Conspiración y corrupción: una hipótesis probable

Es común hablar de "teoría de la conspiración" cada vez que alguien revela o denuncia prácticas o articulaciones políticas "irregulares", ocultas al gran público en general y conocidas solo por los insiders o por las personas con más conocimientos. Y casi siempre, cuando se usa esta expresión es con el propósito de descalificar la denuncia que se ha hecho, o a la propia persona que hizo público lo que estaba destinado a ocultarse en la sombra o en el olvido de la historia. Pero, de hecho, más rigurosamente, no existe ninguna “teoría de la conspiración".

Lo que existe son "teorías del poder", y la "conspiración" es solo una de las prácticas más comunes y necesarias de quienes participan en la lucha política diaria por el poder en sí. Esta distinción conceptual es muy importante para quien se proponga analizar la coyuntura política nacional o internacional, sin temor a ser acusado de "conspiracionista". Y éste es un punto de partida fundamental para la investigación que nos proponemos hacer sobre cuál fue el verdadero papel del gobierno de los Estados Unidos en el Golpe de Estado 2015/2016 y en la elección del Capitán Bolsonaro ", en 2018. En este caso, no hay manera de no seguir el camino de la llamada "conspiración", que culminó con la ruptura institucional y el cambio del gobierno brasileño. Y nuestra hipótesis preliminar es que la historia de esta conspiración comenzó en la primera década del siglo XXI, durante el “mandarinato” del vicepresidente estadounidense Dick Cheney, aunque ha tomado otra dirección y velocidad desde la presidencia de Donald Trump y la formulación de su nueva "estrategia de seguridad nacional", en diciembre de 2017.

Al principio fue una sorpresa, pero hoy todos ya entendieron que esta nueva estrategia ha abandonado los viejos parámetros ideológicos y morales de la política exterior de los Estados Unidos, de defensa de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo económico, y asumió explícitamente el proyecto de construcción de un imperio militar global, con la fragmentación y multiplicación de conflictos, y el uso de diversas formas de intervención externa, en los países que se convierten en objetivos norteamericanos. Ya sea a través de la manipulación inconsciente de los votantes y de la voluntad política de estas sociedades; ya sea a través de nuevas formas "constitucionales" de golpes de estado; ya sea mediante sanciones económicas cada vez más extensas y letales capaces de paralizar y destruir la economía nacional de los países afectados; ya sea, finalmente, a través de las llamadas "guerras híbridas" destinadas a destruir la voluntad política del adversario, utilizando la información más que la fuerza, las sanciones más que los bombardeos y la desmoralización intelectual más que la tortura .

Desde este punto de vista, es interesante seguir la evolución de estas propuestas en los propios documentos de los Estados Unidos en los que se definen los objetivos estratégicos del país y sus principales formas de acción. Así, por ejemplo, en el Manual de Entrenamiento de las Fuerzas Especiales de EE. UU. Preparadas para Guerras No- Convencionales, publicado por el Pentágono en 2010, ya se afirma explícitamente que "el objetivo de EE. UU. en este tipo de guerra es explotar las vulnerabilidades políticas, militares, económicas y psicológicas de las potencias hostiles, desarrollando y apoyando a fuerzas internas de resistencia para alcanzar los objetivos estratégicos de Estados Unidos ". Con el reconocimiento de que "en un futuro no muy lejano, las fuerzas de EE. UU. participarán predominantemente en operaciones de guerra irregulares" .

Esta orientación fue explicitada de manera aún más clara en el documento que definió por primera vez la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU. del gobierno de Donald Trump, en diciembre de 2017. Allí se puede leer con todas sus letras que en el "golpe a la corrupción" debe tener un lugar central la desestabilización de los gobiernos de los países que sea "competidores" o "enemigos" de los Estados Unidos . Esta propuesta fue detallada en el nuevo documento sobre la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos, publicado en 2018, que señala que "una nueva modalidad de conflicto no armado ha tenido una presencia cada vez más intensa en el escenario internacional con el uso de prácticas económicas depredadoras, rebeliones sociales, ataques cibernéticos, noticias falsas, métodos anticorrupción " .

Es importante destacar que ninguno de estos documentos deja la menor duda de que todas estas nuevas formas de "guerra no convencional" deben ser utilizadas – prioritariamente - contra los Estados y las empresas que desafíen o amenacen los objetivos estratégicos de los EE. UU.

Ahora bien, en este punto de nuestra investigación, vale la pena hacer la pregunta fundamental: ¿cuándo fue, en la historia reciente, que Brasil entró en el radar de estas nuevas normas de seguridad y defensa de los EE. UU.? Y aquí no hay duda de que hay muchos hechos y decisiones que tomó Brasil, especialmente después de 2003, como su política exterior soberana, su liderazgo autónomo del proceso de integración sudamericano, o incluso de su participación en el bloque económico BRICS, liderado por China. Pero no hay duda de que el descubrimiento de reservas de petróleo del pre-sal, en 2006, fue el momento decisivo en que Brasil cambió su posición en la agenda geopolítica de los Estados Unidos. Basta leer el Blueprint for a Secure Energy Future, publicado en 2011 por el gobierno de Barack Obama, para ver que en ese momento Brasil ya estaba en una posición destacada en 3 de las 7 prioridades estratégicas de la política energética de los Estados Unidos: (i) como un fuente de experiencia para la producción de biocombustibles; (ii) como socio clave para la exploración y producción de petróleo en aguas profundas; (iii) como territorio estratégico para la prospección en el Atlántico Sur .

A partir de ese momento, no es difícil rastrear y conectar algunos acontecimientos, especialmente desde que el gobierno brasileño promulgó, en 2003, su nueva política para proteger a los productores nacionales de equipos de los antiguos proveedores extranjeros de Petrobras, como fue el caso, por ejemplo, de la compañía estadounidense Halliburton, la mayor empresa en el mundo de servicios de yacimientos petrolíferos, y uno de los proveedores internacionales líderes de sondas y plataformas marinas, que fue administrada por hasta la década de 2000 por el mismo Dick Cheney, quien se convertiría en el vicepresidente más poderoso de la historia de los Estados Unidos de 2001 a 2009. Odebrecht, OAS y otras grandes empresas brasileñas entran en esta historia a partir de 2003, exactamente en el lugar de estos importantes proveedores internacionales que perdieron su lugar en el mercado brasileño. Aquí debe recordarse el inicio de la compleja negociación entre Halliburton y Petrobras sobre la compra y entrega de las plataformas P 43 y P 48 de $ 2,5 mil millones que comenzó en la administración de Dick Cheney y se extendió hasta 2003/4, con la participación del Gerente de Servicio de Petrobras en ese momento, Pedro José Barusco, quien luego se convertiría en el primer delator conocido para la Operação Lava-Jato.

