Sábado, 24 Septiembre 2016 06:51

Qué tipo de familia quieren

Qué tipo de familia quieren

El 2 de octubre los colombianos votarán por sí o por no a los acuerdos de paz de La Habana. Paralelamente, sectores organizados de la vida política y de la sociedad quieren convocar a los ciudadanos, por medio de otro referendo, para que establezcan cuál ha de ser la “familia colombiana”.


Los días 24 y 31 de agosto cerca de cien ciudadanos se acercaron al Senado para expresar su posición sobre la adopción por parejas homosexuales. Las audiencias públicas tuvieron lugar frente a la decena de senadores miembros de la comisión primera, que deben decidir si le dan paso o no a esta iniciativa.


La solicitud de abrir este debate fue hecha por la senadora Viviane Morales, liberal y cristiana. Ella es una figura pública y miembro de la poderosa Iglesia Casa sobre la Roca, que dirige un antiguo e influyente periodista anticomunista. En los años noventa Viviane Morales había logrado hacer adoptar por el Congreso la ley de libertad de cultos, que permite desarrollarse a las iglesias diferentes a la Católica. Hoy en día estas iglesias (pentecostales, cristianas, evangélicas) son una de las fuerzas mejor organizadas del país. En el Congreso tienen más diputados que la izquierda.


Viviane Morales llevó a cabo su campaña actual con la ayuda de su marido, Carlos A Lucio, un ex guerrillero del M 19, antiguo compañero de clase en el Liceo Francés de Bogotá de Ingrid Betancourt (en los ochenta había hablado de secuestrar a los niños de su ex colegio), que por los vaivenes de la política colombiana se convirtió en asesor de los paramilitares y, más recientemente, en ferviente evangélico.


Luego de las decisiones recientes de la Corte Constitucional de permitir a las parejas homosexuales casarse y adoptar, Viviane Morales inició una recolección de firmas contra la adopción de niños por estas parejas. Las más de 2 millones de firmas recogidas le permiten pedir que se haga un referendo sobre el tema.


Colombia es laica desde 1991, pero el nombre del dios de los cristianos figura en el preámbulo de la Constitución; muchísimas escuelas son administradas por órdenes religiosas; hay crucifijos en muchos edificios públicos, incluso en las altas cortes; por último, en este país donde las costumbres han cambiado mucho, es sin embargo difícil decirse ateo.
En las audiencias de agosto los ciudadanos fueron al Congreso para presentar sus argumentos. El “interés de los niños” fue invocado de manera sistemática, especialmente por quienes se oponían a esta adopción. Siguiendo la argumentación de la senadora, la decisión de la Corte considera la adopción como un derecho de las parejas homosexuales, en vez de tomar en cuenta el interés de los menores.


Su proyecto de ley busca una familia colombiana ideal para adoptar a los niños. Según el grupo que la respalda, esto se garantiza con un hombre y una mujer. Este criterio sería determinante para asegurar la calidad de la educación de los niños. El argumento es curioso, especialmente en un país donde los menores han padecido enormes violencias: según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, entre 2008 y 2016 cerca de 250 mil niños sufrieron agresiones, violencias, violaciones, maltrato y abandono. La mayoría de estas violencias fue ejercida por el entorno cercano de los menores: su familia heterosexual “normal”.


Pero los 32 senadores pertenecientes a todos los partidos (salvo el Polo Democrático Alternativo, de izquierda) que han anunciado su respaldo a Viviane Morales no parecen preocupados por este tipo de preguntas. Por lo demás, las violencias contra los niños son pocas veces discutidas en el espacio público. En cambio, el “interés de los niños” despierta fantasmas increíbles sobre los homosexuales.


NO SE PUEDE.


Las lesbianas y los gays serían fundamentalmente inaptos para educar a los niños. Apoyándose en un informe financiado por organizaciones ultra conservadoras de Estados Unidos –un estudio que ha sido ampliamente criticado por académicos y médicos1–, el proyecto de ley del referendo sostiene que, en comparación con niños de otras parejas, “los hijos de parejas homosexuales tienen tasas más altas de de-sempleo; votan menos; son menos buenos en la escuela; han sufrido agresiones sexuales por sus padres o por otros adultos; han sido forzados a tener relaciones sexuales; tienen una mala percepción de su familia; consumen más marihuana y tabaco; han tenido más problemas con la ley; cuando son mujeres, han tenido un mayor número de compañeros sexuales”.


¿Cómo se articulan las posiciones frente a este tipo de razonamiento? Estuve presente en las audiencias y pude observar ciertos aspectos que resultan reveladores del proceso colombiano. Así, resulta interesante anotar que la mayoría de los ciudadanos presentes eran juristas (abogados, estudiantes de derecho...).


A menudo en Colombia este tipo de temas, que repercuten en el conjunto de la sociedad, se abordan desde el punto de vista legal. Pero las leyes nacionales son un laberinto, con lo que inscribirse estrictamente en este campo puede dar lugar a debates interminables. Así, mientras para algunos el contenido del referendo respeta el orden constitucional, ya que la Carta define a la familia colombiana, “núcleo fundamental de la sociedad”, como estando formada por un hombre y una mujer, para otros viola los tratados internacionales y la Constitución, pues los derechos de las minorías deben ser respetados. En la misma lectura estrictamente jurídica, algunos se interrogaban no sobre el contenido del referendo sino sobre la posibilidad de someter esta pregunta a la decisión del pueblo colombiano.


Un segundo aspecto interesante fue observar que las personas más favorables a la adopción fueron académicos, sobre todo provenientes de las facultades de Bogotá, madres solas con hijos a su cargo, y por último algunos militantes de los derechos Lgbt. Las madres solteras asistieron al debate porque el proyecto de ley considera que la única familia idónea para educar a un niño es la que está constituida por un hombre y una mujer. Estas madres recordaron al auditorio que tan sólo una tercera parte de los hogares en Colombia funciona así. Algunas hablaron como madres que se volvieron cabeza de hogar después de la partida del cónyuge (un caso frecuente en este país); otras, como madres por decisión (por inseminación). Si se aprobara el proyecto de ley, la adopción por una persona sola sería imposible.


Una fracción de los expositores provenía de los grupos Lgbt. Un hombre gay y cristiano, una madre lesbiana, y jóvenes que han crecido con padres homosexuales dieron sus testimonios. Sus argumentos mostraban la normalidad de sus vidas. Refirieron el no abuso por sus padres o los amigos de ellos, su excelencia académica e incluso su falta total de interés por las drogas o el alcohol.


Este proyecto debe ahora transitar por el Congreso y por la Corte Constitucional. Grosero en su concepción, es muy posible que no prospere. Sin embargo, los movimientos cristianos no darán su brazo a torcer. Varias batallas se avecinan, y prueba de ello son las grandes manifestaciones a que ha dado lugar la promulgación de manuales escolares con un enfoque de igualdad de género.


En suma, están llegando nuevos temas a la escena política y pública, como son estos relativos a la “cuestión” Lgbt, un tema más asociado a los derechos individuales, al tipo de vida urbano antes que al rural, y en consonancia con debates de la modernidad que también se dan en muchos otros países. Queda sin duda mucho camino para ampliar la democracia en esta nueva etapa colombiana del “posconflicto”.

 

Por Olga L González, socióloga.


Véase https://en.wikipedia.org/wiki/New_Family_Structures_Study . Para las críticas véanse Ryan Jaslow (12-VI-12): “Kids of gay pa-rents fare worse, study finds, but research draws fire from experts”, en Cbs News, recuperado el 21-X-14; “Letter to the Editors and Advisory Editors of Social Science Research” (Pdf), julio de 2012; “Amicus Brief in Golinski versus Office of Personnel Management”, pág 23 (Pdf); John Becker (28-II-13): “In Supreme Court Brief, American Sociological Association Obliterates Claim That Same-Sex Couples Are Inferior Parents”, en el Huffington Post.

 

Documento relacionado:

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

 

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Foro: ¿Es la familia el núcledo de la sociedad? Cápsula interactiva (entrevistas)

 

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Viernes, 09 Septiembre 2016 08:12

El infierno en la tierra

El infierno en la tierra

“Hay algo hermoso en ver a los pobres aceptar su suerte, el mundo gana mucho con su sufrimiento”, solía repetir la madre Teresa de Calcuta, canonizada esta semana por el papa Francisco. La religiosa albanesa, considerada como símbolo por antonomasia del buenismo católico, era en realidad una ferviente militante ultraconservadora, amiga de dictadores y estafadores, y fundadora y gestora de horrorosos antros.

 

Nacida en Albania en 1910, Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida luego como “madre Teresa”, desembarcó en Calcuta apenas adolescente, en 1929. Llegaba como misionera para predicar la fe católica en tierra hinduista, y alrededor de veinte años después comenzaría a edificar una historia que a ella la llevaría a la santidad y a la ciudad india, capital del imperio británico por casi siglo y medio y “faro cultural” de la región, a ser vista como la representación por excelencia de la miseria humana: Calcuta se convertiría en la plataforma de lanzamiento de quien sería conocida, entre otros varios nombres con olor a incienso, como “la santa de las alcantarillas”, y en punto de partida de una construcción intelectual llamada madre Teresa.


Al médico indio, calcutense él, Aroup Chatterjee la historia de la madre Teresa nunca le cerró demasiado. Se decía en su ciudad que las Misioneras de la Caridad, la orden fundada por la monja de velo blanco con vivos azules, “trabajaban” en los barrios pobres y ayudaban a sus habitantes a salir de la miseria, pero él, que sí pasaba la mayor parte de su tiempo en esas zonas, nunca había visto en ellas a alguna de las hermanas. Se decía también que los hospicios fundados por la orden eran un modelo de asistencia y caridad, pero lo que él sabía, por dichos de médicos que no encontraban demasiada difusión en los medios, pero que trascendían en el ambiente, era que no pasaban de ser simples y muy terrenales morideros en los que pobres de toda pobreza iban simplemente a pasar sus últimas horas y eran dejados, literalmente, a la buena de Dios. A Chatterjee le molestaba además, y mucho, que gracias a la madre Teresa su ciudad fuera vista casi que como equivalente a un “hoyo negro”.

