Sábado, 17 Noviembre 2018 09:56

Dignidad y humanismo socialista

Dignidad y humanismo socialista

El periódico desdeabajo publica una reseña ampliada publicada en marzo de 2015, de Luis Emiro Valencia (1922-13/11/2018), durante un evento de reconocimiento a su obra.

El pasado mes de marzo, Luis Emiro Valencia cumplió 93 años. . Para asombro de propios y extraños, su actividad mental y física en pro de una sociedad socialista, fundada sobre las bases de la democracia radical y el humanismo, continúa plena, como en aquellos años 40 del siglo XX, cuando en la casa de Jorge Eliécer Gaitán le abrieron la puerta y lo invitaron a seguir para tomar las memorias de las reuniones que dieron base al Plan Gaitán. Llegaba invitado por Antonio García Nossa, de quien aprendió y a quien continúa difundiendo aún, dado que Colombia no conoce la bastedad y profundidad de su obra.

¿Quién es Luis Emiro Valencia? -"Yo soy yo y mis circunstancias".

Es la identificación de Luis Emiro con el pensamiento de José Ortega y Gasset (1883-1955): "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo". Es una frase síntesis de su perspectiva existencial, esto es, el ser humano está condicionado por lo que piensa y por lo que vive. La perspectiva es, entonces, de la razón vital (raciovitalismo) e histórica. En relación dialéctica se imbrican la razón, la vida como valor absoluto, la impermanencia y el fluir del tiempo y los acontecimientos socio-históricos concretos.

 

Madre-hijo

 

Detrás de un hijo que aprende hay una madre que enseña, dice el adagio popular. Existe una relación estrecha entre la producción intelectual y la experiencia vital del ser humano, pero ésta es primordial en sus comienzos y en la situación de dependencia esencial. Al comienzo de la vida, es cuando empiezan a formarse las actitudes estructurales de la personalidad (temperamento y carácter). La pareja básica madre e hijo constituye la imbricación fundamental. En los primeros años de un niño, la ayuda y el amor son de gran importancia en el establecimiento de su naturaleza o, dicho en términos simples, su capacidad para la estabilidad y la felicidad. El párvulo es el padre del intelectual.

Luis Emiro Valencia Sánchez nace en Bogotá el 25 de marzo de 1922. Valencia es un apellido toponímico español, arriba a Colombia con los inmigrantes hispánicos hace poco menos de tres siglos, sobresaliendo una inclinación hacia la intelectualidad y la política. En Luis Emiro estas dos fuerzas confluyen en una sola pasión: el humanismo socialista. Su árbol genealógico es pródigo en liberales guerrilleros y radicales, amigos de Manuel Murillo Toro (1816-1880), dos veces presidente de la República y precursor del socialismo liberal en Colombia, de estirpe reformista agrario y gran luchador contra los latifundistas. La obra de Murillo Toro será la primera influencia intelectual de Luis Emiro.

Eran otros tiempos, con una Colombia muy distinta a la actual. Su población apenas llegaba a los 6,8 millones de habitantes, con el 72 por ciento de ella habitando en zonas rurales. Era un país agrario bastante atrasado y desarticulado en sus regiones naturales, aunque constituía un nítido germen de modernización capitalista que generaba nuevas problemáticas y exclusiones económicas, sociales y políticas; nuevas clases populares y asalariadas buscaban su propia expresión en el socialismo y recibían la influencia y animación de las revoluciones mexicana y rusa. El antagonismo entre el país agrario y semicolonial, y la nación moderna y capitalista empezaba a aflorar con fuerza incontinente.

A la tierna edad de cuatro años queda Luis Emiro sin padre, consecuencia de la temprana separación de sus progenitores. Como hijo único, es educado por su dedicada y amorosa madre: Carlina Sánchez Lozano. Ella, liberal radical, poliglota (inglés, francés, castellano) y diestra pianista, heredó a su hijo la pasión por la política y la justicia social, al igual que el amor por la vida, el trabajo decente, la literatura y la música.

Luis Emiro no fue un niño corriente. Un niño dotado es más intensamente niño, sus placeres y dolores surgen rápidamente y, agudamente, su curiosidad y necesidad del conocimiento. El sentido y significado de la vida está unido a su gusto por la lectura, consejo que no deja de recomendar siempre que puede a las nuevas generaciones: lean, siempre lean y lean. De niño a adulto lo acompaña una memoria prodigiosa; a los 93 años recita un poema del poeta venezolano Elías Calixto Pompa (1834-1887) con igual frescura y claridad que lo hacía cuando solo contaba con tres años de edad:

Estudia
Es puerta de luz un libro abierto:
Entra por ella, niño, y de seguro
Que para ti serán en lo futuro
Dios más visible, su poder más cierto.

El ignorante vive en el desierto
Donde es el agua poca, el aire impuro;
Un grano le detiene el pie inseguro;
Camina tropezando; ¡vive muerto!

En ese de tu edad abril florido,
Recibe el corazón las impresiones
Como la cera el toque de las manos:
Estudia, y no serás, cuando crecido,
Ni el juguete vulgar de las pasiones,
Ni el esclavo servil de los tiranos.

La madre, activista, siempre iba acompañada de su pequeño. De la mano de ella, Luis Emiro participó de las marchas y eventos políticos que por entonces conmovían a la capital, como la "del hambre", pero también de sucesos de especial significado, como la posesión del presidente liberal Enrique Olaya Herrera en 1930.

Como podrá recordase, fecha especial para la nación, pues con tal gobierno tomaba forma en el país un período de gobiernos liberales, extendidos hasta 1946. Durante los 44 años previos los conservadores gobernaron de mano de la Iglesia con mano dura y represiva, pretendiendo acallar el surgimiento del movimiento obrero-campesino-indígena y estudiantil y la aparición de las nuevas corrientes políticas socialistas.

Ahora, bajo la influencia de las revoluciones acaecidas en Nuestra América, así como en Euro-Asia, durante las dos primeras décadas del siglo XX y la tendencia internacional de apertura, el ambiente era propicio a los proyectos de reforma social y a la ampliación de la democracia. Liberales y socialistas hacían suyos, a su manera, los ideales de reforma agraria, nacionalización de los recursos naturales y energéticos, separación de la Iglesia y el Estado, impulso a la educación obligatoria, laica y gratuita, independencia nacional, formación de sindicatos, organización y participación popular y un régimen bajo la dirección de un gobierno obrero.

Memoria y lucha. A sus escasos ocho años de edad, la impresión de la figura imponente de Enrique Olaya Herrera, "gigante, altivo y su pecho lo atraviesa la banda tricolor de la bandera nacional", quedará para siempre en la retina de Luis Emiro.

 

Salto generacional

 

Hacia el año 1925 se conforma un grupo anti élite, rebelde e iconoclasta: "Los Nuevos". De edades entre los 20 y 25 años, universitarios y provenientes de clases alta y media, eran jóvenes que empezaban a entender el sentido, significado y tendencia de los nuevos tiempos. De este grupo emergerían las ideas y los personajes que tendrían influencia en los acontecimientos de la nación durante el siglo XX.

Algunos de ellos suscriben un documento en el que dicen: "Pertenecemos al partido socialista que busca la justicia económica, la realización política de los fines humanos y cuando los partidos de la libertad se disuelven en la inacción y buscan consejo de un capitalismo intransigente, las nuevas generaciones no pueden seguir otros caminos que éste que adoptamos nosotros". Entre algunos de sus firmantes estaban Diego Montaña Cuellar, Francisco Socarrás, Roberto García Peña, Gerardo Molina.

Al grupo de "Los Nuevos" ingresan Alberto Lleras Camargo, Germán Arciniegas, Luis Tejada, Gabriel Turbay, Guillermo Hernández, Juan y Carlos Lozano y Jorge Eliecer Gaitán. Más tarde es fortalecido con la adhesión de Luis Cano, Antonio José Restrepo, Antonio García Nossa, Luis Carlos Pérez y Luis Rafael Robles, todos profesaban su simpatía con las ideas socialistas.

Entre tanto, Luis Emiro Valencia era un joven estudiante formado en los colegios de los hermanos cristianos lasallistas. Egresado de la secundaria, efectuó estudios técnicos en la Escuela Industrial anexa a la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional durante la década del treinta; en ese entonces su proyecto era convertirse en técnico fundidor. Pero la vida no es lo que uno quiere. Aprendió taquigrafía y mecanografía en la Academia Remington, donde por entonces estudiaban las elegantes señoritas bogotanas, para matricularse luego en los cursos de Extensión Universitaria abiertos en el marco de la reorganización de la Universidad Nacional adelantada bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938/1942-45). Después ingresaría al Instituto de Ciencias Económicas, fundado en 1945, donde se graduó en 1950 presentando la tesis "Política del Cambio Exterior", dirigida por su maestro y amigo A. García Nossa.

Tiempos de especiales recuerdos. Para Luis Emiro una de las situaciones más gratas de su vida fue haber vivido y verse beneficiado del proceso de inclusión y democratización de la educación en Colombia, impulsado por los gobiernos liberales. En la Universidad Nacional conoció a profesores como Abdón Espinosa, Indalecio Liévano Aguirre, Alfredo Vásquez Carrizosa y Antonio García Nossa. Este último se convertiría en su "padre intelectual" y pronto tejerían una profunda amistad.

Bajo la protección y orientación de Antonio García pudo ingresar y hacer parte de una generación mayor a la suya, la de aquellos intelectuales socialistas influyentes en la academia y la vida cultural y política del país. García lo hizo su secretario y amanuense gracias a la inteligencia y los conocimientos que sobre taquigrafía y mecanografía ya le otorgaban ciertas destrezas a Valencia.

De su maestro y amigo, dirá después Luis Emiro que aun Colombia no ha conocido la grandeza del pensador y la importancia del mismo para la historia nacional: "Antonio es como el mar, profundo y ancho; hasta ahora sólo conocemos su oleaje y lo poco que queda en la playa".

 

Luces de vida

 

Corren los años 40, las nuevas lecturas e influencias intelectuales marcan su huella en el joven estudiante. Una tarde, bajando las escaleras de la facultad de Derecho (el Instituto de Ciencias Económicas estaba anexo a la Facultad de Derecho), Luis Emiro tuvo una experiencia de conversión. Mirando en lontananza, asombrado, sintió en lo más profundo de su ser que había ocurrido un salto de conciencia, su cosmovisión de la vida había cambiado, la pasión por el socialismo humanista había nacido como una razón vital que nunca más abandonaría.

El año de 1947 Luis Emiro conoce a Jorge Eliecer Gaitán (1898-1948), quien con persistencia lideraba desde los años 30 una gesta por el cambio de modelo político y económico en el país. En este mismo año Gaitán, candidato a la presidencia de la República por el partido Liberal, ya figuraba como seguro triunfador de los comicios por realizarse un año después.

Ante tal posibilidad, la oligarquía colombiana juega la última carta que le quedaba: la represión violenta. Al salir de clases de la Universidad Nacional, Luis Emiro sube por la calle trece en su modesto automóvil del cual era propietario y a la altura de la Estación de la Sabana, sobresaltado, ve la turba enfurecida que baja con palos y machetes destrozando e incendiando la ciudad; guarda donde puede el vehículo y se entera que Gaitán acaba de ser asesinado. Es el 9 de abril de 1948.

En una amarga mirada retrospectiva, Luis Emiro Valencia reflexiona sobre la cruel historia que nos ha tocado vivir: "Cuando el hombre como el pueblo coinciden y se hallan listos para iniciar los procesos de cambio revolucionario, las clases o los grupos hegemónicos y dominantes dueños del poder y los privilegios generan el clima propicio para el genocidio y el magnicidio, eliminando a los jefes, líderes y seguidores dotados de la visión, y el propósito de impedir cambios reales, estructurales, socioeconómicos, institucionales y éticos. Los casos: Galán el Comunero en 1871, Rafael Uribe Uribe en 1914, Jorge Eliecer Gaitán en 1948, Jaime Pardo Leal en 1987, Luis Carlos Galán en 1989, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro en 1990.

[...] El de Gaitán significaba el ascenso del pueblo al poder. Por eso, a Gaitán no podía dejársele pasar. La oligarquía deja pasar, aun a los de extracción humilde, en la medida que adopten y adapten sus ideales y su lucha a los intereses de la casta dominante. El revolucionario siempre está expuesto a sufrir la trayectoria de Gaitán. Es el mito de Sísifo, refrendado con la muerte de Gaitán y el genocidio practicado sobre nuestro pueblo durante todo el tiempo a lo largo y ancho de nuestra historia"1.

 

El socialismo como pasión y compromiso

 

No es fácil ser fiel a los principios socialistas en un país de tradición derechista y con una lumpen-oligarquía tan asesina e infame como la colombiana. Luis Emiro Valencia, con la sabiduría que dan los años y conocedor ilustrado de la historia del país, nos enseña que la denominada Violencia no inició el 9 de abril de 1948, como equivocadamente algunos analistas lo señalan, sino que inició una nueva fase en el siglo XX a partir de 1946, impulsada por el Estado, bajo el gobierno hegemónico conservador, represión sectaria contra el pueblo como guerra preventiva que impidió el acceso de Gaitán al poder. Su despliegue significó el triunfo de la violencia reaccionaria sobre las aspiaciones de justicia y democracia plena sentidas por el país nacional.

