Viernes, 18 Junio 2021 06:10

El antimonumento, puño-corazón

El antimonumento, puño-corazón

La comunidad Puerto Resistencia, en Cali, que lleva 50 días en lucha contra el mal gobierno de Iván Duque, inauguró esta semana una construcción de 12 metros de altura, que forma un brazo que se extiende hacia el cielo y culmina con un puño que sostiene un cartel con el lema Resiste (https://bit.ly/35usREV).

La obra colectiva fue construida por obreros que trabajaron colocando andamios, soldando y puliendo, mientras la comunidad barrial acercaba arena, cemento y palas. Algunas personas donaron las luces para la iluminación del espacio y muchos objetos. Con esto demostramos al gobierno que sí podemos y el gobierno enojado porque le dimos un ejemplo, lo que hacen los pobres, que la unión hace la fuerza, relata un vecino (https://bit.ly/35usREV).

Artistas y pintoras se encargaron del decorado de la enorme pieza, con escudos multicolores y las caras de varios manifestantes caídos. Una de las pintoras, Valentina, relató a los reporteros su imagen de la obra: “El monumento significa que empezamos desde abajo y vamos creciendo desde la noche, y arriba cuando termina el día, encontramos nuestra palabra ‘Resiste’”. Y agrega que resistencia es victoria.

La obra se concluyó en apenas 19 días de minga y la inauguración fue una fiesta comunitaria en la que hubo música y un cacerolazo sinfónico, con el bullicio de miles de jóvenes, mayores, niños y gente de todas las edades que provenían no sólo del barrio sino de muchos puntos de bloqueo de Cali. Baile y más baile cerraron una jornada memorable.

La obra fortalece la identidad del pueblo caleño, que sigue en pie pese a las dudas y retrocesos del comité de huelga, dispuesto a negociar con el gobierno algunas promesas que no se harán realidad. Las primeras líneas de autodefensa, porque las hay de jóvenes, de madres, de sacerdotes y hasta de militares retirados, se pueden sentir tan identificadas con la obra colectiva como las familias sacudidas por la represión y la muerte.

En rigor, se trata de un antimonumento, bien distinto y hasta antagónico respecto de los que construye la cultura colonial y patriarcal de la clase dominante.

Se trata de una obra colectiva y comunitaria, hecha desde abajo por los de abajo, anónima; por tanto, mientras los monumentos tienen autor, que recibe sus beneficios, Resiste fue hecho por el pueblo y está dedicado al pueblo, mientras los monumentos de arriba están dedicados a varones blancos, militares las más de las veces, violentos y genocidas que reciben el patético nombre de héroes.

En segundo lugar, en la obra de Cali no se exaltan individuos, no se construyen pedestales ni caballos sobre los que monta el héroe. Porque los monumentos de arriba encarnan el maltrato y destrucción de lo vivo: se elevan sobre miradores, encima de animales, de los seres humanos y no humanos. Miran a la humanidad desde arriba, como les corresponde por lo que son.

El antimonumento Resiste enseña todos los colores de la vida, en contraste con la mortecina uniformidad de los monumentos de arriba. Fue construido con los materiales de la resistencia (como los escudos de la autodefensa) y de la vida cotidiana, aquellos que la comunidad fue aportando en silencio y con el entusiasmo de ver reflejada su identidad en una obra que nadie podrá olvidar.

La construcción del antimonumento fue necesariamente posterior al acto de justicia realizado por el pueblo misak, la madrugada del 28 de abril, cuando inició el paro al derribar el monumento al invasor Sebastián de Belalcázar en un mirador de la ciudad. No fue un capricho sino la decisión colectiva de las 58 autoridades de los tres pueblos misak que condenaron al conquistador por genocidio, acaparamiento de tierras y violación de mujeres durante la conquista.

Crear y construir lo nuevo no puede hacerse sin desorganizar y desbaratar lo viejo. No decimos destruir, porque se trata de desmontar el lugar de los opresores, desarticular el sistema capitalista y corrernos del lugar de oprimidos, que pasa por dejar de sostener tiranos y caudillos.

Destruir es otra cosa. Por eso la delegación zapatista en Europa tiene prohibida la portación y uso de armas de fuego de cualquier tipo, y no puede ni proponer, ni sugerir, ni alentar cualquier actividad que implique, o derive en, el uso de armas de fuego en el lugar donde haga su trabajo, señala el comunicado del 14 de junio (https://bit.ly/2RZR8PY).

El antimonumento Resiste durará tanto como la comunidad organizada perdure en su capacidad de movilizarse y defenderse colectivamente. Los cuerpos represivos esperarán el momento para demolerlo, como escarmiento a quienes se atrevieron a soñar mundos nuevos.

Sin embargo, la memoria es terca y quienes se levantaron una vez, saben que volverán a hacerlo cuando sea necesario. La construcción colectiva muestra en lo alto un puño: Un puño cerrado es un corazón, dijo un comunero. La dignidad de los corazones-puño, abriendo caminos.

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Manifestantes sostienen banderas y pancartas en las que muestran su solidaridad con Palestina en el centro de Manhattan, en la ciudad de Nueva York. Foto Afp

Israel domina en forma apabullante TODO el "Gran Medio-Oriente" gracias al apoyo de Estados Unidos: mares (cinco submarinos), tierra (2 mil tanques) y cielo con una de las más poderosas fuerzas aéreas del mundo repleta de aviones (595) y drones (primer exportador mundial); además, entre 200 y 400 bombas nucleares clandestinas.

Lo más sorprendente del enésimo choque en Gaza y en "Jerusalén oriental" en Al-Quds (que en árabe significa "sagrado") lo constituyeron tanto el asombroso despertar de los millennials “árabes israelíes (sic)” –20% de la población de Israel– en las ciudades "mixtas", como la reconectividad identitaria de los palestinos de Gaza con "Jerusalén oriental", Cis-Jordania y los "palestinos israelíes".

El icónico palestino barrio de Sheikh Jarrah en "Jerusalén oriental" en Al-Quds –ocupada y asediada por la minoría de colonos israelíes, en su mayoría “ jázaros ashkenazis no-semitas– lleva el nombre de uno de los médicos del gran conquistador islámico Saladino.

Los moradores autóctonos palestinos están siendo despojados y desalojados en Sheikh Jarrah por los jázaros ashkenazis no-semitas de origen mongol-centroasiático (https://amzn.to/3v3ebaM), que practican "limpiezas étnicas" y enajenaciones catastrales con bendición del saliente primer Netanyahu (https://bit.ly/3oruhsi) y su deliberada “guerra civil (https://bit.ly/3frzYCG)”.

¿Cómo pueden "retornar" a "Jerusalén oriental" quienes nunca estuvieron antes allí?

"Jerusalén oriental" fue anexada unilateralmente por Israel en 1980, que se consagra ahora a confiscar las propiedades de los palestinos para dejarlos en minoría por la nueva "mayoría" de colonos jázaros ashkenazis no-semitas (https://bit.ly/2Rsop69).

Dejaré de lado las feroces criticas internacionales para centrarme únicamente en las opiniones de los propios israelíes.

