Foto: Nicaragua Investiga

Fue comandante guerrillera de la revolución popular sandinista y ministra en el gobierno en la década de 1980. Luego diputada e integrante de la dirección nacional del FSLN. Sin retórica, explica las razones por la que rompió con el actual presidente: “En el 98 me distancié de Daniel Ortega a partir del pacto de prebendas con el presidente Arnoldo Alemán y actualmente trabajo en la Articulación de Movimientos Sociales. Hemos sido víctimas de represión y durante un tiempo pasamos a la clandestinidad, seguimos en la lucha porque Nicaragua está sufriendo una dictadura”.

– ¿Cómo están viviendo la pandemia?

– El gobierno decidió ignorarla. Llegaron a afirmar que era una enfermedad de los ricos y del imperialismo y no le dieron ninguna importancia. El 18 de marzo se produjo el primer caso y se empezaron a exigir políticas sanitarias para enfrentarla. El gobierno decidió asumir una lógica de contaminación de rebaño que supuestamente adoptaron en Suecia, en unas condiciones claramente diferentes. El gobierno impulsó las actividades masivas, mantuvo las clases, los carnavales, las fiestas y manifestaciones y promovió actividades que concentraran a la población, política que continúa hasta hoy.

Como resultado estamos viviendo una situación muy grave que según los datos del Observatorio Ciudadano tenemos una cifra muertos superior a todos los países centroamericanos sumados. Es la propia ciudadanía la que está tomando medidas de protección, siguiendo los consejos de grupos de médicos independientes.

– El biólogo molecular Jorge Huete asegura en un reciente artículo de Envío que la política del gobierno consistió en no hacer nada, no se cerraron fronteras, no se hizo nada. Las cifras oficiales son de 35 muertos y 760 contagiados sin cifras de tests.

– No sólo eso, hay una política de fomentar los contactos directos y de secretismo con los datos que no se corresponde con los estándares de la OMS y la OPS, De modo que con participación ciudadana se han construido estadísticas propias entre médicos, científicos y organizaciones de la sociedad civil. Una carta de 700 médicos más cinco ministros de Salud de diversas administraciones mostraron a la OPS su preocupación sobre el modo como se está tratando la pandemia, pero el gobierno ha mantenido un silencio absoluto. Este secretismo se corresponde con la lógica con la que Ortega ha tratado las estadísticas y la información en los 12 años de su gobierno .

– ¿Qué cifras de muertos y contagiados manejan?

– Son 3.500 contagiados y 805 muertos al 27 de mayo. En toda la región centroamericana se manejaban 600 muertos. Debemos decir que esos muertos son personas que fallecieron con síntomas de coronavirus porque la gente llega al hospital y no le hacen el test. Dicen que aplicaron 5.000 test pero nunca dieron los resultados pese a que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) les envío 26.000 pruebas. No se sabe dónde están los focos de contagio y los epidemiólogos dicen que ahora ya no tiene sentido porque la enfermedad está absolutamente regada en todo el país con una elevada circulación comunitaria. La demanda de cuidados intensivos y de respiradores es muy alta y todo el sistema de salud está rebasado. Los privados cobran entre mil y tres mil dólares diarios, que en este país es una barbaridad. La situación es gravísima, empeorada por la crisis económica que se produjo a raíz del estallido popular de abril de 2018.

– Según el gobierno de Ortega Nicaragua cuenta con el “mejor sistema de salud de las Américas” y un exitoso sistema de salud comunitaria.

– Es mentira que el sistema de salud sea bueno. Nicaragua es el segundo país más pobre de América Latina después de Haití y nuestro principal producto es la exportación de mano de obra y las remesas son la forma como los sectores populares sobreviven. Es evidente que el país no está preparado para la pandemia y menos para hacerlo como Suecia.

Los médicos dicen que el sistema de salud puede funcionar para algún otro tipo de enfermedades como el dengue y para campañas de vacunas, pero tratándose del Covid, en la medida que se recomiendo distancia, cuarentena y equipamiento, esto no funciona. El gobierno dice que han realizado más de 4 millones de visitas a los hogares, algo que nadie les cree. Y las que se realizaron se hicieron sin ningún tipo de protección, para explicarle a las familias las medidas de protección pero sin tapabocas, sin distancia en una estrategia totalmente equivocada.

– La vicepresidenta Rosario Murillo dice que el objetivo de las visitas es “orar y pedir a Dios” y verificar prácticas de protección. Parece una visión poco científica para abordar la pandemia.

– Llegó a decir que la pandemia no iba a afectar a Nicaragua porque está bendita por la virgen y sobre esa lógica impulsaron las procesiones religiosas durante semana santa. Cuando la iglesia católica las suspendió, el gobierno las impulsó a través de los gobiernos locales. Tienen una forma de pensar fanática y religiosa que la trasladan a la militancia. En todo caso, lo más terrible es que en medio de la pandemia se sigue reprimiendo, se sigue encarcelando y realizando juicios falsos contra personas que se oponen al gobierno. Han liberado 2.800 presos comunes pero ningún preso político. Ellos usan un discurso a la vez religioso y alguna retórica antimperialista con el que disimulan su falta de acción ante la pandemia.

-En abril la Universidad Nacional Autónoma despidió a toda la dirección del Centro de Investigaciones de Estudios de la Salud, incluyendo al director, porque habían dado entrevistas denunciando el mal manejo de la pandemia y recientemente a uno de los principales epidemiólogos, el doctor Quant, por ese mismo motivo.

– El drama es que en vez de hacer un manejo responsable de la pandemia, dicen que las críticas son parte de un plan golpista que se inició, según ellos, en abril de 2018 con las manifestaciones contra el régimen de Ortega. Todos los cuestionamientos los llevan al terreno de la desestabilización con un lenguaje seudo izquierdista y con ese argumento llegaron a sancionar a médicos y enfermeras por usar tapabocas, porque dicen que infunden miedo. Recién ahora están permitiendo el uso de tapabocas porque el virus está afectando a su propia base social. Estos días murió el alcalde Masaya, y han muerto incluso diputados oficialistas y ahí tuvieron que ceder y ahora llaman a usar tapabocas cuando hasta hace 15 días había sanciones incluso a personal de salud que se los ponía para atender sus pacientes.

Hay que decir que 38 asociaciones de médicos hicieron un llamado a una cuarentena voluntaria, respaldada por muchas organizaciones sociales, y ahora llamamos a que no vayan a los colegios ni a las universidades ni a los partidos de fútbol y de beisbol, porque todo eso sigue funcionando de forma muy irresponsable.

– Llama la atención ese triunfalismo porque Nicaragua ha fracasado a la hora de combatir la epidemia de dengue, ya que todos los años hay casi 200 mil casos desde hace ya muchos años. O sea que la salud de la población ya viene en un situación de creciente debilidad.

– En mayo comenzó el período de lluvias, hasta noviembre, cuando proliferan el dengue, la malaria y otras enfermedades endémicas que se juntan con enfermedades respiratorias agudas. Las perspectivas son muy negativas. Desde 2007 no se difunden datos fiables ni en el terreno de la salud ni en la economía, se manipulan los datos sobre muertes a raíz de aborto o mujeres afectadas por violencia, rechazan el concepto de femicidio y siempre enfatizan que tienen el mejor sistema para todos los problemas.

– Tú conoces bien a Daniel Ortega, a Rosario Murillo, y al Frente Sandinista. ¿Qué los lleva a impulsar esta actitud que no sólo es irresponsable sino que a mediano plazo parece una política suicida, ya que se les puede volver en contra?

– Cuando estalló la pandemia el régimen estaba en una carrera desaforada para tratar de impedir el adelanto de las elecciones y reformas profundas para garantizar elecciones libres, que era resultante de la rebelión de 2018. Ahí apostamos a una salida del régimen a través de la movilización y la lucha callejera, pero al tomar el camino de la represión aplastando la rebelión, ese camino se cerró por ahora.

Pero luego vino la presión internacional y el mantenimiento de la resistencia ciudadana, impidieron que el régimen impusiera su plan.

No pudieron recomponerse plenamente porque el impacto de la crisis económica es tremendo y vieron en el Covid la posibilidad de recomponer el régimen o desviar la atención. Ahora están asustados por el nivel de incremento de la pandemia y aún no encontraron el modo de enfrentarlo, porque sólo puede hacerse con una política radical de aislamiento y medidas de apoyo a la población con políticas paliativas. La situación nuestra es tan brutal que si organizaciones independientes quieren repartir kits de protección (tapabocas y alcohol) a la población, te capturan como si fueras delincuente porque te consideran parte de un plan de desestabilización. Lo único que puede cambiar esto es una acción concertada de toda la población, porque el régimen tiene una lógica de aplastamiento que lleva a considerar a todos los demás como enemigos.

– ¿Qué nivel de apoyo popular tiene el régimen?

– Alrededor de un 20% según las últimas encuestas, por lo menos es lo que se mantiene desde la rebelión de 2018, la mitad de lo que tenía el sandinismo cuando perdimos las elecciones en 1990. Es probable que con la pandemia disminuya aún más, sobre todo porque está afectando a su base social.

– Buena parte de la izquierda latinoamericana sigue apoyando al régimen. ¿Cómo lo explicas?