En este punto, por cierto, siempre es bueno recordar la famosa tesis de Fernand Braudel, el mayor historiador económico del siglo XX, de que "el capitalismo es el antimercado", es decir, es un sistema económico que acumula riqueza a través de la conquista y preservación de monopolios, valiéndose de cualquier medio a su alcance. O incluso, traducir el argumento de Braudel para niños: el capitalismo no es una organización ética ni religiosa, y no tiene ningún compromiso con ningún tipo de moral pública o privada que no sea la multiplicación de sus ganancias y la continua expansión de sus mercados. Y esto es lo que se puede ver, más que en cualquier otro lugar, en el mundo salvaje de la industria petrolera mundial, desde el comienzo de su explotación comercial, a partir del descubrimiento de su primer pozo por el "coronel" E.L. Drake en Pensilvania, en 1859.

Ahora bien, volviendo al eje central de nuestra investigación y de nuestro argumento, es bueno recordar que este mismo Dick Cheney, que venía del mundo del petróleo y desempeñó un papel decisivo como vicepresidente de George W. Bush, fue el que concibió e inició la llamada "guerra contra el terrorismo", con el consentimiento del Congreso estadounidense para iniciar nuevas guerras, incluso sin la aprobación parlamentaria; y, lo que es más importante para nuestros propósitos, consiguió hacer aprobar el derecho de acceso a todas las operaciones financieras del sistema bancario mundial, prácticamente sin restricciones, incluyendo el viejo secreto bancario suizo, y el sistema de pagos europeo, SWIFT.

Por lo tanto, no es absurdo pensar que fue por este camino que el Departamento de Justicia de los EE. UU. haya tenido acceso a las informaciones financieras que luego fueron transmitidas a las autoridades locales de los países que Estados Unidos se propuso desestabilizar con campañas selectivas "contra la corrupción ”. En el caso brasileño, al menos, fue después de estos acontecimientos que ocurrió el asalto y el robo de informaciones geológicas clasificadas y estratégicas de Petrobras en 2008, exactamente dos años después del descubrimiento de las reservas de petróleo pré-sal de Brasil en el mismo año en que Estados Unidos reactivó su IV Flota Naval de Monitoreo del Atlántico Sur. Y fue en el año siguiente, en 2009, que comenzó el intercambio entre el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y los miembros del Poder Judicial, el Ministerio Publico y la Policía Federal brasileña, para abordar los problemas lavado de dinero y “lucha contra la corrupción”, en una reunión que dio como resultado la iniciativa de cooperación denominada Proyecto Puente, en la que participó el entonces juez Sérgio Moro.

Más tarde, en 2010, Chevron negoció discretamente, con uno de los candidatos a la elección presidencial brasileña, cambios en el marco regulatorio pre-sal, una "conspiración" que salió a la luz con las filtraciones de Wikileaks, que finalmente se convirtió en una Proyecto de ley presentado y aprobado por el Senado brasileño. Y tres años más tarde, en 2013, se supo que la presidencia de la República, los ministros de estado y los líderes de Petrobras estaban siendo objeto hace mucho tiempo de escucha telefónica y espionaje, como revelaron las acusaciones de Edward Snowden. El mismo año la embajadora de los Estados Unidos que acompañó el golpe de Estado de Paraguay contra el presidente Fernando Lugo fue trasladada a la embajada de Brasil. Y fue exactamente después de este cambio diplomático, en 2014, que comenzó la Operación Lava Jato, que se tomó la instigante decisión de investigar las recompensas pagadas a los directores de Petrobras, exactamente a partir de 2003, dejando de lado a los antiguos proveedores internacionales, en el preciso momento en que la compañía estaba concluyendo las negociaciones con Halliburton sobre la entrega de las plataformas P 43 y P48.

Si todos estos datos estuvieran conectados correctamente, y nuestra hipótesis fuera creíble, no es sorprendente que después de cinco años del inicio de esta “Operação Lava-Jato” las filtraciones publicadas por el sitio web The Intercept Brasil, informen sobre la parcialidad de los fiscales y del principal juez involucrado en esta operación y hayan provocado una reacción repentina y extemporánea a dos acusados principales de esta historia que prácticamente se escondieran, prácticamente, en los Estados Unidos. Probablemente en búsqueda de instrucciones e información que les permitieran salir del paso y hacer con sus nuevos acusadores lo que siempre habían hecho en el pasado, utilizando la información transmitida para destruir a sus oponentes políticos. Sin embargo, el pánico del ex juez y su falta de preparación para lidiar con la nueva situación lo hicieron actuar de manera apresurada, pidiendo una licencia ministerial y viajando por segunda vez a los Estados Unidos, haciendo con esto público su lugar en la cadena de mando de una operación que parece haber sido la única operación de intervención internacional exitosa, hasta ahora, por parte del dúo John Bolton y Mike Pompey, los dos "terroristas suicidas" que dirigen la política exterior del gobierno de Donald Trump. Una operación custodiada por los norteamericanos y avalada por los militares brasileños.

Por lo tanto, si nuestra hipótesis estuviera correcta, no hay la menor posibilidad de que las personas involucradas en este escándalo sean denunciadas y juzgadas imparcialmente, porque todos los involucrados siempre han tenido pleno conocimiento y han aprobado las prácticas ilegales del ex juez y su " fiscal auxiliar ", prácticas que fueron decisivas para la instalación del capitán Bolsonaro en la Presidencia de la República. Lo único que les molesta en este momento es el hecho de que su "conspiración" se haya hecho pública, y que todos han comprendido quién es el verdadero poder detrás de los llamados "Beatos de Curitiba".

Por José Luís Fiori* y William Nozaki**

*Profesor titular del Programa de Postgrado en Economía Política Internacional (IE / UFRJ); Investigador en el Instituto de Estudios Estratégicos sobre Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP). **Profesor de la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP) y director técnico del Instituto de Estudios Estratégicos del Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP).

28 de julio de 2019

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Los próximos 10 años entre EU y China: ¿conflictos o G-2?

El histórico G-20 de Osaka –por sus cumbres al margen, más que por su ausencia de concreciones consensuadas– no fue un punto de inflexión, sino que acentuó la dinámica de las tendencias de la "arquitectura estratégica global" (https://bit.ly/2Y22epH) y/o de la "estabilidad estratégica" tripolar de EU/Rusia/China.

 

Dos días después de la cumbre del G-20 en Osaka, se celebró en Pekín el segundo "Diálogo Wanshou de Seguridad Global", donde concurrieron connotados académicos, cuyo tema nodal consistió en elucidar cómo serán definidas las relaciones de China y EU en los próximos 10 años: "por conflictos o por sus esfuerzos para superarlos" (https://bit.ly/30PL7UL).

 

Uno de los asistentes fue el británico Martin Jacques, becario senior de la Universidad de Cambridge y quien publicó hace 10 años el visionario libro Cuando China gobierne al mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global (https://amzn.to/2YfzmWd), quien adujo que la relación de China y EU fue relativamente estable en los pasados 40 años, pero que ya concluyó debido a razones fundamentales.

 

Arguyó que sí habrán tensiones y conflictos, por lo menos en los próximos 10 años hasta que "EU acepte el hecho de que China se encuentra en una posición igual (sic)" y que ya "EU no es más el exclusivo primer país del mundo".

