Santos, en la sede de Naciones Unidas, la semana pasada.
El país crecerá un 2,5% y la inflación, aunque será menor que el curso pasado, seguirá por encima de las previsiones oficiales
 

 

Las perspectivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) tampoco serán nada halagüeñas para Colombia este año. Habrá quien se aferre a que el país seguirá creciendo -“a un ritmo relativamente vigoroso”, según el informe del organismo internacional-, pero por segundo año lo hará a un promedio menor que el del curso anterior: el FMI prevé que la economía crezca un 2,5% en 2016, 0,6% menos que el año anterior. Para el año siguiente, las perspectivas mejoran (se espera un crecimiento del 3%), aunque recuperar los niveles de 2013 (4,9%) o 2014 (4,4%) se antojan quiméricos.

 

El endurecimiento de algunas de las políticas económicas y las condiciones financieras mundiales, en especial la crisis en China, han fagocitado cualquier esperanza de recuperación para Colombia en 2016, el año en el que previsiblemente se firmará la paz con la guerrilla de las FARC, un aspecto que podría dar cierto respiro a la economía colombiana y al que el FMI no hace referencia en su más reciente estudio.

 

Las perspectivas sí mejoran en cuanto a la inflación se refiere. Colombia cerró 2015 con una subida del 3,1% respecto al año anterior, alcanzando un total del 6,8%, la más alta que se recuerda en los últimos años. Al igual que el Gobierno de Juan Manuel Santos, el FMI argumenta que el fenómeno de El Niño ha sido la principal causa de la drástica subida, que afecto a los precios internos de los alimentos. Para este año, el organismo prevé una inflación del 5,3%, aún ligeramente superior de las previsiones del Banco de la República y el Gobierno colombiano.

 

El informe del FMI hace hincapié en cómo la desaceleración de las manufacturas en China ha reducido la demanda de exportaciones procedentes de Sudamérica. Colombia lo ha sufrido de pleno, pero también, quizás más, ha sido víctima de la brusca caída de los precios del petróleo. A diferencia de Venezuela, que cuenta con ingentes reservas de crudo, Colombia ha sacado rédito de este bien desde hace relativamente poco tiempo. El FMI alerta de que el “shock acumulado en los términos de intercambio de las materias primas ha sido grave” en algunos países, entre los que cita a Colombia, Venezuela y Ecuador.

 

En cuanto a las pérdidas de ingresos, estas varían según la importancia de las materias primas en cada economía. Mientras que en el caso de Venezuela, el desplome es de hasta un 17% del PIB, en el caso de Colombia –junto a Chile y Ecuador- gira en torno a un 4% y un 7% del PIB.

 

Ante los constantes cambios en la coyuntura internacional, el FMI recalca cómo muchos países de Sudamérica han experimentado ajustes del tipo de cambio en términos efectivos reales. De ahí que Colombia, junto a Brasil, registre las mayores depreciaciones de su moneda en las últimas décadas. En los últimos años, el peso se ha depreciado alrededor de un 60% frente al dólar.

 

Pese a que aún no ha anunciado cuándo, todo parece indicar que el Gobierno de Santos deberá abordar una reforma fiscal este año. En este contexto frágil y volátil, el FMI considera advierte de que las perspectivas de crecimiento para los próximos cinco años “probablemente seguirán siendo débiles” y considera que todos los países deberán abordar y orientar sus políticas y reformas económicas a “administrar esa transición”, a facilitar un ajuste gradual en respuesta a la nueva realidad de los precios de las materias primas. Sin mencionar un país concreto, el FMI sí lanza un mensaje claro a toda la región, del que se puede sentir aludido Colombia por el contexto en el que se produce: “Las perspectivas de la región comenzarán a ser más prometedoras solo cuando se hayan resuelto los desafíos internos a los que se enfrentan las economías que actualmente sufren una contracción”.

 

 

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América Latina se contraerá más de lo esperado por el impacto de Brasil

El Fondo Monetario Internacional atribuye en sus previsiones el nuevo recorte a la severidad de la situación del gigante latinoamericano

La recesión en Brasil, la mayor economía de América Latina, es más profunda de lo anticipado y lastra al conjunto de la región, muy frágil por el efecto combinado del desplome de las materias primas y la fuga de capital. Es el argumento que utiliza el Fondo Monetario Internacional para recortar de nuevo sus previsiones. La contracción que se proyecta para es del 0,5% del producto interior bruto del continente, aunque la esperanza es que repunte a un crecimiento del 1,5% en 2017.


La nueva estimación del organismo que dirige Christine Lagarde es dos décimas peor de lo que anticipó hace solo tres meses para 2016 y se distancia 1,3 puntos porcentuales cuando se compara con los datos que se presentaron el pasado otoño. La corrección que hace ahora el FMI para el próximo año es de una décima respecto a enero, y de ocho décimas frente a lo que se dijo en octubre. El temor es que este pesimismo no haga más que acelerar la espiral negativa.


América Latina está sufriendo en este nuevo ciclo de crecimiento mediocre muchos más que el conjunto de las economías emergentes, para las que se proyecta un crecimiento del 4,1% este año y del 4,6% el próximo. Los técnicos del FMI insisten en que no hubo un cambio a peor en la actividad de la región desde comienzos de año, pese a la volatilidad en las materias primas y el reequilibrio de China.


"Están en línea con las últimas previsiones", señala el organismo en el informe que presentará ante la cumbre semestral que celebra este próximo fin de semanas junto al Banco Mundial. El recorte respecto a enero es similar al global. América Latina sufrirá, por tanto, el segundo año consecutivo de contracción tras la caída de una décima en 2015. Hay, sin embargo, diferencias de rendimiento por países.


Las condiciones macroeconómicas en Brasil se califican de "severas". La recesión será este año del 3,8%, tres décimas más intensa de lo que se dijo hace tres meses y, por lo tanto, idéntica a la que se registró en 2015. El FMI vaticina que logrará remontar en 2017, aunque para quedarse estancada. Ahí la proyección no varía. La recesión y la crisis política tendrán un coste en el empleo y los salarios.


México, por el contrario, seguirá creciendo a una tasa "moderada". La previsión es de una expansión del 2,4% en 2016 y del 2,6% en 2017. Se atribuye a la demanda privada y al efecto positivo del crecimiento en EE UU, que avanzará un 2,4% este año. En cualquier caso, el FMI le pasa también la tijera cuando se compara con la proyección de enero. Entonces el crecimiento era dos y tres décimas más alto.


Los grandes países exportadores de materias primas y energía sufren. Otro ejemplo en este sentido es Colombia. Su ritmo de crecimiento se desacelerará al 2,5% este año antes de repuntar al 3,1% en 2016. La contracción en Venezuela dobla la de Brasil. Su producto interior bruto caerá un 8%, desde el 5,7% en 2015. La incertidumbre política agrava las cosas mientras la inflación amenaza con crecer un 500%.

