Tillerson, la militarización y el petróleo

En el contexto de una disputa geopolítica con competidores capitalistas extracontinentales (China, Rusia, Unión Europea) que desafían la hegemonía del imperio en su tradicional zona de influencia, la reciente gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica tuvo una clara proyección expansionista con base en dos ejes principales: seguridad y energía.

Como integrante de la clase capitalista trasnacional, Tillerson, ex director ejecutivo de la corporación petrolera privada estadunidense Exxon-Mobil, cuarta compañía del ramo a escala mundial detrás de las estatales Aramco (Arabia Saudita), NIOC (Irán) y CNPC (China), esgrimió un enfoque "mercantilista primitivo" (Jorge Eduardo Navarrete dixit), tan anacrónico como la Doctrina Monroe en la que basó su discurso en la Universidad de Texas, en Austin, un día antes de su arribo a México.

El "modelo Tillerson" de relaciones hemisféricas encarna la tradicional diplomacia de guerra de Washington, acentuada ahora debido a la crisis estructural y de legitimidad del sistema capitalista mundial, caracterizada por William I. Robinson como la fusión del poder político reaccionario en el Estado, fuerzas ultraderechistas, autoritarias y neofascistas en la sociedad civil, y el capital corporativo trasnacional. Una triangulación de intereses que, en perspectiva, bajo la administración Trump, va configurando un "Estado policiaco global" de corte neofascista.

En ese contexto, las fracciones del gran capital más propensas a un fascismo del siglo XXI se sitúan en el sector financiero especulativo, el complejo militar-industrial-securitario-mediático y en las industrias extractivistas, entrelazadas con el capital de alta tecnología/digital.

Dada la magnitud de la crisis del capitalismo, su alcance global, el deterioro social y el grado de degradación ecológica que genera, para contener las protestas y/o rebeliones reales o potenciales, la plutocracia dominante viene impulsando diversos sistemas de control social de masas, represión y guerra (abiertas o clandestinas), que son utilizados, además, como herramientas para obtener ganancias y seguir acumulando capital frente al estancamiento. Lo que Robinson llama "acumulación militarizada" o "por represión".

Tal categorización alude al talón de Aquiles del capitalismo: la sobreacumulación. La creciente brecha entre lo que se produce y lo que el mercado puede absorber. Si los capitalistas no pueden vender sus productos, no obtienen ganancias. Dada la enorme concentración de la riqueza –con sus correlativos niveles de polarización social y desigualdad global sin precedente−, la clase capitalista trasnacional necesita encontrar salidas productivas rentables para descargar enormes cantidades de excedentes acumulados.

De allí que los complejos energéticos y extractivistas recurran a la intensificación y profundización del neoliberalismo vía la privatización de la infraestructura carretera, portuaria, aeroportuaria, ferrocarrilera, de oleoductos, gasoductos y electricidad (verbigracia, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad en el caso mexicano); la superexplotación laboral y precarización del trabajo (subcontratación, tercerización), y políticas de desregulación total y mayor subsidio al capital trasnacional.

Dichas políticas de relocalización de capitales, reindustrialización y acumulación por desposesión o despojo de territorios y materias primas en economías dependientes, se ha venido dando en México, Centro y Sudamérica por conducto de golpes suaves, la imposición de facto de un estado de excepción permanente y el establecimiento de estados policiacos, cuyo soporte son la militarización de la sociedad civil y distintas modalidades de guerras tácticas sin fin, camufladas como lucha antidrogas o contra "enemigos internos" −los mapuches bajo el (des)gobierno de Mauricio Macri−, con armamentos avanzados impulsados por la inteligencia artificial, incluidos sofisticados sistemas de monitoreo, rastreo, seguridad y vigilancia.

En ese contexto cabe resaltar que en su discurso en la Universidad de Texas, Tillerson colocó la energía, en particular los hidrocarburos (petróleo, gas, aceites no convencionales), como punto nodal de la renovada estrategia hemisférica de la administración Trump. Puso como "modelo" la fuerza energética de América del Norte; la apertura (privatización) de los mercados de energía en México, y el papel de Estados Unidos como proveedor de gas natural para nuevas generadoras de electricidad en la región.

De hecho, México −que desde 2007 con la Iniciativa Mérida encabeza la lista de ayuda encubierta de inteligencia militar del Pentágono y la CIA, después de Afganistán− va camino a ser reconvertido en una plataforma de exportación de petróleo, gas natural y gasolinas producidas en la Cuenca de Permian y Luisiana, hacia el mercado asiático (Japón, China, India, Corea del Sur, Taiwán), vía los puertos de Manzanillo y el eje Coatzacoalcos/Salina Cruz, en el Istmo de Tehuantepec, que aprovechando la infraestructura instalada de Pemex, dará a las corporaciones de energía ventajas por menor tiempo y bajo costo de transporte, que si lo hicieran mediante el Canal de Panamá.

Dado que los hidrocarburos son un componente central de la estrategia neocolonial militarizada y de "seguridad energética" de Donald Trump y las corporaciones del sector −en clave de restauración conservadora y de defensa de su hegemonía−, Petróleos de Venezuela (PDVSA, quinta empresa petrolera mundial) fue otro objetivo central de la gira de Tillerson. De allí que instruyera a los gobiernos colaboracionistas cipayos de Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri, Pedro Kuczynski y Juan Manuel Santos, las nuevas modalidades que deberán desempeñar de cara a la intensificación del cerco militar, económico y financiero contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, incluido un eventual embargo petrolero como nuevo precipitador de una "crisis humanitaria" que justifique una intervención militar multilateral.

 

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De los muros de Clinton/Baby Bush/Videgaray al muro israelíde Trump: neo-monroismo amurallado

Son momentos delicados y de ajustes en la política doméstica de EU cuando convergen cuatro eventos disruptivos: 1. El explosivo Memorándum Nunes que coloca en la picota a todo su sistema judicial, así como al FBI y a la legendaria perfidia de los Clinton, con el apoyo de Obama y George Soros; 2. El despido de Janet Yellen de la gubernatura de la Reserva Federal y su sustitución por Jerome Powell, abogado de Princeton quien no es economista –se ignora si eso es bueno o malo, a como están las cosas– y que fue recibido con un sonoro desplome de la bolsa de Wall Street con repercusiones globales; 3. La fatídica negociación en el Congreso para impedir el cierre financiero del gobierno, en donde se juega la construcción del muro Trump a cambio del permiso a los dreamers (https://goo.gl/9Bj2qw), entre los cuales 80 por ciento de los 800 mil es de origen mexicano; y 4. Retumban de nuevo los tambores de guerra trumpianos que busca su primer bautizo contra Norcorea mediante un ataque preventivo y bendito como nariz sangrienta (https://goo.gl/Nj9VQx).

Gran parte de la flagrante desinformación en México sobre el muro Trump, en el que han participado en forma mendaz dos ex presidentes panistas Fox –que ya se pasó al PRI– y el itamita Felipe Calderón –que espera el momento preciso para apoyar a Meade– quienes ocultan que existen ya dos muros, uno iniciado por Clinton y otro avanzado por Baby Bush y que en su totalidad han cerrado la tercera parte de la transfrontera.

