Francia lanza una fuerza europea de intervención militar ajena a la UE

Nueve países, entre ellos España, conforman un grupo reducido para operaciones urgentes

Francia se alía con ocho Estados europeos para crear una fuerza común de intervención militar. El proyecto, ajeno a la Unión Europea, persigue agilizar los procedimientos para actuar conjuntamente en misiones de interés europeo, también de tipo civil. Los nueve países participantes, entre los que figura España, firmaron este lunes una carta de intenciones para sellar su compromiso. Aunque está en proceso de abandono del bloque comunitario, Reino Unido se adhiere a esta iniciativa. De esa forma, París logra mantenerlo como aliado militar clave tras el Brexit.


La defensa se ha convertido en uno de los ámbitos con más potencial de crecimiento en la UE. El marco de cooperación permanente que constituyeron a finales del año pasado 25 Estados miembros (PESCO, por sus siglas en inglés) y la existencia de fondos comunitarios para financiar desarrollos militares son la principal muestra. Pero Francia quedó algo descontenta con el perfil que adoptó ese plan de integración, más inclusivo que ambicioso, y ha optado por avanzar con un núcleo duro de países en el ámbito que más le interesa: las misiones militares en el exterior. La idea se denomina iniciativa de intervención europea, un nombre que, como casi todos los planes de defensa que emergen en el continente, excluye la palabra militar.


Además de Francia, España y Reino Unido, ese grupo limitado lo forman Alemania, Bélgica, Holanda, Portugal, Dinamarca y Estonia. Italia, que no atraviesa el mejor momento de relación bilateral con Francia tras los choques mantenidos en los últimos días a cuenta de la migración, queda fuera del plan. Este país, en cambio, sí figuraba en el núcleo inicial de Estados europeos que abogaron por una mayor integración en el ámbito de la defensa.


Con la excepción de Italia, el grupo incluye a todos los gigantes de la defensa en la UE más otros países de tamaño mediano. La gran excepción es Estonia, uno de los Estados con menos población del bloque comunitario, pero con gran experiencia en amenazas híbridas, especialmente en ciberataques. Esa vertiente es esencial para hacer frente a los principales desafíos de la seguridad europea.


La ministra española del ramo, Margarita Robles, ha confirmado la participación de España. “Hemos firmado este compromiso con [el presidente francés, Emmanuel] Macron, es un foro para abordar la cultura de compromiso en defensa y en inteligencia. Y España tiene protagonismo en este campo”, ha señalado desde Luxemburgo, donde participa en una reunión de ministros europeos de Defensa.


La iniciativa de intervención fue esbozada por primera vez en el discurso que Macron pronunció en la Sorbona el pasado mes de septiembre. Allí, Macron aludió a la necesidad de “ir más lejos” de lo que va la cooperación estructurada en el marco de la UE. El motivo, en su opinión, es que falta una estrategia común. “Nuestra incapacidad para actuar juntos de manera convincente cuestiona nuestra credibilidad como europeos”, dijo entonces.


Su ministra de Defensa, Florence Parly, aludió el domingo, en una entrevista con el diario francés Le Figaro, a un ejemplo concreto. “Si hubiera que volver a hacer una operación como Serval, iniciada en Malí en 2013, desearíamos poder hacerla entre varios. Pero los retrasos y las decisiones en la UE son todavía demasiado largos respecto a la urgencia que puede requerir una situación crítica”, argumentó.


África, un área de gran interés para la seguridad de Francia y España, es el ámbito de mayor potencial para estas operaciones. Pese a que el ámbito militar es prioritario, la ministra francesa subraya también la dimensión civil. "Queremos desarrollar una cooperación entre países con voluntad política y capacidad militar para intervenir, si así lo deciden, en varios escenarios. No solo militares, sino también civiles”, ha señalado la ministra Parly tras la firma de este acuerdo en Luxemburgo, según informa France Presse.


Alianza clave con Reino Unido


Francia intenta, por tanto, sortear los largos procesos de decisión en la UE para crear un grupo selecto más centrado en misiones. Esa fue su primera intención al construir la PESCO, pero la insistencia alemana en crear un proyecto inclusivo y más centrado en desarrollo de capacidades comunes que en misiones diluyó esta faceta de fuerza de intervención.


En ese espíritu, Alemania, siempre más cauta a la hora de hablar de proyectos excluyentes en un ámbito sensible como el militar, prefirió hablar de un foro que hay que conectar con la UE. La ministra, Ursula von der Leyen, insistió en la necesidad de "vincularlo lo más estrechamente posible a la defensa europea ", aunque admitió que dependerá directamente de los países que lo integran.


Fuentes diplomáticas destacan la importancia de mantener a Reino Unido en un círculo de cooperación europea en defensa, aunque sea fuera de la UE. “Se pretende armonizar la manera como concebimos las operaciones defensivas. Ahora Reino Unido es casi el único país con el que Francia comparte una cultura de estrategia. Queremos que, cuando nos planteemos una intervención exterior, no tengamos que decidir cada vez sobre cómo la organizamos”, abundan fuentes diplomáticas.


De momento no hay muchos más detalles de esta iniciativa, que no parece inquietar a Bruselas. “Esa estrategia de intercambios entre fuerzas armadas europeas no puede sino ayudar. No veo riesgos de duplicidad para la PESCO”, concluyó en conferencia de prensa la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini.


El plan selectivo queda también fuera de la OTAN, cuya relación con la UE se enfrenta ahora a enormes desafíos por la actitud del presidente estadounidense, Donald Trump, de exigir a los aliados europeos un aumento del gasto en defensa, que en buena medida revierte en compañías estadounidenses. La iniciativa francesa supone un elemento más en la reafirmación de autonomía que busca como mínimo una parte de los socios europeos.

Bruselas 26 JUN 2018 - 02:34 COT

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Viernes, 15 Junio 2018 07:05

Alcances imperiales del Comando Sur

Alcances imperiales del Comando Sur

En el documento del jefe del Comando Sur, almirante Kurt W. Tidd, presentado en el Comité Senatorial de Fuerzas Armadas de Estados Unidos en febrero, se reitera la narrativa sobre Venezuela que los imperialistas han impuesto en los medios de comunicación planetarios: la de un "régimen dictatorial" colapsado, convulsionado, con una crisis política, económica y humanitaria, marcada por la escasez de medicinas, comida y energía eléctrica, y en la que 93 por ciento de los venezolanos no pueden cubrir sus necesidades alimentarias y con un "éxodo" de medio millón de personas fuera del país. Claro, el inhumano bloqueo político, financiero y de mercancías de primera necesidad por parte de Estados Unidos, sus aliados y los grupos oligárquicos de la oposición fascista no son mencionados en el "acucioso" diagnóstico del almirante-sociólogo. Asimismo, el categórico triunfo electoral del presidente Nicolás Maduro, con 67 por ciento de los votos válidos y un acompañamiento de observadores electorales de diversas posiciones políticas, avalando la legitimidad del proceso, refutan esta visión catastrófica. La mentira cae por su propio peso.