 


No solo resta competitividad a las economías latinoamericanas la pérdida de valor de las exportaciones de petróleo y de minerales. El FMI califica de "altamente incierta" la situación de Ecuador por la dificultad atraer financiación externa, lo que provocará una contracción del 4,5% este año y del 4,6% el próximo. También complica el panorama para Chile, donde el crecimiento bajará del 2,5% al 1,5%.


El FMI valora positivamente las reformas emprendidas por Argentina para corregir los desequilibrios y las distorsiones que afectan a su economía. La proyección es de una contracción del 1% este 2016, frente a un crecimiento del 1,2% el pasado ejercicio. De ahí repuntaría al 2,8% el año próximo. El organismo proyecta en el caso de Perú un crecimiento del 3,7%, cuatro décimas por encima del pasado.


Como en el caso argentino, la mejora de la situación política debería ser un motivo para que la economía brasileña pueda recuperarse a lo largo de 2017. También ayudará la estabilización en el precio de las materias primas, indicó la economista Oya Celasun. Las reformas emprendidas por Buenos Aires, añaden desde el organismo, elevan además la confianza y las productividad.


Maurice Obstfeld, consejero económico del Fondo, admite que hay motivos para estar preocupados por este debilitamiento general en la región y en la economía global. Anticipa que no se logrará restaurar el crecimiento pasados si los países no son capaces de diversificar sus economías y adoptan reformas estructurales. "Es un proceso que lleva tiempo", advierte, "la respuesta debe ser inmediata".

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Miércoles, 09 Marzo 2016 06:10

Deflación y estancamiento

Deflación y estancamiento

Durante años las autoridades monetarias y los organismos financieros internacionales impulsaron una política monetaria dirigida a controlar la inflación. El gasto público tuvo que subordinarse a ese imperativo central que era la estabilidad de precios. La política de tasas de interés respondía a la necesidad de enfriar la economía cuando el calentamiento llevara riesgos inflacionarios. Y la política de ingresos también estuvo sometida a la exigencia de contener la demanda agregada. De ahí sale la contención del crecimiento de los salarios. Pero ahora las cosas han cambiado y con la crisis económica global descubrimos que en Europa, Estados Unidos, Japón e incluso China, el verdadero enemigo es la deflación.


Pero ¿por qué es mala la deflación? Hay varias razones. Primero, una reducción sostenida del nivel general de precios hace que los agentes económicos estén menos dispuestos a realizar gastos. Cuando los precios caen los consumidores tienen expectativas de que seguirán reduciéndose y prefieren esperar a que caigan todavía más. La demanda agregada se reduce, la actividad económica se frena y el desempleo aumenta.


Segundo, los agentes económicos no están dispuestos a tomar préstamos porque cuando tengan que repagar sus deudas, lo harán en una moneda que valdrá más que la que recibieron cuando aceptaron el crédito. Es decir, la deflación perjudica a los deudores y beneficia a los acreedores. Ésta es la imagen espejo del mundo en el que la inflación es el enemigo de los acreedores. Aceptar un crédito cuando los precios están cayendo no es bueno para el deudor porque el peso de su deuda se incrementará en términos reales. Y eso incluye a los empresarios que les gustaría embarcarse en una operación productiva.


Tercero, desde el punto de vista de la oferta hay que señalar que los inversionistas no tienen ningún interés en embarcarse en nuevas aventuras productivas cuando observan que los precios están reduciéndose. Es cierto que tampoco les gusta un escenario de fuerte inflación, pero un incremento moderado de precios, digamos de 5 o 7 por ciento no les hace sentir que están en la hiperinflación de la república de Weimar o en Zimbabue. En cambio detrás del problema de la deflación se esconde el espectro de un mundo en el que se estará produciendo con pérdidas.


En conjunto, estas tres razones pueden conducir a una severa contracción económica en la que las fuerzas que se desencadenan se retroalimentan y hacen muy difícil salir de una recesión. Eso es precisamente lo que estamos presenciando en casi todos los centros motores de la economía mundial, desde Europa y Estados Unidos hasta Japón. Varios indicadores muestran que la economía en China podría irse dirigiendo a un escenario similar. Esto es lo que alimenta la idea del estancamiento secular.


¿Qué pueden hacer las autoridades económicas frente a la deflación? Pues la verdad es que bastante poco. Hoy vemos que los bancos centrales han llevado sus tasas de interés al límite inferior más bajo, a cero por ciento, pero el impacto sobre el consumo y la inversión, es decir, sobre la demanda agregada, es muy débil. Eso se debe a que a pesar de que los precios están cayendo, los consumidores no tienden a incrementar su gasto porque también tienen expectativas negativas debido a que el peso de sus deudas se está incrementando en términos reales. O sea que el efecto positivo del descenso en los precios se contrarresta por el endeudamiento. Y hay que recordar que en los últimos dos decenios el endeudamiento de casi todos los agentes económicos (familias y empresas) ha sido el impulsor del crecimiento. Hoy el sobreendeudamiento hace que el consumidor no responda a la caída en los precios porque todavía prevalece el efecto de la orgía de sobrendeudamiento y los agentes buscan por todos los medios posibles reducir la carga de deudas.


Este fenómeno es especialmente severo en China, así que no tiene mucho sentido apostar a que su economía pueda volverse motor del crecimiento mundial. En los últimos veinte años, mientras la maquinaria de propaganda del neoliberalismo hacía que todo el mundo se maravillara por las altas tasas de crecimiento en China, los bancos daban créditos a quien quisiera construir rascacielos transparentes, ciudades fantasmas o carreteras que no iban a ninguna parte. Y ahora que el banco central chino relaja al extremo su política monetaria, recortando el nivel de reservas que los bancos comerciales o semi-privados deben mantener en el instituto monetario, ningún analista espera que esta medida pueda acelerar el crecimiento.


Los bancos centrales en el mundo capitalista desarrollado buscan regresar a niveles de inflación moderados. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Suecia, la Reserva federal y la Riksbank buscan regresar a una tasa de crecimiento con una inflación de 2 por ciento. Quizás la Fed tenga que seguir el ejemplo de los suecos e instaurar tasas de interés negativas. De todos modos, el impacto sobre la demanda agregada ha sido casi despreciable en Suecia. Decididamente, algo está cambiando en el capitalismo contemporáneo.


Twitter: @anadaloficial

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Miércoles, 10 Febrero 2016 07:11

Venezuela va de picada

Venezuela va de picada

El New York Times puso a un reportero, Nicholas Casey, a viajar durante 30 días por Venezuela, escribiendo sus impresiones de viaje en un blog. La inversión resultó ser de valor, porque la política de medios del chavismo y del madurismo ha sido tan negativa como su política económica. La prensa de la oposición – El Nacional, por ejemplo, o Tal Cual– se ha ido empobreciendo a tal grado que casi no tiene ya reportaje de investigación. Pero en lo que a la noticia dura se refiere no resulta menos escuálida la página de aporrea.org, que fue durante años espacio predilecto de comentario chavista. Hoy Aporrea está en rebelión más o menos franca frente al madurismo, y por eso abre algunos espacios a la denuncia, pero ni así se puede afirmar que ofrezca un periodismo de investigación. En Venezuela, sólo hay periodismo ciudadano –o sea Whatsapp, Youtube y redes sociales–, pero tener periodismo ciudadano sin periodismo institucional es estar sujeto siempre al rumor, sin posibilidad de crear un sentido firme de la realidad. Aquello es el reino del rumor y de la teoría de la conspiración.