 

Sentenció que "el tiempo unipolar de EU acabó, y hoy nos encontramos ya en el tiempo bipolar (sic), pero tampoco debemos subestimar la dificultad que tendrá EU para cambiar (sic)" cuando encuentra dificultad para "reajustarse conforme va en declive".

 

Según Martin Jacques, EU creó y "está destruyendo" ahora el presente orden global que sustenta el multilateralismo y la globalización, por lo que el "nuevo orden no advendrá en el corto periodo de tiempo, por lo menos no en los próximos 20 años, aunque el viejo orden es débil y ya no es más sostenible".

 

A su juicio, "existe un nuevo orden incipiente dentro del concepto de la Ruta de la Seda" debido a su escala y por las ideas que representa, como el "ganar-ganar, cooperación y elevar los niveles de vida de los países pobres" (https://bit.ly/2OeGiD8).

 

Martin Jacques, pese a su pasado marxista (o quizá debido a ello) y a su amistad con uno de los máximos historiadores de Occidente, otro marxista singular Eric Hobsbawm, no toma en cuenta en su "nuevo orden global" a Rusia, a la que Trump maneja con sumo respeto, no se diga China.

 

El consultor especial del anterior presidente Reagan, Douglas Bandow, becario de CATO Institute – think tank de extrema derecha neoliberal, fundada por el polémico empresario Charles Koch: décimo primero en el ranking de Forbes con una fortuna de más de 50 mil millones de dólares (https://bit.ly/2GqSQkr)–, discrepa de la teoría de Martin Jacques debido a que existen todavía "muchas incertidumbres" cuando Pekín y Washington se han percatado del "peligro de los conflictos" y "desean trabajar seriamente para realizar compromisos (sic)".

 

Zhao Susheng, profesor de la Universidad de Denver, señaló que "aunque China y EU no nacieron para ser socios, tampoco nacieron para ser enemigos" y que será imposible (sic) de que ambos emprendan una guerra fría similar a la de EU y la URSS.

 

Global Times narra que para "algunos académicos, las dos superpotencias deben, y sobrevivirán este periodo de conflicto, ya que el precio de no hacerlo sería inaceptablemente elevado".

 

No faltarán quienes se rebelen de que no aparezcan la Unión Europea (UE) ni India.

 

Sucede que Europa desde la Segunda Guerra Mundial fue apéndice de EU y hoy empieza a liberarse de tal yugo geoestratégico al riesgo de ser balcanizada, mientras que India –quizá por la característica politeísta de la mayoría nacionalista/teológica hindú– busque una equidistancia acomodaticia entre la anglósfera, que la dominó, y el núcleo euroasiático del "triángulo RIC (Rusia/India/China)".

 

El gran defecto de un G-2 entre EU y China, que se ha alejado relativamente en las fechas recientes por la intensidad del "conflicto" tecnológico, es que no considera el otro pilar del verdadero orden tripolar: Rusia (https://bit.ly/2FNcqqT).

 

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Domingo, 14 Julio 2019 06:10

Francia entra en la defensa espacial

Francia entra en la defensa espacial

El presidente Macron anuncia la creación de un “gran comando del espacio” integrado al Ejército del Aire

 

 

 Francia siempre ha defendido su condición de potencia militar —acaba de presentar con toda pompa su nuevo submarino nuclear de última generación— y está dispuesta a demostrarlo incluso más allá de la Tierra. El presidente, Emmanuel Macron, ha anunciado este sábado la próxima creación de un “gran comando del espacio” en el Ejército del Aire, que pasará a llamarse “del Aire y del Espacio”. Su objetivo: defender los intereses galos incluso más allá de la exosfera.

“Para garantizar el desarrollo y refuerzo de nuestras capacidades espaciales, el próximo septiembre se creará un gran comando del espacio”, reveló Macron en su tradicional discurso ante las Fuerzas Armadas, en vísperas de la fiesta nacional del 14 de julio, marcada por un gran desfile militar en París. Con este comando, “reforzaremos nuestro conocimiento de la situación espacial, protegeremos mejor nuestros satélites, incluso de una manera activa”, avanzó.

Es difícil valorar si con este paso Macron quiere emular a Estados Unidos, cuyo Gobierno ha anunciado la creación, para el año que viene, de una Fuerza Espacial, la sexta rama de sus Fuerzas Armadas. De hecho, por el momento no se conoce siquiera el presupuesto que estará dedicado a este proyecto. En su momento “se decidirán nuevas inversiones indispensables”, se limitó a decir el mandatario galo. En cualquier caso, el razonamiento francés no parece tan distinto del norteamericano: la convicción de que, como ha declarado Washington, el espacio es “el próximo campo de batalla”.

“Igual que en tierra, en mar, en el aire y el ciberespacio, el espacio exoatmosférico se ha convertido en el teatro de rivalidades de las grandes potencias. Y está convirtiéndose en su campo de operaciones”, advirtió en un discurso en septiembre del año pasado la ministra de Defensa, Florence Parly, de quien ha partido la idea de este comando espacial ahora oficializado.

En este sentido, contó el incidente que vivió en 2017 el satélite franco-italiano Athena-Fidus, que permite las comunicaciones militares seguras, con otro ruso. “Mientras que Athena-Fidus continuaba su rotación tranquilamente alrededor de la Tierra, un satélite se le acercó, cerca, demasiado cerca. Tan cerca que se habría creído que intentaba captar nuestras comunicaciones. Intentar escuchar a los vecinos no es solo un gesto poco amistoso. Es un acto de espionaje”, zanjó. El satélite demasiado curioso, agregó, era el ruso Louch-Olymp. “En el día de mañana, ¿quién sabe si no volverá a acercarse a uno de nuestros satélites? (…) Una defensa espacial es necesaria, es esencial” con el objetivo de poder “conservar nuestra libertad de apreciación, de acceso y de acción en el espacio mañana como hoy”.

Según la agencia Reuters, la OTAN también se prepara para declarar este mismo año el espacio como un campo de batalla.

Por Silvia Ayuso

París 13 JUL 2019 - 14:05 COT

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El teléfono en Europa y la política del cambio que no es real

Es famosa la anécdota de que el superdiplomático estadunidense Henry Kissinger preguntó alguna vez, "¿a quién llamo cuando llamo a Europa?" La pregunta se cita en repetidas ocasiones como un modo inteligente de sugerir pesimismo acerca de Europa como realidad. La respuesta, por supuesto, depende de lo que quiera uno saber de Europa. Hay por lo menos una docena de instituciones europeas de variados tipos de membresías e intereses. Puede uno telefonear a cualquiera de ellas. Europa es tanto una realidad, que hay aun una institución europea instituida por quienes quieren abolir las instituciones europeas.

 

Haremos dos cosas en este comentario. Una es discutir la diferencia entre lo que llamo un cambio real y un cambio que no es real. Para ello, la discusión del teléfono de Europa es muy útil para dejarnos ver qué está ocurriendo.

 

La segunda cosa que intento hacer es discutir la epistemología del análisis y las formas en que hemos venido a hablar de algo que llamamos análisis espacio tiempo (AET).

