Jueves, 19 Diciembre 2013 07:34

Venezuela ingresa al Mercosur

Venezuela ingresa al Mercosur

La Cámara de Diputados de Paraguay aprobó ayer el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur, con lo que se completó el proceso para que Caracas sea miembro pleno del bloque regional. La votación finalizó con 48 votos a favor, con el apoyo mayoritario del oficialista Partido Colorado, y uno en contra, mientras que los otros 31 diputados se ausentaron. Además, el Congreso retiró la declaración de "persona no grata" contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, por una supuesta intromisión durante la crisis política por la destitución del ex mandatario Fernando Lugo en 2012. "Paraguay quiere participar activamente de la cumbre de Caracas para tener un mayor protagonismo en la vida del Mercosur", expresó el canciller Eladio Loizaga en relación con la próxima reunión de jefes de Estado del bloque el 17 de enero. "Hay que mirar el futuro y focalizarse en cuestiones de complementariedad", sostuvo el diputado colorado José María Ibáñez, vocero de la mayoría que aprobó el Protocolo de Adhesión de Venezuela. La resolución de la Cámara baja espera ahora la promulgación del presidente Horacio Cartes, y la ratificación ante la Secretaría Permanente del bloque, en Montevideo.


Ibáñez hizo un llamado a actuar con grandeza espiritual y a dejar de ser presos del pasado, aunque la diputada independiente Olga Ferreira, la única que votó en contra, cuestionó las razones de este cambio de postura de Paraguay y exigió que el gobierno de Cartes dé explicaciones. "Hoy es un día triste, doloroso, de vergüenza para el país", dijo Ferreira y calificó de "patotero" a Maduro, para sostener su posición contraria al ingreso de Venezuela y al restablecimiento pleno de relaciones en estas condiciones. La mayoría de la bancada del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) –el partido del ex presidente Federico Franco, que sucedió a Lugo tras su destitución– se retiró de la sala al momento de la votación, aunque el diputado liberal Víctor Ríos fundamentó a favor de Venezuela.


Tras aprobar el protocolo, los 49 diputados presentes en la Cámara acordaron por unanimidad retirar la declaración de persona no grata contra Maduro, que fue adoptada por su supuesta intromisión en asuntos internos durante la crisis que desencadenó la destitución de Lugo. La declaración rechazaba y condenaba las expresiones que el entonces canciller Maduro hizo el 21 de junio del 2012, cuando el Parlamento paraguayo sometió a un juicio político express a Lugo y lo destituyó del cargo por mal desempeño de sus funciones. Dicha declaración fue emitida sólo por la Cámara de Diputados, por lo que el Senado no tiene que pronunciarse sobre su revocación.


Los presidentes de los países del bloque regional se reunirán el 17 de enero en Caracas, en una nueva cumbre, durante la cual Venezuela debe traspasar la presidencia pro témpore a la Argentina, de acuerdo con el sistema de rotación alfabética de ese cargo. Sin embargo no se descarta que pueda hacerse una excepción por esta vez y ceder la presidencia a Paraguay, en compensación por los 14 meses que estuvo suspendido, a raíz del golpe parlamentario a Lugo.


Apenas asumió la presidencia del país, Cartes insistió en que era necesario encontrar un salida jurídica al problema creado por la entrada de Venezuela sin la aprobación del Legislativo de su país. El pasado 5 de diciembre Cartes envío al Congreso el protocolo de adhesión de Venezuela, pese a que su propia agrupación, el Partido Colorado, se opuso en el pasado a la incorporación del país caribeño. El Senado lo aprobó el martes de la semana pasada por 29 votos a favor, 10 en contra, una abstención y 5 ausencias.


Paraguay es, al igual que Argentina, Brasil y Uruguay, socio fundador del bloque creado mediante el Tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991. Los otros tres socios excluyeron a Paraguay al invocar el Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático, firmado el 24 de julio de 1998, que es uno de los pilares jurídicos del bloque junto con el Tratado de Asunción y el Protocolo de Ouro Preto. Con Paraguay suspendido, Argentina, Brasil y Uruguay abrieron una brecha para la incorporación plena de Venezuela, que estaba bloqueada en el Congreso paraguayo y que se formalizó en una cumbre extraordinaria celebrada en Brasilia.


La adhesión de Venezuela entró en vigor el 12 de agosto de 2012, después de seis años de espera, debido a la negativa del Senado paraguayo a ratificarla alegando precisamente que el gobierno venezolano no cumplía con los requisitos democráticos del bloque.


Con la incorporación de Caracas, el Mercosur cuenta con una población de 275,1 millones de personas, equivalentes al 70 por ciento del total de Sudamérica y un Producto Interno Bruto (PIB) de 3,32 billones de dólares, esto es, el 83 por ciento del de la región. El territorio de los cinco miembros plenos suma 12,7 millones de kilómetros cuadrados, que equivalen al 72 por ciento de toda la región. El Mercosur tiene además como países asociados a Chile (1996), Bolivia (1997), Perú (2003), Colombia (2004) y Ecuador (2004). El intercambio comercial del Mercosur con el resto del mundo el año pasado fue de 782.410 millones de dólares, ya incluida Venezuela en esas cuentas.

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Miércoles, 27 Noviembre 2013 07:40

Democracia audiovisual para Unasur

Democracia audiovisual para Unasur

La tercera edición del Encuentro de Comunicación Audiovisual realizada del 21 al 23 de noviembre en Mar del Plata mostró aspectos de trascendencia nacional y regional hacia la democracia audiovisual.

 

Los distintos ministerios y agencias públicas actualizaron el avance de las redes de fibra óptica, el incremento de horas de producción nacional con temática diversificada y raigambre cada vez más federal. Recordaron la disponibilidad y el alcance nacional de la Televisión Digital Abierta y los contenidos de las señales públicas.


Assange y la circulación de contenidos


Sorprendió, en el último día del encuentro, la presencia vía teleconferencia desde "territorio ecuatoriano en Londres" del asilado Julian Assange. Durante la exposición, con frases contundentes, actualizó diagnósticos de dependencia en la circulación de contenidos y de la concentración de producción y distribución de empresas con posiciones dominantes del mercado. También Assange valoró "el rol activo de Latinoamérica en la búsqueda de resguardar la soberanía y la libertad frente a los avances sobre la Internet global".


Así, reafirmó los fundamentos de la convocatoria lanzada el día anterior para vertebrar un Consejo de Comunicación Audiovisual para Unasur, propuesta realizada por el vicepresidente Amado Boudou y la presidenta del Incaa, Liliana Mazure.


En una reunión articulada vía la Cancillería, representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela analizaron "las principales conquistas y desa-fíos que atraviesan los países suramericanos en el mayor proceso de transformación de la producción y comunicación audiovisual de su historia", de acuerdo con el acta suscripta.


Destacaron la revisión de los criterios de conectividad de redes de fibra óptica e inalámbrica y la necesaria planificación y regulación de los Estados para impedir imposiciones "de facto" en las capacidades de interconexión, en la distribución (vía centros de emisión ubicados fuera del propio territorio), y las barreras a la entrada de nuevos prestadores vía costos directos o indirectos fijados por los oligopolios preexistentes.

 

Se evaluó imprescindible no sólo aumentar la diversidad de contenidos de acceso libre, sino también incidir en la distribución y exhibición del cine, la televisión y "cualquier nuevo producto audiovisual que circule por distintas plataformas", aludiendo a YouTube, Google, Netflix y demás emprendimientos que generan excedente económico por fuera de los sistemas analógicos tradicionales. "No es una cuestión de control social, sino de necesaria promoción de la construcción colectiva", sintetizaron.


Resulta gratificante tomar nota de experiencias en marcha que trascienden las fronteras de cada país. Ejemplo de ello es la cooperación en Televisión Digital Abierta de de-sarrollos argentinos y brasileños, en Venezuela y Bolivia. O el funcionamiento de Ibermedia TV, con programas a emitir en las televisoras públicas. O el desarrollo de los satélites de Arsat y el Tupac Katari boliviano. O los fondos de coproducción entre países para aumentar la cantidad de películas.


Sin embargo, se constataron fuertes restricciones del mercado de distribución que impiden a la casi totalidad de los 430 largometrajes estrenados por año en Latinoamérica ser vistos por el público del propio país, y mucho menos por los países vecinos o hermanos. Preocupación común con las naciones europeas, que tampoco ofrecen en sus pantallas producciones de origen distinto a las grandes majors norteamericanas.


La agenda


Resaltaron las siguientes cuestiones de agenda para Unasur:
- Diversidad audiovisual. Nuevos emisores en radio, TV y plataformas digitales: fortalecer criterios comunes (ejemplo: garantía de un tercio del espectro radioeléctrico para organizaciones sociales, como ya existe en legislaciones de Argentina, Uruguay y Ecuador).


- Unificación de criterios para limitar las crecientes presiones de los distribuidores a los derechos de emisión y propiedad intelectual de los realizadores de películas, que impiden su difusión para el gran público latinoamericano.


- Fortalecer bancos de contenidos audiovisuales de acceso público en cada país pensando en esquemas inteligentes de circulación y programación. Digitalización de películas y materiales producidos con tecnología analógica, tendiendo a un Banco de Contenidos Audiovisuales de Suramérica para preservar y difundir nuestro patrimonio audiovisual.


- Promover la formulación de guiones y producciones compartidas entre los países (coproducciones, proyecto venezolano Canal Patria Grande, etcétera).


- Regular, desarrollar y capacitar en nuevas tecnologías en sintonía con la convergencia tecnológica. Compartir redes como Arsat para asegurar la distribución digital de películas y material audiovisual sin depender de redes comerciales.


- Consolidar la producción de componentes y terminales para sustituir importaciones y multiplicar los recursos humanos calificados y el empleo en la región. (Mazure anunció un plan de ensamblaje en Argentina de proyectores digitales por la empresa NEC, lo cual se suma a la creciente implantación de sistemas digitales de TDA.)

