Miércoles, 02 Julio 2014 06:16

Salida en falso de Francisco

Al grano: se queja el papa Francisco del hecho de que el comunismo les ha quitado las banderas de los pobres. Una enorme salida en falso por parte del papa.


En primer lugar, la historia misma de la iglesia católica ha sido históricamente la de una enorme propietaria de tierras, acumulación de bienes materiales, el sempiterno apoyo al Óbolo de San Pedro, y el haber adoptado históricamente la posición de los más pudientes y ricos antes que de los necesitados y excluidos del mundo.


Olvida Francisco, por ejemplo, los escándalos del Vaticano con el Banco Ambrosiano. Sobre el particular, sencillamente se echó un manto de silencio y, como es habitual, se manejan los asuntos con discreción y por debajo de la mesa. El Banco Ambrosiano: utilizado por diestros y siniestros para lavar dineros vaya–uno–a–saber–su–procedencia.


El comunismo sí tomó las banderas de la pobreza y la solidaridad, que es lo que debió haber hecho la iglesia católica. Pero la pérdida de esta bandera y, por tanto, de feligreses, se observa igualmente en el crecimiento exponencial y sostenido de las iglesias cristianas de todo cuño. Disciplinadas ellas, ampliamente solidarias con los parias de la sociedad, no son, sin embargo, ajenas a los asuntos de enriquecimiento. Sólo que en el caso de las iglesias cristianas, es cosa de cada pastor, dada la estructura descentralizada de los cristianos, el favorecimiento económico propio. ¿Ha conocido alguien acaso a algún pastor pobre o que al cabo de un breve tiempo razonable no termine con bienes y lujos


Las iglesias son y han sido empresas, no cabe la menor duda. Ayer y siempre. En el sentido simbólico de la palabra, tanto como en el sentido literal.


Cabe observar, adicionalmente, que alrededor del mundo, debido fundamentalmente a la caída del Muro de Berlín, después de la Perestroika y el Glasnost y el desmoronamiento del llamado sistema del socialismo real, los partidos comunistas son endémicos. Con notables excepciones. En Chile como en Hungría, en Rusia como en Cuba, por ejemplo. Los partidos comunistas son endémicos, de lo cual, según puede desprenderse de las palabras de Francisco, no se sigue que los comunistas mismos lo sean, ¿o sí?


Desde luego que la iglesia católica ha perdido feligreses alrededor del mundo. Las iglesias andan vacías, muchas de ellas enmalladas o con sistemas velados o abiertos de seguridad, y los conventos y monasterios desaparecen a ojos vistas. La gran tarea de las órdenes religiosas es la de captar jóvenes de ambos sexos para sus filas. En un mundo secular, una tarea titánica. Y absurda por fallida al cabo.


El negocio está en crisis. Y no en última instancia, debido a la doble moral. En el caso de la iglesia católica: la pederastia y el moralismo, el llamado a la pobreza y castidad de un lado, y la riqueza de las mismas jerarquías, de otra parte. Un moralismo que se observa, por ejemplo, en el hecho de que en numerosas instituciones regidas por órdenes religiosas, los salarios y las condiciones de trabajo que no son siempre los más dignos. Con notables excepciones, claro (como siempre).


La pobreza es, sin lugar a dudas, uno de los más serios problemas del mundo contemporáneo. Como causa de la profunda inequidad, de la desigualdad y acumulación escandalosa de enormes capitales en muy pocas manos, la distribución de la riqueza altamente inequitativa, en fin, las mafias y los sistemas de corrupción en toda la línea de la palabra. La pobreza obedece, no en ultima instancia, a la violencia institucionalizada económica, política y militarmente.


Francisco hizo una salida en falso. Acusa a los comunistas de acciones que la propia iglesia católica debió haber afrontado históricamente. Con lo que se olvida que tales fueron exactamente los orígenes del cristianismo primitivo en la antigüedad. Y tal fue el llamado de Jesús de Nazaret y el sentido mismo del libro de los libros.


Guardadas proporciones, la queja de Francisco permite recordar las palabras de la Sultana Aixa a su hijo Boabdil ante la pérdida de Granada y la expulsión de la Alhambra: "No llores como mujer lo que no pudiste defender como hombre".


Francisco y el Vaticano: que no han querido reconocer los llamados de la propia Organización de las Naciones Unidas acerca de su responsabilidad política e institucional en el caso de los abusos históricos, sistemáticos y permanentes en el tiempo a menores de edad. La ONU exigió al papa que entregue a los pederastas ante lo cual el Vaticano guarda un sospechoso silencio. Y ahora sale a patinar de manera desafortunada y abierta.


Con una observación puntual final. Es preciso siempre distinguir las jerarquías de las iglesias de los creyentes y las bases de las mismas. Pero por sobre todo: es fundamental distinguir a las iglesias de Dios mismo. La experiencia religiosa ni comienza ni se agota en la afiliación a una iglesia. Y muchas veces, para muchas personas, ni siquiera pasa por ella.

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Viernes, 23 Mayo 2014 06:26

Conciliar y disciplinar

Conciliar y disciplinar

Después de tantos cuentos mediáticos y otro capítulo de la telenovela vaticana Francisco subtitulada De cómo Jorge Bergoglio escogió su nuevo nombre (con la actuación especial del cardenal brasileño Claudio Hummes: ¡no te olvides de los pobres! y llena de suspensos: ¿fue sólo por Francisco de Asís o también por aquel misionario jesuita?), los guionistas de la Santa Sede hicieron remake de la misma historia.


Ahora resulta (starring: el cardenal italiano Loris Capovilla, ex secretario de Juan XXIII), que no iba a ser Francisco, sino Juan XXIV –¡sic!– (Vatican Insider, 13/3/14).


Claramente esta filtración formaba parte de los preparativos para la doble canonización de Juan XXIII/Juan Pablo II (27/4/14).


Por las semejanzas con Wojtyla quizás mejor le hubiera quedado Juan Pablo III (véase: Canonizar y disciplinar, en: La Jornada, 9/5/14), aunque algunos analistas insistían (siguiendo a los spin doctors vaticanos) en la –supuesta– continuidad con Juan XXIII (Angelo Roncalli).


Stanislaw Obirek, ex jesuita polaco: (...) incluir a Juan XXIII no era sólo una medida para equilibrar la balanza (entre renovadores y conservadores) o para contrarrestar las críticas por la canonización de Wojtyla. Con su figura, Francisco quería subrayar la línea principal de su papado: la renovación. Todo lo que hace confirma su cercanía con Juan XXIII y con las esperanzas antes del Concilio. Juan XXIII es la antítesis de la política de cerrar filas de Juan Pablo II, y Francisco señala así que lo que importa en la Iglesia no es sólo la disciplina, sino también el diálogo y la apertura, (Krytyka Polityczna, 27/4/14).


Aunque algunos gestos –acercamiento personal con los teólogos de liberación, disposición al diálogo sobre algunos temas puntuales– lo diferencian del dúo Wojtyla/Ratzinger, la disciplina es justamente uno de sus principales objetivos.


