Las mujeres pagan el precio más alto por el coronavirus

Aumentan el desempleo, las tareas no remuneradas y la violencia de género 

La desocupación femenina es alta en Italia. "La búsqueda de trabajo pasó a un segundo plano" señala la experta Iva Maggi, a la vez que analiza la violencia doméstica en tiempos de pandemia.

 

Las mujeres serán las que pagarán el precio más alto por la crisis económica y social desencadenada por el coronavirus, especialmente a nivel de desocupación pero también a nivel de la violencia doméstica que ha aumentado drásticamente. En esta situación particular, las mujeres son las “más vulnerables a nivel económico y social además de agravarse enormemente las desigualdades entre los sexos”, según un documento de la ONU difundido la semana pasada y comentado ampliamente por el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres. En Italia, la organización denominada “Estados Generales de las Mujeres” nacida en 2014 y que defiende los derechos femeninos, confirma estos peligros. Y para afrontarlos ha presentado una serie de propuestas al gobierno de Giuseppe Conte pidiendo que se elabore un plan específico para aumentar el empleo femenino y la protección de la mujer en general.

 “La pandemia de la covid-19 afectará a todo el mundo en todas partes. Pero los efectos serán diferentes según los diferentes grupos sociales y profundizará ampliamente las desigualdades ya existentes”, dijo Guterres. Según la ONU, el 60 por ciento de las mujeres de todo el mundo trabaja en la economía informal, ganando menos, ahorrando menos y con un gran riesgo de caer en la pobreza. El trabajo no pagado de las mujeres, por lo demás, ha aumentado exponencialmente durante la pandemia como resultado de las escuelas cerradas y el aumento de los cuidados necesarios para los ancianos de la familia. 

“Si se pierden los progresos conseguidos hasta ahora, se requerirán años para conseguirlos de nuevo”, subrayó. El documento bregó además porque el trabajo cotidiano en casa sea reconocido y evaluado como una contribución vital para la economía.

La pandemia también ha “horriblemente aumentado la violencia contra las mujeres”. La igualdad de género y los derechos de la mujer son esenciales para poder salir de la pandemia y construir un futuro mejor, subrayó el texto, que pidió además una equitativa representación femenina en todos los órganos que se encarguen de dar soluciones para el post covid -19.

 

Las mujeres italianas y el coronavirus

 

Con una larga trayectoria de sus madres y abuelas en los movimientos feministas de la década del 1970, las mujeres italianas de hoy, a través de los “Estados Generales de las Mujeres”, uno de los primeros laboratorios que expresan los pedidos femeninos nacido en 2014, han presentado al jefe del gobierno un detallado plan en favor de las mujeres, según la región de la que se trate, porque cada una tiene características diferentes, explicó a PáginaI12 la coordinadora nacional de esa organización, Iva Maggi. Entre sus propuestas, un plan para ayudar a las empresas femeninas, dándoles contribuciones importantes y sin pagar impuestos por un cierto tiempo. Pero también hay otra reivindicación que las integrantes del organismo consideran fundamental para la democracia: que en las elecciones exista la posibilidad de votar tanto un hombre como una mujer para un cierto cargo, cosa que no sucede en algunas regiones como la Apulia.

“Uno de los problemas que será grave luego de la pandemia es la ocupación - explicó Maggi -. Por eso pedimos al gobierno un plan específico para la ocupación femenina. La desocupación femenina es alta en Italia comparada con otros países de Europa, en torno al 42 por ciento. Y la pandemia ha agravado este problema porque las mujeres se han sentido desanimadas y ni siquiera buscan nuevos trabajos cuando en realidad se ha demostrado que son óptimas para trabajar en el turismo, la hostelería, la agricultura de proximidad, la manufactura. La búsqueda activa del trabajo ha pasado a segundo plano”. Y agregó: “Por otra parte, si estamos en casa trabajando en smart working (a distancia), lo debemos transformar en un nuevo recurso para nosotras. Es decir, debemos saber dividir el tiempo con nuestro compañero o marido y los hijos, compartiendo las reponsabilidades hogareñas. No tenemos que hacer todo siempre nosotras. Smart working es una ventaja, el futuro, pero tenemos que aprender a manejarlo para que no se transforme en una celda ni nos transforme en esclavas”.

En cuanto a la violencia de género que tanto ha aumentado en tiempos del coronavirus, Maggi precisó que no se puede hablar de zonas en particular porque “la violencia de género es un fenómeno que se produce en todos lados. Durante el coronavirus hemos visto casos en las ciudades y en los pueblos pequeños”. Lo que ha aumentado son las llamadas a los centros antiviolencia. En efecto, del 2 de marzo al 5 de abril, 2.867 mujeres mujeres han llamado a 111 centros antiviolencia distribuidos en todo el país, con un aumento del 74,5% respecto al último periodo registrado, que fue en 2018, según público el diario La Repubblica de Roma.

Maggi contó que “Los estados Generales de las mujeres” han abierto por eso una plataforma que se llama “Adopto una trabajadora.it” donde reciben on line respuestas a todo tipo de consultas a las que responden expertos, psicólogos, abogados. “Y lo hemos hecho porque el problema era que en las casas, si una era maltratada, no podía ponerse al teléfono porque el abusador estaba allí. Todo ha quedado muy escondido al trabajar todos en casa”, dijo.

A la ministra para la Igualdad de Oportunidades y la Familia, Elena Bonetti, con la que han tenido oportunidad de encontrarse, le han planteado la necesidad de “cambiar el paradigma”. “La violencia no tiene necesidad de planes extraordinarios para ser combatida. -explicó-. Es un problema estructural y como tal debe ser afrontado de modo definitivo. Las mujeres deben poder tener lugares donde puedan ser acogidas, puedan regenerarse, aprender un nuevo trabajo, incluso con sus hijos. La independencia económica es la clave. Si pudieran ganar su propio dinero sería más fácil para que ellas decidieran irse de la casa donde sufren violencias”.

Maggi indicó además como un ejemplo la decisión del Tribunal de Trento (norte de Italia) que por primera vez en el país, ha determinado que los hombres responsables de violencias son los que deben ser alejados de sus casas. “Hasta ahora, en general eran las mujeres las que eran alejadas y colocadas en las llamadas Casa Refugio. Pero si bien son necesarias en ciertos casos, los refugios pueden ser un problema, porque se tienen que llevar los hijos y a veces la escuela les queda lejos, etc. Por eso nosotras apoyamos la medida de que sean los hombres los alejados y enviados a centros especiales donde empiecen su conversión. Y que las mujeres se queden tranquilas en casa con el apoyo de asistentes sociales, psicólogos, etc”, añadió.

Las mujeres extranjeras residentes en Italia son otro problema. Pese a que muchas han logrado regularizar su situación, otras que trabajaban como empleadas domésticas o cuidadoras de ancianos en negro, durante la cuarentena han quedado en la calle. Es el caso de ecuatorianas y peruanas pero también de rumanas. Algunas organizaciones solidarias tratan de ayudarlas, como la latinoamericana “Uniendo Raíces”. Pero existen casos más tremendos, como el de las mujeres nigerianas explotadas como prostitutas. “El mercado de la trata siguió existiendo pese a la cuarentena” dijo Maggi, y concluyó: “Las mujeres inmigrantes no son tenidas en cuenta para nada ”. 

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El encierro dispara la violencia contra las mujeres en América Latina

 América Latina es el continente en el que está previsto un mayor incremento de contagios durante las próximas semanas. La cuarentena ha provocado también un incremento en las denuncias por violencia machista.

 

Una mujer se marcha de casa con sus tres hijos en el Estado de México. Tiene golpes y una herida de navaja en el costado. Antes de salir, marca al teléfono de la Red Nacional de Refugios. Le dirigen hacia una oficina de gobierno para que le atienda. La mujer ha aprovechado que su agresor no está en casa para escapar rápidamente. Sin embargo, al llegar a la sede oficial le dicen que no pueden atenderle, que no está la persona que debería levantar la denuncia. Así que la Red, una organización de la sociedad civil que protege a mujeres víctimas de la violencia machista, envía un coche particular a rescatarla. Primero la atienden de emergencia. Le curan las heridas, le dan de comer. De ahí la envían a un refugio. Ya está a salvo.

Esta escena es real y tuvo lugar la semana pasada, en plena emergencia por Covid19, en un municipio del Estado de México, uno de los territorios más castigados por la violencia feminicida desatada en el país norteamericano. Quien la relata es Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios. Se trata de uno de los 19 rescates urgentes que la organización ha tenido que lanzar desde que inició la emergencia por Covid19 en México.

