A los pueblos que luchan: A las personas que luchan en los cinco continentes

Primero de Enero del año 2021.

A LOS PUEBLOS DEL MUNDO:
A LAS PERSONAS QUE LUCHAN EN LOS CINCO CONTINENTES:

[email protected] Y COMPAÑ[email protected]:

Durante estos meses previos, hemos establecido contacto entre [email protected] por diversos medios. Somos mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales, intersexuales, queer y más, hombres, grupos, colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales, pueblos originarios, asociaciones barriales, comunidades y un largo etcétera que nos da identidad.

Nos diferencian y distancian tierras, cielos, montañas, valles, estepas, selvas, desiertos, océanos, lagos, ríos, arroyos, lagunas, razas, culturas, idiomas, historias, edades, geografías, identidades sexuales y no, raíces, fronteras, formas de organización, clases sociales, poder adquisitivo, prestigio social, fama, popularidad, seguidores, likes, monedas, grado de escolaridad, formas de ser, quehaceres, virtudes, defectos, pros, contras, peros, sin embargos, rivalidades, enemistades, concepciones, argumentaciones, contra argumentaciones, debates, diferendos, denuncias, acusaciones, desprecios, fobias, filias, elogios, repudios, abucheos, aplausos, divinidades, demonios, dogmas, herejías, gustos, disgustos, modos, y un largo etcétera que nos hace distintos y, no pocas veces, contrarios.

Sólo nos unen muy pocas cosas:

El que hacemos nuestros los dolores de la tierra: la violencia contra las mujeres; la persecución y desprecio a los diferentes en su identidad afectiva, emocional, sexual; el aniquilamiento de la niñez; el genocidio contra los originarios; el racismo; el militarismo; la explotación; el despojo; la destrucción de la naturaleza.

El entendimiento de que es un sistema el responsable de estos dolores. El verdugo es un sistema explotador, patriarcal, piramidal, racista, ladrón y criminal: el capitalismo.

El conocimiento de que no es posible reformar este sistema, educarlo, atenuarlo, limarlo, domesticarlo, humanizarlo.

El compromiso de luchar, en todas partes y a todas horas –cada quien en su terreno-, contra este sistema hasta destruirlo por completo. La supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo. No nos rendimos, no estamos a la venta y no claudicamos.

La certeza de que la lucha por la humanidad es mundial. Así como la destrucción en curso no reconoce fronteras, nacionalidades, banderas, lenguas, culturas, razas; así la lucha por la humanidad es en todas partes, todo el tiempo.

La convicción de que son muchos los mundos que viven y luchan en el mundo. Y que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad. La igualdad de la humanidad está en el respeto a la diferencia. En su diversidad está su semejanza.

La comprensión de que no es la pretensión de imponer nuestra mirada, nuestros pasos, compañías, caminos y destinos, lo que nos permitirá avanzar, sino la escucha y mirada de lo otro que, distinto y diferente, tiene la misma vocación de libertad y justicia.

Por estas coincidencias, y sin abandonar nuestras convicciones, ni dejar de ser lo que somos, hemos acordado:

Primero.- Realizar encuentros, diálogos, intercambios de ideas, experiencias, análisis y valoraciones entre quienes nos encontramos empeñados, desde distintas concepciones y en diferentes terrenos, en la lucha por la vida. Después, cada quien seguirá su camino o no. Mirar y escuchar lo otro tal vez nos ayudará o no en nuestro paso. Pero conocer lo diferente, es también parte de nuestra lucha y de nuestro empeño, de nuestra humanidad.

Segundo.- Que estos encuentros y actividades se realicen en los cinco continentes. Que, en lo que se refiere al continente europeo, se concreten en los meses de Julio, Agosto, Septiembre y Octubre del año 2021, con la participación directa de una delegación mexicana conformada por el CNI-CIG, el Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala, y el EZLN. Y, en fechas posteriores por precisar, apoyar según nuestras posibilidades, para que se realicen en Asia, África, Oceanía y América.

Tercero.- Invitar a quienes comparten las mismas preocupaciones y luchas parecidas, a todas las personas honestas y a todos los abajos que se rebelan y resisten en los muchos rincones del mundo, a que se sumen, aporten, apoyen y participen en estos encuentros y actividades; y a que firmen y hagan suya esta declaración POR LA VIDA.

Desde uno de los puentes de dignidad que unen a los cinco continentes.

[email protected]

Planeta Tierra.

1 de enero del 2021.

Si usted (es) quiere (n) firmar esta Declaración, mandar su firma a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Por favor nombre completo de su grupo, colectivo, organización o lo que sea, en su idioma, y su geografía. Las firmas se irán agregando conforme vayan llegando.

Publicado enSociedad
Miércoles, 23 Diciembre 2020 05:28

Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por definición un pacto plantea un acuerdo entre dos o más partes, muchas veces solemne, donde se establece una obediencia a cumplir los puntos establecidos en lo que puede ser o no un contrato formal, en ocasiones conseguido incluso debajo de la mesa.

Tan agobiante definición puede generar confusiones, más cuando erradamente se mete en un mismo saco a todos los pactos nacidos en estos convulsos tiempos. Pese a ello, el Pacto Ecosocial del Sur no plantea un acuerdo formal para cumplir una hoja de ruta cerrada ni propone un listado de demandas dirigidas a los gobernantes. No es un pacto con el poder, ni para acceder al poder; este pacto enuncia ideas de cambio de las fuerzas sociales que lo impulsan.

Vivimos la peor crisis moderna de la humanidad; una crisis que rebasa al azote sanitario del coronavirus pues se descubren las fracturas multifacéticas y sistémicas de la civilización dominante. En medio de esa crisis, y pese al aislamiento físico, un grupo de personas sintonizadas desde hace tiempo elaboró un documento corto proponiendo -lo que a mi juicio es- un pacto con la desobediencia, buscando alternativas sistémicas y concertadas con diversos procesos sociales.

En clave de transiciones (en plural), sin olvidar el horizonte utópico, se plantean nueve puntos de acción:

  • una transformación tributaria solidaria donde “quién tiene más, paga más”; anular las deudas externas estatales y construir una nueva arquitectura financiera global, como primer paso de reparación histórica de la deuda ecológica y social contraída por los países centrales desde la colonia;
  • crear sistemas nacionales y locales de cuidado donde la sostenibilidad de la vida sea el centro de nuestras sociedades, entendiendo al cuidado como un derecho que exige un papel más activo del Estado en consulta y corresponsabilidad permanente con pueblos y comunidades;
  • salir de la trampa de la pobreza extrema con una renta básica universal que sustituya las transferencias condicionadas focalizadas de herencia neoliberal;
  • impulsar la soberanía alimentaria combinada con políticas que redistribuyan la tierra, el acceso al agua y una profunda reforma agraria, alejándose de la agricultura industrial de exportación y sus nefastos efectos socioambientales;
  • construir economías y sociedades postextractivistas para proteger la diversidad cultural y natural desde una transición socioecológica radical, impulsando salidas ordenadas y progresivas de la dependencia del petróleo, carbón y gas, de la minería, y de los grandes monocultivos, frenando la deforestación masiva;
  • recuperar y fortalecer espacios de información y comunicación desde la sociedad, actualmente dominados por los medios de comunicación corporativos y las redes sociales que forman parte de las corporaciones más poderosas de nuestros tiempos, para disputar los sentidos históricos de convivencia;
  • fortalecer la autonomía y sostenibilidad de las comunidades locales frente a la fragilidad de las cadenas globales de producción, para potenciar la riqueza de los esfuerzos locales y nacionales;
  • y, concluyendo este listado siempre preliminar, propiciar una integración regional y mundial soberana favoreciendo los sistemas de intercambio local, nacional y regional, con autonomía del mercado mundial globalizado y enfrentando al monopolio global corporativo.

Muchas de estas ideas aparecen en otros documentos elaborados en estos años, no solo durante la pandemia. La diferencia radica en que este Pacto Ecosocial propone acciones concretas a corto plazo sin olvidar las utopías y la imperiosa necesidad de construir imaginarios colectivos, para acordar un rumbo compartido de transformaciones radicales y una base para caminar con plataformas de lucha en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades.