– Es la izquierda institucional vinculada a los gobiernos progresistas de América del sur o que están en los parlamentos+. De todos modos algunos en privado reconocen que este régimen es una dictadura que no tiene nada que ver con los principios de la izquierda.

También es cierto que el gobierno de Estados Unidos está presionando al de Nicaragua, aunque tuvieron muy buenas relaciones hasta 2018. Eso explica que haya un sector que responde a una lógica elemental que todo lo que se opone a Estados Unidos debe ser apoyado. Que se reprima y asesine en nombre de la izquierda genera confusión y sentimientos reaccionarios. Te digo que las políticas de Ortega son muy parecidas a las de Somoza, por lo que va a ser muy difícil poner en pie una izquierda verdadera. Yo creo que lo urgente es salir de la dictadura, pero eso no me lleva a pensar que lo que venga sea extraordinariamente mejor. Después de Ortega vendrá otro régimen de derecha, pero si conseguimos abrir espacios democráticos podremos luchar mejor contra un nuevo régimen neoliberal y extractivista. Las banderas de la izquierda sandinista serán siempre aquí de actualidad.

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Esta diapositiva, tomada por el GPR, muestra datos y los contornos de las edificaciones de esa urbe, localizada al norte de Roma. Foto Afp

La tecnología captó sorprendentes detalles de Falerii Novi, ocupada por primera vez en el año 241 aC

 

Madrid. Arqueólogos mapearon por primera vez completa la ciudad romana de Falerii Novi, en Italia, mediante un avanzado radar de penetración terrestre (GPR), con detalles sorprendentes.

Según los científicos, esta tecnología podría revolucionar nuestra comprensión de los asentamientos antiguos.

Expertos de las universidades de Cambridge y de Gante descubrieron un complejo de baños, un mercado, un templo, un monumento público distinto a todo lo visto antes e incluso la extensa red de tuberías de agua de la ciudad. Al observar diferentes profundidades, puede ahora estudiar cómo evolucionó la ciudad durante cientos de años.

La investigación, publicada en la revista Antiquity, aprovechó los avances recientes en la tecnología GPR que permiten explorar áreas más grandes en una resolución más alta que nunca. Es probable que esto tenga implicaciones importantes para el estudio de las ciudades antiguas, porque en muchos casos no se puede excavar, ya sea debido a que son demasiado grandes o están atrapadas debajo de las estructuras modernas.

El GPR funciona como un radar normal, rebotando ondas de radio de objetos y usando el eco para construir una imagen a diferentes profundidades. Remolcando sus instrumentos detrás de un quad, los arqueólogos inspeccionaron las 30.5 hectáreas dentro de las murallas de la ciudad –Falerii Novi era un poco menos de la mitad del tamaño de Pompeya– tomando una lectura cada 12.5 centímetros.

Ubicada a 50 kilómetros al norte de Roma y ocupada por primera vez en 241 aC, Falerii Novi sobrevivió hasta el periodo medieval (alrededor del 700 dC). Los datos de GPR del equipo ahora pueden comenzar a revelar algunos de los cambios físicos experimentados por la ciudad en este momento. Ya han encontrado evidencia de robo de piedra.

El estudio también desafía ciertas suposiciones sobre el diseño urbano romano, mostrando que el de Falerii Novi estaba menos estandarizado que muchas otras ciudades bien estudiadas, como Pompeya. El templo, el edificio del mercado y el complejo de baños descubierto por el equipo también son más elaborados arquitectónicamente de lo que se esperaría en una ciudad pequeña.

En un distrito del sur, justo dentro de los muros de la ciudad, el GPR reveló un gran edificio rectangular conectado a una serie de tuberías de agua que conducen al acueducto.

Incidentes en París en una marcha contra la violencia policial

La protesta fue reprimida con gases y balas de goma

Los manifestantes marcharon para pedir justicia por Adama Traoré, un joven negro de 24 años que fue asesinado en 2016 en una comisaría, dos horas después de ser detenido.

 

Una movilización en París contra la violencia policial y el racismo derivó en la noche del martes en incidentes entre los manifestantes y la policía, que reprimió la protesta con gases lacrimógenos y balas de goma. Alrededor de 20 mil franceses coparon las calles de la capital para pedir justicia por Adama Traoré, un joven negro de 24 años as esinado en 2016 en una comisaría, dos horas después de ser detenido. La prefectura había prohibido la manifestación debido a la emergencia sanitaria por el coronavirus, que no permite las concentraciones de más de diez personas, y también por el riesgo de "altercados". El llamado a la manifestación en París coincidió con la ola de protestas en Estados Unidos tras la muerte de George Floyd, el joven de 46 años asfixiado por un policía en Minneapolis. A diferencia de lo que pasó en Francia, en ciudades como

La manifestación, que empezó al final de la tarde en la explanada delante del tribunal del nordeste de París, se vio perturbada por el uso de gases lacrimógenos por parte de la policía. Los manifestantes se dispersaron por las calles aledañas y en el bulevar que rodea a la capital francesa, donde cientos de ellos bloquearon parcialmente el paso de vehículos. En ese sector se produjeron varios enfrentamientos, en los que la policía recurrió a disparos de balas de goma mientras los manifestantes intentaban defenderse lanzando proyectiles. En las calles se levantaron barricadas y algunas bicicletas fueron incendiadas. 

Al comienzo de la protesta, Assa Traeoré, hermana mayor de Adama, expresó: "Hoy no se trata solo del combate de la familia Traoré, se trata del combate de todos ustedes. Hoy, cuando peleamos por George Floyd, peleamos por Adama Traoré". Frente a la joven, vocera del Colectivo Adama, los manifestantes gritaban "Revolución" o "Justicia para Adama".

En otro tramo de su discurso improvisado, Assa manifestó: "Mi hermano murió en su cumpleaños. Se puso su camisa, tomó su bicicleta y salió a dar un paseo. Pero en Francia, un hombre negro no puede salir a dar un paseo en bicicleta", antes de acusar a la Justicia francesa de "encubrir a los agentes que mataron a mi hermano". 

El caso de Adama Traoré se convirtió en un símbolo de la violencia policial en Francia. El 19 de julio de 2016, el joven de 24 años falleció en una comisaría de las afueras de París, dos horas después de haber sido arrestado. El arresto se produjo tras una persecución por parte de gendarmes que fueron exonerados la semana pasada por la justicia francesa. Los agentes que lo atraparon lo redujeron en el suelo con una técnica policial que, según la familia, le causó la muerte horas después, al contrario de lo que afirman los peritajes realizados por la justicia. 

Esta tarde, los abogados de la familia Traoré presentaron las conclusiones de un nuevo informe médico, que fue realizado al margen del procedimiento judicial. Yassine Bouzrou, uno de los letrados, aseguró en declaraciones al canal BFMTV que "los gendarmes que lo detuvieron lo mataron" y que el juez de instrucción "hace todo lo posible para proteger a los gendarmes". 

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Miércoles, 27 Mayo 2020 06:36

Miguel Ceballos Arévalo, no lo olviden

Miguel Ceballos Arévalo, no lo olviden

Mirate
así
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia
qué paliza paterna te generó cobarde
qué tristes sumisiones te hicieron despiadado
no escapes a tus ojos
mirate
así

(Torturador y espejo. Mario Benedetti. A once años de su muerte)

Cuesta escribir esta opinión personal, pero debo hacerlo para tomar partido ante tanta degradación moral. Me obliga el corazón y la memoria en razón de conocer a algunos líderes amenazados y asesinados en meses recientes en mi departamento, el Cauca, en el suroccidente colombiano, a donde regresé unos meses para terminar mi trabajo final de doctorado en Comunicación de la Universidad de Sofía. Justo cuando por allí paseaba un funcionario que refleja claramente la vileza de una clase política adicta a la guerra y a las órdenes de Estados Unidos. Así que es aparentemente desde la distancia que juzgo. Pero no es así. Lo hago habiendo estado por muchos años muy cerca de la guerra.

Queriendo no desprenderme del todo de lo que pasa en mi continente, en medio de las evidencias por la acción de mercenarios contra Venezuela el 3 de mayo pasado, me encuentro un titular: el Departamento de Estado de Estados Unidos afirmó el 13 de mayo que Cuba alberga y apoya “terroristas”. Se basa en la siguiente prueba: no ha sido entregada al gobierno de Iván Duque la comisión negociadora del ELN (Ejército de Liberación Nacional: única y última guerrilla revolucionaria de Colombia), comisión que hace dos años está en la isla caribeña a petición tanto del Estado colombiano como de esa insurgencia, para el desarrollo de diálogos de paz que el actual gobierno de extrema derecha decidió no continuar.

Entre Washington y Bogotá se ha tejido una estrategia de presión a Cuba, a Venezuela y contra las posibilidades de conversaciones de paz, valiéndose del hecho de que Cuba nunca extraditará a luchadores políticos rebeldes que están allí por un acuerdo internacional como Noam Chomsky, Federico Mayor Zaragoza, ex Director General de la UNESCO y muchos otros eruditos han dictaminado (https://rebelion.org/docs/258251.pdf; https://www.elespectador.com/noticias/politica/academicos-la-onu-hay-que-salvaguardar-cuba-de-los-ataques-desde-bogota-articulo-893278).

