Un informe de la ONU enumera las principales esperanzas y temores de la humanidad de cara al futuro

El organismo señala que la encuesta global que llevó a cabo en enero de 2020 ha sido su "esfuerzo más ambicioso" hasta la fecha para "comprender las expectativas frente la cooperación internacional y la ONU en particular".

 

Con motivo de la conmemoración del 75.º aniversario de la creación de la ONU, que se desarrolla bajo el lema 'El futuro que queremos, la ONU que necesitamos', este lunes se han publicado los resultados de la encuesta global que realizó la organización en enero de 2020 para descubrir las esperanzas y los temores de la humanidad frente al futuro.

"Al 21 de septiembre de 2020, habían participado más de un millón de personas de todos los países y todas las condiciones sociales. Sus respuestas brindan información única sobre lo que el público quiere en este momento difícil para el mundo", reza su comunicado de prensa, asegurando que se trata del "esfuerzo más ambicioso de la ONU hasta la fecha para comprender las expectativas frente la cooperación internacional y la ONU en particular".

Según los datos revelados, a día de hoy las primeras necesidades de prioridad inmediata consisten, para gran parte de la población mundial, en una mejora del acceso a los servicios básicos, como atención médica, agua potable, saneamiento y educación, seguida de "una mayor solidaridad internacional y un mayor apoyo a los más afectados". "Esto incluye abordar las desigualdades y reconstruir una economía más inclusiva", señala el informe.

Sin embargo, cerca de 300.000 participantes expresaron que la atención médica también es una prioridad a largo plazo. "El cuidado de la salud es también un área en la que la gente espera ver una mejora en los próximos 25 años", comunicaron los autores del estudio, agregando que el 72 % de los encuestados cree que el acceso a los servicios de salud "seguirá siendo el mismo o mejorará en el futuro".

La crisis climática y la corrupción 

Por otra parte, la encuesta mostró que, de cara al futuro, las principales preocupaciones para la humanidad son la crisis climática y la destrucción del medio ambiente, mientras que "garantizar un mayor respeto por los derechos humanos, resolver conflictos, combatir la pobreza y reducir la corrupción" fueron otras de las relevantes prioridades para la sociedad mundial.

"La mayoría de los participantes en todas las regiones están preocupados por el futuro impacto del cambio climático. Nuestra inhabilidad para detener la crisis climática y la destrucción ambiental son vistas por los encuestados como su mayor temor a medio y largo plazo", comunica el informe, revelando que el 49 % de las respuestas apuntan a que la situación ecológica del planeta empeorará, igual que la situación de la corrupción, según otro 41 %.

La desigualdad y la pobreza

Además, según los datos publicados, la gente desea que en el mundo haya "más solidaridad internacional y un aumento del apoyo a los lugares más afectados por la pandemia. Eso incluye luchar contra la pobreza y las desigualdades y estimular el empleo". A la pregunta sobre los objetivos establecidos a largo plazo, muchos nombraron "el acceso universal a la educación e igualdad de derechos para las mujeres".

El informe destaca que más del 87% de la población confía en que la cooperación internacional es vital para hacer frente a los desafíos actuales, como la lucha contra la pandemia, a la vez que el 74 % ve a la ONU como "esencial" para abordarlos.

Publicado:22 sep 2020 08:41 GMT

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Jueves, 17 Septiembre 2020 05:34

La emoción

El grito, de Edvard Munch

Un misterio y salto cualitativo en el acto psicoanalítico

Una indagación en el complejo campo de experiencias ligadas al aspecto cualitativo de la psiquis.

Fluctuación. ¿Qué es la emoción sino ese complejo campo de experiencias ligadas al aspecto cualitativo de la psiquis, más precisamente a la conciencia y sus fluctuaciones de onda, a la cualidad de la energía desligada, pasando por los diferentes registros psíquicos? A eso que, más allá de la representación, podemos nombrar como del orden del “aconteciendo”, una letra real.

Si la conciencia es el estadio más elevado de la elaboración de la materia en agrupamientos finos, capaz de captar los ecos y las fluctuaciones de campo de la materia de forma transdimensional, la emoción, entonces, sólo puede acontecer en el nivel y en el instante de esos ecos sucesivos, atravesando y “peinando” los registros psíquicos, tal como Freud lo señaló en la pizarra maravillosa. Es decir, en la complejidad de la existencia, en su dimensión espiritual, mediante diferentes formas del saber y del saber hacer, allí, la emoción parpadea, fulge y resuena, envoltura que no deja de moverse, envoltura topológica, abierta, siempre vital, designio del ancestral “motus est vita” que marcó el pulso de occidente contemporáneo por la referencia a un acontecimiento que se nombra clásico.

Lo clásico es el S1 con el que Occidente se inventa un origen y un nombre, una pertenencia a la antigüedad grecorromana, una intermitencia también para con los afanes y las atrocidades del tánatos destructor. Es su apuesta colectiva y contemporánea ligada a la realidad y no a los automatismos de la felicidad, una posible ética que garantice la dimensión de lo humano sensual. Esta vía es la que retoma el psicoanálisis sin reducirla ni resignarla a la simple mascarada del ideal. El psicoanálisis indaga en las vicisitudes de cómo eso humano tropieza y nace a la verdad, asegurando su transmisión.

Allí hay verdad en juego, por eso la emoción está en el punto de inflexión del acto psicoanalítico y de nuestro quehacer como psicoanalistas, y emerge como misterio y como salto cualitativo.

La emoción, por otra parte, señala esa relación, siempre creadora, entre la poética, la música y las ciencias conjeturales.

Tendencia. La emoción es asimismo una sensualidad y una estética, esa que el discurso psicoanalítico interroga con su ética del deseo, esa que dispone al analista a escuchar en su propio deseo de analizar. Aspecto cualitativo y elemento de la pulsión, no sólo por lo que allí hay de empuje, sino por su “tendencia”, tendencia a, hacia, precisamente enmarcando el devenir incierto del objeto “a” en la experiencia humana, como objeto imposible de la realidad. Eso que asimismo posibilita la relación con una letra real.

La emoción, define así, tal como Freud lo señalara, una relación a la cuestión problemática de ubicar en la neurosis obsesiva los devenires de la formación de síntoma. No sólo en relación con la ideación como realización y como solución de compromiso, sino de cómo lo que fluctúa y se desliza en la cadena de significantes, sobrevolándola, es precisamente la emoción, entre representaciones, ofreciendo una oportunidad única en la experiencia de la escucha analítica para situar allí la dimensión de lo humano.

La emoción en la relación transferencial se propone como un intervalo a ser escuchado en su cadencia, más allá del significante en juego, de un modo estético y musical, campo gravitatorio que arroja la experiencia más allá del sentido común. Esa tendencia requiere entonces de la disposición a analizar y sostener el goce que se pone allí en juego. El efecto de esa operación es el de un vacío precursor, un real en el saber.

Instante. Como ya hemos señalado, nuestra práctica como analistas es parecida a la experiencia de un oyente con la música. Una emoción que trasciende la relación con el objeto y por consiguiente atraviesa la lengua.

