Viernes, 24 Julio 2020 06:09

Agro-imperialismo en tiempos de Covid-19

Agro-imperialismo en tiempos de Covid-19

«En América Latina, nuevo epicentro de la pandemia del Covid-19, la matanza ha sido particularmente severa. Con la economía global casi detenida, los agronegocios de la región han continuado funcionando con total impunidad, profundizando su impacto y daño en las comunidades y los ecosistemas. En casi todos los países de la región, las actividades agroindustriales han quedado exceptuadas de la cuarentena ya que se consideran “esenciales”, aunque se centran en las exportaciones y no en proporcionar alimentos a la población local».

Nestlé, la compañía de alimentos más grande del mundo, es famosa por el escándalo. En la década de 1970  se ganó el apodo de “asesina de bebés” por provocar enfermedades y muertes infantiles en comunidades de bajos ingresos al promover la alimentación con biberón de su fórmula infantil y desalentar la lactancia materna. En los últimos años se han presentado  cargos similares contra la compañía por dirigir sus ventas de alimentos chatarra ultraprocesados en comunidades pobres y así contribuir al aumento de las tasas de obesidad y diabetes. Pero hay otro escándalo de proporciones igualmente sombrías que está archivado en la contabilidad de la empresa.

El 23 de abril de 2020, mientras el mundo estaba sumido en la pandemia del Covid-19 y la FAO advertía sobre una inminente crisis alimentaria mundial, los accionistas y ejecutivos de Nestlé  se otorgaron un pago de dividendos récord de 8.000 millones de dólares. En una época de crisis mundial en materia de salud y alimentos, esta ganancia equivale a más que todo el  presupuesto anual del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y sería suficiente para cubrir el gasto anual promedio de la atención médica para más de 100 millones de personas en África.

El cuantioso pago de los dividendos de Nestlé de 2020 fue, de hecho, apenas poco más que el año anterior. Esos pagos tan enormes para accionistas y ejecutivos son una práctica habitual para la compañía, así como lo son para todas las grandes empresas transnacionales de la alimentación y el agronegocio, incluso en momentos de catástrofes sanitarias mundiales. Entre otros notables lucros para los accionistas, anunciados en abril de este año, figuran un pago de 2.800 millones de dólares por parte de Bayer AG, la compañía de semillas y agroquímicos más grande del mundo; un pago de 600 millones de dólares de Tyson, el mayor productor avícola del mundo; y un pago de 500 millones de dólares del Grupo WH, la mayor empresa porcina mundial. Cargill, la compañía del agronegocio más grande del mundo, está en vías de superar el pago récord del año pasado de 640 millones de dólares, que alcanza a un pequeño número de miembros de la familia Cargill. El aumento del comercio electrónico, particularmente de alimentos, durante la crisis del Covid-19 aumentó el patrimonio neto de Jeff Bezos, el fundador del gigante del comercio electrónico Amazon, en la impactante cifra de  24.000 millones de dólares. También es un momento de ganancias para los accionistas de actores más pequeños de la industria, como la empresa de plantaciones de palma aceitera y caucho SOCFIN. Las dos familias francesa y belga que son esencialmente las propietarias de la compañía,  recibieron 20 millones de euros (alrededor de 22,5 millones de dólares) en dividendos y remuneraciones de las actividades del grupo SOCFIN, mientras que las comunidades en Nigeria, Ghana y Camerún, donde opera la empresa, no pueden acceder a agua limpia o potable.

Toda esta avaricia de los de arriba deja devastación y muy poco se filtra a los de abajo, donde sus consecuencias son mortales.

 

Una industria poderosa en medio de una “tormenta perfecta”

 

Los y las trabajadoras del sistema alimenticio empresarial, quienes literalmente están muriendo por mantener el estilo de vida de accionistas y ejecutivos, no están bien. Las cadenas de suministro de las grandes compañías de alimentos, que siempre han sido lugares peligrosos para los trabajadores, ahora se han convertido en puntos críticos para las infecciones y la transmisión del Covid-19. En todo el mundo se han producido brotes mortales en plantas de carne, instalaciones portuarias,  almacenes,  fábricas de conserva de pescado,  plantaciones de palma aceitera, granjas frutícolas,  supermercados y todos los demás puntos a lo largo de las cadenas que estas compañías controlan, con la excepción de sus torres de oficinas, por supuesto.

Las grandes compañías cárnicas quizás hayan sido las peores delincuentes. Con la pandemia del Covid-19 en su apogeo,  aceleraron agresivamente sus líneas de producción para incrementar sus exportaciones a China, donde los precios de la carne son inusualmente altos. Esta decisión se tomó con pleno conocimiento de que estos aumentos en el procesamiento hicieron imposible el distanciamiento social y pusieron a sus trabajadores y trabajadoras y a las comunidades vecinas en riesgo de masivos brotes del virus. A fines de mayo, los resultados en las mayores naciones exportadoras de carne fueron terribles: cientos de trabajadores migrantes de fábricas de carne enfermos con Covid-19 en  Alemania y  España, miles de casos de trabajadores enfermos con Covid-19 en la industria del envasado de carne de Brasil, y más de  20.000 trabajadores infectados con Covid-19 en fábricas de envasado de carne de los Estados Unidos, con al menos 70 muertes. Mientras tanto, se están sacrificando cientos de miles de animales  en condiciones atroces porque estas enormes fábricas han tenido que clausurar la producción, y los pequeños mataderos que podrían haber recibido el ganado, hace tiempo se vieron obligados a cerrar sus negocios.

En América Latina, nuevo epicentro de la pandemia del Covid-19, la matanza ha sido particularmente severa. Con la economía global casi detenida, los agronegocios de la región han continuado funcionando con total impunidad, profundizando su impacto y daño en las comunidades y los ecosistemas. En casi todos los países de la región, las actividades agroindustriales han quedado  exceptuadas de la cuarentena ya que se consideran “esenciales”, aunque se centran en las exportaciones y no en proporcionar alimentos a la población local.

Por ejemplo, el gobierno de Ecuador emitió un  decreto de estado de emergencia que paralizó a todo el país, pero asegura que “toda la cadena de exportaciones, la industria agrícola, [la industria] ganadera … seguirá funcionando”. Como resultado, los trabajadores de las plantaciones de bananeras, de palma, piscinas camaroneras, viveros de flores y muchos más, se vieron obligados a continuar trabajando, como si el país no estuviera en una emergencia sanitaria, y exponiéndose al riesgo de contraer el Covid-19.

Del mismo modo, el gobierno de Bolsonaro en Brasil  declaró que las actividades de producción, transporte y logística general de las cadenas alimenticias para exportación eran actividades esenciales que deben seguir funcionando sin restricciones. En este contexto, las exportaciones de carne, soja y otros productos van en aumento, al igual que el número de personas expuestas al Covid-19 a lo largo de las cadenas de exportación. En el Estado brasileño de Rio Grande do Sul, centro de actividades de exportación de carne, más de una  cuarta parte de los nuevos casos de coronavirus confirmados en mayo se dieron entre trabajadores de frigoríficos de carne. Los abogados laborales luchan ahora para  cerrar las plantas infestadas y obligar a las empresas a implementar al menos las medidas básicas para  proteger y cuidar a sus trabajadores durante la pandemia.

