Miércoles, 14 Octubre 2015 06:32

Relanzan la escuela militar

Relanzan la escuela militar

Hacia una doctrina latinoamericanista. "Hemos asumido un conjunto de compromisos con el presidente Evo Morales, vamos a reanimar la escuela de defensa del ALBA que se instaló hace unos años", dijo el mandatario venezolano.

 

Los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y Nicolás Maduro, de Venezuela, acordaron ayer en Cochabamba relanzar la escuela militar del ALBA, construida en 2011 en tierras bolivianas. Además, ambos mandatarios abordaron un plan de cooperación y desarrollo conjunto de sus países para los próximos diez años.


Maduro rememoró en Cochabamba, en el centro de Bolivia, la escuela militar del ALBA que fue construida en la región de Santa Cruz (Este), aunque a la fecha no funcionó como estaba previsto. "Hemos asumido un conjunto de compromisos con el presidente Evo Morales, vamos a reanimar la escuela de defensa del ALBA que se instaló hace unos años", afirmó el gobernante venezolano en una declaración de prensa junto a su colega boliviano. "Esa escuela debe operar para que vuelva a ofrecer todo lo que tiene que ver con una propuesta de formación, de cursos y de intercambio de experiencias", dijo. "Hemos conservado (con Morales) sobre la cooperación en el campo militar de la nueva doctrina latinoamericanista, antiimperialista de nuestras fuerzas armadas y de juntar las experiencias para seguir fortaleciendo la columna vertebral de los procesos de independencia de nuestros países, unas fuerzas armadas unidas al pueblo", señaló.


Venezuela aportó los fondos económicos para el funcionamiento de la escuela militar del ALBA, pero el proyecto estuvo envuelto en una fuerte polémica en 2012, luego de que Irán ofreciera cooperación y generara la alarma del Centro Wiesenthal. El ALBA, cuyo principal impulsor fue Hugo Chávez, está formado por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía, Granada, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y Granadinas y Venezuela.


El fin de semana, ambos mandatarios asistieron a la II Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, en Tiquipaya, Cochabamba. En el encuentro, más de 50 delegaciones aprobaron un documento en el que, entre otros aspectos, plantean la creación de un tribunal medio ambiental y el pago de la deuda ecológica de los países industrializados. Las conclusiones serán presentadas en la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático.


Respecto al plan de cooperación, Maduro anunció que se reunirá con Morales y los ministros de ambos países en enero próximo, aunque no fue precisada la fecha ni el lugar donde se efectuará el encuentro. "Hemos hablado de un plan 2025, un plan de diez años BoliviaVenezuela para juntar todo lo que se está creando desde la revolución democrática cultural de Bolivia, desde la revolución bolivariana, desde el concepto del socialismo comunitario que ha surgido como alternativa poscapitalista, posneoliberal en Bolivia, en Venezuela y en América latina", dijo. El gobernante venezolano no dio más detalles sobre el contenido del plan, pero sí abundó en elogios a Morales por la tarea realizada en Bolivia. "No es fácil remontar 500 años de colonialismos, de imperialismo, pero aquí vamos remontando la cuesta y viendo el siglo XXI bien adelante", sostuvo.


Recordó que en 2025 se celebrará el bicentenario de la fundación de Bolivia. Para celebrarlo, el gobierno boliviano se planteó una serie de metas sociales y económicas hacia el año 2025, dentro de la llamada Agenda Patriótica. El cumplimiento del citado programa es el argumento que esgrimieron los partidarios de Morales para promover un referendo con el que buscan reformar la Constitución para permitirle presentarse a los comicios del 2019 con miras a un cuarto mandato hasta el 2025.


A su turno, Morales no se refirió ni a su posible reelección ni al tema del plan conjunto con Venezuela, pero destacó la importancia de repasar la agenda bilateral con Maduro. "Es importante seguir revisando, avanzando como hicimos hasta ahora, compartir las grandes responsabilidades que tenemos como presidentes y como gobiernos para bien no solamente de los pueblos de Bolivia y de Venezuela, sino tenemos una enorme responsabilidad de liberarnos en el continente y en el mundo."
En cuanto al área energética, Maduro indicó que su gobierno está interesado en replicar el modelo que usó Morales en Bolivia para instalar conexiones de gas natural domiciliario.


Los gobernantes también dialogaron sobre cooperación militar y la importancia de intercambiar experiencias para fortalecer a las Fuerzas Armadas, a las que Maduro identificó como "la columna vertebral de los procesos de independencia" de sus países.

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"El euro actual es un desastre, cualquier otra cosa sería mejor"

El economista advierte de que la expansión monetaria "ha sido poco eficaz creando empleo" y le parece increíble decir que España sale de la crisis porque el paro baje al 23%

 

Joseph Stiglitz (Gary, Indiana, 1943) habla con el tono de profesor y el aplomo de quien ha ganado el Nobel (en 2001) tanto si se trata de economía estadounidense como europea, e incluso de elecciones catalanas. Desde su despacho en la Universidad de Columbia, en Nueva York, brama contra uno de sus grandes caballos de batalla, la desigualdad en las sociedades más ricas. Acaba de lanzar La gran brecha (Taurus), donde lo aborda. Un gran punto de inflexión, a su juicio, fue la huelga de controladores aéreos en la época de Reagan, cuando recortó los derechos sindicales. Otro gran mal para la economía es la austeridad aplicada en Europa, la cual, dice, ha quebrado la unidad del euro. Luego recogerá la cartera y caminará encorvado por el campus de Columbia para regresar a su casa.


Pregunta. Defiende que la Reserva Federal (Fed) no suba los tipos de interés hasta 2016. ¿Qué clase de recuperación es esa que no puede soportar un precio del dinero al 0,25%?


Respuesta. No es una recuperación. En Jackson Hole [una reunión anual de banqueros centrales mundiales] había gente joven con camisetas con el lema ¿La recuperación de quién? Era la recuperación del 1%, porque los afroamericanos no se han recuperado, los salarios estadounidenses no se han recuperado... Básicamente no hay recuperación, están las cosas mejor de lo que estaban, pero hay un déficit de 3,3 millones de empleos.


P. En el mercado de los profesores, usted sería de ese 1%, ¿correcto?


R. Quizá, no lo sé.


P. Para una mejor redistribución,


R. Debemos mejorar ambas fases de distribución. Tenemos una gran desigualdad en los salarios, pero además no hacemos un gran trabajo a la hora de redistribuirlo con el sistema de impuestos. No creo que haya tantos profesores en ese 1%, creo que hay sobre todo banqueros y ejecutivos de empresas. Y esa concentración de ingresos resta dinero que podría gastarse en inversión, por ejemplo. El estilo de vida de la clase media ya no es asequible para la clase media americana, no puedes llevar a los hijos a la universidad, no lo puedes pagar, mucha gente ha perdido su casa, las trabajadoras no tienen permiso de maternidad... Estados Unidos creó la clase media y la está destruyendo.


P. ¿El aumento de la desigualdad es tan político, no es la globalización el mayor motivo?


R. La tecnología es relevante, y también la globalización pero EE UU tiene más desigualdad que ningún otro país, mientras que Suecia o Noruega tiene menos, cuando las leyes de la economía y la tecnología son las mismas. Suecia está entre los más globalizados y con tecnología, pero tiene menos desigualdad, así que quizá debemos luchar para tener una sociedad más igualitaria. Cuando hay tanta diferencia, te hace pensar que lo más importante no es la globalización o la tecnología, sino las políticas. Hay muchas normas que cambian muchas cosas. Por ejemplo, ¿debería los presidente de empresas cobrar lo que quieran sin preguntas siquiera a los accionistas? ¿O sin ni siquiera explicar bien lo que cobran?


P. ¿Cree que la expansión cuantitativa —el QE, por sus siglas en inglés— aumenta la desigualdad en Europa?


R. El QE en EE UU hizo que subiera el precio de los activos en mano de los más ricos y la gente jubilada que depende de los bonos públicos se ha hecho más pobre. Pero ha sido poco efectivo creando empleos. En Europa es parecido y la verdadera pregunta es si va a compensar la creación de empleo. En países en los que el desempleo es un gran problema, como España o Grecia, el efecto dominante es la austeridad. La esperanza del QE era que esta liquidez se tradujera en más inversión y gasto, pero el motivo por el que no tuvo más éxito en EE UU es porque el sistema bancario no estaba funcionando muy bien. El problema en España o Grecia es cien veces peor. Sus bancos están tan devastados por la pérdida de dinero, que es muy difícil volver a prestar. No espero que el QE no lleve a mucho más crecimiento en España o Grecia.


P. No ve a España fuera de la crisis.


R. No, es increíble que haya gente que diga que España ha doblado la esquina de la crisis por el hecho de que el paro haya pasado del 25% al 23%. En cualquier otro contexto ese 23% sería considerado un desastre, y el 50% de paro juvenil es otro desastre. No sé como el Gobierno puede decir que ha sido un éxito, es como si tiene a un tipo que estaba casi muerto, y te alegras de que no ha muerto, pero sigue casi muerto.


