Como en las guerras de posición, para avanzar y romper trincheras, lanzar bombas de humo suele ser una excelente estrategia para llamar la atención del enemigo. Todas las miradas se concentran en una nube espesa, cortina protectora, tras la cual se espera emerja un ejército bien pertrechado. Esta maniobra está llena de variantes, su referente es la sorpresa. Distraer y confundir. Su traslado al campo de la política se homologa con los llamados fuegos de artificio o bombas informativas. Sus efectos son inmediatos, la noticia, no importa de que se trate, se convierte en el número uno del ranking. Radio, televisión y prensa escrita se aprestan a dar amplia cobertura. Durante unos días no hay otro tema de conversación. Mientras tanto, otros acontecimientos, cuyas repercusiones pueden ser infinitamente más graves o importantes, han pasado desapercibidas gracias a la eficacia del señuelo. En otras palabras han picado el anzuelo. Nadie escapa a sus encantos, eso la hace más atractiva como estratagema. Bodas, asesinatos, detenciones, asaltos, eventos deportivos, entre otros, se convierten en carnaza para la sociedad espectáculo. En el espacio político adopta la forma de una declaración. Su objetivo es el mismo, burlar y jugar al despiste. Las opiniones del Papa sobre el uso del preservativo reproducidas en un libro con formato de entrevista, se lanza al mismo tiempo que las conclusiones del conclave cardenalicio sobre la pederastia y los abusos sexuales cometidos por miembros de la iglesia. Las últimas apenas se comentan o simplemente caen en saco roto. Una buena cortina de humo.

Resulta tópico resaltar el carácter católico de las sociedades occidentales. Aunque uno no llega a vislumbrar si lo dicho es producto de la presión del medio, la costumbre o un acto de conciencia. En cualquier caso, el Estado vaticano se yergue como el representante institucional del reino de Dios en la Tierra. posee sus llaves y decide quien se salva y quien va al infierno. Para tal efecto excomulga, santifica o declara la guerra a los infieles. Asimismo, se jacta de ser la religión con más seguidores en el planeta. En favor de su hegemonía del culto aporta los cientos de millones de bautizos, comuniones o casamientos que año tras año tienen lugar bajo su ritual en los países de Europa y América Latina, África, Asia y Oceanía. Asimismo apuntan a la formula de jurar por Dios de centenares de jefes de Estado y gobierno adheridos a su religión, dando gracias al supremo y esperando que les guíe en su labor y no les haga caer en el caos y les aleje de su fe. Dictadores como Franco, Pinochet, Somoza o Trujillo se unen a dirigentes electos en las urnas que militan en la misma Iglesia apostólica, católica y romana. Fox, Calderón, Piñera, Menem, Aznar, Bush o Reagan. Sufren cuando la curia les da la espalda o les llama a ser más misericordiosos y les tira las orejas. Todos son hijos del Señor. En esta lógica, la distancia entre ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y jóvenes se desvanece. No hay por donde perderse: Totus Tus. Familia que reza unida permanece unida.

Hoy, la Iglesia católica practicante no es capaz de responsabilizarse de sus actos. Reunidos el Papa y los cardenales con el fin de dar respuesta a una sociedad escandalizada por los abusos sexuales que han cometidos sus funcionarios durante décadas , por no decir siglos, no han estado a la altura de lo exigido. Sus fieles deben sentir vergüenza por la manera en que han encarado el problema. Ninguna excomunión, ni acto de contrición. Sólo hacen un llamado a colaborar con las autoridades civiles. La consigna es simple. El problema debe ser tratado como un hecho excepcional. Ovejas descarriadas que han perdido el rumbo y caído en la tentación de la carne. Han roto con el celibato. Que los actos sean o no repugnantes, es harina de otro costal. Por ende, los sacerdotes acusados de pederastia serán juzgados por las leyes de Dios. Las penitencias pueden ser variadas y no suponen directamente la expulsión y la denuncia a la policía. Tal vez cambiando al inculpado de parroquia y obligándole a rezar con pasión, peregrinar a Fátima, Lourdes o Santiago sea suficiente castigo para redimirse ante el supremo. En todas partes se cuecen habas y la Iglesia católica no es una excepción. No hay porqué alarmarse. Quienes arremeten contra la Iglesia y denuncian casos de abusos sexuales practicados por curas y monjas, lo hacen desde la ira. Quieren desprestigiar a sus miembros, actúan de mala fe. Son ateos, comunistas, agnósticos, homosexuales y lesbianas. Gentes de mal vivir. Desean la destrucción del catolicismo. Caso cerrado. El poder asentado en el Vaticano ha tomado una decisión y da carpetazo al tema. Para evitar los escándalos, dicen el Papa y los cardenales, tendrán más cuidado a la hora de seleccionar las futuras vocaciones. Así, a los novicios se les hará complementar una encuesta donde se incorporan preguntas tales como ¿Es usted un pederasta?; ¿ mantendrá los votos de celibato? La respuesta será todo un misterio y pasará a considerarse secreto de confesión. Mientras tanto, discutimos sobre la liberalidad de un Benedicto XVI y su postura justificando el uso del condón en casos excepcionales, pero en ningún caso como un método para practicar el sexo de forma segura, sana y libre. Ya no hay duda, ser casto y puro hasta el matrimonio y para apagar las fiebres, duchas frías y masturbación sin preservativo. Es la Iglesia de la pederastia y el condón. Démosle la bienvenida. Amén. 

Por Marcos Roitman Rosenmann
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I. La Iglesia y la ignorancia

Dijo el obispo: el pueblo mexicano no es laico.

Tiene razón: los pueblos no son laicos. Los individuos no son laicos. Son los estados los que son laicos. Son las instituciones las que son laicas.

Pero el obispo, y con él la Iglesia, fingen ignorarlo, y le echan la culpa del laicismo a Satanás. De la misma manera que los antisemitas lo atribuyen a una conspiración judeomasónica o algunos intelectuales musulmanes lo acusan de ser un producto puro del judaísmo talmúdico, o como los anticomunistas lo endilgan a Carlos Marx.

La Iglesia finge ignorar que el propio Marx, y con él Engels, y con ello los promotores del laicismo en Francia: Condorcet, Aristides Briand y Jean Jaurés, advirtieron sobre el peligro de una visión del mundo basada en el odio hacia la religión.

La Iglesia prefiere no saber que en el siglo XVIII, el más jacobino de los jacobinos, Robespierre, condenó al anticristianismo feroz de la Revolución Francesa.

La Iglesia, al menos la Iglesia mexicana, prefiere pensar que el Estado laico fue la invención de un partido político mexicano.

La Iglesia olvida que la formulación del laicismo como una doctrina que preconiza la independencia del hombre, la sociedad y el Estado frente a todo tipo de influencia religiosa o eclesiástica, apareció en la Baja Edad Media. Esto lo afirma el Diccionario de ciencias jurídicas, políticas, sociales y de economía, dirigido por Víctor de Santo.

La Iglesia olvida que la inviolabilidad entre las dos jurisdicciones –que son la propia Iglesia y el Estado– fue configurada desde finales del siglo V, con la anuencia del papa Gelasio I, con la imagen de las dos espadas que no pueden empuñarse con una sola mano. Con una de ellas se defiende a la Iglesia. Con la otra, al Estado.

La Iglesia mexicana no sabe que el laicismo –o laicidad– fue enarbolado como defensa de la recién nacida Tercera República francesa, a la que se unieron protestantes y judíos, atemorizados por el dogma de la infalibilidad papal, promulgado por Pío IX, el Papa que en un documento, el Syllabus, anexo a su encíclica Quanta cura, condenó como un error la opinión en el sentido de que el pontífice romano puede y debe reconciliarse, y estar de acuerdo, con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna. Esto no era sino un eco de la declaración hecha varios siglos antes por Pío VI, quien no había vacilado en condenar como sacrilegio la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, así como la libertad de expresión. En su encíclica Quod aliquantum dijo que no podía imaginarse tontería mayor que tener a todos los hombres por igual y libres.

En Francia, una vez adoptado el laicismo por la República, no tardó en aplicarse a la enseñanza pública. Se hizo célebre una frase de Adophe Crémieux: El cura a la iglesia y el profesor a la escuela, y quien fuera ministro de Instrucción Pública de 1879 a 1885, Jules Ferry, puso en vigor la ley del 28 de marzo de 1882, que confirió a la enseñanza primaria las características de gratuidad y laicismo. Al mismo tiempo, se prohibió la enseñanza religiosa en las escuelas primarias del Estado.

Siete años más tarde, en México, y sin duda inspirado por la legislación francesa, el llamado Primer Congreso Pedagógico Nacional postuló también la instrucción primaria, laica, obligatoria y gratuita, cuya ley reglamentaria entró en vigor en 1892.

Francia presume de haber sido el país que inventó el Estado laico. Así fue, pero no todos los avances del laicismo en Occidente se han debido a los franceses.

Por ejemplo, fue sólo hasta 1905 que se estableció, en Francia, la separación definitiva de la Iglesia y el Estado. Esta separación había ya tenido lugar en México casi medo siglo antes.

Y esto es un orgullo para México.

Pero...

II. ¿Qué tan laico es el Estado mexicano?

En México, en el Estado laico mexicano, la Iglesia católica está exenta de pagar impuestos. No paga impuesto sobre la renta. No paga IETU. No tiene, siquiera, la obligación de hacer una declaración fiscal anual. Y este extraordinario privilegio, una de las tantas, quizás la peor de las varias aberraciones del sistema tributario mexicano, no fue concedido por un gobierno panista. Viene de lejos.

Esto quiere decir que la Iglesia mexicana, de todos esos inmensos ingresos destinados a engordar las arcas del Vaticano y las suyas propias, no dispone de un solo centavo destinado a enriquecer el erario nacional.

Quiere decir que la Iglesia no participa, ni con una décima de centavo, en la lucha contra la inseguridad y el crimen.

Que la Iglesia no contribuye, ni con una centésima de centavo, a la educación del pueblo mexicano.

Que la Iglesia, que con sus ingresos le alcanza y sobra para pagar los jugosos salarios de sus obispos, arzobispos y cardenales, sus palacetes, sus viajes a Roma, sus automóviles y sus choferes, sus inscripciones en los clubes de golf, no colabora, ni con la milésima de un centavo, a la salud del pueblo mexicano.

Y quiere decir que el Estado mexicano financia, cuando menos en una tercera parte, todos los gastos de la Iglesia mexicana. Quiere decir que el Estado que se llama laico, es sólo laico a medias.

