La oposición buscaría ejercer poder desde un espacio geográfico estratégico

Un recorrido fronterizo muestra a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana movilizada, alerta, en primera línea. Del lado colombiano, Cúcuta se construye como epicentro de la llegada de la ayuda enviada por EE.UU.

Desde Táchira


El primer paso fue el gobierno paralelo. Comenzó en el 2017 con el Tribunal Supremo de Justicia funcionando fuera de Venezuela, seguido de la Fiscal General prófuga, completado el reconocimiento de la Asamblea Nacional como único poder legítimo, y el autonombramiento de Juan Guaidó como presidente interino el 23 de enero. El segundo paso fue el reconocimiento internacional del gobierno, conducido por Estados Unidos (EEUU), sus aliados, el nombramiento de representantes diplomáticos, y directivos para Citgo, la petrolera situada en norteamérica de la cual Pdvsa es socia mayoritaria y ha sido objeto del ataque económico planificado por EEUU. La hipótesis es que el tercer paso sería el territorio.
Esa posibilidad se desprende de una periodización del ataque contra Venezuela. Existe un hilo con objetivos que se han cumplido, otros que están en desarrollo, y en función de los resultados, nuevas posibilidades. Es un rompecabezas donde se cruzan las variables de manuales de operaciones especiales del ejército norteamericano, experiencias como el caso sirio y libio, y la aplicación para el escenario venezolano.


La hipótesis del territorio liberado se extrae de la necesidad que tendría el intento de gobierno paralelo de ejercer poder desde un espacio geográfico determinado que no sean las redes sociales, y quebrar el territorio nacional. Para eso han barajado varios puntos, como el estado Falcón, por su distancia de veinte millas náuticas de Aruba y la presencia de la refinería Amuay, el estado Anzoátegui, por tener puerto, aeropuerto, y el complejo petroquímico donde se refina el 40% del petróleo de la Faja Petrolífera del Orinoco, y el estado Táchira. Lo explica Freddy Bernal, nombrado protector de Táchira por Nicolás Maduro luego de la victoria de la oposición en la gobernación.


Táchira es el punto que parece haber predominado dentro de esas posibilidades. Por la frontera con Colombia y sus características geográficas, Colombia como socio de la OTAN, las bases militares norteamericanas en su territorio, una retaguardia estratégica, el apoyo de fuerzas interventoras, y la presencia del paramilitarismo que tiene particular fuerza en esa franja. El análisis se reafirma con la lectura de las matrices comunicacionales, la construcción de Cúcuta como epicentro de la llegada de ayuda humanitaria, punto de consolidación de consensos con el concierto el día 22 de febrero, y desde el cual intentar armar el escenario de apertura de un corredor a partir del 23.


¿Cuánta distancia existe entre esa hipótesis –si fuera la correcta y predominante– y las posibilidades reales de llevarla adelante? La primera pregunta sería con qué fuerza armada podrían hacerlo. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), carta determinante en el esquema de asalto, no se ha quebrado ni a nivel central ni en Táchira. Un recorrido fronterizo muestra una Fanb movilizada, alerta, en primera línea. Si no es la Fanb, debería entonces ser un ejército irregular, paramilitar, es decir compuesto de un conjunto de elementos, como mercenarios formados en guerras de Medio Oriente, grupos paramilitares, bandas criminales, ejército colombiano presentado de forma de guarimba paramilitarizada, y generales norteamericanos tras las sombras.


¿Cuántos hombres y mujeres y qué tipo de armas deberían tener para liberar un municipio, una zona del estado, la mitad del estado, todo el estado? ¿Qué seguiría después? Liberar significa mantener bajo control, un esquema diferente al 2017 en su formato guarimba paramilitarizada que consistía en olas de violencia/terror y ataques militares focalizados a cuarteles, por ejemplo. Este formato implicaría que gobierno, Fanb, no pudieran recuperar ese territorio. ¿Existen condiciones para un esquema de esas características?


“Tenemos la capacidad de inteligencia, y la Fanb, con la capacidad para derrotar cualquier grupo apenas cruce la frontera para perturbar la paz y la tranquilidad de Venezuela. La fuerza aérea venezolana es de las más fuertes de América Latina, con el último equipamiento en aviones Sukoi, de alta tecnología y última generación. El sistema de defensa antiaéreo que compró Chávez a Rusia es de los mejores que existen en todo el continente, con capacidad de neutralizar misiles y aviones de cualquier tecnología hasta 200 kilómetros, y por supuesto nuestra Fanb tiene un apresto operacional que está desplegado a lo largo y ancho del país”, explica Bernal.


Junto a eso están preparados más de un millón quinientos mil milicianos y milicianas, de los cuales cincuenta y seis mil, repartidos en mil cien unidades están en Táchira.
Tal vez esa hipótesis no sea la predominante por la dificultad para llevarla adelante en el escenario venezolano. En ese caso la frontera sería el punto de condensación mediático-política para terminar de conformar la matriz de la imposibilidad del diálogo ante un gobierno que no dejaría entrar la ayuda humanitaria, y a partir de allí escalar en nuevas agresiones que podrían ser justificadas sobre hechos creados. En ese marco puede pensarse una acción de falsa bandera, alto impacto internacional, construida para justificar y pasar por encima de las partes internas que siguen con un freno hacia la escalada militarista.


“Los Estados Unidos, en connivencia con el gobierno de Colombia, podrían disfrazar a unos paramilitares con uniforme de Venezuela, y realizar un acto contra la población, contra algunos opositores, y luego tendrían las cámaras para demostrarle al mundo que aquí hay una dictadura que está asesinando al pueblo, y sería la excusa para poder llevarlo al Congreso de los Estados Unidos”, explica Bernal.


Otra posibilidad sería que el estado Táchira sea el foco de distracción mientras los ataques se preparan por otros flancos con menos aviso. ¿Bolívar, Zulia, la misma Caracas? O que las fuerzas paramilitares se activen bajo un esquema de acciones de saboteo, terror, asedio, en combinación con acciones internacionales. Estamos en un asalto conducido de primera mano por hombres como Elliott Abrams o John Bolton, arquitectos de masacres, que tienen todas las cartas sobre la mesa. Cada variable descartada, por imposibilidad de desarrollarla, o por desactivación gracias a la inteligencia del chavismo –como el arresto de García Palomo, quien iba a conducir acciones militares en Caracas– hará que apelen a hipótesis más complejas y directas. ¿Puede llegarse así hasta la intervención directa vía Colombia?


Son muchas las preguntas, el ejercicio de combinación de variables, posibilidades, análisis de los generales, sus fuerzas en cada ámbito, sus límites o no. Por el momento continúa la asimetría entre la correlación mediática/geopolítica/económica y la correlación en el terreno nacional. Guaidó, que sigue órdenes, mezcla un discurso de autoayuda, fe y golpismo que abiertamente plantea que la intervención norteamericana es una posibilidad. No tiene, ni él ni toda la derecha, cómo llevar adelante lo que afirman con fuerza propia.
El chavismo, por su parte, mantiene sus fortalezas que no han sido quebradas, a la espera de próximos pasos en cada uno de los ámbitos. El 23 es la próxima fecha de condensación y posible nuevo quiebre dentro de la secuencia. Eso en lo público. Los movimientos en las sombras avanzan, como lo ha denunciado, por ejemplo, Cuba al afirmar que EE.UU. mueve fuerzas de operaciones especiales hacia aeropuertos de Puerto Rico, República Dominicana y otras islas del Caribe sin conocimiento de sus gobiernos.


 El senador republicano llegó a Cúcuta, frontera con Venezuela

Marco Rubio apoya in situ

El legislador viajó a Colombia con el embajador de Estados Unidos ante la OEA, Carlos Trujillo, y el congresista Mario Díaz-Balart, con quienes supervisará la ayuda humanitaria que envió el gobierno de Trump.

El senador estadounidense Marco Rubio llegó ayer a la ciudad colombiana de Cúcuta para supervisar la ayuda humanitaria enviada por su país a Venezuela. Durante su estancia en esa localidad, capital del departamento de Norte de Santander, el republicano también tiene previsto reunirse con funcionarios del Gobierno colombiano y recorrer el puente Simón Bolívar, principal paso fronterizo entre los dos países. Rubio, senador por el estado de Florida, es uno de los congresistas más cercanos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y uno de los más férreos opositores al Gobierno de Nicolás Maduro.


