Estanislao Zuleta: rebeldía intelectual y democracia radical.

Aquel sábado 17 de febrero de 1990, solitario en su apartamento del barrio Meléndez de Cali, Estanislao Zuleta dejaría de entregarle al mundo sus últimas expresiones de rebeldía intelectual. A 30 años de su partida, su obra se convertiría en precursora y dejaría aportes sugerentes para lo que luego sucedería: décadas después los colombianos hemos sido testigos de la transición de la guerra a la paz, de la superación parcial de la confrontación armada y la adaptación colectiva gradual a una saludable disputa ideológica.

Vivimos actualmente en medio de un maremágnum social, producto de un acumulado de luchas históricas libradas por décadas, traducidas en el ascenso de las movilizaciones, los movimientos ciudadanos, y una multiplicidad de demandas populares que reclaman cimentarse y superar el descontento espontáneo.

Los aportes de Estanislao Zuleta en el campo educativo, literario, y su crítica feroz al "dogmatismo mecanicista", son un desagravio  teórico, que es digno de ser rescatado en este siglo XXI, dominado por la inmediatez, la levedad y el conocimiento compartimentado por profetas, salvadores, y advenedizos “expertos”.

La conexidad con que Zuleta supo articular tan variados tópicos ayuda en tiempo presente a dotar de contenido a un conglomerado de iniciativas subalternas que en el plano cultural, económico, social, y político, de la Colombia contemporánea, no logran definir una identidad única que antagonice con el sentido común  hegemónico de las élites criollas.

Zuleta despreció los credos, las verdades reveladas, las ideas vedadas, el aburguesamiento y la domesticación de su pensamiento. Por eso prefirió pensar por sí mismo a convertirse en un cómodo administrador de ideas ajenas. En vida prefirió cuestionar, provocar y disfrutar de su papel de piedra en el zapato de lo predestinado, de lo establecido.

Estanislao marcó un hito en las ciencias sociales latinoamericanas por haber sido el precursor del maridaje entre el psicoanálisis freudiano y el marxismo, herencia de su profunda pasión por la obra de Jean Paul Sartre, para quien la dicotomía entre palabra y acción fue siempre paradójica, problemática. Reinterpretar el marxismo sin nociones esquemáticas, y sin determinismo, le permitió entender a este pensador antioqueño la importancia de la singularidad de los dramas particulares, asfixiados por la reduccionista “lucha del proletariado y los desposeídos contra el capital”.

Zuleta se dio cuenta de la necesidad de defender una democracia radical, por parte de las izquierdas en la sociedad colombiana, al  final de los años ochenta, en tiempos marcados por la Perestroika y el Glasnot soviético,  respuestas tardías a las fallas del capitalismo de Estado en la moribunda “cortina de hierro”.

Mientras Zuleta defendía las noción de democratizar la democracia y darle cabida a los disensos en la Colombia política dominada por el tándem liberal-conservador, en otras latitudes sus tesis coincidían cronológicamente, probablemente sin haberlas leído nunca, con las de nuevos pensadores adscritos al denominado postmarxismo[2] (Zizek, Laclau) que entendieron la necesidad de reinventar la izquierda haciendo del afloramiento de múltiples disensos la forma de ampliar los linderos de la participación popular y de romper con el desprecio del comunismo por la democracia representativa.

Zuleta dedicó la última década de su vida, sus últimos esfuerzos, a una incansable tarea pedagógica en materia de paz y democracia como asesor cultural y de derechos humanos de los Gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco. Su forma de leer el futuro democrático de la convulsa Colombia de finales de los años ochenta coincidía con el pluralismo agonístico de Chantal Mouffe, que defiende el sentido de lo político como conflictividad continua y hace una clara diferenciación entre enemigo y oponente, frontera que separa  al antagonismo del agonismo[3].

Su Conferencia en Santo Domingo (Cauca) ejemplificó su profundo compromiso por ensanchar las fronteras de la política, y lo político, en la sociedad colombiana. Aquel 14 de mayo de 1989 Zuleta, ante un puñado de guerrilleros en proceso de reincorporación, señalaba "Una característica esencial de la mentalidad democrática, en un sentido moderno, es la aceptación del pluralismo por la sola razón de la imposibilidad de conseguir la unanimidad. Los hombres, los partidos, los grupos de intereses, piensan distinto; las gentes tienen diversas opiniones, creencias, religiones, gustos. Someternos a una sola idea o creencia produce terror absoluto, aunque por el terror es imposible someter al ser humano”[4].

 

Ese carácter indómito de la obra de Zuleta lo llevó no solo a enfilar baterías en sus escritos, intervenciones, y conferencias contra el establecimiento liberal-conservador, sino contra los aparatos burocráticos, los comités sindicales, y  todo lo que él categorizaba como los “especialistas en revolución", de raigambre estalinista en su mayoría[5]

Para Estanislao era inconcebible la coalescencia entre el igualitarismo abstracto del socialismo real, y la defensa férrea que la teoría de Marx hacía del individualismo radical, una interpretación que se acercaba de forma más concreta a los problemas reales del hombre.

Sus cuestionamientos principales a estas estructuras, a las cuales enfrentó

durante su paso por el Partido Comunista (PC) de Gilberto Vieira, se centraban en dos aspectos: 1) la idealización que realizaban de los desfavorecidos, a quienes consideraban, como bien lo señala Eduardo Gómez   “una especie de sector predestinado a realizar la revolución”[6]; 2) la supresión que éstas estructuras ejercían sobre cualquier resquicio de individualidad, y de diferenciación, entre los miembros que componían a tan homogéneas colectividades.

Como era de esperarse dichos desencuentros dialécticos en el seno del PC, lo llevaría a abandonar sus filas en 1963 y a crear, junto a Mario Arrubla y Oscar Hernández, su propio partido: el Partido para la Revolución Socialista, disuelto en 1965 por las acaloradas discusiones internas, en las cuales un sector influenciado por el triunfo de la revolución cubana, el nacimiento de las Farc, y el auge de las guerrillas en Latinoamérica abogaba por la defensa de la lucha armada como única forma de alcanzar el poder, al fragor de los albores del Frente Nacional.  

El alzamiento armado unilateral de las guerrillas, realizado de manera inconsulta con el pueblo que decía defender, se hacía intolerable para un demócrata radical como Estanislao. Ya entrados los comienzos de los ochenta, en su célebre ensayo “Sobre la guerra, esa borrachera colectiva” Zuleta maduraría ese distanciamiento a todo intento armado por acallar al otro al afirmar "Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo”[7].

Zuleta abandonó este mundo hace 3 décadas, sin presenciar como se cayeron a pedazos los vaticinios del nuevo orden mundial: no hubo fin de las ideologías, ni un idílico mundo sin guerra fría, sin conflictos y sin contradicciones.

Si todavía siguiera vivo,  es aventurado asegurar el papel que jugaría Estanislao Zuleta en estos tiempos de posverdad, pospolítica, y neoliberalismo en proceso de reformulación[8]. Podríamos atrevernos a lanzar una arriesgada hipótesis: probablemente sería un agudo crítico y polemizador vetado por los Gobiernos de turno, un burgués en continua rebelión contra esta absurda realidad que vivimos, dedicado a decirle a las ovejas que desconfíen profundamente de todos los pastores que quieren cuidarlas.

Por: Felipe Pineda Ruiz[1]

 

[1] Publicista, investigador social, colaborador de la Fundación Democracia Hoy. Director del laboratorio de iniciativas sociales y políticas Somos Ciudadanos. Editor de www.democraciaenlared.com

[2] Corriente teórica que reformula las tesis del marxismo clásico, y el determinismo que éste atribuye a la clase obrera como bloque hegemónico del cambio. En su lugar el postmarxismo reivindica la lucha de la multiplicidad de resistencias e identidades colectivas por encima del homogéneo proletariado. El libro “hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia” (1985), de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe ahonda en las profundidades de este concepto.

[3] Mouffe, Chantal (1999), El retorno de lo Político. Paidós, Barcelona, 1999, ps. 207

[4] Conferencia dictada por Estanislao Zuleta el 14 de mayo de 1.989

 en Santo Domingo (cauca), en la denominada ciudadela de la paz, campamento del movimiento insurgente M-19, previo a la firma del armisticio entre el Gobierno Nacional y esta guerrilla.

[5] Zuleta, Estanislao (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva : y otros ensayos. Procultura S.A, Bogotá, Colombia, p.59.

[6] Gómez Eduardo (2011). Memorias críticas de un estudiante de humanidades en la Alemania Socialista & Zuleta: el amigo y el maestro. Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, p. 59.

[7] Zuleta, Estanislao (1989). “La guerra, esa borrachera colectiva”, texto incluido en el libro Elogio de la Dificultad y Otros Ensayos de Hombre. Nuevo editores, Bogotá, Colombia.

[8] Como ha sucedido tantas veces, el gran capital mundial, y sus organismos multilaterales, han vuelto a hablar de capitalismo con “rostro humano”. Las recientes declaraciones de Kristalina Georgieva, presidenta del Fondo Monetario Internacional, de Christine Lagarde, nueva presidenta del Banco Central Europeo, y el Manifesto de la última reunion del Foro Económico Mundial, celebrado en Davos, dan cuenta de este nuevo salvavidas teórico al neoliberalismo global.

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Activistas participan en una marcha convocada por el movimiento 'Ni una menos' contra la violencia de género en Buenos Aires. Emiliano Lasalvia / AFP

En los últimos días se han convocado varias protestas en distintos países de la región para reclamar el derecho al aborto y repudiar los feminicidios y la violencia machista.

santiago de chile

18/02/2020 22:42

Meritxell Freixas

@MeritxellFr

Cada día, un nuevo 8 de marzo. Al menos mientras siga habiendo mujeres asesinadas por hombres, violadas o que sufren la vulneración de sus derechos. Así lo entienden las mujeres latinoamericanas que en las últimas semanas (y meses) han ocupado las calles y plazas de varias ciudades del continente para rechazar cualquier tipo de violencia machista. El feminismo en América Latina está más vivo que nunca.

Este miércoles el foco está puesto en Argentina, donde las mujeres se congregarán en los alrededores del Congreso de Buenos Aires y en otras 100 ciudades del país, con sus pañuelos verdes, para exigir la aprobación del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) que presentaron el 28 de mayo de 2019 y que garantiza el aborto hasta la semana 14. Actualmente el país se rige por una ley de 1921 que tipifica el aborto como delito, excepto en casos de violación y de riesgo para la madre.

"Es un tema que está siempre presente. Estamos haciendo una demostración de fuerza ante declaraciones auspiciosas respecto de la aprobación del proyecto por parte del Ejecutivo", explica Celeste Mac Dougall, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, convocante de la actividad. "Queremos demostrar en las calles que estamos exigiendo que las declaraciones se transformen en ley ya", añade.

Esta demanda histórica de las feministas argentinas cuenta con el respaldo explícito del presidente, Alberto Fernández, quien pretende presentar su propia propuesta el 1 de marzo, coincidiendo con el inicio del período legislativo en el Congreso argentino.

El debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo últimamente también ha sido tema en Colombia. Desde que en 2006 el aborto se despenalizó en tres supuestos (malformación fetal, riesgo para la gestante y violación), varias personas han presentado acciones legales para reponer su penalización total. Dos de éstas se discutirán en los próximos días en la Sala Penal del tribunal, justo cuando trascendió una nueva polémica sobre el tema. En la ciudad de Popayán, en el departamento del Cauca, una mujer interrumpió su embarazo de manera voluntaria cuando tenía siete meses de gestación y en contra de la voluntad del padre. Pese a estar amparada por una de las tres causales, su caso se mediatizó y fue duramente criticada por sectores de la opinión pública.

México apunta a la prensa sensacionalista

En México las mujeres dicen que viven bajo estado de "emergencia nacional". Eso por las brutales cifras de feminicidios que registra el país: 10 mujeres mueren asesinadas al día y, en total, hay más de 90 homicidios en 24 horas. El último caso se conoció el lunes. La víctima, una niña de siete años cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en bolsas de basura y con señales de tortura después de varios días desaparecida. La sociedad mexicana no tiene tiempo de recuperarse del estado de conmoción por el último feminicidio y se ve obligada a asumir y gestionar colectivamente uno nuevo.

