Viernes, 14 Junio 2019 08:37

Un capricho estadounidense

Walter Tello, detalle (Cortesía del autor)

Un Estado que, sin un motivo real, denuncia un acuerdo internacional de desarme que negoció durante largo tiempo, ¿puede luego amenazar con agresión militar a otro Estado signatario?, ¿puede ordenar a los otros países que lo sigan en sus posiciones caprichosas y belicosas porque de no hacerlo también ellos padecerán sanciones desmesuradas? Cuando se trata de Estados Unidos, la respuesta es “sí”.


De modo que es perfectamente inútil perder el tiempo estudiando las razones invocadas por la Casa Blanca para justificar su escalada contra Irán. Uno se imagina que John Bolton, consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, y Michael Pompeo, secretario de Estado estadounidense, les encomendaron a los diplomáticos y a los servicios de informaciones de la gran potencia una misión que se podría reducir en la siguiente frase: “Busquen pretextos, nosotros nos encargamos de la guerra”.


Las estrategias de siempre


Bolton no carece ni de experiencia ni de perseverancia. En marzo de 2015, cuando su fanatismo a favor de la invasión a Irak disminuyó su influencia, publicó en The New York Times una columna titulada: “Para detener la bomba iraní hay que bombardear Irán”. Tras haber aseverado que Teherán jamás negociaría el fin de su programa nuclear, concluía: “Estados Unidos podría efectuar un trabajo cuidadoso de destrucción, pero sólo Israel puede hacer lo que sea necesario. […] El objetivo será el cambio de régimen en Teherán” (1).


Tres meses más tarde, un acuerdo nuclear con Irán era firmado por todas las grandes potencias, inclusive Estados Unidos. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, Teherán respeta escrupulosamente sus términos. Sin embargo, Bolton no da el brazo a torcer. En 2018, adelantándose a las posiciones provocadoras del gobierno israelí y de la monarquía saudita, se empeñaba más que nunca en su “cambio de régimen”: “La política oficial de Estados Unidos –escribía– debería ser el fin de la Revolución Islámica iraní antes de su 40 aniversario. Eso lavaría la vergüenza de haber tenido a nuestros diplomáticos retenidos como rehenes durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Y esos antiguos rehenes podrían cortar la cinta en la inauguración de una nueva embajada en Teherán” (2). El actual presidente de Estados Unidos hizo campaña contra la política de los “cambios de régimen”, es decir, de las guerras de agresión estadounidenses. Por lo tanto, lo peor todavía no es seguro. Pero la paz ha de ser muy frágil si ha de depender de la capacidad de Trump para controlar a los consejeros rabiosos que él nombró. Al asfixiar económicamente a Irán con la ayuda de los capitales y de las grandes empresas occidentales (coercionadas y sometidas), Washington pretende que su embargo obligue a Teherán a capitular. En realidad, Bolton y Pompeo no ignoran que esa misma estratregia de guerra económica fracasó en Corea del Norte y en Cuba. Más bien cuentan con una reacción iraní que luego presentarán, triunfalmente, como una agresión que requiere una “réplica” estadounidense.


Intoxicaciones, falsificaciones, manipulaciones, provocaciones: después de Irak, Libia y Yemen, los neoconservadores ya eligieron a su presa.

 

1. John Bolton, “To stop Iran’s bomb, bomb Iran”, The New York Times, 26-3-15.
2. John Bolton, “Beyond the Iran nuclear deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 15-1-18.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

Publicado enInternacional
Putin y Xi hacen frente común contra la hegemonía de Estados Unidos

En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusan a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores

Unidos en la inversión y en la confrontación. Vladímir Putin y Xi Jinping mostraron este viernes un frente común contra Estados Unidos y su hegemonía económica. En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusaron a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores. EE UU trata de “imponer su jurisdicción en todo el mundo”, dijo Putin en el Foro de San Petersburgo, con Xi de invitado de honor.

Para el líder ruso, las tácticas de Trump suponen “un camino hacia conflictos interminables, guerras comerciales y tal vez no solo comerciales”. El presidente estadounidense no estuvo en la antigua capital imperial rusa, su nombre apenas se pronunció en las reuniones, pero su presencia sobrevoló la sesión plenaria del foro económico, donde Vladímir Putin, con unas relaciones cada vez más amargas con Occidente, mostró un efusivo apoyo a su aliado chino.

“Los Estados que antes promovían el libre comercio con una competencia honesta y abierta han empezado a hablar el lenguaje de las guerras comerciales y las sanciones, de las incursiones económicas abiertas con tácticas de retorcimiento de brazos y de miedo”, esgrimió. “Un sistema que nunca será estable o equilibrado si está basado en una injusticia más clara que nunca”.


El líder de Rusia, que busca afianzar sus vínculos estratégicos con China, comparó el proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que empezará a bombear gas ruso a Europa a finales de año y al que EE UU se opone, con el caso del gigante tecnológico Huawei, en el punto de mira por el desarrollo de las redes 5G que, según Washington, podrían abrir la puerta al espionaje de China. Putin acusó a EE UU de “torpedear” ambos proyectos porque no casan con su “acostumbrada exclusividad”. “En algunos círculos ya consideran [el caso Huawei] la primera guerra tecnológica de la emergente era digital”, afirmó durante la sesión plenaria en la que participaron el secretario general de la ONU, António Guterres, y los líderes de Bulgaria, Eslovaquia y Armenia.


Xi, que observaba atento a su socio ruso, recalcó que China está dispuesta a compartir “con sus socios” todos sus “inventos”, incluida la tecnología 5G, dijo. “Uno no debe ser codicioso”, recalcó. El presidente chino, que siempre trata de que la crisis con Washington no escale, fue más conciliador que Putin. Con la guerra comercial caliente, y pese a que el gigante asiático ha amenazado con publicar su propia lista negra de compañías “no fiables”, Xi apostó por el “respeto mutuo” y dijo que le era “difícil imaginar” una “ruptura completa” entre EE UU y China. “No estamos interesados en eso y nuestros socios estadounidenses tampoco. El presidente Trump es mi amigo y estoy convencido de que tampoco lo está”, dijo. Un tono que choca con el lenguaje agresivo que utiliza su “amigo” estadounidense para referirse a su país.


