MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Policía Militar o Guardia Indígena: dos modos opuestos de seguridad

 En medio del impresionante levantamiento juvenil y popular en Colombia, cuando la represión arreciaba con toda su carga de letalidad y de terror por parte del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (ESMAD) y de grupos paramilitares, los estudiantes y otros sectores movilizados decidieron llamar en su auxilio a la Guardia Indígena.

Nadie llama desconocidos cuando la situación se torna dramática. De hecho, la Guardia Indígena es muy conocida en Cali, ya que en cada movilización de los pueblos originarios cientos de guardias la acompañan asegurando la paz y el orden.

Se calcula que unos tres mil comuneros organizados del Norte del Cauca, a unos cien kilómetros de Cali, llegaron hasta la ciudad en sus chivas (transporte público abierto). En los momentos más críticos, cuando civiles armados de barrios ricos salieron a disparar contra los manifestantes, apoyados por la policía, la Guardia no perdió los nervios, se movilizó y consiguió detener por lo menos a uno de los agresores.

Es evidente que esto no se consigue sin organización, experiencia, decisión y fortaleza espiritual. Cuando los manifestantes fueron atacados a balazos en el barrio La Luna de Cali, llamaron a la Guardia que los correteó hasta sus casas, constatando que se trataba de una urbanización privada. El coordinador de la Guardia dijo a los vecinos que creía necesario que "constituyan guardias comunitarias", pacificas y no armadas, para su defensa .

 La Guardia Indígena de los pueblos originarios del Cauca, sur de Colombia, es una de las más importantes creaciones de cualquier movimiento social de América Latina. Comenzó alrededor del 2000, cuando los resguardos indígenas del Cauca (territorios reconocidos legalmente) eran escenario de una guerra que los nasa, misak, totoroes, coconucos y otros pueblos de la región, rechazaban de forma tajante.

Según el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) la guardia la integran "los niños, niñas, mujeres, hombres, autoridades espirituales y culturales que están en constante contacto con la defensa de la cultura, la vida, el territorio y la autonomía".

La Guardia Indígena se convirtió en imprescindible para la sobrevivencia de los pueblos, ya que el Estado colombiano no sólo no protege a la población de las áreas rurales, sino que los cuerpos armados suelen colaborar con los paramilitares y narcotraficantes cuando atacan poblaciones campesinas para despojarles la tierra.

En 2010, la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) aseguró que casi siete millones de hectáreas habían sido robadas a los campesinos, afrodescendientes y pueblos indígenas por "despojo y abandono forzado de tierras", como consecuencia de la violencia organizada.

El bastón de mando es el signo distintivo de la Guardia, que simboliza el mandato de las comunidades y el ejercicio del derecho propio, además de la pañoleta verde y roja. El bastón tallado en madera de chonta está adornado con cintas de cuatro colores: verde es la naturaleza, rojo por la sangre de los antepasados, azul por el agua y negro por la tierra.

Estos días cientos de Guardias Indígenas han llegado hasta Cali porque, como dicen los pueblos del Cauca, "somos diferentes, pero no indiferentes". La Guardia fue a Cali no sólo a manifestarse sino a apoyar a los barrios más golpeados por la represión en el marco del paro nacional, a pedido de varios estudiantes y vecinos movilizados.

"Muchos creen que si nos matan o nos disparan nos van a doblegar o nos harán retroceder. Es lo contrario, nos llenamos de coraje y eso nos da fuerza", dijo Harold Secué, consejero de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), entrevistado por Pacifista.

Cuando comenzó la pandemia, el CRIC decidió una Minga hacia Adentro, invirtiendo las tradicionales mingas que han sido movilizaciones para visibilizar una situación determinada, para "caminar la palabra", como indica la tradición del movimiento. Una minga hacia adentro coloca en primer plano la medicina tradicional, la diversificación de cultivos y la armonización de las personas en el territorio.

La Guardia Indígena efectúa el control territorial, cerrando el paso a las personas y vehículos no autorizados por los cabildos (autoridad territorial indígena). El CRIC movilizó siete mil Guardias para controlar 70 puntos de ingreso y salida de sus territorios. Aún así, los armados siguieron asesinando comuneros, que nunca responden con violencia sino con la presencia masiva y organizada.

La experiencia y el reconocimiento de la Guardia Indígena motivó que otros sectores se organizaran. Ya existen las Guardias Cimarronas de los pueblos negros y las Guardias Campesinas, pero lo más novedoso es que durante estos días de paro nacional los jóvenes urbanos comienzan a reflexionar sobre la necesidad de organizarse como Guardias en las ciudades y en los barrios.

Los pueblos originarios están marcando un rumbo: recuperar tierras que han sido expropiadas por grandes multinacionales para sembrar caña de azúcar como sucede en el Valle del Cauca. En la región del Norte del Cauca, han liberado miles de hectáreas de un latifundio que sobre explota la tierra y a los cortadores de caña y sus familias, siempre acompañados por la Guardia Indígena.

Es probable que con el paso del tiempo, esta impresionante movilización popular en Colombia sea recordada por la solidaridad que ha despertado entre los afectados por una oligarquía que lleva más de un siglo destruyendo Colombia: desde la masacre de las bananeras a principios del siglo XX hasta la guerra civil conocida como La Violencia, luego del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

En esa memoria larga, el papel jugado por la Guardia Indígena será recordado como uno de los hechos más notables, cuando miles de personas salieron en defensa de otras personas, que ni siquiera conocían, que tienen otras culturas y otros colores de piel, mostrando que todavía es posible un mundo más humano cincelado por la solidaridad.

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Colombia: Uribe ‘desencadenado’. Revolución Molecular Disipada, extrema derecha y criminalización de la protesta

En la sexta jornada del Paro Nacional, dos días después de que una madre en Ibagué implorara en grito sordo a la policía que la mataran, así como acababan de matar a su hijo Santiago Murillo (19 años), solo unas horas antes de que esa misma policía asesinara sorprendido e indefenso, no demasiado lejos de allí, a Nicolás Guerrero (27 años) en las tumultuosas protestas de Cali, el expresidente Álvaro Uribe, líder indiscutible de la derecha colombiana durante los últimos 20 años, recibió una inspiración mística.

Tres días antes, la red social Twitter había decidido retirar una de sus publicaciones, en la que sugería que policía y fuerzas armadas deberían utilizar armas de fuego contra los manifestantes, por considerarse que ‘glorificaba’ la violencia. A la luz de los datos y durante los siguientes días, la propia policía le habría de dar la razón.

El lunes a las 11 de la mañana, casi al tiempo de la renuncia del Ministro de Hacienda tras la decisión por parte del gobierno de retirar el polémico proyecto de reforma tributaria que hizo estallar la indignación en las calles de Colombia, un críptico tweet en su cuenta prendió la curiosidad de un gran número de usuarios, desviando incluso parte de la atención de la noticia política del momento y desatando un intenso debate acerca del origen de dicha intervención. Reproduciendo textualmente lo compartido por el expresidente y líder del partido político Centro Democrático, más que una propuesta de acción política, su redacción sugiere una suerte de revelación extática:

  1. Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo;
  2. Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado;
  3. Acelerar lo social;
  4. Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa

Muchas y muchos se sorprendieron por el inesperado uso, por parte de un político carismático de la extrema derecha, de un concepto ‘revolucionario’ surgido en el contexto post-mayo del 68. Nada más lejos de la realidad, con su ‘Revolución Molecular Disipada’ Uribe no estaba citando al psicoanalista francés Felix Guattari y su famoso libro, del año 1977, ‘La Revolución Molecular’.

Uribe se refería con el último de los términos al concepto repostulado por el político chileno Alexis López, de inspiración ideológica nacional-socialista, fundador y presidente –hasta su disolución en 2010- del movimiento Patria Nueva Sociedad en Chile, fugazmente famoso en la escena política chilena por ser el principal organizador en el año 2000 del ‘Encuentro Ideológico Internacional de Nacionalidad y Socialismo’ -o ‘Congreso Nazi’, tal y como lo denominaron las publicaciones de la época- y acérrimo defensor del revisionismo del holocausto judío, entre otras propuestas de inspiración neofascista. Conferencista también, en reiteradas ocasiones, en la Universidad Militar Nueva Granada, institución donde se forman algunos de los principales cuadros militares de Colombia.

Con el concepto de ‘Revolución Molecular Disipada’, López describe un ataque organizado desde sectores de vanguardia de la izquierda internacional y la masonería, en el que se utilizarían a diferentes actores de la sociedad civil infiltrados por la delincuencia organizada y el terrorismo, de carácter “total y encubierto” y dirigido como un ataque a todas las instituciones responsables de mantener el orden en el país, con el objetivo de derribarlas y ser reemplazadas por una nueva institución. Para ello, el propio ideólogo chileno reconoce la impronta de Guattari en la definición original del concepto, pero lejos de lo propuesto por el filósofo francés, López asegura que la estrategia orientadora responde a la destrucción de las sociedades a través del terror social, continuo y organizado, para su sustitución por una nueva hegemonía. El concepto, por tanto, es utilizado como una alerta para los diferentes gobiernos e institucionalidades que asumen su veracidad como un riesgo para el ejercicio mismo de la democracia, por lo cual debe ser erradicada a cualquier costo, ya sea en el incremento de los niveles de impopularidad de un gobierno o a través de la supresión de vidas civiles en las calles.

En ese sentido, la propia acepción del concepto tiene una clara inspiración paternalista, por la que gran parte de los individuos que conforman el actor ‘movimiento’ o ‘revolución’ ni siquiera serían conscientes de los fines últimos por los que se están movilizando. El papel, entonces, de las instituciones, resultará en develar la conspiración izquierdista-masónica para persuadir a los agentes del cambio a desistir de ofrecer su energía en pro de la destrucción del Estado. En caso de no lograr dicha persuasión, el ejercicio de la violencia sobre los agentes de destrucción del Estado estará, por tanto, justificada desde el pragmatismo que destila su urgencia.

Cabe decir que para el antiguo movimiento fundado por Alexis López, Patria Nueva Sociedad, el Estado es considerado como un ente natural orgánico, surgido de la nación misma, en el cual la lucha de clases debía ser erradicada para ser sustituida por la cooperación entre dichas clases, en favor de una democracia gremial que favorezca el corporativismo como sistema que guíe el devenir político de las sociedades. Para contextualizar su impronta, el sistema corporativista fue uno de los caballos de batalla del fascio durante la dictadura de Benito Mussolini, siendo su adaptación para América Latina el denominado ‘integralismo’ brasileño, del populista Getulio Vargas.  

Por el contrario, la ‘revolución molecular’ propuesta por Félix Guattari y elaborada en torno a ideas dispersas, en dialogo con su compañero Gilles Deleuze a lo largo de diferentes e imprescindibles publicaciones para el avance del pensamiento político contemporáneo -tales como ‘Mil mesetas’ (1980) o ‘El Anti-Edipo' (1972)- ofrece una lectura mucho más heterogénea, heterodoxa y consciente de las características de su propio tiempo. Ante la imposibilidad de abarcar la amplitud de su definición, y a fin de centrarnos en las posibles relaciones con el concepto apropiado por la extrema derecha latinoamericana, en este texto sólo nos centraremos en su carácter más estructural.

