A cuarenta años del más importante movimiento estudiantil que haya conocido el país, una mirada en retrospectiva de sus principales hitos.

El 26 de febrero prendimos
la ciudad de la quince
para arriba, la tropa en todas partes,
vi matar muchachos a bala,
niñas a bolillo, a Guillermito
Tejada lo mataron a culata,
eso no se me olvida.
Que dí piedra y me contestaron
con metralleta.

El atravesado, Andrés Caicedo

Al empezar la década de los 70, los hijos de los miles de desplazados que arribaron a las ciudades colombianas en los años 50 y 60 habían copado el sistema educativo básico, y muchos de ellos ya demandaban educación superior. La sociedad colombiana cambiaba vertiginosamente, y nuevos juicios y criterios estaban al orden del día. Miles de jóvenes recién urbanizados reclamaban un espacio en la sociedad y el derecho a participar en las decisiones de la nación. Es ésta la razón por la cual la universidad será el campo de confrontación entre el país conservador, feudal y mojigato, y quienes exigen una nueva sociedad.

El movimiento estudiantil de 1971 se inicia con una marcha de protesta en la Universidad del Valle el 26 de febrero. Hacia la mitad de estos sucesos, la policía intenta tomarse la Universidad y allí muere un dirigente estudiantil. Los disturbios se riegan por toda la ciudad de Cali y al final de la jornada se tiene un saldo de más de 30 ciudadanos asesinados. A partir de este momento se desarrolla una agitación que lleva al paro a 35 universidades, prácticamente todas públicas y algunas privadas, como la Javeriana, los Andes, la Tadeo, la Libre, la Santo Tomas, la Incca y la Gran Colombia. En reuniones y congresos clandestinos, los universitarios construyen un “programa mínimo” que compendia sus exigencias.

¿Qué reclamaban estos jóvenes del 71? 1. Salida de las universidades por parte de los organismos estadounidenses (Fundación Ford, Fundación Kellogg, USAID, cuerpos de paz, etcétera). 2. Reforma de los Consejos Superiores Universitarios (de los cuales formaban parte la Iglesia, la Andi, Fenalco, el Ministerio de Defensa y otras entidades que no representaban a la comunidad universitaria). 3. Mayor presupuesto para la educación superior. 4. Cogobierno en las universidades públicas (administración conjunta de gobierno, estudiantes, profesores y trabajadores de los centros educativos)1. Fue un año de grandes movilizaciones que permitió ganar este espacio en las Universidades de Antioquia y Nacional de Bogotá. En la corta primavera del cogobierno, los estudiantes lograron elevar el presupuesto de investigación, ampliar cupos, reincorporar expulsados, defender la libertad de cátedra y fortalecer financieramente la universidad pública.
1.    Federación de Estudiantes de la Universidad del Valle (FEUV). 1971-1972, Desarrollo político del movimiento estudiantil, Editado por FEUV, Cali, 1973, y revista Deslinde, año 1, Nº 1, junio de 1971, Medellín.

1971, año de los jóvenes

Autores como Jesús Martín-Barbero y Carlos Mario Perea insisten en asegurar que sólo en 1984, con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, “el país pareció darse cuenta de la presencia entre nosotros de un nuevo actor social, la juventud”*. Por el contrario, considero que 1971 es el año de la emergencia juvenil en Colombia. De febrero a diciembre de este año, miles de estudiantes universitarios y de secundaria paralizan 35 universidades y un centenar de colegios, desarrollando así el movimiento estudiantil más vasto de que tenga memoria el país. El resultado es una reforma al sistema educativo que un año después cae, cuando el estudiantado se desmoviliza. El Ministro de Educación que debió estar al frente de las negociaciones con los estudiantes fue otro joven, Luis Carlos Galán, que para ese momento tenía 27 años.

Otro evento que nos confirma esto es la realización del Festival de Rock de Ancón, organizado en La Estrella (Antioquia), municipio próximo a Medellín, entre el 18 y el 20 de junio de 1971, bajo el lema “Es cuestión de fe y nos unimos todos con música”. Participaron las bandas Columna de Fuego, La Planta (con Augusto Martelo y Chucho Merchán), Terrón de Sueños, La Banda del Marciano, Gran Sociedad del Estado, Carne Dura, Los Monsters, Conspiración del Zodiaco, La Banda Universal del Amor, Los Láser, Johnny Richard, Fernando Zuncho y Free Stone. El festival mostró un sólido movimiento juvenil en torno al rock al congregar más de 30.000 asistentes que permanecieron los tres días.

