Viernes, 29 Enero 2021 05:16

Representar desde la izquierda

Representar desde la izquierda

El giro al centro de numerosas organizaciones socialistas y socialdemócratas ha contribuido a la crisis de representación. El problema, ahora, es cómo representar desde la izquierda y rearmar un paradigma político convincente.

 

En las últimas décadas, la insatisfacción con la democracia ha crecido en forma dramática. Por ejemplo, el más reciente informe Global Satisfaction with Democracy (Satisfacción global con la democracia) menciona que «a mediados de la década de 1990, la mayoría de los ciudadanos (…) estaban satisfechos con el funcionamiento de sus democracias. Desde entonces, la proporción de individuos que están ‘insatisfechos’ con la democracia ha crecido (…) de 47,9% a 57,5%. Es el nivel global más alto de insatisfacción desde el comienzo de la serie en 1995».

Quizás la forma más común de entender la insatisfacción con la democracia sea «de abajo hacia arriba», examinando las quejas de los ciudadanos por motivos económicos y/o socioculturales. Pero también es necesario examinar las fuentes «de arriba hacia abajo», aquellas que surgen de la naturaleza de las instituciones democráticas mismas o de su funcionamiento.

Es muy probable que el planteo moderno más influyente de esta perspectiva sea el de Samuel Huntington en El orden político en las sociedades en cambio (1968). Huntington sostuvo que la decadencia y el desorden políticos eran el resultado de una brecha entre las demandas de los ciudadanos y la disposición o la capacidad de las instituciones políticas para darles respuesta. Aunque el libro de Huntington se enfocaba en los países en desarrollo durante el periodo de posguerra, su marco puede ayudarnos a entender la insatisfacción con la democracia en la Europa de la actualidad.

En las últimas décadas, ha surgido en Europa una brecha de representación, un desfase entre las preferencias de los votantes y el perfil de las políticas y los reclamos políticos de los partidos tradicionales. Y tal cual como lo habría predicho Huntington, cuando la ciudadanía ve a las instituciones políticas como renuentes o incapaces de darle respuesta, el resultado probable es la insatisfacción y, junto con ella, el desorden y la decadencia política.

Perfiles desplazados

Los desplazamientos políticos y discursivos de los partidos europeos tradicionales de centroizquierda y centroderecha los ha alejado de las preferencias de muchos votantes. El cambio por parte de los partidos de centroizquierda es bien conocido.

Durante la posguerra, los partidos europeos de centroizquierda tenían perfiles económicos relativamente claros, que se basaban en la idea de que la tarea de los gobiernos democráticos era proteger a los ciudadanos de las consecuencias negativas del capitalismo. En concreto, esto involucraba impulsar el Estado de Bienestar, la regulación del mercado y políticas de pleno empleo, entre otras cosas. Aunque trataban de atraer votos fuera de la clase trabajadora tradicional, sus identidades y reclamos siguieron basados en la clase.

A fines del siglo XX esto comenzó a cambiar, a medida que la centroizquierda se desplazaba hacia el centro en términos económicos, ofreciendo una versión diluida o «más amable, más suave» de las políticas difundidas por sus competidores de centroderecha. Para fines de la década de 1990, de acuerdo con un estudio, «la socialdemocracia (…) tenía más en común con sus principales competidores que con sus propias posiciones de tres décadas antes». Al tiempo que los partidos de centroizquierda diluían sus posturas de política económica, también comenzaron a quitar énfasis a los términos de clase en sus discursos, y sus líderes surgieron cada vez menos de las filas de la clase trabajadora y más de una elite con altos niveles de educación.

Aunque de manera menos pronunciada y universal, casi al mismo tiempo que la centroizquierda comenzaba a correrse al centro en el terreno de la economía, muchos partidos de centroderecha moderaban sus posturas sobre cuestiones sociales y culturales, entre ellas los valores «tradicionales», la inmigración y otras preocupaciones relacionadas con la identidad nacional, sobre las cuales la centroderecha había tomado posiciones conservadoras. Los demócrata-cristianos, por ejemplo, habían considerado que los valores religiosos, así como las visiones tradicionales respecto del género y la sexualidad, eran cruciales para su identidad. Además, muchos de estos partidos entendían la identidad nacional en términos culturales o incluso étnicos, y la inmigración y el multiculturalismo les resultaban sospechosos. Sin embargo, entre fines del siglo XX y comienzos del XXI muchos se desplazaron hacia el centro en cuestiones de identidad nacional, suavizando o abandonando los reclamos comunitarios que habían hecho con anterioridad.

En conjunto, estos desplazamientos en las agrupaciones de centroizquierda y centroderecha dejaron a muchos votantes sin un partido que representara sus intereses, en particular a aquellas personas con perspectivas de izquierda en temas de economía y con preferencias entre moderadas y conservadoras respecto de la inmigración, entre otros. Estos votantes se concentraban entre la población con niveles más bajos de educación y la clase trabajadora, abarcando aproximadamente entre 20% y 25% del electorado en Europa (así como en Estados Unidos).

Brecha de representación

Para utilizar categorías popularizadas por Albert Hirschman, cuando emerge una brecha de representación y los votantes están insatisfechos con las alternativas políticas que se les ofrecen, tienen dos opciones: abandonar la escena o hacerse escuchar. Y sin duda, en décadas recientes, los votantes menos educados y de clase trabajadora han abandonado progresivamente la escena absteniéndose de votar y de ejercer otras formas de participación política, o se han hecho escuchar llevando sus votos a los partidos populistas de derecha. Lo hicieron porque esos partidos también cambiaron sus perfiles, ofreciendo una mezcla de «chauvinismo de bienestar», políticas sociales y culturales conservadoras y una promesa de darles voz a los «sin voz», precisamente para atraerlos.

El escritor francés Édouard Louis describió cómo la insatisfacción de su padre obrero y sin educación con los partidos tradicionales, y en particular con la izquierda, lo condujo por ese sendero: «Lo que las elecciones [llegaron a significar para] mi padre fue la oportunidad de luchar contra su sensación de invisibilidad (…) Mi padre se había sentido abandonado por la izquierda política desde la década de 1980, cuando esta comenzó a adoptar el lenguaje y el pensamiento del libre mercado (…) [y nunca más] habló de clase social, injusticia y pobreza, o de sufrimiento, dolor y extenuación (…) Mi padre solía protestar: ‘No importa cuál, de izquierda, de derecha, ahora son todos lo mismo’. Ese ‘no importa cuál’ destilaba todo su desencanto con quienes, para él, deberían haberlo defendido, pero no lo hacían. En contraste, el Frente Nacional despotricaba contra las pésimas condiciones de trabajo y el desempleo, echando toda la culpa a la inmigración o a la Unión Europea. En ausencia de cualquier intento por parte de la izquierda de explicar su sufrimiento, mi padre se aferró a las falsas explicaciones ofrecidas por la extrema derecha. A diferencia de la clase gobernante, él no tenía el privilegio de votar por un programa político. Para él, votar era un intento desesperado de existir ante los ojos de los otros».

