Crece el debate sobre el matrimonio igualitario en Colombia

Aún no está claro cómo responderán las parejas del mismo sexo en Colombia cuando les pregunten sobre su estado civil tras formalizar sus uniones. Lo que sí se sabe es que por ahora no podrán decir que están casados, así la Corte Constitucional haya ordenado que desde hoy las parejas homosexuales pueden acudir a notarías y juzgados a solicitar sus uniones.


 
El debate por las bodas gay en Colombia está lejos de terminar. En abril se hundió en el Congreso un proyecto de ley que buscaba legalizar estas uniones y ahora que pueden acudir a notarías y juzgados, sigue sin saberse qué figura se utilizará, ya que el gremio de notarios ha interpretado la sentencia de la Corte (la C-577 de 2011) como un “vínculo contractual solemne” y no como matrimonio, algo que la comunidad LGBTI rechaza ya que considera que este tipo de contrato no garantizaría ni los derechos ni la misma validez que un matrimonio civil.


 
“No aceptamos una figura distinta. Además, jurídicamente los notarios no pueden hacerlo. Lo pudo haber hecho el Congreso, pero no lo hizo. Entonces ante la ausencia de una nueva reglamentación, la que queda por usar es la del matrimonio civil, no hay otra”, dijo a EL PAÍS, Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa, la ONG más visible en Colombia que trabaja en la defensa de los derechos de la población LGBTI. Para Sánchez, los notarios interpretaron literalmente la orden de la Corte y elaboraron un contrato que no existe en la legislación actual. “No cambia el estado civil, no se sabe cómo se disuelve y si uno lo firma no sabe qué derechos tiene. No es matrimonio”, agregó. Por su parte, los jueces no se han pronunciado sobre si casarán o no a estas parejas.


 
La Corte Constitucional ha reconocido que las parejas gay en Colombia constituyen una familia y desde 2007 también les reconoce el derecho a seguridad social, a pensión y a la herencia. Pero ahora, cuando ha dicho que los notarios y jueces tendrán que “formalizar y solemnizar estas uniones”, sin mencionar la palabra matrimonio, se ha generado toda una controversia jurídica.


 
No son pocas las voces que se oponen al matrimonio de parejas del mismo sexo y que han pedido a los notarios que no los casen. El superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, ha insistido en que será a través del contrato que diseñó la Unión Colegiada del Notariado Colombiano y que habla de la "formalización y solemnización del vínculo contractual", que celebrarán estas uniones, descartando que se trate de un matrimonio. Álvaro Rojas, presidente de ese gremio, también ha dicho que “todo matrimonio civil es un contrato pero no todo contrato es matrimonio”.


 
Por eso, Colombia Diversa también elaboró un documento, que no es otra cosa que una solicitud de matrimonio como lo haría cualquier persona heterosexual, pero en este caso “nosotros la hicimos sustentada, con los argumentos de la Corte”, explicó la directora de la ONG, que ha pedido a las parejas que decidan formalizar sus uniones que se rehúsen a firmar un contrato distinto al matrimonio. Si los notarios se niegan a celebrarlo, la idea es que estas parejas presenten tutelas, el mecanismo de protección de los derechos fundamentales que se utiliza en Colombia, para que sea finalmente la misma Corte quien resuelva la controversia.


 
La Iglesia también se ha pronunciado fuertemente contra el matrimonio igualitario afirmando que la comunidad LGBTI no tiene derecho ni al matrimonio ni a la familia. “¿Qué es lo que se le está negando a la comunidad homosexual?, se le está negando algo que no le compete, algo a lo que no tienen derecho, porque el matrimonio y la familia están basados por leyes naturales fundamentales”, dijo en rueda prensa el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Rubén Darío Salazar. También invitó a los notarios a alegar objeción de conciencia para no formalizar estas uniones, un argumento al que ha recurrido el Procurador General, Alejandro Ordóñez, quien además ha advertido que podría abrir investigación y sancionar a los notarios que celebren estos matrimonios, algo que el Fiscal General, Eduardo Montealegre, descartó por completo.


Por Elizabeth Reyes L. Bogotá 20 JUN 2013 - 23:41 CET

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Domingo, 07 Abril 2013 11:05

El Papa de todas las ambigüedades

El Papa de todas las ambigüedades

Mirando al pasado de Jorge Mario Bergoglio y a las primeras declaraciones del papa Francisco, la ambigüedad parece una clave para entender a este complejo personaje.

 

Un jesuita más cercano al Opus Dei. Seco, tosco, sabe ser accesible y afable. A menudo dice una cosa en privado y otra en público. Hoy paga por su hotel, como arzobispo iba en Metro, pero como provincial de jesuitas no se movía unas cuadras sin coche ni chofer.

Su postura durante la dictadura (1976-1983) fue muy ambigua –así dijo el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, rezando por que éste no llegara a ser papa en 2005.

 

Como provincial hacía una limpieza ideológica entre sus súbditos y fustigaba al mismo general Pedro Aruppe por permitir las infiltraciones marxistas en la compañía.

 

Criticaba a los curas que se adherían a la teología de la liberación por meterse en la política, aunque, claro, no hacía lo mismo con los que hacían la política uniéndose a la junta y dándole un respaldo teológico a la exterminación de unas 30 mil personas (Rubén Dri, teólogo y ex cura libertario, lo tachó de teología de la muerte).

A los jesuitas que trabajaban en las villas de miseria veía igual que los militares:comunistas, subversivos y terroristas.

 

Su papel en el secuestro y encarcelación de dos de ellos –Orlando Yorio y Francisco Jalics– en mayo de 1976 es confuso (véase: Horacio Verbitsky, El silencio, Bs. As. 2005, pp. 256, y Página/12, 17/3/2013). La hermana de Yorio no le perdona la doble cara: mostraba compasión, pero fue él quien denunció a Orlando. Su hermano añade: Conozco gente a quien él ayudó. Esto sólo confirma su doble cara (...) Siempre fue un maestro de ambigüedad.

 

Verbitsky, respondiendo a los que lo acusaron de difamar al Papa y reaccionando a los testimonios de la gente salvada por Bergoglio, subraya que esto no significa que en aquella ocasión no pudo haber hecho algo malo (Página/12, 21/3/2013). No es una contradicción; es una ambigüedad.

 

Ahora Pérez Esquivel dice que en los 70 le faltó valor a Bergoglio, no colaboró con la dictadura y prefería una diplomacia silenciosa. ¿Será que fue tan silencioso que Yorio, Jalics o sus familiares lo confundieron con un verdugo? (El primero nunca retiró sus acusaciones; el segundo lo hizo apenas ahora, en dos pronunciamientos contradictorios).

 

Jon Sobrino, jesuita vasco-salvadoreño, ícono de la teología de la liberación, dijo:Bergoglio no fue un Romero. Se alejó de los pobres durante el genocidio argentino, pero destacó algunos gestos sencillos del nuevo Papa (Deia, 16/3/2013).

 

Todos ya han hecho gala de ellos y del nombre elegido. Se hizo de buen tono darle el beneficio de la duda, como han hecho casi todos los teólogos de la liberación (Boff, Betto, Gebara, et al.), que esperan que trabajara por los pobres. Los analistas también prefieren esperar "para ver a qué tradición de la Iglesia se adherirá (Página/12, 31/3/2013)".

 

Sólo la hermana de Yorio sigue engañada: ¿Cómo puede ser un Papa de pobres alguien que entregó a los que verdaderamente trabajaban con los desposeídos?

 

Francisco insiste: Quiero una Iglesia pobre y para pobres. Jmm... ¿Y no será que para eso habría que liquidar el Vaticano?

 

Según Michael Löwy, su enfoque hacia la pobreza es muy tradicional, carece de referencias históricas, no pasa por la política ni por el empoderamiento de los oprimidos: los pobres se consideran objeto de compasión y caridad, no sujetos que deben liberarse (Le Monde, 15/3/2013).

 

Rubén Dri añade: "Nunca escuchamos al Papa apoyar los gobiernos progresistas que han hecho tanto para los pobres (...) para él la pobreza se resuelve siguiendo las directivas de la Iglesia. Para que ello sea posible es necesaria la derrota de los movimientos populares (Miradas al sur, 17/3/2013)".

 

En cambio, se conocen sus ataques a los gobiernos kirchneristas por abrir la brecha de la desigualdad (¡sic!), su apoyo al paro agrícola (cuando las regalías que se negaban a pagar los paristas eran claves para irla nivelando...) o su declaración deguerra santa por la ley del matrimonio igualitario (cuando a la junta no le declaró ninguna y menos una santa...).

 

A nadie se puede exigir una postura valiente en una dictadura, pero en la democracia sí. Y la postura de Bergoglio al respecto de la búsqueda de justicia fue igualmente ambigua.

 

Cuando se reabrieron los juicios de militares dudó que fuera buena idea; las Abuelas de la Plaza de Mayo temen que de Papa puede influir para terminar con ellos.

 

Declarando como testigo en los casos de la ESMA y sobre el robo de bebés negó saber algo, por ejemplo de la isla El silencio (ex propiedad de la Iglesia, dónde hubo un campo de concentración, caso en el que no estuvo involucrado, pero que conocía y se lo contó una vez a Verbitsky) o de la apropiación de los niños (aunque a la familia De la Cuadra, que en 1977 buscaba un bebé nacido en cautiverio, contestó que ésteya estaba con una buena familia y que la situación de su madre era irreversible –usando un lenguaje típico de la junta).

 

Para Nancy Scheper-Hughes, antropóloga que estudió aquellos estenogramas, lo más perturbador incluso no era lo que Bergoglio decía o no, sino como: usando un lenguaje ambiguo, hasta sarcástico, relativizando las atrocidades y suavizando la historia (Counterpunch, 20/3/2013).

 

Al escucharlo, el procurador que lo interrogaba soltó: ¡No hay duda. Él denunció a Yorio y a Jalics!

 

"Mother of all... ("La madre de todos/as...) es una expresión popular en inglés para referirse a un ejemplo más grande o característico de una cosa.

 

Se vale dar el beneficio de la duda y/o esperar los primeros pasos para juzgar, pero por lo visto estamos ante un Papa de todas las ambigüedades, único de su clase.

