Rojava . “Si no fuera por las mujeres, esta revolución no existiría”

Entrevistamos a Arîn Hêlîn, internacionalista de Castilla que forma parte del movimiento de mujeres del Norte y Este de Siria: “La lucha de las mujeres en Rojava me ha hecho sentir más amor hacia mi propio género y hacia el resto de compañeras, y entender que el patriarcado trata de dividir a las mujeres porque así somos más vulnerables y no podemos defendernos”.

 

Conversamos con Arîn Hêlîn, internacionalista procedente de Castilla, miembro de la academia de Jineolojî de Rojava en el Norte y Este de Siria y participante de la campaña Women Defend Rojava impulsada por Kongra Star, la organización paraguas del movimiento de mujeres en el territorio. Esta campaña trata de impulsar y organizar el papel de las mujeres en la defensa de la Revolución de Rojava alrededor del mundo, con una perspectiva muy clara: no sólo se busca que las mujeres se levanten para defender Rojava, sinó que se levanten contra el patriarcado.


  • • Haciendo un poco de retrospectiva, porque llevas aquí mucho tiempo, ¿qué es lo que te trajo a Rojava?
    Después de estar un tiempo en el Estado español trabajando en apoyo a la revolución de Rojava y a la causa del movimiento de liberación del Kurdistán, y de haber hecho varios viajes a Bakur (el Kurdistán del norte, bajo el Estado turco), decicí venir a Rojava con la intención de ver con mis propios ojos cómo se estaba desarrollando esta revolución, tratar de profundizar en el sentir, en la filosofía del movimiento de liberación y al mismo tiempo conocer a la sociedad y el desarrollo de la revolución desde un lado más práctico.
  • • Entonces ya estabas envuelta en el movimiento de liberación desde antes de venir a Rojava, ¿por qué?
    En 2015 yo estaba bastante agotada de las dinámicas contraproducentes sobre todo del movimiento anitautoritario o anarquista en el Estado español, y de repente se hizo famosa la revolución de Rojava por la guerra contra el Estado Islámico en la ciudad de Kobane. Empecé a investigar un poco más el movimiento de liberación kurdo y empecé a implicarme, a conocer a personas interesadas en el mismo tema y rápidamente me moví a Bakur a conocer a los refugiados de Kobane. Ver la ilusión, la esperanza, la motivación y la resistencia que tenían por recuperar Kobane frente a ISIS, a pesar de la guerra y la dureza de la sitación en la ciudad de Suruç, me dio mucha fuerza para continuar con los trabajos de solidaridad y apoyo al movimiento kurdo cuando volví al Estado español.
  • • ¿Qué has estado haciendo en Rojava?
    Estuve primero en la Comuna Internacionalista, trabajando con la sociedad. Cuando estalló la guerra en Afrîn tuve la suerte de poder estar allí participando en el centro de información para la resistencia, para dar visibilidad a la invasión turca en el cantón. Fue un trabjao muy duro porque fue una guerra muy cruenta y la resistencia fue histórica, pero como mi especialidad son los medios de comunicación, creo que hicimos una gran labor. Cuando se estabilizó la situación, ya que la guerra y la violencia en Afrîn nunca se han detenido, comencé a participar en la Academia de Jineolojî, lo que más tarde se convertiría en el instituto Andrea Wolf. Hicimos educaciones, investigaciones, estuvimos escribiendo un libro sobre el movimiento de las mujeres kurdas, su historia, su filosofía... Más tarde, cuando volvía a haber un cierto riesgo de que hubiera otra ocupación del territorio de Rojava, empecé a participar en el movimiento de mujeres de Kongra Star para levantar la campaña de Women Defend Rojava y así organizar la solidaridad de las mujeres con la revolución de Rojava.
  • • ¿Cómo funciona el movimiento de mujeres, tanto en su base ideológica como en la práctica?
    Lo primero es que creo que el área de la mujer ha sido lo que más se ha desarrollado en todos estos años en la revolucion de Rojava. El movimiento de mujeres e individualmente mujeres de todo tipo son la vanguardia de esta revolución. Esta revolución, si no fuera por las mujeres, no existiria. Y te hablo de casos particulares como del movimiento entero, como puede ser Kongra Star, o las casas de mujeres de Mala Jin, o la academia de Jineolojî. Y te hablo de mujeres de todas la etnias (he conocido mujeres árabes, siríacas, kurdas, yazidíes) que han dado grandísimos pasos para que realmente haya un desarrollo de las mujeres en esta región del mundo.

Respecto a cómo funciona, el movimento tiene una estructura general, donde trabajan hombres y mujeres juntos, y luego tiene una estructura paralela donde sólo participan mujeres. Esto es muy importante, porque una de las cuestiones teóricas dentro de la filosofía de Abdullah Öcalan es que las mujeres necesitan tener espacios propios para poder desarrollarse, para poder acompañarse, para poder empoderarse entre ellas. Esto no quiere decir dejar de lado todo el trabajo que tenga que ver con el resto de géneros, pero sí que hacen falta espacios propios donde las mujeres puedan desarrollar según sus perspectivas, según sus lineas, segun sus necesidades.

Entonces hay de todo: dentro de las comunas debería haber un comité de mujeres donde se reunen para debatir y discutir sus problemas y buscar soluciones conjuntas, existe Kongra Star como organización paraguas del movimiento de mujeres con los diferentes comités que la conforman (el de justicia, el de sociedad, el de economía), donde se promueven crear cooperativas para que las mujeres tengan independencia económica, o donde impulsan una serie de asambleas judiciales donde las mujeres tratan por ejemplo casos concretos de violencia de género... Son estructuras o asambleas donde las mujeres deciden sobre todos estos temas que atañen directamente a la mujer.

Tanto en el territorio de mayoría kurda como en el de mayoría árabe las mujeres, tanto en el área de las mujeres como en el área general, son las que impulsan los trabajos, las que llevan las iniciativas a cabo, las que ponen energía y entusiasmo y las que además están convencidas de que no van a tolerar un retroceso al sistema anterior. Todo lo que han ganado estos años es para ellas completamente un cambio de vida, ya que antes una mujer no podía divorciarse, no tenía la custodia de sus hijos, no tenia derecho a heredar o heredaba la mitad que sus hermanos varones, o no podían salir de su casa a trabajar... Las mujeres no están dispuestas a volver atrás, y esto es lo que hace tan poderoso el sistema de estructura mixta y no mixta que se ha creado en Rojava.

Desde Europa y todo Occidente, tenemos una mirada concreta, cargada de prejucios, sobre la mujer en Oriente Medio. ¿A ti te ha cambiado esa mirada?

Para cualquier europea estar aquí siempre es un relativo choque por cuestiones como el velo, la manera que tienen de expresarse, sus propias concepciones o culturas... Pero después de estar aquí un timepo largo esas cosas se normalizan y ya te da igual si una mujer lleva un velo o no porque lo que tienen dentro de la cabeza resulta que es muchísimo más importante. Yo he conocido mujeres que llevan velo y que tienen una ideología o una filosofía política muchísimo más radical que la mía, o una gran valentía para exponerse y para luchar, como mujeres que después de vivir bajo ISIS han sobrevivido y han decidido montar un movimiento de mujeres en Raqqa. A veces, desde nuestra cómoda postura occidental, ni tan solo les preguntamos a estas mujeres qué es lo que quieren, por qué se ponen un velo o no, qué les supone la religión en su vida... Cuando tratamos de buscar las respuestas sin preguntar a las personas implicadas directamente resulta un poco paradójico.

¿Qué te ha aportado a ti como mujer tu experiencia en Rojava?

Como mujer específicamente lo que más me ha aportado es una nueva visión o sentimiento de respeto y valoración al resto de mujeres. El hecho de trabajar en un movimiento no mixto, convivir 24h con el resto de compañeras, con toda la filosofía del movimiento de liberación de las mujeres kurdas, la filosofía de Abdullah Öcalan y de las mártires que han dado la vida por esta lucha, me ha aportado más amor a mi propio género, me ha hecho sentir más amor, respeto y dar mucho más valor al resto de compañeras, y entender que el patriarcado trata de dividir a las mujeres porque así somos más vulnerables y no podemos defendernos.

Muchos colectivos y militantes empezamos a ver desde la batalla de Kobane un referente en la lucha de las mujeres del Kurdistán. Hemos hablado de las mujeres como vanguardia o de las estructuras autónomas de mujeres, por ejemplo, pero ¿qué otras cosas nos puede aportar el movimiento de liberación de las mujeres al movimiento feminista en el Estado español?

Para mi hay dos cosas muy básicas en que el movimiento de mujeres son un gran ejemplo. La primera es la autoorganización. No es possible llevar una lucha a largo plazo, una lucha que realmente sea radical y que busque cambios reales en la sociedad si no nos autoorganizamos formalmente. Sin esta organización no podremos dar pasos tanto para la liberación de la mujer como para la liberación del resto de géneros oprimidos y de esta manera, a su vez, una liberación total para toda la sociedad.

¿Qué quieres decir con organizarnos «formalmente»?

Va muy combinado con lo segundo que quería decir. Cuando una persona tiene una organización para la que trabaja y al mismo tiempo con la que se compromete y asume una serie de responsabilidades, es possible dar pasos tanto tácticos como estratégicos a medio y largo plazo. Esto es una de las bases para buscar cambios que afecten a la vida de las personas. Uno de los grandes problemas que tenemos en Europa es la informalidad que viene dada por el individualismo, en que hoy estoy aquí con este colectivo, trabajo un tiempo aquí, pero luego por ciertas circunstancias individuales o por problemas que no se saben resolver, los colectivos se parten y se tiene que volver a empezar desde el principio. Se dan por este motivo problemas como los saltos generacionales o no conocer nuestra historia. No se pueden lograr avances o planes a largo plazo porque la mayoría de las personas no quieren tener compromisos a largo plazo: hoy estoy aquí y mañana me marcho a Cuba, o a México o a la Índia, porque mi individualidad me lo permite.

El nivel de compromiso que tienen aquí estas mujeres es el que hace que realmente una revolución, en mejor o peor medida, haya sido y continúe siendo posible ocho años después. Sin ese nivel de compromiso, sin ese nivel de organización, esto no sería posible. Es para mí una de las cosas que en la sociedad occidental tenemos que mirar: qué nivel de compromiso tenemos y a qué nivel de organización podemos llegar.

Otro tema que hablábamos era la unidad de las mujeres, cómo valorarnos más entre nosotras, por ejemplo. Nos encontramos que en nuestro territorio hay una infinidad de corrientes y matices que dividen la lucha en mil colectivos. ¿Cómo construyen aquí la unidad de las mujeres?

En mi opinión se construye la unidad a través del respeto. Un respeto mutuo por las individualidades, por los colectivos y por las diferencias. Claramente una mujer árabe casada de 50 años no es lo mismo que una mujer siríaca de 20, por ejemplo, pero coinciden en ciertas cosas: viven bajo un mismo estado, en un mismo territorio, tienen una serie de objetivos comunes de liberación de género y también de liberación de la tierra en contra de la opresión, pero aún así respetan sus diferencias. En base al respeto a las diferencias y al respeto por la autonomía, porque tanto la mujer siríaca como la árabe como la kurda tienen sus organizaciones, pero se juntan todas ellas por ejemplo en la asamblea de mujeres del Norte y Este de Siria. Y esa asamblea, recogiendo todas las diferencias, recogiendo todas las necesidades, recogiendo todos los proyectos que necesitan los diferentes colectivos que existen, logran desarrollar una política común donde se respeta la autonomía y las diferencias de cada una de ellas.

Creo que esto también tiene mucho que ver con dónde enfocamos los problemas. Cuando tu problema es que un invasor como Turquía va a venir y va a asesinarte, te va a violar o te va a raptar, ciertos otros problemas pueden pasar más desapercibidos, sean problemas de diferencias ideológicas, étnicas, culturales o religiosas. Hay una serie de problemas comunes y esos son vistos como problemas de todas. Y no estoy diciendo que necesitemos ese tipo de problemas para organizarnos colectivamente o coordinadamente dentro de un territorio como el Estado español. Estoy diciendo que cuando seamos capaces de evaluar cuáles son los problemas que todas sufrimos, así como entender y respetar cuáles son los problemas que sufren ciertos colectivos de mujeres o de otros géneros en concreto, en los territorios en los que convivimos, seremos capaces de lograr ciertos acuerdos y objectivos comunes para luchar contra esos problemas. Siempre respetando las diversidades que existen.

Me venía a la cabeza que las diferencias en Rojava son entre grupos étnicos o religiosos, pero en nuestro territorio, aunque también existan grupos de colectivos específicos como por ejemplo Gitanas Feministas, a menudo entre los colectivos autónomos de mujeres se trata más de diferencias ideológicas o de dónde ponemos el foco de la lucha que no porque los perfiles de mujeres sean muy diferentes. ¿Es por la diferencia cultural o por diferencias en la manera como planteamos nuestra militancia y organización?

