Alienta EU deserción de militares venezolanos; prepara más sanciones

Washington. Estados Unidos mantiene comunicaciones directas con miembros del ejército venezolano a quienes ha instado a desconocer al presidente, Nicolás Maduro. Además, Washin-gton prepara nuevas sanciones para aumentar la presión sobre el gobernante socialista, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca en entrevista exclusiva con la agencia de noticias Reuters publicada este viernes.

Washington "espera más deserciones de militares" venezolanos, agregó la fuente estadunidense en condición de anonimato. Algunos soldados han desconocido a Maduro desde que Guaidó se proclamó "presidente encargado".

"Todavía estamos teniendo conversaciones con miembros del antiguo régimen de Maduro, con miembros militares, pero esas conversaciones son muy, muy limitadas", comentó la fuente de Washington sin dar detalles.

Otra fuente estadunidense cercana a la oposición venezolana expresó sus dudas sobre si el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, logró sentar bases suficientemente sólidas para promover un motín más amplio en las filas militares venezolanas, en las que Washington sospecha que muchos oficiales se benefician de la corrupción y el narcotráfico.

Trump reafirmó el pasado domingo que el uso del ejército en Venezuela es "una opción".

Washington, a petición de Guaidó, envía medicamentos e insumos básicos a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional a la ciudad colombiana de Cúcuta, que hace frontera con Venezuela, para enfrentar la crisis que hay en el país petrolero. El gobierno bolivariano ha acusado que la entrega de esa "asistencia" sería el pretexto para una intervención militar estadunidense.

La subsecretaria de Estado estadunidense para Asuntos del Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, dijo en conferencia: "Estamos arreglando maneras de entrar y depende del lado venezolano. No vamos a entrar por la fuerza a territorio venezolano. Esto es un movimiento civil, de ayuda humanitaria".

"Nosotros haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario", respondió Guaidó en Caracas a la agencia francesa al ser cuestionado dos veces si haría uso de las facultades como titular de la AN y "presidente encargado" para autorizar una intervención militar.

El líder opositor, reconocido por más de 40 países, recalcó que hará "todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños" o pacientes por falta de medicinas.

En un video difundido en redes sociales, Guaidó explicó que la llegada de suministros a Cúcuta marca el comienzo de "la primera fase, la fase de acopio", que se completará cuando se instalen los demás centros de recepción, que ha avanzado que estarán en "algunos puntos adicionales en Colombia y de Brasil".

Indicó que, una vez instalados todos los centros, "vendrá una segunda e importante fase, la fase de la entrada de la ayuda humanitaria, cuyo éxito depende de que su ingreso no sea impedido por cómplices del usurpador".

Ante ello convocó a dos movilizaciones ciudadanas, una el 12 de febrero y otra que está por definirse, para exigir a los militares que no bloqueen la ayuda y se abra un canal humanitario que deje entrar los insumos a Venezuela.
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Publicado enCrisis Venezuela
Lunes, 09 Enero 2017 06:24

Democracias intervenidas

Democracias intervenidas

En Washington hay gritos de protesta y condena, más investigaciones y un intenso debate sobre una barbaridad, algo inaceptable, algo tan terrible que la propia democracia está en riesgo: un gobierno extranjero se atrevió a lanzar una campaña de influencia para manipular el proceso político interno de Estados Unidos.

La CIA, la FBI y la Agencia de Seguridad Nacional ofrecieron briefings al presidente Barack Obama y al presidente-electo Donald Trump, presentaron sus resultados ante el Congreso y emitieron un informe al público resumiendo sus conclusiones sobre cómo el gobierno de Vladimir Putin ordenó e implementó una campaña que incluyó sembrar y difundir noticias falsas, hackear y filtrar correos electrónicos tanto de la campaña de Hillary Clinton como del Comité Nacional Demócrata, y que todo esto era, primero, para minar la confiabilidad del proceso electoral, pero al final, para beneficiar la campaña de Trump y dañar a Clinton.

Suponiendo que todo, o parte de esto, sea cierto, no deja de llamar la atención que los directores de inteligencia, sus supuestos jefes en la Casa Blanca y en el Congreso y un amplio coro de analistas e intelectuales del establishment se atrevan acusar y condenar a un gobierno extranjero de intromisión en los asuntos políticos internos de otra nación, sin reconocer que Estados Unidos lo ha hecho, y lo sigue haciendo, en todo el mundo y desde hace décadas.

Estados Unidos ha intervenido para influir en los resultados de elecciones de otros países por lo menos 81 veces entre 1946 y el año 2000, según el experto Dov Levin de la Universidad Carnegie Mellon. Eso no incluye golpes de Estado o intentos para derrocar gobiernos –los famosos cambios de régimen– sino sólo intentos directos para influir en una elección a favor de una fuerza política. Si se incluyen éstas, el número de intervenciones es mucho más alto.

Entre los ejemplos más prominentes tanto de intentos de influir sobre el resultado de una elección como en golpes de Estado está el caso de Salvador Allende en Chile, donde Estados Unidos no sólo apoyó el golpe del 11 de septiembre de 1973, sino que intervino en la contienda electoral de 1964 en la que la CIA invirtió más de 4 millones de dólares en proyectos encubiertos para prevenir su elección; algo que repitió sin éxito en 1970.

También están el derrocamiento de Mohammed Mossadegh en Irán, en 1953, para imponer al cha, fiel aliado de Washington; el caso de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954; Patrice Lumumba, del Congo, en 1961; la abierta interferencia en las elecciones de Jean-Bertrand Aristide, en Haití, y de Daniel Ortega, en Nicaragua, a principios de los 90, así como la instalación de Hamid Karzai, agente pagado de la CIA, como presidente de Afganistán después de la invasión estadunidense. Y claro, no se puede olvidar en esta lista más de medio siglo de intervenciones políticas para promover el cambio de régimen en Cuba.

Sólo en este nuevo siglo, las intervenciones incluyen el apoyo al golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya en 2009, algo justificado por Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado en el primer periodo de Obama, el intento para prevenir la relección de Slobodan Milosevic en Serbia en 2000, el apoyo implícito de Washington del fracasado golpe de Estado contra Hugo Chávez, y múltiples acusaciones de los gobiernos de Bolivia y Ecuador, entre otros, por interferencia en los asuntos políticos internos.

Y mientras acusa a Rusia, Washington no comenta que intentó influir en la elecciones rusas en 1996 a favor de Boris Yeltsin. También apoyó a Vaclav Havel en la desaparecida Checoslovaquia y a candidatos presidenciales del Partido Laborista en Israel.

Estas prácticas tienen décadas: la primera operación de la CIA para influir en una elección fue realizada pocos meses después de su creación, en 1947, cuando apoyó a los democristianos contra una coalición de izquierda en Italia, en 1948, con éxito. Tim Weiner, periodista Premio Pulitzer y autor de la excelente historia de la CIA (Legacy of Ashes), comentó en entrevista con la radio pública WNYC que “después de su éxito en Italia, la CIA tomó esta fórmula –la cual incluía emplear millones de dólares para promover campañas de influencia– y la aplicó por todo el mundo en lugares como Guatemala, Indonesia, Vietnam del Sur, Afganistán y más”. Weiner subrayó que todo esto se hace con la aprobación de la presidencia de Estados Unidos.

Hubo incluso esfuerzos más complicados y controvertidos, como los revelados por el escándalo Irán-Contra durante el régimen de Reagan, que incluyeron operaciones encubiertas dentro de este país. Otto Reich –feroz opositor de los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela y otros regímenes de izquierda en el hemisferio– desde su Oficina de Diplomacia Pública en el Departamento de Estado supervisó un esfuerzo de propaganda política dentro de Estados Unidos logrando insertar información y lo que ahora se llaman noticias falsas en medios estadunidenses a favor de los contras nicaragüenses sin divulgar su vínculos con el gobierno estadunidense. Una investigación dentro del Departamento de Estados lo acusó de haber supervisado actividades prohibidas de propaganda encubierta.

