Naufraga propuesta sobre Venezuela; la reunión de la OEA fue suspendida

El documento que promovió un grupo de países –México y Estados Unidos entre ellos– para que el gobierno de Venezuela supere su crisis interna, no logró los 23 votos necesarios para ser aprobado en la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que se realizó hoy aquí.

Tampoco fue aprobada una propuesta presentada por San Vicente y las Granadinas. Ante el impasse, esta reunión de consulta –a la que Caracas califica de contraria a la legislación del órgano interamericano– se suspendió temporalmente con la posibilidad de volver a ser convocada en cualquier momento.

Tras este resultado, al que el canciller Luis Videgaray evitó llamar ‘‘fracaso’’, los ministros de 11 naciones, encabezadas por Estados Unidos y México, manifestaron en un posicionamiento conjunto su decepción por la falta de un consenso regional y dijeron que persistirán en buscar, mediante una ‘‘nueva negociación’’, una salida concertada ‘‘en beneficio del pueblo venezolano’’.

Si bien reconocieron que llegar a un acuerdo requiere de tiempo, no descartaron que el tema se pueda llevar a la 47 Asamblea General de la OEA, abierta esta misma noche. Esto mantiene vivo el conflicto con el gobierno de Nicolás Maduro.

Los firmantes de esta carta son: Estados Unidos, Canadá, México, Chile, Brasil, Argentina, Colombia, Honduras, Paraguay, Guatemala y Perú.

Sin embargo, aunque no alcanzaron las dos terceras partes de los 34 votos de la OEA, en el cabildeo previo a la sesión sí lograron que seis de los 14 países caribeños, que sostenían una posición más respetuosa a la autodeterminación venezolana, cambiaran de bando. Ante el debilitamiento de este bloque, quien dio la cara para defender su postura ante el poderoso grupo que encabeza Norteamérica fue uno de los más pequeños de las Antillas, San Vicente y las Granadinas.

El presidente de la mesa de debates de la reunión de consulta de los cancilleres, el guatemalteco Carlos Raúl Morales, informó que el planteamiento de Estados Unidos y sus acompañantes fue resultado de las negociaciones que los países miembros realizaron desde el 31 de mayo, cuando tampoco se pudo llegar a un acuerdo.

Dicha propuesta retoma elementos de las dos declaraciones que se analizaron en la ciudad de Washington a finales de mayo y que fueron retiradas.

La segunda declaración votada hoy fue la presentada por San Vicente y Granadinas. Esta prácticamente era la misma que los países caribeños estuvieron defendiendo en la capital estadunidense, donde en resumen urgen a retomar un diálogo para resolver la crisis venezolana. Ésta obtuvo ocho votos en favor, 14 en contra, 11 abstenciones y la ausencia de Venezuela.

La propuesta promovida por el bloque norteamericano, que tuvo 20 votos a favor, hacía un llamado a la administración de Maduro ‘‘a reconsiderar’’ la realización de la Asamblea Nacional Constituyente, como está actualmente concebida, y su decisión de retirarse de la OEA. Este fraseo matizó una primera versión que exigía ‘‘dejar sin efecto’’ dicho proceso.

Igualmente, hacía un llamado a cesar los actos de violencia y hostilidad que provengan de cualquiera de los involucrados en el conflicto y a respetar de modo absoluto los derechos humanos, el estado de derecho, la separación de poderes y los procesos constitucionales del país sudamericano.

La votación de ambos escritos se realizó cuando la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, ya había abandonado los trabajos del encuentro por considerar que fue convocado sin respetar los lineamientos de la OEA.

Visiblemente decepcionado, el canciller Luis Videgaray dijo que estos resultados ‘‘ponen en evidencia la incapacidad para lograr un acuerdo y eso no debe pasar inadvertido, porque mientras tanto en Venezuela continua la violencia.

‘‘¿Qué le vamos a decir a los venezolanos que están en las calles, a las familias que han perdido a alguno de sus miembros? ¿Qué les diremos a quiénes no tienen que comer y buscan comida en los basureros, a los enfermos que en los hospitales no tienen medicinas?’’

Enfocando el resultado de manera positiva, destacó en conferencia de prensa al final de la sesión, que hubo 20 naciones, incluidas seis del Caribe, ‘‘que le dijeron a Maduro que reconsidere su propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente’’.

Por Estados Unidos, John J. Sullivan, subsecretario de Estado, lamentó que no se haya podido llegar a un acuerdo y externó su interés en que continúe el diálogo para seguir tratando de encontrar una salida negociada.

De quienes respaldaron al gobierno de Maduro, la representación nicaragüense pidió que la OEA deje de intervenir en cuestiones internas de Venezuela y reconozca que el gobierno de esa nación sigue intentando el diálogo. Consideró inaceptable que continúe abierta la reunión de consulta.

Previo a la votación, a lo largo de toda la discusión los países presentes se enfrascaron en un debate sobre la pertinencia de que el organismo emitiera una resolución sobre la situación de Venezuela. Argumentos en favor de que la OEA tenga un papel más decisivo sobre cuestiones de la democracia, aunque sean decisiones internas de los países, chocaron contra las opiniones de quienes defendían los valores de la no intervención. ‘‘Antiguos’’, los llamó el canciller de Chile, Heraldo Muñoz Valenzuela.

Por su parte, el ministro de Brasil, Marcos Bezerra, calificó de ‘‘falsos’’ los argumentos de no intervención y aseguró que el gobierno de Michel Temer ‘‘seguirá levantando su voz para decir que Venezuela es una dictadura. Lo haremos solos o acompañados’’.


Venezuela se retira de la reunión de la OEA, reitera su canciller

 

Blanche Petrich y Georgina Saldierna

Cancún, QR.

La canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, reiteró que su país se retira de la Reunión de Consulta de la Organización de los Estados Americanos (OEA), porque ésta fue convocada, en su opinión, ‘‘de manera fraudulenta’’. Advirtió también que no reconocerá ninguna resolución o documento que emane de esta sesión.

La diplomática pidió la palabra anticipadamente, apenas iniciada la sesión, para afirmar que después de la decisión del presidente Nicolás Maduro, del 27 de abril, de retirarse de la organización, Venezuela ‘‘no volverá mientras sea un país soberano e independiente’’. Y expresó que Venezuela no necesita ningún tipo de tutelaje para resolver sus problemas.

Ni siquiera la decisión de los grupos que presentaron documentos preliminares para retirar los textos contrarios a la posición venezolana persuadieron a la canciller de modificar su postura. ‘‘No tengo que esperar el resultado de esta reunión –reiteró más tarde, en conferencia de prensa– para asegurarles que Venezuela no va a reconocer ningún producto que provenga de esta reunión, que no fue convocada conforme a las normas internacionales’’.

Ante los periodistas, la diplomática denunció que un grupo de países le propusieron ‘‘una negociación en la oscuridad, que Venezuela jamás aceptará’’. Sin precisar nada más, sugirió que en esta oferta ‘‘incluso están dispuestos a sacrificar al señor Almagro (Luis, secretario general de la OEA’’.

