En el Día D los camiones no pudieron entrar

A pesar del despliegue permanente de la confrontación en los puentes Bolívar y Santander, a la cual se sumó un intento de ocupar el aeropuerto de San Antonio, que fue desactivado, la oposición buscó hacer un uso político de la ayuda humanitaria.


El 23 de febrero, día de la anunciada entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela llegó, y terminó. Los pronósticos apocalípticos no tuvieron lugar, no cayó Nicolás Maduro, Juan Guaidó se quedó en Cúcuta, el país no entró en una confrontación cinematográfica. ¿Alta tensión? Mucha, en particular en la zona de frontera que separa los dos países a través de tres puentes sobre un río casi seco: Simón Bolívar, Tienditas, y Santander. De un lado Táchira, las ciudades de San Antonio y Ureña, del otro Norte de Santander, con la ciudad de Cúcuta. 

La jornada empezó temprano con lo que se esperaba, una presión frontal con fuerza mediática en los puentes. Las acciones tuvieron momentos de euforia, debido por ejemplo a que un puñado de integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) decidieron sumarse a las filas de Trump-Rubio-Duque-Guaidó. La euforia bajó y con el pasar de las horas se formó la certeza de que no pasarían para el otro lado ni la gente ni los camiones.


Esa situación se tradujo en dos elementos centrales. Por un lado, el despliegue de una confrontación permanente en los puentes Bolívar y Santander, a la cual se sumó un intento de ocupar el aeropuerto de San Antonio que fue desactivado, y por el otro la utilización de los camiones con la ayuda humanitaria.


La confrontación recordó las estrategias callejeras violentas desplegadas durante el 2014 y 2017 por la derecha en varias ciudades del país, conocidas como guarimbas. Con la diferencia de estar concentradas en puentes internacionales, y contar con el apoyo explícito de los cuerpos de seguridad del Estado colombiano. El ciclo fue repetido: avanzar hacia el lado venezolano, retroceder, intentar pasar por debajo del puente en el caso del Simón Bolívar. ¿Qué debería hacer un gobierno ante un intento de invasión guarimbera financiada internacionalmente?


La utilización de los camiones tuvo tres momentos centrales. El primero el de mostrar unas caravanas en camino hacia los puentes y explotar mediáticamente las imágenes, el segundo el de mentir al afirmar que habían ingresado a Venezuela –como lo hizo el cantante venezolano Nacho al dar por terminada la jornada– y el tercero generar un falso positivo, como fue la quema de dos gandolas. La matriz fue la de acusar a la GNB, cuando quedó filmado cómo fueron jóvenes de primera línea de confrontación.


El incendio de las gandolas parece haber sido planificado, y se tradujo en la acusación a Nicolás Maduro de haber cometido un crimen de lesa humanidad, la escalada de amenazas internacionales, como la que también twitteó el senador norteamericano Marco Rubio, quien afirmó que Venezuela había disparado en territorio colombiano, y que Estados Unidos defendería a Colombia en caso de agresión.


Lo cierto es que, por fuera de esos episodios, no ocurrió lo que habían anunciado. No ingresó la ayuda humanitaria a Venezuela por ningún punto, ni por Colombia, ni por Brasil ni por el mar, no se produjo un quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, los puentes se parecieron a las imágenes ya conocidas en la estrategia violenta de la derecha, ahora en un marco más complejo. Si era el día final no lo fue, si era el punto de quiebre tampoco parece haberlo sido en la dimensión que lo anunciaron. Otra vez se generó la desilusión de la base social de la oposición, confrontada a la distancia entre las promesas de sus dirigentes –que ahora son internacionales– y las correlaciones reales de fuerza.


El chavismo, por su parte, movilizó en Caracas, fue su quinta movilización consecutiva en cinco días. En ese contexto el gobierno anunció la ruptura de relaciones con el gobierno colombiano como medida central, que se suma a las decisiones tomadas en días anteriores de cerrar las fronteras con Brasil, Colombia, y las islas de Aruba, Bonaire y Curazao.
El resultado al finalizar el 23 fue de una gran ofensiva que planteaba ser la final y no logró sus objetivos, y un gobierno venezolano que se mantuvo de pie ante la embestida que, como se sabía, golpeó en simultáneo sobre varios flancos: armados, mediáticos, psicológicos, diplomáticos, territoriales. Ese saldo final era el esperable según las fuerzas reales –sin efecto inflado por redes sociales– y sin la aparición de una carta nueva por parte de Elliot Abrams, Iván Duque o Marco Rubio.


Existe otro saldo, que es la cantidad de noticias falsas, construcciones de rumores, de datos sin comprobar, sin fuentes creíbles. Forma parte de la avalancha, el aturdimiento, la justificación de nuevas posibles acciones. El caso de los camiones quemados fue la más clara el 23. La dificultad reside muchas veces en confirmar fuentes, números, veracidad de los hechos, algo que suele quedar barrido en las lógicas de guerra que tienen a la operación comunicacional como columna vertebral. Nadie puede sorprenderse de una mentira norteamericana dentro de un asalto, el derecho a la inocencia está prohibido, la necesidad de la sospecha es permanente.


¿Qué pasará el 24 o 25? Resulta temprano saberlo, pareciera, por cómo se han dado los acontecimientos, que seguirán las presiones en los puentes sin capacidad real de ingresar a Venezuela, irán en ascenso las amenazas y reuniones internacionales, y tal vez se de un falso positivo de alta envergadura. Yo la anunció Rubio la noche del 22 al 23 cuando escribió acerca de la posibilidad de que el Ejército de Liberación Nacional, de Colombia, asesine civiles. Anunció lo que ellos mismos parecen dispuestos a hacer, cómo disfrazarlo, y a partir de allí justificar nuevas acciones, y pasar de la forma “ayuda humanitaria” a un nuevo esquema.


La frontera termina en una noche tensa, como si algo pudiera ocurrir en cualquier momento. Estamos en horas y días complejos, donde uno de los objetivos centrales del gobierno de Venezuela, del chavismo, es el de prevenir las acciones-trampas, las imágenes de violencia, la violencia misma, que dejó 42 heridos del lado venezolano el día 23. Una idea del clima social en la noche del sábado la da la tendencia del Twitter, donde cinco de las etiquetas más posicionadas son para pedir la intervención internacional. La certeza de que no lograrán derrocar a Nicolás Maduro, democráticamente electo, por fuerza propia, parece ser mayoritaria.


 Los camiones que partieron desde Brasil tampoco entraron

Choques en el límite

La frontera venezolana con Brasil, también fue ayer territorio de disputa. El límite está cerrado desde el jueves luego de que el presidente de Venezuela Nicolás Maduro lo dispusiera, pero eso no impidió que llegaran ayer dos camiones con ayuda humanitaria desde Brasil. En simultáneo, la frontera fue escenario de enfrentamientos entre manifestantes y efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana. La secretaría de gobierno del estado de Roraima informó, por su parte, que hubo al menos cinco heridos. Por otro lado, un portavoz de la ONG venezolana Foro Penal aseguró que en los enfrentamientos murieron dos personas y la oposición venezolana denunció el deceso de cuatro.


Los dos vehículos con ayuda humanitaria consiguieron transportar solo una pequeña parte de las 200 toneladas que se acopiaron en el gigante suramericano y estuvieron ayer varias horas a 300 metros del puesto fronterizo de Pacaraima. A pesar de que el autoproclamado presidente Juan Guaidó anunciara que los camiones habían logrado entrar a Venezuela, horas después una exdiputada venezolana exiliada en Brasil desmintió la versión y aseguró que los vehículos con alimentos y medicinas se retiraron hacia el interior de Brasil por miedo a nuevos conflictos. “La idea es que esa ayuda ingrese pacíficamente y sin ninguna violencia”, señaló, la ex diputada Yuretzi Idrogo, después de que algunos grupos de manifestantes antichavistas amenazaran con prender fuego la bomba de gasolina de los vehículos.


