Miércoles, 06 Septiembre 2017 06:27

El Papa vuelve a Latinoamérica

El Papa vuelve a Latinoamérica

Entre hoy y el 10 de septiembre, el Pontífice visitará las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Angelus.


El papa Francisco afirmó ayer en un mensaje en la red social Twitter que en el viaje que emprende hoy a Colombia irá en búsqueda de la reconciliación y la paz. “Queridos amigos, por favor rueguen por mí y por toda Colombia, donde iré de viaje en búsqueda de la reconciliación y la paz en ese país”, escribió el pontífice en la versión en español de su cuenta @pontifex. El papa inicia hoy una visita a Colombia, donde tiene intención de enviar un mensaje de concordia a una sociedad muy polarizada tras más de 50 años de conflicto y que comienza un nuevo camino tras el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC y el alto el fuego con el ELN.


Entre hoy y el 10 de septiembre el pontífice visitará, en el sexto país latinoamericano al que viaja, a las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias, y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Ángelus.


Con su visita a Colombia el papa Francisco regresa hoy a la históricamente católica Latinoamérica, región que alberga a cerca del 40 por ciento de fieles en el mundo a esa religión, pero cuya identificación con esa creencia ha bajado progresivamente, mientras toman fuerza iglesias como la pentecostal y los agnósticos y ateos.


Aunque durante la mayor parte del siglo XX un 90 por ciento de los latinoamericanos era católico, ese porcentaje llega ahora al 69 por ciento y se prevé que siga bajando. “La Iglesia católica ha perdido millones de fieles en la región, principalmente ante la pentecostal. Y la razón principal de la elección del primer papa latinoamericano fue esa competencia”, aseguró hoy a Efe Andrew Chesnut, experto en Religión de América Latina y profesor de la Universidad de Virginia Commonwealth, al comentar sobre la visita del sumo pontífice esta semana a Colombia.


Se calcula que nueve millones de brasileños han dejado el catolicismo desde 2014 un año después del inicio del pontificado de Francisco, y el porcentaje de creyentes bajó a la mitad, mientras el de evangélicos creció al 29 por ciento, según el Instituto Datafolha.


“Y mi previsión es que Brasil, con la mayor población católica del mundo, ya no será de mayoría católica para el 2030”, añadió Chesnut.


De todas formas, el gigante sudamericano mantiene el mayor número de católicos bautizados del mundo, con 172,2 millones, indica el Anuario Pontificio 2017, de la Oficina Central de Estadísticas de la Iglesia.


México está en segundo lugar, con 110,9 millones de bautizados, 85 por ciento de su población, pero la cifra de los que profesan esa religión también ha caído desde los setenta, cuando era 96,2%, mientras se fortalece la fe protestante, evangélica o pentecostal (7,46%) y un 4,680% dice no seguir ninguna creencia.


Colombia, al que el papa Francisco llegará este miércoles, es el séptimo país del mundo con más bautizados en esta fe, con 45,3 millones, aunque ha crecido notablemente la influencia de la religión evangélica. Y le sigue Argentina, décimo país del mundo con mayor número de católicos bautizados (40,8 millones).


El Centro de Investigaciones Pew, con sede en Washington, considera que la tendencia a la conversión a otras religiones avanza rápidamente.


En el informe “Religión en América Latina, cambio generalizado en una región históricamente católica”, el centro Pew menciona que los países con mayor porcentaje de población católica son Paraguay, México, Colombia, Ecuador y Bolivia. Y en el otro extremo ubica a Honduras y Uruguay.


Sin embargo, “muchos latinoamericanos se han unido a iglesias evangélicas protestantes o han rechazado la religión organizada”, señala la institución. Así, en Ecuador, un 11 por ciento dice ser evangélico pese a haber sido criado como católico y la cifra de agnósticos y ateos bordea el ocho por ciento. Y en Paraguay, datos oficiales muestran que también se practica el islam y el judaísmo; mientras Bolivia mantiene un alto porcentaje de población católica (77 por ciento) y una representativa comunidad de cristianos no católicos (22 por ciento). En Perú también bajó la cifra de católicos, de 92,7 a 76 por ciento entre 1993 y 2014, mientras otras iglesias cristianas pasaron de 6,1 al 15 por ciento.


En la lista de mayoría católica siguen Venezuela, con unos 25 millones de fieles, y Panamá, elegida como sede de la Jornada Mundial de la Juventud en 2019 y que tiene m?s de 2 millones de creyentes. En el caso de Chile, que será visitado en enero por el papa, han aumentado las críticas a la postura católica respecto al aborto y el matrimonio homosexual.


El catolicismo ha dejado de ser también la religión dominante en buena parte de Centroamérica, según un análisis de 2016 del Instituto Español de Estudios Estratégicos. Así, en Guatemala casi la mitad de la población profesa la religión católica, 40 por ciento es protestante y un 11 se declara ateo o agnóstico.


Uruguay, considerado el país más laico de América Latina, tiene el menor porcentaje de católicos de la región (42 por ciento) y la mayor tasa de ateos y agnósticos (38 por ciento). “La Iglesia seguirá perdiendo fieles e influencia política”, pronostica Chesnut, al agregar que aún no hay una muestra concreta de que el papa argentino está frenando ese éxodo.

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Una interpretación desde la descolonización epistemológica

En 2014 fui invitado a la Universidad de Heidelberg a una reunión del grupo inicial de profesores universitarios luteranos que preparaban los festejos del 500 aniversario de la presentación de las 95 tesis de Lutero en Wittenberg. Había unos 40 profesores alemanes, algunos norteamericanos y brasileños (ya que en Brasil hay una comunidad importante de la Iglesia luterana). El argumento que expuse en ese encuentro deseo resumirlo en esta corta contribución.

Europa, en la así llamada Edad Media, era una cultura aislada, periférica y subdesarrollada sitiada por el Imperio otomano, por la civilización islámica que no siendo feudal sino urbana y mercantil se extendía desde el Atlántico con Marruecos, atravesando los reinos de Túnez, el sultanato fatimita de El Cairo (y al sur conectando con los reinos sud-saharianos en África), el Kalifato de Bagdad (en manos del Imperio otomano), hacia Irán, Afganistán, los mongoles en el norte de la India, los sultanatos del sudeste asiático en torno a Malaka, y llegando al Pacífico por la isla de Mindanao en Filipinas. Además, por sus caravanas, unían Bagdad con Constantinopla en el occidente, al norte con la Kiev eslava, con El Cairo al sur, con Kabul y la India hacia el oriente, y por los desiertos al norte del Himalaya llegan hasta la China. Es decir, el mundo arabo-musulmán tenía un horizonte continental universal desde el Atlántico al Pacífico, y Europa era una pequeña península provinciana occidental secundaria (desde el siglo VII hasta fines del siglo XV) con unos 70 millones de habitantes (la mitad de sólo China).

El norte de Europa (germánica, tierra de Lutero) debía conectarse a las altas civilizaciones del continente Euroasiático a través del sur, es decir gracias a Italia (con sus grandes puertos tales como Venecia, Génova, Nápoles, Amalfi, etcétera), cuyas naves llegaban a las costas occidentales del Mediterráneo y de allí el Medio Oriente, accediendo a la civilización mercantil por excelencia: el mundo musulmán ya descrito. Es decir, el norte de Europa feudal debía inevitablemente estar unida a la Roma italiana para no quedarse aislada del sistema económico, político y cultural euroasiático. El Mediterráneo (pequeño mar periférico en comparación con el Índico y el Pacífico, que eran llamados el ‘‘Mar de los árabes’’ y el ‘‘Mar de China’’) era el camino obligado hacia el centro de todo el sistema: que estaba situado entre la China y la India (la región más desarrollada en grandes descubrimientos matemáticos, astronómicos, tecnológicos, económicos, políticos, etcétera). ¡Europa dormía la siesta feudal!