 

* Periodista polaco

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Domingo, 24 Marzo 2013 07:01

El Papa de las crisis

El Papa de las crisis

ALAI AMLATINA, 22/03/2013.- Las crisis se suceden y sus efectos se acumulan, en lo económico y también --en sus más amplias acepciones- en lo político, social y ambiental. Una civilización, la del "capitalismo industrial", está transformándose en un retrogrado sistema plutocrático, en un sistema financiero-rentista de explotación que se ha apoderado del poder y que utiliza sin empacho alguno todos los medios necesarios --incluyendo la violencia y la corrupción-, para destruir los avances y conquistas logrados desde finales del siglo 19 por las luchas de los pueblos.


 
Basta mirar lo que desde hace años sucede en la Unión Europea (UE), donde uno tras otros los pueblos --Irlanda, España, Portugal, Grecia, Italia y ahora Chipre, sin contar lo sucedido en los países Bálticos, en los Balcanes y Europa Central-, son despojados de las conquistas sociales, económicas y políticas en nombre de la austeridad fiscal que favorece a los acreedores, a la plutocracia dominante. Lo mismo en Estados Unidos (EE.UU.), Canadá y otras "países del capitalismo avanzado".


 
Todas las herramientas de contestación que los pueblos tenían a su alcance, como ser los partidos políticos, los sindicatos, el sistema mismo de la democracia representativa, los tribunales, la prensa, etcétera, han sido inutilizadas por el "nuevo orden".


 
Nadie puede sorprenderse que los resultados electorales que no coinciden con las directivas del "nuevo orden" --que serán cada vez más frecuentes- sean descalificados y que los pueblos que "votaron mal", como hace pocas semanas en Italia, o las legislaturas que no aceptan los dictados, como ahora en Chipre, se vean amonestados o directamente amenazados por los tecnócratas y gobernantes de la UE, por el FMI y los centros financieros, que exigen seguir el dictado y callarse la boca.


 
Nada funciona como antes, el sistema está atascado. La inseguridad social, por el desempleo, la baja de salarios y pensiones, la "flexibilidad laboral" y el aumento de la extracción rentista, entre otras cosas más, está disolviendo el "tejido" social de los "países avanzados", y en particular de los países de la periferia, donde el catolicismo tiene antiguas raíces.


 
Es imposible no constatar que vivimos en un desestabilizador "estado permanente de excepción", donde las certitudes anteriores ya no son o pronto dejarán de ser válidas, y en el cual las nuevas exigencias del presente son social e individualmente inaceptables. Un mundo dirigido por políticos y tecnócratas y amparado por instituciones creadas para servir exclusivamente a las empresas e intereses de las oligarquías que forman la plutocracia dominante.


 
En fin, y no para terminar, hoy nosotros y el nuevo Papa vivimos en un mundo que está siendo empujado --como escribieron Thomas Leif y Chris Hedges- hacia la distopía (antiutopía) que constituye la mezcla del totalitarismo absoluto de George Orwell con los "paraísos artificiales" de Aldous Huxley (1).


 
**


 
*La constante Capital-Trabajo en las encíclicas papales*


 
Desde las primeras décadas del siglo 19, cuando la Primera Revolución Industrial revela su potencial y las secuelas destructivas en el terreno social en Inglaterra, Alemania y Francia, clérigos y laicos de las iglesias cristianas comenzaron a denunciar la situación de explotación y miseria de los trabajadores, y a plantear la necesidad de una doctrina social cristiana (2).


 
En 1891, cuando en Europa aun se sentían los efectos de las sucesivas crisis económicas, financieras y monetarias del capitalismo industrial que conforman la llama "Larga Depresión" -1873 a 1896-, con el desempleo y las hambrunas de millones de europeos alimentando tanto los movimientos socialistas, anarquistas y comunistas, como la emigración masiva hacia las Américas, el papa León XIII dio a conocer su encíclica Rerum Novarum, también conocida como Derechos y Deberes del Capital y el Trabajo, o sea la Doctrina Social de la Iglesia.


 
Esa Larga Depresión fue producto (como la que vendrá en los años 30 del siglo 20) del derrumbe de una fase de liberalismo económico, de mercados autorregulados que por las revoluciones tecnológicas (en los años 30 está en su apogeo la Segunda Revolución Industrial) incentivaron las especulaciones y burbujas financieras, que llevó a rapiñas coloniales, guerras e inmensos desastres sociales, al proteccionismo comercial y al corporativismo.


 
Enfrentada a esa gran crisis del capitalismo industrial y a una crisis interna por el desfase de la Iglesia con la transformación económica, social y política de la época, la encíclica de León XIII recoge y extiende las reformas que Otto von Bismarck, Canciller del Imperio Alemán, había adoptado bajo el consejo de asesores y clérigos cristianos entre 1883 y 1889 con el objetivo de frenar el creciente movimiento socialista (2).


 
A partir de Rerum Novarum y por medio de otras encíclicas se establecen en la Doctrina Social de la Iglesia los principios de conciliación entre los patronos y los obreros que --para frenar el ascendente movimiento socialista y comunista- marcarán el rumbo de los partidos reformistas hasta la llegada del neoliberalismo: derechos de los trabajadores a un salario justo; al descanso; a un ambiente de trabajo y a procesos de manufactura que no sean dañinos para la salud física o la integridad moral; al respeto en los lugares de trabajo de la conciencia o la dignidad del trabajador; a los apropiados subsidios que son necesarios para la subsistencia de los trabajadores desempleados y de sus familias; a pensiones y a seguros para la vejez, la enfermedad y de los accidentes de trabajo; a la seguridad social en los casos de maternidad; y, finalmente, el derecho a reunirse y a formar asociaciones.


 
León XIII, que en 1878 había emitido una encíclica para denunciar el socialismo como "una peste moral", porque reclamaba la igualdad de todos y atentaba como la inviolable naturaleza del derecho a la propiedad, en 1891 estableció de facto "una Carta de Derechos de la clase trabajadora en todos los países, derechos que están basados en la naturaleza del ser humano y de su trascendental dignidad" (3).


 
No se debe subestimar los impactos de Rerum Novarum y de las legislaciones de Otto von Bismarck sobre las sociedades y las nuevas responsabilidades de los Estados en esa fase del capitalismo industrial (y de la carrera inter-imperialista para apropiarse de colonias), pero definitivamente nunca solucionaron el problema de fondo en la inherentemente contradictoria relación entre el capital y el trabajo.


 
Cuarenta años más tarde, en 1931, cuando Pío XI da a conocer su encíclica Quadragesimo Anno, el problema ha empeorado por las luchas revolucionarias en la década y media que la antecede, y por la polarización política que se produce cuando los partidos políticos tradicionales fracasan en dar soluciones a la crisis monetaria, económica y financiera. Son las fuerzas de extrema derecha que avanzan para enfrentar al creciente movimiento de izquierda que propone la revolución social.


 
Para lograr el "orden social", es decir los términos de conciliación en la relación Capital-Trabajo e impedir revoluciones sociales y los avances del comunismo y del socialismo, Pío XI predica la conciliación y da su apoyo al corporativismo (Estado-patronos-sindicatos) que el fascista Benito Mussolini estaba implantando en Italia.


 
De Pío XI a Benedicto XVI, todos los Papas reafirmaron y reacomodaron un poco los principios de la Doctrina Social de la encíclica de León XIII sobre la relación Capital-Trabajo, tratando de adaptarse a los cambios que el desarrollo tecnológico y la concentración del capital fue imponiendo en el modo de producción capitalista, y que modificaban la fundamental relación Capital-Trabajo.
 


**
 


*¿Un Papa para la crisis estructural del capitalismo industrial?*


 
Pero si el objetivo compartido del Vaticano y el Capital ha sido la conciliación para "domesticar" la naturaleza brutal de la relación Capital-Trabajo y así impedir la revolución social que nace de la explotación, la naturaleza del capitalismo lo lleva, por su parte, a traicionar constantemente ese objetivo porque su esencia es revolucionar constantemente los medios de producción para reducir el empleo de la fuerza de trabajo humana y aumentar la plusvalía, e inevitablemente aumentar la producción y el desempleo, mudar la producción a países o regiones con mano de obra más barata, y así de seguido en un proceso que inevitablemente lleva a crisis económicas y financieras cada vez más graves, a una mayor concentración monopólica, a ampliar la utilización de la automatización y a más desempleo...


 
Como reconocen algunos analistas y economistas, entre ellos Paúl Krugman, ha llegado el momento de pensar que en la relación Capital-Trabajo son los robots los que les están ganando la guerra a los trabajadores.


 
El desolador panorama que describimos al comienzo es el producto de esa revolución en el modo de producir, que no solamente reduce de manera creciente la cantidad de fuerza de trabajo necesaria --y por lo tanto la masa salarial-, sino que al proceder así está creando un obstáculo cada día más grande para ampliar el consumo y, de esta manera, la conversión de los "valores de uso" producidos en mercancías, y por lo tanto incapacidad de realizar la tasa de plusvalía, con el inevitable descenso en la tasa de ganancia de las empresas.


 
Este proceso existe, en grados de desarrollo diferente, en los "países avanzados" del capitalismo industrial y en la periferia cercana, como es el caso en la UE.


 
Por lo tanto la realidad de la relación Capital-Trabajo que existía en 1891 o en 1931 no corresponde, al menos desde hace dos décadas, con la realidad en los "países centrales", con Japón como primer ejemplo porque fue el país que más avanzó en la automatización de la producción y el primero en caer en una "depresión controlada" desde la crisis de comienzos de los años 90 del siglo 20.


 
Lo que ahora se define como "desempleo estructural" es, para ponerlo con otras palabras, un desempleo permanente acompañado de la total inseguridad laboral, y por consiguiente inseguridad de ingresos, de vivienda, etcétera, para el resto de la sociedad. Por esa razón ya se abrió la válvula de escape que es la emigración: 20 mil españoles emigran mensualmente a otros países, por citar un caso.


 
Esta realidad, que defino como un "proceso de disolución social", no tiene solución dentro del capitalismo. No hay receta económica que permita reactivar las economías en términos de creación de empleos dentro del sistema actual, y por lo tanto tampoco es posible ya la conciliación Capital-Trabajo pregonada desde León XIII.