Claramente Francisco no usa las mismas herramientas disciplinarias que Juan Pablo II; mientras éste se movía en los registros grandes, la especialidad de aquél es la racionalización utilitaria del detalle (Foucault): pequeñas medidas, gestos sencillos, constante flujo de mensajes y filtraciones controladas.
La misma doble canoniz

ación fue una medida para disciplinar (y conciliar) diferentes fracciones de la Iglesia; para suavizar las contradicciones y homogenizar su imagen. Además, el argumento de la cercanía con Juan XXIII parece confundir el estilo con el contenido (de Francisco, hasta ahora, sólo hemos visto lo primero), olvidar la historia e ignorar la naturaleza de ambos personajes.


Si bien en los tiempos del Concilio Vaticano II (1962-1965) Bergoglio era apenas un joven clérigo, simpatizaba más con los círculos integristas que temían la apertura y los cambios.


Luego se situó junto a la mayoría de la Iglesia argentina, afín a la dictadura y reacia al aggiornamiento, en las antípodas de los curas tercermundistas que mediante la acción social implementaban al espíritu del Concilio (aunque más tarde se inscribió a la llamada teología popular, una lectura conservadora de éste).


Mientras la grandeza de Roncalli residía en que se dejaba llevar y permitía actuar a otros, Bergoglio siempre ha sido más personalista. Mientras Roncalli con su buena fe caía víctima de intrigas y complots (por ejemplo cuando era nuncio apostólico), en Argentina fue Bergoglio quien armaba complots y jugadas políticas.


Si bien convocando al Concilio, Roncalli era igual de conservador que Bergoglio (tanto que se habla hoy de una necesidad/posibilidad de uno nuevo), los contextos de ayer y hoy son bien diferentes.


Hace 50 años la Iglesia estaba en crisis por un conflicto y lucha entre tradicionalistas y aperturistas.


Hoy la crisis no es fruto de un conflicto interno (Wojtyla y Ratzinger ya limpiaron la Iglesia de los círculos progresistas), sino de una atrofia e implosión por escándalos y rivalidades en la cúpula.


A diferencia de aquella renovación desde adentro (¿desde abajo?), la de Francisco, fiel a su estilo bonapartista –lo que lo asemeja a Juan Pablo II, el Napoleón de la Iglesia–, será más bien (si se da...) una renovación desde arriba.


Pero mientras el conflicto desde abajo puede traer cambios refrescantes, la conciliación desde arriba solo traerá disciplina.


Apenas al día siguiente de la doble canonización, Francisco tuiteó: La desigualdad es la raíz de los males sociales (@Ponitifex, 28/4/14).
Para algunos fue una prueba de crítica radical del capitalismo y diferencia sustancial con Juan Pablo II (The Guardian, 29/4/14).
Sólo que... Wojtyla también censuraba las desigualdades y su crítica del capital era mucho más profunda que la de Francisco (¡sic!).
Destacaba de hecho en los 90, mientras hoy ya casi todos se dicen críticos, sobre todo de las desigualdades (hasta que se volvió un sinónimo del anticapitalismo, y no lo es).


Incluso Benedicto XVI fustigaba la creciente brecha entre ricos y pobres, (News.va, 1/1/13).
La crítica de Francisco no es nada radical, más bien moral (muy diferente de la crítica estructural de la teología de la liberación).
Su objetivo es disciplinar no sólo a los pobres (conteniéndolos, en vez de empoderarlos), sino también al capital, para que regrese bajo el techo de la Iglesia.


Su carta a la élite de Davos, donde la disciplinaba de manera clásica aplaudiendo su capacidad de innovación –¡sic!– y regañando por perder de vista a la gente (The Guardian, 9/3/14), su llamado a una movilización ética mundial contra la injusticia y la pobreza, más allá de las diferencias de credo u opiniones políticas –¡sic!– (El País, 9/5/14), o Evangelli gaudium (2013), su primer documento que toca las cuestiones económicas, evidencian que su programa no son cambios fundamentales al sistema, sino el viejo sueño corporativista de la Iglesia (León XIII, Rerum novarum, 1891) y de una parte de la burguesía, una falacia de conciliar el trabajo con el capital (que significa supeditar el primero al segundo).


Sin embargo no es la conciliación, ni el consenso (elevarse por arriba de las diferencias) lo que nos puede sacar de donde estamos, sino el conflicto y la lucha según las divisiones ya existentes, que son una palanca de la acción política.


Lo mismo se aplica al futuro de la Iglesia y la suerte de su renovación

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"La pederastia está tan enraizada que la Iglesia teme una hecatombe"

Sara Oviedo Fierro (Ecuador, 28 de julio de 1952) fue elegida en 2012 vicepresidenta del Comité de la Convención de Derechos del Niño en la ONU ante el que compareció el Vaticano el pasado 16 de enero. La socióloga ecuatoriana, que empezó a los 13 años a defender los derechos de los indígenas, las mujeres y los niños, fue testigo de las respuestas esquivas y de la negativa de los portavoces de la Santa Sede a ofrecer datos y hechos concretos sobre los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia. Como coautora del durísimo informe emitido tras la comparencia, en el que la ONU exige a la Iglesia que entregue a los curas pederastas y que proteja a los niños, Oviedo afirma en esta entrevista, a través de videoconferencia, que el tema de la pederastia está "tan enraizado en las bases de la Iglesia" que sus autoridades tienen miedo a enfrentar el problema.

 

Pregunta. Hasta ahora nunca nadie había conseguido interpelar a la Santa Sede. ¿Fue difícil sentar al Vaticano?
Respuesta. Lo que hicimos fue cumplir con el procedimiento de realizar exámenes a todos los países firmantes del tratado de los derechos del niño, pero la diferencia es que teníamos la convicción de que había que hablar de la pederastia. El diálogo con la Santa Sede se dio en un momento en el que era factible. Existe una mayor apertura de la Santa Sede y existe una necesidad latente de las víctimas y la sociedad de reconocer este tema.


P. ¿Cumplirá el Vaticano los compromisos?
R. Yo insisto en que ya hay cosas que hemos logrado. La primera es reconocer el problema de la pederastia en todo el mundo. Hasta ahora ninguna autoridad, como la ONU en este caso, lo había verificado como un problema importante que existe y que debe ser tratado. Y otra cosa es reconocer el dolor de las víctimas, que han tenido en su ser esa sensación de culpabilidad y de no ser oídos. El Comité tuvo valentía y consistencia, sé que ellos sintieron en nuestras palabras esa posición madura al pedirles que muestren los datos que nunca han dado, que den cuenta de las acciones que están haciendo y que entreguen a los sacerdotes criminales a la justicia común.


