China, cada vez más segura de sí misma ante un mundo en crisis

Las expulsiones de corresponsales estadounidenses evidencian cómo la confianza de China aumenta mientras el mundo se enfrenta al coronavirus

El 18 de marzo, Pekín anunció la expulsión de los corresponsales de los periódicos más importantes de Estados Unidos, concretamente The New York Times, The Wall Street Journal (WSJ) y The Washington Post. A simple vista, la decisión adoptada por el Gobierno de Xi Jinping forma parte del pulso entre China y Estados Unidos por el control de los periodistas extranjeros. Pero hay algo más.

La medida cogió a los periódicos por sorpresa. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China decretó la expulsión de los corresponsales de los medios anteriormente citados cuyas acreditaciones expirasen a finales de 2020. Pekín actuaba en represalia, tal y como explicó, por una decisión tomada a principios de año por la Administración Trump, que limitó el número de periodistas de medios estatales chinos autorizados a trabajar en Estados Unidos. Los obligó a registrarse como empleados de una administración pública extranjera.

Sin embargo, estas expulsiones van más allá del tira y afloja habitual entre las superpotencias que suele jugarse en la imposición de tarifas aduaneras o en la ejecución de maniobras militares. Es la primera vez que implica a la prensa. Por tanto, estas expulsiones suponen una declaración firme y asertiva por parte de China, que se siente fuerte y se crece de cara a una competencia geopolítica que definirá las próximas décadas.

Hace un mes, con millones de ciudadanos chinos confinados en sus casas, el partido parecía resuelto. El Gobierno chino capitulaba arrodillado ante una inmensa ola de críticas internas y externas a su gestión de la crisis provocada por el estallido del coronavirus en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en el centro de China.

Semanas después, mientras el número de personas contagiadas no deja de crecer en Estados Unidos, Pekín se frota la manos ante el caos en el que se está sumiendo el país y los errores de la Admistración Trump para gestionar la expansión de la pandemia. Respondiendo al cambio de tornas a una velocidad sorprendente y con un descaro que pocos gobiernos podrían igualar, China dona equipamiento sanitario a países de la Unión Europea, publicitando al máximo esa generosidad espontánea.

Algunos diplomáticos chinos incluso han contribuido a extender teorías conspiranoicas en Twitter, sugiriendo que el virus fue creado por el ejército de Estados Unidos en lugar de explicar que el origen del contagio entre animales y humanos estuvo en un mercado de la ciudad de Wuhan.

Los mensajes lanzados por el Partido tienen como objetivo mejorar la deteriorada imagen que los ciudadanos chinos tienen de su propio Gobierno. Inciden en cómo la estrategia de adoptada por China no solo funcionó, sino que se está convirtiendo en el guion a seguir por los Gobiernos de todo el mundo a la hora de responder al incremento de infecciones en la mayoría de países. Según Neican, un boletín de noticias chino que se edita en Australia, "todo sucede como corresponde. Todo va bien. La gente en China es feliz y fuera de China, el caos".

El Partido no se tomó bien la cobertura que hizo la prensa extranjera del confinamiento decretado en China para combatir la infección, pero eso no explica la expulsión de corresponsales de los principales medios estadounidenses. Por lo general y durante décadas, el Partido ha tolerado a los reporteros extranjeros. Los veía como un mal necesario en el contexto de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y el fomento de la inversión extranjera.

Pero la China que Xi Jinping diseña ya no los necesita. El país es mucho más rico y poderoso que hace unos años y ya puede permitirse usar a los corresponsales como moneda de cambio entre potencias. Además, con respecto a la prensa, la hostilidad es profunda, casi personal. The New York Times investigó y publicó con detalle la riqueza acumulada por algunos miembros de la dirección del partido Comunista de China y sus familias. En 2012 destapó la fortuna de Wen Jiabao. El equipo de Bloomberg en China y Hong Kong informó sobre la fortuna de la familia Xi. The Wall Street Journal también ha publicado numerosos artículos sobre Xi, tanto sus páginas de información como en las de opinión.

Lo que ha descolocado a muchos no es el enfrentamiento de ambos Gobiernos sobre la prensa. Eso ya viene de largo. En realidad, los analistas se preguntan por el error cometido por Washington por servirle en bandeja a China la oportunidad de vengarse con por apuntar a los reporteros chinos en Estados Unidos.

El trabajo de los reporteros de medios estatales chinos en el extranjero aporta pocas novedades con respecto a lo que ya se sabe de los países en los que trabajan. Sin embargo, los reporteros extranjeros en China, sobre todo los que trabajan cabeceras importantes y bien financiadas de Estados Unidos, juegan un papel crucial traspasando el secretismo y la opacidad del régimen chino. 

Muchos de ellos han pasado años aprendiendo el idioma, estudiando y labrándose experiencia y fuentes. Todo ese capital intelectual se va de un plumazo. Y no solo de China sino de Hong Kong, pues la expulsión se extiende fuera de China continental, afectando tanto a Hong Kong como a Macao.

Nadie notará que hay menos periodistas chinos en el extranjero. Pero la ausencia de esos tres rotativos estadounidenses en China será palpable. El Partido y sus líderes llevaban tiempo deseando el final del escrutinio de la prensa extranjera. Una vez que se ha superado lo peor de la crisis del coronavirus, China se siente fuerte para tomar una decisión que tenía preparada hace tiempo, deshacerse de gran parte de los periodistas extranjeros. No es en represalia por lo que ha hecho Estados Unidos. El motivo real es que China ha tomado conciencia de su poder.

Por Richard McGregor* - Analista político en el Lowy Institute de Sidney

24/03/2020 - 22:16h

  • • Richard McGregor trabaja en el Lowy Institute de Sidney y ha escrito varios libros y artículos sobre política y diplomacia chinas.
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China expulsa a los periodistas estadounidenses de cinco medios

El acto supone una represalia por las restricciones que EE UU impuso a medios estatales chinos en febrero

China expulsará a los periodistas de nacionalidad estadounidense de cinco medios de ese país: The New York Times, TheWashington Post, The Wall Street Journal, Voice of America y Time. La medida se ha dado a conocer en un comunicado del Ministerio de Exteriores emitido al filo de la medianoche (hora local, ocho horas menos en España), en medio de un deterioro drástico de las relaciones entre Washington y Pekín a raíz de la pandemia de la Covid-19.

Los periodistas tendrán que reportarse en el plazo de cuatro días al Ministerio de Exteriores y entregar sus pases de prensa antes de 10 días. Dado que la validez de los visados para los reporteros extranjeros está vinculada a contar con ese pase, la medida implica la expulsión.

La decisión es de una dureza sin precedentes, por la cantidad de expulsados y por prohibir que puedan trabajar en Macao o Hong Kong, territorios con leyes distintas a las chinas.

El comunicado indica que se trata de una represalia contra la decisión de Estados Unidos, el pasado 19 febrero, de imponer medidas restrictivas a las corresponsalías de varios medios estatales chinos en su territorio, al considerarlos un brazo de la propaganda oficial de su país.

Al día siguiente de aquel anuncio estadounidense, Pekín declaró la expulsión de tres periodistas del Wall Street Journal, con el argumento de que este diario económico había publicado días atrás un artículo de opinión con un titular racista.

El comunicado de esta medianoche también declara a los medios castigados como entidades oficiales estadounidenses, controladas por el Gobierno en Washington. Los cinco tendrán que declarar por escrito toda la información que dispongan sobre su personal, financiación y propiedades en suelo chino.

Las medidas “son completamente necesarias y recíprocas y China se ve obligada a tomarlas como respuesta a la opresión poco razonable que los medios chinos experimentan en Estados Unidos. Son una autodefensa legítima y justificada en cualquier sentido. Lo que Estados Unidos ha hecho es atacar exclusivamente medios chinos, y por tanto ha estado motivado por una mentalidad de la Guerra Fría y la parcialidad ideológica”.

El anuncio llega en un mal momento de las relaciones entre Washington y Pekín a raíz de la pandemia de la Covid-19. El secretario de Estado, Mike Pompeo, convocó la semana pasada al embajador chino en la capital estadounidense para pedir explicaciones después de que un portavoz del Ministerio de Exteriores chino promoviera en Twitter ―red social prohibida en China― la teoría de que el virus pudo llegar a Wuhan, donde se detectaron los primeros casos, traído por las Fuerzas Armadas estadounidenses.