En resumen, mientras que el examen de los cambios en las condiciones económicas, sociales y tecnológicas y las quejas que han generado es crucial para comprender los problemas contemporáneos de la democracia, también es necesario explorar por qué las instituciones democráticas existentes no han respondido a las preocupaciones de muchos ciudadanos. Después de todo, un rasgo definitorio de la democracia es que supuestamente el gobierno debe responder a los ciudadanos. Esto implica alguna correspondencia entre lo que los votantes quieren y lo que los políticos y los partidos de hecho hacen.

En particular, cuando surge una brecha de representación –cuando una porción significativa de la población siente que sus intereses ya no son representados por la política y los partidos tradicionales–, deberíamos esperar un incremento en la insatisfacción y en el apoyo a la política y los partidos anti-establishment. Para evitar esto es necesario cerrar la brecha de representación, lo que significa que será necesario que los partidos tradicionales vuelvan a alinearse con los votantes, o que tendrán que convencer a los votantes de alinearse con ellos.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: IPS y Social Europe

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Viernes, 22 Enero 2021 05:44

Tupak Katari vive y vuelve…carajo

Tupak Katari vive y vuelve…carajo

(En homenaje a Felipe Quispe, Mallku, 1942-2021)

 

Luchó hasta el último aliento. A los 78 años, en agosto de 2020, estuvo a la cabeza de más de setenta bloqueos campesino-indígenas que derrotaron al gobierno golpista de Jeannine Añez, forzándolo a convocar elecciones.

Fue un rebelde intransigente. Contra el neoliberalismo y el colonialismo, contra todos los de arriba, fueran de derecha o de izquierda. Nada le impidió seguir caminando, aún en la más absoluta soledad, con toda la “correlación de fuerzas” en contra.

Felipe Quispe nació en la comunidad aymara de Chilijaya, en el municipio de Achacachi, un 22 de agosto de 1942. Desde ese lugar irradió su influencia hacia todo el Altiplano, hasta convertirse en un referente ineludible de la dignidad aymara e indígena.

En 1978 fue fundador del Movimiento Indígena Túpac Katari y años después impulsó el movimiento Ayllus Rojos que desemboca en el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), donde confluyó con Raquel Gutiérrez y otras personas que prefiero no nombrar para no ensuciar su memoria.

Al nombrarlo Mallku (cóndor en aymara), se le reconoce su autoridad como referente ético y político, alguien que vuela muy alto, que encarna el espíritu y la fuerza de las montañas.

Estuvo preso en el penal de Chonchocoro desde 1992. Salió en 1998 como secretario general de la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) impulsando bloqueos de caminos contra el gobierno de Hugo Bánzer, encabezó la primera guerra del gas (2003) y más tarde fue un opositor al gobierno de Evo Morales, por razones ideológicas y éticas.

Estos días sus compañeros de lucha lo recuerdan con emoción y cariño. El protagonista de la guerra del agua, en 2000, Oscar Olivera, lo define como “un tipo leal y confiable. Un vocero y un símbolo del pueblo aymara. Era muy duro con los opresores pero enormemente generoso con la gente sencilla. Nunca se colocó en el papel de víctima”.

Para Raúl Prada, “en la lucha de Felipe hay una remembranza del siglo 18 cuando la rebelión de Tupak Katari. Hay pocas personas cuyo cuerpo entero esté dispuesto para el combate”.

En el homenaje que le hizo Radio Deseo, la trabajadora del hogar y sindicalista Yolanda Mamani mostró su admiración por el Mallku. “Hablaba desde su lugar de campesino indígena, dejó el parlamento y volvió a su pueblo. Nos decía que no sólo tenemos que alimentar el cuerpo, sino nuestra mente con pensamientos, y que tenemos que ser rebeldes”.

María Galindo, de Mujeres Creando, enfatizó que la muerte de Felipe “nos deja un vacío gigante” y prefirió recordarlo como alguien que “hablaba en primera persona, no por otros ni a nombre de un tercero. No sólo quería derrocar un gobierno sino mirar más allá, más profundo. Hizo de la rabia una fuerza política”.

Muchos los recuerdan por una de sus frases durante una entrevista que le hizo la periodista Amalia Pando, cuando lo interpeló por las razones de la lucha armada: «No quiero que mi hija sea su sirvienta …» (https://bit.ly/3bZ4svJ). Felipe tenía esa extraordinaria habilidad para sintetizar la opresión colonial.

En una de las últimas entrevistas, recordó que su tarea es “obedecer las decisiones de las bases”, que lo eligieron para comandar los bloqueos de agosto y semanas atrás lo propusieron como candidato a la gobernación de La Paz (https://bit.ly/2XZVmXf).

Asegura que en agosto pasado podrían haber derribado al gobierno “racista y fascista” de Añez, pero que el MAS los traicionó retirando a sus bases de los bloqueos.

En esa entrevista reconoce que apoyó al MAS para sacar a lo golpistas, pero a renglón seguido dijo que “Evo Morales sigue metiendo su mano sucia en el gobierno de Arce, cuando debió retirarse como le dijeron muchos dirigentes”.

Estos días en el Altiplano aymara se escuchan voces que dicen: “No hubiera habido un Evo sin un Mallku”. Porque que fue la lucha de las comunidades lo que abrió un hueco en la dominación por donde se colaron el MAS y Evo Morales. Pero a la hora de la lucha, mientras los de arriba se fugaron del país, ahí permanecieron los Felipes para seguir la pelea.

Fue un dirigente limpio. Nunca se rindió, ni se vendió, ni claudicó. Por eso pasará a la mejor historia de resistencia y dignidad de los de abajo. La historia coloca a cada quien en su sitio.

Fue un educador de su pueblo. En el prólogo de su libro de 1990, “Tupac Katari vive y vuelve …carajo”, escribió: “El fuego de la verdad de los oprimidos y explotados hará llorar y aullar a esta nueva Sodoma y Gomorra que es la sociedad capitalista”.

Los recambios a la generación de Felipe ya los vemos entre los jóvenes y las mujeres que salieron a las calles cuando los bloqueos de 2020, entre las que participaron en el Parlamento de las Mujeres convocado por Mujeres Creando cuando el golpe de 2019 y entre los miles de herederos de los jóvenes que protagonizaron el levantamiento de 2003 en El Alto.

Quiero recordarlo con una frase típica de Felipe: “Podrán privatizar las montañas, pero los cóndores seguiremos volando”.

Jallalla Mallku!!!!

 

21 enero 2021 

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Miembros del Partido Alternativa Feminista marchan frente el Servicio Electoral de Chile, en enero de 2020.EDGARD GARRIDO / Reuters

Las listas de candidatos que disputarán una banca en abril evidencia el descrédito de los partidos políticos tradicionales

Chile ha cerrado las inscripciones para postular a la convención que redactará la nueva Constitución chilena, la primera en su historia escrita en democracia. El órgano de 155 miembros será electo el 11 de abril y tendrá características únicas: será paritario entre hombres y mujeres, como nunca antes había sucedido en el mundo, y tendrá 17 escaños reservados para los pueblos indígenas, la mayor cantidad que haya tenido un proceso constituyente. Como nunca antes en Chile, además, una gran cantidad de independientes buscan integrar la convención, al margen de los partidos políticos que sufren una crisis de representación profunda y estructural, que no han logrado revertir en la última década. De acuerdo con la información preliminar del Servicio Electoral (Servel), 2.213 personas se han postulado por fuera de las listas de las colectividades, las que fueron patrocinadas por medio millón de ciudadanos (480.977).

