Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía: Joao Pedro Stédile del MST de Brasil

 

La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”

 

La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?

En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.

Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.

 

En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?

Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

 

¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?

Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.

 

joaostedile

 

El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”...

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual... y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

 

¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?

En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.

En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.

 

¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.

 

Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.

A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.

Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.

Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo... En fin, estamos avanzando.

 

*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y Lanzas y Letras

 

 

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La larga sombra de Trump se proyecta sobre Europa

En este artículo el notable ensayista esloveno analiza las causas y consecuencias del triunfo electoral del magnate inmobiliario estadounidense y cómo puede alterar el mapa político en Europa, en particular las cruciales elecciones francesas dentro de tres meses, donde un derechista conservador como Fillon enfrenta a una populista de extrema derecha, Marine Le Pen.


Un par de días antes de la asunción de Donald Trump, Marine le Pen fue vista sentada en el Café Trump Tower de la Quinta Avenida, como si esperara ser llamada por el presidente entrante. Si bien no se realizó ninguna reunión, lo que sucedió pocos días después de la asunción parece un efecto secundario de esa fallida reunión: el 21 de enero, en Koblenz, los representantes de los partidos populistas de derecha europeos se reunieron bajo el lema de Libertad para Europa. El encuentro fue dominado por Le Pen, quien llamó a los votantes de toda Europa a “despertar” y seguir el ejemplo de los votantes estadounidenses y británicos; predijo que las victorias del Brexit y de Trump desencadenaría una ola imparable de “todos los dominós de Europa”. Trump dejó claro que “no apoya un sistema de opresión de los pueblos”: “2016 fue el año en que el mundo anglosajón despertó. Estoy seguro de que 2017 será el año en el que la gente de Europa continental se despierte.”


¿Qué significa despertar aquí? En su interpretación de los sueños, Freud relata un sueño bastante aterrador: un padre cansado que pasaba la noche al lado del ataúd de su joven hijo, se duerme y sueña que su hijo se acerca a él en llamas, dirigiéndose a él con este horrible reproche: “Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?” Poco después, el padre se despierta y descubre que, debido a la vela derribada, el paño del sudario de su hijo muerto efectivamente se incendió. El humo que olió mientras dormía se incorporó al sueño del hijo en llamas para prolongar su sueño. ¿Fue así que el padre despertó cuando el estímulo externo (humo) se volvió demasiado fuerte para ser contenido dentro del escenario del sueño? ¿No era más bien el anverso: el padre primero construyó el sueño para prolongar su sueño, es decir, para evitar el desagradable despertar; sin embargo, lo que él encontró en el sueño –literalmente la pregunta ardiente, el espectro espeluznante de su hijo reprochándole– era mucho más insoportable que la realidad externa, así que el padre despertó, escapó a la realidad externa. ¿Por qué? Para seguir soñando, para evitar el insoportable trauma de su propia culpa por la dolorosa muerte del hijo. ¿Y no es lo mismo con el despertar populista? Ya en la década de 1930, Adorno comentó que el llamado nazi “Deutschland, erwache! (“¡Alemania despierta!”) significaba exactamente lo contrario: ¡seguir nuestro sueño nazi (de los judíos como el enemigo externo arruinando la armonía de nuestras sociedades) para que uno pueda continuar a durmiendo! ¡Dormir y evitar el rudo despertar, el despertar de los antagonismos sociales que atraviesan nuestra realidad social! Hoy la derecha populista está haciendo lo mismo: nos llama a nosotros a “despertar” a la amenaza de los inmigrantes para que podamos seguir soñando, es decir, ignorar los antagonismos que atraviesan nuestro capitalismo global.


El discurso inaugural de Trump era, por supuesto, la ideología en su estado más puro, un mensaje simple y directo que se basaba en toda una serie de inconsistencias bastante obvias. Como dicen, el diablo mora en los detalles. Si tomamos el discurso de Trump en su forma más elemental, puede sonar como algo que Bernie Sanders podría haber dicho: “Hablo por todos aquellos trabajadores olvidados, descuidados y explotados que trabajan duro, soy su voz, conmigo tienes poder ...”
Sin embargo, a pesar del evidente contraste entre estas proclamaciones y las primeras nominaciones de Trump (¿cómo puede el secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, director ejecutivo de Exxon Mobil, ser la voz de los trabajadores explotados?), hay una serie de pistas que dan una giro específico a su mensaje. Trump habla de “élites de Washington”, no de capitalistas y grandes banqueros. Habla de la desvinculación del rol del policía mundial, pero promete la destrucción del terrorismo musulmán,


la prevención de las pruebas balísticas norcoreanas y la contención de la ocupación china de las islas del mar de China meridional... así que lo que estamos obteniendo es el intervencionismo militar global ejercido directamente en nombre de los intereses estadounidenses, sin la máscara de derechos humanos y democracia. En los años sesenta, el lema del movimiento ecológico era “Piensa localmente, actúa globalmente”. Trump promete hacer exactamente lo contrario: “Piensa localmente, actúa globalmente”.


Hay algo hipócrita en los liberales que critican el eslogan “América primero”, como si esto no fuera lo que más o menos todos los países están haciendo, como si Estados Unidos no jugara un papel global precisamente porque le venía bien a sus propios intereses ... Pero el subyacente mensaje de “América primero” es triste: en el siglo americano, América se resignó a ser sólo uno entre los países. La ironía suprema es que los izquierdistas que durante mucho tiempo criticaron la pretensión de ser el policía global pueden comenzar a anhelar los viejos tiempos cuando, con toda hipocresía incluida, Estados Unidos impuso normas democráticas al mundo.


Pero lo que hace que el discurso inaugural de Trump sea interesante (y eficiente) es que sus inconsistencias reflejan las inconsistencias de la izquierda liberal. Hay que repetir una y otra vez que la derrota de Clinton fue el precio que ella tuvo que pagar por neutralizar a Bernie Sanders. Ella no perdió porque se movió demasiado a la izquierda, pero precisamente porque era demasiado centrista y de esta manera no logró capturar la rebelión anti-establishment que sostuvo tanto a Trump como a Sanders. Trump les recordó la realidad medio olvidada de la lucha de clases, aunque, por supuesto, lo hizo de una manera populista distorsionada. La rabia anti-establishment de Trump fue una especie de retorno a lo que fue reprimido cuando la política de la izquierda liberal moderada se centró en temas culturales “políticamente correctos”. Esta izquierda obtuvo de Trump su propio mensaje pero al revés. Por eso la única manera de responder a Trump habría sido apropiarse plenamente de la rabia contra el establishment y no descartarlo como primitivismo de basura blanca.


