Edgardo Lander: Ante la crisis de Venezuela la izquierda carece de crítica

Edgardo Lander no es sólo un académico, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela e investigador asociado del Transnational Institute. Es una persona vinculada desde hace años a los movimientos sociales y a la izquierda en su país. Desde ese lugar, afirma que el apoyo incondicional de las izquierdas de la región al chavismo reforzó las tendencias negativas del proceso. Sostiene que las izquierdas a nivel global no han tenido "capacidad de aprender", que terminan respaldando un "gobierno de mafias" como el de Nicaragua, y que cuando "colapse el modelo venezolano" es posible que simplemente "miren para otro lado".

–Hace tres años caracterizaste la situación en Venezuela como la "implosión del modelo petrolero rentista". ¿Ese diagnóstico sigue vigente?


-Lamentablemente, los problemas que pueden caracterizarse como asociados al agotamiento del modelo petrolero rentista se han acentuado. El hecho de que Venezuela ha tenido 100 años de industria petrolera y de estadocentrismo girando en torno a cómo se reparte la renta ha conformado no sólo un modelo de Estado y de partido, sino también una cultura política e imaginarios colectivos de Venezuela como un país rico, de abundancia, y la noción de que la acción política consiste en organizarse para pedirle al Estado. Esa es la lógica permanente. En el proceso bolivariano, a pesar de muchos discursos que aparentaban ir en la dirección contraria, lo que se hizo fue acentuar esto. Desde el punto de vista económico se acentuó esta modalidad colonial de inserción en la organización internacional del trabajo. El colapso de los precios del petróleo simplemente desnudó una cosa que era evidente, cuando uno depende de un commodity cuyos precios necesariamente fluctúan.


–Las críticas a la situación de la democracia en Venezuela se han acentuado tras la asunción de Nicolás Maduro. ¿Por qué es así? ¿Cómo se compara con la situación bajo el gobierno de Hugo Chávez?


-Primero hay que tomar en cuenta qué fue lo que pasó en el tránsito de Chávez a Maduro. Yo soy de la opinión de que la mayoría de los problemas con los que nos encontramos hoy son problemas que venían acumulándose con Chávez. Los análisis de parte de la izquierda venezolana que reivindican la época de Chávez como la época de gloria, en la que todo funcionaba bien y de repente aparece Maduro como un incompetente o un traidor, son explicaciones demasiado maniqueas y que no permiten desentrañar cuáles son las lógicas más estructurales que llevan a la crisis actual. El proceso venezolano, por decirlo muy esquemáticamente, siempre estuvo sustentado sobre dos pilares fundamentales: por un lado, la capacidad extraordinaria de Chávez de comunicar y de liderazgo, que generó una fuerza social; por otro lado, precios del petróleo que llegaron en algunos años a más de 100 dólares el barril. En forma casi simultánea, en 2013, estos dos pilares colapsaron: murió Chávez y los precios del petróleo se vinieron abajo. Y el emperador quedó desnudo. Quedó claro que esto tenía un alto grado de fragilidad, por depender de cosas de las cuales no se podía seguir dependiendo. Además, hay diferencias muy importantes entre el liderazgo de Chávez y el de Maduro. Chávez era un líder con capacidad de dar orientación y sentido, pero también tenía un extraordinario liderazgo dentro del gobierno bolivariano como tal, de manera que cuando él decidía algo, esa era la decisión. Eso genera falta de debates y muchos errores, pero genera también una acción unitaria, direccionada. Maduro no tiene esa capacidad, nunca la ha tenido, y ahora en el gobierno cada quien jala por su lado. Por otra parte, durante el gobierno de Maduro ha habido un incremento de la militarización, quizá porque Maduro no viene del mundo militar, entonces para garantizar el apoyo de las Fuerzas Armadas tiene que incorporar a más integrantes de las Fuerzas Armadas y darles más privilegios. Se han creado empresas militares, actualmente la tercera parte de los ministros y la mitad de los gobernadores son militares, y están en lugares muy críticos de la gestión pública, donde ha habido mayores niveles de corrupción: la asignación de divisas, los puertos, la distribución de alimentos. El hecho de que estén en manos de militares hace más difícil que sean actividades transparentes, que la sociedad sepa qué es lo que está pasando.


–¿Qué sucedió con los procesos de participación social que promovieron los gobiernos bolivarianos?


-Hoy en Venezuela hay una desarticulación del tejido de la sociedad. Después de una experiencia extraordinariamente rica de organización social, de organización de base, de movimientos en relación a la salud, a las telecomunicaciones, a la tenencia de la tierra urbana, a la alfabetización, que involucró a millones de personas y generó una cultura de confianza, de solidaridad, de tener la capacidad de incidir sobre el propio futuro, uno suponía que en momentos de crisis habría capacidad colectiva de responder, y resulta que no. Por supuesto, hablo en términos muy gruesos, hay lugares donde hay mayor capacidad de autonomía y autogobierno. Pero en términos generales se puede decir que la reacción que se vive hoy es más en términos competitivos, individualistas. De todos modos, creo que quedó una reserva que en algún momento puede salir a flote.


–¿Por qué no pudo mantenerse esa corriente de participación y organización?


-El proceso estuvo atravesado desde el principio por una contradicción muy seria, que es la contradicción entre entender la organización de base como procesos de autogestión y de autonomía, de construcción de tejido social de abajo hacia arriba, y el hecho de que la mayor parte de estas organizaciones fueron producto de políticas públicas, de promoción desde arriba, desde el Estado. Y esa contradicción se jugó de manera diferente en cada experiencia. Donde había experiencia organizativa previa, donde había dirigentes comunales, había una capacidad de confrontar al Estado; no para rechazarlo, sino para negociar. Además, a partir de 2005 hay una transición del proceso bolivariano desde algo muy abierto, desde un proceso de búsqueda de un modelo de sociedad diferente al soviético y al capitalismo liberal, a tomar ya la decisión de que el modelo es socialista, y a una interpretación del socialismo como estatismo. Hubo mucha influencia político-ideológica cubana en esta conversión. Entonces estas organizaciones ya empiezan a ser pensadas en términos de instrumentos dirigidos desde arriba, y empieza a consolidarse una cultura estalinista en relación a la organización popular. Y eso le ha dado obviamente mucha precariedad.


–¿Cómo es la situación de la democracia en términos liberales?


-Obviamente es mucho más grave [durante el gobierno de Maduro], y es más grave porque es un gobierno que ha perdido muchísima legitimidad y que tiene niveles crecientes de rechazo por parte de la población. Y la oposición ha avanzado significativamente. El gobierno tenía hegemonía de todos los poderes públicos hasta que perdió aparatosamente las elecciones (parlamentarias) en diciembre de 2015. Y a partir de allí empezó a responder en términos crecientemente autoritarios. En primer lugar, desconoció la Asamblea, primero desconociendo los resultados de un Estado que le quitaba la mayoría calificada a la oposición en la Asamblea, con razones absolutamente tiradas de los cabellos. Posteriormente, ha habido un franco desconocimiento de la Asamblea como tal, que desde el punto de vista del gobierno no existe, es ilegítima. Y es tan así que hace unos meses era necesario renovar los integrantes del Consejo Nacional Electoral [CNE], y entonces la Corte desconoció a la Asamblea y nombró a los integrantes del CNE, que por supuesto son todos chavistas. Maduro tenía que presentar a comienzos de año una memoria de gestión del año anterior, y como no reconocen a la Asamblea, la memoria se presentó ante la Corte. Lo mismo sucedió con el presupuesto. Teníamos un referéndum revocatorio para el cual se habían cumplido todos los pasos. Debía hacerse en noviembre del año pasado y el CNE resolvió posponerlo, y eso significó matarlo: simplemente ahora no hay referéndum revocatorio. Era constitucionalmente obligatoria la elección de gobernadores en diciembre del año pasado, y simplemente la pospusieron indefinidamente. Entonces estamos en una situación en la que hay una concentración total de poder en el Ejecutivo, no hay Asamblea legislativa, Maduro tiene ya más de un año gobernando por decreto de emergencia autorrenovado, cuando debe ser ratificado por la Asamblea. Estamos muy lejos de algo que pueda llamarse práctica democrática. En ese contexto, la respuestas que se dan son cada vez más violentas, de los medios y de la oposición, y la reacción del gobierno, ya incapacitado de hacer otra cosa, es la represión de las manifestaciones, los presos políticos. Se utilizan todos los instrumentos del poder en función de preservarse en el poder.


–¿Qué consecuencias tiene esta situación a largo plazo?


-Yo diría que hay tres cosas que son extraordinariamente preocupantes de las consecuencias de todo esto a mediano y largo plazo. En primer lugar, hay una destrucción del tejido productivo de la sociedad y va a tomar muchísimo tiempo recuperarlo. Recientemente hubo un decreto presidencial de apertura de 112.000 kilómetros cuadrados a la minería transnacional a gran escala en un territorio donde están los hábitats de diez pueblos indígenas, donde están las mayores fuentes de agua del país, en la selva amazónica. En segundo lugar está el tema de cómo la profundidad de esta crisis está desintegrando el tejido de la sociedad, y hoy como sociedad se está peor de lo que se estuvo antes del gobierno de Chávez; esto es algo muy duro de decir, pero efectivamente es lo que se vive en el país. En tercer lugar, cómo se han revertido las condiciones de vida en términos de salud y de alimentación. El gobierno dejó de publicar estadísticas oficiales y hay que confiar en estadísticas de las cámaras empresariales y de algunas universidades, pero estas indican que hay una pérdida sistemática de peso de la población venezolana, algunos cálculos dicen que es de seis kilos por persona. Y eso, por supuesto, tiene consecuencias en desnutrición infantil y tiene efectos a largo plazo. Por último, esto tiene extraordinarias consecuencias en relación a la posibilidad de cualquier imaginario de cambio. La noción de socialismo, de alternativas, está descartada en Venezuela. Se ha instalado la noción de que lo público es necesariamente ineficiente y corrupto. Es un fracaso.