Por el ‘‘descubrimiento del Atlántico’’ y la ‘‘invasión de América’’ en 1492, efectuada por Europa (por España al occidente, y Portugal al sur y hacia el oriente), hubo una revolución geopolítica, y el centro del nuevo sistema-mundo será ahora el Atlántico norte (sólo en este siglo XXI el Pacífico comienza a recuperar su antigua centralidad). El origen simultáneo de la Modernidad, del capitalismo, del colonialismo, del eurocentrismo y de muchos otros fenómenos debe ver con los nuevos ojos de la ‘‘descolonización epistemológica’’; es decir, desde una total nueva visión del mundo y de la historia que supere la fetichización de lo explicado desde el eurocentrismo desapercibido de las ciencias, en especial de las ciencias sociales hoy vigentes aun en América Latina.

Y bien, la hipótesis que deseamos proponer consiste en lo siguiente: Martín Lutero (1483-1546) hubiera sido un heresiarca intra-europeo medieval sin significación mundial, como lo fueron por ejemplo Jan Hus o Juan Wycliffe, de no haberse situado el nuevo centro geopolítico en el Atlántico norte. Nunca ningún autor ha propuesto esta hipótesis debido al unánime y fetichizado eurocentrismo en la interpretación de la historia mundial (visión que hoy repetimos en América Latina y en todas nuestras universidades coloniales ‘‘sucursaleramente’’; historia mundial construida sólo hace dos siglos por los románticos alemanes, y en especial por Hegel, que pensaba equivocadamente que Europa era el ‘‘fin y el centro de la historia mundial’’).

En 1517, tres años después que Bartolomé de las Casas comienza la crítica de la Modernidad al mostrar la injusticia del sistema económico de la encomienda instaurado por Europa (España) en el Caribe, y más concretamente en Cuba, es decir, en el naciente colonialismo del Sur global, Lutero critica a la Iglesia cuya consecuencia fue la separación del norte de Europa del sur de Europa situada en el Mediterráneo. ¿Cómo hubiera sido posible una tal separación en la Edad Media de una Europa sitiada por los Turco otomanos? Y es que separarse de una Roma localizada geográficamente junto al Mediterráneo era quedar totalmente aislados del mundo civilizado. Pero gracias a la apertura al Atlántico, al comienzo del siglo XVI, ese norte de Europa se conectaba por el Báltico (que antes era el fin del mundo) al nuevo centro del sistema geopolítico: el Atlántico. Ahora el norte de Europa podía conectarse al nuevo sistema mundo y separarse del Mediterráneo, del sur de Europa, de Roma, y esa separación no sólo era posible sino conveniente. La gran Confederación comercial de la Hansa del Báltico podía ahora conectarse por el Atlántico con todo el mundo, sitiando al mundo arabo-musulmán continental desde los Océanos siguiendo la senda de Portugal y España.

La iglesia cristiana germánica del norte de Europa podía declarar su autonomía, gracias al Báltico abierto al Atlántico, de la iglesia cristiana latina del Mediterráneo, que dejaba de ser el centro de la Europa feudal medieval. Nacía también en el sur mediterráneo una nueva iglesia (obsérvese lo que digo: nueva) moderna, que tenía como respaldo la primera cristiandad colonial: la Cristiandad de las Indias occidentales (Latinoamérica), que con el sur latino mediterráneo de Europa y Francia constituirán en torno al Concilio de Trento (1545-1563) a la Iglesia católica, que será también nueva (o al menos no será meramente medieval) como la Iglesia luterana, y después calvinista, anglicana, evangélica, presbiteriana, etcétera. Todas serán iglesias modernas, son Cristiandades (es decir, iglesias articuladas a los estados modernos, y jugando la función al mismo tiempo de religión y fundamento cultural o ideológico del Estado). El Kierkegaard (luterano dinamarqués) y Marx (judío bautizado en su niñez como luterano alemán) se levantaron contra estas Cristiandades protestantes (que para Kierkegaard invertían, es decir, negaban el cristianismo primitivo, y que para Marx, en el caso especial del calvinismo principalmente inglés de A. Smith, fundaban, como lo pensaba Hegel, al Estado con la religión y al capitalismo con una inversión del Evangelio cristiano primitivo).

Lutero, como puede verse, fue un reformador del cristianismo medieval y abrió la puerta a un cristianismo moderno. La llamada Contra Reforma (en especial los jesuitas) fue la otra cara del mismo fenómeno, que estaba igualmente muy lejos del cristianismo primitivo. La llamada Teología de la Liberación contemporánea y latinoamericana (siendo América Latina la única cristiandad colonial) significa un nuevo movimiento de profunda transformación en la historia del cristianismo, ya que vuelve al cristianismo primitivo para, en primer lugar, invertir la inversión de la Cristiandad (que se inicia con Constantino en el siglo IV, cuando de perseguido y crítico el cristianismo es transformado en el fundamento de la dominación de los esclavos del Imperio romano o de los siervos del feudalismo en el Sacro Imperio germánico). Y para, en segundo lugar, invertir la segunda inversión del cristianismo en el caso de las Cristiandades europeas que se tornan metropolitanas, modernas, colonialistas (desde finales del siglo XV; es decir, las cristiandades española, francesa, inglesa, dinamarquesa, etcétera, y hoy norteamericana; de las iglesias católica, luterana, calvinista, evangélica, etcétera). Esta crítica surge desde sus colonias, neocolonias o naciones explotadas del Sur global.

Lutero cobró entonces significación mundial, y no meramente provinciana como otros críticos cristianos medievales, por la función que cumplirá el norte de Europa al conectarse al Atlántico, pudiendo separarse de Roma, y después producir la Revolución industrial y la Ilustración en el siglo XVIII. ¿Quién hubiera pensado que el descubrimiento del Atlántico por parte de Europa (en primer lugar España), y la mera irrupción de Nuestra América en la historia mundial, fue la condición de posibilidad geopolítica de la importancia global de Lutero del que en este año 2017 recordamos sus 500 años?

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François Houtart y los ojos de los oprimidos

François Houtart era una de esas personas con las que uno disfruta coincidir en seminarios, congresos y viajes. Y es que, en esos encuentros, el sacerdote belga, además de escuchar con atención e interés a los otros, haciéndoles sentir que lo que decían era importante para él, compartía de manera amena y natural sus ricas vivencias y reflexiones sobre los más disímbolos procesos de transformación política en el mundo.

Houtart, a un tiempo sencillo y sabio, modesto y amable, conocía de primera mano, a profundidad y desde abajo, lo que sucedía en, al menos, la mitad del planeta. Fue testigo presencial de acontecimientos claves como el Concilio Vaticano II, investigador riguroso de la realidad religiosa y social de múltiples naciones, guía e inspirador de innovadores estudios sociales (junto a Samir Amin y Pablo González Casanova), y amigo o mentor de más de una veintena de líderes políticos, sociales y religiosos (desde Karol Wojtyla hasta Camilo Torres, pasando por Amílcar Cabral y Sergio Méndez Arceo).

Su comprensión de la complejidad social era deslumbrante. Era una verdadera biblioteca viviente, no sólo por los libros que había leído, sino por la vastedad de sus experiencias y su deseo de comprender. No en balde escribió más de 50 libros. No había aún cumplido los 40 años y ya había viajado por Estados Unidos y Canadá, casi todo América Latina, Europa Occidental, un buen número de países de África y de Asia. Lo mismo desentrañaba el misterio de la resistencia musulmana al fundamentalismo islámico en Indonesia, que la plaga de los agrocombustibles o las vicisitudes del movimiento indígena en Ecuador.