Como reportamos hace unas semanas, Ariel Dorfman, en un artículo del New York Times titulado Ahora, Estados Unidos, ustedes saben cómo se sintieron los chilenos, recordó la intervención de Estados Unidos en Chile y comentó que era “irónico que la CIA –la misma agencia a la cual le valía nada la independencia de otras naciones– ahora está gritando foul porque sus tácticas han sido imitadas por un poderoso rival internacional”. Sin embargo, dijo que nada justifica que ciudadanos en cualquier lugar deben tener su destino manipulado por fuerzas fuera de la tierra que habitan. Pero, a la vez, señaló que Estados Unidos “no puede, en buena fe, denunciar lo que se le ha hecho a sus ciudadanos decentes hasta que esté listo para enfrentar lo que hizo tan frecuentemente a los igualmente decentes ciudadanos de otras naciones... Si hay un momento para que Estados Unidos se vea al espejo, para reconocer y rendir cuentas, ese momento es ahora”.

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Turquía: el movimiento Gülen o la amenaza de un Estado dentro del Estado
El presidente Recep Tayyip Erdogan ha responsabilizado de la asonada a Fethullah Gülen, el guía de una organización religiosa moderada que cuenta con un gran apoyo. Gülen está en el exilio desde 1999, pero desde allí mueve hábilmente los hilos a su disposición.

 


JERUSALÉN.- Fethullah Gülen, de 75 años y salud delicada, raramente habla con la prensa pero es un hombre muy activo dentro de Hizmet (Servicio), la líquida y exitosa organización que dirige desde su madriguera en Pensilvania. Después de permanecer en silencio durante varias horas después del fallido golpe de Estado del viernes, ha sugerido que detrás del levantamiento militar se encuentra el propio presidente, Recep Tayyip Erdogan.

 

Aunque no siempre fue así, los dos hombres son desde hace años enemigos mortales, de ahí que no sea sorprendente que la primera reacción de Erdogan tras tener noticia del golpe fuera acusar a los gülenistas. De hecho, Erdogan acusa a Gülen de haber creado un “Estado paralelo” dentro del Estado, una acusación que no parece exagerada.

 

Se desconoce completamente el número de asociados con que cuenta el movimiento Hizmet. Algunos estiman que son un millón de personas, mientras que otros le adjudican ocho millones. La dificultad para contarlos estriba en que numerosos gülenistas obran de manera discreta y no dan a conocer públicamente su filiación, una circunstancia que se incita desde la dirección del grupo. Además, los gülenistas se ayudan entre ellos como si de una secta se tratara.

 

Gülen vive en Pensilvania desde 1999 porque asegura que en Turquía no hay libertad, y que sus seguidores son “perseguidos y reprimidos”. El 18 de junio de ese mismo año varios canales de televisión difundieron un video presuntamente grabado por los servicios de inteligencia en el que Gülen hablaba con libertad en el marco de una reunión privada con sus principales asesores.


La imágenes del video son muy claras y también el sonido. Gülen aparece diciendo a su círculo más próximo que los seguidores de Hizmet deben infiltrarse sigilosamente en todas las instituciones del Estado, en todos los cuerpos de la administración, y que sus miembros deben acceder a los puestos clave de manera que más adelante se consiga cambiar el régimen, todo ello mediante un proceso de infiltración callada.

 

Este video, que Gülen dice que fue manipulado por los servicios de inteligencia, causó una gran conmoción en Turquía y dividió aún más a la opinión pública entre gülenistas y antigülenistas. Sin embargo, la tarea del movimiento Hizmet ha seguido adelante y las diferencias entre Gülen y Erdogan se han incrementado significativamente en los últimos años.

 

Recientemente, en 2013, Erdogan acusó a Gülen de orquestar una campaña contra la corrupción desde la policía, los medios de comunicación y la judicatura. La campaña, según Erdogan, se dirigía contra él mismo y una de las denuncias que se llevaron a cabo y en las que la prensa gülenista puso más saña fue la que se dirigió contra Bilal, uno de los hijos de Erdogan.

 

Hizmet es un movimiento muy popular que cuenta con el servicio de numerosos intelectuales, de medios de comunicación poderosos, de negocios financieros de alta estatura, de escuelas, de universidades y de los inefables “centros de estudios estratégicos” que diseminan su ideología en las cuatro direcciones. Todo ello le proporciona una influencia enorme en los distintos ámbitos de la sociedad turca.

 

La ideología religiosa de Gülen es un islamismo moderado, es decir más moderado que el de Erdogan, de ahí que amplios sectores de la sociedad se sientan identificados con Hizmet, incluso dentro del ejército, puesto que los laicistas ven en Gülen un contrapeso para lo que consideran una deriva religiosa peligrosa por parte del presidente.

 

En sus primeras palabras tras el golpe, Erdogan justamente prometió hacer una “limpieza” dentro del ejército, donde todavía hay muchos laicistas que no soportan el islamismo de Erdogan y quieren acabar con él. El ejército ha sido siempre el impulsor del laicismo, pero los sentimientos del país están cambiando y haciéndose cada vez más islamistas, algo que rechazan los oficiales de la vieja escuela.

 


Esta circunstancia puede explicar las acusaciones de Erdogan, es decir que los gülenistas y los laicistas se hayan aliado para acabar con el “autoritarismo” del actual presidente en un intento de golpe de Estado que al final ha resultado fallido y que ahora parece más difícil que vuelva a producirse, al menos en el futuro más inmediato.

 

Erdogan ha pedido a Estados Unidos que detenga a Gülen o que lo extradite a Turquía. Los americanos han respondido que están dispuestos a extraditarlo si Ankara aporta pruebas de que Gülen ha estado implicado en el golpe. Todo parece indicar que Gülen continuará en su exilio dorado y que desde Pensilvania seguirá dirigiendo el movimiento Hizmet.

 

Un hecho que no ha pasado desapercibido es que el secretario de Estado, John Kerry, en sus primeras declaraciones tras el golpe manifestó que Washington quería una Turquía unificada y estable, pero no hizo ninguna referencia a la democracia. Solo más adelante la Casa Blanca divulgó una declaración hablando de la democracia y añadiendo que Kerry también estaba a favor de la democracia en Turquía.

 

Otra circunstancia que se ha comentado es la publicación por parte del diario hebreo Yediot Ahronot de que el principal general de la revuelta, Akin Öztürk, estuvo destinado en Tel Aviv como agregado militar durante varios años. Gülen ha mantenido contactos sólidos con Israel desde hace muchos años e incluso criticó a Erdogan por permitir la flotilla de la libertad que en 2010 fue abordada por el ejército israelí cuando llevaba ayuda humanitaria a Gaza.

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Destapan multimillonario plan de la CIA para asesinar a dirigentes de la insurgencia

Traducido del inglés para Rebelión por P.R.

[NOTA DE REBELION: Reproducimos a continuación la traducción literal del reportaje del Washington Post, advirtiendo que contiene afirmaciones no contrastadas, descalificaciones, estereotipos y eufemismos que se encuentran en la línea editorial habitual de la gran prensa estadounidense al "informar" sobre el conflicto colombiano y sus actores. Con independencia de su "cuento de buenos y malos", este material revela la envergadura y la profundidad del programa secreto de asistencia militar y de inteligencia con el que Estados Unidos participa en el conflicto armado interno colombiano].


