MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Un avión de reconocimiento Boeing RC-135W "Rivet Joint" como el utilizado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la frontera entre Colombia y Venezuela (U.S. Air Force/Master Sgt. Lance Cheung/Archivo)

Varias aeronaves del país norteamericano sobrevolaron los sectores de Cravo Norte, Puerto Rondón y Tame, en Arauca, a inicios de esta semana, en busca de información sobre los movimientos del ejército vecino.

 

De acuerdo con un reporte de W Radio, miembros de inteligencia de Estados Unidos vienen desplegando labores de vigilancia aérea sobre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela desde el espacio aéreo colombiano. Esto se sabe luego de que dicha emisora pudiera corroborar que una de las misiones tuvo lugar el pasado 12 de abril sobre el estado de Apure, donde todavía se registran intensos combates entre dicho Ejército y disidencias de las Farc.

Las mismas, agregó el medio de comunicación colombiano, se están adelantando a bordo de una aeronave tipo Boeing RC-135W “Rivet Joint”, perteneciente a la Fuerza Aérea norteamericana. Está, continuó, estaría equipada con sensores que buscan detectar, identificar y geolocalizar señales en todo el espectro electromagnético. En otras palabras, interceptar comunicaciones entre efectivos del ejército del vecino país.

Según explicó el ministro de Defensa, Diego Molano, a W Radio, dichas labores se habrían realizado con la venia del Gobierno nacional. “El Estado colombiano, a través del Ministerio de Defensa Nacional, ha realizado acuerdos de cooperación con el Gobierno de los Estados Unidos en asuntos de lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y amenazas transnacionales”.

Se trata de una misión sin precedentes en el país, pues como reportó Webinfomil, medio especializado en la industria de seguridad que pudo seguir los movimientos de la aeronave empleando fuentes abiertas y programas que registran la posición de las aeronaves por medio del sistema de transponder ADS-B, el avión de registro 62-4139 llegó al espacio aéreo nacional desde la Base Aérea Lincoln, en el estado de Nebraska, en Estados Unidos. En el camino, se reabasteció con el apoyo de otras aeronaves KC-10 Extender y KC-135 Stratotanker que la alcanzaron desde diferentes bases militares de ese mismo país.

Una vez en Arauca, el Boeing procedió a sobrevolar la frontera colombiana con Venezuela, hacia el suroccidente del país, desplazándose principalmente por los municipios araucanos de Tame, Cravo Norte y Puerto Rondón. En ese tiempo, anotó el mismo portal, se buscó conocer las capacidades de batalla electrónica del ejército venezolano, incluyendo la detección de dispositivos como radares, sistemas de defensa aérea, señales de celular, emisoras clandestinas y otras formas de comunicación.

De igual manera, se trabajó para identificar la disposición táctica y estratégica de las fuerzas armadas que hacen en terreno, tanto táctica como estratégica de las fuerzas armadas que hacen presencia en la región con motivo de los combates entre autoridades venezolanas y disidencias colombianas desde el pasado 21 de marzo. Dichos enfrentamientos han resultado en el desplazamiento de al menos 6.000 personas hacia el departamento de Arauca, que tuvo que declarar estado de Calamidad Pública siete días después.

Tal es la situación, que el comandante de la Milicia Nacional de Venezuela, mayor general Manuel Bernal Martínez, anunció el pasado miércoles 14 de abril que un grupo de mil combatientes de la Milicia Nacional, una unidad de civiles afectos al chavismo, uniformados y armados, se desplazará al estado fronterizo de Apure. Horas después, el mandatario de ese país, Nicolás Maduro, explicó que la orden en Apure es la de “guerra de todo el pueblo en defensa de la soberanía y de la tierra contra los grupos irregulares, delincuenciales, criminales y terroristas que vienen de Colombia”.

Es de presumir que esa emergencia forzó la mano del Gobierno estadounidense, que no había ingresado a territorio colombiano durante los dos años que lleva adelantando misiones de este tipo, hasta el pasado 12 de abril. Antes de eso, señaló Webinfomil, los aviones como el ‘Rivet Joint’ se limitaban a operar desde el Mar Caribe, sobre el espacio aéreo internacional a poca distancia del territorio venezolano.

15 de Abril de 2021

Publicado enColombia
Ejemplar de sepia común. — Marie Bournonville / CREATIVE COMMONS.

¿Me como un trozo de gambón ahora mismo o espero un poco para comerme una gamba viva, que me gusta más? Las sepias sometidas a este dilema han demostrado una capacidad de autocontrol significativa ante una prueba similar a la que se diseñó hace décadas para medir el desarrollo cognitivo del cerebro humano en niños de corta edad. Esta capacidad de autocontrol en un invertebrado es comparable a la de algunos vertebrados con un cerebro de considerable tamaño. Las sepias sometidas a este experimento fueron antes entrenadas y efectuaron pruebas de aprendizaje.

Aunque a pocos se les ocurriría entrenar a una sepia en vez de comérsela, estos cefalópodos son capaces de aprender y sus reacciones dicen mucho sobre lo que puede hacer su cerebro. Sus parientes los pulpos son considerados los más inteligentes, pero las sepias comunes (Sepia officinalis) acaban de demostrar que pasan la prueba de la golosina (o de la recompensa), lo que demuestra una capacidad cognitiva que los investigadores que han hecho el experimento creen que es una herramienta que les permite adaptarse para sobrevivir.

La capacidad de autocontrol que permite retrasar una satisfacción se considera una habilidad cognitiva básica que varía mucho entre animales. Algunos pueden ejercerla durante pocos segundos mientras que en otros muchos no se ha encontrado o es muy débil, y solo unos pocos animales toleran retrasos de varios minutos.

En lo que es una explicación simplificada, cuando la prueba se hace en niños se les ofrece su golosina preferida y se les dice que si esperan un cuarto de hora, se podrán comer dos de esas golosinas en vez de una. Es una forma de comprobar a qué edad se desarrollan en humanos la capacidad de tomar decisiones, la planificación del futuro y el comportamiento dirigido a un objetivo.

Las sepias del experimento solo aguantaron entre 50 y 130 segundos, pero esta duración se considera relativamente larga si se compara con los resultados en muchos otros animales, explican los autores, liderados por Alexandra K. Schnell, de la Universidad de Cambridge. Lo más complicado sin duda fue el diseño del experimento, porque ya el año pasado uno más simple indicó que las sepias podían no desayunar si esperaban una cena que les gustase más, pero no se consideró concluyente respecto a la capacidad de auto control.

Así que estos investigadores diseñaron algo diferente y mucho más complejo. Las sepias del experimento, seis ejemplares casi adultos de nueve meses de edad, aprendieron primero a asociar tres símbolos (cuadrado, círculo y rectángulo) con el grado de disponibilidad en el acuario de una presa visible tras una pantalla transparente en la que figuraba el símbolo.

Así se pudo estudiar cuanto tiempo estaba dispuesto cada uno de los ejemplares a esperar para obtener la recompensa deseada, que era la gamba viva (hubo también una fase de control). Se empezó por 10 segundos y se fue aumentando el tiempo de 10 en 10 segundos. En cualquier momento la sepia podía lanzarse a adquirir la presa disponible sin esperar más por la otra. El tiempo de espera de los ejemplares varió entre los 50 y los 130 segundos y este tiempo individual se mantuvo en cada ejemplar en pruebas consiguientes en las que se retrasó más la recompensa. En general, cuanto más aumentaba el tiempo más abandonaban la espera los animales.

Este experimento se pretendió utilizar también para evaluar la relación entre el grado de autocontrol y la capacidad de aprendizaje de una tarea concreta,y los investigadores afirman que es la primera vez que se encuentran indicios de esta asociación en un animal no primate. Reconocen, sin embargo, que pueden quedar dudas sobre esta relación y esperan que experimentos posteriores la corroboren. Lo que sí aseguran es que, en cuanto al auto control, las sepias muestran una capacidad cognitiva comparable con la de los mamíferos estudiados.

Un autocontrol alto se ha relacionado sin duda con mejores resultados en tareas cognitivas, como el aprendizaje, en humanos y otros primates, incluidos los chimpancés, pero no está clara esta relación en otros animales que viven en condiciones muy diferentes, señalan los investigadores, de Reino Unido, Austria y Estados Unidos, que han publicado el resultado de su experimento con sepias en una revista de la Royal Society británica.

Otras especies que han demostrado ser capaces de autocontrol para esperar una recompensa mejor son los cuervos, los loros y los perros. En estos casos se relaciona con factores socioecológicos, como que usan herramientas, que tienden a almacenar alimentos y que viven en comunidad. Pero las sepias, que se sepa, no usan herramientas, no guardan alimentos y su sociabilidad es muy limitada.

Por eso los investigadores creen que el desarrollo en su caso de la ventaja evolutiva del auto control puede asociarse a que las sepias permanecen durante mucho tiempo quietas y camufladas, solo atacan a sus presas durante breves periodos y tienen mayor probabilidad de éxito cuando esperan a que éstas estén muy cerca. Ahora falta por comprobar si otros cefalópodos tienen capacidad de autocontrol y el candidato más interesante es precisamente el pulpo, por el modo de caza que emplea, señalan los investigadores

madrid

09/03/2021 07:32

Malen Ruiz de Elvira

Victor Serge (su apellido de nacimiento era Kibaltchiche) en su legajo de la Cheka.

En el tremendo Año Uno de la Revolución Rusa pasaban cosas como ésta: una mañana de febrero de 1918, un hombre se presentó en la puerta del Soviet de Petrogrado y dijo “Soy Malinovski, el traidor. Arréstenme”. Eran tiempos de guerra civil, sabotajes, complots, atentados, ejecuciones y fusilamientos diarios, y aquel desconocido que pedía ser arrestado encarnaba en sí mismo toda esa vorágine: Rodino Malinovski había sido el hombre que transmitía en Rusia las palabras desde el exilio de Lenin, el principal representante bolchevique en la Duma (el Parlamento zarista), el militante de impecable trayectoria, de la clandestinidad a la cárcel y del presidio a la conferencia bolchevique de Praga en 1912, luego al Comité Central del Partido y de allía la Duma.