Faltaría agregar el muro Videgaray (https://goo.gl/gxFsTz) proyectado por EU en la frontera de Chiapas con Guatemala y cuyo costo, hasta ahora, será cubierto por el gobierno trumpiano.

Es lamentable que dos ex presidentes supuestamente mexicanos no estén enterados que ante sus narices Clinton y Baby Bush hayan construido la tercera parte del ignominioso muro y que solamente se enfoquen a la otra tercera parte del muro Trump que será construido por empresas de Israel (https://goo.gl/CC8zez).

The New York Times acaba de publicar una ilustrativa infografía que sería conveniente leyesen los dos ex presidentes panistas y hoy neo-priístas, pero más que nada, el ignaro Congreso que ha llegado hasta el oprobio de disfrazarse en los recintos con las camisetas de la derrotada candidata Hillary Clinton.

Según NYT, el gobierno ha construido 700 millas (Nota: mil 126.54 kilómetros) del muro desde 2006, la mayor parte en terrenos federales y donde no existe una barrera natural: específicamente desde San Diego hasta un poco más allá de El Paso, es decir, cierra las transfronteras de California, Arizona y Nuevo México.

El muro faltante proviene primordialmente de Texas, aunque ya existe una pequeña parte del muro desde Brownsville hasta un poco más allá de McAllen (https://goo.gl/QRwJs8).

Trump ya elevó la puja de su muro al pasar de 18 mil millones de dólares a 25 mil millones que solicitó al Congreso y que incluye, por encima de la infraestructura, extras para su tecnología y su personal, siempre y cuando se convenga un acuerdo sobre los dreamers a cambio de no cerrar los gastos del gobierno (https://goo.gl/vwqmzf).

El portal Breitbart, ya sin el ideólogo defenestrado del trumpismo Steve Bannon, da mucho vuelo a la frase del presidente Trump, quien anhela un verdadero muro, no un pequeño muro en la transfrontera con México: proferida ante agentes del Border Patrol National Targeting Center, en Virginia, donde concurrió la secretaria de Seguridad del Hogar, Kirstjen Nielsen (KN; https://goo.gl/FapacD).

Kirstjen Nielsen reafirmó que gran parte del dinero para construir el muro será usado para un mayor número de agentes y una óptima tecnología.

Lo inédito del gran muro israelí de Trump, a diferencia de la anterior tercera parte construida por Clinton y Baby Bush, es que va acompasado de una nueva modalidad de la Doctrina Monroe: ideología del excepcionalísmo del pueblo elegido en 1823 por el presidente homónimo cuyo objetivo geopolítico era expulsar a los europeos del continente.

Por cierto, 195 años más tarde, EU se repliega a sus orígenes de los Padres Fundadores con su neo-monroísmo amurallado que intenta sacar a Rusia y China del continente americano (sic), basado sobre todo en las fake news que tanto critica, de un fantasioso intervencionismo ruso por doquier, incluyendo al “México neoliberal itamita”.

El repliegue histórico emprendido por Trump de 398 años, desde los peregrinos del May Flower de 1620, insta a una migración de noruegos en lugar de mexicanos.

¿Se saldrán de su país cinco millones de noruegos, debido a la fabricada amenaza rusa, para instalarse como nuevos colonos en EU?

Se ha intensificado la guerra demográfica del supremacismo blanco de los WASP en contra de los mexicanos, donde cunde el temor de la presencia de alrededor de 50 millones de mexicanos (sumados de los 11 millones de ilegales y de 80 por ciento de 800 mil dreamers).

Cada día se asienta más mi hipótesis de la palestinización de los mexicanos en EU (https://goo.gl/hmciu3).

El neo-monroísmo amurallado de Trump fue confirmado por la gira de Rex Tillerson, secretario de Estado y ex mandamás de Exxon Mobil, a algunos países de Latinoamérica (LA): México, Argentina, Colombia, Perú y Jamaica.

Lamentablemente el aprendiz itamita Videgaray literalmente se le tiró al suelo a Tillerson al alucinar que las relaciones de México son mejores ahora con Trump que con Obama. Es curioso que Videgaray alabe el neo-monroísmo amurallado de Trump y critique a Obama quien había anunciado el fin de la Doctrina Monroe.

Tillerson arremetió contra la presencia de Rusia –que ya ni caso le hace– y China.

La agencia china Xinhua replicó que el poco profesional Tillerson –cuya carrera no es la diplomacia, sino la ingeniería civil– resucita la obsoleta Doctrina Monroe que refleja el pensamiento arraigado de Washington LA como su patio trasero (https://goo.gl/VSCNAA).

El ingeniero Tillerson tildó a Rusia y a China de depredadores y poderes imperiales en LA.

Uno de los motivos del ingeniero Tillerson fue incitar a un cambio de régimen en Venezuela mediante un golpe de Estado, lo cual no ha sido rechazado por la genuflexa cancillería de México (segunda geoeconomía de LA) en su fase diplomática más aciaga, pero que fue criticado en forma vehemente por la cancillería de Brasil, primera geoeconomía de LA (https://goo.gl/kA2umB).

Ante el poco eco a un golpe militar inducido en Venezuela, el ingeniero Tillerson pasó a la amenaza de bloquear las ventas del petróleo venezolano (https://goo.gl/s9inWW).

Las fake news ya fueron adoptadas al más alto nivel de EU mediante la ominosa advertencia del general McMaster, asesor de Seguridad Nacional de Trump, quien pretende imponer líneas rojas a LA en general y a México en particular (https://goo.gl/sL9vEN), avalado por el muy influyente Council on Foreign Relations, con sede en Nueva York (https://goo.gl/98LRAj).

¿Existe veto de la administración Trump y sus dos generales McMaster y John Kelly a la asunción presidencial de López Obrador?

¿Entra la asunción de López Obrador en el esquema del neo-monroísmo amurallado?

 

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Lunes, 05 Febrero 2018 06:12

Codo a codo contra Venezuela

Codo a codo contra Venezuela

El secretario de Estado de EEUU llegó ayer al país y hoy se reunió con el canciller Jorge Faurie. Ambos redoblaron sus ataques al gobierno de Nicolás Maduro y dijeron que estudian implementar sanciones petroleras para presionar al mandatario. Esta semana Tillerson había llamado a que los militares sean “agentes de cambio” en Venezuela.

 

"Uno de los aspectos que se considera al sancionar el petróleo es cuáles serían las consecuencias sobre el pueblo venezolano. Al no hacer nada, es también pedir que el pueblo venezolano siga sufriendo", aseguró hoy el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, en una rueda de prensa junto al canciller argentino Jorge Faurie.


