Donald Trump fue abucheado en Davos cuando arremetió contra la prensa.

 

Ayer, en el esperado discurso en el Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, animó a las empresas a invertir en el país y aseguró que decir “Estados Unidos primero” no excluye la cooperación con otros países.

El magnate de 71 años vendió ante la élite empresarial un país con una economía floreciente tras haber tenido un “gran año” e incitó a las grandes compañías presentes a invertir: “Nunca hubo un mejor momento para contratar, construir, invertir y crecer en Estados Unidos. Estados Unidos está abierto otra vez para hacer negocios y volvemos a ser competitivos”.

Los presidentes de Siemens, Total y SAP, entre otros líderes empresariales, alabaron el jueves a Trump por su reciente reforma fiscal y aseguraron que invertirían más en Estados Unidos gracias a esa política. El fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, aseguró también que la rebaja fiscal estadounidense impulsará la economía mundial.

Sin embargo, el proteccionismo (otra de las patas de la política económica de Trump) fue criticado en los últimos días indirectamente en Davos por varios líderes políticos, como la alemana Angela Merkel, el francés Emmanuel Macron y el canadiense Justin Trudeau, quienes defendieron el libre comercio y el multilateralismo.

Ante estas críticas, el mandatario aclaró su posición: “Como presidente de Estados Unidos siempre pondré a Estados Unidos primero. Al igual que los líderes de otros países deberían poner a sus países primero. Pero Estados Unidos primero no significa Estados Unidos solo. Cuando Estados Unidos crece, el mundo también. La prosperidad estadounidense ha generado incontables puestos de trabajo en el mundo, y la búsqueda de excelencia, creatividad e innovación en Estados Unidos llevó a importantes descubrimientos para ayudar a la gente en todas partes a vivir vidas más prósperas y sanas”.

Además, como presidente de Estados Unidos, Trump aseguró que uno de sus principales papeles es actuar como un “cheerleader” (animador) nacional: “Creo que he sido ‘cheerleader’ de nuestro país y todo aquel que represente a un país o a una compañía tiene que serlo, o lo que haga no funcionará”.

En otro orden de cosas, el empresario no descartó que su país vuelva al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), de donde lo sacó hace un año, en una de las primeras decisiones de su mandato. Estados Unidos podría volver a las conversaciones sobre libre comercio con muchos países, entre ellos también los del TPP, afirmó. “Consideraremos negociar con ellos por separado, o quizá como grupo” si los términos comerciales pueden ser más beneficiosos para Estados Unidos que el pacto planeado originalmente, añadió.

Trump anunció también una línea dura en el control de las reglas para el libre comercio. “No seguiremos mirando para otro lado”, advirtió. “No podemos tener un comercio justo y libre cuando algunos países rompen las reglas”, dijo el mandatario estadounidense. Una de las últimas medidas proteccionistas de Trump fue la imposición, esta misma semana, de aranceles a la importación de lavadoras y paneles solares, que generó malestar en China y Corea del Norte.

Varias asociaciones empresariales se mostraron escépticas respecto del discurso de Trump y criticaron sus medidas. “Está claro que la Administración Trump no entendió que el tiempo en que una sola potencia económica podía poner de rodillas a otra con ese tipo de medidas ya pasó”, dijo el presidente de la Asociación de Comercio Exterior alemana BGA, Holger Bingmann.

Otro de los puntos fuertes de su discurso fue el anuncio de la derrota territorial sobre el Estado Islámico (EI) y la captura de casi el ciento por ciento de los territorios que estaban en sus manos en Irak y Siria. Estados Unidos lidera, resumió Trump, “una amplia coalición destinada a impedir el control del territorio por los terroristas, bloquearles los fondos y desacreditar su malvada ideología”. Además, advirtió a sus socios: “Para que el mundo sea más seguro frente a regímenes hostiles, terroristas y potencias revisionistas, pedimos a nuestros amigos y aliados que inviertan en su propia defensa y que cumplan con sus obligaciones de financiación. La seguridad común requiere que cada uno contribuya con su justa parte”.

Como ya es habitual en sus apariciones públicas, el magnate arremetió contra la prensa al responder una pregunta luego de su discurso de apenas 15 minutos: “Hasta que me convertí en político no supe lo repugnante, perversa y falsa que puede llegar a ser la prensa”, dijo provocando abucheos.

En cuanto al frente interno, legisladores demócratas, organizaciones civiles y los propios “dreamers” rechazaron la reforma migratoria que Donald Trump presentará el lunes al Senado, la cual prevé legalizar la situación de 1,8 millón de jóvenes indocumentados a cambio del muro en la frontera con México y de limitar la inmigración legal.