Creo que hay una gran diferencia histórica. Nosotras no podemos compararnos con las mujeres de Oriente Medio a nivel histórico, a nivel cultural, a nivel religioso o a otros niveles. No tiene sentido tratar de transportar una cosa que existe directamente a otra parte del mundo porque no va a funcionar. Hay ciertas bases que pueden servirnos como modelos, reajustándolos a los lugares de donde provenimos, pero nunca puedes hacer un copia y pega.

Lo que sí que considero que deberíamos preguntarnos si todas esas diferencias lo son o no y de dónde vienen. Yo creo que lo que ocurre particularmente y profundamente en Europa con la mujer es la pérdida total de la historia. Ahora se está recuperando la historia de la mujer con muchos libros, investigaciones... pero necesitamos mirar la historia con un objetivo que vaya más allá de «estos fueron los hechos y hemos llegado hasta aquí», sinó que a partir de estos hechos veamos de qué manera nos ha influenciado para que ahora estemos en este punto. Ver de qué manera nos afecta a nuestra personalidad como mujeres europeas, porque con una revisión de la historia desde el punto de vista de la mujer y analizando mucho más profundamente cuál es la historia común que hemos vivido vamos a ser más capaces de dar pasos a objetivos y necesidades comunes.

Otro de los temas que generan mucha división y debate es el tema del sujeto. Aquí vemos una reivindicación clara del sujeto «mujeres», tanto en el movimiento de mujeres como en la campaña internacional Women Defend Rojava, por ejemplo. ¿Cómo lo podemos analizar desde la perspectiva feminista en el estado?

Esta es una de las grandes preguntas, y es a lo que me refería antes. No podemos traducirlo porque hay unas grandes diferencias, y con esto no quiero decir que en Oriente Medio no existan los transexuales, la homosexualidad, las personas no binarias... Sinó que tal y como conciben aquí los géneros, cuál es su cultura, su tradición y su historia, la reivindicación del sujeto mujer es una cuestion muy importante, igual que creo que lo es para todo el planeta. Porque hay una realidad y es que hay muchas personas en este planeta que se identifican con el sujeto «mujer», que están oprimidas, y que acumulan una serie de características comunes que hacen que tengan una lucha común. Y no es una cuestión de no visibilizar otras identidades de género, que son oprimidas por el mismo sistema que ha oprimido a la mujer, y han de ser respetadas. Lo importante al final es cómo respetando nuestras diferencias podemos generar alianzas para luchar contra un patriarcado que nos tiene a todas violentadas.

Delante de esa violencia, uno de los aspectos centrales de la liberación del Kurdistán, y uno de los más famosos, es la cuestión de la autodefensa. ¿Se entiende de la misma manera que en el Estado español, dónde cada vez más toma más fuerza este concepto?

En general todo el mundo occidental ve a las mujeres kurdas con el kalashnikov en la mano luchando contra el Daesh, y es cierto que la defensa física o militar es una parte muy importante, sobre todo en una región donde la guerra está siempre presente. Pero la autodefensa no se reduce a eso sinó que es un concepto holístico que supone defenderte de todas las amenazas, de todas las violencias que se practican contra nuestros cuerpos, contra nuestras mentes y contra nuestras vidas desde todas las áreas. La autoeducación, por ejemplo, es una de las más importantes áreas de la autodefensa, para poder tomar tus propias decisiones. O también proteger el medioambiente, porque tenemos que defender aquello que nos está permitiendo la vida.

La teoría de la rosa dice que la autodefensa es como una rosa: mantiene su belleza, da alegría al mundo, pero al mismo tiempo tiene espinas con las que defenderse para no ser cortada. Todos los seres vivos tienen mecanismos de autodefensa mientras que los seres humanos la hemos dejado en manos de grupos externos como puede ser la policía, el ejército, un marido, unos padres... Cuando nosotras no somos capces de autodefendernos a nivel individual y colectivo – que quiere decir proteger el lugar donde vivmos, protegernos a nosotras mismas físicamente, nuestra capacidad de pensamiento, de decisión, tener una capacidad económica para sostenernos tanto individual como colectivamente... – estamos perdiendo una de las facultades que son propias de cualquier ser que está vivo. Y esto es lo que resulta absurdo.

Respecto al papel de los hombres en la liberación de la mujer en Rojava, ¿cuál es y cómo se aplica en la práctica?

Las mujeres no necesitan a los hombres para liberarse, las mujeres se liberan a sí mismas, y lo importante es que las mujeres se liberen a sí mismas para poder también liberar a la sociedad. El papel que tienen que jugar los hombres – no en la liberación de las mujeres sinó en su propia liberacion y en la liberación de la sociedad –, es reconstruirse a sí mismos. Si ellos mismos no son capaces de entender que también están oprimidos por este sistema patriarcal, y rechazar los privilegios que este sistema patriarcal les da porque suponen violencias para otras personas, la liberación completa de la sociedad no es posible. Las mujeres y otros géneros podemos apoyar, pero si ellos mismos no quieren va a ser una lucha entre enemigos más que entre compañeros.

A nivel práctico resulta muy complejo, requiere todavía de mucho tiempo. Por ejemplo en Rojava siempre que se dan educaciones se da Jineolojî, dónde se habla de la historia de la mujer, del patriarcado... para que los hombres se hagan preguntas tanto sobre las mujeres como sobre sí mismos que a menudo ni siquiera se habían planteado antes.

Has mencionado varias veces Jineolojî, ¿podrías explicarnos qué es?

Es una propuesta que nace de Abdullah Öcalan y que es desarrollada por el movimiento de las muejres kurdas, pero se trata de una propuesta para todas las mujeres del mundo. Básicamente lo que plantea es una ciencia de la mujer y de la vida, es decir, revisar las ciencias y conocimientos que han sido desarrollados hasta ahora y mirarlos desde el punto de vista de la mujer. Por ejemplo, ver desde qué punto de vista se ha escrito la historia y reinterpretarla y reescribirla como mujeres. Y así con todas las áreas de la vida: la sociología, la etimologia, la epistemología, la economía... Es un proyecto muy amplio que las mujeres del movimiento de liberación del Kurdistán ponen sobre la mesa y es una invitación al resto de mujeres del mundo a que participen de redefinir esos conocimientos de manera que nos lleven a la libertad, a una sociedad que utilice los conocimientos en favor de la sociedad y no en favor del poder.

Para acabar, ¿alguna historia de alguna mujer o alguna experiencia que te haya marcado respecto a la lucha de las mujeres en Rojava?

Vamos a poner dos ejemplos. El primero es de una internacionalista: yo pasé un tiempo relativamente largo con Şehîd Hêlîn Qeraçox, Anna Campbell, y para mí a parte de ser una gran compañera y una gran amiga fue un gran ejemplo de vanguardia de mujer revolucionaria, que creo que es indispensable. La manera que tenía de acercarse a las personas, el interés por conocer, su mente completamente abierta a comprender y a replantearse todos los dogmas, conocimientos o teorías que ella tenía antes, con los que ella había venido en su mochila desde Europa... Sus ganas de combatir, su respeto por la diversidad, su felicidiad, el cuidado que hacía de las compañeras, prestándoles atención... Şehîd Hêlîn es el ejemplo de que no sólamente las mujeres kurdas pueden ser vanguardia sinó que cualquier mujer que este realmente decidida a luchar por la liberación de las mujeres y de toda la Humanidad, da igual si es en su tierra o en otra, es una vanguardia para el movimiento de mujeres en el mundo.

El otro caso es el de una mujer madre de dos hijos şehîd, sus dos hijos mayores. Uno es Agîrî, que cayó en Raqqa, y el otro Saxin; que cayó en Afrîn. Esta mujer está activa en la comuna de su barrio, ayudando a los refugiados que han venido de Serêkaniyê, va a todos los entierros que hay, a todas las manifestaciones... Ella es kurda, su marido es árabe, y puedes ver un poco la nación democrática y el impulso del movimiento de mujeres dentro de la casa. Y sobre todo puedes ver esa energía de la que hablan tanto el movimiento de liberación de las mujeres: tiene una energia muy especial, capaz de sobrellevarlo todo, de sentir empatía, de poner energía, de dar valor a todas las personas que tiene a su alrededor. Ella siempre cuenta que tiene una conexión especial con sus hijos que han caído mártires, y que cuando su primer hijo cayó, ella lo sintió. Sabía antes de que vinieran a darle la noticia que su hijo había caído mártir y que se encontraba en el lugar donde ponen los cuerpos. Decía: «eran las 10 de la mañana y de repente tuve mucho frío. A partir de unas horas vinieron a buscarme y me dijeron que exactamente a esa hora habían puesto a mi hijo en la cámara frigorífica.» Y de alguna manera cuando lo necesita sus hijos vienen a verla. Siempre dice: «vosotras quizás como europeas estas cosas no os las creáis, diréis que estamos un poco locas, pero esto es una realidad para mí.» Las mujeres kurdas, y árabes yo creo, tienen una conexión muy fuerte con sus hijos, con la naturaleza. Esta energía que puede parecer muy mística, muy inexplicable, es una realidad muy fuerte que hace tener una conexión muy diferente con todo el entorno en el que viven y con las personas que quieren. Es una de las cosas que yo nunca jamás voy a olvidar y que me hace pensar dónde ha quedado dentro de nuestra naturaleza como personas esa conexión con las personas a las que amamos, con la naturaleza que nos rodea, dónde ha quedado toda esa energía que ya no somos capaces de sentir de esa manera. Y para mí es una de las cosas más impresionantes y esta mujer es increíble, ¡tienes que conocerla!

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2020-02-13 09:00

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USAID admite que desde 2017 ha entregado 467 millones de dólares a la oposición venezolana

Parte del dinero fue destinado al autoproclamado presidente Juan Guaidó y la Asamblea Nacional en desacato, bajo el concepto de "ayuda humanitaria".

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) ha suministrado, desde 2017, casi 467 millones de dólares a la oposición venezolana en concepto de "ayuda humanitaria", según reconoce el organismo en su sitio web oficial.

Además, detalla que, tras un acuerdo alcanzado en octubre de 2019, la USAID ha comprometido 128 millones de dólares para "ayudar" a Guaidó y la Asamblea Nacional en desacato "a seguir desarrollando planes para recuperar la economía e implementar servicios sociales durante una transición a la democracia".

En el documento, publicado en diciembre, la agencia norteamericana reconoció también haber asignado fondos para "compensación, costos de viaje y otros gastos para algunos asesores técnicos de la Asamblea Nacional y la administración interina de Guaidó a través de fondos de asistencia".

El informe, titulado "USAID en Venezuela", aclara que el organismo "no transfiere fondos" directamente a la "administración de Guaidó", sino que "se otorgan de manera competitiva a organizaciones privadas a través de contratos, donaciones o acuerdos de cooperación". No obstante, no se detalla cuál fue el destino de los recursos.

Ya en septiembre del año pasado,  la agencia estadounidense informó que entregaría 52 millones de dólares para apoyar al líder opositor, con el fin de "restaurar la gobernanza democrática" en el país sudamericano. 

Los fondos no aparecen

El pasado 29 de noviembre, el exembajador designado por Guaidó en Colombia, Humberto Calderón Berti, acusó al "entorno" de Guaidó por irregularidades en el manejo de los fondos destinados a la ayuda humanitaria. "Las autoridades colombianas me dieron la alerta y me mostraron documentos donde se hablaba de prostitutas, licor, mal manejo de recursos, doble facturación, facturación ficticia", afirmó.

Asimismo, en diciembre el portal Armando.info denunció la supuesta participación de once parlamentarios opositores en una "trama de corrupción para otorgar indulgencias" a empresarios relacionados con las importaciones de los alimentos, entre los que se encuentran tres del partido político de Guaidó (Voluntad Popular).

Estas acusaciones mutuas de corrupción y opacidad en el manejo de los recursos fue lo que contribuyó a acelerar la fractura a lo interno de las filas opositoras, que devino en el nuevo conflicto legislativo que se vive en Venezuela, donde dos sectores del antichavismo se atribuyen la presidencia del Parlamento.

Por su parte, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha afirmado que Guaidó "maneja millones de dólares" de los fondos bloqueados por EE.UU. a Venezuela, que son usados por el parlamentario opositor para impulsar sus planes "terroristas" en el país.

Publicado: 16 ene 2020 23:53 GMT

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“En Rojava conocí la humildad y la generosidad”

Cientos de voluntarios internacionales han participado en el norte de Siria en la lucha armada contra la organización yihadista liderada por Abu Bakr al Baghdadi. Brecha conversó con uno de ellos, que partió de Barcelona para integrar en los últimos meses las fuerzas de autodefensa del pueblo yazidí.


Cuando vio las “barbaridades” que Estado Islámico (EI) cometía en Siria e Irak, tomó una decisión que nunca se le hubiera pasado por la cabeza. Robin Poe –nombre que utiliza por cuestiones de seguridad– es un ciudadano de Barcelona con “casa, moto, coche y mujer”, como él mismo dice. Hace varios meses, decidió viajar a Rojava (el Kurdistán sirio) y ponerse a disposición de las fuerzas de autodefensa kurdas para combatir al grupo yihadista, que, en su esplendor, llegó a tener bajo su control entre ocho y diez millones de personas.


