La nueva era de la computación cuántica: la carrera tecnológica de EU y China

Google anunció su "supremacía cuántica" con un invento revolucionario: una computadora cuántica que puede realizar cálculos en 200 segundos, que a una “supercomputadora ( sic)” clásica, como la Summit del Laboratorio Nacional Oak Ridge, tomaría 10 mil años (https://bit.ly/2WE7nQA)”.

La computación cuántica se basa en la mecánica cuántica, que explica el extraño (sic) comportamiento de las extremadamente pequeñas partículas de la materia (https://nyti.ms/2JNzebM).

John Preskill propuso hace siete años el concepto de "supremacía cuántica": el punto en el que las computadoras cuánticas pueden realizar cosas que las computadoras clásicas no podrían.

Bloomberg apeló a un "optimismo precavido": se trata de un "inmenso logro bajo cualquier medición" cuando una “rudimentaria máquina cuántica mejoró la más veloz supercomputadora por un factor de 1,080 (https://bloom.bg/2WEB9Vn)”.

Las computadoras cuánticas (https://bit.ly/2Ndg94V) "desafían la intuición humana", según Bloomberg, que alerta sobre "algunos riesgos": 1. "La carrera global para dominar la computación cuántica se está calentando con consecuencias impredecibles"; y 2. "Las avanzadas computadoras cuánticas un día podrán amenazar la llave pública de la criptografía que protege la información en el mundo digital. Tales sistemas están basados en problemas matemáticos duros que las computadoras cuánticas podrían teóricamente ser capaces de agrietar con facilidad", por lo que los investigadores en seguridad trabajan para crear “sistemas y parámetros post-quantum (https://bit.ly/34v1hoC)”.

La revista científica Nature sintetiza en su "abstracto" que “la promesa de las computadoras cuánticas radica en que ciertas (sic) tareas computacionales podrían ser ejecutadas exponencial y más velozmente en un procesador cuántico que en un procesador clásico (https://go.nature.com/2r9Gngg)”.

Se refiere al procesador Sycamore de Google y su "dramático (sic) incremento en velocidad en comparación a todos (sic) los conoci-dos algoritmos clásicos" como "una realización experimental de la supremacía cuántica" que "anuncia un paradigma computacional".

Para un público más general, David Yaffe-Bellany (DY-B) explica en The New York Times la hazaña científica de Google en su laboratorio de investigación en Santa Bárbara (California) que desde la década de los 80 buscaba el Santo Grial de la velocidad del cálculo computacional: la “supremacía cuántica (https://nyti.ms/2JIFykL)”.

De inmediato, los celosos investigadores de IBM anunciaron que la “simulación ideal de la misma tarea puede ser realizada en un sistema clásico en 2.5 días con una fidelidad mucho mayor (https://ibm.co/2ptK3Jo)”.

Las implicaciones para la "seguridad nacional (sic) y la criptografía" son inconmensurables.

China –con su adopción también revolucionaria de la tecnología blockchain (https://bit.ly/2NcO4e7) entró de lleno a la competencia tecnológica con EU en varios rubros: desde la 5G pasando por la tecnología cuántica hasta la Inteligencia Artificial (IA).

A juicio de DY-B, "como todos los saltos en tecnología, las máquinas cuánticas son de doble filo: algún día podrán fortalecer los avances en IA; pero también pueden apabullar (sic) la encriptación que protege a las computadoras y que es vital a la Seguridad Nacional o aún a los sitios de comercio digital".

De allí que, aduce DY-B, "los gobiernos de EU y China consideran la computación cuántica como una prioridad nacional" cuando "China invierte 400 millones de dólares en un laboratorio cuántico nacional".

Hoy China encabeza el liderazgo de la “carrera para proteger los datos de la encriptación cuántica (https://nyti.ms/2JNNrFL)”.

China posee el doble de patentes de "tecnología cuántica" que EU, pero tres veces menos de “computadoras cuánticas (https://wapo.st/2NCMgtR)”.

Hoy lo que China y EU definen como "Seguridad Nacional" –desde los hidrocarburos, pasando por los alimentos, hasta la sofisticada tecnología– ha cesado de serlo para el aldeanismo de los países avasallados e intoxicados por la propaganda, hoy caduca, del globalismo neoliberal.

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Trump, con el viceprimer ministro chino en la Casa Blanca este viernes. REUTERS/Yuri Gripas

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses.

 

Estados Unidos y China alcanzaron hoy un acuerdo parcial "significativo" para dar una tregua a la guerra comercial que libran desde el año pasado, y podrían firmarlo durante la cumbre del APEC que se celebrará en noviembre en Chile, anunció el presidente estadounidense, Donald Trump.

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses, según la Casa Blanca. "Hemos alcanzado un acuerdo significativo de primera fase (...) pero todavía no está redactado", dijo Trump a los periodistas durante una reunión en el Despacho Oval con el viceprimer ministro chino, Liu He.

El pacto se pondrá sobre papel a lo largo de las próximas cuatro semanas y el objetivo es que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, lo firmen durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se celebrará en Santiago de Chile el 16 y 17 de noviembre. "Estaremos en Chile y tendré una [ceremonia de] firma formal con el presidente Xi", afirmó Trump, que hasta ahora no había confirmado si iría a la cumbre del APEC.

Trump aseguró que en los últimos meses ha habido mucha "fricción" entre Estados Unidos y China, pero ahora hay un "festival del amor" entre ambas potencias. "Este es un acuerdo tan grande que lo estamos haciendo por secciones", explicó Trump, quien precisó que se empezará a negociar una "segunda fase" en cuanto se firme la primera y no descartó que haya una tercera etapa.

El mandatario precisó que el pacto recién alcanzado incluye algunas medidas relativas a la devaluación de la divisa china y temas de propiedad intelectual, aunque no lidia con la transferencia forzada de tecnología en China, un tema que se tratará "en la segunda fase", según Trump.

El acuerdo tampoco resuelve el tema de los vetos a la exportación que afectan al gigante chino de la telefonía Huawei, un tema que se está negociando mediante un proceso paralelo, explicó a los periodistas el representante de Comercio Exterior estadounidense, Robert Lighthizer.

"No implementaremos el aumento de los aranceles" que iba a entrar en vigor el próximo martes, confirmó el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin. Trump también aseguró que había hablado con Liu sobre las manifestaciones en Hong Kong, pero que cree que ese tema acabará resolviéndose solo.

11/10/2019 22:22 Actualizado: 11/10/2019 23:01

Publicado enInternacional
El inversionista George Soros intenta boicotear un acuerdo de Trump con China.Foto Afp

George Soros, a sus 89 años de edad, intenta torpedear el inminente acuerdo de Trump con China, que ha sido facilitado por la defenestración del ex asesor de Seguridad (sic) Nacional, John Bolton, quien deseaba librar siete guerras en el mundo contra Rusia (sic), China, Norcorea, Irán, Siria, Afganistán y Venezuela (https://bit.ly/2kb1QCh).