“Este plan se burla de lo que cree la mayoría de los estadounidenses”, manifestó el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, que aseguró que Trump utiliza a los jóvenes indocumentados que llegaron de niños a Estados Unidos como “instrumento” para “destrozar” el sistema migratorio legal.

 

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Viernes, 10 Noviembre 2017 06:54

Acuerdo que mete miedo

El canciller Faurie con el vicepresidente de la Comisión Europea, Katainen.

 

Mercosur firmará el libre comercio con la Unión Europea

 

“Estamos muy cerca de lograrlo, ambos bloques promovemos la apertura económica”, sostuvo el vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen. Preocupación entre industriales.

@Antes de que termine el año la Unión Europea (UE) y el Mercosur sellarán su acuerdo de libre comercio. La afirmación fue realizada ayer por el vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, al finalizar un encuentro con el canciller argentino, Jorge Faurie. “Estamos muy cerca de lo lograrlo, ambos bloques promovemos la apertura económica”, expresó el funcionario europeo al agradecer el impulso dado por el gobierno de Mauricio Macri para reactivar las negociaciones que eliminarán los aranceles y tarifas en el intercambio de bienes entre ambos bloques. La firma del acuerdo, prometió Katainen, “fortalecerá la confianza de los inversores europeos en Argentina”.

La realización del convenio que comenzó a negociarse en 2004 despierta preocupación entre distintos sectores pymes que generan la mayor parte del empleo industrial. Además de las implicancias de mediano plazo sobre el desarrollo industrial que representa el acuerdo, la UE excluyó de la negociación a las carnes bovinas, el biodiesel y el etanol. Se trata de los productos que concentran las mayores oportunidades para los sectores agroindustriales del Mercosur.

“La Argentina ha sido el ancla del nuevo impulso a las negociaciones entre nuestros bloques. No venimos a convencerlos de nada. Ahora, en la etapa final, que es la más difícil, necesitamos más apoyo de las partes interesadas”, manifestó ayer el vicepresidente de la Comisión Europea. El triunfo electoral de Mauricio Macri, el advenimiento de Michel Temer al poder en Brasil y el desplazamiento de Venezuela del bloque permitieron reactivar las negociaciones como pretendían los europeos que no dejaron pasar la oportunidad. En la lógica de la Casa Rosada es una carta más en el proceso de reinserción internacional del país que se suma a otras iniciativas como el intento de ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. La liberalización, desregulación y apertura son pautas comunes en ambos procesos que, contra la evidencia histórica, se presentan como ineludibles para conseguir la confianza de los inversores. Katainen llegará hoy a Brasil: “La solución para llegar al acuerdo no va a ser mágica pero todos los grandes hechos de la humanidad se hicieron con esfuerzo y negociación”, lanzó el europeo.

“Este acuerdo va a ser fundamental para generar empleo; y tiene el potencial para aumentar las inversiones directas europeas, incrementar nuestras exportaciones, generar la internacionalización de nuestras pymes, eliminar barreras fitosanitarias y aumentar nuestra participación en las cadenas de valor” prometió ayer el ministro Faurie contra los pronósticos de gran parte de las cámaras empresarias industriales e incluso de algunos sectores agropecuarios de la región que cuestionan los términos del acuerdo.

No todos comparten la visión oficial. Carlos Bianco, ex Secretario de Relaciones Económicas Internacionales y actual asesor de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA de los Trabajadores, consideró recientemente que “estamos ante la consumación en tiempo real de una tragedia histórica para las posibilidades de industrialización y desarrollo futuro de Argentina, con consecuencias que serán irreversibles sobre el tejido industrial y la posibilidad de generar empleo de calidad y bien remunerado”. Los análisis de impacto existentes muestran que la concreción del acuerdo generará resultados comerciales positivos sólo en el caso de UE, mientras que Mercosur se verá perjudicado por un mayor déficit comercial bilateral y por la reprimarización de su producción y su oferta exportable.

 

 

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El FMI teme que se desaten guerras comerciales en la era Trump

El espectro de Donald Trump se proyecta sobre el Fondo Monetario Internacional. La institución ubicada en Washington ha mantenido este lunes sus previsiones económicas globales para los próximos dos años, con una leve mejora para España, pero ha encendido las alarmas respecto a lo que puede venir dentro de muy poco: un giro proteccionista por parte de la primera economía del mundo, una ralentización aun mayor de la segunda gran potencia, China, un enfrentamiento entre países. El presidente electo de Estados Unidos, vecino que el Fondo está a punto de tener en la Casa Blanca, a pocas manzanas de su sede, se encuentra detrás de la mayor parte de estos miedos.


