Foto: Catalina Sántiz mete leña en el horno antes de empezar a cocinar. Yocwitz, Chiapas (México) (Martiza Lavin / Oxfam Intermón)

Si nadie hiciese el trabajo que garantiza la vida, todo el sistema económico mundial colapsaría. Y, sin embargo, el 75% de esas labores lo hacen las mujeres y niñas sin recibir ninguna remuneración a cambio. Y un 16%, a cambio de salarios indignos: las trabajadoras domésticas son el colectivo laboral más pobre del mundo. 

La filosofía consiste en repreguntarnos qué son realmente aquellas cuestiones que damos por sentado. Por eso, Tiempo para el cuidado, el último informe de Oxfam Intermón, dedicado al trabajo de cuidados remunerado y no remunerado, tiene mucho de filosófico: cuestiona y desmonta la forma en la que se ha concebido hasta ahora el sistema económico dominante, que ha desembocado en la sociedad más desigual de la historia de la humanidad: nunca la diferencia entre una minoría ínfima de milmillonarios ha sido tan grande con la de la inmensa mayoría de la población mundial.

Pero también hay mucho de aproximación filosófica en el informe de esta ONG porque más allá de realizar un diagnóstico de la situación actual, propone un modelo radicalmente distinto que configuraría otra forma de convivencia: una en la que los cuidados de los niños, niñas y ancianos, de las personas enfermas o con alguna discapacidad, en la que cocinar, lavar, buscar leña y agua –las labores que permiten que no muramos, que sobrevivamos– estén en el centro de las políticas públicas, sean remuneradas dignamente, garantizando así que todas las personas vean respetado su derecho a ser cuidados; y aquellas que cuidan a gozar de derechos políticos, sociales y económicos iguales que el resto de los trabajos.

Una propuesta de una lógica aplastante y que, sin embargo, subvertiría un sistema económico sexista basado en la explotación del trabajo de las mujeres y niñas y que, como estamos viendo con las numerosas protestas que se suceden por todo el globo, se ha demostrado fallido e insostenible. Un sistema diseñado dirigido mayoritariamente por hombres que explicaría igualmente que sean estos, en términos globales, los que gozan de un 50% más de riqueza que las mujeres. 

Solo en España, la ONG estima que en 2018 se destinaron más de 130 millones de horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, una cifra que equivaldría a 16 millones de personas trabajando una jornada laboral diaria sin percibir ninguna remuneración y el 14,9% del PIB, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La crisis global de la desigualdad

“La desigualdad está fuera de control”. Así comienza el informe Tiempo para el cuidado, de Oxfam Intermón. A partir de aquí, una sucesión de datos aplastantes. En 2019, los 2.153 milmillonarios que hay contabilizados a nivel mundial poseían más riqueza que 4.600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo gozan de más dinero que todas las mujeres de África. El 1% más rico de la población ostenta más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas. Y, atención: la entidad calcula que el trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres de más de 15 años en todo el mundo superaría los 10,8 billones de dólares anuales, el triple que el tamaño de la industria tecnológica mundial. 

Pero hay una receta para acabar con tanta desigualdad: “sólo con una subida de un 0,5% en el tipo de impuesto que grava el patrimonio del 1% más rico del mundo, se podría recaudar fondos para crear más de 117 millones de puestos de trabajo en sectores como la educación, la salud y la asistencia a las personas mayores, acabando así con los déficits de cuidados en estos ámbitos”, expone la ONG en su informe. 

En este sentido, el reconocido economista Thomas Piketty propone en su último libro un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los milmillonarios que haga circular la propiedad para volver a los niveles de concentración de la riqueza de los años 70. Así, los más ricos seguirían teniendo más de 100 millones de dólares, lo que les permitiría seguir gozando de un estatus privilegiado. Con lo recaudado, como contamos en el último dossier de la revista de La Marea, plantea una herencia de 125.000 euros a todas las personas cuando cumplan 25 años para que puedan desarrollar su proyecto vital y profesional. 

El equipo de Piketty, como subraya Oxfam Intermón, ha demostrado la aceleración de la concentración de la riqueza desde 1980, periodo en el que el 1% de la población más rica del mundo ha recibido 27 centavos por cada dólar de crecimiento de los ingresos a nivel mundial, mientras el 50% más pobre, solo 12 centavos. Más datos: solo el 4% de la recaudación fiscal mundial procede de los impuestos sobre la riqueza y, según estudios recogidos por el informe, las grandes fortunas eluden hasta el 30% de sus obligaciones fiscales. Una dinámica que hace inviable la reducción de la pobreza, que se ha estancado desde 2013 a la mitad tras dos décadas de importantes avances. La mitad de las personas que habitan el planeta trata de sobrevivir con 5,5 dólares al día o menos.    

El trabajo doméstico en España 

El informe estima que hay unos 67 millones de trabajadores del hogar en el mundo, el 80% mujeres, y que de estos sólo uno de cada diez está protegido por legislaciones laborales asimilables al resto de empleos. Tampoco en España donde una reforma de 2011 les reconoció algunos derechos, pero las mantuvo en un régimen especial por el que no tienen derecho a la prestación por desempleo, vacaciones ni a un finiquito, entre otros derechos básicos.  