Años después, el médico, ya instalado en Londres, diría en una conferencia de presentación de su libro sobre la obra de la monja Agnes: “En los países occidentales basta hablar de Calcuta para que a la gente le vengan de inmediato imágenes de leprosos, de mendigos, de miserables tirados en las calles. Yo recuerdo a Calcuta también como cosmopolita y viva, una ciudad con enormes contradicciones sociales, como todas las del tercer mundo, con sus legiones de pobres, pero también con su enorme producción cultural. Madre Teresa nos hizo mucho mal”.


Esa era, sin embargo, tal vez la menor de las críticas de Chatterjee a la hoy canonizada religiosa. Cuando todavía vivía en su país, y mientras estudiaba medicina y militaba en un partido de izquierda, Chatterjee acabó por conocer por dentro uno de los tantos hospicios para pobres que Teresa desparramó por el mundo a lo largo de su vida. Lo que vio lo horrorizó tanto que se prometió denunciarlo. En 1994, el médico, que ya estaba radicado en Inglaterra, decidió contactar a Bandung Productions, una productora audiovisual dirigida por el escritor y cineasta paquistaní Tariq Ali. La idea era trabajar en un documental en el que se contara “la historia oculta” de Teresa de Calcuta. El canal 4 de la televisión británica se interesó en el tema y el resultado fue El ángel del infierno (Hell’s Angel: Madre Teresa), un documental presentado por el escritor y periodista Christopher Hitchens ampliamente basado en las investigaciones de Chatterjee.


Un año después, Hitchens reincidiría con su libro La posición del misionero: Madre Teresa en la teoría y en la práctica (The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice), y Chatterjee comenzaría a recorrer el mundo para recabar testimonios sobre los famosos hospicios fundados por la orden de las Misioneras de la Caridad. El médico calcutense entrevistó a más de un centenar de colegas, integrantes de organizaciones sociales y monjas y voluntarios que trabajaron para la congregación, y reunió todo en su libro Madre Teresa, el veredicto final, publicado en 2003 en Londres y reeditado en marzo pasado por la editorial Fingerprint Publishing. “En su momento el libro fue un best seller, pero creo que no logró horadar el prestigio de Teresa entre los católicos. La iglesia hizo todo por silenciarlo. Hay que recordar que Teresa contaba con los favores del papa de entonces, Juan Pablo II, con quien compartía una visión del mundo y en particular una furibunda militancia contra corrientes heterodoxas, como la teología de la liberación y su cruzada contra el aborto, la homosexualidad y otras ‘desviaciones’. Teresa contaba, además, con gigantescas financiaciones para difundir su obra y su imagen”, dijo hacia fines de la década pasada el médico indio.


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Los hospicios de las Misioneras de la Caridad, tanto en Calcuta como en el resto del mundo, eran en realidad –son– “casas de la muerte donde reina una cultura del sufrimiento y la resignación” consecuentemente difundida a través de una multitud de prácticas y de signos, desde la pésima atención médica brindada hasta la manera en que se informa en un pizarrón de la “partida al cielo” de los “muertos del día”, señaló Chatterjee. A quienes llegan a paladas a esos morideros, a veces en estado terminal, a veces con simples enfermedades “de la pobreza” perfectamente curables con tratamientos adecuados (tuberculosis, disentería), se les suministra únicamente aspirinas, se les niega antibióticos, incluso el traslado a hospitales, se los hacina en amplios espacios colectivos en los que “se contagian en cadena”, contrayendo enfermedades por las que terminan, por lo general, muriendo. “Madre Teresa autorizó personalmente la reutilización, una y otra vez, de agujas hipodérmicas y era habitual que en los hospicios las sábanas repletas de heces de los enfermos se lavaran en la cocina, junto a los inmundos platos en que se les servía la comida, y que los internados debieran defecar uno al lado del otro debido a la ausencia de baños”, testimonió Chatterjee. Y en los orfanatos de la congregación no era extraño –más bien era común– que a los niños los ataran a las camas y les enseñaran a aceptar castigos físicos para “aprender a obedecer ‘los designios del Señor’”.


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En los años noventa el escritor y periodista argentino Martín Caparrós visitó uno de los morideros de las Misioneras de la Caridad en Calcuta. Estaba preparando un libro de viajes por India y lo que vio en ese hospicio, el primero fundado por la hoy santa, ya cerrado, lo resumió en un artículo que tituló “Por qué detesto a la madre Teresa de Calcuta”. La nota comienza así: “Algo me molestó desde el principio. Llegué al moritorio de la madre Teresa de Calcuta, en Calcuta, sin mayores prejuicios, dispuesto a ver cómo era eso, pero algo me molestó. Primero fue, supongo, un cartel que decía ‘Hoy me voy al cielo’ y, al lado, en un pizarrón, las cifras del día: ‘Pacientes: hombres: 49, mujeres: 41. Ingresados: 4. Muertos: 2’. En el pizarrón no existía el rubro ‘Egresos’. En el moritorio de la madre Teresa, su primer emprendimiento, la base de todo su desarrollo posterior, no hay espacio para curaciones”. Caparrós no describe escenas de hacinamiento mugroso. Sí un escenario cuidadosamente preparado para que los pobres recogidos de las calles por los voluntarios de la orden llegaran a la muerte tranquilos y limpitos, aceptándola: “En el moritorio de Calcuta, la sala de los hombres tiene 15 metros de largo por diez de ancho. Las paredes están pintadas de blanco y hay carteles con rezos, vírgenes en estantes, crucifijos y una foto de la señorita también llamada madre con el papa Wojtyla. ‘Hagamos que la iglesia esté presente en el mundo de hoy’, dice la leyenda. En la sala hay dos tarimas de material con mosaicos baratos, que ocupan los dos lados largos: sobre cada tarima, 15 catres; en el suelo, entre ambas, otros 20. Los catres tienen colchonetas celestes, de plástico celeste, y una almohada de tela azul oscuro; no tienen sábanas. Sobre cada catre, un cuerpo flaco espera que le llegue la muerte. El moritorio de la madre Teresa está al lado del templo de Khali y sirve para morirse más tranquilo, dentro de lo que cabe. La madre Teresa lo fundó en 1951, cuando un comerciante musulmán le vendió el caserón por muy poco dinero porque la admiraba y dijo que tenía que devolverle a dios un poco de lo que dios le había dado. Desde entonces, los voluntarios recogen en la calle moribundos y los traen a los catres celestes, los limpian y los disponen para una muerte arregladita”.


Un voluntario (“Richard, grande como dos roperos, rubio, media americana, maneras de cura párroco de Milwaukee”) le contó de todas maneras, como quien constata que era eso lo que debía suceder y no otra cosa, cómo un enfermo que había ingresado un mes antes con una fractura terminó muriendo por una infección no tratada.


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No por falta de fondos, precisamente. A diferencia del supuesto objeto de sus desvelos –“el pobre”–, la orden creada por la monja Agnes (que en 1963 agregó una rama masculina) nunca careció de dinero contante y sonante. Al contrario: lo acumuló en grandes, enormes cantidades. Una investigación realizada en 2013 por Serge Larrivée, Genevieve Chenard y Carole Sénéchal, de las universidades canadienses de Montreal y Ottawa y publicada en la revista bilingüe Studies in religión/Sciences religieuses, calcula en varios cientos de millones de dólares los fondos recibidos por la congregación a lo largo de los años. Se trata apenas de estimaciones, porque nunca la orden fue auditada y jamás sus cuentas fueron públicas. El trabajo, que maneja cientos de documentos, constata que no existe correspondencia alguna entre las reiteradas afirmaciones de Teresa de que consagraba lo esencial del dinero que le era donado a “atender las necesidades de los pobres que llegan a las casas de la orden” y la realidad de hospicios carentes de lo más básico. Dos tercios de esos miserables esperaban recibir atención médica y un tercio morir dignamente. Ni lo uno ni lo otro, se señaló en la investigación. “El fraude era total. Teniendo en cuenta la gestión parsimoniosa de las obras de caridad de la madre Teresa, uno puede preguntarse dónde fueron a parar los millones de dólares que supuestamente debían ir a los más pobres de los pobres”, apuntó Serge Larrivée.


En 1998, un año después de la muerte de la monja albanesa, el periodista alemán Walter Wullenweber logró publicar en la revista Stern un reportaje sobre el manejo del dinero por parte de la orden. Tuvo que lidiar durante meses con los editores de la revista, que temían juicios y una catarata de críticas por meterse y cuestionar a la bondad hecha persona. Lo que apareció fue una versión edulcorada de su nota original, pero aun así es fuerte. A partir de testimonios de ex colaboradores de las huestes de la santa de las alcantarillas y de diversas investigaciones, la nota sostiene que apenas 7 por ciento de los fondos recibidos por la orden fueron destinados a obras de caridad. Mucho de ese dinero fue a parar a la fundación de conventos. “Teresa se jactó de que fundó alrededor de 500 conventos en más de 100 países. Pero no fundó una sola clínica en Calcuta”, recordó Caparrós. Ni siquiera hablaba el bengalí, a pesar de que decía tener un “contacto cotidiano y directo” con los pobres y que enseñaba esa lengua a los niños de la calle, apuntó Chatterjee.


