Eduardo Cifuentes

La revelación se conoció en una conferencia virtual organizada por la Universidad Nacional de Colombia sobre la implementación de los acuerdos de paz en el país, “Balance de la implementación del Acuerdo de Paz”.

 

El presidente de la Jurisdicción Especial para la Paz, Eduardo Cifuentes, aseguró, este jueves 12 de noviembre, en un diálogo sobre la implementación de los acuerdos de paz, que se presentará una moción para que la Sala de Reconocimiento del Tribunal establezca como un macrocaso el desplazamiento forzado en el país.

En una conferencia virtual organizada por la Universidad Nacional de Colombia sobre la implementación de los acuerdos de paz en el país, “Balance de la implementación del Acuerdo de Paz”, el recién posesionado presidente de la JEP anunció que un grupo especializado está preparando una moción para establecer este delito como un macrocaso en el Tribunal de Paz.

 “El desplazamiento será un macrocaso definitivamente en la JEP, es imposible que un crimen que da cuenta del 90% de las víctimas del conflicto armado en el país no lo sea”, aseguró Cifuentes en la intervención.

De igual forma, aseguró que ya se inició un examen minucioso con el apoyo de expertos y organizaciones de la sociedad civil con la intención de preparar y hacer esta moción, en el sentido que la Sala de Reconocimiento lo seleccione.

“Indefectiblemente la Jurisdicción Especial tiene que abrir ese macrocaso sobre el desplazamiento, eso es absolutamente claro”, indicó el presidente de la JEP.

De igual forma, Cifuentes mencionó que los macrocasos que lleva la Jurisdicción Especial ofrecen una “dosis de realismo” para determinar diferentes posibilidades de llegar a una verdad aceptad,a y que permita “convocar emociones” para lograr una conciliación.

Por último, mencionó en su intervención que lo más posible es que en el futuro se deban reorganizar los macrocasos, con la intención de unificarlos en relación a cada uno de los actores armados, para “capturar más verdad” y simplificar los procesos que pongan en marcha el tribunal.

En la conferencia participaron el presidente de la Comisión de la Verdad, el sacerdote jesuita Francisco de Roux; la directora de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, Luz Marina Monzón; y el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, Hernando Torres Corredor.

El encuentro fue un espacio de diálogo y reflexión sobre la implementación de los acuerdos de paz, sus mayores retos desde las experiencias particulares de las entidades representadas y los objetivos planteados en proyección a los diferentes desafíos en su ejercicio durante este proceso.

“La Unidad de Búsqueda es uno de los organismos menos conocidos dentro del sistema integral y la búsqueda de los desaparecidos y los desaparecidos no son el tema que esté a la mano y presente en lo que ha sido el rastro y la huella del conflicto armado en Colombia”, afirmó en su intervención Luz Marina Monzón.

Monzón hizo un balance de la entidad encargada de uno de los delitos más comunes en el conflicto armado colombiano que se presentó en todas las regiones del país y que sigue afectando a los familiares de las víctimas, que buscan alivio con la entrega de los restos de sus seres queridos.

Por su parte, el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, indicó que es fundamental, más allá de la verdad de la Justicia Transicional, la comprensión de lo que le había sucedido al país a través del sentir de las víctimas.

“No se esperen que nosotros vamos a dar una verdad final, afortunadamente no existe, y mucho menos una verdad estatal que sería la cosa más espantosa que se dijera, que es una verdad del Estado porque somos una institución del Estado”, dijo De Roux en su intervención.

12 de Noviembre de 2020

Publicado enColombia
La estatua de Mary Wollstonecraft 'Madre del feminismo' de la artista Maggi Hambling, en Newington Green, Londres.  — Paul Childs / REUTERS

Mary Wollstonecraft, autodidacta inglesa, feminista, pensadora y defensora de la Revolución francesa, publicó los 'Derechos del Hombre y de la Mujer' poniendo la educación al centro de la igualdad de género. Se adelantó a sufragistas y filósofos.

 

Nadie sabe qué pensaría Mary Wollstonecraft (1759-1797) del lío que se ha armado con la inauguración, en su merecido honor, de la estatua de una mujer desnuda en un parque del norte de Londres, donde ella y un grupo de mujeres abrieron una escuela para educar a niños y niñas con igualdad en 1780. Por entonces tenía 21 años, trabajaba de asistenta en Bath pero tuvo que regresar a Londres para cuidar de su madre moribunda y de sus hermanos (era la segunda de siete). El padre, empobrecido y violento, descargaba en su familia los efectos del fracaso de sus negocios y el exceso de la bebida.

Mary aprendió sola a leer, a escribir, francés y alemán y atendía charlas o conferencias a las que tenía acceso a través de familias conocidas. El experimento educativo de 1780 y su aspiración a ser profesora se torcieron; se fue a Irlanda para trabajar de niñera en una familia acomodada.

Regresó a Londres en 1787 con el objetivo de hacerse escritora. "Seré la primera de un nuevo género", escribió a una de sus hermanas. El editor Joseph Johnson le proveyó trabajo de traductora del francés y del alemán y con él empezó a publicar sus propias obras; tradujo Of the Importance of Religious Opinions y Elements of Morality, for the Use of Children.

La experiencia en Irlanda brotó en 1788 en Original Stories from Real Life como la muerte de una amiga surgió en la novela Mary: A Fiction.

La educación de las niñas para que, de mayores, sean iguales a los hombres era al centro de su pensamiento y discusiones. Publicó en 1790 Vindication of the Rights of Men en respuesta a los críticos ingleses de la Revolución francesa. Este fue el texto que la dio a conocer como pensadora, escritora y filosofa.

Se hizo famosa como teórica de los derechos sociales y políticos, en lugar de naturales, de las personas. Se profesionalizó. Durante este tiempo en Londres se enamoró del artista casado Henry Fuseli con el que estaba dispuesta a vivir en un triangulo amoroso que escandalizó a la esposa de Fuseli. Mary, rechazada, optó por irse a París a ver y defender en persona la Revolución de la que tanto se hablaba en Inglaterra.

En 1892, a los 33 años, publicó Vindication of the Rights of Women, que con el de los hombres se convirtió en una especie de precursora de los Derechos Humanos antes que estos adquiriesen el término contemporáneo.

En Francia se incorporó al grupo de ingleses revolucionarios, entre ellos Helen Maria Williams, en un periodo de convulsión revolucionaria entre girondinos y jacobinos, y la guillotina y el terror como arma contra los opositores. Vio como Luís XVI era conducido a la Asamblea Nacional para ser juzgado.

En París se enamoró del revolucionario americano Gilbert Imlay con el que tuvo una hija, Fanny Imlay, nacida en mayo de 1794. Mary escribía a sus hermanas identificándose como  "señora Imlay" pretendiendo ser parte de un matrimonio que no existía.

