Maduro sube 35 veces el salario mínimo, devalúa la moneda y sube los impuestos

Venezuela pone en marcha el lunes una reconversión monetaria para combatir la hiperinflación de su economía, con la que se le quitarán cinco ceros a la moneda nacional. La nueva divisa se llamará 'bolívar soberano'


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, estremeció la economía del país con el anuncio de varias medidas que entrarán en vigor en las próximas horas y en medio de las dudas de los ciudadanos, que todavía no digieren la reconversión monetaria que se pondrá en marcha el lunes.
El jefe de Estado aumentó el salario mínimo de los trabajadores al elevarlo hasta un precio 35 veces superior al actual, lo que equivale a 723 ó 45 dólares, según las tasas oficiales de referencia en el país.

Explicó que el petro, la criptomoneda gubernamental, tendrá una valor de 3.600 bolívares soberanos (1.446 o 89,7 dólares) y reiteró que este mecanismo será el anclaje del nuevo bolívar soberano, como pasará a llamarse la moneda nacional desde el lunes.
El Ejecutivo asumirá durante "los próximos 90 días el diferencial de la nómina salarial de toda la pequeña y mediana industria del país para que no haya impacto sobre la inflación".
Además, el Gobierno planea aumentar la frecuencia en las subastas de divisas, escasas en el país petrolero, de una a tres por semana y dentro de dos meses establecer una subasta diaria. "Vamos a establecer un solo tipo de cambio fluctuante anclado al petro", indicó el mandatario en un mensaje emitido por radio y televisión.
En esta nueva etapa, el dólar de las subastas, conocido como Dicom, funcionará "con absoluta disciplina cambiaria", aseguró Maduro que apuesta por "jugar claro, duro y directo en el sistema cambiario venezolano para tener un solo tipo de cambio definitivamente y matar al dólar criminal".
La diferencia entre el Dicom ubicado en 248.832 bolívares y el dólar paralelo ilegal es tal que el mismo Maduro dijo que el salario mínimo actual de 5.196.000 bolívares equivale a un solo dólar estadounidense en la práctica.
El líder chavista anunció también la extensión del censo de transportistas hasta el próximo 30 de este mes y que será en septiembre cuando se defina el inicio del aumento de la gasolina, que será "progresivo" tras "perfeccionar" el nuevo sistema de pago del combustible.
Además, Maduro entregará a la oficialista Asamblea Nacional Constituyente (ANC) un proyecto de reforma de varias leyes para establecer el nuevo sistema tributario y fiscal con el que se aumentarán algunos impuestos.
El gobernante señaló que esta reforma tributaria persigue "el incremento de la recaudación para disminuir el déficit fiscal, y evitar el deterioro de la capacidad adquisitiva de los ingresos fiscales" y que la meta de su gobierno es "déficit fiscal cero".
También cambiará el "impuesto a las grandes transacciones financieras" y anunció que se fijará un rango de entre 0% al 2% para el universo de contribuyentes especiales, exceptuando el sector industrial "necesario para dinamizar la actividad productiva nacional". Dijo que con este impuesto se cobrará de manera directa a 133.000 contribuyentes especiales, "que son los 133.000 ricos de este país, multimillonarios de este país".
Asimismo, Maduro anunció que el Impuesto al Valor Agregado (IVA) para bienes de lujo subirá a 16%.
Mientras tanto, los venezolanos esperan con algunas dudas la puesta en marcha de la reconversión monetaria, decretada y postergada tres veces por el Ejecutivo, que entrará finalmente en vigor el lunes y con la que se le quitarán cinco ceros a la moneda nacional.
La medida tomará vigor en medio de la hiperinflación nacional que, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, cerrará el año en 1.000.000 %, un factor que hace imposible el éxito de la reconversión a juicio del Parlamento, de mayoría opositora.
Sin embargo, el Gobierno ha puesto todo su empeño en este mecanismo para "dinamizar la disponibilidad de efectivo y facilitar las transacciones económicas y comerciales de los venezolanos", según apuntó hoy la estatal Agencia Venezolana de Noticias (AVN).
Pero el lunes no solo se le quitarán cinco ceros a la moneda, sino que esta tomará el apellido soberano para diferenciarse y empezarán a circular nuevos billetes con denominaciones más ajustadas a la hiperinflación.
Además, ese mismo día, que no será laborable, Venezuela estrenará la criptomoneda 'petro' como su segunda unidad contable, ninguna entidad financiera abrirá sus puertas y la banca electrónica comenzará a trabajar tarde, cuando termine de reiniciarse del apagón que comenzará el domingo.
Todos estos factores han estimulado las dudas de los ciudadanos, que deberán adaptarse a estos cambios económicos, enmarcados en el "programa de recuperación, crecimiento y expansión económica" que el Ejecutivo pregona y que piensa imponer apoyado por policías y militares.

Responsabiliza Washington a presidente venezolano por el atentado en su contra

AP Y REUTERS

Caracas
El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela aprobó este viernes la extradición de la ex fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y del ex ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, ambos disidentes del chavismo para procesarlos por diversos delitos. Por su parte, Washington responsabilizó al gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro del atentado del pasado 4 de agosto por el sufrimiento e inestabilidad que ha causado al pueblo y exigió una investigación independiente de los hechos.
El máximo órgano de justicia venezolano declaró procedente solicitar a Colombia la extradición de Ortega Díaz, quien huyó de forma clandestina a Bogotá tras ser destituida de su cargo en agosto del año pasado por la Asamblea Nacional.
Esta decisión judicial contra Ortega, de 60 años, se da a pocos días de que un grupo de magistrados venezolanos del autodenominado tribunal supremo en el exilio, sentenciara al presidente Maduro a 18 años y tres meses de prisión por su supuesta vinculación con hechos de corrupción, en contubernio con la constructora brasileña Odebrecht, proceso orquestado por la ex fiscal desde Bogotá.
En un comunicado, el TSJ indicó que aprobó la extradición de Ortega Díaz para procesarla por su presunta participación en los delitos de traición a la patria, por usurpación de funciones y uso de documento público falso, entre otros.
Asimismo, el TSJ también pedirá a España la extradición de Ramírez –cuyo paradero se desconoce– ex embajador venezolano ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y ex presidente de Petróleos de Venezuela por su presunta participación en los delitos de peculado, evasión de procedimiento licitatorio y asociación delictiva.
En tanto, Estados Unidos pidió la creación de una comisión independiente para investigar el atentado con drones cargados con explosivos del pasado 4 de agosto contra el presidente Maduro, hecho que calificó de violencia política, aunque responsabilizó a su gobierno por la inestabilidad generalizada y sufrimiento en Venezuela.
También condenó la violencia por el atentado e instó al régimen de Maduro a respetar el Estado de derecho, ejercer control y salvaguardar la presunción de inocencia de todos los acusados”, subrayó la oficina del portavoz del Departamento de Estado en un comunicado.
Caracas rechazó la postura de Washington que, aseguró, minimiza (...) la gravedad de los hechos y levanta falsas acusaciones contra los procesos judiciales venezolanos en abierto desconocimiento de nuestras leyes. Por el momento son 14 los detenidos, entre ellos dos militares, por el atentado contra Maduro, por el que ya se emitieron 27 órdenes de aprehensión con alerta roja a la Interpol.
Anoche, el presidente Maduro anunció un aumento de 3 mil 300 por ciento al salario mínimo, el quinto incremento en lo que va del año, en un intento por aminorar el impacto de la hiperinflación.
Dijo que el salario mínimo será de mil 800 bolívares soberanos, la nueva moneda que entrará a partir del lunes, y precisó que ese nuevo ingreso equivaldrá a medio petro, la criptomoneda venezolana.
El mandatario ya había aumentado los salarios en junio, cuando aprobó un ajuste de 103 por ciento.

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Admite Nicolás Maduro fracaso de su modelo productivo

Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado y la responsabilidad es nuestra, mía, tuya, manifestó el presidente Nicolás Maduro en un congreso del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) la noche del lunes. El, se recordará, enfrenta hiperinflación y cuatro años de recesión.

Basta de lloriqueos. Nos toca producir con agresión o sin agresión, con bloqueos y sin bloqueos, hacer de Venezuela una potencia económica. Cero lloriqueo. Quiero soluciones, compañeros, subrayó.
El gobierno socialista estatizó la producción del cemento y el acero, expropió cientos de empresas –entre ellas cadenas de supermercados– y recientemente militarizó mercados municipales en una cruzada contra los precios altos.


Asimismo, fija los precios en varios rubros y monopoliza las divisas.


Calculo unos dos años para lograr un alto nivel de estabilidad y que podamos ver los primeros síntomas de la prosperidad nueva, económica, sin abandonar un segundo la protección y la seguridad social, enfatizó.
Recalcó que sus planes para la recuperación económica incluyen llegar a 6 millones de barriles diarios en 2025 o antes, con una producción petrolera que se desplomó de 3.2 millones de toneles diarios en 2008 a 1.5 millones en 2018.


El Fondo Monetario Internacional estimó que este año la inflación de Venezuela será de casi un millón por ciento y que el producto interno bruto caerá 18 puntos porcentuales, tras desplomarse 14 por ciento el año pasado y 16.5 en 2016.


Maduro llamó a la militancia del PSUV a sumarse a la recuperación de la producción, pese a las agresionesde Estados Unidos.


Washington ha impuesto sanciones financieras a Maduro, funcionarios del gobierno y la estatal Petróleos de Venezuela, que aporta 96 por ciento de ingresos del país por la exportación de crudo.


Las consecuencias de los controles se reflejan, por ejemplo, en el sector agrícola, que apenas abastece 25 por ciento del consumo nacional, tras aportar 75 puntos porcentuales en el pasado, según estimaciones de la Federación Nacional de Agricultores.


La industria, por su parte, funciona a 30 por ciento de su capacidad, según la Conindustria.