“Llegué a Colombia esta mañana (por ayer). Hoy llegará una gran cantidad de ayuda humanitaria para Venezuela. Me reuniré con los funcionarios que lideran el esfuerzo de almacenar la ayuda en la frontera para entregarla al pueblo sufriente de Venezuela”, informó vía Twitter la oficina de prensa de Rubio. El legislador viajó con el embajador de Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo, y el congresista también republicano Mario Díaz-Balart, con quienes supervisará la ayuda humanitaria enviada por su país a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). Dicha agencia estuvo involucrada en una estrategia organizada desde Washington para socavar el poder del chavismo en Venezuela tras el efímero golpe de Estado en el país caribeño de 2002. Según informó el sitio de filtraciones WikiLeaks en el año 2013, fue el entonces embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, quien envió la lista de las operaciones contra el gobierno de Hugo Chávez que comenzaron a funcionar desde el 2004.

Entre ellas, figuraban los objetivos de dividir al chavismo, proteger los negocios vitales para Estados Unidos y aislar al mandatario internacionalmente. Para ello, según el documento filtrado, la Usaid donó cerca de 15 millones de dólares a 300 organizaciones antichavistas, algunas de las cuales se dedicaron a preparar falsas acusaciones de violaciones a los derechos humanos en el país para demandar a Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia con el fin de desprestigiar internacionalmente la credibilidad de las acciones gubernamentales.


Este sábado, tres aviones C-17 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos llegaron al aeropuerto de Cúcuta cargados con toneladas de suplementos nutricionales y kits de higiene, que se suman a la ayuda humanitaria que ese país envío hace una semana. Cúcuta, junto a Curazao y el estado brasileño de Roraima, son los puntos de acopio de las ayudas humanitarias, a los que se sumó, el pasado viernes, Miami.


La oposición de Venezuela instaló ayer, asimismo, una decena de campamentos a lo largo del país. En ellos se censó a miles de personas a las que, aseguran, se atenderá con la ayuda que se acopia en Cúcuta y que espera poder ingresar el próximo día 23.


Según el diputado Winston Flores, en los campamentos humanitarios se emplean sin lucro cientos de médicos, psicólogos, nutricionistas y voluntarios de los partidos políticos de la oposición, así como parte de los más de 600.000 voluntarios de una red que trabajará en el ingreso de las donaciones. En ese sentido, pidió a los militares permitir el ingreso de las ayudas ante las reiteradas negativas del Gobierno de Maduro a aceptarlas.


El autoproclamado presidente interino Juan Guaidó hizo una prioridad la entrada de ayuda humanitaria en Venezuela y ha señalado que las donaciones ingresarán el próximo 23 con el apoyo de los ciudadanos y la comunidad internacional, principalmente de naciones como Estados Unidos y Colombia, que lo reconocen como autoridad legítima del país. Guaidó convocó para ese día formar caravanas en las frontera para, dice, acompañar dicha asistencia.


El Gobierno venezolano, por su parte, niega la crisis humanitaria y dijo que no aceptará las donaciones, por considerar, entre otras cosas, que podría dar pie a una invasión armada. Así también lo cree el gobierno de Cuba, encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel. “El Gobierno Revolucionario de cuba denuncia la escalada de presiones y acciones del Gobierno de los Estados Unidos para preparar una aventura militar disfrazada de ‘intervención humanitaria’ en la República Bolivariana de Venezuela. La Comunidad Internacional debe impedirla”, había tuiteado la semana pasada el mandatario. El fin de semana, ante la llegada de los aviones estadounidenses a Colombia, reiteró su apoyo al gobierno bolivariano: “El pueblo cubano (…) exige que se respeten la soberanía y la paz. Las manos fuera de Venezuela”.

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Escala intervención de EU en Venezuela so pretexto de la ayuda humanitaria

Nueva York. Aviones militares C-17 estadunidenses despegaron de Florida este sábado para transportar toneladas de "asistencia humanitaria" supuestamente destinada a Venezuela, pero que explícitamente forma parte de la operación de cambio de régimen en el país sudamericano impulsada abiertamente por Washington, mientras que el Comando Sur está preparando "opciones" para posibles misiones en la nación petrolera.

A su vez, el vicepresidente Mike Pence en una conferencia de seguridad en Munich exigió a la Union Europea (UE) declararse como bloque en favor de "reconocer como el único presidente legítimo de Venezuela" al autoproclamado "presidente encargado" Juan Guaidó, ratificado en su puesto por el régimen de Donald Trump.

Todo indica que parte de la estrategia coordinada por Washington es detonar algún tipo de enfrentamiento con el gobierno de Nicolas Maduro el próximo 23 de febrero, cuando Guaidó ha anunciado que se intentará introducir la asistencia a Venezuela desde el pueblo fronterizo de Cúcuta en Colombia, donde se están almacenando los envíos de Estados Unidos.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), representantes de los departamentos de Estado y de Defensa, así como ONG estadunidenses se están preparando para trasladar la asistencia ese día en coordinación con Guaidó, afirmaron.

Al mismo tiempo, el multimillonario británico Richard Branson, dueño del grupo empresarial Virgin, está organizando –a petición de Guaidó– un concierto con "talento musical" internacional y regional en Cúcuta el 22 de febrero, el cual se transmitirá en vivo mundialmente y que busca recaudar 100 millones de dólares para asistencia "humanitaria".

Sin embargo, en Estados Unidos casi no se menciona la notable ausencia en este esfuerzo "humanitario" de algunas de las principales entidades internacionales en este tipo de esfuerzo, por ejemplo las agencias de apoyo humanitaria de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Cruz Roja Internacional y otros.

"La acción humanitaria necesita ser independiente de objetivos políticos, militares u otros", afirmo Stephane Dujarric, vocero de la ONU, a medios esta semana pasada y expresó que la solución debería ser una negociación política de las partes. "Lo que es importante es que la asistencia humanitaria sea despolitizada y que las necesidades de la gente debieran ser la prioridad en términos de cuándo y cómo es usada la asistencia", concluyó Dujarric.

Sin embargo, Washington insiste que sólo está respondiendo a la solicitud del "presidente encargado". Hoy Robert Palladino, vocero del Departamento de Estado, declaró que “esta misión humanitaria resalta el compromiso firme y la disposición de Estados Unidos para responder a la crisis política, económica y humanitaria en Venezuela, y advirtió que "esta asistencia debe tener permiso para ingresar a Venezuela y alcanzar a los necesitados".

Sin embargo, el gobierno de Trump no oculta su objetivo de usar la "crisis humanitaria" y el envió de esta "asistencia" para su propósito de cambio de régimen, tal como lo ha denunciado el propio gobierno venezolano (https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/07/politica/002e1pol).

El enviado especial de Trump para Venezuela, Elliot Abrams –penalmente condenado por mentir al Congreso en torno al escándalo Iran-contras, defensor de regímenes represores y escuadrones de muerte en Centroamérica, y uno de los promotores del intento de golpe fallido contra Hugo Chávez en 2002–, señalo que "nuestra esperanza es que (los militares venezolanos) podrán convencer a Maduro, o sencillamente desobedecerán órdenes para evitar la hambruna del pueblo de Venezuela". (https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/14/mundo/023n1mun).

Todo esto nutre la especulación sobre si Washington está contemplando incluir en su intervención política su participación militar para derrocar al gobierno de Maduro. Aunque funcionarios del gobierno de Trump rehúsan confirmar si hay en curso preparativos para acción militar estadunidense, una y otra vez rechazan descartar esa posibilidad. El propio Trump ha repetido cada vez que se le pregunta sobre el posible uso de la fuerza militar que "todas las opciones" están sobre la mesa.

De hecho, el almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur de las fuerzas armadas estadunidenses, afirmó que "hay un rango de opciones que están sobre la mesa" y que “estamos preparados para proteger vidas estadunidenses y proteger la instalación diplomática en Venezuela, en entrevistas recientes reportadas ayer por el New York Times.

El rotativo informó que oficiales estadunidenses indican que el Comando Sur ha elaborado planes para una serie de misiones potenciales en Venezuela, entre ellas, además de las mencionadas por el almirante Faller, también participar en la entrega de la asistencia humanitaria.

El almirante acusó que hay más de mil asesores militares y de inteligencia cubanos trabajando con el gobierno ruso que han ayudado a mantener la lealtad entre la cúpula militar venezolana.