Este martes un grupo de mujeres se manifestó afuera del Palacio Nacional para repudiar una vez más la violencia machista. "¿Cómo podemos soportar vivir en un país con tanta violencia?", rezaba la pancarta de una de las manifestantes. La semana pasada la rabia e indignación de las mujeres se también se expresó en las calles de la capital. Se unieron para repudiar el feminicidio de Ingrid Escamilla y el tratamiento mediático de su muerte en la prensa mexicana. "Con nuestras muertes hacen espectáculo", denunciaron las mujeres en la manifestación que apuntó a varios de los medios más sensacionalistas que difundieron las imágenes del cuerpo de la mujer en las que aparecía despellejada.

La periodista Itxaro Arteta, del medio digital Animal Político, explica que desde hace unos seis meses ha habido varias manifestaciones en contra de la violencia hacia las mujeres en México. "Procuran ser sólo de mujeres y se pide que no vayan hombres, ni periodistas ni camarógrafos. Incluso las manifestantes pidieron que solo fueran policías mujeres, aunque a veces van algunos hombres de reserva", dice Arteta. La comunicadora explica que hubo una serie de protestas todo el día, primero ante la sede de gobierno —el presidente López Obrador ha lanzado varios comentarios inapropiados a la hora de castigar la violencia de género— y luego en dos medios sensacionalistas.

Chile, el estallido y el nuevo proceso constituyente

"Un violador en tu camino", el himno del colectivo chileno Las Tesis surgido a partir del 25 de noviembre, Día contra la Violencia hacia las Mujeres, y en el marco del estallido social que atraviesa el país desde hace cuatro meses, se ha cantado en las últimas protestas de México y se entonará también este miércoles en Argentina con la participación de sus creadoras.

En Chile, el movimiento feminista ha tomado un rol protagónico en la crisis política y social. Más allá de la repercusión de la performance a nivel mundial, las chilenas han levantado la voz contra las denuncias de agresiones sexuales y vejámenes perpetradas por agentes del Estado en el marco de las protestas: el Instituto Nacional de Derechos Humanos ha presentado 192 denuncias por violencia sexual desde el 18 de octubre.

Otro flanco es en el ámbito político. Las mujeres están dando la pelea para asegurar la paridad de género en el proceso constituyente que se abrirá en el país. Quieren asegurarse de que la mitad de las sillas de quienes redactarán la nueva Constitución serán para mujeres. Lo exigen en las calles, en las asambleas e incluso en el Congreso, donde un grupo de activistas irrumpió e interrumpió a gritos una sesión legislativa para visibilizar su demanda.

El 8M será una fecha clave no sólo para las feministas, sino porque ha sido la elegida para retomar las movilizaciones después de la pausa del verano. La Coordinadora Feminista 8M ha convocado una huelga general "plurinacional, antirracista, transgeneracional, disidente y transfeminista, lesbofeminista, inclusiva, anticarcelaria e internacionalista" que dará el disparo de salida a un nuevo ciclo de masivas protestas en la rebautizada Plaza Dignidad. "Hemos programado la agenda de marzo sobre todo bajo dos perspectivas; una darle continuidad a lo que fue el proceso de construcción de la huelga feminista de 2019, en tanto de ir instalando y profundizando nuestra agenda en contra de la precarización de la vida", apunta Francisca Fernández, vocera de la organización.

"Por otra parte, otra arista fundamental es posicionar la idea del proceso constituyente como la construcción de un nuevo horizonte político desde los pueblos, territorios y comunidades. La huelga será fundamental para visibilizar que tenemos que tener una asamblea constituyente, plurinacional, feminista y popular que es lo fundamental", concluye la activista

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Sábado, 15 Febrero 2020 06:15

“El agua, origen de la vida”

“El agua, origen de la vida”

Así se llama y se llamó siempre, incluso durante las décadas en las que se la dio por perdida, la monumental obra subacuática del muralista mexicano Diego Rivera que ahora emergió de las profundidades ya intacta, después de años de trabajo de restauración a cargo de expertos del Museo de Bellas Artes. Hay azares que nos fuerzan a creer en algo más sincronizado que el azar, que transforman al tiempo pasado no en algo ido sino el algo que está y que permanece. Hay azares que parecen señales.

La belleza de la obra, que fue encontrada hace tiempo y desde los 90 estaba siendo restaurada, aunque tomó impulso reciente, ya vuelve a lucir su fuerza indescriptible, sus colores fuertes, sus imágenes simbólicas, que es increíble tanto como su dimensión: hay más de 270 metros cuadrados pintados.

Rivera la terminó en 1951, en un sector del bosque de Chapultepec. Fue para celebrar la llegada a término de un gigantesco acueducto que llevaría el agua potable hasta la ciudad de México. Está ubicada en el Cárcamo de Dolores, el depósito donde finaliza el acueducto de 62 kilómetros de largo que transporta el agua por el río Lerma hasta la mega urbe. Cuando la hizo, dijo que era “el más fascinante encargo de toda su carrera”. Porque sería una obra ubicada no a la vista, sino en las profundidades, en los secretos de los caminos del agua hacia la población. Una obra destinada no a ser vista, sino a latir.

Ahora, que ya se sabía de su existencia, el Centro Nacional de Obras Artísticas logró desviar el curso del agua para verla. La encontraron intacta, pero más allá de la pericia técnica y la pizca de delirio de Rivera para la pintura subacuática, el texto que trae el enorme mural le habla al mundo de hoy tanto o más que al de hace cuarenta años.

Rivera trabajó con Ricardo Rivas y Ariel Guzik, diseñadores del edificio y compañeros del muralista. El mural se extiende a los túneles y a los espacios internos del túnel. «El agua, el origen de la vida», incluye las cuatro caras del tanque interior. Fue pintada de forma tal que desde donde se la mire, se pueda distinguir el sentido. Es un conjunto, sin principio ni final. En la parte inferior y en el suelo, Rivera ubicó microorganismos, mientras a medida que la mirada asciende las formas se van haciendo más estilizadas. Las manos se presume que son las del dios Tlaloc, señor de la lluvia. Hay una idea evolutiva en la pintura. Y hay una pareja solamente: él tiene rasgos africanos y ella, orientales.

 

 

En la salida del túnel, Rivera pintó dos enormes manos dando el agua. Dos manos morenas, mexicanas, pintadas en posición de dar todo lo que fluye, todo lo que viene, todo lo necesario. Es estremecedor pensar en estas sincronías del arte, de la percepción y del azar, porque esas manos hoy no dicen que México ya tiene agua potable, como cuando fue encargada, sino que es en nombre de ese elemento puro, claro, filtrado, inocente, que en los últimos años se han desatado guerras, que mueren acribillados líderes ambientales, que son apedreados y secuestrados los guardianes del agua y de los bosques, como Berta Cáceres en Honduras, o como los peregrinos hacia el Lago Escondido en la Patagonia argentina. Problemáticas totalmente diferentes, pero unidas por el reclamo del agua.

En el nombre del agua que se reclama que el fracking se detenga, que la palabra “sustentable” no sea decorativa, que no se fumigue más sobre poblados, y tampoco sobre campos hartos de ser transmutados en algo que no es fruta ni verdura, sino commodities y veneno. En algunos lugares, hasta el agua de lluvia tiene glifosato. Esta semana en la Antártida, una de las reservas globales de agua, la temperatura trepó a 20 grados. Esta semana circuló la foto de osos polares comiendo plástico. Esta semana en Colombia fueron asesinados tres activistas más que intentan frenar las represas, la producción a gran escala, la fumigación sobre los bosques que luego va a parar a los ríos.

Cuando Rivera pintó su fabuloso mural, a Nestlé todavía no se le había ocurrido que el agua no es un derecho, y que el mundo debe avanzar hacia el agua embotellada y con precio. Ya están remarcando nuestra sed. En decenas de países y de diversas maneras están haciendo negocios con el agua, olvidándose que es el origen de la vida.

Y en la Argentina, nos estamos preparando para la reacción que generarán las leyes de municipales, provinciales y nacionales para ponerle un límite no sólo al ataque a la naturaleza, sino también a los vecinos de pueblos fumigados, a los vecinos de pequeñas ciudades, a las comunidades a las que un puñado de ricos impide el acceso al río como si las propiedades se compraran sin servidumbre de paso, como si en este país las tierras se vendieran como feudos.

 En ese contexto es que resurgen del pasado, de otras luchas, otras conquistas, del mismo idioma, esas manos benditas que en posición de dar, son un continente para el agua limpia que llegará a las bocas del pueblo.      

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Desde 1903, sólo 17 mujeres han recibido el Nobel de física, química o medicina: Unesco

En contraste, 572 hombres han sido galardonados en esas disciplinas // En todo el mundo, únicamente 28 de cada 100 investigadores son del sexo femenino

 

Desde que la científica Marie Curie fue reconocida con el Premio Nobel de Física en 1903, sólo 17 mujeres han obtenido ese galardón en los campos de la física, la química o la medicina, en comparación con 572 hombres premiados, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) al conmemorar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Agrega que únicamente 28 por ciento de todos los investigadores en el mundo son mujeres, mientras sólo 35 de cada 100 personas que hoy se forman en los campos de las ciencias, las matemáticas y las ingenierías son alumnas.

En su informe Descifrar el código: la educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), advierte que estas condiciones de desigualdad "no se dan por casualidad", pues muchas niñas enfrentan discriminación, sesgos de género, normas sociales y bajas expectativas en cuanto a su educación y los temas que estudian, lo que fomenta la existencia de una barrera para tener acceso a las llamadas disciplinas STEM.

La distribución de la matrícula de estudiantes femeninas en educación superior en 110 países revela que 27 por ciento está inscrita en carreras de comercio, administración y derecho; 14 por ciento, en educación, y 15 por ciento en artes y humanidades. En contraste, la matrícula es especialmente baja en tecnología, información y comunicaciones, con sólo 3 por ciento de mujeres inscritas; ciencias naturales, matemáticas y estadísticas (5 por ciento); ingeniería, manufactura y construcción (8 por ciento ), y en salud y bienestar (15 por ciento).

Datos recientes, subraya la Unesco, revelan que las desventajas que enfrentan las niñas en el acceso a las disciplinas STEM son el resultado de la interacción de múltiples factores que incluyen las normas sociales, culturales y de género, las cuales influyen en la forma en que las niñas y los niños son criados, aprenden e interactúan con sus padres, su familia, sus amigos, sus profesores y la comunidad, y las cuales conforman su identidad, sus creencias, su conducta y sus elecciones.

Temas masculinos

A menudo se cría a las niñas con la idea que las disciplinas STEM son "temas masculinos y que las aptitudes femeninas en estos campos son innatamente inferiores a las de los varones, lo que puede minar la confianza, el interés y el deseo de las niñas de comprometerse en el estudio de dichas materias", por lo que destaca que la escuela es clave para revertir este proceso.

Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington, EEUU. EFE/EPA/Michael Reynolds

La situación en nuestros días se caracteriza por un "recrudecimiento de la incertidumbre", que tiene en la desigualdad uno de sus factores determinantes, según la directora del FMI Kristalina Georgieva. 

 

La situación actual se caracteriza por un "recrudecimiento de la incertidumbre", que tiene en la desigualdad uno de sus factores determinantes "como un eco de las primera parte del siglo XX", según ha señalado la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, para quien el sector financiero tiene un papel que desempeñar a la hora de evitar que los nuevos años 20 tengan un final semejante al de hace cien años, cuando la década concluyó en una catástrofe financiera. 

Georgieva ha destacado que, mientras que la desigualdad se ha reducido a nivel global durante las dos últimas décadas como consecuencia del crecimiento económico en los mercados emergentes y en desarrollo, la desigualdad interna en los países está aumentando en muchas economías y se mantiene elevada en otras. 