P. ¿Conoce el auge independentista en las elecciones catalanas?


R. Sí, yo veo esto como una consecuencia del error de la política económica alemana, imponiendo la austeridad y llevando a alto paro. Destruye el tejido social, puedes ver lo que ha pasado en Grecia o en Francia. Esto es más saludable que el aumento del fascismo, pero para mí es otro síntoma de la destrucción política que ha creado la austeridad.


P. ¿Qué consecuencia ve para España?


R. Mucha gente piensa que esto es destruir ese algo por lo que mucha gente luchó en la guerra civil, por una república española. Después de la dictadura había una esperanza de recrear ese país y la gente ve que ese sueño que se restableció en los setenta está amenazado ahora.


P. ¿Y qué implicaría para la economía?


R. La zona euro es un proyecto fallido, así que solo es un aspecto más de su fracaso. Se suponía que debía unir a la gente y ahora está incluso dividiendo a los propios países. Ahora la pregunta es si debe haber más o menos Europa y de verdad deseo que haya más, porque esta casa a medio construir está creando mucha destrucción económica y política. En Europa se dice que el euro es Europa, pero el euro es un trozo papel. Si hubiera funcionado bien, si no se hubiera arruinado por la austeridad, por las ideas, por el único mandato de la inflación... El BCE solo está preocupado por la inflación, cuando el problema es el 50% de paro juvenil.


P. Pero una vez has creado el euro, no puedes volver atrás. ¿O sí puedes?


R. Sí puedes, creo que debería ir hacia adelante pero la imposibilidad de los últimos cinco años me ha hecho menos optimista. Hay modos de ir atrás, de decir que esto fue un experimento prematuro y podemos crear un euro flexible, un euro español, uno griego, un euro para el norte, otro para el sur... Debemos reconocer que la actual dirección es un fracaso. En España han pagado muy caro ese trozo de papel. Hubo dos razones para el euro: para la prosperidad y para la unión y qué ha pasado: tiene recesión, un desastre económico y división.
P. Entonces romper el euro no sería tan desastre.


R. El sistema actual es un desastre, casi cualquier otra cosa sería mejor, y eso sería mejor.


P. ¿Incluso quebrar la eurozona sería mejor?


R. Sí, mejor.


P. ¿La nueva victoria de Tsipras en Grecia es un éxito de la troika o un fracaso de esta?


R. La austeridad es una política fracasada y la gente griega la ha rechazado repetidamente, pero ha creído equivocadamente que debe conservar ese trozo de papel, el euro, y aceptará términos inaceptable para quedarse en él. La troika no ha convencido a los griegos de que sus políticas funcionan, si la troika quiere creer que se puede ejercer el poder como la amenaza, esta es un victoria para la troika, pero es un fracaso. A menos que la troika cambie de política, la depresión en Grecia va a seguir. Quizá ahora vaya un poco mejor este año y el siguiente porque las restricciones fiscales se han reducido, pero en 2018 hay un objetivo de 3,5% de superávit primario y va a volver la depresión. El tercer rescate no puede funcionar si la troika no cambia.

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Contra los que pronostican el fin del Mercosur

Quedó aprobado en la cumbre de ayer en Brasilia. Resta el paso formal de la aprobación de los Parlamentos. Cristina Kirchner aseguró que la región mantendrá el crecimiento económico y se solidarizó con los gobiernos a los que buscan desestabilizar.


Desde Brasilia

 

Dilma Rousseff saluda a Cristina Kirchner y a Axel Kicillof antes del inicio de la Cumbre del Mercosur, en Brasilia.


El presidente Evo Morales se puso de pie. El resto de los mandatarios que integran el Mercosur lo aplaudió. Fue la forma de celebrar el ingreso del Estado Plurinacional de Bolivia como miembro pleno del bloque. "Es un fracaso para quienes pronosticaron con profecías que el Mercosur no iba a servir. Estoy convencida de que la unidad de América del Sur va a poder sostener estos años de crecimiento económico y de inclusión social sin precedentes que ha tenido la región", dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante su discurso en la 48ª cumbre del bloque, que se realizó ayer en Brasilia. Durante el encuentro, los presidentes firmaron un documento en el que respaldaron a Argentina en sus principales reclamos internacionales: la soberanía de las islas Malvinas, el rechazo al accionar de los fondos buitre y la necesidad de contar con una herramienta global que regule el pago y la reestructuración de las deudas soberanas, sobre la que se está trabajando en Naciones Unidas por impulso del gobierno argentino.

La Presidenta habló en la sala Portinari del Palacio de Itamaraty, donde se reunieron los jefes de Estado del Mercosur, los representantes de las naciones asociadas y organismos internacionales invitados. En el recinto que rinde homenaje al pintor brasileño hay dos grandes cuadros suyos, pero también otras obras de arte, como dos grandes ángeles tallados en madera que cuelgan del techo.

Al lado de la Presidenta estaban el ministro de Economía, Axel Kicillof, y el vicecanciller, Eduardo Zuain. CFK recordó que hace ocho años, cuando asumió la presidencia del país, los miembros del bloque eran Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Y se alegró por la ampliación lograda durante este tiempo, con Venezuela y Bolivia. En esa línea, dejó un mensaje para sus compañeros miembros del Mercosur: "En el mundo los conflictos siguen siendo profundamente políticos, tienen que ver con el poder. La economía es un capítulo importante, pero la política sigue siendo fundamental". Poco antes había recordado que se cumplen 40 años de la Operación Cóndor, el plan de coordinación de la represión de las dictaduras del Cono Sur durante la década del '70, que contó con la colaboración de la CIA. "Tal vez se esté pergeñando en algún lugar un nuevo plan, que no tenga intervención de las Fuerzas Armadas, sino más sutil. A lo mejor son buitres y no cóndores. Son siempre aves de rapiña. Tenemos que fortalecer más que nunca la democracia", dijo. Y ofreció su solidaridad con los estados y pueblos que intentan ser "desestabilizados".

Sus palabras iban dirigidas a los integrantes del bloque que en los días previos al encuentro de presidentes habían hecho declaraciones con hincapié en el fortalecimiento del comercio intrarregional como principal función del Mercosur, en especial los representantes de Uruguay y Paraguay, que propusieron discutir los mecanismos arancelarios y paraarancelarios de los países miembro, cuestión sobre la que hablaron los presidentes en la sesión cerrada que realizaron antes del plenario.

CFK no rechazó ni se opuso a la idea. De hecho, mencionó la "necesidad de profundizar la integración en momentos en los que en el mundo se intenta una vez más volver a cambiar los términos de intercambio comercial que durante décadas favorecieron a los países del centro y perjudicaron las economías emergentes y también de profundizar la integración en términos reales. Se advierte el potencial como mercado de consumo, como mercado comercial que tenemos y que todavía no hemos explotado suficientemente". Pero luego hizo la advertencia acerca de darle prioridad a la política por sobre la economía.

Para el gobierno argentino, tanto el Mercosur como la Unasur y la Celac deben servir para profundizar la unidad de la región, poder negociar en mejores términos con países más poderosos y fortalecerse ante posibles ataques o intentos de desestabilización. Por eso, la Presidenta mencionó como un logro del Mercosur y de la Unasur la inclusión de la cláusula democrática, que implica que cualquier país cuyo gobierno no sea producto de elecciones libres y democráticas pierde su condición de Estado miembro. "Esto debe ser sostenido no sólo desde lo jurídico sino desde lo político y social, con la solidaridad a los Estados y pueblos que intenten ser desestabilizados y atacados en su democracia". A los presentes no les pasaba desapercibido que se trata de días complicados para la presidenta brasileña, ya que la oposición viene amenazando con iniciar un juicio político.

CFK habló también del conflicto entre el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y el de Guyana, David Granger, que motivó que se acordara un encuentro extraordinario de la Unasur y el Mercosur para agosto (ver aparte). Esta pelea le sirvió para recordar que en estos bloques regionales todos los países tienen un voto sin importar su tamaño ni su peso económico y que las decisiones se toman por consenso y unanimidad y diferenciarlos del mecanismo que rige en Naciones Unidas, en el que los miembros del Consejo de Seguridad tienen poder de veto.

En el objetivo de profundizar en la densidad política del Mercosur, Argentina cuenta al presidente Morales como un aliado y, por lo tanto, su inclusión como miembro pleno es un avance en ese rumbo. El vicecanciller Zuain aseguró que esperaba que "el Mercosur consolide la idea de ser un sujeto político más que un sujeto económico-comercial, que ayude a consolidar las democracias, pero también los procesos de crecimientos con inclusión social y que contribuya, por ejemplo, a la lucha por una arquitectura financiera internacional más justa".

Para que la entrada de Bolivia esté formalmente completa, los Parlamentos de Paraguay y Brasil deben ratificar el nuevo protocolo aprobado en la cumbre. Argentina, Uruguay y Venezuela ya votaron un instrumento anterior, pero el gobierno de Cartes no quería votarlo porque había alusiones a la expulsión de su país del bloque en 2012. A pesar de que aún falta ese paso, ayer, en Brasilia, se festejó y se presentó a Bolivia como un nuevo integrante pleno.