La reacción liberal predominante al discurso de asunción de Trump estaba predeciblemente llena de visiones apocalípticas bastante simples - basta mencionar que el anfitrión de MSNBC Chris Matthews detectó en él “un fondo Hitleriano”. Esta visión apocalíptica es típicamente acompañada por la comedia: la arrogancia de la izquierda liberal explota en su forma más pura el nuevo género de programas de talk shows en clave de humor político (Jon Stewart, John Oliver ...) que en su mayoría promulgan la pura arrogancia de la élite intelectual liberal. Pero el aspecto más depresivo del período post-electoral en Estados Unidos no son las medidas anunciadas por el Presidente electo, sino la forma en que la mayor parte del partido Demócrata está reaccionando a su histórica derrota: la oscilación entre los dos extremos, el horror al Gran Lobo Malo llamado Trump y el anverso de este pánico y fascinación, la renormalización de la situación, la idea de que nadaextraordinario ocurrió, que es sólo otro revés en el intercambio normal entre presidentes republicanos y demócratas: Reagan, Bush, Trump... En este sentido, Nancy Pelosi hace referencia repetidamente a los acontecimientos de hace una década. Para ella, la lección es clara: “el pasado es un prólogo. Lo que funcionó antes funcionará de nuevo. Trump y los republicanos se sobreponen, y los demócratas tenemos que estar listos para aprovechar la oportunidad cuando lo hagan.” Tal postura ignora totalmente el verdadero significado de la victoria de Trump, las debilidades del partido Demócrata que la posibilitaron y la reestructuración radical de todo el espacio político que anuncia esta victoria. En Europa occidental y oriental, hay señales de una reorganización a largo plazo del espacio político. Hasta hace poco, el espacio político estaba dominado por dos partidos principales que se dirigían a todo el cuerpo electoral, un partido de centro-derecha (democratacristiano, liberal-conservador, popular ...) y un partido de centro-izquierda, (Socialdemócrata ...), con partidos más pequeños dirigiéndose a un electorado limitado (ecologistas, libertarios, etc.). Ahora cada vez hay más de un partido que representa el capitalismo global como tal, generalmente con relativa tolerancia hacia el aborto, los derechos de los homosexuales, las minorías religiosas y étnicas, etc.; en oposición a ese partido, hay otro partido populista anti-inmigrante cada vez más fuerte que va acompañado de grupos neofascistas directamente racistas en sus márgenes.


De manera que la historia de Donald y Hillary continúa: en su segunda entrega, los nombres de la pareja se cambian por los de Marine le Pen y Francois Fillon. Ahora que François Fillon fue elegido candidato de la derecha para las próximas elecciones presidenciales francesas y con la certeza (casi total) de que en la segunda vuelta de las elecciones la elección será entre Fillon y Marine le Pen, nuestra democracia alcanzó su (hasta ahora) punto más bajo. Si la diferencia entre Clinton y Trump era la diferencia entre el establishment liberal y la rabia populista de derecha, esta diferencia se redujo al mínimo en el caso de Le Pen versus Fillon. Si bien ambos son conservadores culturales, en materia de economía Fillon es puramente neoliberal mientras que Le Pen está mucho más orientada a proteger los intereses de los trabajadores. En resumen, dado que Fillon representa la peor combinación en la actualidad –el neoliberalismo económico y el conservadurismo social–, uno está seriamente tentado a preferir a Le Pen. El único argumento para Fillon es uno puramente formal: representa formalmente la Europa unida y una distancia mínima de la derecha populista, aunque, en cuanto al contenido, parece ser peor que le Pen. Así que él representa la inmanente decadencia del establishment mismo –aquí es donde terminamos después de un proceso largo de derrotas y de retiros. En primer lugar, la izquierda radical tuvo que ser sacrificada por estar fuera de contacto con nuestros nuevos tiempos posmodernos y sus nuevos “paradigmas”.

Luego la izquierda socialdemócrata moderada fue sacrificada por estar también fuera de contacto con las necesidades del nuevo capitalismo global. Ahora, en la última época de este triste relato, la derecha liberal moderada (Juppé) fue sacrificada como desprovista de valores conservadores que hay que enrolar si nosotros, el mundo civilizado, queremos derrotar a le Pen. Cualquier semejanza con la vieja historia anti-nazi de cómo primero observamos pasivamente cuando los nazis en el poder sacaron a los comunistas, luego a los judíos, luego a la izquierda moderada, luego al centro liberal, incluso a los conservadores honestos... es puramente accidental. La reacción de Saramago –abstenerse de votar– es aquí obviamente lo UNICO apropiado para hacer. La Polonia de hoy ofrece un caso más en esta dirección, sirviendo como una fuerte refutación empírica a la predominante izquierda liberal de rechazo al populismo autoritario como política contradictoria que está condenada al fracaso. Si bien esto es cierto en principio –a largo plazo, todos estamos muertos, como lo expresó J. M. Keynes–, puede haber muchas sorpresas en el (no tan) corto plazo.


La visión convencional de lo que espera a los Estados Unidos (y posiblemente a Francia y los Países Bajos) en 2017, es un gobernante errático que promulga políticas contradictorias que benefician principalmente a los ricos. Los pobres perderán, porque los populistas no tienen esperanza de restablecer puestos de trabajo manufactureros, a pesar de sus promesas. Y la afluencia masiva de migrantes y refugiados continuará, porque los populistas no tienen planes para abordar las causas fundamentales del problema. Al final, los gobiernos populistas, incapaces de un gobierno efectivo, se desmoronarán y sus líderes se enfrentarán o bien al juicio político o no podrán ser reelectos. Pero los liberales estaban equivocados. PiS (Derecho y Justicia, el partido gobernante-populista) se ha transformado de una nulidad ideológica en un partido que ha logrado introducir cambios impactantes con velocidad y eficiencia récord. Ha promulgado las mayores transferencias sociales en la historia contemporánea de Polonia. Los padres reciben un beneficio mensual de 500 zloty ($ 120) por cada niño después de su primer hijo o por todos los niños de las familias más pobres (el ingreso promedio mensual neto es de aproximadamente 2.900 zloty, aunque más de dos tercios de los polacos ganan menos). Como resultado, la tasa de pobreza ha disminuido en un 20-40 por ciento y en un 70-90 por ciento entre los niños. La lista sigue: En 2016, el gobierno introdujo la medicación gratuita para las personas mayores de 75 años. El salario mínimo ahora supera lo que los sindicatos habían buscado. La edad de jubilación se ha reducido de 67 para hombres y mujeres a 60 para mujeres y 65 para hombres. El gobierno también planea alivio fiscal para los contribuyentes de bajos ingresos.


PiS hace lo que Marine le Pen también promete hacer en Francia: una combinación de medidas anti-austeridad –transferencias sociales que ningún partido de izquierda se atreve a considerar– más la promesa de orden y seguridad que afirma identidad nacional y promete lidiar con la amenaza de inmigrantes. ¿Quién puede superar esta combinación que aborda directamente las dos grandes preocupaciones de la gente común? Podemos discernir en el horizonte una situación extrañamente pervertida en la que la “izquierda” oficial está imponiendo la política de austeridad (al tiempo que aboga por los derechos multiculturales, etc.), mientras que la derecha populista lleva a cabo medidas antiausteridad para ayudar a los pobres (continuando con la agenda xenófoba nacionalista) –la última figura de lo que Hegel describió como el verkehrte Welt, el mundo del revés.