Lo humano posiblemente se delinea en un devenir de esa cualidad que atraviesa la experiencia de la propia lengua, más allá de toda literalidad, pero guardando relación con la letra transdimensional --la intergeneracional que se desliza entre planos translinguísticos--. Eso que llamamos emoción no es otra cosa que un eco de realidad inconsciente sobre el saber alrededor de la roca viva de la castración. La emoción sea así un eco de la “cosa”, el “das ding” señalado por Freud en relación con el trauma, pero arrojada al vacío por efecto de la relación transferencial, para proponer a partir de allí una nueva relación con lo real.

Es, por otra parte, considerar la emoción como onda / partícula que se determina por efecto de la escucha / oyente. Es esa misma idea freudiana sobre el deslizamiento de la emoción entre representaciones. Y la de Lacan, emoción entre los registros, RSI --Real, Simbólico, Imaginario--, y al acto psicoanalítico.

Por eso la emoción se propone instantánea, nos toma por sorpresa, eventualmente, nos hace “saltar las lágrimas”, instante de verdad que no puede definirse por ningún sentido preestablecido, ni por ninguna “imago”, ni siquiera por eso que podríamos señalar como determinación inconsciente. Por el contrario, es un instante de verdad indeterminado, un estético salto en el vacío, una caída, incluso si esa caída es en el amor, “falling in love”. Y para decirlo más precisamente, no es sin amor.

Está, por otra parte, en relación con el aspecto accidental y desencadenante de la estructura psíquica, es eso que permite deslizarnos entre los factores predisponentes del complejo parental y la novedad del acontecimiento.

En el aspecto metapsicológico y a nivel del intervalo significante, la emoción funciona como una aleatoriedad.

La emoción no es sin un apego específico con la realidad, por una parte, y con lo colectivo por otra, ya que garantiza por la vía de las relaciones de apuntalamiento su realización como destino espiritual.

La emoción es asimismo el fogonazo que causa a Dios en su primigenio “en el principio fue el verbo”, es también una centellante luz, esa que nos hace decir “eureka”.

Un encuentro amoroso con la cosa que “cada quien” tiene para descubrir y trabajar, inventando e inventándose en el curso de una vida.

Por Cristian Rodríguez, director del Espacio Psicoanalítico Contemporáneo (EPC) y miembro del Institute Gérard Haddad de París (IGH).

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Presentan impresionante dispositivo que podría conectar el cerebro humano a una computadora

La compañía de neurotecnología Neuralink Corporation presentó hoy los resultados de un impresionante dispositivo pensado para crear una conexión entre el cerebro humano y una computadora.

Ante trastornos como pérdida de memoria o de audición, depresión, adicción, parálisis y daño cerebral, este dispositivo implantable, del tamaño de una moneda, podría representar una esperanza, según destacó el empresario Elon Musk.

"Las neuronas son como cables, y se necesita algo electrónico para resolver un problema electrónico", consideró.

El dispositivo tiene el tamaño de una moneda y ha recibido el nombre de 'The Link'. Musk recalcó que el dispositivo Link V0.9 es muy pequeño, 23 x 8 milímetros, y que puede ser implantado directamente en la corteza craneal superior de una persona a través de una cirugía.

"Durante el último año simplificamos considerablemente nuestros sistemas: ahora caben en un chip que ocupa menos espacio que una moneda y puede ser completamente escondido durante la implantación", afirmó Musk.

Entre los detalles sobre el nuevo dispositivo, se prevé que el procedimiento de implantación en el cerebro se lleve a cabo durante menos de una hora y sin el uso de anestesia general. El paciente podrá abandonar el hospital el mismo día.

Asimismo, el dispositivo podrá funcionar todo el día y su cargamento se realizará por la noche.

"Debo decir que eso es algo importante, porque esto se conectaría a su teléfono, por lo que la aplicación estaría en su teléfono y The Link se comunicaría, esencialmente por Bluetooth de baja energía, con el dispositivo en su cabeza", afirmó. "Es como un Fitbit en tu cráneo con pequeños cables", dijo Musk sobre el dispositivo.

El chip ya fue probado en cerdos, según mostraron durante el evento. Ahora la empresa se prepara para iniciar las pruebas clínicas del dispositivo y se realizarán con la participación de un pequeño grupo de pacientes con parálisis o paraplejía.

De momento se desconoce cuándo The Link aparecerá en el mercado, pero Musk ya se expresó sobre su futuro precio.

"Al principio va a ser bastante caro, pero caerá rápidamente”, señaló, agregando que la compañía quiere que el precio baje a "unos cuantos miles de dólares".

A comienzos de este año, el magnate aseguró que el artefacto podría implantarse por primera vez en una persona a finales de 2020. No obstante, reconoció que a su compañía le quedaba "un largo camino" para implementar exitosamente la interfaz y lograr la producción en masa y posterior implantación del producto.

¿Qué busca Musk con Neuralink?

  • Integrar el cerebro humano con un intelecto artificial y hacer que ambos trabajen en simbiosis.
  • Para ello, un robot neuroquirúrgico implantaría 6 hilos con 192 electrodos por minuto. El conjunto implantado podría contener hasta 3.072 electrodos repartidos en 96 hilos. En caso de que esa interfaz se haga realidad, tendría enormes implicaciones en la "restauración de la función sensorial y motora y el tratamiento de trastornos neurológicos", explica la empresa en un documento técnico.

28 agosto 2020

Humanos y robots trabajarán juntos en un futuro próximo. Esta combinación acelerará el desarrollo de la tecnología. El empresario y el cyborg organiza las redes sociales.

¿Cuál es la amenaza?

La carrera armamentista continúa en el siglo XXI, pero la carrera por la inteligencia artificial (IA) está adquiriendo un nuevo significado. La creación de máquinas inteligentes que tengan la capacidad realizar funciones creativas inherentes al ser humano se ha convertido en un área clave del progreso científico y tecnológico. Las tecnologías de la inteligencia artificial están diseñadas para resolver problemas relacionados con muchas esferas de la vida: gobernar el Estado, aumentar la competitividad de la producción, las finanzas, el transporte, la vida cotidiana, la educación, la medicina, la defensa.

En 2017 la consultora internacional PriceWaterhouseCoopers preparó un informe sobre el posible impacto de la IA en la economía global. Según los expertos de la compañía, la IA podrá proporcionar un crecimiento adicional del PIB mundial en 15,7 billones de dólares o en un 14% para 2030. Los expertos reconocieron a China como líder de la carrera en el campo de la inteligencia artificial. A expensas de la IA podrá generar un PIB adicional por un monto de 7 billones de dólares (alrededor del 45% del crecimiento total del PIB hasta 2030). Y aquí están las estimaciones del crecimiento del PIB debido a la IA en otras regiones (billones de dólares): América del Norte: 3,7; Europa del Norte: 1,8; Sur de Europa: 0,7; África y Oceanía: 1,2; Asia (excluida China): 0,9; América Latina: 0.5

Los autores del informe señalan que se estima que China gastará de 150.000 millones de dólares en el desarrollo de la IA en el período 2017-2030. El liderazgo de China en el desarrollo de la IA también es reconocido por expertos del McKinsey Global Institute. Según sus estimaciones, la introducción de la IA proporcionará un aumento adicional en el PIB de China en una cantidad de 0,8 a 1,4 puntos porcentuales. A pesar de que la crisis económica viral anuló evaluaciones anteriores, China no cambiará sus prioridades. En mayo-junio, Beijing confirmó que las inversiones en inteligencia artificial se mantendrán al mismo nivel.