Consultando hace unos días Telesur para seguir algunas noticias, hallo una opinión, la de Piedad Córdoba (https://www.youtube.com/watch?v=tsTWwRe1hC0). No comentaré el muy buen análisis político que ella hace, sino un detalle que me motivó a pensar sobre esa miseria moral de mi país, o, mejor dicho, de su estamento político, y en particular de quienes encarnan esa despreciable condición de lacayos, cuando felicitan tal decisión de USA, a todas luces una decisión inmoral e ilegal. Sólo hay que consultar por Internet: Ceballos / Colombia celebra la inclusión de Cuba en la lista de países que no apoyan la lucha antiterrorista…

Lo que como periodista y profesora me llamó la atención, fue lo dicho por la ex senadora Córdoba sobre cómo posa Miguel Ceballos, Alto Comisionado de Paz, encargado de escenificar el beneplácito oficial. Piedad Córdoba se refiere a la “gestual-corporal” de Ceballos. Sugerida esa clave, la del lenguaje o el código de la “gestualidad-corporal”, voy a las declaraciones de ese funcionario. No a uno, sino a muchos vídeos suyos en los últimos meses (http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/). Me produjo más inquietud el hecho de haberle visto a Ceballos durante una visita suya a la ciudad de Popayán. Sinceramente me pareció un funcionario cualquiera, de ningún modo sobresaliente. Un burócrata.

He pasado días enteros analizando muchas muestras. Para ello escucho decenas de entrevistas de radio y televisión. Incluso me he puesto a indagar sobre su trayectoria. Efectivamente, el perfil es fácil de establecer. Y me lo corroboran hechos que se han producido en los últimos días.

Ceballos no sólo es alguien sumiso, sujeto a las decisiones de otros, o sea alguien dispuesto a ser “empleado”, a estar subordinado, sino alguien que simula ahora, y lo ha hecho siempre, una preparación que no tiene. Ha fingido para trepar donde le permitan seguir actuando de forma ladina. Como cuando fue viceministro de justicia de Álvaro Uribe Vélez, quien le concedió el puesto por una suerte de deuda familiar a una ex senadora suya, hermana de Ceballos, quien lamentablemente falleció por enfermedad.

Así que esta costumbre parece se asentó en Miguel Ceballos, probando el mismo método en su estancia en Estados Unidos con funcionarios de ese país y con adeptos en la derecha para reforzar campañas contra una perspectiva de paz negociada. Basta repasar sus columnas de opinión adversando los acuerdos suscritos con las FARC. Hasta el cargo de hoy, concedido por Iván Duque con la adicional circunstancia de haber tenido una plaza en una universidad conservadora en Bogotá, la Sergio Arboleda, donde el presidente estudió.

Sin ningún mérito intelectual y ético, encaramó entonces como Alto Comisionado de Paz en un país donde la guerra no la vive él ni su clase social, sino los pobres. Su visión y su ocupación no son otras que la del propagandista y el tramposo. De eso ahora doy fe, tardíamente sí, y en la distancia, por la circunstancia de hallarme fuera del país. Intento recordar bien lo que aquella vez le escuché en Popayán sobre los acuerdos de paz y cómo respetarían lo firmado. Vagamente recuerdo su folclórico discurso, rodeado de sus escoltas militares.

Leo que en mi ciudad recientemente pasó otra vez en abril. Participando en un nuevo acto de propaganda contrainsurgente: presentar como “desmovilizados por voluntad propia” a guerrilleros del ELN, no desertores sino capturados en una operación militar en el Cauca. Precisamente cuando la guerrilla del ELN estaba en cese al fuego unilateral como gesto al pueblo colombiano por la pandemia del COVID-19.

Retomo lo que Pablo Beltrán, jefe guerrillero de la Delegación de Diálogos en Cuba, ha manifestado en varias entrevistas fácilmente accesibles por Internet: Ceballos ha engañado sistemáticamente. Mintió una y otra vez de forma descarada prometiendo cosas que nunca ha cumplido. Hay una operación de perfidia desde hace tiempo puesta en marcha. Desde cuando arribó Iván Duque al poder, financiado por dineros del narcotráfico y el paramilitarismo (ver por ejemplo el caso de la “Neñepolítica”). Ceballos usó a un coronel de inteligencia, Sarmiento, funcionario de su Oficina, para que hablara con el gestor de paz del ELN, Juan Carlos Cuéllar, a quien capturaron luego de conversar con Uribe Vélez. Hoy ese portavoz insurgente está preso.

Es fácil descalificar o sospechar de lo anterior. Pues está dicho por Pablo Beltrán, un contradictor político alzado en armas.

Forzada a hallar más argumentos objetivos, entre decenas de opiniones, subrayo apenas tres. De personas por completo ajenas a la guerrilla, que hacen parte del estamento político, y que tienen posiciones comprometidas con la paz. Una la del ex negociador de los acuerdos de paz de Estado, ex ministro, ex vicepresidente y ex magistrado Humberto de La Calle Lombana.

De La Calle escribió en El Espectador el 17 de mayo pasado: “Los protocolos suscritos para los miembros del ELN obedecen a una práctica milenaria sin la cual se harían imposibles las conversaciones entre antagonistas armados… la actitud de Cuba de honrar el compromiso adquirido con el Estado colombiano ni significa apoyo a la barbarie ni fomento del terrorismo. Uno mi voz a quienes lamentan esta actitud de Estados Unidos, pero con más fuerza critican la intervención del doctor Ceballos aplaudiendo y cobrando un apoyo que no engrandece nuestra política exterior y que puede tener efectos funestos no solo para cualquier salida con el ELN, sino frente a las propias FARC”. Y cita instrumentos convencionales absolutamente sólidos en la tradición diplomática, como los que a efectos similares firmó Noruega para el proceso con las FARC. Remata De La Calle: “Es inaudito que se acuse a Cuba simplemente por honrar la palabra empeñada con el gobierno de Colombia. La afirmación de que eso fue suscrito “con otro gobierno” carece de toda validez internacional” (https://www.elespectador.com/opinion/cuba-ha-apoyado-la-paz-columna-919882).

Humberto de La Calle había opinado ya en el diario El Tiempo, cuando el ELN declaró el cese unilateral al fuego: “Creo que el gobierno debería aprovechar esta circunstancia para reabrir una Mesa aunque su agenda se limite solo a aspectos humanitarios por ahora” (https://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/el-coronavirus-mueve-la-agenda-de-la-paz-y-la-guerra-con-el-eln-478680).

Ceballos no sólo no hizo nada positivo para corresponder a esa manifestación constructiva de la guerrilla del ELN. Hizo lo contrario. Sacó de un foso de desprestigio a dos desertores del ELN, Francisco Galán y Carlos Arturo Velandia, que habían sido hace muchos años comandantes medios de esa insurgencia, y los nombró para fingir unas conversaciones inexistentes, interpretado con razón ese hecho por el ELN como “inamistoso”, según expresó el comandante Beltrán. Es lo menos que se puede esperar de Ceballos, señor Beltrán, teniendo claro su papel como agente de la guerra. A ese rol se refiere otro político muy conocido por su defensa de la paz negociada, el senador Iván Cepeda.

Cepeda, quien condena la lucha armada y no puede ser tildado de subversivo, acaba de pedir públicamente la renuncia del Alto Comisionado Ceballos. Las palabras de Cepeda son cristalinas (https://www.elespectador.com/noticias/politica/ivan-cepeda-pide-renuncia-del-alto-comisionado-para-la-paz-miguel-ceballos-articulo-920187). Primero, señala cómo Ceballos ha “desdeñado el hecho grave de que están ocurriendo de manera sistemática asesinatos contra los excombatientes”. Y enfatiza indignado por el agravio de Ceballos a Cuba: “Tiene el descaro de decirle al mundo que Colombia, como Estado, se siente orgulloso de que el país que contribuyó a lograr este acuerdo de paz hoy esté considerado como un país que tolera el terrorismo”.

Cepeda incursiona con fundamento en un terreno que no es extraño al derecho penal internacional, como dicen los expertos: “El señor alto comisionado lideró la traición de un protocolo internacional, en el cual el Estado colombiano se comprometió a respetar el carácter de país garante de Cuba”. Y agregó: “Eso nos lleva a pedirle que renuncie al cargo, porque usted no es un comisionado para la paz. O pedirle al Gobierno que le ponga otro nombre al cargo, porque usted ha sido un alto promotor del conflicto armado en Colombia”.

A todo esto se suma la voz del ex presidente Ernesto Samper, quien tampoco puede señalarse como afín a la guerrilla. Samper directamente en diferentes ocasiones ha calificado a Ceballos como un agente de corte militar, un Comisionado de Guerra. Dice en su cuenta de Twitter (@ernestosamperp ) el 14 de mayo: “Si el alto comisionado para la Guerra Ceballos representa la voluntad de paz del presidente, bien podrían nombrar, para ser coherentes, a un descendiente de Herodes en el ICBF para que cuide a los niños y a una cuota de Trump para que maneje Migración Colombia”. Y el 18 de mayo insistió: “¿Dónde estaba la canciller cuando Ceballos celebró el desconocimiento de los acuerdos de Colombia con Cuba y Noruega sobre la terminación de los diálogos con el ELN que, según Pepe Mujica, tendrá consecuencias muy graves para el derecho de la humanidad a entenderse a las buenas?”. Agrega Samper: “Se tiene que expedir el certificado de defunción de la política internacional de Colombia”. (https://www.elespectador.com/noticias/politica/se-tiene-que-expedir-el-certificado-de-defuncion-de-la-politica-internacional-de-colombia-ernesto-articulo-919607).