¿Y si Trump se mueve en la misma dirección? ¿Qué pasaría si su proyecto de proteccionismo moderado y grandes obras públicas, combinado con medidas de seguridad anti-inmigrantes y una nueva pervertida paz con Rusia, funciona de alguna manera? El idioma francés utiliza el llamado “ne” expletivo después de ciertos verbos y conjunciones; También se denomina “no negativo” porque no tiene valor negativo en sí mismo, sino que se usa en situaciones en las que la cláusula principal tiene un significado negativo (negativa o negativa negada), es decir, como expresiones de miedo, advertencia, duda y negación. Por ejemplo: Elle a peur qu’il ne soit malade (ella tiene miedo de que él esté enfermo). Lacan observó cómo esta negación superflua representa perfectamente la brecha que separa nuestro verdadero deseo inconsciente de nuestro deseo consciente: cuando una esposa tiene miedo de que su marido esté enfermo, bien puede preocuparse de que no esté enfermo (deseando que esté enfermo). ¿Y no podríamos decir exactamente lo mismo acerca de los liberales de izquierda horrorizados por Trump? Ils ont peur qu’il ne soit une catastrophe. (Ellos temen que sea una catástrofe. Lo que realmente temen es que no sea una catástrofe.)


Uno debería liberarse de este falso pánico falso, del temor a que la victoria Trump sea el último horror que nos hizo apoyar Hillary a pesar de todas sus obvias deficiencias. Las elecciones de 2016 fueron la derrota final de la democracia liberal, más precisamente, de lo que podríamos llamar el sueño de la izquierda (Fukuyama), y la única manera de derrotar realmente a Trump y redimir lo que vale la pena salvar en la democracia liberal es realizar una división sectaria del cadáver principal de la democracia liberal –en definitiva, cambiar el peso de Clinton a Sanders–. Las próximas elecciones deberían ser entre Trump y Sanders. Los elementos del programa para esta nueva Izquierda son relativamente fáciles de imaginar. Trump promete la cancelación de los grandes acuerdos de libre comercio apoyados por Clinton, y la alternativa de izquierda a ambos debería ser un proyecto de nuevos acuerdos internacionales diferentes. Los acuerdos que establecieran el control de los bancos, los acuerdos sobre normas ecológicas, sobre los derechos de los trabajadores, la asistencia sanitaria, la protección de las minorías sexuales y étnicas, etc. La gran lección del capitalismo global es que los Estados nacionales por sí solos no pueden hacer el trabajo, sólo una nueva política internacional puede quizás frenar el capital global.


Un viejo izquierdista anticomunista me dijo una vez que lo único bueno de Stalin fue que realmente asustó a las grandes potencias occidentales, y uno podría decir lo mismo de Trump: lo bueno de él es que realmente asusta a los liberales. Después de la Segunda Guerra Mundial, las potencias occidentales aprendieron la lección y se centraron también en sus propias deficiencias, lo que les llevó a desarrollar el Estado del Bienestar –¿podrán nuestros liberales de izquierda hacer algo similar?


Para concluir volvamos a Marine le Pen. En un momento, ella definitivamente dio en la tecla: 2017 será el momento de la verdad para Europa. Sola, aplastada entre Estados Unidos y Rusia, tendrá que reinventarse o morir. El gran campo de batalla de 2017 estará en Europa, y en juego estará el núcleo mismo del legado emancipatorio europeo.


Por Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural esloveno. Su última obra es Contragolpe absoluto (Editorial Akal).
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Los huérfanos de la globalización neoliberal

Era el camino inevitable, que superaba todo lo que la historia había vivido hasta entonces. El libre comercio, la apertura de los mercados nacionales, el fin de los Estados nacionales, la libre circulación de los capitales, la desterritorialización de las inversiones: en la globalización neoliberal desembocaba inexorablemente el movimiento histórico de universalización de las relaciones capitalistas, iniciado hace varios siglos.


Vivíamos ese momento privilegiado de mercantilización del mundo, frente al cual desaparecían las alternativas, todas restringidas, nacionales, anti-mercantiles, desaparecerían las regulaciones que obstaculizaban a la libre expansión del capital. Países de América Latina habían actuado a contramano de esa tendencia global irreversible, hasta que en Argentina y en Brasil se retomaba el camino de la globalización neoliberal y el futuro volvía a abrirse para esos países.


La elección de Hillary Clinton venía a coronar ese futuro, con un neoliberalismo renovado, teniendo a Macri y a Temer como protagonistas. Todo estaba listo para que la historia de América Latina retomara el camino equivocadamente abandonado por la vía del populismo. En este momento Hillary Clinton estaría desfilando por las pasarelas políticas de la región usando su look neoliberal sacado del closet y celebrada por los gobiernos de Macri y de Temer. Chile había declarado que el TPP (Acuerdo Transpacífico) era el acuerdo del siglo. México había jugado todo su destino en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.


De repente, el voto de salida de Gran Bretaña de la Unión Europea anunciaba que algo estaba fuera del orden mundial previsto.


Enseguida, Donald Trump gana y anula la participación de EE.UU.en el TPP, así como desiste del Tratado de Libre Comercio con Europa y cuestiona el Tratado con México y Canadá.


La brújula de los neoliberales se atasca. El futuro ya no es lo que sería. Justo quienes les habían vendido ese futuro, lo niegan y vuelven al proteccionismo, que decían que estaba superado definitivamente. Salen de los acuerdos de libre comercio que anunciaban que era el destino obligado. Retornan a la defensa de los empleos dentro del país, cuando explotaban mano de obra barata de afuera como el camino de mejorar la concurrencia.


Total, el futuro ya no es lo que fue. Volvió a estar abierto. Lo que se decía que era superado vuelve con fuerza. Lo que se prometía como el destino inexorable, dejó de ser.


Los que han atado su destino a la globalización neoliberal, se quedaron huérfanos. El canciller José Serra prometía llevar a Brasil al TPP, que ahora no existe más. Argentina y Brasil trataron de debilitar los espacios de integración regional, en función del retorno a la subordinación a los EE.UU. Ahora, al igual que a México, se les cierran las puertas. (A Argentina ya le costó el amargo cierre de la exportación de limones. A México le cuesta todo: inversiones, empleos, remesas desde EE.UU.)


No hay destino obligatorio para la humanidad. El futuro está abierto, será decidido por las vías que los pueblos decidan, democráticamente. ¿Por qué no Argentina, Brasil y México, con gobiernos soberanos, deciden próximamente reencauzar sus políticas externas y ampliar y reforzar los procesos de integración latinoamericana, estrechamente articulados a los Brics? ¿Por qué no?

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Theresa May optó por ir a fondo con el divorcio

“No queremos conservar pedazos de nuestra participación en el bloque. El Reino Unido está abandonando la Unión Europea”, dijo la primera ministra, quien buscó edulcorar un poco su mensaje con promesas de amistad y continuidad.

