Sábado, 25 Julio 2015 04:50

Alemania como problema

Alemania como problema

El mayor problema de Europa no es Grecia. Es Alemania. Hace poco más de dos años (3 de mayo de 2013) publiqué un texto titulado "El Diktat alemán", en el cual describía las justificaciones dadas por Alemania en el inicio de la Primera Guerra Mundial para las atrocidades que cometió contra un pequeño país, Bélgica, que se negaba a colaborar con sus designios bélicos. El modo destempladamente cruel como Alemania se está vengando de un acto de desobediencia de otro pequeño país, Grecia, nos obliga a examinar la historia reciente de Europa y, a partir de ella, pensar nuestro futuro común.


No se trata de desenterrar fantasmas enterrados hace mucho tiempo y menos de alentar supuestos sentimientos antigermánicos que sólo podrían accionar, por oposición, sentimientos filogermánicos. Eso sucedió hace setenta años y las discusiones que hubo de poco valieron a los pueblos europeos (y no europeos) masacrados por una guerra cruenta. Se trata solamente de repasar las soluciones que fueron dadas al problema alemán después de la Segunda Guerra Mundial, de analizar sus límites e imaginar otras soluciones posibles.


El problema alemán siempre fue el de ser demasiado grande para Europa y demasiado pequeño para el mundo. Por un lado, el expansionismo de los imperios alemán y austro-húngaro; por otro, una de las más pequeñas potencias coloniales europeas, con un corto período colonialista (1884-1919), y sin dejar siquiera la lengua alemana entre los colonizados, al contrario de lo que sucedió con las otras potencias europeas. Para no hablar de la guerra franco-prusiana (1870-1871), dominada por el deseo de Bismarck de unificar Alemania bajo la égida de Prusia y por el temor de Francia de que el resultado fuese un excesivo dominio alemán sobre Europa, la arrogancia bélica de Alemania en las dos guerras mundiales del siglo XX causó una devastación sin precedentes. Sólo en la Segunda Gran Guerra murieron 60 millones de personas, el tres por ciento de la población mundial de entonces. En 1945, la solución encontrada para contener el problema alemán fue la división de Alemania: una parte bajo control soviético y otra bajo control occidental. Esta solución fue eficaz mientras duró la Guerra Fría. Con la caída del Muro de Berlín (1989) y la subsecuente reunificación alemana hubo que encontrar otra solución.


Debe notarse que la reunificación alemana no fue diseñada como un nuevo Estado (como muchos demócratas de Alemania Oriental querían), sino como una ampliación de Alemania Occidental. Ello condujo a pensar que la solución estaba finalmente dada desde que en 1957 se creara la Comunidad Económica Europea (más tarde Unión Europea), con la participación de Alemania Occidental y con el objetivo, entre otros, de contener el extremo nacionalismo alemán. La verdad es que esta solución funcionaba "automáticamente" en tanto Alemania estuviese dividida. Después de la reunificación, tal solución dependería de la autocontención de Alemania. Esta autocontención fue durante los últimos veinticinco años el tercer pilar de la construcción europea, siendo los otros dos el consenso en las decisiones y la progresiva convergencia entre los países europeos. El modo como fue siendo "profundizada" la UE reveló que los dos primeros pilares estaban cediendo y que la creación del euro dio un golpe final en el pilar de convergencia. La importancia trascedente de la crisis griega es la de revelar que el tercer pilar también colapsó.


Debemos a los griegos el trágico mérito de mostrar a los pueblos europeos que Alemania no es capaz de autocontenerse. La nueva oportunidad dada a Alemania en 1957 acaba de ser desperdiciada. El problema alemán está de vuelta y no augura nada bueno. Y si Alemania no es capaz de autocontenerse, los países europeos tienen que hacerlo rápidamente. El antiguo canciller alemán, Helmut Schmitt, vio este peligro con impar lucidez al afirmar hace muchos años que, para su propio bien y el bien de Europa, Alemania no debería ni siquiera intentar ser el primero entre iguales. Mal podía imaginar él que Alemania se convertiría en pocos años en el primero entre desiguales. Y no nos tranquiliza pensar que la Alemania de hoy es una democracia, si esa democracia es über alles (sobre todos).


No olvidemos que la terapia de imposición violenta ejercida hoy contra Grecia fue practicada antes contra una región derrotada de Alemania, la Alemania Oriental, durante el proceso de reunificación. Y de facto estuvo dirigida por el mismo personaje, Wolfgang Schäuble, entonces ministro del canciller Helmut Kohl. La diferencia crucial fue que, en ese caso, la furia financiera de Schäuble tuvo que ser políticamente contenida por tratarse del mismo pueblo alemán. Los griegos y, de aquí en adelante, todos los europeos pagarán caro no ser alemanes. Esto a menos que Alemania sea democráticamente contenida por los países europeos.


No veo muchas ventajas en reaccionar defensivamente ante el regreso del soberanismo. En verdad, el soberanismo está ya instalado en Europa, sólo que bajo dos formas: el soberanismo ofensivo de los fuertes (encabezado por Alemania) y el soberanismo defensivo de los débiles (procurado por los países del sur a los que se junta, todavía medio aturdida, la propia Francia). En el contexto europeo, el soberanismo o el nacionalismo entre desiguales es una invitación a la guerra. De ahí que, por más tenue que sea la posibilidad de éxito, hay que tratar de reconstruir la Unión Europea sobre bases democráticas: una Europa de los pueblos donde dejen de dominar burócratas grises y no electos al servicio de los clientes más fuertes, ante la distracción fácil de representantes democráticamente electos pero políticamente desarmados.


Estas soluciones no resolverán todo, pues el problema alemán tiene otras dimensiones, principalmente culturales e identitarias, que se revelan con particular virulencia en relación a los países europeos del sur. En una carta dirigida a su amigo Franz Overbeck, el 14 de septiembre de 1884, Friedrich Nietzsche reprendía el "mediocre espíritu burgués alemán" por su prejuicio contra los países del sur de Europa: "Frente a todo lo que viene de los países meridionales asume una actitud entre la sospecha y la irritación, y sólo ve frivolidad... Es la misma resistencia que experimenta en relación a mi filosofía... Lo que detesta en mí es el cielo claro". Y concluía: "Un italiano me dijo hace poco: 'En comparación con lo que nosotros llamamos cielo, el cielo alemán es una caricatura". Traducido a los tiempos de hoy, es crucial que los europeos del sur convenzan a los alemanes que el cielo claro del sur no está solamente en las playas y el turismo. Está también en la aspiración de respeto por la diversidad como condición de paz, de dignidad y de convivencia democrática.

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Alemania, Francia e Italia rechazan la instalación de armas nucleares  de EU contra Rusia

¿Anhela Estados Unidos combatir nuclearmente a Rusia hasta el último ciudadano europeo?


Aún el excelso Boletín de los Científicos Atómicos no actualiza su reloj apocalíptico, que en enero había sido colocado a tres minutos de medianoche (http://goo.gl/QKiQ5x ).


Estados Unidos –único país que ha lanzado dos bombas nucleares sobre las mártires ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lo cual parece haber olvidado su pugnaz premier Shinzo Abe– se apresta a librar pequeñas (sic) guerras nucleares mediante operaciones nucleares controladas (sic), lo cual propone su think tank Centro Estratégico de Estudios Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) en su reciente documento perturbador Proyecto Átomo: definiendo la estrategia nuclear de EU y la postura para 2025-2050, que considera la utilización del arsenal nuclear –basado en la nueva generación de ojivas tácticas y sus sistemas de lanzamiento– en una guerra contra Rusia (sic) o China (sic).