El pequeño detalle es que Malinovski era a la vez agente de la Ojrana, la policía secreta zarista. La Ojrana llegó a tener cuarenta mil agentes en sus filas, entre infiltrados, espías, soplones y vigilantes. Fue la colaboración en las sombras de la Ojrana lo que permitió a Malinovski acceder a la Duma, como reconocimiento por haberles entregado a Miliutin, a Noguin, a María Smidovich y hasta al propio Stalin (es famosa su foto de frente y perfil en los archivos carcelarios zaristas). Asombrosamente, los bolcheviques no sospechaban de él, pero Malinovski aprovechó los humos de la guerra en Europa para esfumarse. Capturado por los alemanes, recuperó su ardor revolucionario en el campo de prisioneros y, en cuanto fue liberado, retornó a Rusia, pero no a sumarse a la Revolución sino a que la Revolución lo juzgara. “He sufrido mi existencia dual. No comprendí cabalmente, me dejé ganar por la ambición. Merezco ser fusilado. Pero con la Revolución en mi corazón”, dijo en el estrado. El tribunal le concedió su pedido: lo condenó a muerte. Esa misma noche, cuando era trasladado por los pasillos, Malinovski recibió un balazo en la nuca. No por condenarlo a muerte iban a darle el gusto de fusilarlo: lo mataron como mataban a los traidores.

El caso de Salomón Ryss es su contracara exacta: Ryss organizó, por órdenes de la Ojrana, un grupo terrorista sumamente audaz. Tan literal fue en el cumplimiento de sus órdenes que terminó realizando verdaderos atentados antizaristas, que adjudicaba a otros grupos cuando informaba de ellos a la Ojrana. La Ojrana llegó a organizar su evasión de la cárcel cuando Ryss cayó en una redada, pero se les fue de las manos. Ryss fue finalmente capturado en el sur de Rusia, cuando sus propios compañeros terroristas desconfiaban de él. La Ojrana se les adelantó, lo entregó a la Justicia del Zar y Ryss fue juzgado y condenado a muerte, al mismo tiempo que recibía in absentia el mismo veredicto por un tribunal revolucionario. A diferencia de Malinovski, Ryss sí fue fusilado: tuvo una muerte “digna”.

Víctor Serge descubrió estas historias cuando, en aquel frenético Año Uno de la Revolución, se sumergió en los archivos de la Ojrana con orden de “informar públicamente al pueblo soviético” sobre lo que hallara en las entrañas de la bestia. Tres años más tarde, Serge publicó en el Boletín Comunista un informe titulado “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión”. El Fondo de Cultura Económica acaba de reeditarlo, es cortito e impresionante. Serge disecciona el método tela de araña de la Ojrana, cuenta que cada uno de sus funcionarios redactaba un informe pormenorizado de cada uno de sus casos, que se hacían imprimir en ediciones de únicamente dos ejemplares: uno era para el zar, el otro quedaba en el Gabinete Negro, una sala secreta de la Ojrana que contenía aquella biblioteca de ejemplares únicos. Tan únicos eran aquellos informes que, en manos revolucionarias, anunciaba Serge al público soviético en 1921, podrían servir para reconstruir la historia del movimiento anarquista en Rusia, “algo extraordinariamente difícil, a causa de la dispersión e insularidad de los grupos anarquistas y de las pérdidas inauditas que sufrió el movimiento hasta su desintegración”.

Aún eran tiempos en que aquellos que habían dado su vida por la Revolución eran héroes y el propio Serge era todavía apreciado por el régimen bolchevique, a pesar de su pasado anarquista. Década y media después, acusado de disolvente y contrarrevolucionario, sufriría cárcel y exilio en Siberia, hasta que el clamor europeo por su liberación agotó a Stalin. Serge había nacido en Bélgica, de padres rusos exiliados, y había militado y vivido en la clandestinidad y sufrido cárcel en Francia, Holanda y Alemania, antes de llegar a Rusia y ponerse a disposición de la Revolución. De todo eso, desde su niñez proletaria en Bruselas hasta su caída en desgracia y sus solitarios años finales en México, donde murió en 1947, habla Serge en sus Memorias de un revolucionario, un libro emocionante, único.

En aquel largo informe publicado en 1921 en el Boletín Comunista, Serge se refería a la Ojrana del Zar casi en los mismos términos en que veinticinco años después, en sus Memorias, hablaría de la Cheka, la policía secreta soviética creada por el implacable Félix Dzerzhinsky (con el tiempo convertida en GPU, luego NKVD y finalmente KGB). Cuenta Norman Mailer en El fantasma de Harlot, su libro sobre la CIA, su mejor libro, que los primeros CIA boys estudiaban vida y obra de Dzerzhinsky (literalmente: era una materia) en su curso de adiestramiento. Algo sugestivamente similar contaba Víctor Serge sobre la Ojrana en su informe de 1921: decía que sus funcionarios enseñaban y tomaban examen a sus agentes sobre teoría e historia revolucionaria, antes de soltarlos en las calles. Por esa misma época, en las cárceles zaristas siberianas, los guardianes decían que, de cada dos presos que se fugaban, uno era un prisionero político y el otro un converso: en los pabellones carcelarios, en las horas muertas de encierro, los veteranos transmitían a los novatos lecciones sobre historia y praxis de la revolución, casi con las mismas palabras que usaban los jefes de la Ojrana con sus agentes, en los sótanos del edificio de Fontanka 16, Petrogrado.

En el final de su informe de 1921, Serge decía que la creación de la Ojrana y su posterior crecimiento habían causado la caída del Zar. Veinticinco años después, en el final de sus Memorias, decía que una de las causas principales del fracaso de la revolución en Rusia fue la creación de la Cheka. La Cheka fue, como la Ojrana, un Estado dentro del Estado, resguardado por el secreto de guerra, un organismo enfermo que sirvió de modelo para los organismos enfermos que vigilan nuestra vida hoy. Recordémoslo siempre, es bien sencillo de recordar: la Cheka se basó en la Ojrana, y la CIA se basó en la Cheka. Y recordemos, también que quien nos lo enseñó fue Víctor Serge, a quien ningún país europeo quiso dar pasaporte cuando Stalin lo expulsó de Rusia en 1937, y por eso murió apátrida, y por eso sigue apátrida hasta el día de hoy: porque nadie lo reclama como propio, a pesar de su singularidad, o por culpa de ella.

15 de mayo de 2020

Publicado enPolítica
La evolución nos dice que es probable que seamos la única vida inteligente del universo

¿Estamos solos en el universo? La pregunta que se plantea es si la inteligencia es un resultado probable de la selección natural o un improbable golpe de suerte. Por definición, los acontecimientos probables se producen con frecuencia, mientras que los sucesos improbables tienen lugar pocas veces o una sola vez. La historia de nuestra evolución muestra que muchas adaptaciones de carácter crucial –no solo la inteligencia, sino también los animales y las células complejas, la fotosíntesis y la propia vida– fueron sucesos únicos y excepcionales y, por tanto, muy improbables. Nuestra evolución tal vez haya sido como ganar la lotería… solo que con una probabilidad mucho menor.

El universo es inmensamente grande. La Vía Láctea tiene más de 100 000 millones de estrellas, y en el universo observable, es decir, en la diminuta fracción de universo que podemos ver, hay más de un billón de galaxias. Aunque los mundos habitables son escasos, el número por sí solo —existen tantos planetas como estrellas, puede que más— invita a pensar que hay mucha vida ahí fuera. Si es así, ¿dónde se ha metido? Esta es la paradoja de Fermi. El universo es inmenso y viejo, y dispone de tiempo y espacio suficiente para que la inteligencia evolucione; sin embargo, no hay pruebas de que tal cosa ocurra.

¿Cabría pensar, sencillamente, que a lo mejor es poco probable que la inteligencia evolucione? Por desgracia, no podemos estudiar la vida extraterrestre para responder a esta pregunta. Pero sí podemos estudiar los casi 4.500 millones de años de historia que tiene la Tierra y observar cuándo se repite –o no– la propia evolución.

A veces la evolución se repite, de tal forma que pueden observarse especies diferentes que evolucionan de manera convergente hacia resultados similares. Si la propia evolución se repite con frecuencia, nuestra evolución podría ser un acontecimiento probable, incluso inevitable.

De hecho, existen ejemplos notables de convergencias evolutivas. El tilacino de Australia, también conocido como lobo marsupial o tigre de Tasmania, hoy extinguido, tenía una bolsa semejante a la de los canguros, pero, por lo demás, parecía un lobo, a pesar de que evolucionó a partir de un linaje de mamíferos diferente. También hay topos marsupiales, marsupiales hormigueros y ardillas planeadoras marsupiales. Es sorprendente comprobar cómo toda la historia evolutiva de Australia, con la diversificación que experimentaron sus mamíferos tras la extinción de los dinosaurios, es paralela a la de otros continentes.

Otros casos llamativos de convergencia son el delfín y el extinto ictiosaurio, que evolucionaron de forma similar para deslizarse por el agua, así como las aves, los murciélagos y los pterosaurios, que evolucionaron de manera convergente para volar.

También se observan convergencias en órganos independientes. Los ojos evolucionaron no solo en los vertebrados, sino también en los artrópodos, los pulpos, los gusanos y las medusas. Los vertebrados, los artrópodos, los pulpos y los gusanos, cada uno por su cuenta, desarrollaron mandíbulas. Por su parte, las patas evolucionaron de forma convergente en los artrópodos, los pulpos y cuatro tipos de peces (tetrápodos, peces sapo, rájidos, peces del fango).

Aquí está la trampa. Toda esta convergencia tuvo lugar dentro de un mismo linaje, los eumetazoos, que son animales complejos dotados de simetría, boca, tubo digestivo, músculos y un sistema nervioso. Hubo eumetazoos diferentes que desarrollaron soluciones similares a problemas similares, pero la compleja estructura corporal que lo hizo posible es única. Los animales complejos evolucionaron una sola vez en la historia de la vida, lo que da a entender que son improbables.

Sorprende constatar que muchos acontecimientos fundamentales de la historia de nuestra evolución son únicos y, seguramente, improbables. Uno es el esqueleto óseo de los vertebrados, que permitió que los animales grandes se desplazaran hacia la tierra. Las complejas células eucariotas de las que están compuestos todos los animales y plantas, y que contienen núcleos y mitocondrias, evolucionaron una sola vez. El sexo evolucionó una única vez. La fotosíntesis, que aumentaba la energía disponible para la vida y producía oxígeno, es un acontecimiento único. A este respecto, también lo es la inteligencia humana. Existen lobos y topos marsupiales, pero no hay humanos marsupiales.

Hay lugares donde la evolución se repite y otros donde no. Si solo nos fijamos en la convergencia, se crea un sesgo de confirmación. La convergencia parece ser la norma y nuestra evolución se presenta como algo probable. Sin embargo, cuando se presta atención a la no convergencia, se observa que está en todas partes, y las adaptaciones decisivas y complejas parecen ser las que menos se repiten, por lo que adquieren carácter improbable.

