplieron 120 años del primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, donde el austrohúngaro-judío Theodor Herzl, en agosto de 1897, sin un hilo conductor genético, llamó desde Europa a establecer un estado judío en Palestina.

Son los 100 años de la fastidiosa carta conocida como la declaración británica de Arthur J. Balfour, enviada en noviembre de 1917 al barón Lionel Walter Rothschild, líder sionista británico, reconociendo el deseo de la Corona de establecer un Hogar Nacional Judío bajo el auge de la ocupación inglesa a Palestina. En el inexorable complot británico-sionista, se quebraban los intereses opuestos de ambos. Inglaterra sólo quería un Hogar Nacional Judío y los europeos-sionistas una Palestina judía, mientras, poco les importaba los derechos nacionales de mí pueblo.

Desde el dolor. El 2017 marcó los 70 años de la antijuridica ‘Partición de Palestina’ el 29 de noviembre de 1947 por las Naciones Unidas, que significó el impetuoso recambio de europeos-judíos por el milenario pueblo palestino y el estallido de la Nakba (Catástrofe) con la creación de Israel el 15 de mayo de 1948 sobre los cimientos de las masacres, la destrucción de 418 aldeas y ciudades palestinas, y el robo del 78 por ciento del territorio de la histórica Palestina con el sector Occidental de nuestra capital Jerusalem por el terrorismo europeo-judío-sionista. Al violar el 55 por ciento otorgado por la ONU en la ‘Partición’, los israelíes imprimieron su futuro precedente expansionista. Con contradicciones, en su enredo y sin asumir responsabilidad por el arrebato de nuestros derechos nacionales palestinos, la ONU en su resolución 273, borró su diseño de ‘dos estados’ y reconoció con plenos derechos en mayo de 1949 al ‘Estado de Israel’ sin reconocer el Estado de Palestina o mal llamado Árabe por ellos, tal como lo inscribieron en la resolución de la ‘Partición’. Sometiendo a nuestro pueblo palestino el castigo de ser refugiados, además, de los conspirativos intentos de suprimir la preservada raíz y nacionalidad palestina que brotaba a lo largo y ancho de los 27,009 kilómetros cuadrados de Palestina.

Luego de haber vencido en 6 días a cuatro ejércitos árabes. En el múltiplo de las injusticias, se cumple el 5 de junio de 1967, los 50 años de la ocupación militar israelí del resto del 22 por ciento de la Palestina histórica con el sector de la vieja Jerusalem, provocado por el Causus Belli (Motivo de Guerra) sionista para expandirse sobre la totalidad de Palestina, ocupar el estratégico Golán sirio y el desierto del Sinaí egipcio. Aunque éste, fue devuelto tras la habilidad del ocupante de reducir y doblegar a Egipto, la mayor potencia militar de ese entonces, a los intereses israelíes, con el cual hoy, ambos se regocijan por sus relaciones diplomáticas plenas.

Es imposible evitar el rechazo al cumplirse los 40 años de la fatídica resolución de la ONU 32/40-B de diciembre de 1977, que declaró el 29N ‘Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino’, como parte de una metodología de lavado de conciencia en el recuerdo de tan magra fecha. Embrollando con un día de solidaridad la infausta ‘Partición’ y usurpación de nuestra patria. El complot sobre mi país quedó plasmado. La Nakba continuó con su vía crucis.

Entre los logros y desaciertos de la revolución palestina iniciada por el comandante mártir Yasser Arafat en la década del ’50, se fueron potenciando los sentimientos populares de dignidad. El 2017, también revive el recuerdo de los 30 años de la Intifada (Rebelión) popular palestina. Las piedras lanzadas por los niños palestinos paralizaron al sofisticado ejército y redujeron la prepotencia israelí que se tropezó con su propio caldo de cultivo. La Intifada iniciada el 8 de diciembre de 1987 conocida como la ‘Guerra de las Piedras’, si bien tomó un fuerte carácter mediático, no fue la primera y la actual ‘Intifada por Jerusalem’ no es la tercera como se mal llama, sino, son parte de las rebeliones o intifadas que el pueblo palestino utilizó a lo largo de la historia para desprenderse de las ocupaciones de turno, desde los romanos hasta la actual ocupación israelí.