Después del fracaso del primer saliente Netanyahu para formar un gobierno de coalición, el presidente de Israel, Reuven Rivlin, nombró a Yair Lapid (YL), del partido centrista Yesh Atid ("Hay Futuro"), para conformar un nuevo gabinete.

YL arremetió contra el timing del “incendio que siempre ( sic) sucede precisamente cuando le es más conveniente al primer ministro (https://bit.ly/2S5Ptb8)”.

De paso, YL arremetió contra el "lunático" legislador Itamar Ben-Gvir (IBG), quien "jugó un papel central en la escalada de tensiones en Israel y en la conflagración en Gaza".

En su macabra alianza con Netanyahu, IBG abrió una provocadora oficina extraterritorial en el icónico barrio palestino de Sheikh Jarrah, donde los autóctonos palestinos sufren desalojo y despojo de sus propiedades (https://bit.ly/33SpbMv) con el objetivo de judaizar en forma gradual a "Jerusalén oriental", donde todavía resisten heroica y supervivencialmente 340 mil palestinos sitiados por 215 mil colonos israelíes (https://bit.ly/3ykW2Hv).

La tóxica ideología teosupremacista de Otzma Yehudit ("Fuerza Judía") –¡catalogado de "terrorista" por el Departamento de Estado de Estados Unidos (https://bit.ly/3tZfuGH)!– proclama la “solución de un ( sic) solo Estado teocrático judío” que incluye la anexión de Cisjordania –considerada ilegal por la ONU– y la "transferencia" ( sic) de 6 millones de autóctonos palestinos desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo (https://bit.ly/2T2h6Ta).

Otzma Yehudit, excrecencia del proscrito partido Kach, fundado por el rabino Meir Kahane (https://bit.ly/3bBESf2), es todavía un partido marginal, pero es usado por Netanyahu para eternizarse en el poder (https://nyti.ms/3v3vEjE).

El inminente cese al fuego, paradójicamente, da el "triunfo" pírrico a los dos contrincantes: a Hamas, con su victoria táctica y su milagrosa reconectividad con las “cuatro Palestinas (https://bit.ly/3v3h1fW)” y los “cuatro subtipos de palestinos (https://bit.ly/3whsQPX)”, y a Netanyahu, que se puede eternizar en el poder al precio del vilipendiado apartheid de Israel ( https://bit.ly/3fuMbGy) y su “guerra demográfica (http://goo.gl/hfP7qp)”.

¿Qué sigue: "un solo Estado" supremacista teocrático judío, "dos estados", una "confederación" o un referéndum (https://bit.ly/2S5q95c)?

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El monumento al General Manuel Baquedano en llamas, durante una protesta contra el gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera, en Santiago de Chile. EFE/Esteban Garay

Tras derogar la Constitución de Pinochet, las marchas ciudadanas quieren desmontar los símbolos fundados por el militarismo, el patriotismo y las dictaduras. El monumento al militar, situado desde 1928 en la Plaza Italia, ha sido descabalgado de su pedestal para restaurarlo tras un año y medio de vandalización

 

Durante año y medio lo rayaron, disfrazaron, pintaron, intervinieron en él y, finalmente, lo quemaron. El monumento al general Manuel Baquedano (1823-1897), en la Plaza Italia de Santiago de Chile, rebautizada por la ciudadanía sublevada como Plaza Dignidad, ha sido vandalizado sin descanso, cada viernes, desde el estallido de las protestas el 18 de octubre de 2019, en un intento de reconversión simbólica del lugar.

El 8 de marzo, tres días después de rodearla con neumáticos y prenderle fuego, los manifestantes llegaron con una radial de batería autónoma a los pies de la estatua ecuestre de bronce, que honra desde 1928 la actuación del militar en la Guerra del Pacífico (entre 1879 y 1884, Chile luchó contra los aliados Perú y Bolivia). Sacaron la herramienta y durante unos minutos atacaron los tobillos de las patas delanteras de Diamante, el caballo del militar. Uno de los cortes quedó a dos centímetros de rebanar la pata por completo. La escultura de dos toneladas y media de bronce, que el escultor Virginio Arias (1855-1941) había fundido en Francia, quedó a punto de desplome. Hasta entonces no habían conseguido derribarla ni con sogas. 

“El monumento no tiene daño estructural y aquí hay terremotos fuertes. Toda construcción en Chile se hace para que no se caiga y los monumentos que se caen es porque están mal hechos. Esta escultura es una fundición perfecta”, asegura a este periódico uno de los técnicos implicados en el desplazamiento y bienestar de la estatua, que prefiere no desvelar su nombre.

Con las patas malheridas y el peligro de desmoronamiento, el Consejo Nacional de Monumentos (CNM) -que en enero de 2020 ya había recomendado su retirada preventiva para proteger el monumento y los riesgos de su posible volcamiento- se movilizó de urgencia para salvar la escultura. El plan diseñado por los técnicos con la supervisión de Consuelo Valdés, ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, consistía en actuar el viernes de madrugada, aprovechando el toque de queda que recluye a la población durante la pandemia de la COVID-19, y descabalgar la escultura de su pedestal para llevársela para su restauración. 

“No teníamos más tiempo, estábamos limitados a las horas del toque de queda y hubo que ejecutar un plan de urgencia para rescatar la escultura. Apenas cinco horas. Lo más rápido era separar la escultura de su base de bronce, unida al pedestal de piedra. Retirarla con la base habría sido mucho más complicado y lento. Decidimos cortar bajo las pezuñas del caballo y llevárnosla sin base para restaurarla. Todo salió tal y como estaba previsto”, explica a este periódico el mencionado técnico involucrado en la operación de salvamento. Los restauradores elaboran en estos momentos el diagnóstico de los daños, en el que ya se señalan capas de pintura, golpes de martillo en la pata trasera izquierda, en la pierna izquierda del jinete, la cola del equino y el sable. 

Valentina Rozas-Krause, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Michigan, critica la nocturnidad con la que fue retirada la pieza, “sin proceso ciudadano, sin presenciarlo, sin compartirlo”. Para la investigadora sobre monumentos públicos, anular a la ciudadanía en la extracción de la estatua fue un acto tan violento como quemarla. Cuenta que la salida de Baquedano es la prueba del nuevo símbolo que se está constituyendo en la plaza, epicentro de las manifestaciones desde el 18 de octubre de 2019. 

Una ciudad para todos

“Es una oportunidad otros relatos no representados en el espacio público, como la mujer y el pueblo mapuche. Ahora debemos pensar cómo vamos a diseñar la nueva ciudad. Debemos participar todos de una construcción no autoritaria. Porque no es un problema de esta escultura, sino del diseño de una ciudad, que debe ser más igualitaria”, añade.

Para Valentina Rozas-Krause, los monumentos no son capaces de resolver conflictos, sino de silenciarlos. Por eso dice que los procesos de memorialización son tan importantes, sobre todo en países como Chile, porque en ellos víctimas y ciudadanos construyen un relato común. “Pueden ser mecanismos de reconciliación, pero no de propaganda política”, explicó Rozas-Krause en un evento organizado este miércoles por el Instituto de Estética de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica. 