Morales agradeció a los presidentes y los equipos técnicos y afirmó que tenía confianza en que el Mercosur colaborara para continuar con el desarrollo. "En corto tiempo –señaló– hemos dado una nueva imagen a nuestra querida Bolivia. Antes era vista como el último país de Sudamérica. Gracias a la lucha de los movimientos sociales y de los movimientos originarios nos reunimos para decir que tenemos derechos políticos y nosotros mismos nos gobernamos. No perdemos la esperanza de integrar organismos siempre que estén al servicio de nuestros pueblos".

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Varoufakis: "No voy a aceptar esto, que no cuenten conmigo"

Pregunta: ¿Qué tal está después de dimitir?


Respuesta: Me encuentro muy bien, sin esa vida enloquecida, absolutamente inhumana, durmiendo dos horas al día durante cinco meses, con la presión de negociar una postura que me resultaba difícil de defender. Había muchas cosas interesantes, pero también, al estar dentro, se confirmaron mis peores temores. La total falta de escrúpulos democráticos de los supuestos defensores de la democracia europea. Saber que nuestro análisis y el de ellos era el mismo y que, al mismo tiempo, nos miraban de frente y nos decían: 'Tenéis razón, pero os vamos a aplastar de todas formas'.


P. Usted ha dicho que los acreedores no le soportaban "porque en el eurogrupo intento hablar de economía, que es algo que no hace nadie".


R. No es que sentara mal, es que se negaban por completo a debatir argumentos económicos. Era plantear un argumento que te habías preparado mucho para asegurar su coherencia lógica y encontrarte con miradas en blanco. Como si no hubieras hablado. Y eso resulta llamativo para alguien acostumbrado al debate académico, en el que la otra parte siempre responde.
P. Cuando llegó usted, a principios de febrero, no habría una postura unificada...


R. Había varios que simpatizaban con nosotros a nivel personal, a puerta cerrada, sobre todo representantes del FMI. Pero dentro del eurogrupo, aparte de unas cuantas palabras amables, nada. [El ministro alemán de Finanzas, Wolfang] Schäuble siempre mantuvo la misma actitud: 'El programa no se discute, porque el gobierno anterior lo aceptó y no vamos a cambiar por una elección. Con 19 países, siempre hay alguna elección pendiente y, si cada vez cambiáramos las cosas, los contratos entre nosotros no tendrían ningún valor'. Entonces tuve que responder que quizá no habría que celebrar elecciones en los países endeudados, y nadie me respondió, un silencio que solo puedo interpretar como que les parecía buena idea pero difícil de llevar a la práctica. Así que el que no firmara se quedaría fuera.


P. ¿Y Merkel?


R. No tenía ninguna relación con ella, porque los ministros de Finanzas hablan con sus homólogos, y el primer ministro es el que habla con la canciller. Me da la impresión de que ella era muy distinta. Intentaba tranquilizar a Tsipras, mientras que yo no oía nada similar ni del jefe del eurogrupo ni de Schäuble, que eran mucho más tajantes. Desde el principio [a principios de febrero].


P. ¿Y entonces por qué aguantó hasta el verano?


R. Porque no tenía alternativa. Nuestro Gobierno tenía el encargo de negociar, de crear el espacio y el tiempo para llegar a un acuerdo. No de pelearnos con los acreedores... La negociación fue interminable porque la otra parte se negaba a hacer concesiones. Insistían en un acuerdo global, es decir, en hablar de todo, que, en mi opinión, equivale a no querer hablar de nada. No hacían ninguna propuesta. Por ejemplo, con el IVA. Después de pedirnos que les diéramos todos los datos de las empresas estatales, que rellenáramos infinitos cuestionarios y presentáramos nuestras ideas, antes de poder negociar un acuerdo, cambiaban de tema y empezaban a hablar, por ejemplo, de privatizaciones. Les presentábamos nuestra propuesta, la rechazaban y pasaban a hablar de las pensiones, o del mercado de trabajo, y así sucesivamente.


Yo pensé desde el principio que nuestro país estaba muy mal, que sin duda debíamos implantar reformas. Como era urgente y había muchas presiones, le decía todo el tiempo a la troika que nos pusiéramos de acuerdo en tres o cuatro reformas importantes e inmediatas para que el BCE relajara las restricciones de dinero. Entonces aprobaríamos las reformas en el Parlamento y seguiríamos negociando. Pero ellos querían todo desde el primer momento. Dijeron que, si aprobábamos cualquier ley, lo considerarían una acción hostil y filtrarían a la prensa que estábamos haciéndoles perder tiempo. Era una auténtica trampa. Hasta que el FMI, cuando estábamos ya casi sin dinero, presentó unas reformas que eran imposibles de aceptar.


P. ¿Intentaron colaborar con otros países endeudados?


R. No, porque dejaron muy claro desde el principio que era nuestros peores enemigos, sobre todo si lográbamos un acuerdo más favorable para Grecia que les dejara en mal lugar ante sus propios ciudadanos.


P. ¿Y con partidos simpatizantes, como Podemos?


R. La verdad es que no. Siempre hemos tenido buena relación con ellos, pero no podían hacer nada, no tenían voz en el eurogrupo y, de hecho, cuanto más hablaban en favor de nosotros, más hostil se mostraba el ministro de Economía español.
P. ¿Cuál es el mayor fallo del funcionamiento del eurogrupo?


R. El problema es que es un grupo sin existencia legalmente reconocida, sin un tratado que lo sustente, pero con el máximo poder para decidir sobre las vidas de los europeos. No responde ante nadie, no hay actas de las reuniones, y es confidencial. De modo que ningún ciudadano se entera nunca de lo que se discute. A pesar de que son decisiones casi de vida o muerte.
P. ¿Y el grupo está controlado por las actitudes alemanas?


R. No por las actitudes, sino por el ministro de Finanzas de Alemania. Es una orquesta muy afinada, dirigida por él. A veces, la orquesta desafina, pero él se encarga de que vuelva al redil.


P. ¿No hay ningún poder alternativo, por ejemplo el francés?


R. El ministro francés es el único que se ha apartado de la línea alemana, pero de forma muy sutil, con lenguaje juicioso y sin oponerse del todo. Y al final, cuando Schäuble reaccionaba y marcaba la postura oficial, el ministro francés siempre acababa por aceptarla.


P. En su ensayo de 2013 sobre Marx decía que una salida de Grecia, Portugal o Italia de la eurozona produciría la fragmentación del capitalismo europeo, e insinuaba que esa situación no beneficiaría a la izquierda progresista sino más bien a los nazis de Amanecer Dorado, los diversos neofascistas y xenófobos europeos. ¿Sigue pensando que un Grexit ayudaría sin remedio a Amanecer Dorado?


R. No me gustan las versiones deterministas de la historia. Syriza se ha convertido en una fuerza muy dominante. Si consiguiéramos arreglar la situación y tener una salida [del euro] digna, el resultado podría ser otro. Pero dudo de que seamos capaces, porque para gestionar el desplome de una unión monetaria hace falta mucha pericia, y no estoy seguro de que en Grecia la tengamos sin ayuda externa


P. La idea de la salida debe de haberle rondado desde el primer día...


R. Por supuesto.


P. ¿Se prepararon para ello?


R. Sí y no. Teníamos un pequeñogrupo, un gabinete de guerra dentro del ministerio, unas cinco personas para preparar sobre el papel todo lo que habría que hacer. Pero una cosa es hacerlo en teoría y otra preparar al país

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P. Y en sus últimas semanas, ¿sintió que se dirigían hacia esa decisión?


R. Mi opinión era que debíamos tener mucho cuidado para no activarla. No quería que se convirtiera en una profecía autocumplida. Pero también pensaba que, en cuanto el eurogrupo cerrase los bancos, deberíamos impulsar el proceso.


P. Es decir, había dos opciones, una salida inmediata o imprimir pagarés y hacerse con el control del Banco de Grecia, que quizá podría haber precipitado la salida.


R. Claro, nunca pensé que debíamos abandonar directamente la moneda. Mi postura era que, si cerraban los bancos, que era una medida increíblemente fuerte y agresiva, deberíamos responder en la misma medida pero sin cruzar el punto de no retorno. Deberíamos emitir nuestros propios pagarés o anunciar la emisión de nuestra propia liquidez en euros, recortar los bonos griegos de 2012 que tenía el BCE o al menos anunciar nuestra intención de hacerlo, y hacernos con el control del Banco de Grecia. Eran mis tres medidas en caso de que el BCE cerrase nuestros bancos.


Advertí a mis colegas de que iba a pasar, para obligarnos a aceptar un acuerdo humillante. Pero, cuando llegó el momento --ante la incredulidad de muchos de ellos--, mi propuesta fue rechazada. Solo me apoyó otro ministro. Me ordenaron cerrar los bancos de acuerdo con el BCE y el Banco de Grecia y, aunque estaba en contra, lo hice porque acepto las decisiones colectivas.


Entonces se celebró el referéndum, que nos dio nuevo impulso y nos habría permitido tomar esas medidas, pero esa misma noche el gobierno decidió que el restallante No del pueblo no iba a dinamizar nuestra respuesta, sino que iba a servir para hacer concesiones importantes: nuestro primer ministro se reuniría con los líderes políticos e iba a aceptar que, ocurriera lo que ocurriera, nunca nos mostraríamos agresivos. En definitiva, nos habíamos rendido. Dejamos de negociar.