Los incidentes comenzaron cuando un grupo reducido de manifestantes indígenas, que se congregaron en la zona neutral de la frontera entre ambos países para acompañar el frustrado envío de la ayuda, comenzaron a tirar piedras contra las autoridades venezolanas. Luego de unos minutos, decidieron lanzar varias bombas molotov contra la guardia venezolana, que respondió lanzando bombas lacrimógenas con intención de obligarlos a retroceder. En paralelo, la Policía del estado brasileño de Roraima entró en acción para intentar llevarse a esos manifestantes hacia el interior del territorio brasileño. Terminado el enfrentamiento, la opositora Asamblea Nacional venezolana denunció que la disputa terminó con cuatro muertos y más de 20 heridos de balas. “En Santa Elena de Uairén han matado a cuatro personas y dejaron más de 20 heridos”, dijo el diputado opositor Juan Andrés Mejía. El oficialismo, por su parte, aún no dio información. Este saldo se suma a otros dos muertos que dejó otro enfrentamiento la tarde del viernes.


En simultáneo, el mandatario venezolano presidía un acto en Caracas donde se refirió a su país vecino y dijo estar dispuesto a comprarle alimentos para subsanar las carencias de Venezuela. “Nosotros hemos estado dispuestos a comprar todo el arroz, toda la carne que nos manden de Brasil (...) pero pagándolo chin-chin al contado. No somos mala paga”, dijo Maduro en el acto “En defensa de la revolución” en Caracas. Seguidamente se refirió a la Unión Europea y dijo que también está dispuesto a una asistencia por parte de ellos pero en términos legales y formales. “¿Nos están bloqueando medicinas?, les dimos la lista completa de medicinas, ¿nos están bloqueando alimentos?, les dimos la lista completa de necesidades. Todo lo que envíe la UE lo vamos a pagar, no somos mendigos de nadie”, enfatizó en el mismo discurso en el que más tarde anunció el fin de las relaciones diplomáticas con Colombia.

 

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Sábado, 23 Febrero 2019 06:28

Rusia acusó a EE.UU. de armar a opositores

Rusia acusó a EE.UU. de armar a opositores

El Gobierno ruso acusó ayer a Estados Unidos y a sus aliados de la OTAN de trabajar en planes para entregar armas a la oposición venezolana.


“Hay información acerca de que empresas estadounidenses y sus aliados de la OTAN trabajan en la cuestión de la compra de grandes lotes de armas y munición en un país de Europa del Este para transferirlos seguidamente a las fuerzas opositoras de Venezuela”, afirmó en rueda de prensa la portavoz de Exteriores, María Zajárova.


Mencionó ametralladoras pesadas, lanzagranadas automáticas, sistemas de defensa aérea portátiles (Mapnads) y varios tipos de artillería como posibles suministros, según la agencia Interfax.


Sostuvo que Estados Unidos –que apoya al autoproclamado presidente encargado de Venezuela y presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó– está planeando transferir las armas a la oposición de Venezuela “a principios de marzo” en varias tandas. Ello se hará con la ayuda de aviones de carga de “la empresa estatal (ucraniana de transporte y aviación) Antónov, entre otros”.


La portavoz del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, aseguró que Estados Unidos está desplegando “fuerzas especiales y equipamiento militar cerca de la frontera venezolana”. Zajárova alegó que Estados Unidos planea cruzar la frontera “bajo el pretexto del envío de ayuda humanitaria”.


Rusia, que apoya al presidente venezolano, Nicolás Maduro, cree que se prepara “una peligrosa provocación a gran escala” liderada e instigada por Estados Unidos para hoy, con el “cruce de la frontera venezolana de un supuesto convoy humanitario que puede provocar enfrentamientos entre partidarios y opositores” del mandatario.


Con ello Washington pretende crear “un pretexto conveniente para una acción militar para apartar del poder al actual presidente legítimo del país”, recalcó la portavoz de Exteriores. Guaidó reafirmó este jueves en un “decreto presidencial” la autorización para el ingreso de la ayuda humanitaria que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro se niega a aceptar, y pidió a los militares actuar de acuerdo a su instrucción.


Mientras aumenta la tensión en la frontera, ayer se supo que los venezolanos que han salido del país a causa de la crisis política y económica son ya a 3,4 millones, de los que 2,7 millones se encuentran en otras naciones de América Latina, de acuerdo con la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).


Los organismos de Naciones Unidas manejaban hasta ahora la cifra oficial de 3 millones de refugiados y migrantes venezolanos, 2,4 millones de ellos en países de la región. “Las salidas continúan creciendo sin parar”, señalaron en un comunicado los dos organismos, que calculan que unos 5.000 venezolanos huyen de su país cada día, por lo que si continúa el ritmo la cifra total superará los 5 millones a finales de este año.


Colombia es el principal país de acogida, con 1,1 millones de inmigrantes y refugiados, seguido de Perú (506.000), Chile (288.000), Ecuador (221.000), Argentina (130.000) y Brasil (96.000), según las cifras publicadas ayer por OIM y Acnur.


“Los países de la región han mostrado una enorme solidaridad con los refugiados y migrantes de Venezuela, y han puesto en práctica hábiles soluciones para ayudarlos”, destacó el representante de Acnur y OIM para el país suramericano, Eduardo Stein. Pese a ello, “las cifras muestran la presión que sufren las comunidades de acogida y la necesidad de apoyo por parte de la comunidad internacional, en un momento en que ésta sigue con atención los acontecimientos políticos en Venezuela”, añadió.


Las agencias de la ONU subrayaron ayer también un fuerte aumento de las demandas de asilo por parte de ciudadanos venezolanos, ya que sólo en 2018 presentaron 232.000, de un total de 390.000 en los últimos cinco años.


El viceministro de Comunicación Internacional de Venezuela William Castillo, dijo que la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) manipula las cifras de migraciones de venezolanos, que de acuerdo al organismo se ubica en 3,4 millones. “No nos extraña de Acnur, que particularmente ha venido participando activamente, a través de algunos funcionarios de Venezuela y de la región con la manipulación de cifras que no demuestran la realidad del informe”, expresó durante una entrevista en la emisora Unión Radio.
El viceministro indicó que han pedido a la OIM ayuda, para que los países liberen la data estadística que manejan, y así “no se siga manipulando la opinión pública con la cifra”. Las autoridades venezolanas aseguraron en reiteradas ocasiones que tales cifras han sido manipuladas para argumentar las denuncias internacionales de crisis humanitaria, y promover una invasión a su territorio.

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Medea Benjamin, cofundadora del grupo antiguerra Código Rosa, interrumpió ayer la rueda de prensa convocada por Carlos Vecchio (a su lado), el presunto "embajador" en Washington nombrado por Juan Guaidó, autoproclamado "presidente encargado" de Venezuela.Foto de la cuenta de Twitter de Código Rosa

Nueva York. El gobierno de Donald Trump afirmó: el hemisferio occidental es "nuestra región", y con ello justifica su política de cambio de régimen de Venezuela, mientras el representante especial de Trump para Venezuela viajará para "apoyar la entrega" de la asistencia estadunidense programada para el sábado en la frontera de Colombia, adonde se trasladará el vicepresidente el próximo lunes para declarar que es hora de cambiar el régimen de Venezuela.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó que además de la preocupación estadunidense por la "enorme crisis humanitaria" en Venezuela, "también tenemos intereses de seguridad. Esta es nuestra región. No queremos que esto sea un Estado títere cubano en Venezuela", declaró en una entrevista para un programa matutino de NBC.

Agregó que "hay muchos intereses estadunidenses" en Venezuela y que el presidente Trump está determinado a proteger al pueblo estadunidense y proveer asistencia humanitaria a esta crisis real”. Indicó que este fin de semana "nosotros intentaremos entregar" cientos de toneladas de asistencia que "el pueblo estadunidense, nuestros contribuyentes, generosamente han pagado" (aunque no mencionó si se le preguntó a ese pueblo si deseaba hacerlo).

La Casa Blanca anunció que el vicepresidente Mike Pence viajará a Colombia el lunes para reunirse con los 14 integrantes del Grupo de Lima, con quienes se enfocará en la crisis en Venezuela "para definir pasos concretos de apoyo al pueblo venezolano y una transición a la democracia". Altos funcionarios del gobierno de Trump indicaron a McClatchy y a otros medios que Pence declarará en ese momento que "es hora de que Nicolás Maduro se haga a un lado".

A la vez, el Departamento de Estado anunció que Elliott Abrams, representante especial para Venezuela –quien fue codenado penalmente por mentir al Congreso durante el escándalo Irán-contras en los años 80 y encubrió la masacre de El Mozote, entre otras violaciones de derechos humanos en Centroamérica y quien ayudó a impulsar el fallido golpe de Estado en Venezuela en 2002– viajará a la base aérea militar de Homestead, en Florida, y de ahí a Cúcuta, Colombia, el 21 y 22 de febrero "para apoyar la entrega de asistencia humanitaria a la gente más vulnerable en Venezuela, en respuesta a la solicitud del presidente interino Juan Guaidó".

