“En Rojava conocí la humildad y la generosidad”

Cientos de voluntarios internacionales han participado en el norte de Siria en la lucha armada contra la organización yihadista liderada por Abu Bakr al Baghdadi. Brecha conversó con uno de ellos, que partió de Barcelona para integrar en los últimos meses las fuerzas de autodefensa del pueblo yazidí.


Cuando vio las “barbaridades” que Estado Islámico (EI) cometía en Siria e Irak, tomó una decisión que nunca se le hubiera pasado por la cabeza. Robin Poe –nombre que utiliza por cuestiones de seguridad– es un ciudadano de Barcelona con “casa, moto, coche y mujer”, como él mismo dice. Hace varios meses, decidió viajar a Rojava (el Kurdistán sirio) y ponerse a disposición de las fuerzas de autodefensa kurdas para combatir al grupo yihadista, que, en su esplendor, llegó a tener bajo su control entre ocho y diez millones de personas.


Desde que las Unidades de Protección del Pueblo (Ypg/Ypg, por sus siglas en kurdo) comenzaron a defender el territorio sirio, cientos de internacionalistas viajaron para sumarse a la resistencia contra EI, que fue coronada en marzo, cuando los últimos yihadistas fueron derrotados en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, fronteriza con Irak (véase Brecha, 29-III-19).


Poe –que todavía se encuentra en el norte de Siria– recuerda, en diálogo con Brecha: “Mi vida antes de tomar la decisión de partir hacia Rojava era la de cualquier persona de a pie, con un trabajo humilde”. Para el internacionalista, el punto de inflexión fue ver todos los días “en los noticieros las barbaridades que cometía Estado Islámico ante los ojos del mundo y que nadie hiciera nada”.


Sin explicar demasiado de qué forma, cuenta que se puso en contacto con las Unidades de Resistencia de Shengal (Ybs), las fuerzas de autodefensa aliadas a las Ypg/Ypg que el pueblo yazidí organizó cuando EI arrasó las regiones del norte de Irak en 2014, y masacró y secuestró a miles de pobladores. “Tras unos meses conversando, me dijeron que podía viajar cuando estuviese listo para unirme”, confirma. Durante un mes, luego de arribar al territorio, recibió un curso de formación militar y política, un proceso por el que pasan todos los voluntarios internacionales.


Los yazidíes son un pueblo originario de Oriente Medio que profesa una religión sincrética, monoteísta, que toma conceptos del cristianismo, el islam y el zoroastrismo. Erróneamente, son conocidos como

“adoradores del diablo”. El pueblo yazidí se encuentra distribuido en el norte de Irak –especialmente en la planicie y las montañas cercanas a Mosul–, en el sur de Qamishli –en Rojava– y en la provincia de Mardin, en el Kurdistán turco. También hay yazidíes en Armenia, Georgia y Europa central, sobre todo en Alemania, como parte de la diáspora que escapó luego de sufrir persecuciones, masacres y hasta genocidios.


LA LUCHA POR EL TERRITORIO.


Una vez en Rojava, Poe se sumó a las fuerzas de autodefensa con el objetivo principal de redoblar los combates contra EI. “He luchado durante siete meses; en concreto, en la zona de Deir Ezzor, en el desierto”, cuenta. Reconoce que participó en 14 operaciones –emboscadas, sabotajes, ofensivas y contraofensivas– y que hubo momentos en los cuales pensó en cometer “locuras” luego de arrestar a los yihadistas de EI. El odio que le despiertan los miembros de ese grupo es tan grande que ni siquiera intentaba comunicarse con ninguno cuando se entregaban luego de las derrotas.


Si bien las Fuerzas Democráticas de Siria (Fds), que nuclean a las Ypg/Ypg y a milicias de otras nacionalidades de la región, tienen el apoyo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, Poe reconoce que lo que más le impactó “fue ver que Estados Unidos y sus aliados han podido parar este conflicto desde el minuto cero, y no lo han hecho, por el único interés que mueve al mundo: el dinero; hay que tener en cuenta que todas las guerras tienen un fin, y es el económico”.


Al ingresar a las Ybs, el barcelonés se sintió contenido y apoyado. “La relación con los combatientes de las Ybs siempre fue genial: son personas muy agradecidas. Desde el primer momento, nos hicieron sentir como en casa. Nos daban sus propias mantas cuando había, algún colchón flaquito, comida, en fin, de todo. Lo poco que tuviesen era primero para nosotros”, relata.


“En las Ybs son auténticos guerreros, sin miedo a morir”, remarca. “No creo que conozcan qué es el miedo en combate; son increíbles. Todos fuimos a luchar por algo en lo que creíamos y contra la barbarie radical islamista, contra el maldito Daesh.”


Al referirse al pueblo yazidí, no duda en calificarlo como “maravilloso, muy hospitalario”: “Nos hacían todo más fácil”. “Lo que me asombró de la población yazidí es la generosidad y la hospitalidad con el extranjero”, dice. “A veces, he llegado a sentir vergüenza de cómo nos han tratado: como si fuéramos reyes, preparándonos manjares. Ellos robaron un pedacito de mi corazón.”


INTERNACIONALISMO CONTRA EI.


La lucha del pueblo kurdo despertó admiración en muchas partes del mundo. Desde militantes de organizaciones de izquierda hasta personas sin contacto alguno con la historia de Kurdistán, estas personas decidieron lanzarse a un territorio que todavía se encuentra cruzado por la violencia armada, el desplazamiento forzado de personas y una disputa geopolítica en la que confluyen las principales potencias mundiales y regionales.


Robin Poe tiene presente todo el tiempo los días de guerra cruenta. “En las operaciones de Deir Ezzor estaba todo minado; había cadáveres, bombas trampa por todos lados”, rememora. “Las personas apenas tenían comida: Estado Islámico las estaba matando de hambre y sed.” Cuando las milicias kurdas avanzaban liberando pueblos y aldeas, los miembros de EI “huían y mataban a todos los que podían”. “Por eso, me ponía muy contento cuando acabábamos con ellos. Sabía que así nunca más violarían a una niña.”


Las masacres cometidas por EI –ahora transformadas en atentados focalizados en diferentes partes el mundo– dejaron una marca que será muy difícil borrar. Las heridas todavía están presentes en los pueblos que sufrieron a manos de los seguidores de Abu Bakr al Baghdadi, que después de cinco años reapareció, a fines de abril, en un video de 18 minutos difundido por Al-Furqan, medio vinculado a EI.


“Después de haber combatido, creo que soy mejor persona –analiza Robin Poe–. Sabía que, llegado el momento, no me temblarían las manos para acabar con esos criminales. Pero jamás pensé que se me daría acabar con esa gentuza. En Rojava conocí también la humildad, la generosidad, que la gente se entregara toda sin querer nada a cambio.”


Ahora, Robin Poe espera salir del territorio, luego de que las Fds ordenaran el retiro de algunos contingentes de internacionalistas. Por estos días, disfruta, junto con los pobladores, de los festejos por haber liberado Baghouz y haber dado uno de los golpes mortales más poderosos a EI. Los días futuros de Robin son una incógnita. Sabe que en su país volverá a los trabajos esporádicos de siempre. Uno de sus sueños, aunque luego de la guerra pueda sonar simple, es aprender el oficio de soldador. “Ahora toca volver, pero antes, terminar con lo que vinimos a hacer”, dice.


Por estos días, en Rojava se define un futuro incierto. La autonomía defendida por los kurdos y los pueblos que habitan el norte de Siria se encuentra amenazada por Turquía y, en menor medida, el propio gobierno sirio. Ninguno de estos poderes muestra interés en el proyecto que encabezan los kurdos, basado en el empoderamiento de las mujeres y la convivencia entre nacionalidades y religiones.
Como última reflexión de su experiencia, Robin Poe afirma: “La revolución en Rojava ha sido maravillosa desde el punto de vista de cómo hombres y mujeres caminan juntos a luchar, a la guerra, sin miedo, con la alegría de defender y luchar por lo que ellos creen: la consigna ‘mujer, vida, libertad’”.

Por Leandro Albani
31 mayo, 2019

 

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Lunes, 17 Diciembre 2018 05:40

El falso dilema del patriotismo

El falso dilema del patriotismo

En mis años como profesor en diferentes universidades de Estados Unidos, me ha tocado tener en mis clases a estudiantes que estaban realizando la carrera militar. Marines, aviadores y todo tipo de futuros integrantes de las elites del ejército estadounidense. Este grupo es minoritario en universidades no militares (normalmente no pasa del cuatro por ciento). Como profesor consejero, me fueron asignados algunas veces excombatientes de las guerras de Afganistán y de Iraq (esa misma que, desde enero de 2003, desde España, denunciamos en diferentes medios como un crimen internacional y el origen de la futura crisis estadounidense). Estos jóvenes reventados, física y emocionalmente, muchos de ellos con PTSD (trastorno de estrés postraumático) me confesaron sus experiencias, frustraciones y hasta fanatismos, alguno de los cuales habitan en mis novelas, con otros nombres y en otras historias.

En mis cursos sobre América Latina intento que no falten los eventos más relevantes de la historia de las Américas, ampliamente ignorados por el público en general y hasta por los mismos estudiantes universitarios. Eventos donde el papel que jugó Estados Unidos frecuentemente ha sido, como cualquier persona medianamente informada sabe, patético: despojo de los territorios indios, de los mexicanos; sangrientas intervenciones en los países caribeños y centroamericanos en defensa de las grandes compañías internacionales, arrogancia y racismo explícito, instalación o respaldo de sangrientas dictaduras por todas partes, represiones populares, destrucción de democracias como en Guatemala y en Chile, apoyo al terrorismo de Estado o a terroristas depuestos, como los Contras (“Freedom Fighters”), asesinato de religiosos, obreros, campesinos, sindicalistas, periodistas e intelectuales bajo diferentes excusas por parte de mafiosos entrenados en instituciones como la Escuela de las Américas o por sus soldados, que tanto obedecían la orden de limpiar los baños de sus superiores como de masacrar una aldea de sospechosos. Y un largo, larguísimo etcétera.

A pesar de proceder de las narrativas populares que todos los países repiten hasta el hastío, del siempre subyacente adoctrinamiento de Nosotros-somos-los-buenos-y-los-otros-los-malos, estos jóvenes, cada vez que se enfrentaron a la dura realidad documentada y probada de los hechos históricos, han sido siempre respetuosos. Al menos en el salón de clase. Respetuosos de una forma que rara vez se encuentra entre los mismos latinoamericanos procedentes de las tradicionales elites dominantes de las diversas repúblicas bananeras del sur o de las clases subalternas que apoyaron todo tipo de atrocidades contra sus propios pueblos, siempre en nombre de alguna excusa, dependiendo del momento histórico: negros quilomberos, indios borrachos, pobres haraganes, obreros parásitos, sirvientas putas, curas comunistas, intelectuales marxistas, and so on.
Una vez, uno de esos excombatientes del ejército estadounidense me propuso escribir un ensayo sobre Ernesto Che Guevara. Le di luz verde, como no podía ser de otra forma ante la petición de un estudiante interesado por investigar algo, pero luego nunca apareció por mi oficina para discutir el proyecto. Cuando se vencía el plazo de entrega, apareció y me dijo, con el tono de voz de alguien que está hablando muy en serio:


“Aunque no tiene ninguna importancia académica, debo decirle que soy anticomunista y que nunca me cayó bien Ernesto Guevara. Mis amigos de Miami dicen que era un asesino. Pero si yo hubiese sido un guatemalteco o un boliviano en los años sesenta, no tengo dudas que me hubiese unido a los guerrilleros del Che”. Me dejó su ensayo en la mesa y se fue.


Sería casi imposible que un latinoamericano fuese capaz de este tipo de apertura. Los latinoamericanos suelen ser más fanáticos. Porque el colonizador no necesita ser fanático para defender sus intereses. El colonizado, alguien que defiende a muerte su propia opresión, sí.


Aquí en Estados Unidos conocí a muchos latinoamericanos (por suerte no la mayoría) que dicen venir escapando de alguna dictadura comunista (que en la historia latinoamericana son raras excepciones comparadas con la rica y centenaria tradición de las dictaduras capitalistas) donde no podían expresarse libremente. Apenas uno menciona algo que no les gusta, te invitan a abandonar el país de la Libertad y mudarte a Venezuela. Mentalidad intolerante y autoritaria que, obviamente, dice mucho sobre la realidad que supuestamente dejaron atrás. Como aquella otra estudiante que no le gustó que dijese que el FBI consideraba a Posada Carriles como un peligroso terrorista porque su abuelito cubano también había trabajado para la CIA y también vivía en Miami (de hecho, el abuelito solía seguir mis clases por su teléfono, según me confesó la misma estudiante).


Cierta vez, uno de mis estudiantes latinoamericanos me lanzó una de esas típicas preguntas que son como caballitos de Troya.


“Según tengo entendido –dijo–, usted es ciudadano uruguayo y estadounidense. Tiene doble ciudadanía. Mi pregunta es: en caso de una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, ¿a qué país defendería usted?”


La pregunta era reveladora. Revelaba un paquete conocido de preceptos ideológicos que suelen manipularse a la perfección por los políticos y por todos aquellos que creen que un país es un monolito ideológico, una secta, un ejército, un equipo de futbol. Escuché preguntas similares en otros países, aplicadas como un martillo sobre judíos, musulmanes, y todos aquellos que son percibidos como binacionales.


Mi estudiante, al que aprecio como persona, con su uniforme caqui de los marines esa tarde, sonrió, como quien acaba de dar jaque en una partida de ajedrez.
Sólo me limité a aclararle que la pregunta era muy fácil de responder, a pesar de que siempre se respondía mal, cuando se respondía.


“Como ciudadano de ambos países, ese dilema no me produce ningún conflicto. En un caso hipotético (y absurdo) entre una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, no dudaría en ponerme de lado de la verdad y la justicia, es decir, de quien, a mi juicio, está en lo justo. Defendería a quien tiene razón en la disputa. De esa forma, les haría un favor, aunque modesto y seguramente irrelevante, a los dos. A uno por defender su razón y derecho, y al otro por resistir su error”.