P. Cambiando de tema, ¿puede usted explicar en términos sencillos sus objeciones al Capital de Piketty?


R. Antes que nada, me da mucha vergüenza, porque Piketty nos ha dado a mí y al Gobierno un apoyo extraordinario, y yo hice una crítica horrible de su libro. Le agradezco mucho su postura de los últimos meses. Pero mis críticas siguen siendo válidas.Tiene razón en sus sentimientos sobre las desigualdades pero su análisis está equivocado.


P. ¿El problema está en su forma de medir la riqueza?


R. Sí, utiliza una definición de capital que hace que el capital sea imposible de comprender; es una contradicción

.
P. Volvamos a la crisis. ¿Qué relación tiene con [Alexis] Tsipras?


R. Le conozco desde finales de 2010; en esa época yo era un destacado crítico del gobierno, pese a haberlo apoyado anteriormente. Tenía amistad con la familia Papandreu --sigo teniéndola--, pero llamó la atención que un antiguo asesor dijera que estábamos negando la existencia de la bancarrota y tratando de ocultarla con nuevos préstamos insostenibles. Tsipras era un líder muy joven que quería entender lo que estaba pasando y construir su posición.


P. ¿Recuerda su primer encuentro?


R. Sí. A finales de 2010, en una cafetería. Estábamos tres, y recuerdo que no tenía muy clara su opinión sobre el dracma frente al euro, las causas de la crisis, y yo en cambio tenía opiniones muy firmes. Iniciamos un diálogo que se prolongó durante años, y creo que pude influir en su posición.


P. ¿Qué siente ahora, después de cuatro años y medio, al no estar ya a su lado?


R. No lo siento así, seguimos estando muy próximos. Ha sido una despedida muy amistosa. Nunca tuvimos un conflicto entre nosotros. Y también tengo muy buena relación con Euclides Tsakalotos [el nuevo ministro de Finanzas].


P. ¿Ha hablado con ellos esta semana?


R. Con Tsipras no, pero con Euclides sí, es un buen amigo, y no envidio en absoluto su situación [risa irónica].


P. ¿Le sorprendería que dimitiera Tsipras?


R. Ya no me sorprende nada, nuestra eurozona es un lugar incómodo para las personas decentes. Tampoco me sorprendería que se quede y acepte un pésimo acuerdo. Comprendo que se siente obligado con los que nos han apoyado y no quiere que nuestro país se convierta en un Estado fallido. Pero no voy a cambiar mi opinión, la misma desde 2010, de que Grecia debe dejar de aplazar y fingir, debemos dejar de pedir nuevos préstamos y fingir que hemos resuelto el problema, cuando no es verdad; cuando nuestra deuda es todavía menos sostenible con nuevas medidas de austeridad que hunden aún más la economía y el peso recae cada vez más sobre los que no tienen nada, con la inevitable crisis humanitaria. No estoy dispuesto a aceptarlo. Que no cuenten conmigo.


Esta entrevista apareció por primera vez en www.newstatesman.com
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia


EL EX MINISTRO DE FINANZAS HABLO DE LA INICIATIVA QUE VETO TSIPRAS CON SUS ALIADOS EN EL GABINETE


Varoufakis reveló su Plan B para Grecia

 

Por Marcelo Justo
Página/12 En Gran Bretaña
Desde Londres


El Parlamento debatirá hoy en Atenas una interminable batería de leyes neoliberales que debe aprobar para que el Eurogrupo se digne iniciar negociaciones sobre un rescate que saque a Grecia de la actual asfixia económica. Muchos dedos y no solo de la derecha, apuntan al primer ministro Alexis Tsipras. ¿No había previsto que Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) buscarían arrodillarlo con todo su considerable poder de fuego? ¿No tenía un plan B?


En realidad el plan B existía y lo vetó el mismo Tsipras con sus aliados en el gabinete. En una entrevista con el semanario británico New Statesman, Yanis Varoufakis, ministro de finanzas de Tsipras desde la asunción de Syriza en enero hasta el referendo del 7 de julio, señaló que le había advertido a sus colegas que Alemania y el BCE habían puesto en marcha una doble pinza para asfixiar a Grecia y cerrar sus bancos. "Durante un mes les dije que este era el plan para forzarnos a un acuerdo humillante. Le presenté una propuesta. Muchos de mis colegas pensaron que no iba a pasar y votaron en contra", comentó al semanario británico Varoufakis.


La propuesta no era abandonar el euro y adoptar el dracma, políticas para las que el ex ministro de finanzas reconoce que no tenía mandato. "Mi propuesta era que si el BCE cerraba los bancos, teníamos que responder con una medida igualmente contundente. La idea era imprimir IOU (pagarés) o anunciar que lo haríamos, aplicar una reducción de los bonos griegos emitidos en 2012 al BCE y tomar control del Banco de Grecia", señala Varoufakis.


¿Había respaldo político para hacer esto? En las encuestas la mayoría de los griegos ha manifestado antes y después del corralito su apoyo al euro y su rechazo de la austeridad, dos premisas que, en el actual concierto europeo, no parecen compatibles. Esta dualidad, que ató las manos del gobierno griego durante mucho tiempo, empezó a cambiar cuando al corralito se añadió la contundente victoria en el referendo sobre el programa de Austeridad que proponía la Eurozona.


Varoufakis volvió a plantearlo la misma noche en que los partidarios del No celebraban su victoria en la plaza Syntagma en el centro de Atenas. Hubo una votación secreta de la mesa chica gubernamental –seis miembros del gabinete– en momentos en que, más allá de la euforia política, las puertas de los bancos estaban cerradas y la economía se extinguía. El todavía ministro de Finanzas perdió 4 a 2 y renunció a la mañana siguiente para dejarle al gobierno las manos libres en la negociación que se venía con el Eurogrupo.


Varoufakis mantuvo su lealtad al gobierno en los días siguientes. En la votación parlamentaria del viernes sobre la dura propuesta de ajuste al eurogrupo de Euclid Tsakalotos, su sucesor en el puesto, Varoufakis alegó "problemas de familia" para ausentarse del recinto. El ex ministro aseguró al New Statesman que tiene una relación muy cordial tanto con Tsipras como con Tsakalotos, pero no está claro qué hará hoy durante el debate. "Consideraré la posición que presenta el gobierno y decidiré mi voto", indicó.


La entrevista con el semanario británico ofrece una impresión de primera mano de la estructura de poder de la Eurozona. "El director de la orquesta es el ministro de finanzas de Alemania. Si en algún momento la orquesta desentona, el ministro la corrige. Solo los franceses se han atrevido a algún tono alternativo, pero muy sutilmente, usando un lenguaje muy cauteloso, para que quede en claro que no es oposición. La palabra final siempre la tiene Schäuble", señala Varoufakis.


Esta monolítica uniformidad esterilizó toda posibilidad de diálogo. "Mi propuesta era simple. Acordemos tres o cuatro reformas necesarias como el sistema impositivo o el VAT y ustedes relajan las restricciones sobre los bancos y luego discutimos un paquete completo de reformas. Pero ellos querían el paquete completo. Y entonces empezaba el paseo. Nos pedían toda la información sobre empresas estatales. Nos llevaba tiempo buscarla, conseguirla, verificarla. Cuando la teníamos nos preguntaban qué queríamos hacer con el VAT y rechazaban nuestra propuesta sin proponer nada a cambio. Hacían lo mismo con la privatización o las pensiones. Era imposible, como un gato que quiere morderse la cola", señaló.


Uno de los enfrentamientos que tuvo con su archienemigo Schäuble es revelador. "Me dijo: no voy a discutir el programa que aceptó el gobierno anterior porque no podemos permitir que una elección cambie todo. Si las cosas van a cambiar cada vez que hay una elección en uno de los 19 países que somos, los contratos van a perder toda validez. A lo que le contesté que entonces quizás tendríamos que dejar de tener elecciones. Hay una total falta de escrúpulo democrático", le dijo a New Statesman.


Las cosas no han cambiado. Este martes se filtró una nueva evaluación del FMI que dice que Grecia necesita un urgente alivio de la deuda que "va mucho más allá de los planes que ha presentado la Unión Europea". El FMI calcula que muy pronto la deuda será equivalente a un 200 por ciento de un PBI que se está achicando día a día. El documento es contundente. Igualmente lapidario sobre el funcionamiento interno de la Eurozona fue la declaración de un funcionario del eurogrupo de que esta evaluación fue silenciada en la cumbre del fin de semana. Debía haber cosas más importantes que debatir.

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Por Grecia se rompe el consenso franco-alemán

Tsipras ratificó la consulta y dijo que era erróneo afirmar que "con el No yo sacaré a Grecia de la UE". Los alemanes apuestan por una victoria del Sí y, en consecuencia, por la desaparición de la escena política del líder griego.


