El barco de Women on Waves.

Women on Waves es una organización que lleva casi 20 años ayudando a mujeres de todo el mundo. Educación sexual, talleres, charlas sobre enfermedades. O, lo más llamativo, abortos que se realizan en alta mar, huyendo de legislaciones restrictivas y ancladas en el pasado. Esta es su historia.

 

Javiera tiene 32 años y anda por Santiago de Chile. En 2019 quedó embarazada. Su pareja, más de un lustro juntos. Aún siguen. Sin casarse, sin descendencia.
De aquella vivía con su madre, con su hermano. Dice que al principio pensó en un atraso. "Ya me había pasado antes, falsa alarma". Esta vez no. Compró un test, salió positivo. Ese mismo día contactó con Women on Web, la versión digital de Women on Waves.

Me cuenta sobre su caso. Los síntomas, que fueron fuertes. Nauseas extremas, que no la dejaban dormir. Por la calle llevaba una bolsita, por si le atacaban ganas de devolver. Todo a escondidas, en secreto. "No podía decirle a nadie, tenía que disimular, hacer que todo está como siempre. Ni pedir ayuda o consejos a alguna amiga, hablar con mi familia". Nada. Solo lo sabía su pareja. "Lloraba por todo. Andaba muy ansiosa. Tenia mucho sueño, me costaba levantarme. Odiaba estar así". Preocupaciones de salud, claro. Riesgos. "Mi vida durante esas once semanas fue un calvario. Aunque el apoyo de mi pareja, su amor y preocupación, lo hiciera todo un poco más llevadero".

Al Adelaide lo construyeron en Francia. Año 2002. Un velero, uno de esos que llaman sloop fraccionado. Palo único, el foque envergado al estay de proa. La vela mayor es cangreja, y cuenta además con motores diésel de veintinueve caballos para cuando el viento no sopla en la dirección adecuada. Su interior está decorado en brillantes tonos azules, con muchos cojines aquí y allá. Un espacio confortable.

Al menos así lo describe Ian Urbina en el maravilloso libro Océanos sin ley (Capitán Swing). Es allí donde escuché hablar por primera vez de Women on Waves.

"Siempre supe que no iba a tener el bebé", continúa Javiera. Y recuerda la historia familiar. Padre y madre trabajando, una niña a la que cría su abuela. Mujer fuerte, de esas que tienen historia. Cuando joven tuvo una pensión, ponía puestos de comida tradicional en las festividades. Trabajo sol a sol, partiéndose el lomo. "Entonces mi abuela entró en la Escuela de Artes y Oficios, que en ese tiempo era gratuita para todos. Se convirtió en profesora de Modas, una carrera que ya no existe. Nunca ejerció la docencia, pero sí fue modista, hacía desde vestidos de novia hasta disfraces para las representaciones de los colegios. Siempre fue independiente y veló por sí misma. Cristiana, pero a su manera, no comulgaba ni con la Iglesia ni con los curas. Nunca dependas de ningún güevón, me decía".

También hablaban de otras cosas. "Ella se hizo abortos, tenía un médico amigo que practicaba raspajes. Tuvo el hijo que quiso tener, e insistía en que nadie me puede obligar a tener hijos. Yo de niña no lo entendí, pero ahora veo que sin sus lecciones jamás sería la mujer que soy". "El problema es que en mi país el aborto es ilegal para los pobres. Sí, para los pobres, porque las hijas de burgueses pagan a clínicas privadas una operación y ya. Apendicitis, le llaman. Eso es sabido desde siempre". Ideas fijas, casi inamovibles. "Yo no veo la religión como una autoridad moral. Los que más se golpean el pecho en nombre de Dios son los primeros en abandonar al prójimo, la experiencia me ha enseñado que es así. Entonces... mi vida es mía y que cada quién haga lo que crea que es mejor para cada quién...".

Una milla náutica mide 1.852 metros. Nada que ver con la milla terrestre, algo más de 1.600, que ha sido objeto de tortura atlética desde que algún chiflado se pusiese el primer dorsal de la historia. Solo que no es en todos los países igual, lo de la milla náutica, porque algunos añaden o quitan cachitos. Tampoco se me echen manos a la cabeza, porque donde vivo yo, en Cantabria, medimos la superficie por carros de tierra, y los carros de tierra arrojan medidas distintas dependiendo del valle. Ya ven, unas risas.

Pero... redondeamos. Una milla náutica son 1.852 metros. Haciendo sencilla multiplicación... doce millas náuticas serán algo más de veintidós kilómetros. Y esto es importante, porque hasta aquí llega el mar territorial.

Al menos desde el año 1982. Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Doce como mar territorial, veinticuatro como zona contigua, hasta las doscientas recibe el nombre de zona exclusiva. Aun hoy algunos países abogan porque ese primer concepto llegue a las doscientas millas, casi cuatrocientos kilómetros...

Y es que es trascendente. Simplificando mucho, el Mar Territorial es, a todos los efectos, un trozo del estado que tenga la titularidad. Vamos, que usted puede caminar por la Puerta del Sol o chapotear diez kilómetros mar adentro desde la Isla de los Conejos (enfrente de Suances) y la soberanía será idéntica.

Ocurre que a partir de ese punto, esas doce millas, todo cambia. Allí empiezan aguas internacionales, con la muy peculiar legislación marítima. Digamos que, una vez en ese inmenso azul, la soberanía corresponde al país bajo cuyo pabellón se navegue. Y las leyes a aplicar serán las de ese Estado. Lo que, huelga decirlo, facilita todo tipo de picarescas, abusos y golfadas por parte de quienes podemos llamar "malos de la película".

Solo que a veces es otra cosa. Hay otra gente.

Rebecca Gomperts es de estos últimos. Y viaja a bordo del Adelaide.

"Yo de Women on Web supe a través de una revista universitaria. Allí se mencionaban varias organizaciones a las que una podía acudir en caso de embarazo no deseado. De hecho esa revista salió en otros medios por tener esas informaciones", sigue Javiera. "Al principio pensé que podría ser falso, porque no conocía a nadie que hubiese tenido relación con ellas. Pero decidí arriesgarme y contacté a través de su web. Rellené un formulario y apenas pasó tiempo antes hasta que respondieron. No sé si un día. Fue muy rápido. Desde entonces toda la comunicación se realiza a través de mails. Muy fluida, sin demorarse en las respuestas. Tenía seguridad en que contestarían cualquier cosa que les plantease".

Women on Waves nace en 1999. Rebecca Gomperts, su ideóloga, lo hace unos añitos antes. En Paramaribo, por más señas, así que es holandesa. Dobles estudios. Artes, Medicina. Recién licenciada de lo segundo trabajó en un pequeño hospital, territorio de Guayana, y pudo ver qué efectos causan los abortos clandestinos. Lo que ocurre, sus consecuencias. Cada año se practican unos veinte millones de abortos clandestinos en todo el mundo. La cifra es impactante, pero hay otra que lo resulta aún más. Alrededor de 47.000 mujeres fallecen a resultas de esas actuaciones. Rebecca pensó que aquello era un drama. Pensó que, quizá, podría hacer algo.

Posó sus ojos en el océano. Más allá de donde llegan las leyes estatales, inmenso espacio con pequeños barquitos navegando soberanías sobre las olas. Sí, podría funcionar. Junto con Joep van Lieshout diseñó el Adelaide, concebido como una clínica móvil. ¿En pocas palabras? Un espacio donde embarcar a mujeres embarazadas desde territorios donde el aborto estuviese prohibido. Navegar, después, allende esas doce millas. Proporcionarles, más tarde, medicamentos que les provocasen un aborto. Misoprostol, mifepristona. Atención, apoyo, ayuda. Todo perfectamente legal. Bajo vericuetos jurídicos, si quieren, pero legal.

Llamó a su proyecto Women on Waves.

Mujeres sobre las olas.

 (Joep van Leishout montó más tarde, con motivo de la Bienal de Venecia, una exposición mostrando maquetas de la clínica y sus diseños originales sobre el papel).

El proceso, Javiera... ¿cómo es el proceso? "Bueno, primero te envían mucha información que debes leer antes, para prepararte. Instrucciones, posibles preguntas. También los riesgos, claro. Cada poco tiempo me contactaban y estaban pendiente de mí. Luego ellas se encargaron de conseguir medicamentos, me los enviaron con una receta firmada por médico". El miedo, también. "Era una de mis preocupaciones. Que las pastillas no llegasen, que las requisasen en la aduana. Si no tenía acceso a ellas quizá hubiese tenido que recurrir al mercado negro, con los riesgos que conlleva. Y eso en el mejor de los casos".

Me comenta Javiera también sobre dinero. "Tienes que pagar una suma para retribuir la ayuda que brindan. Es una forma de que el capital siga fluyendo para auxiliar a otras mujeres en otras partes del mundo. Ocurre que en aquel momento yo no podía permitirme pagar el costo completo. No importó, no hubo ningún problema. Jamás pensé que pudiera ser así. Ellas me dieron libertad de decisión por mí y por mi cuerpo...".

A veces es imposible. Llegar a todos los rincones. El mundo es muy grande, y hay injusticias por cualquier lado. Para eso surgió, en 2005, Women on Web. Redes digitales en lugar de marítimas. Olas de datos. Una página donde cualquiera puede acudir a informarse. ¿Cómo conseguir Misoprostol, cómo usar los contraceptivos de emergencia? Cualquier pregunta. También, claro, un contacto. Apoyo, asistencia. Hacer que llegue ayuda a los sitios donde esa ayuda resulta ilegal. Es la parte trascendental del proyecto, aunque el barco resulte, claro, más espectacular.

Por existir existe incluso lo que ellas llaman abortion robot, un dron operado desde los Países Bajos que entrega píldoras abortivas a mujeres que lo soliciten. Operación a distancia. Legal en el territorio donde se encuentra quien maneja al "robot". Otra vez los límites del ordenamiento, sus lagunas.

No se busca resolver el problema, porque eso es imposible. Sí echar una mano en lo que se pueda. "Yo estoy aquí por ideología", me cuenta Verónica, una española que colabora con Woman on Waves. "Ayudamos a mujeres, y también concienciamos sobre esta problemática. Creo en la libre disposición sobre tu cuerpo, y pienso que nuestra labor es útil en ese sentido". Me explica cómo se lleva a cabo el proceso, los pasos que van dando quienes utilizan este servicio. "Ayuda", me corrige, "lo que ofrecemos es una ayuda, no un servicio". Comenta que tienen problemas con las autoridades de algunos países, que hay pasillos grisáceos en las legislaciones donde se pueden hacer cosas. Va desgranando cómo entran en contacto con ellas. "Si vamos a algún puerto con el barco lo anunciamos antes. A asociaciones que defiendan ideas parecidas a las de Women on Waves, también periodistas. Así se puede enterar quien necesite nuestra ayuda. Y también nos sirve para explicar nuestras ideas".

Porque luego está lo otro. Estigma, sobreentendidos. Abortar continúa siendo un crimen en muchos lugares del mundo. Respuesta jurídica. Sumen a esa la sanción social. Javiera lo tiene claro. "Creo que hablar sobre el tema nos ayuda a normalizarlo. Muchas mujeres no saben realmente lo que ocurre, y confían en noticias o prejuicios. Que es asesinato, que te vas a arrepentir toda la vida. Y no. El respeto al otro es fundamental, y yo necesito respeto con las decisiones sobre mi propia vida y mi cuerpo". Hablar, entonces. Conocer, compartir. "Al principio yo no quería platicar del tema, porque lo pasé realmente mal y quería seguir mi vida lo más rápido posible, hacer como que estaba bien. Pero en una ocasión se lo confesé a unas personas y ellos se asombraron muchísimo. Sigue siendo tabú, algo que se asocia al sufrimiento, a lo ilegal. Ahora cada vez que puedo lo digo. Hasta a mis sobrinas, a ellas les conté todo el proceso, para que sepan que es algo seguro, que es algo real, que tienes la opción de decidir, que puedes tener apoyo en caso de que lo necesites. Que todo va a salir bien. Un poco como hizo mi abuela conmigo...".

La labor de Gomperts ha despertado recelos en muchos lugares. Visto en abstracto es incluso comprensible. Más allá de aspectos puramente íntimos e ideológicos no son pocos quienes han visto los actos del Adelaide como un salto a su legislación, incluso a su cultura. Las fronteras de la tierra se diluyen allá por los mares, supongo.

Aún antes de partir, incluso. El Ministerio de Transportes de los Países Bajos amenazó con retirarle su licencia de navegación. Gomperts argumentó que la clínica portátil era una obra de arte, titulada A-Portable. No hubo réplica posible.

