Lunes, 10 Agosto 2020 06:12

El nuevo WikiLeaks

El nuevo WikiLeaks

Exclusivo: Lorax Horne, de la organización DDoSecrets

Es periodista y activista trans, de madre argentina. Trabajó con Julian Assange, pero ahora integra un desprendimiento de aquella organización. Ya sacudió a los EE.UU. al publicar documentos del FBI y la Policía. Aquí explica cómo es el nuevo sitio que divulga información secreta.

 

Lorax Horne nació en Canadá hace 34 años. Vive sobre la costa atlántica, en Halifax, Nueva Escocia. Periodista y activista trans, pertenece a la organización DDoSecrets que difundió en junio pasado documentos confidenciales sobre el FBI y distintas policías de los Estados Unidos. Su madre argentina y la etapa colegial que pasó en Ecuador le permitieron dominar el español aun cuando se le note su acento agringado. Trabajó en WikiLeaks, de donde se fue por diferencias en la exposición de papers sobre Rusia y Siria que según dice se pretendían ocultar. Tiempo después se sumó a su nuevo lugar en el mundo virtual. El espacio de divulgación de información secreta y no tanto donde ahora trabaja codo a codo con la estadounidense Emma Best, cofundadora de la plataforma con otro militante global. Todos se hicieron conocer de a poco con informes como los BlueLeaks --las filtraciones policiales en EEUU-- y casi un millón de papeles del Registro Mercantil de las islas Bahamas que les proveyeron a la revista alemana Der Spiegel y a EIC (European Investigative Collaborations) para su publicación. Horne dio un taller para periodistas en la franja de Gaza en 2016 y ha marchado en distintas ciudades bajo la consigna “el periodismo no es un crimen”. El colectivo en el que se desempeña como editor ejecutivo posee archivos sobre distintos países, organismos de Seguridad de esos Estados y diversas corporaciones. Son tantos y con temas tan espinosos que el gobierno alemán les canceló la cuenta de Twitter desde donde difundían las informaciones que obtenían de distintas fuentes como ciberactivistas, hackers y la ya emblemática Anonymus.

--¿Qué es Distributed Denial of Secrets (DDoS)?

--Somos un grupo que publica datos que creemos relevantes, que muchas veces caen dentro de las categorías que son leaks o hacks aunque también publicamos datos que no son ni leaks ni hacks. Nos definimos como una biblioteca de este tipo de datos y lo que nos separa de los periodistas con los que trabajamos es que podemos publicar todo lo que nos llega e intentamos no imponerles nuestros propios criterios. Tratamos de hacer que estén disponibles los datos que nos parecen de interés público. WikiLeaks es un precedente importante y nosotros queremos mejorar el modelo o tratar de ser un poco más adaptados a la realidad o a los problemas que se nos vienen. No tenemos un buzón encriptado en nuestro sitio web que dice “mándanos acá los datos”. Tenemos políticas de comunicación segura y nos adaptamos al panorama como se nos presente. Ahora estamos viviendo esta censura en Twitter y hasta nuestro sitio web ha tenido problemas como la confiscación del servidor en Alemania. Pero tratamos de seguir. Los datos ya están liberados y no nos importa si la gente los encuentra específicamente en nuestro sitio web con tal de que puedan acceder y usar nuestra información.

--¿Nos puede describir un ejemplo?

--De la computadora de Thomas Hofeller, un activista conservador muy influyente en las redes y destacado estratega republicano que armaba mapas electorales con preguntas inducidas para favorecer a su partido en los censos, supimos cómo hacía para influir en las posibilidades electorales. Había montado un operativo ilegal, pero se murió y quedó su computadora llena de datos acerca del rol que él había tenido en construir este mapa electoral favorable al Partido Republicano. Su hija Stephanie heredó sus archivos y resultó que tenía un sentimiento político diferente y entonces soltó estos datos para informar al público y para, digamos, enriquecer el panorama de la información pública. Esto es un ejemplo de las informaciones que nosotros recibimos y que por importantes queremos incluirlas en nuestro archivo.

--¿Cómo nació DDoS? ¿En qué momento y por qué circunstancias?

--Emma Best cofunda DDoSecrets en 2018 y ocurre en un momento en el cual existían preguntas importantes acerca del seguimiento de WikiLeaks. Creo que yo me involucré de hecho, inicié mi involucramiento en la junta como directivo que es un esquema que Emma Best instituyó temprano. Así fue como empecé en la junta, aunque no con un compromiso en el día a día, no veíamos los datos, sino que Emma nos consultaba para que le diéramos consejos. DDoSecrets es un colectivo bastante horizontal y buscamos cómo compartir el trabajo del grupo. Somos pequeños, menos de 20 personas en total y esa es la historia de cómo comenzó todo para mí en la organización.

--¿Pasó de WikiLeaks a DDoSecrets directamente?

--Pasé muchos años tratando de ayudar a WikiLeaks, tratando de involucrarme en la organización, incluso me mudé a Alemania un tiempo cuando mi situación política en Ecuador no fue muy buena. Yo publiqué un reportaje en Newsweek acerca de una matanza de indígenas en la Amazonia, que no le gustó mucho al presidente Rafael Correa y se tornó políticamente peligroso para mí permanecer en el país. Entonces viví en Alemania unos años entre 2014 y 2016. Vi de cerca a WikiLeaks en Berlín y como operador creo que saqué algunas lecciones de ahí, acerca de cómo poder compartir más este trabajo con gente del sur. De hecho ése es un problema que me ha interesado mucho y le agradezco esta entrevista porque es verdad lo que me indicó: en la Argentina no se habla de DDoSecrets o se desconoce la existencia de ella.

--¿Emma Best se peleó con Julian Assange en 2016 como sugiere alguna crónica que hay por internet y por eso ella creó DDoSecrets?

--Tuvo varias diferencias con WikiLeaks sobre cosas que ellos decidieron no publicar y que el argumento para no publicar no nos convencía a nosotros acerca de documentos de Rusia y de Siria que no estábamos de acuerdo en ocultar. Esa es alguna de las diferencias que Emma ha tenido específicamente pero creo que hay otras personas dentro de nuestro grupo que hemos tenido diferencias en experiencias con WikiLeaks y ditintos aprendizajes, porque yo creo que no existiríamos sin WikiLeaks, pero también nuestro afán es hacernos diferentes.

--Edward Snowden como Emma Best han pertenecido al aparato de inteligencia de EE.UU. ¿Que se hayan alejado e incluso hoy sean perseguidos, se trata de dos casos aislados o cree que se va a replicar esta conducta en el futuro, por gente que se decepciona trabajando para las cloacas del Estado en EE.UU.?

--Creo que es lo que estamos viendo, se trata de esta conversación acerca del rol que tienen las fuerzas policiales, algo que es bastante habitual. Admiro mucho a Emma por el hecho de que pudo reconocer que estaba mal lo que estaba haciendo y que quería cambiar su vida radicalmente y salió de los entes gubernamentales para tener esta carrera, que ya venía de antes porque Emma suelta información de dominio público muchísimo antes de DDoSecrets. Emma publica en un sitio web que ayuda a ciudadanos a meter formularios de información pública, se llama Información en Estados Unidos, y lo hace con datos del gobierno cuando los consigue para que cualquiera los pueda usar, cualquiera pueda escribir un libro acerca de esos elementos comprobados. Entonces por supuesto que sí, estamos viendo a personas, jóvenes que estamos cuestionando estas estructuras de poder muy concentradas. De hecho en el 2001 cuando las Torres Gemelas cayeron yo estaba en el colegio americano en Ecuador y WikiLeaks buscaba al hombre fuerte de Rafael Correa para protegerle en la pelea con Estados Unidos.

--¿Quiénes son los proveedores de contenidos de ustedes? ¿Van desde Anonymus hasta la hija de un político republicano como el que mencionó: Thomas Hofeller?

--Sí, cada base de datos que publicamos tiene fuentes diferentes y eso esperamos que nos pueda proteger en el sentido de defender como colectivo periodístico nuestro trabajo.

--Lorax, ¿qué les preocupa más, los gobiernos o las grandes corporaciones?

--Buena pregunta. Yo diría, hablando por mí, que me preocupan las corporaciones, me parece que tienen menos controles, menos estructura de revisión. Los gobiernos también son bastante peligrosos. Estamos viendo ahora el peligro de hacer enemigos en el gobierno de Estados Unidos que es muy poderoso actualmente, pero es una pregunta muy difícil. Lo que me preocupa a mí son las conexiones entre las corporaciones y los gobiernos. En los EE.UU. vemos estas conversaciones entre las grandes compañías de tecnología que se han desplegado por el mundo.

--¿O sea que las grandes corporaciones están menos sometidas al escrutinio público?

--Estamos menos acostumbrados a cuestionarlas, creo que los gobiernos están acostumbrados a que los tengan bajo la lupa y en cambio las empresas por cómo se constituyen son mucho más opacas.

Y a propósito de lo que dice de cómo se constituyen, muchas se constituyen en paraísos fiscales, lugares off shore.

--¿Y qué se puede hacer contra eso? ¿Qué dificultades han encontrado ustedes como colectivo para obtener información de corporaciones en paraísos fiscales?

--Es dificilísima esta labor, hemos hecho investigaciones acerca de paraísos fiscales como las Bahamas, hemos soltado a consulta pública el Registro Mercantil de Bahamas hasta 2016 o 2018. Pero la labor de investigar paraísos fiscales requiere que los periodistas crucen fronteras para que puedan entender de cosas muy pequeñas como la Ley Marítima. Por ejemplo, en Bahamas hay registradas empresas que son de estos cruceros que viajan por el mundo, entonces un periodista que está en un país para investigarlos tiene que trasladarse por todos lados y es muy costoso. Yo creo que los periodistas tenemos tiempo limitado. La necesidad de estar conectados a la realidad y al público y meternos donde nos vamos a demorar un mes en ver qué es lo más importante, no nos llama tanto la atención. Es más fácil si escribo otra nota en vez de investigar los cruceros de las Bahamas. Entonces nosotros luchamos en contra de esto. Buscamos maneras de atacar los temas y estamos siempre abiertos a escuchar las sugerencias de las personas que lo hacen día a día.

