Cincuenta años más tarde, la victoria chilena todavía nos habla

Hace cincuenta años, la noche del 4 de septiembre de 1970, me encontraba, junto a una multitud de mis compatriotas, bailando en las calles de Santiago de Chile.

Celebrábamos la victoria de Salvador Allende y su coalición de izquierda en los comicios presidenciales de ese año. Fue un triunfo que trascendió las fronteras nacionales. Hasta entonces, todas las revoluciones habían sido violentas, impuestas por la fuerza de las armas. La Unidad Popular proponía usar medios pacíficos y electorales para construir el socialismo, proclamando que no era necesario reprimir o eliminar a nuestros adversarios para alcanzar una justicia social duradera, que cambios estructurales de la economía podrían efectuarse dentro de los confines y promesas de la democracia.

Fue un privilegio haber vivido plenamente ese momento en que soñar lo imposible no era una mera consigna. Recuerdo al pueblo chileno, los trabajadores que habían construido ese país sin disfrutar de sus riquezas recorriendo con sus familias el centro de la ciudad que siempre les había parecido ajeno, recuerdo cómo su presencia rebelde y alegre pronosticaba un orden social que los reconociera como protagonistas y motores del porvenir.

¿Cómo podría haber evolucionado el mundo, cuán diferente sería, si los militares no hubieran derrocado a Allende tres años más tarde, si otras naciones hubieran podido adoptar ese modelo de una revolución no-violenta para satisfacer sus propias ansias de liberación e igualdad?

Conmemorar este aniversario no debe entenderse, sin embargo, como un ejercicio de nostalgia personal. Ese momento que auguraba un futuro que nunca llegó importa más que nada porque sigue hablándonos de múltiples maneras. Hay lecciones que aprender de aquel 4 de septiembre supuestamente remoto, especialmente en los Estados Unidos que afronta hoy su propia elección de dimensiones históricas.

Por cierto que nadie en USA propone el socialismo como una opción este 3 de noviembre venidero, por mucho que el delirante Trump describa a sus opositores como izquierdistas enfurecidos. Lo que sí va a decidirse es si la patria de Lincoln va a implementar reformas fundamentales o si va a empantanarse en el cenagal sofocante del pasado. Si Joe Biden, como parece más que probable, gana la contienda electoral que se avecina, los ciudadanos norteamericanos --y yo soy ahora uno de ellos-- tendrán que plantearse, como lo hicimos nosotros en Chile hace tantas décadas, una serie de preguntas acerca de cómo llevar a cabo aquellas reformas. ¿A qué ritmo deben realizarse? ¿Qué medidas deben cumplirse aceleradamente para asegurar que no haya posibilidades de una regresión conservadora? ¿Cuándo es mejor reducir la velocidad para obtener el apoyo de tantos votantes que temen excesivas alteraciones a su vida cotidiana estable, el fundamento de su identidad? ¿Cuándo negociar, cuándo insistir en reformas que no admiten espera? ¿Cómo contentar a la legión de impacientes e inspiradores activistas que frecuentemente confunden sus deseos con la realidad y quisieran avanzar con más rapidez de lo que la mayoría de la naciónpuede absorber? ¿Y cómo aislar a los antagonistas más fanáticos y bien armados que no van a ceder fácilmente sus privilegios y que, contando con inmensos recursos financieros, estarán dispuestos a desatar la violencia para socavar las reglas democráticas cuando éstas ya no les sirvan?

Si hubiésemos sabido resolver esos desafíos en Chile, se podría haber evitado la catástrofe de una dictadura militar y diecisiete años de represión brutal cuyos efectos todavía vivimos hoy. Pero más allá de los errores que pudimos haber cometido, hay otro factor que determinó el fracaso: los Estados Unidos promovieron ferozmente el derrocamiento de Allende y luego apoyaron y dieron aliento al régimen de terror que lo suplantó.

En un momento en que protestas masivas han sacudido a los Estados Unidos, exigiendo que el país enfrente la forma inhumana y sistemática en que tantos ciudadanos, pobres, negros, latinos, inmigrantes, mujeres, pueblos originarios, han sido maltratados y brutalizados, parecería también imperativo reconocer el sufrimiento impuesto a otras naciones por la incesante y desfachatada intervención de los Estados Unidos en sus asuntos internos. ¿Y qué mejor instancia que la actual para asegurar que tales injerencias no volverán a suceder?

Chile no es el único ejemplo de este desprecio flagrante hacia la soberanía ajena. Ahí están las democracias destruidas de Irán, Guatemala, Indonesia, el Congo. Pero la desestabilización de Chile, el asesinato de la esperanza con que bailamos en las calles de Santiago hace medio siglo tuvo consecuencias particularmente perversas.

La muerte de la democracia chilena --simbolizada en la muerte de Salvador Allende en el palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973-- no sólo dio inicio a una tiranía letal sino que también convirtió el país en un despiadado laboratorio donde se ensayaron a mansalva las fórmulas del capitalismo neoliberal que pronto prevalecerían a nivel global. Es precisamente ese paradigma de desarrollo salvaje --la creencia ciega de que el mercado disipa todos los problemas, de que la avaricia es buena, de que la obscena concentración de riqueza y poder en manos de unos pocos beneficia a las grandes mayorías-- que hoy se cuestiona tan vigorosamente en los Estados Unidos y, maravillosamente, en el Chile actual, donde un movimiento rebelde popular ha sacudido las cimientos del sistema político que sustentala supremacía capitalista, revindicando el legado de Allende.

Sería ingenuo sugerir que si Allende hubiera tenido éxito ese modelo neoliberal no hubiera conquistado de todas maneras el mundo. Como sabemos desgraciadamente, otras naciones estaban prontas a llevar a cabo ese tipo de desmedido experimento. Es, no obstante, sombrío pensar que, de no haberse frustrado la tentativa de Chile de crear una sociedad justa y digna, tendríamos hoy un ejemplo radiante de cómo emerger de la crisis de desigualdadque nos aqueja, las divisiones que nos afligen.

Cuando los que ahora son mis compatriotas norteamericanos bailen en sus ciudades, como lo pienso hacer con mi mujer Angélica, la noche en que otra victoria electoral presagie el amanecer de una nueva era, me gustaría que algunos de ellos recordaran que no se encuentran solos, que érase una vez una tierra en que otros hombres y mujeres bailaban hacia la justicia, una tierra que, después de todo, no es tan lejana.

Ariel Dorfman es el autor de La Muerte y la Doncella y, más recientemente de las novelas Allegro y Cautivos y el ensayo Chile: Juventud Rebelde. Vive en Chile y en Carolina del Norte, donde es un distinguido profesor emérito de Literatura en la Universidad de Duke.

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 Foto: Olaf Heine

No es solo un virtuoso; también es un ‘showman’ con legiones de fans, algo que a menudo escuece a los puristas y que a él, desde luego, no lo preocupa. Tras estar un año alejado de los escenarios por una lesión en el brazo izquierdo, hablamos con el célebre pianista chino sobre su nuevo disco -el más complejo y ambicioso de su carrera, asegura- y sobre el futuro y la salud de la música en tiempos de pandemia. Por Ixone Díaz Landaluce / Foto: Olaf Heine

 

La leyenda de Lang Lang (Shenyang, China, 1982) está a la altura del estatus que lo distingue como el pianista más famoso del mundo. Cuando apenas tenía 2 años, sus padres le compraron su primer piano y suele contar que un episodio de Tom y Jerry -en el que el gato trataba de tocar una pieza del compositor austrohúngaro Franz Liszt- fue su primera epifanía musical. Con 5 años, daba conciertos y, con 9, su padre dejó su trabajo de policía para mudarse con él a Shanghái. El plan estaba claro: quería que su hijo se convirtiera en el mejor pianista de China. Su madre les enviaba el poco dinero que ganaba trabajando como teleoperadora para pagar el humilde piso compartido (e infestado de ratones) en el que vivían. Pero cuando una profesora le dijo que carecía de talento para la música, su padre lo invitó a suicidarse por no practicar lo suficiente. Primero, le ofreció un bote de pastillas. Después, le sugirió que se tirara por la ventana.

Durante meses, Lang Lang se negó a tocar, pero cuando recuperó la ilusión (e hizo las paces con su padre, al que no guarda rencor porque, dice, «lo había perdido todo y su único tesoro era el talento de su hijo») logró una beca para estudiar en el conservatorio más prestigioso de China. Más tarde se mudó a Estados Unidos para continuar con su formación y con 17 años saltó al estrellato tras sustituir al famoso pianista André Watts durante un concierto en Chicago. Desde entonces no ha parado: además de tocar en los mejores auditorios del mundo, de actuar en las Olimpiadas de Pekín o en la ceremonia de entrega de los Nobel, ha colaborado con artistas de todos los palos (desde Pharrell Williams hasta Metallica) y multinacionales de distintos sectores (desde Adidas a Google). Tenía dos grandes giras previstas para 2020, pero desde que estalló la crisis sanitaria está en su casa de Shanghái.

XLSemanal. ¿A qué se dedica un pianista cuando no puede subirse al escenario?

Lang Lang. En primer lugar, he tratado de mantenerme sano. Esa ha sido mi prioridad en los últimos meses. He aprovechado para pasar más tiempo con mi familia y sobre todo no he parado de practicar nuevos repertorios, piezas que no había tocado nunca… Psicológicamente, lo más duro ha sido no poder tocar delante de un auditorio lleno de gente.

XLSemanal. La industria cultural es una de las más golpeadas por la crisis. ¿Es optimista acerca de la recuperación?

L.L. Mi esperanza es que el año que viene podamos volver poco a poco. Al menos, la música clásica encaja mejor con la nueva normalidad. Para otros géneros, como el rock o el pop, que mueven a mucha más gente, será más complicado.

XLSemanal. En su nuevo disco interpreta las Variaciones Goldberg. Esta obra, que Bach compuso en 1741, se suele conocer como el ‘Everest musical’. ¿Por qué?

L.L. Es una pieza muy larga que no solo requiere tocar desde las emociones, sino que implica un proceso mental complejo, incluso para un músico experimentado y maduro. Todas las decisiones que tomas deben tener un sentido. Nunca he pasado tanto tiempo trabajando en una sola obra, haciendo anotaciones hasta en cuatro partituras diferentes… Son piezas que se compusieron hace 300 años. Es casi como construir una máquina del tiempo.

XLSemanal. Grabó una de las piezas del disco en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, donde está enterrado Bach. Vaya presión, ¿no?

L.L. Fue muy emocionante, pero la verdad es que tenía mucho miedo. No paraba de pensar que, si cometía algún error, me escucharía y le dolería en el alma [se ríe]. Ese es el lugar en el que Bach pasó cada día de su vida desde los 38 años hasta su muerte, a los 65. Allí mismo es donde componía sus piezas.

XLSemanal. ¿Qué hace de usted un pianista especial? Para algunos, el mejor del mundo.

L.L. Yo nunca he pensado en el piano como en un instrumento, para mí tiene una esencia casi humana. A veces ves a pianistas maravillosos tocando su piano, pero es evidente que hay una inmensa distancia entre ellos. Pero, cuando yo empiezo a tocar, mi piano y yo somos uno.

XLSemanal. Empezó a tocar con 3 años y con 5 dio su primer recital. ¿Qué recuerda de aquellos inicios?

L.L. Que me encantaba estar sobre el escenario. Incluso con 5 años lo disfrutaba muchísimo. Supongo que, como dicen, fui un niño prodigio.

XLSemanal. En su biografía contó la terrible presión de su padre sobre usted en su infancia. Lo invitó incluso a suicidarse tras un mal resultado académico. ¿Era necesaria una disciplina tan brutal para llegar adonde ha llegado?

L.L. No lo sé. Es muy difícil saber qué tipo de pianista hubiera sido si no hubiera trabajado tan duro. Hay una parte, la del esfuerzo, que es absolutamente necesaria. Tienes que practicar muchísimo. Pero también es fundamental elegir la dirección adecuada. A veces todo depende de una sola decisión y, si aprietas el botón equivocado, todo cambia inexorablemente. Y mi padre, además de empujarme mucho y de tratarme con dureza, me ayudó a encontrar las puertas adecuadas y a abrirlas. Por eso creo que sin él nunca hubiera llegado adonde estoy.