En el acuerdo suscrito por el PSOE y Unidas Podemos para la conformación del gobierno de coalición se recoge “la plena integración en el Régimen General de la Seguridad Social de las empleadas del hogar a lo largo de la legislatura. Firmaremos y ratificaremos el Convenio número 189, de 2011, de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos”. 

En este sentido, Lara Contreras, economista y responsable de relaciones institucionales de Oxfam Intermón, da la bienvenida al anuncio en declaraciones para lamarea.com, pero teme que no suponga la igualación total de derechos. “Esta equiparación podría suponer un incremento del gasto en cuidados, que deben asumir las empresas y el Estado, responsable de garantizar el derecho de ser cuidado de cualquier persona y que las que cuidan lo hagan con los mismos derechos que el resto”. En este sentido, reivindica la recuperación de la Ley de Dependencia, pero completa, no solo subiendo los mínimos a recibir por las personas dependientes. «Debe destinarse la financiación suficiente para que todas las personas reciban la atención que necesitan».

Y de nuevo, el quid de la cuestión está en la reforma del sistema fiscal: “Esperamos que se cumpla el compromiso de que las grandes empresas paguen el 15% del tipo efectivo, que se grave más el capital y la riqueza y que la lucha contra la evasión fiscal sea una de las primeras medidas adoptadas”, resume Contreras. Según su ONG, con un incremento de solo el 0,5% del impuesto sobre el patrimonio del 1% más rico se podrían crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud y la asistencia a personas mayores. 

Esta misma semana, Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico -una asociación madrileña de trabajadoras del hogar migrantes- ha relanzado su recogida de firmas en change.org para que el gobierno de Sánchez suscriba el convenio 189 de la OIT, y acabe con el limbo en el que se encuentra más de 1,5 millones de mujeres que trabajan en el sector de cuidados en España sin estar dadas de alta en la Seguridad Social. 

“Hemos enviado cartas al Gobierno, pero no se trata solo de aprobar el convenio, sino de que se aprueben medidas que acaben con la precariedad en el sector”, subraya Pimentel. “El encarecimiento de la vivienda está provocando que muchas mujeres vuelvan a trabajar como internas porque no se pueden permitir un alquiler o una habitación en un piso compartido, que no hay suficientes además. También debe derogarse la Ley de Extranjería, que condena a las mujeres que son expulsadas de sus países a ser invisibles durante tres años”. Pimentel enumera algunas de las últimas ofertas de trabajo de las que han tenido constancia: “En Barcelona pedían una chica que no tenga hijos y que libraría dos veces al mes por 300 euros mensuales. A otra le ofrecían trabajar los fines de semana cuidando a una señora enferma por 200 euros…”.

Pimentel coincide con Contreras en la corresponsabilidad del Estado: “Hay familias que no se pueden permitir pagar un salario digno con la Seguridad Social porque ellas mismas son precarias, por eso tiene que apoyar el Estado. El mismo Estado que tiene que proteger a esas mujeres que ahora tienen más de 50 años, que no encuentran trabajo, que no han cotizado por ellas y que se encuentran en una situación muy dura después de una vida de trabajo”. 

La crisis global de los cuidados 

Oxfam advierte de la crisis de los cuidados que va a provocar el envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y sistemas de protección social y la crisis climática. Se estima que en 2025 se calcula que 2.400 millones de personas vivirán en zonas sin suficiente agua, por lo que mujeres y niñas tendrán que recorrer mayores distancias para recogerla. Recuerda también que el calentamiento global reducirá la producción de alimentos y aumentará la afectación de enfermedades, lo que aumentará el tiempo exigido a mujeres y niñas para hacer frente a esta situación

Para construir una sociedad más justa e igualitaria, Oxfam recuerda la propuesta de las 4R que economistas feministas, trabajadoras de cuidados y la sociedad civil llevan años proponiendo: reconocer los cuidados como un trabajo que aporta un valor real, reducir el número dedicadas a estas labores de manera no remunerado, redistribuir estas tareas de manera equitativa en las familias y trasladar su responsabilidad al Estado y al sector privado, y que las proveedoras de cuidados más excluidas tengan representación en el diseño y ejecución de las políticas que afectan a sus vidas.

Pero sobre todo, la investigación de Oxfam insta a los gobiernos a invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que “permitan abordar la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y niñas”, acabar con la riqueza extrema para erradicar la pobreza extrema, legislar para proteger a las personas que se ocupan del trabajo de cuidados y garantizar salarios dignos a sus trabajadoras y que tengan influencia en la toma de decisiones, combatir las normas sociales y las creencias sexistas, así como promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor el trabajo de cuidados. 

Reivindicaciones que ya están liderando las trabajadoras etíopes en Líbano a través de Engna Legna Besdet, haciéndose oír en Sudáfrica a través de la campaña Domestic Workers Rising y convirtiéndose en políticas públicas en Uruguay o Nueva Zelanda. 

El gobierno de coalición “no tiene un programa feminista”

“El pacto de gobierno tiene apartados que hablan de derechos de las mujeres que están bien, como en el ámbito de la lucha contra la precariedad laboral, que impactará especialmente entre las mujeres, las más precarizadas. Pero no es un programa feminista porque no pone en el centro de la economía y las políticas, que es lo que define ser feminista, los cuidados y la lucha contra la desigualdad y la pobreza ”, sostiene Lara Contreras.