El primer viaje que hizo Women on Waves fue a Irlanda, cuando el aborto era aún ilegal en aquel país (fue aprobado en 2018, un sesenta y cuatro por ciento de los irlandeses votaron a favor en el referéndum). Luego sitios como Portugal, Polonia, Marruecos. También España. València, año 2008, con ruido (mediático y de otro tipo) por parte de las asociaciones en que ustedes seguramente están pensando. Ah, por seguir con nuestro país, durante el confinamiento de 2020 la web Women on Waves fue bloqueada por parte de los proveedores de internet más importantes. Pasó también en otros sitios como Brasil, Turquía o Arabia Saudí.

A veces las actuaciones son menos sutiles. En 2005 el barco no pudo llegar hasta las costas de Portugal, por causas justificadas. Que se crucen en tu camino dos barcos de guerra son, sin duda, causas justificadas. El acto levantó una (comprensible) polémica, y Gomperts recibió una invitación de la tele portuguesa para que explicase su postura. Acudió, pero, en lugar de plantear excusas o exponer proyectos, dedicó esos minutos a explicar, con todos los detalles, cómo interrumpir un embarazo con Misoprostol. En Pakistán hubo protestas encendidas después de que Women on Waves y diversos grupos feministas pakistaníes pusiesen a disposición de las mujeres una línea telefónica a través de la cual aconsejaban sobre cómo usar medicamentos para inducir un aborto espontáneo y seguro. Algunos políticos tacharon el asunto de "colonial" y "anti-islámico". Eso fue en 2011. Algunos cálculos hablaban de 890.000 abortos clandestinos practicados en Pakistán cada año.

También han actuado en América Latina, claro. Guatemala, de cuyas aguas fue expulsado, con escolta incluida del Ejército guatemalteco hasta aguas internacionales. O México. En 2017 el Adelaide estuvo fondeado en costas aztecas. Ixtapa, estado de Guerrero. Ayudó a entre sesenta y setenta mujeres, según los cálculos.

Recientemente Argentina despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana catorce de gestación. Treinta y ocho votos a favor, una abstención, veintinueve en contra. Antes a eso se le consideraba un delito, salvo que concurriese riesgo vital para la madre o hubiese mediado violación. La antigua ley databa del año 1929.

Si lo analizas desde fuera podrías pensar que algo está cambiando. Es una imagen distorsionada, sin duda. En toda América Latina, por ejemplo, solo se ha despenalizado el aborto en Uruguay, Cuba, Puerto Rico, Guayana y Guyana Francesa, además del caso argentino. Hasta cinco naciones lo prohíben sin excepción (Haití, República Dominicana, Honduras, El Salvador, Nicaragua). Entre medias... una miríada de supuestos, excepciones, condicionantes. También políticas federales propias en aquellos sitios donde rige ese sistema, como México.

"Yo lo veo un poco lejano", me cuenta Javiera cuando le pregunto sobre los avances que se van consiguiendo. "En Chile el tema no se trata mucho, y diría que en países vecinos tampoco. Una cosa es discutirlo, pero disposición para hacer algo... Los ricos cada vez son más ricos y los pobres más pobres, unos no saben de dónde sacar para mantener a sus niños y otros se operan de apendicitis en clínicas. Pero día a día somos más los que ampliamos criterios y nos nutrimos de experiencias distintas. Y eso cuestiona lo tradicional".

Y concluye, esperanzada.

"Quién sabe, quizá en unos años podamos tener acceso al aborto de manera segura y gratuita".

01/05/2021 08:28

Marcos Pereda@MarcosPereda2

Publicado enSociedad
Lunes, 26 Abril 2021 05:41

En los límites del control

Libertad vigilada Pintura por Saúl Nagelber

Lo bueno para nuestros antepasados, incluidos los más recientes, es que ya no están aquí para ver en lo que andamos. Algunos lo previeron, con la esperanza de equivocarse. En lo que nos hemos convertido. Avanzamos cada día más rápido hacia los establos del control, y conforme pasa el tiempo, de mejor gana. Si nos falta entusiasmo es indolencia, ni siquiera fatalismo. Nos han curado del espanto de pensar que la vigilancia y el control constante son enemigos de lo humano. Aprendemos que la libertad es relativa, no muy importante. Preferimos la seguridad. Cómplice clave del control es el miedo.

Se trivializa lo ominoso y todos tranquilos. La omnipresencia del Gran Hermano de George Orwell y la limitación del pensamiento en Farenheit 451 hace rato se cumplieron, son antecedentes de una realidad más obtusa, y sin embargo más sofisticada. La intimidad, la soledad y el derecho al secreto desaparecen rápidamente, con el total respaldo de las víctimas que lo ven como algo lleno de ventajas. Ríanse del síndrome de Estocolmo. Estamos enamorados de los carceleros y en el fondo soñamos con ser como ellos.

Del panóptico en prisiones, clínicas y cuarteles pasamos al mercado libre, o el mercado negro, gracias a la obligación de entregar nuestros datos biométricos y existenciales. La unicidad de nuestro rostro es detectable en medio de una multitud y la meta es que pronto no haya calle, corredor, rincón, sótano o ático fuera del alcance de cámaras, micrófonos y alarmas.

Colaboramos alegremente; sin que nos lo pidan hacemos pública y notoria nuestra localización exacta todo el tiempo. Si alguien quisiera clavarnos un misil en la mollera ahora mismo, sólo necesitaría una rápida consulta a las bases de datos para dispararlo derechito y sin daños colaterales, o no muchos; los drones antiislámicos de Israel y Estados Unidos tienen cierto margen de error en bodas y entierros donde los objetivos se confunden con familiares e invitados.

Si alguien quiere halagarnos o envenenarnos, sabe perfectamente qué nos gusta más comer y cómo. Pero no temamos, las intenciones son buenas. Nos conviene. Si el banco y las aduanas ya poseen nuestra huella, nuestro rostro y nuestro antecedentes íntimos, qué más da que los grandes consorcios y los gobiernos nos tengan bien checados. De por sí saben dónde localizarnos, es inútil esconderse. Traemos la señal en el bolsillo o pegada al oído, cerca del cerebro.

Las nuevas generaciones desconocen qué era lo clandestino, lo privado, lo secreto, lo oculto, lo especial y único en las zonas de júbilo o refugio. De manera automática lo personal deviene clientelar (ya no político, como proclamábamos hace medio siglo).

Si alguien cultiva algún vicio o peca de tal o cual modo propio, está en condiciones permanentes de pasar al dominio público. Vivimos la ilusión de que todo lo visible está permitido. Uno se masturba en público si quiere, y si no quiere también. El infierno omnímodo de Los juegos del hambre (Suzzane Collins, 2008) puede ser un blando paraíso, según anuncian quienes dicen protegernos: "Evitemos que los delincuentes se salgan con la suya; suavecito y cooperando, total no tenemos nada que esconder". Y nos conviene acumular "puntos sociales" (¿recuerdan Black Mirror?) Claudicamos ante el control sin la necesidad de conceder un clic.

La película Anon (Andrew Nicol, Netflix, 2018) supone una sociedad como ésta, donde ya todos son identificables, espiables, ubicables. Cuando "aparece" alguien anónimo, sin expediente ni huella digital, resulta preocupante, nadie debe ser ya invisible ni inexistente. Es delito. Grave. Y su ex le puede pedir al protagonista: "Enséñame tus últimos 10 minutos" para saber si ha estado bebiendo.

La realidad va más rápido que la ficción. Una profecía, utopía o distopía hecha con ingenio o malicia pronto será alcanzada por el futuro. Ya sólo la locura y el surrealismo nos harán libres. Los sueños de la razón, la tecnología y la política han parido monstruos que llegaron para quedarse. De ahora en adelante viviremos en La Nube y quien así lo desee podrá investigarnos, invadirnos, delatarnos o seducirnos con las golosinas baratas del capitalismo interiorizado. Las redes escuchan nuestras conversaciones. Si en la sobremesa decimos Acapulco, calzones rosas o tamarindo enchilado, en tiempo real nos bombardearán con ofertas y novedades sobre Acapulco, calzones rosas o tamarindos.

Si nos quejamos del control nos miran de soslayo. Los jóvenes de plano se sorprenden, qué te pasa, de dónde sacas esos recelos, si la omnipresencia del Gran Hermano en barata es de lo más chido, aprende a dar las gracias. Es por tu bien si tu zaguán sale en Google Maps a la vista de todos, tu historia clínica es potencialmente pública, así como tu registro crediticio, tu expediente judicial o los recados que mandas a tus primos. Podemos ser espías. Todos son nuestros "amigos" y damos el sí a desconocidos. Un espejismo se materializa en nuestro pobre cerebro. Fáciles y felices renunciamos a la libre intimidad y nadie lo lamenta.

Publicado enSociedad
Incitación al socialismo autogestionario

Un gran clásico del anarquismo, Gustav Landauer, advertía de las dificultades con que se encontrarían los obreros revolucionarios para construir un régimen socialista tras derrocar a la clase dirigente y abolir el Estado.

 

Un gran clásico del anarquismo, Gustav Landauer, advertía de las dificultades con que se encontrarían los obreros revolucionarios para construir un régimen socialista tras derrocar a la clase dirigente y abolir el Estado. El problema no consistía en una supuesta falta de condiciones políticas y económicas objetivas para ello, puesto que el socialismo libertario era posible fuese cual fuese el estadio de desarrollo y compenetración en el que se encontrasen la economía y el Estado, sino a la falta de experiencias autogestionarias de magnitud apreciable, y, por lo tanto, a la carencia de ideas prácticas que mostraran los caminos de su realización. Las enormes trabas internas de funcionamiento coordinado que tuvieron las colectividades de la Revolución Española facilitaron el sabotaje que los partidos defensores del orden burgués, mientras el curso desfavorable de la guerra acababa precipitándolas en la cloaca estatal de la que nunca saldrían. La ocupación de la calle, la huelga y la toma de edificios públicos, armas tradicionales de la lucha de clases, son la negatividad en acción que por si sola no basta. En la actualidad, se hace cada vez más patente la necesidad de un anticapitalismo afirmativo: el frente de la guerra social exige una retaguardia logística hecha de proyectos autogestionarios ejemplares. El libro “Los papeles de Albert Mason. Volumen I. La Acción Económica”, anónimo, una selección de artículos de calidad desigual, aclara este último punto: “la revolución es menos un construir sobre la destrucción que un destruir construyendo”. Con esa rotunda aseveración se cambia radicalmente la estrategia de lucha tradicional contra el capital y el Estado basada únicamente en la resistencia organizada; la confrontación ideológica y política ha de combinarse con la forja de un entramado económico autogestionario, antipatriarcal, fuera del mercado e independiente del Estado. La finalidad no ha cambiado puesto que se persigue la revolución social total, no una reforma cualquiera.

Para un lector ajeno a los guiños de la moda, la lectura se complica por culpa del empleo del femenino como genérico -producto de la influencia del movimiento feminista, hoy en día más fuerte y pujante que el obrero e ideológicamente más creativo-, un mal hábito posmoderno que intenta justificarse con la peregrina idea de la repercusión durante milenios del patriarcado en la gramática. De acuerdo con esta manera de discurrir, un periodo machista prolongado en la historia sería el causante lógico y directo de que el género masculino en las lenguas indoeuropeas fuera no marcado. Creemos que el axioma es cuanto menos dudoso y que existen mejores modos de socavar el dominio social de los varones, visibilizar a las mujeres y deshacer los estereotipos sexuales que machacar infundadamente el lenguaje -al fin y al cabo obra del pueblo hablante-, con falaces especulaciones seudorradicales. Bueno, por más que se contorsione la forma, el contenido no se enriquece ni se hace más claro y más crítico. Habría que proceder al revés, creando conceptos nuevos que iluminen la cuestión como lo han sido los de “patriarcado”, “cuidados”, “sexismo” etc. A mi entender, la neolengua inclusiva es un reflejo identitario de gueto, como en otras partes lo son el nacionalismo, las arrobas o el pañuelo palestino. Y el gueto es un elemento de la zona gris que se acomoda con la novedad sin objeción alguna, sobre todo si se cocinó en la universidad, pues no pretende la nitidez de la verdad, sino el velo que más contribuya a su cercado, o sea, a su conservación.