El almirante advierte que, pese a amenazas y retos en el hemisferio de actores estatales y no estatales, internos y externos, Estados Unidos ha logrado construir una red regional de seguridad y fortalecer la capacidad, capacitación e interoperatividad, así como profundizar información y relaciones con sus aliados regionales "comprometidos y capaces". El jefe del Comando Sur destaca con mucho entusiasmo los avances de sus aliados: El Salvador, Guatemala, Honduras, Belice, Panamá, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Trinidad, Tobago, Argentina y Ecuador.

Tidd rinde tributo a los aparatos de seguridad de estos países como piezas claves en la tarea de coadyuvar en labores de la seguridad nacional de Estados Unidos. Sin embargo, el aliado predilecto de Estados Unidos es Colombia; Tidd no ahorra adjetivos: "Como socio de la OTAN, ancla de la estabilidad regional y colaborador emergente de los desafíos de la seguridad global, Colombia sigue siendo un amigo leal cuyo liderazgo es fundamental para enfrentar las amenazas regionales".

Recomienda una reorganización interna del Comando Sur para enfrentar eficientemente "las amenazas criminales y extremistas desde su origen". Informa que Panamá, Trinidad y la República Dominicana, al igual que Guatemala y El Salvador han incrementado intercepciones marítimas exitosas en apoyo directo y bajo el mando de fuerzas militares de Estados Unidos, con operaciones navales y aéreas. Igualmente Brasil, Chile, Perú y Colombia participan en estas "operaciones multinacionales".

De todos estos países, el almirante vuelve a destacar a Colombia como "aliado indispensable": "Hoy en día es inconcebible que permitamos cualquier disminución de nuestros lazos con Colombia." Se refiere al papel de este país como "líder" y exportador neto en materia de seguridad para México, América Central y el Caribe.

Por medio del Comando Sur se fortalece la cooperación de los aparatos de seguridad de los "aliados" latinoamericanos con el FBI, la DEA y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Tidd hace apología de la "ayuda humanitaria" que Estados Unidos brinda desinteresadamente a los países de la región por conducto de su base aérea Soto Cano en Honduras, para responder presuntamente a desastres naturales y promover cooperación en materia de seguridad, todo ello en concurrencia con el Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, también conocida por sus siglas en inglés, USAID que, como hermanitas de la caridad, están muy preocupadas por mejorar la "gobernanza" y "prevenir el crimen y la violencia, promover la prosperidad y extender la presencia del Estado mediante sus compromisos médicos y humanitarios". Con estas coberturas "altruistas", la base Soto Cano de Honduras es la sede de un sofisticado centro de análisis de inteligencia conocido como Forensic Explotation and Analysis Center, el primero de su tipo en América Central.

Tidd también resalta el fortalecimiento de las relaciones del Comando Sur con el Comando Norte y el Cuerpo de Marinos Norte que han llevado a cabo operaciones combinadas multinacionales y trasregionales con fuerzas de seguridad mexicanas, guatemaltecas y beliceñas, de las cuales el Senado de México parece no tener noticia.

En suma, de este documento se infiere que una eventual acción militar de Estados Unidos, directa o indirecta, contra Venezuela, podría darse desde Colombia, ahora flamante integrante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Asimismo, es de lamentar el papel de las fuerzas armadas y los aparatos de seguridad de los países "aliados" (incluyendo México, en el Comando Norte) que, actuando como ejércitos de ocupación y represión de sus propios pueblos, están al servicio de los intereses estratégicos de Estados Unidos en América Latina, como dóciles instrumentos del imperio

 

Por Gilberto López y Rivas / II

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Tillerson, la militarización y el petróleo

En el contexto de una disputa geopolítica con competidores capitalistas extracontinentales (China, Rusia, Unión Europea) que desafían la hegemonía del imperio en su tradicional zona de influencia, la reciente gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica tuvo una clara proyección expansionista con base en dos ejes principales: seguridad y energía.

Como integrante de la clase capitalista trasnacional, Tillerson, ex director ejecutivo de la corporación petrolera privada estadunidense Exxon-Mobil, cuarta compañía del ramo a escala mundial detrás de las estatales Aramco (Arabia Saudita), NIOC (Irán) y CNPC (China), esgrimió un enfoque "mercantilista primitivo" (Jorge Eduardo Navarrete dixit), tan anacrónico como la Doctrina Monroe en la que basó su discurso en la Universidad de Texas, en Austin, un día antes de su arribo a México.

El "modelo Tillerson" de relaciones hemisféricas encarna la tradicional diplomacia de guerra de Washington, acentuada ahora debido a la crisis estructural y de legitimidad del sistema capitalista mundial, caracterizada por William I. Robinson como la fusión del poder político reaccionario en el Estado, fuerzas ultraderechistas, autoritarias y neofascistas en la sociedad civil, y el capital corporativo trasnacional. Una triangulación de intereses que, en perspectiva, bajo la administración Trump, va configurando un "Estado policiaco global" de corte neofascista.

En ese contexto, las fracciones del gran capital más propensas a un fascismo del siglo XXI se sitúan en el sector financiero especulativo, el complejo militar-industrial-securitario-mediático y en las industrias extractivistas, entrelazadas con el capital de alta tecnología/digital.

Dada la magnitud de la crisis del capitalismo, su alcance global, el deterioro social y el grado de degradación ecológica que genera, para contener las protestas y/o rebeliones reales o potenciales, la plutocracia dominante viene impulsando diversos sistemas de control social de masas, represión y guerra (abiertas o clandestinas), que son utilizados, además, como herramientas para obtener ganancias y seguir acumulando capital frente al estancamiento. Lo que Robinson llama "acumulación militarizada" o "por represión".

Tal categorización alude al talón de Aquiles del capitalismo: la sobreacumulación. La creciente brecha entre lo que se produce y lo que el mercado puede absorber. Si los capitalistas no pueden vender sus productos, no obtienen ganancias. Dada la enorme concentración de la riqueza –con sus correlativos niveles de polarización social y desigualdad global sin precedente−, la clase capitalista trasnacional necesita encontrar salidas productivas rentables para descargar enormes cantidades de excedentes acumulados.

