Martes, 21 Noviembre 2017 07:27

¿Quién domina el mundo?

¿Quién domina el mundo?

 

Intervencionismo imperialista con ropaje nuevo, y no derecho de intervención humanitaria como se presenta en su propaganda oficial, así define y resume la política exterior estaduniense uno de los ideólogos más lúcidos de Estados Unidos y del mundo, Noam Chomsky, en su más reciente obra editorial, ¿Quién domina el mundo?

Si bien esa política se ha recrudecido con el ascenso al poder de la derecha neofascista, no es el sello distintivo de un partido, Demócrata o Republicano, o de una administración en particular, Roosevelt o Reagan por citar dos nombres, es una doctrina de Estado emanada de la exitosa y rentable participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, donde se erigió, en mercadotecnia y liturgia, como el custodio de los valores universales cuando en realidad sólo protege intereses geopolíticos particulares en una amplia franja del mundo que asume como propia, la doctrina del Área Grande.

Colaborador de este mismo diario, con artículos y ensayos siempre documentados y de vanguardia, el profesor Chomsky afirma sin ambages que se trata del territorio que Estados Unidos debía dominar y que abarcaba el hemisferio occidental (incluida América Latina), el lejano oriente y el antiguo imperio británico (el sudeste asiático y África). Al menos dos terceras partes del mapa mundial, pues.

Con ese concepto del Área Grande, Estados Unidos mantenía un poder indiscutido con supremacía militar y económica, al tiempo que garantizaba la limitación de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que podrían interferir en sus planes globales.

La doctrina del Área Grande, observa Chomsky, autoriza la intervención militar a voluntad y cita para sustentarlo al propio ex presidente Clinton, uno de los más liberales y calificados como progresistas, quien declaró que “Estados Unidos tiene derecho a usar la fuerza militar para proteger el acceso sin restricciones a mercados, suministros de energía y recursos estratégicos clave... y debe mantener enormes fuerzas militares desplegadas en avanzada en Europa y Asia para moldear la opinión de la gente sobre nosotros y los sucesos que afecten a nuestra subsistencia”.

Pero no es la población de Estados Unidos, los ciudadanos promedio que con su trabajo cotidiano sostienen a ese país (apoyados en la contribución sustancial de los migrantes decimos nosotros), quien dicta esa política exterior intervencionista y avasallante, sino las élites políticas y económicas, en la línea de pensamiento del sociólogo y politólogo alemán Robert Michels, plasmada en la ley de hierro de las oligarquías.

Específicamente, quienes determinan la política de gobierno de ese país en general, incluida la política exterior, son, a juicio del profesor Chomsky, los grandes corporativos industriales, comerciales y financieros, la cúpula del ya de por sí reducido 0.1 por ciento de la población que concentra el poder y la riqueza.

De ahí, concluye que la democracia estadunidense, algún día tenida por paradigmática y vendida como ejemplar, es hoy día y desde hace varias décadas una democracia mercantil, dominada y al servicio de esas grandes corporaciones, con elecciones presidenciales cuyo costo rebasa los 2 mil millones de dólares. De tal suerte que el sistema político se ha ido destruyendo progresivamente y ha metido cada vez más a los partidos hegemónicos en los bolsillos de las grandes empresas, con una escalada de costos electorales; los republicanos en un nivel de farsa, los demócratas no muy detrás.

Una democracia que no ha vacilado en usar la tortura física y, sobre todo, sicológica en contra de ciudadanos inermes de países que, en distintas épocas, ha clasificado como adversarios de sus intereses estratégicos: Medio Oriente, Vietnam, Camboya, Laos, Brasil, Chile, Argentina, Centroamérica, algunos países africanos pro soviéticos o no alineados. De modo flagrante e ilustrativo, los presos de la Bahía de Guantánamo, el reducto territorial estadunidense en la Isla de Cuba.

Pero también advierte que se trata de un imperio en decadencia, un imperio que al culminar la Segunda Guerra Mundial concentraba 50 por ciento del PIB mundial, la mitad de la riqueza producida en los cinco continentes, para pasar a 25 por ciento en la década de los 70, porcentaje que se ha ido reduciendo. Pero además, con serios problemas de endeudamiento, desempleo, congelamiento de ingresos personales y contracción de derechos sociales, sobre todo en materia de salud y seguridad social.

Un país de contrastes en donde al tiempo que la riqueza y el poder se han concentrado cada vez más, los ingresos reales de la mayor parte de la población se han estancado y la gente se las ha apañado aumentando las horas de trabajo y su endeudamiento, y con una inflación de activos, regularmente destruidos por las crisis financieras que empezaron cuando se desmanteló el aparato regulador, a partir de la década de 1980.

Hoy, en el mejor de los casos, sin caer en visiones apocalípticas infundadas, se trata de una economía que se disputa la hegemonía política y económica con otros dos bloques de poder, la Unión Europea y el sudeste asiático, pero además con una China ascendente por sí sola en el extremo del viejo continente, todavía con serios pasivos sociales pero con inmensos activos económicos y con productividad al alza.

Otro grave problema que observa es la insensibilidad histórica de los gobiernos estadunidenses con el creciente problema ambiental, cuyo último capítulo es la indiferencia ante los Acuerdos de París, de diciembre del 2015, dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global, instrumento signado ya por 195 países, menos Estados Unidos y Siria. Si alguna posibilidad había se diluyó con el inicio del mandato de Donald Trump, en enero del año pasado.

En suma, imperio decadente, democracia mercantil, elecciones desvirtuadas, violación sistemática de los derechos humanos, concentración del poder y la riqueza, son algunas características que el profesor Noam Chomsky identifica como los rasgos dominantes hoy día, sin contar el retroceso autoritario del neofascismo, de la democracia liberal que deslumbró a Alexis de Tocqueville en el siglo XIX.

 

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Viernes, 28 Julio 2017 06:40

En defensa de Venezuela

En defensa de Venezuela

Venezuela vive uno de los momentos más críticos de su historia. Acompaño crítica y solidariamente la revolución bolivariana desde el inicio. Las conquistas sociales de las últimas dos décadas son indiscutibles. Para comprobarlo basta consultar el informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2016 sobre la evolución del índice de desarrollo humano (IDH). Dice este informe: “El índice de desarrollo humano de Venezuela en 2015 fue de 0.767 –lo que colocó al país en la categoría de alto desarrollo humano–, posicionándolo en el puesto 71 de entre 188 países y territorios. Tal clasificación es compartida con Turquía. De 1990 a 2015, el IDH de Venezuela aumentó de 0.634 a 0.767, un aumento de 20.9 por ciento. Entre 1990 y 2015, la esperanza de vida al nacer aumentó a 4.6 años, el periodo medio de escolaridad ascendió a 4.8 años y la escolaridad media general aumentó 3.8 años. El rendimiento nacional bruto (RNB) per cápita aumentó cerca de 5.4 por ciento entre 1990 y 2015”. Se hace notar que estos progresos fueron obtenidos en democracia, sólo momentáneamente interrumpida por la tentativa de golpe de Estado en 2002 protagonizada por la oposición con el apoyo activo de Estados Unidos.

La muerte prematura de Hugo Chávez en 2013 y la caída del precio del petróleo en 2014 causaron una conmoción profunda en los procesos de transformación social entonces en curso. El liderazgo carismático de Chávez no tenía sucesor, la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones siguientes fue por escaso margen, el nuevo presidente no estaba preparado para tan complejas tareas de gobierno y la oposición (internamente muy dividida) sintió que su momento había llegado, en lo que fue, una vez más, apoyada por Estados Unidos, sobre todo cuando en 2015 y de nuevo en 2017 el presidente Barack Obama consideró a Venezuela una "amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos", declaración que mucha gente consideró exagerada, si no ridícula, pero que, como explico más adelante, tenía toda lógica (desde el punto de vista de Estados Unidos, claro). La situación se fue deteriorando hasta que, en diciembre de 2015, la oposición conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia suspendió a cuatro diputados por alegado fraude electoral, la Asamblea Nacional desobedeció, y a partir de ahí la confrontación institucional se agravó y fue progresivamente propagándose en las calles, alimentada también por la grave crisis económica y de abastecimiento que entre tanto explotó. Más de cien muertos, una situación caótica. Mientras, el presidente Maduro tomó la iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente a ser elegida el 30 de julio y Estados Unidos amenaza con más sanciones si las elecciones se producen. Es sabido que esta iniciativa busca superar la obstrucción de la Asamblea Nacional, dominada por la oposición.

