Martes, 29 Diciembre 2020 06:58

Origen de Covid-19 y fondos del Pentágono

Origen de Covid-19 y fondos del Pentágono

Una poderosa ONG internacional llamada EcoHealth Alliance (Alianza por la EcoSalud) ha tenido un papel clave durante la pandemia para modelar la narrativa sobre los orígenes y el posible futuro de esta y otras pandemias, tanto a la prensa como en Naciones Unidas. En particular para denostar cualquier hipótesis que cuestione el origen totalmente “natural” del virus de Covid-19.  No obstante, en julio de este año, el centro de investigación independiente Bio Science Resource , mostró que esa ONG ha canalizado más de 10 millones de dólares de fondos públicos de Estados Unidos al Instituto de Virología de Wuhan (IVW), China, justamente para modificar genéticamente virus de murciélago, en especial el SARS-CoV.

Esto sucedió además en el período en que Estados Unidos prohibió este tipo de investigación en su territorio, por los riesgos que implica.  Pero en su típica doble moral, el gobierno de Estados Unidos aprobó fondos para continuar la misma línea de trabajo en otros países, como China. Estos son los fondos que canalizaba la EcoHealth Alliance para el IVW.

Ahora, un nuevo reporte de investigación del periodista Sam Husseini publicado el 16 de diciembre de 2020 en el  portal Independent Science News, revela que la EcoHealth Alliance recibió además cerca de 40 millones de dólares del Pentágono y otras fuentes militares y públicas de Estados Unidos, datos que ha intentado ocultar.

El tema es grave porque sugiere que se estarían usando estos fondos para desarrollar armas biológicas u otros instrumentos o estrategias de interés militar.  Los fondos militares serían para “biodefensa”, es decir supuestamente para prepararse ante un ataque biológico, por ejemplo con virus infecciosos. La diferencia entre “defensa” y “ataque” en esta área es cuestión de palabras. Bajo el título biodefensa, se hace manipulación genética de microorganismos, entre otras cosas para aumentar su capacidad patogénica, supuestamente para poder prever la defensa generando antídotos, si otros las usaran en un ataque terrorista. En la práctica, la investigación es la misma, solamente cambia el título que se le da al fin expreso de uso de esos organismos ¿son bioarmas o armas para biodefensa?

Hay varios científicos de sólida trayectoria, que proponen estudiar la hipótesis de que el virus causante de la actual pandemia haya sido un escape de laboratorio, justamente a partir del proyecto de investigación del laboratorio de la Dra. Shi Zhengli del Instituto de Virología de Wuhan, en el proyecto de colaboración y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (en particular el que preside Anthony Fauci), canalizado por la EcoHealth Alliance.  Expliqué los argumentos de esta hipótesis en ese sentido en un artículo anterior.

A más de un año del inicio de la pandemia de Covid-19, aún no están claros los orígenes del SARS-CoV2, ni como llegó a contagiar a humanos. Eso no es opinión, todos los científicos reconocen el hecho. 

No obstante, la EcoHealth Alliance, a través de su presidente Peter Daszak, defiende enfáticamente que el SARS-CoV-2 (el virus que causa Covid-19) tiene origen natural – e insiste que todas las otras hipótesis no merecen ser analizadas ni investigadas. Daszak insiste particularmente en que no se debe investigar si fue o no una construcción de laboratorio, como demanda, entre otros científicos, el Premio Nobel de Medicina francés Luc Montagnier.

Daszak tiene un fuerte conflicto de interés en el tema, ya que la institución que preside canalizó los fondos públicos –¿y militares?– al laboratorio chino en Wuhan, para la modificación genética del SARS-CoV-2, justamente para “aumentar su función” de contagio a humanos (gain-of-function), que era lo que estaba suspendido en Estados Unidos.

Por ello, Daszak ha buscado que otros científicos se pronunciaran en el mismo sentido, para no quedar tan evidente y desacreditar a quienes pedían mayor investigación sobre las actividades de manipulación de virus en Wuhan.

Así se pronunciaron 27 científicos y científicas en febrero de 2020, en un comunicado en la revista The Lancet.  Posteriormente, la organización US Right to Know reveló (luego de acceder a correos electrónicos de la EcoHealth Alliance liberados a través de solicitudes de libertad de acceso a información pública), que Daszak es quien orquestó este texto, afirmando que los que pedían más información sobre el posible origen no natural del Covid-19 no eran más que teorías de conspiración.

Pese a ello y ante la incertidumbre sobre los orígenes del virus, tanto la Organización Mundial de la Salud como The Lancet formaron comisiones de investigación sobre los orígenes de Covid-19, para solicitar a China y al Instituto de Virología de Wuhan acceso a sus expedientes sobre el origen del SARS-CoV-2.

Entre otras cosas, China confirmó en noviembre de 2020 que el virus del cual procedería el que provocó la pandemia actual, se encontró en una mina en Yunnan desde 2012 y que el Instituto de Virología de Wuhan recogió muestras de éste en 2012 y 2013. Eso ya lo habían expuesto los científicos Jonathan Latham y Alice Wilson, y es una de las líneas de investigación que Daszak pretendió desacreditar.

Las comisiones de investigación de OMS y The Lancet podrían ser un desarrollo interesante, ya que si no hay nada que ocultar o las hipótesis no son correctas, las comisiones independientes lo podrían comprobar. El grave problema, como reporta Sam Husseini,  es que Peter Daszak integra ambas comisiones, incluso preside la comisión de The Lancet, por lo que parece que más bien se trata de otra jugada para no permitir la transparencia de lo que realmente sucedió con el proyecto estadounidense de manipulación de virus de murciélago en Wuhan. Claramente, Daszak debe ser considerado parte de los actores principales a investigar, no integrar las comisiones.

Daszak  ha conseguido también ubicarse en roles claves en Naciones Unidas, como ser el presidente de un nuevo informe de IPBES (Panel internacional de biodiversidad que asesora a ONU, referente científico en el tema de biodiversidad) y ser el orador principal de una sesión plenaria (oficial, virtual) del Convenio de Diversidad Biológica, sobre biodiversidad y salud el 15 y 16 de diciembre de 2020, en la que se discutieron temas muy importantes, como la relación entre la destrucción de la biodiversidad natural, la expansión de la cría industrial de animales y la emergencia de nuevas enfermedades zoonóticas.

Además de su dudosa función en la colaboración con el laboratorio de Wuhan, Daszak tiene una agenda propia, que impulsó en esa sesión: el Proyecto Viroma Global, donde propone secuenciar todos los virus del planeta, para luego usar sistemas de Big Data e inteligencia artificial para desarrollar antídotos, supuestamente para prevenir nuevas pandemias. Coherente con los fondos militares que recibe la EcoHealth Alliance, para Daszak se trata de una guerra, donde los virus son el enemigo y por ello, hay que desarrollar armas para combatirlos.

En el marco de esta argumentación, aunque reconoce otros factores, desliza que el problema es el consumo de animales silvestres, culpabilizando de hecho a las comunidades indígenas y campesinas de todo el planeta, por comer esos animales “silvestres” (en lugar de puercos, pollos y vacas de criaderos industriales). Daszak siempre empieza señalando el problema del tráfico ilegal de especies silvestres, (lo cual obviamente es un problema) pero su insistencia en el tema del consumo de animales silvestres, al tiempo que minimiza el tema brutal de la expansión de la cría industrial de animales, muestra su absurda parcialidad.

Como planteé en artículos anteriores, hay muchas causas convergentes que llevaron a la pandemia, las cuáles siguen existiendo y están generando nuevas pandemias. Las maniobras de la EcoHealth Alliance, coinciden con las de las grandes farmacéuticas y los titanes tecnológicos (todos los que han obtenido grandes lucros con la pandemia), en cerrar lo más posible la óptica de análisis, para en lugar de analizar críticamente la realidad y lograr soluciones preventivas, colectivas, justas y sustentables, vayamos a sociedades hipertecnologizadas, de alto control y vigilancia, donde se “atacan” las pandemias con vacunas y otras propuestas de alta tecnología controladas por esas mismas empresas.

Además, por sus altísimos riesgos de uso en bioarmas -y de probables escapes de laboratorio con efectos devastadores- urge que se prohíba en todo el mundo la manipulación genética de virus infecciosos para optimizarlos para contagio (gain-of-function). Aquí una de las campañas en ese sentido.

28 diciembre 2020

Publicado enInternacional
Geoingenieros avanzan sobre territorio indígena

El 15 de diciembre 2020, SCoPEx, un proyecto de la Universidad de Harvard para avanzar en la manipulación del clima con geoingeniería solar, financiado por millonarios y fundaciones privadas de Estados Unidos, anunció que planea realizar un experimento a cielo abierto en Suecia, a contrapelo de la oposición global que despierta esta tecnología entre ambientalistas, indígenas y defensores de la justicia climática. Plantean hacerlo en Kiruna, territorio indígena del pueblo Sami.

SCoPEx es uno de los proyectos que denunció la campaña global contra la geoingeniería "No manipulen la Madre Tierra", en la que participan 200 organizaciones de cinco continentes, entre ellas redes internacionales como La Vía Campesina, la Red Ambiental Indígena, la Alianza por la Justicia Climática, Amigos de la Tierra Internacional, la Marcha Mundial de Mujeres y la Alianza por la Biodiversidad en América Latina (https://tinyurl.com/y96tukfb).

La geoingeniería es un conjunto de propuestas tecnológicas que conllevan fuertes impactos colaterales, ambientales y sociales. Por ello el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CBD) estableció una moratoria contra su liberación en 2010, por consenso de sus 196 países miembros. Permite experimentos de pequeña escala bajo ciertas condiciones, que hasta ahora ningún proyecto ha cumplido. Estados Unidos no es parte del CBD. Como SCoPEx, la mayor parte de la promoción e investigación en geoingeniería proviene justamente de ese país.

La geoingeniería solar propone reflejar o bloquear parte de los rayos solares que llegan a la tierra, para bajar la temperatura. Por ejemplo, imitar el efecto de las erupciones volcánicas, inyectando sulfatos en nubes artificiales en la estratósfera. A la escala requerida para bajar la temperatura global, provocaría disrupción de los monzones en Asia y sequías en África y América Latina, poniendo en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 billones de personas (https://tinyurl.com/y3jxgpbr).

Los investigadores de SCoPex dicen que ahora sólo van a probar equipo –un gran globo que se elevará en la estratósfera, con una góndola que en experimentos futuros, podrá diseminar materiales reflejantes. El globo sería elevado sobre los cielos del pueblo Sami por la Corporación Sueca del Espacio. Según SCoPEx, trasladaron este proyecto de geoingeniería a Suecia debido a las restricciones por la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos.

Afirman que en el futuro probarán con este equipo esparcir carbonato de calcio, aunque en el proyecto original plantean usar otros materiales como sulfatos, que es lo más similar a la composición de nubes volcánicas. La inyección de sulfatos en la estratósfera destruye la capa de ozono.

La fragmentación de experimentos en fases, es una táctica que se ha usado para el desarrollo de tecnologías de alto riesgo, como armas y tecnologías nucleares, entre otras. Así se avanzan componentes necesarios de proyectos riesgosos, evitando las regulaciones, la crítica y el escrutinio público hasta que cada parte esté lista. Llama la atención que también en Estados Unidos SCoPEx planteaba usar territorios indígenas, como las pruebas de armas atómicas y otros llamados "experimentos científicos".

Niclas Hallström, de la organización sueca What Next declaró a Reuters, “Esta prueba no tiene sentido si no es para permitir el paso siguiente. Es como si probaran el detonador de una bomba [separado de ésta] y dijeran "esto no puede hacer daño" (https://tinyurl.com/y9jk6hwh).

En efecto, el experimento en Suecia no tiene sentido sin la continuación que el propio SCoPEx admite, y que son pasos para hacer posible el despliegue de la geoingeniería solar. Más que técnico, se trata de un experimento político para legitimar los experimentos de geoingeniería a cielo abierto, como han señalado otros científicos que conocen el tema, como Raymond Pierrehumbert (https://tinyurl.com/y9na679o).

SCoPEx formó también su propio "comité asesor", con académicos estadunidenses (aunque el proyecto conlleva impactos globales) para simular que consulta a la sociedad. 80 organizaciones denunciaron a este comité como una farsa (https://tinyurl.com/ydc5oyzf)

Hallström también señaló que la sociedad sueca demanda cambios reales para enfrentar el cambio climático, pero que "El proyecto de Harvard está en el polo opuesto, da la impresión de que con tecnologías se podría manejar el cambio climático y continuar usando combustibles fósiles".

Este es uno más de los problemas de la geoingeniería: funcione o no, se convierte en una coartada para la continuación de las industrias más contaminantes y el caos climático, que hasta pueden hacer un nuevo negocio con la geoingeniería.