Las exportaciones de soja de Brasil, que  aumentaron un 38 por ciento respecto al año pasado, son otro foco potencial del Covid-19, especialmente en los puertos donde circulan constantemente camiones y trabajadores. Cuando el gobierno local de la ciudad portuaria de Canarana en Mato Grosso intentó adoptar medidas  emitiendo un decreto para detener temporalmente la exportación de soja y otros granos a falta de condiciones adecuadas de salud y seguridad, los gigantes del agronegocio Louis Dreyfus y Cargill intervinieron y lograron revertir el decreto en pocos días. Canarana está ahora, a principios de junio, experimentando un aumento de las infecciones por Covid-19.

Todo este frenesí exportador tiene un tremendo impacto en el terreno. Según Deter, el sistema de detección en tiempo real del instituto nacional de investigaciones espaciales de Brasil, la deforestación de la Amazonía en ese país, en el apogeo de la pandemia de coronavirus, ha aumentado más del 50 por ciento en estos tres primeros meses de 2020 en comparación con el primer trimestre del año anterior. Aprovechando la cortina de humo de la pandemia, con menos agentes capaces de llevar a cabo las tareas de inspección,  las actividades del agronegocio y la minería avanzan en áreas protegidas y territorios indígenas, aumentando el riesgo de contagio por Covid-19 en las poblaciones indígenas. Numerosos observadores temen un genocidio como resultado de estos irresponsables avances de las actividades del agronegocio y la minería durante la pandemia.

En Argentina, en plena cuarentena nacional, tampoco han cesado las exportaciones de soja ni la tala de bosques. En uno de los bosques más conservados de todo el ecosistema del Gran Chaco se está preparando deforestar  una superficie de 8.000 hectáreas. Además, basándose en el monitoreo con imágenes satelitales, Greenpeace denunció que desde que comenzó la cuarentena, en el norte del país se  deforestaron más de 10.000 hectáreas.

Tal descarada búsqueda de lucros empresariales está creando una crisis de legitimidad del sistema alimenticio empresarial. Por otro lado, si bien las cuarentenas dificultan la medición, se  perciben cambios en el terreno: vemos a los trabajadores de la industria alimenticia denunciar, organizarse y obtener más apoyo y solidaridad de otros trabajadores; vemos un interés creciente entre los consumidores por alimentos locales saludables así como por el bienestar de los productores de alimentos y agricultores; y ha habido un auge innegable de los esfuerzos desde la comunidad por llevar los alimentos a donde se necesitan a través de la solidaridad, la ayuda mutua, el trabajo voluntario y las cooperativas. Ha habido incluso algunas victorias a nivel político, como la  reciente decisión del gobierno alemán de prohibir mano de obra subcontratada en frigoríficos de carne y otra para evitar que las empresas que reciben ayuda pública  otorguen dividendos.

Pero se trata de una industria poderosa, que dispone de grandes sumas de efectivo y conexiones políticas, y no hay duda de que hará todo lo que esté a su alcance para utilizar este momento de confusión y cuarentena para beneficio de sus intereses. Ya lo hemos visto con la orden ejecutiva que dictó el presidente de los Estados Unidos, Trump, a instancias de JBS, Tyson, Cargill y otras empresas cárnicas para mantener en funcionamiento sus fábricas infestadas de Covid-19. También lo vimos en Brasil, donde el gobierno de Bolsonaro  aprobó un récord de 96 nuevos plaguicidas en los primeros meses de 2020, más que todas las aprobaciones de 2019. El mismo gobierno utilizó deliberadamente la cobertura de la pandemia para tratar de  aprobar una ley que legalizaría el acaparamiento de tierras y la deforestación de 80 millones de hectáreas en las regiones de la Amazonia y del Cerrado. La pandemia también ha sido utilizada como una oportunidad para expandir rápidamente  el comercio electrónico para la compra minorista de alimentos e imponer los organismos modificados genéticamente (transgénicos) en  Etiopía y  Bolivia, donde el gobierno de facto afirmó que la emergencia sanitaria del Covid-19 ha convertido las semillas transgénicas en una necesidad para el país.

 

El agronegocio como gran ganador de la nueva ola de ajuste estructural

 

Lo peor todavía está por venir. Numerosos gobiernos están empleando firmas consultoras internacionales, como  McKinsey, para darle forma a sus planes de abrir nuevamente sus economías. Estas empresas herméticas que están profundamente conectadas con las  empresas más grandes del mundo, incluidas aquellas del sector agroalimenticio, influirán sin duda en quienes emerjan como ganadores y perdedores de las respuestas pandémicas: trabajadores o jefes, mercados de agricultores o gigantes del comercio electrónico, pescadores o la industria de arrastre.

También estamos viendo que el FMI y el Banco Mundial usan sus fondos de emergencia del Covid-19 para presionar a los países a implementar reformas favorables a los agronegocios. En  Ucrania, por ejemplo, se implementó una ley que privatiza las tierras agrícolas a pesar de la oposición de la mayoría de los ucranianos. En los próximos meses, ese tipo de presiones aumentarán.  Decenas de países se encaminan a situaciones de incumplimiento, y esas deudas deberán negociarse no solo con el FMI y los prestamistas bilaterales sino también con acreedores privados que  ya han indicado que no están interesados en siquiera retrasar el pago de la deuda y los intereses durante esta crisis sanitaria. Se viene una nueva ola de ajuste estructural que se centrará en gran medida en aumentar la inversión extranjera en el agronegocio así como las exportaciones de productos agrícolas para pagar a los predadores.

Esta vez, sin embargo, a los gobiernos les resultará increíblemente difícil imponer una nueva ronda de agro-imperialismo a poblaciones que ya han tenido más que suficiente, y que están cada vez más ávidas de las alternativas que los movimientos sociales han estado promoviendo durante décadas.

23 julio 2020 

Publicado originalmente en GRAIN

Publicado enMedio Ambiente
La productividad industrial en América Latina es un quinto de la de Estados Unidos.  ________________________________________ Imagen: NA

Informe de CEPAL sobre el sector manufacturero en América Latina

El 92 por ciento de las ramas de mayor contenido tecnológico de la región están enfrentando una crisis fuerte y/o significativa.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que la crisis causada por el coronavirus en la estructura productiva y empresarial de los países de la región puede profundizar dificultades que se vienen gestando desde hace décadas.

La pandemia atacó a una América Latina con empresas cuya productividad llegó a ser, entre 1999 y 2018, de apenas un quinto que aquellas que funcionan en Estados Unidos. Los resultados de actividad productiva en estos meses permiten concluir que, si bien la industria en su conjunto sufre un impacto significativo,  para una parte importante de los sectores intensivos en tecnología y de los intensivos en trabajo la situación es aún peor. 

En particular, el 92 por ciento de las ramas industriales de mayor contenido tecnológico están enfrentando una crisis que puede ser considerada entre fuerte y significativa. "Estas ramas reúnen las actividades más intensivas en aprendizaje e innovación, que son fundamentales para el proceso de diversificación e incorporación de mayor valor agregado necesario para cerrar las brechas de productividad e ingresar a una senda de crecimiento sostenible de largo plazo", explica el  informe.