The Brookings Institution ha publicado una amplia revisión llamada «¿Cómo la inteligencia artificial está transformando el mundo?», que abarca 34 países (1). Estos expertos también admiten que Occidente está perdiendo frente a China en el desarrollo de tecnologías de la IA.

The Brookings Institution no considera a Rusia como un aspirante al liderazgo en IA, aunque tiene su propia estrategia para su desarrollo hasta el 2030. Sin embargo, ¿vale la pena que Rusia se una a esta carrera? En abril de 2020 la Federación de Rusia aprobó una ley sobre la realización de un experimento sobre el desarrollo de la inteligencia artificial en Moscú. La ley fue aprobada sin comentarios públicos generalizados; en la revisión del The Brookings Institution se observa que en la mayoría de los países los proyectos de IA también se llevan a cabo sin comentarios al público. El jefe del Consejo de Derechos Humanos (CDH), Valery Fadeev, expresó su preocupación por esto. El uso de la inteligencia artificial, en su opinión, está plagado de la amenaza de la introducción masiva de microchips en la sociedad. El director del HRC destacó dos puntos negativos del experimento en Moscú: primero, una gran cantidad de sensores y cámaras que rastrean el movimiento de los ciudadanos; en segundo lugar, le preocupa que todos los datos se envíen a un único registro federal.

Hay peligros de otro tipo. Si el desarrollo de la IA se basa en un hardware importado, existe una amenaza para la seguridad nacional. Además, las muestras de IA ya existentes demuestran una gran capacidad de autoaprendizaje; no se puede descartar que puedan superar a los humanos.

Hay dos tipos de robots. Los robots que realizan operaciones mecánicas y reemplazan el trabajo físico humano y los robots inteligentes que pueden reemplazar el trabajo mental, es decir, máquinas de inteligencia artificial. Los robots inteligentes ya han entrado en competencia con los humanos. Por ejemplo, en China, los robots inteligentes pueden escribir ciertos materiales informativos sencillos para los medios y están comenzando a reemplazar a los periodistas. Mañana comenzarán a reemplazar a los médicos, profesores, abogados, escritores, incluso a los científicos. Y pasado mañana (¿quién sabe?) ¿No empezarán a buscar la igualdad de derechos con los seres humanos? Y después de pasado mañana, pasaran a luchar por su lugar bajo el sol y un espacio habitable. Si dejamos que el genio salga de la botella, ¿la gente podrá controlarlo? ¿Existe el problema de introducir una moratoria en el desarrollo de la IA? Por desgracia, en una atmósfera de entusiasmo competitivo, no se consideran las consecuencias a largo plazo del desarrollo de la IA. Y pueden ser peores que una carrera armamentista descontrolada.

En el artículo «La escatología de Karel Čapek» escribí que este escritor checo acuñó la palabra «robot» (2). En 1920 escribió la obra fantástica R.U.R Rossum’s Universal Robots, que puede definirse como una distopía, como una parábola; permite alejarse de las ideas habituales sobre los robots y mirar de manera ligeramente diferente las iniciativas sobre la IA.

R.U.R. es el nombre que Čapek le dio a una fábrica que produce robots. La fábrica fue fundada por un tal Rossum, un filósofo ateo. Este decidió desafiar a Dios y crear un hombre él mismo. Logró crear una criatura humanoide. Al construirla a partir de la materia orgánica, Rossum recibía, por tanto, materia viva y de la fábrica salía un robot capaz de realizar movimientos y procesos aptos para el trabajo iguales a los de una persona, aunque Rossum no pudo crear una persona completa dotada de razón, deseos y sentimientos.

Esta herencia fue retomada por su sobrino, Rossum Jr., quien se dio cuenta de que la criatura humanoide creada por su tío era suficientemente dotada como para organizar una producción a gran escala de robots. Era la mano de obra perfecta, barata, sin pretensiones. La fábrica R.U.R. inundó el mercado mundial con una nueva fuerza laboral que reemplazó a los trabajadores vivos. Los robots comenzaron a producir cantidades gigantescas de todo tipo de bienes. Con el inicio de una abundancia general, la gente dejó de trabajar. Y el hombre, escribe Čapek, empezó a perder su apariencia humana: “Todo es una orgía bestial y demencial continua. Ahora no estiran las manos para comer, se las ponen en la boca para que no se levanten… Nosotros, la gente, nosotros, la cima de la creación, no envejecemos por el trabajo, no envejecemos por el parto, ¡no envejecemos por la pobreza! ¡Date prisa, date prisa, danos todos los placeres del mundo!»

Para Čapek, la humanidad, inmersa en los placeres, dejó de reproducirse. Su población se detuvo en alrededor de 8.500 millones de personas. Y R.U.R. continuó produciendo más y más robots, el número de los cuales excedía el número de personas en la Tierra. Algunos robots (tal vez uno entre un millón) lograron la capacidad de autoaprendizaje y de transformaciones arbitrarias. De robots mecánicos comenzaron a convertirse en seres inteligentes, tomando prestado mucho de la humanidad. Uno de ellos, llamado Damon, razona: “¡Debes matar y gobernar si quieres ser como la humanidad! ¡Lee la historia! ¡Lee los libros de la humanidad! ¡Tienes que gobernar y matar para ser humano!».

Los robots inteligentes de Čapek se sintieron objeto de opresión y explotación; comenzaron a exigir derechos iguales a los humanos. Comenzaron los conflictos entre robots y humanos, la gente comenzó a ser destruida: “¡Robots del mundo entero! Nosotros, la primera organización de los “Rossum Universal Robots”, proclamamos al hombre como enemigo de la naturaleza y lo proscribimos».

Los robots rodearon la fábrica de R.U.R., exigiendo que se les entregara la fórmula de fabricación de robots. Una de las heroínas de la obra, Elena Glory, quema los manuscritos de Rossum Sr. que contienen esta fórmula. Todo termina con los robots tomando el control de la fábrica y matando a todos menos al arquitecto Alquist. Se salva porque, según los robots, «trabaja con las manos, como si él mismo fuera un robot». Llega una victoria completa de los robots sobre los humanos. Uno de los robots inteligentes llamado Radiy proclama: “¡Somos los gobernantes del mundo! ¡Señores de mares y tierras! ¡Señores sobre las estrellas! ¡Señores del Universo! ¡Espacio, espacio, más espacio para los robots! «

Al destruir a los humanos los robots “incrementaron la producción muchas veces. No hay ningún lugar donde poner todo lo que … (ellos) produjeron». Pero… los robots no podían reproducirse.

El Consejo de Robots instruye al único humano superviviente, Alquist, para restaurar la codiciada fórmula. Él es el único, porque el planeta está completamente limpio de humanos. Sin embargo, Alquist no puede hacer nada. Entonces, los robots, que querían volverse como los humanos e incluso más altos que los humanos, matan a toda la humanidad por esto, pero luego es su turno. El final de la historia.