A modo de reflexión. La conciencia internacional en su cómoda reparación moral con el sufrimiento judío en Europa, ignoró las consecuencias y los sufrimientos de mi pueblo palestino en su patria. La ONU y los gobiernos internacionales, incluyendo los árabes, deberían hacer un mea culpa; abrir los archivos de la historia de la catástrofe palestina; analizar la antijuridica resolución 181 de la ‘Partición de Palestina’ y los motivos que llevaron al organismo a v iolar el espíritu de su Carta Magna de 1945 que no le otorga atribuciones para arbitrar una partición territorial.

Tras décadas de la pérdida de la patria, debe haber una reparación digna, honesta y justa con nuestro pueblo. Se debe restituir nuestros derechos nacionales sobre nuestro legitimo e histórico solar, basados en la ley internacional y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU (10/12/1948), que en dos de sus 30 artículos denostó la precariedad jurídica de la ‘Partición’: “Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad” (Art.17.2). “A nadie se le privará arbitrariamente de su nacionalidad” (Art. 15.2).

 

Suhail Hani Daher Akel fue el primer Representante de la OLP en la Argentina, fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina.

 

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por  José Steinsleger

 

 

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Viernes, 28 Abril 2017 15:05

La hora de las rectificaciones

La hora de las rectificaciones

El primer gobierno provisional formado luego de la victoria de febrero fue tan breve como inepto. El que le siguió, ya con Kerensky de Ministro, menos breve pero igualmente inepto. Los formados luego, hasta octubre y bajo el signo de la “coalición”, incluida la dictadura de Kerensky, fueron ante todo peligrosamente ineptos. Estos gobiernos presumían de tener, institucionalmente hablando, un pie en los soviets y otro en las Dumas Municipales y basaban su legitimidad, de “transición”, en la convocatoria futura de una Asamblea Constituyente en la cual se reconstruirían los elementos del aparato de Estado Zarista, bajo una nueva forma republicana. Pero la transición se prolongaba, la convocatoria se aplazaba una y otra vez; mientras tanto, varias decisiones fundamentales apremiaban, principalmente la crisis de abastecimiento de alimentos, en segundo lugar el fin de la guerra y, tal vez la más importante, desde el punto de vista estructural, la solución de la cuestión agraria.

En la práctica, sin embargo, muchas decisiones importantes se estaban tomando ya en los soviets, principalmente el de Petrogrado que era sin duda el centro de la actividad nacional, pero también en centenares de ellos, de base territorial municipal, donde se resolvían problemas urgentes por encima de las Dumas, aunque debe anotarse, como detalle curioso, que los principales partidos políticos –socialrevolucionarios y socialdemócratas– se expresaban al mismo tiempo en una y otra institución. Los Soviets tenían como referente de proyección política la realización de los congresos de los soviets de toda Rusia. Se hicieron dos, uno en julio y otro en agosto. La dualidad de poder era, pues, un hecho, y una fuente de insoportable inestabilidad, y exigía de los revolucionarios una respuesta, una decisión, que necesariamente iba a implicar cuestionamientos y rectificaciones en sus respectivas doctrinas. El mes de abril fue el momento de tales replanteamientos.

 

El regreso del exilio

 

Como se sabe, una de las principales características de los partidos de la revolución rusa era su existencia dividida en dos porciones, una en el territorio y otra en el exilio. La segunda tenía la ventaja de la amplitud de miras y el contacto con el movimiento político internacional, pero la desventaja de estar lejos de los acontecimientos, aspecto en el cual le ganaba la primera, así como a manera de correlato, ésta se caracterizaba por la estrechez de miras. De todas maneras, era indiscutido el ascendiente de los revolucionarios del exilio sobre el conjunto de las organizaciones. Ello explica, entre otras cosas, el estilo literario tan peculiar de Lenin, siempre dando orientaciones, siempre dando instrucciones, debatiendo con camaradas circunstancialmente adversarios; documentos siempre “internos”, de lectura tanto más difícil cuanto más pasa el tiempo.