Desde que las Unidades de Protección del Pueblo (Ypg/Ypg, por sus siglas en kurdo) comenzaron a defender el territorio sirio, cientos de internacionalistas viajaron para sumarse a la resistencia contra EI, que fue coronada en marzo, cuando los últimos yihadistas fueron derrotados en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, fronteriza con Irak (véase Brecha, 29-III-19).


Poe –que todavía se encuentra en el norte de Siria– recuerda, en diálogo con Brecha: “Mi vida antes de tomar la decisión de partir hacia Rojava era la de cualquier persona de a pie, con un trabajo humilde”. Para el internacionalista, el punto de inflexión fue ver todos los días “en los noticieros las barbaridades que cometía Estado Islámico ante los ojos del mundo y que nadie hiciera nada”.


Sin explicar demasiado de qué forma, cuenta que se puso en contacto con las Unidades de Resistencia de Shengal (Ybs), las fuerzas de autodefensa aliadas a las Ypg/Ypg que el pueblo yazidí organizó cuando EI arrasó las regiones del norte de Irak en 2014, y masacró y secuestró a miles de pobladores. “Tras unos meses conversando, me dijeron que podía viajar cuando estuviese listo para unirme”, confirma. Durante un mes, luego de arribar al territorio, recibió un curso de formación militar y política, un proceso por el que pasan todos los voluntarios internacionales.


Los yazidíes son un pueblo originario de Oriente Medio que profesa una religión sincrética, monoteísta, que toma conceptos del cristianismo, el islam y el zoroastrismo. Erróneamente, son conocidos como

“adoradores del diablo”. El pueblo yazidí se encuentra distribuido en el norte de Irak –especialmente en la planicie y las montañas cercanas a Mosul–, en el sur de Qamishli –en Rojava– y en la provincia de Mardin, en el Kurdistán turco. También hay yazidíes en Armenia, Georgia y Europa central, sobre todo en Alemania, como parte de la diáspora que escapó luego de sufrir persecuciones, masacres y hasta genocidios.


LA LUCHA POR EL TERRITORIO.


Una vez en Rojava, Poe se sumó a las fuerzas de autodefensa con el objetivo principal de redoblar los combates contra EI. “He luchado durante siete meses; en concreto, en la zona de Deir Ezzor, en el desierto”, cuenta. Reconoce que participó en 14 operaciones –emboscadas, sabotajes, ofensivas y contraofensivas– y que hubo momentos en los cuales pensó en cometer “locuras” luego de arrestar a los yihadistas de EI. El odio que le despiertan los miembros de ese grupo es tan grande que ni siquiera intentaba comunicarse con ninguno cuando se entregaban luego de las derrotas.


Si bien las Fuerzas Democráticas de Siria (Fds), que nuclean a las Ypg/Ypg y a milicias de otras nacionalidades de la región, tienen el apoyo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, Poe reconoce que lo que más le impactó “fue ver que Estados Unidos y sus aliados han podido parar este conflicto desde el minuto cero, y no lo han hecho, por el único interés que mueve al mundo: el dinero; hay que tener en cuenta que todas las guerras tienen un fin, y es el económico”.


Al ingresar a las Ybs, el barcelonés se sintió contenido y apoyado. “La relación con los combatientes de las Ybs siempre fue genial: son personas muy agradecidas. Desde el primer momento, nos hicieron sentir como en casa. Nos daban sus propias mantas cuando había, algún colchón flaquito, comida, en fin, de todo. Lo poco que tuviesen era primero para nosotros”, relata.


“En las Ybs son auténticos guerreros, sin miedo a morir”, remarca. “No creo que conozcan qué es el miedo en combate; son increíbles. Todos fuimos a luchar por algo en lo que creíamos y contra la barbarie radical islamista, contra el maldito Daesh.”


Al referirse al pueblo yazidí, no duda en calificarlo como “maravilloso, muy hospitalario”: “Nos hacían todo más fácil”. “Lo que me asombró de la población yazidí es la generosidad y la hospitalidad con el extranjero”, dice. “A veces, he llegado a sentir vergüenza de cómo nos han tratado: como si fuéramos reyes, preparándonos manjares. Ellos robaron un pedacito de mi corazón.”


INTERNACIONALISMO CONTRA EI.


La lucha del pueblo kurdo despertó admiración en muchas partes del mundo. Desde militantes de organizaciones de izquierda hasta personas sin contacto alguno con la historia de Kurdistán, estas personas decidieron lanzarse a un territorio que todavía se encuentra cruzado por la violencia armada, el desplazamiento forzado de personas y una disputa geopolítica en la que confluyen las principales potencias mundiales y regionales.


Robin Poe tiene presente todo el tiempo los días de guerra cruenta. “En las operaciones de Deir Ezzor estaba todo minado; había cadáveres, bombas trampa por todos lados”, rememora. “Las personas apenas tenían comida: Estado Islámico las estaba matando de hambre y sed.” Cuando las milicias kurdas avanzaban liberando pueblos y aldeas, los miembros de EI “huían y mataban a todos los que podían”. “Por eso, me ponía muy contento cuando acabábamos con ellos. Sabía que así nunca más violarían a una niña.”


Las masacres cometidas por EI –ahora transformadas en atentados focalizados en diferentes partes el mundo– dejaron una marca que será muy difícil borrar. Las heridas todavía están presentes en los pueblos que sufrieron a manos de los seguidores de Abu Bakr al Baghdadi, que después de cinco años reapareció, a fines de abril, en un video de 18 minutos difundido por Al-Furqan, medio vinculado a EI.


“Después de haber combatido, creo que soy mejor persona –analiza Robin Poe–. Sabía que, llegado el momento, no me temblarían las manos para acabar con esos criminales. Pero jamás pensé que se me daría acabar con esa gentuza. En Rojava conocí también la humildad, la generosidad, que la gente se entregara toda sin querer nada a cambio.”


Ahora, Robin Poe espera salir del territorio, luego de que las Fds ordenaran el retiro de algunos contingentes de internacionalistas. Por estos días, disfruta, junto con los pobladores, de los festejos por haber liberado Baghouz y haber dado uno de los golpes mortales más poderosos a EI. Los días futuros de Robin son una incógnita. Sabe que en su país volverá a los trabajos esporádicos de siempre. Uno de sus sueños, aunque luego de la guerra pueda sonar simple, es aprender el oficio de soldador. “Ahora toca volver, pero antes, terminar con lo que vinimos a hacer”, dice.


Por estos días, en Rojava se define un futuro incierto. La autonomía defendida por los kurdos y los pueblos que habitan el norte de Siria se encuentra amenazada por Turquía y, en menor medida, el propio gobierno sirio. Ninguno de estos poderes muestra interés en el proyecto que encabezan los kurdos, basado en el empoderamiento de las mujeres y la convivencia entre nacionalidades y religiones.
Como última reflexión de su experiencia, Robin Poe afirma: “La revolución en Rojava ha sido maravillosa desde el punto de vista de cómo hombres y mujeres caminan juntos a luchar, a la guerra, sin miedo, con la alegría de defender y luchar por lo que ellos creen: la consigna ‘mujer, vida, libertad’”.

Por Leandro Albani
31 mayo, 2019

 

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Lunes, 17 Diciembre 2018 05:40

El falso dilema del patriotismo

El falso dilema del patriotismo

En mis años como profesor en diferentes universidades de Estados Unidos, me ha tocado tener en mis clases a estudiantes que estaban realizando la carrera militar. Marines, aviadores y todo tipo de futuros integrantes de las elites del ejército estadounidense. Este grupo es minoritario en universidades no militares (normalmente no pasa del cuatro por ciento). Como profesor consejero, me fueron asignados algunas veces excombatientes de las guerras de Afganistán y de Iraq (esa misma que, desde enero de 2003, desde España, denunciamos en diferentes medios como un crimen internacional y el origen de la futura crisis estadounidense). Estos jóvenes reventados, física y emocionalmente, muchos de ellos con PTSD (trastorno de estrés postraumático) me confesaron sus experiencias, frustraciones y hasta fanatismos, alguno de los cuales habitan en mis novelas, con otros nombres y en otras historias.

En mis cursos sobre América Latina intento que no falten los eventos más relevantes de la historia de las Américas, ampliamente ignorados por el público en general y hasta por los mismos estudiantes universitarios. Eventos donde el papel que jugó Estados Unidos frecuentemente ha sido, como cualquier persona medianamente informada sabe, patético: despojo de los territorios indios, de los mexicanos; sangrientas intervenciones en los países caribeños y centroamericanos en defensa de las grandes compañías internacionales, arrogancia y racismo explícito, instalación o respaldo de sangrientas dictaduras por todas partes, represiones populares, destrucción de democracias como en Guatemala y en Chile, apoyo al terrorismo de Estado o a terroristas depuestos, como los Contras (“Freedom Fighters”), asesinato de religiosos, obreros, campesinos, sindicalistas, periodistas e intelectuales bajo diferentes excusas por parte de mafiosos entrenados en instituciones como la Escuela de las Américas o por sus soldados, que tanto obedecían la orden de limpiar los baños de sus superiores como de masacrar una aldea de sospechosos. Y un largo, larguísimo etcétera.

A pesar de proceder de las narrativas populares que todos los países repiten hasta el hastío, del siempre subyacente adoctrinamiento de Nosotros-somos-los-buenos-y-los-otros-los-malos, estos jóvenes, cada vez que se enfrentaron a la dura realidad documentada y probada de los hechos históricos, han sido siempre respetuosos. Al menos en el salón de clase. Respetuosos de una forma que rara vez se encuentra entre los mismos latinoamericanos procedentes de las tradicionales elites dominantes de las diversas repúblicas bananeras del sur o de las clases subalternas que apoyaron todo tipo de atrocidades contra sus propios pueblos, siempre en nombre de alguna excusa, dependiendo del momento histórico: negros quilomberos, indios borrachos, pobres haraganes, obreros parásitos, sirvientas putas, curas comunistas, intelectuales marxistas, and so on.
Una vez, uno de esos excombatientes del ejército estadounidense me propuso escribir un ensayo sobre Ernesto Che Guevara. Le di luz verde, como no podía ser de otra forma ante la petición de un estudiante interesado por investigar algo, pero luego nunca apareció por mi oficina para discutir el proyecto. Cuando se vencía el plazo de entrega, apareció y me dijo, con el tono de voz de alguien que está hablando muy en serio:


“Aunque no tiene ninguna importancia académica, debo decirle que soy anticomunista y que nunca me cayó bien Ernesto Guevara. Mis amigos de Miami dicen que era un asesino. Pero si yo hubiese sido un guatemalteco o un boliviano en los años sesenta, no tengo dudas que me hubiese unido a los guerrilleros del Che”. Me dejó su ensayo en la mesa y se fue.


Sería casi imposible que un latinoamericano fuese capaz de este tipo de apertura. Los latinoamericanos suelen ser más fanáticos. Porque el colonizador no necesita ser fanático para defender sus intereses. El colonizado, alguien que defiende a muerte su propia opresión, sí.


Aquí en Estados Unidos conocí a muchos latinoamericanos (por suerte no la mayoría) que dicen venir escapando de alguna dictadura comunista (que en la historia latinoamericana son raras excepciones comparadas con la rica y centenaria tradición de las dictaduras capitalistas) donde no podían expresarse libremente. Apenas uno menciona algo que no les gusta, te invitan a abandonar el país de la Libertad y mudarte a Venezuela. Mentalidad intolerante y autoritaria que, obviamente, dice mucho sobre la realidad que supuestamente dejaron atrás. Como aquella otra estudiante que no le gustó que dijese que el FBI consideraba a Posada Carriles como un peligroso terrorista porque su abuelito cubano también había trabajado para la CIA y también vivía en Miami (de hecho, el abuelito solía seguir mis clases por su teléfono, según me confesó la misma estudiante).


Cierta vez, uno de mis estudiantes latinoamericanos me lanzó una de esas típicas preguntas que son como caballitos de Troya.


“Según tengo entendido –dijo–, usted es ciudadano uruguayo y estadounidense. Tiene doble ciudadanía. Mi pregunta es: en caso de una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, ¿a qué país defendería usted?”


La pregunta era reveladora. Revelaba un paquete conocido de preceptos ideológicos que suelen manipularse a la perfección por los políticos y por todos aquellos que creen que un país es un monolito ideológico, una secta, un ejército, un equipo de futbol. Escuché preguntas similares en otros países, aplicadas como un martillo sobre judíos, musulmanes, y todos aquellos que son percibidos como binacionales.


Mi estudiante, al que aprecio como persona, con su uniforme caqui de los marines esa tarde, sonrió, como quien acaba de dar jaque en una partida de ajedrez.
Sólo me limité a aclararle que la pregunta era muy fácil de responder, a pesar de que siempre se respondía mal, cuando se respondía.