Con el fin de apanicar a los inversionistas de Wall Street, Soros pregunta en forma móbida si Trump venderá a EU (¡mega sic!) por Huawei (https://on.wsj.com/2lOgNum).

Empieza alabando a Trump, antes de golpearlo sin misericordia: “El mayor –y quizá el único (sic)– logro de política exterior de Trump ha sido desarrollar una política coherente (sic) y genuinamente bipartidista frente a la China de Xi Jinping” por declarar a Pekín como rival estratégico y colocar a Huawei como amenaza a la seguridad nacional, lo cual previene a las empresas de EU de hacer negocios con Huawei.

Soros, vulgar agente de la CIA y espantapájaros de los esclavistas banqueros Rothschild –como varios investigadores del más alto nivel han evidenciado–, maneja el muy aburrido ¡Ahí viene el lobo! contra China y que usó durante una generación contra la URSS/Rusia:

China es un rival peligroso (sic) en Inteligencia Artificial y en las máquinas de aprendizaje, pero todavía depende de casi 30 empresas de EU que abastecen a Huawei con los principales componentes que necesita para competir en el mercado del 5G.

Mientras Huawei permanezca en la lista negra de EU, carecerá de la tecnología crucial y será seriamente debilitada. Pero el misántropo mega especulador con máscara de travesti filántropo, teme que Trump pueda pronto socavar su propia política frente a China y ceder su ventaja a Pekín.

Basa su prejuicio en que Trump removerá las restricciones a Huawei: desea arreglar una reunión con el presidente Xi Jinping conforme se acerca la elección de 2020 y realizar un trato comercial con él y desea que el estatuto de Huawei se encuentre en la mesa de negociaciones como una de sus piezas de regateo.

Soros fustiga que no es la primera vez que Trump opera una mal concebida concesión a China cuando levantó las restricciones a ZTE, otra empresa china de telecomunicaciones de menor calibre que Huawei: Trump “parece desesperado (sic) para un arreglo con el presidente Xi con el fin de impulsar el mercado de valores y la economía y así mejorar su oportunidad de relegirse –colocando sus intereses electorales antes que los intereses de EU”.

Más bien parece que lo que no desea el grupo globalista de Soros es que Trump se relija.

¿De cuando acá les ha interesado a los globalistas los intereses de EU, donde 99 por ciento de la población ha sido excluida de su modelo plutocrático?

Soros apela, otra vez con el petate del muerto, al Congreso para prevenir las tentativas de Trump y alucina que Trump sacará de apuros al gigante de las telecomunicaciones manejado por el Partido Comunista chino (Huawei).

Soros concluye con una frase apta para oligofrénicos: mi interés (sic) en derrotar a la China de Xi Jinping va más allá de los intereses nacionales de EU. ¿Por fin?

¿Y a poco un no-arreglo de Trump y Xi no afectan al mundo?

Soros se equivoca de apuesta bursátil y expone el verdadero motivo visible de su eterna aversión a China: el sistema crediticio social (¡mega sic!) que está construyendo Pekín, si se permite (sic) su expansión, sonará la señal de muerte para las sociedades abiertas (sic) en China y el mundo (sic) ya que los “déspotas estarán ansiosos en comprar el know-how de las empresas chinas, siendo política y financieramente (sic) dependientes de China y así expandir los sistemas de control político (sic) de China en el mundo”.

El portal Sputnik juzga que Soros promueve la guerra comercial entre EU y China (https://bit.ly/2miI9t3= y, en su versión en inglés, comenta que Soros ha gastado una fortuna para apoyar a los opositores de Trump, además de haber financiado el mendaz documento Steele para descarrilar la relación de EU con Rusia (https://bit.ly/2kiCrXv).

www.alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: AlfredoJalife

Publicado enInternacional
Miércoles, 11 Septiembre 2019 06:08

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

La guerra del gobierno Trump contra China (que empezó contra la multinacional Huawei) ha ocupado las portadas de los medios de comunicación en todo el mundo, hecho explicable por implicar a las dos mayores potencias comerciales del mundo y por afectar (como daño colateral) al mayor tótem del siglo XXI, como es la telefonía móvil, sin la cual se multiplicaría el número de desamparados, que encuentran en su teléfono la comprensión y el amor que ya no saben hallar fuera de emoticones y pantallas. Que el conflicto chino-yanqui haga timbrar al mundo no debe hacer olvidar un hecho más importante, que, en estos pagos, recibe nula atención: la feroz carrera armamentista que mantienen EEUU, China y Rusia, respecto de la cual lo comercial y Huawei -por más que inflen su importancia- no es sino un primer ‘round’ de una pelea a muchos rounds.

El común de los mortales vive de espaldas a la historia y a golpe de amarillismo, de manera que rara vez dispone de herramientas básicas para analizar casos como el presente. Uno de ellos se refiere a un hecho que ha ocurrido (y seguirá ocurriendo) en todos los tiempos y civilizaciones: cuando surge una nueva potencia -o resurge una que lo fue- la potencia reclama un sitio en el mundo proporcional a su poder y quiere -también- a sus adversarios fuera de sus áreas estratégicas. Tan viejo como el mundo, como narró Tucídides, hace 2400 años, en su Historia de la guerra del Peloponeso.

Un episodio ilustra esta realidad. Italia y Alemania se constituyeron como Estados unitarios en 1860 y 1871, respectivamente, es decir, tres siglos después del inicio de la era del imperialismo europeo. Llegaron tarde al reparto colonial, pero, como nuevos grandes Estados, reclamaron una parte del botín. En 1885, por iniciativa alemana, se celebró la Conferencia de Berlín para el reparto de África, de la que Alemania obtuvo un relevante número de colonias e Italia su porción, aunque nada comparables con las británicas y francesas. Al final, como es sabido, las contradicciones imperialistas terminaron estallando en la I Gran Guerra Europea moderna (Europa ha vivido en guerra desde los neandertales), mal llamada I Guerra Mundial. Esta guerra recordó otra antigua realidad: ningún imperio cede voluntariamente su poder. Se le arranca por la fuerza. Alejandro lo hizo con Darío. Roma con Cartago. EEUU con España.