De allí que los complejos energéticos y extractivistas recurran a la intensificación y profundización del neoliberalismo vía la privatización de la infraestructura carretera, portuaria, aeroportuaria, ferrocarrilera, de oleoductos, gasoductos y electricidad (verbigracia, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad en el caso mexicano); la superexplotación laboral y precarización del trabajo (subcontratación, tercerización), y políticas de desregulación total y mayor subsidio al capital trasnacional.

Dichas políticas de relocalización de capitales, reindustrialización y acumulación por desposesión o despojo de territorios y materias primas en economías dependientes, se ha venido dando en México, Centro y Sudamérica por conducto de golpes suaves, la imposición de facto de un estado de excepción permanente y el establecimiento de estados policiacos, cuyo soporte son la militarización de la sociedad civil y distintas modalidades de guerras tácticas sin fin, camufladas como lucha antidrogas o contra "enemigos internos" −los mapuches bajo el (des)gobierno de Mauricio Macri−, con armamentos avanzados impulsados por la inteligencia artificial, incluidos sofisticados sistemas de monitoreo, rastreo, seguridad y vigilancia.

En ese contexto cabe resaltar que en su discurso en la Universidad de Texas, Tillerson colocó la energía, en particular los hidrocarburos (petróleo, gas, aceites no convencionales), como punto nodal de la renovada estrategia hemisférica de la administración Trump. Puso como "modelo" la fuerza energética de América del Norte; la apertura (privatización) de los mercados de energía en México, y el papel de Estados Unidos como proveedor de gas natural para nuevas generadoras de electricidad en la región.

De hecho, México −que desde 2007 con la Iniciativa Mérida encabeza la lista de ayuda encubierta de inteligencia militar del Pentágono y la CIA, después de Afganistán− va camino a ser reconvertido en una plataforma de exportación de petróleo, gas natural y gasolinas producidas en la Cuenca de Permian y Luisiana, hacia el mercado asiático (Japón, China, India, Corea del Sur, Taiwán), vía los puertos de Manzanillo y el eje Coatzacoalcos/Salina Cruz, en el Istmo de Tehuantepec, que aprovechando la infraestructura instalada de Pemex, dará a las corporaciones de energía ventajas por menor tiempo y bajo costo de transporte, que si lo hicieran mediante el Canal de Panamá.

Dado que los hidrocarburos son un componente central de la estrategia neocolonial militarizada y de "seguridad energética" de Donald Trump y las corporaciones del sector −en clave de restauración conservadora y de defensa de su hegemonía−, Petróleos de Venezuela (PDVSA, quinta empresa petrolera mundial) fue otro objetivo central de la gira de Tillerson. De allí que instruyera a los gobiernos colaboracionistas cipayos de Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri, Pedro Kuczynski y Juan Manuel Santos, las nuevas modalidades que deberán desempeñar de cara a la intensificación del cerco militar, económico y financiero contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, incluido un eventual embargo petrolero como nuevo precipitador de una "crisis humanitaria" que justifique una intervención militar multilateral.

 

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De los muros de Clinton/Baby Bush/Videgaray al muro israelíde Trump: neo-monroismo amurallado

Son momentos delicados y de ajustes en la política doméstica de EU cuando convergen cuatro eventos disruptivos: 1. El explosivo Memorándum Nunes que coloca en la picota a todo su sistema judicial, así como al FBI y a la legendaria perfidia de los Clinton, con el apoyo de Obama y George Soros; 2. El despido de Janet Yellen de la gubernatura de la Reserva Federal y su sustitución por Jerome Powell, abogado de Princeton quien no es economista –se ignora si eso es bueno o malo, a como están las cosas– y que fue recibido con un sonoro desplome de la bolsa de Wall Street con repercusiones globales; 3. La fatídica negociación en el Congreso para impedir el cierre financiero del gobierno, en donde se juega la construcción del muro Trump a cambio del permiso a los dreamers (https://goo.gl/9Bj2qw), entre los cuales 80 por ciento de los 800 mil es de origen mexicano; y 4. Retumban de nuevo los tambores de guerra trumpianos que busca su primer bautizo contra Norcorea mediante un ataque preventivo y bendito como nariz sangrienta (https://goo.gl/Nj9VQx).

Gran parte de la flagrante desinformación en México sobre el muro Trump, en el que han participado en forma mendaz dos ex presidentes panistas Fox –que ya se pasó al PRI– y el itamita Felipe Calderón –que espera el momento preciso para apoyar a Meade– quienes ocultan que existen ya dos muros, uno iniciado por Clinton y otro avanzado por Baby Bush y que en su totalidad han cerrado la tercera parte de la transfrontera.

Faltaría agregar el muro Videgaray (https://goo.gl/gxFsTz) proyectado por EU en la frontera de Chiapas con Guatemala y cuyo costo, hasta ahora, será cubierto por el gobierno trumpiano.

Es lamentable que dos ex presidentes supuestamente mexicanos no estén enterados que ante sus narices Clinton y Baby Bush hayan construido la tercera parte del ignominioso muro y que solamente se enfoquen a la otra tercera parte del muro Trump que será construido por empresas de Israel (https://goo.gl/CC8zez).

The New York Times acaba de publicar una ilustrativa infografía que sería conveniente leyesen los dos ex presidentes panistas y hoy neo-priístas, pero más que nada, el ignaro Congreso que ha llegado hasta el oprobio de disfrazarse en los recintos con las camisetas de la derrotada candidata Hillary Clinton.

Según NYT, el gobierno ha construido 700 millas (Nota: mil 126.54 kilómetros) del muro desde 2006, la mayor parte en terrenos federales y donde no existe una barrera natural: específicamente desde San Diego hasta un poco más allá de El Paso, es decir, cierra las transfronteras de California, Arizona y Nuevo México.

El muro faltante proviene primordialmente de Texas, aunque ya existe una pequeña parte del muro desde Brownsville hasta un poco más allá de McAllen (https://goo.gl/QRwJs8).

Trump ya elevó la puja de su muro al pasar de 18 mil millones de dólares a 25 mil millones que solicitó al Congreso y que incluye, por encima de la infraestructura, extras para su tecnología y su personal, siempre y cuando se convenga un acuerdo sobre los dreamers a cambio de no cerrar los gastos del gobierno (https://goo.gl/vwqmzf).