Y esto es una desgracia para México. Esto es corrupción. Corrupción de la Iglesia y corrupción del Estado. Equivale a un soborno que el Estado le paga a Iglesia para tenerla tranquila y callada.

Es la Iglesia mexicana la que necesita el perdón de Dios, y el de sus fieles. Es el Estado quasi laico mexicano, el que necesita el perdón de los mexicanos.

El 2010 sería una magnífica oportunidad para que en este 15 de septiembre, y en nombre de la libertad, el presidente incluyera, en el Grito de Independencia, la expresión ¡Viva el Estado Laico Mexicano!

Lo invito, con todo respeto, señor presidente Felipe Calderón, a hacer así, y a restaurar la integridad de nuestro laicismo.

Por Fernando del Paso 

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Lunes, 12 Julio 2010 06:23

Una empresa llamada Iglesia

Hola! ¿Hay alguien ahí? ¿Hay alguien despierto? ¿Alguien está escuchando? Les aseguro que, al leer esas protestas horrorizadas por la avalancha de revelaciones sobre los abusos cometidos por curas católicos con niños (¿y qué significa esa palabra en términos reales, físicos, es decir, qué se hizo, dónde se hizo y cuántos años tenía el niño?), uno se pregunta dónde ha estado metido el resto del mundo desde hace décadas. Estuviesen donde estuviesen, no escuchaban a ese amigo que en la cena hablaba de lo largas que tenían las manos los religiosos de los colegios a los que iban de pequeños, ni hacían caso a sus amigos católicos cuando se reían de cómo los curas que oían sus confesiones infantiles insistían en que describiesen al detalle sus primeras experiencias sexuales. Ni prestaban atención a los periódicos de los últimos 20 años, ya que siempre ha habido noticias de ese estilo, al menos para quien quería leerlas.

Conque no perdamos el tiempo fingiendo que nos sorprende que algunos curas lleven décadas violando niños, ¿vale? En cambio, y ya que la Iglesia se irá por la tangente y gritará que pretenden atacar a la Santa Madre Iglesia siempre que alguien sugiera que el actual Papa lo sabía y le daba igual, llevemos la cuestión a un terreno donde podamos estudiarlo con claridad y pongámoslo en la sección económica del periódico, pues se trata de un desastre empresarial.

La Iglesia es, a fin de cuentas, una empresa. La gente le da dinero y es fiel a la marca a cambio de un producto, lo cual proporciona empleos a millones de personas y beneficios a sus accionistas y ejecutivos. El primer objetivo de una empresa, como el de una ameba o un paramecio, es la supervivencia; luego vienen los beneficios.

Pensemos que el actual Papa es el presidente de esta empresa. No era la elección más popular, pero llevaba algún tiempo en la junta directiva, no desentonaba y era fiel al producto. Sin embargo, al poco de trasladarse al mejor despacho, salieron a la luz unas embarazosas fotos en las que aparecía en uniforme militar (y todos sabemos de qué ejército), y luego un molesto periódico italiano lo llamó “Pastore Tedesco”; además, su acento alemán hace que cuando exhorta a la gente a pensar en “l’importanza del bene” suene como si dijese “l’importanza del pene”.

Después, como les sucedió a nuestros amigos de la industria tabaquera, llegaron los problemas de verdad. Bueno, pues habrá que aprender de nuestros amigos estadounidenses, negarlo todo, hacer que los médicos digan que los cigarrillos son inofensivos y cuestionar las motivaciones de quienes sugieren que podría haber conexión entre el tabaco y el cáncer. Y, cuando se demuestre que es una mentira criminal, cambiemos a marcas light, pero sigamos fabricando cigarrillos y seduciendo a los jóvenes para que fumen. La Iglesia actuó igual: lo negó todo (al tiempo que compensaba con miles de millones a quienes contaban aquellas terribles mentiras sobre los bondadosos padres) y cuestionó las motivaciones de quienes denunciaron a los hombres que habían abusado de ellos. Podemos esperar que antes o después la Iglesia siga el mejor modelo empresarial y admita que dar un poder ilimitado sobre los niños a hombres que renuncian a tener relaciones sexuales normales con adultos quizá no sea la mejor forma de protegerlos. Ardo en deseos de ver cómo se manifestará esa marca light: ¿mujeres curas?

En cuanto a Ratzinger (qué nombre tan desafortunado para un ejecutivo destinado en un país latino), no olvidemos que hablamos de una multinacional que en todo momento acata las órdenes de su presidente y que es él quien manda. Mientras sigue a salvo en su despacho, aparentemente indemne, sus secuaces condenan a la oposición, pero, igual que aquellos caballeros que el rey de Inglaterra envió a matar a Santo Tomás de Canterbury, han ido demasiado lejos y han dejado huellas. Algunos equiparan con la propaganda nazi contra los judíos las críticas al Papa por no haber puesto fin a la violación sistemática de niños. ¿Cómo? O fíjense en esta perla pronunciada durante la Semana Santa: el Santo Padre, como Jesús, ha vivido su semana de Pasión. Bueno, ya que los amigos del Papa han sacado el tema de Jesús, veamos qué opina Él (que, se supone, es el director ejecutivo de la empresa) sobre los “abusos” a niños (y sigo sin saber qué abarca exactamente ese término): “Y a quien ofenda a uno de esos pequeños que creen en mí, más le valdría que le atasen una rueda de molino al cuello y lo arrojasen al mar”. (Marcos, 9:42). Lástima que el Vaticano estuviese tan ocupado haciendo comparaciones con el nazismo que no se paró a pensar en esa frase.

En cuanto al futuro, la marca de la Iglesia católica lleva siglos obteniendo reconocimiento y fidelidad (a veces con la ayuda del fuego y la espada), conque no debemos engañarnos y pensar que este alboroto va a suponer diferencia alguna. Basta con esperar. Basta con sentarse, irse por la tangente, negarlo todo y pagar a quien haga falta para que la gente lo olvide, antes o después. Como las amebas, las empresas han de adaptarse para sobrevivir, y eso hará la Iglesia, bajo la iluminada tutela de Ratzinger. Los paquetes de cigarrillos llevan mensajes que advierten de sus riesgos, pero me temo que habrá que esperar mucho para que se coloquen mensajes similares a la entrada de los colegios religiosos, por muy necesarios que los consideren algunos.

Por Donna León, escritora

Traducción de Tamara Gil Somoza
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Domingo, 11 Julio 2010 07:11

Cuba

El anuncio de que el gobierno cubano liberará a 52 presos políticos en los próximos cuatro meses, tan festejado por la derecha como silenciado por la izquierda, es sin dudas un hecho importante, quizás el más importante de las últimas décadas de vida de la revolución.
 
Por eso es también muy importante cómo se entiende, cómo se interpreta. Hasta ahora sólo se conocen el comunicado de la Iglesia cubana y las declaraciones del canciller cubano, o sea la voz de los mediadores. El gobierno cubano aún no se ha pronunciado a través de sus medios o sus voceros, y los intelectuales que apoyan a la revolución tampoco han dicho demasiado. Queda entonces el relato de los grandes medios, que como todo relato cuenta una parte de la verdad, o la verdad tal como se ve desde determinada perspectiva.
 
Cuentan que los 52 futuros liberados fueron arrestados en la llamada Primavera Negra del 2003 y condenados en juicios sumarísimos a penas de entre 6 y 28 años. Al principio eran 75, pero una veintena se fue liberando con el correr de los años por problemas de salud, casi siempre en el marco de un gesto hacia algún dignatario de visita. Muchos de ellos eran periodistas que trabajaban para medios internacionales y fueron condenados por delitos de traición a causa de los artículos críticos que mandaban por teléfono o fax.
 
Mientras el gobierno cubano sostenía que esos periodistas y esos artículos habían sido comprados por potencias extranjeras, los medios que habían publicado esos artículos empezaron a denunciar las detenciones, generando una ola mundial de protesta. El interés sobre la suerte de esos presos se reavivó en febrero, cuando el disidente Orlando Zapata murió en una cárcel cubana tras dos meses y medio en huelga de hambre. Aunque Zapata estaba en las listas de prisioneros políticos de las organizaciones internacionales de derechos humanos, el gobierno dijo que se trataba de un delincuente común y publicó su prontuario de delitos menores. Pero poco importó, porque al día siguiente de la muerte de Zapata entró en huelga de hambre Guillermo Fariñas (foto), un opositor preso más reconocido. Cuatro meses más tarde dieron la vuelta al mundo unas fotos en las que Fariñas parecía un faquir.
 
Mientras tanto Cuba vive una de sus peores crisis económicas. En los últimos meses se ha visto forzada a implementar una suerte de período especial y recortar el gasto estatal, incluyendo algunos rubros muy caros al régimen, como los subsidios para comedores escolares. Venezuela, el principal socio y benefactor de Cuba, no puede ayudar mucho porque está inmerso, en su propia crisis debido a la caída del precio del petróleo.
 
Así las cosas, el gobierno cubano parece haber decidido que necesita inversión extranjera para salir del pozo. Pero al bloqueo estadounidense se suma la llamada “posición común” de la Unión Europea, que desde 1996 condiciona contactos con la isla a la mejora en la situación de los derechos humanos.
 
Aprovechando que el gobierno socialista español asumió este año la presidencia de la UE, el gobierno cubano buscó un acercamiento a través de la Iglesia cubana. Con el canciller español Moratinos en La Habana, el arzobispo cubano anunció que los presos de la Primavera Negra serían liberados y enviados a España en un plazo de cuatro meses. Moratinos felicitó al gobierno cubano y declaró que la “posición común” ya no tenía razón de ser. Fariñas anunció que levantaba su huelga de hambre.
 
Esto es más o menos lo que aparece publicado en los diarios y se muestra en la televisión y se transmite por Internet desde los medios masivos. La conclusión que sacan los opinadores a partir de este relato se cae de madura: se trató de un acto tardío y desesperado de un régimen forzado a negociar por su incapacidad para generar riqueza.
 
Entonces piden más. Dicen que hay todavía hay más de cien presos políticos en Cuba y que no hay libertad de expresión. Lo cual suena muy bien, pero no es tan simple.
 
Cualquier crítico razonable del régimen cubano debe al menos reconocer que se trata de un gobierno legítimo, apoyado por la inmensa mayoría de los cubanos, por lo menos de los que viven en Cuba. Y que es legítima la decisión de los cubanos de apoyar a un régimen que prioriza el bien común por sobre la libertad individual. Los logros alcanzados en materia de salud y educación, especialmente cuando se los compara con sus vecinos del Caribe y Centroamérica, le da sentido a esta decisión.
 