22 enero 2020 

Publicado originalmenten lamarea

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"La robotización creará millones de empleos que hoy no somos capaces ni de imaginar"

El sector industrial se ha automatizado casi por completo. Los 3.500 ingenieros, diseñadores, investigadores y desarrolladores de software que han visitado esta semana Madrid prestaban poca atención a los robots destinados a fábricas donde apenas quedan unos pocos seres humanos que las controlan. Esa es una etapa superada para los asistentes al International Conference on Intelligent Robots and Systems (IROS), cuya edición de 2018 se ha centrado en los "robots colaborativos": las máquinas que en el futuro próximo van a compartir el espacio vital de los seres humanos, no solo como herramientas de trabajo pesado.

Esta inmersión de la máquina en nuestra vida diaria también implicará la automatización de tareas, pero esta vez en el sector servicios. La robótica mira a los coches autónomos como su gran meta y algunos de los investigadores más expertos lo señalan como un punto de inflexión. En cuanto los coches se conduzcan solos la desaparición de trabajos como el de cajero de supermercado, recepcionista o reponedor será cuestión de tiempo. Así lo piensa Carlos Balaguer, catedrático de robótica de la Universidad Carlos III y presidente y organizador de IROS, que defiende en entrevista con eldiario.es que, pese a todo, esta tecnología traerá más alegrías que desventuras.


Todo el mundo en IROS2018 habla de los "robots colaborativos". ¿En qué consistirá este nuevo avance?


El concepto 'robot colaborativo' es muy amplio, es más una etiqueta comercial. Consiste en señalar que antes los robots estaban como en una jaula, aislados, y nadie podía estar cerca de ellos por seguridad, porque podían herirte. Ahora se pretende que sea al revés: los robots están en el campo de acción de las personas, que pueden cogerlos, moverlos, manipularlos y ellos te obedecen.


¿Los robots saldrán de las fábricas y llegarán a las casas?


Una de las ideas en las que se está trabajando es en el robot que sirva en el "Me he olvidado las gafas, ¿dónde están? Espere que se las traigo". Aquí no hay una colaboración física, el robot no se toca con la persona; pero también es un tipo de colaboración, a un nivel más inteligente. El robot sabe dónde están las gafas y que son las tuyas, no las de tu mujer. ¿Cómo se va a desarrollar? ¿Cuándo va a estar listo? Es una incógnita, es complicado.


¿Qué falta para llegar a ese tipo de robots?


Nuevas empresas que hoy en día no existen: las empresas tradicionales no van a hacer esto. Tendrá que crearse una Nokia, como la que creó los teléfonos móviles. Nadie la conocía y de repente, ¡pum!. Esa Nokia robótica a día de hoy no existe. ¿Por qué? Porque la crisis ha afectado a la inversión. La gente no invierte en cosas excesivamente novedosas, y en segundo lugar, porque todavía hay algunas tecnologías que no están maduras, en el sentido de que sean más seguras, que funcionen 24/7... Esto yo creo que vendrá muy pronto, no sé si en 10, 15 o 20 años.


¿Esa Nokia robótica podría ser española?


La crisis que hemos tenido en España, brutal con las universidades, ha llevado a que nosotros, siendo un grupo muy grande y muy activo, hayamos leído muchísimas tesis. Por lo menos cuatro o cinco al año. Pero a esa gente no la podíamos colocar. Nadie nos daba plazas ni dinero. Esta gente joven, con mucho conocimiento y sin trabajo, ¿qué ha hecho? Colaborar con sus universidades. Les hemos ayudado, casi sin quererlo, a crear más de 10 spin off. A unas les va mejor, a otras les va peor. Esta tecnología, estas empresas, este mercado, saldrá de algún lugar como IROS. Eso sí: falta un "creemos en usted, vamos a poner 10 millones de euros". Si pones 5.000 euros, pues no.


¿Qué ocurre con la financiación pública a este tipo de proyectos?


Crear una spin off tecnológica en España son 3.000 euros y mes y medio de papeleo. Esto es inaceptable. ¿Qué hacen mis chicos? Por 50 libras se registran en Reino Unido y en tres días tienen una licencia de empresa. Además, si demuestran que ganan equis al año les hacen deducciones. En España, en estos temas, da igual un partido que otro. Todos dicen: 'ay que interesante, no lo sabíamos, tomo nota...'. La implicación del sector publico es fundamental. No solo en el dinero, sino para dar facilidades. Aquí, por desgracia, ni lo público ni lo privado funcionan bien. La situación del investigador es muy complicada.


¿Qué diría a la gente que teme la robotización por la pérdida de empleos?


Está claro que la robótica está muy unida al empleo. Pero en general es la digitalización la que está unida al empleo. Que van a desaparecer empleos con esta robótica mucho más avanzada es cierto. Habrá empleos de muy baja cualificación, muy repetitivos, como el de cajero de un supermercado, que lo harán robots. Este tipo de trabajos van a crear paro.
De lo que nadie habla es de que la robotización creará millones de empleos que hoy no somos capaces ni de imaginar. Quiero decir, ¿hace 10 años alguien se imaginaba que habría tanta empresa de apps? Si nadie sabía qué era eso. Ahora hay miles de empresas, miles de empleos. Y no todos son ingenieros.