Alexis Tsipras rompió el consenso. El resultado más espectacular de la estrategia adoptada por el primer ministro griego en la brutal negociación que se está llevando a cabo entre los acreedores y Grecia se plasmó con el quiebre del sacrosanto eje franco-alemán. Tras varios meses de convergencia, François Hollande y Angela Merkel optan por dos caminos distintos: la canciller de Alemania no quiere entablar ninguna negociación con Atenas antes del referéndum del domingo 5 de julio. Los alemanes apuestan por una victoria del Sí y, por consiguiente, por la desaparición de la escena política de Tsipras y Syriza. Por primera vez y de forma cortante, Hollande defendió una opción contraria. El jefe del Estado francés dijo: "Tenemos que ser claros: el acuerdo es enseguida, no puede ser diferido, tiene que venir". Luego, en una nueva intervención televisiva, el premier griego salió a desmentir todas las falacias que el eje liberal y bancario hace circular sobre la consulta del próximo domingo. Tsipras dijo que no tenía "ambiciones secretas" y que era erróneo afirmar que "con el No yo sacaré a Grecia de la UE. Les están mintiendo". El jefe del gobierno reiteró que "el referéndum del domingo en Grecia nada tiene que ver con el euro o con Europa" y que constituye antes que todo "un arma" para negociar, un "paso decisivo para un mejor acuerdo". Tsipras pidió otra vez al pueblo griego que votara "No" para poder contar con "un futuro no hipotecado".


Los últimos sondeos provenientes de Atenas dan cuenta de una evolución del "Sí", aunque el "No" sigue siendo mayoritario (46 por ciento contra 37 por ciento). Por lo pronto, las declaraciones de Hollande marcan un hito en este antagonismo lleno de patrañas, malversaciones mastodónticas, ofensas públicas, mentiras, manipulaciones, abusos de toda índole y maltrato al pueblo griego. El pronunciamiento del presidente francés intervino luego de que trascendiera que Atenas había entregado un nuevo pliego de reformas que se acercaba bastante al modelo que le exige la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo).


Sin embargo, el Eurogrupo cerró filas detrás de Berlín. Al cabo de una serie de intercambios mantenidos ayer, un comunicado firmado por el presidente del Eurogrupo, el intratable Jeroen Dijsselbloem, dice que este órgano esperará "el referéndum del domingo". En coordinación con ellos, el tétrico Fondo Monetario Internacional negó a Grecia el plazo que Atenas había pedido la víspera para hacer efectivo el reembolso pendiente de 1600 millones de euros. El único actor financiero que no le sacó la asistencia a Atenas es el Banco Central Europeo. Pese a la posición hostil de un Eurogrupo capitaneado por Berlín, el BCE no bajó el piso de la llamada "ayuda de emergencia" (Emergency Liquidity Assistance, ELA) destinada a los bancos griegos.


La narrativa de la jornada revela que algo denso pasó entre el martes y ayer. El Financial Times publicó una carta enviada por Grecia a Europa en la cual Atenas se rendía ante prácticamente todos los requerimientos de sus socios y del FMI, los mismos que había rechazado hace una semana. El texto circuló con ecos de victoria, pero luego desapareció de la discusión y el antagonismo regresó al primer plano. Los eurobancarios consideran que esta nueva propuesta vino a destiempo. En realidad, no le perdonan ni le perdonarán nunca a Tsipras que haya recurrido al referéndum, es decir, a buscar una mayoría nacional contra la mayoría financiera de Bruselas. El actual ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, publicó en su blog un texto de seis puntos que esclarece muchas cosas. En el numero uno, Varoufakis explica: "Las negociaciones se estancaron porque los acreedores de Grecia renunciaron a reducir nuestra impagable deuda pública e insistieron en que debe ser paramétricamente vuelta a pagar por los más débiles de nuestra sociedad, sus hijos y sus nietos".


Entre retórica de bombón y declaraciones amenazantes, la situación se tornó dramática, un juego de vida o muerte donde se busca poner de rodillas a un país y derrocar a sus representantes electos. Esta crisis nació con una falsificación: el maquillaje de las cuentas griegas para forzar el ingreso de Grecia al euro. Esa operación no la llevó a cabo Grecia por su cuenta, sino que contó con la complicidad de bancos internacionales, de la Unión Europea y sus supuestos mecanismos de control. La memoria bancaria es más corta que los plazos de un crédito. En 2001, Goldman Sachs ayudó a Grecia a realizar un intercambio ficticio de su deuda y, con ello, disimular la realidad de sus cuentas públicas. La deuda fue cambiada a una tasa del 2 por ciento menor a su peso real. El gobierno de Atenas le pagó 600 millones de euros a Goldman Sachs por esa operación. Pero luego, la institución financiera norteamericana vendió el producto derivado que se utilizó para esconder el montaje. De los 2,8 mil millones iniciales, Grecia se encontró con una deuda de 5,1 mil millones de euros en 2005. Esta es sólo una de las incontables triquiñuelas que se emplearon en ese entonces. En cuanto a la posición de Tsipras frente al euro, ésta ha sido constante. En una entrevista que el actual jefe de gobierno concedió a Página/12 en 2012, Tsipras decía: "El problema no es la moneda única, sino las políticas que acompañan esta moneda. El euro se ha convertido en una cárcel para los pueblos de Europa, en especial para las economías más débiles de la periferia que están enfrentando la crisis. La contradicción está en la base con que se construyó el euro. El euro es un polvorín que va a explotar si seguimos con este rumbo. Las políticas de ajuste que van mano a mano con el modelo neoliberal dentro del euro nos van a conducir a la destrucción del euro. Pero esta perspectiva la van a pagar los pueblos y no los bancos, que van a salvarse, o a tratar de salvarse. El sectarismo dogmático de las elites europeas que defienden ese modelo conduce a Europa a muchas décadas atrás".


El desenlace será tal vez incierto hasta este domingo. Pero, desde ya, el antagonismo griego se desplazó al corazón de la política francesa. La derecha más liberal brama sus sempiternas recetas de moralismo financiero y cumplimiento, mientras que, a la izquierda y en otros círculos conservadores, se han despertado sectores que exigen lucidez. En una tribuna publicada por el semanario Marianne, unas 40 personalidades francesas argumentan que "salvar a Grecia es salvar a Europa". Entre los firmantes están Thomas Piketty (autor de El Capital en el Siglo XXI); el presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolome; el ex ministro francés de Economía Arnaud Montebourg, diputados del ala izquierda del PS, ecologistas, comunistas o diputados de la derecha como Henri Guaino. Todos alegan que si Europa fracasa en pactar un acuerdo equitativo con Atenas, "habrá que juntar dos cadáveres: el de Grecia y el de la idea europea". Esta megacrisis nos muestra que esa idea estaba guardada desde hacía mucho en la caja fuerte de los bancos.


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Grecia no le pagó al FMI y se calienta la crisis

La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Tsipras, en la cual pedía un tercer plan para reestructurar su deuda. Pero el Eurogrupo rechazó la propuesta en una reunión de urgencia.


El Fondo Monetario Internacional sigue a punto de contar, en su base de datos de morosos, con el primer país desarrollado del eje occidental que se encuentra ante la imposibilidad de pagar. Grecia tenía plazo hasta esta medianoche –hora de Washington– para abonarle al FMI 1600 millones de euros de una deuda total que asciende a los casi 24.000 millones de euros. Al cierre de esta edición fuentes del FMI confirmaron que el pago no se había efectuado, mientras el viceprimer ministro griego, Yanis Dragasakis, le pidió al organismo un plazo suplementario para evitar la cesación de pagos y dio a entender que a cambio el gobierno levantaría el referéndum del domingo acerca de aceptar o no el ajuste que exigen los acreedores para aprobar un nuevo rescate.


Es preciso aclarar que la fecha de este martes 30 de junio era para Grecia una guillotina financiera de doble filo: uno, el plazo del FMI; el otro, el plan de rescate que Europa diseñó para Grecia y que estaba en curso desde 2012. Si no se arreglaba el tema del Fondo, Atenas perdía este mismo martes el acceso a los 17 mil millones de euros de dicho plan. En una carrera contrarreloj con el telón de fondo de un referéndum en Grecia y un masivo apretón bancario por parte de los socios europeos de Atenas, el primer ministro griego presentó un nuevo plan en Bruselas. Plasmar narrativamente una jornada llena de piruetas, de contrasentidos, de frases de una vulgaridad alucinante y de cambios de posición de los actores más intransigentes requiere un rigor de libro científico. La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Alexis Tsipras en la cual el jefe del Ejecutivo griego pedía un tercer plan para reestructurar su deuda (180 por ciento del PIB) así como la extensión del rescate europeo que vence hoy. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alentó la ilusión de una solución cuando dijo una frase enigmática: "Hay acontecimientos importantes a los que ustedes no están preparados que se están produciendo en Atenas". Todos pensaron que el expediente estaba resuelto. Mera ilusión. El Eurogrupo (ministros de Economía de los países de la Zona Euro) celebró una reunión de urgencia a cuyo término decidió no extender el rescate y remitió para este miércoles su decisión sobre el tercer plan de ayuda financiera propuesto por Tsipras.