El muy influyente portal alemán Der Spiegel denuncia que Washington una vez más habla de estacionar sus ojivas nucleares en Europa y Rusia, también, levanta la retórica, mientras los "europeos están preocupados de encontrarse atrapados en medio de una nueva guerra fría" (http://goo.gl/ky9cc8 ).


Der Spiegel escudriña con microscopio la presente sensible situación, que puede convertir a Europa en el teatro de una tercera guerra, que inevitablemente sería nuclear, entre las dos máximas superpotencias atómicas del planeta: Estados Unidos y Rusia.
El portal alemán devela que durante una reciente reunión de ministros de Defensa de la OTAN, los alemanes y los franceses se pronunciaron contra medidas de represalia mediante la instalación de misiles nucleares de Estados Unidos en suelo europeo, cuando los alegatos de Washington sobre la pretendida ruptura por Rusia del Tratado de Fuerzas Intermedias Nucleares (INF, por sus siglas en inglés) –cuyo acuerdo entre Reagan y Gorbachov significó el fin de la guerra fría– son muy dudosos.


Lo real es que una aplastante mayoría de alemanes no desea nuevas (sic) armas nucleares de Estados Unidos en Europa. Al contrario, preferirían (sic) que sean retiradas las últimas bombas atómicas de Estados Unidos almacenadas cerca de Buchel, en Alemania occidental.


Mientras la intimidad de los mandatarios de Francia y Alemania ha sido motivo del obsceno espionaje de la ominosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, el ministro alemán de relaciones exteriores, Frank-Walter Steinmeier, ha descrito la exhumación de "los viejos reflejos de la guerra fría", al unísono de la espiral (sic) acelerada (sic) de palabras en escalada y luego de actos cuando Alemania –donde ha llegado mayor equipo militar almacenado– se puede convertir en una zona de despliegue: Estados Unidos planea estacionar tanques, armas y equipo pesado para 5 mil soldados estacionados en Alemania y en los países de la OTAN oriental.


La nuclearización europea hasta los límites de Rusia por Obama, incongruente premio Nobel de la Paz, vislumbra "apaciguar los temores de los estados bálticos –Lituania, Letonia y Estonia– y los países de Europa oriental –Polonia, Bulgaria y Rumania–", quienes desde la crisis de Ucrania temen una nueva agresión rusa.


Der Spiegel aduce que Moscú contempla los planes de EU como una mayor prueba de que Washington intenta expandir su esfera de influencia militar en Europa cuando Berlín no desea abandonar el tratado fundacional entre la OTAN y Rusia (nota: el INF), por lo que el gobierno alemán "excluye fundamentalmente el estacionamiento 'sustancial' o 'permanente' de tropas de la OTAN en el anterior bloque oriental". Ya veremos...


Der Spiegel juzga que todos los relevantes acuerdos –los desarmes convencional y/o nuclear– están perdiendo su valor, cuando Moscú y Occidente no se tienen ya confianza, según explayó Gorbachov: Si una de las partes pierde sus nervios en esta atmósfera inflamatoria, entonces no sobreviviremos los años que vienen.


A Der Spiegel le faltó la autocrítica de Europa, llevada al borde del precipicio nuclear por la amazona israelí-estadunidense Vicky Nuland, esposa del zelote straussiano Robert Kagan, uno de los arquitectos de los fracasos bélicos de Afganistán/Irak/Siria/Libia/Yemen etcétera.


Mas allá de los rebasados estadistas europeos que cayeron en la trampa del belicismo bursátil del complejo militar-industrial de Estados Unidos –a menos de un sorpresivo acto independiente de la canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés François Hollande–, a mi juicio las tres únicas personas susceptibles de encaminar una anhelada distensión nuclear en el planeta entre Estados Unidos y Rusia son: el papa jesuita argentino Francisco, el mandarín Xi y el primer ministro de India, Narendra Modi.


No es fácil superar los atavismos y las heridas de la aciaga etapa soviética por los países bálticos/Polonia/Bulgaria/Rumania/Moldavia, pero el papa Francisco puede otorgar todas las garantías inalienables de inmunidad bélica a todos ellos, en particular a Polonia, país de profunda tradición católica.


Juzgo que el zar Vlady Putin estaría dispuesto a realizar una negociación creativa con Polonia sin el flagrante intervencionismo de los superhalcones de Estados Unidos (http://goo.gl/tmuwnB ).


Muchos de los países escindidos de la parte occidental de la ex URSS sobredimensionan –cuando no por las malignas instrucciones de Estados Unidos, por fines electoreros y/o de comisiones por la pantagruélica venta de armas– la fantasiosa amenaza de Rusia que se defiende desde el golpe de Estado en Kiev –promovido en gran medida por el megaespeculador George Soros, según grabaciones comprometedoras (http://goo.gl/kViDDK )– y su concomitante despliegue irredentista de la OTAN en la periferia inmediata de Moscú cuando ni Vlady Putin ni el complejo militar industrial ruso están dispuestos a repetir los suicidas errores trágicos de los ingenuos Gorbachov y Yeltsin.


A mi juicio, el Intermarium –que va del Mar Negro al Mar Báltico– debe ser declarado una zona libre de armas nucleares (http://goo.gl/WpiVl8 ), al unísono de la neutralidad obligada de Ucrania (entre el Grupo de Shanghai y la OTAN), extensiva a los países bálticos/Polonia/Rumania/Bulgaria/Moldavia–, a menos que deseen ser la carne de cañón de una confrontación nuclear entre las dos superpotencias Estados Unidos y Rusia.


Se detecta un enorme nerviosismo de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama y, más que nada, uno de los diseñadores de la crisis de Ucrania –cuya instrumentación recayó en las dos amazonas israelí-estadunidenses Vicky Nuland y Anne Applebaum (anterior editora de The Economist)– cuando pregunta en su ya histórico tuit: "¿Los alemanes/franceses/italianos, quienes no desean –¡supersic!– defender a sus aliados de los países Bálticos de la OTAN, sienten –¡supersic!– que EU no debe defender a Alemania/Francia/Italia si son atacados?" (http://goo.gl/6hXTbf ).


Entre Brzezinski y George Soros –presunto títere de los banqueros esclavistas Rothschild–, ¡que Dios agarre confesados a los cándidos europeos!


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Viernes, 06 Febrero 2015 06:50

Mirar la realidad de frente para cambiarla

Mirar la realidad de frente para cambiarla

Aunque resulta indudable que vivimos un periodo turbulento y, por tanto, opaco y confuso, la diversificación de los puntos de observación y análisis necesarios para comprenderlo no debería dejar de lado principios éticos sin los cuales la actividad para cambiar el mundo pierde sentido. Las modas intelectuales, así como las ilusiones en la evolución gradual del sistema, poco ayudan para guiarnos en la turbulencia.


Una de esas modas es la geopolítica. No son pocos los que buscan atajos que nos evitarían los inevitables dolores de esta etapa. Los BRICS forman parte de la nueva realidad multipolar y caótica, llamados como están a desplazar a las potencias del Norte (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) como centros excluyentes del sistema-mundo. Sin embargo, los países llamados emergentes encarnan formas y modos de gestión del capitalismo diferentes al modelo anglosajón, pero tan capitalistas como éste.


Si nos congratulamos de la transición en curso hacia un mundo multipolar, es en la convicción de que el caos sistémico y la multiplicidad de poderes son caldo de cultivo para la lucha antisistémica. Ni más ni menos.