El invierno de 1794-95, el que congeló el río Sena, pilló a Mary sola con su bebé mientras publicaba su análisis de la revolución y defendía el orden social basado en la razón en el que deberían vivir los hombres y mujeres en igualdad.

En abril de 1795 Mary llegó a Londres en busca de Gilbert, viajó a Suecia, Noruega y Dinamarca publicando cartas de estos países que han venido a ser un pionero libro de viajes.

El rechazo de Gilbert a formar la familia que ella deseaba la llevó a dos intentos de suicidio hasta que el círculo literario del editor Joseph Johnson, de nuevo, y las escritoras Mary Hays, Elizabeth Inchbald y Sarah Siddons la acogieron en el grupo en el que conoció a William Godwin; se casaron en marzo de 1797 y en agosto nació su segunda hija, Mary, que con el tiempo se convertiría en Mary Shelley, autora de un libro tan conocido como Frankestein, publicado en 1818.

A raíz del parto, Mary sufrió una infección de placenta que la llevó a la muerte con 38 años, a los pocos días de ser madre por segunda vez; la primera reconocida socialmente como legítima. Un concepto, el de la legitimidad, que ella disputa, pero al que se aviene en su relación con su primer marido. Godwin defendía la abolición del matrimonio, sin embargo, escribió emotivas y elaboradas razones para justificar su cambio de opinión.

El viudo de Mary Wollstonecraft publicó Memoir al año siguiente, en 1798, del fallecimiento de ella, la biografía de la mujer que vivió contra las normas de su tiempo.

Transcurrió tiempo para que las sufragistas pusieran de nuevo el énfasis en la educación de las mujeres para votar por sus propias convicciones, y más tiempo para que el feminismo rescatara a la escritora y filosofa revolucionaria que ahora vuelve a escandalizar con motivo de una estatua en su honor.

La escultora Maggi Hambling defiende la figura plateada de un conjunto de formas femeninas de las que emerge una mujer desnuda como un homenaje a lo esencial en Mary (sus ideas) y lo que comparte con todas las mujeres. "Si se la viste, se le añaden elementos que la diferencian de otras mujeres; es un homenaje a ella; no una representación de ella", ha explicado la artista a la BBC.

Otras mujeres, en cambio, aducen que no se identifican con la imagen ni con los valores ideológicos que representa la feminista y precursora de los Derechos Humanos en la figura que surge desnuda en el parque donde Mary en su día fracasó como profesora y triunfó como pensadora.

12/11/2020 10:07 Actualizado: 13/11/2020 07:15

 

Publicado enCultura
Denuncian que la Fiscalía y el Centro de Memoria Histórica están ocultado las cifras de desaparecidos en Colombia

Al parecer, se perdieron 13 años de información sobre el número de víctimas por desaparición forzada.

 

El equipo de Desaparicion forzada.Co denunció que la Fiscalía General de la Nación y el Centro de Memoria Histórica borraron 13 años de información sobre el número de víctimas de desaparición forzada en Colombia, pues pasaron de contabilizar 98.930 víctimas a solo 34.978.

Dentro del seguimiento que desde esta organización hacen a cada una de las bases de datos registradas en Medicina Legal, la Unidad de Víctimas, la Fiscalía y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se dieron cuenta que hubo “una manipulación evidente de los datos por parte de estas dos últimas entidades”, así dice la denuncia compartida. Además, confirmaron que la cifra fue alterada cuando Centro Memoria publicó en sus redes que son 76.320 víctimas de este delito, datos que no concuerdan con ninguno de sus informes.

Para los investigadores de Desaparicionforzada.co, la Fiscalía redujo los datos abiertos al público, que se publican de manera mensual en el portal Datos Abiertos de Colombia desde agosto de 2018. Lo curioso es que para abril del 2020 se registraron 98.930 víctimas de desaparición forzada desde 1997 y ahora la cifra, en noviembre de 2020, se reduce significativamente, “justo antes de superar la barrera de los 100 mil casos, la Fiscalía cambió el rango temporal y ahora solo informa de los casos entre 2010 y 2020, por lo que la cifra de víctimas pasó a 34.978 en octubre de 2020”, aseguran en la denuncia.

Según Erik Arellana, uno de los investigadores de Desaparicionforzada.co, la Fiscalía borró de una base pública y de consulta de trece años de información, “esto significa un interés de desaparecer a los desaparecidos, una revictimización hacia las familias que llevan en la búsqueda de sus seres queridos por décadas”, confirmó el Arellana en un comunicado¿.

Por su parte, Federico Andreu, abogado y defensor de derechos humanos declaró, en el comunicado enviado por Desapariciónforzada.co, que no es la primera vez que la Fiscalía juega con los números. “Lo ha manejado siempre muy políticamente. Esto tiene una consecuencia gravísima porque invisibiliza la magnitud del fenómeno de la desaparición forzada en el país”.

Hasta el momento se tiene claro que el Centro de Memoria Histórica no contó 4.152 registros de personas desaparecidas, según ellos, porque no estaban en el rango de fechas de su último informe. “No se contó el equivalente al 5.1% del total de las víctimas de desaparición forzada, debido a que la fuente del hecho no suministra o desconoce la fecha de ocurrencia de los mismos. Lo anterior no quiere decir que estos casos se hayan borrado. Por el contrario, toda la información recopilada desde 1958 hasta 2018, que contiene 80.472 víctimas” confirmó el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Sin embargo, no hay una explicaron concreta de por qué estas entidades decidieron presentar una cifra distinta de desaparecidos.

10 de Noviembre de 2020

Publicado enColombia
Martes, 10 Noviembre 2020 06:31

El nuevo capataz

El nuevo capataz

¿Quién ocupaba la Casa Blanca el 15 de abril de 1961, cuando Estados Unidos intentó invadir Cuba?

¿Quién comandó “la más importante de las operaciones secretas de toda la historia de Estados Unidos”, como la califica Cuba Debate?

¿Quién alentó a la CIA a poner en marcha “una fuerza mercenaria organizada, financiada y armada por el gobierno de los Estados Unidos, proveniente de Guatemala y de la Florida”?

“La verdad es que ningún otro presidente le dio tanta importancia a la CIA como Kennedy constatarúa el ex director de la CIA William Colby en sus Memorias” (https://bit.ly/2JShRtp).

Fracasada la invasión en los combates en las arenas de Playa Girón, gracias al compromiso y la sangre de miles de cubanos, el clan Kennedy se dedicó a preparar nuevas invasiones a la isla revolucionaria, estableciendo en Miami la estación de la CIA más grande e importante del mundo.