Tras mantener un encuentro privado en el Ministerio de Relaciones Exteriores, ambos coincidieron en la necesidad de poner en marcha medidas que frenen la "deriva autoritaria" del Gobierno venezolano. En concreto, el jefe de la diplomacia estadounidense reveló que están estudiando "sancionar el petróleo", prohibir su venta en Estados Unidos o "refinar productos que vengan de Venezuela".


"No podemos permitir la destrucción de Venezuela", aseveró antes de insistir en que el "desacuerdo" de Argentina y Estados Unidos es "con el régimen" de Maduro y no con los ciudadanos, que están "sufriendo enormemente".


Con él coincidió Faurie, quien apuntó que "controlar el financiamiento" de Venezuela es una herramienta "absolutamente importante" que han considerado ambos durante su encuentro. Sobre la posibilidad de impedir la participación de Venezuela en la próxima Cumbre de las Américas, que se celebrará en abril en Lima, tanto Faurie como Tillerson aseguraron que respetarán la decisión del país anfitrión y destacaron que no pretenden condicionar su postura.


La visita de Tillerson a Argentina arrancó el sábado, en la Patagonia, y concluirá este lunes en la quinta presidencial de Olivos, donde lo recibirá Mauricio Macri.


Antes de partir hacia su gira que también lo llevará a Perú y Colombia, el funcionario estadounidense planteó que las fuerzas armadas venezolanas deberían derrocar a Maduro. “En la historia de Venezuela y los países de América del Sur, muchas veces los militares son agentes de cambio cuando las cosas están muy mal y los líderes ya no pueden servir al pueblo”, lanzó en un discurso en la Universidad de Austin. “Si este será el caso o no, no lo sé”, añadió.

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Gira de Tillerson augura peligros para la paz en América Latina y el Caribe

 

En la primera semana de febrero, el secretario del Departamento de Estado estadounidense Rex Tillerson realizará una gira por diversos países de América Latina y el Caribe. El objetivo central de la gira es incentivar y organizar una nueva escalada de ataques contra la República Bolivariana de Venezuela, bajo el ya remanido pretexto de la “ayuda humanitaria”. Los destinos a visitar, todos gobiernos implicados en el “grupo de Lima”, no dejan dudas.

Luego de una breve escala en la Universidad de Texas en Austin, donde disertará sobre las políticas previstas por la administración Trump en relación a la región, arribará a México el 1° de Febrero para reunirse con el canciller Videgaray y el presidente saliente Peña Nieto.

A partir del 3 de Febrero, el turno será de Argentina. Tillerson viajará primero a Bariloche y luego a Buenos Aires, para encontrarse con Macri y el ministro Faurie con el objeto de discutir – según informa el comunicado del DoS “la agenda bilateral de crecimiento económico y la cooperación en seguridad”.

Acto seguido, el secretario viajará a Lima, para encontrarse con el presidente Kuczynski y su ministra de Relaciones Exteriores Aljovin. Entre los asuntos a tratar figura la preparación de la próxima Cumbre de las Américas en Abril, en la que participará Donald Trump.

El día 6 Tillerson visitará Colombia. En la reunión con Juan Manuel Santos y su canciller Holguín se abordarán “el apoyo de Estados Unidos” – así el comunicado – “a los esfuerzos de Colombia para enfrentar el crecimiento de los cultivos de coca, la producción de cocaína, aspectos económicos y el crecimiento de la población de refugiados”.

Por último, Tillerson se encontrará con el primer ministro jamaiquino Andrew Holness y su ministra de Asuntos Exteriores Kamina Johnson-Smith. Entre los temas a tratarse en Kingston figuran “la seguridad bilateral y regional, esfuerzos energéticos y las exitosas reformas de Jamaica en materia económica.”

 

Nada bueno augura esta gira para la región

 

A la luz del anuncio de la realización de elecciones presidenciales en Venezuela en Abril próximo y de una oposición debilitada y desunida, el periplo de Tillerson se vislumbra como un nuevo capítulo de la opción intervencionista de la administración Trump.

Un propósito similar tuvo el recorrido que emprendió el vicepresidente Mike Pence en Agosto pasado por Colombia, Argentina, Chile y Panamá, En aquella oportunidad el saldo fue infructuoso debido al cerrado rechazo que recogió ante la mención de la “opción armada” contra Venezuela, incluso por parte de estrechos aliados.

Por lo demás, el viaje de Tillerson apunta a dar continuidad a la estrategia de fortalecer la acción concertada del bloque de gobiernos de derecha, hoy agrupada en el “grupo de Lima”, con el objeto de bloquear toda posibilidad de integración regional de carácter emancipador.

Esta es la primera vez que el secretario de Estado recorre la región y obedece también a la necesidad de EEUU de mostrar presencia, frente a la propuesta que hizo China a la CELAC en la reciente ronda de reuniones en Santiago de Chile de incorporar a la región al gigantesco proyecto de infraestructura conocido como La Franja y La Ruta o la Nueva Ruta de la Seda.

Asimismo la inminente concreción del Tratado Transpacífico entre once naciones de América Latina y Asia, a ser firmado en Chile en Marzo próximo sin la participación de EEUU, es un desafío comercial ante el cual el gobierno norteamericano no puede permanecer impasible.

El comunicado emitido por el Departamento de Estado informando sobre la gira prevista, indica que el secretario instará a sus socios a promover un hemisferio “seguro, próspero, democrático y con seguridad energética”. Por otra parte, la atención que Tillerson dedicará durante las conversaciones a Venezuela, es explícita.

Más allá de códigos formales, “seguridad” implica venta de armas y tecnología de vigilancia y represión ante posibles estallidos sociales, al par que un aumento de la retórica belicista contra Venezuela, bajo la excusa de constituir un peligro para la democracia. Democracia de la que ha dado una muestra espléndida el reciente fraude en Honduras, uno de los principales enclaves asociados a EEUU en la región.

Alarmante, más allá de los aspectos de retórica diplomática y propaganda, es la mención de “apoyo” a Colombia. En el marco de una campaña electoral presidencial que los sectores conservadores polarizarán con referencia a Venezuela para ocultar (y canalizar) el descontento social frente al retroceso económico del país, el “apoyo” estadounidense significa una cosa: apoyo a los sectores de derecha – presentables o impresentables - frente a la posibilidad cierta de una derrota política que descomprima la región fronteriza con Venezuela.

En un momento de recrudecimiento de los asesinatos a líderes campesinos y miembros del ahora partido FARC, la remilitarización es un escenario bienvenido por los halcones en Washington y Bogotá, echando así por tierra los avances logrados con la finalización del conflicto armado. La amenaza para Venezuela y el incremento de la tensión en la región sería el efecto directo de ese desatino.

Del mismo modo debe interpretarse el aspecto de “seguridad energética”. Es conocida la estrategia de EEUU para que los estados insulares del Caribe, beneficiados por la política preferencial de PetroCaribe, retiren su apoyo diplomático a Venezuela a cambio de integrarse en una política de “energías limpias”. Esta política implica, entre otras cosas, ampliar la reconversión energética que ya se viene llevando a cabo en América Central con el objetivo de minimizar la influencia de la exportación petrolífera de Venezuela, recortando así su principal ingreso.