–¿Cómo ves las reacciones de los partidos de izquierda a nivel global, y especialmente en América Latina, respecto de Venezuela?


-Creo que uno de los problemas que ha arrastrado históricamente la izquierda es la extraordinaria dificultad que hemos tenido como izquierda de aprender de la experiencia. Para aprender de la experiencia es absolutamente necesario reflexionar críticamente sobre qué pasa y por qué pasa. Por supuesto, sabemos toda la historia de lo que fue la complicidad de los partidos comunistas del mundo con los horrores del estalinismo, y no por falta de información. No fue que se enteraron después de los crímenes de [Iósif] Stalin, sino que hubo una complicidad que tiene que ver con ese criterio de que como uno es antiimperialista y es un enfrentamiento contra el imperio, vamos a hacernos los locos con que se mató tanta gente, vamos a no hablar de eso. Creo que esa forma de entender la solidaridad como solidaridad incondicional, porque hay un discurso de izquierda o porque haya posturas antiimperialistas, o porque geopolíticamente se expresen contradicciones con los sectores dominantes en el sistema global, lleva a no indagar críticamente sobre cuáles son los procesos que están ocurriendo. Entonces se genera una solidaridad ciega, no crítica, que no solamente tiene la consecuencia de que yo no fui a criticar lo otro, sino que tiene la consecuencia de que activamente se está celebrando muchas de las cosas que terminan siendo extraordinariamente negativas. El llamado hiperliderazgo de Chávez era algo que estaba allí desde el principio. O el modelo productivo extractivista. Lo que hoy conoce la izquierda en su propia cultura sobre las consecuencias de eso estaba ahí. Entonces, ¿cómo no abrir un debate sobre esas cosas, de manera de pensar críticamente y aportar propuestas? No que la izquierda europea venga a decirles a los venezolanos cómo tienen que dirigir la revolución, pero tampoco esta celebración acrítica, justificativa de cualquier cosa. Entonces, los presos políticos no son presos políticos, el deterioro de la economía es producto de la guerra económica y de la acción de la derecha internacional. Eso es cierto, está ahí, pero obviamente no es suficiente para explicar la profundidad de la crisis que estamos viviendo. La izquierda latinoamericana tiene una responsabilidad histórica en relación, por ejemplo, a la situación de Cuba hoy, porque durante muchos años asumió que mientras estuviese el bloqueo de Cuba no se podía criticar a Cuba, pero no criticar a Cuba quería decir no tener la posibilidad de reflexionar críticamente sobre cuál es el proceso que está viviendo la sociedad cubana y cuáles son las posibilidades de diálogo con la sociedad cubana en términos de opciones de salida. Para una gran proporción de la población cubana, el hecho de que se estaba en una especie de callejón sin salida era bastante obvio a nivel individual, pero el gobierno cubano no permitía expresar eso y la izquierda latinoamericana se desentendió, no aportó nada, sino simplemente solidaridad incondicional. El caso más extremo es pretender que el gobierno de Nicaragua es un gobierno revolucionario y parte de los aliados, cuando es un gobierno de mafias, absolutamente corrupto, que desde el punto de vista de los derechos de las mujeres es de los regímenes más opresivos que existen en América Latina, en una alianza total con sectores corruptos de la burguesía, con el alto mando de la iglesia católica, que antes era uno de los grandes enemigos de la revolución nicaragüense. ¿Qué pasa con eso? Que se refuerzan tendencias negativas que hubiera sido posible visibilizar. Pero además, no aprendemos. Si entendemos la lucha por la transformación anticapitalista no como una lucha que pasa allá y vamos a ser solidarios con lo que ellos hacen, sino como una lucha de todos, entonces lo que tú haces mal allá nos está afectando a nosotros también, y también tengo responsabilidad de señalarlo y de aprender de esa experiencia para no repetir lo mismo. Pero no tenemos capacidad de aprender, porque de repente, cuando termine de colapsar el modelo venezolano, vamos a mirar para otra parte. Y eso, como solidaridad, como internacionalismo, como responsabilidad político-intelectual, es desastroso.


–¿Por qué la izquierda adopta estas actitudes?


-Tiene que ver, en parte, con que no hemos terminado de descargar al pensamiento de izquierda de unas concepciones demasiado unidimensionales de qué es lo que está en juego. Si lo que está en juego es el contenido de clase y el antiimperialismo, juzgamos de una manera. Pero si pensamos que la transformación hoy pasa por eso, pero también por una perspectiva crítica feminista, por otras formas de relación con la naturaleza, por pensar que el tema de la democracia no es descartar la democracia burguesa, sino profundizar la democracia; si pensamos que la transformación es multidimensional porque la dominación también es multidimensional, ¿por qué este apoyo acrítico a los gobiernos de izquierda coloca los derechos de los pueblos indígenas en un segundo plano, coloca la devastación ambiental en un segundo plano, coloca la reproducción del patriarcado en un segundo plano? Entonces termina juzgando desde una historia muy monolítica de lo que se supone que es la transformación anticapitalista, que no da cuenta del mundo actual. Y obviamente, ¿de qué nos sirve liberarnos del imperialismo yanqui si establecemos una relación idéntica con China? Hay un problema político, teórico e ideológico, y quizá generacional, de personas para las que esta era su última apuesta por lograr una sociedad alternativa, y se resisten a aceptar que fracasó.

Por: Red Filosófica del Uruguay | Miércoles, 05/09/2018 12:43

Publicado enInternacional
El fracaso de Macri y su laboratorio neoliberal en Argentina

A diferencia de las movilizaciones de 2001, la sociedad argentina cuenta con mecanismos de protección social. Sin embargo, el proyecto Macri se resquebraja y se dispara la evasión de capital.

 

 La crisis económica argentina se aceleró en las últimas semanas y llevó a la Alianza Cambiemos a su situación más complicada desde que asumió el Gobierno en diciembre de 2015. Tanto por la presión de los capitales internacionales —a través de la fuga masiva de divisas que provocó una devaluación del peso— como por una sociedad con un importante nivel de organización y movilización.

El alza del dólar, que llegó a superar los 40 pesos la última semana —provocando una devaluación de más del 100% en lo que va del año— obligó al Ejecutivo liderado por Mauricio Macri a tomar medidas drásticas. Enmarcado en su plan neoliberal, la resolución fue apostar por mayores medidas de ajuste, algunas inéditas en la historia democrática del país.


Entre estas últimas se destaca la degradación del Ministerio de Salud al estatus de Secretaría dependiente de la cartera de Desarrollo Social. Lo mismo sucedió con el Ministerio de Trabajo, que ahora quedará bajo la órbita de Producción, retrocediendo así 70 años de historia.


A su vez, esto se enmarca en una apuesta por reducir el déficit fiscal que busca ser llevado a cero para 2019. Una medida que tiene un antecedente poco feliz para la sociedad argentina: fue anunciada como la salvación por el Gobierno de Fernando de la Rúa meses antes de que estallara la crisis más grande de la historia del país sudamericano en diciembre de 2001.


Para esto se reducirá aún más el gasto público eliminando los subsidios a empresas privadas de servicios lo cual, se espera, repercuta en más aumentos de tarifas y más inflación (originalmente prevista por el Gobierno en un 15% anual y que ya se pronostica por encima del 35%).

También continuarán los despidos de trabajadores de la Administración Pública como viene sucediendo de manera sostenida, pero esta tendencia ahora se verá agudizada por la eliminación de Ministerios enteros y sus consecuentes programas. Se une el recorte del presupuesto para la Educación y la Ciencia, lo que ha desatado un extenso conflicto en las Universidades Nacionales que se encuentran hace un mes en huelga.
Todo esto hará aumentar la desocupación y la pobreza, tal como reconoció el propio presidente durante un discurso al país emitido el lunes.


LAS RAZONES DE LA CRISIS


Desde su llegada a la presidencia, Macri desarrolló una política económica con lineamientos netamente neoliberales que, combinada con problemas estructurales, dejaron la Argentina en una situación muy frágil ante cualquier embate del mercado mundial.


Entre las primeras medidas estuvo bajar y, en algunos casos directamente eliminar, el impuesto a las exportaciones de la producción agropecuaria y minera. De esta forma se anuló una de las principales fuentes de divisas. A su vez se permitió la libre remisión de dinero de las empresas a las casas matrices (previamente, las multinacionales estaban obligadas a tenerlo un año en el país).


Además se implementaron enormes aumentos de tarifas de servicios públicos (electricidad, gas, agua, transporte, combustibles) que impactaron en el bolsillo de la población y redujeron el consumo. Generando así una caída de la actividad económica.


Estas decisiones fueron acompañadas de una desregulación total del mercado financiero y una tasa de interés alta que permitió a capitales especulativos hacer negocios con las llamadas Letras del Banco Central (Lebacs), generando un importante ingreso de dólares durante los primeros dos años de gestión pero no para inversión en industrias ni para generar puestos de trabajo.


A comienzos de 2018, los mismos mecanismos que permitieron la entrada de divisas para la especulación financiera, garantizaron su rápida salida cuando el alza de la tasa de interés en EE UU golpeó todas las economías del mundo. A una primera crisis cambiaria en mayo le siguió una más reciente en agosto.


