Sábado, 26 Diciembre 2015 07:04

Retroceso y medio

Retroceso y medio

Se puede gobernar legalmente pero sin legitimidad. La diferencia es importante. Gobernar con decretos puede ser legal pero deslegitima las medidas que se toman y desacredita al Parlamento que aparece como un organismo decorativo menor. Si en esa línea, el Poder Judicial asume un rol de complicidad con el desprecio al Congreso, la calidad democrática se resiente aún más. Por supuesto que no se puede comparar con una dictadura. La diferencia es más que importante porque en este caso se trata de un presidente elegido y no de un general impuesto, pero para funcionar como presidente hay que respetar las leyes. Mauricio Macri, que ganó el gobierno por apenas dos puntos de diferencia, ya lleva un récord de decretos que incluyen desde la designación de magistrados a la Corte Suprema hasta la modificación de las condiciones que deben reunir aspirantes a determinadas funciones. Y además arremetió contra todos los funcionarios cuyos cargos fueron concebidos a contraturno de los Ejecutivos para evitar abusos, como en la Afsca y Aftic, en RTA o en el Banco Central y en la Procuraduría.

Si para estar en la Oficina Anticorrupción hay que ser abogado, es poco elegante modificar ese reglamento a imagen y semejanza del personaje candidateado. Es al revés, el personaje tiene que reunir las condiciones que requiere el cargo. Tiene sentido que el reglamento se pueda cambiar por decreto en función de un argumento razonable para el mejor desempeño de ese cargo, pero resulta monárquico que se lo haga solamente para poder designar a un candidato en especial y en el momento previo a designarlo, ya sea Laura Alonso o a cualquier otro en ese cargo.

El Presidente no es el patroncito. No es sólo la forma, que ya de por sí es calidad democrática. En todos estos casos van juntos el fondo y la forma. Hay otros dos decretos por los cuales organismos que fueron creados para que funcionen de la manera más independiente de los cambios políticos, perdieron de hecho esa condición. La ley que creó la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (Aftic) y Radio y Televisión Argentina S.E. estipulaba numerosas medidas para garantizar pluralidad e independencia, una de las cuales establece que sus autoridades se renuevan a contraturno del Ejecutivo. Los directorios están integrados por representantes de las provincias, de la oposición y de la actividad profesional y el titular es propuesto por el Ejecutivo cuando le toca la renovación. Los dos primeros organismos fueron englobados por un Ministerio de Comunicaciones cuyo titular, Oscar Aguad, ya dijo que tienen que subordinarse a los lineamientos de ese Ministerio, intervino por decreto a los organismos y puso al frente de ellos a un militante del PRO y a su yerno. RTA quedó dentro del Sistema de Medios Públicos que a su vez depende de la Jefatura de Gabinete, después de forzar la renuncia de su titular Tristán Bauer con acusaciones denigrantes.

Estos organismos fueron creados por la ley de medios, una de las más debatidas en la historia, con audiencias públicas en la Corte Suprema, y en el Congreso, asambleas en Universidades, sindicatos, asociaciones profesionales y barriales. Nunca antes una ley se discutió en forma tan amplia y masiva. Y lo mismo ocurrió cuando fue aprobada por el Congreso, por la Corte y por los organismos internacionales de la OEA y la ONU. Los ahora integrantes de la Alianza Cambiemos (radicales, macristas y Carrió) se retiraron del recinto en el momento de la votación porque la perdían por mucha diferencia. Los diputados del Frente Para la Victoria habían conseguido el respaldo de las demás fuerzas, desde el socialismo hasta partidos provinciales, después de una larga negociación que implicó concesiones y la introducción de cambios sugeridos por los otros bloques.

En todo el proceso de adecuación, el único multimedia que planteó problemas fue el Grupo Clarín que, para evitar su desmonopolización, trabó la ley con la complicidad de parte del Poder Judicial, pese a que había sido declarada constitucional por la Corte por el voto de seis de sus miembros. El único en contra fue Carlos Fayt, visiblemente parcializado en contra del gobierno.

El argumento para los decretos del gobierno macrista que subordinan a estos organismos de regulación de los medios audiovisuales privados y públicos es que la ley de medios fue utilizada como una herramienta de persecución. Si el único planteo pendiente es del Grupo Clarín, se deduce que la única víctima fue esta corporación a la que ellos entonces están defendiendo. El Grupo Clarín es una de las empresas más grandes de este país, con gran influencia en partidos políticos, asociaciones empresarias locales e internacionales, y en el Poder Judicial.