Rusia y China, acusados en numerosas ocasiones de socavar las reglas del mercado, se han convertido últimamente en los grandes defensores de la globalización. Y este viernes lo hicieron juntos, haciendo más visible la creciente confrontación de ambas potencias con la Administración de Trump. Putin no desaprovechó la oportunidad que le brinda el conflicto entre Washington y Pekín para acercarse al gigante asiático, que en otro tiempo fue su enemigo. Rusia necesita la inversión china y también la fuerza de tenerlo a su lado. De ahí que con un rublo cada vez más débil, el líder ruso instara a “repensar el papel del dólar” en los intercambios comerciales entre ambos por ser “un instrumento de presión” de EE UU al resto del mundo.


China, dijo Xi, continuará promoviendo la “globalización económica, salvaguardando el sistema de comercio multilateral, y está comprometido a reparar un desarrollo económico global desequilibrado”. Un discurso al que, desde el repliegue de Estados Unidos a una postura más proteccionista, le ha cogido el gusto pese a las contradicciones en que incurre su propio modelo. “No se debe recurrir a los enfoques unilaterales, al proteccionismo”, señaló.


Con el tablero geopolítico ya muy inestable, el último capítulo de la guerra comercial ha causado nuevos vaivenes. El mundo, apuntó preocupado el secretario general de la ONU, corre el riesgo de caer en el “sonambulismo de una nueva Guerra Fría” en medio de las tensiones occidentales. “Esto tiene que parar”, recalcó durante su intervención en el Foro, que se ha significado como la piedra angular de Rusia para reorientar su economía hacia Asia y Oriente Próximo.


Desde la anexión de Crimea, en 2014, los principales líderes políticos mundiales no pisan el evento que, en cambio, sirve para que compañías rusas capten inversión extranjera —como el contrato firmado entre Gazprom, la holandesa Royal Dutch Shell y la española Repsol para explorar yacimientos en Siberia— y que en otra época era considerado el Davos ruso. Este año, la delegación china, más de mil miembros, ha sido el doble que la estadounidense.

Por María R. Sahuquillo
San Petersburgo 7 JUN 2019 - 14:46 COT

Publicado enInternacional
Miércoles, 29 Mayo 2019 06:28

Trump va dos veces en un mes a Japón

El presidente de EU, Donald Trump, conversa con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, cuando abandona el barco de la armada japonesa, en Yokosuka.Foto Afp

No es común que Trump visite dos veces Japón en el lapso de un mes: la primera vez, del 25 al 28 de mayo, con el pretexto poco creíble de ser el primer mandatario en felicitar al entronizado emperador Naruhito; y la segunda, 28/29 de junio en Osaka, para la disfuncional cumbre del G-20 que servirá de barómetro para las cumbres trascendentales, en caso de celebrarse, de Trump con el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, respectivamente.

Trump pudo haber esperado un mes para felicitar al emperador y a la emperatriz Masako, quien se graduó en Harvard y es experta en negociaciones comerciales.

Después de haber jugado golf con el primer ministro japonés Abe, Trump comentó en un tuit que esperaría hasta después de las elecciones de la Cámara Alta de julio antes de alcanzar un acuerdo comercial para agosto.

En 2018, Japón tuvo un déficit de 56 mil 800 millones de dólares con EU, que Trump endosa a la industria automotriz nipona, en particular, a Toyota.

¿Lo que no puede obtener Trump con China, lo piensa compensar con Japón cuyo primer ministro Abe ha prometido invertir 40 mil millones de dólares en EU?

No fue nada sorprendente que Trump apoye la intermediación del primer ministro Abe con Irán y quien visitará Teherán en los próximos días (https://bit.ly/2I45OVr). Sería la primera vez que un primer ministro japonés visite Irán desde 1978 (un año antes de la revolución jomeinista).

En Sputnik aduje que "Trump había proporcionado un teléfono a la diplomacia suiza para que los iraníes se pusieran en contacto con él y así iniciar las negociaciones. En paralelo, el canciller iraní Yavad Zarif proclamó en Tokio de que Irán tampoco deseaba la guerra. Aquí también Japón puede jugar un favorable rol de lubricador" (https://bit.ly/2VIqVpG).

Japón importa petróleo de Irán, lo cual sería afectado por las sanciones salvajes de Trump al país persa para doblegarlo.

La guerra del "equipo B (Bolton/Pompeo)", con instigación del primer ministro israelí Netanyahu, ha perdido su inercia y ya hasta Trump abiertamente comenta que no favorece el "cambio de régimen" en Teherán y que está abierto a la intermediación de Japón que mantiene óptimas relaciones con el país persa (https://bit.ly/2WaUu3F).

Trump agregó que Irán tiene "un potencial económico tremendo" (https://bit.ly/2McEE41), mientras ocurría una desescalada retórica propiciada por el encuentro del canciller iraní Yavad Zarif con la muy influyente senadora californiana Dianne Feinstein del Partido Demócrata (https://bit.ly/2HUz5S4).

Vivian Salama, corresponsal en Tokio del Wall Street Journal, que suele ser muy favorable a Trump, expresó que el presidente de EU "inició su visita de cuatro días a Japón con una nota provocativa en su tuit" en el que comentó que el lanzamiento por Norcorea de "algunas pequeñas armas, perturbaron a algunas de mi gente y a otros, pero no a mí" (https://on.wsj.com/2HEJVNq).

Jesse Johnson, del Japan Times, aborda la "diplomacia Sumo": conforme "el primer Abe corteja a Trump", los tuits del caprichoso presidente de EU "han dejado enervados a los japoneses" (https://bit.ly/2EBx24x).

Trump festejaba el acuerdo comercial con Japón en agosto, mientras el vicesecretario de gabinete Yasutoshi Nishimura lo desmentía (https://bloom.bg/2wpIRq4).

En realidad, Trump abusa del paraguas nuclear que EU provee a Japón para cobrarse la factura de "seguridad" por la vía automotriz y agroindustrial.

De entrada, el G-20, con la excepción de EU en la fase proteccionista de Trump, se pronunciará por el multilateralismo que beneficia las exportaciones del país anfitrión, no se diga de China.

Trump juega –dejando muchas veces en ridículo a su "equipo B (John Bolton, su asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, su secretario de Estado)"– unos contra otros, aliados y adversarios por igual, para sacar ventaja integral: usa a Japón contra China; requiere de Japón para una intermediación en su naufragio con Irán que hubiera puesto en peligro su anhelada relección; desecha el peligro de los misiles norcoreanos para poner en jaque las negociaciones comerciales con Tokio; y amedrenta la agenda multilateral de la cumbre del G-20 en Osaka.

AlfredoJalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalife

 

Publicado enInternacional
El nuevo totalitarismo: Estados Unidos y la guerra neocortical

Desde la antigüedad hasta nuestros días la fiebre imperial por dominar el mundo ha sido una obsesión. Sin embargo, los deseos totalitarios han terminado en desastre. Baste recordar el Tercer Reich. Alemania y su pueblo, imbuidos de un sentimiento de superioridad étnico-racial, construyeron un ideario para la dominación mundial. Su trágico final no ha sido lección suficiente. Tampoco el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. En esta carrera imperialista, Estados Unidos toma el relevo de las naciones autoproclamadas defensoras del orden mundial, su contrapartida: la extinción de la especie. Con una sed ávida de ganancia, explotación y violencia, su prepotencia no encuentra límites. Si se cumplen los pronósticos, Estados Unidos no saldrá victorioso, su ambición nos conducirá al colapso. Lo peor, su incapacidad para dar marcha atrás. El pueblo estadunidense y su establishment se consideran parte de una misión redentora a la cual no pueden renunciar. La divina providencia les señala como la nación elegida para dominar el mundo.

Para hacer posible el sueño de la dominación perfecta, se busca el control de las emociones, los sentimientos y los deseos, sin necesidad de recurrir a la invasión militar de los territorios conquistados. Estados Unidos se ha convertido en la primera potencia capaz de forjar un totalitarismo, bajo el sentimiento de vivir en libertad, anulando la conciencia y la voluntad de los individuos. El uso de la violencia es relativizado, aunque sin renunciar a ella, se busca un acatamiento de las órdenes de manera disciplinada, rápida y acrítica. Es la llamada guerra de la no letalidad. Las armas no letales se encuentran en las tecnologías de la información. Una guerra donde se trata de descifrar cómo piensan los seres humanos y cuáles serían sus respuestas ante determinados estímulos, situaciones de estrés o estados de guerra. Parafraseando a Sun Tzu, el saber hacer la guerra para Estados Unidos buscaría: "someter al enemigo sin librar batalla alguna".

Los estados con "vocación de dominación totalitaria" se han erigido portadores de progreso, imponiendo costumbres, lengua, religión y bandera. En el siglo XXI, las tecno-ciencias se han puesto al servicio de los intereses del totalitarismo estadunidense. La cibernética, la informática, las neurociencias, la matemática aplicada, se unen para configurar la estrategia de dominación sistémica. Estados Unidos crea mecanismos de sumisión que van más allá de la tierra conquistada y dominada. Sentirse y sa-berse sojuzgado conlleva resistencia. Pocos se dejan avasallar. Los gobiernos cipayos presentan límites. Cuando la soberanía y el derecho de autodeterminación son pisoteados, emerge un nacionalismo liberador que arrastra consigo toda forma de dominación extranjera. El sentimiento antinazi y rechazo a la dominación alemana fue motivo para que pueblos enteros emprendieran la tarea de expulsar a los ejércitos invasores. Franceses, holandeses, belgas, soviéticos, yugoslavos, británicos, republicanos españoles, entre otros, más allá de sus convicciones políticas, se unieron en la gran batalla antinazi y antifascista. El sueño de Hitler se transformó en su peor pesadilla cuando el mundo entero se opuso a sus delirantes planes de dominación. Pero el Tercer Reich sólo contaba con armas convencionales como única forma de lograr su objetivo. Potencia de fuego. Su desarrollo estaba constreñido a lograr el máximo de destrucción. Los misiles V-1 y V-2 llegaron tarde y fueron insuficientes. Los campos de concentración, las cámaras de gas, las matanzas selectivas, eran un hándicap. Para cumplir las órdenes los soldados alemanes eran drogados, actuaban bajo la acción de estupefacientes. Así, era poco probable cumplir el sueño nazi de un imperio alemán de mil años. Tampoco ayudaba mucho la forma de dominación. Humillar a las poblaciones conquistadas, y vivir bajo la bota del ejército alemán no era una salida en el medio plazo.

Por el contrario, en la guerra neocortical, Estados Unidos emplea mecanismos y dispositivos más eficientes. Busca romper lo único que puede generar resistencia activa, la mente del enemigo, aliados y subordinados. Se trata de paralizar, regular, anular la voluntad y la capacidad de comprensión. Trasformar los humanos en autómatas sin capacidad de pensar y actuar al margen de las órdenes dadas. Obediencia y sumisión. Así se expresa Richard Szafranski, coronel de USAF: "para hacer operativa esta guerra neocortical Estados Unidos debe restructurar a escala mundial sus aparatos de colecta y diseminación de información, colocar en red las diversas agencias de inteligencia y sus capacidades de análisis". Se trata de modelar el comportamiento del enemigo, sin afectar a los organismos, pero destruyendo la capacidad y voluntad de liderazgo. El control de las redes por los gigantes estadunidenses está en consonancia con la guerra neocortical. De lo contrario ¿Cómo entender la petición de Juan Guaidó y cipayos venezolanos de una intervención militar estadunidenses en su territorio? ¿Cómo explicar la sumisión de Europa Occidental a los delirios de Trump para dominar el mundo sin resistir? ¿Las nuevas sanciones contra Cuba? El mundo occidental se mueve al ritmo que marca el imperialismo estadunidense, convencido de vivir en libertad. El nuevo totalitarismo se impone. Es necesario resistir.

Publicado enInternacional
Sábado, 25 Mayo 2019 06:31

El verdadero fraude financiero

El verdadero fraude financiero

El primero de diciembre de 2018 Meng Wanzhou, ejecutiva de la empresa china de telecomunicaciones Huawei e hija de su fundador, fue detenida en Canadá en tránsito hacia México por agentes estadounidenses bajo la acusación de haber hecho negocios con Irán (y luego por fraude financiero) por lo cual podría enfrentar una pena de cárcel por más de una década sin haber violado ninguna ley canadiense ni estadounidense. 

Antes que Estados Unidos rompiera de forma unilateral el acuerdo firmado con Irán, hacer negocios con aquel país no era ilegal. Por supuesto que cuando hablamos de legalidad nos referimos a las leyes de un solo país, no a las leyes internacionales, que han sido sistemáticamente violadas por ese mismo país. Estados Unidos no solo dicta las leyes sino que las puede cambiar abruptamente según su conveniencia y según el estado de humor del nuevo presidente, lo que convierte la saludable “alternancia en el poder” en el comodín (joker) de un juego de naipes. El acuerdo que firma un presidente con la mano lo borra el próximo con el codo.