De ahí que uno de los resultados más importantes de la revolución de febrero haya sido la reunificación de todos en suelo ruso y las redefiniciones que esto tenía que producir, en presencia de una revolución en marcha; ventajas y desventajas se compensaban. Se comprende fácilmente la urgencia y ansiedad de todos por regresar lo más pronto posible. Pero no era fácil, ni siquiera en ese momento cuando el gobierno provisional había mostrado su disposición a recibirlos; hay que recordar que en Europa estaban en una guerra atroz. Lenin seguía en Zurich. Todas las alternativas con pasaportes falsos y disfraces, acudiendo a los gobiernos aliados resultaban irrealizables. Quedaba una: atravesar abiertamente Alemania. Se logró una especie de Tratado internacional entre el consejo de redacción del periódico de los emigrados y el Imperio Alemán. Lenin exigió que durante el trayecto no les pedirían pasaportes ni requisarían el vagón –de ahí salió la leyenda del vagón “precintado”–. A cambio, los emigrados se comprometían a gestionar, una vez en Rusia, la liberación de varios civiles y militares alemanes y austrohúngaros. Por esta misma vía regresaron también, entre otros, Mártov y Axelrod.

La desesperación del grupo de Lenin tenía otra explicación adicional. Es cierto que recibieron noticias de la revolución de febrero y de la formación del gobierno provisional, pero las comunicaciones eran cada vez más difíciles. Lenin trataba de enviar mensajes cablegráficos vía Estocolmo. Fue entonces cuando, preocupado por las tendencias de conciliación con los liberales, escribió las que se llamaron “Cartas desde lejos” donde llamaba a rechazar e impugnar el gobierno provisional.

 

Las tesis de abril

 

Las tendencias conciliadoras no eran gratuitas; respondían a una concepción de fondo que compartían por igual socialrevolucionarios y socialdemócratas: la revolución rusa necesariamente sería una revolución burguesa y su objetivo las libertades políticas. Era la que le estaba asignada en el curso de la historia; las tareas sociales se limitaban a la transformación definitiva de la estructura agraria, en favor de los campesinos. De ahí que el papel fundamental del partido en esta etapa debería ser el apoyo y estímulo a la burguesía para que adelantara sus tareas. Y en eso no había diferencias radicales ni siquiera entre mencheviques y bolcheviques –las razones del fraccionamiento habían sido otras, especialmente en relación con la organización partidista–. El propio Lenin había dicho alguna vez que si algo le convenía al proletariado era el desarrollo cabal del capitalismo. Si acaso, la única particularidad bolchevique era la insistencia en que esta etapa democrática tenía como principal función fortalecer y organizar el proletariado para una siguiente que sería socialista.

Pues bien, algo como eso es lo que parecía haber ocurrido en Rusia. En el gobierno provisional estaban los liberales. Sin embargo, era evidente que la burguesía no estaba en capacidad de hacer cosa alguna. Además, era claro que necesitaba el apoyo de los gobiernos aliados y por eso prefería continuar en la guerra. En cambio cada vez tomaba más fuerza un órgano de poder, los Soviets, que agrupaban a obreros campesinos y soldados. La Guerra mundial, a su vez, era el acontecimiento definitivo que, resquebrajando la estabilidad capitalista, anunciaba la revolución proletaria en Europa. Estas circunstancias, bastaban, a juicio de Lenin, para tener que replantear la táctica.