Criticada por eurófobos y eurófilos de su propio partido, crucificada por la renuncia del ex representante británico ante la Unión Europea (UE), tildada de Theresa “Maybe”, la Hamletiana primer ministro británica eligió la ruta de un “Hard Brexit” en la negociación con la UE. Adiós al Single Market (mercado común), a la Unión Aduanera, a la Corte Europea de Justicia, prioridad absoluta para el control de la inmigración. “No estaremos la mitad afuera y la mitad adentro, no buscaremos un acuerdo de asociación con la Unión Europea, no queremos conservar pedazos de nuestra participación en el bloque. El Reino Unido está abandonando la Unión Europea”, dijo May ayer en un discurso ante diplomáticos, ministros y periodistas.
La primer ministro buscó endulcorar un poco su mensaje duro con promesas de amistad y continuidad. “Nuestro voto a favor de abandonar la Unión Europea no fue un rechazo de los valores que compartimos, ni un deseo de distanciarnos de nuestros amigos y vecinos europeos. Queremos una nueva relación igualitaria entre una Gran Bretaña independiente con vocación global y nuestros amigos y aliados de la Unión Europea”, dijo la primer ministro.


Como “prueba” de esta amistad, May señaló que el gobierno garantizará los subsidios agrícolas de la UE, incorporará la legislación europea a la del Reino Unido para que el parlamento británico decida luego qué leyes mantener y cuáles derogar, seguirá compartiendo información en temas de seguridad y respetará los derechos de los dos millones de europeos que viven en el país bajo la premisa de que sucederá lo mismo con el millón de británicos que reside en el continente.
El discurso dejó en claro que el Reino Unido buscaría un acuerdo provisorio con la UE que le permita extender la negociación más allá de los dos años que estipula el Tratado Europea a partir de la activación del artículo 50, puntapié inicial de la negociación. May buscó calmar otro frente de tormenta prometiendo que habría un voto en el parlamento sobre el acuerdo final. “Otra manera de dar la certeza que quiero que todos tengan sobre este proceso, es confirmar que el gobierno someterá el acuerdo a la votación de ambas cámaras”, dijo May.


A siete meses del referendo que sorprendió al mundo con la decisión de los británicos de abandonar el bloque europeo, el discurso de May aportó sustancia a las negociaciones que comenzarán este año. En la conferencia de prensa posterior, May no aclaró el alcance de la votación en el parlamento, aunque sugirió que se trataría más de aceptar o rechazar el acuerdo que de volver a los brazos de la Unión Europea. En términos de la Unión Aduanera May pareció buscar el “to have the cake and eat it”, expresión inglesa para el que quiere todo, “comer la torta y que siga intacta”. “Quiero que el Reino Unido pueda negociar sus propios acuerdos comerciales, pero también quiero un comercio libre de aranceles con el resto de Europa. No quiero estar limitada por el arancel común europeo para los acuerdos que haga con otros bloques. Pero quiero un acuerdo aduanero con la Unión Europea. Estoy abierta a distintas posibilidades al respecto”, dijo May.


La primer ministro no se privó de lanzar una advertencia a la UE: si hay una postura dura europea en la negociación del Brexit, el Reino Unido está dispuesto a convertirse en un paraíso fiscal. “El Reino Unido quiere seguir siendo un buen amigo y vecino de la Unión Europea. Pero hay algunas voces que quieren negociar un acuerdo que castigue al reino Unido y desaliente a otros países a tomar su camino. Prefiero no tener un acuerdo de Brexit a tener un mal acuerdo. Si eso sucediera, seguiríamos comerciando con la Unión Europea, tendríamos acuerdos de libre comercio con el resto del mundo y la libertad de tener una política impositiva competitiva para atraer inversiones y compañías extranjeras. Si somos excluidos del acceso al mercado común, seríamos libres de cambiar las bases del modelo económico británico”, señaló May.
En otras palabras el Reino Unido estaría dispuesto a comerciar con la UE en base a las reglas que rigen para todos los países miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) si le ofrecen un “bad Brexit”. Esto implicaría que en vez del actual arancel cero y plena libertad comercial con los otros 27 miembros de la UE, el Reino Unido y el bloque europeo se impondrían aranceles comerciales a las distintas áreas de intercambio, abriendo el camino a una potencial guerra comercial.

En este caso, el Reino Unido se dedicaría a reducir al máximo el impuesto corporativo para absorber la inversión extranjera convirtiéndose en un paraíso fiscal al estilo de la República de Irlanda. Según el índice de opacidad financiera de Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal) el Reino Unido es el actor más importante del mundo de los paraísos fiscales, pero la propuesta de May significaría otra vuelta de tuerca que podría marcar el comienzo del fin del atribulado Estado de Bienestar británico. “Es imposible para un Paraíso Fiscal de estas características generar la recaudación que requiere un estado de bienestar moderno. El precio de la caída de la recaudación debido a esta búsqueda de una ventaja impositiva competitiva es el desmantelamiento del Estado de Bienestar. En concreto es una amenaza al acceso universal a la salud, la educación, la jubilación, el seguro social”, señaló a este diario Alex Cobham, director de Tax Justice Network.


El estado de Bienestar británico fue la creación intelectual de un Liberal, Lord William Beveridge, y la realización concreta del Partido Laborista en la posguerra. En los rangos conservadores siempre existió una nostalgia por el laissez faire de la pre-guerra en el que las prestaciones sociales dependían del sector privado y voluntario, es decir, las organizaciones de Caridad. Hong Kong, bajo gobierno británico hasta 1997, estaba más cerca de los sueños conservadores que el Reino Unido.


El Brexit puede convertirse en una vía regia para este desmantelamiento. Pero todavía falta para eso. Si uno suma los dos años de negociaciones a partir de la invocación del artículo 50, el acuerdo transicional posterior que quisiera Theresa May y la aprobación de ambas cámaras parlamentarias del acuerdo final, el proceso durará un mínimo de cinco años. Con Donald Trump, una economía global estancada y tanta incertidumbre, ¿quién puede decir donde estará en cinco años?

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La dimisión del embajador británico en la UE demuestra que Reino Unido busca un Brexit radical

El embajador saliente representaba la esperanza de un compromiso negociado con los Estados miembros sobre las condiciones de salida de la UE

Rogers fue acusado de dejar caer a David Cameron al no presionar más duro para obtener más concesiones de la UE en las vísperas del referéndum

Tim Barrow, diplomático de carrera, ocupará el cargo de Rogers

La dimisión del embajador de Reino Unido en la Unión Europea es vista en ambos lados del cada vez más ancho Canal de la Mancha como un recordatorio de que Reino Unido se dirige a un Brexit radical.


Empujado o decidido a saltar, Sir Ivan Rogers era algo más que un mero representante del Gobierno británico en Bruselas. Era la mejor esperanza de Reino Unido para lograr un acuerdo negociado con los otros Estados miembro sobre los términos de la salida de la UE.


Para los más radicales en Westminster, la renuncia será recibida como un regalo de Navidad de última hora. La derecha ha acusado desde hace tiempo a Rogers de ofrecer "poco más que muerte y pesimismo" al centrarse en las diferencias entre lo que ellos creen que se podría lograr con una resuelta negociación británica y lo que los otros 27 quieren.


Theresa May ha nombrado este miércoles a Tim Barrow, diplomático de carrera, como el nuevo embajador británico para la Unión Europea en sustitución de Rogers. La decisión significa que ha ignorado las solicitudes desde dentro del partido para que nombrase a una figura que apoyase completamente el Brexit.


Barrow fue embajador de Reino Unido en Moscú hasta 2015 y en el mes de marzo del año siguiente sucedió a Sir Simon Gass como director político en el Ministerio de Exteriores.


