Foto ▲ "En términos de escala, no existe un país que pueda competir con China por ahora", señala un ejecutivo de Southeast Asia Blockchain Alliance.Foto Ap

La velocidad de las innovaciones tecnológicas es azorante. A finales de octubre, retumbaron dos noticias transcendentales tanto en EU –la computación cuántica– como en China –adopción del blockchain por el mandarín Xi– que trastocarán los órdenes como game changers.

Google realizó un cálculo en sólo 3 minutos y 20 segundos que la máxima supercomputadora completaría en 10 mil años (https://go.nature.com/2WHb73R), lo cual le brindaría la “supremacía cuántica” que tendría "implicaciones para la seguridad nacional (sic) y la criptografía" y "aún para abrir la vía para la creación de nuevos medicamentos" –que explica NYT (https://nyti.ms/2N6TXtc), lo cual amerita un artículo ex profeso.

La batalla tecnológica entre EU y China adquirió gigantescas dimensiones geopolíticas que no pueden ser analizadas con los modelos caducos de la vieja guerra fría y de la fallida unipolaridad de EU, cuando sus supuestos "aliados" como Gran Bretaña y Alemania se acoplan al 5G de Huawei, la trasnacional china exorcizada por la guerra comercial de Trump.

El mandarín Xi desde hace año y medio tenía muy clara la "nueva generación de la revolución industrial" que reconfigura la estructura económica global basada en la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas y el blockchain (https://bit.ly/34sy9hM).

En una sesión de un Grupo de Estudio del Politburó del Comité Central del Partido Comunista Chino, el mandarín Xi instó a aplicar la tecnología blockchain (https://tmsnrt.rs/2WA1Uuh) a sectores que incluyen las finanzas digitales, el Internet de las Cosas, la manufactura inteligente, la transacción de activos digitales y el manejo de la cadena de abastecimiento (https://bit.ly/33ckLOn).

Xi enfatizó que la tecnología blockchain debe ser usada para “incrementar la conectividad entre las ciudades respecto de la información, capital, talento e investigación del crédito ( sic) a una mayor escala”, así como usar su "modelo de compartir datos" para el mantenimiento y utilización de servicios de datos gubernamentales a nivel transdepartamental y transregional.

China busca fortalecer mediante la tecnología blockchain su prevalencia en el ciberespacio, la economía digital y el avance del desarrollo socioeconómico.

El portal chino Global Times afirma que China se adelantó a EU en el nuevo frente de la carrera tecnológica con sus avances en el blockchain: “uno de los principales game changers que configurarán el futuro de la innovación y el crecimiento económico (https://bit.ly/2NxrL1P)”.

Global Times comenta la angustia, ante una audiencia en el Congreso de EU, de Mark Zuckerberg, debido al liderazgo chino en la tecnología blockchain, armazón del bitcoin cuando naufraga la Libra de Facebook (https://bit.ly/2WA8UHz).

Hace tres años, un documento seminal del Treceavo Plan Quinquenal de China listó al blockchain como un área importante a desarrollar en el “Internet Plus”, como parte de la anhelada autarquía proclamada en el concepto Hecho en China 2025 (https://bit.ly/2r7l1QF).

A juicio de Roger Wang, mandamás de Southeast Asia Blockchain Alliance, con sede en Indonesia, el masivo mercado consumista de China y el auge de los gigantes tecnológicos como Alibaba, Tencent y Baidu impulsaron la adopción de la tecnologia blockchain: "en términos de escala, no existe un país que pueda competir con China por ahora", pero admitió que EU sigue siendo el jugador dominante en I&D en tecnologías fundamentales que China empieza a empatar.

A principios de marzo, Josh Rogin del The Washington Post admitió la delantera de China frente a EU en el blockchain: “la gran competencia estratégica (sic) entre EU y China será ganada o perdida con base en quien controle las reglas (sic) y los sistemas (sic) que gobiernen el comercio, las comunicaciones y la seguridad del siglo XXI (https://wapo.st/2C6KR9z)”.

Josh Rogin confiesa que el gobierno de Trump optó por "un amplio plan para el desarrollo de la Inteligencia Artificial", pero "carece de una estrategia para el blockchain" frente al avance chino.

En medio de su guerra civil, ¿quo vadis EU?

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Jueves, 03 Octubre 2019 06:07

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El desmoronamiento del orden mundial establecido en 1944 acelera la batalla entre China y Estados Unidos por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico

Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

Así pues, después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el motor principal de la acumulación de capital a nivel mundial, así como el director de las reglas de dicho proceso, liderando el ámbito económico, tecnológico, comercial, financiero, militar y cultural. Esta configuración colapsa con la crisis de 2008, en la que el orden establecido empieza a descomponerse ante los límites de la globalización financiera. Como contrapartida, ante el deterioro del imperio estadounidense, se acelera la batalla por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico. Así, China y Rusia se establecen como actores políticos de primer orden, empujando el orden unipolar hacia la multipolaridad. La llegada de Trump es la respuesta a la decadencia del hegemón: pérdida de hegemonía mundial y la ruptura del sistema político en Estados Unidos.Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

En este sentido, es posible afirmar que la guerra comercial es parte de la lucha por la construcción de las nuevas reglas del juego en el tablero mundial: es difícil imaginar que el final de la presidencia de Trump signifique el cese de hostilidades. Para comprobar esto, vamos a mostrar algunos indicadores que nos ayudarán a darle dimensión y contexto a este conflicto histórico entre China y EE.UU.

La batalla por la hegemonía

En el primer gráfico podemos observar cómo la proyección de China y su peso relativo en el mundo avanzan a un ritmo vertiginoso. Concretamente, en un lustro, India y China superarán en PIB (medido en Paridad de Poder Adquisitivo) al conjunto de EE.UU. y la UE. Si nos alejamos más en el tiempo, con la prudencia que se debe tener con este tipo de estimaciones, según las predicciones de Goldman Sachs, para el año 2050 el PIB de China será casi el doble del de EE.UU. y el de India tendrá un tamaño similar al del país norteamericano. De esta forma, existe un claro desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo mundial hacia Asia, esto es, el fin de occidente como centro productivo del mundo.

Además, si atendemos a los datos del comercio mundial, en un contexto en el que la globalización está perdiendo fuerza, (el PIB mundial crece ahora por encima del comercio mundial) China lidera las exportaciones con un 12,8% del total, mientras que las estadounidenses suponen el 8,5%. En cuanto a las importaciones, la potencia norteamericana lidera el indicador con un 13,2%, y China es la segunda importadora mundial en 2018 con el 10,8%. Además, si observamos más detenidamente las exportaciones de cada país, podemos ver el cambio del modelo chino, ya que, en 1992 el porcentaje de exportaciones de alta tecnología suponía el 6,4% y, en la actualidad, un 23,8%. De forma contraria, EE.UU. ha pasado del 32,6% a un 13,8. De esta forma, China se está convirtiendo en una exportadora de bienes de alta tecnología, alejándose del papel de fábrica del mundo de bajo valor añadido.

EXISTE UN DESPLAZAMIENTO DEL CENTRO DE GRAVEDAD DEL CAPITALISMO HACIA ASIA, ESTO ES, EL FIN DE OCCIDENTE COMO CENTRO PRODUCTIVO DEL MUNDO

En esta línea, es conveniente detenerse en el área tecnológica, ya que, precisamente, este es uno de los puntos más candentes en la actualidad. Así, el plan Made in China 2025 tiene como objetivo reducir la dependencia de la tecnología extranjera y convertir al país asiático en una potencia mundial en las industrias de alta tecnología. En efecto, si observamos el gráfico que muestra el número de patentes registradas, en la actualidad China, que superó a Estados Unidos en 2015, es el líder indiscutible. Más concretamente, China también lidera el ranking de patentes en desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial, con 473 de un total de 608, mientras que Estados Unidos registra 65.