Como es de rigor en un país gobernado por un régimen comunista, la Constitución cubana limita la libertad de expresión: “Ninguna de las libertades reconocidas para los ciudadanos puede ejercerse contra lo que se establece en la Constitución y la ley, o contra la existencia y objetivos del Estado socialista, o contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo”.
 
Hasta ahora Cuba nunca había aceptado la existencia de prisioneros políticos. Los presos estaban bien presos porque eran agentes desestabilizadores al servicio de las potencias extranjeras. Y las leyes cubanas, esas leyes que sirvieron para defender a la revolución del terrorismo made in Miami, le daban la razón. “Las leyes (vigentes en Cuba) son tan vagas que casi cualquier acto de oposición puede criminalizarse de alguna manera, por lo que es muy difícil que los activistas hablen contra el gobierno”, dijo Kerrie Howard, directora adjunta para las Américas de Amnistía Internacional.
 
“El Código Penal establece un rango de vagos cargos criminales que pueden utilizarse para acallar la disidencia, tales como ‘peligrosidad social’, ‘propaganda enemiga’, ‘desprecio a la autoridad’, ‘resistencia’, ‘difamación de las instituciones nacionales’ e ‘impresión clandestina’”, señala el último informe sobre Cuba de AI.
 
Por eso el anuncio de las liberaciones esta semana equivale ni más ni menos que al reconocimiento tácito por parte del gobierno cubano de la existencia de prisioneros políticos en su país. Porque habrán sido detenidos bajo cargos criminales, pero serán liberados como fruto de una negociación política.
 
No debe haber sido una decisión fácil, sobre todo porque era previsible que los grandes medios pondrían el acento en el supuesto oportunismo y la supuesta debilidad del régimen. Con un gigante como Estados Unidos al acecho, listo para transformar la experiencia cubana en un gigantesco shopping. Con el triste recuerdo de la revolución blanda derrotada en Nicaragua. Con Fidel enfermo y Raúl cerca de la jubilación.
 
En eso pensaba cuando por casualidad me topé con un pequeño recuadrito de una página perdida de la revista Time, a propósito de nada. El recuadrito citaba el informe anual 2010 de Amnesty. Decía que el treinta por ciento de los 153 países incluidos en su informe mantiene prisioneros de conciencia. O sea, prisioneros políticos. Más llamativo aún, decía que el cuarenta y dos por ciento de los países del G-20 (los más importantes) mantienen prisioneros de conciencia. Está bien: mal de muchos consuelo de tontos. Pero por alguna razón sólo los presos cubanos tienen buena prensa.
 
Leyendo el informe AI, en su sección dedicada a Cuba, aparece otro dato interesante que saltearon las crónicas: según Amnesty, en mayo del 2010 Cuba tenía “al menos 53 prisioneros de conciencia.” El número coincide exactamente con las liberaciones anunciadas desde entonces, si se toma en cuenta la liberación de un disidente el mes pasado por razones de salud.
 
A diferencia de otras organizaciones citadas en los grandes medios, que no dudan en poner la cifra de detenidos políticos en Cuba por encima de 170, Amnesty, explica el informe, se toma el trabajo de revisar cuidadosamente los expedientes judiciales de los presos antes de declararlos prisioneros de conciencia.
 
En otras palabras, si no se identifican nuevos casos, Cuba debería salir de la lista de Amnesty el año que viene, mientras un grupo importante de países, incluyendo algunos de los más poderosos, permanecerán en ella.
 
Mirada desde esta perspectiva, la decisión del gobierno cubano, más que una muestra de debilidad, parece una muestra de fortaleza. Una señal de que un gobierno que se ha encargado como ningún otro de los derechos sociales de su pueblo ahora se permite también elevar los derechos humanos de sus ciudadanos a la norma internacional, inaugurando una nueva etapa, más abierta, más confiada y más tolerante, de la revolución.
 
Entonces la reacción lógica sería celebrar la iniciativa cubana e instar a otros países violadores a seguir su camino. Pero cuesta imaginar el mismo revuelo que se armó con Cuba para que Indonesia, China o Israel liberen a sus prisioneros políticos. O lanzar un bloqueo internacional de Estados Unidos hasta que Obama cumpla con su promesa de cerrar la cárcel de Guantánamo y llevar a la Justicia a los asesinos, torturadores y secuestradores surgidos de la política de “guerra al terrorismo”. Pero no, el foco mediático no está puesto en los prisioneros políticos, está puesto en los pecados de Cuba.
 
Sería necio negar que en la revolución, entre todo lo bueno, algunas cosas, muchas, pocas, grandes, chicas, se hicieron mal. O salieron mal, o no salieron, o fracasaron. Pero los Castro no necesitan prodigarse demasiado en busca de argumentos para acusar de hipócrita al coro mediático que siempre repite la misma canción.
 
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 Bogotá, 14 de junio. El defensor de derechos humanos Iván Cepeda, cuyo padre, Manuel Cepeda, senador por la Unión Patriótica, fue asesinado en 1994, jamás imaginó que algún día se sentaría frente a uno de los jefes paramilitares que cometieron el crimen. Mucho menos que como resultado de esa reunión, que tuvo lugar en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, no sólo conocería detalles de la conspiración contra su padre, sino obtendría mucha más información que, espera, permitirá algún día completar un complejo mosaico del gran proyecto de exterminio y expropiación que dio origen a la nueva clase política colombiana, cuya cabeza indiscutible es el presidente Álvaro Uribe.

De manera discreta pero metódica, Cepeda, vocero del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice); Danilo Rueda, defensor de la comisión intereclesial, y la senadora Piedad Córdoba han viajado a prisiones de Washington, Nueva York, Virginia y otras dispersas en territorio estadunidense para entrevistarse con los 14 capos de los aparatos paramilitares que fueron extraditados hace dos años.

Antes de su partida a prisiones estadunidenses, esos paras se habían acogido a la llamada Ley de Justicia y Paz, fraguada por la fiscalía como recurso de impunidad, ya que les ofrecía penas de máximo ocho años y laxas condiciones carcelarias a cambio de sus confesiones. En poco tiempo, en las famosas versiones libres, los paras confesaron su responsabilidad en más de 21 mil homicidios en los años 90, la ubicación de fosas comunes, hornos crematorios y su vinculación con políticos y gobernantes de todos los niveles. Para detener el daño potencial de sus revelaciones, Uribe los entregó a la justicia de Estados Unidos.

Pero nosotros sí queremos saber la verdad. Y ése es el propósito de nuestro trabajo, afirma Cepeda.

Entre sus interlocutores se encuentra Salvatore Mancuso, Vicente Castaño, Diego Murillo, Don Berna; Jorge Tovar, J-40, y Carlos Mario Jiménez, Macaco, por citar los más sanguinarios.

Ellos son lugartenientes, los jefes son otros

El objetivo de esa investigación es uno, explica Cepeda: Que entreguen a la justicia nacional o internacional sus testimonios y las pruebas sobre quiénes fueron los máximos responsables de los crímenes de lesa humanidad. Eso que llaman jefes paramilitares no son más que lugartenientes de unas estructuras criminales mucho más complejas. Ellos hacían el trabajo sucio. Pero las grandes ganancias materiales y las grandes posiciones políticas las obtuvieron otros. Ésa es la verdad que necesita Colombia, y eso se va a lograr.

–¿Qué tanto han aportado hasta ahora? ¿Qué intereses tienen ellos en colaborar con ustedes en ese fin?

–Son distintas motivaciones; habría que ver caso por caso. Obtener rebajas de penas es una de sus peticiones. Otros quieren poner a salvo a sus familias. Abiertamente nos dicen que no hablan con toda la fluidez que quisieran, porque sus familias están amenazadas. Y también quieren ajustar cuentas con quienes, según su opinión, los han traicionado.

Han sido conversaciones muy largas de las que nada se conoce aún. Pero Iván Cepeda admite: “Hemos escuchado cosas de extrema gravedad que comprometen a la cúspide del poder político. Y sin duda lo que tenemos apunta a esclarecer la responsabilidad del más alto nivel de muchas de las masacres en las que figuras como los Castaño, Mancuso y Don Berna fungían como jefes de ejércitos particulares. Pero en momentos claves lo que hacían era cumplir órdenes de un proyecto mayor, superior al de sus propios planes y estructuras.”

Para Iván Cepeda, filósofo de formación y forzado también al exilio en dos ocasiones, el contenido de la lucha por los derechos humanos en Colombia es inevitablemente político, porque tiene que ver con los cimientos del poder.

Coautor junto con Jorge Rojas del libro A las puertas del ubérrimo, que documenta el origen delincuencial del poder económico y político de Álvaro Uribe en el departamento de Córdoba, epicentro del nacimiento de las fuerzas paramilitares, Cepeda describe la red de complicidades del actual mandatario con ganaderos y empresarios, representantes del clero y banqueros, militares y paramilitares como una cadena criminal sofisticada y compleja.

Las pruebas están ahí

Como parte de otra investigación de este activista –publicada como capítulo Los expedientes de la Casa Nariño en el libro colectivo Las perlas uribistas–, Cepeda logró conocer al menos 100 expedientes judiciales, en los que aparecen como sindicados el mismísimo mandatario, su vicepresidente y media docena de ministros (entre ellos Juan Manuel Santos, hoy candidato presidencial), y varios comandantes de las fuerzas armadas y la policía.

Creo que Uribe debería terminar enjuiciado, ya sea por un tribunal en Colombia o por un tribunal internacional. Bastaría uno solo de los crímenes por los que se señalan.

–Si tuvieras que elegir uno...

–Es una cadena que relaciona unos con otros. Pero si tuviéramos que hablar de uno sería el desvío de las tareas de la policía secreta del Estado, que es el DAS, para convertirla en empresa criminal. No se dedicaba solamente a espiar, sino gestionaba directamente los planes para asesinar y hostigar a sus opositores. ¿Por qué monta Uribe una policía de esa naturaleza? Evidentemente porque tiene mucho que ocultar. Mi tesis es que estamos ante una situación propia de la criminalidad del sistema.

–¿Cómo se ubica Santos en ese tejido? ¿Es continuidad, forma parte de estas cadenas?