Es la primera vez en Chile que se permite a los independientes conformar sus propias listas. Sumando las de los partidos y bloques tradicionales, por lo tanto, llegan a 79 las listas que se han presentado en todo el país, de acuerdo al medio Tres quintos, lo que augura un alto nivel de diversidad y fragmentación.

Los independientes, sin embargo, no son un grupo homogéneo, aunque pertenecen sobre todo al centro y la izquierda, donde la sociedad se organizó por fuera de las colectividades del sector. La derecha oficialista del presidente Sebastián Piñera, pese a los problemas del Gobierno y de la coalición Chile Vamos, logró juntarse en una sola lista con miras a la conformación de la convención constitucional, que debería empezar a funcionar entre mediados de mayo y comienzos de junio.

Entre los independientes se encuentra la lista FyF Vota Feliz –de Felices y forrados, una firma de asesorías previsionales–, cuya fórmula para la obtención de respaldos está siendo estudiada por el Servel, por posibles vulneraciones de la ley.

Pero una parte de los independientes son expresión de determinadas organizaciones sociales, como el movimiento No+AFP (críticos al actual sistema de pensiones) y la Coordinadora feminista 8M. Existen, además, listas de candidatos formados por asambleas territoriales que se originaron luego de las revueltas del 18 de octubre de 2019, como la Lista del pueblo. También la sociedad civil se ha organizado para tener representación en la convención, como lo hizo Independientes no neutrales, que llegó en poco tiempo a conformar una orgánica nacional. El movimiento ha presentado 105 candidatos en 23 de los 28 distritos que existen en todo el territorio, con el patrocinio de unas 78.000 personas.

“Evidentemente, no da lo mismo un independiente de otro”, comenta la periodista Patricia Politzer, integrante de Independientes no neutrales y candidata a la convención. Remarca la importancia de que medio millón de personas hayan respaldado candidaturas de independientes en solo tres semanas, en medio de una pandemia y de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

“Hay una parte importante de la ciudadanía, fuera de los partidos, que está interesada en participar de la política, pero no de la forma en que se ha estado ejerciendo en el último tiempo, por lo que está fuertemente desprestigiada”, señala la autora de libros como Altamirano, una de las independientes que obtuvo una mayor cantidad de patrocinantes. Lo ejemplifica: “En 2017, cuando los partidos fueron obligados legalmente a refichar a sus militantes, el conjunto de las colectividades no alcanzó las 400.000 personas en el plazo de un año”. Para Politzer, sin embargo, no se trata de dejar caer a los partidos: “Sin partidos la alternativa es el fascismo”, asegura Politzer. “Pero para la redacción de una nueva Constitución debe configurarse una convención diversa y muy pluralista que contenga la mayor cantidad de miradas posibles”.

Los partidos políticos y el Congreso sufren una crisis estructural de representación. De acuerdo al informe Diez años de auditoría a la democracia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con datos de 2008 a 2018, tanto las colectividades como el Parlamento son las dos instituciones en las que menos confianza tienen los chilenos. En el proceso de elección de candidatos a la convención constituyente, partidos de todos los sectores ocuparon las clásicas técnicas de negociación que alejan a la ciudadanía. No ayuda que el mismo día en que se elegirán a los convencionales, el 11 de abril, se celebren las elecciones de alcaldes, concejales y las primeras democráticas de gobernadores (elegidos hasta ahora por el gobierno nacional). En total, 2.768 cargos que se llenarán en tres meses.

“Un sector importante de la sociedad politizada y activada tiene una desconfianza muy grande en los partidos y, por lo tanto, no se ven representados. Esto explica tanto interés por inscribir listas y se ha instalado tan fuertemente un discurso de la importancia de la independencia y de apoyar a candidatos independientes”, asegura Marcela Ríos, representante asistente en Chile del PNUD. “Quizá en algunos distritos los partidos van a lograr mantener el predominio y la correlación de fuerzas habitual, pero en muchos otros lugares se podrían dar mezclas distintas. Una de las principales interrogantes de la convención está en si los partidos quedarán o no desplazados. El desafío de los independientes es transformar los respaldos en votación”, analiza la socióloga.

Pueblos indígenas

Para los 17 escaños reservados para pueblos indígenas se han presentado 199 candidatos, de acuerdo a los datos preliminares del Servel. Los elegidos conformarán un solo distrito a nivel nacional. Se aseguró un cupo para cada una de las 10 etnias, pero la mapuche tendrá siete escaños, mientras que la aymara obtendrá dos. “Ocuparemos un porcentaje relevante dentro de la convención, que se aproxima al 12,8% que representa la población indígena del país”, asegura Salvador Millaleo, abogado constitucionalista mapuche, académico de Derecho de la Universidad de Chile, cuyo partido –el socialista– dejó fuera de las candidaturas a la convención. Millaleo explica que nunca antes a nivel mundial un órgano constituyente tuvo este número de escaños reservados para sus etnias originarias, lo que resulta especialmente llamativo en un país como Chile, “con una historia hostil a los derechos de los pueblos indígenas”.

Millaleo describe el engorroso proceso de negociación que con mucha dificultad terminó con el acuerdo de los 17 escaños reservados. La ley recién se promulgó el 23 de diciembre pasado y, pese a las dificultades, como la ruralidad y la pandemia, en solo algunas semanas todas las etnias originarias lograron levantar a sus candidatos a la convención. “Considerando las postulaciones de los partidos y las independientes, los candidatos de los pueblos indígenas son dirigentes y representan a sus bases y territorios”, asegura el académico.

Los independientes, sin embargo, tienen un camino cuesta arriba para superar a los partidos, que tienen oficio, estructura y financiamiento para ganar elecciones. En la franja electoral, por ejemplo, todos los independientes tendrán el mismo tiempo disponible que el partido que obtuvo menor votación en las últimas elecciones. Marta Lagos, fundadora del sondeo Latinobarómetro, es escéptica: “Existe una sensación de que el llamado a la convención constitucional había cambiado esta condición estructural de la democracia chilena –una democracia representativa que se organiza a través de los partidos– y que se podría modificar esta condición a través del concurso de los independientes. Pero la convención constitucional estará mayoritariamente ocupada por miembros elegidos a través del sistema de partidos, lo que va a producir una tremenda reacción negativa en contra de la convención”, analiza Lagos. “Va a haber renovación y tiraje de la chimenea, sin duda, pero va a ser minoritario”, concluye Lagos, que dirige hace 25 años la mayor encuestadora de América Latina.

Po Rocío Montes

Santiago de Chile - 15 ene 2021 - 15:44 UTC

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El retorno de la derecha globalista en EEUU

El agonizante mandato de Donald Trump se propone dejar a su sucesor, en el escenario internacional, un conjunto de problemas cuya solución o desenredo no serán sencillos.

 

La agudización de la tensión con Irán, el cierre de filas con Arabia Saudí en el conflicto en Yemen y la reciente definición de Cuba como un país "patrocinador del terrorismo", se suman a la decisión de "terminar con las restricciones para el contacto oficial con Taiwán", algo que irrita profundamente a China, como forma de "complicar el mandato de Joe Biden".

Sin embargo, el nuevo inquilino de la Casa Blanca está dando varios pasos que permiten intuir que los viejos tiempos de las "revoluciones de color" para promover cambios de régimen, están a punto de regresar.