Las miradas gradualistas no toman en serio que vivimos bajo varias guerras. Los 70 años transcurridos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial parecen haber convencido a muchos analistas de que las guerras se han extinguido, cuando son el modo habitual del capitalismo en su fase extractiva y de acumulación por despojo/robo.


El análisis zapatista sobre la cuarta guerra mundial del capital contra los pueblos ayuda a comprender las agresiones que sufren los de abajo en todo el mundo, desde las guerras de aniquilación abiertas, como en Medio Oriente, hasta las guerras silenciosas, que el modelo extractivo descarga sobre los pueblos para instalar minas a cielo abierto, monocultivos y represas hidroeléctricas, por mencionar los casos más frecuentes.


Hay guerras económicas, monetarias, por el control de las fuentes de agua; guerras contra las mujeres y los niños y niñas, en fin, el más diverso tipo de agresiones sistemáticas y sistémicas contra los más diversos pueblos y sectores sociales.


José Luis Fiori, profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro y coordinador del grupo de investigación Poder Global y geopolítica del capitalismo, esboza una mirada distinta de la economía actual. Debemos comenzar por el análisis y comprensión de cómo funcionan los mercados internacionales, que se parecen más a una guerra de movimientos entre fuerzas desiguales que a un intercambio entre unidades iguales y bien informadas (página13.org.br, 30/1/15).


Inspirado en el historiador Fernand Braudel, Fiori considera que estados y capitales actúan en esa guerra asimétrica como grandes predadores en la lucha por el control monopólico de posiciones de mercado, innovaciones tecnológicas y lucros extraordinarios.


Las consideraciones anteriores (mercados como guerras de posiciones, estados/capitales como predadores) son más consistentes que considerarlos herramientas casi neutrales que pueden ser utilizadas por clases, razas, géneros y etnias en su beneficio. Posiciones de este tipo tienden a desarmar a los de abajo en este periodo en el que no pueden ni deben confiar en otra cosa que no sean sus propias fuerzas y capacidades.


Quisiera agregar tres ideas que Fiori viene esbozando en sus artículos periodísticos y en las que se explaya en su último libro História, estratégias e desenvolvimento: para uma geopolítica do capitalismo (Boitempo, São Paulo, 2014). La primera se relaciona con China, pero puede aplicarse a todos los BRICS. "El poder es siempre expansivo (....) Fue así en cualquier tiempo y lugar, durante toda la historia de la humanidad, independiente de la existencia de economías de mercado, y mucho antes de la existencia del capitalismo" (Outraspalavras, 25 /4/13). Nos alerta sobre la creencia de que Rusia, o China, puedan ser y hacer algo muy distinto de lo que ya conocemos. No son fuerzas anticapitalistas.


La segunda se relaciona con la economía; dice que ésta se subordina a los objetivos de larga duración de los estados. Las políticas económicas de los países varían en el espacio y en el tiempo, y su éxito o fracaso depende de factores externos a la propia política económica, y no a la verdad o falsedad de sus premisas teóricas (Carta Maior, 27/11/14).
Afirma que es inútil buscar políticas económicas de izquierda. Se trata de tener en cuenta los objetivos en función de los cuales los estados adoptan diversos lineamientos económicos. Tiene la virtud que nos aleja del economicismo dominante en las izquierdas, los progresismos y muchos movimientos sociales. En todo caso, esa premisa no debería ser adoptada al pie de la letra por los movimientos antisistémicos, porque es la ética la que preside su accionar.


Por último, tiene una mirada muy clara de la política de Estados Unidos. Recuerda que fue Nicholas Spykman el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia en la política exterior estadunidense en el siglo XX. Dividía el subcontinente latinoamericano en dos partes. La parte norte incluye hasta Centroamérica, el Caribe, Venezuela y Colombia, que deben permanecer en absoluta dependencia de Estados Unidos.


El resto de Sudamérica cuenta con tres estados, como Brasil, Argentina y Chile, que pueden amenazar la hegemonía imperial si actúan en común, amenaza que debe ser respondida a través de la guerra. Fiori considera que el problema no es el imperio, sino en este caso la región y, muy en concreto, su propio país: Brasil. Estos son los términos de la ecuación y la posición estadunidense fue siempre muy clara. Lo mismo no se puede decir de la política exterior brasileña (Sin Permiso, 30/03/14).


Nada ganamos culpando al imperio de nuestras debilidades. Es imposible cambiar al enemigo. La pelota está en nuestro campo y sólo nos sirve mirar la realidad de frente.

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Sábado, 01 Noviembre 2014 08:05

EU, el Estado terrorista número uno

EU, el Estado terrorista número uno

Oficial: EU es el mayor Estado terrorista del mundo y se enorgullece de serlo.

Esa debería ser la cabeza de la nota principal del New York Times del 15 de octubre pasado, cuyo título, más cortés, dice así: Estudio de la CIA sobre ayuda encubierta provoca escepticismo sobre el apoyo a rebeldes sirios.


La nota informa sobre una revisión hecha por la CIA a las operaciones encubiertas recientes para determinar su efectividad. La Casa Blanca concluyó que, por desgracia, los éxitos son tan escasos que es necesario reconsiderar esa política.


Se incluye una declaración del presidente Barack Obama de que pidió a la CIA llevar a cabo esa revisión para encontrar casos en los que financiar y proveer de armas a una insurgencia en algún país haya funcionado bien. Y no pudieron hallar mucho. Por eso Obama tiene cierta renuencia a continuar con esos esfuerzos.


El primer párrafo cita tres ejemplos importantes de ayuda encubierta: Angola, Nicaragua y Cuba. En realidad, cada uno fue una importante operación terrorista lanzada por Estados Unidos.


Angola fue invadida por Sudáfrica, que, según Washington, se defendía de uno de los más notorios grupos terroristas del mundo: el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Eso fue en 1988.


Para entonces el gobierno de Ronald Reagan estaba prácticamente solo en su apoyo al régimen del apartheid, incluso violando las sanciones que su propio Congreso había impuesto al incremento del comercio con su aliado sudafricano.


Washington se unió a Sudáfrica en dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas Savimbi en Angola. Continuó haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada, y de que Sudáfrica le había retirado el respaldo.


Savimbi era un monstruo cuya ambición de poder había llevado abrumadora miseria a su pueblo, en palabras de Marrack Goulding, embajador británico en Angola.


Las consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que las depredaciones sudafricanas provocaron 1.5 millones de muertes en países vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma. Fuerzas cubanas finalmente vencieron a los agresores sudafricanos y los obligaron a retirarse de Namibia, la cual habían ocupado ilegalmente. Sólo Estados Unidos siguió apoyando al monstruo Savimbi.


En Cuba, después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el entonces presidente estadunidense John F. Kennedy lanzó una campaña asesina y destructiva para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según palabras del historiador Arthur Schlesinger, aliado cercano del mandatario, en su biografía semioficial de Robert Kennedy, a quien se asignó la responsabilidad de esa guerra terrorista.


Las atrocidades contra Cuba fueron graves. Los planes consideraban que el terrorismo culminara en un levantamiento en octubre de 1962, que daría pie a una invasión estadunidense. Hoy día la academia reconoce que esa fue una de las razones por las que el entonces primer ministro soviético Nikita Jrushchov emplazó misiles en Cuba, con lo que se produjo una crisis que se acercó peligrosamente a una guerra nuclear. El entonces secretario de la Defensa Robert McNamara concedió más tarde que si él hubiera sido un gobernante cubano, habría esperado una invasión estadunidense.