XLSemanal. Cuando tenía 9 años, una profesora le dijo que «carecía de talento musical». Vaya oído…

L.L. Siempre me gusta contar esa historia porque tiene moraleja. Suelo decirles a los estudiantes: «Si alguna vez alguien te dice que no tienes talento, no lo escuches». Yo solo era un niño y aquella profesora destrozó mis sentimientos y mi amor por el piano. No toqué durante meses. Pero, aunque duele, sobrevives. Lo importante es que nadie te detenga o te arrebate tu amor por la música. Nadie tiene derecho a hacerlo. ¡Nadie!

XLSemanal. ¿Y cuántas veces se ha acordado de aquella profesora al recibir una ovación?

L.L. Esas cosas hay que saber perdonarlas. El odio no es ni positivo ni sano. Si no, sería yo quien tendría que convivir con un lado oscuro. Y no merece la pena. Así que no, no pienso en ella al recibir una ovación.

XLSemanal. Todos los niños, dice, deberían tener acceso a la educación musical y dirige una fundación dedicada a ello. ¿Por qué es tan fundamental?

L.L. Creo firmemente en que la música es la mejor forma de comunicación entre las personas. Es un lenguaje capaz de superar fronteras y de combatir las actitudes más negativas.

XLSemanal. Pues su ‘evangelización’, al parecer, está funcionando. Se estima que el llamado ‘efecto Lang Lang’ ha hecho que más de 40 millones de niños chinos hayan empezado a tocar el piano…

L.L. Me hace muy feliz. No todo en la vida puede ser ganar dinero y estar en el lugar adecuado en el momento justo. El mundo es un lugar demasiado frenético. Y la música nos transporta de nuevo a nuestra esencia, es una manera sincera de conectar con otros sin todos los demás estímulos complejos que nos rodean.

XLSemanal. Su estilo, entre estrella de la música clásica e ídolo de masas pop, ha despertado algunas suspicacias en su sector. ¿Qué tal lleva las críticas?

L.L. Cada persona debería poder tener su propia opinión sobre lo que es el arte y expresarla. Esto no es un deporte, donde se te juzga por si eres el más rápido o por cuántos goles has metido. En mi oficio, todo el mundo tiene una opinión diferente sobre cómo debería sonar Shostakóvich o Bach. Unas veces recibes buenas críticas y otras no. Pero no me molesta. No pasa nada.

XLSemanal. ¿Sobran puristas en su industria?

L.L. Yo no estoy en contra de los puristas. De hecho, me parecen necesarios. Creo que tiene que haber personas que actúen de guardianes de las esencias, que se encarguen de proteger ciertos tipos de arte. La música clásica tiene una gran tradición y yo no quiero romperla. Esa jamás ha sido mi intención.

XLSemanal. Pero ha tocado con Metallica, ha colaborado con Google o YouTube, ha interpretado bandas sonoras para videojuegos…

L.L. Lo que yo quiero es ensanchar el público al que llega la música clásica. Atraer a las generaciones más jóvenes. Pero, aunque me gusta aprender y tocar nuevos estilos, cuando interpreto a Chopin o a Bach, regreso a ese mundo clásico y me siento en casa.

XLSemanal. De vez en cuando, alguien cuestiona la supervivencia de la música clásica. Sin embargo, durante la pandemia los servicios de streaminghan registrado récords históricos de reproducciones. ¿Goza su género de buena salud?

L.L. Yo soy optimista y creo que a partir de ahora la gente tendrá más hambre de música clásica que nunca. Y lo mismo pasa con los conciertos, que son una experiencia que hoy apreciamos más que antes. Estoy convencido por eso de que volverán. No creo en absoluto que esto vaya a ser el último clavo en el ataúd.

XLSemanal. En 2019 se casó con la también pianista Gina Alice Redlinger. ¿Compartir oficio hace más fácil la convivencia para un artista?

L.L. En realidad, no. La profesión es algo accesorio. La personalidad o la conexión personal son ingredientes mucho más importantes. En este caso, nos alimentamos mutuamente, pero eso no tiene que ver con que sea pianista. En el contexto de nuestra relación, eso no significa nada.

XLSemanal. Siempre ha admitido que componer sus propias melodías le resulta difícil. ¿Lo considera una asignatura pendiente?

L.L. Algunas veces improviso al piano y escribo pequeñas piezas. Me encantaría poder escribir mejor y espero poder hacerlo algún día. Pero desde el principio de mi carrera mi idea nunca fue ser compositor. Si finalmente algún día lo consigo, me sentiré muy orgulloso, pero, si no, no pasa nada. Estoy contento y orgulloso de lo que soy capaz de hacer [se ríe].

XLSemanal. En este clima de incertidumbre global, ¿qué es lo que más le preocupa cuando ve las noticias?

L.L. Solo espero que la vacuna esté lista cuanto antes, porque eso será lo único que nos hará volver a sentir seguros. De momento, no podemos hacer demasiado. Pero no puedes impedir que la gente salga a la calle. El equilibrio entre seguridad y libertad es muy complicado.

XLSemanal. Vive y trabaja entre China y Estados Unidos. La tensión geopolítica entre las dos potencias ha ido creciendo por la pandemia. ¿Le preocupa esta escalada?

L.L. Es una situación triste, muy triste. Espero que los dos países encuentren formas de trabajar y colaborar del mejor modo posible. Eso es todo cuanto puedo decir sobre eso.

XLSemanal. Tenía varios conciertos previstos en nuestro país. ¿Qué tipo de público es el español?

L.L. Muy apasionado. Para ustedes, la música es casi como la comida y el vino. Lo viven con muchísima intensidad. Y los conciertos empiezan muy tarde, así que, cuando actúo en España, ¡siempre tengo que echarme la siesta! [Ríe]. Y, después, me voy de cena, como jamón… Estoy deseando volver a España.

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Miércoles, 02 Septiembre 2020 05:32

Vietnam. A 75 años de la gran rebelión popular

Vietnam. A 75 años de la gran rebelión popular

El 2 de septiembre de 1945, el presidente Ho Chi Minh, frente a una multitud concentrada en la plaza Ba Dinh, de Ciudad Hanói, declaraba la Independencia de la República Democrática de Vietnam; apenas una semana después de culminada la Revolución de Agosto, en la que fueron derrotados los ejércitos de Japón y Francia. Una revuelta, que en términos políticos, abrió el camino del socialismo en Indochina.

La historia moderna de Vietnam se enlaza con los 100 años de colonización francesa y el proceso de resistencia que se dio sobre la base de algunos fenómenos muy puntuales que explican la lucha heroica de su pueblo: el ascenso como líder indiscutido de Ho Chi Minh; la creación del Partido Comunista de Indochina; la crisis al interior de Francia en el marco de la Segunda Guerra Mundial; la posterior ocupación nazi y la exitosa Revolución de Agosto de 1945. Un proceso devenido de la lucha contra un enemigo bicéfalo: el régimen colonial francés y el poderío militar japonés, coincidentes en el saqueo de los recursos naturales y la explotación de la clase trabajadora y campesina vietnamitas.

Bajo ese contexto, Ho Chi Minh dispuso que el Comité Central del Partido Comunista iniciara la insurrección armada; en un principio, dirigida contra Japón que ejercía el control absoluto del territorio de Vietnam. Al llamado de rebelión del Tío Ho acudieron miles de voluntarios; algunos, muy pocos, con experiencia en combate. Se diagramó una rutina de entrenamiento en las regiones montañosas y se estableció la base de comando en Bac Son, al norte del río Rojo.

El Viet Minh, surgido de la unión de las distintas fuerzas armadas revolucionarias, y liderado por el gran estratega Vo Nguyen Giap, constituyó, para 1944, una verdadera red de guerrilleros en las provincias del norte. Sin embargo, Ho Chi Minh ordenó aplazar la sublevación para intensificar primero las acciones de desgaste político, y luego sí lanzarse a la opción militar.

A comienzo de 1945, la derrota del eje Berlín-Roma-Tokio resultaba inevitable. En Francia, el gobierno de Vichy había caído y los japoneses eran derrotados tanto en China como en el Pacífico. Por entonces, Vietnam sufría la peor hambruna que su historia registre, fundamentalmente en las zonas de Tonkín y en las provincias septentrionales de Annam, donde en pocos meses murieron de hambre dos millones de personas.

En los grandes centros urbanos, en particular Hanói, Saigón y Hue, la agitación política no paraba de crecer. En la ciudad capital cada empresa tenía su sección obrera para la salvación nacional. Se constituyeron formaciones de choque y defensa entre los trabajadores y estudiantes. Se impulsaron huelgas y manifestaciones con presencia de armas entre los movilizados.

Para el verano de 1945, la efervescencia popular estaba en su punto más alto, y las acciones –tanto políticas como militares– se multiplicaron. El 13 de agosto, Japón capitulaba luego de perder Manchuria ante las fuerzas soviéticas y sufrir dos bombas atómicas en su territorio: Hiroshima y Nagasaki.

En todas partes, las organizaciones populares, unidades de guerrilla y de autodefensa se pusieron en acción. Fue una verdadera insurrección popular que se llevó a cabo desde el 14 al 25 de agosto. En cada comuna, en cada ciudad, la población se alzó en armas. Grandes masas de obreros, campesinos, estudiantes, comerciantes, artesanos tomaron sedes administrativas, fábricas, empresas y demás bastiones económicos y políticos del país.

El 23 de agosto de 1945, el rey Bao Dai abdicó. Dos días después, una delegación del gobierno popular, venida de Hanói y conducida por Tran Huy Lieu, recibió de manos de Bao Dai el sello y la espada dinástica, símbolos del poder real. La Revolución de Agosto triunfaba y ponía fin a 80 años de dominación colonial. Ho Chi Minh ante su pueblo victorioso declaraba la Independencia de Vietnam y convocaba a la unidad de su pueblo frente a la amenaza que volvió a emerger ni bien los franceses quisieron reconquistar sus antiguos dominios. 


A 75 años de la proclamación de Ho Chi Minh

El rol decisivo de las mujeres en la independencia y en la guerra de Vietnam

 

En el Sur lideraron la resistencia y libraron batallas políticas y militares; en el norte cuidaron heridos, enterraron muertos, movieron escombros y cosecharon arroz.

 

Por Paula Sabatés

 

Aún cuando no la narra Hollywood, a la historia de Vietnam siempre le falta una parte: la de que no hubieran sido posibles la independencia ni su victoria en la guerra sin la participación decisiva de las mujeres vietnamitas. A 75 años de aquel 2 de septiembre de 1945 en el que el presidente Ho Chi Minh proclamó la liberación del yugo colonialista francés, todavía es necesaria una reparación histórica que no sólo las reconozca como heroínas de las trincheras sino también como estrategas militares y guerreras entrenadas del propio campo de batalla.

Incluso mucho antes de la victoriosa Revolución de Agosto que dio vida a la entonces República Democrática de Vietnam, las mujeres vietnamitas habían jugado un papel crucial en la defensa de la nación tras la invasión china. A mediados del siglo I, las hermanas Trung Trac y Trung Nhi lideraron una rebelión contra el dominio de la dinastía Han. Doscientos años después, la “Juana de Arco vietnamita”, Trieu Thi Trinh, con sólo 23 años logró resistir con éxito durante un tiempo al estado chino de Wu. Más acá en el tiempo, en un arbitrario salto que deja atrás a otras tantas guerrilleras adiestradas en artes marciales y estrategia militar, la comandante general en jefe Bui Thi Xuan contribuyó a finales del siglo XVIII a la victoria contra cerca de 300 mil invasores chinos.

Con la creación del Partido Comunista de Vietnam, que desde 1930 lideró la batalla por la independencia de la Francia de las supuestas Libertad, Igualdad y Fraternidad, las mujeres volvieron a jugar un rol central. Protegieron las bases del Partido -que en uno de sus 10 puntos centrales postulaba la igualdad de géneros- pero además se organizaron en diversas agrupaciones propias, como la célebre Asociación de Mujeres Anticolonialistas que se dedicó al trabajo de propaganda y participó activamente de revueltas obreras. Hacia 1935, era tal el espíritu revolucionario entre las mujeres que una de ellas, Nguyen Thi Minh Khai, expresó ante delegados comunistas durante un Congreso de la Internacional en Moscú que “junto con los obreros y campesinos de nuestro país luchamos por obtener un salario igual al del hombre por un trabajo igual y contra los colonialistas que nos oprimen por la independencia total de nuestro país”.