El economista jefe de FMI, Maurice Obstfeld, alertó este lunes en su discurso contra los efectos perniciosos de las "medidas proteccionistas" y sus consiguientes "represalias como respuesta". En las preguntas de los periodistas no dejó de aparecer Trump, el republicano que este viernes toma de forma efectiva el mando de la mayor economía del mundo y que ha roto la tradición de su propio partido al defender un claro giro proteccionista y amenazar a varias multinacionales con nuevos impuestos si trasladan producción fuera de Estados Unidos, citando directamente México o China. "Una guerra comercial tendría resultados destructivos", recalcó Obstfeld.


A corto plazo, las expectativas mejoran para la economía estadounidense, gracias al ímpetu de los últimos meses, la alegría en los mercados y los prometidos estímulos fiscales (menos impuestos, más gasto). El PIB aumentará un 2,3% en 2017, lo que supone una mejora de una décima respecto a lo estimado en octubre, y un 2,5% en 2018, lo que supone la mayor revisión al alza de entre las grandes economías, de cuatro décimas. Las previsiones para la zona euro se mantienen prácticamente igual que en la última estimación, con una mejora de una décima para el próximo año, y España sigue a la cabeza en ritmo de crecimiento, con tasas de 2,3 y 2,1%, una y dos décimas más de lo calculado en octubre.


Y, sin embargo, los números se antojan más frágiles que entonces. El cóctel temido, en palabras del Fondo, se resume así: “Un posible vuelco hacia plataformas de políticas aislacionistas y el proteccionismo, un deterioro de las condiciones financieras mundiales más pronunciado de lo esperado, que podría interactuar con las debilidades en partes de la zona del euro y en algunos mercados emergentes, un recrudecimiento de las tensiones geopolíticas, y una desaceleración más grave en China”.


La política económica de Trump aún no forma parte de las estimaciones. Los cálculos no incluyen tampoco los riesgos asociados a una escalada proteccionista entre las grandes economías del mundo —pese a ser "importante", según el Fondo—, ya que ninguna de las medidas prometidas por el próximo presidente estadounidense se ha cristalizado o concretado todavía, además de que, tal y como el economista jefe explicó ante la prensa el FMI confía en que "al final se den cuenta de que estas medidas serán perjudiciales para sus propias economías".


La última vez que el Fondo le contó al mundo lo que esperaba de la economía en el corto y medio plazo fue a primeros de octubre, faltaba un mes para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, y el discurso proteccionista de Trump resultaba un riesgo más difuso. Ahora, las palabras del presidente electo constituyen una declaración política y no solo han mantenido el tono, sino que lo han concretado. La fuga de producción industrial a países de mano de obra barata, junto con los avances tecnológicos, han destruido millones de empleos en Estados Unidos y generado el deterioro de la clase trabajadora que, junto con otros factores, ha alimentado el trumpismo.


Aranceles y proteccionismo


El empresario neoyorquino ha advertido a la industria que incorporará un arancel del 35% a cualquier vehículo, de marca americana o extranjera, que se venda en Estados Unidos pero se produzca en México, que es un país de bajo coste pero que con el Nafta (el tratado de comercio entre EEUU, México y Canadá) no pagan arancel. La medida afecta a General Motors, Ford o la alemana BMW.


Ha empezado a haber respuestas de otros países, como Alemaniao China. El ministro de Economía y líder socialdemócrata, Sigmar Gabriel, advirtió este lunes de que los frenos de Trump a la deslocalización solo lograrían que el sector automovilístico americano fuera "peor, más débil y más cara". En el caso del gigante asiático, las relaciones también se pueden envenenar por motivos políticos si Estados Unidos confirma su acercamiento a Taiwán o cumple su amenaza de bloquear el acceso de China a las islas artificiales que este país construye en aguas que están en disputa.


Según el FMI, la economía china crecerá tanto este año como el siguiente por debajo del 7%, que es la tasa que hasta ahora se consideraba saludable para el país emergente. La previsión de 2017 se sitúa en el 6,5%, dos décimas menos de lo que avanzó en 2016, aunque tres por endima de lo que se calculaba en octubre. Para 2018, el pronóstico queda fijado en el 6%.


El miedo a una ola de populismo, que el Fondo ya expresó en octubre, ha llevado a la institución a pensar más en la distribución de la riqueza, en la desigualdad como problema, después de décadas en las que el foco se ponía básicamente en el impulso al crecimiento. Las elecciones que se celebrarán este año en Alemania y Francia, por ejemplo, serán un buen termómetro de la situación, pero las presidenciales estadounidenses y el Brexit ya han despertado suficientes temores. Este lunes, el Fondo reclamó de nuevo una expansión más "inclusiva".

