Martes, 24 Noviembre 2020 05:45

Personajes fuera de los libros

Personajes fuera de los libros

En un reciente taller de creación literaria, uno de mis alumnos planteaba la pregunta siempre constante de la importancia, o necesidad, de la escritura y de los escritores, en un mundo en crisis, como si la magnitud de esa crisis volviera banal el acto de escribir.

Mi repuesta a este joven aspirante a escritor, que cuestiona la utilidad de su propio oficio, fue que, precisamente, los fenómenos sociales son el caldo de cultivo de la literatura, pestes, guerras, enfrentamientos, en la medida en que afectan a los seres humanos porque provocan muerte y desgracias, ausencias, encuentros fortuitos. Cuando dejamos de mirar el todo, y entramos en las vidas de los individuos, es que surge la literatura.

Por tanto, la literatura no es prescindible, como algo que se puede abandonar porque la colocamos en un platillo de la balanza, y en el otro ponemos todo el peso desalentador de las crisis sociales. La literatura está para convertir esos hechos en historias donde encarnen personajes capaces de salirse de las páginas de los libros.

Los arquetipos literarios, sujetos reales en el mundo real, pasan a ser un punto de referencia común porque son capaces de representar nuestras propias percepciones del mundo, y se vuelven una síntesis de lo que en determinado momento no podemos expresar de otra manera. Arquetipos aun para quienes nunca han leído los libros de donde salieron.

La creación literaria lleva a convertir a las personas en personajes, que es cuando adquieren ese relieve singular que los aparta del común. Pero cuando el personaje se sale del libro vuelve a convertirse en persona, y goza entonces de esa naturalidad que le da la vida real, viviendo entre los demás.

Ulises es un nombre común aun para quienes nunca han leído La odisea, y cuando queremos significar todo lo que es difícil, o azaroso, decimos simplemente que es una odisea. ¿Y la guerra de Troya? Los grandes fracasos, las grandes derrotas son siempre Troya incendiada y desolada. Aquí fue Troya.

Homero, a través de milenios, es el gran dispensador de arquetipos, y aún de nombres de pila. En mi infancia, su elenco completo andaba por las calles de Masatepe, panaderos, agricultores o albañiles, jugadores empedernidos de gallos, bordadoras y costureras, y maestras de escuela: Héctor, Ulises, Telémaco, Aquiles, Ifigenia, Casandra, y una Helena que de verdad era bella. Era un pueblo homérico.

Pero esta es una expresión que va más allá. Homérico es lo portentoso, lo extraordinario. Como América Latina misma, que es homérica porque su historia ha representado tantas veces la epopeya, que tiene siempre mucho de heroísmo, pero también de injusticia y de crueldad. Homérica Latina, como llamó la escritora argentina Marta Traba a un libro de crónicas suyo.

El personaje que ha sabido ganar más realidad fuera de la página escrita, es, por supuesto, don Quijote. Si una agencia de viajes anunciara en un tour guiado por La Mancha una visita a su tumba, donde descansa al lado de Sancho, ningún turista lo creería una tomadura de pelo.

Tampoco es necesario haber leído a Cervantes para creer en la existencia real de estos dos personajes que han llegado a representar, más allá de cualquier intención de quien los creó, los dos polos entre los cuales siempre creemos movernos, idealismo y materialismo, la elevación de miras y la bajeza, o, si se quiere, locura frente a cordura; y es por eso que ambos son tan populares, porque se les suele contraponer en la vida común, y es de allí que resulta lo quijotesco.

Quijote se vuelve quien quiera alcanzar lo que está demasiado distante, o no es posible, y lejos de tener un sentido real de la vida, que quiere decir tener un sentido práctico, termina convirtiéndose en un bueno para nada. Un quijote al que se termina viendo con ojos de desdén o de misericordia.

Mefistófeles no sería tan popular si no hubiera pasado por las páginas del doctor Fausto. El diablo que nos tienta con librarnos de la pobreza y de la vejez, es mucho más conocido entre quienes nunca han leído a Goethe que el propio sabio alquimista dispuesto a entregar su alma. No todo el mundo dice faustiano, como dice homérico, o dice quijotesco. O dice donjuanesco.

Don Juan, el mujeriego dueño de todos los excesos y de todas las alcobas, que desafía altanero a la muerte y a los muertos, es más popular que el autor, o los autores que lo inventaron, porque ha sido inventado en el alma de cada quien. Y popular, sin duda, la Celestina, en la vida y en la lengua de todos los días.

Pero a cuántos que ni siquiera saben de la existencia de Kafka, ni menos lo han leído, he oído decir kafkiano cuando se ven atrapados en situaciones que no comprenden, o cuando son víctimas de lo absurdo a que el destino los somete. O de la burocracia, o del poder, que son formas del destino.

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Lunes, 23 Noviembre 2020 05:12

Engels recargado

Engels recargado

Este mes se cumplen 200 años del nacimiento de Friedrich Engels, el dirigente revolucionario que, codo a codo con Marx, elaboró buena parte de lo que hoy conocemos como las bases teóricas del marxismo, y construyó las primeras organizaciones internacionales de “esclavos insurrectos” que adoptaron para sí el objetivo (y el nombre) del comunismo.

 

No es para nada extraño que “la vuelta de Marx”, es decir, el renovado interés en sus ideas especialmente a partir de la crisis capitalista de 2008, esté acompañado también, entonces, por una –más moderada– vuelta de Engels, con nuevos estudios y análisis de sus elaboraciones y de su participación en el movimiento revolucionario –también ayudados por el trabajo filológico y de reconstrucción de los contextos en los que Marx y Engels elaboraron y debatieron que se viene realizando sobre los manuscritos de ambos para preparar una edición completa, y definitiva, de los trabajos de los fundadores de marxismo–

Por qué esos fundamentos se identificaron con el nombre de Marx es algo que el mismo Engels defendió: “Al lado de Marx, siempre toqué el segundo violín”, le escribía a I. Becker allá por 1884, reconociendo siempre el aporte fundamental de su viejo amigo –la historia de esa amistad ha sido analizada en abundancia desde diversas perspectivas, aunque en general apelando a las características personales de los dos amigos; lo cierto es que una amistad tan generosa como fructífera demuestra, también, lo poderoso que puede ser el lazo de compartir un objetivo revolucionario común–.

