Trump solo pagó 750 dólares de impuestos federales el año que ganó las elecciones presidenciales

No abonó ningún tipo de impuesto por ingresos en diez de los últimos quince años 

El dato se desprende de una investigación del diario The New York Times sobre más de 20 años de declaraciones de impuestos del mandatario.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pagó solo 750 dólares en impuestos federales en 2016, el año en que ganó las elecciones presidenciales, según una investigación del diario The New York Times publicada este domingo sobre más de 20 años de declaraciones de impuestos del mandatario.

"The New York Times ha obtenido información fiscal durante más de veinte años sobre el señor Trump y los cientos de empresas que componen su grupo, incluida información detallada sobre sus primeros dos años en el cargo. Esto no incluye sus declaraciones de ingresos personales de 2018 y 2019", expone el matituino neoyorquino, que promete nuevas revelaciones en los próximos días.

Trump tampoco habría pagado ningún tipo de impuesto por ingresos en 10 de los últimos 15 años debido a que informó al Servicio de Recaudación de Impuestos (IRS, en inglés), que había registrado más pérdidas que ganancias.

Según la investigación periodística, las finanzas de Trump están bajo presión debido a que pesan sobre él cientos de millones de dólares de deuda que han vencido y que él había garantizado que pagaría personalmente.

El mandatario republicano también tiene pendiente desde hace una década una batalla judicial con el IRS, que cuestionó la legitimidad de un reembolso de 72,9 millones de dólares que Trump reclamó y recibió de esa institución después de haber declarado enormes pérdidas. Un fallo adverso en ese litigio podría costarle más de 100 millones de dólares, según The New York Times.

"Fake News", el latiguillo de Trump

Trump desmintió rápidamente lo publicado por el diario neoyorquino. En una rueda de prensa en la Casa Blanca, afirmó que la información son "noticias falsas" y arremetió contra el medio por escribir artículos "negativos" sobre él. Además, afirmó que el IRS le "trata muy mal", y explicó que sus impuestos están siendo auditados por esa organización y prometió que los hará públicos una vez concluya ese proceso.

"Todo será revelado, después de que finalice la auditoría. Ellos (los funcionarios del IRS) están haciendo su evaluación, hemos estado negociando durante mucho tiempo, están siendo auditados, la historia es totalmente falsa", afirmó Trump.

 "He pagado mucho, y también he pagado muchos impuestos sobre la renta a nivel del estado, el estado de Nueva York cobra muchos impuestos", añadió el mandatario republicano sin dar más detalles. 

Los demócratas en el Congreso han intentado, en varias ocasiones, obligar al mandatario a hacer públicos sus impuestos, pero no tuvieron éxito. A diferencia de todos sus predecesores desde la década de 1970, Trump -quien ha hecho de su fortuna un argumento de campaña- se niega a publicar sus declaraciones de impuestos y tiene abierta una batalla legal por evitar que se divulguen.

Su falta de transparencia da pie a especulaciones sobre el volumen de su riqueza y posibles conflictos de intereses.

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Sábado, 01 Agosto 2020 05:57

Crisis y desigualdad en la pospandemia

Crisis y desigualdad en la pospandemia

El mes de julio nos deja dos informes que proporcionan insumos interesantes, aunque preocupantes, para pensar la crisis económica que ya tenemos encima, y el mundo pospandemia.

Uno es de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que titula Enfrentar los efectos cada vez mayores del Covid-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones. El otro es de la confederación de organizaciones no gubernamentales Oxfam, fundada en Reino Unido y con oficinas centrales en Nairobi, Kenia, que tiene un título significativo: ¿Quién paga la cuenta? Gravar la riqueza para enfrentar la crisis de la Covid-19 en América Latina y el Caribe.

El informe de la Cepal define el mundo al que estamos entrando como una crisis sincrónica de alcance mundial. Su cálculo de caída del PIB global es de 5.2 por ciento, llegando a 7 en las economías desarrolladas (las previsiones para Estados Unidos son de un decrecimiento de 6.5 por ciento del PIB y para la Unión Europea es de 8.7). Como contraste, China “sólo” crecerá 1 por ciento.

Asimismo, el volumen del comercio mundial de bienes disminuirá en 2020 entre 13 y 32 por ciento, y hay dos indicadores a los que tenemos que poner especial atención: el turismo se verá reducido entre 60 y 80 por ciento, la peor serie desde 1950 –cuando comenzaron los registros–, y para el sector energético el pronóstico es una caída de 39.3 por ciento.

La contracción económica producida por la pandemia tendrá como consecuencia un descenso del PIB per cápita regional de 9.9 por ciento, que se va a traducir en pasar de 26 a 44 millones de personas desempleadas. Por comparar, durante la crisis económica de 2008 el desempleo se incrementó de 6.7 a 7.3 por ciento en 2009, mientras la previsión actual es pasar de 8.1 a 13.5 por ciento.

El resultado de lo anterior va a ser que 45 millones de latinoamericanos van a incrementar las estadísticas de pobreza, pasando de 185 millones a 231 millones, es decir, 37.3 por ciento de la población de la región. Al mismo tiempo, la pobreza extrema se incrementará en 28 millones de personas, equivalente a 15.5 por ciento de la población en Latinoamérica.

Como posible solución paliativa a esta crisis económica, pero sobre todo social, la Cepal propone una fuerte respuesta en materia de política fiscal alineada con la necesidad de fortalecer los sistemas sanitarios, apoyar los ingresos de los hogares y proteger la capacidad productiva, y una política monetaria expansiva favorecida por la baja inflación. Todo ello con tres líneas de acción: 1. Un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social enfocado a las personas en situación de pobreza, con el objetivo de sostener el consumo; 2. Un bono contra el hambre para personas en situación de extrema pobreza que complemente el anterior, y 3. Apoyo a las empresas para que no se pierdan empleos.

Por su parte, el informe de Oxfam hace especial énfasis en que América Latina va a ser la región del planeta con la contracción económica más grande, y la recuperación más lenta. En 12 meses, vamos a retroceder 15 años en todo lo avanzado en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Pero al mismo tiempo, y así como se calcula que la región va a terminar 2020 con más de 40 millones de nuevos desempleados y más de 50 millones de nuevos pobres, desde que comenzó la pandemia tenemos 8 mil nuevos millonarios en América Latina. Oxfam calcula que la riqueza de estas nuevas élites económicas ha crecido 17 por ciento desde mediados de marzo, equivalente a 48 mil 200 millones de dólares, lo que a su vez representa 38 por ciento del total de medidas de estímulo aprobadas por los gobiernos latinoamericanos.

Es por ello que la condición de América Latina como región más desigual del planeta se va a agudizar en la pospandemia, con el agravante de que una buena parte de la inversión extranjera directa en la región (hasta 20 por ciento, uno de cada cinco dólares) entra o sale vía paraísos fiscales.

Oxfam hace también un análisis muy interesante en torno al debate sobre la deuda, y sentencia: El recurso de mayor endeudamiento público puede dar un alivio temporal, que arrastrará, sin embargo, consecuencias y lastrará el desarrollo de las generaciones futuras.

Aunque en el próximo artículo seguiremos analizando la cuestión de la deuda y reforma fiscal como posibles soluciones a la crisis y a la pandemia, es necesario resaltar que en el ámbito financiero la deuda mundial supera ya los 255 billones de dólares, 322 por ciento del PIB mundial, por lo que las posibles alternativas para enfrentar esa crisis deben pasar por más Estado, pero no necesariamente por más deuda.

Pero más allá de soluciones, el horizonte debe ser el mismo que hemos planteado en artículos anteriores, y que Oxfam sintetiza así: Es momento de que quienes concentran la riqueza, quienes han tenido grand”es beneficios durante estas últimas décadas y las grandes empresas que están generando importantes ganancias en medio de la crisis, contribuyan mucho más al esfuerzo de todos y todas”. Es decir, que la crisis la paguen los ricos.

* Politólogo vasco-boliviano, especialista en América Latina.

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Abigail Disney y Stephen Tindal forman parte de "Millonarios por la Humanidad".   ________________________________________ Imagen: AFP

Ochenta y tres millonarios del mundo publicaron una carta al G20

"Tenemos una deuda enorme con los que realizan trabajos esenciales que son groseramente mal pagados”, dicen los signatarios de la carta, entre ellos, Abigail Disney y Jerry Greenfield (Ben and Jerry). 

 

Un nuevo grupo de 83 super-millonarios del mundo le escribió una carta al G20 para exhortar a los gobiernos a que les cobren más impuestos. “Nuestros gobiernos tienen que subir los impuestos a gente como nosotros. Inmediatamente. Sustancialmente. Y que sea permanente”, dice la carta publicada hoy por el matutino británico The Guardian.

Entre los signatarios se encuentran Jerry Greenfield, co-fundador de los helados Ben and Jerry, Abigail Disney, heredera del imperio Disney, y Stephen Tindall, el segundo hombre más rico de Nueva Zelanda. “No somos los que atienden a los enfermos en la terapia intensiva. No somos los que manejan las ambulancias. No somos los empleados que se ocupan de llenar las góndolas o distribuir la comida puerta a puerta. Pero tenemos dinero. Mucho dinero. Dinero que se necesita desesperadamente para que el mundo se recobre de la crisis. Y tenemos una deuda enorme con los que realizan trabajos esenciales que son groseramente mal pagados”, dice la carta.

El grupo autodenominado, “Millonaires for Humanity” (Millonarios por la Humanidad" es una ampliación con millonarios de otros países de los “Patriot Millonaires”, una organización estadounidense fundada en 2010. En su carta los “Millonaires for Humanity” dejan en claro que la filantropía o las organizaciones caritativas, tan tradicionales en los países anglosajones, son insuficientes para lidiar con esta crisis. “Los problemas causados y revelados por la covid-19 no pueden resolverse con caridad por más generosa que sea. Los líderes mundiales tienen que tomar la responsabilidad de recaudar los fondos necesarios e invertirlos de una manera justa”, dice la carta

El párrafo tiene dos destinatarios: el resto de los millonarios globales y los gobiernos. Al decir que no basta con la caridad están dirigiéndose a sus pares: los superricos. Al exigir voluntad política, exhorta a los gobiernos - al mismo tiempo que les ofrecen una inusual alianza política – a cambiar el regresivo sistema fiscal de los últimos 40 años.

La caritativa evasión fiscal

En marzo de este año la consultora Knight Frank calculó que había más de medio millón de personas con fortunas superiores a los 30 millones de dólares.

El más rico de todos, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, es uno de los grandes beneficiarios de la pandemia: su fortuna creció en 75 mil millones de dólares desde el comienzo de la crisis hasta rondar la estratosférica cifra de 189 mil millones de dólares. Esta fortuna es tres veces el monto de la deuda que el gobierno argentino buscar reestructurar en estos momentos (66 mil millones)

Bezos donó 100 millones de dólares a la organización caritativa “Feeding America” que suministra ayuda alimentaria a los sectores relegados de los Estados Unidos. “Feeding America", que maneja unos 200 centros en todo el país, estaba obviamente agradecida. La donación era la máxima que había recibido en su historia y “muchísimas vidas cambiarán gracias a su generosidad”.

Esta generosidad representa menos del 0,1 por ciento de la fortuna de Bezos. Con un detalle adicional: Amazon se dedica a la evasión serial y global a gran escala. Lo que da con una mano, lo roba multiplicado por mil con la otra.

En 2018 la compañía pagó cero impuestos a nivel federal en Estados Unidos. Ese mismo año desembolsó unos 5 millones en el Reino Unido sobre más de 70 millones de ganancias, alrededor del 8%, cuando el impuesto corporativo británico es 19%. En 2017 la Unión Europea multó en 250 millones de euros a Amazon por “prácticas impositivas ilícitas”: el caso todavía está en la Corte Europea de Justicia.

