Más allá de las noticias falsas: ocultamiento y sesgos para una realidad mutilada

Un suceso de comidilla, como el sucedido con Daniel Coronell, nos permite recordar que poder y medios de comunicación están finamente entrelazados. El descuido de los sectores alternativos con esta realidad es otra muestra de su perdida de foco en la lucha por otro mundo posible.

 

El mundo mediático colombiano, el de las revistas y periódicos convencionales, el 28 de mayo veía el inicio de un pequeño escándalo, tras el despido del periodista Daniel Coronell de la revista Semana, que tuvo final feliz de melodrama, el día 11 de junio, con su reintegro.

Todo empezó con su columna del 26 de mayo pasado, cuando Coronell reclamó al medio para el que escribe, por la no publicación de un informe sobre las exigencias de resultados que el Ejército demanda a sus diferentes Brigadas, y que recordaban la Directiva Ministerial 029 de 2005, firmada por Camilo Ospina Bernal, el entonces Ministro de Defensa del gobierno de Uribe, y que terminó convertida en el incentivo gubernamental para los asesinatos fuera de combate, conocidos eufemísticamente como falsos positivos.

Llaman la atención tanto las reacciones al despido del periodista, como algunos datos biográficos de los actores del suceso y que, como era de esperarse, no suscitaron ninguna atención de los medios oficiales, ni siquiera en la esfera de lo anecdótico. En primer lugar, María Jimena Duzán y Antonio Caballero, colegas del temporalmente defenestrado, lo llamaron soberbio y centraron sus críticas a la revista en haber permitido que la “chiviaran”, pues la investigación que había adelantado sobre el tema, terminó siendo publicada por el diario norteamericano The New York Times. En otras palabras, esos periodistas no aceptaban que el asunto fuera un ocultamiento del insuceso como lo dejaba traslucir Coronell, sino un simple error de lentitud en el tiempo de la reacción informativa. A la par de ello, el humorista Daniel Samper, también colega del temporalmente despedido, lo apoyó incondicionalmente, con lo que de forma implícita reconocía una actitud con sesgo intencionado de la revista.

Pues bien, lo curioso del melodrama es que Felipe López Caballero, cofundador de Semana en su actual etapa, y responsable de la expulsión de Coronell, es un empresario colombiano, hijo del expresidente Alfonso López Michelsen y nieto del también expresidente Alfonso López Pumarejo; Enrique Santos, gerente de la revista, y también agente de la destitución de Coronell, es sobrino del expresidente Juan Manuel Santos y sobrino-bisnieto del expresidente Eduardo Santos –ambos, debemos suponer, deben ser agentes de su restitución–; Daniel Samper, defensor del periodista, es hijo de un humorista del mismo nombre, y sobrino del expresidente Ernesto Samper, y, Antonio Caballero, defensor de los directores de la revista, es descendiente directo de Lucas Caballero –el general que redactó y firmó la rendición de los liberales en la guerra de los Mil Días–, y con lazos de consanguinidad con Felipe López Caballero. Como quien dice, todo un asunto de familia. Y, para rematar, el mayor accionista de la revista de marras actualmente es el grupo Gilinski, propiedad de Jaime Gilinski Bacal, uno de los multimillonarios con más capital en este país, a quien la revista Fortune le estima un patrimonio de 3.500 millones de dólares. ¿Cabe alguna duda acerca de los intereses a defender por la revista?

El periodista castigado con el despido temporal, tiene como su verdadero trabajo ser el presidente de noticias de Univisión, la mayor cadena hispana de televisión en Estados Unidos de la que su mayor accionista es Saban Capital Group, propiedad del multimillonario norteamericano-israelí Haim Saban, uno de los principales patrocinadores en EU del lobby sionista.

En este contexto, no sobra destacar que el prestigio de la columna de Daniel Coronell en la revista Semana, en no poca medida, es producto del eco que le hacen algunos profesionales “progresistas” que lo siguen y lo avalan por su abierto enfrentamiento con Álvaro Uribe y con aquellos que de forma abierta o solapada lo apoyan, tal el caso del ex-fiscal Humberto Martínez, por lo que su aura de neutralidad y de columnista anti-corrupción terminó siendo aceptada, incluso por sectores de la llamada izquierda. De allí que muchos lamentos terminaran en exclamaciones como “la censura llegó al medio de mayor credibilidad”, o, “es el fin del poco verdadero periodismo que queda en el país”. Pero, cabe preguntarnos si todo esto no hace parte del aliento a la supuesta polarización de los colombianos entre santistas y uribistas. Y digo que supuesta, porque la contradicción en cuanto pueda tener de cierta, es entre grupos de la élite y no entre los colombianos como nación, menos aún entre los grupos subordinados. Ahora, más allá de eso, no es nada novedoso decir que los medios convencionales, sin excepción, han tenido consciente y sistemáticamente como propósito la manipulación mental de la población y su aceptación del orden establecido, pero, por ser esto algo conocido no está de más recordarlo.

 

El consenso fabricado y el acontecimiento-espectáculo

 

El consenso fabricado es en muchos sentidos un falso consenso, pues parte de la imposición de valores que incluso pueden ir en contravía de los intereses de aquellos a quienes les son impuestos. La creencia o la búsqueda manipulada de que los principios defendidos deben ser los de mayor aceptación entre los demás, es lo que conduce a expresiones periodísticas como “la comunidad internacional condenó”, o, “el país rechaza”, que buscan excluir del conjunto a quienes no comparten los (pre)-juicios de los que asumen la vocería de la “comunidad internacional” o del “país”.

Walter Lipman, periodista estadounidense que consideraba las poblaciones como rebaños carentes de juicios informados, fue quien acuñó el concepto de fabricación del consentimiento y lo avaló como un mecanismo propicio para el resguardo de la sociedad. Noam Chomsky y Edward S. Herman, en su libro Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media –que vio la luz en español en 1990, con el título Los guardianes de la libertad–, invierten el sentido de la acepción dada por Lipman y la utilizan de forma crítica. Enuncian que los medios de comunicación de masas siguen el “modelo de propaganda”, en el que el dinero y el poder “tamizan las noticias hasta dejarlas listas para su publicación”, en defensa inequívoca de sus intereses.

La prensa escrita, que a partir de mediados del siglo XIX es convertida en una empresa de enormes dimensiones, que permite grandes tirajes y bajos precios unitarios, cuando aparece la publicidad masiva a comienzos del siglo XX, entra en simbiosis con las mayores compañías de bienes de consumo que son las principales usuarias de dicha publicidad. Ese hecho dio al traste, según Chomsky y Herman, con los periódicos críticos con el capitalismo –liderados por los sindicatos de trabajadores–, que por razones económicas debieron cerrar. La mercantilización total de la información daba así inicio a una etapa que continúa hasta el día de hoy.

Si los medios masivos de comunicación son negocio, su contenido es necesariamente una mercancía cuya función principal es la de su realización mediante la venta en el mercado. El ejemplo más relevante y que muestra de forma inequívoca la naturaleza de la información-mercancía es la llamada “prensa amarilla”, que hizo su aparición a finales del siglo XIX, y cuyo máximo exponente fue el magnate de las comunicaciones Randolph Hearst, quien tiñó de rojo las páginas de sus periódicos con asesinatos de todo tipo y expuso lo escatológico de las tragedias más cruentas. Entre nosotros, tabloides como El Espacio y El Bogotano, donde iniciaron su carrera algunas de nuestras actuales “estrellas” del periodismo, fueron muestra explícita y sin velos de esa información-mercancía, en su forma más vulgarizada.

Los medios “serios” son más sofisticados y recurren a otro tipo de sucesos-espectáculo para vender sus crónicas o sus opiniones, posar de críticos del poder y sin embargo servir a los intereses del capital. El caso conocido como los “papeles del pentágono”, por ejemplo, es una buena ilustración, pues consistió en la publicación en el New York Times y el Washington Post, de un informe secreto del pentágono sobre el papel de EU en Vietnam, entre 1945 y 1967, y que fue filtrado por un burócrata de esa oficina militar, con el fin de denunciar qué durante cuatro gobiernos el poder ejecutivo alargó la guerra sabiendo que la iba a perder. La fotocopia de siete mil folios en esa época, así como su revisión por los periodistas en un tiempo contado en días, dejan dudas sobre si no fueron fuerzas poderosas del mismo Estado, las que estuvieron detrás de la publicación pues, en últimas, poner fin a la guerra era ya una necesidad sentida por el establecimiento, en razón de las masivas protestas contra la guerra, dado el creciente número de jóvenes llegados de regreso en ataúd. En estos casos, la prensa no cumple papel distinto al de simple comodín que generando un escándalo posibilita al poder político poner en ejecución una decisión, que de otro modo implicaría aceptar que son los reclamos de la gente los que obligan a actuar de determinada manera, pues consideran que eso podría llevar a que las personas auto-reconozcan el poder de la acción colectiva.