En 1941 Ho Chi Minh creó el Vietminh, esa amplia alianza nacionalista con la que buscó combatir la ahora ocupación japonesa, coletazo de los devenires de la Segunda Guerra Mundial. Entonces la fuerza femenina se convirtió al nombre de Asociación de Mujeres por la Liberación Nacional en un proceso que la llevó a madurar como organización militar. Miles fueron arrestadas, encarceladas y asesinadas por desafiar al enemigo. Su participación en el movimiento de insurrección general fue decisivo para lograr la victoria. Una decena de guerrilleras recibió el título de “Héroe”, entre ellas Ho Thi Bi, Nguyen Thi Chien, Mac Thi Buoi y Vo Thi Sau. Sus nombres hoy son emblema de la resistencia popular.

Pero la paz duró poco en la República Democrática de Vietnam, que pronto vio reimplantada la amenaza colonial. La agresión francesa volvía y se quedaría en el país indochino durante nueve años más. De nuevo las mujeres fueron una fuerza decisiva en la estrategia militar. Se creó la Unión de Mujeres Vietnamitas que volvió a movilizarlas al campo de batalla y también les dio un lugar central en tareas de producción y abastecimiento. Según documentos del Museo de las Mujeres de Vietnam, de 1950 a 1954, en las zonas parcialmente liberadas, las mujeres dedicaron un total de 9.578.000 días laborales al transporte de alimentos y armas, de los cuales 2.381.000 fueron solo para la batalla de Dien Bien Phu, cuya gran victoria puso fin a la ocupación.

Tras la firma de los Acuerdos de Ginebra de 1954, Vietnam se dividió en dos: el Norte entró en un período de transición hacia el socialismo mientras que en el Sur, sumido en una dictadura capitalista, diversas facciones continuaron resistiendo a las fuerzas estadounidenses y luchando por la reunificación nacional. Hasta que sucedió, el papel de las mujeres vietnamitas fue distinto en uno y otro lugar, pero crucial en ambos frentes. Si en el Sur lideraron la resistencia en zonas rurales y urbanas y libraron batallas políticas y militares, en el Norte tuvieron un rol no menos relevante: reconstruyeron los escombros, cuidaron a los heridos, enterraron a los muertos y fueron las responsables de la producción de arroz. El 70% de la producción de comida en el Norte estuvo a cargo de las mujeres.

Se destaca en esos años la fuerza armada de mujeres que peleó por la liberación de Vietnam del Sur. Conocido popularmente como “El ejército del pelo largo”, fue definido por el “Tío” Ho como un grupo de combatientes “lo suficientemente astutas y valientes como para aterrorizar al enemigo”. Su principal dirigente fue Madame Nguyen Thi Dinh, oficial de alto rango del Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNLV), o Vietcong. En el Sur las mujeres representaron el 40 por ciento de la guerrilla y las milicias. Hubo más de cincuenta escuadrones femeninos y muchos pelotones de guerrilleras y combatientes de artillería en regiones rurales o montañosas.

Si bien en el Norte fueron menos las que salieron directamente a pelear, las trabajadoras asumieron con convicción política la importancia de su mencionada contribución productiva. Muchas se unieron al movimiento “Tres Tomas de Responsabilidades”, creado por la Unión de Mujeres para convertir al Norte en una sólida base de apoyo al Sur. Como contó la periodista Ines Nunes en un artículo que escribió luego de visitar Vietnam, “uno de los eslóganes de la Unión de Mujeres fue ´Let the women of the North shed more sweat so their sisters in the South could shed less blood´, algo así como ´Que las mujeres del Norte derramen más sudor para que sus hermanas de Sur derramen menos sangre´”.

Hasta el final mismo de la guerra desempeñaron un papel activo las mujeres vietnamitas. Y lo siguieron haciendo después: su rol fue central en la recomposición social de un país en el que la mayoría de los líderes de familia había muerto o desaparecido, y lo sigue siendo ahora, con los desafíos que enfrenta el Vietnam de hoy. Sin su heroísmo y tenacidad sería imposible explicar la victoria de un pueblo que enfrentó cientos de revueltas por la independencia nacional. Su historia, hasta ahora poco contada, es sinónimo de revolución. 

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Campamento La Victoria. Foto: Señal 3

El coronavirus ha forzado al Gobierno chileno a permitir la salida de la cárcel de un tercio de los presos del país. Pero en este grupo no está ni uno de los 26 prisioneros políticos mapuche. Cuatro meses de huelga de hambre no han cambiado esta decisión. Esta semana, 16 de ellos iniciaron la huelga seca. Sus vidas penden de un hilo.

 

“Es tanto el dolor e incapacidad para moverse que algunos han perdido el control de sus extremidades”, indica Rodrigo Curipan, el werkén (vocero) de 26 prisioneros políticos mapuche que se encuentran al borde de la muerte en el sur de Chile. Llevan casi 120 días de huelga de hambre, y esta semana 16 de ellos optaron por dejar de consumir líquidos, iniciando una huelga seca.

Once de ellos ya debieron ser trasladados al hospital debido a su grave estado de salud, y los médicos no les dan más que unos días de vida. Se indican graves arritmias cardiacas, taquicardias, disneas, hipoglucemia, cefalea y hematuria. Además, denuncian tres casos que presentan cuatro síntomas de covid-19, que podrían venir de un brote del virus entre los gendarmes.

Fuera de una de las cárceles, los familiares instalaron un campamento desde donde realizan rogativas diarias, pidiendo que el Gobierno reaccione. Por el resto del territorio se realizan marchas de apoyo, se toman municipios, se cortan los caminos y se incendian camiones forestales.

Lo que piden es que se respete el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, firmado por el Gobierno chileno en 2008 y ganado tras muchos años de lucha política. Este documento cubre un amplio rango de materias que abarca desde su reconocimiento como pueblos y sus derechos sobre la tierra y el territorio, recursos naturales y la defensa del medioambiente, hasta la salud, educación, formación profesional, condiciones de empleo y el derecho a mantener y fortalecer sus identidades, lenguas y religiones.

El instrumento internacional reconoce también las aspiraciones de los pueblos indígenas a asumir, dentro del marco de los Estados en que viven, el control de sus propias instituciones y de sus formas de vida y de desarrollo económico. En temática penal, indica que los pueblos originarios deben contar con medidas carcelarias especiales de acuerdo a sus culturas, y que deberá darse la preferencia a tipos de sanción distintos del encarcelamiento.

Esto se hace especialmente urgente en tiempos de pandemia, cuando el Gobierno chileno permitió a un tercio de todos sus presos (13.321) salir de las cárceles para proteger su salud, incluidos dos condenados por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Pinochet.

El ministro de Justicia, Hernán Larraín, accedió a crear una mesa de negociación para discutir su aplicación en el país. Sin embargo, rechazó cambiar las medidas cautelares de los prisioneros políticos, por lo que decidieron mantener la huelga.

“Estamos pidiendo ser iguales ante la Ley. Estamos ante carabineros que mataron a mapuches y están en prisión domiciliaria”, explica Curipan en referencia a casos como el del funcionario de policía que asesinó en 2018 al joven Camilo Catrillanca por la espalda, mientras conducía su tractor.

Nelida Molina, integrante de la Coordinadora de Apoyo al pueblo Mapuche Trawunche de Madrid, comparte su espanto ante la negativa del Gobierno chileno a ofrecer una solución a los encarcelados: “Da tanta rabia e impotencia la indiferencia que les provoca la vida de personas cuyo único recurso es acudir a una huelga de hambre que atenta contra sus propias vidas. Desde nuestro colectivo estamos muy angustiados por el nivel de violencia y racismo que se está aplicando a los presos políticos mapuche y al pueblo-nación mapuche en general. También nos llama muchísimo la atención la nula voluntad del Estado chileno frente a las demandas de aplicación del Convenio 169, siendo que cumplirlo es una obligación de todo Estado que lo ha ratificado. No puede ser que se mantenga prisioneras a personas sin tener pruebas que demuestren razones para mantenerles en esa situación”.

Mientras tanto, los camioneros de la Confederación Nacional del Transporte de Carga declararon paro nacional en protesta por los ataques incendiarios mapuche contra sus vehículos. Se trata de una acción que arriesga el abastecimiento nacional cuando aún hay cuarentenas en 49 comunas del país. Los camioneros entregaron un petitorio de 13 puntos, diez de los cuales son nada más y nada menos que leyes impulsadas por el propio Gobierno o Chile Vamos, la coalición del Presidente Piñera.

Fotografías y videos compartidos en redes sociales muestran cómo la policía protege el paro de camioneros, mientras el ejército estrena su nuevo equipo de drones, vehículos lanzagases y tanques último modelo comprados especialmente para la que llaman “la zona roja del conflicto mapuche”. La institución de Carabineros ha sido fuertemente cuestionada por la población en los últimos años luego de que se demostraran gravísimos casos de corrupción, montajes judiciales, y más de una decena de asesinatos de jóvenes mapuche en los últimos 20 años.

Esto es lo que ocurre hoy en Wallmapu, el territorio mapuche al oeste de la Cordillera de Los Andes. Ellos exigen su recuperación desde hace más de cien años, para poder ejercer una autonomía similar a la que poseen las comunidades autónomas en España.

Los 26 prisioneros políticos mapuche se dividen entre tres cárceles distribuidas entre dos regiones de Wallmapu. Algunos de ellos han sido condenados. Otros llevan meses en prisión preventiva, una figura permitida bajo la aplicación de la Ley Antiterrorista. Ellos deben esperar encarcelados durante meses su juicio por delitos como robo con violencia, porte ilegal de armas, asalto y participación en organización terrorista. Estos juicios suelen terminar absolviendo a los inculpados por falta de pruebas o irregularidades en el actuar policial.

Curipan detalló la situación de los inculpados hace unos días, al medio de periodismo de investigación, Interferencia: “El Gobierno ha venido señalando que los huelguistas no son prisioneros políticos, sino que personas acusadas por delitos comunes ante los tribunales de justicia, pero cada uno ha sido víctima de persecución política, en cada una de sus causas, el Gobierno está en calidad de querellante. Hay una determinación e intervención política en hacerse parte en buscar responsabilidad penal y poder condenarlos, porque, además, tienen que ver con un contexto de procesos de reivindicación territorial y político. Incluso las conversaciones con los camioneros tienen que ver con determinación política”.

“Mi hermano lleva cuatro meses en prisión preventiva por derribar un dron que espiaba nuestra propiedad”, cuenta Marcelo Huenchuñan acerca de Reinaldo Penchulef, quien está acusado de robo con violencia. Su madre falleció recientemente mientras él se encontraba tras las rejas, y tiene una hija de ocho años. “Tras años de lucha, allanamientos y amedrantamientos, nuestra comunidad logró el control territorial, expulsando a una forestal que nos llenó de basura”. “Basura” es como llaman al eucalipto y el pino radiata, monocultivos que han desertificado y erosionado la región.

“Derribaron el dron, no para robárselo, sino para exigir una explicación. Tras ello, la comunidad fue allanada por más de 200 carabineros. Destruyeron tres casas buscando armamento, pero no encontraron nada, solo el dron. Había familias, niños chicos…, no les importó. Y ahí detuvieron a nuestros peñi (compañeros)”, concluye.

Bandera mapuche: el símbolo del Estallido social de 2019

La Constitución que rige en Chile es la única creada en dictadura que persiste en Latinoamérica. No reconoce la existencia del pueblo mapuche, ni la de ningún otro pueblo originario en Chile, y subvenciona anualmente a un puñado de empresas forestales dominadas por dos grandes familias, que han ocupado los territorios indígenas, secado sus fuentes de agua y eliminado sus bosques nativos. También es la única en el mundo que consagra al agua como un bien privado. Pero por fin, después de 30 años, se ha abierto una posibilidad de cambio.

Desde octubre de 2019 y hasta el comienzo de la pandemia en marzo, millones de chilenos y chilenas se reunieron todos los días en la renombrada “Plaza Dignidad”, en el centro de Santiago. Se trató del alzamiento popular más importante de la historia democrática del país. La wenüfoye, la bandera mapuche, cubrió la Alameda, los muros y las ventanas de los edificios, y se convirtió en el símbolo del movimiento. Chilenos y chilenas se sintieron identificados con el pueblo originario y su lucha de siglos contra una élite que explota tanto a su población como a sus recursos naturales, y que usa a la policía para controlarla.