El pasado 26 de mayo suscribí un manifiesto elaborado por intelectuales y políticos venezolanos de varias tendencias políticas, apelando a los partidos y grupos sociales en conflicto a parar la violencia en las calles e iniciar un debate que permitiese una salida no violenta, democrática y sin la injerencia de Estados Unidos. Decidí entonces no volver a pronunciarme sobre la crisis venezolana. ¿Por qué lo hago hoy? Porque estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar a un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político, y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables. La prensa española llega al punto de embarcarse en la posverdad, difundiendo noticias falsas sobre la posición del gobierno portugués. Me pronuncio animado por el buen sentido y equilibrio que el ministro de Asuntos Exteriores portugués, Augusto Santos Silva, ha mostrado sobre este tema. La historia reciente nos muestra que las sanciones económicas afectan más a ciudadanos inocentes que a los gobiernos. Basta recordar los más de 500 mil niños que, según el informe de Naciones Unidas de 1995, murieron en Irak como resultado de las sanciones impuestas después de la guerra del Golfo Pérsico. Recordemos también que en Venezuela viven medio millón de portugueses o lusodescendientes. La historia reciente también nos enseña que ninguna democracia sale fortalecida de una intervención extranjera.

Los desaciertos de un gobierno democrático se resuelven por vía democrática, la cual será tanto más consistente cuanto menor sea la interferencia externa. El gobierno de la revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones, durante los últimos 20 años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y sólo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar a la Asamblea Constituyente. Por supuesto que los venezolanos (incluyendo muchos chavistas críticos) pueden legítimamente cuestionar su oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta que disponen de la Constitución de 1999, promovida por el presidente Chávez, y también de medios democráticos para manifestar ese cuestionamiento el próximo domingo. Pero nada de eso justifica el clima insurreccional que la oposición ha radicalizado en semanas recientes y cuyo objetivo no es corregir los errores de la revolución bolivariana, sino ponerle fin, e imponer las recetas neoliberales (como está sucediendo en Brasil y Argentina), con todo lo que eso significará para las mayorías pobres de Venezuela.

Lo que debe preocupar a los demócratas, aunque esto no preocupa a los medios globales que ya han tomado partido por la oposición, es la forma en que están siendo seleccionados los candidatos. Si, como se sospecha, los aparatos burocráticos del partido de gobierno han secuestrado el impulso participativo de las clases populares, el objetivo de la Asamblea Constituyente de ampliar democráticamente la fuerza política de la base social de apoyo a la revolución se habrá frustrado.

Para comprender por qué probablemente no habrá salida no violenta a la crisis de Venezuela, conviene saber lo que está en juego en el plano geoestratégico global. Lo que está en juego son las mayores reservas de petróleo del mundo existentes en Venezuela. Para el dominio global de Estados Unidos es crucial mantener el control de las reservas de petróleo del mundo. Cualquier país, por democrático que sea, que tenga este recurso estratégico y no lo haga accesible a las multinacionales petroleras, en su mayoría norteamericanas, se pone en el punto de mira de una intervención imperial. La amenaza a la seguridad nacional, de la que hablan los presidentes de Estados Unidos, no está solamente en el acceso al petróleo, sino sobre todo en el hecho de que el comercio mundial del petróleo se denomina en dólares estadunidenses, el verdadero núcleo del poder de Estados Unidos, ya que ningún otro país tiene el privilegio de imprimir los billetes que considere sin que esto afecte significativamente su valor monetario.

Por esta razón Irak fue invadido y Oriente Medio y Libia arrasados (en este último caso, con la complicidad activa de la Francia de Sarkozy). Por el mismo motivo, hubo injerencia, hoy documentada, en la crisis brasileña, pues la explotación de los yacimientos petrolíferos presal (que se hallan bajo un campo de sal) estaba en manos de los brasileños. Por la misma razón, Irán volvió a estar en peligro. De igual modo, la revolución bolivariana tiene que caer sin haber tenido la oportunidad de corregir democráticamente los graves errores que sus dirigentes cometieron en los últimos años.

Sin injerencia externa, estoy seguro de que Venezuela sabría encontrar una solución no violenta y democrática. Desgraciadamente, lo que está en curso es usar todos los medios disponibles para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la revolución bolivariana y los que más se beneficiaron de ella. Y, en concomitancia, provocar una ruptura en las fuerzas armadas y un consecuente golpe militar que deponga a Maduro. La política exterior de Europa (si se puede hablar de tal) podría constituir una fuerza moderadora si, entre tanto, no hubiera perdido el alma.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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Estados Unidos sanciona al presidente y siete juristas del Supremo venezolano

El Tesoro congela sus activos en EE UU por dictar sentencias que usurpan la autoridad a la Asamblea Nacional


El Gobierno de Donald Trump eleva el tono ante la involución democrática en Venezuela. El Departamento del Tesoro impuso este jueves sanciones al presidente y siete miembros del Tribunal Supremo venezolano por haber dictado sentencias que “usurpan la autoridad” de la Asamblea Nacional del país, controlada por los partidos opositores al chavismo. Una de las razones que menciona el Tesoro es haber permitido al presidente Nicolás Maduro gobernar bajo un estado emergencia que “restringe los derechos y boicotea la voluntad del pueblo venezolano”.


Las penalizaciones suponen la congelación de los activos en EE UU de los ocho individuos y la prohibición a ciudadanos estadounidenses a hacer transacciones con ellos. Representan una escalada de la posición de la Administración Trump, que lleva semanas criticando el deterioro político en Venezuela —ha habido al menos 44 muertos en las protestas callejeras de las últimas seis semanas tras anunciar Maduro la voluntad de redactar una nueva constitución que aísle a la oposición—, pero sin adoptar ninguna nueva represalia contra el país caribeño.


Poco antes de anunciarse las nuevas sanciones, Trump alertó del “estado de deterioro en Venezuela”. “Es sobre todo una crisis humanitaria. La gente no tiene comida, no tiene medicinas, es una situación que no veíamos desde hace mucho tiempo”, dijo el presidente en una rueda de prensa con su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos. “América se mantendrá unida a los países del hemisferio para encontrar una solución a la crisis”, agregó.
El Gobierno, según explicó a la agencia Reuters un funcionario estadounidense, tiene previsto adoptar nuevas medidas en el futuro contra “malos actores” en Venezuela.


En la tercera semana del republicano en la Casa Blanca, el Tesoro incluyó el pasado febrero al vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, en su lista negra de sancionados por su “significativo papel en el narcotráfico internacional”, lo que le convirtió en el funcionario venezolano de más alto cargo en ser castigado por Washington.


Maikel José Moreno Pérez es desde el pasado febrero el presidente del Supremo venezolano, que ha afianzado en los últimos meses su politización. Moreno es un personaje polémico. Poco antes de asumir el cargo, ratificó la condena al opositor Leopoldo López de casi 14 años de prisión por su participación en las protestas contra Maduro en 2014. Y en 1987, fue acusado de haber asesinado a una mujer en el sur de Venezuela.


El Tesoro justifica las nuevas sanciones en algunas de las sentencias de los últimos meses del Supremo venezolano. Por ejemplo, menciona la decisión el pasado enero de que Maduro diera su discurso anual en el Supremo y no en la Asamblea Nacional como establece la Constitución. O la designación en diciembre del año pasado por parte del poder judicial de miembros del Consejo Electoral Nacional, una función que suele corresponder a la Asamblea Nacional.


“El pueblo venezolano está sufriendo una economía en colapso por la mala gestión y corrupción de su gobierno. Los miembros del Tribunal Supremo han exacerbado la situación al interferir de forma consistente con la autoridad de la rama legislativa”, señaló el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, en un comunicado.