Los decretos y medidas contra la ley de medios, la forma violenta y descalificadora con que lo han hecho, el despliegue policial y las acciones propias de patoteros para sacar a Martín Sabbatella de la Afsca muestran resentimiento y revanchismo. Pensar que la ley de medios fue sólo una herramienta para perjudicar a una corporación mediática porque era crítica del gobierno kirchnerista es pensar que la posición dominante de Clarín en la generación de contenidos, en la circulación de la información y en la manipulación de la opinión pública no es nociva para una sociedad democrática. Nadie, oficialista, opositor o megaempresario oportunista, puede tener el derecho a manejar semejante poder de manipulación. Lo que están planteando el macrismo y el radicalismo es que la sociedad debe resignarse a ver la realidad sólo como quiera el grupo mediático dominante. No dan opciones democráticas para la información, aunque escudan esta ofensiva autoritaria con un barniz de democratismo vacío.

Hace menos de veinte días que asumió Mauricio Macri y en ese lapso el portal de Página/12 sufrió un ataque informático masivo que lo bloqueó por varios días; ya se anunció que serán levantados programas como 6,7,8 al que nadie podrá negarle audiencia. Es el más emblemático y el más irritativo para el actual oficialismo. Pero también se anunció el levantamiento de los programas de Dady Brieva en radio y televisión. Y de la misma manera se anunció que no habrá más Duro de domar ni Televisión registrada, TVR, y nadie podrá decir que es porque no tienen público. Igual que la salida de Roberto Navarro de C5N, que había sobrepasado a TN en el rating. En ninguno de ellos se aplica el argumento de que no tenían audiencia. El único argumento es el político. Los canales o las radios no quieren tener estos programas porque es evidente que temen la censura ideológica de la pauta oficial y la privada, que ahora se orientan con los mismos parámetros. Es claro que la pluralidad que a duras penas existía en el sistema de medios públicos y privados se está reduciendo a la mínima expresión porque la limitación de la pauta la sufrirán todos los medios críticos al gobierno macrista. Es un gobierno que se llena la boca con la libertad de expresión pero cuyo accionar está reduciendo el mundo de los contenidos simbólicos y de la comunicación a una sola mirada ultradominante.

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Domingo, 02 Noviembre 2014 11:16

"Dilma emerge con una enorme legitimidad"

"Dilma emerge con una enorme legitimidad"

El gaúcho Rossetto, cuadro del PT, integrante de la mesa chica de Dilma e interlocutor del gobierno, con el Movimiento de los Sin Tierra, califica el triunfo electoral de Rousseff como histórico mientras trabaja en el plan del nuevo gobierno.

 

Desde Brasilia

Dilma Rousseff reservó pocas sillas en la mesa chica donde se decidieron los ejes de la campaña concluida el domingo pasado con su reelección. Uno de los cuadros petistas que forma parte de ese círculo es el ministro Miguel Rossetto, quien desde el lunes está trabajando en el diseño del próximo gobierno al que le esperan "batallas duras y tendrá el sello de Dilma, ella salió muy fuerte de esta elección histórica".

"La derecha mediática y la partidaria están rabiosas, alimentan el odio contra la presidenta y contra el PT", pondera munido de mate y termo.

El gaúcho Rossetto, ministro de Desarrollo Agrario e interlocutor del gobierno con el MST, dialogó con Página/12 en su despacho del comité de campaña en el centro de Brasilia, mientras los empleados quitaban los afiches y ordenaban los muebles.

–Usted coordinó esta campaña y participó en otras. ¿Es exagerado decir que fue la elección más reñida de la historia reciente?
–Sin ninguna duda, por eso digo que fue una victoria histórica y heroica de Dilma, por la forma como se comprometió en la pelea. Ella emerge con una enorme legitimidad de un proceso donde hubo un intenso debate programático... La presidenta se pronunció sobre todos los temas trascendentes de la agenda nacional. Se discutió desde el rol del Banco Central, donde los conservadores proponían la independendencia y Dilma la cuestionó con argumentos sólidos. Pero ella también asumió una posición clara sobre la función de los bancos públicos, la política industrial, el empleo, el derecho a la educación, a la salud, derechos civiles de las mujeres, de los jóvenes, los negros. Ella habló de la homofobia hasta de la política externa que raramente se toca en una campaña.
Es una campaña que dejó una herencia de politización de la sociedad porque el debate entró en la casa de los ciudadanos... y este proceso creó una dinámica favorable que va a perdurar durante el segundo mandato.