El impacto sobre la estructura industrial ya se puede observar en algunos países, al analizar el desempeño del primer cuatrimestre de 2020 comparado con el del mismo período de 2019. Los datos de Argentina resuenan familiares: la producción industrial se desplomó, y los sectores más afectados son el de automóviles y autopartes, asi como también algunos sectores intensivos en trabajo como textil, prendas y calzado.  

En los países de la región sucede algo similar Brasil exhibió una caída mayor al promedio en el rubro autos y autopartes (-31,1 por ciento) y “otros equipos de transporte” (-30,7 por ciento), que incluye la industria aeroespacial. En México y Colombia, los sectores más afectados fueron cuero y calzado. 

En general, el sector de alimentos creció en los países estudiados. En este escenario, "si no se implementan políticas adecuadas para fortalecer esas ramas productivas, existe una elevada probabilidad de que se genere un cambio estructural regresivo que conduciría a la reprimarización de las economías de la región", advierte el informe. 

Cepal identificó que los sectores fuertemente afectados por la crisis son el turismo, industrias culturales, comercio, reparación de bienes, hoteles y restaurantes, transporte, moda y automóviles.  El informe estima que un 34,2 por ciento del empleo formal y un 24,6 por ciento del PBI de la región corresponden a los sectores fuertemente afectados. Del otro lado, los sectores en los que la crisis impactó o impactará de manera moderada son agricultura, producción de alimentos, insumo y equipamiento médico, medicamentos, telecomunicaciones y envases.

La Cepal hizo un análisis de las medidas para mitigar los efectos de la pandemia: en 23 países de la región se adoptaron 91 medidas en las que se enfatiza la pertenencia a un sector para acceder a los beneficios. La mayor cantidad se dirigieron al turismo y las mipymes agropecuarias y de alimentación. 

En América del Sur se prefirió extender las facilidades para el acceso al crédito de los sectores más afectados. En Centroamérica, se adoptaron medidas de ayuda directa enfocadas en el turismo, la actividad agropecuaria y la alimentación, mientras que en México se ampliaron los presupuestos a programas ya existentes ligados a la agricultura, cultura y las artes. 

Dada que la recuperación será más lenta y gradual de lo inicialmente esperado y, pese a los programas puestos en marcha por los gobiernos, es esperable un alto nivel de destrucción de empresas y empleos. Ante esta situación la Cepal propone tres conjuntos de medidas: 

- Ampliar los plazos y los alcances de las líneas de intervención en materia de liquidez y financiamiento para las empresas, ya sea a traves de la postergación o cancelación de pagos de impuestos o imposiciones previsionales por lo menos hasta finales de 2020; la suspensión del pago de los servicios de luz, agua, gas y telecomunicaciones, sin multas ni corte de servicios, hasta finales de 2020; la flexibilización y mejora de las condiciones de crédito con períodos de gracia de por lo menos un año y plazos de cinco años o más. 

- Reforzar las transferencias directas a las empresas para evitar la destrucción de capacidades. 

- Apoyar a las grandes empresas de sectores estratégicos que resulten gravemente afectadas por la crisis, que representan el 39 por ciento del empleo formal y más del 90 por ciento de las exportaciones.

Publicado enEconomía
Producen seda de araña a partir de bacteria marina fotosintética

Las arañas producen hilos increíblemente fuertes y livianos llamados dragalinas, hechos de proteínas de seda. Aunque pueden usarse para fabricar una serie de materiales útiles, obtener suficiente proteína es difícil porque cada araña puede producir una pequeña cantidad.

Un nuevo estudio publicado en Communications Biology, dirigido por Keiji Numata en el Centro Riken de Investigación en Recursos Sostenibles (CSRS, por sus siglas en inglés) informó que produjeron seda de araña utilizando bacterias fotosintéticas.

Además de ser resistentes y livianas, las sedas derivadas de artrópodos son biodegradables y biocompatibles. En particular, la seda de araña es ultraligera y tan resistente como el acero. "Puede ser utilizada para fabricar materiales duraderos y de alto rendimiento, como ropa resistente a roturas, piezas de automóviles y componentes aeroespaciales", explicó Choon Pin Foong, uno de los autores.

"Su biocompatibilidad es segura en aplicaciones biomédicas como sistemas de administración de medicamentos, dispositivos de implante y andamios para la ingeniería de tejidos", señaló. El estudio se centró en la bacteria marina fotosintética Rhodovulum sulfidophilum'.

Nueva gripe porcina: otra pandemia en ciernes

Un estudio publicado esta semana alerta que una nueva cepa de gripe porcina (G4 EA H1N1) ha mutado para infectar a humanos y se está expandiendo en varias provincias de China. Más de 300 trabajadores de instalaciones de cría industrial de cerdos dieron positivo a esa cepa. Los autores advierten que podría aumentar su capacidad de trasmisión para convertirse en epidemia o pandemia, tal como sucedió con la gripe porcina en México en 2009.

El 29 de junio un grupo de investigadores liderados por el científico Liu Jinhua, de la Universidad de Agricultura de China, publicó los resultados de sus estudios sobre patógenos en cerdos en ese país en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, de Estados Unidos. (https://tinyurl.com/ycjqqv59). Se basan en 30 mil muestras tomadas entre 2011 y 2018 en cerdos de 10 provincias chinas. Identificaron 179 virus diferentes de gripe porcina. Uno les preocupó especialmente, el denominado G4. Es una combinación de tres linajes, entre ellos la cepa H1N1 que mutó de cerdos a humanos y originó la pandemia de 2009. En pruebas con hurones, que muestran síntomas de gripe similares a los de los humanos, concluyeron que esa cepa es "altamente infecciosa" y "causa síntomas graves" en animales, por lo que la consideran de alto riesgo.

En los últimos tres años del estudio tomaron también muestras de trabajadores de 15 granjas industriales y poblaciones vecinas: 10.4 por ciento de los trabajadores y 4.4 por ciento de otras personas mostraron tener anticuerpos contra G4 EA H1N1, indicador de que habían sido infectados. La incidencia entre personas de 18 a 35 años fue de 20.5 por ciento.

Aunque variantes de H1N1 han circulado por años en varios continentes, la presencia de enfermedad causada por el virus G4 en cerdos en China aumentó notablemente desde 2014. Se estima que la cepa ya está en la mayoría de las grandes instalaciones de cría de cerdos, lo cual acelera la posibilidad de nuevas mutaciones para infectar a humanos.

Ian H. Brown, jefe del Departamento de Virología de la Agencia de Salud Animal y Vegetal de Gran Bretaña, uno de los científicos que revisó el artículo, afirmó: "Puede ser que con un mayor cambio en el virus éste se vuelva más agresivo en las personas, tal como ha hecho el SARS-Cov-2", causante del Covid-19. Los científicos saben que esta cepa se replica con facilidad en las vías respiratorias humanas, y aunque aparentemente aún no causa enfermedad grave en humanos esto podría cambiar "sin previo aviso", ya que los virus G4 "tienen todas las características esenciales para convertirse en candidato a virus pandémico" (https://tinyurl.com/y7mbjxw5).