Rogers, antiguo secretario particular del tory proeuropeo Kenneth Clarke, fue acusado de abandonar a David Cameron al no presionar más duro para obtener concesiones de la UE en vísperas del referéndum. Un nuevo libro sobre esta etapa afirma que Rogers amenazó con dimitir en varias ocasiones durante el difícil proceso.


Las informaciones de que el hombre británico en Bruselas había advertido recientemente de que las negociaciones de salida de la UE podrían alargarse durante una década pueden haber sido la gota que haya colmado el vaso, tanto para los exasperados ministros como para los presionados altos funcionarios, q ue no creen que saldrán ganando si el tiempo les da la razón.


Pero que los euroescépticos no se hayan sorprendido por su dimisión no significa que no tenga consecuencias. La noticia se recibió con consternación por muchos expertos en asuntos europeos, que ven la dimisión de Rogers como una señal de que Reino Unido ya no está interesado en escuchar las malas noticias, a pesar de sus consecuencias.


"Los euroescépticos radicales le criticaron por informar a Cameron de los límites de lo que podía pedir en su renegociación, pero dijo la verdad: que los 27 no estaban dispuestos a dar más de lo que ofrecían", explica Charles Grant, director del Centre for European Reform.


"Aquellos que dicen la verdad no siempre son bien vistos y, por ello, Ivan se convirtió en una figura impopular en amplios sectores del partido tory (conservador). Es lógico preguntarse si Rogers habría dimitido si no hubiese sentido que había perdido la confianza del Gobierno", añade el experto.


El establishment proeuropeo es desdeñado por los partidarios del Brexit como otro grupo de expertos incapaz de imaginar los beneficios de la independencia. Sin embargo, Rogers era visto en Bruselas como uno de los representantes británicos más euroescépticos en las últimas décadas. Un equipo de negociación británico más seguro debería, en teoría, haber estado contento de contar en sus filas con un experto que fuese capaz de ver dónde estaba el margen de maniobra.


"Ningún otro cargo, asesor o representante cercano al Gobierno británico se acerca a la experiencia de Ivan en la UE", señala Grant. "Fue uno de los pocos en el Gobierno que entendió cómo trabaja la Unión Europea y qué piensan otros líderes europeos. Theresa May y sus ministros echarán mucho de menos su experiencia", añade.


"En términos de conocimiento y experiencia en la UE, Sir Ivan Rogers no tiene igual", dice el excomisario de Comercio de la UE, el británico Peter Mandelson. "Su dimisión es una seria pérdida para nosotros en Bruselas". "Nuestra negociación no irá a ninguna parte si nuestros representantes se engañan a sí mismos sobre la inmensa dificultad y los retos a los que se enfrenta Reino Unido en la implementación de la decisión del referéndum".
Parece como si Rogers hubiese sido perseguido no por el crimen de deslealtad, sino por ser demasiado negativo y no ver las oportunidades que, según May, están a la vuelta de la esquina. Abundan los indicios de que los euroescépticos británicos seguirán viviendo en un planeta completamente diferente que el resto del mundo en 2017, no digamos ya en Europa continental.


El martes, el think tank de Michael Gove, Change Britain, afirmó que lejos de destruir comercio, abandonar la unión aduanera europea crearía 400.000 empleos al abrir oportunidades no reconocidas hasta ahora en el resto del mundo. Esta es una afirmación calificada de "fantasiosa" por la organización con la que compite, Open Europe.


En este contexto, Rogers representaba una tendencia peligrosa al intentar superar la división. Para políticos de ambos lados, ahora será un poco más fácil gritar al otro en lugar de buscar intereses comunes.


Grant concluye: "Los socios de Reino Unido lo tomarán como un signo de que el gobierno de May se dirige hacia un Brexit duro que pone la soberanía por encima de la integración económica con la Unión Europea".

theguardian
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

 

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Miércoles, 28 Diciembre 2016 07:55

La globalización ha muerto

La globalización ha muerto

El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los Estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.

La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea ‒el proyecto más importante de unificación estatal de los últimos 100 años‒ y la victoria electoral de Trump ‒que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas‒, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atrás, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo.


Y es que la globalización como meta-relato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encausar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes; lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenofóbica, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.


La medida geopolítica del capitalismo


Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el “capitalismo nacional” en 1847 y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primer y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica del régimen capitalista. De hecho, su aporte no radica en la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista.


Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial, es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los últimos 150 años, a la medida geopolítica planetaria.


La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.


Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), los Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos hegemones vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, medio ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común, es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo.
El “fin de la historia”


La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929.


Ciertamente fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación al Producto Interno Bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad.


Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Gramsci llamó transformismo ideológico de ex socialistas devenidos en furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador.


¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS, que era considerada hasta entonces como el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado ‒y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado‒, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino “natural” e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa.


El enunciado del “fin de la historia” hegeliano con el que Fukuyama caracterizó el “espíritu” del mundo, tenía todos los ingredientes de una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles.


La historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual pues no había alternativa frente a él . Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no solo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.


La historia sin fin ni destino


Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta “del fin de la historia”, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso, es decir, sin horizonte alguno. Trump no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino el forense al que le toca oficializar un deceso clandestino.


Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coaligan para tomar el poder del Estado. Combinando mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios implementan una variedad de opciones posneoliberales mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser reemplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.


Con ello, el “fin de la historia” comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y nuevamente la rueda de la historia ‒con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas‒ se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en EE.UU. el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la bancarrota a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.


Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los últimos 20 años, este crece al doble del Producto Interno Bruto (PIB) anual mundial, pero a partir del 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la “prueba” de la irresistibilidad de la utopía neoliberal.


Por último, los votantes ingleses y norteamericanos inclinan la balanza electoral a favor de un repliegue a Estados proteccionistas ‒si es posible amurallados‒, además de visibilizar un malestar ya planetario en contra de la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario.


Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los últimos siglos.


Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas sino que ‒es el camino tortuoso de las cosas‒ las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados. La globalización, como ideología política, triunfo sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado, esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín en 1989 escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedo una sola ruta, un solo destino mundial. Y lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece, muere. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el “fin de la historia” ‒como pregonaban los neoliberales‒, sino el fin del “fin de la historia”; es la nada de la historia.


Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos. Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía Shakespeare, “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.


¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la “nada” heredada. Lo común, lo comunitario, lo comunista es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza. En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto a este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo.


Por Álvaro Gaarcía Linera, Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia

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Suspenden a Venezuela del Mercosur; es un golpe de Estado, dice Caracas

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay suspendieron este viernes a Venezuela como estado parte del Mercado Común del Sur (Mercosur) por incumplir el plazo que le habían fijado para adecuarse a las normas del bloque, se informó en un comunicado de la cancillería argentina.

El gobierno venezolano calificó de "golpe de Estado" la decisión, lo cual representa la sanción más dura de un ente internacional en medio de la crisis interna.

Los cancilleres de los países socios "notificaron" a su homóloga venezolana, Delcy Rodríguez, "el cese del ejercicio de los derechos inherentes a la condición de Estado parte del Mercosur de la República Bolivariana de Venezuela", indica el texto.