--A Estados Unidos se la empezó a llamar la nueva Suiza, porque muchas cuentas de grandes empresarios poderosos que estaban en el país europeo, por ejemplo, comenzaron a trasladarse a Delawere, a Nevada, a Florida. ¿Coincide con que EE.UU. se está convirtiendo en un gran paraíso fiscal, el más importante de todos?

--Es completamente verdad. Estados Unidos está constituyéndose, como menciona en esos estados específicos, en un paraíso fiscal. Tenemos un miembro de nuestro colectivo que también está tratando de traer esta ONG a los EE.UU. para sacar una ley, un registro de que se deba nombrar a los realmente beneficiarios, a los dueños que se benefician de una empresa y tratar de derrotar a estos paraísos fiscales en los Estados Unidos. El problema es que EE.UU. es tan grande y a diferencia de Suiza, para constituirse como sociedad uno tiene que declarar impuestos, ir a la agencia de declaración de renta federal que tiene esta reputación de ser potente e independiente. Yo no sé si esta reputación actual es merecida o bajo Trump todo ha cambiado un poco hacia lo completamente impredecible. Es un momento interesante.

--Hay una versión que menciona por qué habría ocurrido lo de los Panamá Papers. Consiste en que se metieron en las oficinas de Mossack Fonseca en Panamá con la finalidad de desprestigiar a ese país como paraíso fiscal y que los dueños de esos capitales temiendo por su seguridad fueron a parar a Estados Unidos.

--No había oído de eso. Lo que sí hemos visto es que los clientes de Mossack Fonseca una vez que Panamá perdió su privacidad, simplemente se movieron a otro lado. Sí es posible que EE.UU. quiera ser un paraíso fiscal del mundo y que ésa sea la meta de Trump. Yo creo que es de esos industrialistas corruptos por generaciones, y puede ser que tenga mucha gente alrededor que esté preparando eso, pero lo que diría es que la gente tiene que estar atenta a lo que están haciendo estas empresas y al dinero. EE.UU. es uno de los peores países. Brasil no está muy detrás. Tenemos que cuestionar urgentemente a cualquiera que nos diga que la salud se debe vender y que el agua líquida se debe vender, el aire se debe vender; es como que no, hay que detener esa lógica. Yo sí me identifico como anticapitalista y esta es la labor que hace DDoSecrets. Por eso liberamos documentos, somos anticapitalistas en el sentido de que los datos están comercializados y que tenemos empresas constituidas de golpe, que toda su materia prima son datos. No han construido nada y son datos lo que venden y los que les dan ganancias. Soltamos un tuit en febrero diciendo que íbamos a priorizar datos acerca de la policía. Esto es algo que cualquier periodista hubiera hecho. Vemos estos movimientos sociales y vamos a difundir esto. Porque es muy peligroso para nosotros que se nos tilde de vulneradores de sistemas, el hecho de que tengamos la prioridad de publicar datos de relevancia pública y que nuestros métodos para comunicarnos con hackers seguros no significa que estemos hackeando ni que sea nuestra prioridad. Nuestra prioridad es publicar y hacer que los datos estén disponibles y sean públicos.

--Aquí en América Latina siempre hemos sido víctimas de dictaduras genocidas. La CIA tiene mucho que ver con apoyar a esos régimenes políticos. ¿No les resultaría interesante conseguir desclasificar documentos en EE.UU. antes de 30 años para investigar los crímenes de guerra o los crímenes en general de un gobierno?

--Esta experiencia de haber estado adentro y de haber salido creo que es una experiencia imprescindible. A mí cuando me pongo a escribir acerca de los documentos de la seguridad de los EE.UU. tengo que mirar las palabras clave que significan estas siglas, pero Emma ya lo tiene todo presente, qué significan las siglas. Estos datos que soltamos de Blue Leaks vienen de centros de difusión que se crearon después del 2001 para tratar de coordinar inteligencia entre Estados y entre departamentos de policía federales y locales pero de verdad que lo que han estado investigando son grupos políticos y los peligros reales no han sido tan de interés para la policía. Creo que esto nos enseña algo acerca de las prioridades que tienen estas entidades. Nosotros en Latinoamérica hemos visto esa cara de los EE.UU. desde hace muchísimo tiempo, pero ahora lo están viendo en las calles de Estados Unidos y hay que señalarles lo que está pasando porque cuando le pasa a Ecuador o le pasa a Argentina les parece muy lejos, ¿no?

--¿Han sufrido persecución más allá del bloqueo a la cuenta de Twitter en Alemania? ¿Emma Best corre peligro en EEUU?

--Sí, hemos visto algunas cosas. Hay algo que me pasó a mí que no estaba seguro si atribuirlo a esta confiscación de la cuenta en Alemania. Alguien vandalizó mi carro. Era un vandalismo muy específico pero no sé si es exactamente esto. La confiscación del servidor preocupa porque significa que están investigándonos a nosotros porque están tratando de seguir la pista y de sacar fuentes de los periodistas en vez de estar pendientes de los problemas de los crímenes que cometieron los policías. Emma sí está preocupada, esta preparándose para un futuro en el que quizás este separada de la computadora o esté peleando su caso desde la prisión, estamos preparados para eso. Porque no sabemos qué va a pasar en las elecciones. Si Trump ganara otra vez puede ser que el periodismo pierda la protección de la Constitución de los EE.UU. y no sé en la organización si continuaríamos de igual manera o haremos otra cosa. Pero sí, definitivamente estamos preocupados.

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Raoult encarnó una solución milagrosa en un intervalo de plena y profunda vulnerabilidad mundial. Imagen: EFE

Promotor de la hidroxicloroquina, encontró legitimidad en las redes sociales  

Detrás del abordaje científico populista hay una red de intereses políticos, de celos entre científicos e instituciones, intereses electorales y también económicos. 

 

Desde París.La propagación del Covid-10 causó un estrago monumental en el planeta. Desde Marsella, sur de Francia, el profesor Didier Raoult complicó al extremo la gestión de la crisis, dividió a los medios científicos, puso en tela de juicio casi todas las decisiones que se tomaron, descalificó los procedimientos de protección y al sistema de salud, humilló a los investigadores, armó un debate público intenso e irracional, mezcló ciencia y política, introdujo una desconfianza aún más critica de la que existía entre la sociedad y el poder político sin que su famoso tratamiento a base de hidroxicloroquina haya reproducido, a nivel mundial, los efectos que él le atribuyó y presentó como procedimiento milagroso. Cuenta, sin embargo, con el respaldo de millones de personas que ven en él el arquetipo del hombre contra el sistema, contra los intereses de los laboratorios farmacéuticos, la inoperancia de la dirigencia política, el cinismo de las finanzas y la inercia de la burocracia. Quien escribe sobre el profesor se expone a un alud de insultos, amenazas y otras agresiones de circulación común en las redes sociales. Detrás de este abordaje científico populista de la opinión mundial hay, de hecho, una red de intereses políticos, de celos entre científicos e instituciones, de intereses electorales y también económicos. Trazar una línea de tiempo racional permite comprobar las estrafalarias conductas del profesor, las falacias manifiestas de su tratamiento y las tramas que circulan detrás de él. Miles y miles de personas han muerto y seguirán muriendo. La claridad se impone como conducta; aquí, las estadísticas son arrasadoras: no hay, hasta el día de hoy, ningún país del mundo, ningún laboratorio, hospital público o privado o centro de investigaciones donde el tratamiento que el profesor francés presentó haya arrojado resultados indiscutibles. Más aún, el científico galardonado con 25 premios nacionales e internacionales irrumpió en el espacio público con una imponente mentira: el 25 de febrero de 2020 publicó en YouTube un video titulado "Coronavirus, final del juego". Allí afirmaba dos cosas, una falsa y la otra aberrante: "en China la cloroquina dio resultados espectaculares". La segunda: "el Covid-19 es probablemente la infección respiratoria más fácil de tratar". Era tal el embuste que YouTube y Facebook lo obligaron a cambiar el título por " Coronavirus, ¿hacia una salida de la crisis ?"

¿Genio incomprendido, charlatán ambicioso, científico brillante aturdido por su ego u oportunista sin moral?. La gama de valoraciones positivas o adversas es infinita. Lo cierto que su método de comunicación funcionó mejor que la hidroxicloroquina en un momento de miedo y confusión durante el cual todos los poderes estaban desbordados por la pandemia y la gente desesperada: Didier Raoult fue a buscar en las redes sociales y una opinión pública asustada la legitimidad que necesitaba. Prueba de ello, aún hoy, pese a la lenta evidencia que se fue instalando mundialmente sobre los límites de la hidroxicloroquina, el profesor dispone de una sólida base de defensores: más de un millón y medio de usuarios de las redes sociales están conectados con grupos que defienden al director del Instituto hospital Universitario Mediterráneo de infección. Raoult exportó hacia el exterior las fracturas francesas: la capital contra la provincia, Marsella contra París, ambas encarnadas por los archirrivales equipos de fútbol del Olympique de Marseillle y el PSG, el Sur contra el Norte, las elites contra el pueblo, los intereses privados contra el bien público, los protegidos contra los olvidados, así como la desconfianza de raíz que hay en Francia ante los poderes. El diario Le Monde realizó un prolijo retrato sobre la ubicación geográfica de la opinión pública que lo respalda, así como sobre el perfil de sus simpatizantes. Una gran mayoría de los flujos en las redes proviene del sur de Francia mientras que, en el mundo, Raoult tiene muchos seguidores en África, el Magreb y Brasil. Al principio, el profesor contaba con la aprobación de muchísima gente de la izquierda (extrema y radical). Luego, ese núcleo ideológico fue disminuyendo, aunque persiste entre ellos la idea de que “el tratamiento de Raoult es suministrado de forma incorrecta para que no funcione”. Esa mitología es poderosa entre todos los miembros del circulo pro Raoult: el profesor sería así objeto de un complot múltiple de las multinacionales farmacéuticas aliadas con el poder financiero y político. En la investigación de Le Monde surge una predominancia que va desde los chalecos amarillos y sus simpatizantes, pasa por la extrema izquierda y la izquierda radical; los soberanistas de ambos lados y llega hasta la derecha y la extrema derecha. El grupo Facebook “Didier Raoult Vs Coronavirus” acumula más de 470.000 miembros. Uno de sus animadores, Serge Benichou, retrata muy bien sus inclinaciones cuando escribe que “los movimientos antifascistas, feministas, bobos, ecologistas y veganos son los movimientos fascistas del Siglo XXI”.