 
Esta es la realidad que en los países del "capitalismo avanzado" enfrentará el Papa Francisco, quien curiosamente proviene de un país y una subregión donde la realidad económica, política y social es muy diferente, y eso debido tanto al desfase de los países sudamericanos respecto al desenvolvimiento del capitalismo industrial como al saldo de la experiencia neoliberal aplicada a partir de mediados de los 70 (Chile y Argentina), que provocó el nacimiento de fuertes movimientos sociales de protesta donde colaboraban masivamente y codo a codo cristianos y no cristianos, marxistas y no marxistas.


 
En la mayoría de países sudamericanos la experiencia neoliberal terminó en un desastre total a finales del siglo 20, llevando a comienzos de este siglo a la elección de gobiernos nacionalistas y progresistas, al rechazo de las políticas neoliberales y, en los últimos años, a la adopción de políticas de desarrollo económico nacional destinadas a combatir la pobreza y crear empleos, y en lo regional a la creación de organismos de cooperación para el desarrollo, como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).
 


Así pues, Habemus Papa que viene de una región que trabajosamente busca salir de los desastres del neoliberalismo y que en pocos años, con políticas contrarias a las promulgadas por la UE, el FMI y EE.UU., ha logrado reducir sustancialmente la pobreza y mejorado la calidad de vida de millones de ciudadanos. Una región, además, donde la mayoría de los países están tomando en serio la democracia, al punto que nuestro querido Hugo Chávez nunca dijo no a un reto referendario o electoral, con gobiernos que bregan para hacerla efectiva para todos, no solo para los ricos.


 
¿Usará el Papa Francisco la experiencia de su país y de la región --que él mismo designa como la Patria Grande, lo que me cae muy bien-, y sus propias vivencia como "villero" para abrir un debate sobre los cambios que hay que hacer a la Doctrina Social de la Iglesia? Un debate de la Iglesia y en el sentido más amplio, incluyendo a curas y laicos que viven la situación real, y no solo entre la cúpula ¿Lo hará? Hay algo más que este Papa tiene naturalmente, porque ya dejó de ser pecado en Sudamérica, y es el potencial de ser un caudillo, un dirigente de masas, y así de poder explicarle al mundo de los feligreses de manera sencilla, llanamente, con sentimiento y convicción, los urgentes cambios que deben ser efectuados, y en los cuales deberán ser llamados a participar.


 
En realidad no tiene mucho que escoger, ya que el futuro de la Iglesia católica está seriamente comprometido sin esos cambios que permitan reubicarla en un mundo que está experimentando grandes cambios económicos, sociales, y de genero, un mundo que más pronto que tarde deberá contemplar una transformación social inédita, el comienzo de la construcción de sociedades pos-capitalistas.


 
Para ello el Obispo de Roma --como él quiere que lo nombren-, en tanto que jefe de Estado deberá también sacudir con fuerza el aparato del Vaticano para que caigan los corruptos y bandidos, podarlo para que no le quite sol y nutrientes a las iglesias que tienen raíces locales, y hacer que quienes queden practiquen la humildad a la cual él mismo está acostumbrado.

 
La Vèrdiere, Francia.


 
*/- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense./*
 
Notas
 
1.- Esta distopía es formulada, entre otros, por Thomas Leift
 
Enter the Fifth Estate http://www.eurozine.com/articles/2010-12-31-leif-en.htmly tambien por Crhis Hedges en "2011: A Brave New Dystopia"
 
http://www.truthdig.com/report/item/2011_a_brave_new_dystopia_20101227/
 
2.- Para combatir al emergente movimiento socialista y reducir la emigración de los jóvenes alemanes hacia las Américas, el Canciller Otto von Bismarck hizo adoptar las leyes que establecieron el seguro de salud, el seguro para los accidentes y la incapacitación laboral, y un fondo de pensiones para los trabajadores.
 
3.- Ver "Catholic Social Teaching and the Welfare State",
 
http://the-american-catholic.com/2009/03/23/catholic-social-teaching-and-the-welfare-state/
 
y el muy detallado análisis titulado "Strengths and Weaknesses of the Tradition Around Rerum Novarum", de Bruce Duncan, en http://www.frbruceduncan.com/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=38&limit=10&limitstart=0&order=hits&dir=ASC&Itemid=30

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Miércoles, 20 Marzo 2013 05:58

¿Quién asesora a Dios en el Vaticano?

¿Quién asesora a Dios en el Vaticano?

En asuntos celestiales, mi campo es finito. Y en los terrenales, más allá de los desmanes causados por los milicianos de la "banda de Loyola", que en el siglo XVI fueron autorizados por el Papa para luchar contra… (toc-toc-toc)… ¡Joder!…Justo cuando me estaba cayendo el veinte. ¿Quién será?

 

–Ah… ¿cómo le va, vecino?

 

–Permítame darle un abrazo.

 

–Pero mi santo es el 19...

 

–Pues que sea por anticipado…

 

–¿Y a cuento de qué?

 

–¡El nuevo Papa, vecino! ¡El nuevo Papa es argentino!

 

–Mire usted, yo…

 

–¿A poco no es usted argentino?

 

–Y mexicano.

 

–¡Pero de la tierra del Papa!

 

–Y de la "mano de Dios".

 

–Caray… tiene usted razón.

 

Toc-toc-toc… (La esposa del vecino y la perrita histérica que ladra cuando asomo por el balcón.)

 

–Buena tardeeeee… Debe sentirse orgulloso ¿verdá…?

 

–Gracias, gracias… muy amables, pero yo…

 

Dirigiéndose a la perrita que no dejaba de husmear y de gruñirme, le dijo:

 

–Calma, Preciosa… ¡hazte amiga del señor, que el Papa es argentino!

 

Pletórica de dicha y armonía vecinal, la tertulia fue breve y acabó cuando la perrita se meó sobre una pila de periódicos. Al despedirse, frunciendo el entrecejo, el vecino asumió un porte más serio:

 

–Tenemos que platicar. ¿En qué periódico dijo que trabaja? –Y la señora, meneando con suavidad su cabeza, me miró con redoblada ternura:

 

–Un Papa argentino… ¡Que Dios le dé más!

 

Cerré la puerta, tomé aire, y sacudiéndome el confeti de congratulaciones me dije: ¿Y ahora? ¿Cómo sigo? En su primer mensaje del "ángelus", el papa Francisco pidió a los católicos ser más indulgentes y que no se apresuren a condenar los errores de los demás. ¿Y los que no lo son?

 

Quizá peco de sentimental, pero siempre me costó enfriar la inocencia y la fe de la gente. ¿Con qué derecho? Sin embargo, y en comparación con otros siglos, las creencias religiosas y dogmas de toda índole se hallan en retirada o a la defensiva, Incluyendo los fanatismos que, en el fondo, son manifestaciones de intrínseca debilidad.

 

Tampoco me caen los que se erigen en predicadores del aristotélico "justo medio", sugiriéndonos condenar la violencia "provenga de donde provenga" y permaneciendo equidistantes de los "extremos de uno y otro signo". Pues ambas expresiones son las favoritas de los hipócritas que lavan su complicidad con la violencia y el extremismo para salvaguardar sus miserables cuotas de poder terrenal… o celestial.

 

La designación de Jorge Mario Bergoglio fue causa de alegría en cientos de millones de creyentes, y motivo de esperanza en cientos de millones que no lo son porque se cansaron de esperarla. Por consiguiente, hay que sopesar. Porque en esta "alegría" participaron encumbrados "teólogos de la liberación", y 44 defensores de la "civilización occidental y cristiana" que están siendo juzgados en la provincia argentina de Córdoba, acusados por delitos de lesa humanidad cometidos en el campo clandestino de La Perla.

 

El día del Ungido, los genocidas entraron en la sala del tribunal luciendo en sus solapas cintas con los colores amarillo y blanco: la bandera del Vaticano. Gesto más que simbólico que seguramente también hizo suyo el ex capellán de la policía Christian von Vernich, a quien la Iglesia no excomulgó ni le prohibió impartir misa en el penal donde purga condena.

 

Ahora bien. Sería injusto igualar a Bergoglio (el "simple" que viaja en Metro) con los curas que supervisaban la picana de 220 voltios. Pero el ex asesor espiritual de "Guardia de Hierro" (capítulo argentino de la fascista y ultracatólica de origen rumano) no acompañó a obispos comprometidos como Miguel Hesayne, Vicente Zazpe o Jaime Nevares. A más de guardar silencio luego de los asesinatos de los obispos Carlos Ponce de León, Enrique Angelelli, y el padre Carlos Mugica, entre cientos de seminaristas caídos en la lucha.

 

Recordemos las palabras de Victorio Bonamín, provicario general de las fuerzas armadas, antes del golpe: "Cuando hay derramamiento de sangre, hay redención. Nuestra religión es terrible: se nutre de la sangre de Cristo y se sigue alimentando de nuestra sangre" ( La Nación, 23/9/1975). Y la bendición impartida a las tropas del ejército tres meses después del golpe por el cardenal Pio Laghi, patrono de la Soberana Orden Militar de Malta y nuncio apostólico en Buenos Aires:

 

“El país tiene una ideología tradicional. Y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño, la nación reacciona como un organismo con anticuerpos ante los gérmenes, generándose así la violencia. Los soldados cumplen con el deber prioritario de amar a Dios y a la patria que está en peligro…” ( La Nación, 27/6/1976).

 

Lo importante: El papa "Francisco" no es un hombre de escritorio, y proviene de la única institución argentina que no pidió perdón ni mostró arrepentimiento por su complicidad con el terrorismo de Estado. Y como no hay dos sin tres, hincha de San Lorenzo de Almagro: el equipo favorito del embajador yanqui James Cheek cuando el país se fue al descenso, y los argentinos padecieron el infierno del llamado consenso de Washington.

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Sábado, 16 Marzo 2013 11:01

Un papa en el patio trasero

ALAI AMLATINA, 15/03/2013.- La jerarquía del Vaticano posó sus ojos en América del Sur, la región donde combatió a muerte (textualmente) a los teólogos de liberación. Alineada con los poderosos, lo que no le impide hacer guiños populistas hacia los pobres, está a punto de tomar posición ante la integración regional y los gobiernos progresistas.