Entonces, Ceballos ahí es verdugo y sepulturero. Un Estado puede conducir una política de exitoso desarme de las guerrillas, como el gobierno Santos lo hizo nombrando gente inteligente o preparada para ello, que destapa las cartas en la mesa, siendo entonces la contraparte, como fueron las FARC, la que con sus luces escoge el camino: negociación o más guerra; o puede ese mismo Estado, pero ahora en manos de mediocres, pretender esa desmovilización jugando en el tablero de su casa con soldaditos de plomo, como Ceballos lo hace en su confinamiento mental.

Hay momentos en que a un ser racional es ya imposible pedirle sea razonable. Como igualmente es inútil pedirle a alguien que perdió toda decencia y compostura, que no se arrastre más y levante la cerviz. Resulta infructuoso también pedirle no se sumerja más en la pequeñez. De ahí que decir “Alto” comisionado le quede grande. Samper y Cepeda tienen razón. Debe cambiarse el nombre.

Pudiéndolo en todo caso hacer, rectificando de algún modo, al menos recordando sus estudios de Derecho, dado que ha pasado por alguna universidad y ostenta que sabe algo de la materia, Ceballos debería haber estudiado experiencias donde cumple una función el derecho internacional, como nos lo dice De La Calle. Ya no lo hará. Pero lo que sí le queda pendiente a Ceballos es asumir la responsabilidad penal futura que implica hacer parte de una maquinaria de guerra sucia, como en su momento en distintos regímenes genocidas cumplieron esa tarea de distracción y ocultamiento funcionarios que le homologan. Goebbels, entre los nazis, con producciones como Theresienstadt, para presentar a ojos de visitantes “la bondad del matadero”.

Sin disimulo Ceballos actúa no sólo como el propagandista que es sino como transmisor de amenazas, según afirmaciones suyas en vídeo y por escrito hace escasos días, el 15 de mayo, en las que advierte solapadamente a los guerrilleros y “a sus familias”, para enseñar la bondad de una paga y la conveniencia de más cosas, a cambio de la rendición. Lean ustedes mismas: “Es muy importante también, hacer un llamado de nuevo, a todos aquellos que hacen parte del ELN, -para ellos ya existe una ruta establecida-, para que den ese paso a la desmovilización, y opten por preservar su vida y opten por preservar la vida de sus familias” (http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/prensa/Paginas/integrantes-grupos-armados-busquen-transito-legalidad-tendran-beneficios.aspx).

Amenazar y matar a familiares de gente del ELN no es nuevo. El propio Carlos Velandia, hoy al servicio de Ceballos, cuando era militante tuvo que afrontar cómo fue salvajemente asesinado su hermano. Ceballos sabe de qué habla. Lo que ignora, o de lo que no se da cuenta al mencionar a las “familias”, es que sus hijos crecen en un país donde él como padre en lugar de sembrar esperanzas de paz, está cultivando procesos de guerra que tarde o temprano devuelve tempestades.

Una esperaría que tanto oscurantismo y entreguismo de este funcionario, fuera un poco vergonzante para él. Pues dejará una mancha imborrable agrediendo a Cuba, ovacionando que ese país sea injustamente considerado cómplice del “terrorismo”, cuando el régimen para el que trabaja Ceballos promueve acciones armadas totalmente ilegales con mercenarios amparados en bases militares, paramilitares y de narcotraficantes en suelo colombiano. Hechos prohibidos en las normas de los derechos humanos y del derecho internacional. Hay que ver la diferencia entre el anterior Alto Comisionado, Sergio Jaramillo, y el actual comisionado de guerra(https://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/ivan-mora-el-embajador-cubano-que-se-la-jugo-por-la-paz-491076).

Nadie por sí sólo corregirá el rumbo, nadie. Ni el asalariado Ceballos, ni su padrino Uribe, ni su jefe Duque, ni si dios Trump. Sólo la política, de vez en cuando guiada como producción de hechos de coerción o de arrinconamiento y sanción ética que no da escape al violador, obligará a que Ceballos o su sucesor tomen otro camino. Por ahora no renunciará, senador Cepeda. Nada lo obligará. Ni a Duque a cambiarlo. Salvo para promocionarlo.

Ceballos tampoco devolverá su diploma de abogado y otras credenciales que le abultan. Definitivamente el cargo público de comisionado “para la paz” en un país en guerra, le quedó muy grande, mientras juega con fuego y riega pólvora. Por eso, a la hora de juzgar el atentado del ELN en el que mató a 22 policías en enero de 2019 en Bogotá, ¿no cabría hacer un juicio ético a quien había podido evitarlo?

En el país donde vivo una célebre película me recuerda a Ceballos. Se llama en español “Un minuto de Gloria”, de Petar Valchanov y Kristina Grozeva (2016). Ceballos es Julia Staikova. La funcionaria desalmada. La expresión de la perversión que se encadena en una burocracia a espaldas de la humanidad, de la dignidad y de la paz. Debería Ceballos verla y tomar nota de lo que al final recibirá su nombre. Miguel Ceballos Arévalo, no lo olviden.

Por María Celeste Pérez Almada | 27/05/2020

Publicado enColombia
Lunes, 25 Mayo 2020 06:31

Covid: acelerador de cambios

Covid: acelerador de cambios

Las crisis son aceleradoras de cambios. La irrupción de los derechos sociales en las leyes laborales a nivel mundial no se entenderían sin la Primera Guerra Mundial, el Estado de bienestar y la concepción del gobierno como motor económico no sería igual sin la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción que devino. De manera más silenciosa, pero igual de relevante, está el listado de cambios sociales y políticos que se generaron tras la crisis financiera global de 2008: la crisis del modelo neoliberal, o del capitalismo de libre mercado, empezó con la caída de Lehman Brothers, la ruptura de la confianza, el absurdo del modelo de compra de derivados e hipotecas subprime, que le costaron al mundo el primer gran tropiezo desde la Gran Depresión. Recordar estos hitos me parece oportuno en el momento que estamos viviendo, y la pregunta parece obvia: ¿qué mundo, qué país, nos espera después del Covid-19?, ¿cuáles serán las características de esa "nueva normalidad" o modelo de convivencia social?, ¿quién gana y quién pierde en el reacomodo?

Existe un aparente consenso respecto a que nada será igual. De alguna manera, hay un relativo consenso respecto a que ese cambio será positivo. Las imágenes de la naturaleza recuperando espacios, de los animales salvajes tomando las calles, de la solidaridad y la conciencia cívica para enfrentar la pandemia animan ese espíritu positivo en la opinión pública confinada. Vayamos borrando esa impresión optimista, o la decepción será mayúscula. No tenemos derecho a engañarnos. El mundo que viene, la normalidad pospandemia, será de una profunda crisis económica global, de un replanteamiento de las cadenas de suministro, de una sutil y cotidiana sicosis, y de un desempleo sin precedente; ver la cifra de 40 millones de personas que han perdido su trabajo en Estados Unidos, la economía más poderosa del mundo, nos debe dar una idea del problema.

Hay un dato de Google que se popularizó hace tiempo, en el que pronostica que la mitad de los empleos en la próxima década aún no existen, y la mitad de los que hoy tenemos, desaparecerán. La automatización de la mano de obra, la digitalización de procesos, la "economía de la distancia" han encontrado en el Covid-19 su mejor catalizador. Pongo un ejemplo a ras de piso: cuántos changarros, pequeños restaurantes y fondas se montaron en aplicaciones como Rappi en estos días, para poder pagar las cuentas y subsistir. Esa adaptación no tiene reversa.

Sin ser un juego de suma cero, es inevitable pensar que lo que ganen algunas industrias, lo perderán otras. El turismo, el entretenimiento en vivo, las aerolíneas, las escuelas y universidades enfrentarán la mayor presión financiera de que tengan registro: ¿quién quiere y puede viajar a China, a Italia, hoy?, ¿deben –como se preguntan cientos de miles de estudiantes a nivel mundial– las colegiaturas mantenerse intactas, cuando la educación es en línea?, ¿cuántos aviones estacionados, a medio llenar, hay y habrá en los próximos años? El dato de que Air France/KLM hayan decidido dejar de utilizar el Airbus 380 –el avión de mayor capacidad– es un signo inequívoco de lo que viene.

¿Nos espera un mundo más limpio, más libre, más democrático, más próspero?, ¿nos espera uno más tenso, más paranoico, más cerrado entre pueblos y países, alérgico a la globalización y propenso a enfermar? La larga noche de las guerras del siglo XX nos dan un indicador importante. El abuso en el Tratado de Versalles al fin de la Primera Guerra, que hincó y devastó a Alemania, fue el caldo de cultivo para el crecimiento del descontento, el nacionalsocialismo, la barbarie y la Segunda Guerra. El fin de la pandemia y el establecimiento de un nuevo orden en nuestro tiempo marcarán el siglo XXI para bien –como muchos esperan– o para mal.