Gracias al estallido social, en octubre de 2020 se realizará un plebiscito donde, con mascarilla, se podría votar el cambio de la Constitución de Pinochet por una nueva y más democrática. Aun así, la desconfianza en el aparato democrático es tal que este triunfo dista de celebrarse, y se siente más bien como un ‘peor es nada’. Hay mucho miedo de que no pase de ser un cambio de nombre.

Las claves históricas del conflicto

Este no es un conflicto colonial. Durante la conquista, el pueblo mapuche ejerció férrea resistencia al Imperio español y logró que éste se viera obligado a negociar una treintena de tratados y a respetar su frontera en el río Bio Bio.

Tras la independencia y la creación de la República de Chile, el Estado ratificó estos tratados. Hasta que a mediados del siglo XIX decidió invadir Wallmapu por intereses económicos: la agricultura y la industria maderera. La guerra fue brutal y significó la muerte de parte importante de la población mapuche. Chile usó las famosas armas Winchester, que antes usaron los estadounidenses para exterminar a los pueblos originarios de esas tierras.   

El país latinoamericano tomó el control del 90% del territorio mapuche y comenzó a poblarlo de colonos europeos, dando inicio así al proceso de neocolonialismo que aun impera. Las personas mapuche que sobrevivieron quedaron relegadas a pequeñas reducciones de terreno y se vieron obligados a convertirse en pequeños campesinos, condenados a la pobreza.

De los 11 millones de hectáreas del Wallmapu en el siglo XIX, el despojo los hizo llegar al siglo XX con 500.000 ha, y eso en dictadura se redujo a apenas 300.000 ha.

En el retorno a la democracia se hicieron una serie de promesas hacia los pueblos indígenas, pero aun ni se ha logrado el reconocimiento constitucional. Los últimos veinte años han estado marcados por la aplicación de la Ley Antiterrorista exclusivamente contra personas mapuche, justificando la criminalización de su cultura y la militarización del territorio.

Por Tanya H. Medina

29 ago 2020 11:32

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Contra Trump, contra la violencia policial

La marcha de protesta en Washington fue masiva

En el aniversario del histórico discurso de Martin Luther King, miles de personas se reunieron para protestar contra la violencia policial y el discurso autoritario de los republicanos.

 “No podemos estar nunca satisfechos mientras que el negro sea la víctima de los horrores abominables de la brutalidad policial”. La frase es parte de "Yo tengo un sueño", el discurso más famoso de Martin Luther King Jr., que acaba de cumplir 57 años. Pero para las miles de personas que este viernes se manifestaron en la ciudad de Washington es la descripción de una realidad muy actual.

Bajo el lema “Saquen la rodilla de nuestros cuellos”, la marcha quiso conmemorar un nuevo aniversario de la histórica manifestación organizada por King en el centro de la capital estadounidense. Si en 1963 la marcha pedía trabajo y libertad, la de este viernes se hizo eco de la ola de protestas que sacude al país desde el asesinato de George Floyd en mayo.

Precisamente, la idea de una manifestación masiva que coincidiera con el aniversario del discurso de King empezó en junio, después del funeral de Floyd. Al final, coincidió también con el cierre de una semana agitada en Estados Unidos, en la que el ataque de un policía a un hombre negro en Wisconsin provocó una nueva ola de protestas mientras, en paralelo, la Convención Nacional Republicana prometía defender a la policía.

Como respuesta al mensaje que el Partido Republicano transmitió  en las cuatro noches de la convención, miles se reunieron este viernes en la zona del Lincoln Memorial. Llevaron carteles con mensajes contra Donald Trump y el racismo. Como a principios de junio, los colores del movimiento Black Lives Matter -verde, negro y rojo- volvieron a apoderarse de las calles de Washington, al igual que las remeras con la leyenda “No puedo respirar”, las últimas palabras de Floyd.

Esta vez no hubo solo un pedido de justicia racial, sino también de ir a votar en noviembre. “Mi hermano no puede hablar hoy”, dijo Bridgett Floyd, hermana del hombre asesinado en Minnesota este año. “Nosotros tenemos que ser esa voz, nosotros tenemos que ser ese cambio”, afirmó durante el acto principal de la marcha.

El acto principal se situó en las escalinatas del Lincoln Memorial, pero la manifestación se repartió por distintos lugares del centro de la ciudad. Algunos caminaron al Departamento de Justicia a reclamar que se abrieran los casos cerrados de violencia policial. Otros marcharon hasta las cercanías de la Casa Blanca cantando las palabras que ya se volvieron el lema de estas protestas: “No hay justicia, no hay paz”.

Bianca y Alexis Harmon son hermanas y viven en el estado de Virginia, vecino a la ciudad de Washington. La primera es maestra y decidió ir a la marcha porque el tema impacta en sus estudiantes. “Nuestro abuelo en los años 50 y nuestro tío en los 70 fueron golpeados por la Policía. Estas cosas todavía siguen pasando en 2020”, dijo Bianca a Página|12. “¿Cómo no nos vamos a enojar si nuestro dinero está yendo a algo que nos impacta negativamente? Hay que desmantelar un sistema que nunca nos apoyó y que, a pesar de eso, seguimos pagando”, agregó su hermana. Las dos esperan que la siguiente generación no tenga que pasar por esto.

Saeed N. manejó diez horas desde Atlanta, Georgia, para estar presente en la marcha. No había participado de las protestas de junio, pero está convencido de que Estados Unidos necesita un cambio y llegó a la capital del país para pedirlo. “Estar acá es como llamar a la puerta de la Casa Blanca. Quería ser parte de algo histórico”, dijo a este diario desde la plaza Black Lives Matter, creada por la ciudad de Washington en junio.

No fue solo la comunidad negra la que se movilizó el viernes. “Vengo en solidaridad con el movimiento y a apoyar la iniciativa de desfinanciar a la policía”, explicó Sammy Fries, también desde la plaza Black Lives Matter.

A algunos, el sol y los 34 grados los obligaron a refugiarse a la sombra de los árboles o a refrescarse en las fuentes del National Mall. El área del Monumento a Washington, el obelisco de la capital estadounidense, estuvo completamente cercada. Mientras los manifestantes buscaban caminos alternativos para cruzar la zona, una empresa de eventos todavía trabajaba para levantar los restos de los fuegos artificiales que cerraron la convención republicana, esos que iluminaron el cielo nocturno el jueves por la noche, mientras la zona de la Casa Blanca también era escenario de protestas. “Trump fracasó. Más de 180.000 murieron”, decía un cartel con luces armado por una docena de personas. En ese mismo momento, el presidente cerraba la Convención Nacional Republicana convencido de que hizo un buen trabajo para manejar la pandemia de la covid-19.

En contraste con el acto de Trump del jueves, en el que pocos asistentes usaron barbijo, la marcha instaló carteles en la zona del Lincoln Memorial para pedir a la gente que use máscaras. “Mantener la distancia social. Usar máscara. Usar alcohol en gel. Proteger el voto”, fueron las cuatro consignas que difundió la organización de la manifestación. A diferencia de marchas anteriores, la de este viernes puso el foco en la elección de noviembre como un momento crucial para lograr un cambio en el país.

Eso es lo que considera Yolonda, una mujer de la ciudad que se acercó porque quería “ser parte de algo positivo”, algo que “permita crear otra cultura”. Su principal objetivo ahora es sacar a Trump de la presidencia. “Voy a ser la primera persona en ir a votar el día de la elección. Hay que mandarlo a su casa”, aseguró.

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El dueño de la vacuna Hugo Sigman: de la izquierda a la farmacéutica

¿Quién es el empresario argentino que producirá la vacuna contra el covid-19 para América Latina? Sus lazos históricos con el Partido Comunista, su ingreso al mundo empresarial, su mirada de la política: el perfil de un personaje peculiar.

 

El pasado 12 de agosto, el gobierno argentino anunció la coproducción con México de la vacuna contra el coronavirus AZD1222, diseñada por la Universidad de Oxford. El acuerdo permitirá fabricar 250 millones de dosis de esta vacuna (que se encuentra ahora en fase experimental) y abastecer a toda América Latina (excepto a Brasil) con vacunas que costarán entre 3 y 4 dólares.

Se trata de un acuerdo de transferencia de tecnología entre el laboratorio británico AstraZeneca, dueño de la fórmula, el argentino mAbxience, que fabricará el principio activo, y el mexicano Liomont, que se encargará de la estabilización, fabricación y envasado. La Fundación Slim financiará todo el proyecto. Detrás de esta trama empresarial hay dos personas: Carlos Slim, el quinto hombre más rico del mundo, y el mucho menos conocido Hugo Sigman, el argentino dueño de un imperio farmacológico que se extiende desde Vietnam hasta Barcelona, desde Marruecos hasta Paraguay, desde Rusia hasta la Patagonia argentina.

El misterio de Sigman radica en su «exterioridad interna» al capitalismo farmacéutico: formado como psiquiatra en Argentina, progresista de pasado comunista, amante del arte y la intelectualidad, comenzó su carrera empresarial en Europa y nunca deja de definirse como alguien ajeno a un mundo de los negocios que, por otra parte, maneja con maestría: aprovechando los vacíos legales de la industria farmacológica, tejiendo alianzas con el Estado y rentabilizando de una u otra manera sus variados mecenazgos.

La acumulación originaria

La historia de Sigman es inseparable de la de su esposa y socia, Silvia Gold. Doctora en Bioquímica, es hija de Roberto Gold, dueño de los laboratorios Sintyal y miembro del «directorio» del Partido Comunista Argentino (PCA), una comisión auxiliar creada en la década de 1940 para financiar al partido (tal como lo indica Isidoro Gilbert en su libro El oro de Moscú). Sus integrantes eran empresarios no afiliados como el propio Gold, Samuel Sivak o José Ber Gelbard, quien llegaría a ser ministro de Economía del tercer gobierno de Juan Perón en 1974.

A través del «directorio», el PCA, que fracasó como partido revolucionario, tuvo un éxito notable como empresa capitalista: llegó a controlar constructoras, agencias publicitarias, la embotelladora de Coca Cola y ChemotécnicaSintyal, adquirida por Gold en 1959. Luego del golpe de Estado de 1976, el grupo se desbandó y muchas de las empresas pasaron a estar bajo control de sus propios miembros. Gold se asentó en Barcelona y se asoció con capitales italianos en una nueva farmoquímica. Luego llegaron su hija y el esposo, Hugo Sigman, un bohemio psiquiatra becado. «Aquella decepción inicial con la que llegué a España después de haber tenido que dejar mi país me facilitó el cambio de mentalidad. Fue decisiva la inteligencia de mi suegro, que me llevó de la mano lentamente, sin que yo me diera cuenta. Yo creo que él pensaba en su hija, en sus nietos y se diría: 'Este, como psiquiatra, ¿qué futuro tiene?'. Con preocupación de padre me fue llevando sin que yo me diera cuenta, tranquilamente, hacia la actividad empresarial», aseguró en el libro Los que dejan huella: 20 historias de éxito empresarial.

Gold les propuso a su hija y a su yerno colocar en el mercado europeo los principios activos que él desarrollaba. Un medicamento está compuesto por dos tipos de sustancia: los excipientes, que ayudan a la absorción pero no provocan efectos medicinales, y los principios activos o API (ingredientes farmacéuticos activos), que son los que permiten prevenir, tratar o curar. En 1977, Sigman y Silvia Gold fundaron Chemo, la empresa española dedicada a la comercialización de API. En 1984 pasaron a la producción y adquirieron Industriale Chimica, una pequeña fábrica en Italia.

El mercado farmacéutico no era amigable, pero Sigman confiaba en su mirada no empresarial: «Nos diferenciamos de los demás porque los bróker tradicionales eran comerciantes sin formación científica (…) me entusiasmaba la idea de adelantarme a las prácticas estrictamente comerciales y tratar de ver con años de anticipación los productos que podrían necesitarse en el mercado».

Sin embargo, la suerte empresaria de Sigman conoce otras causas. Una es el padrinazgo de Gold, quien les prestó su prestigio y contactos farmacéuticos en Europa y Sudamérica. Algunos iban más allá de la cortina de hierro: los lazos de Gold con el PCA le dieron a Sigman acceso a laboratorios de Cuba, China y la Unión Soviética.