Durante este proceso la administración Macri elevó la tasa de interés de referencia primero al 40% y luego al 60% (guarismos únicos en el mundo), haciendo imposible cualquier tipo de financiamiento o crédito, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas que son las principales creadoras de puestos de trabajo.


El combo llevó a una economía estructuralmente dependiente —cuyo principal ingreso de divisas proviene de la exportación de materias primas— a sufrir los embates de la falta de dólares y ponerla al borde de una crisis.


Fue entonces que Macri solicitó un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI). El acuerdo por 50.000 millones de dólares convirtió a la Argentina en el país más endeudado con el ente financiero a nivel mundial y profundizó su dependencia ya que debió adaptarse a los objetivos impuestos por el organismo presidido por Christine Lagarde.


Paradójicamente no pudo cumplir ni siquiera con esas medidas y debió llevar a cabo recientemente lo que fue calificado por diversos analistas como un “ajuste del ajuste”.

LAS PRIMERAS CHISPAS DE UN PUEBLO ORGANIZADO Y EXPECTANTE


Tras los anuncios de esta semana, se dieron episodios aislados que recuerdan a la anterior crisis: hubo cacerolazos en la Ciudad de Buenos Aires y saqueos de comercios en algunos puntos del país. El más trágico fue el que sucedió en la localidad de Saénz Peña, en la provincia de Chaco (noreste), donde un joven de 13 años murió de un disparo en el pecho en el marco de la represión policial.


Sin embargo, una de las principales diferencias con la crisis de 2001 y que permiten suponer que el desenlace no será igual, es el nivel de organización que tiene la sociedad argentina y su entramado de contención. Hay dos grandes movimientos que se destacan por su dinamismo y presencia callejera: el feminismo y la economía popular.


El primero, conformado al calor de décadas de organización paciente de las mujeres argentinas, cobró masividad a partir de 2015 en el marco de las movilizaciones de #NiUnaMenos contra los feminicidios y este año marcó un hito al lograr que el debate del aborto llegara al Congreso. A pesar de que el Senado rechazó el proyecto, eso no quitó que la discusión generara una transformación cultural que tuvo su corolario en la marcha de dos millones de mujeres el 8 de agosto.


A su vez, fue este movimiento el primero en realizar un paro nacional al gobierno de Macri en octubre de 2016 cuando la principal central sindical, la Confederación General del Trabajo (CGT) se mostraba, como ahora, dubitativa.


Por su parte, el movimiento de la Economía Popular representa a los sectores desclasados que no lograron ser integrados durante los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner. Se trata de personas que se crearon su propio trabajo y se nuclean centralmente en cooperativas hoy organizadas en torno a la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y otras organizaciones similares.
Este movimiento consiguió importantes triunfos, incluso legislativos, como la Ley de Emergencia Social, y ha sido uno de los que pudo arrancarle más recursos al Gobierno por su fuerte inserción en los barrios populares, principalmente de los grandes centros urbanos y sus periferias.


Un actor más a considerar son los sindicatos que, aunque con poca reacción en general —salvo excepciones—, siguen siendo organizaciones con un importante poder de presión y capacidad de paralizar el país. A pesar de su posición históricamente negociadora, han sido obligados a desplazarse cada vez más hacia la oposición ante la imposibilidad de acordar condiciones aceptables para sus bases.


Todas estas expresiones, todavía con demandas parciales y desarticuladas, han tenido sin embargo un enfrentamiento frontal con el modelo neoliberal, ya sea por orientación política (como en el caso del feminismo) como por reivindicaciones concretas (como en la economía popular y el sindicalismo tradicional).


Finalmente, se complementan con una oposición política que también se encuentra dispersa pero que tiene en el kirchnerismo —con la figura de la senadora y expresidenta Cristina F. Kirchner a la cabeza— y las distintas expresiones de la izquierda, a dos actores que también han mantenido su carácter confrontativo y sin vacilaciones con el Gobierno.


¿UN NUEVO 2001?


Si bien las medidas económicas y algunas de sus consecuencias son muy similares a las de la última gran crisis del país, las bases sobre las que se asientan son diferentes. La Argentina de hoy no tiene más de un 20% de desocupación ni la mitad de la población vive en la pobreza y su PBI es un 150% más grande que en aquel entonces.


Además, durante los gobiernos anteriores se gestó una red de asistencia social que, aunque hoy deteriorada, sigue haciendo de barrera de contención: jubilaciones, asignación universal por hijo, programas laborales en los barrios, etc. permiten a gran parte de la población tener aunque sea un mínimo ingreso económico.


Estas condiciones generales se complementan con los actores políticos y sociales mencionados anteriormente que canalizan y organizan la bronca popular. De esta forma, es probable que la espontaneidad callejera que se vio durante la rebelión de 2001 hoy no se manifieste de la misma forma ya que posee otros marcos organizativos e institucionales sobre los cuales sostenerse y expresarse.


Dependerá en gran parte de los movimientos del propio Gobierno en las próximas semanas cuál sea el desenlace. Si logra llegar a las elecciones de octubre de 2019 a fuerza de ajuste y represión o debe optar por una salida anticipada ante la imposibilidad de sortear la crisis.


En cualquier caso, el modelo neoliberal está golpeado y quien venga después de Macri —sea del signo político que sea— deberá resolver si elige seguir los dictados del FMI y el capital transnacional o apoyarse en un pueblo que empieza a decir basta y está dispuesto a salir a la calle.

Publicado enInternacional
Miércoles, 05 Septiembre 2018 07:04

Cruzan para dejar atrás la tierra de Bolívar

Cruzan para dejar atrás la tierra de Bolívar

Según las cifras oficiales, a Perú han ingresado unos 420 mil venezolanos, la mitad que en Colombia. Ambos países junto a Ecuador decidieron no cerrar sus fronteras, pero sí endurecer los controles fronterizos exigiendo pasaporte.

“Con mi esposa y mis tres hijos hemos hecho un viaje muy duro de varios días. Hemos venido casi sin nada. Esperamos poder seguir viaje y llegar a Lima, ese es nuestro objetivo. La situación en Venezuela está muy difícil, por eso salimos. Pudimos pasar la frontera poco antes que exijan el pasaporte, un documento que no tenemos y que ahora es muy difícil conseguir en Venezuela”, dice a las cámaras de televisión uno de los miles de migrantes venezolanos que cada día cruzan por tierra hacia Perú desde la frontera con Ecuador. 

Según las cifras oficiales, a Perú han ingresado unos 420 mil venezolanos. El país que ha captado la mayor parte de esta migración es Colombia, donde las autoridades dicen hay 820 mil venezolanos registrados. En Ecuador hay poco más de 200 mil. Estos son los países que han recibido la mayor cantidad de venezolanos. La mayor parte de este flujo migratorio se ha dado en el último año, en medio de la crisis que afecta Venezuela.


Funcionarios de Perú, Colombia y Ecuador se reunieron de emergencia la semana pasada en Lima para acordar medidas conjuntas para enfrentar la migración venezolana. Tomaron acuerdos para unificar políticas migratorias e intercambiar información. Decidieron no cerrar sus fronteras, pero sí endurecer los controles fronterizos, exigiendo a estos migrantes documentos de identidad como el pasaporte. Justificaron esta decisión en “la necesidad de tener una migración regulada, ordenada y segura”. Se acordó exigir pasaporte a pesar de que estos tres países indican en un comunicado que los ciudadanos venezolanos tienen dificultades para conseguirlo. Para superar este problema, señalaron haber acordado pedirle al gobierno de Nicolás Maduro que facilite la entrega de este documento.


Un argumento para pedir pasaporte es evitar el ingreso de personas con antecedentes penales. “Es necesario tener un mejor control, pero no hay ninguna intención de cerrar las fronteras, eso lo aseguramos”, declaró el diplomático peruano Enrique Bustamante. Diversos expertos coinciden en señalar que exigir pasaporte tiene una relativa eficacia en el tema de seguridad y lo que hace es empujar a quienes no tienen ese documento a ingresar clandestinamente, lo que los pone en una situación de mayor vulnerabilidad.


Perú ya venía exigiendo pasaporte a los venezolanos que llegan a su frontera desde el 25 de agosto, antes de este acuerdo conjunto. En Ecuador un tribunal ha suspendido una decisión del gobierno en ese sentido. Hasta el 25 de agosto, cada día cruzaban la frontera peruana cerca de cuatro mil venezolanos. Desde esa fecha, el flujo migratorio ha bajado a poco más de mil al día. Pero esa cifra no toma en cuenta a los que han comenzado a cruzar ilegalmente por rutas alternas por no tener pasaporte para pasar los controles fronterizos.


Los funcionarios de estos tres países andinos señalan que su capacidad de atención ha sido desbordada por la migración venezolana. Frente a esta situación, han solicitado la ayuda de organismos como la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para la Migración, así como de los países desarrollados. El gobierno peruano ha declarado en emergencia sanitaria la zona fronteriza en el norte del país, donde se concentran más de 40 mil venezolanos, albergados en precarias condiciones. La Dirección Regional de Salud de Tumbes, zona fronteriza con Ecuador usada como paso por estos migrantes, ha alertado de la presencia de enfermedades como malaria, dengue e influenza.


Los funcionarios de estos tres países señalan que la ayuda internacional no debe limitarse a la atención de emergencia a estos migrantes, sino que también debe darse para respaldar programas para su inserción laboral. La mayor parte de venezolanos que han ingresado a Perú han llegado a Lima, donde en su mayoría trabajan en el comercio ambulatorio, y en menor proporción en restaurantes y otras actividades de servicios.