Las famosas “Tesis de Abril”, en realidad son un breve texto (enumeración), que según él mismo advierte tenía como finalidad enviar al partido un mensaje sencillo, claro y contundente. Escrito el 3 de abril, le puso por título “Las tareas del proletariado en la presente revolución”, y fue publicado el día 7 en el periódico Pravda. Su contenido es, en síntesis, el siguiente:

- La guerra es imperialista. Lo sigue siendo en Rusia, aún con el nuevo gobierno. Por tanto no se debe hacer ni la más mínima concesión al llamado “defensismo revolucionario”. Sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra
- La tarea de la revolución es ahora poner el poder en manos de los obreros y los campesinos pobres. Pasar de la primera fase, en que se le cedió el poder a la burguesía, a la segunda.
- Ningún apoyo al gobierno provisional. Desenmascarar este gobierno que es de capitalistas en lugar de exigirle ingenuamente que deje de ser imperialista.
- Los bolcheviques están en minoría. Por lo tanto deben desarrollar un paciente trabajo de propaganda. Explicar que los soviets son la única forma posible de gobierno revolucionario. Rechazo a toda política parlamentaria. Supresión de las fuerzas armadas y la burocracia
- Confiscación de todas las tierras de los terratenientes. Nacionalización de todas las tierras. Entrega de las decisiones en esta materia a los soviets de campesinos
- Fusión de todos los bancos y Nacionalización en una Banca bajo control obrero (soviets).
- Realización lo más pronto posible de un Congreso del Partido. Cambio de nombre por el de “Comunista”. Cambio del “programa mínimo por estar anticuado. Reivindicación de una forma de - - Estado tipo Comuna (de Paris). Creación de una nueva Internacional.

En un sentido amplio, se trata de varios escritos que luego se han publicado de manera conjunta. Con un título similar, “Las tareas del proletariado en nuestra revolución”, escrito el 10 de abril y seguramente con más comodidad, da a conocer un texto donde desarrolla cada una de las tesis, abundando en la parte polémica. Otro es “Cartas sobre táctica”. Publicado el 27 de abril, justamente para la deliberación dentro de el Congreso del partido, donde se aprobaron las tesis de abril (1).


La reacción del partido, especialmente del comité de Petrogrado, no se hizo esperar. Desde el mismo día de la llegada de Lenin, el 3 de abril, cuando en el homenaje tributado en la estación de Finlandia, expuso de una vez, en términos generales, sus audaces propuestas. El partido (tanto Mencheviques como Bolcheviques) se había quedado anclado en el programa y en la táctica que le habían dado hasta entonces existencia. Quien salió en primera línea a dar el debate fue Kámenev y es a él a quien generalmente se refiere Lenin en su escrito. Pero lo más importante era la persistencia de la línea práctica desprendida de la concepción tradicional. Por ejemplo, en el periódico Pravda, cuya dirección había sido retomada por Kámenev y Stalin luego de su regreso, se defendía el apoyo al gobierno provisional “en la medida en que no incurriera en posiciones contrarrevolucionarias”. Stalin mismo había presentado en un informe del 27 de marzo una peregrina tesis sobre la dualidad de poder según la cual al soviet le correspondía la fiscalización y al gobierno provisional la consolidación de las conquistas revolucionarias.

Pero esta reacción provenia, sobre todo, de la organización del partido y sus principales dirigentes; otra cosa pensaban los bolcheviques de base, la nueva generación de revolucionarios, al decir de Lenin. Otro tanto sucedía con muchos militantes socialrevolucionarios y algunos mencheviques, con los maximalistas y anarquistas, y, sobre todo, con los activistas de base para quienes lo que contaba era la posición frente a un gobierno impostor y no tanto la coherencia doctrinaria.