Entre los mayores donantes de las Misioneras de la Caridad (se dice que con cerca de un millón de dólares) figuró el dictador haitiano Jean Claude Duvalier, de quien Teresa recibió la Legión de Honor en 1981. Cuando le fue entregado el premio, la monja albanesa lo retribuyó saludando a “Baby Doc” por su “amor por los pobres, que lo adoran también a él”. Otro fue Charles Keating, que le dio más de un millón y cuarto de dólares y solía prestarle su lujoso avión privado. Amigo de Ronald Reagan, Keating fue un financista que se hizo famoso por haber estafado sin ningún tapujo unos 250 millones de dólares a pequeños ahorristas. Cuando estaba siendo juzgado, Keating recibió el muy preciado apoyo de Teresa, que envió una carta a los tribunales pidiendo clemencia para ese “hombre que tanto ha hecho por los pobres”. El fiscal del caso retrucó reclamando a la santa que se desprendiera del millón y cuarto de dólares donados por Keating, pero la santa estaba seguramente en alguna de sus misiones y no tuvo tiempo de contestar.


Tuvo tiempo, sí, en 1984, para pedir a las decenas de miles de personas contaminadas por una fuga masiva de sustancias tóxicas de una fábrica de pesticidas propiedad de la empresa estadounidense Union Carbide, en Bhopal, India, que aceptaran su destino y no reclamaran las indemnizaciones que les correspondían. “Olviden y perdonen”, les dijo. Más de 20 mil personas murieron en las semanas y meses siguientes al escape, y más de 600 mil resultaron afectadas en su salud. Teresa dijo haber orado por ellas.


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Aroup Chatterjee está convencido de que “la marca Teresa” no sería lo que luego fue, de no haber mediado la fabulosa campaña iniciada en favor de la monja por el periodista y escritor ultracatólico británico Malcolm Muggeridge. Muggeridge, que había vivido en Calcuta en los años treinta, conoció a Agnes en Londres y quedó encantado con que fuera albanesa: que proviniera de un país “comunista” le venía bien para sus planes de propagar la fe católica más allá de la Cortina de Hierro. También lo sedujo la imagen de “humildad” que vendía Teresa, y su look de pobre más pobre no se puede, y su anticomunismo visceral y su conservadurismo radical. En 1969, cuando en Occidente el consumo de “lo oriental” batía récords, Muggeridge convenció a la Bbc de enviar un equipo a Calcuta para filmar la vida de una monja que hacía milagros rescatando a los pobres. El documental fue impactante y tuvo como primer efecto que a la orden de las Misioneras de la Caridad le lloviera una primera andanada de donaciones: más de 20 mil libras esterlinas en pocos días. El documental se subtituló: Algo hermoso para Dios, y su título fue un descubrimiento: Madre Teresa de Calcuta. Nacía la marca.


Muggeridge llevó luego de la mano a la monja a recorrer el mundo y se convirtió en coordinador de la campaña que condujo a que en 1978 Teresa recibiera, tras dos intentos fallidos, el Nobel de la Paz. La monja dedicó lo esencial de su discurso de recepción del premio a hablar de dos de sus demonios preferidos: el aborto y la contracepción. “El aborto es el peor enemigo de la paz mundial, porque es una guerra, una matanza, un asesinato en la propia madre” y es tan moralmente reprensible “como la contracepción”, dijo ante los tocados de Estocolmo.


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Dos de las mayores imposturas relacionadas con Teresa llegaron post mortem, dice Aroup Chatterjee, y tienen que ver con los milagros que se le atribuyen, sin los cuales no podría haber sido canonizada. El primero habría tenido lugar un año después del fallecimiento de la hoy santa: una india, Monica Besra, habría sido curada de un cáncer luego de que se le hubiera colocado sobre un gigantesco tumor una medalla que había pertenecido a la fundadora de las Misioneras de la Caridad. La interesada dijo que nones, que fueron los médicos los que la curaron, pero la iglesia india no se dio por enterada. Más recientemente, fue un carioca afectado por un tumor cerebral el que por arte de Teresa fue librado del cáncer tras haber orado por ella junto a su mujer. “Recién se supo la identidad del agraciado a último momento, sin margen para dar marcha atrás, no como con Besra, a la que enseguida se identificó y se le dio tiempo para que negara haber sido salvada por Teresa”, señala Chatterjee.


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Pero su última impostura la “madre de los pobres” la protagonizó en vida, cuando ya enferma de cáncer fue tratada en uno de los más modernos y caros hospitales de California, con todos los lujos que les negaba a los miserables que “acogía” en sus morideros.

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Miércoles, 10 Agosto 2016 06:55

Curas vs. “ideología de género”

Curas vs. “ideología de género”
Por el bullying que sufrió un adolescente gay en la escuela y derivó en su suicidio, la Justicia colombiana condenó a una escuela católica y ordenó al Ministerio de Educación modificar manuales para evitar discriminación. La Iglesia protestó.

 

 

El suicidio, hace un año, en Colombia, de un estudiante como consecuencia de la homofobia en los colegios, derivó en un fallo de la Corte Constitucional de ese país que ordenó al ministerio de Educación crear un programa que promueva el respeto por la diversidad sexual. Ahora, los obispos colombianos llaman a manifestarse “contra la implantación de la ideología de género en los manuales de convivencia”.

 

Hace un año, Sergio Urrego se suicidó antes de cumplir los 17 años. Según denunciaron sus familiares, no soportó ser discriminado por sus profesores y compañeros, y su suicidio abrió un debate en la sociedad colombiana por los casos de discriminación que se producen en las escuelas. En el juicio que llevó adelante contra la escuela religiosa a la que concurría Sergio, la familia Urrego consiguió una condena contra el establecimiento. Pero, además, la resolución ordenó al ministerio de Educación que modifique sus manuales de convivencia para garantizar que los homosexuales no sean discriminados. Sin embargo, la convivencia con los homosexuales parece un tema ríspido para la Iglesia colombiana.

 

“La ideología de género, con el pretexto del derecho a la inclusión, pretende imponerse como la única forma válida de convivencia”, dice el comunicado, firmado por el vicepresidente del órgano de obispos, Óscar Urbina. Los religiosos llamaron a los católicos a marchar en contra de la disposición del ministerio, porque pretende “implantar una ideología de género” en la educación, lo que puede “destruir el concepto de familia”. “Saludamos y felicitamos a los padres de familia y organizaciones civiles de diferentes credos que durante los últimos días han manifestado públicamente su preocupación por la implantación de la ideología de género en la previsión de los manuales de convivencia de los colegios por parte del Ministerio de Educación”, expresó en un comunicado la Conferencia Episcopal.

 

El tema se hizo viral en los últimos días en las redes sociales, a raíz de mensajes que denuncian que el ministerio de Educación elaboró una cartilla para distribuir en los colegios mostrando escenas de relaciones sexuales entre parejas del mismo sexo.

 

La ministra de educación, Gina Parody, negó que se haya elaborado dicha cartilla y dijo que se trata de dibujos de una revista pornográfica que se edita en Bélgica y acusó a un funcionario de la Procuraduría General de haber difundido las imágenes pornográficas y de relacionarlas con el pedido del Ministerio de Educación a los colegios para tomar medidas en contra de la discriminación de género.

 

“Tomaron una revista porno para hacer las falsas cartillas (...) Es una máquina de manipulación en redes sociales”, dijo Parody, quien en el pasado ha denunciado ser víctima de discriminación, por ser lesbiana.

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Viernes, 08 Abril 2016 16:29

El cura de las dos biblias

El cura de las dos biblias

Estaba por alcanzar los 60 años de edad cuando llegó al pueblo en un bus de línea y una maleta de cuero que arrastró hasta la residencia parroquial donde viviría. No daba la apariencia a primera vista de ser un cura cualquiera porque, entre otras particularidades, tenía dos biblias.


Revestido hasta los talones con su sotana negra, abrochada de arriba a abajo y desteñida por el uso y los años, Gonzalo Javier Palacio Palacio, llegó para servirle de ayudante al párroco principal de la iglesia Las Mercedes del pueblo de Yarumal, departamento colombiano de Antioquia. El nuevo sacerdote pronto cobró fama porque indagaba hasta el último detalle sobre cada uno de los pecados de los feligreses que iban a pedirle que se los perdonara en el ámbito secreto del sacramento de la confesión.


“Otra cosa que recuerdo de él es que tenía dos biblias: una, común y corriente, para las misas y en la otra, que llevaba a todas partes, había abierto un hueco entre las páginas para esconder un revólver Smith &Wesson, calibre 32, de seis tiros y cacha negra”, precisó un viejo campesino que acudió muchas veces a buscar la bendición del cura.


En los oficios religiosos tronaba desde el púlpito exhibiendo la Biblia de decir misa: “en este evangelio vemos muy claro que Cristo nos da a sus apóstoles el poder de perdonar los pecados. En ninguna parte dice que los cristianos deban pedirle perdón a Dios directamente. No, siempre deben pedírnoslo a nosotros, sus apóstoles”, rememoró el viejo campesino.


Recuerda que, como ningún otro cura, examinaba cada confesión con detenimiento para saber de ella hasta los más pequeños detalles. Podría decirse que con sus preguntas le hacía la autopsia a cada pecado hasta verificar si tenía rastro de algún delito secreto. “No le bastaba saber si uno había mentido, si uno tuvo un mal pensamiento, si uno juró en vano el santo nombre de Dios o si uno deseó a la mujer del prójimo. No, preguntaba de quién era hija la mujer del prójimo, dónde había estudiado, cómo se llamaba, dónde vivía y qué hacía exactamente ese prójimo”.


Otra peculiaridad del cura Palacio Palacio era que, en contraste con sus exhaustivos interrogatorios, “ponía penitencias muy cómodas. Usted podía confesarle, pongamos por caso, que se peleó con un vecino o que se robó un carro. Entonces, le preguntaba, eso sí, hasta el último detalle del vecino o del carro y al final simplemente daba la bendición y, cuando más, ponía de penitencia un simple padrenuestro”.