Luego de la reunión de emergencia en Lima, Ecuador convocó para el lunes y ayer a un encuentro en Quito con una docena de países de la región, entre ellos Argentina, para seguir abordando el problema de la migración venezolana y cómo enfrentarla (ver aparte). La OEA también llamó para hoy a una reunión para analizar este tema.


El drama de los migrantes venezolanos, que abandonan su país fundamentalmente por razones económicas, es explotado diariamente por sectores políticos y medios periodísticos para reforzar sus ataques contra el gobierno de Venezuela y promover acciones contra el régimen de Maduro. Ciento veinte mil migrantes venezolanos llegados a Perú han solicitado ser considerados como refugiados, lo que les daría los derechos de un residente y la protección del Estado peruano. Pero solamente una minoría, algo más de 400, ha conseguido el estatus legal de refugiados, para lo que deben demostrar que son perseguidos o su vida corre peligro en su país, lo que no ocurre con la gran mayoría de ellos.


Hace unos días, un avión fletado por el régimen venezolano llevó de vuelta a su país a un centenar de estos migrantes, que decidieron regresar por no haber encontrado la prometida mejora de su situación.


 La declaración de Quito

Esfuerzos conjuntos

 

El encuentro regional en Ecuador para afrontar la emigración venezolana concluyó ayer con la aprobación de la Declaración de Quito. El documento incluyó 18 puntos que se dirigen a sensibilizar a gobiernos y organismos internacionales sobre la necesidad de llevar adelante acciones para atender a los migrantes venezolanos.


“La Declaración de Quito contiene la voluntad de todos los Estados participantes en seguir acogiendo con los brazos abiertos a todos los que vienen enfrentando una difícil situación en su país de origen”, anunció al concluir la reunión el representante peruano, César Bustamante.


Los países firmantes “hacen un llamado a la apertura de un mecanismo de asistencia humanitaria que permita descomprimir la crítica situación, brindando atención inmediata en origen a los ciudadanos afectados”, reza el texto.


Uno de los puntos más importantes de la Declaración establece que, aunque depende del marco jurídico de cada país, se permita acoger los documentos de viaje vencidos de los ciudadanos venezolanos para fines migratorios, informó el diario ecuatoriano El Comercio. Además, se buscarán fuentes de financiamiento para respaldar a los países que más flujo migratorio reciben, entre ellos Colombia, Perú y Ecuador.


La Declaración fue firmada por los delegados de Argentina, Brasil, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Chile, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. Bolivia se abstuvo, siguiendo lineamientos de la presidencia, y el representante de República Dominicana se ausentó por un problema de salud.


Durante la segunda semana de noviembre se llevará a cabo, también en Ecuador, una reunión táctica para tratar la aplicación de la Declaración.

 

Publicado enInternacional
Argentina al borde de una crisis: El peso se dispara en los mercados

Un día de máxima tensión se vivió este jueves en Argentina, con el dólar en una disparada de 18,8% a más de 40 pesos por unidad, lo que obligó al Banco Central (BCRA) a subastar 500 millones de dólares de sus arcas y mantiene al Gobierno de Mauricio Macri en crispación.


El dólar plasmó su mayor crecida diaria desde diciembre de 2015, sin poder encontrar techo en su cotización que lleva ocho días continuos de trepada, pese a los esfuerzos del Gobierno de mostrar aval del Fondo Monetario Internacional (FMI) a sus políticas.


Las autoridades también “quemaron” millones de dólares de sus arcas para detener la estampida, y lo logró en parte pero a alto costo.


Es que en lo que va de la semana el Banco Central ya vendió más de 800 millones de dólares.


“Intervenimos para darle liquidez al mercado”, dijeron fuentes del organismo monetario.


En el Mercado énico y Libre de Cambios (MULC), la divisa escaló 10,6% a 37,60 pesos, después de superar los 40 pesos, ante ausencia de oferta de divisas por parte de los exportadores y una masiva demanda entre ahorristas mayoristas y minoristas, explicó el portal especializado del diario µmbito Financiero.


“La recesión (económica) es el principal problema del Gobierno”, y “si no se regenera la confianza, se sigue pagando con suba del dólar”, opinó el economista Federico Furiase de la consultora EcoGo.


La devaluación fue la segunda más grande durante la presidencia de Macri, quien a la semana de asumir en diciembre de 2015 liberó el mercado cambiario y el peso cayó casi un 30 por ciento en una sola jornada.
En la agitación de este jueves negro de las finanzas argentinas, las reservas del Banco Central cedieron 396 millones de dólares hasta los 54 301 millonesde la moneda estadounidense.


A más de una hora del cierre de los bancos, el dólar se vendió a un máximo de 42 pesos en algunas entidades de Buenos Aires y luego mostró un leve retroceso hasta 41,10, aunque terminó cerrando a 39,87.
El intento del gobierno por tranquilizar los mercados no dio sus frutos y minutos después de que el jefe de Gabinete, Marcos Peñam saliera a intentar calmar la corrida, el mercado le dio otra vez la espalda y el dólar siguió en ascenso.

(Con información de agencias)



Discurso de Macri no calma los mercados


El presidente Mauricio Macri dio un discurso el miércoles para asegurar a los mercados que el país sudamericano no tendrá problemas en pagar sus deudas. Sin embargo, su discurso televisado de dos minutos, en el que anunció unacuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para acelerar los desembolsos del crédito acordado por 50 000 millones de dólares, disparó las alarmas sobre la capacidad de Argentina de financiarse, lo que provocó un desplome del 7 por ciento de la moneda local.

El FMI se mantuvo en silencio por horas antes de emitir un comunicado en el que dijo que estaba considerando “reexaminar” el cronograma del programa financiero debido a las condiciones adversas del mercado, dejando la impresión de que Argentina estaba fuera de sintonía con sus acreedores.

Un funcionario del Ministerio de Hacienda, que pidió no ser identificado, dijo que Macri había hablado con líderes de los principales paísesaccionistas del FMI antes de su discurso y que había alcanzado un “acuerdo político” para adelantar los desembolsos.

Pero reconoció que Argentina apuró el anuncio después de varios días en los que se el banco central perdió reservas por su intento fallido de estabilizar el peso. “Lo que quiso dar el presidente en la apertura del mercado fue un mensaje contundente de que el acuerdo ya está”, dijo el funcionario, quien agregó que Argentina había presionado antes de que el FMI estuviera listo con su
declaración. “Hoy (viendo el resultado) podríamos haber esperado a tenerlo confirmado”.


“El mensaje fue dirigido hacia las personas equivocadas”, dijo Jorge Mariscal, jefe de inversión de mercados emergentes en UBS Wealth Management. “En un programa televisado a nivel nacional, parece que apareció en una situación de emergencia donde el país tendría que pedir más ayuda”, agregó.

El anuncio fallido fue el último de una serie de errores de comunicación y de promesas incumplidas respecto a la política económica que han socavado la credibilidad del Gobierno, destruyendo la confianza del mercado en su capacidad de revertir la marcha de la economía, azotada por la inflación, dijeron analistas e inversores.



El Banco Central subió la tasa de interés al 60 por ciento


En medio de la corrida cambiaria, y mientras el dólar se dispara en algunas casas de cambio a 40 pesos, el Banco Central anunció una brutal suba de la tasa de referencia, que pasa a ubicarse en un 60 por ciento, quince puntos por arriba de la actual. La decisión se completó con un aumento en 5 puntos porcentuales los encajes, integrables con pesos, LELIQ o NOBAC.


A pesar de que el 13 de agosto el titular del Central Luis Caputo aseguró a través de un comunicado que no se volvería a modificar la tasa hasta octubre, al situarla en un ya elevado 45 por ciento, el Central volvió a recalcular. El BCRA explicó que la decisión se tomó en una reunión de urgencia “en respuesta a la coyuntura cambiaria actual y ante el riesgo de que implique un mayor impacto sobre la inflación doméstica”.


“Acentuar el control de la liquidez en el mercado de dinero sigue siendo fundamental para reforzar el compromiso anti inflacionario de la entidad”, consideró la autoridad monetaria. A la vez, aseguró que “la decisión sobre los encajes no alterará las excepciones y franquicias existentes” y “tampoco afectará a aquellas cuentas y depósitos denominados en Unidad de Valor Ajustable (UVAs) o en moneda extranjera”.


Caputo se había comprometido a mantener estos niveles de tasa al menos hasta diciembre. Hace apenas tres semanas y media había dicho lo mismo, en medio de la batería de medidas anunciadas por el gobierno para frenar la corrida e intentar llevar algo de calma a los mercados.


Además de elevar la tasa de un 40 a un 45 por ciento, en ese momento se revisó la política de subastas de divisas con reservas y de licitaciones. Se lanzó un plan para acelerar la disminución del del stock de Lebac cercano al billón de pesos, una deuda equivalente al 84 por ciento de la base monetaria y el Ministerio de Hacienda anunció que suspendería el pedido al Central para licitar en forma diaria 50 millones de dólares del préstamo del FMI.

Publicado enInternacional
Viernes, 31 Agosto 2018 07:30

¿Nicolás Maduro tiene un plan?

¿Nicolás Maduro tiene un plan?

Casi nadie se atreve a negar que Venezuela sufre la crisis más grave de su historia. Por quinto año consecutivo el país presentará la inflación más alta del mundo (estimada en 82.766 por ciento para el período de julio de 2017 a julio de 2018). En julio de 2018 la inflación del mes alcanzó el 125 por ciento y la inflación acumulada en 2018 roza el 10.664,7 por ciento. De este modo, el país lleva nueve meses consecutivos de hiperinflación.