Veinticinco organizaciones sociales de Estados Unidos difundieron una carta en contra del nombramiento de Nuland, advirtiendo que debería ser rechazada por el Senado. "Nuland jugó un papel clave en la facilitación de un golpe en Ucrania que creó una guerra civil que costó 10.000 vidas y desplazó a más de un millón de personas", dice la misiva.

A comienzos de 2014 Nuland y el Gobierno de Obama apoyaron el Euromaidán, una serie de manifestaciones violentas apoyadas por neonazis y francotiradores que dispararon contra la Policía para conseguir "el derrocamiento de un presidente elegido democráticamente que se había negado a unirse a la OTAN", recuerdan las organizaciones.

La carta ha sido firmada por Veterans for Peace y diversas organizaciones y coaliciones pacifistas de Estados Unidos. Recuerdan que el año pasado Nuland declaró: "El desafío para los Estados Unidos en 2021 será liderar las democracias del mundo en la elaboración de un enfoque más eficaz hacia Rusia, uno que se base en sus fortalezas y ponga énfasis en Putin donde es vulnerable, incluyendo entre sus propios ciudadanos".

También defiende:

  • mantener presupuestos de defensa sólidos,
  • continuar modernizando los sistemas de armas nucleares de EEUU y sus aliados,
  • desplegar nuevos misiles convencionales y defensas de misiles,
  • establecer bases permanentes a lo largo de la frontera oriental de la OTAN y aumentar el ritmo y la visibilidad de los ejercicios conjuntos de entrenamiento.

En suma, algo similar a una declaración de guerra a Rusia.

Los pacifistas también recuerdan que EEUU comenzó a colocar misiles en Rumania y Polonia, expandir la OTAN a la frontera de Rusia, armar a Ucrania y a "realizar ejercicios de ensayo de guerra masivos en Europa del Este".

Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes de la carta es que la demonización de Rusia se relaciona con la presión para obtener más presupuesto para las Fuerzas Armadas.

En un artículo de 2016, el analista de inteligencia y asuntos militares Mark Perry, sostuvo que algunos oficiales sobredimensionan el potencial militar ruso para presionar por mayor presupuesto. Para ellos lo mejor es "pintar a los rusos como capaces de aterrizar en nuestra retaguardia y en ambos flancos al mismo tiempo", lo que el especialista considera una tontería.

Según Perry, graduado de la Academia Militar de Northwestern, autor de nueve libros sobre asuntos militares y comentarista habitual en CNN y Al-Jazeera, existe "una disputa cada vez más profunda en la comunidad militar sobre cómo responder a la reducción de las cifras presupuestarias. Lo que está en juego es el futuro estratégico: ¿modernizar su arsenal de armas o aplazar la modernización en favor de un mayor número de soldados?"

Basta con mirar las cifras, sostiene Perry, para concluir que la tan manida "amenaza rusa" es ridícula. "EEUU gasta siete veces la cantidad de dinero en defensa que Rusia (598.000 millones de dólares frente a 84.000 millones), poco menos de seis veces más helicópteros (aproximadamente 6.000 frente a 1.200), tres veces el número de cazas (2.300 frente a 751) y cuatro veces el número total de aviones".

Estos análisis dejan sin embargo algunos puntos en la penumbra, como las razones por las cuales las elites eligen a Rusia y no a China como enemigo principal.

El primero es que la tensión de cara a los presupuestos militares refleja tanto las enormes dificultades de la economía estadounidense para apoyar el exagerado despliegue del Pentágono en el planeta, por la creciente debilidad de su economía. "En los escalones superiores del Ejército, hay signos de grietas", asegura Perry.

La presión por la modernización que ausculta Perry puede haberlas creado. Sin embargo, ¿podrían las Fuerzas Armadas de un país seriamente agrietado no presentar ellas mismas fisuras en su interior?

El segundo punto se relaciona con la experiencia histórica. En su momento, EEUU utilizó a China contra la Unión Soviética y su heredera, Rusia, explotando las diferencias entre las dos naciones, porque no hubiera podido vencer a las dos juntas, como lo mostró el ejemplo de la guerra de Vietnam. Sin embargo, la alianza sino-rusa parece sólida por el momento y nada apunta a una eventual ruptura.

Lo que debemos comprender son las razones por las cuales los estrategas detrás del Gobierno de Biden eligen confrontar con Rusia y no con China, como hizo Trump.

La respuesta pasa por dos ejes: Rusia siempre fue un enemigo estratégico para las elites estadounidenses. Mucho más allá de su período socialista, es una nación poderosa que nunca mostró signos de someterse a Occidente.

Pero hay otra razón a la vez pragmática y geopolítica: el ascenso de China pasa por el despliegue de la Ruta de la Seda, algunos de cuyos trazados más importantes pasan por tierras rusas o por naciones aledañas. Aislar a Rusia, desatar conflictos en su periferia (como sucedió con Ucrania y puede suceder con Polonia), es un tiro indirecto con la estrategia china de soldar su alianza comercial, tecnológica y económica con la Unión Europea.

16:03 GMT 14.01.2021URL corto

Por Raúl Zibechi

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Miércoles, 13 Enero 2021 05:25

La segunda Guerra Fría está llegando

Fuentes: IPS [La nueva Ruta de la Seda y otros canales de expansión comercial y económica que tienen como epicentro a China. Imagen: iStock]

Mientras que el coronavirus ha concentrado, con toda razón, gran parte de nuestra atención, un reajuste geopolítico fundamental ha estado cobrando forma en el mundo y se hará más claro en este 2021. El reajuste es el comienzo de una segunda Guerra Fría, que esperamos no se convierta en una guerra «caliente».

La nueva Guerra Fría se producirá entre China y Occidente, pero debe ser muy diferente a la que tuvo lugar con la Unión Soviética. El mundo ha cambiado significativamente desde 1989, el año de la caída del Muro de Berlín.

La brecha entre los dos campos opuestos es ahora mucho más pequeña. La extinta Unión Soviética, un gigante militar con escaso desarrollo industrial, tenía la ventaja de presentarse a sí misma como la líder de una ideología internacional. De cierta manera, esta también era una bandera de Occidente, que convertía en su propia identidad el llamado a la libertad y la democracia.

En la actualidad, China no enarbola una verdadera bandera internacional y Occidente está asediado por contradicciones internas, desde la batalla de las democracias antiliberales, como la de Hungría bajo Viktor Orbán, hasta las olas nacionalistas, xenófobas y populistas que recorren todos los países y el dramático aumento de la desigualdad social y la degradación de los puestos de trabajo, la calidad de vida y las perspectivas sobre el futuro.

Todo esto hace que el estandarte occidental sea mucho menos fuerte que después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, por la actual fragmentación del mundo, sería probablemente imposible crear las Naciones Unidas o adoptar la Declaración de los Derechos Humanos.

Mientras tanto, China está experimentando un desarrollo industrial, científico y tecnológico que nunca estuvo al alcance de la Unión Soviética. Por último, añadamos el factor demográfico: China, con sus 1.4 mil millones de habitantes, tiene una fuerza muy diferente a los 291 millones con que contaba la URSS en 1989. Rusia se ha reducido ahora a 147 millones: mucho menos que los 208 millones de Nigeria, sin mencionar los 220 millones de Pakistán.