 

Por Diego Rossi, U.B.A. Observatorio del Sector Audiovisual.
Desde Mar del Plata

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Miércoles, 13 Noviembre 2013 06:35

El peligro del TPP

El peligro del TPP

Para decirlo en pocas palabras: la negociación del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su abreviatura en inglés) es la más importante ofensiva que el capital trasnacional ha emprendido en décadas en contra de la soberanía de las naciones y los derechos de los trabajadores, los ciudadanos y los consumidores. Disfrazado de ambicioso pero inocente tratado de libre comercio e integración económica, las negociaciones para el TPP –que Enrique Peña Nieto desea firmar este mismo año– involucran a los gobiernos de Estados Unidos, Chile, Perú, México, Brunei, Nueva Zelanda, Singapur, Australia, Malasia, Japón, Canadá y Vietnam, todos los cuales negocian febrilmente en el más puro estilo tecnocrático, es decir, en lo oscuro y de espaldas a la sociedad.


Oficialmente, el TPP tiene como propósito dinamizar las economías de los países que lo firmen, potenciar sus exportaciones, generar más empleos y bla, bla, bla. Muy parecido fue el discurso con el que el salinato justificaba el uncimiento de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y miren qué bien nos va en materia de crecimiento y de generación de empleos: la industria nacional resultó destruida, el campo fue devastado, se frenó en forma trágica la investigación, el desarrollo y la innovación tecnológica nacionales, a falta de otros productos la economía exportó seres humanos –aunque, formalmente, la migración no forma parte del TLCAN–, la soberanía nacional se vio gravemente debilitada (hoy, bajo el marco legal vigente de dicho tratado, sería imposible efectuar una nueva expropiación petrolera, por ejemplo), los trabajadores mexicanos son alentados a competir en productividad con sus homólogos estadunidenses, que ganan salarios 15 veces mayores y tienen mejores condiciones de vida, nos quedamos sin instituciones bancarias propias y el país se integró de lleno a la cadena productiva de la delincuencia trasnacional, con los resultados en muerte y destrucción que están a la vista de todos, menos a la del grupo gobernante.


Las beneficiarias del acuerdo serían, básicamente, las 500 empresas en las que se concentra el 70 por ciento de las exportaciones manufactureras. Al resto del país le sirve de muy poco ser un gran exportador de petróleo, drogas y gente.


Pero las negociaciones hacia la firma del TPP son más incluyentes que las del TLCAN y abarcan aspectos como los servicios financieros, la propiedad intelectual y, por vía de ésta, el establecimiento de una vigilancia policiaca supranacional de Internet.


La propiedad es un robo, decía Proudhon, y actualmente la propiedad intelectual es la modalidad más descarnada del saqueo corporativo. Gracias a las disposiciones legales que la protegen, trasnacionales de Estados Unidos y Europa registran el genoma de especies vegetales y animales de la Amazonia, por ejemplo, hurtan patrimonio cultural a sus legítimos creadores –es decir, los pueblos– y construyen fortunas mediante la explotación de patentes desarrolladas, o también robadas a terceros. El ámbito de los diferendos por la propiedad intelectual es, desde siempre, un terreno favorable para el más fuerte en recursos económicos, servicios legales, poder de compra de jueces y funcionarios, y capacidad de cabildeo en los congresos.


Eso quiere decir que si el TPP se impone en los términos que preconizan los representantes estadunidenses, pueden irse olvidando del abasto de ciertos medicamentos genéricos en los servicios de salud pública y en el comercio privado. Pueden olvidarse, también, del anonimato y la privacidad en el uso de Internet: con el pretexto de que alguien subió a su blog o a su página de Facebook una foto con derechos registrados, una corte de Estados Unidos o de Japón podría perseguir a un proveedor de acceso o a un internauta en Tlaxcala, Concepción o Lima. De hecho, mediante las disposiciones del TPP las corporaciones estadunidenses podrían lograr un atajo para conseguir lo que no han logrado, hasta ahora, con la infame ley antipiratería conocida como SOPA (Stop Online Piracy Act), y lo lograrían a escala trasnacional.


Por añadidura, según un documento del Congreso estadunidense, las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico pueden abrir un espacio para abordar cuestiones adicionales, como la reconsideración por parte de México a la exclusión de la inversión privada en su industria petrolera. Es decir, el TPP vendría a ser el plan B de Peña Nieto en caso de que fracase su proyecto de entregar el petróleo nacional, por medio de reformas constitucionales y legales, a las corporaciones energéticas privadas, nacionales y extranjeras.


Por último: dice el Peterson Institute for International Economics, con sede en Washington, que este acuerdo trasnacional podría reportar ganancias netas globales mayores a 295 billones de dólares anuales. Leyeron bien: ganancias, es decir, utilidades. El negocio sería enorme, sí, y sería para unos cuantos. Para las poblaciones de los países firmantes, en cambio, el TPP es un grave peligro.


navegaciones.blogspot.com


Twitter: @Navegaciones


Enlaces:
Los cables sobre México en WikiLeaks
Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks
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Martes, 01 Octubre 2013 17:27

UNASUR: Una estrategia integral

UNASUR: Una estrategia integral

El tratado constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR- establece un conjunto de principios que sirven de guía a la Unión, entre los que destacan la defensa de la vida, la preservación de la paz como uno de los mayores privilegios de la región, la democracia con participación social de manera que ésta materialice la acertada definición de Abraham Lincoln como "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" y la soberanía de los Estados y de los pueblos como derecho inalienable.

 

Cuando hablamos de la defensa de la vida, no se trata solamente de la vida humana, se trata también de la naturaleza, de la cual formamos parte inseparable y que es condición para la existencia humana. La paz, por su lado, es condición para la vida toda vez que la guerra, "ese monstruo de matanza", es su opuesto. La paz, además, es condición para la estabilidad y el desarrollo económico, base material de la vida. Otro de los principios establecidos se refiere a la justicia social, base de la justicia en general y de la paz, por tanto, de la vida.

 

Ahora bien, esos principios que nadie pondrá en duda, sólo podrán plasmarse como realidad a través de la política y, en este caso, de una estrategia y su plan correspondiente.

 

Nuestros amplios territorios, son depositarios de grandes recursos naturales y humanos. Este hecho evidente, nos indica que allí radica, de lejos, la mayor fortaleza de nuestra región en relación con otras ventajas. Ello determina la necesidad de definir una política común, una estrategia y un plan que tenga como palanca de impulsión el aprovechamiento racional de esa fortaleza. Esto implica ya no solo la extracción, que además debe realizarse en beneficio del bienestar y los intereses de la nación y con el mínimo impacto ambiental posible, sino también, como parte indisoluble, la transformación interna de las materias primas, única forma de superar la paradoja de ser grandes exportadores de esas materias y exportadores netos de capital en el intercambio extra regional.

 

La extracción y transformación industrial implican desarrollo científico y tecnológico, formación de científicos, técnicos y profesionales, además de un fuerte impulso a la creación de instituciones financieras de la Unión, como el Banco del Sur, y una política de negociación conjunta cuando se requiera financiamiento extra regional.

 

A partir de estas premisas, durante la VI Reunión de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la UNASUR, realizada en noviembre del 2012 en Lima, Perú, presentamos un documento con el título de "Los recursos naturales como eje dinámico en la estrategia de integración y unidad de nuestros países" orientado a definir una estrategia y un plan, teniendo como factor clave, el impresionante acervo de recursos naturales que aloja en sus entrañas esta inmensa región de más de 17 millones de kilómetros cuadrados y una población de apenas 400 millones de habitantes de ellos, más de 100 millones viviendo en estado de pobreza.

 

De tal realidad se desprende una primera y muy dramática conclusión: el gran reto que se plantea de inmediato ante los doce países que integran la Unión, es el de imprimir un nuevo y más vigoroso impulso para terminar de superar tal pobreza y elevar la calidad de vida de la población a niveles que le permitan vivir dignamente o, de acuerdo a la visión de nuestros pueblos originarios, el "Buen Vivir".

 

Es un verdadero absurdo que millones de seres humanos, deambulen con su pobreza sobre una riqueza tan grande como la que representa la variedad y cantidad de recursos naturales de nuestra región, como igualmente es un absurdo que pretendamos resolver nuestros problemas, cada quien por separado.

 

Como lo hemos expuesto en distintos escenarios, las corporaciones con las cuales se relacionan nuestros países para la explotación de tales recursos, tienen una dimensión planetaria, operan de acuerdo con una estrategia mundial única y obedecen a un mando único. Mientras tanto, nuestros países negocian por separado lo cual comporta, desde el inicio, una situación de clara desventaja.

 

A esta realidad se unen otros factores, como el hecho de que las corporaciones están movidas por la búsqueda de mayores ganancias. Para ello no sólo buscan elevar su productividad, sino el abatimiento de regalías, impuestos y otras contribuciones que constituyen la participación de nuestros Estados en los proventos generados por la explotación de los recursos naturales.

 

De acuerdo con los esquemas de distribución que se apliquen, nuestros pueblos pueden ser favorecidos o desfavorecidos en su objetivo de lograr el "Buen Vivir". Al disminuir regalías e impuestos, las corporaciones obtienen súper ganancias, muy por encima de la media internacional, introduciendo, además, cláusulas que progresivamente han ido sustituyendo la soberanía jurisdiccional de los Estados por el arbitraje internacional. Todo este proceso contrasta con reiteradas declaraciones de la Organización de las Naciones Unidas. Veamos:

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución N. 1803, de 1962, establece claramente:

 

"1. El derecho de los pueblos y de las naciones a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y el bienestar del pueblo del respectivo Estado."

"2. La exploración, el desarrollo y la disposición de tales recursos, así como la importación de capital extranjero para efectuarlos, deberán conformarse a las reglas y condiciones que esos pueblos y naciones libremente consideren necesarios o deseables para autorizar, limitar o prohibir dichas actividades." (...)

"5. El ejercicio libre y provechoso de la soberanía de los pueblos y las naciones sobre sus recursos naturales debe fomentarse mediante el mutuo respeto entre Estados basado en su igualdad soberana".

De ésta y otras resoluciones de Naciones Unidas con el mismo tenor, se puede concluir que el principio de la propiedad de los pueblos y naciones sobre sus recursos naturales, es de validez universal. En lo que a UNASUR corresponde, debemos decir que todas nuestras constituciones recogen ese principio, dándole plena vigencia jurídica en el ámbito de cada uno de nuestros países.