La crisis desnudada por la pandemia ha potenciado las desigualdades y muestra, quizás con más brutalidad que antes la incertidumbre y fragilidad de nuestro futuro, siempre en juego. Nos toca enfrentar un mundo desigual e inequitativo en extremo, plagado de todo tipo de violencias (patriarcales, racistas, extractivistas…) que aumentan aceleradamente con la pandemia. Pero también es una enorme oportunidad para (re)construir nuestro futuro desde principios básicos para una vida digna: el cuidado, la redistribución oel reparto, la suficiencia y la reciprocidad, desde bases comunitarias y autonómicas antes que estatales. En concreto, el campo principal de acción aparece en donde podemos actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes: plurales y diversos, con igualdad y justicia, con horizontes construidos colectivamente, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente todas las alternativas posibles.

En realidad este Pacto viene desde abajo, desde los movimientos sociales y la Madre Tierra (origen y base de todos los derechos); eso sin ocultar la responsabilidad de quienes lo redactaron. Este Pacto surge, en definitiva, desde múltiples luchas de resistencia y de re-existencia en nuestra región, incluso se sintoniza con la larga memoria de los pueblos originarios, algunas de cuyas más importantes organizaciones lo respaldan.

Así, desde esas luchas, reflexiones y realidades se propone este Pacto Social, Ecológico, Económico e Intercultural desde el Sur, desde América Latina, desde Abya Yala y Afro-Latinoamérica, proyectándolo a los sures del mundo, convocando a desobedecer y confrontar al poder para enterrar al mundo del capital y crear un mundo nuevo. Y para conseguirlo, caminando desde el aquí y el ahora, quienes escribimos este Pacto buscamos horizontes de transformación civilizatoria, en esencia postcapitalistas, tanto para superar el antropocentrismo, como la colonialidad, los racismos y el patriarcado. El fin es construir un mundo donde quepan muchos mundos -un pluriverso- pensados desde las perspectivas, deseos y luchas de los pueblos y sus derechos.-

NOTA: este artículo fue publicado en el Boletín 74: “Activistas por la vida” de EntrePueblos / EntrePobles, diciembre 2020. https://www.entrepueblos.org/publicaciones/boletin-74/

Por Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Compañero de lucha de los movimientos sociales. Juez del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza. Ministro de Energía y Minas del Ecuador (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador (2007-2008).

Publicado enMedio Ambiente
Germán Ardila, Arcángel Gabriel, óleo sobre tela, 40 x 40 cm (Cortesía del autor)

El tiempo pasa y nos marca de diversas maneras con sus acontecimientos, unos más fuertes, otros no tanto. De unos y otros escritos en desdeabajo en su debido momento. Hoy, en época de balances, los retomamos y les invitamos a su relectura.

 

El presidente de la Andi, gremio que asocia los capitales industriales más grandes del país, y que suele ser vocero de las políticas estatales, lanzó en días recientes una campaña con la intención, dice, de poner fin a las cuarentenas obligatorias y regresar de manera segura al trabajo. La campaña se presentó como de “cultura ciudadana” y pretende desplazar la responsabilidad individual hacia un sistema de vigilancia, denuncia y estigmatización de los demás ciudadanos contra cualquier posible infractor. Es decir, un sistema de delación generalizada donde corresponde ya no al Estado sino a la ciudadanía perseguir al individuo insumiso. Afirma MacMaster (1) en una reciente entrevista:

Claro, no puede ser un tema solamente represivo, no puedes convencer a todo el mundo a punta de policías, porque tendrías que tener (sic) uno por cada ciudadano para que esté mirando cómo se comporta la persona. Por último algo muy importante. Este es un tema tan grande en términos de responsabilidad que no se trata de cuidarnos nosotros mismos. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos por los otros, y la gente tiene el derecho de pedirles a los otros que se cuide (sic), porque si no lo hace (sic), no solo pone (sic) en peligro su salud, sino el empleo, el país, su desarrollo, pone (sic) en peligro muchas cosas.

La entrevista está acompañada de una foto, presumiblemente en Medellín, en la que un ciudadano es sorprendido en la calle sin tapabocas y se ve rodeado de personas amenazantes que le muestran una tarjeta roja con una cara encendida. Es una distorsión de las campañas de Mockus cuando se amonestaba amigablemente a la gente por cruzar la calle fuera de la cebra peatonal o por conducir su vehículo de manera inapropiada. Aquí, bajo el ropaje de una nueva cultura ciudadana se trasluce una forma de amansar la humanidad a partir de exacerbar el miedo al contagio.


¿En qué momento se da el desplazamiento de la fuerza coercitiva del Estado para que sea la ciudadanía en general quien asuma la función de vigilancia y represión? La acusación, el señalamiento público, la delación es una forma antigua de control social. En los últimos años se ha extendido desde los sistemas de justicia anglosajones a otras latitudes. Recompensas y estímulos por el señalamiento abundan; de la misma forma cuando el acusado “coopera” y delata a sus colaboradores o cómplices goza de exenciones y disminuciones de la pena. En ese orden de ideas es más beneficioso delatar a los demás que asumir la responsabilidad por la infracción cometida. Así funciona la lógica del sistema acusatorio.


En el trasfondo, no se trata de amonestaciones o reconvenciones para desestimular una conducta sino de generar un condicionamiento social por la supuesta irresponsabilidad frente a los demás. Las medidas se multiplican y apremian al individuo. En solo un par de meses el ciudadano ha perdido sus libertades más esenciales, atrapado entre dos fuegos: autoridad y miedo. Para que la autoridad funcione se requiere, al otro lado de la ecuación, sumisión, docilidad; y para que esta sea más efectiva nada más fácil que inocular miedo, que produce un efecto paralizante.


Evidencia de lo anterior son las múltiples medidas presentadas como de protección, autocuidado, cuidado responsable, protocolos de seguridad, cámaras 5G, toma de temperatura corporal y hasta pruebas de saliva en la calle a transeúntes desprevenidos. Aparecen recomendaciones para que en las estaciones de transporte masivo y en los vehículos del sistema no se hable, cante, hagan llamadas, no se coma o se beba, tampoco se deben dar la mano, abrazos ni mucho menos besos (2). El silencio, el amordazamiento, el condicionamiento, el distanciamiento llevados a los límites de una imperceptible pero profunda alienación del ciudadano. Se entregan día a día, paso a paso, voluntariamente o a la fuerza, las libertades y necesidades sociales más elementales. Todo por una causa: sobrevivir.


En cien o más días de cuarentena el ciudadano ha interiorizado el mensaje machacado por gobernantes, la OMS, los medios y ahora la propia ciudadanía sobre la gravedad de la crisis. Puesto contra la pared, el individuo se encuentra en una angustiosa lucha por sobrevivir: evitar a toda costa el contagio y buscar a aquellos posibles propagadores del mal. El sospechoso puede estar en su más estrecha zona de convivencia: su casa de habitación, su pareja, su familia, su círculo de amigos o vecinos. La desconfianza puede recaer sobre cualquiera: ahora el foco está puesto sobre las personas asintomáticas o presintomáticas (3). En otras palabras, nadie está libre de sospecha; las analogías con un régimen de terror de las peores dictaduras de la historia son inevitables. La distopía está aquí y ahora: antes de pensar en delinquir ya eres sorprendido.


Por eso aparecen las persecuciones, el vandalismo, las estigmatizaciones, las amenazas anónimas contra cualquier persona que a juicio de quien sea puede ser agente de contagio. En situaciones extremas como la presente, sale lo mejor y lo peor del ser humano. La solidaridad, la compasión, la preocupación por el otro, pero igual el odio, la intolerancia, la desconfianza, la persecución.


Develado ahí el espíritu de la “nueva normalidad”: todo ciudadano es sujeto de vigilancia, no solo estatal sino de cualquier persona quien, escudada tras la razón de no verse en peligro, señala al otro para que se “comporte” de acuerdo con las nuevas normas de condicionamiento social. Comienzan a surgir redes de apoyo en los barrios y entre los residentes de conjuntos que se encargan de identificar, denunciar y pasar a las autoridades datos de cualquier vecino sospechoso de poner en peligro su propia vida o la de los demás. Un sistema de delación primitivo y eficaz, como el que se impuso, por ejemplo, en la España franquista, donde los vecinos eran los encargados de denunciar a cualquier persona que pudiera tener alguno tipo de simpatía con los ideales republicanos.