Los ataques terroristas contra Cuba continuaron durante más de 30 años. Desde luego, el costo para los cubanos fue severo. Los recuentos de víctimas, de los que apenas si se oye en Estados Unidos, fueron dados a conocer en detalle por primera vez en un estudio del experto canadiense Keith Bolender, Voices From the Other Side: an Oral History of Terrorism Against Cuba (Voces desde el otro lado: historia oral del terrorismo contra Cuba), en 2010.


El saldo de la prolongada guerra terrorista fue amplificado por un sofocante embargo, que continúa a la fecha en desafío al mundo. El 28 de octubre pasado, la Asamblea General de la ONU avaló, por vigésimo tercera vez, la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. La votación fue de 188 a dos (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones de subordinados isleños de Estados Unidos en el Pacífico.


Hoy día existe cierta oposición al embargo en altos estratos estadunidenses, informa ABC News, porque ya no es útil (citando el libro reciente de Hillary Clinton, Hard Choices). El experto francés Salim Lamrani pasa revista a los aciagos costos para los cubanos en su libro de 2013 La guerra económica contra Cuba.


Apenas si hace falta mencionar a Nicaragua. La guerra terrorista de Ronald Reagan fue condenada por el Tribunal Internacional de La Haya, que ordenó a Estados Unidos poner fin a su uso ilegal de la fuerza y pagar sustanciales reparaciones de daños.


Washington respondió intensificando la guerra y vetando una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a todos los estados –con dedicatoria a Estados Unidos– a observar el derecho internacional.


Otro ejemplo de terrorismo se conmemorará el 16 de noviembre, en el 25 aniversario del asesinato de seis sacerdotes jesuitas en San Salvador por una unidad terrorista del ejército salvadoreño, armada y entrenada por Estados Unidos. Bajo las órdenes del alto mando militar, los soldados irrumpieron en la universidad jesuita para dar muerte a los sacerdotes y a todo testigo, incluidas su ama de llaves y la hija de ésta.


Este suceso culminó las guerras terroristas de Estados Unidos en Centroamérica en la década de 1980, aunque sus efectos aún ocupan las primeras planas, en los informes acerca de los inmigrantes ilegales, que en buena medida huyen de las consecuencias de aquella carnicería y son deportados de Estados Unidos para sobrevivir, si pueden, en las ruinas de sus países de origen.


Washington también ha surgido como el campeón mundial en generar terror. El ex analista de la CIA Paul Pillar advierte sobre el impacto generador de resentimiento de los ataques de Estados Unidos en Siria, que podrían inducir aún más a las organizaciones yihadistas Jabhat al-Nusra y Estado Islámico a reparar su ruptura del año pasado y hacer campaña conjunta contra la intervención estadunidense, presentándola como una guerra contra el Islam.


Esa es ahora una consecuencia familiar de las operaciones estadunidenses, que han ayudado a propagar el yihadismo de un rincón de Afganistán a gran parte del planeta.


La manifestación más temible del yihadismo hoy día es el Estado Islámico, o Isil, que ha establecido su califato asesino en vastas zonas de Irak y Siria.


Creo que Estados Unidos es uno de los creadores claves de esta organización, asevera el ex analista de la CIA Graham Fuller, prominente comentarista sobre aquella región. Estados Unidos no planeó la formación del Isil, pero sus intervenciones destructivas en Medio Oriente y la guerra en Irak fueron las causas básicas del nacimiento del Isil, añade.


A esto podríamos agregar la mayor campaña terrorista del orbe: el proyecto global de asesinato de terroristas lanzado por Obama. El impacto generador de resentimiento de esos ataques con drones y con fuerzas especiales debe de ser bastante conocido para requerir mayor comentario.


Todo esto constituye un registro que hay que contemplar con cierto horror.



Traducción: Jorge Anaya

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EE UU forja una alianza de 10 países para combatir a los yihadistas

Occidente se moviliza para frenar el auge del yihadismo en Irak y Siria. Estados Unidos logró el viernes forjar una alianza de 10 Estados de la OTAN para combatir al llamado Estado Islámico (EI), el movimiento de radicales suníes que está sembrando el terror en Oriente Próximo. Esta coalición tendrá ahora que definir qué tipo de intervención desarrolla en la zona y, por encima de todo, intentará implicar a otros países vecinos interesados en neutralizar a los yihadistas. "Los derrotaremos, igual que hemos hecho con Al Qaeda", prometió solemnemente el presidente estadounidense, Barack Obama, al final de la cumbre que la Alianza Atlántica ha celebrado durante dos días en Newport (Gales, Reino Unido).
El líder estadounidense aprovechó el encuentro bienal de países aliados para poner en marcha este proyecto incipiente, al que se sumaron el viernes Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Dinamarca, Canadá, Australia y Turquía. Los ministros de Exteriores y de Defensa de esos Estados se reunieron para darle forma y enviar un mensaje contundente al Estado Islámico, que ha decapitado a dos periodistas estadounidenses y amenaza con asesinar a un británico. Tanto el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, como otros dirigentes —en privado— trazaron una línea roja para esta misión: una intervención terrestre. "No habrá soldados sobre el terreno", señaló Kerry.


Aunque fue la decisión más importante de la cumbre, esta coalición central no lleva el sello de la OTAN, reacia a implicarse directamente en el avispero de Oriente Próximo. La organización, no obstante, prestará un apoyo indirecto. En primer lugar, político. El secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, dio la bienvenida a las intervenciones de estos países en Irak. "Celebro esas decisiones porque la comunidad internacional debe hacer todo lo que pueda para parar al llamado Estado Islámico", aseguró. Más importante aún, la OTAN "ejercerá un papel de coordinación" entre los países que participen en el proyecto.


Rasmussen citó un plan para compartir inteligencia militar y específicamente para intercambiar información sobre los llamados "combatientes extranjeros", yihadistas (en buena medida europeos) que viajan a Oriente Próximo para enrolarse en el conflicto, a favor de los grupos más radicales. Y si el Gobierno de Bagdad lo solicita, los aliados desplegarán una misión de entrenamiento para las tropas iraquíes.


La amenaza que supone el EI monopolizó la cena que los jefes de Estado y de Gobierno celebraron la noche del jueves en el castillo de Cardiff. Fuentes conocedoras del encuentro aseguran que los líderes de los 28 Estados miembros coincidieron en que el EI grupo representa una amenaza para Occidente mucho mayor que la de Al Qaeda —poseen más dinero, más poder y una estrategia más sanguinaria— por lo que es necesario combatirlos directamente.


Para atraer a sus aliados europeos, Obama les recordó el efecto que este conflicto podría tener sobre Europa, sabiendo que la mayoría de los occidentales que combaten con los radicales suníes en Siria proceden del Viejo Continente y podrían regresar a él o influir en los círculos que dejan allí. El propio François Hollande recordó que su país había rehusado intervenir en Irak en 2003 pero que en esta ocasión había decidido unirse a la coalición. Aun así, matizó que la estrategia no se puede limitar bombardeos, sino que pasa por diseñar una estrategia a más largo plazo, que Obama cifró en dos o tres años. También destacó la necesidad de preparar a la opinión pública para operaciones de este tipo.


