EU y la “anarquía que viene” en Colombia y Venezuela, según Robert D. Kaplan, de Stratfor
Pareciera respuesta a mi artículo Nueva visión geoestratégica de Brasil” (Bajo la Lupa, 18/7/12), ya que al día siguiente, la superestrella de la geopolítica de los superhalcones de Estados Unidos y flamante colaborador de Stratfor, Robert D. Kaplan, publicó “La fuente del poder de EU”, que encubre ominosas amenazas de desestabilización tanto de Colombia, en forma “sorprendente”, como de Venezuela (por la propaganda negra consabida), mediante la aplicación de los conceptos geopolíticos del holando-estadunidense Nicholas J. Spykman, quien se ha puesto de moda en los círculos geoestratégicos de Brasil y EU.


Cabe destacar que el artículo sobre la “Nueva visión geoestratégica de Brasil” causó fuerte impacto en el cono sur al día siguiente (Vermelho, 19/7/12).


El controvertido portal Stratfor fue desnudado por Anonymous en sus nexos con la CIA, Israel y la filial en México del superfascista Committee on the Present Danger.


La geobiografía del israelí-estadunidense Robert D. Kaplan (soldado cabal del ejército de Israel), que apoyó la invasión de Estados Unidos a Irak, evidencia el choque conceptual de las geopolíticas de Estados Unidos y Brasil: miembro del Consejo de Política de Defensa con el secretario Robert Gates, consultor de las tres ramas del ejército de Estados Unidos y considerado por Foreign Policy entre los “100 primeros pensadores (sic) globales (sic)”.


A mi juicio, Robert D. Kaplan representa el heraldo del Pentágono para palpar el pulso de sus adversarios y/o amenazarlos. Su indeleble artículo “La anarquía que viene” (Atlantic Monthly, febrero de 1994) cautivó al presidente Clinton y, de hecho, anunció “premonitoriamente” el caos geopolítico global posterior a los polémicos atentados del 11/09.


Los “análisis” de Robert D. Kaplan han sido demolidos, con justa razón, como poco ortodoxos y sin rigor. No importa. Aquí vale más el mensaje trascendental del heraldo que su cualidad académica.


Aduce que pese a la hegemonía de Estados Unidos en el gran Caribe y a su control geopolítico hasta la frontera del Amazonas, “donde ningún poder significativo puede desafiar a Estados Unidos”, paradójicamente “Estados Unidos no puede contar con la estabilidad de Colombia o Venezuela, aun cuando la guerra de las drogas continúa en su frontera norte”.


Así que “Estados Unidos puede dominar el gran Caribe” pero, con todo y su “poderío, no puede garantizar la estabilidad (¡súper sic!) en ningún lugar de la región misma”.


Robert D. Kaplan define “La fuente del poder de EU”, con enfoque geopolítico, que representa el gran Caribe, lo cual hace temer que el Pentágono pretende recuperar lo perdido en Latinoamérica –que ya empezó: Haití, Honduras y Paraguay, después de su abandono durante la década fallida de la “guerra contra el terrorismo” de la aciaga fase de Baby Bush– y hasta librar una tercera guerra mundial termonuclear contra los nuevos inquilinos indeseables de Latinoamérica (Irán, Rusia y China).


Robert D. Kaplan define el gran Caribe desde Yorktown (¡súper sic!) hasta las Guyanas (¡súper sic!), es decir, “desde los estados a la mitad del océano Atlántico de Estados Unidos hasta las selvas del norte de Sudamérica (¡súper sic!)”, con base en una extensión del concepto de “hemisferio occidental” del geoestratega Spykman en 1942.


Por cierto, la línea Yorktown-Guyanas llega a la frontera de Brasil y deglute a todas las islas del gran Caribe.


El gran Caribe de Robert D. Kaplan choca con la definición de “Sudamérica” del profesor universitario brasileño Ronaldo Carmona.