El muchacho dijo entender. Quién sabe. No soy tan optimista con respecto a otra gente que ya ha fosilizado convicciones como eso del “patriotismo” y otras prestigiosas ficciones lacrimógenas. Ciudadanos honestos y otros no tanto quienes han sido adoctrinados desde la tierna edad preescolar a dar más importancia a un trapo de colores que a la verdad y a la justicia

 

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University.

 

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Un nuevo eje autoritario requiere un frente progresista internacional

Bernie Sanders hace un llamamiento global a la reacción contra la regresión en muchos países hacia una nueva derecha nacionalista

Debemos examinar honestamente cómo ese orden ha fracasado en cumplir muchas de sus promesas y cómo los autoritarios han explotado hábilmente esos fracasos


Se está llevando a cabo una lucha global que traerá consecuencias importantísimas. Está en juego nada menos que el futuro del planeta, a nivel económico, social y medioambiental.


En un momento de enorme desigualdad de riqueza y de ingresos, cuando el 1% de la población posee más riqueza que el 99% restante, estamos siendo testigos del ascenso de un nuevo eje autoritario.


Si bien estos regímenes tienen algunas diferencias, comparten ciertas similitudes claves: son hostiles hacia las normas democráticas, se enfrentan a la prensa independiente, son intolerantes con las minorías étnicas y religiosas, y creen que el gobierno debería beneficiar sus propios intereses económicos. Estos líderes también están profundamente conectados a una red de oligarcas multimillonarios que ven el mundo como su juguete económico.
Los que creemos en la democracia, los que creemos que un gobierno debe rendirle cuentas a su pueblo, tenemos que comprender la magnitud de este desafío si de verdad queremos enfrentarnos a él.


A estas alturas, tiene que quedar claro que Donald Trump y el movimiento de derechas que lo respalda no es un fenómeno único de los Estados Unidos. En todo el mundo, en Europa, en Rusia, en Oriente Medio, en Asia y en otros sitios estamos viendo movimientos liderados por demagogos que explotan los miedos, los prejuicios y los reclamos de la gente para llegar al poder y aferrarse a él.


Esta tendencia desde luego no comenzó con Trump, pero no cabe duda de que los líderes autoritarios del mundo se han inspirado en el hecho de que el líder de la democracia más antigua y más poderosa parece encantado de destruir normas democráticas.


Hace tres años, quién hubiera imaginado que Estados Unidos se plantaría neutral ante un conflicto entre Canadá, nuestro vecino democrático y segundo socio comercial, y Arabia Saudí, una monarquía y estado clientelar que trata a sus mujeres como ciudadanas de tercera clase? También es difícil de imaginar que el gobierno de Netanyahu de Israel hubiera aprobado la reciente "ley de Nación Estado", que básicamente denomina como ciudadanos de segunda clase a los residentes de Israel no judíos, si Benjamin Netanyahu no supiera que tiene el respaldo de Trump.


Todo esto no es exactamente un secreto. Mientras Estados Unidos continúa alejándose cada vez más de sus aliados democráticos de toda la vida, el embajador de Estados Unidos en Alemania hace poco dejó en claro el apoyo del gobierno de Trump a los partidos de extrema derecha de Europa.


Además de la hostilidad de Trump hacia las instituciones democráticas, tenemos un presidente multimillonario que, de una forma sin precedentes, ha integrado descaradamente sus propios intereses económicos y los de sus socios a las políticas de gobierno.


Otros estados autoritarios están mucho más adelantados en este proceso cleptocrático. En Rusia, es imposible saber dónde acaban las decisiones de gobierno y dónde comienzan los intereses de Vladimir Putin y su círculo de oligarcas. Ellos operan como una unidad. De igual forma, en Arabia Saudí no existe un debate sobre la separación de intereses porque los recursos naturales del país, valorados en miles de billones de dólares, le pertenecen a la familia real saudita. En Hungría, el líder autoritario de extrema derecha, Viktor Orbán, es un aliado declarado de Putin. En China, el pequeño círculo liderado por Xi Jinping ha acumulado cada vez más poder, por un lado con una política interna que ataca las libertades políticas, y por otro con una política exterior que promueve una versión autoritaria del capitalismo.


Debemos comprender que estos autoritarios son parte de un frente común. Están en contacto entre ellos, comparten estrategias y, en algunos casos de movimientos de derecha europeos y estadounidenses, incluso comparten inversores. Por ejemplo, la familia Mercer, que financia a la tristemente famosa Cambridge Analytica, ha apoyado a Trump y a Breitbart News, que opera en Europa, Estados Unidos e Israel, para avanzar con la misma agenda anti-inmigrantes y anti-musulmana. El megadonante republicano Sheldon Adelson aporta generosamente a causas de derecha tanto en Estados Unidos como en Israel, promoviendo una agenda compartida de intolerancia y conservadurismo en ambos países.


Sin embargo, la verdad es que para oponernos de forma efectiva al autoritarismo de derecha, no podemos simplemente volver al fallido status quo de las últimas décadas. Hoy en Estados Unidos, y en muchos otros países del mundo, las personas trabajan cada vez más horas por sueldos estancados, y les preocupa que sus hijos tengan una calidad de vida peor que la ellos.


Nuestro deber es luchar por un futuro en el que las nuevas tecnologías y la innovación trabajen para beneficiar a todo el mundo, no solo a unos pocos. No es aceptable que el 1% de la población mundial posea la mitad de las riquezas del planeta, mientras el 70% de la población en edad trabajadora solo tiene el 2,7% de la riqueza global.


Los gobiernos del mundo deben unirse para acabar con la ridiculez de los ricos y las corporaciones multinacionales que acumulan casi 18 billones de euros en cuentas en paraísos fiscales para evitar pagar impuestos justos y luego les exigen a sus respectivos gobiernos que impongan una agenda de austeridad a las familias trabajadoras.


No es aceptable que la industria de los combustibles fósiles siga teniendo enormes ingresos mientras las emisiones de carbón destruyen el planeta en el que vivirán nuestros hijos y nietos.


No es aceptable que un puñado de gigantes corporaciones de medios de comunicación multinacionales, propiedad de pequeño grupo de multimillonarios, en gran parte controle el flujo de información del planeta.


No es aceptable que las políticas comerciales que benefician a las multinacionales y perjudican a la clase trabajadora de todo el mundo sean escritas en secreto. No es aceptable que, ya lejos de la Guerra Fría, los países del mundo gasten más de un billón de euros al año en armas de destrucción masiva, mientras millones de niños mueren de enfermedades fácilmente tratables.


Para poder luchar de forma efectiva contra el ascenso de este eje autoritario internacional, necesitamos un movimiento progresista internacional que se movilice tras la visión de una prosperidad compartida, de seguridad y dignidad para todos, que combata la gran desigualdad en el mundo, no sólo económica sino de poder político.


Este movimiento debe estar dispuesto a pensar de forma creativa y audaz sobre el mundo que queremos lograr. Mientras el eje autoritario está derribando el orden global posterior a la Segunda Guerra Mundial, ya que lo ven como una limitación a su acceso al poder y a la riqueza, no es suficiente que nosotros simplemente defendamos el orden que existe actualmente.


Debemos examinar honestamente cómo ese orden ha fracasado en cumplir muchas de sus promesas y cómo los autoritarios han explotado hábilmente esos fracasos para construir más apoyo para sus intereses. Debemos aprovechar la oportunidad para reconceptualizar un orden realmente progresista basado en la solidaridad, un orden que reconozca que cada persona del planeta es parte de la humanidad, que todos queremos que nuestros hijos crezcan sanos, que tengan educación, un trabajo decente, que beban agua limpia, respiren aire limpio y vivan en paz.


Nuestro deber es acercarnos a aquellos en cada rincón del mundo que comparten estos valores y que están luchando por un mundo mejor.


En una era de rebosante riqueza y tecnología, tenemos el potencial de generar una vida decente para todos. Nuestro deber es construir una humanidad común y hacer todo lo que podamos para oponernos a las fuerzas, ya sean de gobiernos o de corporaciones, que intentan dividirnos y ponernos unos contra otros. Sabemos que estas fuerzas trabajan unidas, sin fronteras. Nosotros debemos hacer lo mismo.


Le pedimos a Yanis Varoufakis que comente el artículo Bernie Sanders. Aquí está la respuesta:


Bernie Sanders tiene toda la razón. Los inversores hace tiempo que han formado una "hermandad" internacional para garantizarse rescates internacionales cuando sus pirámides de cartón se derrumban.


Hace poco, fanáticos de la derecha xenófoba también formaron su propia Internacional Nacionalista, llevando a que los pueblos orgullosos luchen entre sí y así ellos puedan controlar las riquezas y el poder político.


Ya es hora de que los demócratas de todo el mundo formen una Internacional Progresista, que luche por los intereses de la mayoría de cada continente, de cada país. Sanders también tiene razón cuando dice que la solución no es volver al status quo cuyo fracaso estrepitoso dio lugar al ascenso de la Internacional Nacionalista.


Nuestra Internacional Progresista debe llevar adelante una visión de prosperidad compartida y ecológica que podemos lograr gracias a la ingenio humano, siempre que la democracia le dé la oportunidad de desarrollarse.


Para eso, debemos hacer más por unirnos. Debemos formar un consejo común que escriba el borrador del New Deal Internacional, un nuevo acuerdo de Bretton Woods progresista.

14/09/2018 - 21:27h

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Sábado, 17 Marzo 2018 07:09

Las mujeres y el bosque

Las mujeres y el bosque

Del 8 al 10 de marzo de 2018 se realizó el primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan en el caracol zapatista de la zona Tzotz Choj en Chiapas, México. A la convocatoria acudieron más de 5 mil mujeres de 38 países del mundo, que fueron recibidas por otras 2 mil provenientes de los cinco caracoles de todas las zonas zapatistas de Chiapas.


Fue un encuentro significativo, fuerte, emocionante, lleno de contenidos y horizontes. Con raíces profundas que llevan creciendo muchos años, con brotes y ramas que se extienden y entrelazan con muchas otras. En esos días el mundo se coloreaba de tonos violetas y arcoiris, con movilizaciones y acciones de mujeres en muchas partes del mundo, algunas masivas, otras emergentes, todas marcando a su manera que el patriarcado está en cuestión y no estamos dispuestas a soportar más violencia, discriminación, sexismo, machismo y abusos.


Siendo fundamental, el tema no es sencillo ni tampoco sus manifestaciones. Las compañeras zapatistas que abrieron el encuentro, en la palabra de la capitana insurgente Erika, nos nombraron a todas como un bosque o un monte. En ese bosque hay muchos árboles que son diferentes. Hay ocote o pino, caoba, cedro, bayalté y muchos tipos de árboles. Y sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente. Pero cuando los vemos le decimos monte o bosque. Aquí estamos todas como un bosque. Todas somos mujeres. Pero hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha. Decimos que además somos mujeres que luchan. Entonces somos diferentes, pero iguales. Y aunque hay mujeres que luchan y no están aquí, las pensamos aunque no las veamos. Y también sabemos que hay mujeres que no luchan, que se conforman, que se desmayan. En todo el mundo hay mujeres, un bosque de mujeres, que lo que las hace iguales es que son mujeres. Como mujeres zapatistas vemos que algo más está pasando. Y también nos hace iguales la violencia y la muerte. Así vemos lo moderno de este pinche sistema capitalista. Vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tiene la cara, el cuerpo, la cabeza pendeja del patriarcado. (https://tinyurl.com/y7l5gtzn)


Desde el monte nos invitaron para hablarnos, escucharnos, mirarnos, festejarnos. Podemos escoger dijeron. Podemos competir entre nosotras para ver quien es mejor, habla mejor, es más liberada, juega mejor al fútbol, o piensa o escribe mejor y al final veremos que nadie ganó. O podemos acordar luchar juntas, como diferentes que somos, en contra del sistema capitalista patriarcal que es quien nos está violentando y asesinando.


Resonó fuerte, clara y al mismo tiempo dulce la voz de la insurgenta Erika. Una voz, nos dijo, revuelta con muchas edades, lenguas e historias, porque habló a nombre de todas las mujeres zapatistas, que desde cada comunidad y caracol se reunieron por muchos meses para pensar, organizar y trasmitir este mensaje.


Por su voz sentimos el sufrimiento de la campesina e indígena que fue sirvienta en la ciudad, sin sueldo, sufriendo mil humillaciones no sólo de hombres, también de mujeres, pero que encontró otras con las que se fue formando para rebelarse como zapatistas; sentimos el dolor por las hijas que murieron de enfermedades curables, sentimos el miedo por ser explotadas y más por ser mujeres, ante los atropellos de militares, capataces y patrones. Sentimos también a las niñas, jóvenes y adultas, que crecieron con la resistencia, la guerra y la construcción de autonomía zapatista. Mujeres que antes solo podíamos morir por ser indígenas, pobres y mujeres, ahora construimos en colectivo otro camino de vida: la libertad, nuestra libertad.


Mucha diversidad hubo en el bosque de este encuentro, con denuncias, intercambios intelectuales, artísticos, musicales, de teatro, poesía, talleres para aprender desde a cuidarnos en Internet hasta nuestros cuerpos y lugares, para construir, pensar y luchar en colectivo desde la diversidad. La gran mayoría de las participantes fueron jóvenes, tanto zapatistas como del resto del mundo.


Llegaron también las madres y hermanas de víctimas de feminicidio, desaparecidas, presas, violentadas, las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa a quienes las zapatistas y todas dijimos que no están solas, que seguiremos reclamándolos con vida y por justicia. Moira Millán, mapuche de Argentina, nos hizo conocer las luchas contra la guerra de exterminio contra su pueblo, que como el caso de los estudiantes de Ayotzinapa parece ser un ejercicio desde el poder para ver hasta donde pueden atropellar a las y los que resisten y de allí seguir con todas.


