Miércoles, 25 Abril 2018 05:57

La Bella y la Bestia

La Bella y la Bestia

La eterna disputa entre Europa y los Estados Unidos por la hegemonía en Medio Oriente volvió a plasmarse en el viaje que el presidente francés Emmanuel Macron realiza a Estados Unidos. Fuera de las decorativas teatralidades a que da lugar toda visita, el tema por excelencia era Irán. Trump y Macron pugnan por objetivos contrarios: el primero tiene una vaga noción de lo que está en juego más allá de sus mediáticas gesticulaciones, el segundo es consciente de los desastres que acarrearían una ruptura del acuerdo nuclear con Irán que Teherán negoció con la precedente administración de Barack Obama.


El texto congelaba el programa nuclear iraní por un lapso de 10 años y fue firmado en julio de 2015 en Viena por el grupo 5 más uno (los cinco miembros del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia, más Alemania e Irán). Actualmente, además de Francia, Gran Bretaña, China y Rusia abogan por que se “respeten” los términos y la vigencia de dicho acuerdo. Irán rehúsa que se modifique el corazón del texto y amenazó con retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear.


La escena de fondo de este antagonismo entre Macron y Trump bien podría sintetizarse como un intercambio entre la Bella y la Bestia. Mientras el presidente francés le ofrecía a Trump la posibilidad de un acuerdo revisado, Trump, ante su invitado, calificó el acuerdo de 2015 como “ridículo, demente y ruinoso” y advirtió que si Teherán reactiva el programa nuclear “habrá un problema más grande que nunca”.


Fiel a su impulsividad, el presidente norteamericano fijó un ultimátum, tanto a los europeos como a Irán: si de aquí al 12 de mayo los europeos no cambian de posición y no acrecientan su presión diplomática ante Teherán, el acuerdo sobre el programa nuclear iraní dejaría de tener valor. La palabra que usó Trump es una pura fruta de su campo de odio: “despedazar”. Macron le respondió con otro estilo. “No se despedaza un acuerdo para ir hacia ningún lado. Se construye un acuerdo más amplio capaz de cubrir el conjunto de nuestras preocupaciones”. El territorio de la pedagogía será arduo. El jefe del Estado francés trata de que Trump entienda de que, en caso de nueva crisis, el tema no se limitaría a Irán sino que rebasaría a toda la región, empezando por Siria.


Hoy, París propone un plan que consta de cuatro etapas y que parte del mantenimiento de la vigencia del actual acuerdo: una, el bloqueo de cualquier actividad nuclear iraní hasta el año 2025. Dos, impedir las actividades nucleares; tres, parar también la actividad balística y, por último, crear las condiciones de una estabilidad política en la región. Macron también considera que es imposible pactar con Irán sin tomar en cuenta un capítulo en donde se asocie a Teherán para revertir la crisis Siria, lo cual debería también implicar a Rusia y Turquía.


Macron reconoció que a este respecto Washington y París no comparten “las mismas posiciones”. Sin embargo, pese al belicismo patotero de Trump, la divergencia no parece haber cerrado la posibilidad de avanzar. Macron dijo que “las discusiones permiten abrir el camino de un nuevo acuerdo”. Según adelantan analistas de la prensa francesa, el choque de fondo entre Macron y Trump es táctico: el primero va con guantes de seda, el segundo con misiles, empezando por los retóricos a los que ya ha acostumbrado al mundo. Para Trump -y así es su vocabulario- todo se divide entre “bueno” y malo”. Entre ambos y más allá no hay nada. Lo cierto es que detrás de todas estas bravuconadas hay una mesa de trabajo activa. Miembros del Departamento de Estado norteamericano a cuyo frente está Brian Hook negocian con París, Londres y Berlín la forma en que se podría completar el acuerdo. Encerrado entre sus halcones y otros lobbies, Trump no ve más allá de nada. Compulsivo, caprichoso, el mandatario puede precipitar un desastre en Medio Oriente. Ya lo hizo el ex presidente George W. Bush con su guerra mentirosa (2003, Segunda Guerra de Irak).


Las consecuencias se siguen pagando. Tal vez, como ocurrió con la misión punitiva en Siria, sólo se trate de un jueguito sucio de amenazas y provocaciones por parte de un mandatario que ha tomado al mundo por una pelea de barrio. Esta vez, sin embargo, hay quien puede ponerle límites. Rusia, China, Gran Bretaña y Francia se han coordinado para trazar un cordón de seguridad ante la demencia geopolítica de Trump.
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Trump ordena atacar a Siria por presunto uso de armas químicas

El presidente Donald Trump anunció por tuit este miércoles un inminente ataque de misiles contra Siria, mientras el segundo republicano más poderoso del país expresó su intención de jubilarse, alimentando la percepción del hundimiento de su partido ante las próximas elecciones intermedias a consecuencia del repudio popular al mandatario más reprobado en la historia moderna del país.