La biografía de Terrel Carver, The life and thought of Friedrich Engels, revisada y actualizada para este aniversario, señala un aspecto no tan positivo de estas recientes “vueltas”: en muchos casos, aún con sus puntos positivos, lo que se rescata en libros como los de Tristram Hunt o películas como El joven Marx son los “aspectos humanos” de Marx y Engels, es decir, el relato de sus biografías en términos de sus relaciones personales, entre sí y con sus familias y allegados, a tono más con una moda de rescate de personalidades “vistosas” que en muchos casos trivializa sus ideas y posiciones políticas. Engels cobraría allí un nuevo espacio no por una mayor o mejor apreciación de sus trabajos sino porque su biografía, al lado del comparativamente “duro y serio Marx”, tendría más posibilidades de convertirse en un personaje colorido.

Lo cierto es que la tarea teórica de Engels supo ampliar, para el marxismo, el campo de batalla, incursionando en terrenos en los que Marx no llegó a meterse –o en los que se nutrió, más bien, de las elaboraciones de su amigo–. Buscando propagandizar, sistematizar y medir la fortaleza del marxismo con distintos enemigos y adversarios, la obra de Engels nos permite acercarnos, además de los ejes que compartió con Marx, a problemas tan amplios como la definición del Estado, la cuestión militar, el urbanismo, el feminismo o la ecología, muchos de los cuales, además, han cobrado mayor actualidad y fuerza en los últimos años.

Algunos ejemplos de las últimas décadas, no todos escritos desde un posicionamiento marxista, muestran el amplio abanico de temas en que las elaboraciones de Engels cobran protagonismo, señalando puntos fuertes y críticas desde distintas posiciones. Siguiendo el camino del antropólogo Stephen Jay Gould, que había defendido la perspectiva engelsiana de la evolución humana centrada en el trabajo, Richard Lewontin y Richard Levins encabezaron su libro El biólogo dialéctico con una dedicatoria a Engels, quien “se equivocó muchas veces, pero que acertó en lo importante”. En relación a esa área de trabajos de Engels, también son muchos los que lo han destacado como pieza fundamental para pensar la relación entre el capitalismo y la ecología: es el caso de Paul Blackledge en su libro del año pasado, Friedrich Engels and Modern Social and Political Theory, y de John Bellamy Foster en numerosos trabajos. En un artículo reciente, este lo resume así: “Dos siglos después de su nacimiento, la profundidad de la comprensión de Engels de la naturaleza sistemática de la destrucción capitalista del ambiente natural y social, junto con su desarrollo de una perspectiva naturalista dialéctica, lo convierten hoy, junto con el trabajo de Marx, en el punto de inicio para una crítica ecosocialista revolucionaria”. A su vez, ha sido considerado por geógrafos como David Harvey, un precursor de los abordajes críticos sobre el urbanismo: en una entrevista reciente recordaba que su interés por la teoría marxista en el estudio urbanístico empezó cuando revisó el folleto de Engels de 1873 sobre el problema de la vivienda.

El trabajo de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, como señala Martha Giménez en su último libro Marx, Women, and Capitalist Social Reproduction, “fue el que estableció las bases teóricas para el feminismo marxista”. Las múltiples lecturas que de dicho trabajo se hicieron, en muchos casos críticas, no dejan de reconocer que el intento engelsiano de ubicar la opresión de las mujeres en el nivel de las relaciones de producción de las sociedades de clase, alejaba al marxismo de los tratamientos meramente “morales” que otros socialistas habían hecho del problema, a la vez que sistematizaba elementos que en otros trabajos, con y de Marx, habían aparecido más lateralmente. A su vez, las potentes denuncias que allí se hacían sobre el dominio masculino, de las cuales Engels no excluía a la familia trabajadora, fueron, como indica Wendy Goldman en su estudio sobre el problema de la mujer en la Revolución rusa, un antídoto con el que combatir los prejuicios antifeministas del que los movimientos socialistas no estaban exentos y una inspiración para revolucionarias como Clara Zetkin.

Ya en el terreno de la estrategia y del problema militar, son numerosos los análisis que reconocen la importancia de Engels, en este terreno incluso por encima del propio Marx. Es el caso por ejemplo del trabajo de Michael Boden en First Red Clausewitz [El primer Clausewitz Rojo], que lo considera uno de los principales contribuyentes al campo de la historia y la teoría militar de los siglos XIX y XX, o de Sigmund Neumann y Mark von Hagen, que en el libro Makers of Modern Strategy rescatan también la capacidad que tuvo de entrever desarrollos futuros en el terreno de la estrategia y la técnica militar (un área de estudio que consideran poco transitada en los estudios marxistas, sorprendentemente para una teoría cuyo objetivo es la acción revolucionaria). Wolfgang Streeck, en un artículo reciente, amplía la importancia de estas elaboraciones para la teoría del Estado: “Su contribución en este campo creo que deriva en buena medida de la especial afinidad existente entre la naturaleza peculiar de la guerra moderna en el contexto del desarrollo capitalista y la predisposición de Engels a observar de modo no dogmático la realidad, lo que le permitió establecer los cimientos de un complemento teórico sobre el Estado, que resultaba realmente necesario para la crítica de la economía política desarrollada por Marx y él mismo”.

Para citar un ejemplo local, el libro de Martín Mazora, Marx discípulo de Engels, intenta reevaluar el peso que los escritos juveniles de Engels tuvieron en el núcleo duro del pensamiento económico de Marx y sus formulaciones en El capital.

Más allá de los acuerdos o diferencias que puedan tenerse con estas elaboraciones, la larga lista que podría agregarse muestran el renovado interés en la obra de Engels. Sin embargo, hay que decir que dentro del marxismo, en las décadas previas –desde mediados del siglo XX–, primó más bien una tendencia a separar a Engels de Marx. Así lo resume en un trabajo reciente Kaan Kangal:

Un relato sugiere que Engels no solo es co-fundador del socialismo moderno sino también su malévolo detractor. Como precursor del materialismo dialéctico, Engels supuestamente co-inventó el “marxismo” y lo dañó a la vez. […] Engels es acusado de metafísica, dogmatismo, eclecticismo, positivismo y así. […] Otro relato refuerza lo positivo: sean cuales sean los puntos vigentes o las fallas de la dialéctica materialista, no es una invención de Engels sino el producto de la colaboración de Marx y Engels. Por lo tanto, no divergen sino que más bien se complementan uno a otro. […] Aquellos que inventan acusaciones extrañas contra Engels lo hacen por razones políticas. Lo que está por detrás de sus recuentos es un anticomunismo escondido bajo la máscara de la erudición [1].