En efecto, David Keith, director del Programa de Geoingeniería Solar de la Universidad de Harvard, e iniciador y principal vocero de SCoPEx, es uno de los más activos promotores de la geoingeniería a escala global. Paralelamente, fundó la empresa comercial de geoingeniería Carbon Engineering (para vender captura directa de CO2 del aire), con fondos de Bill Gates y cuyos principales inversionistas son las petroleras Chevron, BP y la megaempresa minera BHP Billiton.

Este es el contexto real. Debemos frenar los experimentos de geoingeniería solar como sea que se disfracen.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

El agua cotiza en la Bolsa: Preguntas y respuestas sobre este suceso inédito

El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza.

 

El lunes 7 de diciembre marcó un nuevo hito en los mercados financieros, la fecha será recordada como el inicio de la bursatilización de la vida misma, y no es exagerado. Como sabemos, el agua es vida, explica por sí sola al mundo como lo conocemos en nuestros días.

Iniciaron las cotizaciones de los futuros del agua en el Chicago Mercantile Exchange (CME), la bolsa de futuros de materias primas más grande del mundo, la bolsa de futuros de Chicago.

¿Qué significa?, ¿tiene alguna relevancia para el ciudadano común?, ¿afectará en algo la vida cotidiana y sobre todo los bolsillos de los ciudadanos? Estas y otras preguntas se derivan de un hecho histórico, veamos.

¿Venderán agua “física” en las bolsas de valores?

No. Como sabemos, el mercado de futuros de Chicago no necesariamente cotiza bienes “físicos”, sino que lo hace mediante contratos a futuro. Se espera que en un inicio los contratos a futuro lleguen al año 2022, se cotizarán en acre-pie, que según nuestro sistema métrico decimal equivale a 1,233 metros cúbicos o lo que es lo mismo 1,233,000 litros de agua. Imagina que en un recipiente tienes esta cantidad de litros de agua, algo más de un millón, y los cotizas en el mercado de futuros.

Pero no se entregará agua al término del contrato. En realidad, estos contratos sobre futuros del agua servirán para fijar precios en muchas partes del mundo, pese a que su precio se basará en los precios del agua en el estado de California. No habrá un mercado físico de agua, pero sí un indicador financiero que determinará el precio del bien más preciado para el ser humano porque es la vida misma.

¿Por qué el precio del agua en California puede influir en el resto del mundo?

Porque Estados Unidos, junto con China, es el mayor consumidor de agua en la tierra. La pujanza de estas economías tiene muchas explicaciones, y una de ellas es la infraestructura que tienen para llevar agua a sitios en los que se detona la actividad productiva primaria, secundaria y de todo tipo.Los futuros del agua en el CME se convierten en el primer indicador del mundo al respecto y por tratarse de un país tan importante, seguramente determinarán lo que suceda en otras partes del planeta.

¿Cómo impactará en el ciudadano común?

Por supuesto que el mercado tiene que madurar, eso le llevará algunos años, en el mejor de los casos dos o tres años. En esta primera etapa, los ciudadanos del mundo no percibirán prácticamente nada de lo que pasa en el CME sobre los futuros del agua. Una vez con un mercado maduro, es posible que las cotizaciones empiecen a influir más determinantemente en los precios al público, porque dichos precios servirán como “guías” que incorporarán factores como oferta, demanda, sequías, huracanes, infraestructura, etc. Es entonces cuando la bursatilización del agua poco a poco sería determinante para el ciudadano común, hablamos todavía de que esto sucederá en algunos años, pero si decimos que sería en una década, quizás nos quedemos cortos, o posiblemente no.

Lo que será inevitable es que las cotizaciones de futuros de agua impacten con el paso de los años, para bien o para mal, en el bolsillo de los ciudadanos del mundo. No es poca cosa la “bursatilización” del agua, es el líquido indispensable para la vida y para prácticamente todo tipo de actividades del ser humano.

¿Quiénes podrán participar en el mercado de futuros del agua del CME?

Supuestamente inversionistas institucionales, así como gobiernos, posiblemente organizaciones que requieran grandes cantidades de agua para sus actividades como industriales, agricultores, empresas del sector energético, etc.

¿Hay riesgo de especulación con los futuros del agua?

Sí, por supuesto. Ese será uno de los grandes retos del mercado para los siguientes años: la lucha contra la especulación. Como todas las materias primas (aunque en estricto sentido, el agua no es una materia prima, porque al ser humano no le pasa nada si no consume cobre, pero muere si no tiene agua), esta estará sometida a fuertes vaivenes conforme el mercado vaya madurando y la combinación de múltiples factores determinen su cotización. Los precios y posiciones especulativas serán sin duda un elemento adicional en el mercado y desde luego que cosas estarán en juego.

¿Surgirán otros mercados de futuros del agua?

Seguramente, el de Chicago marca un hito por ser el primero, pero es altamente probable que en un futuro inmediato haya más mercados como este en otras importantes plazas financieras del planeta.

El futuro nos alcanzó, o posiblemente ya nos rebasó. El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza, indispensable para la vida en la tierra.

8 diciembre 2020 0

Publicado originalmente en Alto Nivel

Publicado enMedio Ambiente
Andreas Malm, en una imagen promocional

Uno de los méritos del sueco Andreas Malm es haber abordado en su libro El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra social (Errata Naturae, 2020) una de las preguntas más estimulantes de la pandemia: si pudimos parar el mundo por la emergencia sanitaria, ¿por qué no hacerlo ante una emergencia climática? La cuestión no vincula al azar pandemia y crisis ecológica, sino mediante un nexo común: la avidez del mercado. Un mercado global al que se le concede todo y que solo funciona mediante la lógica del máximo beneficio.

La batalla por el sentido la lidera hoy la lógica mercantilista que todo lo impregna. No existe ética ni razón ecológica en si deberíamos o no comercializar con tal especie salvaje, o si tal selva tropical hace tiempo que debería haberse convertido en una plantación de soja. Las únicas incógnitas parecen ser: uno, ¿es legal?, y dos, ¿cuál será el margen de ganancia? El pangolín es un buen ejemplo de esta obsesión por convertir cualquier cosa en mercancía. En los años noventa, un kilo de este animal se pagaba en el mercado chino a 14 dólares; en 2016, a unos 600 dólares el kilo, e incluso 1.000 dólares en algunos restaurantes. Hoy es el mamífero más traficado del mundo y uno de los cabezas de cartel de este festival pandémico. Y cuando hablamos del tráfico de pangolines no hablamos de la rareza o el vicio de unos pocos asiáticos, sino de los lujosos caprichos de millonarios de todo el mundo; Alemania, por ejemplo, ha sido señalada como uno de los puntos de tránsito claves en su comercio. Un mercado sin coto es una amenaza para todos, incluido el mercado mismo. O en palabras de Malm: “La acumulación descontrolada de capital es lo que zarandea con tanta violencia el árbol en el que viven los murciélagos y los otros animales. Y lo que cae es una lluvia de virus”.

¿Y qué hay del papel del Estado? ¿Por qué Occidente decidió intervenir durante la pandemia, atando en corto a la vaca sagrada capitalista, pero sigue ignorando lo que traerá el cambio climático? Malm lo resume así: “La eliminación del CO2 no encaja de manera natural con el marco del Estado-nación. La guerra contra la covid-19 podía concebirse como una guerra clásica, valiéndose de toda la parafernalia del orgullo nacional –una nación que se protege, como en otros momentos de peligro de la historia; un pueblo que se cobija en el bastión del Estado–, mientras que una guerra contra el CO2 tendería a salirse de ese marco. Sería una guerra en beneficio de los nuestros y también de los demás. Ante todo, sería una guerra para salvar a los pobres”. 

El libro de Malm es un estimulante ensayo que hilvana el porqué de una premisa a priori simple: que un capitalismo sin límites destruye un sostén natural sin el que ni hay mercado ni hay mucho más; lo que sí hay, y habrá cada vez con más frecuencia, son pandemias como esta. 

Critica cuánto esfuerzo ha puesto todo el planeta en controlar la pandemia y, sin embargo, qué poco hacemos por solucionar la crisis climática. ¿Por qué las razones sanitarias son suficientes para hacer que el mundo se detenga pero no lo es el cambio climático?

No estoy seguro de tener la respuesta completa a por qué los gobiernos están dispuestos a ir tan lejos para romper con la vida cotidiana, la libertad de la propiedad privada y los mercados con el fin de frenar la expansión de esta enfermedad. Es extraordinario cómo los gobiernos, incluso ahora en la segunda oleada, están forzando el cierre de tiendas, interviniendo profundamente en los negocios privados. Pero los gobiernos que no se muestran competentes en el manejo de la pandemia corren el riesgo de pagarlo en las elecciones. A Donald Trump, su incompetencia a la hora de lidiar con la pandemia, le ha costado la presidencia. Un gobierno es consciente de que si no se muestra competente y efectivo a la hora de limitar la enfermedad, le castigaremos en las próximas elecciones. Pero esto tiene que ver con el hecho de que esta pandemia ha golpeado al hemisferio norte y lo hizo desde muy temprano, mientras que los mayores afectados del cambio climático todavía son las poblaciones más pobres del hemisferio sur. 

Hay una larga lista de políticos, incluidos políticos de extrema derecha, que se han contagiado de covid-19. Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Donald Trump. Toda esta gente enfermó de covid-19, pero ninguno de ellos ha sufrido personalmente las consecuencias del calentamiento global. Quizá esta pandemia se antoja más urgente a los gobiernos del hemisferio norte porque ha golpeado a sus ciudadanos de manera directa pese a su condición de clases dominantes. Sin embargo, los mismos gobiernos han hecho tan poco por controlar los desencadenantes de la pandemia como por atajar las causas del calentamiento global.

Uno podría pensar que, después de un año tan desastroso para la economía y la salud global, deberíamos tener a los gobiernos reunidos preguntándose cómo asegurarse de que esto no vuelve a ocurrir jamás, y si se estuvieran haciendo esa pregunta se habrían dado cuenta rápido de que, para empezar, deberían hacer algo contra la deforestación, pero no lo han hecho. Este año la deforestación se ha disparado en zonas clave de los trópicos. El gobierno indonesio, por ejemplo, decidió recientemente abrir sus selvas a lo que en esencia es explotación sin límites. Lo mismo en Brasil, Bolivia o Argentina, y cualquiera que sepa algo sobre los agentes desencadenantes de una pandemia sabe que la deforestación debe frenarse y revertirse si no queremos que esta situación vuelva a repetirse. Las causas del calentamiento global son las mismas que provocan las pandemias.

Ha mencionado la propiedad privada. ¿Cómo afecta a este respecto?

En múltiples formas, pero un aspecto crucial es que sigamos transformando animales salvajes en propiedad privada. En Dinamarca existe una enorme industria peletera que provee a los consumidores más ricos. Para ello hacinan a millones de visones en pequeñas jaulas, y el coronavirus se coló en ellas, mutando al entrar en contacto con esta población de visones, de manera que tenemos una nueva cepa de este mismo coronavirus y existe el enorme riesgo de que pueda ser resistente a las vacunas en desarrollo. 

El problema fundamental es que permitimos que existan negocios que hacen de estos millones de visones una propiedad privada más, los sacrifican y los transforman en pieles que venden como capricho a las clases altas. En Suecia, tenemos una industria de visones similar a la danesa y la izquierda está pidiendo que sea abolida. El derecho a la propiedad privada en la forma de cuerpos animales debe detenerse, lo que supone atajar el comercio de vida animal salvaje. Tendemos a pensar que el coronavirus lo ha originado la excéntrica cultura china, pero ese mismo problema existe en todas partes, en países como Dinamarca, Suecia o Estados Unidos, donde las empresas capturan animales salvajes y los encierran en jaulas minúsculas, creando las condiciones exactas que los patógenos necesitan para evolucionar y rápidamente mutar.

Lo mismo ocurre con la deforestación, provocada principalmente por empresarios que convierten los bosques en propiedad privada, cortan los árboles y luego transforman las tierras en plantaciones o zonas de pastoreo. Esa libertad para hacer lo que te plazca con la naturaleza con un fin económico tiene que limitarse si no queremos que esto siga ocurriendo.

¿Puede existir algo como el eco-capitalismo o capitalismo verde?

Eso es una gran pregunta. Habría que preguntarse: ¿puede el capitalismo existir sin combustibles fósiles? Históricamente lo ha hecho. El capitalismo precede históricamente a la combustión a gran escala de combustibles fósiles, por lo que no es imposible desde un punto de vista lógico tener un capitalismo que use otras formas de energía. Pero si lo ves desde la perspectiva climática, es evidente que si quieres acabar con la combustión de energías fósiles necesitas sacar del negocio a una parte concreta del sistema capitalista o a una fracción de la clase capitalista: las empresas que se benefician del uso de combustibles fósiles. Empresas como Exxon Mobil, Total, BP, Saudi Aramco, todas ellas tienen que dejar de existir como empresas productoras de petróleo, gas y carbón. Eso está clarísimo, es el ABC de la ciencia climática. Cualquier solución que busque remediar la cuestión climática debe eliminar esta parte concreta del modelo capitalista. Esto ya es  un desafío enorme y podría llevarse a cabo mediante su nacionalización;  el Estado debería tomar el control sobre ellas y obligarlas a detener su producción para convertirlas en entidades que se dediquen a otras tareas. Hacer esto supondría abrir una gran brecha en el capitalismo tal y como lo conocemos hoy, y gracias a esa brecha quizá consigas empezar a virar hacia un sistema político-económico diferente. 