La pandemia por Sars-Cov-2 se extiende por América Latina, el continente en el que está previsto un mayor incremento de contagios durante las próximas semanas. La cuarentena ha provocado también un incremento en las denuncias por violencia machista.

El primer caso en el continente se detectó el 26 de febrero en un hombre de 61 años en Brasil. En ese momento, América Latina estaba en ebullición: una ola feminista la atravesaba desde México hasta Argentina. Ahora, sin embargo, la pandemia agrava otra de las enfermedades crónicas de la región: la violencia contra las mujeres. El confinamiento es un riesgo en sí mismo porque obliga a las víctimas a estar en manos de los agresores. Además, a mayor contacto hay mayor control, lo que puede provocar a la larga un descenso en el número de denuncias, no porque no se registren agresiones, sino por la imposibilidad de avisar.

"Las medidas de prevención y mitigación de la propagación del Covid19, tales como la cuarentena, el aislamiento o el distanciamiento social, y las restricciones de movilidad, exacerbarán la violencia contra las mujeres y niñas que ocurre en los hogares", advierte un documento hecho público por ONU Mujeres.
Con algo más de un mes de confinamiento en la región, todavía no hay estudios definitivos. Pero las primeras cifras son alarmantes.

En México, donde 10 mujeres son asesinadas cada día, la Fiscalía Especializada en Feminicidios y Delitos contra las Mujeres reportó un aumento de más del 30% en las denuncias de violencia machista.

Desde principios de año, el país registra un auge de las movilizaciones feministas. Denuncian el altísimo índice de asesinatos de mujeres y cuestionan al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, al que acusan de no haberse tomado en serio los feminicidios.

El informe del mes de marzo de la secretaría de Seguridad Pública registra también que se han disparado los casos de "violencia familiar" y delitos sexuales.

"Tenemos datos alarmantes. 155 mujeres han pedido auxilio cada hora a través del 911. Esto significa que se ha incrementado la violencia contra las mujeres", explica Wendy Figueroa, de la Red Nacional de Refugios. Según explica, en el último año se han registrado 209 feminicidios.

"En nuestro caso se ha incrementado un 80% las solicitudes de auxilio, que se concentran mayoritariamente en la Ciudad de México y el Estado de México", dice, para añadir que una de cada cinco mujeres que buscó apoyo tras ser agredida ya había denunciado previamente ser víctima de violencia.

No es un fenómeno exclusivo de México

Este no es un fenómeno exclusivo de México. En Argentina, por ejemplo, el promedio diario de consultas a la línea 144, que es la que atiende la violencia de género, se incrementó un 39% la segunda mitad de marzo respecto a la primera. Esto implica que, desde el 21 de marzo, cuando comenzó la cuarentena obligatoria, se dispararon las denuncias.

"El COVID-19 está teniendo grandes impactos en las sociedades latinoamericanas, pero afecta de un modo desproporcionado a las mujeres. Un ejemplo de ello es la intensificación de las tareas de cuidado ante el cierre de escuelas y centros de atención (dando lugar a una doble, y en ocasiones triple jornada); así como el incremento de las situaciones de violencia contra las mujeres", dice Lucía Martelotte, coordinadora de programas de ONU Mujeres en Argentina.

Esta institución está apoyando en planes como promover la perspectiva de género en los comités de crisis lanzados por el gobierno de Alberto Fernández.
En Colombia, 12 mujeres fueron asesinadas entre el 20 de marzo y el 4 de abril. Además, según la Consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer, durante los primeros días de la cuarentena se registró un aumento del 51% en la violencia intrafamiliar contra las mujeres.

Aquí se puso en marcha un mecanismo conocido como "pico y género" por el cual se limitaban las salidas de casa dependiendo del sexo. Es decir, había unas jornadas en el que podían salir las mujeres y otro los hombres. El objetivo era, según las autoridades, evitar las aglomeraciones.

Este plan fue aplicado también en dos países de la región, Perú y Panamá. En el país andino la medida se abandonó después de una semana, mientras que en el país centroamericano sigue vigente. Lunes, miércoles y viernes salen las mujeres. Martes, jueves y sábados, los hombres.

El sistema generó el rechazo de organizaciones feministas, así como LGTBI. Por ejemplo, en Panamá fue arrestada una activista trans por salir a la calle el día que correspondía a las mujeres.

En Brasil, solo en Río de Janeiro, se registró un incremento del 50% en las denuncias por violencia machista.

"Las familias están experimentando una situación sin precedentes. El encierro, junto con los problemas sociales, está causando otro tipo de relación familiar y conyugal, y en este nuevo modelo, las viejas prácticas están presentes. Las mujeres que ya sufrieron violencia doméstica continúan sufriéndola y las que no sufrieron, pueden comenzar a padecerla", asegura Valeria Alves, doctora en Antropología Social.

"Hay algunas encuestas que dicen que el número de quejas ha aumentado", dice Alves, que reconoce que todavía es pronto para disponer de datos absolutos. "Pero es innegable que las incertidumbres del trabajo, el salario, la comida, la falta de espacio dentro de las casas, el miedo a contraer el virus y no tener un lugar para tratar con dignidad, el aumento de las tensiones en los hogares con esto, es posible pensar que la violencia ha aumentado", afirma.

Recientemente se hicieron virales las imágenes de seguidores del presidente, Jair Bolsonaro, agrediendo a un grupo de mujeres descontentas con las (escasas) políticas del líder derechista en relación al coronavirus.

"La política adoptada por el presidente desde su campaña es la política del odio. No adoptará ninguna política que favorezca a las mujeres u otros grupos sociales que todavía se llaman minorías", dice Alves, que recuerda la política negacionista de Bolsonaro, que se ha manifestado incluso contrario a las medidas de distanciamiento social propuestas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las consecuencias de la pandemia son, por ahora, imprevisibles y habrá que analizar su impacto sobre las mujeres en un continente que, hasta la llegada de la pandemia, se encontraba en plena ola feminista.

@albertopradilla

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Cuarentena por la vida: ¿y la vida de las mujeres?

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos donde el agua de nuestros ojos se hace lodo; arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos, de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir (Gioconda Belli)

El aislamiento preventivo obligatorio es una necesidad sanitaria incuestionable: es alta la capacidad de contagio del nuevo covid19 y, la necesidad de disminuir la curva de contagios para no colapsar al sistema de salud. Sin embargo, la obligatoriedad del confinamiento en los hogares, revela que, paradójicamente a la urgencia sanitaria, hay una inviabilidad social para realizar tal medida, aun más, si se espera que ese periodo sea esencial para la protección de la propia vida.   De ahí, dos cuestiones emergen frente a la problemática del proceso de aislamiento en los hogares: las necesidades materiales de existencia que no pueden ser solventadas por quienes viven de lo que reciben diariamente en el trabajo informal o precariamente en el “rebusque” y, la violencia de género que ocurre en el ámbito intrafamiliar. Ambas, vivenciadas por la mayor parte de la población colombiana, luego, no estamos hablando de problemas marginales.

En el marco del Área de Estudios en Familia de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia - línea de Conflicto, dinámicas sociopolíticas y violencia - ese breve texto se detiene en el segundo problema, sufrido por las mujeres en las familias.

 Cuando se anunció en Bogotá el simulacro de aislamiento y, luego, la cuarentena obligatoria en todo el país, los movimientos de mujeres denunciaron unviejo conocido: el hogar y la familia, en la Modernidad Occidental identificados como un espacio de afecto y cuidado, son para las niñas y para las mujeres, un espacio de sufrimiento de múltiples violencias que pasan por el trabajo ininterrumpido, las humillaciones, la renuncia o el aplazamiento de sus proyectos personales, hasta las agresiones físicas, las violaciones sexuales y el feminicidio.

Es por eso que llama la atención el discurso oficial reiterado por la prensa de que todos deben utilizar ese periodo para convivir y disfrutar de la compañía de quienes en la cotidianidad de la vida se ven alejados por las dinámicas intensas de trabajo y estudio. Es emblemático porque, son completamente ignorados, de un lado, el conflicto y las tensiones inherentes a las relaciones humanas, que pueden agudizarse en un contexto de encierro y, de otro, la violencia vivida a diario por las niñas y las mujeres en el país.

El referente paradigmático toma la familia como un espacio armónico y equilibrado (muy distante de la realidad de los hogares) y, la violencia de género en ese ámbito, cuando evocada, es vista como una disfunción de determinadas familias o como un problema aislado.

