Cien años de la revuelta estudiantil de Córdoba.

Hubo un tiempo, una región y una generación en que los términos “reforma” y “revolución” se fundieron hasta la sinonimia. Así sucedió con el “movimiento estudiantil latinoamericano de reforma universitaria”, como se lo llamó, aunque aspiraba a reformar mucho más que la universidad. Se cumple un siglo desde su episodio más notable: la revuelta de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba en 1918.


La radicalidad de los estudiantes cordobeses, el carácter ultra clerical-conservador de los poderes universitarios y políticos contra los que se sublevaron, la virulencia de la represión que sufrieron y la potencia literaria de su célebre “Manifiesto liminar” hicieron de Córdoba el acontecimiento que produjo un salto cualitativo en el movimiento con innumerables efectos multiplicadores en el resto del continente. Acaso por esto, muchos de los estudios posteriores sobre el tema alimentaron un equívoco frecuente: la idea de que todo comenzó en 1918. Esto impide observar toda una trama estudiantil latinoamericana forjada al menos desde una década antes. Entre 1908 y 1918 se sucedieron congresos estudiantiles en Montevideo, Buenos Aires y Lima en los que se fue forjando la base del programa reformista y se fueron consolidando las redes estudiantiles e intelectuales que habrían de impulsarlo. Desde una década antes, también, los estudiantes se encontraban en torno al impulso de la extensión universitaria o la puesta en marcha de medios de prensa y propaganda estudiantil. De todo eso estaba hecha la “hora americana”1 que anunció Deodoro Roca el 21 de junio de 1918.


El humanismo de la ideología reformista se evidencia en sus maestros: Rodó, Vasconcelos, Ingenieros, Ortega y Gasset, Altamira. Ha sido recurrente el debate sobre el alcance y radicalidad del movimiento. En 1959 el Che Guevara llamó la atención de los estudiantes cubanos sobre la deriva reaccionaria que terminaron adoptando muchos dirigentes del 18. Y destacados estudiosos del tema, como Portantiero, han subrayado su origen pequeñoburgués. Sin embargo, basta centrar la mirada en el movimiento al calor de su acontecer indeterminado para reconocer su enorme radicalidad política.2 En cualquier caso, parece clara la coexistencia, entre los reformistas, de un componente liberal modernizador y uno revolucionario que convocó el apoyo entusiasta de intelectuales y militantes socialistas, marxistas y anarquistas como Mariátegui, Lazarte, Ponce o Mella, entre otros. Ambos componentes tenían en común una fe en la educación y la cultura como factor de emancipación humana. Sentían que el movimiento estudiantil estaba llamado a cumplir una misión de tipo moral. El Ariel de Rodó era el símbolo que los convocaba contra el Calibán positivista-utilitarista del imperialismo estadounidense. Gritaron: “Basta de profesionales sin sentido moral. Basta de pseudoaristócratas del pensamiento. Basta de mercaderes diplomados. La ciencia para todos, la belleza para todos”.3 Al calor del entusiasmo internacionalista que provocaba la Revolución Rusa, el movimiento pronto trascendió la problemática universitaria y se acercó a las luchas obreras. Pensaban que “las menudas conquistas del reglamento o del estatuto no son más que instrumentos subalternos ante la soberana belleza del propósito: preparar, desde la cátedra, el advenimiento triunfante de la democracia proletaria”.4 La narración que reduce el movimiento a un puñado de reformas antiautoritarias de la universidad nos dice más del presente que del pasado.


Se puede calibrar el legado reformista por sueños o por sus conquistas. Si los primeros, que persiguieron “el milagro de redención de la humanidad”,5 se frustraron las más de las veces, las segundas fueron muy importantes en lo que refiere a la reforma universitaria. Una visión de conjunto permite distinguir dos órdenes de democratización de la universidad reformista respecto a su antecesora decimonónica: hacia el interior (con el cogobierno autonómico, la libertad de cátedra, el acceso a la docencia por concurso, los cursos y cátedras libres, la crítica de los métodos de enseñanza) y hacia afuera (la democratización del acceso, la gratuidad, la extensión universitaria, la investigación de “los grandes problemas nacionales”, la creación cultural con vocación latinoamericana y un sentido general de compromiso social de la universidad contrapuesto a la mera “fábrica de profesionales”). Con todo lo inacabado y nunca plenamente alcanzado que contienen estas orientaciones, permitieron construcciones que constituyen hoy, en buena medida, las libertades que quedan.


Un siglo después de Córdoba el panorama universitario, político y cultural de nuestro continente es, por cierto, muy diferente. El acceso a la enseñanza terciaria se ha masificado (aunque insuficientemente), pero se ha producido una segmentación mercantilizada de la oferta que reproduce las desigualdades. La ciencia y la tecnología han alcanzado una importancia inédita en la mundialización capitalista y la división internacional del trabajo, reconfigurando el lugar y el papel de las universidades y de los propios estados-nación. Sólo la multinacional Monsanto cuenta con un ejército de 22 mil científicos, cifra comparable al total de científicos de México (28 mil) e incomparable a los 1.750 categorizados en el Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay. Existen universidades financiadas total o parcialmente por empresas mineras. El Banco Santander organiza reuniones académicas “iberoamericanas” en las que participan y firman declaraciones comedidos o resignados rectores y decanos. El neoliberalismo ha producido su propia contrarreforma universitaria, con todas las formas y gradientes de la mercantilización de la oferta, administración, currículo, agendas de investigación y políticas de vinculación de las universidades, autónomas de otros poderes que los del mercado. Nos han convencido de que el productivismo académico en un régimen de competencia por estímulos económicos es la vía rápida a un parnaso sin poetas llamado “calidad”. Ariel se debate entre el multiculturalismo académico y los cursos de autoayuda. Calibán se define emprendedor.


Como señala Cúneo,6 independientemente de los logros efectivamente alcanzados, el movimiento de reforma universitaria fue capaz de proponer un “orden de anticipación” a los problemas de su tiempo, forjando un ideario y proyectando un programa dirigido a refundar la universidad y sus misiones en un sentido popular y democrático. La tarea del presente puede ser planteada en términos similares. Decía Carlevaro: “Queremos una universidad siempre cambiante pero que no obstante siga siendo siempre igual a sí misma”.7 Pasados los homenajes, en esa dialéctica nos interpelará el legado de Córdoba. Necesitamos construir un nuevo “orden de anticipación” para los problemas de nuestro tiempo. Hoy que en el continente hay más tinieblas que luces, resuena otra vez la sentencia del “Manifiesto liminar”: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Ya vendrá el movimiento que vuelva a suprimir la distancia entre reforma y revolución. Y ese será, también, el mejor modo de defender las libertades que quedan.

1. “Manifiesto liminar” de Córdoba, 1918.
2. Ver, en apoyo a esta lectura, los “Apuntes reformistas” de Diego Tatián o el artículo de Bustelo y Domínguez: “Radicalizar la Reforma Universitaria. La fracción revolucionaria del movimiento estudiantil argentino, 1918-1922”. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, volumen 44, número 2, 2017.
3. Estudiantes de La Plata, “Manifiesto a la hora del triunfo”, 1920.
4. Aníbal Ponce, “El año 1918 y América Latina”, 1924.
5. Carlos Quijano en Ariel, 1919.
6. Dardo Cúneo, La Reforma Universitaria 1918-1930, 1988.
7. Pablo Carlevaro, “Comentarios sobre la Universidad Latinoamericana”, 2002.

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Lunes, 02 Abril 2018 06:32

Resurrección

Resurrección

El reverendo Martin Luther King Jr fue asesinado hace 50 años (4 de abril) en Memphis, marcando el momento más sangriento de lo que sería un 1968 que sacudió a Estados Unidos y varias partes del mundo. Medio siglo después, este país se encuentra en medio de una ola reaccionaria que ha elevado a un supremacista blanco respaldado por el Ku Klux Klan a la presidencia, casi como para burlarse del famoso sueño de King.

Pero vale recordar que King, cuando fue asesinado, ya no era sólo el hombre con un sueño de igualdad racial, sino un Premio Nobel y autoridad moral internacional que se había atrevido en sus últimos años a cuestionar y condenar el sistema económico e imperial de su país, incluida la guerra contra Vietnam.

King fue a Memphis, en el estado sureño de Tenesi, a brindar su apoyo a una huelga sindical de basureros en nombre de la justicia económica y social. Al mismo tiempo estaba organizando una movilización nacional denominada Campaña de los Pobres (Poor People’s Campaign) para exigir derechos económicos para los menos favorecidos de todos las razas y colores, o sea, un cambio fundamental del sistema capitalista estadunidense.

En los ritos y festejos oficiales que se le rinden cada año a King se recuerda su famoso discurso de Tengo un sueño que pronunció en 1963, pero casi nunca se menciona el mensaje radical a finales de su vida.

En 1967, King declaró ante una organización de derechos civiles: el movimiento tiene que abordar la cuestión de una restructuración de toda la sociedad estadunidense, y agregó que hacerlo implicaba llegar a ver que el problema del racismo, el de la explotación económica y el de la guerra están todos ligados. Son maldades que están interrelacionadas. En torno al asunto de injusticia económica, no lo limitaba a un asunto racial: Seamos insatisfechos hasta que los muros trágicos que separan la ciudad externa de riqueza y confort de la ciudad interna de pobreza y desesperanza sean destruidos por los arietes de las fuerzas de la justicia.