Ante este escenario, la Administración Trump está mostrando sus garras al Made in China 2025 : gran parte de su ofensiva comercial es, en realidad, un ataque al plan chino, que se ha materializado, por ejemplo, en el conflicto con Huawei y las redes de 5G. De este modo, podemos comprobar que la guerra comercial no tiene tanto que ver con el déficit comercial de Estados Unidos como con la intención de Washington de frenar el desarrollo tecnológico de China.

Otro de los puntos más candentes en la actualidad es la llamada guerra monetaria. Si atendemos a los datos del BIS –Bank for International Settlements/Banco de Pagos Internacionales– el dólar supone el 87% de las transacciones mundiales y el yuan el 4% (sobre un 200% porque cada transacción implica dos monedas). Con respecto a los datos de reservas mundiales de divisas, el dólar representa el 62,9% frente al 1% del yuan. Sin duda, el papel del dólar como centro del sistema monetario internacional es uno de los pilares de la hegemonía de Estados Unidos y, más todavía, desde la ruptura del patrón oro-dólar en la década de los setenta, que situó a EE.UU. como centro de la globalización financiera.

Como contrapartida, la potencia asiática ha comenzado un progresivo proceso de potenciación del yuan con el objetivo de disminuir la dependencia del dólar y aumentar su capacidad de soft power –no impliquen el uso directo de la fuerza (militar o económica)–. En esta línea, China ha promovido el comercio bilateral en yuanes con países como Rusia, Irán, Venezuela o Angola, ha conseguido que su divisa forme parte de la canasta de monedas de Derechos Especiales de Giro del FMI y, más recientemente, ha creado un mercado de futuros de petróleo en yuanes. Aunque todavía estamos lejos de una alternativa al dólar como centro del sistema monetario internacional, las medidas proteccionistas pueden suponer la desdolarización del comercio mundial.

Por último, en relación a la esfera militar, según el indicador Global Fire Power, Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso del mundo. En efecto, siguiendo dicho indicador (siendo el valor óptimo 0), Estados Unidos lidera el ranking con un índice de 0,0615, seguido por Rusia con 0,0639 y China 0,673. Además, en relación al gasto militar por países, Estados Unidos encabeza la lista con 609.757 millones de dólares de inversión anual, seguido por la Unión Europea y China, con 258.701 y 228.230 millones respectivamente y, con casi una décima parte menos, Arabia Saudí y Rusia, con 69.413 y 66.334 millones de dólares.

La configuración del nuevo orden mundial

En cierto modo, un orden mundial es una determinada correlación de fuerzas congelada en un conjunto de instituciones, un paradigma cultural y una forma de ver el mundo que impera y dirige a la sociedad en una dirección determinada, todo ello bajo la batuta de una potencia que actúa como hegemón. Como hemos señalado, el edificio levantado después de la II Guerra Mundial, apuntalado a lo largo de las décadas posteriores, es un marco institucional en el que ya no encaja la nueva correlación de fuerzas mundial: Bretton Woods era un estructura claramente adaptada a un centro de gravedad occidental y en el siglo XXI asistimos al desmoronamiento acelerado de esas instituciones.

LA LUCHA COMERCIAL NO EMPIEZA CON TRUMP, SINO CON OBAMA: EL TTP Y EL TTIP SUPONEN UNA OFENSIVA COMERCIAL CONTRA CHINA

Como observamos en los datos, la tendencia es vertiginosa en cuanto al peso de China (y Asia) en el mundo. El punto de inflexión que hizo que comenzase el deshielo fue la crisis del 2008. De hecho, podemos ver que la lucha comercial no empieza con Trump, sino con Obama: el TTP y el TTIP suponen una ofensiva comercial contra China, que intenta perpetuar las reglas de la globalización financiera liderada por EE.UU. desde los años ochenta. Sin embargo, la estrategia no funcionó y de ahí deriva el giro de Trump, que asume que el traje de Bretton Woods ya no le sirve. De esta forma, el auge del proteccionismo y el bilateralismo supone la ruptura con la concepción de las reglas internacionales multilaterales que defendía EE.UU., más allá de las contradicciones que haya asumido este discurso a lo largo de las décadas.

De forma opuesta, uno de los mejores ejemplos de fin de época es que, en paralelo a la descomposición, existe una edificación de nuevas instituciones internacionales: un traje a medida de China. En efecto, el país asiático ha iniciado la creación de la Nueva Ruta de la Seda, ha creado el Banco de los BRICS y el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras, entidades alternativas al FMI y el Banco Mundial. Así, la creciente soberanía de China, choca frontalmente con la de EE.UU. y seguirá haciéndolo de manera inevitable en el futuro.

Resulta evidente que, cuando Trump abandone la Casa Blanca, el centro de gravedad seguirá desplazándose hacia Asia. El contexto actual va más allá de la estrategia de un determinado gobierno, pues Trump es un ejemplo de la doble crisis de hegemonía interna y externa que vive EE.UU.: la crisis de gobernabilidad y la crisis de hegemonía mundial. En consecuencia, cualquier candidato que llegue a la presidencia estadounidense tiene que asumir los mandos de una potencia en decadencia, que ya no dirige como antaño las riendas del orden mundial.

Este hecho es el que determina que vivamos una crisis de sistema internacional: el desplazamiento del centro de gravedad hacia Asia y el ascenso de China implican que el orden mundial de posguerra asume en su seno una correlación de fuerzas que ya no existe, de tal manera que hasta la propia potencia creadora y directora de las mismas precisa romper con ellas. En este camino no hay vuelta atrás, el futuro del mundo irá ligado a la construcción de esas nuevas reglas.

En definitiva, los próximos años nos enfrentaremos a una mayor profundización del desorden mundial, las distintas potencias se moverán a la búsqueda de alianzas y de nuevos marcos para la construcción de una nueva estructura mundial que permita fijar la nueva correlación de fuerzas. Este proceso se verá acelerado con la próxima crisis económica global. En consecuencia, uno de los puntos más delicados es el de crear un nuevo encaje a nivel internacional en el que el reparto de poder pueda llevarse a cabo sin una guerra (militar) entre China y EE.UU., sea esta directa o proxy. En definitiva, lo que queda por ver es si es posible evitar la trampa de Tucídides. 

Por Juan Vázquez Rojo*

CTXT

*Juan Vázquez Rojo es economista, investigador y editor de la Revista Torpedo.

Publicado enEconomía
 Un niño permanece junto a una bomba de agua instalada por una empresa minera china en Masumbiri, Sierra Leona, el 26 de julio de 2019. Nellie Peyton Thomson Reuters Foundation

Los pueblos colindantes a una mina quieren un hospital, un colegio y agua potable, pero de momento ni los han obtenido ni han dejado de ser pobres

Cuando los mineros chinos llegaron al pueblo de Masumbiri, en el norte de Sierra Leona, en busca de oro, todo el mundo se puso a la cola para conseguir un empleo. Los adolescentes mentían acerca de su edad, y las mujeres y las niñas iban a cocinar y limpiar el campamento de los trabajadores, un complejo cerrado situado en la ladera de una montaña cercana que da a los campos de arroz.

Dayu, una empresa privada que empezó a operar en Sierra Leona en 2018, no era más que la última de una serie de compañías chinas en busca de oro atraídas por la riqueza mineral del subsuelo del distrito sierraleonés de Tonkoili. "Al principio la gente estaba muy contenta con los empleos", cuenta Hasan Tholley, el envejecido jefe de Masumbiri, sentado en su porche junto a los ancianos del lugar en este pueblo de calles de tierra. Pronto, cientos de jóvenes con casco empezaron a llevar un sueldo a casa, y la población, con sus 5.000 habitantes, tuvo por primera vez cobertura móvil y bombas de agua, todo cortesía de Dayu.