Los términos que trascendieron de la última oferta griega son difusos. Se evoca un rescate vigente durante dos años por un monto de 29.000 millones de euros obtenidos mediante el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), y un plan de reestructuración de deuda. Ambas opciones, juntas, parecen imposibles. Primero, porque hace falta el visto bueno del Eurogrupo, lo que está lejos de ser evidente. Luego porque, para que entre en vigencia, el plan debe ser validado por los diferentes Parlamentos nacionales, entre ellos el alemán, la Bundestag. La canciller alemana ya advirtió a los diputados de su partido que Berlín no discutiría sobre ese tema antes del referéndum convocado por Alexis Tsipras para este domingo 5 de julio. Varios dirigentes de la UE continuaron haciendo presión sobre el electorado griego con el argumento según el cual un "no" en el referéndum equivaldría a salir del euro y de Europa. El más aguerrido ha sido el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Si fuera por las escabrosas condiciones morales de su gobierno, de sus bancos y de su partido hace mucho que Rajoy habría sido expulsado de Europa. Pero la moral bancaria es casta e impune. La frase sucia del día la pronunció Alain Juppé, ex primer ministro liberal francés y probable candidato a las presidenciales de 2017. Juppé dijo: "No podemos seguir llenando el barril de las Danaides. Los griegos deben poner orden en sus cuentas". En la mitología, las Danaides son las 50 hijas del rey Dánao condenadas al infierno y a llenar eternamente un barril sin fondo.


La confusión constituye, también, un dato permanente. No todos ven en el posible "sí" del domingo una salida automática de Grecia de la Zona Euro. El intransigente ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, explicó que si el "no" ganaba no se produciría el Grexit (salida de Grecia de la Zona Euro). Lo único masivo, transparente, es que, sea cual fuere la mayoría política de la que son oriundos, socialdemocracia o derecha, todos los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se apretaron baja el paraguas de las posiciones de la derecha.


La apuesta de los europeos sigue siendo la del miedo: atemorizar a los electores griegos con las consecuencias del "no" para promover una mayoría a favor del "sí" y, con ello, sacarse de encima a Alexis Tsipras y a Syriza. La inoperancia europea y la de los organismos internacionales de crédito es pasmosa. En el curso de los últimos 6 años, Grecia atravesó por 8 planes de austeridad, tuvo 4 gobiernos y dos planes de ayuda.


La bomba estalló en 2009 cuando el primer ministro socialista Georges Papandreu descubrió el maquillaje de las cuentas públicas heredado del precedente gobierno conservador. Papandreu se fijó el objetivo de reducir el déficit griego del 12,7 por ciento al 3 por ciento en 2013. En marzo de 2010 encajó un segundo y masivo plan de austeridad de 4,8 mil millones de euros. En mayo del mismo año, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la misma Grecia activaron un plan de rescate de 110 mil millones de euros en un período de tres años. 80 mil millones fueron asumidos por los Estados de la Unión y 30 mil por el FMI. Pocos días después, Atenas votó un nuevo plan de recortes y austeridad por unos 30 mil millones de euros. Un año más tarde, en junio de 2011, interviene otro ajuste por 28,5 mil millones de euros. En septiembre, la medida se repite con nuevos recortes por 7,5 mil millones de euros. En octubre, la UE llegó a un acuerdo con los bancos para borrar una parte de la deuda griega (pasó de 350 mil millones a 100 mil millones). De inmediato, un nuevo plan de crédito se pacta entre Atenas y sus acreedores. En febrero de 2012 llegó otro mega diseño de austeridad por un monto de 350 millones de euros.

Ese mismo mes, un programa internacional otorga a Grecia un rescate por 237 mil millones de euros, más una quita de 107 mil millones de euros de la deuda en manos de los acreedores privados, bancos y fondos de inversión. En noviembre de 2012 el gobierno de Antoni Samarás aplica otro ajuste que llega a los 18 mil millones de euros. El mismo mes, los ministros de Finanzas de la Zona Euro y el FMI deciden un dispositivo destinado a rebajar la deuda en unos 40 mil millones de euros.

Luego, en enero de 2013, antes de la victoria de Alexis Tsipras en las elecciones, el octavo y último plan de austeridad (2,5 mil millones de euros) entró en vigencia. La mayoría del dinero no fue al pueblo sino a pagar a los bancos y los intereses de la deuda (en especial los bancos de Francia, Alemania y Suiza). Como si fuera poco, los griegos fuero tratados de todos los nombres por la prensa y los políticos: vagos, gastadores, sucios, corruptos, irresponsables. Y todo sigue igual. O casi todo. Los sucesivos planes de la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) hicieron caer el PIB griego en un 25 por ciento al tiempo que el desempleo llegó a un pico del 60 por ciento entre los jóvenes. Por ahora, Grecia perdió su derecho a contar con el plan de rescate europeo vigente desde 2012, debe reembolsar 1600 millones de euros al FMI y aún no se sabrá hasta este miércoles qué decidirá el Eurogrupo. Las intenciones de los europeos no pueden ser más claras: provocar la caída de Syriza, precipitar la celebración de nuevas elecciones anticipadas para que de ellas salga una mayoría acorde con los violines de su política. Todos unidos pondremos de rodillas a los rebeldes. Es altamente probable que lo consigan. El cónclave de demócratas más importante de la historia y del mundo se han confabulado para ahogar una democracia en un ejercicio lamentable que es, en suma, la negación misma de la democracia. La Unión Europea está perfeccionando en el Viejo Continente el golpe de Estado bancario más masivo, consensual y perfecto de las sociedades humanas.
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Martes, 30 Junio 2015 06:43

Grecia, al borde

Es evidente, desde hace tiempo, que la creación del euro fue un terrible error. Europa nunca tuvo las condiciones previas para una moneda única de éxito, por encima de todo, el tipo de unión fiscal y bancaria que, por ejemplo, asegura que cuando la burbuja inmobiliaria estalla en Florida, Washington protege automáticamente a la tercera edad de cualquier amenaza sobre su atención sanitaria o sobre sus depósitos bancarios.

Abandonar una unión monetaria es, sin embargo, una decisión mucho más difícil y más aterradora que nunca; hasta ahora las economías con más problemas del Continente han dado un paso atrás cuando se encontraban al borde del abismo. Una y otra vez, los Gobiernos se han sometido a las exigencias de dura austeridad de los acreedores, mientras que el Banco Central Europeo ha logrado contener el pánico en los mercados.


Pero la situación en Grecia ha alcanzado lo que parece ser un punto de no retorno. Los bancos están cerrados temporalmente y el Gobierno ha impuesto controles de capital (límites al movimiento de fondos al extranjero). Parece altamente probable que el Ejecutivo pronto tendrá que empezar a pagar las pensiones y los salarios en papel, lo que, en la práctica, crearía una moneda paralela. Y la semana que viene el país va a celebrar un referéndum sobre la conveniencia de aceptar las exigencias de la troika —las instituciones que representan los intereses de los acreedores— de redoblar, aún más, la austeridad.


Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.


Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.


¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.


Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.


¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.


Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años.


Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.


Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.


Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.


Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.


Por Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008.

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Merkel: "Si Grecia quiere, todavía es posible un acuerdo"

La canciller Angela Merkel ha apelado al Gobierno griego para cerrar un acuerdo que cada vez parece más difícil. "Sigo convencida de que cuando hay voluntad, se puede buscar un camino", ha dicho en la mañana del jueves la jefa del Gobierno alemán, una frase que en los últimos días ha usado como muestra de buena voluntad.


Merkel aporta así una gota de optimismo frente a los que ven muy difícil que los ministros de Hacienda que hoy se reúnen en Bruselas logren un pacto. Entre los escépticos está el propio presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. Pero la canciller deja toda la responsabilidad en manos griegas. "Si los responsables griegos tienen esta voluntad, un acuerdo es aún posible", ha añadido en su discurso ante el pleno del Bundestag (Cámara Baja del Parlamento alemán).


El debate parlamentario en Berlín se celebra en un momento caliente no solo para Grecia, sino también para el propio liderazgo de Merkel en su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU). Cada vez más diputados democristianos muestran su cansancio ante la interminable crisis griega y ponen en duda su apoyo a un hipotético nuevo plan de ayuda para Atenas. Entre los partidarios de no ceder ni un milímetro ante el Gobierno de Alexis Tsipras está el poderoso ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble, al que se ha acercado la canciller antes de empezar su discurso, y con el que ha estado charlando ante las cámaras de los fotógrafos nada más abandonar la tribuna de oradores. La presión no le llega solo desde las filas de su partido. Recientes encuestas muestran que una ligera mayoría de alemanes preferirían que Grecia saliera del euro.


Horas antes de la decisiva reunión del Eurogrupo, Merkel ha exhibido dureza al recordar que Atenas ha recibido en los últimos años "un volumen de ayuda sin precedentes de los socios europeos" y que se ha comprometido a devolver el dinero prestado. La líder democristiana ha contrapuesto el modelo de los países que han hecho las reformas adecuadas –como España, Irlanda y Portugal- a una Grecia que, según ha recordado, debe poner en marcha ahora las reformas a las que se ha comprometido. "En la unión económica y monetaria, la solidaridad y la responsabilidad van juntas de la mano", ha añadido.


Merkel ha recordado también que la unión monetaria es ahora mucho más robusta que cuando empezó la crisis, un argumento que en los últimos meses han usado los halcones democristianos para sugerir que la zona euro estaría preparada para asumir sin grandes traumas la salida de Grecia del euro.


Mientras la canciller alababa el plan de ayudas diseñado en los últimos años, desde las filas del partido opositor La Izquierda (Die Linke) alguien le ha reprochado un plan de "asesinato en masa político y financiero". Más tarde, al ser preguntado el portavoz parlamentario de Die Linke, Gregor Gysi, si suscribe estas palabras, ha respondido que él prefiere definir el rescate europeo como "una catástrofe". "Usted pone en peligro la zona euro y, por lo tanto, todo el proceso de integración europea", ha reprochado Gysi a la canciller.