Conocimos luchas de las mujeres de Vía Campesina contra las transnacionales, en defensa del territorio y por feminismo campesino y popular. Pueblos indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá, compañeras de movimientos de Black Lives Matter, de Palestina, Marruecos y del Movimiento Sin Tierra de Brasil cerraron con sus reflexiones y saludos este encuentro, que se abrió a continuar el próximo año.


Las zapatistas nos despidieron dándonos una luz para llevar y prender cuando nos sintamos solas, cuando pensemos que la lucha es muy dura, cuando tengamos miedo, pero también para llevarle a las desaparecidas, las presas, las asesinadas, las migrantes, las violadas, las golpeadas, las explotadas. Para decirles que no nos rendiremos, que no están solas, que luchamos con ellas y para que el dolor que cargan no se vuelva a repetir. Para juntarla a otras luces y prender fuego al sistema capitalista patriarcal.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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La liberación del norte de Siria, una historia de mujeres que lideran la revolución

La española Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez se encuentra junto con otros brigadistas internacionales en Afrin para apoyar al pueblo kurdo, que en Siria se enfrenta a un doble enemigo: el Daesh y los ataques de Turquía.



El foco de interés de los medios internacionales que cubren la guerra de Siria se ha centrado estas semanas en dos puntos concretos: Guta Oriental —donde se han registrado ataques incluso en plena tregua patrocinada por la ONU y que ya ha registrado más de 500 muertos— y Afrin. Este último enclave, al norte del país, saltó hace un tiempo a los medios de comunicación por los ataques por parte de tropas apoyadas por Turquía al bastión kurdo, pero en España ha tenido más repercusión desde el pasado día 10, cuando se reportó que el ourensano Samuel Prada había fallecido en un bombardeo.


Baran Galicia, como se conocía al español brigadista, ha hecho que todas las miradas se giren sobre el conflicto en esa parte de Siria y sobre los extranjeros que actualmente acompañan los batallones del Ejército Democrático Sirio, las milicias kurdas y documentan la situación por la que están pasando los civiles en las ciudades atacadas o afectadas por embargos. Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez es una de ellos. Esta periodista madrileña viajó por primera vez al territorio kurdo en 2015 y desde entonces ha vuelto dos veces más: la última de ellas hace nueve meses y sin fecha de retorno. "Llegué con la idea de documentar la lucha contra el Daesh, pero luego me integré en la Comuna Internacionalista de Rojava. Allí hacen proyectos para reforestar el norte de siria, formación para los internacionales y otras formas de colaboración como la difusión". Ese es exactamente su cometido ahora mismo, en Rojava y en Afrin, a donde ha viajado con la segunda caravana de apoyo a la resistencia del cantón kurdo.


"Turquía nos bombardeó sabiéndolo"


Ella, junto con otros internacionales —como el catalán Rok Brossa, el italiano Jacopo Bindi y otros que prefieren no hacer pública su identidad— visitan las ciudades, a los refugiados, comprueban cómo afecta las restricciones de alimento y medicamentos y cómo soportan los bombardeos cada vez más cerca de la ciudad. De hecho, ellos mismos sufrieron el terror de los ataques en su llegada a Afrin. "Íbamos en un autobús lleno de madres, incluso una de ellas iba a visitar a su hija al cementerio porque había muerto durante los ataques. Seríamos como unos 50 vehículos entre autocares y coches. Cuando llegamos a los límites de la ciudad, empezamos a escuchar explosiones cada vez más cerca. La gente se puso muy nerviosa, nos hicieron bajar de los vehículos, apagamos las luces. Los bombardeos estaban tan cerca que empezó a caer metralla sobre nosotros. Un chico cayó desplomado a dos metros de mi con metralla en la cabeza. La gente empezó a dispersarse buscando refugio. La llegada de la caravana era totalmente pública, Turquía nos bombardeó sabiéndolo”.


La miliciana bonita, una imagen morbosa


'Defender Afrin significa defender la revolución de las mujeres'. Bajo este lema se han desarrollado manifestaciones y caravanas de apoyo, no solo a las mujeres que lideran la liberación de las mujeres, sino a todo el pueblo kurdo y demás sirios que viven en Afrin. Aunque hace unos días el Gobierno sirio anunciaba el apoyo militar a los kurdos, esta presencia, con armas ligeras y pocos medios, no ha sido muy efectiva. De nuevo, las unidades militares de los grupos kurdos, como la unidad femenina del PYJ son los que dan la cara ante los combatientes y financiados por Turquía. "La imagen de la combatiente kurda ha sido morbosa, creada por los medios de Occidente, para el principal comprador: hombre, blanco, de edad y renta media. Lo único que quieren ver son mujeres bonitas con kalashnikov y no han mostrado nada más de la revolución de la mujer", concluye la brigadista madrileña.


Si la imagen de las mujeres kurdas combatiendo al Daesh fue aplaudido por el mundo entero, ahora poco apoyo reciben cuando son ellas las atacadas. Para ejemplo, la poca repercusión que tuvo el asesinato y la mutilación del cadáver de la miliciana Barin Kobane. "La profanación de su cuerpo ha sido totalmente descabellado, pero no es la primera vez que ocurre —explica Sara de Ceano desde Afrin— Pasaba con el Daesh y pasa con todos esos grupos supuestamente moderados, del Ejército Libre Sirio o de que trabajan como mercenarios de Turquía. Es su manera de aplicar el islam y la falta de ética en el combate". Precisamente las autoridades kurdas denuncian que estos grupos, respaldados por Turquía y en otros lados de Siria por Estados Unidos, son herederos de Al-Nusra, una facción de Al Qaeda, islamista y muy violenta.


Desde Cizire, la Federación Democrática del Norte de Siria destacan que la liberación de la mujer no es algo exclusivo de este pueblo, pero que sí que es cierto que se ven más lo avances al llevar más de 40 años con una "revolución dentro de una revolución". Meral Çiçek, periodista kurda, opina que "en ningún momento de la historia humana las mujeres han experimentado una violencia tan severa, intensa y sistemática como hoy en día", lo que justifica su esfuerzo por superarlo en todos los ámbitos de la sociedad. Esto unido al concepto de autodefensa que existe en el pueblo kurdo -y que da nacimiento a los grupos como el YPG (Unidades de Protección Popular), el YBS (Unidades de Protección Sinjar) o las Fuerza de Autodefensa Siria, entre otros muchos- hace que muchas mujeres no solo tomen un arma, si no que se conviertan en líderes y gestoras de sus comunidades.


Un maltrato que ha vivido en una cultura —como en el resto de la región y en el mundo— machista, pero que ha vivido sus años de más terror bajo el reinado del Daesh. La propia Sara de Ceano-Vivas lo ha presenciado cerca. "He visto a chavalas con 18 o 19 años que abandonan sus casas, sus tradiciones o familias, por perseguir la liberación de la mujer. Una joven que nunca ha podido nunca ponerse pantalones o salir fuera de su casa sola por el Daesh corre a unirse a las unidades de protección y se empodera viviendo de forma colaborativa. Otra cosa no, pero la revolución de Rojava es la revolución de las mujeres". Una revolución que cada vez se abre más a otras mujeres, como las árabes, las yazidíes, armenias y que pasa por tener espacios mixtos -con mujeres y hombres- pero también no mixtos -solo mujeres- para que poco a poco las mujeres asuman más responsabilidades en la esfera pública.


Refugiados de Alepo, también en peligro


Se trata de un equilibrio, que se mantiene en la guerra y también en la vida cotidiana. Preguntados a los brigadistas por el estado de los civiles en Afrin y los demás cantones del norte de Siria bajo los ataques, destacan las dificultades del bloqueo, de la falta de material para tantos refugiados y la destrucción de sus medios productivos. De hecho, muchas de las personas que ahora se encuentran en Afrin han huído previamente de Alepo o de otras zonas, incluso teniendo que establecerse en varios lugares diferentes por el avance de la guerra. "La situación de los civiles aquí es extraña. De día se hace vida más o menos normal, pero por la noche comienzan los bombardeos. No se ataca la ciudad directamente, pero lo hacen cerca para que los civiles se asusten y se vayan. Así será más fácil la invasión", explica en referencia a las tropas de milicianos con armamento pesado apoyados por Turquía. Pese a todo, no abandonará su tierra, nos aseguran desde el Centro de Información Afrin Resistence. Son los encargados de hacer reportes de los ataques de forma diaria e informan semanalmente con boletines que traducen a inglés, francés y castellano.


De hecho, una de las funciones más importantes de los internacionales que se encuentran en la retaguardia es traducir y lograr que la situación llegue a otros países. Preguntados por la similitud que hay con los brigadistas que vinieron a España en la Guerra Civil —y otros tantos casos en la historia cuya función era resaltar en sus países de origen y evitar los ataques contra la población civil—, aseguran que esa es una de las razones para estar allí aunque no tienen esperanzas de que funcione. "Se supone que con internacionales en el territorio se llama la atención sobre el tema, pero a Turquía le da igual: bombardea y mata de la misma manera. Y luego está la comunidad internacional, con sus intereses y el mirar para otro lado en esta invasión. Ha habido muchas palabras pero nada concreto para detenerlo", explican, en clara referencia a la tregua que no ha servido ni de respiro a los civiles.

"Básicamente no hemos podido salir de la ciudad de Afrin porque bombardean mucho y es muy difícil moverse", comenta la periodista madrileña. "Las autoridades milicianas no nos permiten salir. Hay compañeros internacionalistas de la YPG, pero no hemos tenido contacto con ellos, lo tenemos totalmente prohibido porque están en el frente. Después de la muerte de Baran Galicia (Samuel Prada) y Kendal Breiz (el otro internacional fallecido, el bretón Olivier François Jean Le Clainchede), estamos con mucha tensión por los demás combatientes".

De hecho, la Comuna Internacionalista ya les ha comunicado que temprado saldrán de la ciudad e irán a otro cantón. Afrin no quedará sola, porque ya se planea la llegada de una nueva caravana de apoyo y solidaridad, esta vez lleno de mujeres del norte de Siria pertenecientes a organizaciones feministas como Mujeres Zerdeshtî, Instituto de Trabajadoras, Movimiento Nueva Generación, entre otros. Aunque la esperanza de que la comunidad internacional frene los ataques, el pueblo kurdo no arroja la toalla. Y los brigadistas internacionales tampoco. "Yo no vuelvo a Europa. Creo que hay mucho que hacer, informar y colaborar", afirma con convicción Ceano-Vivas Núñez.

11/03/2018 17:11 Actualizado: 11/03/2018 17:11

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Rojava, la flor del desierto. Entrevista a Davide Grasso, combatiente YPG: guerra en Siria y revolución

Davide Grasso, militante y bloguero de 37 años, es un combatiente italiano que en 2016 se unió a las filas de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) de los curdos en el norte di Siria. Lo hizo para luchar contra el Estado Islámico (EI-ISIS) y defender la revolución del confederalismo democrático que los curdos están llevando a cabo en los tres cantones que controlan en la frontera con Turquía (Kobane, Jazira e Afrin). Abdullah Öcalan, líder turco del Partido de los Trabajadores Curdos (PKK) en prisión desde 1999, formuló en 2005 este modelo político que se basa en la autonomía, el respeto intercultural, el laicismo y el derecho a la autodefensa de las comunidades y que, explica en su libro “Confederalismo democrático” (link), es “abierto hacia otros grupos y facciones políticas” además de ser flexible, multicultural, antimonopolístico y basado en el consenso”.


“Durante su cautiverio en la isla de İmralı, Öcalan ahondó en el estudio del pensamiento libertario, ecologista y comunal, confrontándose con en especial con las teorías del anárquico americano Murray Bookchin (1921 – 2006). De allí derivó un “giro” teórico en el movimiento, que hoy ya no aspira a construir un estado-nación curdo, sino a ampliar zonas de autonomía y autogobierno. El nombre dado a este enfoque es “confederalismo democrático”. Los primeros, importantes, experimentos en este sentido no se están dando en el Kurdistán turco sino en el siriano, en Rojava (que en curdo significa Oeste)” (fuente: storify.com Wu Ming Foundation).


Tras la liberación de Kobane del ISIS el 26 de enero de 2015, en el contexto de la devastación de la guerra siriana, el experimento revolucionario curdo en el norte de Siria es una “flor en el desierto” que creó un imaginario potente y empujó a muchos extranjeros e sostenerlo con las armas. De regreso a su natal Turín, Davide traza un balance de su experiencia personal y de la situación político-social en el tablero sirio (Syria Live Map link).


Fabrizio Lorusso – ¿Cuál es tu historia? ¿Qué hacías antes de ir a Siria?


Davide Grasso – Nunca tuve un solo trabajo, fui antes estudiante y luego doctorando. Trabajé con cooperativas de publicidad y sociales, y asimismo con colaboraciones part-time con la universidad. Antes de partir era operador social en Turín con los sin techo y los con capacidades diferentes, desde que regresé a Italia en estos meses me he dedicado básicamente a informar sobre lo que pasa en Oriente Medio.


– ¿Y como militante?


– Siempre me he interesado en cuestiones sociales y políticas. EN Italia participé en movimientos estudiantiles como la Onda Anómala, al movimiento No-Tav [contra la destrucción de las montañas de la italiana Val de Susa para dar paso al tren Tav o Alta Velocidad] y sobre Medio Oriente en la universidad me comprometí a menudo en actividades para ahondar en la cuestión palestina o en seminarios contra la guerra en Irak y Afganistán, entonces siempre actué en este sentido.


– ¿Cómo nació la experiencia en Siria?