El motivo de fondo para el surgimiento de estos dos relatos opuestos no es difícil de encontrar: el stalinismo había enarbolado una visión monolítica e indiscutible de los “padres fundadores” y de sus herederos (que ceremonialmente pasaba por Lenin y culminaba, claro, con Stalin), extendida en todo el mundo a través de los distintos PC, que solía abrevar en folletos y artículos de Engels, más aptos para compilaciones temáticas y manuales que los intrincados o incompletos textos de Marx (muchos de los cuales permanecían, por ese entonces, todavía inéditos). Cuando dicha versión del “marxismo-leninismo”, mecanicista, simplificadora y utilitaria del marxismo, entra en crisis, no son pocos quienes renuncian al marxismo de conjunto, mientras otros exploran las raíces de ese dogmatismo atribuyéndoselas a Engels –si bien incluso en los estudios actuales no se ha encontrado demasiada apoyatura bibliográfica para esta hipótesis y más bien son persistentes los ejemplos de intercambio permanente y el acuerdo manifestado por el trabajo firmado por uno u otro–. El análisis del legado de Engels tiene por eso, hacia mediados del siglo XX, un tono, de mínima, defensivo.

A ello deben sumarse las distintas operaciones que, sobre su obra, ya había realizado la socialdemocracia alemana con la que compartió la organización de la Segunda Internacional ya muerto Marx, cuyos dirigentes, tras un falso respeto impostado al “colaborador de Marx”, no dudaron, incluso en vida del propio Engels, de adaptar sus textos a sus objetivos revisionistas. Pero el problema no solo se limitaba a la justificación de posiciones políticas reformistas: el mismo Engels había entrevisto críticamente en el tratamiento que distintos grupos ligados a la socialdemocracia hacían de la teoría marxista, contribuyendo a “reducir la teoría del desarrollo de Marx a una rígida ortodoxia a la que no se espera que lleguen los trabajadores por medio de su propia conciencia de clase; por el contrario, sin preparación y rápidamente, se lo hace tragar a la fuerza como un artículo de fe” [2].

En las evaluaciones más benevolentes de ese último período de la obra de Engels, ya sin Marx, suele argumentarse, a modo de disculpa, que al más joven de los amigos le tocó propagandizar y sistematizar las ideas del marxismo para un creciente movimiento comunista, y que fue esa tarea de “divulgación” la que impuso simplificaciones y polarizaciones que no estaban presentes en el legado de Marx. Sin negar que en todo trabajo teórico, sobre todo de semejante envergadura, pueda haberlas, suena a débil defensa que las tareas de divulgación de las ideas revolucionarias para que se hagan carne en el movimiento obrero sean un problema o un obstáculo más que una necesidad y una tarea apasionante –que, por otro lado, no requiere menos, sino probablemente mayor, comprensión de sus fundamentos–.

No defendemos aquí una unidad forjada en granito de ambos autores –ni de ningún otro marxista–, y creemos que distinguir las posibles diferencias entre enfoques de Marx y de Engels puede aportar matices y novedades que hagan a una mejor comprensión del desarrollo del marxismo y, sobre todo, que sean fructíferas para las tareas revolucionarias de hoy. Pero sí opinamos que debería objetarse su carácter defensivo, que persiste en muchos casos, forzando distinciones que amenazan ser tan estériles como el monolitismo en el que se reflejan. Marx no necesita “ser salvado” de Engels, ni a Engels le escasean argumentos propios para ser ampliamente discutido en sus propios términos sin tomar, como él mismo pedía en sus cartas, “cada palabra que he dicho como un evangelio” [3].

Como puede verse en los cambios de perspectiva con que se abordaron sus textos en estos casi 200 años, las discusiones y evaluaciones del legado marxista están ligados a los desarrollos históricos que atravesó y, en definitiva, a las relaciones de fuerzas que da la lucha de clases, aquella que puso en centro del Manifiesto comunista escrito con Marx. En todo caso, si algo puede destacarse de su legado, es la persistente voluntad de no deslindar una crítica implacable al sistema capitalista, en todos los terrenos, de la necesidad de acabar con él.

Para aportar a estas discusiones, en este dossier –que además de esta edición ocupará la de la próxima semana– abordaremos distintos aspectos de su obra en artículos propios, en entrevistas o en traducciones inéditas de su propia pluma o de algunos de sus más recientes estudiosos.

 

NOTAS AL PIE


[1] Kangal, Kaan, Friedrich Engels And The Dialectics Of Nature, Cham, Palgrave Macmillan, 2020 (edición digital). El libro de Kangal se dedica a recontextulizar y discutir el trabajo de Engels publicado tras su muerte como compilación de proyectos diversos, donde están las elaboraciones más cuestionadas de Engels, Dialéctica de la naturaleza.


[2] Carta de Engels a Sorge, 12/05/1894, en Marx & Engels Collected Works Vol. 50, Lawrence & Wishart, 2010, p. 301.


[3] Carta de Engels a Borgius, 25/01/1894, en Marx & Engels Collected Works Vol. 50, ob. cit., p. 267.

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Viernes, 20 Noviembre 2020 06:22

La séptima función del lenguaje

La séptima función del lenguaje

Para Roman Jakobson, uno de los representantes de la lingüística moderna, el lenguaje es un sistema funcional caracterizado por la intencionalidad comunicativa de los hablantes. De tal manera que se puede pasar de manifestar sentimientos a tratar de influenciar o convencer a otros, de transmitir una información a expresar un mensaje de manera bella. Las funciones del lenguaje son seis, pero en nuestro país tal vez se haya descubierto la séptima.

Desde finales de la Guerra de los Mil Días (1899–1902) la oratoria se volvería un recurso para deshumanizar a los vencidos. Ateos, masones, asesinos, apátridas, traidores; son solo algunos de los adjetivos utilizados contra líderes liberales como Rafael Uribe Uribe, que a la postre sería asesinado y cuya alma es condenada públicamente al infierno por el clero de la época.

De los luchadores sociales y trabajadores de las tres primeras décadas del siglo pasado, gente muy rebelde los llama Renán Vega Cantor, se afirmó que eran infiltrados del bolchevismo internacional, propagadores de doctrinas malsanas que estaban contra la sana religión y la moral católica. Se satanizaron sus fiestas (el Primero de Mayo) y se sancionó su cultura como vulgar y contraria al progreso. Al final la Masacre de las Bananeras (1928) fue el culmen de una retórica oficial contra cualquier reivindicación social.

El Bogotazo (1948) estuvo precedido de hechos de violencia en todo el territorio nacional. Mujeres y niños asesinados, cadáveres mutilados y expuestos para el terror de la población, pueblos donde alguno era degollado por no ir a la misa el domingo o por escuchar los discursos de Jorge Eliecer Gaitán en la radio. En esta ocasión la palabra también precedía a la masacre. Se tildaba a los liberales de ateos, asesinos de niños, incendiarios de iglesias. En Antioquia un obispo instaba a la turba a matar a cambio de la entrada directa al cielo, y en Armero –Tolima– un sacerdote clamaba por la cabeza de Gaitán.