No obstante la serie de preguntas exhaustivas a las que sometía a sus feligreses, ellos preferían que él les tomara la confesión para verse recompensados con la simplicidad de sus penitencias.


Pero la predilección por este padrecito comenzó a disminuir entre la gente debido a que adoptó la costumbre perniciosa de pedirles a ciertos parroquianos fotografías de personas que fueran mencionadas en las confesiones y dejaba en suspenso el perdón de Dios hasta cuando el penitente cumpliera la orden celestial impartida a través de él.


Luego, el apóstol de Cristo comenzó a despertar sentimientos de pavor entre un sector del pueblo que descubrió cómo muchas de las personas por las que el cura preguntaba con sumo detalle en el confesionario eran asesinadas después por bandas de pistoleros, la Policía Nacional o el Ejército.
Llegó un momento en que ya nadie acudía al locutorio de su reverencia el padre Palacio Palacio y éste, extrañado por esa pérdida repentina de fe, salió a las calles y las cantinas del pueblo a indagar entre los feligreses acerca de por qué habían decidido esquivarlo.


“Su reverencia, a mí me dijo una señora que es que usted tiene muy mal aliento y por eso ahora prefieren confesarse con el párroco o ir hasta Santa Rosa”, recuerda que le mintió el viejo campesino cuando fue interceptado una mañana por el cura.


En medio del terror que sembró en la región un largo y creciente período de asesinatos de personas sobre las que Palacio Palacio había preguntado en la confesión, los miembros de la Policía Nacional en Yarumal comenzaron a amarrar cadáveres al parachoques delantero del carro de patrulla Nissan Patrol del destacamento para exhibirlos durante lentos recorridos por el pueblo.


Era 1990. Los paisanos no debieron hacer muchos esfuerzos para descubrir que un grupo de hacendados y comerciantes del pueblo, asociados con la Policía Nacional y el Ejército, estaban cometiendo asesinatos selectivos, llamados “limpieza social”, bajo la dirección principal del ganadero Santiago Uribe Vélez, hermano del controvertido político regional Álvaro Uribe Vélez, ambos hijos del extinto comerciante, ex socio de Pablo Escobar y supuesto comerciante de cocaína Alberto Uribe Sierra, a quien las influencias de su hijo Álvaro lo habían salvado de un pedido de extradición hecho por el gobierno de Estados Unidos.


Antes de poner en práctica la estrategia aterrorizante de exhibir al público los cadáveres de las víctimas de “Los doce apóstoles”, en expedientes judiciales quedó registrado que Santiago Uribe Vélez mandó renovar el carro de patrulla del destacamento usado para ello y lo hizo repintar con los colores reglamentarios, negro y blanco, que entonces distinguían a los vehículos de la Policía Nacional.


Las víctimas de la “limpieza social” eran, por lo común, drogadictos, prostitutas, homosexuales, izquierdistas, forasteros, trabajadores agrarios inconformes que denunciaban judicialmente a sus empleadores, protestantes, deudores morosos, ladrones, ateos, sospechosos de congeniar con el hampa guerrillera y, en general, todo aquel que fuera contrario a la decencia, la moral pública y las sanas costumbres cristianas.


Bajo el imperio del terror, Yarumal se convirtió, según se hizo costumbre reconocerlo, en un remanso ejemplar de orden, paz y seguridad con democracia.


Las indagaciones cautelosas que, sin embargo, hacía el pueblo para averiguar la realidad permitieron determinar que la organización criminal causante de tantos “beneficios de higiene social” era manejada por un consejo de once personas, más el mensajero de Cristo en Yarumal, su reverencia Gonzalo Javier Palacio Palacio: por eso se dio en llamarla “Los doce apóstoles”.


Las pesquisas que, con silencio y cautela, los pobladores comentaban en la clandestinidad y debatían en voz baja, les permitieron establecer que los asesinos que asolaban los campos de la región eran adiestrados por policías y militares en un sector de la gigantesca hacienda La Carolina, de los hermanos Uribe Vélez, situada entre los municipios de Yarumal y Santa Rosa de Osos, en el norte del departamento de Antioquia. El latifundio estaba dedicado principalmente a la crianza de toros de lidia.


La semana pasada, con una tardanza de 25 años, fue arrestado Santiago Uribe Vélez por la formación de esa banda criminal cuyas fechorías suman cerca de 300 homicidios. Fue una acción judicial inesperada que siempre impidió llevar adelante el eficiente poder saboteador que ha tenido sobre este caso Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010.


El propio expresidente está enredado en el sumario matriz, compuesto por cerca de 13 mil folios, de los cuales guardo copia auténtica, a buen recaudo, en Nueva York. Distinguido con el número 8051 de la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Fiscalía General de Colombia, contiene abundantes denuncios, informes forenses, declaraciones de testigos reservados, investigaciones independientes, delaciones, confesiones de narcotraficantes, conceptos de organismos internacionales, organigramas, peritajes, informes oficiales acusatorios de distintas autoridades y enlaces a otros procesos penales en los que, de la misma manera, abundan los señalamientos directos contra Santiago y Álvaro Uribe Vélez por variados delitos de lesa humanidad atribuidos a “Los doce apóstoles”, raíz y cimiento de lo que años después sería el gran ejército de los carteles del narcotráfico que, con más de 20 mil sicarios distribuidos en bloques paramilitares regionales, se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.


“La verdad sea dicha, para condenar a Álvaro Uribe no han faltado pruebas sino cojones”, sentenció en su cuenta de Twitter la abogada penalista Diana Muñoz  de Bogotá.


Una de las masacres más repudiadas de “los doce apóstoles” fue la de la familia López, en la zona rural La Solita, del municipio de Campamento, próximo a Yarumal, en la que fueron asesinados seis campesinos, entre ellos dos niñas de ocho y once años, Yoli y Milena (ver foto). A un niño de ocho años, Darwin (ver foto), le perdonaron la vida para que contara cómo fue cometido el crimen múltiple y aterrorizara a la población con su relato. Este chico salvó a un bebé de brazos al que las balas de los asesinos lo rozaron por todos lados pero solamente recibió heridas menores con esquirlas de una granada de fragmentación lanzada por los asesinos.

 

 

En la masacre participó el batallón Bárbula, de la IV Brigada del Ejército Nacional, y los muertos, incluidas las dos niñas, fueron presentados como combatientes de las Farc.


La familia López supo que el Ejército y “Los doce apóstoles” habían decidido asesinarlos y durante un par de meses pasó las noches durmiendo a la intemperie escondida en las montañas. Luego abandonó su parcela campesina y se escondió en Medellín y Anorí pero regresó en la clandestinidad para saldar asuntos domésticos que habían quedado pendientes. Cuando todo estuvo en orden, los López se prepararon para huir del todo en una larga caminata que emprenderían en la madrugada, sanos y salvos.


Sin embargo, a partir de un par de desprevenidas confesiones de penitentes recibidas en el locutorio de la parroquia de Las Mercedes, de Yarumal, el cura Palacio Palacio ató cabos, dedujo que los López habían regresado a La Solita, bendijo a los confesantes, pasó la información a los asesinos y estos masacraron a la familia cuando acababa de beber una olla de café cerrero y se disponía a emigrar por las montañas en una marcha de varios días que intentó emprender antes de que brillaran las primeras luces del nuevo día.


Veinte años después, María Eugenia López, quien perdió a su familia en la masacre, supo que el cura Palacio Palacio daba misas en la parroquia del barrio San Joaquín, en Medellín, donde la iglesia Católica lo escondía de la justicia, y decidió buscarlo. Al entrar en la iglesia reconoció la voz del apóstol que rebotaba contra las paredes del ámbito sagrado, esperó que terminara la misa y lo encaró.


–Usted mató a mi familia –lo increpó María Eugenia.


–No sé de qué me está hablando –contestó el cura atolondrado.


–Usted asesinó a mi familia, en La Solita, con el ejército y “Los doce apóstoles” –le gritó de nuevo María Eugenia mirándolo a los ojos.


–Lo que quiera saber pregúntelo en la Fiscalía, yo soy inocente–murmuró el cura con el aliento agitado y próximo a alcanzar los 80 años de edad.


– A usted lo apresaron el 22 de diciembre de 1995 y le encontraron el revólver que escondía entre una biblia y después quedó libre pero usted es un asesino –afirmó María Eugenia con un coraje que jamás en su vida había experimentado.


–¿Y es que yo no puedo tener un arma? –replicó el ahora anciano cura. Con el pulso tembloroso, sustrajo de un bolsillo de su sotana una navaja y desdobló la hoja bruñida y filosa –¿El que yo tenga esta navaja significa que la vaya a matar? –preguntó haciendo una embestida fallida hacia la garganta de María Eugenia, que la esquivó –¡Ese revólver me lo regaló el general Gustavo Pardo Ariza! (el que fue destituido por haber protegido a Pablo Escobar para que huyera de la cárcel en 1991).


– Yo no lo voy a perdonar a usted ni voy a olvidar lo que me hizo. Sólo quiero saber la verdad y que haya justicia –le exclamó María Eugenia al apóstol de Cristo que acababa de oficiar una misa y de errar un lance de puñal.

 

07 MAR 2016

 

Tomado de: http://www.hispanopost.com/el-cura-de-las-dos-biblias

 

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El Papa, J’Tatik y los indígenas: ambigüedades

¿Qué tal la gira del papa Francisco por México?

Una decepción, dicen unos. Un incumplimiento, dicen otros. Y yo digo que son apenas unos eufemismos.


Francamente –recordando el histórico acomodo de Jorge Mario Bergoglio con la dictadura en Argentina, a la cual como provincial de los jesuitas le ofreció su silencio, y su presente ambigua condición de jefe de Estado y líder religioso, cuyo objetivo es restaurar el liderazgo político y espiritual del Vaticano y no apoyar la efervescencia social en el mundo (como esperan algunos)–, no había que tener ningunas ilusiones.