No podemos saber con certeza qué ocurriría entonces, nunca hemos tomado parte en una transición como esta y no sabemos qué hay al otro lado. No sabemos qué ocurriría, si es que llega a ocurrir, pero quizás fuera algo que dejara atrás el capitalismo o que trajera una versión ecológica del capitalismo con nuevos límites, o incluso quizás una versión más autoritaria. Es muy difícil predecir qué pasaría exactamente, pero lo que sí sabemos es que cualquier solución al problema climático pasa por eliminar por completo la industria de los combustibles fósiles. 

¿Se necesita de una crisis como esta para mantener alejado lo peor del sistema capitalista?

Cuando el capitalismo parece funcionar bien, como por ejemplo en los años noventa o los cincuenta en Europa, no hay razones para cuestionarlo. Pero cuando ocurre una crisis como esta, la gente se da cuenta de que el sistema no funciona y que tenemos que contenerlo, e incluso quizás superarlo. Pero el problema es que hoy no parece que mucha gente sea capaz de establecer una conexión entre el virus y el capitalismo. La enfermedad sigue siendo percibida como un evento aleatorio, algo que ha ocurrido sin más, como un relámpago o la caída de un meteorito. Apenas hay discusión sobre cómo el capitalismo produce pandemias a pesar de que haya una considerable base científica al respecto. 

El subtítulo de la edición en castellano de su libro reza “coronavirus, cambio climático y guerra social”. ¿Por qué recurrir al uso de esta terminología belicista?

Cuando escribí esto en abril los políticos hablaban mucho de estar en guerra. Macron en Francia, por ejemplo, usaba y sigue usando esta terminología bélica: estamos en guerra contra el virus y tenemos que pensarnos como actores de un conflicto bélico. Muchos otros políticos de todo el mundo han usado esa misma retórica. Pero si queremos salir de este desastre, necesitamos redirigir esas energías hacia los causantes del problema que son los mismos responsables del calentamiento global, del deterioro del planeta y del aumento de enfermedades infecciosas. Así que si vamos a hablar de guerra, aun siendo una guerra completamente metafórica, es mejor que la luchemos contra los procesos de la sociedad que nos llevan al desastre. La guerra debería librarse contra las empresas que talan el Amazonas y otros bosques tropicales en el sudeste asiático. La guerra debería librarse contra las grandes compañías que siguen extrayendo combustibles fósiles.

¿Es su libro un aviso o el testimonio del desastre para los lectores del futuro?

Si las cosas continúan como ahora, la gente del futuro tendrá sus propios desastres de los que preocuparse. No necesitarán leer sobre lo que pasó en 2020. Este libro es mi modesto intento de zarandear a la gente y decirles “mirad, si creéis que es una mierda vivir encerrado o si están llorando la pérdida de alguien querido que acaba de morir de covid-19, o si vosotros mismos habéis enfermado, quizá os gustaría saber qué lo ha causado y cómo podría evitarse.

Juguemos a ser Nostradamus. ¿Cuándo y cómo será el próximo desastre global?

(Ríe) Es una suposición, y tampoco es una suposición muy cualificada, pero cada equis tiempo vamos a seguir teniendo eventos climáticos extremos de algún tipo. Puede ser un huracán en el Caribe, una inundación masiva en algún país, la continua sequía en China. No necesitas ser Nostradamus para prever esto. Sin embargo, prevenir una catástrofe más seria que tenga su origen en el sistema climático, como las pandemias, es mucho más difícil. Los científicos que trabajan en ese campo han estado diciendo durante mucho tiempo que venía una gran pandemia, pero no podían decir que vendría exactamente de China y que sería exactamente como esta. Lo que sí siguen diciendo es que si el mercado continúa como de costumbre, si continuamos tratando así a la naturaleza salvaje, tendremos nuevas pandemias. Si llegarán dentro de tres o cinco años, o si este nuevo brote detectado en visones en Dinamarca se convertirá en una nueva pandemia, nadie lo sabe. 

Hemos visto muchas teorías de conspiración relacionadas con el coronavirus. Hay quien dice que ya no confiamos en la ciencia, pero creo que la ciencia nunca nos bastó como herramienta interpretativa. ¿Ha cambiado algo realmente desde entonces hasta ahora? 

Algunos aspectos de la ciencia sí influyen a la hora de hacer política. Ejemplo de ello es cómo se nos ha obligado a reducir la actividad. La mayoría de políticos (aunque no todos) parecen dispuestos a escuchar este tipo de recomendaciones científicas a la hora de hacer política. Merkel, el gobierno español, incluso Boris Johnson al final, Joe Biden ahora, están preparados para escuchar a esos científicos. Pero la ciencia que explica por qué aparecen estas pandemias o la ciencia que sustenta el cambio climático no tiene la misma influencia en los políticos. Los políticos no están preparados para aceptar esa ciencia porque pone en duda la forma en que funcionan nuestras economías y sus poderosos intereses materiales. La ciencia que cuestiona o amenaza se descarta o se niega rotundamente. Muchos de nuestros gobiernos aceptan la explicación científica del cambio climático, pero ignoran las recomendaciones de estos mismos científicos. 

¿A qué se refiere cuando habla de ecoleninismo?

La Primera Guerra Mundial, causada por las clases dominantes, sumergió a Europa y luego al resto del mundo en una inútil matanza de millones de personas. Lenin y sus camaradas habrían dicho que nuestra tarea es convertir este desastre, esta crisis, en una crisis revolucionaria en la que nos deshagamos de las clases que nos condenan a la catástrofe, y eso es en realidad lo que hicieron Lenin y los bolcheviques. Se puede tener mucho en contra de ellos, pero derrocaron el gobierno de la burguesía en Rusia y sacaron a Rusia de la Primera Guerra Mundial, terminando con aquella catástrofe tal y como habían prometido. Hoy nos enfrentamos en ciertos aspectos a una situación similar. Una catástrofe, pero un tipo de catástrofe diferente: una crisis ecológica y, más concretamente, una crisis climática. Y esta crisis es alimentada por las clases dominantes y por lo que llamamos la industria de los combustibles fósiles. Nuestra tarea hoy es la misma que la que enfrentaron Lenin y sus camaradas, es decir, convertir esta catástrofe en una crisis para sus responsables.

En lugar de sufrir un desastre tras otro, con todas las muertes y el sufrimiento que conllevan, tenemos que utilizar estos momentos límite contra aquellas personas y aquellos procesos que mantienen esta catástrofe en marcha. Esa es la idea básica del ecoleninismo. Pero esto es sólo una analogía, un paralelismo que no pretende ser literal. Obviamente, no hay una superposición exacta entre esta situación y aquella, pero sí hay algunas similitudes, y necesitamos actuar extremadamente rápido. Lenin era un revolucionario de temperamento impaciente, inquieto, y tanto en 1917 como en 1918, argumentó que necesitaban con gran urgencia tomar el poder y firmar un acuerdo de paz con Alemania. Ese tipo de actitud es la que necesitamos tener ahora. Tenemos que darnos cuenta de que seguir posponiendo la acción será fatal. Y además, Lenin, a diferencia de los anarquistas, se dio cuenta de que en un momento de emergencia no podemos dejar de lado al Estado por completo. Necesitamos del poder del Estado para salir de la emergencia. Nada de esto significa que tenemos que apoyar todo lo que Lenin hizo. Es sólo una forma de pensar estratégicamente cómo lidiar con la emergencia actual.

Entonces, ¿cuál debe ser el papel del Estado en este proceso de cambio? ¿Es posible una revolución basada en un Estado que tan solo ponga límites a las acciones de algunos?

Si hablamos de revolución, no puede ser únicamente una cuestión de Estado. Y si hablamos de una transición hacia una economía que no utilice combustibles fósiles y que no destruya lo que queda de la naturaleza, sino que trate de restaurarla, tampoco puede tratarse de una cuestión de un solo Estado. En primer lugar, obviamente los Estados no comenzarán a caminar en esta dirección por sí solos. Deben ser empujados en esa dirección por fuerzas externas al Estado, fuerzas populares. Tomemos la iniciativa y exijamos que los Estados actúen y hagan lo necesario. Hay que involucrar a todo tipo de actores de la sociedad civil en la transición, pero es difícil imaginar una transición sin que el Estado desempeñe un papel central. Si, por ejemplo, quieres reducir las emisiones en algo así como un siete o diez por ciento al año, en países como España, Suecia, Alemania, EE.UU. o China es extremadamente difícil imaginar a alguien que no sean los Estados supervisando este proceso. No quiero decir con esto que todo en esta transición sea tarea del Estado, pero sí tendría que jugar un papel protagonista.

Supongamos que amanece un día como presidente del Gobierno de España. ¿Cuál sería su primera tarea?

(Ríe) Espero no tener que encontrarme nunca en esa tesitura. Tendría que pedir segundas opiniones, consultar a las otras fuerzas políticas y a la población, pero lo primero que habría que hacer, que debería haberse hecho hace mucho tiempo en España o en cualquier otro país, es detener toda expansión de infraestructura basada en combustibles fósiles y luego también empezar a desmantelarla. Recomendaría un plan nacional para liberar a la economía española de los combustibles fósiles dentro de 10 o 15 años. Cuotas planificadas de reducción de emisiones año tras año y penalizaciones para las empresas que no las cumpliesen. Dado que todavía no sabemos cómo hacer funcionar los aviones sin combustibles fósiles, habría que prohibir los vuelos nacionales y empezar a sustituirlos por una red de tráfico ferroviario extensa. Eso es algo que podría hacerse fácilmente en países como España o Suecia. También prohibir el uso de gasolina y de vehículos privados, lo cual no significa electrificar todo el parque automovilístico, sino transformar gran parte del transporte basado en automóviles en otros medios de transporte como autobuses, suburbanos, montar en bicicleta, caminar. 

La lista de medidas que deberían implementarse es muy larga y las acciones son de sobra conocidas. Incluso en lo que respecta a esta pandemia –o al problema de las pandemias en general– lo primero que un Estado debe hacer es tratar de investigar qué cadenas de suministro de su economía están conectadas con la deforestación en los trópicos para ejercer un control directo de esas cadenas de suministro y asegurarse de que no causen más deforestación, incentivando en su lugar la reforestación de esas zonas. ,Y por supuesto, un control estatal sobre las importaciones que originan deforestación en los trópicos así como medidas para combatir radicalmente el comercio de animales salvajes. Estas son las demandas más básicas. 

¿Y qué le diría a quienes piensan que estas medidas dañarían nuestra economía?

Los defensores del Green New Deal han demostrado que estas medidas no tendrían que ser perjudiciales para el conjunto de la economía. Serían únicamente muy perjudiciales para ciertos sectores de la economía. Por ejemplo, la industria de los combustibles fósiles, que debe ser abolida en su totalidad. Obviamente este sector saldría perjudicado, pero estas medidas deberían complementarse con la expansión de otros sectores de la economía, como por ejemplo las energías renovables, el transporte público o incluso las nuevas tecnologías que permiten extraer dióxido de carbono de la atmósfera. No se trata necesariamente de reducir a la mitad la economía para conseguir salir de los combustibles fósiles. Al menos durante una etapa inicial de transición se necesita hacer que otros sectores de la economía crezcan. El Green New Deal habla de garantizar a los trabajadores del sector de los combustibles fósiles una transición suave hacia trabajos seguros, buenos y permanentes en otros sectores de la economía. Y creo que es una muy buena idea tener ese tipo de garantías.

¿Qué es más peligroso para el cambio climático: nuestra dieta o nuestro nacionalismo?

Funcionan en escalas diferentes. La dieta, si piensas en carne y lácteos, o la producción de alimentos en general, es una causa directa de las emisiones de metano, CO2 y gases de efecto invernadero. El nacionalismo no causa ninguna emisión directamente, pero indirectamente sostiene el status quo y el mercado tal y como ha existido hasta ahora. Es difícil comparar los dos. Tal vez se podría decir que el nacionalismo es peor porque la política nacionalista probablemente nunca inducirá cambios en nuestras economías ni inspirará reducciones radicales de emisiones. Políticamente me considero antinacionalista y creo que cualquier progreso en el clima debe venir precedido por una derrota del nacionalismo como fuerza política, manteniéndolo alejado del poder. También estoy a favor de alejarnos de la carne y los productos lácteos, pero sin embargo sí que es posible avanzar en cuestiones climáticas a pesar de que la gente siga comiendo huevos, pollo y otras formas de carne. Así que sí, tal vez el nacionalismo es lo más importante a derrotar.