–Sin duda la familia Santos ha estado muy ligada a todo esto. Ya como presidente va a tener que tomar una decisión. ¿Se va a comprometer con Uribe y su entorno para garantizarle impunidad, o va a dejar que los jueces actúen? Los que conocen a Santos dicen que no es un hombre que guarde lealtades. No quiero decir con eso que se va a convertir en un hombre respetuoso de la ley. En su trayectoria ha demostrado tener nexos con el paramilitarismo y, sobre todo, tolerar ejecuciones, como hizo como ministro de Defensa con los falsos positivos.

–¿Cómo se ha transformado la práctica política con estas asociaciones del poder y el crimen organizado?

–El ejemplo clásico es la existencia del PIN (Partido de Integración Nacional), que claramente está muy ligado a los paramilitares. Los anteriores congresistas del PIN están en la cárcel por parapolítica. Sus escaños ahora los ocupan sus hermanas, esposas, tíos, primos. No es una mutación del fenómeno, sino una estructura ilegal que sigue íntegra.

–El gobierno se defiende de estas acusaciones con el argumento de que metió a los paramilitares a la cárcel e incluso los extraditó.

–Es su coartada. Pero un hecho muy concreto es que la emergencia del poder de Uribe está muy ligada a las familias paramilitares. Esa relación tuvo carácter armónico hasta el momento en que los políticos le incumplieron a los paramilitares y estos últimos amenazaron con contar la verdad: cómo habían recibido órdenes, cuáles eran los nexos, qué dineros habían entregado, por qué cometieron los crímenes. Ése es el fondo de la extradición.

Dice que no hay pruebas, pero abundan; se encuentran en los expedientes.

Por Blanche Petrich
Enviada
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–¿Cómo puede ser católica y feminista?

–Jesucristo fue el primer feminista de la historia.

–¿Cómo dice?

–Cuando indagás un poco y quitás la costra de la intolerancia que la jerarquía católica ha construido sobre el mensaje básico de Jesús y de los Evangelios, te das cuenta de que hay otras cosas. Por ejemplo, Jesús mostró en su vida pública que las mujeres para él eran importantes. Rompió con muchos estereotipos de su época. Por ejemplo, se acercó a la hemorroísa, la mujer que sufría de flujos de sangre desde hacía doce años y la curó. En aquel entonces la menstruación era un signo total de impureza. Las mujeres menstruando no podían ir al templo. Había toda una serie de tradiciones en relación con eso. Jesucristo rompió con todo eso y estableció un diálogo con la hemorroísa. Se acercó también a las prostitutas. Pero digo que fue el primer feminista de la historia sobre todo porque tenía un mensaje de misericordia, de compasión, de bondad, de igualdad. Desde Católicas por el Derecho a Decidir encontramos esa raigambre y luego nos damos cuenta de que hay postulados de la Iglesia Católica como el de la libertad de conciencia y los juntamos con los postulados básicos del feminismo y concluimos que, si como dice la misma doctrina, fuimos creadas a imagen y semejanza de Dios, con capacidad para discernir y para el libre albedrío, no estamos hablando de personas que no tengan la posibilidad de tomar los derechos que defiende el feminismo. Feminismo y catolicismo obviamente son una mezcla explosiva porque desde el feminismo estamos cuestionando muchas cosas que se están planteando como si fueran las únicas posibles en la Iglesia Católica, cuando no se trata de doctrina.

–¿En base a qué argumentos pueden los católicos convencerse de que no son malos creyentes si apoyan la despenalización del aborto?

–El argumento fundamental es la confianza en la autoridad moral de las mujeres para tomar esas decisiones y el convencimiento de que la maternidad tiene que ser voluntaria, que la violencia y la desigualdad están causando embarazos que las mujeres no buscan, no quieren, no planean. Y que una mirada misericordiosa y caritativa de la vida tiene que permitirles por lo menos decidir si quieren traer una criatura al mundo o si tienen derecho a interrumpir un embarazo que no buscaron. Hay otros argumentos al interior de la misma doctrina como por ejemplo que el Código de Derecho Canónico, que es la ley interna de la Iglesia, establece eximentes de culpabilidad a la máxima pena que aplica el mismo Código. El Código de Derecho Canónico solamente considera dos crímenes que son sujetos de la aplicación de la pena de excomunión inmediata: el intento de matar al Papa y el aborto. Pero en los cánones 13.23, 13.24 y 13.25 dice que ante determinadas circunstancias esa pena no se aplica: de plano deja de considerar el aborto como delito y el intento de matar al Papa, cuando la persona era menor de 16 años, cuando actuó por miedo, por culpa o porque pensaba que con esa acción prevenía un mal mayor, cuando ignoraba que estaba infringiendo una ley. Estas consideraciones cobijan todos los abortos que tienen las mujeres por lo menos en América latina. Esa situación que la gente no conoce, porque la jerarquía se ha encargado de que no sea tan público, es un argumento bastante convincente para tomadores de decisiones. Hay que recordar que no hay dogma en las enseñanzas morales, y que la misma doctrina católica contempla la libertad de conciencia y el probabilismo.

–¿Qué es el probabilismo?

–Es un principio que se desarrolló cuando la reforma de Lutero. Por entonces se generó un movimiento al interior de la Iglesia, que es tan grave y tan delicado como el que está habiendo ahora con el tema del abuso sexual, y no había ninguna certeza. Ese principio dice: cuando hay duda frente a las enseñanzas morales, hay libertad. No se pueden imponer los preceptos morales. Es muy importante tomar en cuenta lo que fue el Concilio Vaticano II. Nosotras surgimos un poco por eso: es un llamado al laicado para que participe más en los designios de la Iglesia, es un reconocimiento de que la ciencia tiene un papel que jugar, que la teología no lo resuelve todo, es una aceptación de que no solamente la Iglesia Católica es la vía de la salvación. El Concilio Vaticano II también da una base para hablar del derecho a decidir de las mujeres católicas a interrumpir un embarazo.

–¿Qué es la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho?

–Es una coordinación de agrupaciones, oficinas, grupos y voces católicas que hay en este momento presentes en diez países de América latina, Bolivia, Brasil, Colombia, Argentina, Chile, El Salvador, México, Nicaragua, Paraguay y Perú. Se fundó en 1989 bajo el liderazgo de Cristina Grela, médica sexóloga uruguaya, con el apoyo y la mentoría de Frances Kissling, presidenta de Catholics for a Free Choice en ese momento.

–¿Cuál es su propuesta?

–Entre las razones más importantes que impulsaron a las fundadoras de la Red estaban la inmensa distancia que observábamos entre las enseñanzas morales de la jerarquía eclesiástica y las opiniones y prácticas de la feligresía; la tragedia de la morbilidad y mortalidad materna ocasionadas por abortos practicados en condiciones de inseguridad y la miseria sexual que vive la mayoría de las mujeres en esta región. No es necesario recurrir a las estadísticas, ni limitarse a quienes no tienen acceso a la educación y a la información adecuada, para darse cuenta del drama en el que se ha convertido la sexualidad para las mujeres latinoamericanas. Con sólo mirar a nuestro alrededor, podemos constatar cómo a pesar del nivel económico y del nivel educativo alcanzado, muchas mujeres siguen viviendo cautiverios e insatisfacciones en lo que a las expresiones de su sexualidad se refiere. Al mismo tiempo tuvimos la oportunidad de conocer las investigaciones históricas que había publicado Catholics for a Free Choice, de Estados Unidos, en los ’80, que demostraban que en la historia de la Iglesia Católica ha habido y sigue habiendo diversas posiciones sobre la moral sexual.

–¿A qué se refiere?

–Aprendimos y entendimos que en moral sexual no hay dogma. Que no ha habido hasta ahora ninguna declaración ex profeso dirigida a establecer la obligatoriedad de las enseñanzas morales. Nos documentamos y entendimos, por consiguiente, el valor que la doctrina católica tradicional le confiere a la libertad de conciencia, base de la dignidad humana: la primacía de la conciencia sobre las enseñanzas del magisterio eclesial es parte esencial de la doctrina. El papa Juan Pablo II y el papa Benedicto XVI lo expresaron en diversas ocasiones: quien no obedece los dictados de su conciencia, no puede responsabilizarse de sus actos. Aunque parezca mentira, en la Iglesia Católica ha habido posiciones diversas sobre moral sexual y sobre la condición de las mujeres en la Iglesia; más aún, el Concilio Vaticano II reafirmó la primacía de la conciencia y el valor de la libertad para la dignidad humana. Ahora bien, el reto más importante desde nuestro punto de vista es que todas las personas puedan ejercer sus derechos, las mujeres su derecho a decidir y todas y todos el derecho a disfrutar del placer, del erotismo, de su sexualidad como un don, como otra manera de expresar su espiritualidad.

–¿El lugar de las mujeres siempre fue secundario para la Iglesia Católica?

–De acuerdo con los viejos y quebradizos papeles que sostienen la doctrina tradicional, las mujeres estamos sometidas a Dios, como toda criatura, pero no de manera directa, sino mediante la sumisión a nuestro esposo, a nuestro padre o a algún personaje masculino subordinado a su vez a Cristo. La filosofía aristotélica, por su parte, tuvo gran influencia en los conceptos de esta Iglesia respecto de las mujeres; Aristóteles postulaba la inferioridad de las mujeres refiriéndose a ellas como “hombres mutilados”. De este modo, una visión misógina y sexista, definió de manera radical la posición de las mujeres no sólo en la Iglesia sino también en la sociedad; estrechamente ligada a esta concepción está la idea vigente hasta el siglo XVII de que las mujeres eran hombres incompletos, mutilados, como pensaba Aristóteles. Por eso entendimos desde Católicas por el Derecho a Decidir la importancia de rescatar el mensaje de Jesucristo, para defender los derechos de las mujeres al interior de esta Iglesia y reclamar congruencia, igualdad, justicia.

–¿Siempre se negó el placer sexual?

–Sí. Ahí influyó San Agustín. El se rebeló contra lo que fue su propia vida: fue un disoluto, un “pecador”, que usó y abusó de los licores y de la vida disoluta en esa época y cuando decidió romper con todo eso y volverse místico, sacerdote y profeta, rompió de una manera muy fuerte y casi que decidió adoptar lo contrario. Recuerdo que hay planteamientos de él que decían que si se pudiera encontrar una manera diferente para la reproducción que no fuera la relación sexual, ellos estarían muy contentos. Ahora nos encontramos con que la jerarquía católica también condena la fertilización artificial.

–La escuché en la conferencia que dio en el V Congreso Latinoamericano sobre salud y derechos sexuales y reproductivos en Guatemala. Uno de los tramos más aplaudidos fue cuando advirtió sobre las incongruencias de la doctrina católica que niega el placer sexual y no puede explicar por qué Dios diseñó a las mujeres con clítoris, un órgano que solamente sirve para el placer.