Aun así, ¿quizás algo para rescatar?


Según algunos críticos, sí: la parada en San Cristóbal de Las Casas (lo mejor y lo más concreto de su visita).
Siento decepcionarlos (aún más).


Haciendo un poco de memoria histórica, separando el estilo del contenido y la realidad de la mercadotecnia (que hace milagros posicionando a Francisco como la principal voz de los excluidos), también esta parte resulta discutible, revelando una paradoja: todas sus ambigüedades –que datan de cuando aún era Bergoglio– son más visibles no en sus tropiezos (que igual no faltaron), sino en sus mejores momentos, cuando parece cumplir las expectativas.


• Un momento así fue la misa para los pueblos indios en San Cristóbal (15/2/16), que el Papa concelebró con clérigos indígenas (incluyendo un salmo en tzotzil y otras referencias locales) y concluyó entregando el decreto que autorizaba ceremonias en sus lenguas y ordenación de diáconos permanentes.


Todo tal como se esperaba.


Francisco reivindicó a los pueblos indígenas y la Iglesia autóctona, junto con su figura principal, Samuel Ruiz – J’Tatik (1924-2011), padre en tzotzil, antiguo obispo de la ciudad, cuya tumba visitó posteriormente–. Incluso homenajeó a la combatida y perseguida teología de la liberación y/o india, coincidieron observadores.


Luis Hernández Navarro apuntó bien en este contexto la historia de la “compleja dialéctica en que la Iglesia católica latinoamericana –en medio de la guerra de exterminio contra los ‘nativos’– era herramienta de dominación y espacio de resistencia”.


Recordó que esa entidad fue un momento autocrítico de la conquista (Bolívar Echeverría) y alabó –con razón– a la Iglesia de Chiapas, que nació rebelde (Andrés Aubry), el mejor ejemplo de esta tendencia, anotando que por lo visto durante su visita el Papa es quizás (¡ojo!) también parte de ella (La Jornada, 16/2/16).


¿Y qué tal si por lo mismo (o sea, por lo visto) cambiamos el quizás por el no?


Es que... su adjudicamiento a la Iglesia que cobijó y fomentó la lucha indígena es y puede ser solo ex post y superficial: no porque venga de otra realidad (urbana), sino de otra Iglesia (no rebelde, sino acomodadiza con el poder).
¡Y qué decir ahora!


... su enfoque hacia los pobres fue y sigue siendo conservador y opuesto a la teología de la liberación (Michael Löwy), que como provincial combatía y perseguía (para él son objetos de atención, no sujetos de su propia liberación).
¡En el discurso en San Cristóbal les tuvo puras generalidades y banalidades!


... su opción preferencial por los pobres es ajena a la de J’Tatik, para quien los indígenas eran actores de su propia historia y a quienes ayudó a despertar la conciencia, usando entre otros la narrativa del Éxodo (y la larga marcha hacia la Tierra Prometida mediante la auto-organización y la autoemancipación).


¡Francisco citó aquel texto (sus gestos, ¡puf!), pero como pura referencia cultural!


Más que una muestra de la comunión de ideas, todo esto se vislumbra como otra de sus simulaciones ideológicas.
Más que un acto de reconocimiento o justicia tardía, hay que verlo como parte de su política de guiños a diferentes alas de la Iglesia y de su estrategia de disciplina (luego en Morelia hizo uno ojo a sectores más retrógradas y canonizó a un mártir cristero).


No es que la Iglesia autóctona –o el ala izquierdista– le sea particularmente cara; es útil e instrumental para imponer su hegemonía conservadora sobre los ultraconservadores (lo que no quiere decir que el decreto que entregó no sea importante, pero así sólo arregló el error de Benedicto XVI –su autoridad teológica–, que lo prohibió en 2006 desconociendo el fundamento pastoral de J’Tatik; además de ser una medida pragmática ante el avance de los evangélicos).


• Otro momento así –esperado y aclamado– en que como sombras se veían lo conservador de su presente y lo incómodo de su pasado fue cuando durante el mismo acto Francisco pidió perdón a los pueblos indígenas por ser incomprendidos y excluidos de la sociedad.


Ya hizo algo así durante su viaje a Bolivia, país mayoritariamente indígena (Telesur Tv, 9/7/15).


Si bien el gesto fue celebrado –ayer y hoy– como un acto de justicia, la práctica de los perdones en realidad es opuesta a la justicia (y a la política) y sirve como algo en vez de ella.


A la Iglesia la introdujo Juan Pablo II –a quien Francisco emula no sólo en este aspecto–, que pidió perdón por más de 100 crímenes y/o errores de ella (también por la conquista), sin que se haya hecho la más mínima justicia a sus víctimas.


Es más: apremiando también a los gobiernos a aprender a pedir disculpas Francisco se situó en las antípodas de los teólogos de la liberación, que no hacían gestiones ante los de arriba en nombre de los pobres, sino apoyaban sus luchas y construían alternativas desde abajo.


Hacer gestiones personales, interceder ante los poderosos/ricos, siempre fue la estrategia de Bergoglio hacia los pobres, como cuando pedía clemencia ante la junta militar por dos de sus jesuitas (los mismos que había delatado anteriormente).
Después del histórico encuentro y perdón en Bolivia, Francisco se fue a EU y canonizó a Junípero Serra (1713-1784), un monje franciscano en cuyas misiones –campos de concentración premodernos– por cada convertido morían dos candidatos (LA Times, 24/1/15).


Según las organizaciones indígenas estadunidenses, con esto canonizó el genocidio y el colonialismo (Página/12, 24/9/15).


Después del histórico encuentro y perdón en San Cristóbal, ¿quién será el siguiente agente del exterminio indígena declarado santo por el papa Francisco?


Continuará


Por Maciek Wisniewski*Periodista polaco
Twitter: @periodistapl

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Martes, 16 Febrero 2016 05:55

La decisión de Camilo

La decisión de Camilo

A la mitad del año 1965, Camilo Torres lanzó en Bogotá el periódico Frente Unido, vocero de una nueva organización, el Frente Unido del Pueblo. Desde un principio, el Frente Unido se declaró ajeno a la participación electoral en el sistema político oligárquico existente en Colombia y anunció su propósito de organizar a los campesinos, los trabajadores y el pueblo pobre y oprimido. En la primera edición, el 26 de agosto de 1965, apareció un Mensaje a los cristianos de Camilo Torres, primero de una serie de mensajes donde fue delineando y explicando sus ideas, sus razones y sus objetivos.


Entre agosto y noviembre de ese año, Frente Unido publicó otros ocho mensajes de Camilo dirigidos a distintos sectores de la nación colombiana: a los comunistas, a los militares, a los sindicalistas, a las mujeres, a los estudiantes, a los desempleados, a los presos políticos y a la oligarquía.


La serie se cerró cuando Camilo Torres decidió sumarse a la lucha guerrillera. En enero de 1966 lanzó una Proclama al pueblo colombiano donde explicaba sus razones para incorporarse al Ejército de Liberación Nacional encabezado por Fabio Vázquez Castaño. Un lector atento puede advertir un marcado cambio de estilo entre este documento y los ocho mensajes anteriores. Pero aquí se cierra la serie y más no sabemos.


Camilo Torres Restrepo murió hace hoy 50 años en su primer enfrentamiento armado con el ejército. No estaba preparado, aún no sabía de fusiles ni emboscadas. Tal vez le urgía dar testimonio de su empeño ante si mismo y ante sus compañeros que no supieron protegerlo. Era el 15 de abril de 1966. Nacido el 3 de febrero de 1929, apenas había cumplido los 37 años de su edad, que en ese entonces era también la mía.


Su Mensaje a los cristianos es tal vez el más revelador y el más sentido de la serie sucesiva. Hablaba a los suyos y, a su manera, a aquel que Camilo llamaba su Patrón. Aquí está su texto, homenaje y recuerdo.
A.G. – Ciudad de México, 15 de febrero de 2016


§


Las convulsiones producidas por los acontecimientos políticos, religiosos y sociales de los últimos tiempos posiblemente han llevado a los cristianos de Colombia a mucha confusión. Es necesario que en este momento decisivo para nuestra historia los cristianos estemos firmes alrededor de las bases esenciales de nuestra religión.


Lo principal en el Catolicismo es el amor al prójimo. «El que ama a su prójimo cumple con su ley.» (San Pablo, Romanos XIII, 8). Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia. Si la beneficencia, la limosna, las pocas escuelas gratuitas, los pocos planes de vivienda, lo que se ha llamado «la caridad», no alcanza a dar de comer a la mayoría de los hambrientos, ni a vestir a la mayoría de los desnudos, ni a enseñar a la mayoría de los que no saben, tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías.


Esos medios no los van a buscar las minorías privilegiadas que tienen el poder, porque generalmente esos medios eficaces obligan a las minorías a sacrificar sus privilegios. Por ejemplo, para lograr que haya más trabajo en Colombia, sería mejor que no se sacaran los capitales en forma de dólares y que más bien se invirtieran en el país en fuentes de trabajo. Pero como el peso colombiano se desvaloriza todos los días, los que tienen el dinero y tienen el poder nunca van a prohibir la exportación del dinero, porque exportándolo se libran de la devaluación.


Es necesario entonces quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente, es lo esencial de una revolución. La Revolución puede ser pacífica si las minorías no hacen resistencia violenta. La Revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos. Es cierto que «no haya autoridad sino de parte de Dios» (San Pablo, Romanos XXI, 1). Pero Santo Tomás dice que la atribución concreta de la autoridad la hace el pueblo.


Cuando hay una autoridad en contra del pueblo, esa autoridad no es legítima y se llama tiranía. Los cristianos podemos y debemos luchar contra la tiranía. El gobierno actual es tiránico porque no lo respalda sino el 20 por ciento de los electores y porque sus decisiones salen de las minorías privilegiadas.