Sin embargo, el Instituto de Medicina Legal, en 2018, reveló lo que sigue invisible: de los más de 22 mil casos de presunto delito sexual registrados, un 75% fue de niñas entre 0 y 14 años siendo 87% practicado por un familiar. Más de 42 mil mujeres realizaronvaloraciones médico legales por la violencia de pareja sufrida. 67% de los casos fueronpoli traumáticos, y uno de cada cuatro, con trauma facial o de miembros. Lo que se revela, por lo tanto, es la intensa barbarie que ocurre en los hogares. Sumase que, para cada mujer que realiza una denuncia formal, otras tres no la hicieron.

En el marco de las investigaciones realizadas en la línea de violencia de nuestra área de Estudios de Familia, la investigación “Mujeres en condición de desplazamiento forzado y (no) violencias” encontró que muchas mujeres víctimas del conflicto armado se desplazaron forzosamente por la primera vez en sus vidas, no para huir de la guerra sino para huir de sus parejas que las amenazaban la vida (Solyszko, Beltrán, 2019). Otra investigación, realizada con mujeres profesionales en Bogotá, encontró que son múltiples los escenarios de violencia psicológica vivenciados por las mujeres en el ámbito de las relaciones de pareja, que puede ir desde el control y humillación, hasta el chantaje, la manipulación, el terror y la tortura (Alonso, 2020). En un tercero ejercicio investigativo sobre esas violencias, ahora sobre las mujeres embarazadas, se identificó que ese periodo de la vida puede estar marcado (y lo estuvo en las mujeres entrevistadas) por vivencias de violencia conyugal que en ningún momento se pueden catalogar como leves o invisibles, lo que hizo en la mayoría de los casos la construcción de una maternidad dolorosa y sacrificante(Hernández, 2019).

Eses problemas que vienen siendo analizados por nuestra línea de investigación nos llevan a cuestionar las formas de enfrentamiento a la violencia, el protagonismo de los sujetos, el lugar de los hombres y las masculinidades para superar esas dinámicas, pero sin duda, pensarnos cómo podemos cambiar las prácticas sociales, construirnos otras formas de vida, afectivas, amorosas, que no transforma las diferencias en desigualdades, ni los conflictos en violencia.

El aislamiento preventivo no es un tiempo seguro para las niñas y para las mujeres. Pero seguramente es una demanda a las respuestas del Estado en las rutas de atención a la violencia y en las sanciones necesarias, pero principalmente, una invitación a replantear nuestras relaciones sociales de género, la humanización de las mujeres como agentes de su historia, y no como vidas y cuerpos a disposición de los demás. Así como es urgenteimpedir la propagación del covid19, lo es detener las violencias contra las mujeres. Un “virus” más antiguo y más peligroso que aún no fuimos capaces de controlar.

 

Referencias:

Alonso, Karen (2020). Mi identidad en reconstrucción: Mujeres en situación de violencia psicológica. Trabajo de grado. Hernandez, Angye Tatiana (2019). Trabajo de campo. Representación de sí misma en la maternidad de mujeres jóvenes con vivencias de violencia. Trabajo de grado en curso. Solyszko, Izabel; Beltrán, Betky Juliana (2019) Mujeres en condición de desplazamiento forzado y (no) violencias (publicación en curso). Instituto de Medicina Legal (2018). Revista Forensis. Bogotá-DC.

Izabel Solyszko, trabajadora Social. Doctora en Trabajo Social. Post Doctora en Género y Desarrollo. Docente investigadora em la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia. Integrante del Área de Estudios de Familia.

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La intrahistoria del juicio que tumbó al gran magnate de Hollywood: así fue el proceso contra Harvey Weinstein

El juicio al productor ha dejado desde protestas en la calle a ataques para desprestigiar a las testigos o al uso de un vestido como prueba

El juicio por violación a Harvey Weinstein ha ofrecido tensión y momentos sorprendentes a medida que el productor cinematográfico, caído en desgracia, se enfrentaba a las acusaciones de tres mujeres que alegaban haber sido agredidas sexualmente. Weinstein se enfrentaba a cinco cargos. Dos de ellos por violación, uno por obligar a alguien a realizarle sexo oral y dos por agresión sexual premeditada y sistematizada. Este lunes, el jurado ha dictaminado que es culpable de un delito sexual en primer grado por obligar a practicarle sexo oral en 2006 a Miriam Haley, quien fuera asistente de producción de la serie Project Runway (Pasarela a la fama, en español) y por violación en tercer grado. El mismo jurado lo ha absuelto de los cargos más graves, una violación en primer grado y la conducta sexual predatoria.

El juicio, que ha sido objeto de una intensa cobertura en los medios, ha contado con un variado plantel de personajes. El propio Weinstein acudió todos los días a las vistas apoyándose en un andador con el que se recupera de un accidente de coche sufrido el pasado verano. La abogada con bufete en Chicago Donna Rotuno, especializada en casos de hombres acusados de abuso sexual, ha sido la encargada de dirigir su defensa. La fiscal ha sido Joan Illuzzi-Orbon, responsable del distrito neoyorquino y con fama de dura.

Estos son algunos de los momentos más relevantes que han marcado el juicio que prendió la mecha del movimiento 'Me Too':

Las supervivientes alzan su voz contra Weinstein

El inicio de juicio quedó marcado por dos protestas que tuvieron lugar en la primera semana del proceso. El primer día, un grupo de unas dos docenas de mujeres sostuvo en silencio carteles con lemas como "Justicia para las supervivientes" y miró fijamente a Weinstein mientras entraba en el juzgado. Poco después de su llegada, el grupo, que se autodenomina "Silence Breakers" (Quienes rompen el silencio), ofreció una rueda de prensa en la acera de enfrente para celebrar que comenzaba la vista oral de la causa.

Pocos días después, otro grupo de mujeres representó en el exterior del juzgado la performance contra la cultura de la violación ideada en Chile 'Un violador en tu camino'. "El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que hemos visto", cantaron en inglés y español. Sus voces pudieron oírse desde dentro de la sala. Los abogados de Weinstein argumentaron que la protesta podía influir sobre los miembros del jurado. El juez respondió que no se oía con claridad y que no sería la única protesta en oírse durante el juicio.

Una modelo que pudo ser parte del jurado

La modelo Gigi Hadid fue una de entre cientos de posibles miembros del jurado que fueron llamados al juicio durante el periodo de selección del jurado. Cuando le preguntaron si conocía al acusado, dijo que se habían visto antes. Dijo también que es amiga de Salma Hayek, una actriz que acusó a Weinstein de abuso sexual. Se sabe que Hadid es amiga de Cara Delevingne, que también ha acusado a Weinstein por acoso.

Cuando el juez preguntó a Hadid si podía ser imparcial durante el juicio, dijo: "Creo que todavía puedo mantener la mente abierta en lo relacionado con los hechos". Se llevó una encuesta para posibles miembros del jurado pero fue descartada cuando volvió a presentarse unos días más tarde. El equipo de defensa de Weinstein argumentó que la aparición de Hadid demostraba que Manhattan tiene demasiada "atmósfera de carnaval" como para celebrar el juicio en ese lugar y pidió que se celebrara en otro lugar, lejos de Nueva York. El juez rechazó la petición.

El juez amenaza con revocar la fianza de Weinstein por utilizar su teléfono en la sala

James Burke, el responsable del caso, un juez conocido por la suavidad de sus formas, reprendió a Weinstein con toda la firmeza por usar su teléfono durante los momentos iniciales de la vista. "¿Es así como quiere acabar en la cárcel el resto de sus días, por enviar mensajes de texto saltándose una orden judicial?", le preguntó Burke al productor

Burke le dijo a Arthur Aidala, uno de los abogados de Weinstein, que anularía la fianza de dos millones de dólares si volvía a ver al acusado usando su teléfono. El equipo de Weinstein argumentaría después que el juez mostró cierta parcialidad al decir que Weinstein acabaría en la cárcel de por vida, ya que eso mostraba que el juez creía que sería condenado. Burke negó rápidamente esa acusación. "Lo que quería hacer era asustarlo lo suficiente como para que no volviera a usar su teléfono".

Un actriz reprodujo el acto de acoso ante el jurado

Annabella Sciorra, la testigo de perfil más alto de entre las seis mujeres que testificaron, fue la primera en hacerlo. Y reprodujo el modo en que Weinstein la levantó y agarró los brazos sobre la cabeza cuando abusó de ella a principios de la década de los 90. "Me cogió las manos y las puso por encima de la cabeza para mantenerlas hacia atrás" explicó mientras reproducía lo que explicaba mirando al jurado. "Después se puso sobre mí y me violó".

Mientras describía lo sucedido, su voz se quebraba y tuvo que secarse los ojos con pañuelos de papel en varias ocasiones. Sciorra lloró de manera evidente cuando le contó al jurado que Weinstein le dijo justo después de eyacular sobre su bata "controlo mis tiempos a la perfección". Tras el incidente, Sciorra dijo que se deprimió y recurrió a la bebida o a provocarse cortes en la piel para anular la sensación de dolor.