 

Déjenme explicar lo que pienso ocurre cuando intento hacer un comentario. Comienzo por fecharlo y ponerle título. Luego comienzo a dictar lo que es necesario. Así que déjenme comenzar a dictar éste.

 

Desde octubre de 1998 he estado escribiendo comentarios que aparecen cada quincena del mes. No he faltado ninguno. Tienen un patrón estándar de lo que digo.

 

Por más de 500 años del moderno sistema-mundo los análisis tienen un vaivén de ida y vuelta entre situaciones donde el punto de vista conservador estaba en la cima y situaciones donde la visión no conservadora estaba arriba.

 

¿Qué ha ocurrido? Bueno, esto puede explicarse si volteamos a examinar la visión axiomática de que podemos predecir el resultado de algo que queremos saber si miramos cómo nos iba hace 25 años.

 

Hoy, el problema al que casi todo el mundo en todo el sistema-mundo está dedicado es a responder "si Donald Trump va a reelegirse en 2020", y el axioma nos dice que el modo de saberlo es mirar 25 años atrás a ver cómo estaba la gente en ese momento. Y que si estaba bien hace 25 años, será reelecto, y si a la gente no le iba bien entonces, no será reelecto.

 

¿Por qué debe ser esto así? Tiene que ver con cómo las ocurrencias sucesivas afectan las previas. Supongamos que tomamos el más reciente de estos virajes grandes, uno que comenzó más o menos cerca de 1945 y que sigue hasta ahora.

 

¿Qué es lo que ocurre? Se dice que cada vez que hago la pregunta, "¿qué es lo que ocurre?" uno afecta de un modo diminuto, pero verdaderamente, una mezcla de números que tiene 25 años. Veamos por qué.

 

Así, se supone que podemos intentar tomar el promedio de todas las veces previas en que la gente ha supuesto mantener algo de hace 25 años.

 

Descubrimos que el promedio sería un ejercicio matemático imposiblemente complejo, que nadie es capaz de hacer. Así, realmente no podemos saber cuál sería la lectura del promedio de lo que son esos 25 años atrás. Podemos adivinar, por supuesto, y podemos acercarnos, pero no hay modo en que sepamos con absoluta certeza lo que la gente sentía hace 25 años. Ergo, no somos capaces de predecir.

 

Tomemos tres problemas cuyo contenido le importa a la gente. Uno es la condición de las mujeres. Otro es el grado al cual las cuestiones internas las dirime la gente que está a cargo. Y otro es el grado al cual nuestro país y la gente en nuestro país son hegemónicos en los sistemas-mundos.

 

En 1945, el la visión del establishment era que las mujeres no tuvieran ningún derecho. Esta visión cambiará durante los próximos años a una donde las mujeres tienen muchos derechos.

 

Otro problema es el estado del poder de aquellos que están a cargo. El tercero es el grado al cual un país es hegemónico en el sistema-mundo.

 

En el lapso de 25 años, las tres cuestiones llegan a un punto de inflexión donde parecen haber cambiado por completo. Esto es una ilusión. De hecho lo único que ha cambiado son los nombres de la gente, o los de los grupos que son dominantes en el sistema. Sigue siendo éste un sistema que es bilateral y donde no puede ocurrir cambio alguno. Acerca de la gente a cargo del sistema, su poder era absoluto circa 1949. Y en términos de Estados Unidos y el poder hegemónico, era incuestionable circa 1945.

 

Cada uno de estos tres análisis se mueve a un punto presumiblemente cambiante donde todo ha quedado de cabeza tras 25 años. De hecho, el punto es que lo que ha cambiado es quién estaba en la cima y quién en la base. El sistema se mantiene igual. Es por eso que hablo de un "cambio que no es real".

 

A diferencia de virajes previos en la historia del moderno sistema-mundo, el viraje que comenzó a ocurrir circa 1945 fue mucho más raudo a resultas del cambio estructural del moderno sistema-mundo. Este cambio estructural significó que cuando arribamos al cambio virtual de 1968, más o menos, podíamos haber hecho un cambio real. De hecho, no lo hicimos. Hubo una reversión al viejo modo de calcular las cosas, pero con un lenguaje nuevo.

 

¿Cuál es la diferencia entre los cambios que se hicieron regularmente por más de 500 años y el último cambio que se hizo desde 1949? La diferencia tiene que ver con un número de categorías con las cuales etiquetamos nuestros cálculos. Si las etiquetas dicen que son cambios normales durante el periodo de 500 años, entonces todas estas etiquetas serán bilaterales. Los cambios que no son reales parecen ser cambio, pero de hecho no lo son. La única manera de tener un cambio que no parezca un cambio, sino que sea un cambio real, es apoderarse del momento de la crisis estructural del moderno sistema-mundo y, de hecho, en vez de hacer cálculos bilaterales, calcular totalmente de otro modo. Algo que yo le llamaría, "cambio cuadrilátero".

 

Hay otro cambio, en realidad de gran importancia. Es si debemos comenzar en forma normal con un análisis completamente autónomo para el tiempo histórico y el espacio global.

 

Utilizando el análisis de espacio tiempo, podemos encontrar entonces si ha ocurrido un cambio real o un cambio que no es real. Donde estamos ahora, podemos entrar en este debate con algo que podemos aprender del AET, algo que no podríamos haber aprendido si lidiáramos por separado con el tiempo histórico y el espacio global.

 

Hemos intentado explicar lo que es un cambio que no es real y hemos intentado explicar lo que significa un análisis de espacio tiempo. Si no lo logramos, es porque es difícil explicar esto.

 

Traducción: Ramón Vera-Herrera.

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Líderes posan para una foto en la Cumbre del G-20 en Osaka.Foto Afp

 

Ya había detectado que la cumbre del G-20 en Osaka (https://bit.ly/2FNcqqT) comportaba las matrices operativas para ser exitosa en sus cumbres bilaterales (https://bit.ly/2LastmV).

 

En vísperas de la cumbre, el zar Vlady Putin, en su histórica entrevista al Financial Times (27/06/19), había diagnosticado al "liberalismo" de "obsoleto" y expuesto la "fragmentación" cuando "la situación se ha vuelto definitivamente más dramática y explosiva" (https://bit.ly/2L0vAO6).

 

Michael Ivanovitch, en su escrito a CNBC –de fuertes vínculos con el complejo militar industrial de EU– comenta en forma temeraria, pero persuasiva, que "Trump extiende las bases para un nuevo orden mundial edificado alrededor de EU, China y Rusia" (https://cnb.cx/2xDZpeO).

 

Michael Ivanovitch ostenta lazos con el Olimpo de EU: prominente economista en la OCDE y "economista internacional" de la Reserva Federal de Nueva York.

 

Sustenta que Trump, al margen de la cumbre, acotó que "deseaba edificar buenas relaciones con Rusia y China", amén de haber sostenido "una extensa y amistosa discusión con el presidente ruso Vladimir Putin" sobre temas globales y regionales, así como las "maneras para mejorar y expandir los lazos bilaterales políticos y económicos".