Los defectos temporales de la Iglesia no nos deben escandalizar. La Iglesia es humana. Lo importante es creer también que es divina y que si nosotros los cristianos cumplimos con nuestra obligación de amar al prójimo, estamos fortaleciendo a la Iglesia.


Yo he dejado los privilegios y deberes del clero, pero no he dejado de ser sacerdote. Creo que me he entregado a la Revolución por amor al prójimo. He dejado de decir misa para realizar ese amor al prójimo, en el terreno temporal, económico y social. Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí, cuando haya realizado la Revolución, volveré a ofrecer misa si Dios me lo permite. Creo que así sigo el mandato de Cristo: «Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (San Mateo V, 23-24).


Después de la Revolución los cristianos tendremos la conciencia de que establecimos un sistema que está orientado por el amor al prójimo.


La lucha es larga, comencemos ya...


Bogotá, Camilo Torres, 26 agosto 1965

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Lunes, 15 Febrero 2016 05:52

Camilo Torres, el precursor

Camilo Torres, el precursor

Camilo Torres Restrepo, el cura colombiano que tomó partido por los pobres de la tierra y se la jugó con ellos hasta el último día de su vida, murió el 15 de febrero de 1966, hace hoy cincuenta años.


Conocí a Camilo en Bogotá en mayo de 1965. Iba yo hacia Montevideo, de regreso de un extenso reportaje al Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre en las montañas de Guatemala, publicado después en Monthly Review, revista de la izquierda socialista y marxista independiente en Nueva York y Buenos Aires.


Hice escala en Bogotá. Allí, mensajero de una carta de la editora porteña de la revista dirigida a Camilo Torres Restrepo, decano de la Escuela de Administración Pública en Bogotá, apenas llegado fui a buscar al destinatario. Subí al piso 14 de un edificio donde estaba su despacho, pregunté por el doctor Camilo Torres y, para mi sorpresa de marxista irredento, salió un cura a quien le dije que traía un mensaje para el profesor Camilo Torres. El aparecido me dirigió una mirada divertida y me dijo: Sí. Camilo Torres soy yo. Quién sabe cuál haya sido mi rostro de sorpresa, pero Camilo hizo como si nada, sonrió, pasamos a su despacho y comenzamos a conversar.


El diálogo, inesperado para ambos, duró los varios días de mi estancia en Bogotá: con Camilo, con monseñor Germán Guzmán, con Guitemie Olivieri y el equipo de ayudantes de Camilo en la Universidad y también, una tarde, con la madre de Camilo en su casa, dulce señora de quien hasta hoy, medio siglo y muchas peripecias después, guardo un recuerdo inolvidable.


Camilo me llevó en su carro a recorrer los barrios ricos de entonces, una especie de Polanco bogotano, de donde provenía su familia y cuyos domicilios me iba señalando; y después los barrios pobres de Bogotá. En largas conversaciones referí a él y a monseñor Germán Guzmán las experiencias de la guerrilla del Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre en Guatemala, dirigida por tres militares: el coronel Augusto Vicente Loarca y los tenientes Marco Antonio Yon Sosa y Luis Turcios Lima. El obispo escuchaba y tomaba afanosos apuntes, sólo después entendí por qué.


Meses después, ya en Montevideo, donde conversamos largamente con el director de Marcha, el inolvidable don Carlos Quijano, y con Eduardo Galeano, entonces joven y brillante secretario de redacción de 25 años de edad, publiqué un extenso reportaje sobre Camilo Torres. Era febrero de 1966. Para ese entonces Camilo ya se había ido a la montaña y el reportaje se titulaba Camilo, guerrillero. Estos son algunos de sus pasajes.
***
Conversé en mayo último (1965) con Camilo en Bogotá. Camilo Torres es un hombre joven y tiene aspecto joven. Alto, habla con entusiasmo y también con pasión. Y si en las discusiones es capaz de tal pasión por las ideas, tiende al mismo tiempo a llevarlas a conclusiones prácticas y a medidas organizativas. No es un simple cura popular: tiene una formación política e intelectual, combinada con un interés por saber y entender lo que la gente piensa y siente. Estaba ansioso por conocer las experiencias de las guerrillas guatemaltecas. En su manera de aproximarse a los problemas y a los sentimientos del pueblo hay cierta similitud con la forma de análisis de Frantz Fanon, aunque por entonces él no había leído los libros del teórico de la etapa insurreccional de la revolución argelina. Esto es lo que escribía por entonces el cura colombiano, cuando era un sociólogo, en un estudio sobre la violencia:


“Las guerrillas han impuesto la disciplina que los propios campesinos solicitaban; han hecho a la autoridad más democrática; y han otorgado confianza y seguridad a nuestras comunidades rurales. Mencionamos esto al discutir el sentimiento de inferioridad que ha desaparecido de las áreas campesinas donde el fenómeno de la violencia se ha manifestado. A pesar de todo, la violencia ha provocado un proceso social imprevisto para las clases dirigentes. Ha despertado la conciencia campesina; les ha dado solidaridad de grupo, un sentimiento de superioridad y seguridad en la acción que ha abierto posibilidades de progreso social y ha institucionalizado la agresividad, con el resultado de que el campesino colombiano comienza a preferir los intereses del campesinado a aquellos de los partidos tradicionales. Se constituirá, como efecto, un grupo de presión política socioeconómica capaz de producir los cambios estructurales en el sentido menos deseado y supuesto por las clases dirigentes. Podemos decir que ‘la violencia’ ha sido para Colombia el cambio sociocultural más importante en las áreas campesinas desde la época de la conquista española.”


Pregunté a Camilo si, en su opinión, toca a los cristianos tomar una decisión definida en estos temas. Me contestó:
Pues claro. El cristiano, si quiere serlo realmente y no sólo de palabra, debe participar activamente en los cambios sociales. La fe pasiva no basta para acercarse a Dios. Es imprescindible la caridad. Y la caridad significa, concretamente, vivir el sentimiento de la fraternidad humana. Ese sentimiento se manifiesta hoy en los movimientos revolucionarios de los pueblos, en la necesidad de unir a los países débiles y oprimidos para acabar con la explotación. Los cristianos deben tomar partido con los oprimidos, no con los opresores.


***


Camilo Torres tenía por entonces 37 años de edad. Hijo de una familia aristocrática de Colombia, hasta mayo de 1965 fue el Decano de la Escuela de Administración Pública. En 1964 había sido separado de una cátedra en la Universidad Nacional de Bogotá por haber apoyado una huelga estudiantil. Profesor de sociología, junto con monseñor Germán Guzmán realizó investigaciones y estudios sobre la situación del campesinado colombiano. Hasta los dieciocho años de edad, cuando ingresó en el seminario, se había criado en las tierras de su familia, cabalgando con los orgullosos vaqueros de los llanos orientales de Colombia.


En la Universidad de Bogotá fue sacudido y arrastrado por los movimientos estudiantiles y fue no sólo un profesor sino también un dirigente para los estudiantes. Su renovado contacto con los campesinos vino después, cuando ya había vivido y participado en las luchas estudiantiles. Seguramente una y otra experiencia se unieron en su conciencia. Y Camilo, que hasta un tiempo antes trataba de explicar a las clases dirigentes que era necesario terminar con la situación de explotación, miseria y opresión del campesinado si querían evitar una violentísima explosión social, terminó por concluir que sólo una revolución que cambiara toda la estructura económica y social del país podía mejorar la situación del campesinado y que esa trasformación sería resistida por esas clases con todos los medios a su alcance. El sociólogo había dejado paso al revolucionario y el dirigente estudiantil se preparaba interiormente para convertirse en líder campesino.


Camilo Torres, para aquel mes de mayo de 1965, ya visitaba regularmente y contribuía a organizar pueblos campesinos en torno a sus necesidades y demandas comunitarias. En abril de 1965 la Curia colombiana decidió que Camilo debía ausentarse para estudiar en Bélgica. De este dilema crucial para su vida me habló en aquel mes de mayo. Si no se iba, lo pasaban al estado laical y debía abandonar la vestimenta sacerdotal, la sotana, me dijo. ¿Pero tú en verdad y en conciencia eres católico?, le pregunté. Por supuesto, respondió. “Yo creo en Cristo y cuando en mi ruego converso con él lo llamo ‘Patrón’, porque es mi jefe, mi patrón”. Y entonces, por qué te importa llevar o no la sotana?


Mira, me dijo, yo creo en Cristo y mi relación con él no tiene que ver con la vestimenta que llevo. Pero para mis gentes, para los campesinos que en mí confían, la sotana es simbólica y es muy importante. Yo debo respetar ese sentimiento. La jerarquía lo sabe y por eso, si no me voy, quieren reducirme al estado laical. Pues me parece que no te queda de otra que explicar la situación y el dilema a las comunidades campesinas que te escuchan y confían en ti.


En mis apuntes de entonces quedó así registrado: Camilo atravesó un conflicto interior: ¿irse, para mantener su posición en la Iglesia y luego regresar, o quedarse y afrontar una ruptura inmediata? Irse podía significar que los estudiantes y campesinos que lo apoyaban lo consideraran un desertor. Quedarse era romper con la Iglesia institucional de la cual se sentía parte integrante. Todo indica que la presión de su propia gente resolvió el conflicto. Camilo rehusó cumplir las órdenes de la Curia y pidió ser reducido al estado laico, sin por ello renunciar al sacerdocio.


A partir de entonces, toda su actividad se concentró en la campaña por el Frente Unido del Pueblo, mítines y sobre todo publicación del semanario Frente Unido a partir de agosto de 1965, dirigido por el propio Camilo Torres. En su primer número, fechado en Bogotá el 26 de agosto de 1965, publicó un manifiesto titulado Mensaje a los cristianos. Allí definió sus creencias, sus ideas, sus compromisos y su vida.