Para Spykman, según Robert D. Kaplan, el hemisferio occidental no está dividido entre Norte y Sudamérica, sino entre “las latitudes norte de la gran barrera de la selva amazónica y la latitud sur de ésta”. ¡Qué fuerte!


La “barrera natural” del Amazonas, a mi juicio, balcanizaría de facto el concepto de “Sudamérica” de Brasil, al Mercosur y al mismo Brasil.


Se deduce que Argentina y Chile serían más “sudamericanos” que Brasil y quedarían a la merced de una doble asfixia desde la Antártida y las islas Malvinas.


Robert D. Kaplan trastoca la geografía en beneficio de los intereses geopolíticos irredentistas de Estados Unidos y sentencia que “Venezuela no es para nada un país sudamericano. Es un país caribeño: la mayor parte de su población 28.8 millones vive en el norte a lo largo del mar Caribe, lejos de sus selvas al sur”. ¿Dónde quedarían Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay?


Estados Unidos, a su juicio, constituye la “potencia hegemónica del hemisferio occidental con la salvedad del Ártico canadiense y el cono sureño (sic) de Sudamérica que incluye las zonas grises (sic) de Bolivia, Ecuador y Perú, más allá del cinturón de seguridad esculpido (sic) por la armada de EU”.


Lo interesante: “con el hemisferio occidental bajo su dominio, Estados Unidos fue capaz de afectar el balance del poder en el hemisferio oriental. Las victorias de Estados Unidos en las dos guerras mundiales y en la guerra fría fueron originalmente construidas sobre la geopolítica del gran Caribe”. ¡Sin duda!


Considera “una exageración (sic) decir que Estados Unidos perdió su control del gran Caribe” y juzga en forma despectiva que hasta su “Guardia Costera (¡súper sic!) es capaz de manejarla”.


A su juicio, los problemas hoy provienen del “contrabando masivo de drogas de México y Centroamérica a Estados Unidos y por una presencia comercial robusta de China en el Canal de Panamá y Venezuela”. Cita a Colombia como “un Estado fallido parcial” y a Venezuela como asiento del “radicalismo anti EU” cuando las “apuestas son elevadas debido a la ampliación del Canal de Panamá en 2014 que aumentará el trafico marítimo global de Colombia y Venezuela”.


Me salto las diatribas contra Venezuela y concluyo brevemente con el linchamiento a Juan Manuel Santos, a quien culpa de la resurrección de las FARC y quien “ha cambiado retóricamente su política exterior lejos de la amistad con Estados Unidos y más hacia un acomodamiento con Venezuela y Ecuador”. Se le pasó el espectacular acercamiento geoeconómico de Santos con China.


En realidad, Venezuela es tan caribeña como es sudamericana (ver Radar Geopolítico, Contralínea, “EU captura el mar Caribe frente al BRIC”, 21/2/10).


La novedad no es que Estados Unidos considere al mar Caribe como su mare nostrum ni que busque desmontar tanto a los BRICS como al Mercosur, sino que por medio de su heraldo predilecto anuncia la “anarquía que viene” en Colombia y Venezuela, para impedir la nueva conexión con China e incendiar la jungla amazónica de Brasil.


Conclusión. Mi hipótesis: Estados Unidos controla hegemónica y geopolíticamente el gran Caribe y deja hacer, si es que no promueve, la “anarquía que viene” en Colombia (citada antes que Venezuela, debido a su singular característica bioceánica) para incitar “cambios de régimen” que se coordinen con la irredentista agenda hemisférica y global de Estados Unidos.


En el caso de México, no está en juego el “cambio de régimen” –que Estados Unidos avasalla desde la Revolución– sino el control de los hidrocarburos en el Golfo de México (parte sustancial del gran Caribe), donde en forma paulatina Estados Unidos comienza a recuperar sus “activos” mediante la expulsión española de Repsol en América Latina y del megaescándalo del “lavado” del banco británico HSBC exhibido por el Senado de Estados Unidos después del “accidente ambiental” de BP.