Con la robótica va a pasar lo mismo. ¿Se creará paro en algunos sectores? Sí. ¿Hay que vigilar a los más vulnerables? Sí. Pero va a dar unas oportunidades tremendas de empleo, de negocio, que ni nos imaginamos. Por ejemplo en empresas que desarrollen programas de robot de ocio, eso a lo mejor es un boom y empiezan a aparecer empleos, millones. Yo sería muy cuidadoso afirmando eso de que "vamos a eliminar empleos, esto será fatal". Siempre, durante la historia de la humanidad, la tecnología nos ha traído riqueza.


¿Estamos lejos de los robots que se programen a sí mismos?


Muy lejos. Los avances ahora mismo son muy, muy grandes, pero estamos muy lejos de los robots con inteligencias asimilables a la humana. El robot ahora mismo puede hacer todo para lo que se le programe con un gran nivel de detalle. Puede entrar en esta habitación y mapearla en tres segundos. Pero luego no sabe que esa mesa es una mesa, y sus características como mesa.


Para eso hay que enseñar, pero el proceso de enseñar no es fácil. Surgen muchos problemas que nosotros pensamos que son fáciles y realmente no lo son. Cuando nos referimos a robots inteligentes, nos referimos a capaces de tomar una serie de decisiones por ellos mismos. No a una inteligencia dinámica, capaces de autoprogramarse.

"Con la web y el móvil, está desapareciendo la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de vida"

En pleno fin de semana y de madrugada, recibimos un mensaje del trabajo. ¿Cuál es nuestra respuesta? Leerlo y contestar. Este es el impactante -por lo común y cotidiano- punto de partida del último libro del filósofo Maurizio Ferraris, Movilización total.

El título remite a un concepto acuñado por el filósofo y escritor Ernest Jünger en 1930, mediante el cual se trataba de pensar la novedad que supuso la I Guerra Mundial: hizo desaparecer las distinciones entre el trabajo y el ocio, entre lo público y lo privado, entre la producción y la reproducción, promoviendo una "disponibilidad absoluta" en el tiempo y el espacio al poder económico-militar.


¿Vivimos hoy, paradójicamente en tiempos de paz, una nueva "movilización total"? ¿Están desapareciendo, con las nuevas formas de trabajo y de comunicación, las fronteras entre los tiempos de trabajo y los tiempos de la vida? ¿Estamos hoy, mediante nuestros teléfonos móviles, siempre "disponibles" a la llamada del poder?


Ese mensaje que usted recibe, las "llamadas" que recibimos todos los días a través de nuestros móviles, no hay que confundirlas con simples transmisiones de información, con meras formas de comunicación, sino que hay que pensarlas más bien como un mandato, como una orden. Es su propuesta. ¿Qué tipo de orden? ¿Una llamada a hacer qué?


Como una orden que se apoya en la misma autoridad que la de “el rostro del otro” en la ética de Lévinas: el otro me llama, tengo que responder, no responderle significaría negarle la dignidad humana, no considerarlo como un interlocutor. Pero, obviamente, esta autoridad no es necesariamente tan noble y humanitaria. Puede ser la autoridad de un superior, la carta del emperador o, en definitiva, de alguien que tenga poder sobre nosotros y que nos pide algo, por ejemplo que trabajemos a cualquier hora estemos donde estemos. Da igual que se trate del rostro del otro como debilidad, o de una petición autoritaria, es en cualquier caso una orden, y el mundo social está basado precisamente en esta orden: en el fondo, si no respondiera a sus demandas sería descortés, pero si respondo a sus demandas reacciono a una orden, por muy amable y cordial que sea.


¿Por qué respondemos a la llamada? ¿Qué hace de ella algo tan irresistible? ¿Qué papel juegan ahí tanto la responsabilidad individual a la que interpela la llamada como la búsqueda de reconocimiento a la que estamos tan sujetos hoy?


Imaginemos un mundo en el que no se respondiera nunca a las llamadas. Sería un mundo sin móviles, obviamente, pero también un mundo sin cartas (¿para qué escribir si nadie responde?), sin libros (¿para qué escribir si nadie lee?), por lo tanto también sin blogs (y, por lo tanto, cabría preguntarse qué hacemos usted, quien nos lee en este momento y yo). Lo que sería peor: sería un mundo sin humanidad, porque los seres humanos son animales sociales, por tanto responden a la llamada, por definición. Me parecen argumentos suficientemente sólidos para responder a la llamada.


La culpa, ese sentirse permanentemente en culpa que usted menciona, es sin duda una de las fuentes actuales de sufrimiento (tantos mails por responder, etc.). ¿Cómo entender esa "culpa", un mal que parecía asociado a paisajes culturales impregnados de lo religioso? ¿Y qué puede hacerse para combatirla, si es que puede hacerse algo?


La culpa, efectivamente, parece tener que ver con lo religioso: el “¿Dónde estás?” que decimos al teléfono recuerda mucho el “¿Dónde está tu hermano?” con el que Dios interpela a Caín. Al mismo tiempo, no creo que el sentimiento de culpa sea un efecto de la religión; más bien, la religión es una de las infinitas consecuencias del sentimiento de culpa, que parece consustancial a la naturaleza humana.


Y que nos aflija el sentimiento de culpa no es en absoluto un mal. Cuando encontramos a alguien inmune al sentimiento de culpa, difícilmente estamos ante un espíritu libre nietzscheano (suponiendo que algo así haya existido alguna vez, dado que Nietzsche era de todo menos inmune al sentimiento de culpa). La mayoría de las veces se trata de un idiota, un insensible, un bruto, un criminal. En otras palabras, sentirse culpable no es bueno, pero no sentirse culpable es peor.