Como expliqué en artículos anteriores, el sistema agropecuario industrial tiene un rol fundamental en las pandemias, incluso la que estamos sufriendo actualmente, por las condiciones de cría industrial de ganado. Son millones de animales hacinados, genéticamente uniformes, con sistemas inmunológicos muy debilitados (https://tinyurl.com/ycfcksva).

Ahora sale a la luz el escenario de pesadilla: una nueva pandemia de gripe porcina se podría traslapar con la actual de Covid 19, porque no se ha hecho nada para cambiar el sistema de cría animal y el sistema agrícola industrial que lo sostiene, con extensos monocultivos, principalmente de transgénicos, cuya expansión es la principal causa de deforestación y destrucción de hábitats naturales. Al contrario, las empresas de agronegocios y cría animal han tenido abultadas ganancias y hasta subsidios gubernamentales en varios países en este periodo.

Al mismo tiempo, está en curso otra grave enfermedad en cerdos: la peste porcina africana (PPA), que ha diezmado la población de cerdos en China y Europa. Aunque este virus aún no ha mutado para contagiar humanos, muestra las enfermizas condiciones de la cría industrial. China es el mayor criador industrial de cerdos del mundo, y debido a la PPA ha perdido cerca de la mitad de su plantel de cerdos.

Paradójicamente, esto, aunque afectó al principio a WH Group, empresa china que es la mayor porcícola del mundo (dueña de la empresa Smithfield), la "escasez" aumentó significativamente los precios y WH terminó haciendo más ganancias, con la venta de sus cerdos y la importación de éstos desde Brasil, en un acuerdo con la principal criadora de ganado a escala global, la empresa JBS, de origen brasileño. (Grain, https://tinyurl.com/y9f98atd)

Las ganancias de estas empresas carnívoras son tan grandes, debido a que externalizan todos los costos de las enfermedades que provocan en humanos, animales y ambiente, que aún en medio de la peste y la pandemia actual siguen haciendo grandes negocios. En vista de lo que pasa con la PPA, WH Group hizo este año varios acuerdos para trasladar gran parte de la cría de cerdos a Argentina, con una inversión de 27 mil millones de dólares hasta 2028. Argentina pasaría de criar anualmente 6 millones a 100 millones de cerdos, en 5-8 años. WH eligió Argentina por sus condiciones climáticas y por la cercanía de millones de hectáreas de soya y maíz transgénico, base de la alimentación de ganado industrial (https://tinyurl.com/yaefy3mv).

En lugar de aumentarlo, urge desmantelar todo el sistema agrícola y pecuario industrial, máquina letal de producción de enfermedades para la gente, animales y ambiente.

* Investigadora del Grupo ETC

La canciller alemana, Angela Merkel, con una maqueta de un A380, en la sede de Lufthansa el 18 de noviembre de 2015.

Compañías como Lufthansa y el grupo turístico TUI han anunciado despidos de miles de trabajadores tras recibir ayudas públicas millonarias. "Un consorcio que en este tiempo recibe miles de millones de euros del estado como apoyo tiene ante la sociedad una responsabilidad social", ha recordado el sindicato Ver.di

 

La crisis económica que han generado las medidas para hacer frente al SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19, será la peor que se recuerda en generaciones. Esto parece estar fuera de toda duda. Sí parece más cuestionable, sin embargo, el comportamiento de algunas grandes empresas que, en Alemania, han recibido ayudas por valor de miles de millones de euros y que, pese a ello, ahora quieren despedir a miles de empleados.

Alemania pasa por ser uno de los países que primero se ha movido para proteger su tejido empresarial. La semana pasada se planteaban a las empresas ayudas en forma de rebajas fiscales, algo que se suma a los miles de millones en ayudas o créditos garantizados por el estado que ya han recibido grandes y pequeñas compañías necesitadas de liquidez en pleno parón económico por culpa del coronavirus.

Se asume, por tanto, que el Gobierno de 'gran coalición' de la canciller Angela Merkel ha actuado rápido. Sin embargo, parece que, con la celeridad, se han dejado lagunas. Una cuestión fundamental que genera debate ahora mismo es la de mantener puestos de trabajo en empresas que han recibido ayudas multimillonarias.

De esto son claros ejemplos la compañía aérea Lufthansa y el grupo turístico TUI. Ambas son empresas acostumbradas a mover volúmenes de negocio de miles de millones de euros. Pero la crisis del coronavirus les ha golpeado de lleno.

Frente al coronavirus, la aerolínea germana, la mayor de Europa, ha recibido ayudas por valor de 9.000 millones de euros. Esa ayuda ha supuesto la entrada del estado en el capital de la empresa, pero eso no es garantía para mantener empleos a salvo en un consorcio con algo más de de 138.000 trabajadores. De hecho, esta semana  la compañía ha anunciado que pretende realizar despidos masivos. Hasta 22.000 empleos están ahora en entredicho.

"Sin una reducción significativa de los costes de personal durante la crisis corremos el riesgo de perder la oportunidad de recomenzar bien tras la crisis y de que el Grupo Lufthansa salga claramente debilitado de la crisis", justifican desde la compañía aérea. Pero habiendo dinero público de por medio, un salvamento de Lufthansa en el que miles de empleados acaben en la calle despierta críticas.

El Gobierno podría haberlo evitado

Bernd Riexinger, presidente de Die Linke, el partido más izquierdista de la oposición que hay en el Bundestag, ha señalado que los 9.000 millones de euros de dinero público inyectados en Lufthansa "no pueden ser un cheque en blanco para realizar despidos". "El Gobierno federal había tenido en su poder el evitar este escenario de antemano y haber garantizado la ayuda pública con garantías", según Riexinger. Por su parte, los sindicatos de los trabajadores de Lufthansa reprochan a la empresa estar utilizando las ayudas públicas para llevar a cabo despidos.

No es la primera vez que hay críticas a la actuación del Ejecutivo de Merkel ante grandes grupos empresariales tocados o casi hundidos que han salido rescatados en la pandemia. El grupo turístico TUI fue de las primeras grandes compañías en recibir ayudas multimillonarias para hacer frente al temporal levantado por la COVID-19. A principios de abril, hasta 1.800 millones de euros recibía esta empresa en forma de créditos garantizados por el estado a través del Instituto de Crédito para la Reconstrucción (KfW, por sus siglas alemanas), una entidad de titularidad pública. Poco después la empresa hizo público su deseo de deshacerse de 8.000 de sus cerca de 70.000 empleados.

En vista de esos planes, el salvamento de TUI levantó ampollas hasta en el sector más neoliberal alemán. Así, en el diario económico Handelsblatt hubo editoriales el pasado mes de mayo que señalaban en titulares que "las ayudas del estado para TUI fueron un error".

"El dinero [para salvar a TUI] habría sido suficiente para mantener a flote a las 10.000 agencias de viajes y sus 100.000 empleados", señalaban en este diario. En lugar de eso, salvar a TUI supone hacer un favor a grandes oligarcas, como el ruso "Alexei Mordashov, propietario de un cuarto de TUI", recordaban en ese periódico.