Pero nada de esto es caprichoso sino parte de una lógica de intereses financieros y económicos, organizados por la propaganda y la guerra ideológica. A Venezuela y a Cuba se los bloquea de las formas más brutales en nombre de la democracia y los derechos humanos para demostrar que el “socialismo no funciona” (y de paso no hablar de los casos donde sí ha funcionado) mientras a dictaduras absolutas como Arabia Saudita se las protege por la simple razón de proveer a Occidente con petróleo y ser uno de los principales consumidores de armamentos de la poderosa industria militar. A otras dictaduras poderosas como China nunca se les reclama por los Derechos Humanos sino por alguna que otra tarifa (los campeones de la democracia nunca critican ni acosan a las dictaduras que protegen los grandes capitales, sean de izquierda o de derecha).


Esta actuación extraterritorial (que es colonialista e ilegítima de por sí porque nunca es recíproca) es justificada por la “lucha contra la corrupción”. En muchos casos puntuales y publicitados es así, como cuando jueces estadounidenses han multado a diferentes bancos europeos por permitir el lavado de dinero de, por ejemplo, el narcotráfico. Dejemos de lado la participación de Estados Unidos en el tráfico de drogas y de armas, pero veamos que esta extraterritorialidad no solo es ilegítima sino que además se sostiene por la mera fuerza de la corrupción legalizada del poder financiero. ¿Cómo? Los ejecutivos de bancos y de grandes transnacionales no estadounidenses temen este tipo de sanciones multimillonarias. Muchas empresas han quebrado o han tenido que ser liquidadas o venidas. No por mera casualidad la división de Energía de Alstom de Francia fue venida a la alicaída General Electric luego de ser acusada por jueces estadounidenses de pagar coimas en Indonesia, Egipto, Taiwán y otros países, pese al decreto en contra que había emitido el gobierno francés un año antes. Más recientemente, la asociación de Alstom con la alemana Siemens fue vetada por la Unión Europea. Una reciente investigación de The Economist ha señalado un patrón curioso: los jueces estadounidenses reducen las penas de las “compañías corruptas” cuando prometen vendérselas a alguna otra compañía estadounidense.


Como alguien ha notado, basta que dos personas en cualquier parte del mundo se envíen un correo por Gmail (o por casi cualquier otro medio electrónico) para que un juez en Estados Unidos considere el caso tratado bajo su jurisdicción, ya que Google es una compañía con base en California.


Pero la extraterritorialidad de un país no solo es ilegítima sino parte de la corrupción misma que dice combatir. Recordemos que los jueces, aparte de su propios criterios para aplicar las leyes (por algo las abiertas luchas políticas para nominar a los representantes de la Suprema Corte), también deben aplicar las leyes aprobadas. Para aprobar una ley primero hay que escribirla. ¿Quiénes escriben las leyes? Supongamos, en el mejor caso de ingenuidad democrática, que la escribe el pueblo estadounidense. Aun así deberían ser leyes aplicables solo al territorio estadounidense. Pero es necesario ser muy ingenuo para creer que las leyes en Estados Unidos las escribe el pueblo. Es más, ni siquiera la escriben los legisladores. Los legisladores votan, muchas veces y a pesar de la masiva propaganda mediática, contra la opinión del pueblo estadounidense, como ya lo han demostrado diferentes estudios, entre ellos el de Princeton University. Pero como esto no es suficiente, las leyes las redactan comités integrados por políticos y por representantes de grandes compañías privadas, las que normalmente son sus mayores donantes (de ahí que donen dinero a dos candidatos opuestos que se disputan una banca en el senado). Los grandes inversores no tienen más ideología ni principios morales que las de sus intereses privados –en nombre del interés general, claro.


La existencia de estos casos de corrupción legal, que hacen de la corrupción ilegal un derivado casi irrelevante, cuando no útil para perseguir a la competencia, han sido siempre negados por aquellos que consideran que criticar un gobierno o un país es una forma de traición patriótica y no un servicio a la verdad y la justicia. El patriotismo es la distracción de quienes han perdio la patria que habitan. Demonizar a los críticos es parte de la lógica mientras los tiburones continúan su exitoso camino. Recientemente, el USA Today demostró, en una extensa y detallada investigación, que en los últimos años todos los congresos de la unión pasaron miles de leyes (por lo menos 2100) y todas fueron burdas “copia y pega” digitadas por los representantes de las grandes compañías privadas. Tanto los legisladores estatales como los nacionales están sumergidos en esta lógica y tráfico (legal) de influencias, casi todos procedentes de los llamados “intereses especiales” y de poderosos lobbies financieros (los sindicatos podrían ser considerados los lobbies de los de abajo, pero no por casualidad desde los 80s han sido debilitados hasta su casi irrelevancia). Todo lo cual explica que el 40 por ciento de la población estadounidense no sea dueña ni del uno por ciento de toda su riqueza, pero fanáticamente defiende la idea de que el cinco por ciento posea más del 60 por ciento de todo, porque lo ha logrado “por mérito propio” y no por una sistemática y globalizada corrupción legal. Aunque, claro, convencer a un pueblo que es asaltado por su propio interés no deja de ser un mérito.


Así, los exitosos dueños del gran capital escriben las leyes en Estados Unidos en su beneficio propio, las que luego irán a aplicar los jueces de forma extraterritorial para luchar contra la corrupción, las que luego el poderoso Ejecutivo nacional impondrá a nivel global bajo presión y acoso (narrativo, económico, y militar).


Por supuesto que no es mi interés, ni por lejos, defender ninguna empresa, ningún multimillonario chino, ni al gobierno chino, ni al de Irán ni a nadie sino, lisa y llanamente, la verdad. Sobre todo esa verdad que no se deja ver debajo de tantas banderas que flamean los fanáticos medievales en beneficio de la ya inalcanzable aristocracia financiera.

Publicado enSociedad
La guerra EU-China y los movimientos de abajo

Estamos ante una guerra por la supremacía geopolítica global, una guerra tecnológica y militar que asume (por ahora) la forma de conflicto comercial. La hipótesis que manejamos es que la guerra se va a profundizar hasta bordear el peligroso abismo de conflicto nuclear, y que será la marca del siglo XXI, ya que se extenderá en el tiempo hasta que alguno de los rivales (probablemente China) se alce con la victoria.

Como el conflicto entre la potencia en declive y la que está en ascenso que la desafía, dominará el escenario mundial y regional en este complejo periodo histórico, parece necesario trazar algunas ideas generales que puedan orientarnos a las y los de abajo. No pretendo establecer “líneas”, sino apenas esbozar horizontes ético-políticos que considero deberían debatir los llamados movimientos antisistémicos.