"En cierto modo, esta preocupante tendencia es un eco de la primera parte del siglo XX, cuando las fuerzas combinadas de la tecnología y la integración abrieron las puertas a la primera Época Dorada, los Años Locos y, finalmente, la catástrofe financiera", ha indicado la búlgara, añadiendo el reto "existencial" que representa la crisis climática

La directora del FMI ha expresado la necesidad de aprender las lecciones de la historia y adaptarlas a los nuevos tiempos, señalando que una desigualdad excesiva "obstaculiza el crecimiento y carcome los cimientos de un país. Corroe la confianza dentro de la sociedad y las instituciones. Puede alimentar el populismo y la turbulencia política". 

En este sentido, Georgieva considera que "si no se la ataca, la creciente desigualdad es un problema que no hará más que empeorar" y ha señalado que, si bien la política fiscal sigue siendo una herramienta poderosa, no se puede perder de vista la contribución del sector financiero. "De lo contrario, la década de 2020 podría terminar siendo muy parecida a la de 1920", ha advertido. 

La directora del FMI ha expresado la necesidad de aprender las lecciones de la historia

En cuando al impacto del sector financiero en la desigualdad, el FMI ha identificado tres dimensiones significativas: el tamaño o profundidad, la estabilidad y la inclusión financiera. 

"Las finanzas pueden ayudar a reducir la desigualdad, pero también están asociadas con una mayor desigualdad si el sistema financiero no está bien gestionado", ha apuntado. 

A este respecto, el FMI sostiene que las medidas para fomentar la inclusión financiera y de la mujer contribuyen a reducir la desigualdad, mientras que la regulación y supervisión deben velar por evitar un excesivo crecimiento del sector financiero. 

Asimismo y siempre que la calidad de la regulación y supervisión sea alta, el FMI apuesta por buscar simultáneamente la inclusión financiera y la estabilidad, añadiendo que las medidas en el ámbito financiero "son un complemento, no un sustituto, de otras herramientas". "Todavía se necesitan políticas fiscales y macroestructurales para ayudar a abordar la desigualdad", ha subrayado la directora del FMI.

17/01/2020 17:52 Actualizado: 17/01/2020 17:52

EUROPA PRESS

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Sábado, 11 Enero 2020 07:06

La verdad sobre Soleimani

La verdad sobre Soleimani

Hay un momento sombrío en extremo en la versión fílmica de 1967 de A Man for All Seasons, el épico argumento de Robert Bolt sobre la negativa del canciller Tomás Moro a apoyar el divorcio de Enrique VIII: cuando Thomas Cromwell recluta al joven y arrogante maestro de escuela Richard Rich para que sea su espía. Más tarde Rich obtendrá la evidencia espuria que enviará a Moro al cadalso. Pero en esta primera reunión –en un pub londinense–, Cromwell ofrece a Rich un ascenso (y la consiguiente riqueza) a cambio de la mínima brizna de información que pueda usarse contra el nuevo lord canciller del rey Enrique.

Siempre he sospechado que las conjuras de los Tudor tienen algo en común con el mundo oscuro y extremadamente hipócrita de la política en Medio Oriente. Tal vez las obras de ficción de Saddam Hussein y Muammar Kadafi carezcan de la esencia de la Utopía humanista o de la música renacentista de milord Enrique, pero las feroces rivalidades y el temor a una muerte terrible que aflige a muchos líderes y a sus partidarios entre el Mediterráneo e Irán tienen mucho en común con las ambiciones personales que corrían como electricidad en la Inglaterra de Enrique.

Los puritanismos del nacionalismo espurio de Medio Oriente, así como su religión –junto con las superpotencias, felices de sacar ventaja de esas tonterías– se trasladan bastante bien cuando retrocedemos medio milenio. Para los crueles dictadores y prelados islámicos y sus facilitadores –palabra a la que volveré más tarde–, el apoyo de Wa­shington o Moscú es de suma importancia. El verdadero Moro estaba dispuesto a firmar de cuando en cuando la sentencia de algún obispo a la hoguera, en tanto Enrique, que disfrutaba de la espada, envió al patíbulo en la Torre de Londres tanto a Moro como, más tarde, a Cromwell. En vez de Estados Unidos y Rusia, léase el Papa y España.

Pero volvamos a esa escalofriante reunión en el pub de Londres donde Cromwell, representado sin afectación por Leo McKern, explica por qué humildes administradores como él tienen tantas dificultades para ayudar a que su rey consiga un divorcio que le permita un nuevo matrimonio del que pueda nacer un heredero, lo cual es, por casualidad, una constante preocupación de nuestros actuales príncipes y tiranos en Medio Oriente.

Nuestra función como administradores, dice un irritado Cromwell a Rich (el joven John Hurt), es minimizar los inconvenientes que esto va a causar.

La palabra clave, por supuesto, es in­convenientes, como Cromwell deja en claro. “Es nuestra única función, Rich: minimizar los inconvenientes de las cosas. Una ocupación inofensiva, dirías, pero no. A los administradores nadie nos quiere, Rich. No somos populares…”

Siempre sonrío cuando la película llega a este punto. He pasado toda una vida escuchando a funcionarios árabes e iraníes explicar la validez de su causa, los inconvenientes que impone a sus renuentes amos… y las enormes cargas y riesgos que ese trabajo significa para ellos. Un resbalón y el hacha del verdugo se alza en la Torre… o el dron llega en las primeras horas al aeropuerto internacional de Bagdad.

Vale la pena en estos días releer la notable serie de documentos iraníes de inteligencia que el sitio The Intercept y el New York Times publicaron hace menos de dos meses. Su procedencia no está clara todavía, y puedo ver por qué los escépticos afirman que fueron sembrados. Sugieren que Irán tiene mucho mayor poder económico y político sobre líderes árabes de lo que antes se sabía, y luego retratan a Qasem Soleimani no tanto como un monstruoso fabricante de reyes, sino como un facilitador, alguien que hace (o hacía) que las ruedas del poder giraran a favor de Irán.

Los retratos fotográficos extremadamente vanidosos que Soleimani usaba –para incrementar su estatus supuestamente icónico y quizá sus probabilidades de alcanzar la presidencia iraní– recuerdan el hábito renacentista de alcanzar la idolatría intelectual por medio del retrato. A Soleimani no le hubiera gustado la furtiva semejanza de Thomas Cromwell a sus cuarenta y tantos años en el retrato de Holbein el Joven, con la cara mofletuda y los ojos bizcos. En cambio, el retrato del mismo Holbein del embajador francés en Londres, Jean de Dinteville –el tipo a la izquierda en Los embajadores–, habría sido muy del gusto de Soleimani, quien habría admirado la alfombra de Medio Oriente en la que Dinteville se apoya… incluso con lo que se supone que es la figura de un cráneo en la parte inferior de la pintura.

Pero no adornemos el mundo de Soleimani con tal conocimiento. La descripción que el general David Petraeus hizo de él como una figura en verdad maligna, después de la invasión de Irak en 2003, no es lo bastante buena: más cercana es la del comandante canadiense en Afganistán, el general Rick Hillier, quien llamaba montón de escoria a sus enemigos talibanes.

El papel de Soleimani era bastante claro: poner los cimientos de un ­vínculo inquebrantable entre los chiítas de Irak, Siria (los alawitas) y Líbano, que los subordinase a Irán. Se dedicó a ello con determinación, con ingente trabajo y considerable inmisericordia, absorbiendo a ex agentes de la CIA –al parecer junto con sus contactos en Estados Unidos– mientras disfrutaba de la estima de los ministros iraquíes (y por consiguiente de los estadunidenses que los apoyaban) por atacar al Isis en Faluya y Mosul.

Soleimani podía ser obsequioso en extremo. Según uno de los documentos iraníes, que abarcan el periodo 2013-2015, buscó autorización del ministro iraquí de transporte para enviar provisiones humanitarias a Siria a través del espacio aéreo iraquí. Cuando el ministro accedió, relata él mismo, Soleimani se levantó, se acercó y me besó en la frente.

En cambio, otros documentos sugieren que los iraquíes, en especial los sunitas, estaban furiosos con Soleimani, a quien pintaban como un peligroso promotor de sí mismo, publicando retratos suyos en diferentes redes sociales. Tal vez aprendió sus técnicas de autopromoción del presidente de Estados Unidos.

También era demasiado cercano a los agentes de inteligencia en países no árabes, Turquía en particular. Pero su pecado más grave fue permitir sangrientas peleas sectarias entre milicias chiítas patrocinadas por Irán y árabes –tanto chiítas como sunitas– en aquellos países con los que Irán quería hacer causa común.

A los sirios a veces les costaba trabajo digerir la retórica de Soleimani. Recuerdo a un joven oficial del ejército sirio que me dijo, con una mezcla de respeto a Irán y cinismo: nos gusta que nuestros hermanos iraníes vengan a pelear por Siria, pero cuando nos dicen que han venido a morir, me pregunto qué quieren decir. No queremos que mueran: queremos que peleen. Y, desde luego, los iraníes sí peleaban, pero no en los números que afirmaban.

Los sirios se cansaron de los iraníes de Soleimani cuando alardeaban de victorias en las que no habían tenido parte. Cuando Soleimani se ufanó del papel iraní en la recaptura de Alepo –esta información no está en los documentos iraníes–, el ejército sirio enfureció. No hubo fuerzas iraníes en esa batalla. El Hezbolá libanés sin duda contribuyó en gran medida a la causa del régimen sirio, pero el propio comandante y presidente de Hezbolá, Sayed Hassan Nasrallah, declinó permitir que Soleimani tomara el control de los chiítas libaneses… y Soleimani sabía que era mejor no intentarlo.

Su verdadero error fue apoyar –como general del Estado, que es lo que era– a las milicias chiítas en Irak que estaban dispuestas a torturar o matar a sus enemigos (prisioneros sunitas, librepensadores chiítas, lo que fuera) para mantener el poder de Irán sobre el régimen. Esto es lo que en verdad significa minimizar los inconvenientes, porque los aliados de Soleimani en Irak se oponían a las manifestaciones contra la corrupción del Estado y dieron muerte a miles de manifestantes. Hasta el consulado iraní en el sur de Irak fue incendiado.

También Hezbolá en Líbano trató de reprimir las manifestaciones contra la corrupción, que no sólo pretendían poner fin al sectarismo, sino demandaban específicamente terminar con la interferencia extranjera. No es extraño que nadie quisiera a los administradores. Lo suyo no era ocupación inofensiva.

Esto, porque el legado de Soleimani fue un intento de realinear a las milicias chiítas, no del lado de la libertad o contra la corrupción –y ni siquiera del antisionismo–, sino del lado de un Irán cuyo poder era más importante que sus supuestas virtudes morales. En uno de sus últimos mensajes desde Abbottabad, Osama bin Laden se refirió a la necesidad de salvar a los musulmanes chiítas en la guerra de Al Qaeda contra Occidente. Los documentos iraníes registran cómo los servicios de inteligencia de Irán (los que trabajaban para el ministerio del interior) discutían ese mismo tema… en relación con el sufrimiento de los sunitas a manos de las milicias chiítas.

¿Qué más queda por decir? Bueno, recordemos tan sólo que Thomas Cromwell terminó igual que su víctima Tomás Moro: con la cabeza en el tocón.

Todo lo que quedó de Soleimani, en uno de sus dedos, fue un anillo con el que ponía sellos. En cambio, Richard Rich –y esas son las últimas palabras de la película– murió en su cama.

Traducción: Jorge Anaya

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Sábado, 28 Diciembre 2019 07:43

Un presente con futuro si luchamos por él

Eduardo Esparza, de la serie “Desentierros” (Cortesía del autor)
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 

“Aquí viene el árbol, el árbol
de la tormenta, el árbol del pueblo.
De la tierra suben sus héroes
como las hojas por la savia,
y el viento estrella los follajes
de muchedumbre rumorosa,
hasta que cae la semilla
del pan otra vez a la tierra (1).