Otra causa la relata el propio Sigman: «Hasta 1978 Italia no tuvo una ley de patentes. Italia era en esa época el gran suministrador mundial de materias primas para la industria farmacéutica (…) Al implantar Italia la Ley de Patentes en 1978, España, sin norma de patentes, pasa a ocupar el lugar que Italia tenía hasta ese momento. Y nosotros estábamos en España…». Sigman operaba sobre los vacíos legales de una Europa que se unificaba muy lentamente, como más adelante hará con los laboratorios de China y el ex-bloque oriental. Esa práctica lo vincula, pese a su «mirada no empresarial», a una de las más arraigadas prácticas del capitalismo farmacéutico argentino.

El capital que no teme al vacío

La industria farmacéutica argentina se desarrolló de manera casi salvaje, antes que el resto de la industria local, en un estado de vacío legal casi constante. A fines del siglo XIX se asentaron en el país distribuidores europeos de medicamentos que pronto comenzaron a producir. Así empezaron algunas de las dinastías que aún hoy controlan el mercado, como Bagó o Roemmers. Bajo un marco legal mínimo, los laboratorios consolidaron una posición de mercado dominante, que a lo largo de todo el siglo XX supieron defender de cada intento gubernamental de regulación. Tan tarde como en 1992, y ante la epidemia de cólera, que afectó sobre todo al noroeste del país, se creó un ente destinado a regular la producción y distribución de medicamentos: la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

Hoy el mercado farmacéutico argentino es un enclave asimétrico y cartelizado, con fuerte presencia de capitales locales: 20 laboratorios (de los cuales 13 son nacionales) que concentran 67% de la facturación total pero participan modestamente del crecimiento económico (1% del PIB, 6% del sector industrial), en parte debido a su carácter de punta (empleo calificado, capital intensivo), que aísla al sector de su entorno subdesarrollado; en parte, debido a su deficitaria dependencia de insumos importados.

Uno de los vacíos legales que más duramente defendieron los laboratorios fue su negativa a pagar patentes por el uso de fórmulas extranjeras, pese a los reclamos de laboratorios e incluso gobiernos de otros países. Recién en 1995 fue aprobada una ley de patentes y aun así los laboratorios nacionales pudieron prorrogarla por cinco años, mantener el control del mercado interno y forzar a los laboratorios internacionales a importar directamente o a dedicarse a vender patentes.

En ese mercado salvaje desembarcó Sigman a la vuelta de su exilio, durante las reformas neoliberales de los años 90. Asociado con la familia Sielecki (de laboratorios Phoenix) y al resto de la familia Gold (de Sintyal), adquirió Elea, una empresa especializada en productos hormonales de alta complejidad, que desde entonces provee a compañías como Merck, Pfizer y AstraZeneca.

La campaña antiaftosa de 1994 fue la siguiente oportunidad de Sigman para formar un consorcio. La fiebre aftosa asolaba al ganado de la región desde principios del siglo XX, con grandes epidemias locales en 1942 y 1966. A fines de los años 70 se optó por reemplazar las vacunas tradicionales por otras de tipo oleoso, que fueron obligatorias a partir de 1994. Para fabricar la nueva vacuna, los laboratorios debieron encarar una costosa reconversión. Chemotécnica Sintyal se fusionó con Biogénesis y dio a luz Biogénesis Sintyal, que pronto exportó la vacuna a toda la región.

En 1998 murió Roberto Gold. La empresa de Hugo y Silvia había alcanzado la mayoría de edad. Era hora de saltar al mundo.

La metástasis de un imperio

«Siempre tuve la convicción de querer tener una empresa internacional. No tenía el dinero para que lo sea», aseguró Sigman en su día. En 1986 Chemo adquirió Química Sintética de España, su primera planta aprobada por la Food and Drug Administration de Estados Unidos, que les daba acceso al mercado de ese país. Al año siguiente, el grupo empezó a operar en China, que atravesaba un momento crítico de sus reformas económicas. Pero fue recién en el nuevo milenio cuando Sigman se globalizó.

Entre 2003 y 2015 Chemo se lanzó a un raid de adquisiciones en Brasil, México, Rusia, Estados Unidos, Marruecos y Turquía, además de la formación de consorcios regionales como Altian (América Central), Ladee Pharma (Europa Central), Gold Pharma (China) y Exeltis (India), la marca que desde entonces engloba a toda la red de empresas y su centro de investigación, el Ladee Pharma Research Institute, centrado en la salud femenina.

En medio de ese despliegue, Biogénesis Sintyal se fusionó con Bagó y nació Biogénesis Bagó, un ciclópeo trust de biotecnología y sanidad animal, habilitado para exportar a Europa y Estados Unidos, a los que provee de antígenos. En 2009 la planta de Biogénesis Bagó, con un predio de 10.000 metros cuadrados en Garín, al norte de la provincia de Buenos Aires, fue incluida entre los 300 lugares del mundo que el Departamento de Estado de Estados Unidos debía proteger de un ataque terrorista. En 2013 Biogénesis se asoció a la china Hile Biotechnology en una joint-venture que provee al gobierno chino de 90% de las vacunas antiaftosa.

Hoy Chemo tiene 5.000 profesionales en más de 12 centros de alto rendimiento en Investigación y Desarrollo que proveen a una red de fabricación propia con puntos de contacto comercial en más de 95 países. «Siempre quise que mis hijos conocieran otras culturas. A casa venían hindúes, chinos, asiáticos…». La periferia es el espacio vital de Chemo: América Latina, Oriente Medio, Sudeste asiático y la ex-Unión Soviética. La marginalidad que Sigman se atribuye en el mundo de los negocios se tradujo en su predilección por hacer negocios en los márgenes del mundo.

mAbxience: el reseteo biotecnológico

«Si me voy ahora, me voy, porque si me quedo, no vamos a trabajar bien, tendremos conflictos, porque vos tenés tu estilo y yo el mío, vos tenés una formación y yo la mía... ¡Así que me voy!». El que habla es Hugo Sigman. El que escucha es Leandro, su hijo. Había empezado a trabajar para su padre durante la adolescencia, como visitador médico, usando otro apellido. Se formó como economista y llegó a CEO de Chemo Group España. El choque generacional fue inevitable.«A pesar de mi voluntad, los primeros años no fui capaz de retirarme totalmente –admitió Hugo más tarde– y, consciente o inconscientemente, no llegué a renunciar del todo. Se produjeron algunos cortocircuitos con Leandro por culpa mía».

En 2007, el patriarca por fin se retiró de Chemo y concentró su energía en otro rincón del capitalismo farmacéutico: la compra y capitalización de pequeños emprendimiento biotecnológicos, un nuevo vacío legal en donde innovar: «Las agencias de regulación todavía están confundidas respecto a los productos biotecnológicos».

Los fármacos biológicos son sustancias medicinales producidas a partir de seres vivos: una hormona, una enzima o un anticuerpo monoclonal. Se emplean para tratar enfermedades complejas y su costo es muy elevado. «Los productos biotecnológicos son pocas unidades a altísimo precio y son de uso perentorio para enfermedades donde el paciente se juega la vida», dice Sigman. Un biosimilar en un clon de un fármaco biológico. Su costo es sensiblemente menor y su mercado, prometedor: hoy representan 15% del mercado mundial de medicamentos, más de 600.000 millones de dólares, y se prevé que lleguen a ser 25% en los próximos diez años, especialmente por la expiración de patentes.

En 2009 Sigman creó mAbxience, una división de Chemo especializada en anticuerpos monoclonales, o mAbs, biosimilares empleados para neutralizar objetos extraños como tumores. En 2012 inauguró la planta piloto en Munro, viejo polo industrial semiabandonado al norte de la provincia de Buenos Aires. La empresa pronto hizo acuerdos con laboratorios de Rusia, Irán, Turquía y el Sudeste asiático.

Las aventuras biotecnológicas de Sigman en América conocen dos hitos. El primero es el desarrollo de una vacuna para tratar el cáncer de pulmón. Un proyecto que Sigman comenzó a mediados de la década de 1990 en Cuba, con el desarrollo del antígeno NgcCM3, y culminó en 2013 con la presentación de Racotumomab, la primera vacuna que logra cronificar el cáncer pulmonar, transformando un mal mortífero en una enfermedad tratable, como la diabetes o la hipertensión. Los 18 años de investigación y desarrollo involucraron a las empresas de Sigman, universidades nacionales, centros de investigación cubanos y argentinos (incluyendo al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y el respaldo de dos ministerios.

El segundo hito fue la creación de Sinergium Biotech. Durante la pandemia de gripe A H1N1 de 2009, Sigman le propuso al gobierno argentino, a través del entonces ministro de Salud Juan Manzur, un proyecto de transferencia de tecnologías farmacéuticas a cambio de la concesión de un monopolio provisorio, inspirado en un proyecto similar del gobierno brasileño. La licitación se presentó privilegiando a Sigman como «autor de la iniciativa», con el compromiso de adquirir todas las vacunas producidas. El acuerdo se hizo con la multinacional Novartis, que tendría un monopolio de tres años sobre la vacuna antigripal, mientras transfería la tecnología a Elea y Biogénesis Bagó, a través de una empresa creada a tal fin: Sinergium Biotech. Pasados los tres años, Sinergium sería la fabricante exclusiva.

En 2012, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desconoció a la gripe A, como pandemia pero el negocio mundial ya estaba hecho. Sinergium siguió operando acuerdos de transferencia de tecnología con Pfizer para la vacuna neumocócica y con Merck & Co para la vacuna contra el papiloma, ambas incluidas por el gobierno argentino en el calendario de vacunación obligatorio. El mismo tipo de acuerdo que hoy alcanzó con AstraZeneca para la producción de la vacuna contra el covid-19.

Coleccionista y mecenas

En oposición a buena parte de la alta burguesía argentina, más proclive al fútbol, el turismo de alta gama y la evasión fiscal, Hugo Sigman profesa una devoción por el mundo de la cultura que lo posiciona como mecenas. Quizás por su pasado comunista, quizás por el volumen que representan las industrias de contenidos a escala mundial, una serie de proyectos e iniciativas se encadenan como gemas incrustadas en su corona.

La cadena de producción de valor cultural de Sigman como mecenas empieza por la «sustentabilidad». Más allá de poseer miles de hectáreas utilizadas por sus empresas de ganadería bovina y ovina, agricultura y producción de madera –su cabaña Garruchos tiene 75.000 hectáreas dedicadas a la siembra directa y al pastoreo en San Luis, y Sigman posee más de 200.000 hectáreas dedicadas a estos mismos fines en la Patagonia, rankeando apenas detrás de Lázaro Báez y Luciano Benetton–, al mecenas le gusta mostrar sus emprendimientos sustentables con valor agregado a base de diseño.

Solantu, por ejemplo, diseña, produce y exporta las materias primas tanto de sus estancias australes como los cueros y la carne de los yacarés que se crían en la provincia de Corrientes. Cuencos, floreros, cajas y tablas de maderas nobles son comercializados tanto en internet como en locales europeos de diseño. La sustentabilidad de Solantu tiene un tercer vértice: el hotel boutique Puerto Valle, instalado sobre una estancia construida en 1868, localizado en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes. Una construcción de tan solo 13 habitaciones, también orientada al mercado del lujo. Galerías, pequeños livings, proximidad a las playas y oferta de turismo ecológico, que incluye avistaje de especies en los esteros y visitas al criadero de Yacaré Porá, una granja modelo donde se trabajan el yacaré overo y el yacaré negro, especies locales en peligro de extinción.

En una época en que la sociedad occidental no ve con buenos ojos la matanza de animales salvajes para producir objetos de lujo, ni la deforestación para confeccionar habaneras que cotizan en euros, este impacto negativo es licuado por las estrategias de sustentabilidad y el desarrollo socioeconómico de las regiones donde intervienen. Como si esto fuera poco, Solantu posee en su plantel a una empleada de lujo: Lucía González, hijastra de Felipe, ex-presidente del gobierno y hombre influyente en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se encarga del marketing y la comercialización de la firma.