La COVID-19: dos crisis en una

En la empresa se defienden asegurando que la compañía "tiene que cambiar", según los términos de Friedrich Joussen, presidente de TUI. "No hemos recibido un regalo, sino deudas", según ha definido él los 1.800 millones de euros en créditos del KfW. En Ver.di, el principal sindicato del sector servicios, reclaman a la compañía "responsabilidad social".

"Un consorcio que en este tiempo recibe miles de millones de euros del estado como apoyo tiene ante la sociedad una responsabilidad social", han manifestado en Ver.di.

En realidad, la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto que son dos crisis en una. Una primera crisis se ha producido debido al parón. Junto a esta crisis hay otra de "adaptación" de las empresas que peor ha dejado la COVID-19.

"Hay empresas que están sufriendo una crisis de adaptación, que tiene hacerse más pequeñas y reducir costes. Por ejemplo, para Lufthansa, en el futuro habrá menos vuelos y ahora mismo la empresa está sobrecapacitada y tiene que reaccionar", dice a eldiario.es Hubertus Bardt, responsable en el Instituto de la Economía Alemana, un centro de estudios con sede en Colonia (oeste germano). A su entender, sin las ayudas recibidas, "Lufthansa no estaría ahí, ni siquiera los puestos de trabajo que se van a mantener".

Si bien Merkel y compañía han sido de los primeros – sino el primer Ejecutivo – en tomar iniciativas serias para ayudar a empresas y relanzar la economía frente a la crisis que ha supuesto el coronavirus, en Berlín no hay discurso ni medidas para paliar las traumáticas "adaptaciones" de Lufthansa o TUI. Al menos, de momento.

Por Aldo Mas

12/06/2020 - 21:40h

Publicado enEconomía
Crisis económica en tiempos de pandemia: Europa se prepara para la nacionalización masiva de empresas

Bruselas ultima la aprobación de una norma que permitirá la entrada de los Estados en el capital de sus compañías, grandes o pequeñas y cotizadas o no, para evitar su quiebra ante el tsunami del coronavirus. España apoya la iniciativa pero pide que se extremen las garantías para evitar distorsiones en la competencia y asimetrías en el mercado interior. La Comisión pide que se notifiquen las inyecciones de más de 100 millones, umbral que Alemania y Francia quieren elevar a 500 millones.

La pandemia del coronavirus no solo ha puesto en jaque el concepto de globalización, sino que ha trastocado por completo el orden económico mundial, confinando al libre mercado y dando rienda suelta a las tentaciones proteccionistas. La Comisión Europea, hasta ahora adalid de la competencia y el libre comercio y azote de cualquier auxilio estatal al sector privado, perfila la modificación del marco temporal de ayudas públicas para hacer frente a los destrozos económicos de la COVID-19, abriendo la puerta en su último borrador del proyecto, al que ha tenido acceso EXPANSIÓN y que Bruselas prevé aprobar en los próximos días, a una suerte de nacionalización generalizada de empresas en apuros en Europa, cotizadas y no cotizadas, grandes y pequeñas.

Es un cambio radical respecto al proyecto original, adoptado el pasado 19 de marzo, que se circunscribía a facilitar las actuaciones de los Estados miembros a la hora de garantizar liquidez a las empresas (esencialmente mediante avales públicos a préstamos); conceder subsidios salariales; suspender o aplazar el pago de impuestos, u otorgar ayudas directas a los consumidores por los servicios cancelados a raíz de las medidas de cuarentena.

Apenas tres semanas después y tras una primera revisión el 3 de abril, en la que se amplió el marco temporal para que los gobiernos pudieran conceder ayudas públicas a la investigación y desarrollo de productos vinculados con la lucha contra el coronavirus, el último borrador, que Bruselas tiene intención de aprobar este mismo mes de abril, aborda ya sin ambages la irrupción del Estado en el capital de las empresas en riesgo de colapso so pretexto de que esta eventual nacionalización de tejido empresarial reduciría el riesgo que para la economía de la UE representaría “un número significativo de insolvencias”; ayudaría a “preservar la continuidad de la actividad económica” durante el brote pandémico y respaldaría “la recuperación posterior”.

Presión de los grandes

Se trata de un giro de 180 grados respecto al planteamiento inicial tras el que se encuentra la fuerte presión de las mayores economías del euro: Alemania, Francia (en cuyo ADN está incrustado el virus del proteccionismo) e Italia, que en las últimas semanas no han ocultado su intención de recurrir a las nacionalizaciones para salvar a sus empresas emblemáticas.

En el borrador de su propuesta, que rema en la dirección contraria a lo que el Ejecutivo comunitario ha defendido a lo largo de su trayectoria, la propia Comisión reconoce que “varios Estados miembros están considerando tomar una participación en el capital de empresas estratégicas para garantizar que su aportación al buen funcionamiento de la economía de la UE no se vea comprometida”.

Curiosamente, Bruselas subraya que si dichas naciones (que no menciona) adquieren las acciones de esas compañías a precios de mercado o en igualdad de condiciones que inversores privados, “esto en principio no constituye ayuda estatal”. Italia, junto a España uno de los dos países europeos más castigados por la pandemia, ya anunció la nacionalización de la compañía aérea Alitalia a principios de mes, mientras que Alemania, que ya ha acudido al rescate de empresas como Adidas vía préstamo, no descarta tomar una participación en la aerolínea Lufthansa para evitar un fatal desenlace.

Por su parte, Francia, que ya es accionista de referencia en empresas clave de diferentes sectores estratégicos, como las energéticas Engie y EDF, la teleco Orange, la automovilística Renault o la aerolínea Air France-KLM, ha reiterado por activa y por pasiva que hará lo que sea preciso para salvaguardar a sus empresas más emblemáticas.

Reticencias de España

Esta operación de macrosalvamento empresarial no convence a España, más partidaria de una respuesta a escala europea, según informan a EXPANSIÓN fuentes próximas a la negociación en Bruselas, que señalan que la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, manifestó en el Eurogrupo muy serias reservas a la propuesta por el riesgo de generar distorsiones de competencia en el mercado europeo ante la distinta capacidad financiera de los países para acometer nacionalizaciones.

Unas reticencias a las que se sumó Holanda (el azote de España en la frustrada reclamación de los eurobonos), pero que, en cualquier caso, no parecen suficientes para hacer descarrilar la iniciativa, que, previsiblemente, saldrá adelante con un respaldo mayoritario.

La situación que está a punto de vivir Europa trae a la memoria lo sucedido en España en las décadas de los 70 y 80, cuando el fallido experimento del Instituto Nacional de Industria (INI) evidenció que el rescate generalizado de empresas públicas era una trampa para las finanzas públicas, cuyo riesgo crecía exponencialmente a medida que se incrementaba el número de participaciones estatales en empresas en apuros. Eran compañías a las que no se dejaba quebrar por el fuerte coste reputacional y político, pero que dejaban tras de sí un ingente reguero de pérdidas. A mediados de los noventa, sólo el déficit público derivado del respaldo financiero a las compañías nacionalizadas ascendía todavía al 4% del PIB, obstaculizando la entrada de España en la Unión Monetaria.