Es difícil creer con seriedad que el ex ejecutivo de Exxon, ahora canciller de un país renuente a aceptar compromisos ecológicos retirándose del Acuerdo de París, esté interesado en políticas de conservación medioambiental.

Otro escenario a tener en cuenta es la Cumbre de las Américas de la OEA proyectada para Abril en Perú. Teniendo en cuenta las muestras de parcialidad dadas por el secretario Luis Almagro, constituyéndose en un alfil conspirativo de EEUU contra Venezuela, es altamente probable que en esa reunión – por enésima vez y a pesar del retiro en curso de la nación bolivariana de esa organización – se quiera lograr una “condena” contra el país caribeño que incluya sanciones a nivel regional. Para esto, EEUU y sus socios deberán contar con mayorías que no pudieron lograr anteriormente, a pesar de haberlo intentado repetidamente en los momentos más críticos del 2017.

A los problemas sociales que deberán afrontar los habitantes de varios países de América Latina y el Caribe gobernados por el dictamen neoliberal, se suma en el horizonte la posible tragedia de una escalada bélica. Frente a ello, el repudio generalizado a las acciones conspirativas de una potencia en declive y la defensa irrestricta de la paz son esenciales.

 

- Javier Tolcachier es un investigador perteneciente al Centro Mundial de Estudios Humanistas, organismo del Movimiento Humanista.

 

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Martes, 21 Noviembre 2017 07:27

¿Quién domina el mundo?

¿Quién domina el mundo?

 

Intervencionismo imperialista con ropaje nuevo, y no derecho de intervención humanitaria como se presenta en su propaganda oficial, así define y resume la política exterior estaduniense uno de los ideólogos más lúcidos de Estados Unidos y del mundo, Noam Chomsky, en su más reciente obra editorial, ¿Quién domina el mundo?

Si bien esa política se ha recrudecido con el ascenso al poder de la derecha neofascista, no es el sello distintivo de un partido, Demócrata o Republicano, o de una administración en particular, Roosevelt o Reagan por citar dos nombres, es una doctrina de Estado emanada de la exitosa y rentable participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, donde se erigió, en mercadotecnia y liturgia, como el custodio de los valores universales cuando en realidad sólo protege intereses geopolíticos particulares en una amplia franja del mundo que asume como propia, la doctrina del Área Grande.

Colaborador de este mismo diario, con artículos y ensayos siempre documentados y de vanguardia, el profesor Chomsky afirma sin ambages que se trata del territorio que Estados Unidos debía dominar y que abarcaba el hemisferio occidental (incluida América Latina), el lejano oriente y el antiguo imperio británico (el sudeste asiático y África). Al menos dos terceras partes del mapa mundial, pues.

Con ese concepto del Área Grande, Estados Unidos mantenía un poder indiscutido con supremacía militar y económica, al tiempo que garantizaba la limitación de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que podrían interferir en sus planes globales.

La doctrina del Área Grande, observa Chomsky, autoriza la intervención militar a voluntad y cita para sustentarlo al propio ex presidente Clinton, uno de los más liberales y calificados como progresistas, quien declaró que “Estados Unidos tiene derecho a usar la fuerza militar para proteger el acceso sin restricciones a mercados, suministros de energía y recursos estratégicos clave... y debe mantener enormes fuerzas militares desplegadas en avanzada en Europa y Asia para moldear la opinión de la gente sobre nosotros y los sucesos que afecten a nuestra subsistencia”.

Pero no es la población de Estados Unidos, los ciudadanos promedio que con su trabajo cotidiano sostienen a ese país (apoyados en la contribución sustancial de los migrantes decimos nosotros), quien dicta esa política exterior intervencionista y avasallante, sino las élites políticas y económicas, en la línea de pensamiento del sociólogo y politólogo alemán Robert Michels, plasmada en la ley de hierro de las oligarquías.

Específicamente, quienes determinan la política de gobierno de ese país en general, incluida la política exterior, son, a juicio del profesor Chomsky, los grandes corporativos industriales, comerciales y financieros, la cúpula del ya de por sí reducido 0.1 por ciento de la población que concentra el poder y la riqueza.

De ahí, concluye que la democracia estadunidense, algún día tenida por paradigmática y vendida como ejemplar, es hoy día y desde hace varias décadas una democracia mercantil, dominada y al servicio de esas grandes corporaciones, con elecciones presidenciales cuyo costo rebasa los 2 mil millones de dólares. De tal suerte que el sistema político se ha ido destruyendo progresivamente y ha metido cada vez más a los partidos hegemónicos en los bolsillos de las grandes empresas, con una escalada de costos electorales; los republicanos en un nivel de farsa, los demócratas no muy detrás.

Una democracia que no ha vacilado en usar la tortura física y, sobre todo, sicológica en contra de ciudadanos inermes de países que, en distintas épocas, ha clasificado como adversarios de sus intereses estratégicos: Medio Oriente, Vietnam, Camboya, Laos, Brasil, Chile, Argentina, Centroamérica, algunos países africanos pro soviéticos o no alineados. De modo flagrante e ilustrativo, los presos de la Bahía de Guantánamo, el reducto territorial estadunidense en la Isla de Cuba.

Pero también advierte que se trata de un imperio en decadencia, un imperio que al culminar la Segunda Guerra Mundial concentraba 50 por ciento del PIB mundial, la mitad de la riqueza producida en los cinco continentes, para pasar a 25 por ciento en la década de los 70, porcentaje que se ha ido reduciendo. Pero además, con serios problemas de endeudamiento, desempleo, congelamiento de ingresos personales y contracción de derechos sociales, sobre todo en materia de salud y seguridad social.

Un país de contrastes en donde al tiempo que la riqueza y el poder se han concentrado cada vez más, los ingresos reales de la mayor parte de la población se han estancado y la gente se las ha apañado aumentando las horas de trabajo y su endeudamiento, y con una inflación de activos, regularmente destruidos por las crisis financieras que empezaron cuando se desmanteló el aparato regulador, a partir de la década de 1980.

Hoy, en el mejor de los casos, sin caer en visiones apocalípticas infundadas, se trata de una economía que se disputa la hegemonía política y económica con otros dos bloques de poder, la Unión Europea y el sudeste asiático, pero además con una China ascendente por sí sola en el extremo del viejo continente, todavía con serios pasivos sociales pero con inmensos activos económicos y con productividad al alza.

Otro grave problema que observa es la insensibilidad histórica de los gobiernos estadunidenses con el creciente problema ambiental, cuyo último capítulo es la indiferencia ante los Acuerdos de París, de diciembre del 2015, dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global, instrumento signado ya por 195 países, menos Estados Unidos y Siria. Si alguna posibilidad había se diluyó con el inicio del mandato de Donald Trump, en enero del año pasado.

En suma, imperio decadente, democracia mercantil, elecciones desvirtuadas, violación sistemática de los derechos humanos, concentración del poder y la riqueza, son algunas características que el profesor Noam Chomsky identifica como los rasgos dominantes hoy día, sin contar el retroceso autoritario del neofascismo, de la democracia liberal que deslumbró a Alexis de Tocqueville en el siglo XIX.