Estado, individuo, ciudadanía son tres lados de la problemática. La pregunta que subyace es ¿sobre quién debe recaer la responsabilidad por el cuidado de la salud, específicamente con el tema del contagio? ¿Es el Estado el que debe sentirse responsable de ello? ¿Es el ciudadano quien debe aprender el autocuidado y asumir la responsabilidad que le corresponde frente a los demás? ¿O son los otros ciudadanos los que deben velar por la salud y el comportamiento de sus semejantes? Y más allá: ¿Cuáles son las fronteras o puentes entre estas tres partes del triángulo? ¿En qué lugar se entrecruzan esas responsabilidades? Estamos en la confluencia de ciudadanía, ética y política (4); una discusión que aparece en el primer plano de la coyuntura aflorada por la crisis actual.


Hay un transvase de efectos originados en las medidas represivas desatadas por los estados. El miedo y la frustración generados por los decretos de cuarentena, la prohibición de desplazarse entre ciudades y países, y el cierre forzado de empresas y comercio llevó a un estado de zozobra en la ciudadanía confundida ante la magnitud del mensaje; esto a la vez produjo en cada individuo un torbellino de emociones que oscila entre dos extremos, de un lado, la indignación por ver vulnerados sus derechos más elementales, y del otro, el síndrome de la cabaña, en el cual las personas ya no quieren salir de su refugio por miedo al contagio.


El efecto es perturbador. Muchas personas aparecen reacias a emerger de la cuarentena o permitir que sus familiares lo hagan. El hecho se manifiesta, por ejemplo, en asociaciones de padres de familia que rechazan la posibilidad de que sus hijos regresen a las aulas y exigen que continúen bajo educación virtual, con todas las implicaciones que esta trae en los niños. Es el triunfo del miedo, de la desconfianza, la sospecha como una caja de Pandora abierta y que ya nadie sabe cómo hacer para que los males liberados regresen para volverla a cerrar.


El individuo del 2020 se ha contagiado más rápido del miedo que del virus, y es el miedo el que ha generado una reacción en cadena que ha parado en seco las economías pero también ha erosionado la precaria posición de la clase media. empujada nuevamente a niveles de pobreza. La pérdida de empleos, así como de la confianza en una pronta recuperación hace estragos en el equilibrio emocional; el ciudadano se ve más frágil ante un inminente contagio; la enfermedad y la muerte parece cada vez más cercana.


Este miedo ha convertido en dóciles conglomerados a poblaciones enteras, que aceptan sin cuestionar las opiniones de expertos, medios, gobernantes, instituciones y organizaciones de la salud. Y entre la confusión, los gobernantes titubean, cambian de opinión, ensayan medidas; hoy recogen lo dicho ayer vehementemente y afirmar lo contrario. El desconcierto ante lo inédito de la situación es generalizado.


Lo que perdura es la pretensión de mantener a la multitud sumisa; en el pasado ningún otro experimento en busca de ese fin fue tan efectivo. En virtud de lo anterior, la mayor preocupación de los gobernantes hoy no parece enfocarse en reactivar la economía o en preocuparse por la salud mental de los ciudadanos o en aumentar el numero de ventiladores para las uci, sino en denunciar y reprimir los brotes de indisciplina de personas o grupos que resisten a doblegarse y que desafían las medidas de confinamiento y protección y se desahogan bien sea saliendo a las calles o celebrando fiestas y reuniones sociales. La nota de “color local” la ponen las burrotecas donde a un jumento se le cuelga un equipo de sonido para que itinerante vaya amenizando fiestas de patio en patio.


Pero el tema es mucho más serio. Las voces de catedráticos, pensadores, incluso médicos –como el británico Vernon Coleman (5)– que se erigen en contra de estos mecanismos de dominación y alertan sobre la manipulación mediática de que es víctima la ciudadanía son acusadas, generalmente por los sectores más conservadores, de hacer eco a las teorías conspirativas o simplemente de estar mal informadas. La mayoría parece preferir el cobijo del miedo, del confinamiento, del distanciamiento así vaya en contra del sentido común, de la razón, de la conciencia profunda sobre el verdadero cuidado del cuerpo, de la salud y de los otros.


Con todo, parece aflorar entre la espesura de la pandemia y sus turiferarios, una ética del cuidado personal que pasa por la autoconciencia, la pedagogía, el aprendizaje y el asumir cada cual una responsabilidad frente a sí mismo y a los demás. Esta ética debe pasar por el deber y la aspiración a una civilidad pública, de razón pública, como diría Rawls. Es necesario abandonar las expectativas de que es la autoridad, en el ejercicio de un poder opresivo, hegemónico y dominante, en manos ya sea del Estado o de una ciudadanía como cuerpo vigilante, la que sacará a la humanidad de la crisis civilizatoria en la que está inmersa. Es el individuo en su dignidad humana, en su grado de conciencia elevada, cultivada y despertada por sentimientos de solidaridad, de mutualismo, de reciprocidad, quien puede abrir el camino a esa “nueva normalidad” –pero no la que se quiere imponer– sino una normalidad ética de respeto a sí mismo y al otro; ajena y refractaria a las mecanismos de dominación que pretenden sumir en la mansedumbre al planeta entero.

 

1. Cultura ciudadana, la apuesta de la Andi para dejar el aislamiento. El Tiempo, 24 de junio, p. 1.6
2. Consejos para usar el transporte en medio de la pandemia, El Espectador, 27 de junio, 2020, p. 4.
3. Los asintomáticos, el talón de Aquiles de la pandemia, El Espectador, 24 de junio, 2020p. 8
4. Universidad de La Salle, Vicerectoría de Investigación y Transferencia, Ciudadanía, Ética y Política, en www.lasalle.edu.co
5. Vernom Coleman, En torno a la pandemia, en https://www.youtube.com/watch?v=ZtdQlsFj5Qw

*Escritor. Integrante del consejo de redacción de Le Monde diplomtique, edición Colombia

  

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

Publicado enColombia
El Índice de Desarrollo Humano 2020 desvela cómo los países más acomodados lo son a costa del planeta

Los más prósperos no lo son tanto si se considera cuánto perjudican al medio ambiente, además de las habituales mediciones sobre condiciones de vida, salud y educación de las personas, según un cálculo experimental del PNUD que hoy se presenta

 

Noruega es el país más desarrollado del mundo, según el último Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU que mide la prosperidad en función de las condiciones de vida de la población, así como el acceso a la educación y la salud. Pero si en la ecuación se incluye la presión que ejerce sobre el planeta ―sus emisiones de CO₂ y la huella que deja su consumo― cae 15 posiciones en la lista. Islandia cae 26 escalones, Australia 72 y Estados Unidos 45. El batacazo se lo llevan Singapur (-92) y Luxemburgo (-131). En resumen, sus habitantes viven acomodadamente a costa del medio ambiente. En la parte baja de la tabla, sin embargo, los países más pobres apenas obtienen una calificación de desarrollo distinta si se tiene en cuenta su impacto sobre el medio ambiente. Casi no tienen, aunque son los que más sufren catástrofes climáticas.

 “Como muestra este informe, ningún país del mundo ha logrado un desarrollo humano muy alto sin ejercer una gran presión sobre el planeta. Pero podríamos ser la primera generación en corregirlo”, explicó Achim Steiner, administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en un encuentro con periodistas previo a la presentación este martes del nuevo Índice de Desarrollo Humano 2020.

En el 30 aniversario de este documento que calcula la prosperidad de los países, el PNUD propone redefinir el desarrollo. No es la primera vez. Su creación en 1990, supuso una disrupción: el IDH buscaba medir el progreso más allá del ingreso, el PIB e indicadores meramente económicos. Desde entonces, ha ajustado el cálculo a la desigualdad de sus sociedades y también a la brecha de género. Ambos parámetros ocasionan ligeros cambios en las posiciones de la lista base (condiciones de vida, educación y salud). La inclusión de indicadores relacionados con el impacto de los países sobre el medio ambiente ocasiona, sin embargo, importantes variaciones en la parte alta de la tabla.