– En realidad nació ya en 2014, cuando supe de los hechos de Sinjar [4/8/2014, ISIS mata a miles de yezidas, comunidad religiosa de lengua curda en Irak, link p. 3-4] de la cual ahora recordamos el tercer aniversario. Mientras que la información oficial deba cierta versión, descubrí gracias al sitio de que soy redactor, Infoaut, y a la página del colectivo Wu Ming, que quien estaba tratando de resistir a estas masacres del EI no era la facción curda de los peshmergas [militares curdos-iraquís pro-EEUU] sostenida por el gobierno italiano. Era, en cambio, la facción de izquierda que el gobierno consideraba terrorista. Entonces empecé a seguir más de cerca lo que pasaba en Siria e Irak, pues retomé un interés, también por la emergencia del ISIS, que había dejado caer años antes sobre esa región. Todo fue creciendo: hubo matanzas del gobierno turco en Cizre [contra los curdos], de las que supe en septiembre de 2015, y, por tanto, como ya terminaba mi contrato laboral, usé la liquidación para ir a Turquía y visitar. Allí conocí a varios chicos que combatían, unos de los cuales morirían poco después. Entonces, de vuelta a Italia, ya estaba muy propenso a regresar y los atentados del Bataclan en París [13/11/2015] fueron decisivos. Me di cuenta de que ya esta organización [ISIS, DAESH o Stato Islamico] estaba literalmente buscando calle por calle a aquellos como yo, como nosotros, o sea cierto tipo de jóvenes europeos, con cierto estilo de vida, y entonces pensé que era necesario volver allí para hacer contrainformación y combatir, si hubiese hallado el valor.


– ¿Cómo llegaste a los curdos sirios?


– Fui a Irak primero. Armé un reportaje, luego hubo una autofinanciación con conciertos en Italia en otoño de 2015. En febrero de 2016 partí, primero a Palestina, luego a Irak, pasando por Jordania. De estos lugares conté lo que vi, hice entrevistas pero la meta final era el norte de Siria. Pero allí ya los peshmergas iraquís, como pasa ahora, no permitían a los periodistas ingresar a Siria, y es algo muy grave. Una vulneración grave del derecho internacional a la información. Entonces tuve que entrar con artimañas y, ya dentro del país, toma contacto con la sociedad civil, las instituciones y los centros de medios de Rojava. Así nació el contacto, no tenía nada antes de llegar.
– ¿Cuándo ingresaste a Siria y cuánto te quedaste?


– Me quedé siete meses, de principios de marzo a finales de octubre.


– ¿Tenías pensado combatir desde un principio?


– Tenía la intención, mas no estaba seguro de que encontraría el coraje. Creía que era justo que alguien, quien por una casualidad no estaba en el Bataclan o en otros sitios atacados en París, o sea en lugares que conozco, como muchos de nosotros, y no se había encontrado allí desarmado, en el suelo, trucidado por estos individuos, habría tenido que ir allá directamente a tomar las armas. Sobre todo para no delegar a nuestros gobiernos la tarea de hacerlo, especialmente al de Francia, en este caso, porque quien conozca un poco el mundo actual sabe que nuestros gobiernos son los primeros responsables de esta situación y no pueden sino empeorarla con sus políticas e intereses. Por eso tenía la intención pero hasta el último momento estuve dudando, porque entrar en la guerra civil siria como combatiente, sin experiencia militar y habiendo sido siempre un civil, es una acción de la que no es fácil volver atrás. La decisión definitiva se tomó cuando estaba en Siria.


– ¿Cómo fue este paso y con quién te relacionaste?


– Conocí a personas diversas. Habitantes de Rojava, curdos y árabes, que viven las condiciones de la guerra y de la revolución, cada quien a su modo. Conocí a militantes políticos curdos y activistas internacionales, sobre todo europeos, que estaba allí para conocer esta revolución y apoyarla. Fueron determinantes por su ejemplo y asimismo conocí a combatientes internacionales de las YPG que eran muy jóvenes y no politizados, más bien conducían una vida completamente apolítica en sus países y habían venido a arriesgarlo todo por indignación por lo que pasaba en un país lejano del suyo. Ante todo esto es difícil no tomar las armas a tu vez.


– ¿Cómo te uniste a las YPG?


– Hubo un entrenamiento de varias semanas en las que recibí muchas clases de lengua curda, de ideología confederal, o sea de la forma de socialismo que llevan a cabo las YPG, y también de historia de Oriente Medio y Kurdistán. Luego la formación técnica para el uso de las armas, algo de táctica. Hay que considerar que la guerra civil en Siria es un evento totalmente trágico y caótico por lo que estas milicias no tienen la posibilidad de cargarse con un tipo de formación como la de ejércitos regulares.
– ¿Qué armas tenían?


– Los detalles no se pueden dar por razones militares, pero se puede decir que el problema de las milicias curdas y de las fuerzas democráticas sirias es que, principalmente al 99%, tienen armas ligeras y no es un misterio. De hecho la gran mayoría de los combatientes tiene en su poder un Kalashnikov y por suerte no me pareció que hubiese carencia de municiones, porque creo que al menos en eso, la coalición y Estados Unidos, han dado contribuciones, y también Rusia aportó algo. Tan solo municiones, pero respecto de las armas, éstas son ligeras, viejas, desde luego rebasadas en un contexto general. Aun así, en Siria no lo son porque la mayoría de los choques armados en Siria, si no se involucra el ejército regular, son con armas automáticas, como las de fabricación soviética, metrallas tipo Pkm y Pks, la Dushka o Dshk,y Ak-47.


– Hablas de Revolución. ¿Por qué?


– EN la Siria septentrional y en general en todo el país, desde 2011 hay una revolución siria que se desarrolló en dos tendencias contrapuestas. A una le fue muy mal, porque tomó una evolución islamista, y otra en cambio tomó un rumbo bueno, pues tiene una dirección socialista ilustrada y feminista. Ésta es la revolución confederal que echó raíces inicialmente en territorios curdos y ahora en todo el norte de Siria, sobre todo en zonas árabes o cristianas. En cambio la islamista se ha roto en troncones: ISIS a lo largo del Éufrates e islamistas distintos de ISIS en la provincia de Idlib. Entonces la revolución siria evolucionó en dos revoluciones que se combaten entre sí y ambas luchan también contra el régimen de Bashar al-Assad.


– ¿Qué misiones cubriste?


– Al inicio estaba en el frente de Ain Issa que, entonces, era el de Raqqa, mientras que hoy este frente, por suerte, está dentro de la misma Raqqa porque penetró hasta dentro de la ciudad, pero hace un año estaba a 63 km de ella. Allí estaba la ciudad de Ain Issa y mi unidad, nuestra misión era proteger el cantón de Kobane del EI, mientras al mismo tiempo se daba la ofensiva en el norte de Aleppo por parte de las fuerzas sirias democráticas, al oeste del Éufrates, en donde se estaban ganando todas las campañas cerca de Mambij: había que ir a liberarlas para cortar las últimas rutas de comunicación entre Raqqa y Turquía, o sea con el mundo externo. Al inicio no estuve en esta ofensiva, defendía el cantón de Kobane, más bien, pero en junio mi unidad fue enviada a Mambij y en julio combatimos en esta operación para liberar la ciudad.
– ¿Había otros extranjeros e italianos?


– Había muchos cuando yo estuve, pero no italianos. Era el solo. Se sabía que hubo más antes, en especial yo preguntaba por Karim Franceschi porque había leído su libro. Pero en ese momento no había más. Muchos foráneos venían de Europa, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia, los Balcanes. Conocí también a un chico chileno y sé que hubo otros sudamericanos en las YPG.


– ¿Te identificas con la definición de foreign fighter?


– Actualmente hay expresiones sobre las que no se puede contestar sólo “sí” o “no”. Me definiría foreign fighter, aunque el uso mediático cambió su significado respeto del originario, pues lo asociaron unilateralmente a los foráneos que luchan con ISIS, pero en el sentido originario es la mejor expresión que se pueda imaginar. Entonces, según su traducción de “combatiente foráneo” es hasta tautológico el hecho de que yo fui algo así. Y además creo que la contradicción en el uso mediático de la expresión se ve en el hecho de que yo y otros internacionales que combatimos en Mumbaj, cortando el paso entre ISIS y Turquía, anulamos definitivamente el flujo de foreign fighters de ISIS en Siria que antes era grande. Desde que se liberó la ciudad se liberó hace un año las llegadas son casi cero. Entonces, foreign fighters sí, pero depende de que lado estén.
– ¿E “internacionalistas”?


– Bueno, desde luego. Si por una lado en las YPG coloquialmente se dice que somos internacionalistas, es cierto también que la teoría política de las Unidades en realidad habla más de “universalismo” y no de internacionalismo. ¿Por qué? Un razonamiento sofisticado, quizá, pero importante por el cual la era del internacionalismo, con el Estado-nación como referencia incluso para los socialistas, se acabó y el internacionalismo era la solidaridad del siglo pasado. En cambio las YPG prefieren “universalismo” porque hoy estamos en una realidad global en que todo el mundo es una metrópolis, es decir, hay aún más internacionalismo que antes.


– ¿Por tu experiencia contra el EI, qué puedes decir del mito de su imbatibilidad?


– En el terreno debo decir, sin hacer propaganda, que sinceramente he visto la imbatibilidad de las YPG, mientras que de ISIS vi que fueron derrotados cuando yo estuve allí el verano pasado. Fue pesado, pero deja te explico. Me lo confirmaron también unos combatientes americanos que habían tenido una larga experiencia en su ejército, habían combatido en Irak y decían que, comparando la lucha contra ISIS y otras fases muy cruentes de la guerra iraquí y de este tipo de conflictos, el ISIS es una fuerza militarmente muy competente y organizada, en la que hay mentes estratégicas bastante avanzadas según estándares contemporáneos. Su estrategia es causar el mayor número de bajas en el enemigo con el menor costo de vidas en sus propias filas. Entonces usan básicamente minas, trampas explosivas, francotiradores y tienen una ideología religiosa que atrae a cientos en sus filas que esperan morir lo antes posible porque están convencidos de que comerán con Dios o tendrán quién sabe a cuántas vírgenes. El EI puede hacer uso casi continuo de personas que se hacen explotar, de camiones y autobombas manejadas a toda velocidad contra el enemigo. Esto es una ventaja, pero el mito que crearon los medios es totalmente equivocado como muchas cosas mediáticas por el estilo. Es un fenómeno analizable con sus límites y potencialidades. Hay desde luego mucho de ISIS que se suicidan, pero hace falta decir que, por ejemplo en nuestro frente de Ain Issa, hubo ataques a veces que eran suicidas desde la perspectiva de quienes los hacían pero también del punto de vista militar. Porque si uno manda hasta 30 milicianos a un ataque del todo esporádico sin ningún significado en la economía de la guerra, en que todos los 30 son asesinados y muere sólo uno de las YPG, es claro que estas personas estaban en una lista de ‘aspirantes mártires’, que a lo mejor estarán saturadas de demandas, y quieren ir... Pero militarmente es una locura. Hay aspectos incluso contradictorios que en conjunto crean la imagen de una fuerza que, como todas, tiene sus defectos y virtudes desde una perspectiva militar.


– ¿Es tan difícil derrotar a ISIS?


– Es difícil pero no militarmente sino políticamente. Militarmente el territorio que había conquistado entre Siria e Irak está casi acabado. Entonces en tres años, que es un tiempo bastante corto respecto de lo que fue la ocupación de Irak o la misma guerra civil siria, este fenómeno a nivel militar ha sido reprimido. Pero lo que es difícil es el aspecto político. Primero, muchos de estos ralentizan las operaciones militares porque, quieras o no, y cada vez menos con el paso del tiempo, en muchos conflictos hay una referencia mínima a unas reglas de guerra, a un derecho internacional y convenciones. Esto el ISIS no lo reconoce de ninguna manera porque estas normas son producto de una soberanía popular o liberal que para ellos es pecado, pues la única ley que existe para ellos es la de Dios. Por consiguiente no respetan ninguna ética de guerra y usan a los civiles como escudos humanos. A lo mejor se podría acusar a cualquier fuerza partisana de esconderse en la población, pero una cosa es confundirse en la población y otra es convertir a la gente en carne de cañón a propósito, pues en ISIS prevalece una lógica del “mientras peor, mejor”.


Entonces ésta es la primera dificultad política. La vi con mis ojos, cuando tratábamos de avanzar dentro de una ciudad en que el EI impedía a los civiles abandonar sus casas. Significa que hay que ralentizar las operaciones para poder rodear los edificios quirúrgicamente, protegerlos para que salgan los civiles, y luego acorralar a los milicianos en donde estén. Bajo el punto de vista de la guerra aérea es una complicación enorme, ya que de todos modos se pide siempre la evacuación de civiles cuando se sabe que inicia una operación aérea y, si una entidad como el EI no lo hace, se pueden imaginar las consecuencias pero también la ralentización de las operaciones.


Otra dificultad política es que el problema de hecho no es sólo de Irak o Siria, sino del mundo entero: hay desequilibrios de riqueza, poder, hegemonía cultural en el mundo y hay pobreza en muchos sentidos, por lo que hay millones de personas, sobre todo en África y Asia, que necesitan una lógica, una ideología de rescate y, a veces, de venganza y expresión de rabia. Por tanto, lamentablemente, ISIS es realmente una insurrección global que llena el vacío del fin de los comunismos, los socialismos, y, entonces, hasta que no se hayan eliminado las contradicciones sociales o no se cree una alternativa política a este tipo de insurgencias, una alternativa en que haya una insurrección racional y no irracionalista, se podrá derrotar militarmente pero regresará bajo formas cada vez peores.


– Recientemente han aumentado las invasiones del ejército turco a cantones curdos. ¿Qué papel juega Turquía en la frontera siria?