Nacido en Bruselas en 1925, en el seno de una familia burguesa, aristocrática y clerical, asumió la vida como servicio a los otros. El mayor de 14 hermanos, a los 10 años descubrió su vocación al sacerdocio y su disposición misionera. Renunció a la pompa clerical e hizo voto de pobreza: no tuvo bienes propios, cedió su herencia, vivió con el salario que recibía y no acumuló capital alguno.

Nunca fue a la escuela primaria. Cuando entró al seminario lo hizo no con la idea de seguir una vida religiosa, sino para cumplir un cometido: ponerse al servicio de la búsqueda de la justicia en regiones lejanas. En 1949 se ordenó sacerdote. De allí pasó a Lovaina a estudiar ciencias sociales y políticas. Militante de la resistencia belga contra la ocupación nazi en el Ejército Secreto, en 1944 participó en la voladura de un puente sobre el río Dender. En su bicicleta transportó la dinamita y los detonadores para la operación.

Activista de la Juventud Obrera Católica entre finales de los años 40 y principios de los 50, encontró en esta organización una escuela donde descubrió la realidad social y aprendió una pedagogía. Fue una fuente definitiva en su preocupación social. El método de ver, juzgar y actuar le acompañó toda la vida. A su lado, descubrió la situación de los obreros y se desvaneció la imagen del socialismo como demonio.

En un primer momento, Houtart se consideraba un sacerdote sociólogo, pero después pasó a verse a sí mismo como un sociólogo sacerdote. Acostumbraba a decir que si conservaba la fe se debía a que era sociólogo. "En una era de ecumenismo se trata de vivir con esas ambigüedades, mientras se persigue lo esencial del evangelio".

Pese a que en su juventud veía al comunismo como un sistema cuya expansión había que frenar, terminó por reconciliar el socialismo con la fe cristiana. Sus estudios de doctorado y sus experiencias de finales de la década de los 60 del siglo pasado lo condujeron a la utilización de un enfoque sociológico y un método de análisis marxista. La fe cristiana lo llevó al análisis marxista y el marxismo lo ayudó a conservar su fe. Contra viento y marea, reivindicó que no había contradicción entre la adopción del análisis de la sociedad de Marx y su adhesión religiosa. Lamentaba sí, el que los países socialistas hubieran adoptado el ateísmo como "religión de Estado".

En el materialismo histórico encontró dos herramientas básicas: primero, un instrumento adecuado para leer las sociedades con la mirada de los oprimidos, lo que consideraba una exigencia de fidelidad a la opción cristiana; y, segundo, un enfoque para relativizar tanto el papel de la institución eclesial, como la función ideológica del cristianismo en la historia.

La muerte nunca fue para François un gran problema o causa de temor. Decidido a vivir el presente con la mayor intensidad posible, para él la muerte era un evento natural, parte de la vida, una transición, cuyo sentido estaba determinado por la trayectoria que cada quien ha seguido. Para Houtart, lo que la existencia futura podía ser no era una certeza sino una esperanza, una apuesta, en la que lo central era la coherencia con la manera de vivir un proyecto global. A él, su fe le ayudaba a vivir con plenitud y esperanza el momento de su muerte.

En el espléndido libro El alma en la tierra. Memorias de François Houtart, publicado por el Instituto Cubano del Libro, Carlos Tablada resume en dos ideas-fuerza la trayectoria del sacerdote belga que se vivía como latinoamericano: lealtad a su fe y al ideal de justicia social. Con ellas vivió hasta el último momento.

A François la fe cristiana lo orientó en la búsqueda de las causas de la injusticia y del análisis de los mecanismos de apropiación de las riquezas del mundo por una minoría. Guiado por su experiencia, encontró que la lógica del capitalismo ha llevado a la humanidad y al planeta a la destrucción, y que es necesario cambiar los paradigmas del desarrollo humano. Y este saber reforzó su convicción de que el mensaje al que él fue fiel es trascendental a la emancipación y liberación de los seres humanos.

Así, mirando desde abajo, "buscando un instrumento adecuado para leer las sociedades con los ojos de los oprimidos", François Houtart, viajero incansable, vivió y murió. Lo vamos a extrañar.

Twitter: @lhan55

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“El papa Bergoglio ha comenzado muy bien una reforma del gobierno de la Iglesia”, dice Accattoli.

 

Jorge Bergoglio cumple hoy cuatro intensos años de pontificado, durante los cuales ha defendido la causa de los refugiados, reformado la estructura económica de la Iglesia y luchado contra abusos sexuales, explica Luigi Accattoli.

 

Desde Roma

 

Cuatro años pueden parecer pocos en el contexto de la larguísima historia de la Iglesia. Pero los cuatro años de pontificado cumplidos hoy por un papa venido “del fin del mundo”, que defiende a los pobres, a los inmigrantes, a los refugiados, que ha emprendido reformas dentro del Vaticano y de la Iglesia que a su vez han desencadenado agresivas campañas contra él – la reforma del IOR o banco vaticano y de la Orden de Malta, las batallas contra los abusos sexuales, el respeto de los homosexuales y de los divorciados, entre otras cosas– hablan de un Papa diferente. Luigi Accattoli, periodista italiano y vaticanista que desde hace 42 años escribe sobre los eventos de la Santa Sede para prestigiosos diarios italianos como La Repubblica e Il Corriere della Sera, que ha hecho decenas de viajes al exterior acompañando a distintos papas en sus giras por el mundo, incluida América Latina, tiene una visión particular de estos cuatro años de Francisco.

“La novedad más importante de estos cuatro años ha sido el lenguaje –dijo Accatoli en una entrevista con PáginaI12–. El papa Bergoglio ha cambiado el lenguaje de los papas mucho más que sus predecesores del último siglo. Los últimos papas, después del Concilio Vaticano II, han hecho cambios, han dado entrevistas, han actualizado el lenguaje, pero la novedad radical es que el papa Bergoglio habla como si fuera un párroco en vez de un pontífice, sin ciertas presunciones, sin esa seguridad en la elección de las palabras. No quiere rever las entrevistas que concede porque se confía en los que lo entrevistan, improvisa, expresa sus opiniones diciendo ‘yo pienso así’. Y esto ha redimensionado la figura del Papa y es la novedad más grande de la cual no se podrá volver atrás”.

-No se podrá volver atrás... ¿pero esto significa que la curia romana, la Iglesia en general y la gente aceptan que hable de este modo...? Ha tenido muchas críticas por esto. No ha faltado quien lo llama “populista” por las palabras que usa y el modo en el que habla.

–Digo que no se volverá atrás en el sentido de que el próximo papa no podrá no tener en cuenta estos cambios. Cuando Juan XXIII empezó a salir del Vaticano –el Papa precedente, Pío XII, no salía– no se pudo volver atrás. Los papas siguientes debieron seguir ese camino. Pablo VI empezó a viajar y los papas que lo siguieron viajaron por todo el mundo. Yo considero que esta novedad del lenguaje, un lenguaje de dimensión humana, es decir de un papa que ya no es un pontífice que habla desde trono, es un cambio que los sucesores deberán aceptar. Porque es un cambio que cuenta con el sentimiento y el favor popular.

–¿Esto quiere decir que lo que él está tratando de hacer por ejemplo en el banco vaticano o a nivel de los abusos sexuales o de la familia, sólo por dar algunos ejemplos, no es tan importantes en comparación con el nuevo lenguaje?