Didier Raoult ejerció una suerte de populismo científico: construyó un pueblo en torno a su teoría y su figura y a una característica de la sociedad francesa. Raoult hizo de la ciencia un sondeo de opinión y del repudio al presidente Emmanuel Macron un argumento a su favor. El premiado profesor se filtró como un hombre providencial, un redentor de los condenados por el virus y el sistema, un sujeto libre y racional confrontado a la irracionalidad y los intereses y a un gobierno incapaz. También activó con sus intervenciones el oportunismo político de la oposición, la cual se sirvió de él para atacar al gobierno. En abril, el ex ministro francés de Salud, Philippe Douste-Blazy (derecha), difundió la petición "#NePerdonsPlusDeTemps" (no perdamos más tiempo) exigiendo que se ampliara el tratamiento con hidroxicloroquina. Lo respaldaron muchos médicos y científicos, entre ellos el exdirector científico del Instituto Nacional del Cáncer Fabien Calvo, el expresidente de la Alta Autoridad Sanitaria, Jean-Luc Harousseau, y el exdirector general de la Agencia Nacional para la Seguridad de Medicamentos y Productos Sanitarios, Dominique Maraninchi. En esos momentos críticos donde morían en los hospitales centenas de personas por día Página/12 pudo comprobar los efectos colaterales de los pronunciamientos de Raoult y sus amigos: los familiares de los pacientes arremetían contra los médicos para que usaran la hidroxicloroquina mientras que estos, día a día, constataban que en vez de funcionar como lo afirmaba el doctor la gente se moría. Un poco de sensatez: ¿alguien puede creer cabalmente que un médico que lleva tres días sin dormir, que tiene más de cien pacientes entre la vida y la muerte y otros cientos en estado grave se va a negar a suministrar un tratamiento porque un laboratorio privado lo presiona ?

El enredo se multiplicó varias veces. Primero cuando el presidente norteamericano, Donald Trump, dijo que la hidroxicloroquina era “un regalo del cielo" y la calificó como “punto de inflexión”. Promovió su uso a partir de marzo y el 18 de mayo Trump adelantó que la estaba tomando. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos advirtió de que podía causar problemas cardíacos, pero no hubo caso: el “punto de inflexión” jamás apareció. Su empleo se generalizó hasta que, en junio, como en la casi la totalidad de los países del mundo donde se la había probado (incluida China y la Organización Mundial de la Salud), la Administración de Alimentos y Medicamentos revocó la autorización de emergencia que había otorgado. No existía evidencia alguna de su eficacia y sus efectos secundarios podían ser mortales. En Francia ocurrió algo similar: bajo la presión popular, el gobierno la autorizó en casos graves (26 de marzo) para luego suspender el tratamiento (27 de mayo). El presidente francés, Emmanuel Macron, emitió signos contradictorios cuando, en medio de la controversia mundial, visitó al doctor en Marsella. Le dio legitimidad porque sus consejeros temían que los chalecos amarillos, muy apegados a las teorías de Raoult, se volvieran otro problema. La Agencia Europea de Medicamentos llegó a la misma conclusión: el remedio es ineficaz y sólo debería “utilizarse para ensayos clínicos o programas de emergencia”. El segundo desconcierto lo provocó la revista The Lancet a finales de mayo luego de publicar un estudio donde los autores consideraban que el método de Raoult era, además de "ineficaz", "nefasto". El estudio, sin embargo, tenía tantos errores y aproximaciones que fue retirado. Pese a todo, hasta la misma OMS suspendió temporalmente los ensayos tras la publicación, luego los reanudó y, al final, volvió a suspenderlos. EL 23 de junio, Raoult eligió su plataforma preferida de defensa (la democracia de la opinión pública), es decir, YouTube, para contraatacar, con la retórica populista y engañosa que ya lo caracteriza, a Estados Unidos, la Unión Europea y quien se oponga a su poción milagrosa: dijo que la prohibición es el resultado de "una fantasía" y de "una excitación fuera de lugar" y afirmó, así, sin pruebas: "hemos curado aquí a 4.000 personas (en el IHU de Marsella). No murieron por la hidroxicloroquina, ni tampoco sufrieron alteraciones del ritmo cardíaco. La mortalidad derivada de ese protocolo es de 0,5 por ciento".

En una entrevista publicada por Le Nouvel Observateur, Didier Raoult dijo : "lo único que cuenta es la estima de uno mismo". Se le nota. Didier Raoult se fabricó un auto mito en YouTube. Ni de lejos ni de cerca es ese "enemigo" de las elites, ni un "antibusiness", ni un científico rebelde. De Raoult se dice hoy un poco de todo: de ”jugador de póker” a “negacionista”. Sus allegados, muy discretos, aseguran que Raoult “creyó en ese tratamiento cuando en realidad no disponía de todas las pruebas”, que fue “parcialmente imprudente, de un optimismo exagerado”. Su rabia contra “el sistema” estalló cuando el presidente Emmanuel Macron no lo nombró a él sino a Jean-François Delfraissy como responsable del comité científico encargado de aconsejar al jefe del Estado. Jean-François Delfraissy circula en una red enemiga del centro que dirige Raoult en Marsella (IHU), la del Iserm y la del Instituto Pasteur. El profesor marsellés fue integrado al consejo, pero jamás asistió. Desde Marsella lanzó su improbable oferta científica. Sus respaldos nunca fueron los de abajo, sino la élite política de la derecha, provincial y nacional, ex ministros (Douste-Blazy, Renaud Muselier), empresarios (Bernard Arnault). Su responsable de comunicación, Yanis Roussel, figuraba en la lista de La República en Marcha (el partido presidencial) para las elecciones municipales del 28 de junio. Su look de rebelde anti sistema es también una creación. El mismo lo admite cuando dice que eso “los jode”. Raoult y la guardia que lo rodea se enfrascaron en dos batallas simultaneas, la una a través de la otra: para la gente de Marsella se trató de demostrar, a cada instante, que su estrategia, hacer test, aislar y tratar, era la correcta en contra de la promovida por el gobierno. Didier Raoult escribió 1.800 artículos en 40 años, más los libros. Su equipo, en Marsella, produjo 5.000 entre 2011 y 2016. Alucinante y poco verosímil, tanto más cuanto que unas 12 revistas de las 20 donde el profesor publica sus artículos están dirigidas por sus colaboradores. Esa creatividad científica se traduce en fondos: el Estado financia los hospitales y la investigación científica según la literatura científica que producen los científicos (sistema de medición Sigaps). Muchas de sus afirmaciones son exageradas y falsas. El pasado 23 de junio fue convocado por una comisión parlamentaria ante la cual dijo lo que se le dio más o menos la gana sin que nadie osara contradecirlo. Ante los parlamentarios, entre tantas exageraciones y verdades empañadas, Raoult afirmó que jamás había recomendado el uso de la hidroxicloroquina. Una rápida búsqueda en los archivos de los diarios prueba lo contrario. Su comunicación está siempre el límite interpretable de la verdad. En el IHU de Marsella, por ejemplo, se cita como un logro que, en esa región (las Bocas del Ródano) hubo tres veces menos muertos que en París. ”Como la hidroxicloroquina bajó la carga viral de los pacientes, la epidemia dura aquí apenas 15 días”, sostiene Eric Chabrière, profesor en el centro marsellés de Raoult. Es ficticio porque ello supone que o todos los enfermos de covid-19 fueron atendidos en el IUH, o que cada hospital y servicio de la región utilizó hidroxicloroquina. Es una extrapolación fantasiosa. Raoult encarnó una solución milagrosa en un intervalo de plena y profunda vulnerabilidad mundial en el mismo momento que los poderes públicos estaba limitados a proponer un primitivo confinamiento. La herencia ancestral del encierro como muro contra la circulación habrá sido, hasta ahora, más eficaz que el ego de un científico que, a su manera, se creyó Dios y terminó exportando los complejos y las tramas nacionales al resto del mundo.

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En Japón, crean la súper computadora más rápida del mundo

Los superordenadores son cruciales para avanzar en investigación científica o analizar conjuntos masivos de datos en la industria, detectar patrones y generar predicciones mediante la Inteligencia Artificial.

“También ayudan a buscar fármacos para la COVID-19, secuencian genomas enteros de tumores, establecen modelos más fiables sobre el cambio climático, estudian el organismo humano, cartografían el Universo o diseñan nuevos materiales”.

Con estas potencialidades cuenta el nuevo superordenador más rápido del mundo, la máquina japonesa Fugaku, que ha logrado completar más de 415 billones de cálculos por segundo, aproximadamente 2,8 veces más ágil que el sistema Summit desarrollado por Estados Unidos, del Laboratorio Nacional Oat Ridge, que anteriormente reclamó el título en noviembre de 2019, informó Ticbeat.