No son muchos los medios que se han molestado en mandar reporteros a Venezuela, pese a la importancia del caso. Por eso esfuerzos como los de Nicholas Casey y el Times se agradecen, por simples y mundanos que sean.


Casey se paseó por buena parte de Venezuela. Estuvo en Caracas y en Mérida, en Barquisimeto y Morrocoy, en Puerto Cabello y en varias otras partes... Y lo que vio a cada paso fue un paisaje de deterioro. Puerto Cabello, que es el puerto más importante de país, recibía hace un par de años al menos 10 buques de carga fresca diaria, fundamentales para todo, porque Venezuela todo lo importa. Cuando pasó por ahí en días pasados Casey, no entraban sino unos cuatro buques. La escasez es también falta de capacidad de comprar importaciones.


El reportero estadunidense visitó campos abandonados, y hospitales con colas de gente esperando medicinas que raramente llegan. Visitó tiendas de abarrotes bastante desabastecidas, pero aun así cuidadas por policías armados. Conversó con choferes y policías, con trabajadores que vigilan ruinas de planes de desarrollo inconclusos.


Y dondequiera encontró lo mismo: una economía constreñida a un grado preocupante. Un empobrecimiento colectivo palpable. Casey entrevistó a una joven pareja que había ido a pasear con su bebé a una de las bellas playas de ese país; su salario agregado sumaba apenas 2.19 dólares diarios, y aquello se considera un ingreso sólidamente de clase media. Se entrevistó con el ambulantaje –con los llamados bachaqueros, que han sido inculpados por Maduro dizque por ser artífices de la llamada guerra económica y que venden productos como frijol, jabón o papel de baño en las calles a cincuenta veces el precio oficial. Gente gastando medio salario de un día a cambio de una bolsita de frijol.


Al llegar a Mérida, un soldado preguntó al reportero si estaba ahí para cubrir la noticia. Casey preguntó que cuál noticia, y el soldado le habló de una epidemia de secuestros que asuela aquel lugar. Caracas rebasó ya a Tegucigalpa, y es la ciudad más peligrosa del mundo.


La prensa económica espera un colapso en Venezuela este año. La economía se contrajo 10 por ciento en 2015, y se había contraído ya 4 por ciento en 2014. Se espera que la contracción sea también bien pronunciada este año. El año pasado, la inflación venezolana fue la más alta del mundo, y se piensa que el país pasará a una situación de hiperinflación ya en cualquier momento; el Times proyecta una inflación de 720 por ciento para este año. El Financial Times, por su parte, informa que el Bolívar ha perdido 92 por ciento de su valor en los últimos dos años, y la proporción entre la deuda externa (que se cuadriplicó bajo Chávez) y el producto nacional bruto se torna cada vez más inmanejable: la declaración de una moratoria está ya prevista. La semana pasada, El País publicó que Venezuela está importando gasolina de Estados Unidos...


Frente a todo esto, sería importante que México explorase una política exterior regional coordinada con otros países, que buscaran entre todos evitar el colapso total de Venezuela. Hace unos meses el mundo presenció la expulsión de miles de colombianos ordenada por Maduro, inculpados de ser responsables de la plaga de contrabando que es resultado inevitable de una serie de políticas insostenibles. Siempre es fácil culpar de todo al extranjero, y por eso miles de colombianos tuvieron que regresar a su país, cargados de todos sus enseres. Esas imágenes fueron perturbadoras, pero la cosa se pondrá todavía peor si la economía venezolana se colapsa y los que comienzan a vadear ríos y atravesar fronteras son los propios venezolanos, buscando refugio en Colombia o Brasil. Importa que México ejerza algún liderazgo para contribuir a evitar una situación así.


El segundo pendiente, menos urgente, pero aun así relevante, es la necesidad de una reflexión crítica del caso desde la izquierda internacional, que apoyó con tanto entusiasmo a Hugo Chávez, un caudillo al que se le atribuyeron propiedades taumatúrgicas y hasta divinas, pero cuya magia dependió al final de los altísimos precios de petróleo que lo beneficiaron, y de la quiebra moral del sistema de partidos políticos que precedió su ascenso al poder. No es correcto echar la culpa de todo a Maduro y dejar perfumado a Chávez, el hombre que se religió sabiendo que tenía un cáncer incurable para dejar en la presidencia a un hombre que, además de autoritario e incompetente, ha tenido la mala fortuna de tener que administrar al país monoexportador que dejó Chávez ante el desplome de los precios del petróleo. La corrosión institucional a la que fue sometida Venezuela todos estos años es un aspecto clave del colapso inminente que amenaza aquella república.

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El FMI prevé para 2016 una inflación récord del 720% en Venezuela

América Latina afronta la segunda contracción anual consecutiva, algo que no ocurría desde la crisis de la deuda en 1982 y 1983

 

El incremento de precios que los consumidores venezolanos sufrieron el año pasado va a quedarse pequeño comparado con el que proyecta el Fondo Monetario Internacional para 2016. El organismo anticipa que la inflación llegará al 720% este ejercicio, frente al 275% que se vivió en 2015. Los desequilibrios que sufre la economía de Venezuela son "considerables" y las distorsiones internas se ven potenciadas por el desplome en el precio del petróleo.


El FMI desarrolló este viernes las previsiones que presentó el pasado martes para América Latina. El contexto, indicó Alejandro Werner, es complejo porque la economía mundial sigue "luchando" por afianzarse y eso provocará, combinado con las tensiones en el mercado de la energía, las divisas y la incertidumbre sobre la economía china, que el conjunto de la región se contraiga un 0,3%.


Venezuela es la que va a sufrir el mayor ajuste, con una contracción que se proyecta del 8% para este 2016. "No vemos que vaya a haber una corrección en el camino", lamentó Werner. El dato de inflación que presentó contrasta con las cifras que está dando Caracas, que la semana pasado indicó que los precios subieron un 141,5% el pasado año. "Los precios siguen trepando fuera de control", advirtió.


La tasa del 275% de inflación está considerada un récord mundial por el FMI. La falta de divisas, explicó, Werner, está redundando en una escasez de bienes intermedios y provocando un desabastecimiento generalizado de bienes esenciales, incluidos los alimentos, que "acarrean consecuencias trágicas". A esto se le suma le suma la política de su banco central, que está desplomando el valor del bolívar.


El impacto del petróleo


El ciclo pernicioso en el que está atrapado Venezuela se está viendo agravado por el descenso de precios del petróleo. La contracción acumulada del producto interior bruto entre 2015 y 2016 va a ser la tercera mayor a escala mundial. Los analistas de Wall Street temen que el país no esté en condiciones de generar el efectivo suficiente para pagar sus deudas y financiar sus importaciones.