En público, los dirigentes aliados fueron mucho más precavidos. El líder británico, David Cameron, rehusó hablar sobre bombardeos británicos en la zona —Washington ha efectuado ya más de 100, según precisó Obama. "No estamos todavía en ese nivel", alegó Cameron. Hollande sí admitió abiertamente su intención de implicarse, aunque eludió concretar las operaciones en las que participará: "Estamos ya en discusiones, pero no voy a dar aquí detalles de lo que vamos a hacer". Al igual que el líder estadounidense, el francés subrayó la importancia de implicar a países vecinos como Jordania. "No puede ser una alianza que venga solo de Occidente, sería el peor servicio que podríamos hacer", advirtió.
Los plazos de esta coalición son aún difusos. Obama aseguró que no actuará "de la noche a la mañana", y anunció que el secretario de Estado emprenderá un viaje por Oriente Próximo para recabar apoyos.


De momento, Obama y sus aliados solo hablan de operaciones en Irak, aunque el Estado Islámico abarca también parte de Siria. En la cena de jefes de Estado, el líder estadounidense reconoció que, incluso si el problema remitiera en Irak, sigue quedando la guerra siria, de difícil solución. Tanto él como otros mandatarios insistieron en la importancia de que luchar contra los yihadistas suníes no implique en ningún caso un apoyo a su enemigo natural, el presidente sirio, Bachar el Asad, denostado por Occidente por iniciar el conflicto que está destrozando el país.

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Espíritu de Toluca: ¿sella Obama seguridad energética de Norteamérica, Comando Norte y Asociación Transpacífica?

La dupla anglosajona Estados Unidos/Gran Bretaña confiere dadivosos reconocimientos por el obsequio de los hidrocarburos de México al proyecto de la seguridad energética de Norteamérica, acompasado de su desmantelamiento cibernético/laboral/educativo y al inicio de su acoplamiento fiscal y judicial al más puro estilo anglosajón, que ahonda su imperativa homologación tripartita que se inició con el fallido TLCAN hace 20 años.


La revista del grupo Time Warner, a punto de ser vendido a ComCast –lo cual crearía un ominoso oligopolio de 57 por ciento de las cableras en Estados Unidos–, concedió una polémica portada a Peña como el salvador de México, el cual, paradójicamente, está empantanado en una protorrecesión y una grave crisis de seguridad y legitimidad que llevaron, una semana antes de la llegada de Obama, a la inaudita locuacidad de ex presidentes obligados al silencio trapense del sistema: Salinas fulminando contra sus enemigos ontológicos; retorno de Calderón cobrándose facturas con sus otrora correligionarios y contra Venezuela, y Zedillo increpado por legisladores de su partido por su regalo de los ferrocarriles a Estados Unidos.


¡Ahora sí que México se mueve antes de la llegada de Obama!

Otro galardón superlativo provino del megabanco BlackRock –ver Bajo la Lupa, Pedro Aspe: pieza fundamental de EU para la privatización de Pemex, http://www.jornada.unam.mx/2014/01/08/opinion/014o1pol y BlackRock: el mayor inversionista del mundo detrás de la privatización de Pemex http://www.jornada.unam.mx/2013/12/11/opinion/026o1pol–, que a través del británico Grupo Pearson controla a la revista The Economist y al Financial Times que publica The Banker, quien premió a Luis Videgaray como el mejor secretario de Hacienda del año, pese a la protorrecesión, a la inflación, al desempleo, al agravio fiscal y a la sequía de liquidez.

La entrega de los hidrocarburos de México bien vale todos los galardones por los agradecidos multimedia anglosajones.


No importa que días después Jude Webber, del mismo Financial Times (11/2/14), fustigue la decepcionante (sic) caída de la producción industrial: "Menos de una semana después de que México estaba celebrando su histórico ascenso en su tasa de deuda soberana por la calificadora Moody's, los decepcionantes (¡supersic!) datos ahogaron abruptamente el espíritu fiestero" (sic): inflación de 4.48 por ciento, producción industrial peor a lo esperado cuando la inseguridad se encuentra a la cabeza de las preocupaciones que eclipsan la economía, lo cual contrasta con el optimismo sonriente (sic) de Peña durante la cumbre de la Alianza del Pacífico.


Jude Webber cita al taciturno economista en jefe del banco británico Barclays: La economía pierde energía, pese a las reformas del año pasado.
Cabe recordar que, contra todo protocolo, Peña y Videgaray acudieron en forma insólita a las oficinas del Financial Times a entregar el plan del obsequio de los hidrocarburos de México, el cual fue aprobado meses más tarde por un inconsciente Congreso.


Todos los premios artificiales del mundo no pueden ocultar dos situaciones desfavorables para la alucinante salvación (sic) de México en medio del naufragio global: 1) la grave crisis financiera que se ha acentuado: baste leer el sensible barómetro del alza en las tasas de interés de largo plazo, acompasado de la crisis en los mercados emergentes, producto de la prestidigitación monetarista de la Reserva Federal; y 2) la puesta en la picota del shale gas (esquisto/lutita/grisú) de Norteamérica (Ver Bajo la Lupa 9, 12 y 16/2/14), lo cual propende al alza del gas natural, del que depende la electricidad en México.


Pero nada se asemeja a los laureles de la visita de Obama –casi nadie se fija en el premier canadiense Stephen Harper– al feudo peñista: Toluca, lo cual comporta un enorme significado simbólico y que bajo el espíritu de Toluca –similar al antidemocrático espíritu de Houston que catalizó al disfuncional TLCAN (http://www.jornada.unam.mx/2014/01/15/opinion/024o1pol) cuando sus tres firmantes norteamericanos son evocados desdeñosamente– es susceptible de sellar, dos meses después de la aprobación de la suicida reforma Peña/Vidagaray/Aspe, la seguridad energética de Norteamérica: un verdadero triunfo geopolítico de Estados Unidos

(http://www.jornada.unam.mx/2013/12/18/opinion/022o1pol), al unísono de la incrustación de México (Canadá es ya miembro añejo) al Comando Norte/NORAD y uno de cuyos apéndices lo representa el CiberComando, del que el "México neoliberal itamita" forma parte, quizá sin saberlo, mediante la entrega masoquista de sus telecomunicaciones.


¿Se atreverán los galardonados mexicanos a tocar la estancada reforma migratoria, la humillación de la transfrontera militarizada, el flagrante espionaje de la NSA y las ultrajantes visas unidireccionales anglosajonas?


Todo el paquete de la seguridad energética de Norteamérica/Comando Norte/CiberComando –con las recientes reformas laboral, educativa, fiscal y judicial en México– constituye el andamiaje para incrustar a la proestadunidense Alianza del Pacífico en el seno de la Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), que en su conjunto está diseñada para contener a los BRICS a niveles local/regional/global: específicamente contra Brasil y China

.
Doce estados miembros prospectivos, con los tres miembros del TLCAN, forman parte de las negociaciones con cartas marcadas del TPP, padre putativo de la Alianza del Pacífico que acaba de absorber a Costa Rica y al que Israel (¡supersic!) fue incorporado como observador a solicitud de Peña (Israelenlinea.com, 12/2/14).


Wikileaks (13/11/13) publicó el texto del borrador secreto (¡supersic!) del Capítulo de derechos de propiedad intelectual del TPP, el máximo tratado económico del planeta con más de 40 por ciento del PIB mundial, y que ha sido estigmatizado por la sociedad civil global debido a sus deletéreos efectos en servicios de Internet, editores, medicamentos, libertades civiles y patentes biológicas.


Su sección Cumplimiento detalla las nuevas medidas de orwelliana vigilancia policiaca de los polémicos SOPA y ACTA (ver Bajo la Lupa, Ciberseguridad: momento pre-11/9, según el Pentágono, http://www.jornada.unam.mx/2012/10/21/politica/016o1pol) con sus tribunales supranacionales de litigio ante quienes los juzgados soberanos nacionales deberán someterse, sin salvaguardas para los derechos humanos y sin resguardos ambientales.


