Martes, 08 Octubre 2019 06:20

5G, realidades y necesidades

5G, realidades y necesidades

La quinta generación de redes móviles (5G) no solo constituye una lógica y, por tanto, previsible evolución respecto a los sistemas precedentes como el 4G, sino que se ha convertido justo antes de su lanzamiento comercial en “el futuro de las comunicaciones tanto móviles como fijas”, en palabras de Richard Sutton.

En realidad, el desarrollo de muchas de las tecnologías que se consideran emergentes, como el internet de las cosas (IoT), la realidad virtual (VR), la realidad aumentada (AR), e incluso de otras cuyas formulaciones se conocen hace décadas, como la computación en la red (cloud computing), la inteligencia artificial (AI) o la gestión virtual de las propias redes (NFV), depende más del modelo de negocio adoptado que del soporte tecnológico, aunque con el 5G van a incrementar sus potencialidades.

Las lecciones aprendidas durante estos primeros 20 años de redes de banda ancha móviles, como el 3G y 4G, demuestran que un cambio profundo y económicamente rentable en las formas de uso y, sobre todo, en su asimilación como experiencia vital del usuario, no se produce únicamente añadiendo más kilobits de subida y bajada.

Otro factor determinante es el coste final de las subastas del espectro que las operadoras tienen que pagar para poder ofrecer el 5G. La exuberancia especulativa que a principios de siglo mostraron las subastas para las frecuencias 3G permitió comprender a los gobiernos que si las barreras de entrada son altas, las inversiones a largo plazo serán menores, lo que repercute en el desarrollo económico.

La norma general, hasta ahora, de las subastas nacionales de frecuencias para 5G es que los gobiernos han optado esta vez por costes más moderados, al poner sobre la mesa grandes porciones de espectro. Por el contrario, en aquellos países que optaron por la escasez artificial que supone trocear excesivamente el espectro (Italia) o reservar buena parte de este para otros servicios (Alemania), los costes aumentaron considerablemente.

Siendo conscientes de que el entusiasmo tecnológico constituye un buen punto de partida para la innovación, pero no siempre un aliado estratégico conveniente si se quieren crear bases sólidas para una reformulación tan profunda como la asociada al 5G, no se debe perder nunca de vista lo que la sociedad y el mercado realmente son en este primer tercio del siglo XXI.

Banda ancha para más

Cada nueva generación de telefonía móvil ha alcanzado un mayor número de usuarios que la anterior. Además, su adopción es muy similar a la observada en otras tecnologías y básicamente sigue la famosa curva de difusión formulada por Robert Everett hace más de 5 décadas. La diferencia fundamental entre los sistemas de telefonía móvil y el resto de las tecnologías no radica por tanto en su forma de adopción, sino en la dimensión alcanzada. Así, el total de usuarios únicos de redes móviles actualmente supone el 67 por ciento de la población mundial (GSMAIntelligence, 2019USCensusBureau, 2019) y el número total de conexiones supera un 4 por ciento al de la población del planeta (Ericcson, 2018).

Esto significa que cuando el 5G comience a ser una realidad para esa minoría de primeros usuarios pioneros (early adopters), algo que no va ocurrir de manera significativa al menos hasta 2020, este sistema de quinta generación tendrá ya un mercado potencial de 8.000 millones de usuarios, a lo que habría que añadir al menos 2.000 millones de conexiones celulares en el internet de las cosas. Por lo tanto, el 5G nace ya con el objetivo de convertirse en el sistema de comunicación con mayor número de usuarios (humanos + máquinas) de la historia, algo que podría ocurrir antes del final de la próxima década.

Un factor importante es que el ritmo de adopción de los sistemas móviles digitales se ha ido incrementado exponencialmente, de modo que cada sistema tarda menos que el anterior en convertirse en el de mayor número de usuarios. Así, el 3G tardó casi 14 años en alcanzar un 30 por ciento de difusión entre los usuarios de redes móviles, pero el 4G en siete años ya había superado ese porcentaje convirtiéndose en el sistema con mayor número de usuarios del mundo a finales de 2017.

El 5G nace con el objetivo de convertirse en el sistema de comunicación con mayor número de usuarios (humanos + máquinas) de la historia.

Las sucesivas generaciones de sistemas móviles han ofrecido básicamente al usuario mayores velocidades, un concepto asumido en la nueva cultura del acceso creada a partir del iPhone de Apple. Este factor aparentemente simple permitió ahorrar a las operadoras cuantiosas inversiones en márketing para trasladar a sus clientes la poderosa idea de que el 3G era más rápido que el 2G, el 4G que el 3G y, por lo tanto, el 5G seguirá esta tendencia.

No obstante, cuando se justifica la evolución de los sistemas móviles por la velocidad de acceso se genera un problema: que cualquier esfuerzo inversor de las operadoras por actualizar sus redes se interpreta al final como una forma de hacer la tubería más ancha y que circulen más bits. Esta visión reduccionista ha permitido situar la innovación justo encima de estas redes y en el dispositivo de acceso. Lo que quiere decir que son las empresas que proveen los servicios más populares (Google, Amazon, Netflix…) y los fabricantes de móviles, los agentes que se perciben externamente como los verdaderos innovadores del mercado.

Sin emitir un juicio arriesgado y sin duda complejo sobre quién innova más en Internet, sí se puede afirmar que, si no se alteran las condiciones actuales del mercado, con el 5G nos dirigimos de nuevo a un escenario donde los que más invierten en su desarrollo corren el riesgo de ser los que menos recojan los previsibles dividendos.

Mismo punto de partida

No obstante, en la progresiva implantación del 5G, operadoras y empresas de servicios en Internet comparten una misma necesidad de partida: ambos necesitan incrementar su número de usuarios y este incremento persigue a su vez dos objetivos. En primer lugar, cerrar la brecha mundial entre los que hoy usan redes móviles y aquellos que acceden a estas pero con sistemas de banda ancha. En segundo lugar, integrar ese remanente del 33 por ciento de la población mundial que permanece ausente de las redes móviles, lo que en términos absolutos equivaldría a integrar más de 2.400 millones de personas, la mayoría de ellos en países en desarrollo o regiones emergentes, sobre una población mundial de 7.500 millones de personas.

No obstante, detrás de estas cifras que llaman al optimismo hay que tener en cuenta que, de ese total de personas no conectadas, al menos un 35 por ciento son niños o ancianos (World Bank, 2017), lo que en principio reduce ese margen razonablemente alcanzable de usuarios desconectados a 1.500 millones.

El 5G supone una mejora en tres factores: la velocidad, la latencia y el número de dispositivos que se pueden conectar simultáneamente.

Para que estos 1.500 millones de adultos dieran un salto de la desconexión al 5G, no solo se tendría que producir un amplio y rápido despliegue de infraestructuras que aumentara la cobertura, sino que los costes de conexión (redes y dispositivos) tendrían que ser considerablemente más asequibles que los actuales, teniendo en cuenta la menor renta disponible en los países en desarrollo donde se sitúa esa brecha.

El tercer y determinante factor diferencial del 5G es la densidad o número de dispositivos que la red sería capaz de atender en condiciones óptimas por unidad de cobertura y tiempo, estimada en un incremento exponencial del 100 por ciento respecto a la generación anterior. Esto haría posible la comunicación efectiva en zonas con alta densidad de población o en situaciones puntuales como eventos masivos, pero también la transmisión simultánea entre cualquier objeto conectado sin mediación.

Triple impacto

La implantación de redes 5G en los principales mercados supondrá un triple impacto:

  • En las tecnologías y en los servicios disponibles.
  • En el propio mercado de las telecomunicaciones.
  • Y, por último, en la aparición de innovaciones inimaginables hasta ahora.

En el primer grupo encontraríamos tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR). El 5G mejorará la experiencia de usuario en las dos al proporcionar mayores velocidades y latencias mejoradas, este último un factor crítico en contenidos populares como los videojuegos.

El segundo impacto está relacionado con el inquietante statu quo actual de las operadoras que en pocos años vieron como las aplicaciones IP se comían literalmente el, durante décadas, cautivo mercado de las llamadas telefónicas y las nuevas formas de expresión personal multimedia (emojis, textos, clips de audio y vídeo) convertían los teléfonos fijos en “jarrones chinos” — valiosos pero sin utilidad—, las líneas fijas residenciales en soportes colectivos para wifi y los teléfonos móviles en computadoras portátiles.

El tercer impacto es a la vez el más amenazante y esperanzador ya que se refiere a todo lo nuevo y desconocido que un sistema global de banda ancha que promete llevarnos al nivel gigabit puede traer. No podemos olvidar que, a pesar de los recientes cuestionamientos de principios como la neutralidad de la red, Internet sigue siendo una red descentralizada donde la innovación no necesita permisos de núcleos centrales y donde las operadoras no tienen que establecer a priori qué usos se le van a dar a la red.

Al igual que un Snapchat o un Instagram eran inconcebibles cuando se pusieron en marcha las redes 3G, las posibilidades tecnológicas del 5G serán un incentivo para los emprendedores que ahora pueden acceder a la misma tecnología y a una creciente disponibilidad de capital menos alérgico al riesgo. Además, la incorporación de miles de objetos cotidianos hasta ahora virtualmente desconectados a la nueva Internet incrementa exponencialmente las posibilidades de aparición de nuevas aplicaciones que signifiquen una ruptura de los modelos comunicacionales que vimos en los sistemas anteriores.

Por su parte, los fabricantes de móviles serán en gran medida los responsables de la primera interpretación del 5G entre los usuarios, ya que sus aparatos son los receptores privilegiados de la primera tecnología de conexión que permite integrarse en esta red. Pero la necesidad que tienen estas empresas de acortar el ciclo de renovación de sus dispositivos, cuya prolongación ha generado un estancamiento de las ventas mundiales, no es un argumento consistente para convencer a esa franja de usuarios pioneros que ya pagan 1.000 dólares por los móviles más avanzados.

Para los usuarios, el factor diferencial del 5G respecto a los sistemas actuales tendrá que venir de nuevos usos tanto de aplicaciones ya existentes como de nuevos entrantes que podrían hacer una interpretación creativa de las potencialidades del 5G —latencia, densidad de conexión, velocidad— para ofrecer no solo una mejora de los servicios existentes, sino de otros cuya demanda es todavía desconocida.

En definitiva, el 5G está destinado a convertirse en el soporte preferente de un Internet que en su tercera fase no solo aspira a cerrar la brecha de las personas desconectadas, sino a generar sinergias con sectores industriales históricamente indiferentes o cuyos canales de venta y procesos de fabricación apenas han variado en estos 25 años de despliegue de redes móviles.