La fuerte recesión en Venezuela, junto a la Brasil, Argentina y Ecuador, está haciendo de lastre en toda la región. Hasta el punto de que va a encadenar dos años de contracción, una situación que no se veía desde la crisis de la deuda 1982 y 1983, que desencadenó lo que se bautizó como la "década perdida". Werner anticipa que el ajuste será "difícil, aunque menos traumático".

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La recesión de Brasil se agrava y ahonda la crisis de Dilma Rousseff

Brasil se hunde cada día más en una recesión que parece no tener un fin. En un año, el país, que hace una década asombraba al mundo con cifras estratosféricas, se ha desplomado un 4,5%, sin ninguna esperanza de que mejore. Es la recaída más violenta de los últimos 20 años. Algunos analistas apuntan que va camino de ser la peor recesión en 80 años. Nada se escapa al hundimiento: el consumo familiar –uno de los motores de los venturosos años del expresidente Lula- retrocede un 4,5%.

Nadie se fía, nadie compra y nadie vende. Sobre todo porque el desempleo –otro fantasma en alza- llega ya al 8% y nada augura que no siga subiendo. La agricultura, que por lo general constituía un mercado paralelo indestructible también se resiente, sobre todo debido a la menor demanda de soja de China. Ni siquiera las exportaciones -en teoría beneficiadas por la devaluación del real de los últimos meses- consiguen remontar. La construcción de infraestructuras se desploma con un 6,3% menos de actividad.


Esto último se explica no sólo por el sombrío ambiente económico sino por un fenómeno inusual y puramente brasileño que tiene a la sociedad estupefacta: los dueños de las mayores empresas de construcción del país se encuentran en la cárcel, acusados de sobornar a empleados de la petrolera Petrobras. El viernes, el presidente de la constructora Andrade Gutiérrez, Otávio Marques de Azevedo, llegó a un acuerdo con la Fiscalía brasileña: pagará 1.000 millones de reales ( 250 millones de euros) de multa –la mayor multa de la historia de Brasil- tras reconocer que ha pagado sobornos millonarios a cambio de lograr contratos para levantar tres estadios de fútbol del Mundial de Brasil, líneas férreas y refinerías, entre otras cosas.

También se compromete a denunciar a otros implicados (en la prensa brasileña se especula que señalará a dos senadores próximamente). Todo a cambio de la libertad condicional atado a una pulsera electrónica para estar localizable y a que su empresa pueda volver a optar a concursos públicos, dado que la parálisis la estaba llevando a pique. No es el primer gran empresario (equivalente a Florentino Pérez en España) que da este paso. Hace unos meses lo hicieron los directivos de la empresa Camargo y Correa, después de pagar una multa de 800 millones de reales (200 millones de euros). En prisión, desde junio, aún se encuentra, con todo, Marcelo Odebrecht, el propietario de la mayor empresa constructora del país. Muchos se preguntan cuánto tardará en acogerse a la misma opción que sus competidores.


La semana pasada, fue detenido también uno de los hombres más ricos del país, el banquero André Esteves, también involucrado en el Caso Petrobras, acusado de tratar de entorpecer la labor de la justicia. El domingo, la Fiscalía decidió, a la vista de las pruebas, no otorgarle la libertad condicional. Tanto Esteves como Marques de Azevedo constituían ejemplos de empresarios exitosos brasileños, habituales de las portadas de revistas prestigiosas de economía y negocios. De ahí que el descrédito de la élite brasileña (políticos, empresarios, altos cargos) sea total, y esto incida en el clima funesto que se cierne sobre el país. Nadie es capaz de vislumbrar dónde puede acabar el pozo de corrupción de Petrobras, que incide en la economía directamente.


De hecho, el círculo vicioso de revelaciones de corrupción que conducen a una crisis política que alimenta su vez una crisis económica no se ha deshecho en lo que va de año. El debilitado Gobierno de Dilma Rousseff, mientras, trata –sin éxito hasta ahora- de que un Congreso hostil apruebe las medidas necesarias de ajuste que, según el ministro de Economía, Joaquim Levy, servirán para dar credibilidad a las finanzas brasileñas de cara al exterior y relanzar la gripada economía. Dada la mala situación de las cuentas públicas, Rosseff decidió, el viernes, congelar de golpe el gasto del Estado bloqueando 10.000 millones de reales (2.500 millones de euros).


El domingo, una sintomática encuesta publicada por el periódico Folha de S. Paulo reveló que por primera vez en su historia, el principal problema que atosiga a los brasileños no es ni la sanidad, ni la educación, ni la inseguridad ni la marcha calamitosa de la economía. Es, simplemente, la corrupción. En la misma encuesta se daba constancia de la escasa aceptación de Dilma Rousseff, que lleva meses arrastrándose alrededor de un 10% de aprobación.

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Miércoles, 23 Septiembre 2015 07:46

Teoría económica y las políticas económicas

Teoría económica y las políticas económicas

ALAI AMLATINA, 22/09/2015.- Muchos gobiernos electos están subyugados a sus bancos centrales, bajo el pretexto de que son instituciones independientes, por encima de las prácticas "inmorales" de los políticos. Por "política" debe entenderse elecciones y la participación de los pueblos que son los principales afectados por las decisiones de los políticos y las acciones "políticas" de estos bancos. Es así como intereses absolutamente minoritarios de la población rigen la economía mundial y consiguen obligar a las grandes mayorías a someterse a la dictadura tecnocrática llamada Bancos Centrales 'independientes'.

La misión de estas instituciones es transferir, bajo las más diversas formas, masas colosales de riqueza al "mercado" financiero. Se trata de una expropiación de los recursos obtenidos por los distintos tipos de ingresos fiscales para transferirlos al sistema financiero bajo los pretextos más increíbles y las maneras más inventivas.

Es extraño observar cómo esta modalidad violenta de capitalismo de Estado se realiza en un ambiente ideológico dominado por los principios doctrinales del neoliberalismo, apoyándose siempre en la famosa frase de la Sra. Thatcher de que "no hay alternativa". Se trata de una expresión de determinismo económico que se torna incluso ridícula cuando vemos la realidad histórica que tratan de describir estos pretendidos instrumentos científicos. Ya hemos dicho en varias ocasiones que este espectacular aparato ideológico se parece estrechamente al mundo intelectual católico fundado en la escolástica tomista que dominó por muchos siglos la economía feudal europeo y que disponía de enormes poderes estatales y religiosos para torturar e incluso condenar a muerte a los "herejes", representantes de la nueva onda filosófica y científica liderada por las burguesías en expansión material y financiera.

Debe quedar claro sin embargo, que el reino del capital financiero no tiene nada que ver con la fantasía ideológica "neoliberal" que pretende establecer el equilibrio fiscal, monetario y cambiario a través del "libre mercado". El mundo nunca ha vivido desequilibrios tan colosales como en esta nueva fase de dirección de las finanzas y de las políticas macroeconómicas a través de los bancos centrales independientes.