La obra te hace preguntarte: ¿no es la dependencia de la inteligencia artificial un intento de compensar el declive de la inteligencia humana? ¿No es mejor empezar a restaurar el intelecto de la humanidad misma que, a juzgar por muchos signos, se ha degradado mucho en las últimas décadas

PD. Los problemas sobre la inteligencia artificial planteados por Karel Čapek fueron retomados por el escritor estadounidense de ciencia ficción Isaac Asimov. Asimov se mostró más optimista sobre las posibilidades de usar la IA, pero también reconoció que el desarrollo espontáneo y no regulado de la inteligencia artificial podría causar un daño irreparable a la civilización humana. A principios de la década de 1940, Asimov publicó Las tres leyes de la robótica, una especie de reglamento de seguridad, pero estas leyes se ignoran.

(Tomando de Rebelión)

Diseñar a las personas en el futuro sería un desastre

 La modificación de genes se muestra prometedora para curar afecciones médicas en personas enfermas. ¿Debería utilizarse para realizar cambios irreversibles en personas que aún no existen? La investigación actual sugiere que esto sería un gran error.

Los estudios llevados a cabo en animales, incluido uno descrito recientemente en Wired, muestran que la técnica de manipulación genética CRISPR tiene el hábito de insertar ADN bacteriano junto con las secuencias deseadas en varios sitios de los cromosomas con consecuencias desconocidas. Aún más alarmante fue un artículo publicado el mes pasado en la revista científica Nature que llevaba el título “La edición de genes CRISPR en embriones humanos provoca un caos cromosómico”. Informaba de los resultados descritos en tres preimpresiones (estudios listos para ser publicados) por varios investigadores prominentes en ese campo que intentaron realizar cambios específicos y dirigidos en el ADN de los embriones, el tipo de alteraciones que podrían intentarse para impedir que un recién nacido heredara un gen asociado con una discapacidad física. Los científicos no tenían la intención de hacer nacer estos embriones. Solo se estaban utilizando experimentalmente para ver si la técnica funcionaba. Pero no fue así.

Por lo tanto, aunque el método de modificación fuera perfecto, la variabilidad de la biología humana significa que no sabríamos cuál sería el resultado. Sin embargo, los nuevos resultados arrojan serias dudas sobre la propia técnica CRISPR. En las palabras de la noticia ofrecida por Nature: “El proceso puede generar grandes cambios no deseados en el genoma en el sitio clave o cerca de él”.

La modificación genética tanto de animales como de humanos puede ser somática o embrionaria. La modificación somática afecta tejidos u órganos limitados en una persona ya existente que está enferma. Ciertas formas de ceguera, de enfermedades de células falciformes y algunas otras afecciones son actualmente el objetivo de dichos tratamientos. No tenemos ningún problema con la modificación somática siempre que se controle cuidadosamente en cuanto a su necesidad médica y a los intereses comerciales en conflicto.

Sin embargo, con la ingeniería de embriones los cambios realizados, incluidos los errores, se transmitirán a las generaciones futuras a través de las células reproductoras (o línea germinal). De hecho, todas las células del cuerpo del nuevo individuo se ven afectadas, lo que hace que esa persona sea algo diferente de lo que hubiera sido sin la intervención. Esto se puede hacer, al menos inicialmente, para prevenir la transmisión de genes asociados a enfermedades. Pero con resultados tan inciertos, ¿cuál será el destino de los niños que resulten de tales experimentos?

Los científicos emprendedores facilitaron el camino a la aceptación de la edición embrionaria al restar importancia a los problemas técnicos y emitir vagas garantías de que no llegarían demasiado lejos ni demasiado rápido. No obstante, nunca explicaron qué es lo que querían decir con esto. Los miembros de las comunidades científicas y biotecnológicas de EE. UU. sabían del trabajo de su colega en China, pero no dijeron nada públicamente, y estaban dispuestos a permitir que la investigación con embriones humanos avanzara en la medida permitida en los EE. UU. y en otros lugares. En ausencia de una verdadera prohibición de modificación de embriones, cualquier avance técnico se utilizará para promover la aceptación pública de lo que es, de hecho, una forma de experimentación humana.

Cualquier línea existente alguna vez entre la investigación académica y el comercio está desaparecida. Los investigadores de universidades e institutos que alguna vez estuvieron relativamente protegidos de los intereses comerciales, forman parte ahora de los consejos de administración y poseen acciones en empresas de biotecnología que son fuentes importantes de financiación e infraestructura científica. Los científicos que traspasan las normas culturales o las restricciones federales rara vez sufren consecuencias más allá de la pérdida de sus fondos federales. En EE. UU., las corporaciones privadas o incluso los estados son quienes definirán sus propias prácticas aceptables con respecto a la ingeniería de embriones. Que estas entidades lleguen demasiado lejos o demasiado rápido a la hora de definirlas es algo subjetivo: una receta para el desastre humano.

Se ha demostrado que las técnicas de ingeniería de embriones son defectuosas. Los embriones son demasiado complejos para poder diseñarlos. Debemos prohibir, no simplemente detener, la edición de genes de embriones humanos antes de que los emprendedores biomédicos comiencen a ofrecer a los clientes la oportunidad de modificar su descendencia, amenazando su salud y secuestrando sus identidades incluso antes de que nazcan.

Este artículo se escribió conjuntamente con M. L. Tina Stevens, coautora, con Newman, de Biotech Juggernaut: Hope, Hype and Hidden Agendas of Entrepreneurial Bioscience -Routledge-.

Stuart A. Newman es biólogo y crítico tecnológico.

Fuente: //medium.com/@newman_15822/engineering-future-people-would-be-a-disaster-b44835d4af7f">https://medium.com/@newman_15822/engineering-future-people-would-be-a-disaster-b44835d4af7f>

https://www.arqhys.com/wp-content/uploads/2017/06/Admiraci%C3%B3n-por-las-m%C3%A1quinas.jpg

La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº270
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La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

 

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Publicado enColombia
Un planeta saludable, un nuevo derecho humano

Expertos en derecho ambiental y en gobernanza explican que puede suponer que las Naciones Unidas incluya el derecho a un medio ambiente sano dentro de la Carta Universal de Derechos Humanos.

 

Cada hectárea devorada por las motosierras supone una amenaza contra los derechos humanos. Lo mismo ocurre con las partículas de polvo que infectan atmósfera y pulmones; con los bloques de hielo que se desprenden hacia el terrorífico estado líquido; con las especies que se adentran en la extinción; o con los vertidos químicos que terminan en el cauce de los ríos. Así lo entiende el propio relator de la Organización de las Naciones Unidas, David R. Boyd, que hace unos días señaló la necesidad de incluir el "derecho a un planeta sano" en un nuevo artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

"El derecho a un medio ambiente saludable ya proporciona la base para gran parte del progreso que estamos viendo en diferentes naciones de todo el mundo. Lo que tenemos que hacer ahora es aprovechar este momento de crisis ecológica mundial para asegurar el reconocimiento de este derecho por parte de las Naciones Unidas, de modo que todos, en todas partes, se beneficien. El derecho humano a un planeta sano, si es reconocido por todas las naciones, podría ser el derecho humano más importante del siglo XXI", comentaba.