Una testigo rompe a llorar en el estrado durante un interrogatorio

Durante la segunda jornada de interrogatorios, una de las principales testigos del proceso rompió a llorar desconsoladamente mientras intentaba leer en alto una carta que le escribió a su novio en la que hablaba de su relación con Weinstein. El juez suspendió la sesión ya que la testigo carecía de consuelo.

Llegados a ese punto, el jurado había visto cómo la testigo se quebraba en varias ocasiones mientras describía la relación que tuvo con Weinstein, a quien describió como un "Jekyll y Hide" –alguien con dos caras, una persona encantadora que podía hacerte sentir bien cuando lo deseaba y hundirte si no te plegabas a sus deseos–.

La testigo alegó que Weinstein la violó dos veces en 2013 y que ambos mantuvieron una relación complicada que en algunos momentos fue de mutuo acuerdo. La defensa de Weinstein argumentó que todos los encuentros sexuales mantenidos fueron voluntarios como demostraba, a su juicio, que la mujer había mantenido relación con él después de los supuestos abusos.

Se mostraron fotos de Weinstein desnudo al jurado a modo de prueba

El juzgado mostró varias pruebas al jurado que no estuvieron disponibles para toda la sala. Se cree que eran fotos de Weinstein desnudo debido a los bocetos realizados por dibujantes presentes durante el juicio. Antes de que el jurado pudiera ver las fotos, la defensa Weinstein trató de evitar que pudieran usarse como prueba argumentando su irrelevancia. Pero se impuso el criterio de la Fiscalía y los miembros del jurado se pasaron las fotos. Algunos sólo echaron un vistazo rápido antes de pasarlos a quienes tuvieran al lado.

Dos testigos dieron detalles íntimos sobre rasgos físicos de Weinstein. Una de ellas, una de las testigos principales, dijo que aparentemente Weinstein tiene una gran cicatriz en el cuerpo. Como si le hubieran quemado. Dijo también que pareciera que no tiene testículos. Otra dijo que tenía muchas cicatrices y que "no vio que hubiera bolas en la bolsa" (en referencia al escroto). Durante su alegato final, la abogada de Weinstein dijo que mostrar las fotos de Weinstein desnudo al jurado fue un intento de "avergonzarlo".

La defensa sacó el vestido que llevaba una de las testigos la noche del ataque

Durante el interrogatorio de Laura Young, Damon Cheronis, uno de los abogados de Weinstein, se puso un par de guantes y sostuvo un vestido blanco de encaje, el mismo que Young aseguraba llevar puesto la noche que Weinstein abusó de ella en 2013. Young argumentó que no había tocado el vestido desde entonces.

La testigo describió al jurado el modo en que Weinstein la atrapó en el baño de una habitación de hotel, le bajó el vestido, agarró uno de sus pechos y se masturbó frente a ella diciendo "esto es lo que todas las actrices hacen para lograrlo".

Por Lauren Aratani - Nueva York

25/02/2020 - 20:53h

Traducido por Alberto Arce.

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«Una falla del pensamiento feminista es creer que la violencia de género es un problema de hombres y mujeres»

Entrevista a Rita Segato, antropóloga e investigadora

 

Rita Segato es doctora en Antropología e investigadora. Es, probablemente, una de las pensadoras feministas más lúcidas de esta época. Y tal vez de todas las épocas. Ha escrito innumerables trabajos a partir de su investigación con violadores en la penitenciaría de Brasilia, como perito antropológico y de género en el histórico juicio de Guatemala en el que se juzgó y condenó por primera vez a miembros del Ejército por los delitos de esclavitud sexual y doméstica contra mujeres mayas de la etnia q’eqchi, y fue convocada a Ciudad Juárez a exponer su interpretación en torno a los cientos de femicidios perpetrados en esa ciudad. Su currículum es largo e impresionante.

Más allá de todo prejuicio escandalizador, Segato ha propuesto una mirada profunda sobre la violencia letal sobre las mujeres, entendiendo a los femicidios como una problemática que trasciende a  los géneros para convertirse en un síntoma, o mejor dicho, en una expresión de una sociedad que necesita de una “pedagogía de la crueldad” para destruir y anular la compasión, la empatía, los vínculos y el arraigo local y comunitario. Es decir todos esos elementos que se convierten en obstáculo en un capitalismo “de rapiña”, que depende de esa pedagogía de la crueldad para aleccionar. Es, en ese sentido, que el ejercicio de la crueldad sobre el cuerpo de las mujeres, pero que también se extiende a crímenes homofóbicos o trans, todas esas violencias “no son otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen a todos los que habitamos ese margen de la política, de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza” (*). En esos cuerpos se escribe el mensaje aleccionador que ese capitalismo patriarcal de alta intensidad necesita imponer a toda la sociedad.

No es tarea sencilla entrevistar a Rita, que es una especie de torbellino, capaz de enlazar con extrema claridad y sutileza los argumentos más complejos. Se toma su tiempo para responder, analiza cada pregunta, la desgrana, profundiza y vuelve a empezar con una vuelta de tuerca sobre cada concepto. Tiene su propio ritmo y seguirlo puede ser un desafío.

—En el marco del alarmante crecimiento de los casos de violencia de género, ¿podría profundizar en el concepto que desarrolló de que la violencia letal sobre la mujer es un síntoma de la sociedad?

—Desigualdad de género, control sobre el cuerpo de la mujer, desde mi perspectiva, hay otras feministas que no coinciden, acompañan la historia de la humanidad. Sólo que, contrariamente a lo que pensamos y a eso que yo llamo prejuicio positivo con relación a la modernidad, imaginamos que la humanidad camina en la dirección contraria. Pero los datos no confirman eso, al contrario, van en aumento. Entonces tenemos que entender cuáles son las circunstancias contextuales e históricas. Una de las dificultades, de las fallas del pensamiento feminista es creer que el problema de la violencia de género es un problema de los hombres y las mujeres. Y en algunos casos, hasta de un hombre y una mujer. Y yo creo que es un síntoma de la historia, de las vicisitudes por la que pasa la sociedad. Y ahí pongo el tema de la precariedad de la vida. La vida se ha vuelto inmensamente precaria, y el hombre, que por su mandato de que por su mandato de masculinidad, tiene la obligación de ser fuerte, de ser el potente, no puede más y tiene muchas dificultades para poder serlo. Y esas dificultades no tienen que ver como dicen por ahí, porque está afectado por el empoderamiento de las mujeres, que es un argumento que se viene utilizando mucho, que las mujeres se han empoderado y que los hombres se han debilitado por ello y por lo tanto reaccionan así… No. Lo que debilita a los hombres, lo que los precariza y los transforma en sujetos impotentes es la falta de empleo, la inseguridad en el empleo cuando lo tienen, la precariedad de todos los vínculos, el desarraigo de varias formas, el desarraigo de un medio comunitario, familiar, local… en fin, el mundo se mueve de una manera que no pueden controlar y los deja en una situación de precariedad, pero no como consecuencia del empoderamiento de las mujeres, sino como una consecuencia de la precarización de la vida, de la economía, de no poder educarse más, leer más, tener acceso a diversas formas de bienestar. Y eso también va en dirección de otra cosa que vengo afirmando: que hay formas de agresión entre varones que son también violencia de género.Yo afirmo que los varones son las primeras víctimas del mandato de masculinidad. Con esto no estoy queriendo decir que son víctimas de las mujeres, y quiero dejarlo bien en claro porque se me ha entendido de una manera equivocada muchas veces. Estoy diciendo que son víctimas de un mandato de masculinidad y una estructura jerárquica como es la estructura de la masculinidad. Son víctimas de otros hombres, no de las mujeres. Y esto también quiero dejarlo en claro, no es que el hombre se volvió impotente porque las mujeres se potencian, sino que se volvió impotente porque la vida se volvió precaria y los deja impotentes.

—Muchas mujeres reciben esta violencia como algo normal. ¿Por qué?