A su vez, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el propio Pompeo han irritado a Pekín al referirse en varias ocasiones al patógeno como “virus chino” o “virus de Wuhan”.

Por Macarena Vidal Liy

Pekín - 17 mar 2020 - 14:28COT

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Martes, 25 Febrero 2020 05:49

No importa Assange

No importa Assange

No importa Julian Assange (foto). Importa que empieza su juicio de extradición en Londres. Y que hay mucho en juego en este juicio, al igual que en el proceso que le espera en Estados Unidos si la justicia británica decide enviarlo.

No importa él como persona, si cae o no simpático. Importa que estos juicios serán determinantes para el futuro del periodismo, la libertad de expresión y el derecho internacional.

En concreto, Assange está siendo acusado de espionaje por hacer lo que hacen los periodistas. Esto es, recabar y publicar información. Los espías hacen otra cosa: roban documentos y se los entregan a otro país.

La acusación en contra de Assange combina lenguaje del Espionage Act de 1917 con una descripción de prácticas que son habituales en las redacciones, como intercambiar mensajes encriptados con fuentes que desean permanecer anónimas.

Según el Departamento de Justicia estadounidense, esas prácticas son apropiadas para un periodista de un medio reconocido como podría ser el New York Times. Pero no para Assange. En el día en que se anuciaron los cargos en su contra, con penas de hasta 175 años de cárcel, un vocero del Departamento de Justicia explicó la diferencia. "Es que Assange_argumentó_no es un periodista.” Mas aún, en un informe anual del Departamento de Estado al Congreso, el gobierno de Trump ha definido al medio que Assange dirige, WikiLeaks, como un “servicio de inteligencia no estatal”.

Entonces, ¿Cuál sería la diferencia entre un periodista, que supuestamente goza de protección legal, y un “no periodista” como Assange, que no puede publicar información secreta? ¿Entre un portal de internet especializado en filtraciones periodísticas y un “servicio de inteligencia no estatal”? Mas importante todavía, ¿quién decidiría esta cuestión? El gobierno, por supuesto. En este caso, el gobierno de Trump. No parece algo que beneficie la libertad de expresión, o el ejercicio del periodismo crítico.

A esto hay que sumarle que en éste y otros casos similares Estados Unidos parece querer ejercer una especie de justicia universal pero al revés, en favor de sus propios intereses. Al hacer detener y extraditar a personas como Assange, que no estaba en Estados Unidos al momento de los hechos, acusado por publicaciones o reproducciones online que ocurrieron en otros países a través de servidores instalados en el extranjero, Estados Unidos, lejos respetar principios universales, impone los suyos al resto del universo.

A semejante persecución hay que agregar que Assange estuvo siete años encerrado en tres cuartos de la embajada ecuatoriana en Londres sin poder respirar aire puro ni ver la luz del día, en lo que Naciones Unidas llamó una detención ilegal de Gran Bretaña y Suecia por acusaciones de delitos sexuales que nunca fueron formalizadas, sumada a nueve meses en solitario en la cárcel británica de máxima seguridad de Belmarsh, hasta que el mes pasado entró en un régimen carcelario compartido con otros reclusos, entre otras severas restricciones para mantenerse lúcido y preparar adecuadamente su defensa.

Tanto la jurisprudencia británica como la europea prohiben extradiciones por delitos políticos. La defensa de Assange argumentará que no hay nada más político que este juicio de extradición. El proceso podría durar meses y poner a prueba no solo a las cortes británicas sino al sistema legal europeo, ya que las apelaciones llegarían a Estrasburgo o La Haya.

Conocí a Assange en Ellingham Hall, Norfolk, Gran Bretaña, en el invierno del 2011. Le dije que quería escribir sobre él.

“Mi vida personal no importa,” contestó. “Lo que importa es mi trabajo y lo que sucede con lo que hago. Escribí sobre eso.”

@santiodonnell

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Boris Hagelin, hacia 1970 con un aparato para encriptar mensajes. Tony Evans/Timelapse Library Ltd Getty Images

Una investigación de ‘The Washington Post’ y las cadenas ZDF y SRF destapa el espionaje de EE UU y Alemania a otros Gobiernos durante décadas

Es uno de los mayores casos de espionaje, material de novela de John Le Carré o de un guion cinematográfico. Durante más de cinco décadas, la CIA y los servicios de espionaje de la entonces Alemania Occidental (BND, en sus siglas germanas) controlaron en secreto una empresa suiza que fabricaba y vendía dispositivos de encriptación y líneas de comunicación seguras a más de 120 países. Pero el caso es que ni las líneas ni los mensajes encriptados eran seguros, ya que la CIA y los alemanes tenían acceso a la información a través de los dispositivos, según desveló este martes una investigación periodística de The Washington Post, junto a las cadenas de televisión ZDF(Alemania) y SRF (Suiza).

Fue El golpe de inteligencia del siglo, titulaba este martes el periódico estadounidense. Fueron clientes de la empresa Crypto AG y sus máquinas trucadas países como Irán, juntas militares de América Latina, naciones rivales como India y Pakistán, Estados miembros de la OTAN como España, la ONU e incluso el Vaticano, según la extensa investigación, que asegura que “estas agencias de espionaje manipularon los dispositivos de la compañía para poder romper fácilmente los códigos que los países usaban para enviar mensajes cifrados”. Hasta ahora, ese peculiar partenariado era uno de los secretos mejor guardados de la Guerra Fría.

Todo empezó en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la firma Crypto fue creada por Boris Hagelin, un empresario e inventor nacido en Rusia pero que huyó a Suecia cuando los bolcheviques tomaron el poder. Cuando los nazis ocupaban la vecina Noruega en 1940, Hagelin decidió emigrar de nuevo, en esta ocasión a Estados Unidos.

El inventor llevaba consigo la famosa máquina encriptadora, bautizada como M-209. Según la historia interna de la CIA, citada en la investigación del Post, se hacía necesario controlar a Hagelin para que limitara la venta del codificador solo a países aprobados por Washington. En definitiva, Crypto no debía caer en manos de los soviéticos, los chinos o los norcoreanos. Esos países, sin embargo, nunca fueron clientes de la compañía, por lo que, en teoría, quedaron fuera de los límites directos del espionaje montado por EE UU y Alemania.

No obstante, los agentes de la CIA obtuvieron mucha información valiosa de Pekín y Moscú a través de las interacciones de estos países con servicios secretos o diplomáticos de naciones que sí tenían los aparatos de encriptado. La conocida como Operación Thesaurus se firmó en un elitista club de Washington, el Cosmos, cuando Hagelin selló en 1951 con un apretón de manos durante una cena el primer acuerdo secreto con la inteligencia estadounidense, que trajo consigo a William Friedman, el padre de la criptología americana.

El acuerdo consistía en que Hagelin trasladaba la compañía a Suiza y restringía las ventas de sus modelos más sofisticados a países aprobados por Langley (donde tiene la sede la CIA). Las naciones que no estaban en esa lista obtenían de Crypto AG sistemas anticuados y sin apenas efectividad. A Hagelin se le compensaba económicamente por la pérdida de ventas.

El siglo XX avanzaba y prácticamente nadie en Crypto, excepto Hagelin, sabía de la implicación de la CIA en la compañía. Los beneficios eran abundantes. Cada año, según los registros de la inteligencia alemana, el BND entregaba su parte de las ganancias en efectivo a la CIA en un oscuro garaje de Washington.

En la década de los ochenta, la operación pasó a denominarse Rubicón. Para entonces, ya existían algunas tensiones entre Washington y Bonn a cuenta de los objetivos y del reparto de la información conseguida. Ambas partes, según la investigación, también usaron para su espionaje a otras empresas, a Siemens en Alemania y Motorola en EE UU.

Crypto, además, daba buenos beneficios. Según la CIA, en 1975 la compañía ganó más de 51 millones de francos suizos (unos 47,8 millones de euros). Mientras, Rubicón permitió décadas de acceso sin precedentes a las comunicaciones de otros Gobiernos. Por ejemplo, en 1978, cuando los líderes de Egipto, Israel y EE UU se reunían en Camp David para negociar un acuerdo de paz, la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA, en sus siglas en inglés) escuchaba de forma secreta las comunicaciones del presidente egipcio Anwar el-Sadat con El Cairo.