Esta mañana Trump declaró vía tuit que está ordenando un ataque contra Siria, y se burló de que Rusia había prometido interceptar los misiles: “Prepárate, Rusia, porque (los misiles) estarán llegando, bonitos, nuevos e ‘inteligentes’. No deberías ser socio de un animal que mata con gas, que mata a su pueblo y lo goza!”

Poco más tarde, tuiteó: “nuestra relación con Rusia es peor ahora que nunca, y eso incluye la guerra fría. No hay razón para esto. Rusia necesita que le ayudemos con su economía, algo que sería muy fácil hacer, y necesitamos que todas las naciones trabajen juntas. ¿Poner fin a la carrera armamentista?”

Y poco más de una hora después decidió enlazar la guerra en el extranjero con la guerra política en casa, explicando en otro tuit que mucha de la mala sangre con Rusia es causada por la Investigación Falsa & Corrupta sobre Rusia, encabezada por todos los leales a los demócratas, o gente que trabajó para Obama. Mueller es quien tiene mayores conflictos de todos (excepto Rosenstein). No hay colusión, entonces enloquecen.

Rod Rosenstein es el subprocurador general, segundo en rango en el Departamento de Justicia, quien fue instalado en su puesto por Trump; Robert Mueller es el fiscal especial encargado de la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones y posible colusión con la campaña de Trump, entre otros delitos relacionados con eso, y fue nombrado en ese puesto por Rosenstein. Ambos son republicanos.

Trump, como candidato y al inicio de su presidencia había declarado que estaba en contra de abrir otro frente de guerra en Medio Oriente, criticando la política bélica de Barack Obama y George W. Bush. Hace unos días había anunciado por tuit su intención de retirar todas las fuerzas estadunidenses del conflicto en Siria. Pero ahora ha revertido el curso –aun antes de que existan pruebas que comprueben el ataque químico y los responsables– en Siria que está sirviendo de justificación para lanzar sus misiles.

Vale recordar que Obama rehusó bombardear Siria (aunque la CIA se dedicó a capacitar a fuerzas contra el régimen de Bashar Al Assad) evitando confrontar a Rusia en ese terreno, algo que fue criticado por una amplia gama de demócratas, incluida Hillary Clinton, muchos de los cuales hoy están apoyando la aparente decisión de Trump de un ataque con misiles. No es la primera vez que Trump se atreve a provocar una crisis mayor contra Rusia en Siria, en abril del año pasado ordenó el bombardeo de un campo de aviación militar en ese país.

Mientras tanto, una de las aparentes bajas de la guerra en casa es el representante republicano Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes –el segundo puesto político más poderoso de Washington y tercero en línea de sucesión, después del vicepresidente–, quien este miércoles anunció que no buscará la relección en los comicios intermedios de noviembre.

Aunque se había especulado sobre esta posibilidad, el anuncio sorprendió a muchos en sus filas y de inmediato detona una batalla de aspirantes para su puesto dentro de un partido cada vez más dividido internamente entre sus filas tradicionales y un ala ultraderechista.

Más aún, el anuncio de Ryan podría alentar el éxodo ya notable de más de 40 legisladores republicanos que huyen del repudio popular al no buscar su relección. De hecho, una hora depués de que Ryan anunció su decisión, otro colega, Dennis Ross, de Florida, hizo lo mismo.

Ryan insistió en que las razones de su decisión son para poder dedicar más tiempo a su familia, pero el panorama electoral para su partido en las próximas elecciones es cada vez menos positivo, ante una creciente ira contra Trump, quien permanece como el presidente más reprobado en la opinión pública a sólo poco más de un año de iniciar su presidencia. Más aún, Ryan ha sido sujeto de los ataques y críticas del presidente, así como por tratar de maniobrar en torno al comportamiento errático del ocupante de la Casa Blanca.

Por cierto, en su distrito en Wisconsin, Ryan estaba enfrentando una batalla electoral encabezada por dos demócratas, el trabajador metalúrgico Randy Bryce (quien es de herencia mitad mexicana y mitad polaca) y una maestra, y por un republicano apoyado por supremacistas blancos.