 

Al día siguiente de la cumbre bilateral con el zar Vlady Putin, Trump se reunió con el mandarín Xi, quien "alabó el multilateralismo" y "criticó abruptamente el proteccionismo comercial en la sesión plenaria de apertura del G-20", asentando que anhelaba la "cooperación" y no la "fricción y la confrontación".

 

Michael Ivanovitch insiste que en la cumbre bilateral de Trump y Xi, que de facto eclipsó la cumbre general del G-20, acordaron "apartar las nuevas tarifas y dejar que Huawei compre productos de EU" (https://cnb.cx/2XioiM7).

 

Interpreta las dos cumbres bilaterales de Trump respectivamente con el zar Vlady Putin y con el mandarín Xi, que "señalan el inicio de un enfoque firme (sic) en su campaña de relección, donde una escaramuza (sic), o algo peor, con Rusia y China sería un evento devastador (¡mega-sic!) que lo dejaría como un jugador de un solo periodo", aun en el caso de "candidatos del Partido Demócrata carentes de inspiración (sic)".

 

Trump "vislumbra en forma correcta que buscar un pleito con Rusia y China es una amenaza existencial a la humanidad que los estadunidenses y el resto del mundo no apoyarían".

 

Michael Ivanovitch delinea en forma subliminal que, en caso de ser relegido Trump, su prioridad sería edificar un nuevo orden mundial con Rusia y China: curiosamente, los dos países que hoy son catalogados por Washington como "competidores estratégicos" dedicados a "socavar el orden mundial de EU".

 

Trump "busca soluciones pacíficas (sic) y negociadas con Rusia en Siria, Ucrania y Venezuela (sic)", como "zanahoria (sic)" para que Moscú "abra inmensas oportunidades para los negocios de EU". No suena descabellado cuando esa era la intención de Rex Tillerson: ex secretario de Estado con Trump y ex mandamás de ExxonMobil.

 

Ivanovitch comenta que la delegación de empresarios de EU fue una de las más nutridas en el Foro Económico de San Petersburgo.

 

Otro punto que alega Michael Ivanovitch es la influencia de Moscú en su asociación con la OPEP para estabilizar los precios del petróleo con el fin de impedir que la "Reserva Federal eleve las tasas de interés para evitar presiones inflacionarias impulsadas por la energía".

 

Coincide con Michael Ivanovitch tesis sobre el ineludible factor ruso con Irán (https://bit.ly/2xycO87), en "contraste con la postura de Gran Bretaña, Francia y Alemania" quienes colisionan con EU.

 

Michael Ivanovitch alega que China "ya es un desafío muy creíble al orden mundial estadunidense", por lo que Trump prefirió un "armisticio (sic) comercial dictado por consideraciones domésticas".

 

Sustenta que el primer ministro nipón, Shinzo Abe, merece elogios por haber lubricado el exitoso desenlace del G-20 en todas sus reuniones y concluye que la "arquitectura de la seguridad mundial" deja atrás la "opción binaria", por lo que Trump puede haber iniciado un proceso de "duradera paz mundial" sumada de "prosperidad económica".

 

¿Dónde queda India?

 

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Viernes, 14 Junio 2019 08:37

Un capricho estadounidense

Walter Tello, detalle (Cortesía del autor)

Un Estado que, sin un motivo real, denuncia un acuerdo internacional de desarme que negoció durante largo tiempo, ¿puede luego amenazar con agresión militar a otro Estado signatario?, ¿puede ordenar a los otros países que lo sigan en sus posiciones caprichosas y belicosas porque de no hacerlo también ellos padecerán sanciones desmesuradas? Cuando se trata de Estados Unidos, la respuesta es “sí”.


De modo que es perfectamente inútil perder el tiempo estudiando las razones invocadas por la Casa Blanca para justificar su escalada contra Irán. Uno se imagina que John Bolton, consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, y Michael Pompeo, secretario de Estado estadounidense, les encomendaron a los diplomáticos y a los servicios de informaciones de la gran potencia una misión que se podría reducir en la siguiente frase: “Busquen pretextos, nosotros nos encargamos de la guerra”.


Las estrategias de siempre


Bolton no carece ni de experiencia ni de perseverancia. En marzo de 2015, cuando su fanatismo a favor de la invasión a Irak disminuyó su influencia, publicó en The New York Times una columna titulada: “Para detener la bomba iraní hay que bombardear Irán”. Tras haber aseverado que Teherán jamás negociaría el fin de su programa nuclear, concluía: “Estados Unidos podría efectuar un trabajo cuidadoso de destrucción, pero sólo Israel puede hacer lo que sea necesario. […] El objetivo será el cambio de régimen en Teherán” (1).


Tres meses más tarde, un acuerdo nuclear con Irán era firmado por todas las grandes potencias, inclusive Estados Unidos. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, Teherán respeta escrupulosamente sus términos. Sin embargo, Bolton no da el brazo a torcer. En 2018, adelantándose a las posiciones provocadoras del gobierno israelí y de la monarquía saudita, se empeñaba más que nunca en su “cambio de régimen”: “La política oficial de Estados Unidos –escribía– debería ser el fin de la Revolución Islámica iraní antes de su 40 aniversario. Eso lavaría la vergüenza de haber tenido a nuestros diplomáticos retenidos como rehenes durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Y esos antiguos rehenes podrían cortar la cinta en la inauguración de una nueva embajada en Teherán” (2). El actual presidente de Estados Unidos hizo campaña contra la política de los “cambios de régimen”, es decir, de las guerras de agresión estadounidenses. Por lo tanto, lo peor todavía no es seguro. Pero la paz ha de ser muy frágil si ha de depender de la capacidad de Trump para controlar a los consejeros rabiosos que él nombró. Al asfixiar económicamente a Irán con la ayuda de los capitales y de las grandes empresas occidentales (coercionadas y sometidas), Washington pretende que su embargo obligue a Teherán a capitular. En realidad, Bolton y Pompeo no ignoran que esa misma estratregia de guerra económica fracasó en Corea del Norte y en Cuba. Más bien cuentan con una reacción iraní que luego presentarán, triunfalmente, como una agresión que requiere una “réplica” estadounidense.


Intoxicaciones, falsificaciones, manipulaciones, provocaciones: después de Irak, Libia y Yemen, los neoconservadores ya eligieron a su presa.

 

1. John Bolton, “To stop Iran’s bomb, bomb Iran”, The New York Times, 26-3-15.
2. John Bolton, “Beyond the Iran nuclear deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 15-1-18.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

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Putin y Xi hacen frente común contra la hegemonía de Estados Unidos

En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusan a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores

Unidos en la inversión y en la confrontación. Vladímir Putin y Xi Jinping mostraron este viernes un frente común contra Estados Unidos y su hegemonía económica. En plena guerra comercial con Washington, el presidente ruso y su homólogo chino acusaron a la Administración de Donald Trump de usar “tácticas agresivas” para abusar de sus competidores. EE UU trata de “imponer su jurisdicción en todo el mundo”, dijo Putin en el Foro de San Petersburgo, con Xi de invitado de honor.