Por Antonio Pineda 7/12/2020

Errata Naturae

Publicado enEconomía
Un estudio señala a las granjas industriales como el mayor riesgo de futuras pandemias

El sistema agroalimentario mundial y la cría intensiva de animales son los principales impulsores de las enfermedades que saltan a los seres humanos. Estos patógenos ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos. Las pandemias del futuro serán más peligrosas y frecuentes, según un estudio de la ONG ProVeg Internacional.

 

La crisis del coronavirus lo ha puesto delante de los ojos del mundo. Y nuevos informes lo confirman. Uno de los mayores riesgos para la salud humana viene de las enfermedades zoonóticas, es decir, enfermedades como el covid-19, que se transmiten de animales no humanos a personas. 

Este tipo de enfermedades ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos, según el estudio Pandemias y Alimentación, realizado por la ONG ProVeg Internacional y respaldado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Unos brotes que serán cada vez “más peligrosos y más frecuentes”, adelanta el estudio.

Las principales causas de esta emergencia sanitaria hay que buscarlas en el sistema alimentario mundial, en las dietas basadas en animales y en la cría intensiva e industrial de animales. Esta última es de hecho, según ProVeg Internacional, la actividad humana que “más riesgo tiene de generar pandemias como la actual”. 

La tormenta perfecta se consigue, detalla esta organización, con el encuentro de tres factores que se refuerzan mutuamente. El primero es la destrucción de los hábitats naturales. El segundo, la utilización de animales salvajes como alimento. Y el tercero, recurrir a los animales de granja como alimento en la agricultura animal intensiva. 

Según el estudio presentado, el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes son de naturaleza zoonótica. Patologías como el covid-19, el SARS, MERS, ébola, rabia y ciertas formas de gripe, todas ellas de origen animal, son responsables de 2.5000 millones de casos de enfermedades en el mundo y 2,7 millones de muertes cada año.

Lejos del tópico, no siempre los orígenes de los brotes son animales raros en mercados asiáticos o africanos, los patógenos también pueden saltar a los animales de granja antes de transmitirse a los humanos, como fue el caso de los recientes casos de gripe aviar y porcina.

Muchos otros virus que representan un peligro para la salud humana, detallan en el informe, también tienen su origen en la industria ganadera intensiva. La difteria, el sarampión, las paperas, el rotavirus, la viruela, la gripe A tienen su origen en animales domesticados. “Acumular grandes cantidades de individuos genéticamente similares en entornos insanos de alta densidad, que inducen a una salud pobre y a altos niveles de estrés, aumenta seriamente las posibilidades de que se produzcan transferencias patogénicas entre animales salvajes y animales de granja y, en última instancia, seres humanos”, denuncian.

Otro de los graves problemas sanitarios que las diversas agencias internacionales y científicas llevan años alertando es el aumento de las infecciones resistentes a los antibióticos en los seres humanos, una tendencia asociada, según el informe, a las prácticas de las granjas industriales, que “requieren del uso excesivo de antibióticos”.

Según los datos recogidos hasta la publicación del informe, la letalidad del covid-19 es 47 veces más letal que la gripe estacional. Y otras enfermedades zoonóticas resultan mucho más letales que el covid-19. En el caso de la gripe aviar H5N1, la tasa de letalidad alcanza el 60%.

“No solo los brotes futuros pueden ser más peligrosos, los expertos y expertas coinciden en que también serán más frecuentes. Las causas de este alarmante pronóstico son de origen humano y están todas vinculadas con el sistema alimentario mundial”, explican desde ProVeg Internacional.

“Nos encontramos ante una situación muy vulnerable ante futuras pandemias, con consecuencias posiblemente peores que las de la actual pandemia del coronavirus”, dice Cristina Rodrigo, directora de ProVeg España. “Lo que comemos y cómo lo producimos es uno de los factores clave que está alimentando este riesgo. Tenemos una necesidad urgente y vital de transformar nuestro sistema alimentario a uno más basado en plantas, más sostenible y resiliente”, concluye. 

Por Redacción El Salto

24 sep 2020 11:10

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Estados Unidos: el 'trumpismo' frente al feminismo en 13 apuntes

El 21 de enero de 2017, sólo un día después de que Donald Trump jurase como presidente de Estados Unidos, la Marcha de Mujeres en Washington reunió a cerca de medio millón de indignadas por su elección. Fue la protesta más multitudinaria de la historia reciente de un Estados Unidos que llegaba tarde al funeral global en el que la extrema derecha de mil disfraces está enterrando desde hace cuatro décadas las conquistas económicas, políticas y sociales de los pueblos, desde Oriente Próximo hasta Europa Oriental y Occidental: primero fue a por las mujeres, con la complicidad de la milenaria estructura patriarcal de las sociedades, para luego ir a por la otra mitad.

¿Alguien sabe cuál es la fórmula de la irreversibilidad de los derechos logrados?

  1. En dos años la marcha, espontánea en un principio, fue magníficamente organizada por el movimiento feminista en los barrios y lugares de trabajo, sacudiendo tanto al Partido Demócrata como al republicano. Fijó unos objetivos concretos, ente ellos hacerse con el control del Congreso en las elecciones de 2018 ¡Y lo consiguió!
  2. En el despertar del movimiento feminista dos factores han sido decisivos: a) el lenguaje extremadamente ordinario e inadmisible de Trump sobre las mujeres, su actitud chulesca y sus políticas misóginas, y b) el coronavirus, que también en Estados Unidos ha destapado las profundas desigualdades sociales inherentes al sistema capitalista y ha golpeado el hechizo de Trump: 6,5 millones de infectados, 190.000 fallecidos, y 45 millones de parados; las minorías negra, latina y nativa americana se han visto afectados de manera desproporcionada, y sus mujeres aún más.
  3. Cuatro años antes, un solo comentario sexista de un político era suficiente para escandalizar al refinado establishment del país. Sin embargo, este personaje sacado de la era pre-Ilustración ha conseguido normalizar lo inaudito gracias a la cooperación de los medios de comunicación, que sólo reflejan las perlas de presidente sin analizarlas y sin mostrar su repulsa.
  4. El próximo 3 de noviembre, el sistema ofrecerá a los ciudadanos la posibilidad de elegir entre dos millonarios-hombres-blancos-religiosos para que nada cambie. Estados Unidos nunca ha tenido una presidenta, y solo en 2016 pudo contar con una candidata (la antifeminista) Hillary Clinton, mientras Sri Lanka (antes Ceilán), por ejemplo, hace 60 años ya fue dirigida por Sirimavo Barandanaike.
  5. Es cierto que la mayoría del electorado en 2016 no votó a Trump y hubo 2,87 millones de votos más en favor de Clinton, pero las singularidades de sistema electoral de Estados Unidos y algo parecido a un milagro colocaron a este mediocre timador profesional en la cima del poder. Si Trump vuelve a ser presidente, los expertos en psicoanálisis de las masas tendrán un apasionante reto por delante, mientras los psicólogos ya pueden proponer la nomenclatura Síndrome de trumpismo al trastorno de personalidad producido por la fusión de los siguientes rasgos: ser autoritario, siniestro, misógino, supremacista, charlatán, farsante a tiempo completo, listillo que no inteligente, sin principios políticos ni mucho menos éticos, mentiroso compulsivo (capaz de fabricar un promedio de 14,8 mentiras diarias), mezquino, indocto, ineficaz e ineficiente, con un profundo complejo de inferioridad (y por ello, con sed de ser adulado), y creer ser el centro del universo.

¿Se puede hablar de una secta trumpiana?

  1. "Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería votantes", dijo un Trump recién elegido, convencido de su capacidad para anular la razón de sus fieles. Él, un hombre hueco y demagogo, es como el jefe de una secta, grupo transversal con algunos intereses compartidos: para sus leales, él es un enviado de Dios, el "auténtico" que dice sin rubor las barbaridades que millones de ciudadanos piensan sobre:

- Los derechos de la mujer, de las minorías étnicas y sexuales y de personas de piel no blanca; las virtudes de poseer armas (que cada año mata, solo entre los menores, a unos 1.300 chavales, 80 veces más que en los países de la OCDE) o enjaular a los niños inmigrantes; los beneficios de contaminar el aire, la tierra y el mar; lo divertido que es asesinar a otras personas en otras tierras, etcétera.

- Cualquier granjero o camionero (de esos que tienen colgado un almanaque con fotos de mujeres desnudas en su cabina), podrá verse reflejado en él; pero también aquellos ultradevotos que añoran un pasado en el que los hombres hacían de macho y las mujeres eran objetos sexuales y juntos construìan la familia feliz americana en la que la esposa hacía la cena mientras el esposo visitaba a una actriz porno. Esta gente le aplaude cuando intenta contener la sexualidad femenina "salida del control" y les hace gracia esa erotización de la violencia contra la mitad de los ciudadanos y que el presidente presume de ser el macho alfa y humille sexualmente a las mujeres y los hombres que le critican por su gestión política.

  1. Para su "America First" las mujeres simplemente no existen. Las ha excluido también del poder "capitalista-blanco": en su gabinete de 23 ministros solo hay tres mujeres, la cifra más baja desde la presidencia de George H. W. Bush.
  2. Los únicos que pueden abandonar la secta son los trabajadores que en 2016 no entendían a una Hillary Clinton que les prometía una guerra mundial (atacando a Irán y Rusia) ignorando los problemas de millones de trabajadores en casa.
  3. En cuatro años, Trump ha conseguido:

- Colocar a Estados Unidos entre los diez países más peligrosos en el mundo para la mujer, según la Fundación Thompson Reuters, junto con Arabia Saudita, Afganistán, o Somalia. El 75% de las trabajadoras afirman haber sido acosadas por los compañeros. En los últimos años ha habido un aumento de violaciones, y no por la "llegada de la caravanas de inmigrantes" como afirma Trump, a quien le grabaron cuando decía cómo agredir a una mujer. Dice el Departamento de Justicia que en 2018 se produjeron unas 290.000 violaciones y eso que el 80% no se denuncian. El informe del Pentágono (2018) revela unos 20.500 ataques sexuales dentro del Ejército, y un aumento del 38% comparando con 2016. La contribución especial de Trump ha sido eliminar los criterios unificados para definir las agresiones sexuales establecidos por el gobierno de Barak Obama: ahora se puede volver a tachar de "malas conductas" a los abusos sexuales.

- Aumentar el feminicidio: en 2016 –curiosamente el último año que se proporciona datos sobre los asesinatos de la mujer en Estados Unidos–, al menos 1.809 mujeres fueron asesinadas por un hombre conocido, un crecimiento del 21%, en comparación con 2015, informa Security.org. Claro que ninguna cifra expresa el profundo dolor de sus seres queridos, de los hijos que dejan huérfanos o del impacto de una barbarie como esta en la sociedad.

. Impedir que la campaña de #MeToo, protagonizada por las actrices de "un Hollywood demócrata", fructificase. La iniciativa, cuyo objetivo (secreto) era sacar a relucir los escándalos sexuales del presidente, que no acabar con los abusos y agresiones sexuales, en un país donde el ejercicio de la violencia e intimidación es uno de los pilares de su cultura, estaba condenada al fracaso.

- Desmantelar los servicios de salud reproductiva, potenciados durante el mandato de Obama, cuyo Gobierno exigía a las aseguradoras cubrir los anticonceptivos. Con Trump se permite a los sanitarios negar este servicio por "objeción de conciencia". En un país donde la religión impide impartir la asignatura de educación sexual en los colegios y los católicos practicantes consideran un pecado el uso de anticonceptivos, miles de adolescentes se quedan embarazadas, y cuando miles de niños-padre no quieren saber nada del "asunto", estas niña-madres abandonan a miles de bebés cada año desde la absoluta desesperación. No se sorprendan si la "sorpresa de octubre" de un Trump al que las encuestas le dan por perdedor sea su anuncio de la seguridad social para todos.

- Disolver el Consejo de Mujeres y Niñas de la Casa Blanca, creado por el presidente Obama para garantizar que diferentes ministerios incluyesen las necesidades de las mujeres y las niñas en sus políticas.

- Prohibir a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades usar palabras como diversidad, feto o transgénero en sus documentos relacionados con la salud de la mujer.

- Eliminar cualquier mención a los derechos sexuales o reproductivos del informe anual de derechos humanos de la Secretaria de Estado, y las referencias a los anticonceptivos, aborto, educación sexual, y recursos para las mujeres lesbianas y bisexuales en el portal del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).