–Esas son aportaciones de las teóricas feministas. La doctrina católica dice basarse en la “Ley Natural” para hablar de la complementariedad entre los sexos, o de la sexualidad sólo para la reproducción, negando el placer sexual. Pero luego nadie explica por qué tenemos clítoris, que no tiene ninguna otra función más que el placer. Si Dios nos creó a su imagen y semejanza, con capacidad de decisión, con voluntad, con raciocinio y con clítoris, dónde está la razón para negar el placer sexual: está en la necesidad de controlar la vida de las mujeres. Para una institución que está basada en el dominio absoluto de los hombres sobre las mujeres, la autonomía de las mujeres es inaceptable. Hay un movimiento interesante al interior de las órdenes religiosas, las religiosas cada vez menos tienen disposición de acatar de manera silenciosa este tipo de planteamiento y tratamiento.

–También dijo en su conferencia que observa con preocupación un retorno al integrismo fundamentalista.

–En América latina y el Caribe estamos viviendo momentos de cambios muy importantes. En medio de la profundización de las brechas de desigualdad, de los coletazos de la crisis financiera internacional, la mayoría de los gobiernos cambió cualitativamente en la última década, confiriendo un carácter más progresista, más democrático a la región. Con algunas excepciones. Esto no quiere decir necesariamente que los derechos humanos de las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos hayan ganado espacios más propicios para su desarrollo. En contados casos así fue, pero la cruzada fundamentalista impulsada por la jerarquía conservadora de la Iglesia Católica, en alianza con los gobiernos mal llamados “de izquierda”, en contra de los derechos de las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos, avanza con renovado ímpetu proveniente de la falsa creencia por parte de políticos y gobernantes, de que la jerarquía eclesiástica representa a quien dice representar. Nada más lejos de la realidad. Estamos viviendo en estos momentos un retorno del integrismo fundamentalista en todo el mundo por parte de las religiones, pero de un integrismo que utiliza el lenguaje de la democracia, de las libertades y de los derechos humanos y civiles. Desde que el Vaticano fracasó en sus intentos de imponer su agenda moral conservadora en los Programas de Acción de las Conferencias Internacionales de Cairo y Beijing y por ende en las políticas y programas relacionados con estos temas, emprendió una cruzada convocando a los obispos y cardenales, especialmente a los de América latina y el Caribe a ser proactivos en la defensa de los modelos culturales tradicionales que emergen de la ideología judeocristiana: el modelo de familia heterosexual, nuclear, la sexualidad restringida a la reproducción, el cumplimiento del deber ser basado en estereotipos de género estáticos, sacralizados por la ideología conservadora de la Iglesia Católica y la obstaculización de los derechos individuales, específicamente de los derecho sexuales y reproductivos. Tenemos la obligación de detener esta cruzada oscurantista que nos quiere llevar a la época medieval, cuando se daban instrucciones a las parejas casadas acerca de cuándo era lícito tener relaciones sexuales.

–¿Cómo deberían reaccionar los gobiernos frente a los avances conservadores en América latina?

–Hace poco el doctor Julio Frenk, quien fue ministro de salud de México durante la presidencia de Vicente Fox, decía que la ciencia es el antídoto contra el oscurantismo. Nosotras decimos que los gobiernos deben basarse en la evidencia científica, tienen que respetar la pluralidad de opiniones que hay en cada país y evitar que la religión se meta en las políticas públicas, mucho más cuando tiene que ver con temas de salud. Te imaginas si un gobierno se guía por planteamientos como el que mencionaba el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, presidente desde 1990 hasta su fallecimiento en 2008 del Pontificio Consejo para la Familia en el Vaticano, de que los condones tienen unos hoyitos por los cuales pasa el virus del sida y por lo tanto no puede promoverse su uso, porque así se está promoviendo la expansión del VIH. Es necesario establecer que hay ámbitos de competencia que no se pueden mezclar. En México se dio una discusión sobre la incorporación de anticoncepción de emergencia en el programa de salud entre el ministro de Gobierno, que era del Opus Dei, y Frenk, ministro de Salud. En cualquier democracia tiene que aceptar lo que dice el ministro de Salud y no el de gobierno, que pone sus creencias religiosas por encima de su función pública y que quiere meterse en un tema que no es de su especialidad. Para quienes nos hemos atrevido a cuestionar supuestos dogmas anclados en visiones atávicas que constriñen la autonomía de las mujeres, que hablan de que la dignidad de las mujeres está basada en el hecho de ser madres, o que las mujeres no podemos ocupar las mismas posiciones que los hombres en la Iglesia y en la sociedad, las condiciones de posibilidad que provee la laicidad del Estado son imprescindibles para la reafirmación de nuestra autoridad moral y para la garantía y el respeto a nuestros derechos humanos y específicamente a nuestros derechos sexuales y reproductivos.

–¿Qué piensan las mujeres y los varones católicos sobre la despenalización del aborto en el distrito federal?

–Acabamos de tener los resultados de una encuesta nacional que incluyó 3000 entrevistas cara a cara entre la población católica de todas las regiones del país. Seis de cada diez católicas y católicos considera que una persona puede seguir siendo buen o buena católica si apoya a una mujer que aborta. Un poco más de la mitad de la feligresía reconoce que una mujer que aborta puede continuar siendo una buena católica. Una de las principales conclusiones que emergen de los resultados de la esta encuesta es el crecimiento de una corriente de formación de nuevas identidades católicas, de nuevas formas de ser católica o católico. Nuevas identidades representadas por feligreses que no piensan dejar su iglesia, pero que viven un catolicismo más cercano a sus necesidades y deseos, más flexible en el marco de constantes cambios culturales y políticos. Para un 33 por ciento de los entrevistados la característica más sobresaliente de una persona católica es estar bautizada, mientras que sólo para el 24 por ciento el rasgo más importante es creer en Dios, y para el 22 por ciento, cumplir con los Diez Mandamientos. Y apenas un 13 por ciento considera que ir a misa es una característica de identidad católica.
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Jueves, 03 Junio 2010 06:34

Las sotanas y sus amantes secretas

Un grupo de mujeres italianas redactó una carta abierta dirigida al Papa. No fue encabezada como “Dear Pope” ni “Caro Papa” porque el tema del texto es un reclamo, en fin, un pedido de aggiornamiento que para Benedicto XVI no parece figurar dentro de los appuntamenti de su agenda: presentadas como “las amantes de los sacerdotes”, le piden la abolición del celibato obligatorio de sus párrocos. La redacción fue realizada por 39 mujeres italianas y firmada por tres de ellas con santo y seña. Dos de ellas, incluso, cuentan sus historias y preguntan los motivos de su sufrimiento.

Y una, que decidió impulsar aún más su estandarte de liberación de sotanas, abrió un blog para que todas las que pasan por situaciones semejantes puedan expresar lo que les ocurre y cambiar ideas públicamente y sin tanto cuchicheo.

El domingo 12 de marzo, el papa Joseph Ratzinger había pronunciado unas palabras durante el congreso sobre Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote, en medio de los escándalos de pedofilia que saltaban alrededor del Vaticano. En esa ocasión, Benedicto XVI intentó ajustar las tuercas avanzando por el lado del “valor del celibato sagrado”. Para qué. Habida cuenta de la cantidad de situaciones no declaradas, era obvio que en el ajuste rechinarían las tuercas. Pero rechinaron por un lado que sorprendió a todos, al menos al caro Ratzinger y a una buena cantidad de sacerdotes involucrados en amoríos secretos, al menos 39 a juzgar por la cantidad de demandantes del grupo.

“Quien escribe –comienza el texto, dirigido al papa Benedicto XVI– es un grupo de mujeres, de todas partes de Italia, que han vivido o viven todavía ahora la experiencia de una relación con un sacerdote. Estamos acostumbradas a vivir en el anonimato esos pocos momentos que el sacerdote logra otorgarnos y vivimos diariamente las dudas, los temores y las inseguridades de nuestros hombres, supliendo sus carencias afectivas y sufriendo las consecuencias de la obligación al celibato.”

El argumento de las amantes delle tonache (sotanas) es sencillo y, aunque resulte casi banal, es comparable al de buena cantidad de los equipos que disputarán el Mundial, esto es, el rendimiento de sus jugadores pasa por mantener relaciones sexuales con sus esposas. Para el caso, las 39 italianas sostuvieron ante Benedicto: “¡No se asombre Su Santidad! Para lograr ser testigos efectivos de la necesidad del amor tienen necesidad de personificarlo y vivirlo plenamente, de la forma que su naturaleza lo exige” y se preguntan si “esto es una naturaleza enferma. ¿Transgresora?”.

La carta es muy crítica respecto de las hipocresías del nuevo orden vaticano, donde la pederastia hace eclosión, y sostiene que la ley que mantiene el celibato obligatorio “no tiene nada de sagrado, se conserva sin atender a los derechos fundamentales de las personas”. Recuerda que a Jesús le gustaba rodearse de discípulos, “casi todos casados, y de mujeres”, aclara con acento el texto. Reconocen que Jesús vivió soltero y “el sacerdote simplemente se configura a El con su elección”, pero subraya que se trata de una elección, “y una norma (la de obligación del celibato) no puede ser nunca una elección”. Además, recuerda que la norma fue impulsada en el sistema jurídico canónico por “interés y conveniencia económica” y que con el tiempo “todo ha sido adobado con una cierta dosis de misoginia y de hostilidad hacia el cuerpo, las pulsiones psicológicas y sus exigencias primarias”. Se trata de una ley humana y reciente, y como tal, modificable o eliminable.

La carta fue publicada en Il dialogo, un periódico digital de Monteforte Irpino, una comuna de la provincia de Avellino, Campania, al este de Nápoles, y reproducida en medios europeos. Tres de las 39 demandantes firmaron con nombre y apellido: Antonella Carisio, Maria Grazia Filippucci y Stefania Salomone. Esta última, incluso, publicó su foto y abrió en la misma página del diario un foro dirigido a todas las amantes delle tanache que quisieran expresar algo. En algunos medios se sostuvo, erróneamente, que “sólo tres se animaron a firmar”. En realidad, el resto, si no se animó fue por no desenmascarar a sus queridos sotanos. Está claro que la sola publicidad de la carta y de los nombres de las tres amantes debe haber provocado una somatización en forma de sarpullido a más de uno, del tono de ¿Qué le pasa, padre?, No, nada, reflexionaba sobre los desastres de la guerra, sálvanos de nuestros pecados, amén.