Hace ya dos siglos, en medio de condiciones adversas, algunos de quienes acometieron el reto de enfrentar al rey de España y sus designados en estas tierras, virreyes y otros burócratas, terratenientes rodeados de sus ejércitos opresores, usurpadores del trabajo de indígenas y otros pobres, así como de los miles de miles de esclavizados traídos en contra de su voluntad desde África, recorrieron este territorio, observaron, discutieron, estudiaron a los eruditos de su época como de otras, meditaron y se atrevieron.


No fue fácil. En medio de persecuciones, ataques de todo tipo (terroristas, dirían de ellos hoy), destierro, cárcel, lograron por un tiempo materializar sus sueños, no para ellos sino para el conjunto de quienes habitaban estos territorios, cuyas descendencias, indígenas, cholas, campesinas, mestizas, blancas, hombres y mujeres, aún hoy requieren la concreción plena de la utopía de un territorio integrado, forjado en justicia y garante de soberanía popular, una patria que haga posible el “Supremo sueño de Bolívar”, como diría Augusto César Sandino, general rebelde que proyectó una alianza de todos los Estados hispanoparlantes de la región para oponerse y superar la Doctrina Monroe, una alianza que pasados los años debería dar paso a una federación, sin perder de vista que el mundo sea nuestra patria (2).


En los escritos de Miranda, Nariño y Bolívar están plasmadas sus visiones con extensión en el tiempo. En sus acciones fundieron con marca indeleble el ejemplo de que la palabra con la acción impide que el polvo de la historia oculte la vitalidad de lo proyectado, entre ello, sueños de una región integrada, en libertad, en soberanía plena, con igualdad y bienestar para el conjunto humano que la habita.


Sueño de un país-región integrado de manera propositiva al mundo. País-región donde los Derechos Humanos, los de ayer (civiles y políticos), sean una realidad, pero también lo sean otros reconocidos décadas después, producto de las luchas de varias generaciones de trabajadores, de mujeres en pugna por la igualdad, de pueblos resueltos a defender su libertad, derechos conocidos como económicos y sociales. Suma de reconocimientos que también integran los derechos ambientales, culturales y otro conjunto de los que han quedado integrados en los convenios de la ONU y sus organismos adjuntos.


Así lo hicieron quienes movilizaron todas sus energías tras una América como patria común, regida con independencia y plena de libertad y justicia, proyectando como Patria Grande el territorio inmediato donde habitaron (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, además de Panamá, república producto de las maniobras de los Estados Unidos por controlar y dominar nuestro destino). Al celebrar el Segundo Bicentenario de la Independencia (1819) y la aprobación dos años después, de la Primera República, es necesario, en perspectiva del país de hoy y del soñado para regir bajo una Segunda República, proyectar el país del futuro y con los pies bien asentados en la tierra pero sin amarrarlos con cadenas de realismo político.


Ha de ser este el proyecto de un país otro, para los tiempos que ya llegarán –que construiremos entre todos–, y que en un primer ejercicio parte del territorio que hoy integra Colombia y lo cubre. Pero que en un segundo ejercicio deberá repasar y resumir el territorio integrado como región, ojalá producto de la común deliberación de las organizaciones sociales y políticas que se sienten hijas y prolongación de un legado histórico que está por forjarse como cuerpo.


En perspectiva de la Segunda República, la necesaria de configurar si de verdad pretendemos garantizar en algún momento paz, justicia, libertad, soberanía popular, democracia –más allá de las formalidades que han terminado por hacer de la misma una palabra vacía–, redistribución de la riqueza en beneficio del conjunto social, así como garantía plena de la totalidad de Derechos Humanos, etcétera, que para el caso de nuestro país son retos y guías:



[…]
“Patria, naciste de los leñadores,
de hijos sin bautizar, de carpinteros,
de los que dieron como un ave extraña
una gota de sangre voladora,
y hoy nacerás de nuevo duramente
desde donde el traidor y el carcelero
te creen para siempre sumergida.

Hoy nacerás del pueblo como entonces.
[…]” (3).



Horizonte luminoso. Que en el 2060 Colombia sea el mejor vividero y el país más pacífico de la región.


Referente territorial. Hacer realidad el sueño de Francisco Miranda, Antonio Nariño y Simón Bolívar, y de nuestras montañas, valles, ríos, mares, desiertos, altillanuras, con su población toda, sin distingos de procedencia, raíces, memoria, cultura, poder económico, sabidurías, etcétera; un solo territorio integrado por su conciencia de tiempo, presente y futuro, para erigir en su interior un modelo social de bienestar y alegría, y, en su exterior, entrega permanente de solidaridad y amor genuino a la humanidad global, aportes que eviten que nuestra especie, más las otras con que compartimos el planeta, así como la naturaleza toda, prosigan por el rumbo que hoy padecen de explotación, opresiones, imposiciones, unilateralismo, desunión, injusticias, colapso ambiental.


Debe ser un objetivo indeclinable poner en marcha una geopolítica plural de puertas abiertas con todos los países que aspiren y dispongan una relación entre iguales con Colombia.
“[…] pregunta Bolívar al caballero isleño: ¿Quiere saber usted cuál es nuestro destino […] los campos para cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao y el algodón, las llanuras solitarias para criar ganado, los desiertos para cazar las bestias feroces, las entrañas de la tierra para excavar el oro […] (4).

Colombia, reserva ambiental del mundo. La naturaleza que habitamos es nuestra principal ventaja comparativa frente a otros países, y nuestro principal potencial, protegerla en su equilibrio dinámico, es la garantía de futuro armónico y luminoso para las generaciones del presente y las venideras.


Con esa conciencia de nuestro ser natural e histórico, deberá emprenderse la recuperación de mares, ríos, lagos, humedales, manglares, corales, y todos los ecosistemas hídricos, cuencas y microcuencas, destruidos para ‘sembrar’ cemento, como parte de un prometido desarrollo cuyo resultado hasta hoy es contrario a lo ofertado. En fin, protección y recuperación –donde sea necesario– de bosques, selvas, así como de todos los parques nacionales hoy delimitados, más otros que pudieran serlo en el futuro.
Conseguir que nos reconozcamos en los páramos que encumbran nuestras cordilleras, y protegerlos como nuestras más importantes fuentes de agua y cuna de biodiversidad. Igualmente, denegar todo proyecto de minería industrial en su interior, así como de siembra o ganadería de carácter comercial.


Estructurar un plan especial en todas las áreas para proteger, recuperar, y potenciar la cuenca del Amazonas.


Renunciar al desastre que significaría construir el Canal Atrato-Truandó o Canal del Darién, optando por la recuperación y la protección de todo el territorio que integra esa parte del país, frontera con Panamá.


Revertir, asimismo, la deforestación como la siembra de selvas con monocultivos de palma o cualquier otro vegetal, elemento destructor del equilibro ambiental de esas tierras, cuyos impulsores –a sangre y fuego– implementan una política de persecución, exclusión, despojo y desintegración de quienes allí han habitado siempre o quienes llegaron a esos terruños en años o décadas recientes en procura de tierra para un mejor vivir.


Matriz energética. Explorar otras fuentes de energía, más allá del petróleo, con menor impacto sobre el conjunto de la naturaleza, así como sobre la economía de nuestra población, partiendo para ello de lo ya avanzado y encontrado por la humanidad, así como de la diversidad y la potencialidad de nuestro territorio, en sus desiertos, llanuras, páramos, protegiendo en todo momento su integridad.


Mar–Islas. Sembrar conciencia en el conjunto nacional de que, más allá de las ciudades y los campos, contamos con mares e islas, plenos de diversidad en la vida que contienen y en ellos se reproduce. Por tanto, tomar conciencia acerca de que los ríos llegan a los mares, llevando muerte o vida, según la noción que sobre nuestra huella ecológica tenga cada uno de nosotros, así como el conjunto que integramos, y el modelo económico imperante. Si respetamos esta parte de nuestro ser territorial, podremos desarrollar allí ciencia, así como industria de alimentos, y realizar otras iniciativas que favorezcan nuestro bienestar. También, implementar planes especiales para recuperar a San Andrés y sus alrededores del desastre a que los ha llevado la falta de una política económica y ambiental que responda de verdad a su fragilidad natural.


Reorganización-descentralización de los grandes núcleos urbanos con que cuenta el país. Para ganar eficiencia urbana y calidad de vida, es inaplazable encarar su imparable crecimiento. Promover la salida y el traslado de varios millones de los habitantes de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, para que se ubiquen en nuevos asentamientos, construidos o ampliados según el caso y con no más de un millón quinientos mil o dos millones de pobladores, centros donde se encare la realidad del equilibro ambiental, diseñando espacios totalmente integrados entre vivienda, estudio, trabajo, recreación, lo que reduzca a lo mínimo indispensable la utilización del transporte con base en gasolina, y estimule el traslado a pie o en bicicleta, así como en un eficiente transporte urbano, con tarifa mínima o gratuita, entendiendo que este es uno de los mecanismos más expeditos para garantizar igualdad y redistribuir la renta pública.


Para ampliar ciudades, se deben identificar aquellas que cuenten con, máximo 300 o 400 mil personas y que en su entorno reúnan ventajas comparativas, como ríos y terrenos para la siembra de alimentos. En tales espacios se construirán universidades y centros de investigación estatales, que funcionen con un potenciado criterio público, centrados en las bondades del territorio.


A su vez, para construir nuevos poblados, se debe plasmar una amplia variedad de estudios que destaquen las bondades de diversas zonas del país donde es posible encarar este propósito sin destruir su ecosistema. Trabajo seguro, estudio con financiación a cargo del Estado, construcción de potentes centros de investigación, grandes espacios para esparcimiento y recreación, serán cualidades y bondades de estos proyectos a partir de los cuales no haya que transarse en disputa con quienes deben habitarlos.
Potenciar la economía nacional a partir de retomar e integrar lo público con lo privado, y en esto lo solidario, cooperativo y colectivo como primera instancia. Proteger como bien colectivo todo aquello que tenga valor estratégico y de utilidad común.


Reforma agraria integral. La condición insoslayable para que Colombia llegue a ser una sociedad otra descansa en la implementación de una reforma agraria integral, baluarte para la paz efectiva como para un amplio e intenso proyecto que garantice soberanía alimentaria para los millones que somos y además produzca en segundo renglón para el mercado externo.


Proyectando un transporte eficiente en medianas y largas distancias, mecanismos para movilizar la producción del campo a la ciudad, así como entre estas, e incluso entre países, abordar como Estado la recuperación del transporte férreo y acuático –flota naviera–, tanto de buques como de cabotaje.


Trabajo para todos(as). Plan de choque para acometer diversidad de obras civiles, cuidado de bosques, construcción y mejoramiento de vías en todos los órdenes. Poner en marcha una política salarial, de planeación colectiva y de incentivos en todo nivel, de manera que el trabajo deje de ser una carga y se transforme en proyecto de vida de las mayorías.


Educación y salud, derechos universales y gratuitos.


Recuperación de bienes estratégicos de la nación: telefonía y comunicaciones, empresas que tengan que ver con la prestación de servicios públicos –hospitales, represas, acueducto, etcétera.


Reducir al mínimo posible la concentración de la riqueza y la desigualdad social.


Política tributaria: quien tiene más paga más.


Democracia plena, deliberativa, participativa, directa, refrendataria, política, económica, social, cultural, ambiental.


Sistema punitivo y cárcel. Asumir que la cárcel no corrige y, por el contrario, deforma a quien la padece. Dejarla como último recurso para tratar personas no adaptadas a las leyes discutidas y aprobadas en el conjunto social. A mayor justicia e igualdad, y mejor convivencia social, menor debe ser el número de las contravenciones.


Espacio aéreo. Aprovechar nuestra ubicación en la zona ecuatorial para la investigación y el aprovechamiento del espacio aéreo. Establecer alianzas con terceros países que nos ahorren en investigación y nos desatrasen en todo lo concerniente a soberanía informática y similares.