Por ello, como lo he escrito en otros artículos, reitero: es momento de que con humildad y sin prepotencias de grupo busquemos acuerdos ante algo tan complejo que hoy vive toda la humanidad. Es tiempo de escucharnos todos, de ponderar, sí con el conocimiento técnico, pero sin creer ser poseedores de la verdad absoluta; tampoco es tiempo de manipular verdades a través del poder; es tiempo de madurar acuerdos entre todos, por más difícil que parezca, para que en esta realidad prevalezca la cordura de que impere el bien común sin avasallar al que piensa y, por tanto, actúa diferente. Si ante un fenómeno tan desgarrador, como lo ha sido esta pandemia, no somos capaces de actuar con sensatez y prudencia, habrá ganado el egoísmo protagónico que nos coloque en una enfermedad aún más grave que la propia pandemia.

Al final de esta terrible jornada de la pandemia los países, y por tanto el mundo entero, harán real registro de los tantos cambios que hoy se pronostican hacia el futuro, y al cabo de un tiempo relativamente cercano sabremos si como generación fuimos capaces de haber aprendido la lección y si ello derivó a ser mejores o no. Así serán, ni más ni menos, nuestros hijos y nietos, quienes en un futuro cercano nos juzguen

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¿Quién ganó la segunda guerra mundial?

Se cumplen setenta y cinco años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Se dice que la actual gravísima pandemia es la peor desde ese acontecimiento. Es posible. Hay que preguntarse por qué ocurrió esa anterior pandemia. La llamada Segunda Guerra fue resultado –en muchos aspectos- de la primera. La ambición torpe de las potencias ganadoras fue hasta el extremo de humillar a Alemania con un tratado de paz que era, sin más, una injuria. ¿Qué sectores de Inglaterra, Francia y Estados Unidos cometieron tal torpeza? Los de siempre: los banqueros y los militares. Alemania quedó en la ruina y no tuvo manera de levantarse. Para colmo, los revolucionarios espartaquistas fueron derrotados y un militar –alemán, claro- liquidó de un tiro en la cabeza a Rosa Luxemburgo, que fue arrojada como un despojo apiojado a un riacho y ahí quedó, en el lecho de ese río, víctima de la brutalidad del ejército derrotado en los campos de batalla de las trincheras y los gases letales. Porque la Primera Guerra fue terrible. Una matanza ciega, donde algunos no sabían contra quien o a favor de quien luchaban. Se dijo que sería la “guerra que habría de terminar con todas las guerras”. Falso. Cuando los aliados le impusieron a Alemania el Tratado de Versalles pusieron los cimientos de la siguiente guerra, que superó en horrores a la primera.

Alemania buscó recuperarse con la social-democracia de la ruidosa República de Weimar, con sus cabarets y su cine expresionista. Pero fue una democracia débil. En sus entrañas creció sin mayores problemas (aunque no dejó de tenerlos) el nacionalsocialismo, con las bandas callejeras de las SA y el golpe de la cervecería de Munich, que el ejército aún (apenas aún) leal a la democracia de Weimar hizo fracasar. Hitler quedó levemente herido, Göring duramente y Röhm (la cabeza de las SA) fue arrestado de inmediato. Hitler fue sometido a un juicio con jueces y fiscales que lo admiraban y, en su defensa, pronunció unos discursos formidables que le ganaron más adeptos. Luego, en 1924, fue recluido en la prisión de Landsberg por unos meses. Lo trataron muy bien y el futuro Führer dictó a Rudolf Hess el libro que sería la Biblia del nacionalsocialismo, Mi lucha. Todo estaba claro ahí. El tipo era un paranoico criminal, lleno de odio, ambiciones desmedidas y un racismo (odio a los judíos, a los gitanos, a los eslavos) que prenunciaba lo que vendría. El fracaso del golpe de Munich le enseñó que sería imposible llegar al poder con esa metodología. Habría que hacerlo por medio de la democracia y el parlamentarismo. Encontró a un genio de la propaganda, un hombre de baja estatura, rengo, tenaz, con una sonrisa arrolladora (cuando sonreía) y una inteligencia indudablemente poderosa. Era Joseph Goebbels.

En 1933 los nazis llegan al poder. Las cárceles están llenas de opositores políticos, las masas (que han visto el despliegue de la brutalidad de las SA en las calles y contra los comunistas) le temen al vertiginoso Führer, pero, a la vez, ven en él (dentro de una economía devorada por la inflación) al único posible salvador de la patria. Grave error que pagarían caro. Hitler llevaría el país al desastre total. Desencadenaría una guerra que habría de amontonar entre 50 y 75 millones de muertos. Al final, recluido en el búnker de la cancillería, con un parkinson que lo hacía temblar, con la mirada perdida, drogado, desolado ante la aplastante derrota habría de pegarse un tiro. Ya Goebbels era el nuevo Führer, dio el último dicurso fragoroso (con los soviéticos a 200 metros) y luego envenenó a sus seis hijos, le pegó un tiro a su esposa Magda, una nazi recalcitrante, y se mató él. La Segunda Guerra Mundial había terminado.

El ascenso de Hitler al poder fue apoyado por la oligarquía industrial alemana, por las acerías británicas y norteamericanas, por la Ford (Hitler tenía un retrato de Henry Ford en su despacho), la General Motors, la tibieza de Francia y la endeblez negociadora de Inglaterra por medio de su primer ministro Neville Chamberlain, que admiraba el crecimiento de Alemania. Hasta Churchill dijo, en 1938, que desearía un hombre como Hitler si su país se viera en problemas graves. ¡Y la versión occidental dice que todo se debió al pacto Molotov-Ribbentrop que permitió la invasión a Polonia! La Unión Soviética fue el país que menos apoyó a Hitler en comparación con las otras grandes potencias. Y fue la que más hizo para derrotarlo. No es que uno sea stalinista ni bolchevique, Dios nos libre, pero la verdad hay que decirla. Sobre todo cuando occidente insiste en falsear la historia.

El error que llevó a Hitler a perder la guerra fue la apertura de un segundo frente en el Este, la Operación Barbarrosa. Arrojó, sobre la URSS, 200 divisiones. Unos tres millones de hombres. Repitió el brillante método de la Blitzkrieg, la guerra relámpago. Avanzó con una rapidez fulminante en territorio ruso. Los horrores que cometieron los alemanes en esa campaña son incontables e indescriptibles. Mataron a millones de campesinos, eslavos todos, una raza inferior para los nazis. Leningrado resistió con heroísmo. Shostakovich, en pleno sitio de la ciudad, compuso su séptima sinfonía. Y los nazis se detuvieron en Stalingrado, un punto de conquista cuyo nombre seducía a Hitler. Goebbels no manejó la propaganda de la campaña de Rusia. Se había opuesto a la apertura de un frente en el Este. No se había ganado la batalla de Inglaterra. Los aviones de la Royal Air Force desplegaron un coraje poderoso y frenaron a los incesantes aviones de la Luftwaffe de Hermann Göring, que había sido un as de la aviación durante la primera guerra. No se podían distraer 200 divisiones en Rusia cuando aún Inglaterra estaba lejos de ser vencida. Pero Hitler, en 1941, cuando invade Rusia, cree aún en la invencibilidad de la Wermacht. Stalingrado lo golpeó duramente. El mariscal von Paulus, al frente de la Operación Barbarrosa, se rindió incondicionalmente y empezó a colaborar con los soviéticos.

Entonces el Ejército Rojo pasó a la ofensiva. Y entraron en Berlín y plantaron una bandera roja en lo alto del Reichtag y ganaron la guerra. Habían perdido 27 millones de hombres. Se cumplieron en estos días 75 años. Inglaterra fue heroica resistiendo a la Luftwaffe en 1940. Los norteamericanos, y sus aliados, invadieron Normandia y lucharon contra 10 divisiones alemanas. Patton (que, al fin de la guerra, quería rearmar a las SS y avanzar hasta Moscú que era “el verdadero enemigo”) fue un general brillante. Eisenhower también. Y el orgulloso Montgomery no menos. Pero el general Zhukov y su Ejército Rojo fueron los que más hicieron por la derrota del nacionalsocialismo. Las películas de Hollywood nos contaron con Spielberg los horrores del desembarco en Normandía, Francias Ford Coppola escribió el magnífico guión sobre el magnífico Patton, y los rusos hicieron películas, que nunca vimos, para contar la resistencia de su pueblo y la eficacia heroica de sus soldados. Hay que contar esta versión. No solo es justa, también es cierta.

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Jueves, 21 Mayo 2020 06:30

Recuerdos del terrorismo yanqui

Recuerdos del terrorismo yanqui

La Seguridad del Estado de Cuba ha documentado 581 agresiones en 41 países contra representaciones de la isla en el exterior (http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/05/17/hablamos-de-terrorismo-cuba-ha-sufrido-cientos-de-agresiones). Aquí hablo de dos que me tocaron cerca afectivamente. La bomba de alto poder que estalló en la embajada de Cuba en Lisboa cerca de las 5 de la tarde cuando estaban al entrar al lugar los pequeños hijos de los diplomáticos cubanos que regresaban de la escuela. Como un rayo, fulminó a Adriana Corcho Calleja y a Efrén Monteagudo Rodríguez, de 35 y 33 años, respectivamente, funcionarios de la sede diplomática. El dispositivo fue dejado junto a la puerta de uno de los departamentos que formaban parte de la representación cubana por un individuo que entró al vetusto edificio y se retiró de manera apresurada.