Situémonos ahora en 2019. Un antiguo imperio, China, hasta hace ochenta años dominado, expoliado y explotado por potencias extranjeras, ha resurgido como ave fénix y reclama su lugar en el mundo. Otro viejo imperio, Rusia, renacido después del suicidio y desmembramiento de la superpotencia soviética, reclama también un solio macizo en la sociedad internacional. Frente a ellos EEUU, un imperio mundial joven (su poder inicial surgió de la IGM y su poder mundial de la IIGM), pretende que las renacidas nuevas potencias acepten el orden que instituyó sin disparar, prácticamente, un tiro y sin tener que hacer mayores sacrificios. Al contrario, EEUU pudo hacerse imperio merced a que las potencias europeas se mataron entre ellas, dejándole el campo abierto y, además, enriqueciéndolo hasta lo obsceno gracias a las dos guerras (John Kenneth Galbraith afirmó que la IGM había sido una bendición para EEUU).

El panorama actual, para Washington, es un tablero de ajedrez. A diferencia del mundo bipolar, donde cada superpotencia tenía definidas sus áreas de dominación estratégicas, el mundo hoy es multipolar y complejo y, por vez primera en la historia, auténticamente global. No hay colonias obedientes (salvo la UE, paradojas de la historia) y EEUU enfrenta, no sólo a dos potencias equivalentes, sino -esto es lo peor- aliadas, y de una magnitud abrumadora en territorio, población y recursos. La suma de China y Rusia-Rusia y China hace un poder que supera con creces al estadounidense, por más que se afane Washington en hacer creer lo contrario. El territorio de la alianza euro-asiática se extiende del mar de Barents al Mar de la China Meridional; del Báltico al Golfo Pérsico; del mar Mediterráneo y el Negro al Índico. Es decir, abarca la casi totalidad de Eurasia, con diferencia el continente más importante del mundo. Son, además, aliados contiguos, de forma que su interacción es fácil, intensa y… barata. Como recordó hace poco el periodista Michael Hudson, “Los Neocons nombrados por Trump están logrando lo que parecía impensable no hace mucho tiempo: juntar a China y Rusia -la gran pesadilla de Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski” (corrección: la alianza antecede Trump, aunque Donald ha hecho méritos notables para robustecerla).

EEUU, por el contrario, es un país aislado. Un Estado-isla en un continente-isla, separado del resto del mundo por los dos mayores océanos. Sus aliados están lejos y, más grave aún, están dispersos y solos. Japón es otro Estado-isla, separado del continente y sin aliados próximos (excluyo a Corea del Sur, primer candidato a abandonar el barco estadounidense, Taiwán duraría un suspiro). Europa es una península sin acceso directo a la mole euroasiática y sin recursos energéticos suficientes. Arabia Saudita es una península medieval rodeada de pocos amigos y con un ejército archi-armado pero incompetente (en Yemen acumulan sólo crímenes atroces). Mantener unidos todos esos fragmentos obliga, a EEUU, a gastos astronómicos, lo que deja, como daño colateral, un déficit público galáctico y ruinoso.

Esta realidad ha provocado, en EEUU, una proliferación de estudios y análisis sobre cómo enfrentar la alianza sino-rusa, como no se veía desde los años duros de la guerra fría. El último documento apareció en diciembre de 2018 (National Security / Long-Range Emerging Threats Facing the United States As Identified by Federal Agencies, Seguridad Nacional / Amenazas emergentes de largo alcance que enfrenta Estados Unidos según lo identificado por las agencias federales). Este informe expresa: “Estados Unidos enfrenta una compleja serie de amenazas a nuestra seguridad nacional, incluidos nuestro sistema político, económico, militar y social. Estas amenazas continuarán evolucionando a medida que se desarrollen los adversarios políticos y militares, a medida que avanzan los sistemas de armas y la tecnología, y con los cambios demográficos y ambientales”. Esta afirmación se ha convertido en estribillo en esa clase de informes, que repiten que EEUU afronta la mayor amenaza a su hegemonía, algo cierto, pues nunca EEUU había encontrado rivales de tal magnitud. La retirada de EEUU de los acuerdos de control de armas no es una ‘trumpada’, sino respuesta al miedo creciente a China, país no firmante de esos tratados, y su alianza con Rusia. Por ese mismo motivo, EEUU aumentará sus presiones sobre Europa y Latinoamérica, buscando crear un frente euro-americano frente a las potencias euro-asiáticas (otra cosa será que lo consiga o a qué nivel pueda conseguirlo).

El mundo de la guerra fría era un mundo de fronteras definidas, con conflictos en áreas periféricas -Vietnam, Angola, etc.- que no afectaban el equilibrio estratégico esencial entre las superpotencias. En el mundo actual hay pocas fronteras claras y demasiadas en disputa. Disputas geopolíticas, económicas, comerciales, científico-técnicas. Con cada vez más abundantes zonas grises y algunas absolutamente calientes. América del Sur está siendo convertida en una inmensa zona gris, con Rusia y China erosionando cuanto pueden la antigua hegemonía de EEUU, con Venezuela en el epicentro. Ucrania es -tómenlo en serio los europeos- un limes al que Rusia no renunciará (pregunten si EEUU aceptarían misiles rusos y chinos en México o Canadá). Irán, país milenario, quiere su propio espacio y es aliado esencial para China y Rusia (de ahí la obsesión de EEUU por derrocar a la república islámica). Siria, país referencia del de retorno de Rusia a Oriente Próximo, es territorio cardinal para la proyección del poder ruso en el Mediterráneo. India quiere ser potencia regional y, en alianza con Rusia, mantener el equilibrio en el Índico, establecer un status quo con China y, con China, desenredar el laberinto paquistaní. EEUU lleva una década queriendo enredar a India contra China e India le responde que los cipayos son historia y que ellos tienen sus propias aspiraciones. Por si alguna tenía dudas, a inicios de septiembre de este 2019, India firmó contratos por 14.500 millones de dólares para adquirir armamentos rusos, entre ellos sistemas S-400.

Recordemos, ahora, el primer juego de tronos, llamado en el siglo XIX “el gran juego”. Fue la disputa a cara de perro entre los imperios ruso y británico por el dominio de Asia Central. Gran Bretaña, la mayor potencia marítima de entonces, quería forjar un muro en torno a la India -su “joya de la corona”- y Rusia, la mayor potencia terrestre, expandir sus dominios sobre la vastedad centroasiática. “El gran juego” inspiraría a Halford Mackinder, el más importante geopolítico británico, a elaborar su teoría sobre la rivalidad entre la potencia marítima (Gran Bretaña) y la potencia terrestre (Rusia), que, desde hace casi un siglo, inspira a EEUU, potencia marítima heredera de la británica.