 

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Viernes, 28 Julio 2017 06:40

En defensa de Venezuela

En defensa de Venezuela

Venezuela vive uno de los momentos más críticos de su historia. Acompaño crítica y solidariamente la revolución bolivariana desde el inicio. Las conquistas sociales de las últimas dos décadas son indiscutibles. Para comprobarlo basta consultar el informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2016 sobre la evolución del índice de desarrollo humano (IDH). Dice este informe: “El índice de desarrollo humano de Venezuela en 2015 fue de 0.767 –lo que colocó al país en la categoría de alto desarrollo humano–, posicionándolo en el puesto 71 de entre 188 países y territorios. Tal clasificación es compartida con Turquía. De 1990 a 2015, el IDH de Venezuela aumentó de 0.634 a 0.767, un aumento de 20.9 por ciento. Entre 1990 y 2015, la esperanza de vida al nacer aumentó a 4.6 años, el periodo medio de escolaridad ascendió a 4.8 años y la escolaridad media general aumentó 3.8 años. El rendimiento nacional bruto (RNB) per cápita aumentó cerca de 5.4 por ciento entre 1990 y 2015”. Se hace notar que estos progresos fueron obtenidos en democracia, sólo momentáneamente interrumpida por la tentativa de golpe de Estado en 2002 protagonizada por la oposición con el apoyo activo de Estados Unidos.

La muerte prematura de Hugo Chávez en 2013 y la caída del precio del petróleo en 2014 causaron una conmoción profunda en los procesos de transformación social entonces en curso. El liderazgo carismático de Chávez no tenía sucesor, la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones siguientes fue por escaso margen, el nuevo presidente no estaba preparado para tan complejas tareas de gobierno y la oposición (internamente muy dividida) sintió que su momento había llegado, en lo que fue, una vez más, apoyada por Estados Unidos, sobre todo cuando en 2015 y de nuevo en 2017 el presidente Barack Obama consideró a Venezuela una "amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos", declaración que mucha gente consideró exagerada, si no ridícula, pero que, como explico más adelante, tenía toda lógica (desde el punto de vista de Estados Unidos, claro). La situación se fue deteriorando hasta que, en diciembre de 2015, la oposición conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia suspendió a cuatro diputados por alegado fraude electoral, la Asamblea Nacional desobedeció, y a partir de ahí la confrontación institucional se agravó y fue progresivamente propagándose en las calles, alimentada también por la grave crisis económica y de abastecimiento que entre tanto explotó. Más de cien muertos, una situación caótica. Mientras, el presidente Maduro tomó la iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente a ser elegida el 30 de julio y Estados Unidos amenaza con más sanciones si las elecciones se producen. Es sabido que esta iniciativa busca superar la obstrucción de la Asamblea Nacional, dominada por la oposición.

El pasado 26 de mayo suscribí un manifiesto elaborado por intelectuales y políticos venezolanos de varias tendencias políticas, apelando a los partidos y grupos sociales en conflicto a parar la violencia en las calles e iniciar un debate que permitiese una salida no violenta, democrática y sin la injerencia de Estados Unidos. Decidí entonces no volver a pronunciarme sobre la crisis venezolana. ¿Por qué lo hago hoy? Porque estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar a un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político, y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables. La prensa española llega al punto de embarcarse en la posverdad, difundiendo noticias falsas sobre la posición del gobierno portugués. Me pronuncio animado por el buen sentido y equilibrio que el ministro de Asuntos Exteriores portugués, Augusto Santos Silva, ha mostrado sobre este tema. La historia reciente nos muestra que las sanciones económicas afectan más a ciudadanos inocentes que a los gobiernos. Basta recordar los más de 500 mil niños que, según el informe de Naciones Unidas de 1995, murieron en Irak como resultado de las sanciones impuestas después de la guerra del Golfo Pérsico. Recordemos también que en Venezuela viven medio millón de portugueses o lusodescendientes. La historia reciente también nos enseña que ninguna democracia sale fortalecida de una intervención extranjera.

Los desaciertos de un gobierno democrático se resuelven por vía democrática, la cual será tanto más consistente cuanto menor sea la interferencia externa. El gobierno de la revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones, durante los últimos 20 años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y sólo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar a la Asamblea Constituyente. Por supuesto que los venezolanos (incluyendo muchos chavistas críticos) pueden legítimamente cuestionar su oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta que disponen de la Constitución de 1999, promovida por el presidente Chávez, y también de medios democráticos para manifestar ese cuestionamiento el próximo domingo. Pero nada de eso justifica el clima insurreccional que la oposición ha radicalizado en semanas recientes y cuyo objetivo no es corregir los errores de la revolución bolivariana, sino ponerle fin, e imponer las recetas neoliberales (como está sucediendo en Brasil y Argentina), con todo lo que eso significará para las mayorías pobres de Venezuela.

Lo que debe preocupar a los demócratas, aunque esto no preocupa a los medios globales que ya han tomado partido por la oposición, es la forma en que están siendo seleccionados los candidatos. Si, como se sospecha, los aparatos burocráticos del partido de gobierno han secuestrado el impulso participativo de las clases populares, el objetivo de la Asamblea Constituyente de ampliar democráticamente la fuerza política de la base social de apoyo a la revolución se habrá frustrado.

Para comprender por qué probablemente no habrá salida no violenta a la crisis de Venezuela, conviene saber lo que está en juego en el plano geoestratégico global. Lo que está en juego son las mayores reservas de petróleo del mundo existentes en Venezuela. Para el dominio global de Estados Unidos es crucial mantener el control de las reservas de petróleo del mundo. Cualquier país, por democrático que sea, que tenga este recurso estratégico y no lo haga accesible a las multinacionales petroleras, en su mayoría norteamericanas, se pone en el punto de mira de una intervención imperial. La amenaza a la seguridad nacional, de la que hablan los presidentes de Estados Unidos, no está solamente en el acceso al petróleo, sino sobre todo en el hecho de que el comercio mundial del petróleo se denomina en dólares estadunidenses, el verdadero núcleo del poder de Estados Unidos, ya que ningún otro país tiene el privilegio de imprimir los billetes que considere sin que esto afecte significativamente su valor monetario.

Por esta razón Irak fue invadido y Oriente Medio y Libia arrasados (en este último caso, con la complicidad activa de la Francia de Sarkozy). Por el mismo motivo, hubo injerencia, hoy documentada, en la crisis brasileña, pues la explotación de los yacimientos petrolíferos presal (que se hallan bajo un campo de sal) estaba en manos de los brasileños. Por la misma razón, Irán volvió a estar en peligro. De igual modo, la revolución bolivariana tiene que caer sin haber tenido la oportunidad de corregir democráticamente los graves errores que sus dirigentes cometieron en los últimos años.