El particular mecenazgo de Sigman se completa con la creación de empresas culturales y de la producción de películas. Es dueño de la franquicia argentina de Le Monde diplomatique y de la editorial Capital Intelectual (en España, Clave Intelectual). En la producción audiovisual, a través de Kramer & Sigman, produjo desde 2005 films como El perro, El último Elvis, El pasado, Relatos salvajes y El clan, entre otras. Fue pionero en el mundo de las revistas periodísticas progresistas con TresPuntos y TXT. Circulan diversos rumores sobre los motivos del cierre. El primero y el más fuerte es que se trataba de publicaciones que iban a pérdida. Y como los emprendimientos culturales dependen exclusivamente de su voluntad, un día Sigman se cansó. Al cansancio habrían contribuido los frecuentes llamados de políticos, muchos de ellos socios, amigos o conocidos suyos a lo largo de su ajetreada historia empresaria.

Esto no logró que Sigman dejase de disfrutar de rodearse de figuras del mundo de la cultura, un puñado de elegidos para frecuentar su cuartel del palacio Díaz Vélez, sede corporativa de Insud, el grupo que engloba sus empresas argentinas. Una construcción de estilo francés ubicada en el Barrio Norte porteño, forjada en 1900, con más de 1.000 metros cuadrados cubiertos restaurados. Cerca de la entrada, el palacio posee una monumental escultura del alemán Anselm Kiefer, uno de los artistas europeos más cotizados en la actualidad. La colección de Sigman posee también obras de Guillermo Kuitca, Jorge de la Vega, Juan Carlos Distéfano; esculturas del británico Tony Cragg y pinturas de los españoles Pablo Palazuelo, Jaume Plenza y Sevilla. Apoyó también los envíos de Jorge Macchi y del mismo Kuitca a bienales de Venecia, e integra el comité del Museo Nacional de Bellas Artes.

Uno de los proyectos que más entusiasmó a Sigman fue el documental sobre el ex-presidente uruguayo José «Pepe» Mujica. Porque, cerca de los 75 años, el mecenas aún navega en busca de su identidad. «Tratamos de armar una compañía universal, globalizada y coherente en todas sus ramas, desde la ciencia a la cultura. Todo se integra, no tengo contradicciones al respecto. Pero tampoco soy un ser súper especialista en todas las ramas que tengo, sino que trabajo con grupos humanos que me revitalizan y me permiten conocer cosas distintas. Todavía tengo el sueño de ir armando mi propio personaje, es lo que busco en este momento de mi vida», supo declarar.

Sigman, el pharmakon

Amigo personal de Felipe González, Sigman no pierde oportunidad de ponderar el modelo europeo de cooperación público-privada como tercera vía entre un socialismo que ya dejó atrás y un neoliberalismo en el que nunca confió del todo. No se trata de una idea abstracta: el rubro farmacéutico necesariamente se articula con las políticas sanitarias de cada Estado y Sigman se maneja allí con la misma exterioridad interna que en todos lados, como un antígeno extraño pero influyente en los cuerpos que habita.

Durante el conflicto por la Ley de Patentes, Sigman hizo causa común con el proteccionismo de los laboratorios locales a pesar de ser dueño de un laboratorio multinacional e importar los principios activos para sus medicamentos. Sigman también fue parte de la resistencia de los laboratorios a la Ley de Genéricos, sancionada durante la crisis de 2002, que obliga a los médicos a recetar el medicamento genérico y no la marca, para permitirle al paciente elegir. Para 2014, solo 25% de las recetas cumplía con la ley.

Ese mismo año, ante un aumento generalizado de los precios de los medicamentos, la entonces presidenta argentina Cristina Fernández, quien nunca dejó de beneficiar a Sigman con contratos y licitaciones, denunció desde su cuenta de Twitter a Elea y Biogénesis como dos de las farmacéuticas de mayor facturación, sin olvidar consignar el nombre de sus titulares: Hugo Sigman, Luis Alberto Gold y la familia Sielecki (parientes políticos de su propio canciller de entonces, Héctor Timerman).

La crisis económica obligó a Elea a pedir un procedimiento preventivo de crisis en 2019, pese a las estrechas relaciones de Silvia Gold con el gobierno de Mauricio Macri. Con el retorno del peronismo, Sigman inauguró una nueva planta de mAbxience junto a la plana mayor del nuevo gobierno y reclamó menos impuestos para los laboratorios locales.

Hasta que llegó el covid-19. Paracelso, un alquimista del siglo XV, llamaba pharmakon a la enfermedad entendida como posible cura. El elemento externo que el cuerpo debe incorporar. En el otoño de su vida y al frente del que seguramente será su último consorcio farmacéutico, Sigman busca la oportunidad para salvarnos de la peste y reivindicarse como un ser exterior e interior al sistema, un pharmakon que invade el cuerpo social para inmunizarlo.

Este perfil es una adaptación del publicado en el libro Los dueños del futuro (Planeta, Buenos Aires, 2017).

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Sábado, 22 Agosto 2020 05:40

Los dientes

Los dientes

1.Washington. George Washington (1732-1799), el primer presidente de Estados Unidos que más que una guerra por la Independencia –subraya Gerald Horne– encabezó una “‘contrarrevolución” para preservar la esclavitud en vías de abolición por Gran Bretaña en sus colonias norteamericanas (bit.ly/320sKPa), era, como tantos otros padres fundadores (Jefferson, Franklin et al), dueño de esclavos. Si bien −supuestamente− sus sentimientos hacia la esclavitud eran encontrados (bit.ly/31bFp2M), hacía todo para seguir lucrándose de ella, dejando este asunto para resolver a las futuras generaciones (uno por el que finalmente estalló la guerra civil). En sus tiempos no sólo perseguía con todo el peso de la ley a sus esclavos fugitivos (una preciada mercancía, no seres humanos)− o gobernando temporalmente desde Filadelfia usaba un agujero legal para negarle la libertad a su propiedad –Pennsylvania era uno de los primeros estados comprometidos en erradicar la esclavitud y según su Acto estatal de emancipación gradual de 1780 si uno no era su ciudadano podía traer sus esclavos únicamente por seis meses; pasado este lapso, automáticamente éstos obtenían la emancipación− rotándola periódicamente a su Virginia natal o sacándola no más por la frontera a Nueva Jersey reseteando en práctica el reloj de la libertad (Erika Armstrong Dunbar dixit), sino también pagaba a sus esclavos para que se extrajeran dientes sanos con los cuales completaba su dentadura. Unos chelines por allí, unos chelines por allá, según su propia libreta de cuentas. Plagado por problemas dentales desde los 20 años, asumiendo la presidencia (1789) con un sólo diente natural (bit.ly/2E334JG), Washington usaba varias prótesis −del marfil de hipopótamo, dientes de vacas, caballos, etcétera (bit.ly/2FCAgZ6)− y trataba de mejorar su estado con implantes primitivos de dientes de los esclavos. Desde 1619 cuando el primer contingente de esclavos negros fue traído de África a la todavía británica colonia de Virginia −157 años antes de la Declaración de la Independencia según la cual, sólo en la teoría liberal, todos han sido creados iguales− el racismo y la esclavitud han sido imprimidos en la futura nación que forjó Washington (bit.ly/3axABaU). Fueron base material de su acumulación primitiva (bit.ly/2Q6Z9hF) y la riqueza de las élites blancas (cuando en 1808 se prohibió la importación de esclavos, los criadores de caballos y ganado se dedicaron a criar negros para el mercado interno). El capital –tal como escribía Marx− vino también a Estados Unidos chorreando sangre de pies a cabeza. Junto con la boca.

2. Lumumba. Los dientes. Lo único que quedó de él. Cuando Patrice Lumumba (1924-1961) el primer jefe de gobierno del Congo independiente anunció que las riquezas naturales de aquel país africano finalmente iban a servir a sus habitantes y no a los colonizadores –y buscó ayuda soviética para fortalecerla independencia− tuvo que enfrentar una invasión belga (su antiguo colonizador), dos levantamientos secesionistas de unas ricas regiones mineras, la campaña estadunidense de desestabilización y un golpe de Estado anticomunista (bit.ly/3aFcfvR). La CIA trató de envenenarlo, pero luego optó por delegar la tarea a los verdugos locales y asesinos belgas (el uranio para las bombas atómicas de Estados Unidos provenía de Congo y éste “no podía ser ‘segunda Cuba’”). Lumumba fue raptado, torturado y ejecutado. Su cuerpo, cortado en pedazos, disuelto en ácido. A finales de la década de los 90 un policía belga detalló cómo se deshizo de su cadáver. Abrió el cajón y sacó dos de sus dientes y una bala sacada del cráneo (bit.ly/2Q3wMAG). Cómo recuerda Adam Hochschild –autor de un seminal King Leopold’s ghost: a story of greed, terror, and heroism in colonial Africa (1998) que detalla la brutal historia de la colonización belga− el asesinato de Lumumba fue un punto de inflexión que sofocó muchas de las esperanzas en toda la África en vías de la descolonización (bit.ly/2PXxakm). Congo (rebautizado como Zaire) se tornó otra vez el corazón de las tinieblas conradiano bajo la dictadura de Mobutu. Pero cuando un siglo antes el rey Leopoldo, un monarca iluminado, filántropo y liberal, invadió a Congo tenía boca llena de ideales: quería liberarlo del dominio de los esclavistas musulmanes, diseminar civilización, cristiandad y libre comercio. Acabó convirtiéndolo en una gran finca (marfil y caucho) con trabajo esclavo, explotación, saqueamiento y terror −cuerpos podridos, manos cortadas, cráneos y esqueletos en las cercas a los largo de la colonia, salvajes castigos con chicote, el látigo de piel de hipopótamo, en total entre 5 y 8 millones de muertos− mucho peor que el régimen anterior. Allí también el capital llegó chorreando sangre... Los “ zoo humanos” con congoleses traídos a Bélgica en condiciones nativas han sido el entretenimiento predilecto de las masas hasta... 1958 (unas décadas antes un joven congolés al cual sus captores le afilaron los dientes para que se viera más salvaje estaba exhibido en un pabellón de monos en el zoológico de Nueva York bit.ly/2YdBaSi). Ya llegó la hora de que nos dejen de ver como monos, le dijo en 1960 Lumumba en la cara al rey Balduino, el heredero de Leopoldo, que le concedió la independencia a Congo sólo para pronto querer dar marcha atrás... (bit.ly/2YhLZmr).

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El CELS denunció al gobierno de facto de Bolivia ante la ONU por las masacres de Sacaba y Senkata

A nueve meses de la represión que provocó 21 muertos y alrededor de 200 heridos 

La denuncia acusa al gobierno de Jeanine Áñez de cometer ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones a los derechos humanos. La violencia en las calles continuó en los hospitales y se extendió incluso a los cortejos fúnebres.

 

A nueve meses de las masacres de Sacaba Senkata , el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) denunció al gobierno de facto de Bolivia ante las Naciones Unidas por presuntas ejecuciones extrajudiciales y otras violaciones a los derechos humanos. La abundante evidencia recolectada da cuenta de que, en ambos territorios, las fuerzas armadas y policiales reprimieron salvajemente las protestas contra el gobierno transitorio de Jeanine Áñez. El saldo fue de 21 víctimas fatales y alrededor de 200 heridos. La violencia en las calles continuó en los hospitales: en los dos hechos calificados como masacres por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), los heridos y familiares fueron acosados y humillados por policías y por el mismo personal de salud. El dispositivo represivo dispuesto por el Estado llegó al límite grotesco de arrojar gases lacrimógenos contra el cortejo fúnebre de los familiares de las víctimas que bajaba del Alto en dirección a La Paz. 

"La denuncia del CELS, el Centro Europa-Tercer Mundo, la Asociación Pro Derechos Humanos Bolivia, la Red Andina de Información y la Red Universitaria de Derechos Humanos se presentó el 10 de agosto. Hace una cronología de los hechos de las masacres de Sacaba y de Senkata a partir de un amplio conjunto de evidencias", asegura Camila Barretto Maia, coordinadora de Trabajo Internacional del CELS. "Hay evidencias contundentes sobre la responsabilidad estatal en las ejecuciones y graves lesiones ocasionadas a manifestantes y, como en el caso de Senkata, a muchas personas que simplemente transitaban por una zona de mucha circulación", agrega Barretto Maia en diálogo con Página/12.