Unos meses antes comentó en una reunión de una organización de derechos civiles: “creo que es necesario darnos cuenta de que hemos pasado de una era de derechos civiles a la era de los derechos humanos (...) vemos que tiene que haber una redistribución radical de poder económico y político…”

Cincuenta años después, a pesar de grandes cambios en las leyes y normas del país en torno al racismo institucional coronado con la elección del primer presidente afroestadunidense y lo que eso implica en un país fundado sobre las espaldas de esclavos, en esencia pareciera que poco ha cambiado.

Una encuesta de AP/NORC la semana pasada registró que sólo uno de cada 10 afroestadunidenses opinan que Estados Unidos ha logrado cumplir con las metas del movimiento de derechos civiles de hace medio siglo (35 por ciento de blancos creen que sí) y eso después de dos turnos de un presidente afroestadunidense.

Cincuenta años después, nuevas generaciones continúan con esa lucha contra la desigualdad económica, que ha llegado a un nivel récord en casi un siglo, donde 1 por ciento de las familias más ricas controlan casi dos veces la riqueza de 90 por ciento de los de abajo.

Cincuenta años después incidentes de la violencia oficial provocan furia, y la impunidad prevalece igual que antes, y los indicadores de segregación y racismo se multiplican junto con, y parte de, las polícicas oficiales antimigrantes. Ni hablar del militarismo en un país que ha estado en sus guerras más largas de su historia buscando olvidar Vietnam

Pero ante ello, 50 años después, se escuchan los ecos de King por todo el país.

Los maestros en Oklahoma comenzarán una huelga este lunes, siguiendo el ejemplo triunfante de sus compañeros en West Virginia, exigiendo no sólo un salario digno y respeto a su trabajo –como hace 50 años en Memphis– sino también inversión mayor en la educación pública, sobre todo para servir a los pobres y las minorías; sus contrapartes en Kentucky (donde los maestros se declararon enfermos cerrando escuelas en 26 condados el viernes pasado), Arizona y Wisconsin se están manifestado, ocupando capitolios y realizando acciones de brazos caídos con demandas similares de incremento salarial y condiciones de trabajo como defensa de la educación pública.

El reverendo afroestadunidense William Barber, famoso por su movimiento de Lunes Morales en Carolina del Norte, en 2013, que batalló contra iniciativas estatales para reducir gasto en educación y salud, así como anular algunos derechos electorales, está resucitando la Poor People’s Campaign de King esta primavera, y declarando, como su antecesor, que esto es un asunto moral.

El nuevo movimiento de derechos civiles Black Lives Matter continúa vinculando la violencia policiaca contra afroestadunidenses con un sistema diseñado para marginar y criminalizar a minorías.

El nuevo movimiento estudiantil contra la violencia de las armas de fuego está vinculando la agenda derechista de armas con un sistema de violencia generalizada tanto en suburbios ricos como en las calles de zonas marginadas de las grandes urbes, creando nuevas alianzas entre los que sufren las consecuencias.

Los dreamers también describen la persecución de comunidades inmigrantes como parte de políticas racistas contra los más vulnerables, y entienden que es parte de una violencia sistémica, y con ello están naciendo alianzas con los estudiantes y Black Lives Matter.

Mientras lo más retrógrada de este país grita histéricamente que desea recuperar la grandeza de “nuestra América” otra vez –esa nostalgia de un país blanco sin derechos para las mujeres, las minorías y nuevos inmigrantes, y que impone su voluntad sobre el mundo– se asustan ante los ecos cada vez más fuertes y presentes del profeta King, entre otros seres que representan lo más noble de este pueblo.

Con eso, ya no se marca un aniversario de una muerte, sino, tal vez, la de una resurrección.

 

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Viernes, 30 Marzo 2018 08:55

Violencia y odio de clase

Violencia y odio de clase

¿Qué relaciones podemos establecer entre el asesinato de la concejal Marielle Franco y el juicio penal contra Lula? ¿Cómo vincular la destitución ilegítima de Dilma Rousseff con la intervención militar en las favelas? ¿Qué lazos existen entre el aumento exponencial de la violencia contra negros y negras y los sucesivos récords que está batiendo la bolsa de Sao Paulo?


Un hilo de sangre que se llama odio de clase. Un odio heredado de la esclavitud y del orden colonial en el que prosperó. Los esclavistas sólo se preocuparon por los esclavos cuando se fugaban y creaban quilombos/palenques, espacios de libertad y de vida que se convirtieron en referencia para todos los que vivían encadenados.


Aún para quien no defiende a Lula, y sospecha que las acusaciones en su contra tengan cierto fundamento, parece evidente que su condena y la caída de Dilma abrieron las compuertas de un odio macizo, colonial y genocida de los de arriba. En ese clima de odio fue asesinada Marielle, negra, feminista, lesbiana, nacida en la Maré, un complejo de favelas linderas con la bahía de Guanabara.


La peculiaridad de Brasil, por lo menos en estos años, es que uno por ciento cuenta con el apoyo de una parte importante de la sociedad, probablemente entre 30 y 50 por ciento de la población: las viejas clases medias, la porción de pobres que ascendieron algunos peldaños en la escala social y todos los que sueñan con emular a los más ricos. Odian a los pobres porque sienten la espada de Damocles de la precariedad sobre sus cabezas.


Sin embargo, no estoy de acuerdo con quienes creen que la amplia y justa reacción popular al asesinato de Marielle configura una nueva coyuntura. Sin duda, empeora las expectativas de la derecha y mejora las de la izquierda, con o sin Lula en el escenario electoral. Pero las cosas son mucho más profundas y, sobre todo, de más larga duración.


Quienes conozcan mínimamente la Maré, el complejo de favelas con más de 150 mil habitantes donde nació Marielle, saben que esto no empezó con la intervención militar de Michel Temer. Más de medio siglo de historia permite asegurar que la presión y la represión sobre los favelados nunca cedió, ni siquiera bajo los gobiernos de Lula y Dilma.


Los más veteranos recuerdan con cierta nostalgia el gobierno de Leonel Brizola en el estado de Río de Janeiro (1983-1987). Junto a su vice Darcy Ribeiro, ambos del Partido Democrático Laborista, defendieron el empoderamiento de los pobres, por lo que fueron acusados de paternalistas. Brizola ordenó a la policía que se abstuviera de realizar invasiones arbitrarias en las favelas y que reprimiera a los escuadrones de exterminio parapoliciales. Más de 200 policías fueron procesados. Su gobierno fue la excepción en la relación con la población pobre y negra.


Ante los llamados a la unidad (electoral) y a la formulación de un programa común (de gobierno) en este año de elecciones presidenciales, conviene enfatizar en la necesidad de una política que se deslinde tanto de la confrontación como de las instituciones. Raras veces los esclavos enfrentaron de modo frontal a los propietarios, porque la asimetría era (y sigue siendo) brutal. Nunca fueron tan ingenuos como para soñar que su libertad vendría de cogestionar las plantaciones con sus amos (símil del proyecto progresista). Toda su energía la ponían en preparar fugas, para fundar espacios de libertad como quilombos y palenques.


¿Cómo sería una política anclada en la fuga del capitalismo, en la creación de espacios de libertad y en la resistencia a los embates de los opresores? Creo que es lo que están haciendo las mujeres que luchan, los pueblos indígenas más decididos y, notablemente, los zapatistas. Necesitamos una política en clave quilombo/palenque o comunidad indígena/campesina y popular. Es urgente, necesaria y posible.


Es urgente porque debemos desmontar la lógica del enfrentamiento frontal con el enemigo. No estoy defendiendo el no resistir, el no combatir, sino en la urgencia de cuidarnos como pueblos y clases, porque el proyecto de arriba es liquidarnos. El asesinato de Marielle fue respondido con la misma indiferencia que la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. El poder defiende la represión, mientras las clases medias y los grandes medios culpan a las víctimas. Dicen que Marielle era narcotraficante.


Es necesaria porque debemos mirar el largo plazo y no consumir las pocas energías colectivas que aún tenemos en disputas que no conducen a ningún lado o, peor, disipan las energías colectivas en el altar electoral. Los cuerpos que preparan fugas (del capitalismo, del patriarcado, de la hacienda, del control institucional) deben entrenarse en tiempos y en espacios bien distintos que los de los cuerpos que se preparan para ocupar sillones en las instituciones.


Mientras unos necesitan exponerse permanentemente a los focos mediáticos, los otros preparan en silencio la evasión. Cuando la asimetría de poder es tan grande como la que observamos entre el uno por ciento y la mitad más pobre, se debe actuar con extrema cautela y simulando incluso obediencia, como sostiene James Scott en Los dominados y el arte de la resistencia. Son culturas políticas diametralmente opuestas, entre las cuales el diálogo es harto complejo porque hablan lenguas diferentes.


Es posible porque ya existe una política de este tipo (anclada en los quilombos y las comunidades), como lo muestran en Brasil decenas de organizaciones en las favelas, como las que pude conocer directamente en el Complexo do Alemão y en Timbau (en la Maré), en Brasilia y en Salvador.