Los “lavados” (ampliamente expuestos por un servidor desde hace mucho) son eso: sirven para las “limpiezas energéticas y financieras” con objetivo geopolítico.


www.alfredojalife.com
@AlfredoJalife

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Washington dijo adiós a la diplomacia en Siria
Washington ha echado a un lado la opción diplomática para resolver el conflicto de Siria y está incrementando la ayuda a los rebeldes y multiplicando los esfuerzos para que los aliados de Washington derrumben a Bashar Al Assad, según altos funcionarios estadounidenses citados por el diario The New York Times.

 
Según el diario, los altos cargos estadounidenses señalan que la administración de Obama podría estar suministrando datos de inteligencia a los rebeldes, al igual que algunos equipos especiales de comunicación para mejorar la eficacia de combate de los grupos armados de la oposición. Con esta actividad la Casa Blanca busca fomentar los recientes éxitos militares y estratégicos de los rebeldes que asumieron la responsabilidad por el reciente atentado contra los altos cargos militares sirios que acabó con la vida de varios altos funcionarios clave cercanos a Al Assad.

 
No obstante, las fuentes norteamericanas afirman que Es no está suministrando armas a los rebeldes y que son Arabia Saudita, Turquía y Qatar los que están financiando la actividad armada de la oposición, apuntan. “Estamos asistiendo a un derrumbe controlado del régimen de Al Assad”, afirma Andrew Tabler, un experto del Instituto de Washington para la Política de Medio Oriente. Sin embargo, reconoce que “como en cualquier derrumbe controlado, algo puede fallar”.

 
Mientras tanto, el lunes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que el Gobierno hebreo había empezado a discutir los planes de contingencia para ser aplicados en caso de que se produzca un cambio de régimen en Siria. Para participar en estas discusiones llegó al país hebreo un representante especial del Departamento de Estado de EE.UU.

 
La semana pasada la Administración norteamericana mantuvo conversaciones con las autoridades israelíes sobre la capacidad de este país para destruir los arsenales del Ejército sirio. Los misiles y las armas químicas centraron la atención de la discusión. Estados Unidos mostró su preocupación por el presunto traslado de los arsenales químicos sirios de los almacenamientos suponiendo que las fuerzas armadas del país sirio pudieran usarlos. No obstante, las fuentes de la inteligencia norteamericana señalaron que se podría tratar de unas medidas de precaución por parte de las autoridades sirias con el fin de evitar que las armas caigan en manos de los rebeldes.

 
El lunes Netanyahu apuntó que Israel “se verá obligado a actuar” para prevenir que las armas químicas caigan en manos de los extremistas confirmando las declaraciones anteriores del ministro de Defensa israelí, quien había señalado el viernes pasado que las autoridades hebreas considerarían una acción militar si fuera necesario para asegurarse de que los misiles sirios o las armas químicas no llegan a manos del movimiento extremista libanés Hezbolá. Por su parte, el ministro de Exteriores de Siria declaró el lunes que su país empleará las armas químicas solo en caso de una agresión por parte de otros países.


 23 Julio 2012
 
(Tomado de Rusia Today:


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Miércoles, 18 Julio 2012 20:12

Estados Unidos, Venezuela y Paraguay

Estados Unidos, Venezuela y Paraguay
La política externa norteamericana en América del Sur sufrió las consecuencias totalmente inesperadas de la prisa de los neogolpistas paraguayos en asumir el poder, con tamaña voracidad que no podían esperar  hasta abril de 2013, cuando se llevarán a cabo las elecciones, y ahora articula todos sus aliados para intentar  revertir la decisión del ingreso de Venezuela [al Mercosur]. La cuestión de Paraguay es la cuestión de Venezuela, de la disputa por la influencia económica y política en América del Sur.
 