Ambos episodios se enmarcan en el contexto de las protestas de los días posteriores al golpe de Estado contra el expresidente Evo Morales el 10 de noviembre de 2019 y la asunción, dos días después, de un gobierno de transición encabezado por la exsenadora Jeanine Áñez. Un día antes de la masacre de Sacaba, el 14 de noviembre, Áñez dictó el Decreto Supremo 4078 que le otorgaba inmunidad a las fuerzas de seguridad para garantizar el "reestablecimiento del orden" en las calles. El 15 de noviembre, el mismo gobierno de facto emitió el Decreto 4082 que asignaba 42,7 millones de pesos bolivianos (6,16 millones de dólares) para equipar a los militares. El terreno se había sembrado para lo peor.

Sacaba

La cacería desatada sobre esta populosa ciudad de Cochabamba tuvo lugar el 15 de noviembre de 2019 y dejó un saldo de al menos 10 muertos y 120 heridos. Las seis Federaciones del Trópico habían decidido marchar a la ciudad de La Paz en protesta por la quema de la wiphala, la persecución a la mujer de pollera y exigiendo el retorno de Evo Morales. La movilización, que hasta ese momento era pacífica y estaba encabezada por mujeres con hijos, empezó a ser reprimida con una violencia inusitada. "Las fuerzas estatales contaban con el apoyo de al menos una tanqueta y un vehículo Neptuno que sirve para dispersar manifestantes con agua, además de un avión de guerra y varios helicópteros que sobrevolaban a baja altitud", expresa parte de la denuncia del CELS a la que accedió este diario.

"La versión oficial del gobierno de facto en los momentos inmediatamente posteriores a la masacre fue una versión completamente fantasiosa. Impulsaron la tesis de que los manifestantes se habían matado entre ellos porque tendrían disparos en sus espaldas”, afirma Barretto Maia. Pero los resultados de las pericias balísticas arrojaron la presencia de fusiles de reglamento de las fuerzas armadas (FAL) presentes en el día del operativo. La gran cantidad de heridos provocó que los hospitales de la localidad se vieran colapsados, lo que significó una nueva pesadilla para los heridos y sus familiares.

Senkata

El martes 19 de noviembre de 2019, el gobierno de facto le ordenó a las fuerzas armadas y a la policía que rompan el bloqueo a la planta de gas envasado ubicada en la localidad de Senkata. Luego de negociar con quienes mantenían el corte, las fuerzas militares y policiales consiguieron, a través de un operativo cinematográfico que incluyó un convoy de 49 camiones cisterna, transportar combustible y garrafas de gas para abastecer a las ciudades de La Paz y El Alto. Aún habiendo cumplido con el objetivo principal, las fuerzas militares y policiales resolvieron ocupar la planta y reprimieron con gases y balas de plomo a los manifestantes que intentaron retomar el bloqueo.

"Numerosos testimonios coincidieron en que las fuerzas estatales estaban manteniendo personas detenidas en el interior de la planta", aporta la denuncia presentada por el CELS y otros colectivos de derechos humanos. La versión de que los manifestantes usaron explosivos, a su vez, nunca fue demostrada. "Acusaron de terroristas a los manifestantes por haber derribado un muro que da acceso a la planta, y aseguraron que las fuerzas armadas no habrían realizado ni un solo disparo. Pero no solo han habido disparos de las fuerzas de seguridad sino que fueron disparos masivos e indiscriminados contra personas que no representaban ninguna amenaza", explica Barretto Maia. El saldo fue de 11 muertos y 72 heridos.

Tanto en Sacaba como en Senkata, los problemas no terminaron luego de la represión de las fuerzas estatales. Según testimonios recogidos en los centros de salud, las víctimas con heridas graves fueron hostigadas por médicos y enfermeros. "Familias productoras de coca, de bajos ingresos, viven hace nueve meses con mucho dolor y la estigmatización permanente del gobierno autoritario que los tilda de narcoterroristas. Los dirigentes son perseguidos políticamente. Viven en temor permanente de represalias estatales y de grupos paramilitares motoqueros y pasan hambre", asegura Kathryn Ledebur, directora de la Red Andina de Información y también parte de la denuncia presentada ante la ONU.

Las causas abiertas

A pesar de la dudosa versión sostenida por el gobierno de facto, hay dos causas abiertas por las masacres: una en la fiscalía de Sacaba y otra en la ciudad de El Alto. "La causa de Sacaba al principio incluía una denuncia contra manifestantes que se archivó por falta de pruebas, y consiste en la investigación por homicidios y graves lesiones a los manifestantes", detalla Barretto Maia. En ese caso se llegaron a hacer pericias balísticas en el lugar de los hechos. "Tenemos información extraoficial de que este estudio habría comprobado que el origen de los disparos era el puente donde se encontraban las fuerzas de seguridad, pero el informe nunca se hizo público ni se sabe de qué manera permitirá determinar responsabilidades porque no hubo avances en la causa", añade la coordinadora del área internacional del CELS.

En Senkata la situación es aún peor porque ni siquiera se hizo un informe balístico ni se reconstruyeron los hechos. "Las fuerzas armadas se niegan a compartir con la fiscalía información sobre los operativos planificados, sus comandantes, las unidades movilizadas y el armamento que portaban", aporta Barretto Maia. "A nueve meses de la masacre no hay justicia ni reconocimiento de los asesinatos por parte del Estado", afirma por su parte Ledebur desde la Red Andina. La denuncia presentada días atrás es, en ese sentido, concluyente: "La comunidad internacional debe seguir exigiendo verdad y justicia para las víctimas de Sacaba y Senkata y hacer un seguimiento de la situación de los derechos humanos hasta el restablecimiento de la democracia en el país".

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Jueves, 13 Agosto 2020 05:52

¿Desigualdad de géneros?

¿Desigualdad de géneros?

El mito de Medea y el patriarcado

 

En la antigüedad, griegos y romanos reservaban para esposas y mujeres de la familia el segundo piso de sus hogares para evitar que fuesen vistas.

Las Hetairas eran mujeres “para estar adelante” lo que se corresponde con la etimología de prostituta: pro, adelante; stituta, stare.

Para ser vistas y escuchadas, intercambiar con hombres, asistir a los simposia, llevar una vida pública. Pagaban impuestos y en general eran extranjeras. Tenían una vida semejante a la de las mujeres intelectuales de la segunda mitad del siglo XX y XXI.

También había esclavas.

Los griegos tenían hijos legítimos, ciudadanos, con las esposas griegas, podían tener hijos con hetairas o esclavas, pero no eran ciudadanos, estos hijos existían en un “no lugar”.

La historia de Medea se inscribe en ese marco social, ella en Grecia era una extranjera y a ese no lugar se caía sin remedio si el ciudadano griego que la protegía la abandonaba.

Jasón había perdido su derecho al trono en Grecia, el tío que se lo arrebató lo envió a la Cólquida, a orillas del Mar Negro, a buscar el vellocino de oro. Así comienza la saga de los Argonautas y nace la historia de amor de Jasón y Medea. En la Cólquida, Medea era sacerdotisa, es decir virgen, hija del rey que enamorada de Jasón usó su magia para que consiguiera al vellocino, luego huyeron a Grecia donde vivieron muchos años juntos y tuvieron dos hijos.

Pasado el tiempo, Jasón comprendió que Medea era un obstáculo en el ascenso de su carrera política y decidió casarse con Glauce, la hija del rey.

A partir de esa boda, la vida de Medea y sus hijos sería la nada misma, perdieron todo. Medea mata a sus hijos y huye. Es aprehendida pero no puede ni siquiera ser condenada porque no es una ciudadana, es una mera extranjera.

El mito dice que una mujer por despecho mató a sus hijos como venganza porque fue abandonada.

Las ideas de Walter Benjamin nos permiten otra lectura que considera la nadificación social que padecen muchas mujeres extranjeras o pobres que son entregadas al desamparo más absoluto sin que socialmente se considere la participación que tuvo el hombre, esposo, padre, empleador en el desencadenamiento de la catástrofe.

El patriarcado es una organización social que aparentemente favorece al hombre y desfavorece a la mujer.

No se trata de que los hombres hagan cosas desvalorizadas que hacen las mujeres, ni las mujeres “brillantes actividades masculinas”.

Cosas de mujeres y cosas de varones es una división que desfavorece a ambos, porque todo dualismo conduce a aporías esterilizantes.

Cuando el pater familia romano podía levantar al recién nacido del suelo y darle vida o abandonarlo en un camino condenado a muerte, ¿era justo para él tener que tomar la decisión sólo?

O cuando tenía que ir a la guerra con permiso para matar y matando convertirse en héroe o, o, tantos infinitos o…

O ser el único responsable de mantener económicamente a la familia…

La exigencia de ser brutal frente a otros varones para confirmar su masculinidad.

La madre de los hermanos Graco cuando les dice: “Vuelvan de la guerra con el escudo o sobre él”, exigiendo triunfo o cadáver.

¿Por qué los varones tienen que ser los que llevan a cabo la circuncisión ritual o en un naufragio ser el joven el que debe ofrecer su salvavidas a una anciana?

¿Por qué el féretro del padre lo llevan los hijos varones y no las hijas?

¿Por qué es necesario ser fuerte, diestro, inteligente y exitoso para ser respetado mientras la mujer sólo tiene que demostrar que no es una “mujer pública” con toda la ambigüedad del término, para no ser adjetivada como puta o yegua?

Las desventajas son desiguales pero injustas para ambos, todos necesitamos “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres” (Rosa de Luxemburgo).

Delia Torres Aryan es directora de la Diplomatura de Diversidad Sexual y Género de APdeBA (Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires).

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H. G. Wells: socialismo y ciencia para cambiar el mundo

El 13 de agosto de 1946, falleció uno de las figuras literarias más importantes del Reino Unido. Sus obras abordaban la ciencia ficción y las desigualdades sociales, además de ser un ferviente defensor de la corriente humanista. Al menos, hasta que las guerras mundiales terminaron sepultando su optimismo.

 

Herbert George Wells se autodefinió como un socialista demócrata en 1886 y, durante toda su vida, profesó unos ideales que buscaban la igualdad total. Para ello, promulgó la eliminación de clases y la libre competición en la sociedad, siempre y cuando las personas tuviesen derecho a las mismas oportunidades, sin importar su origen. 

En sus obras literarias, destacó su pasión por los avances científicos y plasmó de manera explícita las diferencias sociales. Por ejemplo, en La Máquina del Tiempo ofrece un paradigma muy ilustrativo sobre ambas temáticas, a través de una historia en la que figuran dos razas descendientes de los seres humanos, los Eloi y los Morlocks. En la novela, basada en un futuro muy lejano, las desigualdades sociales son fehacientes: mientras los Eloi viven en verdes praderas, iluminados por la luz del sol y en armonía pura, los Morlocks habitan bajo tierra, denostados y sin vestigios de su antigua humanidad.

De manera similar, Cuando el Durmiente Despierta presenta una realidad futurista, concretamente en el año 2100. A diferencia de La Máquina del Tiempo, no existe un dispositivo para viajar en el tiempo, sino que Graham, el protagonista de la narrativa, duerme durante 200 años, y al despertar, contempla aterrorizado el deterioro de la sociedad.

En esta realidad, los proletarios son oprimidos de manera incesante, la policía utiliza continuamente la violencia contra los civiles, y las mujeres que dan a luz, tienen que entregar a sus bebés, que pasarán a ser alimentados por robots con forma de mujer. Para horror de Graham, se da cuenta que, a través de una sucesión de eventos inicialmente inexplicables, él se ha convertido, mientras dormía, en la persona más poderosa del mundo. 

Nuevamente, la pasión de H. G. Wells por el desarrollo tecnológico queda plasmado en la novela, aunque a través de Graham, muestra el peligro que entraña el uso de la ciencia para fines ególatras. A través de un método de vigilancia extremadamente preciso, se ilustra una sociedad donde se ha establecido una esclavitud sistémica. En este aspecto, el escritor británico siempre remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas.

Una sociedad en la que “riqueza es poder”, y enseñar “solamente produce descontento y problemas”, es la historia sobre la que versa Cuando el Durmiente Despierta. A pesar de no ser una de las obras más famosas, ofrece una imagen muy lúgubre acerca del excesivo control y la represión ejercida sobre los habitantes, temáticas adoptadas por George Orwell en 1984 o Czeslaw Milosz en La Mente Cautiva.