Apagón en la capital


En tanto, un apagón afectó este martes 80 por ciento de Caracas debido a una falla técnica en una subestación eléctrica de la localidad de Santa Teresa, informó el gobierno, lo cual ocasionó caos en el transporte y los servicios de comunicación.


Se vieron afectadas zonas de Miranda y las ciudades de Guarenas, Guatire y Vargas, donde se ubica el aeropuerto internacional de Maiquetía, que sirve a la capital.


Tras dos horas, el ministro de Energía tuiteó que el problema se resolvió 90 por ciento.


El Metro de Caracas, que transporta 2 millones de personas al día en sus cinco líneas, comunicó que al menos dos tramos dejaron de prestar servicio. La línea uno, que une la ciudad de este a oeste con 22 estaciones, interrumpió el servicio.


Miles de personas intentaron llegar a pie a sus trabajos y los escasos autobuses pasaban iban llenos, ya que 90 por ciento de la flota está inactiva por falta de refacciones, según transportistas.


Los semáforos dejaron de funcionar, lo cual ocasionó caos vehicular. Además, hubo interrupciones constantes en los servicios de telefonía celular e Internet.


El apagón causó afectaciones en el comercio, dependiente de los pagos electrónicos por la escasez de efectivo, que se ha profundizado por la hiperinflación.


El gobierno atribuye los apagones a sabotajes de sus adversarios para crear descontento, pero el secretario de organización del Sindicato de Trabajadores Electricistas, Domingo González, dijo que el corte obedeció a la falta de líneas de servicio.


No siempre que haya corte eléctrico se puede decir que es sabotaje. Le estamos pidiendo al Ejecutivo que apruebe recursos para activar la empresa, que está en la ruina, porque se ha dejado de invertir, apuntó González.


 Maduro: falló el modelo

No es nada frecuente entre los gobernantes contemporáneos, e incluso podría decirse que es insólito, el señalamiento autocrítico formulado por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el cuarto congreso de su partido, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en el sentido de que “los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado”, en lo que constituye una referencia inequívoca a la política económica de su presidencia.

Este crudo mea culpa del mandatario, que contrasta con el empecinamiento con el que otros gobernantes se aferran a recetas fallidas, incluso cuando resultan inocultables las evidencias de la catástrofe social, como ha ocurrido en México y, más recientemente, en el Brasil de Michel Temer y la Argentina de Mauricio Macri, tiene como telón de fondo una hiperinflación de un millón por ciento, una caída de 18 por ciento del producto interno bruto, un severo desabasto de productos básicos y una regresión en las conquistas sociales conseguidas en los primeros lustros del régimen bolivariano. Otros indicadores que contribuyen a hacer insostenible la política económica de Maduro es la depresión del sector agrícola –que pasó de abastecer 75 por ciento del consumo nacional a sólo 25 por ciento–, el colapso industrial –la planta instalada funciona a 30 por ciento de su capacidad– y el desplome de la producción petrolera, principal fuente de divisas del país, que cayó de 3.2 millones de barriles diarios en 2008 a 1.5 millones en el año en curso.


Si bien es cierto que Venezuela enfrenta una agresiva embestida económica, política y diplomática de Estados Unidos y de varios de sus aliados latinoamericanos, es inocultable que una parte central de la responsabilidad por la presente crisis tiene que ver con malas decisiones internas. De ahí el exhorto de Maduro a la militancia del PSUV a “producir con agresión o sin agresión, con bloqueos y sin bloqueos”.


El gobernante chavista delineó una perspectiva de recuperación y reactivación con objetivos tan ambiciosos como lograr que la población recupere su poder adquisitivo “a partir del 20 de agosto”y, a un plazo mayor, llevar la producción de crudo a 6 millones de barriles diarios para 2025 “o antes” y alcanzar “en dos años un alto nivel de estabilidad (…) sin abandonar un segundo la protección y seguridad social”. Para alcanzar tales metas propuso un “cambio total” y una “nueva economía” a fin de realizar “una cura profunda”.


Pero los malos resultados económicos tienen un impacto insoslayable en el desasosiego político por el que atraviesa la nación sudamericana, en el que confluyen además el cerco internacional y la intensa labor de zapa de las formaciones opositoras, por lo que cabe preguntarse si será posible que el régimen bolivariano remedie, en semanas y meses, los efectos catastróficos de años de decisiones equivocadas. Por el bien de los propios venezolanos y de la estabilidad en la región cabe esperar que sí.

 

Tomado de: Opinión. Diario La Jornada

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Contundente paro en Argentina ante el fracaso del diálogo y la política, señala líder de la CGT

"Una democracia falla cuando hay excluidos", dice la Iglesia católica

El paro general contra el Fondo Monetario Internacional (FMI), el ajuste, los despidos, la pobreza, los tarifazos, la inflación, el intento de reforma laboral y para exigir la apertura de negociaciones salariales (paritarias) libres, convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) con el apoyo de todas las centrales sindicales y gremios independientes, fue contundente en toda Argentina; los sindicatos y partidos de izquierda bloquearon por un momento los accesos a la ciudad y marcharon luego hacia el obelisco, en el centro de esta capital, ante la vigilancia por parte de un megaoperativo de fuerzas de seguridad.

Fueron acompañados por trabajadores y directivos de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) con el persianazo (cierre de comercios), productores y otros sectores que nunca habían participado, considerándose el paro más grande en años recientes, mientras partidos y gremios de la izquierda más radical se manifestaron en diversos lugares y convergieron en el Obelisco para un acto final.

No hubo trenes ni autobuses, ni aviones, ni Metro... las calles estaban vacías y gran cantidad de negocios y restaurantes permanecían cerrados. "Hubo un altísimo nivel de acatamiento en toda Argentina y un paro general en un país significa el fracaso del diálogo social y también el fracaso de la política", dijo Juan Carlos Schmid, dirigente de la CGT.

Añadió que su gremio llegó a esta determinación después de haber agotado todas las instancias en los diversos plazos institucionales para encontrar alternativas. "Y para que nadie tenga dudas, ¿saben por qué paramos? Paramos para poder seguir trabajando", expresó.

El presidente Mauricio Macri y sus funcionarios se refirieron de manera despectiva al paro. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que "no sirve para nada".

"Yo he escuchado a lo largo de toda la mañana una pregunta de manual que hace el periodismo, ¿y mañana qué? y este paro cuesta tanto. Miren, en el último mes se han perdido 11 mil millones de dólares sin ningún paro general en la República Argentina. ¿De quién es responsabilidad eso? ¿De la CGT?", expresó, y concluyó: "El gobierno tiene que corregir su programa económico".

Héctor Daer, del gremio de la Sanidad, que integra el triunvirato de los dirigentes de la CGT, recordó que "desde diciembre de 2015 hasta hoy hubo una inflación de 95 por ciento. Fueron favorecidos impositivamente los sectores que más ganan y más tienen: el agropecuario y las mineras, y nosotros seguimos siempre tributando desde nuestro salario, desde el IVA, desde el impuesto a las ganancias". Destacó las propuestas que se intentaron con el gobierno "al que le planteamos que cuidara el empleo, el poder adquisitivo del salario, que cuidara la salud de los trabajadores, y no hubo respuesta porque no tiene la voluntad política de proteger a los trabajadores".

Carlos Acuña, el tercero del triunvirato dirigente, habló de que "hay una nueva oportunidad" y agregó que esperan que el gobierno "haya leído bien el paro de hoy. Si la gente está bien no va a parar. Hoy la gente está mal, uno tiene que saber interpretar esta situación y tiene que convocar al paro cuando se agota el diálogo. El hambre no espera, la tenemos ahí en la mesa de muchas familias de la República", concluyó.

Con mayor firmeza hablaron los dirigentes de las Centrales de los Trabajadores Argentinos (CTA), como Hugo Yasky, para quien el paro fue "una señal de rechazo absoluto al FMI" y advirtió: "garantizamos que no vamos a abandonar la calle ni un instante".

Su colega de la CTA autónoma, Pablo Micheli, expresó su satisfacción por la respuesta contundente de los "trabajadores y trabajadoras" y aseguró que no pararon por los dirigentes sindicales (como afirmó el ministro Triaca), sino porque tienen conciencia de que "hay que frenar este modelo económico que nos lleva a la destrucción de Argentina".

La cúpula de la Iglesia católica recordó que el paro es un derecho cuando no hay respuestas de los que tienen la responsabilidad de hacer algo. El obispo Jorge Lugones, presidente de la Comisión Episcopal, señaló: "cuando vemos que en una democracia hay excluidos, hay pobres, hay quienes pasan hambre viviendo en condiciones infrahumanas, sin trabajo, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no está funcionando bien".

Lugones, jesuita como el papa Francisco, consideró que "una democracia sana supone la participación de todo el pueblo: la inclusión, la integración que implica dar oportunidad, ser corresponsable. Es una responsabilidad y un compromiso de todos, en especial de los dirigentes", y agregó que "cuando en una nación como la nuestra, en la que hay tierra suficiente para que todos seamos propietarios, riqueza suficiente para que todos tengamos una vida digna, alimentos para un número de personas varias veces mayor que el número de sus habitantes, y sin embargo, hay muchos argentinos que no tienen techo ni tierra, ni trabajo, que comen menos de los necesario y donde hay una grave desnutrición infantil, es obligación llamar fuertemente la atención de los gobernantes y de todos los sectores de la sociedad acerca de esos problemas, porque por algún motivo la democracia y la sociedad están fallando".

Martes 26 de junio de 2018

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Cenda: Canasta Alimentaria Familiar se ubicó en más de 220 millones de bolívares en mayo

19 de junio de 2018.- El precio de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) de mayo de 2018 se ubicó en 220.138.620 bolívares, lo que representa un incremento de Bs 119. 963.639 (119,8%) con respecto a abril, reportó el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda). Así lo reseñó "El Universal".