 

La relación capital-tierra

 

Ahora bien, las limitaciones tecnológicas y financieras, en muchos casos, plantean la necesidad de establecer relación con grandes corporaciones mineras, energéticas o de otra naturaleza. Se establece así lo que los economistas clásicos identificaron como la relación capital-tierra, es decir, relación entre los dueños del capital y los propietarios del recurso natural. En la realidad actual, los primeros representan no sólo su interés en la ganancia, sino también el de los grandes consumidores en el ámbito mundial interesados, tanto en el acceso a recursos naturales estratégicos que se encuentran fuera de sus territorios y que han definido como un asunto de "seguridad nacional", como en los precios más bajos posibles.

 

En el mundo actual, la relación capital-tierra ha adquirido una dimensión planetaria, dando lugar a violentos y cada vez más frecuentes conflictos. De allí la vital importancia que tiene hoy, para Nuestra América y para el mundo, el avance de la UNASUR y de los distintos procesos integradores de América Latina y el Caribe, y el poder contar con políticas y planes consensuados que coloquen la soberanía de pueblos y naciones, como condición indispensable para la defensa de la vida, de la paz y de la democracia.

 

La Primera Conferencia de la Unión de Naciones Suramericanas sobre Recursos Naturales para el Desarrollo Integral de la Región, realizada en Caracas, del 27 al 30 de mayo pasado y a la cual asistieron un nutrido grupo de expertos y especialistas de la región y un número considerable de autoridades y representantes de las diferentes instancias de UNASUR, de los Estados miembros y de organismos regionales, colocó esta problemática en la mesa de discusión.

 

Las conclusiones y recomendaciones de la Conferencia fueron sistematizadas y recogidas en una publicación que ya se encuentra disponible. Ciertamente, estos informes y documentos serán de gran utilidad para la elaboración de la estrategia y políticas antes planteadas. Al mismo tiempo, se abre toda una agenda de estudio e investigación que debe profundizarse y ampliarse. No debe extrañar que en un proceso como éste surjan diversas visiones y enfoques, pero la tarea consiste, precisamente, en encontrar los aspectos de mayor coincidencia que permitan avanzar en la construcción de una estrategia consensuada.

 

Hoy más que nunca es urgente la elaboración de una Estrategia continental consistente y un Plan General coherente para materializarla. Para avanzar en el diseño de dicha estrategia proponemos:

 

1. Creación del Instituto de Altos Estudios de UNASUR

Una de las necesidades que surgen como reflexión de todo lo expuesto anteriormente, es el desarrollo del conocimiento que nos permita dominar las especificidades de toda nuestra rica región. Esto requiere de un nutrido contingente humano sólidamente formado en la teoría y en la práctica para proveer información e ideas, así como para participar en el diseño y desarrollo de las políticas correspondientes;

 

2. Creación de una Comisión de Alto Nivel para Asuntos Estratégicos, adscrita al Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno;

 

3. La Creación del Servicio Geológico Suramericano (SGSA) que permita llevar el registro de todo el acervo geológico y de la información geocientífica como fuente indispensable para la toma de decisiones, ya no solamente para el conjunto de UNASUR, sino para cada uno de los países miembros y para cualquier otro interesado;

 

4. La realización de cinco eventos temáticos, como continuación del mencionado evento realizado en Caracas en mayo de este mismo año, que profundizarán el análisis y el debate sobre temas cruciales para la región, como son:

 

a) Una reunión de representantes de los organismos que en cada país llevan el registro de los datos geológicos;
b) Reunión sobre Recursos Hídricos y Gestión Integral de Cuencas, a fin de reunir la data disponible y realizar las investigaciones conjuntas que se requieran para llenar los importantes vacíos que aún se aprecian en este orden, con el objetivo de diseñar políticas y establecer acuerdos dirigidos a la preservación de esta inmensa y vital fuente de vida;
c) Reunión para el intercambio de información sobre Biodiversidad y Bosques, temas que están íntimamente relacionados con el anterior;
d) Un evento sobre Ciencia, Tecnología e Industrialización;
e) Una Conferencia sobre Defensa y Recursos Naturales;

 

Como bien se sabe, una política correcta requiere contar con un sólido soporte en la comprensión de las realidades para las cuales fue diseñada, más aún cuando se trata de asuntos relacionados con la estrategia. Este es un aspecto de suma importancia. Ello comporta una primera definición, sin que la misma se convierta en verdad absoluta o inmutable. La propia experiencia, que contrasta las valoraciones que se hacen en el análisis político con las realidades vivas, va arrojando nuevos elementos al conocimiento humano, a la comprensión de las propias realidades y a su dinámica. Todo esto debe traducirse en los correspondientes ajustes de las políticas y de la estrategia.

 

La unidad de nuestros pueblos en una sola gran nación es un anhelo y un legado histórico desde el inicio mismo de la civilización americana, que cobra fuerza particular con los nuevos liderazgos y las luchas sociales a inicios del siglo XXI.

 

Realizar el vehemente deseo de San Martín, de O´Higgins, de Artigas, de Simón Bolívar y de los miles de patriotas que regaron su sangre y sus ideas en todas estas tierras, no solo para darle independencia del imperio español y proveerle de fuerza para preservarla, significa también alcanzar la justicia social y la libertad, que se encuentran entre los más nobles propósitos humanos.

 

Alí Rodríguez Araque, abogado y diplomático venezolano, es Secretario General de UNASUR.

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Proyectar la región en los escenarios mundiales

 

El Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Alí Rodríguez Araque, mantuvo este jueves 5 de septiembre una videoconferencia con comunicadores y comunicadoras del Enlace de Medios por la Democratización de las Comunicación, entidad constituida por una veintena de medios y redes alternativos de América Latina.

 

Rodríguez Araque, diplomático y abogado venezolano, que se encuentra con un mandato prorrogado de 30 días, hizo un balance de la VII reunión ordinaria de jefas de Estado y de gobierno realizada el pasado 30 de agosto en Paramaribo, Surinam.

 

Alí señaló, como un punto destacado de la cumbre presidencial, la resolución sobre Siria en la que el organismo regional se pronuncia por la preservación de la paz y la negociación como método para resolver los conflictos, y condenó la intervención extranjera en Siria y el uso de armas de destrucción masiva como las armas químicas y bacteriológicas.

 

Otro punto que destacó Rodríguez fue el tema de los recursos naturales, señalando la necesidad de tener un plan y una estrategia común para el óptimo aprovechamiento de esa gigantesca riqueza que dispone la región como medio eficiente para combatir la pobreza y la indigencia que afectan a 100 millones de latinoamericanos/as y que paradójicamente se pasean sobre esa inmensa riqueza de que dispone la región.

 

Así mismo, el dirigente señaló que en la reunión de Paramaribo se vio la necesidad de proyectar la creciente presencia de la región, con una sola voz, en los escenarios mundiales, en momentos caracterizados por situaciones delicadas y donde la orientación de Suramérica puede tener una contribución muy importante para el manteniendo de la paz y el equilibrio mundial.

 

Respecto a la propuesta del presidente ecuatoriano Rafael Correa de crear en UNASUR un centro de solución de controversias en materia de inversiones, Rodríguez señaló que personalmente está de acuerdo con este planteamiento porque los actuales mecanismos de arbitraje representados por el CIADI, una entidad del Banco Mundial, no son independientes, y en el caso de Venezuela, han fallado a favor de una transnacional. Este tema de UNASUR se encuentra en discusión y se prevé para finales de este año un "eventual establecimiento de un Centro de Solución de Controversias en materia de inversiones".

 

Sobre el espionaje de Estados Unidos hacia la región suramericana y las medidas que se debe adoptar para contrarrestarlo, Rodríguez mostró su preocupación sobre este tema puesto que todas las informaciones electrónicas transitan por Estados Unidos. Apuntó que ya se aprobó el proyecto de crear "nuestra propia red en UNASUR" y expresó la necesidad de tomar contramedidas para frenar el espionaje, aunque las grandes potencias, que disponen de tecnologías avanzadas, pueden burlar esas contramedidas. Si se quiere transmitir una información confidencial ya no se lo puede hacer pues todos los medios están controlados y se pueden grabar las conversaciones, apuntó.

 

Respecto al Banco del Sur, que ha creado grandes expectativas pero que ha demorado 6 años para ponerse en marcha, Alí señaló que esta entidad debe contar con el financiamiento necesario para poder emprender grandes proyectos petroleros, hidroeléctricos, forestales, etc. Señaló que mientras los grandes consorcios son de carácter mundial y tienen un solo mando y una sola estrategia, nosotros negociamos cada uno por su lado, por lo que es necesario negociar en bloque sobre los costos de las inversiones, lo cual nos daría mayor autonomía como región.

 

El Secretario General de UNASUR también se refirió al tema de la seguridad y la defensa. Paradójicamente este asunto, que parecía uno de los más difíciles, es en el que más se ha avanzado en el marco de los 11 consejos ministeriales de la UNASUR. Rodríguez resaltó la conformación del Centro de Estudios Estratégicos que funciona en Buenos Aires y dijo que la construcción de una doctrina de defensa de la región parte de una hipótesis de paz y no de guerra, lo que permite afrontar los problemas económicos y sociales, lo cual es fundamental incluso ante un hipotético conflicto internacional.

 

Ante la interrogante de por qué la comunicación, siendo un tema estratégico y vital para las democracias suramericanas, está ausente de la agenda de UNASUR, Alí Rodríguez dijo que el tema aunque no constaba entre las prioridades no estaba ausente. Una muestra de ello es la creación del Centro de Información y Comunicación que funciona en la sede de la UNASUR, en Quito, y que permite la intercomunicación de los 12 países de la región. Además señaló que hay una deficiencia en materia de comunicación cuando estamos ante una ofensiva cultural y la principal batalla que actualmente se libra es la batalla por ganar las mentes humanas, batalla que la estamos perdiendo y que hay que encarar.

 

Asimismo, destacó la necesidad de fortalecer la Secretaria General de la UNASUR pues actualmente tiene un rol limitado ocupando un cuarto lugar en la toma de decisiones. A su criterio, la Secretaría General debería tener un alto grado de autonomía para poder actuar a nombre de la institución, algo parecido a lo que sucede en la OPEP. Para ello se requiere reformar el Tratado y el reglamento de la UNASUR, algo que no es fácil. La Secretaria General debería tener una adecuado financiamiento e incrementar su personal (especialmente de carácter asesor) para atender a los 12 consejos ministeriales y los consejos de ministros y presidentes.