Por primera vez en nueve años -afirma el reporte—, una supercomputadora nipona ocupa el primer lugar, según una clasificación semestral anunciada este lunes por el proyecto TOP500 estadounidense-europeo.

Desarrollada por el Instituto de Investigación Riken (de forma conjunta con Fujitsu en las instalaciones del Instituto en Dobe), Fugaku, la nueva supercomputadora de Japón,“no solo se destaca por suvelocidad, sino que también ocupó los primeros puestos en tres categorías adicionales que miden el rendimiento en métodos computacionales basados ​​en la industria, análisis de big data y aplicaciones de Inteligencia Artificial". Así, Fugakuha batido un nuevo récord.

“Es la primera ocasión en la que una máquina de esta índole encabeza el ranking mundial en las cuatro categorías mencionadas”, según la Agencia Kyodo News.

Por otra parte, la supercomputadora constituye una base clave para poderosas simulaciones utilizadas no solo en la investigación científica, sino también para tecnologías militares e industriales.

“Esperamos que ayude a resolver problemas sociales difíciles como la lucha contra el nuevo coronavirus”, dijo Satoshi Matsuoka, director del Centro de Ciencias Computacionales del Instituto.

El Presidente de Fujitsu IT Products Ltd., Shinichi Kato también celebró los méritos del aparato y se consideró “extremadamente feliz y honrado de haber estado involucrado en la creación de Fugaku”.

Otra supercomputadora de fabricación estadounidense ocupó el tercer lugar, mientras que una China se aseguró el cuarto y quinto lugar. Por el momento Fugakuopera en formato de pruebas investigando posibles medicamentos para combatir el nuevo coronavirus. Se espera que alcance parámetros completamente operativos al comienzo del año comercial 2021.

27 junio 2020 

(Tomado de Resumen Latinoamericano)

Sábado, 27 Junio 2020 06:47

Los últimos nueve segundos

Los últimos nueve segundos

La nueva normalidad es la entrada a un laberinto. Las multinacionales de internet determinan un porvenir político en el que la aceleración se impone a la reflexión. Las redes sociales construyen ese presente continuo en el que las emociones prevalecen y dificultan la organización colectiva. 

 

El autor de este artículo se levantará el sábado 27 de junio poco después de las nueve de la mañana. Antes de desayunar mirará por primera vez cómo está funcionando su texto. Primero, en la red social Twitter; casi inmediatamente después, en las estadísticas de Google. A lo largo del día, con alguna variación, hará el mismo recorrido unas 50 veces. Si, como es previsible, el artículo no despega en las redes sociales, al final del día se extenderá sobre el autor cierta decepción. Una comezón que sabe irracional y que tiene un trastorno asociado. Se llama atazagorafobia. Lo explica Bruno Patino en La civilización de la memoria de pez (Alianza, 2020). Es el miedo a ser olvidado por sus pares, algo que no ocurre solo en el contexto de las redes sociales pero que se ha visto multiplicado por la absoluta dependencia de los medios de comunicación y sus trabajadores respecto a ellas.

Este trastorno se ha convertido en compañero de viaje de periodistas y comunicadores, pero no solo. Afecta a los usuarios de las redes, populares, poderosos o anónimos. “Como una sombra, el atazagorafóbico consulta su teléfono con la esperanza de obtener un corazón, un like, un retuit, una mención que pueda desmentir su convencimiento de ser un individuo de segunda categoría que merece el olvido en el que le ha sumido su grupo”, explica Patino. 

El listón está bajo. Todo lo que sea acaparar la atención de la audiencia durante más de nueve segundos supera la capacidad de concentración de los cientos de miles de personas que pasan los días con el móvil pegado a la palma de sus manos. Pasados esos nueve segundos, el cerebro se desengancha. Las manos, a sus órdenes, buscan otro estímulo, otra notificación, otra aplicación.

Lo importante, como es evidente, no es si el autor encuentra satisfacción, un fav o un retuit más de los que esperaba. Eso apenas cuenta para esta historia. Este artículo es solo un pretexto para hablar de la dependencia de la dopamina que genera el enganche digital y cómo eso funciona a escala colectiva y se extiende y determina todas las ramas de la política, el periodismo y la sociedad. Lo fundamental es que no es una excepción sino que es algo perfectamente consecuente con el tiempo que nos ha tocado vivir. Es antes que nada un negocio. Ni siquiera la adicción a las estadísticas o los favs es una rareza, sino que está determinada por el diseño de unas aplicaciones que, como recuerda la periodista Marta Peirano, han sido diseñadas con la misma estructura de estímulos y recompensas que las máquinas tragaperras.

Los hábitos del autor son la introducción para explicar por qué las teorías desquiciadas de Miguel Bosé son un acontecimiento, mientras que las estadísticas sobre costes laborales del Instituto Nacional de Estadística no le importan a nadie. En menos de tres clics de Youtube podemos pasar del directo del pleno del Congreso a las teorías más bizarras sobre el origen extraterrestre del virus sars-covd2. La verdad es irrelevante en la competición permanente en la que vivimos, que, por el contrario, tiende a favorecer lo exagerado, lo hiperbólico o lo más extremo. “Cuanto menos sabemos más afirmamos, y cuanto más afirmamos más visibles somos en la estructura asimétrica de las redes sociales”, concluye Patino. 

Un hombre derrotado

Donald Trump recorre la pista de aterrizaje de la Casa Blanca tras un mitin fallido en la ciudad estadounidense de Tulsa. Trump recorre esos metros despeinado, deshecho el nudo de la corbata. Es el joker o bufón que ha influido decisivamente en la política en la era de las redes sociales. En su escala megalómana parece encarnar el mismo sentimiento de haber sido abandonado por sus pares que atenaza a un usuario cualquiera de Facebook o Instagram. Esta misma semana, Twitter ha decidido sancionar como noticias falsas algunos de los tuits del presidente de Estados Unidos. 


Se sabe, por el escándalo de Cambridge Analytica en las elecciones de EE UU y el referéndum del Brexit, que las técnicas de pastoreo digital y manipulación son hoy determinantes para determinar el signo de una votación. Las redes sociales son el vehículo principal del llamado “relato” necesario para dominar la comunicación política. La adhesión ha sustituido al compromiso, la emoción a la coherencia. 

A partir de los fragmentos sueltos en las redes sociales, mejor cuanto más chocantes, se obtiene la atención de una audiencia de miles de millones de personas. No es necesario organizar un programa político, solo surfear una tras otra la ola de lo popular, lo llamativo, lo ostentoso. Los medios de comunicación convencionales solo siguen esa inercia fragmentada, en una carrera desquiciada por generar clics, por captar a una audiencia de memoria frágil, compuesta, en un porcentaje significativo, por bots. Los “zascas” son infinitamente más rentables que los reportajes.

Nuestros relatos

Hace cuatro meses, este iba a ser un año como cualquier otro. Las redes sociales nos enseñarían zapatos, abrigos y nuevos ordenadores porque nos conocen y nos leen (o, mejor dicho, nos perfilan). Y porque con ello ganan mucho dinero. En términos generales, la sociedad se iba a mover bajo el viejo relato de un nuevo Gobierno: reducir la desigualdad, reducir en mayor medida la pobreza infantil. Bajo los fuegos artificiales de la comunicación política, el ala tecnocrática del Gobierno se había propuesto que no se modificara la estructura de poder y de rentas. Había una promesa tácita de dejar la búsqueda de la justicia social “para más adelante”, algo que equivale a nunca.

Los hechos, sin embargo, han interrumpido ese ritmo de mecedora. Ya no ha sido posible hablar de confianza y estabilidad sino que el concepto clave es la reconstrucción. Parece una ocurrencia hablar de reconstrucción cuando aún no ha terminado el primer golpe del coronavirus, en medio del temor al rebrote y ante una situación en la que el Gobierno ha asumido los salarios de un 13% de la fuerza de trabajo, pero ese empeño de situar un marco de reconstrucción es más bien una obligación en los tiempos de la memoria de pez. Es la promesa de un futuro menos incierto de lo que realmente es, de un futuro en el que no seremos adictos a la novedad y al shock. La promesa de estabilidad remite a ese otro tiempo en el que, teóricamente, las estadísticas de gasto sanitario tenían más importancia, y más espacio en el debate público, que las chifladuras de Miguel Bosé. 

Porque, paradójicamente, a medida que nos introducimos por nuestro propio pie en el mundo acelerado, a medida que nos dejamos caer en los brazos de los algoritmos, aumenta la necesidad de pertenencia y de pausa. Esa tendencia fue entendida por Dominic Cummings, el ideólogo de la campaña del Brexit. El lema que consiguió imponer en 2016 fue “recuperar el control”. La realidad es que, cuatro años después, Reino Unido está descontrolado. Todo parece posible en un país que ha vivido bajo el mandato delirante de que nada cambie al mismo tiempo que la sociedad pasa a estar dominada por la economía de la atención, por Google, Amazon y Facebook. Por la sentimentalización radical de la política y la supresión de su capacidad para proporcionar formas de organización colectiva. 

La situación actual, marcada por el covid-19 y por la crisis climática impide un regreso al tiempo en el que todo era “normal”. La distancia social, además ha exacerbado la tendencia a la creación de burbujas y al individualismo promovido por las multinacionales de Silicon Valley. La propia idea de la “nueva normalidad” nos hace adentrarnos en un laberinto que, en buena medida, está diseñado por los algoritmos que, al mismo tiempo, controlan la información y la intoxicación informativa. Retirarles esa potestad para intervenir sobre nuestras vidas debe ser una prioridad. También gravar sus beneficios en relación al valor que obtienen de nuestros datos. Es imprescindible, por último, organizarse fuera de esas burbujas, aprovechando las facilidades que da internet pero sin la servidumbre de hacer más grande las burbujas dentro de las redes sociales.