Recordó que desde abril su gobierno denunció que en la Organización de los Estados Americanos se fomenta la violencia contra Venezuela. Existe –dijo– una ‘‘simbiosis perversa’’ entre Almagro y ‘‘una élite opositora contraria a los canales y principios constitucionales con los que cuenta la República Bolivariana de Venezuela’’.

Aclaró que, aunque su delegación ya no participará en la reunión de consulta, sí seguirá participando en la Asamblea General. Informó que el gobierno de Caracas tiene listas 10 propuestas para la agenda hemisférica.

Como suele hacerlo, Delcy Rodríguez pronunció duras palabras contra esta instancia interamericana. Dijo que los ataques recibidos por su país, principalmente por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ‘‘son todos dirigidos por Estados Unidos’’.

Asimismo, defendió la convocatoria de su gobierno para realizar una asamblea nacional constituyente, pues tiene el propósito de distender la situación en su país. La definió como una vía para superar los déficit de seguridad y democracia de Venezuela, ‘‘como un espacio de diálogo masivo y como la única solución que vemos para salvar la coyuntura’’. Informó que a pesar del rechazo de la oposición a la asamblea constituyente, ya hay algunos de sus representantes inscritos para participar en el proceso.

Acompañamiento de la Celac

En otro momento de la conferencia de prensa informó que su gobierno ha iniciado ‘‘un proceso de expansión del acompañamiento del proceso de diálogo’’ con cinco países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). ‘‘De la OEA no necesitamos nada. Vamos a profundizar nuestra integración y unión. De la Celac vamos a recibir de forma humilde, pero también de forma soberana, el apoyo a su diálogo’’.

Interrogada sobre si veía que en el futuro la Celac iría desplazando a la OEA en algunas funciones, respondió: ‘‘Hay otros gobiernos que empiezan a pensar en su retiro en función de la desviación profunda que sigue exhibiendo la Organización de los Estados Americanos’’. Recordó que fue el ex presidente de Ecuador Rafael Correa quien decía que la Celac es un espacio de concertación y que la OEA debería ser un puente de encuentro entre Estados Unidos y el resto del continente. ‘‘Pero me temo que ni siquiera para eso sirve’’, apostilló. No quiso abundar sobre cuáles son estos otros países.

Sobre el contenido de la propuesta que promueven Estados Unidos, México y otros países respondió que en la reunión de consulta ‘‘hay sordos que no quieren oír’’ y que ella ya les había informado sobre las resoluciones de las autoridades electorales de Venezuela sobre el cronograma electoral vigente.

El 30 de julio habrá elecciones para la Asamblea Nacional; en agosto se convocarán comicios pospuestos para los gobiernos de los estados, a realizarse en diciembre, y en diciembre de 2018 habrá elecciones presidenciales en Venezuela.

Publicado enInternacional
“Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

 El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

 

Migrantes, desplazados, refugiados

 

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[i]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

 

Un mundo de personas en movimiento

 

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[ii]. Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[iii] El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

 

Migrar es un derecho humano

 

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aun atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

 

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

 

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

 

La nación humana universal[iv]

 

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

 

[i] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/docid/4c65080ad38.html [Accesado el 17 Junio 2017]

[ii] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/estimates15.shtml

[iii] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR).

[iv] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004).

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/186238

Conferencia mundial de los Pueblos en Bolivia:

“Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

Javier Tolcachier

El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

Migrantes, desplazados, refugiados,

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[i]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

Un mundo de personas en movimiento

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[ii]. Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[iii] El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

Migrar es un derecho humano

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aun atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

La nación humana universal[iv]

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

[i] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/docid/4c65080ad38.html [Accesado el 17 Junio 2017]

[ii] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/estimates15.shtml

[iii] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR).

[iv] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004).

Publicado enInternacional
“Si no nos unimos, somos boleta”

El ex presidente uruguayo conversó con periodistas sobre la situación en el continente y en particular la crisis en Venezuela. Dijo que la solución no es que se vaya Maduro y que podría terminar en “una intervención gringa”.

 

El ex presidente uruguayo José “Pepe” Mujica afirmó que Latinoamérica es rica en recursos naturales, pero aún así mantiene una deuda social que es necesario reparar “si nos unimos, porque, de lo contrario, somos boleta”. El ex mandatario, conocido popularmente por su manera despojada y coloquial de expresarse, participó en la mañana del sábado de una charla en la sala ATE-Casa España, organizada por Apyme en Santa Fe, pero antes conversó con los periodistas acerca de la situación en el continente y, particularmente, de la crisis en Venezuela. El ex jefe de Estado señaló que el problema en el país caribeño no se resuelve por arte de magia, manifestó que “si no llegan a un acuerdo van a llegar a lo peor”. “Que se vaya el presidente Nicolás Maduro no es la solución tampoco”, consideró.


Asimismo, remarcó que uno de los principales problemas de Venezuela reside en que no produce alimentos, ya que se acostumbraron a vivir de lo que generaba el petróleo, y eso se resuelve trabajando la tierra. Mujica puso el acento también en los hechos de violencia cotidianos, que en los últimos 40 días causaron al menos 39 muertos en distintas circunstancias. “La gente les patea (protesta) y se les va la mano, yo no soy partidario de los presos políticos; no hay negociaciones, no atemperan. Están todos locos. Nadie habla, nadie razona, todos los días hacen manifestaciones, pero hay que laburar”, sentenció el ex presidente uruguayo.


Luego, volvió a referirse a la delicada situación que atraviesa Venezuela. “¿Cómo sostenés la olla si no trabajás?, es como una actitud deportiva de las manifestaciones, de la represión, que genera para los dos lados graves pérdidas. Esto puede terminar en una intervención ‘gringa’, porque ellos se creen que son el veredicto de la democracia”, indicó. En cuanto a la situación regional, insistió en que “si bien somos ricos en recursos naturales, tenemos una deuda social, nuestra inteligencia desperdigada y el único recurso inagotable es el conocimiento, pero en nuestras universidades ni se mira, no se coordina una masa crítica y a la integración hay que construirla”, agregó.


El referente del Frente Amplio también hizo una referencia a las políticas neoliberales. “Siento temor por la historia, por el endeudamiento, porque algún día hay que pagar y ahí viene el ajuste, esa película ya la vi muchas veces. No deben desembocar en confrontaciones abiertas, Se pueden tener muchas diferencias, pero que la sociedad no pierda la tolerancia, la convivencia”, expresó. “Eso significa que hay que tener política, y política es negociar. Y negociar es aprender a ceder para la conveniencia colectiva. Nadie tiene la verdad absoluta”, consignó.


Finalmente, Mujica destacó que en el mundo, las principales potencias invierten en comprar conocimiento. “Así lo hacen China, Japón, Estados Unidos. Ellos saben adonde va el mundo. Los latinoamericanos debemos unirnos, ser propietarios de conocimiento y no usar el de otros. Necesitamos vertebrar la inteligencia de nuestros países, para que trabajen para si mismos y no para las multinacionales”, afirmó. “Eso necesita voluntad política, gobiernos que se pongan y que los trabajadores asuman su rol, darse cuenta que su propio porvenir esta en juego”, concluyó.