 

Al cumplirse 6 meses de la muerte de Hugo Chávez, Alí Rodríguez destacó la profunda amistad que le unía al comandante y el rol que Chávez jugó en sus 14 años de mandato tanto a lo interno de Venezuela como a nivel regional y mundial. Señaló que en la última reunión de la UNASUR se le brindó un homenaje y un reconocimiento por el rol estratégico cumplido en el impulso del proceso integrador.

 

En la videoconferencia que permitió entrevistar desde la sede de UNASUR en Quito a Alí Rodríguez, que se encontraba en Caracas, participaron comunicadores/as de ALER, ALAI, revista Questión, ALBA TV, Prensa Latina, Comunica Sul y diario El Telégrafo del Ecuador.

 

http://alainet.org/active/67052&lang=es

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Miércoles, 31 Julio 2013 05:33

“Hoy la lucha es contra el capital”

“Hoy la lucha es contra el capital”

Los líderes del ALBA, grupo que reúne a países críticos de Washington, buscan recobrar fuerza tras la muerte de Hugo Chávez con una cumbre ayer en Guayaquil, donde discuten acciones contra el “imperio del capital” y el espionaje de Estados Unidos. El ALBA “es antiimperialista, pero el imperio que domina al mundo, incluso a países hegemónicos, es el imperio del capital. Esta es la nueva lucha antiimperialista”, declaró el presidente de Ecuador, Rafael Correa, en la apertura de la cumbre.

El encuentro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el primero que se realiza sin Chávez, impulsor del bloque conformado en 2004, también delineará una posición común frente a la Alianza del Pacífico. Este último grupo conformado por Chile, Colombia, Perú y México es visto por miembros del ALBA como un intento de reflotar un área de libre comercio en la región. “Vamos a debatir cómo fortalecer nuestra alianza bolivariana, cómo retomar esa tarea que nos ha dejado el compañero Hugo Chávez”, declaró el mandatario boliviano Evo Morales a su llegada a Guayaquil.

Previo a la cumbre de ayer, Morales y su homólogo Rafael Correa sostuvieron un encuentro en Quito la semana pasada, en el que criticaron abiertamente la Alianza del Pacífico. “Mientras yo sea presidente, Ecuador no entrará en ninguna de estas aventuras”, declaró Correa, cuyo país, a diferencia de Bolivia, tiene acceso al océano Pacífico.

En el discurso inaugural de la XII cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que se celebra en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, el presidente del Ecuador, Rafael Correa, subrayó la necesidad de defender a los pueblos ante estas manifestaciones de poder. Es necesario “evitar que nuestras democracias sean restringidas” y “mantener nuestras soberanías, que están en peligro con ese orden mundial inmoral”, señaló el gobernante, quien consideró que el borrador de declaración final de la cumbre es “tremendamente tibio” ante estas amenazas.

Criticó el espionaje internacional, los tratados de protección recíproca de inversiones, las transnacionales, los centros internacionales de arbitraje y la prensa “mala”, que calificó de “letal” para las democracias, al tiempo que cuestionó el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) y reclamó reformas en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH).

El gobernante dio la bienvenida a los presidentes Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales y delegaciones de los países del ALBA, a la que pertenecen Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Nicaragua, San Vicente y Granadinas y Venezuela, así como Ecuador. El ALBA fue creado hace nueve años por los entonces presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro.

Esta cumbre de Guayaquil surge de la “necesidad de realzar una alianza que es bastante frágil” porque siempre estuvo atada al “personalismo de Chávez”, dijo Andrés González, politólogo y profesor de Relaciones Exteriores de la Universidad San Francisco de Quito. Los países miembro buscan “enviar un mensaje muy claro: el ALBA sí funciona y tiene un peso político”, agregó.

Correa invitó a los gobiernos a reflexionar sobre temas como el SIDH, cuya reforma defiende el país andino en foros internacionales por considerar absurdo que Washington sea la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pese a no haber ratificado el Pacto de San José, que es el “fundamento” del mismo. Es una “irracionalidad” que la sede se encuentre en el país que promueve el bloque contra Cuba, dijo Correa, quien se preguntó: “¿Hasta cuándo toleraremos esto?”.

El mandatario, que calificó de “atrocidad” el reciente incidente vivido por el presidente de Bolivia, Evo Morales, a cuyo avión se impidió acceder al espacio aéreo de países europeos, mencionó como ejemplo de la necesidad de fortalecer la unidad latinoamericana la negativa del Reino Unido a dialogar con la Argentina sobre las Islas Malvinas. Ante ello, Correa apeló a los instrumentos que brindan el ALBA, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) para avanzar en la integración.

El mandatario anfitrión anticipó que la cumbre servirá para ventilar temas como el plan estadounidense de vigilancia global revelado por el ex contratista norteamericano Edward Snowden, quien espera asilo en Rusia. Snowden, acusado por Washington de espionaje, recibió ofertas de protección de Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Ecuador propondrá acelerar la creación de centros regionales de arbitraje que resuelvan las controversias entre los Estados y empresas extranjeras.

Según Correa, las actuales entidades están dominadas por las transnacionales y son un instrumento de dominación contra los Estados.

Ecuador enfrenta millonarias demandas internacionales de las petroleras Chevron y Occidental.

El mandatario ecuatoriano resaltó además que la lucha contra la pobreza es el gran “imperativo moral” que tienen los gobiernos latinoamericanos ante sí para combatir “la esclavitud del siglo XXI”, como definió el hecho de “tener gente viviendo en la pobreza”. Y para ello defendió el uso racional de los recursos naturales no renovables para lograr un desarrollo con soberanía.

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El difícil camino hacia un Mercosur Suramericano

ALAI AMLATINA, 16/07/2013.- En los últimos años, América del Sur ha dado pasos decisivos en su camino hacia la integración regional. Conscientes de los desafíos que ha generado la globalización y que se han evidenciado en las crisis económicas y políticas internacionales, así como en la proliferación de actividades ilícitas transnacionales que traspasan las capacidades individuales de los Estados, algunos países han comenzado a entender que las ventajas de una mayor cooperación e intercambio comercial no son el objetivo final, sino que es necesario coordinar respuestas en políticas económicas y fiscales, pero también sociales, en manejo de recursos naturales, temas ambientales, de defensa y en otros ámbitos, para enfrentar las amenazas. Pero sobre todo, que en el mundo que se va configurando es imposible caminar solos, y es fundamental caminar en colectivo

 

Para reforzar la integración es necesario incrementar los niveles de interdependencia económica y comercial en la región. Es un camino complejo pero no imposible. Falta todavía profundizar en una mirada colectiva y dejar de mirarse cada uno al ombligo. Es necesario que las economías más grandes sean más solidarias con las economías pequeñas, pero también es fundamental que éstas busquen un desarrollo propio, dejen de ser parasitarias y no se escondan detrás la farsa de revender productos traídos de otros países sin incorporar agregado nacional o solo colocando una etiqueta de industria nacional.

 

De a poco América del Sur se va alejando de la teoría de integración regional que promueve el divorcio entre Economía y Política, y que terminó por arrastrar a muchos países a la falacia del "mercado auto regulador" como promotor del desarrollo. Sin embargo, es preocupante observar que después de las nefastas experiencias con la aplicación de la terapias de shock de mercado –en palabras de Naomi Klein-, este tipo de medidas políticas se siguen vendiendo desde algunos países de la OCDE, organizaciones financieras multilaterales, sectores políticos de derecha y ciertos empresarios, como la panacea para la proyección económica de nuestros países.

 

Desde el Norte se promueven los tratados de libre comercio y la liberalización y desregulación financiera, así como la privatización y la flexibilización del mercado de trabajo como los mecanismos fundamentales para la integración a la economía internacional. En América del Sur hay quienes escuchan esos cantos de sirena y defienden la necesidad urgente de crear un área de libre comercio estilo ALCA. Pretenden así reponer los fracasos del modelo neoliberal.

 

La integración regional de Suramérica debe recuperar el rol del Estado sobre el mercado, y de la sociedad sobre el Estado y el mercado. Los Estados Suramericanos integrados deben controlar el mercado suramericano integrado. Y la sociedad suramericana debe jugar un papel fundamental con su participación para controlar los Estados y los mercados integrados. Esa integración debe generar vías para un modelo de desarrollo que permita la proyección de cada país y la proyección conjunta. La eficacia y el aprovechamiento de las sinergias regionales dependen de la capacidad de entender que es un proyecto colectivo, no individual, y del tejido institucional que se consolide en el proceso de integración.

 

Fortalecer y profundizar la integración en América del Sur, pasa por fortalecer y profundizar Unasur, y en ese camino es fundamental fortalecer y profundizar el Mercosur caminando hacia un Mercosur Suramericano. Pero eso depende de la capacidad que muestren nuestros Estados para reconfigurar sus estructuras productivas. Esto será posible si los gobiernos van de a poco trascendiendo el ámbito de la mera racionalidad económica y se comprometen en la construcción de una Política Económica Común e Inclusiva, que aproveche las ventajas de la región en recursos alimenticios, hídricos, materias primas industriales y energéticas, generando una integración productiva y la complementariedad entre los países.

 

En el nuevo orden mundial, la importancia de América del Sur en la economía internacional es innegable. Es uno de los polos económicos más dinámicos. Actualmente, el PIB de los países de la Suramérica representa el 73 por ciento del de América Latina y el Caribe, que a su vez representa el 8 por ciento del comercio mundial. A pesar del peso económico, la matriz productiva y exportadora de nuestros países continúa centrada en el sector primario y en las manufacturas intensivas en materias primas y recursos naturales. Este fenómeno responde a los altos precios de los commodities en el mercado internacional, pero también a la concentración de la inversión, tanto nacional como extranjera, en la explotación de materias primas. Como consecuencia, los países suramericanos enfrentan la amenaza de la desindustrialización y reprimariziación de sus economías. Estos procesos conllevan el aparecimiento de enclaves productivos cuya generación de riqueza no se transmite al total de la economía, dadas las escasas concatenaciones productivas que generan y la fuga de capitales en forma de repatriación de ganancias y beneficios y de incremento desmedido de las importaciones. Esos enclaves, muchas veces son parte de la parasitaria inversión extranjera que no paga impuestos y aporta muy poco a nuestros países.