Estas declaraciones han sido recogidas con entusiasmo por algunas organizaciones sociales como BirdLife que, desde hace décadas, llevan advirtiendo de la evidente relación que existe entre la degradación de los entornos naturales y la vulneración de los derechos humanos. Front Line Defenders aporta un dato relevante que apoya esta teoría: el 40% de los 304 activistas que fueron asesinados en 2019 eran defensores de la tierra. Las muertes asociadas a la degradación del planeta no son sólo las de aquellos que, desde la lucha social, se enfrentan a proyectos extractivistas. Tanto es así, que miles de defunciones prematuras tienen que ver con enfermedades que derivan del maltrato que las sociedades dan a los entornos. Cáncer, cardiopatías, accidentes cerebrovasculares o diarreas son algunas de las causas de muerte que se relacionan con la mala calidad del aire, o el mal estado de las aguas. Según la propia Organización Mundial para la Salud (OMS), el 28% de los óbitos globales tienen que ver con cuestiones ambientales.

"El medio ambiente muchas veces se ve cómo algo vinculado a políticas sectoriales y de menor peso frente a la industria o la economía. Sin embargo, se trata de algo transversal y un asunto relacionado con la gobernanza global", opina Juan Carlos Atienza, portavoz de SEO/BirdLife, organización que ha iniciado una recogida de firmas para incluir el derecho a un planeta sano en un nuevo artículo de las Declaración Universal de Derechos Humanos. "El hecho de que se incluya este nuevo derecho, obligará a miles de países a incluirlo en sus leyes y dará una mayor cobertura a aquellos ciudadanos o colectivos que tengan que ir a los tribunales", agrega.

Ana Barreira, directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), señala los beneficios que podría tener este acontecimiento, ya que agilizaría los procedimientos judiciales relacionados con el medio ambiente. "En España, el derecho al medio ambiente sano no está recogido exactamente como un derecho fundamental, sino como un principio rector de la política económica y social, lo que hace que no se pueda alegar la vulneración de este derecho de manera directa, sino que se tienen que utilizar otras vías, lo que retrasa mucho los procedimientos", explica la abogada. Ella misma pone recuerda como el IIDMA interpuso un recurso por la moratoria de Madrid Central que tuvo que basarse en la vulneración del derecho a la integridad física.

El posible nuevo artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, sin embargo, puede servir para dar un mayor amparo legal a las comunidades y sociedades que necesiten denunciar la degradación de sus entorno. Sin embargo, del mismo modo que en muchos lugales se ignorar derechos fundamentales como la libertad de expresión y de prensa, se podrá seguir pasando por alto la protección de los ecosistemas. Es por ello que Barreira hace hincapié en la necesidad de "fortalecer los mecanismos para que se cumplan todos los convenios ambientales".

"Existen herramientas jurídicas y tribunales internacionales, pero hace falta ampliar su capacidad de acción"

"La Carta Universal abarca toda una serie de cuestiones y derechos, culturales, económicos, sociales o religiosos, sin embargo, no se profundiza en cómo se ponen en práctica después", critica Víctor Barro, experto en justicia económica de Amigos de la Tierra. No se trata, a juicio de este experto, de crear nuevas instituciones, sino de potencias los mecanismos de vigilancia sobre los que descansa el multilateralismo de las Naciones Unidas. "Existen herramientas jurídicas y tribunales internacionales, pero hace falta ampliar su capacidad de acción", expone. 

"Los tratados internacionales y las declaraciones universales son vinculantes jurídicamente, pero ¿quién hace el seguimiento de qué se están cumpliendo?", se pregunta la abogada del IIDMA. Buen ejemplo de esta falta de recursos para vigilar es el principio de "quien contamina, paga" que rige en Europa desde 1986 sin tener apenas repercusiones. "Las administraciones no tienen muchos medios para vigilar y, cuando se da con algún caso, se inicia un procedimiento judicial en el que las sentencias se alargan mucho en el tiempo. La Unión Europea legisla muchísimo y crea nuevas normas, pero no se le dedica muchos recursos para vigilar que se cumplen", denuncia.

No en vano, la llegada de este nuevo derecho fundamental supondrá, al menos un elemento más al que la ciudadanía se pueda acoger para denunciar ataques contra ecosistemas y contra la propia vida, además de dar respuesta a multitud de conflictos ambientales que superan las capacidades de los juzgados nacionales. "Muchos de los grandes retos ambientales exceden las fronteras nacionales. El cambio climático o la pérdida de biodiversidad no son problemas que se puedan resolver en solitario o de manera local. Necesitamos, si queremos conservar el medio ambiente, que exista un respaldo global", concluye Atienza.

MADRID

15/07/2020 22:44

Por ALEJANDRO TENA

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 12 Julio 2020 10:24

La humanidad en su mansedumbre

Germán Ardila, Arcángel Gabriel, óleo sobre tela, 40 x 40 cm (Cortesía del autor)

El presidente de la Andi, gremio que asocia los capitales industriales más grandes del país, y que suele ser vocero de las políticas estatales, lanzó en días recientes una campaña con la intención, dice, de poner fin a las cuarentenas obligatorias y regresar de manera segura al trabajo. La campaña se presentó como de “cultura ciudadana” y pretende desplazar la responsabilidad individual hacia un sistema de vigilancia, denuncia y estigmatización de los demás ciudadanos contra cualquier posible infractor. Es decir, un sistema de delación generalizada donde corresponde ya no al Estado sino a la ciudadanía perseguir al individuo insumiso. Afirma MacMaster (1) en una reciente entrevista:

Claro, no puede ser un tema solamente represivo, no puedes convencer a todo el mundo a punta de policías, porque tendrías que tener (sic) uno por cada ciudadano para que esté mirando cómo se comporta la persona. Por último algo muy importante. Este es un tema tan grande en términos de responsabilidad que no se trata de cuidarnos nosotros mismos. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos por los otros, y la gente tiene el derecho de pedirles a los otros que se cuide (sic), porque si no lo hace (sic), no solo pone (sic) en peligro su salud, sino el empleo, el país, su desarrollo, pone (sic) en peligro muchas cosas.

La entrevista está acompañada de una foto, presumiblemente en Medellín, en la que un ciudadano es sorprendido en la calle sin tapabocas y se ve rodeado de personas amenazantes que le muestran una tarjeta roja con una cara encendida. Es una distorsión de las campañas de Mockus cuando se amonestaba amigablemente a la gente por cruzar la calle fuera de la cebra peatonal o por conducir su vehículo de manera inapropiada. Aquí, bajo el ropaje de una nueva cultura ciudadana se trasluce una forma de amansar la humanidad a partir de exacerbar el miedo al contagio.