Los gobiernos son obviamente co-responsables de esta situación. El mensaje de los “Millonaires for Humanity”es también para el G20 que desde el estallido financiero de 2008 viene hablando de un cambio de reglas impositivas a nivel mundial con sucesivaspromesas incumplidas de eliminar o al menos controlar los paraísos fiscales. En 2013 el G20 y la OCDE comenzaron a trabajar en un nuevo sistema para lidiar con la evasión tributaria de los grandes prestidigitadores impositivos a nivel global: las multinacionales. Desde entonces ha habido avances en cuentagotas y con rendijas legales para todos los gustos. Este fin de semana los ministros de finanzas del G20 se reúnen este 18 y 19 en Jeda, Arabia Saudita.

 Los Millonaires for Humanity apuestan a que la magnitud misma de la crisis comience a desequilibrar la balanza a favor de una reforma impositiva que no solo aumente la tasa efectiva que pagan las grandes fortunas sino que también lidie con el tema de la evasión y la elusión tributarias. “Nunca como ahora ha quedado expuesto que estamos absolutamente interconectados. No va a haber otra posibilidad de corregir este problema. A diferencia de decenas de millones de personas, no tenemos que preocuparnos de perder nuestros trabajos, nuestras casas o nuestra posibilidad de mantener a nuestras familias. Así que por favor. Cóbrenos más impuestos”, dice la carta. Y para que quede claro lo repiten tres veces: “Tax us. Tax us. Tax us” ¿Llegará el mensaje a nuestras pampas?

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La Cepal cifra en 325.000 millones de dólares la evasión fiscal en América Latina

El incumplimiento tributario alcanza el 6,1% del PIB en un momento en el que los erarios de la región más recursos necesitan para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia

 

Las arcas públicas latinoamericanas llevan décadas ingresando menos de lo que necesitarían para cerrar las brechas sociales y económicas históricamente abiertas en la región. Pero el zarpazo económico derivado de la crisis sanitaria ha empeorado aún más las cosas: las necesidades se multiplican y, con un fondo de caja menor que en Europa y Estados Unidos, la respuesta contracíclica se complica. Ese es el cuadro general que pinta este lunes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su panorama anual sobre la situación fiscal del subcontinente, que cifra en 325.000 millones de dólares el dinero que se evade cada año a los fiscos latinoamericanos, el equivalente al 6,1% del PIB. “Es una de las principales barreras para una mayor movilización de recursos internos en la región es el elevado nivel de evasión fiscal”, constatan los técnicos del organismo.

Las últimas cifras disponibles, de 2018, apuntan a los gravámenes que pagan las empresas sobre sus beneficios (el conocido como impuesto sobre la renta corporativa o de sociedades) y a los tributos que abonan las personas físicas por sus ingresos como la principal fuente de evasión: el 3,8% del PIB. El IVA es la segunda, con alrededor del 2,3% del PIB. “Las pérdidas recaudatorias representan un desafío importante desde el punto de vista de la capacidad de reacción de la política fiscal ante choques macroeconómicos y de la movilización de recursos nacionales para el financiamiento del desarrollo sostenible”, escriben los economistas del ente con sede en Santiago de Chile.

El brazo de Naciones Unidas para el desarrollo económico de la región ve “alentadores” los “avances” registrados en los últimos años en el combate contra la evasión, pero sitúa esta lacra como “uno de los principales obstáculos que afectan a las finanzas públicas y, por ende, al proceso de desarrollo”. Y llama a un mayor rigor analítico para saber, con mayor nitidez, el tamaño del problema que enfrenta cada uno de los países de la región, donde la difusión de los resultados “ha enfrentado resistencias recurrentes y sigue siendo tarea pendiente”. Resulta, remarca, “difícil encontrar información sistemática sobre las evidencias acerca de su magnitud”.

Financiación para hacer frente a la crisis

En plena pandemia —“la mayor crisis sanitaria, humanitaria, económica y social que la región haya enfrentado en el último siglo”— la Cepal ve “clave” movilizar más recursos públicos para hacer frente tanto a las consecuencias sanitarias como al parón económico derivado de los confinamientos, tan necesarios para frenar la expansión del coronavirus como dañinos para el desempeño económico. Hasta ahora, la respuesta fiscal ha sido importante pero mucho menor que en las economías más maduras: la media de América Latina lleva gastado hasta ahora poco más del 3% de su PIB, más de cinco veces menos de lo desembolsado (entre estímulos y avales) por algunos países europeos para garantizar el sustento a quienes se han quedado sin ingresos y asegurar que el tejido productivo sobrevive a la tormenta. Las diferencias intrarregionales son, sin embargo, notables: Chile lidera la tabla de grandes países por paquetes de estímulos con el 5,7% seguido por Perú (4,8%) y Brasil (4,6%), mientras México (1,1%) y Colombia (1,7%) quedan a la cola, con una respuesta mucho más timorata ante un reto que marcará a toda a una generación.

Cerrar la vía de agua que suponen la elusión y la evasión tributaria es un imperativo desde ya. Pero en el muy corto plazo, el dinero para los planes contracíclicos tendrá que salir de otro sitio. “El financiamiento de los paquetes de medidas actuales y los que probablemente se requieran en el mediano plazo precisará de un mayor acceso a fuentes de financiamiento en condiciones adecuadas”, subraya la Cepal. A diferencia de en grandes crisis anteriores, esta vez los principales países de la región no han dejado de tener acceso a los mercados en ningún momento de la pandemia, un punto clave para que las arcas públicas latinoamericanas hayan sido capaces de levantar fondos para sus, con todo, muy limitados planes para hacer frente a una recesión bíblica.

Pero los problemas estructurales siguen ahí. En 2019, el último año precoronavirus, la debilidad económica regional contrajo aún más los ya de por sí bajos niveles de recaudación de la región. Y, ampliando algo más el foco, la tónica general sigue siendo la misma: lejos de aumentar los ingresos, las Haciendas latinoamericanas llevan una década con las entradas de caja prácticamente estancadas en el entorno del 18% del PIB, muy por debajo de la media de las economías avanzadas: atrás quedan ya las reformas fiscales en varios países del área para tratar de ganar músculo fiscal. Los técnicos del organismo ponen el foco sobre la tributación directa, “excepcionalmente débil”, con una “baja recaudación del impuesto sobre la renta y de los impuestos sobre la propiedad que no solo limitan la generación de ingresos, sino también el poder redistributivo del sistema tributario en su conjunto”. Es el mayor reto tributario que deberá afrontar el subcontinente cuando las aguas sanitarias bajen algo más calmadas.

Por IGNACIO FARIZA

Madrid - 06 JUL 2020 - 22:14 COT

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“Debe haber límites para lo que queremos tener”. Entrevista a Ingrid Robeyns

Se dice que el mundo puede ser distinto después de la pandemia. Aquí la economista y filósofa belga Ingrid Robeyns propone un mundo donde la acumulación de la riqueza tenga un límite y donde los súper ricos sean vistos como un problema. No quiere construirlo a punta de impuestos, sino poniendo en discusión cuál es la diferencia aceptable entre el sueldo del gerente y el cajero. Es decir, no busca emparejar la cancha al final del proceso productivo -como hacen los impuestos-, sino hacer que el proceso entero sea parejo. Eso es importante para Robeyns porque una de las cosas que quiere proteger al limitar la acumulación es la democracia: no es posible que esta funcione bien si algunos ganan un millón de veces lo que gana una persona común, explica. Eso pasa en Chile, dicen algunos estudios. La entre vista la realizó Marcela Ramos.

 

Durante décadas ha dominado la idea de que los súper ricos triunfan porque trabajan duro y son inteligentes. El economista de la Universidad de Harvard Gregory Mankiw lo sintetizó en un artículo de 2013, titulado En defensa del uno por ciento: “el grupo más rico ha hecho una contribución significativa a la economía y en consecuencia se ha llevado una parte importante de las ganancias”.

De esa mirada se derivan dos ideas que están muy presentes en la discusión pública: que la riqueza es un premio justo al esfuerzo (de lo que se sigue que el rico se merece su riqueza y los pobres tienen responsabilidad por su situación); y que el rico es un actor valioso para nuestra sociedad, porque estos “altamente educados y excepcionalmente talentosos individuos”, como los describe Mankiw, generan su propio bienestar y el del resto.

Tras la crisis financiera de 2008 esas ideas han sido puestas en duda. Investigaciones en el área de la educación han mostrado que los ricos no son excepcionalmente inteligentes sino, más bien, personas normales que por el azar de nacer en familias adineradas, accedieron a una educación que les garantizó pertenecer al 10% de más altos ingresos (ver entrevista al economista de la UCL, Francis Green en CIPER); otros autores no solo cuestionan el “excepcional” talento del rico, sino también la calidad de la educación que reciben, afirmando que lo que realmente aprenden en la escuelas de elite es a comportarse como privilegiados: interiorizan los gustos, las maneras y los contactos que permiten ser reconocidos como parte de un club. Es decir, aprenden a “encarnar” el privilegio (ver entrevista al sociólogo de Columbia Shamus Khan, en CIPER). En otras palabras, no serían personas de inteligencia sobresaliente o muy bien preparadas, sino seres normales con una excepcionalmente buena red de contactos.

Otra importante fuente de cuestionamiento viene de las investigaciones que examinan la forma en que se genera esa riqueza que termina en sus manos en forma creciente. La economista Mariana Mazzucato ha mostrado que incluso en las áreas tecnológicas, donde domina la idea del ingeniero genio haciendo maravillas en su garaje, el financiamiento del Estado ha sido el actor central (Apple, dice Mazzucato, le puso diseño “cool” a tecnología que se generó en programas financiados por el Estado norteamericano para ganar la Guerra Fría).

En el caso chileno, la idea de que estas fortunas se han construido a partir de una dura competencia, fue puesta en duda por Ben Ross Schneider, que describe un capitalismo jerárquico manejado por pocas familias. El descubrimiento de cuán frecuente han sido las colusiones (ver columna de Claudio Fuentes), ha hecho que la idea del rico como el triunfador de una competencia justa sea cada vez más difícil de aceptar. Paralelamente, una serie de trabajos han mostrado cómo los más ricos usan su dinero para que la democracia funcione de acuerdo a sus intereses y les dé más dinero: cómo usan el lobby y los contactos para pagar pocos impuestos (ver Tasha Fairield, Carlos Scartascini y Martín Ardanaz, o Francisco Saffie); como  financian ilegalmente la política y consiguen leyes hechas a la medida de sus intereses. En una entrevista con CIPER, la economista Andrea Repetto destaca también cómo los más ricos logra manejar el debate público, fijando los estándares de qué es razonable y qué es inaceptable: “Si tienes mucho dinero puedes comprar muchas cosas, entre otras, thinks tanks, medios y académicos”, dijo.

Para enfrentar algunos de estos problemas las sociedades modernas intentan generan regulaciones que ponen cortafuegos entre la política y la riqueza y aumentan la fiscalización. La economista y filósofa belga Ingrid Robeyns dice que esos cortafuegos no han funcionado ni funcionarán porque las grandes fortunas son un poder demasiado grande para las democracias. Sostiene que la extrema riqueza no genera problemas, sino que “es” el problema.

Antes de seguir hay que aclarar que Robeyns no es marxista. Tampoco envidia a los ricos. Si hay que ubicarla en algún lugar, tal vez el más adecuado sea la economía del bienestar, una propuesta de nuevo sistema económico que plantea que el modelo actual es insostenible ecológicamente e injusto; y que propone nuevos indicadores para evaluar y pensar el desarrollo. En lugar de poner el énfasis en el crecimiento económico, sus principales preocupaciones son el bienestar de las personas y el desarrollo sustentable.

Robeyns es doctora en Economía en la Universidad de Cambridge y hoy hace investigación en el área de la Filosofía. Trabaja en el instituto de Ética de la Universidad de Ultrecht, Holanda. Es la investigadora principal de “The Fair Limits project” (Límites Justos), un proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación con 2 millones de Euros para problematizar las formas actuales de distribución de recursos económicos y ecológicos.