 

La naturaleza del debate

 

La respuesta de Lenin frente a las críticas es un simple rechazo al dogmatismo; una postulación de la realidad, de la vida como guía verdadera. “las consignas y las ideas bolcheviques han sido en general confirmadas por la historia, pero concretamente las cosas han sucedido de modo distinto”. Por ejemplo, en cuanto a “la dictadura democrático revolucionaria del proletariado y el campesinado”, dice que ya ha sido realizada. En consecuencia “esta fórmula ha envejecido”. Lo que cuenta, en el momento, es cómo se forma el poder que ya existe (descartando el de la burguesía), y cuáles serían en éste las relaciones entre el proletariado y el campesinado. La realidad histórica nos está ofreciendo las alternativas. La clave de todo está en que en la Rusia revolucionaria ya existe un nuevo poder tipo comuna (de París).

No obstante, aún desde el punto de vista doctrinario, ya se conocían antecedentes de estas tesis. Muchos teóricos ya habían observado el débil carácter de la burguesía rusa y la posibilidad de que el proletariado expresara su superioridad por anticipado. Y Vera Zasúlich en un intercambio de cartas con Marx se preguntaba por la posibilidad de construir el socialismo sobre la base de la antigua comuna campesina, a lo cual le respondía Marx que dependía enteramente de la potencialidad histórica de dicha comuna. Sin embargo es Trotsky quien, de modo más contundente y con excelente perspicacia histórico-política, había expresado a continuación de la revolución de 1905 que, dada la mezcla de diferentes formas productivas y de diferentes épocas en un mismo momento, de manera inevitable la revolución rusa tendría que trascender las características de una revolución burguesa y que el proletariado heredaría tareas mayúsculas. Y esto ligado a la dinámica revolucionaria de conjunto en Europa, de suerte que si bien era el capitalismo europeo el que explicaba las “mezclas y combinaciones” rusas, era el destino de este capitalismo el que, al mismo tiempo, podía definir las posibilidades de avance del proletariado ruso gracias a nuevas revoluciones en el continente.

Desde luego estos antecedentes de poco le servían a Lenin. Gorki, en su periódico –Nueva vida–, acusaba a Lenin de haberse vuelto trotskista. Y en general, el tono de los ataques de los viejos bolcheviques tenía que ver con una traición a los principios. Si en el Congreso, finalmente triunfa Lenin es por la presencia y la presión de los bolcheviques de base. Sin embargo, hoy, cien años después, debemos tomar en consideración otros aspectos. ¿Por qué permanecían presos de la necesidad de definir cuál era el carácter de la revolución que les tocaba vivir? Se trata, en cierto sentido, de una cuestión filosófica o mejor epistemológica. En la base de todo se encuentra el enfoque según el cual existen “leyes históricas” que determinan la línea del progreso. En ese orden de ideas parecía un exabrupto intentar “saltarse” la etapa necesaria de la revolución burguesa. Muy ligado con este enfoque aparece cierto historicismo que lleva a postular una necesaria “sucesión” de las clases en el poder. Y lo peor de todo, la identificación de clases con partidos –a cada partido corresponde una clase, y viceversa– que impide entender la complejidad de los procesos sociales y las formas de la subjetividad social y política.

Tal era la interpretación que la socialdemocracia había hecho de las tesis de Marx. No había posibilidad de predicar la emancipación política y social de los seres humanos si al mismo tiempo no se demostraba que se estaba en la etapa correcta y si no se encontraba la “clase portadora” que además estuviera en el orden de la sucesión. Por eso no había posibilidad de diálogo con el anarquismo para el que la emancipación era ciertamente obra de los trabajadores mismos pero entendidos éstos en un sentido amplio, y bajo la condición de asimilar la emancipación como un valor siempre vigente y actual.

***

En síntesis, las tesis de Lenin contribuyeron a corregir, a reorientar, la política bolchevique. Salvaron ese partido de hundirse y perecer arrasado por la historia. Pero sólo eso. Sin necesidad de ello ya miles y miles de obreros, de campesinos y de soldados habían llegado a parecidas si no idénticas conclusiones, o sea que “todo el poder debía pasar a los soviets”.