Porque EEUU es eso: una potencia marítima, separada del resto de continentes por el Atlántico y el Pacífico. Ser un Estado-isla de un continente-isla permitió a EEUU ser superpotencia y dominar casi todos los mares y océanos, teniendo como modelo a su antecesora británica. No obstante, el poder naval británico pudo ser lo que fue porque no había armas que contrarrestaran el poder de su flota. Sus naos podían aparecer de repente en cualquier sitio, sin dar tiempo a organizar la defensa, de forma que, en días o semanas, la flota británica podía tomar Shanghái, Mallorca o Bengala. Hoy, eso, es, simplemente, imposible. Satélites espías monitorean minuto a minuto cada buque de guerra, cada portaaviones, haciendo un disparate pensar en bloqueos y, menos aún, en ataques sorpresa desde el mar (o desde tierra). El acelerado e imparable desarrollo de misiles -como los hipersónicos rusos, que alcanzan velocidades superiores hasta doce veces la del sonido- convierten a los buques en armatostes fáciles de hundir

Un think tank británico fue el primero en advertir esta realidad, luego confirmada en un informe estadounidense, que reconoce que EEUU carece de medios contra los misiles hipersónicos rusos. China desarrolló, hace años, un sistema para hundir portaaviones por saturación, es decir, si una flota con portaaviones tiene, digamos, 800 misiles, el sistema chino dispararía mil o 1.500 misiles. Se perderían 800, pero el resto haría blanco. Las guerras comerciales, o el Huawei 5G no es el punto G de la economía mundial. Estamos, apenas, ante refriegas de lo que se viene. Y lo que se viene es grueso, muy grueso. Algo así como un nuevo tiempo, una nueva era, dominada por potencias asiáticas. Pudo ser de otra manera, si la UE/OTAN, en vez de pretender destruir Rusia, la hubiera hecho aliada, Ahora es demasiado tarde. La alianza ruso-china -como antes Alejandro, Napoleón o los británicos- marcará las pautas y se hará más fuerte. India está estableciendo su área e Irán la suya. ¿Y la UE? Bien, gracias, alineadita con EEUU, esperando las ostias del cielo, que no serán de pan ácimo ni harina de trigo.

Por Augusto Zamora R.

Autor de ‘Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos’ (2016, 3ª edición 2018) y de’ Réquiem polifónico por Occidente’ (2018), Akal.

Publicado enInternacional
Macron proclama el "fin de la hegemonía de Occidente" y la reconciliación con Rusia

Según Le Monde, “después del éxito ( sic) del G-7 Macron sacudió a los diplomáticos (http://bit.ly/2MPxxOs)”.

No existió tal "éxito" cuando Macron se lució tres días antes de la cumbre del G-7 en Biarritz, al recibir en Brégançon a su homólogo ruso Vlady Putin, con quien acordó, más allá de la fachada de Ucrania, reconciliarse y lubricar la reincorporación de Rusia al formato del G-8, a petición expresa de Trump (http://bit.ly/2NM1AWL). Otro lucimiento de Macron fue su coup de théâtre persa: la recepción del canciller Javad Zarif en Biarritz, al margen del G-7.

En el seno del disfuncional G-7 no se resolvió nada. Ni siquiera la apremiante contribución al megaincendio del Amazonas. Quizá ayudó a lubricar la voltereta de Trump, para no perder la compostura, sobre la reanudación de las negociaciones de su guerra comercial contra China.

Macron lució enormidades un día después del G-7 –con su discurso que (en)marca el canto de cisne de Occidente– ante 200 diplomáticos (http://bit.ly/2NJC8kG): ¡un genial diagnóstico del zeitgeist geoestratégico! En un clásico estilo neo-gaullista, Macron definió el papel de Francia como una "potencia de equilibrio".

Le Monde recupera la "opción estratégica" de Macron: "evitar el desvanecimiento de Europa frente a la prominencia de China y EU", que pasa necesariamente por la reconciliación de la Unión Europea "con su vecino ruso" cuando hoy "Europa es el teatro de una lucha estratégica entre EU y Rusia" que tendrá "consecuencias de la guerra fría" en el suelo de Europa que corre el riesgo de desaparecer.

Macron abogó por una "estrategia de la audacia" con el fin de “colocar al hombre ( sic) en el centro de la civilización europea desde el Renacimiento” –tesis añeja de Bajo la Lupa.Diagnostica "el fin de la hegemonía occidental" y apela a “una transformación ( sic) y a una recomposición geopolítica y estratégica”.

Las "cosas cambiaron": feneció "el orden internacional de la hegemonía occidental desde el siglo XVIII": que fue primero francés con el siglo de la Ilustración; luego británico en el siglo XIX con la Revolución Industrial; y estadunidense en el siglo XX "gracias a dos grandes conflictos y a su dominación económica y política".

Hoy el mundo vive la multipolaridad con "la emergencia de nuevas potencias" cuyo "impacto ha sido subestimado". Coloca a China en primer lugar, luego a la "estrategia rusa" que ha sido muy "exitosa", además del resurgimiento de India.

Las tres superpotencias emergentes "se piensan como verdaderos Estados civilizatorios" que son muy atractivos por la inspiración que emanan: "India, Rusia y China poseen una inspiración política mucho más poderosa que la europea". Y eso que Macron no abordó la portentosa Ruta de la Seda de China que asocia a Rusia en su trayecto y a Europa como su terminal geoeconómica.

Reconoce que la “economía de mercado se financiarizó profundamente”, lo cual desembocó en un "capitalismo de acumulación" sin una clase media que constituía "el pedestal de la democracia" y alteró el orden político. Fustiga con justa razón a EU que “se encuentra en el campo occidental, pero que no comporta el mismo humanismo ( sic)”, a diferencia de la “sensibilidad ( sic)” de los europeos.

Luego de alardear que Francia representa hoy el "primer ejército europeo", amén de constituir una "superpotencia diplomática", advierte que "empujar a Rusia lejos de Europa es un profundo error estratégico", ya que el aislamiento de Moscú "incrementa las tensiones" y lo empuja a "aliarse con otras superpotencias cono China", lo cual no es del interés de Europa.

Lanza su seducción a Rusia, a quien invita a formar parte de su entorno civilizatorio europeo, en lugar de "ser el aliado minoritario de China". ¿Rusia como primum inter pares en Europa?

El supremo geoestratega que resultó ser el zar Vlady Putin es hoy motivo de la seducción simultánea de China, Trump y ahora de Francia/Europa. Sobra recalcar que quien lleva la mano de la definición geoestratégica euroasiática y global es Rusia, en la fase de su parusía con el zar Vlady Putin.

http://alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Trump y Johnson en Biarritz durante el G7. Foto: The White House

Boris Johnson ya recibió una oferta de Donald Trump en la cumbre del G7 para un acuerdo de libre comercio cuando se produjese el Brexit. Ahora la suspensión del Parlamento y un posible ‘Brexit duro’ allana el camino para ello.