En su definición materialista, la propuesta misma de ‘revolución molecular' surge en un momento social concreto de transformación en el que, a partir de los años 70, las luchas de clase -eminentemente sindicales- van cediendo terreno a otro tipo de actores sociales organizados, de una multiplicidad variable en sus estructuras, deudores no solo de la reivindicación de una temática propia y alternativa, sino de su surgimiento en un contexto social y temporal específico. Prueba de ello es la multiplicidad de procesos geopolíticos subsumidos en la década (desde la ampliación y ordenación del ‘Capitalismo Mundial Integrado’ a la estabilización de las luchas decoloniales en gran parte de los países de África y Asia), lo cual añadía una apertura en los paradigmas de acción social y evidenciaba la enormidad de reivindicaciones que se escondían tras la clásica -y caduca, en su definición más vulgar- lucha de clases. Estas nuevas conciencias surgen de las nuevas ‘segmentariedades’ de un capitalismo desterritorializado, ubicuo, descabezado pero homogeneizador, que amplía sus estructuras sobre nuevos nichos de acumulación e integran espacios hasta entonces ajenos a su impronta, tales como el ocio o el deseo.

Precisamente por ello, ambos teóricos comienzan a discernir sobre formas de acción distintas, heterodoxas, más allá de la lucha de clases tradicional y basadas en una multiplicidad de quiebres que rompe (o cuanto menos cuestiona) la dialéctica epistémica hasta ese momento aplicada, e intenta comprender las formas de resistencia y acción frente a las posibilidades y cercamientos de este nuevo tipo de capitalismo. Es en este punto que Guattari, aun consciente de la imposibilidad de predecir las nuevas formas de revolución y lucha, considera que estas, al menos, compartirán una serie de características entre las que se incluyen:

  • No centrarse únicamente en objetivos cuantitativos, sino que pondrán en tela de juicio las finalidades del trabajo, y por consiguiente, las del ocio y la cultura, entre muchas otras representaciones.
  • No centrarse únicamente en las clases obreras-industriales-cualificadas-blancas-masculinas-adultas, dado que la producción ya no puede identificarse con la industria pesada.
  • No centrarse únicamente en un partido de vanguardia concebido como sujeto pensante de las luchas y con arreglo al cual será determinado el conjunto de los «movimientos de masas».
  • Ser policéntricas, tanto así que los sujetos que participen no estarán necesariamente coordinados y entre ellas podrán surgir contradicciones, incluso antagonismos irreductibles.
  • No centrarse en un ámbito nacional.
  • No centrarse en un corpus teórico único.
  • Rechazar la compartimentación entre valores de cambio, valores de uso y valores de deseo.

Estas ‘nuevas’ formas de acción que configurarían la ‘revolución molecular’ surgen como una propuesta asumible por las luchas pensadas para América Latina desde la década de los 70 y en adelante, en la conquista por la democracia en muchos casos y en contextos en los que es necesario ‘inventar’ nuevas formas de organización entre las luchas de clases occidentales y las luchas de emancipación inherentes a las repúblicas poscoloniales en sociedades híbridas y con múltiples tensiones.

En la comprensión de su posible éxito en el contexto de los estados latinoamericanos es donde empiezan y terminan las similitudes entre ambas acepciones. Si para Guattari la revolución es potencia, para López es tragedia. Si para Guattari es distribuida, para López es jerárquica. Si para Guattari es deseo, para López es terror. Si para Guattari es esperanza, para López es traición.

Y Uribe, gran conocedor del poder del marketing en la justificación de los intereses propios aun en contra de los de todo un pueblo, del valor de la emocionalidad en la construcción de mecanismos de poder y legitimación, gran populista, asume providencial la deformación del concepto. De esta forma, alimenta su serie de grandes éxitos que inician con el ‘castrochavismo’ y continúan con otras deformidades tales como aquella de la ‘ideología de género’ o la alargada sombra del Foro de São Paulo, algunos de los argumentos más difundidos para la negativa de apoyo al proceso de paz en el referéndum de 2016.

Álvaro Uribe Vélez asume en estos casos la inspiración del esperpento, y se erige en un Max Estrella de camisa blanca y pecho descubierto para el que el reflejo en espejos cóncavos de aquello que construye lo más democrático de las sociedades, el ejercicio crítico de la ciudadanía, se torne desfigurado en la mayor amenaza para la democracia: aquello que combatir. Adaptando la genial frase de Valle Inclán, podría decirse que el sentido trágico de la vida colombiana sólo puede entenderse a través de una política sistemáticamente deformada.

La estrategia no es nueva por parte de la derecha, y es realmente sencilla. La desinformación se nutre del anonimato en la generación del mensaje y del capital simbólico de la figura que lo difunde. Su único fin es el de reforzar sesgos, crear narrativas paralelas y afianzar el pánico colectivo a través de una manipulación consciente de la información presentada. Información falsa presentada como veraz con una clara orientación de interés político. Si a ello unimos un entorno favorecido por el avance de la posverdad, cuyo principal requisito es el de contar con una sociedad en crisis económica y de representación, polarizada en lo social, tenemos una oportunidad perfecta para que figuras políticas carismáticas logren romper el cerco del anonimato de propuestas más o menos marginales y vanas y ubicarlas, a través de la apelación a las emociones (la utilización sistemática de la amenaza del terrorismo), en el centro del debate político.

Paradójicamente, y contrario a lo que proponen López o Uribe, el mayor problema para la democracia surge cuando el político de inspiración populista utiliza herramientas propicias de la posverdad para instigar a la utilización de formas de violencia y represión interna por frente a otras formas de persuasión sobre la propia ciudadanía, una de las principales y más claras fronteras teóricas que marcan la diferencia entre el populismo y el fascismo.

La criminalización de la ciudadanía y del derecho a la protesta marcan el golpe de gracia a un supuesto Estado de Derecho terriblemente azotado por la enorme desigualdad penitente, los indecentes niveles de concentración de su riqueza, el asesinato sistemático de sus líderes sociales y la terrible pesadilla de los falsos positivos, entre otros crímenes. Es importante recordar que en Colombia es solo hasta la Constitución de 1991 que la reunión y manifestación pública y pacífica se reconocen como derecho fundamental. Antes, diferentes gobiernos, por medio de decretos y estatutos, habían restringido e incluso anulado el derecho a la 'reunión pacífica’ consagrada en la Constitución de 1886, equiparándolo a un delito de alteración del orden público.

Paradójicamente, durante los gobiernos del propio Uribe (2002-2010), y amparado por la doctrina política de la seguridad nacional que orientó sus mandatos, fue usual la judicialización de los activistas sociales en torno a delitos asociados al conflicto armado. En ese sentido, el carácter abierto, ambiguo e indeterminado de los delitos asociados al terrorismo implican un enorme riesgo frente a la criminalización de la protesta en Colombia, especialmente en la indeterminación de los tipos penales y el uso abusivo del derecho penal. La protesta judicializada por un sistema judicial politizado, marcado por la desconfianza de los actores institucionales sobre el ejercicio de su garantía y la subsunción de imaginarios que equiparan protesta con terrorismo, manifestación pública con delincuencia, insertos en la tradición histórica de la derecha política más reaccionaria, ejerciendo la sospecha de las verdaderas intenciones de aquella parte de la ciudadanía que desea ejercer su derecho a movilizarse. Algo que aúna, de nuevo, el devenir de Colombia y Chile, especialmente en la redacción en ambos casos de su carta magna y el reconocimiento de la garantía al derecho de reunión pacífica. En Colombia, justificada en la mentada sospecha de la infiltración terrorista. En Chile, la desconfianza de la herencia pinochetista hacia las leales intenciones de los manifestantes, traducida en los últimos tiempos en ejemplos tan claros como la criminalización del pueblo mapuche o de la revuelta estudiantil.

Y es que, llegados a este punto, ya no solo se trata de la ‘revolución molecular’ de Guattari, o de la inspiración neonazi de algunos tweets de Uribe, sino de la sistemática subsunción movilizada por los imaginarios autorreferencialmente sustentados de la extrema derecha. Estos imaginarios reducen, de forma utilitaria, cualquier manifestación que los cuestione a las lógicas de justificación de su propio sistema de valores, en mora de conseguir una comprensión y actuar de las propias instituciones del estado que quiebren sus límites y respondan a sus propios intereses.

Para el caso de la subsunción de la movilización social actual (o cualquiera en los últimos tiempos), el imaginario deforme es el del ‘terrorismo’ y la ‘Revolución Molecular Disipada’ es la tergiversación utilitaria para subsumir a las lógicas de la guerra cualquier cuestionamiento de la ‘seguridad democrática’ de las instituciones. Mientras que para Guattari la ‘revolución molecular’ implica la participación de “un pueblo múltiple, un pueblo de mutantes, un pueblo de potencialidades que aparece y desaparece”, y que es capaz de materializarse en “encuentros”, “instituciones”, “afectos” y “reflexiones”, en el imaginario deforme del ‘terrorismo’, las expresiones de múltiples actores, diversos y con intereses disímiles, es inmediatamente subsumido a una concepción vetusta de la masa informe y descontrolada, incapaz de comprender la responsabilidad de sus actos pero capaz de llevarlos a cabo en fin último, peligrosa en tanto desestabiliza los cimientos del esquema axiológico que justifica el orden existente, independientemente que sea fallido.

La revolución molecular tiene en la heterogeneidad de la movilización su razón de ser, lo cual implica la necesidad de desmantelar las lógicas de relacionamiento basadas en la exclusión, la asimilación o la dominación de lo diferente. En cambio, en la lógica de la mismidad u homogeneización del imaginario del ‘terrorismo’, para la ‘Revolución Molecular Disipada’, ante la imposibilidad de dominar lo diferente, su eliminación es el único camino.

Solo queda por asistir a la inminente batalla por el relato.

Juan Ramos Martín

Director del Doctorado en Comunicación, Lenguajes e Información. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

María Reneé Barrientos Garrido

Investigadora del Instituto de Iberoamérica. Universidad de Salamanca (España).

Juan Pablo Bermúdez González

Profesor-investigador del Departamento de Lenguas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Nathalia Lamprea Abril

Directora de la Licenciatura en Lenguas Modernas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Fuente:

www.sinpermiso.info, 8 de mayo 2021

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La carrera de los billonarios por conquistar el espacio

Jeff Bezos y Elon Musk, dos de las tres personas más ricas del mundo, han puesto su ­fortuna al servicio de su proyecto de liderar el negocio del espacio

 

“Incluso la Vía Láctea parece demasiado pequeña para evitar que los egos de los billonarios colisionen”, señaló irónicamente esta semana una web científica estadounidense sobre el cruce de descalificaciones públicas en que se han enzarzado Elon Musk, el propietario de Space X y Tesla, y Blue Origin, la cabecera de las empresas espaciales de Jeff Bezos, el propietario de Amazon.

Bezos, considerado por la revista Forbes el hombre más rico del mundo, con una fortuna de 193.000 millones de dólares, y Musk, el tercero del ranking con 166.000 millones, libraron esta semana su enésima batalla pública a cuenta de uno de los varios proyectos espaciales en los que compiten: el lanzamiento de satélites en una órbita baja para ­crear una constelación que permita ofrecer internet por satélite en todo el mundo.

Starlink, el proyecto de Musk, plantea poner en órbita 12.000 nanosatélites, de los que ya ha lanzado 1.200, y ha pedido autorización al Gobierno americano para moverlos a órbitas más bajas para mejorar sus prestaciones. Una de las compañías que han pedido que no se autoricen estos cambios es Blue Origin, la empresa de Bezos, que tiene en marcha una inversión de 10.000 millones de dólares para desplegar el Sistema Kuiper: una red de 3.236 satélites que también dará conexión global a internet.