Es 1971 también el año en que se consolida el llamado Grupo de Cali, dirigido por Andrés Caicedo, el mayor icono literario de la juventud en Colombia. Formaban parte de esta tropa juvenil: Caicedo, Hernando Guerrero, Luis Ospina, Carlos Mayolo y Sandro Romero. Igualmente, en este año Caicedo y sus amigos abren Ciudad Solar, centro cultural que permite visibilizar los novísimas expresiones culturales que tenía la capital del Valle. En 1971, Andrés escribe cuentos tan importantes como El atravesado, Destinitos fatales, Calibanismo, Patricialinda, Angelita y Miguel Ángel, y le da cuerpo a una aviesa obra de teatro basada en Mario Vargas Llosa y Harold Pinter. Asimismo, se realizan allí los VI Juegos Panamericanos, entre el 30 de julio y 13 de agosto, con la presencia de 2.935 atletas de 32 países. El evento fue calificado por los medios como “la gran fiesta de la juventud”.

*    Martín-Barbero, Jesús, Jóvenes: des-orden cultural y palimpsesto de identidad, Viviendo a toda, Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades, Siglo del Hombre Editores, DIUC, Bogotá, 1998.
Publicado enEdición 166
Viernes, 28 Mayo 2010 15:23

Johnny Silva A. Asesinato impune

El 22 de septiembre de 2005 fue asesinado
el estudiante de 5º semestre de Química Johnny Silva Aranguren.
El asesinato se ejecutó dentro del campus de la Universidad del Valle,
a manos de policías del Esmad, bajo órdenes del coronel Jesús Antonio Gómez Méndez.
El operativo contó con la autorización del secretario de gobierno Miguel Yusti para que ingresaran al establecimiento estudiantil.

Recordar. No olvidar. Aquel día arremetieron contra los estudiantes, y en un hecho de terrorismo estatal los policías, ni cortos ni perezosos, armados y camuflados desde tempranas horas, ubicados en sitios estratégicos, podían asesinar a cualquier persona dentro del establecimiento.

El asesinato fue premeditado, pues la luz eléctrica la apagaron a las 6: 30 p.m., para de inmediato disparar contra la humanidad del indefenso –que, con problemas motrices, no pudo correr. Todo esto con el beneplácito del presidente Álvaro Uribe Vélez: “pues el TLC hay que firmarlo cueste lo que cueste”, así lo hizo saber a la opinión pública (“Primer muerto por el TLC”, tituló la revista Semana).

Lo más preocupante es la posición de la Fiscalía especializada en derechos humanos, la número 41 de Cali. Cuando les pregunté por las medidas de aseguramiento a tales asesinos y cínicamente me respondieron que en una previa reunión habían decidido no dictar aseguramiento, porque no les iban a tirar la carrera a esos policías porque ellos van en ascenso, que los perdone y espere a la justicia divina. Y entonces, ¿qué pasa con las 38 pruebas que tiene la Fiscalía? ¿Para qué se hizo este trabajo? Y uno de los interrogantes que todos queremos despejar. ¿Quién apagó la luz? Ni la Universidad del Valle ni la Fiscalía responden. Exigimos una respuesta.

Wilman Silva,
Padre de Johnny Silva Aranguren
Publicado enEdición 157
Martes, 24 Noviembre 2009 14:47

Memoria Canalla

En un país en el que la memoria ha sido perseguida para eliminarla se adelanta una estrategia dirigida a mostrarle al mundo una imagen de pasión edulcolorada que nada tiene que ver con las miserias de la mafia imperante, y la industria del entretenimiento y la confusión local funcionan con pavorosa eficacia cotidiana. La realización de Memoria Canalla en Bogotá, entre julio y octubre de 2009, significó un formidable acontecimiento cultural (ver: www.memoriacanalla.tk).