Esta modesta objeción sin embargo no intenta quitar méritos a la materia del libro, que es original y provechosa, y que consiste en lo que el autor llama acción económica, definida como “la forma específica que adopta la lucha contra el capitalismo -en sus dos vertientes, estatal y empresarial- dentro del ámbito de la economía.” Es un modo de acción directa contra la empresa y el Estado cuyo objetivo consiste en perjudicar económicamente todo lo posible a ambos. Desobediencia civil en el plano económico y administrativo. Su forma orgánica es la Asociación Libre. No se trata de un tipo de organización nuevo, sino de lo que corrientemente se ha llamado sindicato, cooperativa, ateneo o comité, o de lo que hoy llamamos colectivo, proyecto o red. Todas se caracterizan por no ser jerárquicas, regirse por asambleas y “ensayar modelos económicos compatibles con la anarquía.” Las tácticas de la acción económica van del huerto comunitario, el consumo combativo, el intercambio en especie y la compra colectiva hasta el fraude administrativo, la insolvencia programada y la insumisión fiscal. No estamos ante una simple alternativa agroecológica a la alimentación industrial, pues suponemos que la susodicha acción económica abarca otras experiencias autogestionarias en el campo de la sanidad, la educación, la seguridad social, la vivienda, la energía y el derecho, por poner solo algunos ejemplos. Lo cierto es que sin esa especie de rearme de la sociedad civil, la lucha social urbana y la defensa del territorio no podrán evitar la integración.

Desde luego, a fin de no recurrir al dinero, la extensión de una economía paralela no capitalista requiere instrumentos como monedas sociales, equipamientos eficientes, asesorías jurídicas y ayudas financieras, cuyo empleo incurre forzosamente en contradicciones, pues no olvidemos que estamos dentro de un régimen tecnocapitalista, como quien dice, en el vientre de la ballena. Encuentro además discutible la busca de subvenciones o el recurso a las inversiones que defiende el libro, aunque trate de justificarlo con el argumento de usarlas contra el Estado, algo así como si se fuera tras una expropiación suave y ligera de fondos. Y también cosas que el libro no menciona como los socios benefactores, la autogestión a tiempo parcial o los liberados. Son prácticas que recuerdan algo el discurso en torno a Marinaleda, y, exagerando un poco, el irónico relato de Pessoa, “El Banquero Anarquista”. Y sobre todo nos trae a colación la autodenominada “Economía Social”, en otras palabras, la autogestión de la miseria, el modo menos violento de administrar la exclusión en beneficio del mercado que la produce. El autor se ve obligado a marcar la línea roja que separa la Acción Económica de aquella, “la rama del capitalismo cuya actividad lucrativa es la crítica al capitalismo y la mercantilización de supuestas alternativas”, y a denunciar como aberrante la terminología seudosolidaria de “precio justo”, “finanzas éticas” “desarrollo sostenible” o “responsabilidad social de las empresas.” Sin embargo, no logra sustraerse a un círculo vicioso: la “desmercantilización” de cualquier actividad sin abolir integralmente el mercado resulta imposible, así como la autogestión generalizada sin salirse de la economía o la autonomía plena sin suprimir el Estado. A mi modo de ver, y supongo que al modo de ver del autor, la única manera de romper el círculo es dejando claro dos cosas: primera, que la actividad autogestionaria y feminista es un medio y no un fin en sí misma. Segunda, que no es más que la vertiente positiva de la lucha social anti-industrial.

El libro, redactado con el espíritu mitad de un pionero de La Cecilia y mitad de un expropiador tipo Marius Jacob, no tiene final. La lista de ejemplos de sabotaje de la economía es larga y abierta. En lo relativo a los métodos ilegales -por ejemplo, la falsificación de documentos o la clonación de tarjetas- conviene más practicarlos silenciosamente en la clandestinidad que alardear de ellos en manuales. A buen entendedor... No busquemos tampoco una valoración suficientemente crítica de los experimentos autogestionarios reales, quizás porque no sea ese el objetivo del libro, que ante todo quería demostrar que, sin la experiencia previa de la autogestión “a fuego lento”, la subversión negadora rodará incesantemente en la oscuridad y se consumirá en su propio fuego. Hoy en día, plantar una tomatera, según cómo, puede ser un acto tan radical como el ir a la huelga o defenderse de la policía, y un humilde potaje de garbanzos, con los ingredientes sociales adecuados, puede convertirse “en un atentado cotidiano contra toda autoridad.”

Por Miguel Amorós

16 abr 2021 13:55

Publicado enPolítica
Sábado, 20 Marzo 2021 05:49

Francisco calificado de “hipócrita”

Francisco calificado de “hipócrita”

Una reconocida publicación vinculada a la Iglesia Católica de Estados Unidos se pronunció editorialmente en contra la decisión vaticana de no bendecir las uniones homosexuales y advirtió que el papa Francisco, elogiado por sus iniciativas en otros temas, corre el riesgo de convertirse en un “hipócrita” al avalar esta resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

El National Catholic Reporter (NCR), una publicación de los Estados Unidos que refleja la posición de los sectores católicos más progresistas de ese país, hizo una dura crítica en su editorial señalando que “el decreto del Vaticano sobre las uniones homosexuales corre el riesgo de convertir a Francisco en un hipócrita” 

El texto comienza señalando que “hay muchas palabras y frases elogiosas que podríamos usar para describir al Papa Francisco que el mundo ha llegado a conocer en estos últimos ocho años. Genuino. Pastoral. Mente abierta. Preocupado por los pobres, la humanidad, el medio ambiente. Amigo de los marginados”. Sin embargo, se señala, “la decisión del Papa de aprobar el decreto del 15 de marzo de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano que ordena a los sacerdotes católicos que no ofrezcan bendiciones a parejas del mismo sexo recuerda una palabra que es mucho más amarga en la garganta. Hipócrita”.

Días atrás la Congregación para la Doctrina de la Fe, el máximo organismo vaticano en asuntos doctrinales, respondió negativamente a una consulta que le fue realizada acerca de algunas iniciativas que “proponen caminos de crecimiento en la fe, con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida”. 

La determinación, que tuvo la aprobación del Papa, reconoce que las uniones homosexuales pueden tener "elementos positivos", pero que "no están ordenadas al plan del Creador" y, en consecuencia, la Iglesia "no bendice ni puede bendecir el pecado".

En su editorial NCR se pregunta si Francisco, que respaldó esta decisión, es “el mismo hombre que, cuando se le preguntó en 2013 sobre un sacerdote gay en el servicio del Vaticano, respondió : ‘Si una persona es gay y está buscando al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?’”.

NCR sigue cuestionando a Francisco cuando duda si se trata del mismo hombre “que se ha reunido con parejas LGBT a lo largo de su papado, incluso durante su visita a Estados Unidos en 2015 “ y “¿El mismo que le dijo al sobreviviente de abuso chileno Juan Carlos Cruz en 2018 que ‘no importa que seas gay’ y ‘Dios te hizo así y te ama como eres’?”. Para concluir con la pregunta acerca de si es el mismo Papa “que intervino personalmente por una pareja gay italiana para asegurarse de que sus tres hijos pudieran ser criados como católicos”.

El editorialista reconoce que las mencionadas actitudes de Jorge Bergoglio no modificaron la doctrina de la Iglesia Católica porque para que ello ocurra se necesita una revisión acerca de la doctrina de la sexualidad que se inició en el concilio Vaticano II (1962-1965) pero que aún permanece inconclusa y también una reconsideración del papel que la Congregación para la Doctrina de Fe tiene que jugar en estos temas.

No obstante lo cual, sigue afirmando NCR en su editorial, “llegamos al punto del absurdo, y la hipocresía, cuando un Papa dice que quiere dar la bienvenida a las personas LGBT a la iglesia, pero luego simplemente no puede tolerar que quieran tener relaciones amorosas, al igual que el resto de la humanidad”.

En otro pasaje del texto se señala que “seguramente, mientras el mundo se tambalea para salir de la mayor crisis de salud y económica en un siglo, hay asuntos más urgentes en los que el Vaticano debe enfocarse en lugar de considerar cómo Dios ve o no las uniones homosexuales”. Sin embargo, sigue diciendo el NCR, “para las parejas católicas LGBT y sus familias, el momento es especialmente desafortunado”. Porque el Papa que se propone "construir puentes y no muros" con su determinación ahora él mismo “ha erigido otra barrera”.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La izq diario

Publicado enInternacional
Jueves, 11 Marzo 2021 05:38

Lula de vuelta al ruedo

Lula de vuelta al ruedo

Por primera vez desde su prisión, en abril de 2016, Lula da Silva hizo un largo pronunciamiento, casi hora y media, mostrando estar en plena forma: abordó un largo abanico de temas y aspectos de la tragedia vivida en Brasil, con énfasis en algunas iniciativas del ultraderechista presidente Jair Bolsonaro y, en especial, relacionadas a la pandemia que diezmó a al menos 270 mil vidas y sigue en ascenso, ahora con la media de dos mil muertes diarias.

Al mismo tiempo, recordó logros de sus dos mandatos presidenciales y, en una clara muestra de que al recuperar sus derechos políticos también recuperó su espacio de lucha, lanzó señales sobre cómo serán sus pasos a partir de ahora. No se declaró candidato en 2022, pero actuó como si lo fuera.

Las duras críticas de Lula sobre la conducta errática, irresponsable y genocida de Bolsonaro tuvieron efecto inmediato: horas después y luego de 36 eventos oficiales en los que hizo alarde de no usar mascarilla, el mandatario apareció utilizando el protector. Y más: elogió las vacunas, pese a haber retardado de manera absurda su adquisición.

El discurso de Lula giró alrededor de cuatro ejes principales: la economía destrozada, el desempleo, la pandemia y la hartísima distribución de armas llevada a cabo por Bolsonaro.

“El pueblo no quiere armas, quiere empleo”, “el pueblo no quiere armas, quiere vacunas” fueron frases esparcidas lo largo del pronunciamiento de Lula, y también tuvieron inmediato efecto sobre el clan presidencial. Horas más tarde, el senador Flavio, primogénito de Bolsonaro, envió un mensaje a sus seguidores a través de las redes sociales: “Nuestra arma es la vacuna”. Hasta hace menos de 24 horas él, a ejemplo del papá presidente, despreciaba la inmunización.

Si el duro discurso de Lula, bien como su disposición de ir rápido al frente de batalla, creó semejante desconcierto en el clan presidencial, a punto de provocar un vuelco radical e inesperado, en el medio político se abren incógnitas sobre cómo reaccionarán la derecha y el centro-derecha. Ya la izquierda y el centro-izquierda empiezan a moverse rumbo a un frente amplio que, por lo que se entendió de las palabras de Lula, buscará cooptar sectores empresariales y también conservadores, a no confundir con reaccionarios, dispuestos al diálogo.

Además de partidos de derecha, otro sector que reaccionó mal a la vuelta al ruedo de Lula fue el de las Fuerzas Armadas. Varios altos mandos, algunos en el ápice de la carrera, aceptaron hablar con periodistas bajo la condición de anonimato, una manera de mandar un duro alerta al ex mandatario. Pese a que Lula les recordó que, bajo sus dos mandatos, las Fuerzas Armadas fueron ampliamente favorecidas, una vez más quedó patente que los uniformados activos –de los retirados mejor ni hablar– alimentan un odio visceral al PT. Es a raíz de lo que hizo la entonces presidente Dilma Rousseff,  instaurar la Comisión de la Verdad, que es considerado entre los castrenses una “medida puramente revanchista”.

Al menos en este primer momento, y hay indicios de que tanto Lula como los más altos dirigentes del PT lo preveían, se estableció una polarización entre Bolsonaro y el ex mandatario.

El discurso incisivo de Lula tuvo como respuesta del actual mandatario una serie de vaguedades de difícil comprensión. Si uno fue puntual y objetivo en sus denuncias, el otro pareció un barco a la deriva en sus respuestas para defenderse.

Todo eso ocurre en medio de la escalada trágica de la pandemia. Para la nochecita se supo que en las 24 horas anteriores el número de víctimas fatales pasó de dos mil. Considerándose el gran volumen de sub-notificaciones, algunos especialistas dicen que en verdad pueden haber sido más del triple.

Hay un colapso generalizado en hospitales de casi todo el país y el general en actividad al frente del ministerio de Salud gira sin rumbo, como si fuese un borracho en medio de una balacera.

Y también por la nochecita surgieron rumores relacionados a qué estarían tramando los altos mandos de las Fuerzas Armadas, en especial del Ejército, frente al cada vez más palpable desgaste de su imagen en la opinión pública, gracias a su identificación con un gobierno genocida.

El rumor más intenso indica la disposición castrense para, de seguir el desgobierno del ultraderechista, patrocinar una especie de catapulta para extirparlo y ascender a su sillón al vice-presidente, el muy reaccionario general retirado Hamilton Mourão. Quien, por su vez, establecería un “gobierno de notables”, en substitución al amontonado de nulidades y patéticas y aberrantes figuras actuales, del cual saltaría una figura para, en 2022, disputar la presidencia con Lula.

Nada indica que eso venga a ocurrir a corto o mediano plazo. Pero todo indica el efecto explosivo de la vuelta de Lula al ruedo.


Lula el conciliador está de vuelta

Después de tres años de prohibición, cinco si contamos desde que se le impidió asumir como ministro de Dilma, Lula está de regreso. Su discurso de este miércoles en el Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos de São Bernardo marca una nueva etapa en la vida política nacional.