Sin injerencia externa, estoy seguro de que Venezuela sabría encontrar una solución no violenta y democrática. Desgraciadamente, lo que está en curso es usar todos los medios disponibles para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la revolución bolivariana y los que más se beneficiaron de ella. Y, en concomitancia, provocar una ruptura en las fuerzas armadas y un consecuente golpe militar que deponga a Maduro. La política exterior de Europa (si se puede hablar de tal) podría constituir una fuerza moderadora si, entre tanto, no hubiera perdido el alma.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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Estados Unidos sanciona al presidente y siete juristas del Supremo venezolano

El Tesoro congela sus activos en EE UU por dictar sentencias que usurpan la autoridad a la Asamblea Nacional


El Gobierno de Donald Trump eleva el tono ante la involución democrática en Venezuela. El Departamento del Tesoro impuso este jueves sanciones al presidente y siete miembros del Tribunal Supremo venezolano por haber dictado sentencias que “usurpan la autoridad” de la Asamblea Nacional del país, controlada por los partidos opositores al chavismo. Una de las razones que menciona el Tesoro es haber permitido al presidente Nicolás Maduro gobernar bajo un estado emergencia que “restringe los derechos y boicotea la voluntad del pueblo venezolano”.


Las penalizaciones suponen la congelación de los activos en EE UU de los ocho individuos y la prohibición a ciudadanos estadounidenses a hacer transacciones con ellos. Representan una escalada de la posición de la Administración Trump, que lleva semanas criticando el deterioro político en Venezuela —ha habido al menos 44 muertos en las protestas callejeras de las últimas seis semanas tras anunciar Maduro la voluntad de redactar una nueva constitución que aísle a la oposición—, pero sin adoptar ninguna nueva represalia contra el país caribeño.


Poco antes de anunciarse las nuevas sanciones, Trump alertó del “estado de deterioro en Venezuela”. “Es sobre todo una crisis humanitaria. La gente no tiene comida, no tiene medicinas, es una situación que no veíamos desde hace mucho tiempo”, dijo el presidente en una rueda de prensa con su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos. “América se mantendrá unida a los países del hemisferio para encontrar una solución a la crisis”, agregó.
El Gobierno, según explicó a la agencia Reuters un funcionario estadounidense, tiene previsto adoptar nuevas medidas en el futuro contra “malos actores” en Venezuela.


En la tercera semana del republicano en la Casa Blanca, el Tesoro incluyó el pasado febrero al vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, en su lista negra de sancionados por su “significativo papel en el narcotráfico internacional”, lo que le convirtió en el funcionario venezolano de más alto cargo en ser castigado por Washington.


Maikel José Moreno Pérez es desde el pasado febrero el presidente del Supremo venezolano, que ha afianzado en los últimos meses su politización. Moreno es un personaje polémico. Poco antes de asumir el cargo, ratificó la condena al opositor Leopoldo López de casi 14 años de prisión por su participación en las protestas contra Maduro en 2014. Y en 1987, fue acusado de haber asesinado a una mujer en el sur de Venezuela.


El Tesoro justifica las nuevas sanciones en algunas de las sentencias de los últimos meses del Supremo venezolano. Por ejemplo, menciona la decisión el pasado enero de que Maduro diera su discurso anual en el Supremo y no en la Asamblea Nacional como establece la Constitución. O la designación en diciembre del año pasado por parte del poder judicial de miembros del Consejo Electoral Nacional, una función que suele corresponder a la Asamblea Nacional.


“El pueblo venezolano está sufriendo una economía en colapso por la mala gestión y corrupción de su gobierno. Los miembros del Tribunal Supremo han exacerbado la situación al interferir de forma consistente con la autoridad de la rama legislativa”, señaló el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, en un comunicado.


A principios de abril, el Gobierno de Maduro autorizó al Supremo a revisar la legislación penal, civil y militar del país. También a asumir las competencias del Parlamento “mientras persista la situación de desacato e invalidez de las actuaciones de la Asamblea Nacional”. Sin embargo, rectificó parcialmente a los pocos días ante la presión de las calles y de la comunidad internacional.

 

Washington 19 MAY 2017 - 01:52 COT

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Repercusiones del intervencionismo occidental: el terrorismo hace metástasis en África

Catherine Shakdam, una experta en Oriente Medio, explica las consecuencias del intervencionismo humanitario en Libia y su alarmante influencia en los procesos de radicalización en el continente africano.

El 'niño abandonado' del intervencionismo occidental, Libia, continua luchando contra sus pesadillas: terrorismo, inestabilidad política y migración masiva. Catherine Shakdam, una analista política especialista en Oriente Medio, aborda los temas difíciles de la actualidad libia en un artículo especial para RT. La prognosis de Shakdam es inquietante, ya que Libia puede convertirse en la base de partida para la propagación del terrorismo en el resto de África.


Las consecuencias destructivas del 'intervencionismo humanitario'


El coronel Muammar Gaddafi, con su línea política bastante controvertida, tuvo que renunciar al poder, escribe Shakdam. Sin embargo, enfatiza que el pueblo libio tenía derecho a decidir la suerte de su líder y elegir el destino de su país.
Mientras tanto, la intervención de la OTAN no dejó al país la menor posibilidad de realizar un traspaso pacífico de poderes de acuerdo con la ley. En vez de aplicar medidas equilibradas, prefirieron el 'intervencionismo humanitario' que sumergió al país en el caos de una lucha entre diferentes tribus e islamistas radicales, tipo Estado Islámico y Al Qaeda.
En el transcurso del conflicto, Occidente aprovecha la incertidumbre y extrae ventajas financieras, estableciendo una nueva forma de neocolonialismo en territorio libio, explica la experta. Aunque casi todas las industrias de las economías occidentales sufrieron duros golpes durante reciente crisis, el sector militar y el de defensa lograron evitar la recesión.

¿Cuál será el siguiente?


La inestabilidad en Libia le hace el juego a terroristas y radicales, que podrían extender su influencia a lo largo de África, es decir, en el territorio más cercano a Europa.


Shakdam dice que África ya sufre la radicalización islamista, y lo que está por llegar es la propagación del Estado Islámico en el continente. Tomamos en cuenta las numerosas filas yihadistas: unas 30.000 personas, de ellos 7.000 libios, y millones de dólares que gana el EI con el comercio ilegal y ya tenemos una idea del poder del que dispone para echar raíces en África.
Otra posible operación de la OTAN llevará a la "segunda colonización de África" y a un aumento drástico del flujo migratorio. Y el punto de destino para estos refugiados será de nuevo el continente europeo.


Será que tal vez, se pregunta la experta, la resolución de la crisis en Siria, con una participación crucial rusa, pueda dar alguna lección de cómo se lucha de forma exitosa contra el terrorismo, respecto a la diplomacia equilibrada y la prevención de los conflictos en vez de su creación.