En los años sesenta, tras repartir el país entre liberales y conservadores, los campesinos se alzan ante la injusticia de un Estado que los ignora a su suerte. Crean zonas donde, de manera independiente, podrán realizar sus proyectos comunitarios de solidaridad y dignidad. Solo son familias que huyen del hambre y la pobreza impuesta desde arriba por gamonales políticos y delfines. En el Congreso de la República y los medios hegemónicos se vuelven a escuchar las voces de la muerte. Los campesinos no serían más que una plaga levantisca en contra de los legítimos dueños de la tierra, aceptar las “repúblicas Independientes” es permitir la fragmentación de la unidad nacional, la única forma de conservar la paz es con la guerra… el bombardeo a Marquetalia viene precedido de una oleada de odio que justifica la matanza.

Guerrillero, mamerto, rojo, zurdo, izquierdoso, ateo, comunista, agitador. La jerga contra todo el que quiera un cambio social era variada y respondía a una moda continental venida de las dictaduras del Cono Sur y sus aliados en la Escuela de las Américas de Panamá. Los manuales de contrainsurgencia aconsejaban buscar sediciosos en las universidades, asociaciones campesinas, Comunidades Eclesiales de Base, en los llamdos “barrios de invasión" o leyendo en el transporte público. Ellos (todos) eran el enemigo a vencer, para mantener la civilización cristiana occidental…para mantener los privilegios de unos cuantos. A las desapariciones y las sesiones de tortura siguieron las fosas comunes. Los que se perdían en la noche y la niebla ahora no podían ser nombrados, habían perdido incluso su entidad.

Así mataron al cura Camilo, a los estudiantes, a los obreros. Así mataron a la gente de la Unión Patriótica. Al comandante Pizarro que entre sonrisas de esperanza nos daba su palabra para un país en paz…los mataron para no seguirlos nombrando.

Hoy la derecha envalentonada ha normalizado el lenguaje que deshumaniza, que niega al otro, que lo mata antes de que las balas atraviesen su cuerpo. “Te doy en la cara marica”, “terroristas”, “mamertos que todo lo quieren regalado”, “castrochavistas”, “te quitás esa camiseta o te pelamos”. O simplemente “sapo”, “vendido”…”gonorrea”. Nos hemos acostumbrado a leerlo en las redes sociales, lo escuchamos sin asombro en la voz de egregios periodistas y “editorialistas” en la radio. Lo vemos en los noticieros y telenovelas que hacen apología a una cultura de la muerte y el delito.

La séptima función del lenguaje es la deshumanización. Ese poder absoluto que resta dignidad al adversario antes de torturarlo, de asesinarlo, de hacerlo un enemigo público. La palabra creadora ha desaparecido para dar paso a una nueva lengua venida de los confines del odio y la perversidad.

Para Theodor W. Adorno “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie” pues la lengua ha perdido su conexión con lo más íntimo de lo humano. Los campos de concentración, esas fábricas de la muerte donde la racionalidad se convierte en una pesadilla, fueron también un cementerio de palabras y de voces. Las víctimas ya habían muerto antes de pasar el amplio portón donde los esperaba el olvido.

“Judío”, “Traidor”, “Enemigo del Estado”, “Homosexual”, “Gitano” …las palabras se convierten en etiquetas para los hombres, después en categorías para delitos y por último en el color de una estrella cosida a un raído uniforme que el prisionero utilizará para trabajar hasta morir…después el horno y la ceniza…la oscuridad y el silencio. El inicio de todo holocausto es la palabra.

Es nuestro deber recuperar la palabra creadora. Caminar con los otros para construir, humanizar y pensar. Esto solo es posible cuando hacemos de nuestro contacto con el mundo una experiencia sentipensante, donde el Otro es mi reflejo y se dignifica a través del don del lenguaje.                 

Es aquí donde la comunicación alternativa y popular asume su función frente a los hombres y mujeres que todos los días luchan, viven y mueren por la utopía posible de una sociedad mejor. La palabra que humaniza, que crea y devuelve la dignidad a los Condenados de la Tierra.

Colectivo Alebrijes

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Martes, 17 Noviembre 2020 05:40

¿Para qué sirve un escritor?

¿Para qué sirve un escritor?

Palabras inaugurales en la XVI Feria Internacional del Libro de Venezuela

 

1

Siempre me he preguntado, al igual que todo el mundo, para qué sirve un escritor. La primera respuesta que  se nos ocurre es obvia: para nada. En otros sitios los literatos motorizan industrias editoriales que ensucian mucho papel y mueven mucho dinero. En un país donde los índices de lectores subieron abruptamente y posiblemente se desplomaron tras el bloqueo, vuelve el escritor a ser fantasma sin aplicación, salvo el arribismo político o el malabarismo burocrático. Esta respuesta es falsa, pero me siento cómodo con ella. Sostener que un ser humano debe servir para algo es  mercantilismo ajeno a la Utopía, donde el Ser se justificará por el prodigio de su propia existencia y sus creaciones. Instalarse en un oficio sin escalafón ni tabla de remuneraciones es conquistar  de manera soberbia una parcela del Reino de la Libertad: del vivir sin deberle a nadie excusas ni plusvalía. Vale decir, la aristocracia sin siervos ni esclavos a la que acceden sólo creadores e indigentes.

2

Me corrijo: el escritor sí sirve para algo, o más bien para todo. Los  seres vivientes acceden a la condición de animales sociales al desarrollar el lenguaje. Abejas, hormigas y delfines disponen de complejos medios de comunicación. El de los seres humanos es el que más depende de la capacidad de invención. De creerle a Noam Chomsky, las estructuras profundas de nuestro lenguaje serían fijas e innatas, pero a partir de ellas hemos desarrollado millares de idiomas y culturas distintas. El escritor  organiza, fija, potencia y preserva las palabras, primero en el mecanismo mudable de la memoria, luego en la trama de los signos preservados en piedra, arcilla, nudos, papel o pulsos electromagnéticos. La palabra dicha es local y fugaz, sin más alcance que la voz y el recuerdo. La reducida a  signos en la escritura aspira a perdurable. Gracias a ella disfrutamos de inagotable  acceso a todo lo dicho desde el comienzo de los tiempos y el confín de las distancias.