La primera es considerar que es una guerra por la dominación del planeta, no por la liberación de los pueblos. Vemos que una parte de los profesionales de la izquierda sostienen que debemos elegir entre Estados Unidos y la alianza China-Rusia, porque es necesario derrotar a la primera y caminar de la mano de la segunda. Por el contrario, creo que si bien la potencia hegemónica es muy dañina y debe ser enfrentada y derrotada por los pueblos en cada lugar de la Tierra, no podemos perder de vista que las otras dos naciones son también imperialistas.

Por lo tanto, pienso que la situación es más parecida (no idéntica) a la que se registró en la Primera Guerra Mundial, que a lo sucedido en la segunda. En ésta, los intereses nacionales de la entonces Unión Soviética llevaron a Stalin a imponer a los movimientos una alianza con las potencias occidentales; en tanto, Lenin y los bolcheviques, en la primera guerra, se pronunciaron por el “derrotismo” de su nación, apostando a convertir la guerra imperialista (así la definieron) en guerra de clases para hacer la revolución.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los comunistas chinos osaron desafiar las directrices de Stalin y tomaron su propio camino, se apartaron del Kuomintang y de las potencias occidentales, y las combatieron. Gracias a esa línea de acción, pudieron triunfar. En síntesis, las fuerzas del cambio deberíamos aprovechar el conflicto entre los de arriba para hacer avanzar nuestro propio proyecto, con autonomía, aunque sin descartar acuerdos puntuales siempre que no nos neutralicen.

La segunda cuestión pasa por aprender de la experiencia vivida por nuestros pueblos durante las guerras de independencia. El conflicto entre criollos y españoles (y portugueses), apoyados por Inglaterra, se resolvió en contra de los pueblos que sufrieron tanto, o más, con las repúblicas que con las monarquías que los colonizaron. La derrota de los revolucionarios de abajo (desde Túpac Amaru y Túpac Katari hasta José Gervasio Artigas, Tiradentes y Morelos), alfombró la instalación de repúblicas que pusieron fin a la colonia y abrieron paso al colonialismo interno.

En no pocos casos, los rebeldes de abajo fueron usados como carne de cañón por los criollos para poner en marcha su propio proyecto de nación.

El tercer asunto gira en torno a lo que representa la nueva hegemonía global: un impresionante despliegue tecnológico de inteligencia artificial y tecnología 5-G, que tendrá consecuencias funestas en cuanto a la concentración de poder global y en cada país. El ejecutivo experto en inteligencia artificial, Kai-Fu Lee, asegura que este despliegue “producirá desigualdades económicas sin precedentes e incluso alterará el equilibrio mundial de poder”(https://nyti.ms/2HLsysU).

A diferencia de la revolución industrial y de las computadoras, ahora no se sustituirán unos empleos por otros, sino “traerá consigo la aniquilación de trabajos a gran escala”. Qué sucederá con esos millones, a los que se suman los que ya le sobran al capital, lo enseña la propia China, con su sistema de video-vigilancia a gran escala: una enorme masa de personas sometidas (el 9-9-6, trabajan de 9 am a 9 pm seis días a la semana), controladas las 24 horas.

La concentración de poder se incrementará; China y Estados Unidos serán los grandes beneficiados. Pero llama la atención que los profesionales sólo mencionen a las empresas yanquis (Google, Facebook, Amazon y Microsoft) y no citen a las chinas (Baidu, Alibaba Group, Tencent Holdings), ni los campos de concentración en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, de mayoría musulmana (https://bit.ly/2VPSM7s). En cada nación la brecha social crecerá entre quienes tienen acceso a las nuevas tecnologías y quienes no acceden o lo hacen en situación de dependencia.

La hegemonía china puede ser peor para los de abajo, como viene sucediendo desde los albores del capitalismo y la modernidad. Creer que la hegemonía yanqui nos hizo más libres que la británica, y que ésta fue más beneficiosa que la española, es tanto como mirar el mundo desde el lado de los privilegiados. La historia reciente nos enseña que entre los que luchan, una parte aspiran a insertarse bien arriba y a la derecha.

 

Publicado enInternacional
Más que guerra comercial, la guerra es tecnológica

“Tenemos que superar importantes riesgos y desafíos”, clamó el mandatario en alusión a la nueva escalada del conflicto comercial con Estados Unidos.

El presidente de China, Xi Jinping, pidió ayer a su pueblo que se prepare porque aseguró que se vienen tiempos difíciles. “Tenemos que superar importantes riesgos y desafíos”, clamó el mandatario en alusión a la nueva escalada del conflicto comercial entre Estados Unidos y su país luego de que Washington prohibiera a las compañías estadounidenses hacer negocios con empresas sospechadas de espiar a su país. Una vez que el presidente Donald Trump tomó esa decisión por decreto, Google cortó relaciones con el gigante chino Huawei, y varios países detuvieron la comercialización y pre-venta de estos equipos.


“Nuestro país está aún en un periodo de importantes oportunidades estratégicas para el desarrollo pero la situación internacional es cada vez más complicada”, afirmó el jefe de Estado chino en una visita a la provincia de Jiangxi, en el sur del país. Durante la jornada, Xi subrayó que la nación debe ser consciente del complejo escenario con varios factores desfavorables tanto a nivel interno como externo.


Huawei, por su parte, también cargó contra Estados Unidos. Al mismo tiempo que lanzaban una nueva línea de teléfonos inteligentes anteayer, un representante de la empresa denunció el acoso que sufre Huawei por parte de Washington. “Huawei respetó todas las leyes y regulaciones aplicables. Ahora Huawei se convirtió en la víctima del acoso de la Administración de Estados Unidos”, declaró en un acto celebrado en Bruselas, Abraham Liu, representante de la compañía ante las instituciones de la Unión Europea (UE). Para Liu, no se trata sólo de un ataque contra Huawei. “Es un ataque contra el orden liberal basado en normas. Esto es peligroso. Ahora le está pasando a Huawei. Mañana puede pasarle a cualquier otra empresa internacional. ¿Podemos cerrar los ojos ante semejante comportamiento?”, preguntó el representante de la tecnológica. También señaló que las redes 5G de Huawei fueron desarrolladas junto a socios europeos y a medida de las necesidades del viejo continente. “Huawei ha estado operando en Europa durante casi veinte años. Tenemos ahora 12.200 empleados en Europa, el 70 por ciento contratados localmente”, afirmó Liu.