La decisión está vinculada con el vencimiento del último plazo acordado en septiembre para que Caracas cumpliera sus obligaciones de adhesión al Mercosur, explica la nota, suscrita por los cancilleres de Argentina, Susana Malcorra; Brasil, José Serra; Paraguay, Eladio Loizaga, y Uruguay, Rodolfo Nin Novoa.

La suspensión, afirmaron los ministros, se fundamenta “en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, tanto en carácter de principio general del derecho como en su condición de norma consuetudinaria.

"Cabe destacar que Venezuela contó con cuatro años para incorporar la normativa vigente del Mercosur y que se le otorgó un plazo adicional para honrar sus obligaciones, que finalizó el primero de diciembre de 2016", subraya el comunicado.

Los ministros agregaron que esa medida contra Venezuela "regirá hasta que los estados partes signatarios del Tratado de Asunción convengan con ese país las condiciones para restablecer el ejercicio de sus derechos como Estado parte".

Venezuela tenía de plazo hasta el primero de diciembre para cumplir con el protocolo de adhesión al Mercosur, que entre otras cosas requería la adopción de normas en materia de derechos humanos y separación de poderes.

En tanto, Venezuela tildó de "golpe de Estado" la decisión de sus socios del Mercosur. "Es un golpe de Estado al Mercosur y constituiría una agresión a Venezuela de dimensiones realmente muy graves", aseveró este viernes la canciller Rodríguez en una rueda de prensa; afirmó que su país aún no ha sido notificado.

Al denunciar "una ley de la selva que está destruyendo el Mercosur", la ministra señaló que Caracas "no reconoce ese acto írrito", el cual empuja al grupo a la ilegalidad.

Rodríguez advirtió que la rica nación petrolera –sumida en una grave crisis política y económica– "seguirá ejerciendo la presidencia legítima (del mecanismo) y participará con derecho a voz y voto en todas las reuniones como Estado parte" del bloque.

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Viernes, 02 Diciembre 2016 16:07

La UE juega su futuro

La UE juega su futuro

Dentro de seis meses puede empezar a concretarse lo que hasta hace muy poco se consideraba imposible: que la Unión Europea inicie su desaparición. El “Brexit” ha sido un primer paso en ese camino. Este domingo pueden producirse dos nuevos episodios de ese proceso que algunas voces muy fiables consideran imparable.

 

Dentro de seis meses puede empezar a concretarse lo que hasta hace muy poco se consideraba imposible: que la Unión Europea inicie su desaparición. El “Brexit” ha sido un primer paso en ese camino. Por sus efectos reales, que empezarán a conocerse dentro de muy poco, y por su impacto psicológico en todo el continente. Este domingo pueden producirse dos nuevos episodios de ese proceso que algunas voces muy fiables consideran imparable. Si el No gana en el referendo sobre la reforma constitucional italiana, las elecciones que podrían seguir a ese resultado darían la victoria a partidos que están en contra de la UE y del euro. Y la salida de Austria de la Unión es uno de los puntos principales del programa de la ultraderecha que el día 4 puede ganar las elecciones para la presidencia del país.


En ese inquietante contexto también hay que colocar la elección del muy reaccionario y liberal François Fillon en las primarias de la derecha francesa. Que, según autorizadas opiniones, no han reducido, sino todo lo contrario, las posibilidades de que el antieuropeo y antieuro Front National de Marine Le Pen gane las presidenciales galas de mayo. Si esto ocurriera y se sumara a las hipótesis anteriores sobre Italia y Austria, la Unión Europea podría empezar a contar los días que le quedarían de vida y, de paso, el panorama geopolítico de Europa y del mundo que su existencia ha sostenido en el último medio siglo sufriría un cambio sustancial y lleno de graves incógnitas.


En Italia, las encuestas dan hasta 10 puntos de ventaja al No a la reforma que propugna el primer ministro Matteo Renzi, el democristiano que desde hace casi tres años encabeza el gobierno italiano. Renzi ha conseguido concitar en su contra una serie de distintas dinámicas que hoy por hoy parecen imparables.


De un lado, la del descontento popular hacia su gestión, que aun habiendo evitado que Italia siguiera hundiéndose en el abismo no ha mejorado en absoluto la situación de los sectores menos favorecidos de la sociedad. De otro, la de la oposición a los contenidos de la reforma misma, que va desde el premio de mayoría al partido vencedor en unas elecciones a la desaparición del Senado y del sistema bicameral, pasando por una fuerte recentralización de la gestión del Estado. Y por último, aunque resumiendo mucho, la de la convicción de los partidos de la oposición de que el referendo es la ocasión de echar del gobierno al partido de Renzi. Una oportunidad que, por cierto, éste les ha brindado sin que nadie se lo pidiera.
El movimiento Cinque Stelle de Beppe Grillo, la xenófoba Lega Nord y el partido del una vez más renacido, a sus 80 años, Silvio Berlusconi, propugnan el No. Junto con ellos, el sector del antiguo Partido Comunista que milita, cada vez más incómodo y opuesto a su líder, en la formación de Renzi. Y una miríada de movimientos sociales y personalidades de muy diversa orientación y práctica política.


En los últimos días los mercados parecen inclinarse por la victoria de esa amalgama. Las bolsas están cayendo y la prima de riesgo italiana está subiendo. Pero la pregunta que en esos ámbitos y en todas las cancillerías se están haciendo es qué ocurrirá a partir del lunes si esa hipótesis se verifica. En principio, caben tres salidas. Una, la de que Matteo Renzi y su Partido Democrático (PD) sigan en el gobierno, parece descartada porque su líder ha dicho y repetido que si no gana el Sí, dimitirá. La otra es la de un gobierno “técnico”, de personalidades independientes. Y la tercera, y más plausible, es la de que se convoquen elecciones.


La impresión generalizada es que el PD las perdería. El ganador podría ser el movimiento de Grillo, que desde hace unos meses ha proclamado su disposición para gobernar. La Lega y el partido de Berlusconi también aspiran a volver al Ejecutivo y la lista de posibles coaliciones es muy larga, teniendo además en cuenta que el PD podría desgajarse si lo que estuviera en juego fuera la posibilidad de seguir en el poder. Lo único claro es que todos están claramente comprometidos en una posición contraria a la permanencia de Italia en la UE y/o en el euro.


En Austria las posibilidades de la ultraderecha que encabeza Norbert Hofer son idénticas a las de la coalición que preside el independiente Alexander van der Bellen, y que apoyan socialdemócratas, ecologistas y personalidades del establishment, algunas de ellas marcadamente de derechas. Los sondeos dan empate técnico. En la primera vuelta de las presidenciales, en abril, ganó Hofer. En la segunda, en mayo, cuyos resultados fueron anulados por irregularidades, lo hizo Van der Bellen, pero sólo por 30.863 votos. Si Hofer gana, Austria puede encaminarse hacia el abandono de la UE. A escala continental el impacto de ese resultado sería muy inferior al de un No en Italia. Pero sumados ambos el efecto sería enorme.