Los óptimos negociadores de Obama en el TPP fueron también premiados con millonarias gratificaciones por los supremos beneficiados de la bancocracia plutocrática: Bank of America y Citigroup (http://www.republicreport.org/2014/big-banks-tpp), lo cual delata su carácter eminentemente financierista.


No todos los rimbombantes proyectos esquemáticos que ha esgrimido Estados Unidos han sido exitosos, como resaltan los múltiples fracasos sonoros del ALCA, TLCAN, ASPAN, Plan Puebla Panamá (PPP) y Plan Mérida, cuyas sombras fantasmagóricas planearán sobre el militar y financierista espíritu de Toluca, en par¬ticular del lado del más valetudinario de los tres: el "México neoliberal itamita", con todo y sus premios etéreos.


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Domingo, 10 Noviembre 2013 06:19

El mundo se libera de EU


Durante el más reciente episodio de la farsa de Washington que ha dejado atónito al mundo, un comentarista chino escribió que si Estados Unidos no puede ser un miembro responsable del sistema mundial, tal vez el mundo deba separarse del Estado rufián que es la potencia militar reinante, pero que pierde credibilidad en otros terrenos.


La fuente inmediata de la debacle de Washington fue el brusco viraje a la derecha que ha dado la clase política. En el pasado se ha descrito a Estados Unidos con cierto sarcasmo, pero no sin exactitud, como un Estado de un solo partido: el partido empresarial, con dos facciones llamadas republicanos y demócratas.


Ya no es así. Sigue siendo un Estado de un solo partido, pero ahora tiene una sola facción, los republicanos moderados, ahora llamados nuevos demócratas (como la coalición en el Congreso ha dado en designarse): existe una organización republicana, pero hace mucho tiempo que abandonó cualquier pretensión de ser un partido parlamentario normal. El comentarista conservador Norman Ornstein, del Instituto Estadunidense de Empresa, describe a los republicanos actuales como una insurgencia radical, ideológicamente extremista, que se burla de los hechos y de los acuerdos, y desprecia la legitimidad de su oposición política: un grave peligro para la sociedad.
El partido está en servicio permanente para los muy ricos y el sector corporativo. Como no se pueden obtener votos con esa plataforma, se ha visto obligado a movilizar sectores de la sociedad que son extremistas, según las normas mundiales. La locura es la nueva norma entre los miembros del Tea Party y un montón de otras agrupaciones informales.


El establishment republicano y sus patrocinadores empresariales habían esperado usar esos grupos como ariete en el asalto neoliberal contra la población, para privatizar, desregular y poner límites al gobierno, reteniendo a la vez aquellas partes que sirven a la riqueza, como las fuerzas armadas.


Ha tenido cierto éxito, pero ahora descubre con horror que ya no puede controlar a sus bases. De este modo, el impacto en la sociedad del país se vuelve mucho más severo. Ejemplo de ello es la reacción violenta contra la Ley de Atención Médica Accesible y el cierre virtual del gobierno.


La observación del comentarista chino no es del todo novedosa. En 1999, el analista político Samuel P. Huntington advirtió que para gran parte del mundo Estados Unidos se convertía en la superpotencia rufiana, y se le veía como la principal amenaza externa a las sociedades.
En los primeros meses del periodo presidencial de George Bush, Robert Jervis, presidente de la Asociación Estadunidense de Ciencia Política, advirtió que a los ojos de gran parte del mundo el primer Estado rufián hoy día es Estados Unidos. Tanto Huntington como Jervis advirtieron que tal curso es imprudente. Las consecuencias para Estados Unidos pueden ser dañinas.


En el número más reciente de Foreign Affairs, la revista líder del establishment, David Kaye examina un aspecto de la forma en que Washington se aparta del mundo: el rechazo de los tratados multilaterales como si fuera un deporte. Explica que algunos tratados son rechazados de plano, como cuando el Senado votó contra la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidades en 2012 y el Tratado Integral de Prohibición de Ensayos Nucleares en 1999.


Otros son desechados por inacción, entre ellos los referentes a temas como derechos laborales, económicos o culturales, especies en peligro, contaminación, conflictos armados, conservación de la paz, armas nucleares, derecho del mar y discriminación contra las mujeres.
El rechazo a las obligaciones internacionales, escribe Kaye, se ha vuelto tan arraigado que los gobiernos extranjeros ya no esperan la ratificación de Washington o su plena participación en las instituciones creadas por los tratados. El mundo sigue adelante, las leyes se hacen en otras partes, con participación limitada (si acaso) de Estados Unidos.


Aunque no es nueva, la práctica se ha vuelto más acentuada en años recientes, junto con la silenciosa aceptación dentro del país de la doctrina de que Estados Unidos tiene todo el derecho de actuar como Estado rufián.


Por poner un ejemplo típico, hace unas semanas fuerzas especiales de Estados Unidos raptaron a un sospechoso, Abú Anas Libi, de las calles de Trípoli, capital de Libia, y lo llevaron a un barco para interrogarlo sin permitirle tener un abogado ni respetar sus derechos. El secretario de Estado John Kerry informó a la prensa que esa acción era legal porque cumplía con las leyes estadunidenses, sin que se produjeran comentarios.


Los principios solo son valiosos si son universales. Las reacciones serían un tanto diferentes, inútil es decirlo, si fuerzas especiales cubanas secuestraran al prominente terrorista Luis Posada Carriles en Miami y lo llevaran a la isla para interrogarlo y juzgarlo conforme a las leyes cubanas.


Sólo los estados rufianes pueden cometer tales actos. Con más exactitud, el único Estado rufián que tiene el poder suficiente para actuar con impunidad, en años recientes, para realizar agresiones a su arbitrio, para sembrar el terror en grandes regiones del mundo con ataques de drones y mucho más. Y para desafiar al mundo en otras formas, por ejemplo con el persistente embargo contra Cuba pese a la oposición del mundo entero, fuera de Israel, que votó junto con su protector cuando Naciones Unidas condenó el bloqueo (188-2) en octubre pasado.


Piense el mundo lo que piense, las acciones estadunidenses son legítimas porque así lo decimos nosotros. El principio fue enunciado por el eminente estadista Dean Acheson en 1962, cuando instruyó a la Sociedad Estadunidense de Derecho Internacional de que no existe ningún impedimento legal cuando Estados Unidos responde a un desafío a su poder, posición y prestigio.


Cuba cometió un crimen cuando respondió a una invasión estadunidense y luego tuvo la audacia de sobrevivir a un asalto orquestado para llevar los terrores de la Tierra a la isla, en palabras de Arthur Schlesinger, asesor de Kennedy e historiador.


Cuando Estados Unidos logró su independencia, buscó unirse a la comunidad internacional de su tiempo. Por eso la Declaración de Independencia empieza expresando preocupación por el respeto decente por las opiniones de la humanidad.


Un elemento crucial fue la evolución de una confederación desordenada en una nación unificada, digna de celebrar tratados, según la frase de la historiadora diplomática Eliga H. Gould, que observaba las convenciones del orden europeo. Al obtener ese estatus, la nueva nación también ganó el derecho de actuar como lo deseaba en el ámbito interno. Por eso pudo proceder a librarse de su población indígena y expandir la esclavitud, institución tan odiosa que no podía ser tolerada en Inglaterra, como decretó el distinguido jurista William Murray en 1772. La avanzada ley inglesa fue un factor que impulsó a la sociedad propietaria de esclavos a ponerse fuera de su alcance.