 

“Lo peor que podría pasarle a Sudamérica sería la elección de un papa de aquí”, escribía el periodista Martin Granovsky horas antes de que los cardenales ungieran a Jorge Bergoglio para ocupar el sillón de Pedro. En la medida que los progresistas han sido barridos de las jerarquías eclesiales, si el nuevo pontífice fuera sudamericano, especulaba el periodista, no sería “un estímulo para los cambios que se producen en los dos grandes países de Sudamérica desde 2003” (Página 12, 13 de marzo de 2013).

 

Pocas cosas hay más terrenales que el gobierno de la iglesia católica. Muchas páginas se han escrito sobre las estrechas relaciones del Vaticano con el fascismo y el nazismo, con el régimen de Francisco Franco, sobre sus millonarias inversiones en negocios turbios, por no decir mafiosos, de la ligazón de algunos de sus más encumbrados jerarcas con la Logia P-2, y del cogobierno de facto que ejercieron con la última dictadura militar argentina.

 

Existe una geopolítica vaticana que no ha sido enunciada, que no cuenta con encíclicas que la avalen, pero que se puede rastrear por su actuación en algunos momentos decisivos de la historia. En se sentido, existen datos suficientes que confirman la intervención vaticana en la misma dirección que lo hacían los poderosos del mundo. La elección de Bergoglio tiene un tufillo de intervención en los asuntos mundanos de los sudamericanos, a favor de que el patio trasero continúe en la esfera de influencia de Washington y apostando contra la integración regional.

 

Antecedentes no faltan: en la década de 1950 la actitud del Vaticano hacia el régimen de Franco coincidió, con notable exactitud, con la apertura de Washington hacia el dictador; en la década de 1980, los intereses de la superpotencia en una Centroamérica sacudida por guerras internas fueron acompañados y acompasados por la diplomacia vaticana, con notable sincronía.

 

Pio XII, el anticomunista

 

Es ya un lugar común recordar la profesión de fe democrática del Vaticano cuando agonizaba el régimen fascista de Benito Mussolini, al que Pío XI había dado su bendición (animando a los católicos italianos a votarlo en 1929) al señalar que fue “un hombre enviado a nosotros por la Providencia”. Su sucesor, Pío XII, el papa de la guerra fría, profundizó el anticomunismo y defendió la excomunión de los católicos que votaran por los comunistas.

 

Lo más notable de ese período es el profundo viraje del Vaticano hacia la potencia hegemónica que nació con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Viraje y convergencia que tienen en el año 1953 un nudo más que simbólico.

 

El triunfo de Franco en la guerra civil española, con el apoyo de las fuerzas armadas de Mussolini y de Adolfo Hitler, provocó un agudo aislamiento de España luego de la derrota del Eje en 1945. La posguerra española fue particularmente penosa para su población ya que ese aislamiento la dejó fuera del Plan Marshall con el que Estados Unidos lubricó, con miles de millones de dólares, la recuperación de la devastada Europa.

 

Pero la península ibérica es un espacio geopolítico decisivo para el control del Mediterráneo y del norte de África, ya que el Estrecho de Gibraltar es la puerta de entrada a dos continentes. El desmoronamiento de las potencias coloniales en Asia y África, que detonó la guerra de Argelia desde 1954, sumada a la tradicional independencia de Francia que bajo la influencia de Charles de Gaulle tomó distancias de a política militar de Estados Unidos, llevó a Washington a buscar un acercamiento con la dictadura de Franco.

 

En 1953 se firmaron convenios hispano-estadounideses que diseñaron una alianza militar que se plasmó en la instalación de tres bases militares en Rota, Morón y Torrejón de Ardoz. En 1955 España ingresó en la Naciones Unidas y en 1959 el presidente Dwight Eisenhower visitó a Franco para afianzar las relaciones. A cambio, España recibió ayuda económica y el apoyo para salir de su aislamiento internacional.

 

El mismo año, 1953, el Vaticano puso su granito de arena para ayudar al régimen a superar su aislamiento. Pío XII firmó un concordato con Franco que daba base jurídica al llamado nacional-catolicismo, la ideología del régimen peninsular que de hecho lo legitimaba ante los católicos del mundo. Esta convergencia de acciones entre la máxima autoridad católica y el nuevo hegemón global habría de ser moneda corriente en los años siguientes, de modo muy particular en América Latina.

 

Juan Pablo II, la guerra contra el sandinismo

 

En 1983 Juan Pablo II realizó una gira por Centroamérica, cuando en la región arreciaban guerras de alta intensidad entre regímenes dictatoriales aliados de Washington y fuerzas sociales y políticas de izquierda. En Guatemala el régimen de Efraín Ríos Montt perpetró esos mismos años un gigantesco genocidio contra la población indígena y en El Salvador los escuadrones de la muerte de la ultraderecha asesinaban opositores, entre ellos al arzobispo de San Salvador monseñor Óscar Arnulfo Romero. En Nicaragua gobernaba el sandinismo desde el triunfo de la revolución en 1979, duramente acosada por los Estados Unidos que financiaban bandas terroristas, conocidas como la contra, para desestabilizar al gobierno.

 

En Guatemala el papa se reunió con el dictador genocida que pocas horas antes de su llegada había mandado fusilar a cinco guatemaltecos y un hondureño. En El Salvador también se reunió con los gobernantes, aunque fue a rezar a la tumba de Romero. Sin embargo, sus palabras más duras no estuvieron dirigidas a los asesinos sino a los sacerdotes de la teología de la liberación. “No vale la pena dar la vida por una ideología, por un evangelio mutilado, por una opción partidista”, dijo en clara alusión a algunos sacerdotes que se habían enrolado en la oposición.

 

En todas sus vistas, estuvo también en Honduras y Costa Rica, entre otros países, habló a favor de la paz. Menos en Nicaragua. El país estaba conmovido por la primera acción importante de la contra que asesinó a 17 jóvenes. Por el contrario, la imagen del papa Juan Pablo II reprochando a Ernesto Cardenal por ser ministro del gobierno sandinista, arrodillado frente a su santidad en señal de respeto, dio la vuelta al mundo y se ha inscrito en el imaginario de muchos cristianos latinoamericanos.

 

Ernesto Cardenal consideró que Juan Pablo II “lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano, y por lo tanto una revolución muy popular. Y lo peor de todo para él que fuera una revolución con sacerdotes”.

 

La misa campal fue un desastre. El papa se permitió criticar al sandinismo abiertamente y los asistentes, se estima que había medio millón de personas, lo terminaron abucheando. “El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo”, escribió luego Cardenal quien enfatizo que se negó a condenar los crímenes de la contra.

 

En Centroamérica volvieron a coincidir las estrategias del Pentágono y del Vaticano, punto por punto, lugar por lugar. Mención especial merece la convergencia de intereses contra el clero progresista y de izquierda. El Documento Santa Fe I, emitido en mayo de 1980 por un think tank ultraderechista dirigido a influenciar en la presidencia de Ronald Reagan, tiene entre sus principales propuestas atacar a la teología de la liberación. “La política exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la teología de la liberación”.

 

Geopolítica regional

La elección de un papa latinoamericano puede ser interpretada, desde un punto de vista geopolítico, como reflejo del ascenso de las potencias emergentes y de la consolidación del papel de la región sudamericana en el mundo. Sin embargo, el nuevo pontificado tiende a reforzar la política de los Estados Unidos en la región, parece destinado a colocar un palo en la rueda de la integración regional y aislar así a Brasil y a Venezuela.

 

Lo que está en juego en la región, lo que habrá de marcar su futuro, no es el destino de los curas pederastas, ni la permanente disminución de la cantidad de católicos, ni el matrimonio igualitario ni el aborto, sino la afirmación de Sudamérica como un polo de poder en un mundo cada vez más caótico. Eso pasa, inevitablemente, por una integración orientada por Brasil en base a dos alianzas estratégicas decisivas con Argentina y Venezuela.

 

El capital transnacional hizo su apuesta hace tiempo por la desestabilización de Argentina, objetivo compartido por la Casa Blanca. En este caso no se trata del petróleo como sucede con Venezuela, sino de una lectura correcta por parte del poder estadounidense de los objetivos trazados por Brasil para la integración regional. El punto neurálgico, como señala el diplomático Samuel Pinheiro Guimaraes en su libro Desafíos brasileiros na era dos gigantes, es la alianza entre los dos principales países de la región, porque juntos tienen la capacidad de arrastrar al resto y de neutralizar las injerencias externas.

 

Ese punto lo ha comprendido el presidente José Mujica, quien ha hecho esfuerzos por alinear al Uruguay en la alianza que hoy encarna el Mercosur. También la entendió derecha argentina que echó las campanas al vuelo y pronostica que el papel de Bergoglio en la región será similar al de Juan Pablo II en la caída del comunismo. “El impacto que tiene para un país que un conciudadano sea elegido sumo pontífice no requiere demostración. Basta recordar lo que significó la coronación de Karol Wojtyla para Polonia y, en general, para el socialismo real. Un tsunami”, escribió en La Nación el columnista Carlos Pagni, un ultraderechista que fue acusado por la Delegación Argentina de Asociaciones Israelitas (DAIA) de representar “una clara expresión antisemita asociable a la peor tradición del nazismo” a raíz de un artículo en el que aludía a la descendencia judía de un alto funcionario gubernamental.

 

El nuevo papa está en condiciones darle a la derecha argentina la legitimidad popular e institucional que nunca tuvo, en un momento decisivo para la región, cuando la última apuesta de Washington para recuperar protagonismo, la Alianza del Pacífico, naufraga sin rumbo. Su pontificado no incidirá sólo en su país natal; aspira a influir en toda la región. Uno de los primeros viajes de Francisco I será a Brasil en julio, pero puede convertirse en una gira regional. Será el momento de aquilatar la estrategia vaticana en este período de transición hegemónica.