 

La forma independiente que los países suramericanos han concebido su desarrollo económico, ha dado origen al establecimiento de estructuras productivas orientadas a satisfacer solamente necesidades extra regionales, llevando a que la dinámica económica de los países de la región contribuya en poco o nada a la dinámica económica colectiva de la región. Debido a este modo individualista de concebir el crecimiento económico y de aplicar políticas comerciales fundamentadas en aperturismos indiscriminados, la mayor parte de las economías suramericanas han experimentado procesos de desmantelamiento productivo o pérdida de dinamismo económico en los sectores industriales. Paralelamente grandes segmentos de nuestras poblaciones ven disminuir el desempleo pero crecer el empleo precario. Y observan que, si bien se nota una clara disminución de la pobreza, la desigualdad se mantiene y a veces es más evidente.

 

Es necesario que la integración económica suramericana gire en torno a la articulación de las economías nacionales, que las estructuras productivas busquen satisfacer las necesidades de los habitantes de la región, de modo que podamos desarrollar nuestros sectores manufactureros y de servicios. En ese sentido se debe asegurar las condiciones jurídicas y técnicas para promover inversiones productivas regionales. Y finalmente hay que configurar ordenamientos productivos que contribuyan a que todas y cada una de las economías de la región alcancen niveles altos de competitividad para poder, en otra fase, competir en los mercados de servicios y manufacturas de mediano y alto valor agregado internacionales.

 

En el difícil camino hacia un Mercosur Suramericano, Mercosur debe transformarse en la cabeza de puente para formar un bloque comercial suramericano, que se rija por los principios de solidaridad, complementariedad y consideración de las asimetrías en los niveles de desarrollo económico y social de los diferentes miembros, que priorice el papel del Estado, que tenga como finalidad el bienestar de la población en lugar de las ganancias del gran capital, y que sirva como ejemplo de un modelo de regionalismo diferente, frente a los esquemas tradicionales que se basan en el fundamentalismo de mercado.

 

Por Kintto Lucas, Embajador Itinerante de Uruguay para Unasur, Celac y Alba. Ex Vicecanciller de Ecuador.

 

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Mercosur, Unasur y la indecisión del Brasil

ALAI AMLATINA, 11/07/2013.- Las últimas semanas fueron pródigas en acontecimientos reveladores de los alcances de la contraofensiva desplegada por Washington a los efectos de dinamitar los diversos procesos integracionistas en marcha en Latinoamérica. Hoy por hoy el Mercosur y la Unasur son los blancos más obvios, pero la CELAC está también en la mira y en cuanto demuestre una mayor gravitación en los asuntos del hemisferio será también ella objeto de los más encarnizados ataques. Una de las armas más recientemente pergeñadas por la Casa Blanca ha sido la Alianza del Pacífico, engendro típico de la superpotencia para movilizar a sus peones al sur del Río Bravo y utilizarlos como eficaces “caballos de Troya” para cumplir con los designios del imperio. Otra alianza, la “mal nacida” según el insigne historiador y periodista argentino Gregorio Selser, la inventó a comienzos de los sesentas del siglo pasado John F. Kennedy para destruir a la Revolución Cubana. Aquella, la Alianza para el Progreso, que en su momento dio pábulo a algunos pesimistas pronósticos entre las fuerzas anti-imperialistas, fracasó estrepitosamente. La actual no parece destinada a correr mejor suerte. Pero derrotarla exigirá, al igual que ocurriera con su predecesora, de toda la firmeza e inteligencia de los movimientos sociales, las fuerzas políticas y los gobiernos opuestos –en diversos grados, como es evidente al observar el panorama regional- al imperialismo. Flaquezas y debilidades políticas y organizativas unidas a la credulidad ante las promesas de la Casa Blanca, o las absurdas ilusiones provocadas por los cantos de sirena de Washington, señalarían el camino de una fenomenal derrota para los pueblos de Nuestra América.


En este sentido resulta más que preocupante la crónica indecisión de Brasilia en relación al papel que debe jugar en los proyectos integracionistas en curso en Nuestra América. Y esto por una razón bien fácil de comprender. Henry Kissinger, que a su condición de connotado criminal de guerra une la de ser un fino analista de la escena internacional, lo puso de manifiesto cuando, satisfecho con el realineamiento de la dictadura militar brasileña luego del derrocamiento de Joao Goulart, acuñó una frase que hizo historia. Sentenció que “hacia donde se incline Brasil se inclinará América Latina”. Esto ya no es tan cierto hoy, porque la marejada bolivariana ha cambiado el mapa sociopolítico regional para bien, pero aun así la gravitación de Brasil en el plano hemisférico sigue siendo muy importante. Si su gobierno impulsara con resolución los diversos procesos integracionistas (Mercosur, Unasur, CELAC) otra sería su historia. Pero Washington ha venido trabajando desde hace tiempo sobre la dirigencia política, diplomática y militar del Brasil para que modere su intervención en esos procesos, y se ha anotado algunos éxitos considerables. Por ejemplo, explotando la ingenua credulidad de Itamaraty cuando desde Estados Unidos se les dice que va a garantizar para Brasil un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mientras la India y Pakistán, (dos potencias atómicas) o Indonesia (la mayor nación musulmana del mundo) y Egipto, Nigeria (el país más poblado de África) y Japón y Alemania, sin ir más lejos, tendrían que conformarse con mantener su status actual de transitorios miembros de ese organismo. Pero otra hipótesis dice que tal vez no se trate sólo de ingenuidad, porque la opción de asociarse íntimamente a Washington seduce a muchos en Brasilia. Prueba de ello es que pocos días después de asumir su cargo, el actual canciller de Dilma Rousseff, Antonio Patriota, otorgó un extenso reportaje a Paulo Cesar Pereira, de la revista Veja. La primera pregunta que le formulara el periodista fue la siguiente: “En todos sus años como diplomático profesional, ¿qué imagen se formó de Estados Unidos?” La respuesta fue asombrosa, sobre todo por provenir de un hombre que se supone debe defender el interés nacional brasileño y, a través de las instituciones como el Mercosur, la Unasur y la CELAC, participar activamente en promover la autodeterminación de los países de los países del área: “Es difícil hablar de manera objetiva porque tengo una involucración emocional (¡sic!) con los Estados Unidos a través de mi familia, de mi mujer y de su familia. Existen aspectos de la sociedad americana que admiro mucho.”(1)


 
Lo razonable hubiera sido que se le pidiera de inmediato la renuncia por “incompatibilidad emocional” para el ejercicio de su cargo, para decirlo con delicadeza, cosa que no ocurrió. ¿Por qué? Porque es obvio que coexisten en el gobierno brasileño dos tendencias: una, moderadamente latinoamericanista, que prosperó como nunca antes bajo el gobierno de Lula; y otra que cree que el esplendor futuro del Brasil pasa por una íntima asociación con Estados Unidos y, en parte, con Europa, y que recomienda olvidarse de sus revoltosos vecinos. Esta corriente todavía no llega a ser hegemónica al interior del Palacio del Planalto pero sin duda que hoy día encuentra oídos mucho más receptivos que antes.


 
Este cambio en la relación de fuerzas entre ambas tendencias salió a luz en numerosas ocasiones en los últimos días. Pese a ser uno de los países espiados por Estados Unidos, y a que Brasilia dijera que el hecho era “extremadamente grave” tras cartón se hizo público que no se le asignaría asilo político a Edward Snowden, quien denunció la gravísima ofensa inferida al gigante sudamericano. Otro: la muy lenta reacción de la presidenta brasileña ante el secuestro del que fuera víctima Evo Morales la semana pasada: si los presidentes de Cuba, Ecuador, Venezuela y Argentina (amén del Secretario General de la Unasur, Alí Rodríguez) se tardaron apenas unos pocos minutos luego de conocida la noticia para expresar su repudio a lo ocurrido y su solidaridad con el presidente boliviano, Rousseff necesitó casi quince horas para hacerlo. Después, inclusive, de las duras declaraciones del mismísimo Secretario General de la OEA, cuya condena se conoció casi en coincidencia con la de los primeros. Conflictos y tironeos al interior del gobierno que aduciendo un inverosímil pretexto (las masivas protestas populares de los días anteriores, ya por entonces apagadas) impidieron que la mandataria brasileña no asistiera al encuentro de presidentes que tuvo lugar en Cochabamba, una ciudad localizada a escasas dos horas y media de vuelo desde Brasilia, debilitando el impacto global de esa reunión y, en el plano objetivo, coordinándose con la estrategia de los gobiernos de la Alianza del Pacífico que, como lo sugiriera el presidente Rafael Correa, bloquearon lo que debió haber sido una cumbre extraordinaria de presidentes de la Unasur.