El asesinato de Marielle es un mensaje contra la nueva generación de militantes negros que se multiplicaron desde las movilizaciones de junio de 2013. Este nuevo activismo está tejiendo un hilo de rebeldía que lleva desde el quilombo de Palmares (1580-1710) hasta la primera favela de Río de Janeiro (Morro da Providencia en 1897), pasando por el Teatro Experimental Negro en la década de 1940. Están forjando historias otras, abajo y a la izquierda

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Sábado, 17 Marzo 2018 07:09

Las mujeres y el bosque

Las mujeres y el bosque

Del 8 al 10 de marzo de 2018 se realizó el primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan en el caracol zapatista de la zona Tzotz Choj en Chiapas, México. A la convocatoria acudieron más de 5 mil mujeres de 38 países del mundo, que fueron recibidas por otras 2 mil provenientes de los cinco caracoles de todas las zonas zapatistas de Chiapas.


Fue un encuentro significativo, fuerte, emocionante, lleno de contenidos y horizontes. Con raíces profundas que llevan creciendo muchos años, con brotes y ramas que se extienden y entrelazan con muchas otras. En esos días el mundo se coloreaba de tonos violetas y arcoiris, con movilizaciones y acciones de mujeres en muchas partes del mundo, algunas masivas, otras emergentes, todas marcando a su manera que el patriarcado está en cuestión y no estamos dispuestas a soportar más violencia, discriminación, sexismo, machismo y abusos.


Siendo fundamental, el tema no es sencillo ni tampoco sus manifestaciones. Las compañeras zapatistas que abrieron el encuentro, en la palabra de la capitana insurgente Erika, nos nombraron a todas como un bosque o un monte. En ese bosque hay muchos árboles que son diferentes. Hay ocote o pino, caoba, cedro, bayalté y muchos tipos de árboles. Y sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente. Pero cuando los vemos le decimos monte o bosque. Aquí estamos todas como un bosque. Todas somos mujeres. Pero hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha. Decimos que además somos mujeres que luchan. Entonces somos diferentes, pero iguales. Y aunque hay mujeres que luchan y no están aquí, las pensamos aunque no las veamos. Y también sabemos que hay mujeres que no luchan, que se conforman, que se desmayan. En todo el mundo hay mujeres, un bosque de mujeres, que lo que las hace iguales es que son mujeres. Como mujeres zapatistas vemos que algo más está pasando. Y también nos hace iguales la violencia y la muerte. Así vemos lo moderno de este pinche sistema capitalista. Vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tiene la cara, el cuerpo, la cabeza pendeja del patriarcado. (https://tinyurl.com/y7l5gtzn)


Desde el monte nos invitaron para hablarnos, escucharnos, mirarnos, festejarnos. Podemos escoger dijeron. Podemos competir entre nosotras para ver quien es mejor, habla mejor, es más liberada, juega mejor al fútbol, o piensa o escribe mejor y al final veremos que nadie ganó. O podemos acordar luchar juntas, como diferentes que somos, en contra del sistema capitalista patriarcal que es quien nos está violentando y asesinando.


Resonó fuerte, clara y al mismo tiempo dulce la voz de la insurgenta Erika. Una voz, nos dijo, revuelta con muchas edades, lenguas e historias, porque habló a nombre de todas las mujeres zapatistas, que desde cada comunidad y caracol se reunieron por muchos meses para pensar, organizar y trasmitir este mensaje.


Por su voz sentimos el sufrimiento de la campesina e indígena que fue sirvienta en la ciudad, sin sueldo, sufriendo mil humillaciones no sólo de hombres, también de mujeres, pero que encontró otras con las que se fue formando para rebelarse como zapatistas; sentimos el dolor por las hijas que murieron de enfermedades curables, sentimos el miedo por ser explotadas y más por ser mujeres, ante los atropellos de militares, capataces y patrones. Sentimos también a las niñas, jóvenes y adultas, que crecieron con la resistencia, la guerra y la construcción de autonomía zapatista. Mujeres que antes solo podíamos morir por ser indígenas, pobres y mujeres, ahora construimos en colectivo otro camino de vida: la libertad, nuestra libertad.


Mucha diversidad hubo en el bosque de este encuentro, con denuncias, intercambios intelectuales, artísticos, musicales, de teatro, poesía, talleres para aprender desde a cuidarnos en Internet hasta nuestros cuerpos y lugares, para construir, pensar y luchar en colectivo desde la diversidad. La gran mayoría de las participantes fueron jóvenes, tanto zapatistas como del resto del mundo.


Llegaron también las madres y hermanas de víctimas de feminicidio, desaparecidas, presas, violentadas, las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa a quienes las zapatistas y todas dijimos que no están solas, que seguiremos reclamándolos con vida y por justicia. Moira Millán, mapuche de Argentina, nos hizo conocer las luchas contra la guerra de exterminio contra su pueblo, que como el caso de los estudiantes de Ayotzinapa parece ser un ejercicio desde el poder para ver hasta donde pueden atropellar a las y los que resisten y de allí seguir con todas.


Conocimos luchas de las mujeres de Vía Campesina contra las transnacionales, en defensa del territorio y por feminismo campesino y popular. Pueblos indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá, compañeras de movimientos de Black Lives Matter, de Palestina, Marruecos y del Movimiento Sin Tierra de Brasil cerraron con sus reflexiones y saludos este encuentro, que se abrió a continuar el próximo año.


Las zapatistas nos despidieron dándonos una luz para llevar y prender cuando nos sintamos solas, cuando pensemos que la lucha es muy dura, cuando tengamos miedo, pero también para llevarle a las desaparecidas, las presas, las asesinadas, las migrantes, las violadas, las golpeadas, las explotadas. Para decirles que no nos rendiremos, que no están solas, que luchamos con ellas y para que el dolor que cargan no se vuelva a repetir. Para juntarla a otras luces y prender fuego al sistema capitalista patriarcal.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Jueves, 08 Marzo 2018 06:24

Girar

Girar

Tan enigmáticas somos, tan territorios íntimos y remotos, que así como hemos bajado la cabeza y dicho que sí y hemos olvidado ofensas para no contrariar al que nos había ofendido, así como hemos postergado nuestras amplitudes, también resultó que un día, uno más en muchos días extraordinarios de la historia humana, decidimos detener el mundo. Vaya propósito para estas criaturas quebradizas y anímicamente tuberculosas como esa dama que siempre se ahogaba en su camelia; vaya desquicio inesperado que comenzó a ocurrir hoy. No comenzó a ocurrir hoy, viene iniciándose desde hace siglos y seguirá. Las mujeres ya hemos soltado amarras porque hemos visto lo que siempre nos mantuvo quietas y muy cerca del muelle. Hemos visto que todo lo que durante siglos se nos ha dicho de nosotras (y tantas, tantas veces hemos creído como si ese dictado hubiese sido nuestra propia percepción), no era más que un hechizo mítico que comenzó en cada cultura y en cada continente a su modo, y en el nuestro, cuando en el relato original se nos hizo venir al mundo gracias a un pedazo de un varón.


Porque antes del falo fue la costilla. Las mujeres aparecimos cuando el hombre, que llegó antes al mundo, dice el relato, se sintió solo, y de una de sus costillas germinó una mujer. La primera reproducción humana de nuestra especie fue esa reproducción invertida, que sirvió luego para explicar míticamente la dominación. El patriarcado, que es el sistema, la perspectiva, la norma, la autoridad, la forma de explotación y discriminación inaugural de la humanidad, nos concibe inferiores y aunque las cosas hayan cambiado tanto, hay muchos planos paralelos en los que no han cambiado casi nada. Fuimos tributos entre reinos que se unían gracias al matrimonio, botines, herramientas y patos de la boda necesaria que decidiera el padre, el clan, el consejo de la tribu, la familia en cuyo centro estaba él. Fuimos las damas, las putas, las fregonas, las bailarinas virtuosas y las inhábiles, fuimos las que tallamos en las sombras las esculturas que firmaba un hombre, y también las que se metieron a monjas para no soportar toda una vida de obediencia al varón que nos tocara.


Fuimos las chinas que no podían hablar y que inventaron un alfabeto delirante esmaltado en los ángulos de sus abanicos. Fuimos las niñas africanas que sintieron la cuchilla entre sus piernas. Fuimos las Marilyn que le cantaron alguna vez el feliz cumpleaños al poder, y las que un día, aunque envidiadas por otras, descubrimos que estábamos completamente solas. Fuimos las que bailaron solas y se pusieron un pañuelo en la cabeza porque no se podía reclamar, pero sí dar vueltas y más vueltas a la pirámide mientras hombres armados gritaban “¡Circular!”. Circulamos. Y así como estamos seguras de que ninguna de nosotras ha olvidado jamás el aborto que se hizo, porque en cualquier biografía de mujer ese trance queda grabado como herida o una cicatriz, hace décadas reclamamos que todas tengamos las mismas posibilidades de abortar y no morir. Pero también somos las que no creemos que la maternidad sea nuestro destino obligado ni un síntoma psíquico repartido equitativamente en el género, las que vemos en las madres y en las abuelas el clímax del amor materno, el desaforado, el incontrolable amor materno, que baña hasta a los asesinos de los hijos, contra los que nunca se pidió más que justicia. Somos ésas aunque ellas empiecen a faltar. Esas nos parieron donándonos parte de la identidad femenina que es feminista porque una y otra cosa son mamushkas, no contrincantes.