Abrams, agregó el comunicado, "encabezará la delegación del gobierno estadunidense" que acompañará el envío de asistencia desde Florida hasta Colombia por aviones militares, y donde se verá con el presidente colombiano y delegaciones de otros países.

En el transcurso de las semanas recientes, Trump y su equipo, junto con legisladores clave que han promovido esta operación de cambio de régimen, han dejado en la ambigüedad si están o no preparando el uso de fuerza militar en la confrontación con el gobierno de Maduro. Cuando se les ha preguntado al respecto, han repetido que "todas las opciones están sobre la mesa".

El miércoles, el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, encargado de operaciones militares en Sudámerica y el Caribe, dijo que aunque el gobierno estadunidense está buscando una "solución diplomática" y que "la única invasión que existe ahora es la de los cubanos y rusos que están apoyando al régimen" de Nicolás Maduro, "nuestra obligación como militares profesionales es estar listos". ( https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/21/mundo/022n1mun ).

Por otro lado, Washington sigue apostando por la disidencia y hasta por la rebelión de los militares contra el gobierno de Maduro en vísperas de la confrontación programada para el sábado, cuando el "presidente interino", bautizado así por el gobierno de Trump, llamó a la entrega de asistencia estadunidense en una maniobra coordinada con el régimen estadunidense.

El New York Times reportó este jueves que en una entrevista exclusiva, Hugo Carvajal, el ex jefe de inteligencia militar de Venezuela hasta 2012 y actual diputado del partido chavista, denunció a Maduro como "dictador" rodeado de un grupo de "corruptos" ligados con el narcotráfico y Hezbollah, pidió a los oficiales militares romper con su jefe antes de este sábado para apoyar el ingreso de la ayuda "humanitaria" y respaldar a la oposición.

El rotativo señala que lo de Carvajal es parte de "una ola de deserciones" de funcionarios y oficiales militares del gobierno y la presión sobre el presidente, a sólo tres días de "la posible confrontación por el paso de la ayuda humanitaria en la frontera con Colombia".

El propio Carvajal, reportó el rotativo, también ha sido acusado de participación en el narcotráfico por autoridades estadunidenses.

Algunos observadores comentaron que sus declaraciones al Times en esta coyuntura parecerían ser parte de un acuerdo de denunciar a su gobierno a cambio de algo.

Por otro lado, activistas antiguerra de Código Rosa irrumpieron en una conferencia de prensa convocada por Carlos Vecchio, el autoproclamado embajador venezolano del "interino" Guaidó en Washington. Medea Benjamin, cofundadora de la agrupación, subió al podio y declaró que “esta gente son un fraude, no representan al pueblo venezolano, están representando un golpe orquestado por Estados Unidos… esta gente aquí quiere llevar a Venezuela en un camino hacia la guerra civil e intervención estadunidense”. Una colega la acompañó con una pancarta: "No al golpe en Venezuela" ( https://twitter.com/codepink/ status/1098653554204565504 ).

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Maduro cerró la frontera venezolana con Brasil

Maduro dijo que evalúa tomar una decisión similar con la frontera colombiana. Más tarde anunció el arribo al país 7,5 toneladas de medicamentos y material quirúrgico procedentes de Rusia para fortalecer el sistema de salud.

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, cerró ayer la frontera con Brasil. La decisión llegó un día después de haberse tomado la misma medida con la isla de Curazao. El mandatario anunció, asimismo, que estaba evaluando un decreto similar que afecte la frontera con Colombia. En estos tres países se está almacenando la ayuda internacional humanitaria que el autoproclamado presidente interino Juan Guaidó espera que entre a Venezuela el próximo sábado. Maduro reiteró que estas donaciones forman parte de un show para invadir militarmente el país y desalojar al chavismo del poder.


“He decidido que en el sur de Venezuela a partir de las 20.00 horas (hora local) de hoy jueves 21 de febrero (por ayer) queda cerrada total y absolutamente, hasta nuevo aviso, la frontera terrestre con Brasil”, dijo el mandatario durante una reunión con militares en el caraqueño Fuerte Tiuna, el mayor cuartel del país.


Además, el mandatario dijo estar evaluando cerrar la frontera con Colombia, donde también se almacenan ayudas para Venezuela. “En el año 2015 tomé la decisión de cerrar las fronteras con Colombia de manera temporal, yo no quiero tener que tomar una decisión de esas características, pero lo estoy evaluando, un cierre total de la frontera, lo estoy evaluando, hombre prevenido vale por dos”, dijo el gobernante. En ese sentido, afirmó que desde Colombia se alistan falsos positivos o fake news para justificar el ingreso a Venezuela de militares extranjeros, y responsabilizó al presidente de este país, Iván Duque, de cualquier acto de violencia que pueda ocurrir en la frontera entre las dos naciones. Al mismo tiempo, hizo un llamado a los militares colombianos a no prestarse a ninguna agresión contra Venezuela.


En la reunión con el alto mando militar, Maduro se refirió también al cese del tráfico aéreo privado y comercial y marítimo a las islas de Aruba, Bonaire y Curazao –donde también se acopia ayuda enviada desde Miami–, todas territorios políticos de Países Bajos donde se encuentran también bases militares estadounidenses–, y dijo que se vio obligado a hacerlo porque se estaba preparando una provocación. “Más vale prevenir que lamentar, tomen todas las medidas de aseguramiento y protección hasta nuevo aviso porque las provocaciones hay que trabajarlas con tiempo para desmontarlas, así de sencillo”, indicó.


Más tarde, en desde el Palacio de Miraflores, Maduro anunció que habían arribado ayer al país 7,5 toneladas de medicamentos y material quirúrgico procedentes de Rusia para fortalecer el sistema de salud. En una reunión con representantes de Rusia, Cuba y de la Organización Panamericana de la Salud, volvió a denunciar la existencia de una persecución económica y financiera contra su país, además de un bloqueo por parte de Washington, lo que provoca que a los venezolanos se les dificulte la adquisición de medicamentos.

“Afortunadamente tenemos buenos amigos en el mundo y contamos con el apoyo del sistema de Naciones Unidas, de la Organización Panamericana de la Salud, de la Organización Mundial de la Salud”, destacó el mandatario, citado por al cadena Telesur. Asimismo, Maduro hizo mucho énfasis en que el gobierno venezolano paga por los cargamentos con medicinas. “Es asistencia humanitaria, apoyo humanitario porque está venciendo un bloqueo, pero los venezolanos no somos mendigos de nadie y por eso nosotros procedemos a cancelar todas nuestras obligaciones”, sentenció, en referencia a los cargamentos que llegaron a Colombia, Brasil y Curazao y que la oposición pretende ingresar a Venezuela el próximo sábado.


En la caliente frontera entre Colombia y Venezuela, ayer se empezó a instalar una tarima en el puente Tienditas, que conecta el estado venezolano de Táchira con tierra colombiana, y que servirá para el concierto que comenzará el viernes y se extenderá hasta el domingo con una fuerte presencia militar en la zona. Medio centenar de agentes de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional Bolivariana custodian el puente, una infraestructura sin estrenar que conecta la localidad venezolana de Ureña con la ciudad colombiana de Cúcuta pero que por las tensiones entre ambos países se ha mantenido cerrada.


La plataforma dispuesta por el Gobierno de Maduro para el llamado Gran concierto por la paz albergará a los más de 40 artistas que cantarán desde el viernes. El cartel de artistas incluye solo nombres de solistas y agrupaciones locales, exponentes de géneros como rock, pop, ska, reguetón, merengue, salsa y folklore nacional. Hasta ahora no se conoce si habrá invitados internacionales y la hora de inicio de este concierto tampoco se ha confirmado, aunque allegados a los organizadores estiman que comience sobre las 12 del mediodía (hora local), cuando las temperaturas regularmente son cercanas a los 30 grados centígrados. El recital en cuestión es una respuesta del mandatario a otro concierto que tendrá lugar también en el puente Tienditas pero del lado colombiano, organizado por la oposición.

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La oposición buscaría ejercer poder desde un espacio geográfico estratégico

Un recorrido fronterizo muestra a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana movilizada, alerta, en primera línea. Del lado colombiano, Cúcuta se construye como epicentro de la llegada de la ayuda enviada por EE.UU.