Hace diez días, en un encuentro que compartió con Luiz Inácio Lula da Silva en la apertura de un congreso regional del Partido de los Trabajadores (PT) en San Pablo, Mujica recomendó a Brasil emprender una reforma política ante la gran cantidad de partidos que hay en el gigante sudamericano, pues “no puede haber 30 proyectos de país” ya que hacen muy difícil la gobernabilidad. También instó a los trabajadores brasileños a no cometer los mismos errores que la burguesía paulista y a buscar aliados en todo el continente porque la batalla será larga.

Publicado enInternacional
Lunes, 08 Mayo 2017 07:02

Una sociedad fracturada

Una sociedad fracturada

Cuanta más prosperidad hay en una zona, más votos cuentan para Macron. La otra Francia fue objeto de evocaciones, pero nadie se ocupa de ella.



Un espacio político divido en cuatro y una sociedad fracturada en dos: la elección del centrista liberal Emmanuel Macron es el espejo exacto que refleja mucho más que la frontera entre izquierda y derecha, o aquella que definió el electo presidente entre “progresistas y nacionalistas”. Hay cuatro fuerzas políticas en el nuevo escenario: la del centro liberal presidencial, la de la extrema derecha, la de los conservadores de tradición gaullista y la de la izquierda radical. Y hay dos Francia netas, visibles en la geografía electoral:una, urbana y capacitada, a menudo joven e implicada en el mundo globalizado, y otra rural, suburbana y poco calificada. La primera votó a Emmanuel Macron, la segunda a la extrema derecha de Marine Le Pen. La primera Francia es la de las redes y la conquista, la segunda la de la exclusión y el resentimiento. Pocos votos habrán tenido como este una lectura social tan intensa, y pocos, también, habrán remitido a la imagen de quienes componen la sociedad. Las sucesivas contaminaciones y escándalos de la campaña nunca empañaron el espejo de la “fractura social” (Jacques Chirac, ex presidente 1995-2007), ni el de la fractura digital, ni el del centro y las periferias desiertas y pauperizadas. Las elecciones francesas han tenido el mérito profundo de derrotar al populismo nacionalista y de sacar de los cuentos míticos del progreso la realidad en la que viven la mayor parte de las democracias del mundo, aisladas en zonas de prosperidad y dinámicas de ascenso y, otras, en espacios de confinamiento, de precariedad y sensación de derrota. Trump, en los Estados Unidos, puso la batuta sobre la nota racial, Francia restauró la dimensión social con una transparencia rotunda. Los datos son elocuentes:cuanto más prosperidad hay en una zona, más votos se cuentan a favor de Emmanuel Macron. La otra Francia ha sido objeto de relatos y evocaciones, pero nadie se ocupó de ella. Contrariamente a lo previsto, no fue la infección radial la que monopolizó el debate sino la desesperanza social.


La izquierda está ausente de lo que siempre ha sido su identidad histórica:reconectar, a través de la igualdad, las sociedades fracturadas. La misión le incumbe paradójicamente a un liberal profeso, que carece de partido y cuya próxima y cercana misión, el próximo 21 de junio, consiste en armar una mayoría legislativa para gobernar. ¿Con quién ? ¿Cuántos socialistas irán bajo sus afiches ? Hoy se perfilan dos sólidos ejes de oposición:la ultraderecha, y la izquierda radical de Mélenchon. Su respectivos porcentajes en estas elecciones les permiten conjeturar una traducción legislativa de sus fuerzas presidenciales. Emmanuel Macron está en el centro de ese tablero cuyas complejas realidades fueron más rebeladas por el cambio de retórica del lepenismo que pasó de la xenofobia a la denuncia social que por sus propios diagnósticos. Con esta elección, la desigualdad cifrada en estudios y trabajos sociológicos adquirió el rostro de la gente, reconquistó su identidad. Con Trump, el mundo dejó de ser lo que era y, con la elección francesa, de pronto se recupera la pregunta sobre lo que quiere ser. No sólo hay consumidores de los últimos modelos de celulares, sino, millones de personas que tienen otras preocupaciones más inestables que atender. La elección francesa sopló la cortina de humo de la tecno ilusión, la de la digitalización feliz, la de un mundo integrado y mega conectado donde basta con cliquear sobre un “like” para ser parte de él. Quienes cliquearon en la urna tangible de la extrema derecha no son todos fascistas, ni xenófobos, ni anti mundo. Tal vez sólo hayan pedido, mediante el resentimiento, que los incluyan, que les construyan rutas, sucursales bancarias, mejores escuelas, internet más rápido, mejor acceso a la educación de sus hijos, que les pinten la escabrosa tristeza en la que tantos y tantos suburbios del mundo viven sumidos. La desigualdad social y el enriquecimiento de unos pocos sobre el empobrecimiento de muchos ha sido la narrativa reflexiva de los últimos años. Nunca se había hablado tanto y visto y debatido tan poco. Francia la puso en la pantalla ampliada de la híper realidad, allí donde Trump la había ocultado con sus patrañas raciales y sus insultos a las elites intelectuales.


La apuesta de la recomposición social se la llevó Emmanuel Macron. Sus primeras medidas van en contra de la reconexión. El electo presidente se pondrá, como primera medida, manos a la obra para hacer adoptar una “reforma en profundidad” de la ley sobre el derecho laboral, la misma que, desde el año pasado, levantó un muro de protestas callejeras y terminó de hundir un poco más la tenue presidencia de François Hollande. Todo lo contrario de una política social o de atención a la Francia que está del lado menos floreciente de la fractura. Esta vez, sin embargo, toda anticipación suena a disparate. La elección presidencial, hasta el final, ha sido una sinfonía de singularidades que fueron contradiciendo a los más acertados analistas. Entramos, con Francia, en la quinta dimensión. Los esquemas de antes se quedan cortos y los nuevos habrá que inventarlos para comprender la frondosa y cambiante realidad humana. Lo que, por encima de las retóricas diseñadas por los comunicadores y propagadas por Macron, sí persiste y se ha renovado es el eje izquierda derecha. Nunca fue tan pujante, ni tan evidente la necesidad de una izquierda poderosa que mire y se comprometa cuerpo y alma allí donde siembra su futuro la ultraderecha.

Publicado enInternacional
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde; el gobernador del Banco de México y presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional, Agustín Carstens, y el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ayer en la sede del FMI en Washington

 

Washington.

 

Ministros de finanzas de todo el mundo cerraron la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) sin refrendar su anterior compromiso de resistir a cualquier forma de proteccionismo. Evitaron usar esa palabra en el comunicado final, pese a que fue el tema que centró las discusiones en los tres días de la reunión.

Los países miembros del FMI se comprometieron a trabajar para reducir los desequilibrios mundiales. Nos abstendremos de las devaluaciones competitivas y no enfocaremos nuestros tipos de cambio con fines competitivos, dijo el FMI en el comunicado final. Agregó que se debe promover y apoyar un crecimiento mundial más incluyente para reducir los riesgos de políticas aislacionistas y reafirmar los beneficios que el comercio y la integración han aportado.

El texto adoptó en gran parte el lenguaje comercial de una declaración del G-20 emitida el mes pasado en la ciudad alemana de Baden Baden, donde el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, había dicho que la promesa contra el proteccionismo ya no era relevante.

