¿A quién le importan las elecciones en EEUU?

Hubo un tiempo en que las elecciones en EEUU generaban interés y hasta entusiasmo en el mundo. No sólo entre las elites políticas sino también en la población, existía la creencia de que el triunfo de una u otra opción podía modificar el estado de las cosas.

 

Esta convicción se ha desmoronado, ya que tanto demócratas como republicanos han mostrado escasísimas diferencias en política internacional. En plena campaña electoral, los demócratas prometen revisar la política exterior de Trump, no porque les parezca inadecuada sino porque "cuatro años más con Donald Trump dañarán nuestra influencia hasta un estado irreparable".

La frase del programa demócrata revela que las intenciones de ambos candidatos son idénticas: mantener la dominación de la superpotencia en declive a lo largo y ancho del planeta.

Los demócratas se empeñan en más de lo mismo, insistiendo con el mismo candidato y hasta la misma iconografía que fracasó en 2016. Quizá por eso, el boletín de mayo del Laboratorio Europea de Anticipación Política (LEAP) titula la campaña electoral, bajo una foto en la que aparecen Biden y una Hillary Clinton, la excandidata demócrata, demacrada: "El retorno de los muertos vivientes".

"Biden es Hillary Clinton bis", reflexiona el LEAP. "Como este grupo ha sido particularmente exitoso en tomar el control del partido Demócrata, ese partido ya no puede producir nada más que Biden y Clinton… una y otra vez".

En efecto, la candidatura de Biden encarna un EEUU que ya no existe, el de la Guerra Fría y la hegemonía de la población blanca y masculina. Maneja un discurso que los medios afines reconocen que genera poco entusiasmo entre los jóvenes, los latinos y los negros, o sea entre una porción decisiva del electorado.

Para remediar esta desventaja, Biden eligió como candidata a la vicepresidencia a Kamala Harris, con la esperanza de que una mujer no blanca pudiera atraer al electorado que, aún rechazando la reelección de Trump, tiene muchas dudas en apoyar a Biden.

Harris se desempeñó como fiscal de distrito de San Francisco de 2004 a 2011 y fiscal general de California de 2011 a 2017 y se describe a sí misma como "progresista". En julio de 2019, cuando Harris competía en las internas demócratas, Marjorie Cohn, profesora de derecho en la Facultad de Derecho Thomas Jefferson en San Diego (California) y ex presidenta del Colegio Nacional de Abogados, escribió un artículo titulado: "Kamala Harris tiene una distinguida carrera al servicio de la injusticia".

Cohn la acusa de "mala conducta" por encubrir la existencia de informantes en cárceles de California para:

  • "obtener confesiones ilegalmente";
  • "favorecer la criminalización del absentismo escolar";
  • aumentar las fianzas de presos usados como mano de obra barata;
  • oponerse a que "la oficina del fiscal investigue de forma independiente los tiroteos policiales que resultaron en muertes".

Cohn afirma que la candidata a la vicepresidencia de Biden no tiene nada de progresista. Según el filósofo y periodista francés Philippe Grasset, director de la revista De Defensa, Harris tiene "reputación de tipo duro, del tipo ley y orden", además de ser "extremadamente rica", perteneciendo al famoso 0,1% con ingresos de 1,8 millones de dólares en 2018.

Por su parte, el LEAP considera que la elección en EEUU ya "no es el centro de interés del planeta" y que pese a que no hubo primarias por la pandemia, los que relevarán a las viejas guardias "parecen estar atravesando las grietas del pavimento bipartidista".

Lo fundamental es que el thinktank francés considera a Trump como "el enterrador de la vieja América", asistido por la pandemia de coronavirus. "Trump ha encarnado el exceso de una cierta América, y al hacerlo, ha puesto fin a ella". Para explicar este aserto hilvana una decena de "revelaciones".

La primera se refiera a que Trump "reveló la vulgaridad de una cultura de negocios que Estados Unidos había estado infligiendo al mundo durante décadas"; así como "el arraigado machismo y racismo del sistema de poder americano, despertando a la sociedad civil de su letargo".

Pero también reveló la debilidad de EEUU que ya no tiene los medios para llevar adelante sus objetivos globales. Entre ellos, uno de los más destacados gira en torno a "el problema de la presencia de EEUU en Medio Oriente", revelando que es la potencia la que crea problemas que luego no es incapaz de resolver.

Entre otras "revelaciones", el LEAP asegura que la presidencia de Trump mostró la dependencia de EEUU de China y del mundo, mientras la pandemia "es el último golpe mortal al sistema sanitario y social de la primera potencia mundial". En suma, bajo Trump el imperio aparece desnudo, siendo el momento de máxima inflexión del sistema deuda-petróleo-dólar que tiene de rehén al planeta.

Por último, la cuestión de la desigualdad, que no para de crecer y está llegando a niveles insostenibles. El último informe anual de Instituto de Política Económica asegura que las retribuciones de los CEO de las 350 principales empresas en los EEUU son 320 veces superiores al salario medio de un trabajador.

En 2019 los ingresos de los principales CEO crecieron 14% respecto a 2018. Pero el dato más importante es que en 1989 la diferencia de ingresos entre CEOs y trabajadores era de 61 a 1, lo que indica que la brecha de ingresos se multiplicó por cinco en apenas tres décadas.

Los autores del informe creen que el salario de los directores ejecutivos podría aumentar nuevamente en 2020, a pesar del colapso económico causado por el coronavirus.

La desigualdad está destruyendo los sueños de los jóvenes, de las minorías raciales y de los migrantes, que son los que se han volcado a las calles para denunciar la violencia policial luego del asesinato del afroamericano George Floyd el 25 de mayo. Pero la enorme desigualdad destruye también la legitimidad del sistema político de los EEUU y neutraliza la democracia.

Cuando se ingresa en una crisis sistémica, las diferencias entre las propuestas políticas que se formulan desde su interior, dejan de ser alternativas porque adhieren a la continuidad de lo existente y temen modificarlo, lo que explica que ambos partidos de EEUU prefieran hundirse con el sistema antes de correr los riesgos de modificarlo.

16:17 GMT 20.08.2020(actualizada a las 16:46 GMT 20.08.2020) URL corto

Por Raúl Zibechi

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Próximos tres meses de gran peligro para el mundo

Los tres meses que nos separan de las elecciones en Estados Unidos serán críticos para la vida en el planeta, según varios análisis y, de modo muy particular, en opinión de los dirigentes chinos, los más interesados en neutralizar la ofensiva en curso de la Casa Blanca y el Pentágono.

El pasado domingo 26 el editor jefe de Global Times, diario oficioso del Partido Comunista Chino (PCCh), Hu Xijin, publicó un llamamiento a que la nación construya más misiles nucleares a medida que enfrenta desafíos de seguridad sin precedente por parte de Estados Unidos. En su cuenta, escribió: "Date prisa y construye más misiles nucleares para disuadir a los locos estadunidenses" (https://bit.ly/3jJxbGa).