El portal Breitbart, ya sin el ideólogo defenestrado del trumpismo Steve Bannon, da mucho vuelo a la frase del presidente Trump, quien anhela un verdadero muro, no un pequeño muro en la transfrontera con México: proferida ante agentes del Border Patrol National Targeting Center, en Virginia, donde concurrió la secretaria de Seguridad del Hogar, Kirstjen Nielsen (KN; https://goo.gl/FapacD).

Kirstjen Nielsen reafirmó que gran parte del dinero para construir el muro será usado para un mayor número de agentes y una óptima tecnología.

Lo inédito del gran muro israelí de Trump, a diferencia de la anterior tercera parte construida por Clinton y Baby Bush, es que va acompasado de una nueva modalidad de la Doctrina Monroe: ideología del excepcionalísmo del pueblo elegido en 1823 por el presidente homónimo cuyo objetivo geopolítico era expulsar a los europeos del continente.

Por cierto, 195 años más tarde, EU se repliega a sus orígenes de los Padres Fundadores con su neo-monroísmo amurallado que intenta sacar a Rusia y China del continente americano (sic), basado sobre todo en las fake news que tanto critica, de un fantasioso intervencionismo ruso por doquier, incluyendo al “México neoliberal itamita”.

El repliegue histórico emprendido por Trump de 398 años, desde los peregrinos del May Flower de 1620, insta a una migración de noruegos en lugar de mexicanos.

¿Se saldrán de su país cinco millones de noruegos, debido a la fabricada amenaza rusa, para instalarse como nuevos colonos en EU?

Se ha intensificado la guerra demográfica del supremacismo blanco de los WASP en contra de los mexicanos, donde cunde el temor de la presencia de alrededor de 50 millones de mexicanos (sumados de los 11 millones de ilegales y de 80 por ciento de 800 mil dreamers).

Cada día se asienta más mi hipótesis de la palestinización de los mexicanos en EU (https://goo.gl/hmciu3).

El neo-monroísmo amurallado de Trump fue confirmado por la gira de Rex Tillerson, secretario de Estado y ex mandamás de Exxon Mobil, a algunos países de Latinoamérica (LA): México, Argentina, Colombia, Perú y Jamaica.

Lamentablemente el aprendiz itamita Videgaray literalmente se le tiró al suelo a Tillerson al alucinar que las relaciones de México son mejores ahora con Trump que con Obama. Es curioso que Videgaray alabe el neo-monroísmo amurallado de Trump y critique a Obama quien había anunciado el fin de la Doctrina Monroe.

Tillerson arremetió contra la presencia de Rusia –que ya ni caso le hace– y China.

La agencia china Xinhua replicó que el poco profesional Tillerson –cuya carrera no es la diplomacia, sino la ingeniería civil– resucita la obsoleta Doctrina Monroe que refleja el pensamiento arraigado de Washington LA como su patio trasero (https://goo.gl/VSCNAA).

El ingeniero Tillerson tildó a Rusia y a China de depredadores y poderes imperiales en LA.

Uno de los motivos del ingeniero Tillerson fue incitar a un cambio de régimen en Venezuela mediante un golpe de Estado, lo cual no ha sido rechazado por la genuflexa cancillería de México (segunda geoeconomía de LA) en su fase diplomática más aciaga, pero que fue criticado en forma vehemente por la cancillería de Brasil, primera geoeconomía de LA (https://goo.gl/kA2umB).

Ante el poco eco a un golpe militar inducido en Venezuela, el ingeniero Tillerson pasó a la amenaza de bloquear las ventas del petróleo venezolano (https://goo.gl/s9inWW).

Las fake news ya fueron adoptadas al más alto nivel de EU mediante la ominosa advertencia del general McMaster, asesor de Seguridad Nacional de Trump, quien pretende imponer líneas rojas a LA en general y a México en particular (https://goo.gl/sL9vEN), avalado por el muy influyente Council on Foreign Relations, con sede en Nueva York (https://goo.gl/98LRAj).

¿Existe veto de la administración Trump y sus dos generales McMaster y John Kelly a la asunción presidencial de López Obrador?

¿Entra la asunción de López Obrador en el esquema del neo-monroísmo amurallado?

 

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Lunes, 05 Febrero 2018 06:12

Codo a codo contra Venezuela

Codo a codo contra Venezuela

El secretario de Estado de EEUU llegó ayer al país y hoy se reunió con el canciller Jorge Faurie. Ambos redoblaron sus ataques al gobierno de Nicolás Maduro y dijeron que estudian implementar sanciones petroleras para presionar al mandatario. Esta semana Tillerson había llamado a que los militares sean “agentes de cambio” en Venezuela.

 

"Uno de los aspectos que se considera al sancionar el petróleo es cuáles serían las consecuencias sobre el pueblo venezolano. Al no hacer nada, es también pedir que el pueblo venezolano siga sufriendo", aseguró hoy el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, en una rueda de prensa junto al canciller argentino Jorge Faurie.


Tras mantener un encuentro privado en el Ministerio de Relaciones Exteriores, ambos coincidieron en la necesidad de poner en marcha medidas que frenen la "deriva autoritaria" del Gobierno venezolano. En concreto, el jefe de la diplomacia estadounidense reveló que están estudiando "sancionar el petróleo", prohibir su venta en Estados Unidos o "refinar productos que vengan de Venezuela".


"No podemos permitir la destrucción de Venezuela", aseveró antes de insistir en que el "desacuerdo" de Argentina y Estados Unidos es "con el régimen" de Maduro y no con los ciudadanos, que están "sufriendo enormemente".


Con él coincidió Faurie, quien apuntó que "controlar el financiamiento" de Venezuela es una herramienta "absolutamente importante" que han considerado ambos durante su encuentro. Sobre la posibilidad de impedir la participación de Venezuela en la próxima Cumbre de las Américas, que se celebrará en abril en Lima, tanto Faurie como Tillerson aseguraron que respetarán la decisión del país anfitrión y destacaron que no pretenden condicionar su postura.


La visita de Tillerson a Argentina arrancó el sábado, en la Patagonia, y concluirá este lunes en la quinta presidencial de Olivos, donde lo recibirá Mauricio Macri.


Antes de partir hacia su gira que también lo llevará a Perú y Colombia, el funcionario estadounidense planteó que las fuerzas armadas venezolanas deberían derrocar a Maduro. “En la historia de Venezuela y los países de América del Sur, muchas veces los militares son agentes de cambio cuando las cosas están muy mal y los líderes ya no pueden servir al pueblo”, lanzó en un discurso en la Universidad de Austin. “Si este será el caso o no, no lo sé”, añadió.