Era el 22 de abril de 1976, cuatro meses después de que tropas cubanas derrotaron una importante agresión esmeradamente organizada por la CIA contra la naciente República Popular de Angola. Estados Unidos lanzó una potente columna del ejército racista sudafricano, numerosas fuerzas del vecino Zaire y experimentados mercenarios blancos contra el joven Estado. Al percatarse de lo que se avecinaba, el presidente angoleño Agustino Neto solicitó el apoyo de Cuba. Yo había conocido a Adriana durante una misión reporteril en la Lisboa de la revolución de los claveles y esto hizo que mi estremecimiento fuera mayor ante la noticia del atentado. Muy cerca de donde estalló la bomba conversamos en más de una ocasión y pude aquilatar su pensamiento revolucionario, competencia profesional y buen talante.

La primera derrota militar ante Cuba en Angola –todavía faltaba otra mucho más contundente en 1988– enfureció al gobierno del presidente Gerald Ford y en particular a la CIA. Justo seis meses después del crimen en Lisboa y en nuevas circunstancias luctuosas por el sabotaje contra un avión de Cubana en vuelo donde murieron sus 73 ocupantes, Fidel Castro expresó: "En los últimos meses el gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por días y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas."

El 11 de septiembre de 1979, Félix García, mi amigo y diplomático de la misión de Cuba ante la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, se dirigía a una cena en el barrio de Queens, después de haber acompañado a amigos chilenos a un acto para recordar al presidente Salvador Allende, asesinado exactamente seis años antes en un golpe de Estado orquestado por la CIA, pero no pudo llegar a su destino.

Al detenerse su auto en un semáforo, el terrorista Pedro Remón, entrenado en ese tipo de acciones por la central de inteligencia gringa, le descargó desde una motocicleta una ráfaga de tiros que puso fin a su vida. Ya nunca más Félix iluminaría mi oficina en la revista Bohemia con sus dicharachos criollos y simpatía personal.

Félix es el único caso de un diplomático acreditado ante Naciones Unidas que haya sido asesinado en Nueva York. Remón reivindicó el crimen en llamadas a los medios, pero no fue hasta avanzados los años 80 que resultó juzgado y condenado por un tribunal estadunidense, cuando sus sangrientas acciones terroristas habían comenzado a perjudicar intereses de Washington.

Por cierto, en cuanto cumplió su condena continuó con absoluta impunidad su actividad terrorista contra Cuba, dentro y fuera de Estados Unidos.

Los dos casos anteriores están entre los más notables atentados perpetrados contra sedes y funcionarios diplomáticos cubanos, pero también en muchos otros ha corrido sangre, no sólo cubana, sino de personas de otras nacionalidades. Aquí mismo en México el ya mencionado terrorista Pedro Remón tuvo una participación en un intento de secuestro, en 1976, de Daniel Ferrer Hernández, cónsul de Cuba en Mérida, en el que resultó asesinado el técnico de pesca cubano Artagnan Díaz Díaz.

La historia del terrorismo contra Cuba y, en particular, contra sus sedes diplomáticas, es larga. Pero hay razones para pensar que la mafia fascista de Miami y sus amigochos en el (des)gobierno de Donald Trump se proponen estimular la vuelta a esas prácticas.

Estados Unidos continúa su mutismo cómplice respecto del ametrallamiento de la embajada de Cuba en Washington, cometido el pasado 30 de abril. Ni una palabra sobre un hecho tan grave parece esconder algo inconfesable. Si este atentado no es investigado y esclarecido con apego a las leyes de Estados Unidos y a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas sentará un nefasto precedente.

Twitter: @aguerraguerra

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Sábado, 16 Mayo 2020 06:26

Tres historias berlinesas

Jóvenes alemanes celebran la reunificación del país frente a la Puerta de Brandeburgo en la ciudad de Berlín en octubre de 1990 / Foto: Afp, Gilles Leimdorfer

A 30 años de la reunificación alemana.

Mientras la Rfa completaba la anexión de la Rda, la vida de los alemanes cambió para siempre. Un punk, una estudiante y un soldado recuerdan cómo vivieron aquellos días turbulentos y reflexionan sobre la herencia agridulce de aquel proceso de unión, que aún condiciona a la Alemania actual.

 

Desde Berlín

A lo largo de 1990, las dos Alemanias suscribieron una serie de acuerdos que concretaron su reunificación tras la caída, el año anterior, del Muro de Berlín. El 18 de mayo se cumplirán 30 años de la firma del tratado de unión monetaria, económica y social, que significó que la República Democrática Alemana (Rda) adoptara la economía de mercado y el marco alemán. Separada por 45 años después de la Segunda Guerra Mundial, Berlín, testigo y protagonista de esta historia, conserva las huellas del pasado como si fueran tatuajes en el cuerpo: un diario de vida estilizado que se expone orgullosamente ante los demás.

 

UN REBELDE COOL DE BERLÍN ORIENTAL.

 

Sven Marquardt también concibe sus propios tatuajes como un diario de vida: una manera de llevarse imágenes y citas hasta el día de su muerte, según expresa en su autobiografía Die Nacht ist Leben (La noche es la vida), publicada en 2014. Sven Marquardt es portero del legendario club (discoteca) berlinés Berghain, conocido por su estricta política de admisión. También es fotógrafo y hasta el día de hoy se mantiene fiel a su preferencia por los retratos. Si alguna vez Berlín fue declarada “la ciudad más cool de Europa”, eso también se debe a figuras emblemáticas como Sven Marquardt.

Nacido en Berlín Oriental en 1962, Marquardt forjó su juventud en la Rda. “Pasé mucho tiempo en los llamados Interhotels de Berlín [Oriental], en el Metropol y el Berolina. El ambiente allí era cosmopolita, porque entre los huéspedes había alemanes occidentales y otros extranjeros que traían moneda fuerte. Me despertaba a menudo en una cama de hotel. Los hombres con los que me iba voluntariamente tenían 30 o 40 años, el doble de mi edad”, cuenta.

Si bien la homosexualidad en la Rda fue tempranamente despenalizada, en 1968, a los homosexuales se les impedía tener locales propios, asociaciones y revistas, y todavía en los ochenta la Stasi los vigilaba como si fueran criminales. La moral del Partido Socialista Unificado (Sed, por sus siglas en alemán) quería familias nucleares con padre y madre trabajadores. La patria no eran los homosexuales. Marquardt, además, era un joven punk en el Berlín Oriental de los años ochenta. Debido a sus intentos de suicidio, el Ejército lo declaró “inútil” (en alemán: ausgemustert) y así pudo evitar el servicio militar obligatorio. “Nueva York está donde nosotros estamos” era una de las máximas en su grupo de amigos, recuerda. Como no podían viajar a la vibrante atmósfera de la metrópoli estadounidense, reinventaron una actitud ante la vida inspirada en ella y vivieron de la forma menos convencional posible en su propia ciudad. Jóvenes punks en la Rda, el Estado de los trabajadores y los campesinos.

 

BERLÍN OCCIDENTAL Y EL LUGAR DEL OTRO.

 

Distinta era la situación del otro lado del muro. “Berlín era considerado un espacio de libertad, incluso algo exótico para muchos jóvenes de Alemania Occidental. Era una ciudad de jóvenes y jubilados, prácticamente sin sectores medios, cuya agitación política y diversidad cultural no hubiera sido posible sin la existencia del muro”, me explica Susanne Klengel en su despacho del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, donde hoy es catedrática de literatura latinoamericana.

Nacida en Múnich en 1960, Klengel llegó a Berlín Occidental en 1980. Allí participó activamente en el movimiento feminista, en los incipientes círculos de interés sobre América Latina (como la todavía existente librería Andenbuch, fundada por el germano-uruguayo Thomas Rübens en 1986). Cuando su presupuesto de estudiante se lo permitía, tramitaba la visa para cruzar la frontera. “Había cierto voyerismo occidental al visitar Berlín Oriental, sin dudas, pero también había una apertura y una curiosidad sinceras. No éramos meros turistas. Percibíamos algo muy extraño y muy cercano del otro lado del muro”, recuerda y se levanta para poner un letrero en la puerta de su despacho que dice: “Prüfung, bitte nicht stören!” (examen, por favor, no moleste). “Para que no toquen más a la puerta”, me dice y sonríe

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LA CAÍDA DEL MURO.

 

Poco antes del 9 de noviembre de 1989, Sven Marquardt cruzó a Berlín Occidental. Tuvo la oportunidad de viajar al sur de Francia para un festival de fotografía a través de la Asociación de Artistas de la Rda. Sin embargo, no llegó más que a Kreuzberg: “Estar de pronto del otro lado tenía algo melancólico y algo bastante absurdo. Me dije a mí mismo: imagináte quedarte acá, sin poder volver nunca más a casa”. ¿Por qué debería viajar al sur de Francia si ya tenía bastante con entender su propia ciudad dividida? Marquardt volvió a la parte este. Unos meses después, se caía el Muro de Berlín: “Esa misma noche tuvo lugar el estreno de Coming Out en la Rda, una película de Heiner Carow que trata de un joven profesor gay de Berlín Oriental. […] Desde la perspectiva actual, el título de la película tuvo una gran connotación para ese día. Porque también un país entero se destapaba el 9 de noviembre. Coming Out fue el título para una nueva era”.