Memoria Canalla recogió la expresión de los muros y las paredes en un momento en que la comunicación en las calles se ha multiplicado frente al cierre hermético de los medios masivos ante cualquier expresión disidente de orden imperante. Jóvenes de todas las edades se volcaron sobre las exposiciones, los videos, los murales y las conferencias de Memoria Canalla, evidenciando la ardiente necesidad de una memoria que ayude a reconstruir identidades, y de una comunicación vital que escape de la modulación del deseo y las ideas ejercida por los grupos que controlan la televisión, la radio y la gran prensa.

Bastardilla (www.bastardilla.org) y Stink Fish conforman el Grupo Hogar que concibió y realizó el itinerario de Memoria Canalla. La belleza de Bastardilla y la magia de sus manos que ahora revelan el dolor y el abandono, o ahora enseñan un mundo anhelado, armonizan con la hermosura deslumbrante del universo ético que guía su extraordinaria labor artística. Le preguntamos por Memoria Canalla y, enfundada en su overol negro de infatigable hacedora, que ya le ha suscitado un creciente prestigio nacional e internacional, nos dijo: “Fue una exposición que recogió parte de la historia grafiti en Bogotá; grafiti sentimental, estético, grafiti político, y político con propuesta estética. Con base en ese material se posibilitó también hacerse una idea del panorama político y cultural de Colombia, porque a través de las propuestas que se ven en la calle es posible igualmente captar las influencias culturales y los tópicos que incitan la expresión en las paredes. Acompañando la exposición elaboramos un video sobre el grafiti, y convocamos un extraordinario conjunto de artistas y editores internacionales que conocieron con sus propios ojos lo que acontece en nuestras calles: Onesto de Brasil, Blu de Italia (www.blublu.org), Tristan Manco de Inglaterra, Marcos Sueño y Fumaca de Perú, Vexta de Australia, Naza de Argentina, Juan Canales de Valencia (España) y Martha Cooper, excepcional fotógrafa de Estados Unidos”.

Mientras disfrutaba una hamburguesa de quinua, que forma parte de un modo de alimentarse que respeta la dignidad de la vida de las otras especies, Bastardilla nos permitió conocer su génesis: “Nací de ser una callejera, andando a cualquier hora en compañía o sola en los espacios que conocemos como públicos; movida por el deseo de mudar algunos pensamientos en imágenes, tomé el impulso de modificar y personalizar esos recorridos de espacios dinámicos, expuestos y diversos. Me llena más la necesidad de compartir e intercambiar simbólicamente ese lenguaje de manera libre, sin sentirlo, al contrario, imagen muerta, enterrado en cuadernos o espacios de [email protected]”1.

Después de encender un tabaco y tomar una hoja que ayuda a la palabra dulce, Bastardilla continuó narrándonos la forma como el Grupo Hogar logró construir una atmósfera que, además de enriquecer las ideas, las técnicas y las iniciativas en torno a la comunicación no editada por los controladores de la opinión –más allá de las tachas y las borraduras ordenadas cada día a los jóvenes militarizados por el poder que no resiste la expresión de la verdad en las calles–, sirvió para crear nuevas redes de comunicación y cooperación entre quienes experimentan insalvable repugnancia frente a los atropellos y las mentiras en que el poder sustenta su permanencia.

“El grafiti es otro modo de tradición visual y escrita; una comunicación que admite muchas maneras de ver. Es una posibilidad de expresión que nos permite no caer y permanecer en el abatimiento que resulta de contemplar el horror expandido y la impunidad que aún cobija a los responsables de tanta injusticia y tanta barbarie contra la Tierra, los pueblos ancestrales, los mayores, los niños… Podemos sentir lo que está ocurriendo y no ser reflejo de la miseria y la violencia. Conmovernos y no quedar prisioneros de un estado de ánimo incapaz de reaccionar.

“Memoria Canalla se hizo gracias a que resultamos seleccionados en una convocatoria pública del Instituto de Patrimonio Cultural de Bogotá. Contamos con el apoyo del Museo de Bogotá, la Facultad de Diseño de la Universidad de los Andes, la Academia Superior de Artes de Bogotá, la Defensoría del Pueblo, el Restaurante Urbano, Cafecito el Hostal y el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Como los recursos no alcanzaron a cubrir los gastos que género el emprendimiento, nos endeudamos para sacar adelante el proceso. Pero este trayecto nos enseñó que las cosas, más que con dinero, se hacen con las ganas y con un tejido solidario”.