Desde Táchira


El primer paso fue el gobierno paralelo. Comenzó en el 2017 con el Tribunal Supremo de Justicia funcionando fuera de Venezuela, seguido de la Fiscal General prófuga, completado el reconocimiento de la Asamblea Nacional como único poder legítimo, y el autonombramiento de Juan Guaidó como presidente interino el 23 de enero. El segundo paso fue el reconocimiento internacional del gobierno, conducido por Estados Unidos (EEUU), sus aliados, el nombramiento de representantes diplomáticos, y directivos para Citgo, la petrolera situada en norteamérica de la cual Pdvsa es socia mayoritaria y ha sido objeto del ataque económico planificado por EEUU. La hipótesis es que el tercer paso sería el territorio.
Esa posibilidad se desprende de una periodización del ataque contra Venezuela. Existe un hilo con objetivos que se han cumplido, otros que están en desarrollo, y en función de los resultados, nuevas posibilidades. Es un rompecabezas donde se cruzan las variables de manuales de operaciones especiales del ejército norteamericano, experiencias como el caso sirio y libio, y la aplicación para el escenario venezolano.


La hipótesis del territorio liberado se extrae de la necesidad que tendría el intento de gobierno paralelo de ejercer poder desde un espacio geográfico determinado que no sean las redes sociales, y quebrar el territorio nacional. Para eso han barajado varios puntos, como el estado Falcón, por su distancia de veinte millas náuticas de Aruba y la presencia de la refinería Amuay, el estado Anzoátegui, por tener puerto, aeropuerto, y el complejo petroquímico donde se refina el 40% del petróleo de la Faja Petrolífera del Orinoco, y el estado Táchira. Lo explica Freddy Bernal, nombrado protector de Táchira por Nicolás Maduro luego de la victoria de la oposición en la gobernación.


Táchira es el punto que parece haber predominado dentro de esas posibilidades. Por la frontera con Colombia y sus características geográficas, Colombia como socio de la OTAN, las bases militares norteamericanas en su territorio, una retaguardia estratégica, el apoyo de fuerzas interventoras, y la presencia del paramilitarismo que tiene particular fuerza en esa franja. El análisis se reafirma con la lectura de las matrices comunicacionales, la construcción de Cúcuta como epicentro de la llegada de ayuda humanitaria, punto de consolidación de consensos con el concierto el día 22 de febrero, y desde el cual intentar armar el escenario de apertura de un corredor a partir del 23.


¿Cuánta distancia existe entre esa hipótesis –si fuera la correcta y predominante– y las posibilidades reales de llevarla adelante? La primera pregunta sería con qué fuerza armada podrían hacerlo. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), carta determinante en el esquema de asalto, no se ha quebrado ni a nivel central ni en Táchira. Un recorrido fronterizo muestra una Fanb movilizada, alerta, en primera línea. Si no es la Fanb, debería entonces ser un ejército irregular, paramilitar, es decir compuesto de un conjunto de elementos, como mercenarios formados en guerras de Medio Oriente, grupos paramilitares, bandas criminales, ejército colombiano presentado de forma de guarimba paramilitarizada, y generales norteamericanos tras las sombras.


¿Cuántos hombres y mujeres y qué tipo de armas deberían tener para liberar un municipio, una zona del estado, la mitad del estado, todo el estado? ¿Qué seguiría después? Liberar significa mantener bajo control, un esquema diferente al 2017 en su formato guarimba paramilitarizada que consistía en olas de violencia/terror y ataques militares focalizados a cuarteles, por ejemplo. Este formato implicaría que gobierno, Fanb, no pudieran recuperar ese territorio. ¿Existen condiciones para un esquema de esas características?


“Tenemos la capacidad de inteligencia, y la Fanb, con la capacidad para derrotar cualquier grupo apenas cruce la frontera para perturbar la paz y la tranquilidad de Venezuela. La fuerza aérea venezolana es de las más fuertes de América Latina, con el último equipamiento en aviones Sukoi, de alta tecnología y última generación. El sistema de defensa antiaéreo que compró Chávez a Rusia es de los mejores que existen en todo el continente, con capacidad de neutralizar misiles y aviones de cualquier tecnología hasta 200 kilómetros, y por supuesto nuestra Fanb tiene un apresto operacional que está desplegado a lo largo y ancho del país”, explica Bernal.


Junto a eso están preparados más de un millón quinientos mil milicianos y milicianas, de los cuales cincuenta y seis mil, repartidos en mil cien unidades están en Táchira.
Tal vez esa hipótesis no sea la predominante por la dificultad para llevarla adelante en el escenario venezolano. En ese caso la frontera sería el punto de condensación mediático-política para terminar de conformar la matriz de la imposibilidad del diálogo ante un gobierno que no dejaría entrar la ayuda humanitaria, y a partir de allí escalar en nuevas agresiones que podrían ser justificadas sobre hechos creados. En ese marco puede pensarse una acción de falsa bandera, alto impacto internacional, construida para justificar y pasar por encima de las partes internas que siguen con un freno hacia la escalada militarista.


“Los Estados Unidos, en connivencia con el gobierno de Colombia, podrían disfrazar a unos paramilitares con uniforme de Venezuela, y realizar un acto contra la población, contra algunos opositores, y luego tendrían las cámaras para demostrarle al mundo que aquí hay una dictadura que está asesinando al pueblo, y sería la excusa para poder llevarlo al Congreso de los Estados Unidos”, explica Bernal.


Otra posibilidad sería que el estado Táchira sea el foco de distracción mientras los ataques se preparan por otros flancos con menos aviso. ¿Bolívar, Zulia, la misma Caracas? O que las fuerzas paramilitares se activen bajo un esquema de acciones de saboteo, terror, asedio, en combinación con acciones internacionales. Estamos en un asalto conducido de primera mano por hombres como Elliott Abrams o John Bolton, arquitectos de masacres, que tienen todas las cartas sobre la mesa. Cada variable descartada, por imposibilidad de desarrollarla, o por desactivación gracias a la inteligencia del chavismo –como el arresto de García Palomo, quien iba a conducir acciones militares en Caracas– hará que apelen a hipótesis más complejas y directas. ¿Puede llegarse así hasta la intervención directa vía Colombia?


Son muchas las preguntas, el ejercicio de combinación de variables, posibilidades, análisis de los generales, sus fuerzas en cada ámbito, sus límites o no. Por el momento continúa la asimetría entre la correlación mediática/geopolítica/económica y la correlación en el terreno nacional. Guaidó, que sigue órdenes, mezcla un discurso de autoayuda, fe y golpismo que abiertamente plantea que la intervención norteamericana es una posibilidad. No tiene, ni él ni toda la derecha, cómo llevar adelante lo que afirman con fuerza propia.
El chavismo, por su parte, mantiene sus fortalezas que no han sido quebradas, a la espera de próximos pasos en cada uno de los ámbitos. El 23 es la próxima fecha de condensación y posible nuevo quiebre dentro de la secuencia. Eso en lo público. Los movimientos en las sombras avanzan, como lo ha denunciado, por ejemplo, Cuba al afirmar que EE.UU. mueve fuerzas de operaciones especiales hacia aeropuertos de Puerto Rico, República Dominicana y otras islas del Caribe sin conocimiento de sus gobiernos.


 El senador republicano llegó a Cúcuta, frontera con Venezuela

Marco Rubio apoya in situ

El legislador viajó a Colombia con el embajador de Estados Unidos ante la OEA, Carlos Trujillo, y el congresista Mario Díaz-Balart, con quienes supervisará la ayuda humanitaria que envió el gobierno de Trump.

El senador estadounidense Marco Rubio llegó ayer a la ciudad colombiana de Cúcuta para supervisar la ayuda humanitaria enviada por su país a Venezuela. Durante su estancia en esa localidad, capital del departamento de Norte de Santander, el republicano también tiene previsto reunirse con funcionarios del Gobierno colombiano y recorrer el puente Simón Bolívar, principal paso fronterizo entre los dos países. Rubio, senador por el estado de Florida, es uno de los congresistas más cercanos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y uno de los más férreos opositores al Gobierno de Nicolás Maduro.