 

Noticias falsas, velocidad y resiliencia

 

Desde el año 2015, la expresión noticias falsas ingresó en el lenguaje de la cotidianidad y fue aceptada casi sin distingos ideológicos. El sentido de dicha expresión, sin embargo, ha terminado convirtiéndose en la aprobación, para el periodismo, del adagio “todo tiempo pasado fue mejor”, y deja la sensación de que dicho pasado fue una época de “noticias verdaderas”, cuando la creación de “realidades” por parte de los medios de comunicación masiva ha sido una constante desde sus inicios, si nos atenemos a que los “orientadores de la opinión” han estado siempre enfocados en la fabricación de consensos, guiados por los intereses de los grupos dominantes. Para lo cual, lo más importante no es si el hecho narrado ha tenido lugar o no en la realidad tal y como es presentado, sino que una parte de esa realidad pueda ser aislada y mostrada como totalidad, de forma tal que la mutilación reduzca el campo de la visión, normalmente sobre los aspectos causales.

Qué debe aparecer en los medios de comunicación masiva y qué debe ser desechado es ya una decisión marcada por juicios que nadie puede garantizar que están basados en la búsqueda del “bien general”, cualquier cosa que eso pueda significar. Y si aún en el mejor de los casos –es decir suponiendo las mejores intenciones–, es imposible asegurar neutralidad por la condición misma de mercancía que tiene la información, que decir cuando el asunto ya es de ocultamiento, como en el caso de las directivas que pretenden darle nuevo aliento a los “falsos positivos”. Ahí nos adentramos en un escenario de terror.

Escenario de terror, expresión meridiana del poder real que nos domina, como el que desató persecución mortal en contra de Julian Assange, por citar sólo un caso, prueba fehaciente de que en las cavernas oscuras del poder habitan monstruos gigantescos, verdaderos pilares de las relaciones de dominación, que alimentamos, sin que lo sepamos, con nuestra sangre y esfuerzo, y que en buena medida derivan su eficacia, precisamente de su opacidad. La fuerza del mantenimiento del statu quo no está en la transparencia del sistema, como nos lo repiten los fabricantes de consensos, sino en el secretismo. La relación entre el poder político y los medios cuando no es directa, porque los dueños de éstos no son, a su vez, los agentes del poder burocrático, asume el carácter de la relación cliente-servidor dado que el Estado, igual que las empresas de bienes finales, es un gran consumidor de publicidad.

La complejidad creciente de la sociedad y el aumento de la población han multiplicado el número de acontecimientos potencialmente noticiosos, por lo que a diferencia del pasado en el que una anomalía de cualquier tipo podía ser explotada durante muchos días (tal el caso de la “Crónica de un náufrago”, de García Márquez, cuando aún era periodista), hoy, el vértigo de lo escandaloso es sepultado rápidamente por nuevos hechos tan mediáticos o más que el anterior, transformándose esa característica en una forma de impunidad. ¿Quién recuerda hoy en Colombia las extrañas muertes de Jorge Pizano, uno de los testigos en las coimas de Odebrecht, y de su hijo Alejandro?

No queda duda, la resiliencia de los hechos noticiosos está quedando reducida a instantes, y el predominio alcanzado por los medios digitales, con su actualización permanente, segundo a segundo, hacen de la fugacidad el catalizador que licúa la memoria colectiva, facilitando aún más que el uso subliminal de los mensajes direccione los espíritus hacia la conformidad. Las imágenes, los trinos y los “bocadillos” noticiosos instantáneos, son la réplica en la comunicación de lo que significa la comida rápida en la alimentación, y si bien nadie busca prohibir por decreto la existencia de dispensadores industrializados de hamburguesas, como tampoco la velocidad en la red, lo que sí debe reclamarse es un espacio para las comidas lentas y la lectura reposada y crítica, así como las advertencias de los estragos que en la salud mental y física tienen los consumos acelerados y voluminosos de grasas de todo tipo.

Todo esto ampliado y consolidado en medio de monopolios y uniformidad. A mediados del siglo XX las principales empresas petroleras fueron conocidas como “las siete hermanas”, por su dominio cartelizado del mercado mundial. Hoy tenemos otras “siete hermanas”, pero esta vez en el universo de los medios masivos de comunicación –News Corportation, Time Warner, Disney, Sony, Bertelsman, Viacom, General Electric– que según los analistas controlan cerca del 70 por ciento del mercado de la televisión, las agencias de información, los diarios, las revistas, la radio, las redes de cable, los satélites, la industria cinematográfica, las redes de internet y las editoriales. Los bits de información mercantilizados y uniformados invaden nuestro mundo personal, y a través de los estereotipos –otro concepto clave de Walter Lipman– en todos los campos del comportamiento humano, homogenizan y condicionan el discurrir de las vidas en una marcha cada vez más pre-programada que atenta severamente contra nuestra autonomía.

Los multimillonarios parecen haber entrado en la moda de comprar medios de comunicación. En 2013, Jeff Bezos, fundador y propietario de Amazon, compró el Washington Post; Marc Benioff adquirió la revista Time, y Patrick Soon-Shiong Los Angeles Times. En Colombia, Luis Carlos Sarmiento Ángulo compró el diario El Tiempo, y como fue señalado, recientemente Jaime Gilinsky adquirió la mayoría de acciones de la Revista Semana, en movimientos que indican que la publicidad sobre las propias fortunas parece una necesidad creciente de los capitalistas de mayor tamaño.

Bajo estas circunstancias ¿puede esperarse, por ejemplo, que El Tiempo informe “objetivamente” sobre los delitos de sobornos de Odebrecht, cuando compañías del dueño del periódico fueron socias de esa empresa? ¿Podrá informar sobre los miles de millones de pesos invertidos ineficazmente en la vía Bogotá-Villavicencio y de las pérdidas por las caídas de puentes y los derrumbes constantes, cuando una empresa del consorcio de Sarmiento es contratista en buena parte de la construcción de la vía?

Sobre esta realidad y tipo de interrogantes, desde hace décadas nos han brindado lecciones. Por ejemplo, Benito Mussolini, quien fue periodista antes de convertirse en el político fundador de la república italiana fascista, afirmaba que en su dictadura “El periodismo italiano es libre, porque solamente sirve a una cosa y a un régimen”. Ahora, ¿no es ese el cariz que asume con mayor fuerza el periodismo en el mundo, en general, y particularmente en Colombia? La información es, sin duda, el núcleo de la libertad y de la autonomía en este siglo XXI, por lo que bien vale la pena preguntarnos si los movimientos que sostienen que otro mundo es posible están tomando lo suficientemente en serio la necesidad de buscar mecanismos que liberen los medios de comunicación. La desacralización del mito, o de la media verdad de la existencia de “libertad de expresión” es una urgencia política y teórica, más en nuestro país, donde el pensamiento crítico ha sido siempre una rara avis.

 

Periódico desdeabajo Nº258

Publicado enColombia
Viernes, 27 Julio 2018 06:51

Las (in)justicias

Las (in)justicias

Imagínense a dos mandatarios. El mandatario X acusado de recibir supuestamente de una empresa “a cambio de contratos gubernamentales” un lujoso departamento “amueblado al gusto de su (fallecida ya) esposa” –que al final no es tan lujoso, tan amueblado, ni, desde luego, tan suyo (bit.ly/2A7LAJn)– fue condenado a 12 años de cárcel por “corrupción” en una verdadera “ Bliztkrieg jurídica” (también hay otras palabras para hablar de esta cochinada) y ya lleva casi cuatro meses tras las rejas.

¿Las pruebas? Inexistentes. Bastaron las palabras. Unas (“¡Yo se lo di!”) de un empresario corrupto, que a cambio gozó –por supuesto– de una generosa reducción de su propia sentencia (bit.ly/2qVq2sI). Y otra –“¡Culpable!”– de la boca de un juez justiciero que, si alguien se tomara en serio el significado de la “justicia”, debería cambiar inmediatamente su toga por el uniforme carcelario.