En el relato de los pormenores de Memoria Canalla es posible apreciar los resplandores de un movimiento ético y creador que está aflorando en el mundo. Un movimiento que encarna valores posmaterialistas y que prefiere la gratificación que genera el perfeccionamiento de las aptitudes y el cumplimiento de las vocaciones, a la consecución despiadada de un dinero nunca suficiente para comprar la oferta incesante de mercancías cuya codicia es estampada por los medios de manipulación. Un movimiento que utiliza con fluidez las posibilidades que arrojan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, reivindica las potencias expresivas del arte y la fuerza incontenible del tejido de cooperación no jerárquico que se mantiene alejado de vanidades y soberbias. Un movimiento que se resiste a la militarización y es consciente –e incorpora en su práctica cotidiana– sobre la revolución de fondo que estremece al mundo en torno al cese de la violencia y la discriminación expresa o encubierta sobre las mujeres, y la finalización del poder patriarcal destructivo y suicida. Un movimiento que reconoce el valor de la sencillez en el talento que no se deja obnubilar por las luces del prestigio. Un movimiento que recupera el valor del estudio sin caer en las trampas de una academia tan prepotente como alejada del clamor de las comunidades y de la Tierra. Un movimiento sensible a los saberes de los pueblos nativos, el respeto a las plantas de conocimiento, el cuidado de las semillas, y además a una espiritualidad que contempla a la Tierra como madre viva que precisa curación.

1     Ver Agitación Feminista. Versión
2    Espacio de comunicación independiente. Mujeres Habitando-NOS. agitacióEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Publicado enEdición 152
Miércoles, 26 Agosto 2009 20:07

Mapiripán, entre la memoria y la impunidad

Entre el 18 y el 20 de julio, se conmemoraron 12 años de la masacre de Mapiripán. Impunidad. Decenas de personas rompiendo el miedo y el silencio que los impulsores y protectores de la muerte quieren se imponga y se prolongue por siempre en nuestro país, encabezaron una caravana para que el olvido tenga fin y la justicia llegue.

En la Caravana de la Memoria, que viajó hasta el municipio de Mapiripán, ubicado entre los departamentos del Meta y el Guaviare, con base en los testimonios de quienes se atrevieron a hablar, percibimos que los habitantes del pueblo aún están traumatizados.

Afrontar, confrontar, aclarar y hacer justicia en este caso, no ha sido fácil, porque los autores intelectuales y quienes financiaron el operativo criminal siguen protegidos, y en la parte militar no se ha llegado hasta el momento a los altos mandos que desde Bogotá dieron las órdenes para la masacre, mientras a quienes facilitaron el operativo y los pertrechos para el mismo los sacaron del país, aduciendo que son testigos a los que deben protegerles sus vidas. Sin embargo, queda la duda sobre si realmente, cuando sea necesario que declaren, estén dispuestos a abrir la Caja de Pandora que tantos secretos de Estado oculta.

El tiempo pasa…

Transcurridos 12 años, la población de Mapiripán vive bajo el régimen del miedo y los paramilitares se pasean por sus destapadas calles con la ‘seguridad democrática’ que ofrece la fuerza pública, lo cual corrobora las palabras del mayor Hernán Orozco (oficial al mando del batallón Joaquín París por los días en que ocurre la masacre) cuando dijo: “Los paramilitares son para el militar como la amante que nunca se puede llevar a casa”. Sus razones tendrá este oficial al hacer tal afirmación, porque él estaba al mando del mencionado batallón, lugar al que llegaron los paramilitares vestidos de civil tres días antes de la masacre. Según testimonio de monseñor Correa Yepes, obispo por entonces del Guaviare, del batallón salieron con uniformes militares y armas; unos agarraron por una trocha hasta la inspección de Charras y otros por el río Guaviare, pasando por Barrancón, estratégica base de entrenamiento con fuerzas especiales de Estados Unidos.

Durante los últimos años y desde cuando ocurrió la masacre, a los campesinos de Mapiripán los obligan a vender al precio que quieran pagarles, luego de un constante hostigamiento, amenazas y fumigaciones a los cultivos que les proporcionan alimentos. Ya no se trata de fumigar plantaciones de coca sino de sacarlos de la región porque la requieren para megaproyectos como cultivo de palma africana y para completar el rendimiento de los biocombustibles. Ahora, en la zona encontraron importantes pozos petrolíferos, y por tanto el desplazamiento es requerido. De lo contrario, ya saben la suerte que les espera.