A principios de abril, el Gobierno de Maduro autorizó al Supremo a revisar la legislación penal, civil y militar del país. También a asumir las competencias del Parlamento “mientras persista la situación de desacato e invalidez de las actuaciones de la Asamblea Nacional”. Sin embargo, rectificó parcialmente a los pocos días ante la presión de las calles y de la comunidad internacional.

 

Washington 19 MAY 2017 - 01:52 COT

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Repercusiones del intervencionismo occidental: el terrorismo hace metástasis en África

Catherine Shakdam, una experta en Oriente Medio, explica las consecuencias del intervencionismo humanitario en Libia y su alarmante influencia en los procesos de radicalización en el continente africano.

El 'niño abandonado' del intervencionismo occidental, Libia, continua luchando contra sus pesadillas: terrorismo, inestabilidad política y migración masiva. Catherine Shakdam, una analista política especialista en Oriente Medio, aborda los temas difíciles de la actualidad libia en un artículo especial para RT. La prognosis de Shakdam es inquietante, ya que Libia puede convertirse en la base de partida para la propagación del terrorismo en el resto de África.


Las consecuencias destructivas del 'intervencionismo humanitario'


El coronel Muammar Gaddafi, con su línea política bastante controvertida, tuvo que renunciar al poder, escribe Shakdam. Sin embargo, enfatiza que el pueblo libio tenía derecho a decidir la suerte de su líder y elegir el destino de su país.
Mientras tanto, la intervención de la OTAN no dejó al país la menor posibilidad de realizar un traspaso pacífico de poderes de acuerdo con la ley. En vez de aplicar medidas equilibradas, prefirieron el 'intervencionismo humanitario' que sumergió al país en el caos de una lucha entre diferentes tribus e islamistas radicales, tipo Estado Islámico y Al Qaeda.
En el transcurso del conflicto, Occidente aprovecha la incertidumbre y extrae ventajas financieras, estableciendo una nueva forma de neocolonialismo en territorio libio, explica la experta. Aunque casi todas las industrias de las economías occidentales sufrieron duros golpes durante reciente crisis, el sector militar y el de defensa lograron evitar la recesión.

¿Cuál será el siguiente?


La inestabilidad en Libia le hace el juego a terroristas y radicales, que podrían extender su influencia a lo largo de África, es decir, en el territorio más cercano a Europa.


Shakdam dice que África ya sufre la radicalización islamista, y lo que está por llegar es la propagación del Estado Islámico en el continente. Tomamos en cuenta las numerosas filas yihadistas: unas 30.000 personas, de ellos 7.000 libios, y millones de dólares que gana el EI con el comercio ilegal y ya tenemos una idea del poder del que dispone para echar raíces en África.
Otra posible operación de la OTAN llevará a la "segunda colonización de África" y a un aumento drástico del flujo migratorio. Y el punto de destino para estos refugiados será de nuevo el continente europeo.


Será que tal vez, se pregunta la experta, la resolución de la crisis en Siria, con una participación crucial rusa, pueda dar alguna lección de cómo se lucha de forma exitosa contra el terrorismo, respecto a la diplomacia equilibrada y la prevención de los conflictos en vez de su creación.

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Viernes, 19 Septiembre 2014 08:14

La guerra de los 535 generales

«Coalición base». Barack Obama, John Kerry y David Cameron

Estados Unidos se lanza contra el Estado Islámico y el presidente Barack Obama, que llegó a la Casa Blanca en 2009 con la promesa de sacar al país de las largas guerras iniciadas por su predecesor, pondera ahora la paradoja de política internacional: el mundo repudia el intervencionismo yanqui y lo reclama como solución a crisis varias.


La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el miércoles, con el voto de 159 republicanos y 114 demócratas, una legislación que respalda, con numerosas condiciones, el plan abundante en ambigüedades del presidente Obama para dar batalla y despachurrar a los yihadistas que, pretenciosos, se denominan Estado Islámico (EI). El Senado, se espera, añadirá sus propias condiciones, restricciones, cautelas y prevenciones, pero Obama tendrá apoyo legislativo para hacer lo que él no explica bien y nadie entiende mejor.

Obama, encanecido en crisis y ya en la recta final de su segundo gobierno maneado por una oposición republicana intransigente, dijo al país que tiene autorización del Congreso para una acción militar contra el EI en Irak. Es la misma resolución que en 2003 dio a George W Bush el permiso para la invasión preventiva de un país que, hasta entonces, el dictador Saddam Hussein había mantenido unido con un terrorismo de Estado eficaz y probado.

La novedad en el discurso de Obama y lo que ha indicado su gobierno desde entonces es que Estados Unidos también llevará la campaña contra el EI dentro de Siria, que es donde en realidad operan dos tercios de la horda degolladora.

Cuando faltan menos de dos meses para las elecciones que renovarán un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara baja, los 535 legisladores estadounidenses padecen una esquizofrenia política: deben aparecer como serios estadistas conocedores de los intríngulis de conflictos por los que se matan bandos múltiples en medio mundo, y deben atender a las preocupaciones de los votantes en sus respectivos distritos.

Las encuestas muestran que si a los estadounidenses se les pregunta cuán malos son los merodeadores de la bandera negra, el 90 por ciento está de acuerdo en que son malísimos. Y si se les pregunta si Estados Unidos debe hacer algo al respecto, el 80 por ciento dice que sí y que es urgente. Pero si la pregunta es si Estados Unidos debe enviar sus soldados a Irak otra vez para pelear una guerra ajena, el 75 por ciento responde que no. Estados Unidos ha estado en guerra desde 2001, ha perdido a miles de jóvenes en Afganistán e Irak para no arreglar nada, y ambos países se sumen en su propio caos tras la salida de los estadounidenses y sus aliados.

Las familias militares estadounidenses y el sistema de salud deben lidiar ahora con cientos de miles de hombres y mujeres mutilados, abollados físicamente por las bombas caseras, y psicológica y emocionalmente desbaratados por campañas prolongadas. En ambas guerras Estados Unidos ha gastado más de 1,3 billones de dólares en un período que incluyó la recesión económica más profunda y prolongada en casi 80 años.

Los estadounidenses están cansados de guerra justo cuando a Vladimir Putin se le despertó el oso, los niños centroamericanos se cuelan en la frontera, los africanos se masacran con ganas, y la lucha contra el virus de ébola requiere –en la visión estadounidense– el envío de 3 mil militares. Y los 535 generales del Capitolio indicándole al comandante en jefe qué debería hacer y qué no podrá hacer.

QUIÉNES SON LOS ENEMIGOS DE MIS ENEMIGOS. Para Washington el dilema, o los varios dilemas, porque en el Oriente Medio nada es claro, es en qué medida intervenir apoyando a quién sin que se enojen quiénes o se arme un estropicio peor.

La única fuerza militar local que, hasta ahora, parece capaz de plantar batalla a los yihadistas del Estado Islámico son los peshmerga, que funcionan como ejército propio del Kurdistán en el norte de Irak. Estados Unidos y sus aliados están suministrando armamento y vaya uno a saber cuánto tipo de otras ayudas no mencionadas públicamente, pero el apoyo a los kurdos tiene consecuencias indeseables para Washington. Hay minorías kurdas en Turquía, un aliado de Washington y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y en Irán, adversario de Washington que ahora comparte con Estados Unidos el apoyo al gobierno de mayoría chiita en Bagdad, necesario para combatir a los extremistas sunitas que cuentan con la simpatía y el respaldo de Arabia Saudí. Irán también respalda al grupo palestino Hamas, que le da batalla a Israel, y a Hizbolá, que le da batalla al gobierno de Líbano y a Israel de vez en cuando. Turquía, que por su ubicación geográfica y capacidad militar es un elemento clave en una campaña contra el Estado Islámico, ha dicho que no participará porque no le simpatiza mucho la idea de un fortalecimiento kurdo. Irán, que debería ver con recelo la expansión del Estado Islámico, se opone a que Estados Unidos y sus aliados metan baza. Rusia, que al menos por proximidad geográfica y la presencia de poblaciones musulmanas en su panza sur debería preocuparse por tanta jihad, sólo funciona por ahora como proveedora de armas para casi todas las pandillas de cualquier bandera, un negocio lucrativo teniendo en cuenta el tesoro de guerra del Estado Islámico.