Por otro lado está el mandatario Y, quien desde hace años está siendo investigado –junto con su esposa– “por fraude al Estado y prácticas incompatibles con la función pública”, o sea –cortesía del traductor de Google– la más descarada y desvergonzada corrupción común y corriente. Desde hace años la policía “está a punto de concluir sus investigaciones”. Desde hace años el fiscal general “está a punto de formular la acusación oficial”. ¿Y...? Nada.


El papeleo –los casos, las pruebas, los testimonios (igual a cambio de uno que otro “arreglo”, pero al menos varios y en consonancia uno con el otro), las fotos, las grabaciones, etcétera– dividido en varias carpetas crece con cada día que el susodicho sigue al timón. Sus nombres son adecuadamente voluminosos:


Carpeta “1000” trata de los obsequios –puros (más caros) para él, champán rosa (más caro) para ella, más joyas y otras cosas– que la “pareja real” exige desde hace años de varios millonarios en su entorno a cambio de “influencias”. ¿Su valor? Más de un cuarto de millón de dólares.


Carpeta “2000” trata de la oferta de corrupción que el mandatario Y le extendió al jefe del segundo diario de su país: una cobertura favorable para él y para su –detestada generalmente– esposa, a cambio de la reducción del tamaño y tiraje del periódico más grande (fundado de hecho por otro millonario “amigo” con el solo propósito de glorificar a dicho mandatario).


Carpeta “3000” –la más “pesada”, pero igual la menos “avanzada”– sobre las mordidas que repartía el astillero alemán en la venta de sus submarinos y otras vinculados con las concesiones de las plataformas gasíferas: mucho dinero se fue a muchos bolsillos de la gente cercana a Y (¿y los de su traje como quedaron?).


Carpeta “4000”, finalmente sobre los afanes de asegurarse –otra vez– cobertura amigable de un portal de noticias a cambio de reformas gubernamentales favorables a su dueño, magnate de telecomunicaciones.


Hasta aquí los hechos. Y hasta aquí la imaginación. ¿O alguien sí es capaz de imaginarse lo que se desataría si el mandatario X hubiera cometido la pequeña –siquiera– fracción de lo que Y ya tiene en sus expedientes? Pero luego no hacía falta que hiciera nada.


O sólo una cosa: ser el candidato más popular en la mira de las elecciones presidenciales de octubre, en las que –en caso de presentarse– al parecer quedaría relegido con una holgada ventaja. Y si alguien se queda con un sabor de injusticia en la boca siempre se le puede decir –¡bienvenidas las interpretaciones de la dictadura global mediática!– que fue un “mal necesario”: “una cárcel preventiva ante el advenimiento del autoritarismo”. Ok...


El mandatario Y fue relegido como primer ministro –y sigue (una curiosidad...) gozando de una gran popularidad a pesar de ser un corrupto...– ya tres veces. ¿Algún problema? Para nada. En este caso es “estabilidad”, “conocimiento”, “experiencia”. “Experiencia”. Eso sí. Después de su primer mandato (en 2000) la policía confiscó de la residencia oficial 700 regalos demasiado costosos para ser aceptados para empezar (150 “desaparecieron”), declinando luego acusarlo. Igual él ya sabía después que no hay que dejarlos pasar.


Según su esposa, cuyo propio proceso por la defraudación de fondos públicos acaba –por supuesto– de posponerse, “de no estar sacrificándose para su país”, Y estaría “ganando millones en el sector privado” (así que algo se merece). Según su abogado, “es una persona honesta, sólo tiene debilidad por la gente rica” (sic).


El mandatario X –mala suerte– tenía más debilidad por la gente pobre, razón precisamente de la arremetida del fascismo en su contra (bit.ly/2mH48qs). El fascismo del que Y es el paladín en su país (bit.ly/2v0T8ry). De verdad. Por misteriosos caminos se mueve la dialéctica.


El mandatario X es por supuesto Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y el Y Benjamín Bibi Netanyahu (Israel). En tiempos de la supuesta desaparición de la diferencia “derecha-izquierda” su caso tiene un beneficio adicional. ¿O alguien todavía insiste de que la Temis es ciega, los lados de su balanza no importan y sus platos (derecho-izquierdo) no están amañados?

 

Maciek Wisniewski, periodista polaco

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Miércoles, 31 Enero 2018 05:39

La agonía del periodismo

La agonía del periodismo

 

En Los archivos del Pentágono, la última película de Spielberg, hay una escena que me emocionó en lo más hondo y que para mí resume la esencia del periodismo tal y como se entendía el oficio hasta hace unas décadas. Cuando los redactores han terminado de escribir la noticia que va a abrir la portada de mañana, cuando los jefazos han discutido hasta la saciedad si se lanzan o no la piscina, cuando los abogados han rastreado de arriba abajo la letra pequeña de la orden judicial en busca de subterfugios, mientras el linotipista calienta los dedos y los operarios esperan que se enciendan las rotativas, de repente el folio mecanografiado llega hasta la mesa del corrector de estilo. Entonces, el tipo se sienta, se cala el sombrero, saca el lápiz, tacha la primera palabra, añade un matiz a la primera frase, un giro a la segunda y poco a poco –la calma en mitad de la tormenta– va añadiendo en los márgenes supresiones, mejoras, alternativas.

Es casi medianoche pero no importan el tiempo, la urgencia de la primicia, la firma del reportero estrella: es el momento de la literatura. Y la literatura dicta la última palabra, el modo en que el periódico aparecerá ante los lectores, revestido de tinta, titulares y fotografías, traído hasta los kioscos en camionetas, atado en paquetes, prensado y pensado hasta la última palabra. En aquel entonces un periódico era un milagro diario, un ejercicio de escritura colectiva, un instrumento que podía zarandear un gobierno y derribar a un presidente. Katharine Graham, la editora jefe de The Washington Post, cita a su marido Phil Graham: “Las noticias son el primer borrador de la Historia”. Siguiendo la estela de The New York Times, y con ella al frente, los reporteros de The Washington Post demostraron que, en lo que concernía a la guerra de Vietnam, cuatro presidentes (Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson) no habían hecho más que mentir al pueblo. Tras vencer en la primera gran batalla contra la libertad de prensa, no temieron escarbar hasta el fondo del escándalo Watergate hasta lograr la dimisión de Nixon.

Hoy ese heroísmo ya no existe y no existe por muchas razones. Hoy las noticias se leen casi en el mismo instante que se producen y todo lo que hemos ganado en rapidez lo hemos perdido en reflexión, en eficacia, en repercusión y en profundidad de análisis. La sintaxis es una facultad del alma, dijo Valéry. Por eso, la sintaxis apresurada y descuidada, las novedades que se suceden a velocidad de vértigo, los reporteros mal pagados, los becarios sin sueldo, la ausencia de ese hombrecillo con sombrero y aliento a tabaco salpimentando el texto de acentos y comas, reflejan un estado de ánimo, una rendición, una literatura pobre y escuálida donde cualquier cosa se disfraza de noticia y las verdaderas noticias pasan desapercibidas. Hoy hay periódicos como The Huffington Post, que ni siquiera pagan a sus colaboradores. El volcado en crudo de docenas de miles de páginas procedentes de WikiLeaks, sin la paciente labor de orden y filtrado previos, significa el final de una era. La compra de The Washington Post en 2013 por parte del millonario Jeff Bezos, el dueño de Amazon, marca el momento en que la prensa escrita deja de albergar anuncios para transformarse ella misma en anuncio, en marca, en tendencia, en moda.

Thomas Jefferson dijo que si le obligaban a elegir entre un Gobierno sin Prensa y una Prensa sin Gobierno, escogería la segunda opción, sin duda alguna. Hoy tenemos algo mucho peor, algo que el padre del liberalismo, Adam Smith, anunciara como la peor plaga que podía caerle encima a la Humanidad: un gobierno de tenderos. No hay mucho que un corrector de estilo pueda hacer ahí.