3

Sin lenguaje sería  imposible coordinar  conductas humanas; sin escritura, hacer  esta coordinación perdurable. Las palabras no son la realidad, pero erigen  modelos modificables de ella. Las más poderosas  nombran objetos intangibles. Tribu, Aldea, Ciudad, Nación, Religión, República, Estado, son palabras. El escritor incesantemente construye y destruye  la concepción del mundo. Alrededor de textos como la Biblia, las Analectas, la Odisea, el Popol Vuh, el Corán,  El Príncipe o El Quijote terminan de decantarse los idiomas que a su vez definirán naciones. La escritura  fija la realidad fluyente del idioma y mediante él  estabiliza el sistema compartido de valores que llamamos Nación. Cada escritor desarrolla un estilo y cada comunidad una civilización, especie de intangible frontera del cuerpo político. Hay Naciones cuya cultura perdura milenios después de destruido su Estado, y Estados aniquilados porque dejaron morir su cultura. 

4

La naturaleza  se nos hace inteligible a través del lenguaje. Organizamos  vocablos mediante gramáticas cuyas construcciones llamamos filosofías, con las cuales  explicamos el mundo. El universo es sólo  caos de sensaciones hasta que lo ordenamos con el mito, la Historia y las matemáticas. No hay escritor más preciso que quien  traza números, a pesar de que su cosmos está poblado de criaturas insensatas: el cero, el infinito, los números irracionales. No olvidemos al que apunta sonidos y nos interna en orbes musicales  al parecer desprovistos de otro sentido que el de cautivarnos. Pintores y escultores  articulan imágenes y formas, ingenieros y arquitectos palabras  sólidas. Todo lo real fue escritura; pasado su tiempo devendrá Historia.

5

Cuenta Maquiavelo que luego de pasar el día discutiendo con jornaleros y pastores, se encerraba en su biblioteca para conversar con los grandes hombres del pasado. La filosofía no ha encontrado mejor manera de definir el Ser que considerarlo una hilación de ideas, vale decir, de palabras. Seguir el monólogo interior de James Joyce es temporariamente convertirse en él. Mediante la lectura disponemos de mil vidas; mediante la escritura, de la ilusión de ubicuidad e inmortalidad. Sólo muere el escritor cuando ya no es leído; sólo deja de serlo cuando evade su Verdad. Nace muerta la palabra que  expresa adulación o  moda. La venalidad no expresa más que el precio que la compra.

 6

Toda opresión es legitimada por cadenas verbales. Su fin llega cuando son resignificadas las  palabras de sus murallas conceptuales.  Toda Revolución es disparada por la prédica de una Vanguardia Ilustrada. La Revolución Francesa, la Independencia, la Bolchevique, la China, la Descolonización, la Cubana, la Sandinista, la Boliviana,  fueron movimientos explosivos detonados por  mechas de conceptos. El bolivarianismo es  intento de plasmar lo mejor del nacionalismo, el antiimperialismo, el integracionismo, el socialismo del  proyecto de la izquierda de los años sesenta. En vano desdijeron de este último algunos de sus autores. Lo dicho en vida sobrevive a quien muere en espíritu. 

7

Sobre la tierra se baten  a muerte el discurso de la Alienación y el del Reino de la Libertad. Algoritmos de  dividendos deciden hecatombes. Mentes artificiales enuncian palabras digitales que asfixian la esperanza y proscriben el futuro. Cada vocablo que tecleamos es registrado por mecanismos espías y cribado por análisis de contenido.  La información se concentra en un número cada vez menor de softwares. Todo lo que digamos puede ser digitalizado en  contra nuestra. Más de un millar de idiomas hablamos los humanos: las máquinas los han traducido a  uno solo. Mientras construimos el mundo con conceptos los ordenadores lo reducen a data. Debemos aprender idiomas inhumanos que sólo conocen el uno y el cero para defender nuestra patria, que es el infinito. Una vez más, es preciso inventar el lenguaje que nombre la vida. La palabra es nuestra memoria y nuestro consuelo. Nuestro anhelo de arribar al mundo donde, como anticiparon Carlos Gardel y Alfredo Lepera, no habrá más penas, ni olvido.

Por Luis Britto García | 17/11/2020

Fuente: http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2020/11/para-que-sirve-un-escritor.html

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Lunes, 16 Noviembre 2020 06:32

¿A dónde va la China de Xi?

¿A dónde va la China de Xi?

Para intentar comprender hacia dónde se dirige la China del presidente Xi Jinping, lo primero es echar una mirada hacia atrás, en concreto, a 1921.

Una de las campañas ideológicas más intensas de su mandato es la que lleva por título “permanecer fieles a la misión fundacional”. El relevo que debe acompañarle en la dirección del PCCh a partir de 2022, la sexta generación, tendrá en su bagaje haber vivido la China de la reforma de Deng Xiaoping pero la experiencia de Mao, la más dura y agria, constituirá para muchos un relato remoto.

El énfasis de Xi en sintetizar y nunca contraponer las Chinas de Mao y Deng pretende resaltar el hilo de continuidad de un mismo ideario. En buena medida, lo que algunos califican de manifestaciones de retorno a la época maoísta responden a esa lógica. Xi vivió esa etapa. Tenía 23 años cuando Mao falleció. La insistencia en rescatar términos o exaltar conmemoraciones de circunstancias de aquella etapa a modo de coqueteo con cierto neomaoísmo, tanto que pareciera sugerir la consideración del denguismo como un “desvío”, apunta a no perder de vista la motivación inicial del proyecto, donde radica el “espíritu” del PCCh. Es verdad que líderes anteriores también secundaban esta práctica pero con un sentido más ritual y plagado de advertencias.

De ese empeño surge el “nacionalismo rojo” como marca distintiva del xiísmo. De una parte, el propósito de revitalización nacional; de otro, la prosperidad común. El modelo político inaugurado en 1949 permanece prácticamente intacto; por el contrario, la realidad económica y social ha cambiado drásticamente, como también la significación de China en el concierto mundial. El hecho más notorio en esta trayectoria es la reconciliación operada con la propia cultura, también el más reciente de su metamorfosis ideológica.

Pesan por tanto en este desarrollo una ingente infinidad de claves locales, las singularidades chinas que el PCCh reivindica como justificación de una originalidad diferenciadora. Y aunque podemos contraponerlas a la experiencia occidental, ya sea en su formulación liberal o marxista, lo más que podemos inferir es el orgullo del PCCh por tener al alcance de la mano lo que la URSS no pudo alcanzar. Y lo manifiesta, sobre todo, desde la exhibición de la eficiencia, no desde la santificación de un dogma alternativo con vocación irradiadora de alcance global.