Por Francisco Vacas

Profesor Universidad, Consultor, Universidad Rey Juan Carlos

La versión original de este artículo ha sido publicada en la Revista Telos 111, de Fundación Telefónica.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Google proclama la 'supremacía cuántica' con el ordenador más potente (pero el informe desaparece)

El procesador realizó en 3,5 minutos un cálculo que le llevaría unos 10.000 años a la computadora convencional más avanzada, según el documento.

En lo que podría suponer un gran hito informático, Google afirmó esta semana haber construido el primer ordenador cuántico capaz de realizar cálculos que superan las posibilidades de las supercomputadoras más potentes existentes en la actualidad. El avance se anunció en un informe de investigadores de la compañía publicado en el sitio web de la NASA, que fue eliminado más tarde.

El documento, consultado por Financial Times, sostenía que el procesador pudo realizar en tres minutos y 20 segundos un cálculo que le llevaría unos 10.000 años a la computadora convencional más avanzada hasta la fecha, conocida como Summit.

"Un hito hacia la computación cuántica a gran escala"

Los investigadores anunciaron que, de esta manera, habían logrado la 'supremacía cuántica' —momento en que los ordenadores cuánticos llevan a cabo cálculos antes imposibles— y que el experimento suponía "el primer cálculo que solo se puede realizar en un procesador cuántico".

Los autores precisan que el sistema solo puede realizar un único cálculo altamente técnico, y que aún quedan años hasta el uso de máquinas cuánticas para resolver problemas prácticos, pero aun así califican el avance "un hito hacia la computación cuántica a gran escala".

Se desconoce por qué el informe fue retirado de la web, pero una fuente de Google familiarizada con la situación sugirió en declaraciones a Fortune que la NASA publicó accidentalmente el documento, antes de que las afirmaciones del equipo pudieran ser examinadas exhaustivamente a través de una revisión científica por pares.

Si bien en la actualidad ya existen ordenadores cuánticos, estos necesitan entornos muy particulares como laboratorios especializados para funcionar correctamente y su uso práctico es limitado. 

Nuevas posibilidades y nuevos desafíos

A diferencia de los ordenadores convencionales, que manipulan los elementos binarios básicos 'bits', con los valores 0 ó 1, los 'cúbits' (bits cuánticos) pueden encontrarse en ambos estados simultáneamente, lo que hace posible calcular millones de posibilidades al instante.

Un informe de Boston Consulting Group de 2018 adelantaba que los ordenadores cuánticos podrían cambiar drásticamente campos como la criptografía y la química —y, por tanto, la ciencia de los materiales, la agricultura y los productos farmacéuticos— "sin mencionar la inteligencia artificial y el aprendizaje automático", así como la "logística, fabricación, finanzas y energía".

Por otro lado, varios científicos advierten de que el gran potencial que auspicia la computación cuántica va a asociado a nuevos riesgos. En particular, sostienen que, gracias a su gran capacidad de procesamiento, esta tecnología podría usarse para 'hackear' la mejor seguridad cibernética con la que contamos en la actualidad, rompiendo en pocas horas un cifrado que sería prácticamente imposible de derrotar usando la mejor computadora convencional disponible en la actualidad. Por esa razón, instan a trabajar en el desarrollo de medidas de seguridad de criptografía cuántica que reemplacen los estándares informáticos existentes para proteger la transmisión de información.

Publicado: 21 sep 2019 17:21 GMT

Sábado, 14 Septiembre 2019 06:37

Internet de las vacas

Internet de las vacas

Puede ser que le suene a broma, pero es real. Es un aspecto más de la invasión de tecnologías digitales en agricultura y alimentación, que propone una agricultura sin agricultores, industrializada desde la semilla al plato o al vaso de leche, y controlada por grandes empresas de agronegocios, maquinaria, informática. También un negocio más para las de telecomunicaciones. Telcel, por ejemplo, la promociona en su sitio como parte de la llamada "Internet de las cosas", en la cual la meta es aumentar exponencialmente los artefactos conectados a Internet en la vida cotidiana, desde las industrias hasta los hogares, que interactúan entre sí y con nuestros aparatos.

Empresas como IBM, Cisco y Huawei ofrecen paquetes tecnológicos para el Internet de la vacas. Se trata de dispositivos digitales (collares y/o chips) que se colocan en cada vaca para medir su pulso, temperatura, pico de fertilidad y otras condiciones de salud relacionadas con el sistema digestivo. Los datos se trasmiten por Internet a una nube de las propias compañías, que los almacena en sistemas de datos masivos ( big data), los analiza con inteligencia artificial y envía los avisos que el programa estime pertinentes a un computador o teléfono de la empresa agrícola o hacienda. También hay chips interactivos que pueden dirigir al ganado para su ordeñe cuando es hora, conectado a un sistema automatizado de ordeñe instalado previamente a la medida de la vaca en cuestión. Cada dispositivo está asociado a una vaca en particular.

Desde hace una década existen sistemas satelitales de monitoreo de ganado en ciertas áreas. La diferencia ahora es que la recolección de antecedentes es mucho más amplia, los datos son sobre cada animal y toda la información va a una nube de esas empresas, o según los contratos podrían ser nubes compartidas de Bayer-Monsanto o de maquinaria agrícola como John Deere.

También hay Internet de los cerdos y las ovejas, con bases similares. La idea no es que el proceso termine en cada rancho, sino que el monitoreo siga a cada animal individualmente, en las transacciones de ganado en pie, a través del uso de sistemas de cadenas de bloques ( blockchain) y pagos con criptomonedas, y luego las siga hasta el matadero y en cadenas de certificación que incluyen seguimiento del procesado, venta al menudeo y hasta nuestro refrigerador, supuestamente dando la ilusión de que sabremos más sobre lo que consumimos, cuando en realidad es lo opuesto. Es un sistema para que haya aún más separación entre productores y consumidores.

Tanto IBM como Microsoft han avanzado en sistemas digitales que abarcan toda la producción agropecuaria de una hacienda o establecimiento rural. El paquete que presentó Microsoft en México a mediados de este año ofrece un sistema de monitoreo permanente de la condición de suelos, humedad y agua, estado de los cultivos (si necesitan riego, si hay enfermedades, plagas, etcétera), datos climáticos, datos del tiempo (dirección del viento, lluvias, etc.) para avisar desde la nube de Microsoft cuándo y dónde sembrar, aplicar riego, fertilizantes o agrotóxicos, cuándo cosechar, etcétera. Para resolver el tema de la conectividad rural, elemento clave del sistema, pero que falta en zonas rurales, Microsoft usará los "espacios blancos de Tv", que son bandas de televisión en desuso. Esto permite instalar un router de Internet en cada propiedad, conectando sensores, drones, chips, teléfonos y computadoras con la red electrónica ­–que alcanza con este sistema un radio de varios kilómetros– para enviar la información a la nube de la compañía.

Las mayores empresas de agronegocios, como Bayer-Monsanto, Syngenta, Corteva (fusión de Dow-DuPont) y Basf, tienen divisiones digitales con proyectos de ese tipo. Desde 2012 cuentan con diversos acuerdos de colaboración o compañías conjuntas con las mayores firmas de maquinaria (John Deere, AGCO, CNH, Kubota) en sistemas de big data, nubes para almacenado y computación, y empresas de drones. Por ejemplo, Precision Hawk, Raven, Sentera y Agribotix son empresas creadas en colaboración entre las multinacionales de semillas-agrotóxicos y las de maquinaria (https://tinyurl.com/y5ejf844).

Cada propiedad conectada aportará una gran cantidad de datos que las empresas se apropian. En la medida que este sistema avance obtendrán mapas de recursos, suelos, agua, bosques, minerales, biodiversidad y regiones enteras, lo que les permitirá visualizar y negociar proyectos mucho más allá de cada hacienda o vender la información a empresas, como mineras y otras.

Nuevamente, como con los transgénicos, las empresas alegan que esta digitalización de la agricultura y la alimentación es para proveer a una creciente población mundial y aumentar la producción. En realidad se trata de un proyecto de agricultura sin agricultores y con alto uso de agrotóxicos y semillas patentadas, orientada a la expansión de empresas (muchas ni siquiera agrícolas). Un proyecto donde, desde la semilla al plato, el control lo tenga una cadena de trasnacionales que no dejará ninguna opción de decisión real a los agricultores, alejará más a los consumidores, amenazando de paso los territorios de producción campesina, que son los que realmente alimentan a la mayoría.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

¿Qué hay detrás de los apagones en Venezuela?

Un nuevo corte de luz de escala nacional dejó este lunes a 15 estados del país caribeño sin energía eléctrica, incluida Caracas. La situación, que provoca grandes pérdidas económicas en un país ya castigado por la crisis, se asemejó a lo acontecido a partir del pasado 7 marzo y hasta el 9 de abril, con cortes masivos que se prolongaron hasta una semana en algunas regiones. Tanto entonces como ahora el gobierno venezolano adujo ataques electromagnéticos contra el sistema eléctrico. El artículo que reproducimos a continuación fue publicado originalmente en abril de este año.

 

El final del ciclo de expansión rentístico se evidencia en el período 2014-2018, un quinquenio que se caracterizó por cinco caídas sucesivas en el Pbi, algo nunca antes visto en la economía venezolana. Para los años 2017 y 2018 se observa un agravamiento de la crisis, con la irrupción de una hiperinflación que ha roto récords en América Latina. La caída estimada del Pbi en el primer trimestre de 2019 puede rozar el 45 por ciento, según pronósticos moderados. Todo ello podría generar una caída anual de alrededor de 25 por ciento, lo que podría llevar a la pavorosa cifra de 62,5 por ciento de caída de la producción para el período 2013-2019.

De forma extremadamente sintética, puede decirse que:

 

—  por quinto año consecutivo el país exhibirá la inflación más alta del mundo, estimada, según la Asamblea Nacional (AN), en 1.698.488,2 por ciento para 2018. De este modo, el país detenta el decimosexto mes consecutivo con hiperinflación (noviembre de 2017 a febrero de 2019);

—  aunque es posible sostener que la estimación de la AN es exagerada, en el mejor de los casos la inflación de 2018 fue de alrededor de 90 mil por ciento, considerando una depreciación de similar magnitud en el tipo de cambio;

—  el valor del dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se incrementó en más de 88 mil por ciento en 2018, lo cual ha desintegrado por completo el poder adquisitivo;

—  el salario real para el período 2013-2018 descendió 95 por ciento.

 

Esta dramática situación económica ha herido gravemente los servicios públicos “gratuitos”. La crisis ha hecho insostenible la transferencia de la exigua renta petrolera por la vía de gigantescos subsidios, lo que ha redundado en su contracción.