 

Los medios conservadores salieron a socorrer a los neogolpistas

 

1. No se pueden entender las peripecias de la política sudamericana sin tomar  en cuenta la política de los Estados Unidos para América del Sur. Los Estados Unidos todavía son el principal actor político en América del Sur y debemos comenzar por la descripción de sus objetivos.
 
2. En América del Sur, el objetivo estratégico central de los Estados Unidos, que, a pesar de su debilitamiento, continúa siendo la mayor potencia política, militar, económica y cultural del mundo, es incorporar todos los países de la región a su economía. Esta incorporación económica lleva, necesariamente, a un alineamiento político de los países más débiles con los Estados Unidos en las negociaciones y en las crisis internacionales.
 
3. El instrumento táctico norteamericano para alcanzar este objetivo consiste en promover la adopción legal, por los países de América del Sur, de normas de liberalización más amplia del comercio, de las finanzas y de las inversiones, de los servicios y de “protección” a la propiedad intelectual a través de la negociación de acuerdos en nivel regional y bilateral.
 
4. Éste es un objetivo estratégico histórico y permanente. Una de sus primeras manifestaciones ocurrió en 1889 en la 1ª Conferencia Internacional Americana, que se realizó en Washington, cuando Estados Unidos, que ya era la primera potencia industrial del mundo, propuso la negociación de un acuerdo de libre comercio en las Américas y la adopción, por todos los países de la región, de una misma moneda: el dólar.
 
5. Otros momentos de esta estrategia fueron el acuerdo de libre comercio Estados Unidos-Canadá,  el TLCAN (Área de Libre Comercio de América del Norte, que incluye además de Canadá a México); la propuesta de creación de un Área de Libre Comercio de las Américas –ALCA; y, finalmente, los acuerdos bilaterales con Chile, Perú, Colombia y con los países de América Central.
 
6. En este contexto hemisférico, el principal objetivo norteamericano es incorporar Brasil y Argentina, que son las dos principales economías industriales de América del Sur, a este gran “conjunto” de áreas de libre comercio bilaterales, donde las reglas relativas al movimiento de capitales, a las inversiones extranjeras, a la defensa comercial, a las relaciones entre inversores extranjeros y Estados serían no sólo las mismas, sino que permitirían la plena libertad de acción para las megaempresas multinacionales y reducirían al mínimo la capacidad de los Estados nacionales para promover el desarrollo, aunque sea desarrollo capitalista, de sus sociedades y de proteger y desarrollar sus empresas (y capitales nacionales) y su fuerza de trabajo.
 
7. La existencia del Mercosur, cuya premisa es la preferencia en sus mercados de las empresas (nacionales o extranjeras) instaladas en los territorios de Argentina, Brasil,  Paraguay y Uruguay en relación a las empresas que se encuentran fuera de ese territorio y que pretende expandirse en el intento de construir un área económica común, es incompatible con el objetivo norteamericano de liberalización general del comercio de bienes, de servicios, de capitales, etc., que beneficia  a sus megaempresas, naturalmente mucho más poderosas que las empresas sudamericanas.
 
8. Por otro lado, un objetivo (político y económico) vital para Estados Unidos es asegurar el suministro de energía para su economía, pues importa 11 millones de barriles diarios de petróleo, 20% de los cuales provienen del Golfo Pérsico, área de extraordinaria inestabilidad, turbulencia y conflicto.
 
9. Las empresas norteamericanas fueron responsables por el desarrollo del sector petrolífero en Venezuela a partir de la década de 1920. Por un lado, Venezuela tradicionalmente suministraba petróleo a Estados Unidos y, por otro lado, importaba equipamiento para la industria petrolera y los bienes de consumo para su población, inclusive alimentos.
 
10. Con la elección de Hugo Chávez, en 1998, sus decisiones de reorientar la política externa (económica y política) de Venezuela en dirección a América del Sur (principal, pero no exclusivamente, en dirección a Brasil), así como de construir la infraestructura y diversificar la economía agrícola industrial del país romperían la profunda dependencia de Venezuela con relación a Estados Unidos.
 