- Profundizar y ampliar la feminización de la pobreza. Durante el mandato de Trump, la fortuna de los cinco primeros magnates del país se ha incrementado en 219.000 millones de dólares, al tiempo que la mayoría de los 45 millones de estadounidenses que viven debajo de la línea oficial de pobreza son mujeres y sus hijos. Trump ha aumentado la brecha salarial, especialmente para las mujeres menores de 40 años, o sea, las que se encuentran en la edad fértil. El rostro de la pobreza en Estados Unidos es de una madre soltera-trabajadora-negra/latina/nativa americana. Las mujeres ganan 80 centavos por dólar en relación a los hombres, y si son hispanas 56. Trump ha eliminado la iniciativa de transparencia salarial del Gobierno de Obama, que obligaba a las empresas privadas de más de 100 empleados publicar sus datos salariales, con el fin de impedir la discriminación por razones de sexo y color de piel. En el condado de Dallas, las hispanas cobran solo 38 centavos por cada dólar que se les paga a los hombres blancos. Así, una de cada cinco mujeres mayores vive por debajo del nivel de pobreza, debido a que cobró menos salario en su juventud, ser cuidadora gratuita de los miembros del hogar, perdiendo unos 660.000 dólares en salarios y beneficios a lo largo de toda la vida, además de tener que desembolsar unos 5.500 dólares al año de su bolsillo en los gastos relacionados. Casi 1,6 millones de mujeres no reciben ninguna renta de la Seguridad Social, la mayoría inmigrantes. En el medio de la tragedia de la pandemia, Trump ha autorizado la eliminación de 688.000 personas del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (cupones para alimentos). El "sálvese quien pueda" de Estados Unidos hace responsable a la persona del fracaso de un sistema basado en el dominio del más fuerte.

- Bajar la esperanza de vida. Estados Unidos, que ya tenía la menor esperanza de vida al nacer entre los países ricos, por primera vez en 20 años pierde puntos: las mujeres, que vivían 81,20 años en 2015, dos años después vivieron 81,10; los hombres tampoco se salvaron: de 78,69 en 2015 bajaron a 78,54 años un año después. Este país tiene la mayor mortalidad infantil en el mundo desarrollado.

- Forzar a las mujeres transgénero sin hogar a compartir dormitorios y baños con los hombres en los albergues. Una quinta parte de los transgéneros de Estados Unidos ha tenido que vivir en la calle. En 2019, al menos 19 mujeres transgénero negras fueron asesinadas.

- Oponerse al permiso de maternidad, obligando a las mujeres a ser "amas de casa". Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo, y el único industrial, que no concede un permiso remunerado a las mujeres embarazadas. En Singapur son 16 semanas de baja remunerada, y en el Iraq de Sadam Husein las funcionarias recibían dos años de este permiso, uno subvencionado por el Estado.

- Disminuir el número de mujeres empleadas, por primera vez desde 2018, a pesar de que ellas siguen siendo la mayoría de los titulados universitarios.

- Desplome en el Índice de Brecha de Género, indicador que analiza la división de los recursos y las oportunidades entre hombres y mujeres en 153 países. Este indicador muestra el retroceso de Estados Unidos del puesto 28 en 2015 al 51 en 2018.

  1. El movimiento feminista consiguió que las mujeres representaran el 53% de los votantes en las elecciones parlamentarias de 2018 y que los demócratas obtuvieron la mayoría de la Cámara, incluso su presidencia, en la figura de Nancy Pelosi.
  2. La nominación de la senadora Kamala Harris –apodada la Hillary Negra por el ala izquierda del Partido Demócrata–, para ser la vicepresidenta de un futuro Gobierno de Biden sirve para jugar la carta de "mujer-no blanca-hija de inmigrantes" y atraer el voto de estos tres segmentos sociales. La exfiscal "agresiva", con el nombre de la diosa de prosperidad hindú, no solo dará la fuerza que le falta al candidato Joe Biden, de 78 años, en los mítines, sino que podría ser la futura presidenta de su partido e incluso de Estados Unidos si Biden no llega a terminar su mandato, en caso de ser elegido. Pero el abuso del "factor de identidades" crea el espejismo de pluralidad y justicia social: la desigualdad en la riqueza ha aumentado en los últimos años, a pesar del aumento del número de mujeres no blancas en los altos cargos. Kamala no podrá dar una solución "racial" a un problema social.
  3. El movimiento feminista tiene pendiente un arduo trabajo entre las cristianas conservadoras que creen que Dios sólo ha designado a los hombres para dirigir a la comunidad (lo mismo que dicen los ayatolás de Irán, que en su Constitución han reservado el cargo de la presidencia a los hombres, alegando "¿Acaso Dios ha enviado alguna "profeta?") y entre las musulmanas inmigrantes que no suelen votar.
  4. El movimiento feminista se despoja de quienes intentan despolitizar su lucha: la discriminación no es cultural, es política y por ende sólo se eliminará cambiando el sistema en favor de los intereses de la mayoría.

¡Suerte, compañeras y compañeros estadounidenses!

11 septiembre 2020

Publicado enSociedad
Una operación contra Rafael Correa queda al desnudo 

La confesión del exagente de Inteligencia Raúl Chicaiza expone el armado de una causa

Chicaiza dice que fue presionado para involucrar al exmandatario en el caso del fallido secuestro del opositor Fernando Balda en 2012. Huyó de Ecuador y permanece en Argentina. 

 

El exagente de Inteligencia de Ecuador, Raúl Chicaiza, confesó que fue presionado para involucrar al expresidente Rafael Correa en el caso del fallido secuestro del opositor Fernando Balda en 2012. Chicaiza aseguró en conferencia de prensa que se vio forzado a acusar al candidato a la vicepresidencia de Ecuador para evitar nueve años de cárcel. También denunció que, a pesar de cumplir su condena, nunca recibió la asistencia correspondiente al programa de protección de testigos. "Mi vida ha corrido riesgo. He tenido tres atentados de bala y un accidente de transito", aseguró el exagente desde Argentina, donde espera que se termine de tramitar su condición de refugiado. Sobre Balda, un opositor al proyecto de Correa que incluso coqueteó con presentarse a las elecciones presidenciales de 2021, Chicaiza aseguró que "se reunía clandestinamente con Lenín Moreno para armar el montaje de su caso". 

"Nos sacaban de los centros de reclusión social intempestivamente con el fin de presionar y que se involucre con nuestro testimonio anticipado a altos mandos jerárquicos, y desde el Ejecutivo al economista Rafael Correa", dijo Chicaiza en una conferencia de prensa virtual desde Argentina. Luego del cumplimiento de la pena que se le impuso por participar en el operativo por el secuestro de Fernando Balda en Bogotá, en julio del 2019, Chicaiza quedó en libertad bajo el programa de protección de testigos de la Fiscalía. Sin embargo, el exagente advirtió que no se le brindaba la protección requerida en tres cartas dirigidas al presidente Lenín Moreno, a la ministra de Gobierno María Paula Romo, y a la fiscal General Diana Salazar que no fueron respondidas. 

"En el mes de agosto pedí refugio a Argentina de acuerdo a los convenios y tratados de Ginebra que su país siempre ha respetado. Apliqué en el mes de agosto. Desde el momento en que pisé territorio argentino se me dan las garantías y ahora aguardo que se me brinde el documento oficial del refugio", explicó Chicaiza a Página/12. "Tengo solicitado refugio por mi seguridad y mi vida, ya que en Ecuador se ha vulnerado nuestra Constitución, ya que es obligación del Estado velar por los derechos de los testigos protegidos. El Estado colombiano no supo protegerme", agregó el exagente.

Chicaiza afirmó que por involucrar a Rafael Correa en el intento de secuestro de Balda la justicia le ofreció "seguridad, reinserción laboral y cargos públicos para mis familiares". Pero no cumplieron con ninguna de las promesas. El testimonio del exespía es la única prueba en la que se apoyó el Tribunal para imputar al actual candidato a la vicepresidencia de Unión por la Esperanza (UNES).

"Somos los chivos expiatorios de la justicia para alcanzar fines políticos. Si tuviéramos una justicia independiente tendríamos que averiguar qué hacía Fernando Balda en Colombia. Y Balda se dedicaba junto a su esposa a vender equipos de tecnología para interceptación de celulares de Colombia a Ecuador. Todas estas pruebas las presentamos ante la justicia, pero parece que no les interesa", aseguró Chicaiza.

El exasambleísta Balda denunció que fue introducido de manera forzada en un vehículo en 2012, en la ciudad de Bogotá, Colombia, para ser devuelto a Ecuador. Al cabo de 90 minutos, el intento de secuestro fue frustrado por la policía local que acudió al llamado de taxistas. Los autores fueron detenidos y juzgados en Colombia y confesaron que en el secuestro intervinieron agentes ecuatorianos de la Secretaría Nacional de Inteligencia, bajo las órdenes de la presidencia de Ecuador. 

Chicaiza, quien ya cumplió condena por el caso, aún duda de la carátula de secuestro que figura en la causa. "La justicia colombiana debería decir por qué esto amerita que sea un secuestro. Deben decir donde está el requerimiento. ¿Fue económico, político, social? Dentro de la policía mundial hay normas y protocolos para saber si fue un secuestro, un paseo millonario o una situación para llamar la atención y sacar beneficios a largo tiempo, como lo está haciendo Balda en Ecuador", aseguró el exespía ante la consulta de este diario.

"El Ejecutivo actual tenía sus tentáculos de poder y los sigue teniendo. Es necesario que Ecuador conozca quién es Balda. Este pseudo-activista ha manejado a la justicia a su antojo bajo el mando de Lenín Moreno", manifestó Chicaiza. Hasta hace pocos días, Balda seguía firme en su sueño de ser candidato presidencial, pero finalmente decidió postularse a la Asamblea Nacional de Ecuador. 

En 2006, Balda se había sumado al movimiento Alianza País liderado por Correa. Un año después abandonó ese espacio para sumarse a las filas del Partido Sociedad Patriótica. A los 48 años, este hábil operador político buscará llegar al Congreso a través del movimiento Libertad es Pueblo, fundado por Gary Moreno, hermano del presidente.

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“El capitalismo utiliza tanto la «zanahoria» de la democracia como el «palo» del fascismo”

Entrevista a Jacques Pauwels

Mohsen Abdelmoumen: En su libro Big Business avec Hitler menciona la colaboración de la élite económica industrial y financiara con Hitler. ¿Fue Hitler un producto puro del sistema capitalista, un instrumento?

Dr. Jacques Pauwels: El llamado “nacional-socialismo” de Hitler (que en realidad no era en absoluto una forma de socialismo) era la variante alemana del fascismo y el fascismo era una manifestación del capitalismo, la manera brutal y cruel en la que se manifestó el capitalismo durante el periodo de entreguerras en respuesta a la amenaza del cambio revolucionario encarnado por el comunismo y a la crisis económica de la Gran Depresión. En efecto, se puede calificar a Hitler de “instrumento” del capitalismo en la medida en personificó la variante alemana del fascismo. Sin embargo, como menciono en mi libro, el término “instrumento” es demasiado simplista en realidad. Sería más exacto definir a Hitler como una especie de “agente”, un ser humano complejo con un espíritu propio, que actúa en nombre del capitalismo alemán, aunque no siempre de acuerdo con los deseos de los capitalistas, en vez de calificarlo de simple “instrumento” o “herramienta” del capitalismo alemán. Eso explica por qué los capitalistas alemanes no siempre estuvieron completamente satisfechos de los servicios de Hitler. Pero la ventaja de este acuerdo era que tras el desmoronamiento de la Alemania nazi pudieron culpar al “agente” de todos los crímenes que él había cometido en su nombre.

MA: ¿El capitalismo tiene una necesidad vital del nazismo y del fascismo?

JP: El capitalismo es un sistema socio-económico muy flexible que es capaz de funcionar en diferentes contextos políticos. Sin duda es un mito que el capitalismo, llamado por eufemismo “mercados libres”, es una especie de hermano siamés de la democracia, es decir, que el entorno político preferido del capitalismo es la democracia. La historia nos demuestra que el capitalismo prosperó en unos sistemas muy autoritarios y apoyó a estos sistemas con entusiasmo. En Alemania el capitalismo se comportó extremadamente bien cuando Bismarck dirigió el Reich con mano de hierro. Alemania bajo Hitler siguió siendo capitalista al 100 % y el capitalismo prosperó con Hitler, antes y durante la guerra, como he demostrado en mi libro.

El capitalismo también es capaz de asociarse a la democracia, y está deseoso de hacerlo, en particular si parecen necesarias unas reformas democráticas para disipar la amenaza de un cambio revolucionario, por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se introdujeron en Europa reformas políticas y sociales democráticas (el Estado de Bienestar) para hacer fracasar las reivindicaciones mucho más radicales, incluso revolucionarias, formuladas por los movimientos de resistencia en países como Italia o Francia. Se podría decir que para conseguir su objetivo de lograr el máximo beneficio el capitalismo está dispuesto a utilizar tanto la «zanahoria» de la democracia como el «palo» del fascismo y otras formas de autoritarismo, como las dictaduras militares.