En otro frente de la guerra local, desde el martes por la noche el jefe del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Devin Nunes, feroz defensor de Trump, amenazó con proceder hacia la destitución del subprocurador general Rosenstein y del jefe de la FBI, Christopher Wray (por cierto, otro republicano), si éstos no entregan el documento que en 2016 desató la investigación de la FBI sobre la injerencia rusa en la campaña de Trump.

El presidente está considerando, según varias fuentes citadas por medios nacionales, despedir a Rosenstein, Mueller y hasta posiblemente al procurador general Jeff Sessions, desde que se enteró del allanamiento por agentes federales a las oficinas y residencias de su abogado personal, Michael Cohen, el lunes pasado, algo que calificó de un ataque contra nuestro país.

Desde su toma de posesión como presidente, 61 por ciento del equipo seleccionado por Trump al iniciar su presidencia en la Casa Blanca ya no está ahí (14 de 23), mientras una cuarta parte de su gabinete inicial también se ha esfumado (otros dos integrantes están en riesgo de renunciar o de ser expulsados), reportó el Washington Post.

 

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Domingo, 08 Abril 2018 06:01

El tablero actual en Medio Oriente

El tablero actual en Medio Oriente

El Estado Islámico (Daesh), que creía ser inmortal y pensaba poder ocupar toda Siria e Irak con la ayuda de Estados Unidos, Qatar, Israel y Arabia Saudita, ahora casi no tiene un territorio donde ubicar sus arsenales y esconder a sus jefes, vender el petróleo iraquí y sirio a precio viles y comercializar los tesoros arqueológicos robados, antes de destruir inmensos bienes culturales de la humanidad.

Ahora sus militantes dispersos se retiran en los transportes turcos que combaten en la frontera siria con los kurdos socialistas, van a Afghanistán o retornan a Europa –muchos son ciudadanos franceses, alemanes, ingleses, belgas– para organizar algún atentado mal ideado y peor organizado, algo así como un saludo a la bandera. Eso plantea la estabilización y reconstrucción de una región estratégica por su riqueza en gas y petróleo y también táctica porque es la bisagra entre Occidente y el Lejano Oriente.
Washington fue derrotado en Corea, Vietnam, Irak y Afganistán, y hace tiempo que no es una gran potencia en la región e incluso Donald Trump habla de retirar las tropas que aún tiene ahí.


La guerra comercial con China y el rearme acelerado concentran las pocas neuronas disponibles del presidente de Estados Unidos; y la burguesía de ese país está dividida entre los mundialistas y los predominantes proteccionistas a los que el Americafirst tiende a disuadir de nuevas y costosas aventuras internacionales.


Por su parte, las viejas potencias coloniales –Inglaterra en Irak y Palestina, Francia en Siria y Líbano– no están en condiciones militares que les permitan aspirar a algo más que jugar un papel diplomático menor. Actualmente, en la zona kurda, en el Norte de Siria, quedan algunos efectivos militares estadunidenses y franceses –los cuales apoyan a las Fuerzas Democráticas Sirias, predominantemente kurdas, y tienen sus antenas coloniales, o sea, el espionaje militar–, pero esos contingentes cumplen más con una función de escudos humanos, para evitar bombardeos, que de fuerzas operativas. En cuanto a Arabia Saudita y Qatar, sólo les queda seguir utilizando la vieja arma del soborno, porque apenas controlan algún grupo armado.


Las reales tres grandes potencias regionales, como los mosqueteros de Dumas, son cuatro: Irán, Turquía y Rusia, los tres anti-israelíes, e Israel, que tiene bandera de pirata y que para romper su aislamiento hace una política antiraní sumamente pragmática y desprejuiciada (ayudó a crear Hamas contra la OLP laica que tenía alas socialistas, pero se le fue de las manos; quiso igualmente desarrollar a Hezbollah como adversario religioso de los palestinos en Líbano para desestabilizar a ese país y el tiro le salió por la culata).


Entre las tres potencias antioccidentales hubo y hay enormes diferencias y conflictos, pero ahora hay coincidencias. Turquía, por ejemplo, estuvo aliada con Israel cuando el Estado Islámico (EI) aparecía fuerte, pero en su calidad de vieja potencia colonial en Medio Oriente hasta 1919, tiene una política árabe y, en particular, interés por la paz con los gobiernos de Irak y Siria porque su problema central son los kurdos del PKK turco, y Ankara sabe que ni Irán ni Irak ni Siria ven con buenos ojos la unificación de los kurdos en un Estado independiente, sobre todo cuando en la zona siria de Rojaya los kurdos atraen socialistas e internacionalistas de muchos países, como la joven médica argentina muerta cuando peleaba contra el EI.