 

La máquina se ha puesto en marcha. Reino Unido se encarrila ya hacia un Brexit duro tras la aceptación de la suspensión del Parlamento hasta el 14 de octubre por parte de la reina de Inglaterra. Tan solo un mes después de haber sido nombrado primer ministro, Boris Johnson ya ha tomado su primera gran decisión que concierne al Brexit. Su estrategia de suspender la Cámara de los Comunes llevaría a Reino Unido a tener muy difícil refrendar algún acuerdo con la Unión Europea, para lo que necesita que su Parlamento lo apoye. Tendría solo tres días de margen hasta la reunión de los líderes de la Unión Europea con la Comisión Europea, que es el 17 de octubre. Y después un tiempo muy ajustado (hasta el 31 de octubre) para leer el acuerdo, hacer enmiendas, debatirlo y votarlo. 

Esto significa que hay muy poco margen para que se debata, se planteen enmiendas y se apruebe un acuerdo con la Unión Europea. Johnson ha declarado que su intención no es la de evitar un acuerdo con la UE y que “el Parlamento se deberá reunir antes y después del 17 de octubre. Tendremos tiempo de sobra para poder votar un acuerdo si este se produjese”, declaró.

Sin embargo también tiene a su partido dividido. El parlamentario conservador Dominic Grieve declaró, al conocer la noticia, que el cierre del Parlamento sería “un atropello a la democracia”. Grieve cree que “somos muchos los conservadores que pensamos que un Brexit sin acuerdo sería realmente catastrófico para el país y el futuro”.

Su principal opositor en la Cámara y líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, también piensa que este cierre es “un atropello constitucional” y ha recalcado el hecho de que Boris Johnson no fuese elegido en las urnas, sino a través de su partido ante la renuncia de Theresa May. Corbyn le ha acusado de “caer en los brazos de Donald Trump con una determinación que no he visto nunca” y le ha exigido que “rinda cuentas ante el Parlamento, no que lo cierre”. Por su parte, Donald Trump ha mostrado públicamente su apoyo a Boris Johnson, recriminando a Corbyn que no dé un voto de confianza a Johnson, “quien —dijo— es exactamente lo que Reino Unido estaba buscando”.

La senda que transita Boris Johnson se acerca cada vez más al libre comercio a través de la figura de Donald Trump, quien ya le ofreció un acuerdo bilateral de estas características entre ambos países el pasado fin de semana en la cumbre del G7. Es previsiblemente lo que hará Reino Unido al salir de la Unión Europea, que intentará negociar con él de forma exprés los términos de salida en cuestiones como el Mercado Común Europeo. Tampoco es descartable que, sin acuerdo, se apruebe otro tratado de libre comercio entre la UE y Johnson, ya que el primer país al que Reino Unido exporta es Estados Unidos, pero el segundo es Alemania.

El economista Sergi Cutillas no está de acuerdo con el hecho de que se cierre el Parlamento, pero piensa que “en realidad lo que está haciendo Johnson es forzar a la Unión Europea. Es verdad que es una ofensiva, pero la UE no tiene piedad. Así hizo con Grecia”. Él cree que en el Partido Laborista deberían intentar que se produjese un Brexit desde una postura izquierdista y social, cosa con la que Jeremy Corbyn, líder de los laboristas, no está de acuerdo porque aboga por permanecer en la Unión Europea. “Todo el mundo que negocia con la UE buscando comprensión se la pega. Para negociar debe haber una amenaza creíble, es lo único a lo que responde la UE”, declara. Y añade que “cerrar el parlamento no es una solución porque había otras formas de negociar”.

Las voces críticas convocaron varias manifestaciones por todo Reino Unido, alentadas, entre otros, por el periodista Owen Jones. Jones declaró: “¿Qué clase de país seríamos si permitimos a un presidente no elegido en las urnas cerrar un Parlamento para no escuchar lo que tiene que decir?” y lo denominó “golpe de Estado encubierto que deja en suspenso la democracia”.

Ahora Johnson intenta convencer al mundo de que este cierre es lo mejor que se puede hacer para planear una agenda propia que garantice un Brexit en las condiciones más ventajosas para Reino Unido. Será una tarea muy complicada. Se oyen voces sindicales que ya claman por una huelga general.

@Laura_cruzd


publicado

2019-08-29 06:58

Publicado enInternacional
Domingo, 18 Agosto 2019 05:58

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

Hace un mes, el general Mark A. Milley afirmó que China será el principal rival de Estados Unidos para ‎los próximos 50-100 años. Lo hizo ante el Comité de Servicios Armados del Senado por ser el candidato de Trump como ‎próximo jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el oficial militar de mayor rango de las Fuerzas Armadas y principal asesor militar del Presidente. Milley fue cuidadoso en definir a China no como ‘enemigo’ sino como ‘competidor’, porque “el término ‘enemigo’ significa ‘estar en guerra’ y “queremos paz, no guerra, con China”. Concluyó afirmando que “algún historiador en 2119 va a mirar hacia atrás en este siglo y escribir un libro y el tema central de la historia será la relación entre Estados Unidos y China”.

Sin embargo, calificar de ‘rival’ puede no ser suficiente para evitar romper la paz si continúa agravándose la guerra comercial entre ambos. Si en lugar de avanzar 100 años a 2119 se retrocediera un siglo, las palabras vertidas por el entonces Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, el 5 de septiembre de 1919, al fin de la Primera Guerra Mundial, podrían servir de guía para las posibles consecuencias de una guerra comercial intensificada:

“Si cada nación va a ser nuestro rival (…) si decimos: ‘[E]stamos en este mundo para vivir solos y obtener lo que podamos de él a través de cualquier manera egoísta’ (…) ¿qué habremos obtenido? ¿Paz? Pero, mis conciudadanos, ¿hay algún hombre aquí o alguna mujer, déjenme decir hasta hay algún niño aquí, que no sabe que la semilla de la guerra en el mundo moderno es la rivalidad industrial y comercial?”

Wilson batallaba para que su país apoyara su proyecto de Liga de las Naciones que consideraba traería paz al mundo en base a su perspectiva liberal. No sería el caso; el Senado se lo negaría. No obstante, después de la segunda guerra mundial cobraría existencia como Naciones Unidas. Sería el inicio de lo que se entiende que fue la propuesta del Orden Liberal que EE.UU. ofrecería al mundo en contraposición al proyecto soviético. La caída de la URSS en 1991 marcaría el triunfo y la consagración del modelo liberal. Pero EE.UU. continuó procurando ‘rival-enemigo’: “la desaparición de la Unión Soviética dejó un gran agujero. La ‘guerra contra el terror’ fue un reemplazo inadecuado. Pero China cumple todos los requisitos” sostuvo, el 4 de junio pasado Martin Wolf, en su artículo “El inminente conflicto de 100 años entre Estados Unidos y China” en el Financial Times.