Señaló que la razón por la cual los altos oficiales venezolanos no se han volteado hasta ahora es que "Maduro ha comprado su lealtad" al ponernos en "la nómina ilícita mediante el narcotráfico, lavado de dinero y todo tipo de negocio en la industria petrolera".

Aunque legisladores demócratas, como Eliot Engel, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la cámara baja, han insistido en que el presidente no puede usar la opción militar sin aprobación del Congreso. Republicanos, incluyendo el presidente del Comité de Servicios Armados, James Inhofe, han advertido que Estados Unidos tendrá que intervenir militarmente si, por ejemplo, Rusia coloca armas o instala una base militar en Venezuela, ya que eso "sería una amenaza a Estados Unidos".

Al mismo tiempo, aunque pueda que existan diferencias sobre los métodos –sobre todo el uso no autorizado de fuerza militar– hay un consenso bipartidista en la cúpula política y mediática de Estados Unidos sobre un cambio de régimen en Venezuela. La dirigencia demócrata –incluyendo a Nancy Pelosi, presidenta de la cámara baja, además del diputado Engel– ha apoyado la posición de Trump de denunciar y exigir el fin del régimen de Maduro, y sólo algunos legisladores disidentes se han atrevido a cuestionar la narrativa oficial.

Trump, Pence, Abrams y el secretario de Estado, Mike Pompeo, al igual que el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton, han repetido que el único resultado aceptable es la salida de Maduro y su gobierno. El encargado para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el cubano estadunidense Mauricio Claver-Carone, afirmó hace unos días: "La pregunta ya no es si Maduro acepta (el fin de su régimen) o no, es sobre qué tanto tiempo tomará en que lo acepte".

Mientras tanto, el representante de Guaidó en Washington, Carlos Vecchio, señaló que está trabajando muy de cerca con la gente de Trump, y su jefe estará presente como invitado en un discurso del mandatario en el sur de Florida, región donde están concentradas las fuerzas antichavistas y anticastristas en este país.

Por primera vez, en tiempos recientes, una operación estadunidense de cambio de régimen se está realizando abierta y explícitamente. Algunos observadores señalan que esta vez en lugar de estar "detrás" de un intento de golpe de Estado, Washington está "adelante", anunciándolo con anticipación.

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De las "misiones de paz" a la "ayuda humanitaria"

Por fin conocemos en detalle la participación de militares en el gobierno de Jair Bolsonaro. Un informe del diario Zero Hora, de Porto Alegre, asegura que 100 oficiales ocupan los escalones superiores del gobierno, desde el presidente y su vice hasta ministros, gerentes de las grandes estatales y puestos clave para el funcionamiento del aparato estatal (goo.gl/oG4W4N).

Los uniformados se desplegaron en lugares estratégicos que les permiten tomar o vetar decisiones sobre cuestiones que van mucho más allá de la seguridad nacional o las agencias de inteligencia. Tienen peso decisivo en las gerencias de Petrobras, Eletrobras, la represa binacional de Itaipú y la Zona Franca de Manaus. Por sus cargos en los ministerios y otras entidades, supervisan la extracción de minerales, el sistema de comunicaciones, las carreteras e hidroeléctricas.

La presencia militar es especialmente fuerte, además de los siete ministros con que cuentan, en Ciencia y Tecnología (con cinco altos cargos, además del ministro), Educación, Infraestructura, Justicia, la Caixa Económica Federal (cuarto banco de Brasil) y la Secretaría General que rodea a un presidente en conflicto con su vice, al que no ha querido traspasarle el mando durante su larga internación hospitalaria, por sencilla desconfianza. Los militares no se han limitado a los espacios que siempre han controlado, como Defensa o el Gabinete de Seguridad Institucional, sino que controlan los principales resortes de la administración.

Pero el dato que permite comprender lo que está sucediendo, es que “el núcleo duro de los militares en el gobierno de Bolsonaro son oficiales "boinas azules", que comandaron o tuvieron funciones en Misiones de Paz de las Naciones Unidas”, explica el periodista Kaiser Konrad en el citado reportaje. En este punto empiezan a develarse los nexos entre las misiones de paz y las políticas internas en Brasil y en la región.

Cinco generales del actual gobierno son veteranos de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), donde Brasil jugó un papel determinante entre 2004 y 2017. Otros tres militares de alto rango actuaron en misiones de paz en Bosnia y Angola, entre ellos el vice Hamilton Mourão, quien fue además agregado militar en la embajada en Caracas. No es casualidad que haya sido Mourão el que pregona una "salida" para Maduro, que consiste en crear un "corredor de escape" (goo.gl/tUuL6d).

Desde hace varios años venimos señalando las conexiones entre la presencia de militares brasileños en la Minustah y la ocupación militar de las favelas, entre otras políticas de orden interno que se extienden cada vez a más estados de Brasil. Hace 10 años destacamos que los militares brasileños reconocían que "las técnicas empleadas en la ocupación de la favela Morro da Providéncia, son las mismas que las tropas brasileñas utilizan en la misión de paz de las Naciones Unidas en Haití" (goo.gl/4pN4RB). Tomando el caso de Brasil, señalaba a propósito de las llamadas políticas sociales, que "el plan Hambre Cero es compatible con la militarización de las favelas" (goo.gl/XXKNTW). Ahora es necesario dar algunos pasos más, a la vista de los planes para intervenir en Venezuela.

Primero, la mayoría de las tropas de paz en Haití pertenecieron a países latinoamericanos. Más de la mitad de los 7 mil soldados provenían de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Paraguay, Honduras y Guatemala. Buena parte de ellos con gobiernos progresistas. Las fuerzas armadas de Brasil tuvieron la jefatura de la Minustah durante más de una década.

Como la tropa y los oficiales van rotando, es posible que en esos 13 años más de 30 mil efectivos de la región hayan participado en la "misión de paz", una de cuyas tareas consiste en entrenarse en "ayuda humanitaria".

Segundo, las fuerzas armadas de Brasil llevaron a Haití su experiencia militar en las favelas y las políticas socioeconómicas exitosas en el país, e importaron las experiencias obtenidas en la isla. Una investigación de Tamara Jurberg (goo.gl/3chj6x) analiza las relaciones entre la misión y las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), creadas en Río de Janeiro cuatro años después del inicio de la Minustah, para "pacificar" las favelas. Concluye que Haití fue "una herramienta para mejorar las propias operaciones militares internas", o sea, el control de los pobres.

Tercero, el autoproclamado Juan Guaidó anuncia que Brasil abre el segundo centro de acopio de ayuda en el estado de Roraima, limítrofe con Venezuela. Los militares brasileños serán los encargados de ingresar al país esa "ayuda humanitaria", coordinando con Colombia. Un general brasileño pasa a integrar, por primera vez en la historia, el Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos (goo.gl/Gxd4XU).

No habrá una invasión clásica, con bombardeos y desembarcos de marines. La invasión es la "ayuda humanitaria", estrategia que los militares prepararon durante 13 años en Haití, con el apoyo de gobiernos progresistas.

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Soldados del Ejército Bolivariano de Venezuela montan guardia en el puente internacional Las Tienditas que une a Colombia con Venezuela.Foto Ap

Caracas. Los fantasmas de Irak, Libia y Siria pasean libremente por las calles de Caracas. Son el espejo en el que líderes políticos y sociales venezolanos se miran y ven a su país. Son la referencia obligada para analizar las amenazas de intervención militar por parte del presidente estadunidense Donald Trump.

En 2003, Washington invadió Irak, con el pretexto de que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. En 2011, una intervención militar multinacional, de la que Estados Unidos fue parte, derrocó y asesinó a Muamar Kadafi y sumió al país en la ruina. Desde 2011, las potencias occidentales han auspiciado una guerra civil, y desde 2014 han realizado incursiones bélicas para deponer a Bashar al Assad.

Las intervenciones militares en estos tres países fueron justificadas inventando que sus gobiernos tenían en su poder armas químicas o de destrucción masiva o que eran un peligro para la paz y la estabilidad mundial. También, en nombre de los derechos humanos, la democracia y la igualdad de género. En los hechos, fueron verdaderas guerras de conquista y saqueo de los recursos naturales, sobre todo de gas natural y petróleo.