Alemania, Francia e Italia, que esgrimen que las nacionalizaciones ya se produjeron tras la crisis de 2008, aunque soslayan que se limitaron a los bancos y no a todos, buscan ahora mayor manga ancha para recapitalizar a sus empresas sin pasar por el filtro de Bruselas, que fija en 100 millones de euros el umbral a partir del cual deben notificarse las inyecciones de capital en empresas individuales. Mientras que gobiernos como el francés defienden un incremento sustancial de ese suelo, el Ejecutivo español no solo pide reducirlo aún más, sino también endurecer los requisitos para que las empresas accedan a la recapitalización.

Para Calviño, que en una entrevista en Financial Times lamentó que los países con más músculo económico “puedan apoyar sus economías de una manera más generosa que otros” y reclamó ya que “las garantías otorgadas a las empresas sean similares en toda la UE”, la respuesta a la catástrofe económica es un fondo de recuperación común dotado con 1,5 billones de euros que evite que la competitividad de los países más afectados por la pandemia se vea mermada en beneficio de los estados más pudientes.

Injerencias en la gestión

Otro riesgo importante para la economía de mercado es la tentación de interferir en la gestión de las empresas nacionalizadas, un peligro que en el caso de España y del Gobierno de coalición de PSOE-Podemos ya se materializó de forma nítida en enero, antes del inicio de la pandemia, con la dimisión de Jordi Sevilla como presidente de Red Eléctrica por las constantes injerencias de la vicepresidenta para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en una compañía cotizada y en la que el Estado tiene una participación minoritaria, del 20%.

Pero el riesgo no se ciñe únicamente a las empresas estratégicas. Bruselas contempla permitir a los Estados recapitalizar sus empresas, grandes o pequeñas, cotizadas o no, siempre que se demuestre que sin la intervención del Estado esa compañía estaría abocada al cierre o tendría “serias dificultades” para mantener su actividad. Una generalización que los expertos temen que pueda derivar en una falta de control y en la imposición de criterios políticos y clientelismo.

Por ello, quizás en un intento de curarse en salud, la Comisión advierte de que la presencia pública en el capital debería ser una opción de “último recurso” dado su carácter “altamente distorsionador de la competencia entre empresas”. Bruselas también aboga por una permanencia temporal, lo más corta posible, del Estado como accionista, pero esto corre el riesgo de quedar en un mero wishful thinking, pues una vez bajo el paraguas público resultará difícil que una empresa recompre la participación pública. Más si como propone la Comisión la salida se penaliza sensiblemente.

10 junio 2020

(Tomado de El Cronista)

Publicado enEconomía
Un mercadillo ambulante, el pasado jueves, en Lima (Perú, uno de los países más golpeados por el virus). Rodrigo Abd / AP

En el contexto de la caída de la actividad económica internacional más extendida de los últimos 150 años, América Latina será la zona más afectada, aseguró ayer el Banco Mundial (BM). El organismo prevé una contracción de 7.2 por ciento para la región este año. Será "una recesión más profunda que la causada por la crisis financiera global de 2008-2009 y la de deuda latinoamericana de la década de 1980", subrayó.

En ese contexto, según el organismo, México se contraerá 7.5 por ciento este año; su economía "será fuertemente golpeada desde múltiples ángulos", entre ellos difíciles condiciones financieras, derrumbe de los precios del petróleo y de las exportaciones, parálisis del turismo y restricciones a la movilidad para reducir la velocidad a la que se propaga el Covid-19, agregó.

En el informe Perspectivas económicas mundiales, el BM estima una caída de 5.2 por ciento de la actividad económica internacional y de 6.2 del producto interno bruto (PIB) per cápita. Esta última será la baja más aguda desde la Segunda Guerra Mundial, pero en cuanto al número de países que resentirán la crisis en riqueza por habitante, el precedente más cercano es 1870.

"A pesar del apoyo sin precedente a la política macroeconómica, la proporción de países que experimentan contracciones en el PIB per cápita alcanzará su nivel más alto desde 1870."

Desde ese año la economía global ha experimentado 14 recesiones mundiales y en cada uno de esos episodios la riqueza por habitante cayó. La crisis actual amenaza con reducir ese indicador en más de 90 por ciento de las economías del planeta, incluso más que el 85 por ciento de la Gran Depresión.

Para América Latina, donde el BM prevé el mayor deterioro en crecimiento, estima: Brasil, contracción de 8 por ciento; Argentina, 7.3; Perú, 12; Chile, 4.3, y Colombia, 4.9.

Belice, 13.5; El Salvador, 5.4; Guatemala, tres, y Honduras, 5.8. Para Guyana –donde despunta la industria petrolera– hay una previsión de crecimiento de 51.1.

"Los avances recientes de la región en cuanto a alivio de la pobreza y desigualdad podrían estar en riesgo", advirtió. Y recalcó que es la "informalidad generalizada" la principal limitante para que los programas sociales tengan efecto. Además, el endeudamiento en 2020 aumentará la presión al sector financiero y podría causar problemas en el servicio de la deuda, debido al alza de las tasas de interés en la recuperación.

Para las economías de ingresos altos se prevé una contracción de 7 por ciento –Estados Unidos, 6.1; zona euro 9.1, y Japón, 6.1–, mientras que para las emergentes y en desarrollo se estima en 2.5, con China creciendo a uno por ciento en 2020.

"Esta es una perspectiva profundamente aleccionadora, pues es probable que la crisis deje cicatrices duraderas y plantee importantes desafíos mundiales", comentó al respecto Ceyla Pazarbasioglu, vicepresidenta de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del BM.

Para 2021 el organismo calcula que México crecerá 3 por ciento, América Latina 2.8 y la economía mundial 4.2.

Publicado enEconomía
Merkel saca otros 130.000 millones para estimular la economía alemana con el apoyo de los socialdemócratas

En Alemania, de la crisis económica generada por la COVID-19 se sale también con un paquete de ayudas para familias, empresas, municipios con deudas e inversiones de futuro por valor de 130.000 millones de euros. La 'gran coalición' de conservadores y socialdemócratas germanos lo tiene claro.

Por eso, los partidos gubernamentales teutones acordaban en la noche del miércoles unas medidas sin precedentes. Es un paquete de estímulo económico "histórico", según lo ha calificado el Handelsblatt, el diario económico de referencia en el país de la canciller Angela Merkel.

La inédita situación económica generada por las medidas contra la propagación del SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19, necesita soluciones de dimensiones nuevas. Muchas de esas medidas ya se han puesto en marcha. En Alemania, por ejemplo, el Gobierno de Merkel anunciaba en marzo que se endeudaría en 156.000 millones de euros además de levantar un Fondo de Estabilización para la economía de 600.000 millones de euros.

A nivel Europeo, el Banco Central Europeo (BCE) vive días de activismo nunca visto. Lo demuestra su reciente anuncio de compra de deuda por valor de 600.000 millones de euros, llevando así su programa de adquisiciones de deuda a 1,35 billones de euros. Sin embargo, aún no hay un programa de estímulo económico para toda Europa, una realidad ante la cual en Berlín se han desmarcado. Merkel y compañía han hecho de Alemania el primer país en dotarse de un gran plan de estímulo frente a las consecuencias de la pandemia.