Meses atrás hubo otro llamamiento en el mismo medio, con la misma orientación: aumentar el arsenal nuclear para disuadir al Pentágono. Según el diario, no era voluntad de China incrementar su arsenal atómico, pero la coyuntura que se vive hace prever que se produzcan enfrentamientos en el mar del sur de China, convertido en el epicentro del conflicto entre ambas potencias.

La estrategia electoral de Donald Trump viene diseñada en una extensa entrevista a Steve Bannonen Asia Times, el 12 de junio (quienfuera jefe de la campaña de Trump en 2016, activo banquero en Goldman Sachs y asesor de la Casa Blanca en la presidencia del magnate) asegura que si enfoca su campaña contra China, puede ganar los comicios de noviembre.

Sus opiniones son tremendas y algunas suenan delirantes, como acusar a China de la muerte de George Floyd, porque el afroestadunidense tuvo Covid-19 "que vino del PCCh", consumía fentanilo, un opioide que dice llega desde la misma nación, y que nunca accedió a un empleo fabril porque la industria se fue al país asiático (https://bit.ly/30Xo2kz).

Sin embargo, es necesario leer la entrevista porque desnuda la política de Estados Unidos y el pensamiento de sus élites. Asegura que "el gobierno de China es un grupo de mafiosos" y que el Partido Comunista es "un grupo de gángsters". Peor aún, dice que el PCCh "es el trabajo inacabado del siglo XX" y que éste es el momento de liquidarlo.

Los puntos de ataque son dos: ahogar Hong Kong porque se debe impedir el acceso de China a la tecnología y al capital de Occidente, y construir una alianza regional con Japón, Australia, India y Vietnam, "alrededor del mar del sur de China y el estrecho de Malaca". Ambas estrategias están en marcha, pero en opinión de Bannon deben incrementarse hasta derrocar al Partido Comunista.

El 4 de junio Steve Bannon estrenó lo que llama "Nuevo Estado Federal de China", que tiene incluso una bandera, proclamado en el aniversario de la represión en Tienanmen en 1989, y está integrado por un puñado de millonarios huidos de China. Más allá de que este objetivo sea irrealizable, debe anotarse la voluntad de derrocar al régimen chino por la fuerza.

La respuesta de Pekín a la agresión estadunidense puede leerse en Global Times el mismo 26 de julio, en un artículo que destaca el "peligro extremo" que tendrán las relaciones bilaterales en los próximos tres meses (https://bit.ly/39CeAqI). En él adelanta que en ese lapso "es probable que la administración Trump lance más agresiones para obligar a China a tomar represalias".

El medio que refleja la opinión del gobierno chino, insiste en que el deseo de Trump de conseguir un segundo mandato puede agravar las cosas en el corto plazo. Pero asegura que la posición antichina "refleja el consenso bipartidista entre las élites estadunidenses, por lo que China no debería esperar un cambio significativo en la política de Washington, incluso si hay una transición de poder en noviembre, lo que significa que China debería prepararse para una larga lucha".

Este es el punto central. La política exterior de Estados Unidos viró desde su anterior centralidad en Medio Oriente hacia el Pacífico y China desde la presidencia de Obama. Con base en opiniones de expertos chinos, Global Times concluye que Pekín no debe entrar en las provocaciones, como el cierre del consulado en Houston.

"La clave para que China evite el conflicto y gane la competencia forzada por Estados Unidos, es centrarse en su propio desarrollo y estar preparada para la peor situación", señala el medio. La lucidez del equipo dirigente le permite concluir con un aserto propio de su milenaria cultura: “Estados Unidos no tiene miedo de una guerra fría con nosotros, tiene miedo de nuestro desarrollo”.

Tienen claro que "lo peor" puede suceder. Una guerra en las aguas marítimas que puede derivar en una guerra nuclear. Quieren estar preparados para esa eventualidad, pero concentrarse en su propio desarrollo.

Los de abajo debemos asumir que las cosas van a empeorar. Que la tormenta/pandemia que nos afecta, es apenas la primera de una serie de calamidades que no podremos evitar. Que las arcas en construcción permanente pueden ayudarnos a afrontar este periodo que pone a prueba nuestras resistencias.

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Protesta frente al capitolio por cancelación del DACA. EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación.Foto Ap

Antes de la volcánica explosión generalizada, expuse la rebelión de la “Generación Y ( millennials)”y la “Generación Z ( centennials)” en EU (https://bit.ly/2D2OXTN) cuando “50 por ciento de los millennials y 51 por ciento de la Generación Z sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra” con una “colosal deuda universitaria de los millennials: ¡1.6 millones de millones de dólares!” ( https://bit.ly/3fboPnI ) cuando EU se encuentra inundado por sus deudas al consumo (https://bit.ly/37pIu0l).

El futuro ya alcanzó a EU: “la verdadera revolución demográfica será implosiva con el ascenso de los centennials (Generación Z) hispánicos (sic) de EU y su promedio asombroso de 11 años de edad” (https://bit.ly/2MUSAgy).

Pew Research expone la identidad generacional de los contestatarios ( https://pewrsr.ch/3eSvx1d ): 40 por ciento son blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30 años de edad: los millennials (https://bit.ly/2E75FlH).

Según Pew Research, los jóvenes adultos y demócratas asistieron a una protesta el pasado mes: blancos 46 por ciento; latinos 22, afros 17 y asiáticos 8 por ciento. Los latinos vienen en segundo lugar después de los blancos y antes que los afros cuando 79 por ciento es proclive a los demócratas y 17 por ciento lo es a los republicanos. De 18 a 29 años, es decir, los millennials, asistió 41 por ciento; de 20 a 49 años, 38 por ciento y de 50 a 54 años 15 por ciento.

Destaca que la protesta sea casi igual de las zonas urbanas (41 por ciento) y las suburbanas (42) frente a 17 de la zona rural (el área que vota por Trump). La elección se jugará en el área suburbana, donde vive la mayor parte de las minorías.

En su artículo de corte escatológico, Paul Craig Roberts, anterior secretario asistente del Tesoro con Reagan, juzga que EU cesó de existir (sic) hace varias décadas cuando “solamente la fuerza fundacional del país (…) preservó la imagen viva de un país funcional”, en clara alusión a la demolición iconoclasta de los iconos de los padres fundadores de la independencia de EU, lo cual atribuye al autodio (sic) de las élites liberales (sic) blancas (sic) que dominan la educación, los multimedia y el gobierno.

Paul Craig Roberts recuerda su artículo de hace 15 meses: La cultura occidental (sic) murió de una muerte políticamente correcta (https://bit.ly/2ZVO6xz).