Podríamos seguir hablando de John Kennedy a propósito, por ejemplo de la “crisis de los misiles” soviéticos en Cuba, o de la escalada en la presencia militar estadounidense en Vietnam. En los casi tres años que ocupó la presidencia, se registró un aumento exponencial de EEUU en el país asiático, pasando de varios centenares a 16 mil efectivos, lanzando una guerra que años después tocaría su apogeo. Kennedy también fue el creador del Cuerpo de Paz para acoger voluntarios dispuestos a “ayudar” a los países del tercer mundo.

John Kennedy pasaba por ser un hombre moderno, joven, un ícono de las aspiraciones de la juventud estadounidense de la época, pero también de la minoría negra. Era demócrata y ese partido siempre fue identificado como progresista, al lado claro de los republicanos.

Lo anterior, para colocar al futuro presidente Joe Biden en su justo lugar.

Recomiendo la lectura de un informe de la revista digital Rampant, de izquierda socialista, que comienza recordando que “Joe Biden no es solo un leal soldado del neoliberalismo, ha sido el arquitecto de gran parte del panorama político infernal de hoy” (https://bit.ly/2IjrtwR).

En la década de 1970, Biden “lideró la lucha contra la eliminación de la segregación en las escuelas”, siendo “el único miembro del Comité Judicial del Senado que bloqueó a dos personas negras designadas para el Departamento de Justicia”.
Según la publicación, “Biden votó en contra de la abolición del anacrónico y antidemocrático Colegio Electoral, una reliquia de la esclavitud, que instaló de manera antidemocrática tanto a Bush como a Trump”.

En la década de 1980, Biden se destacó por sus campañas contra el derecho al aborto y fue “uno de los arquitectos originales de la desastrosa Guerra contra las Drogas”. Defendió a los segregacionistas y supremacistas blancos, apoyó las reformas impositivas retrógradas de Reagan para favorecer a los ricos, mientras “abogó por recortes en la seguridad social”

En la década de 1990, Biden “se opuso a la igualdad de derechos para la comunidad LGBTQ”, fue diseñador del Plan Colombia, apoyó la desregulación del sistema financiero que facilitó la brutal concentración de riqueza y, según varios medios, realizó acoso a mujeres.

En los 2000 votó a favor de la Ley Patriota, apoyó la guerra en Irak, apoyó el apartheid y la limpieza étnica en Palestina. Se opone al servicio de salud Medicare para todos los estadounidenses, a la legalización de la marihuana y apoya las sanciones de Venezuela.

Los datos están ahí, y cada quien es libre de aceptarlos o rechazarlos, aunque creo que no admiten discusión.

Pensar que Biden es mejor que el fascista de Trump, es siempre una opción que, además, nos ayuda a sentirnos mejor. Algo tal vez necesario en estos momentos de pandemia y militarización crecientes.

Pero es una opción totalmente alejada de la realidad. De Barack Obama se dijo algo similar a lo que se decía de Kennedy, por el simple hecho de que en vez de ladrar, como Trump, sonríe, y es afrodescendiente. Bajo la presidencia de Obama se pergeñaron los golpes contra Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, se dinamitó la “primavera árabe”, se produjeron los bombardeos israelíes sobre la franja de Gaza con más de 400 niños muertos y 2.400 heridos y EEUU apoyó activamente el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi, el primer jefe de Estado egipcio surgido de elecciones. Faltan Libia, Siria y la brutal guerra en Yemen, entre otras agresiones.

Me sorprende lo fácil que es engañarnos ante la acumulación de evidencias. Si calificamos a Trump como fascista, ¿qué diríamos de Biden? ¿Y de Obama?

Mientras sigamos creyendo que alcanza con cambiar de mandones, seguiremos siendo prisioneros de los finqueros, que esos no cambian a menos que los expulsemos, recuperando la hacienda.

9 noviembre 2020

Publicado enInternacional
Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

Publicado enSociedad
El jefe de las Fuerzas Armadas británicas advierte que la pandemia podría crear nuevas amenazas de seguridad en el mundo, incluso la guerra

Desde su punto de vista, la crisis económica derivada de la propagación del covid-19 podría contribuir a la escalada de varios conflictos regionales actuales.

 

La crisis económica mundial derivada de la pandemia del coronavirus podría provocar nuevas amenazas en la esfera de seguridad, incluso una guerra, declaró el general Nick Carter, el jefe del Estado Mayor de la Defensa del Reino Unido, en una entrevista concedida este domingo a Sky News. 

En el pasado las crisis económicas a veces coadyuvaron a generar conflictos armados, por lo que el general Carter se muestra preocupado por la posibilidad de que esto ocurra estos días, en el marco de la pandemia de covid-19. 

"Creo que estamos viviendo un momento en que el mundo es un lugar muy incierto e inquieto", señaló el alto funcionario de defensa. Desde el punto de vista del general, existe el riesgo de la escalada de varios conflictos regionales actuales, debido a "un error de cálculo". Explicó que por 'error de cálculo' entiende una situación en la que los protagonistas de los conflictos, quizá por desconocimiento de las implicaciones de sus acciones, conducen a una escalada, lo que conlleva la involucración de más gente y más armamento, y subrayó que es necesario tomar medidas de precaución para evitar tal extremo. 

El general Carter comparó la situación actual en la palestra internacional con los acontecimientos previos a las dos Guerras Mundiales. Opina que en aquel entonces "era indiscutible que hubo una escalada que llevó a un error de cálculo que finalmente condujo al nivel internacional". A su juicio, es importante recordar la historia para prevenir esta situación y, al mismo tiempo, ser "muy cauteloso" a la hora de gestionar los conflictos regionales de hoy.

Publicado: 8 nov 2020 20:56 GMT

Publicado enInternacional
Elecciones en Estados Unidos: el gatopardismo de Biden

Nadie duda de que cuatro años de gobierno de Donald Trump fueron catastróficos para América latina. Desde la aplicación de una Doctrina Monroe recargada, anunciada en febrero 2018 por el entonces canciller Rex Tillerson en la Universidad de Texas, hasta el golpe de estado en Bolivia en noviembre de 2020. Desde la desembozada injerencia para que Mauricio Macri fuera reelegido presidente de Argentina, hasta el permanente acoso a Venezuela, incluyendo el intento de magnicidio contra su presidente, Nicolás Maduro, el 4 de agosto de 2018.

Pero ¿un gobierno de Joseph Biden será menos perjudicial para América latina? Si se observan las decisiones nefastas que, durante casi 40 años de carrera, el demócrata adoptó contra los intereses de nuestra región, se concluye que no.