“Llegué a Colombia esta mañana (por ayer). Hoy llegará una gran cantidad de ayuda humanitaria para Venezuela. Me reuniré con los funcionarios que lideran el esfuerzo de almacenar la ayuda en la frontera para entregarla al pueblo sufriente de Venezuela”, informó vía Twitter la oficina de prensa de Rubio. El legislador viajó con el embajador de Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo, y el congresista también republicano Mario Díaz-Balart, con quienes supervisará la ayuda humanitaria enviada por su país a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). Dicha agencia estuvo involucrada en una estrategia organizada desde Washington para socavar el poder del chavismo en Venezuela tras el efímero golpe de Estado en el país caribeño de 2002. Según informó el sitio de filtraciones WikiLeaks en el año 2013, fue el entonces embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, quien envió la lista de las operaciones contra el gobierno de Hugo Chávez que comenzaron a funcionar desde el 2004.

Entre ellas, figuraban los objetivos de dividir al chavismo, proteger los negocios vitales para Estados Unidos y aislar al mandatario internacionalmente. Para ello, según el documento filtrado, la Usaid donó cerca de 15 millones de dólares a 300 organizaciones antichavistas, algunas de las cuales se dedicaron a preparar falsas acusaciones de violaciones a los derechos humanos en el país para demandar a Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia con el fin de desprestigiar internacionalmente la credibilidad de las acciones gubernamentales.


Este sábado, tres aviones C-17 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos llegaron al aeropuerto de Cúcuta cargados con toneladas de suplementos nutricionales y kits de higiene, que se suman a la ayuda humanitaria que ese país envío hace una semana. Cúcuta, junto a Curazao y el estado brasileño de Roraima, son los puntos de acopio de las ayudas humanitarias, a los que se sumó, el pasado viernes, Miami.


La oposición de Venezuela instaló ayer, asimismo, una decena de campamentos a lo largo del país. En ellos se censó a miles de personas a las que, aseguran, se atenderá con la ayuda que se acopia en Cúcuta y que espera poder ingresar el próximo día 23.


Según el diputado Winston Flores, en los campamentos humanitarios se emplean sin lucro cientos de médicos, psicólogos, nutricionistas y voluntarios de los partidos políticos de la oposición, así como parte de los más de 600.000 voluntarios de una red que trabajará en el ingreso de las donaciones. En ese sentido, pidió a los militares permitir el ingreso de las ayudas ante las reiteradas negativas del Gobierno de Maduro a aceptarlas.


El autoproclamado presidente interino Juan Guaidó hizo una prioridad la entrada de ayuda humanitaria en Venezuela y ha señalado que las donaciones ingresarán el próximo 23 con el apoyo de los ciudadanos y la comunidad internacional, principalmente de naciones como Estados Unidos y Colombia, que lo reconocen como autoridad legítima del país. Guaidó convocó para ese día formar caravanas en las frontera para, dice, acompañar dicha asistencia.


El Gobierno venezolano, por su parte, niega la crisis humanitaria y dijo que no aceptará las donaciones, por considerar, entre otras cosas, que podría dar pie a una invasión armada. Así también lo cree el gobierno de Cuba, encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel. “El Gobierno Revolucionario de cuba denuncia la escalada de presiones y acciones del Gobierno de los Estados Unidos para preparar una aventura militar disfrazada de ‘intervención humanitaria’ en la República Bolivariana de Venezuela. La Comunidad Internacional debe impedirla”, había tuiteado la semana pasada el mandatario. El fin de semana, ante la llegada de los aviones estadounidenses a Colombia, reiteró su apoyo al gobierno bolivariano: “El pueblo cubano (…) exige que se respeten la soberanía y la paz. Las manos fuera de Venezuela”.

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Escala intervención de EU en Venezuela so pretexto de la ayuda humanitaria

Nueva York. Aviones militares C-17 estadunidenses despegaron de Florida este sábado para transportar toneladas de "asistencia humanitaria" supuestamente destinada a Venezuela, pero que explícitamente forma parte de la operación de cambio de régimen en el país sudamericano impulsada abiertamente por Washington, mientras que el Comando Sur está preparando "opciones" para posibles misiones en la nación petrolera.

A su vez, el vicepresidente Mike Pence en una conferencia de seguridad en Munich exigió a la Union Europea (UE) declararse como bloque en favor de "reconocer como el único presidente legítimo de Venezuela" al autoproclamado "presidente encargado" Juan Guaidó, ratificado en su puesto por el régimen de Donald Trump.

Todo indica que parte de la estrategia coordinada por Washington es detonar algún tipo de enfrentamiento con el gobierno de Nicolas Maduro el próximo 23 de febrero, cuando Guaidó ha anunciado que se intentará introducir la asistencia a Venezuela desde el pueblo fronterizo de Cúcuta en Colombia, donde se están almacenando los envíos de Estados Unidos.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), representantes de los departamentos de Estado y de Defensa, así como ONG estadunidenses se están preparando para trasladar la asistencia ese día en coordinación con Guaidó, afirmaron.

Al mismo tiempo, el multimillonario británico Richard Branson, dueño del grupo empresarial Virgin, está organizando –a petición de Guaidó– un concierto con "talento musical" internacional y regional en Cúcuta el 22 de febrero, el cual se transmitirá en vivo mundialmente y que busca recaudar 100 millones de dólares para asistencia "humanitaria".

Sin embargo, en Estados Unidos casi no se menciona la notable ausencia en este esfuerzo "humanitario" de algunas de las principales entidades internacionales en este tipo de esfuerzo, por ejemplo las agencias de apoyo humanitaria de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Cruz Roja Internacional y otros.

"La acción humanitaria necesita ser independiente de objetivos políticos, militares u otros", afirmo Stephane Dujarric, vocero de la ONU, a medios esta semana pasada y expresó que la solución debería ser una negociación política de las partes. "Lo que es importante es que la asistencia humanitaria sea despolitizada y que las necesidades de la gente debieran ser la prioridad en términos de cuándo y cómo es usada la asistencia", concluyó Dujarric.

Sin embargo, Washington insiste que sólo está respondiendo a la solicitud del "presidente encargado". Hoy Robert Palladino, vocero del Departamento de Estado, declaró que “esta misión humanitaria resalta el compromiso firme y la disposición de Estados Unidos para responder a la crisis política, económica y humanitaria en Venezuela, y advirtió que "esta asistencia debe tener permiso para ingresar a Venezuela y alcanzar a los necesitados".

Sin embargo, el gobierno de Trump no oculta su objetivo de usar la "crisis humanitaria" y el envió de esta "asistencia" para su propósito de cambio de régimen, tal como lo ha denunciado el propio gobierno venezolano (https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/07/politica/002e1pol).

El enviado especial de Trump para Venezuela, Elliot Abrams –penalmente condenado por mentir al Congreso en torno al escándalo Iran-contras, defensor de regímenes represores y escuadrones de muerte en Centroamérica, y uno de los promotores del intento de golpe fallido contra Hugo Chávez en 2002–, señalo que "nuestra esperanza es que (los militares venezolanos) podrán convencer a Maduro, o sencillamente desobedecerán órdenes para evitar la hambruna del pueblo de Venezuela". (https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/14/mundo/023n1mun).

Todo esto nutre la especulación sobre si Washington está contemplando incluir en su intervención política su participación militar para derrocar al gobierno de Maduro. Aunque funcionarios del gobierno de Trump rehúsan confirmar si hay en curso preparativos para acción militar estadunidense, una y otra vez rechazan descartar esa posibilidad. El propio Trump ha repetido cada vez que se le pregunta sobre el posible uso de la fuerza militar que "todas las opciones" están sobre la mesa.

De hecho, el almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur de las fuerzas armadas estadunidenses, afirmó que "hay un rango de opciones que están sobre la mesa" y que “estamos preparados para proteger vidas estadunidenses y proteger la instalación diplomática en Venezuela, en entrevistas recientes reportadas ayer por el New York Times.

El rotativo informó que oficiales estadunidenses indican que el Comando Sur ha elaborado planes para una serie de misiones potenciales en Venezuela, entre ellas, además de las mencionadas por el almirante Faller, también participar en la entrega de la asistencia humanitaria.

El almirante acusó que hay más de mil asesores militares y de inteligencia cubanos trabajando con el gobierno ruso que han ayudado a mantener la lealtad entre la cúpula militar venezolana.

Señaló que la razón por la cual los altos oficiales venezolanos no se han volteado hasta ahora es que "Maduro ha comprado su lealtad" al ponernos en "la nómina ilícita mediante el narcotráfico, lavado de dinero y todo tipo de negocio en la industria petrolera".