Acción encubierta en Colombia


Inteligencia y kits de bombas GPS de Estados Unidos ayudan a la nación latinoamericana a paralizar a las fuerzas rebeldes
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de 50 años de antigüedad y en su día consideradas la insurgencia mejor financiada del mundo, se encuentra en su estado más reducido y vulnerable en décadas, debido en parte a un programa de acción encubierta de la CIA que ha ayudado al Ejército colombiano a matar al menos a dos docenas de líderes rebeldes, de acuerdo con entrevistas realizadas a más de 30 funcionarios retirados y en ejercicio de Estados Unidos y de Colombia.


La ayuda secreta, que también incluye ayuda en espionaje electrónico y escuchas por parte de la Agencia de Seguridad Nacional, se sostiene gracias a un presupuesto secreto de varios miles de millones de dólars. No es parte del paquete público de 9 mil millones de dólares fundamentalmente en ayuda militar denominado Plan Colombia, que comenzó en 2000.


El programa de la CIA desclasificado previamente fue autorizado por el presidente George W.Bush a comienzos de los años 2000 y ha sido continuado bajo el presidente Obama, de acuerdo con funcionarios militares, de inteligencia y diplomáticos. La mayoría de los entrevistados declararon bajo anonimato debido a que el programa es secreto y continúa en marcha.


El programa encubierto en Colombia proporciona dos servicios esenciales a la batalla de esta nación contra las FARC y un grupo insurgente de menor tamaño, el Ejército de Liberación Nacional (ELN): inteligencia en tiempo real que permite a las fuerzas militares de Colombia cazar a los cabecillas de las FARC individualmente y, desde 2006, una herramienta particularmente efectiva para matarlos.


El arma es un kit de guiado por GPS que transforma una bomba de gravedad de 500 libras muy poco precisa en una bomba inteligente de alta precisión. Las bombas inteligentes, también denominadas munición guiada de precisión o PGMs, son capaces de matar a un individuo en una selva triplemente frondosa si su localización exacta puede determinarse y se programan las coordenadas geográficas en el pequeño cerebro computerizado de la bomba.


En marzo de 2008, de acuerdo con nueve funcionarios estadounidenses y colombianos, la Fuerza Aérea Colombiana, con la aprobación tácita de Estados Unidos, lanzó bombas inteligentes de fabricación estadounidense a través de la frontera de Ecuador para matar al alto dirigente de las FARC, Raúl Reyes. El rol indirecto de Estados Unidos en ese ataque no ha sido previamente desclasificado.


El programa de acción encubierta en Colombia es una más dentro de un puñado de iniciativas de inteligencia que han escapado del conocimiento público desde los ataques del 11 de septiembre de 2001. La mayor parte de estos otros programas, pequeños pero crecientes, se localizan en países donde los violentos cárteles de la droga han causado inestabilidad.


Encabezando la lista se encuentra México, donde la ayuda de inteligencia de Estados Unidos es mayor que en ningún otro lugar aparte de Afganistán, tal como el Washington Post reportó en abril. También incluye Centroamérica y África Occidental, a donde se han desplazado las rutas del tráfico como consecuencia de la presión estadounidense contra los cárteles en los demás lugares.


Cuando se le pidió un comentario sobre la ayuda de inteligencia estadounidense, el presidente Juan Manuel Santos declaró al Post durante un reciente viaje a Washington que no deseaba hablar de ello en detalle, por resultar un tema sensible. "Ha sido de ayuda", afirmó. "Parte de la experiencia y de la eficiencia de nuestras operaciones y nuestras operaciones especiales han sido el producto de un mejor entrenamiento y conocimiento que hemos adquirido de muchos países, entre ellos los Estados Unidos".


Un portavoz de la CIA rechazó hacer declaraciones.

Colombia y las FARC han sostenido negociaciones de paz durante un año en La Habana. Hasta el momento han acordado los marcos de trabajo para la reforma agraria, el desarrollo rural y para permitir a los insurgentes participar en el proceso político una vez finalice la guerra. Ambas partes se encuentran discutiendo actualmente un nuevo enfoque de la lucha contra el narcotráfico.

Al borde del colapso

Hoy una comparación entre Colombia, con su dinámica economía y el estiloso ámbito social de Bogotá, y Afganistán podría parecer absurda. Pero hace poco más de una década Colombia tenía la tasa de homicidios más alta del mundo. Los bombardeos aleatorios y fuertes operaciones militares invadían la vida cotidiana. Unas 3.000 personas fueron secuestradas en un año. Los profesores, defensores de derechos humanos y los periodistas sospechosos de simpatizar con las FARC aparecían muertos cotidianamente.


La mezcla explosiva de las FARC, los cárteles, los paramilitares y unas fuerzas de seguridad corruptas creaban un hervidero de violencia sin precedentes en la América Latina contemporánea. Casi un cuarto de millón de personas han muerto durante la larga guerra, y muchos miles han desaparecido.

Las FARC fueron fundadas en 1964 como un movimiento campesino marxista en busca de tierra y justicia para los pobres. para 1998, el presidente de Colombia en aquel entonces, Andrés Pastrana, concedió a las FARC una zona desmilitarizada del tamaño de Suiza para animar las negociaciones de paz, pero sus violentos ataques no hicieron sino aumentar, así como sus vínculos con el narcotráfico.


Para el año 2000, una envalentonada insurgencia de 18.000 efectivos apuntó hacia los líderes políticos. Asesinó a representantes electos. Secuestró a una candidata presidencial e intentó asesinar a un favorito a las presidenciales, el intransigente Álvaro Uribe, a cuyo padre las FARC habían asesinado en 1983.


Temiendo que Colombia se convirtiera en un estado fallido con un peso todavía mayor en el tráfico de drogas dentro de Estados Unidos, la administración Bush y el Congreso incrementaron la ayuda a los militares colombianos a través del Plan Colombia.


Para 2003, la implicación de Estados Unidos en Colombia abarcaba a 40 agencias y 4.500 personas, incluyendo contratistas, todos trabajando para la Embajada estadounidense en Bogotá, en aquel momento la mayor embajada de Estados Unidos en el mundo. Siguió siéndolo hasta 2004, cuando fue superada por Afaganistán.


"No hay ningún país, incluido Afganistán, en el que tuviéramos más actividad", declaró William Wood, quien fuera embajador en Colombia de 2003 a 2007 antes de ocupar el mismo cargo en el Afganistán destrozado por la guerra durante dos años.


Cuando Bush se convirtió en presidente, ya había en los registros dos fallos presidenciales autorizando acciones encubiertas por todo el mundo. Uno autorizaba operaciones de la CIA contra organizaciones terroristas internacionales. La otra, firmada a mediados de los años 80 por el presidente Ronald Reagan, autorizaba la acción contra narcotraficantes internacionales.


Se requiere una autorización presidencial para que la CIA pueda hacer cualquier cosa además de recopilar y analizar información de inteligencia en el exterior. Proporcionar equipamiento de espionaje a un socio, apoyar a partidos políticos extranjeros, sembrar propaganda y participar en operaciones o entrenamientos letales son todas acciones que requieren una autorización y una notificación a los comités de inteligencia del Congreso.


La autorización antinarcóticos había permitido a la CIA y a una unidad técnica del clandestino Comando de Operaciones Especiales Conjuntas (JSOC) proporcionar apoyo a la caza que duró años contra el señor de las drogas colombiano Pablo Escobar, de cuyo asesinato por las fuerzas colombianas se cumplen 20 años este mes. También hizo posible operaciones apoyadas por la CIA contra traficantes y terroristas en Bolivia y Perú hace años.


Bajo el programa colombiano, la CIA no tiene autorización para participar directamente en las operaciones. Las mismas restricciones aplican para la participación militar en el Plan Colombia. Tal actividad ha sido constreñida por los miembros del Congreso que vivieron el escándalo del rol secreto de Estados Unidos en las guerras centroamericanas en los años 80. El Congreso rechazó autorizar que la participación militar de Estados Unidos en Colombia escalara como lo hizo en Nicaragua, El Salvador, Honduras y Panamá.