P. ¿Cómo valora las respuestas de los portavoces ante el Comité?
R. La comparencia de ese día fue una suerte de sainete. Ellos plantearon que es un hecho que hay pederastas, que están muy avergonzados y que están haciendo una serie de medidas para evitarlo. El diálogo a la larga fue un tira y afloja. Nosotros insistíamos en conocer casos concretos y en decirles medidas que se deberían hacer. Ellos decían que sí, que hay que hacer cosas, pero no hechos concretos. No entregaron una lista de sacerdotes sacados del sacerdocio por pederastia. Como resumen, yo no les creo. O están haciendo muy poco o no están haciendo. Fue una situación bien ambigua, muy confusa.


P. ¿Cómo definiría su actitud?
R. Yo advertí mucho miedo, la inseguridad propia de quien es cogido en falta y de quien sabe que está defendiendo lo indefendible. Quien contesta así sabiendo todo el daño que se ha hecho a tantas vidas humanas tiene mucho cinismo.


P. ¿Mintieron los portavoces del Vaticano durante la comparecencia?
R. Yo no creo que hayan mentido. Sí creo, como dicen, que están preocupados y que han tomado tibias medias, pero el problema es ese, que creo que lo hacen para contentarnos y para que bajemos la presión. Usaron esa forma ambigua tratando de que nosotros cayéramos en el juego y que al final les dijéramos: "Qué bien que están pensando en todo eso y gracias". Pero no caímos, les dijimos claramente que no les creíamos, con diplomacia y en buen ambiente, sin gritos: "No les creemos, no se ve lo que hacen. Las víctimas siguen esperando respuestas".


P. ¿La Iglesia se siente impune?
R. Si analizamos sus respuestas ese día no les veo síntomas de sentirse impunes, aunque en los hechos sí han actuado así, con la lógica de seguirlos protegiendo [a los pederastas]. Si un militar es evidenciado en situaciones de este tipo se lo entrega a la justicia común, no se entiende por qué ellos no lo hacen. La única conclusión que saco es que el asunto de la pederastia es estructural y que está tan enraizado en las bases de la Iglesia que hace temer que si esto se comienza a enfrentar ocurre una hecatombe y salen comprometidas todas las estructuras y sus autoridades. Por la protección con la que tratan el asunto nos hacen pensar que el tema es muchísimo más grande.


P. Los portavoces del Vaticano les han acusado de interferir en la libertad religiosa ¿qué opina?
R. Yo pienso que eso fue una salida por la tangente para poder disminuir la presión. Quisieron decir que no solo estábamos siendo duros e injustos con el tema de la pederastia, sino que interferíamos en otros como el aborto, la homosexualidad o la cuestión de género, pero ellos saben que no hubo insistencia sobre esos asuntos.


P. ¿Cómo valora el silencio del papa Francisco tras el informe?
R. A mí me gustan las personas que hablan un poco tarde, pero con consistencia y con la verdad. Me parece coherente que no haya hablado, él debería hablar con hechos y para presentar las propuestas. Si hablase ahora para decir lo que están diciendo los portavoces de la Santa Sede defraudaría a mucha gente. Creo que se está tomando su tiempo para ofrecer respuestas concretas.


P. Para las víctimas esto ha sido una gran victoria. ¿Qué sigue ahora para ellas?
R. Las víctimas son las que tienen la sartén por el mango. Creo que nosotros cumplimos de manera madura y consistente. Ahora les corresponde a ellas hacer las demandas en sus países de origen, volver a la carga y proponerse agendas bien claras para ver cómo conseguir que en la práctica se vayan concretando los hechos que la Santa Sede reconoció ante el Comité que hay que hacer.


P. Las asociaciones mexicanas piden que se juzgue al Vaticano por crímenes de Estado, ¿cree que hay elementos para ello?
R. Yo no sé sinceramente cuáles son los elementos necesarios para eso, a mí eso ya no me compete juzgarlo.


P. El portavoz del Vaticano ante la ONU dijo que hay pederastia en la Iglesia igual que en otras profesiones.
R. Justamente ellos como guías espirituales están obligados a dar ejemplo. Además, no porque lo hacen los otros se justifica, son ellos los que han asumido ser guías espirituales y han asumido el celibato. La protección a los sacerdotes criminales ha creado ahí un lugar casi morboso, con situaciones muy insanas donde la sexualidad humana está absolutamente deformada.


P. ¿Cree que algún día se hará justicia a las víctimas?
R. Yo creo que el ser humano va avanzando y esa humanidad va a poner el límite a quien haya que ponérselo. Tal vez nosotros no lo veamos, pero sí llegará la justicia.


P. ¿Es usted creyente?
R. Es complicado. Yo creo en Dios, pero en el Dios de los pobres. A mí me cuesta mucho creer en la institución Iglesia, que ha cometido tantos errores y que está siempre del lado de los que tienen el poder. No me nace creerle.

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La ONU exige al Papa que entregue a los pederastas y blinde a los niños

Ya no son las víctimas, ni los periódicos, ni siquiera el propósito de enmienda —tímido y tardío—que Benedicto XVI ensayó en la agonía de su papado. Ahora es nada más y nada menos que la Organización de Naciones Unidas (ONU) la que, a través de un durísimo informe de la Comisión sobre los Derechos del Niño, acusa al Vaticano de haber dejado solos a los niños en manos de los sacerdotes pederastas. La ONU acusa a la Santa Sede de no haber reconocido jamás "la magnitud de los crímenes sexuales" cometidos por parte de sus religiosos y de "no haber tomado las medidas necesarias para proteger a los menores". El resultado, según la comisión, es espeluznante: los abusos "se siguen cometiendo de forma sistemática mientras la inmensa mayoría de los culpables disfruta de total impunidad". La Comisión sobre los Derechos del Niño exige al Vaticano que "destituya de sus cargos y entregue a la policía a todos aquellos que sean culpables de abusos sexuales a menores", para lo cual pide que haga público el contenido de sus archivos


Hay párrafos del informe, dado a conocer ayer en Ginebra, que señalan directamente a la jerarquía católica como responsable de las "decenas de miles de casos" que se han producido y se siguen produciendo. Según asegura la ONU ahora, y ya antes habían denunciado hasta la saciedad —y ante la sordera de la Iglesia— las víctimas de pederastia, el Vaticano ha utilizado desde hace décadas la táctica de transferir "de una parroquia a otra, o a otros países, a abusadores de niños bien conocidos, en un intento por encubrir sus crímenes". Una práctica "documentada por varias comisiones nacionales de investigación" que, además de revestir a los culpables de total impunidad, provoca un efecto aún más devastador: "La movilidad de los responsables", explican los expertos del Comité sobre los Derechos del Niño, "ha permitido a muchos sacerdotes mantenerse en contacto con menores y continuar abusando de ellos. Hay todavía muchos países donde los niños siguen padeciendo alto riesgo de abuso sexual. Se ha reportado —insiste el informe— que decenas de responsables de abusos sexuales siguen en contacto con niños".