 
Para una América Latina emancipada de los grilletes neocoloniales es decisivo contar con Brasil. Pero ello no será posible sino a cuentagotas mientras no se resuelva a favor de América Latina el conflicto entre aquellos dos proyectos en pugna. Esto no sólo convierte a Brasil en un actor vacilante en iniciativas como el Mercosur o la Unasur, lo que incide negativamente sobre su gravitación internacional, sino que lo conduce a una peligrosa parálisis en cruciales cuestiones de orden doméstico. Por ejemplo, a no poder resolver desde el 2009 dónde adquirir los 36 aviones caza que necesita para controlar su inmenso territorio, y muy especialmente la gran cuenca amazónica y sub-amazónica, a pesar del riesgo que implica dilatar la adquisición de las aeronaves aptas para tan delicada tarea. Una parte del alto mando y la burocracia política y diplomática se inclina por un re-equipamiento con aviones estadounidenses, mientras que otra propone adquirirlos en Suecia, Francia o Rusia. Ni siquiera Lula pudo zanjar la discusión. Esta absurda parálisis se destrabaría fácilmente si los involucrados en la toma de decisión se formularan una simple pregunta: ¿cuántas bases militares tienen en la región cada uno de los países que nos ofertan sus aviones para vigilar nuestro territorio? Si lo hicieran, la respuesta sería la siguiente: Rusia y Suecia no tienen ni una; Francia tiene una base aeroespacial en la Guayana francesa, administrada conjuntamente con la OTAN y con presencia de personal militar estadounidense; y Estados Unidos tiene, en cambio, 76 bases militares en la región, un puñado de ellas alquiladas a -o co-administradas con- terceros países como el Reino Unido, Francia y Holanda. Algún burócrata de Itamaraty o algún militar brasileño entrenado en West Point podría aducir que esas se encuentran en países lejanos, que están en el Caribe y que tienen como misión vigilar a la Venezuela bolivariana. Pero se equivocan: la dura realidad es que mientras ésta es acechada por 13 bases militares norteamericanas instaladas en sus países limítrofes, Brasil se encuentra literalmente rodeado por 23, que se convierten en 25 si sumamos las dos bases británicas de ultramar con que cuenta Estados Unidos –vía la OTAN- en el Atlántico ecuatorial y meridional, en las Islas Ascensión y Malvinas respectivamente. De pura casualidad los grandes yacimientos submarinos de petróleo de Brasil en encuentran aproximadamente a mitad de camino entre ambas instalaciones militares.(2)


 
Ante esta inapelable evidencia, ¿cómo es posible que aún se esté dudando a quién no comprarle los aviones que el Brasil necesita? La única hipótesis realista de conflicto que tiene ese país (y toda América Latina, digámoslo de paso) es con Estados Unidos. En esta parte del mundo hay algunos que pronostican que el enfrentamiento será con China, ávida por acceder a los inmensos recursos naturales de la región. Pero mientras China invade la región con un sinnúmero de supermercados, Washington lo hace con toda la fuerza de su fenomenal músculo militar, pero rodeando principalmente a Brasil. Y, por si hiciera falta George W. Bush reactivó también la Cuarta Flota (¡en otra de esas grandes “casualidades” de la historia!) justo pocas semanas después que el presidente Lula anunciara el descubrimiento del gran yacimiento de petróleo en el litoral paulista. Pese a ello persiste la lamentable indefinición de Brasilia. ¿O es que ignoran sus dirigentes las enseñanzas de la historia? ¿No sabían que John Quincy Adams, el sexto presidente del país del Norte, dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”? ¿Desconocen los funcionarios a cargo de estos temas que ni bien el presidente Hugo Chávez comenzó a tener sus primeros diferendos con Washington, la Casa Blanca dispuso el embargo a todo envío de partes, repuestos y renovados sistemas de aeronavegación y combate para la flota de los F-16 que tenía Venezuela, misma que por eso mismo quedó inutilizada y tuvo que ser reemplazada? No hace falta demasiada inteligencia para imaginar lo que podría ocurrir en el para nada improbable caso de que se produjera un serio diferendo entre Brasil y Estados Unidos por la disputa del acceso a, por ejemplo, algunos minerales estratégicos que se encuentran en la Amazonía; o al petróleo del “pre-sal”; o, el escenario del “caso peor”, si Brasilia decidiera no acompañar a Washington en una aventura militar encaminada a producir un “cambio de régimen” en algún país de América Latina y el Caribe, replicando el modelo utilizado en Libia o el que se está empleando a sangre y fuego en Siria. En ese caso, la represalia que merecería el “aliado desleal”, en ese hipotético caso el Brasil, que renuncia a cumplir con sus compromisos sería la misma que se le aplicara a Chávez, y Brasil quedaría indefenso. Ojalá que estas duras realidades pudieran comenzar a discutirse públicamente y que esa gran nación sudamericana pueda comenzar a discernir con claridad donde están sus amigos y quiénes son sus enemigos, por más que hoy se disfracen con una piel de oveja. Esto podría poner término a sus crónicas vacilaciones. Ojalá que la reunión de hoy del Mercosur en Montevideo y la próxima de la Unasur puedan convertirse en las ocasiones propicias para esta reorientación de la política exterior del Brasil.


 
Por Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013. www.atilioboron.com.ar Twitter: http://twitter.com/atilioboron
 Facebook: http://www.facebook.com/profile.php?id=596730002


 
(Una versión reducida de esta nota se publica en Página/12 de Buenos Aires)


 
Notas:
 (1) Ver la entrevista completa en http://www.politicaexterna.com/17260/entrevista-de-antonio-patriota-para-a-veja#ixzz2YlP9rhdn (2) Sobre este tema ver el imprescindible estudio de TelmaLuzzani, “Territorios Vigilados. Como opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica” (Buenos Aires: Debate, 2012). El tema también se examina en nuestro “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo” (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2012)

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Los desafíos de la Alianza del Pacífico. Soberanía regional o periferia de lujo

Dos proyectos de asociación regional se enfrentan en América del Sur: la Alianza del Pacífico y la UNASUR. Ambas son incompatibles, responden a intereses geopolíticos opuestos que colocan a cada uno de los países de la región ante una disyuntiva. Ya no quedan espacios ni para ingenuidades ni para distracciones.

 

"Existe una cierta tendencia en nuestras perspectivas integracionistas a sobrecargar de ideología las lecturas sobre los diferentes proyectos subregionales", escribió Carlos Chacho Álvarez, secretario general de Aladi (Tiempo Argentino, 2 de junio de 2013). Por esa razón considera que contraponer la Alianza del Pacífico al Mercosur ampliado, "resulta claramente un signo negativo, cuando no un retroceso". De todos modos, Álvarez apuesta por la Unasur y la Celac "como los dos proyectos más ambiciosos e integrales de la región", que al excluir a Estados Unidos y Canadá enseñan también su costado ideológico. (1)

 

"El continente se dividió", apunta el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso en referencia al nacimiento de la Alianza del Pacífico (Valor, 30 de noviembre de 2012). "De alguna manera perdemos nuestra relevancia política en el continente que era incontestable", añade. Cardoso cree que la salida para su país es "una negociación a fondo con los Estados Unidos", a la que "siempre tuvimos miedo".

 

Deslizándose por encima de los dos bloques, el presidente peruano Ollanta Humala recibió a principios de junio a Luiz Inácio Lula da Silva, en el marco del foro "10 Años de la Alianza Estratégica Brasil-Perú 2003-2013", y señaló que en diez años "se ha avanzado mucho en la integración peruano-brasileña y sobre todo en el entendimiento de que es una alianza natural para poder integrar un bloque bioceánico Atlántico-Pacífico" (La Voz de Rusia, 6 de junio de 2013).

 

En el mismo acto Lula recordó que una década atrás fue muy criticado en su país por firmar el acuerdo de integración con Perú, pues las elites brasileñas consideran que sólo se alcanzaría el desarrollo en base a relaciones comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea: "América del Sur no existía, ni América Latina, no existía África ni los países árabes, yo creía que se podía cambiar la geografía comercial y política del mundo si creíamos en nosotros mismos, pero no era un discurso fácil", sentenció el ex presidente.

 

Lula apoyó su discurso en datos irrefutables: el comercio bilateral pasó de 650 millones de dólares en 2003 a 3.700 millones en 2012. Las inversiones privadas brasileñas en Perú ascienden a 6.000 millones de dólares y lanzó el desafío de exportar productos industriales y con elevada composición tecnológica con el objetivo de que ambas economías "puedan complementarse". Conscientemente abordó el punto clave de cualquier proceso serio de integración.

 

Los TLC hilvanados

 

La Alianza del Pacíficonació en abril de 2001 con la "Declaración de Lima", iniciativa del entonces presidente Alan García, entre cuatro países que tienen Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos: México, Colombia, Perú y Chile. El 6 de junio de 2012 se firmó el "Acuerdo Marco de Antofagasta" por los presidentes Sebastián Piñera, Juan Manuel Santos, Humala y Felipe Calderón. Panamá y Costa Rica fueron los primeros miembros observadores, a los que luego se sumaron España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay, y en las siguientes cumbres se incorporaron Ecuador, El Salvador, Francia, Japón, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana.

 

Los defensores de la Alianza suelen decir que los cuatro países que la integran suman 200 millones de habitantes, representan el 55 por ciento de las exportaciones latinoamericanas y el 40 por ciento del PIB de la región. Dos destacados economistas de la región, el peruano Oscar Ugarteche y el brasileño José Luis Fiori, coinciden en analizar los procesos regionales como si fueran un juego de ajedrez, en el que la movida de una pieza por uno de los jugadores debe ir acompañada de una respuesta del otro contendiente adecuada al desafío recibido. Cuando se produjo el "golpe constitucional" que apartó a Fernando Lugo del gobierno, Paraguay fue separado del Mercosur y se le dio el ingreso a Venezuela. Del mismo modo debe interpretarse la creación de la Alianza del Pacífico: una respuesta a la creación de la Unasur encabezada por Brasil.

 

Cuando se formó la Alianza, Ugarteche sostuvo: "Los tres gobiernos sudamericanos del grupo (Chile, Colombia y Perú) tienen en común no haber firmado el acta de constitución del Banco del Sur, no tener acuerdos comerciales con el Mercosur vigentes, son observadores, tener TLCs firmados con Estados Unidos que aseguran arancel cero, lo que impide el acuerdo con el Mercosur cuyo piso es 5 por ciento, y carecer de un sector industrial nacional significativo" (Alai, 26 de abril de 2011). Su conclusión era que la Alianza es "un contrapeso a la influencia brasileña en Sudamérica" que "sirve no para competir sino para bloquear".

 

Sin embargo, en un reciente artículo el economista sostiene que en los últimos tiempos "quien ha realizado los mejores movimientos ha sido sin duda la Alianza del Pacífico", no tanto por sus propios méritos como por el notable estancamiento del Mercosur por el atasco en las relaciones entre Buenos Aires y Brasilia (Alai, 24 de abril de 2013). Entre esos avances figura el acercamiento del Paraguay pos Lugo. Así y todo, la Alianza debe sortear numerosas dificultades entre las que destacan la oposición de sectores del empresariado colombiano a un acuerdo que no les genera nuevas oportunidades sino "un detrimento de la balanza comercial y del empleo".

 

Las dificultades de la integración

 

Los datos sobre inversión extranjera directa (IED) pueden tomarse como una radiografía de la región. La IED ha escalado de forma exponencial en América del Sur, pasando de poco más de 30.000 millones de dólares anuales en los primeros años de la década de 2000 a 143.000 millones en 2012. Se multiplicó por más de cinco, según el último informe de la CEPAL. (2)

 

Vale la pena destacar que los tres países andinos de la Alianza del Pacífico pasaron de recibir una IED de 11.000 millones de dólares al comenzar el siglo a percibir 58.000 millones. El mayor crecimiento de la región. Pero lo que revela el carácter de las economías nacionales es el sector al que se dirigen.