Las FARC calculan mal


El nuevo golpe encubierto contra las FARC comenzó de forma no oficial el 13 de febrero de 2003. Aquel día un Cessna 208 con un solo motor se estrelló en la selva dominada por los rebeldes. Los guerrilleros en la zona ejecutaron al oficial colombiano a bordo y a uno de los cuatro contratistas estadounidenses que estaban trabajando en la erradicación de coca. Los otros tres fueron tomados como rehenes.


Estados Unidos ya había declarado a las FARC como organización terrorista por sus asesinatos indiscriminados y el narcotráfico. Aunque la CIA tenía las manos ocupadas en Iraq y Afganistán, Bush "presionó a [l director de la CIA George] Tenet" para ayudar a encontrar a los tres rehenes, según un ex oficial superior de inteligencia que tomó parte en las discusiones.


La designación de las FARC como terrorista hizo que fuera más fácil encontrar un presupuesto negro. "Conseguimos dinero de muchos botes diferentes", declaró un alto diplomático.


Uno de los oficiales de la CIA que Tenet envió a Bogotá era un agente de unos cuarenta años cuyo nombre el Washington Post se reserva porque permanece encubierto. Él creó la Célula de Fusión de Inteligencia de la Embajada de Estados Unidos, apodada "el Bunker".


Era una habitación estrecha, de 30 por 30 pies con techo bajo y tres hileras de computadoras. Ocho personas se sentaban en cada fila de consolas. Unos peinaban mapas satelitales de la selva; otros buscaban lugares ocultos de las FARC en el subsuelo. Algunos hacían seguimiento a imágenes del movimiento de vehículos marcados con dispositivos de rastreo. Las interceptaciones de voz de comunicaciones de radio y teléfonos celulares eran desencriptadas y traducidas por la Agencia de Seguridad Nacional.


Los analistas del Bunker fusionaban las pistas de los informantes con información obtenida a partir de medios técnicos. Los analistas buscaban vincular a individuos con el flujo de la insurgencia de drogas, armas y dinero. Ya que la mayor parte, dejaban solo los violentos grupos paramilitares.


Los expertos técnicos y los contratistas del Bunker construyeron para los colombianos su propio sistema informático de inteligencia de alcance nacional. También ayudaron posteriormente a crear centros de fusión regionales para llevar la inteligencia táctica a los comandantes. La agencia también pagó el mecanismo de comunicaciones encriptadas.


"Teníamos mucho interés en pillar a las FARC, y no era tanto cuestión de capacidad como de inteligencia", afirmó Wood, "específicamente la habilidad de localizarlos en la franja horaria de una operación".

Fuera del Bunker, agentes asignados de la CIA y contratistas enseñaron el arte de reclutar informantes a unidades colombianas que habían sido investigadas y a las que se había sometido al polígrafo. Entregaron dinero a personas con información sobre los rehenes.


Mientras tanto, la otra agencia secreta estadounidense que había estado en la primera línea en la localización y asesinato de miembros de al-Qaeda apareció en escena. Comandos de élite del JSOC comenzaron sesiones periódicas de entrenamiento anual y misiones de reconocimiento con pequeñas unidades para intentar encontrar a los rehenes.


A pesar de todo el esfuerzo, la localización de los rehenes resultó ser escurridiza. Buscando otra cosa que hacer con el nuevo equipamiento y personal de inteligencia, el jefe del Bunker y su agregado militar del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos asignaron a sus hombres una segunda misión: convertir en objetivo a la dirigencia de las FARC. Esto era exactamente lo que la CIA y el JSOC habían estado haciendo contra al-Qaeda al otro lado del mundo. La metodología era familiar.


"Hubo polinización cruzada en ambas direcciones", declaró un alto oficial con acceso al Bunker en aquel momento. "No necesitábamos inventar la rueda".


Una petición del presidente de Colombia


Localizar a los dirigentes de las FARC resultó ser más sencillo que capturarlos o matarlos. Unas 60 veces las fuerzas colombianas habían obtenido o se les había entregado información confiable pero fallaron en capturar o matar a algún alto dirigente, de acuerdo con las declaraciones de dos oficiales estadounidenses y un alto oficial colombiano en retiro. Era siempre la misma historia. Helicópteros Black Hawk proporcionados por Estados Unidos transportaban tropas colombianas dentro de la selva a unos seis kilómetros de un campamento. Los hombres se adentraban en el denso follaje pero los campamentos estaban siempre vacíos para cuando ellos llegaban. Luego supieron que las FARC tenían un sistema de alerta temprana: anillos de seguridad a varios kilómetros de los campamentos.


Para 2006, el deprimente record llamó la atención del recién llegado jefe de misión de la Fuerza Aérea estadounidense. El coronel estaba perplejo. ¿Por qué el tercer receptor en ayuda militar de Estados Unidos [detrás de Egipto e Israel] había hecho tan pocos progresos?
"Estoy pensando: ¿con qué matamos a las FARC?", dijo en una entrevista el coronel, quien declaró bajo la condición de anonimato.


El coronel, un experto en aviones de carga, afirmó que "empezó a buscar en Google bombas y bombarderos" buscando ideas. Eventualmente llegaron al Paveway II Mejorado, un kit de guiado relativamente barato que se podía atar con correas a una bomba de gravedad Mark-82 de 500 libras.


El coronel aseguró que le habló al entonces ministro de Defensa Santos sobre su idea y escribió un informe de una página para que se lo entregara a Uribe. Santos llevó la idea al Secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld. En junio de 2006, Uribe visitó a Bush en la Casa Blanca. Mencionó el reciente asesinato del jefe de al-Qaeda en Iraq, Abu Musab al-Zarqawi. Un F-16 había lanzado dos bombas inteligentes de 500 libras al interior de su escondite y lo habían matado. Uribe presionó para obtener la misma capacidad.


"Claramente esto era muy importante" para Uribe, afirmó el General retirado de la Fuerza Aérea Michael V.Hayden, quien había pasado a ser director de la CIA unos meses antes.


Primero, estaba el asunto de montar bombar pequeñas en una aeronave colombiana. Colombia no tenía F-16. Raytheon, el fabricante del kit, envió ingenieros para encontrar la forma de montar el equipo en un avión. Primero intentaron montarlo en un Embraer A-29 Super Tucano de fabricación brasileña, una aeronave turbopropulsada diseñada para misiones de contrainsurgencia de baja altura. Pero para fijar el cable que iba del cerebro computerizado de la bomba a la cabina de mando había que taladrar demasiado cerca del depósito de combustible. En lugar de eso, lo montaron de cualquier forma en un Cessna A-37 Dragonfly más antiguo, una aeronave de ataque ligera que se desarrolló por la fuerza aérea de Operaciones Especiales para Vietnam y posteriormente se utilizó en la guerra civil salvadoreña.


Entonces los ingenieros y los pilotos colombianos probaron el primero de tres PGMs en un campo aéreo remoto cerca de la frontera venezolana. El objetivo era de 2 por 4 y estaba clavado en el suelo. El avión lanzó la bomba desde una altura de 20.000 pies. "Aterrizó a un pie de distancia", dijo el coronel. El resultado fue tan bueno, que pensó: "¿Por qué malgastar dos kits más?". Las bombas inteligentes estaban listas para ser utilizadas.


Pero los abogados de la Casa Blanca, junto con sus colegas de la CIA y de los departamentos de Justicia, Defensa y Estado, tenían sus propias preguntas que hacer. Una cosa era usar un PGM para derrotar a un enemigo en el campo de batalla -la fuerza aérea estadounidense llevaba años haciéndolo-. Pero otra cosa era usarlo para alcanzar a un lider individual de las FARC. ¿Constituiría eso un asesinato, prohibido por la legislación de Estados Unidos? Y, "¿Podríamos ser acusados de participar en asesinato, incluso si no lo hacíamos nosotros?", dijo un abogado implicado.