“Como ciudadano de ambos países, ese dilema no me produce ningún conflicto. En un caso hipotético (y absurdo) entre una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, no dudaría en ponerme de lado de la verdad y la justicia, es decir, de quien, a mi juicio, está en lo justo. Defendería a quien tiene razón en la disputa. De esa forma, les haría un favor, aunque modesto y seguramente irrelevante, a los dos. A uno por defender su razón y derecho, y al otro por resistir su error”.


El muchacho dijo entender. Quién sabe. No soy tan optimista con respecto a otra gente que ya ha fosilizado convicciones como eso del “patriotismo” y otras prestigiosas ficciones lacrimógenas. Ciudadanos honestos y otros no tanto quienes han sido adoctrinados desde la tierna edad preescolar a dar más importancia a un trapo de colores que a la verdad y a la justicia

 

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University.

 

Publicado enSociedad
Un nuevo eje autoritario requiere un frente progresista internacional

Bernie Sanders hace un llamamiento global a la reacción contra la regresión en muchos países hacia una nueva derecha nacionalista

Debemos examinar honestamente cómo ese orden ha fracasado en cumplir muchas de sus promesas y cómo los autoritarios han explotado hábilmente esos fracasos


Se está llevando a cabo una lucha global que traerá consecuencias importantísimas. Está en juego nada menos que el futuro del planeta, a nivel económico, social y medioambiental.


En un momento de enorme desigualdad de riqueza y de ingresos, cuando el 1% de la población posee más riqueza que el 99% restante, estamos siendo testigos del ascenso de un nuevo eje autoritario.


Si bien estos regímenes tienen algunas diferencias, comparten ciertas similitudes claves: son hostiles hacia las normas democráticas, se enfrentan a la prensa independiente, son intolerantes con las minorías étnicas y religiosas, y creen que el gobierno debería beneficiar sus propios intereses económicos. Estos líderes también están profundamente conectados a una red de oligarcas multimillonarios que ven el mundo como su juguete económico.
Los que creemos en la democracia, los que creemos que un gobierno debe rendirle cuentas a su pueblo, tenemos que comprender la magnitud de este desafío si de verdad queremos enfrentarnos a él.


A estas alturas, tiene que quedar claro que Donald Trump y el movimiento de derechas que lo respalda no es un fenómeno único de los Estados Unidos. En todo el mundo, en Europa, en Rusia, en Oriente Medio, en Asia y en otros sitios estamos viendo movimientos liderados por demagogos que explotan los miedos, los prejuicios y los reclamos de la gente para llegar al poder y aferrarse a él.


Esta tendencia desde luego no comenzó con Trump, pero no cabe duda de que los líderes autoritarios del mundo se han inspirado en el hecho de que el líder de la democracia más antigua y más poderosa parece encantado de destruir normas democráticas.


Hace tres años, quién hubiera imaginado que Estados Unidos se plantaría neutral ante un conflicto entre Canadá, nuestro vecino democrático y segundo socio comercial, y Arabia Saudí, una monarquía y estado clientelar que trata a sus mujeres como ciudadanas de tercera clase? También es difícil de imaginar que el gobierno de Netanyahu de Israel hubiera aprobado la reciente "ley de Nación Estado", que básicamente denomina como ciudadanos de segunda clase a los residentes de Israel no judíos, si Benjamin Netanyahu no supiera que tiene el respaldo de Trump.


Todo esto no es exactamente un secreto. Mientras Estados Unidos continúa alejándose cada vez más de sus aliados democráticos de toda la vida, el embajador de Estados Unidos en Alemania hace poco dejó en claro el apoyo del gobierno de Trump a los partidos de extrema derecha de Europa.


Además de la hostilidad de Trump hacia las instituciones democráticas, tenemos un presidente multimillonario que, de una forma sin precedentes, ha integrado descaradamente sus propios intereses económicos y los de sus socios a las políticas de gobierno.


Otros estados autoritarios están mucho más adelantados en este proceso cleptocrático. En Rusia, es imposible saber dónde acaban las decisiones de gobierno y dónde comienzan los intereses de Vladimir Putin y su círculo de oligarcas. Ellos operan como una unidad. De igual forma, en Arabia Saudí no existe un debate sobre la separación de intereses porque los recursos naturales del país, valorados en miles de billones de dólares, le pertenecen a la familia real saudita. En Hungría, el líder autoritario de extrema derecha, Viktor Orbán, es un aliado declarado de Putin. En China, el pequeño círculo liderado por Xi Jinping ha acumulado cada vez más poder, por un lado con una política interna que ataca las libertades políticas, y por otro con una política exterior que promueve una versión autoritaria del capitalismo.


Debemos comprender que estos autoritarios son parte de un frente común. Están en contacto entre ellos, comparten estrategias y, en algunos casos de movimientos de derecha europeos y estadounidenses, incluso comparten inversores. Por ejemplo, la familia Mercer, que financia a la tristemente famosa Cambridge Analytica, ha apoyado a Trump y a Breitbart News, que opera en Europa, Estados Unidos e Israel, para avanzar con la misma agenda anti-inmigrantes y anti-musulmana. El megadonante republicano Sheldon Adelson aporta generosamente a causas de derecha tanto en Estados Unidos como en Israel, promoviendo una agenda compartida de intolerancia y conservadurismo en ambos países.


Sin embargo, la verdad es que para oponernos de forma efectiva al autoritarismo de derecha, no podemos simplemente volver al fallido status quo de las últimas décadas. Hoy en Estados Unidos, y en muchos otros países del mundo, las personas trabajan cada vez más horas por sueldos estancados, y les preocupa que sus hijos tengan una calidad de vida peor que la ellos.


Nuestro deber es luchar por un futuro en el que las nuevas tecnologías y la innovación trabajen para beneficiar a todo el mundo, no solo a unos pocos. No es aceptable que el 1% de la población mundial posea la mitad de las riquezas del planeta, mientras el 70% de la población en edad trabajadora solo tiene el 2,7% de la riqueza global.


Los gobiernos del mundo deben unirse para acabar con la ridiculez de los ricos y las corporaciones multinacionales que acumulan casi 18 billones de euros en cuentas en paraísos fiscales para evitar pagar impuestos justos y luego les exigen a sus respectivos gobiernos que impongan una agenda de austeridad a las familias trabajadoras.


No es aceptable que la industria de los combustibles fósiles siga teniendo enormes ingresos mientras las emisiones de carbón destruyen el planeta en el que vivirán nuestros hijos y nietos.


No es aceptable que un puñado de gigantes corporaciones de medios de comunicación multinacionales, propiedad de pequeño grupo de multimillonarios, en gran parte controle el flujo de información del planeta.


No es aceptable que las políticas comerciales que benefician a las multinacionales y perjudican a la clase trabajadora de todo el mundo sean escritas en secreto. No es aceptable que, ya lejos de la Guerra Fría, los países del mundo gasten más de un billón de euros al año en armas de destrucción masiva, mientras millones de niños mueren de enfermedades fácilmente tratables.


Para poder luchar de forma efectiva contra el ascenso de este eje autoritario internacional, necesitamos un movimiento progresista internacional que se movilice tras la visión de una prosperidad compartida, de seguridad y dignidad para todos, que combata la gran desigualdad en el mundo, no sólo económica sino de poder político.


Este movimiento debe estar dispuesto a pensar de forma creativa y audaz sobre el mundo que queremos lograr. Mientras el eje autoritario está derribando el orden global posterior a la Segunda Guerra Mundial, ya que lo ven como una limitación a su acceso al poder y a la riqueza, no es suficiente que nosotros simplemente defendamos el orden que existe actualmente.


Debemos examinar honestamente cómo ese orden ha fracasado en cumplir muchas de sus promesas y cómo los autoritarios han explotado hábilmente esos fracasos para construir más apoyo para sus intereses. Debemos aprovechar la oportunidad para reconceptualizar un orden realmente progresista basado en la solidaridad, un orden que reconozca que cada persona del planeta es parte de la humanidad, que todos queremos que nuestros hijos crezcan sanos, que tengan educación, un trabajo decente, que beban agua limpia, respiren aire limpio y vivan en paz.


Nuestro deber es acercarnos a aquellos en cada rincón del mundo que comparten estos valores y que están luchando por un mundo mejor.


En una era de rebosante riqueza y tecnología, tenemos el potencial de generar una vida decente para todos. Nuestro deber es construir una humanidad común y hacer todo lo que podamos para oponernos a las fuerzas, ya sean de gobiernos o de corporaciones, que intentan dividirnos y ponernos unos contra otros. Sabemos que estas fuerzas trabajan unidas, sin fronteras. Nosotros debemos hacer lo mismo.


Le pedimos a Yanis Varoufakis que comente el artículo Bernie Sanders. Aquí está la respuesta:


Bernie Sanders tiene toda la razón. Los inversores hace tiempo que han formado una "hermandad" internacional para garantizarse rescates internacionales cuando sus pirámides de cartón se derrumban.


Hace poco, fanáticos de la derecha xenófoba también formaron su propia Internacional Nacionalista, llevando a que los pueblos orgullosos luchen entre sí y así ellos puedan controlar las riquezas y el poder político.


Ya es hora de que los demócratas de todo el mundo formen una Internacional Progresista, que luche por los intereses de la mayoría de cada continente, de cada país. Sanders también tiene razón cuando dice que la solución no es volver al status quo cuyo fracaso estrepitoso dio lugar al ascenso de la Internacional Nacionalista.


Nuestra Internacional Progresista debe llevar adelante una visión de prosperidad compartida y ecológica que podemos lograr gracias a la ingenio humano, siempre que la democracia le dé la oportunidad de desarrollarse.


Para eso, debemos hacer más por unirnos. Debemos formar un consejo común que escriba el borrador del New Deal Internacional, un nuevo acuerdo de Bretton Woods progresista.

14/09/2018 - 21:27h

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Sábado, 17 Marzo 2018 07:09

Las mujeres y el bosque

Las mujeres y el bosque

Del 8 al 10 de marzo de 2018 se realizó el primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan en el caracol zapatista de la zona Tzotz Choj en Chiapas, México. A la convocatoria acudieron más de 5 mil mujeres de 38 países del mundo, que fueron recibidas por otras 2 mil provenientes de los cinco caracoles de todas las zonas zapatistas de Chiapas.


Fue un encuentro significativo, fuerte, emocionante, lleno de contenidos y horizontes. Con raíces profundas que llevan creciendo muchos años, con brotes y ramas que se extienden y entrelazan con muchas otras. En esos días el mundo se coloreaba de tonos violetas y arcoiris, con movilizaciones y acciones de mujeres en muchas partes del mundo, algunas masivas, otras emergentes, todas marcando a su manera que el patriarcado está en cuestión y no estamos dispuestas a soportar más violencia, discriminación, sexismo, machismo y abusos.


Siendo fundamental, el tema no es sencillo ni tampoco sus manifestaciones. Las compañeras zapatistas que abrieron el encuentro, en la palabra de la capitana insurgente Erika, nos nombraron a todas como un bosque o un monte. En ese bosque hay muchos árboles que son diferentes. Hay ocote o pino, caoba, cedro, bayalté y muchos tipos de árboles. Y sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente. Pero cuando los vemos le decimos monte o bosque. Aquí estamos todas como un bosque. Todas somos mujeres. Pero hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha. Decimos que además somos mujeres que luchan. Entonces somos diferentes, pero iguales. Y aunque hay mujeres que luchan y no están aquí, las pensamos aunque no las veamos. Y también sabemos que hay mujeres que no luchan, que se conforman, que se desmayan. En todo el mundo hay mujeres, un bosque de mujeres, que lo que las hace iguales es que son mujeres. Como mujeres zapatistas vemos que algo más está pasando. Y también nos hace iguales la violencia y la muerte. Así vemos lo moderno de este pinche sistema capitalista. Vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tiene la cara, el cuerpo, la cabeza pendeja del patriarcado. (https://tinyurl.com/y7l5gtzn)


Desde el monte nos invitaron para hablarnos, escucharnos, mirarnos, festejarnos. Podemos escoger dijeron. Podemos competir entre nosotras para ver quien es mejor, habla mejor, es más liberada, juega mejor al fútbol, o piensa o escribe mejor y al final veremos que nadie ganó. O podemos acordar luchar juntas, como diferentes que somos, en contra del sistema capitalista patriarcal que es quien nos está violentando y asesinando.


Resonó fuerte, clara y al mismo tiempo dulce la voz de la insurgenta Erika. Una voz, nos dijo, revuelta con muchas edades, lenguas e historias, porque habló a nombre de todas las mujeres zapatistas, que desde cada comunidad y caracol se reunieron por muchos meses para pensar, organizar y trasmitir este mensaje.