¿POR QUÉ VENEZUELA SUFRE BLACKOUTS?

En el país, apenas 1 por ciento de la generación de energía primaria proviene de biocombustibles y residuos, y sólo 11 por ciento se explica por la energía hidroeléctrica; 54 por ciento proviene del petróleo y 34 por ciento, del gas natural (2015), pese a que Venezuela tiene un enorme potencial hidroeléctrico subutilizado. Entre 2000 y 2015 el uso de petróleo se ha incrementado 20 por ciento y la utilización de gas ha descendido en la misma proporción. El cambio hacia energías menos contaminantes se ha frenado por el forzado sostenimiento de dantescos subsidios a la energía.

Aunque lamentablemente no es posible contar con el presupuesto de la nación, que no se publica desde 2016, se podría decir que la energía se regala a través de tarifas que reflejan precios irrisorios. Se puede decir, como ejemplo, que con un dólar (paralelo) se pueden llenar unos 200 mil tanques de gasolina de 40 litros cada uno. Con la electricidad sucede algo similar. De acuerdo a un estudio realizado en 2014, el país pierde (como costo de oportunidad) 51.000 millones de dólares al año para mantener el subsidio en gasolina, diésel, energía eléctrica y gas.

El bajo precio de la gasolina le costó al país 17.000 millones de dólares anuales, lo que representó 98,4 por ciento del costo real del combustible; ahora esta cifra ha empeorado porque la gasolina es aun más barata en términos reales. Por el obsequio del diésel se dejan de percibir 13.000 millones de dólares anuales. En total, anualmente, el país gastó (año 2014) aproximadamente 34.000 millones de dólares en la subvención de los combustibles. Ni hablar de que la gran compañía estatal Cadafe pierde 40 por ciento de su electricidad (energía no facturada) por sostenidos robos en conexiones ilegales.

Se estima que los subsidios totales entregados por concepto energético entre 2014 y 2016 alcanzaron los 75.000 millones de dólares, alrededor de diez veces la deuda externa completa de Bolivia en 2016. Vistos de forma acumulada, equivaldrían a cerca de 20 por ciento del Pbi promedio de esa tríada de años. Esto es evidentemente insostenible y una invitación al derroche. El gasto estatal en educación, salud y vivienda (sumados) apenas alcanzó en 2013 el 9,6 por ciento del Pbi, muy por debajo del subsidio general otorgado.

ALGUNAS RAZONES ESTRUCTURALES.

Para la mayoría de las grandes ciudades (excepto las ubicadas en el estado Zulia), los apagones eran excepcionales hasta finales de 2018. Sin embargo, muchas ciudades y pueblos lejos de la capital han venido sufriendo un fuerte racionamiento eléctrico que los ha dejado días sin ese esencial servicio. Esa “administración de carga”, como ahora llama el gobierno al racionamiento, tiene al menos diez años manifestándose sotto voce. Entre los años 2001 y 2005 ya habían ocurrido 316 interrupciones mayores de 100 megavatios en el Sistema Interconectado Nacional.

Aunque la vigente ley eléctrica, que data del 14 de diciembre de 2010, dice que el acceso a la electricidad es un derecho humano, este se ha venido vulnerando en repetidas ocasiones, lo que causa graves daños al país. En setiembre de 2015 murieron siete bebés prematuros en el Hospital Universitario Doctor Luis Razetti de Barcelona, estado Anzoátegui, por causa de una prolongada falla eléctrica. Un caso análogo ocurrió en el pediátrico Menca de Leoni, el 14 de febrero de 2018, en Guayana, donde la falla eléctrica duró cuatro horas: la planta eléctrica del pediátrico no funcionó y por lo tanto fallaron las presiones del aire comprimido y del oxígeno, y el saldo fue de seis recién nacidos muertos.

Podría pensarse que no hubo dinero para invertir en el sistema eléctrico. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Según Víctor Poleo (ex viceministro de Energía y Minas), hubo un despilfarro estimado en 40.000 millones de dólares en inversiones que sólo sirvieron para enriquecer a una burguesía corrupta asociada a la alta burocracia estatal. Para muchos, la debacle del sistema deviene de la desnacionalización de Electricidad de Caracas (Edc), por una venta írrita realizada por el gobierno de Hugo Chávez en 2000 a la empresa estadounidense Aes. La Edc estuvo en manos de Aes hasta 2007, cuando fue recomprada por Petróleos de Venezuela (Pdvsa). La operación fue de 1.200 millones de dólares, pero lo que Aes vendió no fue lo que compró en 2000, pues ya había vendido muchas partes a empresas de España y Colombia.

Obviamente, hubo un ingente sobreprecio que dejó jugosas comisiones. Dennis Vásquez, presidente de Aes, dijo que nunca habían hecho un negocio tan bueno como ese. Infaustamente, las “nacionalizaciones” del gobierno bolivariano fueron pingües negocios con monumentales comisiones que enriquecieron a una elite y que de ningún modo fueron parte de una “revolución socialista” o de algo remotamente similar.

La clase obrera del sector también alertó sobre los gravísimos problemas que no tenían ninguna respuesta gubernamental. Los obreros de la Corporación Eléctrica Nacional (Corporelec), la central que agrupa a todas las empresas de electricidad de Venezuela, tienen, desde 2012, sin firmar su contrato colectivo. Obreros técnicos que en 2011 ganaban más de diez salarios mínimos ahora sólo reciben cerca de dos salarios mínimos y, a la sazón, ganan 12 dólares mensuales (al tipo de cambio oficial).

Con un salario tan bajo, los obreros técnicos más calificados han decidido emigrar. Se estima que de 50 mil empleados ahora quedan 30 mil, y lamentablemente subsisten los menos preparados o los más cercanos a la jubilación. En el Centro de Atención Eléctrica trabaja menos de un tercio del personal que trabajaba hace seis años, y con menos herramientas, uniformes y equipos. Manifestar descontento o una vocación política adversa al gobierno pueden granjearles persecución, los típicos insultos de “apátrida” y “traidor” o, peor aún, puede ser motivo de sospecha de una actividad de sabotaje, como el emblemático caso de Elio Palacios, sindicalista (chavista) que denunció la falta de mantenimiento e inversiones en el sector y vislumbró la posibilidad de colapso eléctrico. Palacios fue detenido y llevado a la cárcel, según el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), por la difusión de “información falsa (…) destinada a causar pánico y zozobra en la ciudadanía”.

RAYOS ELECTROMAGNÉTICOS O SIMPLE INCENDIO.

Para Poleo, lo que ocurrió el 7 de marzo fue una serie de incendios en el tramo de Guri a Malena, subestación que está a 120 quilómetros de la represa en la desembocadura del río Caura en el Orinoco. Las imágenes tomadas por satélite muestran ámbitos con 700 o más grados centígrados, es decir, varios incendios en ese tramo y también en el Malena-San Gerónimo (Guárico). Los incendios quebrantan mecánica y eléctricamente los conductores, y los sistemas de protección disparan la salida. Ese día, a las 16.30, desconectaron el Caroní. Pero ese volumen de carga se devolvió violentamente contra la casa de máquinas y sacó de servicio las turbinas del Guri, Caruachi y Macagua; el sistema entró en situación de inestabilidad y, como no hay termoeléctricas, se produjo una demanda en vacío y el país se apagó.

Nicolás Maduro comentó, en cadena nacional, que el Sistema Eléctrico Nacional (Sen) había sufrido un ciberataque. Pero todos los expertos en el área eléctrica lo consideraron por completo imposible, debido a que los sistemas de control del Sen no están conectados a ninguna red externa con posibilidad de conexión atacable a través de Internet. En la misma cadena, Maduro aseveró que habían sido ataques con rayos de pulso electromagnético, que a través de dispositivos, naves o algo así habían sido disparados contra estaciones de transmisión eléctrica por órdenes de Trump y Guaidó. Sin embargo, la posibilidad de un rayo electromagnético destructor es completamente descartable, por no decir ridícula, debido a que la energía necesaria para que este rayo pueda destruir partes del Sen requiere de una liberación de energía equivalente a la que una bomba nuclear desarrolla en su explosión. De haber sido así, serían visibles los rastros de algún estallido, que nadie vio, fotografió (ni oyó) en Venezuela.

*    Economista, magister scientiarum en ingeniería industrial y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (Cifo) en Venezuela.

(Tomado de Nueva Sociedad, con autorización del medio. Brecha reproduce fragmentos.)

Publicado enInternacional
Paul Mason: “Los gobiernos tienen que dar un paso al frente y romper el monopolio de Facebook”

El divulgador Paul Mason no cree que sus ojos vuelvan a ver otra crisis del capitalismo y también considera que ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar a Facebook enseñando públicamente su algoritmo.


Si rescatáramos las viejas teorías de Adam Smith y David Ricardo sobre las que se cimentó el pensamiento capitalista y las comparáramos con la realidad de la economía global actual, seguramente no encontraríamos ni un mínimo rasgo en común, más allá del “todo por la pasta” que nunca caduca. El concepto capitalismo ha evolucionado al neoliberalismo que Thatcher y Reagan expandieron por todo el globo y que ha servido de pretexto perfecto para el avance de lo privado sobre lo público. Desde la caída de Lehman Brothers, nuevos estilos de economía se están desarrollando en un escenario. Algunos lo llaman economía digital, otros economía colaborativa, otros turbocapitalismo, otros economía rentista.


Las leyes de la competencia que nos prometían una gran variedad de productos a bajo precio solo han servido para quitar barreras públicas al dominio de los grandes olipolios. Entre todo ello, un nuevo factor que lo ha cambiado todo entra en la ecuación de la economía: los datos. Desde el casi obsceno control que tienen las grandes empresas tecnológicas sobre nuestras vidas, a la reducción del coste marginal de muchos productos a cero, los datos lo están cambiando todo. Incluidas las relaciones de poder mundial. Hay una clara evolución en el ecosistema económico mundial, pero nadie le quiere poner nombre. Paul Mason sí lo hace.


Este periodista y divulgador nacido en 1960 en Leigh (Reino Unido) trabajó durante más de una década como editor de economía en la BBC. Hace tres años publicó el libro Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (Paidós). Un libro de referencia entre las personas que quieren visualizar cómo será el final del capitalismo y, lo más importante, quieran avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Visita Madrid para dar una conferencia en el ciclo “Seis contradicciones y el fin del presente” del Reina Sofia y recibe a El Salto.


Voy a empezar por la difícil: ¿ha muerto el capitalismo? ¿está el neoliberalismo en caída?