La presidenta del Comité, la noruega Kirsten Sandberg, realizó unas declaraciones a la altura de la dureza del informe: "El Vaticano infringe la convención sobre los Derechos del Niño, porque no hizo todo lo que tendría que haber hecho para proteger a los menores. Y no estamos hablando de simples recomendaciones de buenas prácticas, sino de que el Vaticano viola la Convención —a pesar de haberla ratificado en 1990—porque no protege a los niños a pesar de que existe la posibilidad de hacerlo. Frente al escándalo de la pederastia, las autoridades eclesiásticas impusieron un código de silencio y prefirieron preservar la reputación de la Iglesia y proteger a los responsables por encima del interés supremo de los niños".


El informe se produce dos semanas después de que el representante de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, acudiese a Ginebra para declarar ante la comisión, pero ni aportó datos ni mostró una preocupación acorde con la gravedad del problema y con las directrices que, al parecer, ha cursado el papa Francisco. Tomasi dijo entonces que sí, que se trata de "un hecho especialmente grave", pero que abusadores también hay "entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo". Ayer, al conocer el contenido del durísimo informe, monseñor Tomasi declaró: "La primera reacción es de sorpresa porque parece que ya estuviera preparado antes del encuentro de hace dos semanas entre el comité y la delegación de la Santa Sede. En el informe falta una perspectiva correcta y actualizada de la actuación de la Iglesia, que ha realizado una serie de cambios en relación a la protección de los niños difícil de encontrar al mismo nivel en otras instituciones o Estados (...). Se habla de 40 millones de casos de abusos sexuales a niños en el mundo. Por desgracia, algunos de ellos afectan a personas de la Iglesia. ¡Pero la Iglesia ha respondido y reaccionado! ¡Y lo seguirá haciendo!". Por su parte, el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, aseguró durante su visita a Madrid que "en los próximos días o semanas", el Vaticano explicará el funcionamiento de una nueva comisión creada al efecto por mandato del papa Francisco.


Una nota de la oficina de prensa del Vaticano, sin embargo, informó de que el Vaticano "lamenta ver en algunos puntos del informe un intento de interferir en las enseñanzas de la Iglesia católica sobre la dignidad de las personas y el ejercicio de la libertad religiosa", si bien aseguró que "toma nota" y reiteró el "compromiso de defender y proteger los Derechos del Niño, en línea con los principios promovidos por la Convención".
A este respecto, uno de los expertos de la ONU, Benyam Mezmur, puso de manifiesto las contradicciones del Vaticano: "Por un lado dicen que no pueden ser responsables por cada delito que cometen los católicos en el mundo, pero al mismo tiempo se niegan a cooperar con las autoridades de cada país. No se puede actuar por ambas vías. O se tiene influencia sobre el clero o no. Y la evidencia demuestra que sí hay influencia".

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Correa presiona al legislativo para que no legalice el aborto

Ecuador no incluirá la despenalización del aborto por violación en su nuevo código penal. La asambleísta Paola Pabón, del partido en el Gobierno Alianza País, retiró este viernes la moción de legalizar el aborto en caso de violación, que había propuesto durante la sesión del jueves y que fue secundada por una veintena de legisladores del oficialismo y de la oposición. La razón de este cambio repentino a todas luces está en la advertencia que hizo el presidente Rafael Correa durante una entrevista en Oromar Tv, la noche del jueves.

 

Correa hizo pública su posición frente al aborto y anunció que jamás aprobará la despenalización del aborto. "¿Dónde se habla de despenalizar el aborto? Por el contrario, la Constitución dice defender la vida desde la concepción", dijo y añadió que "si siguen estas traiciones y deslealtades, y si mañana (este viernes) se evidencia algo, muy lamentable, que está ocurriendo en el bloque oficialista de Alianza País, yo presentaré mi renuncia al cargo".

 

Con esa sentencia, el Legislativo, controlado por el oficialismo, con 100 de los 137 legisladores, retomó el debate del código penal este viernes y la primera en hablar fue Paola Pabón. "Aquí no están los traidores compañero presidente (...) con el inmenso cariño que te tenemos, te decimos que esta vez estás equivocado, (...) pero por la unidad de la bancada retiro la moción para que este bloque no tenga la posibilidad de evidenciar una ruptura".

 

La noticia fue un duro golpe para los grupos de mujeres que abrigaban la esperanza de por lo menos conseguir que se apruebe el aborto por violación. "Estamos viviendo en un momento de violencia machista, donde una mujer que se atrevió a transgredir este sistema de violencia tuvo que retirar la moción, nosotras nos solidarizamos con Paola Pabón y a los asambleístas que defendieron con dignidad y valentía nuestros derechos. Y convocamos a las mujeres ecuatorianas a que desobedezcan porque van a seguir abortando en la clandestinidad", dijo Virgina Gómez de la Torre, representante del Frente Ecuatoriano por la Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos.

 

Sarahi Maldonado, de la Coordinadora Juvenil por la Equidad de Género, dice que responsabilizan al presidente por todas las muertes de mujeres por abortos inseguros y de los suicidios de mujeres violadas. "Lo de hoy es la muestra más clara de la violencia, política, institucional que no nos reconoce como sujetas de derecho y que genera una práctica política basada en el chantaje, la presión y la manipulación, todo lo contrario a lo que se puede considerar revolucionario y la esencia profunda del pensamiento de izquierda".

 

Durante más de 20 meses, estos grupos de mujeres han acompañado la formulación y discusión del texto penal en la Asamblea. Han presentado argumentos de peso como las 1.962 denuncias por violación que se presentaron en 2011, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. "Esto indica que hay un promedio diario de cinco violaciones diarias y existe el riesgo de que entre el 10 y 15% de estas mujeres puedan quedarse embarazadas", dice desde su perspectiva médica Virgina Gómez de la Torre.

 

La cifra de abortos en el Ecuador es altísima. Un total de 125.000 mujeres abortan cada año. Esto equivale a un aborto cada cuatro minutos. Las mujeres por lo general acuden a los centros obstétricos que son conocidos por facilitar un aborto. No es difícil localizarlos. El gancho suele ser la oferta de un test de embarazo gratuito. Luego se paga entre 150 y 600 dólares por un aborto.

 

De momento, el artículo 149 del nuevo código penal sanciona el aborto, excepto cuando la víctima padezca discapacidad mental, que es lo mismo que decía el código antiguo aunque este usaba el calificativo de mujeres "idiotas o dementes". Este cambio semántico es la única diferencia entre el nuevo código y el texto que se formuló hace 70 años.

 

Para las activistas el nuevo código penal sigue penalizando a las mujeres, incluso porque todavía se debate un artículo que pone en riesgo del aborto terapéutico que ya era una conquista de las mujeres. Hay un artículo que habla de inhabilitar por seis meses los médicos que atiendan un aborto.

 

La discusión del texto penal, que tiene más de 1.000 artículos, podría alargarse hasta la próxima semana. Los puntos más polémicos, además del aborto, son la criminalización de la negligencia médica y la inclusión del feminicidio.