 

Fuente:http://blogs.publico.es/davidtorres/2018/01/29/la-agonia-del-periodismo-2/

 

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Martes, 30 Enero 2018 06:11

Buscar la belleza

Buscar la belleza

 

Un asunto tan importante como la belleza jamás ocupa los “encabezados” a no ser que se trate de exhibir mujeres o hacer publicidad al concepto de “arte” secuestrado por algunos muesos o galerías mercantilizados. Contra eso, y desde sus entrañas, debe desarrollarse una producción simbólica, una revuelta de los signos, un ascenso semiótico, artístico, comunicacional, revolucionario definitivo, comprensible y comprensivo.
Es simplemente un error que un “reformismo de la belleza” cumpla con emblematizar a la Revolución estética que lucha por nacer, porque aun sus mejores triunfos -siempre perfectibles- están bajo acechanza. Mientras el Imperialismo genera muerte, destrucción, miseria y barbarie en los países coloniales y semi-coloniales; mientras pinta con desolación los imaginarios actuales, mientras hace lo indecible por secuestrar y fulminar al porvenir... mientras padecemos el gran embrollo de las mafias mercantiles trasnacionales. La producción de un movimiento estético genuino, desde las bases, no se logrará sólo con escarbar en los repertorios “folklóricos” para revivir lo que le “gusta al pueblo” y disfrazar de “popular” aquello que decide una élite. Las condiciones y los tiempos no lo toleran. No se madura una estética revolucionaria sólo por inventar fraseologías novedosas “lindas”, en audiovisuales, estaciones radiofónicas, realizaciones revisteriles o cibernéticas...

No nacerá la estética de la Revolución plagiándose la vieja estética de las oligarquías, su pasión dudosa por los “clásicos del arte”, ni sus adoraciones demagógicas por la “ilustración”. El surgimiento de un proyecto estético revolucionario no nacerá de la imitación de los costumbrismos, de los conservadurismos, de las burocracias ni de las sectas sino de sus contradicciones sociales de fondo. No será obra de los funcionarios ni de los empresarios. Es imposible revitalizar el mundo en que vivimos, es inútil aferrarse a él, es preciso atreverse a cambiarlo críticamente desde sus logros mejores y desde abajo. Si hay un movimiento estético naciente en las entrañas mismas del monstruo, lo hay porque hay proceso revolucionario y a él responde. No hay mejor motor hacia una producción estética radical (desde las raíces) que la propia revolución que germina desde adentro. Pero se trata de una producción en transición que refleja su dialéctica y sus urgencias.

La belleza de la Revolución no nace de los “mass media”, no sale de los discursos, no nace de los congresos ni de los simposios. Nace de las contradicciones que, por millares, van estallando desde el alma misma del sistema. Pero su nacimiento es una gestación y parto difícil y es necesaria una “mayéutica” que ponga atentos y obedientes a cuantos actores sean capaces de apoyar, proteger y construir la transición, el parto. Que nazca la belleza nueva no implica que viva, habrá que hacer miles de cosas para que tal belleza, “convulsiva” y transformadora, crezca, embarnezca y luzca plena para todos. Mayéutica lucha adentro, alma adentro, cerebro adentro con campesinos, estudiantes y obreros. Mayéutica con todos y en todos.

Esa estética de la Revolución humanista requiere medios de comunicación para hacer visible la Belleza Revolucionaria, que todos la vean y comparen lo que aportan, que todos la miren activamente, sus medios y modos, que se hagan visibles las herramientas y las relaciones sociales para producirla y que las luchas las extiendan y perfeccionen, que sean -esos medios- la revolución Bonita de Carne y hueso, que no la den por “terminada”, que no la den por institucionalizada, que no la den por “definitiva”. Que la hagan Revolución Permanente. Radiodifusoras, televisoras, periódicos, páginas web... revolucionarios y revolucionándose incluso, claro, en la estética también. La clave es insistir, insistir, evaluar y volver a probar con un programa consensuado e incisivo. La belleza misma.

La belleza nueva transformará, en su escala, el estado de cosas que la humanidad heredó. Transformará todo con una lucha semiótica contra los conceptos o significados que la han frenado. Tomará de ellos lo mejor y avanzará permanentemente. O será nada. Hay que capacitarse para dominar las técnicas y capacitarse para liberarnos de los esquemas ideológicos más pertinaces, clichés que repetimos inconscientemente, o casi. Educarnos para des-educarnos y re-educarnos. Educarnos para superar lo que nos enseñaron, educarnos para ser sensibles a nuestras sensibilidades nuevas. Educarnos para una estética que no conocemos, que nos impone desafíos nuevos. Entonces educarnos para superar lo que hemos sido y ser esta vez mejores... eso sería hermoso ¿No?

Una transformación en la belleza desde la médula misma de todas las contradicciones sociales, no es asunto sólo de artistas, galerías, políticas culturales o sabihondos del “buen gusto”. Poetas, pintores, músicos, teatristas, vídeoastas, intelectuales, bailarines... no son más dueños ni más cuentapropistas de la belleza. La estética revolucionaria en tanto que producción ha de ser tarea de todos los sectores que se dispongan a interrogarse inteligentemente, dispuestos a auto-transformarse crítica y dialécticamente. Una revolución estética que redefina lo hermoso por revolucionario no por cualquier otra razón. Eso no niega la “belleza” que hubo antes, sólo que la hace distinta y tan de todos que uno tiende a eclipsarse legítimamente subyugado bajo la hermosura de las cuentas claras, de las escuelas ganadas, de los enfermos atendidos y curados, del hambre desterrada, de la ternura disciplinada, los acuerdos, alianzas... amores solidarios contra toda alienación de los seres humanos con su trabajo, por todas partes.

Es la belleza de los consensos nuevos, en las elecciones ganadas por los pueblos, en los debates abiertos y con lealtad, en las tareas asumidas y en todo lo que está pendiente, incompleto. Es también el sudor en el trabajo creador, en los médicos y en los voluntarios, es todos esos que traen ganas de poner el pellejo para defender el corazón. La belleza nueva de una Estética militante, y magnética, para la reclasificación programada y espontánea de las cosas según un orden más profundo y más preciso e imposible de dilucidar mediante la razón de la miseria. Belleza como una categoría social que expresa cierto grado de desarrollo del sentido del gusto, de la armonía y del papel de la estética en el conjunto de las relaciones humanas. Contra la esclerosis mercantilista que se empeña en fabricar estereotipos y palabrería banal para excluir de su mundo “hermoso” a todos aquellos que no entran el las tallas, modas y el merchandising estándar de la “belleza” de mercado. La “belleza” nueva crece y derrota al horror conceptual y fáctico labrado por ideologías hegemónicas frecuentemente horribles, por su apariencia y sus trasfondos, para danos el placer enorme de liberar todos los caudales expresivos de la humanidad hoy encerrados entre estereotipos de clase. “La ética sea la estética del futuro”.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Donald Trump fue abucheado en Davos cuando arremetió contra la prensa.

 

Ayer, en el esperado discurso en el Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, animó a las empresas a invertir en el país y aseguró que decir “Estados Unidos primero” no excluye la cooperación con otros países.

El magnate de 71 años vendió ante la élite empresarial un país con una economía floreciente tras haber tenido un “gran año” e incitó a las grandes compañías presentes a invertir: “Nunca hubo un mejor momento para contratar, construir, invertir y crecer en Estados Unidos. Estados Unidos está abierto otra vez para hacer negocios y volvemos a ser competitivos”.

Los presidentes de Siemens, Total y SAP, entre otros líderes empresariales, alabaron el jueves a Trump por su reciente reforma fiscal y aseguraron que invertirían más en Estados Unidos gracias a esa política. El fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, aseguró también que la rebaja fiscal estadounidense impulsará la economía mundial.

Sin embargo, el proteccionismo (otra de las patas de la política económica de Trump) fue criticado en los últimos días indirectamente en Davos por varios líderes políticos, como la alemana Angela Merkel, el francés Emmanuel Macron y el canadiense Justin Trudeau, quienes defendieron el libre comercio y el multilateralismo.

Ante estas críticas, el mandatario aclaró su posición: “Como presidente de Estados Unidos siempre pondré a Estados Unidos primero. Al igual que los líderes de otros países deberían poner a sus países primero. Pero Estados Unidos primero no significa Estados Unidos solo. Cuando Estados Unidos crece, el mundo también. La prosperidad estadounidense ha generado incontables puestos de trabajo en el mundo, y la búsqueda de excelencia, creatividad e innovación en Estados Unidos llevó a importantes descubrimientos para ayudar a la gente en todas partes a vivir vidas más prósperas y sanas”.