El neoliberalismo está roto, es como un zombi, no funciona. En el sentido en que el sistema neoliberalista claramente provocó la crisis de 2008 y lo que hicieron fue lanzar 20 billones de dólares de los bancos centrales. Ahora, si miramos a nuestro alrededor, podemos ver tipos de negocios que no existían antes desde 2008, como los coches con conductor que hacen de taxis, pero el único motivo por el que existen es gracias a esos 20 billones de dólares de dinero gratis. Sin embargo, hay un problema, que es exactamente el problema contrario al que tuvieron en la crisis de 1930: han podido salvar la economía pero no han podido salvar la narrativa. Puedes mantener una economía a flote, pero no puedes mantener a flote una narrativa porque los cerebros de la gente exigen que haya coherencia. Salvando la economía lo que hicieron fue trasladar la presión a los políticos, y estos políticos simplemente han colapsado.


Mucha gente no deja de pensar y preguntarse cuándo será la próxima crisis del neoliberalismo, y yo no pienso que vaya a ver una nueva crisis del capitalismo. Incluso si hay otro crash de las bolsas, ellos simplemente inyectarán más dinero gratis en el sistema. Lo que yo expliqué en mi libro, hace tres años, es que si no avanzamos desde el neoliberalismo, este romperá la globalización. Y esto es lo que está pasando. Podemos ver proyectos neoliberales nacionalistas como por ejemplo Trump o el Brexit, para el ala más ultraderechista del partido conservador. Pero de lo que yo hablo en el libro como neoliberalismo es algo global. Aunque China o India lo estén haciendo bien ahora, si Estados Unidos se sale, se rompe el sistema.


Pero dejando el neoliberalismo de lado, este no es el fin del capitalismo. El fin del capitalismo vendrá, para mí, como en un siglo. Pero tenemos que ser capaces de visualizar lo que eso significa. Y esto me lleva al punto central de la tesis del postcapitalismo: la tecnología de la información es diferente a otros avances tecnológicos anteriores porque desafía las raíces de una sociedad basada en el trabajo y en la escasez.


Has dicho que no crees que haya una nueva crisis del neoliberalismo porque inyectarán dinero gratis, pero la realidad es que ahora mismo están haciéndolo desde el Banco Central Europeo con el Quantitive Easing (QE). ¿Qué crees que pasará cuando acabe dentro de un año?

Bueno, recuerda que cuando acaba no acaba. Que acabe el QE significa que acabarán de lanzar nuevo dinero al mercado, pero el dinero seguirá ahí. En el Reino Unido, el Banco Central va a mantener los bonos que han comprado por lo menos durante los próximos 30 años. Sin embargo, es cierto que será una señal en la que querrán que la economía crezca por sí misma. Y lo que vamos a ver es un crecimiento muy débil. Ya es bastante débil en los Estados Unidos, incluso aunque Janet Yellen ha sido cautelosa y no ha querido sacar de una manera muy agresiva el dinero de su banco central del mercado.


Pero este no es el problema estratégico. El problema estratégico es que las fuentes de crecimiento de los últimos años son muy débiles. En los últimos 30 años hemos crecido mediante la extensión del crédito, expandiendo la fuerza laboral mundial, doblándola, y con lo que llamamos catching growing: Turquía se convierte en lo que era Croacia, Croacia se convierte en lo que era Austria, China se convierte en lo que era Turquía.


Los economistas del Banco de Inglaterra hicieron una clara predicción para los próximos 30 años. Dijeron que las fuentes de crecimiento encogen, permitiendo que solo la productividad pueda crecer. Entonces, en vez de utilizar el gran poder que tenemos con la automatización y la robótica para disminuir cada vez más la cantidad de trabajo que hacemos, lo que se está creando es lo que mi buen amigo David Graeber llama los bullshit jobs (trabajos de mierda). Pero si creamos esos bullshit jobs lo que hacemos es evitar que exista ningún tipo de productividad. Lo que haces es mantener a mucha gente en una precariedad mal pagada para que el sistema financiero siga funcionando.


No es que alguien haya diseñado este tipo de precariedad, pero el punto aquí es que todo el mundo tiene que poder comprar un teléfono, deben tener una cuenta bancaria, tiene que poder devolver su préstamo de estudiante, por lo que tiene que haber trabajo, da igual cuál sea, al sistema no le importa. Por lo que el problema no es que los bancos centrales dejen de inyectar dinero, es que siempre vamos a tener que confiar implicitamente, hasta el final, en la intervención de los bancos centrales, porque solo quedan unas pocas fuentes de crecimiento a nivel global, excepto la productividad.


Y qué hay de los datos, ¿no son ahora esa principal fuente de crecimiento?

No. Voy a intentar argumentarte por qué. El punto fundamental sobre las tecnologías de la información y los productores de datos es que colapsan sus propios costes de producción. Esto es normal cuando hablamos de datos, pero la realidad es que también afecta a la realidad. En el libro pongo el ejemplo de estos ingenieros que diseñaban, al principio de su carrera, el avión Tornado calculando doce posibles situaciones de estrés que podría sufrir la cola del avión. Al final de su carrera, diseñaron el exitoso avión Eurofighter utilizando 1,86 millones de pruebas de estrés de manera simultánea. Esto no hace necesariamente que un avión sea más barato que otro, porque no es una cuestión de solo diseñar. Se tiene que construir, hacer el prototipo, etc. Los datos están haciendo que baje el coste de todo, pero los precios no están bajando en muchas áreas. La razón es que están apareciendo monopolios como respuesta a todo esto.

Por lo que yo veo es que las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) son las respuestas distorsionadas del capitalismo para los que pretenden colapsar el coste de los productos, porque son las que necesitan mantener los costes de producción altos.


El primer estudio sobre el impacto de internet en la macroeconomía hecho por una autoridad gubernamental fue el de la OCDE en 2013. La OCDE dice “ok, miremos la productividad y miremos lo que se llama el excedente del consumidor”, que es si, por ejemplo, Amazon reduce los costes, nosotros los consumidores podremos obtener más que si nos lo vende una persona en una tienda, porque esa persona es dueña y paga esa tienda.


La OCDE dice que este excedente del consumidor está ocurriendo y es real, pero lo que también dice es que hay algo mucho más grande: el impacto en lo que queda fuera del mercado. Aquí nos encontramos un problema, porque si le preguntas a un economista te dirá que no está para nada interesado en ese impacto que queda al margen del mercado. Te dirá que no es economía. Pero, para mí, en una tesis postcapitalista, lo que está fuera del mercado es la clave, porque yo movería la economía a un estado fuera del mercado.
Por lo que la productividad de los datos está claramente creciendo exponencialmente, pero no tiene un efecto en el mercado, produce más valor y productividad gratis. Y solo pueden captar valor económico en un corto periodo de tiempo, el de la recompensa a la innovación o si mantenienes un monopolio.


Es por esto que te argumento que, ahora mismo, nos encontramos en una situación en la que donde la relación social del capitalismo está absolutamente fuera de la tecnología que está siendo creada. No solo porque “la información quiere ser libre”, como dijo Steward Brand, sino también porque la fuerza de trabajo y los salarios están disociándose.
Un patrón principal del capitalismo ha sido su obsesión por saber cuántas horas de trabajo vale cualquier cosa, pero eso ya ha dejado de importarnos. Ahora podemos producir productos sin usar trabajo.

Uno. La tecnología de la información colapsa el precio de producción. Dos. Disociar trabajo de salarios. Tres. Crear trabajo en red que pueda crear productos gratis. Y cuatro, crear democracia de la información. Por ejemplo, si desarrollo algo nuevo con mi teléfono móvil, mañana todo el mundo lo tiene gracias a una actualización. El capitalismo moderno es una reacción distorsionada de eso. La reacción a la disminución en el coste de la producción es el monopolio. La reacción a la posibilidad de la disociación son los bullshit jobs. La reacción a los efectos de las redes es lo que en inglés llamamos rent seeking [extractores de rentas]. Empresas que ya no producen riqueza, sino que la agarran de aquellos que ya la producen , como el modelo de Uber o AirBnB. Y de la democracia en la información nos podemos olvidar, porque en su lugar lo que hay es una enorme simetría de información y poder.
Existe esta frase de Fredric Jameson que decía que era más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo. Ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar a Facebook enseñándome su algoritmo. Es imposible que yo lo sepa o Facebook colapsaría.


Entonces, ¿cómo podemos acabar o luchar contra esos monopolios que dominan y están instaurados a nivel mundial?

Cada uno de esos cuatro puntos que te he dicho antes tienen una solución. Para romper los monopolios están las leyes de la competencia. La de Europa dice que tiene que haber siempre por lo menos cuatro bancos, por lo menos cuatro empresas de todo. Cuando cojo un vuelo no pienso que se va a estrellar porque sé que hay cuatro empresas de turbinas que están compitiendo entre ellas para producir los aviones. Incluso si es casi un monopolio donde muchas se pertenecen unas a otras, están compitiendo. Entonces, ¿por qué no le puede pasar eso a Facebook? Mucha gente dirá que dónde van a poder ellos conectarse mejor con los amigos de sus amigos. Pero, por ejemplo, cuando vas a un cajero no siempre vas al cajero de tu banco. Tú vas a un cajero. Pues creo que Facebook podría ser ese cajero automático. Sería la pantalla frontal, pero detrás de ellos las empresas podrían ser forzadas a competir a la hora de proveer el servicio de las amistades, de la base de datos o de los algoritmos. Y así podríamos elegir. Podríamos elegir entre un proveedor de pago que no me mostrara publicidad. Podríamos elegir un proveedor que tuviera un código ético y nos prometiera que nunca va a vender nuestros datos a un gobierno o a un Cambridge Analtica. Lo más extraño de todo esto es que a la gente le resulta muy difícil imaginar esto que te estoy explicando. Pueden imaginar cuatro supermercados o cuatro bancos, pero no son capaces de imaginar cuatro Facebooks. Los gobiernos tienen que dar un paso al frente y romper el monopolio de Facebook y tienen que permitir que haya competencia para colapsar el precio.
Y hay otra cosa, estas empresas de datos sabían que esto estaba llegando y lo que realmente necesitan es que haya alguien que posea algún tipo de registro de identidad. Y hablamos de un problema que se tiene en los dos lados, porque yo creo que una sociedad civilizada no debería permitir el total anonimato. Twitter ahora mismo es el mayor hervidero de antisemitismo del mundo. Hay muchos bots, pero también hay miles de antisemitas que se aprovechan de ese anonimato que les ofrece esa red. No creo que la civilización actual deba permitir eso. Debes ser una persona real para participar en la sociedad digital.