Venezuela padece además un déficit fiscal que ronda el 20 por ciento del Pbi (al menos por sexto año consecutivo), el riesgo-país más alto del mundo, las reservas internacionales se ubican en el nivel más bajo de los últimos 20 años (menos de 8.500 millones de dólares) y una aguda escasez de bienes y servicios esenciales (alimentos y medicinas). El valor del dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se ha incrementado en más de 9.900 por ciento en lo que va de 2018.


Sobre ese infausto panorama el presidente Nicolás Maduro lanzó lo que dio en llamar “Programa de recuperación y prosperidad económica”. El plan de “salvación” es aún desconocido. Pero se difundió una serie de anuncios que prometen llevar a un gran viraje en la política económica nacional. Veamos de manera sintética el núcleo de esas proclamas y el contexto concreto del cual dimanan.


La hiperinflación anualizada más alta de la historia. Mientras que las hiperinflaciones ocurren por lo general sin caídas dramáticas de la producción, la hiperinflación de Venezuela presenta un fuerte derrumbe en el suministro de bienes, ya que la economía se ha reducido drásticamente cada año desde 2014. Según cifras del Fondo Monetario Internacional (Fmi), en 2016 la producción disminuyó 16,5 por ciento, y la caída de 2017 y 2018 se estima en unos valores semejantes. Cálculos propios muestran que la caída en el Pbi para el período 2013 a 2018 podría llegar a rozar el 45 por ciento.


Si la inflación del mes de julio (la más alta en nuestra historia) se repitiese por los próximos 11 meses, hablaríamos de una inflación anualizada de 1.683.411,21 por ciento. Si la primera hiperinflación registrada en noviembre de 2017 (el primer mes de hiperinflación, con 56,7 por ciento) se repitiese como promedio mensual, la inflación anualizada sería 21.919 por ciento, un escenario que quizás el gobierno maneje como “deseable”, pero ya imposible. Para Steve Hanke, especialista en procesos de hiperinflación en el mundo, la hiperinflación anualizada (julio 2017 a julio 2018) alcanzó la escalofriante cifra de 65.320 por ciento. Esta inflación fue medida a través de las variaciones del tipo de cambio paralelo, puntualmente el indicador de Air TM.


A simple vista, el “elefante en la sala” parece ser la hiperinflación, en segundo lugar la profunda caída de la producción y en tercer lugar la destrucción voraz del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores. Siendo estos tres ejes nodales en la crisis económica, el gobierno ha decidido atacar a los tres a la vez. Veamos…


¿En qué consiste el “plan”?


1) El plan económico no existe o no se ha dado a conocer al público. Si el gobierno anhela credibilidad y confianza en su plan secreto, este debería dejar de serlo y abrirse a los venezolanos.


2) Al no conocerse el plan, todas las medidas lucen aisladas y dispersas. Propuestas llamativas parecen saltar de la chistera de un mago sin ninguna organicidad o armonía.


3) El plan no tiene el más mínimo consenso entre diversos sectores gremiales, políticos, sindicales, populares ni académicos. Por ende, genera más dudas, temores e incertidumbre que esperanzas.


4) Un diálogo abierto hubiera podido pulir las aristas problemáticas del plan y haber generado cierta sensación de participación, lo que habría podido dar lugar a compromisos y apoyos sociales indispensables. Pero tal como fue implementado, los anuncios suenan como órdenes, como gritos cuyo incumplimiento acarrea castigos.


5) Los anuncios atacan factores esenciales de la economía, pero dejan de lado muchísimos ámbitos importantísimos que son sintomáticamente olvidados. El plan debería estar disponible para su exhaustiva revisión, y debería ufanarse de ser lo más completo posible.


6) Y para ser un verdadero plan tendría que tener metas específicas en cuanto a fechas, indicadores y magnitudes a las cuales se quiere llegar. La ausencia de toda prospección técnica hace parecer los anuncios como una declaración de intenciones muy optimista y etérea. El wishful thinking habitual.


Extractos comentados de anuncios sueltos. 1) La varias veces pospuesta reconversión monetaria fue confirmada para el 20 de agosto. Luego de anunciar que se le quitarían tres ceros al bolívar, hace unos días se decidió que fueran cinco ceros. El “bolívar fuerte” pasa a llamarse “bolívar soberano”.


El problema de esta medida necesaria es que es apresurada, porque no tiene la preparación que requiere un cambio tan drástico en la familia dineraria, que hoy en día, según el Banco Central de Venezuela, apenas puede cubrir el 0,9 por ciento de la liquidez monetaria. Es evidente que la cantidad de billetes requeridos no está disponible, que coexistirán los nuevos billetes con los anteriores (más sus dos ampliaciones) y que debieron eliminar seis ceros en lugar de cinco. Obviamente debemos destacar que desde 2008 se le han quitado unos ocho ceros a la moneda y que la reconversión monetaria debió ser la guinda del pastel de un programa de estabilización macroeconómica, y no precederlo. De no tomarse con seriedad las medidas económicas antinflacionarias es evidente que en pocos meses los cientos de millones de dólares invertidos en la reconversión habrán caído en un saco roto, debido al ritmo inflacionario.


2) El gobierno decidió “anclar” el bolívar al petro y darle a éste un valor oscilante de 60 dólares. El valor del petro será entonces de 3.600 bolívares soberanos (el tipo de cambio implícito será de 60 bolívares soberanos por dólar, es decir 6 millones de bolívares fuertes).


El petro es una “criptomoneda” que carece de venalidad. Las supuestas miles de ofertas de compra del petro jamás se concretaron, y no se compra ni se vende. El petro está respaldado por las reservas de petróleo del Bloque I de la faja petrolífera del Orinoco. El asunto es que (aparte de ser violatorio de la Constitución y de la ley de hidrocarburos) la garantía real de cada petro no existe, ya que el petróleo que la “sustenta” está a cientos de metros debajo de la tierra en una zona donde no hay extracción ni procesamiento alguno. Extraer ese petróleo extrapesado cuesta decenas de miles de millones de dólares que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) no tiene. Para ser un respaldo real, el petro debería ser canjeable por una cantidad de petróleo clara y específicamente establecida.


El tipo de cambio y el valor del petro se decidieron de una manera completamente arbitraria. Aunque sabiamente se derogó la ley de ilícitos cambiarios, no se anunció la eliminación del control de cambio ni se planteó un nuevo sistema de cambio libre.


3) Maduro fijó “el salario mínimo, las pensiones, y la base de salario para todas las tablas del país” en 1.800 bolívares soberanos (180 millones de bolívares fuertes). El actual salario es de apenas 3 millones de bolívares fuertes, si le adherimos el bono de alimentación, la remuneración mínima legal mensual es de 5.196.000 bolívares fuertes, es decir, 51,96 bolívares soberanos. El presidente no especificó si el aumento del salario incluía o no el bono de alimentación. Partiendo de que éste representa una gran parte del salario (lo que amerita una reforma de la ley del trabajo), diríamos que el aumento neto porcentual fue de 3.364 por ciento, de un solo plumazo. Según el dólar oficial (Dicom), representa 30 dólares mensuales, justo en el umbral de la pobreza extrema que se calcula por debajo de un dólar por día. A la cotización del dólar paralelo el sueldo mínimo es de unos 18 dólares mensuales, un terrible salario de miseria e inanición.


El problema con este “munificente” incremento salarial es que es asombrosamente elevado para las capacidades de pago del 95 por ciento de las empresas. Por más doloroso que parezca, ni el arruinado y deficitario Estado ni los quebrados empresarios tienen el suficiente dinero como para pagar ese incremento, ya que su producción y la productividad correlativa del trabajo son extremadamente bajas. Por ende, no hay base económica para un aumento semejante, ya que se está en el estadio más álgido de la crisis, es decir, de la caída de la producción motivada por el cierre o paralización de cientos de miles de empresas.

Aunque muchas empresas sobrevivirán a este incremento extrínseco en su nómina, es de esperar una fuerte ola de despidos, ya que casi ninguna empresa pequeña que no haga exportación puede soportar de un solo golpe una nómina 33 veces más alta. El despido podría ampliar el “ejército industrial de reserva” y, peor aun, llevar a otros cientos de miles de trabajadores a formar parte de la “población obrera sobrante consolidada”. Ello aumentaría la oferta de trabajo y reduciría los salarios reales. A su vez, los despidos y paralización de la producción harían aumentar la escasez, lo que empujaría los precios hacia arriba y licuaría aun más rápido el incremento nominal de los salarios, azuzando el ritmo inflacionario.


Para que el Estado pueda pagarle a su propia nómina de alrededor de 3 millones de empleados más 4 millones de adultos mayores pensionados, requerirá 33 veces más dinero del que erogaba hasta agosto pasado. Si el mismo gobierno admitió que está en déficit fiscal (que sus egresos son mayores a sus ingresos), no podrá pagar ese incremento con otra herramienta que no sea la emisión de dinero sin respaldo, es decir, dinero inflacionario. Ello será gasolina para la fogata de la hiperinflación; esa acción amenaza con darle un ritmo inflacionario tremendo que haría desaparecer el incremento salarial en dos o tres meses (en el mejor de los casos).


Por si fuera poco, Maduro anunció que el gobierno asumirá el costo de pagar la diferencia salarial en toda la pequeña y mediana industria y de sectores privados durante 90 días. Si más del 90 por ciento de las empresas del país son pymes (alrededor de 126 mil), podemos decir que el gobierno también pagaría directamente a más de 3 millones de trabajadores adicionales, un enorme gasto añadido a sus 7 millones de dependientes. ¿Más?, bueno, el gobierno prometió pagar un bono de 600 bolívares soberanos a 10 millones de personas afiliadas al bolivariano carné de la patria.