11. Esta decisión venezolana, que afectó frontalmente el objetivo estratégico de la política exterior norteamericana de garantizar el acceso a fuentes de energía próximas y seguras, se tornó aun más importante en el momento en que Venezuela se convirtió en el país con mayores reservas de petróleo, en un momento en que la situación del Oriente Medio es cada vez más volátil.
 
12. Desde entonces se desencadenó una campaña mundial y regional de los medios contra el Presidente Chávez y Venezuela, buscando demonizarlo y caracterizarlo como dictador, autoritario, enemigo de la libertad de prensa, populista, demagogo, etc. Venezuela, según los medios, no sería una democracia. Y crearon una “teoría” según la cual, aunque un presidente haya sido electo democráticamente, él, al no “gobernar democráticamente”, sería un dictador y, por lo tanto, podría ser derribado. Es más, ya hubo un intento de golpe en 2002 y los primeros líderes que reconocieron el “gobierno” que emergió de ese golpe en Venezuela fueron George Walker Bush y José María Aznar.
 
13. A medida que el Presidente Chávez comenzó a diversificar sus exportaciones de petróleo, principalmente a China, sustituyó a Rusia en el suministro energético de Cuba y comenzó a apoyar a los gobiernos progresistas electos democráticamente, como los de Bolivia y Ecuador, empeñados en enfrentar a las oligarquías de la riqueza y del poder, los ataques se duplicaron orquestados en todos los medios de la región (y del mundo).
 
14. Esto ocurrió a pesar de no haber dudas sobre la legitimidad democrática del Presidente Chávez, que desde 1998 disputó doce elecciones que fueron consideradas, todas ellas, libres y legítimas por observadores internacionales, incluyendo el Centro Carter, la ONU y la OEA.
 
15. En 2001, Venezuela presentó, por primera vez, su candidatura al Mercosur. En 2006, después del término de las negociaciones técnicas, el Protocolo de adhesión de Venezuela fue firmado por los presidentes Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré y Nicanor Duarte, de Paraguay, miembro del Partido Colorado. Comenzó entonces el proceso de aprobación del ingreso de Venezuela por los Congresos de los cuatro países, bajo una cerrada campaña de la prensa conservadora, entonces preocupada con el “futuro” del Mercosur que, bajo influencia de Chávez, podría, según ella, “perjudicar” las negociaciones internacionales del bloque, etc. Aquella misma prensa que habitualmente criticaba al Mercosur y que abogaba por la celebración de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, con la Unión Europea, etc., en lo posible de forma bilateral, y que consideraba la existencia del Mercosur una traba para la plena inserción de los países del bloque en la economía mundial, empezó a preocuparse por  la “sobrevivencia” del bloque.
 
16. Aprobado por los Congresos de Argentina, de Brasil, de Uruguay y de Venezuela, el ingreso de Venezuela empezó a depender del Senado paraguayo, dominado por los partidos conservadores representantes de las oligarquías rurales y del “comercio informal”, que comenzó a ejercer un poder de veto, influenciado en parte por su oposición permanente al Presidente Fernando Lugo, contra quien intentó abrir 23 procesos de “impeachment” desde su asunción en 2008.
 
17. El ingreso de Venezuela en el Mercosur tendría cuatro consecuencias: dificultar la “remoción” del Presidente Chávez a través de un golpe de Estado; impedir la eventual reincorporación de Venezuela y de su enorme potencial económico y energético a la economía norteamericana; fortalecer el Mercosur y tornarlo aun más atractivo para la adhesión de los demás países de América del Sur; dificultar el proyecto permanente de Estados Unidos, de creación de un área de libre comercio en América Latina, ahora por la eventual “fusión” de los acuerdos bilaterales de comercio, de la cual el acuerdo de la Alianza del Pacífico es un ejemplo.
 
18. Así, el rechazo del Senado paraguayo a la aprobación del ingreso de Venezuela al Mercosur se tornó una cuestión estratégica fundamental para la política norteamericana en América del Sur.
 