“El uso de la palabra ‘proteccionismo’ es muy ambiguo”, ya que no hay un país en el mundo que no ponga algún tipo de restricción al comercio, dijo el presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional, el mexicano Agustín Carstens, durante una conferencia de prensa al fin de las reuniones.

El presidente estadunidense, Donald Trump, ha elevado el lema Estados Unidos primero al centro de sus políticas, amenaza con romper tratados comerciales y desmontar las regulaciones surgidas de la crisis mundial de 2008.

Con esta política de America first la delegación estadunidense bloqueó hace un mes una clara declaración a favor del libre comercio y contra el proteccionismo en el encuentro de ministros de Finanzas y jefes de bancos centrales de los principales países industrializados y emergentes (G-20) en Alemania.

Sin embargo, durante la reunión del FMI y el Banco Mundial realizada en octubre pasado, cuando Estados Unidos aún estaba en campaña electoral y una victoria de Trump no era seriamente considerada, el comité había cerrado los trabajos con un comunicado en que condenaba de forma explícita la adopción de medidas proteccionistas en el intercambio comercial.

La otra gran diferencia con relación al comunicado de la reunión de octubre pasado es que el documento no hace referencia alguna al cambio climático. De acuerdo con Carstens, el texto final divulgado este sábado contiene visiones muy claras sobre asuntos que tienen que ver con el cambio climático, aunque añadió que esa posición resultó expresada de forma implícita en el documento.

La cuestión de una oleada de medidas proteccionistas al comercio global se convirtió en uno de los temas centrales de la reunión de ministros de finanzas y banqueros a raíz de la amenaza de Trump de imponer barreras a las importaciones, incluso la proveniente de países con los cuales Estados Unidos tiene acuerdos de libre comercio, entre ellos México.

Carstens dijo que en vez de discutir el significado del concepto (de proteccionismo), nos concentramos en lo que podemos llamar un marco más positivo, más constructivo. El objetivo final es aprovechar lo mejor del comercio. Nadie niega eso. Creo que todos estamos de acuerdo en que es necesario un comercio libre y justo, y pienso que eso está reflejado en el comunicado, señaló.

Por ello, para el comunicado final las partes coincidieron en limitarse a alertar contra políticas de repliegue y apuntar que es preciso fortalecer la contribución del comercio a nuestras economías. Hubo un fuerte consenso sobre esto, dijo Carstens, gobernador del Banco de México.

 

Llama Lagarde a un crecimiento incluyente

 

En cuanto más incluyente es el crecimiento, menos riesgos existe de políticas aislacionistas, señaló la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, quien consideró que este debe ser uno de los aspectos cruciales en los esfuerzos para impulsar el crecimiento, a partir del buen momento que vive la recuperación.

Mnuchin pidió FMI que mejore la vigilancia de los tipos de cambio de sus miembros, ya que los grandes desequilibrios comerciales dificultarían un comercio libre y justo. Dijo que la economía global continúa exhibiendo grandes y persistentes desequilibrios externos, lo que contribuye a la percepción de que el actual sistema monetario y comercial internacional no beneficia a todos. En nuestra opinión, los excesivos superávits comerciales no son propicios para apoyar un sistema comercial libre y justo, dijo Mnuchin en un comunicado al Comité Monetario y Financiero Internacional, el organismo directivo del FMI.

La reunión del FMI y delBM de este año es la primera con Donald Trump como presidente de Estados Unidos y su política económica es un tema constante entre la élite de casi 190 países que se desplazaron a Washington para participar en el encuentro. Trump no es amigo de las organizaciones multilaterales como el FMI o la Organización Mundial de Comercio y mucho menos de las regulaciones internacionales.

Por eso, tanto Lagarde como el presidente del BM, Jim Yong Kim, subrayaron que no puede haber vuelta atrás en la globalización. Nadie menciona a Trump por su nombre, pero todos saben a quién va dirigido el mensaje.

 

 

Publicado enEconomía
Lunes, 27 Marzo 2017 07:54

De Roma a Londres

De Roma a Londres

 

En el mundo de Facebook, 60 años de historia son tal vez demasiados. Ahora las cosas ocurren de manera inmediata, a la vez que el tiempo se aleja más rápidamente.

Las relaciones, además de instantáneas, son diferentes; ocurren con una mayor distancia en cuanto a su personalización. La forma en que se consiguen los amigos y el número de ellos que se tienen ha cambiado; en línea se cuentan por decenas y hasta por centenas, y lo único que se necesita para añadirlo a la lista es un like. No es necesario saber mucho de ese otro, tal vez mientras menos se sepa sea mejor, y de preferencia por medio de una pantalla de cualquier tamaño.

Esa empresa internacional persigue ahora el ensueño de su fundador. Según el manifiesto que publicó Zuckerberg recientemente, su proyecto es construir una comunidad global. Ahí plantea que Facebook ya no es solamente un negocio, ni siquiera una plataforma, sino que se está convirtiendo en un movimiento ideológico a escala mundial.

Al respecto es recomendable leer la crítica del historiador Yuval Harari sobre las implicaciones de este tránsito que se propone Facebook, en términos de las posibles repercusiones para la empresa y, sobre todo, como proyecto político (ver Financial Times, 25/3/17).

En todo caso, medido en relación con la vida de las personas, 60 años es un periodo considerable. Aunque es corto en un sentido histórico. Cuando menos en la mitad de ese tiempo ha habido un considerable proceso de innovación tecnológica en el campo de las telecomunicaciones. Hoy estamos en pleno impulso del efecto de esa tecnología, la misma que ha sostenido el surgimiento y la enorme expansión de Facebook, entre otras empresas de ese sector.

Pues hace 60 años, el 25 de marzo de 1957, se firmó el Tratado de Roma, que estableció la Comunidad Económica Europea, el origen de la actual Unión Europea. Aquel tratado creó un mercado común y también una unión aduanera, una forma incipiente de integración, entre los miembros.

El tratado lo firmaron Francia, Alemania Occidental, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, y entró en vigor el primero de enero de 1958. Constó de cuatro instituciones: una comisión, un consejo de ministros, una asamblea parlamentaria y una corte de justicia.

La primera expansión de la comunidad fue en 1973, cuando entraron Dinamarca, Irlanda y Reino Unido; la más reciente fue en 2013, con la entrada de Croacia. Con esto la Unión Europea, creada en 1993, cuenta ahora con 28 países miembros. El Brexit, que podría implementarse próximamente, provocará la primera merma de la organización. No parece que vaya a ser la única.

A los 60 años el proyecto europeo expresa males geriátricos. Se parece demasiado a lo que sucede a las personas, incluso podría decirse que los achaques son anticipados, dados lo avances de la medicina, que por cierto no van de la mano de los avances de la política. Uno de los miembros, Reino Unido, quiere ser extirpado de ese cuerpo colectivo; en el camino se extiende el contagio y otros se alinean para salirse también.

El proyecto de integración europeo ha cambiado a esa región, pero en medio de grandes contradicciones que provocan el distanciamiento creciente de parte relevante de la población. En este proceso han contado la burocratización de los órganos de gobierno de la unión y las consecuencias de una profunda crisis económica desde 2009, que ha puesto en entredicho el funcionamiento del euro como moneda común. También han pesado las repercusiones de la guerra en Medio Oriente y el desquiciamiento social en el norte de África con su efecto en el incremento de la migración. Los instintos más individualistas se reafirman incluso como proyecto económico.