A través de un sistema de Crypto se supo también que el hermano del presidente de EE UU Jimmy Carter estaba supuestamente en nómina del líder libio Muamar el Gadafi. La tecnología también propició que la Administración de Ronald Reagan pasase información a Londres sobre la breve guerra del Reino Unido con Argentina por las Malvinas. En 1989, el uso del Vaticano de un aparato de Crypto fue determinante en la captura el general panameño Manuel Antonio Noriega cuando el dictador buscó refugio en la Nunciatura de Panamá.

Los alemanes abandonaron el programa hacia finales de los noventa; la CIA continuó. Pero Crypto se fue disolviendo y dejó de existir en 2017. Ahora existen Crypto International y CyOne; la primera asegura que nunca supo nada de la trama de Crypto, y la segunda se acoge al socorrido “sin comentarios”.

Por Yolanda Monge

Washington 12 FEB 2020 - 04:26 COT

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Adriana Gómez, Colgado de la brocha de la serie “Algo pendiente”, 2009.

“No es posible tener verdaderos buenos medios sin verdadera democracia y no se puede tener una buena democracia sin buenos, fiables e independientes medios”.
(parafraseando a Alexis de Tocqueville)

 

Reconocido como un referente de buen periodismo, Noticias Uno es, pese a ello, o precisamente por eso, perseguido y ahora abocado al cierre de sus emisiones. El mes de septiembre nos ha sorprendido con la noticia, dada por el gerente de la productora, de que Noticias Uno, el noticiero del canal televisivo Canal 1 en antena los fines de semana y los festivos, dejará de salir al aire con el agotamiento del 2019, que en octubre ya anuncia su ciclo final.


En sus 18 años en antena, entre 1992 y 2001 funcionaba bajo el rótulo NTC Noticias, el programa ha sido fiel a su lema “La red independiente” y ha demostrado que se puede hacer información seria sin “venderse” al capital o al poder, que tanto da. Su labor ha sido reconocida en diez ocasiones con el premio anual India Catalina de la Industria Audiovisual colombiana al mejor noticiero nacional.


Aunque el canal ha declarado que la decisión de salir del aire es corporativa y los motivos son solamente financieros, parece que detrás de este anuncio hay presiones externas que la motivan. Esas dificultades económicas se presentan por la falta de financiación procedente de anunciantes, y éstos son presionados por otros canales para no inyectar recursos a Canal 1 por contar con un informativo que incomoda.


En las palabras de Ramiro Avendaño, presidente de ese canal televisivo, se puede entrever algo del trasfondo de esa decisión al afirmar que el final del noticiero tiene que ver con “la situación particular de prácticas restrictivas de la libre competencia encontradas en el mercado colombiano de la televisión abierta”. El panorama mediático de Colombia no es transparente ni se desenvuelve bajo la libre competencia. Una muestra de ello es que cincuenta entidades, lo que supone el 75 por ciento de la publicidad del canal, no pueden pautar porque tienen contratos de exclusividad con los dos grandes canales privados. Así lo ha declarado el gerente del noticiero Jorge Acosta.


Noticias Uno no se encuentra entre los programas con mayor índice de audiencia, dicen que apenas un 0,6 por ciento del rating, lo que significa poco más de doscientos mil televidentes, pero en sus 28 años en antena ha obtenido numerosos reconocimientos y premios por la calidad de su periodismo de investigación. Además de los India Catalina, ha recibido el premio nacional Simón Bolívar de periodismo, el CPB del Círculo de Periodistas de Bogotá y el Nuevo Periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez en 2010.


Este noticiero fue el que destapó casos como el de la “Yidispolítica”, en el que la congresista Yidis Medina confesaba haber recibido plata por votar a favor de la reelección como presidente del hoy senador Uribe, o el del escándalo detrás de los negocios de la empresa constructora brasileña Odebrecht al obtener grabaciones del contratista Jorge Pizano en las que declaraba las irregularidades en contrataciones de obras con el Estado. Investigación esta última que probablemente provocó la pérdida de la publicidad del Grupo Aval, entidad vinculada a Odebrecht.


Esa gran labor informativa no le ha servido al programa para mantenerse al aire. O tal vez ese compromiso social con el periodismo de verdad es lo que le ha acarreado el cierre. Un programa que se había ganado fama de independiente, riguroso y crítico. Conceptos que en el escenario mediático colombiano son “peligrosos” para la salud de quien los practica.


Según Julián F. Martínez, premio nacional de periodismo Simón Bolívar en 2017 por su libro ChuzaDAS. Ocho años de espionaje y barbarie y exreportero de Noticias Uno, la cancelación de un noticiero que aportaba pluralidad y diversidad a los medios es “un golpe contundente a la columna vertebral de la democracia en Colombia (1)”.


Así son las cosas en este siglo XXI de tecnologías, posverdades y “libertades”. Un informativo que defiende los hechos frente a las creencias, que no “come cuento” con las noticias falseadas (adulteradas) o falsas (que faltan a la verdad de forma premeditada o involuntaria); que no construye la mal llamada opinión pública a partir de las opiniones de quienes mandan, sino que plantea las noticias contrastando las fuentes, poniendo en práctica los cimientos del periodismo clásico, pasará a ser historia cuando amanezca el nuevo año.


Ese es el funcionamiento de la censura hoy. Ya no lo hace a la manera clásica de prohibir o recortar la libertad de expresión, aunque siguen dándose casos como el más reciente de Twitter suspendiendo ciertas cuentas. Actualmente todo es más sibilino, pero más eficaz porque se hace dentro de un sistema que creemos “democrático” que “garantiza” que todo se lleva a cabo dentro de la ley. Aunque esa “ley” sea la del más fuerte. Si no quieres actuar directamente coartando libertades, lo mejor es que lo hagas subrepticiamente de manera indirecta pero exitosa. Presionando a quienes sostienen un programa con sus aportes económicos para que los retiren y así se vea obligado a cerrar.


¿Por qué puede ser molesta la existencia de un programa con tan poca audiencia dentro de un canal que según Kantar Ibope Media, empresa de investigación de medios, apenas alcanzaba en 2018 una cuota de pantalla del 2 por ciento? Porque lo distinto es peligroso, porque la reflexión provoca malestar y porque lo discordante invita a pensar de otra manera y los poderes no quieren que la gente recapacite. Todo eso se acaba eliminando un programa de las características de Noticias Uno, lo que hace que los grandes medios sigan concentrando poder y, en el caso de la televisión, aumentando su cuota de pantalla, “Esa concentración, además, les sitúa (a los medios) a pasos agigantados más cerca de los poderes que de la ciudadanía, lo que dificulta la construcción de una soberanía comunicacional (2)”.


El noticiero que dirige la periodista Cecilia Orozco Tascón “no es un espacio noticioso en el sentido tradicional. Es más bien una unidad investigativa audiovisual especializada en denuncias, que publica historias que otros medios omiten” según recoge la revista Semana (3).


El panorama de concentración mediática y de presiones sobre los medios llamados alternativos (4), no es exclusivo de Colombia. El mundo está en la misma situación al existir seis entidades transnacionales que controlan la comunicación a través de sus miles de emisoras, canales televisivos, medios escritos y editoriales. Ese dominio no es solamente de propiedad y distribución de noticias sino también de creación de contenidos, lo que hace que los discursos dominantes sean los mismos en casi todo el planeta. Como ya dijeran Marx y Engels en La ideología alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época (5)”.


Eliminar un medio es, en cierta medida, matar la verdad o, al menos, eliminar una manera de narrar esas verdades que no siempre nos cuentan y que, a veces, nos acechan. Es una acción más de lo que Aharonian (6) llama la guerra de cuarta generación mediante la cual implantan, de manera hegemónica, los imaginarios colectivos, las narrativas y los discursos y las verdades “únicas”, las suyas.


Si queremos que el periodismo no abdique de la función social que tiene encomendada debemos defender los medios críticos, a sus profesionales y a quienes promueven no sólo la libertad de expresión y de información, sino el no tan demandado y necesario derecho universal a la comunicación. Es una lucha desigual en la que la ciudadanía es David frente al Goliath de las corporaciones mediáticas.


¿Cuál es la verdad detrás del anuncio del cierre de Noticias Uno? Crisis económica de la cadena, presiones políticas, decisión comercial… La verdad es que, si nada lo impide, en 2020 desaparecerá de la parrilla televisiva uno de los programas que ha sido referente del periodismo de investigación en los últimos años. Su producción ha calado en la opinión pública, no solamente por lo que informaban sino porque suponía una confrontación con los poderes dominantes.