 

Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

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Sábado, 16 Marzo 2013 10:34

La vatidesmentida

La Santa Sede salió a la ofensiva y, por primera vez desde que Jorge Bergoglio fue designado Papa por los cardenales, salió al paso de la polémica sobre la actitud de Jorge Bergoglio durante los años de la dictadura. El afable portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, barrió con un revés de la mano los indicios y sospechas que pesan sobre la Iglesia y el papa Francisco, a propósito de su actuación blanda durante la última dictadura argentina. Lombardi dijo en conferencia de prensa que esas acusaciones contra Bergoglio provienen de “una izquierda anticlerical” cuya meta consiste en “atacar a la Iglesia”. Defendiendo al Papa, Lombardi extendió su argumento al resto de la Iglesia como si ya no estuviese más que probada la implicación de la jerarquía católica argentina y vaticana en el ocultamiento de las violaciones a los derechos humanos y la colusión con los crímenes de la dictadura. El portavoz de la Santa Sede dijo en Roma que esas acusaciones derivadas de las investigaciones de Horacio Verbitsky eran llevadas “a cabo por una publicación que lanza, a veces, noticias calumniosas y difamatorias. El cariz anticlerical de esta campaña y de otras acusaciones en contra de Bergoglio es notorio y evidente”. Se trata, desde luego, de Página/12. El vocero del Vaticano aclaró que las sospechas que recaen sobre el hoy papa Francisco datan de la época en que era superior de la Compañía de Jesús en la Argentina, en 1976. En ese período fueron secuestrados dos misioneros jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Ambos trabajaban en la villa porteña del Bajo Flores y fueron torturados y liberados cinco meses más tarde. Horacio Verbitsky llevó a cabo varias investigaciones a partir de las cuales estableció un lazo entre Bergoglio y la desaparición de los dos curas jesuitas: Yorio, ya fallecido, y Jalics, que reside en Alemania desde 1978. Varios testimonios recogidos por Verbitsky dieron cuenta de que Yorio nunca perdonó el papel que habría jugado Bergoglio, sobre quien tenía sospechas de que los había delatado. Federico Lombardi dijo que “jamás hubo una acusación verosímil contra el Papa. La Justicia argentina lo interrogó pero como persona informada de hechos y jamás fue imputado por algo. El negó de forma documentada las acusaciones”. El vocero se refirió luego al texto que publicó ayer uno de los interesados, Francisco Jalics, quien rompió el silencio por medio de la pagina web de los jesuitas alemanes (http://www.jesuitas.org/aktue lles/details/article/erklarung-von-pater-franz-jalics-sj.HTML).


En una declaración personal aparecida en dicha página, Jalics escribe: “No puedo pronunciarme sobre el papel del padre Bergoglio en aquellos hechos”. Jalics cuenta luego que, tal como lo mencionó el vocero del Vaticano en su declaración, tuvo “la ocasión de hablar sobre ese tema con el padre Bergoglio. (...) Estoy reconciliado con los acontecimientos y considero que ha llegado la hora de dar el caso por terminado”, escribe el jesuita. La edición digital del semanario Der Spiegel difundió a su vez una declaración del portavoz jesuita, Thomas Busch, quien cuenta que, invitado por el Arzobispado de Buenos Aires, Jalics viajó a la Argentina hace varios años (2000) y que, luego de hablar con él, “está en paz con Bergoglio”. Federico Lombardi argumentó que el Papa “hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura”. También puntualizó que una vez que fue nombrado arzobispo de Buenos Aires “pidió perdón en nombre de la Iglesia por no haber hecho lo suficiente durante el período de la dictadura”. Sin embargo, el testimonio que aporta Francisco Jalics esclarece un poco más el doble juego de la Iglesia en aquellos años. Jalics anota que “la Junta Militar mató a unas 30.000 personas en uno o dos años, tanto guerrilleros de izquierda como civiles inocentes”. En esa mezcla cayeron también ellos dos: ni él ni Yorio tenían contactos “ni con la Junta ni con los guerrilleros”. Sin embargo, Jalics deja claro en su relato que “informaciones deliberadamente falsas”, surgidas incluso “dentro de la Iglesia”, indujeron a que se sospechara sobre las supuestas relaciones que Yorio y Jalics mantenían con los grupos armados. Eso les costó el secuestro. En realidad, el testimonio de Jalics no dice gran cosa sobre la actitud de Bergoglio. Ni lo disculpa, ni tampoco lo acusa: solo alega que se reconcilió con él y que no puede pronunciarse sobre el papel que desempeñó.


Página/12 no es el único que se interesó en lo que Jorge Bergoglio podía o no saber de lo ocurrido a partir de 1976. La Justicia francesa también puso sus ojos en él. En 2011, la magistrada francesa del Tribunal de Gran Instancia de París, Sylvia Caillard, remitió a Buenos Aires una comisión rogatoria internacional para que el entonces cardenal Bergoglio prestase declaración en calidad de “testigo” en torno del asesinato del padre francés Gabriel Longueville. La abogada francesa Sophie Thonon confirmó en París que las “autoridades argentinas nunca respondieron positivamente a la comisión rogatoria correspondiente a Bergoglio”. El sacerdote francés trabajaba en la Argentina para la Orden de las Misiones de Francia. En la noche del 18 de julio de 1976, los padres Gabriel Longueville y Carlos Dios Murias fueron secuestrados en la localidad de Chamical, provincia de La Rioja, por civiles armados que se identificaron como miembros de la Policía Federal. Al día siguiente, sus cuerpos, con evidentes signos de tortura, fueron encontrados a 5 kilómetros de Chamical, tirados al lado de la vía. Las condiciones del secuestro y el asesinato de Murias y Longueville llevaron a otro religioso a investigar y pagar con su vida esa intervención. Se trata del arzobispo de La Rioja, monseñor Angelelli, quien llevó a cabo una investigación para esclarecer el crimen. Su trabajo le fue fatal: el 4 de agosto de 1976, 17 días después del asesinato de Murias y Longueville, monseñor Enrique Angelelli murió en circunstancias dudosas. La primera versión oficial estableció que Angelelli falleció en un accidente automovilístico. Sin embargo, las pruebas aportadas más tarde confirmaron que se trató de un atentado. El día de su muerte, el obispo de La Rioja regresaba de Chamical, donde había celebrado una misa y pronunciado la homilía en la cual denunció el asesinato de los dos padres. En la camioneta que conducía Angelelli había un testigo, el padre Arturo Pinto, y un elemento central: un portafolio que contenía las pruebas recabadas por Angelelli sobre el asesinato de Murias y Longueville. Pinto contó que apenas dejaron Chamical, otro auto comenzó a seguirlos. El obispo se dio cuenta, aceleró, pero a la altura de Punta de los Llanos surgió otro coche que lo encerró hasta hacer volcar la camioneta. El cuerpo de Angelelli fue encontrado con la nuca destrozada a golpes.


En 2011, fecha en que se remitió la comisión rogatoria, la abogada Sophie Thonon juzgó que la audiencia de Bergoglio como “testigo” era necesaria para que el entonces arzobispo de Buenos Aires aportara información sobre la posible existencia de archivos ligados con este caso. Sophie Thonon dijo que “seguramente este Papa no es una gran figura de la defensa de los derechos humanos. Al contrario, está bajo sospecha de no haber denunciado los crímenes de la dictadura, de no haber pedido cuentas y, por consiguiente, de haber cubierto esos actos con su silencio”. La instrucción del caso del padre Longueville sigue siempre activa en Francia, pero podría quedar en la nada debido a las condenas que ya se pronunciaron en la Argentina contra los implicados en el asesinato del padre Longueville. En este contexto, Sophie Thonon consideró que “la Justicia argentina está haciendo un trabajo excepcional sobre los crímenes cometidos en la Argentina durante la dictadura”. Federico Lombardi evacuó el viernes la cuestión del papa Francisco sin hacer la más mínima mención a lo ya probado: la trama montada por la Iglesia para sustentar la dictadura argentina. Una mención, aunque fuese de disculpas o reconocimiento, o el anuncio de alguna futura audiencia con las Madres de la Plaza de Mayo o los defensores de los derechos humanos, hubiese sido sin dudas más noble y acertado: habría probado que el cambio en las esferas vaticanas empezaba al menos por ese camino. Pero la Iglesia es tan hermética a la hora de admitir sus pecados como lo es para administrar los fondos a través del Banco del Vaticano.

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Jueves, 14 Marzo 2013 07:04

Un ersatz

Un ersatz

Entre los centenares de llamados y mails recibidos, elijo uno. “No lo puedo creer. Estoy tan angustiada y con tanta bronca que no sé qué hacer. Logró lo que quería. Estoy viendo a Orlando en el comedor de casa, ya hace unos años, diciendo ‘él quiere ser Papa’. Es la persona indicada para tapar la podredumbre. Es el experto en tapar. Mi teléfono no para de sonar, Fito me habló llorando.” Lo firma Graciela Yorio, la hermana del sacerdote Orlando Yorio, quien denunció a Bergoglio como el responsable de su secuestro y de las torturas que padeció durante cinco meses de 1976. El Fito que la llamó desconsolado es Adolfo Yorio, su hermano. Ambos dedicaron muchos años de su vida a continuar las denuncias de Orlando, un teólogo y sacerdote tercermundista que murió en 2000 soñando la pesadilla que ayer se hizo realidad. Tres años antes, su íncubo había sido designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires, lo cual preanunciaba el resto.

 

Orlando Yorio no llegó a conocer la declaración de Bergoglio ante el Tribunal Oral Federal 5. Allí dijo que recién supo de la existencia de chicos apropiados después de terminada la dictadura. Pero el Tribunal Oral Federal 6, que juzgó el plan sistemático de apropiación de hijos de detenidos-desaparecidos, recibió documentos que indican que ya en 1979 Bergoglio estaba bien al tanto e intervino al menos en un caso a solicitud del superior general, Pedro Arrupe. Luego de escuchar el relato de los familiares de Elena de la Cuadra, secuestrada en 1977, cuando atravesaba el quinto mes de embarazo, Bergoglio les entregó una carta para el obispo auxiliar de La Plata, Mario Picchi, pidiéndole que intercediera ante el gobierno militar. Picchi averiguó que Elena había dado a luz una nena, que fue regalada a otra familia. “La tiene un matrimonio bien y no hay vuelta atrás”, informó a la familia. Al declarar por escrito en la causa de la ESMA, por el secuestro de Yorio y del también jesuita Francisco Jalics, Bergoglio dijo que en el archivo episcopal no había documentos sobre los detenidos-desaparecidos. Pero quien lo sucedió, su actual presidente, José Arancedo, envió a la jueza Martina Forns copia del documento que publiqué aquí, sobre la reunión del dictador Videla con los obispos Raúl Primatesta, Juan Aramburu y Vicente Zazpe, en la que hablaron con extraordinaria franqueza sobre decir o no decir que los detenidos-desaparecidos habían sido asesinados, porque Videla quería proteger a quienes los mataron. En su clásico libro Iglesia y dictadura, Emilio Mignone lo mencionó como paradigma de “pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”. Bergoglio me contó que en una de sus primeras misas como arzobispo divisó a Mignone e intentó acercársele para darle explicaciones, pero que el presidente fundador del CELS alzó la mano indicándole que no avanzara.