El título del libro, y mucho de su reflexión, remite al concepto de "movilización total" en Jünger. En ese ensayo de 1930, se analiza cómo el poder militar-económico exige una disponibilidad total, se alimenta de la destrucción de sentidos capaces de orientarnos autónomamente y elimina las fronteras entre el trabajo y el ocio, el dentro y el fuera, la producción y la reproducción, lo público y lo privado. ¿Cómo se relaciona usted con ese concepto de Jünger? ¿Cómo lo retoma y cómo lo resignifica? ¿Cómo puede ser que un concepto de 1930, asociado a la experiencia de la Primera Guerra Mundial, sirva hoy para explicar el presente?


Obviamente, es una paradoja y fue esta paradoja la que me hizo reflexionar. Jünger soñaba con un estado totalitario, pero este estado totalitario se llevó a cabo de forma imperfecta. Todavía en 1943, Goebbels se quejaba de que en Alemania no estuviesen dispuestos aún a la guerra total y de que quedaran resquicios de vida burguesa. Se podría concluir que si ni siquiera los nazis fueron capaces de llevar a cabo la movilización total, entonces no lo puede conseguir nadie. Sin embargo no ha sido así.


Medio siglo después de la segunda guerra mundial, y en países liberales, caracterizados por un fuerte énfasis en lo que se refiere a los derechos individuales, han aparecido la web y el teléfono móvil, y en este momento ha empezado a realizarse la movilización total: la exigencia de responder en cualquier momento; la desaparición de la diferencia entre el tiempo de trabajo y el tiempo de la vida (que era, no solo el sueño de Jünger, sino también uno de los sueños de la sociedad comunista según Marx); la desaparición de las clases, sustituidas por mónadas conectadas las unas a las otras a través de las pantallas de sus aparatos (y también la desaparición de las clases era un objetivo no solo de Jünger sino también de Marx).


El resultado es, paradójicamente, que nuestra sociedad –la llamada sociedad neoliberal, turbocapitalista, etc.– ya no es capitalista, y recuerda por el contrario aspectos del comunismo realizado según Marx. En lugar de mercancías producimos documentos (o sea que ponemos en primer plano la relación entre las personas que precedentemente se escondía y se reificaba en las mercancías). En lugar del trabajo retribuido tenemos una movilización no retribuida cuyo único objetivo es el reconocimiento por parte de los demás (no hay nada más narcisista que el selfie: Narciso no estaba conectado, quien se hace el selfie sí y se lo hace precisamente porque está conectado). En lugar de la alienación que nos fuerza a realizar gestos repetitivos que se reproducen durante horas a lo largo de toda una vida laboral, tenemos la desaparición de la diferencia entre vida y trabajo, o sea la realización de la humanidad comunista de La ideología alemana, aquella en la que por la mañana se va a pescar, por la tarde se critica, por la noche se atiende al ganado (mutatis mutandis: por la mañana se vuela low cost, por la tarde se discute en un blog, por la noche se participa en un festival Talent...).


¿Estamos contentos? Es obvio que no. Pero al menos tenemos que hacer una cosa, por honestidad intelectual: dejar de hablar de turbocapitalismo, de liberalismo desencadenado, de tramas astutas y de complots, y en su lugar, fijarnos en las características del mundo en el que vivimos (y en nuestras responsabilidades dentro de él). Solo este examen de la realidad hará que la crítica sea eficaz, y posible la transformación.


Sin duda, en la actual "movilización total" uno de los factores más importantes es el registro, la escritura. Es lo que hace de la llamada algo "vinculante", lo que permite la trazabilidad, lo que sostiene el orden. ¿De qué tipo de registro y escritura se trata en el caso de la web y el móvil? ¿Qué diferencia esta "escritura" de otras escrituras de poder (la del poder burocrático, por ejemplo)? ¿Cuál es el poder específico de esta?


No creo que la escritura en la web sea diferente a la del poder burocrático, es lo mismo, y precisamente por esta razón la web moviliza con la misma autoridad, y con mayor eficacia (siendo ubicua) que la burocracia tradicional. Tanto es así que la burocracia se hace más potente –y no solo más user friendly, como a menudo se sostiene– a través de la web. Ya no tenemos que hacer cola para obtener documentos, esta es la comodidad para nosotros. Pero por otra parte, la burocracia puede saber muchas cosas (si hemos pagado las facturas, cuál es nuestra renta) y tener la certeza de que sus mensajes nos llegan al instante, y nos llegan a nosotros, a nuestro smartphone. Esta es la comodidad para la burocracia.


Sobre todo, entre nosotros y la burocracia ya no hay diferencia ya que cada uno se convierte en burócrata de sí mismo y de los demás: el doble check de Whatsapp es un potentísimo sistema jurídico y burocrático que asegura con certeza no sólo que hemos recibido el mensaje, sino también que lo hemos leído y que, por lo tanto, somos plenamente responsables de nuestra posible no respuesta.


¿Podemos no responder a la llamada? ¿Imagina usted formas individuales y colectivas de in-disposición, de olvido, de pérdida e ilocalizabilidad? Rechazar la visibilidad y la trazabilidad, ¿es necesariamente suicida? Toda una serie de pensadores y grupos radicales contemporáneos, como Franco Berardi (Bifo) o el Comité Invisible, están pensando (y tratando de practicar) formas de "desconexión": anonimato, invisibilidad, sustracción, etc. ¿Cuál sería, en este sentido, su propuesta, su línea de fuga?