La argamasa que moldea la China de Xi viene conformada por dichas tres corrientes: la fundacional, la histórica y la cultural. A la postre, el PCCh no ha podido evitar dejarse influir por la fuerza de la cultura de su propio país. Ahí está el Instituto Confucio como mascarón de proa de su poder blando tras desatar, una tras otra, campañas ideológicas en su contra. No sorprende incluso que se llegue a defender la planificación económica atendiendo a la inspiración confuciana y huyendo de la lógica soviética.

La conjugación de estos factores define tanto el ritmo y orientación de su transformación interna como su papel en el mundo. Cuando Joseph Needham trataba de explicar la imposibilidad del nacimiento de la ciencia moderna en la China imperial centró su atención en la eficaz actuación de una burocracia confuciana que organizó el país creando un marco general de estabilidad e impidiendo la emergencia de una clase mercantil que compitiese con su hegemonía. Es lo mismo que hoy practica el PCCh a respecto de ese entorno que pulula alrededor de los sectores emergentes, impidiéndoles el asalto a un Estado que defiende a capa y espada como última garantía de un rumbo alternativo. El estricto control de la economía por parte del aparato del Partido tiene fuertes reminiscencias en la ideología imperial.

Por otra parte, lo queramos o no, el gigantismo chino hace inevitable la reestructuración del orden mundial. Hay quien ve en ello un propósito de revancha o quizá esa interpretación es mero producto de nuestra mala conciencia. En cualquier caso, acabamos de ser testigos de una importante inflexión. Del discurso de China campeona de la mundialización frente al unilateralismo y el proteccionismo de EEUU hemos pasado en un santiamén a las loas a la autosuficiencia económica y tecnológica para resistir las presiones occidentales. China se enroca para defender su soberanía y el derecho a transitar por una senda propia.

Este nuevo rumbo deja más en claro si cabe que no aspira a expandir su modelo, por lo demás difícilmente comprensible para terceros, ambiguo en muchas cuestiones y fuertemente impregnado de una cultura de escasa proyección global. Trasplantar mecánicamente valores del sistema político chino a Occidente no funcionaría como tampoco está claro que puedan funcionar sin más los valores políticos occidentales en China. En las experiencias históricas recientes en estos empeños predominan más los fracasos que los aciertos y, sobre todo, las tragedias.

Ahora, como consecuencia de la pandemia y las tensiones globales liderada por unos Estados Unidos temerosos de verse ultrapasados, el nuevo patrón de desarrollo que presidirá el impulso económico chino en los próximos años sugiere tomar distancias de un exterior en el que crece la hostilidad. Y no es probable que eso cambie con la nueva presidencia de Joe Biden.

Por Xulio Ríos | 16/11/2020

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

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Eduardo Cifuentes

La revelación se conoció en una conferencia virtual organizada por la Universidad Nacional de Colombia sobre la implementación de los acuerdos de paz en el país, “Balance de la implementación del Acuerdo de Paz”.

 

El presidente de la Jurisdicción Especial para la Paz, Eduardo Cifuentes, aseguró, este jueves 12 de noviembre, en un diálogo sobre la implementación de los acuerdos de paz, que se presentará una moción para que la Sala de Reconocimiento del Tribunal establezca como un macrocaso el desplazamiento forzado en el país.

En una conferencia virtual organizada por la Universidad Nacional de Colombia sobre la implementación de los acuerdos de paz en el país, “Balance de la implementación del Acuerdo de Paz”, el recién posesionado presidente de la JEP anunció que un grupo especializado está preparando una moción para establecer este delito como un macrocaso en el Tribunal de Paz.

 “El desplazamiento será un macrocaso definitivamente en la JEP, es imposible que un crimen que da cuenta del 90% de las víctimas del conflicto armado en el país no lo sea”, aseguró Cifuentes en la intervención.

De igual forma, aseguró que ya se inició un examen minucioso con el apoyo de expertos y organizaciones de la sociedad civil con la intención de preparar y hacer esta moción, en el sentido que la Sala de Reconocimiento lo seleccione.

“Indefectiblemente la Jurisdicción Especial tiene que abrir ese macrocaso sobre el desplazamiento, eso es absolutamente claro”, indicó el presidente de la JEP.

De igual forma, Cifuentes mencionó que los macrocasos que lleva la Jurisdicción Especial ofrecen una “dosis de realismo” para determinar diferentes posibilidades de llegar a una verdad aceptad,a y que permita “convocar emociones” para lograr una conciliación.

Por último, mencionó en su intervención que lo más posible es que en el futuro se deban reorganizar los macrocasos, con la intención de unificarlos en relación a cada uno de los actores armados, para “capturar más verdad” y simplificar los procesos que pongan en marcha el tribunal.

En la conferencia participaron el presidente de la Comisión de la Verdad, el sacerdote jesuita Francisco de Roux; la directora de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, Luz Marina Monzón; y el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, Hernando Torres Corredor.

El encuentro fue un espacio de diálogo y reflexión sobre la implementación de los acuerdos de paz, sus mayores retos desde las experiencias particulares de las entidades representadas y los objetivos planteados en proyección a los diferentes desafíos en su ejercicio durante este proceso.

“La Unidad de Búsqueda es uno de los organismos menos conocidos dentro del sistema integral y la búsqueda de los desaparecidos y los desaparecidos no son el tema que esté a la mano y presente en lo que ha sido el rastro y la huella del conflicto armado en Colombia”, afirmó en su intervención Luz Marina Monzón.

Monzón hizo un balance de la entidad encargada de uno de los delitos más comunes en el conflicto armado colombiano que se presentó en todas las regiones del país y que sigue afectando a los familiares de las víctimas, que buscan alivio con la entrega de los restos de sus seres queridos.

Por su parte, el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, indicó que es fundamental, más allá de la verdad de la Justicia Transicional, la comprensión de lo que le había sucedido al país a través del sentir de las víctimas.

“No se esperen que nosotros vamos a dar una verdad final, afortunadamente no existe, y mucho menos una verdad estatal que sería la cosa más espantosa que se dijera, que es una verdad del Estado porque somos una institución del Estado”, dijo De Roux en su intervención.

12 de Noviembre de 2020

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La estatua de Mary Wollstonecraft 'Madre del feminismo' de la artista Maggi Hambling, en Newington Green, Londres.  — Paul Childs / REUTERS

Mary Wollstonecraft, autodidacta inglesa, feminista, pensadora y defensora de la Revolución francesa, publicó los 'Derechos del Hombre y de la Mujer' poniendo la educación al centro de la igualdad de género. Se adelantó a sufragistas y filósofos.