Un paper de 2017 titulado “Tener demasiado” resume bien sus ideas. Su planteamiento central es que, en el mundo real, el cielo no puede ser el límite. En el mundo real con democracias que requieren equilibrios de poder y con recursos naturales sobreexplotados, el límite tiene que estar mucho antes. Así como hay una línea de la pobreza bajo la cual nadie debiera estar, Robeyns propone una línea máxima de riqueza.

La teoría de Robeyns se denomina “limitarianismo” y arranca de un esfuerzo por pensar cómo repartir los recursos escasos de una manera ética y justa, para proteger la igualdad en política y enfrentar los desafíos que impone el cambio climático y la pobreza. No entiende la riqueza como algo negativo; pero sí su acumulación excesiva, es decir la codicia. Robeyns no es la primera que dispara contra la acumulación sin límite (ver recuadro). Pero probablemente es una de las que más ha avanzado en desarrollar estas ideas en el contexto actual.

En Chile, los economistas Ramón López y Gino Sturla, usando datos de CreditSuisse y el Boston ConsultingGroup, identificaron 140 súper ricos (que suman un patrimonio total US$150.000 millones) y 5.700 ricos, cada uno con un patrimonio de entre US$ 5 y US$ 100 millones.

-¿Cuál debiese ser el límite de la riqueza?

-El límite debe definirlo cada sociedad a través de sus procesos políticos. Pero la idea es preguntarse qué necesitamos para alcanzar una vida plena en términos de acceso a salud, educación, transporte, alimentación. En el caso de Holanda, en conjunto con sociólogos económicos, evaluamos si la idea de establecer un límite a la riqueza  le hacía sentido a las personas, si la entendían. En una encuesta representativa de la población total, encontramos que un 96,5% de los holandeses piensa que debe haber un límite a la cantidad de dinero que una persona debe tener. Esa cantidad está vincula con un determinado estándar de vida. Las personas piensan que pasado ese nivel, el dinero no contribuye a la prosperidad [1] a la calidad de vida. El cálculo que hicimos para Holanda fijó la línea de la riqueza entre 2 y 3 millones de euros para las familias (entre $1.700 y $ 2.700 millones). Actualmente un equipo liderado por Tania Burchard de la London School of Economics está investigando una línea de riqueza para Inglaterra.

Sin embargo, me parece que más importante que fijar un límite ahora, es avanzar en contestar la pregunta: ¿debe el cielo ser el límite? Lo que me interesa es promover una discusión sobre las razones por las cuales el cielo no debe seguir siendo el límite, y por qué debemos imponernos límites más bajos.

-¿Por qué es un problema “tener demasiado”?

-Cuando vives dentro del marco ideológico del Neoliberalismo parece equivocado pensar que algunos tienen demasiado. Ello más bien puede significar que eres envidioso. El limitarianismo cuestiona esa mirada y considera que tener demasiado es problemático por distintas razones. En primer lugar, la investigación académica sobre concentración de riqueza en Estados Unidos y también en economías mixtas como Holanda, muestra que los súper ricos manipulan o influyen en el sistema político para que las reglas los favorezcan. Su fortuna entonces puede ser resultado de la elusión tributaria o de que contrataron lobistas para tener leyes favorables y por lo tanto tener muchas más ganancias que la mayoría de las personas. Esto es lo que hemos visto.

Frente a esto la gente contra-argumenta que súper ricos como Bill Gates hacen donaciones y filantropía. Pero esa es una forma equivocada de analizar las cosas, porque la pregunta debiera ser ¿cómo llegaron a tener tanto? En un mundo justo, todos aquellos que son súper millonarios no podrían serlo. Si llegaron a acumular tal nivel de riqueza es porque torcieron la ley, o porque esa riqueza fue resultado de procesos de colonialismo, explotación de mano de obra u otras razones.

-¿No es posible una extrema riqueza bien obtenida?

El caso más complejo para discutir es el de aquella persona que se vuelve rica en un contexto de mercado, pero que lo hace, por ejemplo, produciendo música y bajando sus costos de distribución y difusión casi a cero. En ese caso, me podrías decir que no hay problema, pues esta persona está acumulando riqueza no como consecuencia de su poder sino de su talento y no explota a sus trabajadores, sino que está siendo muy eficiente y obteniendo todas las ganancias posibles. Esta persona entonces se hace rica en un proceso que es política y moralmente correcto. No podemos objetar su riqueza a nivel de procesos, pero desde una perspectiva de resultados podemos argumentar contra su nivel de acumulación. Es decir, aún en los casos en que se trata de una gran fortuna acumulada de manera limpia, igualmente tener mucho dinero permite influir en la política de diversas formas: puedes financiar un partido, influir en la agenda política, contratar lobistas. Políticamente entonces es un problema. Y esa es otra razón por la cual no debiésemos permitir que las desigualdades sean tan grandes en contextos democráticos.

-Una desigualdad muy visible hoy es la diferencia de salarios. La economía ha justificado por años esas diferencias en razón de la productividad ¿Es esa una explicación plausible?

-Los modelos económicos asumen que los salarios reflejan la productividad. Pero eso es un supuesto. En las grandes empresas los salarios altos no son definidos sobre la base de la relación oferta/demanda en el mercado laboral, sino que los definen los directorios. Es decir, son definidos por amigos para otros miembros de la elite. La idea de que los sueldos reflejan la productividad marginal es un supuesto que funciona como un dato empírico hasta cierto nivel. Pasado cierto límite, lo que muestran esos salarios es colusión entre los individuos.  Por supuesto podemos encontrar ejemplos donde las diferencias salariales se justifican por las diferentes características y tipos de empleos. Pero eso es sobre todo un supuesto teórico. Y tenemos muchos casos para mostrar que eso no es verdad. La crisis financiera de 2008, por ejemplo, mostró que algunos bancos hacían un trabajo de muy mala calidad. Si fuese verdad que el salario está de acuerdo al nivel de productividad, algunos de los gerentes de esos bancos no debieron haber recibido más sus pagos, pero aún están en el grupo de los mejor pagados.

-¿Cuál es la explicación entonces para estas enormes brechas salariales? En Chile un estudio del economista Ramón López mostró que cada uno de los cinco hombres más ricos de Chile en 2011 ganaba lo mismo que un millón de chilenos. Uno se pregunta cómo se puede trabajar más duro o ser más productivo que un millón de personas.

-Una de las características del Neoliberalismo es que pone mucha presión sobre las responsabilidades individuales. Las personas deben felicitarse por sus triunfos pero también son los responsables de sus fracasos. Pero hay otras perspectivas que hemos empezado a discutir en la filosofía política contemporánea, y que plantean que un componente central del éxito es resultado de la suerte. Entonces tus talentos, la salud que tienes, la familia y el país en que naciste, todo eso es resultado de la suerte, y eso significa que tenemos que ser mucho más modestos a la hora de felicitarnos por nuestros éxitos. Esto por supuesto cuestiona la posición de aquellos que se consideran con el derecho moral de tener salarios altos y fortunas. Estas personas dicen ‘yo me merezco esto’, pero la perspectiva correcta sobre lo que nos merecemos es más bien que buena parte de nuestro éxito económico es suerte o es resultado de un contexto construido por otros y sobre el cual podemos sacar algunas ventajas. Si tomamos en cuenta que buena parte de lo que somos es resultado del azar, del lugar donde nacimos, de nuestra salud, no debiese ser tan simple mirarse al espejo y decir ‘bueno, está muy bien que yo gane lo mismo que un millón de mis conciudadanos”.

Robeyns empezó a pensar en el limitarianismo en 2012, cuando la discusión sobre desigualdad en economía se alimentaba de investigación sobre la pobreza, buscando entender en lo que hacían y no hacían los pobres, las causas de su situación.

“Insistentemente me preguntaba por que no estábamos estudiando a los ricos. Al comenzar las discusiones sobre el limitarianismo, recuerdo que en las primeras conversaciones con mis colegas del instituto de Filosofía y Economía en Amsterdam, la reacción de ellos era reírse. Me preguntaban, “¿qué quieres hacer? ¿quieres disparar a los ricos?” Para ellos era muy difícil pensar que este tema podía investigarse. La gran diferencia la hizo la publicación del libro “El capital en el siglo XXI” de Thomas Pyketty, porque allí mostró que estábamos volviendo a una época de aumento sostenido de la desigualdad. Hasta entonces, teníamos la idea de que las tasas de desigualdad del siglo XIX, las más altas en la historia, eran una cosa del pasado, y que vivíamos en un contexto de igualdad de oportunidades. Pero Piketty mostró que eso no era verdad. Ese libro vino a cambiar el juego, a patear el tablero”.

Robeyns dejó la economía porque la forma dominante de entender el mundo en esa disciplina –matemática y estilizada- no le permitía hacer preguntas sobre el poder.

-Y en el mundo real, si actúas como si el poder no existiese, no puedes entender lo que está pasando. Lo que no considera la economía es que en el mundo real las personas poderosas tienen los números celulares de los Presidentes. Si quieren algo, simplemente llaman por teléfono y ejercen presión. En el caso de los ciudadanos comunes y corrientes, podemos pedir una reunión con el Primer Ministro, pero no tenemos su número de teléfono. En Holanda, un país que lo ha hecho bastante bien en temas de corrupción y transparencia, puedes encontrar ejemplos recientes sobre cómo las grandes empresas influyen en la política a través de formas que las personas comunes y corrientes no pueden. Eso es porque son poderosos, porque el dinero da poder. Además hay que tomar en cuenta que la economía, que es la que prepara gente para implementar políticas neoliberales, es una disciplina fundamentalmente tecnocrática. Les gusta pensar que el conocimiento está libre de valores e ideología. Esa es la razón por la cual yo dejé la economía como disciplina de estudio, porque no reconocen el punto de vista normativo que adoptan frente a este tipo de problemas.

-¿Cree que esta falta de consideración y problematización de la concentración de la riqueza es responsabilidad de los economistas y el tipo de modelo que han sustentado?

-En este tema creo que hay cosas que nos deben preocupar y otras que nos deben hacer sentir optimistas. El lado preocupante es cuando ocurren cosas como las siguientes. Cuando Tomas Piketty publicó su primer libro, El Capital en el Siglo XXI, muchos economistas dijeron ‘bueno, esto es historia económica’. De hecho, Debra Satz, entonces directora del Centro de Ética para la Sociedad de la Universidad de Stanford, me contó que, cuando ellos lo invitaron a Piketty a presentar su libro, los economistas no asistieron. Piensan que el libro es muy político y eso los pone nerviosos; porque lo que Pikkety muestra es que el emperador está desnudo, lo que es algo muy desestabilizador para los economistas. Esto da cuenta lo profundamente problemática que la disciplina económica puede ser. En el lado optimista, hay que reconocer que hay muchos economistas en posiciones de poder, como Dani Rodrik y Paul Krugman, que han comenzado a cuestionar las ideas dominantes. Hace unas semanas Rodrik publicó una columna donde decía que la opción por la globalización era eso, una opción; y que podemos elegir otro tipo de acuerdos de comercio internacional que pongan la salud y el cambio climático en el centro de las preocupaciones. Esto muestra que un economista que es respetado por sus pares, reconoce que hay opciones y que éstas no están libres de valores. Lo que es frustrante para los filósofos de las ciencias, los filósofos políticos y quienes nos dedicamos a la ética, es que por muchos años hemos mostrado en detalle que la economía no puede estar libre de valores y que el razonamiento económico tiene incorporadas decisiones éticas e ideológicas. Pero la economía se pone un escudo frente a otras disciplinas. Yo creo que un tema importante, pensando en el futuro, es que la economía no sea enseñada solo por economistas, sino por historiadores, filósofos políticos, sociólogos. No hay que dejar la economía a los economistas, eso es crucial. Una vez que ésta disciplina se abra, vamos a poder tener conversaciones nuevas, diferentes.

Si hemos crecido en un contexto en el que tener dinero significa éxito y poder, y nos felicitamos por nuestros resultados, ¿de qué manera podemos movernos a otras formas de pensar y a otros valores?