Además, como presidente de Estados Unidos, Trump aseguró que uno de sus principales papeles es actuar como un “cheerleader” (animador) nacional: “Creo que he sido ‘cheerleader’ de nuestro país y todo aquel que represente a un país o a una compañía tiene que serlo, o lo que haga no funcionará”.

En otro orden de cosas, el empresario no descartó que su país vuelva al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), de donde lo sacó hace un año, en una de las primeras decisiones de su mandato. Estados Unidos podría volver a las conversaciones sobre libre comercio con muchos países, entre ellos también los del TPP, afirmó. “Consideraremos negociar con ellos por separado, o quizá como grupo” si los términos comerciales pueden ser más beneficiosos para Estados Unidos que el pacto planeado originalmente, añadió.

Trump anunció también una línea dura en el control de las reglas para el libre comercio. “No seguiremos mirando para otro lado”, advirtió. “No podemos tener un comercio justo y libre cuando algunos países rompen las reglas”, dijo el mandatario estadounidense. Una de las últimas medidas proteccionistas de Trump fue la imposición, esta misma semana, de aranceles a la importación de lavadoras y paneles solares, que generó malestar en China y Corea del Norte.

Varias asociaciones empresariales se mostraron escépticas respecto del discurso de Trump y criticaron sus medidas. “Está claro que la Administración Trump no entendió que el tiempo en que una sola potencia económica podía poner de rodillas a otra con ese tipo de medidas ya pasó”, dijo el presidente de la Asociación de Comercio Exterior alemana BGA, Holger Bingmann.

Otro de los puntos fuertes de su discurso fue el anuncio de la derrota territorial sobre el Estado Islámico (EI) y la captura de casi el ciento por ciento de los territorios que estaban en sus manos en Irak y Siria. Estados Unidos lidera, resumió Trump, “una amplia coalición destinada a impedir el control del territorio por los terroristas, bloquearles los fondos y desacreditar su malvada ideología”. Además, advirtió a sus socios: “Para que el mundo sea más seguro frente a regímenes hostiles, terroristas y potencias revisionistas, pedimos a nuestros amigos y aliados que inviertan en su propia defensa y que cumplan con sus obligaciones de financiación. La seguridad común requiere que cada uno contribuya con su justa parte”.

Como ya es habitual en sus apariciones públicas, el magnate arremetió contra la prensa al responder una pregunta luego de su discurso de apenas 15 minutos: “Hasta que me convertí en político no supe lo repugnante, perversa y falsa que puede llegar a ser la prensa”, dijo provocando abucheos.

En cuanto al frente interno, legisladores demócratas, organizaciones civiles y los propios “dreamers” rechazaron la reforma migratoria que Donald Trump presentará el lunes al Senado, la cual prevé legalizar la situación de 1,8 millón de jóvenes indocumentados a cambio del muro en la frontera con México y de limitar la inmigración legal.

“Este plan se burla de lo que cree la mayoría de los estadounidenses”, manifestó el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, que aseguró que Trump utiliza a los jóvenes indocumentados que llegaron de niños a Estados Unidos como “instrumento” para “destrozar” el sistema migratorio legal.

 

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De Daktari a Óscar Pérez: el uso de la carta paramilitar contra Venezuela

 

 

Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Colombia vivió un proceso de reconfiguración de su territorio debido al desplazamiento forzado de más de 2 millones de personas (en su mayoría de carácter rural/campesino) que produjo la ocupación y ofensiva militar del Plan Colombia y el paramilitarismo.

Lejos de resolver algo, aunque tampoco ese era el interés inicial, el negocio de la guerra se amplía al igual que sus mecanismos y canales de financiamiento, los que le dan existencia: narcotráfico, comercio de armas, criminalidad económica, etc.

La frontera venezolana recibe los primeros impactos de un fenómeno con rasgos transnacionales y transfronterizos, sustentados por un Estado fallido que entregó su seguridad interna a Estados Unidos y determinado, principalmente, por la importancia que tiene para este último la cocaína que ahí se produce y exporta; una balanza que a su vez inclina a favor el aumento en la demanda de armas. El narcotráfico también tiene su geopolítica.

Ese proceso de conquista sui géneris cuyo resultado fue la depredación progresiva, también sui géneris, de la vida económica y social de la frontera, trajo consigo el afianzamiento de grupos armados que pasaron a controlar rutas de contrabando, venta de armas y narcotráfico. La empresa de la guerra en Colombia marca USA creció sobremanera y buscó en Venezuela instalar su filial, expansión que dio además un nuevo carácter a la clásica delincuencia organizada en Venezuela bajo una economía ilegal trazada a partir del narcotráfico, el contrabando, el sicariato... y a futuro, de la violencia política.

Tratándose de una empresa, entonces, era natural que la necesidad de un aparato de seguridad privado, en este caso el paramilitarismo, haya adquirido formas como brazo ejecutor del neoliberalismo, toda vez que disputa al Estado el control social sobre el territorio. Y eso aplica tanto para Colombia como para Siria.

Esta penetración configuró la importación progresiva de ese ejército privado en suelo local, pero también su forma de moldear una cultura de la violencia específica en Venezuela, plantándose como empresa más allá de lo meramente delictivo. Por el hecho de tener esa cualidad privada, es que grandes intereses políticos pueden echar mano y utilizarlo. Es cuestión de asumir el riesgo de dicha inversión.

El paramilitarismo no es un fenómeno venezolano, las bandas y referentes del crimen organizado no nacieron espontáneamente, sus formas de administración de castigo y control social sobre ciertos territorios tampoco lo aprendieron en Internet; es consecuencia de la geopolítica de la guerra de Estados Unidos a través de Colombia, de la cual también son víctimas los colombianos. Estar al lado del principal productor de cocaína del mundo y del principal mercado de armas de la región se dice fácil, precisamente en ese detalle está la razón de ser de que el paramilitarismo sea utilizado como herramienta política en Venezuela y que como fenómeno tenga las implicaciones que tiene.

No producto de la casualidad jefe político del paramiliarismo colombiano, en una reciente intercambio con periodistas, empatizara con las acciones de Pérez y llamara al Ejército a sublevarse contra el Gobierno.

 
Daktari, modus operandi y la vía armada


El hecho de la finca Daktari en su momento dio dimensión de hasta dónde se estaba dispuesto a llegar para sacar al chavismo del poder, de hasta dónde se habían corrido los límites. Fue un año donde el país se encontraba movilizado por la agenda del referendo revocatorio impulsada por el antichavismo, quien buscaba consolidar una victoria política luego del golpe/paro/sabotaje de meses anteriores.

Los hechos y sus vinculaciones políticas y empresariales son harto conocidas; más de 100 paramilitares contratados, y vinculados a agentes infiltrados dentro de la fuerzas de seguridad y empresarios, daban la medida de un modus operandi que se ha repetido inercialmente durante los últimos años: a medida que se pierden batallas políticas, recurren al plomo; a medida que se pierden las batallas callejeras (guarimbas), donde también apelan al plomo, recurren a los sicariatos y asesinatos políticos. Y para ello solo falta quien ponga la plata sobre la mesa y quien mueva los resortes (piense en la CIA), y quien desde la tribuna política y mediática sea cómplice en desvirtuar, negar o legitimar lo que de allí resulte.

Dependiendo de ese contexto más general es que adquiere visibilidad en qué momento se apela a células armadas (germen de los ejércitos privados) para intensificar la violencia callejera, o cuando, en circunstancias de reflujo, se emplea con fines selectivos como asesinatos políticos. Después del icónico hecho de la finca Daktari se han evidenciado las múltiples formas de aplicación de este instrumento, resaltando los periodos de guarimba como escuelas o centros de entrenamiento, donde también se intenta posicionar grupos armados (disfrazados de “manifestantes”, por supuesto) para escalar la confrontación.

Las guarimbas de 2017 describieron bastante bien que las molotvs y escudos hechos de latón eran herramientas de márketing que difuminaba -para la prensa mundial- el secuestro y control de urbanizaciones, el uso de francotiradores y de armas de fuego en confrontaciones y la intención probada de llevar a cabo asesinatos contra personas por ser o parecer chavistas.

Existe una intención manifiesta de tantear la vía armada, tanto por actores internos como externos: el reconocimiento internacional del escenario de confrontación de las guarimbas, partera de células como la de Óscar Pérez y Juan Caguaripano, vino por parte de Estados Unidos y la Unión Europea principalmente.