Ayer mismo también tomó estado público que -como alertó Liu- Huawei no es la única empresa china afectada por la decisión estadounidense. El matutino The New York Times informó que la Casa Blanca evalúa prohibirle a la empresa china de cámaras de vigilancia, Hikvision, la compra de tecnología fabricada en Estados Unidos. El gobierno asiático cuestionó de inmediato la “difamación” de la administración norteamericana contra las empresas del gigante asiático. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lu Kang, volvió a insistir para que Washington proporcione un entorno justo y no discriminatorio para sus empresas.


Al igual que sucedió la semana pasada con la tecnológica Huawei, la compañía sería incluida en la “lista negra” del Departamento de Comercio, lo que implica que los proveedores de Hikvisión necesitarían una licencia especial, expedida por el gobierno, para comerciar con la empresa china. Hikvision es una de las fabricantes de equipos de video vigilancia más grandes del mundo y es central en la ambición china de convertirse en el principal exportador global de sistemas de vigilancia, según destacó The New York Times.


Tras la medida anunciada por Trump, varias empresas tecnológicas importantes indicaron que dejarán de vender componentes y software a Huawei. La primera en dar este paso fue Google y ayer se sumaron algunas compañías japonesas y del Reino Unidos, entre otras.


Dos de las tres firmas de telefonía móvil más importantes de Japón, Softbank y KDDI, anunciaron ayer que aplazaban el lanzamiento de un nuevo modelo de la firma china Huawei, el P30 Lite. KDDI igualmente puso en suspenso la venta del mismo modelo de Huawei. El P30 Lite tiene una pantalla de 6,15 pulgadas y cuenta con una triple cámara. Estaba anunciado con el sistema operativo Android 9.0, de Google. A estas dos empresas japonesas se sumó, horas después, el proveedor telefónico NTT Docomo que informó que interrumpió el pedido del nuevo modelo de Huawei.


La multinacional de diseños de chips ARM, con sede en el Reino Unido, también dio instrucciones a sus empleados para que se suspendan los negocios con la tecnológica china. Según señaló la cadena inglesa BBC, la compañía de chips afirmó que sus diseños cuentan con tecnología de origen estadounidense, de modo que consideraron obligatorio adecuarse al decreto de Trump.


De fondo de la puja entre Estados Unidos y China en materia de tecnología está la decisión de Washington de impedir que las compañías como Huawei controlen las redes 5G. Una tecnología que permite navegar por Internet con mucha más velocidad y que podría facilitar el desarrollo de vehículos autónomos y técnicas para hacer cirugía por control remoto.
En esta línea, el gobierno estadounidense presionó incluso a la Unión Europea para que imponga restricciones sobre Huawei que se encuentra a la cabeza del desarrollo de la tecnología 5G. Estados Unidos teme además que China utilice las redes 5G para espionaje, unas acusaciones que desde el país asiático rechazaron categóricamente.

Publicado enInternacional
El gasto militar mundial escala a su máximo por el impulso de EE UU

Washington y Pekín suman por primera vez más de la mitad de la inversión global en Defensa

 El gasto militar de EE UU aumentó el año pasado por primera vez desde 2010. La Administración de Donald Trump elevó la inversión en Defensa un 4,6% respecto al año anterior hasta alcanzar los 649.000 millones de dólares (581.000 millones de euros), un 36% del total mundial, que creció hasta su máximo histórico. Washington y su rival estratégico Pekín suman por primera vez más de la mitad de la inversión global en Defensa, según los datos que publica este lunes el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI).

Desde su llegada a la Casa Blanca en 2016, Donald Trump nunca ha ocultado su intención de fortalecer aún más la supremacía militar de Estados Unidos sobre sus dos principales rivales geoestratégicos, China y Rusia. Los drásticos recortes del republicano en medioambiente, cooperación exterior o ayudas contra la pobreza energética le han permitido reforzar su músculo militar con 39.000 millones de dólares más que el año anterior.


A pesar del incremento, el gasto de Washington en Defensa todavía es un 19% menor que en 2010, aunque entonces el contexto era distinto. Estados Unidos estaba involucrado de lleno en las guerras de Afganistán e Irak, con decenas de miles de tropas desplegadas. Hoy cuenta con un contingente muy reducido en Afganistán y varios centenares de asesores militares desplegados en Siria e Irak. Trump ha reiterado su interés en reducir al mínimo la presencia de tropas estadounidenses en estas zonas de conflicto.


“El incremento del gasto de EE UU responde más a una estrategia de disuasión que a las exigencias actuales de sus operaciones en el exterior”, explica por teléfono Aude Fleurant, investigadora del SIPRI. La experta pronostica que —salvo “una catástrofe financiera”— Trump aumentará el gasto en Defensa cada año que esté en la presidencia, a pesar de los obstáculos que suponen el déficit público y la pérdida del control de la Cámara de Representantes, que volvió en noviembre a manos demócratas tras ocho años de dominio republicano.

La adquisición de armamento, de fabricación nacional, es la principal explicación del incremento del presupuesto de Defensa estadounidense. Con un Ejército de casi 1.400.000 efectivos, una ligera subida salarial también ha repercutido en el coste anual. La primera potencia mantiene en el extranjero más de 800 bases militares, repartidas por más de 40 países aliados.


Trump ha ordenado además crear “cuanto antes” una rama del Ejército dedicada al espacio —“que garantice el dominio estadounidense del cosmos”— en la que se prevé que reciba decenas de miles de millones de dólares desde su primer año. El republicano también ha heredado de la Administración de Barack Obama la idea de modernizar el arsenal atómico, un proyecto que según los expertos costaría unos tres billones de dólares (2,69 billones de euros) en un plazo de unos 30 años.


Washington se retiró el pasado febrero del Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias (INF, por sus siglas en inglés), un acuerdo de desarme alcanzado durante la Guerra Fría. Moscú respondió de manera simétrica al día siguiente. En la cuerda floja ha quedado el New START, otro tratado bilateral clave que limita el número de cabezas nucleares de Rusia y Estados Unidos. El pacto finaliza en 2021 y, de momento, no hay visos de que ninguno de los dos países planeen ampliarlo.


Fleurant considera que la pérdida de mecanismos de control armamentístico entre las grandes potencias provocará el aumento del gasto para desarrollar nuevo armamento.


A la acentuada desconfianza entre EE UU y Rusia, cabe añadir que China nunca ha formado parte de estos tratados de control armamentístico, lo que provocaba recelos tanto en Washington como en Moscú. El gigante asiático ha multiplicado por 15 su gasto militar desde los años ochenta, con incrementos en cada variación interanual desde hace 25 años. En 2018 lo hizo en un 5% hasta alcanzar el cuarto de billón de dólares. Y desde que se convirtió en 2008 en el segundo inversor mundial en Defensa, Pekín ha asignado cada año en torno al 2% de su PIB al refuerzo de su capacidad militar.