Para el líder ruso, las tácticas de Trump suponen “un camino hacia conflictos interminables, guerras comerciales y tal vez no solo comerciales”. El presidente estadounidense no estuvo en la antigua capital imperial rusa, su nombre apenas se pronunció en las reuniones, pero su presencia sobrevoló la sesión plenaria del foro económico, donde Vladímir Putin, con unas relaciones cada vez más amargas con Occidente, mostró un efusivo apoyo a su aliado chino.

“Los Estados que antes promovían el libre comercio con una competencia honesta y abierta han empezado a hablar el lenguaje de las guerras comerciales y las sanciones, de las incursiones económicas abiertas con tácticas de retorcimiento de brazos y de miedo”, esgrimió. “Un sistema que nunca será estable o equilibrado si está basado en una injusticia más clara que nunca”.


El líder de Rusia, que busca afianzar sus vínculos estratégicos con China, comparó el proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que empezará a bombear gas ruso a Europa a finales de año y al que EE UU se opone, con el caso del gigante tecnológico Huawei, en el punto de mira por el desarrollo de las redes 5G que, según Washington, podrían abrir la puerta al espionaje de China. Putin acusó a EE UU de “torpedear” ambos proyectos porque no casan con su “acostumbrada exclusividad”. “En algunos círculos ya consideran [el caso Huawei] la primera guerra tecnológica de la emergente era digital”, afirmó durante la sesión plenaria en la que participaron el secretario general de la ONU, António Guterres, y los líderes de Bulgaria, Eslovaquia y Armenia.


Xi, que observaba atento a su socio ruso, recalcó que China está dispuesta a compartir “con sus socios” todos sus “inventos”, incluida la tecnología 5G, dijo. “Uno no debe ser codicioso”, recalcó. El presidente chino, que siempre trata de que la crisis con Washington no escale, fue más conciliador que Putin. Con la guerra comercial caliente, y pese a que el gigante asiático ha amenazado con publicar su propia lista negra de compañías “no fiables”, Xi apostó por el “respeto mutuo” y dijo que le era “difícil imaginar” una “ruptura completa” entre EE UU y China. “No estamos interesados en eso y nuestros socios estadounidenses tampoco. El presidente Trump es mi amigo y estoy convencido de que tampoco lo está”, dijo. Un tono que choca con el lenguaje agresivo que utiliza su “amigo” estadounidense para referirse a su país.


Rusia y China, acusados en numerosas ocasiones de socavar las reglas del mercado, se han convertido últimamente en los grandes defensores de la globalización. Y este viernes lo hicieron juntos, haciendo más visible la creciente confrontación de ambas potencias con la Administración de Trump. Putin no desaprovechó la oportunidad que le brinda el conflicto entre Washington y Pekín para acercarse al gigante asiático, que en otro tiempo fue su enemigo. Rusia necesita la inversión china y también la fuerza de tenerlo a su lado. De ahí que con un rublo cada vez más débil, el líder ruso instara a “repensar el papel del dólar” en los intercambios comerciales entre ambos por ser “un instrumento de presión” de EE UU al resto del mundo.


China, dijo Xi, continuará promoviendo la “globalización económica, salvaguardando el sistema de comercio multilateral, y está comprometido a reparar un desarrollo económico global desequilibrado”. Un discurso al que, desde el repliegue de Estados Unidos a una postura más proteccionista, le ha cogido el gusto pese a las contradicciones en que incurre su propio modelo. “No se debe recurrir a los enfoques unilaterales, al proteccionismo”, señaló.


Con el tablero geopolítico ya muy inestable, el último capítulo de la guerra comercial ha causado nuevos vaivenes. El mundo, apuntó preocupado el secretario general de la ONU, corre el riesgo de caer en el “sonambulismo de una nueva Guerra Fría” en medio de las tensiones occidentales. “Esto tiene que parar”, recalcó durante su intervención en el Foro, que se ha significado como la piedra angular de Rusia para reorientar su economía hacia Asia y Oriente Próximo.


Desde la anexión de Crimea, en 2014, los principales líderes políticos mundiales no pisan el evento que, en cambio, sirve para que compañías rusas capten inversión extranjera —como el contrato firmado entre Gazprom, la holandesa Royal Dutch Shell y la española Repsol para explorar yacimientos en Siberia— y que en otra época era considerado el Davos ruso. Este año, la delegación china, más de mil miembros, ha sido el doble que la estadounidense.

Por María R. Sahuquillo
San Petersburgo 7 JUN 2019 - 14:46 COT

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:28

Trump va dos veces en un mes a Japón

El presidente de EU, Donald Trump, conversa con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, cuando abandona el barco de la armada japonesa, en Yokosuka.Foto Afp

No es común que Trump visite dos veces Japón en el lapso de un mes: la primera vez, del 25 al 28 de mayo, con el pretexto poco creíble de ser el primer mandatario en felicitar al entronizado emperador Naruhito; y la segunda, 28/29 de junio en Osaka, para la disfuncional cumbre del G-20 que servirá de barómetro para las cumbres trascendentales, en caso de celebrarse, de Trump con el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, respectivamente.

Trump pudo haber esperado un mes para felicitar al emperador y a la emperatriz Masako, quien se graduó en Harvard y es experta en negociaciones comerciales.

Después de haber jugado golf con el primer ministro japonés Abe, Trump comentó en un tuit que esperaría hasta después de las elecciones de la Cámara Alta de julio antes de alcanzar un acuerdo comercial para agosto.

En 2018, Japón tuvo un déficit de 56 mil 800 millones de dólares con EU, que Trump endosa a la industria automotriz nipona, en particular, a Toyota.

¿Lo que no puede obtener Trump con China, lo piensa compensar con Japón cuyo primer ministro Abe ha prometido invertir 40 mil millones de dólares en EU?

No fue nada sorprendente que Trump apoye la intermediación del primer ministro Abe con Irán y quien visitará Teherán en los próximos días (https://bit.ly/2I45OVr). Sería la primera vez que un primer ministro japonés visite Irán desde 1978 (un año antes de la revolución jomeinista).

En Sputnik aduje que "Trump había proporcionado un teléfono a la diplomacia suiza para que los iraníes se pusieran en contacto con él y así iniciar las negociaciones. En paralelo, el canciller iraní Yavad Zarif proclamó en Tokio de que Irán tampoco deseaba la guerra. Aquí también Japón puede jugar un favorable rol de lubricador" (https://bit.ly/2VIqVpG).

Japón importa petróleo de Irán, lo cual sería afectado por las sanciones salvajes de Trump al país persa para doblegarlo.

La guerra del "equipo B (Bolton/Pompeo)", con instigación del primer ministro israelí Netanyahu, ha perdido su inercia y ya hasta Trump abiertamente comenta que no favorece el "cambio de régimen" en Teherán y que está abierto a la intermediación de Japón que mantiene óptimas relaciones con el país persa (https://bit.ly/2WaUu3F).