 

No estoy seguro de que Bergoglio haya sido elegido para tapar la podredumbre que redujo a la impotencia a Joseph Ratzinger. Las luchas internas de la curia romana siguen una lógica tan inescrutable que los hechos más oscuros pueden atribuirse al espíritu santo, ya sean los manejos financieros por los que el Banco del Vaticano fue excluido del clearing internacional porque no cumple con las reglas para controlar el lavado de dinero, o las prácticas pedófilas en casi todos los países del mundo, que Ratzinger encubrió desde el Santo Oficio y por las que pidió perdón como pontífice. Ni siquiera me extrañaría que, brocha en mano y con sus zapatos gastados, Bergoglio emprendiera una cruzada moralizadora para blanquear los sepulcros apostólicos.

 

Pero lo que tengo por seguro es que el nuevo obispo de Roma será un ersatz, esa palabra alemana a la que ninguna traducción hace honor, un sucedáneo de menor calidad, como el agua con harina que las madres indigentes usan para engañar el hambre de sus hijos. El teólogo brasileño de la liberación Leonardo Boff, excluido por Ratzinger de la enseñanza y del sacerdocio, tenía la ilusión de que fuera elegido el franciscano de ancestros irlandeses Sean O’Malley, que carga con la diócesis de Boston, quebrada por tantas indemnizaciones que pagó a niños vejados por sacerdotes. “Se trata de una persona muy vinculada a los pobres porque trabajó mucho tiempo en América Latina y el Caribe, siempre en medio de los pobres. Es una señal de que puede ser un papa diferennte, un papa de una nueva tradición”, escribió el ex sacerdote. En la Silla Apostólica no se sentará un verdadero franciscano sino un jesuita que se hará llamar Francisco, como el pobrecito de Asís. Una amiga argentina, me escribe azorada desde Berlín que para los alemanes, que desconocen su historia, el nuevo papa es tercermundista. Menuda confusión.

 

Su biografía es la de un populista conservador, como lo fueron Pío XII y Juan Pablo II: inflexibles en cuestiones doctrinarias pero con una apertura hacia el mundo, y sobre todo, hacia las masas desposeídas. Cuando rece su primera misa en una calle del trastevere o en la stazione termini de Roma y hable de las personas explotadas y prostituidas por los poderosos insensibles que cierran su corazón a Cristo; cuando los periodistas amigos cuenten que viajó en subte o colectivo; cuando los fieles escuchen sus homilías recitadas con los ademanes de un actor y en las que las parábolas bíblicas coexisten con el habla llana del pueblo, habrá quienes deliren por la anhelada renovación eclesiástica. En los tres lustros que lleva al frente de la Arquidiócesis porteña hizo eso y mucho más. Pero al mismo tiempo intentó unificar la oposición contra el primer gobierno que en muchos años adoptó una política favorable a esos sectores, y lo acusó de crispado y confrontativo porque para hacerlo debió lidiar con aquellos poderosos fustigados en el discurso.

 

Ahora podrá hacerlo en otra escala, lo cual no quiere decir que se olvide de la Argentina. Si Pacelli recibió el financiamiento de la Inteligencia estadounidense para apuntalar a la democracia cristiana e impedir la victoria comunista en las primeras elecciones de la posguerra y si Wojtyla fue el ariete que abrió el primer hueco en el muro europeo, el papa argentino podrá cumplir el mismo rol en escala latinoamericana. Su pasada militancia en Guardia de Hierro, el discurso populista que no ha olvidado, y con el que podría incluso adoptar causas históricas como la de las Malvinas, lo habilitan para disputar la orientación de ese proceso, para apostrofar a los explotadores y predicar mansedumbre a los explotados.

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Acusado de tener vínculos con la dictadura; la derecha lo defiende

La elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien nació hace 76 años en esta capital, como el nuevo papa Francisco provocó reacciones dispares aquí, con festejos de todos los sectores de derecha y con reservas de organismos humanitarios, que lo han vinculado con la dictadura militar que imperó en Argentina (1976-1983).

 

La designación provocó sorpresa, a pesar de que Bergoglio logró estar en un lugar destacado en el cónclave de 2005, que eligió a Benedicto XVI. Es el primer papa latinoamericano y también el primero de la orden de los jesuitas en ese cargo.

 

Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, en el barrio de Almagro, hijo de Regina y Mario Bergoglio, ambos italianos. Su padre fue trabajador ferroviario.

 

Estudió en una escuela pública en Almagro y egresó como técnico químico. En 1957 decidió ingresar a un seminario de la Orden de los Jesuitas ubicado en el barrio porteño de Villa Devoto y fue ordenado sacerdote en 1969.

 

Ejerció como sacerdote y provincial de la orden de los jesuitas entre 1973 y 1979. También fue profesor de teología. En mayo de 1992 fue consagrado uno de los cuatro obispos auxiliares de Buenos Aires.

 

En junio de 1997 fue designado obispo coadjutor de la arquidiócesis de Buenos Aires, y en 1998 asumió el cargo de arzobispo en remplazo de Antonio Quarracino, quien fue un duro conservador y defensor de las dictaduras locales.

 

Su carrera fue ascendente y en febrero de 2001 el papa Juan Pablo II lo nombró cardenal. Como primado de Argentina se convirtió en el superior jerárquico de la Iglesia católica de este país.

 

También fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) durante dos periodos, hasta 2011. Lo sucedió en el cargo monseñor José María Arancedo, quien hoy rescató entre los dones del nuevo Papa "la humildad, la devoción y el equilibrio".

 

Otros obispos consideraron que como participante de la Comisión para América Latina e integrante de una serie de congregaciones y consejos el actual Papa conoce a profundidad la situación regional.

 

Los religiosos entrevistados hoy coincidieron en destacar la humildad, "la sencillez que practica en su vida cotidiana, viviendo en un departamento pequeño y desdeñando lujos", así como su cumplimiento estricto de la doctrina de la Iglesia católica.

 

Sin embargo, en su biografía es imposible no citar la actuación de Bergoglio durante la dictadura militar más reciente.

 

La cúpula de la Iglesia católica, en su mayoría, está muy comprometida por su relación con los dictadores en turno. Se les demanda además porque muchos de los obispos que pudieron ayudar a las Madres de Plaza de Mayo no lo hicieron y porque los capellanes en las fuerzas armadas colaboraron o consintieron las violaciones de derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad.

 

De hecho, los jerarcas católicos jamás se han definido en casos emblemáticos, como el del sacerdote Christian Von Wernick, quien fue condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, como secuestros, torturas y asesinatos, durante la dictadura militar de 1976-1983.

 

El 12 de mayo de 2011, la justicia argentina citó a declarar al cardenal Jorge Mario Bergoglio como testigo en la causa que juzga a los responsables del plan sistemático de apropiación de menores, hijos de desaparecidos durante el periodo de la dictadura militar de 1976-1983.

 

Bergoglio ya había pasado por tribunales, ya que también fue citado en la causa que procesa a los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), y por el caso de dos sacerdotes jesuitas, uno de los cuales, el que sobrevivió, lo señaló por no haber impedido su secuestro y tortura siendo superior de los jesuitas.

 

El periodista y escritor Horacio Verbitsky lo ha señalado varias veces por esas causas.

 

En los testimonios de quienes lo acusan se ha señalado específicamente su falta de compromiso para brindar ayuda ante pedidos desesperados de familiares. Y también existen testimonios de religiosos ante la justicia –entre ellos los de un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga y un seglar– que comprometen a Bergoglio.

 

Así como hay estas sombras, desde otros sectores sociales se menciona que no existen hasta ahora documentos que indiquen una colaboración activa de Bergoglio con la dictadura, y él ha negado toda responsabilidad en esos casos.

 

Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, dijo hoy a La Jornada que ha recibido muy bien que haya un nuevo papa argentino-latinoamericano. "Es un hombre de equilibrio, de diálogo. Sé que hay cuestionamientos, y creo que pudo no haber ayudado, pero es distinto a decir que entregó a sacerdotes (a los militares). Hay que actuar con mucha responsabilidad. He hablado con él y creo que hay disposición al diálogo. Tenemos que hacer, nosotros, que el nuevo Papa mire al continente con otros ojos. Tenemos que exigir otro tiempo".

 

También Celia Luro, quien fue compañera del ex obispo por los pobres, monseñor Jerónimo Podestá, ya fallecido, sostiene que Bergoglio la defendió en momentos de duros ataques del Vaticano por haber formado pareja con el religioso, quien es muy respetado aquí.

 

Otros destacan su austeridad: viaja en transporte público y él mismo se cocina.

 

Son visiones encontradas, pero que integran la figura y la personalidad de un obispo, un cardenal que ha tomado posiciones duras con el gobierno de Néstor Kirchner y luego con el de Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de que se reunió con ella en lo que parecía un primer paso hacia la concialiación en diciembre de 2007, cuando recién asumió la presidencia.

 

El nuevo Papa se ha enfrentado al gobierno por los proyectos de ley sobre el aborto y la que hizo posible el matrimonio entre personas del mismo sexo, que fue calificada por Bergoglio de "una guerra del diablo".

 

Una serie de acciones lo fueron acercando a la oposición de derecha. La situación llegó al extremo de que se trasladaran los Te deum de la fiesta patria a las provincias. Y hubo duras críticas del ahora flamante Papa, lanzadas desde un púlpito y aplaudidas por la derecha más dura, que hoy reaccionó en conjunto con grandes festejos.