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Teología de la liberación: ¿remix, reloaded, o segundo tiempo?

Según parece indicarlo una parte de la historia, los cambios sociales y políticos, las revoluciones, si se quiere, no pueden hacerse, en determinadas circunstancias, sin la iglesia; esto es, sin una iglesia determinada, dado su papel en la cultura.
 

Es un secreto a voces y una noticia mundial: el papa Francisco está recomponiendo el terreno para la "reconcilización" del Vaticano con la teología de la liberación. Se veía venir, la verdad, luego de los gobiernos de Juan Pablo II y Benedicto XVI, los representantes de lo más retro en la iglesia católica. Con sus propias fuerzas, con nombre propio, apoyándolos.


 
La teología de la liberación fue ese movimiento dentro del catolicismo, a partir de las comunidades de base, que surgiera a raíz del Concilio Vaticano II y, notablemente, a partir de la Conferencia Episcopal en Medellín en 1968. Eran los tiempos de 1968: la protesta contra la guerra de Vietnam, la caída del neocolonialismo, el triunfo de la revolución cubana luego de todos los ataques, el Ché Guevara, Franz Fanon, Praga de 1968; en fin, Mayo de 1968. Que al decir de un historiador como E. Hobbsbawn, ha sido el cisma más grande al interior del sistema capitalista.
 


La teología de la liberación puede resumirse en unas cuantas frases: marxismo y catolicismo; liberación en la tierra; fe liberadora y no alienante; el Cristo de los pobres y para los pobres; por ejemplo. Los nombres originariamente de cuño latinoamericano incluyen, entre otros, a Gutiérrez, L. Boff, Hinkelammert, L. Múnera, Camilo Torres, Romero, Sobrino, Segundo, por ejemplo (ver Teólogos de la liberación).


 
Es decir, antes que una concepción sacrificial de la existencia, se trata de reconocer que la salvación del alma no es posible sin el cuerpo mismo, y que la salvación sucede aquí mismo en la tierra, y no en el cielo. Nadie que no se gane el respeto en la tierra podrá tenerlo en cualquier cielo o paraíso. O inversamente, la condena histórica se corresponde exactamente con la condena eterna.


 
Ahora, en la reconciliación propuesta por Francisco desde el Vaticano, es claro que (a las cosas por su nombre) varios jesuitas, que sin ser, en absoluto progresistas, se verán beneficiados por la sombra de teólogos de verdadero calibre como Hinkelammert, Boff, Sandino o Gutiérrez.


 
Culturalmente, la teología de la liberación se corresponde —es la contracara de la moneda de un pensamiento crítico y propio latinoamericano— con esa otra historia apasionante de pensamiento y ensayistas latinoamericanos: Mariátegui, Vasconcelos, Reyes, Romero, Henríquez Ureña, Fernández Retamar, Martínez Estrada, y tantos otros más. Todos originales, todos críticos, todos radicales e independientes. Profundamente comprometidos con lo social y con Nuestra América.

 


Con la reconciliación que propone y, con seguridad, llevará a cabo Francisco, son varios los beneficiados, así:


 • Se beneficia la iglesia católica, desde luego: Es un reloaded porque quiere así recuperar el terreno perdido, que parece a todas luces irreversible: laicización de la sociedad, pérdida de vocación, conventos y monasterios cerrados, ausencia de relevo en los cuadros directivos por crisis generacional al interior de las diversas órdenes religiosas del catolicismo, pluralismo ético y axiológico, y la pérdida del mercado de fieles por parte de las iglesias cristianas notablemente (ver Religión y sociedad: una visión política ).

 

•Se beneficia el liberalismo político y filosófico, pues ante la evidente derechización del mundo contemporáneo (este será el tema de otro texto aparte en el futuro), se requiere un segundo aire para el liberalismo. Que puede ser entendido como la socialdemocracia. Y que son la mayoría de los partidos "socialistas" de Europa, que no son otra cosa que partidos socialdemócratas; en el mejor de los casos (cuando no son directamente de derecha).

 

•Se beneficia la izquierda, la cual dada la crisis estructural de los discursos de la izquierda particularmente debido al fracaso del llamado socialismo real y la consiguiente desaparición del bloque socialista, puede encontrar un segundo tiempo para revitalizar sus discursos, y su accionar político.

 

•Pero se benefician, ante todo, los pobres y los necesitados, los excluidos y los invisibles, los sin–voz y los marginados. Pues pueden encontrar una fuerza de esperanza, un aliciente de fe y confianza. Pueden encontrar en la unión la fuerza que necesitan para vencer, de una vez por todas, los oprobios producidos por los grandes poderes predominantes.

 

 
Ahora bien, la teología de la liberación no existe ni es posible sin los teólogos de la liberación. El principal problema, sin embargo, es que los teólogos de la liberación están ya algo mayores. Por tanto, más sabios, pero menos osados en materia de acción, y de organización. Deberá, por tanto, formarse a jóvenes teólogos de la liberación, lo cual, dada la crisis de vocación dentro de las comunidades religiosas, implica que el impacto social y político no será el mismo que en los años de 1960 y 1970. Dada, además, la singularidad de que hoy en día la teología y la religión tienen una importancia menor que en el pasado.


 
En consecuencia, dos conclusiones rápidas se siguen, disyuntivas: o bien, esta situación implica un enorme reto social, cultural, teológico y político, o bien lo del papa Francisco no pasará de ser un acto que mira bienintencionadamente hacia el pasado, pero resulta artrítico ante el futuro. Sólo la capacidad de resiliencia de lo más progresista de las diversas comunidades religiosas podrá dar respuesta satisfactoria a este dilema. Y, mientras tanto, el tiempo apremia, pues la inequidad y la violencia, la pobreza y la indignación no disminuyen.


 
En honor a la verdad, hay que decir que el segundo tiempo de la teología de la liberación no será, en manera alguna, igual al primer tiempo —ese entre 1960 y 1970—. Porque el tiempo ha transcurrido, la historia ha variado. El segundo tiempo de la teología de la liberación será un remix, esto es, los motivos originales se alimentarán y fusionarán con otros recientes que el primer tiempo no conoció. Notablemente, el ecologismo, el feminismo, el movimiento LGTBI a nivel mundial, la Femen mismas, si se quiere, varios otros motivos de orden científico, filosófico y ético que, sin embargo, aquí por razones de espacio, no cabe precisar de manera puntual, pero que apuntan a los nuevos desarrollos del pensamiento de punta. Ya no es única y principalmente el marxismo —entonces vigente físicamente, antes de la caída del muro de Berlín en 1989, la Perestroika y el Glasnot—, el que será el primer o principal alimento complementario de la teología de la liberación.


 
La izquierda —las izquierdas, en rigor, deben re–alimentar su propio discurso ante la crisis ideológica del marxismo—, y correspondientemente, la teología de la liberación podrá buscar otras fuentes de nutrición en los mejores desarrollos de la ciencia y la epistemología contemporáneas.