– Cuando estaba en Kobane, en septiembre de 2016, fue en efecto uno de los momentos peores porque Turquía intervenía con el pretexto de construir un largo muro entre la Siria revolucionaria del norte y sus territorios, que realmente en mayoría son de comunidades que tendrían su autonomía, entre los cuales están los curdos. Con esta excusa hacía provocaciones en la periferia de Kobane, justo en la frontera, con carros armados. Provocó nueve días de rebeliones en la población de Kobane que costaron dos muertos y muchos heridos. Ahora en agosto hubo otro intento que por suerte duró sólo una noche en que los carros turcos de nuevo cruzaron la frontera cerca de Kobane ocupando dos aldeas y fueron repelidos por las YPG. Mas Kobane, por su valor simbólico, padeció menos por parte de Turquía, pues hay otras, como Tel Abyad, que es ametrallada cada 10 minutos a diario desde hace año y medio, y a veces hay fuego de mortero, y de esta manera Turquía ataca otras ciudades como Tel Abyad (Gire Spi para los curdos), Qamisho, Amude, Serekani (Ras al-Ayn para los árabes), incluso con lanzamientos de cohetes. El caso más grave es Afrin, el cantón revolucionario aislado, ya que está separado geográficamente de Kobane y confina con Turquía o con partes de Siria controladas por islamistas. Afrin sufre la agresión peor. Sin cese Turquía lo bombardea desde hace tres meses, por lo que ya hay centenares de víctimas civiles y de las fuerzas de seguridad en el total silencio internacional. Erdogan [presidente turco] amenaza con invadir completamente este cantón porque quisiera entrar en Siria y encara a la izquierda curda también allí y no sólo en su país. Pero eso es difícil.


Ya lo intentó en Irak recientemente y casi no se supo: en julio Turquía trató de invadir a gran escala en la sierra iraquí en donde está el PKK y tuvo que recular después de decenas de muertos en sus filas. El problema para ellos es que los EUA protegen el Rojava y, de modo mucho más ambiguo, también Rusia, la cual tiende a no autorizar estas intervenciones turcas. Es el único motivo por el cual aún no ha habido un baño de sangre porque el gobierno es extremista del punto de vista político y el clima en la sociedad turca degeneró mucho, entonces siempre se está barajando la opción de una invasión.


– ¿Por qué llaman Kobane “la flor del desierto”?


– En la contemporaneidad todo parece tornarse peor. Un país como México lo sabe bien, así como Siria y Turquía, pero también Europa, en donde el sentido común parece moverse hacia posiciones más reaccionarias. En el mundo prevalecen concepciones más retrógradas, identitarias, con los nacionalismos y fanatismos sectarios y religiosos. De todos modos el poder, con todo esto, se queda firme en las manos de una minoría riquísima, en detrimento de la gran mayoría. Entonces, sorprendió a todos que haya surgido una revolución, en la que el poder concretamente en una región lo toma una fuerza con dinámicas totalmente opuestas que son cosmopolitas, de igualdad social, de respeto recíproco, de tolerancia religiosa y de centralidad de la mujer en un área en que las mujeres padecen más el patriarcado. Nadie lo esperaba y es una puesta en jaque del dogma según el cual en este siglo las revoluciones ya no son posibles. Por eso se usa esa expresión.


– Confederalismo democrático, autonomía, interculturalidad son palabras de la revolución curda. ¿Buscan la independencia de Siria?


– Primero te digo que hay división entre una izquierda curda y una derecha. La derecha nacionalista quiere efectivamente un Estado curdo con territorios de Irak, Siria, Turquía e Irán. La izquierda curda, con fuerzas de autodefensas como las YPG y las YPJ (Unidad de Protección de las Mujeres) o el partido PKK, no quieren eso porque están convencidos de que es necesaria una revolución que vaya más allá del capitalismo, de que esto no es posible a través del “Estado”, que el Estado es negativo en sí y es contradictorio pedir tener uno. Por tanto tienden a desarrollar formas de autonomía que son también sociales, con la transformación de las relaciones sociales y de género, dentro de los Estados en que se encuentran, para poder influir en las poblaciones no curdas y trascender la “dimensión curda” de la revolución. Esto ya pasa en Siria.
Cabe decir que, respecto de la derecha curda, que adverso por muchas razones, un curdo que hoy en día quisiese un Estado curdo, que no es por lo que fui a luchar, no pueden ser condenados porque Kurdistán geográficamente existe. Por ejemplo, estados como Siria o Irak fueron creados por las potencias coloniales sin ningún respeto por la geografía social del ex Imperio Otomán, entonces digo esto para los que apuntan el dedo contra los curdos u otros pueblos, como los amazigh [bérberos] de Marruecos y demás, que quieren autonomía o independencia: no creo se les pueda negar en todo caso.


– ¿Cómo funciona la Constitución que los curdos promulgaron en Siria?


– Se dice comúnmente Constitución, en realidad se llama Carta del Contrato Social porque justamente no se prefigura la creación de un Estado. Sin duda es un texto muy avanzado bajo todos los aspectos. Hay que considerar el proceso material de esta revolución. La meta es una forma de comunismo y de extinción del Estado que llamamos confederalismo democrático porque para ellos la democracia es comunista sin Estado, o bien, no es nada. Y es confederal porque se funda en la autonomía de todas las comunidades que debe federarse voluntariamente y no por imposición desde arriba.


Por eso apuntan a esto, pero están conscientes de que no se puede alcanzar de un día para otro, por lo que han forjado el concepto de autonomía democrática, que es el modo en que el movimiento del confederalismo democrático se concilia cada vez con el Estado existente. Por ejemplo estos cantones y los consejos cantonales, que mantienen la separación de los poderes y, de alguna manera, se parecen a un Estado, son la autonomía democrática, es decir, son una propuesta para Siria, para un arreglo institucional que ponga fin a la guerra y, sin embargo, no borre la revolución.


Éste es el sentido de las instituciones creadas que no son el “confederalismo democrático”, sino la “autonomía democrática”, porque el confederalismo del norte de Siria es el representado por las comunas, las comunas agrícolas y económicas, por las ciudadanas, por el contrapoder ejercido también militarmente por estas instituciones, por las cooperativas, por la nueva relación que hay entre mujeres y sociedad. Ésta es la revolución. No puede encontrar un desenlace definitivo, por eso ellos, sin querer reproducir el modelo bolchevique que finalmente fracasó, no conciben la “toma del poder” como “creación de un Estado socialista” que después se extingue. Son parte, en cambio, de un movimiento que, cada vez, crea instituciones para conciliarse con el Estado en que surgió y, luego, para cuestionarlo siempre y seguir con el proceso.


– Hablar de autonomía en México remite a los zapatista y al EZLN, que han mostrado simpatía por la revolución de Rojava.


– Sé que en general el zapatismo y Chiapas son vistos como referencia en Rojava y en todo Kurdistán porque el movimiento curdo inició su transformación teórica en los años 2000, cuando ya hacía varios años que en México había habido una discusión y elaboración de una perspectiva. Además en muchos casos en México se había logrado resultados concretos. Allá vi es una referencia. Te cuento un poco más como “chisme” que por vías absolutamente extraoficiales, algo casuales o coloquiales, circuló el rumor de que hubo varios intentos de comunicación y de crear una relación más concreta pero cayeron en el vacío. En tono de broma, alguien allá me quiso explicar que tal vez fue porque en Rojava, así como Chiapas, quién sabe cuánto tiempo pasa antes de que se lea un mail y hay ritmos de vida diferentes de lo que acostumbran en Europa... Pero si estas relaciones aumentaran, creo sería positivo. Cuando hace unos meses se armó en Hamburgo la conferencia internacional organizada por el Rojava, hubo una mesa redonda sobre México y los cárteles de la droga porque sí hay una atención especial sobre América Latina, Centroamérica y México.


– ¿Qué anécdotas negativas o positivas puedes compartir?


– Son muchas. Una decepción por ejemplo. Conocía a una chica curda que me caía muy bien, quedé en contacto con ella. Luego fui a verla con su familia para una festividad musulmana en septiembre y, hablando con ellos, descubrí que apoyaba a los nacionalistas curdos, de la derecha, y, entonces, se abandonó a comentarios absolutamente inaceptables sobre los árabes. Y sobre todo acerca de compañeros curdos y Öcalan. Fue algo feo para mí y no había yo entendido sus ideas al respecto, pero describe bien lo que pasa en Rojava. Hay mucha gente que está en la sobra, a lo mejor, o en silencio, pero trabaja contra la revolución, trata de sabotearla o debilitar la motivación porque tienen ideas islamistas o nacionalistas. Entonces en realidad la revolución, como siempre en la historia, es llevada a cabo por personas determinadas y apasionadas que tienen que tener en cuenta un contexto difícil.


Una experiencia positiva fue con otra persona que conocí, un chico de Raqqa, árabe. Él decidió voluntariamente dejar su ciudad. Era un obrero de taller, tendría 15 años, y, mientras trabajaba un día, se le acercó un miliciano, de los que se creen dueños de muchas aldeas en Siria, quien le dijo que le enseñara como rezaba. Y él rezó pero el otro le dijo que era un falso, un pagano, por rezar en el modo equivocado. El chico le contestó que estaba en su tierra y que no tenía por qué ser molestado por alguien que ni era de allá. Entonces, decidió salir y migrar al norte. Finalmente entró en las YPG porque vio a los curdos como gente que se portaba de la manera opuesta a lo que vivía en su ciudad. Fue uno de los primeros árabes que entraron en una fuerza que era curda al 100% en un inicio. Lo conocí, un tiempo después de que esto había pasado, y estuvimos en la misma Unidad.


Es una persona impresionante. Su proyecto es participar en la liberación de Rojava, que luego debe ser de toda Siria. Quiere luchar también en Turquía, Irán e Irak. “Luego podremos ir a Palestina para liberarla y así Líbano”, dice siempre. Y si hubiese habido necesidad en Italia, también allí iría. Es casi analfabeta, no ha visto nada más allá de Raqqa, Kobane y poco más, pero tiene una visión genuina y voluntad. Habla en tiempo presente, aunque lamentablemente no puedo estar seguro de que siga vivo, porque lo dejé en Siria en septiembre y allí la esperanza de vida es bastante breve. Combatí a su lado, como combatiente es indescriptible. Ciertas escenas, para un occidental como yo, sólo podían recordar las películas, por el modo como combatía. Proletario, no educado en la escuela, ha tenido una vida con posibilidades limitadas en las experiencias, pero es un revolucionario de los más altos niveles que se puedan imaginar en la historia. Sé que así como él hay miles en el norte de Siria y esto tiene un valor inestimable. Su nombre de combate es Zagros Raqqa. Nadie en Rojava puede usar su nombre real.


– ¿Cuál era el tuyo


– Tiresh Gabar.


– ¿Cómo se articulan las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) con las YPG?


– Mi unidad era mixta, por lo que había tanto YPJ que YPG. La mayoría es así. Como en todo lo que atañe a las mujeres en la revolución, entonces también las comunas y los congresos de las mujeres, tienen siempre su propia autonomía. Tienen cadenas de mando, de coordinación y de decisión autónomas, así que, como en cualquier comuna o asamblea de barrio, siempre se reúne a parte la comuna de las mujeres. Así nuestra unidad por ejemplo era única, pero las mujeres realizaban sus seminarios y reuniones antes de llegar a las nuestras, por lo que hay una forma de autonomía de las mujeres que no es un separatismo, sino un sistema inteligente y equilibrado. Me parece que logre conciliar bien la cuestión de la liberación femenil con la de la liberación de todos. Por supuesto dándole prioridad a la liberación femenil la cual se ve ya en esta autonomía y en su ideología que consiste en reconocer a las mujeres el papel de vanguardia política en la revolución mundial.


– ¿Cómo es la relación con los moradores?


– Siempre es diferente, según la población local. Hay personas que apoyan y otras que adversan. Hay quien adversa de modo “dialogante” y otros que quieren oponerse con las armas o apoyan fuerzas externas. Entonces la relación con los locales es la que tendría cualquier entidad que gobierna un territorio en el medio de una guerra civil y de una revolución. Además hay muchas fuerzas que bien lograron transformarla en una guerra sectaria, racial y lingüística, y justo son estos crímenes que producen rencor y no sé cuándo podrán aliviarse. Entonces, por ejemplo, si, en calidad de YPG, caminamos por las calles de Kobane o Qamishli, la población te ama enormemente. Para los combatientes internacionales hay una forma de veneración por parte de los civiles. Mientras que, en cambio, en una ciudad como Tel Abyad, yo fui a un mercado para acompañar a un compañero con el médico con el uniforme militar y allí la sensación es la que puede sentir un policía al cruzar un barrio hostil de Palermo, más o menos. No es gradita su presencia porque allá hay una mayoría árabe y, en su interior, hay una mayoría de sostenedores de ISIS y una minoría de simpatizantes de la revolución, pues yo digo que esa ciudad, como otras, necesita desarrollar, sobre todo entre los jóvenes y las mujeres, una conciencia política.


– ¿Piensas volver?


– Sí, claro, lo pensé. No creo posible para mí nunca regresar en Rojava.


– ¿Qué enseñanzas trajiste de vuelta a Italia?


– Son dos. La primera es que existe una brecha, y ya lo sabía, entre Occidente y Medio Oriente, o quizás entre Occidente y el resto del mundo. Y es tan terrible que no se puede imaginar o describir, y lamentablemente ni es suficiente que uno vaya a combatir allí para llenarla. Es una brecha entre quien lo tiene todo y quien no tiene nada, entre quien está bien y quien sufre. Es la conciencia de la gravedad de esta situación que adquiere sobre todo quien ve ciertas situaciones de guerra. Otra es que la revolución es justa y necesaria, pero cuando se dice “revolución” hay que estar conscientes del peso de esta palabra en cuanto a los sufrimientos, las tragedias y el dolor que provoca porque una revolución es, de todos modos, un cambio de la sociedad que no ocurre pacíficamente, pese a ser necesario. Y entonces no hay que usar este término con ligereza. No hay que imaginar simplemente que es “algo bello”. Aquellos que piensan así es mejor que dejen la política y hagan otra cosa. Sería útil que hubiera personas que se dieran cuenta de qué feo puede ser tener que hacer una revolución, pero que siguieran pensando que es necesario.