Mi línea de fuga no es la desaparición, sino la comprensión. Desaparecer, volvernos ilocalizables, es la solución romántica: ir a vivir al campo y soñar con ese estado de naturaleza. Pero, ¿qué le decía Voltaire a Rousseau? “Tras leer su libro, se tiene el deseo de caminar a cuatro patas, pero, como he perdido el hábito hace ya más de sesenta años, temo que no podré recuperarlo”. Y prosigue haciendo observaciones sobre el hecho de que no puede alcanzar el estado de naturaleza porque necesita a los médicos; yo podría decir lo mismo: los reumatismos no me permiten huir a la naturaleza, ni siquiera ese tipo de huida particularmente radical que es la desconexión. Dejo esta empresa a los más jóvenes o a los más heroicos, por lo que me concierne me limito a desear la elaboración de una razón práctica para la web, de normas para civilizar la praxis en la web y, por mi parte, trato de hacer lo que está en mi mano para contribuir a esta elaboración.

Por, Amador Fernández-Savater
19/01/2018 - 20:44h
Traducción del italiano: Laura Muñoz Villacañas

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Las masacres con armas de fuego y su relación con la violencia doméstica

La masacre ocurrida la semana pasada en la iglesia bautista de la comunidad de Sutherland Spring, en Texas, fue un crimen terrible y, también, terriblemente predecible. Como otras masacres similares, el hecho es representativo del problema sistémico que existe en Estados Unidos con las armas y la violencia. El responsable de asesinar a 26 personas y herir a otras 20 antes de suicidarse fue, presumiblemente, Devin Patrick Kelley, un hombre blanco que había sido miembro activo de la Fuerza Aérea estadounidense. Este tiroteo en masa es otro ejemplo letal del vínculo entre violencia doméstica y masacres con armas de fuego.

 

Cuando integraba la Fuerza Aérea, Kelley fue hallado culpable de agredir a su esposa y de fracturarle el cráneo a su hijastro, que no llegaba a tener dos años de edad. La Fuerza Aérea lo sometió a una corte marcial y lo mantuvo confinado durante un año, pero no informó su sentencia al Sistema Nacional Instantáneo de Verificación de Antecedentes Penales del FBI . Esta no fue la única señal de alarma: también había cometido abuso violento contra animales y emitido amenazas de muerte hacia sus superiores de la Fuerza Aérea. Según se informó, le había estado enviando mensajes de texto amenazadores a su suegra, que concurría frecuentemente a la iglesia donde Kelley cometió el asesinato en masa.


Sarah Tofte, directora de investigación del movimiento a favor del control de armas “Everytown for Gun Safety”, declaró en una entrevista para Democracy Now!: “La mayoría de las masacres con armas de fuego están relacionadas de alguna manera con la violencia doméstica o familiar”. El equipo de Tofte acaba de publicar un nuevo informe, que indica que en el período 2009-2016, en más de la mitad de las masacres con armas de fuego, los agresores mataron a sus parejas u otros miembros de sus familias. La violencia doméstica es más que una señal de alarma; es un crimen en sí mismo. Entre otras cosas, el informe señala:
“La presencia de un arma de fuego en una situación de violencia doméstica hace que sea cinco veces más probable que una mujer resulte asesinada”.


“Las mujeres en Estados Unidos tienen una probabilidad 16 veces mayor de ser asesinadas con un arma de fuego que las de otros países de altos ingresos, lo que hace que este país sea el más peligroso en el mundo desarrollado en cuanto a violencia con armas de fuego hacia las mujeres. Todos los años, las mujeres estadounidenses sufren 5,3 millones de incidentes de violencia por parte de sus parejas”.


“Cincuenta mujeres estadounidenses son asesinadas cada mes por disparos efectuados por sus parejas, y muchas más resultan heridas. Cerca de un millón de mujeres que hoy se encuentran vivas son sobrevivientes de ataques con arma de fuego por parte de sus parejas”.


Soraya Chemaly, directora del Proyecto de Discurso del Centro de Medios de Mujeres ( WMC , por sus siglas en inglés), afirmó en una entrevista para Democracy Now!. “No hay absolutamente ninguna duda de que la práctica de la violencia dentro de un hogar, en un ambiente íntimo, hacia personas que, en teoría, el agresor ama, abre camino a la violencia pública”.
Soraya prosiguió: “El tema de fondo es cómo abordamos la violencia privada, cómo abordamos la violencia sexual, qué pensamos en torno a la violencia de género. La división público-privada con la que estamos trabajando no está resultando para nada, porque tendemos a presentar esta violencia terrorista privada de un modo que parece irrelevante para el ámbito público. Si pensamos en el hecho de que en Estados Unidos hay tres mujeres al día asesinadas por su pareja, si eso ocurriera en un solo incidente y estuviéramos hablando de entre 20 y 25 mujeres muertas a la semana en un solo incidente, quizás las personas comenzarían a reaccionar y a prestar atención”.