Esta nueva alianza occidental está teniendo lugar sin que muchos se den cuenta. La OTAN ya no se ocupa del Atlántico Norte, como se estableció en su constitución, y el poderío militar soviético ya no es tan significativo en la actual Federación Rusa.

En su poco sofisticado intento de hacer que Estados Unidos no dependa de ningún otro país, aunque sea un aliado histórico, el saliente presidente Donald Trump se distanció de la OTAN. El presidente francés Emmanuel Macron ha dicho que la OTAN está en «muerte cerebral». Y Europa ha descubierto que vivir bajo el escudo americano podría ser una percepción ilusoria.

Entonces, la actual Comisión Europea (el órgano ejecutivo de la Unión Europea) se ha embarcado en una fuerte política para hacer de Europa un actor internacional competitivo, dando prioridad en las inversiones a la tecnología verde, la inteligencia artificial, el desarrollo digital, el refuerzo de las patentes europeas, así como para frenar el poder desenfrenado de la gran tecnología americana.

Y ahora que Reino Unido ha abandonado la Unión Europea, han desaparecido de las fuentes de división de los 28 (ahora 27), como aquella de la defensa europea. Hay, incluso, una asignación de 8.000 millones de dólares para el embrión de un ejército europeo que, por supuesto, palidece en comparación con los 732.000 millones de Estados Unidos.

Sin embargo, pocos se dieron cuenta de que en noviembre el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, presidió un grupo de expertos que recomendó, sin oposición, que la primera tarea de la Alianza debería ser responder a la amenaza proveniente de los «rivales sistemáticos» de Rusia y China. Incluir a China en el centro de la agenda de la OTAN es un cambio tal que significa reinventar completamente la alianza transatlántica. Los viejos términos de la Guerra Fría están de regreso, como viejos barriles con un nuevo contenido.

El documento final llama a la «coexistencia», a la necesidad de mantener la superioridad militar y tecnológica, a establecer nuevos tratados de control de armamentos y a la no proliferación de las armas avanzadas. También subraya que hay campos de cooperación, desde el comercio hasta el control climático.

El período de Trump ha sido un bono inesperado para China. Barack Obama hizo grandes esfuerzos para crear un acuerdo comercial asiático —la Asociación Transpacífica (TPP)—, que excluiría a China e incluiría a Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Se firmó el 4 de febrero de 2016.

En enero de 2017, Trump asumió la presidencia y se retiró rápidamente del tratado. En parte esto tuvo que ver con su obsesión por deshacer cualquier cosa que Obama hubiera hecho, pero también fue debido a su fuerte creencia de que Washington no debería entrar en ningún tratado que pudiera condicionarlo y que se beneficiaría más de las relaciones bilaterales, en las que Estados Unidos siempre sería el chico grande de la sala. «América primero» significaba, de hecho, «América sola».

El resultado es que, durante cuatro años, China ha sido capaz de actuar como el campeón del multilateralismo y del control climático, mientras que para Estados Unidos era simplemente una cuestión de aranceles con su política centrada en las exportaciones chinas.

China ha sido capaz básicamente de esquivar este asunto y la balanza comercial entre Beijing y Washington está más desequilibrada a favor de China que nunca. Trump se involucró en una pelea contra la 5G y Huawei, pero no ocultó su admiración por los hombres fuertes, desde Kim Jong-un, hasta Vladimir Putin y Xi Jinping.

Y, durante esos cuatro años, China ha sido capaz de continuar su programa de expansión global. No solo con su famoso proyecto -la Ruta de la Seda- con conexiones abiertas para su comercio con el mundo, sino también con el establecimiento del mayor bloque comercial de la historia: la Asociación Económica Regional Integral (AER) que destruyó todo rastro del TPP, que había excluido a China.

La nueva Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés) tiene su base en China y Estados Unidos está fuera. El tratado se firmó en noviembre de 2020 y Trump estaba tan obsesionado con su teoría sobre el fraude en las elecciones presidenciales en su país que ni siquiera le dedicó un comentario.

Pero la RCEP tiene 15 países miembros: Australia, Brunéi, Camboya, China, Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar (Birmania), Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam. El bloque tiene el 30 por ciento de la población mundial (2.200 millones), y 30 por ciento del PIB mundial (26,2 billones, millones de millones).

Solo la India, que está bajo el liderazgo autoritario y xenófobo de Narendra Modi, se mantuvo fuera, quejándose de que sería invadida por productos chinos baratos. Pero en realidad, la India se ve a sí misma como la alternativa regional a China, a pesar de estar muy atrasada en términos económicos y tecnológicos. Pero es un país joven, con 50 por ciento de su población menor de 25 años, mientras que en China es solo el 31 por ciento.

Los pronósticos indican que Asia se convertirá, con mucho, en la zona geopolítica y económica más importante del mundo. Según la empresa consultora McKinsey, en 2040 acumulará 50 % del comercio mundial y 40 % del consumo total de bienes y servicios.

Europa, y también Estados Unidos, están convencidos de que pueden competir con China y evitar que se convierta en una potencia mundial. Pero esto significa un reajuste total de las relaciones internacionales, en particular una nueva alianza entre Europa y Estados Unidos, y una política dirigida a formar un grupo de países que estén dispuestos a ponerse del lado de Occidente, como sucedió durante la Guerra Fría.

China llevará a cabo la misma política y, seguramente, veremos un nuevo grupo de países no alineados como reacción al conflicto. Por ejemplo, en este momento, un influyente grupo de académicos y diplomáticos está haciendo campaña en América Latina para que la región permanezca no alineada ante el próximo conflicto.

El número de diciembre de Foreign Affairs (Asuntos Exteriores), el espacio más influyente para el debate estadounidense sobre cuestiones internacionales, ha publicado un ensayo titulado «La competencia con China podría ser corta y aguda», que habla abiertamente de un posible conflicto armado en los próximos diez años.

Los autores visualizan una fuerte aceleración de la competencia en un futuro próximo y varias desventajas para China. La primera que va a aislar a China es la ausencia de democracia (en un momento en que resulta dudoso que Estados Unidos, con Trump como modelo y ejemplo, sean creíbles). Luego, más sustancialmente, es que la ventana de oportunidad de China se está cerrando rápidamente.

Desde 2007, la tasa de crecimiento económico anual de China se ha reducido en más de la mitad y la productividad ha disminuido en 10 %. Mientras tanto, la deuda se ha multiplicado por ocho y está en camino de alcanzar 335 % del PIB para fines de año. China tiene pocas esperanzas de revertir estas tendencias, porque perderá 200 millones de personas en edad laboral y ganará 300 millones de adultos mayores en 30 años. Asimismo, los sentimientos globales contra China se han disparado a niveles nunca vistos desde la masacre de la plaza de Tiananmen en 1989. Casi una docena de países han suspendido o cancelado su participación en el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en inglés). Otros 16 países, incluidas ocho de las 10 economías más grandes del mundo, han prohibido o restringido severamente el uso de productos de Huawei en sus redes 5G. India se ha puesto dura contra China desde que, en junio, un enfrentamiento en la frontera común mató a 20 soldados. Japón ha incrementado el gasto militar, ha convertido buques anfibios en portaaviones y ha encadenado lanzamisiles a lo largo de las Islas Ryukyu, cerca de Taiwán. La Unión Europea ha calificado a China de «rival sistémico», y Reino Unido, Francia y Alemania están enviando patrullas navales para contrarrestar la expansión de Beijing en el mar de China Meridional y en el océano Índico. En múltiples frentes, China se enfrenta al retroceso creado por su propio comportamiento.