 

"Es nuestro Papa", escribieron en algunos mensajes de Twitter integrantes de esos sectores, entre ellos familiares de los militares presos por los crímenes que cometieron durante la dictadura.

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Jueves, 14 Marzo 2013 06:35

Recordando con ira

Recordando con ira

El rol del ahora cardenal Bergoglio en la desaparición de sacerdotes y el apoyo a la represión dictatorial es confirmado por cinco nuevos testimonios. Hablan un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga, un seglar de una fraternidad laica que denunció en el Vaticano lo que ocurría en Argentina en 1976, y un laico que fue secuestrado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron. La iracunda reacción de Bergoglio atribuye al gobierno el escrutinio de sus actos

 

Cinco nuevos testimonios, ofrecidos en forma espontánea a raíz de la nota "Su pasado lo condena", confirman el rol del ahora cardenal Jorge Bergoglio en la represión del gobierno militar sobre las filas de la Iglesia católica que hoy preside, incluyendo la desaparición de sacerdotes. Quienes hablan son una teóloga que durante décadas enseñó catequesis en colegios del obispado de Morón, el ex superior de una fraternidad sacerdotal que fue diezmada por las desapariciones forzadas, un seglar de la misma fraternidad que denunció los casos al Vaticano, un sacerdote y un laico que fueron secuestrados y torturados.

 

Teóloga con minifalda

 

Dos meses después del golpe militar de 1976, el obispo de Morón, Miguel Raspanti, intentó proteger a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics porque temía que fueran secuestrados, pero Bergoglio se opuso. Así lo indica la ex profesora de catequesis en colegios de la diócesis de Morón, Marina Rubino, quien en esa época estudiaba teología en el Colegio Máximo de San Miguel, donde vivía Bergoglio. Por esa circunstancia conocía a ambos. Además había sido alumna de Yorio y Jalics y sabía del riesgo que corrían. Marina decidió dar su testimonio luego de leer la nota sobre el libro de descargo de Bergoglio.

 

Marina Rubino vive en Morón desde siempre. En el Colegio del Sagrado Corazón de Castelar daba catequesis a los chicos y formaba a los padres, que le parecía lo más importante. "Una vez por mes nos reuníamos con ellos. Era un trabajo hermoso. Esta experiencia duró quince años". También dio cursos de iniciación bíblica "en todos los lugares no turísticos de la Argentina. Teníamos una publicación, con comentarios a los textos de los domingos, queríamos que las comunidades tuvieran elementos para pensar". Desde que se jubiló da clases de telar, en centros culturales, sociedades de fomento o casas.

 

No quiso ingresar al seminario de Villa Devoto porque no le interesaba la formación tomista, sino la Biblia. En 1972 comenzó a estudiar teología en la Universidad de El Salvador. La carrera se cursaba en el Colegio Máximo de San Miguel. En primer año tuvo como profesor a Francisco Jalics y en segundo a Orlando Yorio. Mientras estudiaba, coordinaba la catequesis en el Colegio del Sagrado Corazón de Castelar, donde también estaba la religiosa francesa Léonie Duquet. "Eran tiempos difíciles. Por hacer en el colegio una opción por los pobres tomándonos en serio el Concilio Vaticano II y la reunión del Celam en Medellín perdimos la mitad del alumnado. Pero mantuvimos esa opción y seguimos formando personas más abiertas a la realidad y al compromiso con los más necesitados, sosteniendo que la fe tiene que fortalecer estas actitudes y no las contrarias." El obispo era Miguel Raspanti, quien entonces tenía 68 años y había sido ordenado en 1957, en los últimos años del reinado de Pío XII. Era un hombre bien intencionado que hizo todos los esfuerzos por adaptarse a los cambios del Concilio, en el que participó. Después del cordobazo de 1969 repudió las estructuras injustas del capitalismo e instó al compromiso con "la liberación de nuestros hermanos necesitados". Pero el problema más grave que pudo identificar en Morón fue el aumento de los impuestos al pequeño comerciante y al propietario de la clase media. "Muchas veces hubo que discutir y sostener estas opciones en el obispado, y monseñor Raspanti solía terminar las entrevistas diciéndonos que si creíamos que había que hacer tal o cual cosa, si estábamos convencidos, él nos apoyaba", recuerda Marina. Sus palabras son seguidas con atención por su esposo, Pepe Godino, un ex cura de Santa María, Córdoba, que integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

 

Marina cursaba teología en San Miguel de 8:30 a 12:30. No le habían dado la beca porque era mujer, pero como era la coordinadora de catequesis en un colegio del obispado, Raspanti intercedió y obtuvo que una entidad alemana se hiciera cargo del costo de sus estudios. Tampoco le quisieron dar el título cuando se recibió, en 1977. El director del teologado, José Luis Lazzarini, le dijo que había un problema, que no se habían dado cuenta de que era mujer. Marina partió en busca de quien la había recibido al ingresar, el jesuita Víctor Marangoni:

 

–Cuando me viste por primera vez, ¿te diste cuenta o no de que soy mujer?

 

–Sí, claro, ¿por qué? –respondió azorado el vicerrector ante esa tromba en minifalda.

 

–Porque Lazzarini no me quiere dar el título.

 

Marangoni se encargó de reparar ese absurdo. Marina tiene su título, pero nunca se realizó la entrega oficial.

 

La desprotección

 

Un mediodía, al salir de sus cursos, “encuentro a monseñor Raspanti parado en el hall de entrada, solo. No sé por qué lo tenían allí esperando. Estaba muy silencioso; le pregunté si esperaba a alguien y me dijo que sí, que al padre provincial Bergoglio. Tenía el rostro demudado, pálido, creí que estaba descompuesto. Lo saludé, le pregunté si se sentía bien, y lo invité a pasar a un saloncito de los que había junto al hall”.

 

–No, no me siento mal, pero estoy muy preocupado –le respondió Raspanti.

 

Marina dice que tiene una memoria fotográfica de aquel día. Habla con voz calma, pero se advierte el apasionamiento en sus ojos grandes y expresivos. Pepe la mira con ternura.

 

"Me impresionó ver solo a Raspanti, que siempre iba con su secretario", dice. Marina sabía que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, habían pedido pasar a la diócesis de Morón. Yorio, Jalics, Dourron y Enrique Rastellini, que también era jesuita, vivían en comunidad desde 1970, primero en Ituzaingó y luego en el Barrio Rivadavia, junto a la Gran Villa del Bajo Flores, con conocimiento y aprobación de los sucesivos provinciales de la Compañía de Jesús, Ricardo Dick O’Farrell y Bergoglio. "Le dije que Orlando y Francisco habían sido profesores míos y que Luis trabajaba con nosotros en la diócesis, que eran intachables, que no dudara en recibirlos. Todos estábamos pendientes de que pudieran venir a Morón. Ninguno de los que conocíamos la situación nos oponíamos. Raspanti me dijo que de eso venía a hablar con Bergoglio. A Luis ya lo había recibido, pero necesitaba una carta en la que Bergoglio autorizara el pase de Yorio y Jalics."

 

Marina entendió que era una simple formalidad, pero Raspanti le aclaró que la situación era más complicada. “Con las malas referencias que Bergoglio le había mandado él no podía recibirlos en la diócesis. Estaba muy angustiado porque en ese momento Orlando y Francisco no dependían de ninguna autoridad eclesiástica, y me dijo:

 

–No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situación ni puedo recibirlos con el informe que me mandó. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que decía cosas muy graves.

 

Cualquiera que ayudara a pensar era guerrillero, comenta Marina. Acompañó a su obispo hasta que Bergoglio lo recibió y luego se fue. Al salir vio que tampoco estaba en el estacionamiento el auto de Raspanti. "Debe haber venido en colectivo, para que nadie lo siguiera. Quería que la cosa quedara entre ellos dos. Estaba haciendo lo imposible por darles resguardo."

 

La teóloga agrega que le impresionó la angustia de Raspanti, "que si bien no podía ser calificado de obispo progresista, siempre nos defendió, defendió a los curas cuestionados de la diócesis, se llevaba a dormir a la casa episcopal a los que corrían más riesgo y nunca nos prohibió hacer o decir algo que consideráramos fruto de nuestro compromiso cristiano. Como buen salesiano, se portaba como una gallina clueca con sus curas y sus laicos; cobijaba, cuidaba aunque no estuviera de acuerdo. Eran puntos de vista distintos, pero él sabía escuchar y aceptaba muchas cosas". Uno de esos curas es Luis Piguillem, quien había sido amenazado. Regresaba en bicicleta cuando se topó con un cordón policial que impedía el paso. Insistió en que quería pasar, porque su casa estaba en el barrio, y un policía le dijo:

 

–Vas a tener que esperar, porque estamos haciendo un operativo en la casa del cura.

 

Piguillem dio vuelta con su bicicleta y se alejó sin mirar hacia atrás. De allí fue al obispado de Morón, donde Raspanti le dio refugio. Los militares dijeron que se había escondido bajo las polleras del obispo. Pero no se atrevieron a buscarlo allí.

 

–¿Raspanti era consciente del riesgo que corrían Yorio y Jalics?

 

–Sí. Dijo que tenía miedo de que desaparecieran. No pueden quedar dos sacerdotes en el aire, sin un responsable jerárquico. Pocos días después supimos que se los habían llevado.

 

De Córdoba a Cleveland

 

Otro testimonio recogido a raíz de la publicación del domingo es el del sacerdote Alejandro Dausa, quien el martes 3 de agosto de 1976 fue secuestrado en Córdoba, cuando era seminarista de la Orden de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette. Luego de seis meses, en los que fue torturado por la policía cordobesa en el Departamento de Inteligencia D2, pudo viajar a Estados Unidos, adonde ya había llegado el responsable del seminario, el sacerdote estadunidense James Weeks, por quien se interesó el gobierno de su país. Este año se realizará en Córdoba el juicio por aquel episodio, cuyo principal responsable es el general Luciano Menéndez. Ahora Dausa vive en Bolivia y cuenta que tanto Yorio como Jalics le dijeron que Bergoglio los había entregado.