Resulta entonces inevitable que el chavismo analice su situación actual desde la perspectiva de las agresiones neocoloniales a esas naciones. No hay en ello novedad. Venezuela ha sido, desde 1999, un actor clave en la diplomacia petrolera que permitió elevar los precios del oro negro entre 1998 y 2012. Tiene relaciones estrechas con el mundo árabe.

El presidente Nicolás Maduro ha sido el primero en asomarse al espejo libio y sirio. Conoce bien lo sucedido en estas naciones. Fue canciller de su país entre 2006 y 2013 y artífice de la diplomacia petrolera. Por ello, reconoció en la conferencia de prensa del pasado viernes, que "hay puntos en común entre la política que llevó a la destrucción y el desmembramiento de Libia, llevó a la agresión y destrucción de Siria y la política que se ha aplicado contra Venezuela".

Y añadió: "Se pretende destruir países independientes con grandes fuentes de riquezas. En Venezuela no han llegado al punto que llegaron en Libia o en Siria: crear una oposición armada. ¡No se lo vamos a permitir!"

Su advertencia no es nueva. Apenas el pasado 12 de diciembre acusó a Estados Unidos de pretender sumir a su país en la violencia, como ocurrió en naciones donde intervino militarmente. “Están jugado con candela –denunció. Ellos quisieran ver a Venezuela partirse en 20 pedazos como hicieron en Irak, Libia y Siria, y luego dejarlo en las manos del caos del terrorismo y de la violencia”.

Guerra no convencional

Con el análisis del presidente Maduro coinciden, al menos en parte, diversos analistas. Según el colaborador de La Jornada Raúl Zibechi, La clave del actual conflicto en ese país es más geopolítico que social. Venezuela, explica, es una nación plena de riquezas. Es un país emplazado en una posición estratégica, es bisagra entre dos subcontinentes. "Creo que se está configurando una guerra interna en Venezuela, de manera que puede convertirse en la Siria de América Latina".

Según dijo a este diario Juan Contreras, integrante de la Coordinadora Simón Bolívar del Barrio 23 de Enero, su país enfrenta hoy una guerra mediática que ha tratado de crear en la opinión pública internacional la idea de que Venezuela es un Estado fallido o un narco estado; de que hay anarquía y por eso deben intervenir. Es, asegura, una guerra no convencional asimétrica. Es un formato parecido a lo ocurrido en Libia, Irak, Afganistán y Siria.

El mensaje que manda Washington es que hay que destruir al Estado nación. Combina esta táctica con la teoría del caos. Trata de estrangular al país financiera y económicamente, e impedir que se consigan medicinas y alimentos. Por eso, en 2015 Estados Unidos declaró a Venezuela una amenaza inusual. Y desde entonces ha insistido en que hay una crisis humanitaria y que se requiere ayuda humanitaria, preparativos de una intervención militar.

Parte de esta táctica, precisa, es la guerra por delegatura a un tercer país. Y se lo ha encomendado a Colombia, que se presta en esta situación por conducto de un presidente de la extrema derecha, como Iván Duque. Lo mismo sucede con Jair Bolsonaro en Brasil y con Macri en Argentina. Son los títeres del imperio.

Los escenarios

Luis Bonilla es un reconocido pedagogo venezolano y un fino analista de la realidad de su país. “Washing-ton y las naciones imperiales europeas –explica a La Jornada– han abierto una situación de golpe de Estado. Han lanzado un ultimátum en dos vías: a) negociación para una transición y, b) opción militar con una fuerza multinacional. En ambos casos el único punto de llegada aceptable para ellos es la salida del gobierno del presidente Maduro”.

Pero, como la "solución" negociada parece altamente improbable, pareciera ser que la segunda vía se abre paso. En este caso, las opciones a seguir serían: 1) la de Panamá para sacar a Noriega; 2) como en Libia o Irak, con una "tormenta del Caribe"; 3) una intervención parecida al escenario sirio.

"Pienso que la tercera iniciativa es la más viable. Podría estarse construyendo ya". Por ello plantean tres puntos de recolección de medicinas y alimentos: a) La ciudad de Cúcuta, en la frontera occidental con Venezuela; b) Roraima, en Brasil, que se conecta con la frontera sur de Venezuela y, c) En Curazao o Aruba, lo que permitiría accionar desde la región nororiental.

Hasta ahora, explica, quienes promueven la invasión han señalado que el primer intento de ingreso de "ayuda humanitaria" se produciría desde Cúcuta. Esto se debe a que Táchira es uno de los bastiones históricos de la derecha conservadora.

“La entrada de la "ayuda humanitaria" por este lugar tendría como propósito controlar militarmente ese estado, y extenderse hacia los de Mérida y Trujillo, privando al centro del país de un importante surtidor de alimentos.

“Han señalado que si la ayuda humanitaria (que busca ser entregada por soldados venezolanos que han desertado en los pasados 20 años) llega a ser rechazada, se verían obligados a llamar a la conformación de una fuerza multinacional que garantice su ingreso. Si logran controlar Táchira, podrían plantearse un segundo momento de expansión hacia los pozos petroleros fronterizos con Colombia.

“La apuesta imperialista –concluye– sería deteriorar las condiciones de vida de la población de tal forma que podría precipitarse una rebelión popular y el resquebrajamiento de la unidad militar, con lo la fuerza multilateral estaría en posibilidades de entrar triunfante a la capital venezolana. Pero esa sería su apuesta. Otra cosa es que puedan hacerlo.”

 

Por Luis Hernández Navarro

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Viernes, 08 Febrero 2019 06:01

El juego de Occidente en Venezuela

El juego de Occidente en Venezuela

Lo más cerca que llegué de Venezuela, hace muchos años, fue en una conexión en tránsito en el aeropuerto de Caracas. Noté muchos soldados en boinas verdes y un puñado de gorilas que me recordaron vagamente a Medio Oriente. Ahora, sentado mientras la lluvia aporrea el Levante invernal, hojeo en mi periódico imágenes de nuestros autócratas locales recientes –Saddam, Assad, Al Sisi, Erdogan, Mohammed bin Salman (pueden ustedes nombrar a los que faltan)– y pienso en Nicolás Maduro.

Las comparaciones no son precisas de ninguna manera. De hecho, no pienso en la naturaleza de estos hombres fuertes, sino en nuestra reacción a todos ellos. Y existen dos paralelismos obvios: la forma en que sancionamos y aislamos al odiado dictador –o lo amamos, en su caso– y la manera en que no sólo proclamamos a los opositores como los legítimos herederos de la nación, sino exigimos que se entregue la democracia al pueblo cuya tortura y lucha por la libertad acabamos de descubrir.

Y, antes de que lo olvidemos, hay otro hilo común. Si ustedes sugieren que quienes desean el cambio presidencial en Venezuela tal vez andan un poco demasiado apresurados, y que nuestro apoyo a –digamos– Juan Guaidó quizá sea un poco prematuro si no queremos empezar una guerra civil, eso significa que ustedes son pro Maduro. Así como quienes se opusieron a la invasión de Irak en 2003 eran pro Saddam, o quienes pensaban que Occidente debería esperar antes de apoyar a la cada vez más violenta oposición en Siria fueron etiquetados como pro Assad.

Y quienes defendieron a Yasser Arafat –durante mucho tiempo un súper terrorista, luego un súper diplomático y luego otra vez un súper terrorista– contra quienes querían deponerlo como líder de los palestinos fueron insultados por ser pro Arafat, pro palestinos, pro terroristas y, de modo inevitable, antisemitas. Recuerdo cómo George W. Bush nos advirtió, después del 11-S, que están con nosotros o contra nosotros. La misma amenaza se nos hizo con respecto a Al Assad.

Erdogan la ha hecho en Turquía (hace menos de tres años), y en la olvidada década de 1930 fue un recurso empleado nada menos que por Mussolini. Y ahora cito al secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, con referencia a Maduro: “Ahora es momento de que cada nación escoja su bando… o están con las fuerzas de la libertad, o están en la misma liga de Maduro y su caos”.

Ya me entienden. Ahora es el momento de que todas las buenas personas cierren filas con Estados Unidos, la UE, las naciones de América Latina opuestas a Maduro… ¿o es que apoyan a los rusos, chinos, a los fanáticos iraníes, al pérfido Corbyn o (entre tanta gente) a los griegos?