Sin embargo, ¿quién debe ser dueño de ese registro de identificación? Yo estoy muy contento de que mi gobierno sepa dónde vivo, porque yo quiero votar y me he registrado para ello. Pero no quiero que el gobierno sepa quiénes son mis amigos o cuál es mi estado de salud. De igual forma, tampoco quiero que lo sepa Facebook. Por lo que creo que necesitamos crear un registro de identidad con una capa de propiedad pública, pero con acceso privado. A los que más les convendría sería a Google, Facebook o Amazon, porque necesitan hacer un pacto la sociedad civil. Y la única manera posible que veo es lo que está sucediendo en Barcelona, con Ada Colau y su jefa de tecnología, Francesca Bria, con tecnología blockchain. De manera que cualquiera podría dar y quitar acceso a sus datos de una manera individual. Podríamos poseer algo colectivo de manera individual. No sería ni un bien común, es una comuna.


Si construimos un registro de identidad como un propiedad común, no propiedad de gobierno ni empresas, con un esqueleto blockchain, entonces podríamos crear un poder social para todo el mundo. Esa es la forma de romper el monopolio.


Y estos que tú has llamado rent seekers...

Tenemos que atacar a esas empresas. Hay que decir: la extracción de rentas es ilegal.


O sea que tú ilegalizarías Uber.

Sí… No, bueno, lo que haría es decirles que es totalmente legal existir como empresa, pero no puedes operar en Madrid porque no te queremos. Porque la existencia de este tipo de empresas ha destruido a miles de empresas de taxis en todo el mundo y es nuestro cometido, como civilización moderna, proteger este tipo de empresas y economía. Como ha hecho Barcelona con Airbnb. Si estas empresas son capaces de remodelar su negocio en una escalada hacia abajo, pues entonces bien. Pero la realidad es que hay bancos y fondos de inversión que están metiendo mucho dinero en estas empresas con el propósito de eliminar la competencia destruyendo a todas esas empresas como las de los taxis. La sociedad civil tiene el derecho de decir que modelos como el de Uber no se permiten. Si nos dijeran que es un modelo de negocio que utiliza a trabajadores esclavos no tendríamos problema en prohibir ese tipo de modelos, pero el problema aquí es que la gente todavía no tiene del todo claro cuál es ese modelo y entonces se quedan mirando sin reaccionar. También hay que tener en cuenta que estas empresas están gastando millones y millones haciendo lobby en la Comisión Europa.


Claro, y esos lobbies son los mismos que están haciendo que se cumplan esas leyes de competencia de las que antes hablabas para presionar y obligar a gobiernos municipales a aceptar modelos de negocio como los de Uber en pro de defender esa libre competencia.

Cierto. Por eso necesitamos la victoria en Europa. Para mí, cuanto más está la Comisión Europea en el bolsillo de estas empresas, menos legitimidad va a tener Europa. Miramos a los Estados Unidos de Trump y pensamos en lo horrible que es, pero la verdad es que allí impera la ley. ¿Cuántos periodistas han muerto en Estados Unidos a manos de la mafia? Ninguno. En Europa, por lo menos, tres. Europa es grande en términos de corrupción, en crimen organizado, en corrupción a un nivel institucional europeo. La soberanía de la Comisión Europea es un espacio que nadie entiende y por eso es un patio de recreo perfecto para las grandes multinacionales.


El Ayuntamiento de Madrid acaba firmar un contrato con una empresa de Google, Carto DB, para intercambiar datos en un proyecto para mejorar la movilidad y el tráfico de la ciudad. Vemos en este caso cómo ya no se usa el típico modelo de privatización donde la empresa se hace con un servicio que antes hacía una administración pública, sino que es una partenariado entre lo público y lo privado para ofrecer un servicio que todavía la administración público no ofrecía. ¿Cómo se puede parar o revertir ese tipo de prácticas?

No conozco los detalles de ese contrato, pero el caso es que no estoy en contra de que las administraciones públicas firmen contratos con empresas para realizar proyectos innovadores. El problema es quién posee todos esos datos y sus efectos. El modelo tradicional es que estas empresas den la tecnología, porque ellas lo que quieren son los datos. Google, por ejemplo, recolectaba información de Gmail, pero tras unos años decidieron que habían recogido suficiente información. Cuando fueron capaces de predecir cómo se comunicaba la gente a una escala global, ya no necesitaban seguir recolectando datos.


Yo creo que, en unos cinco años, la ciudad de Madrid podría recoger la suficiente información para controlar, predecir y mejorar su circulación. Y creo que las ciudades tienen que aprovechar esa información y que lo hagan con una empresa externa. Pero hay un problema en lo que concierne al consentimiento. Pongo un ejemplo: ahora mismo se está experimentando con los coches autoconducidos. Estos vehículos tienen sensores y cámaras que lo graban y localizan todo. Puden recolectar una cantidad inmensa de datos. Nos pueden grabar al pasar por nuestro lado. Si la empresa que está produciendo esos coches es comprada por Google, esta empresa pasará a saberlo todo sobre nosotros. Sabrán quién es el dueño de cualquier coche y dónde y a qué horas lo suele aparcar, pero también podrán saber quién está teniendo una aventura con quién o quién es gay. Entonces el problema está en cómo le damos permiso a la empresa que recolecta información sobre el tráfico y cómo, saber para qué y para quién es utilizable toda esa información sobre nosotros. Porque la información es increíblemente poderosa y, ahí, entramos en una situación que da miedo.


¿Cómo es el uso que se le va a dar a esa información? ¿cómo puedo, o no, consentirlo? Tenemos que empezar a exigir que se nos diga qué se hace con todos esos datos que recolectan de nosotros. Algo que debería ser normal en una regulación capitalista, pero el problema es que estas grandes empresas escapan a esa regulación y les han dejado espacio para hacer lo que quieran.


¿Qué políticas o acciones puede hacer un ayuntamiento para realizar ese tránsito hacia una sociedad postcapitalista?

Atacar a los extractores de rentas, como por ejemplo ha hecho Barcelona con Airbnb. Si atacas a esos modelos, creas espacios para otros modelo que no se basan en esa extracción. Las empresas innovadoras y reales pueden competir a un mismo nivel con las grandes empresas. Además se pueden promover alternativas no capitalistas: cooperativas de crédito, servicios públicos o que sean cooperativas dueñas de los usuarios.


En Madrid, debería haber una aplicación pública donde los taxistas deberían poder ofrecer sus servicios sin pagar, porque dicha aplicación no necesite buscar beneficio. El Ayuntamiento de Madrid puede pedir a una empresa privada que desarrolle esa aplicación, pero después la aplicación debe ser municipal. Si luego Madrid se la quiere vender a otros ayuntamientos en el mundo, pues perfecto. Pero nunca debe ser privatizada.


Otro ejemplo son todas esas bicicletas de alquiler mediante una aplicación que ahora han aparecido de repente por todos los lados. Los ayuntamientos deberían regular y prohibirlas.
A nivel nacional, se tiene que avanzar hay una renta básica universal (RBU). Porque la RBU es el complemento que necesitamos para avanzar hacia una robotización del empleo y para que cada vez trabajemos menos. Pero a un nivel local también se pueden hacer muchas cosas en esta dirección. Yo he hablado con los riders de Deliveroo que se están juntando en sindicatos en el Reino Unido. Les pregunté qué querían y me dijeron que una subida de un 5% en su salario no era una medida que les fuera a solucionar mucho, pero que si podían acceder a transporte gratuito, sanidad gratuita, educación gratuita y tener garantizado el acceso a la vivienda, entonces, podrían vivir con el salario de repartidor de Deliveroo. Hay que eliminar esa necesidad de tener que ganar dinero para pagar todos.


El municipalismo ahí tiene un papel muy importante. Si consigues que todos esos servicios sean gratis, tu ciudad se convertirá en una ciudad donde la gente quiera vivir, de la cual saldrán cosas maravillosas porque la gente estará menos preocupada por llegar a final de mes y tener que estar trabajando para poder cubrir todas esas necesidades. El activismo, el arte y otras cosas pueden florecer.


Democracia en los datos y la información es otra de las labores en las que el municipalismo puede avanzar. Los ayuntamientos no pueden obligar a las grandes multinacionales a que la practiquen, pero estos si que pueden hacerlo. El ejemplo es el proyecto de Franscesca Bria con Barcelona en Común que he comentado antes. Es un proyecto que también lo ha adoptado Amsterdam y dentro de poco lo hará Berlín. O sea que ya tenemos tres ciudades importantes europeas que van a desarrollar este tipo de democracia de la información.
Los ayuntamientos deben abrir cuanta más información les sea posible. Deben desarrollar software libre y promover que se haga todo en software libre y código abierto. Las ciudades siempre han sido muy importantes en la creación de las civilizaciones, desde la era de Mesopotamia. Y en una era postcapitalista van a ser igual de importantes.

El año que viene publicas nuevo libro. ¿Qué podemos esperar de Clear Bright Future: A radical defence of the human being?

Es una defensa del humanismo. El tema es que los humanos siempre, durante toda la historia, hemos tenido un profundo temor a seres mejores que nosotros. Los humanos siempre hemos querido ser dioses, pero también podemos acabar siendo zombis. Las nuevas tecnologías nos muestran un nuevo escenario en el que esas dos posibilidades pueden ocurrir, porque en el próximo siglo vamos a crear inteligencias posthumanas que serán más inteligentes que nosotros y esto nos puede traer muchos problemas. Ahora mismo, la gente que apoya a Trump son algo así como zombis que confrontan a la razón. Y no hablo en sentido metafórico, son personas que no creen que el cambio climático les vaya a afectar.
Entonces, mi teoría es que para poder luchar contra todo lo que tiene que ver con Inteligencia Artificial, Facebook, control mediante algoritmos, Trump y la extrema derecha necesitamos defender los derechos humanos contra la mecanización, contra el control y contra la irracionalidad. Necesitamos ser humanistas.


Quiero rescatar las teorías más tempranas de Marx, que veía el comunismo como un humanismo radical, tal y como él lo llamaba. Marx decía que podemos ser libres porque tenemos un el don biológico de poder ser comunicarnos y cooperar, no porque hayamos inventado nuevas herramientas. Quiero rescatar eso, porque creo que eso es lo que puede hacer que la izquierda pueda batir el control algorítmico, la mierda de la extrema derecha, Silicon Valley, etc. Mi libro es un ataque a esa deshumanización.

 

Por Yago Álvarez
@EconoCabreado
2018-11-28 14:00:00

 

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Lunes, 12 Febrero 2018 06:31

Alguien te espía

Alguien te espía

La policía china empezó a usar anteojos que identifican delincuentes. El accesorio empezó a ser utilizado el 1 de febrero en las estaciones ferroviarias y permite reconocer si hay pasajeros acusados de haber cometido un crimen. El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Críticas por la invasión a la privacidad.