Durante la Guerra de Malvinas, como senador presentó ante el Congreso norteamericano la resolución de apoyo de EEUU al Reino Unido. Cuando una periodista de la CBS le preguntó si “el Senado estaba involucrándose más en el bando británico, Biden respondió sin titubear: “Mi resolución busca definir de qué lado estamos y ése lado es el británico. Los argentinos tienen que desechar la idea de que EEUU es neutral”. Justificó esa parcialidad citando el acuerdo de EEUU con la OTAN (abril de 1949) pero olvidó un pacto previo, firmado entre todas las naciones del continente casi dos años antes (septiembre de 1947), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que, en su artículo 3 dice claramente que “un ataque armado contra un Estado americano es considerado un ataque contra todos y en consecuencia el continente entero se compromete a ayudar”.

Hay abundantes pruebas del belicismo de Biden a lo largo de su extensísima carrera como senador (1973-2009). El caso más emblemático fue la guerra contra Irak en 2003, bajo el gobierno del republicano de George Bush Jr. En ese momento, los demócratas controlaban el Senado y según explica el columnista norteamericano, Mark Weisbrot, en The Guardian, “Biden hizo mucho más que simplemente votar a favor de la guerra”. “Como presidente de la comisión de relaciones exteriores del Senado, él debía elegir a los 18 expertos que analizarían el tema. Eligió todos a favor de la invasión y respaldó argumentos falsos como la existencia de armas de destrucción masiva y la presencia de Al Qaeda en Irak aunque el gobierno de Saddam Hussein era probadamente secular”. (https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/feb/17/joe-biden-role-iraq-war) Weisbrot concluye: “Biden debería explicar el rol que jugó en esa guerra desastrosa”.

En el sitito “The intercept”, John Washington analizó en detalle las políticas que, durante décadas, adoptó Biden para América latina y llegó a la conclusión de que difícilmente el demócrata vaya a revertir el daño que Trump hizo a la región. (https://theintercept.com/2020/04/18/trump-latin-america-foreign-policy-joe-biden/). Entre otras acciones ejecutadas por Biden, analiza el Plan Colombia (otro proyecto siniestro); sus vínculos con la DEA y sus presiones para que se aprobaran las reformas neoliberales en ese país.

En cuanto al tema de los migrantes, durante la campaña 2020, Biden se mostró dolido por los 545 niños, separados de sus padres, que siguen encerrados en las jaulas que mandó construir Barack Obama, cuando él era su vicepresidente. En 2014, no era tan compasivo. Según demuestra “The Intercept”, Biden se refirió públicamente a los nenes centroamericanos que estaban en la frontera méxico- norteamericana como “esa peligrosa oleada de inmigración”.

Por otra parte, hay que preguntarse si Biden, en el que caso de querer retomar la agenda en política exterior de Obama, está en capacidad de hacerlo. Aún en el caso de tener la correlación de fuerzas necesarias, parece difícil.

Trump asumió la presidencia de un imperio en declinación e intentó, como alternativa, un nuevo paradigma. Para eso, pegó un volantazo de 180 grados y encaró el cierre del ciclo abierto en 1945, cuando un EE.UU. victorioso construyó la arquitectura de un nuevo orden mundial que estructuró el mundo en las últimas siete décadas.

Hacia adentro y hacia afuera, Trump operó transformaciones profundas de difícil reversión. Sólo en política exterior rompió el acuerdo nuclear con Irán (según él “el peor de la historia de EE.UU.”); deshizo la aproximación con Cuba; rechazó el Acuerdo de París sobre cambio climático; se retiró de la UNESCO y rompió relaciones con la Organización Mundial de la Salud.

Una a una, Trump fue mellando las organizaciones internacionales de posguerra: sacudió los cimientos europeos de la OTAN (a diferencia de Biden se negó a apoyar la cláusula por la cual los socios de la organización se defienden mutuamente de agresiones externas); ninguneó el G7 y criticó fuertemente la inoperancia y burocracia de la ONU calificándola como “un club para pasársela bien”.

En el plano económico es tal vez donde el tsunami pegó más fuerte. Congeló los tratados económicos globalistas por considerarlos “horribles”; se retiró de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, entre EEUU y la Unión Europea); canceló el Transpacífico (TTP, acordado por Obama con 12 naciones) y reestructuró el acuerdo de libre comercio con Canadá y México. Alentó el Brexit y el quiebre de la Unión Europea. Dejó inoperante a la Organización Mundial del Comercio y en el Banco Interamericano de Desarrollo impuso, por primera vez, un presidente norteamericano.

En el plano diplomático y militar (sólo por nombrar algunos de los muchos cambios profundos) acordó con los talibanes en Afganistán y el Pentágono se está retirando tanto de allí como de Irak y Siria. Para Israel y Oriente Medio lanzó el polémico Acuerdo del Siglo para rediseñar la región. ¿Cómo volver atrás de todos esos cambios?

Biden asumirá como presidente de un país atravesado por diversas crisis internas, movilizaciones sociales que llegaron para quedarse y pérdida de liderazgo en un escenario internacional complejo. Esa es, tal vez, nuestra gran oportunidad. Aunque la naturaleza de las políticas demócratas no sea afín a nuestros intereses, esta coyuntura histórica puede ser la ocasión para retomar con entusiasmo nuestra agenda de integración y el destino que la Patria Grande se merece.

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La historia oculta de las clases sociales en Estados UnidosEntrevista a Nancy Isenberg

Nancy Isenberg, autora de White Trash, sostiene que en Estados Unidos «nadie quiere hablar de clases», que «las elites del sur han utilizado la estrategia de enfrentar a las clases pobres blancas con los afroamericanos» y analiza la histórica naturaleza clasista de la sociedad de un país que nunca fue realmente el de las oportunidades. Al mismo tiempo, hace una crítica de la representación que el ultramillonario Donald Trump pretende ejercer sobre la llamada «escoria blanca».

 

En su libro White Trash propone desmontar algunos de los mitos estadounidenses, empezando por el «sueño americano» de la «tierra de las oportunidades». ¿Cómo se forjó ese mito?

Parte del mito fue inventado en 1776; está conectado directamente con los orígenes del país. Estados Unidos rompió con Europa, que era vista como una tierra atrapada en el pasado: se la asociaba con la aristocracia y la monarquía. Se creó un sistema radicalmente nuevo que no reconocía el linaje de las élites. El problema es que Estados Unidos creó su propia aristocracia: en cierto sentido, nuestros presidentes se han convertido en una especie de figura real. Sobre todo ahora.

¿Cómo pudo mantenerse y tener tanto éxito este mito durante cuatro siglos?