En este proceso, enseña Valencia, la reacción contra la reacción fue el golpe cívico-militar encabezado por el General Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953, con la consigna de paz, justicia y libertad, y la entrega de las armas por la guerrilla del Llano, refrendada con el posterior asesinato en Bogotá de su máximo líder, Guadalupe Salcedo. Esta fase culmina con la heredada Asamblea Nacional Constituyente y Legislativa, en cuya ampliación estuvo el Maestro Antonio García, quien presentó proyectos de reforma estructural y planteó, en memorable discurso, la disolución de la Asamblea con el lema de que la estrategia reaccionaria de volver atrás debe dar paso a la revolución socialista. En este discurso recogió el pensamiento de Gramsci: La crisis consiste en que muere lo viejo y no nace lo nuevo.

Ante el fracaso de la dictadura de Rojas, que continuó la violencia sin propósito de cambio, la oligarquía latifundista-industrial se une convocando a Plebiscito y entronizando el Frente Nacional oligárquico con el reparto del poder hasta 1974. De aquí en adelante, hasta nuestros días, el proceso continúa con diferentes actores pero con el mismo escenario y con las mismas víctimas, a pesar de la Constitución de 1991, concluye Luis Emiro en su repaso por la historia reciente de Colombia2.

Pero ninguna tristeza, derrota o dolor ha podido apagar el fuego, la pasión y compromiso de Luis Emiro Valencia por el socialismo humanista y la democracia radical. En los más importantes programas del socialismo colombiano del siglo XX, su espíritu y mano creadora están presentes. Con su visión siempre mirando hacia delante, sin olvidar el pasado, nos advierte que es fundamental rescatar desde la propia historia de Colombia la lectura de los programas básicos, formulados para proyectos políticos de la democracia radical, socialista, desde el pueblo y para el pueblo, con el común denominador del humanismo social, sin pretender repetirlos mecánicamente sino para estudiarlos y continuarlos en sus líneas de vigencia y actualidad. Es el camino de la memoria el que conducirá a la construcción de la nueva sociedad, afirma con convencimiento.

Los programas básicos, en su desarrollo cronológico, según Luis Emiro, son:

- 1936-38 Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria –Unirismo.
- 1942-44 Liga de Acción Política –LAP.
- 1946-47 Plataforma del Colón y El Plan Económico, Movimiento Gaitanista.
- 1950-1958 Movimiento Socialista Colombiano –Partido Popular Socialista.
- 1985-1989 Unión Patriótica –UP.

Según Valencia, las tesis contenidas en estos programas están vigentes en su esencia –interna, regional e internacional–, en la medida que durante todo el siglo XX y en lo que va del XXI, no sólo los problemas subsisten sino que se han agravado y potenciado, cuantitativa y cualitativamente3.

La izquierda actual está fragmentada y confusa, según Luis Emiro. Le duele ver como la educación quedó reducida a un vulgar negocio sin igualdad de oportunidades ni inclusión de las clases populares, así como la orfandad en que se encuentran las universidades que deberían ser el faro en estos tiempos de oscuridad. La última vez que lo invitaron a ser parte de un movimiento político fue en la persona de Fals Borda, de quien dice Valencia "era un gran humanista pero muy ingenuo". El Polo, respondió a la amable invitación de Fals Borda, es un archipiélago, ¿de cuál isla quieres que haga parte".

No obstante, Valencia sigue creyendo en la necesidad de un futuro socialista para Colombia. Su concepción de la democracia radical, elaborada en conjunto con su maestro-amigo Antonio García, sigue vigente. Es un todo indivisible, no sólo democracia política sino también económica, social, ambiental y cultural, con un nuevo estado nacional y popular que emerja desde abajo y desde las regiones como estructura política fundamentada en la organización y participación directa de los trabajadores, campesinos, pueblos originarios, estudiantado, clases medias y de los sectores progresistas del país. "La democracia, afirma Luis Emiro, es como el amor: todo o nada". Y es que Valencia sí sabe de eso, toda su existencia ha sido un enamorado de la vida, con siete hijos, demócrata radical y socialista convencido.

Pero sobre todo, Luis Emiro es un gran humanista, siempre opuesto a toda teoría y práctica que conduzca a una imagen determinista, dogmática y reductiva de la existencia humana. El socialismo en que cree tiene como objetivo central crear la igualdad de oportunidades, la satisfacción de las necesidades esenciales y las condiciones para el florecimiento de las potencialidades y la autorrealización del ser humano. Un socialismo que aspire a una concepción integradora y holística del ser humano, pluralista e incluyente, en la que tengan cabida temas tales como: democracia radical, libertad, responsabilidad, autenticidad, realización, autodeterminación, conciencia, dimensión espiritual y sentido y significado de la vida.

A sus 93 años, Luis Emiro afirma que es longevo pero no viejo. En su cálido, pulcro, sencillo y ordenado apartamento, en el centro de Bogotá, de cara a los cerros tutelares, donde vive con su hijo menor, están todos los amores y recuerdos más apreciados de la vida: músicos, pintores, pensadores, fotografías de amigos y compañeros de batallas, todo en medio de miles de cuidados, heterogéneos y queridos libros, de todos los tiempos y campos del saber humano. Hasta hace unos pocos años se desempeñó como consultor externo de la Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias. Actualmente asesora alcaldías locales con aspiración y vocación socialista, como la de San Cristóbal, en la localidad 4 de Bogotá.

Elegante, en el mejor estilo clásico bogotano, digno y autónomo, Luis Emiro camina las calles de la capital, sonriente y enamorado de la vida, con la esperanza incorregible y la fe en la perfeccionabilidad del ser humano y la capacidad de evolucionar y revolucionar de la sociedad.

 

1 Valencia, Luis Emiro. "Gaitán, antología de su pensamiento social y económico, Ediciones desde abajo, Bogotá, 2012, pp. 15-16).
2 Valencia, Luis Emiro, 9 de abril de 1948-10 de mayo de 1957, capítulo oscuro de la historia colombiana, en: Revista Cepa, Bogotá, abril 2007, No 3, p. 78).
3 Valencia, Luis Emiro, Los programas perdidos de la democracia radical, en: Revista Cepa, Bogotá, septiembre 2007, No 4, p. 68.

Publicado enColombia
Luis Emiro Valencia, 9 de abril 2012

Luis Emiro Valencia Sánchez (1922-13/11/2018) fue un economista reconocido por su activismo político, su obra intelectual, por ser uno de los fundadores de la acción comunal en Colombia y por participar en la Asamblea Nacional Constituyente en representación del movimiento Alianza Democrática M-19. Su fallecimiento ha motivado comentarios de tristeza y solidaridad. A continuación una entrevista realizada por desdeabajo para su edición Nº 184, en el año 2012.

 

 

Luis Emiro Valencia, ex Vicepresidente de la Unión Patriótica, a sus 90 años, con base en testimonios desconocidos hasta ahora, el suyo propio y el soporte en archivos y documentos inéditos, culmina una rigurosa tarea de investigación social como contribución para esclarecer la historia política real de la UP y, de aspectos, de su atroz exterminio. A través de 20 testimonios de dirigentes como Bernardo Jaramillo Ossa, Diego Montaña Cuéllar y Jaime Pardo Leal, y documentos hasta ahora inéditos, Luis Emiro enriquece y rescata la verdad histórica hasta ahora oculta de este importante proyecto político de la izquierda colombiana. La UP fue víctima de inaudita destrucción, como respuesta del sistema dominante a las propuestas de paz democrática con progreso colectivo, sin exclusiones.

Con un trabajo que adelanta desde hace más de un año, por terminar en octubre próximo para su publicación el 22 de marzo del 2013, a 23 años del magnicidio contra Bernardo Jaramillo Ossa, candidato a la Presidencia propuesto por la UP, que Luis Emiro analiza dentro de la violencia institucional y las réplicas sociales, inmersa en el proceso deliberado, atroz y brutal, de genocidio, masacres, torturas, desarraigo, exilio y persecución contra los dirigentes y militantes de la UP. Con el soporte en sus propias vivencias y participante en la preparación programática y organización de la UP que constituyó una aspiración popular y democrática con perspectiva de nuevo poder, por los años 88, 89 y 90 del siglo XX, fortalecida mediante alianzas en varias instancias institucionales y populares en función de cambios fundamentales. Luis Emiro, da un paso en recuperar la historia real del conflicto con la visión y propósito de superar la amnesia colectiva. Con el «Fondo de ediciones desde abajo», presentará «Vida, pasión y muerte de la Unión Patriótica en la perspectiva de la solución política del conflicto, que para la interpretación y análisis denomino histórico-social armado en Colombia».

Su trabajo traza una reconstrucción histórica a fondo y detalle de la UP, desde sus orígenes hasta su destrucción y eclipse, que tiene testimonios de Jaramillo, Montaña, y voz en las vivencias de Jaime Corena, Gloria Cuartas, José Antequera (hijo), Mariela Barragán, Guillermo Banguero, Álvaro Salazar, Oscar Dueñas, Sebastián González y Daniel García Peña –Comisionado oficial del Gobierno para la Paz en 1996-1998. Sin excluir, documentos de algunos políticos que actualmente están en otros campos partidistas, como Angelino Garzón, hoy Vicepresidente de la República. Contiene 10 capítulos que señalan los antecedentes y contextos históricos, políticos, sociales e institucionales del conflicto que lleva cerca de medio siglo, con un análisis de sus causas y efectos y sus impactos en la sociedad y el pueblo víctima que no son casuales. Son causales de la injusticia y exclusión social crónica que aqueja al país desde la Colonia.

En el archivo de la UP y el personal, Luis Emiro cuenta con los documentos inéditos y las publicaciones que animaron y hacen vigente esta posición estratégica de paz negociada que formuló la Dirección de la UP. Recuerda como quehacer: “Frente al conflicto armado y la guerra en Colombia, la UP tuvo como estrategia y política fundamental y como posición doctrinaria y programática: la solución política al conflicto armado, con tesis que están en plena vigencia. Y el lema: de campaña, “Venga esa mano País” así lo reflejó”.

Y es ante todo contundente: “Todo lo planteado está vigente y por resolver, como el mensaje histórico de José Antonio Galán el Comunero, Jorge Eliécer Gaitán el Caudillo del Pueblo y los héroes y mártires de la Unión Patriótica, además del ejemplo heroico y sufrido del pueblo colombiano en todos los tiempos.

La dinámica y el potencial en desarrollo político y electoral de la UP por los años 80 y 90 del siglo XX, se manifestó en el acceso a ciertas instancias de gobierno y representación en el Congreso, Asambleas, Municipios y el crecimiento organizado de su militancia de base y amplitud de alianzas. Su propuesta política se estructuró en un concepto de paz democrática con progreso colectivo, sin exclusiones. Tiene la base de una respuesta política integral a las complejas y reales causas sociales y económicas del conflicto histórico y social colombiano. Su potencialidad y objetivos claros y transparentes, alarmaron al sistema tradicional del poder hegemónico y dominante. Causa determinante para que mediante los magnicidios y genocidios planeados se hiciera abortar el potencial de los sueños políticos y democráticos de la UP e impedir la culminación del proyecto renovador, eliminar su presencia política y electoral, por sustracción física de sus gentes, que facilitó más adelante la cancelación de su personería jurídica por el Consejo Electoral.

Los testimonios grabados y filmados, no sólo recogen información de quienes pertenecieron a la Dirección Nacional de la UP, sino de algunos militantes, ex alcaldes, dirigentes regionales y familiares de víctimas, en uno de los episodios de “un conflicto que como los volcanes hace y tiene explosión y lava en la crónica guerra que nos agrede colectivamente” sentencia Luis Emiro en una de sus respuestas.
desdeabajo –da–: Con más de siete intentos de concertar la paz, hoy de nuevo es noticia buscar acuerdos con las Farc-EP y el ELN. ¿Qué diferencia ve ahora con el ayer de la UP en el escenario político?
Luis Emiro Valencia –LEV–: Es claro, que no ha habido soluciones de fondo, en cuanto no puede disfrazarse como tales las precarias agendas de diálogo y conciliación manipuladas por varios Gobiernos, dizque en representación del Estado.

–da–: Entonces, sigue vigente la búsqueda. ¿Qué características tenía la plataforma sobre «paz democrática y duradera» de la UP?
–LEV–: Una plataforma moderna, democrática de carácter y naturaleza política, socioeconómica y cultural con mecanismos participantes, y de referentes con respeto a la vida y los Derechos Humanos y fundamentales en el propósito de una democracia orgánica real, no formal y demagógica: política, económica, social, bio-ambiental, educativa y cultural. Con el lema “¡Venga esa mano…!”, este Programa democrático y moderno de cumplimiento posible, fue aprobado en la Plenaria del II Congreso Nacional de la UP Septiembre 7, 8 y 9 de 1989 que estuvo reunido en Bogotá.