La Oficina de Asesoramiento Legal de la Casa Blanca y otros decidieron finalmente que el mismo análisis legal que habían aplicado a al-Qaeda podía aplicarse a las FARC. Matar a un líder de las FARC no sería asesinato porque la organización suponía una amenaza para Colombia. Además, no se podía esperar que ningún comandante de las FARC se rindiera.


Y, como organización narcotraficante, el estatus de las FARC como una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos había sido fijado anteriormente, con la autorización de Reagan antidrogas. Para ese tiempo, la epidemia del crack estaba en su punto álgido, y el Gobierno decidió que las organizaciones que llevaban drogas a las calles de Estados Unidos eran una amenaza para la seguridad nacional.


Existía otra preocupación. Algunos altos oficiales estabann preocupados porque las fuerzas colombianas podrían utilizar los PGMs para asesinar a quienes consideraban enemigos políticos. "Las preocupaciones eran grandes, dados sus problemas de derechos humanos", declaró un ex alto oficial del Ejército.


Para asegurarse de que los colombianos no darían mal uso a las bombas, los oficiales de Estados Unidos idearon una solución innovadora. La CIA mantendría el control sobre la clave de encriptación insertada en la bomba, que descodificaba las comunicaciones con los satélites GPS de forma que pudieran ser leídos por las computadoras de la bomba. La bomba no podía alcanzar su objetivo sin la clave. Los colombianos tendrían que solicitar aprobación para algunos objetivos, y si daban mal uso a las bombas, la CIA podía denegar la recepción de GPS para uso futuro.
"Queríamos un mecanismo de refrendación", declaró un alto oficial que participó en las deliberaciones.


Para cortar la cinta roja inicial, los primeros 20 kits de bombas inteligentes -sin las llaves de encriptación- llegaron a través de la CIA. La cuenta fue por menos de 1 millón de dólares. Después de eso, a Colombia se le permitió adquirirlos a través del Programa Exterior de Ventas Militares.


Un primer golpe


Tomás Medina Caracas, también conocido como Negro Acacio, el jefe narcotraficante de las FARC y comandante del Frente 16, fue el primer hombre que la Célula de Fusión de Inteligencia de la Embajada de Estados Unidos puso en la cola de un ataque con PGM.


Sobre las 4:30am del 1 de septiembre de 2007, pilotos con gafas de visión nocturna soltaron varias bombas inteligentes Enhanced Paveway II sobre su campamento en el oriente colombiano mientras oficiales en ambas capitales esperaban. Las tropas sólo pudieron recuperar una pierna. Parecía por su complexión oscura pertenecer a Acacio, uno de los pocos líderes negros de las FARC. Los tests de ADN confirmaron su muerte.
"Hubo gran excitación", recuerda William Scoggins, jefe del programa antinarcóticos del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos. "No sabíamos qué impacto tendría, pero pensamos que esto era un factor que cambiaba el juego".


Seis semanas después, bombas inteligentes mataron a Gustavo Rueda Díaz, alias Martín Caballero, líder del Frente 37, mientras hablaba por su teléfono celular. Las muertes de Acacio y Caballero causaron el derrumbe de los frentes 16 y 37. También desencadenaron deserciones masivas, según un cable secreto del Departmento de Estado fechado el 6 de marzo de 2008 y hecho público por el grupo anti-secretismo Wikileaks en 2010. Este era justo el comienzo de la desintegración de las FARC.


Para ocultar el uso de los PGMs al conocimiento del público, y para asegurar el máximo daño al campamento de los líderes de las FARC, la fuerza aérea y los asesores de Estados Unidos desarrollaron nuevas tácticas de ataques aéreos. En una misión típica, varios Dragonfys A-37 volando a 20.000 pies de altura llevaban bombas inteligentes. Tan pronto como los aviones entraban en una "cesta" a tres millas del objetivo, el software GPS de una bomba se activaba automáticamente.


Los Dragonflys eran seguidos por varios Super Tucanos A-29, volando mucho más bajo. Ellos lanzaban una serie de bombas tontas en un patrón cercano. Su presión de explosión mataría a cualquiera que se encontrara cerca y además despejaría la densa selva y oscurecería el uso de bombas inteligentes.


Entonces, volando bajo, aviones artillados AC-47 de la era de Vietnam, apodadas Puff the Magic Dragon, ametrallaban la zona con ametralladoras fijas, "disparando a los heridos que trataran de ponerse a cubierto", según uno de los varios oficiales del ejército que describieron el mismo escenario.

Sólo entonces llegaban las fuerzas de infantería colombianas para hacer prisioneros, y recoger a los muertos, así como teléfonos celulares, computadores y discos duros. La CIA también pasó tres años entrenando a los equipos de apoyo aéreo colombianos en el uso de lasers para guiar clandestinamente a los pilotos y a las bombas inteligentes guiadas por laser a sus objetivos.


Casi todas las operaciones dependían en gran medida de las interceptaciones de señales de la Agencia de Seguridad Nacional, que alimentaban con inteligencia a las tropas en el terreno o a los pilotos antes y durante una operación. "Las interceptaciones.... eran un factor que cambiaba el juego", afirmó Scoggins, del Comando Sur de Estados Unidos.

La naturaleza ininterrumpida del trabajo de la NSA fue recogidoen un cable secreto del Departamento de Estado publicado por Wikileaks. En la primavera de 2009, el objetivo era el traficante de droga Daniel Rendón Herrera, conocido como Don Mario, entonces el hombre más buscado de Colombia y responsable de 3.000 asesinatos en 18 meses.


"Durante siete días, utilizando inteligencia humana y de señales", activos de la NSA "trabajaron día y noche" para reposicionar a 250 comandos aerotransportados entrenados y equipados por Estados Unidos cerca de Herrera mientras intentaba escapar, según un cable de abril de 2009 y un alto representante del Gobierno que confirmaron el rol de la NSA en la misión.


La CIA también entrenó a los interrogadores colombianos para preguntar con mayor efectividad a miles de desertores de las FARC, sin el uso de las técnicas "mejoradas de interrogatorio" aprobadas para al-Qaeda y luego rechazadas como abusivas por el Congreso. La agencia creó asimismo bases de datos para hacer seguimiento de informes de forma que se pudieran hacer búsquedas y referencias cruzadas para construir una imagen más completa de la organización.


El gobierno colombiano pagaba a los desertores y les permitía reintegrarse a la sociedad civil. Algunos, a cambio, ofrecieron valiosa información sobre la cadena de mando de las FARC, rutas de viaje estandar, campamentos, línea de suministros, fuentes de droga y dinero. Ayudaron a dar sentido a las interceptaciones de voz de la NSA, que habitualmente utilizaban palabras clave. Los desertores también se utilizaron en ocasiones para infiltrar los campamentos de las FARC sembrando aparatos de escucha o balizas que emitían una coordenada GPS para las bombas inteligentes.


"Aprendimos de la CIA", afirmó un alto oficial de la seguridad nacional colombiana sobre el programa de informes. "Anteriormente no le prestábamos mucha atención a los detalles".


Ecuador y los rehenes no olvidados


En febrero de 2008, el equipo estadounidense-colombiano consiguió su primer avistamiento de los tres rehenes estadounidenses. Tras una espera de cinco años, la reacción fue rápida en el cuartel general del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos en Tampa, que empezó a enviar comandos del JSOC, declaró un alto oficial de Estados Unidos que se encontraba en Colombia cuando arribaron.