19. Los líderes políticos del Partido Colorado, que estuvo en el poder en Paraguay durante sesenta años, hasta la elección de Lugo, y los del Partido Liberal, que participaba del gobierno de Lugo, seguramente evaluaron que las sanciones contra Paraguay en consecuencia del “impeachment” de Lugo serían principalmente políticas, y no económicas, limitándose a que Paraguay no podrían participar eneuniones de Presidentes y de Ministros del bloque.
 
Después de esta evaluación, dieron el golpe. Primero, el Partido Liberal dejó el gobierno y se alió a los Colorados y a la Unión Nacional de los Ciudadanos Éticos – UNACE y aprobaron, en una sesión, una resolución que consagró un rito supersumario de “impeachment”.
 
Así, ignoraron el Artículo 17 de la Constitución paraguaya, que determina que “en el proceso penal, o en cualquier otro del cual pueda derivar pena o sanción, toda persona tiene derecho a disponer de las copias, medios y plazos indispensables para presentación de su defensa, y a poder ofrecer, practicar, controlar e impugnar pruebas”, y el Artículo 16, que afirma que el derecho de defensa de las personas es inviolable.
 
20. En 2003, el proceso de “impeachment” contra el Presidente Macchi, que no fue aprobado, llevó cerca de 3 meses, mientras el proceso contra Fernando Lugo fue iniciado y terminado en cerca de 36 horas. El pedido de revisión de constitucionalidad presentado por el Presidente Lugo ante la Corte Suprema de Justicia de Paraguay ni siquiera fue examinado, y fue rechazado in limine.
 
21. El proceso de “impeachment” del Presidente Fernando Lugo fue considerado golpe por todos los Estados de América del Sur y, de acuerdo con el Compromiso Democrático del Merscosur, Paraguay fue suspendido de la Unasur y del Mercosur, sin que los neogolpistas manifestasen ninguna consideración por las gestiones de los Cancilleres de la Unasur, a quienes recibieron inclusive con arrogancia.
 
22. En consecuencia de la suspensión paraguaya, fue posible y legal para los gobiernos de Argentina, de Brasil y de Uruguay la aprobación del ingreso de Venezuela en el Mercosur a partir del 31 de julio próximo. Acontecimiento que ni los neogolpistas, ni sus admiradores más fervorosos – Estados Unidos, España, el Vaticano, Alemania, los primeros que reconocieron al gobierno ilegal de Franco – parecen haber previsto.
 
23. Frente a esta evolución inesperada, toda la prensa conservadora de los tres países, y la de Paraguay, y los líderes y partidos conservadores de la región, partieron a socorrer a los neogolpistas con todo tipo de argumentos, proclamando la ilegalidad de la suspensión de Paraguay (y, por lo tanto, afirmando la legalidad del golpe) y la inclusión de Venezuela, ya que la suspensión de Paraguay habría sido ilegal.
 
24. Ahora, Paraguay pretende obtener una decisión del Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur sobre la legalidad de su suspensión del Mercosur, mientras, en Brasil, el líder del PSDB anuncia que recurrirá a la justicia brasileña sobre la legalidad de la suspensión de Paraguay y del ingreso de Venezuela.
 
25. La política externa norteamericana para América del Sur sufrió las consecuencias totalmente inesperadas de la prisa de los neogolpistas paraguayos en asumir el poder, con tamaña voracidad que no podían aguardar hasta abril de 2013, cuando se llevarán a cabo las elecciones, y ahora articula a todos sus aliados para intentar  revertir la decisión de ingreso de Venezuela.
 
26. En realidad, la cuestión de Paraguay es la cuestión de Venezuela, de la disputa por influencia económica y política en América del Sur y de su futuro como región soberana y desarrollada.
 
- Samuel Pinheiro Guimarães es diplomático brasileño y profesor del Instituto Rio Branco.
 