Por un lado, los estadounidenses aman las nociones abstractas y, en ese sentido, este mito funciona perfectamente. Por otro, hay un gran desconocimiento de la historia: muchos estadounidenses conocen la historia popular que refuerza este mito. Lo que pasa es que el único momento en que tuvimos una clase media estable fue el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial: esto fue posible porque el gobierno intervino en la economía y fortaleció el Estado del bienestar. Hoy en día solo el 33% de los estadounidenses tiene un título universitario. ¿Cómo podemos decir que tenemos igualdad de oportunidades? ¿Cómo podemos sostener que existe la meritocracia? Está probado que la gente que va a las universidades, especialmente las de la Ivy League, proviene de familias ricas. Cuando dependes tanto de la riqueza de tu familia significa que estamos creando una nueva aristocracia. El mito de la igualdad de oportunidades no funciona para la gran mayoría de estadounidenses. Y este es un tema interesante porque el Partido Demócrata, que solía representar a los trabajadores, se ha convertido en el partido de las profesiones liberales. Trump se ha propuesto como el representante de una clase trabajadora inventada: en Estados Unidos, la clase trabajadora es en realidad mucho más diversa en términos raciales y de género. El mensaje de Trump está claramente dirigido a hombres blancos de clase media que tienen miedo a perder su estatus.

En su libro reivindica la urgencia de un análisis de clase en la historia de Estados Unidos.

Nadie aquí quiere hablar de clases sociales. El único momento en que se habló de clases fue durante la Gran Depresión en los años 30. Cuando tienes a un tercio de la población desempleada no puedes criticar a la gente por ser perezosa. El problema es que el mito de la «tierra de las oportunidades» se ha perpetuado, pero intento mostrar que la clase es una cuestión crucial en la historia de Estados Unidos.

¿Cómo es posible que se haya conseguido expulsar del relato nacional a los blancos pobres y negar la centralidad de la separación de clases durante cuatro siglos?

El mejor ejemplo es Thomas Jefferson. Prometió la conquista del oeste para que la gente pobre que vivía en la costa este pudiese empezar una nueva vida allí y tener su propia tierra. ¡Pero se trató sencillamente de movilidad física, no de movilidad social! De hecho, esas personas se mudaron hacia el oeste, pero a menudo no eran dueños de las tierras: en un segundo momento, venían los ricos especuladores y los echaban. Este es un retrato más preciso de cómo han funcionado las clases en la historia de Estados Unidos y no la imagen de que todos tienen sus oportunidades para conseguir el sueño americano. El otro gran problema se vincula con el sur del país, que siempre se ha basado en una economía agraria. Todos los estudios han puesto de relieve que las sociedades agrarias tienen mucha menos movilidad social que las sociedades comerciales. En 1776 había, de hecho, más movilidad social en Gran Bretaña que en Estados Unidos. Y, de hecho, el momento en que hubo más desigualdad fue durante la Confederación: querían crear una sociedad aún más elitista de la que ya existía en aquel entonces.

Leyendo su libro, uno se pregunta cómo es posible que esta «escoria blanca» no haya intentado organizarse para hacerse valer.

En algún momento lo ha intentado, como a finales del siglo XIX con el Partido del Pueblo, la primera versión del populismo o, sobre todo, en el ámbito de los sindicatos, aunque ahí también hubo siempre fracturas entre trabajadores cualificados y no cualificados. La cuestión es que, en general, las elites del sur de Estados Unidos han utilizado la estrategia de enfrentar a las clases pobres blancas con los afroamericanos. Han manipulado conscientemente los miedos de los blancos pobres. En el sur, además, se nota todavía la huella de la guerra civil. Muchos de los partidarios de Trump muestran una mentalidad típica del sur: no confían en el gobierno y no creen en la esfera pública. Es una consecuencia de ese «protégete a ti mismo pero no te preocupes de los demás», típico del sistema de las plantaciones. El trumpismo es ciertamente hijo del Tea Party, pero viene también de algo más profundo.

En el recorrido de los 400 años de historia estadounidense, pone de relieve la importancia de una serie de leitmotivs, como el que explicitó Thomas Jefferson cuando afirmó que «la naturaleza es la que asigna las clases» o los discursos eugenésicos de finales del siglo XIX. El fracaso social dependería pues de los defectos personales de los individuos. Da la impresión de que estos discursos existen todavía si tenemos en cuenta algunas declaraciones de los republicanos de los últimos años. ¿Entonces, nada ha cambiado?

Es bastante escalofriante, sí. Jefferson sostenía que la formación de una aristocracia natural –que debía sustituir a la aristocracia con linaje que venía de Europa– dependía de saber elegir a la mujer correcta. Sobre esto también se constituyó la eugenesia: nunca se admitirá, pero más que Alemania, los líderes mundiales en los estudios eugenésicos fueron Estados Unidos y Gran Bretaña. En el fondo, la idea de Jefferson y la eugenesia defienden lo mismo: eres lo que heredas. Piensa en el debate sobre si la homosexualidad se debe a cuestiones genéticas o culturales. O en la cuestión del aborto: ¡hay quien dice que tenemos el derecho de esterilizar a las mujeres pobres para que no pasen sus defectos a las futuras generaciones! La eugenesia sigue aún entre nosotros. Fíjate en los programas de citas online: cuando das tus informaciones a estas empresas les estás dando tu background social y educativo y te van emparejando según tu condición de clase. No es casualidad que la persona que creó en los aós 50 el primer programa de citas computerizado viniera de un sector que apoyaba la eugenesia. Lo que es irónico es que esto de la eugenesia se contrapone al otro gran mito estadounidense de que todos los individuos somos iguales.

Bill Clinton era un joven de familia pobre de Arkansas que, en 1992, se convirtió en presidente. Sarah Palin es una mujer de Alaska, perteneciente a la «escoria blanca», que fue nombrada candidata a la vicepresidencia en 2008. ¿Clinton y Palin representaron una revancha de la que define como «chatarra humana»?

El caso de Clinton es muy interesante: la gente se ha olvidado, pero los republicanos lo atacaron duramente llamándolo «escoria blanca», incluso con el escándalo de Monica Lewinsky. El padre de Clinton murió cuando era niño, su padre adoptivo era violento, pero él consiguió una beca y estudió en Yale: la suya fue una especie de historia de éxito para alguien que venía de una familia pobre. Cuando se presentó a las elecciones, lo que hizo fue conectar con la clase trabajadora blanca. Lo llamaban el «Elvis de Arkansas». De manera bastante consciente, Clinton cultivó esa imagen. El caso de Palin es muy diferente: no tiene ninguna historia de éxito a sus espaldas. Lo que pasó fue que los republicanos en ese momento pensaron que, como en un reality show, cualquiera podía ser un candidato a la presidencia. Y crearon a la candidata Palin. Fue una especie de Operación Triunfo. El objetivo era presentar a alguien que fuera más cercano a la gente.

En 2016 Trump, un ultramillonario representante del 1% más rico del país, habló a la «basura blanca», cabalgó su malestar y reivindicó su estilo de vida. ¿Esto marca un cambio respecto al pasado?