Es interesante ver cómo la inteligencia americana es prisionera de su sentido de superioridad. China, también gracias a Trump, ha sido capaz de adquirir, al menos, un punto de apoyo en todas partes. Por supuesto, no tienen las 1.176 bases militares que Washington posee alrededor de todo el mundo, pero están trabajando para lograrlo.

De todos modos, el ensayo de Foreign Affairs recomienda aumentar urgentemente las defensas de Taiwán que, después de Hong Kong, es la última pieza de China que no está controlada por Beijing. Y señalan que una guerra es muy posible en un corto plazo, posiblemente en diez años.

Sin embargo, con el tiempo, «la posibilidad de una guerra podría desvanecerse en la medida en que Estados Unidos demuestre que Beijing no puede revocar el orden existente por la fuerza, y en que Washington se vuelva poco a poco más confiado en su capacidad para superar a una China en desaceleración».

Es difícil seguir la convicción estadounidense de que el mundo es suyo y que la pax americana es inmutable. De hecho, cuando en el siglo XVI Estados Unidos aún no existía, China representaba el 50 por ciento del PIB mundial, según la mayoría de los economistas.

Ahora, el desarrollo tecnológico chino está a punto de superar al de los Estados Unidos. Según el Banco Mundial, en términos de poder adquisitivo, China superó a Estados Unidos el año pasado. La moneda china y las reservas de oro duplican las de la nación norteamericana.

Lo que sí es cierto es que dentro de 10 años tendremos un enorme desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y, por el momento, Estados Unidos parece tener la ventaja. Pero los últimos desarrollos en la IA apuntan a sistemas de autoaprendizaje. En ese sentido, la cantidad de datos marca la diferencia, y China tiene el doble de personas que Estados Unidos y Europa juntos.

Pero ¿por qué China estaría tentada a empezar una guerra contra Estados Unidos? Desestabilizaría un sistema basado en el comercio en el que China es de lejos el mayor ganador. Sería una guerra extremadamente difícil de ganar porque la escala de operaciones empequeñecería al ejército chino.

¿Y cómo podría Estados Unidos iniciar una guerra contra China? Una vez que el bombardeo aéreo se ejecuta (a menos que sea atómico, que es la receta segura para la destrucción del planeta), hay que poner, como dice la jerga militar, botas en tierra. ¿Se puede pensar en una invasión a China?

Por lo tanto, sería importante desalentar cualquier escalada, y no solo durante los próximos 10 años. La guerra es siempre un peligro porque la estupidez humana, como dijo Einstein, es tan ilimitada como el universo. Los mismos autores del ensayo de Foreign Affairs recuerdan la Primera Guerra Mundial, como algo que nunca debió haber sucedido.

Pero las señales de una escalada continúan. A fines de diciembre, el ex secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, afirmó en una entrevista que la OTAN debe ganar la batalla tecnológica contra China.

Y el Consejero de Seguridad Nacional designado por la administración del presidente electo Joe Biden, Jake Sullivan, acaba de hacer un llamamiento a la Unión Europea, buscando la solidaridad con Estados Unidos a través de la no suscripción de un acuerdo comercial con China.

La segunda Guerra Fría está llegando….

Por Roberto Savio. Periodista italo-argentino, Roberto Savio fue cofundador y director general de Inter Press Service (IPS), de la que ahora es presidente emérito. En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”.

13/01/202

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Sábado, 09 Enero 2021 06:50

Desafíos

Desafíos

Más allá de la obvia necesidad de vencer la pandemia del Covid-19, reto mayúsculo que comparte con todos los países, Rusia afronta en este 2021 tres desafíos que van a marcar el quehacer interno y la política exterior del Kremlin en los años venideros.

El primero, aunque igual de importantes son los tres, se da en su entorno más cercano: el espacio postsoviético. Ya no se trata de recuperar el papel de liderazgo que, tras el colapso de la Unión Soviética, se atribuía Rusia en función de su extensión, población, tamaño de su economía y arsenal nuclear, sino de que los procesos que cimbran por encima de su voluntad las repúblicas ex soviéticas (protestas en Bielorrusia; revueltas en Kirguistán; derrota vergonzosa de Armenia, su aliado, en la guerra con Azerbaiyán; cambio de gobierno en Moldavia; conflicto territorial irresuelto en Ucrania; tensiones con Georgia y Kazajstán) no tengan efecto contaminante y se reproduzcan en el territorio ruso y, sobre todo, que ningún país de la antigua órbita avance hacia su eventual integración en la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Recomponer la deteriorada relación con Estados Unidos y, por extensión, con la Unión Europea, es el segundo desafío. Es poco probable que los nexos de Moscú con Washington mejoren con Joe Biden en la Casa Blanca y, si con Donald Trump, a pesar de la supuesta química con Vladimir Putin, sufrieron un retroceso como nunca antes, ya no pueden ser peores con mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso. La presión sobre Rusia se incrementará, lo cual no es un signo alentador para proponer un borrón y cuenta nueva, como pretendía Putin al promover una suerte de reparto del mundo, como redición actualizada de la cumbre de Yalta, que no se pudo llevar a cabo ni por videoconferencia.

Y el último desafío es lograr, mediante la renovación de la composición de la Duma y bloqueo de la oposición con todo tipo de leyes represivas, que el creciente descontento de la población por el desplome de su nivel de vida –consecuencia no sólo de la pandemia– no altere la intención de mantener la situación de privilegio de la élite gobernante a costa de la mayoría de los rusos.

Cuando concluya el lunes siguiente el superpuente con que Rusia –entre Año Nuevo y la Navidad ortodoxa– empezó 2021, volverá a percibirse la gravedad de estos grandes desafíos.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, hace gestos mientras asiste a una conferencia de prensa en Beirut el 1 de septiembre de 2020. — GONZALO FUENTES / AFP

Emmanuel Macron es la última víctima de Oriente Próximo, una víctima ingenua que se propuso resolver la situación de Líbano jugando a la política no con los actores implicados directamente sino con los políticos libaneses. Desde principios de agosto, el presidente francés se emplea a fondo en negociar con destinatarios equivocados que ni pinchan ni cortan.

 

Aunque no es el único líder europeo que se ha ensuciado las manos con todo lo tocante a Oriente Próximo, Emmanuel Macron va siempre un paso por delante de sus colegas Angela Merkel y Boris Johnson. En cualquier caso, ninguno de los tres parece sufrir de remordimientos por lo que hacen y dejan de hacer y da la impresión de que duermen a pierna suelta.

El último capítulo de sus enredos se inició tras la terrible explosión del puerto de Beirut el 4 de agosto, cuando como si tuviera pocos quebraderos de cabeza dentro y fuera de Francia, Macron se empeñó en resolver la caótica situación de Líbano con una diplomacia no exenta de amenazas que a la postre solo ha servido para demostrarle que ha topado con un muro infranqueable.