Todos sabemos que no existe un libre mercado en el mundo contemporáneo dominado por monopolios privados e incluso estatales. Y todos sabemos que desde principios de los años 60 del siglo XX hay un desequilibrio permanente del centro hegemónico de la economía mundial, los Estados Unidos, que condujo a un déficit comercial y también financiero que terminaría llevando a ese país a una crisis colosal y una deuda imposible de ser superada (1).

En Brasil estas transferencias tienen una forma absurda: el gobierno brasileño lanzó y todavía lanza en el mercado financiero títulos de deudas no porque tenga deudas (desde hace más de 20 años que Brasil tiene superávit fiscal y por lo tanto no tiene deudas en la gestión primaria de su presupuesto). De hecho, el gobierno brasileño desde los años 1994 lanza títulos de deuda no para satisfacer las necesidades de su población y cumplir con los objetivos del Estado. Incluso sabemos que al definir la función del Estado, no hay ningún teórico de la corriente neoliberal que incluya entre los deberes del Estado lanzar títulos de deuda con altas tasas de interés sin tener ninguna deuda derivada de los llamados "fines" del Estado.

De hecho, la colosal deuda pública actual de Brasil comenzó en 1994, cuando debíamos 56 mil millones de dólares y llegó a su punto más alto de más de 800 mil millones de reales en vísperas de la elección de Lula como presidente de la República. Es importante resaltar que, de manera más moderada, Lula continuó la política de altas tasas de interés manteniendo la emisión de títulos de la deuda federal para pagar intereses de la deuda que fue construida sobre la nada con el único propósito de transferir recursos a una minoría que vive de estos intereses inexplicables.

Cabe señalar que estos enormes recursos públicos que se transfieren al sector privado o semipúblico no fueron utilizados para ninguna inversión productiva y sí para la especulación en un mercado financiero cada vez más distante de la economía productiva y, por tanto, cada vez más cerca de una gran crisis económica, social y política. Agregamos a estas crisis la elaboración enfermiza de un discurso capaz de defender esta política irracional con sus efectos desmoralizantes para el pensamiento social brasileño.

Se hace necesario por tanto una terrible manipulación intelectual desde hace mucho tiempo practicada en nuestro país: hacer deudas públicas y pagar por ellas altas tasas de interés por razones macro económicas y no pagar deudas públicas inexistentes. Otros estados nacionales escondieron sus objetivos de servir al capital financiero (es decir, el 1% que posee más del 50% de la riqueza mundial). Por ejemplo, Estados Unidos transfirió el equivalente a la mitad de su PIB a sus bancos y agentes financieros durante la crisis de 2008, bajo el pretexto de que era necesario ayudar a los clientes de estos bancos afectados por la especulación y la crisis financiera y, sobre todo que era necesario para salvar las agencias financieras afectadas por la crisis porque eran demasiado grandes como para permitirse que entren en quiebra. Las consecuencias de estas quiebras afectarían a todos...

En Brasil se inventaron dos excusas vergonzosas para enriquecer a nuestro 1% de la población y por tanto los dueños de nuestro país, siendo gran parte de ellos empresas subsidiarias de capitales de propiedad de corporaciones transnacionales del centro del sistema mundial. Veamos la situación generada en los últimos 20 años como resultado de estas políticas indefendibles:

1) Cuando estábamos con los dólares excedentes durante la primera década de los años 2000, debido al enorme aumento de nuestras exportaciones, se consideró conveniente favorecer más entrada de dinero al país atrayendo capitales del exterior con altas tasas de interés pagadas por el Estado brasileño.

2) Cuando se redujo la tasa de interés pagada por el Estado a alrededor del 6% en los años 2010-2012, se inventó una amenaza de aumento de la tasa de interés de Estados Unidos que nunca ocurrió. De acuerdo con estas "predicciones" sería el fin de la entrada de capitales internacionales en Brasil y, por tanto, deberíamos sin falta "elevar las tasas de interés"... con lo cual el pueblo brasileño dejaba transferir cerca del 50% del "gasto público" a este sector reducido de la población.

Recordemos que a pesar del título de "inversión directa" se trataba de capitales financieros en busca de nuestros excedentes financieros, especialmente expresados en nuestras elevadísimas reservas de divisas que –asómbrese lector- están en manos del mismo Banco Central que las aplica en inversiones financieras injustificables (como la compra de los desvalorizados títulos emitidos por Estados Unidos y por los cuales paga cero interés desde 2008) o sino se utiliza nuestras reservas en el mercado de divisas para mantener nuestra moneda con alto valor frente al dólar, en lugar de colocarlas al servicio de inversiones realmente productivas y necesarias. Esta institución monstruosa empujó al país a un falso déficit fiscal, que debe ser cubierto con el ajuste fiscal para reducir el gasto público destinado a satisfacer las necesidades de nuestra población aumentando de manera completamente artificial nuestras deudas y exigiendo más recortes de gastos públicos para aumentar el déficit público. E incluso consideran como un despilfarro absurdo a la "responsabilidad fiscal".

Por lo tanto, la presidenta Dilma Rousseff, dirigía un país de alto éxito económico (y financiero!) con un crecimiento del PIB de más del 7% anual, un poderoso superávit comercial internacional, unas reservas en crecimiento, una capacidad envidiable de atracción de capitales del exterior, un aumento del empleo y la reducción del desempleo, un programa de gasto público de alta calidad a pesar de todas las críticas que se podía hacer y finalmente a través de unas políticas sociales que pasaron a ser imitadas en todo el mundo. En ese momento el gobierno de la presidenta Dilma alcanzó más del 60% de aprobación en 2012.

¿Cómo es posible que la presidenta Dilma haya dado crédito a los "economistas" del Banco Central y pase a abandonar su programa extraordinariamente exitoso? ¿Cómo puede ser que acepte las ideas absurdas de los directores del Banco Central, reunidos bajo el nombre de COPOM, e inicie una política recesiva a partir del aumento de la tasa de interés con el único objetivo de contener una inflación, que en realidad era relativamente baja?

Peor aún, ¿cómo puede nuestra querida luchadora y estudiosa de la economía heterodoxa con influencia marxista creer que este es el camino correcto para contener una inflación que todavía era baja y que "amenazaba" explotar, según estos economistas "geniales"? Explosión esta que sólo existía en la cabeza de los seis directores del Banco Central. No hubo un solo estudio económico para probar esto. No hubo un solo modelo teórico que probara esta previsión interesada y desastrosa...

Esta es la gran pregunta. Lean detenidamente el artículo del Premio Nobel más respetado en el mundo actual - Joseph Stiglitz (2). No se trata de un radical izquierdista y sí de un analista social, político y económico de gran calidad que no se dejó llevar por raciocinios primarios sin ningún fundamento empírico.