"Se espera que haya también a nivel europeo un conjunto de medidas de inversión y de créditos para el estímulo económico. Pero incluso a nivel europeo hay limitaciones. Por eso el programa alemán es algo nacional. Actuar en el sistema fiscal es algo que corresponde a cada país", dice a eldiario.es Martin Beznoska, analista del Instituto de la Economía Alemana, un centro de estudios económicos con sede el Colonia. Alude, entre otras cosas a las rebajas fiscales que incluye el plan de estimulo alemán.

Las medidas acordadas por Merkel y compañía fueron presentadas el miércoles bien entrada la noche, después de 21 horas de negociación. En principio, el plan se iba a presentar el martes al mediodía. Pero se necesitó de mucho más tiempo de deliberación para gestar el ya llamado aquí como "el mayor programa de estímulo de todos los tiempos" en Alemania, según los términos del ministro germano de Economía, el conservador Peter Altmaier.

El plan busca animar el consumo de las familias, las inversiones y el apoyo a los municipios con deudas, además de plantear ayudas fiscales para hogares y empresas. Así, cada familia recibirá 300 euros por niño, cantidad que se suma a las ayudas por hijo que ya reciben los hogares germanos. El consumo de las familias también se verá beneficiado por rebajas temporales de impuestos, pues el IVA bajará del 19% al 16%. En los sectores donde ese impuesto ya estaba reducido al 7%, quedará en un 5%.

Esta medida, por sí sola valorada en 20.000 millones de euros, tiene una acción limitada en el tiempo. Será valida desde el próximo mes de julio hasta diciembre. Según ha reconocido la propia Merkel, está destinada a aquellas personas que "más cuidado llevan a la hora de satisfacer su necesidades de gasto diario".

Ayudas sólo a los coches "de futuro"

Más del doble de esos 20.000 millones de euros estarán destinado, según lo presentado por Merkel y compañía, para lo que aquí se presenta como "inversiones de futuro". A saber, ayudas destinadas a la digitalización del país y a la promoción de la movilidad eléctrica.

Concretamente, se ha puesto sobre la mesa el apoyo con hasta 6.000 euros en la compra de coches eléctricos, la creación de más puntos de carga de baterías de vehículos eléctricos y ayudas por valor de 2.500 millones de euros a los transportes públicos de proximidad. También se rebajará el precio de la electricidad de fuentes de energías renovables.

"Queremos ofrecer un futuro a las próximas generaciones", decía la canciller a cuenta de las medidas presentadas el miércoles tras la sesión maratoniana de negociaciones.

En ese futuro, la poderosa industria alemana del automóvil tendrá mucho que cambiar. Porque las autoridades en Berlín han dado la espalda a toda idea de animar con ayudas a la compra de vehículos con motor de combustión, ya sean de gasolina o diésel. Así, el plan de estimulo de Merkel y compañía no entraña un empujón para los tradicionales vehículos de éxito de fabricantes germanos como BMW, Daimler o Volkswagen.

"El paquete de estímulo no está tan bien como se esperaban en la industria del automóvil", según editorializaba sobre esta cuestión el periodista Max Hägler en el diario Süddeutsche Zeitung, referente informativo en dos de las regiones donde más importancia tiene la industria del automóvil: Baviera y Baden-Wurtemberg. Los fabricantes de coches teutones tendrán que conformarse con los beneficios que entraña las bajada del impuesto al valor añadido.

De las negociaciones ha trascendido que en la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partidos que componen la conservadora y mayoritaria parte de la 'gran coalición', se deseaba apoyar también a los coches con motor de combustión. Pero esta idea es algo que han sabido contener los socialdemócratas. Éstos tienen en el Gobierno a todo un ministro de Hacienda y vicecanciller, Olaf Scholz.

"El SPD se ha impuesto. La CDU/CSU quería una medida de ayuda en general a la compra de vehículos y esto lo ha evitado el SPD. En lugar de eso se han decidido las medidas de bajada del IVA", dice Beznoska. A su entender, el ahorro que ha supuesto el no ayudar a los coches con motor de combustión se puede estimar en más de 50.000 millones de euros.

Un estimulo necesario frente a la recesión

Sea como fuere, lo que ahora preocupa en Alemania es si el estímulo económico logrará relanzar la economía. La previsión del Gobierno es que la contracción del PIB en este 2020 sea del 6,3%. Se tiene el convencimiento de que en 2021 el crecimiento volverá con fuerza a Alemania. Eso pasa por recoger los frutos del "histórico" plan de estimulo.

"El paquete de estímulo es necesario y supone un buen impulso para la economía. Porque las inversiones a nivel de futuro como la digitalización siempre serán algo que llevar a cabo, independientemente de la crisis. Para las empresas, las reducciones fiscales también tienen sentido y son algo positivo", estima Beznoska, que se muestra más comedido sobre qué supondrá para el consumo el plan de la 'gran coalición' de Merkel. "Respecto a las medidas para incentivar la demanda, habrá que ver si tienen un efecto de verdad. Porque hasta que la gente no tenga confianza no va a empezar a consumir", plantea este experto.

Del mismo modo, está por ver si Alemania se convierte ahora en un ejemplo para Europa y otros países europeos pendientes de estimular sus economías. "Puede que otros países tomen ejemplo si ven que la experiencia de Alemania es buena. Muchas medidas son interesantes para otros países, porque tienen problemas similares", concluye el investigador del Instituto de la Economía Alemana.

Por Aldo Mas - Berlín

05/06/2020 - 21:54h

Publicado enEconomía
La necesidad de la recuperación verde en América Latina y el Caribe

El mundo se enfrenta a una crisis humanitaria y sanitaria sin precedentes en el pasado siglo en un contexto económico, social y ambiental ya adverso. Si bien la historia registra antes el paso de grandes pandemias, ninguna irrumpió en un mundo tan poblado ni tan interconectado y con un planeta ambientalmente enfermo.

Hace cinco años el papa Francisco lanzó la encíclica Laudato si’, donde aborda la degradación ambiental y el cambio climático. En ella, llama a la acción rápida y unificada para cambiar la dirección de la relación humana con su entorno que, si continúa así, acabará con la humanidad misma.

Tras la emergencia sanitaria, nos enfrentaremos a la depresión económica más grave en 120 años. La urgencia de reducir sus impactos ya se está aduciendo para abandonar avances regulatorios y consideraciones ambientales y climáticas que, si no se integran al centro de la recuperación económica, empujarán a la región hacia efectos más dramáticos y a mayor plazo que los del Covid-19.

La reanimación económica requerirá recursos y endeudamientos que restarán capacidad de gasto público. La potencia de nuestros países para responder a las crisis climáticas recurrentes y cada vez más intensas se verá gravemente disminuida: sequías, inundaciones, huracanes, pérdidas en la producción agrícola, pérdidas de energía y exposición a un aumento de las pandemias, entre otras. Preocupa especialmente la región del Caribe, que ya estaba previamente asediada por golpes tanto climáticos como económicos, incluyendo un fuerte endeudamiento y una alta exposición a desastres naturales. Por ello, es tan importante tomar medidas de reactivación económica sostenibles y “a prueba del clima”, no las usuales.