Musk contestó personalmente desde su cuenta de Twitter, en la que tiene 52 millones de seguidores, que “al público no le sirve paralizar Starlink hoy por un sistema satelital de Amazon que, en el mejor de los casos, está a varios años de funcionar”. A lo que la empresa de Bezos respondió en la CNBC que el cambio que pide Musk crea un riesgo de choque de satélites e interferencias de radio y “paralizaría la competencia entre los sistemas de satélites. Claramente, a SpaceX le interesa ahogar la competencia en la cuna si puede, pero ciertamente no es de interés público”.

“Esto es más que una simple batalla por el espacio”, reconoció Daniel Ives, analista de Wedbush Securities. “También hay egos en juego y se ha vuelto aún más personal”.

Bezos ha anunciado que dejará este año sus tareas ejecutivas en Amazon para dedicar más tiempo a otros proyectos, principalmente Blue Origin. Por el momento, sin embargo, Musk, que dirige personalmente Space X, va claramente por delante en la carrera espacial.

Su constelación de satélites, Starlink, está ya en fase de pruebas con clientes beta, a los que ofrece una conexión de 50 MB por segundo, aunque aún no las 24 horas, y prevé empezar el lanzamiento comercial antes de fin de año. Blue Origin, como recordaba irónicamente Musk, aún no tiene ninguno en órbita.

Pero donde más importante es la ventaja de Musk es en los viajes espaciales gracias a los contratos clave que le ha adjudicado la NASA.

El último hito de Musk con la agencia ha sido un contrato de 2.900 millones de dólares para desarrollar un módulo de aterrizaje para astronautas en la Luna, los primeros que pisarán el satélite desde las misiones Apollo, en 1972. Space X se ha impuesto a Blue Origin, pese a que esta había formado un equipo con Lockheed Martin, Northrop Grumman y Draper, especialistas en ingeniería y aviación y proveedores del ejército americano. La NASA ya utiliza los cohetes Falcon 9 y las cápsulas Dragon de la compañía de Musk para transportar astronautas a la Estación Espacial Internacional, y la firma ha realizado ya tres misiones tripuladas en menos de un año.

Blue Origin y Dynetics (otro perdedor, contratista habitual de Defensa) han presentado alegaciones ante la NASA contra la adjudicación del módulo de aterrizaje lunar a SpaceX. La compañía de Bezos calificó la adjudicación de “defectuosa” y aseguró que la NASA “ movió los postes de la portería en el último minuto”. La agencia, añadió, “elimina las oportunidades de competencia, reduce significativamente la base de suministro y no solo retrasa, sino que también pone en peligro el regreso de EE.UU. a la Luna”.

Musk respondió rápido y, también desde Twitter, hizo un juego de palabras con una imagen de Bezos presentando su prototipo de transporte lunar: “Can’t get it up (to orbit) lol.” Un comentario que podría leerse como que no se le levanta, o no puede ponerlo en órbita.

Pero Bezos tampoco ha eludido el conflicto y se ha burlado públicamente de la idea de Musk de colonizar Marte. “¿Quién quiere mudarse a Marte?”, preguntó al audi­torio en una conferencia en el 2019. “Hágame el favor de ir primero a vivir un año a la cima del Eve­rest y mire si le gusta, porque es un jardín paradisiaco comparado con Marte”.

La rivalidad entre los dos millonarios, sin embargo, tiene unos motivos muy terrenales. Según Wedbush Securities, “Bezos y Musk saben que el ganador de la batalla espacial será coronado en los próximos uno o dos años” y hay un negocio de miles de millones en juego.

Por Rosa Salvador

Barcelona

09/05/2021 08:57Actualizado a 09/05/2021 09:38

La montaña y el cielo nocturno de la Lacandona

Desde el comienzo del calendario de la insurrección, la imagen del barco ha sido parte central de las metáforas de la narrativa zapatista. Curiosa ironía el que una fuerza político-militar enclavada territorialmente en las selvas y montañas chiapanecas, a cientos de kilómetros del mar, recurra a ella como símbolo de su proyecto emancipador.

No debe extrañar entonces que, el buque La Montaña y la delegación zapatista, hayan levado anclas en Isla Mujeres para atravesar el Atlántico rumbo al puerto de Vigo. De por sí, el cielo nocturno de la Lacandona ha sido siempre una especie de mar tan grande, que no se ve ni su principio ni su fin, y en el que navegan libremente, impulsados por los aires, los sueños de todo tipo de utopías. Lo novedoso ahora no son las fantasías de un desembarco acuático en el viejo continente sino que, a más de 26 años después de anunciadas, se han hecho realidad.

En una posdata que alerta a la OTAN, del 30 de enero de 1996, el finado subcomandante Marcos asegura que, Durito, ese escarabajo al que los guardias luego confunden con un rinoceronte enano, y al que distintos testigos aseguran haber visto en el abordaje de “La Montaña”, estaba empecinado con la idea de "desembarcar e iniciar la conquista de Europa". Sin embargo, el sup, declinó ser parte de la empresa porque "la embarcación que prepara se parece demasiado a una lata de sardinas", teme que lo quieran llevar de remero y la mayoría de las humedades le producen mareos.

"La Montaña", el navío en el que viaja el Escuadrón 421 del EZLN, no es una "lata de sardinas" como la de Durito, pero tiene sus años a cuestas. Fue construido en los astilleros A. Vujik&Zonene, en Holanda, en 1903, como un buque de pesca. No es un barco grande. Sus dimensiones son de 27 x 6.55 x 2.8 metros. A lo largo de los años ha sido reparado y mejorado. Su primer motor, de dos cilindros, fue hecho en 1931 en Finlandia. En 1963 lo cambiaron por otro de 280 caballos de fuerza, fabricado en 1955. Ese es el que hasta la fecha sigue usando. En 2011, la nave fue reconstruida en Hamburgo. Desde 2005 surca los mares de Panamá, Colombia y Jamaica.

Los navíos, como vehículos para transitar a un otro mundo, son piezas medulares del proyecto de los rebeldes chiapanecos. En la posdata del ensayo "El neoliberalismo: la historia como historieta", con fecha del 6 de abril de 1996, presentado en el Encuentro Continental Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, el subcomandante Marcos escribe: “el viejo Antonio descubrió que todos los que se subieron al barco son los mismos que habían sido excluidos, siempre, de todos los barcos.

“Y por eso se subieron –contó Antonio al subcomandante Marcos– porque esos hombres y mujeres, y jóvenes, algunos presos, la mayoría indígenas, ‘ya no quieren obedecer órdenes, sino participar, ser capitanes y marineros’ y hacer avanzar ese barco hacia un futuro más grande, con seriedad y alegría, encontrándose los hombres”.

El Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, también conocido como el Intergaláctico, efectuado en agosto de 1996 en las montañas del sureste mexicano, fue un momento clave, en la forja de una red de resistencias planetarias contra el neoliberalismo. Ecos de esa reunión se vivieron a partir de las protestas contra la Organización Mundial del Comercio, en 1999 en Seattle, y durante todo el ciclo de luchas altermundistas en Quebec, Praga, Sidney y Génova. El ataque a las Torres Gemelas en Washington, en septiembre de 2001, descarriló esa ola de inconformidad y obligó a orientar las movilizaciones hacia demandas contra las invasiones de Afganistán e Irak.

Convocados por el EZLN, al Intergaláctico asistieron más de 3 mil delegados, la mitad de ellos extranjeros de 42 países, empeñados en construir un mundo nuevo. Estuvieron presentes representantes de un amplio espectro político de izquierda: desde el infrarrojo hasta el ultravioleta. Se alternaron debates del más alto nivel y pertinencia teórica con reuniones somníferas, para diagnosticar la naturaleza del capitalismo salvaje y anticipar vías de resistencia y ruptura.

Estimulados por la gesta zapatista, los anhelos liberarios encontraron en el Intergaláctico sujetos sociales y políticos capaces de encarnarlos. Se fundó allí un amplio y disperso movimiento anticapitalista planetario. “Soñamos –concluyó el acto entre otros muchos puntos más- con un mundo donde la sociedad no se conforme con estructuras patriarcales; con un mundo sin militarismo; un mundo sin discriminación por sexo, por raza, por credo, por orientación sexual; un mundo donde las mujeres, de cualquier raza, de cualquier credo y de cualquier clase, disfruten al placer en todos sus niveles. Un mundo sin violencia, un mundo donde ser mujer sea un placer, y no una carga excesiva de trabajo”.

En su travesía marítima a Europa, los zapatistas van a encontrarse con la historia que ellos abrieron en ese encuentro, y que viene de muy atrás. Van a conversar, con los excluidos de siempre que no tienen cabida en otros barcos y no quieren cumplir órdenes, sino ser marineros y capitanes, con quienes han tenido, desde hace casi tres décadas, una relación de solidaridad, apoyo mutuo y aprendizaje. No van a reunirse con funcionarios y gobiernos. En un momento de urgencia planetaria, más allá de lo que sucede en las fronteras nacionales o en coyunturas electorales, van a convivir con sus pares, con la Europa de abajo, para seguir soñando conjuntamente, esas utopías que navegan en el enorme cielo nocturno de la Lacandona.

Twitter: @lhan55

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Joe Biden quiere “ganar el siglo XXI” con la clase media estadounidense

Marcó una agenda ambiciosa basada en la creación de empleo y el apoyo a las familias en Estados Unidos

A cien días del inicio de su presidencia el presidente de EE.UU. presentó su agenda antineoliberal y prosindical con un discurso ante las dos cámaras del Congreso.

 

Desde Washington, DC. Pasaron sus primeros 100 días de gobierno y Joseph Biden ahora tiene por delante una agenda ambiciosa. Aspira a una ley que permita una inversión billonaria en infraestructura que permita crear empleos. Quiere otra que brinde apoyo del Estado a las familias. Todo pagado con aportes que vengan del 1 por ciento más rico del país. Su mensaje es claro: dice que esas son las iniciativas que le permitirán a Estados Unidos “ganar la competencia contra el resto del mundo por el siglo XXI”, en la que China aparece como el gran rival.

Biden delineó este plan el miércoles pasado, cuando habló, por primera vez desde su asunción, ante las dos cámaras del Congreso estadounidense. No fue un discurso presidencial normal. Por la pandemia, en el recinto de la Cámara de Representantes solo hubo 200 personas, un número que no incluye ni a la mitad de los legisladores.

La imagen igualmente fue histórica: detrás de Biden se ubicaron las dos presidentas de las cámaras, la vicepresidenta Kamala Harris por el Senado y Nancy Pelosi, tercera en la sucesión presidencial, por la Cámara de Representantes. Fue la primera vez que un mandatario estadounidense estuvo escoltado por dos mujeres en un discurso ante el Congreso. “Era hora”, dijo el demócrata en una de las primeras líneas de su discurso.

Desde el podio de la Cámara baja, Biden dio las definiciones de lo que será su gobierno. Su obsesión parece ser el empleo. Dijo esa palabra 46 veces en su discurso del miércoles, el tercer concepto que más repitió después de “Estados Unidos” y “estadounidenses”.

La piedra angular para generar puestos de trabajo será su Plan de Empleo Estadounidense, un paquete de dos billones de dólares que ya envió al Congreso. Con esto, busca modernizar autopistas, calles, sistemas de transporte e invertir en tecnología de la información, vivienda, construcción y la industria de vehículos eléctricos. Un “proyecto obrero para construir Estados Unidos”, lo caracterizó en el discurso.

No es una novedad en el discurso de Biden. El presidente pasó toda la campaña que lo llevó a la Casa Blanca refiriéndose a la clase media y a sus orígenes en Scranton, una ciudad del cinturón industrial del estado de Pensilvania. “Wall Street no construyó este país. La clase media construyó este país. Y los sindicatos construyeron la clase media”, enfatizó el miércoles.