Thiago Flamé

La Izquierda Diario

En los últimos cinco años, la frágil democracia brasileña ha sido pisoteada por los agentes del capital financiero, por altos mandos militares, por los políticos del “centrão” que han pasado de lulistas a estafadores para garantizar el flujo de bolsas de dinero en tiempos del Lava Jato. Impusieron un techo al gasto estatal, la reforma laboral, la reforma previsional y ahora continúan con el PEC de Emergencia, un ajuste fenomenal al gasto público. El clan Bolsonaro, se ríe en la cara de la gente, que tiene a la pandemia, el desempleo y el hambre llamando a la puerta.

Este paraíso para especuladores, grandes empresarios y militares, sin embargo, está sobre una olla a presión que aún no estalla, pero que acumula cada vez más energía y calor. El levantamiento popular en Paraguay incluso muestra que la olla puede explotar cuando menos se lo esperen. Los golpistas más lúcidos, que no han sido completamente cegados por su propio discurso triunfalista, comienzan a temer las consecuencias del cinismo y la soberbia bolsonarista. Temen que cuando se rompa la cuerda, no solo afecte a Bolsonaro, sino que se lleve consigo a todos sus cómplices directos e indirectos en los últimos cinco años. Campeón de anticipar los procesos de explosión social, sectores de la clase dominante brasileña comienzan a levantar su muro de contención: Lula.

Porque Lula nunca fue radical ni socialista. En cada momento decisivo, jugó un papel crucial en nombre de la paz social y en defensa del orden capitalista. Durante las grandes huelgas del ABC paulista de fines de los ’70, donde se proyectaba como líder nacional, Lula fue clave para evitar que el proceso se convirtiera en una lucha abierta por el derrocamiento de la dictadura, evitando que fueran el polo aglutinador de una huelga general que echara a los militares del poder. En los noventa, incluso en oposición al gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Lula contribuyó decisivamente a poner fin a la huelga de los trabajadores petroleros que conmocionaba al país. Cuando ni los tanques del ejército que el gobierno envió a la puerta de las refinerías doblegaban a los petroleros, Lula el conciliador entró en escena para calmar los ánimos.

El mayor servicio de Lula, sin embargo, fue la propia elección de 2002, cuando fue fundamental para una salida pacífica de la crisis del neoliberalismo de los noventa, sin grandes estallidos de lucha de clases como sucedió en Argentina, Bolivia y otros países de la región. La crisis económica ha golpeado duramente a Brasil desde 1999, el gobierno de FHC se ha vuelto cada vez más impopular y ha estado plagado de varios escándalos de corrupción. Lula garantizó la confianza empresarial poniendo al industrial José Alencar como vice, selló un compromiso con el mercado financiero de que respetaría los aspectos fundamentales del Plan Real y eliminó el miedo a una rebelión masiva contra el neoliberalismo.

Apoyándose en el boom de las materias primas, pudo hacer un gobierno de conciliación, del que se jacta de que los bancos nunca ganaron tanto. Bajo el liderazgo del PT, los socialistas se reunieron en Vila Daslu con líderes populares para intercambiar experiencias. Collor de Mello, José Sarney y Paulo Maluf se convirtieron en partidarios de la “gobernabilidad”. Los militares tuvieron su lugar garantizado con la ocupación de Haití y la organización de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Y no faltó la represión para el movimiento obrero que se atrevió a romper los límites y rebelarse, como a los trabajadores de las obras del PAC, quienes sufrieron la intervención de la Fuerza Nacional creada por Lula.

Ahora Lula está de regreso, una vez más, proponiendo un camino de conciliación. Se acerca a los políticos del centrão y abre un camino de retirada para los generales. Asegura al mercado financiero de diferentes maneras que no retrocederá en las medidas económicas que impusieron desde el golpe institucional de 2016, las contrarreformas y las privatizaciones, como tampoco deshizo en su momento las privatizaciones de FHC. Los redactores de los principales periódicos redescubren que Lula puede ser la mejor alternativa para la recomposición del centro bajo sus alas. Al mismo tiempo, recibió el apoyo de Arthur Lira y Guilherme Boulos.

Luchamos en todo momento contra el golpe que llevó a Lula a perder sus derechos políticos, porque también apuntaba contra la clase trabajadora. Ahora, señalamos que la rehabilitación de Lula es la mejor apuesta de la clase dominante para una retirada ordenada, que mantenga los ataques que lograron imponer en los últimos años, sin provocar una gran revuelta de masas. Pero el discurso conciliador de Lula no resolverá ninguno de los problemas que afectan a la clase obrera y al pueblo brasileño, no cancelará reformas y privatizaciones. Solo la clase obrera y la lucha popular pueden revertir los enormes ataques de los últimos años. Lula perdonó a los golpistas, la gente no perdonará.

Publicado enInternacional
“La creencia en el libre albedrío es más peligrosa hoy que nunca antes”

Yuval Noah Harari, historiador y filósofo israelí

El académico analiza el mundo de la pospandemia a partir del auge de la vigilancia y el incremento del control. Además, los cambios tecnológicos, su influencia en los sistemas políticos y la inteligencia artificial.

 

Yuval Noah Harari es uno de los intelectuales más influyentes de la actualidad. Lo consultan y convocan de todo el mundo, desde el presidente de Francia, Emmanuel Macron, al empresario Bill Gates y la canciller alemana, Ángela Merkel. Dice que uno de sus principales objetivos es “hacer llegar información científica precisa al mayor número de personas posible”. En esta coyuntura, “si no se hace un esfuerzo por llevar la ciencia al público en general, se deja el terreno libre para todo tipo de ridículas teorías conspirativas”, apunta. En este sentido, y frente a este peligro, sostiene que “el trabajo de los intelectuales públicos es tomar las últimas teorías científicas y encontrar una manera de traducirlas en una historia accesible, sin abandonar el compromiso con los hechos fundamentales”.

Sus obras Sapiens: De animales a dioses; Homo Deus: Breve historia del mañana; 21 lecciones para el siglo XXI; y Sapiens. Una historia gráfica, entre otras, revisan los orígenes del mundo y marcan escenarios de futuros posibles. Esto último, atravesado por uno de sus intereses y focos centrales: la ética del desarrollo científico y tecnológico en el siglo XXI.

En diálogo con Página/12 y a más de un año del comienzo de la pandemia de la covid-19, Harari repasa los distintos aspectos de la crisis que desató el virus y sus corolarios.

--¿Cuál es su análisis sobre los tiempos que corren y qué ideas disparó en usted la situación de pandemia en el mundo?

--La primera lección de la pandemia es que debemos invertir más en nuestros sistemas de salud pública. En este momento, esto debería ser obvio para todos. Aunque todos los seres humanos son huéspedes potenciales del virus, éste no es democrático en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, supone un mayor riesgo para algunas personas. En segundo lugar, sus impactos económicos no se sentirán por igual en todas las partes del mundo. Deberían preocuparnos especialmente los efectos económicos de esta pandemia en los países en desarrollo. Creo que, aunque el virus en sí no sea democrático, podemos esforzarnos por mantener los principios democráticos en nuestra respuesta al virus. En otro nivel, esta crisis ha demostrado el grave peligro que supone la desunión mundial. Se han perdido muchas vidas debido a la incapacidad de los líderes mundiales para trabajar juntos. Ya ha transcurrido un año desde el comienzo de la crisis y, lamentablemente, todavía no tenemos un plan de acción mundial. Es evidente que esta crisis ha puesto de manifiesto lo fracturado que está el sistema internacional y ha revelado lo peligrosa que es esta situación. De alguna manera, es casi como si la naturaleza estuviera poniendo a prueba nuestro sistema de respuesta global para ver cómo podríamos manejar algo mucho peor en el futuro. Desafortunadamente, la forma en que hemos manejado la pandemia no inspira mucha confianza en que podamos manejar algo más complejo como el cambio climático o el aumento de la inteligencia artificial. Espero que esta pandemia sirva como una llamada de atención para la humanidad.

--En relación con un plan de acción mundial, usted dice que “tenemos el conocimiento científico para solucionar esta crisis, pero no la sabiduría política para hacerlo”. ¿A qué se refiere con “sabiduría política”?

--Todos los grandes logros de la humanidad, desde la construcción de las pirámides hasta el vuelo a la Luna, no fueron el resultado de un genio individual, sino de la cooperación entre incontables extraños. Demostrar sabiduría política significaría actuar de manera que se maximice este poder de cooperación para el beneficio de todos. Sabemos que la humanidad es capaz de este tipo de colaboración. Basta con mirar la investigación científica. Ahora, siempre que hablamos de cooperación global, algunas personas se oponen inmediatamente. Dicen que hay una contradicción inherente entre el nacionalismo y el globalismo, y que debemos elegir la lealtad nacional y por lo tanto rechazar la cooperación global. Esto es un error. No hay ninguna contradicción entre nacionalismo y globalismo. El nacionalismo se trata de cuidar a tus compatriotas; no de odiar a los extranjeros. Una pandemia es exactamente una situación así. Si todos los países cooperaran existe la posibilidad de que la covid-19 sea la última gran pandemia de la historia.

--Señala la crisis del nacionalismo mientras otras voces subrayan su auge.

--Si bien es común hablar del resurgimiento del nacionalismo, lo que estamos viendo en todo el mundo es el colapso de la solidaridad nacional y su sustitución por un tribalismo divisorio. El nacionalismo no se trata de odiar a los extranjeros. El nacionalismo se trata de amar a tus compatriotas. Y actualmente, hay una escasez global de tal amor. En países como Irak, Siria y Yemen, los odios internos han llevado a la completa desintegración del Estado y a guerras civiles asesinas. En países como Estados Unidos, el debilitamiento de la solidaridad nacional ha llevado a crecientes fisuras en la sociedad. Las animosidades dentro de la sociedad estadounidense han alcanzado tal nivel que muchos estadounidenses odian y temen a sus conciudadanos mucho más de lo que odian y temen a los rusos o a los chinos. Hace 50 años, tanto los demócratas como los republicanos temían que los rusos llegaran a imponer un régimen totalitario en la "tierra de la libertad". Ahora, tanto demócratas como republicanos están aterrorizados de que el otro partido esté empeñado en destruir su forma de vida. En esta crisis de nacionalismo, muchos líderes que se presentan como patriotas son de hecho todo lo contrario. En lugar de fortalecer la unidad nacional, amplían intencionadamente las divisiones dentro de la sociedad utilizando un lenguaje incendiario y políticas divisorias, y describiendo a cualquiera que se oponga a ellos no como un rival legítimo sino más bien como un traidor peligroso. Donald Trump y Jair Bolsonaro son los principales ejemplos.

--Sus escritos advierten sobre el incremento de la vigilancia y el control a partir de la pandemia. ¿Podría explicar el punto?

--Algunos comentaristas han sostenido que la forma relativamente eficiente en que China enfrentó la pandemia es una prueba de que los sistemas autoritarios son más adecuados para hacer frente a crisis como ésta. Pero esto no es necesariamente cierto. También vemos cómo países más descentralizados como Nueva Zelanda y Corea del Sur lo han hecho bastante bien sin abandonar sus valores democráticos y sin sacrificar las libertades y los derechos humanos de sus ciudadanos. También hay países autoritarios como Irán que han demostrado su incompetencia. No necesitamos aceptar el principio de que los estados autoritarios centralizados están necesariamente mejor equipados para sobrevivir a este tipo de choques. Tal vez el peligro real sea el tema de la vigilancia, y cómo ciertos tipos de vigilancia “bajo la piel” pueden ser intensificados o normalizados por la pandemia. Si usás un brazalete biométrico que monitorea lo que sucede bajo la piel, el gobierno también puede saber lo que estás sintiendo, por ejemplo, mientras leés esto mismo que estoy diciendo ahora. La vigilancia bajo la piel puede crear el mejor sistema de salud de la historia, un sistema que sabe que estás enfermo incluso antes de que te des cuenta. Pero también puede crear el régimen más totalitario que jamás haya existido --un régimen que sabe lo que estás pensando y del que no podés esconderte--.

--En algunos círculos existe una suerte de deslumbramiento por la inteligencia artificial, que usted dice puede ser “una tecnología de dominación”. ¿De qué manera cree que la tecnología puede interactuar o influir en los sistemas políticos?