Políticamente existe en Europa un predominio del gobierno alemán, que expresa igualmente la preminencia de la economía de ese país. La idea de tener una Europa de dos velocidades se está imponiendo, lo que relegaría aún más a los países más pobres, como Grecia, y aun Portugal, y con ellos a otros.

El rebrote de la mancuerna de nacionalismo y populismo es muy visible y enmarca los procesos electorales en muchos de los países de la región: Francia, Italia, Polonia (el gobierno ni siquiera avala al ex primer ministro Donald Tusk como actual presidente del Consejo Europeo) y Hungría son casos visibles, también Reino Unido.

Tal como está la Unión Europea, ya es un instrumento insostenible. Aún no se advierte que la imaginación y la capacidad políticas de sus líderes puedan enderezar la nave. Es más, parece que la corriente aislacionista tiende a prevalecer. Hasta Trump afirma que los británicos hacen bien en dejar el barco.

La Unión Europea representará a finales de siglo sólo 4 por ciento de una población mundial que se calcula en 10 mil millones de personas. Estos 60 años, desde la firma del Tratado de Roma, se verán insignificantes en ese momento. Ese es el dilema que tienen los políticos europeos, tanto los que controlan la unión como los que quieren renunciar a ella. Mucho antes del final del siglo el mundo será muy distinto al que vivimos ahora. La idea de Europa, tal como es hoy, no puede trasladarse muy hacia adelante.

 

 

Publicado enPolítica
Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía: Joao Pedro Stédile del MST de Brasil

 

La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”

 

La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?

En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.

Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.

 

En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?

Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

 

¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?

Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.

 

joaostedile

 

El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”...

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual... y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

 

¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?

En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.

En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.

 

¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.

 

Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.

A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.

Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.

Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo... En fin, estamos avanzando.

 

*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y Lanzas y Letras

 

 

Publicado enPolítica
La larga sombra de Trump se proyecta sobre Europa

En este artículo el notable ensayista esloveno analiza las causas y consecuencias del triunfo electoral del magnate inmobiliario estadounidense y cómo puede alterar el mapa político en Europa, en particular las cruciales elecciones francesas dentro de tres meses, donde un derechista conservador como Fillon enfrenta a una populista de extrema derecha, Marine Le Pen.


Un par de días antes de la asunción de Donald Trump, Marine le Pen fue vista sentada en el Café Trump Tower de la Quinta Avenida, como si esperara ser llamada por el presidente entrante. Si bien no se realizó ninguna reunión, lo que sucedió pocos días después de la asunción parece un efecto secundario de esa fallida reunión: el 21 de enero, en Koblenz, los representantes de los partidos populistas de derecha europeos se reunieron bajo el lema de Libertad para Europa. El encuentro fue dominado por Le Pen, quien llamó a los votantes de toda Europa a “despertar” y seguir el ejemplo de los votantes estadounidenses y británicos; predijo que las victorias del Brexit y de Trump desencadenaría una ola imparable de “todos los dominós de Europa”. Trump dejó claro que “no apoya un sistema de opresión de los pueblos”: “2016 fue el año en que el mundo anglosajón despertó. Estoy seguro de que 2017 será el año en el que la gente de Europa continental se despierte.”


¿Qué significa despertar aquí? En su interpretación de los sueños, Freud relata un sueño bastante aterrador: un padre cansado que pasaba la noche al lado del ataúd de su joven hijo, se duerme y sueña que su hijo se acerca a él en llamas, dirigiéndose a él con este horrible reproche: “Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?” Poco después, el padre se despierta y descubre que, debido a la vela derribada, el paño del sudario de su hijo muerto efectivamente se incendió. El humo que olió mientras dormía se incorporó al sueño del hijo en llamas para prolongar su sueño. ¿Fue así que el padre despertó cuando el estímulo externo (humo) se volvió demasiado fuerte para ser contenido dentro del escenario del sueño? ¿No era más bien el anverso: el padre primero construyó el sueño para prolongar su sueño, es decir, para evitar el desagradable despertar; sin embargo, lo que él encontró en el sueño –literalmente la pregunta ardiente, el espectro espeluznante de su hijo reprochándole– era mucho más insoportable que la realidad externa, así que el padre despertó, escapó a la realidad externa. ¿Por qué? Para seguir soñando, para evitar el insoportable trauma de su propia culpa por la dolorosa muerte del hijo. ¿Y no es lo mismo con el despertar populista? Ya en la década de 1930, Adorno comentó que el llamado nazi “Deutschland, erwache! (“¡Alemania despierta!”) significaba exactamente lo contrario: ¡seguir nuestro sueño nazi (de los judíos como el enemigo externo arruinando la armonía de nuestras sociedades) para que uno pueda continuar a durmiendo! ¡Dormir y evitar el rudo despertar, el despertar de los antagonismos sociales que atraviesan nuestra realidad social! Hoy la derecha populista está haciendo lo mismo: nos llama a nosotros a “despertar” a la amenaza de los inmigrantes para que podamos seguir soñando, es decir, ignorar los antagonismos que atraviesan nuestro capitalismo global.


El discurso inaugural de Trump era, por supuesto, la ideología en su estado más puro, un mensaje simple y directo que se basaba en toda una serie de inconsistencias bastante obvias. Como dicen, el diablo mora en los detalles. Si tomamos el discurso de Trump en su forma más elemental, puede sonar como algo que Bernie Sanders podría haber dicho: “Hablo por todos aquellos trabajadores olvidados, descuidados y explotados que trabajan duro, soy su voz, conmigo tienes poder ...”
Sin embargo, a pesar del evidente contraste entre estas proclamaciones y las primeras nominaciones de Trump (¿cómo puede el secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, director ejecutivo de Exxon Mobil, ser la voz de los trabajadores explotados?), hay una serie de pistas que dan una giro específico a su mensaje. Trump habla de “élites de Washington”, no de capitalistas y grandes banqueros. Habla de la desvinculación del rol del policía mundial, pero promete la destrucción del terrorismo musulmán,


la prevención de las pruebas balísticas norcoreanas y la contención de la ocupación china de las islas del mar de China meridional... así que lo que estamos obteniendo es el intervencionismo militar global ejercido directamente en nombre de los intereses estadounidenses, sin la máscara de derechos humanos y democracia. En los años sesenta, el lema del movimiento ecológico era “Piensa localmente, actúa globalmente”. Trump promete hacer exactamente lo contrario: “Piensa localmente, actúa globalmente”.


Hay algo hipócrita en los liberales que critican el eslogan “América primero”, como si esto no fuera lo que más o menos todos los países están haciendo, como si Estados Unidos no jugara un papel global precisamente porque le venía bien a sus propios intereses ... Pero el subyacente mensaje de “América primero” es triste: en el siglo americano, América se resignó a ser sólo uno entre los países. La ironía suprema es que los izquierdistas que durante mucho tiempo criticaron la pretensión de ser el policía global pueden comenzar a anhelar los viejos tiempos cuando, con toda hipocresía incluida, Estados Unidos impuso normas democráticas al mundo.