Los países musulmanes de mayoría sunita se declaran alarmados por la propagación explosiva del Estado Islámico pero hasta ahora nada hacen para detener a los revolucionarios medievalistas que, sin rienda, podrían derribar monarquías y emiratos que son, de palabra, aliados de Washington. De Europa han salido miles de jóvenes atraídos por la ideología simple, fanática y guerrera del Estado Islámico que algún día pueden retornar a casa para continuar su jihad. La lucha contra el EI implica combatir a la milicia que le ha dado más problemas al otro dictador que ha mantenido su país unido a pura represión, Bashar al Asad, en Siria, enemigo de Washington y de Israel, respaldado por Rusia e Irán, odiado por Arabia Saudí. El EI extermina a cristianos, judíos, chiitas, yazidis, kurdos e incluso sunitas que no le rinden pleitesía, secuestra mujeres para proveer a sus combatientes de úteros que producirán los combatientes del futuro, y da instrucción militar a niños desde los 12 años para que se conviertan en soldados que matan o "mártires" dispuestos a suicidarse con explosivos.

Todo esto luce como un embrollo del cual la gente sensata se apartaría, y la noción tiene su buen respaldo político en Estados Unidos. Hay senadores, como el republicano de Kentucky Rand Paul, que insisten en que Estados Unidos no debe meterse. Pero también los hay como el republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, que insisten en que sólo Estados Unidos tiene la fibra, los medios tecnológicos y la voluntad para despachurrar al Estado Islámico, mientras que su correligionario de Arizona John McCain critica incesantemente a Obama porque no interviene lo suficiente. La misma división de opiniones ocurre entre los demócratas.

METETE NO TE METAS. El presidente Obama visitó esta semana la sede en Tampa, Florida, del Mando Conjunto Central, la provincia de operaciones del Pentágono que incluye a Irak, el Golfo, Afganistán y el este de África. Allí, ante los soldados que eventualmente irían a esta nueva campaña, prometió que Washington no pondrá nuevamente tropas estadounidenses en combate en Irak. De inmediato los críticos de Obama denunciaron el error de decirle al enemigo, en este caso el Estado Islámico, qué es lo que Washington no hará, con lo cual supuestamente los muchachos del degüello se sentirán alentados sabiendo que no aparecerán por allá las tropas más calificadas y mejor equipadas para combatirlos. Pero Obama también prometió que Estados Unidos asumirá el liderazgo en esta campaña. Para ello ha conformado una coalición que, según Washington, ya cuenta con el respaldo de medio centenar de países. Nadie sabe exactamente cuáles son esos países ni con qué han prometido que contribuirán.

Sin soldados estadounidenses pata en tierra, queda la opción del apoyo aéreo, la vigilancia desde satélites y los ataques con aviones robots (drones) contra el EI. La estrategia estadounidense, por lo que de ella puede verse, se apoya en la noción de que lo que ha nutrido la extraordinariamente rápida expansión del EI será precisamente la causa de su fracaso militar. El EI ha operado con unidades pequeñas extremadamente móviles y con armamento liviano, para extender su presencia en un tercio de Siria y un tercio de Irak. Contra esas unidades es limitada la eficacia de los bombardeos desde el aire. Pero para mantener el control del área conquistada y defenderla, necesitará conformarse como un ejército, con bases, líneas de abastecimiento, unidades que lleguen al tamaño de brigada. Y entonces se tornará vulnerable.

En cuanto a la batalla contra el EI dentro de Siria, la estrategia de Obama consiste en apoyar al llamado Ejército Libre de Siria, que lleva dos años peleando contra Asad y que supuestamente es controlado por los "opositores moderados" al régimen de Damasco.


Y esta es la confusión que una y otra vez ha puesto a Estados Unidos en apoyo de socios dudosos, cuando no malosos.

El ejemplo más contundente es el de Afganistán. En la década de 1980, para combatir a los invasores soviéticos, Estados Unidos financió, dio instrucción militar y armamento avanzado a los que entonces se llamaban muyaidines y hoy serían yihadistas. Al frente de los guerreros islámicos de muchos países, y en su mayoría sunitas, surgió Osama bin Laden. Y los muyaidines que ayudaron a vencer a la Unión Soviética contribuyeron a la instalación del régimen talibán en Kabul. El resto es historia.

Los múltiples conflictos en Oriente Medio tienen raíces históricas muy largas, y las que ahora alimentan estos frutos amargos datan de hace casi un siglo, cuando al final de la Primera Guerra Mundial se desmembró el imperio otomano –que eligió el bando perdedor– y las potencias ganadoras, en particular Francia e Inglaterra, se repartieron los despojos. Los europeos trazaron sobre mapas las líneas de "países" que servían a sus intereses, sin tener en cuenta la composición étnica o las diferencias religiosas de las poblaciones que quedaron a uno y otro lado de aquellas fronteras.

Ese mapa ha estallado. Con la invasión a Irak en 2003, Bush contribuyó a la disgregación, y ahora le ha caído a Obama en sus manos la bolsa llena de gatos.

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Más de 116 mil mdd de pérdidas en Cuba por el embargo de EU

El bloqueo de Estados Unidos se ha convertido en una brutal guerra financiera que anda a la búsqueda de lo que es más dañino para Cuba e impide el desarrollo del país y genera enormes sufrimientos a la población, aseguró el vicecanciller cubano, Abelardo Moreno, en conferencia de prensa este martes en La Habana.

 

Moreno presentó el Informe de Cuba correspondiente a 2014 sobre la resolución necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, que será sometido para su aprobación el próximo 28 de octubre ante la Asamblea General de ONU.


Prueba de esa guerra financiera "son los datos que atestiguan que desde enero de 2009 hasta el 2 de junio del presente año, la administración Obama ha obligado a 36 entidades estadunidenses y extranjeras a pagar casi 2.6 mil millones de dólares de multa por mantener vínculos con Cuba.


La implacable persecución de las transacciones financieras cubanas se ha recrudecido, y recordó la megamulta impuesta al banco francés Paribas –casi 9 mil millones de dólares– por realizar transacciones financieras con países enemigos, entre ellos la isla.
La cifra acumulada de pérdidas por el embargo es de 116 mil 880 millones de dólares y se basa en precios corrientes. Cuando se toma en cuenta la depreciación del dólar frente al precio internacional del oro, la cifra se eleva a 1.11 billones de dólares, según el informe presentado por el vicecanciller cubano.


Los niños, blanco de afectación


Moreno ofreció su conferencia de prensa en la Escuela Especial Solidaridad con Panamá, que acoge a cientos de niños con discapacidades físico-motoras o múltiples. No es casualidad que estemos aquí, añadió.


Unos 22 mil 870 estudiantes con necesidades educativas especiales en Cuba sufren el bloqueo, porque la isla no puede adquirir materias primas, insumos y tecnologías necesarias en los talleres en los que se preparan para integrarlos a la vida social y laboral, y que sólo se ofrecen en el mercado estadunidense o llevan componentes fabricados en ese país.


Explicó que a causa de esta política, los niños cubanos que sufren cáncer de retina, por ejemplo, tampoco acceden al tratamiento de braquiterapia ocular –permite tratar tumores específicos en los ojos–, porque las placas de yodo radiactivo para este procedimiento sólo las produce la empresa estadunidense 3M.


Los que padecen leucemia –se reportan unos 72 casos en la infancia por año– no pueden utilizar medicamentos de última generación que disminuyen las alergias a los medicamentos y dolorosos efectos secundarios, como los obtenidos a partir de la bacteria erwinia carotovora, que producen laboratorios de Estados Unidos.


El informe de unas 50 páginas reseña decenas de ejemplos como estos, que muestran las privaciones y gastos sumamente elevados para un sistema sanitario que, aún en esas condiciones, garantiza servicios gratuitos de educación y salud a todos sus ciudadanos.