 
Como quiera que sea, al fin y al cabo, según parece indicarlo una parte de la historia, los cambios sociales y políticos, las revoluciones, si se quiere, no pueden hacerse, en determinadas circunstancias, sin la iglesia; esto es, sin una iglesia determinada, dado su papel en la cultura.


 
Ulteriormente, para ser sinceros, el problema no es la iglesia católica o cualquier otra iglesia, o vertientes de ellas. Pues lo verdaderamente fundamental es el papel activo que juegan o pueden desempeñar en la democracia, en la defensa de los valores populares y nacionales, en la defensa y promoción de los derechos humanos; en fin, en la denuncia de las tiranías de todo tipo, los excesos, los desmanes y las violencias del poder institucional y del statu quo.


 
Con todo lo anterior, gana ante todo la esperanza, el optimismo y las posibilidades de la vida. Que es lo que verdaderamente cuenta e interesa. Todo lo demás son accesorios o coadyuvantes.

 

Publicado el Domingo, 15 Septiembre 2013 18:50

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Viernes, 16 Agosto 2013 07:39

El nuevo Papa y sus establos de Augías

Primero una aclaración: nadie y nada (hasta ahora) va a convencer a este articulista de que Jorge Mario Bergoglio, un pastor conservador, con el pasado a contracorriente de los procesos emancipadores en la Iglesia y con el presente a espaldas de la ola progresista en el continente, hará algo revolucionario.

De todos modos: ¿no es hablar de la necesidad de “revolucionar” más bien un indicio de la gravedad de problemas de la Iglesia (y no tanto del progresismo del nuevo Papa) o un espejismo de los círculos progresistas, también externos a la Iglesia, un deseo que ésta “cambie finalmente” (y no tanto un reflejo de su propia dinámica)?


Mientras tanto, el viaje a Brasil hizo creer a algunos optimistas que Francisco podría ser el “nuevo Moisés de la Iglesia, que la llevará a una tierra prometida”; otros, antes escépticos, se persuadieron de que sí hará mucha diferencia.


Al final, ¿no fueron Juan XXIII –el gran reformador–, o Samuel Ruiz –el obispo de los pobres–, unos duros conservadores antes de que fueran “convertidos” por las par­ticulares dinámicas sociales y eclesiásticas?


Sí. Pero después de la purga woj­tyliana-ratzingeriana los círculos progresistas son ya una clara minoría (seguramente en el Vaticano), sin influencia real sobre el Papa. La lucha no es entre progresistas y conservadores, sino entre conservadores y ultraconservadores
Francisco podrá ordenar un poco la Iglesia y devolverle legitimidad, sustituyendo la locura del ultraconservadurismo por su conservadurismo “razonable” y “popular”, pero no hará ninguna revolución.


Más que Moisés, es como Hércules, condenado a limpiar al Vaticano y sus diferentes “establos nacionales”. El hecho de que la curia romana se inquiete o de que en algunos países se escuche el descontento significa que ya viene la escoba.


Un buen ejemplo es la Iglesia polaca, dominada por los sectores ultrarreaccionarios, a quienes Francisco ya hizo parar los pelos.
Algunas voces de observadores críticos: “El nuevo Papa es el problema más grande de la Iglesia polaca” (¡sic!), “Si los obispos polacos pudieran, lo revocarían” (¡sic!), “Huele a cisma” (¡sic!), “Francisco avergüenza y ridiculiza a la Iglesia polaca” (¡sic!), o “Sus palabras suenan como revolución” (¡sic!).


Otra vez lo de la revolución es sólo cuestión de perspectiva, pero veamos.


Francisco dice: “¡Hagan lío!”, y quiere “que la Iglesia salga a la calle”.


La Iglesia polaca contesta silenciando a los curas que hacen “lío” (como Adam Boniecki, ex jefe del semanario Tygodnik Powszechny, uno de los pocos representantes de la “Iglesia abierta”) y atrincherándose en sus palacios.


Si tiene razón el sociólogo Luis Antonio Gomes de Souza, que Francisco no es revolucionario sino más bien un “concesionario”, que propicia un clima para discutir los temas a los que la Iglesia tenía miedo, en Polonia en vez de diálogo triunfan los prejuicios, el hermetismo y el divisionismo (destaca el círculo de Radio Maryja y su director, Tadeusz Rydzyk).


Dominan el clima preconciliar y el elitismo del clero ensimismado y alienado, que en vez de abrirse al mundo se siente su “víctima”, incluso –¡el verdadero teatro del absurdo!– “perseguido como judíos durante la guerra” (¡supersic!).


Francisco dice: “Quiero una Iglesia pobre y para los pobres”; “los obispos han de ser hombres que amen la pobreza”, o “duele ver a una monja o un cura con el último modelo de coche”.


La Iglesia polaca –por conducto del metropolitano de Varsovia, arzobispo Kazimierz Nycz– contesta: “¿Significa esto que el Papa sacará a los ricos de la Iglesia o se deshará de todas las obras del arte del Vaticano?” (¡sic!).


Los obispos polacos –príncipes y barones, cada uno con su Mercedes– piensan que “un pastor pobre es un pobre pastor”: abrazar la pobreza es condenarse a pauperismo ( dziadostwo) y ellos “tienen su dignidad”.


Francisco dice: “Un cristiano no puede ser antisemita”.


La Iglesia polaca, que ignora de facto las líneas del Concilio Vaticano II y la posición del mismo Juan Pablo II hacia los “hermanos mayores”, nutriéndose de los peores estereotipos antisemitas, contesta forzando a jubilarse a un cura, Wojciech Lemanski, vocero del dialogo polaco-judío, desde hace años “incómodo” y objeto de burlas. ¿La razón? Revelación del contenido de una plática con su obispo, Henryk Hoser, que investigaba la “verdadera razón de su compromiso”: “¿Es usted circuncidado, pertenece usted a aquella nación?” (¡sic!).
Francisco dice: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”.


La Iglesia polaca, para la que los gays son “peores que los comunistas” (¡sic!), contesta –aunque el Papa no alteraba la doctrina diferenciando sólo los lobbys y las personas– que todo fue una “manipulación” y “homopropaganda” (¡sic!).


Francisco dice: hay que endurecer las penas por pederastia y reforma el Código Penal vaticano.


La Iglesia polaca pretende que “no hay ningún problema” y sigue protegiendo a los suyos: como si nada, a la conferencia del Episcopado sobre pederastia invita (ya hace tiempo) al arzobispo Juliusz Paetz, culpable de abusar sexualmente de los clérigos (mayores de edad, pero no deja de ser ofensivo); y a un cura acusado de abusar de 14 niños en República Dominicana, y requerido por la justicia, le brinda toda la protección en Polonia.


Todas estas negaciones y/o intentos de reinterpretar las palabras de Francisco demuestran que la Iglesia polaca sabe mejor qué es el catolicismo y que puede prescindir del Papa (siempre y cuando éste no sea polaco).