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China le para los pies a Trump: amenaza con vetar los iPhones si el magnate cumple sus promesas proteccionistas

Un periódico dirigido por el Estado amenaza en un editorial al nuevo presidente de EEUU. Asegura que si aumentan los aranceles, vetarán ciertos productos en el país

"Si Trump destruye el comercio entre China y EEUU, será condenado por su imprudencia, ignorancia e incompetencia", asegura tajante el rotativo

 

Donald Trump sería un idiota "iluso" si finalmente lanza una guerra comercial contra China, según un periódico controlado por el Partido Comunista. Durante la reñida carrera hacia la Casa Blanca, Trump atacó verbalmente en varias ocasiones a China, prometiendo penalizar a Pekín con aranceles "defensivos" del 45% sobre las importaciones chinas, y también con declarar oficialmente al país manipulador de la moneda.


"Cuando vean esto, detendrán el fraude", dijo el multimillonario republicano en un mitin en agosto. También ha acusado a Pekín de perpetrar "el mayor robo de la historia mundial".


El lunes, el Global Times advirtió de que tales medidas serían un grave error. "Si Trump destruye el comercio entre China y EEUU, numerosas industrias estadounidenses se verán perjudicadas. El nuevo presidente será condenado por su imprudencia, ignorancia e incompetencia", aseguraba el periódico en un editorial.


El Global Times aseguró que cualquier arancel nuevo desencadenaría "contramedidas" inmediatas y una "postura de ojo por ojo" desde Pekín. "Un lote de pedidos de Boeing será reemplazado por Airbus. Las ventas de coches estadounidenses y de iPhones sufrirán un revés, y las importaciones de soja y maíz se interrumpirán. China también puede limitar el número de estudiantes cursando estudios en Estados Unidos", apunta.


"Ponerle las cosas difíciles a China políticamente no le hará ningún bien", alerta el rotativo. El ministro de Exteriores del país ha utilizado un lenguaje más diplomático: "Creo que cualquier político estadounidense, si antepone los intereses de la gente, adoptará una política que favorezca a la economía y a la cooperación comercial entre China y Estados Unidos", dijo Lu Kang a los periodistas la semana pasada.


El editorial fue impreso horas después de que Trump hablase con el presidente chino Xi Jinping. El equipo del presidente electo dijo que Trump dio las gracias a Xi por sus buenos deseos y por las felicitaciones tras su victoria.


"Durante la llamada, los líderes han declarado una clara sensación de respeto mutuo. El presidente electo cree que los dos líderes tendrán relaciones más fuertes para que ambos países sigan avanzando", continuaba.


Sin embargo, los expertos aseguran que las autoridades de Pekín siguen tratando de desentrañar qué significará una presidencia de Donald Trump para las relaciones entre las dos mayores economías del mundo. Según sus apuestas, ven poco probable que Trump vaya a seguir las promesas más radicales que hizo durante su campaña como la imposición de aranceles del 45% sobre la "fraudulenta China".


Paul Haenle, un antiguo diplomático estadounidense director del centro Carnegie-Tsinghua en Pekín aseguró: "La mejor lección que pueden extraer de nuestras campañas presidenciales de los últimos años es que él será más realista y pragmático una vez que ocupe la posición de gobierno. Esto es lo que se espera de Trump".


El especialista avisó de que la introducción de medidas proteccionistas "produciría fricción" de manera inmediata en los lazos ya tensos que mantienen los dos países. Además, también perjudicaría a la propia economía estadounidense.


"Si sigue adelante con medidas arancelarias del 45% creo que dañará nuestros propios intereses y tendremos consecuencias que dañen a nuestras propias compañías y economías. Esto no será efectivo. No logrará lo que quiere. Desde este punto de vista va a tener que moderar su retórica y poner en común políticas concretas realistas".


Jorge Guajardo, exembajador mexicano en China, coincide en que Trump puede moderar muchas de sus osadas promesas electorales cuando llegue al Despacho Oval. "Ahora está en una situación complicada. Tiene que cumplir lo prometido. No es lo mismo que hacer campaña", apunta.


Guajardo también asegura que las fanfarronadas de Trump serían remplazadas rápidamente por diálogo más realista cuando se dé cuenta de que necesita un serio compromiso en asuntos clave como el acuerdo climático de París, Corea del Norte y los vínculos comerciales.


Los intentos de llegar a un acuerdo entre Trump y Xi pronto se pondrán en marcha. Seguramente se reúnan en los primeros compases de su presidencia, sostiene Guajardo. "Él es un negociador y nadie negocia más que China".
Traducido por Cristina Armunia Berges

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Sábado, 12 Noviembre 2016 06:38

El otro fin de ciclo

El otro fin de ciclo

En el último año hablar del “fin del ciclo progresista” se había convertido en una moda en América latina. Uno de los supuestos de tan temeraria como infundada tesis era la continuidad de las políticas de libre cambio y de globalización comercial impulsadas por Washington desde los tiempos de Bill Clinton y que, pensaban, serían continuadas por su esposa Hillary para otorgar sustento a las tentativas de recomposición neoliberal en curso en Argentina y Brasil. Enfrentados al tsunami Trump se miran desconcertados y muy pocos, tanto aquí como en Estados Unidos, logran comprender lo sucedido. Hablan de la “sorpresa” del martes a la madrugada, pero como observaba con astucia Omar Torrijos, en política no hay sorpresas sino sorprendidos. Veamos por qué.