Mariame Kaba, activista y educadora que trabaja en programas contra la violencia doméstica, nos dijo: “Nos quedamos enfrascados en el intento de etiquetar a la violencia masiva como ‘terrorismo’. Pero lo que tenemos que hacer —y no estamos pudiendo— es poner fin a la violencia contra las mujeres, contra las personas sin género declarado y contra los niños y niñas, que es lo que está en la raíz de estas formas de violencia armada y tiroteos en masa. Sería mejor que nos enfoquemos en tratar de poner fin a estas otras formas de violencia, que son en sí mismas violencia en masa”.


El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, viajó a Sutherland Springs para reunirse con familiares de las víctimas de la masacre. Pence es un miembro de larga data de la Asociación Nacional del Rifle ( NRA , por sus siglas en inglés) con calificación “A”. Como congresista, votó para impedir que una persona pueda demandar a los fabricantes de armas y para suavizar las leyes que rigen las compras interestatales de armas. Esta semana, Pence atribuyó la culpa de la masacre en Texas a “fallas burocráticas” y a la enfermedad mental del atacante. A principios de este año, el presidente Donald Trump revirtió una normativa de la era Obama y facilitó que las personas con problemas de salud mental pudieran adquirir armas.


Trump se encontraba en Japón en el momento de la masacre de Texas, en el marco de una gira en la que intentaba vender miles de millones de dólares en armamento a los aliados regionales al tiempo que insistía con su retórica beligerante contra Corea del Norte. El presidente debería aprender de los países que visita. En Japón, un país de 127 millones de habitantes, hay menos de diez muertes causadas por armas de fuego en un año típico,

principalmente debido al estricto control de armas. Esa cifra es un gran contraste con las más de 33.000 muertes anuales causadas por armas de fuego en Estados Unidos.


En medio de las negociaciones para la venta de armamento, cuando se le preguntó sobre el control de armas a la luz del horror ocurrido en Texas, Trump sostuvo que era demasiado pronto para hablar de cambios en la política de armas. ¿Cuántas masacres más tendrán que ocurrir?


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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Mercado laboral y trabajo decente no mejoraron en 2016. La informalidad está en 56.5%

Según el DANE, de la población colombiana en 2016 (47´343.492 habitantes), 23´550.504 (el 51.16%) constituye la población económicamente activa (PEA), o sea las personas en edad de trabajar que trabajan o buscan empleo[1].

La manera como se inserta esta población al mercado laboral es clave en el aseguramiento de sus derechos económicos y sociales, entre ellos los de salud, la protección contra riesgos laborales que puedan provocar enfermedades profesionales o incapacidades permanentes, y al aseguramiento de una vejez digna mediante la percepción de unos ingresos que protejan contra la pobreza. El acceso a un trabajo decente resulta clave para que las ideas de la libertad e igualdad se puedan realizar efectivamente en la vida cotidiana de las personas.


La situación del mercado laboral no le garantiza a la mayoría de la PEA las condiciones materiales de su libertad y de su igualdad, empezando porque Colombia presenta una tasa de desempleo muy alta para los estándares internacionales y países con características y desarrollo económico similares al nuestro. En 2016 la tasa de desempleo promedio para todo el año fue del 9.2%, sin ninguna mejora respecto del 2015, que fue del 8.9%, y además se situó por encima de la tasa promedio de desempleo de los países de América Latina: 7%, según la CEPAL. Esto equivale a una población de 2´248.801 personas, casi los mismos habitantes que tienen Cali y Yumbo juntas.


El desempleo es peor para los jóvenes (población entre 14 y 28 años), pero sobre todo para las mujeres jóvenes, y en general para los jóvenes de las barriadas pobres de las ciudades. Las mujeres presentan una tasa de desempleo del 12.5%, 5 puntos por encima de la de los hombres. En promedio, los jóvenes tienen una tasa de desempleo del 16.4%, y para las mujeres jóvenes el desempleo en 2016 fue del 21.4%, superior casi 9 puntos de la de los hombres jóvenes. En las comunas pobres de Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla las tasas de desempleo de la población joven son aún más graves, superan el 45%, situación que explica los altos niveles de delincuencia en estas ciudades, pues para muchos jóvenes es la única alternativa de ingreso y de reconocimiento que tienen, pues tampoco tienen acceso a la educación superior. Estos indicadores tampoco mejoraron con respecto de los indicadores del 2015.


El desempleo en general es muy alto en la mayoría de las ciudades. Para las 23 ciudades la tasa de desempleo en 2016 fue 10.2%; para las cabeceras fue 10.3%, y 5.3% para los centros poblados y rural disperso. En las zonas rurales el desempleo se enmascara bajo cualquier actividad, así no sea remunerada.


El promedio nacional de desempleo fue entonces 9.2%, y por encima del mismo estuvieron Bogotá (9.3%), Pasto (9.5%), Santa Marta (9.5%), Pereira (9.9%), Montería (9.9%), Sincelejo (10.1%), Manizales y Villa María (10.3%), Tunja (10.6%), Medellín y Valle de Aburrá (10.7%), Cali y Yumbo (10.8%), Neiva (11.0%), Valledupar (11.8%), Villavicencio (12.0%), Florencia (12.0%), Popayán (12.7%), Ibagué (13.2%), Riohacha (13.3%), Armenia (14.9%), Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios y El Zulia (15.4%) y Quibdó (17.5%). Únicamente en tres ciudades: Cali, Barranquilla y Pasto, la tasa de desempleo bajó en 2016.