Hablando de los griegos, la presión europea sobre Alexis Tsipras para alinearse al apoyo de la UE a Guaidó –demostración de que la UE puede de hecho acosar con todo su peso a sus miembros más pequeños– es un buen argumento para los partidarios del Brexit (aunque demasiado complejo para que lo entiendan).

Pero primero echemos una ojeada a nuestro tirano favorito, en palabras de todos los que se le oponen. Es un poderoso dictador, rodeado de generales, que oprime a su pueblo mediante tortura, arrestos en masa, asesinatos de la policía secreta, elecciones amañadas, presos políticos… así que no es raro que demos nuestro apoyo a quienes desean derrocar a este hombre brutal y celebrar elecciones democráticas.

No es una mala sinopsis de nuestra política actual hacia el régimen de Maduro. Pero me refiero, por supuesto, palabra por palabra, a la política de Occidente hacia el régimen de Al Assad en Siria. Y nuestro apoyo a la democracia en ese país no fue terriblemente exitoso. No fuimos responsables de la guerra civil en Siria, pero no estamos libres de culpa, puesto que enviamos un montón de armas a quienes intentaban derrocar a Al Assad. Y el mes pasado el cuaderno de notas del consejero nacional de seguridad estadunidense John Bolton parecía alardear de un plan de enviar 5 mil efectivos a Colombia…

Y ahora dirijamos la mirada a otro de aspecto semejante a Maduro, por lo menos desde la simplista visión de Occidente: el mariscal de campo-presidente electo Al Sisi de Egipto, quien goza de apoyo militar y a quien amamos, admiramos y protegemos. ¿Poderoso dictador? Sí. ¿Rodeado y apoyado por generales? Sin duda, en parte porque encerró a un general rival antes de la elección pasada. ¿Represión? Absolutamente… todo con tal de aplastar el terrorismo, desde luego.

¿Detenciones en masa? Felizmente sí, porque todos los reos en el salvaje sistema carcelario egipcio son terroristas, al menos según el propio mariscal-presidente. ¿Asesinatos de la policía secreta? Bueno, aun olvidando al joven estudiante italiano cuyo gobierno sospecha que fue torturado y asesinado por uno de los altos funcionarios policiacos de Al Sisi, existe una lista de activistas desaparecidos.

¿Elecciones amañadas? Sin duda, aunque Al Sisi aún insiste en que su triunfo reciente en las urnas –un genial 97 por ciento– fue en una elección libre y justa. El presidente Trump le envió sus sinceras felicitaciones. ¿Presos políticos? Bueno, el total es de 60 mil y contando. Ah, y por cierto, la victoria más reciente de Maduro –elección amañada si las hay– fue apenas por 67.84 por ciento.

Como diría el finado experto del Sunday Express John Gordon: es para que uno se enderece un poco en la silla. Así también, supongo, cuando echamos un ojo un poco más al este, hacia Afganistán, donde los gobernantes talibanes fueron impulsados en 2001 por Estados Unidos, cuyos militares y estadistas posteriores al 11-S introdujeron allá una nueva vida de democracia seguida por corrupción, enseñoramieto de tiranos locales y guerra civil.

La parte de democracia despegó pronto, cuando los loya jurgas, grandes consejos, se convirtieron en feudos tribales y los estadunidenses anunciaron que sería una exageración pensar que podríamos lograr una democracia jeffersoniana en Afganistán. Más que cierto.

Ahora los estadunidenses negocian con el talibán terrorista en Qatar para poder largarse de la Tumba de los Imperios después de 17 años de fracasos militares, escándalos y derrotas, para no mencionar el manejo de unos cuantos campos de tortura que harían toser al mismo Maduro.

Puede que todo eso desanime al lector de caminar por la senda de la memoria. Y eso que no he mencionado los pecados de Saddam, para no hablar de nuestra continua y amena relación –por asombroso que parezca– con ese Estado del Golfo cuyos chicos estrangularon, despedazaron y enterraron en secreto a un periodista estadunidense residente en Turquía.

Ahora imaginen si Maduro, cansado de un periodista crítico que lo fustiga desde Miami, decidiera atraerlo con engaños a la embajada venezolana en Washington y decapitara al pobre tipo, lo cortara en pedazos y lo enterrara en secreto en Foggy Bottom. Supongo que se habrían aplicado sanciones a Maduro desde hace mucho tiempo. Pero no a Arabia Saudita, claro, donde en definitiva no estamos promoviendo la democracia.

Es la hora de la democracia y la prosperidad en Venezuela, afirmó John Bolton esta semana. Oh, sí, claro. Maduro gobierna una nación empapada en petróleo, pero su pueblo muere de hambre. Es un hombre indigno, tonto y vanidoso, aun si sus crímenes no se comparan con los de Saddam. Un colega lo describió acertadamente como un tirano sombrío. Incluso tiene el aspecto de uno de esos tipos que ataban damas a las vías del tren en las películas mudas.

Así que buena suerte a Guaidó. Es palpablemente un tipo agradable, que habla con elocuencia y tiene el tino de abogar por ayuda a los pobres y elecciones libres en vez de obsesionarse por cómo exactamente va a echar fuera a Maduro y sus amigos militares.

En otras palabras, buena suerte… pero cuidado. En vez de suplicar a quienes no quieren apoyarlo –los griegos, por ejemplo–, podría detenerse a mirar a sus amigos extranjeros. Y hacer un recuento rápido de las más recientes cruzadas que han emprendido por la libertad, la democracia y el derecho a la vida. Y, por cierto, ni siquiera he mencionado a Libia.

 Traducción: Jorge Anaya

Publicado enCrisis Venezuela
El presidente Maduro anuncia la ruptura de relaciones con Estados Unidos

23 de enero de 2019.- El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó este miércoles romper relaciones diplomáticas con el Gobierno de Estados Unidos, a quienes acusó de dirigir una operación golpista en Venezuela.


"Como Presidente Constitucional, jefe de Estado, en cumplimiento de mis funciones que juré frente al pueblo de respetar y hacer respetar la independencia, la soberanía y la paz de la República; he decidido romper relaciones diplomáticas y políticas con el Gobierno imperialista de los Estados Unidos", aseveró desde el Palacio de Miraflores, en Caracas.


Indicó que el personal de la embajada estadounidense tiene 72 horas para abandonar el país, y denunció que Estados Unidos dirige una operación golpista para imponer un gobierno que se subordine a sus intereses.


"Este intento de golpe de Estado que se pretende encadenar en el país es la mayor insensatez que ha cometido el imperialismo, sus aliados lacayos de derecha y la oposición venezolana, tengo que decirlo", subrayó.


El gobierno de Donald Trump anunció hoy que sólo reconoce al opositor Juan Guaidó como Presidente de Venezuela.

 


 Trump reconoce a Juan Guaidó como "presidente interino" de Venezuela

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció este miércoles al jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como "presidente interino" del país, en sustitución de Nicolás Maduro, cuyo segundo mandato carece del reconocimiento de la oposición y buena parte de la comunidad internacional.

"Los ciudadanos de Venezuela han sufrido por demasiado tiempo a manos del régimen ilegítimo de Maduro. Hoy, he reconocido oficialmente al Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como Presidente Interino de Venezuela," dijo Trump vía Twitter.


Minutos antes, Guaidó, se ha había autoproclamó como "presidente encargado" de Venezuela, en una manifestación opositora en Caracas, como parte de las movilizaciones convocadas por la oposición a nivel nacional, en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro.

 


Juan Guaidó se auto-juramenta como "Presidente Encargado" de Venezuela

 

El presidente del parlamento venezolano y líder opositor, Juan Guaidó, se autoproclamó hoy como "presidente encargado" de Venezuela, en medio de las manifestaciones convocadas por la oposición a nivel nacional, en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro.


"Hoy 23 de enero, en mi condición de presidente de la Asamblea Nacional, invocando los artículos de la Constitución, ante Dios Todopoderoso, Venezuela y en respeto a mis colegas diputados y miembros de la Unidad, juro asumir las competencias del Ejecutivo Nacional como Presidente Encargado de Venezuela", dijo Guaidó con la mano derecha levantada, frente a sus simpatizantes concentrados en Chacao, al este de Caracas.


Guaidó dijo que su autojuramentación busca "lograr el cese de la usurpación, un Gobierno de transición y tener elecciones libres".


Pocos minutos después, el presidente estadounidense Donald Trump, reconoció a Guaidó como el "Presidente Interino" de Venezuela.