La segunda iniciativa, que Biden recién anunció esta semana, está enfocada en las familias y en el cuidado de niños. La Casa Blanca la bautizó como el “Plan para las Familias Estadounidenses”, en línea con los nombres de los paquetes que ya presentó. Implica destinar más de dos billones de dólares a cuatro áreas: acceso a la educación, con ingreso a universidades comunitarias incluido; un sistema de cuidado para niños y niñas que sea accesible y de calidad; licencias por maternidad y paternidad, que en Estados Unidos no existen, y un recorte de impuestos para las familias. “La clase media y la gente trabajadora de este país ya están pagando suficientes impuestos”, dijo.

No es el caso de otros sectores del país. Para Biden, esos 4 billones van a gastarse sin incrementar ningún déficit. “Es tiempo de que el uno por ciento más rico de los estadounidenses y el Estados Unidos empresarial empiece a hacer su aporte”, enfatizó. También prometió que la IRS, la agencia fiscal de Estados Unidos, va a tomar “medidas enérgicas” contra “millonarios y billonarios que hagan trampa con los impuestos”. “La economía del derrame nunca ha funcionado. Es tiempo de hacer crecer la economía de abajo hacia arriba y desde el centro hacia afuera”, resaltó el mandatario.

Para el Partido Republicano, las palabras de Biden son motivo de horror y preocupación. “Aburrido, pero radical”, lo definió el senador por Texas, Ted Cruz, quien se quedó dormido en medio del discurso. Para él, el mandatario solamente se dedica a “mantener contentos a los izquierdistas radicales” . “El régimen socialista está aquí”, agregó.

También Mitt Romney, senador por Utah y una de las voces más moderadas del Partido Republicano, cuestionó las iniciativas del presidente. “Representan cuatro veces nuestro presupuesto federal”, se quejó. “No vas a unificar Estados Unidos si solo le hablás al ala progresista de tu propio partido”, añadió.

Sin embargo, aunque los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren elogiaron las menciones de Biden a los sindicatos y a los sistemas de cuidado en Estados Unidos, el ala más progresista del partido pide más. “Si decís que creés que la atención de la salud es un derecho y no un privilegio, entonces apoyá Medicare para todos”, se quejó en Twitter la congresista Ilhan Omar de Minnesota, en referencia a una iniciativa que el mandatario rechaza.

“No se le da suficiente crédito a los incontables activistas y organizadores cuyo trabajo incansable es la razón por la que apenas estamos escuchando algo esta noche sobre cuidado universal, supremacía blanca como terrorismo, trabajo y salarios dignos. No podemos parar hasta que se haga”, apuntó su colega Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York.

La agenda no tiene un camino fácil en el Congreso ante el que habló Biden. Tal como fueron presentados, los dos paquetes no alcanzarían nunca una votación. No tienen ningún tipo de apoyo del Partido Republicano, clave para evitar cualquier obstrucción en el Senado. El Partido Demócrata ahora tiene dos caminos: negociar con la oposición, que tiene sus propios planes en infraestructura y cuestiona el gasto que las dos iniciativas representan, o intentar aprobar lo que se pueda con votos propios.

Si hubo pasajes del discurso que parecían sacados de las promesas de campaña de candidatos progresistas como Sanders o Warren, también hubo propuestas que podrían haber estado en un tuit de Donald Trump. Aunque la mirada de Biden tenga escala mundial, no deja de tener el componente de “Estados Unidos primero” que tenía su antecesor. “No hay ninguna razón por la que las hélices de las turbinas eólicas no puedan construirse en Pittsburgh (Pensilvania) en lugar de en Pekín”, dijo Biden el miércoles pasado. “Todas las inversiones del Plan de Empleo Estadounidense se guiarán por un principio: Comprar productos estadounidenses”, agregó.

Para Latinoamérica, el hombre que solía hablar de una agenda de trabajo “desde Canadá hasta Argentina” hizo apenas una mención a Guatemala, Honduras y El Salvador en el tramo sobre inmigración. Habló de violencia, de corrupción, de pandillas, de inestabilidad política, de desastres naturales. “Tenemos que atender la raíz del problema por el que la gente huye hacia nuestra frontera sur”, se limitó a decir.

Por Aldana Vales

02 de mayo de 2021

Publicado enInternacional
Sábado, 01 Mayo 2021 06:48

La teoría y la práctica zapatista

La teoría y la práctica zapatista

Una asamblea en un poblado en una de las montañas del sureste mexicano.  Deben correr los meses de julio-agosto de un año cercano, con la pandemia del coronavirus adueñándose del planeta.  No es una reunión cualquiera.  No sólo por la locura que les convoca, también por el evidente distanciamiento que hay entre silla y silla, y porque los colores de los cubre bocas se opacan detrás del vaho de las caretas transparentes.

Están ahí los mandos político-organizativos del EZLN.  También están algunos mandos militares, pero permanecen en silencio a menos que se les pida que hablen sobre un punto específico.

Son bastante más de lo que podría suponerse.  Hay ahí al menos 6 lenguas originarias, todas de raíz maya, y usan el español o “la castilla” como puente para entenderse entre sí.

Varios de los ahí presentes son “veteranos”, estuvieron en el alzamiento que inició el uno de enero de 1994 y, con las armas en la mano, bajaron a las ciudades juntos con otros miles de compañeras y compañeros, como uno más, una más.  Hay también “los nuevos”, hombres y mujeres que se han ido incorporando a la dirección zapatista después de muchos aprendizajes.  La mayoría de “los nuevos” son “nuevas”, mujeres de todas las edades y de diferentes lenguas.

La asamblea en sí, su desarrollo, sus tiempos, sus modos, reproduce las asambleas que se realizan en las comunidades.  Hay quien coordina la reunión, y es quien va dando la palabra e indicando los temas a tratar que han sido acordados de antemano.  No hay límite de tiempo para cada intervención, así que el tiempo adquiere aquí otro ritmo.

Alguien, ahora mismo, está contando una historia o un cuento o una leyenda.  A nadie le importa si lo que se narra es realidad o ficción, sino lo que se dice con ese recurso.

La historia va así:

Un hombre zapatista va caminando por un poblado.  Viste sus mejores galas y su sombrero nuevo porque, dice, va a buscar a una su novia.  El narrador imita el paso y los ademanes que vio en alguna de las películas que circularon a raíz del Festival de Cine “Puy Ta Cuxlejaltic” I.  La asamblea ríe cuando, quien cuenta la historia, hace el tono del Cochiloco (interpretado por Joaquín Cosío en “El Infierno”. Luis Estrada, 2010), y se quita el sombrero para saludar a una mujer imaginaria que pasa a su lado con una imaginaria mula llevando la leña ídem.  El contador de la historia mezcla el español con una de las lenguas mayas, así que en la asamblea, sin interrumpir, se traducen entre sí.

Quien narra el cuento ha recordado que es tiempo de elote, la asamblea asiente confirmando.  Sigue la narración:

El hombre del sombrero se topa con un conocido, se saludan.  “diai, no te conocía con ese sombrero y tan galán”, le dice el conocido.  El interpelado responde: “Es que lo voy a buscar a una mi novia”.  El otro: “¿Y cómo se llama tu novia y dónde vive?”.  El del sombrero: “Pues no sé”.  El otro: “¿Cómo que no lo sabes?”.  El sombrero: “Pues por eso dije que ando buscando, viera que ya la encontré pues ya lo sé su nombre y dónde vive”.  El otro valora un segundo esa lógica contundente y asiente en silencio.

Es el turno del sombrero: “¿Y vos que haces?”.  El otro responde: “Estoy sembrando maíz porque quiero elote”.  El sombrero queda un rato en silencio, mirando cómo el otro está, con un palo de escoba, haciendo hoyos en el medio del camino de grava.  El sombrero: “Oiga compadre, con todo respeto, pero está usted bien pendejo”.  El otro: “¿y por qué pues?  Si le estoy echando muchas ganas al trabajo y estoy muy decidido de comer elote”.

El del sombrero, se sienta, enciende un cigarro y se lo pasa al otro, y enciende uno más para sí mismo.  No parecen tener prisa: ni el del sombrero por encontrar una su novia, ni el otro por comer elote.  La tarde se va alargando y, a mordiscos, le arranca a la noche algo de luz.  No llueve todavía, pero el cielo empieza a tender nubes grises para cobijarse.  La luna acecha detrás de los árboles.  Después de un dilatado silencio, el sombrero explica:

Pues mire compadre.  A ver si me entiende: en primera está el terreno.  En ese piedregal no va a prender el maíz.  Ahí nomás se va a morir la semilla entre tanto pisotón y no va tener pa´onde agarrar la raíz.  De que se va a morir la semilla, se va a morir.  Y luego su escoba, que usted la usa como coa, pero la escoba es escoba, y la coa es coa, por eso ya está toda quebrada y parchada la pobre escoba.

El sombrero toma la escoba, revisa los remiendos que, con cinta adhesiva y lazo, le ha hecho el otro, y sigue: “Ya ni la amuela compadre, donde lo vea mi comadre que ya le pasó a perjudicar su escoba, ahí nomás me lo van a mandar a dormir al monte”.

Sigue: “entonces la milpa no dónde sea, compadre, ni con lo que sea, sino que tiene su dónde y tiene su con qué.  Además no es su tiempo de hacer milpa ahorita, ora toca la cosecha.  Y para que toque la cosecha, es porque ya usted lo trabajó duro la milpa.  O sea que la tierra no es de que “ya vine vieja, dame mi pozol y mis tortillas” que es como usted le gritaba a la comadre, -bueno, hasta que ella se reunió en como mujeres que somos y anda vete, se acabaron los gritos-, pero eso ahí va en su cuenta, compadre.  Lo que le digo es que a la tierra no se le dan órdenes, sino que se le explica, se le habla, se le honra, se le cuentan historias para que se anime.  Y no es cualquier tiempo que la tierra escucha, sino que tiene, como quien dice, su calendario.  Quiere que tiene que hacer bien la cuenta de los días y las noches, y mirarla la tierra y el cielo para ver cuándo mero poner la semilla”.

Entonces ahí está, como quien dice, la problema.  Porque le falla usted a todo, y quiere que nomás porque le echa mucha ganas y está muy decidido, se le va a cumplir el antojo.  Usted lo que necesita es el conocimiento.  Las cosas no salen nomás por mucho trabajo y mucha decisión, sino que quiere que usted escoge un buen terreno, luego las herramientas que son para eso, luego los tiempos de cada parte del trabajo.  O sea que, como quien dice, quiere la teoría y la práctica con conocimiento, y no las tonterías que usted está haciendo, que debería darle pena porque todos lo están mirando y se ríen.”

Y de babosos que se ríen, porque no se dan cuenta de que las tarugadas que usted hace, también los van a afectar a ellos, porque ahí nomás donde está usted hoyando, se va a encharcar primero, luego, cuando corra el agua, se van a hacer unas zanjas que como las arrugas de su abuela de usted compadre, que la mía ya está en el cielo.  Y ahí nomás no va a poder entrar el carro de la junta de buen gobierno, porque se va a atascar, y los materiales o las mercancías que traiga, lo van a tener que llevar a lomo, y con el encharcadero se van a perjudicar sus botas y sus pantalones, cuantimás si se visten galanes como yo ahorita, y nuncamente van a encontrar una su novia.  Y las compañeras, pues peor, compadre, porque ésas son bravas.  Ahí nomás van a pasar a su lado, con un burro cargando sus cosas, y van a decir: “Tras que hay quien es más terco que mi burro, y más tarugo”.  Y le van a aclarar: “Oiga usted, cuando yo diga “ora pinche burro”, no se vaya usted a ofender, es que le estoy hablando a mi animalito”.