 

Células armadas y el caso Libia


Luego de cerrado el ciclo de violencia política y armada en Venezuela, se suscitaron tres ataques armados. Uno dirigido contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ, mientras niños que estudian en esa institución se encontraban adentro) y el Ministerio de Interior, Justicia y Paz desde un helicóptero donde se lanzaron granadas y ráfagas de disparos de alto calibre; y otros dos contra instancias de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en el estado Carabobo (Fuerte Paramacay) y el estado Miranda (Comando de la Guardia Nacional Bolivariana, GNB). El fin era obtener armas para preparar un golpe a futuro y ganar capacidades, pero también imponer en la opinión pública una supuesta superioridad en términos tácticos y militares, además de un clima de terror.

Con estos ataques dos células armadas (una de Óscar Pérez y otra del ex militar capturado Juan Caguaripano) pasaron a ser la nueva apuesta.

Una célula no es un fin en sí mismo, sirve como agrupamiento inicial de una estrategia superior dirigida a conformar un ejército paralelo: tras un proceso de infiltración y cooptación de fuerzas regulares para producir deserciones, se intenta darle forma y objetivo político. De esta manera ocurrió durante la “primavera árabe” que azotó Libia, donde los servicios de inteligencia de la OTAN lograron extraer oficiales del estamento militar para nutrir a los “rebeldes”, bajo un marco narrativo global que ubicaba como única ruta con sentido práctico la agenda armada para salir de Gadafi. ¿Les suena?

Pérez y Caguaripano eran evidencia de esa intención (global pero adaptada a cada terreno) de “resolver” los conflictos a plomo y de infiltrar fuerzas de seguridad para conformar el germen de un ejército privado. En Venezuela la visibilidad de esta intención es aún mayor cuando se mide el asedio psicológico al que están sometidas la FANB, los recurrentes llamado de la oposición a “ponerse del lado de la Constitución” (eufemismo para llamar a la insurrección) y las infiltraciones detectadas a tiempo.

En tal sentido el desmantelamiento de estas dos células altamente peligrosas no sólo iba dirigido a revertir cualquier acto de sabotaje o terrorismo a futuro, según el constituyentista Diosdado Cabello se preparaban para hacer estallar un carro-bomba en la embajada de Cuba, sino también neutralizar posibles operaciones dentro de las fuerzas de seguridad. Este último punto es clave en cuanto a la anticipación con respecto a los servicios de inteligencia extranjeros que pudieran estar operando para reeditar a un Pérez o a un Caguaripano que, nuevamente, intenten dirigir al país por los derroteros de la guerra.

 

Medios, políticos estadounidenses y legitimación del paramilitarismo con otro nombre


Un componente fundamental que posibilita la legitimación y empatía con grupos armados son los medios de propaganda privados. Bajo la imposición de un alias globalizado (los “rebeldes”), se ha justificado desde las grandes empresas de la comunicación el caos y la mercenarización de conflictos, como en Medio Oriente luego de la “primavera árabe”. Y “rebeldes” son, justamente, todas las células terroristas o grupos armados que “emerjan” en territorios con gobiernos que no están alineados a Estados Unidos.

Venezuela no escapa de este tratamiento, ya durante las últimas guarimbas habían adelantado un cuadro narrativo para representar como “enfrentamientos entre manifestantes pacíficos contra militares armados” lo que realmente eran episodios de ultraviolencia, cortes de vías, disparos de francotiradores y saqueos contra comercios.

Sin embargo el alias “rebelde”, una nomenclatura que signa un factor militar, se vio con claridad luego de que Óscar Pérez y su grupo cayeran abatidos en el enfrentamiento; medios internacionales y locales cartelizaron el tono y lo glorificaron como “el piloto que se rebeló contra Maduro”, apelando a las brechas de desinformación que dejó el operativo, y sobre todo, a las voces más extremas del espectro político (María Corina Machado, Diego Arria, Antonio Ledezma, etc.) que dieron un respaldo frontal a Pérez.

Si bien ese alias ya denota en sí la intención de correr los límites del relato en pro de legitimar células armadas, ubicando a Pérez en la misma coordenada simbólica de organizaciones terroristas en Medio Oriente, otro dato prefigura los apoyos externos con los que cuenta la opción bélica: Marco Rubio, Otto Reich, Roger Noriega e Ileana Ros defendieron a Óscar Pérez y respaldaron sus acciones.

No se trata de simples congresistas o voceros políticos de Estados Unidos, sino de un sector que luego del ascenso de la Administración Trump ha alcanzado importantes niveles de influencia para configurar el marco de las relaciones exteriores EEUU hacia Venezuela. Resaltan los casos de Otto Reich y Roger Noriega, ambos operadores de la guerra sucia en Centroamérica y vinculados estrechamente a los servicios de inteligencia estadounidenses, a los que Marco Rubio, en su posición de senador, les da un empujón para que su limitada voz se escuche. Caso que también aplica para Luis Almagro, que aprovechando la ola desde su cuenta Twitter compartió el apoyo dado por ONGs financiadas por el Departamento de Estado, como Human Rights Watch.

En este punto es necesario recalcar lo obvio: el próximo atentado que planeaba la célula de Pérez, o la de Caguaripano antes de su desmantelamiento, estaría legitimado por estos actores políticos del Congreso estadounidense, los cuales han demostrado influencia en delimitar la política exterior hacia Venezuela. Marco Rubio e Ileana Ros incluso tienen acceso a cajas negras presupuestarias con las cuales podrían, incluso, otorgar financiamiento para no detener el entusiasmo, un dato ya de por sí bastante peligroso.

Esa prueba es más que suficiente para poner en contexto el operativo contra la célula de Pérez, pero sobre todo, como el paramilitarismo está sobre la mesa de quienes han adquirido una influencia relativa en la Casa Blanca para moldear el qué hacer con Venezuela.

Durante estos días se ha intentado mostrar a Óscar Pérez como un caso aislado, cuando en realidad representa una continuidad (aún no lograda) en el marco de la agenda paramilitar contra Venezuela.

 

(Tomado de Misión Verdad)

 

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Sábado, 06 Enero 2018 08:13

Un freno a las falsas noticias

Macron, víctima de noticias falsas el año pasado.

 

Francia y Alemania hacen leyes y las redes sociales toman medidas

El jefe de Estado francés explicó que se trata de “proteger la democracia” de una ola de “propaganda modulada a través de miles de cuentas en las redes sociales que propagan cuentos inventados para ensuciar a una figura pública”.

 

Desde París

“Fake news”, “hechos alternativos” programados desde las profundidades de la cultura política del presidente norteamericano Donald Trump o “realidad alternativa”, la última versión de la manipulación de masa asumida por Margarita Simonián, la directora de Rusia Today y del portal que difunde a Sputnik, la mentira y la falacia se han vuelto un negocio y un terreno de confrontación de las potencias mundiales donde ha perdido no sólo la verdad sino, también, la transparencia democrática. Las tres principales plataformas de propagación de falsedades, Twitter, Facebook y Google, anunciaron una serie de medidas contra ese satanás contemporáneo. A partir del primero de enero Alemania empezó a aplicar la llamada ley «NetzDG» que sanciona con una multa de 50 millones de euros a las redes sociales que no supriman las informaciones “odiosas” o los “fake news”. A Berlín le sigue ahora París con el anuncio hecho por el presidente francés, Emmanuel Macron, de aplicar próximamente una ley contra las noticias falsas y las plataformas que las expanden, y ello durante las campañas electorales. La medida, controvertida en su mismo principio, suscitó una ola de reacciones críticas e impugnaciones desde todos los sectores políticos, principalmente aquellos, como la extrema derecha, que han elevado las “fake news” a la categoría de arma de disuasión masiva.