Todos los conflictos de la región están ligados a la cuestión palestina, y casi todos están vinculados directamente a Israel, empezando por Irán, pasando por Yemen, y terminando por Egipto. Es una cuestión básica que Macron y sus socios europeos conocen perfectamente pero que prefieren ignorar para no ponerse a tiro del estado judío.

Esto les lleva a situaciones cómicas y de una hipocresía considerable que les obliga a responder de manera cínica a las políticas israelíes en Oriente Próximo, un mal de grandes proporciones que sigue creciendo porque los líderes europeos se niegan a enfrentarse a la raíz del problema: la ocupación israelí y la exportación del problema de la ocupación de los territorios palestinos y el Golán a otras zonas de la región.

Todavía están en la retina las imágenes de un Macron sonriente y satisfecho recibiendo con cara de circunstancias un baño de masas en Beirut. ¿Es posible que el presidente francés realmente creyera que podía solucionar la enquistada crisis libanesa y formar un gobierno a su medida sin acabar con la ocupación israelí? Da la impresión de que así fue, que Macron se lo creyó, y también da la impresión de que ahora está sorprendido de que su encomiable esfuerzo no haya dado resultados.

Le Monde recuerda que Macron visitó Beirut dos días después de la explosión, el 6 de agosto, y que prometió regresar el 1 de septiembre para verificar que los líderes libaneses estaban dispuestos a colaborar. Incluso llamó por teléfono a Vladimir Putin y a Hassan Rouhani para pedirles ayuda, un mal enfoque puesto que el único que podía ayudarle era Benjamin Netanyahu poniendo fin a la brutal ocupación militar.

Incluso se permitió organizar el 9 de agosto, y al amparo de la ONU, una conferencia internacional de donantes para Líbano que comprometió más de 250 millones de euros, poniendo, eso sí, la condición de que el dinero se canalizaría a través del ejército y no a través de un estado corrupto en el que absolutamente nadie cree.

Por si esto fuera poco, una semana después de su primera visita a Beirut, la administración de Donald Trump, teledirigida desde Tel Aviv, impuso sanciones contra dos exministros de Hizbola con el fin de meter un palo entre las ruedas de Macron, y acto seguido el secretario de Estado Mike Pompeo escribió una columna en Le Figaro cortando por lo sano la iniciativa del despistado presidente francés.

Como había prometido, Macron volvió a Beirut a principios de septiembre cargado con declaraciones pomposas sobre Líbano. Su presión condujo a la propuesta de formar un gobierno tecnócrata presidido por el independiente Mustafa Adib, quien enseguida tuvo que dimitir sin siquiera llegar a gobernar debido a las disputas internas, exacerbadas por las sanciones de EEUU.

Ahora Líbano espera como agua de mayo la salida de Trump de la Casa Blanca. Dirigida desde Tel Aviv, la administración americana se ha convertido en el primer problema de Oriente Próximo, incluso por delante de la cínica Europa, cuya pasividad letal viene acompañada de tanto en tanto por actitudes quijotescas e inútiles como la de Macron con Líbano.

La política exterior de Macron, por lo que se refiere al Mediterráneo y el Sahel, es la de alguien que quiere y no puede, sometido siempre a arrebatos puntuales y personales, en lugar de dejar que sean los expertos europeos quienes diseñen y ejecuten una política razonable por el bien de Europa y no en función de lo que ahora interesa o no interesa a París.

Esperando a Joe Biden, los libaneses pueden estar seguros de que sus problemas no se van a resolver pronto, como tampoco se va a resolver pronto la situación en Yemen. Todo está relacionado con la ocupación israelí y nada indica que Biden vaya a hincarle el diente a ese asunto, y menos teniendo como socio a una Europa anestesiada y sin iniciativas para lograrlo.

Pues bien, Macron regresó a Beirut a finales de septiembre, y su siguiente viaje, programado para el 22 de diciembre, se canceló debido a que el presidente se contagió de Covid-19. Es posible que más adelante vuelva a Beirut, pero eso no servirá de mucho, puesto que los problemas de Oriente Próximo estarán en el aire hasta que no se confronte la realidad y se resuelva la ocupación israelí, algo por lo que Macron y sus socios europeos no han hecho nada.

08/01/2021 07:27

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Un trabajador con mascarilla, en el exterior de un edificio en construcción en Pekín (China). REUTERS/Thomas Peter

Llegó a su término la Conferencia Central sobre Trabajo Económico, celebrada en la capital china entre los días 16 y 18 de diciembre. La importancia de esta cita en el calendario político ha ido creciendo en significación a lo largo de los años. En este peculiar 2020, se ha visto complementada con la celebración de la primera conferencia central sobre el trabajo relacionado con la gobernanza integral basada en la ley en la historia del PCCh, que se celebró entre el 16 y el 17 de noviembre pasado. Ambas piezas forman parte de una misma agenda que debe marcar el rumbo de China en los próximos años tanto en lo político como en lo económico.

Se esperaba que la conferencia económica de este año destacara el concepto de "circulación dual" y revelara más detalles sobre la orientación del XIV Plan Quinquenal. Sin embargo, unos días antes llamó poderosamente la atención un editorial del Diario del Pueblo criticando a los gigantes nacionales de Internet "por estar demasiado concentrados en el éxito rápido y obsesionados con monetizar su gran base de usuarios cuando lo que deberían hacer es invertir en innovación tecnológica y obtener mayores beneficios dentro de ese sector". El diario oficial del PCCh daba un fuerte tirón de orejas para que "hagan más por asumir la responsabilidad en la promoción de la innovación en ciencia y tecnología, fundamental responsabilidad social de ese tipo de empresas". Y reiteraba la importancia de los nuevos reglamentos en curso para "erradicar el monopolio de la industria, con 27 empresas, entre ellas Alibaba, Tencent y JD.com en la lista".

El editorial venía precedido de la reunión del Buró Político del 11 de diciembre en la que se subrayó el "papel estratégico de la ciencia y la tecnología", al tiempo que se pidió el "fortalecimiento de los esfuerzos antimonopolios y la prevención de la insalubre expansión del capital".

Es imposible no relacionar estos mensajes con la situación vivida recientemente por Alibaba y la rama financiera de Ant Group que se vio obligada abruptamente a retrasar las ofertas públicas iniciales previstas en Shanghái y Hong Kong.

En paralelo, cabe destacar igualmente el incremento de la vigilancia sobre los casos "demasiado grandes para fracasar", multiplicando los controles para evitar riesgos sistémicos asociados a las empresas tecnológicas y el mercado de micropagos. Se avizora una regulación más estricta en este campo en una estrategia diseñada para fortalecer los esfuerzos antimonopolio y la prevención de lo que el Diario del Pueblo llamó la "insalubre expansión de capital".

En la Conferencia Central de Trabajo Económico se enunció el objetivo de fortalecer las tecnologías estratégicas nacionales con esfuerzos que incluyen aprovechar al máximo el papel del Estado en la organización de las principales innovaciones científicas y tecnológicas. Es decir, el sector público va a desempeñar en el futuro un papel de mayor significación en este ámbito. Las iniciativas del PCCh apuntan claramente a limitar el poder de las grandes empresas privadas del sector a través del impulso de regulaciones restrictivas que afectarán tanto a su tamaño como a sus actividades a fin de que no pongan en riesgo ni la seguridad financiera ni económica ni política del país.