“No soy feminista, soy femenina” es probablemente la frase que mejor sintetiza cómo las mujeres hemos mirado el patriarcado durante siglos con ojos ajenos, con los ojos del amo. Como si hubiera que renunciar a alguna parte que reconozcamos propia para admitir que somos además de otra manera. Somos de muchas maneras, pero hoy, en este mundo y como están las cosas, somos sobre todo las que advierten que algo hay que hacer. Que hay parar esta loca idea de supremacía que ahora ya nos da por sentadas pero no nos tiene por víctimas selectivas. La supremacía masculina ha derivado en una reacción conservadora que se especifica en la supremacía del hombre blanco. El que compra, tira o bendice las bombas que matarán a niños de pieles más oscuras y que viven en lugares que no importan. Esto tiene que parar. El que descerraja un disparo para que el muerto o la muerta aprendan quién manda acá. No alcanza la política ni la sociología ni el psicoanálisis ni las videncias ni las gargantas más poderosas para pegar el grito pertinente. Ya no somos nosotras en nuestro cuarto propio, ni nosotras detrás de la ventana. Somos las que salimos a defender el planeta, la mano que acaricia a la tierra que están envenenando. Ninguna de las pestes que cada día provocan tempestades, matanzas, crímenes, corrupción, guerras, mentiras en los diarios, es ajena al patriarcado. La verdadera costilla del patriarcado es el dolor

.
No hay ningún motivo para seguir creyéndonos chimpancés que dependen del alfa para su supervivencia. Y mientras tanto, ellos, que son o no son alfa, que son muchas veces machos humillados y deshechos por otros machos más poderosos que ellos, proveedores con alacenas vacías, se van dividiendo entre los que matan y los que comprenden. Todo gira. Giramos. Y girando es que intentaremos seguir parando el mundo. Mientras giremos el mundo notará que está quieto, como ha estado quieto desde hace siglos, quieto en el mismo movimiento, en la misma manera de entender la fuerza y la debilidad. Todo gira y el paro de mujeres, que aprendieron de sus madres y de sus abuelas muchas veces la audacia pero tantas otras la abnegación doliente, es una danza nueva.


El mundo no se lo esperaba. Y sucedió. Un día, las mujeres rasgamos el velo y vimos el ilusionismo por el que tantas y tantas fueron a la hoguera, a la cárcel o a la tumba. Y todos los platos revoleados por el aire porque la comida estaba fría, y todos los exhibicionismos que nos obligaron a ver penes desde que fuimos niñas, y todos los papeles secundarios de todas las películas y todas las historias fueron de pronto un gran escándalo retrospectivo por los abusos que estaban basados en una idea antojadiza: debíamos dejarnos someter. Giramos, aunque estemos quietas, porque paradas danzan en nosotras los millones de mujeres que no tuvieron la fabulosa chance de gritar juntas que no, y que basta.

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Ante las ofertas del poder, la liberación de Uma Kiwe responde

Los grandes jefes mandan a decir que nos tienen una oferta. La veníamos venir, han tenido la gentileza de enviarnos mensajes gota a gota para que entendiéramos del peso de los grandes jefes, del músculo financiero y militar que estamos enfrentando, y qué era lo que podía esperarnos si no aceptábamos la oferta que tarde o temprano llegaría. Prepararon el terreno. Después de tres años, cuando nos consideran arrinconados, desgastados, sin fuerza, la oferta llega.

Los grandes jefes mandan a decir que nos “entregarían” dos de las haciendas desde las que estamos liberando Uma Kiwe y nos piden respuesta de si aceptamos o no. Respuesta tendrán, les hemos mandado a decir hace tres meses, pero haciéndoles saber que no teníamos afán, que nos tomaríamos nuestro tiempo.


Este documento es la contestación a la oferta de los grandes jefes. Pero esta palabra no va dirigida a ellos, la respuesta es una palabra a los pueblos, las organizaciones, los procesos, los movimientos que dignamente sostienen el universo de luchas que frentean y agrietan el monstruo capitalista, para que sepan del por qué de nuestro proceder ante la oferta y lo que sigue, y si nos juzgan lo hagan con conocimiento de causa, que llaman.


Hermanos, hermanas: nosotras, nosotros, somos liberadoras y liberadores de Uma Kiwe. Somos pueblo nasa: gente. Somos hijas e hijos de Kiwe, la Tierra. Somos nasa por ser gente y por ser nasa y gente reconocemos a los grandes jefes también como hijos de Kiwe y por lo tanto hermanos nuestros. Somos comunidades caminando la plataforma de lucha del CRIC, primera organización indígena de Abya Yala, que hoy cumple 47 años desde aquel 24 de febrero de 1971 cuando quedara escrita esta palabra: Vamos a recuperar las tierras, ampliar los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terraje, conocer las leyes justas y exigir su justa aplicación, defender la lengua, la historia y las costumbres, formar maestros y maestras para que eduquen según el pensamiento propio; y posteriormente se ampliara: vamos a impulsar la economía comunitaria, fortalecer y preservar los recursos naturales, defender de la familia.


Fieles a esa palabra, hace tres años entramos en haciendas cañeras de Ardila Lule, o a su servicio, a frentear desde allí el monstruo capitalista que domina la humanidad y esclaviza Uma Kiwe. Por eso ya no decimos solo recuperar la tierra sino liberar a Uma Kiwe y liberarnos con ella. El modo es sencillo: cortar la caña que el capitalismo emplea para hacer azúcar y agrocombutibles subsidiados, y a cambio vivir en esas tierras sembrando comida y dejándoles crecer el monte. Allí hacer ranchos, allí hacer charcos en los ríos, allí hacer encuentros, allí preparar ricos manjares de maíz, zapallo, rascadera, fríjol, yuca, plátano, allí pastorear ganado y gallinas.


La respuesta de Ardila Lule fue digna de un gran jefe. A lo largo de tres años no tuvo recato en valerse del estado colombiano para que entrara en defensa de su negocio particular. Así que su seguridad privada, y la seguridad privada de las otras haciendas e ingenios azucareros, y el estado colombiano en pleno formaron el gran equipo para darse en la tarea de iniciar un plan para destruirnos.


Su plan consistió en atacar con grandes operativos militares, tipo Avatar, las mingas de corte y siembra, los cultivos a punto de cosecha, las aldeas de la liberación, los encuentros o asambleas en ellas, los recorridos de control territorial de liberadoras y liberadores; en asesinar liberadores, como Lorenzo, Guillermo, Javier, Daniel Felipe. Por otro lado, sus medios de comunicación iniciaron una campaña de desprestigio basada en una idea simple: “los indios tienen tierra y quieren más”. A ese argumento le sacaron fotos de frente, de perfil, de arriba, de abajo, de adentro, de afuera y gracias a él hoy la “opinión pública” nacional dejó de serlo y pasó a ser la “opinión privada”, la misma de los grandes jefes. Añadieron un argumento más, calculado, dañino: están infiltrados y empujados por la guerrilla del ELN. Mucha gente mordió el anzuelo, cayó en la treta. Las guerrillas no tienen cabida en la liberación de Uma Kiwe, lo hemos dicho de todas las formas: este es un proceso autónomo de las comunidades. De todas formas se trata de una estrategia del poder para confundir y justificar la represión y la persecución. Porque el plan también incluyó el poder judicial, que inició la judicialización de varios liberadores por el hecho de ser liberadores. El último reporte que tenemos es que hay 170 órdenes de captura.


Así que el estado colombiano y compañía han dedicado estos tres años a sostener un plan militar, paramilitar, estadístico, mediático, judicial para creerse y hacer creer este cuento: “así los arrinconamos, los cansamos, los derrotamos y derrotados les tiramos una limosna”.


Las liberadoras, los liberadores, hemos dedicado estos tres años a frentear los ataques militares, paramilitares, estadísticos, mediáticos, judiciales. En el entretanto nos dedicamos a lo que nos gusta: vivir sabroso, echar raíces, cosechar frutos.


Ya de por sí es un fruto resistir por tres años el gigantesco ataque del poder, la combinación de todas las formas de lucha de la derecha contra nuestro proceso: 300 intentos infructuosos de desalojo, alrededor de 600 heridos, tres muertos. Pasar por el lado y decirles en la cara: no lograron derrotarnos.
Logramos detener por completo el cultivo de caña en cerca de dos mil hectáreas y por tiempos en otras mil; pastoreamos ganado, cultivamos la tierra, vemos crecer el monte, retornar los animales, aumentar el agua. En una palabra: estas haciendas ya están ganadas, ya son territorio nasa. ¿Se puede ofrecer a uno lo que ya es de uno?


Logramos que se preste atención a una verdad desatendida: la gente sencilla, la gente que no cuenta ni para la derecha ni para la izquierda, es la gente que frentea y vence al capital. Con malicia, con sabiduría, con estrategia natural, con trabajo de hormiga y sin discurso.


Logramos reconocer, a través de la Minga de comunicación, el Encuentro internacional de liberadoras y liberadores de Uma Kiwe y los recorridos que iniciamos por muchas partes de Colombia, y algún rincón del mundo, que no estamos solos, que hay muchas luchas semejantes, de gente sencilla, que también frentean y vencen al capital. Muchos ya lo habrán reconocido antes pero para nosotras y nosotros es una gran alegría palparlo directamente en los ojos de la gente sencilla con la que estamos cruzando miradas en este cruce de caminos de la historia.