—Por eso, sobre todo en España, al principio, cuando en las primeras campañas por los derechos de la mujer empezaron a aparecer estas mujeres golpeadas en la televisión, fue muy fuerte y causó mucho impacto. Plantear que la violencia doméstica es un crimen creo que fue el mayor avance de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw), es decir, que algo que es una costumbre puede ser un crimen. Es dificilísimo sobre todo en el campo del derecho dar ese paso, porque el derecho es como la santificación de todo lo que es la costumbre como ley. Pero la Cedaw dice: esta costumbre es un crimen, no puede ser transformada en ley. En ese caso de la violencia doméstica, de las violaciones domésticas se ha marchado en el camino de comprender que es un crimen. Ahora, lo que nos da a nosotros una pauta, una luz para entender mejor todo ese tema, es que cuando hay un óbito, cuando aparece un cuerpo, un asesinato de mujer nunca fue natural, ni antes ni ahora ni nunca. Y ahí vemos que hay una dificultad del derecho y del Estado en ganar terreno en este campo. Porque, sin ninguna duda, están en aumentando cada vez los feminicidios, ese verdadero genocidio de mujeres que estamos viviendo, de varias formas. Y eso lo sabemos porque ya hay más de 10 años de estadísticas en la mayor parte de los países.  Y además el avance en lo legal y lo forense respalda esta afirmación.

—Usted plantea que la violación es un acto disciplinador, un crimen de poder. ¿Qué se juega el agresor sexual en esos casos?

—Bueno, ese concepto es de altísima complejidad. Le cuesta mucho a la sociedad comprender a qué apunto. Mucha gente de bien, muy moral, saltó contra esto e intenta rápidamente diferenciarse de ese sujeto que considera anómalo, criminal, inmoral, en fin todo lo malo que se deposita en ese sujeto, en ese chivo expiatorio que es el agresor… y los otros hombres se salvan y dicen yo no soy eso. Yo eso lo pongo bajo un signo de interrogación. Yo creo que aquel último gesto que es un crimen, es producto de una cantidad de gestos menores que están en la vida cotidiana y que no son crímenes, pero son agresiones también. Y que hacen un caldo de cultivo para causar este último grado de agresión que sí está tipificado como crimen… pero que jamás se sucedería si la sociedad no fuera como es. Se sucedería en un psicópata, pero la mayor cantidad de violaciones y de agresiones sexuales a mujeres no son hechas por psicópatas, sino por personas que están en una sociedad que practica la agresión de género de mil formas pero que no podrán nunca ser tipificadas como crímenes. Por eso mi argumento no es un argumento antipunitivista de la forma clásica, en el sentido de que no se debe punir o sentenciar. Sí tiene que haber leyes y sentencias que sólo algunas veces llegan a materializarse. Pero en nuestros países sobre todo, en el mundo entero, pero especialmente en América Latina, de todos los ataques contra la vida, no solamente los de género sino de todos en general, los que llegan a una sentencia son una proporción mínima.  La eficacia material del derecho es ficcional, es un sistema de creencias, creemos que el derecho lleva a una condena. Pero claro que tiene que existir, el derecho, todo el sistema legal, el justo proceso y la punición. Lo que yo digo es que la punición, la sentencia no va a resolver el problema, porque el problema se resuelve allá abajo, donde está la gran cantidad de agresiones que no son crímenes, pero que van formando la normalidad de la agresión. Ninguno tomaría ese camino si no existiera ese caldo de cultivo.

—¿Y por qué algunos hombres toman ese camino y otros no? Porque si es un problema social ¿no afectaría a todos por igual?

—Y bueno, porque somos todos diferentes… yo no te puedo responder eso. Lo que sí te puedo asegurar es que los índices serían muchos menores si atacáramos la base, o sea, el hábito, las prácticas habituales. Tampoco hablo de una cultura de la violación, porque se habla mucho de eso, sobre todo en Brasil. Se habla mucho de una cultura violadora. Está bien, pero cuidado con la culturalización, porque el culturalismo, en el abordaje de estos temas, le da un marco de «normalidad», de costumbre. Como se hace con el racismo por ejemplo… es una costumbre. Yo tengo mucho miedo a esas palabras que terminan normalizando estas cuestiones.

—En relación a este tema, sobre que la violación es un crimen de poder, disciplinador, eso ¿se juega de la misma manera en el caso de los abusos de menores? Ya que generalmente los niños son abusados en su mayoría en las relaciones intrafamiliares o por integrantes de sus círculos cercanos, ¿se puede hacer una misma lectura o es distinto el análisis? 

—Yo creo que es un análisis distinto, porque ahí si entra la libido de una forma en que yo no creo que entra en las violaciones de mujeres. Yo no he investigado mucho ese tema, lo que sí puedo decir al respecto es que el agresor, el violador, el asediador en la casa lo hace porque puede. Porque también existe una idea de la paternidad que proviene de una genealogía muy antigua, que es el pater familias, como es en el Derecho Romano, que no era como lo concebimos hoy, como un padre, una relación parental. Sino que el padre era el propietario de la mujer, de los hijos y de los esclavos, todos en el mismo nivel. Entonces eso que ya no es más así, pero que en la genealogía de la familia, como la entendemos, persiste… la familia occidental, no la familia indígena. Pero sí la familia occidental, que tiene por debajo en sus orígenes la idea de la dueñidad del padre. Entonces, eso aun está muy patente. Tengo estudiantes que han trabajado este tema. Por ejemplo, el caso de un pastor evangélico que violaba a todas sus hijas, y lo que sale de ese estudio es que el hombre, en su interpretación, era dueño de esos cuerpos. Eso es algo que no está más en la ley, pero sí en la costumbre. Y el violador también es alguien que tiene que mostrarse dueño, en control de los cuerpos. Entonces el violador doméstico es alguien que accede a esos cuerpos porque considera que le pertenecen. Y el violador de calle es alguien que tiene que demostrar a sus pares, a los otros, a sus compinches, que es capaz. Son variantes de lo mismo, que es la posesión masculina como dueña, como necesariamente potente, como dueño de la vida.

—En su experiencia, ¿el violador se puede recuperar de alguna forma, con la cárcel o con algún tratamiento?

—Nunca vi un trabajo de reflexión, no lo podemos saber porque el trabajo que debemos hacer en la sociedad que es primero entender y luego reflexionar nunca fue hecho. Sólo después de hacer el trabajo que está pendiente todavía de hacer en el sistema penitenciario, podemos llegar a ese punto. No hay elementos suficientes. No estoy hablando de psicópatas. Porque, a diferencia de lo que dicen los diarios, la mayor parte de las agresiones sexuales no son perpetradas por psicópatas. Los mayores perpetradores son sujetos ansiosos por demostrar que son hombres. Si no se comprende qué papel tiene la violación y la masacre de mujeres en el mundo actual, no vamos a encontrar soluciones.

Quedan pendientes tantos temas… hablar, por ejemplo, sobre el papel de los medios que, según sus propias palabras, colaboran con exhibir públicamente la agresión a las mujeres hasta el hartazgo, haciendo de la victimización de las mujeres un espectáculo de fin de tarde o después de misa, reproduciendo hasta el hartazgo los detalles más morbosos y funcionando así como el «brazo ideológico de la estrategia de la crueldad»….  Esos y tantos otros. Será en otra oportunidad. La estaremos esperando.

Por Alejandra Ojeda Garnero | 26/02/2020 | 

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El antifeminismo de Mujica y los silencios de las izquierdas

El semanario Voces publicó el 19 de diciembre una larga entrevista al ex presidente José Mujica, en la que vierte críticas despectivas hacia las mujeres y las sexualidades disidentes. En su opinión, el feminismo es “inútil” y la agenda de derechos “es una expresión de la estupidez humana”, frase que encabeza la portada del semanario.

Siguiendo el hilo de la entrevista, Mujica repasa muchos aspectos de la realidad mundial y regional, pero cuando se le pregunta por los migrantes negros, responde: “No somos racistas pero mejor que estén lejos”. Luego menciona la agenda de derechos para detenerse en su crítica al feminismo.

“Es bastante inútil el feminismo, porque creo que el machismo es un hecho y que la agenda de derechos de la equiparación es inobjetable. Pero la estridencia también termina jodiendo a la causa de la mujer, porque crea una antípoda quejosa. Excita lo reaccionario de la propia sociedad, que está ahí. Ahí te salen los Maninis y los otros”, señala en referencia al líder de Cabildo Abierto que cosechó el 11% de los votos y movió el tablero de la política uruguaya al posicionarse en la ultraderecha.

Mujica agrega dos conceptos más. “Me resisto a que el feminismo pueda sustituir a la lucha de clases”, es la primera. La segunda dice: “La mujer siempre es una madre. Y nosotros andamos por el mundo siempre precisando una, porque, si no, no sabés dónde tenés la camisa”.

Se sabe desde siempre que Mujica profesa ideas conservadoras, no sólo en la cuestión de género y de los colectivos LGBTT, sino también en materia económica y ambiental (“hay que hacerle un monumento a la soja”, dijo cuando era presidente). Debe reconocerse que tiene el valor de decir lo que piensa de las feministas y cabe destacar que no vetó leyes sobre derechos como hizo Tabaré Vázquez con la ley de aborto en su primer gobierno.