Como muestra el caso extremo de Trump, estos ya no trabajan para sí mismos, ni trabajan para sus votantes, sino que están metidos en la misma rueda en la que estamos todos, generando valor para los grandes monopolios de la atención. Poderosos y mierdecillas, moviéndonos cada vez más rápido para permanecer exactamente en un mismo punto. Sin posibilidad de avanzar.

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Luis Rojas Marcos, psiquiatra

El psiquiatra asegura que la COVID-19 va a dejar secuelas psicológicas en la población para las que receta "compartir experiencias" en terapias de grupo

 

El psiquiatra Luis Rojas Marcos (Sevilla 1943) compagina desde hace años su labor médica y docente con trabajos de gestión y de coordinación en el sistema sanitario. Como ya le ocurrió en el 11S, la pandemia de la COVID-19 no le ha dejado ni un día de descanso. En la actualidad dirige una organización sin ánimo de lucro (PAGNY), integrada por 4.000 médicos y profesionales de la salud que prestan sus servicios en seis hospitales públicos de Nueva York y en el complejo penitenciario de Rikers Island, que tiene un total de diez cárceles y 10.000 presos.

Hablamos con él por Skype un domingo por la tarde (hora de Nueva York). Durante la entrevista, señala que gran parte de la población "va a sufrir estrés post traumático y las terapias de grupo, en el caso de la pandemia de coronavirus, pueden ser más beneficiosas que la terapia individual". 

¿Cómo ha reaccionado Nueva York a la pandemia?

Estados Unidos no estaba preparado y Nueva York tampoco. En un inicio, no teníamos suficientes mascarillas, ni suficientes respiradores, ni suficientes pruebas. En lugar de adaptar los recursos a las necesidades y a los consejos de los profesionales de la salud, se adaptó el discurso a los recursos. Se escucharon mensajes como "no hace falta que te pongas mascarilla", "no hace falta que te hagas la prueba". Ahora el mensaje es otro y se ha demostrado que el discurso inicial respondía a una falta de recursos. Eso ha desorientado a la población y ha alimentado la ansiedad y la sensación de vulnerabilidad y de incertidumbre. 

Como responsable del Sistema de Salud y Hospitales Públicos de Nueva York, jugó un papel fundamental en las atenciones médicas y psicológicas a las víctimas y a sus familiares del 11-S. ¿Le ha servido ahora esa experiencia?  

Los atentados del 11-S fueron una gran tragedia pero el enemigo era visible. Sabíamos que detrás de esas muertes había una organización terrorista. Murieron 3.000 personas, muchas otras se salvaron y en los hospitales prácticamente no atendimos heridos. En este caso, los hospitales de Nueva York se han llenado de enfermos de COVID-19. Esta pandemia nos plantea nuevos retos. Son muchas las incógnitas, y la cifra de muertos y de enfermos es enorme. Las personas que pierden a un familiar no pueden despedirse de él. Sí creo que en ambos casos es clave proteger la salud mental de la población. 

También vivió la epidemia de VIH que azotó a Nueva York. 

Sí, y en ambos casos el contexto es de epidemia y de infección. En el caso de la epidemia de VIH sin lugar a dudas un factor fue la estigmatización de ciertos grupos. De hecho, aunque el coronavirus no discrimina, en el caso de Nueva York la enfermedad ha afectado de forma desproporcionada a las minorías ya que han tenido que seguir trabajando para comer.

En el caso de la epidemia del VIH, sabíamos cómo se transmitía y sabíamos que la mejor manera de evitar el contagio era tener relaciones sexuales con protección. En el caso de la pandemia actual, las formas de protección son más variables y tienen un impacto significativo sobre toda la sociedad. No podemos abrazarnos, ver a nuestros nietos o reunirnos con familiares o amigos. 

¿Cómo podemos gestionar mejor esta situación?

Las personas que sienten que controlan una situación tienden a llevar mejor este tipo de adversidades. Por el contrario, las que se sienten impotentes y creen que todo depende de la suerte, la casualidad o de terceros, lo llevan peor. También es importante que programemos nuestro día a día, tengamos rutinas y la fuerza de voluntad para hacer lo que nos habíamos propuesto. El ejercicio físico es fundamental. Asimismo, es importante no culparnos, entender que si perdemos el trabajo o nuestro negocio va mal es porque, como humanidad, estamos pasando por un momento muy complicado. Y viajar en el tiempo.

¿En qué consiste?

Imaginar el futuro y recordar el pasado. Nos ayuda proyectar y decirnos a nosotros mismos que esta situación es temporal y que la superaremos. El sentido de futuro es muy importante en los seres humanos. Siempre estamos pensando y hablando de lo que haremos en un futuro y forma parte de nuestra rutina diaria: qué haremos por la tarde, qué haremos el fin de semana, dónde iremos este verano. Cuando no podemos proyectar, podemos sentir ansiedad y, con el paso del tiempo, depresión. También nos ayuda recordar situaciones pasadas en las que conseguimos superar momentos difíciles y esto nos hizo más resilientes. Siempre digo a mis pacientes que la resiliencia es una mezcla de resistencia y de flexibilidad. Encajas el golpe y con el tiempo consigues sobreponerte e incluso ser más fuerte y positivo. 

En Wuhan, muchos han afirmado que ayudar a los demás les hizo sentir mejor.

Ayudar también es una fuente de satisfacción y un método de supervivencia. Muchos estudios han demostrado que las personas que ayudan a los demás tienen más posibilidades de salir indemnes de una calamidad. Sabemos por ejemplo que en los accidentes de aviación, los que ayudan a otros pasajeros tienen más posibilidades de sobrevivir. El hecho de no estar tan pendiente de ti mismo y estar pensando en la persona que tienes al lado hace que no suban tus niveles de ansiedad, no te bloquees, puedas pensar con más claridad y actúes correctamente. Es decir, tienen menos ataques de pánico y reaccionan más rápido. 

Los expertos en salud mental afirman que gran parte de la población sufrirá estrés postraumático. ¿Cómo prevenirlo o tratarlo? 

El estrés postraumático se da cuando sufrimos un hecho que nos produce un nivel de estrés alto o cuando el estrés no es tan alto pero sí continuado en el tiempo. Algunas personas han perdido a familiares, otras el trabajo y les preocupa no poder dar de comer a sus hijos, otras, se sienten atrapadas en sus casas. Los estados de ansiedad no tratados pueden dar lugar a una depresión, que es la perdida de esperanza. El sistema de salud mental debe organizar grupos de apoyo de entre 8 y 12 personas. Hemos podido comprobar que son extremadamente beneficiosos para la población.

¿Cuándo debemos pedir ayuda?

Cuando la ansiedad nos causa insomnio o pérdida de apetito, falta de concentración o irritabilidad. El paso siguiente es la depresión y por eso es importante detectar lo antes posible estos cuadros de ansiedad y pedir ayuda. En mi opinión, son tantas las experiencias que podemos compartir que las terapias de grupo son muy beneficiosas.

Mientras no sea posible hacerlas de forma presencial, se pueden hacer por vídeo. Sí es cierto que la parte visual es fundamental cuando los miembros de un grupo se están conociendo. Más adelante algunos de los miembros podrían participar por teléfono. También es fundamental que los miembros del grupo no cambien y se formen unos lazos de solidaridad y de confianza entre ellos. En PAGNY ya estamos ofreciendo terapia de grupo a nuestros médicos y profesionales de la salud. Lo anunciamos y ha tenido una buena acogida. Es importante dar difusión a estos grupos para que todo aquel que crea que necesita ayuda pueda llamar.

¿Cómo afecta esta situación a los niños?

Su rutina ha cambiado y se les tiene que explicar por qué. En el caso de los niños más pequeños que todavía tienen dificultades para verbalizar una emoción es importante ayudarlos a expresar cómo se sienten a través de juegos. También lo es explicarles por qué ya no van a la escuela y por qué sus rutinas han cambiado. La explicación tiene que terminar de forma positiva, transmitirles que nos estamos protegiendo de una enfermedad y que todo va a ir bien. Los niños más mayores hacen muchas preguntas y es importante darles respuestas claras y, como en el caso de los más pequeños, terminar con un mensaje positivo. 

Muchos profesionales de la salud tienen miedo o están muy afectados por las experiencias que están viviendo.

En especial, hemos visto este miedo en los profesionales de la salud que son grupo de riesgo. Como responsable de una red de 4.000 profesionales de la salud he tenido que gestionar esta situación ya que 120 médicos que ven pacientes a diario tienen más de 70 años. Ahora tenemos un sistema de videoconferencias que está funcionando muy bien y los médicos en edad de riesgo ven a los pacientes por vídeo desde sus casas y coordinan a sus equipos de la misma forma. Yo tengo 76 años pero mi caso es distinto porque trabajo en un despacho. Trabajo desde casa y voy a la oficina dos días por semana.

A usted le ayuda pasear.

En el caso de Nueva York nunca se han limitado los paseos y podemos hacer ejercicio en el parque. Es una ciudad donde muchas personas viven solas, en estudios muy pequeños. Otras tienen compañeros de piso y no se llevan bien. Vemos que los conflictos familiares han aumentado y el consumo de sustancias, también. La ciudad está irreconocible ya que no estamos acostumbrados a que todo esté cerrado. 

Usted es una persona optimista. Denos un mensaje optimista para terminar.