En una nota de prensa la organización indicó que la inflación anualizada entre mayo 2017 y mayo 2018 fue de 22.115%, y que se requieren 220 salarios mínimos para poder adquirir la canasta básica, referida a una familia de cinco miembros: 7.337.954,02 bolívares diarios (7.33 salarios mínimos diarios).


Todos los rubros subieron de precio


En el informe el Cenda explica que todos los rubros de la canasta alimentaria aumentaron de precio: raíces, tubérculos y otros, 266,4%; frutas y hortalizas, 193,4%; pescados y mariscos, 126,8%; café, 125,0%; azúcar y sal, 119,7%; cereales y productos derivados, 108,6%; leche, quesos y huevos, 107,5%; carnes y sus preparados, 90,6%; salsa y mayonesa, 78,1%; granos, 69,0% y grasas y aceites, 59,8%.
Escasez


Según el instituto de análisis, al menos quince productos presentaron problemas de escasez: leche en polvo, atún enlatado, margarina, avena, azúcar, aceite de maíz, lentejas, arroz, harina de trigo, pastas alimenticias, harina de maíz, café, mayonesa, pan, queso amarillo: el 25,00% de los 60 productos que contiene la canasta.

Por: Agencias | Martes, 19/06/2018 06:26 PM

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Martes, 29 Mayo 2018 17:47

Socializar las finanzas*

Socializar las finanzas*

En términos elementales, las finanzas son mera contabilidad: un registro de obligaciones y compromisos monetarios. Sin embargo, las finanzas son también una forma de planificación: un conjunto de instituciones para organizar intereses sobre el reparto del producto social.

 

La fusión de estas dos funciones –contabilidad y planificación–, que obedecen a lógicas distintas, es tan antigua como el capitalismo y, durante casi tanto tiempo, ha soliviantado la conciencia burguesa. La creación de poder adquisitivo a través de préstamos bancarios es difícil de congeniar con la máxima ideológica del capitalismo de que los precios de mercado ofrecen una medida neutral de alguna realidad material preexistente. El fracaso manifiesto del capitalismo para ajustarse a esta idea de sistema natural ha sido atribuido, por los defensores de estas tesis, a la capacidad de los bancos (instigados por el Estado) para alejar los precios de mercado de sus verdaderos valores.

 

De alguna manera, separar estas dos funciones del sistema bancario –contabilidad y planificación–, es el hilo conductor de los 250 años de propuestas de reforma monetaria de economistas burgueses, demagogos y chiflados. Podemos rastrearlo desde David Hume, quien creía que una “circulación perfecta” era una en la que el oro solo se usaba para pagos, y que dudaba de si los préstamos bancarios deberían permitirse en absoluto; a los defensores decimonónicos de un patrón oro estricto o de la doctrina de billetes reales (dos propuestas enfrentadas que supuestamente restaurarían la automaticidad a la creación de crédito bancario); a las propuestas de Proudhon de otorgar al dinero una base objetiva vinculada al tiempo de trabajo; a los temores preconcebidos de Wicksell sobre la inestabilidad de un sistema no regulado de dinero bancario; a las propuestas, a menudo revividas, de reservas bancarias al 100%; a las propuestas de Milton Friedman para una regla estricta de creci-miento de la oferta monetaria; a las fantasías de la ortodoxia actual de un banco central que siga una regla in-violable que emule la “tasa de interés natural”.

 

Lo que todas estas admoniciones y propuestas tienen en común es que buscan restaurar la objetividad del sistema monetario; legislar para que existan los valores supuestamente reales que subyacen al precio del dinero. Buscan obligar al dinero a cumplir, de facto, sus presupuestos ideológicos: una medida objetiva del valor que refleja el valor real de las mercancías, libre de juicios de banqueros y políticos.

 

Los socialistas rechazamos esta fantasía. Sabemos que el desarrollo del capitalismo ha sido desde el principio un proceso de “financiarización”; de expansión de la esfera crediticia a todo ámbito de la actividad humana, y de representación del mundo social en términos de pagos y compromisos monetarios.

 

Sabemos que no hubo un mundo precapitalista de producción e intercambio sobre el cual el dinero, y luego el crédito, fueron superpuestos con posterioridad: las redes de crédito (de reclamos monetarios) son el sustrato sobre el que la producción de mercancías se ha desarrollado y organizado. Y sabemos que el excedente social bajo el capitalismo no es resultado de la asignación de los “mercados”, como dicen los cuentos de hadas de los economistas. El excedente es el resultado de la asignación realizada por bancos y otras instituciones financieras, cuyas actividades son coordinadas por planificadores, no por mercados.

 

Aunque descentralizada en teoría, la producción de mercado está de hecho organizada a través de un sistema financiero altamente centralizado. Y donde existe algo así como mercados competitivos, es generalmente gracias a una extensa intervención estatal: desde leyes antimonopolio hasta toda la compleja maquinaria del Obamacare para apuntalar un mercado desvencijado como el de seguros de salud privado. Como reconocieron Marx y Keynes, la tendencia del capitalismo es hacia el desarrollo de formas de producción más colectivas y sociales, ampliando el dominio de la planificación consciente y disminuyendo el ámbito del mercado. (Un pun-to que también han entendido algunos economistas liberales más avispados y con una aproximación más histórica a los problemas). Preservar el mercado se convierte en un proyecto cada vez más utópico, que requiere una intervención cada vez más activa por parte del gobierno. Piensa en la vasta financiación, inversión y regu-lación públicas que son requeridas para la provisión “privada” de vivienda, educación, transporte, etcétera.

 

En un mundo en el que la producción se guía por una planificación consciente, pública o privada, simplemente no tiene sentido pensar que los valores monetarios reflejan el resultado objetivo de los mercados, o el crédito simplemente como un registro de flujos “reales” de ingresos y gastos.

 

Pero es muy difícil resistir a la “ilusión de lo real”, como lo llama Perry Mehrling. Debemos recordar constantemente que los valores de mercado nunca han sido, y nunca podrían ser, una medida objetiva de las necesida-des y posibilidades humanas. Debemos recordar que los valores medidos en dinero –precios y cantidades, producción y consumo– no tienen existencia independiente de las transacciones de mercado que les dan forma cuantitativa.

 

De aquí se sigue que el socialismo no puede describirse en términos de la cantidad de mercancías producidas o distribuidas. El socialismo es la emancipación de la forma mercancía. No se define por la disposición de cosas, sino por la condición del ser humano. Es la extensión progresiva del dominio de la libertad humana, de esa parte de nuestras vidas gobernada por el amor y la razón.

 

Muchos críticos de las finanzas ven éstas como el enemigo de un capitalismo más humano o auténtico. Esta es la crítica tanto de reformistas gerenciales que se oponen a las finanzas por ser un parásito de las empresas pro-ductivas (recuérdese el “soviet de ingenieros” de Veblen), como de populistas que odian las finanzas como el destructor de su pequeño capital, o de sinceros creyentes en la competencia de mercado que ven a las finanzas como receptores de rentas ilegítimas. En términos prácticos, hay mucho terreno común entre estas posiciones y un programa socialista. Pero no podemos aceptar la idea de que las finanzas sean una distorsión de algunos valores verdaderos de mercado naturales, objetivos o justos.

 

Las finanzas deben comprenderse como un momento más del proceso capitalista, integral a él, pero con dos caras contradictorias. Por un lado, están las finanzas como institución concreta que genera y hace cumplir compromisos crediticios a cualquier tipo de agente social –personas, empresas, Estados–. Desde este punto de vista, su rol es extender y mantener la lógica de la producción de mercancías. (Los préstamos estudiantiles refuerzan la disciplina del trabajo asalariado, la deuda soberana mantiene la división internacional del trabajo).

 

Sin embargo, por otro lado, el sistema financiero es también donde la planificación consciente toma su forma más desarrollada bajo el capitalismo. Los bancos son, en palabras de Schumpeter, el equivalente privado de Gosplan, la agencia de planificación soviética. Sus decisiones de préstamo determinan qué nuevos proyectos obtendrán una parte de los recursos de la sociedad, e imponen (o infligen) el “juicio del mercado” sobre otras.

 

Un programa socialista debe responder a estas dos caras de las finanzas. Nos oponemos al poder de las finan-zas para reducir progresivamente el grado en que nuestras vidas se organizan en torno a la acumulación de dinero. Pero abrazamos la planificación ya inherente a las finanzas porque queremos expandir el dominio de la elección consciente y reducir el dominio de la necesidad ciega.

 

El desarrollo de las finanzas revela el desplazamiento progresivo de la coordinación del mercado en favor de la planificación. Capitalismo significa producción para obtener beneficio; pero, en la realidad concreta, los crite-rios de beneficio siempre están subordinados a los criterios financieros. El juicio del mercado solo tiene fuerza en la medida en que sea ejecutado por las finanzas. El mundo está lleno de negocios cuyos ingresos exceden sus costes, pero se ven obligados a reducir volumen o cerrar debido a las exigencias financieras en su contra. El mundo también está lleno de negocios que operan durante años, o indefinidamente, con costes que exceden sus ingresos, gracias a su acceso a la financiación. Las instituciones que toman estas decisiones de financiación lo hacen en función de su propio juicio subjetivo, y limitado solo en última instancia por los términos estable-cidos del banco central, y no por unos criterios objetivos de valor.

 

Existe una contradicción básica entre el principio de competencia y el de finanzas. Se supone que la compe-tencia es una forma de selección natural: las empresas que obtienen ganancias las reinvierten y crecen, mien-tras que las empresas que pierden no pueden invertir y merman, hasta finalmente desaparecer. Se supone que esto es una gran ventaja de los mercados sobre la planificación. Pero el objetivo de las finanzas es romper este vínculo entre las ganancias de ayer y las inversiones de hoy. El excedente pagado en forma de dividendos e intereses está disponible para la inversión en cualquier lugar de la economía, no solo donde se generó.