 

Nadie sabe qué pensaría Mary Wollstonecraft (1759-1797) del lío que se ha armado con la inauguración, en su merecido honor, de la estatua de una mujer desnuda en un parque del norte de Londres, donde ella y un grupo de mujeres abrieron una escuela para educar a niños y niñas con igualdad en 1780. Por entonces tenía 21 años, trabajaba de asistenta en Bath pero tuvo que regresar a Londres para cuidar de su madre moribunda y de sus hermanos (era la segunda de siete). El padre, empobrecido y violento, descargaba en su familia los efectos del fracaso de sus negocios y el exceso de la bebida.

Mary aprendió sola a leer, a escribir, francés y alemán y atendía charlas o conferencias a las que tenía acceso a través de familias conocidas. El experimento educativo de 1780 y su aspiración a ser profesora se torcieron; se fue a Irlanda para trabajar de niñera en una familia acomodada.

Regresó a Londres en 1787 con el objetivo de hacerse escritora. "Seré la primera de un nuevo género", escribió a una de sus hermanas. El editor Joseph Johnson le proveyó trabajo de traductora del francés y del alemán y con él empezó a publicar sus propias obras; tradujo Of the Importance of Religious Opinions y Elements of Morality, for the Use of Children.

La experiencia en Irlanda brotó en 1788 en Original Stories from Real Life como la muerte de una amiga surgió en la novela Mary: A Fiction.

La educación de las niñas para que, de mayores, sean iguales a los hombres era al centro de su pensamiento y discusiones. Publicó en 1790 Vindication of the Rights of Men en respuesta a los críticos ingleses de la Revolución francesa. Este fue el texto que la dio a conocer como pensadora, escritora y filosofa.

Se hizo famosa como teórica de los derechos sociales y políticos, en lugar de naturales, de las personas. Se profesionalizó. Durante este tiempo en Londres se enamoró del artista casado Henry Fuseli con el que estaba dispuesta a vivir en un triangulo amoroso que escandalizó a la esposa de Fuseli. Mary, rechazada, optó por irse a París a ver y defender en persona la Revolución de la que tanto se hablaba en Inglaterra.

En 1892, a los 33 años, publicó Vindication of the Rights of Women, que con el de los hombres se convirtió en una especie de precursora de los Derechos Humanos antes que estos adquiriesen el término contemporáneo.

En Francia se incorporó al grupo de ingleses revolucionarios, entre ellos Helen Maria Williams, en un periodo de convulsión revolucionaria entre girondinos y jacobinos, y la guillotina y el terror como arma contra los opositores. Vio como Luís XVI era conducido a la Asamblea Nacional para ser juzgado.

En París se enamoró del revolucionario americano Gilbert Imlay con el que tuvo una hija, Fanny Imlay, nacida en mayo de 1794. Mary escribía a sus hermanas identificándose como  "señora Imlay" pretendiendo ser parte de un matrimonio que no existía.

El invierno de 1794-95, el que congeló el río Sena, pilló a Mary sola con su bebé mientras publicaba su análisis de la revolución y defendía el orden social basado en la razón en el que deberían vivir los hombres y mujeres en igualdad.

En abril de 1795 Mary llegó a Londres en busca de Gilbert, viajó a Suecia, Noruega y Dinamarca publicando cartas de estos países que han venido a ser un pionero libro de viajes.

El rechazo de Gilbert a formar la familia que ella deseaba la llevó a dos intentos de suicidio hasta que el círculo literario del editor Joseph Johnson, de nuevo, y las escritoras Mary Hays, Elizabeth Inchbald y Sarah Siddons la acogieron en el grupo en el que conoció a William Godwin; se casaron en marzo de 1797 y en agosto nació su segunda hija, Mary, que con el tiempo se convertiría en Mary Shelley, autora de un libro tan conocido como Frankestein, publicado en 1818.

A raíz del parto, Mary sufrió una infección de placenta que la llevó a la muerte con 38 años, a los pocos días de ser madre por segunda vez; la primera reconocida socialmente como legítima. Un concepto, el de la legitimidad, que ella disputa, pero al que se aviene en su relación con su primer marido. Godwin defendía la abolición del matrimonio, sin embargo, escribió emotivas y elaboradas razones para justificar su cambio de opinión.

El viudo de Mary Wollstonecraft publicó Memoir al año siguiente, en 1798, del fallecimiento de ella, la biografía de la mujer que vivió contra las normas de su tiempo.

Transcurrió tiempo para que las sufragistas pusieran de nuevo el énfasis en la educación de las mujeres para votar por sus propias convicciones, y más tiempo para que el feminismo rescatara a la escritora y filosofa revolucionaria que ahora vuelve a escandalizar con motivo de una estatua en su honor.

La escultora Maggi Hambling defiende la figura plateada de un conjunto de formas femeninas de las que emerge una mujer desnuda como un homenaje a lo esencial en Mary (sus ideas) y lo que comparte con todas las mujeres. "Si se la viste, se le añaden elementos que la diferencian de otras mujeres; es un homenaje a ella; no una representación de ella", ha explicado la artista a la BBC.

Otras mujeres, en cambio, aducen que no se identifican con la imagen ni con los valores ideológicos que representa la feminista y precursora de los Derechos Humanos en la figura que surge desnuda en el parque donde Mary en su día fracasó como profesora y triunfó como pensadora.

12/11/2020 10:07 Actualizado: 13/11/2020 07:15

 

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Denuncian que la Fiscalía y el Centro de Memoria Histórica están ocultado las cifras de desaparecidos en Colombia

Al parecer, se perdieron 13 años de información sobre el número de víctimas por desaparición forzada.

 

El equipo de Desaparicion forzada.Co denunció que la Fiscalía General de la Nación y el Centro de Memoria Histórica borraron 13 años de información sobre el número de víctimas de desaparición forzada en Colombia, pues pasaron de contabilizar 98.930 víctimas a solo 34.978.

Dentro del seguimiento que desde esta organización hacen a cada una de las bases de datos registradas en Medicina Legal, la Unidad de Víctimas, la Fiscalía y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se dieron cuenta que hubo “una manipulación evidente de los datos por parte de estas dos últimas entidades”, así dice la denuncia compartida. Además, confirmaron que la cifra fue alterada cuando Centro Memoria publicó en sus redes que son 76.320 víctimas de este delito, datos que no concuerdan con ninguno de sus informes.