Además, estos acontecimientos dependían unos de otros. Los seres humanos no pudieron evolucionar hasta que los peces desarrollaron huesos que les permitieron arrastrarse hasta la tierra. Los huesos no pudieron evolucionar hasta que aparecieron los animales complejos. Los animales complejos necesitaban células complejas, y las células complejas necesitaban oxígeno, producido por la fotosíntesis. Nada de esto sucede sin la evolución de la vida, un acontecimiento singular entre acontecimientos singulares. Todos los organismos provienen de un solo antepasado; por lo que sabemos, la vida ocurrió una sola vez.

Es curioso observar que todo este proceso requiere un tiempo sorprendentemente largo. La fotosíntesis evolucionó 1.500 millones de años después de la formación de la Tierra; las células complejas, tras 2.700 millones de años; los animales complejos, al cabo de 4.000 millones de años; y la inteligencia humana, 4.500 millones de años después de que se formara la Tierra. El hecho de que estas innovaciones sean tan útiles pero tardaran tanto en evolucionar implica que son increíblemente improbables.

Una sucesión improbable de acontecimientos

Es posible que estas innovaciones puntuales, casualidades de importancia crucial, crearan una cadena de obstáculos o filtros evolutivos. De ser así, nuestra evolución no fue como ganar la lotería; fue como ganar la lotería una vez y otra y otra y otra. En otros mundos, es posible que estas adaptaciones decisivas hubieran evolucionado demasiado tarde para que la inteligencia apareciera antes de que sus soles se convirtieran en novas, o que no hubieran evolucionado en absoluto.

Supongamos que la inteligencia depende de una cadena de siete innovaciones improbables –el origen de la vida, la fotosíntesis, las células complejas, el sexo, los animales complejos, los esqueletos y la propia inteligencia–, y que cada una tiene un 10% de posibilidades de evolucionar. Las probabilidades de que la inteligencia evolucione pasan a ser 1 entre 10 millones.

Pero las adaptaciones complejas podrían ser incluso menos probables. La fotosíntesis necesitó una serie de adaptaciones en cuanto a proteínas, pigmentos y membranas. Los animales eumetazoos requirieron de múltiples innovaciones anatómicas (nervios, músculos, boca). Por tanto, es posible que cada una de estas siete innovaciones cruciales evolucione solo el 1% de las veces. En tal caso, la inteligencia evolucionará solamente en 1 de cada 100 billones de mundos habitables. Teniendo en cuenta que los mundos habitables son escasos, podríamos ser la única vida inteligente de la galaxia, o incluso del universo observable.

Así y todo, estamos aquí, y este hecho tiene que valer para algo, ¿no? Si la evolución tiene suerte 1 de cada 100 billones de veces, ¿cuáles son las probabilidades de que nos hallemos en un planeta donde la evolución tuvo lugar? En realidad, las probabilidades de estar en ese mundo improbable son del 100%, porque no podríamos tener esta conversación en un mundo donde la fotosíntesis, las células complejas o los animales no evolucionaran. Es el principio antrópico. La historia de la Tierra tiene que haber permitido que la vida inteligente evolucionara, pues, de lo contrario, no estaríamos aquí para plantearnos estas cuestiones.

La inteligencia depende, al parecer, de una cadena de acontecimientos improbables. Pero teniendo en cuenta la enorme cantidad de planetas, e igual que un número infinito de monos que golpean un número infinito de máquinas de escribir para redactar Hamlet, está destinada a evolucionar hacia alguna parte. El resultado improbable fuimos nosotros.

por Nick Longrich

Lector de Paleontología y Biología Evolucionaria en la Universidad de Bath

Adriana Gómez, Glup! de la serie “Tapia pisada”, 23 x 23 cm., ténica mixta, 2013 (Cortesía de la autora)

Hoy por hoy gobierna en Colombia una neo-regeneración despótica, absolutista, comprometida en reinterpretar la historia. Tras su propósito, de forma soterrada, ha resucitado la Ley 61 de 1888, la misma que autorizaba al Presidente de la República imponer prisión, expulsar del país o confinar en algún lugar del territorio a los opositores y perturbadores del orden público.

 

¿Quiénes escuchan hoy a los intelectuales creadores? ¿Quién los lee ahora? ¿A quién le interesan sus apuestas, confrontaciones y propuestas? ¿Para qué escuchar problemas, comprar crisis, llenarse de preocupaciones, ponerse en actitud desafiante ante los desgarramientos del mundo? ¿Quedó el intelectual sin público, sin audiencia? Las condiciones son claras: al intelectual creador lo remplazaron, o bien por el periodista embustero y charlatán, agente y esclavo de los grandes oligopolios mediáticos; o bien, por “expertos” y técnicos, funcionarios duchos en “hacer gestión” administrativa.


Vivimos en una época con un tenebroso declive del pensamiento, donde se ha proscrito la inteligencia humanística social, ética, estética y la formación intelectual. La derrota del pensamiento, parafraseando a Alain Finkielkraut, es nuestro actual destino de cultura fallida. Aquella tenebrosa frase de “¡Muera la inteligencia!”, la cual pronunció el General franquista José Millán Astray 12 de octubre de 1936 frente a Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, parece cada vez más diciente, terroríficamente veraz y aplicada en todos los ámbitos de la sociedad, anunciada sin ninguna vergüenza, más aún, con cierto orgullo cínico y amenazante ante los defensores del pensamiento humanista. Acompañando a dicha frase, los fascistas de última hora también exclaman “¡Viva la muerte!”, grito dictatorial con que aplauden eufóricos un sepulcral triunfo.


Fracaso de la cultura humanística letrada; declive de la esperanza en una educación racional, ética, que conduciría a la “mayoría de edad” cultural y política ciudadana. Fracaso de la reflexión permanente sobre el ser humano, su destino y su historia. La batalla de los humanismos filosóficos contra la racionalidad productiva e instrumental parece desigual, se diría perdida. Dicha racionalidad no trabaja con éticas ni con sentimientos; no es misión suya pensar desde las lógicas del arte y las sensibilidades poéticas; su visión se concentra en las lógicas de las competencias rentables, en un Homo Economicus llevado al extremo, a su máxima expresión de poder. Con ello se tecnifican cada vez más los dispositivos de control y disciplina a los sujetos, quienes, sumergidos en una burbuja de obediencia, engaño y mentiras, viven en un adoctrinamiento exquisito que se hace tolerable y que, incluso, perversamente se disfruta. Son los “atrapados sin salida”, recordando el título de la película dirigida por Milos Forman.


Atrapados por el neoliberalismo, la hecatombe se hace evidente, diríamos inevitable. Ante el entierro de las utopías modernas, sabemos que el capitalismo ha instalado otra utopía individualista que convierte al Yo en plenipotenciario, cínico, indiferente, abrumado por “la sociedad del rendimiento”, que le exige ser cada vez más eficaz, más eficiente, más hábil, más audaz y competidor, una sobrehumana potencialización de su Yo esclavizado, viviendo con el temor de que lo consideren inútil, inepto, incapaz, desechable.


La dominación y subordinación es real, sólo que matizada por los imaginarios de la “libre voluntad” de escoger y vivir en la “gran variedad de lo mismo” que oferta la sociedad multi-estandarizada del mercado. De tal manera que la cultura asume roles turísticos: va de un aquí a otro aquí, desmontando al nómada explorador, al aventurero, que busca cambiar de condición, que se encamina hacia una posibilidad distinta, siempre de viaje, en libertad hacia “otra cosa”. Al hermeneuta, al “caminante”, que encuentra placer en el cambio y la transitoriedad, lo han atado y maniatado las fuerzas del mercado, es un usuario con pulsión de compra. Sólo gira en torno a un círculo vicioso. Se mueve, pero no con el fin de mutar, sino de mantenerse en condición de feliz usuario. Eso ha llevado a que en la actualidad casi todas las esferas de la cultura caigan en un lenguaje trivial, apropiado a la comprensión del “cliente”.


En el remolino de este panorama, los artistas e intelectuales sienten el declive de su actividad, el ocaso de sus apuestas, la pérdida de influencia social. En esta época del triunfo del pensamiento calculador y de rendimiento ¿dónde cabe el saber que surge del asombro, de la incertidumbre, la angustia frente a la múltiple variedad de lo real? ¿Dónde quedan las sensibilidades que viven en el mundo de la confrontación crítica, en la problematización social? Bajo estas circunstancias, el pensamiento crítico-creador ha pasado a ser considerado innecesario, inútil, pura especulación, ensoñación, fantasía. A la sociedad del rendimiento, con sus controles y autocontroles, con sus dispositivos de sometimiento y técnicas de seducción, estas apuestas críticas no le interesan.

Mantener el espíritu crítico


Todo esto lo que ha generado es un empobrecimiento social que pone en peligro al pensamiento autónomo e impone las ideologías hegemónicas, legitimadas por los poderes transnacionales y los medios monopólicos. Con un plan perversamente organizado de antemano, ello conduce hacia lo que llama Theodor Adorno a un “atontamiento sintético”, donde no opera lo analítico, sino una cierta mismidad, una dependencia de colaboración con las trampas perversas de lo establecido. Sus resultados son la superficialidad, la enajenación, el fanatismo, la violencia en todas las relaciones sociales. Esa identificación pasional con la ideología autoritaria convierte a los sujetos en seguidores idólatras, peligrosos y delirantes.


Es la “pobreza de la experiencia”, de la que hablara Walter Benjamin, la cual construye un ambiente espiritual de seudo-saberes y “seudo-culturas” que, en palabras del pensador alemán, reaniman “la astrología y la sabiduría yoga, la Christian Sciencie, la quiromancia, el vegetarismo y la gnosis, la escolástica y el espiritismo […] Sí, confesémoslo: la pobreza de nuestra experiencia no es sólo pobre en experiencias privadas, sino en las de la humanidad en general. Se trata de una especie de nueva barbarie” (1).


Una “nueva barbarie” que se procrea y se retroalimenta día a día sin obstáculo alguno; que promueve entre los ciudadanos, por una parte, las ideologías del rendimiento competitivo, de la adaptación, de las rentabilidades, del éxito y la fama; por otra, la racionalización instrumental del terror, del crimen, la justificación a la maquinaria administrativa, las censuras al pensamiento disímil, las exclusiones, las xenofobias, los autoritarismos, la agresión insolidaria.


Al desmontar y evaporar de forma paulatina la función del pensador-creador se pone en riesgo no sólo su misión crítica, sino la misma democracia, y esto es lo preocupante: pérdida de justicia y derechos, de la libertad a pensar diferente; dictadura simulada con reglamentaciones y estatutos promovidos por partidos de derecha; autoritarismos doctrinales y censuras a voces divergentes, donde se pierde aquel “derecho a abrir la boca”, que tanto defendía Günter Grass.