A las siete de la tarde fue cuando Susanne Klengel, en Berlín Occidental, vio por televisión la histórica conferencia de prensa en la que Günter Schabowski anunció sorpresivamente la apertura de la frontera amurallada. “Lo escuché, pero no podía creerlo. Para mí, eso era algo tan irreal que luego apagué la televisión y me fui a dormir. Al día siguiente fui al centro de la ciudad y el subte estaba repleto de gente. De pronto una persona se me acercó y me preguntó, con un inconfundible acento berlinés, cómo ir a Ku’damm. ¿Qué hace un berlinés preguntando cómo llegar a una de las avenidas más famosas de la ciudad?, pensé. Ahí me di cuenta de que el muro se había caído.” El encuentro presagiaba la reunificación.

La caída del muro fue un evento que ni la propia Rda pudo prever. Así me lo cuenta Jan Steffen, quien, al contrario de Sven Marquardt, sí ingresó al Ejército de la Rda. En 1988 se enroló, con 18 años, en las Grenztruppen, las Tropas de Frontera. Me reuní con él en un café de Prenzlauer Berg, su barrio natal en Berlín, y allí me contó cómo vivió ese día histórico: “El 9 de noviembre, mi turno iba hasta las diez de la noche. Volví al cuartel y nadie se había enterado de la conferencia de prensa. A la una de la mañana nos despertaron con alarma, nos ordenaron vestirnos y buscar el arma porque algo había sucedido en la frontera, pero no recibimos ninguna información de los oficiales. Mientras esperábamos para salir, encendimos la radio y finalmente comprendimos que la frontera había sido abierta. Sin embargo, a las seis de la mañana tuve que salir a patrullar y desde allí divisé una inmensa fila de autos que iba hacia Berlín Occidental. Fue en ese momento cuando sentí que se había hecho posible aquello que nunca lo había sido. Ahora sí habría un cambio”. Steffen me narra detalladamente cada uno de los sucesos y escucha atentamente mis preguntas, aunque a veces yo me demore un poquito más de la cuenta expresándome en alemán. Desde hace más de 20 años Steffen enseña su idioma materno como lengua extranjera.

 

¿LA RECONCILIACIÓN DE DOS PAÍSES?

 

Poco tiempo después de la reunificación, aún quedaba mucho tiempo por delante para que los alemanes se re-conocieran a sí mismos. Steffen me relató la ocasión, a mediados de los noventa, en la que fue a un cumpleaños en Wuppertal (Alemania Occidental) donde sólo había alemanes del oeste. Era el 2 de octubre y, en determinado momento, se dieron cuenta de que el día siguiente era feriado y todavía debían hacer algunas compras. Alguien preguntó qué feriado era, pero nadie supo la respuesta. Steffen nunca lo olvidará: “Para ellos, el 3 de octubre, el Día de la Unidad Alemana, era un evento muy lejano”. Al mismo tiempo, era algo que él no les podía reprochar, porque “para ellos sólo se agrandó su país”.

En 1993 conoció a su ahora exesposa, oriunda de la Renania del Norte, y así empezó a viajar a Alemania Occidental para visitar a su nueva familia. Eso le dio la oportunidad de conocer aquel país que había imaginado tantos años desde el otro lado de la Cortina de Hierro. “Muy conveniente: la mayoría de mis amigos de Alemania Oriental sólo viajaban por una o dos semanas de vacaciones, pero no conocieron realmente Alemania Occidental”, comenta Steffen irónicamente. ¿Reconciliación entre dos países? A Steffen no le parece acertada la palabra “reconciliación”. En cualquier caso, lo que sí hubo fue amor interalemán.

BAILANDO LA REUNIFICACIÓN.

La vocación artística de Sven Marquardt experimentó una ruptura con la reunificación. Tras la caída del Muro de Berlín, el entonces joven de 27 años trabajaba ocasionalmente como fotógrafo, pero rápidamente perdió el interés en su oficio y se entregó por completo a la vida nocturna de la capital reunificada. Allí encontró un refugio para aplazar los desafíos impuestos a su nueva identidad. “La Rda dejó de existir. ¿Significaba eso que tenía que reinventarme también? ¿Qué nos deparaba ese nuevo país, cómo sería nuestra vida? Con la misma vehemencia con que el tiempo pasado llegaba a su fin, el nuevo lo relevaba. No hubo período de prueba para nosotros”, reflexiona Marquardt en su autobiografía.

A través de su hermano Oliver, que tocaba en los clubes de la capital, Marquardt consiguió su primer trabajo como portero en un boliche. A comienzos de los noventa, sin escasez de viviendas, gentrificación ni turismo masivo, como en 2020, Berlín era un espacio anárquico con edificios desocupados y bloques de apartamentos en ruinas. En ese mundo surgió la Clubkultur berlinesa, la cultura de clubes nocturnos que ha redefinido la identidad de la ciudad desde el cambio de milenio. Desde hace 15 años, Marquardt controla el ingreso al club de música tecno (en alemán: Techno-Club) más famoso de esa movida, el Berghain. Sin embargo, hace ya un cuarto de siglo que él es parte de ese mundo. Tal vez allí las metamorfosis de su vida –el rebelde cool de Berlín Oriental, el joven que experimentó su coming out en la Rda, el artista–no sucumben a la exigencia de presentar una síntesis biográfica como identidad propia hacia los demás. “La noche, embarazada de drogas y euforia –explica Marquardt– nos permite experimentar a la gente de forma pura. Las máscaras caen, hay dramas y comedias.” La vida nocturna también fue una manera de experimentar la reunificación.

LIBERTAS MAGISTRA VITAE.

Poco antes de la reunificación, el entonces canciller, Helmut Kohl, prometió que el este de Alemania se transformaría en blühende Landschaften, “paisajes florecientes” de rápido crecimiento económico. Pero la promesa tuvo un impacto negativo. Según el informe anual que hace el gobierno sobre la unificación, la economía de Alemania Oriental sigue demasiado fragmentada y las tasas de desocupación todavía son mayores que en Alemania Occidental. El 57 por ciento de los alemanes del este aún se consideran ciudadanos de segunda clase, porque tienen peores sueldos, peores jubilaciones y están subrepresentados en muchos ámbitos de la sociedad, incluso en las altas esferas de los negocios y la política. La equiparación de los niveles de vida entre el este y el oeste necesita más tiempo, pero, de todos modos, el progreso alcanzado ya es bastante importante.

Sin embargo, hoy el problema es otro. Los índices de aprobación de la democracia en Alemania del Este son “preocupantes”, destaca el informe oficial. El descontento de la población también se manifiesta en los resultados electorales de los últimos años. La mayoría de los votantes de Alternativa para Alemania (Afd, por sus siglas en alemán), el partido de ultraderecha con representación en el Bundestag desde 2017, proviene de los estados del este. Me pregunto si no es una ironía de la historia que muchos de esos votantes, cuyas biografías aún albergan el pasado de la dictadura del Sed, hoy se decidan por un partido marcadamente autoritario como Afd. Treinta años después, ¿acaso aquella sensación de libertad tras la caída del muro no se les ha vuelto en su contra?

Susanne Klengel es más escéptica al respecto: “Sinceramente, no sé en qué consistía ese sentimiento de libertad. ¿En poder viajar o comprar cosas con la nueva moneda? ¿En decir abiertamente lo que se piensa? La libertad tiene distintos niveles. Y si hoy está constreñida en algún sentido; yo más bien diría que por razones materiales. El problema es la desigualdad”. Jan Steffen, por su parte, reflexiona sobre la libertad en su dimensión más personal: “Cuando por primera vez estuve en el extranjero ‘de Occidente’, en Suecia, Dinamarca y luego en París, me di cuenta de que si la Rda hubiera seguido existiendo, probablemente yo no hubiera tenido la posibilidad de conocer y estudiar en otros países, como efectivamente la tuve años después. Eso sólo se logra con libertad. Con la caída de la Rda y la reunificación obtuve libertad personal. Y, con el paso de los años, he comprendido lo valiosa que es esa libertad para mí”.

Por Mateo Dieste

15 mayo, 2020

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Victor Serge (su apellido de nacimiento era Kibaltchiche) en su legajo de la Cheka.

En el tremendo Año Uno de la Revolución Rusa pasaban cosas como ésta: una mañana de febrero de 1918, un hombre se presentó en la puerta del Soviet de Petrogrado y dijo “Soy Malinovski, el traidor. Arréstenme”. Eran tiempos de guerra civil, sabotajes, complots, atentados, ejecuciones y fusilamientos diarios, y aquel desconocido que pedía ser arrestado encarnaba en sí mismo toda esa vorágine: Rodino Malinovski había sido el hombre que transmitía en Rusia las palabras desde el exilio de Lenin, el principal representante bolchevique en la Duma (el Parlamento zarista), el militante de impecable trayectoria, de la clandestinidad a la cárcel y del presidio a la conferencia bolchevique de Praga en 1912, luego al Comité Central del Partido y de allía la Duma.