–da–: ¿Cómo llegó la UP a esa definición estratégica?
–LEV–: Tras una decisión estratégica de las farc que la concibió como instrumento para la representación y fin del bipartidismo excluyente, y en esa función la acordó con el Gobierno Betancur, la UP ganó dinámica, una vez superadas las situaciones, condiciones y contradicciones internas y con los aliados, que condujeron al expreso deslinde de los dogmas en función de una línea con autonomía democrática y propuesta de paz concertada…

–da–: …¿contradicciones y deslinde, dice?
–LEV–: Sin jamás hacer “macartismo”, es en el contexto de la nueva UP: democrática, autónoma y libertaria, socialista (no socialdemócrata), que en forma abierta y pública se propone su desvinculación con las Farc-EP, su partera, separándose además del dogmatismo, manipulación y control estratégico del PCC, implícito en la tesis de la “combinación de todas las formas de lucha”.

–da–: En un país, este, la UP y realidad política, ¿cuál fue la relación que estableció?
–LEV–: El tema transversal de la investigación es la interpretación y análisis sobre el territorio, la tierra, el poder y la violencia.

–da–: Cuatro elementos…
–LEV–: Cuatro que se perfilan desde los orígenes prehispánicos. La desigualdad está presente desde las culturas originarias y su situación en la Conquista, Colonia y República Señorial, hasta hoy.

–da–: ¿Mediante cuál mecanismo?
–LEV–: El texto identifica, explica y prueba la dramática concentración de la tierra, el poder, la riqueza, los procesos del desarraigo de los campesinos y su diáspora o desplazamiento forzado y la presencia violenta y el sicariato paramilitar, manipulado por el latifundismo, la agroindustria, las economías de enclave y parte de la institucionalidad, como la bananera en Urabá, Chocó y Llanos Orientales; hasta la tarea coludida entre los paramilitares y sectores del ejército y demás manifestaciones de la multiviolencia…

–da–: ¿“Multiviolencia” histórica y del conflicto?
–LEV–: …Estas manifestaciones de brutalidad, que no sólo se contraen a la guerra sino a la aplicación sistemática de la cultura de lo bárbaro y atroz. Así, con el propósito deliberado de infundir terror para producir el control territorial. Y, cumplir con el despojo y el robo de la tierra mediante la violencia. Todo, como medio de ejercer el poder omnímodo y el control institucional.

–da–: ¿Qué papel juega la forma de propiedad de la tierra?
–LEV–: ¡Como uno de los ejes del conflicto!, sólo basta leer la historia no sólo la colombiana. El problema de la tierra lo adorno con un cuento gracioso para despertar la curiosidad: es la narración sobre el Colón perdido en la inmensidad del mar en su viaje a Cipango en búsqueda de especias. Cuando, ya sin esperanza, escucha el grito del marinero andaluz, Triana ¡tierra! Palabra que con 4 vocales y 2 consonantes, identifican en nuestro idioma una gran tragedia. Luego, vino el encubrimiento brutal de las culturas autóctonas del territorio que hoy es América. Sin embargo, ese es otro cuento también trágico.

–da–: Tragedia. ¿Cómo decirla en pocas palabras?
–LEV–: La violencia no se manifiesta solo en los actos de guerra y el enfrentamiento militar que tiene naturaleza histórico-social y política inscrita en el enfrentamiento entre las guerrillas y el Estado representado en sus gobiernos dominantes que controlan o detentan el poder real, hegemónico. No es un “caso” del aquí y ahora, como pretenden eludir las responsabilidades los causantes y usufructuarios del desastre. Favorecidos en la amnesia de la sociedad, abonada por el monopolio de la conectividad a través de los medios masivos de comunicación públicos y privados y su mensaje con sesgo: no sólo el terror corresponde a la lucha guerrillera producto de la guerra.

–da–: ¿Con cuáles elementos usted los contradice?
–LEV–: Colombia pasa por una acumulación y gama de inequidades e iniquidades múltiples, que tienen expresión en la crónica crisis social que genera y causa el conflicto y sus violencias. El modelo socioeconómico del país, refleja en medio de sus crisis un relativo crecimiento económico cíclico con enorme subdesarrollo y atraso social: con carencia de tierra para los campesinos, desempleo crónico y ocupación improductiva de la economía popular, carencias en la salud, educación, movilidad, servicios básicos, oportunidades, etc.
–da–: Carencias insolubles durante un largo tiempo.
–LEV–: Y sobre todo, de un largo insistir en la salida militar tipo pax romana, entrega, rendición, pues a la postre se trata en el fondo de que todo cambie pero que todo siga igual, como señaló Lampedusa en el Gatopardo. Es necio y de pensamiento torpe el interés en negar el conflicto o acentuar el neocolonialismo guerrerista, como la aplicación del Plan Colombia que financian los Estados Unidos y su logística de guerra.

–da–: ¿Neocolonialismo guerrerista, largo insistir y Pax romana como estrategia?
–LEV–: Estrategia que conducirá ineludiblemente a que el conflicto, como un incendio mal apagado, siempre reproduce de sus escombros, rescoldos y cenizas la nueva llamarada para una nueva guerra. Esto es nuestra historia…

–da–: …escombros, llamarada y fuegos, ¿cuáles destaca?
–LEV–: Desde nuestro origen e identidad, José Antonio Galán el Comunero y luego Simón Bolívar, el Libertador. En otra mirada y época, llamarada en la lucha de Guadalupe Salcedo, cuya biografía y la insurrección de la guerrilla del Llano (1949-1957) de Orlando Villanueva acaba de publicarse, incluye la entrega al Gobierno cívico-militar del General Rojas Pinilla y el posterior asesinato del amnistiado jefe guerrillero, mediante la traición, igual como el Común en 1781. Desde el ayer, la respuesta histórica levantó en los años 80 con la presencia de las Farc-EP, ELN, M-19, entre otras expresiones del conflicto que ya no parece dialéctico sino pendular.

–da–: ¿Qué hubiera hecho la UP en el evento de que hubiese accedido al poder?
–LEV–: Esta investigación histórico-social trata de mostrar y demostrar cómo la UP se proponía construir, colectiva y democráticamente, en la realidad y no en el papel o los discursos electorales, un nuevo Estado. Una nueva sociedad, con base en la solución política concertada del conflicto histórico-social armado de Colombia. Esta posición de paz concertada tuvo ratificación pública en el Congreso sobre la Paz que realizó el 17 de febrero de 1987 en Ibagué.

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Lunes, 12 Noviembre 2018 07:05

Centenario de dos guerras

Centenario de dos guerras

 

En París, mandatarios de varias partes del mundo recordaron el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, que cobró las vidas de entre 15 y 20 millones de personas –la mitad civiles– y dejó otros 20 millones de heridos en la llamada "guerra para poner fin a toda guerra".

El Día de los Veteranos en Estados Unidos se declara en honor a ese armisticio y a los millones de veteranos militares estadunidenses de las guerras sin fin desde entonces (se conmemora este lunes). Hoy día son oficialmente representados por un "comandante en jefe" que no sólo no es veterano, sino que evadió hacer el servicio militar, como tantos otros niños ricos, durante Vietnam. Con esa autoridad moral se presentó Trump en París.

Ante los homenajes oficiales a los que se sacrificaron por la "defensa de la democracia" en esa guerra, el hecho es que "cuando concluyó, nadie podía explicar de qué se había tratado la guerra", comentó el historiador Howard Zinn.

Las voces disidentes antiguerra en Estados Unidos, con argumentos y lecciones que aún resuenan un siglo después, fueron reprimidas. Más de mil personas fueron encarceladas –entre ellas el líder nacional socialista Eugene Debs– por ese guardián de la democracia, Woodrow Wilson. Bajo sus leyes –algunas en vigor hoy día– se lanzaron redadas contra "radicales", que incluían a inmigrantes progresistas. Emma Goldman y Alexander Berkman serían primero encarcelados y después deportados con otros 250 anarquistas.

Entre las primeras voces antiguerra estaba la de Helen Keller, la joven ciega y sorda que se volvió intelectual, recordada por su valentía y voluntad ejemplar, pero casi nadie menciona que también fue una activista socialista. A principios de 1916, en su pronunciamiento contra la guerra, afirmó: "los pocos que lucran con el trabajo de las masas quieren organizar a los trabajadores en un ejército que protegerá los intereses de los capitalistas", y llamó a una huelga para frenar la guerra.

Keller agregó: "el Congreso no se está preparando para defender al pueblo de Estados Unidos. Está planeando proteger el capital de especuladores e inversionistas estadunidenses en México, América del Sur, China y las islas Filipinas", y afirmó que al mismo tiempo la preparación para la guerra beneficiaría a los de la industria armamentista.

El periodista John Reed, en una serie de artículos en 1917, calificó la Primera Guerra Mundial de aventura imperialista. “¿De quién es esta guerra? No es mía. Sé que a cientos de miles de trabajadores estadunidenses empleados por nuestros grandes ‘patriotas’ financieros no se les paga un salario digno. He visto hombres pobres enviados a la carcel para purgar largas condenas sin juicio… a huelguistas pacíficos, y sus esposas y niños, muertos por las balas, quemados vivos por detectives privados y milicias. Los ricos se han vuelto constantemente más ricos…. y esos trabajadores proporcionalmente más pobres… Estos trabajadores no quieren guerras… Pero los especuladores, los empleadores, la plutocracia, ellos la quieren… y con mentiras y sofisterías avivarán nuestra sangre hasta volvernos salvajes y después lucharemos y moriremos por ellos”. Concluyó: "esta no es nuestra guerra".

Debs, sindicalista y líder del Partido Socialista, fue encarcelado por sus discursos. En junio de 1918 afirmó: "las guerras a través de la historia han sido llevadas a cabo para la conquista y el saqueo". Añadió que “siempre te han enseñado y capacitado para creer que es tu deber patriótico ir a la guerra y ser sacrificados bajo su comando. Pero en toda la historia del mundo ustedes, el pueblo, nunca han tenido voz al declarar la guerra… ninguna guerra de ninguna nación, en ninguna época, jamás, ha sido declarada por el pueblo”.

Estos disidentes fueron acusados de traición después del ingreso de este país a la guerra mundial, "un periodo de tres años de censura sin paralelo, encarcelamiento masivo y terror antimigrante", como lo caracterizó recientemente Adam Hochschild en el New York Review of Books.

Son traidores de los verdaderos traidores de este pueblo, como dijera Debs.

 

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Domingo, 11 Noviembre 2018 05:39

Una ópera de tres centavos

Una ópera de tres centavos

En 1978, Robert DeNiro fue a visitar a Martin Scorsese a una clínica de desintoxicación en las afuera de Nueva York. DeNiro y Scorsese eran como hermanos. Habían filmado juntos Calles Peligrosas cuando nadie los conocía, habían alcanzado fama y gloria con Taxi Driver y venían de ser despedazados por hacer New York, New York. DeNiro no había padecido tanto porque él era el actor nomás, y New York New York era evidentemente una película de director, pero Scorsese había padecido un colapso triple: el fracaso de su película, la intempestiva partida a Europa de Isabella Rosellini, su novia de entonces, y su adicción a la cocaína. DeNiro no sabía con qué iba a encontrarse pero igual fue con un libro bajo el brazo. Scorsese lo esperaba con otro libro para regalarle. Los dos pensaban lo mismo: en el traslado al cine de ese libro que tenían entre las manos estaba la oportunidad de ambos para volver a la buena senda, a los buenos tiempos. El libro que Scorsese tenía para DeNiro era La última tentación de Cristo, de Kazantzakis. El que DeNiro le dio a Scorsese era la autobiografía del boxeador Jake LaMotta. 

Dos días después DeNiro volvió a la clínica y le dijo a Scorsese que el libro de Kazantzakis no le decía absolutamente nada. Scorsese le contestó que a él le pasaba exactamente lo mismo con el de Jake LaMotta. Scorsese quería que Travis Bickle hiciera de Cristo, era una idea potentísima pero él estaba demasiado débil para defenderla. Y DeNiro tenía miedo de colapsarlo si le decía lo que realmente pensaba: porque, sin decirle nada, ya había pagado de su bolsillo los derechos para llevar al cine la vida de Jake LaMotta y no se le ocurría ningún otro director que pudiera filmarla.


“Pero yo no sé nada de box, nunca me interesó”, le decía Scorsese con un hilo de voz. DeNiro insistía, apelando al corazoncito itálico de su amigo: “Imagínalo como un gladiador que sale a la arena. Imagina toda esa gente que quiere verlo devorado por los leones”. Y le describía la capacidad sobrehumana de LaMotta para asimilar el castigo sin caer a la lona, las veces que había remontado con un KO providencial peleas que estaba perdiendo alevosamente por puntos. “Marty, sólo tú puedes transmitir lo que significaba LaMotta para nuestra gente. Te estoy hablando de un tipo que perdió cinco veces contra Ray Sugar Robinson y al final de cada pelea, con la cara tumefacta y sangrante, iba a abrazarlo y le decía al oído: Tampoco esta vez pudiste noquearme, Ray. Imagina un boxeador que pelea como si no mereciera vivir. Imagina lo que puedes hacer con la cámara cuando filmes cada golpe, las gotas de sudor y de sangre volando por el aire y salpicando los tapados de piel y los smokings de la gente en el ringside. Te estoy hablando de una ópera, Marty. Las peleas serán como las arias. Sólo tú puedes convertir esta historia en una ópera del Bronx”.