Por su voz sentimos el sufrimiento de la campesina e indígena que fue sirvienta en la ciudad, sin sueldo, sufriendo mil humillaciones no sólo de hombres, también de mujeres, pero que encontró otras con las que se fue formando para rebelarse como zapatistas; sentimos el dolor por las hijas que murieron de enfermedades curables, sentimos el miedo por ser explotadas y más por ser mujeres, ante los atropellos de militares, capataces y patrones. Sentimos también a las niñas, jóvenes y adultas, que crecieron con la resistencia, la guerra y la construcción de autonomía zapatista. Mujeres que antes solo podíamos morir por ser indígenas, pobres y mujeres, ahora construimos en colectivo otro camino de vida: la libertad, nuestra libertad.


Mucha diversidad hubo en el bosque de este encuentro, con denuncias, intercambios intelectuales, artísticos, musicales, de teatro, poesía, talleres para aprender desde a cuidarnos en Internet hasta nuestros cuerpos y lugares, para construir, pensar y luchar en colectivo desde la diversidad. La gran mayoría de las participantes fueron jóvenes, tanto zapatistas como del resto del mundo.


Llegaron también las madres y hermanas de víctimas de feminicidio, desaparecidas, presas, violentadas, las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa a quienes las zapatistas y todas dijimos que no están solas, que seguiremos reclamándolos con vida y por justicia. Moira Millán, mapuche de Argentina, nos hizo conocer las luchas contra la guerra de exterminio contra su pueblo, que como el caso de los estudiantes de Ayotzinapa parece ser un ejercicio desde el poder para ver hasta donde pueden atropellar a las y los que resisten y de allí seguir con todas.


Conocimos luchas de las mujeres de Vía Campesina contra las transnacionales, en defensa del territorio y por feminismo campesino y popular. Pueblos indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá, compañeras de movimientos de Black Lives Matter, de Palestina, Marruecos y del Movimiento Sin Tierra de Brasil cerraron con sus reflexiones y saludos este encuentro, que se abrió a continuar el próximo año.


Las zapatistas nos despidieron dándonos una luz para llevar y prender cuando nos sintamos solas, cuando pensemos que la lucha es muy dura, cuando tengamos miedo, pero también para llevarle a las desaparecidas, las presas, las asesinadas, las migrantes, las violadas, las golpeadas, las explotadas. Para decirles que no nos rendiremos, que no están solas, que luchamos con ellas y para que el dolor que cargan no se vuelva a repetir. Para juntarla a otras luces y prender fuego al sistema capitalista patriarcal.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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La liberación del norte de Siria, una historia de mujeres que lideran la revolución

La española Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez se encuentra junto con otros brigadistas internacionales en Afrin para apoyar al pueblo kurdo, que en Siria se enfrenta a un doble enemigo: el Daesh y los ataques de Turquía.



El foco de interés de los medios internacionales que cubren la guerra de Siria se ha centrado estas semanas en dos puntos concretos: Guta Oriental —donde se han registrado ataques incluso en plena tregua patrocinada por la ONU y que ya ha registrado más de 500 muertos— y Afrin. Este último enclave, al norte del país, saltó hace un tiempo a los medios de comunicación por los ataques por parte de tropas apoyadas por Turquía al bastión kurdo, pero en España ha tenido más repercusión desde el pasado día 10, cuando se reportó que el ourensano Samuel Prada había fallecido en un bombardeo.


Baran Galicia, como se conocía al español brigadista, ha hecho que todas las miradas se giren sobre el conflicto en esa parte de Siria y sobre los extranjeros que actualmente acompañan los batallones del Ejército Democrático Sirio, las milicias kurdas y documentan la situación por la que están pasando los civiles en las ciudades atacadas o afectadas por embargos. Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez es una de ellos. Esta periodista madrileña viajó por primera vez al territorio kurdo en 2015 y desde entonces ha vuelto dos veces más: la última de ellas hace nueve meses y sin fecha de retorno. "Llegué con la idea de documentar la lucha contra el Daesh, pero luego me integré en la Comuna Internacionalista de Rojava. Allí hacen proyectos para reforestar el norte de siria, formación para los internacionales y otras formas de colaboración como la difusión". Ese es exactamente su cometido ahora mismo, en Rojava y en Afrin, a donde ha viajado con la segunda caravana de apoyo a la resistencia del cantón kurdo.


"Turquía nos bombardeó sabiéndolo"


Ella, junto con otros internacionales —como el catalán Rok Brossa, el italiano Jacopo Bindi y otros que prefieren no hacer pública su identidad— visitan las ciudades, a los refugiados, comprueban cómo afecta las restricciones de alimento y medicamentos y cómo soportan los bombardeos cada vez más cerca de la ciudad. De hecho, ellos mismos sufrieron el terror de los ataques en su llegada a Afrin. "Íbamos en un autobús lleno de madres, incluso una de ellas iba a visitar a su hija al cementerio porque había muerto durante los ataques. Seríamos como unos 50 vehículos entre autocares y coches. Cuando llegamos a los límites de la ciudad, empezamos a escuchar explosiones cada vez más cerca. La gente se puso muy nerviosa, nos hicieron bajar de los vehículos, apagamos las luces. Los bombardeos estaban tan cerca que empezó a caer metralla sobre nosotros. Un chico cayó desplomado a dos metros de mi con metralla en la cabeza. La gente empezó a dispersarse buscando refugio. La llegada de la caravana era totalmente pública, Turquía nos bombardeó sabiéndolo”.


La miliciana bonita, una imagen morbosa


'Defender Afrin significa defender la revolución de las mujeres'. Bajo este lema se han desarrollado manifestaciones y caravanas de apoyo, no solo a las mujeres que lideran la liberación de las mujeres, sino a todo el pueblo kurdo y demás sirios que viven en Afrin. Aunque hace unos días el Gobierno sirio anunciaba el apoyo militar a los kurdos, esta presencia, con armas ligeras y pocos medios, no ha sido muy efectiva. De nuevo, las unidades militares de los grupos kurdos, como la unidad femenina del PYJ son los que dan la cara ante los combatientes y financiados por Turquía. "La imagen de la combatiente kurda ha sido morbosa, creada por los medios de Occidente, para el principal comprador: hombre, blanco, de edad y renta media. Lo único que quieren ver son mujeres bonitas con kalashnikov y no han mostrado nada más de la revolución de la mujer", concluye la brigadista madrileña.


Si la imagen de las mujeres kurdas combatiendo al Daesh fue aplaudido por el mundo entero, ahora poco apoyo reciben cuando son ellas las atacadas. Para ejemplo, la poca repercusión que tuvo el asesinato y la mutilación del cadáver de la miliciana Barin Kobane. "La profanación de su cuerpo ha sido totalmente descabellado, pero no es la primera vez que ocurre —explica Sara de Ceano desde Afrin— Pasaba con el Daesh y pasa con todos esos grupos supuestamente moderados, del Ejército Libre Sirio o de que trabajan como mercenarios de Turquía. Es su manera de aplicar el islam y la falta de ética en el combate". Precisamente las autoridades kurdas denuncian que estos grupos, respaldados por Turquía y en otros lados de Siria por Estados Unidos, son herederos de Al-Nusra, una facción de Al Qaeda, islamista y muy violenta.


Desde Cizire, la Federación Democrática del Norte de Siria destacan que la liberación de la mujer no es algo exclusivo de este pueblo, pero que sí que es cierto que se ven más lo avances al llevar más de 40 años con una "revolución dentro de una revolución". Meral Çiçek, periodista kurda, opina que "en ningún momento de la historia humana las mujeres han experimentado una violencia tan severa, intensa y sistemática como hoy en día", lo que justifica su esfuerzo por superarlo en todos los ámbitos de la sociedad. Esto unido al concepto de autodefensa que existe en el pueblo kurdo -y que da nacimiento a los grupos como el YPG (Unidades de Protección Popular), el YBS (Unidades de Protección Sinjar) o las Fuerza de Autodefensa Siria, entre otros muchos- hace que muchas mujeres no solo tomen un arma, si no que se conviertan en líderes y gestoras de sus comunidades.


Un maltrato que ha vivido en una cultura —como en el resto de la región y en el mundo— machista, pero que ha vivido sus años de más terror bajo el reinado del Daesh. La propia Sara de Ceano-Vivas lo ha presenciado cerca. "He visto a chavalas con 18 o 19 años que abandonan sus casas, sus tradiciones o familias, por perseguir la liberación de la mujer. Una joven que nunca ha podido nunca ponerse pantalones o salir fuera de su casa sola por el Daesh corre a unirse a las unidades de protección y se empodera viviendo de forma colaborativa. Otra cosa no, pero la revolución de Rojava es la revolución de las mujeres". Una revolución que cada vez se abre más a otras mujeres, como las árabes, las yazidíes, armenias y que pasa por tener espacios mixtos -con mujeres y hombres- pero también no mixtos -solo mujeres- para que poco a poco las mujeres asuman más responsabilidades en la esfera pública.


Refugiados de Alepo, también en peligro


Se trata de un equilibrio, que se mantiene en la guerra y también en la vida cotidiana. Preguntados a los brigadistas por el estado de los civiles en Afrin y los demás cantones del norte de Siria bajo los ataques, destacan las dificultades del bloqueo, de la falta de material para tantos refugiados y la destrucción de sus medios productivos. De hecho, muchas de las personas que ahora se encuentran en Afrin han huído previamente de Alepo o de otras zonas, incluso teniendo que establecerse en varios lugares diferentes por el avance de la guerra. "La situación de los civiles aquí es extraña. De día se hace vida más o menos normal, pero por la noche comienzan los bombardeos. No se ataca la ciudad directamente, pero lo hacen cerca para que los civiles se asusten y se vayan. Así será más fácil la invasión", explica en referencia a las tropas de milicianos con armamento pesado apoyados por Turquía. Pese a todo, no abandonará su tierra, nos aseguran desde el Centro de Información Afrin Resistence. Son los encargados de hacer reportes de los ataques de forma diaria e informan semanalmente con boletines que traducen a inglés, francés y castellano.


De hecho, una de las funciones más importantes de los internacionales que se encuentran en la retaguardia es traducir y lograr que la situación llegue a otros países. Preguntados por la similitud que hay con los brigadistas que vinieron a España en la Guerra Civil —y otros tantos casos en la historia cuya función era resaltar en sus países de origen y evitar los ataques contra la población civil—, aseguran que esa es una de las razones para estar allí aunque no tienen esperanzas de que funcione. "Se supone que con internacionales en el territorio se llama la atención sobre el tema, pero a Turquía le da igual: bombardea y mata de la misma manera. Y luego está la comunidad internacional, con sus intereses y el mirar para otro lado en esta invasión. Ha habido muchas palabras pero nada concreto para detenerlo", explican, en clara referencia a la tregua que no ha servido ni de respiro a los civiles.

"Básicamente no hemos podido salir de la ciudad de Afrin porque bombardean mucho y es muy difícil moverse", comenta la periodista madrileña. "Las autoridades milicianas no nos permiten salir. Hay compañeros internacionalistas de la YPG, pero no hemos tenido contacto con ellos, lo tenemos totalmente prohibido porque están en el frente. Después de la muerte de Baran Galicia (Samuel Prada) y Kendal Breiz (el otro internacional fallecido, el bretón Olivier François Jean Le Clainchede), estamos con mucha tensión por los demás combatientes".

De hecho, la Comuna Internacionalista ya les ha comunicado que temprado saldrán de la ciudad e irán a otro cantón. Afrin no quedará sola, porque ya se planea la llegada de una nueva caravana de apoyo y solidaridad, esta vez lleno de mujeres del norte de Siria pertenecientes a organizaciones feministas como Mujeres Zerdeshtî, Instituto de Trabajadoras, Movimiento Nueva Generación, entre otros. Aunque la esperanza de que la comunidad internacional frene los ataques, el pueblo kurdo no arroja la toalla. Y los brigadistas internacionales tampoco. "Yo no vuelvo a Europa. Creo que hay mucho que hacer, informar y colaborar", afirma con convicción Ceano-Vivas Núñez.

11/03/2018 17:11 Actualizado: 11/03/2018 17:11

Publicado enInternacional
Rojava, la flor del desierto. Entrevista a Davide Grasso, combatiente YPG: guerra en Siria y revolución

Davide Grasso, militante y bloguero de 37 años, es un combatiente italiano que en 2016 se unió a las filas de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) de los curdos en el norte di Siria. Lo hizo para luchar contra el Estado Islámico (EI-ISIS) y defender la revolución del confederalismo democrático que los curdos están llevando a cabo en los tres cantones que controlan en la frontera con Turquía (Kobane, Jazira e Afrin). Abdullah Öcalan, líder turco del Partido de los Trabajadores Curdos (PKK) en prisión desde 1999, formuló en 2005 este modelo político que se basa en la autonomía, el respeto intercultural, el laicismo y el derecho a la autodefensa de las comunidades y que, explica en su libro “Confederalismo democrático” (link), es “abierto hacia otros grupos y facciones políticas” además de ser flexible, multicultural, antimonopolístico y basado en el consenso”.