-Yo creo que tenemos que elaborar contra-narrativas. El limitarianismo es una de ellas. Está la red de economistas por el bienestar y el Centro para el Estudio de la Prosperidad Sustentable, que propone dar una mirada ecológica al desarrollo y cuyo modelo plantea también que la economía debe estar al servicio de las personas. La economista Mariana Mazucatto de UCL también ha desarrollado una contra-narrativa, al plantear que buena parte de la innovación más determinante ha sido resultado de la inversión estatal. Entonces si pones sobre la mesa todas estas contra-narrativas puedes ver que está emergiendo una perspectiva alternativa al Neoliberalismo. También creo que hay cada vez más voces que se dan cuenta de que el Neoliberalismo nos falló. Antes que el coronavirus, la crisis climática es el ejemplo más claro de que, aún cuando estamos ganando mucha plata, eso es a costa de destruir nuestro planeta. O sea, no es un modelo económico bueno.

-¿Tiene usted ejemplos donde se estén efectivamente impulsando otro tipo de políticas y no sea solo teoría?

-Tengo dos ejemplos. Hay una ley en Holanda que establece un límite a los ingresos de los directivos de las instituciones públicas. Entonces, si eres el rector de una universidad, no puedes ganar más que el salario que recibe el Primer Ministro. Ese es un ejemplo de una política limitarianista, aunque tiene la limitación que solo se aplica al sector público. Otro ejemplo ocurrió recientemente, cuando comenzó la crisis del coronavirus: la primera compañía que pidió apoyo gubernamental en Holanda fue la aerolínea KLM. Pocas semanas después, se publicó que los directores de esta empresa habían pedido un aumento en el monto de los bonos que iban a recibir, los cuales constituyen una parte importante de sus ingresos. Se generó una crítica pública muy fuerte contra KLM, por lo que la empresa negó la solicitud hecha por los directores. En 2008, a propósito de la crisis financiera, vivimos una situación similar. Entonces nos enteramos por la prensa que, un año después de recibir un salvataje gubernamental, el dueño de un banco estaba solicitando aumentar el monto de compensación que le iba a pagar a uno de sus directivos. Esto generó mucha rabia, por lo que el banco retiró la propuesta y su máximo directivo reconoció en una entrevista que no se había dado cuenta lo sensible que eran estos temas para la sociedad. Estos ejemplos dan cuenta también de otro problema: que en general los ricos y las elites viven en un mundo aparte, en su burbuja; y lo que les tiene que quedar claro es que, aun cuando crean que se merecen esos sueldos y paquetes de compensación, desde una perspectiva de bien común e interés público, no es justificable.

Hay cada vez más voces en esta línea. Por ejemplo en Estados Unidos hay un grupo que se denomina millonarios patrióticos y su líder, que es una de las dueñas de Disney, plantea que deben pagar más impuestos. Estos ejemplos muestran que hay voces entre los super ricos que se dan cuenta que esto es ridículo. Me parece que hay mucho debate sobre hasta qué punto pueden aumentar las desigualdades. Y estos llamados tienen en común el buscar establecer límites.

-¿El limitarianismo implica aumentar la tasa de impuestos a los súper ricos?

-En Filosofía pero también en otras disciplinas dividimos el espacio posible de aplicación de estas políticas en dos áreas: pre-distribución y redistribución. El primero se refiere al diseño y características de instituciones económicas del mercado laboral, como el salario mínimo o el salario máximo, si es que hay; el poder de negociación que tienen los trabajadores al interior de una empresa. Es posible tratar de limitar la desigualdad en este espacio, poniendo en marcha medidas para adecuar el mercado laboral; o puedes optar por dejar al mercado en su estado salvaje y usar, entonces, en el espacio de la redistribución, instrumentos fiscales como los impuestos. Creo que es mejor adaptar las instituciones del mercado en el espacio productivo, pre-distributivo, por dos razones. Primero, porque allí puedes tener discusiones fundamentales para la sociedad. Por ejemplo, cómo divides entre directivos y trabajadores los resultados productivos de una compañía. O la fijación del salario mínimo; o cuán democrática es la relación entre trabajadores y dueños. Segundo, porque al aplicar impuestos lo que se busca es corregir las desigualdades en la fase económica de la post-producción. Y los capitales globales son fluidos, se mueven por el mundo, lo que hace más fácil para los súper ricos eludir impuestos. Además existen razones sicológicas. Hay más resistencia a pagar impuestos si tuviste la plata y por lo tanto sientes que es tuya. La idea entonces es usar las instituciones económicas para evitar que las brechas aumenten antes de las etapas de producción, lo que puede ayudar a poner el foco en un espacio concreto de medidas.

-En este espacio de medidas pre-distribución ¿podría situarse también la implementación de un ingreso básico universal?

-Ciertamente es una medida que dialoga con estas narrativas alternativas en relación a la economía y el contrato social, entendiendo esto último como el conjunto de reglas a través de las cuales decidimos organizar nuestra sociedad. Pero hay una gran diferencia: el ingreso básico es un ingreso incondicional que se da a todas las personas mensualmente. El monto depende de decisiones a nivel nacional, algunos dicen que debe ser el monto de la línea de pobreza, pero hay literatura académica que muestra que esto no es sostenible, por lo que debiese ser más bajo. Pero lo que es importante es que el ingreso básico universal puede ser financiado de múltiples maneras. Puedes financiarlo aplicando impuestos a los ingresos, a los altos sueldos, impuestos ecológicos. A la perspectiva limitarianista lo que le preocupa es de dónde pueden salir los recursos para financiar ese tipo de medidas; pues el eje está puesto en reducir las desigualdades aplicando medidas en la parte alta de la distribución.

La acumulación sin límites es un asunto que ningún tipo de gobierno parece haber resuelto en la historia. Así lo sugiere el cientista político Jeffrey Winters en su libro Oligarquía, quien nota que desde la antigüedad la enorme riqueza personal “ha logrado construirse ideológicamente como algo injusto de corregir, a pesar de los significativos avances que han hecho retroceder otras fuentes de injusticia en los recientes siglos”.  Winters argumenta que dictaduras, monarquías, sociedades agrarias y sociedades postindustriales, coinciden en que es un error forzar una radical distribución de la riqueza. “No ha ocurrido lo mismo con la forma en que se juzga la esclavitud, la exclusión racial o el dominio de género”, afirma.

Winters explica que la democracia tampoco ha logrado enfrentar ese problema, pese a que “la riqueza extrema en manos de una pequeña minoría crea ventajas de poder significativas en el terreno político, incluso en las democracias. Sostener lo contrario es ignorar siglos de análisis político explorando la íntima relación entre riqueza y poder”, concluye.

Robeyns cree que para avanzar en este problema hay que revisar los supuestos que ponen la libertad económica de los individuos en el centro de la economía. Para ella, la pregunta que hay que hacer es ¿por qué tenemos que dar por sentado que las personas tienen el derecho a acumular riqueza?

-Es la ideología del Neoliberalismo la que nos ha convencido que hay un derecho infinito a acumular. Hace mucho tiempo también se aceptaba como derecho el tener esclavos y en un momento de la historia la mayoría de los norteamericanos no cuestionaron el ser dueños de otras personas. Visto desde hoy, sin embargo, pensamos que esto es moralmente repulsivo. Desde una perspectiva económica, pienso que la línea de la riqueza no debe ser muy baja, para no poner límites a la actividad empresarial; pero también considero que las personas deben imponerse a sí mismas estos límites para vivir una vida más virtuosa y tener menos desigualdad global. Está muy bien que las personas quieran tener más, pero rechazo de base la idea de que tenemos un derecho infinito a acumular riqueza.

Creo que el tema central hoy es clarificar la relación entre los individuos y la economía. La ideología neoliberal tiene como valor central la libertad económica de los individuos y su foco es que las personas puedan ejercer esa libertad. Pero hay otros modelos.

-¿Cuáles?

-Por ejemplo, el de la economía del bienestar, que no pone en el centro la libertad económica sino a las personas y los valores públicos. Hoy este modelo está presente en Nueva Zelanda, Escocia, Costa Rica, Islandia y hay gente investigándolo y dirigentes políticos que lo apoyan. Yo diría que el país que más ha avanzado es Nueva Zelanda, que identificó el bienestar de los individuos como una meta central de sus políticas y diseñó su presupuesto económico en función de nuevos indicadores. En la economía del bienestar se pone al centro la equidad, el desarrollo ecológico sustentable, la justicia económica. En ese contexto, medidas limitarianistas como poner un límite a la riqueza son justificables, porque no se trata de la libertad económica individual sino de la calidad de vida y otros valores. Entonces la discusión de fondo es sobre el objetivo de la economía. En un modelo neoliberal las personas sirven a la economía. En el modelo de la economía del bienestar, es la economía la que está al servicio de las personas.

Límites a la riqueza en la historia de la filosofía occidental

En marzo de este año Matthias Kramm e Ingrid Robeyns, investigadores del proyecto Límites Justos (The Fair Limits project), publicaron un artículo en el que revisan que han dicho pensadores clave de la historia de la economía y la filosofía occidental, sobre limitar la extrema riqueza. Su revisión incluyó a Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, John Locke, Adam Smith, John Stuart Mill, Karl Marx y Friedrich Engels, y John Maynard Keynes.

La pregunta que guía esta revisión es la siguiente: ¿hay algún precedente histórico a la idea de establecer límites máximos a la riqueza individual? A continuación presentamos un extracto de las principales ideas.

Anexo

  1. El problema de la insaciabilidad: Platón y Aristóteles/Adam Smith/Karl Marx/John Maynard Keynes

Según Kramm y Robeyns, unos de los primeros argumentos que registra la historia de la filosofía es sicológico y se refiere a la idea de que los humanos, por naturaleza, se caracterizan por tener deseos y un apetito insaciable. La insaciabilidad es abordada en La República, por Platón y en La Política, por Aristóteles.

“Tanto Platón como Aristóteles -dicen los autores- plantean que estos apetitos deben ser limitados de una u otra manera”, por razones intrínsecas, pero también porque consideran que la insaciabilidad puede tener consecuencias para la vida de la polis (la ciudad-estado).

Kramm y Robeyns describen: “el Sócrates de Platón identifica ‘la acumulación interminable de dinero’ (Plato, 1997b, 373d) como la principal causa de protesta ciudadana y guerra. Esto es particularmente cierto en un sistema oligárquico (…) Los oligarcas están dominados por su deseo de riqueza, por lo que su gobierno conduce a una distribución desigual y a un incremento de las brechas entre ciudadanos ricos y pobres. Esta desigualdad es probable que estalle en una revolución en algún momento”.

En “Ética a Nicómaco” -explican Kramm y Robeyns- “Aristóteles describe la codicia como un apetito ‘por aquello que es placentero’ (Aristóteles, 2014, 1119b) y plantea que esta parte hambrienta del alma debe ser gobernada por la razón. Si una persona no es regulada por la razón, fácilmente puede caer en el error de entender a la riqueza como el bien máximo, aún cuando la riqueza ‘es fundamentalmente útil para acceder a otros bienes’ (Aristóteles, 2014, 1096a)”.

Aristóteles, describen los autores, está de acuerdo con Platón en que “la codicia puede tener consecuencias negativas para la polis, especialmente si la forma de gobierno es una oligarquía o una democracia” (Aristóteles, 1998, 1279b4).

En resumen -concluyen Robeyns y Kramm- “podemos decir que los argumentos intrínsecos en favor del limitarianismo de Platón y Aristóteles se concentran en el problema del ‘apetito insaciable’.

Este tipo de comportamiento puede terminar distrayendo a los individuos en la lucha por tener una vida buena y sabia y, en cambio, dedicar la mayoría de sus actividades a acumular riquezas, a costa de otras actividades más virtuosas. El argumento no intrínseco pro-limitarianismo de estos filósofos se centra en la distribución desigual y la brecha entre ciudadanos ricos y pobres, y los potenciales conflictos que pueden emerger de ello”.