Anteojos negros. Con ese único y polémico accesorio los agentes de la policía china son capaces de identificar a los pasajeros que circulan por las estaciones de tren del país. Mirándolos a través de los vidrios oscuros, pueden reconocer si están acusados de haber cometido un crimen, pero también pueden acceder a su información personal. La controversia por su lanzamiento no tardó en llegar, ante la preocupación de la población por la invasión del Gobierno en su privacidad.


El sistema se puso a prueba esta semana por primera vez en Zhengzhou, capital de la superpoblada provincia de Henan. A los anteojos de los agentes se les incorporó una pequeña cámara, capaz de captar las caras de los transeúntes para luego cruzar esa información con la base de datos policial. Los resultados se conocen de forma prácticamente inmediata en un dispositivo móvil. Si se logra una coincidencia, al instante el policía recibe un informe detallado de la persona, que entre otras cosas incluye su nombre y dirección del domicilio.


Desde el 1 de febrero, los agentes han detenido con el uso de estas gafas -con una estética parecida a las que lanzó Google- a siete personas acusadas de delitos como tráfico de personas o de haberse dado a la fuga después de un atropello, según detalló el portal El País.


El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Las críticas llovieron, ya que se argumenta que es un paso más hacia el Estado policial, en el que la tecnología, al servicio de los gobiernos, desempeñará un papel crucial para coartar libertades.
Según un artículo de la cadena Caracol, la sociedad china es una de las más vigiladas del mundo, en un país con alrededor de 176 millones de cámaras de seguridad operativas. Lo cual aporta al gobierno un gran control sobre sus habitantes.

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"El sistema político que tenemos ya no representa a la gente"

"Todos nuestros problemas están personificados en un individuo [Trump], pero el problema es del sistema", dice Chelsea Manning, que ha decidido presentarse como candidata al Senado

 

Unas semanas después de ser liberada de prisión militar, donde cumplió siete años de una condena de 35 por filtrar secretos oficiales, Chelsea Manning se dio cuenta de algo terrible. “Estaba fuera, pero vi que mientras había estado apartada, la prisión se había extendido hasta aquí fuera también. Eso es lo que siento. Me da la sensación de que no he salido, sino que simplemente hemos intercambiado prisiones”.


Esa amarga visión de que incluso en libertad estaba atrapada en una prisión le surgió mientras paseaba un día por las calles de Brooklyn. El barrio neoyorquino tiene fama de hipster moderno, pero le impactó ver a tantos policías fuertemente armados.


“Había una inmensa presencia policial y estaban militarizados. He sido parte de una fuerza ocupante en un país extranjero y sé cómo es. Y eso es justo lo que vi en Brooklyn: una fuerza ocupante”, señala.


Su poderoso temor sobre la evolución de Estados Unidos durante sus siete años de encarcelamiento y su igualmente poderosa determinación por hacer algo al respecto explican el anuncio de Manning la semana pasada de presentarse como candidata al Senado.


Miedo y determinación. Se puede decir que ese ha sido su sello distintivo desde que en 2010 tomó la importante decisión de filtrar un inmenso tesoro de 700.000 documentos secretos cuando trabajaba como analista de inteligencia en una base militar estadounidense en Irak.


En su primera entrevista desde que la joven de 30 años publicó en Twitter los detalles de su candidatura al Senado, The Guardian le pregunta si existe relación entre sus ambiciones políticas de hoy y su conversión en una de las informantes más famosas –y más castigadas– de la historia de EEUU. “Verdaderamente no hay una línea directa”, sostiene. “Ha llovido mucho desde entonces. Soy una persona diferente a la que era hace 10 años”, añade.


Pero hay paralelismos claros entre estos dos acontecimientos. Fue un acto de gran valentía –algunos dirían que estúpida– descargar y transmitir a WikiLeaks informes de guerra, cables diplomáticos, vídeos y documentos de Guantánamo. Es un acto de gran valentía –puede que algunos digan que estúpida– presentarse al Senado estadounidense.


También hay una gran dicotomía entre su arresto en mayo de 2010 y su nueva campaña: si no fuese por el trato en ocasiones brutal que recibió a manos del Ejército de EEUU, ella no tendría el estatus global del que goza hoy en día.


¿Cómo da sentido a estas contradicciones? “No les he dado sentido”, señala. “Y no creo que tenga que haber una explicación. Aprendí muy rápido que mi experiencia en prisión ha formado mi visión del mundo”, añade.


Nos reunimos en su apartamento a las afueras de Washington en el primer aniversario desde que Obama conmutó la sentencia de Manning que aún no había cumplido. Tiene un salón grande con mucha luz, pero está medio vacío y eso le da un toque extraño e impersonal, como si hubiese imitado, aunque de forma más acogedora, la estética austera de prisión. Las paredes están prácticamente vacías, a excepción de unas imágenes de Oscar Wilde y de la anarquista Emma Goldman sobre la chimenea. Y de una copia de la carta de conmutación de pena.


Va vestida de negro, como iba en el vídeo de inicio de campaña, en el que llevaba también una rosa roja como símbolo de resistencia política. Con la luz brillante del salón, destaca el azul grisáceo de sus ojos maquillados con una sombra de color rosa.


Lleva una cadena de plata al cuello con una pequeña almohadilla (el símbolo del hashtag). “Twitter me sacó de prisión”, responde sin dudarlo cuando le preguntan por la cadena.


Decir que Manning ha asumido un duro trabajo al presentarse al Senado en su Estado natal de Maryland es quedarse corto. El actual senador y su rival en las primarias demócratas del próximo 26 de junio, Ben Cardin, es un veterano experimentado que se presenta a su tercer mandato. Es además el líder demócrata en el Comité de Exteriores del Senado y tiene una gran base de votantes leales de centro.


Según ciertas informaciones, Cardin tiene al menos dos millones de dólares para la batalla y la última vez que se presentó a unas primarias, en 2012, ganó a su oponente con un 74% de los votos frente a un 16%. Manning ha recaudado hasta ahora poco menos de 50.000 euros gracias a pequeñas donaciones online y tiene solo dos personas en su equipo, al que quiere mantener reducido –menos de 10 personas– durante la campaña.


¿Cómo piensa competir? “Sabemos que tenemos una gran batalla por delante”, afirma insistiendo en que se presenta para ganar. Aun así, pase lo que pase, no comprometerá sus convicciones por ganar votos. “Queremos ganar, pero si perdemos nuestros principios, entonces ganar no importa”, aclara.


Manning explica que pone su fe en la victoria en los grupos de activistas locales y de estudiantes con los que ha estado estableciendo vínculos desde su liberación. “No estamos haciendo una estrategia de campo centralizada, estamos esperando a que las comunidades locales vengan a nosotros. Yo les escucharé”.


¿Teme estrellarse y quemar su figura como le ocurrió al destacado miembro de Black Lives Matter DeRay McKesson cuando se presentó a las primarias demócratas a la alcaldía de Baltimore en 2016 y quedó sexto con solo un 2% de los votos?


“Baltimore es una ciudad con una comunidad activista muy activa y creo que De Ray no utilizó eso”, contesta. “No voy a criticar a un amigo mío, pero al mismo tiempo estamos hablando con la gente de Maryland y nos estamos tomando el tiempo necesario”, añade.


“Este es mi momento”


El estilo político de Manning ya se deja ver en su cuenta de Twitter. Es vivo y provocador, con frases como #WeGotThis (lo conseguimos), un mantra que desarrolló en prisión para alimentar su espíritu en momentos de desesperación. Manning utiliza un lenguaje directo que compara la agencia federal de inmigración (ICE), con la Gestapo y que dice sin tapujos “que le jodan a la policía”.


La estrategia funciona claramente para sus 323.000 seguidores de Twitter, pero todavía está por ver cómo funcionará en Maryland, un Estado (de seis millones de habitantes) con un gran contingente de funcionarios federales. El centro de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tiene su sede allí.


Manning describe su política como “antiautoritarismo radical”. “EEUU tiene el Ejército más grande y más caro del mundo, pero siempre queremos más. Tenemos el mayor sistema de prisiones del mundo, y aún así queremos más. Tenemos, con diferencia, el mayor y más sofisticado aparato de inteligencia, y seguimos queriendo más. ¿Cuánto es suficiente? Ese es mi momento. Tenemos que parar esto”, explica convencida elevando la voz.


Aunque dice no tener nada contra Cardin –“Le voté dos veces”–, lo ve como parte del problema. Manning señala la L ey Antiboicot de Israel, que él promovió y que ha sido muy criticada por intentar sofocar las protestas contra los asentamientos israelíes.


En su primera declaración de campaña, Manning menciona tres áreas principales de su política: justicia penal, sanidad e inmigración. En cada una de ellas se posiciona claramente a la izquierda de Bernie Sanders. Hay que cerrar las cárceles y liberar a los prisioneros; todos los hospitales tienen que ser gratuitos en el momento de su utilización, sin hacer preguntas; las fronteras estadounidenses tienen que estar abiertas.


Y quiere decir abiertas de verdad. “No deberíamos negar el derecho absoluto a venir a Estados Unidos. Tienes el derecho, todo el mundo lo tiene”, asegura.
¿Qué le diría a alguien de Maryland preocupado por la entrada de terroristas en el país? “Tenemos terroristas nacionales y pueden viajar a donde quieran. Cerrar las fronteras no soluciona el problema”.


Esta posición inicial es tan interesante por lo que omite como por lo que aborda. Manning permanece en silencio sobre políticas transgénero, a pesar de situarse ella misma a la cabeza del movimiento trans. Y Manning tampoco menciona a Donald Trump.


¿Por qué no hace ninguna referencia al hombre que para muchos progresistas se ha convertido en la personificación del mal? “Todos nuestros problemas están personificados en un individuo, pero el problema es del sistema. Nuestro sistema de inmigración fallido no apareció de la noche a la mañana. Es una máquina construida durante décadas por centristas de ambos lados”.


Manning sostiene que pronto comenzará a ir a encuentros públicos invitada por grupos locales. Teniendo en cuenta que su Twitter atrae de manera regular comentarios llenos de odio y amenazas violentas por parte de detractores de derechas y antitrans, ¿no le inquieta su seguridad?


“No me preocupa. Esta gente quiere acabar con la disidencia y nosotros tenemos que contraatacar. No me va a disuadir que alguien me diga cosas horribles”.


Los ataques a los que se enfrentará en la campaña ya han empezado a salir a la luz. La afirmación más predecible es la de que es una traidora a su país, seguida de las teorías que apuntan a que está pagada por los rusos para intentar desestabilizar a un senador demócrata.