Sin embargo, la forma como expresó sus diferencias y cómo valora el papel de las mujeres en la sociedad, merecen la censura por apuntalar la discriminación y la violencia. En particular, cuando se refiere a la senadora Constanza Moreira como “burra”. El grupo Mujeres al Frente consideró que sus expresiones se enmarcan en “violencia política” y señaló que el partido “no puede mirar para el costado cuando se suscitan estas violencias, vengan de quien vengan”.

Una de las afirmaciones más censurables de Mujica, consiste en culpar a las mujeres del ascenso de la ultraderecha. Dice que sus demandas excitan lo que ha de reaccionario en nuestras sociedades. De ese modo, sintoniza con una idea consistente en no protestar, no elevar demandas, como forma de evitar que la nueva derecha crezca. Por ese camino, nunca se hubiera conseguido nada para los trabajadores.

Pero si siguiéramos la lógica de Mujica, que deduce que el crecimiento de la ultraderecha se debe a la “estridencia” del feminismo (como si ese crecimiento no tuviera relación con el avance del extractivismo), podríamos decir que de forma indirecta sus declaraciones favorecen o encubren los feminicidios; cosa que por cierto no pienso.

Pero creo, como él mismo lo dice, que sus argumentos tienen un punto de anclaje que es necesario desnudar: la lucha por el poder estatal. Le molestan el feminismo y la agenda de derechos, porque provocan un ascenso de la derecha, sin reflexionar sobre la justicia de tales demandas o las razones de fondo de la mentada “estridencia” de las mujeres.

La segunda cuestión irritante es su visión simplista que dice: o lucha de clases o lucha feminista, estableciendo una jerarquía que siempre perjudica a las y los oprimidos, sean mujeres, gays, lesbianas, indígenas o negros. Establecer jerarquías entre las diversas opresiones es tanto como remachar la subordinación de los más débiles, las personas y sectores sociales que no ocupan el centro de la escena política.

La tercera es el lugar de madre que otorga a la mujer. Pensaba que este tipo de razonamiento había sido desplazado del mundo de las izquierdas, luego de más de medio siglo de feminismo. Sin embargo, Mujica conecta con las ideas y actitudes más retrogradas en nuestras sociedades, las que enarbola la derecha conservadora, a la que le ofrece argumentos desde una supuesta izquierda.

La cuarta cuestión es probablemente la más importante. Hubiera esperado reacciones fuertes de la izquierda, entre ellas las de quienes criticaron con extrema dureza a la feminista y antropóloga argentina Rita Segato, por sus opiniones críticas hacia Evo Morales. Sin embargo, pasan los días y se registraron sólo reacciones puntuales dentro de Uruguay, lo que configura un panorama que contrasta vivamente con los ataques sufridos por Segato.

Encuentro dos razones para explicar los silencios de hoy, como la batahola de ayer. Una es el “mandato de masculinidad” que Segato denuncia desde hace ya mucho tiempo. Los varones estamos ante un desafío mayor: desmontar el papel asignado por el sistema, que obliga al hombre a exhibir su potencia masculina para que lo consideren merecedor de ese lugar. En suma, “ser hombre=ser macho”.

Es evidente que la mayor parte de la izquierda, sobre todo la más “radical” (en Uruguay la corriente tupamara), no ha avanzado en una dirección emancipatoria. Prueba de ello es que sólo Jorge Zabalza, entre los principales referentes de esa corriente, ha declarado explícitamente su apoyo a las feministas. Los dirigentes del partido de Mujica (el MPP) están haciendo honor al “mandato de masculinidad” al mantener riguroso silencio sobre sus declaraciones.

Pero hay otro elemento que me parece más grave aún. El pragmatismo está haciendo estragos ya que inhibe el debate franco y abierto, como ya sucedió respecto a Evo Morales, cuando le gritería sustituyó los intercambios de ideas. Lo que predomina es una cultura política de apoyo incondicional a caudillos o, por el contrario, la crítica feroz a esos mismos caudillos. Pero en ambos casos sin debatir sobre qué tipo de sociedad queremos, ni sobre qué tipo de activistas necesitamos.

Por Raúl Zibechi

23 diciembre 2019 0

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Miércoles, 21 Agosto 2019 05:53

Terrorismo y masculinidad

Terrorismo y masculinidad

M. sale de casa, todo está listo, la adrenalina bulle, no hay marcha atrás. Las armas cargadas, el plan bien meditado: llegó el momento. 

M. está frente a la pantalla del ordenador, navega por el foro donde ha pasado tantas horas en los últimos tiempos. En este espacio ha leído y visto muchas cosas. Cosas en las que reconocerse, cosas para exaltarse, cosas que reafirman lo injusto e inmenso de la afrenta cometida contra su persona y el nosotros al que pertenece, cosas que calman su dolor, avalan su rabia y le señalan un camino.

No es la primera vez que M. escribe un mensaje en este foro, pero esta es la definitiva, la que dejará huella. Porque lo de M. ya no es un mensaje, inane palabrería sin consecuencias, es un manifiesto, un comunicado, cosas que no escribe cualquiera, sólo la gente grande, esa que está dispuesta a hacer lo que se tiene que hacer, cuyas acciones trascenderán.

M.. sale de casa, todo está listo, la adrenalina bulle, no hay marcha atrás. Las armas cargadas, el plan bien meditado: llegó el momento. M. no es cobarde, tiene las agallas para pasar a la acción y va a demostrarlo. “¡Se van a cagar esos hijos de puta!” —se dice apretando la mandíbula.

Llega a su objetivo, se siente fuerte, trascendente, empieza a disparar. Ha fantaseado muchas veces con este momento. No le faltan referentes en el cine o en los videojuegos. Su mente se llena fácilmente de imágenes de violencia y muerte. Pero hoy es diferente, todo es real y M. es quien lo hace posible. Tiene el poder, ya han caído varios cuerpos. Los llantos y gritos de terror alimentan su adrenalina y su pulsión de destrucción. En unas horas, los medios de comunicación difundirán la gesta de M. las manchas de sangre en el suelo, las caras aterradas de sus víctimas.

¿Quién será M.? ¿Un islamista que quiere vengar la humillación del los musulmanes del mundo sembrando el terror contra civiles occidentales para que tiemblen esas grandes potencias infieles y enemigas? ¿será M. simpatizante del supremacismo blanco, habrá salido a la palestra para defender a su pueblo de esos bárbaros islámicos, de la invasión latina? ¿De qué hablará su manifiesto? ¿De la yihad? ¿De Soros y el gran reemplazo? ¿serán sus víctimas turistas europeos, musulmanes en una mezquita o un mercado, personas LGTBIQ en una discoteca, latinos que hacían la compra, jóvenes socialistas en un campamento? Todas estas opciones son posibles.

Y M., a quien hasta ahora no hemos asignado un género, ¿será un hombre o una mujer?

El terrorismo ocupa un lugar central en la agenda global, genera una parte importante de los titulares que aparecen en los diarios, es uno de los principales fantasmas que acechan el futuro y el presente, habita los programas y arengas partidarias. Se recurre a los miedos que espolea para hacer políticas represoras y liberticidas. A veces se emplea para descalificar luchas justas contra la opresión. Otras se enarbola para descalificar al oponente político acusándole de inacción e incapacidad o directa complicidad.

En la historia reciente, los denominados grupos terroristas se alterizaron en gran medida. Desactivadas las brigadas Rojas y el IRA , ETA o la alemana Baader-Meinhof, los terroristas comenzaron a encarnar cada vez más un otro amenazador, un fundamentalista dispuesto a desplegar todo su exótico fanatismo en forma de muerte y destrucción.

Ahora discutimos por qué los actos criminales si son cometidos por alguien que se ajuste a este patrón alterizado, son identificados como atentados, mientras que, cuando la masacre es perpetrada por una persona blanca es definida como un tiroteo o ataque. ¿Por qué en lo que unos es fanatismo religioso, en los otros es desorden mental e innadaptación? Esta perspectiva es necesaria y urgente en términos antirracistas y antifascistas. Pero de lo que mucha menos gente habla es de por qué, sea supremacista, fundamentalista árabe o cerril antisemita, lo más probable es que M. sea un maromo.

La estudiosa de las masculinidades R.W. Connell ha desarrollado la idea de masculinidad hegemónica como una forma de organización social (relacional, dinámica y en disputa) que no solo tiene que ver con la dominación patriarcal sobre las mujeres sino que establece jerarquías entre los hombres. En grandes rasgos en lo más alto de las relaciones de poder entre géneros están los hombres blancos heterosexuales y un repertorio de cualidades que tienen que ver con la valentía, el poder, la autoridad, la fuerza, la ausencia de debilidad o características asociadas a lo femenino.