Sin embargo, cuentan los lugareños, al cabo de 18 meses del comienzo del proyecto, cuyo valor asciende a miles de millones de dólares, el sueldo que ganaban no compensaba la pérdida de tierras, y la pobreza empeoró.

Al igual que muchos otros países africanos, Sierra Leona ha cortejado a las empresas extranjeras que pagan a los Gobiernos elevadas tasas por los derechos de extracción, mientras que la población local a menudo tiene la sensación de que no se le pide su opinión ni recibe ningún beneficio.

China es, con diferencia, el mayor exportador de minerales de África subsahariana. En la última década ha invertido alrededor de 30.000 millones de dólares en minería metálica en el continente, alrededor del 15% de ellos en Sierra Leona. Allí, la extracción de oro ha sido un sector relativamente pequeño comparado con el de los diamantes o el mineral de hierro, pero está aumentando con empresas como Dayu, que afirma tener la mayor mina de oro subterránea del país. Su explotación es el único proyecto de la compañía.

Varios equipos menores, algunos de los cuales operan ilegalmente, también extraen oro de la zona al mismo tiempo que las empresas grandes. "Considerando la actividad de extracción, las comunidades deberían estar experimentando un gran desarrollo", señala Mohamed Smooth Bagura, miembro del consejo del distrito de Tonkoili.

A lo largo de la pista embarrada y llena de baches que conduce a Masumbiri, los carteles oxidados anuncian las compañías mineras que llegaron y se fueron. Los únicos coches, edificios o carreteras nuevas en un radio de kilómetros estaban en el campamento chino.

Empleos

Desde su tienda de la calle principal de Masumbiri llena de cerraduras, camisetas y relojes, Ibrahim Thulleh cuenta que el negocio ha disminuido. "Desde que llegó Dayu, la gente tiene menos dinero para gastar", se lamenta durante una tarde calurosa, sentado en su choza descubierta.

Antes de Dayu, durante algunos años no hubo en el pueblo ninguna compañía minera grande. La gente acudía en masa a buscar pepitas de oro, a menudo con éxito, y luego iba a la tienda de Thulleh a gastar lo ganado. Dayu contrató a unos 350 lugareños, y los demás mineros se fueron porque la empresa se quedó con los yacimientos que ellos explotaban.

Thulleh cuenta que, cuando los trabajadores reciben la paga —cada uno cobra entre 50 y 150 dólares al mes—, la reparten entre la familia y los vecinos y la utilizan para liquidar sus deudas. "A final de mes no queda dinero", cuenta Abdulai Kargbo, un minero de 29 años que tiene uno de los empleos mejor pagados: ocuparse de las voladuras y la perforación de la montaña en busca de oro. Antes de Dayu, transportaba a gente en su moto y ganaba entre 10 y 15 dólares al día, más del doble de lo que gana ahora, cuenta el trabajador, que es padre de seis hijos. Las ventajas de un empleo estable no compensan la mengua de los ingresos, asegura. Dentro de unas semanas, cuando lleve un año trabajando en la mina, piensa dejarlo y volver a la moto.

A William Bangura, que tiene dos hijos trabajando para Dayu, no se le ocurre nada que la familia pueda comprar ahora que no pudiese permitirse ya antes. "Solo nos llega para ir tirando", se queja. Aún así, está agradecido por los empleos. "No teníamos elección", sentencia.

En vez de cribarlas a mano y venderlas en el sitio, ahora las partículas de oro se extraen triturando las rocas en una planta de procesamiento situada en la ladera de la montaña. En el suelo de la última sala se apilan grandes bolsas blancas llenas de polvo gris que contiene unos cuantos gramos de oro. En este estado se transporta en camiones al puerto donde se embarca rumbo a China.

Repartir la riqueza

Sierra Leona está "abierta a las empresas", anunciaba el presidente Julius Maada Bio, que ha pregonado su mensaje entre los inversores de China, Gran Bretaña y Emiratos Árabes Unidos desde que llegó al cargo el año pasado con el compromiso de garantizar que su país se beneficiaría de la minería. De acuerdo con el Código de Minería, las compañías como Dayu pagan medio millón de dólares anuales al Gobierno por una licencia de extracción a gran escala, y se les exige que dediquen el 0,01% de sus ingresos al desarrollo de las comunidades.

Pero las medidas para el desarrollo de las comunidades no están claras y el código no siempre se aplica, afirmaba el Gobierno el año pasado al anunciar una nueva política minera dirigida a poner en marcha una serie de reformas.

Dayu ha decidido aumentar su contribución al 1%, pero todavía está negociando las condiciones con la población local, informaba Mohamed Daffae, gestor encargado de relaciones con la comunidad. Los tres pueblos de la zona piden cosas diferentes. Uno quiere un colegio, otro un centro de salud, y el tercero necesita agua potable, explica el concejal Bangura. Hasta ahora solo se han instalado las bombas de agua, que llega directamente del río sin filtrar. "Hacemos todo lo que podemos para contribuir al desarrollo de la comunidad", declara Peng Hui Yao, director general de Dayu. "Queremos sinceramente que la gente de la zona sea feliz".

Según Daffae, la población está impaciente por que le lleguen los beneficios. "La principal dificultad es que entiendan la concesión", añade desde su oficina del complejo. Los lugareños creen que la tierra y los minerales son suyos, pero no tienen autorización, afirma.

El acuerdo de Dayu con el Gobierno da acceso a la empresa a 9,6 kilómetros cuadrados durante 25 años. Hace poco, Daffae se encontró con la resistencia de la gente del lugar que estaba extrayendo oro de la zona en la que la empresa china quería excavar. "Tuve que desplazarme hasta allí y explicarles que no pueden parar una explotación como esta, que es para todos nosotros", concluye.

Este artículo ha sido realizado gracias al apoyo de la Fundación Thomson Reuters, la sección sin ánimo de lucro de Thomson Reuters dedicada a informar sobre temas humanitarios, derechos de las mujeres y LGTB+, tráfico de personas, derechos de propiedad y cambio climático.

Por Nellie Peyton y Richmond Tholley

MASUMBIRI (Sierra Leona) 20 SEP 2019 - 03:01 COT

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Conspiración y corrupción: una hipótesis probable

Es común hablar de "teoría de la conspiración" cada vez que alguien revela o denuncia prácticas o articulaciones políticas "irregulares", ocultas al gran público en general y conocidas solo por los insiders o por las personas con más conocimientos. Y casi siempre, cuando se usa esta expresión es con el propósito de descalificar la denuncia que se ha hecho, o a la propia persona que hizo público lo que estaba destinado a ocultarse en la sombra o en el olvido de la historia. Pero, de hecho, más rigurosamente, no existe ninguna “teoría de la conspiración".

Lo que existe son "teorías del poder", y la "conspiración" es solo una de las prácticas más comunes y necesarias de quienes participan en la lucha política diaria por el poder en sí. Esta distinción conceptual es muy importante para quien se proponga analizar la coyuntura política nacional o internacional, sin temor a ser acusado de "conspiracionista". Y éste es un punto de partida fundamental para la investigación que nos proponemos hacer sobre cuál fue el verdadero papel del gobierno de los Estados Unidos en el Golpe de Estado 2015/2016 y en la elección del Capitán Bolsonaro ", en 2018. En este caso, no hay manera de no seguir el camino de la llamada "conspiración", que culminó con la ruptura institucional y el cambio del gobierno brasileño. Y nuestra hipótesis preliminar es que la historia de esta conspiración comenzó en la primera década del siglo XXI, durante el “mandarinato” del vicepresidente estadounidense Dick Cheney, aunque ha tomado otra dirección y velocidad desde la presidencia de Donald Trump y la formulación de su nueva "estrategia de seguridad nacional", en diciembre de 2017.