Aunque legisladores demócratas, como Eliot Engel, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la cámara baja, han insistido en que el presidente no puede usar la opción militar sin aprobación del Congreso. Republicanos, incluyendo el presidente del Comité de Servicios Armados, James Inhofe, han advertido que Estados Unidos tendrá que intervenir militarmente si, por ejemplo, Rusia coloca armas o instala una base militar en Venezuela, ya que eso "sería una amenaza a Estados Unidos".

Al mismo tiempo, aunque pueda que existan diferencias sobre los métodos –sobre todo el uso no autorizado de fuerza militar– hay un consenso bipartidista en la cúpula política y mediática de Estados Unidos sobre un cambio de régimen en Venezuela. La dirigencia demócrata –incluyendo a Nancy Pelosi, presidenta de la cámara baja, además del diputado Engel– ha apoyado la posición de Trump de denunciar y exigir el fin del régimen de Maduro, y sólo algunos legisladores disidentes se han atrevido a cuestionar la narrativa oficial.

Trump, Pence, Abrams y el secretario de Estado, Mike Pompeo, al igual que el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton, han repetido que el único resultado aceptable es la salida de Maduro y su gobierno. El encargado para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el cubano estadunidense Mauricio Claver-Carone, afirmó hace unos días: "La pregunta ya no es si Maduro acepta (el fin de su régimen) o no, es sobre qué tanto tiempo tomará en que lo acepte".

Mientras tanto, el representante de Guaidó en Washington, Carlos Vecchio, señaló que está trabajando muy de cerca con la gente de Trump, y su jefe estará presente como invitado en un discurso del mandatario en el sur de Florida, región donde están concentradas las fuerzas antichavistas y anticastristas en este país.

Por primera vez, en tiempos recientes, una operación estadunidense de cambio de régimen se está realizando abierta y explícitamente. Algunos observadores señalan que esta vez en lugar de estar "detrás" de un intento de golpe de Estado, Washington está "adelante", anunciándolo con anticipación.

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De las "misiones de paz" a la "ayuda humanitaria"

Por fin conocemos en detalle la participación de militares en el gobierno de Jair Bolsonaro. Un informe del diario Zero Hora, de Porto Alegre, asegura que 100 oficiales ocupan los escalones superiores del gobierno, desde el presidente y su vice hasta ministros, gerentes de las grandes estatales y puestos clave para el funcionamiento del aparato estatal (goo.gl/oG4W4N).

Los uniformados se desplegaron en lugares estratégicos que les permiten tomar o vetar decisiones sobre cuestiones que van mucho más allá de la seguridad nacional o las agencias de inteligencia. Tienen peso decisivo en las gerencias de Petrobras, Eletrobras, la represa binacional de Itaipú y la Zona Franca de Manaus. Por sus cargos en los ministerios y otras entidades, supervisan la extracción de minerales, el sistema de comunicaciones, las carreteras e hidroeléctricas.

La presencia militar es especialmente fuerte, además de los siete ministros con que cuentan, en Ciencia y Tecnología (con cinco altos cargos, además del ministro), Educación, Infraestructura, Justicia, la Caixa Económica Federal (cuarto banco de Brasil) y la Secretaría General que rodea a un presidente en conflicto con su vice, al que no ha querido traspasarle el mando durante su larga internación hospitalaria, por sencilla desconfianza. Los militares no se han limitado a los espacios que siempre han controlado, como Defensa o el Gabinete de Seguridad Institucional, sino que controlan los principales resortes de la administración.

Pero el dato que permite comprender lo que está sucediendo, es que “el núcleo duro de los militares en el gobierno de Bolsonaro son oficiales "boinas azules", que comandaron o tuvieron funciones en Misiones de Paz de las Naciones Unidas”, explica el periodista Kaiser Konrad en el citado reportaje. En este punto empiezan a develarse los nexos entre las misiones de paz y las políticas internas en Brasil y en la región.

Cinco generales del actual gobierno son veteranos de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), donde Brasil jugó un papel determinante entre 2004 y 2017. Otros tres militares de alto rango actuaron en misiones de paz en Bosnia y Angola, entre ellos el vice Hamilton Mourão, quien fue además agregado militar en la embajada en Caracas. No es casualidad que haya sido Mourão el que pregona una "salida" para Maduro, que consiste en crear un "corredor de escape" (goo.gl/tUuL6d).

Desde hace varios años venimos señalando las conexiones entre la presencia de militares brasileños en la Minustah y la ocupación militar de las favelas, entre otras políticas de orden interno que se extienden cada vez a más estados de Brasil. Hace 10 años destacamos que los militares brasileños reconocían que "las técnicas empleadas en la ocupación de la favela Morro da Providéncia, son las mismas que las tropas brasileñas utilizan en la misión de paz de las Naciones Unidas en Haití" (goo.gl/4pN4RB). Tomando el caso de Brasil, señalaba a propósito de las llamadas políticas sociales, que "el plan Hambre Cero es compatible con la militarización de las favelas" (goo.gl/XXKNTW). Ahora es necesario dar algunos pasos más, a la vista de los planes para intervenir en Venezuela.

Primero, la mayoría de las tropas de paz en Haití pertenecieron a países latinoamericanos. Más de la mitad de los 7 mil soldados provenían de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Paraguay, Honduras y Guatemala. Buena parte de ellos con gobiernos progresistas. Las fuerzas armadas de Brasil tuvieron la jefatura de la Minustah durante más de una década.

Como la tropa y los oficiales van rotando, es posible que en esos 13 años más de 30 mil efectivos de la región hayan participado en la "misión de paz", una de cuyas tareas consiste en entrenarse en "ayuda humanitaria".

Segundo, las fuerzas armadas de Brasil llevaron a Haití su experiencia militar en las favelas y las políticas socioeconómicas exitosas en el país, e importaron las experiencias obtenidas en la isla. Una investigación de Tamara Jurberg (goo.gl/3chj6x) analiza las relaciones entre la misión y las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), creadas en Río de Janeiro cuatro años después del inicio de la Minustah, para "pacificar" las favelas. Concluye que Haití fue "una herramienta para mejorar las propias operaciones militares internas", o sea, el control de los pobres.

Tercero, el autoproclamado Juan Guaidó anuncia que Brasil abre el segundo centro de acopio de ayuda en el estado de Roraima, limítrofe con Venezuela. Los militares brasileños serán los encargados de ingresar al país esa "ayuda humanitaria", coordinando con Colombia. Un general brasileño pasa a integrar, por primera vez en la historia, el Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos (goo.gl/Gxd4XU).

No habrá una invasión clásica, con bombardeos y desembarcos de marines. La invasión es la "ayuda humanitaria", estrategia que los militares prepararon durante 13 años en Haití, con el apoyo de gobiernos progresistas.

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Soldados del Ejército Bolivariano de Venezuela montan guardia en el puente internacional Las Tienditas que une a Colombia con Venezuela.Foto Ap

Caracas. Los fantasmas de Irak, Libia y Siria pasean libremente por las calles de Caracas. Son el espejo en el que líderes políticos y sociales venezolanos se miran y ven a su país. Son la referencia obligada para analizar las amenazas de intervención militar por parte del presidente estadunidense Donald Trump.

En 2003, Washington invadió Irak, con el pretexto de que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. En 2011, una intervención militar multinacional, de la que Estados Unidos fue parte, derrocó y asesinó a Muamar Kadafi y sumió al país en la ruina. Desde 2011, las potencias occidentales han auspiciado una guerra civil, y desde 2014 han realizado incursiones bélicas para deponer a Bashar al Assad.

Las intervenciones militares en estos tres países fueron justificadas inventando que sus gobiernos tenían en su poder armas químicas o de destrucción masiva o que eran un peligro para la paz y la estabilidad mundial. También, en nombre de los derechos humanos, la democracia y la igualdad de género. En los hechos, fueron verdaderas guerras de conquista y saqueo de los recursos naturales, sobre todo de gas natural y petróleo.

Resulta entonces inevitable que el chavismo analice su situación actual desde la perspectiva de las agresiones neocoloniales a esas naciones. No hay en ello novedad. Venezuela ha sido, desde 1999, un actor clave en la diplomacia petrolera que permitió elevar los precios del oro negro entre 1998 y 2012. Tiene relaciones estrechas con el mundo árabe.