En un artículo reciente sobre la crisis mundial reitera que el "pensamiento" económico que sustenta estas políticas de falso rigor fiscal es de hecho un instrumento directo del capital financiero. Los partidarios de esta política, a la cual se convirtió Dilma y gran parte de la izquierda brasileña, inexplicablemente, pues estoy seguro de que al menos la presidenta Dilma no razona en función de intereses personales, sino por los intereses del país. Los pueblos de todo el mundo sufren de los resultados de esta opción. Los pueblos de todos los países del mundo votan sistemáticamente contra los llamados "ajustes fiscales" que son un ajuste del gasto público para crear "excedentes" fiscales para pagar las deudas que el sistema financiero consigue crear en todo el mundo.

Los pretextos utilizados por el pensamiento neoliberal no son válidos. Sin embargo, incluso los papas del neoliberalismo en mundo entero nunca se atrevieron a poner en el cadalso un país como Brasil que desde hace veinte años mantiene el superávit fiscal y cuenta con cerca de $ 400 mil millones de dólares de reservas. Los discutibles evaluadores de la "salud" económica de los países, a pesar de sus errores tremendos de predicción y evidente asistencia a los especuladores en general, no se atrevieron a bajar el estatus de Brasil al punto de excluirlo de los centros más saludables del mundo para recibir capital.

Sin embargo, el gobierno respaldado por las fuerzas populares del país entrega el poder a un contador sin ninguna obra científica que pueda justificar su "prestigio" y que trata de imponer el recorte de gran parte de las medidas económicas de contenido social para establecer una política macro económica inexplicable.

Ningún razonamiento económico razonable, ningún estudio empírico serio, ningún estudio de caso capaz de probar la relación absurda entre los aumentos desproporcionados en las tasas de interés y contención de la inflación, ninguna teoría o incluso un articulito en alguna revista con calificación alta, como es la moda en nuestros círculos académicos actuales, se presentó para el debate con el pueblo brasileño que justifique la transferencia de alrededor de 1 billón de reales en pago de intereses al privilegiadísimo 1% del pueblo brasileño. En fin, ninguna explicación capaz de fundamentar esta política que es rechazada radicalmente por más del 70% de la población... que dejó de apoyar a Dilma para convertirse en masa de maniobra de intereses golpistas en el país.

Stiglitz se acerca cada vez más a los análisis que nos conducen a las políticas económicas contrarias a la trayectoria seguida de repente por el actual gobierno, elegido para mantener su política anterior – esto es, antes del suicidio del regreso a las altas tasas de interés para beneficio del capital financiero. Él esperaba que se las perfeccione, nunca que se las abandone. Nadie imaginaba que, en lugar de continuar con la política aprobada por la abrumadora mayoría de la población, el segundo gobierno de nuestra compañera de muchas luchas adoptaría la política económica de la oposición brasileña.

Se trata inclusive de la sumisión a los economistas del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que dejaron el gobierno en 2002 con una tasa de inflación del 13%, una deuda externa de 35 mil millones de dólares, una deuda pública de más de 800 mil millones de reales, un crecimiento cero del PIB, una concentración del ingreso colosal, etc., etc. Es hora de pensar bien en quien creemos. El pueblo brasileño, como todos los pueblos del mundo, ya tomó su decisión. Hay un levantamiento mundial contra las políticas neoliberales y sus "ajustes fiscales" que retiran recursos de nuestro pueblo para entregarlos bajo diferentes disfraces a los dueños del sistema financiero mundial...

Si no creen en el rigor de estos análisis, esperemos para ver la explosión mundial que se está configurando...

or (Traducción: ALAI)

heotonio Dos Santos - Premio Mundial Economista Marxista de 2013 de la Asociación Mundial de Economía Política - World Association for Political Economy - WAPE.

Notas:

(1) En la reciente reedición de mi libro sobre "A Teoria da Dependencia: Balanço e Perspectivas", Editora Insular, Florianópolis, 2015, reproducimos un texto de 1975 donde reafirmaba mis análisis de la economía mundial que preveía una nueva división internacional del trabajo en la que se profundizaría la crisis del centro hegemónico de la economía mundial establecido fuertemente al final de la II Guerra Mundial. Se trata de la introducción a mi libro "Imperialismo e Dependencia", cuya última edición en español fue publicada por la Biblioteca Ayacucho y el Banco Central de Venezuela, Caracas, 2011. Se puede acceder y descargar el libro gratuitamente. http://theotoniodossantos.blogspot.com/p/livros-e-artigos-para-download.html

(2) Ver Stiglitz: como bancos tornaram-se ameaça global http://outraspalavras.net/capa/stiglitz-como-bancos-tornaram-se-ameaca-global/

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Sábado, 19 Septiembre 2015 05:08

Plan bomba

Plan bomba

Chile, Brasil, Colombia y Perú son los países que la ortodoxia económica puso como ejemplos a imitar a lo largo del kirchnerismo. El manejo de sus economías con criterios de mercado los posicionaba como plazas atractivas para los capitales internacionales, decían. Eso les daba acceso a importantes volúmenes de financiamiento por distintas vías: inversión extranjera directa (empresas que se radicaban para producir), venta de activos financieros a través de la Bolsa y los bancos y emisión de deuda a bajas tasas de interés. A eso llamaban estar integrados al mundo, mientras que la Argentina, por el contrario, quedaba afuera de ese combustible supuestamente imprescindible para garantizar el crecimiento. La idea de vivir con lo nuestro era denostada por considerarla retrógrada e inviable. "No entienden cómo funciona el mundo", explicaban. La condición para participar de la fiesta de la liquidez global era seguir al pie de la letra el recetario neoliberal. Es decir, esquemas fundados en la valorización financiera, la reprimarización productiva y el derrame de ganancias desde las cúpulas empresarias al resto de la sociedad.


El concepto de base de esos modelos es que hay que congraciarse con los mercados para sobrevivir. Esta semana hubo una muestra casi dramática de lo que implica el desarrollo de esa lógica por parte del presidente del Banco Central de Brasil, Alexandre Tombini: afirmó que es imprescindible implementar reformas económicas estructurales "de manera urgente" luego de que la calificadora de riesgo Standard & Poor's (S&P) bajara la nota del país la semana pasada. Tombini declaró que "la situación se ha puesto más desafiante por la retirada del 'grado de inversión' a los títulos soberanos", y eso "refuerza la necesidad de proseguir con más determinación y perseverancia en el proceso de ajustes". Sus palabras tuvieron como destinatarios a los legisladores de Brasil, para convencerlos de que aprueben sin dilaciones el último plan de ajuste propuesto por el Gobierno, que comprende la suba de impuestos y el recorte de gastos sociales. Tombini sostuvo que esas medidas permitirán "fortalecer los fundamentos macroeconómicos" y llevarán a la economía otra vez al crecimiento en el corto plazo.