Queda entonces mantener el espíritu crítico y analítico que ha caracterizado al intelectual creador. “Mantener vivas las preguntas por el Ser peculiar del hombre y de su mundo propio, que es la cultura; mantener viva la tremenda pregunta por el fundamento último de todo esto” (2). Ese es su mayor reto, pues, aun cuando se haya esfumado su audiencia; aun cuando haya quedado muy poco de público lector, debe seguir produciendo, insistiendo, trabajando desde su soledad creativa que lo mantiene vivo, que justifica su estadía sobre la tierra, lo salva de no ser absorbido por la hecatombe utilitarista, mercantil, devoradora.

 

Abocados a un vacío histórico


Podemos deducir que estamos abocados a un vacío histórico donde ya no nos reconocemos como cultura ni como individuos. A eso tienden las derechas de última hora en América Latina: refundar las verdades históricas de sus países, imponiendo una historia de mentiras y falsedades. “Refundar la Patria” es la frase utilizada por las derechas colombianas, lo que quiere decir fundar e imponer una nueva historia, mentir sobre los sucesos del pasado, ver las matanzas y las atrocidades cometidas por los poderosos contra los pueblos como ficciones y “mitos” (3).


Sí, se intenta refundar e imponer una nueva y falsa historia que limpie tantos hechos de matanzas, tanta injusticia cometida y ungir la historia con nuevos aromas, falsos y perversos por cierto, para unas futuras generaciones, a las cuales lenta y progresivamente les van desterrando la verdadera memoria colectiva. Bien lo dice Ricardo Chica: estos lapsus, “errores” y gazapos históricos “van configurando un discurso de reescritura histórica”, todo para “sus beneficios ideológicos”.


Se pretende modificar la memoria colectiva, social, histórica, personal; hacernos mover entre flujos de olvidos instantáneos, inmediatos, etéreos, fugaces, que se vierten en el botadero, desmontando una memoria reflexiva y analítica de su tradición en busca de nuevos horizontes. De modo que se proponen desterrar la memoria, enriquecida de su pasado, pero a sí mismo contra éste se rebela; es decir, la que está adentro y afuera de la tradición, permaneciendo en ella para alimentarse, a la vez rompiendo con ella para construir, en una permanente actitud de creación activa, otras posibilidades.


¿A quién le sirve que se instaure el olvido como técnica amnésica? ¿Quién se beneficia de esta estrategia que miente sobre los horrores históricos? Todo ello está hoy por hoy escrito en los guiones de un neoliberalismo devastador: poner en cuestión la importancia de la memoria, para montar una maquinaria sistemática de ignorancia y olvidos, desde la cual no se critique la rueca trituradora de una historia levantada sobre injusticias infames.


Para lograr esto, archivan en el cuarto de San Alejo a los pensadores, artistas, escritores, poetas, historiadores que mantienen viva la llama de las inquietudes. Anularlos, silenciarlos, a la vez que censurar en la educación la libertad de pensamiento, de expresión y de cátedra, es su estrategia. He aquí un proyecto que se quiere imponer como imperativo ideológico en contra de la docencia investigadora, ética y comprometida con el pensamiento crítico.


Se trata de una nueva Regeneración que, como la de 1885 en Colombia, desea controlar instituciones educativas, archivos históricos nacionales, bibliotecas públicas, centros de memoria histórica, los pensum académicos, las cátedras de los docentes, la libertad de prensa, e imponer, si los dejan, autos de fe y un nuevo Index o índice de libros prohibidos para ser quemados frente a las catedrales. Como se aprecia, esta neo-regeneración despótica, absolutista, con poderes para proponer y elegir a sus cuadros; para desterrar, exiliar, desaparecer y silenciar a sus opositores, es la que hoy por hoy gobierna a Colombia, y de forma soterrada ha resucitado la Ley 61 de 1888, la cual autorizaba al Presidente de la República imponer prisión, expulsar del país o confinar en algún lugar del territorio a los opositores y perturbadores del orden público.


Hacia 1903, Charles W. Bergquist, realizaba una radiografía de Miguel Antonio Caro y los Regeneradores de turno: “Faltándoles lazos estrechos con la comunidad liberal de Occidente –escribía– estos conservadores encontraban en el pensamiento católico y español su sustento intelectual […] Satisfechos con su posición en la vida y a buena distancia de la crítica extranjera, no sentían ninguna vergüenza ante el atraso de su país”(4).


Los más de cien años de distancia que nos separan de estas frases se presentan bastante patéticos en la actualidad. El cinismo de los Regeneracionistas de última hora frente al encierro del país y ante las atrocidades por ellos cometidas es denigrante y, con toda seguridad, muy peligroso. Neo-oscurantismo, autoridad teocrática y paternalismo feudal.

 

1. Benjamin, Walter. “Experiencia y pobreza”, En: Discursos interrumpidos 1. Traducción de Jesús Aguirre, Buenos Aires, Taurus, p.169, 1989.
2. Sierra, Mejía, Rubén, Cruz, Vélez, Danilo, La época de la crisis. Conversaciones con Danilo Cruz Vélez, Bogotá, Universidad de los Andes, 2015.
3. Tal es el caso de la matanza de las bananeras la cual para María Fernanda Cabal es sólo un “mito”, o bien, la Independencia de la Nueva Granada en la que, según el Presidente Iván Duque, participaron “desinteresadamente” los padres fundadores de los Estados Unidos. Ambos casos no son gratuitos. El guión está de antemano concebido y construido.
4. Citado por Gonzalo España en El país que se hizo a tiros. Guerras civiles colombianas (1810-1903), Bogotá, Debate, p. 194, 2013.

* Poeta y ensayista colombiano.

Publicado enColombia
Diseñan en EU robot inteligente que está más cerca de ser autoconsciente

El prototipo es capaz de crear una imagen de sí mismo, algo que fue considerado ciencia-ficción

Washington. Científicos estadunidenses utilizaron la técnica del aprendizaje automático para diseñar un robot inteligente que se encuentra más cerca de ser autoconsciente, algo que durante décadas fue considerado ciencia ficción. Creado en la Universidad de Columbia, es capaz de simular una imagen de sí mismo.


El estudio publicado este jueves en la revista Science Robotics describió a un robot que aprende qué es él mismo sin conocimiento anterior de física, geometría o dinámica motriz.
Los humanos pueden imaginarse a sí mismos en futuros escenarios o aprender reflexionando sobre sus experiencias, pero los robots no se han simulado anteriormente de la misma forma en la que lo hacen las personas, según la investigación.


Los científicos crearon un brazo robótico sin dar pistas al humanoide de cuál es su forma. De cuatro grados de libertad, se movió en un principio al azar y reunió unas mil trayectorias, cada una compuesta de 100 puntos.


Después de menos de 35 horas de entrenamiento con la técnica de aprendizaje profundo, el robot creó un modelo hecho por él mismo similar al humanoide físico con un margen de unos cuatro centímetros.


Si deseamos que los robots se vuelvan independientes, que se adapten rápidamente a escenarios no previstos por sus creadores, entonces es esencial que aprendan a simularse, explicó Hod Lipson, profesor de ingeniería mecánica de la universidad, quien dirigió el trabajo.


Se mostró que con un control de circuito cerrado que permita al robot recalibrar sus movimientos a lo largo de la trayectoria, podría tomar pelotas de una mesa y colocarlas sobre un vaso con una precisión de ciento por ciento.


“Eso es como intentar recoger un vaso de agua con los ojos cerrados, un proceso difícil incluso para los humanos”, observa el autor principal del trabajo, Robert Kwiatkowski, estudiante de doctorado en el Departamento de Informática que trabaja en el laboratorio de Lipson.


Los humanos son únicos en su capacidad de imaginarse a sí mismos en escenarios futuros, como caminar por la playa en un día cálido y soleado, y también pueden aprender revisando experiencias y reflexionando sobre lo que salió bien o mal. La mayoría de los robots aún aprenden utilizando simuladores y modelos proporcionados por humanos, o mediante pruebas y errores laboriosos que requieren mucho tiempo; de forma que los robots no han aprendido a simularse como lo hacen las personas.


Hasta la fecha, los robots han sido operados por un humano que los modela explícitamente.


Sistema de circuito cerrado


El automodelo se realizó en un sistema de circuito cerrado que permitió al robot recalibrar su posición original entre cada paso a lo largo de la trayectoria, basándose completamente en el prototipo interno. También se empleó el robot de automodelado para otras tareas, como escribir texto usando un marcador. Para probar si podía detectarse daño a sí mismo, los investigadores imprimieron en 3D una parte deformada para simular la afectación y el robot pudo detectarla y volver a entrenar su automodelo. El nuevo permitió que el robot reanudara sus tareas de recoger y colocar con poca pérdida de rendimiento.


Lipson, quien también es miembro del Instituto de Ciencia de Datos, señala que la autoimagen es clave para permitir que los robots se alejen de los límites de la llamada inteligencia artificial estrecha hacia habilidades más generales.


Cree que la robótica y la inteligencia artificial pueden ofrecer una nueva ventana al antiguo rompecabezas de la consciencia.
Lipson y Kwiatkowski son conscientes de las implicaciones éticas. “La autoconsciencia llevará a sistemas más resistentes y adaptativos, pero también a cierta pérdida de control”. Es una tecnología poderosa, pero debe manejarse con cuidado. Los investigadores exploran si los robots pueden modelar no sólo sus propios cuerpos, sino también sus mentes, si pueden pensar.

Jueves, 28 Septiembre 2017 07:18

¿Qué es el efecto Flynn?

¿Qué es el efecto Flynn?

 

La idea no es que hoy sepamos más que antes. Tampoco es la idea que hoy pensamos más o mejor que antes. Simple y llanamente, se trata del reconocimiento de que nos hemos hecho más inteligentes, y ello confiere manifiestamente una ventaja evolutiva.

 

James R. Flynn (1934) es un psicólogo neozelandés que publica, sobre la base de grandes observaciones acumuladas, dos artículos en 1998 y 1999 en los que muestra una hipótesis singular: desde 1930 hasta hoy ha habido un crecimiento de la inteligencia humana de manera sostenida.

Desde luego que la base de sus estudios pueden dar lugar a numerosas críticas, como ha sido en efecto el caso. Notablemente a partir de la medición de la inteligencia en términos del coeficiente intelectual. Un tema sobre el cual los propios psicólogos se encuentran lejos de alcanzar un consenso. Pero la tesis se sostiene: de manera consistente ha habido un aumento de la inteligencia humana en el curso del siglo XX y, digamos, lo que va corrido del siglo XXI. Un fenómeno de inmensa envergadura y consecuencias en numerosos ámbitos y planos.