El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) reiteró esta mañana que las acciones de la Asamblea Nacional (AN) son nulas.


La destituida Fiscal General Luisa Ortega Díaz, expresó su inmediato apoyo a Guaidó. "Al recién juramentado presidente encargado @jguaido vaya todo mi apoyo y reconocimiento. Cuente con el Ministerio Público legítimo para restablecer la democracia en el país y el Estado de Derecho. Este es el momento #Venezuela. Apoyemos todos al nuevo Presidente! " dijo Ortega vía Twitter.

 Por: Aporrea | Miércoles, 23/01/2019 

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Seis fases del modelo para provocar el cambio de Gobierno en Venezuela

En el 2012, el Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de los Estados Unidos, publicó un texto del profesor de estrategia militar Max Manwaring, titulado 'Venezuela como exportador de la Guerra de Cuarta Generación'.

En resumen, dicho documento trataba de argumentar que el para entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, a través de la conformación de las milicias y la doctrina de la guerra de todo el pueblo, buscaba hacer inviable los Estados latinoamericanos para "forzarlos a ser declarados como Estados fallidos" y permitir la insurgencia de un movimiento afín al proyecto Bolivariano.

Manwaring se lamentaba de que Estados Unidos no tuviese respecto a Venezuela "una estrategia unificada a largo plazo y una arquitectura organizacional interinstitucional multidimensional para enfrentar el socialismo del siglo XXI de Chávez y su guerra asimétrica asociada". Por tal motivo, hacía algunas recomendaciones al mando militar estadounidense.
Una de ellas, quizá a la que prestaron mayor atención fue la siguiente: "El Ejército podría desarrollar un diseño para usar las fuerzas armadas convencionales en roles no tradicionales encomendados por la nueva sociología del conflicto deliberado descrito anteriormente en el modelo de guerra asimétrica de Chávez y el modelo operativo paramilitar para el cambio radical obligatorio'.


El académico llegaba a la conclusión de que el mejor método para destruir el proyecto bolivariano era usar los preceptos de la guerra de cuarta generación —que arropa una cantidad enorme de doctrinas como la guerra no convencional, irrestricta, híbrida, molecular— en su contra. Manwaring apuntaba que "este tipo de conflicto es principalmente psicológico-político y está dirigido al terreno humano más que al territorio geográfico". A su parecer, el "centro de gravedad primario" no es militar, sino fundamentalmente de "opinión pública y liderazgo".
Las seis fases del modelo operativo paramilitar para el cambio radical obligatorio


Recientemente el senador ruso, Ígor Morózov, alertaba que Estados Unidos preparaba en Venezuela un cambio de Gobierno a través de la puesta en marcha de un nuevo plan de desestabilización. Expresaba la necesidad de que "todos los aspectos tecnológicos de la preparación de una nueva revolución de colores por Washington en Venezuela deben ser descubiertos y documentados. Hay que discutir obligatoriamente en el Consejo de Seguridad de la ONU los pasos ilegales que EEUU está preparando en este país".
Hacer visible y documentar la estrategia de desestabilización contra Venezuela, pasa por releer el texto de Manwaring. En este, quedan de manera bastante explícitas las fases que pretende transitar Estados Unidos para provocar un cambio de Gobierno en el país suramericano.


Primera fase (activada): se busca la inestabilidad y el caos en el país a través de la combinación de una guerra institucional (Asamblea Nacional, Tribunal Supremo de Justicia), una guerra económica (sanciones financieras y comerciales) y de los medios de comunicación (desinformación y propaganda).

Segunda fase (activada): emergencia de "un frente popular (político) de las clases medias" y personas u organizaciones afines para competir y debilitar al Gobierno. Se pretende "apoyar política y psicológicamente las guerras señaladas en la fase uno". En Venezuela, la creación de la coalición denominada Frente Amplio Venezuela Libre y Plan País son pruebas de esto.


Tercera fase (activada): la irrupción de embarcaciones de la transnacional Exxon Mobil en aguas venezolanas, son parte de esta etapa. Según Manwaring se intenta "fomentar los conflictos regionales" a través de iniciativas políticas, como las declaraciones del denominado Grupo de Lima, pero también con acciones militares "encubiertas, graduales y preparatorias para desarrollar y fomentar el apoyo popular a la guerra". Un aspecto a tener en cuenta en esta etapa sería el establecimiento y la defensa de "zonas liberadas (cuasiestados) dentro del Estado".


Cuarta fase (por reactivar): para lograr el desgaste y deslegitimación del Gobierno, se ponen en marcha "manifestaciones, huelgas, violencia cívica, violencia personal, mutilaciones y asesinatos". El objetivo es presentar al Estado como incapaz de llevar las riendas del país.


Quinta fase (por activar): un elemento ineludible sería "desarrollar milicias" en una escala local y regional para luchar en regiones geográficas de interés. En el caso venezolano, la frontera con Colombia luce como el área más viable para este tipo de conflicto. Bandas paramilitares colombianas como los Rastrojos —de donde proviene uno de los elementos que supuestamente tenía previsto atentar contra la vida del presidente de Colombia, Iván Duque— y los Urabeños, brindarían el soporte inicial para estas acciones. Sin embargo, con la llegada al poder de Jair Bolsonaro, no puede descartarse una práctica de desestabilización contra Venezuela desde la región sur, especialmente en las zonas mineras.


Sexta fase (por activar): para Manwaring esta sería la última de las acciones a emprender, luego de lograr "la desmoralización" del Ejército que sirve de bastión defensivo. En este caso, los brazos paramilitares —fase 5— serían apoyados con una fuerza militar de intervención multinacional, tal y como lo ha planteado el vicepresidente brasileño, Hamilton Mourao.

Atacar la esperanza


En el Pentágono reconocieron, hace tiempo, que era imposible derrotar al proyecto bolivariano si no se lograba menguar el nivel de bienestar social y económico alcanzado durante el segundo periodo del Gobierno de Hugo Chávez. Es decir, lograron un "análisis correcto" de la motivaciones y expectativas del venezolano promedio. También reconocieron, al igual que lo hace Manwaring, que "Chávez y sus partidarios comprenden la importancia de los sueños sobre la supervivencia y una vida mejor para una gran parte de la población. Esas son las bases del poder, todo lo demás es ilusión".


En la guerra planteada contra Venezuela, lo vital no es tanto golpear directamente al Gobierno —a sus fuerzas policiales o militares—, como socavar su base de respaldo popular y legitimidad. El desgaste que sufre la población a través de las distintas estrategias de sabotaje y ataque a su seguridad y bienestar personal son "medios probados para el debilitamiento de los Estados", asegura Manwaring.

Y más adelante argumenta con abrumadora certeza: "A menos que una sociedad perciba que su Gobierno trata los asuntos de seguridad personal, bienestar y desarrollo socioeconómico de manera justa y efectiva, el potencial de las fuerzas internas o externas para desestabilizar y subvertir un régimen es considerable. Los regímenes que ignoran esta lección a menudo se encuentran en una crisis de gobierno".


Por tanto, en esta fase de acciones la guerra está dirigida a explotar las vulnerabilidades de sus adversarios y a sus preceptos psicológicos. El caso reciente del magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, Christian Zerpa, que se ha marchado a Miami, es una prueba del escenario de corto plazo que se viene. No es una casualidad que algo así ocurriese, tal y como Manwaring lo explica: resulta sumamente efectivo utilizar "la complicidad, la intimidación, la corrupción y la indiferencia" para "cooptar discretamente a políticos, burócratas y personas de seguridad" del Gobierno a ser derrocado.

Por otro lado, existen tácticas que han sido probadas como ineficaces. Las protestas masivas son una de ellas. Aunque no vayan a ser descartadas, el enfoque ahora será la derrota sistémica del modo de vida de la población venezolana. El dólar paralelo rebasó la barrera de los 1.000 bolívares y el aumento de precios no da señales de ceder. En los centros de pensamiento del Ejército estadounidense, se dice con frecuencia que los cambios de Gobierno no son eventos, sino parte de un proceso.

Manwaring lo resume de la siguiente forma: "el proceso de fracaso estatal tiende a pasar de la violencia personal a un aumento de la violencia colectiva y el desorden social a los secuestros, los asesinatos la corrupción personal e institucional, la anarquía criminal y los desplazamientos internos y externos de la población. (…) El impulso de este proceso de violencia tiende a evolucionar hacia una violencia social más generalizada, una grave degradación de la economía y una capacidad gubernamental disminuida para brindar seguridad personal y colectiva y garantizar el Estado de derecho a todos los ciudadanos".