El equipo del JSOC estaba encabezado por un comandante del Equipo Seis de las fuerzas de operaciones especiales de la Marina. Pequeñas unidades establecieron tres áreas de operaciones cerca de los rehenes y llevaron a cabo reconocimiento de largo alcance, afirmó el alto oficial. La NSA aumentó su vigilancia. Todos los ojos estaban puestos en la remota localización de la selva. Pero al tiempo que las preparaciones preliminares se desarrollaban, las operaciones se calentaban en otro lugar.


Justo al otro lado del río Putumayo, una milla dentro de Ecuador, la inteligencia estadounidense y un informante colombiano confirmaron el escondite de Luis Edgar Devia Silva, también conocido como Raúl Reyes y considerado el número 2 en el secretariado de las FARC integrado por siete miembros.


Era un descubrimiento delicado para Colombia y Estados Unidos. Llevar a cabo un ataque aéreo significaba que un piloto colombiano a bordo de un avión colombiano impactara el campamento utilizando una bomba fabricada en Estados Unidos con un cerebro controlado por la CIA.
El coronel de la Fuerza Aérea tenía un sucinto mensaje para el comandante de operaciones aéreas colombiano a cargo de la misión. "Le dije: Mira, todos sabemos dónde está este tipo. Simplemente no la jodas".


Los abogados de seguridad nacional de Estados Unidos vieron la operación como un acto de defensa propia. A raíz del 11-S habían elaborado una nueva interpretación del uso de la fuerza permisible contra actores no estatales como al-Qaeda y las FARC. Era así: Si un grupo terrorista era controlado desde un país que no podía o no quería detenerlo, entonces el país atacado -en este caso, Colombia- tenía el derecho de defenderse utilizando la fuerza, incluso si eso suponía adentrarse en otro país soberano.


Esta era la justificación legal para los ataques con drones de la CIA y otras operaciones letales en Pakistán, Yemen, Somalia y mucho después, para el asalto en Pakistán que mató a Osama bin Laden.


De esta forma, minutos después de la medianoche del 1 de marzo, tres Dragonflys A-37 despegaron de Colombia, seguidos por cinco Super Tucanos. El sistema de guiado de las bombas inteligentes se activó una vez que los aviones alcanzaron el radio de tres millas de la localización de Reyes.


Como se les había ordenado, los pilotos colombianos permanecieron en el espacio aéreo colombiano. Las bombas impactaron donde se había programado, destruyendo el campamento y matando a Reyes, quien, de acuerdo a los informes de los noticieros colombianos, estaba durmiendo en pijama.


Las fuerzas colombianas se apresuraron a cruzar la frontera y se adentraron en Ecuador para recolectar los restos de Reyes y se alzaron asimism

o con un gran tesoro oculto de equipos informáticos que resultó ser el más valioso descubrimiento de inteligencia de las FARC obtenido nunca.
El bombardeo desencadenó una seria crisis diplomática. El líder venezolano Hugo Chávez llamó a Colombia "estado terrorista" y desplacó tropas a la frontera, igual que hizo Ecuador. Nicaragua rompió relaciones. Uribe, bajo presión, se disculpó ante Ecuador.


La disculpa, si bien calmó las relaciones en América Latina, enfadó al pequeño círculo de oficiales estadounidenses que conocían la historia detrás, uno de ellos dijo: "Recuerdo haber pensado: no puedo creer que estén diciendo esto", afirmó. "Para ellos era una locura renunciar a una importante argumentación legal".


Pero la conmoción no dañó los profundos lazos entre Estados Unidos y las fuerzas colombianas ni desalentó la misión para rescatar a los rehenes. De hecho, el número de tropas JSOC continuó aumentando hasta llegar a más de 1.000, afirmó un alto funcionario en Colombia en aquel entonces. Los funcionarios pensaron que con seguridad serían avistados, pero no lo fueron. Un ejercicio militar conjunto de Estados Unidos y Colombia proporcionó la cobertura suficiente cuando el Comité Internacional de la Cruz Roja apareció en bases aisladas y tropezó con unos estadounidenses corpulentos, afirmaron dos funcionarios de Estados Unidos.


Después de seis semanas esperando encontrar a los rehenes, casi todas las tropas del JSOC abandonaron el país para ir a misiones en otros lugares. Una unidad permaneció. El 2 de julio de 2008, tuvo el papel poco habitual de suplente en la dramática y bien documentada Operación Jaque, en la que fuerzas colombianas haciéndose pasar por miembros de un grupo humanitario engañaron a las FARC para que entregaran a los tres rehenes de Estados Unidos y otros 12 sin disparar un tiro. El equipo del JSOC y una flota de aeronaves de Estados Unidos estaban posicionados como Plan B, en caso de que la operación colombiana saliera mal. Santos continua la guerra de bombas inteligentes.


Como señal de confianza, a comienzo de 2010 el Gobierno estadounidense dio a Colombia el control sobre la clave de encriptación GPS. No había habido informes de mal uso, fallos o daño colateral de las bombas inteligentes. La transferencia fue precedida por rápidas negociaciones sobre las normas de compromiso para el uso de bombas inteligentes. Entre las normas figura que solamente se lanzarían contra campamenors aislados en la selva.


El presidente Santos, que fue ministro de Defensa bajo Uribe, ha aumentado enormemente el ritmo de las operaciones contra las FARC. Se han asesinado casi tres veces más dirigentes de las FARC -47 frente a 16- bajo Santos que bajo Uribe. Entrevistas y análisis de páginas web gubernamentales e informes de prensa muestran que al menos 23 de los ataques bajo el Gobierno de Santos fueron operaciones aéreas. Las bombas inteligentes se usaron solamente contra los más importantes líderes de las FARC, afirmaron funcionarios colombianos en respuesta a las preguntas. En los demás casos se utilizaron bombas de gravedad.


Colombia continúa mejorando sus capacidades aéreas. En 2013, la fuerza aérea mejoró su flota de bombardeos a reacción Kfir, de fabricación israelí, equipándolos con bombas guiadas por laser Griffin de fabricación israelí. También ha montado bombas inteligentes en algunos de sus Super Tucanos.


Habiendo diezmado a la máxima dirigencia de las FARC entre los comandantes del frente, el ejército, con la ayuda continuada de la CIA y otras agencias de inteligencia, parece que se abre camino entre los rangos de nivel medio, incluyendo a los comandantes de compañía móvil, los cuadros más curtidos en combate y con más experiencia que quedan. Según funcionarios colombianos, un tercio de estos últimos han sido muertos o capturados.


La administración Santos también ha apuntado a las redes de suministro financiero y de armas que apoyan a las FARC. Algunos críticos piensan que el Gobierno ha estado demasiado concentrado en matar a los dirigentes y no lo suficiente en usar al ejército y la policía para ocupar y controlar el territorio rebelde.


Matar a un individuo nunca ha sido la medida del éxito en la guerra, dicen los expertos en contrainsurgencia. Lo que importa es el caos y la disfunción que causa en la organización matar a la dirigencia. Las operaciones aéreas contra la dirigencia de las FARC "han puesto la organización patas arriba", afirma un funcionario del Pentágono que ha estudiado la historia estadounidense clasificada de la guerra en Colombia.


Algunos han huido a Venezuela. Un miembro del secretariado se esconde intermitentemente en Ecuador, según altos funcionarios de Colombia, lo que rompe el importante lazo psicológico con las tropas en el terreno y dificulta el reclutamiento.


Por el temor de ser localizados y bombardeados, las unidades ya no duermen dos días seguidos en el mismo lugar, por lo que los campamentos deben esparcirse más. "Saben que el Gobierno tiene ahora tanta información sobre ellos e inteligencia en tiempo real", declaró Germán Espejo, consejero de seguridad y defensa de la Embajada colombiana. Preocupados por los espías en sus filas, son comunes las ejecuciones.