Esta tesis no es ajena y, por el contrario, es perfectamente complementaria con el trabajo que en otro plano lleva a cabo S. Pinker (1954), un cognitivista canadiense, en un texto único: The Better Angels of Nature: Why Violence Has Declined (2012), y que ha sido traducido al español con el título Los ángeles que llevamos dentro: el declive de la violencia y sus implicaciones. Sencillamente, la violencia ha disminuido, y hemos ganado ampliamente en moralidad, eticidad y humanidad.

Clara y concomitantemente, entre Flynn y Pinker, los seres humanos parecemos habernos vuelto crecientemente inteligentes y, al mismo tiempo, moralmente mejores. Una dúplice tesis con una holgada atmósfera de optimismo. Una dúplice tesis que parece denostar contra los mensajes negativos, pesimistas y guerreristas de los grandes medios de comunicación. Un malestar en la cultura perfectamente orquestado y diseñado, como ya lo mostrara muy bien Z. Bauman.

Naturalmente que la tesis de Flynn como la de Pinker no debe ser tomada de manera lineal y mecánica. Existen conflictos, actos de violencia y los estúpidos siguen gobernando aquí y allá.

Caben dos posibilidades: o bien adoptar las tesis provenientes de la psicología y el cognitivismo —dos áreas muy próximas entre sí, por lo demás— como una verdad establecida; lo cual no es indiferente a críticas, escepticismo, comentarios agrios o destemplados. O bien, de otra parte, como indicadores, y entonces aparece una luz nueva, diferente, sobre la historia y la sociedad humana.

Lo cierto, lo evidente, es que a lo largo de la historia los seres humanos han alcanzado mayores esperanzas y expectativa de vida. Literalmente, hemos ganado, con respecto al pasado, una vida de más. Y es evidente, desde la biología y la ecología, que la longevidad constituye una marca evidente de adaptación (fitness) evolutiva. Y es igualmente incontestable que la ciencia en general y las tecnologías han desempeñado un papel principal en estos logros. Las políticas de salud pública, los avances en farmacología, los progresos en arquitectura y ingeniería civil, por ejemplo. Y es indudable que la educación y la información —por ejemplo, internet, en años recientes— cumplen un papel protagónico al respecto.

La idea no es que hoy sepamos más que antes. Tampoco es la idea que hoy pensamos más o mejor que antes. Simple y llanamente, se trata del reconocimiento de que nos hemos hecho más inteligentes, y ello confiere manifiestamente una ventaja evolutiva. Al fin y al cabo, una especie que aprende puede adaptarse más fácilmente a los cambios que una especie que no aprende; esto es, especializada. (La especialización es el primer paso para que una especie se torne endémica y en peligro. En todos los campos y sentidos). Pero es seguro que si los seres humanos se han hecho más inteligentes, están sentadas las condiciones para poder pensar mejor, para poder saber más, en fin, para poder vivir mejor. Personalmente no pensaría en términos de causalidad aquí.

Se han hecho algunas críticas al efecto Flynn. Notablemente, pareciera ser que en los últimos años, en algunos países, se evidencia una disminución de inteligencia. Como quiera que sea, es evidente que existen aquí entornos de complejidad que se correlacionan con los aumentos de la inteligencia. O bien, para decirlo con Pinker: entornos de complejidad que se correlacionan con la disminución de la violencia.

El conjunto de ciencias, disciplinas, prácticas y saberes deben poder sentirse interpeladas. Es como si dijéramos: la psicología y las ciencias cognitivas han arrojado el balón del lado de las otras ciencias en general. ¿Pueden decir algo al respecto? ¿La política, la economía, la medicina, la educación, la sociología la antropología, en fin, las ciencias de la vida, las neurociencias, la inmunología, por ejemplo?

Tenemos ante nosotros una dúplice provocación, por decir lo menos. En un caso, se trata de un libro voluminoso, de más de seiscientas páginas, profusamente ilustrado con ejemplos y casos históricos y sociopolíticos, y bien argumentado. En el otro caso, se trata de dos artículos, cargados de estadística, pruebas y análisis de psicometría, pero de algo menos de sesenta y cinco páginas. En resumen, una auténtica provocación intelectual con alcances y derivaciones en varios planos y aspectos.

Lo cierto es que parece haber una imbricación cada vez más fuerte entre la evolución natural o biológica y la evolución cultural y social. Las distancias entre naturaleza y cultura son cada vez menores, y esto se pone de manifiesto crecientemente; una voz al respecto es la epigenética.

Una consecuencia inmediata puede extraerse sin el menor esfuerzo: no existe una “naturaleza humana”, pues por definición una idea semejante es ahistórica, y no sabe, por tanto, de evolución y cambio; en este caso, de crecimiento. Pero una conclusión también inmediata es inevitable, a saber: los seres humanos no terminan de hacerse cada vez posibles. Y la inteligencia —su inteligencia— constituye acaso una de las formas mejor acabadas para hacerse posibles. En ese proceso, nuevas posibilidades, nuevos horizontes se van avizorando o entreviendo, y de alguna manera, por tanto, construyendo. Contra todos los escepticismos, los seres humanos se hacen cada vez más inteligentes. Y, concomitantemente, menos violentos. Una buena noticia, sin importar lo que piensen los demás.

 

 

Sábado, 20 Mayo 2017 08:01

De inteligencia a inteligencia

De inteligencia a inteligencia

Un informe de 1985 de la Agencia Central de Inteligencia revela que Estados Unidos seguía de cerca a la intelectualidad francesa de izquierda. Para los servicios de inteligencia estadounidenses, su influencia en el ámbito político era un problema estratégico.

 

“Los intelectuales tradicionalmente desempeñaron un papel influyente en la vida política francesa. Aunque pocas veces hayan tomado parte directa en la formulación de políticas, condicionaron la atmósfera en que esas políticas se conducían y a menudo moldearon las tendencias políticas e ideológicas que dieron lugar a la política francesa.” Estas afirmaciones no pertenecen a ningún adorador de la inmortalidad del “viruviru”, sino que se encuentran en un informe sobre los intelectuales franceses que confeccionó la Cia. (1) Realizado en 1985, este informe, titulado “La defección de los intelectuales de izquierda”, tenía un móvil transparente: detectar y orientar lo que en Francia pudiera pensarse y sentirse a propósito de Estados Unidos. A mediados de abril pasado el documento fue difundido y comentado por Gabriel Rockhill, filósofo y sociólogo francoestadounidense. (2)


Con notable indiferencia ante los lugares comunes que suelen asociarse a los intelectuales (dispensadores de viruviru, abstrusos, torremarfileños: prescindibles), la Cia sostiene en esas páginas que, en Francia, “los intelectuales cuentan, probablemente más que en la mayoría de las democracias occidentales”. Para desmenuzar cómo cuentan y qué cuentan los intelectuales franceses, la agencia relata los cambios sucedidos en los casi cien últimos años.
Si desde fines del siglo XIX y durante las tres primeras décadas del XX los intelectuales de izquierda y de derecha mantuvieron en Francia cierta paridad de fuerzas en el debate en torno al legado de la revolución, después de 1945 los intelectuales de derecha perdieron buena parte de su legitimidad, afirma la Cia, por sus coqueteos con el fascismo, por su condescendencia o complicidad con el nazismo y el gobierno colaboracionista, por su nacionalismo xenofóbico y su antiigualitarismo. Luego de la Segunda Guerra Mundial sucede algo que el informe recuerda con asombro pesaroso: izquierda e intelectualidad se identifican fuertemente una con la otra. O peor aun, para mayor pasmo de los autores del informe: comunistas, socialistas e intelectuales coinciden y se confunden. El rechazo al imperialismo estadounidense y al estilo que lo acompañaba en el pensamiento, la cultura y la enseñanza, se potenciaba en aquella posguerra.


EL GRAN MECENAS

 

Aunque en este punto el informe de la Cia se muestre discreto hasta la mudez, sabemos cuál fue la respuesta de Estados Unidos: la creación de esa gran máquina de guerra helada que fue el Congreso por la Libertad de la Cultura (Congress for Cultural Freedom), que a partir de 1950 se expandió desde su sede en París hacia más de 30 países en los que mantuvo oficinas. Gabriel Rockhill sí lo recuerda, y afirma que el congreso fue uno de los mayores mecenas en la historia del mundo, editor de docenas de revistas de prestigio, organizador de coloquios internacionales de gran envergadura, de exposiciones artísticas, espectáculos y conciertos, protagonista en la industria del libro, dispensador de premios y becas. Recordemos nosotros que en el correr de los años sesenta quedaron a la vista los lazos formales entre ese vasto mecenazgo y la Cia al conocerse que el Congreso por la Libertad de la Cultura (Clc) era una organización de este servicio de inteligencia. A este respecto, Gabriel Rockhill cita a un ex supervisor de las actividades culturales de la Cia que en un informe publicado en 1967 se refiere a la “inmensa alegría” que sintió cuando la orquesta sinfónica de Boston, entonces sostenida por la Cia, “recogió en París más aplausos para Estados Unidos que los que John Foster Dulles o Dwight D Eisenhower podrían haber pretendido recibir con una centena de discursos”. Esta operación, afirma Rockhill, no era ni pequeña ni marginal.


ANTISOVIETISMO

 

Sin embargo, en 1985, el informe de la Cia nada dice sobre la actuación estadounidense, sino que una vez trazada esa compacta historia de los intelectuales –desde Zola y su caso Dreyfus hasta la posguerra y sus intelectuales comunistas y socialistas defensores de ideales de igualdad– el documento se concentra en exponer y en paladear la defección de esa sensibilidad y de ese ideario. Según la Cia, la liquidación de “la última camarilla de eruditos comunistas” (así se refiere el documento a Jean-Paul Sartre, Roland Barthes, Jacques Lacan y Louis Althusser: “the last clique of Communist savants”) la lleva adelante un grupo de jóvenes autodenominados “nouveaux philosophes”, con Bernard-Henri Levy y André Glucksmann a la cabeza. Se impone entonces un nuevo sentido común que, en nombre de la lucha contra el totalitarismo, amalgama Alemania nazi y Unión Soviética, mientras ataca el principio de igualdad. La piedra de toque del nuevo pensamiento de izquierda, dice la Cia citando opiniones de Jorge Semprún, es “una actitud crítica hacia la Urss, y uno de los corolarios es el rechazo al Partido Comunista Francés”. Es más, para Semprún, siempre citado por el documento de la Cia, “la cuestión esencial no e(ra) Pinochet, ni la destrucción de la industria metalúrgica en Lorena, ni el despliegue imperialista de Reagan, sino la actitud hacia la Urss”.