Primero, Hillary Clinton hizo su campaña proclamando su orgullo por haber colaborado con la Administración Barack Obama, sin detenerse un minuto a pensar que la gestión de su mentor fue un verdadero fiasco. Sus promesas del “Sí, podemos” quedaron rápidamente sepultadas por las intrigas y presiones de lo que los más agudos observadores de la vida política estadounidense denominan “el gobierno invisible”. Sus tentativas reformistas en el plano doméstico naufragaron sistemáticamente, y no siempre por culpa de la mayoría republicana en el Congreso. Su intención de cerrar la cárcel de Guantánamo se diluyó sin dejar mayores rastros y Obama, galardonado con un inmerecido Premio Nobel, careció de las agallas necesarias para defender su proyecto y se entregó sin luchar. Otro tanto ocurrió con el “Obamacare”, la malograda reforma del absurdo y carísimo e ineficiente sistema de salud de Estados Unidos, fuente de encendidas críticas sobre todo entre los votantes de la tercera edad. No mejor suerte corrió la reforma financiera, luego del estallido de la crisis del 2008 y que, pese a la hojarasca producida por la Casa Blanca y distintas comisiones del Congreso, siguió dejando en pie la impunidad del capital financiero para hacer y deshacer a su antojo. Mientras, los ingresos de la mayoría de la población económicamente activa registraban -no en términos nominales sino reales- un estancamiento de más de veinte años las ganancias del uno por ciento más rico de la sociedad norteamericana crecieron astronómicamente. Tan es así que un autor como Zbigniew Brzezinski, tan poco afecto al empleo de las categorías del análisis marxista, venía hace un tiempo expresando su preocupación porque los fracasos de la política económica de Obama encendiese la hoguera de la lucha de clases en Estados Unidos. En realidad esta venía desplegándose con toda fuerza desde comienzos de los noventas sin que él se diera cuenta. En materia de reforma migratoria Obama tiene el dudoso honor de haber sido el presidente que más migrantes indocumentados deportó, incluyendo un exorbitante número de niños que querían reunirse con sus familias. En resumen, Clinton se ufanaba de ser la heredera del legado de Obama, y aquél había sido un desastre.


Pero, segundo, el legado de Obama no pudo ser peor en política internacional. Se pasó ocho años guerreando en los cinco continentes, y sin cosechar ninguna victoria. Al contrario, la posición relativa de Estados Unidos en el tablero geopolítico mundial se debilitó significativamente a lo largo de estos años. Por eso fue un acierto propagandístico de Donald Trump cuando utilizó para su campaña el slogan de “¡Hagamos que Estados Unidos sea grande otra vez!” Obama propició golpes militares en América Latina (en Honduras, Ecuador, Paraguay) y envió al Brasil a Liliana Ayalde, la embajadora que había urdido el golpe contra Lugo para hacer lo mismo contra Dilma. Atacó a Venezuela con un estúpido decreto diciendo que el gobierno bolivariano era una amenaza excepcional a los intereses y la política exterior de Estados Unidos. Reanudó las relaciones diplomáticas con Cuba pero no hizo nada para acabar con el bloqueo. Orquestó el golpe contra Gadaffi inventando unos “combatientes por la libertad” que resultaron ser mercenarios del imperio. Y Hillary merece la humillación de haber sido derrotada por Trump aunque nomás sea por su repugnante risotada cuando le susurraron al oído, mientras estaba en una audiencia, que Gadaffi había sido capturado y linchado. Luego de eso, Obama y su Secretaria de Estado repitieron la operación contra Bashir al Assad y destruyeron Siria al paso que, como confesó la Clinton, “nos equivocamos al elegir a los amigos” y dieron origen al tenebroso Estado Islámico. Declaró una guerra económica no sólo contra Venezuela sino también contra Rusia e Irán, aprovechándose del derrumbe del precio del petróleo originado en el robo de ese hidrocarburo por los jihadistas que ocupaban Siria e Irak. Y para contener a China desplazó gran parte de su flota de mar al Asia Pacífico, obligó al gobierno de Japón a cambiar su constitución para permitir que sus tropas salieran del territorio nipón e instaló dos bases militares en Australia para, desde el Sur, cerrar el círculo sobre China.