–¿El PT se reencontró con los movimientos sociales luego de cierto distanciamiento?
–Esta campaña rescató la participación de los jóvenes, recuperó el protagonismo de la calle, vimos cómo el PT se reencontró con la calle, tuvimos actos masivos de 100 mil, 50 mil personas. Viajé mucho con la presidenta y pude ver la alegría del pueblo, de los movimientos sociales, de una sociedad organizada que fue capaz de derrotar el grito de las elites. La sociedad dijo que después de tres gobiernos del PT quiere que en el próximo haya más cambios, pero dejó muy claro que las críticas no significan dar un giro a la derecha ni desmontar las conquistas. Nosotros llegamos a estas elecciones con conquistas extraordinarias logradas a través de una revolución silenciosa: hoy tenemos un país que salió del mapa del hambre publicado por la ONU, con casi pleno empleo, la renta del salario mínimo tuvo un aumento del 72 por ciento en 12 años, creamos 21 millones de empleos.


–¿Esa movilización será encauzada para respaldar la reforma política?
–Vamos a trabajar para que haya una reforma política en serio, es la gran prioridad de la presidenta. Esa reforma se realizará a través del diálogo con la sociedad movilizada, para mejorar unas estructuras políticas que están superadas. Un tema central será suprimir el financiamiento empresarial de las campañas electorales porque esa es la vía que alimenta la corrupción política, son sumas altísimas de dinero que secuestran a la democracia. La reforma política también nos permitirá cambiar la estructura institucional, queremos acortar la distancia entre el Estado y la sociedad, la presidenta ha dicho que quiere un gobierno que se abra a la sociedad porque esto nos asegura transparencia y eficiencia. Es positivo que haya una presión social permanente sobre la estructura gerencial del Estado. Este segundo mandato trabajará para profundizar la república. Desde el domingo a la noche, en su discurso de la victoria, ella está llamando al diálogo a partir de esta agenda de transformaciones.


–¿Lula tendrá más participación en el próximo gobierno de Dilma?
–El presidente Lula siempre es bienvenido, él tiene un liderazgo extraordinario, el compañero Lula sigue siendo un personaje extraordinario, es el mayor líder de nuestro partido y tuvo un papel fundamental en el proceso electoral que desembocó en la reelección de Dilma. Sin dudas que su participación fue fundamental. El presidente Lula es un gran líder político que está en contacto permanente con la presidenta Dilma, entre ellos hay una relación de enorme confianza, lealtad y compañerismo político.
–Dilma habla de diálogo pero la oposición lo rechaza. ¿Teme un gobierno sacudido por crisis políticas?


–En estas elecciones hubo una polarización dura, es importante tomar en cuenta que esta campaña fue la cuarta derrota consecutiva del PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña) ante el PT. Ambos representan dos proyectos de país claramente opuestos. La memoria política de la sociedad brasileña ya identifica muy bien a estos dos grandes bloques, el del PT democrático y popular y el PSDB liderando el campo conservador.
La radicalización que se ve en éstos nos señala que la disputa política va a seguir durante el gobierno de la presidenta Dilma, pero no creo que ellos puedan instalar un clima de desestabilización o de "tercer turno".
La oposición partidaria hace mucha espuma, pero la verdad es que está muy frágil, su agenda neoliberal fue la gran derrotada de estas elecciones.


Fíjese en un dato: durante la campaña, Aécio Neves (candidato del PSDB) nunca hablaba directamente de privatizar, ni de afectar los derechos sociales, porque la derecha es incapaz de presentar claramente cuál es su proyecto. La derecha tiene un programa clandestino porque si lo muestra sería defenestrada.