Hoy es difícil imaginar un DeNiro así, pero en aquel tiempo estaba prendido fuego: venía de hacer Taxi Driver y El Padrino, y mientras convencía a Scorsese hizo El Francotirador. A mí no me parece casualidad que, en El Francotirador, eligiera mal su papel y dejara que Christopher Walken se robase la película. Tenía toda la libido puesta en convencer a su hermano Marty para hacer juntos esa ópera del Bronx. Las palabras “ópera” y “Bronx” tocaron un punto neurálgico en la vapuleada humanidad de Scorsese. En New York New York había intentado que confluyeran sus ambiciones contrapuestas de ser un grande de Holywood a la manera de Vincente Minelli o John Ford y un trangresor a la manera de Fassbinder o Godard. La crítica le había hecho saber de mala manera que no se podía ser las dos cosas al mismo tiempo, pero él seguía creyendo que sí se podía, si el vehículo elegido era el correcto.
Recordemos aquellos tiempos: Bob Fosse acababa de de filmar Lenny en blanco y negro, con Dustin Hoffman haciendo un Lenny Bruce monumental, y el gran éxito del año anterior había sido Rocky, una película de boxeo, una película de losers. En cuanto le dieron el alta a a Scorsese, DeNiro lo arrastró a un burlesque de la calle 47 donde La Motta hacía de patovica a cambio de que lo dejaran subir un rato al escenario, donde recitaba trozos de Shakespeare con su dantesco acento del Bronx, para las risotadas del público. DeNiro miró a su amigo. Scorsese ya estaba imaginando la película. Esa misma noche decidieron que había que filmar en blanco y negro, porque así era el box para el inconsciente colectivo norteamericano: como lo habíantodos visto por primera vez, por televisión, en aquellas míticas peleas de sábado a la noche en blanco y negro.


Scorsese sabía que no cotizaba nada bien después de la catástrofe de New York, New York y de su internación para desintoxicarse. Pero tenía una película de boxeadores. Y tenía a DeNiro. Y tenía también a Paul Schrader, que era una garantía: venía de una racha de guiones exitosos desde Taxi Driver. Es decir que ya tenía su ópera de tres centavos. Schrader lograría sacar, de la tosca acumulación de confesiones que era el libro de La Motta, un guión que era un directo al plexo. Empezaba con un plano negro, ruido de gritos y muebles rotos y por encima un vozarrón que decía: “¡Acábenla de una vez! ¿Son animales o qué?” (El batifondo era La Motta fajando a su mujer embarazada). Y la última escena era en un calabozo, La Motta preso en Miami por chulear pibas de catorce, en su momento de mayor degradación, solo en aquel calabozo, donde procedía a masturbarse mientras murmuraba con la cabeza gacha: “No soy un animal, no soy un animal”.


Por supuesto, en el imaginario mundial, El Toro Salvaje es la película con la que DeNiro ganó un Oscar por engordar un millón de kilos para encarnar un LaMotta crepuscular, después de haber hecho todas las escenas del LaMotta boxeador con un cuerpo que era más fibroso y eléctrico que un cable de alta tensión corcoveando. La leyenda dice que DeNiro entrenó un año entero bajo la supervisión directa del propio LaMotta, que hizo más de mil rounds de guantes con sparrings que le bajaron varios dientes y a los que él les rompió una que otra costilla, que filmó contra reloj todas las escenas de LaMotta joven y a continuación se fue cuarenta días de caravana por trattorias de pueblo del norte de Italia, comiendo siete y a veces ocho veces al día hasta agregarle treinta kilos a su fibrosa osamenta de sesenta y cinco.


El Toro Salvaje es la última gran película de DeNiro y su último Oscar. Es también la última gran película americana de los años 70, además de ser la mejor película de box de todos los tiempos y la gran derrotada de los Oscar de1980, donde perdió contra Gente como uno, y Scorsese cayó como mejor director contra Robert Redford. La leyenda dice que El Toro Salvaje perdió toda chance de Oscar cuando el loco John Hinckley quiso asesinar a Ronald Reagan bajo la influencia de Taxi Driver. Scorsese no quería ni ir a la entrega de los Oscars, finalmente asistió escoltado por agentes del FBI disfrazados de invitados, y se lo llevaron antes de que terminara la ceremonia. Había sido, una vez más, el gran derrotado de la noche. En el avión que se lo llevó de Los Angeles esa misma noche encontró consuelo releyendo por enésima vez su ejemplar recontrasubrayado de La última tentación de Cristo, sin saber que lo esperaban nueve años de penuria hasta plasmar en la pantalla grande esa preproducción mental que lo distrajo del fracaso en aquel vuelo nocturno de Los Angeles a Nueva York.

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Ibn al-Sheikh al-Libi: La historia de tortura más importante jamás contada

Es triste decirlo, pero Estados Unidos nos ha enseñado varias cosas sobre el abuso a los detenidos en Abu Ghraib y más allá. Aprendimos también otra lección lamentable en las revelaciones de Ian Cobain y Clara Usiskin del martes, con las que nos pusieron al día de algunos detalles importantes de la historia de tortura más grande que nunca llegó del todo a contarse: la de Ibn al-Sheikh al-Libi.

Desafortunadamente, los disparates motivados por la tortura tienen consecuencias a varios niveles. Una cosa es que la CIA torture a uno de mis clientes para que confiese falsamente un crimen. Pero esa persona sufre en doble sentido: primero por el maltrato, y después por estar encerrado en un agujero negro legal como es la Bahía de Guantánamo, al igual que los 40 hombres que continúan pudriéndose en esa infame prisión estadounidense sobre territorio cubano.

Sin embargo, hay un lado aún más oscuro en tales secretos, y ahí es donde radica la importancia de la investigación de Middle East Eye: porque determinada “inteligencia” conseguida mediante torturas se utiliza para cambiar políticas gubernamentales, incluso para iniciar una guerra.

Hace algunos años, Shaker Aamer, uno de mis clientes de Guantánamo, me contó lo que sabía sobre Libi. Shaker estaba detenido en una jaula en la base aérea de Bagram en Afganistán cuando le trasladaron a la misma celda que Libi. Allí, dijo, creyó ver a un agente británico que estuvo presente durante el tormento.

Poco después, a principios de 2002, vio cómo se llevaban un ataúd. Se supo que Libi iba allí dentro, bien vivo, camino de Egipto, donde a Estados Unidos no le fue difícil conseguir que los secuaces del presidente Hosni Mubarak le hicieran el trabajo sucio aplicándole una picana eléctrica.

Como era de esperar, Libi dijo lo que Estados Unidos quería escuchar: que Sadam Husein era un aliado de Al Qaida. Tiempo después pude presentar pruebas desclasificadas de Guantánamo, donde un detenido allí torturado declaró también que la gente de Sadam estaba desarrollando armas de destrucción masiva.

Cuando Libi dijo todo esto por primera vez, algunos agentes de la CIA expresaron sus dudas, pero eso no impidió que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, echara mano de esa información para su discurso de octubre de 2002, o que el secretario de Estado Colin Powell presentara, en febrero de 2003, su infame discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Así pues, la falsa inteligencia extraída por la tortura no solo mantuvo a Libi en prisión, sino que también tuvo un gran peso en la decisión de invadir Iraq poco tiempo después ese mismo año.

Conocemos bien el desastre que siguió, pero ¿qué pasó con la víctima de la tortura? En los primeros cinco años después del 11 de septiembre, puse en marcha un proyecto con el que intenté hacer un seguimiento de lo que sucedía con algunas de las personas más conocidas capturadas en la llamada “Guerra contra el Terror”.

Las prisiones secretas de Estados Unidos

Aunque a la Bahía de Guantánamo se enviaron a 760 prisioneros, durante mucho tiempo no apareció ninguno de los nombres importantes. Escuchábamos rumores confusos de que se encontraban en prisiones secretas estadounidenses dispersas desde Marruecos a Polonia.

Posteriormente, en septiembre de 2006, aparecieron en Guantánamo varios de los “detenidos de alto valor” más famosos, entre ellos Khalid Sheikh Mohammed, el supuesto autor intelectual del ataque al World Trade Center. Sin embargo, Ibn al-Sheikh al-Libi no figuraba entre los recién llegados.

Más tarde supimos lo que había sucedido: lo habían devuelto a Libia. Ya en marzo de 2004, el primer ministro británico Tony Blair se había reunido en el desierto con Muammar Gaddafi. Y fue a ese país al que entregaron a Libi, donde tuvo que enfrentarse a nuevos abusos. Por un golpe de suerte, pudimos encontrar una manera de enviar y recibir mensajes de él, pero tan pronto como esa puerta de su historia se entreabrió, según Gaddafi, Libi “se suicidó”.

Solo el observador más crédulo podría tragarse eso, pero fue cierto que al pobre hombre le habían metido antes en un ataúd y de allí, en esa ocasión, había pasado a una tumba real. Libi planteaba un problema: si alguna vez se hubiera encontrado con el imperio de la ley, su presencia hubiera sido demasiado embarazosa para personajes poderosos. Y nos habríamos enterado de que Estados Unidos se equivocó en los hechos más básicos: lejos de dirigir un campo de entrenamiento de Al Qaida en Afganistán, Libi ni siquiera había apoyado la campaña mundial de terror de Osama Bin Laden, ya que su objetivo era liberar a su propio país.

Pero lo más importante es que su tortura no solo había llevado (como en otros casos) a un juicio falso en una corte-canguro en la Bahía de Guantánamo, sino a una guerra catastrófica que costó cientos de miles de vidas y hundió más en el caos a Oriente Medio. Tenía que desaparecer y Gaddafi estaba dispuesto a hacer que tal cosa sucediera.

Es verdad que no podemos aprender las lecciones de la historia a menos que sepamos lo que realmente sucedió. Cuando se trata una de mala conducta del gobierno, la luz solar es el desinfectante más grande; sin embargo, hay fuerzas poderosas que desean mantener sus sucios secretos bien escondidos, desde Blair hasta Bush y más allá. De hecho, aunque los británicos manifestaron en ocasiones cierta incomodidad y sugirieron que los semicivilizados estadounidenses se habían salido un poco fuera de madre con sus torturas y entregas extraordinarias, las últimas revelaciones sobre el tratamiento de Libi agregan otro clavo en el ataúd de esa mentira en particular: los británicos sabían exactamente lo que estaba pasando, e incluso trataron de “beneficiarse” enviando sus propias preguntas a la celda de sufrimiento de Libi.

Al final, solo con una investigación judicial completa y transparente, prometida desde hace tanto tiempo, la verdad saldrá a la luz. En cambio, Blair ha dicho que la libertad de información fue lo peor a la hora de enjuiciar de su mandato, porque a él le hubiera gustado que los funcionarios tomaran decisiones en secreto.

Tal vez cuando tengamos todas las revelaciones, puede que incluso él comprenda que suscribirse a la tortura y utilizar la “inteligencia” obtenida por esa vía para iniciar una guerra desastrosa fue un error muchísimo más grave.

Por Clive Stafford Smith
Middle East Eye

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Clive Stafford Smith es abogado internacional de los derechos humanos. Ha representado a más de 300 personas que se enfrentan a la pena de muerte en EE. UU. Y aseguró la liberación de 69 prisioneros del campo de detención de la Bahía de Guantánamo.