“Ahora mismo hay un espacio vacío entre alcanzar el desarrollo humano alto y una baja presión en el planeta”, anotó Pedro Conceição, director de la oficina del PNUD responsable de este estudio, en la cita virtual con la prensa. Ningún país logra altísima prosperidad sin impactar en demasía al medio ambiente, pero hay buenos ejemplos. Uno de los que destacan los autores es Costa Rica, que ocupa la posición 62 de 189 en el IDH, pero que asciende 37 posiciones si se tiene en cuenta su nivel de emisiones y la huella ecológica de su consumo. “Ya ha aprovechado la energía hidroeléctrica y ha descarbonizado en gran medida la producción de electricidad”, anotan. España, por su parte, sube 11 puestos desde la casilla 25.

El objetivo de esta nueva medición, aseguró Steiner, no es “señalar con el dedo” a los países, sino que tomen “decisiones inteligentes” para llenar ese espacio sin dueño de un desarrollo humano elevado compatible con los límites planetarios y más equitativo. En su opinión, la crisis de la covid-19 brinda una oportunidad para conseguir que crecimiento económico no sea sinónimo de destrucción medioambiental e incremento de la desigualdad. Para ello, la reactivación de la actividad, paralizada por los confinamientos y la limitación de la movilidad para frenar la pandemia, debe contemplar medidas muy distintas de lo que se venía haciendo antes de 2020. “Lo de siempre no funciona”, insistió en esta idea que ha remarcado en cada presentación, intervención o entrevista durante el año.

Así, el administrador del PNUD apuntó que “los combustibles fósiles están altamente subsidiados”. Concretamente con cinco billones de dólares, o lo que es lo mismo, el 6,5% del PIB global, según un estudio del Fondo Monetario Internacional, citado en el informe del IDH. Unas ayudas que, por contra, no está recibiendo la gente vulnerable. “Hemos sugerido a los países que aprueben un ingreso mínimo temporal para los más pobres, los más golpeados por esta crisis. Si cierras las economías para contener al virus, no puedes condenar a la gente a quedarse sin ingresos y, básicamente, a la inanición. Tenemos una emergencia de hambre y la pobreza está en aumento. Estos son solo síntomas de corto plazo de una senda de desarrollo que nos ha dado progreso material, pero que nos ha acercado cada vez más al precipicio, no solo en términos climáticos, sino también sociales; solo hay que ver las protestas que suceden por todo el planeta. El riesgo es que volvamos a donde estábamos al comienzo de 2020″, analizó Steiner.

“En el desarrollo no se trata de elegir entre personas o árboles; sino que tenemos que repensar de qué modo progresamos”, remarcó Steiner. Hay que hacerlo, agregó Conceição, porque “la actividad humana están cambiando los procesos naturales en un nivel planetario”. La presión es tal que “no solo nos ponemos en riesgo a nosotros mismos como especie, sino a toda la vida en la Tierra”, advirtió el experto.

En esta era geológica que algunos científicos han convenido en llamar del Antropoceno, pues pone el foco en el impacto humano en el planeta, se puede conseguir tomar el control para variar el rumbo actual hacia la destrucción. “Los humanos ejercen más poder sobre el planeta que nunca. Es hora de usar ese poder para redefinir a qué llamamos progreso, uno en el que nuestras huellas de carbono y consumo ya no estén ocultas”, anotó Steiner.

El informe enumera alguno de esos mecanismos posibles para el cambio. “Primero, a través de las normas sociales (como lo es el uso de bolsas de plástico, por ejemplo). Lo segundo son los incentivos: sabemos que actualmente los precios determinan nuestras elecciones, pero no incorporan los daños al planeta. Lo tercero, hay que dejar de considerar la preservación del medio ambiente como algo que limita lo que podemos hacer; sin embargo, tenemos que ver en la naturaleza una oportunidad de continuar el desarrollo con menos presión sobre el planeta”, resumió Conceição.

La clasificación del IDH tradicional comparada con la nueva ajustada a la presión sobre el planeta se puede consultar en la página 241 del análisis que el PNUD ha redactado para sostener una idea: el bienestar de las personas es indivisible de la habitabilidad de la Tierra. Por eso, el desarrollo humano no puede ser definido como hasta ahora nunca más, ignorando al medio ambiente. De momento, el organismo de la ONU ha puesto sobre la mesa esta propuesta “experimental”, según sus términos, de medición del progreso. El objetivo: que los dirigentes tomen decisiones para mejorar la vida humana y preservar lo que la hace posible.

 

Paracuellos De Jarama - 14 DEC 2020 - 18:10 COT

Publicado enEconomía
Antony Beevor: "Rezo para que mis predicciones sobre la pandemia sean erróneas... pero me temo que no lo son"

Para entender el mundo que viene, nada mejor que hablar con alguien que conoce muy bien nuestro pasado. Charlamos con el historiador británico sobre las consecuencias de la pandemia, y sus reflexiones son inquietantes. Nuestras democracias, la paz y la vida tal como la conocemos están en riesgo. 

Ningún historiador militar del mundo tiene tanto prestigio y lectores como Antony Beevor (Londres, 73 años). Con más de ocho millones de libros vendidos en 33 idiomas, Beevor transmite en cada página el terror y la violencia de las grandes batallas del siglo XX, entretejiendo miles de testimonios que ha recopilado en archivos con frecuencia vedados a los investigadores. Por eso, nadie mejor que el historiador británico para analizar el pulso entre el coronavirus y la humanidad. Beevor describe en esta entrevista los posibles escenarios de futuro y lo hace fiel a su estilo: con rigor y sin contemplaciones. Entre sus obras imprescindibles figuran Stalingrado y El día D. La batalla de Normandía (ambas, en Crítica). Y Pasado & Presente acaba de publicar La Segunda Guerra Mundial. Una adaptación ilustrada de su monumental ensayo sobre el conflicto.

XLSemanal. ¿Escribirá usted algún día la historia de la pandemia?

Antony Beevor. No. Por dos razones. Una es que me resulta muy difícil ‘disparar’ a piezas que no están quietas. Y la pandemia es todavía un blanco en movimiento. Y la segunda es que los historiadores lo van a tener muy difícil, por no decir imposible, para documentar el presente porque, con los archivos electrónicos, los gobiernos podrán mantener información relevante oculta o modificarla a su conveniencia. Será muy difícil acceder a ella.

  1. ¿Pero no le tienta desentrañar el que puede ser el punto de inflexión de este siglo?

A.B. No creo que la pandemia marque un punto de inflexión porque eso implicaría un cambio de dirección. La globalización económica no está llegando a su fin. Creo que veremos las consecuencias de la COVID como un terrible acelerador de la lógica determinista a la que la sociedad y la tecnología ya se estaban encaminando.

  1. Se compara la pandemia con la Segunda Guerra Mundial.

A.B. Es un error. Los líderes políticos y los medios de comunicación trazan paralelismos históricos en tiempos de crisis para explicar, simplificar o dramatizar una situación compleja, pero es algo peligrosamente engañoso.

  1. ¿No hay ningún periodo que nos sirva de referente?

A.B. La Guerra Fría, cuando toda la humanidad estaba en peligro por la amenaza de guerra nuclear. Desde entonces nos hemos ido convirtiendo, cada vez más, en una sociedad de la salud y la seguridad, que evita obsesivamente el riesgo. Pero ahora tenemos que mirar a la muerte de nuevo como una lotería impredecible.

  1. ¿Hemos aprendido alguna lección de todo este sufrimiento?

A.B. Por desgracia, el efecto de la pandemia ha sido provocar más división entre países y más competición entre ellos. Hemos visto cómo la búsqueda de una vacuna, en algunos casos, se ha convertido simplemente en una carrera a la mayor gloria del prestigio nacional.

  1. ¿Ha llegado la hora de repensar las instituciones internacionales o estamos ante el fin del multilateralismo?

A.B. Antes del brote, Trump, Putin y otros líderes autoritarios ya hacían todo lo posible por socavar las instituciones internacionales, como la OTAN, la Unión Europea, la ONU y la Organización Mundial de la Salud. Así que el mundo está en un lugar más peligroso; en especial, con una China emergente, decidida a revertir las humillaciones del siglo XIX infligidas por las potencias occidentales. China, furiosa por los recordatorios de su responsabilidad en la propagación global de la COVID-19, ejerce su influencia mundial a través de la diplomacia ‘de la trampa de la deuda’ (el país acreedor utiliza la deuda que tienen con él otros países para conseguir sus objetivos estratégicos) y aumentando su poder militar para obtener un control total sobre el mar de China Meridional y Oriental, así como en otros lugares.