Moreno aseguró que existe la falacia de la supuesta flexibilización de la política agresiva de la administración estadunidense. El bloqueo contra Cuba se mantiene en su totalidad, y el presidente Obama, como sus antecesores, refuerza su aplicación, sin poder justificar su implementación, comentó.


A su juicio, la principal característica de las acciones de Washington en la actualidad es la insistencia de sancionar a terceros por mantener relaciones con La Habana, y la absurda pretensión de que su legislación tiene carácter universal cuando del pueblo cubano se trata.


El bloqueo fue aplicado desde 1960 por el gobierno republicano de Dwight Eisenhower y después mantenido por el demócrata de John F. Kennedy con el fin expreso de sembrar el hambre y la desesperación en la población cubana, y crear las condiciones para derrocar al gobierno de Fidel Castro.


En 22 ocasiones la Asamblea General se ha pronunciado, por abrumadora mayoría, contra esta política. El bloqueo contra Cuba debe cesar, definitivamente. Es el sistema de sanciones unilaterales más injusto, severo y prolongado que se ha aplicado contra país alguno, reclamó Moreno.


El informe de Cuba (en PDF)

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EU y la “anarquía que viene” en Colombia y Venezuela, según Robert D. Kaplan, de Stratfor
Pareciera respuesta a mi artículo Nueva visión geoestratégica de Brasil” (Bajo la Lupa, 18/7/12), ya que al día siguiente, la superestrella de la geopolítica de los superhalcones de Estados Unidos y flamante colaborador de Stratfor, Robert D. Kaplan, publicó “La fuente del poder de EU”, que encubre ominosas amenazas de desestabilización tanto de Colombia, en forma “sorprendente”, como de Venezuela (por la propaganda negra consabida), mediante la aplicación de los conceptos geopolíticos del holando-estadunidense Nicholas J. Spykman, quien se ha puesto de moda en los círculos geoestratégicos de Brasil y EU.


Cabe destacar que el artículo sobre la “Nueva visión geoestratégica de Brasil” causó fuerte impacto en el cono sur al día siguiente (Vermelho, 19/7/12).


El controvertido portal Stratfor fue desnudado por Anonymous en sus nexos con la CIA, Israel y la filial en México del superfascista Committee on the Present Danger.


La geobiografía del israelí-estadunidense Robert D. Kaplan (soldado cabal del ejército de Israel), que apoyó la invasión de Estados Unidos a Irak, evidencia el choque conceptual de las geopolíticas de Estados Unidos y Brasil: miembro del Consejo de Política de Defensa con el secretario Robert Gates, consultor de las tres ramas del ejército de Estados Unidos y considerado por Foreign Policy entre los “100 primeros pensadores (sic) globales (sic)”.


A mi juicio, Robert D. Kaplan representa el heraldo del Pentágono para palpar el pulso de sus adversarios y/o amenazarlos. Su indeleble artículo “La anarquía que viene” (Atlantic Monthly, febrero de 1994) cautivó al presidente Clinton y, de hecho, anunció “premonitoriamente” el caos geopolítico global posterior a los polémicos atentados del 11/09.


Los “análisis” de Robert D. Kaplan han sido demolidos, con justa razón, como poco ortodoxos y sin rigor. No importa. Aquí vale más el mensaje trascendental del heraldo que su cualidad académica.


Aduce que pese a la hegemonía de Estados Unidos en el gran Caribe y a su control geopolítico hasta la frontera del Amazonas, “donde ningún poder significativo puede desafiar a Estados Unidos”, paradójicamente “Estados Unidos no puede contar con la estabilidad de Colombia o Venezuela, aun cuando la guerra de las drogas continúa en su frontera norte”.


Así que “Estados Unidos puede dominar el gran Caribe” pero, con todo y su “poderío, no puede garantizar la estabilidad (¡súper sic!) en ningún lugar de la región misma”.


Robert D. Kaplan define “La fuente del poder de EU”, con enfoque geopolítico, que representa el gran Caribe, lo cual hace temer que el Pentágono pretende recuperar lo perdido en Latinoamérica –que ya empezó: Haití, Honduras y Paraguay, después de su abandono durante la década fallida de la “guerra contra el terrorismo” de la aciaga fase de Baby Bush– y hasta librar una tercera guerra mundial termonuclear contra los nuevos inquilinos indeseables de Latinoamérica (Irán, Rusia y China).


Robert D. Kaplan define el gran Caribe desde Yorktown (¡súper sic!) hasta las Guyanas (¡súper sic!), es decir, “desde los estados a la mitad del océano Atlántico de Estados Unidos hasta las selvas del norte de Sudamérica (¡súper sic!)”, con base en una extensión del concepto de “hemisferio occidental” del geoestratega Spykman en 1942.


Por cierto, la línea Yorktown-Guyanas llega a la frontera de Brasil y deglute a todas las islas del gran Caribe.


El gran Caribe de Robert D. Kaplan choca con la definición de “Sudamérica” del profesor universitario brasileño Ronaldo Carmona.


Para Spykman, según Robert D. Kaplan, el hemisferio occidental no está dividido entre Norte y Sudamérica, sino entre “las latitudes norte de la gran barrera de la selva amazónica y la latitud sur de ésta”. ¡Qué fuerte!


La “barrera natural” del Amazonas, a mi juicio, balcanizaría de facto el concepto de “Sudamérica” de Brasil, al Mercosur y al mismo Brasil.


Se deduce que Argentina y Chile serían más “sudamericanos” que Brasil y quedarían a la merced de una doble asfixia desde la Antártida y las islas Malvinas.


Robert D. Kaplan trastoca la geografía en beneficio de los intereses geopolíticos irredentistas de Estados Unidos y sentencia que “Venezuela no es para nada un país sudamericano. Es un país caribeño: la mayor parte de su población 28.8 millones vive en el norte a lo largo del mar Caribe, lejos de sus selvas al sur”. ¿Dónde quedarían Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay?


Estados Unidos, a su juicio, constituye la “potencia hegemónica del hemisferio occidental con la salvedad del Ártico canadiense y el cono sureño (sic) de Sudamérica que incluye las zonas grises (sic) de Bolivia, Ecuador y Perú, más allá del cinturón de seguridad esculpido (sic) por la armada de EU”.


Lo interesante: “con el hemisferio occidental bajo su dominio, Estados Unidos fue capaz de afectar el balance del poder en el hemisferio oriental. Las victorias de Estados Unidos en las dos guerras mundiales y en la guerra fría fueron originalmente construidas sobre la geopolítica del gran Caribe”. ¡Sin duda!


Considera “una exageración (sic) decir que Estados Unidos perdió su control del gran Caribe” y juzga en forma despectiva que hasta su “Guardia Costera (¡súper sic!) es capaz de manejarla”.


A su juicio, los problemas hoy provienen del “contrabando masivo de drogas de México y Centroamérica a Estados Unidos y por una presencia comercial robusta de China en el Canal de Panamá y Venezuela”. Cita a Colombia como “un Estado fallido parcial” y a Venezuela como asiento del “radicalismo anti EU” cuando las “apuestas son elevadas debido a la ampliación del Canal de Panamá en 2014 que aumentará el trafico marítimo global de Colombia y Venezuela”.


Me salto las diatribas contra Venezuela y concluyo brevemente con el linchamiento a Juan Manuel Santos, a quien culpa de la resurrección de las FARC y quien “ha cambiado retóricamente su política exterior lejos de la amistad con Estados Unidos y más hacia un acomodamiento con Venezuela y Ecuador”. Se le pasó el espectacular acercamiento geoeconómico de Santos con China.


En realidad, Venezuela es tan caribeña como es sudamericana (ver Radar Geopolítico, Contralínea, “EU captura el mar Caribe frente al BRIC”, 21/2/10).


La novedad no es que Estados Unidos considere al mar Caribe como su mare nostrum ni que busque desmontar tanto a los BRICS como al Mercosur, sino que por medio de su heraldo predilecto anuncia la “anarquía que viene” en Colombia y Venezuela, para impedir la nueva conexión con China e incendiar la jungla amazónica de Brasil.