¿Qué pasó compadre, que así nos llevamos de pesado?”, dice el otro indignado.

El sombrero: “no pues, si nomás le digo.  Tómelo pues como un consejo o una orientación, no es orden pues.  Pero, como decía el finado Sup: “es mejor que hagas como te digo, porque si no, cuando salga mal te voy a decir “odio decir que te lo dije, pero te lo dije”.  Así que hágame caso compadre.

El otro: “¿Entonces este terreno no sirve?  ¿Ni mi coa? ¿Ni es el tiempo?

El sombrero: “no, no y no”.

¿Y cuándo es su tiempo pues?

Uy, pues ya pasó ya.  Ora tiene que esperar otra vuelta.  Por ahí de abril, mayo, y para que no le falle el agua, el 3 de mayo quiere que a la tierra usted le va a dar su pancito, un su refresco para el calor, de repente cigarrito de hoja, sus veladoras, y quien quita y también su fruta y su verdura y hasta un su caldito de pollo.  Decía el finado Sup que sólo calabaza no, que si lo das calabaza a la tierra ahí nomas se embravece y pura culebra saca.  Pero creo era su mentira del finado, lo decía porque no muy le gustaba la calabaza”.

¿Cuándo mero pues?

Hmm, pues ora verá: estamos ya como quien dice casi en octubre, entonces 6 meses.  Entonces en abril-mayo.  Pero depende pues.”

Vale magre, ¿y ahora cómo le hago si quiero elote ahorita mismo?”.  Queda pensando el otro y, de pronto, agrega: “¡Ya sé cómo!  Le voy a pedirle prestado unos elotes a la autoridad autónoma”.

El sombrero: “¿Y luego cómo le va a reponer a la autoridad?

Ah, pues le pido prestado a la Junta y con eso le repongo.  Y para reponerle a la Junta le pido prestado a los Tercios.  Y para reponerle a los Tercios le vuelvo a emprestar a la autoridad, al fin que ya lo va a saber que sí pago”.

El sombrero, rascándose, la cabeza. “Mta compadre, pos ora sí que como en la película ésa del Vargas, salió usted más cabrón que bonito.  Si así piensa usted como los malos gobiernos, debiera usted ser diputado, o senador o gobernador o algún tarugo de ésos”.“¿Qué pasó, compadre?  Si yo mero resistencia y rebeldía.  Ya voy a ver cómo le hago.

El sombrero: “Bueno pues, me voy porque si no, no voy a encontrar una mi novia.  Ahí nos vemos compadre.

El otro: “Ande con Dios, y si la encuentra una su novia, pregúntele si su familia no tiene unos elotes que me preste, que ahí le repongo luego”.

El contador de la historia se dirige a la asamblea: “Entonces, ¿qué es más mejor? ¿Le prestamos elotes al compadre o que lo haga la teoría y la práctica con conocimiento?

-*-

Llegó la hora del pozol.  La asamblea se dispersa,  El SupGaleano, nomás por mula, le dice, al salir, al Subcomandante Moisés: “Yo, por eso, puro maíz palomero” y se dirige a su champa.  El Subcomandante Moisés le revira: “¿Y la salsa picante pues?”.  El SupGaleano no responde pero cambia la dirección de su paso.  “¿A dónde vas pues?”, le inquiere el SubMoy.  El Sup, alejándose, casi grita: “Voy a pedir prestada la salsa en la tiendita de las insurgentas”.

Doy fe.
Miau-Guau.

El Gato-Perro, ya de polizón en La Montaña.
(Oh pues, no alcanzó la paga y, además, hay un letrero a la entrada de la Montaña que dice: “No se admiten gatos, perros… ni escarabajos esquizofrénicos”).

México todavía.  Abril del 2021.

 

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Las promesas de Biden y el intento de revertir la degradada hegemonía estadounidense

A poco de cumplir los 100 días de mandato Joe Biden dio en la noche de este miércoles un discurso en el Congreso estadounidense. Tres planes de rescate y acción, muchas promesas, su "momento populista" y el intento de restaurar una hegemonía imperialista que lleva años de declive.

 

En su primer discurso ante el Congreso, Biden desveló por fin las partes restantes del triple plan de acción de su administración, tanto para reconstruir Estados Unidos tras la pandemia y la consiguiente crisis económica, como para continuar con el proyecto de intentar restaurar la hegemonía estadounidense tras la crisis abierta en 2008. El Plan de Familias Estadounidenses y el Plan de Empleos Estadounidenses son la hoja de ruta que Biden y sectores del capital sostienen es necesaria para dar estabilidad al capitalismo estadounidense: reducir la pobreza y la desigualdad, crear puestos de trabajo y hacer frente al cambio climático.

De hecho, como muchos analistas señalaron primero en la campaña y en los primeros 100 días de la presidencia de Biden, sus propuestas representan los planes más "progresistas" de los últimos 30 o 40 años en EE. UU. Su proyecto de build back better (reconstruir mejor) ha sido comparado hasta la saciedad con el Great Society (Gran Sociedad) de Lindon Johnson y el New Deal de Franklin Delano Roosvelt.

La reconstrucción en el frente interno tiene el propósito superior de sentar las bases del Make America Great Again (hacer grande a Estados Unidos nuevamente, el lema de Trump) en el ámbito internacional. La retirada de las instituciones multilaterales y las alianzas internacionales escenificadas por Trump se están revirtiendo gradualmente con la intención de restaurar el papel de Estados Unidos como "líder del mundo libre".

Desde el principio Biden comenzó a enviar señales y amenazas a China y Rusia como continuación de la pelea que mantuvo con Trump en la campaña electoral. A la luz de esto, es comprensible que el mayor contaminante del mundo haya sido el anfitrión de la cumbre del clima, un intento de greenwashing del capitalismo estadounidense y también presionar a China para que siga a Estados Unidos en la llamada transición verde. La tecnología menos contaminante suele ser más cara, por lo que podría enlentecer, aunque sea un poco, la incesante carrera de China para convertirse en la mayor economía del mundo. O pagar el precio político si no lo hace. Por no hablar del hecho de que las empresas del sector de las energías renovables pagan menos y prácticamente no tienen sindicatos en comparación con los sectores tradicionales del petróleo y el gas y el carbón.

Las promesas de Biden de "defender los intereses estadounidenses en todos los ámbitos" de la geopolítica muestran un compromiso renovado, no sólo con las áreas tradicionales de la intervención imperialista de Estados Unidos, sino también para hacer que Estados Unidos vuelva a ser competitivo entre sus aliados y rivales históricos: gran parte de la justificación de sus propuestas para revisar la infraestructura y "devolver los puestos de trabajo a Estados Unidos" están dirigidas a alcanzar a China y garantizar que la potencia imperialista dominante en el mundo, aunque debilitada, no se quede atrás con respecto a otras potencias mundiales que han sido más rápidas en la creación de empleo.

Como se preveía, gran parte del discurso de Biden estuvo dedicado a la gestión de la pandemia, después de tomar el control de la Casa Blanca en medio de las mayores tasas de infecciones y muertes por Covid-19 desde que el virus arrasó con Estados Unidos en la primavera de 2020. Biden explicó que su administración distribuyó 220 millones de vacunas contra el COVID en 100 días y pregonó la aprobación del Plan de Rescate Americano.

En marcado contraste con la supuesta vuelta a la normalidad en el país, está el papel que el "nacionalismo de las vacunas" desempeña para que el coronavirus arrase en países que no tienen ni acceso ni recursos para obtener, producir o distribuir vacunas. Mientras que los adultos mayores en Estados Unidos pueden “abrazar a sus hijos y nietos", los habitantes de la India o Brasil ni siquiera tienen el lujo de despedirse de sus seres queridos a través de la ventana de un hospital. Los casos de coronavirus en la India se han disparado en los últimos meses, debido en gran medida a la horrible respuesta del régimen de Modi, pero también mostrando los efectos devastadores de las patentes que crean enormes beneficios para las empresas farmacéuticas que sirven a las potencias imperialistas, mientras restringen el acceso a la investigación de vacunas vitales para el resto del mundo.

Biden no dijo nada sobre los millones de vacunas compradas y acaparadas por Estados Unidos para poder hacer de maestro en la distribución de vacunas (varias de las cuales no están aprobadas para su uso en Estados Unidos) a sus aliados y a los que espera acercar a ellos para aislar a China y Rusia.

El discurso de Biden y las propuestas que expuso como prioridades internas de su administración en el próximo período señalan un posible cambio de la lógica neoliberal de desmantelar la red de seguridad social en favor de la "elección individual", o más bien del dominio total de los mercados en todos los aspectos de la vida. Desde el aumento del salario mínimo hasta la cura del cáncer, Biden hizo una promesa tras otra de carácter populista para mejorar las condiciones de vida de todos los desamparados del sueño americano. Biden pintó un cuadro de "gobierno grande" del tipo que se ocupa de la gente, que muestra que el capitalismo puede "autocorregirse" tras las crisis que crea y mitigar los antagonismos cada vez más profundos entre los intereses capitalistas a los que sirve y los trabajadores que hacen funcionar la sociedad.

Por supuesto, queda por ver qué parte de estos planes podrá aprobar Biden ante la oposición casi unánime de los republicanos y qué disposiciones para los trabajadores y los pobres se quedarán probablemente en el tintero, o si está dispuesto a sacrificar su compromiso con el "bipartidismo" para sacar adelante los planes (como amenazó en su discurso ante el Congreso, diciendo que "no hacer nada no es una opción"). Sin embargo, el discurso muestra que un sector del capital y sus representantes en el Estado se han unido en torno a la idea de que las condiciones sociales producidas por años de austeridad neoliberal y el terreno cambiante de la economía y la geopolítica mundial requieren concesiones significativas a la clase trabajadora y los oprimidos de la sociedad estadounidense.

En ninguna parte es esto más evidente que en la parte más drástica del programa de Biden, el Plan de Familias Americanas de 1.8 billones de dólares, que expuso en detalle en el pleno del Congreso el miércoles por la noche. Este plan de "infraestructura social" ampliaría el acceso a la educación y la educación preescolar universal, además de proporcionar financiación para el cuidado de los niños y créditos fiscales para los padres. También crearía subsidios en el marco de la Ley de Atención Sanitaria Asequible y un permiso familiar federal remunerado.

Durante muchos años, el país más rico del mundo se ha distinguido entre las potencias mundiales por su negativa a proporcionar incluso una ayuda básica a las personas con hijos u otros seres queridos a los que cuidar. Aunque sólo sea por eso, el Plan de Familias Estadounidenses muestran lo limitados de los programas sociales en el país desde hace décadas. La pandemia no ha hecho más que arrojar luz sobre el costo de estas políticas: sin un acceso fiable al cuidado de los niños, decenas de millones de personas -la mayoría de ellas mujeres, en particular mujeres de color- perdieron sus empleos para cuidar a sus familiares en casa.

El miércoles por la noche, Biden expuso una lógica similar al defender la aprobación del Plan de Empleo Estadounidense que la Casa Blanca anunció a principios de este mes. Biden hizo un llamamiento directo, no sólo al sector de la clase trabajadora de la base del Partido Demócrata, sino también a un sector de la base de Trump en el Rust Belt y otras áreas devastadas mientras los bancos y las grandes corporaciones fueron rescatados después de 2008, diciendo que "Wall Street no construyó este país". Dirigido a las altas tasas de desempleo, el proyecto de ley de infraestructuras crearía millones de nuevos puestos de trabajo en zonas del país devastadas por décadas de neoliberalismo, lo que se traduciría en más carreteras, puentes y escuelas, así como en el acceso al agua para comunidades que hoy carecen de todo ello.