La pérdida de soberanía económica es una de las primeras consecuencias cuando se gobierna para los mercados. Una vez que se toma ese camino, como se recordará por la experiencia nacional, las exigencias van siendo cada vez mayores. El arco se corre, y entre tanto van cayendo derechos sociales. Se genera una dinámica donde los organismos internacionales, las calificadoras de riesgo, los analistas de los bancos y los "gurúes" de las finanzas van marcando a los gobiernos lo que tienen que hacer, y por más esfuerzos que éstos demuestren, su respuesta siempre les parecerá incompleta o insuficiente. Brasil atraviesa esa etapa.


Chile, Colombia y Perú aún tienen más crédito de esos evaluadores por sus tratados de libre comercio con Estados Unidos y Europa. Sin embargo, las recomendaciones son del mismo tipo. Los tres países, y mucho más Brasil, iniciaron el año con pronósticos de desempeño económico –desde la ortodoxia– mucho más optimistas de lo que se ha verificado en los hechos.


n Brasil. El FMI estimó que la economía crecería 0,3 por ciento este año. El gobierno ya reconoce una baja del 1,9 y las perspectivas del mercado ahora son de una caída del 2,6. El desempleo arrancó 2015 en 5,3 por ciento y escaló en agosto a 7,5, su nivel más alto en más de cinco años. En noviembre de 2009 también había marcado 7,5. En el medio se está produciendo una devaluación brusca, del 46 por ciento desde enero y contando. La inflación, pese a la recesión, duplicó la meta del Banco Central y tocó 9,53 por ciento en agosto último, su pico más alto en doce años. Inflación y recesión, lo que vaticinaban para Argentina, se está dando en Brasil.


n Chile. La desaceleración económica lleva cinco trimestres consecutivos. El presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, indicó que la expansión sería del 2 por ciento en 2015, la mitad del cálculo de comienzos de año. Lo dijo el 1 de septiembre en el Senado, durante una audiencia en la que admitió su descontento: "El repunte que esperábamos de la actividad y la demanda se ha vuelto a retrasar. Las tasas de crecimiento que prevemos para la economía en 2015 y 2016 son menores que el promedio del último quinquenio". "Es un informe realista, ni optimista ni pesimista", agregó. La desocupación subió a 6,6 por ciento a finales de agosto, 0,5 décimas más que en enero, y las proyecciones del mercado son que en diciembre llegará a 6,8. "Con todo, las mayores cifras de desempleo siguen siendo contenidas por la alta creación de empleo del sector público", señaló un informe del banco Santander Chile. Esa política es denostada en la Argentina por el aumento que supone del gasto público. La inflación, a su vez, se estiraría a 4,9 por ciento en el año, más de un punto y medio por arriba de la meta original. El problema en países como Chile es que los incrementos de precios no tienen una correlación de paritarias aceitadas que equiparen la pérdida salarial.


n Colombia. El gobierno había previsto un crecimiento del 4,6 por ciento para el año. Ahora ya está en el 2,8. La desocupación, pese a ello, retrocedió a 9 por ciento a fines de julio, desde al 9,9 de un año atrás. Aun así, La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alertó en un informe reciente que "la inequidad e informalidad, y la pobreza en personas de la tercera edad, permanecen entre las más altas de América latina". La inflación se ubicó en 4,0 por ciento de enero a agosto, contra 3,7 de todo 2014 y 1,9 de 2013. La actualización salarial también se realiza según parámetros de mercado.


n Perú. En septiembre se produjo el cuarto descenso consecutivo de la proyección de crecimiento para 2015, hasta 2,8 por ciento, desde el 4,0 por ciento de principios de año. En 2014 la expansión había sido de 2,35 por ciento, su peor performance desde 2009. "La producción se ha desacelerado en medio de una caída de las inversiones y una menor demanda de metales de grandes consumidores como China", describió la agencia Reuters hace dos semanas. La inflación, que debía ubicarse entre 1 y 3 por ciento en el año, terminaría en 3,5 según los últimos sondeos.


El contexto de declive económico, como se advierte, es generalizado en la región. El motivo central en la mayoría de los casos es la caída de los precios internacionales de las materias primas, que constituyen la base de las exportaciones. Argentina, sin embargo, ha logrado recuperarse en 2015, a contramano de los pronósticos de la city porteña, que alertaban sobre las duras consecuencias de no acordar en enero con los fondos buitre, tras el vencimiento de la cláusula Rufo. El crecimiento económico es mayor que en 2014, la inflación se desaceleró según todas las mediciones, incluidas las privadas y las del Gobierno de la Ciudad, y la desocupación bajó a 6,6 por ciento. La cobertura social y el salario mínimo, en tanto, son los mayores de la región. El plan bomba, al parecer, estaba en otro lado.

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Lunes, 02 Marzo 2015 13:49

Pagar por ahorrar

Pagar por ahorrar

El gobierno alemán colocó en el mercado financiero bonos de deuda a una tasa de interés negativa. Esto significa que los compradores en efecto pagan más de lo que vale el bono y los intereses que genera, lo que significa aceptar una pérdida garantizada si mantienen los títulos hasta su vencimiento. Se emitió una cantidad de 3 mil millones de euros, con vencimiento a cinco años a una tasa de menos 0.08 por ciento.

 

No es la primera vez en que ocurre esta situación, que parecía algo insólito en las transacciones financieras. Expresa las condiciones que se han ido impuesto en la gestión de dinero como consecuencia de la crisis de 2008 y que no se han superado.


La necesidad de poner el ahorro en títulos con tasa negativa se ha reforzado recientemente con la decisión del Banco Central Europeo de expandir la oferta monetaria para confrontar las presiones recesivas y la deflación en esa zona.


El asunto está vinculado con lo que ocurre en Estados Unidos, y se puede advertir en la reciente presentación de la presidenta de la Reserva Federal del Informe semestral sobre la política monetaria. Lo que dijo fue que se decidirá sobre los niveles de las tasas de interés en función de las evidencias del comportamiento de la economía y sin anuncios sobre los tiempos para actuar al respecto. Entre los significados de esta declaración está el hecho de que no hay certeza acerca de un reforzamiento decisivo de las condiciones del crecimiento de esa economía. Las tasas siguen siendo muy reducidas para no cortar los signos de recuperación.


Un primer aspecto práctico de las tasas negativas de la emisión de la deuda, como es el caso alemán, es que esto no necesariamente significa una pérdida para los que la adquieren. No se trata como se ha sugerido de que constituya un privilegio para un ahorrador colocar su dinero en un lugar tan seguro como el gobierno alemán.


Las transacciones financieras no entrañan más privilegio que el de obtener alguna ganancia. Y en este caso se trata de la relación entre el rendimiento negativo y la expectativa del comportamiento del nivel general de los precios. Si los precios caen más que las tasas aumenta el poder de compra y de ahí se deriva una ventaja. Otro aspecto tiene que ver con el precio de los bonos que se compran y que varían en relación inversa con la tasa que devengan, si la tasa baja más habrá una ganancia al vender el bono.