Con el antecedente de la masacre que motivó la Caravana de la Memoria, “para que no se olvide ni se repita”, se encuentra que los habitantes del municipio no han podido superar el miedo con el que han sobrevivido estos años, de tal manera que muy pocos se atrevieron a salir de sus casas y acompañar la Caravana. Dos días antes que ésta llegara, las Águilas Negras repartieron panfletos amenazantes en el casco urbano y en las fincas cercanas, advirtiendo que quien se atreviera a recibir la Caravana correría la misma suerte de sus vecinos 12 años atrás.

Es éste un pueblo donde no hay agua potable ni luz eléctrica. Hay un puesto de salud con un equipo de médicos, pero sin elementos ni medicamentos para curar a los enfermos, tal como lo denunció uno de los organizadores de la Caravana, y que pudieron comprobar los acompañantes internacionales que iban en ella, cuando, al querer ducharse en un colegio que les facilitaron para montar las tiendas de campaña, se encontraron con que no había agua. La mayoría de la población estaba asustada por lo que pudiera ocurrir; en medio del pánico que no desaparece del todo, y no hay derecho a la libre expresión.

Pero no sólo Mapiripán está amenazada: una situación similar se vive en Calamar, un pueblo a tres horas de distancia, al igual que otros pueblos de Meta y Guaviare, separados por un río que recibe el nombre de dos de sus afluentes, el Guayabero y el Ariari.

Germán Duarte, ex alcalde de Calamar exiliado en Brasil, viajó para sumarse a la Caravana. En el acto de inauguración de un monumento conmemorativo del maestro Castañeda, refiriéndose a lo que está ocurriendo, dijo: “Vengo de Brasil, andando cinco días para estar acá. La verdad, me siento contento de poder rendirles homenaje a las víctimas de Mapiripán, comparado con la noche cuando brillaron los machetes allá en el Vichada, como en la obra de Rómulo Gallegos, cuando la época del caucho y sometían la gente; porque esto tiene proyectos transnacionales que están interesados en sacar la gente masivamente, para apoderarse de estas tierras que tienen mucha riqueza. Ya vienen las petroleras, ya llegan los palmicultores con grandes extensiones, y ahí está el pueblo para esclavizarlo. Había que pagarle el precio de la tierra a lo mínimo y por eso vienen las masacres. Eso pasó cuando brillaron los machetes allá en el río Vichada. Creo yo, que habrá que caminar mucho, y por mucho que caminemos no vamos a andar más de 200 kilómetros. Y aquí volveremos, y estaremos pendientes, porque este es un símbolo de toda la resistencia del pueblo colombiano, y nosotros como habitantes de la selva que amamos para defender nuestro ecosistema, en compañía de los indígenas, de los colonos, de los ambientalistas, nosotros no podemos seguir dejando llevar cadáveres hacia el Delta Amacuro, donde desemboca el río Orinoco. Institucionalizar la venida y rendir homenaje y que ojalá el monumento del maestro Castañeda sea respetado, que haya conciencia en este pueblo, que los que tienen miedo despierten del letargo y que la paranoia desaparezca, y empiece a florecer la semilla que los mismos que han derramado sangre sembraron con su muerte. Son mártires que no van a olvidarse, y vamos a estar vigilantes. El Orinoco nace en los Andes, desemboca en el Caribe, y nosotros estamos aquí en el centro, donde se dividen la Amazonia y la Orinoquia, y clamamos justicia. Así como muchos van a los carnavales de grandes ciudades, vengamos aquí a presentar un resumen anual de lo que es la defensa de los derechos humanos, el medio ambiente y la defensa del derecho a la vida”.