“Durante su cautiverio en la isla de İmralı, Öcalan ahondó en el estudio del pensamiento libertario, ecologista y comunal, confrontándose con en especial con las teorías del anárquico americano Murray Bookchin (1921 – 2006). De allí derivó un “giro” teórico en el movimiento, que hoy ya no aspira a construir un estado-nación curdo, sino a ampliar zonas de autonomía y autogobierno. El nombre dado a este enfoque es “confederalismo democrático”. Los primeros, importantes, experimentos en este sentido no se están dando en el Kurdistán turco sino en el siriano, en Rojava (que en curdo significa Oeste)” (fuente: storify.com Wu Ming Foundation).


Tras la liberación de Kobane del ISIS el 26 de enero de 2015, en el contexto de la devastación de la guerra siriana, el experimento revolucionario curdo en el norte de Siria es una “flor en el desierto” que creó un imaginario potente y empujó a muchos extranjeros e sostenerlo con las armas. De regreso a su natal Turín, Davide traza un balance de su experiencia personal y de la situación político-social en el tablero sirio (Syria Live Map link).


Fabrizio Lorusso – ¿Cuál es tu historia? ¿Qué hacías antes de ir a Siria?


Davide Grasso – Nunca tuve un solo trabajo, fui antes estudiante y luego doctorando. Trabajé con cooperativas de publicidad y sociales, y asimismo con colaboraciones part-time con la universidad. Antes de partir era operador social en Turín con los sin techo y los con capacidades diferentes, desde que regresé a Italia en estos meses me he dedicado básicamente a informar sobre lo que pasa en Oriente Medio.


– ¿Y como militante?


– Siempre me he interesado en cuestiones sociales y políticas. EN Italia participé en movimientos estudiantiles como la Onda Anómala, al movimiento No-Tav [contra la destrucción de las montañas de la italiana Val de Susa para dar paso al tren Tav o Alta Velocidad] y sobre Medio Oriente en la universidad me comprometí a menudo en actividades para ahondar en la cuestión palestina o en seminarios contra la guerra en Irak y Afganistán, entonces siempre actué en este sentido.


– ¿Cómo nació la experiencia en Siria?


– En realidad nació ya en 2014, cuando supe de los hechos de Sinjar [4/8/2014, ISIS mata a miles de yezidas, comunidad religiosa de lengua curda en Irak, link p. 3-4] de la cual ahora recordamos el tercer aniversario. Mientras que la información oficial deba cierta versión, descubrí gracias al sitio de que soy redactor, Infoaut, y a la página del colectivo Wu Ming, que quien estaba tratando de resistir a estas masacres del EI no era la facción curda de los peshmergas [militares curdos-iraquís pro-EEUU] sostenida por el gobierno italiano. Era, en cambio, la facción de izquierda que el gobierno consideraba terrorista. Entonces empecé a seguir más de cerca lo que pasaba en Siria e Irak, pues retomé un interés, también por la emergencia del ISIS, que había dejado caer años antes sobre esa región. Todo fue creciendo: hubo matanzas del gobierno turco en Cizre [contra los curdos], de las que supe en septiembre de 2015, y, por tanto, como ya terminaba mi contrato laboral, usé la liquidación para ir a Turquía y visitar. Allí conocí a varios chicos que combatían, unos de los cuales morirían poco después. Entonces, de vuelta a Italia, ya estaba muy propenso a regresar y los atentados del Bataclan en París [13/11/2015] fueron decisivos. Me di cuenta de que ya esta organización [ISIS, DAESH o Stato Islamico] estaba literalmente buscando calle por calle a aquellos como yo, como nosotros, o sea cierto tipo de jóvenes europeos, con cierto estilo de vida, y entonces pensé que era necesario volver allí para hacer contrainformación y combatir, si hubiese hallado el valor.


– ¿Cómo llegaste a los curdos sirios?


– Fui a Irak primero. Armé un reportaje, luego hubo una autofinanciación con conciertos en Italia en otoño de 2015. En febrero de 2016 partí, primero a Palestina, luego a Irak, pasando por Jordania. De estos lugares conté lo que vi, hice entrevistas pero la meta final era el norte de Siria. Pero allí ya los peshmergas iraquís, como pasa ahora, no permitían a los periodistas ingresar a Siria, y es algo muy grave. Una vulneración grave del derecho internacional a la información. Entonces tuve que entrar con artimañas y, ya dentro del país, toma contacto con la sociedad civil, las instituciones y los centros de medios de Rojava. Así nació el contacto, no tenía nada antes de llegar.
– ¿Cuándo ingresaste a Siria y cuánto te quedaste?


– Me quedé siete meses, de principios de marzo a finales de octubre.


– ¿Tenías pensado combatir desde un principio?


– Tenía la intención, mas no estaba seguro de que encontraría el coraje. Creía que era justo que alguien, quien por una casualidad no estaba en el Bataclan o en otros sitios atacados en París, o sea en lugares que conozco, como muchos de nosotros, y no se había encontrado allí desarmado, en el suelo, trucidado por estos individuos, habría tenido que ir allá directamente a tomar las armas. Sobre todo para no delegar a nuestros gobiernos la tarea de hacerlo, especialmente al de Francia, en este caso, porque quien conozca un poco el mundo actual sabe que nuestros gobiernos son los primeros responsables de esta situación y no pueden sino empeorarla con sus políticas e intereses. Por eso tenía la intención pero hasta el último momento estuve dudando, porque entrar en la guerra civil siria como combatiente, sin experiencia militar y habiendo sido siempre un civil, es una acción de la que no es fácil volver atrás. La decisión definitiva se tomó cuando estaba en Siria.


– ¿Cómo fue este paso y con quién te relacionaste?


– Conocí a personas diversas. Habitantes de Rojava, curdos y árabes, que viven las condiciones de la guerra y de la revolución, cada quien a su modo. Conocí a militantes políticos curdos y activistas internacionales, sobre todo europeos, que estaba allí para conocer esta revolución y apoyarla. Fueron determinantes por su ejemplo y asimismo conocí a combatientes internacionales de las YPG que eran muy jóvenes y no politizados, más bien conducían una vida completamente apolítica en sus países y habían venido a arriesgarlo todo por indignación por lo que pasaba en un país lejano del suyo. Ante todo esto es difícil no tomar las armas a tu vez.


– ¿Cómo te uniste a las YPG?


– Hubo un entrenamiento de varias semanas en las que recibí muchas clases de lengua curda, de ideología confederal, o sea de la forma de socialismo que llevan a cabo las YPG, y también de historia de Oriente Medio y Kurdistán. Luego la formación técnica para el uso de las armas, algo de táctica. Hay que considerar que la guerra civil en Siria es un evento totalmente trágico y caótico por lo que estas milicias no tienen la posibilidad de cargarse con un tipo de formación como la de ejércitos regulares.
– ¿Qué armas tenían?


– Los detalles no se pueden dar por razones militares, pero se puede decir que el problema de las milicias curdas y de las fuerzas democráticas sirias es que, principalmente al 99%, tienen armas ligeras y no es un misterio. De hecho la gran mayoría de los combatientes tiene en su poder un Kalashnikov y por suerte no me pareció que hubiese carencia de municiones, porque creo que al menos en eso, la coalición y Estados Unidos, han dado contribuciones, y también Rusia aportó algo. Tan solo municiones, pero respecto de las armas, éstas son ligeras, viejas, desde luego rebasadas en un contexto general. Aun así, en Siria no lo son porque la mayoría de los choques armados en Siria, si no se involucra el ejército regular, son con armas automáticas, como las de fabricación soviética, metrallas tipo Pkm y Pks, la Dushka o Dshk,y Ak-47.


– Hablas de Revolución. ¿Por qué?


– EN la Siria septentrional y en general en todo el país, desde 2011 hay una revolución siria que se desarrolló en dos tendencias contrapuestas. A una le fue muy mal, porque tomó una evolución islamista, y otra en cambio tomó un rumbo bueno, pues tiene una dirección socialista ilustrada y feminista. Ésta es la revolución confederal que echó raíces inicialmente en territorios curdos y ahora en todo el norte de Siria, sobre todo en zonas árabes o cristianas. En cambio la islamista se ha roto en troncones: ISIS a lo largo del Éufrates e islamistas distintos de ISIS en la provincia de Idlib. Entonces la revolución siria evolucionó en dos revoluciones que se combaten entre sí y ambas luchan también contra el régimen de Bashar al-Assad.


– ¿Qué misiones cubriste?


– Al inicio estaba en el frente de Ain Issa que, entonces, era el de Raqqa, mientras que hoy este frente, por suerte, está dentro de la misma Raqqa porque penetró hasta dentro de la ciudad, pero hace un año estaba a 63 km de ella. Allí estaba la ciudad de Ain Issa y mi unidad, nuestra misión era proteger el cantón de Kobane del EI, mientras al mismo tiempo se daba la ofensiva en el norte de Aleppo por parte de las fuerzas sirias democráticas, al oeste del Éufrates, en donde se estaban ganando todas las campañas cerca de Mambij: había que ir a liberarlas para cortar las últimas rutas de comunicación entre Raqqa y Turquía, o sea con el mundo externo. Al inicio no estuve en esta ofensiva, defendía el cantón de Kobane, más bien, pero en junio mi unidad fue enviada a Mambij y en julio combatimos en esta operación para liberar la ciudad.
– ¿Había otros extranjeros e italianos?


– Había muchos cuando yo estuve, pero no italianos. Era el solo. Se sabía que hubo más antes, en especial yo preguntaba por Karim Franceschi porque había leído su libro. Pero en ese momento no había más. Muchos foráneos venían de Europa, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia, los Balcanes. Conocí también a un chico chileno y sé que hubo otros sudamericanos en las YPG.


– ¿Te identificas con la definición de foreign fighter?


– Actualmente hay expresiones sobre las que no se puede contestar sólo “sí” o “no”. Me definiría foreign fighter, aunque el uso mediático cambió su significado respeto del originario, pues lo asociaron unilateralmente a los foráneos que luchan con ISIS, pero en el sentido originario es la mejor expresión que se pueda imaginar. Entonces, según su traducción de “combatiente foráneo” es hasta tautológico el hecho de que yo fui algo así. Y además creo que la contradicción en el uso mediático de la expresión se ve en el hecho de que yo y otros internacionales que combatimos en Mumbaj, cortando el paso entre ISIS y Turquía, anulamos definitivamente el flujo de foreign fighters de ISIS en Siria que antes era grande. Desde que se liberó la ciudad se liberó hace un año las llegadas son casi cero. Entonces, foreign fighters sí, pero depende de que lado estén.
– ¿E “internacionalistas”?


– Bueno, desde luego. Si por una lado en las YPG coloquialmente se dice que somos internacionalistas, es cierto también que la teoría política de las Unidades en realidad habla más de “universalismo” y no de internacionalismo. ¿Por qué? Un razonamiento sofisticado, quizá, pero importante por el cual la era del internacionalismo, con el Estado-nación como referencia incluso para los socialistas, se acabó y el internacionalismo era la solidaridad del siglo pasado. En cambio las YPG prefieren “universalismo” porque hoy estamos en una realidad global en que todo el mundo es una metrópolis, es decir, hay aún más internacionalismo que antes.


– ¿Por tu experiencia contra el EI, qué puedes decir del mito de su imbatibilidad?


– En el terreno debo decir, sin hacer propaganda, que sinceramente he visto la imbatibilidad de las YPG, mientras que de ISIS vi que fueron derrotados cuando yo estuve allí el verano pasado. Fue pesado, pero deja te explico. Me lo confirmaron también unos combatientes americanos que habían tenido una larga experiencia en su ejército, habían combatido en Irak y decían que, comparando la lucha contra ISIS y otras fases muy cruentes de la guerra iraquí y de este tipo de conflictos, el ISIS es una fuerza militarmente muy competente y organizada, en la que hay mentes estratégicas bastante avanzadas según estándares contemporáneos. Su estrategia es causar el mayor número de bajas en el enemigo con el menor costo de vidas en sus propias filas. Entonces usan básicamente minas, trampas explosivas, francotiradores y tienen una ideología religiosa que atrae a cientos en sus filas que esperan morir lo antes posible porque están convencidos de que comerán con Dios o tendrán quién sabe a cuántas vírgenes. El EI puede hacer uso casi continuo de personas que se hacen explotar, de camiones y autobombas manejadas a toda velocidad contra el enemigo. Esto es una ventaja, pero el mito que crearon los medios es totalmente equivocado como muchas cosas mediáticas por el estilo. Es un fenómeno analizable con sus límites y potencialidades. Hay desde luego mucho de ISIS que se suicidan, pero hace falta decir que, por ejemplo en nuestro frente de Ain Issa, hubo ataques a veces que eran suicidas desde la perspectiva de quienes los hacían pero también del punto de vista militar. Porque si uno manda hasta 30 milicianos a un ataque del todo esporádico sin ningún significado en la economía de la guerra, en que todos los 30 son asesinados y muere sólo uno de las YPG, es claro que estas personas estaban en una lista de ‘aspirantes mártires’, que a lo mejor estarán saturadas de demandas, y quieren ir... Pero militarmente es una locura. Hay aspectos incluso contradictorios que en conjunto crean la imagen de una fuerza que, como todas, tiene sus defectos y virtudes desde una perspectiva militar.