 Los tres textos se encuentran publicados ahora en español por la editorial de la “Fundación Federico Engels”. V.I. Lenin “Tesis de Abril” Madrid, 2004

Publicado enEdición Nº234
Martes, 02 Mayo 2017 17:22

Once días de noviembre

Once días de noviembre

Pertenezco a una generación que estaba apenas asomándose a los rigores de la vida cuando aquel noviembre de 1985 entró en escena. Lo primero que sucedió es que un grupo de guerrilleros tomó por asalto el mismísimo corazón de la justicia colombiana, su emblema y su palacio. Pero incluso aquel horror que nos cayó de súbito no nos permitió intuir que obscenidades de todas las índoles se nos vendrían encima con los años, porque a nuestra historia todavía le cabrían más de aquellas infamias que hacen su nido en la tozuda necedad del hombre. Una semana después, un bramido de la tierra llegó para anunciarnos las furias que reverberaban dentro; entonces nos descubrimos todos, no solo aquellos que vivieron en Armero, sepultados por un alud de lava, lodo y nieve que por cientos de años se había encumbrado en el Nevado del Ruiz. La naturaleza, soberbia, parecía reservarse la versión más cruenta del horror, por encima de nuestras vilezas.

Aún nos falta mucho para comprender la dimensión y el absurdo de aquellos días fatídicos. Porque la historia nos ha demostrado que no bastan los informes, las crónicas, folios investigativos y el trabajo periodístico esmerado para reconstruir los hechos desde su lado más humano, y llegar por fin a esa verdad que nos ha eludido con destreza. Para ese proceso de reconfiguración resulta imperativa otra mirada, quizá más acuciosa y decantada, ennoblecida por la literatura, sometida a los entresijos del oficio de escribir, como la que nos lega a través de esta novela Óscar Godoy Barbosa con una prosa sólida, entrometida hasta la minucia, consciente de que este colosal emprendimiento literario es nuestra única opción para conjurar el olvido.

Andrés Mauricio Muñoz

 

Puede escuchar el audio de la entrevista con el escritor Óscar Godoy Barbosa ingresando a este link:

http://caracol.com.co/programa/2017/07/17/el_club_de_lectura/1500302069_231602.html

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Domingo, 30 Abril 2017 08:04

Murió el hombre que derrocó a Allende

Foto: Luis Hidalgo, Aton Chile

 

Agustín Edwards Eastman, que durante casi seis décadas manejó el imperio periodístico del diario chileno El Mercurio, vehículo de la censura durante y después de la dictadura de Pinochet, falleció sin haber rendido nunca cuentas ante la justicia por su papel en el golpe de 1973.

 

Chile, 1993. Eran los primeros tiempos de la democracia y aunque Augusto Pinochet hacía las veces de eminencia gris desde la comandancia del Ejército, nadie dudaba de que la libertad de expresión y de pensamiento era un viento que barría el país de cordillera a mar. En las más de treinta escuelas universitarias de periodismo –muchas de ellas producto del mercado de la educación creado por la dictadura a partir de 1980–, miles de jóvenes estudiaban con la ilusión de romper con palabras las ataduras legales y espirituales dejadas por el régimen autoritario. Entre esas escuelas, una de las mejores era la de la universidad privada Diego Portales, cuya directora se preciaba de haber construido en los años de plomo un espacio para el libre intercambio de ideas. Fue en ella, sin embargo, donde este corresponsal, recién llegado de la Bbc de Gran Bretaña, vio por primera vez la cara del temor que lleva a la autocensura.

Invitado por la directora a contribuir con un artículo para la revista institucional Reflexiones Académicas, aquel periodista venido de un Londres donde el periodismo tuvo un papel destacado en poner fin al delirio neoliberal de Margaret Thatcher centró su escrito en el problema del dominio absoluto de la prensa chilena que ejercían los diarios con una visión conservadora y provinciana del mundo, encabezados por El Mercurio. “¿Podrías hacer algo más neutro, sin atacar directamente al diario?”, fue la solicitud, casi en tono de súplica, que recibió el catedrático contribuyente después de que el consejo académico hubo revisado el artículo. Tras una larga discusión sobre el estado de los medios nacionales y la libertad para analizarlos críticamente que debía tener un establecimiento de formación de periodistas, vino la confesión de la directora: “Es que para nosotros es muy importante que nuestros alumnos hagan sus prácticas en El Mercurio...si alguien se ofende en el diario y nos niegan esa oportunidad, esta escuela no será nada”.