–Pienso que no son tan importantes porque la reforma de la curia, de lo IOR, de la disciplina del clero, son cosas que han hecho también otro papas. Cuando él fue elegido era un momento de conocida crisis en el gobierno del Vaticano y estaba claro que el papa que fuera elegido debería hacer una serie de reformas. Fue elegido Bergoglio, un latinoamericano corajudo como es él, precisamente porque el colegio cardenalicio quería las reformas. Benedicto XVI había empezado algunas de ellas como la del IOR o de como reaccionar ante la pedofilia. En consecuencia creo que lo específico de papa Bergoglio es el cambio en la figura papal. El hecho de bajar al nivel de la gente , de ponerse en directo contacto con ella, de hablar de modo libre, de ponerse en juego con espontaneidad y esto no habría sucedido fácilmente con otro papa.

–En estos últimos meses se ha desencadenado una batalla pública bastante agresiva de parte de sectores conservadores contra el papa Francisco. ¿Usted cree que se puede hablar de una Iglesia dividida?

–En mi opinión no se deben dejar de lado estas críticas. No se debe descuidar esta oposición pero tampoco se la debe agrandar. Hay que ver un poco la historia. Todos los papas han tenido opositores, sobre todo los papas reformadores. Un ejemplo es Pablo VI que fue muy criticado cuando hizo la reforma de la liturgia. Este Papa tiene más opositores porque está intentando llevar adelante más reformas que otros pontífices. Pero también porque él no trata de atenuar los contrastes. Y parece que hasta le gusta responder a las acusaciones y lo hace de manera sincera y muy libre e invita sus interlocutores a tener libertad de palabra. Y él mismo la practica. Los que se oponen a las reformas son testarudos, dice, y los que quieren volver atrás se equivocan. En mi opinión los contrastes son similares a los que han tenido otros papas solo que un poco más vivos.

–¿Cuál es su balance de estos cuatro años del papa Francisco al frente de la Iglesia?

–El papa Bergoglio ha comenzado muy bien una reforma del gobierno de la Iglesia constituyendo un grupo de cardenales de todo el mundo (conocido como el Grupo de los 8 o G8 Vaticano aunque ahora son nueve) para ayudarlo en el gobierno de la Iglesia. Y parece que lo están ayudando verdaderamente. Este es el primer resultado de estos cuatro años. Además ha reformado las instituciones para la nulidad del matrimonio y la pastoral matrimonial con su Exhortación Apostólica Amoris Laetitita (donde entre otras cosas se propone dar la comunión a los divorciados, cosa que desató muchas críticas de parte de algunos cardenales). Y esta es la segunda empresa que ha llevado adelante de manera eficaz. La tercera creo que es su capacidad, como ha demostrado repetidamente, de concretar actos nuevos en relación a la tradición papal como los distintos encuentros ecuménicos con el Patriarca ortodoxo ruso, con los luteranos, con el Patriarca ortodoxo griego, entre otros. Ha dado pasos importantes en el camino ecuménico que se creían todavía lejanos y difíciles de realizar. Estos tres puntos han sido, en mi opinión, los más importantes de estos cuatro años.

 

 

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Miércoles, 04 Enero 2017 06:57

2017, el año de Lutero

2017, el año de Lutero

Martín Lutero convocó a un debate teológico y, sin buscarlo, desató una ruptura de vastos alcances históricos. Desde distintas perspectivas y en diversos lugares este año será evaluada la lid de Lutero, ya que se cumplen cinco siglos del inicio de la Reforma protestante, de la cual el monje agustino fue pieza fundamental.


En 1502 el joven Lutero se matriculó para iniciar estudios de derecho en la Universidad de Erfurt. Tres años después y contra los deseos de su padre tomó la decisión de truncar la preparación de abogado para ingresar a un monasterio agustino; entonces tenía 22 años. Fue ordenado sacerdote en abril de 1507. Desde tal año y hasta 1517, Martín iría acrecentando su malestar con las autoridades de la Iglesia católica, institución que en la época construyó un bien armado sistema de venta de indulgencias.


Junto con otro monje agustino, Martín Lutero estuvo en Roma el año de 1511 para presentar ante las autoridades eclesiásticas una petición en nombre de la orden religiosa de la que era integrante. Al regresar a territorio alemán fue transferido a la casa de los agustinos en Wittenberg. En 1512 obtuvo el doctorado en teología e inició su carrera de profesor en la Universidad de Wittenberg, en sustitución de Johann Staupitz. Quien tuvo a su cargo tomarle el juramento a Lutero fue Andreas Karlstadt; Lutero se comprometió a no enseñar doctrinas condenadas por la Iglesia católica y ofensivas para los oídos píos.


Por tres años, de 1512 a 1515, Lutero enseñó el Salterio, libro del Antiguo Testamento formado por 150 salmos. En las clases expuso detenidamente cada renglón de los cánticos/poemas. Después hizo lo mismo con el escrito paulino Epístola a los Romanos. Esta sección del Nuevo Testamento causó en Lutero una comprensión distinta de lo que había entendido por fe, gracia y salvación. Años después, en 1545, escribió sobre el descubrimiento al que llegó tras leer una y otra vez una porción de la citada misiva: “Me había inflamado el deseo de entender bien un vocablo usado en la Epístola a los Romanos, capítulo primero, donde dice, ‘La justicia de Dios es revelada en el Evangelio’; porque hasta entonces yo la consideraba con terror. Esta palabra, ‘justicia de Dios’, yo la odiaba porque la costumbre y el uso que hacemos habitualmente todos los doctores me habían enseñado a entenderla filosóficamente [...] Finalmente, Dios se compadeció de mí. Mientras meditaba día y noche y examinaba la conexión de estas palabras: La justicia de Dios es revelada en el Evangelio como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe’, y comencé a entender que la justicia de Dios significa que la justicia que Dios otorga, y por medio de la cual el justo vive, se tiene por fe [...] Inmediatamente me sentí renacer, y pareció que se abrieron las puertas del paraíso”.


Junto con su descubrimiento, Lutero atestiguó la exacerbada venta de indulgencias –que, a decir de quienes las ofrecían, aseguraban a los compradores, o sus familiares, el perdón de las penas canónicas y reducir el tiempo que las almas debían permanecer en el Purgatorio– y decidió convocar a un debate teológico sobre la doctrina y práctica de lo que consideraba comercialización de la fe.


La noche del 31 de octubre de 1517, víspera del Día de Todos los Santos, Martín Lutero fijó en las puertas de la iglesia del Castillo de Wittenberg las 95 tesis contra las indulgencias. Sus propuestas las escribió en latín; fue la posterior traducción al alemán lo que posibilitó a más gente conocer las críticas de Lutero sobre un instrumento eclesiástico que ya muchos consideraban abusivo. También contribuyó a que las 95 tesis fueran conocidas más allá de Wittenberg y Alemania la acción del arzobispo Alberto de Mainz, quien las envió a Roma para ser analizadas. El papa León X quiso que Lutero compareciera en Roma, pero una ingeniosa maniobra de Federico el Sabio, príncipe protector del todavía monje agustino, logró que la reunión fuera en Núremberg y con el cardenal Tomás Gaetano, quien exigió a Lutero que se retractara.


Lutero no tardó en pasar de la crítica a la venta de indulgencias hacia poner en tela de juicio la piedra angular de la Iglesia católica romana y todo su clericalismo, la institución misma del papado. Tras infructuosos intentos de hacer que Lutero se desdijera de lo expuesto en las 95 tesis y varios escritos posteriores, el papa León X decretó el 15 de junio de 1520 la bula Exsurge Domine, cuyas líneas iniciales son las siguientes: Levántate, oh Señor, y juzga tu causa; una jabalí ha invadido tu viña.