La humanidad ha superado epidemias de todo tipo. Hemos resistido porque tenemos un instinto que nos hace unir fuerzas los unos con los otros para buscar soluciones y perseguir la estabilidad. Estamos poniendo todos los medios que tenemos a nuestro alcance para encontrar una vacuna, y sin lugar a dudas la encontraremos. Aunque lo superaremos como humanidad, habrá muertos. Las personas que pierdan a sus seres queridos tendrán más dificultad para superarlo. Y es por este motivo q

Por Emma Reverter

22/05/2020 - 21:32h

ue tenemos que tejer redes de apoyo y ayudarnos los unos a los otros. Tenemos que estar conectados. Y las tecnologías actuales son una potente herramienta de conexión.

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En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, RSF denuncia más de 300 periodistas encarcelados

Madrid. Reporteros sin Fronteras (RSF) conmemoró ayer el Día Mundial de la Libertad de Prensa, y recordó a los más de 300 periodistas encarcelados en el mundo con el lema: "Periodismo en confinamiento", en referencia a las actuales medidas de reclusión por el Covid-19.

"En muchos países puedes acabar en la cárcel por contar la realidad, contradecir al poder, indagar corruptelas o, simplemente, por expresarte de forma individual", lamentó la organización.

RSF recuerda particularmente a informadores como el bloguero Raif Badawi, quien lleva más de siete años preso en Arabia Saudita por "insultar al islam", o a Narges Mohammadi, periodista y activista iraní, defensora de derechos humanos, en prisión desde mayo de 2015.

También mencionó a periodistas como los yemeníes Abdul Khaleq Amran, Akram Al Walidi, Hareth Hamed y Tawfiq Al Mansouri, condenados por la insurgencia hutí "con arbitrariedad" y quienes pueden ser ejecutados en cualquier momento.

"Este 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, pedimos nuevamente la libertad de todos los informadores profesionales o ciudadanos, blogueros y colaboradores de medios que están entre rejas por ejercer el periodismo, por contribuir al libre flujo de la información", señaló.

RSF tiene constancia en lo que va de 2020 de 10 periodistas asesinados, 229 en la cárcel, 116 internautas entre rejas junto con 14 colaboradores en el mundo.

La Unión Europea alertó este fin de semana de ataques a los medios de comunicación en varios países usando la pandemia del nuevo coronavirus como coartada.

África tampoco queda exenta. Human Rights Watch denunció que las autoridades de Somalia lanzaron una campaña de intimidación a los periodistas del país al amparo de la lucha contra la pandemia en la nación africana.

"A pesar de los riesgos y desafíos adicionales derivados de la crisis sanitaria, los periodistas de todo el mundo continúan con su trabajo, a veces en circunstancias difíciles", agregó.

"Son demasiados los países donde los periodistas tienen que lidiar con una legislación restrictiva, a veces atribuida a la emergencia, que frena la libertad de expresión y la libertad de prensa", concluyó.

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Omar Rincón: "Este virus no es un partido de fútbol"

El experto en comunicación alerta sobre el tratamiento mediático de la pandemia

 

“El virus vive feliz en los medios”, dice el experto en comunicación colombiano Omar Rincón. Y recomienda a los medios, entre otras cosas, “recordar que este virus no es un partido de fútbol, que cada enfermo no es un gol, que cada decisión de los gobiernos no es un cántico de barrabrava. Menos es más, pero un menos con conciencia social y responsabilidad democrática”.

Rincón es ensayista, periodista, profesor universitario, crítico de televisión y autor audiovisual. Es asiduo visitante de Argentina, adonde viene a dictar clases, escribir o desarrollar distintos proyectos de comunicación. La última vez estuvo en febrero, para grabar las conferencias que irán en el Diploma virtual sobre medios digitales y educación, que empieza en mayo, impulsado en forma conjunta por la Universidad Pedagógica Nacional (UNiPE) y la Oficina en Buenos Aires de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

--¿Cómo analiza el tratamiento mediático del coronavirus?

--Dos perlas: “En Caracol Televisión (el canal número uno en rating en Colombia y que duplicó su sintonía en tiempos de esta “cosa”) lo más importante es la gente y su salud”, dicen y agregan que “garantizamos la mejor y más responsable información en tiempo real”. Y para hacerlo nos cuentan esas noticias terroríficas del coronavirus con un dejo de emoción futbolera: cada contagiado es un gol que se narra, cada comentarista es un fanático que inventa análisis, el árbitro es un gobierno que mete más miedo y todos somos barras bravas dispuestas a linchar o reír. Y todo en directo y en vivo: no hay pausa, ni reflexión, ni esperanza, ni humor, ni ambigüedad: y otro virusiado, gol y goool y gooolll. Así esta “cosa” se convierte en miedo mediático ya que nos dice que el mundo real-real es una amenaza, luego mejor quedarnos en casa y como no hay fútbol y deportes, y las telenovelas y realities aburren, mejor ser espectadores de las miserias humanas y políticas de los otros. Así creamos el comportamiento perfecto: estamos en casa viendo la tele porque el afuera real es amenazante, sobre todo porque los humanoides son poco confiables en sus cuerpos.

--¿Qué deberían hacer los medios y el periodismo para informar sobre este virus?

--Reportear, no analizar. Ojo con los títulos. No se trata de un gol, no se cuenta cada “viruseado” como un gol patrio, no se comunica cada miedo con la emoción del hincha. Más que nunca se necesita y exige contexto. Contexto, antes que el directo, el envío primero es el contexto, sin contexto no hay sentido. Hacer periodismo tutorial: más que informar primero, se debe hacer periodismo lento, comprensible y explicativo. Un tutorial que desactive los miedos y active al ciudadano. No se trata de producir terror, sino de colaborar en la generación de confianza. Periodismo lento: no al directo, al en vivo, a la alarma. Sí al pausar, tener datos, verificar los datos, evitar a los expertos opinólogos, ganar el criterio. Esto significa renunciar al periodismo de “todo por un clic” para hacer el periodismo que provee criterio. Menos es más: recordar que este virus no es un partido de fútbol, que cada enfermo no es un gol, que cada decisión de los gobiernos no es un cántico de barra brava. Menos es más, pero un menos con conciencia social y más responsabilidad democrática.

--El diplomado sobre medios digitales y educación en el que usted dará conferencias fue propuesto antes de la pandemia y la cuarentena, ahora parece tener un nuevo sentido.

--Creo que la sociedad compró el discurso digital en todo el mundo y sin ideología. Todos quieren cerrar la brecha digital, todos quieren conectar a todos los ciudadanos con internet, suponen que internet va a liberar al mundo. Y henos aquí viviendo en modo remoto y conectados vía digital. Las empresas de tecnología hacen buen negocio y deciden el modelo de sociedad que nos toca en destino: una de vigilancia y control con ciudadanos conectados y dóciles en sus casas. En este contexto, reflexionar crítica y productivamente sobre los mundos digitales en la educación es urgente: la tecnología no resuelve todo, solo el conectarse; la educación pone las ideas, el humanismo y los rituales cuerpo a cuerpo.

--Marshall Mcluhan...

--Otra vez hemos vuelto a tener el mismo sueño colectivo que hemos tenido desde siempre. Vivimos creyendo que la solución del mundo viene de afuera y hoy las tecnologías incentivan este humo. Hay mucho humo digital y no es de izquierda, ni de derecha. Todos lo aplican idéntico. Las universidades y la educación viven comprando tecnología y creen que con eso transforman el mundo, cuando en realidad le estamos regalando los datos de profesores y estudiantes para que nos vigilen y controlen mejor. Por eso, es clave pensar la relación de medios digitales y educación. Y para hacerlo debe volver a hacer lo que siempre ha hecho, generando conciencia crítica. No comprar el humo pero tampoco ser apocalíptico. Comenzar a dialogar entre culturas modernas con culturas digitales. Por ejemplo, hay cosas clarísimas que están funcionando. Una, como dice Alessandro Baricco en The Game, está clarísimo que la revolución digital existe, está pasando, la estamos habitando: es una nueva experiencia cultural. Eso implica cosas totalmente novedosas de ecosistema que tenemos que empezar a comprender. No podemos seguir diciendo que es más de lo mismo, que fue lo que pasó con la televisión, que fue lo que pasó con la radio, no sigamos diciendo lo mismo. Todo el mundo quiere normalizar esto; no, es nuevo, es una nueva experiencia cultural y política. ¿Cómo la habitamos? Ahí la pregunta por la educación es de las más cuestionadas.

Una segunda cosa es que viene con un cambio de experiencia cultural. Entonces, habitamos la coolture, ya no la cultura. Dejamos de ser modernos, de pensar desde la profundidad, desde la complejidad, desde las preguntas densas para pasar a una sociedad que se piensa más desde estilos de vida, de andar en la superficie, de generar experiencias cool. Entonces la propuesta es que no es que una cosa aparece y otra desaparece, sino que tenemos poner en diálogo intercultural a Jurasic Park con The walking dead, a la educación con los zombies, pero en diálogo, no en imposición autoritaria de contenidos o saberes o prácticas.

--En las escuelas todavía ni siquiera saben qué hacer con los celulares.

--Es que el problema está planteado desde los aparatos. Pasaba con la televisión. La televisión no entraba al aula, sino que estaba guardada en un salón aparte. Ahora los celulares, el computador, la tablet, las redes digitales, los videojuegos quedan guardados y no entran al aula de clase. No entra el aparato pero el sujeto ya viene con los nuevos consumos culturales y los nuevos saberes, no los puedes dejar afuera.

La segunda opción es domesticarlo, entonces, lo mete al aula de clase pero lo aburre profundamente porque le quita todo lo que tiene de juguetón, de divertido y lo vuelve superaburrido. La tercera fórmula es asumir que eso entre como es y comenzar a entenderlo como textos, pretextos, contextos del proceso educativo. Creo que el mayor susto que tiene el maestro con eso es que viene con un nuevo concepto, viene con la lógica del juego. Y es triste que la educación se resista, no sé cuándo perdió esa lógica. El aula escolar expulsó al juego de la educación, originalmente la educación era un juego.