 

Chile es el segundo país en volumen de IED, con 30.000 millones de dólares en 2012, pero la mitad se invierte en la minería (49 por ciento) y un quinto en el sector financiero. Colombia recibió una IED de 15.800 millones de dólares, pero más de la mitad van a petróleo y minería. En Perú, que recibió 12.200 millones, sólo la minería absorbe bastante más de la mitad de las inversiones (quizá el 70 por ciento, aunque no hay datos).

 

En Brasil la relación es justamente la inversa: la industria manufacturera absorbe alrededor del 40 por ciento de las inversiones (decayendo del 47 a 38 por ciento en los últimos años) mientras las actividades extractivas concentran apenas el 13 por ciento. Esto quiere decir que el grueso de la inversión extranjera, de 66.000 millones de dólares (la cuarta del mundo luego de Estados Unidos, China y Hong Kong), se dirige a sectores que generan puestos de trabajo calificados y agregan valor a la producción.

 

Argentina tiene una situación intermedia entre Brasil y los países andinos. Luego de una década de fuerte retracción, la IED hacia Argentina creció un 27 por ciento en 2012 hasta alcanzar 12.500 millones de dólares. A fines de 2011 la composición sectorial de la IED acumulada en Argentina estaba concentrada en un 44 por ciento en la industria y un 30 por ciento en servicios.

 

Es cierto que toda la región sufre un proceso de desindustrialización como consecuencia de la competencia china. Pero los efectos son dispares: en algunos casos la dependencia de los bienes naturales es apabullante, convirtiendo a esos países en absolutamente dependientes de los precios de las commodities en las bolsas de valores y, muy en particular, de la evolución del mercado chino. Es posible que la mentada pujanza de la Alianza del Pacífico sea poco más que humo y se evapore cuando esos precios caigan.

 

Chile no es capaz de absorber productivamente los enormes flujos de IDE que recibe, toda vez que el 26% son reinvertidos inmediatamente fuera del país por las subsidiarias chilenas de empresas extranjeras. La CEPAL concluye que el país andino, colocado como modelo a seguir por buena parte de los economistas de la región, es apenas "una puerta de entrada para otros mercados latinoamericanos".

 

Según Fiori los tres países sudamericanos de la Alianza del Pacífico "son pequeñas o medianas economías costeras y de exportación, con escasísimo relacionamiento comercial entre sí, o con México". El único país que tiene clima templado y tierras productivas, Chile, "es casi irrelevante para la economía sudamericana, además de ser uno de los países más aislados del mundo", dice el economista brasileño.

 

Cree que la Alianza del Pacífico no tiene un futuro promisorio. Sus exportaciones son mayores que las del Mercosur, pero el comercio intrazona es ínfimo (dos por ciento del total exportado frente al 13 por ciento del Mercosur). En rigor, es una alianza comercial que no busca la integración.

 

El problema no radica tanto en las virtudes de la Alianza sino en los problemas que atraviesa el Mercosur. Por un lado, los cuatro países que lo crearon (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) exportan los mismos productos (básicamente soja y carne) a los mismos mercados. Con esa estructura de exportaciones no hay integración posible, que sólo puede forjarse sobre la base de la complementación productiva. Como apunta Fiori, desde la crisis de 2008 y a caballo de la expansión china, se han profundizado las características seculares de las economías sudamericanas que obstaculizan cualquier proyecto de integración: "El hecho de ser una sumatoria de economías primario-exportadoras paralelas y orientadas por los mercados externos" (Pontes, febrero 2013).

 

Por otro, y estrechamente ligado a lo anterior, la permanente disputa entre Brasil y Argentina por sus exportaciones industriales (automotriz y de electrodomésticos) está empantanando la alianza regional. Cada producto argentino que ingresa en Brasil, le hace perder puestos de trabajo, y viceversa. Los acuerdos comerciales existentes y la opción por la integración aún no se tradujeron en la creación de industrias capaces de complementarse.

 

En su balance de la inversión extranjera en 2012, la Cepal no deja lugar a dudas: "En América del Sur (sin incluir a Brasil), se ha ido profundizando un patrón de distribución de la IED en el cual los sectores basados en recursos naturales son claramente el primer destino". La minería absorbió el 51 por ciento de las inversiones en la región, servicios el 37 y la industria apenas el 12 por ciento.

 

Hora de elegir

 

"Se puede decir con toda certeza que el ´cisma del Pacífico´ tiene más importancia ideológica que económica en América del Sur y sería casi insignificante políticamente si no se tratara de una pequeña franja del proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico", señala Fiori (Pontes, febrero de 2013).

 

Este es quizá el nudo de la cuestión. México es ya una pieza inseparable de la economía estadounidense. Luego de la crisis de 2008, que le impone serias restricciones presupuestales, la estrategia de los Estados Unidos consiste en "tercerizar" la administración de su poder global pero con el cuidado de impedir que surjan potencias regionales que amenacen su posición y en particular el predominio aéreo y naval. A través del sistema financiero, razona Fiori, la superpotencia sigue traspasando sus costos y sus crisis a terceros países, como sucedió con su principal aliado, la Unión Europea, manteniendo en tanto el "control monopólico de la innovación tecnológica".

 

Ante este panorama, lo decisivo serán las opciones de los demás países, sobre todo el rumbo que adopte Brasil. El profesor Ricardo Sennes, analista internacional de la Universidad de Sao Paulo, sostiene que el crecimiento económico pos 2002 "profundizó las divergencias entre las estrategias económicas de los países, así como se ampliaron las asimetrías entre Brasil y los países de la región" (3).

 

A esta dificultad estructural se suma que en Brasil prevalece "la preferencia por un patrón de relación regional basado en la proyección de las capacidades políticas brasileñas y no en un patrón de integración regional". No es lo mismo la densificación de los negocios que una estrategia de integración. En su opinión eso debe a que existe una débil "coalición interna" a favor de la integración y se traduce en un elevado activismo diplomático que contrasta con la baja institucionalidad de la integración. En conclusión, "la regionalización, aumento de las relaciones regionales no derivadas de política y acuerdos entre estados, avanzó más rápida y profundamente que la integración regional".

 

Eso se manifiesta en que los miembros del Mercosur han establecido acuerdos más profundos con países de fuera de esta alianza que entre ellos mismos. Sennes concluye que más allá de las declaraciones, "el proyecto regional de Brasil no integra el eje central de su estrategia internacional". Suena fuerte, pero en modo alguno parece alejado de la realidad. En su apoyo, resume: preferencia por reuniones de cúpula antes que acuerdos institucionales; "integración económica rasa", o sea focalizada en cuestiones comerciales bilaterales en detrimento de la integración productiva, financiera y logística; privilegiar agencias de crédito domésticas como el BNDES en vez de regionales; y apoyar las iniciativas privadas de inversiones en detrimento de acuerdos regionales de promoción de inversiones.

 

A partir de este cúmulo de dificultades, Fiori plantea una disyuntiva de hierro. Que Brasil y la región se conviertan en "periferia de lujo" de las grandes potencias, como ya fueron Australia y Canadá, con acuerdos de "socios preferenciales", en línea con la propuesta de Cardoso y de las elites de cada país, atornillados al papel de exportadores de commodities. O bien emprender un camino alternativo, asentado en la autosuficiencia energética y los recursos naturales estratégicos, combinando "una industria de alto valor agregado como un sector productor de alimentos y commodities de alta productividad", que no renuncie a la complementariedad y competitividad con Estados Unidos pero que "luche para aumentar su capacidad de decisión estratégica autónoma" ("Brasil e América do Sul: o desafío da inserçâo internacional soberana", Brasilia, CEPAL/IPEA, 2011).

 

Las elites han hecho su opción y pelean por ella. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) y la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo rechazan cada vez con mayor vigor el Mercosur y ni siquiera toman en cuenta la Unasur. Aecio Neves, candidato por el Partido de la Social Democracia que representa a esos sectores, habla claro: "Tenemos que tener el coraje de repensar y revisar el Mercosur. En este sentido, la Alianza del Pacífico, es un ejemplo ya de movilidad y dinamismo" (La Nación, 9 de junio de 2013).

 

Esa claridad contrasta con las nebulosas y contradictorias posiciones del progresismo. En el actual panorama global, no hay lugar para la neutralidad. "Los que se consideran neutros son siempre países irrelevantes o que acaban sucumbiendo", concluye Fiori. Por eso sostiene que la región debería construirse como "un grupo de países aliados capaces de decir no, cuando sea necesario, y capaces de defenderse, cuando sea inevitable".

 

Notas

(1) Aladi: Asociación Latinoamericana de Integración. Unasur: Unión de Naciones Suramericanas. Celac: Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

(2) La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2012", Santiago, 2013.

(3) Revista "Tempo do Mundo", Vol. 3, No. 2, Brasilia, diciembre 2012.

- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

 

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Theotonio dos Santos, Premio Economista Marxista 2013: “El camino es la integración”

ALAI AMLATINA, 11/06/2013.-  En el acto de apertura del VIII Foro de la Asociación Mundial de Economía Política (Florianópolis, 23-26 de mayo de 2013), el científico social brasileño Theotonio dos Santos fue galardonado con el Premio Economista Marxista 2013, que otorga esta entidad desde el año 2011, como reconocimiento a su dilatada producción intelectual que tiene como uno de los ejes la “Teoría de la Dependencia”, habida cuenta de que participó en la sustentación inicial de ella.
 


Titulado en economía, sociología y ciencia política, este profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense y coordinador de la Cátedra y Red UNESCO-ONU de Economía Global y Desarrollo Sustentable (Reglen) llegó a la Conferencia de la Unión de Naciones Suramericanas sobre “Recursos Naturales para un Desarrollo Integral de la Región” (27-30 de mayo 2013) que tuvo lugar en Caracas, Venezuela, donde se dio el diálogo que sigue a continuación.


 

- Los últimos días del pasado mes de marzo estuviste en China, atendiendo las invitaciones de la Academia China de Ciencias Sociales y de la de Xangai.  ¿Qué nos puedes decir sobre las expectativas de ese país respecto a América Latina?