 

 

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Jueves, 08 Noviembre 2018 05:31

Wilde y Lorca, en la búsqueda

Wilde y Lorca, en la búsqueda

Oscar Wilde se pierde en la esquina, cruza a la otra vereda y relojea el cine. Si es como le dijo el mucamo del hotel, que apenas si le dio tiempo a abrir las maletas, allí está la felicidad. Se arregla el mechón de pelo detrás de la oreja y avanza resuelto. Entra al jol y nadie lo reconoce. Paga y allá va. La película porno no lo parece pero seguramente porque es de las antiguas, largas y con argumentos. Olfatea el lugar, y le huele bien. La platea apenas si se ve, sólo cuando los interiores de la pantalla rebotan reflejos. Sí, por allá puede ser, piensa. Y se anima a unas butacas de respetuosa cercanía. Pero nada. El otro se va al tiempo que ingresa un cuerpito enclenque, en continuado como las generaciones en la vida. Y se decide, Wilde, a una butaca de-casi-ya-cerquita-pero-hasta- ahí, por si las dudas. El recién llegado es un alfeñique apenas, un peor es nada. Poco que ver con él, don Oscar, que urgente más que rápido debe aceptar alguna dieta mágica porque si no las pilchas reventarán. Optimista, el poeta percibe posibilidad de arreglo… Acercan butacas… ¿Será que Dios se acuerda de los desheredados...? Oh, sí, bienaventurados los santos y todos los que carezcan de la santa piedad del Señor… Se sueltan los papeles y las palabras evaden su función. Chamuyan. Bien. Bajito. Y exquisitos, luego del conocimiento básico, deciden salir para un futuro mejor e inmediato, aún ya con los ardores saciados. En la vereda es el gordo el primero en mirar con asombro al muchachito; pero antes de que diga algo, es el otro el exaltado: –¡Albricias, sos Oscar Wilde, mi maestro querido! A Wilde se le descuelga la quijada: –Y vos sos Lorquita sin la ere… ¡Querido García Lorca del carajo! ¡Gran discípulo! Es una maravilla encontrarnos gracias a Dios, que mueve los hilos con sabiduría ejemplar. ¿Qué hacés en esta tierra de locos? –Rajando de Franco para que no me cojan y me fusilen como dicen que harán. Me hice revolucionario, pero tío, ahora todo es ¡una gilipollada!… Así que vine a poner La Malparida en un teatro de Avenida de Mayo y voy tirando más o menos bien… ¿Y vos?... –¿No era La Malquerida? –Sí, claro, pero en estos tiempos quien no se aggiorna, perece… Le agregué unas escenas bien polentas y sí, vamos tirando… ¿Y vos?... –Y…, ya conocés mi historia, un quilombo tras otro, y encima toda Inglaterra tirando mierda contra los inmigrantes. Mirá, estuve de pareja con un anarquista-loco que me obligaba a escribir en las calles: “¡Paquistaníes, iraníes, árabes de todo pelaje, go home!”... Y una noche mientras le daba al aerosol apareció una bandita de estos ratonzuelos y ni te cuento, me cagaron a palos, como dicen aquí. –¡Te cojieron feo! –¡Ojalá!, pero ni eso, simplemente me mandaron al hospital por una semana… –¿Y anarquista-loco? ¿Por qué no escribía en las paredes?... –Era analfabeto y manco, pero, como, en fin, lo que debía hacer, lo hacía rebien, ¿por qué no darle una mano a quien la carece?… ¿Y si bebemos un té en tu hotel?... Porque en el mío no te puedo invitar debido a que me hice amigo de un mucamo muy celoso… Me pidió un libro apenas entramos a la habitación y tardé una hora en terminar…, de firmarle mi autógrafo… –Debería ser tarde, porque mi cuarto en el Hotel Castelar lo usan como recinto histórico y hay tours con gente que hace cola para afanarse la lapicera-cucharita con la que, según un cartelito que pusieron, escribí mis mejores obras. Pero eso está bien porque a la única fábrica de hipodérmicas que había en el país la reventaron permitiendo la importación, y ahora se salvan produciendo estas lapiceras. También las venden con frasquito de tinta en un lindo estuche para regalo. Y me dan unos mangos extra… Desolado, Wilde, ve que el bello encuentro deberá recalar en un bar cualunquen y se lo dice al andaluz-profesional, como lo llamaba Borges. Pero Lorca lo reconforta ubicándolo en la realidad: –¡Pero no, che!... Por eso hemos hecho la revolución. Ahora no es como antes, todo escondido y en clandestinidad, no, ahora podemos ir a cualquier hotel, no sólo tenemos derechos sino además organismos que nos defienden, tenemos la prensa a favor, la televisión a favor, el gobierno a favor, fijate que no hace mucho cuando se hizo un concurso para ver quién era la “mujer del año”, salió elegido un travesti, y ni una mujer dijo esta boca es mía, todas se la tragaron doblada. Hoy somos poder. Cuando empezó la liberación, las calles estaban llenas de gays, pero hoy ya no hace falta el levante callejero porque hay millones de sitios donde ir. Somos poder. Somos el orgullo gay, ¡es como tener título nobiliario!... –Ay, madre de Dios… ¿O sea que ya no somos putos, ahora somos alegres?, mirá a lo que se llega… Lo que es el avance de la humanidad, quién lo hubiera dicho… –No te entiendo… En lugar de ponerte contento, te… ¿Estás triste?... –Y… No es como antes... Hay que darse cuenta que antes era una aventura, un atrevimiento de transgresores… Uno se sentía distinto… ¡Era distinto!... Diferente… Y eso nos hacía vanidosos, ¿no?... Éramos únicos, en cambio hoy, me parece, somos comparsa ¿o no?... –Bueno... Vos ves la cosa desde la melancolía… Y sí, ahora es distinto, pero por eso hemos luchado… Los gobiernos nos defienden… La Argentina deberá tener un presidente gay. –¿Deberá tener?... No sé, yo nunca mostré la escupidera ni quise luchar ni imponerme… Aunque, por eso fui a parar a la cárcel… –Querido maestro, debés entender que al tener poder perdimos el miedo y la vergüenza de que nos miren mal y hablen a nuestras espaldas… ¡Y da gracias a Dios que estuviste preso! Allí pudiste escribir “De Profundis” y “la Balada de la Cárcel de Reading”, qué dos golazos, maestro… –Ay, Lorquita, me parece que estás patinando mal… Yo nunca tuve vergüenza, ni pretendí custodia moral de nadie y cuando me pregunto bajo qué tipo de gobierno yo, como artista viviría mejor, sólo tengo una respuesta: en ninguno… –Pero no podés negar los beneficios: podemos casarnos, escribir con libertad y sin… –Mi libertad siempre fui yo mismo, cuando dependo del permiso o de la autorización de algo o alguien, es cuando empiezo a perder mi dignidad… Mirá, escribí cuando desconocía la vida; ahora que la conozco y entiendo su significado, ya no necesito escribir. La vida no puede escribirse, sólo puede vivirse… ¿Qué te parece aquél bar de donde vuelan melodías tangueras?... –Estupendo. Vayamos. Luego te llevaré a un nuevo “Tronío” acabado de abrir, es medio clandestino y poco recomendable, como los de antes, ja… Iremos de culo, ¡joder!... –¡Vale, Lorquita!... Pensemos qué significa hoy ser “revolucionario”… Si ahora estamos con el poder, ello indica cambio de posiciones, quizás hoy ser revolucionario sea otra cosa, ¿no?… Por eso aquél que vive más de una vida y más de una muerte, también debe morir… –Entremos. –¡Y exigiré que a la malparida la represente un travesti!, como siempre lo soñé...

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La extrema derecha en Brasil: aprendiendo y desaprendiendo desde la izquierda*

Cual círculos concéntricos se difunden en América Latina los impactos de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil. Colombia no es la excepción. Más allá de que en este país han prevalecido los gobiernos conservadores, el triunfo de una derecha extrema en Brasil debe ser analizado. Las izquierdas del continente están conminadas a aprender de lo que allí sucedió.

Los agrupamientos políticos que apuestan por cambios, y que lograron sustantivos crecimientos electorales en Colombia, enfrentan el desafío de no repetir las contradicciones observadas en Brasil. Esto también es indispensable para los movimientos ciudadanos que siguen enfrentando estrategias como las extractivistas, ya que un estilo político como el propuesto por Bolsonaro solo augura una acentuación de la violencia. No puede obviarse que Brasil, por ejemplo, lidera los indicadores mundiales en asesinatos de defensores de la tierra, pero Colombia le sigue en tercer lugar (57 en el primer caso y 24 en el segundo, según Global Witness) (1).

En este texto presentamos algunas reflexiones preliminares a partir de lo sucedido en Brasil. No pretendemos ofrecer un análisis detallado de su política interna, sino que nuestro propósito es otro: rescatar algunos aprendizajes de lo que allí sucedió, útiles para una izquierda que está ubicada en los demás países (y por ello aquí intercalamos algunas apreciaciones enfocadas en Colombia). No repetiremos la nutrida información circulante en estos días ni apelaremos a análisis simplistas, tales como achacar toda la culpa sea a la derecha o al progresismo. Compartimos este ejercicio desde una perspectiva de izquierda, con el propósito de alentar su renovación y de evitar que otros Bolsonaro se instalen en los países vecinos.

Progresismos e izquierdas: son diferentes

En todo el continente, los agrupamientos políticos conservadores realizan un activo entrevero de hechos para desacreditar las opciones de cambio hacia la izquierda. Se mezclan las severas crisis de Venezuela y Nicaragua con la caída del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, para insistir en que las opciones de cambio hacia la izquierda son imposibles, fatalmente están teñidas por la corrupción, y así sucesivamente. Pero justamente la crisis brasileña muestra la necesidad de insistir en las diferencias entre progresismos e izquierdas.

Es que muchos de los problemas observados en Brasil resultan, como se verá más adelante, de programas y una gestión de gobierno del PT y sus aliados donde poco a poco olvidaron sus metas iniciales de izquierda para transformarse paulatinamente en progresismos. Esto nunca lo ocultaron, sino que hicieron de ello uno de sus atributos.Por lo tanto, una primera lección a tener en cuenta es que la distinción entre izquierdas y progresismos sigue siendo clave (2).

Humildad para entender los humores del pueblo

El Partido de los Trabajadores y el liderazgo de Lula da Silva fue repetidamente presentado como ejemplo de viraje exitoso hacia las llamadas “nuevas izquierdas” en toda América Latina y a nivel mundial, lo que es comprensible al haber ganado cuatro elecciones consecutivas. No fueron pocos los grupos políticos que en distintas naciones lo tomaron como inspiración. Es más, se insistía en que el “pueblo” en su mayoría había adherido a la izquierda y eso explicaba victorias electorales como las de DilmaRousseff.

Sin embargo, en un proceso relativamente veloz, incluyendo los abusos de la oposición de las disposiciones jurídicas, el PT perdió el control del gobierno, Rousseff fue removida de su cargo, y se terminó eligiendo presidente a un político poco conocido y de derecha: Temer, quien había sido vicepresidente de la misma Rousseff. Los escándalos de corrupción no cedieron, y Lula da Silva terminó encarcelado.

Esas y otras circunstancias desembocaron en un cambio político extremo. No sólo triunfó Bolsanaro, sino que se hizo evidente que la sociedad brasileña es mucho más conservadora de lo pensado. Aquel mismo “pueblo” que años atrás apoyaba al PT, en unos casos lo rechazaba intensamente, y en otros, festejó a un candidato prolífico en discursos de tono fascista.

Estamos aquí ante una otra lección que impone precaución en usar categorías como “pueblo”, y que nos demanda humildad en aseverar cuáles son los pensamientos o sensibilidades prevalecientes. Quedan en evidencia las limitaciones de un “triunfalismo facilista” ante una sociedad que no era tan izquierdista como parecía y un conservadurismo que estaba mucho más extendido de lo que se suponía. Esta es una cuestión de mucho cuidado viendo cómo avanzan las creencias en una prosperidad que supuestamente descansa en el individualismo, el consumismo, y que entienden como normal y hasta necesaria la existencia de profundas diferencias sociales, y aceptan la violencia.

Derechas sin disimulos y progresismos disimulando ser izquierda

Seguidamente queda en evidencia otro aprendizaje: los riesgos de un programa que se recuesta sobre sectores y prácticas conservadoras para poder ganar la próxima elección. Una postura que asume que primero se debe “ganar” la elección presidencial, y que una vez en el palacio de gobierno se podrá “cambiar” al Estado y la sociedad. Esto se ejemplifica en Brasil con acciones que van desde la adhesión a un orden financiero (en la muy conocida “Carta al Pueblo Brasileño” firmada por Lula en plena campaña electoral) hasta su articulación política con el PMDB (Partido Movimiento Democrático Brasileño) de centro-derecha para lograr gobernabilidad. Le siguieron otras concesiones clave en las estrategias de desarrollo, cerrando la puerta a transformaciones estructurales del aparato productivo y así repitiendo el estilo primario exportadora (3). Este es justamente uno de los aspectos que sirven para caracterizarlos como progresistas y diferenciarlos con las izquierdas.

Se cae en una situación donde el progresismo una y otra vez intenta disimular que es una izquierda, mientras que la nueva derecha nada disimula ni oculta. Bolsonaro critica abiertamente a negros o indígenas, es homofóbico y misógino, ironiza con fusilar a militantes de izquierda, defiende la tortura y la dictadura, y apuesta a reformas económicas regresivas. Es ese tipo de discurso el que es apoyado por una proporción significativa de la sociedad brasileña.

Desarrollo nada nuevo sino senil

La necesidad de distinguir entre progresismos e izquierda también queda en evidencia al analizar las estrategias sobre desarrollo seguidas por el PT. El camino de esos gobiernos, el “nuevo desarrollismo”, descansó otra vez en las exportaciones de materias primas. Para lograrlo se ampliaron las fronteras extractivistas y la captación de inversión extranjera, alejándose así de muchos reclamos de la izquierda.

De ese modo Brasil devino en el mayor extractivista del continente, tanto minero como agropecuario (por ejemplo, el volumen de comercialización sumados hasta triplicó al de todos los demás países sudamericanos mineros). Esto sólo es posible aceptando una inserción subordinada en el comercio global y una acción limitada del Estado en algunos sectores como el industrial, justamente al contrario de las aspiraciones de la izquierda de sacar a nuestros países de esa dependencia.