 

Y viceversa, hay empresarios que pueden emprender nuevos proyectos que nunca han sido rentables en el pasado si pueden convencer a alguien para que los financien. La competencia mira hacia atrás: los recursos de hoy dependen de cómo te haya ido en el pasado. Las finanzas miran a futuro: los recursos de hoy dependen de cómo (¡alguien!) se espera que lo hagas en el futuro. Por lo tanto, a diferencia de la idea de que las empresas triunfan o fracasan por selección natural, las empresas predilectas de las finanzas –desde Amazon hasta Uber y toda la manada de unicornios–, pueden invertir y crecer indefinidamente sin tener beneficios. Se supone que esto también es una gran ventaja de los mercados.

 

En el mundo sin fricciones imaginado por los economistas, la primacía de las finanzas sobre la competencia ya se ha llevado al límite. Las empresas no controlan ni dependen de su propio excedente. Todo el excedente se asigna de manera centralizada por los mercados financieros. Todos los recursos para la inversión provienen de los mercados financieros y todos los beneficios regresan inmediatamente a ellos en forma de dinero. Esto tiene dos implicaciones contradictorias. Por un lado, elimina cualquier consideración de la empresa como organismo social, de la actividad que realiza para reproducirse, de su búsqueda de fines distintos a la ganancia máxima para sus “dueños”.

 

De hecho, la empresa nace nueva cada día por el beneplácito de quienes la financian. Pero, por la misma razón, la lógica de la maximización de los beneficios pierde su base objetiva. El proceso cuasi evolutivo de la competencia deja de funcionar si los propios beneficios de la empresa ya no son su fuente de inversión, sino que fluyen hacia un fondo común. En este mundo, qué empresas crecen y cuáles fracasan depende de las deci-siones de los planificadores financieros que asignan capital a cada una de ellas.

 

La contradicción entre producción de mercado y finanzas socializadas se agudiza a medida que los propios fondos financieros se unen o se vuelven más homogéneos. Este fue un punto clave para los marxistas de inicios del siglo pasado como Hilferding (y Lenin), pero también está detrás del alboroto reciente en la prensa económica por el aumento de los fondos indexados. Estos fondos tienen acciones de todas las empresas que pertenecen a un determinado índice; a diferencia de los fondos administrados activamente, que tratan de in-vertir en la empresa que se cree irá mejor, éstos tienen acciones en muchas compañías que compiten entre sí.

 

Según un estudio reciente, “la probabilidad de que dos empresas seleccionadas al azar en el S&P 1500 de la misma industria tengan un accionista común con al menos un 5% de participación en ambas aumentó de me-nos del 20% en 1999 a alrededor del 90% en 2014”. El problema es obvio: si las empresas trabajan para sus accionistas, ¿por qué competirían entre sí si sus acciones están en manos de los mismos fondos?

 

Obviamente, una solución propuesta es una mayor intervención estatal para preservar la forma de los mercados, limitando o desfavoreciendo la propiedad accionarial a través de fondos. Otra respuesta, y quizás la más lógica, sería: si ya confiamos en los corporate managers para ser fieles representantes de la clase rentista en su conjunto, ¿por qué no dar el siguiente paso y convertirlos en representantes de la sociedad en general?

 

Además, los términos sobre los cuales el sistema financiero redirige el capital son fijados en última instancia por el banco central. Sus decisiones –la política monetaria en sentido estricto, pero también la regulación fi-nanciera o los rescates durante la crisis a entidades– determinan no solo el ritmo de expansión del crédito sino también el criterio de rentabilidad mismo. Esto es muy evidente en las crisis, pero también está implícito en la política monetaria rutinaria. A menos que los reducidos tipos de interés conviertan a algunos proyectos pre-viamente no rentables en rentables, ¿cómo sino podrían salir adelante?

 

Al mismo tiempo, la legitimidad del sistema capitalista –la justificación ideológica de su evidente injusticia y desperdicio– proviene de la idea de que los resultados económicos están determinados por “el mercado” y no por la elección de nadie. Por lo tanto, la función de planificación del banco central debe mantenerse fuera de la vista.

 

Los propios banqueros centrales son muy conscientes del papel que juegan. A principios de la década de 1980, cuando la Reserva Federal cambió su principal instrumento de política monetaria, sus responsables se preocu-paron porque su elección preservara la ficción de que eran los mercados los que establecían el tipo de interés. Como dijo el gobernador de la Fed, Wayne Angell, era esencial elegir una técnica que “tuviera el camuflaje de las fuerzas del mercado en acción”.

 

Los libros de texto de la economía dominante describen de manera explícita la trayectoria a largo plazo de las economías capitalistas en términos de un planificador ideal, que determina la producción y precios para toda la eternidad con el fin de maximizar el bienestar general. La contradicción entre esta visión macro y la ideología de la competencia de mercado queda relegada por la suposición de que a largo plazo esta trayectoria es la misma que la “natural” de un mercado competitivo perfecto sin dinero ni bancos.

 

Fuera del mundo académico es más difícil mantener la fe en que los planificadores del banco central eligen de manera infalible los resultados que el mercado debería haber alcanzado por sí mismo. Muchas críticas a los bancos centrales provenientes de la derecha –y también de la izquierda– entienden claramente que estos bancos se dedican a una planificación activa, pero lo consideran intrínsecamente ilegítimo. Su creencia en los resultados “naturales” del mercado les lleva a las fantasías de retorno a un patrón monetario independiente del juicio humano: ya sea el oro o el bitcoin.

 

Los socialistas, que vemos a través de la fachada del supuesto juicio experto neutro de los banqueros centrales y reconocemos su estrecha asociación con las finanzas privadas, podríamos vernos tentados por ideas simila-res. Pero el camino hacia el socialismo va por otro lado. No buscamos organizar la vida humana en una red objetiva de valores de mercado, libre de la influencia distorsionante de las finanzas y los bancos centrales. Más bien buscamos sacar a la luz la planificación consciente que ya existe, convertirla en terreno de la política y dirigirla hacia la satisfacción de las necesidades humanas, y no hacia el refuerzo de las relaciones de dominación. En resumen: socializar las finanzas.

 

En el contexto de los Estados Unidos, el análisis anterior sugeriría un programa de transición tal vez en las siguientes líneas:


Desmercantilizar el dinero

 

Aunque no haya forma de separar el dinero y los mercados de las finanzas, eso no significa que las funciones rutinarias del sistema monetario deban ser una fuente de beneficios privados. Migrar la responsabilidad de las infraestructuras monetarias elementales a organismos públicos o semipúblicos es una reforma no-reformista: aborda algunos de los abusos manifiestos e inestabilidad del sistema monetario existente al tiempo que abre el camino hacia transformaciones más profundas.

 

En particular, esto podría implicar:

 

1. Un sistema de pagos públicos.
En un pasado no muy lejano, si alguien quería dar algo de dinero a cambio de un bien o servicio, no teníamos que pagar a un tercero por el permiso para realizar el intercambio. Sin embargo, con el reemplazo del efectivo por cargos electrónicos, los pagos rutinarios se han convertido en una fuente de beneficio. Las transacciones y el resto de la fontanería rutinaria del sistema de pagos debe ser un monopolio público, al igual que la moneda.


2. Banca postal.
Los servicios bancarios deberían proporcionarse igualmente a través de las oficinas de correos, como en muchos otros países. Las transacciones rutinarias entre cuentas (verificar y guardar) son un servicio que puede ser proporcionado directamente por el Estado.


3. Calificaciones de crédito públicas, tanto para bonos como para individuos.
Esta información debe estar ampliamente disponible para realizar su función; incluso es un elemento im-portante para la provisión pública dentro de la lógica del capitalismo. Ello implica además desafiar la función coercitiva y disciplinaria que, cada vez más, realizan las agencias privadas de calificación crediticia en Estados Unidos.


4. Financiación pública de la vivienda.
Las hipotecas para primeras viviendas son otra área donde una pátina de transacciones de mercado oculta un sistema que ya es sustancialmente público. El mercado hipotecario a treinta años es totalmente una creación de la regulación, es mantenido por los creadores de mercado públicos, y los organismos públicos son, en gran medida, los prestamistas de última instancia. Los socialistas no tenemos especial interés en el cultivo de una sociedad de pequeños propietarios a través de la propiedad de la vivienda; pero mientras el Estado lo haga, exigimos que sea de manera abierta y directa en lugar de disfrazarse de transacciones privadas.


5. Pensiones de jubilación públicas.
Ahorrar para la jubilación, junto con la vivienda, es donde el Estado hace más por fomentar lo que Gerald Davis llama la “ficción de capital”: concebir la relación de cada uno con la sociedad en términos de propie-dad de activos.

Pero aquí, a diferencia de la propiedad de la vivienda, la provisión social bajo la apariencia de sistema financieros ha fallado incluso en sus propios términos. Muchos hogares de clase trabajadora en los Estados Unidos y en otros países ricos sí tienen sus casas en propiedad, pero solo un pequeño porcentaje puede acceder a una pensión digna solo con el ahorro privado. Del mismo modo, los sistemas públicos de pensiones están mucho más desarrollados que la provisión pública de vivienda. Esto sugiere apostar por la eliminación de programas existentes que fomentan el ahorro privado para la jubilación y por una gran expansión de la Seguridad Social y sistemas similares de seguro social.

 

Contención de las finanzas

 

No es tarea de los socialistas mantener al gran casino funcionando plácidamente. Pero mientras existan insti-tuciones financieras privadas, no podemos evitar la cuestión de cómo regularlas. Históricamente, la regulación financiera a veces ha tomado la forma de “contención financiera”, en la cual los tipos de activos que poseen las instituciones financieras son decretados sustancialmente por el Estado.