El plan de Biden para "remodelar" Estados Unidos se completó con un llamamiento para que se apruebe la Ley de Justicia Policial George Floyd, que el presidente quiere tener en su despacho antes del primer aniversario del brutal asesinato de George Floyd, en mayo de 2020. Propone una serie de reformas policiales que se limitan a abordar los medios más atroces por los que el Estado permite el terror policial, al tiempo que ignora las principales demandas del movimiento antirracista. Este intento de reducir la impunidad con la que la policía (mal) trata a los negros y latinos es un reconocimiento de la fuerza del movimiento BLM y del miedo que inspira a las élites. Sin embargo, como muestran los comentarios de Biden sobre los "buenos" policías que "sirven honorablemente a sus comunidades", el motivo más oscuro detrás de los proyectos de ley es la relegitimación del trabajo policial a los ojos de la sociedad. Como dijo Biden, el objetivo principal del Estado con el proyecto de ley no es detener el asesinato sistemático de negros y latinos, sino más bien "reconstruir la confianza entre" -u obediencia a- "las fuerzas del orden y las personas a las que sirven", asegurándose de que la Policía pueda seguir actuando como la última línea de defensa del Estado.

La cereza del postre es que el plan se financiará con una subida de impuestos para los ricos. Los amplios planes de infraestructuras que beneficiarían a los sectores más pobres de la población con una fracción de los beneficios de los sectores más ricos ha atraído la amplia aprobación de los demócratas -aunque no sin excepciones significativas- y la rotunda consternación de los republicanos. Mientras tanto, la medida cuenta con un apoyo mayoritario entre la población, según una reciente encuesta de Reuters/Ipsos que reveló que casi el 64% de los encuestados está de acuerdo en que los más ricos deben pagar más impuestos para financiar programas sociales. Aunque la propuesta de Biden de elevar el impuesto sobre el capital se limitaría a restablecer los tipos impositivos a la tasa de 2012 bajo la administración de Obama (y la administración de Bush antes de eso) a partir de los recortes del 20% realizados bajo la administración de Trump, esto señala una cambio en el enfoque de un sector creciente del capital -que responde al cambio de conciencia entre las masas- que sostiene la idea de que es necesario que las corporaciones y los ricos acepten un pequeño recorte en sus ganancias ahora para asegurar una mayor estabilidad para la obtención de beneficios en el futuro.

Al anunciar sus planes en los días previos al discurso ante el Congreso, Biden dijo que su programa creará la "economía más resistente e innovadora del mundo". Pero si esto no pudo lograrse durante los años en que la hegemonía estadounidense era indiscutible y Estados Unidos era la mayor superpotencia del mundo entonces, ¿por qué habría de hacerse realidad ahora?

Gran parte de las disposiciones anunciadas vienen a llenar los vacíos dejados por un sistema que hizo posible que uno de los países más ricos del mundo tuviera casi un 10% de tasa de pobreza y fuera más desigual que todos los países de Europa y tan desigual como la mayor parte de América Latina según las estimaciones del Banco Mundial sobre el índice de Gini. Y los planes de Biden, a pesar de su voluntad de gastar a lo grande en programas sociales para los sectores más desfavorecidos de la sociedad, son en su mayoría de carácter transitorio y se basan en la posibilidad de darlos de baja, cuando las condiciones sean más estables, como el ala progresista del Partido Demócrata se apresura a señalar. Pero, sobre todo, los planes de Biden pretenden apuntalar la economía sin cambiar fundamentalmente la estructura del capitalismo estadounidense.

No obstante, los planes representan un claro cambio respecto a las décadas de austeridad neoliberal, admitiendo que la obtención de beneficios capitalistas desenfrenados junto con los ataques a la clase trabajadora y a los pobres es insostenible. Van más allá de todo lo que Obama y sus predecesores neoliberales propusieron, y mucho menos aprobaron durante su mandato. El momento populista de Biden, un viejo político tradicional de establishment demócrata, se explica sobre todo por estas circunstancias, puestas de manifiesto con la crisis capitalista de 2008, que dio como resultado la profunda polarización política y social que llevaron a Trump a la presidencia, un resurgimiento de la lucha de clases en sentido amplio (que tuvo su momento más alto en la rebelión contra el racismo y la violencia policial por el asesinato de George Floyd) y la emergencia de fenómenos políticos novedosos que tomados de conjunto pueden preanunciar una mayor radicalización política.

La apuesta de la clase dominante y del Gobierno de Biden es la desviación y la cooptación a través de las diversas burocracias: de los sindicatos, del ala progresista del Partido Demócrata y de los movimientos sociales. Y, sobre todo, es una apuesta por restaurar la estabilidad capitalista, devolviendo la fe en el Estado y elevando el nivel de vida de la población estadounidense. Como dijo el presidente desde el Congreso: "Tenemos que demostrar que la democracia todavía funciona. Que nuestro gobierno todavía funciona - y puede cumplir con la gente".

Aunque las de Biden aún son promesas que deben convertirse en ley y enfrentar un acalorado debate parlamentario, ya dejan en evidencia que el imperio estadounidense se enfrenta a una realidad histórica, con una pobreza masiva, una infraestructura completamente derruida y crisis de su hegemonía, mientras que China está llamada a convertirse en la primera economía del mundo en 10 o 15 años

Por Nicolás Daneri / Madeleine Freeman

Jueves 29 de abril | 13:04
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Tres zapatistas abordo de una de las embarcaciones de madera que construyeron. EZLN

La conquista al revés: zapatistas inician su viaje a Europa

 

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) iniciará el 3 de mayo una travesía inversa a la que hace más de 500 años hicieron a través del Atlántico los conquistadores que invadieron el continente americano. Un grupo de siete zapatistas ha partido este lunes desde las montañas del Estado de Chiapas, al sur de México, hacia Isla Mujeres, en Quintana Roo. Desde allí, esperan zarpar en un navío el próximo lunes. La comitiva prevé llegar a las costas de Galicia, en España, a mediados de junio. Se trata de una “travesía por la vida”, según ha informado este lunes la organización en un comunicado firmado por el subcomandante Galeano, conocido antes como subcomandante Marcos. En el mismo escrito, se evoca una leyenda maya según la cual Ixchel, diosa del amor y la fertilidad, dijo: “Del oriente vino la muerte y la esclavitud. Que mañana al oriente naveguen la vida y la libertad en la palabra de mis huesos y sangres”.

El escuadrón está formado por siete personas, todas mexicanas y descendientes de los mayas, que “comparten dolores y rabias con otros pueblos originarios de este lado del océano”, según ha comunicado el EZLN a través de su página web. Los miembros de esa delegación que este lunes han iniciado la travesía llegarán “a más tardar” el viernes a Isla Mujeres y abordarán la embarcación en la que emprenderán el viaje hacia Europa, La Montaña. Permanecerán en el navío “dos o tres días” antes de zarpar. A bordo, llevarán otros tres cayucos que han sido tallados y pintados por miembros del movimiento político y militar que se levantó en Chiapas en 1994, durante el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y puso de manifiesto las desigualdades en las que vivía la mayoría de la población indígena del país.

La comitiva que viajará —Lupita, de 19 años; Carolina, de 26; Ximena, de 25; Yuli, de 37; Bernal, de 57; Darío, de 47, y Marijose, de 39— ha pasado los últimos 15 días aislada, según ha informado el EZLN, para asegurarse de que ninguno de los siete integrantes esté contagiado de covid-19. Durante esas dos semanas, han vivido en una réplica de la embarcación y se han preparado para la “dura travesía por mar”. Los voluntarios que se postularon para viajar eran “más de 20″, de acuerdo con la organización, pero solo siete contaban con pasaporte. Finalmente, el grupo ha sido llamado “Escuadrón 421″ porque está conformado por cuatro mujeres, dos hombres y una persona que no se identifica ni como hombre ni como mujer.

El viaje “mucho tiene de desafío y nada de reproche”, se lee en un comunicado. Cuando anunciaron la travesía por el mundo, en octubre pasado, aseguraron que hablarían “al pueblo español”. “No para amenazar, insultar ni reprochar, ni exigir, no para que nos pida perdón… Ya basta de jugar con el pasado lejano para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales”, expresó en una carta el movimiento, que desde sus orígenes se ha definido como feminista y anticapitalista. El comunicado confrontaba con la petición que el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo en 2019, cuando reclamó que el Rey de España y la Iglesia pidan perdón por los abusos cometidos durante la conquista.

“La delegación recibió el mandato de los pueblos zapatistas para llevar lejos nuestro pensamiento, es decir, nuestro corazón. No solo para abrazar a quienes en el continente europeo se rebelan y resisten, también para escuchar y aprender de sus historias, geografías, calendarios y modos”. El objetivo es llegar a las costas de Vigo, en Galicia, en “seis u ocho semanas”. Una vez allí, los zapatistas contemplan dos escenarios: que reciban una autorización para desembarcar o que no. Si se da la segunda situación, están “preparados” para desplegar una gran manta que diga “¡Despertad!”. “Esperaremos a ver si alguien lee el mensaje y luego otro tanto a ver si, en efecto, despierta, y otro tanto más a ver si hace algo”, se lee en su página web. Si eso no sucede, emprenderán el regreso.

Si logran desembarcar, han afirmado, “habrá fiesta, baile, canciones, y cumbias”. La primera persona en pisar tierra será Marijose, según el comunicado, que tiene experiencia en cayuco y lancha y “habla la castilla con fluidez”. Además de visitar España, el escuadrón espera recorrer una veintena de países, entre los que están Alemania, Bulgaria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Polonia, Reino Unido, Rusia, Suecia, Turquía, entre otros. “En ambos lados del océano, un mensaje breve inundará todo el espectro electromagnético, el ciberespacio y eco será en los corazones”, concluye el comunicado difundido este lunes, que acude al humor en varias ocasiones: “La invasión ha iniciado”

Por Constanza Lambertucci

México - 26 abr 2021 - 18:57 COT


 Desde la Lacandona para el mundo

por Luis Hernández Navarro

La historia de la colonización del Nuevo Mundo y de la expansión capitalista sigue la ruta del Atlántico. A través del océano llegaron a América los primeros colonizadores y religiosos, acompañados de sus armas y su fe. Inseparables, la cruz y la espada surcaron los mares, seguidas de esclavos y mercaderías. Transportadas por vientos y corrientes marítimas, las naves retornaban a Europa cargadas con los frutos del saqueo y la expoliación.

Este 3 de mayo, Día de la Santa Cruz, Chan Santa Cruz, el nombre que se dio al santuario y gobierno maya autónomo que durante medio siglo mantuvieron vivos los indígenas rebeldes, se invertirán los papeles. En esa fecha, también a través del Atlán-tico, el barco zapatista La Montaña, zarpará de Isla Mujeres rumbo al puerto de Vigo, en España, para encontrarse con sus camaradas y con una multifacética serie de figuras y movimientos sociales. La antigua ruta de la Conquista será la vía para que la expedición emancipatoria bautizada por el EZLN como "Travesía por la Vida", arribe a Europa.

Se reeditará así, ahora en sentido contrario, el apasionante encuentro entre insumisos, proscritos y protagonistas de las revueltas populares anticapitalistas de los dos continentes, narrado por Peter Linebaugh y Marcus Redinker, en su maravilloso libro La Hidra de la Revolución. Marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico. Los marineros –escriben Linebaugh y Redinker– traían a Europa relatos que hablaban sobre las sociedades alternativas de América. En el camino "enlazaron el comunismo primitivo del Nuevo Mundo con el comunismo plebeyo del Viejo Mundo".