Hace poco, Turquía estuvo al borde de la guerra con Moscú, cuando derribó un avión ruso, y siempre ha temido a Rusia desde que los zares le quitaron territorio en varias guerras. Teherán tampoco olvida las sucesivas invasiones zaristas y la ocupación del norte del país por los soviéticos hasta el fin de la guerra mundial, pero la necesidad obliga, y ahora el país de Vladimir Putin está instalado en Siria, donde tiene una base naval y bases aéreas y es posible llegar a un acuerdo que pueda asegurar la gestión tripartita de la región.


El 4 de abril, en efecto, se reunieron en Ankara el dictador turco Recep Tayyib Erdogan, Putin, ex general de la KGB, convertido en nuevo zar ruso, y Hassan Rouhani, presidente del régimen de los ayatollahs iraníes.


A quienes creen analizar Medio Oriente recurriendo a las diferencias entre las sectas del Islam, esta reunión entre un sunní, un cristiano ortodoxo activo y un ayatollahchiíta les debe resultar incomprensible. Es que la geopolítica y la economía se imponen a las ideologías. Moscú, Ankara y Teherán están hoy de acuerdo en mantener al régimen dictatorial sirio de Bachir al Assad a costa de los kurdos estabilizando de paso, si fuese posible, el mercado petrolero y del gas que el fracking estadunidense descompagina haciendo bajar los precios.


Es una alianza entre intereses dirigida contra Israel (que quiere atacar a Irán, a Siria y a Hezbollah ocupando el Líbano) y contra las monarquías árabes del Golfo, los países europeos y Estados Unidos. La Conferencia de Ginebra, de las diversas oposiciones a Assad respaldadas por Francia y Estados Unidos, ha perdido así gran parte de su importancia potencial debido a esta conferencia de Ankara que preanuncia otras maniobras con países, como China, interesados en el petróleo de la zona y en la reconstrucción de Irak y Siria.


Tanto el acuerdo en Ankara como los pactos entre Corea del Norte y Corea del Sur, tendientes a su futura reunificación, ponen a China en el centro del tablero medioriental y oriental –esté o no presente en las negociaciones puntuales–, pues ésta tiene necesidad de nuevos órdenes regionales y una pacificación relativa para comerciar y desarrollar su nueva ruta de la seda por medio de esa parte convulsionada de Asia. Esos mismos acuerdos excluyen a estadunidenses y europeos y marcan su decadencia. Ni Bruselas, París o Washington (intoxicado por el proteccionismo) piensan estratégicamente: Putín y Xi Jinping sí.


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Combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias, junto a un vehículo militar en Raqa, en el norte de Siria, el pasado mes de octubre.

 

Erdogan afirma que podría atacar en cualquier momento a milicias aliadas de Washington

 

La tensión entre Estados Unidos, Turquía y Rusia a causa de la guerra en Siria suma enteros por momentos. El presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan, reaccionó con evidente descontento y amenazas de lanzar una ofensiva militar al anuncio de que la coalición internacional contra el ISIS instruirá una fuerza militar con combatientes kurdos en el norte de Siria. Erdogan ha acusado a EEUU de estar “creando un Ejército terrorista” en su frontera meridional y ha advertido de que podría atacar las regiones sirias en manos de milicias kurdas aliadas de Washington. El régimen sirio ha criticado la iniciativa y Rusia ha sostenido, por boca de su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, que estos planes confirman que EEUU tiene una política destinada a la fragmentación de Siria.

“Las fuerzas armadas turcas resolverán el problema de Afrin y Manbij [regiones sirias controladas por los kurdos]. Los preparativos están ya completados. La operación puede comenzar en cualquier momento”, dijo el presidente Erdogan en un discurso en la capital turca. Esta nueva fuerza de seguridad fronteriza será desplegada a lo largo del valle del Éufrates, colindante con las fronteras turca e iraquí, y estará integrada en un 50% por veteranos de las Fuerzas Democráticas Sirias [FDS, unas milicias kurdas y árabes entrenadas por Estados Unidos]. El remanente de 15.000 combatientes está siendo reclutado sobre el terreno.

Thomas F. Vale, oficial de asuntos públicos de la coalición internacional que lidera Washington, precisó al anunciar la creación de la fuerza en una en una entrevista con The Defense Post que “actualmente hay aproximadamente 230 individuos en los entrenamientos inaugurales de las BSF, con el objetivo de crear una fuerza final de aproximadamente 30.000”. También confirmó la colaboración con las FDS para crear y entrenar el grupo.