Para los investigadores de Desaparicionforzada.co, la Fiscalía redujo los datos abiertos al público, que se publican de manera mensual en el portal Datos Abiertos de Colombia desde agosto de 2018. Lo curioso es que para abril del 2020 se registraron 98.930 víctimas de desaparición forzada desde 1997 y ahora la cifra, en noviembre de 2020, se reduce significativamente, “justo antes de superar la barrera de los 100 mil casos, la Fiscalía cambió el rango temporal y ahora solo informa de los casos entre 2010 y 2020, por lo que la cifra de víctimas pasó a 34.978 en octubre de 2020”, aseguran en la denuncia.

Según Erik Arellana, uno de los investigadores de Desaparicionforzada.co, la Fiscalía borró de una base pública y de consulta de trece años de información, “esto significa un interés de desaparecer a los desaparecidos, una revictimización hacia las familias que llevan en la búsqueda de sus seres queridos por décadas”, confirmó el Arellana en un comunicado¿.

Por su parte, Federico Andreu, abogado y defensor de derechos humanos declaró, en el comunicado enviado por Desapariciónforzada.co, que no es la primera vez que la Fiscalía juega con los números. “Lo ha manejado siempre muy políticamente. Esto tiene una consecuencia gravísima porque invisibiliza la magnitud del fenómeno de la desaparición forzada en el país”.

Hasta el momento se tiene claro que el Centro de Memoria Histórica no contó 4.152 registros de personas desaparecidas, según ellos, porque no estaban en el rango de fechas de su último informe. “No se contó el equivalente al 5.1% del total de las víctimas de desaparición forzada, debido a que la fuente del hecho no suministra o desconoce la fecha de ocurrencia de los mismos. Lo anterior no quiere decir que estos casos se hayan borrado. Por el contrario, toda la información recopilada desde 1958 hasta 2018, que contiene 80.472 víctimas” confirmó el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Sin embargo, no hay una explicaron concreta de por qué estas entidades decidieron presentar una cifra distinta de desaparecidos.

10 de Noviembre de 2020

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Martes, 10 Noviembre 2020 06:31

El nuevo capataz

El nuevo capataz

¿Quién ocupaba la Casa Blanca el 15 de abril de 1961, cuando Estados Unidos intentó invadir Cuba?

¿Quién comandó “la más importante de las operaciones secretas de toda la historia de Estados Unidos”, como la califica Cuba Debate?

¿Quién alentó a la CIA a poner en marcha “una fuerza mercenaria organizada, financiada y armada por el gobierno de los Estados Unidos, proveniente de Guatemala y de la Florida”?

“La verdad es que ningún otro presidente le dio tanta importancia a la CIA como Kennedy constatarúa el ex director de la CIA William Colby en sus Memorias” (https://bit.ly/2JShRtp).

Fracasada la invasión en los combates en las arenas de Playa Girón, gracias al compromiso y la sangre de miles de cubanos, el clan Kennedy se dedicó a preparar nuevas invasiones a la isla revolucionaria, estableciendo en Miami la estación de la CIA más grande e importante del mundo.

Podríamos seguir hablando de John Kennedy a propósito, por ejemplo de la “crisis de los misiles” soviéticos en Cuba, o de la escalada en la presencia militar estadounidense en Vietnam. En los casi tres años que ocupó la presidencia, se registró un aumento exponencial de EEUU en el país asiático, pasando de varios centenares a 16 mil efectivos, lanzando una guerra que años después tocaría su apogeo. Kennedy también fue el creador del Cuerpo de Paz para acoger voluntarios dispuestos a “ayudar” a los países del tercer mundo.

John Kennedy pasaba por ser un hombre moderno, joven, un ícono de las aspiraciones de la juventud estadounidense de la época, pero también de la minoría negra. Era demócrata y ese partido siempre fue identificado como progresista, al lado claro de los republicanos.

Lo anterior, para colocar al futuro presidente Joe Biden en su justo lugar.

Recomiendo la lectura de un informe de la revista digital Rampant, de izquierda socialista, que comienza recordando que “Joe Biden no es solo un leal soldado del neoliberalismo, ha sido el arquitecto de gran parte del panorama político infernal de hoy” (https://bit.ly/2IjrtwR).

En la década de 1970, Biden “lideró la lucha contra la eliminación de la segregación en las escuelas”, siendo “el único miembro del Comité Judicial del Senado que bloqueó a dos personas negras designadas para el Departamento de Justicia”.
Según la publicación, “Biden votó en contra de la abolición del anacrónico y antidemocrático Colegio Electoral, una reliquia de la esclavitud, que instaló de manera antidemocrática tanto a Bush como a Trump”.

En la década de 1980, Biden se destacó por sus campañas contra el derecho al aborto y fue “uno de los arquitectos originales de la desastrosa Guerra contra las Drogas”. Defendió a los segregacionistas y supremacistas blancos, apoyó las reformas impositivas retrógradas de Reagan para favorecer a los ricos, mientras “abogó por recortes en la seguridad social”

En la década de 1990, Biden “se opuso a la igualdad de derechos para la comunidad LGBTQ”, fue diseñador del Plan Colombia, apoyó la desregulación del sistema financiero que facilitó la brutal concentración de riqueza y, según varios medios, realizó acoso a mujeres.

En los 2000 votó a favor de la Ley Patriota, apoyó la guerra en Irak, apoyó el apartheid y la limpieza étnica en Palestina. Se opone al servicio de salud Medicare para todos los estadounidenses, a la legalización de la marihuana y apoya las sanciones de Venezuela.

Los datos están ahí, y cada quien es libre de aceptarlos o rechazarlos, aunque creo que no admiten discusión.

Pensar que Biden es mejor que el fascista de Trump, es siempre una opción que, además, nos ayuda a sentirnos mejor. Algo tal vez necesario en estos momentos de pandemia y militarización crecientes.

Pero es una opción totalmente alejada de la realidad. De Barack Obama se dijo algo similar a lo que se decía de Kennedy, por el simple hecho de que en vez de ladrar, como Trump, sonríe, y es afrodescendiente. Bajo la presidencia de Obama se pergeñaron los golpes contra Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, se dinamitó la “primavera árabe”, se produjeron los bombardeos israelíes sobre la franja de Gaza con más de 400 niños muertos y 2.400 heridos y EEUU apoyó activamente el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi, el primer jefe de Estado egipcio surgido de elecciones. Faltan Libia, Siria y la brutal guerra en Yemen, entre otras agresiones.

Me sorprende lo fácil que es engañarnos ante la acumulación de evidencias. Si calificamos a Trump como fascista, ¿qué diríamos de Biden? ¿Y de Obama?

Mientras sigamos creyendo que alcanza con cambiar de mandones, seguiremos siendo prisioneros de los finqueros, que esos no cambian a menos que los expulsemos, recuperando la hacienda.

9 noviembre 2020

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Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

Publicado enSociedad
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