El alcance de la iniciativa sólo puede comprenderse a plenitud si se deja de lado la mistificación de suponer que todo se resuelve en el Estado y por el Estado. Las luchas actuales, tomadas en su mundialidad, en lugar de aceptar la homogeneidad del Estado, del capitalismo, de la técnica, conducen a diferencias. La nostalgia por la Cortina de Nopal nada tiene que ver con la izquierda. Las luchas emancipadoras han sido siempre internacionalistas.

Ciertamente –como señalaba el historiador social inglés Edward P. Thompson– intentar influir el curso de la historia por medio de movimientos desde abajo es una tarea desagradecida y terriblemente larga. Pero, a la larga, es uno de los pocos lugares honorables para estar.

En su etapa europea, la delegación marítima del EZLN, a la que se sumarán otros delegados que llegarán por vía aérea, visitará más de 30 países. Y se encontrará allí con miles de activistas que, desde 1994, han visitado y vivido por temporadas en las comunidades autónomas zapatistas. Van a ver a sus viejos conocidos altermunistas, que hoy (como ayer), son incansables luchadores contra el fascismo, generosos organizadores de migrantes, constructores vitales de nuevas formas de convivencia urbana, aguerridos sindicalistas en un mundo laboral precarizado, aguerridos derrumbadores de estatuas de tratantes de esclavos y colonialistas (https://bit.ly/2PluaBF).

Las conexiones entre los zapatistas y sus interlocutores europeos, perdurables y sorprendentemente vitales, a pesar del paso de los años, han sido ignoradas o pasado inadvertidas para quienes ven el mundo desde arriba. Sin embargo, han marcado profundamente la dinámica de las luchas antisistémicas. Aunque formalmente lo sea, Bruselas no es ya más la capital de la Unión Europea. En el mapa de las resistencias, Atenas, Génova, Gibraltar o los centros donde llegan los migrantes han cambiado el mapa de las resistencias y ocupan su lugar.

Hay entre ambos una larga historia de cooperación, solidaridad desde abajo, lenguaje compartido, reivindicación y reinvención de lo común; un "nosotros". Han elaborado un horizonte colectivista, antiautoritario e igualitario. Sus modos de vida alternativos están profundamente imbricados. Han forjado lazos de amistad, afecto y comunión a prueba de adversidades. Son una comunidad unida por ideas, sentimientos y experiencias comunes. Hay entre ellos, aunque sea de manera incipiente, un destino global creado conjuntamente (https://bit.ly/3gDMd14).

La travesía zapatista puede leerse como un éxodo del entramado organizativo en el que las ortodoxias se institucionalizan. Los rebeldes de ambos continentes comparten el que sus herejías nacieron de las periferias. Como señala el filósofo francés Henri Lefebvre, lo periférico se sitúa, a veces, en el centro, o es la clave para llegar a él. Sólo los periféricos alcanzan la conciencia y el conocimiento de los centros. La conciencia periférica dirigida metódicamente permite –dice– alcanzar el conocimiento del centro y de la mundialidad.

Muy lejos de la waltdisneyzación del pasado, con el reconocimiento de las memorias de los pueblos históricos del continente americano en prenda, confrontados radicalmente a la persistencia de la arrogancia colonial, muy lejos del victimismo paralizante que no rompe con la lógica del poder, han echado a andar una otra política por la vida, que no está sujeta al reloj de los negocios ni al calendario de los de arriba. Su propuesta, que evita repetirse y surge de sus realidades terrenales, evade los tiempos de la economía y los momentos de la representación.

En la hora de la palabra, desde la Lacandona para el mundo, a punto de levar anclas en Isla Mujeres para surcar las aguas del Atlántico, los zapatistas, como los marineros, no hablarán bajo, porque, como se sabe, el mar habla alto.

Twitter: @lhan55

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Un cocinero del equipo del chef francés Alain Ducasse (a la derecha en la primera imagen) supervisa un postre, entre varios de los platillos elaborados para que el astronauta Thomas Pesquet los deguste en la estación, donde empezará una nueva misión. Foto Afp

La Estación Espacial Internacional (EEI) ha sido un laboratorio científico puntero desde su construcción, en 1998, con más de 3 mil experimentos realizados en ingravidez que permitieron avances en ámbitos espaciales y también terrestres.

Actualmente "funciona al ciento por ciento de su capacidad", afirmó Sébastien Vincent-Bonnieu, quien coordina los experimentos científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), que enviará mañana a la EEI a su astronauta francés Thomas Pesquet, junto a los estadunidenses Shane Kimbrough y Megan McArthur, y al japonés Akihiko Hoshide. Su partida está prevista de Florida, a bordo de la misión SpaceX Crew-2, de la NASA.

El interior del laboratorio internacional, que se halla a 400 kilómetros de altitud, tiene un tamaño similar a un terreno de futbol y está dividido en pequeños espacios, como una colmena.

Los astronautas a bordo de la central, cuyo fin de vida está programado en 2028, realizan experimentos pilotados por investigadores desde la Tierra y sirven de "conejillos de Indias".

La segunda misión de Pesquet en la EEI tiene previstos experimentos como el denominado Cerebral Ageing para estudiar el envejecimiento de las células nerviosas cerebrales; Telemaque, que consiste en una pinza acústica para manipular objetos sin contacto, y Eco Pack, nueva generación de envoltorios.

Relevo de tareas

Los astronautas se relevan en las tareas de laboratorio y los experimentos "se conciben a largo plazo, independientemente de las misiones", según Sébastien Barde, responsable de Cadmos, división especializada del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) de Francia.

A bordo de la EEI, el organismo humano, tan bien adaptado a la gravedad, es agitado como en una batidora y la degradación que se observa en los huesos y las arterias se asimila al envejecimiento celular, con la diferencia de que, al regresar a la Tierra, el fenómeno es reversible.

"Lo interesante es estudiar cómo trabaja el cuerpo para volver al equilibrio, ofreciendo eventuales pistas para el desarrollo de tratamientos" antienvejecimiento, según Barde.

"Es un aprendizaje permanente. Así como al principio era necesario llevar material médico al espacio, ahora es éste el que nos aporta recursos de este tipo puesto que la ingravidez nos brinda mayor comprensión de las enfermedades", subrayó Jean-Yves Le Gall, presidente saliente del CNES.

Avances contra la osteoporosis, la salmonelosis, los sistemas de purificación del agua... En 20 años, "hubo hallazgos importantes" a bordo de la EEI, según el historiador estadunidense Robert Pearlman, quien citó otros proyectos "prometedores", como la impresión 3D de órganos.

Algunas voces se elevaron contra el costo de estas investigaciones, toda vez que la NASA busca reducir su compromiso financiero para concentrarse en la exploración espacial más lejana.

"Desde la estación soviética MIR, sabemos todo lo necesario en torno a los efectos de la microgravedad en el cuerpo", criticó en 2019 el ex astronauta francés Patrick Baudry, calificando la EEI de "patraña".

Sábado, 17 Abril 2021 06:34

Opuestos, pero no tanto

Pedro Castillo en campaña electoral en Lima AFP, GIAN MASKO

Castillo versus Fujimori

El maestro rural de provincia y la hija del último dictador de Perú, que se disputarán la presidencia de ese país, tienen planes económicos contrapuestos, pero coinciden en dos aspectos: su conservadurismo social y su magra votación.

Un 45 por ciento del electorado peruano no votó por ninguno de los 18 candidatos presidenciales el 11 de abril, cuando dos políticos conservadores pasaron a la segunda vuelta con el menor porcentaje de votos que haya registrado el país andino: con el 19 por ciento el dirigente magisterial de izquierda dura Pedro Castillo y el 13 por ciento la candidata derechista Keiko Fujimori, a quien el Ministerio Público ha acusado de lavado de activos, organización criminal y obstrucción de la Justicia, luego de dos años de investigar aportes de campaña electoral no declarados, procedentes de Odebrecht y del principal grupo financiero peruano.

Los comicios han ocurrido en la fase más severa de la pandemia –con cifras diarias de muertes más altas que en la primera ola–, así como en un contexto de grave crisis económica: la reducción del producto bruto interno el año pasado fue de 11 puntos, debido a las medidas para contener la transmisión de la covid-19. Este contexto de precarización y pugna por la supervivencia podría ser una clave para comprender por qué Castillo y Fujimori disputarán el balotaje aun con esos bajos porcentajes de votación. Antes de la pandemia era un 20 por ciento de la población el que estaba por debajo de la línea de pobreza. Aún no hay cifras oficiales sobre los nuevos pobres y es esta población la que ambos candidatos han priorizado en sus discursos de campaña. En lo que va de la crisis sanitaria, además, unos 300 mil escolares han dejado las clases, debido a la imposibilidad de conectarse a Internet o a la carencia de radio y televisión para educarse a distancia, y han fallecido más de 151 mil personas debido al nuevo coronavirus, según el Sistema Nacional de Defunciones.

Una alta cantidad muere en sus casas, por evitar morir sin contacto familiar ni oxígeno en los hospitales: desde enero el país tiene un déficit semanal de 100 toneladas de dicho insumo médico. Gran parte del personal de salud aún no ha recibido los bonos que el gobierno aprobó por trabajar en la pandemia y labora hace un año con tensión por la insuficiencia de camas de cuidados intensivos, así como de ventiladores artificiales y oxígeno. El cuadro es de agotamiento para el personal sanitario y miedo para los pacientes y sus familiares. Sin dinero, quienes no alcanzan un espacio en los hospitales tienen más posibilidad de morir, pues tienen que comprar cilindros de oxígeno o concentradores de este gas en el sector privado.

LA HORA DEL MAESTRO

Castillo se hizo conocido en 2017 como cabeza de una huelga de profesores que duró dos meses y tuvo alcance nacional. Los docentes se oponían a someterse a una evaluación periódica si el Ministerio de Educación no aprobaba un alza salarial y mejores condiciones de trabajo. Durante la campaña electoral, una estudiante universitaria que participó en las protestas de noviembre contra la corrupción del Congreso y fue herida durante la violenta represión policial (véase «Tiempos turbulentos», Brecha, 20-XI-20) comentó a esta periodista que la primera vez que vio tanta brutalidad de los agentes contra manifestantes pacíficos fue durante la huelga de maestros que lideró Castillo.

El dirigente sindical se ha postulado por el partido Perú Libre, que preside Vladimir Cerrón, un médico formado en Cuba que fue gobernador de la región Junín y fue sentenciado a cuatro años de prisión suspendida por corrupción. Ambos promueven nacionalizar el gas de Camisea –el principal yacimiento de ese combustible en el sur de Perú–, que las empresas extractivas reinviertan sus ganancias en el país e impulsar las empresas estatales –que el fujimorismo eliminó al inicio de los años noventa–. Esta candidatura quitó votos a Verónika Mendoza, de izquierda moderada, quien proponía abiertamente una agenda de derechos sociales –incluidos los de la población LGTBI–, además de la defensa del medioambiente y de un mayor acceso a la salud y la educación.

«No más pobres en un país rico» es el eslogan que ha repetido sin aburrimiento el profesor Castillo durante su campaña hecha a ras de tierra, a diferencia de los otros candidatos, que viajaron menos que él –debido a las restricciones de bioseguridad por la pandemia– e invirtieron tiempo y recursos en campañas en Tiktok y otros medios sociales. Cuatro candidatos a la presidencia se contagiaron durante la campaña electoral. Castillo tiene una cuenta de Twitter, que usó muy poco: no estaba buscando allí a sus votantes.