Se lamenta que la iconoclastia no está únicamente limitada al sur –la otrora confederación secesionista–, sino que rebasa a los Padres Fundadores para alcanzar a la Constitución y al emblema nacional, definidos como racistas.

Lo más relevante de su canto de cisne es la admisión de que EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación (https://bit.ly/2CVvAfu).

¿Cómo puede tener presente, no se diga futuro, un país que desdeñó a sus millennials y desprecia el futuro de sus centennials cuando lo único que le importa es enriquecer a su parasitaria plutocracia misántropa?

Paul Craig Roberts concluye con un epitafio sonoro: es muy tarde para hacer algo.La pregunta es: ¿quién sobrevivirá? No serán los blancos.

En efecto, la dinámica demográfica juega en contra de los axiomas fundacionales del Partido Republicano a quien, a mi juicio, le queda como último recurso la balcanización de los WASP (blancos, protestantes , anglosajones), hoy aliados a los evangelistas sionistas de la dupla de los Mike (Pence y Pompeo), para crear su República Blanca, quizá en alianza con un segmento de los latinos.

Paul Craig Roberts no cita para nada al movimiento antisionista de los Black Lives Matter (BLM) y al grupo Antifa que supuestamente encabezan la revuelta como epifenómeno, cuando la participación de los millennials blancos ha sido de mayor calado en la profundidad de las aguas turbulentas.

Lo peor en una guerra civil/guerra de clases/guerra cultural es tomar partido desde afuera cuando EU parece estar herido de muerte entre dos cosmogonías incompatibles: delicada situación que no será resuelta por quien fuere el vencedor de la elección presidencial en menos de cuatro meses.

¿Está preparado México a todas las eventualidades que le afectarán irremediablemente?

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Miércoles, 22 Julio 2020 06:28

El colapso de EU, según Dmitry Orlov

Campamento de personas sin hogar junto al Ben Franklin Parkway, bulevar escénico que recorre el centro cultural de Filadelfia, en el estado de Pensilvania.Foto Ap

La colapsología estudia en forma transdisciplinaria los riesgos de la caída de la civilización (sic) industrial y la "sociedad globalizada": distopía acuñada por Raphaël Stevens y Pablo Servigne, "Cómo se puede colapsar todo" (https://bit.ly/3hopHpY).

En su célebre libro Los cinco estadios del colapso (https://amzn.to/39jGHuE), de hace siete años, el gran pensador ruso-estadunidense Dmitry Orlov sustenta que las sociedades han ido más allá del punto de la sustentabilidad por lo que se mueven en un conjunto secuencial de cinco estadios de colapso: 1. Financiero; 2. Comercial; 3. Político; 4. Social; y 5. Cultural.

En un reciente escrito analiza la implosión de EU y comenta que sus cinco estadios se aplican, pero en reversa: viniendo en primer lugar su desmoronamiento cultural, seguido por su dislocación social, su disfuncionalidad política, su declive comercial y su espejismo financiero.

Dmitry Orlov es ingeniero de sistemas y fue testigo del colapso de la URSS que compara al de EU, que atribuyó a "una severa carestía de la producción del petróleo, al empeoramiento del déficit comercial foráneo, a un exagerado presupuesto militar, y a una discapacitante deuda foránea" (https://bit.ly/2OQkz1z).

Orlov explaya su abordaje del colapso de EU, a quien trata como un "imperio" que se basa en "los tres mismos pilares (sic) de otros imperios": cultura, ideología e historia (https://bit.ly/3jppdln).

  1. La cultura: Dmitry Orlov confunde cultura, como estamento de una civilización, con el vulgar “entretenimiento ( entertainment)” de los montajes de Hollywood y los latrocinios tóxicos de Netflix y su propaganda barata. EU carece de cultura y le sobra entrenamiento propagandístico.
  1. La ideología: la acumulación de una exagerada riqueza individual, en detrimento de la "comunidad", con tintes "blancos", y condimentada en forma hipócrita por el calvinismo selectivo de los WASP (blancos, protestantes anglosajones).
  1. La Historia: Dmitry Orlov coloca en relieve la "agresión territorial contra México" a quien despojó "una gran parte de su territorio" cuando EU llega a arrogarse el "triunfo" de la Segunda Guerra Mundial que pretende arrebatar a la URSS que venció a los alemanes.

Dmitry Orlov concluye: "qué se espera de una población cuyos íconos culturales son superhéroes que perdieron sus superpoderes, cuya ideología se basa en la creencia de la bondad del lucro inmundo que es hecho polvo debido a los abusos de la impresora de dólares, y cuyo bienestar se centra en recibir la limosna de la imprenta de dólares y cuya historia ha sido reducida a una letanía de atrocidades que ninguna humillación pública puede recomprar".

El colapso de EU fue previsto para este año 2020 por el gran pensador noruego Johan Galtung en su libro La caída del imperio estadunidense (https://goo.gl/gF3eYV), quien había previsto el derrumbe de la URSS con exagerada precisión (https://bit.ly/32HLbKk).

Nada menos que Paul Craig Roberts, secretario asistente del Tesoro de Reagan, exclama que "el colapso de EU no es más evitable", y cita justamente a Dmitry Orlov.

Paul Craig Roberts aduce que "una vez que el sustento de un país está desacreditado entre la nueva generación, el país colapsa".Se refiere a que 40 por ciento de los contestatarios son "blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30 años de edad" (https://bit.ly/2E75FlH).

A mi juicio, a estos grandes pensadores prospectivistas les faltó agregar la dinámica demográfica y los grandes flujos migratorios que trastocan las correlaciones de fuerzas de un status quo inviable.

Debido a la cultura abolicionista nuclear que profeso, me perturba el destino y la posesión del pletórico arsenal nuclear de EU, en caso de su dislocación y/o balcanización (https://bit.ly/3jpqfOh).

Debido a la (des) composición del ejército de EU –constituido por más de 40 por ciento de sus minorías "afro" y mexicanos– es probable que el sector WASP, hoy a la defensiva, y sus aliados "evangelistas sionistas" (https://bit.ly/2WKpBRL), se queden con él.

Como sucedió con el colapso de la URSS cuando Rusia concentró su omnipotente arsenal nuclear de las partes cedidas por Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán.

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Trump inicia el proceso para sacar a EEUU de la OMS

 

El senador Robert Menéndez, el principal demócrata en el Comité de Asuntos Exteriores del Senado, tuiteó que la administración informó al Congreso de la retirada del país de la organización.

 

La Casa Blanca anunció este martes que inició el proceso para retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un paso que se hará efectivo dentro de un año y que llega en plena pandemia por la covid-19.