A partir de ahí, se producirán posverdades, se lanzarán bulos y opiniones, las más de las veces sin argumentos que las respalden, para pintar del color del interés personal de quien las diga lo que convenga en cada caso. Hoy la posverdad es el arma preferida para la desinformación masiva “el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos (7)”. Es la manera de mantener ocultas las otras verdades, las que no interesan.


Si aceptamos que el periodismo es “una forma de dirección política, y su carácter de clase está determinado por el de la organización social (8)”, la acción sobre Noticias Uno es una manera de presionar a un medio que ve cercenada su salida al aire por una dirección política determinada por la organización económica que le corta el grifo de los ingresos y blanquea lo que en el fondo es, ni más ni menos, pura y dura censura a la libertad de expresión. Condicionan su existir por excusas económicas de trasfondo político.


Noticias Uno es probablemente el penúltimo ejemplo de cómo el poder ejerce toda su fuerza frente a las voces contrarias al statu quo que no se pliegan a los dictados de quienes gobiernan el mundo, ya sea el político, el económico o el mediático. Una muestra más de cómo los poderes establecidos nos quieren condicionar la existencia e imponernos qué ver, qué escuchar, qué leer y qué pensar. A veces, la subordinación se produce sin hacer ruido y bajo la máscara teatral de la democracia.


Tal vez con el cierre de este noticiero se haga más evidente lo que los grandes conglomerados mediáticos y los poderes financieros se empeñan en negar u ocultar, que la información no es inocente, que las noticias son mandatos de quien gobierna y que el periodismo es, cuando no se ejerce libremente, una forma de dirección social. En este mundo neoliberal, capitalista y competitivo se informa para dirigir, para condicionar conciencias y para crear imaginarios colectivos que no cuestionen el poder.

Libertad de prensa

Decía Lenin que la “libertad de prensa” en una sociedad burguesa, hoy diríamos sociedad capitalista de la información, es la que tienen los ricos, los que detentan el poder, de engañar al resto, a la mayoría excluida y explotada. Algo que todo el mundo sabe pero que “casi todos” silencian y esquivan.

Según la clasificación de la libertad de prensa elaborada por la organización Reporteros Sin Fronteras (9) (RSF) para 2019, Colombia ocupa el puesto 129 de los 180 países clasificados con una puntuación de 42,82 ubicándose en la zona “roja” que reúne a los países con una “situación difícil”. Dicho informe se elabora con un cuestionario conformado por una serie de temas como: el pluralismo, la independencia de los medios, el ambiente en el que las y los profesionales llevan a cabo su trabajo, la posible autocensura que se imponen, el marco legal en el que se desempeñan, la transparencia y la calidad de la infraestructura con la que cuentan en sus labores. En ese trabajo se explica para Colombia que las y los periodistas siguen padeciendo “presiones, intimidaciones, actos de violencia”, en un país en el que los medios tienen vinculación con “grandes empresas y con políticos, lo que pone en peligro su independencia editorial y favorece la autocensura”. En el cierre del documento, esta ONG, bajo el título “Un clima de violencia y autocensura”, afirma que “El nuevo presidente, el conservador Iván Duque Márquez, elegido en agosto de 2018, no ha dado señales que permitan pensar que la situación de la libertad de prensa en el país mejorará”. El caso de Noticias Uno es una muestra más de que la situación de los medios y sus profesionales en Colombia está en riesgo.

Permitir la desaparición de voces críticas en los medios es ceder ante las corporaciones mediáticas que gobiernan el mundo. Éstas terminan siendo “armas de propaganda de un modelo que se resiste al cambio y son el sustento del imaginario imperante en torno a la felicidad proporcionada por el consumo (10)” lo que hace crecer la concentración mediática y el pensamiento único que homogeneiza la ciudadanía y anula la capacidad de cuestionar y rebelarse contra las injusticias sociales. La falta de democracia en los medios y la ausencia del derecho a la comunicación son falencias imperdonables de sociedades que se ven determinadas por la información dominante producida por los conglomerados del eduentretenimiento.

Finley Peter Dunne afirmó en el siglo XIX que la tarea del periodista es “tranquilizar al afligido y afligir al tranquilo”. Un siglo después, también en los EE.UU., el Comité de Periodistas Comprometidos, después de encuestar a varios profesionales de los medios, concluyó que: “El propósito esencial del periodismo es dar a los ciudadanos la información precisa y fidedigna que necesitan para desenvolverse en una sociedad libre”.

Eso es lo que perderemos si consentimos que sucedan cosas como el cierre de Noticias Uno y que hagamos como que no ha pasado nada.

 

1. “El fin de Noticias Uno: la muerte de la libertad de prensa”. Disponible en: https://www.youtube.com/revelados
2. Chaves, I. y Gordo, R: “La concentración mediática en Colombia. Para descentralizar la mirada”, en Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.
3. “Noticias UNO: la voz critica que se apaga”, en revista Semana, 8 de septiembre de 2019. Disponible en https://www.semana.com/nacion/articulo/noticias-uno-saldra-del-aire-crisis-economica-en-los-medios-de-comunicacion/630983
4. “Alternativo”, término utilizado en demasía y que no significa mucho pero por el que nos referimos generalmente a los medios que están enfrentados al poder establecido (nota del autor).
5. Marx, K. y Engels, F. (1974). Obras Escogidas. Moscú, editorial Progreso, 3 tomos.
6. Aharonian, A. (2017). El asesinato de la verdad. Concentración mediática, redes y comunicación popular. Bogotá, La Fogata editorial, Periferia y FILA.
7. Taufic, C. (2012). Periodismo y lucha de clases. Madrid, ediciones Akal.
8. Reporteros Sin Fronteras, Informe sobre la libertad de prensa en Colombia disponible en: https://rsf.org/es/colombia
9. Manuel Chaparro en la introducción de Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.

*Doctor en Comunicación y Ciencias Sociales
Director de la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de Uniminuto (Colombia)

Adriana Gómez, Colgado de la brocha de la serie “Algo pendiente”, 2009.

“No es posible tener verdaderos buenos medios sin verdadera democracia y no se puede tener una buena democracia sin buenos, fiables e independientes medios”.
(parafraseando a Alexis de Tocqueville)

 

Reconocido como un referente de buen periodismo, Noticias Uno es, pese a ello, o precisamente por eso, perseguido y ahora abocado al cierre de sus emisiones. El mes de septiembre nos ha sorprendido con la noticia, dada por el gerente de la productora, de que Noticias Uno, el noticiero del canal televisivo Canal 1 en antena los fines de semana y los festivos, dejará de salir al aire con el agotamiento del 2019, que en octubre ya anuncia su ciclo final.


En sus 18 años en antena, entre 1992 y 2001 funcionaba bajo el rótulo NTC Noticias, el programa ha sido fiel a su lema “La red independiente” y ha demostrado que se puede hacer información seria sin “venderse” al capital o al poder, que tanto da. Su labor ha sido reconocida en diez ocasiones con el premio anual India Catalina de la Industria Audiovisual colombiana al mejor noticiero nacional.


Aunque el canal ha declarado que la decisión de salir del aire es corporativa y los motivos son solamente financieros, parece que detrás de este anuncio hay presiones externas que la motivan. Esas dificultades económicas se presentan por la falta de financiación procedente de anunciantes, y éstos son presionados por otros canales para no inyectar recursos a Canal 1 por contar con un informativo que incomoda.


En las palabras de Ramiro Avendaño, presidente de ese canal televisivo, se puede entrever algo del trasfondo de esa decisión al afirmar que el final del noticiero tiene que ver con “la situación particular de prácticas restrictivas de la libre competencia encontradas en el mercado colombiano de la televisión abierta”. El panorama mediático de Colombia no es transparente ni se desenvuelve bajo la libre competencia. Una muestra de ello es que cincuenta entidades, lo que supone el 75 por ciento de la publicidad del canal, no pueden pautar porque tienen contratos de exclusividad con los dos grandes canales privados. Así lo ha declarado el gerente del noticiero Jorge Acosta.