Ya hace más de 80 años, mucho antes de Wojtyla, Tadeusz Boy-Zelenski, un gran escritor y un agudo crítico de la Iglesia, apuntaba que “el catolicismo polaco es literalmente más católico que el Papa”.


Al concluir la visita en Brasil, Francisco anunció que la próxima Jornada de la Juventud (2016) tendrá lugar en Cracovia.


¿Cambiará hasta entonces la Iglesia polaca bajo la escoba del nuevo Papa, o cambiará él, bajo el peso de los sectores ultraconservadores y retrógrados del que el “establo polaco” es el principal recinto?


Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

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Lunes, 29 Julio 2013 05:54

El Papa se fue, ¿y ahora qué?

El Papa se fue, ¿y ahora qué?

Terminada la semana en que Brasil y especialmente su ciudad más emblemática, Río de Janeiro, vivieron la fiebre de la “papamanía”, un balance inicial señala una constatación preocupante y un alivio evidente. La constatación: todo lo que se refirió a la organización y a la preparación para un evento de esas dimensiones se revelaron un desastre olímpico. El alivio: no ocurrió ninguna manifestación violenta cerca del Papa de los católicos.

 

Hubo, en estos días, lo que los brasileños llaman “un baño de multitud”. La visita del Papa reunió en Río a alrededor de 3 millones de personas solamente ayer. Otro tanto se había reunido el sábado. Francisco ya es un Papa Pop.

 

Los números no están cerrados, pero los primeros cálculos indican que la ciudad recibió poco más de dos millones de turistas, de los cuales unos 350 mil llegaron del exterior. En total, los visitantes inyectaron en el comercio local unos 800 millones de dólares.

 

Para semejante contingente, es poco. Pero, al fin y al cabo, más que turistas fueron peregrinos. Y los peregrinos, sabemos todos, suelen tener hábitos (y gastos) muy austeros.

 

La organización de las Jornadas Mundiales de la Juventud primó por sus fallas. Ya en el primer día, y por una confusión entre los servicios de organización e inteligencia, ni organizados y mucho menos inteligentes, el automóvil que conducía a Su Santidad se vio atascado en un embotellamiento en pleno centro de Río. Como prueba de que Dios existe y es brasileño, no le pasó nada al Papa argentino. Pero el riesgo corrido supera los límites del absurdo.

 

Los tickets de alimentación no eran aceptados por los restaurantes, el transporte público entró en colapso y el tránsito se hizo una muestra de lo que será el infierno. Las comisarías de la policía registraron un robo a turistas cada diez minutos. Nada grave, dicen los responsables por la seguridad. Claro: ellos no fueron robados. Los turistas piensan diferente.

 

Los violentos choques entre manifestantes y policía pudieron ser mantenidos lejos de Su Santidad. Y el desfile de mujeres semidesnudas y parejas del mismo sexo besándose desaforadamente, defendiendo el matrimonio igualitario, el derecho al aborto y el uso de métodos anticonceptivos que vayan más allá de la castidad impuesta por el Vaticano como único permitido, no hizo más que asombrar a los peregrinos: el Papa ni se enteró.

 

Su Santidad deja, como líder espiritual, un poco de renovado aliento a los creyentes del país de mayor población católica en el mundo. Y como se trató de una visita oficial –el Papa es también jefe de Estado del Vaticano– es natural que se busquen vestigios de resultados en el campo de la política, de la economía o de las relaciones entre él y el gobierno brasileño. Dadas las peculiaridades del Estado que el papa Francisco representa –en realidad, un espacio geográfico que se resume a una plaza y algunas construcciones imponentes, y cuya población permanente no supera la capacidad de un par de estos aviones que todas las noches cruzan el Atlántico–, lo más razonable es intentar analizar las consecuencias de su visita en el ámbito político local.

 

El Papa llegó a Brasil en un momento delicado, con el país sacudido por una insólita secuencia de multitudinarias marchas de protesta, la economía titubeante y la presidente Dilma Rousseff enfrentando presiones de todos los lados y defecciones entre sus aliados. Una palabra de Su Santidad proferida fuera de tono podría servir de munición para la oposición y muy especialmente para los grandes medios de comunicación, que hostigan un día sí y el otro también al gobierno.

 

Bueno, el Papa incitó a los jóvenes a seguir protestando y creyendo en la posibilidad de cambiar la realidad. Dilma había reiterado que las protestas son legítimas, y aseguró que sabría oír la voz de las calles. El Papa exigió de los políticos que trabajen por los verdaderos intereses del pueblo, especialmente de los más necesitados. Dilma pelea con uñas y dientes para lograr una reforma política que el Congreso resiste en admitir. El Papa denunció la corrupción y demandó que sea combatida de manera cabal. Dilma advierte que seguirá atenta a cualquier desvío de conducta en su gobierno.

 

Es lícito suponer que el discurso del gobierno dirá que el Papa reconoce sus esfuerzos y que están juntos en su lucha, y es igualmente lícito suponer que la oposición dirá todo lo contrario. O sea, que el Papa puso en relieve los errores y las fallas del gobierno.

 

La verdad es que, por ahora, nada de eso tendrá mayor importancia. La cuestión será el año que viene, en la campaña electoral. Seguramente no sólo católicos sino, también, las sectas evangélicas que se reproducen a cada semana se lanzarán con ganas contra el aborto, el matrimonio homosexual o la adopción de niños por parejas del mismo sexo.

 

Entonces, católicos y pastores electrónicos se darán las manos, y el blanco preferencial serán los candidatos progresistas.

 

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Martes, 23 Julio 2013 06:30

¿Qué hará el Papa en Brasil?

¿Qué hará el Papa en Brasil?

Estaba en la programación del Papa anterior, que el nuevo cumple, visitar Brasil. Es parte, claramente, de un plan del Vaticano para intentar recuperar el terreno perdido en las recientes décadas en el continente considerado el más católico del mundo.

 

El papa Juan Pablo II tomó la decisión de alinearse con Estados Unidos y el Reino Unido para protagonizar, junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la ofensiva final contra la Unión Soviética y provocar un desenlace favorable al bloque imperialista en la guerra fría. Formó parte de eso la represión y el fundamental adelgazamiento de la Teología de la Liberación, que podría haber sido la versión popular del catolicismo.

 

La fuerte ofensiva del Vaticano contra la Teología de la Liberación mató a la gallina de los huevos de oro del catolicismo y abrió el camino para todas las variantes evangélicas, que ocuparon un espacio que bien podría haber sido llenado por la teología reprimida. En lugar de fortalecerse, la Iglesia católica entró en una profunda y probablemente irreversible decadencia.

 

La visita del Papa a Brasil –considerado el mayor país católico del mundo– tiene como propósito intentar recuperar el espacio perdido en las pasadas décadas, a contramano de las tendencias de adhesión a otras religiones y de expansión de varias corrientes evangélicas.