En estos momentos es su actual presidente Donald Trump el que es percibido como quien más está desmantelando ese orden liberal que hace tres décadas festejara su triunfo. Contra el alerta de Wilson, Trump procura reformar el mundo atropellando cualquier obstáculo a su egoísta cruzada cuyo único contenido es “América Primero”. Mientras la visibilidad mayor a la oposición a esta pretensión es el conflicto económico-comercial con China, el trasfondo geopolítico más profundo contiene también a Rusia como rival del país norteamericano.

Recientemente The Economist destacó que China y Rusia vienen profundizando lazos en su rivalidad en común contra EE.UU. El presente encuentro de estas dos naciones cuya rivalidad entre sí resultó clave para el fin de la Unión Soviética, luego de que Richard Nixon y Mao retomaron relaciones en 1971, es producto de lo que entiende Peter Conradi, entre varios autores, es el surgimiento de una nueva Guerra Fría. Por eso afirma: “Así como Estados Unidos se convulsionó con la pregunta de ‘¿Quién perdió a China?’ después de la victoria del presidente Mao sobre los nacionalistas en 1949, ahora debemos preguntarnos: ‘¿Quién perdió a Rusia?’”.

The Economist afirma que “hay diferencias cruciales entre el resentimiento de hoy y el combate mortal del pasado. Una es que la guerra fría fue una lucha sobre cuál modelo representaba el futuro para el mundo. La confrontación de hoy rechaza la idea de cualquier futuro singular. Rusia y China justifican su autoritarismo en base de la diferencia civilizatoria. No afirman que sus valores son universales; no aceptan los valores occidentales como tales”. Efectivamente, China y Rusia no sostienen que sus civilizaciones son portadoras de valores universales de la humanidad, sino solamente propios. Pero bajo esta postura, cuestionan que los valores de la civilización occidental lo sean. Así, en sus visiones, la calificación de The Economist de denominar sus sociedades de ‘autoritarias’ constituye un acto hipócrita occidental para imponerse sobre ellos. Por ejemplo, luego de la última matanza provocada por quien se identificó como parte de la supremacía blanca, China Radio International afirmó:

“Estados Unidos ha utilizado durante mucho tiempo los derechos humanos como un medio de presionar a otros países. Siempre que no esté satisfecho con algún país, publicará un informe de derechos humanos de ese país. Sin embargo, debe reflexionar sobre su propia situación de derechos humanos antes de criticar a otros países. Para muchos estadounidenses no blancos, el ‘sueño americano’ es en realidad una ‘pesadilla estadounidense’, ya que la supremacía blanca y la incitación al odio se han vuelto tan rampantes en el país”.

Por su parte, en abril, Russia Today objetó a Time su nota “El otro complot de Rusia” afirmando que “aparentemente trata sobre la construcción que hace Rusia de un ‘imperio de estados amorales’ en todo el mundo, pero en verdad esta común diatriba es en realidad una propaganda audaz para la política exterior de Estados Unidos y sus guerras para cambiar regímenes”. Más recientemente, denunció a la prensa occidental por su xenofobia, mencionando un “artículo reciente del New York Times que afirmaba que la corrupción está en el ‘ADN’ ruso y que compartir ‘no es la forma rusa’. Antes de eso, estaba James Clapper, ex Director de Inteligencia Nacional de EE. UU., diciéndole a NBC que los rusos están ‘impulsados genéticamente’ para mentir y engañar”.

La cuestión de ‘haber perdido Rusia’ hace referencia a que, tras la URSS, Boris Yeltsin inició un enamoramiento con Occidente liderado por su Canciller Andrey Kozyrev. Rusia pasó a adoptar instituciones occidentales y recomendaciones del FMI y de EE.UU. para convertirse en una ‘economía de mercado’. Pero también pensaba que sería incluida en sus pactos internacionales, como OTAN y la Unión Europea. Habiendo experimentado sucesivos rechazos, el mismo Kozyrev anunciaría el fin de la luna-de-miel con occidente. Tras la crisis de 1998, su sucesor Andrei Primakov, retoma una visión geopolítica en la política externa y anuncia el interés de acercarse a China e India. Para ese año, en el que entra políticamente en escena Vladimir Putin, el PBI ruso se había reducido al 71% del de 1992. Su tasa de mortalidad se disparó y redujo su población en 6 millones de personas en 10 años, la mitad debajo de la línea de pobreza. Rusia pasó a considerar que, más allá de sus deseos, occidente no tenía interés en incorporarla, y asumió una postura anti-occidental. La expansión de la Unión Europea y de la OTAN, incorporando países que eran de la Unión Soviética mientras se la excluía, pasó a ser entendido como un plan occidental de asfixiarla.

Para The Economist, la fortaleza de la alianza sino-ruso es puesta en duda por causa de los históricos deseos rusos, iniciados por Pedro ‘El Grande’ en el siglo XVII, en pertenecer al mundo occidental, a diferencia de China. Queda, así, en observar el ímpetu de esta identificación no-occidental entre ambos. Principalmente porque, como la publicación destaca, existe una gran diferencia de poder económico en favor de China. Además, el proyecto chino de la ‘Nueva Ruta de la Seda’ extiende su zona de influencia sobre Asia central que The Economist denomina ‘tradicional patio trasero ruso’.

Por eso apuesta a que ese carácter subalterno, ‘socio junior’, tarde o temprano empujará otra vez a Rusia a mirar hacia el oeste. En ese momento afirma que quien sea presidente de Estados Unidos deberá emular lo que hizo Nixon en 1971, cuando retomó las relaciones con Mao, quebradas desde su Revolución Comunista en 1949, y viajó a Pekín, dando un golpe fundamental a la URSS. En este caso, dice The Economist, el presidente de EE.UU. debería viajar a Moscú...

Sería la repetición de una jugada geopolítica que fue triunfal pero que en nada estuvo relacionada con valores liberales civilizatorios. No obstante, sí sería un paso lógico de parte quien está viendo cada vez más, no como rival, sino como ‘enemigo’ a China dentro del comercio liberal en la opinión de Wolf. Por eso concluye: “La ideología de China no es una amenaza para la democracia liberal como lo fue la Unión Soviética. Los demagogos de derecha son mucho más peligrosos”.

Por Andrés Ferrari Haines, profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil. @Argentreotros

Publicado enInternacional
 Un misil 9M729, en una base militar rusa cerca de Moscú el 23 de enero de este año. Pavel Golovkin AP

Lo firmaron Reagan y Gorbachov, eliminó tres mil bombas atómicas y controló tensiones en Europa. Ahora Trump lo desconoció.