Ciencia. Investigación y desarrollo del conocimiento en procura de un mejor bienestar para los nuestros y para el resto de la humanidad. Es imperioso retomar el mejor conocimiento producido en otros países en todas las áreas, a fin de lograr una mejor vida para nuestra sociedad. Asimismo, reconocer nuestras tierras en procura de una botánica útil para potenciar una farmacéutica de preevención y cura de enfermedades. En el mismo orden de ideas, rescatar los saberes ancestrales –en plantas y energías– con el permiso de sus poseedores, para superar una industria que en este campo hoy no se preocupa por curar sino por especular con la salud y la vida de la humanidad.

[…] “Sobre esta claridad irá naciendo
la granja, la ciudad, la minería,
y sobre esta unidad como la tierra
firme y germinadora se ha dispuesto
la creadora permanencia, el germen
de la nueva ciudad para las vidas” […] (5).


1. Neruda, Pablo, “Los libertadores”, en Canto general, 1950.
2. Augusto César Sandino, “Plan de realización del supremo sueño de Bolívar” (1929), en Pensamiento bolivariano. Origen, desarrollo, vigencia. Ediciones Desde Abajo, 2005, Bogotá, pp. 101-120.
3. Neruda, Pablo, “América insurrecta”, op. cit.
4. Bolívar en: Gómez, García, Juan Guillermo, Hacia la independencia latinoamericana: de Bolívar a González Prada, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2010, p. 51.
5. Neruda, Pablo, “Letra”, op. cit.

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El Paramilitarismo busca servirse de las juntas comunales e implantar el Memoricidio

Nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve nuevamente en la necesidad de recurrir al país y al mundo para denunciar las graves violaciones a sus derechos fundamentales de que ha sido víctima en los últimos meses.

Al igual que los gobiernos anteriores, el Presidente Duque ha optado también por la política de brazos caídos y oídos sordos frente al paramilitarismo. A pesar de haber recibido voluminosos documentos que le demuestran la continuidad de políticas de Estado de complicidad, connivencia, tolerancia y mucho más frente a millares de crímenes perpetrados por estructuras armadas cuya relación con el Estado ha sido puesta en evidencia ya por numerosas sentencias de tribunales nacionales e internacionales, prefiere callar y no actuar para seguirles dejando las manos libres.

El paramilitarismo en Urabá pasó de períodos en que actuaba adjunto a la fuerza pública a la luz del día sin ningún pudor, a períodos de separación coordinada, acompañada de un intenso negacionismo, afirmando todas las instituciones que “el paramilitarismo no existe” mientras todo el mundo los ve actuar dentro de los mismos parámetros políticos y criminales de siempre. Ahora parecen entrar en un nuevo período en el cual la cooptación de las juntas de acción comunal les sirve de camuflaje, pues descargan en ellas la ejecución de sus decisiones, prohibiéndoles delatar sus estrechas relaciones. Ya las más atrevidas políticas contra la población campesina y contra sus valores ancestrales aparecen como “decisiones democráticas” de las juntas de acción comunal, aunque todo el mundo sabe que son órdenes del paramilitarismo recibidas a su vez del alto gobierno. Oponerse a esas decisiones puede traer graves consecuencias y los miembros honestos de las juntas lo saben muy bien y por eso prefieren callar y someterse.

Dentro de esta nueva estrategia, a las juntas de acción comunal se les ha encargado gestionar el MEMORICIDIO, o sea el exterminio de la memoria histórica. Nuestra Comunidad está sufriendo ahora las amenazas de destrucción de los monumentos de memoria que señalan los lugares sagrados donde fueron sacrificados nuestros líderes con altos grados de sevicia por parte de militares y paramilitares. Ahora son, pues, las juntas comunales las que bloquean o quieren exterminar la memoria, cumpliendo órdenes perversas de los poderes vigentes. Era difícil imaginar que se podría llegar a esa ignominia, pero lamentablemente ya es un hecho.

Los hechos que queremos poner en conocimiento del país y del mundo son los siguientes:

En la última semana de octubre de 2019, el ex militante de las FARC-EP y ahora integrante de la estructura paramilitar con presencia en el Cerro de Chontalito, conocido como “Pablo”, participó en una fiesta en la vereda Cabecera de Mulatos y allí quiso asesinar a un joven de la zona a quien persiguió con un arma; cuando el joven se le escapó, él lo buscó por diversas viviendas para darle muerte. Cuando la Junta de Acción Comunal abordó el caso, consideró que no podían arreglar el problema con alias “Pablo” sino que debían comunicarse con alias “René”, también ex militante de las FARC-EP y quien ahora ejerce la comandancia del paramilitarismo en la zona de San José de Apartadó.

El sábado 2 de noviembre de 2019, en la vereda La Esperanza una tropa del ejército ingresó a una vivienda donde sólo estaban los niños, pues los padres habían salido a trabajar. Cuando uno de los niños observó que ellos llevaban un radio, les dijo que ese radio era igual al de su papá y fue y sacó el de su papá para mostrárselo. Los militares comprobaron que en realidad era un radio de su institución, lo que confirmaba que el jefe de ese hogar era un espía o “punto” paramilitar. Los militares regresaron a esa vivienda en la tarde cuando el señor regresó de su trabajo y departieron amigablemente con él como colegas.

En la primera semana de noviembre de 2019, en un sitio aledaño al centro urbano de San José de Apartadó fue citado un joven del caserío por paramilitares; al llegar fue amenazado de muerte acusándolo de robo y drogadicción. El joven no aceptó la acusación de robo y afirmó que si consumía droga era con su dinero. El hecho es demostrativo del tipo de “justicia” de facto que pretenden implantar los paramilitares en la región.

El sábado 9 de noviembre de 2019, el ex militante de las FARC-EP y ahora integrante de la estructura paramilitar con presencia en el Cerro de Chontalito, conocido como “Pablo”, llegó hasta la Bodega de comercialización del cacao en San Josesito, acompañado por otros integrantes de la estructura paramilitar y permaneció un tiempo en sus alrededores en actitud de espionaje.

En la segunda semana de diciembre de 2019, la Comunidad de Paz recibió informaciones según las cuales alias “Pablo”, ex integrante de las FARC-EP y ahora integrante con mando importante en la estructura paramilitar, se desplazó a la vereda de Saiza, del municipio de Tierralta, del departamento de Córdoba, a dar un curso sobre explosivos a la estructura paramilitar de dicha zona.

El viernes 13 de diciembre de 2019, varios integrantes de la Comunidad de Paz quienes se desplazaban por el camino que conduce del caserío de San José a la vereda La Unión, encontraron sobre el camino un panfleto manuscrito en el cual se incitaba a “dar muerte a los sapos”, refiriéndose a los denunciantes. La molestia y furia con que los paramilitares se refieren a las denuncias de sus acciones es algo ya muy conocido en la región, así como su acusación permanente a la Comunidad de Paz de denunciar ante el mundo todas las agresiones criminales de los actores armados y las violaciones a los derechos humanos y atentados contra la dignidad humana.

El miércoles 18 de diciembre de 2019, algunas juntas de acción comunal de la zona convocaron a una reunión de pobladores en la vereda La Esperanza para transmitir la orden de los paramilitares de obligar a todos los pobladores a pagarles impuestos ilegales de 10.000,oo (diez mil pesos) por cada hectárea de tierra que posean.

En el mes de diciembre de 2019 se han intensificado los anuncios, por parte de juntas de acción comunal de la zona, impulsadas por estructuras paramilitares que les imparten directrices, de destruir construcciones realizadas por la Comunidad de Paz en sitios sagrados de memoria de sus víctimas. Desde hace un tiempo la Comunidad de Paz ha venido construyendo un monumento – memoria de la masacre perpetrada por el ejército y los paramilitares el 8 de julio de 2000 en la vereda La Unión. Por su parte, la junta de acción comunal de dicha vereda ha amenazado reiteradamente con destruir el memorial, alegando que el gobierno les ha ofrecido construir en ese mismo sitio una placa poli-deportiva. Esto coincide, en su estrategia, con las presiones de la junta de acción comunal de la vereda Mulatos Medio, la cual ha querido apoderarse violentamente de la Aldea de Paz Luis Eduardo Guerra, donde la Comunidad hace presencia desde hace 15 años y ha construido una capilla en el sitio sagrado donde fue masacrado Luis Eduardo con su compañera y su hijo de 10 años. En ese mismo sitio la junta de acción comunal alega que el Estado les ofrece construir una escuela y una caseta de venta de licores, precisamente allí y no en otro sitio. No cabe duda de que estas amenazas coincidentes revelan una política estatal de memoricidio, como afán de borrar la memoria de las víctimas y de los crímenes de Estado.

En otros países, el negacionismo y el memoricidio se desarrollan en períodos de posconflicto y de posviolencia, cuando la memoria busca exigir que se tomen medidas de corrección y de no repetición. En Colombia esas perversas estrategias coinciden con la continuidad de los crímenes, pues mientras los paramilitares, brazo armado ilegal del Estado, tratan de bloquear la memoria valiéndose de las juntas de acción comunal, esos mismo paramilitares continúan exterminando el liderazgo social del país y matando a los combatientes desmovilizados.

Otra labor destacada de las juntas de acción comunal en los últimos meses ha sido la recolección de firmas en favor de las empresas transnacionales orientales (Coreanas y Chinas) que ya están diseñando la explotación del carbón y de varios metales, comenzando por el corregimiento de Nuevo Antioquia (Turbo) y avanzando por las veredas de San José de Apartadó. Igualmente promueven la presentación de hojas de vida para ser contratados por esas empresas, como solución al problema del desempleo. Es profundamente lamentables que el Estado quiera apoyarse en necesidades básicas insatisfechas de la población campesina para involucrarla en un modelo económico basado en la destrucción definitiva de recursos naturales no renovables, explotación que daña y envenena radicalmente el medio ambiente.

Una vez más agradecemos a las numerosas comunidades y personas que desde muchos lugares del país y del mundo mantienen en alto nuestra moral de resistencia y nuestros ideales de un mundo menos inhumano que el que vivimos. Al mismo tiempo les deseamos que el año que va a comenzar sea una nueva oportunidad de unir fuerzas entre todos los sectores del mundo que se apoyan en principios éticos humanitarios con el fin de avanzar en la construcción de la justicia, la solidaridad y la paz entre los vivientes.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Diciembre 26 de 2019

Publicado enColombia
Jueves, 26 Diciembre 2019 05:30

¡La memoria es nuestra!

Adriana Gómez,  Inundados de la serie “Tapia pisada”, 50 x 80 cm., técnica mixta/mdf, 2011 (Cortesía de la autora)
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 El Ministerio de la Verdad se ocupa de manipular o destruir documentos históricos como fotografías, libros y periódicos para lograr que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia narrada por el partido que gobierna, al parecer, desde siempre. Winston Smith es funcionario del ministerio, editor de memoria histórica. Vive en una Londres lúgubre e hiper-vigilada por telepantallas que recuerdan a todos que el Gran Hermano siempre vigila. En el mundo hay tres superpotencias: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. La historia oficial dice que Oceanía –regida por el Gran Hermano–, y Eurasia, siempre han sido aliadas contra Asia Oriental. Hay un enemigo a odiar, Emanuel Goldstein, a quien cada día se dedican tres minutos de odio. Inesperadamente, Oceanía y Eurasia entran en guerra y Oceanía se alía con Asia Oriental. Hay que cambiar la historia para que aparezca como si siempre Oceanía y Asia Oriental hubiesen sido aliadas contra Eurasia. Winston procura mantener la cordura; escribe en su diario: “Aquel que controla el presente, controla el pasado. El que controla el pasado, controla el futuro”.

 

¡La memoria es nuestra!