Para cerrar quisiera denunciar que hay dos personas, una pareja de República Checa, en una prisión turca: ella se llama Marketa, él Miroslav. Fueron a Siria, Iraq y Turquía varias veces por razones humanitarias y acaban de ser condenados en Turquía a 6 años y 3 meses de cárcel, acusados injustamente de haber estado en las YPG e YPJ. Es escandaloso. Marketa es una amiga, la conozco, y jamás ha sido parte de YPJ, son acusaciones falsas. Es el enésimo crimen de Turquía, no dejemos solas a estas personas que encaran un destino muy duro.


– ¿Cómo acercarse a lo que pasa con los curdos en Siria?


– Te puedes informar en varias páginas web, y donar a la Mezzaluna Rosa Curda de Livorno. Y se puede ir a Rojava para llevar solidaridad activa, aun sin combatir. Lo más importante es la ayuda sanitaria y educativa. Pese a las dificultades, si más jóvenes fueran a Oriente Medio, la brecha de que hablaba empezaría a restringirse. Primero digo que es mejor ir allá y, si no se puede, entonces está bien informarse y donar. Son estas tres cosas.

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Domingo, 11 Junio 2017 05:41

François Houtart: "cosmopolita"

François Houtart: "cosmopolita"

Ha muerto el creador de la red de redes dentro y fuera del Foro Social Mundial, uno de los filósofos de la liberación de los pueblos de América Latina, África y Asia más destacados de nuestra era. Escritor incansable, cargaba sus libros y los de su instituto, el Cetri, en Bélgica, en una maleta a cada una de las conferencias en que participaba. Oscilaba a menudo entre Vietnam, Bélgica, India, Nicaragua, África del Sur y, últimamente, Siria, adonde tuve el privilegio de acompañarlo. Era el octogenario probablemente más joven del mundo y, a la vez, el estudiante más viejo de todos los continentes. Y si alguien merecía el apodo de ser "cosmopolita" fue él, François Houtart, un hombre que se sentía en casa en cualquier rincón del mundo.

En las conferencias a veces parecía entre dormido y concentrado, hasta que pedía la palabra para enfocar su discurso casi siempre en el mero centro de la discusión. Tocaba la médula en muchas controversias, a veces demasiado radical para las derechas moderadas y, en ocasiones, demasiado moderado para las izquierdas radicales. Multifacético en la selección de sus temas y holístico en sus análisis, brillaba más por su capacidad de síntesis que por una ráfaga de palabras. Era un auténtico científico social, quien cambiaba con mucha facilidad sus metodologías como si fueran camisetas tropicales –livianas y transparentes, pero siempre bien cosidas.

Como "sacerdote rojo" de larguísima trayectoria, formaba parte de los círculos políticos progresistas en muchísimas partes del mundo, sin aspirar a cargos políticos para sí, sabiendo que su mundo, a final de cuentas, no era el político, sino el académico. Pensaba que había que ser tolerante y respetuoso con los gobernantes y líderes de las izquierdas, aunque éstos hubieran cometido errores. Porque su verdadera ambición era ser reconocido por sus ideas y no por las acciones políticas, en las cuales a menudo participaba.

¡Que su luz y esperanza sigan creciendo en todos los que hayamos tenido el privilegio de conocer a este gran hombre!

 

Leo Gabriel, periodista austriaco

 

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11 de junio de 2017

 

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Entrevista con François Houtart

28 de marzo de 2017

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Jueves, 01 Diciembre 2016 06:54

Cuba (y Fidel y el Che) en América Latina

Cuba (y Fidel y el Che) en América Latina

Sesenta años de influencia de la revolución cubana y Fidel Castro en América Latina.

Ningún proceso político marcó la región latinoamericana con huella tan profunda como la revolución cubana. Ni las revoluciones indias de Túpac Amaru y Túpac Katari, ni la revolución negra en Haití. Ni siquiera la potente revolución mexicana de Villa y Zapata o la casi desconocida revolución boliviana de 1952. Lo sucedido en Cuba electrizó al continente. Consiguió imantar la vida política en dos poderosos polos que, en resumidas cuentas, se decían anti y pro imperialismo.


Quien revise la prensa de la época, como el semanario Marcha –donde escribían Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti y que estuvo dirigido por Eduardo Galeano–, podrá detectar la polarización que se registró entre sus lectores. Pero, sobre todo, el apasionamiento en la defensa de la revolución, pilotada por jóvenes que esgrimían argumentos sencillos y contundentes, que hablaban sin vueltas y lanzaban invectivas al imperio que pocos se habían atrevido a pronunciar antes.


La influencia del Che y de Fidel en América Latina tuvo la fuerza de un maremoto entre los más jóvenes, que descubrían que se podía hacer política de otro modo, sin dobleces ni retóricas va¬cías; que se podía decir pan al pan y vino al vino, algo que las élites de la época habían olvidado en el tan largo como inútil ejercicio del poder.


Hacia comienzos de la década de 1960, la región había girado hacia la izquierda, primero en el terreno de la cultura, poco después en la política. De modo que había un clima favorable para aceptar la realidad de una Cuba revolucionaria, que enseñaba que el camino de la acción directa era más fecundo que las decepcionantes liturgias electorales que replicaban una y otra vez los partidos comunistas. La revolución cubana interpeló las estáticas estrategias comunistas, razón de más para entusiasmar a una juventud estudiantil ávida de acciones callejeras desafiantes para las oligarquías.


La revolución cubana fue llama que pretendió incendiar el continente. Del 3 al 14 de enero de 1966 se reunió la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina en La Habana, conocida como Tricontinental, que albergó fuerzas revolucionarias de 82 países. La proclama de la conferencia mostraba un tono optimista: “La situación mundial favorece el desarrollo de la lucha revolucionaria y antiimperialista de los pueblos oprimidos”.


Defendía la lucha armada como el principal método para derrotar al imperialismo. Eran los años de la guerra en Vietnam, pero también de las luchas armadas en Venezuela, Guatemala, Perú, Colombia; y, en África, del despliegue de las guerras anticoloniales en Guinea, Mozambique, Angola y Congo. Estaban frescas aún las victorias en Argelia y en Dien Bien Phu ante el colonialismo francés. La Conferencia de Bandung (1955) que alumbró el movimiento de paí¬¬ses no alineados, del cual Cuba fue participante, mostraba un mundo en rápida transformación.


En 1967 se fundó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en un encuentro en La Habana, que albergó a casi toda la izquierda de la región. Fidel clausuró el encuentro marcando distancias con los partidos comunistas: “Nadie se haga ilusiones de que conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirles a las masas semejante cosa las estará engañando miserablemente”.


En su crítica a los comunistas ortodoxos fue más lejos: “Hay veces que los documentos políticos llamados marxistas dan la impresión de que se va a un archivo y se pide un modelo; modelo 14, modelo 13, modelo 12, todos iguales, con la misma palabrería, que lógicamente es un lenguaje incapaz de expresar situaciones reales. Y muchas veces los documentos están divorciados de la vida. Y a mucha gente le dicen que es esto el marxismo... ¿Y en qué se diferencia de un catecismo, y en qué se diferencia de una letanía y de un rosario?”.


En los años siguientes a la crea¬ción de la OLAS se produjo un viraje profundo, en la isla y en toda la región. En octubre de ese año murió en combate el Che en Bolivia y se palparon los límites del movimiento armado. En 1968 se produjo la masacre de Tlatelolco en México. La anunciada cosecha de los diez millones de toneladas de caña de azúcar se saldó con un fracaso que llevó a la dirección cubana a acercarse a las posiciones “realistas” de la URSS. A principios de los 70 la potencia del movimiento revolucionario, tanto en el campo como en las ciudades, mostraba fragilidades y derrotas. En 1970 Salvador Allende ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente marxista en llegar al gobierno por la vía electoral.
El realismo


El realismo enterró los sueños de asaltar el poder. Sin embargo, la revolución cubana se mantuvo en el imaginario latinoamericano como una referencia ineludible, pese a los errores y los fracasos, a la restricción de las libertades y a no haber alcanzado nunca el desarrollo económico de otros países de la región.


Encuentro tres razones principales para que este fervor por Cuba (por Fidel y el Che) se haya mantenido en el tiempo.
Una: el apoyo irrestricto de la dirección cubana a las izquierdas latinoamericanas que, en el acierto o en el error, buscaban la revolución. Fue en ese periodo cuando la estrella cubana comenzó a brillar en el firmamento rebelde de la juventud latinoamericana y se fraguó el compromiso cubano con América Latina. La muerte del Che confirmaba esta vocación desde una ética del sacrificio y del ascetismo.


Dos: Fidel y los demás dirigentes cubanos cometieron errores, y algunos horrores, pero nunca se corrompieron, nunca vivieron como burgueses.


Tres: Cuba es solidaria como nunca nadie lo ha sido con los latinoamericanos. Los miles de médicos que trabajan en Haití, donde Cuba no espera cosechar nada para ella, o las decenas de miles de pobres operados gratuitamente de la vista por oculistas cubanos, están ahí como testimonio de una revolución que no los defraudó. Solidaridad que no pide nada a cambio.

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Martes, 29 Noviembre 2016 06:50

Lecciones de Fidel

Lecciones de Fidel

Realizar el sueño de Martí anunciando que venía “una revolución nueva” fue un decir y hacer del Manifiesto del Moncada y del proceso revolucionario cubano. Desde entonces las expresiones personales o colectivas de Fidel y sus compañeros del 26 de Julio, y, después, del nuevo Partido Comunista Cubano, lograron una identidad entre la palabra y el acto que es necesario entender, pues si no, no se entiende nada.


La realidad es más rica que la palabra, y ya enriquecida, ésta vuelve a enriquecerse con lo nuevo que deja ver el pensarla y hacerla. Así, en la expresión del párrafo anterior se trae a la memoria un sueño, el de José Martí, quien será realmente considerado como “autor intelectual de la revolución cubana”.


Es un sueño del pasado, pero es un sueño que anunció una revolución nueva en la que, con otros héroes e intelectuales cubanos, tendrían también fuerte presencia Marx y Lenin, y en que al socialismo de estado, encabezado entonces por la URSS, la República Popular China y múltiples movimientos de liberación nacional, Fidel y la Revolución Cubana añadirían objetivos y valores fundamentales –martianos-, en los que no sólo destaca la moral como reflexión ética sino como moral de lucha, como arma contra la corrupción, como meta para la cooperación, la solidaridad, y la mente. Esos sueños, renovados una y otra vez, buscaron y buscan superar, en todo lo que se puede, el “individualismo”, el “consumismo”, el “sectarismo” y la “codicia”, enemigos jurados de los oprimidos y explotados de la Tierra.


En algo no menos importante se diferenció la Revolución Cubana, y es que en su paso por el socialismo de estado, siempre se empeñó en lograr que sucediera a la insurrección y a la guerra de todo el pueblo un socialismo de estado de todo el pueblo. Ese objetivo planteó varios problemas ineludibles, entre ellos, la necesidad de combinar las organizaciones jerárquicas centralizadas y las descentralizadas, con las autónomas y horizontales, en que las comunidades del pueblo ejercieran una democracia directa y otra indirecta nombrando a candidatos que sin propaganda alguna merecieran la confianza de quienes los conocían.


Allí no quedó el empeño. Como reto para realizarlo se planteó, ante la opresión y la enajenación, la necesidad de animar los sentimientos, la voluntad y la mente de los insumisos, para que hicieran suyo el nuevo arte de luchar y gobernar. Al mismo tiempo las propias vanguardias buscaron liberarse de los conceptos dogmáticos que sujetaban al pensamiento crítico y creador.


Al desechar el “modelo de la democracia de dos o más partidos entre los que elegir”, un “modelo” que originalmente sirvió a aristocracias y burguesías, para compartir el poder, el Partido Comunista Cubano tampoco siguió los modelos de la URSS y China. A impulsos del Movimiento del 26 de Julio, que a raíz de su triunfo decidió disolverse, al Partido Comunista Cubano le fue asignado el objetivo de asegurar y defender la Revolución de todo el pueblo, con la participación y organización de sus trabajadores, campesinos, técnicos, profesionales, estudiantes y en general con la juventud rebelde.
La lógica de organizar el poder del pueblo estuvo muy vinculada con la de hacer fracasar cualquier intento de golpe de estado, invasión o asedio, lo que se probaría a lo largo de más de medio siglo, frente a las reiteradas incursiones del imperialismo y frente al criminal bloqueo que habría hecho caer a cualquier gobierno que no contara con la inmensa mayoría del pueblo organizado.


Si en la invasión de Playa Girón y a lo largo de su desarrollo Cuba contó con el apoyo de la URSS y del campo socialista, ni la estabilidad de su gobierno ni las reformas y políticas revolucionarias que logró emprender se habrían realizado si el gobierno de todo el pueblo hubiera sido suplantado por un régimen autoritario, burocrático o populista. El gobierno del pueblo cubano no sólo mostró ser una realidad militar defensiva, sino particularmente eficaz en el impulso a la producción, a los servicios –que en medio de grandes trabas y errores inocultables—logró grandes éxitos, muchos de ellos reconocidos como superiores a los de países “altamente desarrollados”.


A las garantías internas y externas de la democracia de todo el pueblo, de su coordinación y unidad necesarias, se añadió el carácter profundamente pedagógico y dialogal del discurso político, y todo un programa nacional de educación, que iba desde la alfabetización integral –literal, moral, política, militar, cultural, social, económica y empresarial- hasta la educación superior y el “impetuoso desarrollo de la investigación científica”.


Es cierto que en todos esos ámbitos, el movimiento revolucionario enfrentó problemas que no siempre pudo resolver, o resolver bien; pero en medio de los más de 50 años de criminal bloqueo y de incontables asedios por parte del poderoso vecino del Norte, de las corporaciones imperialistas y su complejo militar-empresarial, político y mediático, y tras la restauración del capitalismo en el inmenso campo socialista, Cuba fue y es el único país que mantiene su proyecto socialista de un “mundo moral”, o de “otro mundo posible” como se acostumbra decir, o de “otra organización del trabajo y la vida en el mundo” como dijo el clásico.