Al principio fue una sorpresa, pero hoy todos ya entendieron que esta nueva estrategia ha abandonado los viejos parámetros ideológicos y morales de la política exterior de los Estados Unidos, de defensa de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo económico, y asumió explícitamente el proyecto de construcción de un imperio militar global, con la fragmentación y multiplicación de conflictos, y el uso de diversas formas de intervención externa, en los países que se convierten en objetivos norteamericanos. Ya sea a través de la manipulación inconsciente de los votantes y de la voluntad política de estas sociedades; ya sea a través de nuevas formas "constitucionales" de golpes de estado; ya sea mediante sanciones económicas cada vez más extensas y letales capaces de paralizar y destruir la economía nacional de los países afectados; ya sea, finalmente, a través de las llamadas "guerras híbridas" destinadas a destruir la voluntad política del adversario, utilizando la información más que la fuerza, las sanciones más que los bombardeos y la desmoralización intelectual más que la tortura .

Desde este punto de vista, es interesante seguir la evolución de estas propuestas en los propios documentos de los Estados Unidos en los que se definen los objetivos estratégicos del país y sus principales formas de acción. Así, por ejemplo, en el Manual de Entrenamiento de las Fuerzas Especiales de EE. UU. Preparadas para Guerras No- Convencionales, publicado por el Pentágono en 2010, ya se afirma explícitamente que "el objetivo de EE. UU. en este tipo de guerra es explotar las vulnerabilidades políticas, militares, económicas y psicológicas de las potencias hostiles, desarrollando y apoyando a fuerzas internas de resistencia para alcanzar los objetivos estratégicos de Estados Unidos ". Con el reconocimiento de que "en un futuro no muy lejano, las fuerzas de EE. UU. participarán predominantemente en operaciones de guerra irregulares" .

Esta orientación fue explicitada de manera aún más clara en el documento que definió por primera vez la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU. del gobierno de Donald Trump, en diciembre de 2017. Allí se puede leer con todas sus letras que en el "golpe a la corrupción" debe tener un lugar central la desestabilización de los gobiernos de los países que sea "competidores" o "enemigos" de los Estados Unidos . Esta propuesta fue detallada en el nuevo documento sobre la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos, publicado en 2018, que señala que "una nueva modalidad de conflicto no armado ha tenido una presencia cada vez más intensa en el escenario internacional con el uso de prácticas económicas depredadoras, rebeliones sociales, ataques cibernéticos, noticias falsas, métodos anticorrupción " .

Es importante destacar que ninguno de estos documentos deja la menor duda de que todas estas nuevas formas de "guerra no convencional" deben ser utilizadas – prioritariamente - contra los Estados y las empresas que desafíen o amenacen los objetivos estratégicos de los EE. UU.

Ahora bien, en este punto de nuestra investigación, vale la pena hacer la pregunta fundamental: ¿cuándo fue, en la historia reciente, que Brasil entró en el radar de estas nuevas normas de seguridad y defensa de los EE. UU.? Y aquí no hay duda de que hay muchos hechos y decisiones que tomó Brasil, especialmente después de 2003, como su política exterior soberana, su liderazgo autónomo del proceso de integración sudamericano, o incluso de su participación en el bloque económico BRICS, liderado por China. Pero no hay duda de que el descubrimiento de reservas de petróleo del pre-sal, en 2006, fue el momento decisivo en que Brasil cambió su posición en la agenda geopolítica de los Estados Unidos. Basta leer el Blueprint for a Secure Energy Future, publicado en 2011 por el gobierno de Barack Obama, para ver que en ese momento Brasil ya estaba en una posición destacada en 3 de las 7 prioridades estratégicas de la política energética de los Estados Unidos: (i) como un fuente de experiencia para la producción de biocombustibles; (ii) como socio clave para la exploración y producción de petróleo en aguas profundas; (iii) como territorio estratégico para la prospección en el Atlántico Sur .

A partir de ese momento, no es difícil rastrear y conectar algunos acontecimientos, especialmente desde que el gobierno brasileño promulgó, en 2003, su nueva política para proteger a los productores nacionales de equipos de los antiguos proveedores extranjeros de Petrobras, como fue el caso, por ejemplo, de la compañía estadounidense Halliburton, la mayor empresa en el mundo de servicios de yacimientos petrolíferos, y uno de los proveedores internacionales líderes de sondas y plataformas marinas, que fue administrada por hasta la década de 2000 por el mismo Dick Cheney, quien se convertiría en el vicepresidente más poderoso de la historia de los Estados Unidos de 2001 a 2009. Odebrecht, OAS y otras grandes empresas brasileñas entran en esta historia a partir de 2003, exactamente en el lugar de estos importantes proveedores internacionales que perdieron su lugar en el mercado brasileño. Aquí debe recordarse el inicio de la compleja negociación entre Halliburton y Petrobras sobre la compra y entrega de las plataformas P 43 y P 48 de $ 2,5 mil millones que comenzó en la administración de Dick Cheney y se extendió hasta 2003/4, con la participación del Gerente de Servicio de Petrobras en ese momento, Pedro José Barusco, quien luego se convertiría en el primer delator conocido para la Operação Lava-Jato.

En este punto, por cierto, siempre es bueno recordar la famosa tesis de Fernand Braudel, el mayor historiador económico del siglo XX, de que "el capitalismo es el antimercado", es decir, es un sistema económico que acumula riqueza a través de la conquista y preservación de monopolios, valiéndose de cualquier medio a su alcance. O incluso, traducir el argumento de Braudel para niños: el capitalismo no es una organización ética ni religiosa, y no tiene ningún compromiso con ningún tipo de moral pública o privada que no sea la multiplicación de sus ganancias y la continua expansión de sus mercados. Y esto es lo que se puede ver, más que en cualquier otro lugar, en el mundo salvaje de la industria petrolera mundial, desde el comienzo de su explotación comercial, a partir del descubrimiento de su primer pozo por el "coronel" E.L. Drake en Pensilvania, en 1859.

Ahora bien, volviendo al eje central de nuestra investigación y de nuestro argumento, es bueno recordar que este mismo Dick Cheney, que venía del mundo del petróleo y desempeñó un papel decisivo como vicepresidente de George W. Bush, fue el que concibió e inició la llamada "guerra contra el terrorismo", con el consentimiento del Congreso estadounidense para iniciar nuevas guerras, incluso sin la aprobación parlamentaria; y, lo que es más importante para nuestros propósitos, consiguió hacer aprobar el derecho de acceso a todas las operaciones financieras del sistema bancario mundial, prácticamente sin restricciones, incluyendo el viejo secreto bancario suizo, y el sistema de pagos europeo, SWIFT.

Por lo tanto, no es absurdo pensar que fue por este camino que el Departamento de Justicia de los EE. UU. haya tenido acceso a las informaciones financieras que luego fueron transmitidas a las autoridades locales de los países que Estados Unidos se propuso desestabilizar con campañas selectivas "contra la corrupción ”. En el caso brasileño, al menos, fue después de estos acontecimientos que ocurrió el asalto y el robo de informaciones geológicas clasificadas y estratégicas de Petrobras en 2008, exactamente dos años después del descubrimiento de las reservas de petróleo pré-sal de Brasil en el mismo año en que Estados Unidos reactivó su IV Flota Naval de Monitoreo del Atlántico Sur. Y fue en el año siguiente, en 2009, que comenzó el intercambio entre el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y los miembros del Poder Judicial, el Ministerio Publico y la Policía Federal brasileña, para abordar los problemas lavado de dinero y “lucha contra la corrupción”, en una reunión que dio como resultado la iniciativa de cooperación denominada Proyecto Puente, en la que participó el entonces juez Sérgio Moro.