Pero lo que hace que el discurso inaugural de Trump sea interesante (y eficiente) es que sus inconsistencias reflejan las inconsistencias de la izquierda liberal. Hay que repetir una y otra vez que la derrota de Clinton fue el precio que ella tuvo que pagar por neutralizar a Bernie Sanders. Ella no perdió porque se movió demasiado a la izquierda, pero precisamente porque era demasiado centrista y de esta manera no logró capturar la rebelión anti-establishment que sostuvo tanto a Trump como a Sanders. Trump les recordó la realidad medio olvidada de la lucha de clases, aunque, por supuesto, lo hizo de una manera populista distorsionada. La rabia anti-establishment de Trump fue una especie de retorno a lo que fue reprimido cuando la política de la izquierda liberal moderada se centró en temas culturales “políticamente correctos”. Esta izquierda obtuvo de Trump su propio mensaje pero al revés. Por eso la única manera de responder a Trump habría sido apropiarse plenamente de la rabia contra el establishment y no descartarlo como primitivismo de basura blanca.


La reacción liberal predominante al discurso de asunción de Trump estaba predeciblemente llena de visiones apocalípticas bastante simples - basta mencionar que el anfitrión de MSNBC Chris Matthews detectó en él “un fondo Hitleriano”. Esta visión apocalíptica es típicamente acompañada por la comedia: la arrogancia de la izquierda liberal explota en su forma más pura el nuevo género de programas de talk shows en clave de humor político (Jon Stewart, John Oliver ...) que en su mayoría promulgan la pura arrogancia de la élite intelectual liberal. Pero el aspecto más depresivo del período post-electoral en Estados Unidos no son las medidas anunciadas por el Presidente electo, sino la forma en que la mayor parte del partido Demócrata está reaccionando a su histórica derrota: la oscilación entre los dos extremos, el horror al Gran Lobo Malo llamado Trump y el anverso de este pánico y fascinación, la renormalización de la situación, la idea de que nadaextraordinario ocurrió, que es sólo otro revés en el intercambio normal entre presidentes republicanos y demócratas: Reagan, Bush, Trump... En este sentido, Nancy Pelosi hace referencia repetidamente a los acontecimientos de hace una década. Para ella, la lección es clara: “el pasado es un prólogo. Lo que funcionó antes funcionará de nuevo. Trump y los republicanos se sobreponen, y los demócratas tenemos que estar listos para aprovechar la oportunidad cuando lo hagan.” Tal postura ignora totalmente el verdadero significado de la victoria de Trump, las debilidades del partido Demócrata que la posibilitaron y la reestructuración radical de todo el espacio político que anuncia esta victoria. En Europa occidental y oriental, hay señales de una reorganización a largo plazo del espacio político. Hasta hace poco, el espacio político estaba dominado por dos partidos principales que se dirigían a todo el cuerpo electoral, un partido de centro-derecha (democratacristiano, liberal-conservador, popular ...) y un partido de centro-izquierda, (Socialdemócrata ...), con partidos más pequeños dirigiéndose a un electorado limitado (ecologistas, libertarios, etc.). Ahora cada vez hay más de un partido que representa el capitalismo global como tal, generalmente con relativa tolerancia hacia el aborto, los derechos de los homosexuales, las minorías religiosas y étnicas, etc.; en oposición a ese partido, hay otro partido populista anti-inmigrante cada vez más fuerte que va acompañado de grupos neofascistas directamente racistas en sus márgenes.


De manera que la historia de Donald y Hillary continúa: en su segunda entrega, los nombres de la pareja se cambian por los de Marine le Pen y Francois Fillon. Ahora que François Fillon fue elegido candidato de la derecha para las próximas elecciones presidenciales francesas y con la certeza (casi total) de que en la segunda vuelta de las elecciones la elección será entre Fillon y Marine le Pen, nuestra democracia alcanzó su (hasta ahora) punto más bajo. Si la diferencia entre Clinton y Trump era la diferencia entre el establishment liberal y la rabia populista de derecha, esta diferencia se redujo al mínimo en el caso de Le Pen versus Fillon. Si bien ambos son conservadores culturales, en materia de economía Fillon es puramente neoliberal mientras que Le Pen está mucho más orientada a proteger los intereses de los trabajadores. En resumen, dado que Fillon representa la peor combinación en la actualidad –el neoliberalismo económico y el conservadurismo social–, uno está seriamente tentado a preferir a Le Pen. El único argumento para Fillon es uno puramente formal: representa formalmente la Europa unida y una distancia mínima de la derecha populista, aunque, en cuanto al contenido, parece ser peor que le Pen. Así que él representa la inmanente decadencia del establishment mismo –aquí es donde terminamos después de un proceso largo de derrotas y de retiros. En primer lugar, la izquierda radical tuvo que ser sacrificada por estar fuera de contacto con nuestros nuevos tiempos posmodernos y sus nuevos “paradigmas”.

Luego la izquierda socialdemócrata moderada fue sacrificada por estar también fuera de contacto con las necesidades del nuevo capitalismo global. Ahora, en la última época de este triste relato, la derecha liberal moderada (Juppé) fue sacrificada como desprovista de valores conservadores que hay que enrolar si nosotros, el mundo civilizado, queremos derrotar a le Pen. Cualquier semejanza con la vieja historia anti-nazi de cómo primero observamos pasivamente cuando los nazis en el poder sacaron a los comunistas, luego a los judíos, luego a la izquierda moderada, luego al centro liberal, incluso a los conservadores honestos... es puramente accidental. La reacción de Saramago –abstenerse de votar– es aquí obviamente lo UNICO apropiado para hacer. La Polonia de hoy ofrece un caso más en esta dirección, sirviendo como una fuerte refutación empírica a la predominante izquierda liberal de rechazo al populismo autoritario como política contradictoria que está condenada al fracaso. Si bien esto es cierto en principio –a largo plazo, todos estamos muertos, como lo expresó J. M. Keynes–, puede haber muchas sorpresas en el (no tan) corto plazo.


La visión convencional de lo que espera a los Estados Unidos (y posiblemente a Francia y los Países Bajos) en 2017, es un gobernante errático que promulga políticas contradictorias que benefician principalmente a los ricos. Los pobres perderán, porque los populistas no tienen esperanza de restablecer puestos de trabajo manufactureros, a pesar de sus promesas. Y la afluencia masiva de migrantes y refugiados continuará, porque los populistas no tienen planes para abordar las causas fundamentales del problema. Al final, los gobiernos populistas, incapaces de un gobierno efectivo, se desmoronarán y sus líderes se enfrentarán o bien al juicio político o no podrán ser reelectos. Pero los liberales estaban equivocados. PiS (Derecho y Justicia, el partido gobernante-populista) se ha transformado de una nulidad ideológica en un partido que ha logrado introducir cambios impactantes con velocidad y eficiencia récord. Ha promulgado las mayores transferencias sociales en la historia contemporánea de Polonia. Los padres reciben un beneficio mensual de 500 zloty ($ 120) por cada niño después de su primer hijo o por todos los niños de las familias más pobres (el ingreso promedio mensual neto es de aproximadamente 2.900 zloty, aunque más de dos tercios de los polacos ganan menos). Como resultado, la tasa de pobreza ha disminuido en un 20-40 por ciento y en un 70-90 por ciento entre los niños. La lista sigue: En 2016, el gobierno introdujo la medicación gratuita para las personas mayores de 75 años. El salario mínimo ahora supera lo que los sindicatos habían buscado. La edad de jubilación se ha reducido de 67 para hombres y mujeres a 60 para mujeres y 65 para hombres. El gobierno también planea alivio fiscal para los contribuyentes de bajos ingresos.