Esta es la ironía de Trump: no entiende nada de la gente trabajadora, nunca ha hablado con ellos, nunca hizo nada en la vida. Además, es un empresario fracasado y endeudado. La razón por la cual a una parte de la clase trabajadora blanca le gusta Trump es la manera en la que habla: como un estadounidense cansado de la política. Su grosería le hace auténtico. Y eso nos lleva a una reflexión: lo que se quiere en muchos casos de los políticos es que se parezcan a nosotros. Trump ha adoptado la política del sur, aunque es de Nueva York. Todo lo que pretende ser no lo es y creo que muchos de sus votantes saben que es un espectáculo, un fake, como en el wrestling (pressing catch). Sinceramente, no creo que la mayoría de la gente que acude a sus mítines ame a Trump, pero le gusta estar ahí. Es como ir a un partido de fútbol.

¿Qué influencia tuvieron toda una serie de programas de televisión de los últimos cuarenta años para modelar la imagen de la «escoria blanca»? ¿La victoria de Trump en 2016 es también una consecuencia del movimiento de orgullo identitario redneck de la década de 1990?

Esos programas crean estereotipos insultantes como en el reality Here Comes Honey Boo Boo [que muestra a la familia de una muchacha que participa en un concurso de belleza infantil] donde la madre de la familia encarna el tópico de la mujer blanca pobre: jamás se ha casado, tiene tres hijos de tres diferentes hombres, dos de los cuales son violentos, es gorda… ¿Cómo podemos sorprendemos de lo que pasa en política? Aquí se percibe una vez más la enorme influencia de los medios: la gente cree ver un verdadero candidato por ese falso sentimiento de intimidad que proporciona la televisión. No se fija en los contenidos, sino en cómo habla el candidato. Los políticos se limitan a recoger inputs de la cultura de masas. Los jefes de campaña son publicitarios: esto ya empezó con Eisenhower.

En la anterior campaña electoral, Hillary Clinton tachó de «deplorables» a los electores de Trump. ¿Joe Biden es el candidato correcto para hablar a ese sector de la sociedad estadounidense?

Hillary se equivocó y esa expresión se utilizó mucho contra ella, aunque no se refería a la gente pobre, sino a los supremacistas blancos. Dicho esto, Biden es diferente porque tiene un lenguaje mucho más dirigido a la clase trabajadora y puede convencer a los votantes de Pensilvania o Michigan que hace cuatro años votaron por Trump. O a las mujeres de los suburbios de Milwaukee, en Wisconsin, que apoyaron a Ted Cruz. Por eso, creo que los demócratas apostaron por Biden y no por Sanders.

Se habla mucho de las guerras culturales. La extrema derecha, claramente, las utiliza. ¿Es otra manera de ocultar las diferencias de clase, sustituirlas por temas identitarios?

Los republicanos saben que la única forma de que la clase trabajadora blanca siga votándoles es utilizar las políticas culturales e identitarias que distraen a la gente de las cuestiones materiales. Lo que Trump hace no es nuevo: Sarah Palin ya empezó hace una década. La gente debería votar a los políticos que pueden hacer mejoras concretas en sus condiciones de vida. Por ejemplo, ahora como nación deberíamos tener una respuesta nacional a la pandemia y no la tenemos. En cambio, mucha gente piensa que debe votar a quien más se le parece. Este es el problema.

Nancy Isenberg es profesora de historia en la Universidad Estatal de Luisiana. Ha escrito diversos libros sobre los «padres fundadores» de Estados Unidos. Es autora de White trash: los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses (Capitan Swing, 2020).

Este artículo es producto de la colaboración entre Nueva Sociedad y CTXT. Se puede leer la versión original acá.

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Viernes, 30 Octubre 2020 05:44

Recién comienza

Recién comienza

CHILE TRAS EL ROTUNDO TRIUNFO DEL APRUEBO

 

Con la luz verde a la redacción de una nueva constitución y en un plazo de apenas dos meses, deberán presentarse las candidaturas para la convención que se encargará de esa tarea. Sujetado por los amarres del pacto partidario, el proceso impone varios obstáculos a los postulantes surgidos de los movimientos sociales. Antiguos rostros de una política deslegitimada podrían retornar con bríos renovados.

El apabullante triunfo del apruebo (78,27 por ciento) en el plebiscito del domingo 25 abrió de inmediato el apetito de los partidos políticos tradicionales para perfilar sus candidaturas a la Convención Constitucional, órgano que la ciudadanía eligió, también por abrumadora mayoría (78,99 por ciento), para que escriba la nueva carta magna que reemplazará a la de 1980. El histórico referéndum convocó a las urnas a más de 7.500.000 electores (50,9 por ciento del padrón), la participación más alta desde que existe el voto voluntario en Chile.

Tras los festejos en la Plaza de la Dignidad y en las calles del país, arranca una carrera contra el tiempo. El 11 de enero de 2021 –en poco más de dos meses– expira el plazo para presentar candidaturas a la Convención. El 11 de abril del próximo año se celebrarán nuevos comicios para elegir a los 155 constituyentes, número que podría variar si el Congreso aprueba una normativa que otorga escaños reservados a representantes de pueblos originarios.

El problema para los más de 5.800.000 electores que el domingo marcaron apruebo con un lápiz azul es que sus preferencias no necesariamente se verán reflejadas en la votación de abril. Según Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad de Talca, «el domingo la gente votó por opciones de futuro, mientras que en abril de 2021 lo hará por candidatos que se desplegarán territorialmente para conseguir los votos. Las campañas serán mucho más personalizadas y en eso la derecha chilena es fuerte. Tanto es así que históricamente ha bordeado el 40 por ciento de los votos. No veo por dónde la izquierda pueda arrasar en esos comicios, ya que irá dividida en varias listas y, en un sistema de representación proporcional, las listas unidas de varios partidos tienden a cosechar más votos».

Morales refiere al método D’Hondt, el sistema de representación proporcional que se aplicará en Chile para escoger a los constituyentes, según estableció el acuerdo político del 15 de noviembre de 2019, celebrado a un mes del inicio del estallido social. Lucía Dammert, doctora en Ciencia Política e investigadora de la Universidad de Santiago, alerta que «puede suceder algo bastante paradójico: si la oposición se divide en muchas listas, es posible que el rechazo tenga más representación en la Constituyente que el apruebo».

¿Los marginales a la Constituyente?

Quienes ven contratiempos en este escenario son aquellos posibles candidatos con una trayectoria reconocida en organizaciones de base, pero que no militan en un partido político. Aunque la ley 21.216 –promulgada en marzo de 2020 y que aseguró la paridad de género de la Convención– consigna que las candidaturas independientes pueden conformar listas propias, ciertamente estas no compiten en igualdad de condiciones con aquellas postulaciones provenientes del establishment partidista.