Entre las nuevas y viejas contradicciones, Cuba sigue hasta hoy poniendo en alto un socialismo que, con Martí presente, es respetuoso de todos los humanismos laicos y religiosos. Es más, Cuba sigue haciendo suya la lucha contra el poder de los dictadores y contra la opresión y explotación de los trabajadores, sin que por ello haya olvidado la doble lucha, que sus avanzadas propusieron desde el l959: “una rebelión contra las oligarquías y también contra los dogmas revolucionarios”.
Si en tan notables batallas hay contradicciones innegables, no por eso han dejado de oírse, y en parte de atenderse, enérgicas reconvenciones que con frecuencia han hecho Fidel y numerosos dirigentes históricos de la Revolución contra corrupciones, incumplimientos, abusos, que con la economía informal y el mercado negro, han sido y son –hoy más que nunca- el peligro estructural e ideológico más agresivo, que renueva y amplía la cultura de la tranza, del individualismo y el clientelismo, de la corrupción, la cooptación y la colusión.


No es cosa de referirse aquí a todo lo que frente a las incontables ofensivas, nos enseñan Fidel y la Revolución Cubana para la emancipación de los seres humanos y para la organización del trabajo y de la vida en la tierra. Ni es cosa aquí de profundizar en las lecciones que nos da un líder como Fidel que se negó a que se hablara de “castrismo”, y que logró frenar todo culto a la personalidad. Pero si hasta para sus enemigos a menudo resulta imposible acallar el respeto que se ven obligados a tenerle, no son de olvidar tantos y tantos actos de su vida que se inscriben en un reconocimiento necesario.


Este enunciado de algunas lecciones de Fidel que aparecen en sus discursos y no sólo en sus numerosas contribuciones a la Revolución Cubana, quiere ser más bien un ejercicio de pedagogía por el ejemplo, un llamado que preste atención a aquéllos modos de pensar, actuar, construir, luchar y expresarse, que permiten comprender por qué, tras la restauración del capitalismo en el “campo socialista”, con la firmeza de Fidel y del pueblo cubano, sólo la pequeña Isla de Cuba ha logrado mantener la verdadera lucha socialista, que incluye la democracia como gobierno de todo el pueblo, y como reorganización de la vida y el trabajo por una inmensa parte de trabajadores y ciudadanos organizados. Y en esa lucha, que va a las raíces de la condición humana, se cultiva y defiende el respeto a los distintos modos de pensar y creer de laicos y religiosos, con búsqueda permanente de la unidad en medio de la diversidad de insumisos y rebeldes y con una clara postura martiana y marxista.


Precisar –con otros muchos-- los pensamientos compartidos por Fidel y por las masas revolucionarias del pueblo cubano, es adentrarse en una historia particularmente rica de un pueblo en lucha por la emancipación. Fidel, el “Movimiento 26 de Julio” y el pueblo cubano son sucesores de vigorosas proezas rebeldes en las que destaca, la de Maceo, héroe primero de la larga lucha por la independencia y por la libertad, a la que siguió, como gran revolucionario, muerto en batalla, uno de los pensadores más profundos y precisos de la historia universal, como fue José Martí, expresión máxima del liberalismo radical, pues no sólo fue uno de los primeros en descubrir el imperialismo como una combinación del colonialismo y el capital monopólico, sino en descubrir los lazos de los movimientos independentistas de su tiempo con las luchas de los pobres y los proletarios, posición que lo hizo sumarse a los homenajes póstumos a Carlos Marx por haber sido éste, como dijo “un hombre que se puso del lado de los pobres”.


Fidel, y el Movimiento 26 de Julio vienen de esa cepa. En su pensar y luchar los acompaña incluso la inteligencia de aquellos teólogos que destacaron en la Habana de fines del siglo XVIII y principios del XIX, y que son un antecedente de la teología de la liberación... En las conversaciones de Fidel con Frei Betto y en numerosos actos en que el problema religioso se planteó, Fidel dio amplias muestras de un gran respeto al humanismo que se expresa en la religión cristiana y en otras religiones. Ese respeto es hoy más necesario que nunca, pues corresponde a una de las viejas y nuevas formas de la liberación humana, en lucha por el derecho a lo diferente, por la igualdad en la diversidad, ya sea de religiones o de posiciones laicas, o de variaciones de razas y de sexos o de afinidades sexuales, o de edades y nacionalidades. Bien lo dijo Fidel muchas veces: “No somos antiamericanos. Somos antiimperialistas”.


Orientarse en las lecciones de Fidel para entender y actuar en la emancipación humana, contribuye a desentrañar lo que sus palabras tienen de ejemplar y de actos para pensar y actuar en circunstancias similares, captando lo parecido y lo distinto, e incluso el quehacer del “hombre concreto que se es y que se descubre a sí mismo”, como dijo Armando Hart.
Con ese objetivo de comprensión y acción, cabe señalar --a manera de profundizar en el hilo del pensamiento--, lo que las lecciones de Fidel tienen de metas y valores: 1º para la organización, 2º para la estrategia y la táctica, y 3º para el juicio favorable o contrario a la emancipación en que se defienden y renuevan concretamente las verdaderas metas de la lucha.
El discurso político de Fidel ha sido –insistimos y precisamos otra gran tarea-- para que pueblo y trabajadores puedan defender y participar cada vez más, en la organización y marcha de un estado de todo el pueblo. El objetivo de organización se mantuvo y mantiene en más de medio siglo de bloqueo del imperialismo, y se inscribe en una cultura de la confrontación y de una concertación, que sin aferrarse a la lucha abierta, y sin ceder en los principios en “la lucha suave”, parece caracterizar a los procesos revolucionarios de nuestro tiempo. Tanto la práctica de la confrontación como la de la concertación implican medidas de organización de la moral, de la conciencia y de la voluntad colectivas. Suponen también un claro planteamiento de que la concertación puede darse en medio de conflictos y en medio de una lucha de clases que sigue incluso cuando parecen predominar los consensos. La experiencia de Cuba a ese respecto es inmensa, y no sólo en defensa de su propia revolución y por los variados enfrentamientos y acuerdos con Estados Unidos, sino por haber participado en la guerra de Angola contra el ejército del antiguo país colonialista y racista de África del Sur, --el más Poderoso del Continente-, y tras haber ayudado a su derrota, y haber logrado que se sentara en la mesa de negociaciones hasta llegar a un compromiso de paz. Si la historia de la guerra y de la paz en África, con un inmenso destacamento de fuerzas cubanas dirigidas por Fidel desde La Habana, es una de esas formas de la realidad que superan la imaginación, también es otra experiencia, que junto con la resistencia inconcebible a un bloqueo de más de cincuenta años confirma la capacidad de Cuba para actuar en una historia en que como la de Colombia, también combina un proceso revolucionario que alterna confrontaciones y concertaciones. Si semejante posibilidad está y estará llena de incógnitas, nada impide explorar los nuevos terrenos de la guerra y la paz en un mundo cuyo sistema de dominación y acumulación se encuentra en crisis terminal.


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Las lecciones Fidel en el juicio de las conductas seguidas son también particularmente creadoras y fecundas en la crítica de aciertos y desaciertos, y no sólo de conductas políticas o morales --con llamados de atención, dictámenes favorables o desfavorables, aprobaciones y reprobaciones, elogios y estímulos, sino, con sus reflexiones sobre las mejores formas de actuar para alcanzar las metas emancipadoras.


En cualquier caso es indispensable tener presente que las lecciones de Fidel, incluso cuando a primera vista suenen a veces como meras formas de hablar, obvias o elementales, encierran a menudo formas de incesante conducta real antes desacostumbrada, antes desentendida y desoída como guía de la acción que se vive, y que sólo aparece con la vinculación de la palabra y el acto. Con esa amalgama se hace la historia.


En aquél discurso que Fidel pronunció la noche del 8 de enero de 1959, a su llegada a la Habana, dijo entre sus primeras palabras: “...la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa...Y sin embargo queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil: quizás en lo adelante todo sea más difícil...” Y a esa afirmación que podía frenar el ilimitado entusiasmo reinante añadió, más como explicación que como excusa: “Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario...” Aclaró lo que entraña no engañar ni engañase. “¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados.” El mensaje era la primera lección del arte revolucionario de gobernar para ganar. No engañar al pueblo ni dejar que el pueblo se engañe con los triunfos. Y tras narrar, como ejemplo, en qué forma, decir la verdad, había servido para el triunfo del ejército rebelde, concluyó: “Y por eso yo quiero empezar –o mejor dicho, seguir—con el mismo sistema, el de decirle al pueblo siempre la verdad.”.


La práctica de la verdad y la práctica de la moral serían los valores y los medios de una lucha revolucionaria, que además organizaría su legítima defensa, frente a las tradicionales ofensivas de “la zanahoria y el garrote”, de la corrupción y la represión permanentemente renovadas y armadas por la oligarquía y el imperio. Tanto la verdad como la moral practicadas serían constitutivas de un proceso que necesariamente tendría que armarse para defenderse.


En aquel discurso en la Plaza de la Revolución en que Fidel empezó a definir cómo sería la democracia en Cuba, y en aquella plaza donde había un inmenso “lleno” de guajiros y de trabajadores de la caña, de las fábricas y de los servicios, Fidel le preguntó al pueblo: “En caso de tener que escoger, ¿qué preferirían? ¿Un voto o un rifle?” Y se oyó un grito gigantesco: “¡Un rifle!” El clamor vehemente y el gozo inmenso de la multitud, determinó la meta y la organización de un ejército y un estado del pueblo y de los trabajadores. De paso expresó la temible dificultad que para los imperialistas presentaría invadir a Cuba...Fue esa una de las primeras clases para aprender a tomar decisiones. Planteó, además, uno de los más difíciles problemas a resolver: el de la lucha política y armada de todo el pueblo, y el de la construcción de un estado de todo el pueblo, con mediaciones que de por sí eran distintas a las mediaciones de los estados de corporaciones y complejos, pero que requerían combinar a la vez los conocimientos especializados que se trasmiten en institutos y universidades con el saber de los pueblos. Lograr una decisión acorde con el proyecto del estado del pueblo, y lograrla con el saber del pueblo y con el uso óptimo de los conocimientos técnicos y científicos más avanzados sería a lo largo de toda la historia cubana, una de las principales tareas de toda la población militante y trabajadora con sus distintas especialidades y conocimientos. En ella el aprender a aprender fue y es una experiencia muy rica para cada uno y todos los participantes.

En ella también destaca la organización de un estado y un sistema político que para ser de todo el pueblo y para ser a la vez eficaz en la defensa, en la producción, en la distribución, en el intercambio, en los servicios tiene que plantearse constantemente el problema de la libertad y la disciplina sin que una avasalle a la otra ni disminuya su respectivo peso en las argumentaciones y las decisiones. A ese objetivo –que necesariamente debe vencer muchas contradicciones-- se añaden combinaciones de estructuras y comportamientos que tradicionalmente se plantearon como opuestos. Para funcionar en el interior de la Isla y en sus relaciones internacionales, el estado del pueblo revela una necesidad ineludible el combinar las organizaciones coordinadas con las jerárquicas centralizadas y descentralizadas; el combinar la democracia directa con la democracia representativa, de donde deriva el problema del Estado de todo el pueblo y del Partido Comunista de la Revolución Nueva, Martiana y Marxista, con militantes cuyos méritos comprobados puedan ser confirmados una y otra vez y cuya misión consiste en lograr el mejor funcionamiento y coordinación de las fuerzas y empresas estatales, y en la defensa e impulso de una revolución democrática y socialista, de veras nueva por sus prácticas y principios, por su moral comprobada en la conducta, y por “su hablar a la conciencia del hombre, al honor del hombre, a la vergüenza del hombre...”


Las contradicciones que en el proceso necesariamente aparecen corresponden por un lado a las de una “clase subordinada” –como diría Gramsci-; pero subordinada al Poder del Pueblo y no al de las corporaciones, y en que al motor moral e ideológico de exigencias ejemplares en sus miembros, se añaden los oídos y los ojos del propio pueblo, organizado desde las asambleas locales hasta la Asamblea Nacional del Poder Popular.


Si en todo este proceso, la moral de lucha y cooperación es fundamental, precisamente lo es porque se trata de hacer una “revolución nueva” como dijo el Manifiesto del Moncada, cuyo propósito vital consiste en “realizar el sueño irrealizado de Martí”, y en la que “...lo decente y lo moral es raíz fuerte y poderosa de lo revolucionario recordando que la base de la moral está en la verdad” como también señaló Fidel en su lección sobre la vanguardia. “La vanguardia – sostuvo—trasmite con su acción y su pensamiento, la teoría, la ideología revolucionaria que viene de un marxismo no sólo aprendido de los libros sino de las experiencias propias en la vida”. Y en relación al conocimiento, desde los inicios de la Revolución, Fidel precisó que como parte esencial, el método del saber y el hacer se apoya en el saber anterior del pueblo y en el que adquiere en el curso de la lucha, como había dicho el “Ché”.


Es cierto que al destacar palabras y actos a los que ninguna revolución había dado semejante peso ni en sus teorías, ni en sus ideologías, ni en su práctica, es necesario añadir dos comentarios más que de ellas derivan: uno es que representan no sólo a la nueva revolución que se inicia en Cuba, sino a la que debe plantearse en el mundo entero –con el pensar y el hacer de la inmensa variedad de pueblos, naciones y condiciones en la lucha de clases.


Dominar totalmente la actual desesperanza que deriva del fracaso de reformas y revoluciones que dieron al traste con la moral como filosofía vital y como práctica colectiva e individual, es sin duda el camino que habrá de seguir la Humanidad para salir de esa terrible desesperanza que señaló recientemente Noam Chomsky en palabras precisas.