– ¿Es tan difícil derrotar a ISIS?


– Es difícil pero no militarmente sino políticamente. Militarmente el territorio que había conquistado entre Siria e Irak está casi acabado. Entonces en tres años, que es un tiempo bastante corto respecto de lo que fue la ocupación de Irak o la misma guerra civil siria, este fenómeno a nivel militar ha sido reprimido. Pero lo que es difícil es el aspecto político. Primero, muchos de estos ralentizan las operaciones militares porque, quieras o no, y cada vez menos con el paso del tiempo, en muchos conflictos hay una referencia mínima a unas reglas de guerra, a un derecho internacional y convenciones. Esto el ISIS no lo reconoce de ninguna manera porque estas normas son producto de una soberanía popular o liberal que para ellos es pecado, pues la única ley que existe para ellos es la de Dios. Por consiguiente no respetan ninguna ética de guerra y usan a los civiles como escudos humanos. A lo mejor se podría acusar a cualquier fuerza partisana de esconderse en la población, pero una cosa es confundirse en la población y otra es convertir a la gente en carne de cañón a propósito, pues en ISIS prevalece una lógica del “mientras peor, mejor”.


Entonces ésta es la primera dificultad política. La vi con mis ojos, cuando tratábamos de avanzar dentro de una ciudad en que el EI impedía a los civiles abandonar sus casas. Significa que hay que ralentizar las operaciones para poder rodear los edificios quirúrgicamente, protegerlos para que salgan los civiles, y luego acorralar a los milicianos en donde estén. Bajo el punto de vista de la guerra aérea es una complicación enorme, ya que de todos modos se pide siempre la evacuación de civiles cuando se sabe que inicia una operación aérea y, si una entidad como el EI no lo hace, se pueden imaginar las consecuencias pero también la ralentización de las operaciones.


Otra dificultad política es que el problema de hecho no es sólo de Irak o Siria, sino del mundo entero: hay desequilibrios de riqueza, poder, hegemonía cultural en el mundo y hay pobreza en muchos sentidos, por lo que hay millones de personas, sobre todo en África y Asia, que necesitan una lógica, una ideología de rescate y, a veces, de venganza y expresión de rabia. Por tanto, lamentablemente, ISIS es realmente una insurrección global que llena el vacío del fin de los comunismos, los socialismos, y, entonces, hasta que no se hayan eliminado las contradicciones sociales o no se cree una alternativa política a este tipo de insurgencias, una alternativa en que haya una insurrección racional y no irracionalista, se podrá derrotar militarmente pero regresará bajo formas cada vez peores.


– Recientemente han aumentado las invasiones del ejército turco a cantones curdos. ¿Qué papel juega Turquía en la frontera siria?


– Cuando estaba en Kobane, en septiembre de 2016, fue en efecto uno de los momentos peores porque Turquía intervenía con el pretexto de construir un largo muro entre la Siria revolucionaria del norte y sus territorios, que realmente en mayoría son de comunidades que tendrían su autonomía, entre los cuales están los curdos. Con esta excusa hacía provocaciones en la periferia de Kobane, justo en la frontera, con carros armados. Provocó nueve días de rebeliones en la población de Kobane que costaron dos muertos y muchos heridos. Ahora en agosto hubo otro intento que por suerte duró sólo una noche en que los carros turcos de nuevo cruzaron la frontera cerca de Kobane ocupando dos aldeas y fueron repelidos por las YPG. Mas Kobane, por su valor simbólico, padeció menos por parte de Turquía, pues hay otras, como Tel Abyad, que es ametrallada cada 10 minutos a diario desde hace año y medio, y a veces hay fuego de mortero, y de esta manera Turquía ataca otras ciudades como Tel Abyad (Gire Spi para los curdos), Qamisho, Amude, Serekani (Ras al-Ayn para los árabes), incluso con lanzamientos de cohetes. El caso más grave es Afrin, el cantón revolucionario aislado, ya que está separado geográficamente de Kobane y confina con Turquía o con partes de Siria controladas por islamistas. Afrin sufre la agresión peor. Sin cese Turquía lo bombardea desde hace tres meses, por lo que ya hay centenares de víctimas civiles y de las fuerzas de seguridad en el total silencio internacional. Erdogan [presidente turco] amenaza con invadir completamente este cantón porque quisiera entrar en Siria y encara a la izquierda curda también allí y no sólo en su país. Pero eso es difícil.


Ya lo intentó en Irak recientemente y casi no se supo: en julio Turquía trató de invadir a gran escala en la sierra iraquí en donde está el PKK y tuvo que recular después de decenas de muertos en sus filas. El problema para ellos es que los EUA protegen el Rojava y, de modo mucho más ambiguo, también Rusia, la cual tiende a no autorizar estas intervenciones turcas. Es el único motivo por el cual aún no ha habido un baño de sangre porque el gobierno es extremista del punto de vista político y el clima en la sociedad turca degeneró mucho, entonces siempre se está barajando la opción de una invasión.


– ¿Por qué llaman Kobane “la flor del desierto”?


– En la contemporaneidad todo parece tornarse peor. Un país como México lo sabe bien, así como Siria y Turquía, pero también Europa, en donde el sentido común parece moverse hacia posiciones más reaccionarias. En el mundo prevalecen concepciones más retrógradas, identitarias, con los nacionalismos y fanatismos sectarios y religiosos. De todos modos el poder, con todo esto, se queda firme en las manos de una minoría riquísima, en detrimento de la gran mayoría. Entonces, sorprendió a todos que haya surgido una revolución, en la que el poder concretamente en una región lo toma una fuerza con dinámicas totalmente opuestas que son cosmopolitas, de igualdad social, de respeto recíproco, de tolerancia religiosa y de centralidad de la mujer en un área en que las mujeres padecen más el patriarcado. Nadie lo esperaba y es una puesta en jaque del dogma según el cual en este siglo las revoluciones ya no son posibles. Por eso se usa esa expresión.


– Confederalismo democrático, autonomía, interculturalidad son palabras de la revolución curda. ¿Buscan la independencia de Siria?


– Primero te digo que hay división entre una izquierda curda y una derecha. La derecha nacionalista quiere efectivamente un Estado curdo con territorios de Irak, Siria, Turquía e Irán. La izquierda curda, con fuerzas de autodefensas como las YPG y las YPJ (Unidad de Protección de las Mujeres) o el partido PKK, no quieren eso porque están convencidos de que es necesaria una revolución que vaya más allá del capitalismo, de que esto no es posible a través del “Estado”, que el Estado es negativo en sí y es contradictorio pedir tener uno. Por tanto tienden a desarrollar formas de autonomía que son también sociales, con la transformación de las relaciones sociales y de género, dentro de los Estados en que se encuentran, para poder influir en las poblaciones no curdas y trascender la “dimensión curda” de la revolución. Esto ya pasa en Siria.
Cabe decir que, respecto de la derecha curda, que adverso por muchas razones, un curdo que hoy en día quisiese un Estado curdo, que no es por lo que fui a luchar, no pueden ser condenados porque Kurdistán geográficamente existe. Por ejemplo, estados como Siria o Irak fueron creados por las potencias coloniales sin ningún respeto por la geografía social del ex Imperio Otomán, entonces digo esto para los que apuntan el dedo contra los curdos u otros pueblos, como los amazigh [bérberos] de Marruecos y demás, que quieren autonomía o independencia: no creo se les pueda negar en todo caso.


– ¿Cómo funciona la Constitución que los curdos promulgaron en Siria?


– Se dice comúnmente Constitución, en realidad se llama Carta del Contrato Social porque justamente no se prefigura la creación de un Estado. Sin duda es un texto muy avanzado bajo todos los aspectos. Hay que considerar el proceso material de esta revolución. La meta es una forma de comunismo y de extinción del Estado que llamamos confederalismo democrático porque para ellos la democracia es comunista sin Estado, o bien, no es nada. Y es confederal porque se funda en la autonomía de todas las comunidades que debe federarse voluntariamente y no por imposición desde arriba.


Por eso apuntan a esto, pero están conscientes de que no se puede alcanzar de un día para otro, por lo que han forjado el concepto de autonomía democrática, que es el modo en que el movimiento del confederalismo democrático se concilia cada vez con el Estado existente. Por ejemplo estos cantones y los consejos cantonales, que mantienen la separación de los poderes y, de alguna manera, se parecen a un Estado, son la autonomía democrática, es decir, son una propuesta para Siria, para un arreglo institucional que ponga fin a la guerra y, sin embargo, no borre la revolución.


Éste es el sentido de las instituciones creadas que no son el “confederalismo democrático”, sino la “autonomía democrática”, porque el confederalismo del norte de Siria es el representado por las comunas, las comunas agrícolas y económicas, por las ciudadanas, por el contrapoder ejercido también militarmente por estas instituciones, por las cooperativas, por la nueva relación que hay entre mujeres y sociedad. Ésta es la revolución. No puede encontrar un desenlace definitivo, por eso ellos, sin querer reproducir el modelo bolchevique que finalmente fracasó, no conciben la “toma del poder” como “creación de un Estado socialista” que después se extingue. Son parte, en cambio, de un movimiento que, cada vez, crea instituciones para conciliarse con el Estado en que surgió y, luego, para cuestionarlo siempre y seguir con el proceso.


– Hablar de autonomía en México remite a los zapatista y al EZLN, que han mostrado simpatía por la revolución de Rojava.


– Sé que en general el zapatismo y Chiapas son vistos como referencia en Rojava y en todo Kurdistán porque el movimiento curdo inició su transformación teórica en los años 2000, cuando ya hacía varios años que en México había habido una discusión y elaboración de una perspectiva. Además en muchos casos en México se había logrado resultados concretos. Allá vi es una referencia. Te cuento un poco más como “chisme” que por vías absolutamente extraoficiales, algo casuales o coloquiales, circuló el rumor de que hubo varios intentos de comunicación y de crear una relación más concreta pero cayeron en el vacío. En tono de broma, alguien allá me quiso explicar que tal vez fue porque en Rojava, así como Chiapas, quién sabe cuánto tiempo pasa antes de que se lea un mail y hay ritmos de vida diferentes de lo que acostumbran en Europa... Pero si estas relaciones aumentaran, creo sería positivo. Cuando hace unos meses se armó en Hamburgo la conferencia internacional organizada por el Rojava, hubo una mesa redonda sobre México y los cárteles de la droga porque sí hay una atención especial sobre América Latina, Centroamérica y México.


– ¿Qué anécdotas negativas o positivas puedes compartir?


– Son muchas. Una decepción por ejemplo. Conocía a una chica curda que me caía muy bien, quedé en contacto con ella. Luego fui a verla con su familia para una festividad musulmana en septiembre y, hablando con ellos, descubrí que apoyaba a los nacionalistas curdos, de la derecha, y, entonces, se abandonó a comentarios absolutamente inaceptables sobre los árabes. Y sobre todo acerca de compañeros curdos y Öcalan. Fue algo feo para mí y no había yo entendido sus ideas al respecto, pero describe bien lo que pasa en Rojava. Hay mucha gente que está en la sobra, a lo mejor, o en silencio, pero trabaja contra la revolución, trata de sabotearla o debilitar la motivación porque tienen ideas islamistas o nacionalistas. Entonces en realidad la revolución, como siempre en la historia, es llevada a cabo por personas determinadas y apasionadas que tienen que tener en cuenta un contexto difícil.


Una experiencia positiva fue con otra persona que conocí, un chico de Raqqa, árabe. Él decidió voluntariamente dejar su ciudad. Era un obrero de taller, tendría 15 años, y, mientras trabajaba un día, se le acercó un miliciano, de los que se creen dueños de muchas aldeas en Siria, quien le dijo que le enseñara como rezaba. Y él rezó pero el otro le dijo que era un falso, un pagano, por rezar en el modo equivocado. El chico le contestó que estaba en su tierra y que no tenía por qué ser molestado por alguien que ni era de allá. Entonces, decidió salir y migrar al norte. Finalmente entró en las YPG porque vio a los curdos como gente que se portaba de la manera opuesta a lo que vivía en su ciudad. Fue uno de los primeros árabes que entraron en una fuerza que era curda al 100% en un inicio. Lo conocí, un tiempo después de que esto había pasado, y estuvimos en la misma Unidad.


Es una persona impresionante. Su proyecto es participar en la liberación de Rojava, que luego debe ser de toda Siria. Quiere luchar también en Turquía, Irán e Irak. “Luego podremos ir a Palestina para liberarla y así Líbano”, dice siempre. Y si hubiese habido necesidad en Italia, también allí iría. Es casi analfabeta, no ha visto nada más allá de Raqqa, Kobane y poco más, pero tiene una visión genuina y voluntad. Habla en tiempo presente, aunque lamentablemente no puedo estar seguro de que siga vivo, porque lo dejé en Siria en septiembre y allí la esperanza de vida es bastante breve. Combatí a su lado, como combatiente es indescriptible. Ciertas escenas, para un occidental como yo, sólo podían recordar las películas, por el modo como combatía. Proletario, no educado en la escuela, ha tenido una vida con posibilidades limitadas en las experiencias, pero es un revolucionario de los más altos niveles que se puedan imaginar en la historia. Sé que así como él hay miles en el norte de Siria y esto tiene un valor inestimable. Su nombre de combate es Zagros Raqqa. Nadie en Rojava puede usar su nombre real.