–Hay sectores que evocan a la derecha venezolana por su extremismo.
–Una buena parte de los medios y de los partidos del polo conservador quisieron venezolanizar la campaña, pero se equivocaron porque Brasil no es Venezuela, acá no hay un Hugo Chávez, ésa es una diferencia importante. Esa polarización a la venezolana, con llamamientos a desestabilizar, con gente que habla de impeachment, está liderada por los medios, que son los que organizan el discurso conservador. Los medios son el principal partido de la derecha. Pero aun así yo no digo que hay medios golpistas en Brasil, diría que son medios con un discurso radical de deconstrucción del gobierno, y esto se asocia a las elites económicas, a parte de las clases medias y los partidos conservadores, y todo esto compone un bloque político realmente fuerte. Pero este bloque no llega a ser la derecha venezolana porque la sociedad brasileña no se amolda a esa forma tan radicalizada, las estructuras políticas y las instituciones brasileñas son distintas de las de Venezuela. Los conflictos de clases, los conflictos regionales brasileños son diferentes, acá hay un Estado más legitimado, hay una república más organizada.


–Un bloque conservador envalentonado porque perdió por sólo el 3,3 por ciento.
–Sí, ellos se apoyan en ese argumento de que la derrota que sufrieron fue ajustada, y es cierto que perdieron por poco, pero perdieron.


–¿Cuánto influyó el escándalo de la revista Veja en el crecimiento de Aécio en los dos últimos días?
–El jueves 23 (octubre) Dilma estaba en una fase de crecimiento, todas las encuestadoras decían que se estaba despegando entre 7 y 10 puntos de Aécio y anticipaban que iba a ganar con tranquilidad el domingo (26 octubre). En ese momento, con Aécio casi derrotado, sucede esta maniobra delictiva de la revista Veja que indudablemente influyó en contra de nosotros.


Publican un artículo sin ninguna base real con acusaciones contra Dilma y Lula, un montaje que se orquestó con el PSDB para impedir el triunfo de Dilma de forma fraudulenta. No olvidemos que esa revista sale los sábados y esta vez comenzó a circular el jueves en Internet, fue algo atentatorio contra la democracia, porque simultáneamente se distribuían miles y miles de tapas de la revistas que, de hecho, eran panfletos a favor de Aécio, cuando ya no se podía hacer campaña porque había comenzado la veda que ordena la ley electoral. Entonces tenemos que la noticia falsa contra Dilma seguía amplificándose con el apoyo de la mayoría de los medios, y después se sumó el apoyo fundamental de la TV Globo y el Jornal Nacional (noticiero de ese canal). Después de este atentado a la República creo que tenemos que realizar un debate nacional sobre los medios, una reflexión que articule el derecho a la información y la defensa intransigente de la libertad de prensa, así como evitar todo tipo de censura. Creo que tiene que haber una discusión amplia con la participación de la sociedad, y el punto de partida será esta manipulación criminal de Veja.

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Jueves, 07 Febrero 2013 07:09

“Los partidos no son fieles”

“Los partidos no son fieles”

Gianfranco Pasquino, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia, autor de varios libros y senador progresista entre 1983 y 1996, que ha enseñado en las universidades de Harvard y Columbia de Estados Unidos, entre otras, se ríe cuando durante la entrevista con Página/12 se le pregunta si el próximo gobierno italiano, es decir el que surgirá de las elecciones del 24 y 25 de febrero, logrará hacer lo que el país necesita. “Esa es una pregunta para un brujo”, dice riendo. Pero después se explaya en un análisis que no ahorra críticas, positivas y negativas, a ninguno de los cinco candidatos principales.

 

“El ‘brujo’ Pasquino –dice de sí mismo– piensa que surgirá un gobierno muy probablemente guiado por Pierluigi Bersani, del Partido Democrático (PD), que tendrá mayoría en la Cámara de Diputados y que en el Senado tendrá necesidad de los votos de otros senadores, posiblemente de la lista del primer ministro Mario Monti. Si este gobierno podrá resolver los problemas del país de manera duradera es más complicado poder decirlo, porque en su interior la coalición de centroizquierda liderada por Bersani tiene algunas diferencias importantes, sin ir más lejos en materia de política económica.” ¿Pero el PD acaso no tiene un programa económico definido? Pasquino ríe de nuevo y agrega: “Bueno, los partidos políticos italianos no son tan fieles después a los programas que presentan a los electores”. Y agrega que a nivel económico, el nuevo gobierno deberá tener en cuenta, además del propio programa, las indicaciones de la Comisión Europea y la reacción de los mercados y de los especuladores, para poder mantener el equilibrio.