El director de este instituto es Ronald Harris y asegura que “en diversos países del mundo se han derribado estatuas en sintonía con el cuestionamiento a la oficialidad y a las instituciones”. En el contexto chileno, añade, “es necesario considerar que muchas esculturas hacen referencia al mundo militar y, debido a las experiencias traumáticas asociadas a la institución, se han visto desprestigiadas en el espacio público”. Harris también es partidario del debate público para definir las figuras homenajeadas en el futuro. “La historia está cambiando y la leemos de acuerdo a afinidades y sensibilidades actuales. Cada generación tiene derecho a modificar los héroes que se reconocen en el espacio público”, sostiene.

El Ejército de Chile no opina lo mismo. Tras el incendio de la figura, emitió un comunicado en el que definió a los manifestantes como “antisociales”, “cobardes desadaptados” y “antichilenos”: “Los cobardes desadaptados que cometieron este acto indignante y repudiable para todos nuestros compatriotas son antichilenos”. Les acusa de “ignorantes” de la historia y de los logros de Baquedano.

Sin embargo, la pelea por el símbolo ha superado al mismo símbolo original, transformado en nuevos significados. Es algo que no había ocurrido hasta el momento en otros procesos de conflicto monumental como el derribo de la estatua de Sadam Husein, las miles de Lenin tras la caída del Muro, el general confederado Robert E. Lee, el esclavista Edward Colston o Cristóbal Colón.

El subsecretario de Patrimonio Cultural, Emilio de la Cerda, en enero de 2020, declaró que el Ministerio de las Culturas ha sido “enfático” al señalar que “el patrimonio cultural es dinámico”. “Cada generación puede someter a revisiones, a debate o a nuevas miradas los bienes simbólicos, pero esa acción se debe hacer por la vía de un diálogo tolerante y respetuoso de la institucionalidad vigente, y no a través de la violencia. Rechazamos cualquier tipo de daño ejercido sobre los bienes públicos, que son parte del alma, de la memoria y de la historia de la sociedad”, dijo De la Cerda. Y reconoció daños en 230 monumentos nacionales en el último año. Valentina Rozas-Krause cuestiona el alma de los monumentos de bronce y de piedra, así como que sean la historia del país. Cree que desmonumentalizar no es perder la memoria y que los actos iconoclastas no eliminan necesariamente la memoria, sino que la transforman. 

Batalla de símbolos

El monumento a Baquedano fue inaugurado -algo más de cuatro décadas después de los acontecimientos que homenajea- por el dictador Carlos Ibáñez (pero aprobado por el Gobierno de Emiliano Figueroa), y se ha convertido en un punching ball golpeado por dos fuerzas que leen el símbolo de manera diferente (e irreconciliable). El escritor Rafael Gumucio escribió el día después de las llamas una columna de opinión, en The Clinic, en la que aseguraba, con ironía, que el incendio fue el “acto más bello de lo que ha ido ocurriendo todos los viernes” en la plaza: “Quemar algo que no se quema es la metáfora perfecta de lo que ha devenido el estallismo”.

A Gumicio, autor de Nicanor Parra, rey y mendigo (Literatura Random House), le parecen “patéticos” tanto manifestantes como Ejército, y apunta que en esa resignificación del monumento y del espacio público Baquedano se ha convertido en Pinochet, en los milicos, en las torturas, en la oligarquía y en las injusticias sin fin “de las que somos siempre víctimas y nunca responsables”. 

Las metáforas no dejan de sucederse in situ con cada movimiento de los manifestantes y sus réplicas gubernamentales. Mientras los restauradores realizan su trabajo -durante varios meses-, el Gobierno ha ordenado levantar un muro de acero de tres metros -y protección policial-, alrededor del pedestal decapitado, para encerrar la estatua cuando regrese reparada. Hasta entonces el vacío también alterará el sentido del símbolo.

La imaginación ciudadana también se ha desatado con esta medida del presidente Sebastián Piñera y los resultados pueden verse en el perfil de Instagram de la asociación Monumentos Incómodos, cuya portavoz es Magdalena Novoa, doctora en Arquitectura y profesora de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, y se muestra contraria a la restauración de la escultura, porque es volver a instaurar una representación cuestionada por una parte de la ciudadanía.

“Necesitamos desarrollar mecanismos de participación ciudadana para la construcción de la memoria pública y profundizar en el debate de la desmonumentalización de la ciudad. Debemos pensar estos monumentos en museos y no en el espacio público, donde violentan y borran otras historias de nuestro territorio”, explicó Novoa en el encuentro del Instituto de Estética. Habría sido una buena ocasión desplazar la estatua vandalizada al Museo Histórico de Santiago de Chile, como reflejo de un momento histórico único, en el que la presión de la ciudadanía fue capaz de derogar la Constitución de Pinochet

En el enfrentamiento entre monumento y reivindicación, el arte es una víctima de las víctimas usada por los intereses políticos y de la reacción que provocan. Los primeros lo usan para garantizar su inmortalidad, los segundos para acabar con un símbolo injustificable en el presente. El arte puede ser garante de ideologías trasnochadas sin pretende ser eterno.

La artista Catalina Mena, que acaba de inaugurar una instalación en el Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile sobre la violencia contra las mujeres, se siente dolida cuando el patrimonio es violentado. “No me parece que nadie tenga derecho a creer que su postura ideológica deba ser la predominante y que se sienta con derecho a vandalizar el monumento”, indica. “El escultor de dicho monumento proviene del campo, viaja con una beca a París, sobresale y todo ello gracias a sus méritos y perseverancia. Al violentar la escultura, se violenta su trayectoria y obra. Lo triste es que creo que los que hacen esto ni siquiera saben que tras un monumento como éste hay un artista”, añade Mena. 

Por Peio H. Riaño

20 de marzo de 2021 21:11h

@PeioHR

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Jueves, 11 Marzo 2021 05:26

El porqué de los tatuajes

El porqué de los tatuajes

Entrevista a la psicoanalista Hilda Catz

La moda no es el único disparador del deseo y elección de tatuarse, cómo influyen el psiquismo colectivo y el individual.

 

Si bien parecen una moda, los tatuajes tienen múltiples significaciones y expresan rasgos de cada subjetividad casi desde el comienzo de los tiempos. La doctora en Psicología y psicoanalista Hilda Catz estudia el tema con una aguda mirada en Tatuajes como marcas simbolizantes (Ricardo Vergara Ediciones). Su investigación se vale de casos clínicos y del análisis de películas. Catz focaliza en los adolescentes y adultos jóvenes, aunque aclara que "no es algo exclusivo de estos grupos etarios". Toma a los tatuajes como "cicatrices reveladoras" que tienen que ver "con las problemáticas planteadas en torno a las particularidades de las inscripciones parentales en nuestra cultura", según afirma sobre el núcleo de su investigación.