¿Hay que aumentar el salario real de manera significativa? Sí. ¿Los aumentos nominales del salario son el camino para incrementar el salario real? No. Desde 2013 hasta junio de 2018 Maduro aumentó el ingreso mínimo legal (salario más bono de alimentación) en 129 mil por ciento. En ese mismo período la caída del salario real ha sido de 86 por ciento. Es muy necesario entender que el poder adquisitivo no se eleva por decretos ni ucases. Requiere un sólido y sostenido incremento en el desarrollo de las fuerzas productivas, una expansión de la productividad y de la magnitud de la producción. Sobre esta última base se pueden desarrollar todas las luchas obreras posibles por ampliar la remuneración, por reducir la plusvalía arrebatada por el capital. Sin esa base es imposible aspirar a ninguna mejora.


4) Lo más insólito de las medidas es que tienen un “remate”, en el cual el presidente dice que van a ir hacia un déficit fiscal cero y que su norte es la disciplina fiscal. En tal sentido se anunció una batería de impuestos fuertemente contractivos que chocan con su interés de generar crecimiento económico inmediato:


El impuesto al valor agregado (Iva) aumentará cuatro puntos porcentuales (de un 12 por ciento a un 16 por ciento) para los bienes suntuarios, manteniendo las exenciones de bienes y servicios esenciales. Se aumenta el impuesto más regresivo y desestimulante del consumo mientras se mantienen exenciones al pago del impuesto a la renta (Islr) (un impuesto progresivo) a las grandes petroleras, desde Pdvsa hasta las empresas mixtas.


El Islr establece el pago de anticipos del 1 por ciento sobre las ventas diarias de los contribuyentes especiales. En el sector financiero asegurador el pago será del 2 por ciento. El rango para el pago de anticipos mensuales del Islr será de entre 0,5 por ciento y 2 por ciento. Son cargas importantes para el sector privado, que, sumadas a los siderales aumentos impuestos a cada nómina, dificultarán aun más la actividad productiva.


Se fija un impuesto a las “grandes transacciones financieras” en un rango que va de 0 por ciento al 2 por ciento para el universo de contribuyentes especiales, exceptuando el sector industrial necesario para dinamizar la actividad productiva nacional.


Corolario. El rosario de anuncios presidenciales es una increíble mezcolanza de anhelos económicos. El gobierno busca tres objetivos cuyas políticas exigen gradualidad y resolver, a modo de escalera, un paso a la vez. Los anuncios pretenden resolver todos los problemas con soluciones intrínsecamente contradictorias. Por ejemplo, uno de los anuncios que no comentamos busca “obligar” a que los precios no suban (luego del aumento de 3.300 por ciento en la nómina salarial) a fuerza de más regulación y acción punitiva. El ideal buscado es que la inflación en setiembre sea 0 por ciento, a pesar de haberse incrementado el salario 33 veces (como mínimo).


Es realmente trágico que la alta burocracia crea que la economía es un pony de circo que hace todas las piruetas y volteretas que su gentil amo le ordena. No se entiende que la economía no “obedece” a los designios y a la abstracta voluntad del planificador. El gobierno aún está a tiempo de discutir, dialogar y pulir (o eliminar) diversas aristas del “plan” que aún se desconoce, pero que es menester debatir y criticar.


Según las cifras de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la Organización de las Naciones Unidas (Onu), unos 2,3 millones de venezolanos han abandonado el país en los últimos años como consecuencia de la crisis económica. Colombia, Ecuador, Perú y Brasil son los principales destinos de los emigrantes. La mayor parte de los que se fueron cita la falta de alimentos como la principal razón de su salida, y hay datos que señalan que 1,3 millones de personas sufren malnutrición. Las nuevas medidas anunciadas pueden hacer que la diáspora empeore sensiblemente. La acelerada quiebra de empresas podría tomar más impulso al ritmo de la hiperinflación. No está de más decir que la fuga de fuerza de trabajo calificada y la exportación del llamado “bono demográfico” pueden dificultar enormemente la recuperación de una senda productiva, ya que la escasez de profesionales formados en diversas áreas es muy severa. Tristemente en el “plan” no asoma la posibilidad de generar estrategias para repatriarlos.


* Economista, magister scientiarum en ingeniería industrial y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (Cifo).
(Tomado de Nueva Sociedad, con autorización del medio.)

 

Publicado enInternacional
Jueves, 30 Agosto 2018 07:24

Venezuela se instala en un corralito

Venezuela se instala en un corralito

La escasez de billetes entierra el poder de compra de los ciudadanos, que llenan los bancos en busca de efectivo

El plan económico diseñado por Nicolás Maduro no se ha convertido solo en un déjà vu de los momentos más complejos de la crisis venezolana sino que ha instalado al país en un corralito de facto. La circulación de los nuevos billetes no fluye a la velocidad a la que lo hace la hiperinflación. Las entidades bancarias privadas y públicas limitan el acceso al efectivo y después de horas de cola esta semana los ciudadanos solo lograban retirar de los cajeros puñados de bolívares soberanos, en algunos casos apenas 10 (de 0,16 dólares).

A la dramática pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos meses se suma ahora el control de la cantidad de dinero de la que pueden disponer los venezolanos. Las limitaciones son mucho mayores que las restricciones impuestas en Argentina en medio del corralito, entre diciembre de 2001 y diciembre de 2002, cuando se podían retirar 250 dólares a la semana. El régimen de Maduro quiere obligar, además, a los clientes de la banca privada y pública a notificar sus viajes al extranjero. De no hacerlo, sufrirán un bloqueo “preventivo” de todas las operaciones realizadas desde el exterior del país. El cierre de comercios, los anaqueles vacíos y más dificultades para moverse y hacer cualquier transacción completan la rutina diaria de los venezolanos.


Miriam Rodríguez, de 35 años de edad, acudió a sacar dinero el martes de una agencia bancaria de El Valle, en el oeste de Caracas. “La reconversión no ha cambiado nada. Estamos exactamente en la misma posición que antes, es decir, con problemas para obtener efectivo, pero ahora más confundidos con este nuevo cono monetario. Esa es la única diferencia. Seguimos recorriendo diferentes sucursales de diferentes bancos a ver qué es lo más que podemos sacar en un día, y gastando horas interminables en ello. Esto porque un mismo banco te puede estar dando una cantidad en una sucursal menor que en otra sucursal",

lamenta. "Y como tienes un límite de un retiro diario, debes buscar la sucursal que esté dando más. Un banco puede darte una cantidad menor a otro banco. Por eso, ahora hay que distribuir el dinero en cuentas de diferentes bancos para poder sacar un poco más ese día", explica. "Todo este esfuerzo absurdo e inhumano para poder pagar el pasaje y poder adquirir algunos productos de la cesta básica más económicos".


Rodríguez cuenta que al haber problemas con los billetes, los vendedores intentan colocar los productos hasta tres veces más caros a débito "para que así prefieras pagar en efectivo". "Para poder comprar algunos productos básicos como huevos, verduras y vegetales, debemos hacer eso durante una o dos semanas. Ahora, los huevos solo los venden en efectivo, por ejemplo. Es uno de los alimentos subvencionados y entonces son vendidos en efectivo por los comerciantes informales que no quieren perder, sino usar el dinero que obtienen en efectivo para poder revenderlo tres veces más caro", relata antes de mencionar el peor escenario: "Los bancos que establecen un límite semanal, por ejemplo, de 10 soberanos. Si logras sacarlos en una sucursal en un día, debes esperar hasta la otra semana para volver a sacar. ¡Es una pesadilla!”.
Esta circunstancia alienta el mercado negro de billetes. En ciudades del interior del país la reventa de efectivo continúa. Las transacciones menudas como el pago del transporte público siguen siendo complicadas por la escasez de efectivo y porque la reconversión implicó un aumento brutal del servicio de transporte que pocos pueden pagar hoy.


El viaje en autobús pasó a costar de 10.000 bolívares fuertes a un bolívar soberano (0,01 dólares), que equivale a 100.000 de los de antes, 10 veces más caro. Se trata de un monto que se pagaría con una nueva moneda que todavía no ha empezado a circular. “Aunque están funcionando los dos sistemas monetarios, para pagar un pasaje con billetes de 1.000 de los de antes la gente tiene que entregar 100 billetes. Ese billete creo que también vamos a empezarlo a rechazar porque es una enorme cantidad de papel que no sirve para nada y nos ocupa espacio”, explica Pedro Jiménez, directivo del gremio de líneas de transporte del oeste de Caracas.


En un entorno hiperinflacionario el bolívar soberano también tendrá una corta vida. El economista Leonardo Buniack advierte, además, de que sustituir la enorme masa monetaria de los billetes que el Gobierno creó tomará su tiempo y quizás la nueva familia de billetes sea insuficiente. “El proceso de hiperinflaciónhace que el poder de compra del nuevo cono monetario comience a pulverizarse y que la gente comience a acumular efectivo para poder pagar cosas hoy que son tres veces más caras que ayer”.


Estantes vacíos


Mientras tanto, una visita a un supermercado en el este de Caracas pinta los resultados de las decisiones adoptadas en las últimas semanas. El miércoles, Maribel Della Chiesa iba por un yogur y unos plátanos y se fue con las manos vacías. Había más estantes vacíos que los que tenían productos, una estampa que ya han visto los venezolanos en los momentos más críticos del desabastecimiento.