¿En qué momento se da el desplazamiento de la fuerza coercitiva del Estado para que sea la ciudadanía en general quien asuma la función de vigilancia y represión? La acusación, el señalamiento público, la delación es una forma antigua de control social. En los últimos años se ha extendido desde los sistemas de justicia anglosajones a otras latitudes. Recompensas y estímulos por el señalamiento abundan; de la misma forma cuando el acusado “coopera” y delata a sus colaboradores o cómplices goza de exenciones y disminuciones de la pena. En ese orden de ideas es más beneficioso delatar a los demás que asumir la responsabilidad por la infracción cometida. Así funciona la lógica del sistema acusatorio.


En el trasfondo, no se trata de amonestaciones o reconvenciones para desestimular una conducta sino de generar un condicionamiento social por la supuesta irresponsabilidad frente a los demás. Las medidas se multiplican y apremian al individuo. En solo un par de meses el ciudadano ha perdido sus libertades más esenciales, atrapado entre dos fuegos: autoridad y miedo. Para que la autoridad funcione se requiere, al otro lado de la ecuación, sumisión, docilidad; y para que esta sea más efectiva nada más fácil que inocular miedo, que produce un efecto paralizante.


Evidencia de lo anterior son las múltiples medidas presentadas como de protección, autocuidado, cuidado responsable, protocolos de seguridad, cámaras 5G, toma de temperatura corporal y hasta pruebas de saliva en la calle a transeúntes desprevenidos. Aparecen recomendaciones para que en las estaciones de transporte masivo y en los vehículos del sistema no se hable, cante, hagan llamadas, no se coma o se beba, tampoco se deben dar la mano, abrazos ni mucho menos besos (2). El silencio, el amordazamiento, el condicionamiento, el distanciamiento llevados a los límites de una imperceptible pero profunda alienación del ciudadano. Se entregan día a día, paso a paso, voluntariamente o a la fuerza, las libertades y necesidades sociales más elementales. Todo por una causa: sobrevivir.


En cien o más días de cuarentena el ciudadano ha interiorizado el mensaje machacado por gobernantes, la OMS, los medios y ahora la propia ciudadanía sobre la gravedad de la crisis. Puesto contra la pared, el individuo se encuentra en una angustiosa lucha por sobrevivir: evitar a toda costa el contagio y buscar a aquellos posibles propagadores del mal. El sospechoso puede estar en su más estrecha zona de convivencia: su casa de habitación, su pareja, su familia, su círculo de amigos o vecinos. La desconfianza puede recaer sobre cualquiera: ahora el foco está puesto sobre las personas asintomáticas o presintomáticas (3). En otras palabras, nadie está libre de sospecha; las analogías con un régimen de terror de las peores dictaduras de la historia son inevitables. La distopía está aquí y ahora: antes de pensar en delinquir ya eres sorprendido.


Por eso aparecen las persecuciones, el vandalismo, las estigmatizaciones, las amenazas anónimas contra cualquier persona que a juicio de quien sea puede ser agente de contagio. En situaciones extremas como la presente, sale lo mejor y lo peor del ser humano. La solidaridad, la compasión, la preocupación por el otro, pero igual el odio, la intolerancia, la desconfianza, la persecución.


Develado ahí el espíritu de la “nueva normalidad”: todo ciudadano es sujeto de vigilancia, no solo estatal sino de cualquier persona quien, escudada tras la razón de no verse en peligro, señala al otro para que se “comporte” de acuerdo con las nuevas normas de condicionamiento social. Comienzan a surgir redes de apoyo en los barrios y entre los residentes de conjuntos que se encargan de identificar, denunciar y pasar a las autoridades datos de cualquier vecino sospechoso de poner en peligro su propia vida o la de los demás. Un sistema de delación primitivo y eficaz, como el que se impuso, por ejemplo, en la España franquista, donde los vecinos eran los encargados de denunciar a cualquier persona que pudiera tener alguno tipo de simpatía con los ideales republicanos.


Estado, individuo, ciudadanía son tres lados de la problemática. La pregunta que subyace es ¿sobre quién debe recaer la responsabilidad por el cuidado de la salud, específicamente con el tema del contagio? ¿Es el Estado el que debe sentirse responsable de ello? ¿Es el ciudadano quien debe aprender el autocuidado y asumir la responsabilidad que le corresponde frente a los demás? ¿O son los otros ciudadanos los que deben velar por la salud y el comportamiento de sus semejantes? Y más allá: ¿Cuáles son las fronteras o puentes entre estas tres partes del triángulo? ¿En qué lugar se entrecruzan esas responsabilidades? Estamos en la confluencia de ciudadanía, ética y política (4); una discusión que aparece en el primer plano de la coyuntura aflorada por la crisis actual.


Hay un transvase de efectos originados en las medidas represivas desatadas por los estados. El miedo y la frustración generados por los decretos de cuarentena, la prohibición de desplazarse entre ciudades y países, y el cierre forzado de empresas y comercio llevó a un estado de zozobra en la ciudadanía confundida ante la magnitud del mensaje; esto a la vez produjo en cada individuo un torbellino de emociones que oscila entre dos extremos, de un lado, la indignación por ver vulnerados sus derechos más elementales, y del otro, el síndrome de la cabaña, en el cual las personas ya no quieren salir de su refugio por miedo al contagio.


El efecto es perturbador. Muchas personas aparecen reacias a emerger de la cuarentena o permitir que sus familiares lo hagan. El hecho se manifiesta, por ejemplo, en asociaciones de padres de familia que rechazan la posibilidad de que sus hijos regresen a las aulas y exigen que continúen bajo educación virtual, con todas las implicaciones que esta trae en los niños. Es el triunfo del miedo, de la desconfianza, la sospecha como una caja de Pandora abierta y que ya nadie sabe cómo hacer para que los males liberados regresen para volverla a cerrar.
El individuo del 2020 se ha contagiado más rápido del miedo que del virus, y es el miedo el que ha generado una reacción en cadena que ha parado en seco las economías pero también ha erosionado la precaria posición de la clase media. empujada nuevamente a niveles de pobreza. La pérdida de empleos, así como de la confianza en una pronta recuperación hace estragos en el equilibrio emocional; el ciudadano se ve más frágil ante un inminente contagio; la enfermedad y la muerte parece cada vez más cercana.


Este miedo ha convertido en dóciles conglomerados a poblaciones enteras, que aceptan sin cuestionar las opiniones de expertos, medios, gobernantes, instituciones y organizaciones de la salud. Y entre la confusión, los gobernantes titubean, cambian de opinión, ensayan medidas; hoy recogen lo dicho ayer vehementemente y afirmar lo contrario. El desconcierto ante lo inédito de la situación es generalizado.


Lo que perdura es la pretensión de mantener a la multitud sumisa; en el pasado ningún otro experimento en busca de ese fin fue tan efectivo. En virtud de lo anterior, la mayor preocupación de los gobernantes hoy no parece enfocarse en reactivar la economía o en preocuparse por la salud mental de los ciudadanos o en aumentar el numero de ventiladores para las uci, sino en denunciar y reprimir los brotes de indisciplina de personas o grupos que resisten a doblegarse y que desafían las medidas de confinamiento y protección y se desahogan bien sea saliendo a las calles o celebrando fiestas y reuniones sociales. La nota de “color local” la ponen las burrotecas donde a un jumento se le cuelga un equipo de sonido para que itinerante vaya amenizando fiestas de patio en patio.