Catz señala que en el tatuaje existe un cruce entre los determinismos socioculturales y la historia singular de los sujetos. ¿De qué manera se evidencia esto? "Con esto me refiero a la relevancia clínica que tienen los tatuajes para el proceso psicoanalítico. Considero que la piel es, de alguna forma, como un lienzo, y fue utilizada desde el principio de los tiempos con diferentes fines: protección, valor sagrado, pertenencia a la comunidad, testimonio, homenaje... A través de la piel se transmite y se genera un sentido de existencia. O sea que hay que rechazar el argumento de la moda como único disparador del deseo y elección de hacer un tatuaje. Siempre nos encontramos con el psiquismo colectivo y el psiquismo individual que va dejando trazas de una presencia enigmática, como develando nuevos horizontes de significaciones a ser descubiertos”, explica Catz, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

--¿Qué pueden aportar los tatuajes al acto analítico?

--Pueden aportar muchísimo porque tienen que ver con el psiquismo individual. Lo mejor que puedo transmitir de esto es través de un poema de Felisberto Hernández, el famoso poeta uruguayo, considerado el "Borges uruguayo". Tiene una frase: "Yo sé que por el cuerpo andan pensamientos. Yo sé que por el cuerpo andan pensamientos descalzos, y no todos suben a la cabeza y se visten de palabras". Acá hay un punto que me interesa: la importancia significativa y el potencial simbolizante de los tatuajes, ya sea como función social, como expresividad artística pero también plasmadas en un cuerpo individual que, de alguna manera, es mediador entre el yo y la sociedad. Por medio del tatuaje se hace presente lo ausente.

--¿Puede haber en el acto de tatuarse una producción inconsciente del sujeto?

--Absolutamente. Es una producción inconsciente del sujeto. Se expande, se libera, de alguna forma recompone lazos de identidad y, en algunos casos, modificaciones corporales como formas de escapar. Se escaparon de los lugares marginales y clandestinos que tenían antes. Por supuesto que están atravesados por la dictadura de los mandatos biopolíticos, de los medios de comunicación, pero a diferencia de lo efímero de la moda tienen algo de perpetuidad. Y hacen un trastoque de lo público, de lo privado. Son biografías inscriptas en el cuerpo. Un paciente me dijo: "Ahora, en vez de escribirnos cartas nos hacemos tatuajes". Hay algo de eso que está debajo de la piel que se puede ver desde adentro del cuerpo como desde afuera y tiene una fuerza y un potencial simbolizante que yo le atribuyo en la sesión analítica, cuando aparece, el valor de un zip (un término de computación que implica descomprimir archivos): si lo podemos "abrir" (porque no podemos abrir todos los zip) ahí está toda la información condensada de esa persona.

--¿Se pueden establecer diferencias entre quienes se tatúan un pequeño dibujo y quienes prácticamente deciden tatuarse todo el cuerpo?

--Sí, por supuesto. El tatuarse todo el cuerpo es cuando se transforma en adicción. Hay un abanico que va desde lo neurótico que somos todos, donde siempre debajo del tatuaje yace una pérdida. Esto no quiere decir algo condenatorio sino todo lo contrario: es como un intento de elaboración de duelos.

--Claro, porque muchas veces el tatuaje tiene que ver con mantener vivo el recuerdo de una pérdida, ¿no?

--Exactamente. Pero respecto de la otra pregunta, una cosa es hacerse un tatuaje, dos, tres o cuatro, y otra cosa es no poder parar de hacerse tatuajes; es decir, la persona puede sentir que hizo su homenaje, que hizo un testimonio y otra cosa es cuando no se puede parar de hacer tatuajes que ya estamos en el terreno de la no dicción, de la adicción. Una cosa es una persona que se hace un tatuaje y te cuenta una novela fascinante de ese tatuaje, o te cuenta un relato, te narra una historia, te emociona. Hacen todo un recuerdo y hacen un intercambio. Ahí estamos en el terreno de lo que somos todos, neuróticos, donde ese grito en busca de asidero muestra que hay una apropiación del cuerpo, una especie de firma de recibido, y se transforma en un proceso potencial de simbolización. Y otra cosa es cuando no se puede parar, donde tampoco podés preguntar porque la persona se cierra, no puede hablar de eso. No hay elaboración.

--¿Todo tatuaje es un enigma?

--Sí, y para mí es un grito en busca de asidero; o más que un grito, podemos decir un llamado en busca de asidero. Y siempre se constituye en un enigma. También es importante el diseño de lo que se elige para tatuarse, la zona del cuerpo, el momento de la vida en que se lo hizo, sobre todo el primero. Yo siempre pregunto por el primero, el momento de la vida en que se hizo el tatuaje, qué estaba pasando en su vida en ese momento, qué dijeron del tatuaje en su entorno. Entonces, allí se va estableciendo una posibilidad de reflexión alrededor, de trabajo creativo, de pasar a la dicción. Yo trato que el tatuaje pase a la narración, respetando su valor de tatuaje, de diseño, de arte, pero que pueda pasar a la narración en el encuentro con otro. Entonces, ese tatuaje abre a una complejidad y multiplicidad de significados, que es distinto cuando está todo el cuerpo tatuado y no hay por dónde entrarle porque ya pasa a ser como una fortaleza. Una cosa es que sea para la comunicación con el otro y otra cosa es cuando es una especie de fortaleza inexpugnable.

--Si antes era un símbolo de virilidad tener un tatuaje como, por ejemplo, podía ser el caso de los marineros, ¿hoy con qué se lo puede relacionar?

--Ante todo tenemos que relacionarlo con el pensamiento complejo que habla Edgard Morín. El tiene un libro, Agujas en la piel, en el que hace un breve recorrido histórico del tatuaje. Por supuesto que los dibujos son una práctica multicultural y arte en el cuerpo para la cultura occidental que se circunscribía a determinadas clases en algún momento, que no tenía legitimidad; tenía un esquema primitivo punitivo del que aún no se desembarazó del todo. Pero al mismo tiempo fue ganando terreno y empezó a ser algo así como una especie de escenificación para los demás. Con el soportar el dolor y la picazón de esa aguja se busca también obtener un cuerpo significado cargado de sentido, ya se trate de un hombre o de una mujer. Y también ahí esto lo determinará la ubicación en las geografías corporales diferenciadas. En general, los tatuadores te dicen: "Este dolor no es nada comparable al dolor que ya sufriste". Ahí nos remite a que se usa mucho como homenaje, como testimonio, como pertenencia a un grupo. 

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No nos mueve el deseo, nos mueve la conciencia feminista

Una joven pide ayuda ante la mirada lenta y cansina de la gente en la calle. Huye de su asesino y perseguidor. Es el final de una cadena de torturas. El la acuchilla en el pecho a la vista de todos.  ¿Qué tiene que ocurrir, qué más hace falta, para que estas escenas insoportables no sean la cotidiana vida real ante la tolerancia anestesiada que se lamenta o ni siquiera, y se dedica a esperar a la siguiente?

¿Cuáles serían los números si nos contáramos todas cada una, cuántas alcanzaríamos a ser? 

Ser mujer: llegar a serlo, escribió Simone.

No dejar de serlo, también. No ser más cuerpo destinado a mutilaciones,  ventas, intercambios, invisibilidades. No más las matadas de la Historia. Llegaremos a serlo cuando acabe esta brutalidad a cielo abierto que parece que se tolera tan fácilmente. Luchamos por ser repatriadas a la categoría de ciudadanas con igualdad de derechos. Aún no lo somos.