El jefe del Estado francés explicó que se trata de “proteger la democracia” de una ola de “propaganda modulada a través de miles de cuentas en las redes sociales que, en tan sólo un instante, propagan en todo en mundo, en todos los idiomas, cuentos inventados para ensuciar a un responsable político, a una figura pública o a un periodista”. Emmanuel Macron tiene una cuenta pendiente con esas “fake news”. Durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de abril y mayo del año pasado, Macron fue una víctima directa de esa metodología e, incluso, llegó a denunciar en presidencia del presidente ruso Vladimir Putin a Rusia Today y Sputnik por actuar como “órganos de influencia y de propaganda”. El mandatario adelantó algunos de los dispositivos de esta futura ley cuya meta es, según dijo, doble: “responsabilizar a las plataformas y los difusores en internet” y, en ese contexto, someterlos a obligaciones como, por ejemplo, imponerles una “transparencia más fuerte en torno a todos los contenidos auspiciados con el fin de hacer pública la identidad de esos anunciantes y de quienes los controlan y, a la vez, limitar los montos consagrados a esos contenidos”. El texto en preparación permitiría que en cuanto una “plataforma difunde fake news, la persona concernida cuenta con la posibilidad de dirigirse a un juez para que sea retirada en un plazo de 24 a 48 horas después de publicada la información”. Igualmente, se prevé una suerte de mecanismo para que las instancias de supervisión del campo audiovisual puedan intervenir ante los canales de televisión bajo control de Estados extranjeros e impedir que irrumpan como entes de desestabilización. Aunque Emmanuel Macron no mencionó a ningún medio en particular, para muchos analistas e editorialistas resulta obvio que esta batería de medidas va dirigida muy especialmente a Rusia, cuyo canal Rusia Today ya empezó a emitir en Francia. Sin embargo, el objetivo presidencial fue puesto en tela de juicio de forma severa en un editorial publicado por el vespertino Le Monde. “Qué lindo tema”, ironizó Le Monde. El vespertino admite que “las fakes news se han convertido en una de las armas de guerra tecnológica de la información que ciertos regímenes autócratas llevan a cabo en las democracias occidentales, en cuyo primer puesto, sin nombrarla, Emmanuel Macron pone evidentemente a Rusia”. No obstante, el diario advierte que “ese tipo de ambición legislativa, en un campo tan movedizo y complejo como las tecnologías digitales y en un tema tan crucial como la libertad de la prensa, es por naturaleza peligrosa”.

Muchos comentaristas señalan al respecto que ya existe una ley...de 1881 que permite “castigar” la “difusión, la reproducción de noticias falsas, de elementos fabricados, falsificados o falsamente atribuidos”. Los abanderados de las falacias, los círculos de la extrema derecha francesa, salieron de inmediato al paso de la iniciativa presidencial. La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, preguntó en un tweet si acaso “¿Francia sigue siendo una democracia cuando le pone un bozal a sus ciudadanos? Muy inquietante”. La izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon se pronunció en el mismo sentido mientras que los expertos apuntan a los límites de una ley como la planteada por el presidente francés. Lo que está es juego consiste en saber si es el Estado quien decide lo que es falso y lo que no. Es lícito admitir que la avalancha de mentiras, la inocencia de la opinión pública o, a menudo, sus opciones ideológicas, llevaron a que se despoje a la prensa de su misión y se la reemplace por un destructor sistema de falacias y cuentos imposibles de verificar. Ello, sin embargo, no legitima al Estado como arbitro. La historia contemporánea prueba hasta qué punto los Estados democráticos desencadenaron desastres y guerras justificadas con mentiras. Dos siguen aún vigentes, o al menos sus consecuencias. La prensa francesa recuerda que el ex secretario de Estado Norteamericano, Colin Powell, presentó ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas “pruebas irrefutables” sobra las armas de destrucción masiva que detentaba el difunto presidente iraquí Saddam Hussein. La segunda Guerra de Irak (2003) se justificó con ese argumento pero las armas jamás existieron y fueron llamadas luego “armas de desaparición masiva”. El también ex Primer Ministro británico Tony Blair procedió de la misma manera en el Parlamento británico. Presentó “pruebas” llenas de falsas informaciones. En la Argentina, la palabra oficial buscó empeñosamente empañar la verdad sobre la desaparición de Santiago Maldonado. Entonces ¿cómo puede un Estado pretender regular la verdad ? Glenn Greenwald, el periodista norteamericano fundador del portal The Intercept, quien publicara en el diario británico The Guardian (a partir de 2013) las revelaciones del ex agente de la CIA Edward Snowden sobre el espionaje planetario de la NSA, Agencia de Seguridad Americana, escribió: “fake news es una expresión retórica sin definición. Se la pueda asimilar a una forma de propaganda. Trump se la apropió para atacar al periodismo. Ahora, Macron la utiliza para conducir un control oficial de internet”. Las opiniones están, de hecho, divididas. Se admite que algo hay que hacer, pero de pronto no con el Estado como regulador central de lo que es verdad o no. Las opiniones públicas están llamadas a desempeñar un papel preponderante. Ellas son las manipuladas, las destinatarias de las mentiras. Se le exige a la prensa rigor y verdad. Tal vez los lectores tengan también que modificar sus propios hábitos para sobrevivir en este pantano de manipulaciones.

 

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Jueves, 04 Enero 2018 08:39

30 años no son nada

Portada del libro electrónico De los medios a las mediaciones de Jesús Martín Barbero, 30 años después

 

De los medios a las mediaciones de Jesús Martín Barbero, 30 años después es un libro electrónico que tiene, al menos, dos objetivos: homenajear a su autor en el año en que ha cumplido ochenta años de vida y celebrar y revisitar uno de los grandes textos de la comunicación.

Editado por Miquel de Moragas, José Luis Terrón y Omar Rincón y publicado por el Institut de la Comunicació de la Universitat Autònoma de Barcelona, el libro digital (disponible en este enlace) se compone de cuatro partes y un anexo. La primera es una introducción de De Moragas y Terrón sobre el libro y su autor; la segunda nos presenta los orígenes e influencias del libro desde su primera edición en 1987; en la tercera se recogen tres entrevistas realizadas al maestro Martín Barbero, una en 1997 por Laverde y Aranguren, otra en 2010 por Tufte y la más reciente en 2017 por Rincón, y la cuarta y última contiene los comentarios de veintitrés personas, por orden alfabético de Enrique Bustamante a Rosalía Winocur, de diez países (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Dinamarca, España, México, Perú, Reino Unido y Uruguay) sobre la obra martinbarberiana. En el anexo se recogen imágenes de las portadas del libro en sus diferentes ediciones.

La primera edición del libro vio la luz en Barcelona, en 1987, de la mano de la editorial Gustavo Gili. De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, es de los libros sobre comunicación más citados en la historia. En el prólogo, García Canclini pensaba que, si “los libros más necesarios son los no complacientes”, De los medios a las mediaciones era uno de esos libros indispensables en los noventa. Me permito añadir que hoy, treinta años después, sigue siéndolo.

Tal vez sea una buena oportunidad para que desde la academia miremos de nuevo a América Latina, ya que fue en estas latitudes donde se inició el camino para cuestionar la comunicación vertical y dirigida que empezó con el discurso de 1945 de Truman, presidente de los EE.UU., en el que dividió el mundo entre desarrollados, ellos y unos pocos más, todos del ámbito anglosajón, y subdesarrollados, donde estaban todos aquellos que no se modernizaban ni contaban con opciones de hacerlo en la línea que aquellos proponían. Gran parte de la mayoría de las propuestas críticas comunicativas de las últimas cinco décadas tienen su origen en esta parte del planeta.

Para quien ya estuviera entonces en el ámbito de la comunicación, le parecerán un suspiro estas tres décadas, que no son nada pero son mucho. El camino recorrido ha sido toda una ruta por un desierto que se ha ido llenando de oasis para abrevar. El libro de Jesús Martín Barbero (JMB) es uno de esos lugares para recuperar el aliento y plantear otra mirada a la comunicación, dejar a un lado los medios, sin olvidar su relevancia, y poner el acento en las mediaciones. Nuevos territorios para comprender las prácticas y los procesos que nos relacionan como seres humanos.

¿Qué son las mediaciones? Aunque creo que Martín Barbero nunca las ha definido explícitamente, en su texto se refiere “a los sujetos sociales e identidades culturales nuevas” para trasladar el debate “a las articulaciones entre prácticas de comunicación y movimientos sociales, a las diferentes temporalidades y la pluralidad de matices culturales”.

Decir De los medios a las mediaciones es nombrar una de las obras cumbres y clásicas del campo de la comunicación. Ese que se sigue construyendo y debatiendo y que exige mantener un continuo diálogo para determinar el lugar desde el que nos hacemos las preguntas y seguir debatiendo, para repensar-NOS y para repensar el mundo. Para recomunicar.

JMB entró al campo de la comunicación casi por casualidad, y eso es una suerte que todavía no sé si hemos valorado lo suficiente. Cuando en Bogotá empezó a dar clases en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, sus propuestas ya daban cuenta de lo que serían sus investigaciones en comunicación. Explorar los territorios comunes pero ignorados de la vida cotidiana, como las plazas de mercado o los cementerios, fue una manera de hacer que sus estudiantes miraran, escucharan y oliera su propia identidad.