Más tarde, en 2010, Chevron negoció discretamente, con uno de los candidatos a la elección presidencial brasileña, cambios en el marco regulatorio pre-sal, una "conspiración" que salió a la luz con las filtraciones de Wikileaks, que finalmente se convirtió en una Proyecto de ley presentado y aprobado por el Senado brasileño. Y tres años más tarde, en 2013, se supo que la presidencia de la República, los ministros de estado y los líderes de Petrobras estaban siendo objeto hace mucho tiempo de escucha telefónica y espionaje, como revelaron las acusaciones de Edward Snowden. El mismo año la embajadora de los Estados Unidos que acompañó el golpe de Estado de Paraguay contra el presidente Fernando Lugo fue trasladada a la embajada de Brasil. Y fue exactamente después de este cambio diplomático, en 2014, que comenzó la Operación Lava Jato, que se tomó la instigante decisión de investigar las recompensas pagadas a los directores de Petrobras, exactamente a partir de 2003, dejando de lado a los antiguos proveedores internacionales, en el preciso momento en que la compañía estaba concluyendo las negociaciones con Halliburton sobre la entrega de las plataformas P 43 y P48.

Si todos estos datos estuvieran conectados correctamente, y nuestra hipótesis fuera creíble, no es sorprendente que después de cinco años del inicio de esta “Operação Lava-Jato” las filtraciones publicadas por el sitio web The Intercept Brasil, informen sobre la parcialidad de los fiscales y del principal juez involucrado en esta operación y hayan provocado una reacción repentina y extemporánea a dos acusados principales de esta historia que prácticamente se escondieran, prácticamente, en los Estados Unidos. Probablemente en búsqueda de instrucciones e información que les permitieran salir del paso y hacer con sus nuevos acusadores lo que siempre habían hecho en el pasado, utilizando la información transmitida para destruir a sus oponentes políticos. Sin embargo, el pánico del ex juez y su falta de preparación para lidiar con la nueva situación lo hicieron actuar de manera apresurada, pidiendo una licencia ministerial y viajando por segunda vez a los Estados Unidos, haciendo con esto público su lugar en la cadena de mando de una operación que parece haber sido la única operación de intervención internacional exitosa, hasta ahora, por parte del dúo John Bolton y Mike Pompey, los dos "terroristas suicidas" que dirigen la política exterior del gobierno de Donald Trump. Una operación custodiada por los norteamericanos y avalada por los militares brasileños.

Por lo tanto, si nuestra hipótesis estuviera correcta, no hay la menor posibilidad de que las personas involucradas en este escándalo sean denunciadas y juzgadas imparcialmente, porque todos los involucrados siempre han tenido pleno conocimiento y han aprobado las prácticas ilegales del ex juez y su " fiscal auxiliar ", prácticas que fueron decisivas para la instalación del capitán Bolsonaro en la Presidencia de la República. Lo único que les molesta en este momento es el hecho de que su "conspiración" se haya hecho pública, y que todos han comprendido quién es el verdadero poder detrás de los llamados "Beatos de Curitiba".

Por José Luís Fiori* y William Nozaki**

*Profesor titular del Programa de Postgrado en Economía Política Internacional (IE / UFRJ); Investigador en el Instituto de Estudios Estratégicos sobre Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP). **Profesor de la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP) y director técnico del Instituto de Estudios Estratégicos del Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP).

28 de julio de 2019

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Los próximos 10 años entre EU y China: ¿conflictos o G-2?

El histórico G-20 de Osaka –por sus cumbres al margen, más que por su ausencia de concreciones consensuadas– no fue un punto de inflexión, sino que acentuó la dinámica de las tendencias de la "arquitectura estratégica global" (https://bit.ly/2Y22epH) y/o de la "estabilidad estratégica" tripolar de EU/Rusia/China.

 

Dos días después de la cumbre del G-20 en Osaka, se celebró en Pekín el segundo "Diálogo Wanshou de Seguridad Global", donde concurrieron connotados académicos, cuyo tema nodal consistió en elucidar cómo serán definidas las relaciones de China y EU en los próximos 10 años: "por conflictos o por sus esfuerzos para superarlos" (https://bit.ly/30PL7UL).

 

Uno de los asistentes fue el británico Martin Jacques, becario senior de la Universidad de Cambridge y quien publicó hace 10 años el visionario libro Cuando China gobierne al mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global (https://amzn.to/2YfzmWd), quien adujo que la relación de China y EU fue relativamente estable en los pasados 40 años, pero que ya concluyó debido a razones fundamentales.

 

Arguyó que sí habrán tensiones y conflictos, por lo menos en los próximos 10 años hasta que "EU acepte el hecho de que China se encuentra en una posición igual (sic)" y que ya "EU no es más el exclusivo primer país del mundo".

 

Sentenció que "el tiempo unipolar de EU acabó, y hoy nos encontramos ya en el tiempo bipolar (sic), pero tampoco debemos subestimar la dificultad que tendrá EU para cambiar (sic)" cuando encuentra dificultad para "reajustarse conforme va en declive".

 

Según Martin Jacques, EU creó y "está destruyendo" ahora el presente orden global que sustenta el multilateralismo y la globalización, por lo que el "nuevo orden no advendrá en el corto periodo de tiempo, por lo menos no en los próximos 20 años, aunque el viejo orden es débil y ya no es más sostenible".

 

A su juicio, "existe un nuevo orden incipiente dentro del concepto de la Ruta de la Seda" debido a su escala y por las ideas que representa, como el "ganar-ganar, cooperación y elevar los niveles de vida de los países pobres" (https://bit.ly/2OeGiD8).

 

Martin Jacques, pese a su pasado marxista (o quizá debido a ello) y a su amistad con uno de los máximos historiadores de Occidente, otro marxista singular Eric Hobsbawm, no toma en cuenta en su "nuevo orden global" a Rusia, a la que Trump maneja con sumo respeto, no se diga China.

 

El consultor especial del anterior presidente Reagan, Douglas Bandow, becario de CATO Institute – think tank de extrema derecha neoliberal, fundada por el polémico empresario Charles Koch: décimo primero en el ranking de Forbes con una fortuna de más de 50 mil millones de dólares (https://bit.ly/2GqSQkr)–, discrepa de la teoría de Martin Jacques debido a que existen todavía "muchas incertidumbres" cuando Pekín y Washington se han percatado del "peligro de los conflictos" y "desean trabajar seriamente para realizar compromisos (sic)".

 

Zhao Susheng, profesor de la Universidad de Denver, señaló que "aunque China y EU no nacieron para ser socios, tampoco nacieron para ser enemigos" y que será imposible (sic) de que ambos emprendan una guerra fría similar a la de EU y la URSS.

 

Global Times narra que para "algunos académicos, las dos superpotencias deben, y sobrevivirán este periodo de conflicto, ya que el precio de no hacerlo sería inaceptablemente elevado".

 

No faltarán quienes se rebelen de que no aparezcan la Unión Europea (UE) ni India.

 

Sucede que Europa desde la Segunda Guerra Mundial fue apéndice de EU y hoy empieza a liberarse de tal yugo geoestratégico al riesgo de ser balcanizada, mientras que India –quizá por la característica politeísta de la mayoría nacionalista/teológica hindú– busque una equidistancia acomodaticia entre la anglósfera, que la dominó, y el núcleo euroasiático del "triángulo RIC (Rusia/India/China)".