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Gira de Tillerson augura peligros para la paz en América Latina y el Caribe

 

En la primera semana de febrero, el secretario del Departamento de Estado estadounidense Rex Tillerson realizará una gira por diversos países de América Latina y el Caribe. El objetivo central de la gira es incentivar y organizar una nueva escalada de ataques contra la República Bolivariana de Venezuela, bajo el ya remanido pretexto de la “ayuda humanitaria”. Los destinos a visitar, todos gobiernos implicados en el “grupo de Lima”, no dejan dudas.

Luego de una breve escala en la Universidad de Texas en Austin, donde disertará sobre las políticas previstas por la administración Trump en relación a la región, arribará a México el 1° de Febrero para reunirse con el canciller Videgaray y el presidente saliente Peña Nieto.

A partir del 3 de Febrero, el turno será de Argentina. Tillerson viajará primero a Bariloche y luego a Buenos Aires, para encontrarse con Macri y el ministro Faurie con el objeto de discutir – según informa el comunicado del DoS “la agenda bilateral de crecimiento económico y la cooperación en seguridad”.

Acto seguido, el secretario viajará a Lima, para encontrarse con el presidente Kuczynski y su ministra de Relaciones Exteriores Aljovin. Entre los asuntos a tratar figura la preparación de la próxima Cumbre de las Américas en Abril, en la que participará Donald Trump.

El día 6 Tillerson visitará Colombia. En la reunión con Juan Manuel Santos y su canciller Holguín se abordarán “el apoyo de Estados Unidos” – así el comunicado – “a los esfuerzos de Colombia para enfrentar el crecimiento de los cultivos de coca, la producción de cocaína, aspectos económicos y el crecimiento de la población de refugiados”.

Por último, Tillerson se encontrará con el primer ministro jamaiquino Andrew Holness y su ministra de Asuntos Exteriores Kamina Johnson-Smith. Entre los temas a tratarse en Kingston figuran “la seguridad bilateral y regional, esfuerzos energéticos y las exitosas reformas de Jamaica en materia económica.”

 

Nada bueno augura esta gira para la región

 

A la luz del anuncio de la realización de elecciones presidenciales en Venezuela en Abril próximo y de una oposición debilitada y desunida, el periplo de Tillerson se vislumbra como un nuevo capítulo de la opción intervencionista de la administración Trump.

Un propósito similar tuvo el recorrido que emprendió el vicepresidente Mike Pence en Agosto pasado por Colombia, Argentina, Chile y Panamá, En aquella oportunidad el saldo fue infructuoso debido al cerrado rechazo que recogió ante la mención de la “opción armada” contra Venezuela, incluso por parte de estrechos aliados.

Por lo demás, el viaje de Tillerson apunta a dar continuidad a la estrategia de fortalecer la acción concertada del bloque de gobiernos de derecha, hoy agrupada en el “grupo de Lima”, con el objeto de bloquear toda posibilidad de integración regional de carácter emancipador.

Esta es la primera vez que el secretario de Estado recorre la región y obedece también a la necesidad de EEUU de mostrar presencia, frente a la propuesta que hizo China a la CELAC en la reciente ronda de reuniones en Santiago de Chile de incorporar a la región al gigantesco proyecto de infraestructura conocido como La Franja y La Ruta o la Nueva Ruta de la Seda.

Asimismo la inminente concreción del Tratado Transpacífico entre once naciones de América Latina y Asia, a ser firmado en Chile en Marzo próximo sin la participación de EEUU, es un desafío comercial ante el cual el gobierno norteamericano no puede permanecer impasible.

El comunicado emitido por el Departamento de Estado informando sobre la gira prevista, indica que el secretario instará a sus socios a promover un hemisferio “seguro, próspero, democrático y con seguridad energética”. Por otra parte, la atención que Tillerson dedicará durante las conversaciones a Venezuela, es explícita.

Más allá de códigos formales, “seguridad” implica venta de armas y tecnología de vigilancia y represión ante posibles estallidos sociales, al par que un aumento de la retórica belicista contra Venezuela, bajo la excusa de constituir un peligro para la democracia. Democracia de la que ha dado una muestra espléndida el reciente fraude en Honduras, uno de los principales enclaves asociados a EEUU en la región.

Alarmante, más allá de los aspectos de retórica diplomática y propaganda, es la mención de “apoyo” a Colombia. En el marco de una campaña electoral presidencial que los sectores conservadores polarizarán con referencia a Venezuela para ocultar (y canalizar) el descontento social frente al retroceso económico del país, el “apoyo” estadounidense significa una cosa: apoyo a los sectores de derecha – presentables o impresentables - frente a la posibilidad cierta de una derrota política que descomprima la región fronteriza con Venezuela.

En un momento de recrudecimiento de los asesinatos a líderes campesinos y miembros del ahora partido FARC, la remilitarización es un escenario bienvenido por los halcones en Washington y Bogotá, echando así por tierra los avances logrados con la finalización del conflicto armado. La amenaza para Venezuela y el incremento de la tensión en la región sería el efecto directo de ese desatino.

Del mismo modo debe interpretarse el aspecto de “seguridad energética”. Es conocida la estrategia de EEUU para que los estados insulares del Caribe, beneficiados por la política preferencial de PetroCaribe, retiren su apoyo diplomático a Venezuela a cambio de integrarse en una política de “energías limpias”. Esta política implica, entre otras cosas, ampliar la reconversión energética que ya se viene llevando a cabo en América Central con el objetivo de minimizar la influencia de la exportación petrolífera de Venezuela, recortando así su principal ingreso.

Es difícil creer con seriedad que el ex ejecutivo de Exxon, ahora canciller de un país renuente a aceptar compromisos ecológicos retirándose del Acuerdo de París, esté interesado en políticas de conservación medioambiental.

Otro escenario a tener en cuenta es la Cumbre de las Américas de la OEA proyectada para Abril en Perú. Teniendo en cuenta las muestras de parcialidad dadas por el secretario Luis Almagro, constituyéndose en un alfil conspirativo de EEUU contra Venezuela, es altamente probable que en esa reunión – por enésima vez y a pesar del retiro en curso de la nación bolivariana de esa organización – se quiera lograr una “condena” contra el país caribeño que incluya sanciones a nivel regional. Para esto, EEUU y sus socios deberán contar con mayorías que no pudieron lograr anteriormente, a pesar de haberlo intentado repetidamente en los momentos más críticos del 2017.

A los problemas sociales que deberán afrontar los habitantes de varios países de América Latina y el Caribe gobernados por el dictamen neoliberal, se suma en el horizonte la posible tragedia de una escalada bélica. Frente a ello, el repudio generalizado a las acciones conspirativas de una potencia en declive y la defensa irrestricta de la paz son esenciales.