La esencia de esa estrategia de desarrollo no es diferente a la que siguió, por ejemplo, la administración Santos en Colombia. Sin duda hay diferencias, en especial por una mayor presencia estatal en Brasil, evidente en enormes empresas como Petrobras (hidrocarburos) o Vale (minería) que son en parte estatales o estaban controladas y financiadas por el gobierno. Pero persistió el componente extractivista y primario exportador, que vienen de la mano de procesos desindsutrializantes y que obliga a prácticas de imposición territorial y control de movimientos sociales.

Las limitaciones de esas estrategias se disimularon en Brasil con los jugosos excedentes de la fase de altos precios de las materias primas. Aunque se publicitó la asistencia social, el grueso de la bonanza se centró en otras áreas, tales como el consumismo popular, subsidios y asistencias a sectores extractivos o el apoyo a algunas grandes corporaciones (las llamadas campeões nacionales).

Esto explica que el “nuevo desarrollismo” fuese apoyado tanto por trabajadores, que disfrutaban de créditos accesibles, como por la elite empresarial que conseguía dinero estatal para internacionalizarse. Lula da Silva era aplaudido, por razones distintas, tanto en barrios pobres como en el Foro Económico de Davos.

El PT contribuyó sustantivamente a la defensa cultural de esas estrategias, y por ello en Brasil no ocurrieron debates como los que se escucharon en Colombia con“petróleo versus aguacates” (o sea, comenzar a pensar alternativas para el futuro inminente del agotamiento de los hidrocarburos). Por lo tanto, aquí se encuentra un flanco que una renovación de izquierda en Colombia debería considerar, promoviendo desde ya las reflexiones sobre cómo salir de los extractivismos.

La caída de los precios internacionales de las materias primas dejó en claro que las ayudas mensuales otorgadas en Brasil a los sectores marginados sin duda eran importantes, pero no sacaban realmente a la gente de la pobreza, ni resolvía la excesiva concentración de la riqueza, ni impedía que mucho dinero se perdiera en redes de corrupción.

La izquierda debe aprender de esa incapacidad de los progresismos para transformar la esencia de sus estrategias de desarrollo. Se profundizó la dependencia de las materias primas, con China como nuevo referente, con graves efectos en la desindustrialización y fragilidad económica y financiera. El “nuevo desarrollismo” que quiso construir el progresismo no es “nuevo”, y en verdad es tan viejo como las colonias, pues en aquel entonces arrancó el extractivismo.

La lección para las izquierdas en el resto del continente es que la reflexión sobre las alternativas al desarrollo sigue siendo clave. Se podrá tener un discurso radical, pero si las prácticas de desarrollo repiten los conocidos estilos, se quiera o no, eso desemboca en políticas públicas convencionales, y es esa convencionalidad otro componente que apartó a los progresismos de las izquierdas.

Clientelismo versus justicia social

El PT aprovechó distintas circunstancias logrando reducir la pobreza, junto a otras mejoras (como incrementos en el salario mínimo, formalización del empleo, salud, etc.), todo lo cual debe ser aplaudido (4). Por medio de políticas sociales se puede paliar la pobreza, pero cuando prevalece el clientelismo eso se vuelve acotado. No se consigue construir ciudadanías sólidas que reclamen desde los derechos, lo que va mucho más allá de un bono mensual en dinero. El consumismo se acentúo, confundiéndolo con mejoras en la calidad de vida. La bancarización y el crédito explotaron (el crédito privado trepó del 22% del PBI en 2001 al 60% en 2017). De este modo prevaleció el asistencialismo y se reforzó la mercantilización de la sociedad y la Naturaleza.

No se quiso entender que esas estrategias obligaban a usar ciertos instrumentos económicos, sociales y políticos nada neutros, y más bien contrarios de buena parte de la esencia de izquierda. Como resultado, se generaron condiciones para el retorno de la derecha dejándo servido un Estado y normas que lo harán todavía más fácil.

Además, la fragilidad del “nuevo desarrollo” lleva a que los progresismos no puedan resolver sus crisis desde una perspectiva de izquierda y deriven hacia políticas públicas más conservadoras. El PT erosionó la calidad política y aplicó, por ejemplo, flexibilizaciones ambientales y laborales para atraer a inversores. Paradojalmente, esos cambios en Brasil antecedieron, por ejemplo, a las “licencias ambientales express” de Colombia.

En el campo de la justicia social se priorizaron instrumentos de redistribución económica, mientras que los derechos ciudadanos y de las diversas comunidades, sobre todo indígenas, seguían siendo frágiles. No se puede marginar en este breve análisis la brutal militarización de la política gubernamental para intentar frenar la delincuencia común, sobre todo en las grandes urbes de ese país: acción que provocó una creciente ola de violencia e inseguridad.

Bajo estas y otras dinámicas, el énfasis en ayudas y compensaciones económicas acentuó la mercantilización de la sociedad y la Naturaleza. Con ello, el progresismo olvidó aquel principio de la izquierda de desmercantilizar la vida, justamente una de sus reacciones contra el neoliberalismo prevaleciente desde el siglo pasado. Esa meta sigue totalmente vigente en Colombia, donde el actual gobierno Duque expresa una perspectiva neoliberal.

La insistencia del progresismo brasileño en el crecimiento económico como fundamento del desarrollo reforzó un mito que ahora aprovechó Bolsonaro, presentándose como el mejor mediador para alcanzar esa meta. Lo mismo ocurre en Colombia y otros países, donde los gobiernos insisten en el crecimiento económico como la gran meta a perseguir. En cambio, la crítica de izquierda debe, en el siglo XXI, poner ese reduccionismo en discusión.

Las izquierdas no deberían entramparse en esos reduccionismos. Es hora de aceptar que la justicia social es mucho más que la redistribución, así como que la calidad de vida es también más que el crecimiento económico. La criminalización de los movimientos ciudadanos y sociales no puede ser tolerada por una renovación de la izquierda. Estos y otros aspectos apuntan a entender que una verdadera izquierda debe promover y fortalecer el marco de los derechos humanos en todo momento y en todo lugar, más aún desde el gobierno, aún si ello le significa perder una elección, ya que es su única garantía no sólo de su esencia democrática sino de retornar al gobierno.

Ruralidades conservadoras

Las cuestiones alrededor de las ruralidades y el desarrollo agrícola, ganadero y forestal, también están repletas de lecciones a considerar. Bolsonaro llega a la presidencia apoyado entre otros por un ruralismo ultraconservador que festeja sus discursos contra los indígenas, los campesinos y los sin tierra, y que reclama el uso de las armas y la violencia. Podría argumentarse que apunta a ideas y prácticas como las que ya ocurren en muchas zonas de Colombia, donde está muy instalada esa problemática.

Bolsonaro se apoya en la llamada “bancada ruralista”, un sector que ya había llegado al parlamento con el progresismo, en tanto Dilma Rousseff colocó a una de sus líderes en su gabinete (Kátia Abreu). Este ejemplo debe alertar a la izquierda, pues distintos actores conservadores y ultraconservadores se aprovechan de los progresismos para enquistarse en esos gobiernos.

Paralelamente, el progresismo fue incapaz de promover una real reforma agraria o en transformar la esencia del desarrollo agropecuario brasileño. Recordemos que bajo el primer gobierno de Lula da Silva se difundió la soja transgénica y se multiplicaron los monocultivos y la agroindustria de exportación, y no se apoyó de la misma manera a los pequeños y medianos agricultores. Otras administraciones progresistas, en especial las de Argentina, Ecuador y Uruguay, apostaron al mismo tipo de política agropecuaria.

Todos estos son temas sensibles en Colombia, y si bien esquivarlos podría mejorar algunas chances electorales, una real izquierda no tendrá más remedio que abordarlos. El caso brasileño muestra las consecuencias en no explorar alternativas para el mundo rural, insistiendo en el simplismo de apoyar los monocultivos de exportación, sostener al empresariado del campo, y si hay dinero, distribuir asistencias financieras al campesinado.

Las izquierdas, en cambio, deben innovar en propuestas por una nueva ruralidad, abordando en serio no solo la tenencia de la tierra, sino los usos que de ella se hacen, el papel de proveedores de alimentos no sólo para el comercio global sino sobre todo para el propio país. Las izquierdas deben, inclusive, dar un salto fundamental como es entender el territorio como espacio de vida y no simplemente como un factor de producción.

Radicalizar la democracia

La debacle política brasileña también confirma la enorme importancia de una radicalización de la democracia, una de las metas del empuje de izquierda de años atrás y que precisamente el progresismo abandonó. Aquella incluía, por ejemplo, hacer efectiva la participación ciudadana en la política y mejorar la institucionalidad partidaria. Sin embargo, el PT de Brasil concentró cada vez más el poder en el gobierno federal, tuvo un desempeño confuso y hasta perverso: en unos casos volvieron a usar los sobornos a los legisladores (recordemos el primer gobierno de Lula da Silva con el mensalão); persistió el verticalismo partidario (por ejemplo, con Lula eligiendo a su “sucesora”); poco a poco se desmontaron experimentos vigorosos (como los presupuestos participativos); y se usaron las obras públicas en una enorme red de corrupción al servicio de los partidos políticos. El caudillismo partidario se repitió en otros progresismos (como en Ecuador, donde Rafael Correa eligió a su sucesor, o en Argentina donde lo mismo hizo Cristina F. de Kirchner).

Es evidente que una renovación de las izquierdas necesita aprender de esa dinámica, y no puede renunciar a democratizar tanto la sociedad como sus propias estructuras y prácticas partidarias. Si no lo hace, solo facilita el surgimiento de oportunistas. Las estructuras políticas de izquierda deben, de una vez por todas, ser dignas representantes de sus bases y no meros trampolines desde los que ascienden figuras individuales, con claros rasgos caudillescos.

Otra lección surge de comprender que la obsesión electoralista lleva a prácticas que impiden esa democratización. En efecto, el “miedo a perder la próxima elección” hace que el núcleo gobernante (tanto sus políticos como tecnócratas) se abroquelen, rechacen los reclamos de cambio y apertura, y se inmovilicen. Un temor de ese tipo se evidencia en el progresismo boliviano con su intento de imponer una nueva reelección de dudosa legalidad. Un extremo que en parte se debe a la incapacidad de fortalecer al propio partido político cobijando sucesores y renovaciones, lo cual es otra muestra de debilidad democrática.

Un reto aún mayor para las izquierdas, sobre todo luego de las experiencias progresistas, es reconocer el papel político de los pueblos indígenas en una democratización real.

Renovación de las izquierdas

El triunfo de la extrema derecha en Brasil debe ser denunciado y enfrentado en ese país, como también deben fortalecerse las barreras que impidan otro tanto en los países vecinos. El caso brasileño además muestra que debe analizarse lo realizado por los gobiernos del PT, por sus aspectos positivos, por su duración (recordemos otra vez que ganaron cuatro elecciones), pero también por sus contradicciones. Las alertas sobre la deriva de ese partido y algunos aliados hacia un progresismo que se alejaba de la izquierda fueron desoídas.

Cuestionamientos sobre temas fundamentales como los impactos del “nuevo desarrollismo” primarizado fueron no sólo desatendidos, sino que además activamente se combatieron los debates y se marginaron los ensayos que buscaban las alternativas al desarrollo. Persistían problemas como el debilitamiento en la cobertura de derechos, la violencia en el campo y la ciudades, el maltrato de los pueblos indígenas, y todo tipo de impactos ambientales. Pero distintos actores, tanto dentro de esos países como desde el exterior, aplaudían complacientes incapaces de escuchar las voces de alarma con el pretexto perverso de no hacerle el juego a la derecha.

A pesar de todo, en Brasil como en el resto del continente, se encuentran múltiples resistencias y alternativas que se construyen cotidianamente, especialmente desde espacios comunitarios. Ellas ofrecen inspiraciones para una recuperación de la izquierda, desde la crítica al desarrollismo, los empeños para abandonar la dependencia extractivista o los esfuerzos para salvaguardar los derechos ciudadanos. Allí están los insumos para una nueva izquierda comprometida con horizontes emancipatorios.

Es una izquierda que tiene que ser renovada, para no caer en sus viejas contradicciones, como negar la problemática ambiental, asumir que todo se solucionará con estatizar los recursos naturales o los medios de producción, esconder sus vicios patriarcales o ser indiferente a la multiplicidad cultural expresada por los pueblos indígenas y afro.

La renovación de las izquierdas debe asumir la crítica y la autocrítica, cueste lo que cueste, para aprender, desaprender y reaprender de las experiencias recientes. Se mantienen conocidos desafíos y se suman nuevas urgencias. La izquierda latinoamericana debe avanzar en alternativas al desarrollo, debe ser ambientalista en tanto busca una convivencia armónica con la Naturaleza, y feminista para enfrentar el patriarcado, persistir en el compromiso socialista con remontar la inequidad social, y decolonial para superar el racismo, la exclusión y la marginación. Todo esto demanda siempre más democracia.