MA: ¿El ascenso de grupos neonazis y fascistas por todo el mundo sirve al gran capital y a la oligarquía que gobierna el mundo?

JP: Como he mencionado antes, el fascismo es una manifestación del capitalismo. En otras palabras, es la manera en la que el capitalismo, como un camaleón, adapta su color a un entorno social y político cambiante. El fascismo histórico de la década de 1930, personificado por personajes como Mussolini y Hitler, reflejaba la respuesta del capitalismo, en Italia y Alemania, a la doble amenaza del cambio revolucionario a la rusa y de la Gran Depresión.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el fascismo estaba probablemente muerto y enterrado, el capitalismo (en particular el capitalismo estadounidense) se apoyó en los sistemas neo, cuasi o criptofascistas para neutralizar amenazas similares. Por ejemplo, en Chile, donde Pinochet fue llevado al poder para impedir unas reformas radicales y permitir al capital de inversión estadounidense instalarse con toda seguridad en el país. Hoy en día problemas económicos y sociales cada vez más importantes asociados a unas amenazas revolucionarias reales o percibidas han hecho que el capitalismo haya generado en varios países partidos y movimientos políticos fascistas o, si lo prefiere, casi o neofascistas. Por el momento el capitalismo no necesita llevar a estos fascistas la poder, pero resultan ser muy útiles porque, como Hitler con su antisemitismo, desvían la atención del público de los fallos del sistema capitalista echando la culpa a chivos expiatorios (preferentemente de color) como las personas musulmanas, refugiadas, chinas o rusas. El escritor alemán Bertolt Brecht nos advirtió poéticamente de ello haciendo alusión al fascismo hitleriano y a la capacidad intacta del capitalismo de generar nuevas formas de fascismo:

[…] So was hätt einmal fast die Welt regiert!

Die Völker wurden seiner Herr, jedoch

dass keiner von uns zu früh da triumphiert

Der Schoss ist fruchtbar noch, aus dem das kroch”

(¡Una vez algo así casi gobierna el mundo!/Los pueblos lograron hacerse con él, sin embargo,/que nadie nos cante triunfo demasiado pronto, continúa fértil el vientre del que surgió aquello. La resistible ascensión de Arturo Ui)

MA: La Unión Europea acusa a la URSS de haber desencadenado la Segunda Guerra Mundial, ¿qué opina usted?

JP: Acusar de la Segunda Guerra Mundial a la URSS (y, por consiguiente al Estado ruso que le sucedió) es una declaración puramente política. Constituye una distorsión monstruosa y vergonzosa de la historia. A lo largo de la década de 1930 la Unión Soviética estuvo años tratando de establecer con Francia y Gran Bretaña una alianza contra Hitler, pero fue rechazada varias veces. La razón de ello reside en el hecho de que los hombres que estaban en el poder en Londres y París no querían entrar en guerra al lado de la Unión Soviética contra Hitler, sino que querían que Hitler utilizara la potencia militar de Alemania para encaminarse hacia el este y destruir la Unión Soviética mientras ellos observaban tranquilamente entre bastidores. Sin duda Hitler quería la guerra y por ello se le reprocha con razón haber desencadenado la Segunda Guerra Mundial. Pero los dirigentes franceses y británicos son responsables en parte porque ellos animaron a Hitler y le apoyaron con su política de “apaciguamiento”, por ejemplo, ofreciéndole Checoslovaquia en bandeja de plata en el marco del tristemente célebre pacto que firmaron con él en Munich en 1938.

MA: Al culpar a la URSS, ¿acaso no tratan los políticos y los medios occidentales de ocultar su propia historia atroz de colaboración con Hitler y el nazismo?

JP: En efecto, culpando a la Unión Soviética los países “occidentales”, o al menos sus dirigentes, tratan de desviar la atención del papel que ellos mismos desempeñaron en el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Por medio de su infame política de apaciguamiento los dirigentes británicos y franceses fomentaron y facilitaron los planes de Hitler de una “cruzada” contra la Unión Soviética. Y la élite de las empresas y las finanzas de los países occidentales, incluido Estados Unidos, colaboró muy estrechamente (y de manera muy beneficiosa) con Hitler, como he demostrado en mis libros Big Business avec Hitler y El mito de la guerra buena (1).

JA: En sus obras Big Business avec Hitler y El mito de la guerra buena: Estados Unidos y la Segunda Guerra Mundial usted desmonta el mito de que Estados Unidos “liberó” a Europa, aunque es sabido que el momento crucial de la guerra es la victoria de Stalingrado de los soviéticos. ¿No es otra mentira histórica afirmar que Estados Unidos liberó a Europa? ¿Acaso Estados Unidos no colonizó simplemente Europa? ¿Cómo explica usted la dependencia de Europa respecto a Estados Unidos y el hecho de que los europeos siempre sigan la política imperialista de Estados Unidos? ¿No se ha quedado obsoleta la OTAN?

JP: Es cierto que la Unión Soviética hizo, con mucho, la mayor aportación a la victoria de los Aliados. Si el Ejército Rojo no hubiera logrado detener la apisonadora nazi ante Moscú en 1941 y obtener victorias importantes en Staligrado y otros lugares, Hitler habría ganado la guerra. Pero los nazis tenían la maquinaria de guerra más poderosa que se haya visto nunca y para vencerla se necesitaba la contribución de todos los ejércitos aliados y también de los movimientos de resistencia. No se puede negar que el ejército estadounidense también hizo una contribución importante; sin embargo, los dirigentes estadounidenses se aprovecharon de la presencia de su ejército en Europa occidental para establecer su hegemonía en esta parte del mundo. En muchos sentidos, Estados Unidos no “liberó” verdaderamente a los países de Europa occidental. Todavía hoy Alemania no es “libre” de pedir a las tropas estadounidenses que abandonen su territorio, y Bélgica y los Países Bajos deben tolerar la presencia de bombas atómicas estadounidenses dentro de sus fronteras. El presidente francés Charles de Gaulle no estaba lejos de la verdad cuando describió la liberación estadounidense de Francia como una segunda “ocupación” tras la ocupación alemana. Al contrario de los alemanes y belgas, de Gaulle tuvo el valor de exigir que las tropas estadounidenses abandonaran Francia y esa es una de las razones por las que parece que la CIA estuvo implicada en diferentes atentados contra su vida.

Pero ni siquiera de Gaulle pudo evitar adherirse a la OTAN, que no es en absoluto una alianza entre iguales sino un club de “satélites” europeos de Estados Unidos, estrictamente controlado por el Pentágono y que funciona como un departamento de ventas y de relaciones públicas del “complejo militar-industrial” estadounidense. En su origen la OTAN se creó para defender Europa occidental de una amenaza totalmente ficticia proveniente de la Unión Soviética, de modo que se debería haber disuelto tras el desmoronamiento del “Imperio del mal”. Sin embargo, para Estados Unidos la OTAN es un instrumento muy útil y poderoso para controlar Europa. Y, en efecto, este control, esta hegemonía, fue establecido por Estados Unidos en los meses que siguieron al desembarco de sus tropas en Normandía en 1944. Irónicamente, esta hazaña no habría sido posible si mucho antes el Ejército Rojo no hubiera atestado varios golpes mortales a la Alemania nazi.

MA: ¿La intervención estadounidense en Europa durante la Segunda Guerra Mundial no es simplemente una guerra capitalista? ¿No sirve fundamentalmente a los intereses del imperialismo estadounidense y a su completo militar-industrial?

JP: La Segunda Guerra Mundial fueron dos guerras en una. Por una parte, se trataba, efectivamente, de una guerra “capitalista” o, más bien, de una guerra “imperialista”. El imperialismo era, es, la manifestación internacional, mundial, del capitalismo que implica la competencia y el conflicto entre las principales potencias capitalistas/imperialistas por unos territorios que que rebosan de elementos codiciados, como materias primas (petróleo, por ejemplo) y mano de obra barata. La Primera Guerra Mundial fue un conflicto imperialista, pero no solucionó las cosas, de modo que las potencias imperialistas entraron en guerra una segunda vez. Estados Unidos salió de este conflicto como el gran ganador gracias, irónicamente, a la aplastante derrota gracias a la Unión Soviética del otro candidato a la supremacía imperialista, la Alemania nazi.

Al mismo tiempo, la Segunda Guerra Mundial también fue un conflicto entre el capitalismo-imperialismo y el socialismo, encarnado por la Unión Soviética. Es una ironía de la historia que ambos tipos de conflictos se hayan fusionado y generado unas contradicciones como la alianza de facto de la Unión Soviética socialista, intrínsecamente anticapitalista y antiimperialista, con dos potencias imperialistas antisocialistas, Estados Unidos y Gran Bretaña. La guerra sirvió a los intereses del imperialismo estadounidense en el sentido de que permitió a Estados Unidos emerger como el número uno indiscutible del imperialismo. Pero el resultado de la guerra fue imperfecto porque significaba también un triunfo para la Unión Soviética antiimperialista y por esa razón inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial Washington empezó una nueva guerra, la Guerra Fría, cuyo objetivo era nada menos que la eliminación de la Unión Soviética.

MA: El imperialismo estadounidense nunca ha cesado una política de guerra y de golpes de Estado por todo el mundo. ¿Las guerras imperialistas que han devastado Irak, Afganistán, Libia, Siria y Yemen no son sintomáticas de la barbarie del imperialismo estadounidense?

JP: Históricamente el imperialismo estadounidense ha perseguido sus objetivos de manera sistemática, despiadada y se podría añadir que no solo abiertamente sino también furtivamente por medio de la guerra abierta, la guerra económica, la desestabilización, el sabotaje y los intentos de asesinato. Citemos entre los ejemplos de esta crueldad el bombardeo inútil de Hiroshima, la guerra química contra el pueblo vietnamita, los intentos de asesinato logrados o no de dirigentes recalcitrantes como Fidel Castro y Lumumba, y unas sanciones económicas que cuestan la vida a decenas, incluso centenares de miles de mujeres y niños, como reconoció tristemente Madeline Albright en referencia a Irak. De modo que sí, las guerras desencadenadas por Estados Unidos en Irak, Afganistán, Libia, etc., son sintomáticas de esta crueldad o barbarie, como usted lo denomina.

¿Quién es el dr. Jacques Pauwels?

Jacques R. Pauwels es un historiador, investigador y escritor nacido en Gante, Bélgica. Emigró a Canadá en 1969 después de estudiar Historia en la Universidad de Gante y se instaló cerca de Toronto. Hizo estudios de doctorado en la York University de Toronto y se especializó en la historia social de la Alemania nazi. En 1976 obtuvo el doctorado. Es profesor de Historia en varias universidades canadienses, incluidas la universidad de Toronto y la de Guelph. En 1995 obtuvo un doctorado en Ciencias Políticas en la especialidad de la reglamentación de las inversiones extranjeras en Canadá. Ofrece conferencias en varias universidades de Ontario, incluidas las universidades de Toronto, Waterloo y Guelph. Y ha publicado muchos artículos.

Ha escrito varios libros que se han traducido a diferentes lenguas. Entre sus obras destacan Women, Nazis, and Universities : Women University Students in Nazi Germany, 1933-1945, El mito de la guerra buenaBig business avec Hitler, Les mythes de l’Histoire moderne y Le Paris des sans-culottes.

En su página web, http://www.jacquespauwels.net, se publican las conferencias y entrevistas en las que ha participado, así como sus muchas publicaciones.

Mohsen Abdelmoumen es un periodista argelino independiente. Colabora con varios periódicos argelinos como Alger Républicain y con diferentes páginas web de prensa alternativa. Su blog es Algérie Résistance.

Por Mohsen Abdelmoumen | 31/08/2020

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

 

Nota:

(1) En francés Le Mythe de la Bonne Guerre : Les USA et la Seconde Guerre mondiale. Es el único libro de Pauwels traducido al castellano, en este caso por José Sastre: El mito de la guerra buena, Hiru, Hondarribia, 2002. (N. de la t.)

Fuente: https://mohsenabdelmoumen.wordpress.com/2020/08/14/dr-jacques-pauwels-pour-poursuivre-ses-objectifs-de-maximisation-des-profits-le-capitalisme-est-pret-a-utiliser-la-carotte-de-la-democratie-ainsi-que-le-baton-du-fas/

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¿Qué tienen en común Trump, el gobierno de Maduro y el guaidoismo?

Por diferentes motivos, y con diferentes argumentos, Donald Trump, el gobierno de Maduro y la oposición extremista articulada en torno a Juan Guaidó, tienen en común la voluntad de hacer todo lo posible por generar desconfianza en las elecciones y limitar, al máximo, la posibilidad de que los ciudadanos de sus respectivos países puedan expresar su voluntad política con la participación electoral.