 

- Javier Tolcachier es un investigador perteneciente al Centro Mundial de Estudios Humanistas, organismo del Movimiento Humanista.

 

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Martes, 21 Noviembre 2017 07:27

¿Quién domina el mundo?

¿Quién domina el mundo?

 

Intervencionismo imperialista con ropaje nuevo, y no derecho de intervención humanitaria como se presenta en su propaganda oficial, así define y resume la política exterior estaduniense uno de los ideólogos más lúcidos de Estados Unidos y del mundo, Noam Chomsky, en su más reciente obra editorial, ¿Quién domina el mundo?

Si bien esa política se ha recrudecido con el ascenso al poder de la derecha neofascista, no es el sello distintivo de un partido, Demócrata o Republicano, o de una administración en particular, Roosevelt o Reagan por citar dos nombres, es una doctrina de Estado emanada de la exitosa y rentable participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, donde se erigió, en mercadotecnia y liturgia, como el custodio de los valores universales cuando en realidad sólo protege intereses geopolíticos particulares en una amplia franja del mundo que asume como propia, la doctrina del Área Grande.

Colaborador de este mismo diario, con artículos y ensayos siempre documentados y de vanguardia, el profesor Chomsky afirma sin ambages que se trata del territorio que Estados Unidos debía dominar y que abarcaba el hemisferio occidental (incluida América Latina), el lejano oriente y el antiguo imperio británico (el sudeste asiático y África). Al menos dos terceras partes del mapa mundial, pues.

Con ese concepto del Área Grande, Estados Unidos mantenía un poder indiscutido con supremacía militar y económica, al tiempo que garantizaba la limitación de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que podrían interferir en sus planes globales.

La doctrina del Área Grande, observa Chomsky, autoriza la intervención militar a voluntad y cita para sustentarlo al propio ex presidente Clinton, uno de los más liberales y calificados como progresistas, quien declaró que “Estados Unidos tiene derecho a usar la fuerza militar para proteger el acceso sin restricciones a mercados, suministros de energía y recursos estratégicos clave... y debe mantener enormes fuerzas militares desplegadas en avanzada en Europa y Asia para moldear la opinión de la gente sobre nosotros y los sucesos que afecten a nuestra subsistencia”.

Pero no es la población de Estados Unidos, los ciudadanos promedio que con su trabajo cotidiano sostienen a ese país (apoyados en la contribución sustancial de los migrantes decimos nosotros), quien dicta esa política exterior intervencionista y avasallante, sino las élites políticas y económicas, en la línea de pensamiento del sociólogo y politólogo alemán Robert Michels, plasmada en la ley de hierro de las oligarquías.

Específicamente, quienes determinan la política de gobierno de ese país en general, incluida la política exterior, son, a juicio del profesor Chomsky, los grandes corporativos industriales, comerciales y financieros, la cúpula del ya de por sí reducido 0.1 por ciento de la población que concentra el poder y la riqueza.

De ahí, concluye que la democracia estadunidense, algún día tenida por paradigmática y vendida como ejemplar, es hoy día y desde hace varias décadas una democracia mercantil, dominada y al servicio de esas grandes corporaciones, con elecciones presidenciales cuyo costo rebasa los 2 mil millones de dólares. De tal suerte que el sistema político se ha ido destruyendo progresivamente y ha metido cada vez más a los partidos hegemónicos en los bolsillos de las grandes empresas, con una escalada de costos electorales; los republicanos en un nivel de farsa, los demócratas no muy detrás.

Una democracia que no ha vacilado en usar la tortura física y, sobre todo, sicológica en contra de ciudadanos inermes de países que, en distintas épocas, ha clasificado como adversarios de sus intereses estratégicos: Medio Oriente, Vietnam, Camboya, Laos, Brasil, Chile, Argentina, Centroamérica, algunos países africanos pro soviéticos o no alineados. De modo flagrante e ilustrativo, los presos de la Bahía de Guantánamo, el reducto territorial estadunidense en la Isla de Cuba.

Pero también advierte que se trata de un imperio en decadencia, un imperio que al culminar la Segunda Guerra Mundial concentraba 50 por ciento del PIB mundial, la mitad de la riqueza producida en los cinco continentes, para pasar a 25 por ciento en la década de los 70, porcentaje que se ha ido reduciendo. Pero además, con serios problemas de endeudamiento, desempleo, congelamiento de ingresos personales y contracción de derechos sociales, sobre todo en materia de salud y seguridad social.

Un país de contrastes en donde al tiempo que la riqueza y el poder se han concentrado cada vez más, los ingresos reales de la mayor parte de la población se han estancado y la gente se las ha apañado aumentando las horas de trabajo y su endeudamiento, y con una inflación de activos, regularmente destruidos por las crisis financieras que empezaron cuando se desmanteló el aparato regulador, a partir de la década de 1980.

Hoy, en el mejor de los casos, sin caer en visiones apocalípticas infundadas, se trata de una economía que se disputa la hegemonía política y económica con otros dos bloques de poder, la Unión Europea y el sudeste asiático, pero además con una China ascendente por sí sola en el extremo del viejo continente, todavía con serios pasivos sociales pero con inmensos activos económicos y con productividad al alza.

Otro grave problema que observa es la insensibilidad histórica de los gobiernos estadunidenses con el creciente problema ambiental, cuyo último capítulo es la indiferencia ante los Acuerdos de París, de diciembre del 2015, dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global, instrumento signado ya por 195 países, menos Estados Unidos y Siria. Si alguna posibilidad había se diluyó con el inicio del mandato de Donald Trump, en enero del año pasado.

En suma, imperio decadente, democracia mercantil, elecciones desvirtuadas, violación sistemática de los derechos humanos, concentración del poder y la riqueza, son algunas características que el profesor Noam Chomsky identifica como los rasgos dominantes hoy día, sin contar el retroceso autoritario del neofascismo, de la democracia liberal que deslumbró a Alexis de Tocqueville en el siglo XIX.