Si algo logró la Caravana de la Memoria fue darles confianza a los habitantes que salieron de sus casas a saludar a los caminantes de la paz. Incluso algunos fueron más osados y llegaron hasta el polideportivo donde se realizó el acto cultural; marcharon con la Caravana hasta los lugares donde ocurrieron los hechos; a la inauguración del monumento y, aunque con temor, hablaron, rompieron el silencio los sobrevivientes y los familiares de las víctimas. La nota por destacar es la ausencia de las autoridades en cabeza de la alcaldesa, y de los grandes medios informativos que minimizaron la caravana humanitaria, venida desde distintos sitios de Colombia y el mundo.
Publicado enEdición 149
“El historiador no sólo debe conocer el camino sino también recorrerlo”. (Georg Luckács)
Diciembre de 1928. La protesta de cerca de 20 mil trabajadores agrícolas del banano y el plátano, que demandaban de la United Fruit Company, hoy Chiquita Brands, contratación directa, acabar con el comisariato, atención médica, en fin, mejores condiciones laborales, es acallada y liquidada con una masacre a campo abierto, según el embajador de los Estados Unidos de la época, de no menos de 1000 de sus obreros. Crimen cometido bajo la orden de un militar, general, miserable, “con rodilla en tierra’’, sometido a los mandatos de la compañía extranjera. Los heridos fueron cientos, perseguidos por entre los platanales, de municipio en municipio, decenas de ellos encarcelados y condenados en juicios sumarios.

¿Quién fue el militar que dio la orden? el general Carlos Cortés Vargas, sometido a una interpelación en la Cámara de Representantes, pero en esencia a ningún juicio ni condena por su atroz delito. Miguel Abadía Méndez, el presidente de la época y verdadero y real responsable de lo sucedido terminó sus días con disfrute de la impunidad, sin responder por sus crímenes, entre ellos, traición a la patria. Impunidad. Una constante que parece ser insuperable en Colombia. Así se deduce de innumerables sucesos y tragedias con violencia y sangre.

¿Cuántos asesinados antes del 9 de abril bajo el hostigamiento de la oligarquía conservadora? ¿Cuántos masacrados el 9 de abril por los militares, bajo las órdenes del presidente de entonces, Mariano Ospina Pérez y la complicidad de la Dirección Liberal? ¿Cuándo fue juzgado el responsable de los hechos? ¿Quién fue, cómo se llama el autor o autores intelectuales del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán?

Impunidad y muerte dulce la de esos criminales, seguro, cubiertos de los goces de la abundancia y del silencio cómplice de quienes ordenaron y coordinaron los hechos.

¿Cuántos perseguidos, entre 1948–1953, macheteados, hostigados, amenazados, asesinados, bajo la premisa de la conservación del orden y la propiedad privada? ¿Quién, desde el poder de siempre, respondió por estos crímenes? ¿Quién fue juzgado por el actuar del ejército y la policía? ¿Cuándo se ha intentado aclarar la procedencia de inmensas fortunas en manos de las familias “más tradicionales de Colombia”? Y los pobres, los desplazados, los perseguidos que tuvieron que construir y habitar en las barriadas de las nuevas ciudades, ¿quién les hará justicia, a ellos y a sus familias?

Silencio, es la respuesta. Aquí no ha pasado nada. Impunidad. Poder que cubre poder. Tradición, status quo que se ahoga en la sangre, el terror y la injusticia.

Pero hay mucho más. Por los valles, campos y ciudades de Colombia, caminan los descendientes o se conserva la memoria de los derrotados y expropiados de toda propiedad por el poder que tiene a sus órdenes, las armas que han perseguido a quienes tenían que proteger.

Horror de horrores. Por entre bosques y matorrales se refugian decenas de familias que huyen de los bombardeos contra quienes habitaban Río Chiquito, El Pato, Guayabero, Marquetalia y otros nombres imborrables en la larga lista de terror y sangre que describe la geografía de la interminable guerra interna que pareciera no tener fin en Colombia.

En medio de ella, antes y después, allí en sus puestos de trabajo, los trabajadores del cemento en Santa Bárbara a principios de los años 60 del siglo XX, padecieron el terror. Pero también los de los ferrocarriles nacionales que fueron reprimidos sin clemencia en innumerables ocasiones, los estibadores, los obreros de Fabricato, los de Coltejer, los médicos en huelga en la década de los 70, los estudiantes asesinados a sangre fría en pleno centro de Bogotá en los años 50, con el signo trágico del disparo aleve persiguiéndolos cada 8 y 9 de junio, pero también cada uno de los 2.265 sindicalistas asesinados por toda Colombia entre 1986 y 2008  ¿Dónde los responsables por tanta ignominia?