La que se entrega. La que resiste. La que huye. La que pide ayuda. La que no. La que lucha, la que se cansa de hacerlo, la que se culpa por hacerlo, la que tolera el castigo. Queremos el nombre propio para la vida propia. No para la lista interminable de matadas. Nos libramos ya hace tiempo de la categoría de “crimen pasional”, sin embargo, la Justicia sigue funcionando como si perviviera. Feminicidio es el nombre.

Hablamos de feminicidio para especificar en el mismo término las lógicas de opresión y de distribución del poder. Femicidio, equiparado casi a homicidio, no tiene esa especificidad. Decir feminicidio implica situar esos crímenes como delitos de lesa humanidad y visibilizar la responsabilidad del Estado como habilitador o propiciador de impunidad. Marcela Lagarde explica que feminicidio hace referencia a crímenes, desapariciones, violencias contra las mujeres, en las cuales el Estado permite, por acción u omisión. Son crímenes motivados por el odio y el desprecio hacia las mujeres por el hecho de serlo.

El slogan "Paren de matarnos" es parte del problema.

Paren de permitirlo en todo caso,  de alentarlo, tolerarlo, avalarlo. Paren aquellos que tienen algo, un poco o mucho de responsabilidad.

El poder es cómplice y parte.  

Conciencia feminista. Conciencia de una cierta forma de administrar el poder, de maneras visibles e invisibles, conciencia del sistema de opresión que nos opera desde afuera y desde adentro (eso es el patriarcado).

Transformación revolucionaria de la cultura, las teorías y las prácticas. De los vínculos,  del amor, la sexualidad y la crianza. Pero es tanto lo que falta. Falta dejar de ser las matadas. No son las muertas. Son las matadas que en cada uno de sus nombres propios encarnan el hecho de que ser mujer es una búsqueda y conquista interminable de lo propio, siempre bajo amenaza. Falta dejar de vivir bajo velorio permanente, como dice Marianella Manconi.

Las mujeres nunca pudimos hacer, desear ni pensar cualquier cosa. Nuestra potencia ha sido y sigue siendo lucha y conquista. Y estamos revisando todo: el cuento del príncipe azul y el mito del amor romántico, la madre perfecta y abnegada, la idea de naturaleza femenina, la representación que fija lo femenino a ser madre, y a establecerse en la renuncia a la vida propia, todas las versiones que hacen del cuerpo de las mujeres espacio capturado de trabajo para la felicidad de otros. Cuerpo condenado a ser objeto de posesión exclusivo para el deseo del hombre, tantas veces para un deseo de muerte.

El feminismo es una teoría política y una lógica de activación. Los feminismos desarticulan lógicas de sumisión, las desmontan, luchan contra ellas.

Nos matan como piezas de descarte, y matarnos es una forma también de disciplinarnos con culpa y violencia. Verificamos una y otra vez la amenaza, el peligro. La indefensión y la sumisión también se construyen y se aprenden.

La conciencia feminista no es perspectiva de género. No es “una” perspectiva. Es advertir la filigrana de desigualdades de las que está hecha el mundo. En todos los planos que nos opera, que nos moldea. Es advertir que el patriarcado es un modo de subjetivar en una lógica de opresión a mujeres y disidencias. Desarmarlo implica un trabajo singular y colectivo de revisión y transformación de esas lógicas machistas incrustadas en nuestra subjetividad.

Nos enfrentamos una vez más a una versión del Negacionismo. Me refiero al dudar de nuestras percepciones y pactar con la desmentida. Justificar y sostener al opresor. Transformar a las víctimas en sujetos exagerados, disminuir o alterar la verdad de lo ocurrido y de lo que está ocurriendo ¿lo haríamos con las víctimas del Holocausto? O del terrorismo de Estado? ¿Nos atreveríamos a suponerles la culpa de lo padecido? ¿Tenemos que probar inocencia? Ser mujer es vivir desde el principio hasta el final en un campo de pruebas.

Tenemos que estar muy atentos a esta tendencia nada nueva pero muy actual a psicopatologizar o llamar a “contener” a los feminicidas, que también es un modo de re-violentar. La violencia contra las mujeres no es una enfermedad, no es una “pandemia”. Es un genocidio a lo largo de la Historia, un genocidio invisibilizado como tal.

Hace falta reformular no únicamente el sistema judicial.  Todos aquellos sistemas en que ser mujer es tener como agenda ese estado básico de alerta que incorporamos desde pequeñas bajo la forma de representaciones de crimen y de castigo ("merecido"). Nosotras siempre estamos en tela de juicio y tantas veces bajo condena.

Tenemos nuevos nombres y palabras que visibilizan dispositivos inconscientes o naturalizados de reparto y distribución del poder. La lucha por la legalización del aborto fue también la disputa por las palabras: la palabra vida por ejemplo. El feminismo es el trabajo de armado de un nuevo sujeto político y produce revoluciones del lenguaje, a veces frente al riesgo de caer en banalizaciones o slogans que se vacían de contenido, o distraen.

No nos mueve el deseo (en todo caso eso nos mueve a todos, también a los asesinos dice Cristina Lobaiza). Nos mueve la conciencia feminista.

(Gracias a Cristina Lobaiza y Marianella Manconi. De Cristina Lobaiza tomé el término “matadas” y tantas otras cosas, que han nutrido y construido mi propia conciencia feminista).

Por Lila María Feldman es psicoanalista y escritora.

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Trump se da un baño de masas en su reaparición en Orlando

Conferencia del Partido Republicano

Su primer discurso muestra que domina el partido e insiste en el robo electoral

 

A lo largo del fin de semana, los términos “robo electoral”, “presidente ilegítimo” o “Trump ganó el 3 de noviembre” se han repetido entre los republicanos, ala trumpista, que se han reunido en la ciudad de Florida durante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).

En esta realidad alternativa, los participantes adoraron primero una estatua dorada de su líder y este domingo lo recibieron, en persona, con un fervor desbordado, como si fuera un mesías.

Trump hizo en la CPAC su primer discurso después de dejar la Casa Blanca el pasado 20 de enero. “¿Ya me echabais de menos?”, saludó al enfervorizado público. Y, pese a que jamás ha concedido su derrota, sus palabras fueron una confirmación tácita de que a él lo echaron del poder de EE.UU.

La venganza

Trump cita uno por uno a los republicanos que votaron a favor de su ‘impeachment’

Solo así se entiende que dijera que la Administración Biden se destaca por “el primer mes más desastroso de cualquier presidente”. En una hora y media de arenga, el expresidente centró su ataque en Biden, al que exigió reabrir las escuelas (cerradas en su mandato), lamentó la nueva “rendición” ante China y, entre otros argumentos, arremetió contra su sucesor por sus políticas de inmigración, que, según su visión, solo fomentan la llegada de más indocumentados y de delincuentes.

También acusó a Biden de “renunciar” a su lema de “Hacer América Grande de Nuevo” (MAGA, en inglés) en beneficio de oscuros intereses. Está fuera de la Casa Blanca, pero en su discurso siguió siendo el mismo. “He ganado dos veces”, dijo. “Ganamos”, coreó el público. “Sí, lo hicimos”, replicó él.