La página web avanza en algunas historias. Antonella, de 41 años, cuenta que pasaba todo el tiempo en la parroquia hasta que un buen día el cura brasileño E.C. la acompañó a la casa y le mandó un piquito (un bacino). A la noche, el cura le mandó una carta, de tono adolescente, en la que le decía que se había tratado de un error, y que nada, que se olvide y ya. Antonella dijo que a la otra noche se encontraron para aclarar las cosas, y para qué. Otro bacio y otro más. Dos años y medio duró el pecado que se extendía más allá de las tareas parroquiales, porque el cura empezó a quedarse a dormir en su casa. “En mi familia todos lo conocían, incluso mi nona. Eran todos muy amables con él.” Hasta que una carta fogosa cayó en manos de un superior y la cosa no paró hasta el Vaticano. E.C. quedó en la cornisa del infierno y, dado a elegir, cortó por lo más fino y se mudó a una parroquia en Roma. Por su lado, Stefania, de 42, y ejecutiva de Roma dijo con una mirada de ternura que “la mayoría de ellos no están listos para dejar el sacerdocio por una mujer. Mejor tener las dos cosas”. B. de 40 años y de Toscana, cuenta que se relacionó con un cura que “es crítico respecto del conservadurismo de la Iglesia y de la disciplina del celibato obligatorio”. Y cuando el obispo le dio una nueva oportunidad no cortó con B. Igual, la mantuvo como amante secreta.
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Ante el cisma que vive la Iglesia católica por los escándalos de pederastia clerical, el ex sacerdote Alberto Athié exige que un organismo internacional juzgue la responsabilidad del Vaticano y su máxima autoridad en el crimen sistemático y mundial de abuso sexual de clérigos contra menores de edad.

Athié lleva más de 10 años denunciando abusos sexuales del clero. Además, por la perversidad que envuelve a los sacerdotes relacionados con este delito y su encubrimiento, hace siete años decidió abandonar el ministerio, orillado también por la persecución y represión que sufrió del cardenal Norberto Rivera Carrera, quien prefirió defender al pederasta Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, denostado por la Santa Sede después de 60 años de carrera delictiva.

La historia le ha dado la razón, pero Athié no se considera profeta por haber alertado públicamente sobre este delito: Tampoco me siento un visionario. Yo vi algo gravísimo que estaba pasando en México con el padre Maciel y luego lo constaté en Estados Unidos, cuando surgió el caso de 3 mil niños abusados por sacerdotes que fueron encubiertos. Cuando vi eso, pensé: esto es estructural, esto no es la aberración de una persona que está haciendo daño al margen de la Iglesia. Esto es un daño provocado por individuos que abusan de menores sistemáticamente porque son protegidos, cambiados, escondidos, encubiertos por sus autoridades, que privilegian la imagen de la Iglesia y el prestigio del sacerdote por encima del daño, del dolor y los derechos de las víctimas. Es aberrante. Y seguí denunciándolo.

A pesar de haber colgado los hábitos, Athié mantiene su compromiso con los más necesitados y consagra su vida al auténtico compromiso pastoral: ayudar a los demás siguiendo las enseñanzas de Jesucristo. Para muchos, es más sacerdote que algunos ministros con sotana: No podemos aceptar como humanidad que haya instituciones como la Iglesia católica que, en nombre Dios, violan sistemáticamente derechos humanos de personas, especialmente de niños y niñas. Eso lo debe resolver la humanidad. Estamos ante un verdadero reto histórico.

El imperio se tambalea

Los cimientos de la Santa Sede se sacuden por el terremoto de la pederastia clerical, y Athié y otros analistas se preguntan si estamos ante la restructuración o el fin del último imperio sobre la tierra: la Iglesia católica.

Es muy grave lo que estamos viviendo. Resulta que un miembro de la Iglesia católica que llega a ser Papa está acusado de encubrir muchos casos de abusos sexuales contra niñas y niños en el mundo. Y el Papa, al haberlos encubierto, favoreció su multiplicación, y además no aplicó las penas correspondientes.

La expansión de la pederastia clerical no ha hecho más que agravar el problema y el sufrimiento de miles de víctimas: El encubrimiento hizo posible la multiplicación sistemática de los abusos de menores por uno o varios individuos en muchas partes del mundo. Ése es el gravísimo problema del que debemos tomar conciencia y no podemos aceptar que se repita. Ratzinger debe enfrentar esta situación haciéndose responsable, no siendo juez y parte, por eso se requiere la intervención urgente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Tribunal de La Haya o la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

No es la primera vez que Athié lanza un reto a la comunidad internacional; lo hizo en mayo de 2006, cuando acudió ante el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU en México para exponer el caso de la pederastia clerical; entonces le contestaron que lo aceptarían para su estudio.

Sin ser víctima, sino como tercero, creo que debo y debemos todos ayudar a la propia Iglesia a que entienda que esto es gravísimo; así como exigir que modifique su conducta. Lamentablemente siguen sin darse cuenta del significado de la pederastia clerical. No se trata de unos cuantos individuos que cometieron actos perversos que después de mucho tiempo terminaron reconociendo, sino de la conducta ética y estructural que ha manejado la institución durante tantos años.

La respuesta del Vaticano ante los escándalos de pederastia ha sido errática: unas veces, los reconocen; otras, el discurso arremete contra quienes denuncian los crímenes: Al no entender la responsabilidad institucional de este comportamiento, que va desde obispos, religiosos y sacerdotes hasta el comportamiento de la Santa Sede con una congregación que se adjudicó el poder de revisar y resolver estos casos bajo secreto pontificio, por orden de Ratzinger, organizan actos multitudinarios que son expresiones fascistas para decir que todos los fieles están con el Papa y que no se dejarán manipular por mentirosos. El modelo del gran complot contra la Iglesia.

Athié ha estudiado el comportamiento y las reacciones del Vaticano ante la pederastia clerical. Recuerda que Joseph Ratzinger, desde su puesto en la Congregación para la Doctrina de la Fe, aplicó una modalidad de protección a sacerdotes abusadores que no correspondió con el derecho canónico: Quienes están destruyendo la Iglesia son los que mintieron, los que engañaron, los que acusaron a las víctimas de mentirosos, los que protegieron a los agresores. Son ellos los que dañaron a la Iglesia, no nosotros.

¿Y las víctimas de Maciel?

A pesar del pronunciamiento del Vaticano para condenar los crímenes sexuales de Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo –una sentencia papal que llegó 60 años tarde, ya que los primeros abusos se conocieron en 1948–, Alberto Athié considera que la Santa Sede ha despreciado a las víctimas del sacerdote mexicano: El caso Maciel en torno a la protección que se le dio desde el Vaticano no es relevante para ellos, porque se trata de víctimas particularmente del Tercer Mundo. Sin embargo, es uno de los peores casos de pederastia dentro de la Iglesia, porque atraviesa toda la estructura hasta el papado de Juan Pablo II y ahora el de Ratzinger.

Mientras el Vaticano habla de refundar la Legión de Cristo con un comisario nombrado por el Papa, Athié se pregunta por qué no investigar a los cómplices de Maciel: “El gran protector y promotor de Maciel fue Karol Wojtyla –Juan Pablo II–, porque le dio reconocimientos públicos, lo hizo modelo de la juventud, representante suyo ante el sínodo de las Américas. Lo hizo miembro permanente de la formación de los futuros sacerdotes y del clero en la Iglesia Universal… jamás lo tocó”.

Otro de los grandes protectores consignado en investigaciones de especialistas fue el cardenal Angelo Sodano: Él jugó un papel muy fuerte al impedir que el caso Maciel se abriera. Y Ratzinger no actuó, aparentemente por presiones de arriba.

Recuerda que en 2004, cuando Ratzinger abrió el proceso y Charles Chicluna llegó a México, les dijo: este asunto es secreto, les pido por favor que no lo divulguen. Pero las víctimas de Maciel decidieron divulgarlo, porque ya no podían mantenerlo en silencio: “En ese momento la secretaría de Estado dirigida por Sodano emitió un comunicado respondiendo a la pregunta de que si existía un proceso contra Marcial Maciel, y el texto dijo claramente: ‘No existe, ni ha existido, ni existirá’”.

A pesar de estos retrocesos, Athié considera que la Santa Sede no tiene más remedio que caminar hacia el reconocimiento de los errores: Joseph Ratzinger debe asumir, como Papa, la responsabilidad de este comportamiento. Ha reconocido, ha pedido perdón y ha determinado que esta conducta estructural delictiva se debe acabar para siempre en la Iglesia, y adopta medidas para que no se repita, para que quien cometa ese delito sea sancionado y entregado a las autoridades. Sea quien viole a un niño o quien encubre a un cura. Sea cardenal o lo que sea.

–¿Entregarán a los sacerdotes a las autoridades?

–Es un escenario; el otro es que sigan desgastando la situación hasta que llegue un momento en que habrá una autoridad capaz de requerir a Ratzinger y si viaja a un país sea detenido, como le pasó a Pinochet.

Nunca más

Para Athié lo más importante no es la dimisión de Ratzinger: Lo importante es que reconozca el comportamiento estructural de la pederastia dentro de la Iglesia y su responsabilidad. Que determine las reglas para que eso no vuelva a suceder nunca más. Si después de eso él decide renunciar, es secundario.

Una de las voces más lucidas del catolicismo es la del teólogo Hans Küng, quien en carta abierta dirigida a los obispos, publicada el 15 de abril, convocó a una rebelión contra la infalibilidad del Papa: “Lamentablemente no hay una instancia que pueda requerir al Papa un cambio de conducta o revisión de sus actos que contravienen el Evangelio y la ley. No creo que se organice un concilio ni un sínodo para revisar el tema de los abusos sexuales del clero. Se van a reunir para revisar el celibato, la santidad del matrimonio, y dirán que está mal que haya curas desviados, pero no existe fuerza interna para una rebelión”.

Por Sanjuana Martínez
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Barbaridad número uno: la mujer que aborta "mata a un niño" y, por tanto, "da a los varones la licencia absoluta de abusar" de su cuerpo. Barbaridad número dos: la Virgen María es el "modelo de auténtica liberación de la mujer", que puede "realizarse en el matrimonio y la virginidad". Barbaridad número tres: "La mujer no sólo debe cambiar su forma de vestir sino sus actitudes. Se ha perdido el pudoren la familia".