Nuevo paradigma de desarrollo

La conferencia insistió en que el nuevo patrón de desarrollo de "circulación dual" se basa en que los mercados interno y externo pueden reforzarse mutuamente, con el mercado interno como pilar. La lógica subsistente es impulsar la transformación de una economía basada en las exportaciones y las inversiones a otra centrada en la demanda interna. Y mediante la expansión de la demanda interna, el mercado chino puede convertirse en un destino de exportación más atractivo para productos de bienes y servicios de otras economías, asegura el comunicado final.

Además de los tópicos generales, los puntos destacados por la dirigencia china a propósito del XIV Plan Quinquenal son el 5G, la inteligencia artificial, computación cuántica, semiconductores, ciencias de la vida y reproducción biológica o tecnología aeroespacial. Este plan debe establecer las bases de un nuevo impulso de desarrollo con el doble horizonte de 2035 y 2049.

Por XULIO RÍOS

Director del Observatorio de la Política China

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Trabajadores en una fábrica de ensamblaje de perforadoras en Zhangjiakou, provincia de Hebei, en el norte de China, en imagen del 19 de diciembre. Foto de STR/ Afp

Es mentalmente sano estar dialécticamente al tanto de lo que piensa la audible contraparte de China y Rusia. En fechas recientes, los dos principales portavoces del decadente globalismo anglosajón, The Economist y The Financial Times, exponen el ascenso irresistible de China en medio de la catatonia, para no decir catástrofe, de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB).

En mi reciente libro Guerra multidimensional entre EU y China (https://amzn.to/2WyNJ9k), exteriorizo las tendencias multifactoriales y exponenciales que favorecen a China –con la salvedad de la superioridad militar/nuclear del Pentágono y la hegemonía del dólar de EU–.

Ryosuke Harada (RH), ejecutivo de la agencia nipona Nikkei, aborda angustiado "el ascenso creciente de China en un mundo inestable" y exhorta a "Japón (sic) y a Europa (sic) a sumarse para estabilizar el orden global". RH aduce que“las ambiciones de China determinarán (sic) el estado del mundo. ( Financial Times, 15/12/20)”.

¿Tan difícil será para que RH no se percate de que su "orden global" neoliberal, basado en los instrumentos de dominio anglosajón, ha fenecido en las esferas política, económica y cultural, no se diga científica con el azorante liderazgo chino en la Cuarta Revolución Industrial? No es nada personal, pero, ¿Japón y Europa, dos entidades sumamente respetables, tendrán la voluntad y la resiliencia de seguir los pasos hacia el precipicio de la decadencia anglosajona de EU y GB?

Es cierto que el "flagelo del coronavirus expuso la debilidad (sic) del capitalismo y la democracia (sic) en todo el mundo", como sustenta RH –mas ahora con la nueva mutación de la "cepa británica" del Covid-19, como la califica Sputnik–, pero no se puede soslayar que la epidemiología anglosajona noratlántica, con su cohorte de charlatanes globalizados y busatilizados, resultó un cataclismo, cuando "Occidente" ya venía tocado de muerte antes de la ominosa pandemia que sólo aceleró las tendencias que se condensaron desde la grave crisis financiera de Obama en 2008. Ya pasaron 12 años desde entonces…

RH no aporta nada nuevo sobre la desi-gualdad insultante de la plutocracia/tecnobancocracia de Wall Street y atribuye simplonamente el despegue chino a su "contención de la pandemia mediante su tecnología y su régimen autoritario", y juzga que "no es difícil (sic) imaginar que en 5 (sic) años las ambiciones de China y su progreso tecnológico, particularmente al mitigar el cambio climático, determinará el estado del mundo".

RH se atraganta toda la secuencia de eventos y sus tendencias triunfales desde que ingresó China a la OMC en 2001, es decir, durante una generación, para no decir desde 1978, con Deng Xiaoping: hace más de dos generaciones, y no desde el brote del C-19 a finales de 2019: los BRICS, el banco AIIB, la "asociación estratégica" con Rusia, el proyecto autárquico "China 2025", las tres Rutas de la Seda, el 15-RCEP (que incorporó creativamente a Japón y Sudcorea), las mayores reservas de dólares y oro, la máxima tenencia foránea de bonos del Tesoro de EU, sus hazañas tecnológicas –desde el 5G/6G, pasando por sus asombrosos alunizajes hasta su “supercomputadora cuántica (proyecto iniciado hace 20 años)–, etcétera. (https://bit.ly/3rlzTpa).

Ni Obama, con su "pivote contra China" y su desquiciante mercantilismo de la fracasada Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés); ni Trump con sus asfixiantes cuan inoperantes sanciones pudieron frenar a China ni a Rusia. RH sufre dos graves defectos ultrareduccionistas carentes de multidimensionalidad geoestratégica: se empecina en promover los tratados mercantiles caducos del globalis-mo, que benefician a Japón más que a Europa, cuando el planeta viró ya a la desglobalización, y no toma en cuenta a Rusia, a la que ni cita.

¿Puede resucitar el añejo "orden global neoliberal" sin Rusia, y sólo con el "estímulo" de Japón y Europa que han empezado a girar en consecuencia hacia China? A mi juicio, sin el paraguas militarnuclear/hipersónico de Rusia, hace mucho que EU, con Obama/Hillary o Trump y hasta con Biden, ya hubiera aniquilado a Pekín.

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Durante el despegue de Larga Marcha 8 en el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang, cuya misión inaugural fue enviar cinco satélites a su órbita.Foto Xinhua

El nuevo cohete portador de carga media de China, Larga Marcha 8, realizó su vuelo inaugural este 22 de diciembre, enviando cinco satélites a la órbita planificada desde la base de Wenchang.

Según la Administración Nacional del Espacio de China, el cohete tiene una longitud total de 50.3 metros, con una masa de despegue de 356 toneladas. Puede transportar una carga útil de al menos 4.5 toneladas a una órbita sincrónica con el Sol a una altitud de 700 kilómetros.

El cohete llena el vacío en la capacidad de lanzamiento de China a la órbita síncrona con el Sol de 3 a 4.5 toneladas, y es de gran importancia para acelerar la mejora de los vehículos de lanzamiento, según la agencia espacial, citada por Xinhua.

El cohete fue desarrollado por la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento, subsidiaria de la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China.

Tiene una primera etapa de 3.35 metros de diámetro, una segunda de 3 metros, una de 4.2 metros de diámetro y dos impulsores adheridos de 2.25 metros de diámetro.

Adopta tecnologías utilizadas en los cohetes Larga Marcha 5 y Larga Marcha 7. Utiliza propelentes no tóxicos y no contaminantes.

Song Zhengyu, diseñador en jefe del cohete, explicó que el diseño sentará una base tecnológica para el desarrollo de cohetes grandes y pesados, en menor tiempo y reduciendo los costos.

El cohete puede enviar uno o varios satélites en un solo viaje, y puede realizar misiones de red de lanzamiento para satélites en órbita terrestre baja, según Wu Yitian, diseñador jefe adjunto del cohete.

Larga Marcha 8 es el primero de los cohetes portadores de China en adoptar la tecnología de control de empuje, que mejorará su adaptabilidad a diferentes misiones.

El lanzamiento del martes fue la misión número 356 de la serie de cohetes Larga Marcha