Superar la desesperanza es la nueva batalla y en ella Fidel con Cuba tienen otra gran experiencia que ofrecer a la Humanidad. A partir de movimientos como el de Cuba, y tomando en cuenta el estado actual de las luchas, de las organizaciones y de la conciencia rebelde, como en el llamado del Moncada, se ha vuelto necesario plantear en el mundo entero una Revolución realmente nueva. Y si en Cuba encontramos logros increíbles alcanzados en la lucha por una independencia, un socialismo, una democracia y una libertad de veras, y vemos que en ella hay aún serias limitaciones a superar, en ella encontramos también lo más avanzado que en la organización del trabajo y la vida ha alcanzado la Humanidad. Cualquier intento por salir de la desesperanza necesitará más pronto de lo que nos imaginamos tomar en cuenta las aportaciones de Cuba para la organización de otro mundo posible Y al hacerlo encontrará confirmada la aportación de Cuba a una nueva revolución democrática y socialista, leyendo la sentencia que se dictó contra los intentos conspirativos de un grupo que bajo los auspicios de la URSS pretendió organizar un Estado y un Partido como los que –en su largo ocaso—la URSS implantó en los países satélites y en su propia tierra.


Abordar el problema en relación al debate que se da sobre la democracia directa y la representativa, y de la Revolución social en que los pueblos se organicen en formas puramente horizontales, es fundamental para advertir el sentido que Fidel ha dado a una y otra posición en el curso de sus palabras y sus juicios.


Entre los problemas que plantea la alternativa uno es el que se refiere a las limitaciones y contradicciones internas de los propios partidos y organizaciones comunistas, socialistas, populares y de liberación nacional o regional. Es cierto que el control de los gobiernos por los pueblos es la solución fundamental pero que su organización debe hacerse, a sabiendas –entre otras fuentes—de lo que le dijo Fidel en Chile a una inmensa multitud, cada vez más presionada por los agentes provocadores de la CIA, por los “maoístas”, ya infiltrados de arriba abajo, y por organizaciones supuestamente más radicales que la Unidad Popular encabezada por el Presidente Allende. Cuando Fidel, tras un emocionante discurso en la Plaza Municipal de Santiago, ya tenía ganada a la multitud y levantando la mano y la voz le preguntó animoso: “¿Ustedes creen que el pueblo se equivoca?” y el pueblo le contestó con un clamoroso ¡NOOOOOO! Fidel le contestó a toda voz, como si estuviera conversando: “Pues fíjense que sí”. A lo que sucedió una inmensa risa solidaria contra los provocadores del golpe, y en apoyo a Fidel y la Unidad Popular.


Tiene razón Marta Harnecker cuando en su América Latina y el socialismo del siglo XXI a diferencia de lo ocurrido en el XX afirma que “debe ser la propia gente la que defina y fije las prioridades”, la que controle eficiencia y honestidad de un trabajo “no alienado” y de cualquier vicio burocrático, administrativista, centralista y autoritario. Ella misma hace ver que no estamos contra la democracia representativa sino contra la que no es representativa de los trabajadores y las comunidades. Marta Harnecker recuerda que Marx plantea que hay que descentralizar todo lo que se pueda descentralizar, y sostiene con razón que el estado que tiene fines sociales lejos de debilitarse se fortalece con la descentralización. Hoy, en México, el zapatismo por su lado ha realizado el máximo empeño para que los pueblos y comunidades aprendan a gobernar y para que el estado del pueblo se integre de tal modo al pueblo que ya no se pueda hablar del estado sin referirse al pueblo, y a las comunidades, no sólo organizadas en formas coordinadas y jerárquicas, sino en redes de resistencia, cooperación y “compartición”, que dominen las artes y las ciencias así como el saber popular, y que a la cultura general del aprender a aprender y a informarse añadan conocimientos especializados, que puedan cambiar si lo quieren a lo largo de la vida. Por su parte ese gran pensador que fue el comandante bolivariano Hugo Chávez hizo particular énfasis en que “sin la participación de fuerzas locales, sin una organización de las fuerzas desde abajo, de los campesinos y los trabajadores por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida”. La Venezuela del Presidente Nicolás Maduro hizo realidad ese objetivo, al organizar sus fuerzas desde abajo, dispuestas a dar la vida para defender su independencia, su libertad y su proyecto socialista...Por eso precisamente la oligarquía y el Pentágono, no pudieron realizar el “golpe blando” que tanto prepararon en todos los terrenos contra el pequeño pueblo del Caribe, rico en petróleo..

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En el párrafo citado, Chávez recuerda que el proyecto del control del poder por las comunidades, fue el de los soviets con que Lenin quiso estructurar el estado de los trabajadores y las comunidades de la Unión Soviética, y añadió con razón que con el tiempo, la URSS “se convirtió en una república soviética sólo de nombre” y, ahora, hasta el nombre se ha quitado.
Si tras esta exploración del cuerpo político y revolucionario del siglo XXI volvemos a las lecciones de Fidel, recordamos aquélla, entre muchas, más con que queremos dar término a este breve recuento. En el juicio a Escalante y a propósito de las intromisiones de la Unión Soviética -que en tantos otros casos apoyó a Cuba, pero que no por su solidaridad tenía derecho alguno de patrono-, el pensamiento de Fidel, del Fiscal, del Partido, y de Cuba Revolucionaria precisó claramente lo que la Revolución en esa Isla es dentro de la historia universal y por lo que puede contribuir tanto --con sus experiencias—a la historia universal.


Con el juicio a Escalante y su grupo se derrotó deliberadamente la intención de hacer de Cuba un satélite de la URSS. La sentencia del Fiscal expresó todas las lecciones de Fidel al rechazar las falsas acusaciones de Escalante y su “grupo de conspiradores” que se habían vuelto agentes de la Gran Potencia. El Fiscal, en su sentencia, negó terminantemente la falsa acusación de los conjurados contra el gobierno cubano de que estaba persiguiendo a los miembros del antiguo Partido Comunista, antes llamado Partido Socialista Popular, y afirmó que no sólo gozaban éstos de todo respeto sino que se les consideraba como miembros activos de la Revolución. El Fiscal denunció calumnias miserables, como que había un frente antisoviético y tachó de serviles a quienes lanzaban tales infundios. Y lo más importante, se expresó en un párrafo en que se advierte que las lecciones de Fidel ya se habían vuelto lecciones de colectividades, Ese párrafo decía “Lo que no nos perdonan estos enanos es ser capaces de pensar y actuar independientemente, al apartarnos de los clisés de los manuales, lo que no nos perdonan es la fe en la capacidad de nuestro pueblo para seguir su camino, la decisión de dar nuestro aporte a la causa revolucionaria.” Y añadía: “Nadie puede endilgarnos el calificativo de satélites y por eso se nos respeta en el mundo. Y ésta nuestra práctica revolucionaria, es una actuación conforme al marxismo—leninismo, a la esencia del marxismo-leninismo”, una esencia que concretamente deriva de la acción y la reflexión del pensar y el hacer revolucionario en el acá y el ahora y no en el antes y el allá.


Si la situación crítica del mundo y de sus alternativas ha sembrado la desesperanza, hay grandes experiencias para la organización de la libertad, de la vida y el trabajo en otro mundo posible y necesario. Entre ellas destaca la Cuba marxista y martiana.


Podríamos detenernos en muchas otras lecciones fundacionales, precisarlas y ampliarlas, pero en la imposibilidad de incluir su inmenso número y de analizar con detalle las formas de actuar a que las lecciones conducen, voy a destacar algunas más, relacionadas con las motivaciones y acciones conducentes al logro de las metas revolucionarias.


Fidel –en sus reflexiones y acciones- plantea una lucha, una construcción y, una guerra integral que incluye los problemas empresariales, militares, políticos, ideológicos y culturales, así como los de la comunicación y la información. Aquí las lecciones adquieren un carácter de tal modo colectivo que sólo se pueden expresar como obra de la Revolución y de las crecientes avanzadas de un pueblo que venía del “Estado del Mercado Colonial” y del “Complejo empresarial-militar-político y mediático” y que así como lo dejaron, con la cultura que lo dejaron, con la moral que en a muchos de sus miembros enajenados dejaron --a muchos de sus miembros enajenados--, con el analfabetismo integral que a tantos de ellos la opresión les impuso, y, eso sí y también con numerosísimos contingentes de admirable resistencia moral, intelectual y colectiva, que entre todas esas desigualdades, frenos y también virtudes innegables, inició la marcha de la emancipación y aprendió, con las juventudes revolucionarias, a aprender mucho de lo que su memoria y saber ignoraban, y que él y las juventudes fueron haciendo suyo.


La construcción del nuevo poder se inició al mismo tiempo en el estado, en el sistema político, en la sociedad, en la defensa integral, en la cultura y la economía, en la información y la comunicación, el arte y la fiesta. Adentrarse en ella puede empezar por la construcción y la transición a un estado del poder del pueblo. En ese terreno Ricardo Alarcón de Quesada ha escrito –con toda experiencia- un libro sobre Cuba y su lucha por la democracia. En ese y muchos otros escritos puede verse que al objetivo de la democracia como poder (Kratia) del pueblo (Demos) en un Estado-Nación corresponde necesariamente a una variante historia de la lucha de clases y por la independencia. Entre las variaciones más profundas de esa historia se encuentra el “Período Especial” tras la disolución del bloque socialista, y el que hoy vive Cuba con el paulatino cese del Bloqueo a que la sometió Estados Unidos.


Hoy, más que nunca, la principal defensa del proceso revolucionario cubano consistirá en la atención creciente a la democracia integral, y en ella a la organización permanente del diálogo y la interacción entre sus miembros, como tarea prioritaria. Nuevamente, la democracia de todo el pueblo será el arma más poderosa con que cuente Cuba. ¡Vencerá! ¡Venceremos!


Por Pablo González Casanova es Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Alainet

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Respuesta solidaria de Cuba en la lucha contra el ébola asombra a Estados Unidos

La respuesta solidaria de Cuba a la crisis del ébola en África asombra a muchos en Estados Unidos, que se ha enfocado más en la histeria sobre el contagio aquí que en otorgar mayor asistencia al epicentro de la crisis de salud.

El envío de cientos de médicos y especialistas de salud cubanos a África –460 han sido capacitados para esta labor y los primeros 165 llegaron ya a Sierra Leona, el contingente médico más grande de cualquier país– ha obligado a que altos funcionarios y algunos de los principales medios estadunidenses resalten la respuesta solidaria.


Ahora, con la invitación de Fidel Castro a que ambos países pongan a un lado sus diferencias y sumen esfuerzos para enfrentar la crisis, el debate aquí sobre el manejo del brote del ébola ha tomado otro giro.


El New York Times, en un editorial publicado el domingo, titulado La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el ébola resalta que un país pobre, a miles de kilómetros de las naciones de África occidental que están padeciendo el brote de la enfermedad, podría terminar jugando el papel más destacado entre las naciones que están trabajando para frenar la propagación del virus

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El editorial sugiere que aunque la enorme contribución de Cuba forma parte de un esfuerzo para "mejorar su estatus en el escenario mundial (...) debe ser aplaudida e imitada".


El rotativo, que ya se ha pronunciado por un giro en la política bilateral hacia la isla y un fin al bloqueo, subrayó que es lamentable que Washington, el principal contribuyente financiero a la lucha contra el ébola, no tenga vínculos diplomáticos con La Habana, dado que Cuba podría terminar desempeñando la labor más vital. En este caso, la enemistad tiene repercusiones de vida o muerte, ya que los dos países no tienen mecanismos para coordinar sus esfuerzos a alto nivel. Para la administración Obama, este dilema tiene que enfatizar la idea de que los frutos de normalizar la relación con Cuba conlleva muchos más beneficios que riesgos.


El Times concluye citando la columna publicada por Fidel Castro en Granma este fin de semana, donde propone que ambos países deberían poner a un lado sus diferencias, así sea temporalmente, para enfrentar la amenaza global del ébola y finaliza el diario estadunidense: Tiene toda la razón.


Desde la semana pasada, el gobierno de Obama expresó su admiración por la contribución cubana.


El secretario de Estado, John Kerry, comentó el viernes ante diplomáticos extranjeros que ya estamos viendo a naciones grandes y pequeñas presentándose de maneras impresionantes para hacer una contribución en las primeras líneas. Cuba, un país de sólo 11 millones de personas, ha enviado 165 profesionales de salud y tiene planes para enviar casi 300 más.
Fue una de las contadas veces que Washington ha ofrecido palabras positivas en público hacia Cuba en más de medio siglo desde que Estados Unidos ha intentando aislar y cambiar el régimen político de la isla.


Aunque el gobierno de Barack Obama ha enviado hasta unos 4 mil militares –incluyendo ahora ingenieros y médicos– a África, no ha dejado clara su disposición de trabajar ni siquiera a un nivel mínimo con los cubanos, sobre todo en cooperar y ayudarlos con equipo medico especializado para contener el virus.


Hoy, una vocera del Departamento de Estado, Mary Harf, fue interrogada sobre el ofrecimiento de Cuba para trabajar de manera conjunta –algo que reiteró hoy el presidente Raúl Castro en la reunión de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América– y sólo respondió que no se descartaba tal posibilidad pero tampoco se confirmaba. Por tanto, se limitó a reiterar lo dicho por Kerry y reconocer la contribución significativa de Cuba.

Mientras tanto, en Estados Unidos Obama ha tenido que solicitar reiteradamente calma y advertir contra la histeria ante un creciente temor frente al ébola y la muerte del primer paciente con la enfermedad en este país, en Dallas.


No ayuda que políticos y comentaristas usen esta crisis para fomentar más temor. Un columnista del Washington Post advierte la posibilidad de que terroristas musulmanes extremistas puedan usar el ébola como arma para contagiar a los estadunidenses; otros llaman a sellar la frontera con México, advirtiendo que narcotraficantes junto con musulmanes extremistas podrían ingresar al país infectados con ébola por falta de una frontera segura.


Varias escuelas han cerrado por temor de supuestos contactos con gente que ha viajado a países de África que incluso no padecen este brote epidémico.

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