--Como historiador, me inclino a mirar cómo las eras anteriores de cambio tecnológico influyeron en los sistemas políticos. En el siglo XIX, vemos cómo unos pocos países como Gran Bretaña y Japón se industrializaron primero, y luego pasaron a conquistar y explotar la mayor parte del mundo. Si no tenemos cuidado, lo mismo ocurrirá con la Inteligencia Artificial (IA) y la automatización. No necesitamos imaginar un escenario Terminator de ciencia ficción de robots rebelándose contra los humanos. Hablo de una inteligencia artificial mucho más primitiva, que sin embargo es suficiente para alterar el equilibrio global. Consideremos cómo podría ser la política en Argentina dentro de 20 años, cuando alguien en San Francisco o Beijing conozca toda la historia médica y personal de cada político, periodista o juez de su país, incluyendo sus escapadas sexuales, tratos corruptos o debilidades mentales. ¿Seguirá siendo un país democrático independiente? ¿O sería una colonia de datos?

--La discusión sobre la función y la finalidad que se da a la tecnología...

--Pero quiero subrayar que éstas son sólo posibilidades, no certezas. No debemos ser víctimas del determinismo tecnológico. Todavía es posible evitar que esto suceda y podemos asegurarnos de que la inteligencia artificial sirva a todos los humanos, en lugar de a una pequeña élite. Por ejemplo, en lo que hace a cuestiones de vigilancia, en la actualidad los ingenieros están desarrollando herramientas de IA al servicio de los gobiernos y las empresas, para vigilar a los ciudadanos. Pero podemos desarrollar herramientas de IA que monitoreen a los gobiernos y las corporaciones al servicio de los ciudadanos. Técnicamente, es muy fácil desarrollar una herramienta de IA que exponga la corrupción. Para un ciudadano individual, es imposible revisar todos los datos y descubrir qué políticos nombraron a sus familiares para trabajos lucrativos en el gobierno. Para una IA, eso tomaría dos segundos. Esto es algo que los ciudadanos pueden y deben exigir.

--En relación con esto último, sus trabajos insisten en que “la gente más fácil de manipular es la que cree en el libre albedrío”. ¿Qué es el libre albedrío y por qué sostiene que la sensación de libre albedrío tiende trampas?

--La gente toma decisiones todo el tiempo. Pero la mayoría de estas decisiones no se toman libremente. Son moldeadas por varias fuerzas biológicas, culturales y políticas. La creencia en el “libre albedrío” es peligrosa porque cultiva la ignorancia sobre nosotros mismos. Nos ciega a lo sugestionable que somos y a las cosas de las que ni siquiera somos conscientes para dar forma a nuestras decisiones. Cuando elegimos algo --un producto, una carrera, un cónyuge, un político-- nos decimos a nosotros mismos: “elegí esto por mi libre albedrío”. Si este es el caso, entonces no hay nada más que investigar. No hay razón para ser curioso o escéptico acerca de lo que pasa dentro de mí, y acerca de las fuerzas que dieron forma a mi elección. Esto es particularmente peligroso hoy en día, porque las corporaciones y los gobiernos están adquiriendo tecnologías nuevas y poderosas para dar forma y manipular nuestras elecciones. En consecuencia, la creencia en el libre albedrío es más peligrosa hoy que nunca antes. La gente no debería creer sólo en el libre albedrío. Debería explorarse a sí misma y entender qué es lo que realmente da forma a sus deseos y decisiones. Es la única manera de asegurarnos de no convertirnos en marionetas de un dictador o de una computadora superinteligente. Si los gobiernos o las corporaciones llegan a conocernos mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos, entonces pueden vendernos lo que quieran, ya sea un producto o un político.

--Frente a estos riesgos, ¿qué sistema global debería establecerse para impedir las consecuencias negativas de esto?

--El desarrollo de una tecnología más ética requerirá cambios institucionales e infraestructurales. Pero hay algunos pequeños ajustes que podemos hacer para empezar. Por ejemplo, un médico no puede empezar a ejercer sin tener algún tipo de educación ética; todos estamos de acuerdo. Sin embargo, no esperamos que los programadores de computadoras tomen cursos de ética a pesar de que tienen una tremenda influencia sobre las vidas humanas. Estas son las personas que están escribiendo los códigos con los que funcionan nuestras sociedades. Muchas de las preguntas que los filósofos han debatido durante miles de años han migrado ahora al departamento de informática. Tenemos que asegurarnos de que los programadores que diseñan los algoritmos que impulsan los vehículos autónomos han aprendido a pensar éticamente. A mayor escala, hay algunos principios más generales para la tecnología ética.

--¿Por ejemplo?

--Primero, no permitir que demasiados datos se concentren en un solo lugar. Muchos países verán la necesidad de centralizar los datos epidemiológicos después de esta pandemia. Esta sería una herramienta maravillosa, pero sería mejor establecer una autoridad de salud independiente que recoja y analice estos datos y los mantenga alejados de la policía o de las grandes corporaciones. Sí, eso es ineficiente, pero la ineficiencia es una característica, no un error. Si el sistema es demasiado eficiente, puede convertirse fácilmente en una dictadura digital. En segundo lugar, los datos personales de las personas siempre deben ser utilizados para ayudarlas en lugar de dañarlas o manipularlas. Este principio se aplica, por ejemplo, a los médicos. Compartir datos para encontrar una cura para la covid-19 es bueno, pero no lo es compartir datos para ayudar a una corporación a evitar el pago de sus impuestos o ayudar a un régimen autoritario a reprimir a los disidentes. En tercer lugar, siempre que se aumenta la vigilancia de los ciudadanos individuales, se debe aumentar simultáneamente la vigilancia de los gobiernos y las grandes corporaciones. Si la vigilancia sólo va de arriba a abajo, esto lleva a la dictadura digital. La vigilancia siempre debe ir en ambos sentidos.

--Nadie desconoce la posición de Trump frente a la pandemia. Sin embargo, y aunque haya perdido la elección presidencial, recibió un caudal de votos importante. En Brasil sucede algo similar en términos de apoyo a Bolsonaro. ¿Qué análisis hace al respecto?

--Trump y Bolsonaro han pasado los últimos años socavando la confianza del público en la ciencia, los organismos gubernamentales y los medios de comunicación. Como era de esperar, esos países están luchando ahora para que la gente escuche las directrices científicas y tome las precauciones básicas de seguridad. No es demasiado tarde para reconstruir la confianza, pero esto requerirá invertir en instituciones y en educación. En última instancia, sin embargo, este enfoque es mejor para todos. Una población bien informada puede afrontar la crisis mejor que una población ignorante y vigilada. Los países con líderes como Trump y Bolsonaro han experimentado mucho sufrimiento innecesario. Y estos líderes deben ser considerados responsables. Cuando la Peste Negra se extendió en el siglo XIV, la humanidad simplemente carecía de los conocimientos necesarios para superar la plaga, por lo que difícilmente se podía culpar a los reyes medievales de la catástrofe. Pero hoy en día tenemos todo el conocimiento científico necesario para contener y derrotar a la pandemia. Si a pesar de todo no lo hacemos, la culpa es de políticos incompetentes.

Publicado enSociedad
Jueves, 11 Febrero 2021 06:03

Qué hace Julian Assange aún en prisión

Qué hace Julian Assange aún en prisión

EE UU agota los plazos para presentar los argumentos de apelación ante la justicia británica, más de un mes después de que una juez rechazase la extradición del fundador de Wikileaks

 

La batalla legal por la libertad del fundador de Wikileaks, el australiano Julian Assange, de 49 años, no hizo más que comenzar el pasado 4 de enero en el tribunal londinense de Old Bailey. El rechazo de la petición de extradición cursada por Estados Unidos —justificada en sus problemas de salud y riesgo de suicidio— asomó al exhacker a las puertas de la prisión de alta seguridad de Belmarsh, en el sureste de la capital británica. Pero la juez Vanessa Baraitser le negó la libertad bajo fianza con el propósito de garantizar que el Gobierno estadounidense —entonces de Donald Trump— pudiera presentar una apelación para poder llevarse algún día al reo a su territorio, donde está acusado de 17 delitos de espionaje y uno de intrusión informática. Más de un mes después, los abogados norteamericanos agotan los plazos para argumentar su recurso ante la justicia británica, mientras se multiplican las voces que piden al flamante inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, que dé marcha atrás. La Administración demócrata ha manifestado que seguirá tratando de que el Reino Unido extradite al detenido.

Entre estas voces que hacen campaña por la liberación de Assange están las de más de una veintena de organizaciones que este lunes escribieron una carta al Departamento de Justicia de EE UU pidiendo la retirada de los cargos. “La acusación contra Assange”, decía la misiva, “amenaza la libertad de prensa porque gran parte de la conducta descrita en la acusación es una conducta que los periodistas realizan habitualmente”. Entre los firmantes estaban Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Reporteros Sin Fronteras… Pero el destinatario era un cargo en funciones, el fiscal general Monty Wilkinson. El Senado de EE UU tiene aún que confirmar al elegido por Biden para el puesto, el juez Merrick B. Garland.

Y el tiempo corre. Como en toda petición de extradición presentada en el Reino Unido, el Crown Prosecution Service (CPS, Servicio de Fiscalía de la Corona) actúa como una suerte de abogado en nombre del Estado demandante, en este caso EE UU —de igual modo lo hizo con la petición de extradición de Suecia por el caso de supuestos abusos sexuales cometidos por Assange, a la postre archivado—. En contacto con EL PAÍS, el CPS ha confirmado que se presentó la petición de apelación en el Tribunal Superior británico el pasado 15 de enero.

Ese es el primer paso: notifican que apelan la no extradición. A partir de ahí, los abogados de la acusación han tenido un mes para fundamentar el recurso. Se prevé que a finales de esta semana, EE UU presente los argumentos. Si el juez del tribunal los admite, el recurso de apelación pasaría a ser juzgado por un panel de varios jueces en una sesión sin fecha a la vista. Se dilataría la estancia de Assange entre rejas, donde lleva más de 22 meses, desde que Scotland Yard le detuviera en la Embajada de Ecuador en Londres, en abril de 2019, tras siete años refugiado.

Si finalmente el tribunal diera su visto bueno a la extradición, Assange podría recurrir ante el Supremo británico o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Como esa veintena de organizaciones civiles y de derechos humanos que escribieron este lunes al fiscal norteamericano Wilkinson, abogados, escritores, ensayistas y periodistas han instado de igual modo a que Biden retire los cargos contra el australiano. EE UU apeló unos días antes de que Trump cediera el testigo, aunque no físicamente, al líder demócrata. Fue durante la Administración del magnate neoyorquino, con Jeff Sessions en la Fiscalía, cuando se formalizó, en 2018, la acusación contra el editor australiano. Y eso que las grandes filtraciones que publicó Wikileaks —entre ellas, la difusión de decenas de miles de cables diplomáticos, en la que participó EL PAÍS— llegaron a la Red durante el mandato de Barack Obama. Pero con el demócrata en el poder, pese a que había una investigación abierta contra Assange, nunca se llegaron a presentar cargos. Cundió el temor a sentar un mal precedente que afectara al libre ejercicio del periodismo.

Y es de este hilo del que tiran los defensores de Assange, con su pareja, la abogada de origen sudafricano Stella Moris, a la cabeza. Biden, vicepresidente con Obama y que en 2010 llamó a Assange “terrorista de alta tecnología”, no se ha pronunciado al respecto —la apelación se puede retirar en cualquier momento del proceso—. Pero sí lo hizo este martes un portavoz del Departamento de Justicia, Marc Raimondi, que aseguró que Washington seguiría “buscando su extradición”.

El equipo de abogados del antiguo hacker, liderado por la australiana Jennifer Robinson, del despacho londinense Doughty Street Chambers, prefiere mantener la prudencia y no hacer comentarios sobre el estado del proceso contra Assange o las condiciones en las que él se encuentra —Moris ha denunciado en la Red que el australiano pasa frío porque el penal no le ha entregado la ropa de invierno que le enviaron—. Desde que la juez Baraitser rechazase la extradición de Assange, la defensa ha estado a expensas de que la acusación moviese ficha para así preparar los argumentos contra una posible apelación.

Paradójicamente, el proceso contra Assange, vinculado a la transparencia y el derecho a la información, ha sido tremendamente opaco. Así lo reconoce en conversación telefónica Rebecca Vincent, directora de campañas internacionales de Reporteros Sin Fronteras (RSF), una de las personas que con más empeño ha tratado de monitorear la causa. Si la apelación y la extradición prosperan hay dos cosas en juego, señala Vincent: la salud de Assange y el “futuro” del periodismo. “Ningún periodista podría estar seguro de que no le van a procesar por publicar informaciones como las que publicó Wikileaks”, afirma la portavoz de RSF.

Para lo que pueda venir, Stella Moris, con la que el editor australiano tiene dos hijos, ha abierto una petición de fondos en la Red que atiendan su defensa. Lleva más de 62.000 euros recaudados.