“Los proveedores no han querido traer mercancía”, dice una de las encargadas del negocio que prefiere resguardar su nombre. “Claro, nadie va a vender a pérdida”, responde Della Chiesa. Con hastío cuenta lo que ha visto desde que empezó a implementarse el paquete económico. “Una amiga tiene un negocio y el café le llegó marcado a precio de 15 millones (150 de los soberanos) y luego llegó el gobierno y le dijo que tenía que venderlo a 10 millones (100 soberanos). Obviamente se va a ir del país. Con esto nos vamos a quedar sin nada”, dice la mujer que emigrará a España en diciembre. El año pasado vivió las penurias de conseguir el tratamiento para el cáncer de su esposo que finalmente falleció por no atender a tiempo la enfermedad. “Ya este país me quitó a mi esposo y a mis hijos que también tuvieron que emigrar. Ya no tengo nada que hacer aquí”, cuenta en unos de los pasillos del desolado supermercado.


La oleada de fiscalizaciones a comercios incluidas en el programa económico del Gobierno ha traído lo de siempre en 15 años de controles en los precios y de cambio: cierre de empresas, escasez y nuevos mercados negros. “Estamos repitiendo la misma película, pero más aterradora. Muchos comercios están cerrados porque sus propietarios están a la expectativa”, señala María Carolina Uzcátegui, presidente de Consejo Nacional de Comercios y Servicios, la cámara que agrupa al sector.


“El Gobierno no ha sido claro en sus ajustes, generando un clima de incertidumbre. Pongo el ejemplo del aumento del IVA que era para bienes suntuarios y no se dijo que era general. No sabemos qué pasará con el control cambiario y eso afecta el inventario y la reposición de productos en las tiendas. Venezuela está en un estado de parálisis”.


CONTROL DE CUENTAS BANCARIAS


La Superintendencia de Instituciones del Sector Bancario (SUDEBAN) pidió a la banca privada y pública informar a sus clientes que deberán notificar viajes al extranjero para acceder a sus cuentas bancarias en bolívares. De no notificar el país de destino y el tiempo de estadía, los propietarios de las cuentas sufrirán un bloqueo “preventivo” y no podrán hacer transferencias de su dinero por Internet ni otras operaciones desde una dirección IP en el extranjero. La banca está obligada a revisar y notificar al gobierno las conexiones de sus clientes fuera del país.


El Gobierno de Nicolás Maduro culpa al mercado paralelo de divisas de fracturar la economía venezolana. De ahí que se dispone a detener las mafias con una serie de medidas, pero sin derogar el control cambiario impuesto desde 2003. “El tema del contrabando de efectivo es grave, por ello, damos un golpe a esas mafias de compra de nuestro dinero”, dijo Antonio Morales, presidente de SUDEBAN.


Los ingresos en moneda extranjera mermaron con la caída de la venta del petróleo y la desinversión en el país. En contraste, un número cada vez más grande de venezolanos en el exterior envía divisas a sus familiares en el país. Muchos optan por venderlas en el mercado negro que ofrece mejores precios, pero el régimen condena a los que no empleen las casas de cambio autorizadas.


Para Ángel Alvarado, diputado de la Asamblea Nacional, el Gobierno pretende beneficiarse de las remesas. “Eso también es una confiscación que la gente tenga que poner sus remesas a un precio oficial mientras podría ganar mucho más en muchos otros mercados”, declaró al canal VivoPlay.

Publicado enInternacional
Jueves, 30 Agosto 2018 07:02

Venezuela: las tres crisis

Venezuela: las tres crisis

El sistema eléctrico de Venezuela experimentó ayer una grave falla que dejó sin energía a Caracas y a los estados de Miranda, Lara, Nueva Esparta y Vargas, lo que provocó la suspensión de operaciones de todo el sistema del Metro capitalino. El mes pasado había ocurrido ya un apagón de varias horas en la misma zona.


Independientemente de la causa de los fallos –el gobierno los atribuye a acciones de sabotaje, en tanto que los opositores apuntan a carencias de inversión y mantenimiento en el sistema eléctrico y a una mala gestión–, percances de esta clase ahondan la caída en la calidad de vida de los venezolanos, abrumados por la hiperinflación, la escasez de algunos productos básicos y de medicinas y, en general, una crisis económica a la que no se le ve una pronta solución, pese a la drástica corrección de rumbo en la política económica emprendida hace unas semanas por el gobierno del presidente Nicolás Maduro.


La mala situación material por la que atraviesa la nación sudamericana tiene como correlato la interminable confrontación política entre el régimen bolivariano y las oposiciones que aún tienen bajo su control la Asamblea Nacional y que, si bien no se ha traducido en enfrentamientos de gran escala, en días recientes ha dejado una honda fractura nacional y una sociedad polarizada y dividida. Ambas crisis, la económica y la política, han derivado a su vez en una tercera: la crisis humanitaria internacional de los miles de venezolanos que abandonan su país y que tienen como destino temporal las naciones vecinas: Colombia, Brasil, Perú y Ecuador.


No cabe duda que los problemas que enfrenta la patria de Simón Bolívar han sido sistemáticamente magnificados por el conjunto de los medios internacionales, los cuales fabrican por rutina, y de manera acrítica e incluso malintencionada, un escenario social infernal, una dictadura sangrienta y un pueblo que muere de hambre. Por su parte, el gobierno de Caracas, por boca del ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, descalifica la crisis de los refugiados venezolanos como fake news y como un engaño por gobiernos xenófobos y racistas, asimismo, destacó el hecho de que de la población total del país, cerca de 20 por ciento está compuesto por colombianos, peruanos y ecuatorianos.


El problema, sin embargo, existe, tiene un impacto real en los territorios de las naciones vecinas de Venezuela y obliga a los gobiernos correspondientes a adoptar medidas especiales para acoger y proteger a los venezolanos recién llegados a sus respectivos territorios: un millón en Colombia, 600 mil en Ecuador, 400 mil en Perú, 300 mil en Chile y 100 mil en Argentina, a pesar de que las dos últimas de esas naciones no comparten fronteras con Venezuela. Una tendencia particularmente preocupante es el conjunto de brotes xenofóbicos registrados en Brasil, Perú y Panamá en contra de los desplazados.


En estas circunstancias, la Organización de los Estados Americanos convocó a su Consejo Permanente a una reunión para el próximo 5 de septiembre en Washington, a fin de tratar el asunto. Pero más que aliviar, el anuncio de ese encuentro preocupa, toda vez que el organismo interamericano se ha caracterizado por su falta de imparcialidad y por su manifiesta hostilidad política hacia el régimen bolivariano.


Cabe esperar que los gobiernos latinoamericanos sean capaces de abordar y enfrentar la crisis humanitaria en curso sin intervenir en los asuntos internos de Venezuela y que se limiten a cumplir con los deberes que dictan la solidaridad y la ética para con quienes escapan, por las razones que sean, de situaciones adversas.

Publicado enInternacional
Miércoles, 22 Agosto 2018 07:38

Megadevaluación y paro general

Venezolanos hacen cola en cajeros automáticos, donde pudieron sacar hasta 10 bolívares soberanos.

Los nuevos billetes del bolívar soberano comenzaron a ser entregados por los cajeros automáticos, que permiten sacar hasta 10 bolívares soberanos por día, equivalentes a un millón de bolívares fuertes (aproximadamente a 1,66 dólar).

 

Los venezolanos estrenaron ayer los billetes de su nueva moneda, el bolívar soberano, en reemplazo del bolívar fuerte. Sin embargo, la jornada de estreno fue de paralización parcial debido a una huelga general convocada por la oposición en rechazo al polémico plan económico del presidente Nicolás Maduro y, por otro lado, contramarchas en respaldo de las medidas.

Los nuevos billetes del bolívar soberano comenzaron a ser entregados por los cajeros automáticos, que permiten sacar hasta 10 bolívares soberanos por día, equivalentes a un millón de bolívares fuertes (aproximadamente a 1,66 dólar). Aunque oficialmente ya se realizó el cambio monetario, por el momento convivirán ambas monedas.


La reconversión se hizo en medio de una hiperinflación que escala a más de 100 por ciento al mes (algunas estimaciones proyectan que este año será de 82,000 por ciento) y es la primera medida de un nuevo plan económico de Maduro que incluirá también aumentar a niveles internacionales el precio de la nafta, la más barata del mundo. El plan además establece la liberación del mercado cambiario, el incremento del impuesto al valor agregado de un 12 a un 16 por ciento y un drástico aumento del salario mínimo nacional, que pasó de cinco millones a 160 millones de bolívares fuertes o 1600 soberanos (unos 26,6 dólares).
Según Naciones Unidas, 2,3 millones de ciudadanos abandonaron el país desde que la crisis se hizo insostenible. Una encuesta elaborada por la empresa Consultores 21 informa de que desde 1999 a diciembre del 2017 se habían ido 4.091.717 venezolanos, sobre una población de unos 30 millones. Stéphane Dujarric, el portavoz del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha asegurado que 1,3 millones de los venezolanos que abandonaron el país están desnutridos.


La oposición llamó a responderle al plan de Maduro con una huelga general ayer que fue acatada parcialmente, con comercios cerrados y menos transporte público circulando. El dirigente opositor Andrés Velásquez, uno de los principales convocantes, dijo en un primer informe que la huelga fue acatada por alrededor del 60 por ciento del país, con unas regiones más activas que otras. “Creo que hemos tenido una respuesta positiva, importante, y esto sigue en pleno desarrollo. El régimen dice que el pueblo se la tiene que calar (aguantar), porque a eso apuesta, al miedo. Estamos viendo que el pueblo no se deja, que se pone de pie, que protesta y rechaza y le dice ‘no’ a esta estafa de Maduro”, señaló en una rueda de prensa.