Trump lo tiene claro. Las encuestas de opinión se lo dicen en forma contundente día a día, por más que él pretenda descalificarlas como "fake news", que la mayoría de la población de los Estados Unidos rechaza su gestión y que tiene, de acuerdo a estas encuestas, limitadas posibilidades de ser re-electo en noviembre. Esto ocurre como consecuencia, de sus desastrosas políticas ambientales, que ponen en riesgo la vida en el planeta, sus políticas patriarcales, sus políticas conducentes al acelerado incremento de las desigualdades, su profundo racismo, su respaldo a las organizaciones armadas de la extrema derecha supremacista blanca, y su colección interminable de mentiras.[1]

A todo lo anterior se han sumado tres severas crisis que atraviesan hoy al país. En primer lugar, la pandemia del COVID-19 que, gracias a las erráticas e irresponsables políticas de Trump, que en todo momento puso sus intereses políticos personales (la reelección) por sobre la vida de los estadounidenses, ha afectado a dicho país mucho más que a cualquier otro. De acuerdo al registro oficial del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, para el 23 de agosto del 2020, se habían registrado en el país 5.643.812 casos de infectados y un total de 175.651 muertes,[2] muchas más que la sumatoria de las muertes de soldados estadounidenses en las guerras de Corea, de Vietnam y todas las aventuras militares posteriores de los Estados Unidos. Con solo 4% de la población mundial Estados Unidos tiene 22% de los contagiados y aproximadamente 20% de los muertos por COVID-19.

En segundo lugar, una profunda crisis económica, con una caída del producto nacional más acelerada que la ocurrida durante de la Gran Recesión de la década de los veinte del siglo pasado, y una tasa de desempleo que se ha triplicado en pocos meses. Era precisamente la supuesta bonaza económica lo que le servía a Trump de sustento para sus expectativas de reelección.

En tercer lugar, el asesinato de George Floyd ha producido las movilizaciones de protesta más amplias, más social y étnicamente diversas y más extendidas geográficamente de la historia de los Estados Unidos en contra del racismo sistémico, no solo de los cuerpos policiales, sino del conjunto de la sociedad. Esa sociedad se ha tenido que mirar al espejo. La reacción fundamentalmente represiva ante estas movilizaciones por parte del gobierno de Trump confirma de qué lado está en estas confrontaciones.

Ante la creciente preocupación de que podría perder las elecciones, Trump se ha dedicado en forma sistemática a crear desconfianza en relación a éstas. Se ha negado a afirmar que reconocerá los resultados en caso de perderlas y, aunque como presidente no tiene atribuciones para eso, ha amenazado con posponerlas.

En este contexto, el voto por correo se ha colocado como un tema central del debate electoral. Más del 60% de la población afirma en las encuestas que le daría miedo salir a votar en condiciones de pandemia y la mayoría de los estados han tomado medidas para facilitar el voto por correo. Trump ha respondido a esto llevando a cabo una sistemática campaña para deslegitimar y obstaculizar el voto por correo.

Hay en los Estados Unidos una larga tradición de voto por correo. El voto en ausencia ha sido una práctica generalizada, utilizada por quienes, como resultado de enfermedad, de su edad avanzada o de encontrarse en otra localidad, no pueden acudir a su centro de votación. Varios estados, desde hace algún tiempo, realizan la totalidad de sus procesos electorales por correo. No se han constatado en estas variadas experiencias casos de fraude electoral. El sistema de correos es una de las instituciones más respectadas del país, y como institución federal, cualquier interferencia con su funcionamiento está penada con fuertes sanciones.

Después de la guerra civil y la emancipación de los esclavizados, las élites blancas del Sur, con el fin de preservar su poder, impusieron restricciones legales a la posibilidad de que los ex-esclavizados pudiesen votar: las llamadas leyes Jim Crow. Solo con la aprobación de la Ley de derecho de voto de 1965, en el contexto del gran movimiento nacional por los derechos civiles, durante el gobierno de Lyndon Johnson, fueron prohibidas todas las restricciones al derecho al voto basadas en la llamada "raza". Desde entonces, los Republicanos han continuado haciendo todo lo posible por restringir la participación electoral de los sectores más pobres de la población, fundamentalmente, pero no solo, la población negra y latina. Entre los mecanismos más eficaces han sido las leyes que impiden que los ex-convictos puedan recuperar sus derechos ciudadanos una vez cumplida su sentencia, negándose de esa manera el derecho al voto. Consecuencia del profundo racismo que ha caracterizado a ese país desde antes de su fundación, una elevada proporción de los ex-convictos son pobres, negros, latinos, y otros migrantes, grupos demográficos que tienden a votar por el Partido Demócrata.

Un asalto en gran escala al derecho al voto lo avanza Trump bloqueando el financiamiento que requiere el correo para funcionar adecuadamente. Trump ha afirmado en forma reiterada que la "votación universal por correo" conducirá a "la elección más inexacta y fraudulenta de la historia". Negarle el financiamiento al correo se ha convertido en un mecanismo expresamente reconocido por Trump como vía para limitar el voto por correo.

| "Ahora necesitan ese dinero para que la Oficina de Correos funcione y pueda recibir todos estos millones y millones de boletas. ... Pero si no lo reciben, eso significa que no puede haber una votación universal por correo."[3]

Ha nombrado como Director General del Servicio Postal a Louis DeJoyl, financista del Partido Republicano y de Trump. Dueño de millones de dólares en acciones en una de las empresas privadas que se beneficiaría con un deterioro o la privatización del correo, lo que ha sido un objetivo de dicho partido durante décadas. Para limitar la capacidad del correo para procesar las boletas electorales ha producido un conjunto de cambios en el funcionamiento del correo. Ente otras medidas, ha eliminado el sobre tiempo y retirado un gran número de máquinas de clasificación automática de correspondencia, produciendo con ello serios retardos en la distribución del correo.

Con ello se buscan simultáneamente dos objetivos. Reducir el número de votos por correo, dificultándolo y creando desconfianza de que serían contados y, a la vez, crear una crisis, inclusive un caos el día de las elecciones. Si una proporción mayor de votantes demócratas que de republicanos votan por correo, el día de las elecciones lo votos que se contarían primero favorecerían a Trump. Los votos por correo, mayoritariamente demócratas, podrían retardarse varios días e incluso llegar a los centros de votación demasiado tarde para ser contados. Esto crearía las condiciones para que Trump declarase que ganó las elecciones, y la posibilidad de que sus milicias armadas de ultraderecha salgan a las calles a defender su victoria. No sería la primera vez que las elecciones se decidiesen sin contar todos los votos. Este fue el caso de la elección de George Bush, en el año 2000 cuando la Corte Suprema suspendió el conteo de votos en Florida y declaró que Bush había ganado las elecciones en ese estado y por lo tanto se había impuesto sobre a Al Gore en las elecciones nacionales.

Muchos analistas están hablando de la perspectiva de una muy severa crisis constitucional si Trump se niega a reconocer los resultados de las elecciones. Se han realizado incluso pronunciamientos públicos llamando a los militares a intervenir en caso de que eso ocurra.

En todo caso, se trata de una estrategia doble. Por un lado, hacer todo lo posible por limitar la participación electoral y, por el otro, generar el máximo de desconfianza en el proceso de manera de ir preparando el terreno para desconocer los resultados si no le son favorables.

¿Y el gobierno de Maduro y el guaidoismo?

¿Qué semejanza puede tener todo esto con las elecciones en Venezuela? ¡Mucha!

Por motivos diferentes, tanto el gobierno de Maduro como el guaidoismo están haciendo todo lo posible por generar desconfianza en las elecciones parlamentarias y por limitar al máximo la participación electoral.

Los grupos políticos y partidos articulados en torno a la figura de Guaidó, han denunciado estas elecciones como fraudulentas y anunciado su llamado a la abstención incluso antes de conocer las condiciones en las cuales estas se realizarían, condiciones no necesariamente muy diferentes a aquellas en las cuales los partidos de oposición ganaron las parlamentarias del 2015 por amplia mayoría. Esto por varias razones. Bajo la directriz del gobierno de Trump de "cambio de régimen" como la única opción aceptable, han rechazado toda posibilidad de acuerdo político y visto las elecciones como una reafirmación de la Constitución del año 1999, Constitución que quieren eliminar. Tienen claro igualmente que, en unas elecciones libres, aún en las mejores condiciones posibles, habría un cambio en la composición de la Asamblea Nacional. Saben que el respaldo a Guaidó, y a los partidos y fracciones de partido que lo respaldan hoy, es mucho menor que lo fue hace cinco años, incluso hace un año.

El país ya no está caracterizado por la polarización de años anteriores. De acuerdo con la encuesta Delphos del mes de agosto 2020, la mayoría de la población rechaza a Maduro, pero no por ello se identifica con Guaidó, ni con los partidos que lo acompañan. Todas las encuestas de opinión destacan que una proporción creciente de la población no se identifica ni con el gobierno, ni con los partidos de esa oposición. A diferencia de la situación a comienzos del año 2019, cuando quienes reconocían a Guaidó como presidente superaban ampliamente a quienes reconocían a Maduro como tal, hoy 50% de la población reconoce a Maduro como presidente y solo 16,2% reconoce a Guaidó. Mientras 81,1% afirma que está "poco satisfecho" o "nada satisfecho" con "los resultados mostrados por Nicolás Maduro en su desempeño como político", la cifra correspondiente a Guaidó es aún mayor: 89%. El 52% de los encuestados considera que la "vía más realista y posible para superar la crisis" es "mediante acuerdos pacíficos y negociados" entre gobierno y oposición, una elevada proporción de quienes se identifican con esos partidos de oposición, a la vez que rechazan la participación electoral, consideran que la superación de la crisis pasa por una intervención militar internacional (42,9%). Más encuestados se sienten identificados con el PSUV (24.4%) que la sumatoria de quienes se sienten identificados con los cuatro partidos del llamado G4 (15,6%). Más personas afirman que estarían dispuestas a votar por candidatos del gobierno que por candidatos de los partidos de esa oposición, y más estarían dispuestos a votar por candidatos independientes, que por candidatos de esos partidos.

Sabe este sector de la oposición que con estos significativos desplazamientos políticos y los efectos de la mejoría en la representación proporcional, la composición de la Asamblea Nacional, aun en unas elecciones con un máximo de garantías, cambiaría sustancialmente. Sería una asamblea mucho más diversa en la que ningún sector tendría hegemonía y por lo tanto pasaría a ser un ámbito en el cual, para tomar decisiones, habría que llegar a acuerdos, sería indispensable negociar con los contrincantes políticos. Saben que, sin lugar a dudas, Guaidó dejaría de ser presidente de la Asamblea y con ello se vendría abajo todo el andamiaje de su gobierno paralelo. Le resultaría difícil a lo que los Estados Unidos llama "la comunidad internacional" seguirlo reconociendo como "presidente legítimo". La opción ha sido entonces la de negarse a participar, desconocer de antemano las elecciones y sus resultados, hacer lo posible por deslegitimarlas, y buscar el máximo de abstención. Todo esto parece conducir a la creación de un gobierno en el exilio con un destino incierto.

La prioridad de estos sectores es exterminar la experiencia bolivariana y controlar el poder del Estado cueste lo que cueste. La mejor demostración de esta disposición a colocar sus intereses políticos y/o personales sobre los intereses de la población es, no solo su apoyo a las ilegales sanciones económicas unilaterales que le ha impuesto el gobierno de Trump a Venezuela, sino sus sucesivos llamados a incrementarlas. Estas sanciones no afectan al gobierno de Maduro, que las utiliza para cerrar filas en las fuerzas armadas y en el PSUV e, igualmente, justificar la profundidad de la crisis. Afectan severamente al conjunto del pueblo venezolano. En las condiciones de la severa crisis humanitaria que vive el país, profundizada por la pandemia, apoyar el bloqueo a la exportación de petróleo –principal fuente de ingreso de las divisas requeridas para importar alimentos y medicamentos- obstaculizar o impedir la importación de insumos y apropiarse, como piratas, de gasolina propiedad del Estado venezolano en aguas internacionales, buscando detener la actividad productiva del país, ilustra dónde están las prioridades de este sector. Es una política directamente criminal.

El gobierno de Maduro busca, igualmente, promover al máximo la abstención electoral. Necesita las elecciones para cumplir, por lo menos formalmente, con la Constitución, buscar algún mínimo de legitimidad, y para salir de Guaidó. Pero sabe que si es elevada la participación electoral, dado el muy amplio rechazo de la población tanto a él como a su gobierno, saldría aplastantemente derrotado. Se propone por lo tanto movilizar al máximo a su hoy más reducida, pero existente, base electoral, y buscar por todos los medios que el resto de la población se abstenga como ocurrió en las elecciones de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente que terminó siendo conformada en un 100% por representantes del gobierno.