Estados Unidos, Rusia y China compiten por el desarrollo de nuevo armamento como los misiles hipersónicos, que convertirían en ineficientes los actuales sistemas de defensa. A diferencia de Washington y Pekín, Moscú recortó el año pasado su gasto militar un 3,5%, aunque Fleurant explica la reducción por la inversión extraordinaria que se realizó entre 2010 y 2015 para modernizar su armamento. Por eso, la experta cree que la inversión rusa crecerá a corto plazo, a pesar de las dificultades económicas que arrastra desde hace años por la caída del precio de los hidrocarburos y las sanciones occidentales.


Por su parte, Arabia Saudí se mantuvo como el tercer inversor mundial en Defensa, además de ser el principal importador mundial de armamento. El Reino del Desierto —que lidera la intervención militar en Yemen— destinó el año pasado un 8,8% de su PIB a Defensa, el porcentaje más alto de entre todos los países analizados.


En términos generales, el gasto militar mundial creció un 2,6% y superó los 1,8 billones de dólares hasta marcar un máximo histórico desde que existen cifras consideradas fiables (1988). Los datos del SIPRI no incluyen algunos Estados con inversiones notables en Defensa como Corea del Norte, Siria, Eritrea o Emiratos Árabes Unidos.


El temor a Rusia, detrás del aumento de la OTAN


Los 29 miembros de la OTAN aumentaron conjuntamente su gasto militar un 7% (56.500 millones de euros) en 2018 respecto al año anterior. Francia, el Reino Unido, Alemania, Italia y España han vuelto a elevar moderadamente su gasto en los últimos años tras los fuertes recortes que siguieron a la crisis financiera de 2008.


Sin embargo, son algunos de los miembros más recientes los que más han incrementado su inversión. Rumania, Bulgaria, Lituania y Letonia aumentaron su gasto militar en torno a un 20%; Polonia, un 10%. “No hay un único factor, pero la inquietud que provoca Rusia en esta zona es el principal”, explica por correo electrónico Nan Tian, investigador del SIPRI. Nan considera que la presión que ejerce Trump para que los socios europeos incrementen su gasto en Defensa no ha sido determinante.


Turquía también elevó el gasto, un 24%. “Está en plena modernización del Ejército y sus operaciones militares contra los kurdos implican un coste extra muy elevado”, sostiene Nan.

Publicado enInternacional
Viernes, 08 Febrero 2019 06:01

El juego de Occidente en Venezuela

El juego de Occidente en Venezuela

Lo más cerca que llegué de Venezuela, hace muchos años, fue en una conexión en tránsito en el aeropuerto de Caracas. Noté muchos soldados en boinas verdes y un puñado de gorilas que me recordaron vagamente a Medio Oriente. Ahora, sentado mientras la lluvia aporrea el Levante invernal, hojeo en mi periódico imágenes de nuestros autócratas locales recientes –Saddam, Assad, Al Sisi, Erdogan, Mohammed bin Salman (pueden ustedes nombrar a los que faltan)– y pienso en Nicolás Maduro.

Las comparaciones no son precisas de ninguna manera. De hecho, no pienso en la naturaleza de estos hombres fuertes, sino en nuestra reacción a todos ellos. Y existen dos paralelismos obvios: la forma en que sancionamos y aislamos al odiado dictador –o lo amamos, en su caso– y la manera en que no sólo proclamamos a los opositores como los legítimos herederos de la nación, sino exigimos que se entregue la democracia al pueblo cuya tortura y lucha por la libertad acabamos de descubrir.

Y, antes de que lo olvidemos, hay otro hilo común. Si ustedes sugieren que quienes desean el cambio presidencial en Venezuela tal vez andan un poco demasiado apresurados, y que nuestro apoyo a –digamos– Juan Guaidó quizá sea un poco prematuro si no queremos empezar una guerra civil, eso significa que ustedes son pro Maduro. Así como quienes se opusieron a la invasión de Irak en 2003 eran pro Saddam, o quienes pensaban que Occidente debería esperar antes de apoyar a la cada vez más violenta oposición en Siria fueron etiquetados como pro Assad.

Y quienes defendieron a Yasser Arafat –durante mucho tiempo un súper terrorista, luego un súper diplomático y luego otra vez un súper terrorista– contra quienes querían deponerlo como líder de los palestinos fueron insultados por ser pro Arafat, pro palestinos, pro terroristas y, de modo inevitable, antisemitas. Recuerdo cómo George W. Bush nos advirtió, después del 11-S, que están con nosotros o contra nosotros. La misma amenaza se nos hizo con respecto a Al Assad.

Erdogan la ha hecho en Turquía (hace menos de tres años), y en la olvidada década de 1930 fue un recurso empleado nada menos que por Mussolini. Y ahora cito al secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, con referencia a Maduro: “Ahora es momento de que cada nación escoja su bando… o están con las fuerzas de la libertad, o están en la misma liga de Maduro y su caos”.

Ya me entienden. Ahora es el momento de que todas las buenas personas cierren filas con Estados Unidos, la UE, las naciones de América Latina opuestas a Maduro… ¿o es que apoyan a los rusos, chinos, a los fanáticos iraníes, al pérfido Corbyn o (entre tanta gente) a los griegos?

Hablando de los griegos, la presión europea sobre Alexis Tsipras para alinearse al apoyo de la UE a Guaidó –demostración de que la UE puede de hecho acosar con todo su peso a sus miembros más pequeños– es un buen argumento para los partidarios del Brexit (aunque demasiado complejo para que lo entiendan).

Pero primero echemos una ojeada a nuestro tirano favorito, en palabras de todos los que se le oponen. Es un poderoso dictador, rodeado de generales, que oprime a su pueblo mediante tortura, arrestos en masa, asesinatos de la policía secreta, elecciones amañadas, presos políticos… así que no es raro que demos nuestro apoyo a quienes desean derrocar a este hombre brutal y celebrar elecciones democráticas.