 

Esto permite que el crédito se dirija de manera más efectiva a la inversión socialmente útil. Lo cual también permite mantener bajos tipos de interés en el mercado, que -en un contexto de inflación mayor- disminuye tanto la carga de la deuda como el poder de los acreedores. El sistema financiero liberalizado ya tiene críticos muy elocuentes; no es necesario duplicar su trabajo con una propuesta de reforma detallada, pero podemos exponer algunos principios generales:

 

1. Si no está permitido, está prohibido.
La regulación eficaz siempre ha consistido en especificar funciones para cada institución, y prohibir cual-quier otra cosa. De lo contrario, es demasiado fácil escometar la norma con algo que es formalmente diferente pero sustancialmente equivalente. Los bancos centrales también necesitan este tipo de regulación para controlar el flujo de crédito, con independencia de que continúen o no siendo los principales impulsores de la demanda agregada


2. Proteger las funciones, no las instituciones.
El poder político de las finanzas se deriva de su capacidad de poner en peligro la contabilidad social rutina-ria y la seguridad de los pequeños propietarios. (“¡Si no rescatamos a los bancos, los cajeros automáticos cerrarán! ¿Qué pasa con mi pensión?”)
Mientras las instituciones financieras privadas desempeñen funciones socialmente necesarias, la política debe dirigirse a preservar esas funciones, y no las instituciones que las realizan. Esto significa que las inter-venciones deben ser lo más cercanas posible al usuario final (no financiero), y no en el ámbito del tejemaneje bancario. Un ejemplo en esta línea: el sistema de garantía de depósito.


3. Requerir grandes tenencias de deuda pública.
La amenaza de especuladores contra los bonos del gobierno federal estadounidense ha sido exagerada; así lo demostró, por ejemplo, la farsa del techo de deuda y la rebaja crediticia de 2012. Pero para los gobiernos más pequeños -incluidos los gobiernos estatales y locales en los Estados Unidos- no es tan fácil ignorar a los mercados. Las grandes tenencias de deuda pública reducen además la frecuencia y gravedad de las crisis financieras cíclicas que son, perversamente, una de las principales formas en que se mantiene el poder so-cial de las finanzas.


4. Controlar los niveles de deuda con menores tipos de interés y mayor inflación.
El apalancamiento de los hogares en los Estados Unidos ha aumentado dramáticamente en los últimos treinta años; algunos creen que esto se debe a que se recurrió al endeudamiento para elevar los niveles de vida ante el estancamiento o la disminución de los ingresos reales.

 

Pero este no es el caso; el crecimiento más lento de los ingresos simplemente ha significado un crecimiento más lento del consumo. O, mejor dicho, la causa principal del aumento de la deuda de los hogares en los últimos treinta años ha sido la combinación de baja inflación y elevados tipos de interés para los hogares de ma-nera continuada. En cambio, la forma más efectiva de reducir la carga de la deuda -para los hogares, y también para los gobiernos- es mantener bajos tipos de interés y, al mismo tiempo, permitir una mayor inflación.

 

Corolario: podemos rechazar cualquier reclamo moral en favor de las rentas derivadas de esos intereses. No hay derecho a ejercer ningún reclamo sobre el trabajo de otros derivados de la propiedad de activos financieros. Que la prestación privada de servicios socialmente necesarios como los seguros y las pensiones se vea socavada por los bajos tipos de interés, es un argumento para trasladar estos servicios al sector público, no para aumentar las exigencias de los rentistas.

 

Democratizar los bancos centrales

 

Los bancos centrales siempre han sido planificadores centrales. Las decisiones sobre tipos de interés y los tér-minos en los cuales las instituciones financieras son reguladas y rescatadas, inevitablemente condiciona la ren-tabilidad, así como la dirección y nivel de actividad productiva. Este papel se ha ocultado detrás de una ideología que imagina que el banco central se comporta de manera automática, de acuerdo con una regla que de alguna manera reproduce el comportamiento “natural” de los mercados.

 

Las propias actuaciones de los bancos centrales desde 2008 han dejado esta ideología en ruinas. La respuesta inmediata a la crisis ha obligado a los bancos centrales a intervenir más directamente en los mercados de crédi-to, a comprar una gama más amplia de activos e incluso a reemplazar a las instituciones financieras privadas para prestar directamente a las empresas no financieras. Desde entonces, el fracaso de la política monetaria convencional ha obligado a los bancos centrales a asumir involuntariamente una gama más amplia de inter-venciones, canalizando directamente el crédito hacia los prestatarios seleccionados.

 

Este giro hacia la “política crediticia” supone admitir, a regañadientes y forzados por los acontecimientos, que la anarquía de la competencia es incapaz de coordinar la producción. Los bancos centrales no pueden, como imaginan los libros de texto, estabilizar el sistema capitalista pulsando un simple botón con la etiqueta “oferta monetaria” o “tipo de interés”. Su propio juicio debe sustituir al resultado del mercado en una amplia y creciente gama de mercados de activos y crédito.

 

El desafío ahora es politizar a los bancos centrales: hacerlos objeto de debate público y presión popular. En Europa, los bancos centrales nacionales serán un terreno central de disputa para el próximo gobierno de iz-quierda que busca romper con la austeridad y el liberalismo. A pesar de la percepción errónea de la centralización de funciones en el Banco Central Europeo (BCE), los bancos centrales nacionales todavía ejecutan mu-chas de sus antiguas funciones.

 

En Estados Unidos podemos renunciar definitivamente a la idea de la política monetaria como dominio exclu-sivo de la pericia tecnocrática, y poner de manifiesto su programa de mantener un elevado desempleo para frenar el crecimiento salarial y el poder de los trabajadores. Como propuesta en positivo, podríamos exigir que la Fed use tenazmente su autoridad legal existente para comprar deuda municipal, privando a los rentistas de su poder sobre gobiernos locales con limitaciones financieras (como Detroit o Puerto Rico); y, con carácter general, atenuar el poder de “los mercados de deuda” que actúan como restricción de las políticas populares a nivel estatal y local. En definitiva, los bancos centrales deberían ser responsables de redirigir activamente el crédito hacia fines socialmente útiles.

 

Desempoderar a los accionistas

 

El capitalismo realmente existente consiste en limitados flujos de transacciones de mercado que fluyen entre grandes áreas no de mercado. Una función central de las finanzas es actuar como el arma en manos de la clase capitalista para hacer cumplir la lógica del valor en estas estructuras no de mercado. Las demandas de los ac-cionistas sobre empresas no financieras y las de tenedores de bonos sobre los gobiernos nacionales aseguran que todos estos dominios de la actividad humana permanezcan subordinados a la lógica de la acumulación. Queremos defensas más fuertes contra estas demandas; no porque tengamos fe en el capitalismo productivos o las burguesías nacionales, sino porque ocupan el espacio en el que la política es posible.

 

En particular, deberíamos apoyar a las empresas frente a los accionistas. La empresa, como Marx señaló hace mucho tiempo, es “la abolición del modo de producción capitalista dentro del propio modo de producción capitalista”. Dentro de la empresa, la actividad se coordina a través de planes, no de mercados; y la orienta-ción de esta actividad es hacia la producción de un valor de uso particular en lugar de dinero como tal.

 

“La tendencia de la gran empresa”, escribió Keynes, “es a socializarse”. La función política fundamental de las finanzas es mantener esta tendencia bajo control. Sin la amenaza de adquisición y la presión de los accionistas, la empresa se convierte en un espacio donde los trabajadores y otras partes interesadas pueden cuestionar el control sobre la producción y el excedente que genera; una posibilidad que los capitalistas nunca pierden de vista.

 

Huelga decir que esto no implica ningún apego a los individuos particulares en lo alto de la jerarquía empresa-rial, que en la actualidad son frecuentemente rentistas reales o potenciales sin ninguna conexión orgánica con el proceso de producción. Más bien, es el reconocimiento del valor de la empresa como organismo social; como un espacio estructurado por relaciones de confianza y lealtad, con motivaciones de “conciencia profesional”; y como el lugar de la planificación consciente de la producción de valores de uso.

 

El papel de las finanzas con respecto a la empresa moderna no es proporcionarle recursos para la inversión, sino garantizar que su orientación hacia la producción como fin en sí mismo esté en realidad subordinada a la acumulación de dinero.

 

Resistir esta presión no es un sustituto de otras luchas, como las que afectan al proceso de trabajo o el reparto de recursos y autoridad dentro de la empresa. (La historia da muchos ejemplos de producción de valores de uso como un fin en sí mismo que se lleva a cabo bajo condiciones tan coercitivas y alienadas como en la producción con fines de beneficio). Pero resistir la presión de las finanzas crea más espacio para esas luchas y para la evolución del socialismo dentro de la forma corporativa.

 

Cerrar las fronteras al dinero (y abrirlas a la gente)

 

Del mismo modo que el poder accionarial impone la lógica de la acumulación a las empresas, la movilidad del capital hace lo mismo con los Estados. En las universidades, se escucha la supuesta eficiencia de la libre circu-lación de capitales, pero en el ámbito político se escucha más su poder para “disciplinar” a los gobiernos na-cionales. La amenaza de fuga de capitales y crisis de balanza de pagos protege a la lógica de la acumulación frente a las incursiones de los gobiernos nacionales.

 

Los Estados pueden ser vehículos para el control consciente de la economía solo en la medida en que los reclamos financieros transfronterizos sean limitados. En un mundo donde los flujos de capital son amplios y sin restricciones, la actividad concreta de producción y reproducción debe ajustarse constantemente a los capri-chos cambiantes de los inversores extranjeros.

 

Esto es incompatible con cualquier estrategia para el desarrollo de las fuerzas de producción a nivel nacional; todos los casos exitosos de industrialización tardía han dependido de la redirección consciente del crédito a través del sistema bancario nacional. Aún más, el requisito de que la actividad real se acomode a los flujos financieros transfronterizos es incompatible incluso con la reproducción estable del capitalismo en la periferia. Hemos aprendido esta lección muchas veces en América Latina y en otras partes del Sur, y la estamos aprendiendo de nuevo en Europa.