 

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Viernes, 28 Julio 2017 06:40

En defensa de Venezuela

En defensa de Venezuela

Venezuela vive uno de los momentos más críticos de su historia. Acompaño crítica y solidariamente la revolución bolivariana desde el inicio. Las conquistas sociales de las últimas dos décadas son indiscutibles. Para comprobarlo basta consultar el informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2016 sobre la evolución del índice de desarrollo humano (IDH). Dice este informe: “El índice de desarrollo humano de Venezuela en 2015 fue de 0.767 –lo que colocó al país en la categoría de alto desarrollo humano–, posicionándolo en el puesto 71 de entre 188 países y territorios. Tal clasificación es compartida con Turquía. De 1990 a 2015, el IDH de Venezuela aumentó de 0.634 a 0.767, un aumento de 20.9 por ciento. Entre 1990 y 2015, la esperanza de vida al nacer aumentó a 4.6 años, el periodo medio de escolaridad ascendió a 4.8 años y la escolaridad media general aumentó 3.8 años. El rendimiento nacional bruto (RNB) per cápita aumentó cerca de 5.4 por ciento entre 1990 y 2015”. Se hace notar que estos progresos fueron obtenidos en democracia, sólo momentáneamente interrumpida por la tentativa de golpe de Estado en 2002 protagonizada por la oposición con el apoyo activo de Estados Unidos.

La muerte prematura de Hugo Chávez en 2013 y la caída del precio del petróleo en 2014 causaron una conmoción profunda en los procesos de transformación social entonces en curso. El liderazgo carismático de Chávez no tenía sucesor, la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones siguientes fue por escaso margen, el nuevo presidente no estaba preparado para tan complejas tareas de gobierno y la oposición (internamente muy dividida) sintió que su momento había llegado, en lo que fue, una vez más, apoyada por Estados Unidos, sobre todo cuando en 2015 y de nuevo en 2017 el presidente Barack Obama consideró a Venezuela una "amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos", declaración que mucha gente consideró exagerada, si no ridícula, pero que, como explico más adelante, tenía toda lógica (desde el punto de vista de Estados Unidos, claro). La situación se fue deteriorando hasta que, en diciembre de 2015, la oposición conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia suspendió a cuatro diputados por alegado fraude electoral, la Asamblea Nacional desobedeció, y a partir de ahí la confrontación institucional se agravó y fue progresivamente propagándose en las calles, alimentada también por la grave crisis económica y de abastecimiento que entre tanto explotó. Más de cien muertos, una situación caótica. Mientras, el presidente Maduro tomó la iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente a ser elegida el 30 de julio y Estados Unidos amenaza con más sanciones si las elecciones se producen. Es sabido que esta iniciativa busca superar la obstrucción de la Asamblea Nacional, dominada por la oposición.

El pasado 26 de mayo suscribí un manifiesto elaborado por intelectuales y políticos venezolanos de varias tendencias políticas, apelando a los partidos y grupos sociales en conflicto a parar la violencia en las calles e iniciar un debate que permitiese una salida no violenta, democrática y sin la injerencia de Estados Unidos. Decidí entonces no volver a pronunciarme sobre la crisis venezolana. ¿Por qué lo hago hoy? Porque estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar a un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político, y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables. La prensa española llega al punto de embarcarse en la posverdad, difundiendo noticias falsas sobre la posición del gobierno portugués. Me pronuncio animado por el buen sentido y equilibrio que el ministro de Asuntos Exteriores portugués, Augusto Santos Silva, ha mostrado sobre este tema. La historia reciente nos muestra que las sanciones económicas afectan más a ciudadanos inocentes que a los gobiernos. Basta recordar los más de 500 mil niños que, según el informe de Naciones Unidas de 1995, murieron en Irak como resultado de las sanciones impuestas después de la guerra del Golfo Pérsico. Recordemos también que en Venezuela viven medio millón de portugueses o lusodescendientes. La historia reciente también nos enseña que ninguna democracia sale fortalecida de una intervención extranjera.

Los desaciertos de un gobierno democrático se resuelven por vía democrática, la cual será tanto más consistente cuanto menor sea la interferencia externa. El gobierno de la revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones, durante los últimos 20 años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y sólo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar a la Asamblea Constituyente. Por supuesto que los venezolanos (incluyendo muchos chavistas críticos) pueden legítimamente cuestionar su oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta que disponen de la Constitución de 1999, promovida por el presidente Chávez, y también de medios democráticos para manifestar ese cuestionamiento el próximo domingo. Pero nada de eso justifica el clima insurreccional que la oposición ha radicalizado en semanas recientes y cuyo objetivo no es corregir los errores de la revolución bolivariana, sino ponerle fin, e imponer las recetas neoliberales (como está sucediendo en Brasil y Argentina), con todo lo que eso significará para las mayorías pobres de Venezuela.

Lo que debe preocupar a los demócratas, aunque esto no preocupa a los medios globales que ya han tomado partido por la oposición, es la forma en que están siendo seleccionados los candidatos. Si, como se sospecha, los aparatos burocráticos del partido de gobierno han secuestrado el impulso participativo de las clases populares, el objetivo de la Asamblea Constituyente de ampliar democráticamente la fuerza política de la base social de apoyo a la revolución se habrá frustrado.

Para comprender por qué probablemente no habrá salida no violenta a la crisis de Venezuela, conviene saber lo que está en juego en el plano geoestratégico global. Lo que está en juego son las mayores reservas de petróleo del mundo existentes en Venezuela. Para el dominio global de Estados Unidos es crucial mantener el control de las reservas de petróleo del mundo. Cualquier país, por democrático que sea, que tenga este recurso estratégico y no lo haga accesible a las multinacionales petroleras, en su mayoría norteamericanas, se pone en el punto de mira de una intervención imperial. La amenaza a la seguridad nacional, de la que hablan los presidentes de Estados Unidos, no está solamente en el acceso al petróleo, sino sobre todo en el hecho de que el comercio mundial del petróleo se denomina en dólares estadunidenses, el verdadero núcleo del poder de Estados Unidos, ya que ningún otro país tiene el privilegio de imprimir los billetes que considere sin que esto afecte significativamente su valor monetario.

Por esta razón Irak fue invadido y Oriente Medio y Libia arrasados (en este último caso, con la complicidad activa de la Francia de Sarkozy). Por el mismo motivo, hubo injerencia, hoy documentada, en la crisis brasileña, pues la explotación de los yacimientos petrolíferos presal (que se hallan bajo un campo de sal) estaba en manos de los brasileños. Por la misma razón, Irán volvió a estar en peligro. De igual modo, la revolución bolivariana tiene que caer sin haber tenido la oportunidad de corregir democráticamente los graves errores que sus dirigentes cometieron en los últimos años.