En la misma línea del debate sobre “el problema de la insaciabilidad” Robeyns y Kramm registran ideas de Adam Smith, Karl Marx y Keynes.

Según los investigadores, Adam Smith constata que “cuando se trata de admirar, la disposición de las personas tiende a dirigirse hacia la riqueza más que hacia la sabiduría y la virtud. Smith afirma que ‘los observadores descuidados son propensos a confundir lo uno con lo otro’ (Smith, 2004, p. 73), porque tanto la adquisición de riqueza como de sabiduría y virtud pueden ayudarnos a ser respetables y respetados. Smith sugiere que la adquisición de riqueza debe ser controlada hasta el nivel que un hombre ‘pueda razonablemente esperar adquirir” (Smith, 2004, pags. 74), de manera que las virtudes puedan florecer también”.

Según Robeyns y Kramm, de los escritos de Smith pueden derivarse argumentos intrínsecos y no intrínsecos para limitar “el comportamiento adquisitivo”.

Entre los últimos Smith plantea que “demasiada desigualdad entre ricos y pobres puede llevar a disturbios civiles. Smith asigna a los ricos los vicios de ‘avaricia y ambición’ y a los pobres ‘el odio al trabajo y el amor a la facilidad y el disfrute actuales’ (Smith, 1976, 2.709)”. Adam Smith, explican los autores, “pone su esperanza en la clase media, que puede desarrollar un mayor grado de virtud”.

En tanto, en el trabajo de Karl Marx, “el problema de la insaciabilidad se reinterpreta como el resultado de las estructuras sociales propias del capitalismo. Marx describe la disposición a luchar por la riqueza como un fin en sí mismo, pero explica que esta disposición es una consecuencia del modo capitalista de producción”, escriben Robeyns y Kramm.

El problema de la insaciabilidad, en el caso de Marx, se circunscribe al espacio político-económico: “la insaciabilidad es inherente al modelo capitalista de producción y este modelo debe ser dejado atrás para establecer una sociedad justa”, describen los autores.

Por último, Robeyns y Kramm identifican los argumentos desarrollados por el economista inglés John Maynard Keynes, quien distingue dos tipos de necesidades en las personas: absolutas y relativas. Según Keynes, el primer tipo de necesidades, que tienen que ver con demandas individuales físicas o bienes, pueden ser satisfechas. El problema está en las segundas, “pues dado que implican una competencia con otros, la superioridad nunca se alcanza”. En el caso de Keynes, dicen los autores, considera relevante establecer límites al comportamiento “competitivo de las personas”, como una condición necesaria para una vida “sabia y prudente”.

  1. La falacia de los fines y medios: Platón y Aristóteles/Marx y Engels/John Maynard Keynes

Además de la insaciabilidad, Robeyns y Kramm identifican un segundo argumento usado para defender la idea del limitarianismo. De acuerdo a este, “los individuos tienen la tendencia a justificar la producción de dinero como un fin en sí misma, aun cuando no debe ser más que un medio para conseguir otra cosa. Esta falacia moral puede llevar a las personas a adoptar conceptos erróneos de lo bueno”, dicen los autores. Constatan que estas reflexiones están presentes en escritos de Platón, Aristóteles, Keynes y Marx y Engels.

En La República de Platón, dicen los autores, “la falacia de los medios y fines es introducida en el contexto de una discusión de las artes médicas. De acuerdo al Sócrates de Platón, no es apropiado para un arte buscar la ventaja más allá de su objetivo (Platón, 1997b, 342b). Así, si el objeto de la Medicina es la salud del cuerpo, el fisiatra actúa mal cuando, en lugar de cuidar a su paciente, se preocupa de hacer dinero”.

Aristóteles aborda este tema en Ética para Nicómaco y en su Política. Aristóteles, según los autores, plantea que “para que una familia florezca, el dueño de hogar debe dejar en claro que hacer dinero es un medio para un fin. De acuerdo a Aristóteles, el negocio de acumular riqueza por el solo hecho de hacerlo puede tener un efecto corrosivo en otras actividades”.

En el ensayo “Posibilidades económicas de nuestros nietos” (1928), Keynes, en la misma línea que Aristóteles “distingue entre el ‘amor al dinero como una posesión’ y ‘el amor al dinero como un medio de disfrutar los placeres de la vida” (Keynes, 2008, pp. 23–24), explican los autores.

En el “Manifiesto del Partido Comunista”, Marx y Engels entregan su propia versión de la falacia de medios y fines, explican los autores. En este caso, se plantea que “la acumulación de capital” debe ser un medio para “sustentar la vida de la clase trabajadora”.

“En resumen -concluyen los autores- podemos decir que Platón, Aristóteles y Keynes sitúan su argumentación en el aspecto intrínseco del limitarianismo. Transformar los medios en fines puede hacer que actuemos mal (Platón), limitemos el florecimiento de las personas (Aristóteles) o pongamos límites al disfrute individual de las cosas” (Keynes).

  1. Umbrales mínimos y máximos: Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Locke, Adam Smith y John Stuart Mill

Un tercer argumento que sustentaría la posición del limitarianismo en la historia de la filosofía se encuentra en la distinción entre necesidades y excesos, y la importancia de establecer “umbrales” mínimos y máximos.

“En términos generales, esta mirada plantea un mínimo a partir del cual todos los miembros de la sociedad deben crecer (necesidades) y también considera un límite máximo por sobre el cual la propiedad individual debe redistribuirse de una u otra manera (excesos)”, explican los autores.

“Mientras el umbral mínimo es definido en términos de los medios necesarios para la supervivencia del individuo, su hogar y su familia, en términos de alimento, vestimenta y habitación, hay formas diversas de determinar el umbral máximo”, explican Robeyns y Kramm.

Entre los dos umbrales, los pensadores analizados proponen distintas medidas para combatir la brecha entre ricos y pobres. Platón recomienda un diseño específico para la sociedad en combinación con regulaciones legales. Aristóteles sugiere restringir las actividades económicas dañinas. Tomás de Aquino propone límites en el marco de la caridad voluntaria y obligatoria. Locke, al igual que Tomás de Aquino, ve la caridad como una alternativa, pero complementa esa mirada con una discusión sobre los derechos de los individuos. Adam Smith y John Stuart Mill proponen la generación de impuestos como una medida adecuada de redistribución.

“En conclusión, podemos distinguir entre aquellos pensadores que plantean diseños de sociedad determinados (por ejemplo Platón y Aristóteles) y otros que no tocan este tema y fundamentalmente proponen herramientas de redistribución, como Tomás de Aquino, Smith y Mill”, plantean Robeyns y Kramm.

Nota:

  1. En el estudio se les preguntó a los holandeses qué consideraban extrema riqueza. Un 67% estuvo de acuerdo en que una familia que tiene una casa grande con piscina privada, dos autos de lujo, otra propiedad en el sur Francia y 500 mil euros (aldedor de 450 millones de pesos) en bienes (propiedades, inversiones), está por sobre la línea de la riqueza.

Ingrid Robeyns

02/07/2020

Economista y filósofa belga. Trabaja en el instituto de Ética de la Universidad de Ultrecht.

Fuente:

https://ciperchile.cl/2020/05/17/ingrid-robeyns-debe-haber-limites-para-lo-que-queremos-tener#_ftnref1

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Sábado, 04 Julio 2020 06:12

Que la crisis la paguen los ricos

Que la crisis la paguen los ricos

Después de la crisis económica de 2008, hubo un sector que no sólo se recuperó rápido, sino que siguió creciendo exponencialmente, el de los artículos de lujo. Mientras una buena parte de la población veía recortados sus derechos sociales y laborales, la ocupación de hoteles de 5 estrellas, la venta de inmuebles de firmas de lujo como Engel & Völkers, o la compra de productos como relojes caros, joyería o arte, aumentó por encima de 10 por ciento anual.

Este obsceno indicador sintetiza muy bien lo que significó la crisis de 2008 para la humanidad. La salida a la crisis la pagaron las mayorías sociales en beneficio de una élite. Se socializaron las pérdidas, mediante la compra de la deuda de los bancos privados con el objetivo de que no colapsara el sistema financiero internacional, y se privatizaron las ganancias. Se rescataron otras grandes empresas como General Electric o General Motors, sin que el Estado después de salvar a estas empresas, impusiera ninguna cláusula de recuperación de empleos. Y cuando una parte de esos trabajos se recuperaron, fue con unas condiciones salariales infinitamente peores que antes de la crisis.

Hoy día, cuando parece que ya ha pasado lo peor de la pandemia y la crisis de salud, nos encontramos a las puertas de una crisis económica mundial, probablemente más fuerte y profunda que la de 2008.

La Organización Mundial del Comercio ha estimado que la economía mundial podría contraerse hasta en 18.5 por ciento, y el informe de abril del Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB regional podría descender 5.2 por ciento, porcentaje mayor a 5 por ciento de los años 30 posteriores al crack de la bolsa de Nueva York de 1929 y desde luego más grande que el 2 por ciento posterior a 2008.

En América Latina y el Caribe, una región exportadora de materias primas y productos manufacturados, la OIT calcula que más de 10 millones de personas perderán sus empleos por la pandemia, y la Cepal en su informe "El desafío social en tiempos del Covid-19" calcula un aumento de la pobreza de 4.4 puntos porcentuales que se traducen en 28.7 millones adicionales de personas pobres (para alcanzar 214.7 millones de personas) y un aumento de la extrema pobreza de 2.6 puntos porcentuales, que eleva el total a 83.4 millones de personas en la región.

A todo lo anterior hay que sumarle la crisis petrolera, con una rebaja de la producción de 10 millones de barriles y el desplome de los precios que aunque ya en recuperación, no volverán a alcanzar a finales de 2020 los de 2019, según la Agencia Internacional de la Energía.

Si a todo lo anterior le sumamos la crisis estructural en forma de cambio climático que vivimos, con un aumento de las emisiones anuales de dióxido de carbono por encima de los 50 gigatones (cada gigatón equivale a mil millones de toneladas), el resultado es devastador: deshielo acelerado de los polos al mismo tiempo que se eleva el nivel del mar, y aumento de la temperatura media global de entre 1.2 y 1.3 °C en los próximos cinco años, que nos acerca al temido límite de más 2 °C de temperatura media del planeta por encima del periodo preindustrial.

Por todo lo anterior se hace cada vez más urgente el debate sobre el modo de producción capitalista, pero sin posiciones maniqueas como las que estamos acostumbrados a leer en todo lo que tiene que ver con el modelo de desarrollo. Los países del sur no sólo tienen el derecho, sino la obligación de sacar a centenares de millones de personas de la pobreza, haciéndolo eso sí, en un equilibrio entre ese crecimiento al que tuvieron acceso los países del norte, y los derechos de la naturaleza en un planeta finito que no da mucho más de sí.

La pandemia global de coronavirus ha venido a acelerar una crisis que ya se atisbaba en el horizonte, el de un modo de producción insostenible, sobre todo de los países del norte, que además no quieren hacer una transferencia de tecnología, como pago parcial de la deuda ecológica que tienen con el sur por la explotación de sus pueblos, personas, y recursos naturales durante siglos. Si además le agregamos a la ecuación la variable de la financiarización de la economía, con cada vez menos producción de bienes tangibles, y mayor especulación económica, la combinación es explosiva, y sobre todo, insostenible.

Pero si algo bueno deja esta pandemia es el retorno del Estado, la ruptura entre amplias capas de la clase media del consenso cultural instalado por el neoliberalismo de que el Estado no era necesario, y de que a menos Estado, más eficiencia. Va a ser muy difícil para los defensores de la globalización neoliberal en crisis defender que los bienes comunes, especialmente la salud, no deben estar en manos del Estado para garantizar el acceso universal y en las mejores condiciones posibles a su población.

Ahí está la grieta para romper el consenso neoliberal, todavía hegemónico desde el punto de vista cultural. La necesidad del retorno del Estado. Y después de instalar ese nuevo consenso, es necesario dar un nuevo paso: que la crisis no la paguen las y los de siempre, los de abajo, los más humildes. Que la crisis económica que está llegando la paguen los de arriba. Que la crisis la paguen los ricos.