Estas tasas de desempleo podrían ser peores sino fuera por la metodología con que el DANE define la población ocupada y la población inactiva, metodología que ha sido adoptada en el seno de la OIT. Según esta metodología, la población ocupada la conforman personas que durante el período de referencia se encontraban en una de las siguientes situaciones: a) trabajaron por lo menos una hora remunerada en la semana de referencia; b) los que no trabajaron en la semana de referencia, pero tenían un trabajo; c) los trabajadores sin remuneración que laboraron en la semana de referencia por lo menos 1 hora.


Así que si usted trabaja una hora en la semana, aunque no se la paguen, en las estadísticas hace parte de la población ocupada. En el 2016, por ejemplo, el 4.27% de la población ocupada (946.000 personas) se clasificó como “trabajador familiar sin remuneración” y “trabajador sin remuneración en empresas de otros hogares”. Adicionalmente, entre la población inactiva se incluyen personas que ya no buscan empleo, pues se cansaron de hacerlo y no encuentran atractivo ni dignificante el empleo precario que les resulta, por lo que tampoco figuran entre la población desempleada.


Empleo y Trabajo Decente

Cuando el DANE informa que la tasa desempleo baja o sube, no nos dice nada acerca de la calidad del empleo que se genera o se pierde. Los indicadores sobre trabajo decente en el país hay que buscarlos en otros datos que también entrega el DANE, pero que no son noticia en los medios.
Por ejemplo, los datos sobre trabajo informal que publica el DANE se refieren al trabajo en empresas que ocupan hasta 5 personas, incluyendo al patrono y/o socios, excepto los independientes profesionales[2], no a la protección social que deben tener todos los trabajadores en materia de salud y riesgos laborales, y en materia de ingresos para la vejez (pensiones) y para el desempleo. Para el primer caso, el DANE aplica una encuesta que cubre 23 ciudades y áreas metropolitanas, según la cual de cada 100 ocupados, 48.6 son informales, con una leve mejoría respecto a 2015, año en que fue de 49.2%, indicador que sigue siendo superior al promedio de América Latina. El 60.9% de estos trabajadores son cuenta propia, lo que indica que en Colombia trabajar por cuenta propia no representa en la mayoría de los casos una expresión de autonomía, sino simplemente una estrategia de sobrevivencia ante el poco capitalismo que tenemos, y ante la evidente debilidad del Estado Social para garantizar la protección de los ingresos a los desempleados, situaciones que obligan a millones de personas a auto emplearse en cualquier cosa para asegurarse algún sustento. La mayoría de los “cuenta propia” trabaja en actividades del comercio, hoteles y restaurantes (42.72%), en servicios sociales y personales (16.52%), en la industria manufacturera (11.74%), y en el transporte (11.34%).


En relación con la protección social, la Encuesta Continua de Hogares del DANE arroja datos reveladores sobre afiliación a salud y a pensiones: en 2016, de cada 100 trabajadores 49.1 cotizaban a salud y 36.2 a pensiones, con una leve mejoría respecto a 2015 (48.7% y 35.1% respectivamente). Sobre afiliación al sistema de riesgos laborales, el dato lo da FASECOLDA: en 2016, de cada 100 ocupados 45.3 están afiliados a riesgos laborales. Resumiendo: en 2016, de cada 100 trabajadores, 56.5 tenían un empleo precario por fuera del sistema de protección social.


Respecto de las actividades económicas en las que está empleada la población trabajadora, la mayor proporción, 27.9%, lo está en el comercio, hoteles y restaurantes. Le sigue la ocupación en el sector de servicios sociales, comunales y personales, con el 19.5%. Aquí se ubican los trabajadores del Estado, la fuerza pública, los trabajadores de la educación, la recreación y el deporte, los artistas, las trabajadoras domésticas, los que reparan todo tipo de aparatos personales y del hogar, las peluqueras, etc. Le sigue la ocupación en el sector agropecuario, incluyendo la pesca, con el 16.12%; industria (11.5%); almacenamiento, transporte y comunicaciones (8%); actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (7.9%); construcción (6.3%); intermediación financiera (1.5%); explotación de minas y canteras (0.8%), y suministro de electricidad, gas y agua (0.5%).


La calidad y/o precariedad del trabajo que tienen estas personas las entrega FASECOLDA, y hace referencia a su afiliación al sistema de riesgos laborales, un indicador claro acerca de qué tanto cumplen la ley los empleadores, y qué tanto el Estado la hace cumplir. Según FASECOLDA, en 2016 estaban afiliados 10´039.437 trabajadores, o el 45.31% de la población ocupada, entre ellos 532.165 por cuenta propia.


Aunque en el último año se presentó una mejora respecto a 2015, es evidente que en este terreno la desprotección es mucha, los avances demasiado lentos y exiguos, y la ausencia del Estado enorme. La mayor desprotección se encuentra en la agricultura, donde únicamente está afiliado el 10.29% del total de los trabajadores. El sector de comercio, hoteles y restaurantes tiene solo el 22.63% de afiliación; el transporte, almacenamiento y comunicaciones tiene una afiliación del 41.63%, y en los servicios sociales, personales y comunales la afiliación es de 45.31%.

Fecha: 13 febrero, 2017 


[1] DANE. https://www.dane.gov.co/files/faqs/faq_ech.pdf


[2] DANE, Ficha Metodológica. Gran Encuesta Integrada de Hogares. Proporción de informalidad según tamaño de empresa hasta 5 trabajadores.

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