  

Hace 32 años, Ronald Reagan y Mijail Gorbachov firmaron un tratado muy específico de desarme, el que eliminaba los misiles de alcance medio con cabezas nucleares. A partir de ese momento, Estados Unidos y la Unión Soviética iban a destruir casi tres mil cohetes con alcances entre 500 y 5500 kilómetros, o sea todo lo que no fuera táctico o intercontinental, y se comprometían a no producir ni desplegar más. El tratado era importante porque ya había arrancado una segunda carrera armamentística en Europa, con Moscú situando este tipo de misiles en los países del Pacto de Varsovia y Washington equipando a la OTAN con el Pershing. Su eliminación bajaba la tensión y reducía la cantidad de armas atómicas apuntadas a capitales europeas.

El gobierno de Donald Trump dio formalmente por muerto a este tratado ayer por la mañana, después de anunciar largamente que se iba a salir por un supuesto incumplimiento ruso. Para EE.UU., el nuevo misil de crucero ruso 9M729 es de alcance intermedio y resulta una grave violación del tratado. "Rusia es la única responsable de la muerte del tratado", definió tajante el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo. Moscú contestó que ya en febrero habían denunciado a Estados Unidos como la parte que andaba buscando una excusa para salirse del convenio. Según varias fuentes rusas cercanas al gobierno, Trump quiere desarrollar una nueva familia de misiles para atacar objetivos como Irán.

La OTAN cerró filas tras Washington, y no sólo acusó a Rusia por el fin del tratado sino que prometió responder "de manera medida y responsable al significativo riesgo que el misil ruso 9M729 constituye para la seguridad de la Alianza" atlántica de 29 países. Con el INF muerto, Estados Unidos es libre de desarrollar armas hasta ahora prohibidas, y el Pentágono ya ha pedido al Congreso que apruebe para 2020 un presupuesto de 10 millones de dólares destinado a esto precisamente. CNN explicó que uno de esos misiles ya está en la etapa de ensayo y va a ser disparado por primera vez en cosa de semanas. Varios líderes europeos, sin embargo, lamentaron el fin del tratado.

La importancia de fondo del fin del tratado de Misiles Intermedios es que estos son el instrumento de ataque en una guerra nuclear limitada. Los misiles de largo alcance, los estratégicos, con base en submarinos, aviones y cohetes de largo alcance, son para una guerra total, de destrucción asegurada. Los misiles de carga nuclear de menos de 500 kilómetros son de uso táctico, en frentes de combate y para destruir formaciones de batalla o posiciones fuertes. Los intermedios se pensaron para atacar la retaguardia del enemigo en un contexto de guerra convencional, vaporizando sus ciudades o puntos de concentración militar. Por supuesto, también hacen el trabajo en una guerra puramente atómica, atacando los blancos más cercanos.

El temor ahora es que el final de este pacto bilateral sea  un indicio sobre qué va a pasar en 2021, cuando venza el Nuevo START, el último tratado sobre armas nucleares que queda entre las dos mayores potencias mundiales. Este tratado le pone un techo a la cantidad de armas estratégicas que puede poseer cada parte y fue fruto de los muchos sustos de la guerra fría, cuando los arsenales se medían con una vara siniestra: cuántas veces podía cada bando exterminar la vida en el planeta. Hubo un momento en que Estados Unidos tenía la ventaja porque podía destruir toda forma de vida terrestre tres veces, y la URSS apenas llegaba  a dos. Para frenar esta locura, en 1972 se firmó el primer START, renovado varias veces después de la caída del muro, la última vez bajo Barack Obama. Trump ya dijo que este tratado fue "otra mala idea", pero no se sabe si lo dice en serio o simplemente porque lo firmó Obama. 

Publicado enInternacional
¿Quién va ganando la guerra comercial entre EU y China? // Boris Johnson coquetea con la Ruta de la Seda // Uno espera, el otro desespera

En México se suele estar abrumado por los multimedia de Estados Unidos/Gran Bretaña y sus sucursales locales, y no se toma en cuenta dialécticamente la antítesis de la contraparte afectada, como es el caso flagrante de China en la guerra comercial que inició Trump.

 

Si uno se basa en los tuits de Trump, pues prácticamente China estaría liquidada en forma absurda, lo cual atenta contra la realidad.

 

Trump es un excelente propagandista como se entrenó 13 años en su programa de reality show The Apprentice (https://imdb.to/2K3Pjtn), además de ser un consagrado blufista de póquer, lo aprendió en sus casinos o con su socio israelí Sheldon Adelson, mandamás de Las Vegas y Macao.

 

Sucede que hay categorías entre los 193 países de la ONU, cuando unos, como vulgares naciones bananeras sucumben al primer amago de amenazas de Trump, y otros, como las superpotencias, Rusia y China –incluso India– lo paran en seco.

 

En estos momentos Norcorea e Irán –y hasta la Unión Europea– han descubierto los alcances de los blufs de Trump, que pueden ser muy letales cuando los países afectados carecen de anticuerpos, ya no se diga de un sistema inmunológico ni de resiliencia ni carácter.

 

El punto de vista de China sobre la guerra comercial que libra EU es diametralmente opuesto a la propaganda electorera de Trump.

 

Yu Jincui, del Global Times, alega que “EU está más ansioso para un arreglo que China (https://bit.ly/2LFv5t2)”.

 

La guerra comercial de Trump, que ha durado un año, ha afectado a importantes segmentos de la economía de EU –aunque no la bolsa de Wall Street, donde la inminente disminución de las tasas de interés puede servir a Trump para su anhelada relección, entre otros factores–, como el área rural que ha periclitado, además del sector ya de por sí alicaído de la manufactura que se encuentra al borde de la recesión cuando la deuda de EU está a punto de alcanzar su récord.

 

En síntesis, a juicio de Yu, los consumidores, los granjeros y los manufactureros son todos víctimas, por lo que Trump confronta una presión creciente para finiquitar su guerra comercial contra China, en rechazo a la cual se han expresado públicamente sus Cámaras de Comercio.

 

Pese a que Trump se ha autoelogiado como el Rey de las Tarifas (en)marcadas con su frase indeleble las guerras comerciales son buenas(sic) y fáciles(sic) de ganar –relativizando el grado de codependencia del país afectado–, los tuits del presidente no han (con)movido a China, a pesar de que en la histórica cumbre del G-20 en Osaka, en la reunión bilateral al margen entre Trump y el mandarín Xi acordaron una tregua, donde el mandatario de EU ni siquiera pudo sacar la firma de Beijing para la necesitada compra de sus productos rurales, sino vagas promesas no-vinculantes, cuando China busca la exoneración de Huawei, una de sus joyas tecnológicas, y guarda en el bolsillo dos armas letales: la prohibición y/o el incremento de las tarifas a la exportación de sus “minerales de tierras raras (https://bit.ly/2EGM09J)”, y el dumping de sus cuantiosas reservas de Bonos del Tesoro de EU que pondrían a prueba el orden financiero global basado en la unipolaridad aberrante del dólar.