Si en mayo, en la segunda vuelta, Marine Le Pen se hace con la presidencia de Francia, la situación se haría incontrolable. En el terreno financiero y en el diplomático. Aunque sólo sea porque la ultraderechista propugna un entendimiento de Francia con la Rusia de Putin en cuestiones tan calientes como la guerra de Siria y el conflicto de Ucrania. François Fillon también es partidario de un acercamiento a Moscú, con lo que el eje franco-alemán que hasta ahora ha dirigido la UE podría ser puesto abiertamente en cuestión.


La Unión Europea no está preparada para la salida de socios tan importantes como Italia o Francia. El “Brexit”, unido a fracasos como el de la política hacia los refugiados, entre otros, ya la ha sumido en lo que algunos creen que es una crisis existencial. Y la victoria de Donald Trump amenaza su statu quo comercial, económico, político y diplomático.


Por Carlos Elordi, periodista español. Tomado de eldiario.es.

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Viernes, 25 Noviembre 2016 06:33

Reino Unido, con rumbo incierto

Reino Unido, con rumbo incierto

El Brexit perforará las finanzas públicas, hará crecer más la inflación y aumentará la deuda pública: esta es la estimación oficial del efecto que tendrá para el país su divorcio de la Unión Europea, después de 43 años de matrimonio.


¿Quo vadis Reino Unido? El ministro de Finanzas Philip Hammond reconoció que el Brexit perforará las finanzas públicas y la Oficina de Responsabilidad Fiscal predijo menos crecimiento, más inflación y un salto en la deuda pública en la primera estimación oficial del impacto que tendrá la separación del Reino Unido de la Unión Europea (EU). En medio de este panorama sombrío la gerente general del circo, la primera ministra Theresa May, no acierta a dar una respuesta coherente respecto a este quo vadis británico.


En julio May dijo que “Brexit means Brexit”, manera de calmar las aguas y hacer la plancha a la espera de que su partido y un electorado polarizado bajaran los decibeles del referendo del 23 de junio. En octubre la primer ministro pareció inclinarse hacia el “Hard Brexit” (línea dura antiinmigratoria y completa separación de la UE) en vez del “soft Brexit” (mantener el máximo vínculo posible con la UE). Este lunes, ante los ansiosos empresarios del CBI (Confederación de la Industria británica), añadió una tercer variante: el “transitional Brexit”.


El “transitional Brexit” consistiría en un acuerdo provisorio cuando terminen los dos años de negociaciones que siguen a que el Reino Unido invoque el artículo 50. El acuerdo se extendería por unos cinco años mientras se negocia la laberíntica complejidad de un divorcio con la UE después de 43 años de matrimonio. “Nadie quiere estar al borde un precipicio. La gente quiere un poco de certeza sobre el futuro”, dijo May a los empresarios.


Con la vertiginosa velocidad que los caracteriza, los mercados reaccionaron al instante y la libra recuperó un poco del terreno perdido frente al dólar. El “mini” presupuesto que anunció el ministro Philip Hammond el miércoles ayudó a esta ligera recuperación de la divisa británica que desde el referendo registra una caída del 16% frente al dólar. El “minipresupuesto”, que es un anticipo del presupuesto del año próximo, contiene noticias alarmantes como que la economía británica caerá un 2,4% en los próximos cinco años y la factura para las finanzas públicas del Brexit ascenderá a 122 mil millones de libras (151 mil millones de dólares), pero los mercados, tan veletas como siempre, suspiraron con alivio porque Hammond anunció un fondo para obras públicas de 23 mil millones de libras y un fin de la austeridad que promovieron los conservadores desde que David Cameron ganó las elecciones de 2010.


Si con Cameron el objetivo mucho más retórico que real era un superávit fiscal para 2020, con Theresa May-Hammond se proyecta abiertamente un déficit de 21 mil millones de libras y una deuda que crecerá a 90% del Producto Interno Bruto (PBI). Aún así la reacción de los mercados parecen ganancia tan cortoplacista como las de unas fichas de ruleta. Los fondos para infraestructura anunciados son bastante modestos si se los compara con el tamaño de la economía (casi dos billones de libras): apenas por encima del 1%. Según el prestigioso y siempre crítico Institute for Fiscal Studies el salario real de los británicos en 2021 terminará por debajo del que tenían antes del estallido de 2008.


En esta realidad extremadamente volátil, la judicialización del Brexit es una posibilidad cada vez más fuerte. En diciembre habrá un audiencia final de apelación ante la Corte Suprema que dictaminará en enero si la decisión de invocar el artículo 50 para iniciar las negociaciones es prerogativa del ejecutivo (los tratados internacionales lo son) o del legislativo (la incorporación a la UE fue aprobada por el parlamento). A principios de noviembre la Alta Corte de justicia decidió que se trataba de una ley británica y no de un tratado, ergo, el parlamento debía decidir.


El dictamen dista de ser una mera formalidad constitucional en un país que no tiene constitución escrita. Si la Corte Suprema ratifica el fallo, el parlamento deberá debatir el tema. En teoría podría votar en contra de invocar el artículo 50, pero en la práctica no se opondrá al resultado de un referendo aunque sí podría condicionar qué tipo de Brexit negociará el gobierno. Las aguas están tan revueltas que ayer hasta el ex primer ministro laborista Tony Blair decidió que podía ser una oportunidad para salvar su reputación política, tan por los suelos debido a la guerra de Irak, y declaró que se “podría revertir el Brexit si los británicos concluyen que el costo es más grande que el beneficio”.


Esta película apenas ha comenzado.

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Martes, 04 Octubre 2016 09:16

“Del barrio a la academia”

“Del barrio a la academia”

El pasado 28 de septiembre fue realizada la rueda de prensa previa a la inauguración de la Segunda Liga de fútbol popular “Del barrio a la academia”. El motivo del evento fue la presentación de los actores que dieron origen a la Liga e invitar a la ciudadanía para que conozca y participe en los procesos deportivos que se adelantan en los barrios populares de Bogotá.

 

Uno a uno fueron llegando los invitados a la rueda de prensa, programada para las 5 de la tarde en el edificio P de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), sede principal. Allí estaban, los representantes de las 15 escuelas de fútbol popular de Bogotá, quienes contaron a los medios alternativos las experiencias arrojadas por los trabajos comunitarios con las escuelas de fútbol popular, el tiempo que llevan laborando y las razones que incentivaron la iniciativa de cada proyecto en particular, y la creación de la Liga en general.


El fútbol como herramienta de construcción social


Moderada por Luis Carlos García, licenciado en educación física de la UPN, encargado del programa de deportes de bienestar de la Universidad, dio la bienvenida y dijo: “Los procesos que han dado pie a la construcción de esta Liga son representados por cada una de las personas que nos acompañan y que representan a los colectivos que, desde los barrios, buscan la construcción de un fútbol alternativo, de un fútbol diferente, lejos de la lógica del mercado”. Con estas palabras dio comienzo a la rueda de prensa.


La Liga recoge un mismo propósito y es, como lo dice María Camila Vargas, estudiante de la UPN, integrante de Alianza FC, y de la Comisión de comunicaciones de la Liga. “Queremos visibilizar los procesos y los trabajos en los territorios que realizan las escuelas integrantes de la liga”.