 
China tiene un interés muy grande por América Latina porque es una fuente de materias primas que para ella es fundamental.  En los ’90 también consideraron establecer acuerdos de cooperación tecnológica, particularmente con Brasil.  Entre el 94 y 95 finalmente se concretó uno en la cuestión espacial, pero Brasil no cumplió gran parte del acuerdo.  Y, bueno, China en este campo ha logrado un desarrollo colosal, mientras que Brasil no ha conseguido enviar ningún cohete al espacio.  Entonces, esta cooperación no avanzó mucho.  Ahora ellos piensan mucho en América Latina para llegar a acuerdos regionales y ya propusieron una reunión regional…


 
- ¿Con la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)?


 
No tanto la Celac porque recién se formó, pero seguramente ahora lo van a hacer.  El interés manifiesto es respecto a Mercosur y Unasur, particularmente.  Ellos quieren llegar a acuerdos más amplios porque están trabajando con escalas de producción muy grande, pero nuestras comitivas que van allá llevan a empresarios que no conocen China, que no saben qué es lo que pueden hacer, lo cual es mucha pérdida de tiempo para ellos, siendo que esperan que se pueda hacer acuerdos regionales porque están acostumbrados a operar así.  Entonces, el problema es que nosotros no tenemos una articulación regional para hacer buenas propuestas con ellos, pero creo que Unasur ahora va tratar de crear condiciones para ese tipo de acuerdos, y para los chinos será más fácil negociar con Unasur.
 


- De hecho, si se establece una negociación en bloque hay mejores condiciones que si cada país va por su lado…
 


Claro que sí.  Podemos decir, por ejemplo, nosotros no queremos más exportar materia prima pura, queremos exportar pero con un valor agregado importante.  En algunos casos se puede llegar incluso a acuerdos con ellos porque si nosotros no tenemos las condiciones técnicas para hacer eso, creo que ellos estarán dispuestos a transferir tecnología para nosotros.  Alguna gente dice que los chinos nos están obligando a vender materia prima, no es así, no nos están obligando a vender materia prima, pues los chinos compran de EEUU básicamente productos industriales, compran de Europa y Japón productos industriales, ya que tienen necesidad de productos industriales.


 
Ahora bien, como nosotros no tenemos productos industriales tienen todo el interés en comprar como materia prima, pero no hacen tanta cuestión respecto de agregar valor porque ellos están trabajando mucho en inversiones de alta tecnología, etc.  El tipo de productos que podemos de inmediato ofrecer a ellos son, digamos, en vez de vender hierro, vender acero, tal vez algo de metalurgia, etc. Brasil podría, por ejemplo, hacerlo sin mucho problema.  Entonces es ese tipo de cosas que tenemos condiciones de vender ahora, pero con el tiempo podemos agregar más valor.


 
Con Venezuela hicieron un acuerdo para adquirir petróleo y van a entregar 17 acuerdos, ya entregaron un hospital completo con altísima tecnología.  Este fue un acuerdo de bloque por el cual Venezuela le va a asegurar una cuota de petróleo muy importante, tal vez con una cuota de exportación mayor que la que va para Estados Unidos.  De modo que para China va a ser muy importante tener una fuente definida a largo plazo, en este caso el petróleo, pero si Venezuela tuviera condiciones de exportar petroquímica creo que no sería tan dramático para ellos.


 
China está en una etapa de industrialización en la cual competir por estas fases iniciales de industrialización no es tan importante para ellos.  Claro que importa, pero si es condición para que obtenga una serie de productos que la región le puede ofrecer y ella necesita, pues tendrá que aceptar condiciones, no veo como puede dejar de aceptar.  Además nosotros tenemos que hacer eso en general, no solo con China.


 
- ¿Es esto factible con Estados Unidos y Europa?


 
Estados Unidos tiene dificultades de hacer negociaciones tan generales, pero se les puede imponer también.  Los europeos querían trabajar con el Mercosur a un nivel más regional y llegar a acuerdos más generales pero en las negociaciones Brasil, con el apoyo de los otros países, colocó una cuestión difícil: que dejen de subsidiar su agricultura.  Bueno, dejar de subsidiar su agricultura significa terminar con su agricultura y ahí hay un problema de seguridad alimenticia, que nosotros acá podemos entregar con cierta facilidad, pero gente que ha tenido varias guerras y que sabe lo que es no tener alimentos en tu propia nación y tener que importarlos en situación de guerra, sabe muy bien que esto es una cosa muy grave. Entonces no sé si Europa va a aceptar, veo que es muy difícil que dejen de subsidiar su producción agrícola.


 
Con Estados Unidos es lo mismo.  Brasil también quiere que abandonen ese subsidio, y Mercosur apoyó un poco esa idea, pero no creo que lo van a dejar de hacer porque si lo hacen la producción será cero porque es muy cara la producción agrícola en esos países, realmente no son competitivos.  En el caso de Japón incluso plantean que no pueden perder la tecnología agrícola de tipo campesino, etc. porque significa perder todo un conocimiento que es muy importante; lo mismo está pasando ahora con la industria, como han conservado también los artesanos, ya que tiene ese sistema de tesoros nacionales que son los grandes artesanos, los grandes actores de teatro, porque es una forma de conocimiento y una práctica que si se elimina totalmente se pierde toda una conexión histórica muy importante, y ahora con la industria está pasando eso.  En efecto, como la industria está saltando a la robótica y está desapareciendo la industria en muchos sectores, ellos están creando sistemas para que se pueda conservar producción industrial también con ese sentido de que no podemos perder toda una era económica que desaparezca así.  Por lo mismo, esa gente no creo que acepte esa idea de no subsidiar, de libre comercio, ellos quieren libre comercio de los otros no de ellos, los otros sí no pueden subsidiar, pero ellos sí.


 
- ¿Cómo evalúas los procesos de integración actualmente en curso en América Latina?


 
La región necesita integrarse.  Primero, por una cuestión muy importante: a todo nivel cuentan las escalas de producción.  Las nuevas tecnologías que se están desarrollando masivamente exigen escalas de producción muy grandes, entonces si no tienes un mercado local y regional que garantice ese mercado es muy difícil tener competitividad en cualquier producto.  Los chinos, por ejemplo, tienen un mercado interno muy grande pero a pesar de eso, en ciertos productos, para poder desarrollarlos, tienen que ser pensados en términos planetarios, y para eso hay que estar en la punta de la punta.  De modo que eso obliga a la región a buscar la integración, el camino es la integración, y no hay duda de que hemos avanzado bastante, por ejemplo, en muy poco tiempo el comercio de Brasil con el mercado latinoamericano creció de casi 0.2% a más del 20%; se ve que había un potencial de crecimiento enorme, paralizado por falta de políticas de integración.


 
Ahora se está tomando conciencia de la necesidad de invertir en infraestructura, por ejemplo, en materia de transportes, porque todo está orientado hacia Estados Unidos y Europa.  Las inversiones en infraestructura son relativamente grandes, pero existe un excedente financiero en la región muy alto que si se aplica bien se puede desarrollar eso internamente sin necesidad de ayuda internacional.
 


Desde el punto de vista cultural el avance ha sido pequeño, aunque hay muchas iniciativas que están surgiendo.  Telesur logró entrar en casi toda la región, pero no en Brasil.  En el plano cultural hay señales importantes, hay iniciativas de encuentros.  En el plano universitario, que debería ser mucho más amplio, no se ha logrado prosperar en la región, como en la cuestión del reconocimiento de títulos.  Y lo que Unasur está proponiendo es mucho más que eso: plantea que lleguemos a tener estrategias conjuntas y ojalá ello permita dar el salto.  Sería un error profundo no entender esto, aunque desgraciadamente nuestra clase dominante históricamente no ha demostrado una gran capacidad de buscar soluciones dentro de la región, confiando en que su papel subordinado en la economía mundial es lo mejor que pueda hacer.  Alguna gente ha ganado mucho con eso, las comisiones de la deuda, por ejemplo, fueron fantásticas y se creo ahí una burguesía compradora del sector financiero gigantesca. Compañeros que eran profesores se metieron al gobierno, entraron en esos acuerdos, obtuvieron sus comisiones, y hoy son banqueros.  Y eso no aparece como corrupción.


 
En este momento hay un intento de lo que podríamos llamar un nuevo “progresismo” que acepta que hay que permitir que haya ciertos avances e incluso promoverlos eventualmente, para ganar un espacio histórico amplio.  Y es así que gobiernos de derecha hablan de distribución de la renta, de preocupación con el medio ambiente, en fin, con la idea de hacer concesiones para evitar una radicalización muy grande, y para ellos la integración es parte de un proceso de ese tipo.


 
- En este contexto, ¿cómo ves la Alianza del Pacífico?


 
¿Qué es lo que el gobierno de Estados Unidos puede ofrecer a los países del área del Pacífico?, comercio con Estados Unidos.  Parte de la crisis de este país es que registra un superávit comercial porque importa mucho más de lo que exporta y eso tiene que ver con la valorización del dólar, por eso está devaluando el dólar para aumentar las exportaciones y lo está consiguiendo.  En tales condiciones, los países que entran en tal asociación no hacen acuerdos entre ellos, hacen acuerdos de cada uno de ellos con Estados Unidos, eso no es integración.  Es más, cada uno de ellos en la relación con Estados Unidos se va a convertir en deficitario.


 
Mira, Brasil, por ejemplo, tiene un superávit sobre todo con China, pero tiene déficit con Estados Unidos que incluso está comprometiendo el superávit en Brasil.  La relación con Estados Unidos tiende a ser deficitaria.  Parece que Estados Unidos está ganando mercados en Japón, pero Japón también está muy preocupado en mantener un superávit, no veo que Japón se comprometa en una política que le lleve a una posición deficitaria.  En todo caso, es evidente que es importante la relación con Asia, pero Asia significa China, India, que no están en el proyecto; entonces es una propuesta para que se pongan al servicio de Estados Unidos.  De modo que considero que se trata de una aventura y que los países que se embarquen van en un sentido anti-integración, sin poder incluso decirlo porque sería el colmo del error político y sus pueblos no aceptarían porque la idea de integración es mayoritaria.  Entonces por ahí no veo mucho futuro.

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