Todas, una por una, han sido pronunciadas por arzobispos en pleno siglo XXI. De Granada, de Valencia y de Ciudad Juárez (México). Y es sólo una muestra de la humillación a la que ha sometido a las mujeres la jerarquía católica a lo largo de la historia. Hoy, fuertemente cuestionados por los delitos de pederastia y cuando por fin han comenzado a entonar el mea culpa por haberlos tapado, los obispos siguen sin pedir perdón a esas otras víctimas, las mujeres, por una discriminación que no ha prescrito.

"Pero es que con el escándalo de la pederastia no sale ni una mujer. No se dice nada y también se ha abusado de ellas, han tenido hijos de curas. Es como si hubiera una especie de nube de ceniza como la del volcán. Son silenciadas, están al margen. Esto demuestra su invisibilidad en la Iglesia y su sometimiento", explica Mari Pau Trayner, doctora en Antropología Cultural, teóloga y miembro del colectivo catalán Dones en lEsglésia, mujeres católicas que trabajan por la igualdad en la institución.

La historiadora Pura Sánchez cuenta una anécdota reveladora de hace unos días: "Mi amiga tenía una tía, abadesa de un convento, que se quejaba, ya mayor, de que estaba harta de que en los encuentros con otras autoridades y dignidades eclesiásticas, ella, que era abadesa, debía lavar la ropa de los sacerdotes. Sin comentarios".

Y llegó el franquismo


Experta en el tratamiento de la mujer durante el franquismo y autora de Individuas de dudosa moral (Crítica, 2009), Pura Sánchez destaca varios pasajes recogidos por el Arzobispado de Sevilla en 1938, como la Carta I de San Pedro: "Las mujeres estén sujetas a sus maridos, las cuales ni traigan (...) descubiertos los cabellos, ni se cerquen de oro (...) sino su aderezo sea en el interior que está en el corazón escondido". O las palabras de un tertuliano a las mujeres de su tiempo: "Ocupad vuestras manos en la lana, enclavad en vuestra casa los pies y agradarán más así que si los cercaseis de oro".

El franquismo recuperó y potenció ese papel de madre y esposa al que la Iglesia ya había reducido a la mujer. Todas las que no siguieran ese camino eran unas depravadas, unas pecadoras. Recuerda la investigadora María del Carmen Fernández Albéndiz en el último número de Andalucía en la Historia (Centro de Estudios Andaluces) la labor de adoctrinamiento que llevó a cabo el dictador a través de la Sección Femenina de Falange y el Patronato de Protección a la Mujer, que advertía incluso de los "peligros" de los bailes.

Según Pura Sánchez, la jerarquía "que no es lo mismo que la Iglesia", matiza trata de mantener y escenificar su control social a través del control del cuerpo femenino: "El aborto y la concepción de las relaciones sexuales cuándo, cómo y para qué son un ejemplo de ello". "Jesús no hizo ningún reproche sexual a ninguna mujer. Es un discurso muy hipócrita. La Iglesia tiene que revisar a fondo su manera de entender la sexualidad, que es un don de Dios y lo usa como una maldición de Dios", afirma Trayner.

El propio Código de Derecho Canónico impide a las mujeres ser curas


El propio Código de Derecho Canónico impide a las mujeres ser curas. "Y nuestra preocupación no es esa, sino que la Iglesia no esté sesgada por la manera de pensar de la jerarquía católica", añade Trayner, que sostiene que el 80% del trabajo en las parroquias lo hacen mujeres: "La Iglesia se quedaría paralizada sin ellas". Contradictoriamente, muchas llegaron hasta allí huyendo del enclaustramiento en su vida familiar. "Hasta la época de nuestras abuelas, la iglesia era el único lugar donde las mujeres podían ir respetablemente (...) y el cura era el único al que podrían recurrir ante un maltratador", escribe la antropóloga Dolores Juliano en el artículo Religiosidad y feminismo. Lo malo, incide Trayner, es que hoy aún sucede.

Y lo que es peor, según Sánchez: "La Iglesia no está legitimada para dar a nadie lecciones de moral, ni para hablar de libertad de elección, cuando es una organización autoritaria y piramidal, y cuando le cuesta tanto pedir perdón por hechos que, desde su óptica, son pecados mortales y, desde cualquier óptica, un atentado contra los derechos humanos". Como discriminar a la mujer.

MÓNICA PATXOT
OLIVIA CARBALLAR - SEVILLA - 25/04/2010 22:45
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Sábado, 10 Abril 2010 08:14

"Benedicto XVI debe renunciar"

El abogado Jeff Anderson lleva 30 años persiguiendo curas pederastas por el mundo. Ha interpuesto más de 500 denuncias y ganado multimillonarias compensaciones para las víctimas de abuso sexual de sacerdotes, pero le faltaba algo que recientemente consiguió: la posibilidad de sentar en el banquillo de los acusados al papa Benedicto XVI.

Joseph Ratzinger "debe renunciar por haber protegido a sacerdotes pederastas", asegura en entrevista el abogado, que interpuso también una demanda contra el cardenal Norberto Rivera Carrera.

"Junto al Papa también deberían renunciar todos los obispos y cardenales que en el mundo han participado en estos actos criminales de protección a sacerdotes que han abusado sexualmente de niños. Luego, todos tendrían que ser enjuiciados para exhibir lo que hicieron, para que no se repita en el futuro", agrega.

El Vaticano enfrenta actualmente una de sus peores crisis por la publicación de recientes casos de abusos sexuales de sacerdotes que presuntamente fueron protegidos por Joseph Ratzinger cuando fue prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, de 1982 a 2005, en el pontificado de Juan Pablo II.

No es la primera vez que Anderson intenta llevar a juicio a la Santa Sede, al Estado vaticano y al papa en turno. Hace ocho años interpuso la primera denuncia en Oregon y luego insistió en Texas, Florida y Kentucky. El sistema de justicia estadunidense finalmente le ha dado la razón.

"Han aceptado que demandemos al Vaticano", dice satisfecho el abogado, de 62 años. "No sé si me tocará ver a un papa enjuiciado, pero el Vaticano está realmente preocupado. Hace dos meses apeló de la decisión judicial ante la Corte Suprema, y ha solicitado la opinión de los departamentos de Estado y de Justicia estadunidense. Esperemos que no les den la razón y que nos permitan continuar buscando justicia a través de este caso contra la Santa Sede, para exhibir su sistema de secreto en torno a la protección de sus sacerdotes pederastas, por encima de la seguridad y bienestar de los niños."

Anderson pretende demostrar ante los tribunales que el Vaticano ha funcionado como una "organización mafiosa" a la hora de atender el problema de la pederastia clerical, basándose en un código de confidencialidad y de protección criminal de los abusadores sexuales con sotana. "Esperamos que la Corte Suprema nos dé luz verde y eso puede suceder el próximo verano", comenta entusiasmado.

La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos está compuesta por nueve jueces, de los cuales seis son católicos y el resto conservadores que profesan otra religión. El abogado, sin embargo, está convencido de que esta vez logrará por fin su objetivo: "cada día lo que hacemos es extremadamente importante, porque nos acerca más al momento de llevar al Vaticano al banquillo de los acusados. Cada día estamos más cerca de proteger mejor a los niños de México, Latinoamérica, Estados Unidos y el mundo contra este mal endémico que proviene de la Santa Sede".

Archivos secretos

La Iglesia católica en Estados Unidos ha gastado más de 2 mil 200 millones de dólares en indemnizaciones a 15 mil víctimas de abusos sexuales de cuatro mil sacerdotes y religiosos procesados.

Jeff Anderson sostiene que los sacerdotes pederastas son empleados del Vaticano y considera a la Santa Sede como una empresa cuyos trabajadores cometieron delitos en Estados Unidos y otras partes del mundo. "En esta tragedia hay muchas mentiras e inocentes, por tal motivo este es un caso muy serio. Estoy convencido de que los miles de víctimas sobrevivientes de pederastia clerical que existen en el mundo se irán uniendo para buscar justicia y llevar al Vaticano ante la justicia, para que elija el camino de la verdad en lugar del secretismo y la conspiración", afirma.

El caso de Oregon se basa en la denuncia de una víctima no identificada que en 1965 padeció abusos del sacerdote Andrew Ronan en la iglesia St. Albert, en Portland. Los documentos de la demanda señalan que Ronan había sido acusado de abusar sexualmente de niños en los años 50 en la arquidiócesis de Armagh, Irlanda, por lo que fue trasladado a Chicago, donde nuevamente violó niños en la escuela católica St. Philip y después fue enviado a Portland. Murió en 1982 sin ser enjuiciado. El camino del cura pederasta dejó una estela de denuncias de abusos sexuales por donde era transferido por sus superiores y bajo la autorización de la Santa Sede, según Anderson.

El caso llevado a los tribunales en Kentucky está compuesto con las demandas interpuestas en 2004 por tres hombres abusados por sacerdotes que servían en las iglesias de ese estado. "La justicia estadunidense ha decidido que el Vaticano no tiene más inmunidad en este tipo de causas", dice el abogado, que basa sus demandas en el argumento de que fue la Santa Sede la que conspiró con las diócesis católicas y las órdenes religiosas de los sacerdotes abusadores para cambiar a los agresores y evitar que fueran procesados.

El caso de Florida se basa en la denuncia de Rick Gómez, quien fue abusado en 1987 por el sacerdote salesiano William Burke en la escuela Mary Help, de Tampa. Cuando la policía fue a detener al cura, éste había sido trasladado por sus superiores a otro estado. "La Iglesia tiene la política de transferir a los agresores. Todos los caminos para ocultar los crímenes conducen al Vaticano", añade Anderson.

El abogado estadunidense pretende que los tribunales obliguen al Vaticano a abrir sus archivos secretos sobre sacerdotes abusadores y así exhibir las mentiras, el encubrimiento sistemático, el silencio y los documentos y procedimientos que utilizaron como base para protegerse a sí mismos, en lugar de brindar seguridad a los menores.

De las tres diócesis católicas estadunidenses encausadas, los tribunales estadunidenses han aceptado por lo pronto la denuncia de Oregon. Al Vaticano le preocupa particularmente esta histórica sentencia de la Corte de Apelación Federal de Portland, porque reconoció el derecho de la víctima a iniciar una causa civil contra la Santa Sede, lo que puede animar a los tribunales de otros países a actuar de la misma forma y exigir responsabilidades al Papa por los miles de casos de abusos sexuales de sacerdotes católicos contra menores.