Noticias Uno no se encuentra entre los programas con mayor índice de audiencia, dicen que apenas un 0,6 por ciento del rating, lo que significa poco más de doscientos mil televidentes, pero en sus 28 años en antena ha obtenido numerosos reconocimientos y premios por la calidad de su periodismo de investigación. Además de los India Catalina, ha recibido el premio nacional Simón Bolívar de periodismo, el CPB del Círculo de Periodistas de Bogotá y el Nuevo Periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez en 2010.


Este noticiero fue el que destapó casos como el de la “Yidispolítica”, en el que la congresista Yidis Medina confesaba haber recibido plata por votar a favor de la reelección como presidente del hoy senador Uribe, o el del escándalo detrás de los negocios de la empresa constructora brasileña Odebrecht al obtener grabaciones del contratista Jorge Pizano en las que declaraba las irregularidades en contrataciones de obras con el Estado. Investigación esta última que probablemente provocó la pérdida de la publicidad del Grupo Aval, entidad vinculada a Odebrecht.


Esa gran labor informativa no le ha servido al programa para mantenerse al aire. O tal vez ese compromiso social con el periodismo de verdad es lo que le ha acarreado el cierre. Un programa que se había ganado fama de independiente, riguroso y crítico. Conceptos que en el escenario mediático colombiano son “peligrosos” para la salud de quien los practica.


Según Julián F. Martínez, premio nacional de periodismo Simón Bolívar en 2017 por su libro ChuzaDAS. Ocho años de espionaje y barbarie y exreportero de Noticias Uno, la cancelación de un noticiero que aportaba pluralidad y diversidad a los medios es “un golpe contundente a la columna vertebral de la democracia en Colombia (1)”.


Así son las cosas en este siglo XXI de tecnologías, posverdades y “libertades”. Un informativo que defiende los hechos frente a las creencias, que no “come cuento” con las noticias falseadas (adulteradas) o falsas (que faltan a la verdad de forma premeditada o involuntaria); que no construye la mal llamada opinión pública a partir de las opiniones de quienes mandan, sino que plantea las noticias contrastando las fuentes, poniendo en práctica los cimientos del periodismo clásico, pasará a ser historia cuando amanezca el nuevo año.


Ese es el funcionamiento de la censura hoy. Ya no lo hace a la manera clásica de prohibir o recortar la libertad de expresión, aunque siguen dándose casos como el más reciente de Twitter suspendiendo ciertas cuentas. Actualmente todo es más sibilino, pero más eficaz porque se hace dentro de un sistema que creemos “democrático” que “garantiza” que todo se lleva a cabo dentro de la ley. Aunque esa “ley” sea la del más fuerte. Si no quieres actuar directamente coartando libertades, lo mejor es que lo hagas subrepticiamente de manera indirecta pero exitosa. Presionando a quienes sostienen un programa con sus aportes económicos para que los retiren y así se vea obligado a cerrar.


¿Por qué puede ser molesta la existencia de un programa con tan poca audiencia dentro de un canal que según Kantar Ibope Media, empresa de investigación de medios, apenas alcanzaba en 2018 una cuota de pantalla del 2 por ciento? Porque lo distinto es peligroso, porque la reflexión provoca malestar y porque lo discordante invita a pensar de otra manera y los poderes no quieren que la gente recapacite. Todo eso se acaba eliminando un programa de las características de Noticias Uno, lo que hace que los grandes medios sigan concentrando poder y, en el caso de la televisión, aumentando su cuota de pantalla, “Esa concentración, además, les sitúa (a los medios) a pasos agigantados más cerca de los poderes que de la ciudadanía, lo que dificulta la construcción de una soberanía comunicacional (2)”.


El noticiero que dirige la periodista Cecilia Orozco Tascón “no es un espacio noticioso en el sentido tradicional. Es más bien una unidad investigativa audiovisual especializada en denuncias, que publica historias que otros medios omiten” según recoge la revista Semana (3).


El panorama de concentración mediática y de presiones sobre los medios llamados alternativos (4), no es exclusivo de Colombia. El mundo está en la misma situación al existir seis entidades transnacionales que controlan la comunicación a través de sus miles de emisoras, canales televisivos, medios escritos y editoriales. Ese dominio no es solamente de propiedad y distribución de noticias sino también de creación de contenidos, lo que hace que los discursos dominantes sean los mismos en casi todo el planeta. Como ya dijeran Marx y Engels en La ideología alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época (5)”.


Eliminar un medio es, en cierta medida, matar la verdad o, al menos, eliminar una manera de narrar esas verdades que no siempre nos cuentan y que, a veces, nos acechan. Es una acción más de lo que Aharonian (6) llama la guerra de cuarta generación mediante la cual implantan, de manera hegemónica, los imaginarios colectivos, las narrativas y los discursos y las verdades “únicas”, las suyas.


Si queremos que el periodismo no abdique de la función social que tiene encomendada debemos defender los medios críticos, a sus profesionales y a quienes promueven no sólo la libertad de expresión y de información, sino el no tan demandado y necesario derecho universal a la comunicación. Es una lucha desigual en la que la ciudadanía es David frente al Goliath de las corporaciones mediáticas.


¿Cuál es la verdad detrás del anuncio del cierre de Noticias Uno? Crisis económica de la cadena, presiones políticas, decisión comercial… La verdad es que, si nada lo impide, en 2020 desaparecerá de la parrilla televisiva uno de los programas que ha sido referente del periodismo de investigación en los últimos años. Su producción ha calado en la opinión pública, no solamente por lo que informaban sino porque suponía una confrontación con los poderes dominantes.


A partir de ahí, se producirán posverdades, se lanzarán bulos y opiniones, las más de las veces sin argumentos que las respalden, para pintar del color del interés personal de quien las diga lo que convenga en cada caso. Hoy la posverdad es el arma preferida para la desinformación masiva “el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos (7)”. Es la manera de mantener ocultas las otras verdades, las que no interesan.


Si aceptamos que el periodismo es “una forma de dirección política, y su carácter de clase está determinado por el de la organización social (8)”, la acción sobre Noticias Uno es una manera de presionar a un medio que ve cercenada su salida al aire por una dirección política determinada por la organización económica que le corta el grifo de los ingresos y blanquea lo que en el fondo es, ni más ni menos, pura y dura censura a la libertad de expresión. Condicionan su existir por excusas económicas de trasfondo político.


Noticias Uno es probablemente el penúltimo ejemplo de cómo el poder ejerce toda su fuerza frente a las voces contrarias al statu quo que no se pliegan a los dictados de quienes gobiernan el mundo, ya sea el político, el económico o el mediático. Una muestra más de cómo los poderes establecidos nos quieren condicionar la existencia e imponernos qué ver, qué escuchar, qué leer y qué pensar. A veces, la subordinación se produce sin hacer ruido y bajo la máscara teatral de la democracia.


Tal vez con el cierre de este noticiero se haga más evidente lo que los grandes conglomerados mediáticos y los poderes financieros se empeñan en negar u ocultar, que la información no es inocente, que las noticias son mandatos de quien gobierna y que el periodismo es, cuando no se ejerce libremente, una forma de dirección social. En este mundo neoliberal, capitalista y competitivo se informa para dirigir, para condicionar conciencias y para crear imaginarios colectivos que no cuestionen el poder.

Libertad de prensa

Decía Lenin que la “libertad de prensa” en una sociedad burguesa, hoy diríamos sociedad capitalista de la información, es la que tienen los ricos, los que detentan el poder, de engañar al resto, a la mayoría excluida y explotada. Algo que todo el mundo sabe pero que “casi todos” silencian y esquivan.

Según la clasificación de la libertad de prensa elaborada por la organización Reporteros Sin Fronteras (9) (RSF) para 2019, Colombia ocupa el puesto 129 de los 180 países clasificados con una puntuación de 42,82 ubicándose en la zona “roja” que reúne a los países con una “situación difícil”. Dicho informe se elabora con un cuestionario conformado por una serie de temas como: el pluralismo, la independencia de los medios, el ambiente en el que las y los profesionales llevan a cabo su trabajo, la posible autocensura que se imponen, el marco legal en el que se desempeñan, la transparencia y la calidad de la infraestructura con la que cuentan en sus labores. En ese trabajo se explica para Colombia que las y los periodistas siguen padeciendo “presiones, intimidaciones, actos de violencia”, en un país en el que los medios tienen vinculación con “grandes empresas y con políticos, lo que pone en peligro su independencia editorial y favorece la autocensura”. En el cierre del documento, esta ONG, bajo el título “Un clima de violencia y autocensura”, afirma que “El nuevo presidente, el conservador Iván Duque Márquez, elegido en agosto de 2018, no ha dado señales que permitan pensar que la situación de la libertad de prensa en el país mejorará”. El caso de Noticias Uno es una muestra más de que la situación de los medios y sus profesionales en Colombia está en riesgo.