PiS hace lo que Marine le Pen también promete hacer en Francia: una combinación de medidas anti-austeridad –transferencias sociales que ningún partido de izquierda se atreve a considerar– más la promesa de orden y seguridad que afirma identidad nacional y promete lidiar con la amenaza de inmigrantes. ¿Quién puede superar esta combinación que aborda directamente las dos grandes preocupaciones de la gente común? Podemos discernir en el horizonte una situación extrañamente pervertida en la que la “izquierda” oficial está imponiendo la política de austeridad (al tiempo que aboga por los derechos multiculturales, etc.), mientras que la derecha populista lleva a cabo medidas antiausteridad para ayudar a los pobres (continuando con la agenda xenófoba nacionalista) –la última figura de lo que Hegel describió como el verkehrte Welt, el mundo del revés.


¿Y si Trump se mueve en la misma dirección? ¿Qué pasaría si su proyecto de proteccionismo moderado y grandes obras públicas, combinado con medidas de seguridad anti-inmigrantes y una nueva pervertida paz con Rusia, funciona de alguna manera? El idioma francés utiliza el llamado “ne” expletivo después de ciertos verbos y conjunciones; También se denomina “no negativo” porque no tiene valor negativo en sí mismo, sino que se usa en situaciones en las que la cláusula principal tiene un significado negativo (negativa o negativa negada), es decir, como expresiones de miedo, advertencia, duda y negación. Por ejemplo: Elle a peur qu’il ne soit malade (ella tiene miedo de que él esté enfermo). Lacan observó cómo esta negación superflua representa perfectamente la brecha que separa nuestro verdadero deseo inconsciente de nuestro deseo consciente: cuando una esposa tiene miedo de que su marido esté enfermo, bien puede preocuparse de que no esté enfermo (deseando que esté enfermo). ¿Y no podríamos decir exactamente lo mismo acerca de los liberales de izquierda horrorizados por Trump? Ils ont peur qu’il ne soit une catastrophe. (Ellos temen que sea una catástrofe. Lo que realmente temen es que no sea una catástrofe.)


Uno debería liberarse de este falso pánico falso, del temor a que la victoria Trump sea el último horror que nos hizo apoyar Hillary a pesar de todas sus obvias deficiencias. Las elecciones de 2016 fueron la derrota final de la democracia liberal, más precisamente, de lo que podríamos llamar el sueño de la izquierda (Fukuyama), y la única manera de derrotar realmente a Trump y redimir lo que vale la pena salvar en la democracia liberal es realizar una división sectaria del cadáver principal de la democracia liberal –en definitiva, cambiar el peso de Clinton a Sanders–. Las próximas elecciones deberían ser entre Trump y Sanders. Los elementos del programa para esta nueva Izquierda son relativamente fáciles de imaginar. Trump promete la cancelación de los grandes acuerdos de libre comercio apoyados por Clinton, y la alternativa de izquierda a ambos debería ser un proyecto de nuevos acuerdos internacionales diferentes. Los acuerdos que establecieran el control de los bancos, los acuerdos sobre normas ecológicas, sobre los derechos de los trabajadores, la asistencia sanitaria, la protección de las minorías sexuales y étnicas, etc. La gran lección del capitalismo global es que los Estados nacionales por sí solos no pueden hacer el trabajo, sólo una nueva política internacional puede quizás frenar el capital global.


Un viejo izquierdista anticomunista me dijo una vez que lo único bueno de Stalin fue que realmente asustó a las grandes potencias occidentales, y uno podría decir lo mismo de Trump: lo bueno de él es que realmente asusta a los liberales. Después de la Segunda Guerra Mundial, las potencias occidentales aprendieron la lección y se centraron también en sus propias deficiencias, lo que les llevó a desarrollar el Estado del Bienestar –¿podrán nuestros liberales de izquierda hacer algo similar?


Para concluir volvamos a Marine le Pen. En un momento, ella definitivamente dio en la tecla: 2017 será el momento de la verdad para Europa. Sola, aplastada entre Estados Unidos y Rusia, tendrá que reinventarse o morir. El gran campo de batalla de 2017 estará en Europa, y en juego estará el núcleo mismo del legado emancipatorio europeo.


Por Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural esloveno. Su última obra es Contragolpe absoluto (Editorial Akal).
Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional
Los huérfanos de la globalización neoliberal

Era el camino inevitable, que superaba todo lo que la historia había vivido hasta entonces. El libre comercio, la apertura de los mercados nacionales, el fin de los Estados nacionales, la libre circulación de los capitales, la desterritorialización de las inversiones: en la globalización neoliberal desembocaba inexorablemente el movimiento histórico de universalización de las relaciones capitalistas, iniciado hace varios siglos.


Vivíamos ese momento privilegiado de mercantilización del mundo, frente al cual desaparecían las alternativas, todas restringidas, nacionales, anti-mercantiles, desaparecerían las regulaciones que obstaculizaban a la libre expansión del capital. Países de América Latina habían actuado a contramano de esa tendencia global irreversible, hasta que en Argentina y en Brasil se retomaba el camino de la globalización neoliberal y el futuro volvía a abrirse para esos países.


La elección de Hillary Clinton venía a coronar ese futuro, con un neoliberalismo renovado, teniendo a Macri y a Temer como protagonistas. Todo estaba listo para que la historia de América Latina retomara el camino equivocadamente abandonado por la vía del populismo. En este momento Hillary Clinton estaría desfilando por las pasarelas políticas de la región usando su look neoliberal sacado del closet y celebrada por los gobiernos de Macri y de Temer. Chile había declarado que el TPP (Acuerdo Transpacífico) era el acuerdo del siglo. México había jugado todo su destino en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.


De repente, el voto de salida de Gran Bretaña de la Unión Europea anunciaba que algo estaba fuera del orden mundial previsto.


Enseguida, Donald Trump gana y anula la participación de EE.UU.en el TPP, así como desiste del Tratado de Libre Comercio con Europa y cuestiona el Tratado con México y Canadá.


La brújula de los neoliberales se atasca. El futuro ya no es lo que sería. Justo quienes les habían vendido ese futuro, lo niegan y vuelven al proteccionismo, que decían que estaba superado definitivamente. Salen de los acuerdos de libre comercio que anunciaban que era el destino obligado. Retornan a la defensa de los empleos dentro del país, cuando explotaban mano de obra barata de afuera como el camino de mejorar la concurrencia.


Total, el futuro ya no es lo que fue. Volvió a estar abierto. Lo que se decía que era superado vuelve con fuerza. Lo que se prometía como el destino inexorable, dejó de ser.