 
APOLOGÍAS Y ALABANZAS.


El Mercurio, fundado en Santiago en 1900 por la misma familia propietaria del diario más antiguo del continente, que con igual nombre se publica en Valparaíso desde 1827, es la cabeza del imperio periodístico que durante casi seis décadas manejó con paternalismo autoritario Agustín Edwards Eastman, el hombre cuyas conversaciones con Henry Kissinger y Richard Nixon, a los pocos meses del triunfo electoral de Salvador Allende, fueron decisivas para el apoyo de Washington al derrocamiento del primer presidente socialista de Chile. Sin haber rendido nunca cuentas ante la justicia por su papel en el golpe de 1973, al igual que Augusto Pinochet, Edwards falleció el lunes 24 de abril y fue sepultado entre panegíricos y apologías, con la voz categóricamente discordante del Colegio de Periodistas. Esta organización profesional, que fue la única en tomar alguna medida para sancionar al dueño de El Mercurio por su golpismo y le dio de baja como afiliado (aunque sólo pudo hacerlo en 2015, con una comisión directiva que no temió a su influencia), expresó en un comunicado que el difunto magnate de la prensa dejó un oscuro legado, “tanto por sus acciones personales como por su manejo de las empresas periodísticas que controló, las que fueron el soporte comunicacional de la conspiración contra el sistema democrático al servicio del golpe militar, que ensombreció Chile a partir del 11 de setiembre de 1973 e instauró la dictadura cívico-militar que sobrevino, con su secuela sistemática de violaciones a los derechos humanos y que fuera ampliamente respaldada por El Mercurio y sus medios asociados”. Para el gobierno de Michelle Bachelet, cuyo padre murió a causa de las torturas que le infligieron aquellos a quienes El Mercurio ayudó a tomar el poder, la figura de Edwards fue apenas“controversial”, y se trató, en las palabras de la portavoz de La Moneda, de una persona que “jugó un rol histórico en un momento importante en nuestro país, que tuvo que ver con el término de nuestra democracia y el comienzo de una dictadura”.

 

VÍNCULOS CON ESTADOS UNIDOS.


El Mercurio integra la alianza de periódicos conservadores americanos denominada Grupo Diarios de América, pero su línea editorial antiizquierdista y neoliberal hace que, por comparación, medios como El País uruguayo, La Nación argentina o El Comercio de Perú parezcan publicaciones de centro-izquierda. Agustín Edwards, como lo revelaron hace unos años los documentos desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos, incluso trató de impedir la llegada a la presidencia del antecesor demócrata cristiano de Allende, Eduardo Frei. Según la biografía no autorizada que publicó en 2014 el periodista Víctor Herrero, fue en la década de 1960 que comenzó el acercamiento del propietario de El Mercurio a los servicios secretos estadounidenses. Por otra parte, John Dinges y Saul Landau, autores de una investigación periodística sobre el asesinato, en Washington, de un ex ministro del gobierno allendista, describieron en detalle la reunión en la Casa Blanca del que llamaron “el archiduque de la nobleza sin títulos chilena”, el 15 de setiembre de 1970. De allí salió la instrucción de Nixon a la Cia para “apretar la economía chilena hasta que grite”. Tal mandato significó para el diario de Edwards un aporte de alrededor de dos millones de dólares, bien documentado por el Comité Church del Senado norteamericano, que en 1975 recopiló información sobre el papel de la Cia en el derrocamiento de Allende.

 
CENSURA Y DOMINIO.