Pero la cuestión relevante en este asunto está asociada con la necesidad de poner el dinero en títulos con rendimiento negativo. No hay que olvidar que los mayores ahorradores, o visto del modo más convencional, los principales inversionistas en el mercado son los fondos de pensiones que administran el ahorro de los trabajadores.


La situación económica está diciendo que no hay dónde poner el dinero según los criterios de rentabilidad prevalecientes y que no están asociados con proyectos de inversión productiva y con rentabilidad de largo plazo y que creen empleo. El dinero se pone en la deuda de los gobiernos, porque se supone que tiene mayor garantía.


Esto es muy relativo. Para apreciarlo puede verse el caso del Sistema de Ahorro para el Retiro, que invierte primordialmente en la deuda que emite el gobierno federal. La garantía de los rendimientos sobre el ahorro forzoso de los trabajadores, es decir, que se pueda ganar algo, no proviene de decreto alguno, sino que tiene que ver con cuestiones tales como el aumento del nivel de los precios o con la depreciación del valor del peso frente al dólar. En la medida en que aumenta la deuda pública, como ha venido ocurriendo en los años recientes y, con ello, la carga por concepto del pago de intereses, la calidad de la deuda tiende a deteriorarse.


Si a eso se añade el eventual aumento de las tasas de interés que ocasionará la llamada normalización de la política monetaria en Estados Unidos, se ve que el problema de la alta deuda se podría materializar. Así que el recorte preventivo que se ha hecho ya del gasto público podrá repetirse y con ello mayor restricción de la economía.


La tensión que esto impone a la política monetaria del banco central es fuerte. La inflación se mantiene aún en términos generales en los niveles previstos, pero para esto contribuye que el gasto de consumo de las familias y de inversión de las empresas son reducidos. Ya ha ocurrido una significativa depreciación del peso y las tasas de interés que aún son bajas hacen que el costo de la deuda pública no se eleve sensiblemente.
La situación va a cambiar, sobre eso no hay dudas, y cuando ocurra, el trabajo del banco central va a salir de la especie de zona de confort en el que ha operado. La relación con la política fiscal y la eficiencia del gasto será clave para ir definiendo el desenvolvimiento de la economía.


Finalmente, las tasas negativas de la deuda pública como la alemana ha crecido de 20 mil millones de dólares a 2 billones en menos de un año. En este proceso participan gobiernos como el de Alemania, Finlandia u Holanda, pero ocurre también con empresas privadas como Nestlé y Shell, que se financian gratis. En este caso el asunto es cómo se reasignan los recursos disponibles entre deudores y acreedores y sus repercusiones en el mediano plazo y esto no es inocuo.

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Domingo, 16 Febrero 2014 06:11

Brasil y la turbulencia en la economía

Brasil y la turbulencia en la economía

Dilma Rousseff empezó el último año de su mandato presidencial enfrentando fuertes resistencias en el mercado financiero local, con una mezcla de temor y desconfianza en los inversores extranjeros.


No es un fenómeno único: buena parte del escenario internacional se muestra poco propicio a los países emergentes. Las incertidumbres del mundo no eligen blancos aislados, afectan todos de manera general, y a algunos de manera particular. Brasil no quiere estar en esta última categoría y el gobierno trata de buscar una estrategia eficaz para lograrlo, tanto en el campo interno como en el externo.
Además, la situación de la economía tiene peso específico en las elecciones generales de octubre. La persistente presión inflacionaria (2013 cerró con una tasa de 5.91 por ciento) es buena munición para los adversarios, y gracias a los segmentos de alimentación, vestido, transporte y servicios afecta directamente a las clases más bajas, donde se concentra el grueso del electorado.


Por todo eso, Dilma se concentra en enviar señales en varias direcciones: al electorado, al mercado financiero y, por extensión, al exterior.
Con insistencia, trata de asegurar que Brasil dispone de los medios necesarios para hacer frente a la crisis que amenaza a los países emergentes. Insiste en que en 2014 el gobierno mantendrá una gestión compatible con la continuidad de la política de profundo compromiso con la responsabilidad fiscal, y dice que en su gobierno hay plena disposición para hacer que 2014 sea un año mejor que 2013.


El principal problema de la mandataria es que, por más que asuma compromisos y difunda datos que deberían tranquilizar a los inversionistas, todavía no ha logrado convencer a los analistas, consultores e inversores de que el cuadro es mucho menos feo de lo que pintan. Argumentos concretos, como la continuidad del nivel de empleo y la reducción de las desigualdades sociales, además de la estabilidad y del crecimiento económico, no parecen suficientemente convincentes, o seductores, para los dueños del dinero.


También hay vientos preocupantes en el escenario externo, que hacen que la volatilidad de la Bolsa y las oscilaciones del cambio afecten aún más algunos sectores de la economía ya bastante debilitados, en especial la industria.


En lo que va del año, la bolsa cayó 12 por ciento en Brasil y el dólar se revaluó otro tanto frente al real. A eso se suman las presiones para que aumente aún más la tasa básica anual de interés, la Selic, y también eso preocupa al gobierno.


En intensas reuniones a puerta cerrada, técnicos del Banco Central y emisarios del equipo económico tratan, sin mucho éxito, de convencer a analistas y consultores de que esa proyección no tiene base concreta alguna. A la vez, intentan demostrar que en enero la inflación se mantuvo bajo control y que los gastos del gobierno siguen el mismo camino.


Sin embargo, hay problemas que no pueden ser ignorados. Las exportaciones tuvieron el peor enero de la historia, con un déficit de 4 mil millones de dólares, y se supo que la recaudación fiscal aumentó alrededor de 2 por ciento en 2013, en comparación con el año anterior, mientras los gastos públicos subieron 7 por ciento.


En suma, todo eso lleva a que los grandes fondos globales de inversión miren hacia Brasil con desconfianza creciente.


Por si fuera poco, ahora surgen críticas contundentes vinculadas a algunas medidas adoptadas por Dilma para reducir precios, contener la inflación y estimular el consumo interno, que ayudaron a corroer el saldo de las cuentas públicas.


Subsidios y renuncias fiscales para abaratar productos y servicios, de la gasolina a la energía eléctrica, de los alimentos a los electrodomésticos, pueden haber costado alrededor de 20 mil millones de dólares en 2013. Son cálculos del mercado financiero, con base en datos oficiales.


Con ese valor, el gobierno podría haber cumplido holgadamente la meta oficial de ahorrar 50 mil millones de dólares para disminuir la deuda pública. Se lograron unos 37 mil millones, lo que provocó fuerte insatisfacción y nueva desconfianza de los inversores sobre la capacidad del gobierno para cumplir sus metas.


Sin embargo, suspender algunos programas significaría quitar a una parte sustancial de la población el acceso a bienes y servicios, y liquidaría de una vez el exitoso Mi casa, mi vida, que en tres años entregó, con base en créditos de bajísimo interés, alrededor de 3 millones de viviendas de interés social por todo el país.


Por su parte, el gobierno afirma que la economía puede perfectamente soportar ese resultado y que no pretende interrumpir programa social alguno.

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