Pero el tema es mucho más serio. Las voces de catedráticos, pensadores, incluso médicos –como el británico Vernon Coleman (5)– que se erigen en contra de estos mecanismos de dominación y alertan sobre la manipulación mediática de que es víctima la ciudadanía son acusadas, generalmente por los sectores más conservadores, de hacer eco a las teorías conspirativas o simplemente de estar mal informadas. La mayoría parece preferir el cobijo del miedo, del confinamiento, del distanciamiento así vaya en contra del sentido común, de la razón, de la conciencia profunda sobre el verdadero cuidado del cuerpo, de la salud y de los otros.


Con todo, parece aflorar entre la espesura de la pandemia y sus turiferarios, una ética del cuidado personal que pasa por la autoconciencia, la pedagogía, el aprendizaje y el asumir cada cual una responsabilidad frente a sí mismo y a los demás. Esta ética debe pasar por el deber y la aspiración a una civilidad pública, de razón pública, como diría Rawls. Es necesario abandonar las expectativas de que es la autoridad, en el ejercicio de un poder opresivo, hegemónico y dominante, en manos ya sea del Estado o de una ciudadanía como cuerpo vigilante, la que sacará a la humanidad de la crisis civilizatoria en la que está inmersa. Es el individuo en su dignidad humana, en su grado de conciencia elevada, cultivada y despertada por sentimientos de solidaridad, de mutualismo, de reciprocidad, quien puede abrir el camino a esa “nueva normalidad” –pero no la que se quiere imponer– sino una normalidad ética de respeto a sí mismo y al otro; ajena y refractaria a las mecanismos de dominación que pretenden sumir en la mansedumbre al planeta entero.

 

1. Cultura ciudadana, la apuesta de la Andi para dejar el aislamiento. El Tiempo, 24 de junio, p. 1.6
2. Consejos para usar el transporte en medio de la pandemia, El Espectador, 27 de junio, 2020, p. 4.
3. Los asintomáticos, el talón de Aquiles de la pandemia, El Espectador, 24 de junio, 2020p. 8
4. Universidad de La Salle, Vicerectoría de Investigación y Transferencia, Ciudadanía, Ética y Política, en www.lasalle.edu.co
5. Vernom Coleman, En torno a la pandemia, en https://www.youtube.com/watch?v=ZtdQlsFj5Qw

 

*Escritor. Miembro del consejo de redacción de Le Monde diplomtique, edición Colombia

Sábado, 11 Julio 2020 08:21

La humanidad en su mansedumbre

Germán Ardila, Arcángel Gabriel, óleo sobre tela, 40 x 40 cm (Cortesía del autor)

El presidente de la Andi, gremio que asocia los capitales industriales más grandes del país, y que suele ser vocero de las políticas estatales, lanzó en días recientes una campaña con la intención, dice, de poner fin a las cuarentenas obligatorias y regresar de manera segura al trabajo. La campaña se presentó como de “cultura ciudadana” y pretende desplazar la responsabilidad individual hacia un sistema de vigilancia, denuncia y estigmatización de los demás ciudadanos contra cualquier posible infractor. Es decir, un sistema de delación generalizada donde corresponde ya no al Estado sino a la ciudadanía perseguir al individuo insumiso. Afirma MacMaster (1) en una reciente entrevista:

Claro, no puede ser un tema solamente represivo, no puedes convencer a todo el mundo a punta de policías, porque tendrías que tener (sic) uno por cada ciudadano para que esté mirando cómo se comporta la persona. Por último algo muy importante. Este es un tema tan grande en términos de responsabilidad que no se trata de cuidarnos nosotros mismos. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos por los otros, y la gente tiene el derecho de pedirles a los otros que se cuide (sic), porque si no lo hace (sic), no solo pone (sic) en peligro su salud, sino el empleo, el país, su desarrollo, pone (sic) en peligro muchas cosas.

La entrevista está acompañada de una foto, presumiblemente en Medellín, en la que un ciudadano es sorprendido en la calle sin tapabocas y se ve rodeado de personas amenazantes que le muestran una tarjeta roja con una cara encendida. Es una distorsión de las campañas de Mockus cuando se amonestaba amigablemente a la gente por cruzar la calle fuera de la cebra peatonal o por conducir su vehículo de manera inapropiada. Aquí, bajo el ropaje de una nueva cultura ciudadana se trasluce una forma de amansar la humanidad a partir de exacerbar el miedo al contagio.


¿En qué momento se da el desplazamiento de la fuerza coercitiva del Estado para que sea la ciudadanía en general quien asuma la función de vigilancia y represión? La acusación, el señalamiento público, la delación es una forma antigua de control social. En los últimos años se ha extendido desde los sistemas de justicia anglosajones a otras latitudes. Recompensas y estímulos por el señalamiento abundan; de la misma forma cuando el acusado “coopera” y delata a sus colaboradores o cómplices goza de exenciones y disminuciones de la pena. En ese orden de ideas es más beneficioso delatar a los demás que asumir la responsabilidad por la infracción cometida. Así funciona la lógica del sistema acusatorio.


En el trasfondo, no se trata de amonestaciones o reconvenciones para desestimular una conducta sino de generar un condicionamiento social por la supuesta irresponsabilidad frente a los demás. Las medidas se multiplican y apremian al individuo. En solo un par de meses el ciudadano ha perdido sus libertades más esenciales, atrapado entre dos fuegos: autoridad y miedo. Para que la autoridad funcione se requiere, al otro lado de la ecuación, sumisión, docilidad; y para que esta sea más efectiva nada más fácil que inocular miedo, que produce un efecto paralizante.


Evidencia de lo anterior son las múltiples medidas presentadas como de protección, autocuidado, cuidado responsable, protocolos de seguridad, cámaras 5G, toma de temperatura corporal y hasta pruebas de saliva en la calle a transeúntes desprevenidos. Aparecen recomendaciones para que en las estaciones de transporte masivo y en los vehículos del sistema no se hable, cante, hagan llamadas, no se coma o se beba, tampoco se deben dar la mano, abrazos ni mucho menos besos (2). El silencio, el amordazamiento, el condicionamiento, el distanciamiento llevados a los límites de una imperceptible pero profunda alienación del ciudadano. Se entregan día a día, paso a paso, voluntariamente o a la fuerza, las libertades y necesidades sociales más elementales. Todo por una causa: sobrevivir.


En cien o más días de cuarentena el ciudadano ha interiorizado el mensaje machacado por gobernantes, la OMS, los medios y ahora la propia ciudadanía sobre la gravedad de la crisis. Puesto contra la pared, el individuo se encuentra en una angustiosa lucha por sobrevivir: evitar a toda costa el contagio y buscar a aquellos posibles propagadores del mal. El sospechoso puede estar en su más estrecha zona de convivencia: su casa de habitación, su pareja, su familia, su círculo de amigos o vecinos. La desconfianza puede recaer sobre cualquiera: ahora el foco está puesto sobre las personas asintomáticas o presintomáticas (3). En otras palabras, nadie está libre de sospecha; las analogías con un régimen de terror de las peores dictaduras de la historia son inevitables. La distopía está aquí y ahora: antes de pensar en delinquir ya eres sorprendido.