El 15 de febrero de 1966, hace hoy cincuenta años, moría Camilo en un enfrentamiento militar. Hasta hoy el ejército colombiano no ha dicho en dónde quedaron sus restos. El día ha de llegar...


Para mi inmensa sorpresa, un domingo de agosto o septiembre de 1971 a la crujía N de la Cárcel de Lecumberri vino a visitarme Guitemie Olivieri. Me habló largamente de Camilo y de nuestro encuentro de aquellos días en Bogotá. Pero esta es otra historia y no estoy yo ahora para contarla ni ustedes para saberla.


Mañana, el Mensaje a los cristianos, de Camilo Torres

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Domingo, 17 Enero 2016 06:03

En primera plana

En primera plana

No encubrirás. Spotlight (Reflector) es el nombre de la división de investigaciones del periódico The Boston Globe que en 2001 expuso a la luz pública el papel que jugó la arquidiócesis católica de la ciudad de Boston en el tenaz encubrimiento de delitos de abuso sexual a menores cometidos por algunos sacerdotes a lo largo de varias décadas. En total, 70 casos, todos documentados, algunos denunciados por las propias víctimas sobrevivientes.


En primera plana (Spotlight), película estadunidense de Tom McCarthy, refiere minuciosamente la labor del grupo de cinco periodistas, quienes con un muy comprometido editor a la cabeza, Marty Baron (Liev Schreiber), y con el jefe de la división interna Spotlight, Walter Robinson (Michael Keaton), se organiza como equipo de pesquisas casi detectivescas para entrevistar lo mismo a quienes de niños padecieron el abuso sexual, que a algunas de las autoridades eclesiásticas que, conociendo el delito, lo encubrieron celosamente con el fin de proteger el prestigio de la institución católica. El máximo responsable de dicha labor de encubrimiento de conductas ilícitas fue el cardenal Bernard F. Law, quien jamás fue castigado penalmente, sólo removido por el papa Juan Pablo II a la basílica de Santa María Maggiore en Roma, donde obtuvo un alto cargo y hasta la fecha permanece impune.


La novedad de la cinta de McCarthy, escrita por él y por el guionista John Singer, estriba en no incurrir en la explotación sensacionalista de los abusos a menores, y abocarse a la crónica de una difícil labor periodística que tiene como puntos más álgidos los dilemas morales de los propios participantes, algunos de ellos católicos practicantes, por la oposición entre su fe religiosa y la ética profesional que los obliga a llegar al fondo del asunto. Su delicada posición apenas difiere de la que vive la comunidad de Boston (en ese entonces, 53 por ciento católica) al enterarse del escándalo. Un personaje resume la situación: Si se requiere de todo un pueblo para educar a un niño, también se precisa de todo un pueblo para tolerar el abuso que padece.


Entre los periodistas involucrados en la denuncia del caso que años atrás enfrentó la indiferencia del propio diario, figuran en primer término Baron, el editor insobornable, y a lado suyo un Mark Rezendes (Mark Ruffalo) crecientemente indignado por la complicidad de las autoridades civiles y religiosas, y la impunidad de estas últimas. Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) es la periodista acuciosa e insistente que conduce la mayoría de las entrevistas a las víctimas (adultos trastornados que hablan de su origen social modesto y de las familias disfuncionales que favorecieron la vulnerabilidad infantil ante el abuso continuo de los curas pederastas).


A diferencia de algunas de las cintas que en años anteriores han denunciado situaciones similares (la más reciente, la notable cinta chilena El club, de Pablo Larraín, 2015), lo que describe En primera plana es el maquiavélico entramado de complicidades e intereses que propician una conspiración de silencio en torno a los crímenes conocidos. El cardenal Bernard Law lo deja claro cuando habla de la irrenunciable defensa de los intereses de la comunidad bostoniana, colocados por encima de la suerte misma de las víctimas de los delitos sexuales. La confusión extrema de la madre de la periodista Pfeiffer –una mujer que asiste tres veces por semana a la iglesia– es el barómetro ideal de la gran zozobra colectiva ante el escándalo inimaginable.


La cinta, un intenso thriller confinado al interior de la redacción de un diario, revive las atmósferas febriles y asfixiantes de Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), sobre el caso Watergate, con los matices narrativos que hoy imponen series televisivas como Mad Men (Matthew Weiner, 2007-2015). Incluso aparece aquí John Slattery, un turbio personaje de la serie. La diferencia es que el viejo clima de corrupción viral, generalizada, ya no involucra sólo a políticos o empresarios venales, sino a los guías pastorales que todo creyente creía intachables. Al finalizar el recuento de crímenes y abusos que la jerarquía católica intentó minimizar en Boston –relativizando el horror, estigmatizando a las propias víctimas, protegiendo a criminales con sotana a los que transfería de una parroquia a otra en el largo carrusel de la impunidad– la cinta añade, como alusión inevitable, escándalos similares en Irlanda y en una extensa lista de ciudades estadunidenses y países en los que día a día se verifica el mismo mecanismo encubridor del delito sexual. La lista en los créditos finales incluye varias veces a México en lo que parecería un recordatorio oportuno para la agenda pastoral del papa Francisco en su próxima visita a nuestro país.


Un thriller ágil y novedoso, un señalamiento social insoslayable. Candidata a varios Óscares, será interesante valorar entonces su posible impacto mediático.
Twitter: @CarlosBonfil1

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Laicidad y derechos: lecciones del Brasil para Colombia

Por ser una de las mayores conquistas de la democracia moderna, la laicidad se toma como un hecho dado, como un triunfo que ya no requiere más ni de vigilancia, ni de cuidado. No obstante esta creencia, sí se puede perder lo logrado por estas conquistas y puede presentarse un retroceso en los valores democráticos que sirven para sustentar las instituciones encargadas de defender los derechos de los ciudadanos.


Recientemente, el periodista Antonio Jiménez Barca del diario El País , informaba sobre dos proyectos (uno en curso y otro ya aprobado) del parlamento brasilero que ilustran bien los peligros que acarrea para una democracia el desconocimiento de los principios laicos. Las propuestas en concreto consisten en a) la restricción de los derechos de las mujeres violadas a la hora de abortar y b) el establecimiento de un derecho de veto para las iglesias católica y evangélica a las leyes que – según su parecer – sean inconstitucionales.


La penalización del aborto y la existencia de mecanismos para vetar leyes inconstitucionales no son en sí problemáticos, ni atentan contra la existencia de las instituciones democráticas, ni contra los valores que la inspiran. De hecho, la primera puede justificarse en la garantía del derecho a la vida, que es piedra angular de los demás derechos; y la segunda es parte esencial de los controles que existen para la supervivencia institucional de la democracia.


Lo peligroso en el escenario brasilero es que estos proyectos, que han sido impulsados por el Partido do Movimento Democrático Brasileiro a través de Eduardo Cunha –uno de los representantes más recalcitrantes de los movimientos evangélicos pentecostales del Brasil contemporáneo y actual presidente de la Cámara de Representantes de ese país–, no se apoyan en un debate público que expone sus razones, sino que quieren imponer las verdades dictaminadas por su iglesia.


Para comprender las razones de esto, basta con recordar que en el caso del Brasil los movimientos evangélicos pentecostales aglutinan una población proveniente de los sectores menos privilegiados de la sociedad . Debido a la desatención del Estado en la prestación de los derechos básicos de acceso a la educación, esta población es a) fundamentalmente inculta (las graves insuficiencias en su educación escolar básica y secundaria explican también su hostilidad a los valores de la república) y b) adversa a fuentes de información distintas a las de sus líderes religiosos.


A diferencia del caso brasilero actual, una democracia sólida existe gracias a la formación de una ciudadanía educada, con un acceso plural a la información y a las herramientas y los espacios para desarrollar un debate público. Por ello, no es banal la coincidencia entre el tipo de mentalidad propio de los evangélicos pentecostales y el deterioro de la democracia en un país.


Ahora bien, una sociedad democrática podría restringir o prohibir el aborto, pero nunca aduciendo simplemente a un dictamen divino (el primer mandamiento, por ejemplo) como una verdad eterna e incuestionable, pues ahí no hay argumento, ni discusión, ni acuerdo; ahí lo que ocurre es la imposición de un punto de vista y la anulación de la vida democrática.


En ese mismo orden, una sociedad podría acordar la existencia de mecanismos de veto, pero sólo para garantizar la pervivencia de la democracia e impedir las medidas que la amenazan; nunca para anular la pluralidad, como parece pretenderse en el caso brasilero, en donde el veto de las iglesias serviría sólo para adecuar las leyes civiles con sus artículos de fe, degradando con esto la vitalidad de la democracia y desintegrando la salvaguarda de los derechos de los individuos.


Como lo recuerda uno de los pensadores más lúcidos de nuestros tiempos, el escritor italiano Claudio Magris , el problema radica en ignorar los ámbitos de competencia de cada esfera, en mezclar sus competencias y en burlar las fronteras. En una verdadera democracia sólo pueden tener cabida las decisiones que resultan de un debate abierto en donde se confrontan argumentos demostrables, no las que quieren respaldarse en una creencia religiosa. Algo que, irónicamente, ya se encuentra afirmado en el pensamiento cristiano en la frase "al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".


Como se puede ver, la vigilancia de los ciudadanos y de la existencia de instituciones sólidas son necesarios para la vitalidad de nuestros valores democráticos, sin los cuales se menoscaban las bases que permiten la existencia no sólo de nuestros derechos, sino también de la pluralidad de nuestra vida pública, que es una condición para disfrutarlos.


El caso brasilero podría instruirnos sobre las amenazas que se ciernen sobre una democracia cuando sus ciudadanos no cultivan un debate inteligente y respetuoso de los asuntos públicos y cuando se permite que la intransigencia (clerical o no) imponga su punto de vista y rechace el diálogo.