Logramos, en estos tres años, lo que parecía fuera de lugar: retomar la plataforma original del CRIC, el sentir y el espíritu con el que nació nuestra organización y volver a poner en el centro la tierra, ahora ya como Tierra, y más, como Uma Kiwe.


Y para lograrlo debimos de quitarnos la carga que nos estorbaba: la lógica de los proyectos y de la financiación estatal como únicas formas para poder alcanzar los sueños. Constatamos que por ese camino llegamos a otro lado y entonces lo dejamos de lado. E hicimos de la autogestión y del apoyo de gente sencilla e incondicional el criterio para alcanzar todo lo soñado. Y todo lo soñado fue alcanzado: de siete acciones que tiene nuestra agenda, a siete le hicimos camino: mingas de corte y siembra, encuentros de liberación, recorridos territoriales, minga de comunicación, escuela política de la liberación, encuentro internacional de liberadoras y liberadores de la Madre Tierra, marcha de la comida.


Logramos regar la semilla de la liberación de Uma Kiwe que ahora recorre muchos rincones del mundo. Por las aldeas de la liberación han pasado y pasan muchos pueblos, procesos, movimientos; muchas universidades, luchas, gentes de diversas nacionalidades que se llenan de nuevos aires y alimentos para continuar sus propias andanzas.


También es cierto que no hemos logrado todo, que permanecen vacíos y debilidades, que estamos en camino y que en el viaje iremos ajustando las cargas. Somos concientes, retomando la sabiduría política de un señor con algunos tragos en la cabeza, de que “somos la verraquera, pero no somos el putas”.


Así que mientras el monstruo capitalista nos ve derrotados y arrinconados, nosotras y nosotros como liberadoras y liberadores vemos todo el camino abierto para seguir haciéndole el quiebre a la historia, a la recta historia del capital.


Y en esas llega la oferta a través de un emisario. En principio una oferta simple. “los industriales ofrecen La Emperatriz y García Arriba; que si aceptan o no aceptan”.


Entonces nos sentamos a rastrear y armar las piezas de la oferta hasta completarla y comprenderla tal como la contamos aquí. La revista Semana y otras voces que llegan dispersas han ido soltando esas piezas.


Desde el año pasado Santos le encargó al vicepresidente, general Naranjo, “resolver” el tema de liberación de la Madre Tierra. Naranjo, como buen general, como buen asesor de Peña Nieto, conocedor de lo que ocurre y de las ocurrencias de los sótanos del estado, conocedor de primera mano de todo lo negociado en La Habana, empezó a maniobrar un nuevo plan para acabarnos y, como parte de un todo, un acuerdo con esta estrategia: “poner el foco más en el desarrollo rural integral que en la expansión de los resguardos”. En desarrollo de ese plan, el 9 de mayo de 2017, la policía nacional del estado colombiano asesinó a Daniel Felipe en la hacienda Quebrada Seca, que figura a nombre de Ardila Lule. Es sabido que el posconflicto trae mucha plata. Por eso decimos en nuestro documento Libertad y alegría con Uma Kiwe que a las balas de plomo le siguen las balas de plata. El plan ha ido cogiendo figura de acuerdo y hay en el territorio dirigencia indígena caminando en esa vía.


La oferta, entonces, es clara: “les entregamos dos fincas, García Arriba y La Emperatriz, y migajas para que hagan desarrollo en los resguardos (de la parte alta)”. Dos fincas que no figuran a nombre de Ardila Lule, dos fincas de propietarios “menores”. Esa es la oferta de los grandes jefes.


¿Qué piden a cambio? No es difícil deducirlo: abandonar la liberación de Uma Kiwe. O, para ser precisos, dar un giro: darle al desarrollismo el nombre de liberación de la Madre Tierra.


¿Y dedicarnos a cultivar y procesar para surtir mercados? ¿Lotear el territorio y sacarle provecho a cada tajo? ¿Ponernos bajo grandes y largos techos a producir mercancías en cadena y marcarlas “Made in Cxhab Wala Kiwe”? ¿Volvernos productores eficientes, negociantes audaces, guías turísticos amables? ¿Renunciar al primer y segundo puntos de la plataforma del CRIC, liberar la tierra y ampliar los resguardos?


Ese camino, es cierto, ya lo han tomado varias personas y comunidades en el territorio. Un fruto de estos tres años, no nombrado aún, es que logramos un retrato preciso del camino desarrollista modernista que ha tomado el pueblo nasa en los últimos años y reconocer que no es ese el camino que queremos andar. Que ese camino nos aleja de nuestras raíces, nos quita nuestro mayor tesoro: el ser nasa.


¿Y nuestros muertos, nuestro dolor por sus muertes, los cientos de heridos, la sangre derramada, las cosechas dañadas, los cambuches destruidos? ¿Las noches bajo la lluvia y llenas de zancudos, los sudores, las ampollas, todos los frutos cosechados gracias a la valentía y el coraje de las liberadoras y liberadores? ¿Y la semilla regada, y la esperanza engendrada? ¿Tirar todo en el saco roto de un acuerdo más?


Compañeras y compañeros de las luchas mundiales: la respuesta a la oferta de los grandes jefes es no.


A las comunidades y dirigentes que quieren seguir la senda del desarrollismo capitalista no se les puede trancar el camino. Cada quien es libre y responsable de sus decisiones. Lo que sí tenemos para decirles, como liberadoras y liberadores de Uma Kiwe, es que no comprometan nuestra lucha, nuestra sangre, nuestros muertos, nuestros frutos en sus acuerdos. No negocien con nuestra lucha. Eso nomás.


Sigamos. Compañeras y compañeros: el virus de la estrategia neoliberal y con ella ‘constitucional’ se regó a los cuatro vientos e hizo nido en muchos territorios, entre ellos el nuestro. Nos sacó de nuestra casa y nos puso en otra. Como una gallina que escarba en el patio de su casa, sigue escarbando y picoteando y cuando levanta la cabeza se encuentra en otro patio. Un patio donde es lícito vender y venderse. Vender incluso el ser nasa.


Por eso, como proceso de liberación de Uma Kiwe, decimos: es hora de regresar a casa. Regresar al modo nasa desde allí mismo, desde las tierras en proceso de liberación.


En el retrato que hicimos del camino occidental, capitalista, productivista, desarrollista, modernista vemos que ese camino nos llevó a considerar lo nasa como algo sin valor, despreciable, inferior, feo. Entonces, nos liberamos, levantamos la cabeza y emprendemos el camino de regreso. En dos chivas: nuestro idioma propio, el nasa yuwe, y la liberación de Uma Kiwe.


Y ahora empezamos a ver, con los ojos grandotes y el corazón contento, todo lo bonito que hay en ella. El ser nasa, la sabiduría propia, todo el saber acumulado de miles de años. Es como que el espíritu vuelve al cuerpo. Y la sorpresa: que hay mucha gente en casa esperándonos. Gente que nunca le comió cuento al discurso neoliberal y en silencio y serenamente, mientras veía la locura a su alrededor, siguió haciendo su vida al modo nasa.


Así que, con el camino abierto, anunciamos:


Vamos a fortalecer y ampliar los puntos de liberación.


Damos inicio a la “escuela política” de la liberación de Uma Kiwe, que en consecuencia con volver a lo bonito ahora llamamos Ju’gtewesx üuskipnxi kawete’na. Ya lo habíamos anunciado en el documento Libertad y Alegría: “Volver a las raíces. A la sabiduría profunda del pueblo nasa, que es la sabiduría de la Tierra. Poco a poco”. Para decirlo en pesadas palabras: una “escuela política” desde las categorías conceptuales de la filosofía nasa. En realidad, más que un inicio es una continuación, porque llevamos tres años en éstas, pero ahora arranca un nuevo envión. Los primeros pasos los dimos en enero. Ya les contaremos más.


Damos inicio a la marcha de la comida. Porque la liberación de Uma Kiwe no es solo “para” el pueblo nasa, compartiremos las cosechas de las tierras liberadas (resguardos) y en proceso de liberación con luchas y procesos indígenas, populares, estudiantiles de la ciudad de Cali. La marcha ya empezó y concluirá el 23 y 24 de marzo. Vendrán más noticias.


Así, de a poco, a nuestro ritmo, continuaremos el camino de regreso. A todas las luchas, a todos los pueblos las convidamos a que suban a las chivas. Wecx yuwekwe.


Proceso de liberación de la Madre Tierra


Pueblo nasa, norte del Cauca, Colombia


24 de febrero de 2018. A 47 años del nacimiento del CRIC.

 

Publicado enColombia
Silvia Federici: El paro como momento de comprensión y transformación

Desde que la conocemos, las conversaciones con Silvia han sido siempre muy fértiles. No solo por su lucidez y agudeza teórico-política, sino también por su generosidad infinita en el relato de su experiencia, en esa búsqueda de coherencia entre lo que se hace y se piensa. En la previa del 8 de marzo, conversamos con ella sobre el paro internacional de mujeres y la actualidad de la lucha feminista.