Ser una nación digna de celebrar tratados confería, pues, múltiples ventajas: reconocimiento extranjero y la libertad de actuar sin interferencia dentro de su territorio. Y el poder hegemónico ofrece la oportunidad de volverse un Estado rufián, que desafía libremente el derecho internacional mientras enfrenta creciente resistencia en el exterior y contribuye a su propia decadencia por las heridas que se inflige a sí mismo.


El libro más reciente de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Interviews with David Barsamian (Conversaciones sobre levantamientos democráticos en el mundo y los nuevos desafíos al imperio de Estados Unidos). Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, Mass., EU.


2013, Noam Chomsky


Traducción: Jorge Anaya

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Sábado, 27 Julio 2013 07:02

La CIA y el control del clima

La CIA y el control del clima

La CIA estadunidense está financiando un estudio sobre geoingeniería (manipulación climática) que durará 21 meses, con un costo inicial de 630 mil dólares. Lo ejecuta la Academia Nacional de Ciencias, con participación de la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de ese país. (revista Mother Jones 17/7/2013).

 

El interés de la CIA por el clima no es nuevo, pero esta participación es significativa, debido a las implicaciones bélicas que tiene la posibilidad de manipular el clima y a la presión que están ejerciendo los proponentes de la geoingeniería en ese país para avanzar en experimentación de esas técnicas, pese a existir una moratoria en Naciones Unidas contra su aplicación.

 

El proyecto analizará diferentes propuestas de geoingeniería, como manejo de la radiación solar y remoción de dióxido de carbono de la atmósfera; también estudiarán los efectos de la “siembra de nubes” y otras formas de manipular el tiempo atmosférico para provocar lluvia, sequías o controlar huracanes. Según descripción oficial harán una evaluación técnica de los impactos de esas tecnologías, desde el punto de vista ambiental, económico y de seguridad nacional.

 

Estos últimos son los aspectos que preocupan a la CIA, que en documentos anteriores ha calificado el cambio climático y el control del clima como factores de importancia geopolítica estratégica y de seguridad nacional. Pese a ello, los republicanos votaron por desaparecer el departamento de cambio climático de la CIA, lo que según la agencia la motivó a financiar esta iniciativa. Las razones podrían ir mucho más allá, ya que el control del clima es un proyecto militar de larga data en ese país, que realizó experimentos ya durante la guerra de Vietnam, provocando lluvia por meses seguidos para anegar los cultivos y caminos de los vietnamitas. En el mismo sentido, la Fuerza Área estadunidense publicó en 1996 un documento titulado Weather as a Force Multiplier: Owning the Weather in 2025 (El tiempo como multiplicador de la Fuerza: poseyendo el tiempo en 2025), cuyo título refleja claramente sus intenciones.

 

Estos intereses convergen con los de un grupo pequeño pero influyente, de climatólogos y otros científicos de países del Norte, que alegan que la geoingeniería es necesaria porque no se puede reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero (como si sus países no fueran quienes tienen que tomar las medidas principales para ello). O, como declaró David Keith, un conocido promotor de la geoingeniería, porque es un plan “barato y fácil”. (MIT Technology Review, 8/2/2013).

 

Sí, barato y fácil para los que han causado el cambio climático con su sobreconsumo de recursos e industrialización basada en petróleo, porque en lugar de reducir realmente sus emisiones, podrían seguir calentando el planeta y además hacer un jugoso negocio con nuevas tecnologías que manipulen el clima de todos, para bajar o subir la temperatura según convenga a los intereses económicos y bélicos de quienes las controlen.

 


Bajo el término “manejo de la radiación solar”, la meta es disminuir la cantidad de rayos solares que llegan a la Tierra. Por ejemplo, a través de construir enormes nubes volcánica artificiales, inyectándolas con partículas azufradas. Otras propuestas incluyen blanquear las nubes, colocar trillones de espejos en el espacio para reflejar la luz del sol o la más reciente, del mismo David Keith, dispersar ácido sulfúrico desde aviones en la línea ecuatorial para que se mezcle con las nubes. En “remoción de dióxido de carbono” se incluyen otras técnicas, como máquinas o árboles artificiales que absorban carbono de la atmósfera (que por cierto no saben dónde depositarán luego para que permanezca por siempre). La más conocida es la fertilización oceánica: verter nanopartículas de hierro o urea en el mar para provocar florecimientos de plancton, que absorban dióxido de carbono y lo lleven al fondo.

 

Las técnicas de geoingeniería son solamente teóricas salvo alguna, como la fertilización oceánica, de la cual se conocen experimentos legales e ilegales, que mostraron que además de no servir para su propósito –el carbono no permanece en el fondo de mar– los impactos pueden ser enormes, con disrupción de la cadena alimentaria marina, anoxia (falta de oxígeno) en capas marinas, crear algas tóxicas, etcétera.

 

La geoingeniería, para tener impacto en el clima global, tendría que aplicarse a mega escala, disrumpiendo un ecosistema global poco conocido, altamente dinámico y en interacción con toda la vida en el planeta. No existe por tanto una etapa experimental. Lo que se haga en pequeña escala no mostrará la acción sobre el clima global, aunque podría tener impactos negativos graves en la zona o en la región. Y si se hace a gran escala, no es experimental, es despliegue y es irreversible.

 

Por ejemplo, las nubes volcánicas artificiales no se pueden retirar, hasta que las partículas caigan a la tierra, lo cual es tóxico. Esta técnica empeoraría además el agujero en la capa de ozono y la acidificación de los mares, dos problemas globales muy graves. Si realmente lograran disminuir la cantidad de luz solar que llega al Norte, producirían sequía extrema en África y disrupción de los monzones en Asia, colocando en peligro las fuentes alimentarias de 2 mil millones de personas.

 

Imaginen si la CIA pudiera decidir sobre el termostato global. La geoingeniería es tan riesgosa, tanto por sus efectos climáticos como por su potencial uso hostil contra otros países, que lo único sensato es prohibir internacionalmente su uso.

 


Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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China y EEUU establecen un nuevo modelo de relaciones basado en el "respeto entre grandes países"

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping, acordaron el viernes trabajar juntos para resolver las disputas sobre la seguridad cibernética, un asunto que ha tensado las relaciones entre las dos principales potencias mundiales. Al comienzo de una cumbre de dos días en una lujosa hacienda en el desierto del sur de California, Obama dijo que su país saluda "el ascenso pacífico" de China, pero dejó claro que debe jugar con las mismas reglas en el orden económico mundial que los demás países.

 

Estados Unidos sostiene que piratas informáticos chinos han accedido a secretos militares de Estados Unidos, una acusación negada por China, al tiempo que la Casa Blanca afronta preguntas en casa sobre la propia vigilancia electrónica y de las comunicaciones del Gobierno sobre sus ciudadanos. Obama no dejó de lado el asunto del ciberespionaje en el primer día de reuniones a puerta cerrada, pero adoptó una línea de precaución en la rueda de prensa, y no llegó a puntar el dedo directamente a Pekín ni amenazó con represalias.

 

En la primera visita de Xi a EEUU desde que asumió la presidencia el marzo, ambos trataron de dar la impresión de un tono constructivo durante una cumbre considerada una ocasión para conocerse. Pero centrándose en las principales preocupaciones de Estados Unidos, Obama dijo que Washington busca "un orden económico internacional en el que los países jueguen con las mismas reglas, donde el comercio sea libre y justo y donde Estados Unidos y China trabajen juntos para abordar temas como la ciberseguridad y la protección de la propiedad intelectual".