"El aviso de la retirada de Estados Unidos, que se hará efectiva el 6 de julio de 2021, se ha enviado al secretario general de la ONU, que es el depositario de la OMS", dijo a Efe un funcionario de la Casa Blanca, que pidió el anonimato.

El portavoz del secretario general de la ONU, António Guterres, confirmó en un comunicado que recibió la notificación este lunes, y que ahora está "en el proceso de verificar con la OMS si se cumplen todas las condiciones para la retirada".

Cuando se sumó a la OMS en 1948, Estados Unidos impuso "ciertas condiciones para su posible retirada", que incluyen una notificación previa de un año y "el cumplimiento total con el pago de sus obligaciones financieras", explicó el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric.

La retirada de EEUU podría detenerse si Trump pierde las elecciones presidenciales de noviembre

El hecho de que la medida no se haga efectiva hasta dentro de un año significa, además, que la retirada de Estados Unidos podría detenerse si Trump pierde las elecciones presidenciales de noviembre y su sucesor así lo decide.

"Lo que se haga ahora puede cancelarse el año que viene, porque no será definitivo", aseguró este martes un diplomático de la ONU, que pidió el anonimato, a la cadena televisiva CNN.

El senador demócrata Robert Menéndez indicó en un tuit que el Congreso estadounidense también ha sido notificado de la decisión de Trump de "retirar oficialmente a EE.UU. de la OMS en medio de una pandemia".

En abril, Trump congeló temporalmente los fondos que EE.UU. aporta a la OMS, al acusar a esa institución de estar "sesgada" a favor de China y de haber gestionado mal la emergencia sanitaria de la covid-19. Hasta entonces, Estados Unidos era el mayor donante de la OMS y le aportaba entre 400 y 500 millones de dólares anuales, aproximadamente el 15 % del presupuesto total del organismo.

Meses de amenazas

La notificación formal de salida llega tras meses de amenazas de la administración Trump para sacar a los Estados Unidos de la OMS. El presidente Trump ha atacado repetidamente a la organización por su lenta respuesta al brote de coronavirus en Wuhan y acusándola de estar bajo el control de China.

Los expertos en salud pública y los demócratas han alertado que la decisión  podría socavar la respuesta global a la pandemia, que ha infectado a 11,6 millones de personas en todo el mundo.

Trump dio el pasado mes de mayo por "terminada" la relación de Washington con la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que ha acusado de estar bajo el "completo control" de China.

 

07/07/2020 20:54 Actualizado: 07/07/2020 21:51

efe | público

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El perverso mensaje de EEUU al apropiarse del remdesivir

Días atrás del gobierno de Donald Trump decidió comprar grandes cantidades del fármaco remdesivir, casi todo lo que el fabricante será capaz de ofrecer al mundo durante los próximos tres meses.

 

Se trata del primer medicamento aprobado contra el COVID-19, patentado por la empresa Gilead, lo que hace que ninguna otra empresa esté autorizada para producirlo. Según la información, se trata de 500.000 dosis compradas por EEUU, que equivale a toda la producción del mes de julio y el 90% de lo que se prevé para agosto y septiembre.

Es cierto que cada país tiene el deber de proteger la vida de sus ciudadanos. Sobre todo EEUU, donde la pandemia ha contagiado ya a casi tres millones de personas y se ha cobrado la vida de 130.000, con elevadas tasas de contagios en la actual oleada de rebrotes, que superan los 50.000 diarios.

Sin embargo, el mensaje que envía la Administración Trump al mundo es algo muy parecido a una declaración de guerra. La Unión Europea no ocultó su malestar que viene de mucho antes y se remonta a las "escaramuzas por las mascarillas y el supuesto intento estadounidense de hacerse con la empresa alemana CureVac, puntera en la investigación de una vacuna", destacaEl País.

En realidad, el remdesivir no es la solución a la pandemia de coronavirus, aunque "acorta las hospitalizaciones, pero no reduce la mortalidad ni disminuye los ingresos en la UCI", según el jefe de servicio de enfermedades infecciosas del hospital Ramón y Cajal en Madrid.

En suma, no cura pero resuelve el problema que desvela a los gobiernos: el colapso del sistema sanitario.

La cuestión es más grave aún, ya que el laboratorio estadounidense Gilead, que produce el fármaco, vende cada dosis a razón de casi 400 dólares, llevando el costo total del tratamiento a 2.200 dólares.

El periódico español desnuda el inmenso negocio que supone la compra masiva de la Casa Blanca. La ONG Salud por Derecho, defensora del acceso universal a los medicamentos sostiene: "Cálculos hechos por la Universidad de Liverpool estiman que el coste de producción más un beneficio razonable sería de un dólar [90 céntimos de euro] por dosis".

La industria farmacéutica occidental se beneficia de las gigantescas inversiones que realizan los Estados para el desarrollo de nuevos fármacos, que luego rinden beneficios millonarios a las empresas privadas.

La directora de Salud por Derecho concluye que "estos elevados precios y los acuerdos como el de Estados Unidos ponen en riesgo el acceso al fármaco de toda la población que lo necesite".

Las razones por las cuales la Casa Blanca decidió hacer una compra tan masiva pueden oscilar entre dar un mensaje de "preocupación" por la salud de la población en plena campaña electoral, hasta un probable recado dirigido a la Unión Europea, que estos días decidió abrir sus fronteras a pasajeros de 15 países extra comunitarios pero no a los provenientes e EEUU.

Lo grave del asunto es que muestra la existencia de una guerra no armada entre aliados tan cercanos como EEUU y la UE. En abril, Francia denunció intentos de Estados Unidos de llevarse sus pedidos de China, pagando precios superiores y en efectivo en la misma pista donde se embarcan las mascarillas.

Se dirá que no es nuevo y que ha sido la tónica durante la pandemia, incluyendo peleas entre países de la misma Unión Europea. A principios de marzo, "Francia se apropió 4 millones de mascarillas que iban rumbo a España e Italia", provenientes de China, aprovechando una escala en la ciudad de Lyon para requisarlas.

La situación es más grave de lo que se piensa, ya que no se trata de un simple intento de tomar la delantera frente a otros países.

En primer lugar, la política de América primero, con la cual EEUU busca reposicionarse en el mundo y revertir su decadencia industrial, no sólo está destinada a provocar enfrentamientos con quienes ha declarado como enemigos (China, Rusia, Irán y Venezuela), sino que provoca tensiones y enemistades incluso con sus propios aliados.

En el estado actual del sistema mundial, nadie puede permitirse jugar solo y en contra de los demás. Esta política contrasta con la declarada por el gobierno de China, en el sentido de tejer alianzas de larga duración, como la Ruta de la Seda, que beneficien tanto al país que realiza inversiones como a los anfitriones.