 

Pero el Papa no trae ningún discurso atractivo, en particular para las nuevas generaciones, que son mayoría en Brasil y América Latina.

 

Más allá de la participación de una relativa cantidad de jóvenes en las manifestaciones de su llegada, nada indica que Francisco pueda recuperar el prestigio y la adhesión al catolicismo en Brasil ni en nuestro continente. En los temas que preocupan a los jóvenes y al mundo contemporáneo, el Papa no tiene nada que decir. Su discurso se ha revelado conservador en los temas básicos que interesan a la juventud y en los que podría renovarse el mensaje de la Iglesia: el papel de las mujeres en esa comunidad, aborto y divorcio, entre otros.
Hay una campaña publicitaria que intenta proyectar una imagen simpática del nuevo Papa, una acción contra la antipatía y la falta de recursos del anterior. Pero ningún otro cambio, además de su imagen.

 

Con el nuevo Papa nacido en Argentina se preveía, ilusoriamente, que a su visita asistirían ya no 2 millones de personas, sino 2.5 millones, esperanza que rápidamente naufragó. Ahora se habla de menos de la mitad y, con certeza, más de 90 por ciento proceden de Brasil.

 

La visita del Papa tendrá un efecto instantáneo, y nada más que eso, producto de la campaña publicitaria de proyectar a un líder conservador en un mundo en el que los estadistas del bloque occidental –Obama, Merkel, Hollande, Rajoy y Cameron, entre otros– tienen imágenes muy deterioradas.

 

Pero, a falta de un discurso atractivo –además de las alusiones demagógicas y vacías sobre la miseria, la paz, la vigorización de la espiritualidad, etcétera–, nada duradero se puede esperar de la visita de Francisco, quien se irá como vino, sin ninguna capacidad de fortalecer a la Iglesia católica brasileña con autoridades oficiales conservadoras e inexpresivas. La derecha sólo conseguirá episódicamente proyectar la imagen simpática del Papa actual, sin ninguna injerencia en la situación de Brasil o de América Latina.

 

Emir Sader, Secretario general de Clacso. Traducción: Ruben Montedónico

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Dilma y el Papa están llamados a entenderse

Será la segunda comunión de Dilma. Cuando la presidenta brasileña reciba esta tarde aproximadamente a las 16, horario de Río de Janeiro y Buenos Aires, al papa Francisco, estará completando un recorrido religioso imperfecto iniciado en los años ’50 al tomar su primera comunión en el estado de Minas Gerais, donde era alumna del colegio confesional Sion, frecuentado por los hijos de la elite local. Fue su madre, la católica practicante Dilma Jane, quien la indujo a tomar el sacramento, un asunto ajeno a las inquietudes más políticas que religiosas de su padre Pedro, un comunista búlgaro amante de la ópera.

Aunque la visita del Papa a la Jornada Mundial de la Juventud es formalmente pastoral, para Dilma reviste la importancia de un viaje de Estado. Tanto es así que le dedicó horas de trabajo este fin de semana, en reuniones con el ministro de Defensa, Celso Amorim, para ultimar aspectos de la seguridad del visitante que optó por recorrer Río en un vehículo sin blindaje, y con el canciller Antonio Patriota, el encargado de modificar el termostato de las relaciones con el Vaticano: que pasaron del frío polar al clima cálido, desde la jubilación de Joseph Ratzinger.

En marzo la memoriosa Dilma soltó una nota burocrática para saludar (antes bien celebrar) el fin del papado de Benedicto XVI, quien en las elecciones presidenciales de 2010 se había asociado explícitamente a la derecha brasileña, en una campaña recordada por las bajezas que incluyeron hasta insinuaciones sexuales contra la entonces candidata del Partido de los Trabajadores.

En cambio Rousseff recibió con simpatía a Jorge Mario Bergoglio, y pese a ser una católica nominal, que casi no volvió a la iglesia desde su primera comunión, viajó al Vaticano el 20 de marzo para saludarlo por su elección y reforzar la invitación para ser el anfitrión de la Jornada Mundial de la Juventud que comenzará formalmente mañana.

En el Palacio del Planalto y en círculos católicos del Partido de los Trabajadores evalúan que Francisco puede ser un buen aliado de las políticas sociales agresivas, la principal de ellas la Bolsa Familia, implementadas desde 2003 con la llegada al gobierno del ex presidente Luiz Lula da Silva, y continuadas por Dilma.

El ministro y ex seminarista Gilberto Carvalho, petista de paladar negro, está entre los abanderados de esta posición por entender, además, que a través del acercamiento con la Iglesia Dilma podrá establecer puentes hacia los bien organizados y populosos movimientos sociales, tan importantes en Brasil y generalmente más representativos que los partidos. El gobierno brasileño está haciendo una apuesta política ambiciosa al estrechar el diálogo con este Vaticano de perfil “franciscano”, que habla en español y posiblemente adoptará el portuñol a partir de hoy, como lo anticiparon algunos asesores del pontífice.

En los próximos siete días los jefes de Estado Rousseff y Bergoglio pronunciarán discursos (posiblemente ricos en señales sobre lo que cada uno espera cosechar de esta primavera diplomática), además de reunirse al menos dos veces, la primera hoy y la segunda el próximo domingo en una misa a cielo abierto en la que se espera alrededor de un millón de fieles.

Claro que el Papa también considera importante trabar una relación armónica con el gobierno de la mayor potencia católica del mundo, con cerca de 120 millones de fieles, a pesar de la sangría de católicos que emigran hacia las corrientes evangélicas, en expansión, que ya representan el 19 por ciento de la población, de acuerdo con una encuesta publicada ayer por el diario Folha de Sao Paulo. Y para contener ese éxodo hacia el mercado de fe pentecostal, la Iglesia necesita del Estado brasileño y de una concordata, acordada por Lula y Ratzinger, que autoriza la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, norma denunciada ante la Corte por ser anticonstitucional.

En suma, Dilma y Francisco están condenados a entenderse y, si fuera el caso, hasta a quererse. Y de los dos es la presidenta quien estaría ciertamente más urgida, debido a la difícil coyuntura política que atraviesa luego de las manifestaciones que estremecieron al país el mes pasado. En la única entrevista sobre la visita del Papa, concedida a este cronista, Rousseff reconoció que aún no se disipó el alarmante telón de fondo de las protestas causantes de la caída a pique de su popularidad, que ahora está en la banda del 30 por ciento. “Nuestro país, que recientemente asistió al clamor de los jóvenes en las calles por el perfeccionamiento de la democracia, tendrá oportunidad de tener una amplia reflexión sobre valores espirituales de la tolerancia, la solidaridad y la fraternidad”, declaró Dilma.

“Estoy segura de que en su primer viaje a América latina, (un hecho) de un valor sin presidentes”, el Papa demostrará su “sensibilidad ...frente a temas sensibles para nuestra región, como el combate al hambre, la pobreza y el (impulso) al desarrollo con justicia e inclusión social”, reforzó en la nota publicada por la agencia ANSA.

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