 

Xi estuvo de acuerdo en la necesidad de resolver la seguridad cibernética de "un modo pragmático", pero fue rápido a la hora de desviar las culpas, asegurando que China también es víctima de estos ataques. Además expresó sus esperanzas de que China y Estados Unidos puedan establecer un nuevo modelo de relaciones entre "grandes países", refiriéndose a su deseo de que Pekín sea tratado con más respeto en línea con su creciente influencia internacional. "Las relaciones entre nuestros dos países están en un nuevo punto de comienzo histórico", dijo Xi, describiendo las conversaciones como una oportunidad para "delinear el futuro" de las relaciones entre China y Estados Unidos.

 

Obama dio la bienvenida a Xi bajo un intenso calor, y ambos líderes posaron con una sonrisa para las fotografías mientras estrechaban sus manos ante unos cuidados jardines y unas montañas desérticas a la distancia. Ambos utilizaron trajes sin corbatas. Los encuentros de alto nivel entre China y Estados Unidos en las últimas décadas no han logrado igualar la pionera visita del presidente Richard Nixon a la China comunista en 1972 que puso fin a décadas de tensión entre Washington y Pekín.

 

Funcionarios de Estados Unidos creen que Obama y Xi desarrollarán una relación personal, algo que no ocurrió entre los presidentes estadounidenses y el predecesor de Xi, Hu Jintao, lo que podría ayudar a disminuir las tensiones en una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo. La voluntad de dejar de lado la pompa tradicional y el diálogo protocolar de una visita a la Casa Blanca parece ser una señal de un nuevo enfoque de Xi, quien como presidente designado se reunió con Obama en Washington en febrero de 2012.

 

Por REUTERS  CALIFORNIA 08/06/2013 12:02 Actualizado: 08/06/2013 12:12

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Lunes, 11 Febrero 2013 06:48

“Salvando” a Estados Unidos

“Salvando” a Estados Unidos

Después de esta última semana queda claro que para defender y salvar a este país del enemigo” a veces es necesario violar, destruir y anular los derechos y libertades que, dicen, definen a esta “nación indispensable”.

 

Observar la audiencia ante el Senado para la ratificación de John Brennan como próximo jefe de la CIA (agencia donde trabajó durante 35 años antes de ser el asesor antiterrorista del presidente Barack Obama) fue escalofriante porque muy tranquilamente afirmó que, en efecto, el gobierno de Obama se atribuye el derecho –sin formular acusaciones formales, sin orden judicial, sin tener que presentar pruebas, sin supervisión ni consulta de otro poder gubernamental– de asesinar a cualquiera que considere “terrorista”, aun si es ciudadano estadunidense, en cualquier parte del mundo (aparentemente incluido, y nadie aclara lo contrario, dentro del país).

 

Brennan, el arquitecto de la estrategia de ataques selectivos con aviones no tripulados (drones) como principal instrumento de la guerra contra el terrorismo, insistió en que todo esto es justificable por ser necesario para la defensa de Estados Unidos. Y cuando se le preguntó cómo puede asegurar que no se cometan abusos de este poder extraordinario, su respuesta esencialmente fue: “confíen en nosotros”.

 

Para varios observadores, este espectáculo llamó la atención sobre todo por eso de que ciudadanos estadunidenses pueden ser (y ya han sido) objetivos de estas misiones de lo que esencialmente son escuadrones de la muerte aéreos. Según la ley, el gobierno no puede privar de la vida a ningún ciudadano sin un proceso legal que respete los derechos fundamentales del acusado, incluido el de defenderse ante las acusaciones. Esto no es un asunto hipotético; ya ha sucedido: el ciudadano estadunidense Anwar Awlaki fue asesinado por un drone en septiembre de 2011, y dos semanas después su hijo de 16 años fue abatido en la misma forma.

 

A otros les importó lo parecido que es todo esto con lo que sucedió con Bush, y que tanto criticó en ese tiempo Obama. Señalan que de nuevo el Ejecutivo se otorga poderes extraordinarios sin aprobación legislativa o judicial para realizar acciones en nombre de la guerra contra el terror, incluida la elaboración de justificaciones legales secretas para todo. La revelación, por NBC News, de un memorando del Departamento de Justicia girado la semana pasada para justificar el asesinato de integrantes de Al Queda y “grupos asociados” –incluida una muestra del genio de los abogados del país, con un argumento de que no son asesinatos– es muy parecida a los documentos del Departamento de Justicia de los tiempos de Bush, cuando se elaboró la famosa justificación legal de la tortura.

 

En la justificación legal se afirma, como reportó La Jornada la semana pasada, que “una matanza legal en defensa propia no es un asesinato. En la opinión del Departamento (de Justicia), una operación letal realizada contra un ciudadano estadunidense cuya conducta represente una amenaza inminente de ataque violento contra Estados Unidos sería un acto legítimo de autodefensa nacional, que no violaría la prohibición del homicidio. Igualmente, “el uso de fuerza letal, consistente con las leyes de guerra, contra un individuo que es un objetivo militar legítimo, sería legal y no violaría la prohibición de asesinato”.

 


Algunos cálculos independientes son que entre 2 mil y más de 3 mil personas han sido asesinadas en ataques con drones sólo en Pakistán desde 2004. La gran mayoría en el gobierno de Obama, después de 2008.

 

Entonces, ahora estamos en una coyuntura en la que se afirma que por el bien del país se requieren escuadrones de la muerte aéreos que realizan misiones de asesinato extrajudicial decididos por el presidente y su equipo.

 

Además, nuevas medidas en las leyes autorizan la detención indefinida de cualquiera, incluso de estadunidenses, bajo custodia militar si el gobierno determina que uno es integrante de Al Qaeda o “grupos asociados”, o si uno ha brindado apoyo a esas agrupaciones. El gobierno puede detener a cualquiera con esa justificación hasta “el fin de hostilidades”, o sea, para siempre, ya que esa “guerra contra el terrorismo” no tiene, por definición, un fin.

 

Más aún, si uno revela los documentos secretos que contienen las órdenes para ejecutar estos actos, incluidas las justificaciones “legales”, puede ser enjuiciado conforme a la Ley de Espionaje de 1917. Tampoco estamos hablando de un asunto hipotético: el gobierno de Obama ha empleado esta antigua ley (de tiempos de la Primera Guerra Mundial) en siete ocasiones, más que todos sus antecesores combinados. La razón oficial: por bien del país, para proteger al pueblo.

 

Todo esto en nombre de la libertad, los derechos humanos, la paz y la justicia, no sólo aquí, sino a nivel mundial. De hecho, en uno de los actos de despedida como secretaria de Estado, Hillary Clinton afirmó: “entonces, cuando digo que verdaderamente somos la nación indispensable, no es un alarde ni una consigna vacía. Es un reconocimiento de nuestro papel y nuestras responsabilidades. Por eso, los que dicen que estamos en declive están absolutamente equivocados”.

 

Pero parece que para permanecer como la “nación indispensable” se tienen que pasar por alto garantías constitucionales, leyes contra el asesinato tanto de ciudadanos como de extranjeros, detenciones indefinidas sin cargos, algo muy parecido a las desapariciones en otros regímenes, y las normas establecidas en el derecho internacional.

 

De cierta manera, esto recuerda esa famosa frase de un oficial estadunidense al entonces corresponsal de guerra de Ap Peter Arnett en la guerra en Vietnam, al ser interrogado sobre por qué se dio la orden de bombardear un pueblo llamado Ben Tre en 1968 sin importar las bajas civiles: “se volvió necesario destruir el pueblo para salvarlo”.

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