En segundo lugar, esta puede ser apenas la primera escaramuza de una batalla mayor, cuando se consiga la primera vacuna contra el coronavirus. Como apuntó el investigador Andrew Hill, de la Universidad de Liverpool: "Imagina que esto fuera una vacuna. Eso sería una tormenta de fuego. Pero tal vez esto es una muestra de lo que vendrá".

Al parecer, tanto las escaramuzas por las mascarillas y los respiradores al comienzo de la pandemia, como la actual disputa por el remdesivir, es algo así como un "ensayo general" de un enfrentamiento en ciernes a gran escala. La guerra comercial contra China y las tasas a las importaciones de productos de sus aliados que viene promoviendo Trump, van en la misma dirección: América primero es una declaración del guerra al resto del mundo.

La tercera es el agudo contraste entre esta política y la de Pekín, que donó millones de mascarillas a los más diversos países del mundo en todos los continentes. Se dirá, con razón, que son donaciones interesadas para mejorar su posición comercial y diplomática, lo cual resulta evidente. Aún así, el contraste con la política de Washington no puede ser mayor.

Finalmente, la cuestión de fondo es que China ha contenido la pandemia, mientras EEUU lucha con un rebrote inesperado y letal que retrasa aún más la ansiada reapertura de la economía. La crisis global generada por la pandemia encuentra al Dragón en plena expansión, pese a los tropiezos inevitables, mientras el Águila sigue su lenta decadencia, alienándose cada vez más aliados que resultan imprescindibles en la batalla por la hegemonía global.

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Estados Unidos anunció sanciones a funcionarios de la Corte Penal Internacional

Golpe preventivo a La Haya por investigar la invasión de Afganistán

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (foto), ordenó ayer sanciones contra cualquier funcionario de la Corte Penal Internacional (CPI) que procese a militares estadounidenses, en un momento en que el tribunal estudia presuntos crímenes de guerra cometidos por tropas en Afganistán.

En una orden ejecutiva, Trump anunció que Estados Unidos va a bloquear las propiedades o activos de cualquier funcionario del tribunal de La Haya que esté involucrado en la investigación. La Casa Blanca también autorizó que se emitan restricciones de visas para entrar a Estados Unidos, lo que también afectará al resto de la familia de los funcionaros sancionados.

"Las acciones de la Corte Penal Internacional son un ataque contra los derechos del pueblo estadounidense y amenazan con infringir nuestra soberanía nacional", dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, en un comunicado. En ese texto, el gobierno de Estados Unidos recordó que su país no forma parte del Estatuto de Roma y ha rechazado reiteradamente las afirmaciones de que la CPI tiene jurisdicción sobre el personal de Estados Unidos.

El gobierno de Trump revocó el año pasado la visa de la fiscal de la Corte, Fatou Bensouda, buscando presionarla para que desistiera de investigar incidentes durante la larga guerra en Afganistán. En marzo el tribunal autorizó en una apelación la apertura de una investigación por presuntos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos en Afganistán. Bensouda desea examinar no solo los supuestos crímenes cometidos desde 2003 por los soldados talibanes y afganos, sino también los que hubieran podido cometer las fuerzas internacionales, sobre todo las tropas estadounidenses. La fiscal también busca investigar acusaciones de tortura que pesan sobre la CIA.

El jefe de la diplomacia de Estados Unidos, Mike Pompeo, advirtió a los aliados de su país que la investigación también los concierne. "Es un mensaje para varios aliados cercanos en todo el mundo especialmente aquellos países de la OTAN que lucharon contra el terrorismo en Afganistán del lado de Estados Unidos", señaló.

El fiscal general de Estados Unidos, Bill Barr, a su vez acusó a Rusia de "manipular" la CPI. "Potencias extranjeras como Rusia también están manipulando la CPI para adelantar sus propios intereses", indicó Barr a los periodistas.

En cambio la ONG Human Rights Watch criticó la decisión del presidente estadounidense. "La orden de Trump demuestra un desprecio por el Estado de Derecho global. Este ataque contra la CPI es un esfuerzo para impedir que víctimas de crímenes muy graves, ya sea en Afganistán, Israel o Palestina busquen justicia", afirmó en un comunicado.

En La Haya, un portavoz del tribunal indicó que estaban al tanto del anuncio en Washington y que emitirán una reacción tras examinar su contenido. 

La corte con sede en La  Haya, fundada en 2002, basa su investigación en que sí tiene jurisdicción sobre el país.El tribunal internacional enfrenta una crisis profunda en un momento en que varios países de África cuestionan al organismo e ingnoraron un mandato de detención internacional contra el expresidente de Sudán Omar al Bashir.

Trump ha emprendido una campaña contra instituciones multilaterales que considera que van en contra de los intereses de su país y recientemente anunció el retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por sus críticas a la respuesta frente al coronavirus.

El rol de la Corte ya había sido criticado por anteriores administraciones como el gobierno del presidente republicano George W. Bush, que alentó a los países miembros a cerrarla. Su sucesor Barack Obama adoptó un tono menos belicoso, aunque sin adherir tampoco al Estatuto de Roma.

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“El imperio estadounidense está implosionando”

Entrevista al profesor y activista afroamericano Cornel West

 

Cornel West, filósofo y activista por los derechos humanos y miembro de Socialistas Democráticos de América, dice: «…me gustaría establecer la conexión entre lo local y lo global, porque cuando se siembran las semillas de la avaricia: en la arena doméstica, desigualdad y, en la arena internacional, los tentáculos imperiales, con 800 unidades militares en el exterior, la violencia y AFRICOM en África, cuando se apoyan diversos regímenes, algunos dictatoriales en Asia, y todo lo demás. Hay una relación entre las semillas de la violencia que siembras fuera y también dentro».

Mientras miles de personas, de costa a costa, se han lanzado a las calles estos últimos días para protestar por el asesinato, sancionado por el Estado, de personas negras, el país se enfrenta a la mayor crisis de salud pública en generaciones y la tasa de desempleo es la más alta desde la Gran Depresión, el profesor Cornel West califica a Estados Unidos de “civilización capitalista depredadora obsesionada con el dinero, el dinero, el dinero”. West también establece conexiones entre la violencia estadounidense en el extranjero y dentro del país: “Hay una conexión entre las semillas que siembras de violencia externa e internamente”. Cornel West (Tulsa, 1953) es filósofo y activista por los derechos humanos y miembro de Socialistas Democráticos de América. Ha enseñado en la Universidad de Harvard y de Princeton. Su obra se centra en el estudio del papel de la raza, género y clase en la sociedad estadounidense. 