Permitir la desaparición de voces críticas en los medios es ceder ante las corporaciones mediáticas que gobiernan el mundo. Éstas terminan siendo “armas de propaganda de un modelo que se resiste al cambio y son el sustento del imaginario imperante en torno a la felicidad proporcionada por el consumo (10)” lo que hace crecer la concentración mediática y el pensamiento único que homogeneiza la ciudadanía y anula la capacidad de cuestionar y rebelarse contra las injusticias sociales. La falta de democracia en los medios y la ausencia del derecho a la comunicación son falencias imperdonables de sociedades que se ven determinadas por la información dominante producida por los conglomerados del eduentretenimiento.

Finley Peter Dunne afirmó en el siglo XIX que la tarea del periodista es “tranquilizar al afligido y afligir al tranquilo”. Un siglo después, también en los EE.UU., el Comité de Periodistas Comprometidos, después de encuestar a varios profesionales de los medios, concluyó que: “El propósito esencial del periodismo es dar a los ciudadanos la información precisa y fidedigna que necesitan para desenvolverse en una sociedad libre”.

Eso es lo que perderemos si consentimos que sucedan cosas como el cierre de Noticias Uno y que hagamos como que no ha pasado nada.

 

1. “El fin de Noticias Uno: la muerte de la libertad de prensa”. Disponible en: https://www.youtube.com/revelados
2. Chaves, I. y Gordo, R: “La concentración mediática en Colombia. Para descentralizar la mirada”, en Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.
3. “Noticias UNO: la voz critica que se apaga”, en revista Semana, 8 de septiembre de 2019. Disponible en https://www.semana.com/nacion/articulo/noticias-uno-saldra-del-aire-crisis-economica-en-los-medios-de-comunicacion/630983
4. “Alternativo”, término utilizado en demasía y que no significa mucho pero por el que nos referimos generalmente a los medios que están enfrentados al poder establecido (nota del autor).
5. Marx, K. y Engels, F. (1974). Obras Escogidas. Moscú, editorial Progreso, 3 tomos.
6. Aharonian, A. (2017). El asesinato de la verdad. Concentración mediática, redes y comunicación popular. Bogotá, La Fogata editorial, Periferia y FILA.
7. Taufic, C. (2012). Periodismo y lucha de clases. Madrid, ediciones Akal.
8. Reporteros Sin Fronteras, Informe sobre la libertad de prensa en Colombia disponible en: https://rsf.org/es/colombia
9. Manuel Chaparro en la introducción de Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.

*Doctor en Comunicación y Ciencias Sociales
Director de la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de Uniminuto (Colombia)

Publicado enColombia
Martes, 01 Octubre 2019 05:50

¿Adiós al espacio y el tiempo?

¿Adiós al espacio y el tiempo?

Carlos Valle sostiene que el manejo de la política por parte de los grandes medios sustituye hoy a los partidos tradicionales y la realidad pasa a ser la verdad de los medios. Marta Riskin delibera sobre la globalización de la comunicación, sus contenidos y tecnologías, y los efectos en la reconfiguración de los valores de los pueblos.

 

 “Comunicación mundial significa: liberar el espacio para atar el tiempo” afirma el filósofo alemán Norbert Bolz. Está nueva situación ha pulverizado los dos elementos básicos de la vida social. Es lo que Anthony Giddens, sociólogo inglés, afirmaba sobre la globalización: “no tiene que ver, ni siquiera primariamente, con la interdependencia económica, sino con la transformación del tiempo y el espacio en nuestras vidas.”

Los desarrollos tecnológicos han permitido que los medios masivos de comunicación impongan una visión particular del mundo. El acento se pone en los efectos visuales entremezclados por un abrumador movimiento y un incesante cambio de escenario acompañado por el color y el sonido. Se produce así un efecto hipnótico que no llama a la comprensión sino a la contemplación. Hoy es palpable este efecto en el cine. La visión que proveen los desarrollos electrónicos permite una información selecta y con orientaciones peculiares dada las fuentes mayormente concentradas de las que dependen ¿Cómo afectarán estos desarrollos tecnológicos el libre compartir de la información, la soberanía de los países, el contacto directo entre diversos grupos de base? ¿Quién se va a arrogar el derecho de decidir en el ámbito local, nacional, regional y aun mundial a manejar la información según su propio interés? Hay que recordar que en la tradición liberal no se relaciona la libertad de información con el principio de igualdad.

Esta comunicación mundial tiene el propósito de llevar a renunciar a la verdad y a poner la confianza en las fuentes de información. La renuncia a la verdad, si es que se puede hablar de renuncia, presupone, al menos, una incapacidad o imposibilidad de acceder a ella. El manejo de la política por parte de los grandes medios ha ido sustituyendo a los partidos tradicionales, especialmente porque los medios han llegado a ser la plataforma de grandes conglomerados económicos antes que lugares de expresión comunitaria. Así, los políticos o quienes quieran serlo, terminan siendo dependientes de los grandes medios, antes que las de sus propios núcleos políticos porque temen ser condenados o ignorados. Así muchos políticos tienden a evadirse de entrevistas que puedan comprometerlos. Se manejan con un libreto que repiten en toda obligada ocasión. El resultado: la realidad viene a ser la verdad de los medios.

En un esquema de confianza el tiempo y el espacio han perdido su papel rector y las fronteras abolidas por la tecnología. La distinción entre lo local y lo internacional limita la comprensión de lo que sucede en el propio entorno.. Por otra parte, el impacto de un hecho, no importa donde suceda, se acrecienta por la virtual disipación del espacio. Un nuevo hecho tiende a ignorarlo, la evaporación del tiempo es inevitable. Eso provoca una pasividad creciente para asumir los hechos cercanos como realidades que afecten directamente. Son parte de una información que no intenta trascender sino llamar la atención, cuya duración debe ser lo suficientemente impactante para deslumbrar pero con una calidad que destiña a la luz de un nuevo hecho que busca seducir. La presencia progresiva de esta realidad inasible como es el tiempo y la tendencia a tratar como incorpóreo el espacio son dos puntales para el desarrollo de una comunicación por medios cada vez más concentrados, favorecidos por el desarrollo de una tecnología, que se presenta como una ley natural inmodificable para determinar la vida de la comunidad mundial.

Por Carlos Valle. ex presidente de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana

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La ‘startup’ asturiana que ayuda al inventor de internet a crear la nueva web

La 'startup' gijonesa Empathy.co y la Universidad de Oviedo colaboran para sacar adelante Solid, un entorno web más respetuoso con la privacidad, impulsado por Tim Berners-Lee.

 

Cuando Tim Berners-Lee anunció su proyecto Solid, de descentralización de Internet, suscitó una respetuosa incredulidad. El creador de la World Wide Web, la Red que todos navegamos hoy, había contemplado los escándalos de Cambridge Analytica y de las fake news. Convertido en un mito viviente a estas alturas, no solo criticó las filtraciones de datos y la manipulación sino que propuso amasar un nuevo concepto de Web.

Solid tiene como objetivo "cambiar radicalmente la forma en que funcionan las aplicaciones web hoy en día, para proporcionar una verdadera propiedad de los datos y una mejor privacidad", asegura la propia web. El objetivo es convertirlo en un espacio donde se impida el abuso de la información personal de los usuarios. Y Berners-Lee dio el primer paso: del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y bajo su dirección nació el embrión del proyecto. ¿El objetivo? Dar el control total al usuario sobre sus datos. El problema es que esto va en contra del modelo de negocio de Google, Facebook e incluso Amazon.

Pero Berners-Lee no espera hacer esto solo ni hacerlo rápido. Después de esta primera piedra han llegado universidades y startups interesadas en poner los ladrillos y el cemento. Empathy.co, con sede en Gijón, es una de las startups que ha empezado a trabajar en el marco de Solid. Tienen un proyecto para crear un buscador para tiendas online y apps basado en los principios de esta nueva Web.