 

Por lo tanto, un programa socialista sobre finanzas debe incluir el apoyo a los esfuerzos de gobiernos naciona-les por desvincularse de la economía global y por mantener o recuperar el control sobre sus sistemas financieros. Hoy en día, tales esfuerzos están a menudo vinculados a políticas de racismo, nativismo y xenofobia que debemos rechazar sin compromiso. Pero es posible avanzar hacia un mundo en el que las fronteras nacionales no representen un obstáculo para las personas y las ideas, sino que limiten el movimiento de bienes y sean barreras imposibles de alcanzar para demandas financieras privadas.

 

En Estados Unidos y otros países ricos, también es importante oponerse a cualquier uso de la autoridad, legal o no, de nuestros propios Estados para hacer cumplir las demandas financieras contra Estados más débiles. Argentina y Grecia , por tomar dos ejemplos recientes, no fueron forzados a aceptar los términos de sus acreedores por las acciones de particulares dispersos en los mercados financieros, sino respectivamente por las acciones del Juez Griesa del Segundo Circuito de EE.UU. y Trichet y Mario Draghi del BCE. Para que los estados periféricos fomenten el desarrollo y sirvan como vehículo para la política popular, deben aislarse de los mercados financieros internacionales. Pero el poder de esos mercados proviene en última instancia de los cañones, figurativos o literales, mediante los cuales se imponen las demandas financieras privadas.

 

En relación a los Estados fuertes, los mercados no tienen poder excepto sobre el imaginario. Como hemos visto repetidamente en los últimos años, más dramáticamente en el sainete del límite de deuda de 2011-2013, no hay especuladores al acecho; los términos sobre los cuales los gobiernos se endeudan están completamente determinados por su propia autoridad monetaria. Todo lo que se necesita aquí para acabar con el poder del mercado de deuda es simplemente reconocer que ya no tiene poder alguno.

 

En resumen, deberíamos rechazar la idea de las finanzas como la intrusión en un orden de mercado preexistente. Debemos resistir al poder de las finanzas como ejecutor de la lógica de la acumulación. Y deberíamos reclamar co-mo espacio para una política democrática la planificación social ya realizada a través de las finanzas.

 

* Sin permiso, www.sinpermiso.info, 09/05/2018.

 

Lingotes para llevar: ¿En qué consiste la nueva apuesta de Venezuela contra la crisis?

Después del lanzamiento del Petro, el país suramericano complementa su estrategia con un mecanismo novedoso que pretende fortalecer sus finanzas, frenar la inflación y recoger masa monetaria.

Tener un excedente en bolívares en Venezuela genera vértigo: El arco reflejo es gastarlos cuanto antes o cambiarlos por dólares ilegales antes que los consuma la hiperinflación.
La capacidad de ahorro en moneda local es casi nula en el país suramericano, que vive una de las crisis más profundas de las últimas dos décadas. El gobierno atribuye la coyuntura a una 'guerra económica' propiciada por factores externos como EE.UU. y alentada por los detractores internos de la Revolución Bolivariana. La oposición, mientras tanto, culpa al presidente Nicolás Maduro de un mal manejo de las finanzas, pero pide más sanciones para bloquear la capacidad de compra de alimentos y medicinas.

En medio de esa diatriba, los venezolanos padecen el aumento diario y galopante de los precios, además del deterioro trepidante de su poder adquisitivo. Sin embargo, la semana pasada el Ejecutivo nacional hizo una apuesta osada: el Petro-oro, un mecanismo que, en palabras del vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, pretende "recuperar la estructura del ahorro en oro". Y no, no es una segunda criptomoneda.

 

 

Activo tangible


Son pequeños, rectangulares y áureos. Caben cómodamente en la abertura que se hace entre el dedo índice y pulgar; pesan desde 7,5 a 50 gramos y su presentación en sociedad fue, después de varios anuncios, el fin de semana pasado.


Esos pequeños 'lingotes' son el petro-oro. Su adquisición, explicó El Aissami, será posible en bolívares a través de las subastas Dicom (Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario) como una opción de ahorro. Para el economista Óscar Forero, la iniciativa es una buena noticia para las finanzas del país.

"El ahorro en oro siempre va a significar una importante inversión a futuro porque es un activo tangible que siempre ha sido apreciado por la humanidad".Óscar Forero, economista.

En la actualidad, explica Forero, los venezolanos tratan de resguardar sus ahorros en moneda extranjera, generalmente dólares, que adquieren en el mercado paralelo. El precio artificial de la divisa es marcado por portales web ilegales que la cotizan hasta diez veces por encima de la tasa oficial, una dinámica que tiene incidencia directa en la hiperinflación.


"El ahorro en oro —precisa el analista— siempre va a significar una importante inversión a futuro porque es un activo tangible que siempre ha sido apreciado por la humanidad". Pero según él, más allá de lo apetecible que pueda resultar a los eventuales compradores, el impacto de esa política monetaria apunta a tres objetivos superiores: desacelerar la inflación, tener una fuente de financiamiento y recoger masa monetaria.

Recoger la liquidez


Venezuela es el primer país latinoamericano que aparece en el ranking del Consejo Mundial del Oro, ocupa el puesto 25 con una reserva de 188,1 toneladas del metal precioso, que representan 74,7% del total de sus activos. Hace pocos meses, además, el Gobierno venezolano certificó que la nación posee la cuarta mina aurífera más grande del mundo.

No obstante, el gobierno nacional tienen un grave problema de liquidez. El proceso de hiperinflación empujado por el dólar paralelo, las sanciones económicas impuestas por EE.UU. y la Unión Europea, aunado a la lenta recuperación de los precios del petróleo (que generan 92% de las divisas que percibe el país), ha puesto una gran cantidad de billetes en la calle.


Datos del Banco Central de Venezuela (BCV) revelan que, entre 2016 y 2017, la cantidad de billetes en circulación se multiplicó 15 veces, al pasar de 463.868.925 a 7.024.473.537 en un año. Si bien en ese período entró en vigencia un nuevo cono monetario con una ampliación de tres ceros, esos mismos billetes perderán validez a partir del 4 de junio de este año cuando se emita una serie con tres ceros menos.

Pero en las calles de Venezuela, los billetes son un bien escaso. Los comercios ofrecen generalmente dos precios para el mismo producto: el más alto es para pagos con tarjeta de débito, y uno más bajo (que puede ser hasta la mitad del primero), si se cancela en efectivo. En cajeros automáticos el máximo de retiros es de 30.000 bolívares diarios y una carrera mínima en taxi está por el orden de los 350.000 bolívares.


El negocio en auge es vender los billetes para obtener hasta 200% más bolívares por transferencia. El gobierno nacional ha denunciado que buena parte del efectivo se va de contrabando hacia Colombia por la frontera, donde la moneda venezolana se deprecia aún más gracias a una resolución colombiana que le permite a las casas de cambio fijar un precio distinto al establecido por el Banco de la República.


Forero, que es habitante de la zona fronteriza, lo confirma: "Aquí es común que los venezolanos vayan a Cúcuta (Colombia) con sus bolívares y los cambien a pesos colombianos para poder tener ahorros". El petro-oro pretende hacer menos atractiva esa opción ofreciendo un respaldo en un metal precioso, acuñado por el BCV, que se pueda adquirir en Venezuela, directamente en moneda local.


La estrategia tiene un doble fin, según el economista, "dar paso al ahorro, recoger la liquidez en bolívares y así frenar la inflación, aunque el gobierno diga que el aumento de la masa monetaria no tiene incidencia en los precios".

Más financiamiento


Si bien el Ejecutivo ha anunciado que el petro-oro sólo podrá comprarse en bolívares, Forero cree que existe la posibilidad de que se amplíe la oferta al exterior para recaudar divisas, como ya ocurre con el petro, la criptomoneda venezolana respaldada en las reservas de petróleo.


"Venezuela necesita liquidez en divisas para inyectarlas en la economía nacional y satisfacer la demanda de bienes y servicios", apunta el analista, quien también aplaude el deseo del Ejecutivo de incrementar las reservas internacionales del país porque "eso le podría dar estabilidad al bolívar".

Hasta el 2 de mayo de este año, las reservas internacionales de Venezuela están por el orden de los 9.920 millones de dólares. La caída paulatina en el nivel de reservas es evidente a partir del fallecimiento del expresidente Hugo Chávez, cuando el país dejó de mantener un promedio anual de 30.000 millones de dólares: 21.481 (2013); 22.080 (2014); 16.370 (2015); 10.995 (2016) y 9.665 (2017).

La llegada de Maduro al poder fue sucedida por un historial de inéditas sanciones políticas, económicas y financieras por parte de EE.UU., que empezaron con una "lista negra" decretada por el expresidente norteamericano, Barack Obama, y se han radicalizado tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien el año pasado prohibió transar los bonos emitidos por el Gobierno venezolano y su estatal petrolera.

Esas medidas coercitivas han sido imitadas en menor escala por la Unión Europea, una situación que ha puesto en jaque a la economía venezolana porque le ha cerrado las vías para obtener financiamiento. La apuesta del gobierno para saltar el cerco ha sido el lanzamiento del petro, que ahora cuenta con esta nueva modalidad para atender el mercado interno y que, a juicio de Forero, es una respuesta adecuada para "reparar buena parte de los problemas que ha generado la crisis".

Lo malo y lo feo


Aunque el próximo lanzamiento del petro-oro ha sido considerado una buena noticia, los riesgos que puede acarrear su puesta en circulación están presentes. Para Forero, la principal tarea del gobierno es impedir que la corrupción arrope esa nueva política monetaria.

Precedentes como el desfalco de 20.000 millones dólares preferenciales del Estado a empresas fantasmas, así como las tramas de corrupción descubiertas por el Ministerio Público en Petróleos de Venezuela (Pdvsa) son una alerta temprana antes de que se implemente el nuevo mecanismo.