(Traducción: Silvia Beatriz Adoue para ALAI.)
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Miércoles, 08 Julio 2009 06:44

Un cambio de roles

Hubo algo de postGuerra Fría en la jornada de ayer de Barack Obama. El presidente norteamericano estaba en Moscú, cerrando un acuerdo sobre armas nucleares que desanda la escalada de la administración anterior, al mismo tiempo que convocaba a la prensa para aclarar que su país “absolutamente no” le dio a Israel un guiño para atacar a Irán, y pocas horas después reafirmaba el apoyo a la restitución del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, afirmando que su país “no puede ni debe buscar la imposición de un sistema de gobierno en otro país”.

La casualidad quiso que todo esto se produzca la misma semana en la que la Cámara de Diputados elevara al Senado un proyecto de ley que por primera vez obliga a difundir los nombres de aquellos que pasen por la Escuela de las Américas, la base de entrenamiento militar para las fuerzas armadas latinoamericanas, y de donde provienen la mayoría de quienes derrocaron a Zelaya y, por cierto, no pocos de quienes lo apoyaron. Y el mismo día en que Obama confirmó la nominación como subsecretario de Derechos Humanos de Mike Posner, un crítico consistente de la política de intervención norteamericana en la región.

Que Washington sea desde hace días el centro de operaciones para el retorno de Zelaya a Honduras y no el motor de las conspiraciones para derrocarlo marca un cambio de roles inédito. Y ubica a la reacción de Obama, conflictiva e incompleta como es, como la mejor de que se tenga memoria en la relación de su país con América latina. El valor de su estrategia hasta hoy toma su verdadera dimensión cuando se la pone en el contexto de una total indiferencia pública sólo matizada por la presión republicana para apoyar el derrocamiento de Zelaya, inercia de la burocracia estatal en el sentido contrario al de la actual administración, la dificultad para explicar el apoyo a un presidente cuya llegada fue considerada hasta hace poco parte de una amenaza a la seguridad nacional, y la enorme inversión norteamericana durante décadas en la formación y preparación de aquellos que perpetraron el golpe.

La administración de Obama hizo algunos gestos unilaterales que dejarán marcas. Hillary Clinton se reunió públicamente con Zelaya y el gobierno dio muestras inequívocas de apoyo, pero Tom Shannon se reunió en privado con el ex presidente hondureño Ricardo Maduro, que apoya a los golpistas. La aceptación de la mediación del costarricense Oscar Arias fue como poner un reflector en el escaso poder de la Organización de Estados Americanos y de su titular, José Miguel Insulza. Arias hablará tanto con Zelaya como con los golpistas, algo que la OEA había decidido no hacer y que pasado el intento de retorno a Tegucigalpa dejó al organismo sin otra estrategia que la de la presión.

Varios factores influyen en estas ambigüedades. A la inercia “natural” del Departamento de Estado se le suma la falta de un horizonte claro para Obama. Si hasta hace ocho meses cualquier gobierno cercano a Hugo Chávez era considerado por el Departamento de Seguridad Nacional como una amenaza a la seguridad nacional (aun en la peculiaridad del hondureño, cuyo presidente, digamos, puede tener más en común con Alberto Pierri que con Augusto Sandino), ¿por qué apostar a su consolidación? Los intereses de Estados Unidos en el país se vinculan con la expansión de principios del siglo XX, la relación con las elites locales para mantener la actividad económica de las empresas norteamericanas, el fortalecimiento de las fuerzas armadas como baluarte anticomunista en la región y la reciente criminalización de la relación bilateral a partir del rol de las “gangas” en la vida y economía de los hondureños, de Tegucigalpa a Los Angeles. El periodismo y los historiadores progresistas de Estados Unidos han llenado millones de páginas sobre la heroicidad de “pueblos olvidados” como Nicaragua o Guatemala, pero sobran los dedos de la mano para armar una buena bibliografía sobre Honduras. Lo peor de la historia de la relación bilateral no es que es mala, sino que no hay otra.