Erre que erre. Si no está en el poder , se debe a que políticos locales y los tribunales , incluido el Supremo (dominado por conservadores), no tuvieron “agallas” para revertir el resultado de las urnas por una fraude inexistente. “Es imposible que perdiéramos”, clamó, en lo que se convirtió en el verdadero núcleo de su oratoria: jamás un paso atrás.

Si otros ex presidentes optaron por darse un largo respiro y desaparecer, Trump necesita estar en el foco y más cuando carece de su gran megáfono de Twitter. Su aclamada irrupción demostró que es la gran figura dominante del GOP, del Grand Old Party, que ahora se escribe con T de Trump como indicó su hijo Don jr.

El expresidente apeló a la unidad, descartando veleidades de ruptura. “No vamos a crear ningún partido nuevo, es fake news , y no dividiremos nuestra fuerza”, recalcó. “Nos uniremos y seremos más fuertes que nunca”. Una vez más reiteró: “El increíble viaje que iniciamos está lejos de acabar”. Según Trump, “nos hemos reunido aquí esta tarde para hablar del futuro, del futuro de nuestro movimiento, de nuestro partido y de nuestro querido país”.

.Su objetivo más próximo, señaló, es que los republicanos recuperen el control de las dos cámaras del Congreso.

Dejó claro que ese futuro pasa, por supuesto, por su ordeno y mando. El expresidente se ha situado como el encargado de manejar la gestión. Juega ser el “presunto nominado” en el 2024, –“puedo decidir optar por tercera vez”, afirmó–, aunque hay asesores que le aconsejan pasar página.

Pero sabe de su poder y de su control de las bases. El senador Mitt Romney, que no estaba invitado a Orlando por ser enemigo declarado, ya ha asegurado que si Trump quiere ser candidato, lo será dada su popularidad.

Y Mitch McConnell, el jefe de la minoría republicana en el Senado, que arremetió contra el expresidente como responsable del asedio al Capitolio el 6 de enero, ha reconocido que si Trump es el nominado, le apoyará. No le convenció, porque en Orlando respondió con el despreció a McConnell.

Además de la estatua dorada, el culto a su persona se ha evidenciado en pegatinas de Trump, gorras de Trump o de MAGA, mascarillas de Trump o camisetas con lemas como “Trump 2024”.

Una visión particular

En su reaparición, el expresidente apeló a la unidad y negó crear un nuevo partido

Sin embargo, pese a esa apuesta por la unidad, en su discurso apuntó a los que se han pronunciado contra él por sus falsedades electorales o por el asalto al Capitolio, lo que llevó a algunos republicanos a votar a favor de su segundo impeachment .

Revisionismo –los hechos del 6-E no existen– y venganza. Citó a todos los legisladores del partido que votaron a favor de su segundo impeachment . Entre todos, un nombre resumió su ira, el de Liz Cheney, hija de un referente y número tres de los republicanos. El público la abucheó.

“El partido está unido”, reiteró el expresidente. “La única división es entre un puñado de políticos del establishment de Washington y el resto del país”.

La CPAC siempre ha ofrecido una visión de las placas tectónicas moviéndose bajo el suelo conservador. La reunión del 2021 ha sido la prueba de que el seísmo Trump controla el partido. Los aspirantes a presidente deberán esperar a sus designios o a que le imputen en los tribunales.

Por Francesc Peirón

Nueva York. Corresponsal

01/03/2021 01:20

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Jueves, 24 Septiembre 2020 05:38

Un maestro demasiado especial

Sylvain Hélaine, alias ‘Freaky Hoody’, un profesor cubierto de tatuajes, provoca debate en Francia

Por si no faltaran suficientes problemas serios en la escuela pública francesa, que debe lidiar a diario con los condicionantes de la pandemia de la Covid-19, un nuevo tema ha irrumpido en el debate educativo: ¿puede un maestro ir completamente cubierto de tatuajes, o una apariencia física tan extrema causa daño a los alumnos, sobre todo a los más jóvenes?

El caso de Sylvain Hélaine, alias Freaky Hoody , está dando que hablar después de que una madre denunciara en el diario Le Parisien que el docente “da miedo a los niños” y debería por tanto ser apartado, al menos, de las clases de parvulario y de primaria. Desde entonces, varias televisiones han entrevistado al personaje, quien sin duda da mucho juego visual en los platós.

Hélaine, que acaba de cumplir 35 años, lleva doce como maestro sustituto en el departamento de Essone, al sur de París. Cada mañana tiene el coche a punto para dirigirse a la escuela donde haya necesidad de un docente suplente. Hasta ahora sus alumnos tenían edades comprendidas entre los 2 y los 12 años.

Freaky Hoody es un fanático de los tatuajes, aunque él niega que esté enganchado a los dibujos corporales de un modo patológico. “No es adicción, es pasión”, matiza. Influyó la época que pasó en Londres en un programa de intercambio de profesorado. Se le pegó la gran afición de los británicos por los tatuajes. Hoy la tinta ocupa todo su cuerpo, incluido el cráneo, el cuello, la cara, la lengua, las orejas, el interior de las manos y los dedos.

Hélaine lleva un cómputo muy preciso de lo que ha invertido, en tiempo y en dinero, para conseguir una apariencia física tan original: 460 horas en los estudios de tatuaje y 57.000 euros. El proceso se prolongó durante tres años y no está dispuesto a detenerlo. Poco a poco va a cubrir todos los espacios que aún conserva de piel de color natural. “Seguramente acabaré todo negro a los 80 años”, predice.

Lo más exagerado es que Freaky Hoody ha llegado a inyectarse tinta de varios colores en la esclerótica –la membrana blanquecina de los ojos–, lo cual le da una mirada casi de ciencia ficción o de personaje de cómic. Estas inyecciones oculares se las han administrado en Suiza porque en Francia están prohibidas. Es una técnica invasiva muy peligrosa. El maestro reconoce que se corre el peligro de quedarse ciego, por lo que no recomienda en absoluto que se siga su ejemplo.

El tatuaje de la lengua también fue muy laborioso. Las inyecciones de tinta se la hincharon tres veces su volumen normal. El escozor le duró largos meses. No podía hablar y le dolía abrir la boca. Fue un suplicio que dio por bien empleado, incluso el riesgo de que la agresiva intervención degenere en un cáncer.

Hélaine asegura que, además de ser su pasión, el tatuado completo forma parte de un “proyecto artístico”. Así puede completar su sueldo de maestro con ingresos que obtiene posando en museos o con su participación en películas y vídeos.

El maestro sostiene que la inmensa mayoría de niños no ve problema con su aspecto físico y, tras la sorpresa inicial, que dura pocos minutos, lo aceptan con normalidad y la clase transcurre sin incidentes.

La ley francesa no prohíbe los tatuajes de los maestros, aunque sí la exhibición de signos religiosos como la cruz o un velo islámico las mujeres. El laicismo de las escuelas es un principio muy estricto que debe ser respetado.