En este momento, y en atención al contexto de pandemia, en el Congreso existe un proyecto de reforma constitucional que, entre otras medidas adicionales, permitiría a los independientes reunir las firmas requeridas para su postulación a través de un trámite online –la norma establece que para registrar una candidatura independiente deben presentarse las firmas del 0,4 por ciento de los votantes del distrito electoral en cuestión (véase «De nuevo en primavera», Brecha, 24-IX-20­)–. «Lo sucedido en el plebiscito fue un triunfo ciudadano y de las mayorías silenciadas. Por lo tanto, uno de los puntos en que se juega la legitimidad de la Constituyente pasa por que los partidos establezcan mecanismos efectivos de participación de los independientes», asegura Dammert. De hecho, una opción alternativa para los candidatos surgidos del movimiento social que irrumpió el 18 de octubre de 2019 es registrarse dentro de los cupos que entregarán las formaciones partidistas.

Pero por ahora, quienes más despuntan para candidatos a la Convención son caras conocidas de la política de la posdictadura. Por ejemplo, la exministra de Educación Mariana Aylwin (hija del expresidente Patricio Aylwin) ya anunció su postulación. Aunque históricamente militó en la Democracia Cristiana, figura ahora como independiente. Esta semana declaró a Televisión Nacional que hoy se siente más afín a Evópoli, un partido autodefinido como de centroderecha y que el domingo dividió sus votos entre el apruebo y el rechazo.

n contraposición a estas reconversiones de última hora, aparecen nuevas voces en los territorios más precarizados del país. Sol Danor es activista, feminista, líder territorial y poeta de la población La Legua, en la comuna santiaguina de San Joaquín, perteneciente al distrito 10. Desde ese sector emblemático por su extraordinario nivel de articulación social, Sol pretende levantar una candidatura a la Constituyente sin aliarse con ningún partido político: lo hará a través de una lista con otras postulaciones independientes.

«Los marginales tenemos que pintar de colores esta Convención. Peleamos contra una maquinaria gigantesca encarnada en rostros de famosos. Me interesa participar de este proceso, pero si no soy elegida, intentaré incidir de todos modos. Así como está planteada la elección, la Convención no tendrá legitimidad, ya que los mismos partidos políticos deslegitimados tienen todo amarrado. Proponemos desde La Legua que quienes pertenecemos a organizaciones de base trabajemos por un proyecto común, a través de una vocería que nos apoye en los territorios para escribir la Constitución», explica Danor.

Giovanna Grandón, quien se hizo conocida por bailar vestida con un traje del personaje Pikachu en la Plaza de la Dignidad, también piensa postularse a la Constituyente sin la anuencia de un partido político. La Tía Pikachu, como graciosamente la apodan, lleva toda una vida en la población Lo Hermida, en la comuna de Peñalolén, y durante la pandemia ha apoyado a las ollas comunes que se han organizado en todo Santiago (véase «Las ollas de la dignidad», Brecha,19-VI-20). Revela que nunca figuró entre sus planes postularse a un cargo político, pero que sus mismos vecinos la convencieron.

«La gente me empezó a decir: “Tía, usted tiene calle, sabe lo que son las necesidades”. Y ahí decidí postular. Necesitamos personas que sepan la realidad de las poblaciones y los campamentos. Si participan los mismos de siempre –la gente letrada– no sirve de nada cambiar la Constitución. Mi idea es formar una lista de independientes. Ya tengo un staff, aunque sabemos que es difícil: no tenemos la plata para campañas. Yo tengo la ventaja de que soy un poco más conocida por mi personaje», cuenta Grandón, cuya prioridad es inscribirse en el distrito 11 al que pertenece Peñalolén. Aún vacila, porque ese distrito también incluye a La Reina, Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. Estas tres últimas fueron las únicas comunas de Santiago donde ganó el rechazo y en ellas viven personas de altos ingresos.

Ilustración: Ombú

Para mejorar las condiciones de quienes no militan en un partido, apunta el politólogo Mauricio Morales, la estrategia de la ciudadanía pasa por continuar la senda de la protesta y manifestación en las calles. «Es la presión que más ha rendido frutos», dice el experto, para quien «el casi 80 por ciento obtenido por el apruebo deberá ser considerado por los partidos, tanto al momento de conformar sus listas electorales como al de ofertar su plan programático». En eso concuerda Danor, para quien es clave «no soltar la calle» y «reactivar las asambleas y cabildos territoriales» que florecieron al calor del 18-O.

La estrategia de las Elites

Tanto la ex-Nueva Mayoría (heredera de la Concertación que gobernó durante cinco de los siete períodos presidenciales de la transición posdictadura) como Chile Vamos (coalición de partidos de derecha) han sido ambiguas respecto de los cupos que cederían a candidaturas de la esfera social sin militancia partidista. En respuesta a la aparición de algunos nombres que ya ocuparon cargos públicos, un grupo de diputados de oposición presentó el 28 de setiembre un proyecto de ley que busca impedir que parlamentarios, ministros, subsecretarios o intendentes en ejercicio compitan por un escaño en la Constituyente.

Por el lado de la ex-Nueva Mayoría, el senador del Partido Socialista (PS) Carlos Montes no se pronuncia sobre si su colectividad abrirá o no un porcentaje de cupos para candidaturas independientes del espectro social. Por el contrario, acota Montes, «no soy de aquellos que creen que todas las virtudes están en no ser militante de un partido». La propuesta del PS es la «diversidad» de sus candidaturas y ahí entran a tallar tanto dirigentes de base como militantes socialistas con experiencia. Tampoco Montes detecta oportunismo en que su sector se haya plegado a las celebraciones por la rotunda victoria del apruebo, a pesar de que los socialistas fueron una pieza clave de los gobiernos posdictadura que se sucedieron bajo la Constitución de 1980.

Desde Chile Vamos, el diputado de Renovación Nacional y cara visible de la campaña del rechazo, Sebastián Torrealba, descarta que haya habido una derrota de su sector en el plebiscito. «Es absolutamente irracional pensar que detrás de la votación del apruebo hubo sólo personas de izquierda, de manera que no hay que dramatizar el resultado. Fue la ciudadanía pidiendo cambios y eso no se lo puede adjudicar la derecha ni la izquierda», afirma Torrealba, quien también se cuadra con la diversidad en las inscripciones para la elección del 11 de abril: «Llevaremos nuevos rostros y personas que tienen participación histórica en la política. Yo no concibo la democracia sin partidos políticos».

Mauricio Morales no tiene dudas respecto de la estrategia diseñada por los partidos para incluir a los independientes en sus listas: «No lo harán por convicción, sino por obligación y oportunismo. Seguramente serán independientes conocidos que simularán una renovación en las elites, pero esta solución es de corto plazo». De igual modo, aunque existe cierto consenso en rebajar las barreras de entrada para que los independientes formen listas propias, «los partidos comenzarán a abrir cupos a fin de disuadir a esos independientes de que compitan por sus propios medios».