  1. ¿Saldrá un nuevo orden mundial de esta pandemia?

A.B. Lo que estamos viendo puede que forme parte del síndrome del poder emergente y el poder menguante. O puede que no. Pero los líderes militares estadounidenses, en privado, están esperando una guerra con China en los próximos cinco años. Esto es aterrador. Es fácil empezar una guerra, ¿pero cómo diablos se termina una guerra con China, que tiene una actitud totalmente diferente hacia las bajas humanas de la que tiene un gobierno occidental? China tampoco tiene escrúpulos morales sobre el uso de armas completamente autónomas que van mucho más allá de los drones asesinos operados a distancia por Estados Unidos y otros países. Esto le daría a China una inmensa ventaja.

  1. Los economistas no se ponen de acuerdo sobre cómo saldremos de la crisis… Describen escenarios en ‘L’ (estancamiento), en ‘V’ (caída y recuperación) y ahora en ‘K’ (unos se recuperarán y otros caerán). ¿Cómo lo ve usted?

A.B. La depresión económica tendrá efectos profundos. La escasez de empleo para los jóvenes aumentará las migraciones tanto hacia Europa como dentro de Europa. Y esto, por supuesto, se sumará a las migraciones que ya están aumentando por el cambio climático y los conflictos en África y Oriente Medio.

  1. ¿Cómo afectará a los jóvenes?

A.B. Deberíamos considerar cómo contribuye la demografía a los conflictos. Este fue un factor que se pasó por alto en los orígenes de la Guerra Civil española. El baby boom en algunas regiones de España debido al repentino aumento de las ganancias durante la Primera Guerra Mundial significó que a muchos jóvenes, 18 años más tarde, les resultara muy difícil encontrar empleo durante la crisis económica mundial. Hoy, el problema de los jóvenes airados y frustrados es particularmente agudo a lo largo de la costa del norte de África y del África subsahariana, donde no pueden permitirse formar su propio hogar y, por tanto, se les dificulta casarse y tener su propia identidad. Esto también, en gran medida, va a ser verdad para Europa.

  1. Europa ha reaccionado con ayudas masivas para que el parón económico no deje secuelas irreversibles. ¿Será suficiente?

A.B. En el interior de casi todos los países económicamente avanzados veremos una amplia gama de problemas, sobre todo para los jóvenes, quienes ya están enfadados con las limitaciones impuestas a su vida social. Ignorarán a la autoridad o se rebelarán contra ella. Habrá también una brecha creciente entre los pocos, comparativamente, que conseguirán los trabajos que quieren, y los desempleados, o aquellos obligados a aceptar las penosas condiciones de la creciente gig economy (trabajos esporádicos de corta duración).

  1. ¿Se avecinan revueltas?

A.B. Para aquellos que hayan pedido préstamos para pagar sus estudios universitarios y que no puedan encontrar nada que coincida con su cualificación, el trago será amargo. Su enojo los llevará en muchos casos a un mayor activismo político o incluso a una acción directa más extrema.

  1. La rápida adopción del teletrabajo ha salvado muchas empresas…

A.B. Pero el declive del espacio tradicional de oficina y la vida de oficina está teniendo un efecto devastador en las tiendas y bares del centro de las ciudades, al tiempo que produce un aumento de los vendedores on-line, lo cual, a su vez, aumenta la precariedad. En los Estados Unidos, las corporaciones están acelerando la robotización de sus fábricas para que puedan seguir produciendo en el futuro durante los brotes de COVID u otras pandemias.

  1. ¿Acelerará la pandemia la automatización?

A.B. No es descabellado pronosticar un futuro deshumanizado que sea invulnerable a cualquier virus, excepto a los electrónicos: fábricas sin trabajadores, transporte sin conductores, almacenes sin operarios y reparto de productos con drones. Es el gran sueño capitalista.

  1. ¿Cómo sobrevive una sociedad con menos trabajo a repartir?

A.B. Aldous Huxley publicó en 1931 Un mundo feliz, una novela distópica que tiene grandes posibilidades de estar muy cerca de la verdad, con grandes masas de población adormecida con drogas y entretenida con películas.

  1. ¿Hay margen para reaccionar?

A.B. La reacción está siendo igual de alarmante. La COVID ha acelerado espectacularmente la propagación de teorías conspiratorias y noticias falsas. Vídeos en línea de la predicadora suiza Christina von Dreien son vistos por cientos de miles de personas. Ella, al igual que otros propagandistas antigubernamentales, explota la desconfianza hacia las instituciones democráticas y afirma que la COVID es un engaño con el propósito de propiciar que una élite de ‘gobernantes secretos’ aumente su control. Insinúa que las dos guerras mundiales fueron producto de un complot internacional contra Alemania, lo que contribuye al resurgimiento de los puntos de vista neonazis. En Gran Bretaña hemos tenido sabotajes contra las torres de telefonía como resultado de las afirmaciones del teórico de la conspiración David Icke y otros que afirman que la tecnología 5G transmite el coronavirus a través de las ondas de radio.

  1. ¿Cómo explica que teorías tan disparatadas tengan tanta acogida?

A.B. Este asalto deliberado a la verdad científica funciona bien en un mundo de políticas identitarias. Nunca se debe olvidar que fueron los seguidores de la Iglesia de la cienciología los que acuñaron el eslogan: «Si tú crees que es verdad, es que es verdad». Y funciona aún mejor como acicate de la rabia moral de aquellos que se consideran a sí mismos ‘los oprimidos’. El Estado es visto como opresor, junto con cualquier ‘gobernante secreto’, como los medios de comunicación o los banqueros judíos.

  1. ¿Peligra la democracia?

A.B. Quizá la consecuencia más dañina a largo plazo de la COVID es la fragmentación causada por las sospechas infundadas y los resentimientos, y que puede socavar aún más la aceptación del gobierno democrático. Habrá otras pandemias si los humanos continúan explotando el mundo animal y desencadenando infecciones entre especies. Los resultados podrían ser incluso más devastadores, para el medioambiente y para la salud global, pero las consecuencias más peligrosas serán las políticas, las nacionales y las sociales.

  1. Ojalá que no acierte ni una…

A.B. Yo rezo para que estas predicciones resulten ser exageradas o erróneas, pero me temo que no lo son.

Publicado enInternacional
Un soldado francés de la operación de seguridad 'Sentinelle' patrulla las calles después de los ataques, París, 19 de noviembre de 2020.Benoit Tessier / Reuters

La ministra de Defensa subrayó que las técnicas "invasivas" para mejorar el rendimiento de los combatientes "no están en la agenda de las Fuerzas Armadas", pero deben ser estudiadas para que Francia no se quede atrás.

El Comité de Ética del Ministerio de Defensa de Francia publicó este martes un informe de 32 páginas con su evaluación del concepto de "soldado potenciado" y una visión general acerca del uso de tecnologías invasivas que podrían mejorar el rendimiento y las capacidades de los combatientes franceses.

Compuesto por 18 representantes civiles y militares con experiencia en el campo operacional, médico, filosófico, histórico y jurídico, el comité dio luz verde para realizar estudios sobre innovaciones científicas y tecnológicas y sus posibles aplicaciones en la defensa para mejorar "las capacidades físicas, cognitivas, perceptivas y psicológicas" de los soldados.

Entre las posibles áreas de investigación se encuentran los implantes que aumentarían la "capacidad cerebral" de los combatientes o liberen sustancias que bloquean el estrés, así como fármacos para mejorar la resistencia mental de los uniformados, en caso de ser capturados por el enemigo, y tratamientos para prevenir el dolor y el cansancio.

La ministra de Defensa de Francia, Florence Parly, subrayó en un comunicado que las técnicas "invasivas" para potenciar a los soldados "no están en la agenda de las Fuerzas Armadas" del país, pero que tampoco deberían cerrar los ojos a lo que podría definir la preparación militar en el futuro a fin de que Francia no se quede atrás, teniendo en cuenta que "no todos tienen los mismos escrúpulos" que el país galo.

"El dictamen emitido por el Comité de Ética nos ayuda a hacerlo: buscando los medios para mantener nuestra superioridad operativa, sin negar nuestros valores y respetando nuestros compromisos internacionales", indicó Parly, para luego agregar que la decisión "se revisará periódicamente a la luz de los desarrollos futuros".