En esta situación relacional, Connell apunta que dado que sólo hay una pequeña cantidad de hombres que ocupan esa posición hegemónica el sistema debe por fuerza sostenerse sobre un grupo mucho más amplio, hombres que sin estar arriba apoyan esta estructura y aspiran a ascender en ella: se trata de la masculinidad cómplice. También habla la autora de la masculinidad marginal, aquellos a quienes les es negada la posibilidad de ejercer esta masculinidad por razones de clase, de raza, de orientación sexual o una mezcla de todos ellas.

La violencia puede llegar a ser una forma de exigir o afirmar la masculinidad en luchas de grupo, dice Connell. U operar, añade, como una afirmación de la masculinidad marginada frente a otros hombres. Así, en lo que se ha llamado crisis de la masculinidad —Connell prefiere definirla como una crisis en el orden de género— la masculinidad cómplice se siente frágil y atacada, el recurso a la violencia es una forma de canalizar este malestar.

El terrorismo Incel, la violencia de aquellos hombres que prácticamente admiten que es su exclusión de la masculinidad hegemónica e incapacidad de obtener sus privilegios en forma de sexo y relaciones con las mujeres la que les impulsa a matar, es sólo el ejemplo más evidente de esto. Si usamos el concepto de violencia expresiva del que habla Rita Segato en referencia a la guerra contra las mujeres, es decir, la violencia no con una función instrumental sino con un fin comunicativo —un decir algo a los otros hombres, una afirmación de masculinidad hacia quienes al día siguiente con M. muerto o prisionero, comentarán la gesta entre sí o en los foros y fantasearán con emularle— podemos ver bajo otra luz estos actos de terrorismo.

Nadie afirma aquí que todos los hombres sean violentos, o que no haya una parte importante de estos que —consciente o inconscientemente— desafíen esa masculinidad hegemónica, y por supuesto, nadie apunta a una disposición latente en cada hombre hacia el terrorismo. Obviamente, hay muchos más hombres víctimas de atentados y ataques que victimarios. Pero todo esto no está reñido con el hecho de que la gran mayoría de terroristas son varones.

No hay lucha entonces contra la violencia en general, y por ello, tampoco la hay contra el terrorismo que no pase por poner la masculinidad bajo el foco, abrirla en canal y pensar ya de qué modos vamos a desactivar los mecanismos de esa bomba sensible a la frustración, la sensación de humillación e impotencia, que hace que M. pase su vida vertiendo su odio en foros, y siembre la muerte tras armarse hasta los dientes convencido de estar haciendo lo justo y lo necesario. Un terrorismo líquido y narcisista cuyos objetivos no parecen ir mucho más allá de saciar su propia pulsión de destrucción y reivindicarse a uno mismo como hombre.

 

Por Sarah Babiker


publicado

2019-08-20 15:13

Publicado enCultura
Sábado, 20 Julio 2019 06:06

Puerto Rico: El otro huracán

Puerto Rico: El otro huracán

Protestas, quinto día. Quiso el azar que viviera este episodio histórico. Todavía siguen sumando participantes, en lo que se estima la marcha más grande en la historia de Puerto Rico, con unas 500 000 personas, indica la prensa local. Varias veces más que la cifra de la legendaria protesta contra la presencia de la Marina de Guerra de los EUA, del año 2000, a favor de la paz de la pequeña isla de Vieques.

Mientras el pueblo exige la renuncia del Gobernador Ricardo Rosselló, el Centro de Periodismo Investigativo (CPI), revela el entramado de la red multimillonaria de corrupción, a niveles insospechados, entre el mandatario y su círculo íntimo de allegados.

El patrón inmoral de los gobiernos de Puerto Rico, desató la repulsa popular, por haberse manifestado tras el devastador huracán María de septiembre de 2017. Demasiado reciente la muerte por abandono de 4 645 personas, el total desahucio de los habitantes de la isla y la emigración compulsada por el desastre, de unas 200 mil personas por falta de los servicios básicos, trabajo y vivienda, no recuperados hoy en su totalidad.

Dolor e impotencia para quienes aún lloran a sus muertos. Una afrenta para la gran mayoría al leer -la semana pasada- fragmentos revelados sobre un chat de Telegram entre el mandatario y sus acólitos. Un chat que forma parte de una vendeta entre ellos, contentivo de expresiones misóginas, sexistas, homofóbicas, machistas, contra personas en específico y situaciones que vive el pueblo. Incluyendo a “los muertos de María”, para quienes tenían dispuestos a sus cuervos, dicho con esas palabras.

Al publicar en su totalidad, las 889 páginas del chat, detonó el descontento. Otro huracán, otro velo descorrido como el de María. Queda así al descubierto, el verdadero carácter de quienes dirigen la isla desde La Fortaleza y el Capitolio de Puerto Rico y es, quizá, sólo la punta del iceberg. Ahora comienzan las investigaciones acerca de la venta de influencias, contrataciones y obtención de beneficios en el Gobierno, en medio de la peor crisis fiscal de su historia con una Junta de Control impuesta. Son los acreedores cobrándole al pueblo por la corrupción gubernamental. Las operaciones comunes -en el marco de una manera ilícita de gobernar- implican “plantar personal interno y contratistas externos en puestos clave de asesoría y comunicaciones en las agencias públicas, para controlar la información. Compartir datos privilegiados sobre contrataciones de gobierno para beneficiar a clientes privados a cambio de comisiones y pagos”, indica el CPI.

La marcha más grande del quinto día de protestas, convocada por los artistas para pedirle la renuncia al gobernador Ricardo Rosselló, terminó con encontronazos entre la Policía y los manifestantes. Criminalizados a través de la historia, “los cuatro gatos” de todas las marchas, se convirtieron en miles. Fue necesario plantar agitadores, denuncian participantes en la marcha, desde sus cuentas en las redes sociales. Los “encubiertos” que están en medio de la expresión de rabia incontenida e inmadura, de algunos manifestantes, pudieron provocar la revuelta que ha sido disipada por la policía con gases lacrimógenos, disparos de balas de goma y arrestos. Mientras tanto un equipo élite de SWAT (en inglés: Special Weapons And Tactics, Armas y Tácticas Especiales) salvaguarda al Gobernador, para cualquier disposición sobre su persona.

Mientras aún sucedían los enfrentamientos, alrededor de la una de la mañana, unos cuatro mil motociclistas entraron en caravana hasta La Fortaleza. Convocados por el ambientalista «Rey Charlie» y animados por la canción “Preciosa”, llegaron, tras pasar por varios residenciales públicos de la capital, donde la gente salió a vitorearlos. A este grupo se sumó el artista urbano René Pérez, Residente. «Si él se cree que esto se va a quedar aquí cuando yo me vaya o cuando cualquier otro artista se vaya, nosotros vamos hablar. Lo que hizo a Ricky Roselló, de burlarse de su familia, de burlarse de todo. Lo corrupto que es, todo el equipo de trabajo que estaban robando y lavando dinero, lo que pasó con el huracán María y la insensibilidad. No es solo por el chat, es el trato y el ejemplo que nosotros como puertorriqueños no podemos dar, de que cualquier gobierno venga a deshacer, el pueblo no quiere que esté y ellos se quedan».

La televisión informó, que los participantes de la caravana de motociclistas, lograron negociar para que apartaran los autos de la policía que en estricto control, impedía su paso, ante el reclamo popular. René Pérez, junto a Ricky Martin, Bad Bunny, Tommy Torres, Karla Monroig y Benicio del Toro, entre otros artistas, hablaron a los manifestantes en horas de la tarde y la noche frente al Capitolio, incitándolos a marchar y a exigir la renuncia de Rosselló.

Ricky Martin: “No saben que somos semillas. Los cadáveres de los que se mofaron, y de nosotros de toda la isla. Por eso estamos aquí hoy. Esos supuestos líderes no nos representan. Somos un pueblo grande, nos levantamos todos los días. Los líderes son tan mierdas que no podemos caer en eso. Más de cuatro mil muertos están con nosotros. Gracias por estar aquí, Puerto Rico”.

Rene Pérez, Residente: “Esas banderas arriba para que todos los vean, hoy estamos acá unidos por una bandera. Somos todo un pueblo unido contra la corrupción y Ricky Roselló. Tenemos que mantenernos luchando todos los días. Tenemos que darles el ejemplo que los sacamos pal carajo. Es una falta de respeto a todas las comunidades, a la gente de Puerto Rico, a quienes fallecieron durante el huracán María. Tenemos que defendernos. Que nos respeten como país, estamos haciendo historia. Puerto Rico siempre ha estado de pie. No podemos dejar de manifestarnos”.