León X dio 60 días a partir de que la bula le fuera entregada a Lutero para que éste admitiera públicamente sus errores doctrinales. El documento llegó a manos del disidente el 10 de octubre. Al cumplirse el plazo marcado por el papa, el 10 de diciembre, Martín Lutero quemó la bula en una plaza de Wittenberg. Ya no habría punto de retorno.


A Lutero se le ofreció una última oportunidad para que renegara de sus ideas. Fue en la Dieta Imperial de Worms, 17-18 de abril de 1521. A la cabeza de la Dieta estuvo el emperador Carlos V, entonces de 21 años. Martín defendió lo por él redactado y no abjuró de sus críticas al sistema católico romano. Carlos V entonces sostuvo que su enseñanza [de Lutero] conduce a la rebelión, división, guerra, asesinato, robo, incendio y a la ruina de la Cristiandad.


Hay varias y buenas obras acerca de Lutero y su lid. De ellas recomiendo un par tanto por su brevedad como por la magistral forma en que los autores exponen la biografía y contexto del personaje. De ambas proceden la mayoría de los datos de este artículo. Una está en inglés, y es de Scott H. Hendrix, Martin Luther, A Very Short Introduction (Oxford University Press, 2010); y Mario Miegge, Martín Lutero: La Reforma protestante y el nacimiento de las sociedades modernas (CLIE, 2106). Miegge sostiene, con justa razón, que el movimiento de Lutero al recurrir a la imprenta para difundir masivamente sus escritos y hacer uso de las lenguas vernáculas al traducir la Biblia logró que la reforma religiosa se convirtiera en una revolución cultural.

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Martes, 29 Noviembre 2016 06:40

Antes que creyente, coherente con su vida

Antes que creyente, coherente con su vida

En el camino del acercamiento entre Fidel y la Iglesia jugó un gran papel el cardenal Jaime Ortega. Cuba recibió la visita de tres papas. Francisco eligió La Habana como escenario para su acercamiento con la iglesia ortodoxa y para sentar las bases del deshielo entre la isla y EE.UU.


“Creo que Fidel murió feliz por la coherencia de su vida”, dijo el fraile dominico brasileño Frei Betto, reconocido teólogo de la liberación y amigo personal del fallecido líder de la revolución cubana. Según Betto, se trata de la muerte de “un amigo íntimo” y con él se fue “el último gran líder del siglo XX; el único que sobrevivió al éxito de su propia obra: la revolución cubana”.


Fidel y Betto forjaron, a tenor del diálogo y la reflexión conjunta, una sólida amistad, con claras consecuencias políticas reflejadas en la relación entre el líder cubano y el catolicismo, y que tuvo una de sus expresiones más significativas en el libro Fidel y la religión. Conversaciones con Frei Betto (1985), una entrevista de 23 horas realizada en tres tramos por el cura brasileño al dirigente cubano. El trabajo se plasmó luego en un volumen de 379 páginas (editado en 32 países y 23 idiomas).


Un año después, en 1986, Betto le regaló a Fidel una Biblia católica en español, en la que se podía leer la siguiente dedicatoria: “Al Comandante Fidel, en quien Dios cree y a quien ama”. En realidad se trataba de una devolución de gentilezas del fraile dominico hacia el propio Castro. Cuentan los testigos que una de las noches en las que estuvieron reunidos para realizar la entrevista que culminó en el libro, Fidel le obsequió a Betto un afiche utilizado en los primeros años de la revolución con una leyenda: “Aún no lo ha logrado, pero si alguien puede hacer de mí un creyente es Frei Betto. Fraternalmente: Fidel Castro”.


Con la entrevista y el posterior libro Fidel y Betto generaron un acontecimiento político-religioso-cultural que trascendió largamente las fronteras de Cuba y que, sin duda, estuvo encuadrado dentro de una estrategia mayor destinada a recomponer los puentes rotos entre el líder cubano y la Iglesia Católica, institución que había sido protagonista fundamental en su etapa formativa. Según el propio Betto “Fidel Castro es un hombre privilegiado por su formación cristiana, su opción marxista y la asimilación de la prédica martiana”.


No solo Fidel sino también su hermano Raúl han tenido vínculos cercanos con el cristianismo y con la Iglesia. “Pasé tantos años en colegios internos que asistí a misa por toda mi vida”, reconoció el propio Raúl Castro. “Fui alumno de los hermanos de La Salle y de los jesuitas. (...) No me quedé en la Iglesia, pero me quedé con los principios de Cristo. No renuncio a esos principios. Ellos me dan la esperanza de salvación, pues la Revolución los realiza en la medida en que despide a los ricos con las manos vacías y da pan a los hambrientos. Aquí todos se pueden salvar, pues no hay ricos y Cristo dice que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja”, dijo en la misma ocasión.


Sin embargo, más allá de estos acercamientos y coincidencias, sobre todo en los primeros años de la revolución el enfrentamiento entre el gobierno y la iglesia cubana fue frontal, en particular porque la revolución acusaba a la institución católica de conspirar contra el régimen ya declarado abiertamente comunista. Gran parte de la jerarquía católica actuó deliberadamente contra el gobierno, muchos sacerdotes y religiosos fueron expulsados, se cerraron colegios religiosos, se prohibieron las manifestaciones públicas de fe católica y la sola condición de católico era motivo suficiente para ser considerado contrarrevolucionario.


Si bien la constitución cubana de 1976 determinó la separación entre el Estado y la Iglesia, formalmente no existía ninguna restricción a la libertad religiosa. El propio Fidel en diálogo con Betto decía no estar de acuerdo con ningún tipo de discriminación. Pero admitía: “si me preguntan si existe cierta forma de discriminación sutil con los cristianos, te digo que sí, honestamente tengo que decirte que no es una cosa superada todavía por nosotros. No es intencionada, no es deliberada, no es programada”.


Hubo que esperar hasta la década de los noventa para que, al compás de una mayor apertura de Cuba al mundo de las relaciones internacionales y después de la caída de la Unión Soviética, también comenzaran a modificarse los lazos con la Iglesia Católica. En 1991 el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba admitió el ingreso a sus filas de todos aquellos que acepten sus estatutos y programa, con independencia de sus creencias religiosas, dejando atrás los enfrentamientos de los años iniciales de la revolución. En el camino del acercamiento jugó también un gran papel la relación personal y el diálogo entre Fidel y el entonces arzobispo de La Habana y luego cardenal Jaime Ortega quien apenas dejó su cargo en el 2016 después de 35 años.


“El dogma tan predilecto de los reaccionarios sobre la imposibilidad de entendimiento entre cristianos y comunistas se viene al suelo sobre el fundamento de una comprensión profunda de ambas doctrinas”, decía por entonces Fidel.
Resulta por demás significativo que Cuba sea el único país del mundo, junto con Brasil, que recibió la visita de tres papas católicos. El último de ellos, Jorge Bergoglio, eligió a Cuba como escenario para su acercamiento con la iglesia ortodoxa y para sentar las bases de la reaproximación entre el gobierno de la isla y Estados Unidos.


En 1998, el polaco Karol Wojtyla (Juan Pablo II), lanzaba desde La Habana un pedido: “Que Cuba se abra al mundo, que el mundo se abra a Cuba para que este pueblo pueda mirar al futuro con esperanza”. Según muchos analistas ese fue un paso sustancial en el comienzo de la ruptura del aislamiento de la revolución cubana. Antes de la llegada del Papa el gobierno de Fidel había permitido el ingreso de sesenta sacerdotes católicos a la isla, se restablecieron los permisos para realizar cultos al aire libre y el cardenal Ortega habló por la televisión oficial mientras el diario Granma publicaba un mensaje navideño de Juan Pablo II.