Lo anterior corresponde a la trama de 1984 de George Orwell. Es una representación del negacionismo histórico, una práctica usada por ciertos gobiernos (apoyados en historiadores cómplices) para distorsionar, ilegalmente, los registros históricos. Los métodos utilizados son diversos: borrar o destruir fuentes, presentar documentos falsos como auténticos, atribuir conclusiones a libros que en realidad demuestran lo contrario, manipular estadísticas para soportar un cierto punto de vista o perspectiva. ¿Con qué propósito? Alcanzar un fin político, transferir las culpas del conflicto al otro, satanizar al enemigo, proveer la falsa ilusión de una victoria. Una vertiente del negacionismo, pero distinta, es el revisionismo histórico, que se encarga de reescribir lo que hasta entonces se ha preservado como memoria de lo sucedido y busca una interpretación distinta de los hechos o, lo que es más común, minimizarlos o trivializarlos con el fin de acomodar los intereses de quienes pretenden ese intervencionismo sobre la memoria.


Es elemental señalar que escribir la Historia requiere de la memoria, pero no por eso puede soslayarse. La identidad cultural de los pueblos se construye a partir de lo que estos saben y recuerdan de su pasado, de los hechos y acontecimientos; y, sobre estos se edifican narrativas que dan cuenta de que pasó y cómo pasó. De allí la importancia y la función que ocupa la memoria en la sociedad. Pero la memoria es frágil y a la vez dúctil, susceptible de ser formada como un puñado de arcilla húmeda. En ese sentido suele haber intereses de quienes detentan el poder o ejercen influencia sobre él para silenciarla o moldearla. Poder y memoria, con frecuencia constituyen una relación desigual en donde el primero abusa repetidamente de la segunda. Al establecer una impronta en los imaginarios culturales y sociales se alcanza el resultado buscado: engañar la sociedad con fines netamente políticos.


Hay numerosos ejemplos de negacionismo y revisionismo histórico ejercidos por gobiernos, grupos de poder o de influencia mediática en el pasado reciente: los crímenes de guerra cometidos por Japón en la guerra con China, el por qué, el para qué y los efectos de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, las circunstancias de la desintegración de América Latina y la persistente violencia padecida por sus pobladores, los crímenes de guerra cometidos por los serbios en las guerras en Yugoslavia, el genocidio turco contra los armenios, las purgas contra opositores, intelectuales y artistas durante el estalinismo, la exclusión de los armenios en la historia de Azerbaiyán, el número de víctimas durante las protestas de la plaza Tiananmen, los intentos de trazar una continuidad macedonia desde la antigüedad para legitimar el reclamo de la independencia, las pretensiones de revisar la magnitud del Holocausto. La enumeración puede alargarse.


Es claro entonces que no es inocua ni desarticulada la iniciativa del gobierno Duque para nombrar en instituciones dedicadas a recoger, conservar y dar a conocer la memoria –en especial, en lo relacionado al conflicto armado–, a personas cercanas al Centro Democrático, como Darío Acevedo, que han evidenciado posiciones negacionistas o revisionistas del conflicto. En lo corrido del año han decretado relevos en el Centro de Memoria Histórica (Cnmh), en el Archivo General, en el Museo Nacional y en la Biblioteca Nacional. En otras instituciones, como el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), se respira la zozobra de que el relevo pronto vendrá, en línea con lo mencionado arriba.


Lo anterior es más crítico cuando ocurre en un país que no ha logrado, a pesar de los intentos recientes, cerrar el conflicto de manera definitiva. Ha quedado en evidencia que las causas de este son profundamente estructurales y que un acuerdo de paz, unos actos legislativos y unas cuantas leyes a partir de los anteriores son insuficientes para poder pasar la página; el contrapeso político ha sido tan eficaz como funesto. El conflicto está vivo: el diálogo con el Eln suspendido, los ataques terroristas continúan, los líderes sociales diezmados por fuerzas oscuras que el Estado se niega a desenmascarar, el narcotráfico y las disidencias de las Farc copan espacios dejados por las viejas estructuras, la JEP sigue bajo asedio político y jurídico, las organizaciones de corte paramilitar mantienen el control en sectores y rutas estratégicas para el narcotráfico, la minga en el Cauca es ignorada y burlada por el presidente, el partido de gobierno insiste en polarizar a la sociedad (las vallas que increpan al ciudadano: “Y usted, ¿de qué lado está?”), el país desangrado por la corrupción mientras los intocables siguen rampantes… ejemplos no faltan para demostrar lo lejos que se vislumbra el fin del conflicto. En consecuencia, la memoria está en disputa mientras el conflicto sigue su curso bajo un gobierno que lo aviva y lo enciende y a la vez insiste en negar su existencia; de allí la precariedad, la fragilidad de la memoria que se ha preservado y la que se intenta preservar mientras los acontecimientos se siguen desplegando ante los ojos de la sociedad.


Por ello, surgen preguntas: ¿Qué pretende la administración Duque en torno a esos nombramientos en instituciones clave para la memoria del país? ¿Cuál es la intención última de estas decisiones? Y, en el mismo sentido: ¿Qué papel juega la memoria de las víctimas y protagonistas del conflicto en la construcción de la paz? ¿Quiénes escriben o deben dar cuenta de esa memoria?


Aquellos nombramientos representan, como menciona Arenas (1), un sector de la sociedad colombiana que no reconoce el conflicto armado, ni admite la responsabilidad del Estado en cientos de crímenes –entre ellos los llamados falsos positivos–, ni la de terceros involucrados, y que también rechaza la implementación de los acuerdos de paz de La Habana, y, más aún, la posibilidad de una salida negociada a la guerra. Es, como lo afirma, por otra parte, Pernett (2) la visión conservadora de la historia de Colombia, una que aduce que el país se ha malogrado a causa de algunos desadaptados que no han respetado el orden existente y que la única forma de enfrentar estos desórdenes ha sido a través de la aplicación de la mano dura. Y, –bajo esa misma visión conservadora– si algún exceso ha cometido el Estado ha sido en nombre de un bien mayor, de modo que sus agentes deben ser respetados a pesar de ello, al punto incluso de justificar las masacres contra civiles, como afirmó el expresidente y senador Uribe Vélez en su cuenta de Twitter el pasado 7 de abril: “Si la autoridad, serena, firme y con criterio social implica una masacre es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”.


Los riesgos de un intervencionismo negacionista son múltiples: En primer lugar, la posibilidad que existe de silenciar, cambiar o moldear las narrativas sobre la identidad de nuestro país que se han construido, al menos, desde los eventos del 9 de abril de 1948. Basta con observar, por ejemplo, cómo, durante el ejercicio realizado por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, (Chcv, 2016), nombrada por la mesa negociadora de La Habana, varios de sus miembros, como Duncan, Torrijos y Jorge Giraldo, presentan ensayos para interpretar los orígenes del conflicto, en donde niegan o minimizan en diferentes escalas el conflicto como tal y lo atribuyen a una disputa entre paramilitares y guerrilleros en torno al tráfico de drogas. De otra parte, y como contraste, en la misma Comisión (3), se presentaron informes como el de Estrada y Vega –y la relatoría de Moncayo–, que reconocen los orígenes y las causas del conflicto a mediados, comienzos del siglo veinte o incluso antes y cómo los Estados Unidos ha tenido una injerencia directa desde mediados del siglo diecinueve. Menciona Arenas (4): “Controlar esas instituciones culturales e implementar en ellas políticas de memoria que silencien, nieguen, excluyan e invisibilicen implicará una evidente desigualdad en la posibilidad de registro, enunciación e identificación de las huellas del pasado y, seguramente, la imposición de una versión oficial sobre los hechos”. En segundo lugar, García (5) advierte los riesgos de generar una paz negativa, una “paz del olvido de ciertos crímenes y de la acentuación de otros”. En tercer lugar, lo que implicaría en el producido de esas entidades: publicaciones, reportes, informes, bibliografías y exhibiciones de museos, de archivos y de bibliotecas que pretendan invisibilizar los impactos del conflicto o los sesguen excluyendo a unas o varias de las partes del conflicto. En cuarto lugar, y aún más importante, que se niegue el derecho, directamente a las víctimas o representadas en organizaciones, colectivos, ONG, la academia y organizaciones sociales, a darle un sentido al pasado. Estamos, entonces, ante una disputa por restituirles la dignidad, por reivindicarles sus demandas, y por la defensa de los derechos humanos, por la justicia y por la reconciliación (6).


Lo cierto es que el país requiere de narrativas múltiples, de visiones pluralistas en las que las víctimas del conflicto, más allá de quienes fueron sus victimarios, puedan expresar su dolor y que ese dolor quede registrado en la memoria colectiva del país. Los victimarios, también en su proceso de reparación, tienen un espacio importantísimo para preservar esa memoria. No se trata de imponer unas narrativas sobre otras; ni de desbalancear las responsabilidades del conflicto, ni de ejercer venganzas, sino que la verdad y la memoria, sea narrada, preservada y honrada. Es sabido que “La preservación de la memoria histórica es uno de los mecanismos de la reparación simbólica a las víctimas del conflicto armado y un componente central del derecho a la verdad de las víctimas y sociedades” (7). De igual forma, por lo anterior, una de las formas de generar reconciliación es precisamente que “Se narren los hechos, que se haga historia, pero no historia tradicional sino memoria. Es narración de hechos y hechos desde el punto de vista ético, desde el punto de vista de las víctimas, de los silenciados, de las mujeres, de los niños, de los que han sido victimizados, de los que no han contado la historia […] y de esa manera es posible la reconciliación” (8).


El riesgo también está, en línea con lo anterior, que al tomar posesión de entidades como las mencionadas, por parte de un partido en el gobierno que desde antes de llegar al poder promovió el No en el plebiscito del 2017, se ahonde el proceso de entorpecer, obstaculizar e intentar deslegitimar los acuerdos (9), y que se acentúe la desfinanciación de todo lo que signifique mantener vivos los proyectos e iniciativas derivados de los acuerdos de paz.


El caso de Acevedo al frente del Cnmh es para preocuparse. Corresponde a un negacionista que sostiene –a pesar de haber militado en el ala política de Epl– que en Colombia no ha habido conflicto armado sino delincuencia asociada con el “narco terrorismo”. Con opiniones de esa naturaleza es legítima la intranquilidad por parte de sectores de la academia, las organizaciones de víctimas, las ONG y numerosos pensadores del país, que lo que pretende Acevedo, en últimas es intentar silenciar o moldear la historia reciente del país.


Por otro lado, el nombramiento de Enrique Serrano en el Archivo Nacional también ha levantado desconfianza por su tradición de pensamiento hispanista, europeizante y poca afinidad a lo que huela a “colombianidad”, a “criollo” o a la población originaria de América. Basta leer sus libros para entender su pensamiento al respecto. El nombramiento de un perfil como ese sorprende por partida doble: primero, en que se le haya designado para confiarle el acervo documental de nuestra identidad histórica y, segundo, en qué Serrano haya aceptado la responsabilidad por una memoria histórica a la que manifiesta tenerle tanta antipatía.


Igualmente levanta ampollas personas como Adriana Valderrama en el Museo Casa de la Memoria de Medellín –si bien fue nombrada hace casi tres años, parece encajar en el perfil de los recientes nombramientos de Duque– quien ha hecho reparos al trabajo del Cnmh y a lo que debe ser su relación con las víctimas (10).


Pero hay que ir más profundo a lo que puede ser transitorio; finalmente son funcionarios de turno, y es difícil pensar que, así detenten temporalmente el poder, puedan cambiar, alterar o negar la historia de nuestro conflicto. Afortunadamente, el terreno ganado no es poco en los últimos años. Existe un sólido conjunto de documentos, testimonios, exposiciones, declaraciones, confesiones (a nivel judicial y por fuera del sistema procesal), en las que han participado tanto víctimas como victimarios (11).


Podría parecer ingenuo temer que este laborioso andamiaje para construir memoria pudiese ser socavado por unos pocos. Por toda la geografía nacional brotan centros de memoria a través de la Red Colombiana de Lugares de Memoria: el Parque Monumento de Trujillo, Valle; el Museo Itinerante de la Memoria y la Identidad de los Montes de María, Bolívar; el Centro Comunitario Remanso de Paz, Pueblo Bello; la Casa de la Memoria de la Costa Pacífica Nariñense; el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá; el Salón del Nunca Más, Granada, Antioquia; el Centro de Memoria del Conflicto, Valledupar, Cesar; el Centro integral de formación y fortalecimiento cultural Wiwa Sierra Nevada de Santa Marta; el Museo Caquetá; el Lugar de Memoria del Atrato, Bojayá, Chocó, y al menos otros diez, son prueba suficiente de que la memoria se recupera por toda la geografía nacional.