 

En cuanto a la durabilidad del próximo gobierno italiano, el experto precisa que “el centroizquierda ha aprendido que no se puede permitir una crisis de gobierno. Bersani es una persona capaz y tal vez encuentre la forma de hacer sobrevivir el gobierno, pero también de hacerlo funcionar. Un gobierno a veces sobrevive porque toma pocas decisiones. Pero, en esta fase, las decisiones son importantes y urgentes”. Vale la pena aclarar que en Italia, el primer ministro puede mantenerse en el gobierno siempre y cuando cuente con la mayoría en el Parlamento. De lo contrario se declara la crisis de gobierno y el presidente de la República debe proponer a otra persona o llamar a elecciones.

 

–Profesor Pasquino, entremos en los detalles de esta campaña electoral. ¿Cómo es posible que Berlusconi gane puntos cada día en los sondeos? ¿Según usted, la gente confía de nuevo en él?

 

–No hay que exagerar con esos puntos. En 2008 tenía el 38 por ciento del electorado, ahora en cambio se habla del 27/28 por ciento. Cierto, ha ganado puntos desde que comenzó la batalla electoral hace un mes, haciendo una campaña televisiva muy intensa. En el exterior a menudo se piensa que Berlusconi es un hombre estúpido y corrupto. Puede ser corrupto, pero seguramente no es estúpido, y es muy capaz para hacer una campaña electoral y de modo creativo. El se divierte haciéndola, mientras para otros es un gran esfuerzo. Ha ganado algunos puntos, pero seguramente no obtendrá la mayoría parlamentaria.

 

–Y el cómico Beppe Grillo y su formación “Cinco estrellas” que ha ganado más del 16 por ciento de los electores según sondeos, ¿representa a todos los desilusionados del país como se dice?

 

–Más que desilusionados, yo diría enojados, enojadísimos, quieren acabar con todos los parlamentarios, con los políticos. Hay mucha rabia entre ellos. Grillo en realidad es un comediante que cuando habla frente a las masas, se carga. Hace días había dicho que quería hacer bombardear el Parlamento y luego lo desmintió. Ha hecho varias veces este jueguito. Entre sus seguidores hay mucha gente de izquierda y muchos jóvenes. Si los sondeos se confirman, él entrará a la Cámara con unos 70 diputados y unos 30 senadores, que es mucho. Ninguno de ellos tiene experiencia en el Parlamento, deberán aprender todo, y mientras tanto serán un elemento de perturbación.

 

–¿Es posible que Monti tenga un rol en el gobierno de Bersani? Está claro que Monti no logrará ganar como para ser el primer ministro. Algunos dicen que podría ser ministro de economía.

 

–¿Un gobierno de centroizquierda con Monti como ministro de economía? No creo que sea posible. La posibilidad de que sea presidente de la República, en cambio, existe, pero no está tan clara. (Aclaración: en 2013 expira el mandato de siete años del presidente de la República, Giorgio Napolitano, y el Parlamento deberá elegir un nuevo candidato.)

 

–Y del ex juez antimafia Antonio Ingroia y su formación, Revolución Civil, ¿qué piensa? Llama la atención que ha sabido arrastrar detrás de sí a otros magistrados y partidos como el ex juez de Manos Limpias, Antonio Di Pietro, líder de Italia de los Valores (IDV).

 

–Debo aclarar que no soy muy objetivo cuando hablo de Ingroia. Creo primero que nada que los magistrados que han hecho batallas políticas –como una contra el presidente de la República por un tema relativo a la mafia– no deben entrar en política. Ingroia es uno de ellos. Aparte de eso creo que su formación no tiene nada que decir, no tienen un programa. Está tratando de robarle votos a la izquierda y el riesgo es que se lleve votos donde son más necesarios para el centroizquierda, como en Lombardía y Sicilia, porque así podría hacer más difícil la vida del futuro gobierno en el Senado.

 

–El panorama según usted no es demasiado optimista...

 

–El panorama no es optimista, pero si gana, como yo creo que ganará, el PD, el país se encontrará mucho mejor que con cualquier victoria del centroderecha. El país estará mejor y tendrá más oportunidades.