Según una comisión de expertos, Atenas no debe pagar la deuda


"Grecia es víctima del FMI"


"Queremos una solución que garantice la supervivencia económica", sostuvo el premier griego Alexis Tsipras, en momentos en que su país mantiene arduas negociaciones con los acreedores a fin de evitar el default.

Una comisión internacional de expertos que audita la deuda griega señaló en un comunicado que presenta los resultados preliminares de esa investigación, que Atenas no sólo no puede pagar la deuda, sino que no debe pagarla porque proviene de acuerdos con la troika que infringen directamente los derechos humanos de los griegos. El dictamen llega en momentos en que el gobierno heleno mantiene negociaciones con los acreedores (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea). El premier Alexis Tsipras dijo que, si su país no cierra un trato sostenible, el bloque europeo cargará con las consecuencias. "Queremos una solución que garantice la supervivencia económica", señaló Tsipras en rueda de prensa junto al canciller austríaco, Werner Faymann, que se mostró confiado en una solución de aquí a la cumbre europea que tendrá lugar el jueves de la próxima semana.


"Necesitamos unos días hasta la cumbre para encontrar una solución, no podemos negociar en público, pero las negociaciones y las soluciones hay que quererlas", dijo el líder de Syriza. El comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, exhortó a Atenas a aceptar las propuestas presentadas por sus acreedores, dirigidas a reducir su déficit público, reformar el IVA y las jubilaciones. Tsipras adelantó parte de su estrategia en caso de que los socios insistan en sus exigencias de subir drásticamente el impuesto sobre el valor añadido de medicamentos y la electricidad, o de recortar en 1800 millones de euros las pensiones. En este sentido, anticipó que, de no poder alcanzar un compromiso, no convocará a elecciones anticipadas o a un referéndum sino que asumirá personalmente, con apoyo de su gobierno y del Parlamento, la responsabilidad de decir no en nombre de Grecia.


Sobre las jubilaciones, Tsipras aseguró que su país propuso una serie de medidas para hacer más sostenible el sistema, con la eliminación paulatina de las prejubilaciones, pero reconoció que eso forma parte de un proceso que lleva su tiempo. Por eso, explicó, su gobierno prevé ingresos de 300 millones adicionales de euros para el próximo año y no los 1800 millones que le reclaman la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (troika).


Faymann, en tanto, dijo que no es partidario de recortar las pensiones bajas porque los jubilados deben vivir de sus pensiones y sostuvo que los recortes no son un instrumento adecuado para resolver las crisis. "Siempre dije que para salir de la crisis hay que invertir, no sólo aplicar la tijera, pero también acordar medidas necesarias como la lucha contra el fraude y la corrupción, dos capítulos problemáticos en Grecia sobre los que Tsipras me expuso sus planes", comentó. Para el funcionario austríaco la solución para Atenas pasa por ofrecerle un programa que le dé una perspectiva de cinco años, y no tenga que estar todos los meses con el problema de si puede financiarse y, a cambio, debe emprender reformas profundas, como por ejemplo, en el sistema de recaudación fiscal.


La comisión internacional de expertos que audita la deuda helena señaló que Grecia no sólo no puede pagar la deuda, sino que no debe pagarla porque proviene de acuerdos con la troika que infringen directamente los derechos humanos de los griegos. El informe del grupo de expertos recorre el período comprendido desde la firma del primer rescate con la troika en 2010 hasta la actualidad; el objetivo de la comisión es analizar el crecimiento de la deuda pública griega desde la década de 1980.


El grupo está coordinado por el politólogo belga Eric Toussaint y empezó a trabajar en abril de forma voluntaria. "El comité considera que Grecia ha sido y es víctima de un ataque premeditado y organizado por el FMI, el BCE y la CE. Esta misión violenta, ilegal e inmoral tiene como objetivo exclusivamente trasladar la deuda privada al sector público", destacó el comunicado.


Con todo, el titular del Banco de Grecia, Yanis Stournaras, señaló que el fracaso de las negociaciones entre el gobierno griego y la troika puede provocar el "Grexit". "Un fracaso en las negociaciones sería el inicio de un proceso doloroso que conduciría inicialmente a la quiebra y finalmente a la salida de la Eurozona y, probablemente, de la Unión Europea", afirmó Sturnaras en el Parlamento, donde presentó el informe sobre la política monetaria emprendida de 2014 a 2015.


Un revés en las negociaciones sería perjudicial para el proyecto europeo, estimó el ministro francés de Finanzas, Michel Sapin. "Ninguno de nosotros puede resignarse a un fracaso, que sería gravísimo para Grecia, pero también extremadamente grave para el proyecto europeo", dijo Sapin ante los diputados franceses.


Londres, por su parte, toma sus recaudos ante la posibilidad que Grecia acabe en situación de default y abandone el euro, dijo una portavoz del Tesoro ayer. "Estamos tomando medidas para prepararnos y protegernos de tales eventualidades", señaló la portavoz. El ministro de Finanzas, George Osborne, se refirió a la crisis de la deuda el martes en el Parlamento, y aconsejó no tomarla a la ligera. "La gente no debería subestimar el daño que haría", aseguró el ministro, antes de enviar un mensaje a Atenas.


La presidenta del banco central estadounidense (Fed) Janet Yellen advirtió que la economía mundial podría sufrir perturbaciones importantes si Grecia y sus acreedores no alcanzan un acuerdo. "Es una situación muy complicada. En caso de que no haya un acuerdo puede que haya alteraciones que podrían afectar las perspectivas económicas europeas y los mercados financieros globales", advirtió Yellen.

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José Mujica: "La sobriedad es un lujo para poder ser libre"

"Nuestros intereses nacionales nos tienen atados, nos dividen. Pero los latinoamericanos pertenecemos a una nación común todavía no constituida y que está dividida en varios países", ha afirmado el expresidente de Uruguay, José Mujica, este viernes en Madrid. Ha celebrado que, "por primera vez en 10 o 15 años, los gobernantes de América Latina hablan entre ellos", pero les ha animado a avanzar en la integración. "El mundo no nos va a esperar". El exmandatario ha insistido en la importancia de crear una estructura política capaz de dirigir la globalización, sobre la que ahora mandan "los mercados", y ha vuelto a hacer gala de la austeridad como modo de vida: "La sobriedad es un lujo para poder ser libre".


Más de 300 personas han acudido a Casa de América para escuchar a Mujica en un acto en el que también han participado el director de la institución, Tomás Poveda, y el rector de la Universidad Pontificia de Comillas, Julio L. Martínez. Aforo completo. Ante ellos, el expresidente uruguayo ha lamentado que la globalización carezca de dirección política, con Gobiernos nacionales preocupados "por quién ganará las próximas elecciones". "No tenemos una estructura política para la civilización que hemos desatado. Funciona por los intereses del mercado. Es el problema más dramático de nuestro tiempo", ha apuntado. Por ello, después de enumerar contradicciones como que haya perros en Europa "que comen mejor que ciudadanos africanos", ha instado al ser humano a pensar globalmente: "El hombre puede llevar el agua al Sáhara. Nunca tuvo tantos recursos en la mano. Pero el hombre no razona como especie. Apenas está razonando con intereses nacionales, y eso en el mejor de los casos".


El reto al que ha aludido Mujica constituye un asunto político y no existen excusas. "No podemos escudarnos en falta de recursos en un mundo en el que gastamos dos millones de dólares al minuto en presupuestos militares", ha añadido. En la opinión del expresidente, es preciso atajar los problemas ecológicos y la pobreza de forma global. "Inventamos un comercio de cosas superfluas para poder mantener la economía. Y no tenemos el coraje de aplicar un keynesianismo para los indigentes del mundo. La economía del mundo tiene problemas de demanda, pero de cosas útiles: de casas, de escuelas, de aguas, de medidas contra la desertización... No tenemos que andar inventando un teléfono nuevo todos los meses para que las multitudes vivan pagando cuotas".


"[En América Latina] pensábamos que la salvación vendría por Europa. Pero nos equivocamos. Está metida en su digestión y sus problemas, que no son poca cosa", ha afirmado Mujica. "Ha aparecido China. Lenta, segura, sistemática. Por lo menos la parte de Latinoamérica a la que yo pertenezco, el sur, no puede renunciar a comerciar con China. Se lo ofrecimos a Europa. Pero no lo vieron", ha continuado antes de diagnosticar el problema de América Latina, "le falta estatura". Por eso pidió al papa Francisco, al que considera un amigo –"y lo dice un hombre que no cree en Dios"–, que le diera "una mano en la sesera a los gobernantes" para que construyan la integración. "A la Iglesia católica le tengo respeto político porque es uno de los ejes de la cultura latinoamericana", ha reconocido. "A pesar de todos sus pesares", ha matizado.


Mujica ha instado a trabajar por profundizar en los avances tecnológicos. Aunque ha hecho una advertencia: "Que el esfuerzo técnico no esté alejado de la moral. La ciencia, sin ética que la oriente, no necesariamente es factor del progreso. Puede ser factor de explotación y sumisión".