Desde varias partes del mundo, Puerto Rico ha sido objeto de apoyo solidario de sus emigrados. En Estados Unidos, España, Ecuador, Holanda, Eslovenia, Sudamérica y otros países europeos, se unieron a la petición de renuncia al gobernador. Algo inédito fue la petición de un grupo de soldados boricuas, desde las filas de Ejército Norteamericano, quienes se exponen a suspensión por usar sus uniformes en la manifestación.

El mandatario norteamericano, “Donald Trump barre el piso con gobierno de Puerto Rico – comenta así Jay Fonseca, un afamado periodista puertorriqueño de la televisión-, vean esto, critica los fondos dados a Puerto Rico y que el Congreso no nos debió dar todos esos fondos. Eso sí es violencia, quedarse en la gobernación sabiendo que cada minuto que sigue allí afecta los fondos que llegan a la Isla tras los arrestos en ASES- Administración de Seguros de Salud- y Educación que afectan a los más vulnerables directamente”.

Unido a este desgobierno, se suma la insuficiente respuesta de la administración de los Estados Unidos. Causa ¿subyacente? de la condición colonial de Puerto Rico.

Puerto Rico no es soberana, ni se integra plenamente en los Estados Unidos. Desde 1898 ha permanecido como un «territorio no-incorporado», “parte de, pero no pertenece a”. Son ciudadanos norteamericanos elegibles para el reclutamiento desde 1917, pero no gozan de los mismos derechos políticos que los estadounidenses.

El índice de pobreza en Puerto Rico duplica al de Mississippi, el estado más pobre de los Estados Unidos. Expuestos a la opinión pública tras los fuertes vientos del Huracán María, mostraron al mundo al 56 por ciento de sus niños, que viven en las islas por debajo de la línea de miseria, comparado con el nivel federal. También por eso, la protesta es su Extremaunción y se puede administrar más de una vez, siempre que el enfermo se encuentre grave. Se avecinan días intensos, dicen todos por aquí.

19 julio 2019

Publicado enInternacional
"No me puedo creer que una película sobre la menstruación haya ganado un Oscar"

Rayka Zehtabchi y Melissa Berton ganan el Oscar a Mejor Corto documental con una película contra el estigma de la menstruación en una comunidad de mujeres de la India

"No lloro por la regla, ¿eh?. ¡Es que no me creo que una película sobre la menstruación acaba de llevarse un Oscar!", ha exclamado la realizadora Rayka Zehtabchi tras recoger el premio a Mejor Cortometraje Documental en la 91 Edición de los Premios Oscars.


"Gracias a Netflix por darnos una plataforma en la que poder exhibir este corto. Gracias a mi madre y a mi hermana: estáis empoderando a mujeres de todo el mundo para que luchen por la igualdad", ha defendido la realizadora en uno de los discursos más comprometidos de la gala.


"Gracias a todas las mujeres que quisieron marcar la diferencia, sin ellas no estaríamos aquí", ha dicho la productora del film, Melissa Berton. "El período debería ser un punto importante, pero no un punto final en la educación de ninguna mujer".


Period. End of Sentence. nos traslada a un pueblo rural de Delhi -India-, en el que las mujeres han comenzado una revolución pacífica. Luchan contra el estigma de la menstruación. Durante generaciones, las mujeres no han tenido acceso a productos sanitarios de primera necesidad, viéndose obligadas en muchos casos a abandonar sus funciones o incluso los colegios en los que estaban estudiando. Sin embargo, un día una compañía instala en el pueblo una máquina dispensadora de compresas que les permite crear sus propios productos.

 

eldiarioes cultura
25/02/2019 - 04:05h

Publicado enCultura
Ortega acusa de golpistas a los impulsores de una marcha contra el machismo

El Gobierno nicaragüense despliega un fuerte dispositivo de seguridad en Managua para evitar la manifestación contra la violencia de género 

 

La Policía Nacional de Nicaragua prohibió la organización de una manifestación prevista para el domingo, en conmemoración del Día Internacional de la Violencia Contra las Mujeres, porque sus organizadores “están siendo investigados” por supuestamente organizar un “fallido intento de golpe de Estado” contra el presidente Daniel Ortega, en referencia a las protestas que desde abril exigen el fin del mandato del sandinista, que ha gobernado durante más de once años este país centroamericano.


La manifestación fue convocada por organizaciones de mujeres que forman la llamada Articulación Feminista y estaba apoyada por la Unidad Nacional Azul y Blanco, agrupación que reúne a más de 40 organismos opositores al régimen, entre ellas la Alianza Cívica, encargada de negociar una salida a la crisis política. Un grupo de personas se había presentado el jueves en la sede de la Policía Nacional para exigir el permiso a la manifestación, pero ningún funcionario de la institución quiso firmar el documento.


Las mujeres dijeron que con o sin permiso marcharían el domingo, pero desde la tarde del jueves el Gobierno ordenó desplegar un fuerte dispositivo de seguridad en toda la capital, con retenes policiales en las principales arterias, que detenían y revisaban automóviles, mientras que caravanas de antidisturbios patrullaban las zonas neurálgicas de una Managua convertida prácticamente en una ciudad sitiada. “A las 9 p.m. Managua es una ciudad fantasma y andar en la calle te dispara la adrenalina: retenes policiales en Carretera a Masaya, primera entrada de Las Colinas (barrio residencial) y rotonda Jean Paul Genie. Gracias a Dios llegué bien a mi casa”, escribía Katy, una capitalina, en Twitter, en un mensaje que demuestra la tensión en la que viven los habitantes de esta ciudad.


Los oficiales antidisturbios también fueron desplegados en el punto donde estaba previsto el inicio de la marcha y a lo largo de la céntrica Carretera a Masaya, que ha sido el escenario donde durante siete meses han marchado decenas de miles de nicaragüenses que exigen el fin del régimen. También fueron movilizados a la sede del Canal 100% Noticias, uno de los medios más críticos con el Gobierno y que ha sido sacado en varias ocasiones de la televisión abierta por informar de forma ininterrumpida de los ataques a las marchas opositoras por huestes leales al Ejecutivo de Ortega.


“No es la Policía la que debe decir si marchamos o no. Al solicitar el permiso cumplimos con un trámite, por las arbitrariedades que ha venido planteando la Policía”, dijo a EL PAÍS Ana Quirós, integrante de la Articulación Feminista. “La Constitución es muy clara y establece que tenemos derecho a manifestarnos, nos da plena libertad para hacerlo. La Constitución está por encima de cualquier ley, de cualquier normativa”, agregó la líder feminista.


El Gobierno de Ortega informó a finales de septiembre a través de un comunicado emitido por la Policía Nacional sobre la prohibición de las protestas en Nicaragua. Y amenazaba con enjuiciar a quienes organizaran nuevas manifestaciones. Para las autoridades las protestas son “ilegales” y una amenaza a la paz y la seguridad. En los últimos meses, la violencia se ha cobrado la vida de 326 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. La mayoría de ellos eran civiles que murieron por la represión desatada desde el Estado. El Ejecutivo sandinista, sin embargo, solo reconoce 198 muertos y hace especial hincapié a través de los medios ligados al Gobierno de que 22 de esas víctimas eran policías.


En su comunicado del viernes para prohibir la marcha de las mujeres la Policía afirma que “no autoriza ni autorizará” movilizaciones públicas “a personas, asociaciones o movimientos que participaron y están siendo investigados por sus acciones en el fallido intento de golpe de Estado” contra el Gobierno de Ortega. Ana María Tello, jefa de misión de CIDH en Managua, dijo a los medios que algunas de las personas que habían solicitado el permiso para la marcha fueron “visitadas” luego por agentes de la Policía, mientras que otras sufrieron “hostigamiento e intimidación” en sus domicilios. Tello dijo que también había fuerte despliegue policial en el norte y centro de Nicaragua. “Lo vemos con mucha preocupación. Esto violenta los derechos humanos, es un impedimento a la manifestación pública, a la protesta pacífica”, afirmó.


Las agrupaciones feministas dijeron que insistirán en obtener el permiso para la manifestación, denominada “Por una Nicaragua libre de violencia”, con la que pretenden recordar a las 54 mujeres asesinadas en el país hasta noviembre por la violencia machista, pero también a los muertos en el contexto de la crisis que cumplió siete meses sin que haya voluntad política del Gobierno para encontrar una salida negociada. La feminista Quirós pidió a los nicaragüenses que se vistan el domingo de negro y que usen pañuelos color violeta como símbolo de resistencia y protesta.

Por Carlos Salinas
Managua 23 NOV 2018 - 16:46 COT

 

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