Si de algo debe cuidarse el Gobierno bolivariano es de caer en la trampa que la propia guerra no convencional produce: la crisis. Esto tiene dos lecturas, por un lado, el Gobierno no puede parecer irresponsable y mucho menos insensible ante el deterioro del bienestar de sus ciudadanos, pues tal como lo enseñó el filósofo Thomas Hobbes, una de las razones por la que los individuos ceden su libertad individual a un Estado, es para obtener a cambio garantías de protección. Devolvernos a la lógica del "hombre como lobo del hombre" es el arma para que los ciudadanos pierdan la fe en sus instituciones.


En un segundo aspecto y visto que el componente esencial de esta guerra va del plano de las condiciones materiales a las espirituales, y viceversa, resulta supremamente necesario que la comunicación política de un Gobierno sometido a una guerra multidimensional, no convencional, irrestricta, como la que se ve en Venezuela, no debe mantener a su base de apoyo en las tensas neblinas que la crisis promueve en los ánimos colectivos. Si no se habla con la verdad y de manera oportuna, las redes sociales digitales tomarán el asiento vacío que se les deje. Entonces, las falsas banderas y operaciones de información, estarán a la orden del día y la mente colectiva será guiada no por una política comunicacional que responda a la defensa de la soberanía territorial, sino por un laboratorio cuya agenda será la guerra civil.
Ganar o ganar, en el 'ajedrez del mago'


En los próximos días, la Asamblea Nacional de oposición y en franca alineación con el Departamento de Estado, ha dispuesto el tablero en el que aspiran se juegue la política venezolana de los próximos meses. Si queremos saber su naturaleza y alcance, veamos lo que tiene Max Manwaring que decir acerca de la guerra de cuarta generación.
Usando como metáfora el 'ajedrez del mago' que aparece en el libro 'Harry Potter y la piedra filosofal', Manwaring expone una cruda dinámica a la que no hace falta agregarle más palabras.


"En ese juego, los protagonistas mueven las piezas en silencio y sutilmente por todo el tablero de juego. Bajo la dirección estudiada de los jugadores, cada pieza representa un tipo diferente de poder directo e indirecto y podría realizar simultáneamente sus ataques letales y no letales desde diferentes direcciones. Cada pieza no muestra piedad contra su enemigo y está preparada para sacrificarse, para permitir que otra pieza tenga la oportunidad de destruir o controlar a un oponente, o de darle jaque mate al rey. Sin embargo, a largo plazo, este juego no es una prueba de pericia para crear inestabilidad, conducir la violencia o lograr algún tipo de satisfacción moral. En definitiva, es un ejercicio de supervivencia. La falla de un jugador en el ajedrez del mago es la muerte, y no es una opción", escribe Manwaring.

05:50 08.01.2019(actualizada a las 07:17 08.01.2019)

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Donald Trump y Melania Trump se reunieron el jueves con soldados de su país en la base aérea de Ramstein, Alemania. El presidente estadunidense aprovechó una visita relámpago a sus tropas en Irak para defender su retirada de Siria y declarar que ha llegado a su fin el papel de Estados Unidos como policía global.Foto Afp

En la Era de los misiles hipersónicos, como el icónico Avangard que exulta el zar Vlady Putin, cambiaron radicalmente las coordenadas del tiempo y el espacio, cuando una invasión militar puede ser paradójicamente más incómoda que benéfica (http://bit.ly/2QaKTSt)”.

 

Varios medios de Estados Unidos confesaron que carecen de "defensa alguna" contra el misil hipersónico ruso Avangard (http://bit.ly/2QbcQtc), lo cual adelanté hace casi un año (http://bit.ly/2OTZvX3).

 

Trump anunció en forma intempestiva la salida del ejército estadunidense de Siria y su retirada "a medias" en Afganistán, donde mantiene 14 mil tropas que serán reducidas a la mitad, mientras fortalece su presencia en Irak (http://bit.ly/2VhU3QX), lo cual orilló al secretario del Pentágono, general James Ma-ttis, a presentar su renuncia en términos poco amables (http://bit.ly/2rW2LGR).

 

Trump se queda sin los militares con quienes inició su polémico mandato: el teniente general Michael Flynn y los generales H.R. McMaster, James Mattis y John Kelly, pero en su calidad de comandante supremo de las fuerzas armadas de Estados Unidos visitó, con su esposa Melania, la base aérea Al-Assad en Irak occidental, con el fin de diluir las protestas domésticas de sus adversarios e iniciar su campaña de relección.

 

A mi juicio, el redespliegue de Trump es para concentrarse en sus dos grandes guerras –geoeconómica y geopolítica– contra China, como declaré a CNN (http://bit.ly/2QawrK0).

 

La derrota de Estados Unidos desde Siria hasta Afganistán es de los Bush, Obama y Hillary Clinton; no de Trump.

 

La cartografía de Medio Oriente cambió dramáticamente con vencedores y perdedores: entre los primeros, Rusia, Irán, Turquía; y entre los segundos, Estados Unidos, los kurdos (http://bit.ly/2Q7RJYU), Israel y la mayoría de las seis petromonarquías del Golfo, con la excepción de Catar.

 

Durante mi reciente estancia en Estambul, detecté el eje conformado por Turquía/Irán/Catar/Hamas (Gaza), lo cual deja atrás el simplismo maniqueo de sunitas contra chiítas que beneficia las balcanizaciones israelí-anglosajonas.

 

Se gesta la división de Medio-Oriente entre su geografía norteña más poderosa (Turquía/Irán/Pakistán) y sureña, primordialmente empantanada con su guerra en Yemen –la cual había sido anticipada por Alastair Crooke, ex agente británico, luego asesor del canciller europeo Javier Solana y hoy connotado analista de Strategic Culture.

 

Es probable que, además de los dos trascendentales factores del misil supersónico ruso Avangard y de las dos guerras –geoeconómica y geopolítica– de Trump contra China, haya contribuido el "efecto Khashoggi".

 

No pasaron desapercibidos tanto la inusitada dureza del Congreso contra la presencia de Arabia Saudita en Yemen como el reporte de la CIA contra el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán, quien nunca ocultó su repugnancia hacia sus "tres villanos": Turquía, Irán y el "extremismo islámico" (https://reut.rs/2Q7QngM ).

 

Los vacíos siempre se llenan. Sputnik anuncia que “Turquía continúa la concentración de tankers y artillería cerca de su frontera con Siria”, donde se concentran los kurdos “apoyados ( sic)” por Estados Unidos e Israel (http://bit.ly/2QaCIWc).

 

También el portal ruso asevera que el “Kremlin confirma el control de la estratégica ciudad de Manbij por el ejército sirio (http://bit.ly/2VciQWB)”.

 

La intempestiva salida de Trump de Siria y su media retirada de Afganistán han tenido reverberaciones con el trueque de las alianzas intermitentes: visita del presidente sudanés Omar al-Bashir a Siria; reapertura de la embajada de Emiratos Árabes Unidos en Damasco; probable invitación del presidente sirio Al Assad a la próxima cumbre de la Liga Árabe de marzo en Túnez; cambio del gabinete en Arabia Saudita, etcétera.

 

De no ser por la concentración del ejército de Estados Unidos en Irak –donde tampoco es muy bien recibido que se diga frente a la protesta de la mayoría de los chiítas pro-iraníes que piden la expulsión del ejército ocupante después de 17 años–, ahora estuviésemos ante la concreción del "corredor chiíta"–eco del famoso "Creciente chiíta" que adelanté hace 12 años (http://bit.ly/2Qcvcdo)– desde Teherán hasta Beirut.

 

http://alfredojalife.com

@AlfredoJalifeR_

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Sábado, 29 Diciembre 2018 07:32

Los kurdos se acercan a Assad

Los kurdos se acercan a Assad

El anuncio de Trump de la retirada de tropas de Siria tuvo su primer efecto inesperado. Ante la amenaza de una invasión turca, las milicias kurdas le pidieron ayuda a Damasco después de siete años de combate y autonomía.
 