Por  Katu Arkonada. politólogo vasco-boliviano, especialista en América Latina

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Gravar riqueza es ruta contra la crisis que desató el virus

No hay lugar para la austeridad como medida para combatir la crisis causada por el Covid-19. En vez de esa salida, para atenuar la caída de los ingresos, se necesitan esquemas fiscales sin beneficios para las grandes empresas, incluidas las tecnológicas, e impuestos progresivos a la riqueza, expusieron ayer integrantes de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (Icrict, por sus siglas en inglés).

En videoconferencia, Jayati Ghosh, Joseph Stiglitz, José Antonio Ocampo y Thomas Piketty, miembros de esa comisión, recalcaron que los incentivos fiscales a empresas son regresivos y no han mostrado ser vehículo para atraer la inversión. Así, de cara a la recuperación, propusieron fijar impuestos a los servicios digitales y gravar los "beneficios extraordinarios" en los "sectores oligopolizados".

Además, imponer 25 por ciento de tasa mínima efectiva de impuesto a las compañías, que las beneficiarias del Estado reporten la principal información financiera y tributaria en cada país en el que operan y establecer bases de datos mundiales sobre la riqueza offshore.

Respecto a México, Ocampo, presidente del Icrict y ex secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, subrayó que el país arrastra “uno de los peores casos de la región en gestión de la crisis actual (…) No hay argumento para la austeridad en las condiciones de hoy día. Necesitamos más gasto para los más pobres y vulnerables, dado que ellos terminan sin ingresos”.

Jayati Ghosh, economista especializada en desarrollo, sostuvo que reducir el gasto de gobierno acarreará "riesgos horribles" para la actividad económica y el empleo en los países en desarrollo. No obstante, ese tipo de medidas en tiempos de crisis hacen más lejanas las recuperaciones, completó Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001.

"Ahora no es el momento para la austeridad (...) Si quieren que la recuperación dure 10 años, pongan medidas de ese tipo", expresó el investigador. Añadió que una de las causas de que la Gran Depresión se extendiera 10 años fue la política de recorte al gasto que realizó el presidente estadunidense Herbert Hoover.

Thomas Piketty, investigador y autor de El capital en el siglo XXI, recalcó que no sólo es necesario garantizar el pago de impuestos de las empresas, que hasta ahora se han basado en concesiones inmorales, sino fijar un sistema progresivo a los ingresos y patrimonio de las personas.

“El impuesto de sociedades mínimo de 25 por ciento es bueno y útil, pero como parte de algo más grande (…) Tenemos una crisis sin precedente ahora y un sistema fiscal más equitativo tiene que ser parte de la solución”, aseveró.

El sistema fiscal era regresivo antes de la crisis, por el trato a las grandes tecnológicas, por las prácticas de las trasnacionales de mudar sus ganancias a paraísos fiscales y porque los propios esquemas tributarios implican que las pequeñas y medianas compañías paguen más que los corporativos.

De hecho, explicó Stiglitz, es necesario fiscalizar a las grandes ganadoras de esta crisis, las tecnológicas, porque la magnitud de recursos que se necesitan en la coyuntura actual y el riesgo de no gravar lo suficiente es 100 veces mayor que en 2008 y 2009, cuando ocurrió la crisis financiera mundial. Volver a un "sistema injusto dañará la recuperación".

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Colombia, políticas tributarias regresivas: ¡el que tiene más paga menos!

Una novedad de “transparencia”. A lo largo de las últimas semanas algunos funcionarios del Estado y servidores públicos publicaron su declaración de bienes y rentas correspondiente al año fiscal 2018. No fue por voluntad propia, sino la respuesta a la Ley No. 2013 que ordena hacerlo, así como también sacar a la luz su registro de conflicto de interés y la declaración de impuesto sobre la renta y complemenatarios, demanda que ya es prerequisito para posesionarse, ejercer y retirarse del cargo público que desempeñen.

La información, ahora pública, proyecta luces sobre la manera legal de evadir impuestos en Colombia, así como sobre otros elementos ya expuestos en el libro de Garay y Espitia (2019)*, las cuales quedan un poco más al descubierto a nivel individual.

Una pequeña referencia histórica

La tributación en el capitalismo –desde su primera etapa como capitalismo comercial– persiguió fortalecer el Estado, dada la necesidad del sistema de posibilitar la existencia, tanto de los agentes (en lo esencial jueces y policías) que garantizaran el cumplimiento de unas reglas del juego en el que unos actores librados a las “fuerzas del mercado” debían competir a muerte por su supremacía, así como de unas obras de infraestructura que debían ser escenario común en el que el juego tuviera lugar. Las complejidades del sistema, y la emergencia de las aglomeraciones condujeron a la obligatoria creación de sistemas sanitarios y de escolarización mínimos que garantizaran un flujo de fuerza de trabajo que cumpliera con los requisitos crecientes que imponía el capital en el proceso de trabajo.

Los impuestos, como vía para la redistribución de los excedentes son, entonces, un mecanismo que muestra el grado en que el Estado, como árbitro, es aún necesario en la mediación entre capitales particulares y entre el capital y el trabajo. La disminución del esfuerzo tributario para las élites y la descarga de este esfuerzo en los hombros de la mayoría con el aumento desmesurado de los impuestos indirectos, es un indicador innegable del carácter anti-popular del ultraliberalismo iniciado en los ochenta del siglo pasado.

Un botón basta de muestra


Aprovechando que ahora son públicas, desdeabajo reunió las declaraciones de renta presentadas por algunos de los altos funcionarios del Estado, y traemos aquí, para el análisis, los datos más relevantes de las declaraciones presentadas por 15 de ellos, dentro de los cuales están 13 senadores de la República, la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez y el presidente Iván Duque.

El formulario de declaración 210 de la Dian, que corresponde a las personas naturales, discrimina las que han denominado “cédulas” de ingreso de acuerdo al tipo de renta. Así: i) Rentas de trabajo, ii) Rentas pensionales, iii) Rentas de capital, iv) Rentas no laborales, v) Rentas por dividendos y participaciones. Se declara, entonces, para cada una de ellas, los ingresos brutos, los ingresos no constitutivos de renta, las rentas exentas de trabajo y deducciones imputables, y los ingresos líquidos gravables. Veamos los resultados obtenidos, en cada rubro, para los funcionarios seleccionados. Y en la línea de abajo los impuestos que pagaron (Tabla Nº 1)

 


Rentas no laborales Según el Estatuto Tributario, son consideradas rentas pertenecientes a esta cédula los ingresos por indemnizaciones no laborales, la venta de activos fijos poseídos por menos de dos (2) años, y todos los pagos por honorarios, comisiones, servicios, emolumentos y demás, que no clasifiquen como prestación de servicios personales, como es el caso de los honorarios percibidos por las personas naturales que presenten servicios y que contraten o vinculen, por al menos 90 días continuos o discontinuos, dos o más trabajadores o contratistas asociados a la actividad productora de renta.


¿Con el sudor de la frente…?

Una primera observación extraída del cuadro anterior es que, con el ingreso que dicen percibir en un año como el de 2018, después de hacer los descuentos del caso (renta líquida gravable, RLG), uno no se explica cómo hacen algunos para enriquecerse. Según la RLG declarada por Arturo Char serían necesarios 101 años para obtener su actual patrimonio bruto; 40 años para el caso de Álvaro Uribe Vélez, 66 años en el caso de Martha Lucía Ramírez, 8 años para Iván Duque, 11 años en el de Gustavo Petro, o 15 años para John Besaile.


En segundo lugar, se observa que son pocos los integrantes de la muestra donde los ingresos laborales representen una proporción importante de sus ingresos. En el caso de Iván Duque, tal ingreso representa el 99.2 por ciento; para Gustavo Petro este valor corresponde al 98.7 por ciento; para Carlos Mejía es del 83.1 por ciento; y, para Jorge Robledo es igual al 81.0. A juzgar por la Declaración esos son únicamente “trabajadores” (¡¡!!).

Entre tanto, donde menos pesa el ingreso laboral es en los casos de Martha Lucia Ramírez (9.7%); Gustavo Bolívar (11.9%); Jonh Besaile (13.1%); Álvaro Uribe Vélez (26.5%); y, Arturo Char (39.8%). Lo que significa que este grupo de personas reciben ingresos diferentes a los de su trabajo. Pero habría que preguntarse qué tipo de ingresos son esos. Por ejemplo, Gustavo Bolívar reconoce que se trata de rentas de capital las cuales representan, en ese año, 7.4 veces lo recibido como congresista. Pero en otros casos se habla es de Rentas No Laborales, curiosa “Cédula” en la que se incluyen varios conceptos (Ver Tablas) que seguramente le permiten a un contador habilidoso incluir ingresos que después van a resultar exentos de impuestos pues son beneficiarios del conjunto de estímulos tributarios ofrecidos a los “emprendedores”. Y allí el monto declarado en semejante cédula con respecto a las rentas puramente laborales fue de 8.7 veces, en el caso de Marta Lucía Ramírez; 6.6 veces en John Besaile; y, 2.7 veces en Álvaro, el Uribe Vélez. Insistamos: una de las características de esta renta no laboral es que goza de grandes beneficios fiscales.

 

En pagar impuestos, sí que nos dan ejemplo

 

La constatación anterior nos empieza a dar una idea de cómo se hace para eludir el pago de impuestos. En una primera aproximación, veamos qué tanto representa lo que pagan al fisco en comparación con lo que reciben en el año. Como se sabe, existe, por ley, una tarifa que se aplica a las rentas o ingresos recibidos, según su nivel. Pero eso es nominal. Esta situación, donde los declarantes reciben rentas que se encuentran exentas o corresponden a ingresos no constitutivos de renta, y que resultan ser más importantes que sus ingresos gravables, queda reflejada en lo que se llama la tarifa efectiva. Es decir, aquella que corresponde a la relación entre los impuestos sobre las rentas líquidas dividida por el total de rentas brutas.

En el gráfico se observa, por ejemplo, que la tarifa efectiva de Martha Lucía Ramírez es 1.2 por ciento, de 4.0 por ciento para John Besaile, de 4.9 por ciento para Álvaro Uribe Vélez, y de 14.2 para el Presidente de la República. ¿Es justa una sociedad, donde sus dirigentes políticos reciben ingresos muchos más altos a los que tiene acceso la gran mayoría de la población y resulten pagando impuestos tan bajos respecto a sus ingresos brutos? Cabe anotar que en nuesetro país cerca del 50 por ciento de la población devenga menos de 2 salarios mínimos legales.

Examinemos ahora cómo han logrado tan envidiables tarifas aunque son considerables sus ingresos del trabajo. Y eso que, como dijimos, en la mayoría, esos no son los más importantes. En la Tabla 1, puede observarse la primera cédula de ingreso referente a las Rentas Laborales, que en el caso de los funcionarios analizados corresponden a sus salarios como Senadores, Vicepresidenta y Presidente respectivamente, los cuales oscilan entre 16 y 59 Salarios Mínimos Legales Vigente (Smlv) y en promedio equivalen a 41 Smlv para el año 2018. Pero, atención: de todos los Ingresos brutos, hay que restar la suma de aquellos que son Ingresos No Constitutivos de Renta, rentas exentas y deducciones. Al examinar cada uno de los casos, vemos que oscilan entre el 27 y el 55 por ciento del ingreso bruto de cada tipo de renta (“cédula”), con un promedio del 39 por ciento.

En consecuencia, al comparar la tarifa nominal frente a la tarifa efectiva de tributación, es decir, el recaudo del impuesto sobre el ingreso líquido gravable para cada tipo de renta, frente el recaudo del impuesto sobre el ingreso bruto del tipo de renta, podemos ver la diferencia de tributación antes y después de aplicar las exenciones, deducciones o restar los ingresos no constitutivos de renta (Incr).