NERMEEN SHAIKH: Dr. Cornel West, ¿podría responder a lo que ha dicho la profesora Yamahtta Taylor? Estará lógicamente de acuerdo en que el asesinato de George Floyd ha sido un linchamiento. Usted también ha expresado que este asesinato y las manifestaciones que se han producido después demuestran que EE.UU. es un experimento social fallido. ¿Podría responder a eso y también a la manera en que el Estado y las fuerzas policiales han respondido a las manifestaciones, tras el asesinato de George Floyd, que ha sido llamar a la Guardia Nacional en tantas ciudades y estados del país?

CORNEL WEST: No cabe ninguna duda de que esta es la hora de la verdad para Estados Unidos. Pero lo que me gustaría es establecer la conexión entre lo local y lo global, porque cuando se siembran las semillas de la avaricia: en la arena doméstica, desigualdad y, en la arena internacional, los tentáculos imperiales, con 800 unidades militares en el exterior, la violencia y AFRICOM en África, cuando se apoyan diversos regímenes, algunos dictatoriales en Asia, y todo lo demás. Hay una relación entre las semillas de la violencia que siembras fuera y también dentro. Lo mismo puede decirse de las semillas del odio, del supremacismo blanco que odia a las personas negras, del odio antinegros, que tiene su propia dinámica en el contexto de una civilización capitalista depredadora que está obsesionada con el dinero, dinero, dinero, la dominación de los trabajadores, la marginalización de los que no encajan (hermanos gais, hermanas lesbianas, transexuales y demás). Esa es precisamente la relación de la que habla mi querida hermana profesora Taylor, de cómo el imperio estadounidense está implosionando, de cómo se están tambaleando sus cimientos, a raíz de las sublevaciones desde abajo.

El catalizador ha sido, sin duda, el linchamiento público del hermano George Floyd, pero los fallos que tiene la economía capitalista depredadora para satisfacer las necesidades básicas de comida, asistencia sanitaria y educación de calidad, de trabajos con un salario digno y, por otra parte, la desintegración de la clase política, la desintegración de la clase profesional. Su legitimidad ha sido puesta en tela de juicio de forma radical desde una perspectiva multirracial. Pero esa es la dimensión neofascista de Trump; esa es la dimensión neoliberal de Biden, de Obama, de los Clinton y de todos los demás. Y eso también incluye a una gran parte de los medios de comunicación; incluye a muchos de los profesores de universidad. Los jóvenes están diciendo: “Sois todos unos hipócritas. No os preocupa nuestro sufrimiento, nuestra miseria. Y ya no creemos en vuestra legitimidad”. Y eso desemboca en una explosión violenta.

Y ya está aquí. No quiero extenderme, pero me refiero a que ya ha llegado, que en mi opinión Ella Baker y Fannie Lou Hamer y Rabbi Heschel y Edward Said, y sobre todo los hermanos Martin y Malcolm, sus legados, en mi opinión, se han vuelto fundamentales, porque proporcionan el tipo de testimonio de la verdad; porque aportan la relación entre justicia y compasión con su ejemplo, con la forma de organizarse. Y eso es lo que hace falta ahora mismo. Una rebelión no es para nada lo mismo que una revolución. Y lo que necesitamos es un proyecto revolucionario no violento a gran escala que promueva una democracia de compartir: el poder, la riqueza, los recursos, el respeto, la organización, y que promueva una transformación fundamental del imperio estadounidense.

AMY GOODMAN: ¿Y qué piensa, profesor West, del gobernador de Minnesota, que ha dicho que están investigando la relación de los supremacistas blancos con el saqueo y la quema de la ciudad, y luego del presidente Trump, que ha tuiteado que va a intentar incluir a Antifa, los activistas antifascistas, en la lista de terroristas (algo que no puede hacer) y William Barr [Fiscal general de EE.UU.] haciendo hincapié en lo mismo, que va a ir detrás de la extrema izquierda para investigarlos?

CORNEL WEST:  Eso es ridículo. Ya sabe, se acordará, hermana Amy (con todo mi amor y respeto), que Antifa me salvó la vida en Charlottesville. No cabe ninguna duda al respecto, que garantizaron la seguridad, ¿sabe? Así que la simple idea de que puedan ser candidatos para ser considerados una organización terrorista, mientras que la gente que estaba intentando acabar con nuestras vidas: los nazis, el Ku Klux Klan, que esos no sean candidatos para obtener el estatus de organización terrorista… pero eso es lo que va a pasar. Lo que va a pasar es que se va a producir una reacción neofascista dirigida por Trump y una restricción sobre lo que está pasando. Eso tiene que quedar muy claro. El neofascismo tiene esa clase de obsesión con la imposición militar para enfrentarse a cualquier tipo de desorden. Y por eso tenemos que fortalecernos frente a eso.

Pero hay algo más importante. Creo que tenemos que asegurarnos de que conservamos nuestro propio enfoque moral, espiritual, cualitativo, esencial, en cuanto a la verdad y la justicia, y no perder de vista ese saqueo legalizado que es la avaricia de Wall Street; los asesinatos legalizados de la policía; los asesinatos legalizados en el exterior: en Yemen, en Pakistán, en África con AFRICOM y así sucesivamente. Eso es en lo que tenemos que concentrarnos, porque toda esta energía de rebelión tiene que canalizarse a través de organizaciones que tengan sus raíces en la búsqueda de la verdad y la justicia.

Cornel West es profesor de Práctica de la Filosofía Pública en la Universidad Harvard.

Por Amy Goodman, Nermeen Shaikh | 12/06/2020

Esta conversación se difundió en Democracy Now en inglés.

Traducción de Álvaro San José para CTXT: https://ctxt.es/es/20200601/Politica/32455/cornel-roland-west-filosofo-democracy-now-USA-George-Floyd-racismo.htm

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Jueves, 21 Mayo 2020 06:30

Recuerdos del terrorismo yanqui

Recuerdos del terrorismo yanqui

La Seguridad del Estado de Cuba ha documentado 581 agresiones en 41 países contra representaciones de la isla en el exterior (http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/05/17/hablamos-de-terrorismo-cuba-ha-sufrido-cientos-de-agresiones). Aquí hablo de dos que me tocaron cerca afectivamente. La bomba de alto poder que estalló en la embajada de Cuba en Lisboa cerca de las 5 de la tarde cuando estaban al entrar al lugar los pequeños hijos de los diplomáticos cubanos que regresaban de la escuela. Como un rayo, fulminó a Adriana Corcho Calleja y a Efrén Monteagudo Rodríguez, de 35 y 33 años, respectivamente, funcionarios de la sede diplomática. El dispositivo fue dejado junto a la puerta de uno de los departamentos que formaban parte de la representación cubana por un individuo que entró al vetusto edificio y se retiró de manera apresurada.