Benedicto XVI, estuvo en Cuba en el 2012, cuando Fidel ya estaba retirado y Raúl Castro ejercía la conducción del gobierno. Después de criticar el embargo de Estados Unidos y al despedirse de los cubanos Joseph Ratzinger pidió que “Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos”.


El último papa en pisar tierra cubana fue Francisco, en setiembre de 2015. Al llegar a Cuba y en directa alusión a la recomposición de la relaciones diplomáticas con Estados Unidos, el argentino dijo que “estamos siendo testigos de un acontecimiento que nos llena de esperanza: el proceso de normalización de las relaciones entre dos pueblos tras años de distanciamiento. Es un proceso, un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo”. Horas después Jorge Bergoglio y Fidel Castro tuvieron una entrevista privada. Pocos recordarían entonces que en muchos años antes, en la década de los setenta, Fidel había afirmado que “Cuba volverá a tener relaciones con Estados Unidos, cuando el presidente de Estados Unidos sea un negro y en Roma haya un papa argentino”.

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Evangélico, creacionista y antiabortista

Marcelo Crivella gobernará una ciudad en la que más del 20 por ciento de sus 6,3 millones de habitantes vive en favelas, con uno de los mayores índices de violencia del mundo y con graves deficiencias en servicios básicos como transporte, sanidad y educación.

 

Obispo evangélico, cantante de góspel, conservador y polémico por su concepción de la homosexualidad como una “conducta maligna” y sus críticas al resto de las religiones, Marcelo Bezerra Crivella, de 59 años, es el nuevo alcalde de Río de Janeiro.


El pastor se impuso ayer por una abultada ventaja al izquierdista Marcelo Freixo, profesor universitario y reconocido por su investigación sobre las milicias en el estado de Río de Janeiro, en la segunda vuelta de las elecciones municipales.


Crivella, del Partido Republicano Brasileño(PRB), una suerte de brazo político de la Iglesia Universal del Reino de Dios, partía como favorito en las encuestas y se impuso por el 59 por ciento de votos con el respaldo del importante colectivo evangélico y de las clases populares. Senador por Río de Janeiro, intentó dos veces llegar al gobierno del estado –apoyado por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT)– y otras tres convertirse en alcalde de la capital fluminense. Entre 2012 y 2014, fue ministro de Pesca y Agricultura con el gobierno de la ex presidenta Dilma Rousseff, también del PT.


Ingeniero, escritor, obispo evangélico y cantante de góspel –con 14 discos en el mercado que han vendido más de 5 millones de copias–, Crivella es sobrino del obispo Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y propietario del canal de televisión Record, uno de los más importantes del país.


Durante la campaña, se desmarcò públicamente de la Iglesia Universal y se declarò obispo “licenciado” para frenar las críticas por los polémicos comentarios vinculados con su actividad religiosa. Por ejemplo, fue el recopilador de un libro sobre Macedo en el que su tío afirma que la Iglesia Católica es “la mayor plaga del Tercer Mundo” y que la mujer debe ocuparse de cuidar del hogar.


En un libro publicado en 1999 sobre su experiencia como misionero en varios países africanos, el nuevo alcalde de Río afirmaba que la homosexualidad es una “conducta maligna” y condenaba a otras religiones por considerarlas “diabólicas”. El entonces misionero sostenía que la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas “predican doctrinas demoníacas” y que otras religiones, como el hinduismo y las creencias africanas, albergan “espíritus inmundos”. La recuperación de estas manifestaciones durante la campaña le puso en apuros y Crivella tuvo que pedir disculpas y justificarse argumentando que cuando escribió el libro era un “inmaduro” –pese a que tenía 42 años–.


Casado y con tres hijos, es creacionista y contrario al aborto y fue investigado por sospechas de evasión fiscal en causas que terminaron cerrándose.


En la recta final de la campaña, se crispó con la prensa por airear que fue fichado por la policía tras desalojar a una familia de un terreno donde la Iglesia Universal iba a levantar un templo. Además, medios brasileños rescataron un video en el que reconoce que la congregación fundada por su tío está detrás de su proyecto político. En el video, admite que fue escogido por la Iglesia Universal para entrar en política y confía en que Brasil elija a un presidente evangélico para “llevar el evangelio a todas las naciones”. “Ya pasé por muchas cosas en esta vida, conozco los problemas de las personas y por eso me siento preparado para ser alcalde de Río”, afirmaba en la presentación de la candidatura en su página oficial.
Ahora, Marcelo Crivella tendrá oportunidad de demostrar si efectivamente está preparado para gobernar una “Cidade Maravilhosa” donde más del 20 por ciento de sus 6,3 millones de habitantes vive en favelas, con uno de los mayores índices de violencia del mundo y graves deficiencias en servicios básicos, como transporte, sanidad o educación.

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Viernes, 30 Septiembre 2016 05:58

Canonizar y atontar

Canonizar y atontar


Una cosa es ser crítico, pero otra es ser crítico y a la vez estar decepcionado con la actuación del objeto de esta crítica. Un sentimiento peculiar y encontrado.

Ni siquiera los alemanes, que parecen tener un término separado para todo, inventaron una palabra que serviría aquí. Inventaron schadenfreude (placer causado por las desventuras ajenas), pero no es lo mismo.

Tomemos a Francisco y la canonización de la monja albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997) a.k.a. Madre Teresa de Calcuta (4/9/16). No es la primera vez que el Papa proclama santo a un personaje "controvertido" –ver Juan Pablo II o Junípero Serra–, pero es la primera vez que algo le falla tan estrepitosamente en el estilo de hacerlo. Si antes muchas de estas operaciones –aunque es curioso que, para ser un "progresista", Francisco canoniza y beatifica un número sospechosamente grande de gente de "ultraderecha eclesiástica-política"– parecían bastante "finas" –ver la "doble canonización" de Juan XXIII y Juan Pablo II (27/4/14), con que pretendía "disciplinar" y "conciliar" diferentes alas de la Iglesia–, la canonización de la Madre Teresa y su narrativa correspondiente carecían de esta "finura"; parecían más bien "un trabajo con el hacha" y tornaban todo en un acto lleno de manipulaciones y medias verdades (por no decir mentiras).

La Madre Teresa siempre fue un personaje divisivo: venerada acríticamente y a la vez fuertemente cuestionada. Aroup Chatterjee, un médico de Calcuta que trabajó en una de sus "clínicas" (Madre Teresa: el veredicto final, 2002, pp. 415) y Christopher Hitchens (La posición del misionero: la Madre Teresa en teoría y práctica, 1995, pp. 128) la acusan, entre otras cosas, de:

• Llevar "moritorios", no sanatorios, donde los pobres entraban sólo para ser convertidos, no curados.

• Infligir de manera dogmática el sufrimiento, glorificándolo en vez alivianarlo.

• Falta de transparencia y gestión adecuada de sus cuantiosos recursos.

• Ser agente de un papado reaccionario (JP II) y su agenda contra el aborto ("civilización de la muerte"), el comunismo/izquierda y la Teología de la Liberación.

• Servir de "proyecto bandera" de la derecha para promover la falacia de que es posible abatir la pobreza "desde la caridad" (y no desde lo estructural).

• Ser amiga de dictadores (los Duvalier en Haití, régimen post-hoxhista en Albania) y "criminales de cuello blanco" (Ch. Keating), de quienes recibía dinero a cambio de apoyo.

• Ser cómplice de poderes seculares (R. Reagan, M. Thatcher, la familia real británica, H. Clinton en sus tiempos de primera dama), ayudándolos a lavar su imagen, conciencia, dinero y mantener la supremacía de clases dominantes y el statu quo imperial y colonial.