Al parecer, el gobierno también lo tiene claro. En las últimas semanas, la Fiscalía junto a organismos de inteligencia han aplicado la 'Operación Manos de Papel', destinada a desmantelar a las mafias detrás del contrabando de billetes en la frontera, desactivar las páginas ilegales que fijan la cotización del dólar paralelo y anular la incidencia de la banca privada en la devaluación artificial del bolívar. Los golpes son casi a diario y la razón es simple: en menos de un mes entrará en vigencia el nuevo cono, hay urgencia de bloquear grietas que permitan la fuga de efectivo y se requiere sanear el sistema financiero para la entrada del petro-oro.

No obstante, advierte Forero, hay otro peligro: "Si no se democratiza el acceso al petro-oro con un sistema de subastas más claro y coherente, pueden generarse procesos de polarización de la riqueza, como ya ha ocurrido con otros mecanismos en Venezuela". En otras palabras, que los que más tienen dinero en el país monopolicen la emisión.
La última salvedad que hace el economista es el riesgo de que la 'fiebre del oro' acelere la depredación ambiental. En el estado Bolívar, al sur de Venezuela, no sólo está una de las reservas auríferas más sólidas sino también el pulmón vegetal e hídrico del país, donde viven comunidades indígenas que actualmente ya padecen los estragos de la minería ilegal y el contrabando. Es allí, precisamente, donde se ha instalado el Arco Minero, el ambicioso y polémico proyecto de explotación del Estado que ha permitido el ingreso de unas 12,2 toneladas de oro a las arcas del BCV entre 2017 y lo que va de 2018, informó en marzo el ministro de Desarrollo Minero, Víctor Cano.

De acuerdo al histórico del BCV, las compras de internas de oro anuales para engrosar las reservas no habían pasado de 5,8 toneladas en las últimas dos décadas. La razón se puede especular con cierta facilidad: la mayor cantidad del mineral precioso que se produce en el país se escapaba vía contrabando.


Un ejemplo claro de eso son las Antillas Neerlandesas. En enero de este año el Gobierno venezolano ordenó el cierre de las vías aéreas y marítimas con las islas de Aruba, Curazao y Bonaire por 72 horas, por la presunta complicidad de las autoridades en el contrabando de extracción. La prueba más contundente es que Curazao exportó, entre 2010 y 2015, 2.300 millones de dólares en oro y no posee una sola mina. En ese mismo lapso, según las cifras del MIT, Venezuela vendió 1.770 millones de dólares de oro.

Forero estima que, anualmente, más de dos toneladas se fugan a destinos como Curazao, Panamá, Colombia y Arabia Saudita. Los retos de la economía venezolana no son menores, pero para el especialista, la clave está en reordenar el mercado. Si lo logra, el camino a la recuperación podría tener un primer escalón andado.

 

Publicado: 4 may 2018 15:20 GMT | Última actualización: 4 may 2018 15:21 GMT

Publicado enEconomía
Maduro: Circulará nuevo cono monetario a partir de junio en Venezuela

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, firmó hoy el decreto de reconversión monetaria que entrará en vigor a partir del 4 de junio próximo para proteger al pueblo del bloqueo impuesto por Estados Unidos.


Desde el Palacio Miraflores (sede del gobierno), Maduro indicó que la nueva moneda contará con tres ceros menos a diferencia de la actual cuyo billete de mayor denominación es de 100 mil bolívares.


En vivo por televisión nacional, el jefe de Estado mostró las nuevas monedas y billetes que circularán en el país sudamericano en los próximos meses.
Por otra parte, Maduro informó nuevas medidas para avanzar con la implementación de la moneda digital para el desarrollo de la economía nacional afectada por el asedio financiero de Washington.

A partir de mañana, los venezolanos podrán adquirir la criptomoneda venezolana para que se generen instrumentos de ahorro, señaló el jefe de Estado, quien agregó que se realizarán auditorías para las solicitudes de Casas de Cambio para la moneda virtual.


Subrayó que las empresas estatales de exportación deberán realizar la adquisición de alimentos y medicinas con petros; y las empresas vinculadas a servicios aéreos y operadores turísticos del país cobrarán sus servicios en el criptoactivo.


Maduro dijo, además, que se crearán cuatro zonas económicas especiales para comercializar bienes y servicios con el Petro en Isla de Margarita, en el estado Nueva Esparta; el archipiélago de Los Roques; la península de Paraguaná, en Falcón; y la zona fronteriza Ureña San Antonio, en el estado de Táchira.

Anunció que a partir del 20 de abril los venezolanos podrán comprar bienes e inmuebles en la moneda digital, y al respeto solicitó al vicepresidente ejecutivo, Tareck El Aissami, garantizar la ejecución de la medida y designó al Servicio Autónomo de Registros y Notarías (Saren) para su implementación.


Con anterioridad, afirmó que Venezuela recibió, del 20 de febrero al 20 de marzo, 200 mil 927 ofertas de compra en petros de 133 países, equivalentes a más de cinco mil millones de dólares.


Aseguró que las intenciones de compra provinieron del propio territorio venezolano y otras naciones como Colombia, España, Estados Unidos, México, Argentina, Perú, Turquía, Alemania, Rusia, Brasil, Chile, China, Ecuador, así como de personas y empresas privadas.


Dio a conocer que Caracas acogerá el segundo evento mundial de Blockchain, tras confirmar el inicio oficial de la compra y venta de la criptomoneda Petro de acuerdo con los estándares internacionales e invitó a participar en ese encuentro a todos los especialistas e interesados nacionales y foráneos en la tecnología de las monedas digitales.
El gobernante añadió que en los próximos días Venezuela recibirá en Rusia un reconocimiento por la creación del Petro, que -aseguró- llegó para revolucionar la economía mundial.


(Con información de Prensa Latina)

 

Publicado enInternacional
Jueves, 15 Febrero 2018 06:20

Malas noticias desde el Norte

Malas noticias desde el Norte

El índice de precios al consumo de Estados Unidos creció un 0,5 por ciento en enero, llevando la inflación interanual (últimos doce meses) al 2,1 por ciento. El resultado informado ayer por el Departamento de Trabajo fue peor a las expectativas de los analistas, que preveían un aumento de tres décimas en el mes y 1,9 por ciento en el año transcurrido. El dato de inflación reavivó los pronósticos de una suba de las tasas de interés que fija la Reserva Federal de Estados Unidos por encima de lo inicialmente esperado. En su próxima reunión de marzo -prevista para los días 20 y 21–, la autoridad monetaria de ese país debería las tasas de los bonos a diez años del Tesoro para el próximo trimestre, que actualmente se encuentran en el rango 1,25/1,50 por ciento anual. Una suba significativa representaría una noticia preocupante para el mundo, especialmente para países muy endeudados en dólares y con necesidades permanentes de renovación del crédito internacional, como es el caso de Argentina. 

Los datos divulgados por el Departamento de Trabajo en Washington confirman las presiones inflacionarias sobre la economía de la primera potencia occidental. El informe indica que, a diferencia de meses anteriores cuando los incrementos se dieron en rubros más puntuales, esta vez se trató de un “aumento generalizado”, con subas registradas en combustibles, ropa, vivienda, sanidad y automóviles.
En opinión de algunos especialistas, el dato de la suba de la inflación no sorprende sino que debe ser tomado como una tendencia de la economía estadounidense. Tal es el caso de Nathan Sheets, ex funcionario del Tesoro y de la Reserva Federal (FED), quien apuntó que “estamos en un lugar donde la inflación es probable que aumente gradualmente, más o menos en línea con las previsiones de la FED, y es coherente con una economía donde estamos viendo un fortalecimiento de los mercados laborales y un sólido crecimiento”. La tasa de desempleo se mantuvo en enero en el 4,1 por ciento. La más baja desde el año 2000, y la economía alcanzó un ritmo anual de crecimiento del 2,6 por ciento en el último trimestre de 2017.
Jerome Powell, que apenas dos semanas atrás reemplazó a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, tendrá la oportunidad el día 20 de marzo de presidir por primera vez una reunión de directores de la Reserva Federal. La FED había previsto, antes de que Yellen dejara el cargo, tres aumentos moderados de la tasa a lo largo del año en curso. Sin embargo, con los datos actualizados de la inflación se estima más probable que sean cuatro los aumentos, o bien se amplíe el margen de modificación en cada paso o escalón.
El dato no es inocuo para la economía argentina. En la medida en que la mayor inflación se traslade a la tasa de referencia para los bonos del Tesoro de Estados Unidos, habrá malas noticias. Para la Argentina, las futuras emisiones de deuda deberán ofrecer una tasa más alta que la pagada hasta el momento. La tasa se compone de una parte no competitiva, que es equivalente a la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense. La otra parte, la competitiva, es el riesgo país, que es diferente para cada nación deudora según la calificación que tenga para las firmas calificadoras de riesgo de Wall Street. En el caso de Argentina, esta tasa de riesgo viene subiendo (el país está pasando a ser un deudor de riesgo). En pocas semanas, el país pasaría de pagar una tasa del 4 al 4,5 por ciento a otra del 7 por ciento, por el impacto combinado del aumento de ambos componentes: la tasa de referencia de Estados Unidos y el riesgo país de Argentina.


Ello en cuanto al impacto directo sobre el costo del financiamiento. A este primer efecto debería agregarse la posibilidad de que el gobierno enfrenta mayores dificultades para la obtención de crédito en el exterior, porque la suba de tasas en Estados Unidos, combinado con el mayor riesgo de impagabilidad de la deuda argentina, puede producir lo que se denomina “fly to quality” (vuelo a la calidad). Ello significa que el inversor opta por los destinos más seguros como opción más conservadora, abandonando o desechando las opciones de riesgo aunque éstas resulten más rentables. Esto ya se estaría verificando en algunos planos. Observando este mismo fenómeno, un analista del periódico especializado Ambito Financiero señaló ayer que, “en el caso de las provincias, la situación se volvió más compleja (…) Las empresas, por el momento, se quedaron sin la posibilidad de colocar deuda en el mercado internacional, al menos hasta que el contexto de los mercados se tranquilice”.