El informe expone pues con notorio deleite que “el antisovietismo permitió” una actitud más abierta hacia Estados Unidos, con lo que creció“un sentimiento pro Estados Unidos”, arraigado en “la moda de la cultura popular estadounidense”. Y con fineza, la Cia observa que si hasta entonces el sentimiento pro Estados Unidos había sido indicio de una educación poco adecuada (una marca de bajo nivel intelectual), en lo sucesivo, por el contrario, encontrar virtudes en el modelo estadounidense se volverá signo de una encomiable capacidad de discernir. Llega entonces a suceder que sea difícil movilizar a las elites intelectuales para una oposición significante a las políticas estadounidenses en América Central, ejemplifica la Cia.


Los “nuevos filósofos” no son los únicos autores de este cambio de sensibilidad cuya característica principal es la crítica a la Unión Soviética. El documento del servicio de espionaje estadounidense también identifica, además de algunos pensadores de derecha que vuelven a la palestra, a intelectuales como Marc Bloch, Lucien Febvre o Fernand Braudel, quienes, reu­nidos en la escuela historiográfica de losAnnales, forjaron otra manera de hacer historia y de entender el materialismo histórico. Similar efecto observa la Cia en la obra del antropólogo Claude Levi-Strauss y en la de Michel Foucault, identificado como el principal intelectual francés. En particular, la Cia destaca la condena de Foucault a “las consecuencias sangrientas” de la teoría social racionalista de la Ilustración y de la época revolucionaria.


LA FUERZA DE LA TEORÍA

 

Por fuera de las coincidencias o no que pueda uno tener con los análisis realizados por la Cia, lo que alecciona en este informe es la atención prestada por un servicio de espionaje a los intelectuales franceses, denominación que, como este documento explicita, “abarca a periodistas, artistas, escritores y docentes”, es decir, a personas que pasan la mayor parte de su vida leyendo, escribiendo o hablando. En particular, es instructivo que la Cia se haya dedicado a leer y a escuchar en detalle (¡la Cia puede citar la última entrevista que Sartre dio a la televisión francesa!) a tantos forjadores de teoría, en quienes permanentemente los espías están evaluando el grado de amenaza o de amistad que su palabra trae para los intereses estadounidenses en el mundo. Una agencia con un largo historial de eliminaciones físicas de supuestos o reales enemigos de Estados Unidos y con una probada habilidad para poner la tecnología más sofisticada al servicio del espionaje y del complot internacionales, con este concentrado interés en la teoría nos recuerda la fuerza subversiva que ésta puede desplegar.

 

Como sostiene Gabriel Rockhill, es errado reducir el pensamiento y los efectos políticos de un pensador a una única toma de posición. No obstante, el espíritu de izquierda antirrevolucionaria de Foucault, es decir, su visión de los movimientos radicales expansivos que buscan una transformación social y cultural profunda como si sólo pudieran ser resurrecciones de las tradiciones más peligrosas, se armoniza perfectamente, afirma Rockhill, con las estrategias globales de guerra psicológica de la agencia de espionaje. La interpretación de la teoría francesa por la Cia debería invitarnos a reconsiderar, sugiere Rockhill, el barniz tan radical como chic que recubrió gran parte de su recepción anglófona. Según una concepción etapista de la historia progresiva, en general ciega a su teleología implícita, el trabajo de pensadores franceses de punta, como Foucault o Derrida, fue a menudo entendido en Estados Unidos como una superación de lo que se halla en las tradiciones socialistas, marxistas o anarquistas.


La recepción que en Estados Unidos se hizo de los autores franceses nos incumbe y mucho, porque a Uruguay estos autores llegaron triangulados vía las universidades estadounidenses, salvo notables excepciones, como por ejemplo fue La República de Platón, revista de los años noventa dirigida por Sandino Núñez, que pudo leer y pensar a los autores franceses como alternativa filosa al consenso adaptativo que iba instalándose. (3)


A 30 años de confeccionado, y a la luz de los últimos diez o quince, el informe de la Cia revela, a ojos de esta cronista, un excesivo optimismo por parte de los espías en la derechización de los intelectuales franceses y en la consiguiente obsolescencia del legado revolucionario. Hoy en los intelectuales de obra insigne (Jacques Rancière, Alain Badiou, Georges Didi-Huberman) que siguen sin plegarse al consenso resignado, y en los numerosísimos anónimos o cuasi anónimos que siguen declarándose herederos de la igualdad como principio, de la sublevación como derecho y de la Ilustración como reserva crítica, en todos ellos, hace tiempo que la piedra de toque dejó de ser el desdén por los años sesenta y sus conflictos. En algunos muros de París puede hoy leerse esta pintada: “Il fait sombre au pays des lumières. Va lire un livre” (“Está oscuro en el país del Iluminismo. Andá a leer un libro”). Mientras siga habiendo quien denuncie la oscuridad del consenso, la Cia se habrá alegrado en demasía de la “defección de los intelectuales de izquierda”.

 

https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP86S00588R000300380001-5.PDF

https://www.mediapart.fr/journal/culture-idees/140417/quand-la-cia-sattelait-demanteler-la-gauche-intellectuelle-francaise

Me refiero a esto en “Fue cuando nos miamizamos” http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Alma%20Bolon/Fuecuandonosmiamizamos.html

 


 

“Sobre la labor intelectual de desmantelar a la izquierda cultural”

 

Por Gabriel Rockhill

 

Sin duda es verdad, y merece ser destacado, que la recepción anglófona de la teoría francesa, tal como sensatamente lo indicó John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia ante la falsa neutralidad política, la tecnicidad despegada de la lógica y del lenguaje o el conformismo ideológico que obra en la tradición de la filosofía angloestadounidense sostenida por McCarthy. Sin embargo, las prácticas teóricas de las figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis llamó la tradición de la crítica radical –es decir de resistencia anticapitalista y antimperialista– por cierto contribuyeron a la deriva ideológica que alejó a la inteliguentsia de la política transformadora.


Según la propia agencia de espionaje, la teoría francesa posmarxista contribuyó directamente al programa cultural de la Cia, procurando llevar la izquierda hacia la derecha, mientras se desacreditaba el antimperialismo y el anticapitalismo, creando así un ambiente intelectual en el que sus proyectos imperiales podrían proseguir al abrigo de cualquier examen crítico serio por parte de la inteliguentsia.


Como lo sabemos gracias a las investigaciones sobre el programa de guerra psicológica que llevó adelante la Cia, la organización no sólo vigiló y presionó a los individuos, sino que siempre deseó comprender y transformar las instituciones de producción y de distribución culturales. En efecto, su estudio de la teoría francesa subraya el papel estructural desempeñado por las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y la consolidación de un ethos político colectivo. A través de ciertas descripciones que, como el conjunto del documento, deberían invitarnos a meditar de manera crítica en la situación académica actual en el mundo anglófono y más allá de éste, los autores del informe colocan en un primer plano la manera en que la precarización del trabajo académico contribuyó a la demolición de la izquierda radical.


Si los izquierdistas decididos no pueden asegurarse los medios materiales necesarios para llevar adelante su trabajo, o si estamos más o menos subrepticiamente obligados a conformarnos con el statu quo para poder encontrar un puesto de trabajo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales necesarias para una comunidad de izquierda comprometida se debilitan. La profesionalización de la enseñanza superior es otro instrumento empleado con estos fines, puesto que apunta a transformar a los individuos en engranajes tecnocientíficos del aparato capitalista antes que en ciudadanos autónomos dotados de herramientas confiables para la crítica social.
La teoría de los mandarines de la Cia da preeminencia a los esfuerzos del gobierno francés para “incitar a los estudiantes a que sigan estudios comerciales y técnicos”. Los mandarines destacan igualmente la contribución de las grandes editoriales, como Grasset, de los medios masivos y del embale por la cultura estadounidense, a la promoción de su plataforma postsocialista y antigualitaria.


¿Qué nos enseña este informe, sobre todo en el actual ambiente político y su asalto continuo contra la intelectualidad crítica? Antes que nada, este informe debería recordarnos que si algunos dan por sentado que los intelectuales son impotentes y que nuestras orientaciones políticas no tienen importancia, la organización que fue una de las eminencias grises más poderosas de la política mundial no comparte esta opinión. La Central Intelligence Agency, tal como su nombre lo sugiere irónicamente, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, y nosotros deberíamos tomar esto muy en serio.


(Tomado de Rebelión, publicado originalmente en inglés en thephilosophicalsalon.com, Brecha reproduce fragmentos.)

Domingo, 05 Febrero 2017 05:46

La computadora que sabe engañar

La computadora que sabe engañar

La inteligencia artificial dio un gran salto esta semana cuando Libratus, una supercomputadora que puede aprender de sus errores, no sólo descubrió cuándo los humanos querían engañarla, sino que logró confundirlos a ellos. La competencia tuvo lugar en Pittsburgh, Estados Unidos.


El duelo fue anunciado con mucha anticipación. Eso sí: tenía el atractivo de toda revancha o desquite. La primera vez se habían enfrentado en julio de 2015, en el mismo lugar: el Rivers Casino de Pittsburgh. ¿Pittsburgh? ¿Por qué habrían de medirse en una ciudad con tanto frío (en esta época del año en el hemisferio norte)? Si bien Pittsburgh es, detrás de Filadelfia, la segunda ciudad en importancia de Pennsylvania, tiene que haber alguna razón de mucho peso para que se desarrolle en un lugar así. Lo curioso es que como en aquella oportunidad, no hubo promoción, no hubo difusión, no se vendieron entradas anticipadas ni tampoco hubo que discutir los derechos de televisión. No hubo gente haciendo cola y las redes sociales ignoraron el evento por completo. ¿Entonces?


Creo que está claro a esta altura, que cualquier acontecimiento que no se vea por TV o que no tenga repercusión en las redes sociales... es porque ¡no existe! Podría decir con poco margen de error, que es porque ¡no le interesa a nadie! Sin embargo... no se apure, no vaya tan rápido. Espéreme un poquito y después de leer lo que sigue, volvemos juntos para atrás y re-pensamos la respuesta.


En principio, el cartel que figuraba en la marquesina decía lo siguiente:


Brain vs. Artificial Intelligence: Upping the Ante


Jan 11-20, 2017


Rivers Casino, Pittsburgh, PA


Es decir, el Cerebro enfrentando a la Inteligencia Artificial, pero con un agregado: “Subiendo la Apuesta”. Me imagino un diálogo entre usted y yo:


–¿Adrián, otra vez con lo mismo?