Era el 22 de abril de 1976, cuatro meses después de que tropas cubanas derrotaron una importante agresión esmeradamente organizada por la CIA contra la naciente República Popular de Angola. Estados Unidos lanzó una potente columna del ejército racista sudafricano, numerosas fuerzas del vecino Zaire y experimentados mercenarios blancos contra el joven Estado. Al percatarse de lo que se avecinaba, el presidente angoleño Agustino Neto solicitó el apoyo de Cuba. Yo había conocido a Adriana durante una misión reporteril en la Lisboa de la revolución de los claveles y esto hizo que mi estremecimiento fuera mayor ante la noticia del atentado. Muy cerca de donde estalló la bomba conversamos en más de una ocasión y pude aquilatar su pensamiento revolucionario, competencia profesional y buen talante.

La primera derrota militar ante Cuba en Angola –todavía faltaba otra mucho más contundente en 1988– enfureció al gobierno del presidente Gerald Ford y en particular a la CIA. Justo seis meses después del crimen en Lisboa y en nuevas circunstancias luctuosas por el sabotaje contra un avión de Cubana en vuelo donde murieron sus 73 ocupantes, Fidel Castro expresó: "En los últimos meses el gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por días y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas."

El 11 de septiembre de 1979, Félix García, mi amigo y diplomático de la misión de Cuba ante la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, se dirigía a una cena en el barrio de Queens, después de haber acompañado a amigos chilenos a un acto para recordar al presidente Salvador Allende, asesinado exactamente seis años antes en un golpe de Estado orquestado por la CIA, pero no pudo llegar a su destino.

Al detenerse su auto en un semáforo, el terrorista Pedro Remón, entrenado en ese tipo de acciones por la central de inteligencia gringa, le descargó desde una motocicleta una ráfaga de tiros que puso fin a su vida. Ya nunca más Félix iluminaría mi oficina en la revista Bohemia con sus dicharachos criollos y simpatía personal.

Félix es el único caso de un diplomático acreditado ante Naciones Unidas que haya sido asesinado en Nueva York. Remón reivindicó el crimen en llamadas a los medios, pero no fue hasta avanzados los años 80 que resultó juzgado y condenado por un tribunal estadunidense, cuando sus sangrientas acciones terroristas habían comenzado a perjudicar intereses de Washington.

Por cierto, en cuanto cumplió su condena continuó con absoluta impunidad su actividad terrorista contra Cuba, dentro y fuera de Estados Unidos.

Los dos casos anteriores están entre los más notables atentados perpetrados contra sedes y funcionarios diplomáticos cubanos, pero también en muchos otros ha corrido sangre, no sólo cubana, sino de personas de otras nacionalidades. Aquí mismo en México el ya mencionado terrorista Pedro Remón tuvo una participación en un intento de secuestro, en 1976, de Daniel Ferrer Hernández, cónsul de Cuba en Mérida, en el que resultó asesinado el técnico de pesca cubano Artagnan Díaz Díaz.

La historia del terrorismo contra Cuba y, en particular, contra sus sedes diplomáticas, es larga. Pero hay razones para pensar que la mafia fascista de Miami y sus amigochos en el (des)gobierno de Donald Trump se proponen estimular la vuelta a esas prácticas.

Estados Unidos continúa su mutismo cómplice respecto del ametrallamiento de la embajada de Cuba en Washington, cometido el pasado 30 de abril. Ni una palabra sobre un hecho tan grave parece esconder algo inconfesable. Si este atentado no es investigado y esclarecido con apego a las leyes de Estados Unidos y a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas sentará un nefasto precedente.

Twitter: @aguerraguerra

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Domingo, 03 Mayo 2020 06:10

Pandemias y guerras verdaderas

 En el contexto de las restricciones sanitarias por la pandemia de Covid-19 una pareja baila con familiares durante su ceremonia de compromiso en Qamishli, Siria.Foto Afp

Después de 40 años de ver la guerra "de verdad", desde luego tengo ideas muy establecidas sobre la lucha que dicen librar estadistas, políticos y mentirosos –los tres son, por supuesto, intercambiables–. Tanto la guerra "real" como la viral (del tipo Covid-19) provocan decesos y producen héroes; son una prueba para la resistencia humana, pero no deben ser comparadas.

Para empezar, muchos paralelos pueden ser vergonzosos. Cuando Matt Hancock en un principio comparó la lucha de Gran Bretaña contra el Covid-19 con los bombardeos aéreos alemanes sobre Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (conocidos como Blitz), en realidad estaba equiparando un puñado de muertes de británicos con la masiva fuerza aérea alemana (Luftwaffe) que mató a unos 40 mil ciudadanos. Pero ahora que los muertos por el virus en Reino Unido ascienden –incluyendo a los no contabilizados, claro está– a más de 44 mil y quizás más, esas comparaciones con la Segunda Guerra Mundial son poco preocupantes.

¿Cuál es la próxima treta histórica que los defensores del Brexit nos jugarán? ¿Que los más de 66 mil británicos muertos en la Segunda Guerra Mundial demuestran la resistencia de nuestros abuelos?

Para entonces las muertes por Covid en nuestro país pueden haber sobrepasado ya esa macabra estadística.

Pero existe una diferencia mucho más importante entre las guerras "reales" y la guerra viral global. Las "reales" surgen de un conflicto de humanos contra humanos, y normalmente se ganan cuando la infraestructura de uno de los bandos –sus tierras, hogares, fábricas, vías ferroviarias, caminos, hospitales, sus museos y galerías, así como sus sistemas de suministro de agua y plantas de electricidad– se convierte en escombros. Los sobrevivientes emergen de estas guerras con sus países en ruina. No existe una "vuelta a la normalidad", porque lo normal ha sido físicamente destruido.

Nosotros los humanos no enfrentaremos la catástrofe cuando nuestra actual "batalla" haya terminado… si es que termina, pero de eso hablaremos más tarde. Cuando abramos nuestras puertas, las pérdidas humanas podrán ser muy grandes y nuestras pérdidas económicas parecerán insostenibles, pero nuestro mundo físico será, por mucho, el mismo. Nuestras grandes instituciones, nuestros parlamentos, universidades, hospitales y alcaldías, al igual que nuestras estaciones de trenes, aeropuertos, redes ferroviarias, sistemas de aguas y nuestros hogares estarán intactos. Todo esto se verá exactamente igual a como se veía hace unos meses. Estaremos a salvo del suicidio nacional que implica una guerra "de verdad".

Johnson y Cummings, así como sus compañeros de la escuela Brexit –junto con el horrendo equipo científico que los respalda (al menos hasta ahora)– pueden seguir jugando a la guerra, pero no deben enfatizar la diferencia entre esto y la verdadera guerra: es decir, en el hecho de que el mundo afuera de la puerta de sus casas será prácticamente el mismo que en febrero y marzo.