Trump agregó que Irán tiene "un potencial económico tremendo" (https://bit.ly/2McEE41), mientras ocurría una desescalada retórica propiciada por el encuentro del canciller iraní Yavad Zarif con la muy influyente senadora californiana Dianne Feinstein del Partido Demócrata (https://bit.ly/2HUz5S4).

Vivian Salama, corresponsal en Tokio del Wall Street Journal, que suele ser muy favorable a Trump, expresó que el presidente de EU "inició su visita de cuatro días a Japón con una nota provocativa en su tuit" en el que comentó que el lanzamiento por Norcorea de "algunas pequeñas armas, perturbaron a algunas de mi gente y a otros, pero no a mí" (https://on.wsj.com/2HEJVNq).

Jesse Johnson, del Japan Times, aborda la "diplomacia Sumo": conforme "el primer Abe corteja a Trump", los tuits del caprichoso presidente de EU "han dejado enervados a los japoneses" (https://bit.ly/2EBx24x).

Trump festejaba el acuerdo comercial con Japón en agosto, mientras el vicesecretario de gabinete Yasutoshi Nishimura lo desmentía (https://bloom.bg/2wpIRq4).

En realidad, Trump abusa del paraguas nuclear que EU provee a Japón para cobrarse la factura de "seguridad" por la vía automotriz y agroindustrial.

De entrada, el G-20, con la excepción de EU en la fase proteccionista de Trump, se pronunciará por el multilateralismo que beneficia las exportaciones del país anfitrión, no se diga de China.

Trump juega –dejando muchas veces en ridículo a su "equipo B (John Bolton, su asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, su secretario de Estado)"– unos contra otros, aliados y adversarios por igual, para sacar ventaja integral: usa a Japón contra China; requiere de Japón para una intermediación en su naufragio con Irán que hubiera puesto en peligro su anhelada relección; desecha el peligro de los misiles norcoreanos para poner en jaque las negociaciones comerciales con Tokio; y amedrenta la agenda multilateral de la cumbre del G-20 en Osaka.

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El nuevo totalitarismo: Estados Unidos y la guerra neocortical

Desde la antigüedad hasta nuestros días la fiebre imperial por dominar el mundo ha sido una obsesión. Sin embargo, los deseos totalitarios han terminado en desastre. Baste recordar el Tercer Reich. Alemania y su pueblo, imbuidos de un sentimiento de superioridad étnico-racial, construyeron un ideario para la dominación mundial. Su trágico final no ha sido lección suficiente. Tampoco el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. En esta carrera imperialista, Estados Unidos toma el relevo de las naciones autoproclamadas defensoras del orden mundial, su contrapartida: la extinción de la especie. Con una sed ávida de ganancia, explotación y violencia, su prepotencia no encuentra límites. Si se cumplen los pronósticos, Estados Unidos no saldrá victorioso, su ambición nos conducirá al colapso. Lo peor, su incapacidad para dar marcha atrás. El pueblo estadunidense y su establishment se consideran parte de una misión redentora a la cual no pueden renunciar. La divina providencia les señala como la nación elegida para dominar el mundo.

Para hacer posible el sueño de la dominación perfecta, se busca el control de las emociones, los sentimientos y los deseos, sin necesidad de recurrir a la invasión militar de los territorios conquistados. Estados Unidos se ha convertido en la primera potencia capaz de forjar un totalitarismo, bajo el sentimiento de vivir en libertad, anulando la conciencia y la voluntad de los individuos. El uso de la violencia es relativizado, aunque sin renunciar a ella, se busca un acatamiento de las órdenes de manera disciplinada, rápida y acrítica. Es la llamada guerra de la no letalidad. Las armas no letales se encuentran en las tecnologías de la información. Una guerra donde se trata de descifrar cómo piensan los seres humanos y cuáles serían sus respuestas ante determinados estímulos, situaciones de estrés o estados de guerra. Parafraseando a Sun Tzu, el saber hacer la guerra para Estados Unidos buscaría: "someter al enemigo sin librar batalla alguna".

Los estados con "vocación de dominación totalitaria" se han erigido portadores de progreso, imponiendo costumbres, lengua, religión y bandera. En el siglo XXI, las tecno-ciencias se han puesto al servicio de los intereses del totalitarismo estadunidense. La cibernética, la informática, las neurociencias, la matemática aplicada, se unen para configurar la estrategia de dominación sistémica. Estados Unidos crea mecanismos de sumisión que van más allá de la tierra conquistada y dominada. Sentirse y sa-berse sojuzgado conlleva resistencia. Pocos se dejan avasallar. Los gobiernos cipayos presentan límites. Cuando la soberanía y el derecho de autodeterminación son pisoteados, emerge un nacionalismo liberador que arrastra consigo toda forma de dominación extranjera. El sentimiento antinazi y rechazo a la dominación alemana fue motivo para que pueblos enteros emprendieran la tarea de expulsar a los ejércitos invasores. Franceses, holandeses, belgas, soviéticos, yugoslavos, británicos, republicanos españoles, entre otros, más allá de sus convicciones políticas, se unieron en la gran batalla antinazi y antifascista. El sueño de Hitler se transformó en su peor pesadilla cuando el mundo entero se opuso a sus delirantes planes de dominación. Pero el Tercer Reich sólo contaba con armas convencionales como única forma de lograr su objetivo. Potencia de fuego. Su desarrollo estaba constreñido a lograr el máximo de destrucción. Los misiles V-1 y V-2 llegaron tarde y fueron insuficientes. Los campos de concentración, las cámaras de gas, las matanzas selectivas, eran un hándicap. Para cumplir las órdenes los soldados alemanes eran drogados, actuaban bajo la acción de estupefacientes. Así, era poco probable cumplir el sueño nazi de un imperio alemán de mil años. Tampoco ayudaba mucho la forma de dominación. Humillar a las poblaciones conquistadas, y vivir bajo la bota del ejército alemán no era una salida en el medio plazo.

Por el contrario, en la guerra neocortical, Estados Unidos emplea mecanismos y dispositivos más eficientes. Busca romper lo único que puede generar resistencia activa, la mente del enemigo, aliados y subordinados. Se trata de paralizar, regular, anular la voluntad y la capacidad de comprensión. Trasformar los humanos en autómatas sin capacidad de pensar y actuar al margen de las órdenes dadas. Obediencia y sumisión. Así se expresa Richard Szafranski, coronel de USAF: "para hacer operativa esta guerra neocortical Estados Unidos debe restructurar a escala mundial sus aparatos de colecta y diseminación de información, colocar en red las diversas agencias de inteligencia y sus capacidades de análisis". Se trata de modelar el comportamiento del enemigo, sin afectar a los organismos, pero destruyendo la capacidad y voluntad de liderazgo. El control de las redes por los gigantes estadunidenses está en consonancia con la guerra neocortical. De lo contrario ¿Cómo entender la petición de Juan Guaidó y cipayos venezolanos de una intervención militar estadunidenses en su territorio? ¿Cómo explicar la sumisión de Europa Occidental a los delirios de Trump para dominar el mundo sin resistir? ¿Las nuevas sanciones contra Cuba? El mundo occidental se mueve al ritmo que marca el imperialismo estadunidense, convencido de vivir en libertad. El nuevo totalitarismo se impone. Es necesario resistir.