Elegimos volver a escucharla hoy, en este contexto tan intenso donde la lucha de las mujeres se despliega con una fuerza por momentos inesperada. Donde cada una desde su comunidad de mujeres pone empeño en organizar, difundir y participar del 8 de marzo y del paro histórico que sucederá en más de treinta países alrededor del mundo.


En lo vertiginoso de estos acontecimientos nos venimos diciendo unas a otras: no aceptemos más la violencia, potenciemos nuestra fuerza para multiplicar nuestro ya basta, organicemos encuentros, espacios y marchas que hagan temblar la tierra. Pero también nos repetimos una y otra vez: hagamos más denso el tejido del entre mujeres; potenciemos nuestra ayuda mutua, nuestro autocuidado y reciprocidad; estemos cada vez más movilizadas pero también robemos tiempo para sentir y pensar cómo seguimos, cómo nos auto organizamos cada vez más y qué desafíos está alumbrando la lucha.


Dicho de otro modo, al desplegar la lucha ésta ilumina nuevos problemas políticos. De nada sirve hacer sin pensar. Pensemos a partir de lo que estamos experimentando y abramos los espacios para construir los cómo seguir. Nuestras compañeras y hermanas nacidas en las luchas que nos antecedieron portan experiencias que es preciso recuperar para no empezar de cero, para nutrirnos y cambiar. Por eso esta conversación busca ser un espacio-momento para que Silvia nos comparta palabras que nos ayuden a pensar lo que está sucediendo.


¿Qué está sucediendo con la lucha de las mujeres? ¿Qué has reflexionado sobre las últimas manifestaciones en Estados Unidos?


Aquí es un momento en el que se está dando una movilización muy fuerte de todos los movimiento sociales, y sobre todo del movimiento de las mujeres. Hemos visto estas marchas en Washington, en Nueva York, en varias ciudades. Mujeres de todo tipo, de todas las edades se están movilizando, sintieron la necesidad de salir a la calle. Y pienso que no es solamente una necesidad de responder a Trump, es la expresión de un gran descontento que se ha acumulado en estos años, porque las situación de las mujeres en todos los niveles, con excepción de una minoría, se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, enfrentando una crisis en su vida cotidiana.
Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales. Además de enfrentarse continuamente a la violencia, que es violencia individual pero también del estado, de la policía, en las cárceles, es la militarización de la vida que aquí es cada vez más fuerte. Creo que ahora estos son los elementos que unifican y pueden unificar al movimiento feminista. Es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente. En estas marchas, en Nueva York por ejemplo, se podía ver una gran creatividad, mucha fuerza y energía, por eso se puede comparar con lo que sucedió en los años setenta.
Es un movimiento que ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo a partir de la desilusión que tantas mujeres han experimentado. Se pensó que trabajar fuera de la casa posibilitaba conseguir autonomía. Y no nos dio autonomía porque el trabajo es precario, no da seguridad. Lo que vemos es un gran número de mujeres, y hombres también, cargadas de deudas. Han luchado por entrar a las universidades, como se luchaba en los años setenta, y ahora con la privatización de la educación deben un montón de dinero para poder estudiar. Muchas jóvenes con veinte años no pueden ver cuál va a ser su futuro.


¿De qué luchas previas se nutren estas manifestaciones? Porque al mirar las imágenes -no podíamos dejar de mirar lo que pasaba, la cantidad de personas- desde el sur nos preguntamos ¿de dónde se están nutriendo? ¿de dónde nació ese desborde? ¿qué había previamente organizado?


Creo que la decisión de una parte del establishment americano de apoyar a Trump ha sido una respuesta a las luchas que ya se estaban dando. Por ejemplo, la lucha por el aumento del salario mínimo ha involucrado a muchas mujeres muy fuertemente, y siempre se cruzaba con la lucha de los migrantes. Porque son sobre todo las mujeres y las personas migrantes las que tienen salarios muy bajos. También ha crecido un movimiento estudiantil contra la deuda generada por la falta de gratuidad. Por otro lado, muchos han apoyado a Trump pensando que sería el presidente que cortaría las deudas e implementaría una educación gratuita. Es también creciente la movilización contra el control del cuerpo. Por ejemplo, en muchos estados se redujo drásticamente el acceso al aborto. Hoy las mujeres se enfrentan con dificultades en todos los lugares donde están, con cortes en servicios como la educación y la precariedad de la vida, ninguna sabe si tendrá o no trabajo. Sobre todo entre jóvenes y mujeres no se ve qué tipo de futuro se tendrá. También la rabia y la indignación contra estos abusos, la violencia institucional continua, la matanza de la policía sobre los y las jóvenes de color, migrantes, latinos. La conciencia de que vivimos en un régimen muy brutal, que no es una novedad, pero que ahora ya no se puede no ver. En los últimos años casi todos los días un joven negro fue asesinado con una impunidad absoluta. Entonces, hay un descontento muy fuerte, económico y no económico, porque los dos están conectados. Porque está claro que esta violencia se justifica y se sostiene en la represión y en la precariedad económica.


¿Cómo estás viviendo estos mismos movimientos en el plano internacional, por ejemplo lo que está siendo en este momento la organización del paro internacional de mujeres?


Es una idea muy excitante, sobre todo esta dimensión internacional de las luchas es muy importante. En las últimas semanas ha sido muy importante ver tantas movilizaciones en todas las ciudades al mismo tiempo, el sentimiento de ser parte de algo que se está moviendo en muchas partes del país y del mundo. Así como la respuesta al llamamiento de paro de las compañeras en Argentina en octubre pasado que fue muy fuerte. También aquí muchas compañeras salieron a la calle. Todavía es difícil saber, pero es claro que solamente algunas podrán hacer el paro porque hay tantas dificultades prácticas para organizar un paro de las mujeres, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde existen realidades tan diferentes y hay grupos de mujeres tan diversas, en una situación donde faltan los servicios sociales, donde muchas mujeres son solteras y no tienen un marido que pueda sustituirla. Pero se envía una señal importante, es una posibilidad de compromiso con las nuevas formas de lucha y de organización. Ojalá sea un compromiso para crear redes de comunicación entre mujeres de diverso tipo. Crear un tejido social más fuerte, capaz de resistir a lo que está sucediendo y también empezar a construir nuevas relaciones. Empezar a implementar lo que se viene hablando sobre formas de auto gobernarnos, reclamar el control de nuestra vida, empezar el proceso de no solamente ponernos en contra sino ir definiendo qué tipo de sociedad queremos, cómo vamos a construirla, qué precisamos de inmediato y cuáles son los objetivos del futuro.


Yo creo que es importante hoy abrir una visión estratégica, no solamente salir a la calle, sino salir a la calle con una visión de lo que deseamos e intentamos construir. Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa y no se une este momento con la construcción de algo distinto. Por eso es importante no solo demandar a un estado que no responde, sino comprender contra qué luchamos, que no son personajes. Estos personajes son la expresión de un mal que es el sistema. Comprender lo que está sucediendo a nivel económico, político, ecológico y empezar a hacer las conexiones. Es verdaderamente la misma lucha: luchar contra la contaminación, contra el capitalismo, la precarización de la vida y el despojo y luchar contra el patriarcado son momentos diferentes de una misma lucha. Pienso que esta movilización puede ayudar a crear conciencia sobre la interconexión de estas luchas. Ojalá tengamos la capacidad crear un terreno de unificación entre mujeres distintas.


Nosotras sentimos que nos entusiasma el paro y la movilización porque es un mensaje, es una disputa en varios planos, también simbólica. Acá en el sur, sobre todo la idea de la doble jornada, el trabajo doméstico, ha tomado mucha fuerza porque al discutir el paro hubo que intercambiar sobre qué precisábamos para parar. Eso dio lugar a un montón de discusión entre mujeres. Muchas han planteado que no pueden parar porque están solas con sus hijos e hijas, entonces vemos formas diversas de parar y participar. No nos proponemos hacer un paro en el que si no podés parar las veinticuatro horas no formás parte de la jornada y de la lucha, sino hacer un paro que diversifique las opciones y todas podamos participar.


Justamente, yo pienso que a partir de las dificultades de hacer este paro, de las dificultades de las mujeres que no pueden dejar a sus hijos, es importante comprender cuál es el paso próximo. Porque, ¿qué pasa con estas mujeres que están encarceladas por el trabajo doméstico todos los días y que no tienen a nadie que las pueda ayudar? El paro es un momento de comprensión y de transformación, porque mirando estas dificultades organizativas se puede ver qué necesitamos, qué se puede hacer como cosa urgente. Ver que existen tantas mujeres que no pueden ir a una reunión, al cine, porque son prisioneras de ese trabajo. Cuando estuve en Bruselas unos meses vi que allá las compañeras han impulsado la iniciativa de describir su jornada de trabajo y luego han recogido esos testimonios. Han dicho también al estado “todo esto es lo que las mujeres hacen”, están intentado decir “esta es la cuenta por todo lo que hemos realizado”. Este tipo de acciones pueden incrementar la conciencia y permiten pensar nuevas prácticas. Porque si estamos encarceladas en el hogar entonces ¿qué estructura necesitamos en lo urbano, en el barrio, para dar respuesta?, ¿cuáles son las necesidades inmediatas y urgentes?