Entonces, el mundo digital trae al presente una cosa viejísima que es que a la educación se va a jugar y eso creo que al maestro le da mucho susto. El maestro tiene que aceptar que ya perdimos la capacidad cognitiva de mediador, que perdimos la autoridad de oráculos que teníamos, tenemos que asumir la revolución digital sin perder el estilo humanista.

--Qué difícil.

--Si le preguntas a cualquier persona, todos tienen un maestro al que adoran. El maestro que motivaba, que incentivaba, que jugaba, que imaginaba, que experimentaba. De pronto, los maestros nos quedamos con la autoridad, el currículum, la didáctica, la pedagogía, lo aburrido, y expulsamos lo que siempre hemos sido... los contadores de historias sobre el conocimiento inscrito en la sociedad, la vida y el territorio

--¿Pero todo tiene que ser divertido?

--El problema no es solamente divertir. Hay juegos que son serios. Jugar implica estrategia, criterios, pensar. No es que se vuelva todo divertido. Lo que sí tiene que pasar es que te dé criterio para la vida. Yo no tengo que aprender cosas a las que no les encuentro sentido.

--Esa es la gran pregunta de los chicos de todos los tiempos, ¿qué sentido tiene estudiar esto?

--Tienen que darme criterios. Entonces ¿por qué tengo que aprender a escribir y a leer? Porque tiene que aprender. Nooo. Por ejemplo, escribir aunque sea con faltas de ortografías es para contar historias y si cuentas historias seduces al mundo, a sus amigos, a los afectos... No es la ortografía, es el contar. Me sirve para de pronto inventar mundos. Los maestros tenemos la obligación de decirles a los estudiantes para qué le sirven los conocimientos que estamos aportando, qué experiencias van a vivir con los saberes que enseñamos. Y es un rol muy interesante.

--Cuestiona la educación en general más allá de las tecnologías. Creo que eso pasa con algunos profesores muy puntuales.

--De acuerdo. Yo creo que hay mucho profesor y maestro de maravilla, pero no sabemos. Y eso ha hecho que juzguemos al sistema educativo injustamente. Estamos juzgando al sistema educativo a partir de lo que han construido los medios de información sobre el maestro, que es feo, mal vestido, de mal gusto, no quiere trabajar y lo único que hace es pedir más salario. Esa es la construcción TN y de todos los noticieros del mundo. El maestro como una figura desagradable, anacrónica, totalmente prescindible en la sociedad. Frente a esto tenemos a los vendedores de humo digital, emprendedores, que además nunca fueron a la universidad. Y nos dicen: un celular cambia el mundo, te convierte en emprendedor. Frente a esa falsa figura informativa tenemos la figura de la ficción, donde los maestros son lo máximo, son lo que necesitamos, crean mundo. Y en la mitad tenemos la vida cotidiana. Todos los ciudadanos hablan pésimo de la educación pero no saben qué hacer sin la educación, no saben qué hacer con sus hijos, no saben dónde dejarlos. La sociedad le ha descargado toda la necesidad de vida a la escuela, pero no le colabora. Los políticos se lavan las manos y no dan presupuesto. Los medios se lavan las manos de la mala imagen que producen. La institución escolar se lava las manos: no tenemos plata, no tenemos esto. Es complejo. Entonces ahora llega lo digital y dicen: solucionado el problema, lo digital soluciona los malos maestros. Y no es cierto. Lo digital no soluciona nada sin un ecosistema cultural y educativo que aporte. El segundo problema es que la institución educativa es absolutamente conservadora y clásica y eso nunca se ha podido transformar. Usted mete cualquier tecnología y la mete al colegio...

--Y la hace aburrida...

--Y conservadora.

--¿Qué hay que hacer?

--Transformar todo el ecosistema. Eso cuesta dinero y el Estado prefiere invertir dinero en tabletas que en el factor humano. Por ejemplo, hoy en día las clases deberían ser hechas por dos o tres profesores en colectivo para que haya saberes integrados. Eso sería la convergencia desde la docencia, en la sociedad digital lo más importante es el acompañante, tutor, guía, como quieran llamarlo. El profesor hoy no tiene que enseñar nada, los conocimientos están en todas partes. Pero sí necesitamos sujetos que den criterios, que motiven, que contextualicen, que generen ecosistema de saberes. Pero esas conexiones no son automáticas. Las conexiones se las estamos dejando al mercado. La convergencia en los modos de construir los ambientes de aprendizaje triplicaría el precio de los docentes.

--En este contexto ¿cuál debería ser el rol de los medios públicos?

--La primera función de los medios públicos sería generar ciudadanía celebrity. O sea, convertir a cada ciudadano en la estrella de sus pantallas.

--¿Eso no sería copiar el modelo privado?

--No, porque el mercado convierte al ciudadano en protagonista muy pocas veces. Son las estrellas de la farándula las que hablan y cuando aparece el ciudadano es como “pone problemas”, como el que mata.

--O la víctima...

--O cuando es periodista, el que es denuncista... entonces en mi barrio todo es problema, nunca aparece un ciudadano creativo, propositivo, actor de su historia. No aparece el ciudadano que cocina rico, que baila rico, que es famoso en su comunidad. Ese ciudadano que mantuvo a este país durante los cuatro años de macrismo, que resistió como nunca, no aparece en los medios. Eso para mí sería lo mejor que tiene que hacer la televisión y los medios públicos. Después tiene que haber medios bien hechos, ojalá no tanto documental, más ficción, otros formatos que celebren la diversidad cultural de una sociedad.

--¿Todavía es importante la televisión?

--A la televisión la han vivido matando. Y la gente que la mata es gente que nunca ha sido capaz de ver televisión siquiera.

--Pero los y las adolescentes, por ejemplo, nunca miraron TV ni leyeron un diario.

--Sí, pero hoy en día la televisión es un virus que se toma todo. La televisión nunca pelea, se acomoda a lo que sea. Primero tomó al cine y lo hizo hacer cine estilo televisión. Ahora los periódicos empezaron a hacer periódicos que parecen televisión. Aparece Youtube, la gran liberación, y la TV obliga a que youtube haga televisión, youtube es televisión hasta en la publicidad que interrumpe losa programas, tiene control de desnudos, control de sexo y violencia igual que la televisión. El streaming de Facebook es la primera televisión que existió, el directo. La televisión toma todo.

--Es lo audiovisual...

--A eso voy. Es que no triunfa el audiovisual de alta calidad cinematográfica, triunfa el audiovisual televisivo. Y eso hace que hoy el joven no sepa que lo que está viendo es televisión pero lo que está viendo es televisión. La televisión mutó hacia un entretenimiento audiovisual expandido. Se tomó todas las pantallas bajo el concepto de entretenimiento y expande las pantallas. Todo tiene los principios de la televisión, no tiene los principios del cine ni de lo digital. La televisión popular, la abierta, seguirá viviendo en cosas como transmitiendo eventos en directo. El directo sigue siendo el reino de la televisión. Transmitiendo espectáculos deportivos, musicales, entretenimiento popular como la telenovela, los realitys, los programas musicales. Además tiene la otra virtud de los formatos más clásicos como los concursos. Lo que para mí está muerto es el cable. Con internet y con plataformas veo en el dispositivo que quiera y a la hora que quiera, no debo esperar al cable.

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China, cada vez más segura de sí misma ante un mundo en crisis

Las expulsiones de corresponsales estadounidenses evidencian cómo la confianza de China aumenta mientras el mundo se enfrenta al coronavirus

El 18 de marzo, Pekín anunció la expulsión de los corresponsales de los periódicos más importantes de Estados Unidos, concretamente The New York Times, The Wall Street Journal (WSJ) y The Washington Post. A simple vista, la decisión adoptada por el Gobierno de Xi Jinping forma parte del pulso entre China y Estados Unidos por el control de los periodistas extranjeros. Pero hay algo más.

La medida cogió a los periódicos por sorpresa. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China decretó la expulsión de los corresponsales de los medios anteriormente citados cuyas acreditaciones expirasen a finales de 2020. Pekín actuaba en represalia, tal y como explicó, por una decisión tomada a principios de año por la Administración Trump, que limitó el número de periodistas de medios estatales chinos autorizados a trabajar en Estados Unidos. Los obligó a registrarse como empleados de una administración pública extranjera.

Sin embargo, estas expulsiones van más allá del tira y afloja habitual entre las superpotencias que suele jugarse en la imposición de tarifas aduaneras o en la ejecución de maniobras militares. Es la primera vez que implica a la prensa. Por tanto, estas expulsiones suponen una declaración firme y asertiva por parte de China, que se siente fuerte y se crece de cara a una competencia geopolítica que definirá las próximas décadas.

Hace un mes, con millones de ciudadanos chinos confinados en sus casas, el partido parecía resuelto. El Gobierno chino capitulaba arrodillado ante una inmensa ola de críticas internas y externas a su gestión de la crisis provocada por el estallido del coronavirus en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en el centro de China.

Semanas después, mientras el número de personas contagiadas no deja de crecer en Estados Unidos, Pekín se frota la manos ante el caos en el que se está sumiendo el país y los errores de la Admistración Trump para gestionar la expansión de la pandemia. Respondiendo al cambio de tornas a una velocidad sorprendente y con un descaro que pocos gobiernos podrían igualar, China dona equipamiento sanitario a países de la Unión Europea, publicitando al máximo esa generosidad espontánea.

Algunos diplomáticos chinos incluso han contribuido a extender teorías conspiranoicas en Twitter, sugiriendo que el virus fue creado por el ejército de Estados Unidos en lugar de explicar que el origen del contagio entre animales y humanos estuvo en un mercado de la ciudad de Wuhan.