Para Dammert, «cuando uno ha tenido el poder durante tantos años, es muy difícil dejarlo. Los partidos políticos sólo conocen ciertas prácticas y están tratando de repetirlas para ver si les funcionan». Morales, en tanto, opina que, incluso en el acuerdo de noviembre que encauzó el plebiscito, los líderes políticos supieron «traducir hábilmente ese malestar ciudadano y canalizarlo hacia la Constitución en circunstancias en que la rabia era contra ellos y también contra la clase empresarial. El texto constitucional fue un cortafuegos para evitar una crisis mayor y salvarse del descabezamiento total […]. Sin embargo, la rabia sigue latente», indica.

A juicio del politólogo, la contundente victoria del apruebo «es ciudadana y ningún segmento ideológico se la puede atribuir». Pero también añade que el proceso «ha implicado la derrota absoluta e histórica del pinochetismo y de la derecha más radical». Dammert apunta que el resultado del referéndum sepulta la idea de la polarización del país en dos mitades, ya que «la diferencia es de 80 a 20 por ciento». Lo que sucede, dice, es que «ese 20 por ciento tiene lobby, empresarios, medios de comunicación, pesa el doble».

Pör Cristian González Farfándesde Santiago 


30 octubre, 2020

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Domingo, 25 Octubre 2020 06:06

El uranio y los soviéticos

El uranio y los soviéticos

Desde el surgimiento de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), entre los países que la formaron, existió un gran interés en el desarrollo de las ciencias. Y también, mantuvieron una política de intercambio de información y conocimiento con otras naciones. Algo que pocos países llevaron a cabo. Sin embargo, las innumerables guerras entre gobiernos capitalistas y aquellos que buscaron la vía al socialismo, obligó a la ex URSS a incrementar sus estudios sobre las armas no convencionales.

Los avances en la fabricación de armas nucleares fueron y han sido un motivo, hasta hoy, de distanciamiento, de competencia y de acusaciones por parte de los enemigos de lo que fue la URSS.

Uno de los peores ejemplos ha sido la utilización del uranio como arma letal. En la Segunda Guerra Mundial (II GM) surge la gran tentación de utilizar los conocimientos de la energía nuclear para la fabricación de la bomba atómica, con la finalidad de dominar mediante la destrucción masiva.

Inglaterra y Estados Unidos, durante la II GM se unieron para fabricar el arma más poderosa que puso en grave peligro a la humanidad. El concepto "lesa humanidad" describe las graves violaciones en contra de los derechos humanos. Y aun estando en guerra, la destrucción que causó la bomba atómica en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki no justificó tan grave crimen contra la población. El objetivo no fueron las bases militares ni los campos de operación de misiles, fue la población civil.

Los países protagonistas de la II GM sufrieron una debacle social y económica profunda. No terminaban de reorganizarse los más afectados, como la ex URSS, cuando Estados Unidos e Inglaterra ya se preparaban para la fabricación de bombas, aún más mortales. Sin miramientos recurrirían al hidrógeno.

La finalidad era someter a la Unión Soviética al dominio de estos dos países capitalistas que veían en la URSS una gran competencia, no sólo en el sentido ideológico y político, sino en su desarrollo económico. El ejemplo que infundió temor en ambas naciones fue la enorme resistencia y movilización bélica que demostró el país comunista, el cual perfilaba, también, para una carrera espacial exitosa y amenazante para el bloque capitalista del Occidente.

Fueron innumerables las tácticas que planificaron para acabar con el socialismo. Aunque, para ganar la guerra a la Alemania nazi, aceptaron y reconocieron abiertamente la participación de los comunistas rusos. Es importante resaltar que la intervención de la gran cantidad de combatientes siberianos del Ejército Rojo fue determinante para la derrota del nacional socialismo. La defensa decidida de la gran patria fue parte del triunfo definitivo, aunque también generó millones de bajas y muertes de civiles.

Mucho antes de iniciar la II GM, los científicos rusos ya tenían conocimiento de los componentes de lo que sería la bomba atómica. Destacados investigadores como Igor Kurchátov y otros, iniciaron la carrera nuclear. Entre ellos, la participación de Nikolái Nikoláyevich Semiónov, fue de trascendencia para la fabricación de la bomba de uranio. A Semiónov, posteriormente, en 1956, le otorgaron el premio Nobel de Química.

Aún no terminaba la II GM y el presidente Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill ya buscaban rebasar y dominar a la Unión Soviética ganando la carrera nuclear.

El arma, también llamada subcrítica, debido a que potencia la creación de neutrones libres con la ayuda de otros elementos químicos, fue la primera de mayor letalidad porque genera un aceleramiento de la reacción en cadena que destruye zonas determinadas por el choque mecánico, por la onda térmica, así como por la radiactiva. Por estas razones, se inicia una etapa de conspiraciones, espionaje y acciones clandestinas acusando a la URSS de amenazar a la humanidad con armas secretas de destrucción masiva. Por su parte, la Unión Soviética tomó sus precauciones y acciones para defenderse de esas acusaciones.

Organizó un tipo de espionaje que con el tiempo ha sido reconocido como de alto nivel. La llamada inteligencia soviética tenía simpatizantes en el propio territorio estadunidense y en Inglaterra, quienes proporcionaron información a pesar del peligro. La diferencia con el espionaje de EU y el Reino Unido, es que, para los informantes al servicio de los soviéticos, el pago monetario no era el objetivo, lo hacían gratis.

Las colaboraciones se hicieron por simpatía a la URSS y al sistema socialista. Así lo declaró Anatoly Antonovich Yatskov (alias Anatoly Yakovlev), un destacado agente de inteligencia y diplomático soviético que, durante su gestión como cónsul en Nueva York, estuvo al frente del Proyecto Manhattan durante la II GM. Yatskov dirigió en EU las operaciones más delicadas y clandestinas del Ministerio del Interior de la Unión Soviética, o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. Su misión fue recabar información precisa sobre el proceso de desarrollo de la bomba atómica en la instalación militar nuclear de Los Alamos, California. Aunque Yatskov fue identificado como agente de espionaje, pudo regresar a la URSS en 1946, amparado en la inmunidad diplomática.

El uranio y los soviéticos tienen grandes aportes en el estudio de la energía nuclear y grandes historias en el desarrollo de su industria militar."Los agentes (secretos) siempre daban prioridad a los científicos" "Aunque consiguieras traerte una bomba atómica entera por piezas, todavía hay que armarla, ¿verdad? Y también hay que ponerla en producción, lo que tampoco es fácil. ¡No basta con robar un plano y listo!", esto declaró en una entrevista, el coronel retirado Mijaíl Liubímov.

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