–Sí... otra vez con lo mismo


–¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora? O mejor dicho, ¿qué pasó ahora?
–Téngame un poquito de paciencia... y le cuento.


–¿Otra vez ‘la máquina’ compitiendo con los humanos en algún juego?
–Y... sí... de nuevo


–Pero, ¿no era que ya se sabía cómo ganar siempre a las damas, al ajedrez, al GO? ¿Qué juego queda?
Acompáñeme por acá. Quiero resumirle una historia.


• En 1997, Deep Blue, un programa diseñado por IBM le gana –finalmente– al mejor jugador de ajedrez y campeón del mundo en ese momento: Garry Kasparov.


• En 2007, Jonathan Schaeffer1, profesor de la Universidad de Edmonton, en Alberta, Canadá, diseña su programa Chinook y publica su trabajo seminal: “El fin de las damas”.


• En 2011, Watson, otro programa, también diseñado por IBM les gana a Ken Jennings y Brad Ruttner, los dos campeones del mundo de Jeopardy (un juego al que nosotros no jugamos en nuestro país pero si le interesa, le sugiero que lo ‘googlee’). Y finalmente,


• En 2015, Google en su laboratorio Deep Mind, diseña su programa Alpha-Go2 que le gana al campeón del mundo en ese momento (y actual) Lee Sidol.


A partir de esos momentos particulares, los humanos, a través de nuestros representantes podemos decir que dominamos cualquiera de esos juegos. Sabemos ahora qué estrategias elaborar para ganar siempre o si usted prefiere (y sería más correcto), no perder nunca.


Pero ahora apareció algo distinto. Tuomas Sandholm y Noam Brown son profesor y alumno de doctorado en el Departamento de Computación de la Universidad de Carnegie Mellon, en Pennsylvania, Estados Unidos. Ellos diseñaron un programa (que llamaron Libratus), para que juegue al poker. Para ser más precisos, es una variante del poker3. No hace falta saber nada sobre él y de hecho, si usted no saber jugar, sepa que yo tampoco. Pero este artículo no es para ilustrar sobre el juego, sino para exhibir algo extraordinario que acaba de suceder.


En todos los juegos de los que hablé antes (damas, ajedrez, GO), los rivales tienen toda la información a la vista. Como se juegan sobre un tablero, los dos jugadores ven las piezas del rival y saben en qué lugar están ubicadas. No hay nada escondido. Pero acá es donde se produjo un salto fundamental. Cuando uno juega a las cartas, no importa que sea al poker o el juego que usted elija, hay información del rival que uno no tiene, hay cartas que uno no ve. Y lo mismo sucede al revés. Al no saber, eso se presta para que hagamos lo que se llama un ‘bluff’, es decir, que yo quiera que usted ‘crea’ que yo tengo ciertas cartas que en realidad no tengo, y por supuesto, al revés también. Si quiere ignorar al poker, pase al truco: yo podría gritarle envido o truco y usted no sabe si yo tengo buenas cartas o no. Eso forma parte del juego, claramente. Lo mismo con el poker. Es por eso que ahora, la computadora, o mejor dicho Libratus, tiene que intuir por qué usted hace lo que hace, y tratar de decidir si usted está tratando de engañarla (o no).


Estos juegos se llaman de información incompleta o imperfecta. “Esa” es la gran diferencia. No están todas las cartas (o fichas) arriba de la mesa. Ni la computadora ni usted ven todas las armas que tiene el rival. Elaborar estrategias en esas condiciones es claramente mucho más difícil que jugar cuando todo el arsenal está expuesto y usted puede no sólo contar cuántos ‘soldaditos’ tiene el rival, sino que además, puede visualizar dónde están ubicados.


La gran novedad es que esta semana los humanos perdimos contra la computadora, perdimos contra el programa de Sandholm y Brown, perdimos contra Libratus. ¿Quiénes perdieron? ¿Cómo perdieron?


Ya verá, téngame un poco más de paciencia. Libratus no solo descubrió cuándo los humanos la quisieron engañar, sino que utilizó la potencia de su estrategia ... ¡para engañar a los humanos también, para confundirlos! En el camino, derrotó por una abrumadora diferencia a los cuatro mejores jugadores de poker del mundo. ¿No le parece que merece prestarle un poco de atención al episodio?


En agosto de 2015, en el primer desafío entre “El Cerebro” y la “Inteligencia artificial”, los cuatro jugadores que participaron le ganaron al programa Claudico4 que habían diseñado también Sandholm y Brown (profesor y alumno de doctorado). El encuentro se hizo en Pittsburgh, en el mismo casino. Para Brown, el resultado fue técnicamente un empate, pero para los jugadores que intervinieron, ellos sintieron que “habían ganado”. Ahora ya no importa, es historia pasada.


Durante 20 días, desde el 11 hasta el 30 de enero de este año, esos cuatro jugadores (Jason Les, Jimmy Chou, Daniel McAuley y Dong Kim), se enfrentaron contra el nuevo programa de Sandholm y Brown: Libratus. Pero no lo hicieron de cualquier manera, sino con esta estructura.


Jugaron diez horas por día. Se pasaron todo ese tiempo mirando las pantallas gigantes de múltiples televisores. No jugaron por dinero real, pero lo que sí hicieron es contabilizar el dinero que iría ganando cada uno (cada humano) si estuviera jugando en una mesa de poker real.


Al finalizar la competencia, los humanos se habrían de repartir 200.000 dólares entre ellos, en forma proporcional a los resultados que fueron obteniendo en sus partidas contra Libratus. En total, jugaron 120.000 manos... sí, leyó bien: ¡120.000!


Ahora, présteme atención a un dato extraordinario, ya que quizás usted está pensando en un detalle no menor: ¿cómo interviene la suerte? Es decir, cuando se juega al ajedrez o a las damas o al GO, las piezas empiezan siempre en la misma posición. Al jugar a las cartas, eso no es cierto. ¿Qué pasa si usted (o yo) recibimos mejores cartas? ¿Cómo interviene este particular factor?


Para resolver esa dificultad, hicieron lo siguiente: separaron a los cuatro humanos en dos equipos de dos personas cada una. Un par fue a una habitación a jugar contra Libratus en donde no tendrían contacto con el exterior, y no podrían usar sus teléfonos... nada.


El otro equipo de dos humanos jugó contra Libratus en otra habitación, que estuvo abierta para que pudieran seguir los partidos todas las personas interesadas. Pero lo notable es que decidieron darle LAS MISMAS CARTAS a ambos equipos, pero cambiadas. Es decir: las cartas con las que los humanos jugaban adentro de la habitación privada correspondían a las cartas que Libratus tenía para jugar en la habitación abierta al público, y al revés: las cartas que tenía Libratus en la habitación privada eran las de los humanos en la habitación pública. De esa forma, humanos y computadora tenían ¡las mismas posibilidades!


Por supuesto, lo notable es que, aun así, al finalizar los veinte días, la computadora ganó por escándalo. De hecho, haciendo las cuentas finales, Libratus ganó 15 de los 20 días que jugaron.


Al terminar cada jornada, después de diez horas de competencia, los cuatro jugadores se juntaban en el hotel e intercambiaban las notas sobre qué había hecho Libratus en cada una de las manos que cada uno de ellos había jugado. Después, una obviedad: cenaban y se iban a dormir.


Por supuesto, la máquina no necesitaba dormir nada y de hecho, mientras ellos comían, conversaban y descansaban, Libratus seguía jugando contra sí misma y tratando de resolver los problemas que esos mismos humanos le habían planteado durante el día, ya que como jugadores excepcionales que son elaboraban estrategias para enfrentarla que los programadores no habían contemplado.


Y acá apareció una diferencia más: en todos los casos anteriores, cuando se abordaron los otros juegos (ajedrez, damas, GO), los programadores intentaban explotar las debilidades de los humanos, si es que las descubrían. En este caso, la estrategia fue al revés. Libratus aprovechaba lo que aprendía de lo que ¡los humanos le enseñaban durante las diez horas del día! Es decir, cuando Les, Chou, McAuley y Kim encontraban alguna flaqueza, y comenzaban a explotarla, a la noche, la computadora resolvía esos agujeros o errores. De hecho, Sandholm dijo que elegían los tres problemas más serios que habían descubierto los humanos y un meta-algoritmo intentaba resolverlos durante la noche. El cambio era evidente: en lugar de detectar y luego explotar las debilidades de los rivales (los humanos), Libratus aprendía durante el día cuáles eran las debilidades propias y las corregía durante la noche.


Pero hay más, y esta también es una diferencia extraordinaria. En agosto de 2015, cuando AlphaGo le ganó al campeón del mundo Lee Sidol y finalmente el hombre aprendió cómo dominar el juego (el GO), la máquina jugaba contra sí misma pero en su base de datos, los humanos que lo programaron, la alimentaron con ¡todas las partidas de Go que se habían jugado en la historia hasta ese momento!


En cambio, con Libratus es diferente. A Libratus no le mostraron ninguna partida de poker que se hubiera jugado antes. ¡Ninguna! A Libratus le dijeron cuáles eran las reglas del juego y empezó a jugar ¡solo! (o sola, como prefiera) desde el principio. Aprendió por su cuenta. Por supuesto, cometió todos los errores de un principiante, pero... aprendió. Y resulta que ahora juega mejor que cualquiera de los cuatro mejores representantes que tenemos los humanos, sencillamente porque puede elaborar mejores estrategias que las que nosotros podemos producir en el mismo tiempo.


En el camino, hizo algo imposible para nosotros: jugó billones de partidos (billón es un uno seguido de doce ceros) sin que nunca hubiera visto cómo se jugaba una partida “en serio” en donde Libratus no hubiera participado, y se fue refinando hasta descubrir qué es lo que más le convendría hacer para ganar más dinero: si apostar o retirarse.


Cuando terminó la competencia, Jason Les dijo: “Ha sido una experiencia muy frustrante porque daba la sensación de que Libratus ...¡nos veía las cartas! No se puede jugar tan bien con tanta consistencia. Nosotros no estamos acostumbrados a perder, pero experimentamos situaciones que nunca habíamos vivido. La computadora juega de una manera imprevisible para nosotros. Sus estrategias nos confundían. Cada vez que alguno de nosotros creyó que había detectado alguna debilidad, inexorablemente resultó ser un espejismo. Al día siguiente, nos pulverizaba si intentábamos ir por ese camino”.
Las partidas se hicieron en Pittsburgh, con frío o sin él, porque tanto Sandholm como Brown trabajan en Carnegie Mellon, y la supercomputadora que usaron está a 15 minutos del casino en donde se realizó la competencia.