Los mensajes lanzados por el Partido tienen como objetivo mejorar la deteriorada imagen que los ciudadanos chinos tienen de su propio Gobierno. Inciden en cómo la estrategia de adoptada por China no solo funcionó, sino que se está convirtiendo en el guion a seguir por los Gobiernos de todo el mundo a la hora de responder al incremento de infecciones en la mayoría de países. Según Neican, un boletín de noticias chino que se edita en Australia, "todo sucede como corresponde. Todo va bien. La gente en China es feliz y fuera de China, el caos".

El Partido no se tomó bien la cobertura que hizo la prensa extranjera del confinamiento decretado en China para combatir la infección, pero eso no explica la expulsión de corresponsales de los principales medios estadounidenses. Por lo general y durante décadas, el Partido ha tolerado a los reporteros extranjeros. Los veía como un mal necesario en el contexto de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y el fomento de la inversión extranjera.

Pero la China que Xi Jinping diseña ya no los necesita. El país es mucho más rico y poderoso que hace unos años y ya puede permitirse usar a los corresponsales como moneda de cambio entre potencias. Además, con respecto a la prensa, la hostilidad es profunda, casi personal. The New York Times investigó y publicó con detalle la riqueza acumulada por algunos miembros de la dirección del partido Comunista de China y sus familias. En 2012 destapó la fortuna de Wen Jiabao. El equipo de Bloomberg en China y Hong Kong informó sobre la fortuna de la familia Xi. The Wall Street Journal también ha publicado numerosos artículos sobre Xi, tanto sus páginas de información como en las de opinión.

Lo que ha descolocado a muchos no es el enfrentamiento de ambos Gobiernos sobre la prensa. Eso ya viene de largo. En realidad, los analistas se preguntan por el error cometido por Washington por servirle en bandeja a China la oportunidad de vengarse con por apuntar a los reporteros chinos en Estados Unidos.

El trabajo de los reporteros de medios estatales chinos en el extranjero aporta pocas novedades con respecto a lo que ya se sabe de los países en los que trabajan. Sin embargo, los reporteros extranjeros en China, sobre todo los que trabajan cabeceras importantes y bien financiadas de Estados Unidos, juegan un papel crucial traspasando el secretismo y la opacidad del régimen chino. 

Muchos de ellos han pasado años aprendiendo el idioma, estudiando y labrándose experiencia y fuentes. Todo ese capital intelectual se va de un plumazo. Y no solo de China sino de Hong Kong, pues la expulsión se extiende fuera de China continental, afectando tanto a Hong Kong como a Macao.

Nadie notará que hay menos periodistas chinos en el extranjero. Pero la ausencia de esos tres rotativos estadounidenses en China será palpable. El Partido y sus líderes llevaban tiempo deseando el final del escrutinio de la prensa extranjera. Una vez que se ha superado lo peor de la crisis del coronavirus, China se siente fuerte para tomar una decisión que tenía preparada hace tiempo, deshacerse de gran parte de los periodistas extranjeros. No es en represalia por lo que ha hecho Estados Unidos. El motivo real es que China ha tomado conciencia de su poder.

Por Richard McGregor* - Analista político en el Lowy Institute de Sidney

24/03/2020 - 22:16h

  • • Richard McGregor trabaja en el Lowy Institute de Sidney y ha escrito varios libros y artículos sobre política y diplomacia chinas.
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China expulsa a los periodistas estadounidenses de cinco medios

El acto supone una represalia por las restricciones que EE UU impuso a medios estatales chinos en febrero

China expulsará a los periodistas de nacionalidad estadounidense de cinco medios de ese país: The New York Times, TheWashington Post, The Wall Street Journal, Voice of America y Time. La medida se ha dado a conocer en un comunicado del Ministerio de Exteriores emitido al filo de la medianoche (hora local, ocho horas menos en España), en medio de un deterioro drástico de las relaciones entre Washington y Pekín a raíz de la pandemia de la Covid-19.

Los periodistas tendrán que reportarse en el plazo de cuatro días al Ministerio de Exteriores y entregar sus pases de prensa antes de 10 días. Dado que la validez de los visados para los reporteros extranjeros está vinculada a contar con ese pase, la medida implica la expulsión.

La decisión es de una dureza sin precedentes, por la cantidad de expulsados y por prohibir que puedan trabajar en Macao o Hong Kong, territorios con leyes distintas a las chinas.

El comunicado indica que se trata de una represalia contra la decisión de Estados Unidos, el pasado 19 febrero, de imponer medidas restrictivas a las corresponsalías de varios medios estatales chinos en su territorio, al considerarlos un brazo de la propaganda oficial de su país.

Al día siguiente de aquel anuncio estadounidense, Pekín declaró la expulsión de tres periodistas del Wall Street Journal, con el argumento de que este diario económico había publicado días atrás un artículo de opinión con un titular racista.

El comunicado de esta medianoche también declara a los medios castigados como entidades oficiales estadounidenses, controladas por el Gobierno en Washington. Los cinco tendrán que declarar por escrito toda la información que dispongan sobre su personal, financiación y propiedades en suelo chino.

Las medidas “son completamente necesarias y recíprocas y China se ve obligada a tomarlas como respuesta a la opresión poco razonable que los medios chinos experimentan en Estados Unidos. Son una autodefensa legítima y justificada en cualquier sentido. Lo que Estados Unidos ha hecho es atacar exclusivamente medios chinos, y por tanto ha estado motivado por una mentalidad de la Guerra Fría y la parcialidad ideológica”.

El anuncio llega en un mal momento de las relaciones entre Washington y Pekín a raíz de la pandemia de la Covid-19. El secretario de Estado, Mike Pompeo, convocó la semana pasada al embajador chino en la capital estadounidense para pedir explicaciones después de que un portavoz del Ministerio de Exteriores chino promoviera en Twitter ―red social prohibida en China― la teoría de que el virus pudo llegar a Wuhan, donde se detectaron los primeros casos, traído por las Fuerzas Armadas estadounidenses.

A su vez, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el propio Pompeo han irritado a Pekín al referirse en varias ocasiones al patógeno como “virus chino” o “virus de Wuhan”.

Por Macarena Vidal Liy

Pekín - 17 mar 2020 - 14:28COT

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Martes, 25 Febrero 2020 05:49

No importa Assange

No importa Assange

No importa Julian Assange (foto). Importa que empieza su juicio de extradición en Londres. Y que hay mucho en juego en este juicio, al igual que en el proceso que le espera en Estados Unidos si la justicia británica decide enviarlo.

No importa él como persona, si cae o no simpático. Importa que estos juicios serán determinantes para el futuro del periodismo, la libertad de expresión y el derecho internacional.

En concreto, Assange está siendo acusado de espionaje por hacer lo que hacen los periodistas. Esto es, recabar y publicar información. Los espías hacen otra cosa: roban documentos y se los entregan a otro país.

La acusación en contra de Assange combina lenguaje del Espionage Act de 1917 con una descripción de prácticas que son habituales en las redacciones, como intercambiar mensajes encriptados con fuentes que desean permanecer anónimas.

Según el Departamento de Justicia estadounidense, esas prácticas son apropiadas para un periodista de un medio reconocido como podría ser el New York Times. Pero no para Assange. En el día en que se anuciaron los cargos en su contra, con penas de hasta 175 años de cárcel, un vocero del Departamento de Justicia explicó la diferencia. "Es que Assange_argumentó_no es un periodista.” Mas aún, en un informe anual del Departamento de Estado al Congreso, el gobierno de Trump ha definido al medio que Assange dirige, WikiLeaks, como un “servicio de inteligencia no estatal”.

Entonces, ¿Cuál sería la diferencia entre un periodista, que supuestamente goza de protección legal, y un “no periodista” como Assange, que no puede publicar información secreta? ¿Entre un portal de internet especializado en filtraciones periodísticas y un “servicio de inteligencia no estatal”? Mas importante todavía, ¿quién decidiría esta cuestión? El gobierno, por supuesto. En este caso, el gobierno de Trump. No parece algo que beneficie la libertad de expresión, o el ejercicio del periodismo crítico.

A esto hay que sumarle que en éste y otros casos similares Estados Unidos parece querer ejercer una especie de justicia universal pero al revés, en favor de sus propios intereses. Al hacer detener y extraditar a personas como Assange, que no estaba en Estados Unidos al momento de los hechos, acusado por publicaciones o reproducciones online que ocurrieron en otros países a través de servidores instalados en el extranjero, Estados Unidos, lejos respetar principios universales, impone los suyos al resto del universo.

A semejante persecución hay que agregar que Assange estuvo siete años encerrado en tres cuartos de la embajada ecuatoriana en Londres sin poder respirar aire puro ni ver la luz del día, en lo que Naciones Unidas llamó una detención ilegal de Gran Bretaña y Suecia por acusaciones de delitos sexuales que nunca fueron formalizadas, sumada a nueve meses en solitario en la cárcel británica de máxima seguridad de Belmarsh, hasta que el mes pasado entró en un régimen carcelario compartido con otros reclusos, entre otras severas restricciones para mantenerse lúcido y preparar adecuadamente su defensa.

Tanto la jurisprudencia británica como la europea prohiben extradiciones por delitos políticos. La defensa de Assange argumentará que no hay nada más político que este juicio de extradición. El proceso podría durar meses y poner a prueba no solo a las cortes británicas sino al sistema legal europeo, ya que las apelaciones llegarían a Estrasburgo o La Haya.

Conocí a Assange en Ellingham Hall, Norfolk, Gran Bretaña, en el invierno del 2011. Le dije que quería escribir sobre él.

“Mi vida personal no importa,” contestó. “Lo que importa es mi trabajo y lo que sucede con lo que hago. Escribí sobre eso.”

@santiodonnell

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