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Viernes, 19 Septiembre 2014 08:14

La guerra de los 535 generales

«Coalición base». Barack Obama, John Kerry y David Cameron

Estados Unidos se lanza contra el Estado Islámico y el presidente Barack Obama, que llegó a la Casa Blanca en 2009 con la promesa de sacar al país de las largas guerras iniciadas por su predecesor, pondera ahora la paradoja de política internacional: el mundo repudia el intervencionismo yanqui y lo reclama como solución a crisis varias.


La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el miércoles, con el voto de 159 republicanos y 114 demócratas, una legislación que respalda, con numerosas condiciones, el plan abundante en ambigüedades del presidente Obama para dar batalla y despachurrar a los yihadistas que, pretenciosos, se denominan Estado Islámico (EI). El Senado, se espera, añadirá sus propias condiciones, restricciones, cautelas y prevenciones, pero Obama tendrá apoyo legislativo para hacer lo que él no explica bien y nadie entiende mejor.

Obama, encanecido en crisis y ya en la recta final de su segundo gobierno maneado por una oposición republicana intransigente, dijo al país que tiene autorización del Congreso para una acción militar contra el EI en Irak. Es la misma resolución que en 2003 dio a George W Bush el permiso para la invasión preventiva de un país que, hasta entonces, el dictador Saddam Hussein había mantenido unido con un terrorismo de Estado eficaz y probado.

La novedad en el discurso de Obama y lo que ha indicado su gobierno desde entonces es que Estados Unidos también llevará la campaña contra el EI dentro de Siria, que es donde en realidad operan dos tercios de la horda degolladora.

Cuando faltan menos de dos meses para las elecciones que renovarán un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara baja, los 535 legisladores estadounidenses padecen una esquizofrenia política: deben aparecer como serios estadistas conocedores de los intríngulis de conflictos por los que se matan bandos múltiples en medio mundo, y deben atender a las preocupaciones de los votantes en sus respectivos distritos.

Las encuestas muestran que si a los estadounidenses se les pregunta cuán malos son los merodeadores de la bandera negra, el 90 por ciento está de acuerdo en que son malísimos. Y si se les pregunta si Estados Unidos debe hacer algo al respecto, el 80 por ciento dice que sí y que es urgente. Pero si la pregunta es si Estados Unidos debe enviar sus soldados a Irak otra vez para pelear una guerra ajena, el 75 por ciento responde que no. Estados Unidos ha estado en guerra desde 2001, ha perdido a miles de jóvenes en Afganistán e Irak para no arreglar nada, y ambos países se sumen en su propio caos tras la salida de los estadounidenses y sus aliados.

Las familias militares estadounidenses y el sistema de salud deben lidiar ahora con cientos de miles de hombres y mujeres mutilados, abollados físicamente por las bombas caseras, y psicológica y emocionalmente desbaratados por campañas prolongadas. En ambas guerras Estados Unidos ha gastado más de 1,3 billones de dólares en un período que incluyó la recesión económica más profunda y prolongada en casi 80 años.

Los estadounidenses están cansados de guerra justo cuando a Vladimir Putin se le despertó el oso, los niños centroamericanos se cuelan en la frontera, los africanos se masacran con ganas, y la lucha contra el virus de ébola requiere –en la visión estadounidense– el envío de 3 mil militares. Y los 535 generales del Capitolio indicándole al comandante en jefe qué debería hacer y qué no podrá hacer.

QUIÉNES SON LOS ENEMIGOS DE MIS ENEMIGOS. Para Washington el dilema, o los varios dilemas, porque en el Oriente Medio nada es claro, es en qué medida intervenir apoyando a quién sin que se enojen quiénes o se arme un estropicio peor.

La única fuerza militar local que, hasta ahora, parece capaz de plantar batalla a los yihadistas del Estado Islámico son los peshmerga, que funcionan como ejército propio del Kurdistán en el norte de Irak. Estados Unidos y sus aliados están suministrando armamento y vaya uno a saber cuánto tipo de otras ayudas no mencionadas públicamente, pero el apoyo a los kurdos tiene consecuencias indeseables para Washington. Hay minorías kurdas en Turquía, un aliado de Washington y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y en Irán, adversario de Washington que ahora comparte con Estados Unidos el apoyo al gobierno de mayoría chiita en Bagdad, necesario para combatir a los extremistas sunitas que cuentan con la simpatía y el respaldo de Arabia Saudí. Irán también respalda al grupo palestino Hamas, que le da batalla a Israel, y a Hizbolá, que le da batalla al gobierno de Líbano y a Israel de vez en cuando. Turquía, que por su ubicación geográfica y capacidad militar es un elemento clave en una campaña contra el Estado Islámico, ha dicho que no participará porque no le simpatiza mucho la idea de un fortalecimiento kurdo. Irán, que debería ver con recelo la expansión del Estado Islámico, se opone a que Estados Unidos y sus aliados metan baza. Rusia, que al menos por proximidad geográfica y la presencia de poblaciones musulmanas en su panza sur debería preocuparse por tanta jihad, sólo funciona por ahora como proveedora de armas para casi todas las pandillas de cualquier bandera, un negocio lucrativo teniendo en cuenta el tesoro de guerra del Estado Islámico.

Los países musulmanes de mayoría sunita se declaran alarmados por la propagación explosiva del Estado Islámico pero hasta ahora nada hacen para detener a los revolucionarios medievalistas que, sin rienda, podrían derribar monarquías y emiratos que son, de palabra, aliados de Washington. De Europa han salido miles de jóvenes atraídos por la ideología simple, fanática y guerrera del Estado Islámico que algún día pueden retornar a casa para continuar su jihad. La lucha contra el EI implica combatir a la milicia que le ha dado más problemas al otro dictador que ha mantenido su país unido a pura represión, Bashar al Asad, en Siria, enemigo de Washington y de Israel, respaldado por Rusia e Irán, odiado por Arabia Saudí. El EI extermina a cristianos, judíos, chiitas, yazidis, kurdos e incluso sunitas que no le rinden pleitesía, secuestra mujeres para proveer a sus combatientes de úteros que producirán los combatientes del futuro, y da instrucción militar a niños desde los 12 años para que se conviertan en soldados que matan o "mártires" dispuestos a suicidarse con explosivos.

Todo esto luce como un embrollo del cual la gente sensata se apartaría, y la noción tiene su buen respaldo político en Estados Unidos. Hay senadores, como el republicano de Kentucky Rand Paul, que insisten en que Estados Unidos no debe meterse. Pero también los hay como el republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, que insisten en que sólo Estados Unidos tiene la fibra, los medios tecnológicos y la voluntad para despachurrar al Estado Islámico, mientras que su correligionario de Arizona John McCain critica incesantemente a Obama porque no interviene lo suficiente. La misma división de opiniones ocurre entre los demócratas.