El reciente anuncio del presidente Donald Trump sobre el retiro de tropas norteamericanas en Siria acaba de tener un resultado inesperado. La mayor milicia kurda en territorio sirio, las Unidades de Protección del Pueblo, acaba de pedirle al gobierno de Bashar al-Assad protección militar contra una muy posible invasión turca al territorio que controla. La voltereta es inesperada porque en los siete años de guerra civil siria, los kurdos fueron enemigos del gobierno de Damasco, lograron claros triunfos militares y tomaron territorios importantes. Pero los kurdos lograron esos objetivos con una mínima ayuda norteamericana en el terreno y un fuerte apoyo aéreo y político, que ahora se acaba. Los kurdos interpretan el retiro de EE.UU. como una traición y se reacomodan.


Las Unidades pidieron específicamente tropas para proteger la ciudad de Manbij contra un posible ataque turco. Manjib es uno de los centros urbanos del territorio controlado por los kurdos en el noreste sirio, un área tomada con ayuda norteamericana contra el Estado Islámico. La región, una cuarta parte del territorio de Siria, es importante por su fertilidad y sus reservas petroleras, y todavía aloja a unos dos mil soldados de EE.UU. El área es además fronteriza con las regiones kurdas en Turquía, lo que hace tiempo alarma a Ankara, que se suma así de facto a un frente anti turco ya compuesto por Rusia, Siria e Irán, que buscan que Damasco vuelva a controlar esa región. El territorio no fue atacado por el paraguas político norteamericano. El anuncio de Trump parece haber convencido a los kurdos que es mejor negociar con Assad antes de ser atacados.


La negociación no va a resultar fácil, ya que hasta este primer paso está generando mensajes contradictorios y problemáticos. Los kurdos anunciaron que invitaron a las tropas del gobierno a pasar por Manjib para tomar posiciones en la frontera con Turquía, como un disuasorio de una posible invasión. Si fuera así, la presencia de tropas que obedecen a Assad sería realmente una barrera, ya que un ataque turco involucraría a Ankara en una guerra civil en la que logró mantenerse bastante prescindente. Lo que no queda en absoluto claro es qué significaría la presencia militar siria en el territorio para los kurdos, que hasta ahora se vienen manejando como una autonomía.


Como para preocuparse, el ejército sirio anunció ayer que sus tropas ya habían entrado a Manjib y que la bandera nacional volvía a ondear sobre la ciudad. Pero los vecinos de Manjib desmintieron la presencia militar en el lugar a todas las agencias de noticias que llamaron. El comunicado oficial sirio ni menciona a los kurdos y solamente dice que el ejército “sigue comprometido con la tarea de restaurar la plena soberanía nacional en cada centímetro del territorio sirio”. El tono del comunicado no augura una solución flexible para los turcos en un territorio que se acostumbraron a gobernar como propio.

 

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Francia lanza una fuerza europea de intervención militar ajena a la UE

Nueve países, entre ellos España, conforman un grupo reducido para operaciones urgentes

Francia se alía con ocho Estados europeos para crear una fuerza común de intervención militar. El proyecto, ajeno a la Unión Europea, persigue agilizar los procedimientos para actuar conjuntamente en misiones de interés europeo, también de tipo civil. Los nueve países participantes, entre los que figura España, firmaron este lunes una carta de intenciones para sellar su compromiso. Aunque está en proceso de abandono del bloque comunitario, Reino Unido se adhiere a esta iniciativa. De esa forma, París logra mantenerlo como aliado militar clave tras el Brexit.


La defensa se ha convertido en uno de los ámbitos con más potencial de crecimiento en la UE. El marco de cooperación permanente que constituyeron a finales del año pasado 25 Estados miembros (PESCO, por sus siglas en inglés) y la existencia de fondos comunitarios para financiar desarrollos militares son la principal muestra. Pero Francia quedó algo descontenta con el perfil que adoptó ese plan de integración, más inclusivo que ambicioso, y ha optado por avanzar con un núcleo duro de países en el ámbito que más le interesa: las misiones militares en el exterior. La idea se denomina iniciativa de intervención europea, un nombre que, como casi todos los planes de defensa que emergen en el continente, excluye la palabra militar.


Además de Francia, España y Reino Unido, ese grupo limitado lo forman Alemania, Bélgica, Holanda, Portugal, Dinamarca y Estonia. Italia, que no atraviesa el mejor momento de relación bilateral con Francia tras los choques mantenidos en los últimos días a cuenta de la migración, queda fuera del plan. Este país, en cambio, sí figuraba en el núcleo inicial de Estados europeos que abogaron por una mayor integración en el ámbito de la defensa.


Con la excepción de Italia, el grupo incluye a todos los gigantes de la defensa en la UE más otros países de tamaño mediano. La gran excepción es Estonia, uno de los Estados con menos población del bloque comunitario, pero con gran experiencia en amenazas híbridas, especialmente en ciberataques. Esa vertiente es esencial para hacer frente a los principales desafíos de la seguridad europea.


La ministra española del ramo, Margarita Robles, ha confirmado la participación de España. “Hemos firmado este compromiso con [el presidente francés, Emmanuel] Macron, es un foro para abordar la cultura de compromiso en defensa y en inteligencia. Y España tiene protagonismo en este campo”, ha señalado desde Luxemburgo, donde participa en una reunión de ministros europeos de Defensa.


La iniciativa de intervención fue esbozada por primera vez en el discurso que Macron pronunció en la Sorbona el pasado mes de septiembre. Allí, Macron aludió a la necesidad de “ir más lejos” de lo que va la cooperación estructurada en el marco de la UE. El motivo, en su opinión, es que falta una estrategia común. “Nuestra incapacidad para actuar juntos de manera convincente cuestiona nuestra credibilidad como europeos”, dijo entonces.


Su ministra de Defensa, Florence Parly, aludió el domingo, en una entrevista con el diario francés Le Figaro, a un ejemplo concreto. “Si hubiera que volver a hacer una operación como Serval, iniciada en Malí en 2013, desearíamos poder hacerla entre varios. Pero los retrasos y las decisiones en la UE son todavía demasiado largos respecto a la urgencia que puede requerir una situación crítica”, argumentó.


África, un área de gran interés para la seguridad de Francia y España, es el ámbito de mayor potencial para estas operaciones. Pese a que el ámbito militar es prioritario, la ministra francesa subraya también la dimensión civil. "Queremos desarrollar una cooperación entre países con voluntad política y capacidad militar para intervenir, si así lo deciden, en varios escenarios. No solo militares, sino también civiles”, ha señalado la ministra Parly tras la firma de este acuerdo en Luxemburgo, según informa France Presse.


Alianza clave con Reino Unido


Francia intenta, por tanto, sortear los largos procesos de decisión en la UE para crear un grupo selecto más centrado en misiones. Esa fue su primera intención al construir la PESCO, pero la insistencia alemana en crear un proyecto inclusivo y más centrado en desarrollo de capacidades comunes que en misiones diluyó esta faceta de fuerza de intervención.


En ese espíritu, Alemania, siempre más cauta a la hora de hablar de proyectos excluyentes en un ámbito sensible como el militar, prefirió hablar de un foro que hay que conectar con la UE. La ministra, Ursula von der Leyen, insistió en la necesidad de "vincularlo lo más estrechamente posible a la defensa europea ", aunque admitió que dependerá directamente de los países que lo integran.


Fuentes diplomáticas destacan la importancia de mantener a Reino Unido en un círculo de cooperación europea en defensa, aunque sea fuera de la UE. “Se pretende armonizar la manera como concebimos las operaciones defensivas. Ahora Reino Unido es casi el único país con el que Francia comparte una cultura de estrategia. Queremos que, cuando nos planteemos una intervención exterior, no tengamos que decidir cada vez sobre cómo la organizamos”, abundan fuentes diplomáticas.


De momento no hay muchos más detalles de esta iniciativa, que no parece inquietar a Bruselas. “Esa estrategia de intercambios entre fuerzas armadas europeas no puede sino ayudar. No veo riesgos de duplicidad para la PESCO”, concluyó en conferencia de prensa la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini.


El plan selectivo queda también fuera de la OTAN, cuya relación con la UE se enfrenta ahora a enormes desafíos por la actitud del presidente estadounidense, Donald Trump, de exigir a los aliados europeos un aumento del gasto en defensa, que en buena medida revierte en compañías estadounidenses. La iniciativa francesa supone un elemento más en la reafirmación de autonomía que busca como mínimo una parte de los socios europeos.

Bruselas 26 JUN 2018 - 02:34 COT

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