Así, como lo muestra la Tabla 2, el nivel de recaudo de impuesto sobre las rentas laborales antes y después de los Incr, exenciones y/o deducciones, es en promedio de 24 y 15 por ciento respectivamente, siendo en promedio un 9 por ciento de recaudo más bajo luego de contemplar los Incr y las exenciones, los cuales equivalen en promedio a $154 millones de pesos en el año, descontados de los ingresos brutos laborales, que equivalen a 198 Smlv.

 

 

La jugada maestra

Ahí no paran las artimañas. Recordemos nuevamente que, para la mayoría, el grueso de sus ingresos no es laboral. Viene, entonces, la sorpresa: para las “rentas de capital” y las “rentas no laborales”, encontramos que el recaudo de impuestos fue nulo en la mayoría de los casos, por lo que la tasa nominal y efectiva en estos casos es de cero. Y es lógico: al calcular, para la renta de capital, el promedio de los Incr, Exenciones y deducciones, y/o Costos y gastos procedentes de la renta, se encuentra que equivalen a un 48 por ciento (en promedio) que fue el monto restado de los Ingresos brutos.

 


Pero el caso que más llama la atención, es el de las llamadas “Rentas No Laborales” las cuales ascienden en algunos casos a $1.200 millones de pesos anuales (o sea 128 Smlv mensuales), como los de Martha Lucía Ramírez, Álvaro Uribe Vélez y John Besaile, quienes, sin embargo, no pagan ningún impuesto sobre dicha renta, debido a que se presenta disminuida en numerosos Incr, exenciones, deducciones y/o costos y gastos “procedentes” es decir necesarios para la obtención de tal ingreso. El truco es buenísimo. Así, tenemos que a los senadores Álvaro Uribe, María Fernanda Cabal, Carlos Mejía, Paloma Valencia, Ernesto Macías, Angélica Lozano, Iván Cepeda y Armando Benedetti, les restan el 100 por ciento de su ingreso no laboral declarado por lo cual no pagan ningún impuesto.

¿Sirve de algo esta transparencia?

Así las cosas, el resultado, que hemos visto en la muestra de funcionarios, de estas tarifas de tributación sobre los ingresos de rentas declarados, donde el recaudo pertenece en su gran mayoría a los impuestos sobre las rentas laborales, y no sobre las rentas de capital, las rentas no laborales, o las rentas de dividendos y participaciones, es un ejemplo más de aquello que los especialistas han llamado las “venas abiertas” del Estatuto Tributario, por donde se escapan los impuestos que deberían pagarse, vía Ingresos No constitutivos de Renta (Incr) y “rentas exentas”, entre otras.

Por otro lado, la Ley Nº 2013 de 2019 ordena la publicación de las declaraciones de renta mas no de sus anexos explicativos, por lo cual quedarán ocultas las distintas razones (artimañas) para las deducciones aplicadas en cada caso.

Lo hasta aquí tratado sirve como ilustración para analizar cómo los principales ingresos de varios de los altos funcionarios del Estado no corresponden a sus ingresos laborales, sino que provienen principalmente de otras actividades económicas no laborales, y en cambio, su tributación corresponde casi exclusivamente a los ingresos laborales, implicando, por un lado, que se recaude un monto menor al que sería si se gravaran sus demás ingresos y, por otro lado, que se profundicen las inequidades en la distribución de riqueza e ingresos en el país por medio de políticas tributarias regresivas que ejercen más presión de recaudo sobre la gran base de asalariados, o sobre el conjunto de la población vía recaudo de impuestos al consumo, como lo es el IVA.

Es así como tenemos que la estructura tributaria es una muestra más, entonces, de que en el país las leyes están diseñadas tan sólo para el sometimiento de los de abajo, y que la sociedad está organizada bajo marcados principios de segregación que no sólo desdicen de lo que debe ser una democracia, sino que niegan la condición de igualdad de ciudadanía que el capital inauguró desde el siglo XVIII. La caricatura de sistema que nos rige no encuentra una respuesta organizada, que debe comenzar por desnudar el carácter sesgado de la ley y su diseño profundamente clasista en favor de los poderes establecidos.

 

* Dinámica de las desigualdades en Colombia. En torno a la economía política en los ámbitos socio-económico, tributario y territorial, ediciones desdeabajo, 2019

 

 

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Publicado enColombia
Colombia, políticas tributarias regresivas: ¡el que tiene más paga menos!

Una novedad de “transparencia”. A lo largo de las últimas semanas algunos funcionarios del Estado y servidores públicos publicaron su declaración de bienes y rentas correspondiente al año fiscal 2018. No fue por voluntad propia, sino la respuesta a la Ley No. 2013 que ordena hacerlo, así como también sacar a la luz su registro de conflicto de interés y la declaración de impuesto sobre la renta y complemenatarios, demanda que ya es prerequisito para posesionarse, ejercer y retirarse del cargo público que desempeñen.

La información, ahora pública, proyecta luces sobre la manera legal de evadir impuestos en Colombia, así como sobre otros elementos ya expuestos en el libro de Garay y Espitia (2019)*, las cuales quedan un poco más al descubierto a nivel individual.

Una pequeña referencia histórica

La tributación en el capitalismo –desde su primera etapa como capitalismo comercial– persiguió fortalecer el Estado, dada la necesidad del sistema de posibilitar la existencia, tanto de los agentes (en lo esencial jueces y policías) que garantizaran el cumplimiento de unas reglas del juego en el que unos actores librados a las “fuerzas del mercado” debían competir a muerte por su supremacía, así como de unas obras de infraestructura que debían ser escenario común en el que el juego tuviera lugar. Las complejidades del sistema, y la emergencia de las aglomeraciones condujeron a la obligatoria creación de sistemas sanitarios y de escolarización mínimos que garantizaran un flujo de fuerza de trabajo que cumpliera con los requisitos crecientes que imponía el capital en el proceso de trabajo.

Los impuestos, como vía para la redistribución de los excedentes son, entonces, un mecanismo que muestra el grado en que el Estado, como árbitro, es aún necesario en la mediación entre capitales particulares y entre el capital y el trabajo. La disminución del esfuerzo tributario para las élites y la descarga de este esfuerzo en los hombros de la mayoría con el aumento desmesurado de los impuestos indirectos, es un indicador innegable del carácter anti-popular del ultraliberalismo iniciado en los ochenta del siglo pasado.

Un botón basta de muestra


Aprovechando que ahora son públicas, desdeabajo reunió las declaraciones de renta presentadas por algunos de los altos funcionarios del Estado, y traemos aquí, para el análisis, los datos más relevantes de las declaraciones presentadas por 15 de ellos, dentro de los cuales están 13 senadores de la República, la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez y el presidente Iván Duque.

El formulario de declaración 210 de la Dian, que corresponde a las personas naturales, discrimina las que han denominado “cédulas” de ingreso de acuerdo al tipo de renta. Así: i) Rentas de trabajo, ii) Rentas pensionales, iii) Rentas de capital, iv) Rentas no laborales, v) Rentas por dividendos y participaciones. Se declara, entonces, para cada una de ellas, los ingresos brutos, los ingresos no constitutivos de renta, las rentas exentas de trabajo y deducciones imputables, y los ingresos líquidos gravables. Veamos los resultados obtenidos, en cada rubro, para los funcionarios seleccionados. Y en la línea de abajo los impuestos que pagaron (Tabla Nº 1)

 


Rentas no laborales Según el Estatuto Tributario, son consideradas rentas pertenecientes a esta cédula los ingresos por indemnizaciones no laborales, la venta de activos fijos poseídos por menos de dos (2) años, y todos los pagos por honorarios, comisiones, servicios, emolumentos y demás, que no clasifiquen como prestación de servicios personales, como es el caso de los honorarios percibidos por las personas naturales que presenten servicios y que contraten o vinculen, por al menos 90 días continuos o discontinuos, dos o más trabajadores o contratistas asociados a la actividad productora de renta.


¿Con el sudor de la frente…?

Una primera observación extraída del cuadro anterior es que, con el ingreso que dicen percibir en un año como el de 2018, después de hacer los descuentos del caso (renta líquida gravable, RLG), uno no se explica cómo hacen algunos para enriquecerse. Según la RLG declarada por Arturo Char serían necesarios 101 años para obtener su actual patrimonio bruto; 40 años para el caso de Álvaro Uribe Vélez, 66 años en el caso de Martha Lucía Ramírez, 8 años para Iván Duque, 11 años en el de Gustavo Petro, o 15 años para John Besaile.


En segundo lugar, se observa que son pocos los integrantes de la muestra donde los ingresos laborales representen una proporción importante de sus ingresos. En el caso de Iván Duque, tal ingreso representa el 99.2 por ciento; para Gustavo Petro este valor corresponde al 98.7 por ciento; para Carlos Mejía es del 83.1 por ciento; y, para Jorge Robledo es igual al 81.0. A juzgar por la Declaración esos son únicamente “trabajadores” (¡¡!!).

Entre tanto, donde menos pesa el ingreso laboral es en los casos de Martha Lucia Ramírez (9.7%); Gustavo Bolívar (11.9%); Jonh Besaile (13.1%); Álvaro Uribe Vélez (26.5%); y, Arturo Char (39.8%). Lo que significa que este grupo de personas reciben ingresos diferentes a los de su trabajo. Pero habría que preguntarse qué tipo de ingresos son esos. Por ejemplo, Gustavo Bolívar reconoce que se trata de rentas de capital las cuales representan, en ese año, 7.4 veces lo recibido como congresista. Pero en otros casos se habla es de Rentas No Laborales, curiosa “Cédula” en la que se incluyen varios conceptos (Ver Tablas) que seguramente le permiten a un contador habilidoso incluir ingresos que después van a resultar exentos de impuestos pues son beneficiarios del conjunto de estímulos tributarios ofrecidos a los “emprendedores”. Y allí el monto declarado en semejante cédula con respecto a las rentas puramente laborales fue de 8.7 veces, en el caso de Marta Lucía Ramírez; 6.6 veces en John Besaile; y, 2.7 veces en Álvaro, el Uribe Vélez. Insistamos: una de las características de esta renta no laboral es que goza de grandes beneficios fiscales.

 

En pagar impuestos, sí que nos dan ejemplo

 

La constatación anterior nos empieza a dar una idea de cómo se hace para eludir el pago de impuestos. En una primera aproximación, veamos qué tanto representa lo que pagan al fisco en comparación con lo que reciben en el año. Como se sabe, existe, por ley, una tarifa que se aplica a las rentas o ingresos recibidos, según su nivel. Pero eso es nominal. Esta situación, donde los declarantes reciben rentas que se encuentran exentas o corresponden a ingresos no constitutivos de renta, y que resultan ser más importantes que sus ingresos gravables, queda reflejada en lo que se llama la tarifa efectiva. Es decir, aquella que corresponde a la relación entre los impuestos sobre las rentas líquidas dividida por el total de rentas brutas.

En el gráfico se observa, por ejemplo, que la tarifa efectiva de Martha Lucía Ramírez es 1.2 por ciento, de 4.0 por ciento para John Besaile, de 4.9 por ciento para Álvaro Uribe Vélez, y de 14.2 para el Presidente de la República. ¿Es justa una sociedad, donde sus dirigentes políticos reciben ingresos muchos más altos a los que tiene acceso la gran mayoría de la población y resulten pagando impuestos tan bajos respecto a sus ingresos brutos? Cabe anotar que en nuesetro país cerca del 50 por ciento de la población devenga menos de 2 salarios mínimos legales.

Examinemos ahora cómo han logrado tan envidiables tarifas aunque son considerables sus ingresos del trabajo. Y eso que, como dijimos, en la mayoría, esos no son los más importantes. En la Tabla 1, puede observarse la primera cédula de ingreso referente a las Rentas Laborales, que en el caso de los funcionarios analizados corresponden a sus salarios como Senadores, Vicepresidenta y Presidente respectivamente, los cuales oscilan entre 16 y 59 Salarios Mínimos Legales Vigente (Smlv) y en promedio equivalen a 41 Smlv para el año 2018. Pero, atención: de todos los Ingresos brutos, hay que restar la suma de aquellos que son Ingresos No Constitutivos de Renta, rentas exentas y deducciones. Al examinar cada uno de los casos, vemos que oscilan entre el 27 y el 55 por ciento del ingreso bruto de cada tipo de renta (“cédula”), con un promedio del 39 por ciento.