METETE NO TE METAS. El presidente Obama visitó esta semana la sede en Tampa, Florida, del Mando Conjunto Central, la provincia de operaciones del Pentágono que incluye a Irak, el Golfo, Afganistán y el este de África. Allí, ante los soldados que eventualmente irían a esta nueva campaña, prometió que Washington no pondrá nuevamente tropas estadounidenses en combate en Irak. De inmediato los críticos de Obama denunciaron el error de decirle al enemigo, en este caso el Estado Islámico, qué es lo que Washington no hará, con lo cual supuestamente los muchachos del degüello se sentirán alentados sabiendo que no aparecerán por allá las tropas más calificadas y mejor equipadas para combatirlos. Pero Obama también prometió que Estados Unidos asumirá el liderazgo en esta campaña. Para ello ha conformado una coalición que, según Washington, ya cuenta con el respaldo de medio centenar de países. Nadie sabe exactamente cuáles son esos países ni con qué han prometido que contribuirán.

Sin soldados estadounidenses pata en tierra, queda la opción del apoyo aéreo, la vigilancia desde satélites y los ataques con aviones robots (drones) contra el EI. La estrategia estadounidense, por lo que de ella puede verse, se apoya en la noción de que lo que ha nutrido la extraordinariamente rápida expansión del EI será precisamente la causa de su fracaso militar. El EI ha operado con unidades pequeñas extremadamente móviles y con armamento liviano, para extender su presencia en un tercio de Siria y un tercio de Irak. Contra esas unidades es limitada la eficacia de los bombardeos desde el aire. Pero para mantener el control del área conquistada y defenderla, necesitará conformarse como un ejército, con bases, líneas de abastecimiento, unidades que lleguen al tamaño de brigada. Y entonces se tornará vulnerable.

En cuanto a la batalla contra el EI dentro de Siria, la estrategia de Obama consiste en apoyar al llamado Ejército Libre de Siria, que lleva dos años peleando contra Asad y que supuestamente es controlado por los "opositores moderados" al régimen de Damasco.


Y esta es la confusión que una y otra vez ha puesto a Estados Unidos en apoyo de socios dudosos, cuando no malosos.

El ejemplo más contundente es el de Afganistán. En la década de 1980, para combatir a los invasores soviéticos, Estados Unidos financió, dio instrucción militar y armamento avanzado a los que entonces se llamaban muyaidines y hoy serían yihadistas. Al frente de los guerreros islámicos de muchos países, y en su mayoría sunitas, surgió Osama bin Laden. Y los muyaidines que ayudaron a vencer a la Unión Soviética contribuyeron a la instalación del régimen talibán en Kabul. El resto es historia.

Los múltiples conflictos en Oriente Medio tienen raíces históricas muy largas, y las que ahora alimentan estos frutos amargos datan de hace casi un siglo, cuando al final de la Primera Guerra Mundial se desmembró el imperio otomano –que eligió el bando perdedor– y las potencias ganadoras, en particular Francia e Inglaterra, se repartieron los despojos. Los europeos trazaron sobre mapas las líneas de "países" que servían a sus intereses, sin tener en cuenta la composición étnica o las diferencias religiosas de las poblaciones que quedaron a uno y otro lado de aquellas fronteras.

Ese mapa ha estallado. Con la invasión a Irak en 2003, Bush contribuyó a la disgregación, y ahora le ha caído a Obama en sus manos la bolsa llena de gatos.

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Más de 116 mil mdd de pérdidas en Cuba por el embargo de EU

El bloqueo de Estados Unidos se ha convertido en una brutal guerra financiera que anda a la búsqueda de lo que es más dañino para Cuba e impide el desarrollo del país y genera enormes sufrimientos a la población, aseguró el vicecanciller cubano, Abelardo Moreno, en conferencia de prensa este martes en La Habana.

 

Moreno presentó el Informe de Cuba correspondiente a 2014 sobre la resolución necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, que será sometido para su aprobación el próximo 28 de octubre ante la Asamblea General de ONU.


Prueba de esa guerra financiera "son los datos que atestiguan que desde enero de 2009 hasta el 2 de junio del presente año, la administración Obama ha obligado a 36 entidades estadunidenses y extranjeras a pagar casi 2.6 mil millones de dólares de multa por mantener vínculos con Cuba.


La implacable persecución de las transacciones financieras cubanas se ha recrudecido, y recordó la megamulta impuesta al banco francés Paribas –casi 9 mil millones de dólares– por realizar transacciones financieras con países enemigos, entre ellos la isla.
La cifra acumulada de pérdidas por el embargo es de 116 mil 880 millones de dólares y se basa en precios corrientes. Cuando se toma en cuenta la depreciación del dólar frente al precio internacional del oro, la cifra se eleva a 1.11 billones de dólares, según el informe presentado por el vicecanciller cubano.


Los niños, blanco de afectación


Moreno ofreció su conferencia de prensa en la Escuela Especial Solidaridad con Panamá, que acoge a cientos de niños con discapacidades físico-motoras o múltiples. No es casualidad que estemos aquí, añadió.


Unos 22 mil 870 estudiantes con necesidades educativas especiales en Cuba sufren el bloqueo, porque la isla no puede adquirir materias primas, insumos y tecnologías necesarias en los talleres en los que se preparan para integrarlos a la vida social y laboral, y que sólo se ofrecen en el mercado estadunidense o llevan componentes fabricados en ese país.


Explicó que a causa de esta política, los niños cubanos que sufren cáncer de retina, por ejemplo, tampoco acceden al tratamiento de braquiterapia ocular –permite tratar tumores específicos en los ojos–, porque las placas de yodo radiactivo para este procedimiento sólo las produce la empresa estadunidense 3M.


Los que padecen leucemia –se reportan unos 72 casos en la infancia por año– no pueden utilizar medicamentos de última generación que disminuyen las alergias a los medicamentos y dolorosos efectos secundarios, como los obtenidos a partir de la bacteria erwinia carotovora, que producen laboratorios de Estados Unidos.


El informe de unas 50 páginas reseña decenas de ejemplos como estos, que muestran las privaciones y gastos sumamente elevados para un sistema sanitario que, aún en esas condiciones, garantiza servicios gratuitos de educación y salud a todos sus ciudadanos.


Moreno aseguró que existe la falacia de la supuesta flexibilización de la política agresiva de la administración estadunidense. El bloqueo contra Cuba se mantiene en su totalidad, y el presidente Obama, como sus antecesores, refuerza su aplicación, sin poder justificar su implementación, comentó.


A su juicio, la principal característica de las acciones de Washington en la actualidad es la insistencia de sancionar a terceros por mantener relaciones con La Habana, y la absurda pretensión de que su legislación tiene carácter universal cuando del pueblo cubano se trata.


El bloqueo fue aplicado desde 1960 por el gobierno republicano de Dwight Eisenhower y después mantenido por el demócrata de John F. Kennedy con el fin expreso de sembrar el hambre y la desesperación en la población cubana, y crear las condiciones para derrocar al gobierno de Fidel Castro.


En 22 ocasiones la Asamblea General se ha pronunciado, por abrumadora mayoría, contra esta política. El bloqueo contra Cuba debe cesar, definitivamente. Es el sistema de sanciones unilaterales más injusto, severo y prolongado que se ha aplicado contra país alguno, reclamó Moreno.


El informe de Cuba (en PDF)

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