COINCIDENCIAS: FAMILIA Y MANO DURA

La excongresista Fujimori, quien se postula por tercera vez a la presidencia, hizo una campaña distinta a la de 2016 (véase «El fujimorismo social», Brecha, 10-VI-16), cuando quiso distanciarse de la imagen del padre, quien cumple una condena de 25 años de prisión por corrupción, robo y crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno. Esta vez reivindicó los supuestos logros de los dos gobiernos de Alberto Fujimori, usando un discurso que el fujimorismo ha asentado en 30 años: el de que salvó al país de la crisis económica y venció al terrorismo. Ello pese a que el grupo especial de inteligencia policial que capturó a la cúpula de Sendero Luminoso trabajaba sin apoyo gubernamental y enfrentado al jefe de facto de las Fuerzas Armadas, Vladimiro Montesinos, la mano derecha de Fujimori.

La lideresa del partido Fuerza Popular ha dicho que el fujimorismo volverá a rescatar al país de la crisis económica y enfrentará con mano dura la pandemia y la delincuencia. Además, ha destacado su identificación con los grupos que se oponen al aborto –salvo el previsto en la ley, el aborto terapéutico– y al enfoque de género en el currículo educativo. También ha dicho que, si bien «tiene amigos» de la comunidad LGTBI, no está de acuerdo con el matrimonio igualitario.

El profesor Castillo, en una entrevista en la principal radio de noticias peruana, respondió sobre esos temas pocos días antes de las elecciones, pues no se mencionan en el plan de gobierno de Perú Libre, de 77 páginas. El periodista le recordó que el líder de su partido dijo en alguna entrevista: «Nuestro pueblo, lleno de valores familiares, jamás podrá aceptar el enfoque de género». Y le preguntó si él es «profamilia». «No sólo somos profamilia: hay que defender a la familia en la escuela. Pensar en otra cosa es quebrar a la familia. Como maestro, respetamos los valores de la familia y hay que profundizarla», contestó.

Esta posición coincide no sólo con la de Fujimori, sino con la de otros sectores de ultraderecha, que a partir del 28 de julio, cuando sea el cambio de gobierno, tendrán por primera vez escaños en el Congreso, de la mano del grupo político Renovación Popular. Desde 2016 un movimiento llamado Con mis Hijos No te Metas se ha opuesto, con marchas, plantones y un constante litigio judicial, al enfoque de género en las escuelas, pues señala que con él se promueve la homosexualidad en los niños. En dicho movimiento se encuentran seguidores de grupos ultracatólicos y sectas escindidas de los evangélicos.

En la misma entrevista radial, a la consulta de si legalizaría el aborto, Castillo respondió: «Para nada. Trasladaría el tema a una asamblea constituyente. Personalmente, no estoy de acuerdo». ¿Y sobre la eutanasia?: «Para nada». ¿Matrimonio igualitario?: «Peor todavía: primero la familia. La familia y la escuela: estas dos instituciones tienen que ir de la mano», añadió el candidato de la izquierda.

En tanto, así como la hija mayor de Fujimori ha usado desde 2016 el populismo penal en campaña y los congresistas de su partido lo usan constantemente en el debate parlamentario (pidiendo, por ejemplo, la pena de muerte en caso de violación y, por tanto, exigiendo que Perú se retire de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, conocida como Pacto de San José), también Castillo y Cerrón apuestan por esa retórica. «Muerte civil para todos los corruptos y que devuelvan todo lo que se han robado. Vamos a trasladar a la Asamblea Nacional Constituyente que se debata y analice el Pacto de San José», manifestó Castillo en un reciente debate. El candidato de Perú Libre, que ha hecho campaña con un lápiz como símbolo, dice que la pena de muerte servirá para eliminar las lacras de la sociedad peruana.

Sin embargo, en el plan de gobierno que representa Castillo y firma Cerrón, la motivación para apartarse del sistema legal interamericano es distinta a la del fujimorismo: Perú Libre, desde una proclamada posición marxista y anticapitalista, señala que la Organización de los Estados Americanos es un mecanismo de dominación e injerencia en la Justicia de los países del continente, y por ello la rechazan. Castillo no menciona ese motivo en sus intervenciones públicas, pero este está plasmado en el documento inscrito por su partido ante el Jurado Nacional de Elecciones.

Además de ser maestro de escuela primaria rural en la provincia de Chota, en la región de Cajamarca –en los Andes del norte del país–, Castillo ha sido dirigente rondero. Las rondas de Cajamarca fueron fundadas por campesinos a mediados de los años setenta para librarse de los ladrones de ganado –los abigeos– y se convirtieron en un sistema de administración de justicia paralelo al tradicional. El látigo es una de las herramientas de los ronderos. El candidato ha ofrecido trasladar esa experiencia a la lucha contra la delincuencia. «Convocaremos a las rondas campesinas para organizar a los barrios y hacemos el llamado a los licenciados de las Fuerzas Armadas y los reservistas para consolidar una sola fuerza», señaló en el debate presidencial oficial, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones, con los 18 candidatos. La idea de que quienes hicieron el servicio militar o han sido militares se sumen al trabajo contra la inseguridad ciudadana es compartida hace años por congresistas y dirigentes del fujimorismo, así como por el candidato más votado de Renovación Popular, un oficial retirado de la Marina.

LAS DIFERENCIAS

En la primera vuelta, Castillo ha enfrentado –al igual que Mendoza– la fuerte contracampaña de los grupos políticos de derecha y la prensa tradicional, que alientan el miedo a que Perú se convierta en Venezuela o Cuba si ellos llegan a la presidencia. Pero, en el caso de Castillo, han ido más allá, al repetir alegaciones no comprobadas de que estaba vinculado a una organización de fachada del grupo terrorista Sendero Luminoso, llamado Movimiento por los Derechos Fundamentales (Movadef). En Perú, los maestros que han cumplido una condena por terrorismo no pueden volver a ejercer la docencia. Sin embargo, en la huelga magisterial de 2017 la prensa indicó que algunos agitadores pertenecían al Movadef y cuestionaban a Castillo por esa presencia. Los remanentes actuales de Sendero Luminoso son una columna pequeña dedicada al narcotráfico y la extorsión, en un valle cocalero entre las montañas de las regiones Ayacucho, Junín y Huancavelica, y el propio Movadef, que intenta infiltrarse en sindicatos y universidades. Castillo se ha deslindado muchas veces de esa agrupación. Es más: los ronderos combatieron a Sendero Luminoso en las décadas del 80 y el 90 e impidieron su entrada en la región de Cajamarca.

Pese a esto, ese será el mejor blanco de los ataques de la campaña del fujimorismo a la segunda vuelta, que está habituado desde 2000 a buscar votos promoviendo o alentando el miedo al terrorismo e insistiendo en que el padre de la actual candidata fue quien acabó con Sendero Luminoso. Sin embargo, en los años noventa, Alberto Fujimori usó la lucha antisubversiva como pretexto para que un destacamento del Ejército, el llamado Grupo Colina, desapareciera y asesinara a estudiantes de universidades públicas y a dirigentes campesinos y sindicales que denunciaban la corrupción de su gobierno y los retrocesos en los derechos laborales causados por la nueva Constitución de 1993 –aprobada luego del autogolpe de abril de 1992–, que cambió el modelo económico peruano y que hoy defiende Keiko Fujimori.

Sin embargo, la candidata de Fuerza Popular ha invocado este miércoles a sus seguidores a «no abrir heridas» y no hacer campaña contra Castillo ligándolo al terrorismo. «Es cierto que el oponente ha planteado la vieja tesis comunista de lucha de clases, odio y confrontación, pero no voy a terruquear a nadie», anunció. El terruqueo es la ofensa a una persona o grupo llamándolo terrorista cuando no lo es: la palabra viene de terruco, la forma como se denominaba en el campo a los subversivos en la década del 80. «Propongo generar riqueza, no estatizar; que Perú sea un país de primer mundo, no Corea del Norte. Proponemos una economía social de mercado, no marxismo. Propongo que los peruanos nos demos la mano, no una lucha de clases», añadió en un pronunciamiento público cuando el escrutinio llegó al 99 por ciento de las cédulas de votación. Además, ha encarado a Castillo diciéndole que no se atribuya la representación de los pobres, porque «el fujimorismo fue el gobierno que más trabajó por ellos». El candidato aún no ha respondido. Sin embargo, en cierto modo, su vida y su trayectoria hablan por él. Es maestro rural desde 1995 en una de las regiones con mayor pobreza extrema y menos acceso a la salud, pese a que en Cajamarca se ubica la mina con mayor producción de oro de Sudamérica.

El maestro ofreció ahora convocar en los primeros seis meses de su gobierno una asamblea constituyente y pretende que la educación y la salud sean derechos constitucionales, «y no servicios, como ahora», mientras que Fujimori defiende el modelo neoliberal. «Yo no necesito disfrazarme de paisano para llevar una propuesta a mis hermanos agricultores. Soy chacrero, obrero, rondero, agricultor y profesor a mucha honra», afirmó en una entrevista anterior a los comicios. El voto «por el lápiz, por el lapicito», como decían algunos electores días pasados, puede haber sido no sólo por una necesidad de orden en una sociedad caótica e impredecible por causa de la pandemia, sino también por un personaje ajeno al repertorio de políticos visibles desde 2016, cuando se ha agudizado la corrupción en la política y en el sistema judicial.

En Cajamarca, Castillo fue dirigente entre 2005 y 2017 de Perú Posible, el partido que fundó el expresidente Alejandro Toledo. Es decir, navegó en el sistema formal de la política, pero no saltó a la escena nacional desde esa plataforma. Todos los presidentes que asumieron de 1990 en adelante, con la excepción del presidente de transición Valentín Paniagua, están presos, investigados o enjuiciados por corrupción: Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra. Y Alan García se suicidó en abril de 2019, cuando llegaron a su casa un fiscal y la Policía con una orden de prisión preliminar por presuntos sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.

El politólogo Arturo Maldonado destacó recientemente en conversación con la emisora radial Radioprogramas que tanto Castillo como Fujimori tienen muy poca legitimidad debido al bajo porcentaje de votos que obtuvieron, a lo que debe sumarse que hubo un 5 por ciento de votos nulos y un 12 por ciento de votos en blanco, además de un alto ausentismo, de un 28 por ciento, aun cuando el voto es obligatorio. Quizás ese 28 por ciento se explica por las múltiples desconfianzas y dificultades de ir a votar en pandemia, el temor a las colas y el consiguiente contagio, la obligación de ir con mascarilla, la necesidad de cuidar a un pariente enfermo y el hecho de estar en una ciudad distinta a la del lugar de votación: en mayo, miles de peruanos se desplazaron de los centros urbanos al campo porque se quedaron sin trabajo en las ciudades (véase «Los caminos del hambre», Brecha, 8-V-20). En ciertos casos es más barato pagar la multa que costear un pasaje interprovincial. Tampoco los cuidados sanitarios son accesibles para todos: una radio reportó el domingo que una mujer se acercó a votar en Lima sin cubrebocas porque no tenía dinero para comprarlo, un policía sacó dinero de su bolsillo y compró uno, y la mujer pudo ejercer su derecho.

Lo cierto es que el próximo presidente (o presidenta) peruano, sea de izquierda o de derecha, será conservador y populista. Pero no fue esa la voluntad de un amplio sector del electorado.

Por Jacqueline Fowksdesde Lima 
16 abril, 2021

Publicado enInternacional
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