• Ser "negacionista" de masacres (Guatemala, con sus “inexistentes ‘aldeas modelo’”; Líbano, con sus "inocentes" de masacrar a palestinos falangistas católicos-maronitas; India, con su "inocente" fábrica química en Bhopal, cuya explosión mató a 2 mil 500 personas, más unas 20 mil que murieron después y 600 mil que fueron afectadas en su salud).

Claramente, nada de esto impidió al papa Francisco destacar su "misión en las periferias de las ciudades" y pedir que "sea modelo de santidad" (Página/12, 5/9/16).

Pero eso no es lo peor (cada uno puede armar modelos a su antojo, o buscarlos a su semejanza). Lo peor es esto: según Francisco, la Madre Teresa "hizo sentir su voz ante los poderosos de la Tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos" (El País, 4/9/16).

Whaaat???!!! En un principio no sabía qué decir, pero luego, cuando –después de un cierto escándalo– las categorías de "estupidez" (Jesús Silva-Herzog Márquez) e "imbecilidad" (Javier Sicilia) entraron con vigor al mainstream del análisis político, me dieron ganas de decir esto y lo digo: lo dicho por el Papa es lo más "estúpido" que hemos escuchado de él hasta ahora (Ipse dixit).

Si algo se puede decir de la Madre Teresa es que fue ¡exactamente al revés!: su voz y su "misión" eran constantemente "alquiladas" e instrumentalizadas por "los poderosos de la Tierra" para sus propios fines. Si había en ella alguna consistencia, era la consistencia con que apoyó los intereses de los de arriba contra los intereses de los desposeídos.

Vijay Prashad, historiador nacido en Calcuta: "Su trabajo era parte de una empresa global para aliviar el sentido burgués de culpa, no un desafío real a fuerzas que producen y mantienen la pobreza". (Australian Marxist Review, no. 40, 8/98).

Por si fuera poco, Francisco –un personaje por otra parte muy inteligente y astuto– no sólo dijo una "estupidez" (algo absurdo que no tiene sustento en la realidad), sino también nos tomó a todos por tontos (¡sic!), asumiendo tal vez que en medio de una generalizada franciscomanía "tragaríamos todo".

A menudo, pensando en "cualidades manipuladoras" de la religión hablamos del "opio del pueblo" (Marx). Temo que ni con esto alcanza: aquí Francisco "se fue hasta el final", reduciéndola al nivel del "atole con el dedo", y el acto de canonización a una burda herramienta de manipular y atontar. Todo esto es de mayor significancia para la política: aquí no solo habla "el Papa", sino también "el político progresista" que –según algunos– "lidera la lucha contra la pobreza, la desigualdad e incluso el capitalismo mismo".

Así que –para asegurarme– quisiera preguntar: ¿a quién exactamente la Madre Teresa "forzó a reconocer su culpa por la pobreza"? ¿A su amigo Duvalier (que huyó a la Costa Azul francesa con maletas llenas de billetes, dejando el país saqueado)? ¿A su amigo Reagan (a quien bendecía cuando él diseminaba por el mundo el neoliberalismo a.k.a. "la doctrina de los ricos" y mientras sus marionetas masacraban a pobres y a católicos-revolucionaros en Centroamérica)? ¿A Thatcher? ¿A la princesa Diana y al príncipe Carlos (cuyo divorcio "avaló", mientras al pueblo de Irlanda le urgía que votara para mantener su prohibición en un referendo)? ¿Tal vez a Keating (que estafó a cientos de personas y a quien defendía ante el fiscal sin devolver siquiera un centavo de lo que recibió de él)? ¿O a los ejecutivos de la trasnacional Union Carbide (cuya codicia explotó en Bhopal y a quienes "absolvió" diciendo a las víctimas que "perdonen", en vez de buscar justicia)? Todo eso y más quisiera preguntar, pero estoy tan decepcionado que ya no me da para hacerlo.

 

Maciek Wisniewski, periodista polaco

Twitter: @periodistapl

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Martes, 27 Septiembre 2016 08:25

Iglesia católica: indignación

Iglesia católica: indignación

La Conferencia Episcopal Colombiana ha dicho que “de ninguna manera la Iglesia induce a los colombianos a votar por el Sí o por el No”, justo cuando sus prédicas siempre han girado en torno a la reconciliación, el perdón y la bienaventuranza.

Esta proclama neutral contradice el papel que ha jugado la Iglesia Católica en Colombia, quién siempre ha sido un actor clave en todos los momentos en donde se ha discutido temas de conflicto, derechos humanos, Paz, liberación de secuestrados, etc. Sorprende que ahora, cuando está más cerca que nunca la posibilidad de superar un estadio de confrontación armada, la Iglesia esconda sus buenos oficios y siembre con ello un manto de duda en una sociedad que hace rato perdió su rumbo y que necesita urgentemente enderezarlo.

Ahora más que nunca es que se necesitan sus buenos oficios y bastaría con orientar a sus feligreses hacia el reconocimiento del Acuerdo de La Habana. La tarea no es difícil, todos sus creyentes confían ciegamente en sus prédicas y en ustedes propiamente, hasta el punto que todavía se confiesan. Bajo este reconocimiento y suponiendo que la Conferencia Episcopal ya leyó el Acuerdo ¿por qué dudan? ¿qué no les queda claro allí? Expongan sus inconformidades antes todos, no siembre más temor y miedos que algunos en el país ya estamos cansados de esa oscuridad y de esas tinieblas que nos han impedido ver nuevas luces. Convendría mejor que predicaran los beneficios de superar el conflicto y de aceptar un Acuerdo que si bien no es perfecto, sí es el mejor acuerdo que se ha podido firmar para superar una situación compleja y longeva que atormenta, intimida y mata.

No permitan que su postura atente contra un trabajo que han cumplido en otras ocasiones con seriedad y vocación de servicio misional. No permitan que su supuesta neutralidad mine un camino de confianza ganado entre algunos de sus seguidores.

Su postura me parece contradictoria, desde hace algún tiempo veo que están ponderando diversos hechos bajo extraños criterios inteligibles, pues les atentan contra imágenes sagradas y callan (Paloma Valencia y su emblemático cuadro artístico), cuando estoy seguro de que, si esto hubiese ocurrido con alguien de otra orilla política, no dudarían en condenarlo públicamente.

Lean los acuerdos ustedes por sus feligreses para que luego les puedan contar lo que allí se dice. Así les podrían decir que el paraíso posiblemente se recreará con todos aquellos programas y planes que se piensan implementar para el desarrollo rural, por ejemplo; y que ello contribuiría sinceramente a la superación de una deuda eterna en este tema y en la reducción de la pobreza, otro asunto que a ustedes también les interesa...o al menos, eso es lo que nos han dicho en todos estos años de evangelización.

 

*Economista y Profesor U. de Medellín, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lunes, 26 Septiembre 2016 14:05

“Esto es profundamente inhumano”

“Esto es profundamente inhumano”
La Parroquia del Voto Nacional es sin lugar a dudas testigo excepcional de la compleja dinámica social que tiene lugar en los alrededores de la calle del Bronx. Darío Echeverri (D.E.), representante de la Iglesia para los temas de paz y reconciliación, relata en esta entrevista algunas de sus experiencias como párroco de este conmocionado barrio, El Voto Nacional.

 

Reside en la parroquia del Voto Nacional desde hace aproximadamente 10 años, desde su ventana presenció mil atracos, asesinatos, varias violaciones, riñas, el paso de las carretas, los ires y venires de gamines, ñeros, “desechables” y “habitantes de calle”. Incluso, en una ocasión escuchó desde su ventana, a eso de las dos de la mañana, el lamento de un grupo de jóvenes y jovencitas víctimas de violación.