“El Papa es un infractor secreto –dice sin ambages Anderson–, vive en la negación, a pesar de su responsabilidad. Es un líder que ha perdido la causa de la protección de los niños; por tanto, es un líder fracasado que ha preferido cuidar la reputación de su oficina, en lugar de defender la seguridad de los niños.”

Jeffrey Lena, el abogado que la Santa Sede ha contratado para defender sus intereses en Oregon, tiene su despacho en Berkeley, California; argumenta que el Estado Vaticano está protegido por el documento Foreign Sovereign Immunities Act, que prohibe interponer denuncias contra países extranjeros.

Anderson, sin embargo, sostiene que su lucha social no es contra un Estado soberano que puede reclamar inmunidad: "Esto va más allá del Vaticano y el poder de un Papa. Se trata de un problema endémico en la cultura clerical, que ha provocado miles de víctimas en Estados Unidos y el resto del mundo. El Papa, la máxima autoridad, tiene que responder. Se trata sólo de un hombre sometido a proceso. Eso es todo. Un hombre que permitió que continuara todo este sufrimiento. Es sólo un hombre que otro hombre (un juez) puede condenar".

La renuncia no es solución

El abogado que mantiene su despacho en St. Paul, Minnesota, considera que, a estas alturas, Benedicto XVI debería haber renunciado, pero aclara: "La dimisión del Papa no es una solución, si no está acompañada de una verdadera transformación. Si dimite y llega otro y nada se hace por cambiar el sistema de silencio, secreto y protección a los sacerdotes abusadores, todo será igual. Nada habrá cambiado. Cambiar a los hombres no cambia el problema".

Añade: "Por primera vez en el Vaticano están realmente preocupados, más que preocupados, diría yo. Están cambiando el discurso, porque saben que tarde o temprano la justicia los alcanzará y la verdad saldrá a la luz. Y hasta que no acepten su responsabilidad y sean llevados a los tribunales para que digan esa verdad, nosotros estaremos allí. Los sobrevivientes han asumido que esto se trata de un trabajo de cada día. No vamos a claudicar".

–Por primera vez, usted está más cerca de lograr encausar a la Santa Sede, pero ¿cómo cambiar un sistema de protección a sacerdotes pederastas que ha funcionado por los siglos de los siglos?

–Lo que realmente se necesita es llevar a juicio a la oficina del Vaticano, al Estado Vaticano, al Papa, a los obispos y cardenales, para que admitan su responsabilidad y asuman las consecuencias, a fin de forzarlos a decir la verdad; a limpiar la Santa Sede; a abrir los archivos secretos, y a decir dónde están los sacerdotes abusadores, algo que ellos saben perfectamente porque son ellos quienes los cambian de lugares y países para evadir la justicia. El Vaticano tiene que optar por la justicia, en lugar del crimen.

David Clohessy, director nacional de Survivors Network of those Abused by Priests (Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes) coincide con Jeff Anderson, con quien ha colaborado más de 20 años apoyando a cientos de víctimas: "Si el Papa está pensando en dimitir, primero nos gustaría que abriera los expedientes secretos de los curas pederastas. La dimisión no arreglaría todo. El sistema de silencio y protección está enquistado y la decepción sobre la institución es tan profunda, que lo mejor es que se abran los expedientes para ver cómo Joseph Ratzinger manejó cada caso de pederastia clerical".

El lugar de Norberto Rivera

Clohessy y Anderson colaboraron en la demanda interpuesta contra el cardenal Norberto Rivera Carrera ante la Corte Superior de California por conspiración a la pederastia en 2006, caso que aún se encuentra en los tribunales estadunidenses.

“El cardenal Norberto Rivera debería de estar tras las rejas –dice Anderson–, no sentado en un lujoso sillón frente a una alfombra roja oficiando misa. Es responsable de permitir que el cura pederasta Nicolás Aguilar Rivera estuviera en el ministerio por décadas abusando de niños.”

El abogado estadunidense asegura que no se ha olvidado de la demanda contra el cardenal mexicano que se encuentra en proceso de apelación, luego de que la Corte decidiera la no jurisdicción para procesarlo: "El cardenal tiene que aprender mucho de estos temas. Eligió el camino equivocado de la negación, y tiene que asumir las consecuencias por no proteger a los niños del crimen de abuso sexual de sacerdotes. Rivera Carrera debe ser sometido a juicio tarde o temprano, y encontraré una forma en el sistema de justicia estadunidense para que diga la verdad y buscar así justicia y reparación para las víctimas".

Anderson ha organizado una estrategia legal contundente contra el Vaticano: la presentación de diversos casos en distintos tribunales de Estados Unidos. Es también el abogado de las víctimas del sacerdote Lawrence Murphy, de Wisconsin, quien abusó de más de 200 niños sordos entre 1950 y 1975. El asunto involucra directamente al Papa porque, cuando era prefecto para la Doctrina de la Fe, decidió proteger y mantener en el sacerdocio al pederasta que murió sin ser enjuiciado.

El defensor presentó como prueba irrefutable la correspondencia que fue enviada por varios obispos estadunidenses a Joseph Ratzinger para notificarle las denuncias. Una de las cartas fue escrita por Rembert G. Weakland, arzobizpo de Milwaukee, pero Ratzinger no respondió. En 1974 el sacerdote abusador finalmente fue trasladado por el arzobispo William E. Cousins a la Diócesis Superior en el norte de Wisconsin, donde pasó sus últimos 24 años, a cargo nuevamente de niños en distintas parroquias y escuelas católicas. El pederasta murió en 1998 y no fue sometido ni siquiera a juicio canónico. El actual Papa le permitió seguir en el ministerio sacerdotal, sin notificar a la policía los hechos delictivos.

David Clohessy está convencido de la solidez de este caso presentado ante los tribunales estadunidenses: "Es muy importante porque sucedió hace 12 años. Estamos demostrando que en ese lapso un depredador sexual serial cometió cientos de abusos y el papa Benedicto XVI decidió protegerlo y esconderlo".

De manera inusitada, el Vaticano ha cambiado su discurso de negación y silencio ante los cientos de denuncias. Su portavoz, Federico Lombardi, ha salido publicamente a defender al Papa, argumentando que Murphy ciertamente había violado niños "particularmente vulnerables", pero que cuando Ratzinger supo, el cura estaba "muy enfermo". Murphy le escribió una carta al actual Papa donde le decía: "Sólo quiero vivir el tiempo que me queda en la dignidad de mi sacerdocio". Y Ratzinger se lo permitió.

David Clohessy se muestra escéptico sobre la ignorancia en torno a este acontecimiento y muchos más argumentada por Ratzinger: "Es muy difícil de creer que los sacerdotes y obispos de Wisconsin e incluso el Papa no sabían de esos casos, sin mencionar los cientos de asuntos similares que existen en el mundo. La diferencia es que ahora existe una duda creciente sobre la participación directa de los papas en el encubrimiento de los curas pederastas".

La batalla de Bendicto XVI para salvaguardar su reputación no se centra sólo en Estados Unidos; se ha trasladado también a Europa, donde en Alemania, Holanda, Italia, Suiza, Irlanda o Austria se han presentado denuncias ante tribunales contra sacerdotes católicos por abusos sexuales contra menores.

"Lo que está sucediendo es una vergüenza para Benedicto XVI. Ha protegido sacerdotes abusadores de niños durante décadas. Cada vez que veo su imagen me siento terriblemente triste al saber que pudo actuar responsablemente. ¿Quién sabe cuántos niños se hubieran salvado?"

El caso alemán

El caso alemán es particularmente delicado para Ratzinger, ya que fue arzobispo de Munich y Freising entre 1977 y 1982, donde se han denunciado abusos cometidos por un sacerdote a quien Benedicto XVI supuestamente le permitió continuar en el ministerio.

En los pasados dos meses se han denunciado más de 250 casos de pederastia clerical, y la justicia alemana investiga una veintena de abusos sexuales en el seno de instituciones de educación católicas e iglesias, sin olvidar el asunto que involucra directamente al hermano del Papa, el sacerdote Georg Ratzinger, quien dirigía el coro de niños Domspatzen, donde se han denunciado estas situaciones.

“Estos casos son muy dañinos para el Vaticano y el Papa –dice Cloessey–. Esto es sólo el principio; estamos seguros de que todas las víctimas de sacerdotes que existen alrededor del mundo van a continuar con nosotros, exponiendo su verdad. Ahora tenemos mucha documentación que demuestra el encubrimiento papal de los sacerdotes abusadores de niños.”

–Por primera vez, el Vaticano está reconociendo parte de su culpa. ¿Es un reconocimiento indirecto de las denuncias presentadas por las víctimas durante los pasados 30 años?

–El reconocimiento es bueno, pero serían mejor los informes verdaderos, la apertura de los expedientes secretos del Vaticano sobre los depredadores. La aceptación de su culpa no garantiza el progreso de los casos. No es suficiente. El Vaticano tiene que cambiar su política sobre la protección a los niños y la atención y cuidado a las víctimas.

La apertura de los archivos secretos no es algo que sólo exijan las víctimas. La presidenta de Suiza, Doris Leuthard, solicitó tener un registro nacional de sacerdotes católicos implicados en abusos contra menores, para que no tengan más contacto con éstos: "Es un buen primer paso que los gobiernos de los países exijan eso, porque al menos los padres de los niños podríamos saber donde están los sacerdotes pederastas, y de esa manera protegeríamos mejor a los menores".

Jeff Anderson, por lo pronto, no descansa en su cruzada contra la pederastia clerical. El lunes 5 de abril presentó en conferencia de prensa el caso del sacerdote Joseph Palanivel Jeyapaul, acusado de violar a una niña en Minnesota, y quien sigue trabajando como cura en la diocesis de Ootacamund, en el sur de India: "Este sacerdote fue mantenido en su ministerio y continúa como cura, a pesar de las denuncias de abuso sexual hacia menores, a pesar de que el Vaticano tenía reportes de que se trataba de un depredador sexual de niños".

Anderson se considera luchador social a partir de que sufrió el drama de ver a su hija de ocho años abusada por un ex sacerdote católico. Está convencido de que su vida se transformó a partir de ese trágico episodio, porque encontró una nueva causa que perseguir hasta el final:

“Mi sueño es que los niños encuentren lugares seguros; que vayan a las iglesias y a las escuelas sabiendo que estarán protegidos. Mi sueño es que los niños del mundo estén a salvo, que consigan –por medio de la educación– una transformación para protegerse a sí mismos, para que no permitan que nadie pueda lastimarlos. Mi sueño es conseguir la justicia y la verdad para protegerlos.”

Por Sanjuana Martínez

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