 

El gran defecto de un G-2 entre EU y China, que se ha alejado relativamente en las fechas recientes por la intensidad del "conflicto" tecnológico, es que no considera el otro pilar del verdadero orden tripolar: Rusia (https://bit.ly/2FNcqqT).

 

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Domingo, 14 Julio 2019 06:10

Francia entra en la defensa espacial

Francia entra en la defensa espacial

El presidente Macron anuncia la creación de un “gran comando del espacio” integrado al Ejército del Aire

 

 

 Francia siempre ha defendido su condición de potencia militar —acaba de presentar con toda pompa su nuevo submarino nuclear de última generación— y está dispuesta a demostrarlo incluso más allá de la Tierra. El presidente, Emmanuel Macron, ha anunciado este sábado la próxima creación de un “gran comando del espacio” en el Ejército del Aire, que pasará a llamarse “del Aire y del Espacio”. Su objetivo: defender los intereses galos incluso más allá de la exosfera.

“Para garantizar el desarrollo y refuerzo de nuestras capacidades espaciales, el próximo septiembre se creará un gran comando del espacio”, reveló Macron en su tradicional discurso ante las Fuerzas Armadas, en vísperas de la fiesta nacional del 14 de julio, marcada por un gran desfile militar en París. Con este comando, “reforzaremos nuestro conocimiento de la situación espacial, protegeremos mejor nuestros satélites, incluso de una manera activa”, avanzó.

Es difícil valorar si con este paso Macron quiere emular a Estados Unidos, cuyo Gobierno ha anunciado la creación, para el año que viene, de una Fuerza Espacial, la sexta rama de sus Fuerzas Armadas. De hecho, por el momento no se conoce siquiera el presupuesto que estará dedicado a este proyecto. En su momento “se decidirán nuevas inversiones indispensables”, se limitó a decir el mandatario galo. En cualquier caso, el razonamiento francés no parece tan distinto del norteamericano: la convicción de que, como ha declarado Washington, el espacio es “el próximo campo de batalla”.

“Igual que en tierra, en mar, en el aire y el ciberespacio, el espacio exoatmosférico se ha convertido en el teatro de rivalidades de las grandes potencias. Y está convirtiéndose en su campo de operaciones”, advirtió en un discurso en septiembre del año pasado la ministra de Defensa, Florence Parly, de quien ha partido la idea de este comando espacial ahora oficializado.

En este sentido, contó el incidente que vivió en 2017 el satélite franco-italiano Athena-Fidus, que permite las comunicaciones militares seguras, con otro ruso. “Mientras que Athena-Fidus continuaba su rotación tranquilamente alrededor de la Tierra, un satélite se le acercó, cerca, demasiado cerca. Tan cerca que se habría creído que intentaba captar nuestras comunicaciones. Intentar escuchar a los vecinos no es solo un gesto poco amistoso. Es un acto de espionaje”, zanjó. El satélite demasiado curioso, agregó, era el ruso Louch-Olymp. “En el día de mañana, ¿quién sabe si no volverá a acercarse a uno de nuestros satélites? (…) Una defensa espacial es necesaria, es esencial” con el objetivo de poder “conservar nuestra libertad de apreciación, de acceso y de acción en el espacio mañana como hoy”.

Según la agencia Reuters, la OTAN también se prepara para declarar este mismo año el espacio como un campo de batalla.

Por Silvia Ayuso

París 13 JUL 2019 - 14:05 COT

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El teléfono en Europa y la política del cambio que no es real

Es famosa la anécdota de que el superdiplomático estadunidense Henry Kissinger preguntó alguna vez, "¿a quién llamo cuando llamo a Europa?" La pregunta se cita en repetidas ocasiones como un modo inteligente de sugerir pesimismo acerca de Europa como realidad. La respuesta, por supuesto, depende de lo que quiera uno saber de Europa. Hay por lo menos una docena de instituciones europeas de variados tipos de membresías e intereses. Puede uno telefonear a cualquiera de ellas. Europa es tanto una realidad, que hay aun una institución europea instituida por quienes quieren abolir las instituciones europeas.

 

Haremos dos cosas en este comentario. Una es discutir la diferencia entre lo que llamo un cambio real y un cambio que no es real. Para ello, la discusión del teléfono de Europa es muy útil para dejarnos ver qué está ocurriendo.

 

La segunda cosa que intento hacer es discutir la epistemología del análisis y las formas en que hemos venido a hablar de algo que llamamos análisis espacio tiempo (AET).

 

Déjenme explicar lo que pienso ocurre cuando intento hacer un comentario. Comienzo por fecharlo y ponerle título. Luego comienzo a dictar lo que es necesario. Así que déjenme comenzar a dictar éste.

 

Desde octubre de 1998 he estado escribiendo comentarios que aparecen cada quincena del mes. No he faltado ninguno. Tienen un patrón estándar de lo que digo.

 

Por más de 500 años del moderno sistema-mundo los análisis tienen un vaivén de ida y vuelta entre situaciones donde el punto de vista conservador estaba en la cima y situaciones donde la visión no conservadora estaba arriba.

 

¿Qué ha ocurrido? Bueno, esto puede explicarse si volteamos a examinar la visión axiomática de que podemos predecir el resultado de algo que queremos saber si miramos cómo nos iba hace 25 años.

 

Hoy, el problema al que casi todo el mundo en todo el sistema-mundo está dedicado es a responder "si Donald Trump va a reelegirse en 2020", y el axioma nos dice que el modo de saberlo es mirar 25 años atrás a ver cómo estaba la gente en ese momento. Y que si estaba bien hace 25 años, será reelecto, y si a la gente no le iba bien entonces, no será reelecto.

 

¿Por qué debe ser esto así? Tiene que ver con cómo las ocurrencias sucesivas afectan las previas. Supongamos que tomamos el más reciente de estos virajes grandes, uno que comenzó más o menos cerca de 1945 y que sigue hasta ahora.

 

¿Qué es lo que ocurre? Se dice que cada vez que hago la pregunta, "¿qué es lo que ocurre?" uno afecta de un modo diminuto, pero verdaderamente, una mezcla de números que tiene 25 años. Veamos por qué.

 

Así, se supone que podemos intentar tomar el promedio de todas las veces previas en que la gente ha supuesto mantener algo de hace 25 años.

 

Descubrimos que el promedio sería un ejercicio matemático imposiblemente complejo, que nadie es capaz de hacer. Así, realmente no podemos saber cuál sería la lectura del promedio de lo que son esos 25 años atrás. Podemos adivinar, por supuesto, y podemos acercarnos, pero no hay modo en que sepamos con absoluta certeza lo que la gente sentía hace 25 años. Ergo, no somos capaces de predecir.

 

Tomemos tres problemas cuyo contenido le importa a la gente. Uno es la condición de las mujeres. Otro es el grado al cual las cuestiones internas las dirime la gente que está a cargo. Y otro es el grado al cual nuestro país y la gente en nuestro país son hegemónicos en los sistemas-mundos.

 

En 1945, el la visión del establishment era que las mujeres no tuvieran ningún derecho. Esta visión cambiará durante los próximos años a una donde las mujeres tienen muchos derechos.

 

Otro problema es el estado del poder de aquellos que están a cargo. El tercero es el grado al cual un país es hegemónico en el sistema-mundo.