Velásquez señaló, además, que las medidas de Maduro no han detenido el ritmo de la inflación, pues afirmó que los precios se han duplicado en apenas días desde que el presidente anunció varias decisiones el viernes pasado. “No es verdad que es un plan de recuperación económica, estas medidas hunden más al pueblo y son medidas dentro de la lógica criminal con la que actúa el régimen, una lógica que beneficia a las mafias. Hoy el país está enviando un mensaje. Sin bien es cierto que la paralización no es total, la gente está cumpliendo el paro que hemos convocado”, aseveró el dirigente opositor. “Este esfuerzo que hoy se inicia va a tener su clímax en la convocatoria a una huelga nacional por tiempo indefinido para resolver esto”, recalcó, además, Velásquez.


En respuesta al paro convocado por la oposición, los ciudadanos que respaldan al gobierno de Maduro marcharon ayer en el oeste de Caracas para apoyar las medidas económicas decretadas por el mandatario. Varios cientos de personas se concentraron en la avenida Libertador, en el centro de la capital venezolana, y caminaron al palacio presidencial de Miraflores, donde, esta vez, Maduro tampoco salió a recibir a los manifestantes


“Las personas se han volcado a las calles a defender este programa de recuperación, al Gobierno y a su presidente”, dijo el Ministro de Comunicación venezolano, Jorge Rodríguez, en rueda de prensa.

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 22 Agosto 2018 07:27

El bolívar, ni fuerte ni soberano

El bolívar, ni fuerte ni soberano

La economía venezolana se ha ido ahogando en una marejada de ocurrencias incoherentes, de ideas mal desarrolladas y políticas peor implementadas. El resultado está ya para los libros de texto: Venezuela tiene niveles de inflación comparables a los de la república de Weimar en Alemania, o a los de Zimbabue, y una reducción de su economía que no se había visto en América Latina desde quién sabe cuándo.

En menos de cinco años, la economía venezolana se achicó practicamente a la mitad (una contracción de 47 por ciento). Así, tal cual. Esta semana le tumbaron cinco ceros al llamado “bolívar fuerte”, que había sido instituido con fanfarrias por Hugo Chávez. La moneda que remplaza al “bolívar fuerte” se llamará “bolívar soberano”; sólo que esa mentada soberanía monetaria viene respaldada por una criptomoneda, inventada también por Nicolás Maduro, llamada petro. El Financial Times informa que el tal petro no tiene valor, y alguno de los comentaristas que ellos citan agregó, con un guiño a nuestro sentido de realismo mágico, que respaldar al bolívar con el petro vale más o menos lo mismo que respaldarlo con unicornios, ya que ni el petro ni los unicornios cotizan en los mercados.
Más allá de la devaluación, y de una inflación que en julio llegó a 83 mil por ciento, el gobierno está cayendo en todo lo que antes juró que jamás haría, sólo que lo hace ahora en una situación social extrema, y con poco margen de maniobra. Así, Maduro no se cansaba de repetir que no aumentaría el precio de la gasolina; pero ahora, anuncia que por fin sí lo va a hacer, sólo que la situación es tan mala, que para mitigar el golpe político de un gasolinazo, anuncia que, en una economía parada, aumentará el salario mínimo 3 mil por ciento.
El gobierno está obligado a aumentar los precios de la gasolina. No le queda de otra, por la sangría de recursos que le está costando el contrabando fronterizo de gasolina, pero sobre todo porque la producción petrolera se ha desfondado, y ya no da para subsidiar el mercado interno. Hoy Venezuela produce apenas 1.4 millones de barriles diarios. ¡Es lo que fabricaba en 1947! En tiempos de Hugo Chávez, pese a los precios elevadísimos de venta, la producción petrolera ya se había estancado. Bajo Nicolás Maduro, la producción se ha colapsado.
Otros detalles de los que nunca se iban a hacer, pero que ya se hicieron: desbaratar a Citgo, la compañía refinadora de crudo venezolano asentada en Houston, y que tiene expendios de gasolina en todo Estados Unidos. Hace un par de semanas, una compañía minera canadiense, Crystallex, antigua dueña de una mina expropiada por el gobierno venezolano, ganó un juicio en una corte internacional que le permitió cobrarse con una parte de lo que le iba quedando a Venezuela de Citgo (valor de la apropiación: 1.4 mil millones de dólares). Antes, otra petrolera, la Conoco, había ganado un juicio parecido, y Venezuela tuvo también que pagarle 2 mil millones (Citgo vale 4 mil millones). O sea que la empresa que alguna vez Hugo Chávez calificó como la perla de la corona de la industria venezolana ya se les fue de las manos.
Los resultados sociales son proporcionales al desastre económico, aunque todavía no sean muy fáciles de medir. No hay una cuenta exacta de cuántos venezolanos han salido de su país, por ejemplo, pero la ONU calcula que desde 2014 han salido 2.3 millones. Las estimaciones que se hacen desde Venezuela llegan a alrededor de 4 millones de paisanos que viven fuera de su país. Esas cifras, como dije, no son aún muy precisas, pero sí que son indicativas del tamaño de la tragedia. La diáspora venezolana se perfila como un nuevo sub-proletariado en América Latina, que debe competir por trabajos incluso en regiones que tampoco se caracterizan por la abundancia de empleos; en Colombia, Brasil, Panamá, Ecuador, Perú, República Dominicana... además, de Estados Unidos y Europa. En México se han publicado reportajes de negocios de trata de blancas que han encontrado en las jóvenes venezolanas una fuente de trabajo esclavo, cautivo... La vulnerabilidad es terrible. Incluso los migrantes que alcanzaron a salir a tiempo y que encontraron buenos empleos representan, a fin de cuentas, una fuga de talento que será muy difícil de resarcir.
Ante tales extremos, Nicolás Maduro propone un paquete de medidas: devaluación drástica de la moneda, aumento a los precios de la gasolina, y un aumento de 3 mil por ciento al salario mínimo. ¿Funcionará algo de todo aquello? No se sabe, pero se trata de medidas extremas que están siendo tomadas por un gobierno que tiene cada vez menos margen de maniobra.

Publicado enInternacional
Lunes, 20 Agosto 2018 10:16

Un plan sin el FMI

Un plan sin el FMI

Hoy empieza la segunda reconversión monetaria en 10 años en Venezuela, que suprimirá cinco ceros al bolívar fuerte para convertirlo en el bolívar soberano. La nueva moneda comenzará a circular mañana, ya que el día de hoy fue declarado feriado por el presidente Nicolás Maduro (foto). Se trata de la primera medida de un plan económico rechazado por la oposición, quien ya llamó a un paro mañana para rechazarlo. 

La medida establece que los salarios y precios de bienes básicos, jubilaciones y servicios, así como el sistema de dinero circulante, deberán ajustarse a la nueva denominación, por lo que el bolívar fuerte, que entró en circulación en enero de 2008 tras eliminarle tres ceros al bolívar, se convertirá en el bolívar soberano. Entonces, una cuenta bancaria que tenga 1.000.000 de bolívares fuertes se convertirá en otra de 10 bolívares soberanos, lo que simplificará las cuentas del país. Para algunos analistas, la medida no atacará las causas de la inflación, que este año podría escalar a un millón por ciento.


Actualmente, el salario mínimo nacional es de cinco millones de bolívares, incluyendo un bono de alimentación obligatorio, por lo que quienes reciban ese ingreso pasarán a obtener 50 bolívares soberanos. Sin embargo, un kilo de pollo, que ahora llega a seis millones, costará 60 bolívares soberanos, mientras que un paquete de huevos de 30 unidades superará los 70 bolívares soberanos. Para hacer frente a esta situación, Maduro anunció el viernes pasado un drástico aumento del salario mínimo nacional, llevándolo a 1.600 bolívares soberanos o 160 millones de fuertes, alegando que con ello se recuperará el poder adquisitivo.


“Las medidas anunciadas el pasado viernes no son ningún plan de recuperación económica para el país, no lo son”, aseguró ayer el dirigente opositor Andrés Velásquez, quien además reiteró el llamado a paro convocado para mañana por su partido la Causa Radical, Primero Justicia y Voluntad Popular. “Estamos hablando de un paro por tiempo definido, el día martes”, dijo Velásquez que también indicó que el paro era un primer paso de una agenda de lucha.


Según el mandatario, la reconversión será la primera medida de su plan de recuperación y crecimiento económico que arrancará hoy, del cual se conocen algunas líneas generales. Según sus palabras, será el primer programa integral de recuperación con factura venezolana, sin intervención de Fondo Monetario Internacional.


El programa incluirá elevar el precio de la gasolina, que es la más barata del mundo, a niveles internacionales. Asimismo, se anunció la flexibilización del control de cambio, vigente desde 2003, a fin de abrir el mercado a la libre compra y venta de divisas, aunque el Gobierno no tiene dólares para ofertar en un mercado totalmente abierto.


Otra medida anunciada es que el bolívar soberano estará anclado a la criptomoneda petro, que fue creada por el Gobierno para enfrentar las sanciones financieras de Estados Unidos y que se cotiza a razón de un barril de petróleo venezolano, alrededor de 60 dólares. La vinculación hará que las variaciones del bolívar soberano dependan del petro, una divisa virtual que fue sancionada por Estados Unidos y prohibida para realizar operaciones.


Maduro aseguró, además, que el Gobierno dejará de financiar su déficit con dinero sin respaldo, para lo cual aumentó el impuesto al valor agregado de 12 a 16 por ciento e incrementó el impuesto sobre la renta a las empresas más grandes del país.

Publicado enInternacional