¿Acaso, fueron juzgados los autores intelectuales y materiales por los hechos de la plaza de toros de Bogotá, en 1954? Silencio profundo. Las voces que gritan justicia aún esperan ser escuchadas. Esperan para romper la impunidad, el encubrimiento, la masacre y la persecución como política de Estado. Entre 1980 y 2008 se ha hecho casi inenarrable el constante horror y dolor que ha destrozado miles de familias. Disparo a sangre fría; persecución; despojo; violación; descuartizamiento. Decenas de municipios sometidos a terror, todos gobernados por las correspondientes autoridades civiles, y protegidos por destacamentos policiales o militares, sin embargo nadie vio ni escuchó nada.

Silencio. Horror. Impunidad.

¿Quiénes dieron la orden para que el luto se apoderara de toda una sociedad? ¿Cómo se definió esa política de Estado? ¿Cómo cuajó, creció y se multiplicó el paramilitarismo? ¿Quién se benefició, y continúa beneficiándose, de esa política del disparo aleve?

Silencio… Aquí no se puede decir nada. Las tropas pasan de norte a sur, en aviones especialmente fletados para ello, para consumar masacres. Pese a la evidencia, a la magnitud de los operativos, desde el alto Gobierno nadie vio nada.

Pero el silencio es roto por voces que vienen, que surgen, desde lo más profundo. Por entre las raíces de los campos y los adoquines de los barrios urbanos, pese a toda la persecución, y a la reedición de la política ya implementada en el siglo XIX por el pacificador Pablo Morillo surgen las voces campesinas, indígenas o ciudadanas que señalan y conservan la memoria.

El miedo cede espacio al testimonio, al valor civil y a la decencia. Poco a poco brota la verdad. La misma que fue enterrada con los cientos de asesinados en los campos de Ciénaga en aquel 1928.

Ochenta años de mentiras y ocultamiento. Décadas de injusticia y desgobierno. Décadas de tergiversaciones y concentración de la riqueza. Persecuciones sin límite contra sindicalistas y otros activistas sociales. El pasado que se hace presente y el dolor que prosigue imponiéndose por toda Colombia.

Sesenta años de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos, aniversario que nos sirve para avistar con pavor el cúmulo ininterrumpido de violaciones a los derechos humanos a que estamos sometidos en Colombia, nos sirve para reencontrarnos y precisar con toda certeza que requerimos el signo popular y colectivo en el Estado y en el Régimen político, para ponerle fin a tanta violencia e injusticia social. La resistencia de los trabajadores de la justicia, de los ingenios y la oleada indígena recientemente vividas brindan confianza en los cambios que se están encubando en Colombia.

¿Cuándo la verdad derrotará a la mentira como política de Estado en Colombia?
¿Cuándo serán llevados ante los tribunales los culpables?
¿Cuándo se le hará honor a todos los que han luchado por la justicia y ofrendado su tranquilidad y vida por ella?

Aquí estamos, ochenta años después, hermanos y hermanas que se batieron con dignidad por sus derechos, recordándolos. Su rebeldía de esos días, su ejemplo es nuestra luz. ¡A la impunidad le llegará su día!

Justicia, verdad y gobierno de unidad nacional contra la oligarquía para hacer honor a los hombres y mujeres, que desde su dignidad, no renunciaron a sus derechos ni a sus sueños.


Publicado enColombia
Miércoles, 17 Mayo 2006 19:00

¿Quién mató a Jaime Gómez?

«De parte de mi padre asesinado un saludo a todos y todas las trabajadoras. Les pido que por favor escuchen un momento. No más indiferencia. ¿Quién mató a Jaime Gómez? ¿Quiénes son los autores materiales de este crimen? ¿Por qué mataron al hombre que ha caminado estas mismas calles, el mismo día con ustedes, por 32 años? ¿Por qué fue tratado así el dirigente social y político? Sindicalista como muchos de ustedes; militante de izquierda como otros que están acá; intelectual como otros tantos; ciudadano activo y comprometido con este país.