Pese a tener el dominio mundial, el protagonista de Cuando el Durmiente Despierta nunca llega a corromperse y, por el contrario, se une a las clases más denostadas para eliminar la desigualdad en el planeta

Además de ciencia y socialismo, en La Isla del Doctor Moreau y El Hombre Invisible, se detalla una clara lucha interna en el propio ser humano, entre lo éticamente correcto y la importancia del progreso. La idea se basa en que la capacidad para inventar es prácticamente ilimitada, al igual que la facilidad para caer en actos inmorales y perversos. 

En El Hombre Invisible, H. G. Wells desafía al lector, a través de una cuestión formulada de manera indirecta durante la narrativa, a que se imagine con un poder semejante, y que sea capaz de no caer en la tentación de cometer actos malignos.

Por otra parte, la duda sobre las barreras que están dispuestas a atravesar los seres humanos en sus ansias por expandirse, la responde de manera explícita en La Guerra de los Mundos. La idea del relato surgió de una conversación que tuvo con su hermano Frank, mientras hablaban de la llegada de los europeos a la isla de Tasmania, y la destrucción de los nativos. 

 “Imagina que, desde el cielo, vienen seres de otro planeta, y se ponen a vivir entre nosotros”, dijo Frank. Y años más tarde, H. G. Wells explicó que, antes que criticar a los invasores de la novela, “hemos de recordar la implacable y absoluta destrucción que los seres humanos hemos causado”, y mencionó la hostilidad de los europeos hacia los nativos de la isla de Tasmania. Con su ironía habitual, lanzó una pregunta al aire: “¿Somos tan misericordiosos, como para quejarnos si los marcianos apareciesen con el mismo espíritu conquistador?”.

Al final de “La Guerra de los Mundos”, la humanidad parece condenada a la extinción, tras la hecatombe producida por la llegada de los invasores. Sin embargo, a diferencia de los humanos, el sistema inmunológico de los extraterrestres, no estaba preparado para defenderse de las enfermedades de la Tierra. De esta forma, la pandemia aniquiló a una especie que estaba causando estragos en el planeta.

Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

 

Libertad total e igualdad sin restricciones

 

Antes de la Primera Guerra Mundial, H. G. Wells era, posiblemente, el escritor que mejor captaba la esencia de la época. Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

De esta manera, muchos de sus escritos se enfocaban en la posibilidad de investigar, en las aventuras que aguardaban a aquellas personas con capacidad y determinación para descubrir. Y no solamente en el ámbito científico, también en el aspecto social, pues para él, la libertad debía extenderse a todos los ámbitos. 

De hecho, era muy crítico con los movimientos conservadores cristianos y los códigos de conducta de la época. Entre sus reivindicaciones, destacó su apoyo incuestionable a la libertad sexual, a la necesidad de una educación global, y al movimiento sufragista. De hecho, en su novela Ann Veronica, escrita en 1909, habla sobre los futuros movimientos de liberación de la mujer, en la lucha para conseguir la igualdad de género.

Para él no existía duda posible. Si la humanidad quería alcanzar un futuro próspero, el camino debía trazarse a través de la igualdad, la cooperación, y la paz mundial. Estos ideales fueron plasmados a comienzos del siglo XX en Mankind in the Making, novela en la que destaca la igualdad entre sexos, y en sus convicciones de la necesidad de crear un proyecto social, al que calificó como Nuevo Republicanismo. 

Siendo uno de los escritores más famosos de la época, también participó activamente en las campañas socialistas, y criticó a la burguesía. En 1903, se unió a la Sociedad Fabiana, formada por un grupo de intelectuales socialistas, que incluía a personajes ilustres como George Bernard Shaw, Beatrice Webb, y Sidney Webb.

No obstante, desde los inicios, se mostró decepcionado con muchas acciones tomadas por la organización, y en 1906, redactó un artículo, donde criticó abiertamente la falta de ambición de sus integrantes para hacer reformas importantes, de aspecto más radical. Uno de los principales desacuerdos, era la negativa de los miembros de la Sociedad Fabiana, a reconocer la libertad para amar y tener sexo.

 

Ciencia para el progreso social

 

A lo largo de los años, las novelas de H. G. Wells han perdurado, gracias en parte por la sencillez en sus narrativas de ciencia ficción. Adelantó muchos avances tecnológicos a través de sus novelas, y la fascinación que el escritor británico tenía sobre la ciencia, tras sus años de estudio, era evidente. A ello se unía su creencia de que el socialismo y el progreso científico eran dos aspectos que debían permanecer juntos. A través de su estudio en la biología, comprendió que la unión de los seres humanos era esencial para poder adaptarse a una realidad cambiante, y así poder mejorarla por el bien común.

Por ello, no sorprende que en Anticipaciones, publicada en 1902, el escritor británico muestre una idea de que, para prosperar, los seres humanos han de confiar en la ciencia. Años más tarde, en 1905, escribió Una Utopía Moderna, novela en la que se ilustra un mundo donde la propiedad es regulada por el estado, en la que la igualdad entre hombres y mujeres es patente.

Aunque su obra parece una analogía del comunismo, al igual que la obra Utopía, publicada en 1516 por Thomas More, la realidad es que, por aquel entonces, H. G. Wells rechazaba el comunismo como ideología de estado.

Precisamente, se observa una crítica al sistema en el hecho de que los Samurai, que son los líderes de la sociedad de la novela, gobiernan sin haber sido elegidos. Sobre el sistema de gobierno implementado en Una Utopía Moderna, Michael Sherborne, escritor de la biografía H. G. Wells: Another Kind of Life, explica que se trata de “un Estado unipartidista antidemocrático, en el que la verdad no se establece mediante una discusión crítica, sino a través de una creencia compartida”.

Pero con el transcurso de los años, H. G. Wells viajó a Rusia en tres ocasiones, y tras su encuentro con Lenin, su percepción sobre el comunismo cambió drásticamente. Prueba de ello son sus experiencias recogidas en el libro Rusia en las Sombras, donde detalla su entrevista con el líder de la Revolución Bolchevique.

De aquel encuentro, el escritor británico se mostró impresionado con la doctrina de Lenin, y declaró que “gracias a él, a pesar de Marx, entendí que el comunismo podía ser enormemente creativo”. Era obvio su rechazo al filósofo alemán, como había demostrado en escritos anteriores. Para él, la expansión del marxismo no se debió al mérito de esta corriente ideológica, más bien a que la opción contraria, el capitalismo, es “estúpida, egoísta, excesiva y anárquica”.

Por sus críticas al marxismo, se granjeó la enemistad de gran parte de los comunistas, mientras que, por su desprecio al capitalismo, fue duramente criticado por los conservadores. Entre ellos, Winston Churchill, que le había otorgado el crédito de concebir en sus obras, la idea de usar aeroplanos y tanques antes de la Primera Guerra Mundial.

Habiéndose reunido durante décadas para discutir sobre diversos temas de actualidad, finalmente la relación entre ambos se deterioró. H. G. Wells le consideraba un miembro ilustrado de la clase gobernante, y Winston Churchill repudiaba sus ideales socialistas.

 

Las guerras mundiales y el pesimismo de H. G. Wells

 

Con el paso de las décadas, y el transcurso de las guerras, su firme creencia en la corriente humanista fue debilitándose. Primero fue la Guerra de los Boers en 1899, el conflicto a través del cual empezó a entender la complejidad de la naturaleza violenta en los seres humanos.

Después de la primera Guerra Mundial, inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse

Y después de la Primera Guerra Mundial, para H. G. Wells y gran parte de los intelectuales de la época, confiar en una raza que había causado tanta devastación, dependía prácticamente de un acto de fe sin fundamentos en los que sostenerse. Inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse.

Además, a través de su novela de ficción El Mundo Liberado, escribió acerca de un potencial atómico de catastrófica magnitud. Publicada en 1914, este escrito fue una oda a los posibles avances tecnológicos, al igual que un aviso sobre los peligros del uso indebido de la ciencia.

Paradójicamente, la exhaustiva imaginación que H. G. Wells muestra en la novela, especialmente al describir una granada de uranio capaz de provocar explosiones de manera indefinida, cautivó a Leo Szilard. Posteriormente, el físico húngaro reconoció que, a través de la obra del escritor británico, entendió “lo que significaría la liberación de la energía atómica a gran escala”.

Y eventualmente, en 1934, plasmó esta realidad en forma de reactor nuclear. En 1939, El propio Leo Slizard y Albert Einstein escribieron una carta al presidente Franklin Delano Roosevelt, que comenzó el Proyecto Manhattan, y que terminó con el bombardeo de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagaski. Precisamente, en otra novela de H. G. Wells, La forma de las cosas que vendrán, publicada en 1933 y que fue adaptada al cine, se pronosticó con precisión el lanzamiento de bombas durante un conflicto global, provocando una devastación inminente. Por su parte, el propio Leo Slizard quedó atormentado al comprobar el poder destructivo de las bombas atómicas, y en 1950, pronosticó que una bomba de cobalto destruiría a todos los seres vivos.

Pasando de la ficción escrita a la realidad vivida, para H. G. Wells, la Segunda Guerra Mundial fue una ilustración definitiva de un panorama desalentador. La humanidad, que parecía incapaz de aprender de sus errores, quedó retratada.

De manera simbólica, como una broma macabra del destino, la última obra del escritor británico fue Mente al final de su atadura. Publicada en 1945, en el año de la conclusión del conflicto armado, el escritor inglés ofrece una visión oscura y desalentadora del mundo, donde tras la destrucción ocasionada, los seres humanos no pueden seguir viviendo.

Finalmente, el 13 de agosto de 1946, tendido en su lecho, H. G. Wells se despidió de sus seres queridos, a los que dedicó sus últimas palabras. “Podéis iros. Estoy bien”. 

 

El legado humanista de Wells y la Declaración de Derechos Humanos

 

El escritor británico se despidió de un mundo que debía continuar sin él, pero que nunca le olvidaría. No es casualidad que un socialista de convicciones igualitarias tan efusivas como él, y siendo una de las figuras literarias más influyentes de la época, fuese esencial en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Durante sus últimos años de vida, su visión crítica y sagaz sobre el mundo seguía intacta. De esta forma, en 1940 escribió un borrador titulado “La Declaración de Derechos del Hombre”, que él mismo reconoció que incluía de igual a manera a “mujeres y hombres, niños o adultos”.

A través este escrito, su objetivo era encontrar “un código de Derechos Humanos fundamentales, que fuese accesible a todas las personas”. Años más tarde, este documento sirvió de inspiración para la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Las premisas del borrador se centraban en la necesidad de crear un documento, a través del cual se pudiese establecer una ley internacional, con el fin de acabar con los conflictos. Remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas, la necesidad de preocuparse por cualquier acto de crueldad que aconteciese en el mundo, y abogó por una “profunda reconstrucción de los métodos de la vida humana”. 

De manera similar a José Saramago, quién en Ensayo Sobre la Lucidez explicó que “los derechos no son abstracciones, tienen existencia incluso cuando no son respetados”, H. G. Wells resaltó que “la ley debe incluir a la totalidad de las personas”. Según el escritor inglés, teniendo en cuenta la evolución social y el continuo nacimiento de seres humanos, “no puede existir una generación particular que sea capaz acaparar todo el poder legislativo, sino que este debe ser inherente a toda la humanidad”.

Desde que avisara de los peligros del aumento de las desigualdades de clases en “La Máquina del Tiempo”, hasta que se resignó a la capacidad destructiva de la raza humana en “Mente al final de su atadura”, transcurrieron 50 años. Durante su vida y a través de sus escritos, profundizó sobre temas que tienen resonancia en el siglo XXI, como el peligro de un conflicto nuclear, los métodos de vigilancia, el poder de manipulación de los medios, la creación de una red de conexión global y el calentamiento global.

De hecho, durante una conferencia en Australia en 1939, alertó de los peligros que entraña la explotación frenética de los recursos ambientales. “Los seres humanos queman bosques, talan árboles, destruyen terrenos, extinguen animales”, explicó. También ofreció una idea para concienciar a los seres humanos acerca de la necesaria protección del ecosistema: “Si en cada atlas se mostrasen las regiones devastadas por las actividades del ser humano, la gente quedaría atónita”. 

El legado de Herbert George Wells es asombroso, y sus desalentadoras advertencias sobre el futuro, demasiado reales en el presente.

Por Juanjo Andrés Cuervo

13 ago 2020 09:00

Publicado enCultura