Para llevar a cabo el proyecto, la empresa asturiana cuenta con la colaboración de la Universidad de Oviedo, con quien ha firmado un contrato de I+D. La primera versión del buscador se lanzará en el mes de diciembre de este año y estará lista para enriquecer el ecosistema de Solid. En este espacio los procesos funcionan de forma diferente. “En vez de tener un cliente, ordenador o móvil, y un servidor, las piezas del puzle son un cliente, que se llama POD, y un servidor, que se llama solid”, explica Ángel Maldonado, fundador de Empathy.co.

 “Por su constitución, el servidor en Solid no puede almacenar ningún dato de ti. Tu POD tiene todos tus datos, como si fuera una nube propia. Es tuyo, está adherido a ti”, continúa Maldonado. Este elemento clave, el POD (personal online data), hace de intermediario. Con Solid, cualquier aplicación accedería a los datos del usuario a través del POD. Todo el perfilado y el análisis de datos suceden mientras la aplicación está abierta. Cuando el usuario la cierra, la información deja de estar accesible para la app.

Se trata de que la aplicación tenga información sobre el usuario para atenderle mejor, pero solo durante el momento en que este interactúa con ella. Igual que si vas a una tienda física y pides una sugerencia. Una vez que te marchas, la tienda no almacena ningún dato sobre tus gustos e intereses. “Esto replantea el concepto de análisis de datos”, incide Maldonado. Ya no se almacenaría información masivamente para predecir el comportamiento digital.

Así funciona Solid y esto es lo que Empathy quiere trasladar a su futuro buscador para tiendas online. En este tipo de producto la compañía tiene sobrada experiencia en el mercado. Entre sus clientes están Casa del Libro, los supermercados Kroger o Inditex. Pero para que el nuevo buscador funcione, la tienda o la aplicación tendrán que estar adheridas voluntariamente a los principios de este nuevo Internet, como lo denomina Maldonado.

Un cambio a largo plazo

En Empathy se toparon con el proyecto de Tim Berners-Lee tras una búsqueda de esquemas que mejoraran la privacidad del usuario, una sensibilidad que siempre ha estado presente en la empresa. Cuando contactaron con Inrupt, la startup encargada de coordinar la naciente comunidad de Solid, les dijeron que ellos ya tenían un acuerdo con la Universidad de Oviedo.

El socio no podía estar más cerca. Empathy tiene en la Universidad de Oviedo una cantera para reclutar talento, así que no partían de cero. Se constituyó un equipo combinado para abordar el proyecto. La universidad, vinculada desde hace tiempo a proyectos de Tim Berners-Lee, tenía a estudiantes que ya habían trabajado sobre las especificaciones técnicas de Solid.

La Universidad de Oviedo es uno de los centros académicos con los que trabaja Inrupt para difundir la programación de aplicaciones en el entorno Solid. “Es necesario que las personas aprendan cómo desarrollar aplicaciones y PODS en Solid. Cuando los valores y los conocimientos se aprenden desde jóvenes forman parte del sistema”, señala Mitzi László, directora de comunicación de Inrupt. “Además, es fantástico que puedan ver cómo Solid puede ofrecer oportunidades para labrarte una carrera profesional”.

Maldonado apunta que el cambio tiene que darse a largo plazo, pero se muestra esperanzado: “El caldo de cultivo de Solid es esta nueva sensibilidad que por fin tenemos, como individuos y como sociedad, sobre el uso y abuso que se ha estado haciendo de nuestros perfiles”. Ni Google ni Facebook adoptarán Solid. El CEO de Empathy tampoco ve viable que lo hagan las grandes compañías que ya han hecho un esfuerzo enorme en digitalización. Pero sí las pymes.

“La pequeña y mediana empresa se juega mucho más. No tienen acceso al big data y tienen otras prioridades. Ellos buscan la fidelidad y una relación honesta y franca”, destaca Maldonado. Su buscador se pondrá a disposición de todos, de forma abierta y gratuita, según los estándares de la iniciativa. Pero Empathy espera ganar experiencia para lanzar después otro buscador dirigido a pymes.

Este combo, de startups y universidades, es importante para que germine el nuevo entorno, según László. “Solid es un estándar abierto, así que las contribuciones de estudiantes, académicos y empresas son muy importantes para lograr interoperabilidad. Esto será lo que deje al usuario la posibilidad de elegir entre muchas opciones”, remata la directora de comunicación de Inrupt.

Madrid 3 SEP 2019 - 10:06 CEST

Miércoles, 14 Agosto 2019 05:23

La cocina del Big Data

Walter Sosa Escudero es economista (UBA) e Investigador del Conicet.  Imagen: Sandra Cartasso

¿Se puede predecir una elección presidencial o el podio de un mundial de fútbol? Este investigador matiza el énfasis revolucionario del fenómeno y afirma que la verdadera transformación vendrá cuando las personas generen nuevas preguntas.

 

Tenemos, como nunca, un montón de información disponible y ello nos entusiasma pero también nos obnubila. Por un lado, el futuro se aproxima como un auténtico paraíso; lo que antes valía horas de bibliotecas, hoy se resuelve en cuestión de segundos. Sin embargo, tanta potencia tecnológica tiene su reverso: accedemos a muchos datos pero a cambio dejamos los nuestros. Cuando colocamos una dirección en el GPS, enviamos un correo o cenamos con amigos en algún bar, imprimimos nuestras huellas en el ciberespacio. Nos tornamos geolocalizables aunque nadie nos busque y nos volvemos predecibles aunque poca gente aprecie nuestra intimidad. La era global es así, nos bambolea entre el confort y el pánico, en cualquier tiempo y sin importar el lugar. En los intersticios, se teje una gran transformación cultural que sabemos que existe pero todavía no somos capaces de poner en palabras. Lo bueno es que no estamos solos, tenemos jinetes que custodian el terreno, utilizan sus largavistas y nos ayudan a comprender las cosas en su justa medida y por anticipado. Walter Sosa Escudero es economista (UBA), profesor de la Universidad de San Andrés e Investigador del Conicet. Acaba de publicar “Big Data” por la editorial Siglo XXI y coloca paños fríos a una situación que aparenta volar de fiebre.

--¿Qué es el Big Data?

--Lo primero, lo rápido, lo Wikipedia, sería definirlo como un fenómeno de profusión de datos masivos e instantáneos; producidos de manera espontánea y de expresión anárquica a través de sistemas que están interconectados entre sí. En la actualidad, a menudo, pensamos que cuánto más datos relacionamos es mejor y no siempre es así. No se pueden comparar los datos que arrojan 1000 encuestas bien equilibradas, o bien, los 60 que se manipulan en un experimento de laboratorio elaborado de manera concienzuda, con los 300 mil que surgen de responder a un multiplechoice en twitter. Para no celebrar el Big Data como si de una revolución se tratara, me gusta decir que lo importante no es trabajar con muchos datos sino que estén bien curados. Seguramente, serán mucho más informativos que aquellos extraídos sin ningún criterio.

--¿Cómo utilizar tanta información a favor?

--Hablar de Big Data se parece mucho a hablar de cerveza artesanal. El reverso de los datos, históricamente, fueron los métodos que se emplean para estudiarlos. Cuando al triángulo de datos-métodos-ideas se le quita una pata, éste se desploma. Tener más información es una buena noticia siempre y cuando existan preguntas que reclamen la necesidad de ser respondidas. En el futuro, la condición de posibilidad para una revolución de los datos tendrá que ver, sobre todo, con la capacidad de las personas para generar preguntas y discutir ideas.

--¿No hay preguntas que reclamen ser respondidas?

--Hay pero no en la proporción en que hubiésemos querido. En los últimos 15 años hubo una explosión de datos y métodos, pero no de ideas. Predecir quién ganará un mundial o quién triunfará en las próximas elecciones sigue siendo igual de difícil que siempre. En las épocas de los algoritmos y del Big Data, no estamos realizando mejores predicciones deportivas ni políticas. Basta con ver lo que ocurrió con la emergencia de Donald Trump, el derrotero del Brexit y, sin ir tan lejos, la aparición de la fórmula Fernández-Fernández. Con machine learning de por medio, nadie vio la jugada. Nadie. Lo que no advertimos es que fenómenos tan complejos como la economía o la política poseen una dificultad intrínseca que no tiene nada que ver con la falta o el exceso de datos.