 

Señor presidente Álvaro Uribe Vélez, máximo responsable de los designios de esta Nación, garante de los derechos fundamentales de las y los ciudadanos. Le pregunto a grito entero: ¿Quién mató a mi padre, opositor  del gobierno y quién debía contar con garantías para su ejercicio deliberativo, como corresponde ocurrir en la democracia menos democrática del planeta?

 

Jaime Gómez no es un desaparecido ni un asesinado más, tiene que ser el último desaparecido y de quién además de recibir sus restos, conoceremos la verdad. Se aplicará justicia y habrá reparación.

Esta coyuntura es un reto histórico para decidir colectivamente el futuro del país, para despertar del adormecimiento, para dejar la indiferencia, para soltarnos de esas pesadas cadenas del miedo, para dejar posiciones cómodas, para dejar de ser aguas tibias, para poner por encima los intereses colectivos, los de una Nación. Para dejar de ser sectarios y expresarnos como una, unas singular y plurales corrientes alternativas.

 

No más apoyo a la profundización  de la guerra, a las desigualdades y las inequidades sociales, no más a los unanimismos, a los odios, al borramiento a fuego con golpes, torturas, asesinatos salvajes, terrorismos y calumnias a las diferencias. No más olvido, ese rostro que está allá es la constatación de lo fatal de nuestra historia violenta, lo patético y trágico que resulta sentirse condenado a repetir la historia.

 

De nuevo pregunto ¿de qué le ha servido vivir a Colombia lo que ha vivido? ¿Cuánto le ha costado y de qué le a servido a nuestro país la muerte de tanta gente, las privaciones de la libertad, las torturas, tanto dinero empleado en armamento y tantas membranas quemadas en planeación estratégica de guerra? El reto está en mostrar la debilidad de este país, el reto está en ustedes y nosotros para mostrar que hay alternativas. El reto está también en esa ciudadanía indiferente presa de fanatismos, desorientada, parte de ella cansada de la misma mierda de siempre, y otra empeñada y engolosinada con los privilegios del poder y la concentración de la riqueza.

 

Señor Presidente, de nuevo me dirijo a usted, espero que estando más cerca del Palacio sí me escuche: mi padre Jaime Gómez, un ciudadano con derecho a la vida, la libertad y la expresión en la actual coyuntura, quizás con más derecho que cualquiera por ejercer la oposición, debería estar marchando en el día del trabajo y el día nítido para las elecciones, eso fue lo que le pedí en cada uno de los correos que le envié.

 

Como líder ciudadana me duele constatar lo ineficiente de este Estado, ya no habrá que acompañar a mi padre a votar. Nos lo arrebataron unos salvajes que ahora le muestran al país y al mundo  que Colombia no ofrece garantías para el ejercicio de la democracia, y  que las elecciones que vienen –con toda la envergadura que tienen–, no parecen más que una farsa.

 

Ya no será Jaime Goméz quien el 28 de mayo, cédula en mano, deposite el voto por la oposición, pero seremos sus hijos y el resto de la ciudadanía que sea conciente y que se haya sensibilizado con lo sucedido a mi padre, los que responderemos frente a las urnas la siguiente pregunta ¿Con quién y cómo vamos a profundizar  la democracia, a construir país en el que el ejercicio político se resignifique y su práctica se llene de contenido ético desde la vida misma?

 

Un día podremos escribir historia no con terror, torturas, no con privaciones, no con olvido, no con mentiras, no sin justicia. Quiero y queremos ejercer nuestros derechos, deseaba desde mis entrañas que mi padre nos viera para hacerlo pero ahora nos corresponde hacerlo a todos los que estamos acá,  y vencer con argumentos a quienes nos rodean. Por Jaime seguiremos en la lucha. Por él reconstruiremos  el país, y por él buscaremos que las desigualdades desaparezcan. Por él y toda Colombia aparecerán los desaparecidos, no habrán más  privaciones a la libertad y se hará más radical la democracia.

 

Recordando a Jaime, que nunca se perdió un Primero de Mayo, y sin obligarme solo con su ejemplo que me  dejó su compromiso, invito a gritar ¡Viva el primero de Mayo! ¡Jaime vivirá por siempre! ¡Abajo el TLC! ¡Abajo la seguridad  democrática! ¡Abajo la reelección! ¡Abajo el neoliberalismo!

 

Por una patria soberana, ¡Jaime vive por siempre!»

Publicado enEdición 112