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Las recientes elecciones en Irán, y los subsecuentes desafíos a su legitimidad, han sido un asunto de enorme conflicto interno en Irán y un debate que parece interminable en el resto del mundo –un debate que amenaza con permanecer por algún tiempo todavía. Una de sus más fascinantes consecuencias es que en esta discusión de escala mundial ha habido una enorme división entre personas que se consideran parte de la izquierda del mundo. Varían en sus puntos de vista –desde ser gente que respalda incondicionalmente el análisis que Ahmadinejad/Jamenei hacen de la situación, a ser oponentes virtualmente incondicionales, con múltiples posiciones intermedias. Esto puede reflejar tanto el estado de la izquierda mundial como la situación en Irán.

¿Qué ha ocurrido en Irán? Hubo una elección. Al parecer hubo una gran afluencia de votantes. El gobierno anunció una victoria arrasadora del presidente en el cargo, Mahmud Ahmadinejad. Los simpatizantes de los otros tres candidatos han hecho la acusación de que las cifras son fraudulentas. Las dos principales bases de estas acusaciones fueron la rapidez y naturaleza cerrada del proceso de conteo y la implausibilidad de algunos resultados de votaciones si se desglosan según las diferentes áreas del país. La autoridad última de Irán, el ayatola Ali Jamenei, aseguró en términos sin ambigüedades que los resultados de las votaciones eran esencialmente correctos y que, como tal, la elección era enteramente legítima. Él ha insistido en que todos reconozcan la validez de los resultados y que dejen de cuestionarlos.

Inmediatamente después de las elecciones grandes números de personas salieron a las calles a protestar los resultados reportados y llamaron a un recuento o a nuevas elecciones. Conforme acumularon vapor estas protestas, Ahmadinejdad/Jamenei respondieron con medidas represivas más y más severas. Las Guardias Revolucionarias y la llamada Basiji (una especie de milicia popular) utilizaron considerable fuerza para sacar a los manifestantes de las calles, mataron a algunos y arrestaron a números significativos en el proceso.

Todavía ahora, las figuras principales de la oposición, el candidato presidencial Mirhosein Musavi y sus dos simpatizantes clave, los ex presidentes Akbar Hashemi Rafsanjani y Mohammad Jatami, continúan arguyendo que las elecciones no produjeron un resultado “legítimo”. En esto cuentan con el respaldo de los otros dos candidatos en la carrera presidencial, que recibieron menos votos.

¿Qué es lo que quieren estas importantes figuras? Todas alegan ser fieles seguidores de la revolución de 1978-1979 y estar dedicados a la preservación de la república iraní existente. En resumen, no están llamando a un cambio de régimen. Por el contrario, insisten en que son más fieles adherentes del espíritu original de la revolución iraní que el grupo que actualmente está en el poder.

¿Cómo ha interpretado esto la izquierda mundial? La presente situación en Irán no es para nada única. Después de todo, ha habido protestas populares masivas en muchos países de todo el mundo en un momento u otro por mucho tiempo. Así, la izquierda mundial tiene interminables analogías con las cuales comparar la situación iraní. Para empezar, está la revolución iraní de 1978-1979. Pero también está Tienanmen en China, en 1989, las revoluciones de 1968 en incontables países, las llamadas “revoluciones de colores”, de cosecha reciente en los ex países comunistas, un gran número de acontecimientos en diferentes países latinoamericanos y las huelgas generales en Francia en 1995. Uno podría remontarse a las revoluciones rusa y francesa si así lo deseara.

Con toda seguridad, la “izquierda mundial” –cualquier cosa que esto sea– no tiene una visión unificada de estas protestas populares. De hecho, uno podría decir que uno de los principales problemas con la izquierda mundial contemporánea es su incoherencia colectiva al encarar la panoplia y notable variedad concreta de tales protestas populares.