 

Afirma que después de todas estas experiencias se siente feliz por la intervención en El Bronx, porque por primera vez en diez años ha logrado dormir tranquilo, aunque le inquieta un poco la suerte de quienes llama “mi gente”, los “habitantes de calle”, los mismos que el día del operativo le pidieron que los defendiera: “Usted es el defensor. Usted es el representante de la Iglesia en las negociaciones con las Farc, ¿por qué no nos defiende a nosotros?

 
P. ¿Cómo llegamos a tener nuestro propio Bronx? Los desaciertos de las administraciones Garzón, Moreno, Petro


R. Darío Echeverri, señaló enfáticamente que bajo la alcaldía de Lucho Garzón, la fase final de intervención de lo que fue El Cartucho se “prostituyó”. En el mes de septiembre de 2004, cerca de 80 indigentes se toman la iglesia en protesta por el desalojo del que habían sido objeto en El Cartucho y por las promesas incumplidas frente al tema de la reubicación, que finalmente quedan en veremos, convertidas en un “córrase para allasito”. En la alcaldía de Moreno no se hizo nada y Petro les prometió el “oro y el moro” pero en realidad, los indigentes terminaron siendo utilizados tanto por la policía como por la administración, en medio de las relaciones tirantes que hubo entre la Policía y el Alcalde.

 
P. ¿Para dónde va esto?


R. Su respuesta es tajante. Hacia un desarrollo urbanístico y comercial del sector, y en ese sentido van a llegar hasta donde sea necesario. “A ustedes les van a comprar, les van a quitar, pero ese desarrollo va para adelante. El comercio informal, de repuestos sale”, les indicó Peñalosa a los comerciantes del sector de La Estanzuela, luego de mantener con ellos dos reuniones el pasado 3 y 11 de marzo de 2016. “Lo que menos importa son los habitantes de calle, los indigentes. Eso no importa, son un obstáculo y hay que espantarlos”, comentó Echeverri, interpretando las acciones de la administración Peñalosa.

 
P. Barreras infranqueables. Desplazamiento, exclusión y limpieza social


R. Frente a este tema el prelado comento cómo los “habitantes de calle” se han enfrentado en su deambular con barreras infranqueables, que tal vez para los ciudadanos del común y corriente no son evidentes, aquellas que los servicios de seguridad de los centros comerciales de San Andresito de San José les han impuesto desde tiempo atrás. “El comercio, los grandes capitales que por allí se mueven, no siempre muy limpios, no permiten la presencia de los indigentes”.


“Ahora la cosa es muy cruel porque al caer la tarde, el sector lo van acordonando”. Hay vallas de la policía que les impide pasar más allá de la Avenida Caracas y la Carrera 20 y entre las calles 13 y Sexta. “[email protected] se quedan flotando, casi como diciendo, y entonces ¿dónde podemos estar?

 

“Algunos se fueron para San Bernardo, otros se ubicaron en la sexta con carrera 30, ellos están buscando dónde poder estar [...] A veces les digo: camine lo llevo a Bacata, camine lo acompaño”, y ellos me dicen: “no padre, yo vivo hace años tirado en la calle, eso es una cárcel y a mí me gusta estar libre”. “La droga es para ellos sólo un elemento más de toda una forma de vida y eso no se ha considerado, no se ha estudiado, porque el indigente, el ‘desechable’ no importa [...] Mucha gente de esa fue convertida en ‘desechable’, no sirve para nada, estorba, es para que los voten. Y eso es muy cruel, cuando uno lo ve por espacio de diez años y sigue, sigue, sigue. Esto es profundamente inhumano”

 

P. ¿Cómo sociedad somos permisivos frente al tema de limpieza social?


R. D.E: “Yo no hablo de la sociedad, hablo de mi familia. Mi familia piensa que Bogotá llega hasta la 26, salvo la Séptima y la Candelaria. De la 26 hacia el sur, eso es una ciudad que el norte no quiere conocer” [...] A la gente de la 93, por ejemplo, el conflicto armado, el conflicto minero en el país, no les importa”

 

Pero miremos a los comerciantes del sector. Ellos están muy molestos porque las noticias de prensa han llevado a la caída de sus ventas. ¿Qué dicen?” Antes estaban concentrados y sí, algunos salían pero no pasaba nada porque los tenían intimidados y respetaban el comercio. Esa es la actitud de la gente, “no importaba lo que allá pasara con tal de que lo que allá pasaba no repercutiera en ellos. No les importó nunca ver cómo todos los viernes en la tarde, grupos de muchachos y muchachas entraban al Bronx. El tema humano nunca importó a los comerciantes ni a nadie mientras estuviera contenido en unas pocas calles. Y si miramos más al sur, encontramos el Batallón y a ellos tampoco les importó nunca nada. Acá vi matar una persona, ví atracar mucha gente, y ellos impasibles.

 

P. Una ciudad que se “desarrolla” a costa de tantas vidas humanas


Darío Echeverri (D.E.) insistió en hablar de exclusiones sociales. Las que tienen lugar en el imaginario colectivo, las que se expresan en las omisiones de los gobernantes, las que se hacen evidentes en las vallas de la policía, las que se dibujan en las fronteras invisibles de los grandes capitales. Frente al tema de “limpieza social” su respuesta fue un tanto elusiva.

 

D.E: “Yo me abstendría de denotar lo que en otros momentos sí ha pasado. Ha habido momentos de “limpieza social”, mi gente que se metía al San Andresito y al otro día aparecen muertos. En este momento yo quisiera ser como prudente. Hablaría de un fenómeno de arrinconamiento, de exclusión, ‘un absurdo córrase para allá’”.

 

Y alrededor de lo que fue el Bronx, mucha pobreza

 

P. ¿Qué aporte hace la Iglesia a la solución de este estado de cosas?


D.E: Lo que tratamos de hacer es acompañar procesos. Es decir, más allá del sayayin, más allá del delincuente, más allá de las políticas gubernamentales, tratamos de poner en el centro la gentecita. La gente se imagina que el antiguo Bronx era la L, pero en torno al Bronx hay casas y en una casa pueden vivir hasta siete familias que comparten un servicio de baño. Allí hay muchas violencias ocultas, mucho dolor. La Iglesia trata de acompañar la creación de microempresas, que son emprendimientos que fracasan una y otra vez por la conflictividad natural que hay entre ellas.

 

El complique de la mirada humanitaria
 
P. En este momento es muy complejo adelantar una solución desde la mirada humanitaria, por los actores que hay detrás de los “habitantes de calle”. Se entiende que están intentando hacerse con un territorio, expandir el mercado, conseguir más consumidores, ¿Qué opinión le merece esta interpretación?


D.E.: Sí, la mirada humanitaria es ingenua. Los sayayines están intentando arrendar casas en la zona, no importa el precio, para poder darle continuidad a la venta de drogas, arrendar piezas y seguir con otros negocios. Sin embargo, entiendo que por encima de los juegos políticos y de intereses, a mí como sacerdote me debe interesar el dolor de la gente. Yo tengo que plantarme en la ingenuidad de esa mirada.

 

“El Sayayin, el Alcalde, los comerciantes, la sociedad, los están destruyendo y son tan cuestionables tanto los uno como los otros”. “En la presentación del fenómeno del Bronx se ha hecho mucho énfasis en la figura del sayayin, pero no en la vida de los “habitantes de calle” que son manejados por los sayas y otros personajes, en eso no se han fijado. [...] los medios masivos de comunicación le han hecho el juego a algo que es muy cruel y que coadyuva a la exclusión y la “limpieza social”.

Publicado enEdición Nº228