Las FARC todavía lanzan ataques -un coche bomba en una estación de policía rural el 7 de diciembre mató a seis oficiales de policía y dos civiles- pero ya no viajan en grupos grandes, y esto limita a la mayoría de las unidades a menos de 20. Ya no son capaces de lanzar asaltos a gran escala, el grupo ha tenido que volver a tácticas de golpear y correr, utilizando francotiradores y explosivos.


El desgaste de 50 años de vida errante en la selva ha pasado cuentas en el equipo negociador de las FARC, también. Aquellos que han vivido en el exilio parecen más dispuestos a continuar la lucha que aquellos que han estado combatiendo, afirman funcionarios colombianos. Las negociaciones, afirmó Santos en la entrevista, son resultado de la exitosa campaña militar, "la guinda en el pastel".


El 15 de diciembre las FARC declararon que comenzarían un cese al fuego unilateral de 30 días como señal de buena voluntad durante las fiestas. La administración Santos despreció el gesto y prometió continuar su campaña militar. Más tarde ese mismo día, las fuerzas de seguridad mataron a un guerrillero de las FARC implicado en un ataque con bomba contra un ex ministro. Tres días después, el Ejército mató a otros cinco.

Traducido del inglés para Rebelión por P.R.


Elyssa Pachico y Julie Tate contribuyeron a este reportaje.
Fuente: http://www.washingtonpost.com/sf/investigative/2013/12/21/covert-action-in-colombia/?hpid=z1

Publicado enColombia
Miércoles, 05 Septiembre 2012 07:08

FBI, con datos de 12 millones de usuarios de Apple

FBI, con datos de 12 millones de usuarios de Apple
Washington, 4 de septiembre. Un grupo de hackers denunció haber obtenido datos personales de 12 millones de usuarios del iPhone y el iPad de Apple, al piratear una computadora de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés), lo que desató preocupación sobre los controles gubernamentales en Estados Unidos.


El grupo llamado AntiSec, vinculado a piratas informáticos Anonymous, publicó los datos de un millón de usuarios de Apple y afirma que son parte de un grupo de 12 millones, supuestamente obtenidos de una computadora portátil de la agencia investigadora.


El portavoz de la FBI, Jenny Shearer, declinó hacer comentarios al respecto. Apple tampoco respondió a una solicitud de realizar comentarios sobre el caso.


Pero la noticia se extendió con rapidez entre las redes sociales y los blogs de noticias. Peter Kruse, especialista en delitos informáticos del grupo de seguridad CSIS, en Dinamarca, afirmó en Twitter que la filtración “es real” y confirmó que tres de sus dispositivos se encontraban en la lista. “También noté que dicen tener el nombre completo, las direcciones, números de teléfono, etcétera...”, tuiteó.


Eric Hemmendinger, experto en seguridad de Tata Communications, afirmó que la noticia genera preocupación sobre la protección de la ciberseguridad. “La cuestión no es si es correcto; es por qué la FBI tenía la información y por qué no se preocupó de asegurarla”, explicó.


Puntualizó que, con base en anteriores datos de Anonymous y grupos relacionados, creía que las informaciones eran probablemente ciertas. “Si trabajas en ciberseguridad y tu máquina es pirateada, es un escenario bastante vergonzoso”, expuso.


Geekosystem, blog especializado en tecnología, lo calificó de “uno de los peores desastres de privacidad (ocurridos) hasta el momento”, y varios comentarios de la red social Twitter sugerían que la FBI vigilaba a los usuarios de Apple.


Una página web preparó una base de datos para ayudar a los usuarios a determinar si su dispositivo se hallaba entre la lista de los aparatos de Apple, con un número único de identificación (UDID), que habían sido pirateados.


“Por qué la FBI estaba recolectando los UDID y la información personal de millones de usuarios del iPhone y el iPad no está claro todavía, pero es obvio que los datos (y la computadora en la que supuestamente estaban guardados) no contaban con la seguridad adecuada”, afirmó Graham Cluley, de la empresa de seguridad británica Sophos.


La agencia, vulnerable


“Mi sospecha es que los hackers estaban más interesados en avergonzar al equipo de la FBI que en poner en peligro a los inocentes usuarios. En cualquier caso, hackear computadoras es un delito, y podría adelantar que la FBI y otras fuerzas del orden estarán tratando de atrapar a los responsables”.


Otros expresaron su preocupación ante la aparente filtración. “Puesto que los UDID son únicos para cada iPhone y iPad, que el tuyo acabe en las manos equivocadas es motivo de preocupación”, afirmó Josh Ong, del blog de tecnología The Next Web.


“El mayor problema, sin embargo, es que están vinculados a información personal adicional, que incluye nombres de los usuarios, de sus dispositivos, señales de notificaciones, números del teléfono móvil y direcciones, lo que potencialmente llevaría a un robo de identidad”.


Johannes Ullrich, del SANS Internet Storm Center, organismo especializado en la vigilancia de las amenazas de seguridad en Internet, afirmó que era difícil comprobar las informaciones. “No hay nada más en el archivo que implique a la FBI, por lo que los datos podrían proceder de otra fuente. Pero no está claro quién tendría un archivo como éste”, explicó.


Ullrich afirmó que no está claro por qué la oficina federal, si las informaciones son correctas, tendría estos datos. “El tamaño del archivo... implicaría una operación amplia y no una específica de rastreo, o el archivo podría ser conservado en caso de que se necesitara seguir la pista a alguno de los usuarios del mismo”, dijo.


“La importancia de este delito depende mucho de la fuente, que, por lo que yo sé, todavía no ha sido autentificada”. Los datos, sin embargo, de los UDID de Apple son reales, afirmó.


Afp

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Israel exporta su guerra a América Latina. III y último
Luego del atentado a las Twin Towers de Nueva York (2001), Washington y Tel Aviv impusieron al mundo la doctrina de “guerra preventiva”. Desde entonces, cualquier señalamiento o condena a sus políticas genocidas, es calificada de “terrorista” o “antisemita”.


En curiosa sincronía, la Agencia Judía de Israel (Sojnut) y la Organización Sionista Mundial relanzaron en aquel año el programa de inmigración (aliyá), ofreciendo ayuda a los que aceptaban participar en la ilegal, sigilosa y sostenida apropiación de lo que resta de Palestina (Gaza, Cisjordania, Jerusalén este).


La mayor parte de inmigrantes provenían de Rusia y Europa central. ¿De dónde empezaron a llegar desde 2001? ¿De las clases medias israelíes que resentían el látigo del modelo neoliberal, al tiempo de intuir que sus gobiernos resultaban más peligrosos que los chicos malos de Irán, Hezbolá y Hamas?


El carácter neocolonial y dependiente de la militarizada sociedad israelí se sustenta, totalmente, en la ayuda estadunidense. Sin embargo, en lugar de soldados, la conquista de territorios demanda, como en la época de las Cruzadas, de fanáticos imbuidos de una mística guerrera. O sea: de paramilitares.


Perfil ideológico que, paradójicamente, anda de capa caída en la “única democracia de Medio Oriente”. Así fue que, a más de los tradicionales de Argentina y Brasil, de América Latina arribaron contingentes de indígenas o campesinos de la subregión andina, que adherían a sectas cristianas con tradiciones judías y aseguraban descender de las “diez tribus perdidas” de Israel.


Mitad de realidad histórica y mitad de fantasía, la milenaria historia de las tribus “perdidas” (que en el “nuevo mundo” encendió durante siglos el imaginario de los cronistas) arranca cuando Sargón II (rey de los asirios) destruye y dispersa los pueblos hebreos del norte de Palestina (721 aC). En tanto, las dos tribus de Judá (al sur) serían llevadas en cautiverio cien años después por Nabucodonosor (rey de Babilonia), y liberadas por Ciro II El Grande, fundador del imperio persa, en 538 aC.