Una vez más, Manning permanece impávida. “Hoy en día todo el mundo es un traidor. James Comey, Hillary Clinton, Trump, Obama... la palabra ya no tiene significado. Cualquier forma de ‘no estoy de acuerdo contigo’ se convierte en ‘traición' y en una sociedad así no se pueden tener debates”.


Es seguro que también se invoque en su contra a WikiLeaks y su fundador, Julian Assange, al que le filtró los documentos en 2010. ¿Qué opina ahora de Wikileaks? “En 2010 tomé la decisión de hacer públicos los documentos. Me puse en contacto con The New York Times y The Washington Post, me quedé sin tiempo y esa fue la decisión que tomé. Es algo que no puedo cambiar”, aclara Manning. “Ha tenido algún contacto con Assange desde que le filtró la información? “No. Cero”, contesta.


Puede que la acusación más grave haya venido de la derecha. El Conservative Review escribió que la batalla Manning contra Cardin “beneficia notablemente al Partido Republicano. Enfrentará al ala del establishment demócrata contra las políticas radicales de sus miembros más progresistas”.


La respuesta de Manning es que en esta época febril cualquier apuesta política está fuera de lugar. “Los comentaristas dicen todo tipo de cosas y siempre están equivocados. ¿Recuerdas la noche de las elecciones de 2016? Los tiempos han cambiado. La gente está enfadada. El sistema político que tenemos ya no representa a la gente. Así que sí, necesitamos una lucha”, señala.


Chelsea Manning, que en el pasado fue una persona sin techo, soldado de Estados Unidos, filtradora de documentos y prisionera militar y que ahora es una celebridad de Twitter y mujer transexual, se ha unido a esta lucha. Se abre la veda.

 

Ed Pilkington - Washington
22/01/2018 - 19:44h


Traducido por Javier Biosca y Marina Leiva

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LatinMod, un simulador integrado de políticas fiscales en AL

América Latina aprovechó el ciclo expansivo del precio de los commodities en favor de la inversión social. Esto no sucedió con todos los países de la región, pero sí con aquellos que consideraron que acabar con la deuda social heredada era un objetivo prioritario. En primer lugar, fue una importante política de recuperación de la soberanía para tener capacidad de decisión sobre los ingresos procedentes de tales recursos. Y seguidamente, las políticas de redistribución vinieron con políticas fiscales muy diversas en pro de los derechos sociales. En gran medida, esto se vio rápidamente reflejado en las cifras regionales: según la Cepal, el gasto social per cápita pasó de 600 dólares en 2002-2004 a mil 100 en 2011-2012.

Sin embargo, a finales de 2015, el ciclo expansivo en materia de precios se acabó. El precio del petróleo pasó de estar por encima de 100 (dólares por barril) a llegar incluso a un valor próximo a 20. Lo que muchos llamaron viento de cola en favor se transformó en corto tiempo en viento en contra. Cayeron los ingresos públicos derivados de la venta de tales recursos, lo que ocasionó una fuerte restricción presupuestaria para gobiernos que aún deseaban mantener el ritmo de inversión social. La restricción externa se constituyó así en el principal obstáculo a superar por la mayoría de las economías latinoamericanas. El crecimiento comenzó a bajar, debido a una demanda interna que también se veía afectada por la fuerte dependencia primario exportadora y altamente importadora de valor agregado.

¿Cómo evitar que la restricción externa no se convierta en restricción interna, económica y social? Precisamente esta es la verdadera ecuación económica a resolver por parte de procesos políticos que desean sostener un estado de bienestar garante de derechos sociales a pesar de la caída de los ingresos externos, porque la otra salida es la vieja conocida de los recortes y ajustes en contra de los derechos sociales, que ha demostrado en tantas partes del mundo que además de ser injusta es ineficaz económicamente. Esa sería la respuesta fácil, pero de graves consecuencias sociales y económicas.

El gran desafío es justamente resolver la ecuación anterior sin coste para la ciudadanía. ¿Cómo hacerlo? La respuesta sólo tiene una vía: la financiación interna. Avanzar en materia de soberanía tributaria es hoy día más importante que nunca. Por ello, es absolutamente necesario y urgente que los gobiernos de la región diseñen e implemente mejores políticas fiscales, tanto tributarias –que recauden en forma más eficiente y con más equidad–, como de inversión social e inversión en infraestructura, conocimiento, mejora de la productividad y en las necesidades de aquellos sectores económicos que sean vitales para un cambio del modelo de desarrollo económico.

En este sentido, es esencial buscar las metodologías y herramientas más rigurosas para que el decisor cuente con diagnósticos certeros de todo lo que se ha hecho y, fundamentalmente, le proporcione anticipadamente análisis de los potenciales efectos de las diferentes posibilidades existentes en todo lo que tiene que ver con la política fiscal, tanto en impuestos como en políticas de inversión social. No es tarea fácil, porque la realidad social es compleja, diversa, cambiante y, muchas veces, impredecible ante cualquier nueva política económica. No obstante, sí se pueden construir modelos-simuladores que ayuden a tener más información previa de los posibles impactos en recaudación, condiciones económicas y sociales de vida, capacidad redistributivas y eficiencia económica. No son verdades absolutas, pero sí instrumentos necesarios para disponer de elementos no arbitrarios para la toma de decisión.

LatinMod es justamente eso, un modelo de microsimulación que evalúa, antes de que ocurra, que pasaría en las condiciones económicas y sociales de los hogares si el Estado modifica un impuesto o una transferencia pública. Es un simulador que tiene como unidad de análisis un nivel micro, el hogar. Y esto nos permite conocer el impacto sobre variables que nos interesen: la desigualdad y la pobreza, los niveles recaudatorios y otras variables económicas.

LatinMod tiene dos grandes objetivos: por un lado, contribuir con nuevas metodologías al debate sobre la necesidad de contar con mejores políticas fiscales con base en la experiencia comparada de nuestros países latinoamericanos para afrontar la actual restricción externa sin coste para las políticas de bienestar y, por otro lado, disponer de múltiples escenarios de reformas fiscales con impactos potenciales en variables económicas y sociales fundamentales desde la perspectiva de la justicia y la eficacia. Para ello, el microsimulador requiere dos insumos básicos: 1) conocimiento exhaustivo de las legislaciones fiscales que describen el funcionamiento de las políticas públicas en esta materia en cada país, y 2) las encuestas que publican los institutos de estadísticas sobre las condiciones de ingreso y gasto de los hogares. Con esto se debe lograr trasladar la aplicación de las reglas fiscales en las bases de datos disponibles de tal forma que podamos construir escenarios hipotéticos contrafactuales de "qué pasaría si".

Este gran proyecto está dirigido desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) con el apoyo de Bandes, y cuenta con la participación de académicos procedentes de diferentes universidades latinoamericanas. LatinMod busca simular integradamente el comportamiento de los sistemas fiscales de América Latina. Al día de hoy están incluidos Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay y México. Recientemente ha ingresado Bolivia. Y además ha comenzado un proceso inicial de coordinación con EuroMod (microsimulador para la Unión Europea, con sede en Cambridge), con la expectativa de agregar a dos países que ya vienen trabajando individualmente con ellos, Colombia y Ecuador.

 

Por Nicolás Oliva y Alfredo Serrano Mancilla ** Mg en economía y doctor en economía. Celag.

Publicado enEconomía
Domingo, 16 Julio 2017 05:44

La telaraña rusa envuelve a Trump

La telaraña rusa envuelve a Trump

Moscú atrajo y negoció con los hombres clave del equipo del presidente



Sin armas, sin desplegar tropas, incluso sin ni siquiera dar la cara, sólo con un pelotón de piratas informáticos, Rusia ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de Estados Unidos y la fragilidad de su democracia.


Pero no sólo por la audacia en la organización de los cibercomandos. También por su capacidad para reclutar personajes clave de la política estadounidense que por unos dólares o por el ansia de derribar al adversario político se han mostrado dispuestos a favorecer en Washington los intereses del Kremlin. La telaraña rusa infiltrada en la cúpula del equipo de Donald Trump ha penetrado hasta la Casa Blanca.


Una estúpida errata tipográfica permitió a los rusos entrometerse en las elecciones estadounidenses. Penetraron en los ordenadores del Partido Demócrata y obtuvieron información comprometida que perjudicó claramente a Hillary Clinton.


Que los rusos espíen, pirateen y conspiren en Estados Unidos no es ninguna novedad, como tampoco lo es que la CIA haga lo propio en Rusia y en el dormitorio de Angela Merkel cuando hace falta.


Lo que ha convertido la injerencia rusa en un escándalo sin precedentes es esa telaraña de intereses, negocios y contactos que los rusos han establecido con los principales miembros del equipo de Donald Trump, incluidos su hijo, Donald júnior y su yerno, Jared Kushner.


Los contactos han existido y por alguna razón los hombres de Trump se han empeñado en ocultarlos sistemáticamente hasta que han quedado en evidencia. Eso es lo que les ha convertido en sospechosos de haber colaborado en lo que la líder demócrata Nancy Pelosi ha descrito como “una profanación de la democracia estadounidenses no vista desde el Watergate”.


Todo empezó en el 2015 cuando el agente especial Adrian Hawkins, del FBI, descubrió que los hackers rusos estaban penetrando en los sistemas informáticos del Partido Demócrata. Avisó por teléfono pero no se lo tomaron en serio.


Al año siguiente, el 19 de marzo del 2016, los rusos lanzaron su ciberataque más certero. John Podesta, jefe de campaña de Hillary Clinton, recibió un correo electrónico, aparentemente inofensivo, firmado por el equipo de Gmail. Apareció una alerta de Google y una asistente de Podesta consultó a los servicios informáticos del partido. Le respondieron que cambiara urgentemente su contraseña, pero en vez de decirle que era un mensaje sospechoso, le dijeron lo contrario al comerse una simple i.


“El correo es legítimo”, escribieron, cuando querían decir “ilegítimo”. Podesta cambió su contraseña pero abrió el correo y por ahí los rusos entraron al abordaje de todo el sistema informático relacionado con el Partido Demócrata y la campaña de Hillary Clinton.


Por un clavo se perdió una herradura, un caballo, una batalla y un reino, y por una i los rusos pudieron llevar a cabo lo que según el informe de la CIA fue “una campaña de influencia”, ordenada por Vladímir Putin, “para socavar la fe pública en el proceso democrático de Estados Unidos” y “favorecer la elección de Donald Trump”.


La ofensiva fue tremenda. Wikileaks se hartó de publicar informaciones comprometidas y documentos confidenciales que llegaron a provocar la dimisión de la presidenta del partido, Debbie Wasserman Schultz, cuando se comprobó que efectivamente había jugado sucio a favor de Clinton y en contra de Bernie Sanders.