Justamente, el director del departamento de computación de la universidad, Frank Pfenning, elaboró un comunicado que publicó oficialmente la institución. Allí se pretende resaltar la importancia del hecho conseguido y por qué sí importa, o nos debiera importar lo que hizo Libratus.


No mencionó lo que significa esto para la propia industria del juego, pero sí lo que representará en términos de elaboración de estrategias militares o de prevención de ciber-ataques, y también sobre los diseños de nuevos tratamientos en medicina. “La computadora no puede ganar al poker si no puede hacer ‘bluff’. Imagine que en algún momento su teléfono inteligente podrá negociar el precio de su nuevo auto mejor que usted. Esto es solo el principio”.


Sí, es nada más que el principio y vale la pena estar informado de lo que está sucediendo en el mundo. La ciencia no tiene moral. Solo para poner un ejemplo: la energía atómica se puede utilizar para reemplazar los recursos naturales que utilizamos hoy y que se agotarán inexorablemente o se puede usar para construir la bomba atómica. Pero el progreso de la ciencia y la tecnología es inexorable también. Por ahora, ningún teléfono inteligente tiene la potencia que tiene la supercomputadora de Carnegie Mellon, pero cuando Manuel Sadosky trajo Clementina a Exactas, UBA, para tener la potencia que hoy tenemos en un reloj que usamos en la muñeca, hubo que ocupar una habitación entera y múltiples horas de picar tarjetas físicas para poder programar. Hoy, el recuerdo de Clementina solo despierta una sonrisa tierna. Es sólo cuestión de tener paciencia para que el teléfono celular ya no se llame más teléfono inteligente pero sí tenga la potencia de la supercomputadora de Carnegie Mellon. Pero claro, en ese momento, las supercomputadoras... (siga usted con la idea...).


Por eso, sí, esto es nada más que el principio... pero, ¿el principio de qué?


Referencias
1 https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-164965-2011-03-27.html
2 https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-303267-2016-07-03.html
3 Una variante que se conoce con el nombre de “Heads Up No Limit Texas Hold Them” (que sinceramente no puedo ni sé traducir, pero aceptemos que es una variante del poker tradicional) y es el que más se juega hoy en el mundo. En todo caso, las reglas del poker, para saber quién gana en cada “mano”, son siempre las mismas. Eso no cambia.
4 Estoy casi seguro de que no deben saber lo que significa la palabra “claudico” en español, ¿no le parece? Me parece muy difícil que hubieran elegido ese nombre sin saber... pero esto es solo una conjetura mía.

Viernes, 06 Enero 2017 08:57

Una amenaza mundial borrosa e impalpable

Una amenaza mundial borrosa e impalpable
La ciberguerra está entre los intereses de los Estados y las metas de los grandes grupos industriales, que también recurren a sus métodos. En ese juego, sólo un puñado de países cuenta con capacidades reales.

 

Desde París


La primera palabra, Ciberguerra, figura hace mucho en el Oxford Dictionary. La segunda, post-verdad (post-truth) fue elegida por el célebre diccionario como palabra del año 2016. Ambas han sido y serán la línea dominante de los próximos años. Al segundo término le debemos el Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea), la elección de Donald Trump en los Estados Unidos y, en la Argentina, el acceso al poder de Mauricio Macri gracias al diseño revisitado de la post-verdad, el “vale todo”, promovido por Durán Barba. La Ciberguerra lleva décadas provocando estragos y enfrentamientos subterráneos entre los Estados. Pese a ello, para la gran mayoría de la opinión pública esa confrontación en el ciberespacio se asemejaba más a una ficción cinematográfica que a la realidad. Ahora, sin embargo, esa ciberguerra salió del imaginario ficticio para instalarse en lo real con una fuerza perfectamente demostrada por el resultado de las elecciones norteamericanas y las reiteradas denuncias (no probadas) de Washington contra Moscú sobre su ciber poderío. Resulta claro que, en esta etapa de la historia, Rusia ganó varias batallas decisivas dentro del ciberespacio.

 

Moscú desplazó a China como el actor central de las ciberincursiones. Según declararon ante el Senado norteamericano los más altos responsables de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, James Clapper, el Director Nacional de Inteligencia, Michael Rogers, el responsable de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), y el subsecretario de Defensa para Inteligencia, Marcel Lettre, “Rusia es un ciberactor completo que representa una gran amenaza para el gobierno estadounidense y sus intereses militares, diplomáticos y comerciales”. Washington, desde luego, no es en nada inocente. Estados Unidos lleva décadas devastando sistemas con su ciberherramienta Master Mind, realizando incursiones hostiles en países enemigos o aliados o espiando al planeta entero mediante el programa Echelon y la NSA, la Agencia de Seguridad Norteamericana, y su programa de espionaje global, Prism.


Maxime Pinard, director de Ciberestrategia en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) había señalado hace un año:”Nos dirigimos hacia una militarización reforzada del ciberespacio”. El cambio rotundo que se dio durante 2016 se sintetiza en el hecho de que Rusia se adelantó a las potencias occidentales y logró ganar batallas importantes en el ciberespacio. Desde la guerra en Ucrania, donde Moscú consiguió circundar las comunicaciones electrónicas entre las tropas ucranianas y los centros de comando, hasta la supuesta intercepción de los emails de Hillary Clinton y del Consejo Nacional demócrata, Vladimir Putin dejó en ridículo a las potencias tecnológicas de Occidente y a la misma Alianza Atlántica, la OTAN, que, en 2008, había creado el Ccdcoe, Cooperative Cyber Defence Centre of Excellence. Se trata de una estructura ubicada en Estonia encargada de la ciberdefensa y, desde luego, de los ciberataques. Cabe recordar que, en 2007, Estonia fue uno de los primeros países en sufrir las consecuencias de un ciberataque global que paralizó prácticamente todas sus infraestructuras.


El célebre ciberataque de 2010 montado por Estados Unidos e Israel contra el programa nuclear Iraní mediante el virus Stuxnet es un aperitivo ligero al lado de la intensidad actual. Incluso si aún faltan elementos de prueba formales sobre la implicación de Rusia en el hackeo de los correos de Hillary Clinton y otros ataques, la historia ha cambiado de rumbo: “este caso marca un antes y un después en la ciberguerra”, asegura Nicolas Arpagian, experto y autor de libros como La Ciberguerra ha comenzado y la Ciberseguridad. Arpagian destaca que ha habido una rápida reactualización de la ciberguerra que implica a varios Estados: “hoy no existe ningún conflicto moderno que no incluya un capítulo digital. Es el caso en Israel, en Francia, en Gran Bretaña, en China y en Rusia”. Hasta hace un año, China era la gran culpable de los ciberataques en masa.

 

En septiembre de 2015, durante una visita del presidente chino du Xi Jinping a los Estados Unidos, ambas potencias pactaron un “código de ciber buena conducta” inspirado en un informe elaborado por un grupo de trabajo de las Naciones Unidas. Según reveló el New York Times en ese momento, cada país debía comprometerse a no atacar los centros vitales como las centrales eléctricas, los sistemas bancarios, las redes telefónicas o los hospitales. China había acumulado en aquel entonces un volumen consistente de éxitos en el ciberespacio. Rusia ha desplazado ahora a China gracias a un “savoir-faire” en varios campos decisivos como “las matemáticas” (Nicolas Arpagian).


La ciberguerra es un mastodonte con sus pies en dos fronteras: está entre los intereses de los Estados y las metas de los grandes grupos industriales que también recurren a sus métodos. En ese juego, sólo un puñado de países cuenta con capacidades reales.Los demás son actores menores o víctimas permanentes:Estados Unidos, Rusia, China, Irán, Israel, Francia y Gran Bretaña son el grupo de países que dominan como nadie la tecnología. Ello crea una asimetría alucinante entre ese club selecto y el resto de las naciones del planeta, las cuales, a su vez, le compran alta tecnología contaminada a esos mismos países. Los ciberataques son a menudo invisibles, no dejan víctimas ni manchas de sangre. Constituyen una amenaza borrosa e impalpable cuya evidencia recién ahora empieza a ser contundente a la sombra del conflicto entre Washington y Moscú derivado del ciberataque contra Hillary Clinton y los demócratas. Si esa intercepción en principio inocente pudo cambiar el rumbo de las elecciones presidenciales en la primera potencia mundial resulta fácil imaginar hasta dónde puede llegar. Es un campo clave. En diciembre de 2016, en una columna publicada por el diario francés Les Echos, el general Pierre de Villiers, jefe del Estado Mayor francés, escribió: “nuestros tres ejércitos nunca cesaron de estar presentes en los cinco medios que son la tierra, el mar, el aire, el ciber y el espacio”. La inclusión de los términos “ciber” y “espacio” demuestra cómo ambas dimensiones son ya ejes de la guerra moderna. Algunos días más tarde, el Ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, adelantó que “mañana habrá un cuarto ejército que se llamará ejército ciber”. Después, el Ministro detalló el alcance de esa guerra en el ciberespacio: “las amenazas en el ciberespacio son el resultado de una diversidad inédita de actores (cibercriminales, haktivistas, Estados, grupos terroristas) entre los cuales las fronteras son porosas. Esas amenazas son extremadamente variadas. Un ataque, incluso rudimentario, contra un sistema de voto electrónico puede perturbar la vida democrática de una nación: la parálisis de los medios puede perturbar profundamente la vida social: la parálisis de un sistema eléctrico puede alterar seriamente la vida cotidiana de los ciudadanos como la economía”. Francia tiene programado de aquí a 2019 preparar un “ejercito digital” de unos 3.000 integrantes.


De forma cínica, Estados Unidos se ha vestido con el traje de cibervíctima cuando, en realidad, ha sido la potencia más invasora de la historia gracias a lo que se creía su avance tecnológico. Moscú le ha ganado hoy un capítulo de la guerra moderna. No por nada protege en su territorio a Edward Snowden, el ex agente de la CIA y la NSA que reveló al mundo entero el espionaje masivo de ciudadanos, empresas, Estados y dirigentes políticos que Washington llevaba a cabo decía hacia años y con la comprometida colaboración de Apple, Facebook, Google, Yahoo! y otras ciberempresas. La gran potencia del norte llora públicamente su derrota pero tiene un voluminoso prontuario de ciberguerras. El problema radica en que cualquier aficionado mentiroso como Trump o Durán Barba puede convertirse en un apóstol de la post-verdad. La ciberguerra es otro asunto ante cuyas consecuencias las naciones menos desarrolladas del mundo están desnudas.


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