– ¿Cuál era el tuyo


– Tiresh Gabar.


– ¿Cómo se articulan las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) con las YPG?


– Mi unidad era mixta, por lo que había tanto YPJ que YPG. La mayoría es así. Como en todo lo que atañe a las mujeres en la revolución, entonces también las comunas y los congresos de las mujeres, tienen siempre su propia autonomía. Tienen cadenas de mando, de coordinación y de decisión autónomas, así que, como en cualquier comuna o asamblea de barrio, siempre se reúne a parte la comuna de las mujeres. Así nuestra unidad por ejemplo era única, pero las mujeres realizaban sus seminarios y reuniones antes de llegar a las nuestras, por lo que hay una forma de autonomía de las mujeres que no es un separatismo, sino un sistema inteligente y equilibrado. Me parece que logre conciliar bien la cuestión de la liberación femenil con la de la liberación de todos. Por supuesto dándole prioridad a la liberación femenil la cual se ve ya en esta autonomía y en su ideología que consiste en reconocer a las mujeres el papel de vanguardia política en la revolución mundial.


– ¿Cómo es la relación con los moradores?


– Siempre es diferente, según la población local. Hay personas que apoyan y otras que adversan. Hay quien adversa de modo “dialogante” y otros que quieren oponerse con las armas o apoyan fuerzas externas. Entonces la relación con los locales es la que tendría cualquier entidad que gobierna un territorio en el medio de una guerra civil y de una revolución. Además hay muchas fuerzas que bien lograron transformarla en una guerra sectaria, racial y lingüística, y justo son estos crímenes que producen rencor y no sé cuándo podrán aliviarse. Entonces, por ejemplo, si, en calidad de YPG, caminamos por las calles de Kobane o Qamishli, la población te ama enormemente. Para los combatientes internacionales hay una forma de veneración por parte de los civiles. Mientras que, en cambio, en una ciudad como Tel Abyad, yo fui a un mercado para acompañar a un compañero con el médico con el uniforme militar y allí la sensación es la que puede sentir un policía al cruzar un barrio hostil de Palermo, más o menos. No es gradita su presencia porque allá hay una mayoría árabe y, en su interior, hay una mayoría de sostenedores de ISIS y una minoría de simpatizantes de la revolución, pues yo digo que esa ciudad, como otras, necesita desarrollar, sobre todo entre los jóvenes y las mujeres, una conciencia política.


– ¿Piensas volver?


– Sí, claro, lo pensé. No creo posible para mí nunca regresar en Rojava.


– ¿Qué enseñanzas trajiste de vuelta a Italia?


– Son dos. La primera es que existe una brecha, y ya lo sabía, entre Occidente y Medio Oriente, o quizás entre Occidente y el resto del mundo. Y es tan terrible que no se puede imaginar o describir, y lamentablemente ni es suficiente que uno vaya a combatir allí para llenarla. Es una brecha entre quien lo tiene todo y quien no tiene nada, entre quien está bien y quien sufre. Es la conciencia de la gravedad de esta situación que adquiere sobre todo quien ve ciertas situaciones de guerra. Otra es que la revolución es justa y necesaria, pero cuando se dice “revolución” hay que estar conscientes del peso de esta palabra en cuanto a los sufrimientos, las tragedias y el dolor que provoca porque una revolución es, de todos modos, un cambio de la sociedad que no ocurre pacíficamente, pese a ser necesario. Y entonces no hay que usar este término con ligereza. No hay que imaginar simplemente que es “algo bello”. Aquellos que piensan así es mejor que dejen la política y hagan otra cosa. Sería útil que hubiera personas que se dieran cuenta de qué feo puede ser tener que hacer una revolución, pero que siguieran pensando que es necesario.


Para cerrar quisiera denunciar que hay dos personas, una pareja de República Checa, en una prisión turca: ella se llama Marketa, él Miroslav. Fueron a Siria, Iraq y Turquía varias veces por razones humanitarias y acaban de ser condenados en Turquía a 6 años y 3 meses de cárcel, acusados injustamente de haber estado en las YPG e YPJ. Es escandaloso. Marketa es una amiga, la conozco, y jamás ha sido parte de YPJ, son acusaciones falsas. Es el enésimo crimen de Turquía, no dejemos solas a estas personas que encaran un destino muy duro.


– ¿Cómo acercarse a lo que pasa con los curdos en Siria?


– Te puedes informar en varias páginas web, y donar a la Mezzaluna Rosa Curda de Livorno. Y se puede ir a Rojava para llevar solidaridad activa, aun sin combatir. Lo más importante es la ayuda sanitaria y educativa. Pese a las dificultades, si más jóvenes fueran a Oriente Medio, la brecha de que hablaba empezaría a restringirse. Primero digo que es mejor ir allá y, si no se puede, entonces está bien informarse y donar. Son estas tres cosas.

Publicado enInternacional
Domingo, 11 Junio 2017 05:41

François Houtart: "cosmopolita"

François Houtart: "cosmopolita"

Ha muerto el creador de la red de redes dentro y fuera del Foro Social Mundial, uno de los filósofos de la liberación de los pueblos de América Latina, África y Asia más destacados de nuestra era. Escritor incansable, cargaba sus libros y los de su instituto, el Cetri, en Bélgica, en una maleta a cada una de las conferencias en que participaba. Oscilaba a menudo entre Vietnam, Bélgica, India, Nicaragua, África del Sur y, últimamente, Siria, adonde tuve el privilegio de acompañarlo. Era el octogenario probablemente más joven del mundo y, a la vez, el estudiante más viejo de todos los continentes. Y si alguien merecía el apodo de ser "cosmopolita" fue él, François Houtart, un hombre que se sentía en casa en cualquier rincón del mundo.

En las conferencias a veces parecía entre dormido y concentrado, hasta que pedía la palabra para enfocar su discurso casi siempre en el mero centro de la discusión. Tocaba la médula en muchas controversias, a veces demasiado radical para las derechas moderadas y, en ocasiones, demasiado moderado para las izquierdas radicales. Multifacético en la selección de sus temas y holístico en sus análisis, brillaba más por su capacidad de síntesis que por una ráfaga de palabras. Era un auténtico científico social, quien cambiaba con mucha facilidad sus metodologías como si fueran camisetas tropicales –livianas y transparentes, pero siempre bien cosidas.

Como "sacerdote rojo" de larguísima trayectoria, formaba parte de los círculos políticos progresistas en muchísimas partes del mundo, sin aspirar a cargos políticos para sí, sabiendo que su mundo, a final de cuentas, no era el político, sino el académico. Pensaba que había que ser tolerante y respetuoso con los gobernantes y líderes de las izquierdas, aunque éstos hubieran cometido errores. Porque su verdadera ambición era ser reconocido por sus ideas y no por las acciones políticas, en las cuales a menudo participaba.

¡Que su luz y esperanza sigan creciendo en todos los que hayamos tenido el privilegio de conocer a este gran hombre!

 

Leo Gabriel, periodista austriaco

 

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Cuba (y Fidel y el Che) en América Latina

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Sesenta años de influencia de la revolución cubana y Fidel Castro en América Latina.

Ningún proceso político marcó la región latinoamericana con huella tan profunda como la revolución cubana. Ni las revoluciones indias de Túpac Amaru y Túpac Katari, ni la revolución negra en Haití. Ni siquiera la potente revolución mexicana de Villa y Zapata o la casi desconocida revolución boliviana de 1952. Lo sucedido en Cuba electrizó al continente. Consiguió imantar la vida política en dos poderosos polos que, en resumidas cuentas, se decían anti y pro imperialismo.


Quien revise la prensa de la época, como el semanario Marcha –donde escribían Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti y que estuvo dirigido por Eduardo Galeano–, podrá detectar la polarización que se registró entre sus lectores. Pero, sobre todo, el apasionamiento en la defensa de la revolución, pilotada por jóvenes que esgrimían argumentos sencillos y contundentes, que hablaban sin vueltas y lanzaban invectivas al imperio que pocos se habían atrevido a pronunciar antes.


La influencia del Che y de Fidel en América Latina tuvo la fuerza de un maremoto entre los más jóvenes, que descubrían que se podía hacer política de otro modo, sin dobleces ni retóricas va¬cías; que se podía decir pan al pan y vino al vino, algo que las élites de la época habían olvidado en el tan largo como inútil ejercicio del poder.


Hacia comienzos de la década de 1960, la región había girado hacia la izquierda, primero en el terreno de la cultura, poco después en la política. De modo que había un clima favorable para aceptar la realidad de una Cuba revolucionaria, que enseñaba que el camino de la acción directa era más fecundo que las decepcionantes liturgias electorales que replicaban una y otra vez los partidos comunistas. La revolución cubana interpeló las estáticas estrategias comunistas, razón de más para entusiasmar a una juventud estudiantil ávida de acciones callejeras desafiantes para las oligarquías.


La revolución cubana fue llama que pretendió incendiar el continente. Del 3 al 14 de enero de 1966 se reunió la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina en La Habana, conocida como Tricontinental, que albergó fuerzas revolucionarias de 82 países. La proclama de la conferencia mostraba un tono optimista: “La situación mundial favorece el desarrollo de la lucha revolucionaria y antiimperialista de los pueblos oprimidos”.


Defendía la lucha armada como el principal método para derrotar al imperialismo. Eran los años de la guerra en Vietnam, pero también de las luchas armadas en Venezuela, Guatemala, Perú, Colombia; y, en África, del despliegue de las guerras anticoloniales en Guinea, Mozambique, Angola y Congo. Estaban frescas aún las victorias en Argelia y en Dien Bien Phu ante el colonialismo francés. La Conferencia de Bandung (1955) que alumbró el movimiento de paí¬¬ses no alineados, del cual Cuba fue participante, mostraba un mundo en rápida transformación.


En 1967 se fundó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en un encuentro en La Habana, que albergó a casi toda la izquierda de la región. Fidel clausuró el encuentro marcando distancias con los partidos comunistas: “Nadie se haga ilusiones de que conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirles a las masas semejante cosa las estará engañando miserablemente”.


En su crítica a los comunistas ortodoxos fue más lejos: “Hay veces que los documentos políticos llamados marxistas dan la impresión de que se va a un archivo y se pide un modelo; modelo 14, modelo 13, modelo 12, todos iguales, con la misma palabrería, que lógicamente es un lenguaje incapaz de expresar situaciones reales. Y muchas veces los documentos están divorciados de la vida. Y a mucha gente le dicen que es esto el marxismo... ¿Y en qué se diferencia de un catecismo, y en qué se diferencia de una letanía y de un rosario?”.


En los años siguientes a la crea¬ción de la OLAS se produjo un viraje profundo, en la isla y en toda la región. En octubre de ese año murió en combate el Che en Bolivia y se palparon los límites del movimiento armado. En 1968 se produjo la masacre de Tlatelolco en México. La anunciada cosecha de los diez millones de toneladas de caña de azúcar se saldó con un fracaso que llevó a la dirección cubana a acercarse a las posiciones “realistas” de la URSS. A principios de los 70 la potencia del movimiento revolucionario, tanto en el campo como en las ciudades, mostraba fragilidades y derrotas. En 1970 Salvador Allende ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente marxista en llegar al gobierno por la vía electoral.
El realismo


El realismo enterró los sueños de asaltar el poder. Sin embargo, la revolución cubana se mantuvo en el imaginario latinoamericano como una referencia ineludible, pese a los errores y los fracasos, a la restricción de las libertades y a no haber alcanzado nunca el desarrollo económico de otros países de la región.


Encuentro tres razones principales para que este fervor por Cuba (por Fidel y el Che) se haya mantenido en el tiempo.
Una: el apoyo irrestricto de la dirección cubana a las izquierdas latinoamericanas que, en el acierto o en el error, buscaban la revolución. Fue en ese periodo cuando la estrella cubana comenzó a brillar en el firmamento rebelde de la juventud latinoamericana y se fraguó el compromiso cubano con América Latina. La muerte del Che confirmaba esta vocación desde una ética del sacrificio y del ascetismo.


Dos: Fidel y los demás dirigentes cubanos cometieron errores, y algunos horrores, pero nunca se corrompieron, nunca vivieron como burgueses.


Tres: Cuba es solidaria como nunca nadie lo ha sido con los latinoamericanos. Los miles de médicos que trabajan en Haití, donde Cuba no espera cosechar nada para ella, o las decenas de miles de pobres operados gratuitamente de la vista por oculistas cubanos, están ahí como testimonio de una revolución que no los defraudó. Solidaridad que no pide nada a cambio.

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