Para lograr estos objetivo se ha dedicado, y con seguridad continuará haciéndolo, a colocar todos los obstáculos posibles a la participación electoral, cometiendo una amplia gama de arbitrariedades e ilegalidades, dándole en bandeja de plata a los abstencionistas de la oposición guaidoísta, todos los argumentos requeridos para justificar su política abstencionista. La lista de estas ilegalidades, obstáculos y arbitrariedades es amplia. Como ilustración basta con señalar algunas: la limitada actualización del registro electoral, los apretados lapsos del cronograma electoral, la forma como se nombró a la directiva del Consejo Nacional Electoral y como, violando todas las normas, el TSJ nombró al nuevo vice-presidente del cuerpo. Sin embargo todo esto pasa a un segundo plano en comparación con la más autoritaria y arbitraria ilegalidad: la intervención por parte del gobierno, vía TSJ, de los partidos de la alianza guaidoísta, su descabezamiento y el nombramiento de nuevas directivas más favorables al gobierno. La intervención del Movimiento Tupamaro, de la UPV, y del PPT permite constatar que organizaciones de izquierda, aliados que se atreven a asumir posturas críticas, son igualmente sometidas.

Las elecciones son un ámbito privilegiado de la democracia. Como en los Estados Unidos, los múltiples obstáculos que se ponen en el camino para limitar la participación electoral, venga ésta de donde venga, constituyen una violación al derecho que tiene la población a elegir sus representantes y gobernantes.

Tanto en los Estados Unidos como en Venezuela, son muchos los obstáculos que hay que superar para votar. En Venezuela no hay que votar porque se considere que estas son unas elecciones limpias, equitativas, libres. Hay que votar a pesar de esos obstáculos, a pesar de esas provocaciones, precisamente porque se reconoce que estos dos polos extremos que han dejado de representar al país están haciendo todo lo posible porque no votemos, por negarle la voz a la mayoría.

Las elecciones, por sí mismas no son una solución mágica. Por sí mismas, obviamente, no nos conducen a la superación de las profundas crisis que vive Venezuela. Pero podemos utilizarlas como un referéndum para expresar nuestro masivo rechazo a estos dos polos que han sido cómplices en la destrucción de la nación, y que nos están conduciendo hacia niveles de violencia extremadamente peligrosos. Ofrecen la posibilidad de comenzar a expresar y articular las fuerzas necesarias para recuperar su
Constitución y reconstruir el país.

25 de Caracas, agosto 2020

Por: Edgardo Lander | Martes, 25/08/2020 05:14 PM

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[1]. De acuerdo al Washington Post, que ha dedicado un equipo al seguimiento de cada uno de sus pronunciamientos, desde su inauguración como presidente hasta el 13 de julio del 2020, Trump había enunciado 20 mil afirmaciones falsas o engañosas. https://www.washingtonpost.com/politics/2020/07/13/president-trump-has-made-more-than-20000-false-or-misleading-claims/

[2]. Centers for Disease Control and Prevention, 23 de Agosto 2020. https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/cases-updates/cases-in-us.html

[3]. Aaron Blake, "Trump blurts out his true motive on mail-in voting", The Washington Post, 13 de Agosto, 2020. https://www.washingtonpost.com/politics/2020/08/13/trump-blurts-out-his-true-motive-blocking-post-office-funding-mail-in-voting/

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La tentación de Newton ante las manifestaciones de la conspiración

Existe una historia sobre Isaac Newton que siempre ha llamado mi atención. Muy probablemente sea apócrifa, pero ilustra perfectamente cómo se veía a los científicos en el siglo XVIII. En su casa, el científico fue abordado por una señora que había perdido su bolso. El bolso contenía objetos importantes y la mujer le pidió angustiada que le dijese dónde estaba. Evidentemente, Newton se negó, no podía ayudarla. Tras catorce insistentes visitas, el científico se puso una túnica, marcó un círculo con tiza a su alrededor y dijo: Abracadabra. Ve a la fachada del Hospital Greenwich. Allí veo a un duende agachado con tu bolso.

No puedo por menos que sonreír imaginando al científico perplejo ante la incomprensión de algunos de sus vecinos sobre el funcionamiento y alcance de su trabajo. Pero también me pregunto cómo continuaría la historia al saberse estos ridiculizados por el maestro ante sus demandas imposibles.

En estas semanas corren ríos de tinta sobre algunas manifestaciones que contradicen el consenso científico. Antes que nada, recomendaría consultar el trabajo que desde finales de los años 1980 realiza el Comité de Investigación de Sociología del Conocimiento, de la Ciencia y la Tecnología de la Federación Española de Sociología (la sociedad científica que agrupa a la sociología española), así como desde la psicología social y la opinión pública, para comprender las dinámicas de la confianza social en la ciencia y las instituciones científicas.

¿Qué nos dice la evidencia sobre los movimientos contra el consenso científico?

El error de meterlo todo en el mismo saco

Primera evidencia: estos movimientos no son homogéneos. Lejos de eso, entre la población existe un amplio espectro de confianza hacia el consenso tecnocientífico y, además, con diferentes puntos de tensión. Es decir, algunas personas desconfían profundamente de la capacidad de controlar la energía nuclear, mientras que confían en las vacunas infantiles recomendadas por las instituciones sanitarias.

En el caso de la confianza en las recomendaciones sanitarias contra el coronavirus, primera sugerencia: tener en cuenta este continuo de actitudes (positivas, ambivalentes y negativas). Dicho de otra manera: no tratar las actitudes críticas como si fueran un bloque. No lo son; se trata de una amalgama de personas, algunas con posiciones infranqueables, otras con planteamientos más ambiguos, con una gran diversidad de inquietudes.

Como dice Dan Kahan en su interesante artículo en Science, tratarlos de manera uniforme puede tener efectos contraproducentes. También en España, diversos estudios muestran cómo la mayor parte de la ciudadanía expresa actitudes ambivalentes hacia la ciencia y la tecnología, alejadas de la antigua dicotomía "todo es beneficioso", "nada lo es".

La responsabilidad de los referentes en los que confiamos

Segunda evidencia: cuando analizamos realidades con aspectos científicos complejos (como un nuevo coronavirus que irrumpe de repente en nuestras vidas) la gran mayoría de las personas no puede dedicar el tiempo y la energía necesarios a comprender por ellas mismas todas las cuestiones en juego. No podemos estudiar microbiología, epidemiología, neumología, virología durante meses para poder llegar a tener una opinión sobre lo que sucede.

¿Cómo hacemos? Usamos atajos, normalmente mediados por la confianza que nos proporcionan algunas instituciones o personas. Por ello es tan importante cuidar la confianza cuando abordamos la comunicación de una crisis sanitaria como la que vivimos. Volveré sobre esto.

Así, las declaraciones de referentes sociales y políticos tienen mucha importancia. Un experimento de mi colega Matthew Hornsey muestra cómo los votantes republicanos son más propensos a rechazar la vacunación si llegan a leer tuits antivacunas de Donald Trump (en el que tienen una confianza política).

¿Hizo el presidente Trump ese curso de microbiología que no pudimos hacer? No. Pero su posicionamiento sobre temas complejos y controvertidos funciona de atajo para cientos de miles de personas. Por ello es tan importante la responsabilidad de los referentes políticos, sociales y culturales a la hora de pronunciarse sobre este tipo de cuestiones complejas. Si no pueden hacer ese curso de microbiología, deberían dirigir sus opiniones hacia las personas expertas.

Pero también existen incentivos para que algunos agentes sociales no actúen de manera responsable. Esta capacidad de ser atajos para cuestiones complejas y controvertidas está siendo utilizada por algunas agrupaciones políticas extremas en diversos países para canalizar la desconfianza y las inquietudes sobre la evolución de la pandemia. Estos incentivos deberían ser compensados por costes legales específicamente definidos para reducir este uso irresponsable de la influencia política hacia cuestiones de sanidad pública.

También es crucial la confianza que tengamos en el funcionamiento de nuestras instituciones sanitarias. Esa confianza influirá fuertemente, por ejemplo, en nuestras actitudes hacia la vacunación.

El razonamiento motivado

Una tercera evidencia que me parece muy pertinente para entender las manifestaciones recientes contra el uso de la mascarilla o las futuras vacunas es la que muestra mecanismos de razonamiento motivado o cognición protectora de la identidad.

A menudo, las personas operamos más como abogados cognitivos que como científicos cognitivos: en lugar de sopesar la información de una manera abierta, atendemos, criticamos y recordamos información de manera selectiva, de un modo que refuerza nuestras conclusiones previas. Grupos más afectados por las medidas contra el coronavirus, que ven peligrar en mayor medida su forma de vida o valores, tenderán a activar en mayor medida mecanismos de razonamiento motivado.

Y, todavía más interesante. Una investigación pendiente de publicación que hemos realizado en 2019 en España (con Celia Díaz y Matthew Hornsey) muestra que las personas con estudios superiores serían más proclives a activar este tipo de mecanismos en su reticencia a la vacunación, ya que disponen de más recursos para proteger cognitivamente su visión del mundo. Esto ayudaría a explicar la mayor presencia (con respecto al total de la población) de personas con niveles avanzados de estudios o con profesiones más expuestas por las medidas contra el coronavirus (autónomos, sector cultural, etc.).

Este mecanismo de razonamiento motivado también ayudaría a explicar por qué algunas personas reticentes con las vacunas pasan una cantidad de tiempo considerable buscando información en internet sobre las vacunas y, aun así, llegan a conclusiones alejadas del consenso científico. Y también por qué algunas campañas de vacunación que se han basado en presentar información científica o refutar mitos sobre las vacunas han logrado un éxito moderado e incluso algunas campañas particulares han llegado a tener efectos negativos (efecto boomerang).

El miedo y la necesidad de comprender

Por último, el miedo. La situación que hemos vivido estos últimos meses no tiene precedentes en nuestro tiempo de vida. Imagínese que, en esta circunstancia excepcional, siente que no puede confiar en los líderes políticos. Siente desconfianza hasta el punto que cree que no buscan proteger su salud. También desconfía de las farmacéuticas. Y de los médicos, porque cree que están al servicio de estas. No puede salir a la calle sin ‘saber’ lo que está pasando. Necesita una explicación coherente con su forma de ver el mundo.

Aquí entran en juego diversas teorías de la conspiración en torno al origen y la naturaleza del coronavirus. Para algunas personas, estas teorías cubren una necesidad urgente en un momento en que su vida está dando un vuelco: comprender. Porque si comprendo (o creo comprender) tengo la sensación de tener un mayor control sobre la situación.

El periodismo científico vive un momento crucial en todo el mundo, ya que puede influir de manera significativa en cómo evoluciona ese rango amplio de actitudes ambivalentes hacia la ciencia y la tecnología en este contexto de crisis sanitaria. Y sabemos que estas actitudes influirán en los comportamientos futuros.

Muchas personas quieren saber dónde está la solución y la quieren ya. Además, desconfían ante el hecho de que la ciencia no sea monolítica, que no todos los científicos den la misma contestación, que haya médicos que den explicaciones discordantes con el consenso mayoritario de la ciencia. También desconfían de que, en contextos de incertidumbre, haya medidas que posteriormente se corrijan o que puedan resultar contradictorias con otras. A pesar de que algunos ciudadanos insistan catorce veces, como a Newton, creo que la comunicación de la ciencia debe ser fiel a sus límites, evitando darles lo que reclaman: respuestas para todo, monolíticas, infalibles.

Redes sociales que polarizan mensajes

En las redes sociales veo cómo crece el ruido, la simplificación, la polarización social. El conflicto no necesariamente es negativo. Sin embargo, enfrentarnos contra quienes desconfían del consenso científico llevará a la polarización. Y en esta crisis, la polarización social promete pocos beneficios y, en cambio, mucho que perder.

Algunas reacciones duras contra las manifestaciones recientes me preocupan, aunque pueda entender las emociones que las motivan. Primero, porque numerosos estudios muestran que ridiculizar a estas personas es contraproducente. Sugiero revisar las recomendaciones de UNESCO (basadas en evidencia científica) sobre cómo comunicarse con personas que creen firmemente en teorías de la conspiración.

Segundo, porque el endurecimiento de las posiciones puede provocar enfrentamientos (no solo verbales) entre grupos de personas que ven al otro como el enemigo. Me sorprendió recientemente un tuit de un diputado, señalando a los manifestantes como "enemigos del pueblo". Si empezamos a vernos como enemigos difícilmente podremos colaborar en un reto en el que nos necesitamos mutuamente.

La tentación de ridiculizar a quien no confía en el consenso científico puede llevarnos a una disminución de la confianza social. Sin confianza, no hay colaboración. Sin colaboración, no podemos parar la pandemia. En esta situación, creo que Newton respiraría por decimoquinta vez y, sin caer en la ridiculización, trataría de entender la desesperación de su vecina. Porque la necesita.

Por JOSEP LOBERA

Profesor de Sociología, Universidad Autónoma de Madrid

23/08/2020

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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