El exmandatario ha animado a aprender a vivir con lo necesario. "Mi mayor bien es la vida. Las posibilidades de no estar vivo son enormes. No me complica la cuestión material. Ya tengo 80 años. [El dinero] en la mortaja no vale", ha afirmado. "Hay que ser como la mayoría de la gente, y no como la minoría. Allá ellos [los que acumulan dinero]. A mí lo que me interesa es que paguen impuestos y no estafen. Y si ganan más, más les vamos a cobrar para repartir".


Mujica, el hombre "que de joven quería cambiar el mundo" pero ahora se limita a "intentar arreglar la vereda de su país", el dirigente que pasó 15 años encarcelado, dice que se equivocó. "Ser joven tiene muchas ventajas, ser pujante, no tener calambres en las piernas... pero se ve cortito porque se ha vivido poco. Yo creía que la ayuda social simplemente remendaba el sistema. Y yo quería cambiarlo. Pero son dos frentes de lucha. Hay que cambiar el mundo. Pero hay que comprometerse con el que no tiene para comer".

Publicado enSociedad
Domingo, 24 Mayo 2015 06:22

Post Gran Bretaña: ¿acaso importa?

Post Gran Bretaña: ¿acaso importa?

A mediados del siglo XVII las Provincias Unidas (más o menos los actuales Países Bajos) eran el poder hegemónico del sistema-mundo capitalista, que en ese entonces era geográficamente más pequeño. Dentro del sistema-mundo era el país más rico y contaba con las empresas industriales más eficientes. Dominaba el comercio y las finanzas del sistema-mundo. Tenía el ejército más fuerte.


Luego comenzó su decadencia como potencia hegemónica. Y una por una perdió todas estas ventajas. Para salvar lo más que pudiera se volvió el socio menor de Gran Bretaña, aspirante a la hegemonía. La ventaja fue que se aferró lo más posible a su dominación financiera. Lo mantuvo hasta la década de 1780. En ese momento uno hubiera podido escribir un comentario titulado Post-Países Bajos: ¿acaso importa?


La cuestión real de entonces para los Países Bajos, como lo es ahora para Gran Bretaña, es a quién le importa. Si uno estudia los Países Bajos desde la década de 1780 notará que se ha mantenido como uno de los países más ricos del mundo. La vida ha sido más confortable materialmente que lo que es en casi todos los otros países. Pero en todos los otros sentidos, los Países Bajos se volvieron irrelevantes. No han sido la vanguardia de nuevas tecnologías. Sí, se ha mantenido como eje del comercio mundial pero no es indispensable para nada. No puede imponerle sus preferencias geopolíticas a otros países. De hecho, muy poca gente discute aún el papel de los Países Bajos como actor geopolítico: en efecto, disminuyó su luminosidad y pasó al fondo, costeando como beneficiario menor de las decisiones de sucesivas potencias hegemónicas –primero Gran Bretaña, luego Estados Unidos.


Gran Bretaña ha alcanzado la etapa en que se encontraban los Países Bajos en la década de 1780 –la de continuar con una riqueza relativa y una irrelevancia geopolítica definitiva. La gente más preocupada por esa situación es la de las instituciones financieras de Gran Bretaña, que hasta hace poco seguían siendo estructuras muy poderosas en el sistema-mundo.
El Financial Times, que más o menos sirve de voz pública para las élites financieras de Gran Bretaña, publicó un editorial el 5 de mayo de 2015. Su título era: Tras una notable victoria, hay la oportunidad de restaurar al Reino Unido. La notable victoria es, por supuesto, la estrecha pero decisiva mayoría obtenida por David Cameron y el Partido Conservador en las recientes elecciones británicas. Los subtítulos del editorial dicen: La tarea de David Cameron es salvar la unión y permanecer en Europa.
La incertidumbre es si Cameron puede cumplir con esa labor. Si podrá extender el poder de las instituciones financieras de Gran Bretaña por otros 10 años más o menos. Pero muchas personas, en Gran Bretaña y en otras partes, tienen otras prioridades. Salvar la unión significa de algún modo evitar que el Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) logre su anunciado objetivo de una soberanía plena para Escocia.


El SNP también lo hizo bien, muy bien, en estas elecciones. Ganó 56 de los 59 escaños de Escocia en el Parlamento británico. Es difícil pensar en un respaldo más resonante de la opinión pública, sobre todo porque en las elecciones anteriores el SNP había obtenido tan sólo 6 escaños.


Sin embargo, esto no significa que el SNP ganaría un referendo de independencia. Pero le brinda al SNP mucho poder de negociación con Cameron e intenta hacer uso de este poder. De hecho, el SNP cuenta con un programa de tres pasos: A) obtener de inmediato un aumento significativo en la devolución de poder al interior de Gran Bretaña; B) celebrar un referendo de independencia, de preferencia autorizado, expresado en modos que puedan maximizar un voto positivo; C) volverse un Estado soberano pero mantenerse en la Unión Europea y, por supuesto, en Naciones Unidas. Cameron, aun más su delegación parlamentaria, quiere minimizar el paso A, resistir firmemente la idea del paso B y nunca arribar al paso C.

Si este fuera su único problema político, Cameron podría ganar con facilidad la lucha con el SNP y salvar la unión, pero no es así. Al mismo tiempo Cameron está bajo mucha presión para salirse de la Unión Europea, una llamada Brexit (o British exit o salida británica). Se dice que hay entre 60 y 100 miembros conservadores en el Parlamento, que lo único que quieren es la salida. Además, el partido dedicado a la retirada británica de la Unión Europea, el Partido de la Independencia del Reino Unido (o United Kingdom Independence Party-UKIP), recibió 12.6 por ciento del voto, convirtiéndose en el tercer partido en Gran Bretaña en porcentajes de votación.


Así que Cameron también tiene un programa de tres pasos implícito, justo como el SNP. El paso A es presionar a la Unión Europea para que se desfederalice aún más, permitiendo que Gran Bretaña se exima de aún más requisitos de la membresía. El paso B es llamar al referendo que le prometió al Partido Conservador para 2017, pero posponerlo lo más posible. El paso C es derrotar el referendo y mantenerse en la Unión Europea.


El paso A del SNP –una devolución significativa inmediata– es poco factible; el paso B, el de un referendo, cualquier clase de referendo, es más improbable; por tanto, el paso C, una plena soberanía negociada pacíficamente, es casi un espejismo.
El paso A de Cameron –lograr ulteriores exenciones de los requisitos de la UE– es poco probable, debido a la fuerte resistencia de otros miembros de la UE, notablemente Alemania. El paso B, derrotar el referendo, se vuelve más improbable. Y, por tanto, una "Brexit como paso C se vuelve altamente factible.


Si estas apreciaciones hacen sentido, entonces el objetivo de la élite financiera de Gran Bretaña –salvar la unión y permanecer en la UE– terminaría en victoria en el primer punto y en derrota en el segundo. ¿Qué pasaría entonces? ¿Seguiría el SNP por el sendero de las negociaciones pacíficas o la opinión pública consideraría una jugada de mayor fuerza?
Para mirar las consecuencias de una Brexit debemos dejar de ver a Gran Bretaña y mirar en cambio el resto del mundo. La UE ya se encuentra en dificultades. Su zona del euro enfrenta una posible Grexit (o retirada griega), que de ocurrir podría conducir a un desmadejamiento total de la zona del euro. Además, la opinión pública en más países que sólo Gran Bretaña se ha ido haciendo menos y menos entusiasta hacia la UE y los partidos que llaman a una retirada están ganando fuerza. La UE está dividida en cuanto a cómo responder a la reafirmación del papel político de Rusia en Europa, en especial en lo relacionado con Ucrania. Añadir una Brexit a esta mezcla de dificultades podría ser justo demasiado para la Unión Europea. La Unión Europea y la zona del euro son un castillo de naipes, el cual podría simplemente colapsar.


Sin embargo, un desmoronamiento ulterior de la Unión Europea, que forzara a su disolución, tendría consecuencias en todo el mundo. Estados Unidos, no siendo ya una potencia hegemónica incuestionada, no puede ya contar con el respaldo militar de Gran Bretaña, lo que para Estados Unidos resulta una evolución bastante inconveniente en este momento. Esto empuja a Estados Unidos, por lo menos al presidente Obama, a buscar, aun con más urgencia, un arreglo con Irán. Esta prioridad de Obama a su vez empuja a que Arabia Saudita sea más activa en desvincularse de Estados Unidos y persiga una alianza anti-iraní de facto con cualquiera y con todos, como ya lo dejó claro el rey Salman. Esto, en consecuencia, fortalece aún más la reafirmación geopolítica de Rusia, y China tal vez pueda decidir volverse el agente del poder geopolítico de Asia occidental.
Y no olvidemos el estado lamentable en que se encuentra la economía-mundo, pese a que de todas partes insisten que ésta se repone de sus dificultades. Este optimismo público es otro espejismo que puede no durar ya demasiado tiempo más. Para regresar al inicio de este análisis, Cameron debería saborear su inesperada victoria en las elecciones británicas porque él (y las élites financieras de Gran Bretaña) podrían de hecho lamentarse –bastante pronto.


Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

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