Sin injerencia externa, estoy seguro de que Venezuela sabría encontrar una solución no violenta y democrática. Desgraciadamente, lo que está en curso es usar todos los medios disponibles para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la revolución bolivariana y los que más se beneficiaron de ella. Y, en concomitancia, provocar una ruptura en las fuerzas armadas y un consecuente golpe militar que deponga a Maduro. La política exterior de Europa (si se puede hablar de tal) podría constituir una fuerza moderadora si, entre tanto, no hubiera perdido el alma.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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Estados Unidos sanciona al presidente y siete juristas del Supremo venezolano

El Tesoro congela sus activos en EE UU por dictar sentencias que usurpan la autoridad a la Asamblea Nacional


El Gobierno de Donald Trump eleva el tono ante la involución democrática en Venezuela. El Departamento del Tesoro impuso este jueves sanciones al presidente y siete miembros del Tribunal Supremo venezolano por haber dictado sentencias que “usurpan la autoridad” de la Asamblea Nacional del país, controlada por los partidos opositores al chavismo. Una de las razones que menciona el Tesoro es haber permitido al presidente Nicolás Maduro gobernar bajo un estado emergencia que “restringe los derechos y boicotea la voluntad del pueblo venezolano”.


Las penalizaciones suponen la congelación de los activos en EE UU de los ocho individuos y la prohibición a ciudadanos estadounidenses a hacer transacciones con ellos. Representan una escalada de la posición de la Administración Trump, que lleva semanas criticando el deterioro político en Venezuela —ha habido al menos 44 muertos en las protestas callejeras de las últimas seis semanas tras anunciar Maduro la voluntad de redactar una nueva constitución que aísle a la oposición—, pero sin adoptar ninguna nueva represalia contra el país caribeño.


Poco antes de anunciarse las nuevas sanciones, Trump alertó del “estado de deterioro en Venezuela”. “Es sobre todo una crisis humanitaria. La gente no tiene comida, no tiene medicinas, es una situación que no veíamos desde hace mucho tiempo”, dijo el presidente en una rueda de prensa con su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos. “América se mantendrá unida a los países del hemisferio para encontrar una solución a la crisis”, agregó.
El Gobierno, según explicó a la agencia Reuters un funcionario estadounidense, tiene previsto adoptar nuevas medidas en el futuro contra “malos actores” en Venezuela.


En la tercera semana del republicano en la Casa Blanca, el Tesoro incluyó el pasado febrero al vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, en su lista negra de sancionados por su “significativo papel en el narcotráfico internacional”, lo que le convirtió en el funcionario venezolano de más alto cargo en ser castigado por Washington.


Maikel José Moreno Pérez es desde el pasado febrero el presidente del Supremo venezolano, que ha afianzado en los últimos meses su politización. Moreno es un personaje polémico. Poco antes de asumir el cargo, ratificó la condena al opositor Leopoldo López de casi 14 años de prisión por su participación en las protestas contra Maduro en 2014. Y en 1987, fue acusado de haber asesinado a una mujer en el sur de Venezuela.


El Tesoro justifica las nuevas sanciones en algunas de las sentencias de los últimos meses del Supremo venezolano. Por ejemplo, menciona la decisión el pasado enero de que Maduro diera su discurso anual en el Supremo y no en la Asamblea Nacional como establece la Constitución. O la designación en diciembre del año pasado por parte del poder judicial de miembros del Consejo Electoral Nacional, una función que suele corresponder a la Asamblea Nacional.


“El pueblo venezolano está sufriendo una economía en colapso por la mala gestión y corrupción de su gobierno. Los miembros del Tribunal Supremo han exacerbado la situación al interferir de forma consistente con la autoridad de la rama legislativa”, señaló el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, en un comunicado.


A principios de abril, el Gobierno de Maduro autorizó al Supremo a revisar la legislación penal, civil y militar del país. También a asumir las competencias del Parlamento “mientras persista la situación de desacato e invalidez de las actuaciones de la Asamblea Nacional”. Sin embargo, rectificó parcialmente a los pocos días ante la presión de las calles y de la comunidad internacional.

 

Washington 19 MAY 2017 - 01:52 COT

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Repercusiones del intervencionismo occidental: el terrorismo hace metástasis en África

Catherine Shakdam, una experta en Oriente Medio, explica las consecuencias del intervencionismo humanitario en Libia y su alarmante influencia en los procesos de radicalización en el continente africano.

El 'niño abandonado' del intervencionismo occidental, Libia, continua luchando contra sus pesadillas: terrorismo, inestabilidad política y migración masiva. Catherine Shakdam, una analista política especialista en Oriente Medio, aborda los temas difíciles de la actualidad libia en un artículo especial para RT. La prognosis de Shakdam es inquietante, ya que Libia puede convertirse en la base de partida para la propagación del terrorismo en el resto de África.


Las consecuencias destructivas del 'intervencionismo humanitario'


El coronel Muammar Gaddafi, con su línea política bastante controvertida, tuvo que renunciar al poder, escribe Shakdam. Sin embargo, enfatiza que el pueblo libio tenía derecho a decidir la suerte de su líder y elegir el destino de su país.
Mientras tanto, la intervención de la OTAN no dejó al país la menor posibilidad de realizar un traspaso pacífico de poderes de acuerdo con la ley. En vez de aplicar medidas equilibradas, prefirieron el 'intervencionismo humanitario' que sumergió al país en el caos de una lucha entre diferentes tribus e islamistas radicales, tipo Estado Islámico y Al Qaeda.
En el transcurso del conflicto, Occidente aprovecha la incertidumbre y extrae ventajas financieras, estableciendo una nueva forma de neocolonialismo en territorio libio, explica la experta. Aunque casi todas las industrias de las economías occidentales sufrieron duros golpes durante reciente crisis, el sector militar y el de defensa lograron evitar la recesión.

¿Cuál será el siguiente?


La inestabilidad en Libia le hace el juego a terroristas y radicales, que podrían extender su influencia a lo largo de África, es decir, en el territorio más cercano a Europa.


Shakdam dice que África ya sufre la radicalización islamista, y lo que está por llegar es la propagación del Estado Islámico en el continente. Tomamos en cuenta las numerosas filas yihadistas: unas 30.000 personas, de ellos 7.000 libios, y millones de dólares que gana el EI con el comercio ilegal y ya tenemos una idea del poder del que dispone para echar raíces en África.
Otra posible operación de la OTAN llevará a la "segunda colonización de África" y a un aumento drástico del flujo migratorio. Y el punto de destino para estos refugiados será de nuevo el continente europeo.


Será que tal vez, se pregunta la experta, la resolución de la crisis en Siria, con una participación crucial rusa, pueda dar alguna lección de cómo se lucha de forma exitosa contra el terrorismo, respecto a la diplomacia equilibrada y la prevención de los conflictos en vez de su creación.

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