Posteriormente, cada uno/a de las y los representantes de las escuelas, tomó la palabra para explicar lo que realizan y contar, de forma breve, la historia de sus proyectos. El primero en intervenir fue Carlos Ávila, estudiante de la UPN. “Llevo más o menos tres años trabajando con la Escuela de fútbol popular del barrio Los Alpes de Ciudad Bolívar. Contamos con la colaboración de la casa parroquial y del Padre Manolo, que siempre le ha apostado a construir tejidos sociales en la comunidad, no sólo en Ciudad Bolívar, también en San Cristóbal y Usme”.


Un factor preponderante en la formación de las escuelas es la necesidad de hacer frente al abandono estatal de la que son objeto los habitantes de la periferia y de los barrios más empobrecidos de la ciudad, tal y como enfatiza Cristian David González, estudiante de la UPN. “Nuestro proceso es Forza F.P. y se desarrolla en el territorio del barrio San Bernardo, en la parte centro de Bogotá. Un sector que se encuentra perjudicado por la lógica de las políticas de la actual alcaldía; es un territorio en disputa y muy violento”.


El fútbol aparece como una posibilidad de crear lazos en la comunidad, lazos de solidaridad y unidad en el contexto de una coyuntura histórica para Colombia. Sebastián Sánchez, representante y entrenador de Bukaneros FP, estudiante de la UPN, quien trabaja con la escuela en el barrio Danubio Azul, localidad de Usme, dijo. “Tenemos varias categorías de chicos y estamos también trabajando con la categoría femenina. Básicamente la escuela plantea y promueve la paz con justicia social, y cómo por medio del fútbol pueden plantearse espacios de construcción social, cómo los jóvenes pueden apropiarse del fútbol y verlo de una manera diferente [...]. Ofrecerle a los muchachos los espacios que el sistema les ha arrebatado”.


Fútbol, violencia, prevención y diálogo


Las lógicas de la violencia han permeado la vida cotidiana de niños, niñas y jóvenes y sus familias, la apuesta de la Liga y las escuelas que la conforman es, a través del fútbol, ofrecer un panorama diferente, que se piensen la calle y los espacios públicos no como zonas de guerra, al contrario, como territorios de paz y convivencia. Es el caso de Yhoiner Nieto, integrante del “Movimiento de niños, niñas y jóvenes líderes Gestores de paz” del barrio Potosí, la localidad de Ciudad Bolívar. “Este movimiento nace hace 10 años y crea diferentes estrategias pedagógicas para la construcción de paz territorial. Nace como una escuela popular con la idea de la participación política de nuestros niños, niñas y jóvenes que propusieron la creación de la escuela de fútbol”.


O el proceso que lidera Arturo Díaz, estudiante de la UPN, profesor de la escuela Pelota Rebelde FP de Patio Bonito en Kennedy. Reivindicamos el fútbol que se hace en los barrios populares y empezamos a hacer la construcción política y social desde el deporte que consideramos más cercano, es decir, el microfútbol [...]. El fútbol es una herramienta que puede y debe generar una base social, una plataforma política; en el fútbol encontramos ‘un proceso de unidad’. Llevamos dos años apostándole a eso desde la escuela”.


Por su parte Julieth Ramírez, estudiante de trabajo social de la Universidad Nacional, representante de la Escuela deportiva El Progreso FP del barrio Cazucá en Soacha, nos cuenta. “Empezamos hace dos años y medio, este proceso es el producto de la iniciativa de estudiantes que hacíamos parte de una práctica profesional de derechos humanos, enfocada en las personas desplazadas que habitan el sector [...]. Pensamos que este es un espacio de solidaridad con los territorios que permite la construcción de poder popular [...]. No sólo el fútbol, también la educación popular hace parte de estos proyectos, y eso aporta mucho a los jóvenes. La Liga permite también que los muchachos conozcan otras experiencias similares a lo que se trabaja en Cazucá, y así lograr que ellos y ellas se apropien de sus territorios”.


Mateo Martínez, quien habló a nombre de la Escuela Alianza FC, iniciativa barrial adscrita al Modep, y quienes trabajan en dos sitios de Bogotá –en Ciudad Bolívar, en el barrio Domingo Laín, y en Bosa, en el barrio Atalayas–, plantea otro problema de violencia social relacionado con el fútbol. “Nosotros también nos pensamos el fútbol de una manera diferente, de ahí que nuestro lema de trabajo sea: ‘Equidad, libertad y solidaridad’ [...]. Ciudad Bolívar y Bosa son dos localidades en las que la problemática de las barras bravas es preocupante. El fútbol no puede ser un espacio violento, de ahí que veamos la necesidad de intervenir para erradicar la violencia que se genera a partir del fútbol”.


Interrogando, cuestionando


“¿Qué clase de deportistas, aislados de la realidad, estamos formando?”, pregunta Sebastián de Bukaneros, a lo que él mismo responde: “Es importante el hecho de que muchas personas arreglen sus diferencias, no a punta de plomo, sino a punta de fútbol, y desde ahí construir procesos sociales y políticos con las comunidades. En consecuencia, empezar a mitigar la violencia, mitigar la guerra, para trabajar por la paz”.


Lina Hoyos, estudiante UPN, escuela Chesitos FP del barrio Prado Veraniego, nos contó: “La escuela fue fundada hace muy poco, y su propósito es formar deportivamente niños y niñas desde los cuatro años. Creemos que el acercamiento a ese tipo de procesos permite a los niños realizar una lectura más clara de sus realidades. Durante años el barrio ha presenciado la separación de la comunidad por causa de la violencia de las barras bravas; por eso decidimos que los más pequeños debían ser la razón de ser de este proyecto. Una vez que ellos, a su manera, sean conscientes de lo que pasa en su barrio o en su cuadra, discutan en sus casas con sus familias las problemáticas que los afectan, habremos abonado para cambiar en algo esta realidad”.


Luis Carlos, encargado del departamento de bienestar de la UPN, concluyó. “La liga ha sido un punto de encuentro entre los diferentes procesos de fútbol popular que existen en la ciudad, en su mayoría gestionados por estudiantes de la UPN que empezaron a trabajar en sus comunidades el pensamiento crítico a través del fútbol. La UPN se encontró con esos procesos y propició los espacios para una convergencia amplia, donde no solamente se dé la discusión y el análisis en torno al fútbol, sino que, además, se practique deporte, construyendo con éste tejido social”.


La Liga


La Segunda Liga de fútbol popular “Del barrio a la academia”, consta de 4 categorías:


Categoría Sócrates de Souza: de 7 a 9 años
Categoría Carlos Caszely: 10 a 13 años
Categoría Honey Thaljieh: 14 a 17 años
Categoría Éric Cantona 18 años en adelante


Una voz que cierra la rueda de prensa. “La Liga está organizada por territorios, de manera tal que las escuelas compitan en su sector, evitando así los problemas desprendidos de la movilidad y la falta de presupuesto para los transportes”, explicó Sergio Gamboa, entrenador de la escuela Suacha fútbol comunitario.


La Liga fue inaugurada el 29 de septiembre en las instalaciones de la UPN sede El Nogal, ubicada en la Calle 78 No. 9-92.

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