 

Al llegar a Estados Unidos supo por organismos de derechos humanos que Jalics se encontraba en Cleveland, en casa de una hermana. Dausa y los otros seminaristas, que estaban iniciando el noviciado, lo invitaron a dirigir dos retiros espirituales. Ambos se realizaron en 1977: uno en Altamont (estado de Nueva York) y otro en Ipswich (Massachusetts). Recuerda Dausa: "Como es natural, conversamos sobre los secuestros respectivos; detalles, características, antecedentes, señales previas, personas involucradas, etcétera. En esas conversaciones nos indicó que los había entregado o denunciado Bergoglio".

 

En la década siguiente, Dausa trabajaba como cura en Bolivia y participaba de los retiros anuales de La Salette en Argentina. En uno de ellos los organizadores invitaron a Orlando Yorio, que para esa época trabajaba en Quilmes. "El retiro fue en Carlos Paz, Córdoba, y también en ese caso conversamos sobre la experiencia del secuestro. Orlando indicó lo mismo que Jalics sobre la responsabilidad de Bergoglio."

 

Los asuncionistas

 

Yorio y Jalics fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 y conducidos a la Esma (Escuela de Mecánica de la Armada), donde los interrogó un especialista en asuntos eclesiásticos que conocía la obra teológica de Yorio. En uno de los interrogatorios le preguntó por los seminaristas asuncionistas Carlos Antonio Di Pietro y Raúl Eduardo Rodríguez. Ambos eran compañeros de Marina Rubino en el Teologado de San Miguel y desarrollaban trabajo social en el barrio popular La Manuelita, de San Miguel, donde vivían y atendían la capilla Jesús Obrero. De allí fueron secuestrados 10 días después que los dos jesuitas, el 4 de junio de 1976, y llevados a la misma casa operativa que Yorio y Jalics. A media mañana Di Pietro llamó por teléfono al superior asuncionista Roberto Favre y le preguntó por el sacerdote Jorge Adur, que vivía con ellos en La Manuelita.

 

–Recibimos un telegrama para él y se lo tenemos que entregar –dijo.

 

De ese modo, consiguió que la orden se pusiera en movimiento. El superior Roberto Favre presentó un recurso de hábeas corpus, que no obtuvo respuesta. Adur logró salir del país, con ayuda del nuncio Pio Laghi, y se exilió en Francia. Volvió en forma clandestina en 1980, convertido en capellán del autodenominado Ejército Montonero, y fue detenido-desaparecido en el trayecto a Brasil, donde procuraba entrevistarse con el papa Juan Pablo II. El mismo camino del exilio siguió uno de los detenidos en la razzia del barrio La Manuelita, el entonces estudiante de medicina y hoy médico Lorenzo Riquelme. Cuando recuperó su libertad la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio le dio hospitalidad en su casa porteña de la calle Malabia. En comunicaciones desde Francia con quien era entonces el superior de los Hermanitos del Evangelio, Patrick Rice, Riquelme dijo que quien lo denunció fue un jesuita del Colegio de San Miguel, quien era a la vez capellán del Ejército. Está convencido de que ese sacerdote presenció las torturas que le aplicaron; cree que en Campo de Mayo.

 

El ablande

 

También como consecuencia de la nota del domingo aceptó narrar su conocimiento del caso un fundador de la fraternidad seglar de los Hermanitos del Evangelio Charles de Foucauld, Roberto Scordato. Entre finales de octubre y principios de noviembre de 1976, Scordato se reunió en Roma con el cardenal Eduardo Pironio, quien era prefecto de la Congregación vaticana para los religiosos, y le comunicó el nombre y apellido de un sacerdote de la comunidad jesuita de San Miguel que participaba en las sesiones de tortura en Campo de Mayo, con el rol de "ablandar espiritualmente" a los detenidos. Scordato le pidió que lo transmitiera al superior general Pedro Arrupe, pero ignora el resultado de su gestión, si tuvo alguno. Consultado para esta nota, Rice, quien también fue secuestrado y torturado ese año, dijo que eso no hubiera sido posible sin la aprobación del padre provincial. Rice y Scordato creen que ese jesuita se apellidaba González, pero a 34 años de distancia no lo recuerdan con certeza.

 

Iracundia

 

Como cada vez que su pasado lo alcanza, Bergoglio atribuye la divulgación de sus actos al gobierno nacional. Esta semana reaccionó con furia durante la homilía que pronunció en una misa para estudiantes. En lo que su vocero describió como "un mensaje al poder político", dijo que "no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientación a la patria", sino "proyectarla hacia el futuro, en una utopía que sea continuidad con lo que nos fue dado", que los chicos no tienen otro horizonte que comprar un papelito de merca en la esquina de la escuela y que los dirigentes procuran trepar, abultar la caja y promover a los amigos. Con este ánimo iracundo inaugurará mañana en San Miguel la primera asamblea plenaria del episcopado de 2010.

 


Por Horacio Verbitsky, periodista del diario Página12, de Argentina.

 

Texto publicado el 18 de abril de 2010

Publicado enInternacional
¿Debe importar a los no católicos quién es nombrado papa?

Por supuesto. El Vaticano es un importante actor geopolítico. Así como todo mundo puede sentir que le concierne quién arriba como líder de Estados Unidos, Alemania, Rusia, China o Brasil, así también nos concierne quién se vuelve papa. Se dice que Stalin preguntó alguna vez: ¿Cuántas tropas tiene el papa?” Pero la fuerza geopolítica es más que la fuerza militar.

 

Es cierto que el papa está constreñido por los intereses de largo plazo de la Iglesia católica y por su trayectoria histórica. Pero también están así de constreñidos los líderes designados de cualquier Estado importante. También es cierto que sí hace diferencia quién es el líder particular. Dentro de estas limitaciones, el líder puede inclinar las políticas en una u otra dirección.

 

En el caso del Vaticano, desde 1945 se han electo cinco papas. Los electos se apegaron más o menos a las expectativas –excepto uno. Se suponía que Juan XXIII, de edad avanzada, haría poco, siendo un papa interino en tanto se dirimían las diferencias entre los puntos de vista de los cardenales. No obstante, en su relativamente corta carrera lanzó un viraje importante de las políticas del Vaticano (tanto teológicas como mundanas) en lo que se conoció como un aggiornamento (una actualización) de la Iglesia en el Concilio Vaticano segundo. Su impacto fue tan grande que uno podría decir que el objetivo primordial de sus sucesores ha sido deshacer lo que él hizo, o por lo menos limitar lo que consideraban era el daño causado por él.

 

Es verdad que los debates teológicos al interior de la Iglesia (que son muchos y muy importantes) conciernen profundamente, casi que en exclusiva, a los fieles de la Iglesia. Pero los líderes de la Iglesia, a todos los niveles –en el Vaticano, en el nivel de las estructuras nacionales de los obispos, y a nivel local en cada una de las diócesis y parroquias– extraen conclusiones mundanas de la teología y, por tanto, buscan afectar lo que ocurre en la arena política.

 

Es bastante la diferencia política entre obispos que abrazan la teología de la liberación o, en el otro extremo, aquellos que abrazan los puntos de vista del Opus Dei o, aún más a la derecha, los de la Sociedad de San Pío X. Y aunque la Iglesia tiene variados números de adherentes en diferentes zonas del mundo, hay muchas zonas en las que forman una parte significativa de las poblaciones nacionales: el continente americano, mucho de la Europa occidental y del sur, algunas partes de Europa oriental, varias partes de África, algunas partes del este y el sureste asiático, y Australia. Es una lista larga. Los católicos son hoy cerca de 16 por ciento de la población mundial. El único grupo mayor son los musulmanes, que son cerca de 22 por ciento.

 

En estos países los líderes de la Iglesia con frecuencia respaldan implícitamente a algún candidato en las elecciones. Por lo regular asumen posturas fuertes en torno a varios tipos de legislaciones que afecten la moral social y su permisibilidad. Con frecuencia tienen posiciones sobre cuestiones de bienestar social. Y algunas veces toman posiciones en torno a cuestiones de guerra y paz. En el sistema-mundo como un todo, y ciertamente en muchos países, el resto de nosotros algunas veces encuentra aliados entre las figuras de la Iglesia y algunas otras veces encuentra oponentes.

 


En verdad, los no católicos no tienen decisión alguna acerca de quién es electo papa. Pero en realidad muy pocos católicos pueden decir algo al respecto. El Vaticano es una de las últimas monarquías absolutas. Y cuenta con un sistema electoral muy especial, en el cual aquellos miembros del colegio cardenalicio (todos escogidos por algún papa previo) que sean menores de 80 años votan en secreto y repetidas veces hasta que una persona logra una mayoría.

 

Una mayoría de los miembros menores de 80 años del actual colegio de cardenales fueron elegidos por el papa Benedicto XVI, y parece que su criterio principal fue que compartían en gran medida la mayor parte de aquellas posiciones teológicas que él consideraba de importancia primordial. Pero dicho esto parece haber muchas diferencias en los puntos de vista y los énfasis entre ellos, y algunas de éstas podrían tener importantes consecuencias políticas. Así que está lejos de saberse a ciencia cierta quién emergerá como el siguiente papa y cuáles serán las consecuencias políticas de tal decisión.

 

Es extremadamente dudoso que volvamos a tener un Juan XXIII. Pero en ese entonces era extremadamente dudoso que lográramos el primer Juan XXIII. En un sistema electoral que guarda algunas similitudes estructurales con el del Vaticano, es decir, el sistema de China, todos estábamos inseguros, y hasta cierto punto lo seguimos estando, de cuáles serán las consecuencias de las decisiones recientes en torno a la siguiente ronda de líderes.

 

Una cosa que hay que resaltar es que aun los católicos prominentes que han sido tratados de manera áspera por la Iglesia, o los más desilusionados por el estado de la Iglesia –pienso en Frei Betto en Brasil, Ernesto Cardenal en Nicaragua, Hans Küng en Alemania o Garry Wills en Estados Unidos– no rechazan su membresía en la Iglesia. Persisten en intentar transformarla o, según su punto de vista, retornarla a su misión verdadera y original.

 

El resto de nosotros no puede ya “rendirse” en cuanto al Vaticano, como no podemos rendirnos respecto de China o Estados Unidos, ni de ningún sitio de actividad humana y potencial transformación social.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

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