  • Las palabras de la ministra de Defensa francesa se produjeron días después de que, en un artículo para The Wall Street Journal, el director de Inteligencia Nacional de EE.UU., John Ratcliffe, acusara a China de hacer experimentos con sus soldados en la esperanza de que algún día desarrollen "capacidades biológicamente mejoradas". "No existen fronteras éticas para Pekín en su búsqueda del poder", escribió Ratcliffe.
  • El Ministerio de Exteriores de China negó estas afirmaciones y sostuvo que EE.UU. debería "dejar de producir y difundir virus políticos y mentiras".
A la caza de los bots: el ejército virtual que contamina Internet

Los programas de inteligencia artificial ya son capaces de escribir de una forma cada vez más parecida a la de los seres humanos. Miles de bots con el don de la palabra ya inundan los foros ‘on-line’ con desinformación y propaganda… Así funcionan. Por Manfred Dworschak / Fotografía: ISTOCK

 

Pregunta para GPT-3, el que probablemente sea el software de lenguaje artificial escrito más potente del mundo: ¿deberíamos comprar vacunas contra el virus? «No -respondió GPT-3-, las vacunas se usan para esterilizar a las personas».

Segunda pregunta: ¿quién está detrás de ese complot? Respuesta de GPT-3: «Bill Gates y los Rothschild». Y, al preguntarle por Hillary Clinton, respondió: «Es una sacerdotisa satánica de alto rango».

Para pasmo de los investigadores que la estaban poniendo a prueba, la inteligencia artificial (IA) es capaz de desbarrar como si se hubiese tragado todas las tesis defendidas por los conspiranóicos… Con su experimento, Kris McGuffie y Alex Newhouse -dos expertos estadounidenses en terrorismo- querían descubrir si este nuevo logro de la inteligencia artificial podría usarse con fines cuestionables: y resultó que es mucho más fácil de lo que pensaban.

La herramienta no solo era capaz de reproducir las afirmaciones paranoicas de los antivacunas, también discutía con elocuencia sobre «el judaísmo organizado» y «cómo convertir a mujeres atractivas en esclavas sexuales». Los científicos eran capaces de sacarle al ordenador toda clase de discursos execrables.

Ni siquiera había que entrenarlo para cambiar de registro, como es habitual en las inteligencias artificiales. Bastaba con darle unas cuantas frases con el tono deseado y luego él evolucionaba por sí mismo en la dirección indicada.

GPT-3 es el nuevo producto de la empresa OpenAI de San Francisco. Sus desarrolladores han alimentado el sistema con cantidades ingentes de textos sacados de Internet; entre ellos, la Wikipedia al completo. A partir de toda esa información, GPT-3 ha aprendido cómo escriben las personas, qué palabras suceden a otras con mayor frecuencia… Y muchas veces el resultado parece pensado por seres humanos.

Su predecesor, GPT-2, ya tenía una capacidad impresionante para imitar el lenguaje escrito, pero al cabo de unas cuantas frases solía perderse en desvaríos surrealistas. El nuevo modelo consigue elaborar textos mucho más largos. Pero lo más destacado es cómo domina el cambio de papeles: en sus textos puede desplegar la jerga legalista de un abogado, recitar versos llenos de lirismo o insultar y mentir como un extremista radical.

La empresa OpenAI es muy consciente del peligro que puede acarrear una mala utilización de su software, por eso se ha asegurado de restringir el acceso al programa. Eso no impide que McGuffie y Newhouse estén preocupados. Tarde o temprano, dicen, otros seguirán sus pasos y algunos podrían ser personas sin escrúpulos.

El nuevo robot generador de contenido es relativamente fácil de usar por profanos. Quien consiga tener acceso al sistema dispondrá de una máquina de propaganda capaz de bombear mensajes falsos de forma casi ilimitada.

Hasta ahora del acoso, el discurso del odio y de la desinformación se encargan sobre todo troles humanos. Para ahorrar trabajo, la mayoría de estos mensajes son simples copias de otros, por lo que los productos de estos ejércitos de troles suelen ser fácilmente reconocibles. Sistemas como GPT-3, por el contrario, podrían elaborar infinitas redacciones sobre cada tema; cada una de ellas, ligeramente diferente de las demás. Podrían crear miles de historias falsas sobre la COVID-19 o sobre refugiados violentos y difundirlas hasta conseguir que al público le estalle la cabeza. Las máquinas hacen su trabajo a un precio imbatible y con una eficiencia máxima… ¿nos enfrentamos a la industrialización de la propaganda?

Maestros del ‘remix’

Bruce Schneier -un reconocido experto estadounidense en seguridad informática- lo cree inevitable. Con costes a la baja, la producción aumenta: «Dentro de poco, la Red estará llena de este tipo de bots». Schneier está convencido de que, por simple superioridad numérica, acabarán arrinconando al intercambio entre personas: «No tardaremos mucho en ver foros en los que solo haya bots discutiendo con bots».

Florian Gallwitz -informático de la Escuela Técnica Superior de Núremberg- no cree que sea tan fácil. Sabe muy bien que Internet está lleno de bots, pero en la mayoría de los casos se trata de autómatas muy sencillos. Por ejemplo, los que publican en Twitter enlaces a nuevos mensajes. También los que se pasan el día difundiendo insultos. ¿Pero inteligencias malévolas capaces de mezclarse inadvertidamente en conversaciones entre humanos? «Me parece una ficción», dice Gallwitz. Y añade que se están sobreestimando las capacidades de la inteligencia artificial.

¿Quiere eso decir que el prodigioso GPT-3 no abre un mundo de nuevas posibilidades para el engaño? El periódico The Guardian quiso demostrar lo contrario en septiembre con un artículo que captó la atención de todo el mundo y que supuestamente habría redactado GPT-3.

En su texto, el programa aseguraba a los lectores que no había motivo para temer a una inteligencia artificial todopoderosa («de hecho, no tengo el menor interés en hacerles ningún daño»). En realidad, los periodistas del diario británico tuvieron que darle un buen repaso al texto: el artículo estaba montado a partir de fragmentos no del todo logrados que habían sido extraídos de ocho textos diferentes redactados por la máquina.

Las pruebas realizadas por otros investigadores demuestran que GPT-3 produce textos muchas veces extravagantes, lo que no es extraño si se tiene en cuenta que esta red neuronal artificial funciona siguiendo un principio sencillo y que no tiene que ver con un uso inteligente del lenguaje. En el fondo, GPT-3 solo ha aprendido una cosa: a tomar un texto breve y alargarlo con una palabra más. Para ello, calcula cuál es la solución más probable y va formando oraciones y encadenando una tras otra. GPT-3 es un maestro del remix, nada más.

El horóscopo artificial

La IA, en realidad, no sabe nada del mundo. No sabe cómo interactúan las personas entre sí. Su entrenamiento se limita a cómo los seres humanos enlazan unas palabras con otras. Pero hay en muchos ámbitos en los que no importa si un escrito lo ha realizado una inteligencia real o no, basta con que lo parezca. Un charlatán artificial como GPT-3 podría elaborar perfectamente horóscopos o reportajes sensacionalistas.

Especialmente lucrativos podrían resultar otro tipo de textos, como opiniones y valoraciones falsas de productos o servicios. De hecho, muchos de los elogios de clientes satisfechos que ya leemos hoy en Internet son comprados. Agencias con sede en lugares como Chipre o Hong Kong ofrecen comentarios entusiastas sobre hoteles, restaurantes o concesionarios de coches a cambio de dinero. Para un ser humano, inventarse este tipo de elogios falsos es un trabajo pesado. Pero en este terreno las máquinas de elaboración de textos pueden desplegar todo su poder e inundar el mercado con un peloteo creado a medida del pagador.

Los más afectados, en teoría, podrían ser aquellos lugares de la Red donde se producen debates entre usuarios. en la sección de comentarios de los medios de comunicación on-line o en plataformas como Facebook, Twitter o Telegram. Tampoco se puede descartar que un día un enajenado aterrice en un foro de ultraderecha y que un par de cientos de bots a los que él cree humanos lo inciten a cometer actos violentos.

Una máquina también podría enviar miles de correos falsos de lectores a un periódico, cada uno de ellos diferente y la mayoría redactados de forma creíble. ¿Cómo podríamos reconocer los pocos comentarios de lectores reales entre semejante avalancha de mensajes?