Conclusión. Mi hipótesis: Estados Unidos controla hegemónica y geopolíticamente el gran Caribe y deja hacer, si es que no promueve, la “anarquía que viene” en Colombia (citada antes que Venezuela, debido a su singular característica bioceánica) para incitar “cambios de régimen” que se coordinen con la irredentista agenda hemisférica y global de Estados Unidos.


En el caso de México, no está en juego el “cambio de régimen” –que Estados Unidos avasalla desde la Revolución– sino el control de los hidrocarburos en el Golfo de México (parte sustancial del gran Caribe), donde en forma paulatina Estados Unidos comienza a recuperar sus “activos” mediante la expulsión española de Repsol en América Latina y del megaescándalo del “lavado” del banco británico HSBC exhibido por el Senado de Estados Unidos después del “accidente ambiental” de BP.


Los “lavados” (ampliamente expuestos por un servidor desde hace mucho) son eso: sirven para las “limpiezas energéticas y financieras” con objetivo geopolítico.


www.alfredojalife.com
@AlfredoJalife

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Washington dijo adiós a la diplomacia en Siria
Washington ha echado a un lado la opción diplomática para resolver el conflicto de Siria y está incrementando la ayuda a los rebeldes y multiplicando los esfuerzos para que los aliados de Washington derrumben a Bashar Al Assad, según altos funcionarios estadounidenses citados por el diario The New York Times.

 
Según el diario, los altos cargos estadounidenses señalan que la administración de Obama podría estar suministrando datos de inteligencia a los rebeldes, al igual que algunos equipos especiales de comunicación para mejorar la eficacia de combate de los grupos armados de la oposición. Con esta actividad la Casa Blanca busca fomentar los recientes éxitos militares y estratégicos de los rebeldes que asumieron la responsabilidad por el reciente atentado contra los altos cargos militares sirios que acabó con la vida de varios altos funcionarios clave cercanos a Al Assad.

 
No obstante, las fuentes norteamericanas afirman que Es no está suministrando armas a los rebeldes y que son Arabia Saudita, Turquía y Qatar los que están financiando la actividad armada de la oposición, apuntan. “Estamos asistiendo a un derrumbe controlado del régimen de Al Assad”, afirma Andrew Tabler, un experto del Instituto de Washington para la Política de Medio Oriente. Sin embargo, reconoce que “como en cualquier derrumbe controlado, algo puede fallar”.

 
Mientras tanto, el lunes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que el Gobierno hebreo había empezado a discutir los planes de contingencia para ser aplicados en caso de que se produzca un cambio de régimen en Siria. Para participar en estas discusiones llegó al país hebreo un representante especial del Departamento de Estado de EE.UU.

 
La semana pasada la Administración norteamericana mantuvo conversaciones con las autoridades israelíes sobre la capacidad de este país para destruir los arsenales del Ejército sirio. Los misiles y las armas químicas centraron la atención de la discusión. Estados Unidos mostró su preocupación por el presunto traslado de los arsenales químicos sirios de los almacenamientos suponiendo que las fuerzas armadas del país sirio pudieran usarlos. No obstante, las fuentes de la inteligencia norteamericana señalaron que se podría tratar de unas medidas de precaución por parte de las autoridades sirias con el fin de evitar que las armas caigan en manos de los rebeldes.

 
El lunes Netanyahu apuntó que Israel “se verá obligado a actuar” para prevenir que las armas químicas caigan en manos de los extremistas confirmando las declaraciones anteriores del ministro de Defensa israelí, quien había señalado el viernes pasado que las autoridades hebreas considerarían una acción militar si fuera necesario para asegurarse de que los misiles sirios o las armas químicas no llegan a manos del movimiento extremista libanés Hezbolá. Por su parte, el ministro de Exteriores de Siria declaró el lunes que su país empleará las armas químicas solo en caso de una agresión por parte de otros países.


 23 Julio 2012
 
(Tomado de Rusia Today:


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Miércoles, 18 Julio 2012 20:12

Estados Unidos, Venezuela y Paraguay

Estados Unidos, Venezuela y Paraguay
La política externa norteamericana en América del Sur sufrió las consecuencias totalmente inesperadas de la prisa de los neogolpistas paraguayos en asumir el poder, con tamaña voracidad que no podían esperar  hasta abril de 2013, cuando se llevarán a cabo las elecciones, y ahora articula todos sus aliados para intentar  revertir la decisión del ingreso de Venezuela [al Mercosur]. La cuestión de Paraguay es la cuestión de Venezuela, de la disputa por la influencia económica y política en América del Sur.
 
 

Los medios conservadores salieron a socorrer a los neogolpistas

 

1. No se pueden entender las peripecias de la política sudamericana sin tomar  en cuenta la política de los Estados Unidos para América del Sur. Los Estados Unidos todavía son el principal actor político en América del Sur y debemos comenzar por la descripción de sus objetivos.
 
2. En América del Sur, el objetivo estratégico central de los Estados Unidos, que, a pesar de su debilitamiento, continúa siendo la mayor potencia política, militar, económica y cultural del mundo, es incorporar todos los países de la región a su economía. Esta incorporación económica lleva, necesariamente, a un alineamiento político de los países más débiles con los Estados Unidos en las negociaciones y en las crisis internacionales.
 
3. El instrumento táctico norteamericano para alcanzar este objetivo consiste en promover la adopción legal, por los países de América del Sur, de normas de liberalización más amplia del comercio, de las finanzas y de las inversiones, de los servicios y de “protección” a la propiedad intelectual a través de la negociación de acuerdos en nivel regional y bilateral.
 
4. Éste es un objetivo estratégico histórico y permanente. Una de sus primeras manifestaciones ocurrió en 1889 en la 1ª Conferencia Internacional Americana, que se realizó en Washington, cuando Estados Unidos, que ya era la primera potencia industrial del mundo, propuso la negociación de un acuerdo de libre comercio en las Américas y la adopción, por todos los países de la región, de una misma moneda: el dólar.
 
5. Otros momentos de esta estrategia fueron el acuerdo de libre comercio Estados Unidos-Canadá,  el TLCAN (Área de Libre Comercio de América del Norte, que incluye además de Canadá a México); la propuesta de creación de un Área de Libre Comercio de las Américas –ALCA; y, finalmente, los acuerdos bilaterales con Chile, Perú, Colombia y con los países de América Central.
 
6. En este contexto hemisférico, el principal objetivo norteamericano es incorporar Brasil y Argentina, que son las dos principales economías industriales de América del Sur, a este gran “conjunto” de áreas de libre comercio bilaterales, donde las reglas relativas al movimiento de capitales, a las inversiones extranjeras, a la defensa comercial, a las relaciones entre inversores extranjeros y Estados serían no sólo las mismas, sino que permitirían la plena libertad de acción para las megaempresas multinacionales y reducirían al mínimo la capacidad de los Estados nacionales para promover el desarrollo, aunque sea desarrollo capitalista, de sus sociedades y de proteger y desarrollar sus empresas (y capitales nacionales) y su fuerza de trabajo.
 
7. La existencia del Mercosur, cuya premisa es la preferencia en sus mercados de las empresas (nacionales o extranjeras) instaladas en los territorios de Argentina, Brasil,  Paraguay y Uruguay en relación a las empresas que se encuentran fuera de ese territorio y que pretende expandirse en el intento de construir un área económica común, es incompatible con el objetivo norteamericano de liberalización general del comercio de bienes, de servicios, de capitales, etc., que beneficia  a sus megaempresas, naturalmente mucho más poderosas que las empresas sudamericanas.
 
8. Por otro lado, un objetivo (político y económico) vital para Estados Unidos es asegurar el suministro de energía para su economía, pues importa 11 millones de barriles diarios de petróleo, 20% de los cuales provienen del Golfo Pérsico, área de extraordinaria inestabilidad, turbulencia y conflicto.
 