El pequeño detalle es que Malinovski era a la vez agente de la Ojrana, la policía secreta zarista. La Ojrana llegó a tener cuarenta mil agentes en sus filas, entre infiltrados, espías, soplones y vigilantes. Fue la colaboración en las sombras de la Ojrana lo que permitió a Malinovski acceder a la Duma, como reconocimiento por haberles entregado a Miliutin, a Noguin, a María Smidovich y hasta al propio Stalin (es famosa su foto de frente y perfil en los archivos carcelarios zaristas). Asombrosamente, los bolcheviques no sospechaban de él, pero Malinovski aprovechó los humos de la guerra en Europa para esfumarse. Capturado por los alemanes, recuperó su ardor revolucionario en el campo de prisioneros y, en cuanto fue liberado, retornó a Rusia, pero no a sumarse a la Revolución sino a que la Revolución lo juzgara. “He sufrido mi existencia dual. No comprendí cabalmente, me dejé ganar por la ambición. Merezco ser fusilado. Pero con la Revolución en mi corazón”, dijo en el estrado. El tribunal le concedió su pedido: lo condenó a muerte. Esa misma noche, cuando era trasladado por los pasillos, Malinovski recibió un balazo en la nuca. No por condenarlo a muerte iban a darle el gusto de fusilarlo: lo mataron como mataban a los traidores.

El caso de Salomón Ryss es su contracara exacta: Ryss organizó, por órdenes de la Ojrana, un grupo terrorista sumamente audaz. Tan literal fue en el cumplimiento de sus órdenes que terminó realizando verdaderos atentados antizaristas, que adjudicaba a otros grupos cuando informaba de ellos a la Ojrana. La Ojrana llegó a organizar su evasión de la cárcel cuando Ryss cayó en una redada, pero se les fue de las manos. Ryss fue finalmente capturado en el sur de Rusia, cuando sus propios compañeros terroristas desconfiaban de él. La Ojrana se les adelantó, lo entregó a la Justicia del Zar y Ryss fue juzgado y condenado a muerte, al mismo tiempo que recibía in absentia el mismo veredicto por un tribunal revolucionario. A diferencia de Malinovski, Ryss sí fue fusilado: tuvo una muerte “digna”.

Víctor Serge descubrió estas historias cuando, en aquel frenético Año Uno de la Revolución, se sumergió en los archivos de la Ojrana con orden de “informar públicamente al pueblo soviético” sobre lo que hallara en las entrañas de la bestia. Tres años más tarde, Serge publicó en el Boletín Comunista un informe titulado “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión”. El Fondo de Cultura Económica acaba de reeditarlo, es cortito e impresionante. Serge disecciona el método tela de araña de la Ojrana, cuenta que cada uno de sus funcionarios redactaba un informe pormenorizado de cada uno de sus casos, que se hacían imprimir en ediciones de únicamente dos ejemplares: uno era para el zar, el otro quedaba en el Gabinete Negro, una sala secreta de la Ojrana que contenía aquella biblioteca de ejemplares únicos. Tan únicos eran aquellos informes que, en manos revolucionarias, anunciaba Serge al público soviético en 1921, podrían servir para reconstruir la historia del movimiento anarquista en Rusia, “algo extraordinariamente difícil, a causa de la dispersión e insularidad de los grupos anarquistas y de las pérdidas inauditas que sufrió el movimiento hasta su desintegración”.

Aún eran tiempos en que aquellos que habían dado su vida por la Revolución eran héroes y el propio Serge era todavía apreciado por el régimen bolchevique, a pesar de su pasado anarquista. Década y media después, acusado de disolvente y contrarrevolucionario, sufriría cárcel y exilio en Siberia, hasta que el clamor europeo por su liberación agotó a Stalin. Serge había nacido en Bélgica, de padres rusos exiliados, y había militado y vivido en la clandestinidad y sufrido cárcel en Francia, Holanda y Alemania, antes de llegar a Rusia y ponerse a disposición de la Revolución. De todo eso, desde su niñez proletaria en Bruselas hasta su caída en desgracia y sus solitarios años finales en México, donde murió en 1947, habla Serge en sus Memorias de un revolucionario, un libro emocionante, único.

En aquel largo informe publicado en 1921 en el Boletín Comunista, Serge se refería a la Ojrana del Zar casi en los mismos términos en que veinticinco años después, en sus Memorias, hablaría de la Cheka, la policía secreta soviética creada por el implacable Félix Dzerzhinsky (con el tiempo convertida en GPU, luego NKVD y finalmente KGB). Cuenta Norman Mailer en El fantasma de Harlot, su libro sobre la CIA, su mejor libro, que los primeros CIA boys estudiaban vida y obra de Dzerzhinsky (literalmente: era una materia) en su curso de adiestramiento. Algo sugestivamente similar contaba Víctor Serge sobre la Ojrana en su informe de 1921: decía que sus funcionarios enseñaban y tomaban examen a sus agentes sobre teoría e historia revolucionaria, antes de soltarlos en las calles. Por esa misma época, en las cárceles zaristas siberianas, los guardianes decían que, de cada dos presos que se fugaban, uno era un prisionero político y el otro un converso: en los pabellones carcelarios, en las horas muertas de encierro, los veteranos transmitían a los novatos lecciones sobre historia y praxis de la revolución, casi con las mismas palabras que usaban los jefes de la Ojrana con sus agentes, en los sótanos del edificio de Fontanka 16, Petrogrado.

En el final de su informe de 1921, Serge decía que la creación de la Ojrana y su posterior crecimiento habían causado la caída del Zar. Veinticinco años después, en el final de sus Memorias, decía que una de las causas principales del fracaso de la revolución en Rusia fue la creación de la Cheka. La Cheka fue, como la Ojrana, un Estado dentro del Estado, resguardado por el secreto de guerra, un organismo enfermo que sirvió de modelo para los organismos enfermos que vigilan nuestra vida hoy. Recordémoslo siempre, es bien sencillo de recordar: la Cheka se basó en la Ojrana, y la CIA se basó en la Cheka. Y recordemos, también que quien nos lo enseñó fue Víctor Serge, a quien ningún país europeo quiso dar pasaporte cuando Stalin lo expulsó de Rusia en 1937, y por eso murió apátrida, y por eso sigue apátrida hasta el día de hoy: porque nadie lo reclama como propio, a pesar de su singularidad, o por culpa de ella.

15 de mayo de 2020

Publicado enPolítica
Las pruebas nucleares de la Guerra Fría cambiaron los patrones de lluvia a miles de kilómetros

Según varios científicos de las universidades de Reading, Bath y Bristol (Reino Unido), las nubes registradas entre 1962 y 1964 eran visiblemente más gruesas en días con mayor radiactividad.

 

Las detonaciones de bombas nucleares lanzadas durante la Guerra Fría, sobre todo por Estados Unidos y la Unión Soviética, pueden haber cambiado los patrones de lluvia a miles de kilómetros de los sitios donde se realizaron esas pruebas.

Así lo revela una investigación publicada este miércoles en la revista Physical Review Letters, que utiliza registros históricos entre 1962 y 1964 de una estación de investigación en Escocia.

Los científicos, de las universidades de Reading, Bath y Bristol (Reino Unido), compararon los días con alta y baja carga eléctrica liberada por la radiación de las detonaciones nucleares, y descubrieron que las nubes eran visiblemente más gruesas y había un 24% más de lluvia de media en los días con más radiactividad.

Giles Harrison, profesor de física atmosférica de la Universidad de Reading y autor principal del trabajo, apunta que, "al estudiar la radioactividad liberada de las pruebas de armas de la Guerra Fría, los científicos en ese momento aprendieron sobre los patrones de circulación atmosférica". "Ahora hemos reutilizado estos datos para examinar el efecto sobre la lluvia", añade.

Harrison indica que "la atmósfera políticamente cargada de la Guerra Fría condujo a una carrera armamentista nuclear y a la ansiedad mundial", y que, "décadas más tarde, esa nube global arrojó un lado positivo, al brindarnos una forma única de estudiar cómo la carga eléctrica afecta la lluvia".

Durante mucho tiempo se pensó que la carga eléctrica modifica la forma en que colisionan y se combinan las gotas de agua en las nubes, lo que puede afectar el tamaño de las gotas e influir en la lluvia, pero esto es difícil de observar en la atmósfera. Al combinar los datos de pruebas de bombas nucleares con registros meteorológicos, los científicos pudieron investigar esto retrospectivamente.

Carrera armamentística 

La carrera por desarrollar armas nucleares fue una característica clave de la Guerra Fría ya que las superpotencias mundiales intentaron demostrar sus capacidades militares durante las tensiones intensas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

Aunque las detonaciones se llevaron a cabo en partes remotas del mundo, como el desierto de Nevada (Estados Unidos) y en islas del Pacífico y el Ártico, la contaminación radiactiva se extendió ampliamente por toda la atmósfera. La radioactividad ioniza el aire, liberando así carga eléctrica.

Los investigadores estudiaron registros de estaciones meteorológicas de investigación bien equipadas de la Met Office en Kew, cerca de Londres, y Lerwick, en las Islas Shetland.

Ubicado a unos 480 kilómetros al noroeste de Escocia, el sitio de Shetland no se vio afectado por otras fuentes de contaminación antropogénica (es decir, de origen humano). Esto lo hizo muy adecuado como sitio de prueba para observar los efectos de la lluvia que, aunque probablemente también ocurrieron en otros lugares, sería mucho más difícil de detectar.

La electricidad atmosférica se mide más fácilmente en días buenos, por lo que las mediciones de Kew se utilizaron para identificar casi 150 días en los que hubo una generación de carga alta o baja en Reino Unido mientras estaba nublado en Lerwick. La lluvia de Shetland en estos días mostró diferencias que desaparecieron después de que terminó el episodio principal de radiactividad.