Sin embargo, no es para dormir tranquilo. A todos estos centros de memoria los persigue un fantasma llamado fuentes de financiación, si bien algunos requieren de sumas tan pequeñas como treinta millones de pesos al año para su operación. Desde el gobierno anterior los miembros de la red habían manifestado la precariedad de su supervivencia por falta de destinaciones específicas que aseguren su operación (12). La amenaza de minar la estructura financiera de estos lugares se extiende sin pausa y no sólo por vacíos jurídicos sino por decisiones administrativas que parecen seguir claras directrices de quienes no les interesa que la memoria se preserve. Otro ejemplo es el contra-monumento Fragmentos, obra realizada por la escultora Doris Salcedo a partir de la fundición de armas entregadas por las Farc. A menos de seis meses de inaugurado, ya acusa recortes presupuestales ejercidos por el actual gobierno. En esa línea, el PND 2018-2022, en curso en el Congreso, tiene previstos serios recortes para la paz (13). La conclusión es que no es necesario intervenir físicamente la memoria para silenciarla o moldearla. Basta con quitarle el oxígeno, desconectarle los recursos para que agonice y muera.


La pregunta que subsiste es ¿de qué manera puede garantizarse la independencia, el funcionamiento y el sostenimiento de estos lugares sin que queden sujetos al vaivén de los gobernantes de turno? Es sabido que hay instituciones que no pueden ser estatales pues corren el riesgo de politizarse. Por ello, parecería necesario dotar a nuestros centros de memoria de autonomía presupuestal, y de los mecanismos necesarios para que sus directores sean nombrados no por los políticos de turno sino por organizaciones y colectivos que representen a las víctimas del conflicto. La academia también tiene responsabilidad, al menos parcial, para financiar y asegurar la subsistencia de dichos centros. En otros lugares del mundo se ha logrado, no sin dificultades, en torno a la financiación de las comisiones de la Verdad. Es necesario preservar la memoria sin los sobresaltos de gobiernos negacionistas y revisionistas y más aún, garantizar la autonomía presupuestal y administrativa a los centros de documentación y memoria histórica que permita honrar las víctimas y sus narrativas, y por allí mismo las de una parte importante de la nación (que aunque fue derrotada en el plebiscito del 2016) sueña con la paz y la reconciliación.


Ahora bien, al ampliar la imagen a un plano general, es posible comprender cuánto hay en juego. Cuando lo que se busca privilegiar el ignorar y el olvidar sobre el recordar; cuando el pensamiento crítico que surge de las más hondas raíces del positivismo es desestimado, cuando lo que se prefiere es la venganza sobre el perdón y la reconciliación, cuando se desconocen los avances hechos por una sociedad que quiere, por fin, una paz estable y duradera, es posible vislumbrar el alcance y las pretensiones de un gobierno negacionista y revisionista.


Otros países enfrentan los mismos retos. La memoria de las víctimas está en vilo en muchos lugares. Hay una suerte de abandono estatal para conocer y preservar la verdad. Los crímenes cometidos por el franquismo, el nazismo y la dictadura de Pinochet siguen siendo una herida abierta para los familiares de los desaparecidos y de las víctimas. Un informe del Consejo de Europa (14) amplía la lista de países que no establecen “la verdad sobre las personas desaparecidas” a Armenia, Azerbaiyán, Irlanda del Norte, Georgia, Rusia, Turquía, los Balcanes occidentales, Ucrania y España. Las leyes de memoria histórica, entre ellas, la de España, son frágiles y no se cumplen como es debido. Mientras Macron intenta abrir los archivos de la guerra de Argelia (1954-1962) y reconoce que Francia legalizó la tortura durante el conflicto, Marine Le Pen se opone para no “reabrir heridas” (15). Las Comisiones de la Verdad enfrentan múltiples obstáculos; en Chile se le ha querido silenciar o limitarla en sus alcances (16). Son, paradójicamente, campos de batalla por la memoria. Por otra parte, las leyes de amnistía, de punto final, así como la presión ejercida por influyentes grupos políticos involucrados o herederos ideológicos de los crímenes cometidos entorpecen su labor. En consecuencia, la disputa por la memoria es un asunto crítico que tiene implicaciones profundas en la sociedad y en las narrativas identitarias de los pueblos que han atravesado los horrores de la guerra.


No es impertinente intentar trazar enlaces entre el tipo de sociedad en la que Winston Smithvive –1984 no es más que una distopía literaria, pero no por ello deja de ser aterradoramente premonitoria– y la que hoy acecha al individuo de nuestra época. Winston, comprende, finalmente, tras ser torturado por la Policía del Pensamiento, la verdad de los tres eslóganes del Gran Hermano: La Paz es Guerra, la Libertad es Esclavitud, la Ignorancia es Fortaleza. Su voluntad ha sido quebrantada, su mundo íntimo ha dejado de existir. Sentado en un café, entiende que ahora ama al Gran Hermano y sonríe estúpidamente al ver su imagen en un afiche en la pared.

 

1. Arenas, S., “La memoria en disputa”, en Hacer memoria, http://hacemosmemoria.org/2019/02/28/la-memoria-en-disputa/, 2019.
2. Pernett, N., “El uribismo y su campaña para moldear la memoria”, en Razón pública, https://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/11823-el-uribismo-y-su-campana-para-moldear-la-memoria.html, 2019.
3. Comisión Historia del Conflicto y sus Víctimas (CHVC) (2016), Contribución al entendimiento del conflicto amado en Colombia, Ediciones Desde Bajo, Bogotá
4. Hacer memoria..., op. cit.
5. García D. , “La memoria, la historia y lo ausentes en la disputa por la verdad”, en El Espectador, 24 de marzo 2019.
6. Arenas, S., Hacer memoria..., op. cit.
7. Centro Nacional de Memoria Histórica, Museo Nacional de la Memoria: un lugar para el encuentro. Lineamientos conceptuales y guion museológico, en http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes-accesibles/museo-lineamientos_accesible.pdf, 2017.
8. Ibídem.
9. Como por ejemplo las objeciones del presidente a la ley estatutaria de la JEP bajo argumentos como “estamos a solo seis artículos de alcanzar la paz”,
10. Pernett, N., “El uribismo y...., “, op. cit.
11. Véase, por ejemplo, la entrevista “Quiero que todo el país sepa la verdad que conté: Pirabán” publicada en El Espectador 14 abril 2019 a Manuel Piraban (Jorge Pirata), ex líder del grupo Pitada de los Llanos quien tras haber cumplido pena de prisión ha regresado a la vida civil para reunirse con las víctimas de sus masacres y sus crímenes, no solo para pedir perdón sino para responder las preguntas y angustias de los familiares de sus víctimas. También, la exposición Ríos y Silencios, montada por Juan Manuel Echavarría en el MAM en enero de 2018 y del que hay una cartilla coleccionable .
12. Verdad Abierta, “Nosotros ya tenemos la memoria” en https://verdadabierta.com/nosotros-ya-tenemos-la-memoria-historica/, 2016.
13. El Nuevo Siglo, “Audiencia pública tras recortes para paz PND 20018-2022”, febrero 15 de 2019.
14. El Diario, en https://www.eldiario.es/sociedad/Europa-Espana-abandono-victimas-desaparicion_0_495901430.html, 2016.
15. Rtve, Memoria histórica en Francia, Macron reconoce públicamente que Francia legalizó la “tortura” durante la guerra de Argelia en http://www.rtve.es/noticias/20180913/macron-reconoce-publicamente-francia-legalizo-tortura-durante-guerra-argelia/1797861.shtml, 2018.
16. Bernasconi Ramírez, Oriana, Daniela Mansilla Santelices y Rodrigo Suárez Madariaga. 2019. “Las comisiones de la verdad en las batallas de la memoria: usos y efectos disputados de la verdad extrajudicial en Chile”. Colombia Internacional (97): 27-55. https://doi.org/10.7440/colombiaint97.2019.02

*Escritor. Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia. Su novela más reciente es La sembradora de cuerpos, Seix Barral, 2019.

Publicado enColombia
Jueves, 26 Diciembre 2019 06:43

Amarillo, azul y rojo, el tejido nacional

Adriana Gómez, Laboratorio de la serie “Tapia pisada”, 40 x 17 x 17 cm., cerámica/madera, 2013 (Cortesía de la autora)
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 

¿Cómo ha podido llegar nuestro país al punto donde se encuentra? ¿Cómo es posible que en medio de la prolongada barbarie registrada acá durante los últimos 70 años, por lo menos, el dominio de quienes siempre lo han controlado se mantenga y se prolongue? ¿Cómo es posible que en un país de tan inocultables desigualdades haya gente que las justifique como el lógico resultado de la naturaleza humana, es decir, aquello de que “siempre hay y habrá pobres y ricos”?


Estos y otros interrogantes posibles, que pueden llenar cuatillas, resisten diversas respuestas, entre ellas el consabido imperio de la fuerza, así como los efectos de su despliegue, es decir, los miedos, tal vez por comodidad –“Es mejor no meterse en cosas ‘que no son conmigo’”. Son estas las actitudes derivadas en parte del efecto colateral de una violencia prolongada con sus vientos asesinos hasta todo aquel o aquella que “mete la nariz donde no le han llamado”.


Por fuera no queda la posibilidad de conformismo, producto derivado de una sociedad presionada a romper sus lazos más profundos de solidaridad natural, hasta llevarla a la fragmentación y/o atomización, todo ello como resultado de los últimos 50 años de guerra abierta contra la sociedad, tanto en lo militar como en lo económico social.


Las respuestas, como es posible inferir, también pueden llenar una o más cuartillas. Así puede ser. ¿Pero esta realidad no tendrá que ver, sin dejar de lado las opciones relacionadas, con el hacer y el dejar hacer de los medios de comunicación hegemónicos en Colombia?


Como es sabido, el dominio social es más fácil de concretar si el dominado carece de conciencia sobre ello –alienación–, pero también si el dominado lo acepta con toda conciencia –identidad y sumisión–. La fuerza impone pero también cosecha repulsa, lo que no sucede con el dominio social, que hace ver como normales la pasividad, el conformismo, el miedo, la tolerancia, el individualismo, la atomización.


Y así ha ocurrido entre nosotros a través de un relato, tejido poco a poco, a lo largo de décadas; zurciendo ideas, conceptos, imágenes, razones, como hilos de una sola prenda, amarillo, azul, rojo, que al final son la camisa, el gorro o la bata conocida como historia nacional, de la cual se desprende el simplificado decir de que “Así somos los colombianos”.


Ese relato pasa de generación en generación, en una primera época mediante la evangelización, para ser reforzada luego por el sistema educativo, fortalecido en una tercera etapa por la acción ideológica de multitud de iglesias, ahora no sólo la católica, que pierde el control hegemónico de las almas, con un reforzamiento en el día a día, en tercera y cuarta épocas, por los medios de comunicación, baluartes en una primera fase de los dos únicos partidos políticos que han gobernado el país, y ahora expresión del poder financiero-empresarial que reina entre nosotros.