 

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Con el ISIS prácticamente derrotado en Siria, la nueva fueza de seguridad fronteriza estará a cargo de monitorear la zona para evitar posibles embestidas por parte de varios miles de yihadistas desperdigados en las zonas desérticas al este de Siria que podrían reagruparse para contraatacar a las milicias kurdas del FDS. “El reclutamiento se está llevando a cabo con el fin de batir una fuerza que refleje la población a la que sirve, tanto desde la perspectiva del género como étnica”, precisó Veale. Por lo que los reclutas kurdos operarán en la región norte fronteriza con Turquía, mientras que los árabes lo harán en los territorios de la zona oriental del Éufrates donde predomina el sistema tribal árabe.

“La idea es reformatear las FDS en esta nueva fuerza para incluir un mayor porcentaje de árabes y así evitar el rechazo que ha provocado la presencia de los kurdos del YPG [Las Unidades de Protección Popular kurdas por sus siglas en kurdo] en las zonas que han arrebatado al ISIS”, valora al teléfono y desde Estambul el analista sirio Nawar Oliver. “Miembros de las tribus locales y con gran poder social, como la Bagara, están siendo incluidas”, acota.

El cantón kurdo de Afrin, situado en la esquina noroccidental de Siria y fronterizo con Turquía, está geográficamente separado del resto de territorio sirio controlado por las Unidades de Protección Popular (YPG), principal milicia kurdo-siria dentro del contingente de las Fuerzas Sirias Democráticas (SDF), aliado de EEUU. De hecho, entre los territorios controlados por las milicias kurdas hay una franja de unos 100 kilómetros de amplitud ocupada por efectivos de la operación Escudo del Eufrates, constituida por facciones rebeldes sirias con apoyo de tropas turcas desde que éstas penetraron en el país en agosto de 2016.

Al sur de Afrin se halla la provincia de Idlib, controlada en buena medida por rebeldes islamistas y donde desde finales del año pasado Turquía también mantiene presencia militar, por lo que el pequeño cantón kurdo se halla prácticamente rodeado por fuerzas turcas o favorables a Ankara, a excepción de una pequeña lengua de terreno controlada por el Ejército regular sirio. Manbij, por su parte, también está controlada por las YPG y se halla al oeste del río Éufrates, hasta cuya orilla oriental han llegado las fuerzas de la operación patrocinada por Turquía.

Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia, se refirió al asunto en su rueda de prensa anual, en Moscu. “Las actividades que observamos ahora muestran que EEUU no quiere mantener la integridad territorial de Siria”. “A grandes rasgos, esto supone el aislamiento de un enorme territorio a lo largo de la frontera con Turquía e Irán”, continuó el ministro. “Este territorio es controlado ahora por Fuerzas Democráticas Sirias, pero allí hay unas relaciones muy complicadas entre los kurdos y los árabes”, explicó Lavrov. “Nosotros y nuestros colegas de Turquía e Irán, al igual que muchos otros, esperamos que EEUU nos dé una explicación detallada”, señalo el ministro ruso, según el cual decisiones como la mencionada se toman sin ningún fundamento derivado de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU o de acuerdos logrados en las conversaciones de Ginebra.

Desde hace meses, Turquía ha acumulado tanques y soldados en la frontera con Siria y los ataques de la artillería contra las posiciones kurdas han sido constantes, respondidos en ocasiones desde el lado sirio de la frontera. “Les estamos golpeando con obuses y continuaremos haciéndolo. ¿Qué queréis que hagamos, retirarnos a nuestros refugios y esperar a que golpeéis vosotros?”, advirtió Erdogan: “Ya os avisamos [a EEUU] que este tipo de organizaciones terroristas deberían ser destruidas. No podemos aceptar que intentéis destruir el Daesh [el ISIS] mediante otra organización terrorista. Si queréis un socio estratégico, debéis cooperar con nosotros”. Turquía y EEUU son miembros de la OTAN. Al Gobierno turco le enerva profundamente que Estados Unidos dé apoyo táctico, armas, vehículos blindados y entrenamiento a estas milicias kurdo-sirias, puesto que colaboran estrechamente con el PKK, un grupo también kurdo considerado terrorista por diversos países, entre ellos Estados Unidos, y que actúa dentro de Turquía con atentados indiscriminados y ataques a las fuerzas de seguridad.

 

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