Por Óscar Gutiérrez

Madrid - 11 feb 2021 - 03:04

Publicado enInternacional
Domingo, 24 Enero 2021 05:53

"Somos más débiles que los algoritmos"

"Somos más débiles que los algoritmos"

Entrevista a Cédric Durand, autor de "Tecno-Feudalismo, crítica de la economía digital"

Vivimos en un feudalismo propio a los tiempos modernos, muy alejado de la libertad y la equidad prometida por las nuevas tecnologías, postula este economista, profesor de La Sorbona.

 

Todos las esperaban y las anticipaban como un Mesías restaurador y al final apareció un monstruo. En realidad, vivimos en un feudalismo propio a los tiempos modernos, muy alejado de la libertad y la equidad prometida por las nuevas tecnologías. Bajo el manto de una retórica de progreso e innovación se esconde el más puro y antiguo látigo de la dominación. Las nuevas tecnologías son todo lo contrario de lo que prometen. Esa es la tesis de un brillante ensayo publicado por el investigador Cédric Durand: "Tecno-Feudalismo, crítica de la economía digital" (Technoféodalisme: Critique de l'économie numérique). Durand demuestra cómo, en contra de lo que circula en los medios, con las nuevas tecnologías, en vez de civilizarse, el capitalismo se renovó hacia atrás. Se instaló en el medioevo con los útiles de la modernidad. No dio ni nos hizo dar un salto hacia el futuro, sino que se replegó hacia atrás y, con ello, resucitó las formas más crueles de la dominación y el sometimiento. El mito de la Silicon Valey se derrite ante nosotros: acumulación escandalosa de ganancias, tecno dictadores, desigualdades sociales indecorosas, desempleo crónico, millones de pobres suplementarios y un puñado de tecno oligarcas que han acumulado fortunas jamás igualadas. La tan cantada “nueva economía” dio lugar una economía de la dominación y la desigualdad. La tesis del libro de Cédric Duran es un viaje al revés, una desconstrucción de los mitos tecnológicos: la digitalización del mundo no ha conducido al progreso humano sino a una gigantesca regresión en todos los ámbitos: restauración de los monopolios, dependencia, manipulación política, privilegios y una tarea de depredación global son la identidad verdadera de la nueva economía.

Economista, profesor en La Sorbona,  Durand es un especialista de la organización de la economía mundial y de la dinámica del capitalismo: empresas multinacionales, deslocalizaciones, globalización, cadenas mundiales de producción. Con este ensayo su análisis irrumpe en el terreno de un mito tecnológico que nos consume y adiestra cada día . Como lo demuestra en esta entrevista realizada en París, al mito de la nueva economía le quedan pocas alas para seguir volando. Su verdadero rostro está aquí.

---Envuelta en mitos, manipulaciones, egoísmos y sueños de progreso humano ¿cuáles son los verdaderos resortes de la economía digital ?

---Tiene varias dimensiones. Primero hubo lo que se llamó “la nueva economía digital” cuya idea general consistía en que se aplicarían nuevas reglas al funcionamiento de la economía gracias al empuje de las tecnologías de la información y la comunicación. A partir de 1990 esta idea acompañó la renovación del neoliberalismo: innovación, emprendimiento, protección de la propiedad intelectual fueron las ideas portadoras. Se decía que gracias a las tecnologías de la información y de la comunicación como a toda la esfera digital habría un montón de costos que se anularían y que de allí surgiría una nueva era de prosperidad. Fue todo lo contrario.

---En realidad, ha sido un cuento que congeló la prosperidad colectiva.

---Reconozco, desde luego, que con la aparición de los soportes digitales hubo algo nuevo que brotó, pero, sobre todo, lo que intento demostrar es que, contrariamente a lo que se anunció, no vimos un horizonte radiante del capitalismo sino todo lo contrario, es decir, una degradación del capitalismo. La economía política digital consiste en admitir al mismo tiempo el salto tecnológico como los cambios institucionales que lo acompañaron, que se resume principalmente en uno: el endurecimiento del neoliberalismo. El resultado de todo esto es que no hemos asistido a una nueva prosperidad del capitalismo ardiente, sino a todo lo contrario, o sea, a un capitalismo en vías de regresión. 

---Otra de las perversiones escondidas de esa nueva economía es el acrecentamiento de las injusticias en las relaciones sociales y, por consiguiente, un cambio de perspectiva de esas relaciones. Usted ha definido ambas tendencias como la instauración de un “tecnofeudalismo”, de una economía digital feudal.

---Si, efectivamente. En mi libro demuestro que lo que está en juego dentro de la economía digital es una reconfiguración de las relaciones sociales. Esta reconfiguración se manifiesta a través del resurgimiento de la figura de la dependencia, que era una figura central en el mundo feudal. La idea de la dependencia remite al principio según la cual existe una forma de adhesión de los seres humanos a un recurso. En el seno del mercado hubo una monopolización, por parte del capitalismo, de los medios de producción, pero estos medios han sido plurales. Los trabajadores debían encontrar trabajo y, en cierta forma, podían elegir el puesto de trabajo. Existía una forma de circulación que daba lugar a la competencia. En esta economía digital, en este tecno-feudalismo, los individuos y también las empresas adhieren a las plataformas digitales que centralizan una serie de elementos que les son indispensables para existir económicamente en la sociedad contemporánea. Se trata del Big Data, de las bases de datos, de los algoritmos que permiten tratarlas. Aquí nos encontramos ante un proceso que se autorefuerza: cuando más participamos en la vida de esas plataformas, cuando más servicios indispensables ofrecen, más se acentúa la dependencia. Esta situación es muy importante porque mata la idea de competición. Esta dominación ata a los individuos a este trasplante digital. Este tipo de relación de dependencia tiene una consecuencia: la estrategia de las plataformas que controlan esos territorios digitales es una estrategia de desarrollo económico por medio de la depredación, por medio de la conquista. Se trata de conquistar más datos y espacios digitales. Y adquirir más y más espacios digitales significa acceder a nuevas fuentes de datos. Entramos aquí en una suerte de competición donde, a diferencia de antes, no se busca producir con más eficacia, sino que se trata de conquistar mas espacios. Este tipo de conquista es similar al feudalismo, es decir, la competición entre Lores, la cual no se manifestaba por la mejoría de las condiciones sino en una lucha por la conquista. Ambos elementos, o sea, la dependencia y la conquista de territorios, nos acercan a la lógica del feudalismo.

---Es una lógica reactualizada a través de soportes ultra modernos: algoritmos y depredación feudal.

---Efectivamente. El punto decisivo de la economía digital radica en que esta evoluciona a ritmo lento. Al revés de la lógica productiva propia al capitalismo, donde los capitalistas estaban obligados a invertir para hacerle frente a la competencia, aquí, en la economía digital, paradójicamente, al apoyarse en la lógica de la depredación, se lleva a cabo una suerte de innovación muy orientada hacia la conquista de datos y no hacia la producción efectiva. El estancamiento que caracteriza al capitalismo contemporáneo, o sea, desempleo endémico, retroceso del crecimiento, malos salarios, en suma, todas estas fallas económicas están asociadas a un comportamiento dentro del cual la depredación se superpone a la producción.

---Usted se burla de esa idea promovida en los medios según la cual la economía digital es la expresión más acabada de una economía civilizada. Muy por ele contrario, es un brutal paso atrás.

---Asistimos a una regresión, a un retroceso socioeconómico. En vez de pasar a una forma más civilizada, más elaborada, más apropiada a la felicidad humana, los soportes digitales nos conducen a volver a formas arcaicas que creíamos superadas con la modernidad.

---Usted, en su obra, señala el reemplazo que se produjo para que este arcaísmo lo domine todo: esta economía digital reemplazó al consenso de Washington por lo que usted llama el consenso de la Silicon Valey. Sin embardo, ese reemplazo no cambio nada porque funciona según las mismas exigencias: reformas, precarización del trabajo, el mercado, la financiarización de la economía. ¡Como antes !

---El consenso de la Silicon Valey le agrega al consenso de Washington una capa suplementaria. La gran racionalidad del consenso de Washington consistió en decir que la planificación no funcionaba más porque la Unión Soviética fracasó. Por consiguiente, lo que hace falta es liberar los mercados. El consenso de la Silicon Valey se empieza a elaborar en los años 90 y se cristaliza en los años 2000 cuando el neoliberalismo estaba en dificultad. La década de los 90 fue una década de crisis financiera. Se dijo entonces que afirmar que el mercado funcionaba espontáneamente no era suficiente. La capa que agrega el consenso de la Silicon Valey consiste en enunciar que hace falta alentar a los innovadores, que hace falta respaldar a los emprendedores. Y para llevar a cabo eso es preciso dejar que los mercados funcionan con más libertad y, al mismo tiempo, proteger los intereses de los innovadores y de los creadores de empresas. Inmediatamente se adoptaron medidas muy duras para proteger las ganancias del capital, siempre con esa lógica: proteger e incitar para favorecer la innovación.

---Todo esto se plasmó con una salsa de ideas oriundas de los años 70 y mezcladas luego con mucho oportunismo para desembocar en lo que usted define como un mundo del cual no podemos escapar.

---Hubo, para empezar, una reapropiación de la ideología californiana, una ideología pro técnica y pro individual. Esa ideología de California facilitó la retórica que luego respaldará los lineamientos del consenso de la Silicon Valey. Y en lo que concierne a este mundo que nos encierra, bueno, es el mundo donde impera el Big Data, el cual termina por conocernos mejor que nosotros mismos. La lógica de la vigilancia acaba por trascender a los individuos y en ella hay como un camino sin salida. No podemos escaparnos de ese mundo porque, individualmente, somos más débiles que los algoritmos. Estamos dominados y guiados por ellos. No hay una solución individual para la protección de los individuos ante los soportes digitales. Por el contrario, hay que reflexionar en la manera en la que, colectivamente, podemos emanciparnos de ellos preservando espacios de la existencia que no estén totalmente dominados por este sistema. Es una discusión política y no tecnológica.

---Todo es exactamente al revés en este universo digital. Lo moderno se viste de feudal, hasta la aparente horizontalidad se torna en un abismo vertical donde reina la desigualdad y la injusticia social y la tan promovida iniciativa personal se convierte en un monopolio espantoso.

---Lo que observamos es que estamos en un momento de re-monopolización. Finalmente, el soporte digital debía reducir los costos y, por consiguiente, facilitar la competición, pero ocurrió lo contrario. Se vino un movimiento de monopolización muy poderoso. Las plataformas lo controlan todo y cuando algo está fuera de su control compran a las empresas que compiten con ellas. Monopolizan todo. Este fenómeno de concentración conduce a que las estructuras económicas se endurezcan, sean más rígidas en vez de airearlas como lo proponía la promesa inicial. Esto acarrea consecuencias muy importantes en el campo de las desigualdades económicas. Las grandes ciudadelas digitales son capaces de concentrar volúmenes de ganancias considerables. Esas ganancias son redistribuidas primero entre los accionistas y, luego, en una capa de empleados. Lo que vemos en esta economía digital modelada por el neoliberalismo es un acrecentamiento de las desigualdades. Lejos de ser un mundo de oportunidades es un mundo donde, finalmente, las polarizaciones se acentuaron.

---El robo de datos, el espionaje, y el posterior tratamiento por los algoritmos es algo ya bien probado. Usted le agrega una idea a esa expoliación planetaria: al extraer nuestros datos están capturando nuestra potencia social.

---Se tiende a pensar que lo que hacen las empresas es tomar nuestros datos personales, individualmente. Sin embargo, nuestros datos personales, como tales, aislados, carecen de valor y de utilidad. En cambio, esos datos son útiles y se convierten en una fuerza cuando están comparados con los datos de los demás. En esa comparación, en ese cruce de datos, aparecen rasgos que hacen de nosotros seres humanos en sociedad. Como individuos estamos gobernados por reglas similares. Al final, lo que hace el Big Data es revelar esa potencia social. Esa potencia nos es inaccesible individualmente, pero se torna visible cuando se puede observar y comparar el conjunto de los comportamientos de los individuos. El Big Data revela otra cosa que va más allá de lo que cada uno de nosotros es capaz de ver, y que nos es restituida bajo la forma de perfiles mediante los cuales se modifican los comportamientos. Google o Netflix podrán así guiarnos según nuestras tendencias. Pero al hacer eso lo que están haciendo es reenviarnos algo que aprendieron del conjunto de la comunidad. Precisamente, esa capacidad para remitir, reenviarnos, las informaciones de la comunidad de los individuos es la que se encuentra en la base del principio de dependencia que evoqué hace un momento.

---Estamos en el corazón de lo que usted conceptualizó como “la renta de lo intangible”.