Con Trump en la Casa Blanca la globalización neoliberal y el libre comercio pierden un aliado crucial. El magnate se manifestó en contra del TTP, habló de poner fin al NAFTA, y se declaró a favor de una política proteccionista, a la vez que propone un acuerdo con Rusia para estabilizar la situación en Siria. Los gobiernos que se ilusionaban pensando que el futuro de nuestro países pasaría por “insertarse en el mundo” vía libre comercio (TTP, Alianza del Pacífico, Acuerdo Unión Europea-Mercosur) más les vale vayan aggiornando su discurso y comenzar a leer a Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro de Estados Unidos, y padre fundador del proteccionismo económico. Sí, se acabó un ciclo: el del neoliberalismo, cuya malignidad convirtió a Europa en una potencia de segundo orden e hizo que Estados Unidos se internara por el sendero de la decadencia imperial. Paradojalmente, la elección de un xenófobo y misógino millonario norteamericano podría abrir, para América Latina, insospechadas oportunidades para romper la camisa de fuerza del neoliberalismo y ensayar otras políticas económicas. Como diría Eric Hobsbawm, se vienen “tiempos interesantes.”

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Miércoles, 09 Noviembre 2016 07:06

El día después: Trumpismo con o sin Trump

El día después: Trumpismo con o sin Trump

La elección pasó y se queda el trumpismo: movimiento estructural del supremacismo/nacionalismo blanco WASP de los desempleados red necks y cuellos azules.

A un día de los sufragios, ¿habrá impactadola enésima voltereta del director de la FBI, JamesComey, vilipendiado por tirios y troyanos, quien por segunda vez exoneró a Hillary de sus polémicos correos (https://goo.gl/pLfCts)?

La primera víctima de la post elección ha sido la institucionalidad de la FBI, la policía orwelliana de EU, también fracturada, como todos los elementos de la sociedad que pasa por una alarmante fase centrífuga.

Newton Gingrich, anterior líder camaral del Partido Republicano, acusó al director de la FBI de "encapsularse" y advirtió que EU puede encontrarse en turbulencias durante una "década (sic)", independientemente de quien gane la Casa Blanca (https://goo.gl/lsM1nZ).

A juicio del británico Edward Luce (EL), del Financial Times –que se pronunció, como TheEconomist, a favor de Hillary–, quien conoce como pocos el sistema,“la democracia (sic) estadunidense se encuentra ante su más grave prueba (https://goo.gl/5Dr34R)”: el "sistema se tambalea, independientemente del resultado de la elección" cuando "EU se está volviendo cada vez más difícil de gobernar". ¡Cómo no, si la desigualdad del modelo neoliberal ha carcomido sus entrañas en forma ininterrumpida!

En otro artículo, "La Era del Vitriolo", EL diagnostica que "es improbable que el vitriolo se evapore", ya que “son reales (sic) las fuerzas inconexas que han apoyado a Trump (https://goo.gl/8MRBDW)”.

El trumpismo sufre de alienación demográfica y sicológica cuando todavía los blancos no latinos ostentan 64% de la población, en franco declive, frente al ascenso irresistible de los latinos, a cuya cabeza se encuentran los mexicanos y, más que nadie, de los asiáticos que cambiarán la estructura racial de EU en 2050 (https://goo.gl/ozZCKn).

El trumpismo, con o sin Trump, representa el canto de cisne del supremacismo/nacionalismo blanco que se subsume en los WASP (https://goo.gl/dvrlr2).

La "polarización de EU es real" y Haviv Rettig Gur, de The Times of Israel –pro Hillary– analiza correctamente que la "furia" detrás de Trump "es sólo el principio", cuando “el desprecio y el vitriolo de la carrera de 2016 no fueron causados por un solo fanfarrón provocador, sino por angustias arraigadas por las extensas fracturas (sic) que no desaparecerán rápidamente, independientemente de la decisión de los votantes (https://goo.gl/vOg247)”.

Cuando una superpotencia como EU se encuentra en decadencia exhibe serias contradicciones domésticas, regionales y globales.

Ya había formulado que tanto Samuel Huntington en sus dos libros –el Choque de civilizaciones (https://goo.gl/zPEKFl), eminentemente islamófobo, y ¿Quiénes somos? (https://goo.gl/QhrGCY), eminentemente mexicanófobo– como Trump abrevan de las mismas raíces evangelistas "puritanas" de los padres fundadores y sus previos "4 despertares" de corte religioso,racista y sociopolítico (https://goo.gl/gmEHuO).

Huntington fue un trumpiano avant la lettre de la política exterior de EU y su nefario Choque de civilizaciones, cuyo último libro es la quintaescencia del trumpismo doméstico.