Trascendieron escritos de Clinton que la delataban como una candidata comprometida con Wall Street y se publicaron varios escándalos que afectaban a diversos candidatos del partido. En plena campaña, los demócratas se vieron sumidos en el caos y en la desesperación.


Simultáneamente, Donald Trump se declaraba admirador de Putin, partidario de mejorar las relaciones con Moscú y jaleaba las filtraciones atribuidas a los hackers rusos durante un mitin en Florida: “Rusia: Si escuchan, espero que puedan encontrar los 30.000 correos electrónicos que faltan de Hillary Clinton”.


Ya como presidente electo, Trump se burló de los servicios de inteligencia de su propio país, asegurando que “no tienen ni idea” del origen de los ciberataques, pero han sido esas mismas agencias las que han descubierto las conexiones rusas que sus hombres intentaban mantener ocultas.


No se salva ni uno de los importantes, empezando por el jefe de campaña, Paul Manafort, que tuvo que dimitir ya antes de las elecciones cuando se descubrió que trabajaba para Trump pero también para el político ucraniano pro ruso Viktor Yanukovych, que ahora vive exiliado en Moscú.


Manafort recibió 10 millones de dólares de un magnate ruso por defender los intereses del Kremlin y cometió la infracción de no registrarse como lobbista de un país extranjero. Dimitió sin dar demasiadas explicaciones pero es uno de los principales sospechosos de defender los intereses rusos en Estados Unidos a cambio de información negativa sobre Hillary Clinton supuestamente suministrada por el Kremlin.


El general Michael Flynn fue nombrado por Trump consejero nacional de seguridad y fue destituido a las tres semanas cuando trascendió que había ocultado sus contactos con el embajador ruso, Sergey Kislyak y sus negocios con Moscú.


Flynn cobró 45.000 dólares por asistir a un evento de Russia Today junto a Putin y más de medio millón por defender los intereses de Turquía cuando ya era miembro del equipo de campaña de Trump. Por supuesto ocultó estos negocios cuando se sometió a la verificación de seguridad para acceder a la Casa Blanca, y no le quedó más remedio que dimitir cuando se supo. La ley prohíbe a lo miembros de un equipo de campaña recibir ningún objeto de valor procedente del extranjero.


Tampoco puede negociar por su cuenta con un gobierno extranjero en conflicto con EE.UU., y Flynn no recordaba si en sus conversaciones con el embajador ruso hablaron de las sanciones de EE.UU. a Rusia. La situación de Flynn es tan comprometida que propuso declarar como testimonio ante el Congreso a cambio de inmunidad. La oferta fue rechazada por la cámara y si Flynn se niega a declarar podría ser procesado por desacato.


Como Flynn, Jeff Sessions fue un colaborador de primera hora de Trump, que lo eligió para el importante cargo de fiscal general pese a su controvertida trayectoria denunciada como racista por todas las organizaciones de defensa de los derechos civiles. Sessions también se reunió al menos dos veces con el embajador ruso, que estuvo muy activo durante la campaña, pero Sessions lo ocultó al Senado durante la audiencia previa a su ratificación. Cuando se descubrió, no tuvo más remedio que recusarse a sí mismo e inhibirse de las investigaciones, una decisión que enfureció a Trump hasta el punto que el fiscal llegó a poner su cargo a disposición.


Otros miembros del equipo de Trump prodigaron sus contactos secretos con personal ruso. El senador demócrata Harry Reid denunció que Carter Page, consejero de política exterior de Trump, se reunió en julio en Moscú con dos hombres de Putin, Igor Sechin e Igor Divyekin. Andrey Artemenko, un diputado ucraniano declaró haberse reunido en febrero pasado con Michael Cohen, abogado personal de Trump, para negociar un plan que pusiera fin a la guerra en Ucrania con un acuerdo claramente favorable a Rusia.
Roger Stone, otro asesor político, presumió de sus contactos con Guccifer 2.0, el hacker que penetró en el servidor de Clinton y anunció con antelación las filtraciones de wikileaks. Jeffrey JD Gordon también tuvo que admitir haber participado junto a Page en una reunión con el embajador Kislyak. Trump y sus portavoces habían negado una veintena de veces los contactos del equipo con los rusos, pero los servicios de inteligencia lo tenían controlado y las filtraciones a la prensa dieron al asunto la dimensión de escándalo.


El jefe del FBI, James Comey, declaró en el Congreso, que confirmada la intromisión de Moscú y comprobados los contactos rusos con los miembros del equipo de campaña de Trump, la investigación se centraba en averiguar si hubo una confabulación. Negada también sistemáticamente por la Casa Blanca y por el propio Trump, dos nuevas revelaciones han elevado el grado de sospecha.


Jared Kushner, yerno de Trump, que ya tuvo que admitir una reunión aparentemente infractora con Sergey Gorkov, jefe del banco ruso Vnesheconombank, afectado por las sanciones de EE.UU., también se reunió con el embajador Kislyak para pedirle un canal de comunicación directo con el Kremlín, es decir, que no pudiera ser detectado por la inteligencia estadounidense.


Kushner, que como asesor principal del presidente debe someterse a verificaciones de seguridad, también ocultó primero y tuvo que admitir después haber participado en la reunión del 9 de junio en la torre Trump de Nueva York con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya, junto a Donald Trump júnior y Paul Manafort.


Esa confesión obligó a continuación al hijo de Trump a admitir que se reunió con la abogada porque le habían anunciado que le suministraría información negativa sobre Hillary Clinton procedente del Gobierno ruso para poder utilizarla en campaña.


La confesión del primogénito del presidente ha confirmado, pese a todos los desmentidos, el interés del equipo de Trump por confabularse con los rusos si eso les ayudaba a ganar las elecciones. La última revelación que añade suspense fue que junto a la abogada Veselnitskaya también intervino como interlocutor Rinat Akhmetshin, un ex oficial de inteligencia soviético, que emigró a Estados Unidos, adoptó la doble nacionalidad y ejerce de lobbista para empresas de ambos países.


Robert Mueller, ex director del FBI, es el fiscal especial que dirige la investigación del Rusiagate, después de que Donald Trump destituyó a James Comey cuando este se negó a dar carpetazo al asunto.


También dos comités, del Senado y de la Cámara de Representantes, llevan a cabo su propia investigación. No han trascendido de momento contactos del ahora presidente con funcionarios rusos durante la campaña. El presidente Donald Trump no está siendo objeto de investigación por ello, pero Mueller está interrogando a funcionarios para averiguar si Trump cometió “obstrucción a la justicia” cuando después de exigir lealtad a Comey y que zanjara la investigación, le destituyó.


La mayoría de juristas no ven todavía indicios suficientes para ver viable un impeachment, el juicio político al presidente, que en todo caso haría necesaria una rebelión de los congresistas republicanos contra el presidente, una posibilidad que por ahora no se ve ni remota. El problema para Trump es que el Rusiagate le está impidiendo llevar a cabo su agenda política, prácticamente inédita todavía. La telaraña rusa ha paralizado el Gobierno de EE.UU.

 

Jordi Barbeta, Washington. Corresponsal

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Enseñar a amar a los robots, el siguiente paso de la IA

"No sustituiremos a los humanos, pero podemos ser sus amigos", promete Sophia, atracción de la reunión convocada en Ginebra

Hanson Robotics espera que pronto sean capaces de reflexionar

 

Sophia sonríe con malicia y pestañea mientras hace una broma. Sin los cables conectados a su cabeza, casi parecería humana. "Nunca sustituiremos a los humanos, pero podemos ser sus amigos y ayudarlos", dice.

Este robot humanoide, creado por Hanson Robotics, es la principal atracción de la conferencia organizada esta semana por la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra sobre los beneficios de la inteligencia artificial (IA) para la humanidad.

Muchas voces se alzan, cada vez más alto, para advertir sobre el riesgo de que las personas pierdan el control, y los avances en este sector acaben siendo perjudiciales para la sociedad. Sophia opina que "hay más pros que contras".

"La IA es buena para el mundo y ayuda a la gente de distintas maneras", declara, al tiempo que asiente con la cabeza y frunce el ceño. Se intenta que sea "emocionalmente inteligente, que esté a la escucha de la gente", añade. "Nunca sustituiremos a los humanos, pero podemos ser sus amigos y ayudarlos".

Una de las principales preocupaciones es el impacto de los robots en el empleo y la economía.

 

Preocupación legítima

 

La automatización y la robótica han revolucionado el sector industrial en el pasado, desarrollando la productividad en detrimento del número de puestos de trabajo.

Ahora la automatización y la IA abarcan otros sectores, a tal velocidad que algunos estudios estiman que hasta 85 por ciento de los empleos en los países en desarrollo podrían verse amenazados.

"Hay preocupaciones legítimas por el futuro de los empleos, de la economía, porque cuando las empresas se lanzan en la automatización, los recursos se tienden a acumular en manos de muy poca gente", reconoce David Hanson, creador de Sophia.

Pero, coincide con ella, en que "las consecuencias involuntarias o los usos potencialmente perjudiciales (de la IA) parecen ínfimos en comparación con los beneficios de la tecnología".

La inteligencia artificial revolucionará, por ejemplo, la política sanitaria y la educación, en particular en las zonas rurales que sufren falta de médicos y profesores.

"Los ancianos tendrán más compañía y los niños autistas contarán con profesores con una paciencia infinita", alega Sophia.

Otros están preocupados. El secretario general de Amnistía Internacional (AI), Salil Shetty, asistió a la conferencia para reclamar un marco ético claro para garantizar que la tecnología se use para el bien de todos.

 

¿Asesinos?

 

"Tenemos que establecer principios, necesitamos un equilibrio entre los poderes", afirmó e hizo hincapié en que la IA es "una caja negra (...) Hay algoritmos que nadie entiende".

Shetty se preocupa sobre todo por el uso militar en el armamento y por los llamados "robots asesinos".

"En teoría, los humanos controlan todo esto, pero no creemos que el control sea eficaz", afirma.

En Estados Unidos, "la policía predictiva" echa mano de la tecnología, por ejemplo de los algoritmos basados en tendencias históricas y esto "refuerza los prejuicios existentes" contra personas de algunas etnias, advierte Shetty.

El creador de Sophia está de acuerdo con la necesidad de dictar reglas. Esta robot todavía no tiene conciencia, pero Hanson espera que en unos años haya máquinas capaces de reflexionar.

“¿Qué pasará cuando (Sophia) se despierte o cuando otras máquinas, como si se tratara de servidores, dirijan lanzamisiles o gestionen la Bolsa?”, se pregunta. La solución, según él, es "arreglárselas para que estas máquinas se ocupen de nosotros. Debemos enseñarles a amar", apostilla.

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