No es una mala sinopsis de nuestra política actual hacia el régimen de Maduro. Pero me refiero, por supuesto, palabra por palabra, a la política de Occidente hacia el régimen de Al Assad en Siria. Y nuestro apoyo a la democracia en ese país no fue terriblemente exitoso. No fuimos responsables de la guerra civil en Siria, pero no estamos libres de culpa, puesto que enviamos un montón de armas a quienes intentaban derrocar a Al Assad. Y el mes pasado el cuaderno de notas del consejero nacional de seguridad estadunidense John Bolton parecía alardear de un plan de enviar 5 mil efectivos a Colombia…

Y ahora dirijamos la mirada a otro de aspecto semejante a Maduro, por lo menos desde la simplista visión de Occidente: el mariscal de campo-presidente electo Al Sisi de Egipto, quien goza de apoyo militar y a quien amamos, admiramos y protegemos. ¿Poderoso dictador? Sí. ¿Rodeado y apoyado por generales? Sin duda, en parte porque encerró a un general rival antes de la elección pasada. ¿Represión? Absolutamente… todo con tal de aplastar el terrorismo, desde luego.

¿Detenciones en masa? Felizmente sí, porque todos los reos en el salvaje sistema carcelario egipcio son terroristas, al menos según el propio mariscal-presidente. ¿Asesinatos de la policía secreta? Bueno, aun olvidando al joven estudiante italiano cuyo gobierno sospecha que fue torturado y asesinado por uno de los altos funcionarios policiacos de Al Sisi, existe una lista de activistas desaparecidos.

¿Elecciones amañadas? Sin duda, aunque Al Sisi aún insiste en que su triunfo reciente en las urnas –un genial 97 por ciento– fue en una elección libre y justa. El presidente Trump le envió sus sinceras felicitaciones. ¿Presos políticos? Bueno, el total es de 60 mil y contando. Ah, y por cierto, la victoria más reciente de Maduro –elección amañada si las hay– fue apenas por 67.84 por ciento.

Como diría el finado experto del Sunday Express John Gordon: es para que uno se enderece un poco en la silla. Así también, supongo, cuando echamos un ojo un poco más al este, hacia Afganistán, donde los gobernantes talibanes fueron impulsados en 2001 por Estados Unidos, cuyos militares y estadistas posteriores al 11-S introdujeron allá una nueva vida de democracia seguida por corrupción, enseñoramieto de tiranos locales y guerra civil.

La parte de democracia despegó pronto, cuando los loya jurgas, grandes consejos, se convirtieron en feudos tribales y los estadunidenses anunciaron que sería una exageración pensar que podríamos lograr una democracia jeffersoniana en Afganistán. Más que cierto.

Ahora los estadunidenses negocian con el talibán terrorista en Qatar para poder largarse de la Tumba de los Imperios después de 17 años de fracasos militares, escándalos y derrotas, para no mencionar el manejo de unos cuantos campos de tortura que harían toser al mismo Maduro.

Puede que todo eso desanime al lector de caminar por la senda de la memoria. Y eso que no he mencionado los pecados de Saddam, para no hablar de nuestra continua y amena relación –por asombroso que parezca– con ese Estado del Golfo cuyos chicos estrangularon, despedazaron y enterraron en secreto a un periodista estadunidense residente en Turquía.

Ahora imaginen si Maduro, cansado de un periodista crítico que lo fustiga desde Miami, decidiera atraerlo con engaños a la embajada venezolana en Washington y decapitara al pobre tipo, lo cortara en pedazos y lo enterrara en secreto en Foggy Bottom. Supongo que se habrían aplicado sanciones a Maduro desde hace mucho tiempo. Pero no a Arabia Saudita, claro, donde en definitiva no estamos promoviendo la democracia.

Es la hora de la democracia y la prosperidad en Venezuela, afirmó John Bolton esta semana. Oh, sí, claro. Maduro gobierna una nación empapada en petróleo, pero su pueblo muere de hambre. Es un hombre indigno, tonto y vanidoso, aun si sus crímenes no se comparan con los de Saddam. Un colega lo describió acertadamente como un tirano sombrío. Incluso tiene el aspecto de uno de esos tipos que ataban damas a las vías del tren en las películas mudas.

Así que buena suerte a Guaidó. Es palpablemente un tipo agradable, que habla con elocuencia y tiene el tino de abogar por ayuda a los pobres y elecciones libres en vez de obsesionarse por cómo exactamente va a echar fuera a Maduro y sus amigos militares.

En otras palabras, buena suerte… pero cuidado. En vez de suplicar a quienes no quieren apoyarlo –los griegos, por ejemplo–, podría detenerse a mirar a sus amigos extranjeros. Y hacer un recuento rápido de las más recientes cruzadas que han emprendido por la libertad, la democracia y el derecho a la vida. Y, por cierto, ni siquiera he mencionado a Libia.

 Traducción: Jorge Anaya

Publicado enCrisis Venezuela
Retirar las tropas: las opciones imposibles

Creo que fue Colin Powell quien dijo que enviar tropas a la contienda era fácil, pero retirarlas era casi imposible.


La situación actual en Medio Oriente ilustra este axioma a la perfección. El presidente Trump, como sus predecesores, prometió retirar las tropas estadunidenses de Siria. Y él renovó la promesa apenas recientemente. Luego descubrió, igual que sus predecesores, que cumplir su palabra levantaba tanta oposición, desde todas las posiciones políticas, que tenía que renegar de su promesa. Hizo esto redefiniendo qué tanto tiempo debe transcurrir antes de que, de hecho, retire sus tropas.


Si uno le pregunta a alguien si deberían o no retirarse las tropas de Siria, la respuesta depende de qué tan atrás se sitúe el establecimiento de la situación actual.


Para algunos es un tiempo muy corto, y para otros ha sido un tiempo extremadamente largo. Para mí desde el momento del origen de la situación en la que estamos embrollados al presente han pasado por lo menos varios siglos. Estados Unidos es en Medio Oriente parte de una política imperialista general en todas partes del mundo, incluido el Medio Oriente.
Uno no puede entender la posición de varios estados y de múltiples actores no políticos a no ser que entendamos que representan diferentes modos de intentar la lucha contra las intrusiones imperialistas en sus asuntos.


La única forma en que Estados Unidos puede retirarse de la situación es renunciando a las políticas imperialistas. Hacer esto será en extremo doloroso no sólo para Estados Unidos, sino para casi todos los que viven en la región. No hay manera de evitar esto. El dolor será severo e inmediato. Pero ésta es la situación menos dolorosa. A menos que mordamos la bala y nos decidamos, el dolor será interminable. Las opciones serán siempre malas.


¿No es concebible para los imperialistas dejar de serlo? Probablemente no. ¿Será posible que las múltiples víctimas reciban bien la retirada de los poderes imperialistas pese a que la situación resultante empeore? Tal vez.


No hay una buena opción, no hay opción indolora, sólo un ajuste de largo plazo hacia una situación más equitativa.


Traducción: Ramón Vera-Herrera

Publicado enInternacional
Página 1 de 5