Lo contradictorio ahora de EU, como reflejo de su caos en su notable crisis declinante, así como de la ruptura de su previa identidad nacional, subyace en que Trump expresa el supremacismo de los blancos WASP, mientras la política exterior de Hillary –basada en gran medida en el pugnaz Choque de Civilizaciones de Huntington– respalda el Supremacismo bélico anglosajón, con o sin latinos –usados como carne de cañón–, donde predomina la anglósfera y convergen tanto la dinastía bananera de los republicanos Bush como de los "neoconservadores straussianos" encabezados por el republicano Paul Wolfowitz, cuando ambos sectores del establishment anti-Trump se volcaron por Hillary.

Si fue un grave error mayúsculo haber recibido en forma oficial al candidato Trump en Los Pinos con toda la pompa presidencial, fue mucho peor que los "senadores", la panista Mariana Gómez del Campo –prima exhibicionista de la esposa de Calderón– y Zoe Robledo –cuyo padre es íntimo de Carlos Menem en Argentina, para decir lo menos– se hayan expuesto en forma impúdica con camisetas a favor de Hillary, delante del letrero “La Patria es Primero (https://goo.gl/IQCgg4)”. Estos dos "senadores" entreguistas, colaboradores del letal "Pacto por México" –que desmanteló la última seguridad soberana del "México profundo"–, amén de haber actuado con frivolidad, han puesto en riesgo a nuestros hermanos mexicanos en EU, donde pueden cundir represalias del supremacismo/nacionalismo de la furia blanca de los desempleados WASP.

¿Cómo puede apoyar un verdadero "patriota" mexicano a Hillary cuando fue quien primero aprobó la construcción de la tercera parte del ignominioso muro en nuestra frontera (https://goo.gl/TJLDgD) ante las narices de los panistas fariseos Fox y Calderón, y segundo, cuandofue "coautora" de la captura del petróleo de México: nuestro último resguardo geopolítico que nos quedaba (https://goo.gl/y1Q8Rx)?

La infatuada Mariana Gómez del Campo y el soez Robledo han de confundir a "patriotas mexicanos" con el equipo de futbol los "Patriotas de Nueva Inglaterra".

A los disfuncionales cuan ignaros senadores "mexicanos" se les pasa por alto que los supremacistas blancos –avalados por la Segunda Enmienda y la poderosa Asociación Nacional del Rifle– son los más armados del planeta, a diferencia de nuestros despojados hermanos mexicanos que no tienen esa "cultura balística".

Les recuerdo a los desinformados "senadores" que Hillary desprecia a los mexicanos, a quienes calificó de "antiestadunidenses", y también a los "católicos" –ella pertenece a la denominación protestante metodista–, a quienes insultó de "bastardos". Parece que los senadores "mexicanos" sufren patente masoquismo y vocación de ser esclavos maltratados.

Los aventureros poderes Ejecutivo y Legislativo del "México neoliberal itamita" cometieron graves errores infantiles en política exterior y lo peor es haber personalizado y/o satanizado a Trump cuando no entienden que se trata de una real dislocación estructural del sistema estadunidense que epitomiza el trumpismo.

Los clones del indefendible trumpismo empiezan a pulular desde Europa hasta Israel, donde Haaretz –pro Hillary– señala que el premier Bibi Netanyahu es una "versión astuta" de Trump (https://goo.gl/i3P1d9).

El feroz portal Zero Hedge fustiga que la “élite estadunidense no tiene la menor idea de que la sociedad se encuentra cerca de su punto de quiebre (https://goo.gl/r2yygE)”.

En una visión de "ondas largas" del eminente historiador galo Fernand Braudel, el Brexit anglosajón de Gran Bretaña se rencuentra casi 400 años después con el trumpismo y su línea de continuidad que proviene desde el Mayflower y sus primeros evangelistas fundamentalistas "puritanos".

La grave crisis de EU y su fracking doméstico reflejan la decadencia del modelo financierista israelí-anglosajón que aniquiló la "democracia" y a la política.

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Lunes, 22 Agosto 2016 06:58

¿El fin de la "libertad"?

¿El fin de la "libertad"?

El libre comercio es un concepto casi sagrado en la cúpula económica y política de Estados Unidos, parte de un "consenso" que ha logrado imponer la tesis de que la "libertad" se define por el libre mercado/libre comercio. Es el pilar del modelo neoliberal que ha imperado durante las últimas tres décadas, pero ahora ese consenso dentro de Estados Unidos se está derrumbando; algo que podría tener serias implicaciones para los "socios" de este país, incluido México.

Y eso, alertan algunos, podría marcar el fin del consenso neoliberal en Estados Unidos.