En sus comparecencias televisivas, Hélaine, que se presenta con una camiseta sin mangas, pide que se le trate con tolerancia y se le juzgue por su capacidad didáctica y su rendimiento profesional, y no por su aspecto epidérmico.

En una entrevista con la cadena pública France 3, Freaky Hoody reconoció que, “el tatuaje es algo, en principio, muy egoísta”. “Lo encuentro cool –dijo–. Siempre lo hice para mí. Nunca intenté erigirme en un portavoz de la tolerancia sino que ha sido inevitable. Sufro una discriminación que esperaba sufrir. Quienes me tatuaron me lo advirtieron, que la mirada de la gente cambiaría cuando empezara a cubrirme las manos y la cara. Tuve dudas, pero la pasión fue más fuerte”. Según Hélaine, “el tatuaje es como el amor”, y se quiere estar con él a cualquier hora del día.

La controversia protagonizada por Freaky Hoody no es la única que sacude las escuelas francesas sobre la apariencia física. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, desató otro debate al criticar que los alumnos acudan en atuendo muy deportivo, o como si fueran a la playa o a la discoteca. Según el ministro, “la vestimenta no debe ser un factor ni de discriminación ni de estigmatización”, y advirtió sobre la hipersexualización de las chicas. “Es importante llegar a la escuela vestido correctamente –añadió–. Todos pueden comprender que se viene a la escuela vestido de un modo republicano”.

Ese “modo republicano” recomendado por el ministro es una fórmula ambigua y enigmática. La frase ha sido muy comentada y objeto de bromas. Blanquer no ha aclarado aún cuántos tatuajes admite su código de valores republicano.

Eusebio Val | París, Francia. Corresponsal

24/09/2020 01:31 | Actualizado a 24/09/2020 08:50

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Sábado, 08 Agosto 2020 06:09

Las lenguas son territorios

Las lenguas son territorios

Una lengua nace con cada persona que la aprende. Cuando la mente pueril se comienza a llenar de palabras, a configurarse en ellas (a “formatearse” diría el barbarismo tecnológico en uso), ocurre algo fascinante: la mente piensa, nombra, pronuncia cada parte del mundo que experimenta, de un modo preciso, exclusivo de la lengua que se trate. Nadie necesita leerla o escribirla para identificarla de inmediato y abrirse a la conversación, el canto, la plegaria. Da forma y contenido a la memoria.

Cada lengua es como una biblioteca. Un compendio de los seres, las cosas y sus interconexiones profundas. Si mueren sus hablantes y se extingue, es como si se incendiara la biblioteca de Alejandría nuevamente, decía Elías Canetti, y todo lo que hubo allí se disipa en cenizas y permanece en dos o tres vocablos heredados a otra lengua.

En el curso de su historia hablada, y a veces escrita, cada lengua es un portento colectivo que se renueva y se extiende cuando puede. Lo terrible es que en Babel, como en todas partes, existen idiomas sometidos, negados y prohibidos.

La riqueza de una lengua no está en el número de palabras y tiempos verbales, sino en sus combinaciones, como sucede con la poesía. Las invasiones, las conquistas, las hambrunas y las guerras merman las lenguas originarias alrededor del mundo, las asedian para exterminarlas. La historia del hemisferio americano abunda en ejemplos, desde hace cinco siglos la multitud de idiomas podía concentrarse en territorios compartidos, o coexistidos, vecinos y sin embargo ininteligibles para el otro. Dos casos idílicos en el continente precolombino son la costa pacífica de la actual California y las selvas amazónicas, ricas regiones consteladas de pueblos distintos, completamente entregados a la naturaleza, hablando idiomas propios a pocos kilómetros unos de los otros.

Y el mundo era un coro de pájaros. Sin embargo, cientos, quizás miles de lenguas y sus dialectos, sufren el destino de los taínos, cuya lengua se hablaba en las islas del mar Caribe a fines del siglo XV. La primera con la que tuvieron contacto Cristóbal Colón y los que lo acompañaban. Según diversas estimaciones, hacia 1492 había entre medio millón y cuatro millones de personas en las Antillas (taínos, macaríes, ciguyayos). Bartolomé de Las Casas los calculó en un millón en ese año. Para 1508, el cálculo lascasiano era 60 mil. El último registro taíno se pierde en 1570, menos de un siglo después, cuando quedaban 150 entre los 500 últimos indígenas originarios de las islas. Hasta ahí llegan los registros.

El efecto del “descubrimiento” de La Española fue demoledor, un holocausto o “solución final” que logró exterminar las lenguas, la identidad y los pueblos de un subcontinente. Pero el taíno era una lengua tan adánica y preciosa como otra cualquiera, llena de originalidad sonora y conceptual, que infiltró al castellano y otras lenguas imperiales europeas con palabras clave para entender que en este mundo siempre hay y siempre hubo otros mundos: maíz, canoa, barbacoa, cacique, hamaca, iguana, comején, huracán, cayuco, caribe, enagua, sabana, macana.

En más de un sentido, cada lengua es un territorio. Del mismo modo que la tierra, e incluso más versátil y móvil, la lengua de uno es donde mejor se está. También por eso el odio de los fuertes contra Babel es anterior al mito bíblico y se extiende hasta el presente. El idioma del “otro”, despreciable y amedrentador, debe ser erradicado.

En la actualidad se estima que existen mil lenguas originarias en el continente. Tan sólo en México se contabilizan 68 lenguas y unas 400 variantes dialectales, que en algunos casos son más que meras variantes, como en el tronco nahua o la heredad del imperio zapoteca. En América del Sur ocurre con el quechua, el aymara, el mapungundún.

Las lenguas coloniales son unas cuantas: castellano, inglés, portugués, francés. El espectro hispanoparlante y el anglófono son tan vastos como el chino. Históricamente su dominio ha significado el saqueo y la destrucción de las demás lenguas. Violencia, educación, adoctrinamiento, represión, racismo y miseria son las armas de exterminio contra las lenguas colonizadas. Los colonizadores de antes y de hoy así se adjudican los territorios.

No deja de resultar portentosa entonces la resistencia vital de centenares de pueblos desde el territorio de sus lenguas. Aún los despojados y expulsados, los arrinconados en las orillas de las ciudades conservan y enarbolan la flor de sus lenguas. Sea en México, Tehuacán, Oaxaca, Tijuana, Nueva York o Los Ángeles, siguen en pie las refinadas construcciones de un mundo único, específico y maravilloso, capaz de ser bilingüe y trilingüe en el vientre de la ballena. Noam Chomsky ha subrayado que las lenguas no necesitan escribirse para sobrevivir siglos y milenios. Esto es cierto para el inuktitut, el mazateco o el yanomani, como lo fue para el arameo bíblico. La “bibliotecas de Alejandría” que siguen en pie son la belleza y el tesoro oculto de pueblos amenazados y perseguidos sin reposo por la espada, la cruz, el signo de dólares y la voracidad “redentora” del progreso. De la duración de sus territorios dependen la pervivencia, la soberanía de los territorios físicos de los pueblos y el genio vivo del verbo humano.