Por esto es que muchas personas se han visto dispuestas a romper las reglas del arresto domiciliario que les impusieron. No es que todos sean suicidas, o egoístas o locos, sino que ven hacia el exterior y lo ven igual a como lo recuerdan. Poco a poco, se prepararon para arriesgarse y poner en peligro a otros porque pueden (esta expresión es muy deliberada) y lo aceptan.

Así que –y aquí dejaré de usar las comillas– debemos volver a las guerras de verdad. Uno de los más notables fenómenos en estos conflictos aterradores es que la vida ordinaria continúa en medio del baño de sangre y la aniquilación inminente.

Durante las batallas en Beirut y durante los momentos más temibles de la actual guerra en Siria he ido a bodas. Una pareja musulmana en Beirut y una pareja armenia en la norteña ciudad siria de Kimishle –donde el frente del Isis más cercano está apenas a 19 kilómetros de la puerta de la iglesia. Los novios decidieron casarse y los clérigos apropiados presidieron las ceremonias. Yo los miraba, como dicen, boquiabierto. Tengo amigos que han comprado y vendido hogares durante sus respectivas guerras. Sus vidas están en peligro, pero aún así necesitan certificados de propiedad, fondos bancarios y abogados. En medio de la anarquía, la burocracia formal y la ley toman su curso.

Todo esto –los matrimonios y las transferencias de propiedad– han continuado porque, como dice la más vieja de las frases hechas: la vida debe continuar. Lo mismo ocurre con la guerra global contra el virus. Nuestras bodas tienen menos invitados, las propiedades se compran y venden mediante archivos adjuntos en un correo electrónico y los funerales –una parte esencial de la "vida" normal, supongo– aún se realizan, pero sin que los allegados vean el cadáver o hagan guardia junto a su ataúd.

He notado algo más en las guerras verdaderas que cubro: que los civiles que sufren entre los combates tienen una extraordinaria habilidad de superar las pérdidas a su alrededor. Tiene algo que ver con la idea de sociedad: esa idea de que es posible, sin importar qué tan consternados estemos por circunstancias personales, entender el dolor y la muerte como cosas que se acercan a la normalidad. Las guerras verdaderas, como pueden ver, también se encaminan hacia algo que puede llamarse "nueva normalidad". Amigos y familiares mueren. No conozco a nadie en Líbano o Siria que no haya pasado por este sobresalto, pero el sobresalto también es relativo.

Durante el conflicto en Irlanda del Norte, el secretario del Interior británico, Reginald Maudling –el ahora olvidado predecesor de Priti Patel– se refirió en 1971 a lo que él llamó un "nivel aceptable" de violencia. La expresión fue condenada por aquellos que creen que cualquier violencia es inaceptable, pero sus palabras tenían sentido, si bien macabro. Esta fue una guerra que tuve el privilegio maldito de cubrir y recuerdo cómo los periodistas entendieron exactamente lo que quiso decir Maudling: que el saldo de muertos por bombardeos en seis condados podía alcanzar un punto que podía considerarse normal.

Esto ocurrió en Líbano. Durante los ceses del fuego e incluso las treguas, los habitantes de Beirut iban a la playa, a asolearse y nadar los fines de semana. Una tarde las armas de los cristianos falangistas abrieron fuego en el este de Beirut y su metralla cayó entre los bañistas en la playa del barrio Corniche, en el mar Mediterráneo. La carnicería fue aterradora. Las primeras planas de los diarios al día siguiente estaban llenas de fotografías que jamás se habrían publicado en Europa o Estados Unidos.

A la semana siguiente las playas estaban llenas de nuevo. Muchos libaneses consideraron que había un "nivel aceptable" de muerte. En cierto sentido esto es inspirador –los seres humanos se muestran inconquistables–, pero en otra interpretación, es algo profundamente deprimente. Si los civiles –o el público, para usar una expresión muy occidental– se acostumbran a la muerte, la guerra puede continuar indefinidamente. Y ésta, recuerden, fue una guerra causada por la misma especie humana que estaba muriendo en ella.

Aquí hay una idea inquietante. Todos sabemos que el masivo confinamiento en Europa no puede continuar para siempre. Suecia en realidad nunca se embarcó en ese toque de queda. Alemania, Italia y Holanda están saliendo de él lenta y cautelosamente. Incluso el coctel de bobos de Boris Johnson sabe que esto es cierto e incluso los británicos –con o sin los pequeños brexiters de Downing Street– ahora decidirán por sí mismos cuándo terminará el encierro. No van a esperar a que el Sargento Plod (plod: vocablo en inglés que significa "a paso lento" N. de la T.) les dé permiso.

Todos sabemos que el actual brote de Covid-19 no "termina" en el mismo sentido tradicional que una guerra concluye. No habrá un último muerto. Pero cuando disminuyan las cifras y no exista una segunda visita de esta cosa espantosa, Gran Bretaña habrá alcanzado, me temo, un "nivel aceptable" de muerte. Cuando la estadística diaria vaya de los cientos a las docenas y luego a las decenas diarias, ya no habrá más conferencias desde Downing Street, y disminuirán nuestros pensamientos para los expertos de la salud, no recordaremos el sacrificio de enfermeras y doctores. Incluso podremos hacer apuestas sobre cuándo los tories volverán a hacer recortes al sistema nacional de salud.

El tema es que todos –a excepción de hombres y mujeres que ahora están en duelo por sus seres queridos– tenemos la capacidad de absorber la muerte. Cuando el gobierno británico crea que ese momento de la presente crisis llegó, abrirán las puertas, los caminos y los restaurantes. La economía debe sobrevivir.

Johnson y sus acólitos proclamarán su victoria, pero esto será falso. Los británicos seguirán muriendo, pero sus muertes se habrán convertido en algo normal, igual a quienes mueren de cáncer, ataques cardiacos o son víctimas de accidentes de tránsito; como dice Johnson en su deplorable frase, "los que perdimos antes de tiempo".

De esta forma, los británicos no disfrutarán de una "inmunidad de rebaño". Con o sin protección para este virus o el que le siga; con o sin vacuna, se convertirán en "rebaño" en un sentido diferente. Se convertirán, tal y como lo desea el gobierno, en un rebaño inmune a la muerte de los otros; que habrá asumido un nivel aceptable de muerte entre sus compatriotas. Se habrán vuelto un poco más "endurecidos" –una buena palabra victoriana– a que se inflija tal sufrimiento, y dejarán de rezongar sobre lo ineficaz que fue el gobierno británico para evitar este atropello.

Y entonces –usemos ese repugnante mantra de todos los políticos– "seguiremos adelante". Tendrán que "asumir" al virus, como lo hizo el gobierno hace mucho y como seguirá haciéndolo.

Podemos olvidar cualquier planeación costosa para su siguiente visita, hasta que nos topemos con el Covid-20, o el Covid-22 o el Covid-30 o cualquier otro que se nos atraviese.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

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