 

Yi juzga que China y EU desean concluir la guerra comercial, pero China está más tranquila que EU.

 

Hoy hasta Boris Johnson, el flamante premier británico y supremo aliado de Trump, coquetea con la Ruta de la Seda de China.

 

Es absurdo pretender que una de las dos superpotencias geoeconómicas va a ganar. Las dos pierden, máxime que tienen una gran complementariedad en sus cadenas de suministro, lo cual daña las economías del mundo entero, con mayor dolo en Latinoamérica.

 

Ni siquiera EU tiene fácil el panorama militar cuando China acaba de publicar su vigoroso Libro Blanco de “Defensa para una Nueva Era (https://bit.ly/2ZeHcAn)”.

 

El tiempo chino le gana a Trump: China lleva una ventaja institucional cuando puede esperar el desenlace de la elección presidencial de EU, mientras el mandarín Xi ha sido elegido de por vida por su Partido Comunista.

 

China espera y EU desespera.

 

www.alfredojalife.com

 

Facebook: AlfredoJalife

 

Vk: alfredojalife

Publicado enInternacional
China a EEUU: "Vamos a luchar hasta el final"

El mensaje fue lanzado al aire por Televisión Central de China (CCTV) mediante un editorial titulado: "China ha hecho la preparación integral". En él se anuncia la posición de Pekín en la guerra comercial lanzada por EEUU, durante la emisión del programa diario de noticias. El medio oficialista asegura que "no queremos esta lucha, pero no tenemos miedo y vamos a luchar si es necesario".


Para la inmensa mayoría de la población china, la guerra comercial no es una cuestión económica sino de dignidad nacional. El editorial anónimo lo explica con una metáfora histórica: "Para la nación china que ha experimentado varias tormentas en los últimos 5.000 años, ¿hay alguna situación que no hemos visto antes? En el proceso de la gran revitalización de la nación, tiene que haber dificultades e incluso olas terribles. La guerra comercial provocada por los EEUU. es sólo una barrera en el camino de desarrollo de China, y no es un gran problema en absoluto".

La referencia no es un dato menor para una nación que fue ultrajada varias veces en conflictos recientes en los siglos XIX y XX. Quizá por esa razón, en pocas horas la página del programa oficial recibió más de tres millones de visitas en twitter y dos millones de "likes".

Varios observadores destacaron que semejantes comentarios son "muy inusuales", por la severidad del tono, en los medios chinos. Algo así no se produjo siquiera después del ataque aéreo de la OTAN en 1999 a la embajada china en Belgrado y cuando la colisión de aeronaves Mar Meridional de China en 2001.


El sentido común de los chinos, tanto de la sociedad como del gobierno, indica que deben seguir su camino sin importar lo que hagan los demás. En el mismo sentido, un medio generalmente crítico de Hong Kong, el South China Morning Post, destaca que en las negociaciones con EEUU, "Pekín no podía ceder a las demandas de Washington por la dignidad nacional y cuestiones de principio".

Trump decidió elevar los aranceles a una parte considerable de las importaciones desde China, medida que fue retrucada por Pekín en lo que se considera un "ojo por ojo" que no tendría fácil solución.

El presidente de EEUU cuenta con alguna ventajas, gracias al bajo desempleo, el crecimiento de más del 3% en el primer trimestre, la baja inflación y la subida de los salarios.
Que lo anterior lo consiga a costa de un creciente endeudamiento público y un alto déficit presupuestario, no parece importarle a quien comparecerá en las urnas en poco más de un año.


El columnista de Asia Times, David P. Goldman, ensaya una mirada estratégica que implica mirar mucho más lejos: "Trump quiere restaurar un pasado en el que América dominó la producción, y su estrategia de negociación recuerda el juego de Monopoly, en el que los jugadores intentan extraer rentas. China está jugando el juego de estrategia antigua de Go, con el objetivo de supremacía tecnológica".

A mi modo ver, este es el punto central. China no pierde el rumbo y tiene mucho margen para negociar, por varias razones.

La primera es que no debe someter a su dirección política al escrutinio de las urnas, por lo que no necesita hacer nada destinado a conformar a la opinión pública que siempre es volátil y depende de los avatares de la economía, en particular en Occidente.


La segunda ventaja es la ya mencionada historia de derrotas y humillaciones, que lleva a Pekín a poner en primer lugar la soberanía de la nación, la dignidad del país y de sus habitantes, que se muestran afines al llamado nacionalista. Se trata de una actitud defensiva, mientras la de Washington es a todas luces ofensiva y guerrerista en pugna por la supremacía global.


La tercera es que China no pierde el rumbo, sabe que la guerra comercial no es tal sino una guerra por la supremacía tecnológica, como se desprende de la ofensiva contra Huawei desatada desde 2018.


Para EEUU es difícil de aceptar que la multinacional china lleve ventaja en las telecomunicaciones y sea la punta de lanza de la Ruta de Seda. Goldman nos recuerda que Huawei superó a Apple en la venta de teléfonos en el primer trimestre de 2019 pese a que no puede vender en EEUU. Por el contrario, las empresas de alta tecnología de EEUU dependen de sus ventas a China.


El núcleo de la guerra tecnológica son los semiconductores, rama en la que los chinos no son inferiores a Apple. Goldman concluye: "China espera salir de la guerra comercial con una ventaja indiscutible en la fabricación y diseño de semiconductores. Si tiene éxito, se convertirá no sólo en el poder económico dominante, sino en la potencia militar dominante".
La industria de semiconductores nació en EEUU pero migró a Asia en la etapa inicial del neoliberalismo salvaje. Ahora Asia, y China en particular, llevan la delantera. Revertir esta situación no será sencillo, por más empeño que ponga la administración Trump. Lo peor es que ni la Unión Europea ni el reino Unido, o sea sus más importantes aliados, se sumaron a la guerra contra Huawei, en lo que el analista de Asia Times considera "la peor humillación para la diplomacia estadounidense desde el final ignominioso a la guerra de Vietnam".


La guerra está servida y no tiene marcha atrás. La opinión pública estadounidense y las elites dominantes, seguirán el camino emprendido por Trump, más allá del resultado electoral. En una guerra gana el que tiene mayor voluntad, el que es capaz de aferrase al terreno, aquel pueblo que sabe lo que quiere y no teme los sacrificios. Las guerras no las ganan ni los liderazgos, ni las armas más sofisticadas, ni los discursos más encendidos. La historia de la Segunda Guerra Mundial, cuando el nazismo parecía arrollar el mundo, mostró que los pueblos pueden más.

00:26 15.05.2019(actualizada a las 00:44 15.05.2019)

Publicado enInternacional
Página 1 de 2