En esa clave, al pensar el paro lo estábamos concibiendo como un momento pedagógico para nosotras y para todas las mujeres, por tanto para señalar los desafíos en todos los sentidos que vos nombras, para pensar qué movimiento tenemos que construir, bien atado a la vida y la cotidianidad. Pero también señalar los límites de la izquierda, los límites de ciertas formas de hacer política, lo que sucede con el sindicalismo. El paro iluminó muchas cosas, no solo para el propio movimiento de mujeres sino para muchas más personas.


Así es. Antes existieron sindicatos que se ocupaban de la vida, del barrio, que luchaban tomando en cuenta toda la vida de las trabajadoras y trabajadores, no solo sobre las ocho o nueve horas. Ahora es una forma burocrática que ya no funciona más, que no puede dar respuestas. He estado hablando con una compañera que organizó en Islandia el paro de 1975, desde allí las mujeres se han organizado en espacios urbanos donde se conversa, se circula información, en todas las ciudades están estos espacios que son experiencias colectivas para las mujeres. Estos lugares han facilitado mucho la organización, porque cada uno ha sido un punto de expansión de la información, de la táctica. Me gusta mucho pensar que se pueden crear estos lugares, espacios de las mujeres. Crear, desde donde una vive, espacios donde cuidarnos y dar discusiones entre mujeres. Insistir en la capacidad de crear, reclamar el espacio, el derecho a la ciudad. Es importante pensar este momento como un momento histórico, lo que está pasando con el Encuentro de Mujeres en Argentina, que se organice algo internacionalmente de forma autónoma sin los recursos y la intervención de la ONU. Se han hecho acciones todos los 8 de marzo, pero este año está la dimensión internacional. Esta jornada está reviviendo el sentido del 8 de marzo y dando lugar a un nuevo internacionalismo.


Pero es importante pensar estratégicamente qué es lo que queremos. Claro que no podemos saber muchas cosas, pero sí qué precisamos saber. Necesitamos una visión estratégica más allá de la manifestación. También la memoria histórica es importante para crear resistencia, la memoria sobre lo que ha significado este día para la lucha de la mujeres, sobre el internacionalismo feminista y el significado de eso en la actualidad. Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra.


Este punto es importante desde la perspectiva latinoamericana y también nos preguntamos por esto que nombras. La gente se moviliza cuando puede, cuando hay conciencia y voluntad, pero ¿qué piensa sobre las invasiones y la guerra el pueblo estadounidense?


Ahora se ven límites que no se veían y se empieza a insistir en la necesidad de la lucha contra la guerra. Han estado y están bombardeando con drones Yemen, han destruido Medio Oriente. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no? Es importante que todos digamos que no se puede excluir a las personas de ningún país, pero también que no se debe bombardear ni destruir la vida en ningún país. Pienso que en los materiales que se van a preparar y escribir es importante tener esta visión histórica del internacionalismo feminista.
Con respecto a la memoria histórica, al crecer bastante la auto organización de las mujeres en varias ciudades de Uruguay, las compañeras plantean una sensación de ser huérfanas, de empezar una lucha sin saber que otras mujeres lucharon antes, desconociendo qué problemas tuvieron y cómo se organizaron. ¿Tuvieron esta sensación en los años setenta cuando el movimiento desbordaba las calles?


Para nosotras fue muy importante el trabajo de comenzar a reconstruir la historia de otras mujeres, de comprender de dónde venimos, cuales fueron nuestras madres, reconstruir y pensar en el feminismo liberal, en el feminismo socialista -del que nace el 8 de marzo-, saber lo que planteaban sobre la liberación de la mujer. De la historia del feminismo en América Latina he descubierto dos años atrás la lucha de las mujeres en Argentina, a Virginia Bolten y su consigna “ni patrón ni marido” y su periódico La Voz de la Mujer.


Las historias locales, en el Río de la Plata, también son muy potentes. Por ejemplo, la consigna de las mujeres en Uruguay en los años ochenta era “nosotras queremos cambiar la vida”. Es hermoso reconectar con esas luchas.


Es imprescindible conversar con estas mujeres que son libros vivientes, libros de la historia de las luchas. Esta concepción que planteas es importante para construir una memoria larga. Tú te sientes parte de algo, no puedes mirar el futuro sin mirar el pasado. Solamente cuando ves toda la historia de lucha, los límites, los problemas de las experiencias organizativas pasadas, intentas no repetir las mismas cosas. No puedes identificar lo que estás haciendo si no miras que se ha hecho antes y cuáles son las diferencias, aprender de esa experiencia, no pensar que has inventado todo.


Escasos quince días nos separan del paro del 8 de marzo. Las palabras de Silvia, que son las de una luchadora que reflexiona y teoriza a partir preocupaciones que también son las nuestras, seguramente serán fértiles para seguir construyendo este camino, que es el suyo y el de miles de mujeres que por todo el mundo van diciendo ¡ya basta!


Mariana Menéndez / Foto eldiario.es


16 febrero 2018


Publicado originalmente en Zur

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Jueves, 15 Febrero 2018 06:33

La batalla feminista en el siglo XXI

La batalla feminista en el siglo XXI

Criticas y fortalezas del movimiento feminista del siglo XXI

 

El movimiento feminista, desde su surgimiento en términos formales en fines del siglo XIX, es marcado por hechos históricos y simbólicos importantes. Un proceso de lucha caracterizado por una radicalidad desde su conformación, en lo cual estuvieron presentes las protestas, las huelgas de hambre y que también costó –y sigue costando– la vida de muchas mujeres.

La lucha por el reconocimiento de la existencia de las mujeres –todas ellas– es el eje central del movimiento, los avances y las conquistas marcaron puntos de inflexión, lo que también permitió la apropiación de la identidad feminista. Un logro, muy probablemente, sin retorno. Más allá de lo reivindicatorio –la lucha por derechos y por igualdad de oportunidades–, las feministas lograron producir su propia reflexión crítica y su propia teoría.

La dinámica con la cual surgen los métodos de intervención y las formulaciones políticas en el movimiento, hace de los feminismos un conjunto potente y de difícil contestación. Por ello, muchas veces, las críticas en contra el movimiento o contra algunas formas más radicalizadas de intervención político-cultural son superficiales, objetivando la descalificación en lugar de dar el debate de fondo. La inserción de los debates feministas en el seno de sociedad genera, como es esperado de cualquier debate amplio, una serie de polémicas. Sin embargo, estas discusiones también afloran el carácter heteropatriarcal en las construcciones de las narrativas hegemónicas.

Así, lo que debería ser un debate saludable con fines de discutir las causas y consecuencias del sistema opresor, termina por reproducir y reafirmar la lógica vigente. El debate se transforma en más una herramienta de violencia en contra las mujeres. Todo esto sería un problema si no fuera por la característica multidialéctica del movimiento asociado a su alto enraizamiento social y activista. El feminismo, tiene su propio antídoto. La reacción a la criminalización y/o intento de descalificar al movimiento es instantánea. La batalla cultural está puesta y hay una nítida construcción de hegemonía feminista en curso. Esta construcción es amenazadora y también es un logro importante, además de evidente.

En los últimos meses, las críticas a los feminismos han tenido un lugar de destaque en muchos medios. La politización del movimiento he sido el punto de mayor crítica por parte de sectores conservadores de la sociedad. El hecho de no poder dar las discusiones genera una frustración por parte de quienes disputan el sentido común desde arriba –y que habitualmente lo ganan por su capacidad de llegada masiva–. Todavía, la batalla en contra los feminismos termina por fortalecer más aún al movimiento, porque devela la debilidad de impulsar una guerra sin sentido en la cual el odio hacia las mujeres salta a cada comentario machista.

El intento de debilitar el movimiento feminista, sin embargo, lo legitima. La reacción frente a la perdida de privilegios y de la exitosa campaña contra-sistémica es natural, una vez que el constante cuestionamiento pone en riesgo las estructuras del poder. Entre los innúmeros desafíos colocados para las feministas del siglo XXI, tal vez lo más importante sea lograr transitar los espacios de animosidad los cuales tienden a ponerse más acentuados a la medida que el movimiento gana más fuerza.

 

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Viernes, 06 Octubre 2017 06:05

Tres despachos sobre la juventud

Tres despachos sobre la juventud

La diagnosis. “Dado que la crisis inequívocamente favorece las orientaciones proto-fascistas no extraña que muchos jóvenes –estudiantes y/o trabajadores precarios– están convencidos que la única alternativa al presente son el identitarismo, el nacionalismo, el racismo o la religión”, apunta Alain Badiou (goo.gl/mk4t2b). El panorama parece bastante desalentador. Su telón de fondo es la degeneración general de la política, su acotación a un "consenso parlamentario", la dominación del capital, de los bancos, de la propiedad privada –"resguardada" por el sistema judicial y el aparato policiaco-militar–, y de los "cuasi-valores" (la competencia, el "éxito", el enriquecimiento personal). Sobre todo desde los 80 [desde la consolidación del neoliberalismo y el advenimiento de la "generación Y/millennial"] con "el cerrar del horizonte de las posibilidades" –continua Badiou– a los jóvenes les resulta más y más difícil acoplarse al mundo y encontrarse un lugar en él. “Las viejas tradiciones son destruidas y no aparecen nuevas. Hay nuevos placeres ( jouissances), pero no hay nuevos valores. Todo se disuelve en la fascinación con la mercancía y en lo que Marx llama ‘las aguas heladas del cálculo egoísta’. La juventud está atrapada entre un mortificador espectro del ‘retorno a la tradición’ y la necesidad de ‘competir’ con tal de sólo no perder” (goo.gl/szdp4k). La situación es además paradójica (si no absurda): por un lado reina el culto de la "juventud" (políticos, celebridades), por otro la juventud real –sobre todo la que no sueña con poner un start up o ganar el dinero en la bolsa– es tratada con sospecha, incluso con "sospecha policiaca" (goo.gl/SnFuQm). Badiou –a contrapelo de estas tendencias– llama, como una vez Platón, a "corromper a la juventud" alentándola a buscar "sus propios modos" [vide: la "vida verdadera" de Rimbaud] y "no quedar en manos del capital ni de la tecnología" ( La vraie vie. Appel à la corruption de la jeunesse, 2016, p. 11).