Nunca antes los candidatos presidenciales de ambos partidos nacionales han cuestionado el libre comercio y expresado su oposición a los tratados comerciales tanto los que están en negociación como los existentes, entre ellos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En cada uno de sus discursos, casi sin excepción, el candidato presidencial republicano Donald Trump ha destacado su crítica contra el TLCAN y demás acuerdos, y ha prometido que si es electo los renegociará y si no se aceptan sus propuestas Estados Unidos se retirará del TLCAN, entre otros. A menudo este punto se pierde entre los exabruptos y las posiciones extremistas antimigrante y antimusulmán, pero ha sido fundamental desde que arrancó su campaña presidencial hace un año y explica en gran medida el apoyo que ha recibido de varios sectores, como el de trabajadores blancos en zonas industriales y pequeños comerciantes y otros empresarios que han sido directa y adversamente afectados por los tratados de libre comercio.

Hillary Clinton, la candidata presidencial demócrata, quien hasta hace unos momentos era una gran campeona y promotora del libre comercio –su esposo Bill fue quien promulgó en ley el TLCAN y como secretaria de Estado de Barack Obama dedicó parte de su tiempo a promover los acuerdos ahora en negociación (el Transpacífico o TPP y otro con Europa)–, se ha visto obligada a pronunciarse en contra del TPP y resaltó como las promesas del TLCAN no se han cumplido.

Este giro se debe en gran parte a la competencia con Trump por el voto en zonas industriales, y, por otro lado, al reto desde su flanco izquierdo, hasta hace poco representado por Bernie Sanders, pero que sigue presente por sus millones de votantes.

Vale repetir que a pesar de la constantemente comentada "división" y "polarización" política en este país y en Washington, las cúpulas de ambos partidos siempre lograron unirse para defender el libre comercio. De hecho, la gran prioridad del presidente Obama en sus últimos meses en la Casa Blanca es lograr la aprobación del ATP, y todos saben que la única manera que el mandatario demócrata puede lograr esto es con el voto de la mayoría de los legisladores republicanos (el presidente no cuenta con la mayoría del voto de su propio partido). Así, como si fuera un milagro, de repente el presidente y sus supuestos opositores republicanos pueden trabajar conjuntamente para promover el libre comercio, ovacionados por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Wall Street, y otras partes de la cúpula económica del país.

Mientras la cúpula económica y política ha impuesto su consenso, nunca ha contado con el apoyo de la opinión pública (esto a pesar de décadas de invertir millones para convencer al pueblo de que el libre comercio es para su bien). Hace unos meses Bloomberg Politics reportó que "la oposición al libre comercio es un concepto unificador aun entre un electorado profundamente dividido, con más de dos tercios favorables a imponer mayores restricciones sobre bienes importados", algo que consideró un "rechazo asombroso de lo que ha sido una piedra angular de las políticas económicas y exteriores de posguerra".

La oposición popular al libre comercio no se ha superado en los últimos 30 años y tiene sus expresiones en ambos partidos, tanto entre filas ultraconservadoras como en las liberales y progresistas. El gran debate popular que se detonó en los países de América del Norte sobre el TLCAN a principios de los 90 alimentó lo que sería una rebelión trasnacional contra el libre comercio, y a fin de cuentas del propio modelo neoliberal que sigue resonando en amplios sectores de este país.

Como han repetido sus críticos más agudos, el "libre comercio" tiene poco que ver con libertad o comercio. Lora Wallach, directora del proyecto sobre comercio global de Public Citizen, ha insistido durante décadas que estos acuerdos son más bien convenios que establecen una serie de derechos supranacionales para las empresas y el capital trasnacional. Noam Chomsky ha reiterado que "los llamados acuerdos de libre comercio no son acuerdos de libre comercio; son acuerdos de derechos de inversionistas".

Algunos creen que este desmoronamiento del consenso sobre el libre comercio más bien marca el fin del neoliberalismo.

El economista premio Nobel Joseph Stiglitz se atrevió a comentar la semana pasada que "el neoliberalismo ha muerto tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados". En comentarios a Business Insider, afirmó: “hemos pasado de una euforia neoliberal de que ‘los mercados funcionan bien casi todo el tiempo’ y que sólo necesitábamos que los gobiernos siguieran este curso, a ‘los mercados no funcionan; y el debate ahora es cómo lograr que los gobiernos funcionen para aliviar eso”.

Stiglitz, y por separado, varios economistas reconocidos, y más sorprendentemente, analistas en instituciones como el Fondo Monetario Internacional, han expresado que la generación de la desigualdad económica tan marcada como resultado de este modelo neoliberal pone en riesgo a las economías.

Aparentemente, tanta "libertad" de mercado y comercio resulta en grandes injusticias económicas (¡qué sorpresa!)

Tal vez el fin de este tipo de "libertad" definida por el "libre comercio/el libre mercado" abra una posibilidad de una libertad definida ya no por el consenso entre unos pocos, sino por casi todos.

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