Para el boliviano Erick Torrico, el texto de JMB es “la obra cumbre de la comunicología latinoamericana”. Según Maritza López de la Roche, “permitió ver la complejidad de las relaciones entre los emisores y los destinatarios de carne y hueso de los textos de la comunicación masiva. Y en una aparente paradoja, también posibilitó volver a poner el foco en los seres humanos detrás de los dispositivos mediáticos”. En palabras de Claudio Avendaño, abrió “una carretera panamericana para la comunicación (...) para comprender, denunciar, investigar, luchar, emocionar, descubrir, construir, disfrutar y, sobre todo, poner en común”. Para mí, y así lo escribí cuando Omar Rincón nos pidió una frase acerca del libro para rendir un homenaje a Martín Barbero con motivo de la celebración del congreso anual de IAMCR que en 2017 tuvo lugar en Cartagena de Indias (Colombia), el libro supuso “un salto a un vacío que estaba lleno de sentidos, de vidas mestizas resistentes que luchaban por su reconocimiento”.

En la introducción, JMB ya nos avisaba de su hoja de ruta “Lo que aquí llega trae las huellas de un largo recorrido. Venía yo de la filosofía y, por los caminos del lenguaje, me topé con la aventura de la comunicación. Y de la heideggeriana morada del ser di así con mis huesos en la choza-favela de los hombres, construida en barro y cañas pero con radiotransistores y antenas de televisión. Desde entonces trabajo aquí, en el campo de la massmediación, de sus dispositivos de producción y sus rituales de consumo, sus aparatajes tecnológicos y sus puestas en espectáculo, sus códigos de montaje y reconocimiento”.

La necesaria transdisciplinariedad de las ciencias sociales estaba ya hace treinta años en la obra del maestro Martín Barbero. Que su recorrido siga alargándose y que tanto él como sus producciones nos acompañen muchos años en este camino por los campos de la comunicación.

Una reseña del libro será publicada en la revista Latina de Comunicación Social.

 

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Las distinciones que la prensa invisibilizó. Jeremy Corbyn y Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz

Los medios de comunicación ingleses no informaron que el líder de la oposición de ese país ganó el premio de la paz por su "trabajo político sostenido y para el desarme y la paz". La Oficina internacional de la Paz también reconoció al académico norteamericano Noam Chomsky y a un grupo de activistas anti bases nucleares.

A pesar de que el líder laborista Jeremy Corbyn y el filósofo lingüista norteamericano Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz, junto con activistas de bases antimilitares japoneses, su reconocimiento no tuvo trascendencia mediática. Los tres fueron galardonados por su sostenida y poderosa labor política en pro del desarme y la paz, pero los grandes medios de comunicación ingleses no se hicieron eco de la noticia que hacía referencia al líder de la oposición.


La Oficina Internacional de la Paz entrega el Premio Sean MacBride a individuos, organizaciones o movimientos por su trabajo en las áreas de paz, desarme y derechos humanos. Este año, seleccionaron a Corbyn, al renombrado académico Chomsky y al All Okinawa Council Against Henoko New Base. Éste último fue reconocido por su compromiso de cerrar la Base Aérea Marina Futemna y su oposición a la construcción de otra base militar en Henoko, mientras que Chomsky recibió el premio por sus esfuerzos de décadas apoyando la paz, su postura antiimperialista y sus críticas a la política exterior militarista de Estados Unidos.


En particular, el premio al líder laborista fue entregado el viernes pasado, en Ginebra ante el silencio de los medios de comunicación hegemónicos de su país. Los activistas de bases antimilitares, por su parte, ya lo recibieron a finales de noviembre, en Barcelona, y el año que viene se le entregará el premio a Chomsky, en Estados Unidos.


“Como líder del Partido Laborista y Líder de la Oposición sigue llevando sus principios personales a su vida política -afirmando abiertamente que no podía presionar el botón nuclear y argumentando fuertemente a favor de una reorientación de las prioridades- para recortar el gasto militar y destinarlo a salud, bienestar y educación”, dijo la Oficina Internacional de Paz. “Se ha mantenido fiel a los principios que ha defendido durante tanto tiempo para garantizar una verdadera seguridad y bienestar para todos, para sus electores, para los ciudadanos del Reino Unido y para la gente del mundo”, agregaron.


Pero en los últimos días los internautas advirtieron lo que había sucedido y que ninguno de los medios tradicionales había mencionado. "Qué hubiese pasado si era Theresa May?", fueron algunos de los comentarios de los usuarios de twitter, que se refirieron a la primera ministra inglesa.

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Más de 280 defensores de los derechos humanos fueron asesinados en 2016, según AI

 

Un informe de Amnistía Internacional documenta cómo han aumentado los ataques contra las personas que defienden los derechos humanos: en 2016 fueron asesinados 125 defensores más que el año anterior.

"En lugar de apoyarlos, muchos líderes los ponen en una situación de mayor riesgo con campañas difamatorias, el uso indebido de la justicia penal o presentándolos falsamente como personas opuestas a los intereses nacionales"

 

Amnistía Internacional (AI) ha denunciado este martes que al menos 281 personas de todo tipo y condición que trabajan para promover y defender los derechos humanos fueron asesinadas en 2016 en todo el mundo, frente a los 156 del año previo y los 136 de 2015, la mayoría de ellos en América.

"Mientras se continúa atentando contra la vida y la integridad de los defensores de los derechos humanos alrededor del mundo, los Estados están fallando en su obligación de respetar y proteger el derecho a la vida y el derecho a defender los derechos humanos sin miedo a represalias", alerta la ONG.

Según su informe Ataques mortíferos pero evitables: Asesinatos y desapariciones forzadas de aquellos que defienden los derechos humanos, desde 1998 un total de 3.500 activistas fueron asesinados en diferentes partes del globo.

Asimismo, la ONG recuerda que el asesinato es el último eslabón de una serie de ataques previos dirigidos contra estos activistas. "Los brutales ataques que se documentan en este informe son el final lógico de una tendencia alarmante", señala Guadalupe Marengo, directora del Programa Global sobre Defensores y Defensoras de los Derechos Humanos de AI.

"En lugar de apoyar a los defensores y defensoras de los derechos humanos, muchos líderes globales los ponen en una situación de mayor riesgo mediante campañas difamatorias, el uso indebido del sistema de justicia penal o presentándolos falsamente como personas que se oponen a los intereses nacionales", prosigue.

 

La mitad de asesinatos son de defensores de la tierra

 

Más de tres cuartas partes de los asesinatos de defensores de los derechos humanos cometidos el pasado año tuvieron lugar en América, señala el informe, que recoge datos de la organización Front Line Defenders.

Según informaciones de diferentes ONG y agencias de la ONU recopiladas por AI, en Colombia se registraron 59 muertes y en Brasil 66, en su mayoría de indígenas y activistas que trabajaban en defensa del medio ambiente o los derechos territoriales. Casi la mitad de los asesinatos, el 49%, fueron perpetrados contra personas que trabajaban en asuntos relacionados con la tierra y el medio ambiente.

"En muchas partes de América Latina, donde el acceso a la sanidad y los derechos sexuales y reproductivos está fuertemente restringido, Amnistía Internacional ha documentado cómo los que defienden tales derechos han sido objeto de campañas de difamación, acoso, persecución injusta, amenazas y ataques físicos", reza el documento difundido este martes en Nueva Delhi.

En cuanto a los periodistas que perdieron la vida por su profesión, el pasado año se registraron 48 asesinatos, una cifra que asciende a 827 al referirse al periodo entre 2006 y 2015, según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

AI también muestra su preocupación por los ataques contra el colectivo de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales (LGBTI). "Los defensores LGBTI sufren ataques por quiénes son y también por lo que hacen: pueden ser atacados por su orientación sexual o identidad de género real o percibida, además de por defender los derechos relacionados con el género y la sexualidad", según el informe.

Así las cosas, la organización, que también alertó de la prevalencia de desapariciones forzosas y maltrato cuando los activistas se encuentran bajo arresto, pidió a los gobiernos que implementen leyes de protección para estas personas.

Además, les pidió que ofrezcan medidas preventivas para los que han sido amenazados, y que lleven ante la Justicia a los autores de los crímenes contra los defensores de los derechos humanos.

 

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