El temblor. "Aparecieron los mexicanos más jóvenes, los más generosos, más rápidos, más eficaces que el gobierno, y con una entereza contagiosa nos convencieron de que no estábamos solos. Verlos pasarse una a una piedras en una larga y fuerte cadena (...) nos aseguró que salvarían vidas entre los escombros", apunta Elena Poniatowska (goo.gl/JxtbMB). La marea ciudadana que toma las calles tras el sismo del 19 de septiembre para (auto)organizar el rescate y la ayuda está –sobre todo en CDMX– saturada de los millennials. La juventud imaginada por muchos como "apática y alienada", "inmersa sólo en la tecnología" y "ensimismada", "egoísta" y "poco solidaria" está dando –y con creces– muestras de lo contrario (goo.gl/QqeqqA). "Somos una generación que está buscando su sentido", declaran. "Tenemos mucha fuerza, pero poca organización. Igual comparando con la generación del 68 estamos un poco perdidos, individualistas...", dicen. Pero algunas cosas las tienen claras: "El Estado no está respondiendo (...) somos nosotros que damos la cara". En su mayoría son estudiantes, pero también jóvenes profesionistas, trabajadores precarios que ganan 50 pesos diarios (goo.gl/CW6j62). Su convergencia es la peor pesadilla de los de arriba. Así que cuando (finalmente) aparecen los agentes del aparato policiaco-militar –de por sí partes de un orden que no salva vidas, sino de uno que las tiene bajo una amenaza permanente– más que a ayudar, vienen a "vigilar y controlar" a los ya castigados por la naturaleza. A dispersar la energía juvenil. La antinomia "la solidaridad-el Estado" (goo.gl/DyoA3Z) no puede ser más clara que en el caso de los jóvenes de Ayotzinapa –compañeros de los 43 normalistas rurales víctimas de una desaparición forzada– que organizan una caravana de ayuda a las comunidades más abandonadas de Puebla.

La prescripción. Por supuesto –y por fortuna– no todos los jóvenes creen que el identitarismo o la religión son "la única opción". En su momento el Nuit Debout (ND) francés es la mejor muestra de esto, aunque –al final– su energía se disipa (algo que le pasa también al #YoSoy132 mexicano). Jacques Rancière desde el principio pide "de no pedirle mucho a este movimiento" ("dada su espontaneidad y la manera caótica en que evolucionan los jóvenes"), pero –a la vez– lo aplaude "como una importante transformación de una juventud de luto a una juventud de lucha" (goo.gl/jSeFHf). El ND irrumpe en un escenario postatentados terroristas superponiendo los símbolos de la lucha colectiva a las expresiones de dolor. Los ideólogos en Francia están disgustados ("¡hay que seguir de luto, no buscar alternativas!"). En México postsismo el proceso descrito por Rancière ocurre simultáneamente. La juventud sacudida por el temblor sale del luto y pasa a la lucha mediante su propia praxis: la (auto)organización callejera. La ayuda, el rescate son a la vez protesta y búsqueda de alternativas. Los ideólogos están disgustados. Aplauden –o dicen aplaudir– "la heroicidad de los jóvenes", pero urgen que ya todo regrese a la normalidad ("¡el luto sí, la lucha no!") y "los estudiantes a las aulas" (goo.gl/bnrhCS). A la vez sugieren canalizar su energía en "algún proyecto" y "que la juventud decida" (aunque seguramente dentro del dominante "horizonte de las posibilidades"). Son de hecho los mismos "intelectuales" que –desde hace meses– claman por "un Macron mexicano" –recordemos– el candidato instant de la oligarquía, el joven glamour, ex banquero millonario (goo.gl/4fL9Ad), promotor de los start ups y la "uberización económica" que empieza su gestión recortándoles subsidios a los estudiantes (goo.gl/4KjXuK) y cuyas "reformas de trabajo" significan más precariedad para los jóvenes (goo.gl/x9T6Cy).

Coda. El sistema que se sostiene en el Estado, en los cuerpos uniformados y en la destrucción de la organización desde abajo no tiene nada que ofrecerle a la juventud "dejada sin un compás por el liberalismo" (Badiou dixit) aparte de:

a) la fascinación con la mercancía, los falsos valores y los falsos profetas del capital (Macron et al.) o la reacción/radicalización político-religiosa;

b) explotación, contratos precarios, infrasalarios, pauperización y/o migración;

c) estigmatización, criminalización e incluso el exterminio (los 43).

La solidaridad, la lucha, la organización y la generosidad no están en el guión ideológico que los de arriba les escriben a los jóvenes; y sin embargo brotan.

Maciek Wisniewski*, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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Lula da Silva, Dilma Rousseff y otros seis miembros del PT, imputados por el caso Petrobras

La Fiscalía Brasileña les acusa de pertenecer a una supuesta "organización criminal", a la cual se le atribuyen los delitos de corrupción, blanqueo y la creación de un cártel relacionado con la petrolera semi-pública.

El procurador general de Brasil, Rodrigo Janot, denunció hoy a los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff por un supuesto delito de asociación ilícita en un caso relacionado con la trama corrupta destapada en el seno de la petrolera estatal Petrobras.


Janot ha indicado que los ocho miembros del PT, entre ellos Lula da Silva y Rousseff, cometieron crímenes de corrupción, blanqueo de dinero y formación de un cártel en relación con dicha petrolera, cuya pena en Brasil es de tres a ocho años de prisión más una multa económica.


Las imputaciones se derivan de las investigaciones abiertas por el Tribunal Supremo Federal por la Operación Lava Jato, y se trata además de la primera vez que se presentan cargos criminales contra Rousseff, apartada del poder en 2016.


Janot sostiene en la denuncia que el PT es "parte de una organización criminal única" que congrega a varios partidos, incluido el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera el presidente del país, Michel Temer.


Los ocho miembros del PT recibieron, como dice Janot, 1.485 millones de reales (cerca de 400 millones de euros) en pagos ilegales, apuntando a Lula da Silva como "ideólogo" de la organización, según ha informado el diario local O Globo.


En su documento, ha indicado que el expresidente habría recibido 230,8 millones de reales (unos 62,1 millones de euros) entre 2004 y 2012 de parte de las empresas Odebrecht, OAS y Schahin con recursos desviados de contratos firmados con Petrobras.


Asimismo, ha subrayado que esta organización habría actuado entre 2002, cuando Lula da Silva se impuso en las presidenciales, hasta mayo de 2016, cuando Rousseff abandonó la Presidencia a causa de un juicio político.


En el caso de la exmandataria, Janot ha dicho que habría entrado a formar parte de la supuesta organización criminal en 2003, cuando accedió al puesto de ministra de Minas y Energía.


"Desde allí contribuyó decisivamente para que los intereses negociados en forma de pagos pudieran ser cumplidos, especialmente en el ámbito de Petrobras, de la que fue presidenta del consejo de administración entre 2003 y 2010", ha señalado.


Los otros seis imputados son la senadora Gleisi Hoffman, presidenta del PT; los exministros Antonio Palocci, Guido Mantega y Paulo Bernardo; el prefecto de Araraquara, Edinho Silva; y el extesorero del PT Joao Vaccari Neto.


Janot ha reclamado que todos ellos paguen 6.800 millones de reales (alrededor de 1.831 millones de euros), cifra que incluye la devolución del dinero presuntamente desviada y las reparaciones por daños morales y materiales.


La operación que junta partidos


La Operación Lava Jato se ha convertido en uno de los mayores escándalos de corrupción en el gigante sudamericano. Ha salpicado a decenas de políticos y empresarios y ha dado lugar a la apertura de causas derivadas, como la del caso Odebrecht, que ya ha cobrado entidad propia.


El julio pasado, el expresidente Lula, que gobernó Brasil entre 2003 y 2010, ya fue condenado en primera instancia a nueve años y medio de prisión por supuestamente haberse beneficiado de la red corrupta que desvió millonarios fondos de la petrolera. La condena derivó de uno de los seis procesos abiertos por la Justicia que afronta Lula, la mayoría relacionados con el caso Petrobras.


Rousseff, que ya había sido salpicada por el asunto, fue presidenta de Brasil entre 2011 y 2016, cuando fue destituida por el Congreso por supuestas irregularidades en la gestión de los presupuestos.


El escándalo en Petrobras, destapado hace más de tres años, ha enviado a prisión a importantes políticos y empresarios, además de implicar a Lula, Rousseff, al presidente Temer y varios de sus ministros.

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