En consecuencia, al comparar la tarifa nominal frente a la tarifa efectiva de tributación, es decir, el recaudo del impuesto sobre el ingreso líquido gravable para cada tipo de renta, frente el recaudo del impuesto sobre el ingreso bruto del tipo de renta, podemos ver la diferencia de tributación antes y después de aplicar las exenciones, deducciones o restar los ingresos no constitutivos de renta (Incr).

Así, como lo muestra la Tabla 2, el nivel de recaudo de impuesto sobre las rentas laborales antes y después de los Incr, exenciones y/o deducciones, es en promedio de 24 y 15 por ciento respectivamente, siendo en promedio un 9 por ciento de recaudo más bajo luego de contemplar los Incr y las exenciones, los cuales equivalen en promedio a $154 millones de pesos en el año, descontados de los ingresos brutos laborales, que equivalen a 198 Smlv.

 

 

La jugada maestra

Ahí no paran las artimañas. Recordemos nuevamente que, para la mayoría, el grueso de sus ingresos no es laboral. Viene, entonces, la sorpresa: para las “rentas de capital” y las “rentas no laborales”, encontramos que el recaudo de impuestos fue nulo en la mayoría de los casos, por lo que la tasa nominal y efectiva en estos casos es de cero. Y es lógico: al calcular, para la renta de capital, el promedio de los Incr, Exenciones y deducciones, y/o Costos y gastos procedentes de la renta, se encuentra que equivalen a un 48 por ciento (en promedio) que fue el monto restado de los Ingresos brutos.

 


Pero el caso que más llama la atención, es el de las llamadas “Rentas No Laborales” las cuales ascienden en algunos casos a $1.200 millones de pesos anuales (o sea 128 Smlv mensuales), como los de Martha Lucía Ramírez, Álvaro Uribe Vélez y John Besaile, quienes, sin embargo, no pagan ningún impuesto sobre dicha renta, debido a que se presenta disminuida en numerosos Incr, exenciones, deducciones y/o costos y gastos “procedentes” es decir necesarios para la obtención de tal ingreso. El truco es buenísimo. Así, tenemos que a los senadores Álvaro Uribe, María Fernanda Cabal, Carlos Mejía, Paloma Valencia, Ernesto Macías, Angélica Lozano, Iván Cepeda y Armando Benedetti, les restan el 100 por ciento de su ingreso no laboral declarado por lo cual no pagan ningún impuesto.

¿Sirve de algo esta transparencia?

Así las cosas, el resultado, que hemos visto en la muestra de funcionarios, de estas tarifas de tributación sobre los ingresos de rentas declarados, donde el recaudo pertenece en su gran mayoría a los impuestos sobre las rentas laborales, y no sobre las rentas de capital, las rentas no laborales, o las rentas de dividendos y participaciones, es un ejemplo más de aquello que los especialistas han llamado las “venas abiertas” del Estatuto Tributario, por donde se escapan los impuestos que deberían pagarse, vía Ingresos No constitutivos de Renta (Incr) y “rentas exentas”, entre otras.

Por otro lado, la Ley Nº 2013 de 2019 ordena la publicación de las declaraciones de renta mas no de sus anexos explicativos, por lo cual quedarán ocultas las distintas razones (artimañas) para las deducciones aplicadas en cada caso.

Lo hasta aquí tratado sirve como ilustración para analizar cómo los principales ingresos de varios de los altos funcionarios del Estado no corresponden a sus ingresos laborales, sino que provienen principalmente de otras actividades económicas no laborales, y en cambio, su tributación corresponde casi exclusivamente a los ingresos laborales, implicando, por un lado, que se recaude un monto menor al que sería si se gravaran sus demás ingresos y, por otro lado, que se profundicen las inequidades en la distribución de riqueza e ingresos en el país por medio de políticas tributarias regresivas que ejercen más presión de recaudo sobre la gran base de asalariados, o sobre el conjunto de la población vía recaudo de impuestos al consumo, como lo es el IVA.

Es así como tenemos que la estructura tributaria es una muestra más, entonces, de que en el país las leyes están diseñadas tan sólo para el sometimiento de los de abajo, y que la sociedad está organizada bajo marcados principios de segregación que no sólo desdicen de lo que debe ser una democracia, sino que niegan la condición de igualdad de ciudadanía que el capital inauguró desde el siglo XVIII. La caricatura de sistema que nos rige no encuentra una respuesta organizada, que debe comenzar por desnudar el carácter sesgado de la ley y su diseño profundamente clasista en favor de los poderes establecidos.

 

* Dinámica de las desigualdades en Colombia. En torno a la economía política en los ámbitos socio-económico, tributario y territorial, ediciones desdeabajo, 2019

 

 

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Publicado enEdición Nº266
Estos son los privilegios de la aviación, el medio de transporte más contaminante del planeta

La aviación representa el 2% del total de las emisiones a nivel mundial. Los viajes aéreos han crecido de manera exponencial en los últimos años, gracias a una serie de exenciones fiscales que permiten que los billetes se vendan a precios irrisorios en comparación con otros sectores menos nocivos como el ferroviario.

 El presente es velocidad. Inmediatez. Si hay algún elemento que resuma la premisa moderna de la rapidez es el avión. Con sus alas de acero y sus potentes motores acortan distancias de una forma abrupta. Un viaje de Berlín a Madrid es equivalente, a nivel temporal, a un trayecto en coche desde la capital hasta Mérida. La presteza del sector de la aviación es, sin duda, una cualidad atractiva que contribuye a esa concepción del mundo globalizado. No en vano, el sector asienta su predominio y su crecimiento socioeconómico sobre unos privilegios que determinados colectivos empiezan a denunciar

Es el caso de Stay Grounded (SG), una plataforma conformada por más de un centenar de organizaciones sociales que claman por un decrecimiento aéreo. En otras palabras, dejar de volar como eje vertebrador de lucha ecologista. Esta premisa se basa no tanto en eliminar los viajes aéreos como en reducir el número de vuelos que cada día recorren los cielos del globo terráqueo.

Pero, ¿por qué se quiere poner límites a este medio de transporte que facilita los trayectos lejanos? Por la contaminación. La industria de la aviación –el medio de transporte más contaminante y el segundo de manera sectorial que mas emisiones esconde por detrás del tráfico rodado– causa el 2% de las emisiones de CO2 totales, según los datos de un informe de SG difundido por Ecologistas en Acción. Para que el lector se haga a una idea, cada pasajero que viaja en un vuelo desde París hasta Nueva York lleva asociada la misma huella de CO2 que un ciudadano europeo para mantener su hogar caliente durante todo un año, según los datos de la Comisión Europea. Una realidad que se sustenta en una serie de privilegios económicos plasmados en el informe Decrecimiento de la aviación: la reducción del transporte aéreo de manera justa

La aviación disfruta, en la mayor parte del planeta, de exenciones fiscales promovidas por un acuerdo internacional, la Convención de Chicago, que se aprobó en 1944 y que buscaba facilitar la expansión del sector en un momento de la historia en el que toda práctica económica empezaba a ser industrializada. Entre los acuerdos de este tratado destacaba la prohibición de impuestos al carburante y otras formas impositivas especiales.

De esta forma, el centenar de plataformas ecologistas que integran Stay Grounded, denuncian que los puntos que articulan este tratado generan unos privilegios que permiten que el sector haya crecido de manera exponencial en las últimas décadas, ya que la escasez de medidas impositivas permite abaratar los billetes e incrementar el número de vuelos diarios. De hecho, Transport&Environment informa en una publicación reciente que la contaminación por dióxido de carbono asociada a la quema de combustible de los aviones se ha elevado en más de un 26% durante los últimos cinco años.

Según el informe de Stay Grounded, la introducción de un impuesto al queroseno –principal combustible de los aviones comerciales– con un valor de 0,33 euros por litro generaría una recaudación anual de 17.000 millones de euros y reduciría las emisiones de CO2 en un 11% al año. En el caso de que se aplicara un IVA al 19%, la colecta pública europea sería de 30.000 millones anuales y las emisiones se reducirían, tal y como recalca la publicación, en un 18% cada año, ya que se entiende que esto afectaría en el precio del billete y se reduciría, al ser más caro, el número de ventas y de viajes.

Esta realidad abordada por la plataforma ecologista no nace fruto de un fanatismo antiaereo. Tanto es así, que en mayo de 2019 este diario informó sobre un documento oculto de la Comisión Europea en el que se concluía que establecer impuestos a la aviación reduciría las emisiones en un 11%, lo que equivaldría a eliminar casi ocho millones de automóvil de las carreteras del continente.

Los privilegios se visualizan mejor si se compara el impuesto medio del queroseno con otros combustibles utilizados por los vehículos terrestres. Así, mientras que el diésel tiene una recaudación impositiva media de 73,76 euros por tonelada de CO2 y la gasolina de 85,85 euros por tonelada, las escasas cargas fiscales del queroseno ponen la cifra en 4,61 euros por tonelada de CO2. 

Evitar que sólo vuelen los ricos

En torno al 90% de la población mundial nunca ha cogido un avión, denuncia el informe. En cierta medida, volar es una cuestión de clase. Encontramos, por un lado, una mayoría global que, debido a la pobreza, apenas tiene posibilidad de montar en un aeroplano en toda una vida. Pero luego, dentro del rango de viajeros, hay subcategorías que vienen determinadas por un servicio de primera, de segunda o de tercera. Una copita de champán, cortesía de la casa, o unas rodillas que, clavadas en un respaldo durante horas, evidencian que también en un avión hay clases sociales.

El ecologismo aéreo es consciente de esta realidad. Por ello, advierte de que una legislación impositiva impulsada a la ligera puede tener consecuencias sociales negativas, en tanto que obligar a las compañías a pagar por sus emisiones y gravar los billetes con un IVA puede generar una subida de precios a la alza que profundice la brecha de estamental, haciendo de volar una práctica elitista

Aunque las soluciones no son absolutas, desde Stay Grounded proponen una medida fiscal novedosa denominada Tasa a los Viajeros Frecuentes (TVC). Esta herramienta, según la publicación de la plataforma climática, permitirá equilibrar la balanza y hacer que los billetes se "encarezcan" de manera progresiva si se realiza un número determinado de vuelos en un espacio temporal reducido. 

También se plantea, de forma complementaria, una Tasa a los Kilómetros Recorridos (TKR) que eleva el precio de los billetes según la distancias viajadas por el consumidor durante los últimos cuatro años. De esta forma, cuantos más kilómetros complete cada viajero, más pagará por sus próximos billetes. Tanto la TVC como la TKR contemplan, además, un incremento de precio más elevado para aquellas personas que deciden comprar un billete en clase business.

"Las cifras son inequívocas: a pesar del aumento de la aviación de bajo coste existen disparidades y desigualdades enormes en la movilidad aérea entre naciones y dentro de ellas, entre clases sociales, etnias y géneros. Incluso teniendo en cuenta la caída de los precios relativos, las encuestas indican que las clases sociales más privilegiadas cogen la gran mayoría de los vuelos de bajo coste", valoran desde Stay Grounded, que afirma que este tipo de tasas impositivas pueden restringir el número de viajes de lo que denomina una "élite hipermóvil".

Así, el camino planteado por la red medioambientalista pasa por terminar con los privilegios fiscales del sector, la implementación de un IVA ajustado a la realidad ambiental y la creación de tasas que permitan que la subida de precios de los billetes no haga de la aviación un medio de transporte elitista. A ello, se añaden demandas complementarias como el fomento de otras alternativas de transporte a nivel nacional y europeo: trenes de alta velocidad, red de autobuses o barcos propulsados con energías renovables. 

madrid

18/02/2020 22:43

Publicado enMedio Ambiente
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