--Si bien los datos no pueden predecir grandes fenómenos, son útiles para inducir decisiones. De hecho, el mercado publicitario se estructura de ese modo.

--Absolutamente. Si me preguntaras cuál es el mayor rédito de todo esto, te diría que reside en la capacidad inductiva, descriptiva, ordenadora y clasificatoria del Big Data. En el pasado uno hablaba de “el votante” y hoy se puede trabajar con una granularidad muchísimo más grande: “el votante que tiene entre tantos y tantos años, que vive en el barrio x con su pareja y asiste a la universidad x”. En la publicidad ocurre lo mismo, hubo algo por lo que McDonald’s se diversificó y existen McCafés; evidentemente, alguien con buen ojo se dio cuenta de que los chicos eran llevados por padres que preferían tomarse un café después del cine y no comer un combo.

--Ahora que sabemos sus potencialidades, ¿para qué no sirve el Big Data?

--No sirve para explicar, porque eso es mucho más difícil. Mucha gente piensa que como se puede clasificar mejor, estamos en mejores condiciones de explicar. Un ejemplo burdo: si puedo conseguir los datos de ventas de paraguas en diferentes regiones, podría llegar a estimar cuáles son los puntos geográficos en los que más llueve. Si se venden más en Rosario que en Antofagasta (Chile) debe ser que hay más precipitaciones en la primera que en la segunda. Ahora bien, esto no ayuda a entender por qué llueve ni tampoco contribuye a resolver una sequía o una inundación. No podría asesorar a los que comercian paraguas ni tampoco a los que quieren cultivar la tierra. Como no me permiten entender las razones, entonces no puedo cambiar la realidad. Hay un trecho enorme entre medir la pobreza y entenderla, diseñar una política y evaluar su impacto favorable. Los datos podrían funcionar como una herramienta para ganar una elección pero no son definitivos porque requieren de un trabajo interpretativo y creativo de los analistas.

--Con la exposición de nuestros datos en redes sociales vivimos cada vez más controlados. ¿Perdimos libertad, existen nuevas formas de libertad, o bien, la libertad nunca existió?

--A los efectos de no sembrar rastros, cada vez que salgo al trabajo debería dejar el celular en mi casa. Pero eso me complica la vida; no puedo chequear el tránsito, no sé si me conviene moverme en medios de transporte públicos, usar la bici o ir caminando. Tampoco tengo datos del tiempo atmosférico y no puedo saber cómo vestirme. Al acceder a los servicios que brinda internet, me beneficio de un montón de cosas y alguien cobra por ello. Como pasa con cualquier tecnología, el asunto es hacer la cuenta entre las ventajas y las desventajas. El obstáculo con el Big Data y la capacidad predictiva de los algoritmos es que hoy ese balance no arroja un resultado certero. El límite con la privacidad individual se sostiene en un terreno fangoso. No me gustaría enterarme por un robot cosas del tipo: “hoy estuviste tomando un café con un amigo y muy probablemente tiene cáncer”. El sistema puede saber mucho de nosotros, incluso, podría saber cosas que ni siquiera sabemos nosotros mismos de nosotros.

--El asunto requiere de un abordaje matemático y estadístico, pero también posee ribetes filosóficos...

--Sí, porque nos lleva a pensar cuestiones que creíamos olvidadas. El Big Data está a mitad de camino entre la revolución y convertirse en más de lo mismo. Con las redes sociales sucede parecido: nos plantean un nuevo modo de interacción, pero ello no quiere decir que antes no nos relacionábamos. La chica del barrio que te guiñaba un ojo cuando salía a andar en bici hoy es el “Me gusta”. Siempre hubo mecanismos de validación social; prefiero creer que los vínculos se tejen de otra manera. Hoy se habla de las burbujas informativas como una novedad, es decir, le pongo likes a los que piensan como yo y borro a los que lo hacen distinto. El diario de Irigoyen era un poco eso. La moraleja: seamos cautos con comunicar revoluciones, especialmente, cuando todavía no suceden.

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Martes, 06 Agosto 2019 06:58

Redes caníbales

Redes caníbales

Caníbal es todo aquel que devora a individuos de su misma especie. Para hacerlo, necesita dominar a la presa, tornarla indefensa, entonces tratar de devorarla. Ese es el rostro alarmante de las redes digitales, tan útiles para facilitar nuestra intercomunicación. Al igual que los vehículos –aviones, autos, motos– que resultan útiles para movilizarnos más rápidamente y, sin embargo, son utilizados para llevar a cabo actos terroristas como el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, las redes digitales tienen su lado sombrío.

 

Si no sabemos usarlas adecuadamente, devoran nuestro tiempo, nuestro humor, nuestra civilidad. De ahí mi resistencia a llamarlas redes sociales. La sociabilidad no siempre supera a la hostilidad. Incluso devoran nuestro sueño, pues hay quienes ya no logran desconectar el Smartphone a la hora de dormir. Devoran también nuestra capacidad de discernimiento, en la medida en que nos tribalizan y nos confinan a una única visión del mundo, sin apertura a lo contradictorio ni tolerancia para quien adopta otra óptica.

 

La medicina ya está atenta a una nueva enfermedad: la nomofobia. El término surgió en Inglaterra, derivado de no-mobile, esto es, privado del aparato de comunicación móvil. En síntesis, es el miedo a quedarse sin celular. Es la enfermedad adictiva más reciente, que estudian actualmente los terapeutas.

 

Hay quien permanece horas en las redes, naufragando más que navegando. El rostro caníbal del celular devora también nuestro protagonismo. Es el celular el que, mediante sus múltiples herramientas y aplicaciones, decide el rumbo de nuestras vidas. El diluvio de informaciones que cae una y otra vez sobre cada uno de nosotros, casi todas descontextualizadas, nos conduce ineluctablemente al territorio de la posverdad. Tocan nuestra emoción y, vertiginosas, neutralizan vuestra razón. No hay dudas de que la mayoría de nosotros es incapaz de ofender gratuitamente a un desconocido en la panadería de la esquina. Pero en las redes muchos endosan difamaciones, acusaciones sin fundamento y calumnias: ¡Las famosas fake news!

 

Hace más de 70 años, mi cofrade Dominique Duberle escribió a propósito de la cibernética: «Podemos soñar con un tiempo en el que una máquina de gobernar supla la hoy evidente insuficiencia de las mentes y los instrumentos habituales de la política» (Le Monde, 28 de diciembre de 1948).

 

El Leviatán cibernético previsto por el fraile dominico francés hoy tiene un nombre: Google, Facebook, WhatsApp, etc. Esas corporaciones devoran todos nuestros datos para que los algoritmos los transmitan a las herramientas incapaces de vernos como ciudadanos. Para ellas, somos meros consumidores. Es la era del Big Data.

 

Las redes digitales devoran incluso la realidad en la que nos encontramos insertados. Nos desplazan hacia la virtualidad y activan en nosotros sentimientos nocivos de odio y venganza. El príncipe encantado se transforma en monstruo. Los valores humanitarios se destejen, la ética se disuelve, la buena educación se descarta. Lo que importa ahora, con esta arma electrónica en las manos, es trabar la batalla del «bien» contra el «mal». Eliminar con un clic a los enemigos virtuales después de crucificarlos con injurias que se multiplican mediante el hipervínculo, el video, la imagen, el sitio web, la etiqueta, o simplemente una palabra o una frase.

 

Por Frei Betto

Granma

 

He ahí lo que pretende cada emisor: lograr que lo que posteó se haga viral. El adjetivo se deriva de virus, un sustantivo empleado en la biología que proviene del latín y significa «veneno» o «toxina». ¡Se crea así la pandemia virtual! Es necesario leer rápido este correo o zapp, porque aguardan por mí otros tantos. Y de ser el caso, responder con un texto conciso, aunque vulnere todas las reglas de la gramática y la sintaxis. Según la investigadora Maryanne Wolf, accedemos diariamente como promedio a 34 gigabytes de información, lo que equivale a un libro de cien mil palabras. Sin tiempo suficiente para la absorción y la reflexión.

 

Corremos el riesgo de dar un paso atrás en el proceso civilizatorio. A menos que las familias y las escuelas adopten algo similar a lo que acompañó el advenimiento del automóvil, cuando se percibió la necesidad de crear autoescuelas para educar a los conductores. El celular está exigiendo también una pedagogía adecuada para su buen uso.

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