 

En el lapso de 25 años, las tres cuestiones llegan a un punto de inflexión donde parecen haber cambiado por completo. Esto es una ilusión. De hecho lo único que ha cambiado son los nombres de la gente, o los de los grupos que son dominantes en el sistema. Sigue siendo éste un sistema que es bilateral y donde no puede ocurrir cambio alguno. Acerca de la gente a cargo del sistema, su poder era absoluto circa 1949. Y en términos de Estados Unidos y el poder hegemónico, era incuestionable circa 1945.

 

Cada uno de estos tres análisis se mueve a un punto presumiblemente cambiante donde todo ha quedado de cabeza tras 25 años. De hecho, el punto es que lo que ha cambiado es quién estaba en la cima y quién en la base. El sistema se mantiene igual. Es por eso que hablo de un "cambio que no es real".

 

A diferencia de virajes previos en la historia del moderno sistema-mundo, el viraje que comenzó a ocurrir circa 1945 fue mucho más raudo a resultas del cambio estructural del moderno sistema-mundo. Este cambio estructural significó que cuando arribamos al cambio virtual de 1968, más o menos, podíamos haber hecho un cambio real. De hecho, no lo hicimos. Hubo una reversión al viejo modo de calcular las cosas, pero con un lenguaje nuevo.

 

¿Cuál es la diferencia entre los cambios que se hicieron regularmente por más de 500 años y el último cambio que se hizo desde 1949? La diferencia tiene que ver con un número de categorías con las cuales etiquetamos nuestros cálculos. Si las etiquetas dicen que son cambios normales durante el periodo de 500 años, entonces todas estas etiquetas serán bilaterales. Los cambios que no son reales parecen ser cambio, pero de hecho no lo son. La única manera de tener un cambio que no parezca un cambio, sino que sea un cambio real, es apoderarse del momento de la crisis estructural del moderno sistema-mundo y, de hecho, en vez de hacer cálculos bilaterales, calcular totalmente de otro modo. Algo que yo le llamaría, "cambio cuadrilátero".

 

Hay otro cambio, en realidad de gran importancia. Es si debemos comenzar en forma normal con un análisis completamente autónomo para el tiempo histórico y el espacio global.

 

Utilizando el análisis de espacio tiempo, podemos encontrar entonces si ha ocurrido un cambio real o un cambio que no es real. Donde estamos ahora, podemos entrar en este debate con algo que podemos aprender del AET, algo que no podríamos haber aprendido si lidiáramos por separado con el tiempo histórico y el espacio global.

 

Hemos intentado explicar lo que es un cambio que no es real y hemos intentado explicar lo que significa un análisis de espacio tiempo. Si no lo logramos, es porque es difícil explicar esto.

 

Traducción: Ramón Vera-Herrera.

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Líderes posan para una foto en la Cumbre del G-20 en Osaka.Foto Afp

 

Ya había detectado que la cumbre del G-20 en Osaka (https://bit.ly/2FNcqqT) comportaba las matrices operativas para ser exitosa en sus cumbres bilaterales (https://bit.ly/2LastmV).

 

En vísperas de la cumbre, el zar Vlady Putin, en su histórica entrevista al Financial Times (27/06/19), había diagnosticado al "liberalismo" de "obsoleto" y expuesto la "fragmentación" cuando "la situación se ha vuelto definitivamente más dramática y explosiva" (https://bit.ly/2L0vAO6).

 

Michael Ivanovitch, en su escrito a CNBC –de fuertes vínculos con el complejo militar industrial de EU– comenta en forma temeraria, pero persuasiva, que "Trump extiende las bases para un nuevo orden mundial edificado alrededor de EU, China y Rusia" (https://cnb.cx/2xDZpeO).

 

Michael Ivanovitch ostenta lazos con el Olimpo de EU: prominente economista en la OCDE y "economista internacional" de la Reserva Federal de Nueva York.

 

Sustenta que Trump, al margen de la cumbre, acotó que "deseaba edificar buenas relaciones con Rusia y China", amén de haber sostenido "una extensa y amistosa discusión con el presidente ruso Vladimir Putin" sobre temas globales y regionales, así como las "maneras para mejorar y expandir los lazos bilaterales políticos y económicos".

 

Al día siguiente de la cumbre bilateral con el zar Vlady Putin, Trump se reunió con el mandarín Xi, quien "alabó el multilateralismo" y "criticó abruptamente el proteccionismo comercial en la sesión plenaria de apertura del G-20", asentando que anhelaba la "cooperación" y no la "fricción y la confrontación".

 

Michael Ivanovitch insiste que en la cumbre bilateral de Trump y Xi, que de facto eclipsó la cumbre general del G-20, acordaron "apartar las nuevas tarifas y dejar que Huawei compre productos de EU" (https://cnb.cx/2XioiM7).

 

Interpreta las dos cumbres bilaterales de Trump respectivamente con el zar Vlady Putin y con el mandarín Xi, que "señalan el inicio de un enfoque firme (sic) en su campaña de relección, donde una escaramuza (sic), o algo peor, con Rusia y China sería un evento devastador (¡mega-sic!) que lo dejaría como un jugador de un solo periodo", aun en el caso de "candidatos del Partido Demócrata carentes de inspiración (sic)".

 

Trump "vislumbra en forma correcta que buscar un pleito con Rusia y China es una amenaza existencial a la humanidad que los estadunidenses y el resto del mundo no apoyarían".

 

Michael Ivanovitch delinea en forma subliminal que, en caso de ser relegido Trump, su prioridad sería edificar un nuevo orden mundial con Rusia y China: curiosamente, los dos países que hoy son catalogados por Washington como "competidores estratégicos" dedicados a "socavar el orden mundial de EU".

 

Trump "busca soluciones pacíficas (sic) y negociadas con Rusia en Siria, Ucrania y Venezuela (sic)", como "zanahoria (sic)" para que Moscú "abra inmensas oportunidades para los negocios de EU". No suena descabellado cuando esa era la intención de Rex Tillerson: ex secretario de Estado con Trump y ex mandamás de ExxonMobil.

 

Ivanovitch comenta que la delegación de empresarios de EU fue una de las más nutridas en el Foro Económico de San Petersburgo.

 

Otro punto que alega Michael Ivanovitch es la influencia de Moscú en su asociación con la OPEP para estabilizar los precios del petróleo con el fin de impedir que la "Reserva Federal eleve las tasas de interés para evitar presiones inflacionarias impulsadas por la energía".

 

Coincide con Michael Ivanovitch tesis sobre el ineludible factor ruso con Irán (https://bit.ly/2xycO87), en "contraste con la postura de Gran Bretaña, Francia y Alemania" quienes colisionan con EU.

 

Michael Ivanovitch alega que China "ya es un desafío muy creíble al orden mundial estadunidense", por lo que Trump prefirió un "armisticio (sic) comercial dictado por consideraciones domésticas".

 

Sustenta que el primer ministro nipón, Shinzo Abe, merece elogios por haber lubricado el exitoso desenlace del G-20 en todas sus reuniones y concluye que la "arquitectura de la seguridad mundial" deja atrás la "opción binaria", por lo que Trump puede haber iniciado un proceso de "duradera paz mundial" sumada de "prosperidad económica".

 

¿Dónde queda India?

 

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Viernes, 14 Junio 2019 08:37

Un capricho estadounidense

Walter Tello, detalle (Cortesía del autor)

Un Estado que, sin un motivo real, denuncia un acuerdo internacional de desarme que negoció durante largo tiempo, ¿puede luego amenazar con agresión militar a otro Estado signatario?, ¿puede ordenar a los otros países que lo sigan en sus posiciones caprichosas y belicosas porque de no hacerlo también ellos padecerán sanciones desmesuradas? Cuando se trata de Estados Unidos, la respuesta es “sí”.