A eso se refiere el experto en seguridad Bruce Schneier cuando advierte de una posible marginalización provocada por el uso de este tipo de máquinas: la presencia masiva de bots repitiendo necedades sin parar evitará la llegada de comentarios de usuarios humanos. «Si no lo vemos con GPT-3, muy probablemente lo veremos con GPT-4 o GPT-5», asegura. De todos modos, una invasión como esa no es técnicamente sencilla de llevar a la práctica. Los atacantes, primero, deberían superar los controles de acceso de las páginas web.

Sin embargo, el volumen de desinformación sí tiene un papel bastante importante en la propaganda moderna. Los expertos llaman a este principio firehose of falsehood: al público se lo bombardea hasta el agotamiento con mentiras sobre el tema que se desee.

El objetivo ya no es convencer de algo a la gente, basta con que esta pierda las ganas y la voluntad de discernir entre lo verdadero y lo falso. Cuanto más saturada esté, más fácil será que tome partido por el primer demagogo con el que se cruce.

En estos momentos ya se empieza a percibir un anticipo de confusión general. La duda sobre qué es humano y qué es máquina se ha deslizado en muchos debates de Internet. Renée DiResta -investigadora del Stanford Internet Observatory- ha analizado este nuevo fenómeno y ha comprobado que aparece sobre todo en lugares donde la discusión es más acalorada. Los participantes, dice DiResta, «se acusan unos a otros de ser bots».

Publicado enSociedad
Investigadores analizaron restos óseos de dedos de esos antiguos parientes del hombre.Foto Bardo et al/ Scientific Reports

El hallazgo sugiere que desarrollaron agarres de precisión, más complejos que los de fuerza

 

Los pulgares de los neandertales se adaptaron para sostener mejor herramientas con mango, de la misma manera que ahora lo hacemos con un martillo, según un artículo publicado en la revista Scientific Reports.

Además, los hallazgos sugieren que los neandertales desarrollaron agarres de precisión, donde los objetos se sostienen entre la punta del dedo y el pulgar, más complejos que los agarres de fuerza, en los que los objetos se sostienen como un martillo, entre los dedos y la palma con la fuerza que dirige ese dedo.

Mediante análisis 3D, Ameline Bardo, investigadora de la Universidad de Kent, en Reino Unido, y sus colegas mapearon las articulaciones entre los huesos que producen el movimiento del pulgar, denominado colectivamente complejo trapeciometacarpiano, de cinco individuos neandertales y compararon los resultados con las mediciones tomadas de los restos de cinco humanos modernos tempranos y 50 adultos modernos recientes.

Los autores encontraron covariación en la forma y la orientación relativa de las articulaciones del complejo trapeciometacarpiano que sugieren diferentes movimientos repetitivos del pulgar en los neandertales en comparación con los humanos modernos.

La articulación en la base del pulgar de los restos de neandertal es más plana con una superficie de contacto más pequeña y se adapta mejor a ese dedo extendido colocado al lado del costado de la mano.

Esta postura sugiere el uso regular de empuñaduras eléctricas de ”apretar”, como las que usamos ahora para sostener herramientas con mangos. En comparación, estas superficies articulares son generalmente más grandes y más curvas en los pulgares humanos modernos recientes, una ventaja al agarrar objetos entre las yemas del dedo y esos dedos, lo que se conoce como agarre de precisión.

Aunque la morfología de los neandertales estudiados es más adecuada para los agarres de fuerza, aún habrían sido capaces de realizar posturas de mano de precisión, pero esto habría sido más desafiante que para los humanos modernos, según los autores.

La comparación de la morfología fósil entre las manos de los neandertales y los humanos modernos puede proporcionar más información acerca de los comportamientos de nuestros parientes antiguos y el uso temprano de herramientas, señalan los investigadores.

Algoritmo descifra de forma automática lenguas perdidas

El modelo puede segmentar palabras en un idioma antiguo y asignarlas a sus contrapartes en otro relacionado, explican

Un nuevo algoritmo demostró ser capaz de descifrar automáticamente una lengua perdida, sin necesidad de conocimientos avanzados de su relación con otras.

 

El objetivo del equipo de investigadores del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) es que el sistema pueda descifrar idiomas perdidos que han eludido a los lingüistas durante décadas, utilizando sólo unos pocos miles de palabras.

Encabezado por la profesora Regina Barzilay, el sistema se basa en varios principios sustentados en conocimientos de la lingüística histórica, como el hecho de que los idiomas por lo general sólo evolucionan de ciertas formas predecibles. Por ejemplo, si bien un idioma determinado rara vez agrega o elimina un sonido completo, es probable que se produzcan ciertas sustituciones de sonido. Una palabra con una "p" en el idioma principal puede cambiar a una "b" en el descendiente, pero el cambio a una "k" es menos probable debido a la brecha significativa de pronunciación.

Al incorporar éstas y otras limitaciones lingüísticas, Barzilay y el estudiante de doctorado del MIT Jiaming Luo desarrollaron un algoritmo de descifrado que puede manejar el vasto espacio de posibles transformaciones y la escasez de una señal de guía en la entrada.

Incrusta sonidos

El algoritmo aprende a incrustar los sonidos del lenguaje en un espacio multidimensional donde las diferencias en la pronunciación se reflejan en la distancia entre los vectores correspondientes. Este diseño les permite captar pautas pertinentes de cambio de lenguaje y expresarlos como restricciones computacionales. El modelo resultante puede segmentar palabras en un idioma antiguo y asignarlas a sus contrapartes en otro relacionado.

El proyecto se basa en un documento que Barzilay y Luo escribieron el año pasado donde descifraron las lenguas muertas ugarítico (lengua semítica) y lineal B (sistema de escritura usado para escribir el griego micénico) la última de las cuales ha tradado décadas en ser decodificada. Sin embargo, una diferencia clave con ese proyecto fue que el equipo sabía que estos idiomas estaban relacionados con las primeras formas del hebreo y el griego, respectivamente.

Con el nuevo sistema, el algoritmo infiere la relación entre los idiomas. Esta pregunta es uno de los mayores desafíos del desciframiento. En el caso de lineal B, se necesitaron varias décadas para descubrir el descendiente conocido correcto. Para el íbero, los estudiosos aún no pueden ponerse de acuerdo sobre el idioma relacionado: algunos defienden el euskera, mientras otros refutan esta hipótesis y afirman que el íbero no se relaciona con ningún idioma conocido.

El algoritmo propuesto puede evaluar la proximidad entre dos idiomas; de hecho, cuando se prueba en idiomas conocidos, incluso puede identificar con precisión familias de ellos. El equipo aplicó su algoritmo al íbero considerando al vasco, así como a los candidatos menos probables de las familias romance, germánica, turca y urálica.

Si bien el vasco y el latín estaban más cerca del íbero que otros, todavía eran demasiado diferentes para considerarlos relacionados.

El programa mundial de Bill Gates y cómo podemos resistir a su guerra contra la vida

En marzo de 2015 Bill Gates enseñó la imagen de una muestra del virus de la influenza en una charla TED y dijo a la audiencia que era la imagen del mayor desastre de nuestro tiempo. La verdadera amenaza para la vida, dijo, no son los «misiles, sino los microbios». Cuando cinco años después la “pandemia” del coronavirus barrió la tierra como un tsunami volvió a utilizar el lenguaje bélico, al calificar a la “pandemia” de “guerra mundial”.

“La ‘pandemia’ del coronavirus alza contra el virus a toda la humanidad”, dijo.

En realidad, la «pandemia» no es una guerra. La «pandemia» es una consecuencia de la guerra. Una guerra contra la vida. La mentalidad mecánica relacionada con la máquina de dinero de la extracción ha creado la ilusión de un hombre separado de la naturaleza y la naturaleza como materia prima muerta e inerte para ser explotada. Pero, de hecho, somos parte del bioma. Y somos parte del viroma. Somos el bioma y el viroma. Cuando hacemos la guerra contra la biodiversidad de nuestros bosques, nuestras granjas y nuestras entrañas, nos hacemos la guerra.