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Retirada de la estatua del traficante de esclavos Antonio López en 2018, en pie en Barcelona desde 1944. Víctor Serri

El no siempre coherente mapa de la memoria de las naciones. Desde las estatuas de Colón al barrio de Kropotkin en Novosibirsk.

 

Sobre el monte Rushmore, en Dakota del Sur, se hallan esculpidos los enormes rostros de cuatro presidentes de Estados Unidos. La pregunta es la siguiente: ¿deberíamos dinamitar la mitad de ellos? De hecho, solo dos de estos padres de la patria (Abraham Lincoln y Theodor Roosevelt) no fueron propietarios de esclavos. De los otros dos, George Washington poseyó más de trescientos, mientras que Thomas Jefferson no solo tenía más de seiscientos, sino que también engendró varios hijos con una de sus esclavas.

Por ello la pregunta no es provocadora, sino que pone en evidencia el embrollo que se esconde en nuestra relación con los lieux de mémoire (lugares de memoria), expresión acuñada por el historiador francés Pierre Nora, que da título al proyecto editorial colectivo Les lieux de mémoire (1984, 1986, 1992), publicado bajo su dirección y traducido a diversas lenguas.

Este embrollo es particularmente insidioso en el caso de Estados Unidos, porque el esclavismo hunde las raíces en su historia, en su constitución material. Fueron propietarios de esclavos no solo Washington y Jefferson, sino también James Madison, James Monroe (el presidente que dio nombre a la Doctrina Monroe, precisamente), Andrew Jackson, John Tyler, James Polk y algunos otros estadistas. Poseía esclavos incluso la familia del general Ulysses Grant, que dirigió las tropas del norte en la Guerra de Secesión que abolió la esclavitud.

Si consideramos el asunto con el rigor debido, se debería cambiar el nombre de más de la mitad de las calles de las ciudades estadounidenses (las avenidas que no son numeradas están casi todas ellas dedicadas a presidentes del pasado, excepto algunas vías periféricas que, con cierto sentido de culpa, se hallan dedicadas a Martin Luther King).

Nos introducimos aquí en los meandros de las distinciones existentes entre lo que es la historia de un país y lo que es la reivindicación política. En algunos casos ello no presenta problema alguno. La bandera confederada, que tan solo hace cuatro años ondeaba en las sedes de los ayuntamientos de muchos estados sureños, constituía una provocación desvergonzada hacia los descendientes de los esclavos, mientras que convendría no olvidar la historia del tira y afloja que desde hace más de cincuenta años libran los estados del sur profundo (Alabama, Georgia, Luisiana, Misisipi, Oklahoma, Carolina del Sur, Tennessee) al hilo del rediseño de la propia bandera estatal de modo que contenga alusiones más o menos veladas a la bandera confederada.  

Por ello nadie echará de menos las estatuas de Jefferson Davis (presidente de la Confederación sudista durante la Guerra de 1861-1865), del almirante confederado Raphael Semmes o los diversos monumentos a los soldados confederado que campean en innumerables plazas de Dixieland y que han sido derribados por las manifestaciones de Black Lives Matter. El asunto se hace más resbaladizo cuando se retira la estatua de Cristóbal Colón, porque en la misma de provocación política hay verdaderamente poco. No queremos vivir en un mundo que erige estatuas y las tira abajo y las vuelve a erigir, que exalta y cancela las memorias. En otro caso, daríamos la razón a los talibanes, que en 2001 dinamitaron los Budas de Bamyan, o a los fanáticos hindúes, que en 1992 destruyeron la mezquita de Ayodhya.

A este respecto merece la pena describir la curiosa relación establecida por Rusia con la propia memoria histórica postsoviética. Todo el mundo sabe que tras la caída de la URSS, la ciudad de Leningrado ha retomado su antiguo nombre zarista, San Petersburgo, pero pocos saben, sin embargo, que su región (oblast) continua llamándose Leningrado. Todavía más curioso es el caso de Ekaterinburg, ciudad donde en 1918 fue ejecutado el zar Nicolás II junto con su familia. Durante la era soviética, la ciudad se llamó Sverdlovsk, en honor del nombre del dirigente bolchevique, Jakov Sverdlov, que había ordenado fusilar a los Romanov. Después de 1991 se ha vuelto a recordar a la zarina Catalina la Grande, pero, al igual que en el caso de San Petersburgo, el oblast continúa denominándose Sverdlovsk y la cosa no acaba aquí: la gran arteria que circunda el nuevo monumento dedicado al “martirio de los Romanov” es la avenida Sverdlov (que posteriormente cambia su nombre para denominarse avenida Karl Liebknecht).

Lo mismo sucede en Irkutsk, ciudad situada en las proximidades del lago Baikal: la gran arteria Karl Marx desemboca en una plaza en la que se yergue la estatua de Alejandro III, el zar más reaccionario que Rusia conoció durante el siglo XIX. Vladivostok, por otro lado, es la única ciudad en cuyo centro no sobresalen las avenidas Lenin y Marx, como sucede por el contrario en la totalidad de las restantes ciudades: durante la Revolución Soviética fue la ciudad más “blanca” de Siberia y ello se percibe nada más que uno llega a la misma, porque en la sala de espera de la estación terminal del tren transiberiano encontramos un altar dedicado al zarevic Nicolás II, quien en 1891, antes de subir al trono, visitó la ciudad para inaugurar la línea. Sin embargo, la plaza principal de esta ciudad contrarrevolucionaria se llama “plaza del poder de los soviets”.

Pero el ejemplo más claro de este sincretismo histórico, que se apropia de la totalidad del pasado conciliando elementos inconciliables, lo encontré en un aula escolar visitada en Krasnojarsk, ciudad situada a orillas del río Enisei, donde, en la pared, tras la mesa del profesor, había, situados a ambos lados de la pizarra, un retrato del zar Nicolás II Romanov y otro de Lenin (en toda Rusia el único gran ausente sistemático de esta reconciliación póstuma es naturalmente Stalin).

Tanto eclecticismo no es inocente, ya que subyace bajo el mismo una operación hipernacionalista en virtud de la cual no importa si unos son zaristas y otros bolcheviques, porque todos son hijos de la eterna madre Rusia. Conviene recordar el inmortal apotegma de Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio del canalla”. Sin embargo, no puede dejarse de reconocer una toponomástica que hace aflorar figuras que en otros lugares se hallan canceladas de la memoria, como sucede con el príncipe anarquista Kropotkin, que da nombre a un barrio entero de Novosibirsk; o, como en Irkutsk, la del propio Liebknecht o la de Jean Paul Marat (no olvidemos que en Francia Robespierre, Sain-Just y también Marat han sido objeto de cancelación prácticamente en todos los sitios). Y, de todos modos, no deja de inspirar cierta ternura que en el fondo de Siberia uno encuentre el Parque de la Comuna de París y pueda pasearse por él.

Por Marco D'Eramo

15 jul 2020 09:48

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Lunes, 01 Junio 2020 09:39

Deporte, identidad y autoridad

https://futbolete.com/fanaticadas-com/colectivo-futbolero-colombiano-llamado-a-la-agresion/251882/

Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Publicado enEdición Nº268
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