Amarillo


Los medios de comunicación, con sus modalidades de cubrir la cotidianidad nuestra como nación, ocultan los factores de poder que determinan, con su forma de gobernar, la Colombia realmente existente, esa que registra un Gini de 0,886 en la concentración de la tierra, y en que el 10 por ciento más rico de la población acapara el 70,2 por ciento de la riqueza nacional. En Colombia, la brecha que algún presidente prometió cerrar, sin cumplir con su cometido, 48 años después de su promesa “8.500 propietarios son dueños del 77 por ciento de los CDT depositados en el sistema bancario, y 9.200 son dueños del 65 por ciento de los depósitos de ahorros”, como consecuencia de lo cual “[…] el Gini de la distribución de los depósitos financieros es un asombroso 0,92 para los CDT, 0,94 para los depósitos de ahorro y 0,97 para las cuentas corrientes” (1)


Es función del periodismo genuino interrogar, cuestionar, dudar, ahondar, llamar la atención… Pero los medios criollos soslayan los reiterados informes internacionales que indican que el nuestro es uno de los países más desiguales del mundo. ¿O en alguna ocasión han cuestionado que la concentración de riqueza alcance una continuidad nunca rota, a pesar de todos los planes de los gobernantes de turno, con lo cual cumplen con la norma constitucional pero no mucho más? ¿Cuándo les brindan suficiente espacio y eco a las voces críticas que llaman la atención sobre esta realidad y proponen medidas de cambio para romperla?


En Colombia, la labor periodística de los medios oficiosos, con sus focos puestos donde no corresponde, contribuye a ocultar razones y realidades, tanto como a prolongar y profundizar la sombra de la desigualdad social que reina entre nosotros. Es una labor seudoinformativa que engendra analfabetismo político –y, como consecuencia de ello, apatía por la cosa pública–, que domina entre amplias capas sociales. Tal analfabetismo les otorga asidero a razonamientos populares para explicarse la realidad de miseria que los agobia como reflejo de su “mala suerte”, de su “incapacidad de trabajo”, o porque “así lo quiere Dios”.


Por tanto, no asombra que, al conocerse cada año los balances de las sociedades financieras y corporativas en general, haya ausencia de un necesario cuestionamiento de los altos rendimientos del sector financiero, por ejemplo, que para 2018 suman 24 billones, 9,2 billones en el caso exclusivo de los bancos. Ello, mientras millones de connacionales viven en la angustia de no saber cómo harán para sacar adelante el día que viene.


Estamos entonces ante un silencio cómplice frente a la persistencia de esta injusta estructura social, y un modelo económico que hace décadas mostró sus límites y su fracaso social. Ese silencio no es censura sino simple reflejo de identidad ideológica y política entre un periodismo dominante y sectores igualmente dominantes, connivencia entre patronal y empleados, en este caso entre los dueños de los medios de comunicación –en su mayoría grupos económicos, multilatinos algunos de ellos, con intereses en el sector financiero– y quienes dirigen estos medios de comunicación (2). Son expresiones de identidad ideológica y desinformación, como se puede constatar cuando un periodista –creador de opinión– se refiere con alegría a la evolución ascendente del precio de petróleo, pues “es lo que el país necesita”, cuando precisamente esa realidad del petróleo, y el giro del país a depender en su economía de la evolución de su precio, es parte de la explicación de la fragilidad económica que lo hace proclive a todo tipo de variables geopolíticas, abriéndolo aún más al sometimiento y el neocoloniaje.


Azul


Está registrado por la memoria de nuestro país: la clase enquistada y alimentada por el patrimonio común, que es de todos los colombianos, no tiene ética de lo público ni respeto por los derechos humanos ni dignidad ni autoestima, por todo lo cual el sueño de soberanía no integra su ideario, si es que tiene alguno diferente de ensanchar sus bolsillos con billetes verdes.


Esa realidad se traduce en ausencia de sentimiento nacional y soberano, resplandeciente en infinidad de sucesos, como en la inexistente voluntad para impedir el zarpazo sobre Panamá; la postración ante la United Fruit Company, con impunidad ante los cientos de asesinados en 1928 en Ciénaga y sus alrededores, como lo recordó Gaitán cuando les dijo que “[…] el gobierno tiene la metralla para los hijos de la patria y la temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano”. Es una realidad oprobiosa que persiste a pesar del paso del tiempo, según la reciente acción de mando del embajador de los Estados Unidos al exigirle a una delegación de parlamentarios ciertas decisiones ante el tema de la JEP. Tal injerencia en asuntos internos del país encontró un total silencio de la Cancillería. La ausencia de sentimiento nacional también resalta en la conducción de las Fuerzas Armadas bajo la doctrina gringa, la selección de su mando y la creación del paramilitarismo como producto de la guía de combate de aquel país; el estímulo y el uso del narcotráfico como mecanismo de división y control social; la renuncia del modelo de desarrollo propio para acoger el “sueño americano” y con él la pérdida de soberanía alimentaria, así como la multiplicación de la deuda pública. En los días que corren, el gobierno colombiano actúa bajo su ala para instigar un golpe de Estado o una guerra civil en Venezuela.


Sobre estos y otros sucesos que aún viven en la memoria nacional, así no cejen en la pretensión de reescribirla, el silencio y la complicidad es lo que han garantizado los existentes medios oficiosos, primero los escritos, partidistas todos ellos en las primeras décadas del siglo XX y luego corporativos, ya no sólo escritos sino también radiales, televisivos y digitales.


De esta clase dominante no puede nacer un auténtico proyecto de integración y complemento regional, ni de los medios hegemónicos el reclamo para hacer realidad el proyecto bajo el cual se movilizaron las fuerzas independentistas en la segunda y la tercera décadas del siglo XIX, proyecto sin el cual nuestro país, y nuestros hermanos de siempre, nada podremos aportar que valga la pena a otros pueblos, en procura de justicia e igualdad global.


De este cuadro analizado surge la ausencia de sentido nacional y amor por lo propio, con sentido internacionalista, que hoy reclama un proyecto cultural, educativo, y de ciencia y tecnología propios, bajo el cual, en el mediano plazo, nos desliguemos de los controles de todo tipo que trae la dependencia en computación y desarrollo digital en general. Tras una labor de este tipo pudiera resultar posible un papel para desplegar un sistema de comunicación e información nacional, metas que no son de poca monta, toda vez que nos debieran llamar la atención en todo momento las implicaciones que tiene el software privativo, así como los efectos y las posibilidades, como retos que nos deparan las revoluciones industriales, la tercera y la cuarta, que estamos viviendo.


Rojo


Ausencia de amor por lo propio, y de proyecto nacional, continental y global, reiterado y fortalecido por el silencio mediático –complacencia con lo que estaba en curso–, cuando, al acoger el gobierno de César Gaviria (1990-94) el ideario neoliberal y todo el recetario del Consenso de Washington, empezó la piñata para feriar lo público bajo el prurito de la eficiencia del sector privado, sofisma impresentable e insostenible a la luz de la realidad pretérita y actual.


Esa piñata se llevó a cabo en el curso de la última década del siglo XX, a pesar de la resistencia de sectores sociales como los trabajadores de Telecom y sus vanguardias sindicales, cuya dirigencia fue a dar a la cárcel, sin cuestionamiento ni reclamo por lo sucedido de parte de los medios radiales, escritos o visuales.


Dos décadas y media antes de tal proceder, en mayo de 1964, el poder enquistado desde el siglo XIX en nuestro país desplegó una operación aérea y terrestre para arrasar con un pequeño grupo de campesinos que con sus armas se oponían a ser despojados de sus tierras, enseres y pocos semovientes con que contaban. Tratados por fuera del contexto en que habían surgido como resistencia campesina, y con plena complacencia de los terratenientes y el poder capitalino –de espaldas a la Colombia real–, la operación contó con eco mediático desinformante. Desde ese mismo momento, y mucho antes, como ocurrió con las guerrillas liberales, el origen, la trayectoria y la realidad profunda del conflicto agrario en nuestro país, proyectados años después en conflicto urbano, y ampliados al cuestionamiento del monopolio del poder, nunca fue cubierto con un análisis profundo de sus causas y medidas alternativas para ser resuelto mediante una solución conveniente para todo el país.


Dos décadas después de esta acometida militar, tras el gobierno de Julio César Turbay (1978-82), en el cual la norma fue la tortura para todas las disidencias, con cárceles repletas de presos políticos ‘juzgados’ por militares, sin la oposición de los medios al irrespeto de los derechos humanos, llega el tiempo del despliegue paramilitar abierto, apertura de este ciclo –que aún no se cierra– que tiene como acción visible el paso de una avioneta sobre Medellín lanzando volantes que anunciaban la conformación del MAS (Muerte a Secuestradores), alianza de narcotraficantes protegida y utilizada por las Fuerzas Armadas para enfrentar a la insurgencia de la época. Tales narcotraficantes crecieron y se fortalecieron a la sombra del sistema bancario y de los poderes políticos y económicos siempre vigentes en varias regiones del país.


Luego, tras la división del MAS, ven la luz los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), unidad de matones del Cartel de Cali que, en alianza con la DEA y las Fuerzas Armadas nacionales, les darían potencia y fuerza a los paramilitares en diversas regiones del país, hasta centralizar su accionar en las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) bajo el mando de Carlos Castaño, hecho que recibe amplia resonancia en los medios dominantes, además de protección oficial.
Lo que vendría luego, con cientos de masacres, está fresco en la memoria nacional, y muchas de sus víctimas sobrevivientes hoy luchan por recuperar lo que aquellas bandas les arrebataron, además de poder narrar los sucesos que cambiaron sus vidas y las de los suyos.


Recuerda la memoria popular que en esta época las masacres ganaron multiplicación por todo el territorio nacional, y que, sumadas éstas con las acaecidas en otras décadas, fácilmente redondean las 5.000 (3), es decir, alrededor de 300 mil connacionales asesinados a sangre fría, bajo el silencio y la complacencia oficiales, y sin el debido cubrimiento esclarecedor por los medios de comunicación existentes. Más de siete millones de desplazados y de 82 mil desaparecidos son la otra parte de la historia nacional, la cual recuerda que el poder no repara en métodos ni recursos para protegerse y prolongarse en sus dominios.


¿Tiene nuestro conflicto armado, con los poderes que lo atizaron año tras año, soporte estructural o es simple expresión de grupos por el control regional para el sembrado de coca, y el aseguramiento de rutas para el envío de narcóticos allende nuestras fronteras? ¿Surge este conflicto, y tiene prolongación, por la acción de un Estado y de la clase que lo controla, aliada con una red corporativa acorazada en una potencia supranacional que nos asume como parte de sus dominios o responde a un simple complot internacional?


Estos interrogantes son parte de la disputa que hoy atiza la lucha por la memoria nacional, con expresión en archivos, museos, centros de memoria y similares. En todo ello, en la distorsión de la realidad del conflicto armado que por décadas hemos padecido, en su ocultamiento y su negación, mucho tienen que ver los medios de comunicación oficiosos –escritos, radiales, televisivos. ¿Cumplirán un papel diferente esos medios en el debate por la memoria nacional a que dan lugar los Acuerdos firmados en La Habana, y luego refrendados en Cartagena y el Teatro Colón de Bogotá?


La respuesta que nos brinden los años que vienen permitirán, o bien entrelazar de manera más fina los hilos del amarillo, azul y rojo, parte de nuestra identidad y memoria, o bien tensionarlos hasta hacer que se rompan. Uno u otro camino abonarán a la continuidad de la guerra o, por el contrario, a su resolución definitiva, una paz inédita que nos debe brindar espacio y luces para habitar la tierra de manera creadora.

 

1. Varios autores, La desigualdad en Colombia, Editorial Oveja Negra, pp. 57-60, 2018.
2. Principales medios de comunicación y sus propietarios: Caracol televisión, incluye el diario El Espectador y otros medios (Valorem S.A.), El Tiempo y otros medios (Grupo Sarmiento Angulo), Caracol Radio, W Radio y otros medios, (Grupo Prisa), RCN, radio y televisión (conglomerado de Carlos Ardila Lulle), revista Semana (grupo Gilinski y Felipe López Caballero), Canal 1 (Daniel Coronell, Yamit Amat, César Gaviria y otros). El Colombiano, La República, Vanguardia Liberal, El Heraldo, La Tarde y otros medios con importante influencia local/regional, aún están en manos de sociedades familiares.
3. La Convención internacional indica que se designa como masacre el asesinato en un mismo lugar y que implica a cuatro o más víctimas.

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