9. Las empresas norteamericanas fueron responsables por el desarrollo del sector petrolífero en Venezuela a partir de la década de 1920. Por un lado, Venezuela tradicionalmente suministraba petróleo a Estados Unidos y, por otro lado, importaba equipamiento para la industria petrolera y los bienes de consumo para su población, inclusive alimentos.
 
10. Con la elección de Hugo Chávez, en 1998, sus decisiones de reorientar la política externa (económica y política) de Venezuela en dirección a América del Sur (principal, pero no exclusivamente, en dirección a Brasil), así como de construir la infraestructura y diversificar la economía agrícola industrial del país romperían la profunda dependencia de Venezuela con relación a Estados Unidos.
 
11. Esta decisión venezolana, que afectó frontalmente el objetivo estratégico de la política exterior norteamericana de garantizar el acceso a fuentes de energía próximas y seguras, se tornó aun más importante en el momento en que Venezuela se convirtió en el país con mayores reservas de petróleo, en un momento en que la situación del Oriente Medio es cada vez más volátil.
 
12. Desde entonces se desencadenó una campaña mundial y regional de los medios contra el Presidente Chávez y Venezuela, buscando demonizarlo y caracterizarlo como dictador, autoritario, enemigo de la libertad de prensa, populista, demagogo, etc. Venezuela, según los medios, no sería una democracia. Y crearon una “teoría” según la cual, aunque un presidente haya sido electo democráticamente, él, al no “gobernar democráticamente”, sería un dictador y, por lo tanto, podría ser derribado. Es más, ya hubo un intento de golpe en 2002 y los primeros líderes que reconocieron el “gobierno” que emergió de ese golpe en Venezuela fueron George Walker Bush y José María Aznar.
 
13. A medida que el Presidente Chávez comenzó a diversificar sus exportaciones de petróleo, principalmente a China, sustituyó a Rusia en el suministro energético de Cuba y comenzó a apoyar a los gobiernos progresistas electos democráticamente, como los de Bolivia y Ecuador, empeñados en enfrentar a las oligarquías de la riqueza y del poder, los ataques se duplicaron orquestados en todos los medios de la región (y del mundo).
 
14. Esto ocurrió a pesar de no haber dudas sobre la legitimidad democrática del Presidente Chávez, que desde 1998 disputó doce elecciones que fueron consideradas, todas ellas, libres y legítimas por observadores internacionales, incluyendo el Centro Carter, la ONU y la OEA.
 
15. En 2001, Venezuela presentó, por primera vez, su candidatura al Mercosur. En 2006, después del término de las negociaciones técnicas, el Protocolo de adhesión de Venezuela fue firmado por los presidentes Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré y Nicanor Duarte, de Paraguay, miembro del Partido Colorado. Comenzó entonces el proceso de aprobación del ingreso de Venezuela por los Congresos de los cuatro países, bajo una cerrada campaña de la prensa conservadora, entonces preocupada con el “futuro” del Mercosur que, bajo influencia de Chávez, podría, según ella, “perjudicar” las negociaciones internacionales del bloque, etc. Aquella misma prensa que habitualmente criticaba al Mercosur y que abogaba por la celebración de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, con la Unión Europea, etc., en lo posible de forma bilateral, y que consideraba la existencia del Mercosur una traba para la plena inserción de los países del bloque en la economía mundial, empezó a preocuparse por  la “sobrevivencia” del bloque.
 
16. Aprobado por los Congresos de Argentina, de Brasil, de Uruguay y de Venezuela, el ingreso de Venezuela empezó a depender del Senado paraguayo, dominado por los partidos conservadores representantes de las oligarquías rurales y del “comercio informal”, que comenzó a ejercer un poder de veto, influenciado en parte por su oposición permanente al Presidente Fernando Lugo, contra quien intentó abrir 23 procesos de “impeachment” desde su asunción en 2008.
 
17. El ingreso de Venezuela en el Mercosur tendría cuatro consecuencias: dificultar la “remoción” del Presidente Chávez a través de un golpe de Estado; impedir la eventual reincorporación de Venezuela y de su enorme potencial económico y energético a la economía norteamericana; fortalecer el Mercosur y tornarlo aun más atractivo para la adhesión de los demás países de América del Sur; dificultar el proyecto permanente de Estados Unidos, de creación de un área de libre comercio en América Latina, ahora por la eventual “fusión” de los acuerdos bilaterales de comercio, de la cual el acuerdo de la Alianza del Pacífico es un ejemplo.
 
18. Así, el rechazo del Senado paraguayo a la aprobación del ingreso de Venezuela al Mercosur se tornó una cuestión estratégica fundamental para la política norteamericana en América del Sur.
 
19. Los líderes políticos del Partido Colorado, que estuvo en el poder en Paraguay durante sesenta años, hasta la elección de Lugo, y los del Partido Liberal, que participaba del gobierno de Lugo, seguramente evaluaron que las sanciones contra Paraguay en consecuencia del “impeachment” de Lugo serían principalmente políticas, y no económicas, limitándose a que Paraguay no podrían participar eneuniones de Presidentes y de Ministros del bloque.
 
Después de esta evaluación, dieron el golpe. Primero, el Partido Liberal dejó el gobierno y se alió a los Colorados y a la Unión Nacional de los Ciudadanos Éticos – UNACE y aprobaron, en una sesión, una resolución que consagró un rito supersumario de “impeachment”.
 
Así, ignoraron el Artículo 17 de la Constitución paraguaya, que determina que “en el proceso penal, o en cualquier otro del cual pueda derivar pena o sanción, toda persona tiene derecho a disponer de las copias, medios y plazos indispensables para presentación de su defensa, y a poder ofrecer, practicar, controlar e impugnar pruebas”, y el Artículo 16, que afirma que el derecho de defensa de las personas es inviolable.
 
20. En 2003, el proceso de “impeachment” contra el Presidente Macchi, que no fue aprobado, llevó cerca de 3 meses, mientras el proceso contra Fernando Lugo fue iniciado y terminado en cerca de 36 horas. El pedido de revisión de constitucionalidad presentado por el Presidente Lugo ante la Corte Suprema de Justicia de Paraguay ni siquiera fue examinado, y fue rechazado in limine.
 
21. El proceso de “impeachment” del Presidente Fernando Lugo fue considerado golpe por todos los Estados de América del Sur y, de acuerdo con el Compromiso Democrático del Merscosur, Paraguay fue suspendido de la Unasur y del Mercosur, sin que los neogolpistas manifestasen ninguna consideración por las gestiones de los Cancilleres de la Unasur, a quienes recibieron inclusive con arrogancia.
 
22. En consecuencia de la suspensión paraguaya, fue posible y legal para los gobiernos de Argentina, de Brasil y de Uruguay la aprobación del ingreso de Venezuela en el Mercosur a partir del 31 de julio próximo. Acontecimiento que ni los neogolpistas, ni sus admiradores más fervorosos – Estados Unidos, España, el Vaticano, Alemania, los primeros que reconocieron al gobierno ilegal de Franco – parecen haber previsto.
 
23. Frente a esta evolución inesperada, toda la prensa conservadora de los tres países, y la de Paraguay, y los líderes y partidos conservadores de la región, partieron a socorrer a los neogolpistas con todo tipo de argumentos, proclamando la ilegalidad de la suspensión de Paraguay (y, por lo tanto, afirmando la legalidad del golpe) y la inclusión de Venezuela, ya que la suspensión de Paraguay habría sido ilegal.
 
24. Ahora, Paraguay pretende obtener una decisión del Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur sobre la legalidad de su suspensión del Mercosur, mientras, en Brasil, el líder del PSDB anuncia que recurrirá a la justicia brasileña sobre la legalidad de la suspensión de Paraguay y del ingreso de Venezuela.
 
25. La política externa norteamericana para América del Sur sufrió las consecuencias totalmente inesperadas de la prisa de los neogolpistas paraguayos en asumir el poder, con tamaña voracidad que no podían aguardar hasta abril de 2013, cuando se llevarán a cabo las elecciones, y ahora articula a todos sus aliados para intentar  revertir la decisión de ingreso de Venezuela.
 