La razón de esta incoherencia colectiva es triple. Primero, hay una larga historia de desilusiones con los resultados de dichas protestas populares, especialmente en los últimos 50 años. Segundo, hoy hay una debilidad organizativa objetiva de los movimientos políticos de la izquierda tradicional en la mayoría de los países. (Las principales voces de la izquierda mundial de hoy tienden a ser, en su mayor parte, primordialmente intelectuales con posturas independientes o activistas localizados en muy pequeñas organizaciones.) Tercero, está el hecho de que los llamados análisis de izquierda difieren fundamentalmente en lo que piensan que se debería mirar cuando se analiza las situaciones concretas.
Algunos miran primordialmente las relaciones interestatales. ¿Cuál sería la consecuencia, geopolítica, de que un gobierno particular fuera remplazado por una serie diferente de líderes o, más aun, de que un régimen cambiara hacia uno de diferente tipo? En el caso de Irán en el momento actual, todos saben que está en fuerte conflicto con Estados Unidos (y en menor grado con Europa occidental), sobre todo pero no exclusivamente en lo relacionado con asuntos nucleares. El presidente Ahmadinejad está identificado con una fuerte posición iraní vis-à-vis Estados Unidos. Tanto él como Jamenei han argumentado en repetidas ocasiones que Estados Unidos y Gran Bretaña están tras las protestas populares con el fin de que Ahmadinejad sea retirado del cargo en favor de alguien más maleable desde el punto de vista estadunidense. Hugo Chávez ha ofrecido su total respaldo a Ahmadinejad primordialmente con estos argumentos. Ésta es una forma plausible pero limitada de analizar una situación. Después de todo, pocos izquierdistas apoyarían el actual régimen de Myanmar, que recientemente suprimió brutalmente las manifestaciones de monjes budistas con el argumento de que el gobierno estadunidense anhela ver un cambio de régimen en Myanmar.

O uno podría mirar, más bien, las divisiones de clase al interior de Irán. Algunos autoidentificados miembros de la izquierda mundial argumentan que los simpatizantes de Musavi son en gran medida personas de la clase media o acaudaladas, mientras que Ahmadinejad extrae sus simpatizantes de los estratos populares. Por tanto, dicen, un izquierdista debería respaldar a Ahmadinejad. Algunos otros izquierdistas analizan la situación de modo diferente, argumentando que esto es meramente una lucha entre dos variedades de grupos privilegiados, y que el respaldo de Ahmadinejad en las zonas más pobres de Teherán es en gran medida el resultado de un populismo desde arriba (y peor aún, de un pan y circo al estilo Berlusconi). Otros más apuntan a realidades étnicas entre los estratos más pobres, argumentando que las áreas rurales donde no se habla farsi o que no son chiítas quedan fuera de la distribución populista, están oprimidos y son hostiles a Ahmadinejad, quien representa meramente, dicen, al grupo étnico dominante.

Además, muchos izquierdistas son fundamentalmente anticlericales. Se rehúsan a reconocer la legitimidad de cualquier régimen que se base en el papel central del clero. Nos recuerdan que el actual régimen iraní eliminó sistemáticamente todos los partidos de izquierda no islámicos, incluso aquellos partidos que apoyaron el derrocamiento del cha. Tudeh, el partido comunista iraní, ha condenado los resultados de las elecciones y respalda las demandas de Musavi pese a sus reservas hacia éste.

Hay dos cosas que decir acerca de los levantamientos populares dondequiera que ocurran. La primera es que nunca es fácil para la gente el salir a las calles a exigirle al gobierno que cambie sus políticas. Todos los gobiernos están listos a usar la fuerza contra tales demandas, unos con mayor rapidez que otros. Así que cuando la gente sale a las calles, nunca es sólo porque “los de fuera” los manipulan. Cuando la CIA arregló el golpe en Irán en 1953, no lo hizo induciendo a que los iraníes salieran a las calles. Lo hizo trabajando tras bambalinas con los oficiales militares. Uno debería respetar la autonomía política de los grupos que, de hecho, se arriesgan a salir a las calles. Es muy fácil culpar a los agitadores externos.

La segunda cosa que hay que decir acerca de los levantamientos populares es que siempre e inevitablemente son una coalición de muchos elementos. Algunos de los manifestantes son aquéllos con agravios específicos inmediatos. Otros buscan cambiar el personal dentro del gobierno pero no el régimen como tal. Y unos quieren cambiar, es decir derrocar, el régimen. Las manifestaciones populares casi nunca lo forma un grupo de personas consistente ideológicamente. Lo normal es que los levantamientos sucedan solamente cuando existen tales coaliciones. Pero esto siempre significa que el resultado poslevantamiento es inherentemente incierto. Así que la izquierda mundial debe ser cuidadosa al ofrecer su respaldo político y moral a los levantamientos populares.

Vivimos en tiempos muy caóticos. No es imposible una estrategia coherente de la izquierda mundial. Pero no será fácil. Y todavía no se logra. Las consecuencias para el mundo de la lucha al interior de Irán no son claras como el cristal. La izquierda mundial no debe ser muda, pero debería ser prudente.

Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera 

 

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