Pese a los recientes avances que en Colombia se han dado en torno los derechos de las comunidades Lgbtti y a los derechos de las mujeres en general, existen grupos cercanos del catolicismo tradicionalista y a varias iglesias cristianas protestantes que se obstinan en negar la laicidad de nuestro Estado, tal como sucede en Brasil.


Y aunque el talante de las decisiones sobre la adopción igualitaria y la legalización del aborto ha promovido la tolerancia y ha contribuido a la desmitificación de ciertos temas necesariamente públicos, lo cierto es que estos temas no se han discutido verdaderamente en los escenarios públicos democráticos, pues ha sido una discusión fundamentalmente liderada por la Corte Constitucional, pero alejada de escenarios de participación formal e informal. Para que no progrese el boicot que quiere revocar estos avances, es entonces fundamental entender la importancia de asumir la defensa ciudadana de los mismos.

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Jimmy Morales: el descarado que niega el genocidio en Guatemala

Nada egocéntrico el "comediante" y nada más eso le pide cuerpo, en sus propias palabras: "Mi aspiración más alta es que dentro de 100 años en las aulas escolares se enseñe que Jimmy Morales fue el mejor presidente de la historia guatemalteca."

Frase que puede ser analizada revés y derecho pero que se entiende al pedalazo. Ambición a la marmaja, moraleja: aguas con los oportunistas.

Otra de sus frases con la que se está echando a la bolsa a más de un asoleado que le cree el discurso de artista: "el payaso tiene fama de honrado y el político de corrupto."

Dejemos lo de la definición del concepto "artista" para otra ocasión. Porque sí que hay tela que cortar con lo de la "artisteada" en Guatemala. Muchos mequetrefes arribistas y oportunistas aprovechando el bajo nivel de escolaridad de la población guatemalteca se alzan triunfadores respecto al tema arte. Pero para muestra un botón, y sin tantos brincos ahí está la mera mera tatascana, arte puro, esencia de pies a cabeza: Isabel de los Ángeles Ruano. Digo, por si acaso...

Hay que tener cuidado con los cachurecos, -¡manda fuego Señor!- se reproducen como gusanos de yogur y desde la poltrona infestan el sistema, son esos misóginos pasivos que solapan la violencia de género. No estar de acuerdo con el aborto es solapar la violencia de género. Jimmy Morales en entrevista en Canal Antigua aclara que no está de acuerdo con el aborto, sí con la pena de muerte y afirma que no hubo genocidio en Guatemala.

Yo soy vendedora de mercado y a mí Jimmy Morales no me representa, entonces que deje de llenarse la boca diciendo que es el representante del pueblo. De su marita tal vez.

De entrada la arrogancia, el presidenciable desmerita el tema experiencia: "Experiencia en administración pública no tengo, pero si experiencia es lo que tienen otras personas que han administrado la cosa pública yo creo que estoy mejor sin tener ese tipo de experiencia." Dice que es honrado, honorable y tiene perchas de títulos universitarios (digo porque mentó hasta doctorado en temas de seguridad..., pero no pudo responder con seso ni una sola pregunta respecto al tema).

El "comediante" pensó que estaba en su programa Moralejas y como tal se comportó. Bajeza la de colgarse de Juan José Arévalo para quitarse el cuentazo. Nada que ver sacar a bailar a Ronald Reagan que porque el otro era actor de cine, pero si es letrado como dice, también sabrá lo que hizo Reagan en Latinoamérica, debió mencionarlo también para ser cabal y poner
las cosas en perspectiva. Es mucho pedir, ya sé.

En la coyuntura de la realidad nacional y asuntos de gobierno y sistema, ¿qué tiene que ver que 7 de sus películas se encuentren entre las 10 más taquilleras en la historia del país? ¡Manda fuego Señor! Me recordó la entrevista que le hicieron en sus tiempos de presidenciable a Patricia de Arzú, ¿por qué no mandaste fuego Señor? La mara se pasa. Para bruto no se estudia.

Una diciendo que el evento más glorioso en la historia de Guatemala fue la apeada de Jesucristo, y el otro hablando un tal Seminario Teológico Batista y de su práctica pastoral. ¡Manda aunque sea cusha Señor! Y para quitarse la goma de tres días, solo con escuchar su justificación: "la corrupción comienza en el hogar". O sea que el tipo es de esos que aprueban
las clases de biblia en los salones de clase. Con un presidente como él, nulas las leyes que castiguen la homofobia en sus extremos de violencia emocional, física y sexual.

Nulas las opciones de leyes que castiguen los crímenes de odio contra personas de la comunidad LGBT, nulas las leyes que permitan La Unión Civil y el Matrimonio Igualitario. Que permitan que parejas del mismo género puedan adoptar niños. Eso es ir por el cambio, eso es ir más allá, eso es romper con los prejuicios, estereotipos e injusticias. Permitir el aborto es hacer justicia. Pero qué esperanzas, estamos jodidos, se nos va en orar, en dejar que embusteros hagan de la fe su mejor arma para seguir oprimiendo en nombre de Dios.

El tipo se lava las manos, por si las moscas y más adelante lo quieren culpar de desfalcos millonarios si es que llegara la presidencia: nada tiene que ver el sistema, ni el gobierno, ni el congreso, ni mucho menos el descaro propio. Descaro es el que tiene él afirmando que sí hubieron crímenes de lesa humanidad pero no genocidio. Al decir que: "no tengo ningún problema con los militares y tampoco tengo problema con los guerrilleros," el "moralejo" entonces no es ni chicha ni limoná, -"...Se la
pasa manoseando caramba zamba su dignidad-." Aguas con estos que al final reculan y van del lado del opresor, se convierten en obedientes serviles del fascismo, (ya lo son a todas luces). Uno se presenta en cualquier lugar con su ideología (quién no la tenga no está en nada) y a quien no le guste que se vista y que se vaya. Eso se llama honestidad.

Midiendo terreno sabe que si niega el genocidio la clase media sin Memoria Histórica le dará el voto, porque al pueblo raso ya lo tiene embrocado con su "talento de artista." No tengamos esperanzas entonces que de ser presidente respalde algún juicio por genocidio, y aún así estando de acuerdo con la pena de muerte ni siquiera se atreva a mandar a la cárcel a los violadores de Derechos Humanos y culpables de crímenes de Lesa Humanidad. Éste "talentoso moralejo" entonces es como tantos que han salido a marchar en las manifestaciones masivas que exigen un alto a la corrupción pero siguen negando el genocidio. Harina del mismo costal. Aparte de doble moral, falta de dignidad y conciencia.

En su momento se guinda como racimo de guineo maduro del cuello de Mujica, (¡ya quisiera llegarle siquiera a la sombra de los zapatos!) y toca afanosamente el tema de la educación pero se enreda y se contradice, con la excusa que Uruguay dista mucho de la realidad guatemalteca; al final después de tanta casaca termina afirmando que invertir en educación no es
la solución para un progreso en el país. En pleno estilo "ni chicha ni limoná", habla de la violencia y del tema seguridad, culpando descaradamente de la descomposición social a los migrantes, porque "dejan a los hijos al cuidado de abuelos y familiares", y aquí sí le voy a pedir al "moralejo mequetrefe" que se lave las jachas con arena roja y piedra poma,
porque no tiene ni idea de lo que sufren los que emigran indocumentados, esas remesas que son las que sostienen al país son producto de la migración forzada, porque tipos como él están en el gobierno y obligan a los más golpeados de las clases sociales a emigrar. Ya quisiera yo que tuviera los arrestos de vivir sin documentos, sin beneficios laborales, lejos de la
familia fuera de Guatemala. ¡A los migrantes indocumentados los respeta
porque los respeta! Insolente.

No fue capaz de contestar que si llegara a ser presidente, ¿qué haría para empoderar a las mujeres rurales, cómo apoyaría al sector agrícola? Claro está que seguirá vendiendo la tierra y oprimiendo y asesinando campesinos e indígenas. Además de la limpieza social en las periferias de la capital. No si el barniz se le echa de ver a leguas, quién no lo quiera ver es porque
está más que cagado. Él en la poltrona seguirá obligando al pueblo raso a emigrar.

Si un presidente no tiene la autoridad moral para exigirle a su gabinete que presente públicamente su patrimonio, no está capacitado para dirigir a un país. Es tan solo un infesto más del sistema, oportunista y ladronzuelo. Ni qué decir de dignidad, honradez y honorabilidad. Paso. Si un presidenciable no confía plenamente que invertir en la educación es viable para el progreso de un país, no tiene nada que estar haciendo ahí, que busque otra forma de ganarse la vida.

Los analistas especializados en la materia y en la coyuntura podrán realizar sus estudios respectivos y opinar con el criterio de quienes están empapados en leyes y estudios estadistas, pero yo como vendedora de mercado, no me voy con la finta, mi voto no lo tiene. Quién se deje babosear por la labia del moralejo está más que cagado. Con presidenciables como estos, lo que urge es una Asamblea Constituyente: Plurinacional, Intercultural y Democrática.

Vacío como presidenciable, Jimmy Morales no es una opción. De entrada quien niegue el genocidio no es opción para dirigir las riendas de un gobierno y de un país tan golpeado como Guatemala. No queremos cachurecos. No queremos solapadores de la imposición de la iglesia. Queremos gente con conciencia, con dignidad, con identidad, gente capaz en todos los sentidos de la palabra. (No gente que de balde tenga los pergaminos). No, y la identidad no es irle a los Rojos o los Cremas. Que el presidenciable Jimmy Morales no le falte el respeto de esa manera a nuestra inteligencia. ¡Aguas con los azadones disfrazados de artistas y progreso!

¡Señor envíanos dos dedos de frente! (Y unos tamalitos de chipilín y por ahí si te sobra una tinaja de chicha y unas semillas de paterna y...).

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Junio 07 de 2015.

Estados Unidos.

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