---La renta de lo intangible significa que si somos capaces de controlar esos elementos también podremos obtener beneficios económicos, independientemente del esfuerzo productivo que se haya realizado. Es la definición misma de la renta, o sea, obtener ganancias sin esfuerzos productivos. Los intangibles son los activos como las bases de datos, las marcas, los métodos de organización, o sea, todo lo que se puede repetir al infinito sin costos. Lo tangible, por ejemplo, son las herramientas, las máquinas, etc. Las producciones de hoy son una mezcla de tangible e intangible. Sin embargo, si separamos a los propietarios de lo tangible de los propietarios de lo intangible, vemos enseguida que, cuando más aumenta la producción, las ganancias de lo intangible estarán siempre más desconectadas de lo tangible. Los propietarios de lo intangible hacen un esfuerzo inicial, pero, luego, sus ganancias aumentan de forma independiente y sin esfuerzo adicional. Al contrario, los propietarios de lo tangible deberán seguir haciendo esfuerzos. En la economía digital, la acumulación de las ganancias favorece a los intangibles.

---Ahora bien, aún persisten campos extensos de lo tangible, por ello estamos, como usted lo escribe, en un viaje hacia un feudalismo de los tiempos modernos.

--Poco a poco vamos cada vez más hacia ese feudalismo. No es aún una forma completa, todavía hay sectores y espacios sociales que escapan a esa lógica, pero la lógica del tecno feudalismo tiene un ascendente continuo sobre nuestras vidas. Curiosamente, lo que intento decir, y esto es paradójico, es que hay como una victoria paradójica de Marx. El marxismo apostó por que el desarrollo de las fuerzas productivas, el proceso de modernización, iban a conducir a una socialización muy importante. Siempre nos íbamos a respaldar los unos a los otros. Y con la historia digital ocurre algo así. Los espacios digitales nos conectan los unos a los otros y nos vuelven dependientes de los demás a un grado jamás alcanzado. La densidad de los lazos de los individuos con la comunidad es muy fuerte. Pero esto no se plasma de la forma optimista en que Marx y el marxismo lo pensaron. Se ha impuesto la figura del aplastamiento. Finalmente, hay un número de individuos muy limitado capaces de conducir y controlar ese proceso de sociabilización para mantener su posición dominante. La figura del aplastamiento y de la centralización a través de los espacios digitales nos conduce al lado opuesto de toda perspectiva de emancipación. Hay algo muy amenazador en todo esto. No hay que subestimarlo. Es una batalla que se inicia. Les corresponde a las fuerzas emancipadoras imaginar forma de sociabilización distintas.

--¿Pero como llegar a eso si estamos, también, en la paradoja de la obediencia ?

---Lo que no cierra es la idea de que existe una solución individual frente a este movimiento. Ahora bien, la gente no es inocente. Hay una preocupación que se torna cada vez más visible. El desafío consiste en encontrar soluciones que pasen por la intervención política que sometan el funcionamiento de esas plataformas a la lógica de los servicios públicos. Hay que ir hacia eso. Las plataformas desempeñan hoy un papel político enorme. No obstante, aún persiste un principio de autonomía política.

Publicado enSociedad
Foto cedida por la autora

Veronica Barassi, antropóloga e investigadora italiana publica en diciembre de 2020 Child | Data |Citizen una investigación que muestra los peligros de la datificación de los niños y niñas de cara a que ciertas empresas creen perfiles que podrían determinar su futuro

 

En un futuro próximo, los datos perfilarán a las personas con una precisión que nunca antes fue posible. La familia, la escuela, los hospitales o el Estado producen una cantidad ingente de datos de bebés que aún no han adquirido ni siquiera su lengua materna. Una foto enviada a un amigo puede rebotar en decenas de grupos y acabar en centenares de teléfonos en un día. ¿Qué consecuencias puede llegar a tener para el futuro de las criaturas? ¿Qué ocurre con toda esa huella digital que están dejando?

Veronica Barassi, antropóloga e investigadora italiana, catedrática de Medios y Comunicación en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de St. Gallen, Suiza, da carpetazo a 2020 publicando en diciembre a través de MIT Press el libro Child | Data | Citizen, una obra (todavía sin traducir ni editar en castellano) que nace de una investigación de 3 años que parte de 50 entrevistas con 8 familias de diferentes perfiles etnográficos, económicos y nacionales en las ciudades de Londres y Los Ángeles. A pesar de partir de la academia, el libro es un ensayo plagado de conversaciones y anécdotas que lo acercan más a las librerías de barrio que a las estanterías de las universidades.

“Soy antropóloga y desde siempre me ha interesado estudiar qué sentido tienen las transformaciones digitales para las personas. Desde que empecé a estudiar siempre me interesó la forma en que las redes sociales podrían cambiar la democracia”. En 2014 publicó Activismo en la web: luchas del día a día contra el capitalismo digital estando embarazada. En ese momento se empieza a relacionar con padres y madres primerizos y se da cuenta de la cantidad ingente de datos que se producen de los bebés, antes incluso de los embarazos, a través de las aplicaciones de preparación y ayuda al parto. “En 2017, cuando empiezo a escribir este libro, nace mi segunda hija en un contexto muy diferente al de 2014, mucho más acelerado”.

Como madre, de entre todos los aspectos que has tratado en el libro, ¿cuál es el que más te preocupa o interesa?
El libro estudia la cantidad de datos que producimos y cómo las grandes tecnológicas pueden integrar estos datos recopilados de distintas áreas, como el colegio, el hogar o la salud, para crear perfiles únicos de identidad. Tenemos también las tecnologías que toman decisiones de forma automática, que ya están siendo usadas en hospitales, administraciones y centrales de policía. Mi preocupación es que estas tecnologías, probablemente, van a tener acceso a todos estos datos agregados de una forma más vasta que hasta ahora. Digo probablemente porque trato de no ser apocalíptica, pero es un hecho que nuestra relación con la llamada “inteligencia artificial” ha cambiado dramáticamente en los últimos cuatro años. No hemos asumido los riesgos de lo que está pasando. Tenemos que tener en mente lo que se puede llegar a hacer con estos perfiles.

Ya desde el prólogo señalas el peligro para cualquier persona de ser datificada como ciudadana, no solo porque los algoritmos le estén diciendo a las empresas o los gobiernos quién eres, sino también por la capacidad que tienen de cambiarnos y transformarnos en lo que “se supone que debemos ser”. ¿Estamos siendo reducidos de ciudadanos a consumidores?
Se están creando perfiles a partir de las huellas digitales que dejamos cuando compramos, pero también con lo que hacemos en nuestras propias casas. Como hemos visto con el escándalo de Cambridge Analytica, estos rastros digitales no solo nos perfilan como consumidoras, sino que crean perfiles políticos. Esto es lo que señalo en el libro, se está borrando la frontera entre nuestro perfil de consumidor y perfil político. Los principales estudiosos en este campo que han estado trabajando en este tema, hablan de la idea de la prevención o predicción. Gente como Greg Elmer, Palm en Canada o Lina Denick en Cardiff hablan de cómo la tecnología de datos esta ahí para prevenir, mitigar riesgos en el futuro.

Se aplica a las criaturas la misma lógica que se usa para prevenir crímenes, la cual pone una barrera entre ellas y muchos procesos humanos importantes. Déjame darte un ejemplo concreto, si piensas en educación, muchas de las tecnologías aplicadas a este campo van sobre aprendizaje personalizado: se usan para identificar “riesgos” en las escuelas para que puedas mitigarlos de forma personalizada. Lo cual suena increíble, piensas “es una buen idea”, pero la verdad es que si empiezas a crear aprendizaje personalizado basándote en rastreo de datos, lo que ocurre es que excluyes a los niños de explorar en lo que se podrían convertir, les encierras en estereotipos, les metes en un perfil desde temprano y esto es muy importante si piensas en la desigualdad social.

Es similar a lo que ocurre en Estados Unidos con los sistemas de predicción y detección de crímenes, que se retroalimentan en sus estereotipos y, si violentas a una persona porque crees que va a cometer un crimen o la detienes sin que haya hecho nada, la empujas a que tenga ciertos comportamientos.
Sí, exacto. Si eres adolescente y te identifican con el perfil de una etnia minoritaria y te interesa la justicia social solo te meten esa información, todo el tiempo, porque piensan que esa es toda la información que te interesa. Así no es como yo solía aprender, ¿sabes? Yo aprendí porque estuve expuesta a muchos tipos diferentes de conocimiento y decidí convertirme en una cosa y luego en otra. Así que creo que ese es uno de los problemas principales, es muy difícil salir de esos estereotipos en los que te meten.

Dentro de un rango, has hablado con padres y madres de muy distintos perfiles en Londres y Los Ángeles, ¿qué preguntas crees que debería hacerse toda persona envuelta en la crianza respecto a los datos?
[Risas] Esa es una buena pregunta, la primera pregunta a la que se debería enfrentar cualquier padre o madre es ¿cómo se van a usar los datos de nuestras huellas digitales? Las dejamos constantemente a través de mensajes y fotos de forma voluntaria. Pero también cuando aceptamos los términos y condiciones de uso en webs, o dependiendo del colegio u hospital que elegimos ¿Van a tener un impacto negativo en los hijos? Un ejemplo que suelo usar y que, de hecho, es una cuestión que me hizo pensar en los niños como ciudadanos de datos (data citizens) era la cuestión de los perfiles políticos en redes sociales. Yo soy de Italia que, igual que España, tiene un historial de regímenes autoritarios y dictaduras. Me sorprendió cuando empece mi investigación cuánta información política se compartía sobre ellos. Fotos de niños en manifestaciones, con pancartas contra el gobierno local y cosas así. Imagínate saltar 20 años hacia delante y que ya no vivimos en ese sistema democrático o en una sociedad más tolerante, ¿cómo les va a afectar este perfil político? Estas son cosas en las que todavía podemos trabajar un poco, pero los padres y madres no tenemos mucha elección en esto ya que estamos constantemente aceptando los términos y condiciones de estas compañías.

¿Qué consejos les darías?
Individualmente diría que tuviesen mucho cuidado con cualquier información compartida en linea y ser estratégicos a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo, nunca compartir información sobre tu salud o la de tus crías en Gmail. Sé que suena estúpido pero tener tu cuenta de Gmail conectada al servicio de salud no es una buena opción porque van a hacer negocio con ello. Si subes contenido a redes sociales, trata de que sea neutral y no pueda ser puesto en su contra en el futuro. Pero estos consejos son individualizados. Creo que la clave está en trabajar con profesores, doctores, académicos hacia una mayor privacidad y protección de datos. Por ejemplo, encontrando plataformas alternativas a Google Classroom.

Es algo que ya está ocurriendo en Barcelona por ejemplo, desde la institución pública se está expulsando a Google de las aulas. Defiendes en tu libro que los niños y niñas son la clave para explorar la emergencia de la datificación ciudadana y cómo se está transformando la sociedad, ¿por qué?
Son la primera generación datificada antes de nacer. No me pasó a mí, no te pasó a ti, esta es realmente la primera generación a la que le está ocurriendo esto. Tenemos que analizarlo. Hay una diferencia fundamental entre mis hijas y yo. Yo pude desarrollar mi carrera profesional y vivir en un mundo que no conocía información sobre mi infancia. Especialmente aquella que yo no deseaba compartir. Nadie sabe la filiación política que tenían mi madre o mi abuelo o mis hábitos alimentarios. Para mis hijas esto ya no va a ser así. Nuestros datos son agregados en unidades familiares por las empresas que los utilizan y cada vez va a ser más difícil ocultar o desconectar ese bagaje.

Estoy pensando que ya no solo esas empresas sino, por ejemplo, sus propios compañeros cuando tengan 15 ó 16 años, podrán encontrar esa información fácilmente.
¡Sí! Este tipo de daño con los datos siempre ha existido. No es nada nuevo. La gente siempre ha sido metida en perfiles basándose en sus orígenes, en el color de su piel, en su religión, no seamos ingenuos con esto, no es ninguna novedad. Lo que cambia hoy en día a es la amplificación y es muy importante que lo entendamos.

Como señalas en el libro, las crías tradicionalmente han sido excluidas de los debates públicos sobre ciudadanía. Más adelante se les da una protección y derechos específicos, pero parece que no hemos dado el paso de incluirles como agentes de solución en sus propios problemas. Incluso desde la academia, aunque estén presentes en estudios, pocas veces lo están sus voces, ¿crees que podrían ser una clave para enfrentar estos problemas que señalas?
Creo que tienes toda la razón. Existe esta negligencia hacia la capacidad de ser agentes de nuestras crías. Siempre han sido ignoradas como ciudadanas de muchas maneras. Hay muchos estudios sobre su capacidad de acción, especialmente en cómo se relacionan con los dispositivos tecnológicos. Uno de los que más admiro es el trabajo de la profesora Sonia Livingstone, de la London School Economics, que durante años se ha estado centrando en dar a los niños esa voz, esa capacidad de acción. En mi libro no incluyo sus testimonios u opiniones, porque mi objetivo es mostrar cómo se les roba esa capacidad de acción. Cómo están siendo construidos por esos datos agregados y los algoritmos debido a los datos compartidos por sus padres y madres, colegios, sistemas de salud. Tienen poca voz ahora y van a tener poca voz en el futuro.