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La economía en el 2017: fragilidad y re-primarización

El análisis de la dinámica de la economía colombiana durante el 2017 contempla las siguientes variables: producto (PIB), desempleo, inflación y exportaciones. En líneas generales los resultados no son buenos, y el año terminó mal.

 

La dinámica del PIB

 

Los últimos datos del producto interno bruto publicados por el Dane corresponden al tercer trimestre del 2017. En este período el PIB creció 2 por ciento. Comparado con el tercer trimestre de los 7 años anteriores, el del 2017 presentó la segunda tasa de crecimiento más baja, después de la del 2016 que fue de 1,2 por ciento. En el tercer trimestre del 2010 la tasa de crecimiento del PIB fue de 3,4 por ciento, en el 2011 de 7,9, en el 2012 de 2,6, en el 2013 de 6,1, en el 2014 de 3,9 y en el 2015 de 3,3 por ciento. El comportamiento de la economía durante el 2017 fue muy mediocre, y estuvo por debajo de las proyecciones que inicialmente había hecho el gobierno. Los sectores más dinámicos fueron el agropecuario, el financiero y la construcción de obras civiles.

 

El sector agropecuario se recuperó gracias a la devaluación del peso. Al aumentar el valor del dólar, la importación de alimentos se hizo más costosa, y ello estimuló la producción doméstica. Es notoria la forma como se ha intensificado el sector cafetero.

 

A los bancos y a los intermediarios financieros les fue bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue siendo muy alta. El Banco de la República bajó la tasa de referencia hasta 4,75 por ciento año. No obstante, los bancos continúan prestando a tasas elevadas. Las reducciones de los intereses que hace el Banco de la República no se transmiten a los clientes de los bancos, porque éstos siguen ofreciendo créditos relativamente costosos. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, cobran una tasa de interés cercana al 30 por ciento año, en el límite de la usura. Si las ganancias de los bancos mejoran, el PIB crece pero, al mismo tiempo, las familias y las empresas que están endeudas tienen que reducir el consumo y la inversión, y ello tiene un efecto negativo en el PIB. Dicho de otra manera, las ganancias del sector financiero no necesariamente son buenas para el conjunto de la economía. Si los bancos aprietan mucho, en el corto plazo obtienen buenas utilidades, pero con el paso del tiempo la cartera morosa comienza a subir, y los deudores no pueden pagar. Obviamente, esta situación tampoco es buena para los bancos.

 

También ha contribuido al crecimiento la construcción de obras civiles. En este proceso la inversión pública ha sido fundamental. De nuevo, se hace evidente la necesidad de que el Estado intervenga y hale la actividad económica.

 

La inflación

 

La inflación en diciembre de 2017 fue de 4,09 por ciento, inferior a la del 2015 que fue de 5,75. La inflación se redujo, sobre todo, porque el costo de los alimentos disminuyó. Esta apreciación es compatible con el crecimiento de la producción interna de alimentos. Gracias a la mayor oferta, entre el 2016 y el 2017 la inflación de alimentos bajó de 7,22 por ciento a 1,92, y como los alimentos tienen un peso tan alto (29%) en el índice de precios al consumidor (IPC), si baja la inflación de alimentos, también se reduce la inflación general. Esta relación entre el precio de los alimentos y la inflación general deja una lección importante: la estabilidad de los precios tiene que ver con factores reales, y no solamente con variables monetarias. Los bancos centrales suelen darle poca importancia a los procesos reales, como la producción de alimentos, y centran su atención exclusivamente en variables monetarias y financieras.

 

El desempleo

 

En noviembre del 2017 el desempleo fue de 8,4 por ciento, la tasa más alta de los últimos 4 años. La caída de la producción queda reflejada en una tasa de desempleo más alta. Este es un asunto central de la política económica. Desgraciadamente, como sucedió durante la última discusión del salario mínimo, el gobierno y los empresarios siguen pensando que el mayor ingreso de los trabajadores es incompatible con aumentos en el nivel de empleo. Esta lógica es equivocada, ya que mayores salarios estimulan la demanda e incentivan a los empresarios para que mejoren la productividad.

 

Las exportaciones

 

La economía colombiana cada vez está más anclada en el sector primario. Esta re-primarización se refleja bien en la composición de las exportaciones. Tal y como se observa en la gráfica, las principales exportaciones son: café, petróleo, oro, flores y banano. Las exportaciones manufactureras ocupan un lugar muy secundario, y no alcanzan a estar en la gráfica.

 

Esta re-primarización de la economía nacional expresa bien el fracaso de la bonanza minero-energética, ya que no se crearon los mecanismos que permitieran convertir los excedentes en procesos industriales y agropecuarios sostenibles. La excesiva dependencia de los productos primarios hace que la estructura de la economía colombiana sea muy frágil. Estamos muy lejos del sueño que tenían en los años sesenta los pensadores de la Cepal, como Prebisch y Lleras Restrepo. Para ellos el futuro de América Latina estaba en la industrialización. Siempre consideraron que la primarización de las economías crea volatilidad y no es el camino adecuado para consolidar el desarrollo.

 

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Martes, 06 Febrero 2018 06:39

Histórico derrumbe de Wall Street

Histórico derrumbe de Wall Street

El índice Dow Jones de Wall Street cayó ayer 4,62 por ciento, después de haber amortiguado su descenso desde un retroceso mayor al 6 por ciento registrado una hora antes del cierre. El viernes ya había retrocedido 2,54 por ciento y en solo dos días borró todas las ganancias que se lograron desde inicios de año. Por su parte, el selectivo S&P 500, que mide el comportamiento de las principales 500 empresas que cotizan en Nueva York, se desplomó 4,13 por ciento. El derrumbe repercutió en la bolsa local que bajó 4,5 por ciento. El dólar cerró a 19,81 pesos, dos centavos por debajo del viernes. 

La caída del Dow Jones fue la peor en puntos de toda su historia (1150), mientras que en porcentaje no se registraba un retroceso de semejante magnitud desde 2011. Este hecho ocurre en medio de la perspectiva de las subas de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED) –tres veces al año– ante el repunte de la inflación de ese país, producto esto de los datos del crecimiento del empleo y, por tanto, de mayor liquidez de salarios. Esto implica que la FED tenga una política más agresiva con las tasas, lo que supondrá un gran problema para países emergentes como la Argentina que se endeudan en dólares para afrontar sus propios déficit. La Argentina en los últimos dos años eliminó regulaciones y ahora podría enfrentar un flujo de salida de capitales.


El rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años tocó un máximo de cuatro años de 2,885 por ciento, luego de trepar el viernes casi 7 puntos básicos. El aumento de los rendimientos de los bonos significa un mayor costo de endeudamiento para las empresas y una opción de inversión alternativa para los operadores.


El Merval sintió el impacto y retrocedió 4,5 por ciento. Algunas de las acciones que más bajaron fueron Banco Hipotecario (-9,2 por ciento), Sociedad Comercial del Plata (-5,7) y Mirgor (-4,4 por ciento).


 ¿Corrección del mercado o una burbuja? La causa detrás del terremoto en Wall Street

Fuente: Sputnik

El desplome de los mercados bursátiles había sido previsto con anterioridad. La caída de los índices bursátiles se debió a una corrección del mercado de valores de EEUU, opina Egor Susin, jefe del centro de desarrollo de estrategia del banco ruso Gazprombank.

"Claro está que eso tendría que haber ocurrido en algún momento. El mercado ha estado creciendo sin hacer correcciones durante mucho tiempo. El mercado de valores de [EEUU] crecía no porque la situación económica del país estuviera mejorando, sino porque había esperanzas positivas en cuanto a su futura dinámica, yo diría que estas esperanzas eran demasiado optimistas", explicó Susin a Sputnik.

Según el experto, el mercado de valores había estado muy recalentado. Por eso cualquiera señal de la Reserva Federal sobre la subida de los intereses en EEUU habría provocado una salida tan brusca de activos.


"Por ahora es solo una corrección, no una señal inequívoca de que el mercado haya girado en otra dirección. Sin embargo, desde mi punto de vista, es posible que el próximo año el mercado alcance puntos críticos. Podremos verlo ahora, podremos verlo más tarde. Según mi pronóstico para los años 2018 y 2019, veremos una brusca caída. (…) Los activos están sobreestimados de una manera inadecuada. Desde mi punto de vista es una burbuja que pronto estallará", señaló Susin.


Durante un tiempo muy largo, las acciones de las empresas estadounidenses mostraron un crecimiento muy duradero y por eso el mercado de valores de EEUU se llegó a desplomar este 2 de febrero


Los principales índices bursátiles, entre ellos el segundo índice más antiguo de Estados Unidos, el Dow Jones, y el S&P 500, regresaron a los niveles registrados a comienzos del año. Por si fuera poco, el Dow Jones sufrió uno de los peores días de los últimos seis años.


Por su parte, la Administración de EEUU considera que el desplome de los índices bursátiles fue solo una fluctuación común del mercado, señaló Raj Shah, secretario de prensa adjunto de la Casa Blanca.

"Los mercados fluctúan, pero los principales pilares de nuestra economía siguen siendo muy fuertes y ellos [los mercados] van en la dirección correcta", sostuvo Shah.
La brusca caída en las bolsas condujo a que las 500 personas más ricas del mundo perdieran 114.000 millones de dólares en total, informó la agencia Bloomberg.


Según esta información, las riquezas de Warren Buffett, jefe de la empresa de inversiones Berkshire Hathaway disminuyeron más que las de otros empresarios. Buffett perdió 5.100 millones de dólares. Por su parte, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ocupó el segundo lugar en la lista de los que más perdieron. El también filántropo perdió 3.600 millones de dólares. En el tercer lugar se encuentra el fundador de Amazon, Jeffrey Bezos, con pérdidas de 3.300 millones de dólares.

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