Notas

1. Los reportes están disponibles en www.globalwitness.org
2. Sobre la distinción entre izquierdas y progresismos, ver por ejemplo, La identidad del progresismo, su agotamiento y los relanzamientos de las izquierdas, E. Gudynas, ALAI, 7 octubre 2015, https://www.alainet.org/es/articulo/172855
3. Sobre algunos balances realizados dentro de Brasil sobre el desempeño del PT, véase entre otros a A. Singer e I. Loureiro (orgs), As contradições do Lulismo. A que ponto chegamos?, Boi Tempo, São Paulo, 2016; también a Francisco de Oliveira, Brasil: umabiografianão autorizada, Boi Tempo, São Paulo, 2018.
4. Véanse por ejemplo los detallados análisis de Lena Lavinas, tales como Thetakeover of social policybyfinancialization. TheBrazilianparadox, PalgraveMcMillan, 2017; y en colaboración con D.L. Gentil, Brasil anos 2000. A política social sob regencia da financierização, Novos Estudos Cebrap, 2018.

 

Alberto Acosta fue presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador y candidato a la presidencia por la Unidad Plurinacional de las Izquierdas.

Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social en Uruguay.

*El texto es parte de una serie de análisis sobre las implicancias de los cambios políticos en Brasil en distintos países, iniciada con publicaciones en el semanario Voces (Uruguay) y el suplemento Ideas de Página Siete (Bolivia).

 

 

Publicado enPolítica
“Me acuerdo bien del fascismo, por eso me da miedo”

“En julio decidí volver a Italia, apremiada por la necesidad de entender. Seguía a Salvini en la televisión desde París, donde vivía desde hace doce años, y sentía vergüenza por lo que veía". 

"'También es culpa mía, culpa de los nuestros’, me repetía a mí misma. Había pasado mi vida dedicándome a la política y consideraba mi lejanía como un abandono de la lucha".

Rossana Rossanda, 94 años, periodista, escritora, partisana, “la muchacha del siglo pasado”, como tituló su famosa autobiografía, hojea los primeros números de la colección de Il Manifesto, el periódico fundado por ella en 1969. “Quiero volver a leer las crónicas de las luchas obreras de entonces, los trabajadores lucharon por sus derechos y ganaron”.


¿Qué Italia ha encontrado?


Un país irreconocible, sin espina dorsal. Me da miedo ver en qué se está convirtiendo.


¿Le da más miedo Salvini o Di Maio?


Salvini, porque sabe lo que quiere. Di Maio es el que está siempre ahí riéndose.


¿Qué le asusta de Salvini?


La prepotencia. He estudiado a fondo el decreto sobre Seguridad y no entiendo cómo Mattarella [el presidente de la República] ha podido firmarlo.


¿Le parece racista?


Lo es. Al migrante lo ve solamente como a un criminal potencial.


¿Qué tipo de poder tenemos en el Gobierno?


Es la deriva racista del populismo. Di Maio y Salvini son los dos populistas, pero de forma distinta, porque en el Gobierno prevalecen las ideas del leghista. A los Cinco Estrellas no logro tomarlos en serio.


Han obtenido el 32%, de los votos ¿cómo puede decir que no hay que tomárselos en serio?


Quizá lo he expresado de forma equivocada. Lo que quiero decir es que no consigo entenderlos. Me dicen que mucha gente de izquierda les ha votado, pero los Cinquestelle no tienen nada de izquierdas.


Muchos exmiembros de la izquierda extraparlamentaria han votado al Movimiento 5 Estrellas. ¿Cómo lo explica? ¿Por una propuesta radical que la izquierda reformista ya no ofrecía?


Parece evidente. Han buscado un cambio de protesta, al ver que sus esperanzas fueron echadas por la borda.


¿Que nos dice esto de la izquierda italiana?


Millones de personas votaban a la izquierda porque en su ADN estaba la defensa de los más débiles. Esto ya no lo defiende nadie.


¿Cuándo tuvo lugar esa mutación?


Diría que comienza con el cambio de nombre decidido por Achille Occhetto [último secretario general del Partido Comunista italiano]. Cambiar de nombre significa cambiar de identidad. Desde entonces han cambiado de nombre tres o cuatro veces y, en cada cambio, iban alejándose un poco más de sus bases. Veltroni llegó a decir que nunca había sido comunista.


¿Usted sigue siendo comunista?


Yo sí.


Y hoy, ¿a quién votaría?


No lo sé. Mire los candidatos para liderar el PD: Zingaretti, Minniti, Martina, Boccia, Richetti. No los distingo. Me dicen que Delrio es capaz. No lo discuto. ¿Pero cuál es su visión del mundo? Cuando era joven, en Milán conocí bien a la izquierda democristiana, la de Marcora y Granelli: sus voces se distinguían netamente de las opiniones de las otras corrientes. Como la del democristiano Fiorentino Sullo, sus batallas contra la especulación inmobiliaria se recuerdan todavía.


¿Le sorprende que los obreros voten a la Lega?


Esto es otra historia, más vieja. Ocurría ya hace 15 años. Carné de la CGIL (sindicato comunista) y voto a la Liga.


¿Por qué sucedió?


La Liga ofrecía argumentos simples. ‘Si pierdes el trabajo, te lo ha quitado un inmigrante, o mejor uno del sur, el terun. No es culpa tuya. No es culpa del sistema’. Eso ofrece al mismo tiempo un enemigo y un consuelo.


¿Le preocupa la prima de riesgo?


No creo que sea una indicación de ruina en sí, me parece más grave hacer unos Presupuestos que no traigan crecimiento ni trabajo.


¿Está a favor de la renta ciudadana?


En principio sí, está bien mantener a los pobres pero luego, ¿qué nos quedará? Hay que crear trabajo. Y en esto estoy de acuerdo con ese proverbio chino que dice: dale un pez a un hombre y comerá hoy. Dale una caña y enséñale a pescar y comerá siempre.


¿Por quién se decantará en las europeas?


Votaré a favor de Europa, contra el peligro fascista que veo alrededor. Me acuerdo bien del fascismo, así que me da miedo.


¿Qué caminos le quedan a la izquierda acorralada entre el populismo y la austeridad?


A los que dicen que no hay alternativas les digo que miren a Sánchez y a Podemos en España o al pequeño Portugal: hagan como ellos.


¿Está sorprendida por la simplificación del debate político?


Estoy sorprendida por la vulgaridad. El otro día vi en la televisión un programa donde todos decían “no me importa una mierda”; si yo le hubiese hablado así a mi padre, como mínimo me hubiera dado una bofetada.


¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?


Sí. Ahora estaría menos sola y, sobre todo, tendría la percepción de haber dejado un legado.


¿Por qué no los tuvo?


Tenía muchas cosas que hacer.


¿Cómo fueron sus dos matrimonios?


Grandes amores. Eran los dos muy simpáticos. Siempre teníamos ganas de estar juntos, no hay nada más bonito que eso, ¿no cree?


¿Cómo mira al futuro?


Se que no me queda mucho, y en el fondo no me da pena. He tenido una vida muy afortunada, y he conocido a gente interesante.


¿Los personajes más importantes?


Mi suegro, el maestro Antonio Banfi, Sartre.
¿Cómo era Sartre?


Un raro caso de francés atento, abierto. Venía a Roma todos los años, amaba Italia, era curioso. De Beauvoir era más rígida.


¿Cuál es el último libro que ha leído?


Le assaggiatrici, de Rossella Postorino, interesante. Me gustaría leer Scurati sobre Mussolini.


¿Frecuenta las redes sociales?


Las detesto. Quiero pasar al otro mundo sin haber dado un solo euro a Zuckerberg.


Haciendo un balance de su vida, ¿tienen más peso los aciertos o los errores?


He intentado que prevalezcan los aciertos, pero he cometido grandes errores. Al fin y al cabo, ¿quién puede negar haberlos cometido?


¿Cuál fue el error más grande?


No se lo voy a decir. Me cuesta decírmelo incluso a mí misma.
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Concetto Vecchio (LA REPUBBLICA)

4 de Noviembre de 2018


Traducción: Elisa Mora.
Este artículo se publicó originalmente en La Repubblica, que ha cedido a CTXT los derechos para la traducción al español.

Publicado enSociedad
Una foto, 30 años y miles de muertos después: "Es una pena que nos hayamos insensibilizado ante la muerte de migrantes"

El periodista gaditano Ildefonso Sena retrató hace tres décadas la primera tragedia de la inmigración en el Estrecho. En esta entrevista, el reportero repasa lo que supuso aquella foto que enseñó a España y a Europa la primera imagen de un drama que no había hecho más que empezar.


El 1 de noviembre de hace 30 años a Ildefonso Sena (Tarifa, 1951) se le atragantó el desayuno. Recuerda que eran las 9 de la mañana cuando snó el teléfono de su casa. Aún con las galletas mojadas en el café, un contacto de la Guardia Civil le avisaba de que había aparecido un cadáver en la playa de los Lances, en Tarifa. “Salí zumbando, masticando las galletas escaleras abajo, cogí una cámara compacta que me había comprado pocos días antes y me encaminé al lugar”, rememora. Al día siguiente, la portada a cinco columnas de El Diario de Cádiz, con su crónica y su foto, hizo que se le atragantara el desayuno a la región y a las redacciones de los medios de todo el país, incluso de alguno del extranjero. El joven reportero gaditano había captado la primera imagen y reconstruido la primera historia trágica de un drama que todavía era muy incipiente: las migraciones a través de la frontera sur de España.


“Cuando llegué había un coche de la Guardia Civil y un agente custodiando la escena”, repite Ildefonso a todos los medios que, estos días, le bombardean a llamadas. “Cómo no voy a atender a los compañeros. Sé que es una semana, luego nadie se acuerda de esto hasta que se cumple otra vez una cifra redonda de años”, confiesa. Además del agente, lo que Sena se encontró y mostró al mundo fue un cadáver en la orilla, “totalmente vestido, cubierto de algas y de arena, con los brazos extendidos y rasgos magrebíes”. A pocos metros había una pequeña embarcación de madera, también varada en la arena. “Nadie sabía qué había pasado. El guardia civil me dijo que el capitán estaba en camino, así que, mientras, me puse a hacer fotos desde distintos ángulos. Siempre con la misma escena: el muerto en la arena, la barca detrás y el cielo gris que había esa mañana”. Hizo diez o veinte fotos, no lo recuerda con exactitud ni tiene forma de comprobarlo. “Los negativos se perdieron en una mudanza de la redacción. Sólo conservo esa imagen y a duras penas gracias a una copia que tenía en papel y que he digitalizado”, afirma nostálgico.


Cuando Ildefonso tenía la instantánea hizo aparición el capitán Manuel Prado. “Llevaba tres días destinado en la compañía”, apunta Sena. Con él iban otras cuatro personas, también de rasgos magrebíes. “¿Hablas francés?”, preguntó el capitán. “Me defiendo”, respondió el periodista. “Pregúntales si tienen alguna relación con la barca y con el muerto”, le pidió Prado. “Me costó un rato hacerles entender que yo no era policía, que era periodista. A estos cuatro marroquíes los habían localizado andando por la carretera en dirección a Cádiz y estaban asustados”, apunta. No era para menos, ya que habían esquivado la muerte hacía pocas horas.


Eran reacios, pero al final, uno de los marroquíes le contó a Sena una historia que califica de “escalofriante”, pero matiza: “Escalofriante en ese tiempo. Después me tocó cubrir muchas más y mucho peores”. En efecto, aquellos cuatro hombres que traía el capitán no eran braceros del tráfico de hachís, como normalmente pensaba la Guardia Civil cuando encontraba a magrebíes andando por las cunetas de Campo de Gibraltar. Eran inmigrantes, “migrantes, como se les llama ahora en los medios”, puntualiza Ildefonso. “El chico me contó que inicialmente eran 23 los hombres que habían zarpado a la media noche desde una playa de Tánger”, añade. Sena estaba ante el primer naufragio de un patera que se documentó en España.


No eran narcos, eran migrantes


A los migrantes les sorprendió un fuerte e inesperado viento de Levante justo a la mitad de ese mortal trayecto de apenas 14 kilómetros donde acaba el océano Atlántico y comienza el mar Mediterráneo. “Se pusieron nerviosos, vieron luces cuando ya estaban a pocos metros de la orilla. Creían que iban a hacer pie y algunos empezaron a saltar al agua. El chico me dijo que todos se tiraron por el mismo lado de la barca y el balanceo la hizo volcar. Todos cayeron al mar”, recuerda.


La de Los Lances no es un playa cualquiera, ilustra el periodista. “A tres metros de la orilla, el agua ya te cubre entero”, ilustra. Entonces comenzaron los gritos de auxilio de los que no sabían nadar. Gritos que “se apagaban cada vez que uno se hundía hasta que se hizo el silencio total”, afirma Sena. “El inmigrante me lo dijo de forma clara: sólo quedamos nosotros cuatro y el muerto. Somos los únicos que sabíamos nadar. Los otros 18 no sabemos dónde están. Seguramente habrán muerto ahogados”, relata el ya jubilado reportero.
Eso mismo escribió aquella mañana del 1 de noviembre de 1988. Metió la crónica mecanografiada en un sobre junto a algunas imágenes que había revelado en el laboratorio que improvisó en su casa y lo mandó todo a Cádiz en un autobús. “Esa era la tecnología de entonces”, comenta.