La salida de la crisis de 2008 en la región vio programas muy tradicionales, como estímulos a industrias altas en emisiones. Doce años después, nos encontramos frente a la sexta extinción masiva, que evidencia la interacción entre la crisis sanitaria y la del medio ambiente.

La reorientación del desarrollo con otros sectores y políticas coherentes tiene ahora importantes expresiones, como el Pacto Verde de la Unión Europea, la Civilización Ecológica China, el Nuevo Pacto Verde de Corea del Sur y las propuestas demócratas de Estados Unidos con su Green New Deal.

La recuperación debe ser distinta esta vez, basada en sectores verdes, con un gran impulso a la sostenibilidad o de economía verde. Estas inversiones alentarían la innovación, nuevos negocios y empleos decentes, efectos positivos en la oferta y demanda agregada en las economías de la región, superiores a los de sectores tradicionales de infraestructura. El liderazgo político es clave para abordar simultáneamente la crisis sanitaria, la económica y la climática, con coraje y audacia, y el momento es ahora.

Es imperativo otorgar certidumbre a la inversión para la economía sostenible con contextos coherentes, legislativos, regulatorios y de política pública. Las áreas de mayor oportunidad para alcanzar la Agenda 2030 y la recuperación verde son, al menos, las de energías renovables y eficiencia energética, transporte público y de última milla electrificado, soluciones basadas en la naturaleza, restauración de ecosistemas, ampliación de la infraestructura sanitaria básica y producción de materiales bajos en carbono para la construcción.

Este crecimiento selectivo debe expresar un acuerdo social recogido en política económica y regulatoria en favor de esos sectores, en ascenso, y de desincentivo a los sectores en ocaso. Es necesario que los flujos financieros apoyen la lucha contra el cambio climático y las asociaciones con el sector privado.

La Agenda 2030, con su llamado a la universalidad y simultaneidad, al igual que el Acuerdo de París, orientan el desarrollo en el sentido correcto y para una recuperación verde. Si tomamos estas acciones, América Latina y el Caribe saldrá reforzada de esta crisis y podremos decir que fuimos responsables para con la casa común que, como dice la encíclica, se nos ha confiado.

 

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Leo Heileman, director regional para América Latina y el Caribe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente

Publicado enEconomía
Sábado, 30 Mayo 2020 06:16

La des-sino-mundialización

La des-sino-mundialización

Como consecuencia de la política de reforma y apertura iniciada a partir de 1978 y, sobre todo, tras su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China se convirtió en la “fábrica del mundo”, pasando a desempeñar un papel clave en el impulso a la mundialización que siguió al final de la guerra fría. Esa etapa parece haber llegado a su fin. Y por dos razones principales. Primero, porque China ambiciona transformar su modelo de desarrollo para convertirse en la vanguardia tecnológica mundial, aspecto clave de su modernización y también de su afán de afirmación de soberanía; segundo, porque dicho objetivo rivaliza con los propósitos de las principales economías desarrolladas lideradas por EEUU.

Washington accedió a colocar a China en el centro de las cadenas mundiales de valor implementadas por sus propias multinacionales y por otras en el convencimiento de que facilitaría la convergencia de modelos y la plena integración en sus redes de dependencia, pero no ha sido así. Es más, se diría que el divorcio es un hecho, manifiesto tras el viraje estratégico hacia la confrontación operado por la Administración Trump. En 2019, China pasó de primero a tercer importador de EEUU. La inversión directa china bajó de 5.400 millones de dólares en 2018 a 5.000 millones en 2019. Este es el nivel más bajo en más de una década, subraya el informe publicado por el Comité Nacional de Relaciones entre EEUU y China y la consultora Rhodium Group. En contraste, la inversión estadounidense en el país asiático aumentó al pasar de 13.000 millones de dólares en 2018 a 14.000 millones en 2019. Ese incremento se produjo en gran medida debido a los proyectos que habían sido anunciados previamente, incluida la apertura de una fábrica de Tesla en Shanghái.

En la misma línea, para reducir la dependencia, EEUU presiona a sus propias empresas para que salgan cuanto antes de China. Y no solo a las propias. Es el caso, por ejemplo, de la taiwanesa TSMC, apremiada a construir nuevas fábricas en territorio estadounidense con el objetivo de garantizar su autosuficiencia en la producción de chips. O intenta estimular la industria asociada al procesamiento de tierras raras, de las que China tiene las mayores reservas mundiales. Pero no está claro que dichas decisiones, marcadas por la lógica política y estratégica, puedan implementarse adecuadamente. Una inversión de Foxconn en Wisconsin, anunciada a bombo y platillo en 2017, está prácticamente paralizada y, en general, la restauración de ciertas industrias no es posible a corto plazo ni rentable desde el punto de vista económico ni empresarial.

El desacoplamiento es una variable más del proceso de alejamiento y auge de la rivalidad sino-estadounidense, pero no el único. Washington, por ejemplo, amparándose en razones de seguridad nacional, sigue poniendo obstáculos a Huawei, presionando a gobiernos de todo el mundo o imponiendo un veto a los proveedores mundiales del fabricante chino porque va por delante de EEUU en el desarrollo del 5G, verdadera razón de la pugna. El objetivo último es quitarse a China de en medio, malogrando sus planes tecnológicos y reduciendo su influencia global ya que representa el principal peligro para preservar su hegemonía. Si para defenderla es necesario poner patas arriba las cadenas de suministro globales o liquidar de facto la antes glorificada OMC, se hace y punto. America First.

Las trabas dispuestas para que Beijing no pudiera desempeñar el papel que le corresponde en función del tamaño de su economía en el seno de instituciones lideradas por Occidente como el FMI o el Banco Mundial sirvieron de bien poco. Al final, derivaron en la fundación del BAII-Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (que EEUU boicoteó desde el primer momento) o el nuevo Banco de los BRICS, que darán sustento a su proyecto. China, el mayor socio comercial de más de una centena de economías de todo el mundo, ha dejado en claro que apuesta por una globalización de nuevo signo que además del comercio pueda incorporar otras variables, especialmente las infraestructuras o el medio ambiente, claves esenciales también en su “nueva normalidad” interna. La Franja y la Ruta, igualmente demonizada por EEUU, es el estandarte de su apuesta y refleja ese propósito histórico de nunca más cerrar su economía al resto del mundo.

La guerra comercial o el desacoplamiento, sin duda, crearán importantes dificultades a la economía de Beijing. Otra cosa es que logren erosionar significativamente el papel de China en la globalización corregida que nos espera. Y también habrá costes para la economía estadounidense. Se aventura un pulso relativamente largo y generoso en complejidades y peligros, retroalimentándose en diversas áreas, desde la economía a la defensa, de la ideología a la geopolítica. ¿Nueva guerra fría? Quizá le gustaría a EEUU, confiando en repetir victoria, pero la bipolaridad mira al pasado.

Por Xulio Ríos. director del Observatorio de la Política China

30/05/2020

Fuente: https://politica-china.org/areas/politica-exterior/la-des-sino-mundializacion

Publicado enInternacional
Página 1 de 21