Obama, entonces, debe medir consecuencias más mediatas de la relación entre su política exterior y su frente interno, ya que cualquier gesto equívoco frente al golpe renovará la presión para reproducir guiños similares en Venezuela, Bolivia o Ecuador. De ahí que los senadores republicanos presionaran para que Hillary Clinton no recibiera a Zelaya, y que un grupo de diputados republicanos recibiera ayer a los líderes golpistas con todos los honores.

Contando con la indiferencia pública, la ambivalencia de los medios (los diarios más moderados como el Washington Post y el New York Times publicaron sobre Honduras algunas de sus notas más insípidas y desinformadas, pero siempre dejando abierta la puerta un apoyo al golpe), y la espera al acecho de la oposición para demostrar que su política descuida los intereses de los Estados Unidos, la inversión de la carga de la prueba está contra Obama. El establishment del Partido Demócrata y del Congreso, a su vez, refleja tanto la tradición expansionista en la región como el enorme giro a la derecha de los últimos treinta años. En la foto de hoy de Honduras, Obama tiene internamente muy poco para ganar y mucho para perder, y eso, más que heroico, puede ser desastroso, ya que la falta de intereses a favor de esta política bien puede ser el argumento para revertirla. Para transformar la no intervención y el multilateralismo en una parte sustantiva de su política regional, Obama deberá mostrar que eso beneficia y no perjudica a los intereses norteamericanos, para lo cual también deberá avanzar en redefinirlos. Una tarea que excede la experiencia de Honduras, y que aún está lejos de terminar.


Contragolpe

Desde Moscú ayer Barack Obama aclaró: “Manuel Zelaya no nos gusta, pero lo defendemos en nombre del principio de la estabilidad democrática”. Por primera vez, la potencia mayor de Occidente fue inconmovible en su defensa democrática, en esta ocasión acompañada por los países miembros de la ONU y de la OEA, en una oleada universal que desacredita el golpe de Estado cívico-militar consumado en Honduras. Los insurrectos contaban con el respaldo de las fuerzas armadas, el Congreso, el Episcopado, los empresarios de mayor porte y la Corte Suprema, aunque este frente comenzó a resquebrajarse ante la firme posición de Washington y el resto del mundo. La Corte aclaró ayer que el depuesto Zelaya podría regresar si el Congreso le concede una amnistía.

Los intentos del gobierno golpista para conseguir audiencia en el Departamento de Estado fueron vanos, mientras que el destituido fue recibido por Hillary Clinton, quien negoció un principio de diálogo al proponer al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, hombre de experiencia en la diplomacia centroamericana y buen amigo de Estados Unidos, como negociador aceptado por las partes.

Para Honduras, la posición norteamericana es determinante, porque su historia está relacionada con las políticas continentales de la Casa Blanca y sus hombres de poder deben estar sorprendidos del rechazo que recibieron desde el Norte. Siempre estuvieron dispuestos a servir, como lo hicieron durante diez años cuando prestaron el territorio nacional, la mitad de la provincia de Buenos Aires, para las tropas “contras” que intentaban tomar por la fuerza a Nicaragua para desalojar al Frente Sandinista de Liberación. De aquella época sobrevive uno de los importantes aeropuertos, en el que subían y bajaban los aerotransportes que aprovisionaban al antisandinismo. Ese tipo de relaciones generó entre los poderosos hondureños la convicción –una suerte de subcultura– de que su destino cuelga del cinturón de combate de los marines.

Para el resto del continente, la posición de Estados Unidos y de las entidades mundiales es una magnífica noticia. La democracia nunca pasó una prueba golpista como ésta, pero hizo retroceder a las fuerzas conjuntas del poder, el dinero y las armas. Es probable que Zelaya no merezca tanto, tampoco los muertos en su nombre, pero la soberanía popular y la libertad de expresión merecían este contragolpe y son el mensaje final de los caídos.

Por J. M. Pasquini Durán
Página12

 

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