El presidente Nicolás Maduro ha sido el primero en asomarse al espejo libio y sirio. Conoce bien lo sucedido en estas naciones. Fue canciller de su país entre 2006 y 2013 y artífice de la diplomacia petrolera. Por ello, reconoció en la conferencia de prensa del pasado viernes, que "hay puntos en común entre la política que llevó a la destrucción y el desmembramiento de Libia, llevó a la agresión y destrucción de Siria y la política que se ha aplicado contra Venezuela".

Y añadió: "Se pretende destruir países independientes con grandes fuentes de riquezas. En Venezuela no han llegado al punto que llegaron en Libia o en Siria: crear una oposición armada. ¡No se lo vamos a permitir!"

Su advertencia no es nueva. Apenas el pasado 12 de diciembre acusó a Estados Unidos de pretender sumir a su país en la violencia, como ocurrió en naciones donde intervino militarmente. “Están jugado con candela –denunció. Ellos quisieran ver a Venezuela partirse en 20 pedazos como hicieron en Irak, Libia y Siria, y luego dejarlo en las manos del caos del terrorismo y de la violencia”.

Guerra no convencional

Con el análisis del presidente Maduro coinciden, al menos en parte, diversos analistas. Según el colaborador de La Jornada Raúl Zibechi, La clave del actual conflicto en ese país es más geopolítico que social. Venezuela, explica, es una nación plena de riquezas. Es un país emplazado en una posición estratégica, es bisagra entre dos subcontinentes. "Creo que se está configurando una guerra interna en Venezuela, de manera que puede convertirse en la Siria de América Latina".

Según dijo a este diario Juan Contreras, integrante de la Coordinadora Simón Bolívar del Barrio 23 de Enero, su país enfrenta hoy una guerra mediática que ha tratado de crear en la opinión pública internacional la idea de que Venezuela es un Estado fallido o un narco estado; de que hay anarquía y por eso deben intervenir. Es, asegura, una guerra no convencional asimétrica. Es un formato parecido a lo ocurrido en Libia, Irak, Afganistán y Siria.

El mensaje que manda Washington es que hay que destruir al Estado nación. Combina esta táctica con la teoría del caos. Trata de estrangular al país financiera y económicamente, e impedir que se consigan medicinas y alimentos. Por eso, en 2015 Estados Unidos declaró a Venezuela una amenaza inusual. Y desde entonces ha insistido en que hay una crisis humanitaria y que se requiere ayuda humanitaria, preparativos de una intervención militar.

Parte de esta táctica, precisa, es la guerra por delegatura a un tercer país. Y se lo ha encomendado a Colombia, que se presta en esta situación por conducto de un presidente de la extrema derecha, como Iván Duque. Lo mismo sucede con Jair Bolsonaro en Brasil y con Macri en Argentina. Son los títeres del imperio.

Los escenarios

Luis Bonilla es un reconocido pedagogo venezolano y un fino analista de la realidad de su país. “Washing-ton y las naciones imperiales europeas –explica a La Jornada– han abierto una situación de golpe de Estado. Han lanzado un ultimátum en dos vías: a) negociación para una transición y, b) opción militar con una fuerza multinacional. En ambos casos el único punto de llegada aceptable para ellos es la salida del gobierno del presidente Maduro”.

Pero, como la "solución" negociada parece altamente improbable, pareciera ser que la segunda vía se abre paso. En este caso, las opciones a seguir serían: 1) la de Panamá para sacar a Noriega; 2) como en Libia o Irak, con una "tormenta del Caribe"; 3) una intervención parecida al escenario sirio.

"Pienso que la tercera iniciativa es la más viable. Podría estarse construyendo ya". Por ello plantean tres puntos de recolección de medicinas y alimentos: a) La ciudad de Cúcuta, en la frontera occidental con Venezuela; b) Roraima, en Brasil, que se conecta con la frontera sur de Venezuela y, c) En Curazao o Aruba, lo que permitiría accionar desde la región nororiental.

Hasta ahora, explica, quienes promueven la invasión han señalado que el primer intento de ingreso de "ayuda humanitaria" se produciría desde Cúcuta. Esto se debe a que Táchira es uno de los bastiones históricos de la derecha conservadora.

“La entrada de la "ayuda humanitaria" por este lugar tendría como propósito controlar militarmente ese estado, y extenderse hacia los de Mérida y Trujillo, privando al centro del país de un importante surtidor de alimentos.

“Han señalado que si la ayuda humanitaria (que busca ser entregada por soldados venezolanos que han desertado en los pasados 20 años) llega a ser rechazada, se verían obligados a llamar a la conformación de una fuerza multinacional que garantice su ingreso. Si logran controlar Táchira, podrían plantearse un segundo momento de expansión hacia los pozos petroleros fronterizos con Colombia.

“La apuesta imperialista –concluye– sería deteriorar las condiciones de vida de la población de tal forma que podría precipitarse una rebelión popular y el resquebrajamiento de la unidad militar, con lo la fuerza multilateral estaría en posibilidades de entrar triunfante a la capital venezolana. Pero esa sería su apuesta. Otra cosa es que puedan hacerlo.”

 

Por Luis Hernández Navarro

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Viernes, 08 Febrero 2019 06:01

El juego de Occidente en Venezuela

El juego de Occidente en Venezuela

Lo más cerca que llegué de Venezuela, hace muchos años, fue en una conexión en tránsito en el aeropuerto de Caracas. Noté muchos soldados en boinas verdes y un puñado de gorilas que me recordaron vagamente a Medio Oriente. Ahora, sentado mientras la lluvia aporrea el Levante invernal, hojeo en mi periódico imágenes de nuestros autócratas locales recientes –Saddam, Assad, Al Sisi, Erdogan, Mohammed bin Salman (pueden ustedes nombrar a los que faltan)– y pienso en Nicolás Maduro.

Las comparaciones no son precisas de ninguna manera. De hecho, no pienso en la naturaleza de estos hombres fuertes, sino en nuestra reacción a todos ellos. Y existen dos paralelismos obvios: la forma en que sancionamos y aislamos al odiado dictador –o lo amamos, en su caso– y la manera en que no sólo proclamamos a los opositores como los legítimos herederos de la nación, sino exigimos que se entregue la democracia al pueblo cuya tortura y lucha por la libertad acabamos de descubrir.

Y, antes de que lo olvidemos, hay otro hilo común. Si ustedes sugieren que quienes desean el cambio presidencial en Venezuela tal vez andan un poco demasiado apresurados, y que nuestro apoyo a –digamos– Juan Guaidó quizá sea un poco prematuro si no queremos empezar una guerra civil, eso significa que ustedes son pro Maduro. Así como quienes se opusieron a la invasión de Irak en 2003 eran pro Saddam, o quienes pensaban que Occidente debería esperar antes de apoyar a la cada vez más violenta oposición en Siria fueron etiquetados como pro Assad.

Y quienes defendieron a Yasser Arafat –durante mucho tiempo un súper terrorista, luego un súper diplomático y luego otra vez un súper terrorista– contra quienes querían deponerlo como líder de los palestinos fueron insultados por ser pro Arafat, pro palestinos, pro terroristas y, de modo inevitable, antisemitas. Recuerdo cómo George W. Bush nos advirtió, después del 11-S, que están con nosotros o contra nosotros. La misma amenaza se nos hizo con respecto a Al Assad.

Erdogan la ha hecho en Turquía (hace menos de tres años), y en la olvidada década de 1930 fue un recurso empleado nada menos que por Mussolini. Y ahora cito al secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, con referencia a Maduro: “Ahora es momento de que cada nación escoja su bando… o están con las fuerzas de la libertad, o están en la misma liga de Maduro y su caos”.

Ya me entienden. Ahora es el momento de que todas las buenas personas cierren filas con Estados Unidos, la UE, las naciones de América Latina opuestas a Maduro… ¿o es que apoyan a los rusos, chinos, a los fanáticos iraníes, al pérfido Corbyn o (entre tanta gente) a los griegos?

Hablando de los griegos, la presión europea sobre Alexis Tsipras para alinearse al apoyo de la UE a Guaidó –demostración de que la UE puede de hecho acosar con todo su peso a sus miembros más pequeños– es un buen argumento para los partidarios del Brexit (aunque demasiado complejo para que lo entiendan).

Pero primero echemos una ojeada a nuestro tirano favorito, en palabras de todos los que se le oponen. Es un poderoso dictador, rodeado de generales, que oprime a su pueblo mediante tortura, arrestos en masa, asesinatos de la policía secreta, elecciones amañadas, presos políticos… así que no es raro que demos nuestro apoyo a quienes desean derrocar a este hombre brutal y celebrar elecciones democráticas.