De modo que es perfectamente inútil perder el tiempo estudiando las razones invocadas por la Casa Blanca para justificar su escalada contra Irán. Uno se imagina que John Bolton, consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, y Michael Pompeo, secretario de Estado estadounidense, les encomendaron a los diplomáticos y a los servicios de informaciones de la gran potencia una misión que se podría reducir en la siguiente frase: “Busquen pretextos, nosotros nos encargamos de la guerra”.


Las estrategias de siempre


Bolton no carece ni de experiencia ni de perseverancia. En marzo de 2015, cuando su fanatismo a favor de la invasión a Irak disminuyó su influencia, publicó en The New York Times una columna titulada: “Para detener la bomba iraní hay que bombardear Irán”. Tras haber aseverado que Teherán jamás negociaría el fin de su programa nuclear, concluía: “Estados Unidos podría efectuar un trabajo cuidadoso de destrucción, pero sólo Israel puede hacer lo que sea necesario. […] El objetivo será el cambio de régimen en Teherán” (1).


Tres meses más tarde, un acuerdo nuclear con Irán era firmado por todas las grandes potencias, inclusive Estados Unidos. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, Teherán respeta escrupulosamente sus términos. Sin embargo, Bolton no da el brazo a torcer. En 2018, adelantándose a las posiciones provocadoras del gobierno israelí y de la monarquía saudita, se empeñaba más que nunca en su “cambio de régimen”: “La política oficial de Estados Unidos –escribía– debería ser el fin de la Revolución Islámica iraní antes de su 40 aniversario. Eso lavaría la vergüenza de haber tenido a nuestros diplomáticos retenidos como rehenes durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Y esos antiguos rehenes podrían cortar la cinta en la inauguración de una nueva embajada en Teherán” (2). El actual presidente de Estados Unidos hizo campaña contra la política de los “cambios de régimen”, es decir, de las guerras de agresión estadounidenses. Por lo tanto, lo peor todavía no es seguro. Pero la paz ha de ser muy frágil si ha de depender de la capacidad de Trump para controlar a los consejeros rabiosos que él nombró. Al asfixiar económicamente a Irán con la ayuda de los capitales y de las grandes empresas occidentales (coercionadas y sometidas), Washington pretende que su embargo obligue a Teherán a capitular. En realidad, Bolton y Pompeo no ignoran que esa misma estratregia de guerra económica fracasó en Corea del Norte y en Cuba. Más bien cuentan con una reacción iraní que luego presentarán, triunfalmente, como una agresión que requiere una “réplica” estadounidense.


Intoxicaciones, falsificaciones, manipulaciones, provocaciones: después de Irak, Libia y Yemen, los neoconservadores ya eligieron a su presa.

 

1. John Bolton, “To stop Iran’s bomb, bomb Iran”, The New York Times, 26-3-15.
2. John Bolton, “Beyond the Iran nuclear deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 15-1-18.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

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Putin y Xi hacen frente común contra la hegemonía de Estados Unidos

En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusan a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores

Unidos en la inversión y en la confrontación. Vladímir Putin y Xi Jinping mostraron este viernes un frente común contra Estados Unidos y su hegemonía económica. En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusaron a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores. EE UU trata de “imponer su jurisdicción en todo el mundo”, dijo Putin en el Foro de San Petersburgo, con Xi de invitado de honor.

Para el líder ruso, las tácticas de Trump suponen “un camino hacia conflictos interminables, guerras comerciales y tal vez no solo comerciales”. El presidente estadounidense no estuvo en la antigua capital imperial rusa, su nombre apenas se pronunció en las reuniones, pero su presencia sobrevoló la sesión plenaria del foro económico, donde Vladímir Putin, con unas relaciones cada vez más amargas con Occidente, mostró un efusivo apoyo a su aliado chino.

“Los Estados que antes promovían el libre comercio con una competencia honesta y abierta han empezado a hablar el lenguaje de las guerras comerciales y las sanciones, de las incursiones económicas abiertas con tácticas de retorcimiento de brazos y de miedo”, esgrimió. “Un sistema que nunca será estable o equilibrado si está basado en una injusticia más clara que nunca”.


El líder de Rusia, que busca afianzar sus vínculos estratégicos con China, comparó el proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que empezará a bombear gas ruso a Europa a finales de año y al que EE UU se opone, con el caso del gigante tecnológico Huawei, en el punto de mira por el desarrollo de las redes 5G que, según Washington, podrían abrir la puerta al espionaje de China. Putin acusó a EE UU de “torpedear” ambos proyectos porque no casan con su “acostumbrada exclusividad”. “En algunos círculos ya consideran [el caso Huawei] la primera guerra tecnológica de la emergente era digital”, afirmó durante la sesión plenaria en la que participaron el secretario general de la ONU, António Guterres, y los líderes de Bulgaria, Eslovaquia y Armenia.


Xi, que observaba atento a su socio ruso, recalcó que China está dispuesta a compartir “con sus socios” todos sus “inventos”, incluida la tecnología 5G, dijo. “Uno no debe ser codicioso”, recalcó. El presidente chino, que siempre trata de que la crisis con Washington no escale, fue más conciliador que Putin. Con la guerra comercial caliente, y pese a que el gigante asiático ha amenazado con publicar su propia lista negra de compañías “no fiables”, Xi apostó por el “respeto mutuo” y dijo que le era “difícil imaginar” una “ruptura completa” entre EE UU y China. “No estamos interesados en eso y nuestros socios estadounidenses tampoco. El presidente Trump es mi amigo y estoy convencido de que tampoco lo está”, dijo. Un tono que choca con el lenguaje agresivo que utiliza su “amigo” estadounidense para referirse a su país.


Rusia y China, acusados en numerosas ocasiones de socavar las reglas del mercado, se han convertido últimamente en los grandes defensores de la globalización. Y este viernes lo hicieron juntos, haciendo más visible la creciente confrontación de ambas potencias con la Administración de Trump. Putin no desaprovechó la oportunidad que le brinda el conflicto entre Washington y Pekín para acercarse al gigante asiático, que en otro tiempo fue su enemigo. Rusia necesita la inversión china y también la fuerza de tenerlo a su lado. De ahí que con un rublo cada vez más débil, el líder ruso instara a “repensar el papel del dólar” en los intercambios comerciales entre ambos por ser “un instrumento de presión” de EE UU al resto del mundo.


China, dijo Xi, continuará promoviendo la “globalización económica, salvaguardando el sistema de comercio multilateral, y está comprometido a reparar un desarrollo económico global desequilibrado”. Un discurso al que, desde el repliegue de Estados Unidos a una postura más proteccionista, le ha cogido el gusto pese a las contradicciones en que incurre su propio modelo. “No se debe recurrir a los enfoques unilaterales, al proteccionismo”, señaló.


Con el tablero geopolítico ya muy inestable, el último capítulo de la guerra comercial ha causado nuevos vaivenes. El mundo, apuntó preocupado el secretario general de la ONU, corre el riesgo de caer en el “sonambulismo de una nueva Guerra Fría” en medio de las tensiones occidentales. “Esto tiene que parar”, recalcó durante su intervención en el Foro, que se ha significado como la piedra angular de Rusia para reorientar su economía hacia Asia y Oriente Próximo.


Desde la anexión de Crimea, en 2014, los principales líderes políticos mundiales no pisan el evento que, en cambio, sirve para que compañías rusas capten inversión extranjera —como el contrato firmado entre Gazprom, la holandesa Royal Dutch Shell y la española Repsol para explorar yacimientos en Siberia— y que en otra época era considerado el Davos ruso. Este año, la delegación china, más de mil miembros, ha sido el doble que la estadounidense.

Por María R. Sahuquillo
San Petersburgo 7 JUN 2019 - 14:46 COT

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