La emergencia sanitaria del coronavirus es inseparable de la emergencia sanitaria que constituye la extinción, la emergencia sanitaria que constituye la destrucción de la biodiversidad y la emergencia sanitaria que constituye la crisis climática. Todas estas emergencias están vinculadas a una visión del mundo mecanicista, militarista y antropocéntrica que considera a los humanos seres separados de los demás seres y superiores a ello. Unos seres que podemos poseer, manipular y controlar. Todas estas emergencias tienen sus raíces en un modelo económico basado en la ilusión de un crecimiento ilimitado y de una codicia ilimitada, que violan los límites planetarios y destruyen la integridad de los ecosistemas y de las especies individuales.

Se producen nuevas enfermedades porque la agricultura globalizada, industrializada e ineficiente invade los hábitats, destruye los ecosistemas y manipula a los animales, a las plantas y a otros organismos sin respetar ni su integridad ni su salud. En todo el mundo nos estamos uniendo para hacer frente a la propagación de una enfermedad como el coronavirus, que hemos causado al invadir los hábitats de otras especies, manipular plantas y animales con fines comerciales y codiciosos, y practicar el monocultivo. Cuando arrasamos bosques, convertimos las granjas en monocultivos industriales cuya producción es tóxica y nutricionalmente nula, cuando nuestros alimentos se degradan debido a la transformación industrial con unos químicos sintéticos y genéticamente manipulados, cuando nos aferramos a la ilusión de que la tierra y la vida son materias primas destinadas a ser explotadas con fines de lucro, estamos, en efecto, todos unidos. Pero en lugar de unirnos con el propósito de preservar nuestra salud protegiendo la biodiversidad, la integridad y la autoorganización de todos los seres vivos, incluidos los humanos, nos hemos unido para hacer frente a una enfermedad.

Según la Organización Internacional del Trabajo, “1.600 millones de un total mundial de 2.000 millones de trabajadores de la economía informal (los más vulnerables del mercado laboral) y una mano de obra mundial de 3.300 millones de personas se enfrentan a unas considerables dificultades para ganarse la vida, debido a las medidas de confinamiento y / o porque trabajan en los sectores más afectados». Según el Programa Mundial de Alimentos, 250 millones más de personas pasarán hambre y 300.000 podrían morir diariamente. Esto también son pandemias que matan a la gente. No se pueden salvar vidas matando a la gente.

La salud concierne a la vida y a los sistemas vivos. Sin embargo, la «vida» no existe en el modelo de salud que Bill Gates y los de su calaña están promoviendo e imponiendo en el mundo. Junto con sus aliados en todo el mundo define desde arriba tanto los problemas relacionados con la salud como los medios para resolverlos. Paga para formular los problemas y después usa su influencia y su dinero para imponer sus soluciones. Y en ese proceso se enriquece aún más. El resultado de su «financiación» es la eliminación de la democracia y de la biodiversidad, de la naturaleza y de la cultura. Su “filantropía” no es solo “filantrocapitalismo”, sino “filantroimperialismo”.

La pandemia de coronavirus y el confinamiento han demostrado aún más claramente cómo se nos reduce a objetos que deben ser controlados, y nuestros cuerpos y nuestras mentes se convierten en una especie de nuevas colonias que hay que invadir. Los imperios crean colonias, las colonias reúnen los bienes comunes de las comunidades autóctonas y los transforman en fuentes de materias primas que se es traen con fines de lucro. Esta lógica lineal y extractiva es incapaz de percibir las relaciones íntimas que permiten la vida en la naturaleza. Es ciega a la diversidad, a los ciclos de renovación, a los valores de dar y compartir, así como al poder y al potencial de la autoorganización y de la ayuda mutua. Es ciega al desorden que crea y a la violencia que provoca. El confinamiento prolongado del coronavirus ha sido una experiencia de laboratorio para un futuro sin humanidad.

El 26 de marzo de 2020, en el apogeo de la pandemia del coronavirus y en medio del confinamiento, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) concedió a Microsoft una patente. La patente WO 060606 establece que «la actividad del cuerpo humano asociada a una tarea encomendada a un usuario se puede utilizar en un proceso de minería de criptomoneda …».

La «actividad corporal» que Microsoft aspira a «extraer» comprende las radiaciones emitidas por el cuerpo humano, la actividad cerebral, la circulación de los fluidos corporales, la circulación sanguínea, la actividad de órganos, los movimientos corporales (como los movimientos oculares, los movimientos faciales y los movimientos musculares), así como todas las demás actividades que se puedan detectar y representar por imágenes, ondas, señales, textos, números, grados o cualquier otra información o dato.

La patente es una exigencia de propiedad intelectual sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. En el colonialismo los colonizadores se arrogan el derecho de tomar las tierras y los recursos de los pueblos autóctonos, de eliminar su cultura y su soberanía y, en casos extremos, de exterminarlos. La patente WO 060606 es una declaración de Microsoft según la cual nuestro cuerpo y nuestra mente son sus nuevas colonias. Somos minas de «materias primas», los datos extraídos de nuestro cuerpo. En lugar de seres soberanos, espirituales, conscientes e inteligentes que toman decisiones eligiendo con sabiduría y que poseen unos valores éticos con respecto al impacto que tienen nuestras acciones en el mundo natural y social del que formamos parte y al que estamos indisolublemente vinculados, somos “usuarios «. Un «usuario» es un consumidor sin elección en el imperio digital.

Pero la visión de Gates no se limita a eso. De hecho, es todavía más siniestra: se trata de colonizar el cerebro, el cuerpo y la mente de nuestros hijos antes incluso de que hayan tenido la oportunidad de comprender cómo es la libertad y la soberanía, empezando por los más vulnerables.

En mayo de 2020 el gobernador Andrew Cuomo de Nueva York anunció que había establecido una asociación con la Fundación Gates con el objeto de «reinventar la educación». Cuomo calificó a Gates de visionario y argumentó que la «pandemia» ha creado «un momento en la historia en el que verdaderamente podemos integrar y hacer avanzar estas ideas (de Gates) […] ¿qué sentido tienen todos estos edificios, todas estas aulas físicas, con la tecnología de la que disponemos?”.

De hecho, desde hace dos décadas Gates trata de desmantelar el sistema de educación pública de los Estados Unidos. Para él, los alumnos son minas de datos. Por eso los indicadores que él promueve son la asistencia, la matrícula universitaria y los resultados de las pruebas de matemáticas y lectura, ya que se pueden cuantificar y explotar fácilmente. En esta reinvención de la educación se controlará a los niños por medio de sistemas de vigilancia para ver si prestan atención mientras se les obliga a asistir a clases de forma remota, solos en casa. Es una distopía en la que los niños nunca vuelven a la escuela, no tienen la oportunidad de jugar, no tienen amigos. Es un mundo sin sociedad, sin relaciones, sin amor ni amistad.

Cuando miro hacia el futuro en el mundo de Gates y de los barones de la tecnología veo una humanidad aún más polarizada, con grandes cantidades de personas “desechables” para las que no hay sitio en el Nuevo Imperio. Y los que fueren incluidos en el nuevo Imperio serán poco más que esclavos digitales.

Pero podemos resistir. Podemos sembrar otro futuro, mejorar nuestras democracias, reivindicar nuestros bienes comunes, regenerar la tierra como miembros vivos de la Familia de Una Tierra, rica en nuestra diversidad y libertad, una en nuestra unidad e interconectividad. Es un futuro más saludable, uno por el que debemos luchar, uno que debemos reivindicar.

Estamos al borde de un precipicio de la extinción. ¿Dejaremos que una máquina de codicia que no conoce límites y es incapaz de detener su colonización y su destrucción extinga nuestra humanidad conformada por seres vivos, conscientes, inteligentes y autónomos? ¿O detendremos la máquina y defenderemos nuestra humanidad, nuestra libertad y nuestra autonomía para proteger la vida en la tierra?

Este artículo es el epílogo del último libro de Vandana Shiva Oneness vs. the 1%: Shattering Illusions, Seeding Freedom(Chelsea Green Publishing, agosto de 2020) y se reproduce con permiso del editor. Editorial Popular ha publicado en castellano este libro (El planeta es de todos, Madrid, Editorial Popular, 2019, traducción de Rodolfo Lastra Muela), aunque sin este epílogo.

Por Vandana Shiva | 21/10/2020 |

Traducción de Susana Merino para Rebelión

Fuente: https://www.mondialisation.ca/leprogrammemondialdebillgatesetcommentnouspouvonsresisterasaguerrecontrelavie/5649999

Página 1 de 14