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Sábado, 25 Mayo 2019 06:31

El verdadero fraude financiero

El verdadero fraude financiero

El primero de diciembre de 2018 Meng Wanzhou, ejecutiva de la empresa china de telecomunicaciones Huawei e hija de su fundador, fue detenida en Canadá en tránsito hacia México por agentes estadounidenses bajo la acusación de haber hecho negocios con Irán (y luego por fraude financiero) por lo cual podría enfrentar una pena de cárcel por más de una década sin haber violado ninguna ley canadiense ni estadounidense. 

Antes que Estados Unidos rompiera de forma unilateral el acuerdo firmado con Irán, hacer negocios con aquel país no era ilegal. Por supuesto que cuando hablamos de legalidad nos referimos a las leyes de un solo país, no a las leyes internacionales, que han sido sistemáticamente violadas por ese mismo país. Estados Unidos no solo dicta las leyes sino que las puede cambiar abruptamente según su conveniencia y según el estado de humor del nuevo presidente, lo que convierte la saludable “alternancia en el poder” en el comodín (joker) de un juego de naipes. El acuerdo que firma un presidente con la mano lo borra el próximo con el codo.


Pero nada de esto es caprichoso sino parte de una lógica de intereses financieros y económicos, organizados por la propaganda y la guerra ideológica. A Venezuela y a Cuba se los bloquea de las formas más brutales en nombre de la democracia y los derechos humanos para demostrar que el “socialismo no funciona” (y de paso no hablar de los casos donde sí ha funcionado) mientras a dictaduras absolutas como Arabia Saudita se las protege por la simple razón de proveer a Occidente con petróleo y ser uno de los principales consumidores de armamentos de la poderosa industria militar. A otras dictaduras poderosas como China nunca se les reclama por los Derechos Humanos sino por alguna que otra tarifa (los campeones de la democracia nunca critican ni acosan a las dictaduras que protegen los grandes capitales, sean de izquierda o de derecha).


Esta actuación extraterritorial (que es colonialista e ilegítima de por sí porque nunca es recíproca) es justificada por la “lucha contra la corrupción”. En muchos casos puntuales y publicitados es así, como cuando jueces estadounidenses han multado a diferentes bancos europeos por permitir el lavado de dinero de, por ejemplo, el narcotráfico. Dejemos de lado la participación de Estados Unidos en el tráfico de drogas y de armas, pero veamos que esta extraterritorialidad no solo es ilegítima sino que además se sostiene por la mera fuerza de la corrupción legalizada del poder financiero. ¿Cómo? Los ejecutivos de bancos y de grandes transnacionales no estadounidenses temen este tipo de sanciones multimillonarias. Muchas empresas han quebrado o han tenido que ser liquidadas o venidas. No por mera casualidad la división de Energía de Alstom de Francia fue venida a la alicaída General Electric luego de ser acusada por jueces estadounidenses de pagar coimas en Indonesia, Egipto, Taiwán y otros países, pese al decreto en contra que había emitido el gobierno francés un año antes. Más recientemente, la asociación de Alstom con la alemana Siemens fue vetada por la Unión Europea. Una reciente investigación de The Economist ha señalado un patrón curioso: los jueces estadounidenses reducen las penas de las “compañías corruptas” cuando prometen vendérselas a alguna otra compañía estadounidense.


Como alguien ha notado, basta que dos personas en cualquier parte del mundo se envíen un correo por Gmail (o por casi cualquier otro medio electrónico) para que un juez en Estados Unidos considere el caso tratado bajo su jurisdicción, ya que Google es una compañía con base en California.


Pero la extraterritorialidad de un país no solo es ilegítima sino parte de la corrupción misma que dice combatir. Recordemos que los jueces, aparte de su propios criterios para aplicar las leyes (por algo las abiertas luchas políticas para nominar a los representantes de la Suprema Corte), también deben aplicar las leyes aprobadas. Para aprobar una ley primero hay que escribirla. ¿Quiénes escriben las leyes? Supongamos, en el mejor caso de ingenuidad democrática, que la escribe el pueblo estadounidense. Aun así deberían ser leyes aplicables solo al territorio estadounidense. Pero es necesario ser muy ingenuo para creer que las leyes en Estados Unidos las escribe el pueblo. Es más, ni siquiera la escriben los legisladores. Los legisladores votan, muchas veces y a pesar de la masiva propaganda mediática, contra la opinión del pueblo estadounidense, como ya lo han demostrado diferentes estudios, entre ellos el de Princeton University. Pero como esto no es suficiente, las leyes las redactan comités integrados por políticos y por representantes de grandes compañías privadas, las que normalmente son sus mayores donantes (de ahí que donen dinero a dos candidatos opuestos que se disputan una banca en el senado). Los grandes inversores no tienen más ideología ni principios morales que las de sus intereses privados –en nombre del interés general, claro.


La existencia de estos casos de corrupción legal, que hacen de la corrupción ilegal un derivado casi irrelevante, cuando no útil para perseguir a la competencia, han sido siempre negados por aquellos que consideran que criticar un gobierno o un país es una forma de traición patriótica y no un servicio a la verdad y la justicia. El patriotismo es la distracción de quienes han perdio la patria que habitan. Demonizar a los críticos es parte de la lógica mientras los tiburones continúan su exitoso camino. Recientemente, el USA Today demostró, en una extensa y detallada investigación, que en los últimos años todos los congresos de la unión pasaron miles de leyes (por lo menos 2100) y todas fueron burdas “copia y pega” digitadas por los representantes de las grandes compañías privadas. Tanto los legisladores estatales como los nacionales están sumergidos en esta lógica y tráfico (legal) de influencias, casi todos procedentes de los llamados “intereses especiales” y de poderosos lobbies financieros (los sindicatos podrían ser considerados los lobbies de los de abajo, pero no por casualidad desde los 80s han sido debilitados hasta su casi irrelevancia). Todo lo cual explica que el 40 por ciento de la población estadounidense no sea dueña ni del uno por ciento de toda su riqueza, pero fanáticamente defiende la idea de que el cinco por ciento posea más del 60 por ciento de todo, porque lo ha logrado “por mérito propio” y no por una sistemática y globalizada corrupción legal. Aunque, claro, convencer a un pueblo que es asaltado por su propio interés no deja de ser un mérito.


Así, los exitosos dueños del gran capital escriben las leyes en Estados Unidos en su beneficio propio, las que luego irán a aplicar los jueces de forma extraterritorial para luchar contra la corrupción, las que luego el poderoso Ejecutivo nacional impondrá a nivel global bajo presión y acoso (narrativo, económico, y militar).


Por supuesto que no es mi interés, ni por lejos, defender ninguna empresa, ningún multimillonario chino, ni al gobierno chino, ni al de Irán ni a nadie sino, lisa y llanamente, la verdad. Sobre todo esa verdad que no se deja ver debajo de tantas banderas que flamean los fanáticos medievales en beneficio de la ya inalcanzable aristocracia financiera.

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