La derecha chilena siempre ha sostenido que el gobierno socialista trató de asfixiar financieramente a El Mercurio, pero lo cierto es que durante los tres años del allendismo el periódico sobrevivió sin pérdidas importantes de circulación y con todo el respaldo publicitario de una comunidad empresarial que se sentía amenazada por los cambios económicos y sociales. El apoyo propagandístico al modelo neoliberal impuesto por la dictadura fue recompensado con la condonación de deudas y créditos ventajosos, en tanto que varios ministros y otros funcionarios del régimen se convirtieron en miembros de la junta directiva o columnistas y editorialistas. Por otra parte, Edwards aplicaba con celo la censura en nombre del gobierno dictatorial; en 1982, por ejemplo, despidió al director del diario y hombre de su confianza, porque se había atrevido a publicar un editorial de crítica al asesinato, cometido por los agentes pinochetistas, de un importante dirigente sindical demócrata cristiano. Aunque El Mercuriosolía mantener un estilo distante y doctoral en sus artículos y comentarios, otros diarios del grupo, como el vespertino La Segunda, sumergían en dudas las denuncias sobre los detenidos desaparecidos y justificaban con titulares crueles las acciones de los militares.“Exterminados como ratones” es un titular recordado hasta hoy por los familiares de varias decenas de militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que fueron eliminados mediante las coordinaciones con otras dictaduras de la región.

Los gobiernos democráticos, que no se han apartado mucho del sistema del libre mercado que fue bien montado por los socios civiles de Pinochet, se mostraron indiferentes ante la suerte de las publicaciones que otrora habían sido opositoras al gobierno dictatorial. Así fue como el mercado de la prensa quedó dividido entre dos grupos que se alinean con la derecha: La Tercera y El Mercurio, y este último pudo adquirir casi todos los diarios del interior del país, acaparando más del 80 por ciento de su circulación. Además, la inexistencia de una sanción social para el papel desempeñado por el diario de Agustín Edwards en la historia reciente permitió que el propietario siguiese siendo poderoso e influyente en los más diversos ámbitos.

 
DE TAL PALO.


La cercanía con sectores conservadores católicos, principalmente el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, hace de El Mercurio el abanderado de cruzadas morales contra leyes como la del divorcio, que apenas entró en vigencia en 2004, o la de terminación del embarazo y salud reproductiva, aún detenida en el Senado, pese a que el aborto está prohibido en todas sus formas y una mujer puede ser obligada a llevar en su vientre un feto muerto hasta el parto natural. A una alumna de periodismo, que ante el ofrecimiento de un trabajo en El Mercurio me consultó sobre cómo determinar los márgenes de libertad editorial en el diario, quien esto escribe le sugirió que simplemente preguntase si podría entrevistar a personas que respaldaran la ley de divorcio. Hecha la pregunta a la editora de la sección de ideas y cultura, la respuesta fue inequívoca: “¡Aquí no publicamos opiniones favorables al divorcio!”.

En 1992, un hijo de Edwards fue secuestrado por un grupo guerrillero; mediante unos pocos telefonazos, el padre consiguió que ni las autoridades ni los medios divulgaran la noticia por algunas semanas, y trajo asesores del Fbi y los servicios secretos ingleses para que le indicaran cómo negociar con los secuestradores. Después de la liberación de Edwards hijo, que se concretó sin la intervención de las autoridades nacionales, el propietario de El Mercurio creó una fundación para combatir el crimen, que en la actualidad es un referente para todos los gobiernos. La publicación periódica de los datos de la Fundación Paz Ciudadana se constituye en noticia de primera plana y suele ser una fuente de críticas al gobierno por el tema de la seguridad pública, pese a que Chile es estadísticamente uno de los países más seguros del continente. Por ello, es dable suponer que la influencia de Agustín Edwards, encarnada en El Mercurio y en un hijo mayor que tomará las riendas del grupo –quien en las fotografías parece un clon de su padre, hasta en la vestimenta–, seguirá condicionando el desarrollo del Chile democrático.

 

 

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