26. En realidad, la cuestión de Paraguay es la cuestión de Venezuela, de la disputa por influencia económica y política en América del Sur y de su futuro como región soberana y desarrollada.
 
- Samuel Pinheiro Guimarães es diplomático brasileño y profesor del Instituto Rio Branco.
 
(Traducción: Silvia Beatriz Adoue para ALAI.)
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Miércoles, 08 Julio 2009 06:44

Un cambio de roles

Hubo algo de postGuerra Fría en la jornada de ayer de Barack Obama. El presidente norteamericano estaba en Moscú, cerrando un acuerdo sobre armas nucleares que desanda la escalada de la administración anterior, al mismo tiempo que convocaba a la prensa para aclarar que su país “absolutamente no” le dio a Israel un guiño para atacar a Irán, y pocas horas después reafirmaba el apoyo a la restitución del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, afirmando que su país “no puede ni debe buscar la imposición de un sistema de gobierno en otro país”.

La casualidad quiso que todo esto se produzca la misma semana en la que la Cámara de Diputados elevara al Senado un proyecto de ley que por primera vez obliga a difundir los nombres de aquellos que pasen por la Escuela de las Américas, la base de entrenamiento militar para las fuerzas armadas latinoamericanas, y de donde provienen la mayoría de quienes derrocaron a Zelaya y, por cierto, no pocos de quienes lo apoyaron. Y el mismo día en que Obama confirmó la nominación como subsecretario de Derechos Humanos de Mike Posner, un crítico consistente de la política de intervención norteamericana en la región.

Que Washington sea desde hace días el centro de operaciones para el retorno de Zelaya a Honduras y no el motor de las conspiraciones para derrocarlo marca un cambio de roles inédito. Y ubica a la reacción de Obama, conflictiva e incompleta como es, como la mejor de que se tenga memoria en la relación de su país con América latina. El valor de su estrategia hasta hoy toma su verdadera dimensión cuando se la pone en el contexto de una total indiferencia pública sólo matizada por la presión republicana para apoyar el derrocamiento de Zelaya, inercia de la burocracia estatal en el sentido contrario al de la actual administración, la dificultad para explicar el apoyo a un presidente cuya llegada fue considerada hasta hace poco parte de una amenaza a la seguridad nacional, y la enorme inversión norteamericana durante décadas en la formación y preparación de aquellos que perpetraron el golpe.

La administración de Obama hizo algunos gestos unilaterales que dejarán marcas. Hillary Clinton se reunió públicamente con Zelaya y el gobierno dio muestras inequívocas de apoyo, pero Tom Shannon se reunió en privado con el ex presidente hondureño Ricardo Maduro, que apoya a los golpistas. La aceptación de la mediación del costarricense Oscar Arias fue como poner un reflector en el escaso poder de la Organización de Estados Americanos y de su titular, José Miguel Insulza. Arias hablará tanto con Zelaya como con los golpistas, algo que la OEA había decidido no hacer y que pasado el intento de retorno a Tegucigalpa dejó al organismo sin otra estrategia que la de la presión.

Varios factores influyen en estas ambigüedades. A la inercia “natural” del Departamento de Estado se le suma la falta de un horizonte claro para Obama. Si hasta hace ocho meses cualquier gobierno cercano a Hugo Chávez era considerado por el Departamento de Seguridad Nacional como una amenaza a la seguridad nacional (aun en la peculiaridad del hondureño, cuyo presidente, digamos, puede tener más en común con Alberto Pierri que con Augusto Sandino), ¿por qué apostar a su consolidación? Los intereses de Estados Unidos en el país se vinculan con la expansión de principios del siglo XX, la relación con las elites locales para mantener la actividad económica de las empresas norteamericanas, el fortalecimiento de las fuerzas armadas como baluarte anticomunista en la región y la reciente criminalización de la relación bilateral a partir del rol de las “gangas” en la vida y economía de los hondureños, de Tegucigalpa a Los Angeles. El periodismo y los historiadores progresistas de Estados Unidos han llenado millones de páginas sobre la heroicidad de “pueblos olvidados” como Nicaragua o Guatemala, pero sobran los dedos de la mano para armar una buena bibliografía sobre Honduras. Lo peor de la historia de la relación bilateral no es que es mala, sino que no hay otra.

Obama, entonces, debe medir consecuencias más mediatas de la relación entre su política exterior y su frente interno, ya que cualquier gesto equívoco frente al golpe renovará la presión para reproducir guiños similares en Venezuela, Bolivia o Ecuador. De ahí que los senadores republicanos presionaran para que Hillary Clinton no recibiera a Zelaya, y que un grupo de diputados republicanos recibiera ayer a los líderes golpistas con todos los honores.

Contando con la indiferencia pública, la ambivalencia de los medios (los diarios más moderados como el Washington Post y el New York Times publicaron sobre Honduras algunas de sus notas más insípidas y desinformadas, pero siempre dejando abierta la puerta un apoyo al golpe), y la espera al acecho de la oposición para demostrar que su política descuida los intereses de los Estados Unidos, la inversión de la carga de la prueba está contra Obama. El establishment del Partido Demócrata y del Congreso, a su vez, refleja tanto la tradición expansionista en la región como el enorme giro a la derecha de los últimos treinta años. En la foto de hoy de Honduras, Obama tiene internamente muy poco para ganar y mucho para perder, y eso, más que heroico, puede ser desastroso, ya que la falta de intereses a favor de esta política bien puede ser el argumento para revertirla. Para transformar la no intervención y el multilateralismo en una parte sustantiva de su política regional, Obama deberá mostrar que eso beneficia y no perjudica a los intereses norteamericanos, para lo cual también deberá avanzar en redefinirlos. Una tarea que excede la experiencia de Honduras, y que aún está lejos de terminar.


Contragolpe

Desde Moscú ayer Barack Obama aclaró: “Manuel Zelaya no nos gusta, pero lo defendemos en nombre del principio de la estabilidad democrática”. Por primera vez, la potencia mayor de Occidente fue inconmovible en su defensa democrática, en esta ocasión acompañada por los países miembros de la ONU y de la OEA, en una oleada universal que desacredita el golpe de Estado cívico-militar consumado en Honduras. Los insurrectos contaban con el respaldo de las fuerzas armadas, el Congreso, el Episcopado, los empresarios de mayor porte y la Corte Suprema, aunque este frente comenzó a resquebrajarse ante la firme posición de Washington y el resto del mundo. La Corte aclaró ayer que el depuesto Zelaya podría regresar si el Congreso le concede una amnistía.

Los intentos del gobierno golpista para conseguir audiencia en el Departamento de Estado fueron vanos, mientras que el destituido fue recibido por Hillary Clinton, quien negoció un principio de diálogo al proponer al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, hombre de experiencia en la diplomacia centroamericana y buen amigo de Estados Unidos, como negociador aceptado por las partes.

Para Honduras, la posición norteamericana es determinante, porque su historia está relacionada con las políticas continentales de la Casa Blanca y sus hombres de poder deben estar sorprendidos del rechazo que recibieron desde el Norte. Siempre estuvieron dispuestos a servir, como lo hicieron durante diez años cuando prestaron el territorio nacional, la mitad de la provincia de Buenos Aires, para las tropas “contras” que intentaban tomar por la fuerza a Nicaragua para desalojar al Frente Sandinista de Liberación. De aquella época sobrevive uno de los importantes aeropuertos, en el que subían y bajaban los aerotransportes que aprovisionaban al antisandinismo. Ese tipo de relaciones generó entre los poderosos hondureños la convicción –una suerte de subcultura– de que su destino cuelga del cinturón de combate de los marines.

Para el resto del continente, la posición de Estados Unidos y de las entidades mundiales es una magnífica noticia. La democracia nunca pasó una prueba golpista como ésta, pero hizo retroceder a las fuerzas conjuntas del poder, el dinero y las armas. Es probable que Zelaya no merezca tanto, tampoco los muertos en su nombre, pero la soberanía popular y la libertad de expresión merecían este contragolpe y son el mensaje final de los caídos.

Por J. M. Pasquini Durán
Página12

 

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