Por eso aparecen las persecuciones, el vandalismo, las estigmatizaciones, las amenazas anónimas contra cualquier persona que a juicio de quien sea puede ser agente de contagio. En situaciones extremas como la presente, sale lo mejor y lo peor del ser humano. La solidaridad, la compasión, la preocupación por el otro, pero igual el odio, la intolerancia, la desconfianza, la persecución.


Develado ahí el espíritu de la “nueva normalidad”: todo ciudadano es sujeto de vigilancia, no solo estatal sino de cualquier persona quien, escudada tras la razón de no verse en peligro, señala al otro para que se “comporte” de acuerdo con las nuevas normas de condicionamiento social. Comienzan a surgir redes de apoyo en los barrios y entre los residentes de conjuntos que se encargan de identificar, denunciar y pasar a las autoridades datos de cualquier vecino sospechoso de poner en peligro su propia vida o la de los demás. Un sistema de delación primitivo y eficaz, como el que se impuso, por ejemplo, en la España franquista, donde los vecinos eran los encargados de denunciar a cualquier persona que pudiera tener alguno tipo de simpatía con los ideales republicanos.


Estado, individuo, ciudadanía son tres lados de la problemática. La pregunta que subyace es ¿sobre quién debe recaer la responsabilidad por el cuidado de la salud, específicamente con el tema del contagio? ¿Es el Estado el que debe sentirse responsable de ello? ¿Es el ciudadano quien debe aprender el autocuidado y asumir la responsabilidad que le corresponde frente a los demás? ¿O son los otros ciudadanos los que deben velar por la salud y el comportamiento de sus semejantes? Y más allá: ¿Cuáles son las fronteras o puentes entre estas tres partes del triángulo? ¿En qué lugar se entrecruzan esas responsabilidades? Estamos en la confluencia de ciudadanía, ética y política (4); una discusión que aparece en el primer plano de la coyuntura aflorada por la crisis actual.


Hay un transvase de efectos originados en las medidas represivas desatadas por los estados. El miedo y la frustración generados por los decretos de cuarentena, la prohibición de desplazarse entre ciudades y países, y el cierre forzado de empresas y comercio llevó a un estado de zozobra en la ciudadanía confundida ante la magnitud del mensaje; esto a la vez produjo en cada individuo un torbellino de emociones que oscila entre dos extremos, de un lado, la indignación por ver vulnerados sus derechos más elementales, y del otro, el síndrome de la cabaña, en el cual las personas ya no quieren salir de su refugio por miedo al contagio.


El efecto es perturbador. Muchas personas aparecen reacias a emerger de la cuarentena o permitir que sus familiares lo hagan. El hecho se manifiesta, por ejemplo, en asociaciones de padres de familia que rechazan la posibilidad de que sus hijos regresen a las aulas y exigen que continúen bajo educación virtual, con todas las implicaciones que esta trae en los niños. Es el triunfo del miedo, de la desconfianza, la sospecha como una caja de Pandora abierta y que ya nadie sabe cómo hacer para que los males liberados regresen para volverla a cerrar.
El individuo del 2020 se ha contagiado más rápido del miedo que del virus, y es el miedo el que ha generado una reacción en cadena que ha parado en seco las economías pero también ha erosionado la precaria posición de la clase media. empujada nuevamente a niveles de pobreza. La pérdida de empleos, así como de la confianza en una pronta recuperación hace estragos en el equilibrio emocional; el ciudadano se ve más frágil ante un inminente contagio; la enfermedad y la muerte parece cada vez más cercana.


Este miedo ha convertido en dóciles conglomerados a poblaciones enteras, que aceptan sin cuestionar las opiniones de expertos, medios, gobernantes, instituciones y organizaciones de la salud. Y entre la confusión, los gobernantes titubean, cambian de opinión, ensayan medidas; hoy recogen lo dicho ayer vehementemente y afirmar lo contrario. El desconcierto ante lo inédito de la situación es generalizado.


Lo que perdura es la pretensión de mantener a la multitud sumisa; en el pasado ningún otro experimento en busca de ese fin fue tan efectivo. En virtud de lo anterior, la mayor preocupación de los gobernantes hoy no parece enfocarse en reactivar la economía o en preocuparse por la salud mental de los ciudadanos o en aumentar el numero de ventiladores para las uci, sino en denunciar y reprimir los brotes de indisciplina de personas o grupos que resisten a doblegarse y que desafían las medidas de confinamiento y protección y se desahogan bien sea saliendo a las calles o celebrando fiestas y reuniones sociales. La nota de “color local” la ponen las burrotecas donde a un jumento se le cuelga un equipo de sonido para que itinerante vaya amenizando fiestas de patio en patio.


Pero el tema es mucho más serio. Las voces de catedráticos, pensadores, incluso médicos –como el británico Vernon Coleman (5)– que se erigen en contra de estos mecanismos de dominación y alertan sobre la manipulación mediática de que es víctima la ciudadanía son acusadas, generalmente por los sectores más conservadores, de hacer eco a las teorías conspirativas o simplemente de estar mal informadas. La mayoría parece preferir el cobijo del miedo, del confinamiento, del distanciamiento así vaya en contra del sentido común, de la razón, de la conciencia profunda sobre el verdadero cuidado del cuerpo, de la salud y de los otros.


Con todo, parece aflorar entre la espesura de la pandemia y sus turiferarios, una ética del cuidado personal que pasa por la autoconciencia, la pedagogía, el aprendizaje y el asumir cada cual una responsabilidad frente a sí mismo y a los demás. Esta ética debe pasar por el deber y la aspiración a una civilidad pública, de razón pública, como diría Rawls. Es necesario abandonar las expectativas de que es la autoridad, en el ejercicio de un poder opresivo, hegemónico y dominante, en manos ya sea del Estado o de una ciudadanía como cuerpo vigilante, la que sacará a la humanidad de la crisis civilizatoria en la que está inmersa. Es el individuo en su dignidad humana, en su grado de conciencia elevada, cultivada y despertada por sentimientos de solidaridad, de mutualismo, de reciprocidad, quien puede abrir el camino a esa “nueva normalidad” –pero no la que se quiere imponer– sino una normalidad ética de respeto a sí mismo y al otro; ajena y refractaria a las mecanismos de dominación que pretenden sumir en la mansedumbre al planeta entero.

 

1. Cultura ciudadana, la apuesta de la Andi para dejar el aislamiento. El Tiempo, 24 de junio, p. 1.6
2. Consejos para usar el transporte en medio de la pandemia, El Espectador, 27 de junio, 2020, p. 4.
3. Los asintomáticos, el talón de Aquiles de la pandemia, El Espectador, 24 de junio, 2020p. 8
4. Universidad de La Salle, Vicerectoría de Investigación y Transferencia, Ciudadanía, Ética y Política, en www.lasalle.edu.co
5. Vernom Coleman, En torno a la pandemia, en https://www.youtube.com/watch?v=ZtdQlsFj5Qw

 

*Escritor. Miembro del consejo de redacción de Le Monde diplomtique, edición Colombia

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