Mientras leía tu libro, hice un pequeño experimento en algunas clases de secundaria. Traté de explicarles todos los datos que se estaban recolectando sobre ellos y les pregunté qué opinaban al respecto. Me sorprendió encontrarme con que a muchos no les importaba demasiado.
No me sorprende. Lo dan por sentado porque la sociedad en la que viven lo da por sentado también. Están reproduciendo lo que ven en el mundo de los adultos. Es la misma respuesta que he recibido de padres y madres cuando les expongo mi trabajo: “ya lo sé, pero ¿qué opciones tengo?” ¿A quién le importa que Google sepa qué marcas especificas de pañales compras? Hay muy poco conocimiento de lo que ocurre con estos datos. La gente ya sabe que se usan para dirigirse hacia ella de una forma más específica a través de los anuncios. Lo que no ven son a brokers de datos operando en las sombras. En los últimos doce años hemos creado una economía totalmente dependiente de esta datificación. Todo va a depender de estos datos. Tu trabajo, tu acceso a primas de riesgo, tu vivienda, el colegio de tus hijos…

Hablas en el libro de lo difícil que es decirles que pasan demasiado tiempo con las pantallas cuando tú estás conectada 24/7 a la pantalla.
Estamos todo el tiempo conectadas. Esto es un problema de la sociedad en la que vivimos, no solo de ellos. Yo hablo de esta tecno-dependencia que hemos creado. Muchas investigaciones ya hablan de adicciones, ¿cuántas veces miras la pantalla de tu teléfono?

No quiero ni saberlo, pero es, casi siempre, lo primero que hago al levantarme y lo último antes de acostarme.
He intentado mostrar este cambio radical en nuestras vidas. La gente que he entrevistado tiene entre 30 y 40 años y me dicen sin excepción: “todavía recuerdo la época en la que podía elegir cuándo meterme en Internet, antes esto, aún con tecnología, no era así”. Estas tecnologías están diseñadas para ser adictivas, pero también critico esta reducción a la adicción. Padres y madres se echan la culpa a sí mismos o a sus parejas. Hay una tendencia a a la dependencia o necesidad de sentirse constantemente conectados, pero lo que está pasando también es que en los últimos 10 años, todo nuestro mundo ha sido digitalizado y por ende, datificado. Escribo un mensaje instantáneo a la profesora de mi hija mientras contesto a los correos de mis alumnos. Estamos migrando a la vida en linea y esta es una gran transformación que va más allá de una adicción.

En Los Desposeídos, Ursula K. Le Guin imagina una comunidad anarquista donde el cuidado y la educación de las crías está en manos de la comunidad y no de su padre y madre biológicos. Teniendo en cuenta la clara distancia con nuestras sociedades, ¿crees que algunas soluciones a estos problemas pueden aproximarse tratando el problema de forma social o tribal para no cargar de culpabilidad y responsabilidad a padres y madres?
No usaría las palabras ‘social’ o ‘tribal’, pero sí definitivamente la palabra ‘política.

¿Te refieres a ‘pública’?
Lo que intento mostrar es que no es un problema de individuos, es un problema del sistema. Necesitamos nuevas políticas de cuidados, una transformación de la manera en la que pensamos los derechos digitales. Así que tiene que ser una respuesta colectiva definitivamente.

Las grandes empresas de datos, las llamadas GAFAM, por ejemplo, están explotando cantidades ingentes de datos, no solo a través de sus propias plataformas, sino a través de la compra de datos a empresas de otros sectores, como el de la salud. En España, una compañía de la industria militar como Oesia produce software clínico también. Da la sensación de que operan fuera del control de los Estados.
Hay varios problemas en esto, pero el de los datos médicos es uno de los más preocupantes. Imagínate ser adscrito a un perfil para toda tu vida en términos de salud mental. Somos personas, somos vulnerables y tenemos distintas épocas en la vida. Los sistemas de datos que usan estas compañías se ceban especialmente con las vulnerabilidades de las personas. Esto se ve muy bien con los anuncios a padres y madres primerizos, explotan los miedos normales que cualquiera puede tener. La covid ha traído al primer plano las implicaciones de la elaboración de perfiles médicos porque se asocian a limitaciones de libertades concretas. No critico esta práctica en concreto, pero es importante observar las implicaciones.

Pienso en que hace 30 ó 40 años aquí en España con el tema del sida la gente era señalada y perfilada de muchas maneras.
Sí, y en la mera elaboración de perfiles médicos ya hay involucrada una gran discriminación previa a esa. Como humanos tenemos miedo a las enfermedades y es normal, porque ello nos enfrenta a nuestra mortalidad. Hay todavía trabajo que hacer con el VIH pero hemos avanzado bastante como sociedad. Es un ejemplo de cómo de problemático y discriminatorio puede ser tener esa marca en tu perfil social. Imagina lo que es que una empresa tenga acceso a todos los registros de salud mental de sus empleados o de gente a la que vas a contratar. Ahora mismo el problema de la elaboración de estos perfiles es de urgencia, por toda la discriminación que conlleva. Los datos médicos son un gran negocio y todavía hay muy poco regulación al respecto. Hay regulaciones a la hora de recoger los datos, pero el problema real, de nuevo es cómo se usan estos datos por los brokers. Es un mundo opaco y sin apenas regulación.

Me he sentido identificado cuando dices en el libro: “cuando era una niña, estaba aterrorizada por las notas. Estudiaba y trabajaba duro para tener buenas notas. Ya entendía la importancia de las notas, cómo iban a definirme, no solo frente a mis profesores y compañeros, sino también frente a mi propia familia”. Las notas están lejos de ser preciosas a la hora de valorar las capacidades de un niño o niña. Dejan de lado cuestiones como las condiciones económicas de la familia o cuánto tiempo pasa ese niño o niña haciendo labores de cuidados, cosa que se ha intensificado con el covid. ¿Enraíza en esto todo lo que estamos hablando?
[Risas] No creo que ese sea el problema real. La idea de medición en la educación fue introducida a principios del siglo XX, esto ha definido la historia de la educación tal y como la conocemos en occidente. Sin embargo, en términos de big data, el sector educativo fue particularmente vulnerable desde el principio por esta tendencia a puntuar a los niños y niñas y la obsesión con los rankings y competiciones. De nuevo tengo que mencionar el trabajo de gente a la que admiro mucho. Ben Williamson escribió un libro llamado Big Data in Education que explica perfectamente esta vulnerabilidad intrínseca de las escuelas precisamente por esta tendencia a numerarlo todo. Estoy de acuerdo contigo, tus notas no te definen, yo saqué notas muy malas en el colegio (risas). No creo que quisiera que esa información me definiera hoy en día. Ese es el tema, darle a la gente la capacidad de escoger y equivocarse. Saca malas notas, aprendes de ello, pero que eso no te defina ni entre a formar parte de tu perfil para determinar de una manera mucho más directa, tu futuro.

Durante los meses de confinamiento más duros, muchas escuelas e institutos permitieron que Google entrase con sus herramientas por la puerta grande para poder digitalizar la educación.
No hemos tenido tiempo de pensar ni debatir todo lo que implica. Además hay que reconocer que esta empresa desarrolla tecnologías que funcionan muy bien y las ofrece muy baratas. Para las escuelas sin muchos fondos son una solución real y esto es lo triste. Cuando hablo de solución política creo que aquí es donde hay que crear el debate.

Por Álvaro Lorite

@lorojuntaletras

Pablo Müller

20 dic 2020 07:00

Publicado enSociedad
Imagen de archivo de una fila de cámaras de seguridad. — REUTERS/MAXIM SHEMETOV

Cámaras de vigilancia

China es el país que acapara las mayores cifras de CCTV mientras que Madrid aparece como la cuarta ciudad europea, a larga distancia de Londres, Berlín y Moscú.

 

El año de la covid-19 no ha frenado la acelerada carrera que lleva Londres para mantener el primer puesto, a holgada distancia, de ciudad más vigilada de Europa y de Occidente a tenor del número de cámaras de seguridad que cuelgan en sus calles y edificios o se insertan en farolas, autopistas y mobiliario urbano. El último recuento arroja 5,2 millones de aparatos en todo Reino Unido que cuenta con 68 millones de habitantes –una cámara por cada 13 ciudadanos-, según ha publicado este mes de diciembre la voz del sector CCTV.co.uk. La misma cifra (5,2 millones) se adjudicaba el año pasado a Alemania que tiene 83 millones de habitantes, 15 más que Reino Unido. Ambos países europeos, en sentido geográfico, van a larga distancia en número de cámaras del tercero: Francia, con una población ligeramente superior a Reino Unido y un total de 1,6 millones de aparatos.

Las últimas cifras británicas otorgan a Londres 689.000 dispositivos de CCTV para una población de 9 millones de habitantes: 76,8 cámaras por mil habitantes; la mayor cuota de vigilancia fuera de China. La proporción de dispositivos por cada mil habitantes constituye la pauta que aplica la analista Comparitech en su último estudio de 2019 en el que las cifras de Reino Unido son inferiores a las publicadas por el sector recientemente. Acotado el análisis a ciudades europeas, la compañía de análisis estableció en diciembre de 2019 la siguiente lista: Londres, 68,4 aparatos por mil habitantes; Berlín, 59,7; Moscú, 11,7; y Madrid, 4,4, en cuarto lugar.

En este año de confinamientos y restricciones en movilidad por el coronavirus, Reino Unido como país y Londres como ciudad continúan llevando el cetro de la vigilancia y el espionaje. Los datos de Comparitech coinciden con los de la consultora PreciseSecurity que vienen a ser dos organismos que estudian estas cifras de forma global a partir de la información del sector comercial, los servicios policiales y las instituciones. En Reino Unido, el 96% de las cámaras pertenecen a viviendas, oficinas, tiendas o negocios privados mientras que el 4% se adjudican a Ayuntamientos, Policías, sedes oficiales o Transporte público.

James Ritchey, portavoz del sector comercial de CCTV británico, cuenta que "las cifras publicadas cosquillean a los preocupados por el control del Estado sobre la población, sin embargo, el control del Gobierno no llega al 4% de los aparatos de seguridad de Reino Unido en donde la mayoría son instalados por propietarios que protegen su propiedad". El fantasma del Gran Hermano pulula también sobre la función de estas cámaras y la vida cotidiana y privada de los ciudadanos. "La tecnología de este tipo de sistemas de seguridad está siendo cada día más barata, esa es una de las razones del aumento de circuitos con cámaras de seguridad como las colocadas en timbres de puertas que ahora están en el punto álgido de popularidad", asegura James.

El reconocimiento facial es uno de los objetivos de los dispositivos que intentan alejar a ladrones y asaltantes de viviendas, o identificar los movimientos de personas vigiladas. La relación entre número de cámaras e índice de criminalidad en las ciudades estudiadas por Comparitech indica que una cosa tiene poco que ver con la otra; un mayor número de artefactos de vigilancia no genera más seguridad ni menor número de delitos, robos o atentados contra personas o propiedades. El índice de criminalidad se establece en la relación entre crímenes denunciados y número de habitantes de una ciudad.

Las tres ciudades que encabezan la mayor proporción de número de cámaras por mil habitantes del mundo presentan también una desconexión entre dicha relación y el índice de criminalidad: Taiyuan (capital de la provincia de Shanxi, China) con 119,5 cámaras por mil habitantes tiene un 51,4 de índice de criminalidad; Wuxi (China) con 92,1 cámaras por mil habitantes ofrece un 7,8 de índice de criminalidad; Londres, en tercer lugar mundial, con 68,4 cámaras por mil habitantes en 2019 conlleva un 52,5 de índice de criminalidad.
Tras los tres primeros puestos citados, la lista sigue dominada por China aunque van insertándose otras ciudades: en el número 29 aparece Moscú con 15,3 dispositivos por mil habitantes y 39,6 de índice de criminalidad; el puesto 46 corresponde a Los Ángeles (EEUU) con 5,6 cámaras y 46,5 de índice de criminalidad; el lugar 50 se lo lleva Berlín con 4,9 objetivos y 41 de índice de criminalidad; Madrid ocupa la casilla 53 con 4,4 dispositivos por mil habitantes y 30 de índice de criminalidad mientras que Barcelona en el lugar 68 de la lista cuenta con 1,2 cámaras de seguridad por mil ciudadanos y un 44,6 de índice de criminalidad

LONDRES

19/12/2020 08:51

CONXA RODRÍGUEZ

Publicado enInternacional
Página 1 de 21