Las corrientes del Estrecho se encargaron de confirmar la tragedia. “En los días siguientes empezaron a aparecer cadáveres por un tubo. Contamos ocho y otro más que llegó a una playa de Ceuta. El resto no apareció nunca”, relata.


Casi 8.000 migrantes muertos en 30 años en el Estrecho


Desde entonces, las aguas del Estrecho no han dejado de escupir los cuerpos de aquellos que no lo lograron y, a veces, de los que lo consiguieron pero tuvieron que volver a jugársela en el mar porque fueron devueltos al lugar del que querían escapar. En ocasiones, como ésta, conocemos sólo una parte de la historia. En otras, alguien se preocupa de poner nombre y apellido a los muertos, de localizar y avisar a sus madres, hijas o hermanos que les vieron partir. A veces pasan sin más en la rueda de titulares del día. Otras veces desatan una tímida reacción de los Gobiernos, como la muerte de Aylán. Otras, sólo un clamor social de rechazo sin que las instituciones tomen cartas en el asunto, como el caso del niño Samuel.
Ningún organismo oficial lleva la cuenta. Al menos desde hace tanto tiempo. La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía habla de 8.000 migrantes muertos o desaparecidos intentando llegar a España en los últimos 30 años. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), agencia dependiente de la ONU, lleva su propia cuenta desde el 2014 y cifra en 964 las víctimas desde entonces. Más de la mitad, 564, sólo en lo que va de 2018.


“Esto se ha disparatado y es una pena que nos hayamos insensibilizado. No los periodistas, sino la sociedad en general”, opina el cronista de la primera tragedia documentada en nuestra ruta migratoria. Reconoce que aquella foto, aquella historia, no le impactó. “No sentí pena, trabajé automáticamente. Hasta que poco después lo piensas mejor y te dices que aquel muerto no era el único. Había 18 más, coño, sólo por intentar buscarse una vida mejor”.


La historia conmocionó a la opinión pública, también en Europa, y Tarifa se llenó de periodistas al día siguiente. “Ni España ni Europa habían prestado la menor atención a la inmigración irregular que aún era incipiente en el Estrecho. Apenas se contaban historias de migrantes y no tenían ningún impacto”, recuerda el periodista. Pero tras aquella fotografía, Tarifa se llenó de periodistas, españoles y extranjeros. Sena recuerda al primer corresponsal en llegar. “Coincidí con él en el cuartel de la Guardia Civil, al día siguiente. Era Arturo Pérez Reverte, que entonces trabajaba en Informe Semanal”.


Pocos meses después, la historia se repitió. Varias veces. Y así hasta el día de hoy. “Hasta que me retiré en 2005, he contado muchas historias peores que ésta, cientos de naufragios en estos 30 años, algunos con más muertos. Con mujeres, hombres y niños ahogados aparecidos en la playa. Tantas muertes nos sobrecogen al principio, pero la verdad es que hacemos poco por evitarlas. Los ciudadanos poco podemos hacer y los poderes públicos o no quieren o no pueden. Tampoco parece que haya en Europa voluntad política para atajarlo”, opina Ildefonso, que en su momento viajó a Marruecos para entender el fenómeno estaba gestándose. “Los subsaharianos no empezaron a llegar hasta entrados los años 90. Al principio eran casi todos marroquíes, había algunos argelinos. Todos querían llegar a Francia o a Bélgica”, recuerda.


Pocos cambios


Sena cree que las cosas han cambiado muy poco desde entonces. “Siguen llegando, siguen huyendo y siguen muriendo muchos”, resume. Ildefonso recuerda cómo, tras la foto, muchos vecinos de Algeciras y Tarifa esperaban en las orillas del mar a los que llegaban en patera. "Llevaban mantas, ropa, comida, agua. Algunos los ocultaban en su casas y hubo algunos vecinos que fueron detenidos por esto", rememora. Después hubo un "cambio radical" que Sena no sabe explicar. "Cambió la percepción ciudadana", apunta."


Sí que se alegra de que aquella foto, y todas las que llegaron después, dieron lugar a la creación de equipos de rescate como Salvamento Marítimo o la unidad marítima de Guardia Civil, “que ayudan a salvar mucha vidas”, aunque incide en que también se han puesto en marcha mecanismos e infraestructuras de control de fronteras que antes de esa tragedia no existían. “No van a resolver el problema”, aventura el periodista, que opina lo mismo de los acuerdos bilaterales de devolución que España ha ido firmado con algunos países africanos. “No ha servido para nada y Marruecos utiliza ahora la inmigración para exigir prestaciones económicas a España y a la Unión Europea, pero tampoco tiene la varita mágica. La mayor parte de los que llegan no son marroquíes, sólo pasan por allí”, recuerda.


Ildefonso también incide en que muchos migrantes murieron antes de ver el mar, “en el desierto, donde muy pocos periodistas se han preocupado de investigar”.


Quizás, opina Sena humildemente, la mejor forma de evitar estas situaciones pase por poner la mirada mucho más allá de la frontera y los puertos españoles. “Los que migran no quieren abandonar sus casas, pero África es un continente que los europeos hemos ido esquilmando durante muchos años. Y, ahora que están huyendo de guerras, del hambre y de la pobreza que Europa ha contribuido a generar, no tenemos voluntad de ayudarles”, lamenta. Reflexiones como ésta le hacen ser “escéptico para con la especie humana”. “No somos nada solidarios como especie ante un problema que no va a parar nunca”, aventura. “La historia de la humanidad es una historia de migraciones, de movimientos de personas en masa durante muchas épocas. Mientras tanto, asistimos a un resurgir de posiciones xenófobas, de extrema derecha, cada vez más numerosas”, opina. “Si no hay voluntad política seguiremos viendo muchas más muertes en todo el Mediterráneo”, concluye.

01/11/2018 11:09 Actualizado: 01/11/2018 11:09


Por JAIRO VARGAS
@JairoExtre

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“Seguimos desenterrando la barbarie de la guerra en Colombia”

El director del Centro Nacional de Memoria Histórica, próximo a dejar su cargo, afirma que sus investigaciones han contribuido a sacudir a la sociedad

Gonzalo Sánchez (Líbano, Tolima, 1945), autor de libros clásicos de las ciencias sociales en Colombia, forma parte de la camada de investigadores que se llegó a conocer como los “violentólogos”. Abogado y filósofo de la Universidad Nacional, con un máster de la universidad de Essex y un doctorado en sociología política de la Escuela de Altos Estudios de París, dirige desde el año 2007 el Grupo de Memoria Histórica, que pasó a ser el Centro Nacional de Memoria Histórica, la entidad encargada de documentar el conflicto armado. En decenas de informes, el CNMH, surgido de la ley de víctimas de 2011, ha reconstruido las masacres más emblemáticas de guerrillas y paramilitares, así como las dimensiones de la guerra que ha asolado a Colombia por más de medio siglo.

Sánchez ya ha anunciado su retiro del cargo. “La memoria se convirtió en un patrimonio público, de los colombianos pero también de la humanidad”, dice a EL PAÍS en su estudio, en el tradicional barrio bogotano de Teusaquillo, al repasar su labor. El nombramiento de su sucesor ha despertado intensos debates en un momento delicado para la implementación del acuerdo de paz con las FARC bajo el gobierno de Iván Duque, un crítico de la negociación que el pasado 7 de agosto relevó a Juan Manuel Santos. Advierte que “lo que estamos viendo en relación con la tareas del centro es la puesta en marcha, en vivo, en escena, del relato como un nuevo campo de batalla”.


Pregunta. ¿Cómo definiría el momento que atraviesa Colombia?


Respuesta. Es un momento muy extraño. Es un cruce de algo que se vivió en los últimos cuatro o cinco años, que era un horizonte de esperanza, con el cambio generado por las elecciones, que se traduce en un momento de incertidumbre. Parecería haber todavía alientos para la esperanza, pero eso se ve más desde afuera que desde adentro. La gente que está mirando desde fuera, con la experiencia de análisis de los conflictos armados, hace una invitación permanente a la paciencia, a que a los cambios sobrevinientes a un proceso de negociaciones hay que darles unos tiempos.


Hay signos muy complejos. Un proceso de paz exige muchísima definición, compromiso, decisión sobre lo que hay que apoyar. Los mensajes que se mandan desde toda la institucionalidad suenan todavía ambiguos. Los signos sobre la consolidación de lo que supuestamente debía estar en marcha no son tan alentadores. No hay unas líneas claras que permitan mantener muy firmemente el optimismo. A todo esto se agrega un contexto internacional muy poco favorable, por lo menos en el vecindario. El proceso va a sobrevivir por la inercia de lo que es, pero vamos a estar en aguas procelosas un largo rato.

P. En su momento, en Colombia se usó mucho la expresión de que los astros estaban alineados para alcanzar el acuerdo con las FARC.


R. Los astros se desalinearon demasiado rápido. Si se hubieran desalineado con cuatro o cinco años del proceso andando en forma, el barco resiste bien, pero es que aquí la tempestad le madrugó al embarque. Estamos en una situación difícil.


P. Parecería que Colombia no quiso ver la barbarie de la guerra mientras ocurría. ¿Los informes del CNMH le han abierto los ojos?


R. Sí. Cuando lanzamos el primer informe sobre la masacre de Trujillo con mucha fuerza, en 2008, el impacto fue tremendo. Y seguimos desenterrando esa barbarie: las masacres de El Salado, de La Rochela, de El Tigre, de Bahía Portete (…). Y seguimos año tras año mostrando los múltiples rostros de la masacre, las enormes cifras de la tragedia que el país había vivido, cuando comenzamos a mirar procesos ya no locales o regionales sino temas globales como el despojo de tierras, la desaparición forzada, el secuestro, el reclutamiento forzado. Las cifras escandalizan al país, pero por momentos. La toma de consciencia del impacto de la guerra es de grandes relámpagos. Es una lucha de la memoria y de la verdad permanente por ser reconocida, de lo que se ha ido mostrando paso a paso. Parecería como si se necesitara otra vez que se prendiera la guerra para que la sociedad volviera a descubrir qué tanto se había ganado con la paz.


P. Hay cifras difíciles de entender, como la de 4.000 masacres o más de 80.000 desaparecidos. ¿Alguno de los informes lo impactó particularmente?


R. El de la desaparición forzada, que vimos crecer como fenómeno en el proceso investigativo. Cuando empezamos, las cifras que se manejaban eran de cinco, siete mil desaparecidos en el país. Esas cifras se nos van creciendo gradualmente, y ahora llegamos por el proceso mismo de esclarecimiento a esta cifra escandalosa de más de 80.000 desapariciones en la democracia colombiana. Las dimensiones fueron superiores a todas las dictaduras sumadas del Cono Sur, y no habíamos visto eso.


P. ¿Algún otro?


R. Todos los informes fueron terribles, esto fue un proceso de conmoción repetida. Cuando se descubre Trujillo, con esas formas de la violencia asociadas a la motosierra, eso sacudió al país. Escuchar la violencia de El Salado, ejercida sobre una población inerme recogida en una pequeña plaza, y cómo comenzaron en un acto ceremonial, ritual, a ejercer las formas más perversas de tortura a los ojos de todos los que quedan vivos, de niños y mujeres, hasta llegar a liquidar a esa población… Sí, yo creo que el centro ha contribuido enormemente a través de este trabajo a sacudir a la sociedad colombiana.


P. ¿Qué le diría a su sucesor o sucesora en el cargo?


R. Que la confianza que se ha construido con las comunidades hay que protegerla, guardarla y proyectarla. Segundo, que debe tener una mirada muy abierta, muy integral del conflicto, para que el centro siga manteniendo su legitimidad, el reconocimiento de todas las víctimas, de todos los actores, de todos los responsables y de todos los territorios. Es decir, esa vocación globalizante del conflicto es la que le da la legitimidad que se está defendiendo ahora. Y el tercer punto, el trabajo del centro se convirtió en un referente político muy importante en el país, y hay que continuar abriendo los actores que entran a la conversación de la memoria. Nosotros la iniciamos y quisiéramos que se protegiera, no solamente para las víctimas, para la sociedad.


P. Algunas organizaciones han hecho un llamado a defender la visión amplía y pluralista del CNMH. ¿Siente que su legado en este momento de cambio de gobierno está bajo riesgo?


R. Los mensajes no han sido muy claros. Yo confiaría en que después de esta movilización que ha puesto en el centro del debate público la importancia de la memoria, de los archivos, de la apertura a escuchar las diferentes voces que han vivido la guerra en el país, la nueva dirección que sea dé cuenta de esa diversidad enorme que es la diversidad del conflicto. El peor mensaje que se le puede mandar a la sociedad es que el centro se va a convertir en vocero de un sector del conflicto en Colombia, o de una sola línea de víctimas.

Por Santiago Torrado
Bogotá 27 OCT 2018 - 11:09 COT

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