Los que han atado su destino a la globalización neoliberal, se quedaron huérfanos. El canciller José Serra prometía llevar a Brasil al TPP, que ahora no existe más. Argentina y Brasil trataron de debilitar los espacios de integración regional, en función del retorno a la subordinación a los EE.UU. Ahora, al igual que a México, se les cierran las puertas. (A Argentina ya le costó el amargo cierre de la exportación de limones. A México le cuesta todo: inversiones, empleos, remesas desde EE.UU.)


No hay destino obligatorio para la humanidad. El futuro está abierto, será decidido por las vías que los pueblos decidan, democráticamente. ¿Por qué no Argentina, Brasil y México, con gobiernos soberanos, deciden próximamente reencauzar sus políticas externas y ampliar y reforzar los procesos de integración latinoamericana, estrechamente articulados a los Brics? ¿Por qué no?

Publicado enEconomía
Theresa May optó por ir a fondo con el divorcio

“No queremos conservar pedazos de nuestra participación en el bloque. El Reino Unido está abandonando la Unión Europea”, dijo la primera ministra, quien buscó edulcorar un poco su mensaje con promesas de amistad y continuidad.

Criticada por eurófobos y eurófilos de su propio partido, crucificada por la renuncia del ex representante británico ante la Unión Europea (UE), tildada de Theresa “Maybe”, la Hamletiana primer ministro británica eligió la ruta de un “Hard Brexit” en la negociación con la UE. Adiós al Single Market (mercado común), a la Unión Aduanera, a la Corte Europea de Justicia, prioridad absoluta para el control de la inmigración. “No estaremos la mitad afuera y la mitad adentro, no buscaremos un acuerdo de asociación con la Unión Europea, no queremos conservar pedazos de nuestra participación en el bloque. El Reino Unido está abandonando la Unión Europea”, dijo May ayer en un discurso ante diplomáticos, ministros y periodistas.
La primer ministro buscó endulcorar un poco su mensaje duro con promesas de amistad y continuidad. “Nuestro voto a favor de abandonar la Unión Europea no fue un rechazo de los valores que compartimos, ni un deseo de distanciarnos de nuestros amigos y vecinos europeos. Queremos una nueva relación igualitaria entre una Gran Bretaña independiente con vocación global y nuestros amigos y aliados de la Unión Europea”, dijo la primer ministro.


Como “prueba” de esta amistad, May señaló que el gobierno garantizará los subsidios agrícolas de la UE, incorporará la legislación europea a la del Reino Unido para que el parlamento británico decida luego qué leyes mantener y cuáles derogar, seguirá compartiendo información en temas de seguridad y respetará los derechos de los dos millones de europeos que viven en el país bajo la premisa de que sucederá lo mismo con el millón de británicos que reside en el continente.
El discurso dejó en claro que el Reino Unido buscaría un acuerdo provisorio con la UE que le permita extender la negociación más allá de los dos años que estipula el Tratado Europea a partir de la activación del artículo 50, puntapié inicial de la negociación. May buscó calmar otro frente de tormenta prometiendo que habría un voto en el parlamento sobre el acuerdo final. “Otra manera de dar la certeza que quiero que todos tengan sobre este proceso, es confirmar que el gobierno someterá el acuerdo a la votación de ambas cámaras”, dijo May.


A siete meses del referendo que sorprendió al mundo con la decisión de los británicos de abandonar el bloque europeo, el discurso de May aportó sustancia a las negociaciones que comenzarán este año. En la conferencia de prensa posterior, May no aclaró el alcance de la votación en el parlamento, aunque sugirió que se trataría más de aceptar o rechazar el acuerdo que de volver a los brazos de la Unión Europea. En términos de la Unión Aduanera May pareció buscar el “to have the cake and eat it”, expresión inglesa para el que quiere todo, “comer la torta y que siga intacta”. “Quiero que el Reino Unido pueda negociar sus propios acuerdos comerciales, pero también quiero un comercio libre de aranceles con el resto de Europa. No quiero estar limitada por el arancel común europeo para los acuerdos que haga con otros bloques. Pero quiero un acuerdo aduanero con la Unión Europea. Estoy abierta a distintas posibilidades al respecto”, dijo May.


La primer ministro no se privó de lanzar una advertencia a la UE: si hay una postura dura europea en la negociación del Brexit, el Reino Unido está dispuesto a convertirse en un paraíso fiscal. “El Reino Unido quiere seguir siendo un buen amigo y vecino de la Unión Europea. Pero hay algunas voces que quieren negociar un acuerdo que castigue al reino Unido y desaliente a otros países a tomar su camino. Prefiero no tener un acuerdo de Brexit a tener un mal acuerdo. Si eso sucediera, seguiríamos comerciando con la Unión Europea, tendríamos acuerdos de libre comercio con el resto del mundo y la libertad de tener una política impositiva competitiva para atraer inversiones y compañías extranjeras. Si somos excluidos del acceso al mercado común, seríamos libres de cambiar las bases del modelo económico británico”, señaló May.
En otras palabras el Reino Unido estaría dispuesto a comerciar con la UE en base a las reglas que rigen para todos los países miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) si le ofrecen un “bad Brexit”. Esto implicaría que en vez del actual arancel cero y plena libertad comercial con los otros 27 miembros de la UE, el Reino Unido y el bloque europeo se impondrían aranceles comerciales a las distintas áreas de intercambio, abriendo el camino a una potencial guerra comercial.

En este caso, el Reino Unido se dedicaría a reducir al máximo el impuesto corporativo para absorber la inversión extranjera convirtiéndose en un paraíso fiscal al estilo de la República de Irlanda. Según el índice de opacidad financiera de Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal) el Reino Unido es el actor más importante del mundo de los paraísos fiscales, pero la propuesta de May significaría otra vuelta de tuerca que podría marcar el comienzo del fin del atribulado Estado de Bienestar británico. “Es imposible para un Paraíso Fiscal de estas características generar la recaudación que requiere un estado de bienestar moderno. El precio de la caída de la recaudación debido a esta búsqueda de una ventaja impositiva competitiva es el desmantelamiento del Estado de Bienestar. En concreto es una amenaza al acceso universal a la salud, la educación, la jubilación, el seguro social”, señaló a este diario Alex Cobham, director de Tax Justice Network.


El estado de Bienestar británico fue la creación intelectual de un Liberal, Lord William Beveridge, y la realización concreta del Partido Laborista en la posguerra. En los rangos conservadores siempre existió una nostalgia por el laissez faire de la pre-guerra en el que las prestaciones sociales dependían del sector privado y voluntario, es decir, las organizaciones de Caridad. Hong Kong, bajo gobierno británico hasta 1997, estaba más cerca de los sueños conservadores que el Reino Unido.


El Brexit puede convertirse en una vía regia para este desmantelamiento. Pero todavía falta para eso. Si uno suma los dos años de negociaciones a partir de la invocación del artículo 50, el acuerdo transicional posterior que quisiera Theresa May y la aprobación de ambas cámaras parlamentarias del acuerdo final, el proceso durará un mínimo de cinco años. Con Donald Trump, una economía global estancada y tanta incertidumbre, ¿quién puede decir donde estará en cinco años?

Publicado enInternacional