No es una mala sinopsis de nuestra política actual hacia el régimen de Maduro. Pero me refiero, por supuesto, palabra por palabra, a la política de Occidente hacia el régimen de Al Assad en Siria. Y nuestro apoyo a la democracia en ese país no fue terriblemente exitoso. No fuimos responsables de la guerra civil en Siria, pero no estamos libres de culpa, puesto que enviamos un montón de armas a quienes intentaban derrocar a Al Assad. Y el mes pasado el cuaderno de notas del consejero nacional de seguridad estadunidense John Bolton parecía alardear de un plan de enviar 5 mil efectivos a Colombia…

Y ahora dirijamos la mirada a otro de aspecto semejante a Maduro, por lo menos desde la simplista visión de Occidente: el mariscal de campo-presidente electo Al Sisi de Egipto, quien goza de apoyo militar y a quien amamos, admiramos y protegemos. ¿Poderoso dictador? Sí. ¿Rodeado y apoyado por generales? Sin duda, en parte porque encerró a un general rival antes de la elección pasada. ¿Represión? Absolutamente… todo con tal de aplastar el terrorismo, desde luego.

¿Detenciones en masa? Felizmente sí, porque todos los reos en el salvaje sistema carcelario egipcio son terroristas, al menos según el propio mariscal-presidente. ¿Asesinatos de la policía secreta? Bueno, aun olvidando al joven estudiante italiano cuyo gobierno sospecha que fue torturado y asesinado por uno de los altos funcionarios policiacos de Al Sisi, existe una lista de activistas desaparecidos.

¿Elecciones amañadas? Sin duda, aunque Al Sisi aún insiste en que su triunfo reciente en las urnas –un genial 97 por ciento– fue en una elección libre y justa. El presidente Trump le envió sus sinceras felicitaciones. ¿Presos políticos? Bueno, el total es de 60 mil y contando. Ah, y por cierto, la victoria más reciente de Maduro –elección amañada si las hay– fue apenas por 67.84 por ciento.

Como diría el finado experto del Sunday Express John Gordon: es para que uno se enderece un poco en la silla. Así también, supongo, cuando echamos un ojo un poco más al este, hacia Afganistán, donde los gobernantes talibanes fueron impulsados en 2001 por Estados Unidos, cuyos militares y estadistas posteriores al 11-S introdujeron allá una nueva vida de democracia seguida por corrupción, enseñoramieto de tiranos locales y guerra civil.

La parte de democracia despegó pronto, cuando los loya jurgas, grandes consejos, se convirtieron en feudos tribales y los estadunidenses anunciaron que sería una exageración pensar que podríamos lograr una democracia jeffersoniana en Afganistán. Más que cierto.

Ahora los estadunidenses negocian con el talibán terrorista en Qatar para poder largarse de la Tumba de los Imperios después de 17 años de fracasos militares, escándalos y derrotas, para no mencionar el manejo de unos cuantos campos de tortura que harían toser al mismo Maduro.

Puede que todo eso desanime al lector de caminar por la senda de la memoria. Y eso que no he mencionado los pecados de Saddam, para no hablar de nuestra continua y amena relación –por asombroso que parezca– con ese Estado del Golfo cuyos chicos estrangularon, despedazaron y enterraron en secreto a un periodista estadunidense residente en Turquía.

Ahora imaginen si Maduro, cansado de un periodista crítico que lo fustiga desde Miami, decidiera atraerlo con engaños a la embajada venezolana en Washington y decapitara al pobre tipo, lo cortara en pedazos y lo enterrara en secreto en Foggy Bottom. Supongo que se habrían aplicado sanciones a Maduro desde hace mucho tiempo. Pero no a Arabia Saudita, claro, donde en definitiva no estamos promoviendo la democracia.

Es la hora de la democracia y la prosperidad en Venezuela, afirmó John Bolton esta semana. Oh, sí, claro. Maduro gobierna una nación empapada en petróleo, pero su pueblo muere de hambre. Es un hombre indigno, tonto y vanidoso, aun si sus crímenes no se comparan con los de Saddam. Un colega lo describió acertadamente como un tirano sombrío. Incluso tiene el aspecto de uno de esos tipos que ataban damas a las vías del tren en las películas mudas.

Así que buena suerte a Guaidó. Es palpablemente un tipo agradable, que habla con elocuencia y tiene el tino de abogar por ayuda a los pobres y elecciones libres en vez de obsesionarse por cómo exactamente va a echar fuera a Maduro y sus amigos militares.

En otras palabras, buena suerte… pero cuidado. En vez de suplicar a quienes no quieren apoyarlo –los griegos, por ejemplo–, podría detenerse a mirar a sus amigos extranjeros. Y hacer un recuento rápido de las más recientes cruzadas que han emprendido por la libertad, la democracia y el derecho a la vida. Y, por cierto, ni siquiera he mencionado a Libia.

 Traducción: Jorge Anaya

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El presidente Maduro anuncia la ruptura de relaciones con Estados Unidos

23 de enero de 2019.- El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó este miércoles romper relaciones diplomáticas con el Gobierno de Estados Unidos, a quienes acusó de dirigir una operación golpista en Venezuela.


"Como Presidente Constitucional, jefe de Estado, en cumplimiento de mis funciones que juré frente al pueblo de respetar y hacer respetar la independencia, la soberanía y la paz de la República; he decidido romper relaciones diplomáticas y políticas con el Gobierno imperialista de los Estados Unidos", aseveró desde el Palacio de Miraflores, en Caracas.


Indicó que el personal de la embajada estadounidense tiene 72 horas para abandonar el país, y denunció que Estados Unidos dirige una operación golpista para imponer un gobierno que se subordine a sus intereses.


"Este intento de golpe de Estado que se pretende encadenar en el país es la mayor insensatez que ha cometido el imperialismo, sus aliados lacayos de derecha y la oposición venezolana, tengo que decirlo", subrayó.


El gobierno de Donald Trump anunció hoy que sólo reconoce al opositor Juan Guaidó como Presidente de Venezuela.

 


 Trump reconoce a Juan Guaidó como "presidente interino" de Venezuela

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció este miércoles al jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como "presidente interino" del país, en sustitución de Nicolás Maduro, cuyo segundo mandato carece del reconocimiento de la oposición y buena parte de la comunidad internacional.

"Los ciudadanos de Venezuela han sufrido por demasiado tiempo a manos del régimen ilegítimo de Maduro. Hoy, he reconocido oficialmente al Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como Presidente Interino de Venezuela," dijo Trump vía Twitter.


Minutos antes, Guaidó, se ha había autoproclamó como "presidente encargado" de Venezuela, en una manifestación opositora en Caracas, como parte de las movilizaciones convocadas por la oposición a nivel nacional, en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro.

 


Juan Guaidó se auto-juramenta como "Presidente Encargado" de Venezuela

 

El presidente del parlamento venezolano y líder opositor, Juan Guaidó, se autoproclamó hoy como "presidente encargado" de Venezuela, en medio de las manifestaciones convocadas por la oposición a nivel nacional, en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro.


"Hoy 23 de enero, en mi condición de presidente de la Asamblea Nacional, invocando los artículos de la Constitución, ante Dios Todopoderoso, Venezuela y en respeto a mis colegas diputados y miembros de la Unidad, juro asumir las competencias del Ejecutivo Nacional como Presidente Encargado de Venezuela", dijo Guaidó con la mano derecha levantada, frente a sus simpatizantes concentrados en Chacao, al este de Caracas.


Guaidó dijo que su autojuramentación busca "lograr el cese de la usurpación, un Gobierno de transición y tener elecciones libres".


Pocos minutos después, el presidente estadounidense Donald Trump, reconoció a Guaidó como el "Presidente Interino" de Venezuela.


El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) reiteró esta mañana que las acciones de la Asamblea Nacional (AN) son nulas.


La destituida Fiscal General Luisa Ortega Díaz, expresó su inmediato apoyo a Guaidó. "Al recién juramentado presidente encargado @jguaido vaya todo mi apoyo y reconocimiento. Cuente con el Ministerio Público legítimo para restablecer la democracia en el país y el Estado de Derecho. Este es el momento #Venezuela. Apoyemos todos al nuevo Presidente! " dijo Ortega vía Twitter.

 Por: Aporrea | Miércoles, 23/01/2019 

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