Tan “interesante” como las revistas que ojeamos en la fila del súper, el mito ha sido de mucha utilidad para los servicios de inteligencia de Israel, que en el mundo buscan “colonos” con el perfil ideológico referido más arriba para sus asentamientos ilegales en Palestina.


En México, algunos papás y mamás sionistas cuentan a sus niños que Dios dijo a Moisés: “…busca la Tierra Prometida y funda mi ciudad en una gran laguna donde encuentres un águila sobre un nopal devorando una serpiente…” Pero si los niños repiten la historia en su escuela y los compañeritos se ríen, los sionistas montan una campaña internacional para denunciar “el avance del antisemitismo en México”.


Los rabinos serios niegan que los miembros de las tribus perdidas son parte del mal llamado “pueblo judío”. No obstante, entidades como la mesiánica Amishav (Mi pueblo retorna) se esfuerzan en localizar a sus “descendientes”. Mientras, personajes como Enrique Krauze, creáse o no, usa la leyenda para pegarle a Hidalgo, Juárez, Andrés Manuel López Obrador y otros “redentores” (Letras Libres, abril 2010).


En Cisjordania, el periodista Grez Myre entrevistó para Associated Press (Ap) a Mariano Pérez, uno de los cien indígenas de Perú convertidos al judaísmo por rabinos israelíes. Mariano siguió un curso de hebreo veloz en Trujillo, cambió de nombre y hoy se llama Mordechal. Tras ser aceptado como “ciudadano judío”, los sionistas le entregaron una metralleta y lo enviaron junto con su familia a la primera línea del frente.


Mordechal confesó a Myre: “Te entra algo de miedo, todo el mundo se sentiría algo asustado… pero nos da igual. Venimos por una sola razón: estar cerca de Dios” (Ap, 9/7/02). En todo caso, el converso andino consiguió en el “asentamiento” de Karmetsur lo que los refugiados palestinos exigen desde 1948: tierra, hogar, derecho a la autodefensa, frigoríficos llenos de comida, escuela para sus niños y exenciones tributarias.


A estas alturas, algún lector observará que, en realidad, a Israel le interesa importar guerreros de América Latina. Pero en el mundo de la globalización excluyente, el intercambio es dialéctico. Y un modo de ejecutarlo consiste en recurrir al terrorismo mediático que nos habla de la presencia de “células de Hezbolá” o de “asesores militares de Irán” en las regiones y ciudades donde viven comunidades islámicas importantes.


La penetración sionista en las comunidades indígenas responde de maravilla a los objetivos del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, que en su informe de 2005 menciona al “indigenismo militante asociado al antiamericanismo” entre los “peligros potenciales para la seguridad hemisférica”.


En los próximos artículos ampliaremos los temas analizados en los casos de Venezuela y Bolivia, países a los que la propaganda sionista (hasbará) señala como filiales del “terrorismo iraní”.

Por José Steinsleger


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Domingo, 22 Febrero 2009 09:32

El Atlántico no alcanza

El Océano Atlántico es el segundo en extensión y volumen del planeta: 106,4 millones de kilómetros cuadrados y 323,6 kilómetros cúbicos. Pero el submarino nuclear británico “HMS Vanguard” y su semejante francés “Le Triomphant” consiguieron un casi milagro: chocar en aguas oceánicas profundas el 6 de febrero pasado. El hecho sólo se conoció diez días después y el milagro completo fue que no se produjo una catástrofe inédita: el “Vanguard”, con 135 hombres a bordo, portaba 16 misiles intercontinentales con 48 cabezas nucleares en total; “Le Triomphant” –101 de equipaje–, otro tanto. Cada navío cargaba una potencia nuclear equivalente a la de 1248 bombas atómicas como la arrojada en Hiroshima. Una explosión habría contaminado definitivamente el Atlántico y arrasado ciudades enteras. Entre otras cosas.
 
Nadie sabe cómo los dos submarinos lograron colisionar en un espacio pariente de la inmensidad. Por fortuna, navegaban a poca velocidad: las tripulaciones no sufrieron daño y el arsenal nuclear quedó intacto, aunque reparar los navíos llevará meses e insumirá fondos que ascenderán a unos 100 millones de dólares. Otra incógnita es por qué no se detectaron mutuamente, equipados como están con modernísimos equipos de sonar. Tal vez se encontraban en estado de “sonar pasivo”, lo que les permite moverse en silencio sin emitir ondas detectables por otro buque, un avión o algún sistemas de vigilancia marina. Es irónico que gran parte de los esfuerzos técnicos en la materia se hayan centrado últimamente en diseñar submarinos que produzcan el menor ruido posible. “El operativo de detección fue demasiado tardío o no se puso en marcha”, señaló el especialista Stephen Saunders (The Independent, 17-2-09). “Distracciones” como ésta, azares como éstos, pueden provocar una tragedia humana irreparable. Ante esta posibilidad notoria, los gobiernos de los países nucleares siguen impasibles.
 
El Primer Lord del Almirantazgo británico, Sir Jonathan Band, y el ministro de Defensa francés, Hervé Morin, trivializaron el “percance”. Una síntesis de sus declaraciones sería “finalmente, nada pasó”. En conferencia de prensa surgió una pregunta sobre el tema y Sir Jonathan afirmó –con gesto fastidiado– que el choque no había afectado a las tripulaciones, que los submarinos “sólo habían sufrido rasguños” y que la seguridad nuclear no había corrido riesgos. Hervé Morin –que días antes sostuvo que “Le Triomphant” había tropezado con un container– incursionó en comparaciones marinas: “Se trata de una problemática tecnológica extremadamente simple: estos submarinos son indetectables. ¡Hacen menos ruido que un camarón!” (Le Monde, 17-02-09). No es el caso, obvio, de un estallido atómico.
 
Estas versiones no conformaron a Angus Robertson, líder parlamentario del Partido Nacional Escocés. Exigió que el ministro de Defensa británico explicara “cómo es posible que un submarino con armas de destrucción masiva choque con otro submarino con armas de destrucción masiva en medio del segundo océano más grande del mundo” (The Guardian, 16-2-09). Otras preguntas: ¿Qué hacían esas naves rebosantes de armas nucleares en las profundidades del Atlántico? El almirante Band indicó que se trataba “de patrullajes de rutina”, pero ¿cuál será esa “rutina”? ¿Por qué ocultaban su presencia? ¿Con qué regularidad los envían a dar vueltas por ahí? ¿Los aliados no se intercomunican los itinerarios? Parecería que priva el secreto de tales operaciones entre los miembros de la OTAN, cualquiera fuere el peligro que esto entraña para la humanidad.
 
“Es una pesadilla nuclear de nivel superlativo”, calificó Kate Hudson, directora de la Campaña por el Desarme Nuclear (CND, por sus siglas en inglés), organismo internacional de Gran Bretaña que lucha para alcanzar esa meta desde hace más de medio siglo. “Es el incidente más grave desde el hundimiento del ‘Kursk’ y la primera vez desde la Guerra Fría que se sabe del choque de dos submarinos nucleares”, subrayó (www.cnduk.com, 16-2-09).
 
El submarino misilero ruso “Kursk” explotó y zozobró en el Mar de Barents en agosto del 2000. Murieron sus 118 tripulantes.
 
Persiste el silencio sobre las razones que causaron la colisión y no cabe esperar que alguna vez se aclaren públicamente. Se ignora si fue una casualidad inconcebible o la consecuencia de una decisión estratégica que terminó mal. Lo cierto es que este “azar extraordinario”, como lo calificó el ministro Hervé Morin, abre interrogantes graves sobre la seguridad del planeta. ¿Qué lo amenaza más? ¿El terrorismo? ¿Esta clase de azar?
 
Por Juan Gelman
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